AGLI Recortes de Prensa   Sábadso 24  Noviembre 2018

Triple varapalo a los Presupuestos de la recesión
Daniel Lacalle elespanol  24 Noviembre 2018

I started a joke which started the whole world crying; oh if I’d only seen that the joke was on me” Barry Gibb

Un país no se puede permitir perder la credibilidad internacional. Es un factor esencial para la estabilidad, el crecimiento y la creación de empleo. Y esta semana la credibilidad de España se ha puesto en entredicho de manera muy importante.

España es el único país de la OCDE que se enfrenta a los riesgos de ralentización global de 2019 con la amenaza por parte del gobierno de la mayor subida de impuestos de los últimos cuarenta años y un aumento desbocado del gasto corriente. El único. Un elemento diferenciador del que nadie debería estar orgulloso, y que cercena crecimiento, inversión y empleo potencial.

Adicionalmente, Bruselas, la OCDE y el Fondo Monetario Internacional han dado tres varapalos a las medidas de la coalición de la recesión, PSOE-Podemos. Lo más triste de esa triple tarjeta roja está en los detalles. Bruselas constata que los presupuestos de 2019 incrementan el gasto corriente más del triple de lo recomendado por la Unión Europea y que están basados en ingresos inflados y con medidas que no existen aún en realidad. Es patético que el presupuesto de España se presente con cifras imposibles para cuadrar y muy peligroso que el ejecutivo se creyera que eso iba a “colar”. Volvemos a la política de esperar que no pase nada hasta que se constate el incumplimiento, como en 2011 cuando ¡en noviembre! El Gobierno repetía sin cesar que el objetivo de déficit se cumpliría y lo sobrepasaron en casi 30.000 millones de euros.

Nos dicen que los presupuestos de España han recibido una carta similar a otros países y a la de otros años. Primero, es incorrecto. Ninguna de esas cartas constata la imposibilidad de los ingresos anunciados ni mucho menos que vienen de medidas no aprobadas. Segundo, el presupuesto italiano al menos tiene la honestidad de reconocer el aumento del déficit y no incluye un brutal hachazo fiscal a empresas y familias. Los de Francia, Portugal o Eslovenia no solo no incluyen enormes subidas de impuestos con estimaciones de ingresos falsas, sino que en el cálculo de ingresos y gastos ponen partidas que están todas (TODAS) ya aprobadas. El de España es un juego infantil de ingeniería contable con medidas sin aprobar para dar un resultado falaz.

Lo peor es que nos lo intenten justificar diciendo que el gobierno anterior también incumplió. Porque es falso, pero sobre todo, porque si esos presupuestos de otros años fueron medianamente optimistas con respecto a la ejecución final, en estos se multiplican los errores que disparan el déficit estructural y que comentamos en esta columna (¿Austeridad? ¿Qué Austeridad? ).

La OCDE constata una rebaja de estimaciones de crecimiento y el Fondo Monetario Internacional alerta sobre los riesgos a corto y medio plazo, como ya explicamos aquí.

La pérdida de credibilidad es pública y notoria, y muy dañina para todos los ciudadanos españoles.

No solo se ha duplicado la prima de riesgo. El coste del seguro por riesgo de impago de España a dos años, el Credit Default Swap, se ha disparado a máximos del año, y la excusa de que es algo que le pasa a toda la Unión Europea es falso. Cuando España estaba despegándose del riesgo de Italia, Portugal o Grecia, hemos pasado a que los indicadores de riesgo suban al unísono y en varios días más que los de esos países.

La complacencia del Gobierno con estas malas noticias es aterradora. Un Gobierno que no busca resaltar por hacer las cosas mejor, crecer más y crear más empleo, sino que se felicita porque nos suspenden “como a otros” –aunque sea incierto- y nuestro riesgo se dispara “como el de otros”. La felicidad en la mediocridad.

Lo peor de las estimaciones de la OCDE, Bruselas o el Fondo Monetario Internacional es la pérdida de credibilidad y la sensación de que el gobierno ve los indicadores económicos como el que ve pasar el tren, sin ninguna voluntad de fortalecer el crecimiento.

¿Se desacelera la contratación? Se anuncia la eliminación de las bonificaciones a la contratación. ¿Se constata la ralentización y la evidencia del incumplimiento en los presupuestos? Se ponen mayores escollos anunciando globos sonda ridículos.

Pero además, lo que el gobierno esconde de esas tarjetas rojas de la OCDE, el FMI y Bruselas es que están presentadas con una enorme diplomacia. Es decir, que no es que sean duros y malvados, es que son extremadamente optimistas y hacen sus análisis desde una posición constructiva, esperando que el gobierno reaccione.

Que el Gobierno se esconda bajo la excusa de que otros lo hacen peor solo demuestra que su objetivo no es la excelencia, sino la mediocridad. Y que, como siempre, ignoran las señales de alarma para lanzarse al precipicio acelerando.

Sánchez siembra la semilla de la próxima crisis
EDITORIAL Libertad Digital  24 Noviembre 2018

España todavía no ha superado los graves efectos derivados del estallido de la burbuja crediticia en 2007, ya que, entre otros indicadores, la tasa de paro todavía ronda el 15%, muy por encima de la media de los países ricos, y, sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez ya está sembrando la semilla de la próxima crisis debido a su profunda irresponsabilidad fiscal y su errónea política económica.

La recuperación registrada en los últimos años, si bien ha sido positiva, se asienta sobre bases endebles, puesto que la economía nacional presenta importantes desequilibrios estructurales que deben ser corregidos cuanto antes para poder afrontar el futuro con garantías de solvencia y prosperidad. La elevada deuda pública, el escaso nivel de productividad, el reducido tamaño de las empresas, la rigidez laboral, la elevada presión fiscal, la ineficiencia del sector público o el amplio grado de intervencionismo político sitúan al país en una situación delicada en caso de que vuelvan a surgir turbulencias en el horizonte. De ahí, precisamente, la imperiosa necesidad de poner en marcha grandes reformas estructurales para poder corregir tales deficiencias. No en vano, la triste y preocupante realidad es que no se ha aprobado ninguna medida de calado desde 2013, cuando el anterior Gobierno de Mariano Rajoy sacó adelante la reforma de las pensiones, hoy ya derogada.

Y lo peor de todo es que, lejos de reactivar esa senda, el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez pretende justo lo contrario. Es decir, anular las escasas mejoras realizadas, como es el caso de la reforma laboral de 2012, y repetir, uno por uno, todos los enormes errores que cometió el PSOE en el pasado en materia económica. Esa y no otra es la advertencia que acaban de lanzar tres organismos internacionales de la talla de la Comisión Europea, la OCDE y el FMI sobre la deriva de la economía española.

La primera tiene que ver con el incumplimiento del objetivo de déficit acordado con Bruselas. El plan presupuestario de Sánchez elevará el agujero fiscal y, por tanto, la deuda pública, cuyo volumen roza el 100% del PIB, el nivel más alto del último siglo. Semejante endeudamiento deja la solvencia estatal en una posición extremadamente delicada frente a nuevas dificultades económicas.

La segunda señal de alerta radica en las previsiones de crecimiento. El ritmo de avance de la economía española se está frenando, razón por la cual es más urgente que nunca apostar por la austeridad pública y la liberalización del sector productivo. Si el crecimiento del PIB se estanca, la alta tasa de paro se prolongará en el tiempo hasta hacerse crónica. Aunque la tercera advertencia es, sin duda, la más importante de todas, ya que las citadas entidades, en mayor o menor medida, coinciden en que la política económica de Sánchez va en la dirección incorrecta.

La brusca subida del salario mínimo lastrará la creación de empleo, la revalorización de las pensiones con el IPC, junto a la derogación del factor de sostenibilidad, agravará la insostenibilidad financiera de la Seguridad Social y la obsesión del PSOE por derogar la reforma laboral amenaza con dinamitar la intensa generación de puestos de trabajo registrada en los últimos años. Si a todo ello se suma, además, el plan de Sánchez para inflar de nuevo la burbuja renovable, España está condenada a revivir el impacto de una nueva crisis, cuya lección o bien no han aprendido los socialistas o, lo que es aún peor, prefieren ignorar con el único fin de ganar votos.

¿Tiene remedio Andalucía?
José García Domínguez Libertad Digital  24 Noviembre 2018

Andalucía es genuina la cuna de la historia del capitalismo español. En 1850, la segunda provincia más industrializada de España era Málaga, a poca distancia de la primera, Barcelona. Además de dos grandes industrias siderúrgicas que competían, y de igual a igual, con las emergentes del País Vasco, en Málaga había a mediados del siglo XIX trece fábricas de jabón, siete factorías de curtidos, seis de tejidos de seda, once de almidón, dos de cerveza, otras dos de salazones de pescado, un par de factorías de productos químicos, ocho compañías de producción de lino, una gran nave destinada a la fabricación de abanicos, cuatro talleres de albayade, otra gran empresa de sombreros, trece de pasta, una de refino de azúcar, amén de una gran fábrica de aserrar madera, decenas de alfarerías, una fábrica de botones y trece tejares, entre otras decenas de negocios de menor tamaño.

