AGLI Recortes de Prensa   Lunes 3  Diciembre 2018

Andalucía vota España
EDITORIAL Libertad Digital  3 Diciembre 2018
Si cualquiera de los tres partidos necesarios para el pacto se resiste a este acuerdo el castigo que recibirá en próximas elecciones será descomunal.

El resultado de estas elecciones andaluzas es absolutamente histórico: nada más y nada menos que 36 años han tenido que pasar para que el PSOE perdiese un poder en la Junta que ha ejercido de forma omnímoda, sin que nada escapase a su control ni pudiese zafarse de la tela de araña de corrupción y clientelismo que los socialistas han tejido durante décadas.

Nada justificaría, de ningún modo, desaprovechar una oportunidad así que sólo se ha presentado una vez en cuatro décadas. Si cualquiera de los tres partidos necesarios para el pacto -PP, VOX o especialmente un Ciudadanos que siempre se ha mostrado más reticente al acuerdo con el partido de Santiago Abascal- se resiste a este acuerdo el castigo que recibirá en próximas convocatorias electorales será descomunal. Favorecer que el corrupto PSOE siga gobernando en la abandonada Andalucía -aunque fuese con Juan Marín como presidente- sería, simple y llanamente, un suicidio político. Las meras dudas que ya está mostrando el partido naranja pueden tener un coste elevadísimo para los de Rivera.

Y es que, además, no es posible ignorar que este resultado tiene una lectura que va mucho más allá de Despeñaperros: como ya hemos advertido en Libertad Digital a partir de estallido del golpe de estado separatista todas las elecciones que se vayan a celebrar en España tienen, sea cual sea su ámbito territorial, una lectura evidente en clave nacional. Y así ha sido en esta ocasión: los andaluces han votado para cambiar un gobierno corrupto e ineficaz que les mantiene desde hace décadas a la cola de Europa, pero también para enfrentarse al frente popular comunista-separatista con el que Pedro Sánchez ha llegado al poder y que es una amenaza existencial para España y para el régimen de libertades que los españoles nos dimos en 1978, tal y como el electorado andaluz ha entendido con claridad.

Sólo eso explica el impresionante resultado de VOX, un partido que hace unas semanas ni siquiera tenía claro si presentarse o no a estas elecciones y ha obtenido nada más y nada menos que un 11% de los votos y un grupo parlamentario de 12 escaños, un éxito de una contundencia que hasta ahora nunca había logrado ningún partido en la primera ocasión en la que obtenía representación parlamentaria.

La gente ha votado a VOX porque ha puesto sobre la mesa de la campaña asuntos que hasta ahora estaban vedados por el dominio de la izquierda del debate público, sí, pero sobre todo porque los de Santiago Abascal han logrado aparecer como el partido que menos dudas despierta respecto a su convicción y su capacidad para defender la nación española y las libertades que a ella van intrínsecamente unidas.

El resultado es, por tanto, un aldabonazo que va a resonar en toda España y que avanza lo que pueden ser y lo que deben ser las elecciones a partir de ahora, porque este domingo los andaluces han demostrado que dos cosas que hasta ahora se creían imposibles no lo son: derrotar al PSOE en Andalucía y que el centro derecha se imponga con claridad en unas elecciones a pesar de presentarse dividido no ya entre dos, sino entre tres fuerzas políticas diferentes.

Andalucía ha votado España y, a partir de ahora, muchas más regiones, pueblos y ciudades van a hacer lo propio. Y lo mismo ocurrirá cuando lleguen unas generales que Pedro Sánchez no podrá retrasar por siempre y tras las que tendrá que abandonar la Moncloa y su querido Falcon.

Un cambio muy de fondo
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS Libertad Digital  3 Diciembre 2018

Siendo importante, para algunos inimaginable, la destrucción del poder de la Junta socialista de Andalucía y sus eternos socios comunistas, que estaban a punto de superar los 37 años de franquismo y se han quedado en 36, me parece más importante el mapa político que dibuja para las elecciones generales, coincidan o no con las autonómicas, municipales y europeas de mayo. ¿Qué sería lo esencial en ese cambio? A mi juicio, la caída de las izquierdas y el alza de las derechas, o del centro y las dos derechas, o del centro-izquierda, el centro-derecha y la derecha dura, o sea, Vox. Y la gran novedad es precisamente la irrupción de este partido, tan machacado por los medios y al que, de creer a muchos opinadores, sólo puede votar gente mú mala. Está claro que, como en otros países, hay gente que vota contra los medios y contra la tiranía de lo políticamente correcto.

Pero lo esencial en este jaque a la hegemonía de la izquierda es la cuestión nacional. Tanto Podemos como el PSOE han apostado todo su futuro a la liquidación del régimen constitucional del 78 y a la apertura de una etapa de destrucción sistemática del Estado y de trituración total de la nación española. Esa España que "no puede nombrar" Pablo Iglesias. Pero no ha sido un volantazo de última hora, una pirueta mortal por la ambición desnortada de Pedro Sánchez sino la continuación del guerracivilismo que proclamó Zapatero en el discurso de investidura, hijo del 11-M. En rigor, su política de pacto con la ETA y de cordón sanitario contra el PP era la continuación del Frente Popular de 1936, empeñado en echar de la política a media España, la católica y de derechas, para implantar una dictadura al modo soviético. Porque desde el golpe de 1934 quedó descartada la fórmula excluyente, pero no genocida, copiada de la masónica de México, que representaba Azaña y fingía representar Prieto. Provocaron la guerra civil seguros de ganarla y por demérito suyo y, sobre todo, mérito del bando nacional, la perdieron. ZP quiso reeditar la guerra civil y ganarla simbólicamente, actualizándola con pactos como los del Tinell, hijo del de Perpiñán, con sus socios favoritos: PNV, ERC y ETA.

Pues bien, ayer fue derrotada en Andalucía la corrupción sociata y, sobre todo, esa política de destrucción de España, asumida por la Izquierda. ¡Qué cambio!

VOX y las tres derechas
José García Domínguez Libertad Digital  3 Diciembre 2018

Que España fuese junto con el otro país de la Península Ibérica, Portugal, el único lugar de Occidente, el único, donde no hubiera irrumpido aún en escena alguna fuerza política de derecha populista (de algún modo hay que llamarla) confrontada a la tradicional constituía una anomalía que, más pronto que tarde, el simple paso del tiempo se iba a encargar de corregir. Y eso es lo que, aquí y ahora, acaba de suceder en Andalucía. Al igual que Podemos y que Ciudadanos, VOX, esa última esquirla desprendida de la explosión terminal del bipartidismo, ha venido para quedarse. Como los otros dos recién llegados, tampoco va a ser flor de un día. A partir de ahora mismo, pues, procede empezar a considerar como un rasgo permanente de la derecha política española el hecho de su fragmentación en tres obediencias partidarias confrontadas entre sí. Desde su reunificación en la década de los noventa, cuando José María Aznar logró convertir al Partido Popular en unas siglas ómnibus, en un gran paraguas electoral capaz de agrupar bajo una misma obediencia al heterogéneo espectro sociológico que iba desde los últimos residuos de la extrema derecha añorante del franquismo hasta una franja nada desdeñable de electores fluctuantes e intercambiables con el PSOE, nadie había osado disputar la hegemonía en ese espacio, el del centro-derecha, al PP. Pero la Gran Recesión, primero, y la final deriva insurreccional de los catalanistas, después, se encargaron de crear las condiciones necesarias para que antes Ciudadanos y ahora VOX rompieran finalmente ese monopolio.

Novísima partida a tres bandas, la que a partir de ya comenzará a jugar la derecha en todas las citas electorales por venir, ante la que procedería ir desprendiéndose de la muy voluntarista quimera de que dividir equivale a multiplicar. Porque dividir, aquí y en Lima, solo equivale a dividir. Ni a sumar ni a multiplicar, solo a dividir. De idéntico modo a lo que sucedió en el ámbito de la izquierda tras la irrupción de Podemos, VOX, al menos en su actual posicionamiento programático, no va a evitar que en el conjunto del espectro de la derecha se produzca un juego de suma cero. Hoy y en España, la derecha, al igual que la izquierda, es un bloque pétreo. Un bloque siempre igual a sí mismo, que ni se expande ni se contrae, y que solo se altera internamente al cambiar los pesos relativos de sus tres componentes partidistas. Así las cosas, todo lo que gane VOX a partir de este instante lo van a perder el PP y Ciudadanos. Y viceversa. Porque, al menos de momento, la fantasía de la transversalidad es solo eso, una fantasía infundada. La de transversalidad, recuérdese, fue la carta que quiso jugar Podemos en primera instancia, cuando se presentaba como una alternativa del pueblo contra el establishment ajena a la divisoria izquierda-derecha. Pero el arraigo, tan profundo, del esquema clásico entre los electores les obligó al poco a reposicionarse como lo que en realidad siempre fueron: un grupo a la izquierda de la izquierda.

Podemos, que lo intentó con ahínco, no pudo. Ciudadanos, que se presentó en sociedad apelando a etéreas raíces progresistas y a una no menos etérea centralidad equidistante, no esperaría ni dos años antes de lanzarse a competir en los caladeros de la derecha tradicional, la pura y dura de toda la vida, con el Partido Popular. O sea, que tampoco le resultó posible mantenerse por demasiado tiempo morando en el limbo de la indeterminación. Y VOX, que en primera instancia vindica las viejas esencias doctrinales orilladas por Génova, no va a correr una suerte distinta en las urnas. A VOX, que no oculta su condición de derecha de la derecha, le va a votar la derecha de la derecha. La derecha de la derecha, pero nadie más. Al menos de momento. Porque la ruptura del pacto social implícito que regía en el Occidente desarrollado, tanto en Europa como en Estados Unidos, tras la generalización de los flujos migratorios y los efectos de la Gran Recesión sobre las viejas clases medias ha llevado, sí, al surgimiento de multitud de siglas asociadas a eso que hemos convenido en designar como derecha populista o nueva derecha, pero únicamente dos de esos nuevos actores, el Partido Republicano de Trump y el Frente Nacional de Le Pen, ha roto la maldición de los juegos de suma cero. A Trump, es sabido, le votan, y con entusiasmo, los obreros industriales de mono azul. Y a Le Pen, no es menos sabido, todos los antiguos distritos de Francia donde el Partido Comunista impuso su ley durante más de medio siglo. Pero ni al uno ni a la otra les votan porque sí. A Trump lo apoyan porque ha roto el tabú impronunciable del proteccionismo. Y a Le Pen por lo mismo, si bien en el marco europeo. La lección es clara: la transversalidad solo se logra poniendo en cuestión los principios más intocables y sagrados de la ortodoxia económica, que es justo lo que ha hecho Trump y también quiere hacer Le Pen. Única y exclusivamente haciendo eso. ¿Se atreverá VOX?

Vuelco histórico; salida compleja
Editorial. vozpopuli   3 Diciembre 2018

El Estado autonómico fue concebido por los padres de la Constitución como un proceso de descentralización, de reparto más equilibrado del poder y de involucración de todos los territorios de España en el nuevo proceso democratizador iniciado en 1978. Fue una buena idea, pero su maduración ha puesto de manifiesto algunos problemas de no poca envergadura que tienen su origen en la propia concepción del modelo, siendo el principal de todos el provocado por el reparto desigual de los poderes delegados a las regiones por parte del Estado.

El paso del tiempo ha demostrado que la existencia, en términos competenciales, de comunidades de primera y de segunda, lejos de servir para sosegar al supremacismo nacionalista lo ha exacerbado. Más aún: en estos 40 años, en muchos casos el nacionalismo ha utilizado los instrumentos legales cedidos por el Estado de forma desleal, anteponiendo a cualquier otro objetivo el del control absoluto del poder.

De este modo, han sido las comunidades llamadas “históricas” las que han protagonizado las mayores tensiones políticas y sociales, dañando de un modo irreparable la convivencia mientras extorsionaban a los sucesivos gobiernos nacionales. Ha sido en esas comunidades donde, salvo períodos excepcionales, se ha producido el mayor deterioro de la calidad de la democracia; donde una de las prácticas más saludables en un sistema de libertades, la alternancia en el poder, se ha convertido en una rareza extraordinaria.

Hoy, cuatro décadas después, aquel experimento que parecía buena idea hace aguas por todas partes. Y no tanto porque el argumento de que la gestión de determinadas competencias requiere de la máxima cercanía al ciudadano haya perdido vigencia, sino debido al uso desleal o en beneficio propio que en demasiadas ocasiones se ha hecho de esas atribuciones. Hoy, hay comunidades autónomas que, desde un punto de vista democrático, se han convertido en una anomalía. Y una de ellas, por motivos no necesariamente idénticos a Cataluña y País Vasco, es Andalucía.

