AGLI Recortes de Prensa   Lunes 26  Noviembre 2018

Sánchez también entrega Gibraltar
EDITORIAL  Libertad Digital  26 Noviembre 2018

El acuerdo de salida del Reino Unido de la Unión Europea tendrá efectos decisivos en lo que respecta al estatus de Gibraltar. Así pareció entenderlo el Gobierno cuando hasta hace unos días amenazaba incluso con vetar dicho acuerdo si no se garantizaba el papel decisorio de España en todo lo referido a la situación jurídico-política del Peñón. Sin embargo, en un giro de última hora Pedro Sánchez dio su brazo a torcer desde Cuba, donde se encontraba honrando a la dictadura castrista.

El Gobierno ha dado en aceptar la redacción inicial del famoso artículo 184 del Tratado del Brexit, fundamental para determinar la soberanía del Peñón. Ese artículo atribuye exclusivamente al Reino Unido y a la UE la competencia para negociar los términos de su relación futura, sin precisar que en todo lo que se refiera a Gibraltar tenga que contar con la aprobación inexcusable de España, que fue la posición que siempre defendió el Gobierno anterior. Pues bien, lo que Pedro Sánchez anda vendiendo con su grandilocuencia habitual como solución a un conflicto internacional que dura 300 años es en realidad la aceptación de la tesis defendida por la premier británica, Theresa May, que deja intacta la redacción de dicho artículo a cambio de la firma de unos documentos meramente declarativos y sin valor jurídico alguno.

Ese es el éxito rutilante que Pedro Sánchez se atribuye con la superficialidad que lo caracteriza. A partir de ahora, debido a esta brillante gestión, España no podrá reclamar la soberanía del Peñón de Gibraltar con la fuerza que le otorgaría el articulado de un tratado internacional, como ocurría antes, sino que tendrá que fiar sus expectativas a las interpretaciones coyunturales de unas declaraciones anexas sin fuerza legal alguna.

En la Unión Europea se frotan las manos con este presidente bizcochable que les ha tocado en suerte. Las sonrisas en las cancillerías europeas se tornan en jolgorio en el Reino Unido, que, gracias al doctor Sánchez, seguirá controlando sin trabas la última colonia de Europa Occidental.

¿Qué celebra Sánchez con Gibraltar si ha sido un humillante fracaso histórico?
EDITORIAL esdiario 26 Noviembre 2018

El presidente ha fracasado con Gibraltar y ha engañado a los españoles vendiendo como un hito lo que es un monumental fracaso histórico de consecuencias muy profundas.

España tiene hoy menos ascendencia sobre Gibraltar que ayer, paradójicamente cuando más beneficio podía haber sacado de la marcha del Reino Unido de la Unión Europea: que el estatus español sobre la última colonia en suelo europeo sea de menos categoría cuando menos fuerza va a tener en Bruselas el país que la protege, es un contrasentido indiciario del poco peso de Moncloa en las instituciones continentales y de la insólita torpeza negociadora de Pedro Sánchez.

El caudillismo sanchista, impropio incluso de un presidente con mayoría absoluta, se completa con una frívola manera de tratar siempre los asuntos más relevantes

El entusiasmo del presidente del Gobierno, que estaba en Cuba mientras todo se decidía sin su concurso, es incompatible con los hechos objetivos y evidencia que, para Sánchez, todo empieza y termina en su interés y su supervivencia.

Porque diga lo que diga el Gobierno, el acuerdo de salida de UK no sólo no incluye el derecho a veto con la última palabra para España en todo lo relativo a Gibraltar, sino que ha sido extraído del único documento jurídico en el último momento sin que La Moncloa se enterara primero y lo evitara después.

Una derrota total
Lo que se tenía se ha perdido, pues, confiando ahora la tutela española en un espacio geográfico propio a la buena fe del resto de Europa, que jamás considerará una prioridad el Peñón, como sí es lo es para España, y puede utilizarlo como moneda de cambio en futuras negociaciones con Londres: es de hecho lo que ya ha pasado; y la incapacidad de España para frenarlo es también la primera muestra de lo que puede ocurrir en adelante.

Gibraltar era una colonia y un territorio de ultramar vinculado al Reino Unido hasta ayer; ahora ya es considerado parte de él. ¿Cuáles son las razones para la enésima campaña de propaganda y autobombo que se ha concedido a sí mismo Sánchez?

Si el fondo es desastroso, e indiciario a la vez de cómo se ve al Gobierno en Bruselas y de cuánta debilidad tiene una Europa débil y abandonada por el Reino Unido, las formas son inaceptables. Un presidente no elegido en las urnas, con apenas 80 diputados, ha decidido a distancia un asunto estructural para España sin convocar al Parlamento y sin hablar con los líderes de la oposición para fijar una posición común y llevarla hasta el final.

España tiene menos ascendencia sobre Gibraltar hoy que ayer, pero Sánchez lo califica de "histórico"

El caudillismo sanchista, impropio incluso de un presidente con mayoría absoluta, se completa con una frívola manera de tratar los asuntos más relevantes, sea Gibraltar o Cataluña, marcados siempre por un deseo personalista de fomentar su propia imagen y una tendencia insoportable a pretender que la realidad sea distinta por recubrirla de una retórica infumable. Urge celebrar Elecciones, antes de que siga el estropicio ya en marcha.

El 'Brexit' es una bendición
José García Domínguez  Libertad Digital 26 Noviembre 2018

Que el Reino Unido, aunque lo más preciso sería decir Inglaterra, haya decidido sacar de Bruselas el único pie que aún mantenía dentro de la Unión Europea constituye una excelente noticia, sin duda la mejor que podrían esperar el resto de los Estados miembros de la UE. Y ello por una razón clamorosamente obvia, a saber: porque los británicos, e igual los conservadores que los laboristas, nunca creyeron en el proyecto político europeo. Por eso constituyeron una fuente inagotable de problemas a lo largo de todo el tiempo que permanecieron en el interior de la Unión. Y eso pese a gozar, y desde el primer día, del mejor status imaginable entre todos los demás miembros. El mejor. Recuérdese a ese respecto que solo el Reino Unido dispuso del insólito privilegio consistente en disfrutar de todas las ventajas asociadas al libre acceso a los mercados de la segunda mayor área económica del mundo, pero sin que ello implicase para sus contribuyentes nacionales el tener que colaborar en la misma proporción que el resto de los países a la financiación de las instituciones europeas y las políticas comunes. Era como si los británicos nos estuvieran haciendo un favor a los continentales por concedernos la gracia de plegarse a integrar su economía con las nuestras.

Por eso supone una gran noticia que, al fin, se hayan marchado. Y es que la consumación de la idea supranacional de Europa jamás habría sido factible con ellos dentro. Si algo nos ha enseñado la Gran Recesión de 2008 es que Europa no puede seguir morando por más tiempo en este limbo a medio camino entre la integración y la desintegración donde ahora nos encontramos varados. Hay que dar zancadas, y ya, urgentes, hacia la unión fiscal y bancaria. También para la tan denostada unión de las transferencias. Algo que aún está por ver que resulte finalmente viable sin tener a los británicos dentro, pero que sería imposible, del todo imposible, si no se hubiesen marchado. Porque, para ellos, esa cantinela que todo el mundo recita en Bruselas, la de las "reformas de la Unión", significaba algo muy distinto que para el resto. Así, en boca de May, reformas era un sinónimo de devolver parte de la soberanía ahora compartida a los Estados firmantes de los Tratados. O sea, justo lo contrario de lo que por ese término se entiende a este lado del Canal. Por eso, decía, hoy es un gran día. Se acabó, al fin, la capacidad de chantaje de Londres para, a través de la prerrogativa del veto, poner todos los palos posibles en todas las ruedas de la integración europea.

A sus ojos, Europa tenía que limitarse a ser única y exclusivamente un mercado. Pero los mercados modernos son mucho más que lonjas invisibles donde comprar y vender. Necesitan infraestructuras logísticas y de comunicaciones, que son fruto de costosas inversiones públicas. Y también normativas de protección de los derechos intelectuales y de propiedad en general. Y bancos centrales que eviten los pánicos financieros. Y legislación para defender a empresarios y consumidores contra el poder abusivo de los actores económicos que ponen en peligro la competencia. Y sistemas de protección social que legitimen ante la comunidad la desigualdad final en la distribución de la renta. Los mercados necesitan regulación e instituciones a fin de poder funcionar y ser eficientes. De ahí que los mercados que de verdad funcionan no resulten ser creaciones espontáneas, mónadas independientes surgidas de la nada, sino estructuras insertas dentro de instituciones sociales más amplias que los trascienden. Y eso es lo que, bajo ningún concepto, querían alumbrar los británicos fuera de su isla. Pues que se queden en ella. Lo dicho, su fuga es una bendición

Refundar la UE tras el Brexit
EDITORIAL El Mundo 26 Noviembre 2018

Como le ocurriría a cualquiera con la amputación de un miembro, la Unión Europea es desde ayer menos fuerte y menos influyente en un mundo cada vez más globalizado con desafíos que exigen soluciones multilaterales. Ningún europeísta puede estar contento tras el Acuerdo de salida del Reino Unido de la UE al que ayer dieron luz verde los líderes de los Veintisiete y la premierTheresa May. Porque el club comunitario sin Londres se queda huérfano de un actor político, económico y cultural históricamente incardinado en el tronco común de los valores que representa el Viejo Continente. Pero el Brexit se antojaba ya inevitable. La irresponsabilidad política que desembocó en el fatídico referéndum fue bien aprovechada por populistas abonados a la mentira y todo desembocó en un divorcio que hoy, según las encuestas, ni la mayoría de los británicos desea. Así las cosas, sólo cabía confiar en alcanzar un acuerdo para que la salida del Reino Unido se produzca de un modo pactado y ordenado. Yeso fue lo que se selló ayer.