El paisaje industrial de Manchester no era por aquel entonces muy distinto al que se podía contemplar desde la Alhambra. Así las cosas, Andalucía parecía predestinada a constituirse en la vanguardia del desarrollo y la modernidad en España. Pero dos factores contingentes, la crítica carencia de mineral autóctono que sirviera de combustible para la siderurgia andaluza y la epidemia de filoxera que arruinó a los agricultores que constituían la demanda local de casi toda aquella producción emergente, terminaron extinguiendo aquel prometedor foco germinal de la Revolución Industrial en la península Ibérica.

Hoy, cerca de dos siglos después, otro rincón de la misma Andalucía, la provincia de Cádiz, presenta una tasa de paro estructural que es equiparable al que la ONU calcula que existe en la Franja de Gaza. Con la diferencia, para nada baladí, de que en Andalucía no ha estallado hasta la fecha una intifada. Algo que, nos guste o no reconocerlo, procede atribuir en gran medida a esas políticas clientelares y populistas que, además de perpetuar la cultura de la dependencia, la pobreza crónica y el voto cautivo, también han permitido que muchos andaluces de hoy, a diferencia de sus ancestros, no se hayan visto obligados a tener que votar con los pies. Y es que, nos guste o no reconocerlo, la sopa boba del asistencialismo subvencionado que se lleva practicando desde hace cuarenta años en el campo andaluz por parte del PSOE (con el asentimiento silente, nunca se olvide, del PP) es lo que ha permitido frenar la sangría demográfica de Andalucía fijando la población al territorio. ¿Sería posible acabar alguna vez, y desde la política, con eso que tanto se parece a una maldición histórica? Quizá no debiéramos hacernos demasiadas ilusiones al respecto. Otros territorios muy similares del sur de Europa, como el Alentejo portugués o el Mezzogiorno italiano, no lo han conseguido. Y tampoco hay demasiados visos de que lo vayan a lograr en el futuro mediato pese a las enormes transferencias de recursos públicos e inversiones en infraestructuras que, sobre todo en el caso italiano, esas demarcaciones deprimidas llevan recibiendo desde hace décadas.

En Europa, las regiones que perdieron el compás de la industrialización en su momento raramente han logrado después recuperar la distancia perdida. Entre otras razones porque, tal como le sucede hoy a Andalucía, las economías postindustriales y centradas en los servicios no consiguen incrementos de productividad tan grandes como los que generaba la industria en su época germinal (para llevar un restaurante de menús en el año 2018 hace falta el mismo número de camareros que hace cien años; el incremento de la productividad en ese sector ha sido cero a lo largo de un siglo). Sin industria, no hay despegue exponencial de la productividad. Y la era de la industria ya ha pasado. Y nunca volverá, al menos a España. El PSOE de los ERE, Susana, Chaves, Griñán y el resto de la tropa, es sabido, roba, prevarica y nepotea con insólita impunidad desde hace cuarenta años. Y con toda probabilidad seguirá haciéndolo durante otros cuatro años más. No se trata, por supuesto, de aceptar ese desolador estado de cosas con resignación. Pero acaso habría que ir olvidando de una vez esa fantasía tan recurrente, sobre todo en campaña electoral, la que quiere ver en Andalucía a la posible e inminente California de Europa.Aunque no nos sea grata, es la verdad.

El impúdico Doctor Sánchez
Jimmy Giménez-Arnau okdiario  24 Noviembre 2018

Llenar es el verbo clave. Llenar las urnas con votos en las próximas, retardadas elecciones, afina el anhelo de C’s y PP, mientras el PSOE tiembla calculando que, en cuestión de meses, habrán de celebrarse. El morado, tras mil y una purgas, cotiza a la baja y roza el principio del fin. Lo digo por intuición pues opero sin datos ni cifras, al revés que Tezanos, profanador del CIS, que corrompe cada sondeo como quien cose, tejiendo mentiras donde escrutaba verdades, para que su amo pueda seguir flipando con que nunca dejará de ser presidente.

Obviamente aludo a Sánchez, maniquí de Cortefiel capaz de tragarse un lapo arrojado contra su ministro de Asuntos Exteriores. El poder tiene su precio: hay que convertirse en tragaldabas con tal de fardar de pelele en La Moncloa, aunque haya que tragar lapos y sapos y se humille a Borrell, que de mostrar huevos y algo de dignidad, habría dimitido. Dios les cría y los esclavos se rinden ante el ególatra inútil, desde el falsificador Tezanos, hasta el versátil Borrell. ¡Vaya tropa de mercachifles que tenemos para defender y representar a España!

La tesis socialista del impúdico Doctor Sánchez —un gran Gobierno, un gran negocio, un gran ridículo—, nos conducirá directamente a la ciénaga. Con él, retroceden nuestras libertades. Pacta con traidores y está decidido a pulverizar la independencia de los jueces por sabios que fuesen. Él, y sólo él, ha de ser el faraón de los indocumentados. Parte de sus ministros debiera haberse ido a cursar estudios de cómo tratar bien a la grey, ya que cesar en sus cargos, les resulta algo incomprensible. Su lema: “Mentir, mentir y volver a mentir”. Y de ahí no los sacas. Hasta que no nos sacudamos este rebaño de trileros de encima, el futuro se resistirá a aparecer en el horizonte.

Siempre inteligente Isabel San Sebastián, hija de diplomático, igual que yo, no entiende que el muñeco viaje a Cuba para brindar halagos a una dictadura, sin atender a la disidencia oprimida. ¿24 horas en la isla no daban para más? ¿O era otro trip que se inventa el presidente en evitación de plantarle cara a Bruselas, que viene de tirarle por los suelos unos fraudulentos Presupuestos? ¿O, gozando del Caribe sin vacunas, logró esquivar que May le espetara a la cara su firme decisión de que la soberanía británica en Gibraltar no es negociable? ¿Acaso cree el maniquí que el rey de Marruecos le ha comprado esa boba idea improvisada de un mundial entre continentes? Sánchez no llega ni a vendedor de confeti. Pero se empeña en estafar al mundo.

La izquierda necesita a Franco
OKDIARIO  24 Noviembre 2018

España vive momificada desde que los copresidentes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias —tanto monta, monta tanto—, se han hecho cargo del país. La izquierda patria está cada vez más podemizada —Sánchez incluido— y menos socialista, obrera y española, que sería lo óptimo para nuestra Monarquía parlamentaria. Una izquierda que trata de convertir a Franco en su mejor aliado. Paradojas de la política o, como diría el propio Pablo Iglesias, “cabalgar contradicciones”. No obstante, esas contradicciones son muy perniciosas para nuestro país. Mientras Sánchez y su Gobierno traen al presente un dictador que lleva muerto 43 años, son incapaces de encontrar un solo hueco en su agenda para reunirse con los opositores durante su visita a la dictadura cubana.

Otro grave error en la política internacional de Sánchez que, si bien se caracteriza por recorrer kilómetros alrededor del mundo con llamativa profusión, está quedando en evidencia en los asuntos más importantes que incumben a España más allá de nuestras fronteras. A la muy cuestionable actuación en Cuba, hay que añadir el ridículo en todo lo relacionado con Gibraltar. España ha llegado tarde y mal a la hora de asegurarse la posibilidad de un veto con respecto al Peñón una vez se consume el acuerdo sobre el Brexit y Reino Unido salga de la estructura comunitaria. Una desatención alarmante que extiende una sombra de incredulidad sobre los trabajadores españoles en la zona. Sin embargo, Podemos y los sindicatos callan ante la evidencia e intentan hacer caja electoral con Franco.

De ahí que hayan convocado una manifestación en La Almudena para el próximo 1 de diciembre con el objetivo de evitar que se entierre allí al dictador una vez sea exhumado. Da igual que los índices económicos frenen con preocupante rapidez tras años de sólido avance. No importa que el problema del paro vuelva a ser un tema recurrente en las conversaciones de los ciudadanos. Parece que lo único determinante para la izquierda española es ofrecer la ración diaria de Franco en los medios de comunicación. Ése es actualmente el nivel de la izquierda patria y sus satélites radicales. Al final, y de tanto traer el pasado al presente para tapar las deficiencias de un Ejecutivo imposible, van a conseguir que la frase “contra Franco vivíamos mejor” vuelva a tener más vigencia que nunca.

Otro intento de someter a los jueces
OKDIARIO  24 Noviembre 2018

Podemos no ceja en su voluntad de someter a los jueces. Después de proponer un escrache oportunista al Tribunal Supremo por la resolución sobre el impuesto de Actos Jurídicos Documentados, el partido de Pablo Iglesias ha renunciado por completo a la tan cacareada “independencia judicial” para entregarse en cuerpo y alma al intento de controlar la justicia en España. Un tic más propio de sus socios bolivarianos de Caracas que de un partido que, teóricamente, surgió para “regenerar las instituciones en España”. No obstante, de todos es sabido que la nueva política nació vieja, de ahí que tras el intento infructuoso de apoderarse de parte del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ahora quieran vetar por ley la actividad de conferenciantes que desempeñan los jueces.

