AGLI Recortes de Prensa   Domingo 18  Noviembre 2018

El misterio del suicidio de Casado con el veneno de Rajoy
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 18 Noviembre 2018

¿Qué ha llevado a Pablo Casado a suicidarse con el veneno de Rajoy? No lo sé y no conozco a nadie que lo sepa.

Pronto saldrán novelas sobre el asombroso fenómeno de cómo una estrella rutilante aparece en la insondable oscuridad de las galaxias y, en el momento en que más brilla, cambia la curva de su órbita, lo que Demócrito llamaba el clinamen del tiempo, para dirigirse velozmente hacia una de esas gigantescas construcciones oscuras y destartaladas que vagan por el cosmos como esqueletos de dinosaurios y estrellarse contra ella, tomar el rumbo de Mercurio y arder con un fogonazo en el Sol de los imprudentes. Pero a Faetón en su carro e Ícaro en sus alas de cera les perdió la soberbia. ¿Qué ha llevado a Pablo Casado a suicidarse con el veneno de Rajoy? No lo sé y no conozco a nadie que lo sepa. Por eso será materia de novelería, como todo lo ininteligible y misterioso, atractivo por lo que tiene de mortal.

Una traición obscena por inocultable
Siempre he tenido a Casado, y así lo dije aquí hace pocas semanas, por hombre inteligente. Y descontando que todos los políticos halagan a su público, empezando por los periodistas, diciéndole lo que quiere oír, me pareció que su plan de regeneración del PP, basado en cortar la vertiginosa decadencia del rajoyismo acogiéndose a un aznarismo mitificado, pero vivo en la memoria del votante de Derechas, además de bueno en sí mismo era todavía mejor para él. Vamos, que no era generoso para España, aunque le convenía, sino la única forma de hacer carrera de verdad, hasta la Moncloa. Por eso creí que iba en serio: porque todo lo que prometía, a él le era rigurosamente necesario.

Evidentemente, algún dato me faltaba. Y no sólo a mí porque todos los medios, todos los columnistas, absolutamente todos los que apoyaban a Casado o abrigaban la ilusión de reconstruir aquel PP liberal y conservador al que empezamos a dejar de votar en 2008, cuando nos escupió Rajoy, se han quedado estupefactos ante el siniestro pacto de Catalá y Delgadejo, es decir, de Casado y Falconetti, entregándole a la Izquierda social-comunista la mayoría del CGPJ, quitando del juicio al golpismo catalán al molesto Marchena y dejándolo al frente de un Tribunal Supremo que se convertirá durante su mandato en un soviet judicial en manos de la banda de Garzón.

¿Y a cambio de qué? Eso se preguntaba y se sigue preguntando todo el mundo. ¿De un presidente del Supremo que les ayude en los casos de corrupción que hasta allí lleguen, guiados por los De Prada a los que el PP entrega las llaves de la mayoría, dejando así maniatado a su benefactor? ¿A cambio de un pacto de caballeros con Falconetti y la mafia de los garzones? ¿Pero cómo puede ser tan imbécil uno del PP para pensar que la Izquierda les va a perdonar algo, si son esos garzones los que urdieron la moción de censura que los echó a patadas del Poder, instalando un Gobierno en manos del golpismo, como denunció hace sólo quince días en las Cortes el propio Casado, provocando la ridícula "ruptura de relaciones" del Dr. Fráudez?

Una clave técnica: la renuncia del PP al veto
Al parecer, según ha reconstruido Luis Herrero, la negociación del desacreditado Catalá con la infamada Delgado, ambos ministros reprobados por el Parlamento y execrados por el mundo judicial, partió de algo que en sí mismo suponía la rendición del PP y la ruina de cualquier empeño no ya de regeneración, sino de maquillaje del "cambio de cromos" como suele llamarse a la renovación de los miembros, miembras y mimbres partidistas del CGPJ: la renuncia a vetar a cualquier candidato propuesto por El Otro.

Al parecer, ni Catalá ni Casado creen lo que denuncian: que ese Otro es el Frente Popular Separatista del PSOE, Podemos y los nacionalistas, que ha nacido para liquidar el PP como primer paso para acabar con el régimen constitucional y con España. Y que, embarcados en lo segundo, no van a renunciar jamás a lo primero. Sobre todo, si, como pasó con Casado, amenazaba con resucitar el PP de Aznar y hacer causa común con Rivera en vez de con Sánchez e incluso con Iglesias, como hacían Rajoy y Soraya.

Eso sería de idiotas, de pardillos, engañados por esos golfos que han dejado el PP como un erial, y que han perdido el Poder, no las mañas. El áspid habría mordido a Cleopatra por sorpresa. Por desgracia, no ha sido así. Negociar durante meses con esa misma ministra a la que de forma tan campanuda se reprueba en el Parlamento, blanqueando su vil condición, es la triste constatación de que el nuevo PP de Casado sigue despreciando, como el de Rajoy, a la ciudadanía que le vota. Es la demostración de que Catalá no ha engañado a Casado, aunque si no fuera un necio o un traidor debería haberle desengañado, sino que ha sido Casado el que nos ha engañado de la forma más humillante. No sé cuántas veces le he oído decir, incluso a mí personalmente, que lo que querían los antiguos votantes del PP era que los políticos y la política del Partido "les dejaran volver a votarles". Pues bien, lo que ha hecho es convencer a muchos de que no lo hagan.

El voto a VOX como castigo al PP
Naturalmente, en unas elecciones regionales y no digamos en unas municipales, uno puede votar a un partido que le parece detestable pero menos malo que los demás, o a un candidato de un partido al que no votaría en unas Generales pero que es mejor que los otros y le suscita confianza. Yo he votado a VOX en las últimas europeas, a Ciudadanos en las generales y al PP de Madrid en las municipales y Autonómicas. Como yo, millones de votantes queremos, ante todo, derrotar al Golpe de Estado y al infame Gobierno Falconetti que de él emana, a él se allana y le sirve perrunamente. En Andalucía tendría difícil votar: no me gusta ninguno de los candidatos que podría votar y me horrorizan los que llevan cuarenta años en el Poder. Tengo la impresión, sin embargo, de que se está gestando una especie de voto de castigo al PP del que sería beneficiario fundamentalmente VOX.

Y ese castigo al PP no se debería a su candidato el juez Serrano, al que respeto mucho como persona pero al que creo que nunca debió fichar Abascal, porque aún siendo los políticos por naturaleza malos, porque la búsqueda del Poder no es materia edificante, vale más que sean buenos si deben defender principios a que exhiban principios a falta de argumentos. Creo que hay una absoluta indignación en el votante de centro-derecha y de la izquierda nacional que aún quede, aquella "España de los balcones" a la que Casado ha tirado por el balcón pactando con el PSOE, por el proceder de este Gobierno y su escandalosa complicidad con los golpistas catalanes.

Sorprendidos, humillados y ofendidos
Pero no es la única humillación. Creo que muchos ciudadanos de ideas liberales y conservadoras, o simplemente españoles alarmados ante el jaque a nuestra Nación y a la Constitución que de ella emana, se sienten ofendidos, sorprendidos en su buena fe por haber creído que el PP volvía a ser, dentro de lo que cabe, un partido fiable. Y se han encontrado con un joven líder cuya única explicación ante el engaño a los que creyeron en él y están atónitos ante el cambalache con Falconetti, que es la forma en que el PP ayuda al Golpe, distinta pero complementaria a la que muy justamente achacó a Sánchez, ha sido ésta: "no vamos a dar más explicaciones".

Veremos cómo explica los resultados.

El condotiero Casado y el estropicio judicial
FRANCISCO ROSELL El Mundo 18 Noviembre 2018

Es proverbial la fama de ladinos de los venecianos, así como su perspicacia para los negocios. Saben apretar hasta el límite sin poner en riesgo lo que les conviene, pues "el mercader que su trato no entiende, cierre la tienda". Pocas anécdotas tan ilustrativas como la del condotiero Bartolomé Colleoni. Legó su fortuna a Venecia a cambio de que la Serenísima le erigiera una estatua "en la plaza que se abre ante San Marcos". Remisa a cualquier atisbo de culto a la personalidad -el Dux sólo aparecía de hinojos en la moneda-, la autoridad ducal consintió por la bancarrota del Estado.

Con sagacidad y astucia, la República se las ingenió para, sin quebrantar la palabra dada, no hipotecar ni particularizar la Gran Piazza en la que se enseñorea la basílica patriarcal de esta potencia hegemónica hasta que Constantinopla cayó a manos musulmanas en 1453. Duchos en protocolos, no se tentaron la ropa y encargaron la escultura que, ateniéndose a lo escriturado, alzaron "en la plaza que se abre ante San Marcos". Claro que no delante del dorado templo que fue antigua capilla del Dux, como presumía el condotiero, sino de la escuela de igual nombre. Allí, en el campo de San Zanipolo, figura la única escultura exterior que existió hasta 1866 en la prodigiosa ciudad de los canales. "Noi siamo calculatori" ("Somos calculadores"), admiten sin rebozo unos venecianos con el espíritu mercantil de siempre.

Mutatis mutandis, todo advierte que al presidente del PP, Pablo Casado, puede acaecerle lo que al soldado de ventura Colleoni tras entregar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) a la mayoría que auspició la moción de censura contra Rajoy a cambio de designar a su presidente, Manuel Marchena, quien estaba llamado a presidir el juicio a los golpistas del 1-O en Cataluña. Con la ocasión pintiparada para marcar perfil propio, un confiado Casado ha cargado de plomo sus alas. Sin lastres ni hipotecas, podía poner rumbo al encuentro con unos electores huérfanos de partido tras la errática etapa de Mariano Rajoy. Al hacer de la política un ejercicio de supervivencia y renunciar a plantear batalla ideológica alguna, el ex presidente dejó el camino expedito al populismo de izquierdas y al independentismo rampante.

En vez de desempolvar con energía la bandera de la despolitización de la Justicia, Casado ha caído de hoz y coz en la trampa de un cambalache judicial que le hace desandar lo poco andado y le devuelve al pasado. A nadie se le ocurre poner a negociar a un ex ministro como Catalá que personifica la nefasta gestión de Rajoy en materia tan principal a raíz de que Ruiz-Gallardón traicionara su palabra y matara simbólicamente a su padre. Desde Alianza Popular, su progenitor libró una dura batalla contra la reforma judicial del PSOE que decretó la muerte de Montesquieu en 1985.

Si fue un error la elección de Catalá -como también lo ha sido hacer a Ignacio Cosidó portavoz del Senado, habiendo sido un alto cargo de Interior comprometido por las cloacas policiales-, no lo ha sido menos admitir como interlocutora a una ministra de Justicia, Dolores Delgado, a la que el propio PP había reprobado. Justamente, por lo demás, tras destaparse las escuchas telefónicas sobre sus connivencias y complacencias con la mafia policial hasta la ignominia de aplaudir la red de «información vaginal» de su cabecilla, el ex comisario Villarejo -"Éxito garantizado", exclamó feliz-, para chantajear a políticos y empresarios, amén de suministrarle confidencias delictivas a un acreditado extorsionador. Dos políticos reprobables sólo podían alumbrar un CGPJ reprobable.

Por no renunciar a las comodidades que hicieron un PP peor, Casado ha sorprendido a propios y a extraños dando este paso en falso que allana su entendimiento con quienes pueden tragárselo sin decir siquiera esta boca es mía. Súmese a ello su transigencia con la elección del juez Ricardo de Prada, artífice de la componenda político-judicial que defenestró a un inadvertido Rajoy al cuestionar su testimonio como testigo en una pieza del caso Gürtel. ¿Alguien imagina que el PSOE hubiera condescendido con que el PP hubiera postulado a instructores de causas socialistas de financiación ilegal como Filesa o de corrupción institucionalizada como los ERE, cuando al primero, Marino Barbero, le costó la vida, y a la segunda, la juez Alaya, la salud? Obviamente, el PSOE se hubiera plantado. En cambio, ante la indignación de los suyos, el PP se consuela diciendo que De Prada ya no dictará sentencias, cuando le ha facultado para acceder a la cabina de mando de la Justicia. Con nulo sentido de la oportunidad, esta calamitosa maniobra merece engrosar el Manual del perfecto idiota latinoamericano... y español, de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa.

Pero es que, además, hay que estar muy ciegos o tener un acceso de ceguera voluntaria para pretender que Marchena, con etiqueta de conservador como su amigo Marlaska antes de hacerse socialista con Sánchez, va a pastorear una mayoría en la órbita de la conjunción de socialistas, podemitas e independentistas que cuajó el estoconazo a Rajoy y que maquinará para arruinar el proceso al 1-O instruido por el juez Llarena. Arrastrando lastimosamente los pies, el presidente Sánchez ya no habla de delito de rebelión, cuando antes era algo claro para el ciudadano Sánchez, mientras que el tornadizo Miquel Iceta, adelantado del deslizamiento socialista, se enmienda a sí mismo y ya no ve siquiera delito de sedición, cuando antes dudaba entre lo primero y lo segundo.