Pero falta todavía por superarse un escollo endiablado: que May consiga el respaldo de la mayoría del Parlamento británico al Acuerdo con Bruselas. Las cifras no dan de momento y el vértigo está lejos de disiparse. Aún nos podríamos encontrar con un revés en Westminster que vuelva a poner todo patas arriba y nos sitúe ante el precipicio de un Brexit que debe consumarse el 30 de marzo. No hay plan B. Ante semejante escenario sólo cabría encomendarse a los hados y esperar algún as en la manga de la burocracia comunitaria.

Durante un periodo transitorio que podría alargarse hasta 2022 se pactará la relación futura entre el Reino Unido y la UE. Pero desde ya, como advirtió ayer Macron, la Unión debe ser refundada "en profundidad". El club comunitario lleva demasiados años a la deriva tratando de sortear embestidas como la crisis de inmigrantes que lo resquebrajó e hizo tambalear sus principios fundamentales;o más recientemente la sacudida de Gobiernos eurófobos y populistas como el italiano, convertidos en peligrosos caballos de troya. Es hora de recuperar el impulso y de volver a la senda que nos conduce al sueño europeo de mayor integración y cooperación, con un eje francoalemán que ejerza como locomotora.

Y ahí España debiera jugar un papel fundamental. Con la salida del Reino Unido, se abre una oportunidad que nuestras autoridades han de aprovechar para que de una vez cuente nuestro peso real -disputamos con Italia el tercer puesto económico- en la toma de decisiones y en el diseño del futuro de la Unión. Por desgracia, mal precedente supone que el Gobierno no haya sabido aprovechar la ocasión histórica para conseguir que el Acuerdo del Brexit incluyera un artículo jurídicamente vinculante que nos asegurara los legítimos derechos sobre todo lo concerniente al futuro de Gibraltar. Éste no es el camino.

La VOX andaluza
Luis Herrero  Libertad Digital 26 Noviembre 2018

El partido de Abascal no será determinante en Andalucía pero será el que decida quién ostenta la hegemonía del centro-derecha a nivel nacional.

Los exploradores que divisan la España del 3 de diciembre desde el periscopio de las encuestas llegan a cuatro o cinco conclusiones interesantes. La primera es que el PSOE cotiza a la baja. Nadie, salvo el CIS, le augura un descenso inferior a 3 puntos. Los más audaces lo elevan por encima del 5. Podría ocurrir, en la hipótesis más desfavorable para ellos, que perdieran la cota del 30 por ciento en el cómputo global. En las últimas elecciones autonómicas obtuvieron el 35,4. Y no vale decir que es un desgaste de naturaleza territorial, propiciado por los cuarenta años de hegemonía ininterrumpida. Hay votantes dispuestos a apoyar al PSOE en las urnas autonómicas que declaran su intención de cambiar de partido en las generales. Dicho de otro modo: en Andalucía, Díaz tendrá más votos que Sánchez.

La segunda conclusión es que la bajada del PSOE no se traduce en una subida podemita. Por primera vez, los flujos de voto en el estanque de la izquierda no se comportan como dicta la teoría de los vasos comunicantes. Adelante Andalucía está, en los promedios, casi dos puntos por debajo de lo que hace cuatro años sumaron por separado Podemos e Izquierda Unida. Si hay Gobierno de izquierdas será entre dos fuerzas devaluadas. Parece que el ciclo de Podemos toca a su fin. La consecuencia de ese hecho es llamativa. Lo que baja el PSOE lo gana Ciudadanos. Entre los bloques ideológicos izquierda-derecha —que hasta ahora eran nidos de ametralladoras con estructuras de hormigón armado— se han reabierto vías de transferencia de voto que llevaban obturadas mucho tiempo.

La tercera conclusión es que el PP no levanta cabeza. Cuando Pablo Casado sucedió a Rajoy, el partido se desangraba. Sus votantes se estaban yendo en aluvión a Ciudadanos. El "efecto Casado" consistió en cauterizar el boquete y acabar con la sangría. Los nuevos dirigentes pensaban que tras la estabilización de las constantes vitales del enfermo vendría la recuperación. Pero no ha sido así. Es verdad que se ha detenido la migración de votantes a Ciudadanos, pero la subida de VOX ha provocado una nueva hemorragia que sigue mermando sus expectativas electorales. Aún no está claro que pueda conservar, en Andalucía, el título de segunda fuerza. Moreno Bonilla entra en la recta del sprint con medio cuerpo de ventaja sobre Marín pero el duelo entre ambos huele a foto finish.

El orden de la carrera depende de VOX. He ahí la cuarta conclusión: en poco más de horas veinticuatro, el partido de Abascal ha pasado de ser un figurante pintoresco sin posibilidades de obtener representación parlamentaria a convertirse en un actor protagonista con aspiraciones a tener grupo parlamentario propio. Su principal fuente nutricia procede del electorado del PP pero ya ha comenzado a esquilmar la despensa de votos de Ciudadanos. Como dicen los expertos, es un suflé en pleno proceso de inflamación. Cuanto más crezca, peor para Casado. Albert Rivera compensa las pérdidas de los que huyen a VOX con las ganancias de los llegan del PSOE. Pero el PP no tiene elementos de compensación. Lo suyo son pérdidas netas.

Es muy posible que, desde el estricto punto de vista de la gobernanza andaluza, el crecimiento de VOX no vaya a tener demasiada trascendencia. Al menos, si damos por buena la premisa mayor —establecida como tal por todos los demóscopos— de que la suma PSOE-Podemos tiene plenamente garantizada la mayoría absoluta. Sin embargo, en la extrapolación de los datos al ámbito nacional, las consecuencias de su creciente protagonismo no son inocuas. Será Abascal quien determine, indirectamente, a quién le corresponde ostentar la hegemonía del centro derecha. Y eso no es baladí. Que haya sorpasso o no parece cosa suya.

También está llamado a convertirse en hacedor de reyes. Si su despegue no capota —sería la primera vez que un proceso emergente se contractura a las primeras de cambio—, tendrá la llave de muchos de los cofres donde se guardan los tesoros del poder. Por acción o por omisión, en sus manos estará que gobiernen unos u otros, tanto en el conjunto de España como en muchos municipios y en algunas Comunidades Autónomas. VOX ha venido para quedarse y ha elegido Andalucía como trampolín para tomar impulso. De la amplitud del salto depende el vuelo que le ha de llevar a nadar en aguas más profundas. Si supera el rompeolas no habrá quien lo pare.

La izquierda extrema y Vox
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 26 Noviembre 2018

Ayer criticaban muchos lectores de la encuesta de voto en Andalucía que se llamara "extrema derecha" a Vox, cuando a Podemos nunca se le llama "extrema izquierda comunista, totalitaria y proseparatista", que lo es. Yo creo que había tantas ganas en el periodismo español de tener algún populismo enfrente al que atacar, sea lo que sea eso que llaman populismo, que han saltado como panteras sobre la primera ocasión que han tenido. Y como el periodismo televisivo está en manos de lo que la todavía ministra Delgado llamaría extrema-extrema-izquierda (no hay en Europa ni en los USA nada remotamente comparable a La Sexta y TV3) y como la radio y la prensa de papel o en la Red tienen una base profesional que sale progre de las facultades o debe fingirlo para encontrar y conservar el empleo, los latiguillos condenatorios, que atentan contra cualquier norma deontológica, son el pan nuestro de cada día. Fórmula ésta judeocristiana y que pronto se prohibirá, como las figuras típicas de la Navidad en las fiestas de Navidad.

Comparemos extremismos: Vox no quiere acabar con la propiedad; Podemos, sí. Vox no prohibiría los medios privados de comunicación; Podemos, sí. Vox no prohíbe la libertad religiosa; Podemos persigue el cristianismo, desde la Semana Santa a la cruz del Valle de los Caídos. Vox no propone asaltar las tumbas de La Pasionaria, Negrín, Carrillo y Largo Caballero; Podemos ha sido y es la promotora de una política de reivindicación de uno solo de los bandos de la Guerra Civil, sin lamentar jamás checas ni Paracuellos. Vox no defiende para Europa ni pretende instaurar en España una dictadura fascista; Podemos nació y se financió en Caracas, defiende las dictaduras comunistas de Cuba o Venezuela y quiere imponer en España un régimen dizque de «transición al socialismo» a lo Chávez, cuya hambruna provocada elogia Errejón.

Vox defiende la integridad territorial que proclama la Constitución; Podemos defiende el derecho a la secesión de Cataluña y otras regiones. Vox defiende los derechos lingüísticos de todos los españoles, donde vivan; Podemos defiende la política de inmersión y exclusión de los que hablan español en comunidades bilingües. Abascal exhibe la bandera española; Iglesias dice que "no puede hablar de España".

¿El extremismo es el de Vox o el de la Prensa podemizada?