Sumidos en este disloque, incluso quieren incluir a los jueces jubilados. Un intervencionismo en las instituciones que recuerda al comunismo más rancio. Con esta medida, ponen en tela de juicio la honestidad de los profesionales de la justicia, ya que alegan que es para “velar por la confianza pública”. Una confianza que, lejos de darse por medidas coercitivas como ésta, vendría de manera más sólida si los propios jueces pudieran escoger a los integrantes del órgano de gobierno del Poder Judicial. Un hecho al que Podemos, sin embargo, se ha negado hasta el punto de tratar de imponer perfiles tan cuestionables como Victoria Rosell o José Ricardo de Prada.

Hace sólo unos meses, cuando no tenían posibilidad de tocar poder, calificaban al CGPJ como “historia negra de este país”. Ahora, sin embargo, cuando ostentan la Copresidencia de España junto al PSOE de Pedro Sánchez, quieren intervenir en la distribución del mismo e, incluso, en la vida profesional de los jueces. Nadie pone en duda que la carrera judicial lleva aparejada una incuestionable ejemplaridad. Algo de lo que ya goza nuestro país en la práctica totalidad de los casos y que, desde luego, no se malea por unas conferencias. Las constantes incoherencias y laxitudes del discurso político de Podemos no le señala, precisamente, como el partido más indicado para dar consejos a nuestros jueces.

La soberanía no se cede.

Vicente A. C. M. Periodista Digital  24 Noviembre 2018

TERESA MAY DICE QUE DEFENDERÁ LA SOBERANÍA DEL REINO UNIDO SOBRE GIBRALTAR. PEDRO SÁNCHEZ QUIERE ENMENDAR LA TORPEZA DE NO HABER VIGILADO LOS CAMBIOS DEL PREACUERDO.

Hay quienes hablan de que los británicos han conseguido meter un gol en el preacuerdo firmado con los representantes de la UE respecto al incómodo asunto de Gibraltar tras el BREXIT. Y el caso es lejanamente comparable al contencioso de Irlanda (Eire) con esa parte de su territorio ocupada por los británicos y que forma parte del Reino Unido como nación en igualdad con Inglaterra, Gales y Escocia. Sin embargo, Gibraltar es una colonia del Reino Unido cuya soberanía adquirió legalmente tras la firma del Tratado de Utrecht que puso fin a la guerra de sucesión en España donde se instauró la dinastía borbónica. En concreto se trata de la única colonia en el continente europeo. Por tanto no se diferencia su estatus del de cualquier otra colonia del Reino Unido en el resto del mundo lo que se conoce como British Overseas Territories (Territorios británicos de ultramar) cuya soberanía es del Reino Unido. La gran mayoría de estos territorios tiene su propio Gobierno para ejercer labores de administración, mientras que el Reino Unido se responsabiliza de la defensa, relaciones exteriores y tratados económicos. Carecen de representación el Parlamento en la actualidad.

La UE ha contemplado esos territorios en el preacuerdo en el artículo 4 de “Alcance territorial” donde define como reino Unido y sus territorios a:

- Reino Unido
- Gibraltar
- Islas del Canal y la isla de Man
- Bases aéreas de Akrotiri y Dhekelia en Chipre
- Países y territorios de Ultramar listados en el Anexo II (Anguilla, Bermuda, British Antarctic Territory, British Indian Ocean Territory, British Virgin Islands, Cayman Islands, Falkland Islands, Montserrat, Pitcairn, Saint Helena, Ascension and Tristan da Cunha, South Georgia and the South Sandwich Islands, and Turks and Caicos Islands)

Es evidente que las dos únicas fronteras territoriales existentes donde el concepto de trabajadores transfronterizos aplica es solamente a las de la República de Irlanda con Irlanda del Norte y a la del Reino de España con la colonia ultramar británica de Gibraltar.

Lo que los responsables de las negociaciones de la UE han obviado ha sido la existencia misma del Tratado de Utrecht en el que el reino de Gran Bretaña obtuvo la soberanía del peñón y donde se estableció que en caso de renuncia, ésta volvería de forma preferente al Reino de España. El texto se recoge en el articulo X del Tratado y dice lo siguiente:

"El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno.....

Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla".

Es decir, no se contempla la posibilidad de una posible independencia de esa colonia promovida por los gibraltareños, que en referéndum del 2016 han ratificado su voluntad de mantener la ciudadanía británica. Y es que el asunto atañe al territorio en sí y la soberanía no puede ser cedida de forma unilateral por el Reino Unido precisamente por lo estipulado en el Tratado de Utrecht. Y es este aspecto el que España no está dispuesta a renunciar delegando futuros acuerdos entre la UE y el Reino Unido.

Es muy lícito el que el Reino Unido quiera mantener la soberanía prolongando una situación anacrónica en ese espíritu imperialista y filibustero que les ha caracterizado durante siglos expoliando recursos y dominando por la fuerza a pueblos del mundo entero. Una actitud belicista y prepotente que aún se trasluce en la soberbia de las declaraciones en el Parlamento británico usando siempre la coacción y las amenazas como argumentación. La actual Primera Ministro, Teresa May, ha dicho que “la soberanía británica en Gibraltar será protegida". ¿Y quién ha puesto eso en cuestión? Se trata de dialogar si se quiere seguir manteniendo este anacronismo colonial y por otro lado no admitir que el asunto de la soberanía quede en manos de la UE cundo es exclusivamente un tema bilateral entre el Reino Unido y España. Y eso es precisamente lo esencial que se ha escamoteado “con nocturnidad y alevosía” en el preacuerdo del 14 de noviembre en el artículo 184 donde se obvia el tema de Gibraltar y se dejan los futuros acuerdos a reuniones bilaterales entre Reino Unido y la UE.

La posición de España no puede ser más clara y rotunda, este acuerdo debe volver a incluir lo que ya se había pactado en relación a Gibraltar. Y al igual que el Reino Unido parece dispuesto a no renunciar a su soberanía, España tampoco está dispuesta a delegar la suya en manos de quien ya han intentado engañar y desviar la atención a un mero protocolo de relaciones y no al derecho a la restitución de la soberanía que contempla el Tratado de Utrecht. Los gibraltareños no ostentan la soberanía del territorio, son solo simples colonos por mucha ciudadanía británica que se les reconozca.

Creo que el Gobierno de Pedro Sánchez debería dar explicaciones sobre ese repentino cambio de actitud de considerar hace un par de días muy favorable el preacuerdo, a amenazar con un veto cuando otros le alertaron de la sinvergonzonada que habían perpetrado entre los representantes de la UE y del Reino Unido respecto a las futuras negociaciones y pactos, sin contemplar la excepcionalidad de Gibraltar de modo consciente y premeditado. Cuanto menos, fue una irresponsabilidad no haber estado vigilante en lo que nos afectaba de modo tan crucial y directo. Una dejación de funciones inadmisible y que debe conllevar la dimisión de quienes eran los responsables. pero es que este Gobierno estaba más preocupado en imponer su doctrina sectaria en la exhumación de los restos de Franco que en velar por los intereses de España en una negociación tan relevante como la del Brexit.

España debe mantenerse firme y presionar para que el texto vuelva a incluir la realidad legal de Gibraltar cuya soberanía está definida en el Tratado de Utrecht y que compete a Reino Unido y España eclusivamente.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISION!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!! ¡¡GIBRALTAR ESPAÑOL!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Sin España no hay Brexit
EDITORIAL ABC  24 Noviembre 2018

Pedro Sánchez escenificó ayer -desde La Habana, algo alejado- la firmeza que le ha faltado al Gobierno durante la gestación del acuerdo de retirada del Reino Unido de la UE. Gibraltar es un asunto de Estado y como tal debe ser abordado por el Ejecutivo y el PP frente a un tratado que deja en el aire la intervención de España en los acuerdos sobre el Peñón. Pero para que el Gobierno de Sánchez reciba el apoyo que merece en la defensa de los intereses nacionales -como el que ayer le brindó Pablo Casado-, primero debe aplicar una política de transparencia a sus negociaciones con el Gobierno de Londres y con Bruselas, una transparencia que no ha existido en los contactos previos al acuerdo para la ejecución del Brexit, gestionados con opacidad y de los que han resultado versiones contradictorias. La evolución de los acontecimientos está demostrando que Bruselas ha pasado de una primera reacción visceral contra Londres -cuando ganó el «sí»- a una evidente actitud conciliadora, que ve con incomodidad la reivindicación histórica de España sobre Gibraltar, un cambio que no merecen quienes han mostrado su fuerte compromiso europeísta y que, sin embargo, premia a quienes decidieron dar un portazo a sus socios. A esto cabe añadir la posibilidad de que el Gobierno de Pedro Sánchez nunca haya estado al tanto de lo que realmente sucedía con el acuerdo a dos bandas entre Londres y Bruselas.

El apoyo apartidista debe conducir al Gobierno a ser muy firme. Mantener el veto a un acuerdo inaceptable, como ayer anunció Sánchez, hasta el punto de dinamitar la cumbre europea de mañana, representa una postura cuya responsabilidad ha de ser compartida por todos. El Gobierno no puede tolerar que España sea marginada a última hora de un asunto clave de su política exterior, en el que cuenta con el apoyo explícito de Naciones Unidas. Firmeza frente a Londres y Bruselas, sin miedo a represalias, ni complacencia con palmaditas en la espalda. El Gobierno ha hecho bien en rechazar meras promesas de Londres, hechas in extremis, y sin garantías concretas.