Andalucía es uno de los ejemplos más flagrantes de cómo el clientelismo, propiciado en buena parte por el desistimiento de los gobiernos de la Nación, contamina la democracia hasta hacerla irreconocible. No hay otra razón plausible que explique la permanencia ininterrumpida, ¡durante 37 años!, del mismo partido al frente del gobierno regional. El PSOE andaluz hace tiempo que dejó de ser un instrumento al servicio del pueblo - como siempre reclamó que fuera Ramón Rubial- para convertirse en una gigantesca “agencia de colocación”, en una descomunal maquinaria puesta prioritariamente al servicio de la conservación del poder.

Sólo así puede entenderse que el PSOE-A siga siendo el primer partido de Andalucía. Y sólo desde la constatación de que esa supremacía, junto a su consecuencia más corrosiva, la corrupción, ha sido una pesada rémora para el progreso de los andaluces, se explica el vuelco político decidido ayer por los electores; vuelco en el que la decepción y el desencanto de los ciudadanos para con políticos e instituciones, traducido en una muy elevada abstención (la segunda más alta desde el 44,6% de 1990), ha propiciado la irrupción de opciones radicales en lo que parece un contundente anticipo de lo que puede ocurrir en próximas citas electorales.

Y a la muy discutible y discutida gestión de los socialistas andaluces, traducida por ejemplo en niveles inmorales de paro y datos bochornosos de fracaso escolar, ha de añadirse el negativo impacto que ha tenido en un debate con marcado acento “nacional” el descrédito creciente de un Gobierno, el presidido por Pedro Sánchez, que, con su permisiva política en materia de inmigración y la patética forma en la que en plena campaña ha manejado el asunto de Gibraltar, ha favorecido el discurso más extremista.

Pero los socialistas no son los únicos responsables del éxito obtenido por la derecha extrema de VOX. La vacilante y acobardada respuesta del PP de Mariano Rajoy al golpe protagonizado por el independentismo catalán ha sido una herencia de difícil digestión para Pablo Casado, que a pesar de todo salva los muebles al evitar el “sorpasso” de Ciudadanos y tendrá en mayo la oportunidad de asentar su liderazgo.

Tiempo habrá de análisis más profundos de los resultados, pero una lectura urgente de los mismos dibuja un panorama cuyas variables conducen a un mismo destino: el electorado va a exigir que no se desaproveche la única oportunidad que se ha presentado en la historia de la autonomía de apartar al PSOE del poder.

Este es el principal mensaje que envían las urnas el 2-D, pero hay otros de singular relevancia:

1.- El PSOE saca el peor resultado de la historia. Pierde más de 400.000 votos y 14 escaños. En resumen, una catástrofe que debería provocar la dimisión de Susana Díaz y manda a Pedro Sánchez un serio preaviso de lo que le espera en mayo. Lo más preocupante es que el presidente del Gobierno puede tener la tentación de atrincherarse en La Moncloa y esperar a un improbable cambio del viento antes de convocar elecciones generales.

2.- El PP vuelve a retroceder, dejándose más de 300.000 papeletas en el camino, pero Pablo Casado sale reforzado de la prueba. No sólo no ha habido “sorpasso”, sino que el candidato popular, Juan Manuel Moreno, sigue siendo el segundo más votado y es quien más posibilidades tiene de ser el próximo presidente de la Junta. Un resultado por el que nadie en el PP hubiera apostado un euro al inicio de la campaña.

3.- Ciudadanos consigue un magnífico resultado (prácticamente duplica el número de votos), pero se queda con una sensación parecida a cuando ganó las elecciones catalanas. Aspiraba a superar al PP y ese probablemente ha sido su principal error táctico. En todo caso, es la llave de casi todo lo que se pueda construir a partir de ahora en Andalucía, aunque nadie entendería que con su actitud no permita un nuevo gobierno que abra las compuertas de San Telmo y levante todas las alfombras de las instituciones andaluzas.

4.- La izquierda radical y el derecho a decidir de Teresa Rodríguez cosechan un fracaso incontestable. La suma de la variante andaluza de Podemos e Izquierda Unida pierde cerca de 300.000 votos y 3 diputados y quiebra los planes de Pedro Sánchez de escenificar en Andalucía el primer capítulo de un futuro gobierno a nivel nacional. Buena noticia en todo caso para Pablo Iglesias, que ve cómo las urnas frenan las aspiraciones de su indisciplinada colega.

5.- Y, por último, el que es el dato de mayor importancia relativa por lo que significa de imprevisible y disruptivo: la entrada por la puerta grande de la nueva versión de la extrema derecha en un Parlamento autonómico, hecho que pone fin a la ficción de que en España tal cosa no existía. VOX, partido al que Marie Le Pen le ha ofrecido todo su apoyo, homologable en lo que se refiere soluciones políticas a la derecha radical austriaca, polaca, italiana o húngara, demuestra que España no es diferente; que jugar con fuego en temas relacionados con la unidad nacional, la memoria histórica o la inmigración pasa factura.

En definitiva, el principal santuario de la izquierda española, Andalucía, ha pasado a mejor vida. El domingo 2 de diciembre de 2018 puede ser el comienzo de una etapa de regeneración o de confusión y desasosiego. Es la hora del centro-derecha. Esperemos que sus dirigentes sepan interpretar correctamente el mensaje de los andaluces. De ello va a depender en gran medida lo que más pronto que tarde decidan todos los españoles.

Vox y la tomadura de pelo
Rubén Arranz. vozpopuli  3 Diciembre 2018

El plató de Canal Sur era este domingo un velatorio. Pocas veces los silencios entre las preguntas del periodista y las respuestas de los tertulianos fueron tan incómodos; y pocas veces la garganta se había estrechado tanto a la hora de tragar saliva. Había un hombre en la mesa de debate, pelo blanco, barba, camisa sin corbata y gesto torcido, que trataba de aferrarse a combinaciones imposibles de siglas que mantenían al PSOE en el poder, como el mal alumno que pone números al buen tuntún en un examen de matemáticas, por si sonara la flauta. Los socialistas se pegaban un soberano golpe y Vox conseguía 12 escaños y consumaba su nacimiento institucional. Siempre ha habido tipos con suerte y todo parece indicar que a Santiago Abascal le saldrá bien la jugada y podrá seguir viviendo de la política, en cuyas faldas ha vivido desde los 18 años. Pero más allá de las intenciones de su líder, Vox tiene un por qué. Y la izquierda, como siempre, se empeña en idiotizar a quienes le han apoyado, lo que ha dado alas al partido.

Vox ha tenido éxito en Andalucía porque en esta región, al igual que en el resto de España, hay una parte de la población que está cabreada. Entre otras cosas, porque considera que los partidos tradicionales viven en una dimensión diferente a la suya cuando hablan de la recuperación económica, que todavía no ha llegado a una buena parte de los ciudadanos y las pequeñas empresas. O cuando niegan los problemas que genera la llegada a un barrio humilde o a aula de educación primaria o secundaria de personas de varias nacionalidades. O cuando centra sus esfuerzos en la protección de minorías de todo pelaje, en detrimento del interés general.

Hace unos días, la candidata de Podemos a la Junta de Andalucía, Teresa Rodríguez, proponía garantizar una cuota de plazas de empleo público a los transexuales, por el mero hecho de serlo. Mientras tanto, el impresentable portavoz de Facua, Rubén Sánchez, afirmaba, en sus redes sociales que quien sea "un maldito maltratador”, debe votar a Vox, pues pretende derogar la Ley Orgánica Integral contra la Violencia de Género. Y no estar de acuerdo con una norma supone ser un asesino. Quienes intentan frenar a la derecha populista, sin darse cuenta -o si- son los mayores generadores de votos para este tipo de partidos. Porque su superioridad moral cada vez choca más con la realidad, que demuestra que el modelo de sociedad que proponen no genera prosperidad.

Un país cabreado
Vox crece porque una parte del país está hastiada por la corrupción, por la ausencia de expectativas -ningún proyecto funciona a la larga si no existe motivación en el equipo- y por el empeño infame del establishment de negar los problemas que realmente padecen sus habitantes. También ha resultado importante en este auge la contra-reacción que se ha producido como consecuencia del pulso independentista, que ha llevado a plantearse a una parte de los votantes si realmente es necesaria la permisividad existente para con los nacionalismos periféricos. ¿De veras, en España, con las mismas obligaciones, todos los ciudadanos tienen los mismos derechos? Esa pregunta, en tiempos de crisis, tiene una enorme capacidad inflamatoria.

El caso andaluz clama al cielo, con un PSOE que hace tiempo que cortó las alas al progreso para aferrarse al poder; y que está actualmente liderado por la señora Susana, doña Bernarda Alba, la sultana del sur. Una política cuya misión durante la campaña ha sido convencer a los votantes de que, con las derechas, todo irá peor. Todavía. Se trataba de mantener el tétrico espejismo andaluz, que en el siglo XXI sigue reproduciendo la España de Los Santos Inocentes. Era un poema este domingo ver la cara de Javier Aroca y compañía, sitos en una dimensión bastante lejana de la realidad y falsamente sorprendidos por la caída del PSOE. También era llamativo observar Canal Sur, cómplice de los desmanes del PSOE y en cuyo plató había caras largas. Muy largas. Tanto, como las de los tejedores de la red clientelar que propició casos como los ERE. O la politización de esta televisión.

El problema es que Vox no es el remedio, ni siquiera un remiendo. Tampoco es ultraderecha ni el fascismo redivivo, como alertan los 'asusta-viejas'. Es simplemente un partido oportunista que ha aprovechado el malestar para medrar. Es innegable que algunas de sus propuestas son lógicas y necesarias, sobre todo, las que tienen que ver con el poner fin a determinados dispendios del Estado de las autonomías y a la corrupción, pero otras son de una simpleza y un patrioterismo patéticos.

Vox no puede ser la cura para la enfermedad del sistema del 78, pues es sólo un síntoma de un fallo multiorgánico. Una manifestación clínica que indica que algo no va bien. Podemos es lo mismo: populismo que trata de aprovechar en las urnas el malestar de los sufridores de la crisis y de los dislates del poder. Ambos partidos recurren a teorías conspiranoicas para efectuar su diagnóstico del sistema y ambos aplican la brocha gorda para solucionar problemas complejos. Abascal, además, tiene la poca credibilidad de quien ha vivido muy bien gracias a la 'partitocracia' durante muchos años, pero ahora, como alumbrado por la iluminación de San Pablo, ha decidido convertirse y guiar al pueblo.

Vox y los medios
Su estrategia para con los medios de comunicación es la misma que la de otros populismos que ganaron músculo como consecuencia de la crisis económica. No hay que irse muy lejos, puesto que Podemos sigue las mismas pautas. La semana pasada, el partido la emprendió contra este periódico después de desvelar que un juez investiga si Vox vendió lotería de Navidad sin haberla comprado, y que posteriormente resultó premiada. La periodista que elaboró la información, Marina Alías (ejemplo de honestidad), recogió los argumentos del denunciante, de la Fiscalía y de la propia formación política. Sin embargo, eso no fue óbice para que Vox la emprendiera contra este periódico y le acusara de servir a los intereses de Ciudadanos. A Vozpópuli, que, con sus aciertos y sus fallos, nunca se ha caracterizado por dorar la píldora al establishment.

Pero eso es Vox: oportunismo que hace ruido, inventa conspiraciones y genera alarma sobre hechos ciertos o falsos con tal de crecer. Su discurso ha calado en Andalucía, como lo hizo el de Podemos. Y es que hay una buena parte de la población que está hastiada con lo que ocurre y reclama un cambio. El que los vividores del sistema no quieren aplicar para no perder que el Estado no se les vaya de las manos. Con sus Instituciones secuestradas, sus aforados que aprovechan su inviolabilidad para llenarse los bolsillos, sus redes clientelares de norte a sur, sus 'pujoles' que reclaman prebendas y sus medios afines que sacrifican su decencia a cambio de las migajas de dinero público.

Andalucía es el paradigma de estos problemas, tras 40 años de gobierno del PSOE. Y una parte de sus ciudadanos ha apoyado la opción de Abascal. El sistema puede escucharlos o, una vez más, denigrarlos y volver a negar el problema. Si lo hacen, Vox ganará mucha más altura. No tengan duda.

Andalucía, la rebelión de las banderas
JAVIER REDONDO* El Mundo  3 Diciembre 2018

Los valores clásicos del conservadurismo son orden, tradición, familia, iglesia y jerarquía. En España, las autonomías que los reproducen mejor que cualquier otra región son País Vasco y Andalucía. En el País Vasco los encarna el PNV; en Andalucía, hasta ahora, el PSOE, que reivindica la tradición con el reclamo del folclore popular y el escrupuloso respeto de las conmemoraciones religiosas. Su candidata no ha abandonado en toda la campaña el atuendo verdiblanco de la bandera autonómica. La omnipresente Junta representa el orden asegurando la paz social y la familia es la institución que garantiza la cohesión y amortigua los efectos del desempleo cuasi estructural.