El miedo andaluz y el voto útil
Pedro de Tena  Libertad Digital 26 Noviembre 2018

Decía Manuel Halcón que el miedo andaluz era el miedo a los muertos. No. En el monólogo de esta región fría, que declama políticamente Andalucía desde hace 40 años, el miedo andaluz es el miedo a cambiar un rumbo que históricamente no le ha conducido más que a la dependencia de una Administración obesa y sectaria incapaz de sacarla del hoyo del paro y el atraso respecto a las demás regiones de España y Europa. En este agujero la metieron entre muchos –los Gobiernos de España incluidos, que beneficiaron sobre todo a las regiones vasca y catalana desde el siglo XIX, como han subrayado Velarde Fuertes y muchos otros–, y ella sola cayó en él por no defender ni sus industrias incipientes ni su banca emergente ni sus puertos ni sus ciudadanos ni su futuro ni nada. Luego tuvo la mala fortuna de ser víctima de los embaucadores socialistas, y no sólo ellos, que mercadearon con los derechos de primogenitura del desarrollo económico que merecíamos por un plato de lentejas y la continuidad de los privilegios de los separatismos. Cuarenta años llevaremos pronto de esa gran operación de maquillaje que ocultó los moratones de la agresión con un AVE, una Expo y un falso andalucismo de bandera, que no de euros per cápita, empleo y educación superior. Quejíos, muchos. Pero miedos, más.

Está de moda desde hace unos años el liberalismo del miedo oriundo de Harvard, taponado por los intelectuales orgánicos al servicio de la izquierda y, tomen nota, también por la derecha infeliz. Pero el miedo andaluz no se refiere a la crueldad del retraso económico y social, no aprende del pasado y de la experiencia de las malas recetas fracasadas, no se dirige a unos partidos que ocupan las instituciones acumulando todos los poderes sin ser garantía contra los abusos y exclusiones. No, no. El miedo andaluz es un miedo a todas luces no racional que responde con inmovilismo a toda propuesta de romper la rutina de su reflejo eficazmente condicionado por una izquierda inútil. O eres de izquierda o no eres andaluz, reza su lema, aunque sufras en el purgatorio de los últimos lugares de bienestar de España y Europa. La falsa utopía se impone a la realidad en esta tragedia inacabada.

Pero ¿puede acabarse? Claro que se puede, a pesar de que los partidos del centroderecha andaluz hayan hecho todo lo posible por machacar la esperanza de una mayoría que quiere el cambio. Pero ahora es el momento del realismo, del auténtico voto útil que, para esta región desaprovechada y humillada, no es otro que el voto del cambio hacia un Gobierno más liberal y eficaz.

Las últimas encuestas calientes de ayer, si se leen con esmero, apuntan a que a la alternativa del cambio apenas le quedan unos escaños, cada vez menos, para poder componer una mayoría de reforma y desarrollo. Por ello, a seis días ya de las elecciones, hagamos un esfuerzo por unir afanes para conseguir el fin del miedo andaluz. Nada de abstención, nada de voto en blanco, nada de errores intencionados. Vayamos a las urnas el 2 de diciembre para cumplir nuestro deber de cambiar Andalucía y cambiar España, encajonadas en rutas muy peligrosas. Los descontentos con el régimen que asola el Sur, que superamos el 60 por ciento de la población, estamos obligados a levantarnos contra el miedo y la resignación y votar a la opción de cambio que prefiramos, pero cambio. Dado que el voto al PSOE es un voto demostradamente inútil y que Podemos apuntalará su tela de araña, la utilidad real estará en votar a quienes pueden acabar con esta pesadilla interminable. Tengamos miedo, no a la libertad ni a sus mejoras, sino a seguir como estamos, encadenados a la cola de todo. Nada está escrito.

Los Falconetti peregrinan a la cárcel-mausoleo de los Castro
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 26 Noviembre 2018

Huyendo de Cuelgamuros y de la sombra de Franco, los Falconetti -el Presidente cum fraude y su esposa Begoña, la bien pagá y mal arreglá- han peregrinado al mausoleo carcelario de los Castro, sito en las venerables ruinas de Cuba. Mientras la mayoría absoluta que, según la fraudulenta Celaá, forma el Gobierno, componía una melodía de albañal de esputadores y esputados, los okupas Sánchez y Gómez se han dedicado a visitar respetuosamente las tumbas de dictadores célebres, esas que en España se afanan en profanar.

Así tras meditar en el mausoleo marroquí de Mohammed V y Hasan II, volaron a la mayor tumba-prisión del mundo, bautizada por Rousseau y Cumerlato "La Isla del Doctor Castro", en recuerdo del Moreau de H.G. Wells que aisló y creó "hombres nuevos" gorilescos, o sea, bolivarianos. Ya están de vuelta en España, para presumir de haber recuperado Gibraltar tras haberlo perdido en el Brexit y, por supuesto, sin haberlo recuperado. Lo que cuenta para ellos es que han cosechado muchas horas de televisión en sitios que suenan a importantes o que tal vez lo fueron y por eso suenan.

Begoña, de rojo estrepitoso
La gran ventaja para el periodista que cubra los viajes de la señora Falconetti es que no precisa comentario. Es una forma sin fondo, la viva imagen del quiero y no puedo, sombra perfecta de ese "sayón con hechuras de bolero" con el que Antonio Machado adivinó al fantasmón monclovita. Los vimos usurpar el papel de los reyes y muchos creyeron que por error. De eso, nada. Los Falconetti van de presidentes de la República que aún no ha proclamado Pablo Iglesias. Lo hicieron en Francia, con Begoña en el papel de Letizia, y lo han hecho en Cuba, con Snchz ocupando el del Rey. Para su desgracia, tenemos a unos reyes tan jóvenes y tan guapos que ellos, sobre usurpadores, resultan clamorosamente horteras, zafiamente ridículos.

Era penoso ver a la huesuda Begoña, enjaezada de rojo estrepitoso, con ganas de saludar como Rania de Jordania en la escalerilla del avión. Era siniestro ver a su marido de gris marengo funerario, posando ante los herrumbrosos barrotes carcelarios que componen la imagen del Che en la Plaza de Robolución, centro neurálgico de ese pozo sin fondo de miseria y terror que es la Cuba castrista. A ellos les da igual la foto en Auschwitz que en el Gulag. Entrarían a gatas en una pirámide de cartón para hacerse un selfi ante al auténtico sarcófago de Tutankamon, encontrado en el Rastro. Ni ética, ni estética. No los aceptarían de concursantes en Gandía Shore.

La basura comercial de la basura castrista
Mientras la UE se burlaba de la soberanía española a cuenta de Gibraltar, y el mentiroso compulsivo de la Moncloa trataba de engañar a la opinión pública con un supuesto éxito diplomático frente a la imperialista Teresa May, que hizo aullar de satisfacción a la Cámara de los Comunes asegurando la soberanía del Peñón robado, vestigio basuriento del Imperio, la prensa servil ante el castrismo, con El País (ahora republicano) al frente, esgrimía las mugrientas mamarrachadas de siempre.

Porque la propaganda pro-castrista de la izquierda instalada no ha cambiado en los casi sesenta años de dictadura: que hay que apoyar las reformas (como si hacerlas no dependiera sólo de los Castro); que España no debe dejar a los gusanos del exilio los grandes negocios futuros en la Isla; que tenemos una relación especialísima con los cubanos (salvo si son miembros de esa desagradable diáspora de los tres millones de exiliados); y, sobre todo, como repitió Falconetti, "que hay que romper el hielo". Es, sin duda, la metáfora más adecuada para el Caribe y para la oleada de calor que desató Obama cuando se arrodilló ante Castro II a cambio de nada y con los mismos argumentos: tratad bien al comunismo y habrá democracia.

Por supuesto, no hay negocio alguno en perspectiva, porque en una dictadura comunista se puede hacer dinero, pero no crear empresas, que eso es un privilegio político que la casta dirigente se reserva para sí. Confieso que lo único que me ha gustado del viaje de los Falconetti, aparte de los modelos de Begoña, es la llorosa petición de los inversores españoles para que les paguen los más de 300 millones de euros que les adeuda el régimen. No los verán sus ojos, ni merecen menos sus almas de negreros miserables.

La única política española con Cuba
España sólo puede tener un interés decente con Cuba y los cubanos: ayudar a derribar el régimen que la mantiene en la esclavitud y la miseria. No hay "intereses españoles" en la Isla que no sean los de ayudar a los que, contra toda esperanza, como Armando Valladares y los plantados contra la única institución sólida creada por el castrismo, que es el presidio político, han escrito con su sangre y con su vida la página más admirable de la lucha por la libertad en América. El que invierta en la dictadura merece la ruina. Es más, la tiene asegurada. Y yo me congratulo de ello; y de que no cobren. Espero que no pretendan cobrarnos a través de los Presupuestos ese dineral que no quiere pagar la multimillonaria narcodinastía de los Castro. Aunque ya Cobardiano Rajoy perdonó una millonada de la deuda pública, imagino que PP y Ciudadanos impedirán que Falconetti nos endose la factura de los meublés o las saunas chaperiles que tan bien conocen los Sánchez-Gómez.

El viaje ha sido una porquería y los resultados, los que merecen los criminales anfitriones y los desvergonzados turistas: rigurosamente nulos. Si Sánchez quiere ser el Zapatero de Cuba, estará a la altura de los Castro, como el infame Zetapé está a la de Maduro. Ojalá el Rey tome nota y no vaya a Cuba mientras los cubanos no tengan una leve esperanza de libertad. Hacerlo en estas mugrientas, criminales circunstancias sólo actualizaría los versos de Góngora: "sembré en la estéril arena / cogí vergüenza y afán".