Dado que los golpistas, singularmente el ayatolá Junqueras, no están dispuestos a solicitar el indulto que el secretario general del PSC les anticipó sin esperar a la sentencia, Iceta debe andar presto a devaluar el proceso a un mero juicio de faltas. Atendiendo a su condición de heraldo, el Gobierno le secundaría para preservar los intereses creados concertados para derrocar a Rajoy. A este fin, Iceta ha colado de rondón como vocal del CGPJ a la magistrada de lo social en Barcelona, Mar Sena, consejera de Trabajo en el tripartito catalán (PSC, ERC e ICV) que presidió Montilla entre 2006 y 2010.

Por mucha capacidad y disposición que pudiera tener Marchena, liberado del juicio del 1-O, su papel no podrá ir más allá de ejercer de reina madre en un CGPJ que ha perdido el carácter presidencial que propició Lesmes en la reforma del 2013 para que no fuera una especie de Parlamento Judicial con disciplina de voto incluida. Habrá que ver si el órgano de gobierno de los jueces no se convierte en un campo de Agramante donde los gladiadores de la política prolongan el combate que sostienen a brazo partido en el Parlamento. Demasiado para un Marchena con un CGPJ dominado por la izquierda que deberá renovar dos terceras partes de los puestos claves de los tribunales.

Así las cosas, y por encima de la rectitud de sus principios y de su conducta, se cierne la sospecha de que los jueces viven sometidos a la tentación de saber que "la flexibilidad -como se decía en la exposición de motivos de un célebre real decreto del año 1893- en el cumplimiento de su deber puede servirle de propio mérito para conseguir adelantos en la carrera (...) convirtiéndose de protector del desvalido en protegido del influyente personaje", en este caso el político de turno.

Si los supuestos excesos del corporativismo judicial fue la excusa para la politización de la Justicia por el PSOE en 1985, trastocando el espíritu de la Carta Magna con un anuente Tribunal Constitucional, al disponer la elección del CGPJ "entre jueces", pero no por jueces, ahora se dispone la toma de la Justicia la izquierda y sus arrimados del independentismo.

El PSOE argüía -y así se registraba en su Programa 2.000- que, pese a haber obtenido mayoría absoluta en 1982, la derecha conservaba la preeminencia judicial, tanto por la composición sociológica de la magistratura como por el sistema de elección del Consejo General, siendo instrumentalizados jueces y magistrados «como punta de lanza contra el Gobierno y contra la mayoría parlamentaria socialista». Sometida la Justicia al imperio de la política, Felipe González podía inquirir, en caso de apuro, a su amigo y presidente de la Audiencia Nacional, Clemente Auger: "¿Es que a estos jueces nadie les va a decir lo que tienen que hacer?", pregunta al aire que captaron las cámaras de Telecinco. Como si no hubiera tres poderes independientes en democracia, evocaba aquello que dijo Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidente de las Cortes franquistas, cuando discernía sobre las características de aquella democracia orgánica: "En el Régimen hay tres funciones y un solo poder: el de Franco".

Cada vez se agrava más la enfermedad y se pervierte la Justicia. Si hace 10 años, por estas fechas, Zapatero comunicaba quién iba a presidir (Carlos Dívar) el órgano encargado de defender la independencia de los jueces antes de que se constituyera, otro tanto ha acaecido ahora con la proclamación de Marchena sin llegar a completarse el cuerpo electoral. Con ese clima de opinión, inevitablemente, la decisión de esos consejeros togados y sus nombramientos son examinados a la luz del partido que le dispensó su voto, sembrando la sospecha y moviendo a la desconfianza. Tal es así que los ciudadanos llegan a pensar que incluso los firmantes de las sentencias son terminales de unos partidos que han invadido el tercero de los poderes del Estado. Un diputado socialista francés -André Laignel- concluyó al respecto: "Usted se equivoca jurídicamente porque su partido es políticamente minoritario".

No obstante lo cual, hay que valorar la integridad de muchos jueces que se enfrentan a una asfixiante partitocracia que pretende ocupar todos los resortes del poder. En representación de ellos, es digno de encomio un juez Llarena especialmente maltratado por dos ministros compañeros de carrera, como la fiscal Delgado y el juez Marlaska, desentendidos de la persecución que sufre por parte de los independentistas. Entronca con el Caballero sin espada, de la película de Capra. Además de defender apasionadamente la democracia, Llarena pone en evidencia a quienes la acosan, sabedor en su soledad de que "las causas perdidas son las únicas por las que merece la pena luchar".

Frente a ese estado de cosas, se ha hecho costumbre que el PP, en vez de ponerle remedio, se limite a consolidar los cambios de la izquierda. A diferencia de ésta, olvida el viejo principio de Gramsci de que un triunfo político siempre viene precedido de una victoria ideológica. Por eso, su yerro es suponer que todo se arregla gobernando mejor que la izquierda, pero haciendo sustancialmente lo mismo. Si Casado admite que el PP puede recuperarse sin remover los cimientos de la cultura dominante, en el pecado, llevará la penitencia.

De momento, dejándose jirones de crédito en este apaño judicial, el líder del PP, que se está batiendo el cobre como ninguno en la campaña electoral andaluza, debe olvidarse de disponer de una simbólica escultura delante de la sede del Poder Judicial, al igual que el arrojado condotiero que legó su patrimonio a Venecia para disponer de estatua "en la plaza que se abre ante San Marcos". Todo por volver a las andadas sin haber salido de ellas.

Palabra de goma
Abruma constatar que todo puede ser perfectamente elástico
Luis Ventoso ABC 18 Noviembre 2018

Para algunos tal vez Sánchez no resulte la persona más agradable del orbe. Encarna un arquetipo bien establecido, el del personaje encantado de haberse conocido, que habla escuchándose y levita sobre los mortales. Pero sería injusto evaluar su actividad política por su personalidad. Por el contrario sí parece apropiado medirlo por sus obras, que acreditan que por primera vez en nuestra democracia faltar con tenacidad a la palabra dada resulta asumido y asumible.

-Siendo líder de la oposición, Sánchez exigió a Rajoy que se sometiese a una moción de confianza en caso de no lograr apoyo para sus presupuestos. Hoy Sánchez pasa por idéntico trance, pero su demanda de antaño no rige para con él.

-De manera sonada, Sánchez prometió en su investidura elecciones inmediatas. Es evidente que no era cierto. Ahora se enroca en el poder y hasta pretende reformar la educación con solo 85 diputados.

-Sánchez apoyó el 155 para frenar a los insurrectos catalanes y llamó a Torra «el Le Pen español». Ahora los partidos separatistas son sus aliados y vitupera a las formaciones constitucionalistas, a las que tacha de ultras. Además, el Gobierno comienza a lanzar globos sonda sobre indultos a los presos golpistas y se inhibe ante el acoso a Llarena.

-Desde la oposición, Sánchez declaraba que los presos separatistas habían incurrido en un delito de «rebelión». En el poder opina lo contrario (pero Carmen Calvo ya ha explicado que no existe contradicción, pues el Sánchez de antes y el de ahora son dos seres diferentes).

-Sánchez criticaba los cambalaches partidarios para renovar el Poder Judicial y afirmaba que con él jamás se repetirían. Ahora acaba de rubricar uno con el PP (que por cierto, tiene pendiente explicar a sus votantes por qué ha tragado con quedarse en minoría en el CGPJ y por qué ha transigido con el juez que remató a Rajoy con una pulla accesoria en la sentencia de la Gürtel).

-Sánchez iba a derogar la reforma laboral, «será nuestra primera medida». Ahí sigue.

-Sánchez dijo que estaba dispuesto a ofrecer explicaciones sobre su vidriosa tesis en sede parlamentaria. Ahora se niega. También afirmó que la tesis estaba colgada en internet a disposición de todos. Pero la subió horas después, faltando así a la verdad en el Congreso.

-Sánchez promete una nueva ética -«otra forma de hacer política»- y presume de Gobierno feminista. Sin embargo mantiene a una ministra que siendo fiscal se reía cuando un policía corrupto alardeaba de su red de prostitutas para extorsionar. Tampoco releva a la ministra Calviño, quien con su sociedad instrumental para comprar una vivienda se ha saltado el listón ético establecido por el propio Sánchez.

Principios de plastilina, moldeables según las circunstancias. Valores que caducan al ritmo de los apremios para lograr la gran meta: perdurar en La Moncloa a todo precio. Pero aunque navega con todas las televisiones soplándole de popa, la palabra elecciones es anatema, porque el público lo va calando.

O hay presupuestos o hay urnas
 larazon 18 Noviembre 2018

No pudo ser más desafortunada la ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, al afirmar que la obligación del Ejecutivo es mantenerse, obviando las consideraciones de muy amplios sectores de la sociedad española, alarmados por una deriva gubernamental que, si bien, es meramente declarativa, suscita las mayores incertidumbres.

Sin duda, son los grandes empresarios lo que más acusan esta realidad, puesto que la inseguridad política es el peor escenario inversor, pero también acusa el desconcierto el ciudadano medio, bombardeado a diario con planes y proyectos futuristas, pero cuya concreción no pasa del más simple de los voluntarismos.

En efecto, causa perplejidad la proyección a décadas de un Gobierno que, sin embargo, es incapaz de concretar las cargas fiscales de los trabajadores autónomos para el inmediato bienio o, lo que es más grave, las necesidades de financiación del sistema nacional de pensiones para el próximo lustro. El mejor reflejo de todo ello, pos supuesto, está en la errática elaboración de los Presupuestos Generales del Estado, puestos en cuarentena por la propia Comisión Europea ante los evidentes desfases en los capítulos de ingresos y gastos. En realidad, Bruselas se ha convertido en la menor de las preocupaciones del Gabinete una vez que el PSOE ha perdido el apoyo de los socios nacionalistas para aprobar los Presupuestos y, en consecuencia, se ve acuciado desde su izquierda por Podemos, que ya contempla la posibilidad de forzar un adelanto electoral. Porque la expresa voluntad de permanencia del Gabinete no sólo pasa por el recurso al Real Decreto, sino por la estupefaciente capacidad de su presidente, Pedro Sánchez, para hacer exactamente lo contrario de lo que decía y proclamaba cuando se encontraba en la oposición.

Aunque Pablo Iglesias tampoco está exento del pecado de la incoherencia, hija, la mayor parte de la veces, de la vara de doble medida tan cara la izquierda española, lo cierto es que no parece deseable al partido morado, incluso a efectos electorales, mantener un respaldo absoluto a un Ejecutivo cuya imagen sufre un evidente desgaste ante la opinión pública –con una ministra, Dolores Delgado, reprobada por las dos Cámaras; otros dos, Pedro Duque y Nadia Calviño, sorprendidos con sociedades instrumentales, al igual que la secretaria de Estado, María José Rienda; la ministra portavoz, Isabel Celaá, con múltiples propiedades sin declarar y bajo dudoso registro; la de Hacienda, María Jesús Montero, denunciada por su actuación en Andalucía y el ya amortizado Maxim Huerta– y que se apresta a gobernar por decreto.

En este sentido, la prórroga de los actuales Presupuestos Generales en el ejercicio de 2019 puede considerarse un mal menor, por cuanto mantendrían las cuentas públicas dentro del acuerdo europeo de reducción del déficit, pero no deja de significar el principal fracaso en la gestión de un Gobierno, más aún, si éstos fueron fruto de la política económica de otro partido. El propio Pedro Sánchez, que puso todos los obstáculos posibles para que Mariano Rajoy no pudiera sacar adelante sus PGE, afirmaba con contundencia el pasado mes de mayo que un Ejecutivo que no fuera capaz de aprobar las cuentas debía convocar elecciones, al tiempo que rechazaba como políticamente ilegítimo el recurso a los decretos. Parece, a tenor de las últimas declaraciones gubernamentales, que aquellas exigencias sólo pueden aplicarse a los demás gobiernos y no a los socialistas. El problema, cuestiones éticas aparte, es que la economía de la Nación no puede estar al albur de resistencias numantinas y, menos, ante un panorama de caída de las previsiones de crecimiento. Si no puede aprobar los PGE, como decía Sánchez, Pedro debe convocar o irse.

El partido bandera
El miedo social al desamparo es la clave con que el modelo subvencional andaluz articula la resistencia al cambio
Ignacio Camacho ABC 18 Noviembre 2018

La larga imbatibilidad del PSOE andaluz no se puede entender sin la existencia de un intenso miedo social al desamparo. Hay muchos otros factores combinados, entre los que destaca la desconfianza histórica hacia una derecha con recurrentes problemas de liderazgo y asociada en el subconsciente colectivo con el caciquismo agrario. Pero esa prolongada hegemonía, esa espesa atmósfera de resistencia al cambio, sólo se explica desde un sentimiento de desabrigo que empuja a muchos ciudadanos a cobijarse bajo el manto de un poder que, siendo en gran medida responsable del atraso, se ha erigido también en su principal usufructuario. Las estadísticas negativas de renta, bienestar, corrupción o paro no preocupan tanto como el temor de perder la protección que la autonomía brinda en su regazo.

La Junta ha construido un régimen subvencional cuyo motor económico es el presupuesto. El sector público es el gran proveedor de servicios, adjudicaciones, ayudas y empleo. La sociedad civil y la iniciativa privada viven plegadas a la gran red institucional que controla y regula los recursos estratégicos, desde la agricultura a la industria, desde la universidad a las infraestructuras, desde el turismo al mercado del suelo. Y sobre todo la educación y la sanidad, los dos grandes pilares del modelo, cuyo férreo manejo es imprescindible para sobrevivir al desgaste que en los últimos tiempos registran los sondeos.