El principio por el que comienza a quebrarse la hegemonía socialista es el de jerarquía. Los andaluces han respaldado durante casi cuatro décadas al PSOE por considerarlo un partido de provisión, que extendió los beneficios de su red clientelar a todos los estratos de la sociedad. Es decir, distribuía incentivos colectivos. Por eso la corrupción no le pasaba factura; constituía la dieta, reconocimiento o prebenda que obtenían los miembros del aparato del partido por cumplir con su función de repartir la escasez y, en la medida de lo posible, evitar que hubiera excluidos. De este modo, el PSOE andaluz combinó durante mucho tiempo con éxito la fórmula de constituirse a la vez en partido de prebendas y partido de principios.

Sin embargo, el caso de los ERE reveló una anomalía: el PSOE comenzó a asignar incentivos selectivos, privilegios que rasgaron el ecosistema. Antes de todo eso, dos provincias, Almería y Málaga, habían optado por un modelo de desarrollo económico propio. El sistema de subvenciones, de carácter centrífugo, partía de Sevilla y llegaba con mucho menos caudal a la periferia. Sólo durante esta campaña, Susana Díaz ha promovido la creación de 2.700 empleos públicos. La ubicuidad de la Junta en todos los sectores económicos y sociales de Andalucía genera una estructura compacta y por tanto una sociedad especialmente resistente al cambio. La segunda característica distintiva de Andalucía es que, por las razones comentadas, pero también por sus rasgos culturales y particularidades geográficas -que incluye en muchas zonas las climáticas-, es la región de España en la que mejor se vive con menos.

Por último, y acaso sea la singularidad que mejor explica el vuelco y comportamiento de los andaluces ayer en las urnas es que Andalucía es el territorio que mejor ha interpretado las razones por las que durante meses los españoles colgaron sus banderas en los balcones. El hecho diferencial andaluz consiste en que su cultura popular es representativa de la de España y consustancial a ella. Andalucía es la región que ha interiorizado plenamente el sentido de la España autonómica. El ser andaluz depende y necesita del ser español y viceversa. Su regionalismo refuerza el patriotismo constitucional. Ítem más, Andalucía es la región que más sufre el desprecio supremacista y los andaluces, los españoles que más han contribuido a generar riqueza en Cataluña. Por eso no encierra ninguna contradicción que la moción de Sánchez debilitara a Susana Díaz. Por eso la presidenta de la Junta prefirió esconder a Sánchez y por el mismo motivo Casado decidió sobrexponerse en campaña. Por eso Ciudadanos, cuyo vector socialdemócrata predomina sobre el liberal en Andalucía, ha echado el resto con Rivera y Arrimadas. Andalucía ha dado su veredicto sobre golpe secesionista.

Pese a sus particularidades, Andalucía no es una comunidad impermeable a las transformaciones sociopolíticas y demográficas: las elecciones andaluzas de 2015 anticiparon los cambios en el sistema de partidos nacional. Fueron en marzo y alumbraron la fuerza con la que emergían las nuevas formaciones. Casi cuatro años después, los dos primeros partidos, PSOE y PP, aguantan a duras penas la posición, pero el bipartidismo se les ha quebrado.

Sostenía en los años 50 el politólogo Sigmund Neumann que el bipartidismo es normalmente el «sistema que conviene a los pueblos satisfechos, que están de acuerdo en los principios generales de la Constitución y sobre la política de sus gobiernos, no disintiendo con demasiada intensidad sobre los puntos en que no están de acuerdo». Pues bien, las disensiones nacionales se han trasladado al primer escenario donde podían expresarse en las urnas. Ya se ha dicho: Andalucía es y se siente profundamente España. No ha sido una campaña autonómica -o no ha sido una campaña sino una sucesión de spots-, lo que ha perjudicado al sempiterno PSOE; su fatiga y desgaste se suma a su escisión latente: el PSOE de los barones frente al partido de Sánchez. Dándose la paradoja de que para continuar en el poder, Susana Díaz hubiese necesitado de Adelante Andalucía, la formación a la que combatió cuando disputó la secretaría general del partido a Pedro Sánchez.

El dilema y encrucijada a los que se enfrentaba el votante socialista lo han alejado de las urnas. La abstención, cinco puntos por encima que en 2015, ha sido mayor en los feudos que tradicionalmente votan al PSOE. Igual que hizo Díaz con Sánchez, Teresa Rodríguez también escondió a Iglesias -después de renegar de las siglas- durante la campaña. La gran contradicción de las candidatas socialista y anticapitalista es que, situando a Vox -un partido sin candidato reconocible- en el centro de la campaña, anulaban su propio esfuerzo de atraer la elección al ámbito autonómico y la convertían en un anticipo de las generales. Durante 15 días, ambas demonizaron a Vox para neutralizar un pacto a tres que no intuían tan lejano. La estrategia de Podemos y algunas televisiones consiste en vaciar el centro. En Andalucía ha tenido un efecto boomerang. Vox constituye una reacción efervescente y compulsiva de las clases medias y trabajadoras indignadas con el partido y la política prebenda.

El PSOE pierde el monopolio del conservadurismo andaluz. El valor «seguridad» se ha trasladado de campo. Ya no es sinónimo de continuidad. El conservadurismo de Díaz adquirió únicamente rasgos folclóricos; la inercia nacional alejó a la candidata de su conservadurismo político y de provisión. Los andaluces ya no identifican orden con paz social o subvención sino con paz constitucional. El andaluz, senequista y sufrido, es puro sentido común. No obstante, en una reducción al absurdo, ha ocurrido que la candidata socialista que con más fuerza ha combatido el separatismo sucumbe ante el tsunami anti supremacista. El 1-O y la moción de censura han precipitado el desplome del socialismo andaluz.

El penúltimo contrasentido de los resultados de ayer es que un candidato del PP, que inició la conquista de San Telmo bajo la mirada recelosa del líder de su partido, Pablo Casado, está en disposición de presidir la Junta. Y el último, que el candidato de Cs, Juan Marín, que se comprometió a sumar con el PP si obtenían entre ambos mayoría absoluta, podría desdecirse porque necesitan de un tercero que no estaba invitado a la mesa. El grado de reparo a Vox definirá el sentido de las alianzas. Díaz tiene la posibilidad de cerrar el círculo de su posición respecto de Podemos y Vox absteniéndose en la investidura de un candidato que salga de la coalición entre PP y Cs. Es el escenario más probable si no aflora el cainismo en el centro derecha. Entre tanto, Iglesias, enseña los dientes y no reconoce al vencedor porque no cree en las urnas sino en la agitación y división permanente. El extremismo es él.

Susana Díaz pactó con Cs adelantar las elecciones porque los dos creían beneficiarse del mismo efecto en sentido contrario. Gana Cs, pierde Sánchez en la persona de Díaz y Vox pone de relieve que la sismología electoral detecta movimientos pero no su magnitud. Ayer, el votante andaluz impuso un renovado instinto de conservación sobre su senequismo y parsimonia.
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*Javier Redondo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III.

Sánchez hunde al PSOE en Andalucía
Pablo Sebastián republica  3 Diciembre 2018

El apoyo del presidente Pedro Sánchez al golpismo catalán ha hundido al PSOE Andalucía y probablemente en el resto de España. Y la consecuencia de esta política catalana de Sánchez, más la corrupción de los ERE y el desgaste de 40 años en el gobierno andaluz, será que una coalición del centro derecha gobierne en Andalucía presidida por el PP y con ayuda de Cs y Vox, partido que irrumpe con fuerza en Andalucía y la política nacional.

Los grandes perdedores de la noche electoral andaluza son dos: el PSOE que sigue siendo el partido más votado con 33 escaños, pero que pierde 14 diputados; y Podemos, que al ir en coalición con IU, pierden 3 escaños de los 20 que lograron por separado en 2015. Y buena culpa de ello tiene Pablo Iglesias por su apoyo decidido a los golpistas catalanes. De ahí la derrota de la izquierda de Andalucía que, con solo 50 escaños, da paso al centro derecha que suma 59.

Lo que permitirá a Juanma Moreno, líder del PP andaluz, convertirse en el nuevo presidente de Andalucía con sus 26 escaños y a pesar de perder 7 diputados. Como vicepresidente del nuevo gobierno se perfila Juan Marín de Cs, que es el vencedor moral de la jornada electoral al pasar de 9 escaños a 21 diputados.

En quinto lugar aparece Vox, un partido de la extrema derecha, que con su líder Francisco Serrano, irrumpe con 12 escaños en el Parlamento andaluz y anuncia un avance de su organización en la política nacional y en próximas elecciones como las generales, municipales, autonómicas y europeas que se celebrarán en 2019.

Un intenso año electoral donde el resultado de las elecciones andaluzas, que han sido el primer test electoral del presidente Sánchez y del líder del PP Casado, van a tener una importante influencia en toda España.

Y todo apunta a que el líder de Cs Albert Rivera tendrá, desde el centro de la política un protagonismo esencial. Sobre todo una vez que la llegada de Vox a la escena nacional y la notable pérdida de apoyos del PP en Andalucía (y de manera especial en Cataluña) dejan al PP y de Pablo Casado en difícil y descendente posición.

Desde el PSOE y Podemos (‘alerta fascista’ dice Iglesias) se acusa a Vox de ser una extrema derecha xenófoba y machista, para intentar convencer a Cs de que no se sume al cambio en Andalucía. Pero se van a equivocar porque Rivera tiene muy claro que su prioridad es la unidad de España frente a los golpistas catalanes y sabe muy bien que son el Gobierno de Sánchez y los dirigentes de Podemos (que es la extrema izquierda) quienes han pactado con el golpismo catalán.

DÍAZ PIERDE 14 ESCAÑOS
La irrupción de VOX posibilita el cambio en Andalucía, tras una histórica caída del PSOE
La Gaceta   3 Diciembre 2018

Ni las encuestas más osadas otorgaban a VOX más de siete escaños… y han sido doce. La histórica irrupción de VOX en el Parlamento andaluz reconfigura el mapa electoral en Andalucía y vaticina un desgaste de PP y PSOE en las generales.

Susana Díaz ha ganado las elecciones en Andalucía, pero con un mayoría muy insuficiente y tras un serio desgaste de su partido (14 escaños menos), poniendo muy en riesgo la permanencia en el Palacio de San Telmo.

Los resultados electorales
Con un 99,73 % de los votos escrutados, el PSOE de Susana Díaz ha alcanzado un apoyo del 27,96 % y 1.007.626 votos. El resto de partidos se reparten los escaños del Parlamento autonómico con:

Partido Popular: 26 escaños (33 en 2015)
Ciudadanos: 21 escaños (9 en 2015)
Adelante Andalucía: 17 escaños (20 en 2015 entre Podemos e IU)
VOX: 12 escaños (sin representación en las elecciones de 2015)

Ni en el peor de los escenarios el PSOE había contemplado estos resultados, tras haber situado su suelo en unos 40 diputados, siete menos que en 2015. Sin embargo, la baja participación y el vuelco político de la derecha han hecho que el PSOE de Susana Díaz haya perdido 14 diputados, el peor resultado de la historia de este partido.

La aritmética de estos comicios, el triunfo electoral de los partidos de la derecha frente a los de izquierda, supone un vuelco electoral en Andalucía, donde el PSOE ha estado gobernando en solitario o pactando con partidos como el PA, IU o Ciudadanos durante 37 años consecutivos.

El pacto de la derecha
El sorpaso de la derecha implica también que es posible que Díaz no pueda formar gobierno y se convierta en la primera presidenta socialista que pierde el poder en la Junta de Andalucía.

En este sentido, el presidente de VOX, Santiago Abascal, ha adelantado que, “si todos están a la altura”, en clara referencia a PP y Ciudadanos, será posible desalojar de San Telmo al gobierno socialista, al que ha calificado de corrupto. Tras asegurar que no van a defraudar a sus votantes, los líderes de VOX -tanto Santiago Abascal como el candidato a la Junta de Andalucía, el juez Francisco Serrano- han agradecido el apoyo y la confianza depositada en su formación. “Os habían dicho que no cabíais en Andalucía” -han dicho, en referencia a los numerosos calificativos peyorativos con que los distintos medios de comunicación y partidos políticos se han referido a VOX y a sus votantes- “y ahora podemos apartar al régimen clientelar”, han dicho.

“No os vamos a defraudar, por supuesto, y vamos a ir hasta el final para defender las ideas con las que nos hemos comprometido y por la que todos nosotros nos habéis votado”, ha dicho Abascal, para recordar que Vox “es sólo un instrumento al servicio de España”.

Y, a juzgar por los mensajes de los otros líderes de ‘la derecha’, el pacto contra el PSOE es posible: Pablo Casado ha subrayado que Andalucía “que Pedro Sánchez vaya convocando elecciones”, y ha interpretado los resultados como un “mandato inequívoco” de los andaluces para, tras casi cuarenta años de gobiernos socialistas en esta comunidad, propiciar un cambio: “Han dado la espalda a cualquier gobierno entre socialistas y populistas, encargando al PP que configure una mayoría alternativa”, ha dicho.