Las malas ideas...
Tras tanta alharaca, lo probable es que el Parlamento británico tumbe el acuerdo
Luis Ventoso ABC 26 Noviembre 2018

El 26 de junio de 2016, los británicos aprobaron por sorpresa y por estrecho margen abandonar la UE de un portazo tras más de 40 años en ella. Una patada nacionalista, con la que ingleses y galeses se desahogaron de su malestar por la larga crisis de 2008 y de su desconcierto ante la novedad de la globalización. La ilusión de parapetarse tras los muros del terruño, como en Cataluña, culpando de todo a un enemigo exterior y a los inmigrantes.

El Brexit supuso una pésima noticia para la UE, que perdía a un gran contribuyente, un potente país de 66 millones de habitantes, que era además el más liberal y pro negocios de una organización menos democrática de lo debido y atrofiada por su estatismo a la francesa. Pero si la UE recibió una tarascada, el Reino Unido directamente se pegó un tiro en el pie. Si el Leave no fuese ante todo un voto sentimental, los británicos sabrían si han acertado o no respondiendo una simple pregunta: dos años después, ¿qué hemos ganado y perdido con el Brexit? Empecemos con las ganancias. Recalcan que ahora mandarán en sus fronteras, poniendo fin a la llegada masiva de inmigrantes. Pero esa afluencia continuará, pues reciben más del resto del mundo que de la UE. Controlarán sus bancos de pesca, asunto de interés relativo, porque su industria pesquera pesa poco. Se liberarán de la legislación europea, aunque lo cierto es que la mayoría continuará en vigor traspuesta como leyes nacionales. ¿Qué han ganado? La ilusión de ser dueños de su destino. ¿Y qué han perdido? El crecimiento se ha ralentizado. La libra se ha devaluado y las importaciones son más caras. Las inversiones y la llegada de capital flaquean. Muchas empresas emigran al Continente y la City de Londres queda en el alero. Resumen: pésimo negocio.

El Reino Unido está obsesionado con el Brexit y partido en dos, rehén de lo que en el fondo no es más que una pelea interna del Partido Conservador. El acuerdo de ayer, saludado con tanta alharaca, es un globo de gas que puede pinchar en la segunda semana de diciembre, cuando se votará en el Parlamento de Westminster. May gobierna con una mayoría operativa de 13 diputados, merced a su pacto con el DUP unionista norirlandés. Pero es casi imposible que el acuerdo que alcanzó ayer sea visado por el Parlamento, porque DUP, laboristas, liberales y al menos 58 tories que son brexiteros irredentos votarán en contra. ¿Qué pasará entonces? Las fechas apremian. El Reino Unido debe dejar la UE a las once de la mañana del 29 de marzo. Si pierde la votación, lo normal es que caiga su Gobierno y haya elecciones. ¿Otro referéndum? Improbable. Solo si los ingleses, que como apuntó Napoleón son «una nación de tenderos», empiezan a sentir dolor severo en sus bolsillos por las consecuencias de una salida sin acuerdo, un salto a la brava y al vacío. El Brexit sigue en su laberinto.

(P. D.: Sorprendente, o incongruente, ver a Sánchez sacando tanto pecho patriótico en Gibraltar cuando está mercadeando con España en el mostrador de los separatistas catalanes que lo mantienen en el poder).

Europa aprueba el fracaso del Brexit
 La Razon 26 Noviembre 2018

La reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europa para aprobar el acuerdo de retirada de Reino Unido de la UE será recordada como la menos productiva del Consejo por las consecuencias que tendrá en la construcción europea. Cuando el 24 de junio de 2016 el 51,9% de los votantes británicos decidieron apoyar el Brexit, frente 48,1% que prefería la permanencia en la Unión, nadie era consciente de lo que iba a suponer. Ni lo sabía el primer ministro David Cameron, quien propuso la consulta por meros intereses partidistas, ni lo sabía Nigel Farage, un populista –hoy retirado de la política– que reconoció sus mentiras para conseguir los votos que han llevado a Reino Unido a la actual situación. Desde entonces, se han recorrido todo el camino previsto para ejecutar la salida, que se hará efectiva el 30 de marzo de 2019, previa aprobación en diciembre por el Parlamento británico –que no será un puro trámite– y de la Eurocámara.

En este tiempo han habido unas negociaciones nada fáciles para desgajar una parte importante de la UE, que es algo más que la tercera economía europea: es la democracia más vieja de Europa y la que tiene un sentido más atlantista. Ante el desastre comercial que supone crear una política aduanera dura, los Veintisiete y Reino Unido han optado por prolongar si es necesario el periodo de transición que concluiría el 31 de diciembre de 2020. De momento, se ha acordado un «territorio aduanero único» para este periodo transitorio hasta el acuerdo definitivo entre Reino Unido y la Unión Europea.

Theresa May señaló ayer en una carta dirigida al pueblo británico en un tono algo dramático que tras el acuerdo sellado con Bruselas «recuperan su dinero, sus leyes y sus fronteras». Nada de esto es así: es lo que algunos quieren oír. Sin duda es un mensaje dirigido a Westminster y al pleno que a mediados de diciembre ratificará el Tratado, porque, de momento, Londres seguirá cumpliendo con su aportación presupuestaria a la UE, que finalizará en 2020, y como contrapartida seguirá teniendo acceso al mercado único y la unión aduanera. En definitiva, desgraciadamente será el parlamento británico quien acabe dando la aprobación al acuerdo sobre Gibraltar que Pedro Sánchez anunció como histórico, pero que no se ha movido ni una coma del Tratado: es una declaración en un anexo de las actas de la reunión del Consejo, que nadie tiene muy claro cuál es su valor jurídico.

Dicho lo cual, es cierto que la posición del Gobierno estaba fundamentada –Reino Unido no está dispuesta a perder nada de su soberanía sobre Gibraltar–, pero la solución no es la mejor, aunque sí la más realista. España, por lo tanto, seguirá manteniendo su histórico litigio por el Peñón y queda lejos la anulación del tratado de Utrecht de 1713, que es poco menos lo que vino a anunciar el presidente. Es una decisión importante que se reconozca, aunque sea en un anexo, que España tenga la última palabra sobre Gibraltar, pero en nada altera las condiciones del Tratado, que no se volverá a negociar, ni aunque no lo aprueben los Comunes, lo que sólo permitiría la ampliación del plazo de ejecución del Brexit. Sin embargo, que el presidente del Gobierno dijera ayer en Bruselas que el tema de Gibraltar «no es una cuestión emocional ni de identidad nacional» rebaja el problema: simplemente, se trata de una colonia en territorio español en contra de cualquier tratado internacional. Que, además, el secretario general del PSOE, que gobierna en Andalucía desde hace 36 años, diga que la reclamación del Peñón es por una demanda de «prosperidad compartida con el Campo de Gibraltar» rebaja el asunto a mero electoralismo, como si reclamara mantener la actual situación por el bien de todos.

Sánchez se descompone
¿Cómo van a respetarnos en Europa si el presidente consiente que sus socios catalanes escupan al ministro de Exteriores?
Isabel San Sebastián ABC 26 Noviembre 2018

La escombrera sobre la que se aupó Pedro Sánchez para alcanzar una poltrona inmerecida se desmorona bajo sus pies. Uno a uno va perdiendo apoyos, a medida que se evidencia la inviabilidad de un proyecto basado exclusivamente en su ambición personal. Una a una van quedando al desnudo sus múltiples lagunas políticas y sus graves carencias éticas. Uno a uno se manifiestan los agujeros negros de su gestión, jalonada hasta la fecha de mentiras, incumplimientos, fracasos y mucha propaganda hueca empeñada en revivir a Franco.

Mientras él va y viene en el avión oficial, ensayando ante el espejo cada sonrisa, cada posado, cada paso y cada gesto, imbuido de un narcisismo rayano en lo patológico, la obra que empezó a construir a raíz de la moción de censura se hunde irremediablemente en el fango. Naufragan, huérfanos de votos, los presupuestos de la vergüenza que su vicepresidente en la sombra, Pablo Iglesias, fue a negociar a la cárcel con un presunto golpista. Le sacan los colores distintos organismos internacionales, encabezados por la Comisión Europea, poniendo al descubierto los cálculos fraudulento que sustentan esas cuentas. No contentos con negarle el respaldo en el Congreso, sus socios de la izquierda separatistas catalana insultan y escupen a su ministro de Exteriores, José Borrell, quien aguanta el salivazo en soledad, mientras él señala acobardado a la bancada del PP en lugar de plantar cara a la que alberga a los rufianes. ¿Alguien se sorprende de que Londres y Bruselas hayan aprovechado esa muestra de debilidad para excluir a Gibraltar del acuerdo final del Brexit y dejarnos colgados de la brocha con vanas promesas? Si el Gobierno de España no se hace respetar, no podemos esperar que se le respete. Los salivazos se pagan caros en la escena internacional cuando el llamado a castigarlos hace gala de su catadura yendo a rendir pleitesía a la dictadura cubana, en lugar de librar a fondo la batalla europea, y remata la jugada eludiendo reunirse con la oposición democrática.

