AGLI Recortes de Prensa   Martes 4  Diciembre 2018

¿Qué se celebra el 6 de diciembre?
Sigfrid Soria gaceta.es 4 Diciembre 2018

El mensaje único de lo políticamente correcto impone a los españoles una celebración que a priori anestesia cualquier análisis. Es cierto que el próximo 6 de diciembre habrán transcurrido 40 años desde que la Constitución obtuviera el respaldo del 88% del 67% que votó de cuantos españoles podían votar, pero de ahí a que sea motivo de merecida celebración en 2018 hay una gran diferencia. El amplísimo respaldo en referéndum que tuvo la Carta Magna demostró inequívocamente en 1978 el anhelo de democracia que había en aquellos momentos, cosa en lo que los españoles del siglo XXI coincidimos plenamente. Sin embargo, lo que es cuestionable es si la efeméride debemos calificarla como celebración. Porque celebrar lleva implícito alabar, festejar y elogiar y si alabamos y elogiamos a la democracia de España en 2018, seguramente nos estaremos confundiendo. Que no nos nuble el juicio el compartido deseo de libertad de ayer y de hoy, y evaluemos pues con responsabilidad qué hemos hecho con esa libertad que asumimos. Precisamente eso, aclarar el juicio, es lo que me propongo en este artículo de opinión.

Aparte de haber vivido en libertad, que no es poco, ¿ha servido para algo más la democracia? Porque si la respuesta a dicha pregunta es negativa, lo que se celebraría cada año sería únicamente que ya no estamos bajo una dictadura, que es lo que anhelaron principalmente quienes votaron SÍ en aquel referéndum de 1978, con lo que habría que concluir que habríamos avanzado nada, y por ahí van los tiros. Solo dos Partidos políticos han gobernado en este período. Quien se autodenomina socialista obrero ha arruinado dos veces a España y ha disparado el paro siempre que ha estado en el Gobierno a límites jamás vistos hasta cada uno de esos momentos.

Por si fuera poco, y para mayor escarnio de los auto calificados socialistas, ese Partido ha protagonizado, cada vez que ha tocado poder, la mayor corrupción de este país, con casos como los de los descarados robos de miles de millones de euros públicos a los más desfavorecidos, los parados. Pero, por otro lado, quien se autodefine humanista cristiano y liberal en lo económico, el otro Partido político, además de haberse subido también al tren de la corrupción, como el socialista, ha demostrado que ni defiende el derecho a la vida, con lo que de cristiano tiene lo que yo de astronauta, ni aplica principios liberales en la economía, pues en su última oportunidad de gobernar España, incluso con mayoría absoluta, incrementó la deuda pública en más de 400.000 millones € y disparó los impuestos, lo cual demuestra su insólita traición al liberalismo económico y su bochornoso abrazo a las siempre fracasadas recetas socialistas a lo largo de la historia de la Humanidad. Más claramente, el Partido Popular es quien ha incrementado más, y más rápido, la deuda pública y quien asimismo ha elevado más la fiscalidad en un menor intervalo de tiempo. Con lo que de liberal en lo económico tiene lo que yo de violinista.

Dejando de lado, y cuesta mucho, los aspectos económicos que nos llevan a concluir por ejemplo que en 1978, con un PIB ocho veces menor, España tenía la mitad del paro que tiene en 2018 o que la deuda pública de cada español era de 3.000 € frente a los casi 25.000 € que asumimos los españoles de 2018, y analizando otros aspectos, vemos que el desolador panorama no se limita a las finanzas, sino que se extiende a otros órdenes.

Por ejemplo, el insostenible estado autonómico que desde 1978 hemos desarrollado. La Constitución permitió desarrollar una monstruosa estructura institucional y empresarial pública que arroja como resultado que la España de 2018 tenga 1 político por cada 115 ciudadanos frente al 1 por cada 325 de Francia o al 1 por cada 800 de Alemania. En España, las autonomías han producido que haya más políticos que médicos, policías y bomberos juntos; o que en EEUU, que tiene 325 millones de habitantes frente a los 47 de España, haya 412 coches oficiales frente a los 12.000 de España.

Esta megalomanía institucional que ha permitido desarrollar la Constitución de 1978 no se detiene en las someras, pero impactantes, cifras que he proporcionado anteriormente. El delirio de grandeza, cual si país infinitamente rico se tratara, también abarca, por ejemplo, proporcionar sanidad universal a cualquier inmigrante ilegal que jamás haya cotizado, incluyendo las pruebas diagnósticas más avanzadas y las intervenciones quirúrgicas más costosas, cosa que nos convierte en algo completamente insólito en el contexto internacional. También damos vivienda y dinero público a quienes entren por una de nuestras fronteras con la intención de quedarse, vayan a aportar o no a España. Pero el infinito buenismo en el que estamos instalados permite que se pueda quemar la bandera de España o insultar públicamente a cualquier símbolo o institución del Estado, sin que ello tenga consecuencia alguna para quien lo haga.