Rivera, por su parte, ha adelantado que su candidato, Juan Marín, intentará presentarse a la presidencia de la Junta pero no ha cerrado la puerta a un pacto que destierre a los socialistas.

VOX, ¿al Senado?
La irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía podría permitir a esta formación política entrar también en el Senado, dentro del cupo los nueve senadores andaluces por designación autonómica que forman parte de la Cámara Alta.

El Senado tiene una composición mixta, con senadores elegidos directamente por los ciudadanos en las elecciones generales y con otros que son designados por los parlamentos autonómicos, de acuerdo con sus propios reglamentos.

Estos senadores son renovados cada vez que se producen elecciones autonómicas, y así ocurrirá una vez que se constituya el nuevo Parlamento de Andalucía cuyos miembros han sido hoy elegidos.

Andalucía aporta nueve senadores autonómicos a la Cámara Alta: cinco del PSOE, tres del PP y uno de Unidos Podemos, pero la nueva composición de la Cámara Autonómica obligará a reasignar a sus representantes en el Senado.

La Ley de la Junta de Andalucía 19/2007 que regula la designación de senadores en representación de la Comunidad Autónoma de Andalucía establece en su artículo 3 que se hará de manera proporcional.

“La Mesa de la Cámara, de acuerdo con la Junta de Portavoces, fijará el número de senadores y senadoras que, proporcionalmente, corresponda proponer a cada grupo parlamentario, aplicando para ello la regla D’Hondt el número de diputados y diputadas que tenga cada grupo parlamentario en el Parlamento de Andalucía”, reza el artículo.

De esta manera, la aplicación de la ley D’Hondt adjudicaría, con el nuevo reparto de escaños, tres senadores al PSOE, dos al PP, dos a Ciudadanos, uno a Adelante Andalucía y otro a Vox.

Con esta distribución, el PSOE perdería dos representantes en la Cámara Alta y el PP uno, en tanto que Unidos Podemos conservaría el suyo y Vox lograría entrar en el Parlamento Nacional gracias a su espectacular resultado en Andalucía.

Un mausoleo andaluz
Gabriel Albiac ABC 3 Diciembre 2018

Andalucía era un microclima social. En él, nada se ajustaba a reglas políticas. Sí, a las lógicas caritativas en las cuales se veía presa una ciudadanía sin más ingreso que el de las subvenciones. Nadie que viva de la benevolencia ignora lo que eso impone: la limosna es un don arbitrario. Y un cambio en quien administra los fondos dispara el riesgo de perder las mercedes. Cambiar de señorito se antojaba, así, un peligro. No hay lógicas políticas, allá donde el fin de mes se sabe incierto.

El PSOE ha administrado esa bolsa de ayudas públicas con arbitrariedad milimetrada. Y es cierto que ha robado mucho: más de cuanto ningún partido haya robado en rincón alguno de España. Pero ha robado, reservando siempre un porcentaje para los limosneros con carné socialista. Sin esa «generosidad», mucha gente hubiera tenido aún más negro el día a día. Era un óbolo que se hacía, sí, con cargo al dinero del Estado: o sea, al de todos los españoles. Pero que era presentado como una privada generosidad de partido. Nadie reproche nada a quienes han aceptado, durante cuarenta años, intercambiar PER por votos. Para salir de ese envilecimiento se requiere trabajo y sueldo. Y nadie -nadie- ha movido un dedo para crear eso en una región que lo tenía todo para haber abierto una economía emergente. Y que, con mínimas excepciones, ha sido víctima del empantanamiento que acompaña a las sociedades subvencionadas.

Ayer, en Andalucía, jugó aún la inercia de un régimen cuyas pesadeces reducen cualquier cambio a un compás muy lento. Pero, milímetro a milímetro, también el mostrenco mausoleo andaluz ha sido erosionado por el hastío y el tiempo. Y por la realidad: esto es, por la política. El monopolio del PSOE se asentó allí, durante cuarenta años, no sobre paradigmas socialistas -ni revolucionarios, ni socialdemócratas-, sino sobre una sentimentalidad populista, ajena a racionalidad. Y ese sentimentalismo fue rentable. Hoy, es un lastre. Otro populismo más brutal ha entrado en liza. Proclama lo que el PSOE sólo sugería: que ser andaluz da derecho a ser mantenido por el resto de España. Es un dogma suicida. Pero grato. Entre dos demencias, Susana Díaz y Teresa Rodríguez, el elector populista irá optando por la más delirante. La política está ya en otro sitio: se llama PP, C’s, Vox.

La de ayer es, para Susana Díaz, una irrisoria mayoría imposible de gestionar: o sea, una derrota definitiva. Su PSOE es aún mayoritario; pero no ya lo bastante. Y, sin mayoría absoluta, Díaz es nada. C’s no volverá a caer en el error de mantenerla a flote: eso liquidaría a Rivera en las generales. Los de Teresa Rodríguez hubieran estado contentísimos de convertir al PSOE en rehén de sus escaños; pero no suman las cifras. Díaz ha sellado su sentencia de muerte. Entre dos populismos, el más demagógico gana. Siempre.

Será difícil componer una alianza de gobierno. Una pésima ley electoral condena a España a esta lógica de la repetición, en la que habita el desasosiego. Pero todo ha cambiado.

El final de 40 años de un régimen socialista
 larazon 3 Diciembre 2018

En Andalucía, cuatro décadas después, las urnas han sido adversas al PSOE y, en cierto modo, a la izquierda en general. Simplemente, significa el final de un régimen y un cambio histórico para una comunidad española que, prácticamente, desde que se recuperó la democracia no había conocido otro tipo de gobierno y en la que ahora se abre la posibilidad de experimentar una nueva política y un nuevo estilo de gestión que corrija las innegables, por evidentes, carencias de una de las regiones con más proyección de futuro de España, pero a la que se había hecho tascar el freno del populismo y del sectarismo ideológico.

Ni siquiera se puede hablar en puridad de una «amarga victoria» de la candidata socialista, Susana Díaz, porque, si bien ha sido la más votada, su retroceso se ha producido frente a una derecha fragmentada en tres partidos, que, en conjunto, ha sumado el 50 por ciento de los votos emitidos y tienen una mayoría absoluta más que suficiente en escaños, 59, incluso tras haber pagado el peaje que impone nuestro sistema electoral a la fragmentación del sufragio. Tres partidos, PP, Ciudadanos y VOX, que, pese a sus diferencias programáticas, comparten un proyecto para una España unida y, sobre todo, operan sobre una base social homogénea, que ha enviado con sus votos un mensaje inequívoco: el de la voluntad de un cambio profundo en Andalucía.

No parece probable que esos votantes, que son reflejo de los del resto de España, no acusen en próximas convocatorias electorales cualquier paso en falso de sus dirigentes. Era evidente, de hecho ha formado parte notable de la campaña socialista, que la secretaria general del PSOE andaluz iba a agitar el fantasma de la extrema derecha de VOX, como muleta tras la que parapetarse, una legislatura más, en la Junta de Andalucía. Pero se trata de una argucia política, por otra parte ya manoseada por los socialistas con sus apelaciones a tender «cordones sanitarios» frente a la derecha que representaba el Partido Popular, que debería tener el menor recorrido.

VOX, en efecto, representa un extremo del arco ideológico, pero en la misma medida que lo hace la extrema izquierda de Podemos, con la que el PSOE no ha tenido el menor reparo en pactar, tanto a la hora de apoyarse en sus votos, como cuando se ha tratado de entregarle el poder en ayuntamientos como los de Madrid o Barcelona. Con una diferencia notable, VOX no pone en duda ni la soberanía nacional ni los principios de la democracia representativa. El partido que preside Santiago Abascal ha irrumpido en la política española, tal vez, bruscamente, pero hay que suponer que lo ha hecho para quedarse.

Hay, sin embargo, un claro vencedor en estos comicios autonómicos, al menos, en lo que tienen de proyección en el panorama político general. Nos referimos al nuevo presidente del Partido Popular, Pablo Casado, que, pese al escaso tiempo transcurrido desde el proceso de primarias, ha sido determinante en los buenos resultados de los populares andaluces. Casado, en efecto, se ha volcado en esta campaña como nunca lo había hecho un dirigente nacional del partido, ha dado un respaldo inequívoco a su candidato, Juan Manuel Moreno Bonilla, y, sin duda, ha contribuido decisivamente a que el Partido Popular andaluz mantuviera su segunda posición en un Parlamento autonómico cada vez más fragmentado, y en unos momentos de profundos cambios políticos y de tensiones sociales en la vida pública española y europea. Pablo Casado ha salido reforzado en el envite andaluz y puede afrontar los próximos desafíos electorales con mayor seguridad, aunque sin perder de vista que ahora disputa su espacio ideológico natural con otros dos partidos.

Pero el hecho evidente, por el que pocos apostaban, es que el líder del PP andaluz puede ser el próximo presidente de la Junta, por poco que Ciudadanos respete la lógica de los resultados y que VOX actúe dentro de la responsabilidad institucional. Sin duda, no va a ser fácil afrontar ese acuerdo postelectoral, pero, en definitiva, es por lo que han votado los andaluces, para que el PSOE salga del Gobierno. En este sentido, la situación que se abre al Partido Socialista y, sobre todo, a su secretario general y actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es muy compleja. Una vez más, bajo su liderazgo, los socialistas han conseguido empeorar los peores resultados de su historia –en Andalucía se han quedado por debajo del 30 por ciento de los votos–, lo que sólo confirma su tendencia descendente de los últimos años. Una situación de caída libre que no puede ya explicarse en la irrupción de Podemos, puesto que la formación que preside Pablo Iglesias también se halla en franco retroceso y no consigue rentabilizar ni el mal momento socialista ni la fagocitación de Izquierda Unida. Que en Andalucía haya perdido la izquierda su hegemonía de décadas, debería hacerle repensar sus amistades con el nacionalismo disgregador.

La lección andaluza: ¡Es lo de Cataluña, estúpido!
La principal conclusión tras las elecciones andaluzas de este domingo es que la política española está infectada hasta el tuétano por el problema de Cataluña
Ignacio Varela elconfidencial 3 Diciembre 2018

Un terremoto político de fuerza 9 en la escala de Richter sacudió ayer Andalucía, y sus efectos afectarán a toda la política española durante el próximo año electoral y también en los años venideros. El 2 de diciembre queda marcado como el día en que el Partido Socialista perdió en Andalucía el poder sobre el que se ha sostenido durante cuatro décadas; y también como el día en que la extrema derecha extraconstitucional, desaparecida desde la transición, se instaló en nuestra vida pública con fuerza inusitada.

Aparentemente, hoy nos parecemos más a Europa. Se acabó la “excepción española”, que nos hizo creernos vacunados e inmunes al virus nacionalpopulista (al menos, en su versión de ultraderecha). Y se confirmó que, también aquí, las dos familias tradicionales, la conservadora y la socialdemócrata, están históricamente amortizadas y enfilan el camino de su extinción histórica.

Pero ahí se acaba el parecido. Porque el vuelco que ayer dio Andalucía –anticipando el que vendrá en el resto de España-, tiene una etiología sustancialmente diferente a lo que está pasando en el resto de Europa. Aquí el factor desencadenante no es la reacción acobardada de los perdedores de la gobalización, ni la resistencia ante la inmigración o la desconfianza hacia la Unión Europea. Puede que todo eso esté también en el trasfondo, pero el foco principal apunta a las dos cuestiones que más han sacudido a nuestra sociedad en los últimos años: la corrupción de los gobernantes y la crisis territorial, que tiene su expresión más emocionalmente venenosa en la sublevación del nacionalismo catalán contra el Estado constitucional.

Erramos quienes creímos que el microclima político andaluz pesaría más en estas elecciones que la cuestión de España. Además, hemos infravalorado la potencia colosal de la onda expansiva del conflicto catalán en todos los rincones de la sociedad española y en todos los espacios de su vida pública.

El PSOE perdió 400.000 votos, el PP 270.000 y la alianza de Podemos e Izquierda Unida 280.000. En cambio, Ciudadanos ganó casi 300.000 y VOX, partiendo de la nada, recolectó en pocas semanas la friolera de 377.000 votos de andaluces que ni siquiera conocían el nombre de su candidato.

Nada de todo eso se explica por razones andaluzas. El desgaste del Gobierno de Susana Díaz habría justificado un descenso de cuatro o cinco puntos, como auguraban las encuestas, pero de ninguna forma el cataclismo que sufrió el PSOE. Y desde luego, ni la crecida de Ciudadanos se debe a Juan Marín ni la explosión de Vox tiene que ver con la política de Andalucía. Ayer se votó mucho más sobre España que sobre Andalucía, y quienes lo vieron venir fueron los ganadores de la noche.

España sufrió un trauma brutal cuando su subsistencia fue desafiada desde dentro del propio Estado. Aquellas miles de banderas en los balcones fueron mucho más que la reacción folklórica de unos cuantos fachas.