Pedro Sánchez se descompone en su versión presidencial al mismo ritmo que moldea, enamorado de sí mismo, su figura de «premier» glamuroso semejante a Macron o Trudeau. Cuanto más lograda parece esta última, menos base real sostiene al personaje que Susana Díaz no quiere ni ver por Andalucía. No hay miembro (o «miembra») de su Gabinete que haya escapado a la tentación de crear una sociedad instrumental con el propósito de pagar menos impuestos, práctica de la que él abominó cuando presumía de venir a regenerar la vida pública hasta el punto de comprometerse a fulminar a cualquier colaborador culpable de incurrir en ella. «Su» tesis doctoral apesta tanto a falsedad que será investigada en el Senado. Le acaba de dejar en evidencia el abogado del Estado que encabezó la persecución de la trama Gürtel, Edmundo Bal, considerado «progresista», destituido de su puesto por mantenerse firme en su criterio profesional y negarse a firmar un escrito de acusación repleto de falsedades destinadas a rebajar de rebelión a secesión el delito cometido por los golpistas del 1-O.

Y suma y sigue.

Sale de un charco de barro para adentrarse en otro de estiércol. Se aferra al cargo con la desesperación del hambriento, rectificándose sin pudor a sí mismo, porque ahora sabemos, gracias a su fiel Carmen Calvo, que nada de lo que dijo antes de llegar a La Moncloa tenía valor alguno; que Pedro Sánchez líder del PSOE era una persona y Pedro Sánchez jefe del Gobierno otra muy distinta, que se descompone al paso del tiempo.

Andalucía y el síndrome del 155
Carlos Mármol Cronica Global 26 Noviembre 2018

Las elecciones del domingo en Andalucía, las primeras de la noria electoral que nos espera, caminan hacia su consumación –las urnas– por renglones torcidos. Es inevitable que estos comicios, que tienen naturaleza plebiscitaria –decir sí o no a los casi cuarenta años de socialismo en su variante meridional–, tengan una lectura en clave nacional, utilitaria y superficial. También lo es que los actores en disputa –cuatro, a falta de que se confirme qué ocurre con Vox– jueguen con este factor como un argumento electoral más.

Las posiciones de partida de los partidos, sin embargo, han cambiado en relación al arranque de la carrera electoral. Y lo harán más cuando se conozcan los resultados y comience el juego de la silla. De momento, el PP se niega a asumir la posición secundaria que le auguran las encuestas, temiendo que en Andalucía, tras cuatro décadas sin saber articular una alternativa, se repita el mismo hundimiento que ya pudimos apreciar en Cataluña: la irrelevancia absoluta. La confluencia Podemos-IU (Adelante Andalucía) ensaya su nacionalismo suave, no rupturista, pero excesivamente comprensivo –por ingenuo– con la inquietante deriva del soberanismo. Cs, desdibujado tras la moción de censura a Rajoy, está testando en el Sur las opciones de una cohabitación táctica con el PP, con los que ahora se disputan votantes, pero a los que –si suman los escaños suficientes– terminarán vinculándose.

Más extraña es la deriva del PSOE, fagocitado por el peronismo rociero que representa Susana Díaz. La candidata (de sí misma) deseaba una campaña muy plana, sin aristas y que no cuestionase una hegemonía histórica que las urnas van desgastando poco a poco, pero se ha topado durante el primer tramo de la competición con una realidad poco favorable: en la calle hay bastante cabreo por el deterioro de los servicios públicos y los sondeos no garantizan ni su victoria ni tampoco una mínima autonomía de movimientos. ¿Qué hacer? Pues lo mismo que el nacionalismo periférico: agitar el fantasma de una ficticia mutilación autonómica, igual que los independentistas, a los que les parecía mucho menos grave saltarse la Constitución entera que la aplicación del artículo 155 de la Carta Magna.

Es cierto que el presidente del PP, Pablo Casado, ha dado pie a Díaz para la (enésima) soflama patriótica al plantear que las competencias de educación retornen a la Administración central. Pero la amplificatio de esta falsa agresión tiene más que ver con los intereses electorales de la Reina de la Marisma que con una verdadera discusión social. Uno de los puntos débiles de Díaz, a la que en su momento no le importó mucho dejar vacante la sede de San Telmo durante un año largo para presentarse a las primarias del PSOE, es la educación, junto con la sanidad. Los altos índices de fracaso y abandono escolar en Andalucía, sumados a una crónica falta de recursos y a la politización de las aulas, forman parte de las sombras del susanato.

Su gestión –incluida la cuestión material– depende exclusivamente de la Junta, pero Díaz ha preferido recortar en colegios y hospitales antes de tocar la red clientelar que sustenta parte del poder socialista. Organizar una cruzada por un debate político lícito –que además reclama una parte de la sociedad– es agitar de nuevo la bandera de los agravios de aldea, exactamente igual que hacen los nacionalistas cuando se plantea que el castellano tenga un protagonismo en la educación catalana proporcional a la demanda social.

“La educación pública no se toca”, clama la jefa susánida en los mítines, obviando que sus actuales carencias son responsabilidad exclusivamente suya. Precisamente porque Díaz no ha atendido la demanda social en defensa de la educación pública en los últimos tres años en Andalucía se han producido manifestaciones –la llamada marea verde– inéditas en la historia de la autonomía. La supuesta invasión centralista que agita Díaz para detener su caída en los sondeos, exactamente igual que en Cataluña, es un burdo señuelo cuyo objeto es que los electores no exijan resultados a quien realmente gobierna, sino a quien no lo hace y, por tanto, puede ser culpable absolutamente de todo. Incluida la muerte de Manolete, aquel torero al que Islero, un miura, mató de una cornada una tarde infame de agosto de 1947 en Linares.

Ley de Memoria Histórica
El PP da marcha atrás: no recurrirá al Constitucional el ‘decretazo’ para exhumar a Franco
C. Cuesta, L. Sela y M. Jamardo okdiario 26 Noviembre 2018

El Partido Popular da marcha atrás y finalmente no recurrirá ante el Tribunal Constitucional el ‘decretazo’ de exhumación de Franco. Los populares entienden que dada la complejidad del procedimiento administrativo y lo dilatado de los plazos legales -que podrían verse incrementados con la presentación de un recurso contencioso-administrativo por cualquiera de los interesados personados en el expediente vigente- pierde sentido plantear que la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez incumple el requisito de “urgencia” exigido para el uso del Decreto Ley como mecanismo de creación de normas.

El plazo para interponer un recurso de inconstitucionalidad contra la reforma legal aprobada el pasado mes de agosto por el Ejecutivo socialista finaliza hoy lunes, pero fuentes del PP confirman a OKDIARIO que han descartado presentarlo.

Inicialmente anunciaron que sí lo abordarían y que el núcleo de la acción judicial se centraría en el incumplimiento del artículo 86 de la Constitución española -que exige los requisitos de “extraordinaria y urgente necesidad” al Decreto Ley- contra la fórmula utilizada por los socialistas para la reforma de la Ley de Memoria Histórica orientada a la exhumación de Franco. Aunque en todo momento apuntaron a que no cuestionarían ante el Tribunal el objetivo de la medida: la salida de los restos del dictador del Valle de los Caídos.

Pese a que en los últimos días se ha especulado sobre la división interna que estaría causando esta cuestión en el seno del Partido Popular, la formación presidida por Pablo Casado mantiene su posición intacta. Sobre el fondo de la cuestión advierten que ya se habrían pronunciado “pública y notoriamente en el Congreso de los Diputados” al abstenerse durante el trámite de convalidación parlamentaria del ‘decretazo’.

En lo relativo a la forma, recuerdan las mismas fuentes a OKDIARIO que “la tramitación ha cambiado de Decreto Ley a proyecto de Ley y por lo tanto la urgencia inicial del Gobierno de Sánchez, así como la propia validez del mecanismo utilizado, han dejado de existir”. Y añaden que la mejor prueba de ello es que “todo sigue igual” cuatro meses después del anuncio oficial de Moncloa.

Una proposición de Ley de Concordia
El PP insiste en que lo más importante es, como anunciaba el pasado mes de septiembre el propio Casado, avanzar en su proposición de Ley de la Concordia como sustitución a la vigente Ley de la Memoria Histórica.

Los populares insisten en que será un proyecto “transversal” que afectará a muy diversas materias, entre las que se encuentran la educación y los símbolos, porque la convivencia forma parte de la sociedad más allá de las instituciones.

Aseguran que se trata de una iniciativa que tiene su perspectiva en el futuro desde la reivindicación del pasado que representa el período de la Transición y que huye del “sectarismo” que encierra la Ley de Memoria Histórica.

Comunidad Valenciana
Puig y Oltra imponen ahora el examen de valenciano en selectividad a los alumnos castellanoparlantes
María Jamardo okdiario 26 Noviembre 2018

El gobierno valenciano, que preside Ximo Puig (PSOE) en coalición con Mónica Oltra (Compromís) ha eliminado la exención del ejercicio en valenciano en las pruebas de acceso a la Universidad (PAU) para todos aquellos alumnos que no hayan cursado los 3 últimos cursos del bachillerato, íntegramente, en la comunidad autónoma.