El gran éxito del socialismo en Andalucía, el que pese a su creciente fatiga de materiales le permite mantenerse en cabeza, es el de haberse convertido en una fuerza sistémica, un aparato clientelar capaz de traducir en términos de estabilidad política el fuerte arraigo de la izquierda en una comunidad con fuerte sentido de dependencia. El gran error de UCD en el referéndum de 1980 le ha permitido erigirse en un partido-bandera, como demuestra la campaña de emocionalidad cuasi nacionalista que Susana Díaz despliega contra el sucursalismo de la derecha y contra la supuesta -a veces no tanto, por desgracia- incomprensión de «los de fuera». Con el apoyo de una maquinaria electoral de indiscutible fortaleza, ese discurso de orgullo sentimental y de apego a la tierra camufla la ineficacia de una gestión que en cualquier otro territorio constituiría una severa rémora.

Con todo, el deterioro crece año tras año; en cada elección autonómica el PSOE retrocede un paso. Ha perdido hace mucho el predominio en la costa y los grandes núcleos urbanos, y se mantiene gracias a su implantación en las agrociudades interiores y en el campo. Allí donde es más acuciante la reclamación de un padrinazgo que en muchas ocasiones se ha ejercido -ejemplo: los ERE- mediante enchufes discrecionales y corruptos mecanismos de reparto. La oposición, desorientada y conformista, sólo ganará cuando halle la herramienta -de convicción, no de denuncia- para desmontar ese artefacto.

Un asunto personal
Juan Pablo Colmenarejo ABC 18 Noviembre 2018

Desde el 1 de junio no hay otro motivo. Pedro Sánchez desarrolla su proyecto personal. El primer sacrificado es el PSOE, que anda desaparecido en campaña. Ni siquiera Susana Díaz quiere saber nada del «sanchismo». El presidente del Gobierno ha hecho piel con el documento nacional de identidad de Pedro Sánchez. Con un decreto enmendó al Tribunal Supremo tras el caos de las hipotecas y con otro eludirá el rechazo del Congreso y el Senado a los Presupuestos. Cuando advierte de que el Gobierno «mantiene su hoja de ruta» para hacer «las cosas que demanda la ciudadanía» está eliminando los controles parlamentarios que en cualquier democracia son indispensables para diferenciarla de lo que no lo es.

En estas horas de confusión en el Reino Unido, e incluso de histerismo por el Brexit, los británicos, con su primera ministra a la cabeza, vuelven a demostrar que el centro de la vida política está en el Parlamento. Ningún jefe de Gobierno se atreve a tomar una decisión, por disparatada que sea, sin el respaldo de los representantes de la soberanía nacional. Sánchez gobernará decreto a decreto por su urgencia y necesidad personal de mantenerse al frente de un Gobierno en el que el ministro o la ministra que ha comprado su casa como la mayoría de los españoles, en primera persona y no a través de una sociedad instrumental, empieza a ser una excepción.

Sánchez vive al día y el resultado electoral de Andalucía pondrá el contador a cero otra vez. Nada de lo dicho hasta ahora tendrá validez. Las palabras son de usar y tirar. Las elecciones generales llegarán en el momento que más le convenga, según el olor que salga de la cocina de Tezanos en el CIS. La capacidad de aguante del presidente del Gobierno está fuera de duda tras resistir a los dos peores resultados de la historia del PSOE y a la defenestración a manos de sus propios compañeros que ahora callan, mientras Sánchez hace todo aquello que motivó que le echaran por una ventana de la Secretaría General socialista. Se trata de ganar un poco más de tiempo, no solo para pasar la Navidad bajo el árbol de La Moncloa, sino para esperar a que llegue el peor momento de los demás.

Podemos se ha hundido en el socavón madrileño que le ha hecho Carmena para satisfacción de Sánchez, y Vox es convenientemente alimentado para destruir lo que queda del PP, ya que a Casado la herencia recibida solo le deja una oportunidad. Entre medias navega Ciudadanos, a los que Sánchez ignora y desprecia mucho más de lo que parece, salvo que los necesite otra vez. El independentismo catalán hace cábalas con el socialista catalán Iceta de parte de Sánchez, y la derecha vasca de Urkullu amasa su propio pan para que siga el mismo Gobierno de «pitiminí» como dice De Prada. Siguiendo la doctrina Calvo, no se han visto en otra ni Pedro Sánchez ni el presidente del Gobierno. Sin duda, los asuntos personales hay que tomárselos muy en serio. Ya forma parte de su legado político.

Pablo Iglesias ya no da miedo y enfila el camino a Santa Elena
Pablo Iglesias creó Podemos y Pablo Iglesias va camino de destruirlo. El partido se ha quedado como un cascarón vacio. El partido morado hoy ya no da miedo a nadie
Carlos Sánchez elconfidencial 18 Noviembre 2018

Él creó Podemos y él va camino de liquidarlo. Así de simple. Podemos —no lo que representa, sino el partido— es hoy una nave que se dirige a ningún parte. Probablemente, porque cuando nació, recogiendo la estela del 15-M, solo tenía un rumbo: canalizar el descontento de millones de ciudadanos ante un sistema político, el bipartidismo, anegado de corrupción y de clientelismo político, y que había quedado al descubierto, como un rey desnudo, por la recesión. En particular, por la desastrosa gestión que hizo Zapatero de una crisis larvada durante años.

No es que la arquitectura institucional del país haya mejorado. De hecho, el reciente pacto entre Sánchez y Casado para renovar el poder judicial despreciando la independencia de los jueces no es más que el reconocimiento tácito de que el sistema es incapaz de regenerase a sí mismo.

La endogamia política, favorecida por un sistema electoral que expulsa a muchos ciudadanos válidos de la cosa pública; la ausencia de autocrítica sobre las causas últimas de la crisis —que tiene mucho de sistémica en los países más desarrollados por el avance de la globalización y por los efectos de la revolución tecnológica sobre el empleo y las clases medias— y, sobre todo, la resistencia intrínseca del poder a los cambios políticos, una especie de histéresis colectiva, han generado un ambiente de fin de época que está detrás del auge del populismo y de la demagogia.

Cuando los ciudadanos dejan de creer en las instituciones y en los líderes políticos, la tendencia natural es buscar héroes, incluso ramplones salvapatrias, y eso es lo que explica el resurgir de nuevos liderazgos que, sin embargo, son muy antiguos, y que siempre se presentan como un soplo de aire fresco ante tanta podredumbre.

Podemos, en ningún caso, significó eso. Nació de abajo a arriba como una explosión de lucidez ante la fatiga de la izquierda convencional. Y, de hecho, su irrupción en el sistema político abrió un ciclo de esperanza para cinco millones de ciudadanos (como lo hizo Ciudadanos en el centro derecha) que respaldaron sus candidaturas. Como han puesto de manifiesto algunos estudios demoscópicos, la politización de los jóvenes derivada de la crisis, y ante la degradación del mercado laboral, provocó que muchos padres siguieran políticamente a sus hijos, lo que de alguna manera conectó a Podemos con las clases medias.

Un partido convencional
El propio sistema, como les gusta decir a los dirigentes de Podemos, llegó a tener miedo de la irrupción en el espacio público de una formación que se presentaba sin mochilas y sin hipotecas. Y a la que no se le podía acusar del pasado, que es la estrategia favorita del bipartidismo. El célebre 'y tú más'. Ese miedo fue, precisamente, el que se ha ido diluyendo a lo largo del tiempo en la medida en que los líderes de Podemos se han vuelto tan convencionales como los que critican.

En contra de lo que puede parecer, no es una traición a las bases ni a su propia ideología. Es, en realidad, un camino que los dirigentes de Podemos tenían necesariamente que recorrer, como ha demostrado la historia en numerosas ocasiones. Partidos que nacieron del activismo político, como los verdes alemanes o los propios socialistas, necesariamente se vuelven convencionales cuando llegan a las instituciones.

Era, por lo tanto, un camino previsible, como le sucedió al PCE al final de la Transición, cuando la épica de la política que representaba acabar con la dictadura ('contra Franco vivíamos mejor') sucumbió ante la normalidad de la democracia, que suele ser aburrida, y ver a Dolores Ibárruri en el Congreso no era más que un síntoma de normalidad democrática. Esa misma normalidad que Churchill retrató magistralmente cuando dijo que la democracia era que alguien llamara a la seis de la mañana a tu puerta y fuera el lechero.

Tanto Iglesias como la actual mayoría de Podemos, debían haber sido conscientes de ese escenario. Pero inexplicablemente no lo han sido. Probablemente, por las dosis de egocentrismo y vanidad que incorpora siempre la política, en la que los líderes quieren construirse a su alrededor una aureola de la que carecen: mitad monjes, mitad soldados; mitad activistas, mitad hombres de Estado.

El resultado hoy es que Podemos es ya un partido que no da miedo a nadie, y lo que es peor, se ha quedado sin estructuras de movilización, que es la base social sobre la que históricamente se ha construido la izquierda, fundamentalmente a través de los sindicatos. Un espacio político que la dirección de Podemos nunca ha entendido por esa arrogancia innata en los advenedizos. Las últimas movilizaciones (incluidas las consultas internas) han sido un fracaso en cuanto a participación, y nada indica que el futuro sea mejor para sus intereses. Podemos es hoy un cascarón tan vacío como el resto de partidos.

En buena medida, por la absurda política del 'todo o nada' basado en el plebiscito —el ganador se lo lleva todo— que ha triunfado en las asambleas de Podemos, convertido en un partido fuertemente jerarquizado, y que es justo lo contrario del espíritu del 15-M, que significó para una generación de españoles el primer espacio de participación política a través de los círculos, hoy instrumentalizados por la cúpula dirigente del partido.

Políticos profesionales
Ese espacio es el que en poco tiempo ha sido vaciado de contenido por dirigentes que han hecho de la política su profesión. Incluidos, aquellos que hoy se amparan en su experiencia municipal para no participar en procesos de elección. Y que han necesitado alcanzar el poder para descubrir el valor de las instituciones democráticas para transformar la realidad sin necesidad de asaltar los cielos, la vieja metáfora que es, en realidad, un señuelo para incautos.

Podemos no solo se ha comido su capital político, sino que, al mismo tiempo, ha sido incapaz de resolver el debate central de la política, que es cómo hacer compatible la democracia interna con la participación en las instituciones, que exige un nivel de profesionalización que a menudo chirría con organizaciones asamblearias que ponen en duda la democracia representativa, que se construye, precisamente, mediante un sofisticado sistema de delegación del voto. Y bien podrían haberse fijado en los verdes alemanes que, con un proyecto a largo plazo sin demagogia, ya superan a los socialdemócratas en algunos 'Länder', haciendo compatible la presencia en las instituciones con una alternativa política ajena al clientelismo en que Podemos se ha movido desde su nacimiento imitando de forma ridícula al populismo latinoamericano.

El drama de Iglesias y su equipo es, precisamente, que se ha quedado sin partido, y muchos de los que quedan lo hacen por razones patrimoniales, lo que explica que Manuela Carmena —henchida de una soberbia infinita— haya colocado a la organización —envejecida prematuramente con cuatro años de vida— a sus pies. Paradójicamente, la formación que la llevó a la alcaldía, y que hoy sucumbe ante el presumible —no está demostrado— tirón electoral de la alcaldesa, que carece de alternativas dentro del partido a medio año de unas elecciones.

Iglesias, sin embargo, ya nada puede hacer. Solo está en condiciones de aceptar una derrota humillante porque es consciente de que si Podemos pierde Madrid el próximo en caer será el propio Iglesias, que no solo se ha quedado sin partido, como se ha demostrado en Andalucía, sino sin prestigio dentro de su organización. Y verle mendigando unos votos de los nacionalistas vascos y catalanes para salvar los PGE de Sánchez no es más que la evidencia de un fracaso. Entre otras cosas, porque la subida del SMI, que es su gran triunfo, no requiere la aprobación de los PGE, ya que se hace por Real Decreto.

Sin embargo, aunque en las próximas semanas vuelve a mostrar su faceta más radical ante el previsible fracaso en la tramitación de los presupuestos, ya nada será igual. La ciclotimia en política (con continuos cambios de táctica y ninguna estrategia) se acaba pagando. El cantonalismo territorial del universo Podemos, que es la demostración de un fiasco histórico de la izquierda a la hora de integrar a otras fuerzas en un mismo proyecto político bailándole el agua a los diferentes nacionalismos que pululan por la piel de toro, ha hecho el resto.

Iglesias ha sido incapaz de integrar orgánicamente las diferencias con Errejón y otros dirigentes de su partido, y ya es demasiado tarde para hacerlo. Entre otras cosas, porque el propio Errejón —los anticapitalistas viven confortablemente haciendo la revolución en el salón de sus casas de Estrasburgo— ha demostrado ser un líder débil sin ninguna capacidad de liderazgo para ofrecer una alternativa a Iglesias. Probablemente, porque se ha dejado llevar por los cantos de sirena de los sectores ilustrados de la derecha y de la izquierda que lo consideran el chico bueno de Podemos, el yerno ideal que todos quisieran tener, y que tarde o temprano acabará en las listas del PSOE.