Millones de votantes del Partido Popular rompieron emocionalmente con él cuando, a sus ojos, el 1 de octubre del 17 Mariano Rajoy se dejó engañar y humillar por los secesionistas. Ahí fue donde Rajoy terminó de jugarse el puesto y el PP el poder, ya seriamente dañadas por la marea pestilente de la corrupción.

Esa misma indignación, teñida de bochorno, se extendió por todo el país cuando Sánchez, sucesor de Rajoy, puso su Gobierno bonito bajo el control del populismo extraconstitucional de izquierdas y, sobre todo, de los Puigdemont, Junqueras y Rufián. Y lo hizo con el consentimiento vergonzante de una dirigencia socialista irreconocible por sumisa y amordazada (de la que forma parte Susana Díaz).

Ayer los culpables de ese oprobio (incluido Podemos) pagaron la primera factura, y resultaron premiadas las dos fuerzas que convirtieron la unidad de España y la denuncia del secesionismo en el eje de sus estrategias. Ciudadanos presentaba al peor candidato del elenco y Vox apenas existía hace cinco meses. Pero unos desde el extremo centro y otros desde la extrema derecha, emitieron en la onda que, desde hace mucho tiempo, martillea la conciencia colectiva de los andaluces: los privilegios de Cataluña y la desleal traición de sus instituciones al resto de España, con la tolerancia de nuestros gobernantes. Quienes pusieron el dedo sobre esa llaga, jugaron a caballo ganador.

Adelante pide recuperar el 15M para "hacerle frente a la extrema derecha"

La principal conclusión de esta votación es que la política española está infectada hasta el tuétano por el problema de Cataluña. Una infección que seguirá supurando y contaminará todas las elecciones que se celebren mientras la herida siga abierta. Andalucía ha sido el aperitivo, pero nada ni nadie escapará a su efecto tóxico.

No es sólo lo de Cataluña. Por debajo hay un sordo debate de fondo sobre la organización territorial de España. Casi un 40% de los españoles dice preferir un Estado sin autonomías o que se reduzca la autonomía de las comunidades. Entre ellos, el 62% de los votantes del PP, el 58% de los de Ciudadanos, el 30% de los socialistas… y el 20% de los de Podemos. Y por supuesto, el 90% de los de Vox. No es fácil reconocer esta realidad para quienes creemos en un Estado descentralizado; pero empeñarse en ignorarla conduce a que cosas como lo de ayer nos pillen en pelotas.

En Europa se resuelven elecciones por temas migratorios o económicos. Aquí, el primer factor es la cuestión de España y su organización territorial

En Europa se están resolviendo las elecciones por cuestiones como la inmigración, el orden económico (global o nacional) y el futuro de la UE. Aquí, el primer factor de motivación del voto es la cuestión de España y su organización territorial. Singularmente, su expresión más enconada, que es el conflicto de Cataluña.

¿Efectos inmediatos? Por esas carambolas de la política, el PP perdedor se encontrará con el inmenso regalo de la presidencia de la Junta de Andalucía, y ello dará a Casado un precioso balón de oxígeno que necesitaba desesperadamente. Sánchez ha visto saltar por los aires todos sus planes sobre la anticipación de las elecciones generales.. Rivera se arrepiente de no haber buscado a un candidato más presentable en Andalucía: esos 90.000 votos de desventaja con el PP se deben a su incuria. Pero se siente en el buen camino siendo pianista de una sola tecla, y no lo abandonará por nada.

Iglesias, visiblemente asustado, comenzó su enésima mutación, de vicepresidente en ciernes a agitador callejero; aprovechó lo de Vox para recuperar el vocabulario de los parapetos y las barricadas y volvió a acordarse del 15-M. Me temo que Sánchez ha perdido a su aliado, al menos hasta las elecciones. El jueves en el Congreso, ante el Rey reinante y el emérito, Iglesias dará espectáculo, ya lo verán.

Los separatistas se apuntan el doble éxito de perturbar por completo la vida pública española y resucitar a la caverna. Siempre se necesitaron y ahora se encuentran de nuevo.

Andalucía castiga a Sánchez
Andalucía ha dicho no al pacto del PSOE con separatistas y sediciosos
Isabel San Sebastián ABC 3 Diciembre 2018

Andalucía ha propinado un castigo brutal al Partido Socialista de Pedro Sánchez en las espaldas de Susana Díaz. Más allá de la corrupción, la crisis económica, el paro y las lacras tradicionales de esa tierra sujeta desde hace cuarenta años al monopolio de poder de la izquierda, el escrutinio de las elecciones celebradas tiene una lectura inequívoca en clave nacional. Andalucía ha dicho NO al pacto del PSOE con separatistas y sediciosos. NO a la traición del presidente del Gobierno a la Constitución que juró cumplir y hacer cumplir. NO al legado de José Luis Rodríguez Zapatero, que echó a su partido en brazos del separatismo firmando un pacto de la vergüenza con ETA. NO a unas bases radicalizadas, tremendamente alejadas de la ralidad de la calle, que rescataron a Sánchez del ostracismo al que lo había condenado, con acierto, la Ejecutiva Federal, para llevarlo en andas al timón de mando de ferraz, ahíto de ambición y espíritu revanchista.

Los andaluces fueron ayer los primeros españoles que tuvieron la oportunidad de expresarse en las urnas y la aprovecharon. Habló la España de los balcones, harta de humillaciones y abusos. Votaron los ofendidos por el supremacismo catalán y vasco. Los insultados. Los estafados por una moción de censura derivada en una ocupación del poder ilegítima. Las víctimas de la corrupción no solo económica, sino política y moral. Votaron en libertad, venciendo abrumadoramente a las encuestas, y dibujando un paisaje que rompe en pedazos el mapa político.

Ayer quedó defintivamente liquidado el bipartidismo y consagrada la fragmentación del centro-derecha, aunque esa fragmentación multiplique en lugar de dividir y suponga un crecimiento suficiente para hacer posible un gobierno autonómico conformado por PP, Ciudadanos y Vox, que será un chorro de aire fresco tras cuatro décadas de régimen socialista. El partido del puño y la rosa empieza una cuenta atrás que bien pudiera acabar como una fuerza irrelevante a escala nacional. Susana Díaz pasa a la oposición en el que fue su feudo histórico, se ponga como se ponga, mientras Sánchez pone las barbas a remojar. Podrá atrincherarse en el despacho unos meses más, pero cuando se vea obligado a convocar elecciones el batacazo dejará pequeño al cosechado por su antigua rival. Está por ver si sus barones autonómicos le permiten esconderse tras ellos y aguantar hasta después de las autonómicas o le obligan a dar la cara y llevarse él la bofetada. En el bando de los derrotados, Podemos frena en seco su escalada y entierra en Andalucía sus esperanzas de asalto al poder. ¡Gran noticia!

El gran vencedor de la jornada es sin duda es VOX, que ha sabido aunar la indignación añeja, entre desesperanzada y rebelde, de un pueblo harto de estar harto. Nadie daba un duro por ellos hace unas pocas semanas y entran en el parlamento autonómico pisando fuerte, a lomos de unos electores cansados de que su voto presuntamente «útil» al PP se revelase una y otra vez baldío. Con siete escaños menos, ese PP de Moreno Bonilla podría paradójicamente alzarse con la Presidencia de la Junta, si logra tejer un acuerdo con los de Abascal y Ciudadanos. La formación de Rivera tiene motivos para estar orgullosa y optar incluso a encabezar el poder, tras sumar catorce sillas a las que tenía, en gran medida gracias a la gran aportación de Inés Arrimadas a la campaña, tan decisiva como la de Casado en refuerzo de su candidato. Ahora esos tres partidos deben demostrar si dan la talla y son capaces de entenderse en este nuevo escenario. Si lo consiguen, habrán escrito una página decisiva en nuestra historia democrática. Si fracasan, España se lo hará pagar caro.

Elecciones Andalucía 2018
La ‘derecha sin complejos’ de VOX ya está aquí: Abascal y el triunfo de la tenacidad

Agustín de Grado okdiario 3 Diciembre 2018

Militante y dirigente del PP durante años, Abascal es uno de los damnificados del marianismo
Abandera la mano dura con el golpismo, los impuestos bajos, la recentralización del Estado, el orgullo de ser español y el freno a la inmigración sin control

Santiago Abascal (Bilbao, 1976) creció en territorio hostil a la libertad. Su padre era un comerciante de Amurrio que, tras el franquismo, decidió entrar en política de la mano del PP porque “no podía dormir por los policías y guardias civiles que morían asesinados”. Osadía que no pagó con la vida de milagro, pero que le condenó a vivir amenazado de muerte. Los cócteles molotov se estrellaban a diario contra la fachada de su tienda.

Es así como, desde niño, con ETA en toda su apoteosis de muerte y terror, Abascal aprendió que la libertad no sale gratis. Que la libertad es una conquista diaria y que, si quieres disfrutarla, a la vez tienes que defenderla. A los 18 años tomó dos decisiones. La primera, hacerse con una licencia de armas para proteger a su padre (compró una pistola Smith & Wesson que sigue acompañándole a día de hoy). La segunda, afiliarse al PP, donde fue presidente de las Nuevas Generaciones del País Vasco y alcanzó su primer cargo público (concejal de Llodio) con 23 años. Después sería diputado del parlamento vasco y miembro de la junta directiva nacional del partido. Todo con José María Aznar al frente del PP.

La llegada de Rajoy a Génova comenzó a distanciarle. Fue difícil para Abascal, como para María San Gil y Ortega Lara, estos dos últimos iconos de la resistencia moral ante ETA, ver cómo con un Gobierno del PP se excarcelaba al terrorista Bolinaga por falsas razones humanitarias. Y lo que es peor, cómo ese mismo Gobierno hacía suya la estrategia de Zapatero para alcanzar el fin de ETA. Así que, antes o después, todos ellos acabaron abandonando el PP como damnificados del marianismo y hoy el funcionario de prisiones que fue torturado por ETA durante 532 días en un zulo de cinco metros cuadrados, sin luz natural, es uno de los rostros más reconocidos del nuevo partido.

Del PP a VOX
Después de un tiempo como director de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid, donde Esperanza Aguirre le acogió, Abascal registró VOX como partido el 12 de diciembre de 2013. Su objetivo: “Recoger el voto de la derecha desencantada con las políticas del PP”. Compitió en las elecciones europeas de 2014 y en las municipales de 2015, en ambas ocasiones con estrepitoso fracaso. Este domingo ha conseguido alcanzar representación parlamentaria por primera vez. Doce escaños en Andalucía que le convierten en el gran triunfador de unos comicios en los que ha pasado de los 18.422 votos que cosechó en 2015 a los más de 395.000 tres años y medio después.

“VOX no es un partido de extrema derecha, es de extrema necesidad”, responde Abascal a quienes pretenden colocar a su formación como el exponente español del auge de la ultraderecha en Europa. “Yo creo que no se puede calificar de extrema derecha a todo lo que no responde a la lógica del establishment. Hoy hay una gran reacción en todo el mudo frente al globalismo, la inmigración masiva y la dictadura de la corrección política”. Es la lógica que aupó a Donald Trump, por ejemplo.

Sin embargo, el auge de VOX tiene también su clave puramente española y no puede entenderse sin la desafección que la última dirección del PP generó en su electorado tradicional. Si Ciudadanos emergió como una reacción del votante más joven contra la corrupción de los de Génova allí donde gobernaran, VOX es la consecuencia de la tibieza del PP en la defensa de los valores que le identificaron. La falta de determinación a la hora de afrontar el golpe en Cataluña, donde Rajoy fue incapaz de desarticular dos referéndums ilegales, colmó el vaso de la paciencia. Ahora, la derecha sin complejos de Abascal ya está aquí, ha entrado a lo grande por Andalucía y toma impulso para las citas electorales que están por llegar.

Abascal abandera la mano dura con el golpismo, los impuestos bajos, la recentralización del Estado, el orgullo de ser español y el freno a la inmigración descontrolada. Es este último tema el que está utilizando la izquierda política para denunciar su xenofobia. Abascal responde: “Lo único que pedimos en inmigración es lo que pide Pablo Iglesias para su propia casa”. Así que no le preocupan los insultos: “Cuanto más nos insultan por decir esto más se ponen de nuestro lado los españoles”.

Cuatro años después de su fundación, sin respaldo explícito de ningún medio de comunicación, pero con todos sus adversarios políticos haciéndole la campaña, VOX ya tiene sus primeros diputados en un parlamento. No parece que vaya a ser flor de un día. El llenazo de Vistalegre fue un aldabonzado. El partido ha pasado de 3.000 a 14.000 afiliados este año. Sus actos en Andalucía han sido multitudinarios, reflejo de esa #EspañaViva que VOX proclama en sus redes sociales. A la “derechita cobarde” y la “veleta naranja” (Abascal dixit) les ha salido un rival, este vasco de 42 años con barba hípster que exhibe virilidad montando a caballo a lo Putin, se abraza a Le Pen y al que todo insulto de sus adversarios políticos le parece una medalla.