La Consejería de Educación de la Comunidad Valenciana vuelve a insistir en la imposición del valenciano. Con esta nueva medida -que revierte, en base a lo previsto en 2016, la situación actual- se produce una evidente discriminación para aquellos alumnos de secundaria que procedan de autonomías diferentes o bien que, siendo valencianos, hayan pasado los años inmediatamente anteriores a su acceso a los estudios de grado superior en el extranjero, por ejemplo.

Hasta la fecha, todos aquellos estudiantes que no hubieran estado matriculados durante 4º ESO y 1º y 2º de bachillerato en centros docentes de la Comunidad Valenciana, o bien que no hubiesen cursado íntegramente la totalidad de dichos cursos en la misma, disponían de una excepción que les permitía examinarse de selectividad sin necesidad de realizar la prueba de la lengua cooficial.

Como novedad para las PAU 2019, el pasado día 23 de octubre, la Consejería de Educación, en manos de Vicent Marzá, publicaba una nota aclaratoria sobre la Orden 43/2012 -reguladora de las exenciones previstas- donde se revocaba dicha excepcionalidad para los casos descritos. Quedando sin efecto la norma que permitía que “el alumnado que se incorpore a un curso de Bachillerato del sistema educativo (…) con materias no superadas de Bachillerato del currículo anterior a su implantación y curse dichas materias según el currículo del sistema educativo anterior, no necesitará superar la evaluación de Bachillerato regulada en la presente orden para acceder a los estudios universitarios oficiales de grado”.

Los padres de los alumnos consideran que esta nueva circunstancia no garantiza la igualdad de acceso a la universidad valenciana ya que supone una barrera hacia los castellano parlantes.

La interpretación restrictiva entró en vigor desde el comienzo del presente curso, en el mes de octubre, y afectará de manera agravada a todos aquellos escolares valencianos cuyos padres hayan tenido que fijar temporalmente su residencia en autonomías sin valenciano o bien los que hubiesen trasladado por tiempo determinado y motivos laborales, o de cualquier otra índole, su domicilio a cualquier ubicación en el extranjero.

Asociaciones de padres por la libertad educativa han puesto de relevancia la nueva barrera que supondrá la nueva imposición lingüística del bipartito de Ximo Puig y Mónica Oltra para todos aquellos padres que lleguen, o regresen, a la comunidad con hijos adolescentes.

El 'brexit' de la sinrazón
Editorial El RUGIDO DEL LEÓN El Espanol 26 Noviembre 2018

Este domingo, los jefes de Estado de los 27 miembros de la UE y la primera ministra británica, Theresa May, han rubricado el acuerdo de salida de Reino Unido en una cumbre extraordinaria celebrada en Bruselas. Es la primera vez en la historia que un país abandona la Unión Europea.

No cabe duda de que el brexit es una calamidad que afecta a ambas partes, además de una mutilación dramática del proyecto europeo que envalentona a los eurófobos del continente. La convocatoria del referéndum en 2016 fue una huida hacia delante del entonces premier David Cameron, y conviene recordar el estrechísimo margen (59,1 % frente a 48,1%) por el que los británicos decidieron abandonar la UE. Es significativo que los defensores más radicales del brexit, de Nigel Farage a Boris Johnson, están desaparecidos hoy de la primera línea política.

Reivindicaciones sobre Gibraltar
De todas formas, con la firma del acuerdo de salida se abre un horizonte incierto e inmediato en el que Reino Unido sufrirá todos los inconvenientes de un Estado miembro de la Unión, y, sin embargo, no gozará ninguna de sus ventajas.

Pero es que el brexit también aboca a España a relanzar las reivindicaciones lógicas sobre Gibraltar, sobre las que nos asisten tanto el Derecho como la Historia y la razón. Una vez que los británicos dejen de ser un Estado de la Europa unida, se hará más flagrante el anacronismo de una frontera en el Peñón.

Tragedia colectiva
Pedro Sánchez ha tenido una oportunidad histórica para poner sobre la mesa las reclamaciones sobre Gibraltar, pero tras los aspavientos y las amenazas de vetar la cumbre del domingo, finalmente optó por transigir y aceptar lo que días antes el Gobierno consideraba "inaceptable". Y eso, además, con el consiguiente desprestigio de la diplomacia española y el descrédito de nuestro país en el ámbito de la UE.

Este brexit de la sinrazón y la demagogia podría desmoronarse, paradójicamente, si el Parlamento británico tumba el acuerdo firmado en Bruselas por demasiado blando y May se ve obligada a convocar unas elecciones en las que podría ocurrir cualquier cosa. Más aún cuando una encuesta de Sky News revela que a día de hoy el 55 % de los británicos quiere otro referéndum del brexit y un 54% está en contra de abandonar la UE.

Gibraltar
Pedro Sánchez se convierte en el hazmerreír de Europa
www.latribunadelpaisvasco.com 26 Noviembre 2018

El presidente español de extrema izquierda, Pedro Sánchez, se ha convertido en el hazmerreír de Europa tras su pretendido "veto" al Brexit hasta que no aclarara la situación de Gibraltar. Hoy mismo, la presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite, ha ironizado sobre la solución hallada sobre Gibraltar para convencer a España de que levantara su voto al acuerdo de salida de Reino Unido y ha explicado que usaron el "truco" de "prometer".

"Normalmente tenemos algunos trucos, estoy bromeando: Prometimos prometer", ha declarado Grybauskaite a la prensa en Bruselas, a su llegada a la cumbre europea en la que los jefes de Estado y de Gobierno adoptarán el acuerdo de divorcio. Al ser preguntada por si entonces las declaraciones de la UE y Reino Unido que reconocen el poder de veto de España sobre acuerdos futuros que puedan beneficiar a Gibraltar, la primera ministra lituana ha matizado sus palabras. "No, no, normalmente, cuando prometemos cumplimos tarde o temprano".

Según Grybauskaite, un divorcio no implica "nada bueno para ninguna de las partes" y ha explicado que tras este primer paso que hace "realidad" el inicio del proceso de la desconexión, queda por ver "qué camino" toma Reino Unido para culminar este viaje.

En su opinión, a partir de ahora se pueden dar "al menos cuatro escenarios" entre los que Londres tendrá que elegir: dejar las cosas como están, volver a ofrecer a los ciudadanos votar sobre el Brexit, convocar elecciones o "pedir una nueva negociación".

Unas horas antes, el presidente español había cantado victoria: "Estamos en una posición de fortaleza como nunca hemos estado en estas décadas de pertenencia a la UE para poder negociar la cuestión de Gibraltar con Reino Unido. Y eso permitirá, en esta fase que arranca ahora, hablar de todo, incluyendo el asunto de la soberanía".

Vox aparece en Andalucía gracias a Aznar
Marcello Republica 26 Noviembre 2018

Fueron el PSOE de Zapatero, con su ruinosa gestión de la crisis económica de 2008 y la apertura del desafío catalán, y los escándalos de la corrupción del PP los que dieron pie y alas al nacimiento de Podemos y la llegada de Cs a la política nacional, con el fin del bipartidismo del PSOE y del PP que dominó el tiempo de la Transición.

Y ahora estamos asistiendo a la llegada a la política nacional de un ‘quinto jinete’ llamado Vox. El partido ultra conservador que dirige Santiago Abascal que, subido a lomos del golpe de Estado catalán, tras la debilidad de los gobiernos de Rajoy frente a los golpistas y con su corrupción multipolar, y que gracias a los continuos ataques de Aznar a Rajoy, se está haciendo sitio a la derecha del PP partiendo en tres mitades el centro derecha español.

Y parece que lo de Vox va en serio y en menoscabo del PP tal y como se aprecia en los últimos sondeos electorales de los comicios andaluces del próximo domingo 2 de diciembre. Sondeos donde se dice que Vox puede lograr hasta un 6 % de votos y entre 1 y 4 escaños, lo que de confirmarse sería una pésima noticia para Pablo Casado y para el PP.

Y no solo en Andalucía, porque si se confirma el despegue de Vox en el Sur cabe esperar que las elecciones nacionales venideras, generales, europeas y municipales, Vox podría pasar la barrera del 10 % del electorado nacional, siendo el PP el partido más dañado por esa ‘intromisión’.

Y si además en los comicios andaluces se confirma el ascenso importante de Cs entonces el PP sufrirá mucho por el flanco conservador y también por el centro. Y en ese caso Albert Rivera aparecerá como líder del segundo (o incluso primero, si Sánchez se debilita) partido nacional por delante del PP.

Ahora bien no cabe la menor duda de que el principal impulsor de Vox en la derecha española ha sido y es José María Aznar, acusando a Rajoy como lo hizo en los últimos años sin piedad, de abandonar sus responsabilidades constitucionales en Cataluña y también los ‘principios y valores’ del centro derecha español.

Un Aznar que tampoco oculta sus simpatías por Cs y que apoyó a Pablo Casado frente a Soraya Sáenz de Santamaría (la candidata de Rajoy) en el último Congreso del PP donde hace unos meses eligió a Casado como el sucesor de Rajoy.

Pero las intrigas de Aznar contra Rajoy han acabado favoreciendo a Cs y a Vox hasta el punto que algunos analistas no han dudado en comparar el declive del PP (ya convertido en una dramática realidad en Cataluña) al que fue el hundimiento de la UCD al inicio de la Transición tras la dimisión de Adolfo Suárez a quien traicionó el sector más conservador de la UCD, el partido que Suarez fundó y presidió.