Es difícil, sin embargo, que España sea tenida en cuenta si en esta crisis diplomática la interlocución en Bruselas corresponde al secretario de Estado para la UE. Cuba no es el sitio donde tenían que estar el presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores. Mientras ambos pasean por La Habana, la UE se encamina al desenlace de su mayor crisis interna desde la constitución de la Ceca y de Euratom, con un revés en ciernes a la posición española frente a Gibraltar. En estos casos la iniciativa política no puede limitarse a meras declaraciones, por firmes que resulten, sino que exigen de Pedro Sánchez una gira urgente por las capitales europeas para recordar claramente que, sin España, no hay Brexit.

La chiribita
Ignacio Camacho ABC  24 Noviembre 2018

Para Consuelo, Cristina, Teresa y tantas otras

Son veinte años de soledad, el alma calada bajo la lluvia en tantos funerales, la mirada oblicua de los convecinos en los hoscos pueblos del norte profundo, el miedo de bajar la basura o de ir a jugar con los niños al parque. Y son muchos más años de viudez, de orfandad, de silencio, de ausencias clavadas como puñales, de vidas rotas de madres que perdieron a sus hijos y de hijas que se quedaron sin padres. Los timbres del teléfono de madrugada, el pellizco de zozobra en cada salida a la calle, el aislamiento social en las manifestaciones, el reproche o la desconfianza a su desafío de coraje, la incomprensión frecuente de amigos y hasta familiares. Y todavía hoy el hastío moral de tener que explicarse, la dificultad de resistirse al olvido, la melancolía de peregrinar con su equipaje de dolor por los despachos institucionales, la amargura de justificar ante una sociedad desentendida su letal desamparo de troyanas errantes.

Los veinte años de Covite son, como en las demás asociaciones de víctimas, una historia de sufrimiento pero también de rebeldía contra la preterición, contra la amnesia, contra el desconsuelo. Son una búsqueda de identidad colectiva, un esfuerzo para mantener incólume la memoria de los muertos. Un terco ejercicio de voluntad para sobreponerse al tiempo, para dar un sentido de dignidad y de reparación al sacrificio de los que cayeron en nuestro nombre y pagaron por nuestra libertad el mayor de los precios. Un empeño para evitar que caduque la expiación, que la tragedia prescriba en un vago recuerdo, que la sensación confortable de paz diluya la infamia en un arreglo de conveniencia y acomodamiento. Un designio contra la claudicación, contra el conformismo, contra el desaliento, contra la narrativa relativista que atenúa la esencia totalitaria del proyecto de ETA en beneficio de sus testaferros.

Tuvieron que sobreponerse primero a su propio drama humano, a la quiebra de su universo personal, a su lacerante desgarro. Luego a la complicidad activa o a la indiferencia cobarde de sus conciudadanos. Ahora se enfrentan a la banalización del relato, a la reescritura sesgada y complaciente de un pasado demasiado cercano para edulcorar su brutalidad con emplastos. Ésa es su lucha actual; el enemigo que asesinó a sus deudos no estará del todo derrotado hasta que no quede disipada cualquier presunción retroactiva de apaño. Hasta que vencedores y vencidos no estén separados por un muro social y político palmario. Hasta que el terrorismo vasco no entre en la historia de España con el unánime marchamo, el veredicto éticamente imprescriptible de un holocausto. Hasta que la chiribita de colores que Ibarrola entregó a las fundadoras de Covite como regalo no sea el símbolo verdadero de una flor de justicia brotada de tanta sangre seca sobre el asfalto.

No es tiempo para un proceso constituyente
El autor analiza la deriva del sistema democrático español y pide determinación política para acometer las reformas precisas que garanticen la unidad, el progreso y el sistema de libertades.
Lorenzo Abadía elespanol  24 Noviembre 2018

Se van a cumplir cuarenta años desde la aprobación de la Constitución de 1978. Si a la decimonónica del 12 se le llamó la "Pepa", bien haríamos en tildar a ésta de "Juana", por ser la Carta otorgada de Juan Carlos I y porque quizá, para los que hemos dedicado algún tiempo a analizar la naturaleza íntima del poder, el espíritu del texto rezuma, siendo bien pensados, una cierta candidez.

En el pacto a favor de la libertad, la convivencia y la reconciliación en que se resumió la Transición, todos parecíamos salir ganando, como así se evidenció durante mucho tiempo. Es razonable pensar, sin embargo, que el franquismo dejó una sociedad relativamente homogénea y poco preparada políticamente, respecto a la cual la apuesta de la Transición pudo haber sido más valiente. La sociedad española, tan desconocedora de la democracia que confundía las libertades civiles con las políticas, y éstas últimas con el sufragio universal y el pluralismo político, aceptó las reglas de juego que le brindó su clase política del mismo modo que habría aceptado otras con la misma apariencia plural, siempre que se hubiesen también bendecido por la opinión pública. Sin ánimo de caer en el purismo, cada día que pasa queda más claro que a los constituyentes les faltó grandeza moral o visión política para sentar las bases de una gran democracia.

Durante los años en los que no se cuestionaron los fundamentos de la convivencia, junto a la prosperidad que se abría paso en los hogares de la cada vez más amplia clase media, pronto emergieron los vicios ocultos que el vuelo raso de los constituyentes engendró, y algunos creímos llegado el momento de pedir ese cambio de rumbo que la Transición no llegó a tomar.

En la sociedad no polarizada y sin graves conflictos sociales que fue España entre los años setenta y la primera década de este siglo, abrir un proceso constituyente, dando voz a la ciudadanía para instituir la libertad política por medio de la separación de poderes, la representación real de la sociedad y el retroceso radical en la deriva del modelo autonómico, cuando no su supresión, era algo que podría haberse abordado sin riesgo y cuya implementación por medio de la legitimidad que confiere un proceso de esta naturaleza nos habría garantizado la libertad y la prosperidad durante muchas décadas.

No se hizo, y aquellas llamas amenazantes, diluidas en la bonanza económica y los fastos de la convergencia europea, que el oportunismo de la clase dirigente se empecinó en atizar, son hoy hechos incontrovertibles que complican en exceso la convivencia nacional. Siento reconocerlo, pero hoy ya no es tiempo para un proceso constituyente. El consenso respecto a lo que constituye la democracia liberal o burguesa y el sistema de libre mercado corregido con la acción redistributiva del Estado se ha roto, y el sentimiento de identidad nacional, base y garantía de lo anterior, pasa por los peores momentos de nuestra historia. Con mimbres repelentes entre sí, ya no es posible hacer una cesta partiendo de cero.

Si nadie lo remedia, en los próximos lustros los españoles pondremos en serio riesgo la supervivencia de la nación y la prosperidad de la sociedad no subvencionada. El problema es que los remedios ya solo pueden producirse puntualmente, con la falta de legitimidad que conllevan los parches. Las tres grandes reformas que necesita el Estado, el cambio de la ley electoral, la separación de poderes y la supresión o minimización del modelo autonómico, soluciones en el fondo muy profundas porque dos de ellas podrían alterar el régimen de poder (pasándolo de oligárquico a representativo y democrático) y la otra garantizaría la unidad nacional, pudieron realizarse a través de un proceso de libertad constituyente, con la carga de legitimidad que ello habría supuesto. A quien todavía dude de sus beneficios, le recomiendo leer a Sieyès, Carré de Malberg, Böckenförde o Carl Schmitt para que compruebe que la separación entre el poder constituyente y los poderes constituidos es esencial para que un Parlamento no pueda convertir leyes ordinarias en leyes constitucionales con la posibilidad de destruir nuestras libertades.

Sin embargo, a mi modo de ver, hoy ya resulta imposible transitar la senda recomendada por lo más excelso del constitucionalismo, porque el procedimiento exigiría un gran acuerdo en torno a las cuestiones fundamentales y una sociedad homogénea. Es razonable que para una parte todavía mayoritaria de la sociedad no pueda haber consenso ninguno con los enemigos de la libertad y de la nación, y difícilmente podría haberlo con quienes se encuentran en uno u otro lado dependiendo de cómo se levanten, o en dónde se encuentren sus intereses.

Por otro lado, considerando que para la izquierda radical -hasta hace poco marginal en España-, el poder constituyente actúa como motor de transformación social, como "acción de ruptura de la autonomía de lo político" -en palabras de Antonio Negri-, y considerando también que esta interpretación entra en colisión frontal con el constitucionalismo liberal, debemos comprender que las transformaciones que necesita España deberán llegar a través de templadas reformas, capaces de parar la deriva en la que entró desde hace años pero, al mismo tiempo, intentando blindar el sistema para que sus enemigos no lo puedan abrir en canal a través de la legislación ordinaria.

Lo delicado de la situación exige actuar con suma inteligencia, tratando de encontrar el momento y el apoyo social adecuados para lograr reformas puntuales. Es perentorio reformar la ley electoral para pasar de una partidocracia a un sistema verdaderamente representativo de la sociedad civil a través del diputado de distrito y establecer una verdadera separación de poderes con la que el Poder Judicial deje de sufrir interferencias o incluso anulaciones totales, como ocurre con los indultos gubernamentales amparados, nada menos, que en una anacrónica ley decimonónica.