En definitiva, hoy Podemos no lucha ni contra lo que ellos llaman el neoliberalismo, ni muchos menos contra el neofascismo o contra el populismo xenófobo, ni siquiera contra las élites políticas en favor de los descamisados.

El partido de Iglesias tiene el enemigo en casa y lucha contra sí mismo. Y es posible que de tanto bonapartismo —la cara amable del viejo Robespierre de los tiempos de la revolución— acabe en Santa Elena. Ya se sabe, aquella isla perdida en medio del Atlántico en la que Napoleón fue confinado a la espera de redención. La construcción de metáforas políticas ya no es suficiente para salvar el pellejo. Y hoy ya ni siquiera vale el manoseado César o nada.

Zapatero y otros probos personajes que quieren salvar el pellejo a Villarejo
Jesús Cacho. vozpopuli 18 Noviembre 2018

Tienen razón los jueces de la Audiencia Nacional (AN) cuando sostienen que el de José Villarejo Pérez es “el caso de corrupción más grave de los ocurridos en democracia”, y eso que hemos tenido donde elegir en los últimos 40 años. Porque engloba en sí mismo todas las corrupciones posibles, y porque afecta de forma tan directa como fatal a la Corona, la Justicia, la Seguridad del Estado, la clase política y empresarial, y naturalmente la periodística. El 17 de noviembre de 2017, el titular de tamaño destrozo fue detenido por Asuntos Internos de la Policía acusado de cohecho, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal en relación a la trama de empresas de su propiedad. En la cárcel de Estremera sigue el angelito. El descifrado del embrollo se sigue en el Juzgado de Instrucción nº 2 de Plaza de Castilla y en el Juzgado Central nº 6 de la AN, entre otros, pero un extraño marasmo parece invadirlo todo: la sensación de que nadie quiere comerse ese marrón, ascua que quema, porque cualquier indagación apunta pronto “hacia arriba”. Convencido de la fuerza de su chantaje, el aludido lleva tiempo soltando auténticos torpedos que no han logrado el resultado esperado: a todos les gustaría que Villarejo desapareciera del mapa sin dejar rastro, pero nadie se atreve a obrar en consecuencia. Hoy no es posible ponerlo en libertad sin que caigan las ya de por sí frágiles columnas del templo. ¿Qué hacer con Villarejo?

Ahora sabemos que el comisario y su segundo de a bordo, Enrique García Castaño, alias El Gordo, compartieron frecuentes francachelas con una hoy ministra de Justicia, Dolores Delgado, que celebraba alborozada las zafias confidencias de los polizontes en compañía de su intimísimo Baltasar Garzón, un tipo expulsado de la carrera judicial por prevaricación. La ministra Delgado está políticamente muerta, por mucho que el presidente, incapaz de soportar una nueva dimisión en su Gabinete, se empeñe en mantenerla para oprobio de demócratas. Las revelaciones del comisario en formato audio se han llevado también por delante la carrera política de María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del PP y ex ministra de Defensa, entre otras cosas. Este jueves, Tono Calleja y Alex Requeijo publicaban en Vozpopuli la transcripción de un audio según el cual el inevitable Garzón, entonces titular del Juzgado Central de Instrucción nº 5, a punto de levantar el vuelo para Estados Unidos, tranquilizaba a Villarejo sobre asuntos de su interés que llevaba en su juzgado, asegurándole que su sustituto, el también juez Grande-Marlaska, era un tipo de fiar: “Me ha dicho que confíe en él, que es un tipo cojonudo”. Marlaska, hoy ministro de Interior, asegura no recordar haber mantenido contacto alguno con estos comisarios. Una clase política achicharrada con y por Villarejo. Nadie quiere saber nada de Villarejo.

¿Quién quiere salvar a Pepe Villarejo? En el Juzgado de Instrucción nº 2 de Madrid, a cargo del juez Arturo Zamarriego, el “caso del pequeño Nicolás” acabó convirtiéndose en el “caso Villarejo” para desgracia del ex comisario. Zamarriego, un juez valiente, decide nombrar una Comisión Judicial de apoyo, encabezada por el máximo responsable de Asuntos Internos, Marcelino Martín Blas, con la intención de inspeccionar los bajos del clan mafioso. Con la ayuda del agente Rubén López, Martín Blas inicia una minuciosa investigación que pronto da sus frutos, porque ya en mayo de 2016 presentan al juez un detallado informe en el que acusan a toda la cúpula policial, incluido el Director Adjunto Operativo (DAO) Eugenio Pino, de “organización criminal”. Pino cesa a Martín Blas con la idea de acabar con la investigación, pero Zamarriego lo rescata de inmediato. Respaldado por el trabajo de esa Comisión, el juez está convencido de que si se atreve a empapelar a la cúpula policial que ha corrompido el sistema pasará a la historia como el justo que fue capaz de limpiar una Seguridad del Estado corrompida de la cruz a la raya. “Podemos acabar de una vez por todas con la corrupción policial”, le animan. Y él mismo se estimula, “que sí, que sí, que vamos palante”. Y todo está preparado para detener a Villarejo con las manos en la masa, a Villarejo y a los que están por encima de Villarejo (Pino, Linares, Díaz-Pintado y tantos otros), un volcán a punto de explotar, el operativo montado, las horas precisas, los agentes listos, pero en el último minuto, a punto de estampar su firma, Zamarriego duda, levanta el boli del auto que debía autorizarla y la operación se suspende.

Ha ocurrido lo inesperado: el juez Zamarriego da el salto a la Audiencia Provincial de Madrid, un paso adelante en su carrera que deja empantanada la investigación del caso Villarejo. José Ramón Navarro, presidente de la Audiencia Nacional, promete a su amigo Arturo un puesto a su lado, le asegura la máxima promoción, todo el mundo quiere poner el culo en la AN, pero como no te puedes venir de golpe, porque eso llamaría mucho la atención, tienes que pasar una temporadita en el purgatorio de la Audiencia Provincial como primer paso. Y Zamarriego acepta, es humano, sus dos amigos (Navarro y Diego de Egea, los tres jurídico-militares, los tres devotos del principio de obediencia debida, los tres hombres de honor empeñados en hacer Justicia) han alcanzado ya el éxito profesional y él todavía transita por un juzgado de la plaza de Castilla. Y Zamarriego, un tipo íntegro que estaba decidido a acabar con Villarejo, se rinde.

Las extrañas visitas al despacho del juez
Si en mayo de 2016, los policías de la Comisión ya tenían clara la estructura delictiva del clan Villarejo, en septiembre de ese mismo año el juez Zamarriego asiste perplejo a una auténtica peregrinación de notables que pasan por su despacho dispuestos a interceder por el ex comisario. La nómina se ha podido concretar tirando del hilo de las conversaciones grabadas a Eduardo Zaplana. El primero es Rafael Cortés Elvira, ex secretario de Estado para el Deporte con Felipe González. Después llegó la visita de Javier Gómez Navarro, ex ministro de Comercio con Felipe y ex presidente del Consejo Superior de Cámaras entre 2005 y 2014. Luego desfiló el también influyente socialista Javier de Paz, miembro del consejo de Telefónica e íntimo amigo de Rodríguez Zapatero. A continuación llegó el turno de su gran amigo y compañero en el Consejo de Telefónica, el citado Zaplana, hoy en prisión gravemente enfermo. Y por fin apareció en el despacho del magistrado el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero, el ex presidente del Gobierno hoy dedicado de hoz y coz a un vergonzoso trapicheo con el criminal régimen de Maduro. Y todos van, más menos, con el mismo mensaje: hay que buscar una solución para ese probo personaje que es Pepe Villarejo, un tipo que ha prestado tan grandes servicios al Estado, y “esta historia tiene que terminar sin vencedores ni vencidos”, pero, ¿quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos? Todos quieren detener el brazo de la Justicia y extender un manto de silencio sobre el mayor caso de corrupción de la democracia española.

Ayer supimos, en exclusiva Vozpopuli, que Zapatero se reunió hace apenas 15 días con Pablo Iglesias en el espléndido apartamento que Javier de Paz posee en las inmediaciones del Palacio Longoria, sede de la SGAE, en la calle Fernando VI, cerca de la plaza de Alonso Martínez. ¿De qué se habló en esa cena? Además de transmitir los últimos mensajes traídos de allende el Atlántico por el correo privado del zar bolivariano, ¿está Zapatero intentando lograr el nihil obstat del señor marqués de Villatinaja a la gran componenda que tantos y tan poderosos personajes parecen decididos a intentar con el “caso Villarejo”, y que no es otra que la de ponerle en libertad a cambio de su definitivo silencio?

Zamarriego abandona el Juzgado de Instrucción nº 2 y en su lugar, como sustituta, aterriza la juez Pilar Martínez Gámez, procedente del Juzgado de lo Social número 2 de Toledo, Castilla-La Mancha, territorio Cospedal, sin la menor idea de las aguas pantanosas por las que se disponía a incursionar, aunque muchos sospechan que con la idea clara de dar carpetazo al asunto. ¿Cómo es posible que para sustituir a un juez de instrucción de Madrid que lleva casos tan notorios como los citados llegue una señora de Toledo y de un juzgado de lo Social? ¿No habrá estado por medio el jefe de la fiscalía de la Audiencia Provincial de Madrid, el amigo José Javier Polo, íntimo de Cospedal? El hecho cierto es que la juez Martínez pone manos a la obra, disuelve la Comisión Judicial, archiva la investigación, y dos meses después imputa a los investigadores Marcelino Martín Blas y Rubén López. ¡El mundo al revés o no tanto…! La investigación sobre Villarejo en el “caso del pequeño Nicolás” está hoy en punto muerto -el poder de los poderosos amigos del ex comisario-, aunque fuentes de las acusaciones sugieren la posibilidad de que esta causa acabe también en la AN.

También Diego de Egea asciende
Todo cambió para el personaje tras una denuncia anónima que le vinculaba con el cobro de comisiones por trabajos efectuados para Gepetrol, la empresa nacional de petróleo de Guinea Ecuatorial, una denuncia muy oportuna que no ponía en peligro ni a la Corona, ni al Gobierno Rajoy, ni a la cúpula de los jueces, ni al lucero del alba. La denuncia recayó en la Fiscalía Anticorrupción y en la AN, concretamente en el Juzgado Central de Instrucción nº 6, cuyo titular es el magistrado García-Castellón. Con Villarejo en la cárcel, de las correspondientes pesquisas se ha venido encargando hasta ahora Diego de Egea como juez de refuerzo, nombrado para tal misión por su amigo Moncho Navarro. El material incautado aquel 7 de noviembre de 2017, “operación Tándem”, equivale a cerca de 35 terabytes de información que alojan 400 carpetas informáticas, resultado de 25 años de desvelos del micrófono espía de quien fuera ascendido a comisario por Alfredo Pérez Rubalcaba sin reunir los requisitos exigidos. Todo un régimen, el de la Transición, en los ficheros de Villarejo. Jueces, fiscales, políticos, empresarios del Ibex, todos muy asustados, que, con excepción de Francisco González (BBVA), aún no han enseñado la patita, y periodistas, aunque todo el mundo saben quiénes formaban parte de esa cuadra.

Pero el juez De Egea –algunas de cuyas decisiones han sido fuertemente contestadas por los fiscales anticorrupción del caso, Ignacio Stampa y Miguel Serrano-, lo deja. Él también va a ser ascendido en su carrera profesional, dejando de nuevo empantanada la investigación de la mafia jurídico-policial. Su candidatura parece ser la favorita para presidir la Audiencia Provincial de Madrid. Qué cosa tan curiosa: ¡todos los jueces que tienen que ver con la instrucción del escándalo Villarejo ascienden como la espuma…! En caso de confirmarse tal evento, una de las primeras tareas que tendría que afrontar el nuevo CGPJ salido del vergonzante pacto suscrito entre Sánchez y Casado sería el nombramiento de un sustituto como juez de refuerzo en el Central nº 6. En realidad, la suerte de Diego de Egea está en manos de Dolores Delgado, la mujer achicharrada por la grabadora de Villarejo, y del nuevo presidente del CGPJ, Manuel Marchena, un jurista amigo de Schola Iuris, el tinglado de Villarejo para tener entretenidos a jueces y fiscales con conferencias bien remuneradas. Todo huele a podrido. Mientras tanto, el rey del hampa policial amenaza: “Si no me sacan pronto, habrá novedades a finales de septiembre", aseguró el pasado julio. "Y la traca final… antes de Navidad”.

Las tragedias evitables
Cuando los estados no defienden su legitimidad instigan a la tragedia
Hermann Tertsch ABC 18 Noviembre 2018

Mucho se ha escrito sobre el centenario de la Primera Guerra Mundial, sobre sus terroríficos efectos en destrucción de vidas y paisajes humanos así como en sus devastadores efectos culturales y políticos. Muchos han subrayado el drama que supusieron los acuerdos de paz, en Versalles y Trianon, que sembraron, con la humillación de los vencidos, la semilla para la guerra siguiente. Que fue el apogeo del poder y choque de los dos grandes regímenes criminales de la historia, el nacionalsocialista alemán y el comunista soviético.