Padre de cuatro hijos (los dos mayores, de 14 y 12 años, fruto de un matrimonio roto en 2010; los otros dos con su segunda mujer, Lidia Bedman, una famosa influencer con más de 120.000 seguidores en Instagram), la vida ha dado otro giro para el valiente vecino de Amurrio. La amenaza terrorista le curtió. Ahora enfrenta otra amenaza distinta, la de la política descarnada, definida por Mao Tse-Tung como “una guerra sin efusión de sangre”.

Donde la derecha sociológica española antes sólo tenía una opción de voto, ahora tiene tres para elegir. Con las elecciones generales al fondo, Abascal está ante su momento.

Elecciones Andalucía 2018
El programa de VOX: menos impuestos, recentralización del Estado y stop a la inmigración ilegal
OKDIARIO 3 Diciembre 2018

Terremoto en Andalucía: la derecha podrá gobernar gracias a VOX tras 40 años de cortijo socialista
Fiesta sevillana en VOX al grito de ‘¡Viva España!’ tras su irrupción en el Parlamento andaluz

A las elecciones andaluzas de este domingo, VOX se ha presentado con un programa electoral “para toda España” que sintetiza en cien medidas urgentes “atendiendo a los problemas que más preocupan a los españoles: la unidad de España, la destrucción de clase media, los elevados impuestos, la seguridad de nuestras fronteras y el recorte de las libertades”.

Su discurso ha recibido críticas de otras formaciones políticas e incluso Vox ha denunciado a la presidenta de la Junta y candidata del PSOE, Susana Díaz, ante el Tribunal Supremo por decir durante sus mítines que se trata de un partido de “ultraderecha, racista, homófobo, xenófobo y que justifica la violencia contra las mujeres”, según denunció su abogado, Pedro Fernández.

En su programa, VOX marca el objetivo de “transformar el Estado autonómico en un Estado unitario” en el que haya “un solo gobierno y un solo Parlamento en toda España”. Hasta alcanzar esta meta, propugna una “devolución inmediata” al Estado de las competencias de educación, sanidad, seguridad y justicia, “limitando en todo lo posible la capacidad legislativa autonómica”.

También Cataluña está entre sus prioridades y defiende la suspensión de su autonomía “hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales”; además de la ilegalización de los partidos que persigan la “destrucción” de la unidad territorial.

Deportar inmigrantes con delitos
En cuanto a inmigración, VoOX quiere deportar a todos los inmigrantes ilegales a sus países de origen y también a aquellos que estén de forma legal en España, pero que hayan reincidido en la comisión de delitos leves o hayan cometido algún delito grave. Además, defiende que cualquier inmigrante que haya entrado ilegalmente en España estará “incapacitado de por vida a legalizar su situación y por lo tanto a recibir cualquier tipo de ayuda de la administración”.

En el mismo sentido, aboga por eliminar el acceso gratuito a la atención sanitaria a inmigrantes ilegales y propone un sistema de copago para aquellos en situación legal que lleven menos de diez años en España, garantizándoles únicamente servicios de urgencia.

También propone levantar un muro “infranqueable” en Ceuta y Melilla, cerrar las mezquitas fundamentalistas, la exclusión de la enseñanza del Islam de las escuelas públicas y la suspensión del espacio Schengen hasta la garantía de que no lo puedan utilizar “los criminales” para huir de la justicia, en lo que pone como ejemplo a los políticos catalanes huidos.

Menos impuestos
En el ámbito económico, propone un tipo único fijo de IRPF del 20 por ciento para las rentas menores de 60.000 euros, con los primeros 12.000 euros exentos. Y del 30 por ciento de IRPF a partir de los 60.000 euros.

Además, respecto al desempleo, quiere bonificar con un 10 por ciento las cotizaciones a las empresas que contraten de forma indefinida a trabajadores españoles en paro. También propone ayudas para mayores de 50 años y jóvenes menores de 24.

Entre sus cien propuestas también quiere una ley de protección de la tauromaquia “como parte del patrimonio cultural español” y aboga por la protección de la caza “como actividad necesaria y tradicional del mundo rural”.

Defensa del hogar
VOX también defiende la derogación de la ley de violencia de género y “de toda norma que discrimine a un sexo de otro”, sustituyéndolas por una ley “de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños”. Y quiere suprimir todos los organismos feministas “radicales subvencionados”.

Además, apuesta por la creación de un Ministerio de Familia para dar un “apoyo decidido” a las familias numerosas y a la natalidad en general.

En el apartado de libertades y justicia incluye asuntos como la desarticulación “efectiva” de ETA, el fin a las subvenciones a los partidos o leyes “antiokupación y antiusura”, permitido a “los españoles” hacer uso de una “fuerza proporcional” para defender su hogar.

Elecciones Andalucía 2018
VOX lidera el voto del ‘cabreo’: el 30% de sus apoyos vienen de la izquierda
Luz Sela okdiario 3 Diciembre 2018

El partido de Santi Abascal se convierte en la revelación de las elecciones en Andalucía con 12 diputados
La formación ha sido calificada de "radical" y "xenófoba" pero demuestra un voto "transversal"

Con 12 diputados, VOX se ha convertido en la revelación de las elecciones celebradas este domingo en Andalucía.

Por primera vez, la formación de Santi Abascal logra representación en un legislativo y lo hace superando todos los pronósticos. El CIS de Tezanos apenas le vaticinaba un escaño.

El partido ha logrado 382.076 votos, casi 365.000 votos más de los que logró en 2015, en las últimas elecciones al Parlamento de Andalucía, cuando su porcentaje se quedó en un 0,45 por ciento.

Pero, pese a quien les califica como una formación de la ultraderecha, la realidad de voto es distinta. Hasta un 30% de su voto, analizan desde Target Point, empresa especializada en el análisis demoscópico, procede, sorprendentemente, de la izquierda.

Es un voto transversal, alimentado por el “cabreo” de 4o años de gobierno socialista en Andalucía marcado, sobre todo, por el escándalo de los ERE, el mayor caso de corrupción del país. Pero también por la gestión reciente del Ejecutivo de Pedro Sánchez, con su pacto, primero, y sus cesiones, después, a los partidos independentistas catalanes y polémicas como la exhumación de Franco del Valle de los Caídos o la política sobre la inmigración.

VOX ha logrado sacar escaños en todas las provincias aunque, sobre todo, en Almería -región con mayor población inmigrante- y donde se ha colocado como tercera fuerza, con dos diputados.

VOX ha logrado su mejor resultado en Almería, donde ha irrumpido como tercera fuerza. Con dos diputados en esta zona, ha sumado más de 40.000 votos (16,8%). En municipios como El Ejido, con una población inmigrante del 32%, el partido ha sido el más votado. Además, ha sumado dos diputados en Cádiz (55.000 votos, 11,2%), Málaga (70.000,11%) y Sevilla (92.000, 10%). Y uno en Córdoba (34.000, 9%), Granada (45.000, 11%), Huelva (17.000, 8%) y Jaén (27.000, 8%).

Un programa en clave nacional
El partido de Abascal ha calado en Andalucía con propuestas como la eliminación de las autonomías, la supresión de la ley de violencia de género o la expulsión de España de todos los inmigrantes ilegales y de los legales que cometan delitos.

La irrupción de VOX en el panorama político español tuvo su punto de inflexión el pasado 7 de octubre, cuando consiguió llenar el Palacio de Vistalegre de Madrid en un multitudinario acto al que asistieron más de 10.000 personas, informa Europa Press.

Sin embargo, la formación nació años antes, en diciembre de 2013 con su registro como partido político en el Ministerio del Interior. En su presentación ante los medios de comunicación un mes después -donde se presentó el exfuncionario de prisiones José Antonio Ortega Lara como uno de sus portavoces- ya desbrozó algunas de las que siguen siendo sus medidas estrella, como acabar con el actual Estado autonómico, una política antiterrorista firme o la regeneración democrática.

Las primeras elecciones a las que se presentó fueron los comicios al Parlamento Europeo de 2014, en los que su candidato fue el exdirigente del PP Alejo Vidal-Quadras, quien meses después se daría de baja de la formación. En aquellas elecciones, VOX se quedó fuera de la Eurocámara con el 1,56 por ciento de los votos emitidos, aunque ya fue el primer partido extraparlamentario.

Un año después, en las elecciones autonómicas de 2015, el partido de Abascal no consiguió representación en ningún Parlamento regional, obteniendo sus mejores resultados en Madrid (1,17 por ciento) y Ceuta (1,22 por ciento).

En las elecciones generales, VOX tampoco obtuvo suficientes votos para entrar a las Cortes Generales ni en diciembre de 2015 ni en la repetición electoral de junio de 2016. En las primeras, sumó algo más de 57.700 votos y un porcentaje del 0,23 por ciento; unos resultados que descendieron ligeramente seis meses después, cuando perdió 9.000 votos y su por porcentaje se quedó en el 0,20 por ciento.

VOX ha concurrido a las elecciones andaluzas con un programa en clave nacional, que sintetiza sus propuestas para atender a “los problemas que más preocupan a los españoles: la unidad de España, la destrucción de clase media, los elevados impuestos, la seguridad de nuestras fronteras y el recorte de las libertades”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Andalucía dice «no» a la izquierda
ABC  3 Diciembre 2018

Los votantes andaluces han puesto fin a casi cuatro décadas de gobierno hegemónico del PSOE, con unos resultados sorprendentes por la espectacular caída de la izquierda en su conjunto, que pierde 17 escaños respecto a 2015 -14 el PSOE, que queda por debajo del 30% de los votos, y tres la confluencia de Podemos e IU-, y el auge inesperado de Vox, que, con 12 escaños, puede ser el detonante del cambio en Andalucía. La izquierda ha pagado muy caro sus divisiones internas, los discursos frentistas y la corrupción masiva en la Junta, aunque es cierto que las dimensiones de su derrota no eran previsibles. Cataluña ha sido también determinante del voto de muchos andaluces, y también de una gran parte de la abstención en la izquierda, que no han entendido el compadreo de Sánchez con un separatismo que siempre ha tenido el desprecio hacia Andalucía como santo y seña de su teoría del conflicto con España.

Esta derrota no es sólo de Susana Díaz, sino también de Sánchez, aprendiz de brujo que jugó a dividir la derecha promoviendo la crispación nutriente del voto a Vox y se ha topado con una derrota histórica, otra de las que jalonan el lamentable paso de Sánchez por Ferraz. Para él habría sido ideal un retroceso de Susana Díaz, pero manteniendo el poder con Podemos. Los cálculos han fallado a los estrategas de Ferraz. La abstención es el voto de castigo a la izquierda. Lo que ha sucedido es la manifestación de una Andalucía desconocida para los circuitos oficiales y que ha eclosionado con una quiebra del statu quo dominado por el socialismo. Sin embargo, no todo se explica por la abstención, porque los partidos del centro-derecha y de la derecha han sumado más votos que en 2015, hasta llegar a una mayoría absoluta de 59 escaños y 50% de los votos, lo que quiere decir que ha habido una clara voluntad de cambio en el voto de los andaluces. Un cambio que también apunta al resto de España, porque el PSOE no debe ignorar que el mensaje de los andaluces es que su política en Cataluña no se perdona. Sánchez vive por encima de sus posibilidades y ha tenido que ser Andalucía la que dé el puñetazo en la mesa para decir que el rey está desnudo. Si los dirigentes del PP y de Cs interpretan correctamente los resultados, deben articular una alternativa de gobierno que habrá de contar con los votos de Vox.

El partido dirigido por Abascal tiene en su mano propiciar el cambio en Andalucía, porque no hay opción viable sin sus votos. Su mérito histórico será dar paso a ese cambio, no bloquear la oportunidad que tiene Andalucía de soltar el lastre de décadas de socialismo inoperante. Sus propuestas radicales sobre inmigración son tema de debate en unas elecciones nacionales y no tendría sentido que condicionaran la formación de un gobierno que, por lógica electoral, debe presidir Juan Manuel Moreno. La izquierda se escandalizará con el posible apoyo de Vox a Moreno, pero debería recordar que Sánchez es presidente gracias a los votos de Bildu -es decir, ETA- y de los golpistas catalanes. Resultaba patético escuchar ayer a socialistas y populistas alarmarse de la llegada de «la extrema derecha», en vez de analizar su tremendo batacazo. En esto, el PSOE no puede dar lecciones de ética política. En el campo del centro-derecha, el PP retrocede siete escaños, pero se mantiene holgadamente como segunda fuerza, por encima del 20%. No solo evita ser desbordado por Cs, sino que permite a Casado superar el trance de Andalucía con la vista puesta en que su partido gane, por vez primera en la historia de la democracia, la presidencia de Andalucía.