Estas reformas, que apuntalarían nuestro sistema de libertades de producirse a través de una reforma puntual de la Constitución por el procedimiento simplificado -sin amenazar la totalidad de la arquitectura constitucional, jefatura del Estado y régimen de libertades incluidos-, también pueden implementarse, obviamente sin las mismas garantías para la libertad, por medio de la modificación de las leyes orgánicas que actualmente regulan estas materias.

Respecto al Título VIII, lo ideal sería su total supresión, única forma de ahorrar decenas de miles de millones de euros al año y de garantizar la recuperación del sentimiento de identidad nacional. Pero ello implica una reforma profunda de la Constitución, con los riesgos que acabo de exponer. Quedarían dos vías posibles. La reforma blanda del art. 167 para blindar competencias esenciales a la nación y, todavía más sencilla, la recuperación de éstas por parte del Estado central, a través de las reformas de los Estatutos de autonomía y de las leyes orgánicas correspondientes. A cualquiera de ellas podría añadirse la ilegalización de todo partido que incluya en sus objetivos la división de la unidad nacional.

¿Habrá esta vez grandeza y visión política para salvar a la nación? En dos o tres legislaturas habremos obtenido respuesta.

*** Lorenzo Abadía es empresario y profesor asociado de Derecho Constitucional.

Lectura desapasionada del terrorismo
Amando de Miguel Libertad Digital  24 Noviembre 2018

Son terroristas los que se organizan para conseguir un propósito político por métodos de violencia extrema y son percibidos con temor por el grueso de la población.

El terrorismo se nos presenta, ante todo, como un género periodístico, como lo fue en su día el bandolerismo en la España decimonónica. El periodismo se nutre de violencia, aunque solo sea de modo simbólico, como en los encuentros deportivos. Es algo que suscita una gran curiosidad en el público. La literatura de todos los tiempos se ha extasiado con la violencia.

Son terroristas los que se organizan para conseguir un propósito político por métodos de violencia extrema y son percibidos con temor por el grueso de la población.

A diferencia de otras acciones similares, lo específico de las bandas terroristas es crear un clima de temor generalizado en la población, al hacer ver que los atentados se pueden repetir de un modo aleatorio. Aunque pueda parecer dañino o simplemente equivocado, los terroristas se deben a un ideal superior, al menos por encima de sus intereses particulares. El hecho de pertenecer a una banda terrorista, aunque no se participe en atentados, supone ya un grado máximo de peligrosidad o de amenaza indiscriminada para la masa contribuyente. La diferencia entre los terroristas y los criminales comunes es que los primeros encuentran simpatía o comprensión en algún sector de la sociedad donde operan o de la que proceden

El terrorismo en sus diversas manifestaciones implica algún tipo de grupo muy cerrado y más o menos secreto. Por lo general comprende jóvenes varones fanáticos que se proponen amedrentar a la población con vistas a conseguir algún objetivo político, muchas veces utópico. De modo particular los terroristas reciben el apoyo tácito, o incluso expreso, de ciertas minorías intelectuales: escritores, clérigos, artistas, incluso políticos. Lo fundamental es que los terroristas aspiran a producir noticias destacadas con sus atentados, que por eso los reivindican

Un dato negativo muy extraño es que ningún grupo terrorista reciente ha hecho uso de armas de destrucción masiva (nucleares, químicas o biológicas). No lo sé explicar. Acaso les quede un mínimo de piedad.

El verdadero enemigo de los terroristas no es el Ejército o la Policía que los combaten, sino el censo entero de la población donde ejercen su macabra actividad. Al menos a una parte significativa de esa población le va a ser difícil aceptar el mito de los terroristas como héroes o libertadores.

Otra interpretación mendaz y aberrante sobre los atentados terroristas es que son una legítima respuesta, en forma de "lucha armada", contra una previa situación de tiranía o imperialismo. Por desgracia, se trata de un argumento (ahora se dice "relato") que vende muy bien, dada la hegemonía que en nuestro mundo mantiene la cultura de izquierdas.

La circunstancia más propensa para que surja la plaga del terrorismo es un ambiente que favorece el fanatismo, sea racial, religioso o político. Los políticos y periodistas tratan de convencer a la población de que los atentados terroristas son siempre inútiles, no consiguen sus propósitos. Pero esa forma de razonar es más bien taimada propaganda o por lo menos pereza mental. Es claro que la independencia de algunos nuevos Estados (Irlanda, Argelia) se ha conseguido mediante atentados terroristas.

Por muchos antecedentes que se puedan rebuscar en la historia, el fenómeno del terrorismo es una característica de la época contemporánea. Prolifera un tipo de personalidad narcisista por la que se elimina el sentimiento de culpa en el trance de hacer daño a otras personas.

El terrorista se mueve en una constante ambivalencia. Para sus seguidores, a veces simplemente sus paisanos, se ve exaltado como un héroe, un valiente. Para el resto de la población, generalmente la mayoría, su figura es la de un criminal cobarde. Tal ambivalencia se puede resistir mejor en la edad juvenil, la más propicia a borrar o a no dejar aflorar el sentimiento de culpa. Ahí está la raíz de todo.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

REFORMA DE LA LOE
Celaá introduce en su reforma educativa una disposición para derogar la Lomce
Redacción. España gaceta.es  24 Noviembre 2018

El Ministerio de Educación ha introducido una disposición derogatoria única en su anteproyecto de nueva ley educativa en la que se fija que “queda derogada” la Lomce.

Así se puede leer en el Anteproyecto de Ley Orgánica para modificar la Ley Orgánica Educativa (LOE) de 2006, que modificó posteriormente la Lomce en 2013, norma esta última contra la que el PSOE y el Gobierno han mostrado su rechazo infinidad de veces.

Según la citada disposición derogatoria única, quedaría derogada tanto la Lomce de 9 de diciembre de 2013 como el real decreto de 2016 de medidas urgentes para la ampliación del calendario de implantación de la anterior.

Asimismo, quedarían derogadas “cuantas disposiciones de igual o inferior rango se opongan a lo dispuesto en la presente ley”.

Todo ello ocurriría una vez que el anteproyecto fuera aprobado por el Parlamento.

En el citado anteproyecto, la ministra Isabel Celaá busca volver a los “planteamientos diferentes acerca de la educación que deben necesariamente convivir en un sistema democrático y plural” y con las que, a su juicio, acabó la Lomce.

La reforma educativa de Celaá propone, entre otros puntos, quitar peso en la educación a la Religión (no es de oferta obligatoria en segundo de Bachillerato y la nota de esta materia no computa para conseguir, por ejemplo, una beca) y se elimina la “demanda social” para la oferta de centros concertados.

Gana peso la asignatura de Filosofía, con asignaturas en ambos cursos de Bachillerato y se introduce en Primaria y Secundaria Educación en Valores Cívicos y Éticos.

Además, permite que sean las Administraciones educativas las que fijen la proporción del uso de la lengua castellana y la lengua cooficial como lengua vehicular, así como las materias que deban ser impartidas en cada una de ellas, pudiendo hacerlo de forma heterogénea en su territorio.

Por otra parte, se podrá conseguir el título de Secundaria con una asignatura suspensa y quienes cursen Secundaria y no obtengan el título recibirán una certificación oficial en la que constará el número de años cursados y el nivel de adquisición de las competencias básicas.

Los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas requerirán el 55 % de los horarios escolares para las comunidades autónomas que tengan lengua cooficial y el 65 % para aquellas que no la tengan. Además, se podrán establecer currículos mixtos del sistema educativo español y de otros sistemas educativos, conducentes a los títulos respectivos.

Más sobre el genocidio americano
Jesús Laínz Libertad Digital  24 Noviembre 2018

Recordarán los malévolos lectores habituales de esta columna que la semana pasada comentamos el derribo de la estatua de Colón en Los Ángeles por unos concejales demócratas que le acusaron de haber sido el origen del genocidio de los indios americanos. Y también recordarán que nos preguntamos si tan insistente propaganda antiespañola –tan insistente como que arrancó en el siglo XVI– no podría estar sirviendo para tapar otras culpas.

Para analizar brevemente la cuestión, regresemos un momento hasta su origen. Es decir, hasta fray Bartolomé de las Casas, aquel Protector de los Indios que, con el buen propósito de defenderlos de abusos por parte de los conquistadores, sacó de su pluma en 1552 un texto lleno de exageraciones y mentiras que tuvo gran éxito durante varios siglos tanto en España como en otros países, especialmente en aquéllos cuyos intereses políticos y religiosos chocasen con los de España.

La sensatez de su texto fue inversamente proporcional a su eco propagandístico, como ha sucedido a menudo a lo largo de la historia. Ya Montaigne, al escribir en 1588 sobre la conquista española de América, subrayó que la información sobre sus crímenes había llegado al mundo gracias a los mismos españoles. Se estaba refiriendo, naturalmente, a Las Casas.