Puede que la crisis del PP no sea tan drástica y fulminante como lo fue la de UCD sobre todo por la proximidad del calendario electoral en ciernes. Pero el deterioro del partido que ahora lidera Pablo Casado parece una imparable realidad de la que tendremos noticias el próximo domingo 2 de diciembre en Andalucía cuando se abran las urnas y se levante el telón.

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De cómo el nacionalismo ha tejido su red para la destrucción de España (I)
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 26 Noviembre 2018

Inicio una serie de artículos con un tema especialmente importante para analizar cómo los nacionalistas han ido elaborando una estrategia de ruptura con España con el sigilo y la paciencia de quien establece un plan perfectamente elaborado para destruir nuestra nación milenaria. Lamentablemente, la izquierda ha sido colaboradora activa en ese plan, especialmente en este tenebroso momento de la historia en el que vivimos, aunque no siempre ha sido así. Antes del actual periodo constitucional la izquierda tenía un plan para España que no pasaba por su desmembramiento sino por la construcción de un Estado marxista leninista o estalinista en caso más extremo o un socialismo autogestionario en el menor. Tras la caída de los regímenes soviéticos todo ha cambiado, y nacionalistas y marxistas de nuevo cuño, con el modelo gramsciano de hegemonía cultural como pauta, están tras el diseño de la descomposición de una España que ha pervivido a múltiples episodios críticos en su historia.

El modelo que describo tiene como elemento de estudio a los nacionalistas vascos, pero ese sistema puede extrapolarse a cualquier otra expresión de secesionismo, de los varios que pululan en nuestro escenario nacional; y constituye un verdadero paradigma para entender los actuales fenómenos localistas identitarios.

La dinámica estratégica la definió perfectamente Eleizalde -prohombre nacionalista- en 1910, con estos términos:
“Las etapas que debe recorrer todo nacionalismo normal, y por tanto el nuestro son estas tres, y por este mismo orden cronológico:

Primero, la etapa social y cultural, en la que se va despertando y arraigando la conciencia de la nacionalidad, y se va elaborando el programa socio-político que contiene las aspiraciones de la nacionalidad renaciente. Esta es la etapa fundamental, la etapa de las escuelas, de las academias y ateneos, de las publicaciones científicas y literarias, de las cooperativas obreras, de los congresos de estudios, de las semanas sociales, etc. Viene a continuación, aunque sin cerrar la primera que sigue subsistiendo, la etapa política, durante la cual el nacionalismo, por medio de sus representaciones parlamentarias y administrativas, trata de incorporar a la vida pública el conjunto de soluciones estudiadas y elaboradas durante la etapa anterior. Esta segunda es la etapa de las elecciones, de los mítines políticos y de todo el movimiento que esta clase de actuación trae consigo. Finalmente, y subsistiendo las dos primeras etapas llega la final, la del triunfo completo y pleno dominio, el cual será tanto más estable y sólido cuanto más a conciencia se haya trabajado en las etapas anteriores”.

Ese ha sido el caballo de Troya del nacionalismo durante el siglo XX y lo que llevamos del XXI: la cultura, la educación y la lengua como principal herramienta.

En 1908 hubo un hito preliminar en un manifiesto en el que el PNV expresaba: “[…] (el PNV) procurará fomentar la solidaridad más firme entre los pueblos e individuos de raza vasca, en todos los órdenes de la vida, mediante la sólida enseñanza del pasado y del presente en Euzkadi, y la educación sinceramente patriótica de sus hijos, hasta lograr crear en nuestra tierra un ambiente en que sólo pueda desarrollarse lo netamente vasco” Ya se ve, claramente, la intención de utilizar la escuela con un objetivo primordial: el adoctrinamiento racista para configurar un imaginario nacionalista totalitario.

Ya se había perfilado el camino hacia ese enfoque adoctrinador de las masas aborregadas vascas por el fundador del nacionalismo, Sabino Arana, remontándonos a unas pocas décadas anteriores, cuando decía lo siguiente: “La mayor desgracia del bizkaino [sic] no es la relajación de sus costumbres, ni la extinción de su lengua, ni la corrupción de su raza, ni la invasión maketa; ni siquiera la esclavitud a que le ha reducido el español. No: la desgracia más grande del bizkaino es el no conocer a su Patria; que si la conociera, fácilmente evitara aquellas otras, que son natural consecuencia de esta incomprensible ceguera”. Entiéndase por bizkaino lo que entendía Sabino Arana por vasco de pura cepa.

Por eso Sabino Arana alumbraba un odio atávico a lo extraño a la patria poblada de elementos racistas, en especial a los maestros no “asimilados al sistema” en términos pergeñados en los años ochenta de una centuria después por los profetas herederos del padre del nacionalismo vasco. Decía que “Les aterra el oír que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah, la gente amiga de la paz…! Es la más digna del odio de los patriotas”. Los discípulos del totémico engendrador del nacionalismo supieron recoger tan referencial doctrina e hicieron la purga que ha dado lugar a la actual “Escuela vasca”, entendida como excluyente y eliminadora de elementos contaminantes exógenos. Hay que entender aquel contexto en el que las escuelas empezaban, a comienzos del siglo XX, a poblarse de maestros venidos de fuera del País Vasco debido al primer intento serio de estructuración de un sistema educativo nacional como eje vertebral del Estado Liberal de tan azarosa conformación durante el siglo XIX, contaminado de tensiones entre el Antiguo Régimen de orientación absolutista y el nuevo liberal. Los maestros, para Sabino Arana y sus sucesores eran un elemento fundamental para el control ideológico de la población y para la extensión de los fundamentos doctrinales de la Patria vasca.

De esta guisa el nacionalismo concebía una pedagogía cuyo único fin y destino es la toma de conciencia del pueblo vasco de su pertenencia a una nación de nuevo cuño para la recuperación de una pretendida independencia perdida cuyo origen en los tiempos eran las guerras carlistas y los fueros medievales; es decir el pacto entre la corona, entendida como monarquía absolutista y los vascos, sin instancias intermediarias. Arzallus, mucho más tarde, recogió de forma casi idéntica la fórmula, en la elaboración de la nueva Constitución del 78, dando lugar a la Adicional I de la Constitución Española. Sin embargo, el líder nacionalista y sus seguidores no aceptaron el pacto constitucional pues entendían, que no debía haber una instancia intermedia entre los vascos y la Corona, es decir, una Constitución y un Parlamento donde se expresara la soberanía del pueblo español, sino poner por encima de las instituciones el acuerdo directo entre los vascos, entendida como soberanía autónoma y la propia Corona, como si esta fuera un ente absoluto al igual que en el Antiguo Régimen. Parece mentira que eso fuera así en pleno siglo XX, pero así se contemplaba en el análisis posterior -presuntamente redactado por el burukide nacionalista- a la proclamación de la actual Constitución.

“La Constitución [decía dicho análisis] contemplaba el reconocimiento de los derechos históricos vascos y la actualización de común acuerdo entre el Gobierno Central y las instituciones forales, pero lo que el gobierno no quería admitir era un ‘techo’ de posible actualización que no fuera el definido por el capítulo [sic] 8º referido a las autonomías, ante lo cual nosotros contestábamos que el reconocimiento que se proponía resultaba meramente formal, ya que no implicabas mayores niveles de autonomía respecto a las comunidades que carecieran de derecho históricos conculcados”. Es evidente que hablar de derechos históricos sin aceptar que otros también los tuvieran era una visión sectaria y mezquina, como también que reivindicar unos derechos llamados históricos tenía el mismo valor que volver a tiempos pretéritos sin aceptar la evolución de las comunidades y la historia. Es decir, una visión casposa y retrógrada de los tiempos políticos.

La conclusión para los nacionalistas fue que “[…] con ello el concepto de unidad que resulte de la Constitución es también distinto al sostenido por el Partido, que se basa en la unión voluntarista de los diversos pueblos y en la solidaridad que deben presidir entre ellos.

Un aspecto positivo que cabe destacar es la admisión del término nacionalidades, si bien en el transcurso de los debates constitucionales han quedado desvirtuados[…] al referirse en el mismo artículo en que se produce esta admisión la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Quedaba así clara la vocación separatista del nacionalismo vasco y la deslealtad con el Estado y con la Constitución que tanta generosidad mostraba con unos nacionalismos que han tratado en todo momento y lugar, y cuando hubiera oportunidad para ello, volatilizar esa unidad preservada en el texto constitucional. Quedaba marcado el transito del nacionalismo hacia la ruptura, al no aceptar la unidad de España y la solidaridad entre los españoles.

Cataluña impone su propaganda en las universidades de EEUU mientras España jubila a los hispanistas

Daniel Ramírez El Espanol  26 Noviembre 2018

Nuestro país cuenta con alrededor de 20 cátedras de Historia en Norteamérica frente a las más de 200 de Francia o Alemania.
"Si las grandes empresas y el Estado siguen sin invertir, pronto no quedará ni una sola", coinciden los investigadores entrevistados.
Según el informe al que ha tenido acceso este periódico, todas las cátedras españolas son ordinarias, y no a perpetuidad: "Desaparecen cuando se jubila quien las dirige".