Estas dos ideologías eran religiones sustitutorias del Dios muerto en aquel trauma universal. Ambas anunciaban un futuro determinado e inevitable con el triunfo total y universal de su ideología. Se impone ahora en todo lo escrito la convicción de que la Primera Guerra Mundial hizo inevitable la segunda. En curiosa adhesión a la tesis determinista. Lo cierto es que las democracias europeas surgidas de los imperios centrales tras 1918, especialmente la República de Weimar, tuvieron durante años ocasión, legitimidad y medios para combatir a sus enemigos.

No lo hicieron y se pagó. Puede que hubiera habido un régimen fascista alemán pero nunca habría sufrido Alemania el hitlerismo de haberse fusilado a Adolf Hitler tras su golpe de Estado de 1923 como habría sido lógico, legítimo y legal. Se le condenó a una ridícula pena de cuatro años que jamás cumplió. Durante su estancia en la cárcel bávara de Landsberg se dedicó a escribir su libro «Mi lucha» y a recibir a cómplices como si residiera en un hotel con despacho. Es decir, como un vulgar golpista catalán en la España de hoy.

España sería hoy muy probablemente una república y Francisco Franco habría sido un leal servidor a esa república hasta el fin de su vida como militar, si la república hubiera hecho frente a sus enemigos e impedido que desde sus instituciones y fuerzas policiales se sembrara el terror, destruyera la seguridad y la convivencia de los españoles. Él y tantos otros habrían muerto como jubilados militares republicanos si las fuerzas defensoras de las instituciones hubieran logrado imponer tras la represión de los golpes de Estado de 1934 un restablecimiento real de la legalidad y castigo eficaz de los culpables. Con el fusilamiento de los cabecillas revolucionarios. Se impusieron penas de prisión a golpistas que sabían que no las cumplirían, que serían puestos en la calle por quienes decían defender la república pero querían un estado soviético. Hoy no se puede ni debe fusilar a nadie. Pero los enemigos de España, del Estado, de la unidad nacional y de la democracia deben saber que quien se presta a un golpe de Estado no paga con la vida pero sí con treinta años de ella privado de libertad. Nada está escrito. El futuro está abierto. Por eso es aun evitable que nos deslicemos a una nueva colosal tragedia española. Siempre que funcione la disuasión, la herramienta más eficaz en la prevención de las catástrofes causadas por mano o mente humana.

Air Sánchez
El doctor moviliza un helicóptero y dos aviones para ir de Madrid a Valladolid, donde el AVE va en una hora y sin contaminar
Álvaro Martínez ABC 18 Noviembre 2018

Gracias a la portavoz y ¡ministra de Educación! del Gobierno nos hemos enterado (¿) de que para pagar la extra de Navidad a los pensionistas el Gobierno del doctor Sánchez ha pedido un crédito de «seis mil trescientos treinta noventa miles de millones de euros» (sic), lo que a lo mejor se podría traducir como 630 billones de euros, unas ocho veces el PIB mundial. Hombre, es cierto que en España crece exponencialmente el número de pensionistas (unos 100.000 más cada año), pero al «Gobierno de expertos» se le está yendo la mano con su grandilocuencia benefactora. Veamos...

También esta semana ha anunciado el Gabinete que va a terminar con las emisiones de CO2 y que convertirá todo el parque automovilístico en eléctrico antes que ningún país que lo tenga previsto. Se acabaron las emisiones nocivas para la atmósfera, ni un motor de combustión, ni siquiera híbrido, en veinte años. Teniendo en cuenta que mientras británicos y franceses ya han invertido este año 2.500 millones de euros en la conversión eléctrica y España cero euros, la gesta ecologista del Ejecutivo de Sánchez será realmente admirable. Es desconcertante, casi desolador, confrontar tanta palabrería con la verdad de los hechos.

Pues parece que no soplan por ahí los vientos y el anuncio de los coches totalmente limpios solo es un capítulo más del cuento de la lechera que está escribiendo el Gobierno de los 84 diputados. Porque ese entusiasmo por las «emisiones cero», por no contaminar nada, se esfuma al comprobar que el próximo miércoles, Sánchez y sus ministros movilizarán un helicóptero, un Falcon y un Airbus para ir de Madrid a Valladolid, donde se celebrará una cumbre bilateral con Portugal. El líder socialista ya está lustrando las gafas de sol, porque del avión oficial no hay quien le baje. De hecho, solo en cinco meses ha agotado el presupuesto anual para dietas de las tripulaciones del 45 Grupo de la Fuerza Aérea. Habrá que pedir otro crédito de aquí a fin de año (atención Celaá) porque desde el viaje con Begoña para ver a «The Killers» en el festival de Benicasin, lo de Sánchez y el avión oficial es más que un idilio.

Una hora y cinco minutos tarda el AVE, a un precio medio 33,66 euros el billete, en recorrer los 160 kilómetros que separan Madrid de Valladolid por vía férrea. Poco más de una hora y ni un microgramo de gases o partículas nocivas que provoquen efecto invernadero. Nada, todo limpio. Sí contamina, por ejemplo, el helicóptero Superpuma que el presidente va a coger para ir de La Moncloa a la base de Torrejón, un trayecto que en coche (eléctrico, por supuesto) apenas supera los veinte minutos. Y también contaminan el Falcon y el Airbus, ida y vuelta.

Fascinado por los políticos americanos, parece que Sánchez, un experto en la copia, estuviera plagiando a Al Gore, quien tras perder las elecciones ante Bush hijo se convirtió en un apóstol de la ecología. Hasta el Nobel de la Paz le dieron. Para presentar su documental «Una verdad incómoda» y dar conferencias en las que denunciaba el cambio climático producto de la contaminación humana, cruzó el Atlántico y recorrió medio mundo en su avión privado. Un avión en el que viajaban dos pasajeros. Otra verdad incómoda que no salía en el bonito documental ni sale en los proyectos de ley ecológicos de «Air Sánchez».

Andalucía: cortijo de la PSOE.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 18 Noviembre 2018

EL CORTIJO DEL PSOE: UN PUEBLO APESEBRADO Y ACOMODADO A DEJARSE MANGONEAR.

Mucho se ha hablado de los tópicos de los andaluces donde si exceptuamos lo del “gracejo”, no quedan demasiado bien parados. Andalucía, la tierra de María Santísima, de gentes devotas y enfervorecidas en conmemoraciones lúdico-religiosas que asombran al mundo entero. Tierra de amplios contrastes entre sus tierras y sus gentes. Tierra de mestizaje de culturas que convivieron como ejemplo de convivencia y tolerancia. Tierra reconquistada y sometida donde sus gentes sobrevivían en latifundios de terratenientes. Tierra de mercaderes y puerta de América por donde el reino de España se surtió de las riquezas del Nuevo Mundo. Tierra olvidada por el centralismo y por el progreso, cuna de héroes liberales y autores de la primera Constitución del pueblo libre que se opuso a ser conquistado por el invasor. Tierra castigada por la dictadura y condenadas sus gentes a no salir de la pobreza y ser el furgón de cola de España.

Andalucía, la autonomía más extensa y mas habitada de España, con ocho provincias inconexas donde el centralismo de Sevilla es una réplica del que se criticaba a Madrid por su capitalidad. Una autonomía en la que la zona este de Jaén, Granada y Almería, son culturalmente diferentes de las provincias del zona oeste y sur de Málaga, Cádiz, Huelva, Sevilla y Córdoba. Una autonomía cuya capitalidad debió ser, por Historia y relevancia cultural, la sede del califato, Córdoba. Una autonomía donde una de sus provincias, Almería votó en referéndum en contra de su inclusión en Andalucía al sentirse sus ciudadanos mucho más afines a los de la Región de Murcia que también sufrió la segregación de la provincia de Albacete integrada en la autonomía de Castilla la Mancha.

¿Y qué han ganado los andaluces desde la transición a la democracia? La verdad es que más que ganar han perdido, sobre todo el tren del progreso y del desarrollo. Eso sí, gracias a uno de sus hijos más ilustres, recibieron el primer tren de alta velocidad a punto para la exposición mundial de 1992 en Sevilla. Un signo de una modernidad ficticia en un pueblo agobiado por el paro. Una tierra que representa como nadie lo de las dos Españas, la elitista derechona conservadora de aquella Alianza Popular y la revolucionaria izquierda socialista del PSOE, aquél que tras el triunfo de la dictadura se situó en el exilio en Francia, y que unos jóvenes abogados sevillanos liderados por un enérgico y decidido Felipe González, se alzaron con el poder en aquel histórico Congreso de Suresnes.

Andalucía ha ido dando al PSOE mayorías absolutas tanto en su región como en España. Desde la transición ha sido el principal caldero de votos del PSOE, que en los 40 años de gobierno, ha tenido tiempo más que suficiente para consolidar un voto cautivo a base de concesiones a sus bases y afines, creando un clientelismo indecente en varias capas de la sociedad andaluza. Una autonomía que sigue basando su economía en sectores terciarios variables basados en el turismo y el sector servicios y en la construcción, así como el sector primario de actividades agrícolas. Sectores que no requieren de mano de obra cualificada y que tienen una gran dependencia estacional. Un caldo de cultivo donde han prosperado bolsas de subvenciones en forma de PER, ayudas de subsidio sociales, que no evita el que la región sea la que ostente el mayor índice de paro de España en ese pelotón de cola que forman Canarias, Extremadura y Andalucía.

Una región donde “la PSOE” se equipara a una empresa de contratación y donde se admite como normal el mangoneo de los fondos públicos donde se favoreció a empresarios, sindicatos y afines al partido, en ese pozo de reptiles de los falsos ERE’s, curso de formación y otros casos de corrupción al por mayor donde están implicados numerosos altos cargos de la Junta, incluyendo a dos expresidentes como Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Porque aquí se cumple lo de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero también este especial trato de mecenazgo tiene su respuesta en una lealtad de voto que ha hecho posible el que este tipo de Gobiernos y estos impresentables delincuentes hayan podido revalidar sus mandatos durante estos 40 años.

Dicen que es de bien nacido ser agradecido. Y sin duda hay una mayoría del pueblo andaluz que agradece al PSOE sus desvelos y se lo paga en las elecciones con su apoyo incondicional. Porque en esa mentalidad en la que sigue viva la “lucha de clases”, incomprensiblemente no identifican a esos “señoritos del cortijo”, los del clan de la tortilla, con la derechona elitista y eso que han dado sobradas muestras de pertenecer más a las élites y jet set que criticaban, que cercanía con el pueblo descamisado y con traje de pana. Pero nadie duda de que el PSOE ha sido un auténtico mecenas protector que ha sabido acomodar a su gente y darle un futuro bajo el paraguas del poder del partido. A ese pueblo no le escandaliza el que el enchufismo y la prevaricación en la designación de cargos esté a la orden del día, se considera como una respuesta de justicia en esa insaciable “deuda histórica” de la que llevan 40 años recuperándose.

Y no quiero aquí generalizar porque sería injusto, pero sí denunciar como incomprensible el que a pesar de todo, ese pueblo siga dando el poder a esta pandilla, sin el mínimo interés por exigir responsabilidades por una continuada pésima gestión que, tras 40 años de gobierno, deja a Andalucía en el mismo furgón de cola en el que estaba al final de la dictadura. Algo parecido al papel de esa Alianza Popular y Partido Popular con el incombustible Rafael Arenas que fue de victoria en victoria hasta la derrota final. Algo que su sucesor Moreno Bonilla lleva camino de superar.

Solo quiero lanzar un llamamiento a esa parte del pueblo andaluz que no comparte esas políticas de pesebre y estabulación que mantiene el PSOE para mantener cautivo el voto. Apelar al orgullo que supo tan bien describir el compositor catalán Enrique Granados en su canción Andaluza:

“Andalucía! sultana mora,
Reina del día que ríe y llora…..
¡Mi Andalucía! Rojo clavel de un gran vergel
Alma de España que guarda en su entraña amor,
Es el sonar de tu cantar copla de amar.”

Lo del rojo clavel se ha transformado en la rosa del puño de hierro de “la PSOE”.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

SE HA INSTALADO EN LA MONCLOA
Abascal llena en Sevilla y denuncia la connivencia del Gobierno con el separatismo
Agencias gaceta.es 18 Noviembre 2018

El líder de VOX, Santiago Abascal, ha asegurado en Sevilla que “el golpe de Estado separatista ha pasado del Palacio de la Generalidad al Palacio de la Moncloa”.

En un acto celebrado en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, Abascal ha censurado lo que ha definido como “un cambio de residencia”, que basa en que el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está en el cargo “con el apoyo de todos ellos -las fuerzas independentistas-“, además de lamentar que “se empieza a utilizar la política para perseguir a media España”.

Ha sido también muy crítico con la posibilidad de que se deroguen los artículos del Código Penal que castigan con penas de prisión las calumnias o injurias a la Casa Real, y multas por ofensas o ultrajes a España.

“Quieren -ha dicho al respecto- cambiar la Ley para que se pueda ultrajar a la bandera, quieren cambiar el Código Penal para que se pueda ultrajar al Rey, para que se pueda ultrajar a los sentimientos religiosos, los de los católicos, los de los musulmanes no, podéis estar tranquilos”.