Dos siglos más tarde, Daniel Defoe puso en labios de su inmortal Robinson Crusoe (1719) la condena de la conducta de los españoles en América, donde "aniquilaron a millones de indígenas":

Y a causa de esto el nombre de español se considera expresivo de espantoso y terrible para todos los pueblos de la humanidad que sienten la compasión cristiana, como si el reino de España se particularizara por producir una raza de hombres carentes de los principios de ternura y piedad hacia los miserables, que se consideran señal cierta de los que cobijan en el alma generosos sentimientos.

Algunas décadas más tarde, Voltaire y Montesquieu, tocando de oídas, difundieron por toda la Europa ilustrada que Felipe II dio la orden de exterminar a los indios y que sus ejércitos, para asegurar la posesión de América, destruyeron a sus habitantes.

Debido a estas y otras aportaciones, a menudo acompañadas de los espeluzantes grabados de Théodore de Bry para la edición holandesa de 1597, que hicieron que el mensaje calara hasta en los analfabetos, la idea de la naturaleza sanguinaria de los españoles se difundió por todo el mundo y por toda la eternidad. En la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo en torno a la creciente hostilidad hispano-yanqui a causa de Cuba, muchos autores anglosajones y de otros países protestantes sostuvieron la idea de que la peculiar crueldad de los españoles se había mantenido con el paso de los siglos, lo que se comprobaba con las corridas de toros, último pasatiempo sangriento que le quedaba a un pueblo anestesiado y encanallado por los autos de fe de la Inquisición.

De todo esto han sacado petróleo los separatismos vasco y catalán, que han construido su rechazo a España con argumentos pseudohistóricos que pretenden probar la diferencia moral de sus "naciones". Por ejemplo, uno de los clásicos de la historiografía nacionalista, Bernardo Estornés, explicó así en 1933 la diferente actitud que tuvieron los vascos ("los nuestros") y los españoles ("las naciones vecinas") en América:

Mientras los soldados y aventureros de las demás naciones destruían a los indígenas del país y les atropellaban bárbaramente, los nuestros se dedicaron con todo afán a la obra más grande y humana que pueden envidiar las naciones: a la colonización. ¡Qué hermoso es llevar a tierras de mentalidad y costumbres rudimentarias o extraviadas de su recto fin, los principios de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la connivencia social! Esto hicieron los nuestros para contraste hermoso con la conducta de los hijos de las naciones vecinas.

En cuanto a los separatistas catalanes, no hará falta recordar la eterna letanía de "Hispanitat és Genocidi" que, con la inestimable colaboración de buena parte de la izquierda de toda España, cacarean incansables cada 12 de octubre.

Pero vayamos con un caso concreto de transferencia de culpa, asunto con el que empezábamos estos párrafos. Hace algunos años se filmó un cortometraje, titulado Conquista-Dora, en el que, para enseñar a los niños la conquista de América, se presenta a los españoles como esclavizadores, saqueadores, violadores y asesinos en masa. La técnica exterminadora habría consistido en la distribución de mantas impregnadas con humores de enfermos de viruela. Se trata de una sátira de Dora la exploradora y ha sido utilizada por no pocos profesores estadounidenses en sus clases de historia, por lo que conviene no despreciar el efecto que cosas como ésta pueden producir en las indefensas mentes infantiles.

Por supuesto, no hay nada en toda la historia española en América que tenga nada que ver con esto. Pero, efectivamente, hay un caso, muy bien documentado, de distribución de mantas contaminadas con viruela con el propósito de contagiársela a los indios para acelerar su desaparición. Lástima que sus protagonistas fueran británicos.

Se trata de lo que sucedió en Fort Pitt (hoy Pittsburgh) en el verano de 1763. Asediados los británicos por los indios del jefe Pontiac, el capitán Simeon Ecuyer se las arregló, durante un parlamento con los sitiadores, para obsequiarles con dos mantas, una sábana y un pañuelo impregnados con humores de enfermos de viruela. El capitán William Trent, partícipe en la operación, escribió en su diario: "Les hemos dado mantas y un pañuelo sacados del hospital de viruela. Espero que produzcan el efecto deseado". Algunos días después, cuando el coronel Henry Bouquet preparaba una incursión para liberar Fort Pitt, el comandante de las fuerzas británicas en las colonias, el general Jeffery Amherst, le escribió lo siguiente: "¿Sería posible esparcir la viruela entre las tribus rebeldes? En esta ocasión debemos usar cualquier estratagema a nuestro alcance para someterlos. Parece que el capitán Ecuyer actúa con gran prudencia, y yo apruebo todo lo que dice haber hecho". Bouquet le respondió con determinación y haciendo referencia a lo que consideraba un método español: "Intentaré contagiar a esos bastardos con algunas mantas, teniendo buen cuidado de no contagiarme yo mismo. Quisiera poder emplear el método español de cazarlos con perros ingleses y la ayuda de exploradores y alguna caballería, lo que, en mi opinión, conseguiría extirpar o alejar a esas alimañas". A lo que replicó Amherst: "Hará bien en intentar contagiar a los indios mediante mantas o cualquier otro medio que pueda servir para extirpar esta raza execrable. Me alegraría mucho de que su idea de cazarlos con perros pudiese llevarse a la práctica, pero Inglaterra está demasiado lejos como para pensar en ello en estos momentos".

El de Fort Pitt fue un episodio aislado, no extensible al resto de militares y gobernantes, tanto británicos como estadounidenses, algunos de los cuales expresaron su deseo de convivir pacíficamente con los indios; aunque también muchos de ellos acabaron resignándose al enfrentamiento inevitable ante el empuje del hombre blanco. Pero no deja de ser sintomático que un hecho del ejército británico pase a la cultura popular y a las pantallas infantiles como algo cuyos culpables fueron los españoles.

Así que, llegados a este punto, no queda más remedio que mencionar el episodio americano cuyos protagonistas fueron, efectivamente, los españoles y la viruela. Porque en 1803, cinco años después de que el médico inglés Edward Jenner inventara la vacuna contra tan terrible enfermedad, Carlos IV, ante la epidemia desatada en Nueva Granada y Perú, ordenó organizar una expedición para difundir la vacuna por todos los territorios del Imperio, al frente de la cual puso a su cirujano de cámara, el alicantino Francisco Javier Balmis.

El principal problema técnico fue el de cómo conservar la vacuna activa durante el larguísimo trayecto que debería dar la vuelta al mundo. La solución de Balmis fue llevar veintidós niños que no hubieran pasado la viruela para ir transmitiéndoles aproximadamente cada diez días el suero con la variante bovina de la enfermedad, mucho más benigna que la humana y capaz de inmunizar a los seres humanos contra ella.

La Real Expedición de la Vacuna, dirigida por Balmis y otros ocho profesionales de la medicina, partió de La Coruña en el navío María Pita en noviembre de 1803 y, tras recorrer los territorios españoles de América y Asia, regresó a España once años después. Al llegar a Venezuela, los expedicionarios se dividieron en dos grupos. El dirigido por el médico leridano José Salvany y Lleopart se encargó del hemisferio sur, desde Colombia hasta Chile, trabajo en el que invirtió nueve años y durante el que Salvany falleció. Balmis, por su parte, tras recorrer numerosas ciudades mexicanas, embarcó hacia Filipinas, donde contó con la colaboración fundamental de la Iglesia para distribuir la vacuna por todo el archipiélago. Desde Filipinas saltó al continente, donde se ocupó de la colonia portuguesa de Macao y varias ciudades chinas de la provincia de Cantón. De regreso a España por Buena Esperanza, se detuvo a vacunar a la población de la británica Santa Elena.

Junto a la labor médica, los expedicionarios se encargaron de establecer Casas de la Vacuna y de formar nuevos profesionales para que el sistema de vacunación se mantuviese tras su marcha. Se calcula que fueron vacunadas cerca de millón y medio de personas, lo que logró una notable disminución de la mortalidad por viruela.

La Real Expedición de la Vacuna, primera iniciativa sanitaria internacional de la historia, fue la última de las cuarenta y cuatro expediciones científicas organizadas por la Corona española desde 1735 –con protagonistas tan eminentes como Celestino Mutis, Jorge Juan y Alejandro Malaspina– y concluyó en 1814, justo en el momento en el que España salía de la devastadora Guerra de la Independencia y entraba en el proceso de emancipación americana.

El propio inventor de la vacuna, Edward Jenner, señalaría que "no puedo imaginar que los anales históricos puedan aportar un ejemplo de filantropía tan noble y grande como éste". Y Alexander von Humboldt, el gran investigador de la América española de aquellos días, afirmó que "este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia".

Si Francisco Javier Balmis hubiera sido británico o estadounidense, todos los terrícolas le conocerían por alguna epopeya hollywoodiense con James Stewart en el papel protagonista. Y habría un Premio Balmis que honraría cada año a quien más se hubiera distinguido por su filantropía. Pero como fue español, no le conoce nadie. Y en España, menos que en ningún otro sitio.

En 1889, casi un siglo después de la expedición Balmis, Rudyard Kipling visitó los Estados Unidos. En el libro que dedicó a aquel viaje expresó su deseo de que no tardara en llegar el día en el que "todos los indios estén felizmente muertos o borrachos"; y señaló que "la mayoría de los americanos son apabullantemente sinceros respecto a los indios: –Librémonos de ellos lo antes posible –dicen. –No nos sirven para nada".