Casado, que se ha volcado en la campaña, ahora sí tiene manos libres y autoridad confirmada para afrontar la renovación del PP. Sin triunfalismos pero sin vacilar en el proceso de transformación interna que debe conducir a una reorganización política del centro-derecha. Por su parte, Cs ha tenido un éxito incuestionable, alcanzando la tercera plaza y mejorando sus resultados, pero no ha desbancado a los populares, que era su objetivo estratégico a nivel nacional. Empieza ahora el procesamiento de los resultados por los partidos. La izquierda ha certificado en su feudo histórico un fin de ciclo maquillado por la moción de censura contra Rajoy, pero que ahora revela la decrepitud ideológica y programática de Sánchez. El centro-derecha tendrá que gestionar la aparición de Vox y asumir que el votante de derechas ya no se siente cautivo de sigla alguna. España vivió ayer una nueva transición democrática -la que pone a Andalucía en puertas de un nuevo futuro- y que debería provocar un inmediato adelanto electoral, porque Sánchez y el PSOE han sufrido la peor derrota imaginable.

Fin del régimen
Vox es la nota de color, pero lo crucial es que ya hay números para relevar al PSOE
Luis Ventoso ABC 3 Diciembre 2018

La gran noticia de anoche es que por primera vez en 40 años las urnas permiten desalojar al PSOE de su poder perenne y omnímodo en Andalucía. El segundo titular es la irrupción de Vox, un voto protesta que de la nada emerge con 12 diputados (algo que solo la encuesta de ABC acertó a anticipar). Andalucía, probablemente la región con más potencialidades de España, un edén que podría ser el paraíso bíblico de la leche y la miel, ha dicho basta a un régimen clientelar que se traduce en ocho puntos más de paro que la media, en el segundo peor PIB per cápita del país y cifras penosas de fracaso escolar. Andalucía necesitaba un giro y por fin puede tenerlo.

-Ahora se entiende por qué Sánchez no convoca elecciones. El PSOE infravaloró la inteligencia política de los españoles. Pensó que con los CIS de ciencia-ficción de Chef Tezanos, los selfies en el Falcon y las televisiones remando masivamente a su favor lograría anestesiar el sentido común del público. No ha sido así. El PSOE ha sido el gran damnificado de la noche. La floja Susana Díaz, de nula acción legislativa y sin ideas, ha perdido catorce escaños y está fuera del Palacio de San Telmo: la suma con Podemos o con Ciudadanos no le basta para sumar los 55 escaños de la mayoría. Sánchez evita las elecciones porque sabe que sus expectativas son tétricas, pues buena parte de los españoles jamás le perdonarán haber tomado el poder de mano de los separatistas

-Demasiadas humillaciones. Una enorme mayoría silenciosa de españoles está harta de ver cómo se humilla casi a diario a su país. Vivimos en un país donde tras una manifestación en Alsasua de demócratas contra verdugos, el ministro del Interior salió a dar la cara... ¡por los proterroristas! Gestos tan viles, y el entreguismo de Sánchez y el PSOE ante el nacionalismo, han ido enconando un gran enojo, que ha estallado en su expresión más visceral en el voto a Vox. Resultaba casi cómico ver a Susana Díaz clamando anoche contra «extrema derecha» de Vox cuando el jefe de su partido gobierna merced al voto de los golpistas catalanes y los proetarras de Bildu.

-El laberinto de bisagras Rivera. Su situación es kafkiana. Viene de gobernar cuatro años con el PSOE de Díaz, hasta que rompió llamándolo corrupto. Firmó un pacto de Gobierno con Sánchez, y hoy lo despelleja. Ganó en Cataluña, pero no hizo nada con la victoria; sin embargo ahora quiere presidir Andalucía quedando tercero. Solo una cosa está clara en el universo Rivera: si se pone estupendo y no facilita el desalojo de Díaz lo pagará carísimo en las generales.

-La suerte de Bonilla tiene nombre. Nadie daba un duro por él y puede ser el próximo presidente andaluz. Pero su suerte tiene un nombre. Casado, sin ser Bonilla su candidato soñado, se pateó toda Andalucía en estos comicios. Anoche hubo un suspiro de alivio entre el novel equipo de Génova.

-Un pronóstico: Casado será el siguiente presidente, en coalición con Ciudadanos. Europa ha girado al conservadurismo, porque la socialdemocracia necesita reinventarse, y España no será una excepción.

El triunfo de la España sin complejos y el fin del ‘sanchismo’
OKDIARIO  3 Diciembre 2018

Los andaluces tienen motivos para la esperanza. El triunfo del centroderecha y de la derecha en las elecciones autonómicas es el triunfo de la España sin complejos, la España que cree en la ley y en hacer cumplir la ley. La España, en definitiva, que concita el espíritu de concordia de esa Constitución de 1978 que cumplirá 40 años esta misma semana. Una Carta Magna que ha articulado el mayor periodo de paz y prosperidad que ha disfrutado nuestro país en toda su historia y cuya esencia es inherente a las tres formaciones que ponen punto final a cuatro décadas de desastroso régimen socialista-peronista en la región: Partido Popular, Ciudadanos y Vox. El partido liderado por Santiago Abascal ha sido la gran sensación de la noche. También es un triunfo para Pablo Casado —su trabajo durante toda la campaña ha sido esencial para evitar el sorpasso de Ciudadanos— y para el candidato del PP en Andalucía, Juanma Moreno, que muy probablemente será el nuevo presidente de la Junta.

Mención especial también para Albert Rivera, Inés Arrimadas y Juan Marín. El gran trabajo en equipo de Ciudadanos ha propiciado que los naranjas pasen de 9 a 21 escaños en sólo tres años. Ahora, políticos de firmes ideas constitucionalistas como ellos deben propiciar con su apoyo el final de cuatro décadas de régimen socialista-peronista. No obstante, si algo ha demostrado este domingo es que los andaluces —y por extensión lo demostrarán pronto el resto de españoles— están cansados de la política neopodemita, revanchista y guerracivilista de Pedro Sánchez. Es precisamente el sanchismo el gran derrotado de estos comicios autonómicos. El descalabro del PSOE de Susana Díaz —ha pasado de 47 a 33 diputados— ha venido propiciado por la corrupción multimillonaria en forma de EREs de sus antecesores Chaves y Griñán y por la nefasta gestión del Gobierno frankenstein de Pedro Sánchez, que se ha entregado sin pudor a comunistas bolivarianos, golpistas catalanes, nacionalistas vascos y proetarras de Bildu. Ella se ha llevado el golpe electoral que los ciudadanos quieren propinarle a Sánchez, cansados de que la unidad de España sea una filfa en manos de los sediciosos.

Con casi 900.000 desempleados y una tasa de paro del 22,9% —la media nacional está en el 14,6%— Andalucía necesitaba un cambio sin más dilación. La alianza de PP, C’s y Vox podrá propiciarlo. He ahí la importancia de un centroderecha y de una derecha unida. Corriente política e ideológica mayoritaria en España y que debe evitar con su participación en cada una de las elecciones que están por venir el avance de partidos que, como el PSOE de Pedro Sánchez o Podemos, se olvidan de los asuntos de interés general como el independentismo o la avalancha de inmigración ilegal a causa de la irreponsabilidad del Aquarius para centrarse en temas trasnochados como la exhumación de la momia de Franco. Prueba de ello son las execrables declaraciones de Pablo Iglesias después del escrutinio, en lo que ha sido una auténtica invitación a la violencia contra Vox. El secretario general de los morados ha exhibido un lenguaje guerracivilista que debería estar desterrado de los discursos de nuestros representantes públicos. Al final, y de tanto usar la tumba de Francisco Franco como argumento político, Sánchez ha provocado que el PSOE quede enterrado electoral y políticamente por sus propias obsesiones.

De cómo el nacionalismo ha tejido su red para la destrucción de España (II)
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 3 Diciembre 2018

Continúo con lo introducido en mi artículo anterior en torno a cómo los nacionalismos secesionistas en España han ido haciéndose con el poder durante el periodo de la democracia constitucional sin tener prácticamente obstáculos, derruyendo en la práctica el entramado constitucional, con la inefable ayuda de la izquierda y el atontamiento estúpido de la derecha acomplejada.

Un ejemplo de ello es lo que está ocurriendo estos días en la campaña Euskaraldia, cuyo objeto es romper la atonía en el uso del euskera, porque es una evidencia a todas luces, reconocida por el propio Gobierno Vasco, que la gente es obligada a aprender euskera por razones imperativas, pero luego no lo usa, simplemente porque no le da la gana, porque nada que se impone impide, al final, el uso de la libertad. Porque no se puede poner puertas al campo. No se puede contener indefinidamente las necesidades de libertad de la población porque al final acaban rompiéndose los diques.

Pero a estos señores nacionalistas no les cabe en la cabeza que pueda haber libertad y democracia. Lo suyo es imponer. Y luego llaman dictador a Franco. No tienen ningún respeto a la libertad de la gente, a la simple disposición personal de hablar en la lengua materna o en lo que le de la gana siempre que los demás le entiendan.

La campaña de las chapitas lo que intenta es dos cosas: señalar a los que no se sumen a ella e imponer a los que, para no ser separados de la tribu se pongan el identificativo, hablar euskera. En tiempos de Hitler los alemanes se colocaban en el brazo la cruz gamada para no ser identificados como judíos.

Pero lo que ya riza el rizo es que eso se lleve a las aulas, en el mayor despropósito posible de utilización de los niños para sus intenciones políticas, marcando a los niños que no hagan caso a la consigna fascista, y obligándoles a hablar euskera cuando lo que hacen es utilizar la lengua de sus padres, que es la materna.

Como decía en mi anterior artículo, Sabino Arana propugnaba que los vascos debían conocer su patria para amarla y defenderla, en oposición a lo que él calificaba el “enemigo” español, construyendo un imaginario que en nada tenía que ver con los antecedentes históricos de las Vascongadas en España y aprovechándose de la situación de abolición relativa de los privilegios forales con Cánovas. Decía que “[…] el pueblo vasco no se estudia a sí mismo conociendo su historia y su situación actual”, como si lo que él llamaba pueblo vasco, reducido a Vizcaya, fuera algo diferenciado del pueblo español, y olvidándose de que el “Señorío de Vizcaya” ligado a Diego López de Haro, estuvo al lado de los reinos de Castilla sin constituir un sistema independiente de la evolución de España.

Abundaba en tamaña ignorancia en los siguientes términos:
“Sólo un pueblo hay en la tierra ingrato para aquellos que a costa de su sangre le han dado el ser, desconocido para sus glorias pasadas y olvidado de todo lo más grande que hay en su historia. No sabe quiénes fueron sus padres, ni quienes son hoy sus hijos, ignora lo que fue, y así también ignora lo que hoy es… Conserva su nombre… y, no obstante, no tiene conciencia de su ser… no se conoce… no sabe quién es. Ese pueblo es el euskaldun” Patético y absurdo. No se sabe a qué se refiere a las glorias pasadas. Lo más probable es que esté en relación con las guerras carlistas que, como todo el mundo sabe, salvo los nacionalistas, fueron guerras sucesorias, guerras españolas, no de vascos contra españoles, como reiterativamente expone la ETB cuando emite programas sobre la última guerra civil española.

Para transmitir ese ideario manipulado, basado en una historia mítica, el Partido de Sabino Arana necesitaba a la escuela como habitáculo de todo el bagaje falsificado a transmitir a las nuevas generaciones y manipulando con todo descaro la historia. Es lo que llamamos, la “construcción nacional”, compuesta por una formulación ex novo de unos valores nacionales, una historia nacional, una lengua unificada, unos mitos, unos símbolos creados de la nada para dicho resultado, etc; para lo cual el elemento fundamental era la escuela como instrumento de transmisión.

Y, a tal efecto, había que crear artificialmente un enemigo:
“El español no pierde ocasión de destruir en nuestra Patria el espíritu de nacionalidad. No se ha contentado con que nuestras escuelas sean españolas y se enseñe la Doctrina Cristiana a los niños euskeldunes en un idioma que no entienden y se les obligue a la salvaje tiranía del anillo, a olvidar la lengua de sus padres, pretendiendo así borrar de sus tiernos corazones todo afecto a las dos partes de nuestro santo lea Jaun-Zarra: ahora trata de inculcar en su pecho el patriotismo extraño con que quiere sustituir al que les es natural, y al efecto se lo define mostrándoles la bandera española y se le impone obligándoles a venerarla y adorarla”. Denunciaban el anillo. ¿Y las chapas de Euskaraldia, qué es?

Hasta la entrada en el actual periodo constitucional los nacionalistas clamaban por el respeto a la lengua materna, si ésta era la de los vascos euskaldunes que eran una minoría muy minoritaria; tal como exigía el fundador del nacionalismo vasco. Evidentemente tenían razón en sus pretensiones si no fuera que, tras esta reclamación, estaban las pretensiones secesionistas. Sin embargo, pronto se han olvidado de dicho principio, y en la actualidad han hecho tabla rasa de ese axioma, rompiendo toda coherencia, e imponiendo la erradicación en las escuelas de la lengua materna de la absoluta mayoría de la población residente en las Vascongadas que es el español, la lengua de todos los españoles, incluidos los vascos.