Un dato desnudo, sin adjetivos: en Norteamérica existen alrededor de veinte cátedras de Historia de España. Francia y Alemania cuentan, cada una, con más de doscientas. Para más inri, todos los puestos académicos dedicados a la memoria de nuestro país pueden desaparecer cuando se jubilan los catedráticos que los ostentan. Stanley G. Payne, por ejemplo, dejó su posición en Wisconsin-Madison y nadie le ha sustituido. Lo mismo ocurrió en la Universidad de Toronto, que cuenta con una de las mejores bibliotecas hispánicas del mundo. ¿Por qué? Dinero. Nadie lo invierte y, mientras tanto, la difusión de la Historia española en Estados Unidos y Canadá languidece camino de la evaporación.

Esto contrasta, según explica un historiador norteamericano a este periódico, con “la eficacia de grupos étnicos y nacionalistas” que sí destinan, empresarial y gubernamentalmente, un grueso presupuesto a la transmisión de la Historia. Este miembro de la Association for Spanish & Portuguese Historical Studies (ASPHS) –cuyos informes recogen los datos mencionados– destaca, entre otras, la apertura de tres cátedras por parte de la Generalitat de Cataluña: Universidad de Chicago, Stanford y City University of New York.

No se trata de ideología, sino de rigor, cuenta a este diario Antonio Cazorla, investigador radicado en Canadá: “El estudio de la Historia de España se está desvaneciendo. Eso conlleva una degradación de la imagen del país. En los medios norteamericanos proliferan las opiniones mal formadas. El sectarismo encuentra su espacio en el debate público. Las leyendas negras y los clichés son posibles por culpa, principalmente, de la muerte de nuestras cátedras”.

Pero, ¿por qué cuando un catedrático se jubila no hay otro que le sustituya? Existen dos tipos de cátedras: las dotadas y las ordinarias. Las primeras se financian con un dinero externo a la universidad y eso garantiza su perpetuidad. ¿Cuántas de éstas dispone la Historia española en Norteamérica? Ninguna. Las ordinarias desaparecen con el retiro de quienes la dirigen. “Por eso nuestra enfermedad, si nadie invierte, seguirá siendo terminal”, dice Antonio Cazorla.

"Pronto no habrá ninguna en EEUU"
Todavía durante el mandato de Mariano Rajoy, decenas de historiadores redactaron una carta para dar cuenta de esta realidad al Ejecutivo: “Sabemos que llegó al ministerio de Educación y Cultura, dirigido por Méndez de Vigo, pero no hubo respuesta”. A continuación empezó una negociación con Marca España, donde entonces mandaba Carlos Espinosa de los Monteros, pero la moción de censura paralizó las conversaciones. Una delegación de historiadores desembarcó recientemente en Madrid para reanudar la charla con Irene Lozano, nueva responsable de Marca España: “Estamos muy contentos porque ha mostrado un gran interés”.

De la veintena de cátedras de Historia de España, sólo dos forman nuevos doctores: University of California-San Diego y York University (Toronto). Las ubicadas en Georgetown University y New York University son “rotatorias”. “Se utilizan para estancias en el extranjero, pero esos profesores están un año y se van. Además, el dinero que ganan no les permite vivir cómodamente en una ciudad como Washington”, narra otro historiador que ejerce en Norteamérica. “Ahora mismo la realidad es esa: pronto no habrá ni una sola cátedra de Historia de España ni en Estados Unidos ni en Canadá”.

Miembros de la ASPHS reiteran la “pluralidad” de su asociación: “Por nuestras cátedras pasan todo tipo de doctores. Nacionalistas, constitucionalistas…”. Pero el funcionamiento, por ejemplo, de las abiertas por la Generalitat “es absolutamente paralelo”, “no hay ningún tipo de sinergia”, “van a lo suyo”.

La ASPHS reconoce un “declive general de las Humanidades”, pero las cifras demuestran que en nuestro país es mucho más pronunciado que en el resto de Europa. La comunidad griega, por ejemplo, ya ha lanzado seis cátedras dotadas –a perpetuidad– en Norteamérica. ¿España? Ninguna.

Véase la lista de reputados catedráticos recientemente jubilados y nunca sustituidos: Edward Malefakis (Columbia University), Gabriel Jackson (UC-San Diego), Richard Herr (UC-Berkeley), Stanley G. Payne (Wisconsin-Madison)…

“Los grupos nacionalistas y étnicos tienen cada vez más influencia en el mundo de las ideas norteamericano. Un poder que España está perdiendo”, concluye otro de los autores del informe de la ASPHS.

¿Cuánto dinero cuesta una cátedra?
Pero, ¿cuánto cuesta una cátedra? ¿Cómo se articularía la inversión? Las fuentes consultadas mencionan dos opciones. La primera, de más calado, rondaría los cuatro millones de euros y funcionaría de la siguiente manera: esa cantidad se ingresaría en una suerte de depósito fundacional en la universidad destinataria, que generaría, aproximadamente, un 4% de intereses cada año. Con esos 160.000 euros resultantes se podría mantener la cátedra: 120.000 para el salario del doctor –sería alguien de gran prestigio, con el suficiente como para atraer tesis y alumnos–, 30.000 para becas y 10.000 para investigaciones y actividades.

La segunda alternativa costaría la mitad: 2 millones de euros. Pero tendría un impacto y una influencia considerablemente menor. El doctor o doctora al frente sería “junior” y los intereses generados por el fondo, lógicamente, se verían reducidos a la mitad. Alcanzarían los 80.000 euros anuales, de los cuales 70.000 se destinarían a los salarios y 10.000 a actividades e investigaciones. La atracción de tesis y estudiantes nada tendría que ver con la del primer modelo.

“Nuestras sensaciones tras reunirnos con el actual Gobierno son buenas. Parece que quieren movilizar a las grandes empresas con fuerte presencia allí y a las entidades públicas. Ojalá lo consigamos y recuperemos algo de oxígeno”, reseña Cazorla.

El PSOE de La Rioja «patinó» con el euskera por agradar a Sánchez

Los socialistas riojanos defienden a capa y espada cualquier propuesta de Moncloa
Enrique Delgado Sanz. Víctor Ruiz de Almirón. ABC 26 Noviembre 2018

Si hay una premisa clara en política es que hay que hacer caso al jefe. Y en el PSOE de La Rioja se lo tomaron al pie de la letra. Así se explica el lío en el que los socialistas riojanos se metieron con su propuesta de equiparar el castellano y el euskera a nivel cultural e histórico en el nuevo Estatuto de Autonomía. Al incluir hasta tres menciones al vascuence en sus enmiendas sobre el nuevo texto normativo, el PSOE riojano procuró apuntarse un tanto con el jefe, Pedro Sánchez, inmerso en una estrategia de concesión de competencias a las autonomías tras el desafío soberanista en Cataluña.

«El gallego, euskera y catalán son idiomas de los que nos sentimos muy orgullosos en una España plurilingüe, plurinacional y pluricultural», publicó el presidente del Gobierno en Twitter un 14 de abril de 2017 y en La Rioja tomaron buena nota. Unos meses más tarde, el 7 de julio de ese año, la portavoz parlamentaria, Concha Andreu, propuso lo siguiente al resto de diputados autonómicos: «¿Qué mejor que organizar un proyecto plurilingüe desde la pluralidad política».

La idea no sólo no se le fue de la cabeza, sino que germinó meses después. Andreu, en el discurso que el pasado fin de semana, nada más ser nombrada por el propio Sánchez como candidata a la Presidencia autonómica, avanzó ante los suyos que quería convertir a La Rioja en «tierra de convivencia lingüística». Sus palabras tuvieron lugar apenas cuatro días después de que el grupo parlamentario del PSOE en el Senado registraran una enmienda -alineándose con Podemos- en la que abogaban por incluir de manera opcional en el currículum educativo de la ESO y Bachillerato el estudio básico de una «segunda lengua española».
Volantazo

Una vez que ABC destapó la noticia, el debate se abrió en La Rioja –tanto a nivel social como político– y rápidamente, los distintos grupos políticos censuraron la propuesta del PSOE. En el PP, que ostenta el Gobierno regional, fueron los más críticos. «No daba crédito cuando vi las enmiendas», reconoce Jesús Ángel Garrido, portavoz de los populares en el parlamento de La Rioja quien es buen conocedor del trabajo que allí realizaba desde hace meses en un grupo de trabajo –con representación de todos los partidos– encargado de avanzar en la reforma del Estatuto.

Esta ponencia de trabajo surgió por la insistencia de Ciudadanos en aras de la regeneración democrática y, según el portavoz popular, no se realizó ninguna consideración a la hora de equiparar en términos de «acervo histórico y cultural» el euskera con el castellano. «Para nada se habló del euskera», repite Garrido, quien expone que los socialistas «no midieron» al redactar las polémicas enmiendas, aunque valora la rectificación del PSOE que, tres días después de que estallara el escándalo, confirmó la retirada de las alusiones al euskera por medio de su secretario general en la región, Francisco Ocón.

Este diario ha intentando conseguir, sin éxito, una explicación de Concha Andreu, impulsora de la alusión euskérica y candidata del PSOE en La Rioja. Allí, por cierto, las relaciones con Sánchez, al margen de este «patinazo» con el euskera, siempre han sido estrechas. En la primera etapa del actual Presidente como secretario general, el líder de los socialista riojanos, César Luena, fue su mano derecha. Ya en la segunda etapa de Sánchez, Ocón consiguió la Secretaría General en La Rioja con la vitola de «candidato oficialista» después de ser el secretario de Organización del propio Luena, una vez este cayó en desgracia tras apoyar a Patxi López en ls primarias y abandonar a Sánchez.


 


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