A favor de la libertad
Abascal ha criticado asimismo la forma en la que se está abordando la gestión de la Memoria Histórica en España, tanto a nivel estatal como en las autonomías, destinada a que “ni los historiadores ni nosotros ni nadie tenga libertad para hablar de nuestro pasado”.

“Estamos a favor de la libertad, de que todos los que estáis aquí podamos opinar de nuestro pasado, porque no os vamos a dar una visión concreta de lo que pasó en España hace muchos años, sino que con vuestro bien entender, vuestra formación y sentimientos podáis hacer lo que queráis”, ha dicho.

En este punto, ha acusado al PSOE de estar detrás “de golpes de Estado contra la República que trajeron miles de muertos”, algo que “dentro de muy poco nos llevará ante la comisión de la verdad por decirlo”.

Sobre las elecciones autonómicas andaluzas se ha mostrado confiado en las posibilidades de su partido de conseguir representación parlamentaria para decir en esa sede “lo que muchos no han tenido el coraje de decir”.

Por su parte, el candidato de VOX a la presidencia de la Junta de Andalucía, Francisco Serrano, ha negado que su partido sea de extrema derecha, sino de “extrema necesidad”, para negar que sea “un partido excluyente” con colectivos como los homosexuales o los inmigrantes.


Europa acata la ley islámica
Manuel Molares do Val Periodista Digital 18 Noviembre 2018

Hace cuatro siglos y medio John Locke apuntó la idea de que la religión es un asunto privado que no debe imponerle normas a la sociedad.

Basándose en Descartes, inició el liberalismo y la Ilustración, que siguieron Voltaire, Montesquieu, Rousseau, D’Alembert, la Enciclopedia, la caída del Viejo Régimen basado en el poder religioso y en la monarquía absoluta bajo la ley divina.

Así nacieron las libertades de rechazar o criticar a la religión, mayoritariamente cristiana, católica o protestante, sus normas, sacerdotes y su poder sobre la sociedad: un paso fundamental para la liberación del ser humano.

Hasta ahora: se sabe que Mahoma tomó como una de sus esposas a una niña de entre seis y siete años, a la que poseyó sexualmente cuando tenía nueve, lo que en lenguaje actual lo define como pederasta o pedófilo.

Este mes el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha sentenciado que esa definición del personaje ofende a sus creyentes de acuerdo con el código contra la blasfemia de la sharia o ley islámica, y que debe prohibirse su uso en los 47 países que acatan su autoridad.

El TEDH afirma que los europeos “deben preservar la paz religiosa”, lo que antepone los sentimientos a las libertades fundamentales que crearon las democracias.

E impide que la crítica de la religión islámica, como ocurrió con el cristianismo, pueda ayudar a los musulmanes a debatir sus orígenes liberándose del pensamiento esclavo dominante: islam significa sumisión.

El Tribunal razona que la crítica al fundador del Islam constituye una “incitación al odio”, conducta que “no se encuentra protegida por la libertad de expresión”.

Si desde el siglo XVII no se hubiera criticado el cristianismo estaríamos no en el Renacimiento, sino en el medioevo de la sharia islámica.

En el Ebro se ahogó el Frente Popular
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 18 Noviembre 2018

Fue la batalla más sangrienta de la guerra civil. Las bajas totales se calculan en más de 50.000 para cada bando. El general republicano al mando huyó de España y abandonó a sus tropas.

El lamentable político republicano Santiago Casares Quiroga, sin más avales que su amistad con Manuel Azaña y su militancia masónica, desempeñó en 1936 dos puestos fundamentales: ministro de Gobernación (17 de abril - 13 de mayo) y presidente del Gobierno (13 de mayo - 19 de julio). Desde ellos, permitió que las bandas de matones de la izquierda se apoderasen de las calles y los campos de España, incluso participó en la campaña de desprestigio contra José Calvo Sotelo que culminó en su asesinato. Se despidió del Gobierno con el decreto de disolución de las unidades militares, lo que provocó que los milicianos, buenos para dar palizas y violar monjas, se enfrentasen a los militares sublevados en campo abierto.

Ante el desastre, Francisco Largo Caballero, el ‘Lenin español’, presidente del Gobierno desde el 4 de septiembre, procedió a establecer el Ejército Popular, con instituciones soviéticas como el comisariado político y la estrella de cinco puntas (Gaceta de Madrid, 16 de octubre de 1936).
La construcción del Ejército Popular

1936 acabó con la derrota de las columnas de los sublevados ante Madrid, si bien antes habían unido sus dos zonas en Extremadura. Ambos bandos dedicarían el año siguiente a levantar verdaderos Estados y reorganizar sus ejércitos.

En la resistencia de la capital destacó como jefe militar, a las órdenes del general Miaja,el comandante Vicente Rojo. A él recurrió Juan Negrín, sucesor de Largo Caballero, en la primavera de 1937 para confiarle el recién creado Estado Mayor Central. Bajo su dirección, se produce la primera ofensiva del Frente Popular, en Brunete (julio), después de la pérdida de Bilbao.
En una guerra civil ideológica los elementos políticos son tan importantes como los militares

En 1937 Franco, ya elegido generalísimo y jefe del Estado, conquistó la franja norte (Vizcaya, Santander y Asturias) de España, gracias a lo que obtuvo una industria pesada para armar a sus tropas. Pero el año terminó con una sorpresa: un ataque planeado por Rojo contra la pequeña y aislada ciudad de Teruel.

En 1938 los dos ejércitos de en torno a un millón de hombres, reforzados con moderno material enviado por Alemania, Rusia e Italia, así como con miles de soldados extranjeros, libraron varias grandes batallas.

En la primera mitad del año, según la exposición del general Alonso Baquer (El Ebro. La batalla decisiva de los cien días) se concluyó la de Teruel, impuesta por Rojo y aceptada por Franco, que (como demostró al liberar el alcázar de Toledo) sabía que en una guerra civil ideológica los elementos políticos son tan importantes como los militares. Ésta acabó en febrero con otra victoria nacionalista.

Después siguieron dos batallas más desencadenadas por los nacionales. La del Bajo Aragón, librada a lo largo de seis semanas de marzo y abril, llevó a la división de la zona republicana en dos cuando el 15 de abril, en Vinaroz, llegó al Mediterráneo la IV División de Navarra del general Camilo Alonso Vega.

Negrín apuesta por una paz negociada impuesta
Franco, que todavía no disponía del poder y prestigio que acumularía al final de la guerra, tuvo que imponerse a sus generales, que querían volver a atacar Madrid o dirigirse a Barcelona. A él, que prestaba mucha atención a la situación internacional (en marzo Alemania se había anexionado Austria y en abril había comenzado la crisis de los Sudetes en Checoslovaquia), le preocupaban una posible intervención militar francesa en Cataluña (que debatió el Gobierno izquierdista de París) y un nuevo fracaso ante las trincheras de Madrid, después del sufrido por las tropas italianas en Guadalajara en marzo de 1937. En consecuencia, ordenó marchar hacia Valencia. El 15 de junio, se tomó Castellón.

En cambio Negrín, establecido en Barcelona, daba más importancia al factor político que al militar. Por un lado, introdujo la consigna de "¡Resistir en vencer!"; y por otro trató de implicar a las potencias extranjeras a fin de que obligaran a los nacionales a aceptar una paz negociada, para lo que difundió sus Trece Puntos (30 de abril). Tanto Negrín como Rojo jugaban a ganar tiempo, a resistir. Y en la guerra quien apuesta por la defensa siempre pierde.

A fin de detener la marcha de los nacionales sobre Valencia, Rojo planeó una operación que sorprendió a los nacionales: el cruce del Ebro en el recodo que tiene como centro Gandesa (por eso, algunos tratadistas denominan esta acción con el nombre de batalla de Gandesa). Se realizó el día de Santiago, el 25 de julio, de una manera tan acertada como afortunada. Así comenzó la batalla más sangrienta de la guerra civil.

Las fases de la Batalla del Ebro
Para el general Alfredo Kindelán (Mis cuadernos de guerra), la batalla de Gandesa tuvo las siguientes fases:

Preliminar (junio-julio): el Cuerpo de Ejército marroquí mandado por Yagüe no presta atención a los movimientos de las tropas de Modesto, Tagüeña y Líster.
Primera fase (25 de julio – 5 de agosto): El Ejército Popular cruza el Ebro por doce puntos y arrolla a la División 50, en el centro del despliegue defensivo del Cuerpo de Ejército marroquí. Modesto conquista una cabeza de puente, pero no se apodera del nudo de comunicaciones de Gandesa. Aunque hubo un éxito táctico local, se detuvo la ofensiva nacional sobre Valencia y subió la moral republicana, el saldo es de empate.
Segunda fase (5 de agosto – 31 de octubre): Franco se traslada a Alcañiz para dirigir la reacción de las tropas nacionales. Los contraataques se dirigen contra la bolsa de Mequinenza, las sierras de Fatarella y Pandols y el nudo de la Venta de Camposines. Desde septiembre, hay dos enormes cuerpos de ejército uno frente al otro. Los avances de los nacionales son lentos y Mussolini afirma que Franco va a perder la guerra. Mientras tanto estalla la crisis de Checoslovaquia debido a las reclamaciones del canciller Hitler. Franco transmite a Londres y París su compromiso de permanecer neutral en el caso de una nueva guerra europea, lo que provoca el enfado de Berlín y Roma.
Tercera fase (31 de octubre – 16 de septiembre): Caen las posiciones republicanas en la sierra de Caballs gracias a un ataque de la 1ª División del Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, mandado por García Valiño. A partir de esta operación, el Ejército Popular comienza su retirada al norte del Ebro, que concluye con la voladura del puente de hierro de Flix, donde entran los nacionales el 17.

El número de bajas totales lo calculó Ramón Salas Larrazábal en más de 50.000 para cada bando, aunque no hay un recuento definitivo.

Las victorias de Franco
Franco no sólo desangró a las mejores tropas de Rojo (que siempre se negó a reconocer su derrota o la victoria de Franco), sino que disipó el riesgo de internacionalización de la guerra de España con sus garantías a Inglaterra y Francia y con la aceptación de la repatriación de las tropas extranjeras. Y, también muy importante para el futuro, ha impuesto su autoridad sobre sus compañeros de África.

Rojo, el general que humilló a Franco, según uno de sus turiferarios, en un acto de cobardía se negó a volver a España
Un mes después de dar por terminada la batalla del Ebro, el 23 de diciembre comenzó la Ofensiva de Cataluña. Seis cuerpos de ejército, mandados por los generales Solchaga, Yagüe, Moscardó, García Valiño, Muñoz Grandes y Gambara (italiano), atacaron de manera coordinada desde los Pirineos al Ebro. Ese mismo día, los nacionales rompieronn las líneas por diversos puntos del frente.

El 1 de enero, el Diario Vasco publicó una entrevista a Franco en la que el caudillo explicó el sentido de la batalla del Ebro:
"El ejército marxista de Cataluña saldría del Ebro destrozado y el comité de Barcelona en condiciones profundas de inferioridad para el momento en que yo planteara una batalla a fondo. Ahora asistimos a los resultados y consecuencias de la batalla del Ebro. (…) Fea y sin lucimiento aparente, en la batalla del Ebro hay que buscar, pese a todo, el origen verdadero de los espléndidos triunfos actuales."

Los nacionales entraron en Tarragona el 14 de enero y el 26 de enero en Barcelona. La recepción a Yagüe y sus tropas fue delirante.
En febrero de 1939, después de haber pasado a Francia, Rojo, el general que humilló a Franco, según uno de sus turiferarios, en un acto de cobardía se negó a volver a España, mientras sus soldados seguían luchando.

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Espiral de violencia en Cataluña

Pablo Mosquera  latribunadelpaisvasco.com 18 Noviembre 2018

Me preocupa. Tengo razones personales para señalar a Cataluña como "territorio comanche". A la autoridad incompetente ni está ni se le espera. Se vuelve a repetir la historia que sufrimos los españoles en el País Vasco. Los mandarines han creado una división que acostumbra a expresarse violentamente. Es un milagro que todavía no haya víctimas mortales. Alguien debería avisar a los bomberos para evitar las proporciones que puede adquirir el incendio.

Cuando se aplicó el artículo 155, muchos creíamos que había motivos más que sobrados, incluso pensamos que el Gobierno había dejado que los acontecimientos llegaran muy lejos. Pero lo peor fue el espectáculo de impotencia para la autoridad. El proceso tuvo una respuesta con sabor descafeinado. Tanto es así que dio motivos para victimizar a los sediciosos como "presos políticos", extendiendo tal efecto publicitario por una parte de Europa, promoviendo "extrañas" actuaciones judiciales en Alemania y Bélgica, incomprensibles para la ciudadanía sin más información que los hechos televisados, con desconocimiento sobre el fondo de las actuaciones judiciales, sobre todo cuando los socialistas se empeñaron en poner sordina al ejercicio de le Ley, posiblemente para ejercer de capitán Araña y guardarse el comodín que hoy usan a modo de paladines para "resolver el conflicto" mediante diálogo. ¿Qué diálogo?. Pactar la autodeterminación a cambio de mantenerse en las poltronas, una vez expulsado el PP de Rajoy y de la Caja B en la sede central de Madrid.