“[…] ¿Qué podrá esperarse de esos niños que asisten a escuelas exotistas, en las que nada se les dice de su raza y de su sangre, ni de los derechos de ellas, en que se les impone una lengua que no es la de su raza, y se les induce a despreciar el euskera?”, añadía.

Ese ambiente respondía a los intentos de crear un sistema educativo nacional en España, al igual que se estaba haciendo en el resto de Europa, tras la emergencia de los sistemas nacionales liberales que tenían en la idea de la educación unificada y centralizada el bastión de su configuración, verdadero baluarte para crear la base para la existencia de esos Estados modernos que superaran a las monarquías absolutas y posibilitaran las soberanías nacionales de esos estados. Pero los nacionalistas, como herederos del Antiguo Régimen y de los privilegios estamentales no lo aceptaban. No podían aceptar que llegaran de otras regiones españolas mano de obra que se sumara a la fuerza de trabajo necesaria para crear una industria fuerte que superara a las antiguas ferrerías de pequeña entidad y de explotación familiar, o el aprovechamiento de las minas por los jauntxos tradicionales, arrastrados por las realidades de la revolución industrial.

La escuela, tenía un sentido especial, algo imprescindible para inocular en las nuevas generaciones el espíritu patriótico vasco, el abertzalismo, cuyo destino era la lucha contra lo español, contra ese enemigo creado para reafirmar la identidad propia con una fundamentación excluyente, separatista.

“Los niños vascos de hoy pueden ser y deben ser los hombres patriotas del mañana. ¿Lo serán? De nosotros depende. Esos niños serán lo que nosotros queramos que sean. La instrucción que reciban y la educación que se les dé determinarán lo que han de ser. Si se les instruye en el conocimiento de la Madre Patria, en el de los deberes que para con ella tienen, si se les educa en el amor a la raza y a sus características, como la lengua, esos niños de hoy serán mañana unos fervientes patriotas, hombres de acción, los salvadores, tal vez de la Patria vasca”

En este texto publicado en el periódico sabiniano “Euskadi” en 1915, atribuido al inventor del nacionalismo vasco, se concentra, en esencia, la máxima del fundamento nacionalista, que tiene una médula totalitaria, una falta de respeto absoluto a los individuos, a las personas; y un sentido patrimonialista de lo que llaman el pueblo vasco como entelequia y ente abstracto sujeto a supuestos derechos colectivos que atropellan un básico concepto de ciudadanía y de democracia.

Celaá, la educación y su claudicación ante Cataluña
Pedro Sánchez mintió con alevosía y premeditación cuando quiso justificar su moción de censura
Miguel Massanet diariosigloxxi 3 Diciembre 2018

Años de lucha por mantener el cumplimiento del mandato constitucional en Cataluña, para darle al castellano, una situación preeminente en la educación, echados a perder por la traición a la unidad de España, de los socialistas.

Sin duda alguna, y el tiempo se ha encargado de demostrarlo, el señor Pedro Sánchez mintió con alevosía y premeditación cuando quiso justificar su moción de censura contra el señor Rajoy, diciendo que no lo hacía para beneficiarse de ello, ni él ni su partido0, sino con la intención de convocar elecciones en un plazo corto, para que los españoles pudiéramos escoger la clase de gobernantes que deseábamos para nuestro país. Se trataba, en realidad, como hemos tenido ocasión de comprobar, de un engaño destinado a ganar tiempo para poder llevar a cabo un plan, sin duda bien concebido, para conseguir alcanzar la fecha de las nuevas legislativas, en el año 2020, manteniéndose en el poder lo cual, como es evidente, le iba a reportar importantes ventajas a la hora de acudir a los comicios.

Se esmeró en pergeñar un gobierno a su imagen y semejanza que fuera capaz de mentir con soltura, de lanzar globos sonda estando dispuesto a rectificar a la menor sombra de que pudieran salir perjudicados si insistían en el proyecto y, por encima de todo, estar dispuestos a aferrarse a una resistencia numantina ante cualquier presión, por parte de la oposición, para que convocaran nueva elecciones o verse obligados a ceder, reconociendo que habían fracasado en el gobierno de la nación. Han tenido situaciones en las que se han visto obligados a prescindir de algún ministro, afectado por graves irregularidades, que no ha podido soslayar su responsabilidad; han mantenido en sus puestos a otros a los que les han salido situaciones muy incómodas, pero que se han negado a dimitir y hasta el mismo líder, Pedro Sánchez, se ha negado a asumir la responsabilidad por el hecho de haber copiado, flagrantemente, partes de su tesis doctoral. Eso sí, se volcaron cuando algunos miembros del PP tuvieron su propio Gólgota por causa de situaciones similares a las que ellos no han querido reaccionar de una forma decente.

Ahora al PSOE le están creciendo los enanos por todas partes y, a pesar de ello, insisten en actuar sin la menor vergüenza de la forma más absurda, irracional, despreciable y perjudicial para los intereses de España y los españoles, que nunca se hubiera podido imaginar. El señor Sánchez es evidente que está dispuesto a acabar con la Constitución, con la democracia española, con todos los avances conseguidos durante los últimos tiempos y hasta con nuestro sistema político basado en el sistema de monarquía parlamentaria, con tal de conseguir mantenerse en el poder aunque, para ello, deba acudir a subterfugios miserables e, incluso, a cometer deslealtad con la patria española, entregando una parte de la misma en las manos de aquellos traidores que vienen intentando obtener su independencia desde hace años, sin que, afortunadamente, hayan tenido éxito alguno en sus pretensiones. No obstante, parece ser que vamos por el camino de que las cosas cambien y ello puede ser que sea a base de ir cediendo, por partes, a las pretensiones soberanistas de los catalanistas de modo que, paso a paso, pudiéramos ir entregándoles el mando absoluto de la autonomía mediante el indigno sistema de írsela cediendo en pequeñas entregas.

Hete aquí a esta señora, la señor Celaá, con aspecto de beata de sacristía, que apenas habla, que mantiene la faz estática, incluso cuando lo que dice puede ser una de las más terribles equivocaciones del gobierno socialista, que ha decidido por su y riesgo crear un proyecto de Ley Orgánica de Educación, made in PSOE, sin consultarlo con nadie que no sean sus propios conmilitones socialistas, ni tener la mínima cortesía de pedir la opinión al resto de los partidos de la oposición que, con toda seguridad, tendrían algo que decir al respecto. Pero es que esta profesora de filología inglesa, ahora con el cargo de ministra de Cultura y portavoz del gobierno socialista, parece ser la encargada de hacerles el primer gran regalo a los separatistas catalanes, después de que, el señor P.Sánchez, les haya estado apoyando todo lo que ha podido desde que consiguió su soporte en la moción de censura contra el PP.

Ahora se trata, señores, de dar por buena la política lingüística de la Generalitat catalana que, durante años, se ha ido saltando a la torera la Constitución, las leyes españolas y los constantes requerimientos del Gobierno de la nación así como las sentencias de los tribunales de justicia que se han referido a la forma torticera y evidentemente anticonstitucional mediante la cual los políticos soberanistas catalanes estuvieron burlándose de los sucesivos gobiernos de España. Esta señora es partidaria de que, los alumnos de bachillerato (ya en un puesto vergonzoso en las valoraciones europeas) pueden conseguir su título con una asignatura suspendida, no fuere que el mal estudiante, el que no ha puesto el esfuerzo necesario y los codos encima de la mesa para estudiar, pudiera quedar decepcionado viendo que los buenos estudiantes sacaron su diploma y ellos no. ¡Una manera muy buena de establecer la igualdad entre los buenos y los malos o de premiar el esfuerzo y sancionar la vagancia!

En el último redactado del anteproyecto de modificación de la Lomce, se concede a la Generalitat de Cataluña total libertad para decidir cuantas asignaturas imparta en catalán u cuantas en español. ¡Magnífico, señora Celaá! de un plumazo intenta usted cargarse el idioma castellano en Cataluña, una de las aspiraciones más buscadas por todos los gobiernos catalanistas que se han venido sucediendo desde que la Constitución, en mala hora, tuvo la debilidad de establecer las autonomías, sin prever que esto que está sucediendo pudiera ocurrir. Y nosotros, como españoles y, puede que cándidamente, que seguimos pensando que nos encontramos en un Estado de derecho en el que, la Constitución, es la Ley fundamental a la que deben someterse el resto de leyes, cualesquiera que fuesen y de la procedencia que vengan; no podemos entender cómo, una simple ministra, quizá por ser vasca y con vistas a legitimar que, en su propia “patria”, la vasca, también se puedan beneficiar de este intento de deslegitimar, una vez más, el uso del castellano que “sólo” lo hablan en el mundo 570 millones de personas; pretendiendo justificar esta “inmersión total” en el catalán (falsamente con la excusa de que, este idioma de Cataluña está en peligro de extinción, cuando es evidente que esto no es más que una de las tantas falacias que vienen contando los soberanistas) hablando de que también se envían estudiantes a Inglaterra para que estudien inglés, en una inmersión en dicho idioma.

Pero ¿qué clase de estupidez es esta?,¿ a quién se le ocurre esta comparación y qué diablos tendrá que ver que unos chicos, provisionalmente y voluntariamente, se desplacen a otra nación para aprender el idioma de la misma, al caso de una población española, que vive en una autonomía española, que representa el 50% del total de los que vivimos en Cataluña, a la que se la obliga, a la fuerza, a tener que estudiar en catalán , un idioma cooficial pero subordinado siempre a la lengua oficial de la nación, la mayoría de las asignaturas. La Constitución dice claramente que todos tendrán el derecho a hablar el castellano y a usarlo y todos deberán conocerlo ¿Qué es lo que la señora Celaá no entiende de lo que está escrito, al respecto, en la Carta Magna? O ¿acaso no importa, si lo que se intenta en que los catalanes sigan apoyando al señor Sánchez, para que siga en el machito por mucho que esto venga perjudicando a toda España?

Es hora de que a esta señora, como ya ha ocurrido en otros casos como, por ejemplo, con la señora ministra de Justicia, otra que ya debería haberse retirado con todos sus bártulos de un cargo que, al parecer, le viene muy grande, si es que a las tres recusaciones que ya ha conseguido y a los antecedentes que se le achacan tuvieran algún efecto. Y, señores, no queda más remedio que nos vayamos preguntando ¿cuántas cosas más, de este tipo, se les va a consentir a estos que ocupan el poder, apoyados por los comunistas de Podemos, hijos predilectos del sátrapa venezolano y dictador totalitario Maduro, responsable de la miseria de su país y de los crímenes que viene cometiendo para evitar que el pueblo lo derribe de su puesto? No conseguimos entender qué hace falta más para que nos alertemos de que estamos en manos de unos golpistas, si señores, golpistas, que están intentando derribar el sistema democrático del que gozamos, usando en su favor la tolerancia de unos gobiernos que, sentimos tener que decirlo, parece que no tienen las agallas precisas para deshacerse de semejantes parásitos de la sociedad, minorías envalentonadas a las que se les concede una importancia que no tienen y a las que el Estado debería de haber tratado como se merecen, en lugar de ir cediendo permitiendo que una primera ola de apenas un 20% de la ciudadanía catalana de hace unos siete u ocho años ahora ya sume el 47 % del total de la población de Cataluña.

El Gobierno debiera de aclararnos, de una vez, cuáles son sus verdaderas intenciones respecto a Cataluña y si, de verdad, está dispuesto a traicionar a España dándoles a los independentistas todo lo que quieran. Y ya comenzó a hacerlo cuando se negaba a apoyar al juez que se ocupa de los expedientes contra varios de los ingresados en la cárcel pertenecientes a los separatistas catalanes, el juez Llaneras; después la ministra de Justicia manipuló a los abogados del Estado para que rebajaran la calificación del delito de rebelión ( que siguen manteniendo los fiscales del caso ) por el de secesión y, ahora, no hacen más que repetir que “El gobierno de la nación garantiza que los rebeldes van a tener un juicio justo”, pero ¿es que alguien pudiera pensar de otra manera?. Y que ¡porras!, va a tener que hacer el poder Ejecutivo para garantizar que el poder Judicial, independiente del Ejecutivo y del Legislativo, aplique la Ley según está capacitado a hacer, sin que el señor Sánchez ni ninguno de sus ministros tenga el menor poder, capacidad ni medio para garantizare o dejar de garantizar nada de lo que pueda hacer el poder Judicial dentro de sus absolutas competencias ¿Está claro no?

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable premonición de que, en esta nación, a la que llamamos España, se están preparando acontecimientos que, o se toman las medidas para que no puedan producirse o, mucho nos tememos, vamos a entrar en una deriva que, desgraciadamente, puede acabar como ya sucedió en 1936, en una situación en la que, si no hubiera sido por el general Franco, a estas horas ya seríamos uno más de los países que fueron satélites de la URRS. Tomen nota los que ahora intentan jugar con sus restos mortales.
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