Ya lo dejó dicho Nietzsche: por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes.
www.jesuslainz.es

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Cautivos y desarmados ¡rindámonos!

Ramón Pérez-Maura ABC  24 Noviembre 2018

La velocidad a la que se agrava la situación política en España es francamente preocupante. Algunos se angustian mucho por las circunstancias políticas en Hungría o Polonia -donde los tribunales enmiendan la plana al Gobierno y éste acata sin chistar. Pero no parecen nada preocupados por lo que sucede en España, donde el Gobierno está en manos de los que quieren destruir España. Tenemos dicho que nunca antes en el mundo entero se conoció un gobernante que conquistara el poder gracias al apoyo de los que querían desmantelar el Estado que se aspiraba a gobernar. Pero eso exactamente es lo que hizo el pasado mes de junio Pedro Sánchez, al que España le importa una higa. Lo único relevante para él es su persona. Por eso no fue capaz de salir en defensa de su ministro de Exteriores el pasado miércoles en las Cortes. Porque Borrell es irrelevante y lo sustituiría por cualquiera con tal de seguir él en La Moncloa. Incluso lo reemplazaría por el mismo Rufián. Lo que hubiera pagado yo por tener una cámara que grabase las muchas horas de vuelo Madrid-La Habana el pasado jueves de Sánchez y Borrell juntos. Vaya juerga de conversación debieron mantener el presidente y su humillado ministro de Exteriores. Si no llega a ser porque se acaba de casar con Cristina Narbona, apuesto a que don Josep se quedaría a vivir en Cuba.

La rendición del Gobierno de la nación ante los sediciosos catalanes es total. Horas después de la bochornosa jornada en el Congreso, ¡de la que culpó a Pablo Casado!, Sánchez destituyó al abogado del Estado que quiso acusar de rebelión a sus aliados parlamentarios. Menos mal que queda la Fiscalía. Pero lo inaudito es que al representante de la Abogacía del Estado le cueste el cargo -que se haya «perdido la confianza» en él- por haber coincidido con la Fiscalía en la valoración de unos delitos. Dudo que nunca antes la Abogacía del Estado y la Fiscalía hayan discrepado tan contundentemente en un asunto de tanta relevancia para el bien del común que ambas instituciones representan desde diferentes puestos. Es por ello que me pregunto yo si no podría la Fiscalía proceder contra el Gobierno por ningunear e incluso encubrir unos crímenes cuyo objetivo era la ruptura de la nación española. ¿Puede cometer un Gobierno un delito más relevante?

Al mismo tiempo el Partido Socialista de Cataluña vota con los rebeldes -Junts per Cat, ERC y la CUP- en contra de los partidos constitucionales para impedir que en los espacios públicos se pueda imponer una neutralidad política. No es ya que renuncien a que el socialismo defienda a España en la plaza pública; es que ni siquiera aceptan que se imponga la neutralidad. Hay que dar barra libre al asedio a España. No paramos de mejorar.

Cada vez resulta más evidente que este Gobierno ha entregado a España en manos de los enemigos que la quieren desmembrar. Unos meses en La Moncloa valen una España rota. Nunca imaginamos que pudiéramos llegar a este grado de desmembramiento. Y, sin embargo, me sorprende ver a personas relevantes, de histórica relación con el PP, descalificando la única alternativa política que puede desbancar a Sánchez. La gravedad del momento no admite frivolidades. Hemos llegado a un estado de descomposición tal, que la única alternativa a unir fuerzas frente al despropósito gubernamental que nos asola es evocar el parte final del 1 de abril de 1939 y proclamar ahora: «Cautivos y desarmados ¡rindámonos!». Es lo que están buscando y muchos a nuestro alrededor no paran de darles facilidades.

La crispación que encubre un Golpe
Javier Somalo Libertad Digital  24 Noviembre 2018

La crispación política tiene la virtud de ocultar delito, pues convierte a todos en culpa bles salvo al que lo denuncia. Y en esa nube tóxica el actual Gobierno puede o pretende escamotear el hecho de gobernar sin haber pasado por las urnas gracias a partidos que tienen a sus dirigentes en la cárcel –y a otros fugados– por dar un golpe de Estado declarando una república independiente dentro de España. Cuenta también con el apoyo de marcas políticas que surgieron impunemente de la banda terrorista ETA y, por último, de una formación de extrema izquierda que pide el fin de la monarquía y ofrece como modelo los regímenes dictatoriales de Cuba y Venezuela donde se encarcela y defenestra a los crispadores.

Pero el presidente Sánchez ve las cosas de otra forma. La crispación de la derecha no repara, por ejemplo, en que lo verdaderamente urgente e importante es actuar contra la momia de Franco, aunque todos los organismos económicos del mundo hayan dejado claro que es otro asunto el que preocupa, y mucho, de España. La crispación eclipsa la importancia de viajar a Cuba en formato de jefe de Estado, con escalinata, primera dama y canciller mientras nos intentan merendar Gibraltar con Carmen Calvo al mando.

La crispación de "las derechas" que todo lo enfangan tampoco deja tiempo para abordar el asunto preferido del socio favorito –ya no tanto– del Gobierno: la utilidad de la monarquía y la condena de todo el proceso de Transición con el único objetivo de vengarse de la Historia, escoltado por el diario El País. Pablo Iglesias lamenta profundamente que la Transición no fuera Revolución quizá porque se libró de aquella época y no le tocó jugarse el tipo. Por eso quiere cobrarse la pieza del rey y por eso critica casi por igual a Adolfo Suárez y al Santiago Carrillo del PCE, única fuerza que arriesgó de veras en el antifranquismo con Franco. El burgués de finca no puede soportar que una dictadura diera paso a una democracia y que la sociedad apartara la guerra fratricida de sus vidas alumbrando una de las épocas de mayor libertad. Es mucho mejor que una dictadura deje paso a otra como Chávez con Maduro, como Castro con Díaz-Canel, sin necesidad, como dice Iglesias en El País, de "fecundación". Basta un pajarito y unos cuantos escarmientos.

Pero hay crispación ajena. Gabriel Rufián es como esa concursante de Operación Triunfo que se fotografía en el retrete, enseña compulsivamente un pecho sin lema o veta a Mecano por una mariconez con tal de paliar su escasa valía artística. En una sala de conciertos de hace veinte años, a la de OT sólo la admitirían si pagara entrada, o ni así. En un Congreso de los Diputados de hace otros tantos años, Rufián sólo sería un apelativo en minúscula. Hoy es socio del Gobierno y la realidad, para el que no se niegue a verla, es que la Esquerra está en la cárcel, escupe de palabra y obra y los CDR –brazo pretendidamente anónimo– señalan, persiguen y amenazan de muerte a políticos y jueces que osan hablar de golpe de Estado. Pero no, no les llamemos golpistas, que crispa y emponzoña el Diario de Sesiones, bitácora que lleva un año dando cuenta de la asonada separatista sin acritud.

En la función posterior al Consejo de Ministros de este viernes, la portavoz Isabel Celaá ha superado a Pinito del Oro al decir que "PP y Ciudadanos socavan las instituciones" con la crispación. Antes del último tirabuzón con pirueta letal llegó a sostener que lo del escupitajo de un diputado de ERC a Josep Borrell es lo de menos… además, "yo estaba de espaldas, no lo vi". Se le va cogiendo el gusto a la traición de tanto usarla.

Así las cosas, exhumar a Franco en 2018, apoyar dictaduras, gobernar sin votos a golpe de decretos y hasta recibir escupitajos de un socio de gobierno es culpa de PP y Ciudadanos y sirve a la perfección para encubrir algo tan objetivo como que el Gobierno de Pedro Sánchez se sostiene en el poder gracias a un golpe de Estado no atajado.

Cada vez que el PSOE ha esgrimido la crispación de la derecha es porque ve cerca su salida del Gobierno. Esta vez la razón es la misma pero con vergüenza añadida. Llegaremos a las elecciones, seguramente en primavera, y Sánchez seguirá negociando su continuidad sobre un capó a las puertas del Congreso. No hay mayor crispación que un golpe de Estado consentido durante más de un año. Si la oposición se pierde ahora en vigilarse y permite que florezcan Los Almendros, el golpe esta vez se convertirá en Régimen.

Secesionismo vasco de terciopelo
Raquel González okdiario  24 Noviembre 2018

La España que compartimos todos los ciudadanos que conformamos esta gran nación no pasa por su mejor momento debido a que desde las esquinas de esta piel de toro los nacionalistas estiran con fuerza para desgarrarla. Esto no siempre ha sido así. España no había tenido complejo de ser una gran nación y un imperio respetado hasta que en el siglo XIX le invadieron el pesimismo y las dudas. La España deprimida y debilitada se vio sacudida además por la irrupción de los nacionalismos emergentes que, como en el caso del País Vasco, prendieron cuando su mundo rural trocó por el monocultivo del hierro. La incipiente industrialización fracturó el modelo social y político que, con importantes matices, ha llegado hasta nuestros días. El nacionalismo vasco trató entonces de liderar el conjunto de la sociedad vasca de finales del XIX y primeras décadas del XX. Recuperada la democracia, a una parte del nacionalismo le sobraban las urnas para tratar de imponer su modelo. Y decidió liquidar al que pensaba distinto.