Rajoy y Aznar. El segundo que ahora da dicterios a Casado, tuvo como gentes de confianza, a los que o están en prisión o presentan indicios racionales de conductas indecentes. El primero dilapidó un inmenso poder, como jamás tuvo una formación política en democracia. Pero su conducta, rayando en la indolencia, le llevó a una pérdida de votos, escaños y credibilidad que anunciaba el derrumbe de un modelo. Hoy aún no hemos sabido que pasó para que en la jornada de la moción de censura, desde un céntrico restaurante madrileño, el principal afectado permaneciera ausente, cuando debía haber dimitido y así posibilitar ganar tiempo y presentar un candidato alternativo, evitando la llegada de Sánchez, que dicho sea de paso, tampoco las tenía todas consigo y le quemaba la posibilidad de ser Presidente.

Pero lo que nadie le perdonará al PP de Rajoy es la corrupción, la falta de fortaleza para terminar con el proceso -sólo lo aplazó- y su política financiera en favor de la banca, mientras los recortes y la precariedad del empleo se cebaban con las clases medias de España.

Hay quien dice que tras Rajoy, como tras el Rey Sol, sólo vendrá el diluvio. Puede ser, al menos si contemplamos lo que ha quedado del PP en Cataluña y Euskadi. Y ahora que comienza la campaña de Andalucía, estamos ante otro batacazo previsto y descomunal, pero esta vez en el gran granero de votos y escaños nacionales. Si es así, el PP dejará definitivamente de ser la alternativa al socialismo.

Mientras, en Cataluña, crece cada día el miedo. Ya se escucha a dirigentes políticos y civiles denunciar que se sienten abandonados a su suerte, mientras los nacionalistas presionan siguiendo las instrucciones de Torra y de Puigdemont. En cualquier momento se les puede ir la mano y lamentar alguna víctima, poniendo en circulación la espiral de la violencia, que hasta ahora se ha limitado a ciertos enfrentamientos callejeros, pero que dada la división y el clima de odio, enseguida pasará a un conflicto de inimaginables consecuencias. ¡No digan que no se les avisa!

Además, el nacionalismo catalán, al igual que sucedió en el País Vasco, está fragmentado. Desde una derecha burguesa a imagen del PNV, pasando por una izquierda, más en las formas que en el fondo, a imagen de EA, y los antisistema de la CUP que terminarán por comportarse como lo hacía HB.

Ser español en Cataluña, como lo fue en Euskadi, se ha convertido en algo tan estigmatizado como lo fue ser cristiano en la Roma de Nerón. Y todo anuncia que presenciaremos la escalada de la violencia. Primero de palabra, después de actos administrativos, y por fin, de no poder salir a la calle y requerir escoltas para evitar lo peor. Y el todavía Ministro del Interior diciendo que se trata de escasos y aislados procesos; algo así como lo acontecido en aquella Alemania dónde un personaje con aspecto de charlotín ganó unas elecciones y terminó por armar una confrontación que no deberíamos haber olvidado, tanto los judíos como los habitantes civilizados militantes del humanismo y la democracia. Y pensar que en los años setenta, en plena dictadura, Cataluña era el sur de Europa, la cuna del seny, el refugio para la intelectualidad que trataba de sacudirse la caspa del régimen con lealtad inquebrantable al "movimiento". Cualquier parecido con la Cataluña de ahora es una mera coincidencia.

Los socialistas tienen ante sí una gravísima responsabilidad. Pueden optar por ser el monaguillo de Podemos, que los emplea como madera vieja para atizar la hoguera, y que cuando se hayan quemado, arrojarán sus cenizas por el WC, mientras se convierten en la referencia de la nueva izquierda, puede que hasta sorprendiendo a los incautos, en la forma que resolverán el problema de Cataluña. Y es que si alguien se ha creído que los de Podemos no saben usar el guante de hierro, vean como están actuando con los disidentes internos. El modelo de Podemosante Cataluña terminará por ser el que siempre se utilizó en la Europa del Este. Recordemos la primavera de Praga hace cincuenta años, o las "formas" que usaron para someter las libertades en Hungría en los años cincuenta.

Termino sin comprender del todo el papel de mediador que está ejerciendo el lendakari Urkullu. Si lo que busca es un presupuesto con todas las ventajas en favor de la comunidad vasca puedo entender que se han trastocado los discursos y los vascos recogen aquellas palabras de "lo que no son pesetas son puñetas". Pero aun así, corren el riesgo de estar dando pábulo a la "izquierda abertzale", que parece dormida, pero está presente y en cualquier momento emprenderá una alianza para dejar al viejo, católico y burgués PNV a la intemperie.

De Llarena a Kosovo, de brazos cruzados
La inacción del Gobierno en todo lo referente a los desmanes, políticos u operativos, de la banda del lazo, a ese intento de imposición del pensamiento único en Cataluña para acorralar a los no afines, tiene que ver seguramente con el peaje que debe pagar Sánchez por haberle despejado el camino a La Moncloa
Álvaro Martínez ABC 18 Noviembre 2018

Esperar que Dolores Delgado hiciese un comunicado oficial condenando el ataque a la vivienda del juez Pablo Llarena era tan difícil e ilusorio como va siendo ya encontrar un ministro de Sánchez que no haya creado una sociedad mercantil para aliviar su esfuerzo fiscal, ese que luego depara hospital y escuela a los españoles. La página oficial del Ministerio de Justicia abría ayer informando de una reunión de la ministra con los médicos forenses. Ni media palabra, ni al menos un «me parece mal», emitió ayer Delgado sobre el «raid» de un CDR, de esos a los que Torra ordenó «apretar», contra la casa del magistrado que instruye la causa contra los golpistas. Naturalmente, ni una detención, pese a que hay hasta comunicados oficiales del grupo que reivindicó el ataque. No cabía esperar nada de los Mossos bajo el control de Torra, pero el Ministerio del Interior podía haber ordenado pesquisas para dar con los autores.

Incluso tuvieron que ser unos voluntarios los que, espátula y disolvente en mano, limpiaran la amenazante «obra» de los separatistas. «Con caretas de un pintor español y catalán, Dalí, limpiamos lo que la administración todavía no ha hecho». Hacen bien en ocultar su identidad, teniendo en cuenta que si la administración no protege a un magistrado del Tribunal Supremo, malamente les iba procurar a ellos, ciudadanos de a pie, protección.

La inacción del Gobierno en todo lo referente a los desmanes, políticos u operativos, de la banda del lazo, a ese intento de imposición del pensamiento único en Cataluña para acorralar a los no afines, tiene que ver seguramente con el peaje que debe pagar Sánchez por haberle despejado el camino a La Moncloa. Se acumulan los indicios. Ayer mismo, el PSOE se oponía en la Asamblea de Madrid a que se impida un posible indulto a quienes resulten condenados por rebelión. Más. El Ejecutivo socialista varía la tradicional postura del Estado español con Kosovo y abre un portillo por donde colar, bandera e himno oficial en mano, el reconocimiento internacional de un territorio declarado independiente por la vía unilateral. Daban saltos de alegría en los CDR catalanes con este precedente balcánico.

Los esfuerzos del sanchismo por hacerse el simpático a ojos de los separatista son inversamente proporcionales a la defensa activa de lo que tiene que ver con la unidad de España, que cada vez tiene peor pinta. Bien mirado, quizá la reunión de Delgado con los forenses no sea tan mala idea...

Mis dos héroes

EDUARDO INDA okdiario 18 Noviembre 2018

Cuando el 15 de octubre de 2016 Óscar Arenas, teniente de la Guardia Civil, y Álvaro Cano, sargento, fueron a tomar algo al bar Koxka de Alsasua seguro que no auguraban ni por lo más remoto que iban a vivir el peor día de su vida. El buenismo mediático y político imperante sostenía y sostiene que ETA ya no existe, que “la paz ha vuelto al País Vasco y Navarra” y que los “chicos errados” de la banda terrorista son ahora poco menos que la reencarnación de Mahatma Gandhi. Ese repugnante embuste se nos ha metido o intentado meter en el coco a fuerza de repetirlo goebbelsianamente mil veces. Tal vez por eso, seguramente también porque tenían instrucciones de hacer vida normal, el teniente, el sargento y sus parejas optaron por pasar la noche en uno de los establecimientos más normales de un pueblo, Alsasua, que de “normal” tiene lo que yo de cura. Suscribe esta última afirmación alguien que es navarro hasta las cachas, que conoce esa bellísima zona a la perfección y, obviamente, no toca de oídas.

Alsasua es una más de las numerosas localidades de España donde impera la Ley de Lynch, de esos pueblos dejados de la mano del Diablo por el Estado de Derecho, de esos territorios en los que el nacionalfascismo imperante actúa con la misma impunidad con la que Cosa Nostra se desenvuelve en Sicilia, la ‘Ndrangheta en Calabria y la Camorra en Nápoles. Lugares en los que vives con cierta seguridad si no eres funcionario del Estado, agente de Policía, de la Guardia Civil o militar y no osas levantar la voz contra el imperio del mal. Alsasua es, para más señas, el punto donde nació Herri Batasuna en 1978, lo cual contribuye a calibrar más allá de toda duda razonable de qué estamos hablando. Alsasua es Hernani, Rentería, Echarri-Aranaz (olé eterno por ese otro clan de héroes que son los Ulayar), Ordicia o Mondragón. Alsasua es, salvando las distancias, Olot, Vic, Gerona, Manresa o Ripoll. Porque si bien es cierto que allí no han asesinado a nadie, no lo es menos que la libertad es un imposible físico y metafísico porque el Estado de Derecho ni está ni se le espera. El nacionalfascismo manda y los demás a decir “sí bwana” o, como mínimo, a callar si no quieren que les revienten la cabeza.

Aquel sábado empezó con esa “normalidad” que nos mete a capón en el cerebro la izquierda socialpodemita mediática. Malas caras, muy malas caras, pero nada más. Hasta que uno de los más grandes hijos de puta de la localidad, Jokin Unamuno, les preguntó si eran “pikoletos o maderos”, expresión despectiva con la que esta gentuza suele referirse a los policías y a los guardias civiles. Los aludidos otorgaron callando, entre otras cosas, porque conocían perfectamente que el tal Unamuno era nieto de un miembro del Cuerpo, sabía quiénes eran y, consecuentemente, no había disparado dialécticamente al matorral. Todo se torció definitivamente cuando llegó el matón alfa con apellido maketo, Oihan Arnanz, y les soltó la frase que a modo de espita activó el ataque terrorista en forma de furibunda paliza: “¡Sois unos txakurras [perros en vascuence] tenéis que morir!”.

Segundos después, les arrojaron un vaso de ésos de chupito a la cara y volvieron a hacer como si no se hubieran enterado. Casi sin solución de continuidad les comenzaron a apalear formando acto seguido entre 25 matones lo que se denomina el “pasillo de la muerte”. Les propinaron puñetazos en el rostro, en la espalda, en la entrepierna y las extremidades inferiores. No hubo zona del cuerpo que no resultase magullada. Los escupitajos se contaron por docenas. El viernes tuve el privilegio de conocer a Óscar y Álvaro en el Círculo Ahumada y puedo decir que son dos armarios cuyos brazos parecen las piernas de un ciudadano normal. Los mierdas batasunos tuvieron que ir en Manada porque sobra decir que uno a uno no tendrían coraje para enfrentarse a ninguno de los dos agentes. Los sacaron a la calle y allí les estaban esperando otros 25 hijos de Satanás para rematarlos en el suelo. Los patearon a modo y manera al igual que a sus compañeras. Por cierto: aún estoy esperando que las asociaciones feministas condenen la brutal agresión a estas dos mujeres.

Las lesiones fueron de padre y muy señor mío. El peor parado fue el teniente al que destrozaron de una patada la tibia y el peroné, además de dejar su cara como un cristo con lesiones de las que tardó meses en recuperarse. Su pareja y la de su subordinado sufren hoy día, dos años y un mes después, pesadillas nocturnas. Especialmente, María José, la novia de Óscar, paisana de Alsasua, que tuvo que huir de su pueblo, no volver nunca más y contemplar impotente cómo hacían la vida imposible a sus padres, que regentan un bar en el que hace medio año figura un elocuente cartel: “Se vende”. Lo más indignante de todo es que 42 de los 50 autores de este acto más propio de Corea del Norte que de un país democrático se fueron de rositas. El miedo es libre y nadie se atrevió a ir más allá del atestado de la Policía Foral. Dios quiso que nuestros héroes fueran desarmados porque si en medio de la tunda desenfundan la pistola y disparan en legítima defensa los condenados hubieran sido las víctimas y sus sádicos verdugos habrían sido presentados como mártires ante la opinión pública. Así funciona este tan buenista como adormilado Estado de Derecho. Cuando cualquier persona y la mayor parte de los juristas entienden que si 50 salvajes te están pegando una paliza de muerte lo normal es echar mano del arma para ahuyentarlos.