Por último, es preciso entender la triste realidad que vivimos hoy y que definitivamente niega taxativamente que los españoles tengamos en 2018 una democracia saludable y, por tanto, alabable. Dicha realidad es la que tanto el PSOE como el PP han permitido durante décadas a los separatistas, pactando con ellos siempre y tolerando su presencia en todas las instituciones del estado. La democracia española, bajo el paraguas de la Constitución, permite que quienes tienen como objetivo acabar con la democracia y con la propia Constitución estén en el Senado, en el Congreso y en los 17 Parlamentos y Gobiernos autonómicos para consumar impunemente sus bastardas intenciones.

Comunistas que sueñan con dictaduras marxistas leninistas para España y violentos independentistas radicales, que fantasean con la liquidación de la soberanía nacional de los españoles, se han aprovechado y aprovechan de la debilidad y ganas de poder de los dos únicos partidos políticos que han gobernado en España. Nadie puede festejar en nombre de la democracia una situación de golpe de estado crónico cuya respuesta es nula por parte de ese Estado. España y su democracia viven en 2018 una auténtica vergüenza sin parangón entre los países con democracias avanzadas.

La parte buena, no quiero acabar este artículo sin mentarla, es que no está todo perdido. La posible reversibilidad del lastre autonómico y la consecuente viabilidad económica de España; la cierta recuperación de todas las competencias autonómicas por el Estado y el derivado giro hacia la igualdad real de todos los españoles, y el rescate del patriotismo democrático español naufragado son realmente posibles. Asimismo, se puede acabar, con todas las herramientas democráticas que brinda la propia Constitución española, con el golpe de estado que sufre España. Todo está en nuestras manos y solo si conseguimos estar a la altura del histórico reto, solo en ese caso, será cuando podremos verdaderamente celebrar la onomástica de la Constitución de España. No antes.

Extremismo y verdad
Vuelve a haber ciudadanos libres que quieren políticos que no los adoctrinen
Hermann Tertsch ABC 4 Diciembre 2018

Es habitual en España que quienes más se equivocan sean los que más airadamente expliquen después la realidad que ha ridiculizado su criterio. Por eso es tan de aquí esa bandada de plumillas que lleva meses proclamando a diestro y siniestro que Vox es un grupito de «fachitas enfadados con el PP» que solo conseguirían fraccionar y liquidar a la derecha. Pues tras su patinazo del domingo, escriben tratados de antropología barata para explicar los instintos atávicos del español que le obnubilan, enloquecen y embrutecen para acabar con el voto a «la ultraderecha», «radical» y «extremista». Una enfermedad aterradora. Unos la quieren curar con un cordón sanitario. Otros preparan soluciones más drásticas, según suena esa arenga de Pablemos, tan similar a la tantas veces cumplida amenaza de su camarada, el narcocomunista Nicolás Maduro, del «si no es por los votos, será por las armas». Hay mucha tradición en la izquierda española a considerar la violencia tan aceptable como la legalidad si la demandan sus excelsos fines.

Está alarmado el mundo del consenso político y mediático y sus élites. Ese mundo privilegiado que, en aras de la comodidad y del miedo a entrar en conflicto con la religión laica de la socialdemocracia, acata y se resigna a todo el proceso de degradación de ética y estética, de pensamiento y cultura, de objetivos e ideales, de los derechos, de la dignidad humana y la propia idea de la libertad. No estaría alarmado si tuviera enfrente un partido de ultraderecha, por fascista que fuera. En breve lo habría integrado al sistema y comprado a sus líderes un chalet en La Navata, cerca del jardín amurallado del comunista.

Identifican a Vox con la extrema derecha porque ha hecho campaña por la verdad y la verdad aquí ya es «facha». Así es. Este partido no ha tenido miedo a decir que los golpistas son golpistas ni que las denuncias falsas son un bárbaro efecto de una ideología de género que ha destruido la igualdad ante la ley. Eso es verdad. Y los demás no se atreven a decirlo. Porque es facha, según las teles y políticos. Y Vox ha expresado los mil desmentidos a las mil mentiras desde la articulación y libre expresión de la verdad, sin cortapisas y en el mismo lenguaje que utilizan los españoles comunes. Esos que solo hablan de la verdad en la intimidad, en familia, en el bar, con los amigos, porque fuera de ella puedes contar con represalias. Para los guardianes de la corrección política, la cada vez mayor construcción de mentiras generadas sin cesar por el neomarxismo, la verdad que atenta contra esas mentiras, es fascista y los hechos también. Luego aquellos que defienden y proclaman la verdad, sea sobre inmigrantes, sobre la historia de España, sobre delincuencia o violencia de sexos, también lo son. En las televisiones, periodistas y políticos y un ejército de vividores de la charlatanería de la corrección política dan lecciones permanentes, sobre cómo tienen que vivir, repartir, desear, consumir, hablar, comer, pagar, tratar a sus hijos, su matrimonio, su patrimonio, sus perros, su parcela, su finca, su casa.