El recurso al asesinato, la extorsión, la amenaza y el terror practicado por esa parte del nacionalismo no fue óbice para que el Pacto de Estella les volviera a juntar en 1998 por miedo a que la ciudadanía no nacionalista acabara dirigiendo los destinos del País Vasco. Más de 800 asesinatos después, la dictadura del terror comenzó a agrietarse gracias a la acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a la resistencia valiente del constitucionalismo. Desde 2011 ETA no mata, pero como la Hidra de Lerna el nacionalismo regenera dos cabezas por cada una que se le amputa. Y hete ahí que hoy PNV y Bildu, Joseba Egibar y Arnaldo Otegi, van de la mano, incluso hasta Bruselas, cobijados bajo el paraguas proporcionado por Urkullu en forma de nuevo estatuto o nuevo estatus.

Trece años después del Plan Ibarretxe, Urkullu y el PNV aprovechando que el foco está instalado en Cataluña nos traen lo mismo, con los mismos, pero con otro talante. Al referirse el lehendakari Iñigo Urkullu a ese nuevo estatus mira con envidia a Cataluña. Que nadie piense lo contrario: el PNV de Ortúzar y Urkullu desean la independencia a pesar de que todas las encuestas muestren un respaldo decreciente entre los vascos. Pero mientras desde las distintas instituciones del Estado se piense que el afán secesionista no es más que un eslogan que el nacionalismo vasco agita para contentar a su parroquia no lo tomarán en serio. Y cuando la situación vuelva a enconarse como ahora lo está en Cataluña será, otra vez, demasiado tarde. Cuando ETA mataba existía una gran mayoría de la opinión pública y publicada de España que veía hasta con buenos ojos el nacionalismo catalán pues no era tan salvaje como el etarra; ahora que ETA no mata consideran asimismo que el nacionalismo identitario y sectario que representan Bildu y PNV no son tan desafiantes como el catalán.

Cuestión de seny
Pues si antes el seny catalán de Convergençia pretendía, como se puede observar, alcanzar la independencia, ahora el seny vasco capitaneado por el PNV y Urkullu busca lo mismo. Avanzan poco apoco en la dirección marcada por Torra y Puigdemont. Al lado de ellos Urkullu puede parecer un dirigente sensato: desea separar el País Vasco de España, pero con educación y buenas palabras. Y ahí está la trampa. ¿Cuáles son a modo de ejemplo algunas de esas buenas palabras? Una de ellas, autogobierno. Así dicha no tiene por qué producir ningún resquemor, ni levantar sospecha alguna, pero en el metalenguaje de Urkullu equivale a independencia; bilateralidad es otra que cuando sale de su boca no quiere decir que se hace corresponsable en la defensa del Estado en el País Vasco, significa soberanía plena.

Cuando el lehendakari habla de reconocer a todas las víctimas puede parecer una frase feliz, pero ni se refiere solo a las víctimas de ETA ni pretende la misma finalidad. El discurso de Urkullu en esta materia solo busca blanquear el pasado cruel y sanguinario de ETA haciendo creer, según su teoría del conflicto, que acaso hubo dos bandos que libraron una lucha sin cuartel. Un relato a todas luces obsceno. Quienes eligieron ser asesinos no pueden jamás ser equiparados con quienes fueron sus víctimas. Por eso hay que desenmascarar al PNV, porque desde Ortúzar a Urkullu pasando por Egibar todos persiguen lo mismo, aunque difieran en los ademanes: conseguir la independencia enterrando el actual Estatuto de Gernica.

Cuidando las formas, eso sí, buscando una secesión de terciopelo. Cuando se han cumplido ya 39 años de ese Estatuto conviene recordar que hoy sigue avalado por la mayoría de la sociedad vasca y respetado por el resto de españoles. Incluso los sondeos dicen que goza de buena salud. Larga vida, pues, al Estatuto de Gernica, el cordón umbilical por el que los vascos seguiremos unidos a España, máxime cuando se ha defendido con sangre inocente el orden constitucional que lo ampara.

La Guardia Civil advierte: ETA “no ha desaparecido” porque mantiene una estructura activa

OKDIARIO  24 Noviembre 2018

El teniente coronel de los Servicio de Información de la Guardia Civil, Gabriel Ordad, ha advertido este viernes de que ETA “no ha desaparecido totalmente”, ya que aún mantiene una estructura activa. Tal y como ha explicado, la organización cuenta en la actualidad con una comisión técnica integrada por al menos 30 miembros que se encargan de “velar por los intereses de la propia banda terrorista y de sus presos”.

Así lo ha puesto de manifiesto en la mesa redonda que se ha celebrado en el Koldo Mitxelena de San Sebastián, en el marco de las Jornadas de Covite, que sirven como apertura de los actos del XX aniversario del Colectivo de Víctimas del Terrorismo.

Según ha informado Covite, Ordad también ha querido poner en valor el “componente humano” de las víctimas, ya que a lo largo de los años en los que ETA ha matado “nunca han sido vengativas y su comportamiento siempre ha sido ejemplar”. De igual forma, ha apuntado a los actos de enaltecimiento del terrorismo que se producen en las calles del País Vasco y Navarra como uno de los “grandes retos ante los que la sociedad se tiene que rebelar”.

En dicho acto también han participado el director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez y el juez Javier Gómez Bermúdez, expresidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que trata los temas de terrorismo.

El magistrado ha recalcado que “la ETA más dura” es la que se ha vivido en la etapa democrática y eso, según ha dicho, es algo que “se debe recordar siempre en el relato”. “La sociedad tiene que saber qué personas de las que luchaban por su pueblo fueron asesinadas”, ha afirmado, a la vez que ha destacado el papel de Covite como agente encargado de que “esa memoria y ese recuerdo no se les vaya tampoco a los políticos”.

Por su parte, Florencio Domínguez ha mostrado su preocupación por el “gran desconocimiento” que existe en las nuevas generaciones sobre la historia de ETA y los demás grupos terroristas habidos en España. En este sentido, ha señalado que se debe llevar a cabo “un trabajo de prevención” para que nadie pueda “justificar” la existencia de la banda terrorista. “La actividad armada de ETA ha desaparecido, pero las consecuencias de estos 50 años de terrorismo no. Los muertos no se pueden reparar”, ha afirmado.

La increíble revelación de la Guardia Civil sobre ETA que pone en duda su final
ESdiario  24 Noviembre 2018

ETA se ha disuelto, pero no ha desaparecido. Ni mucho menos. Un experto de la Guardia Civil revela a Covite los detalles que ponen en solfa el relato de la "paz definitiva".

¿Ha desaparecido ETA del todo? La respuesta es no, pese a su supuesta disolución, y de hecho mantiene una estructura numerosa que la Guardia Civil ha revelado con un impactante testimonio. El teniente coronel de los Servicio de Información de la Benemérita, Gabriel Ordad, ha advertido de que ETA "no ha desaparecido totalmente", ya que aún mantiene una estructura activa.

Tal y como ha explicado, la organización cuenta en la actualidad con una comisión técnica integrada por al menos 30 miembros que se encargan de "velar por los intereses de la propia banda terrorista y de sus presos".

La cifra del terrorismo en España, con ETA y otros horrores: 10.181 víctimas
Así lo ha puesto de manifiesto en la mesa redonda que se ha celebrado en el Koldo Mitxelena de San Sebastián, en el marco de las Jornadas de Covite, que sirven como apertura de los actos del XX aniversario del Colectivo de Víctimas del Terrorismo.

Según ha informado Covite, Ordad también ha querido poner en valor el "componente humano" de las víctimas, ya que a lo largo de los años en los que ETA ha matado "nunca han sido vengativas y su comportamiento siempre ha sido ejemplar". De igual forma, ha apuntado a los actos de enaltecimiento del terrorismo que se producen en las calles del País Vasco y Navarra como uno de los "grandes retos ante los que la sociedad se tiene que rebelar".

El juez Bermúdez
En dicho acto también han participado el director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez y el juez Javier Gómez Bermúdez, expresidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que trata los temas de terrorismo.

El magistrado ha recalcado que "la ETA más dura" es la que se ha vivido en la etapa democrática y eso, según ha dicho, es algo que "se debe recordar siempre en el relato". "La sociedad tiene que saber qué personas de las que luchaban por su pueblo fueron asesinadas", ha afirmado, a la vez que ha destacado el papel de Covite como agente encargado de que "esa memoria y ese recuerdo no se les vaya tampoco a los políticos".

Por su parte, Florencio Domínguez ha mostrado su preocupación por el "gran desconocimiento" que existe en las nuevas generaciones sobre la historia de ETA y los demás grupos terroristas habidos en España. En este sentido, ha señalado que se debe llevar a cabo "un trabajo de prevención" para que nadie pueda "justificar" la existencia de la banda terrorista. "La actividad armada de ETA ha desaparecido, pero las consecuencias de estos 50 años de terrorismo no. Los muertos no se pueden reparar", ha afirmado.
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