Por no hablar de la decisión de la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que no calificó de “terrorismo” lo que sí que era terrorismo para ese magnífico fiscal que es José Perals. Un sinsentido teniendo en cuenta que sí hubieran sido condenados por terrorismo si las lesiones a los dos agentes y a sus novias se hubieran producido por un coche bomba, por poner un ejemplo. ¿O es que acaso no es terrorismo pegar una paliza entre 50 a dos guardias civiles para que se vayan del pueblo? Las tres acepciones de la Real Academia coinciden milimétricamente con lo sucedido en Alsasua: “1.-Dominación por el terror / 2.-Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror / 3.-Actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”. Como diría aquél, no hay más precisiones, señoría.

Óscar y Álvaro representan lo mejor de lo mejor de una Guardia Civil cuyos valores, al igual que los de la Policía y el Ejército, simbolizan lo mejor de lo mejor de este gran país que todavía continúa siendo España mal que les pese a los Otegi, Iglesias, Puigdemont, Barcos y demás malajes que se quieren cargar nuestra democracia, nuestra libertad, nuestra convivencia, nuestra historia, y nuestros derechos civiles. Óscar y Álvaro son diez mil veces mejor ejemplo para nuestra juventud que los futbolistas de turno o los raperos de guardia. Las virtudes que les adornan, sacrificio, honradez, lealtad e insobornable respeto a la ley, deberían ser parte del material didáctico de nuestras escuelas. Claro contraste con los libros de texto que se emplean en Almería en los que se cuela de matute la imagen de un tipo idéntico a ese Pablo Iglesias financiado por dos dictaduras terribles.

En nuestras aulas deberían enseñarse los valores y los principios que adornan a la Guardia Civil. Menos propaganda basuresca socialpodemita y más ética, más decencia, más lealtad, más sacrificio y más respeto a nuestras leyes. La Guardia Civil es Óscar y es Álvaro pero son también los 230 compañeros asesinados por los padres intelectuales de los matones de Alsasua. Beneméritos son los agentes que se fueron a San Lorenzo a salvar vidas en medio de una riada infernal. Ciudadano moralmente superior es Juan Francisco Lozano, que falleció apuñalado hace tres semanas en Don Benito al intentar poner paz en una pelea. Y personas superlativas son los guardias civiles que fueron en socorro de decenas de miles de vascos durante las terribles inundaciones que asolaron al País Vasco en 1984 o los tenaces 50 armarios que levantaron la prensa hidráulica de una tonelada bajo la cual malvivió Ortega Lara 532 días. Al igual que los GRS que participaron en el despliegue para evitar el golpe de Estado del 1-O y que hace dos semanas fueron dejados a los pies de los caballos por unos magistrados incalificables de la Audiencia de Barcelona.

Me dejo a miles de agentes anónimos cuyas heroicidades nunca saldrán en los periódicos y con los que los españoles de bien tenemos una deuda eterna e impagable. Siempre que hay problemas, ahí está la Guardia Civil dispuesta a dar su vida para salvar la del prójimo. Incluida la de un Pablo Iglesias cuyo cavernícola odio al cuerpo le llevó a recibir en el Congreso a los familiares de los terroristas de Alsasua.

Manda huevos que los 85.000 guardias civiles y los 78.000 policías nacionales continúen cobrando un 20% menos que los ertzainas y que esos Mossos que incumplieron su deber legal el 1-O. Claro que a Sánchez, y no digamos a Iglesias, les pone más dar pasta pública a los autores del golpe de Estado que a quienes trataron de evitarlo por orden judicial, les parece más decente y progre sentarse con los jefes de ETA que con las víctimas del terrorismo.

Todos somos Óscar y Álvaro. Todos debemos ser como ellos. Como esa Guardia Civil fundada por un prohombre navarro, el duque de Ahumada, que continúa haciendo honor a ese maravilloso himno que termina con 19 palabras que no podemos ni debemos olvidar: “Viva España, viva el Rey; viva el orden y la ley; viva honrada la Guardia Civil”. Semper fidelis.

PD: me resisto a terminar este sermón dominical sin recordar a Inmaculada Fuentes, madre del teniente Óscar, auténtica madre coraje de las víctimas de este nuevo episodio de terrorismo. Su maravillosa dialéctica y su infinita decencia son otro ejemplo de que no está todo perdido.

"¿De extrema derecha, ultras? ¡No somos nazis, ni queremos el exterminio!"

Vox se crece en la campaña de las andaluzas tras concederle la encuesta del CIS un escaño por Almería. Sus previsiones es que están más cerca de conseguirlo en Sevilla o Málaga
Agustín Rivera. Málaga elconfidencial 18 Noviembre 2018

Vox es el Podemos de enero de 2015, aquel fenómeno transversal en el que desencantados del bipartidismo vieron en la formación morada algo nuevo, gente/ciudadanos de izquierdas, centro o incluso de la derecha a los que no les gustaba ni el PP ni el PSOE. Ciudadanos (versión nacional) aún no existía. Podemos no tuvo al principio muy clara su ideología. Vox, en cambio, un partido emergente, la gran sorpresa de la temporada política, siempre la ha tenido clara. Diáfana.

"¿Extrema derecha, ultras? No somos nazis, ni queremos el exterminio", quiere resaltarlo José Luis Jiménez, de 46 años. Ana, limpiadora, de 32 años, pide que salgan los tanques. Sí, esto también se oye en los mítines de Vox. Porque hay muchos 'voxes'. Empresarios, gente acomodada, los de la banderita en la muñeca, pijos de toda la vida, funcionarios, y gente que apenas llega a fin de mes, taxistas cabreados. La misma transversalidad social que el Podemos de 2015. Y en las antípodas ideológicas, claro está.

Vox quiere reunir en la Plaza de la Marina, el espacio que comunica la calle Larios con el Puerto de Málaga, a 3.500 personas. Según la organización, lo consiguen. Bingo: "Se superan las 3.500". La Policía dice que no: "1.000 o 1.100". "¡Viva Andalucía, viva Málaga, viva España!", lanza José Enrique Lara, presidente provincial de Vox, que interviene enfatizando lo de 'Esssspaña'. Y luego dice: "¡Adelante!". Parece más bien una arenga a los reclutas que una intervención política. Ese estilo.

Un nublado cortito de sol. Lo mismo el abrigo sobra que la bufanda es necesaria ya. El tiempo cambia por minutos. "No somos la extrema derecha, sino la extrema, la extrema… Decid conmigo...", dice Eugenio Moltó el número 1 de Málaga al Parlamento de Andalucía. Y el público contesta: "Extrema… necesidad".

"Se gastan el dinero en gambas"
Eugenio Serrano, candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, fue juez y ahora es abogado. Subraya el clientelismo del PSOE. "Ellos, se presente quien se presente, ya tienen un millón y medio de votos. Eso es hacer trampas y se gastan el dinero en gambas". La limpiadora apostilla cada frase de los participantes. Empieza su particularísimo manual para señoras de la limpieza versión malagueña con esta: "Somos la última mierda de España".

En Vox son muy de Reconquistas, de motes (llaman a Pablo Iglesias 'Pablo Mezquitas', también 'El marqués de Galapagar') y de citas a su gusto y semejanzas. "Don Quijote habría votado a Vox igual que Sancho después de escucharlo a él". Así remata Serrano su intervención antes de dar paso al secretario general del partido, Javier Ortega. "¡Bienvenidos, resistencia!".

Alerta de que la unidad de España está en riesgo. No quieren entrar en compadreo ni trueque de asientos. Ortega mezcla conceptos: "No tenemos complejos ni ataduras". "Nos tienen miedo". "Cuidado con crear en España una teocracia como en Irán". "Se equivocan los medios de comunicación que pretenden callarnos o equivocarnos".

Y a las 12.43 horas arranca 'El Cid Campeador'. Ese no es otro que Santiago Abascal. Gritos de "presidente, presidente". España como patria.

Quien no se calla es la limpiadora: "¡Qué monstruo el tío! ¡Tiene un palique! ¡Cómo habla de bien!". Desde arriba de la cercana noria se podrá divisar una panorámica de los concentrados en la plaza. Hay un hombre de unos 40 años, con barba, gafas de sol y que viste un jersey gris que no para de ondear, muy despacio, de derecha a izquierda, una y otra vez, la bandera española. Descansa unos segundos y vuelta y vuelta.

Y a las 12.43 arranca 'El Cid Campeador'. Ese no es otro que Santiago Abascal. El de la bandera toma la enseña con un movimiento un pelín más veloz para que el jefe le vea. Gritos de "presidente, presidente". España como patria. "La España que madruga".

Recuerda el "hito histórico" de Vistalegre. "Nos han llamado fascistas y sabemos lo que queremos". Para Abascal, Pedro Sánchez es un presidente "legal, pero ilegítimo". "Hijo de…", dice alguien del público. Por allí también está el ayudante de Mocito Feliz con un peto verde, no se sabe si como vigilante o fan. Más bien ambas cosas. "Nos roban y se lo gastan en putas", apostilla la limpiadora.

Deportación de inmigrantes
En el discurso de la inmigración creen a pies juntillas. "Al que no venga con papeles, no le abramos nuestras puertas". En su programa resaltan: "Deportación de los inmigrantes que estén de forma legal en territorio español pero que hayan reincidido en la comisión de delitos leves o hayan cometido algún delito grave. Revisión de los tipos penales para combatir a las mafias de la inmigración ilegal".

Ciudadanos es la "derecha blandita y acomplejada", resaltan. Quieren cambiar el antiguo PER, (ahora denominado Plan de Fomento del Empleo Agrario, el PFEA), eliminar la Junta de Andalucía (o sea, gobernar y luego dinamitar la institución), además de un plan especial de protección tanto para la tauromaquia como para la Semana Santa. Lanzaron guiños a varias imágenes procesionales de Málaga.

No quieren avisar de sus actos. Se trata de evitar incidentes como el de Murcia. Las convocatorias son muy limitadas

Cuando acaba el mitin, un jubilado de 80 años avanza ya por un lateral del Parque. Ha servido como escolta para Adolfo Suárez y Felipe González, en su opinión, "los dos mejores presidentes que ha tenido este país". Se siente entusiasmados ante lo que acaban de oír. Ha sido guardia civil, lleva una banderita preconstitucional en el jersey y sufrió varios atentados en los ochenta. Habla de Paracuellos, Venezuela, ETA, Bildu… un batiburrillo de argumentos. Es partidario de la pena de muerte.

La organización del mitin recoge los bártulos. Fuentes de Vox consultadas por El Confidencial subrayan que no quieren avisar de sus actos. Se trata de evitar incidentes como el de Murcia, donde ultras de izquierda les dijeron que les matarían como "Paracuellos". Las convocatorias son muy limitadas. Creen que son "un partido político tendencia" y que se demostró hace unos días en Sevilla cuando Santiago Abascal estuvo rodeado de jóvenes cuando intentaba tomarse cañas por el centro de la capital andaluza.

Abascal montando a caballo
"¿Sabes la ventaja que tenemos nosotros? Que no tenemos que cambiar el discurso político, que lo podemos aplicar en todos los sitios por igual. No hay que cambiar las medidas a adoptar, sino el ejemplo. Aquí hay una inmigración desbocada y en sitios como el Campo de Gibraltar y la zona de Motril vamos a conseguir muchos votos por este motivo", asegura un portavoz del partido a este diario.

Consideran que el polémico vídeo en el que se ve a Santiago Abascal montado a caballo se trata de una "defensa del campo andaluz". "En Vox hay gente de todos lados y condición social, de mucho callo y madrugón". Y añade: "Vamos a pecho descubierto y nos encanta".

Separatistas hacen pintadas contra Vox en un restaurante de Tarragona en el que celebraba un acto
OKDIARIO 18 Noviembre 2018

Simpatizantes de Vox y grupos antifascistas han protagonizado momentos de tensión en el barrio de Bonavista de Tarragona por un acto organizado por Vox. Los Mossos d'Esquadra, que han separado a ambos grupos, han informado a Europa Press que se han producido gritos e insultos y alguna patada entre ambos colectivos, y que un periodista ha resultado herido leve. La concentración ha comenzado a las 9 horas y se ha prolongado hasta las 12.30 horas, según ha explicado la policía catalana.

Simpatizantes de Vox y grupos antifascistas han protagonizado momentos de tensión en el barrio de Bonavista de Tarragona por un acto organizado por Vox.

Varios radicales acudieron al acto para insultar y amenazar a los simpatizantes de Vox, partido que ha condenado “las presiones mafiosas y sectarias de los sicarios del golpismo”, asegurando que su rabia es la señal de que el partido de Abascal “va en serio” y es el único que les puede quitar “el chiringuito de seguir con el golpe de Estado a costa de los impuestos de todos los españoles”.

Los Mossos d’Esquadra, que han separado a ambos grupos, han informado a Europa Press que se han producido gritos e insultos y alguna patada entre ambos colectivos, y que un periodista ha resultado herido leve.

La concentración ha comenzado a las 9 horas y se ha prolongado hasta las 12.30 horas, según ha explicado la policía catalana.

Boicot al restaurante
Además, la asociación Colla Xiquets del Serrallo de Tarragona ha emitido un comunicado en el que aseguran que “celebramos la diversidad de ideologías y tendencias políticas siempre y cuando no sean contradictorias con valores esenciales como el respeto y la tolerancia. Por eso, los Xiquets del Serrallo hemos decidido dejar de colaborar con el Bar Restaurante Cabrera”.


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