Los políticos «hacen pedagogía» para adultos supuestamente libres y en su sano juicio. Siempre es pedagogía ideológica que desafía al sentido común, a la lógica y a los intereses del afectado. Se adoctrina sin cesar a unos contribuyentes que pagan todos los atentados de la política contra el sentido común y contra la vida normal de las gentes. Pues resulta que vuelve a haber ciudadanos libres que quieren políticos que no los adoctrinen, que les representen. En sus intereses, sus opiniones, sus ideas y creencias y en su decisión de defender su libertad, su soberanía nacional y su forma de vida. ¿Extremistas? Pues prepárense porque habrá más.

Los antipáticos
Ignacio Camacho ABC 4 Diciembre 2018

No, no es una broma: Sánchez llamó a respetar en Andalucía la lista más votada. Y no, tampoco es una coña que haya pedido aislar a Vox por considerarlo un adversario (que en alguna medida sí lo es) de la Carta Magna. Eso lo ha dicho el presidente que gobierna con 85 diputados sobre un total de 350 en la Cámara, y lo hace con el apoyo de una fuerza anticapitalista y antimonárquica, de los legatarios de ETA y de los golpistas de la revuelta catalana: la más amplia alianza anticonstitucional que cabe ahora mismo en España. Probablemente no pretenda insultar la inteligencia de los votantes, aunque de hecho lo haga, ni los considere presos de una modalidad de amnesia colectiva extraordinaria, sino que en un caso flagrante de personalidad disociada se sitúa a sí mismo por encima de sus propias circunstancias. No está dispuesto a asumir ninguna clase de responsabilidad en un fracaso del que piensa sacar provecho apartando a Susana Díaz para cobrarse su particular venganza. No se va a dar por aludido ante las señales axiomáticas de que su manera de acceder al poder ha recibido en las urnas una primera moción de censura palmaria. No se plantea hacer autocrítica ni destituir a un Tezanos que ayudó a extender en su electorado la idea de que la victoria estaba asegurada y desmotivó a muchos socialistas que se quedaron en su casa. En resumen: no parece haber entendido nada.

Y sin embargo, eppur si muove, son su Gobierno y su estrategia las causas esenciales del fiasco. Acertaron los partidos de oposición cuando plantearon su campaña en clave nacional para estimular el voto de rechazo. El conflicto de Cataluña, y en especial el modo en que el presidente ha abordado la relación con los sediciosos que trataron de romper la unidad del Estado, ha sido el principal catalizador de la crecida simultánea de Vox y de Ciudadanos, los dos factores esenciales -junto a una cierta resistencia, mayor de la prevista, del PP- del descalabro que ha tumbado una hegemonía territorial de 36 años. Susana Díaz se ha equivocado en el planteamiento táctico. Eligió un argumentario de andalucismo emocional que no ha calado y mostró, como de costumbre, una sobrevalorada confianza en su liderazgo. También es posible que eligiese mal la fecha, obsesionada por sacudirse la sombra del presidente para presentarse en solitario. Pero todos esos errores son subsidiarios de la evidencia de que ha recibido un castigo delegado. La derecha ha encontrado en Sánchez y sus aliados el elemento de cohesión capaz de sacudir y movilizar a una clase media harta de corrupción, clientelismo y paro, pero también de impostura moral y de supremacismo antipático. Y quien menos puede clamar por el retroceso del voto moderado es el hombre que más ha contribuido a achicarle el espacio apoyándose en la radicalidad más desestabilizadora para posar como un Kennedy de bolsillo subido en un Falcon.

Elecciones Andalucía 2018
La caída del PSOE originará un ERE para decenas de miles de enchufados entre los 540.000 empleados de la Junta
Joan Guirado okdiario 4 Diciembre 2018

Andalucía se despierta como un lunes más. En el bar Antojo hay quien con el café en la mano, no sabe ni que el pasado domingo hubo elecciones. No es extraño que en algunas ciudades el número de votantes fue incluso inferior al número de personas desocupadas. Otros analizan la actualidad creyéndose que se encuentran en un plató de televisión, alzando la voz como si eso les fuera a dar más razón: “Ya te lo había dicho yo, que VOX entraría con muchos” le espeta José a Ramiro mientras se ríen mirando una foto de Susana Díaz en el periódico.

Pasan pocos minutos de las diez de la mañana pero este lunes, nos dice un camarero, todavía no ha acudido a desayunar ningún trabajador de la sede regional del PSOE, situada a pocos metros. No es que la noche fuera larga en el cuartel general de los socialistas, que plegaron velas poco más tarde de las once de la noche, pero hay preocupación: “¿Tú sabes toda la gente que se irá al paro ahora, que no han tenido otra ocupación en su vida que cobrar sueldo público?”, me comenta Maria en la barra del bar.

La sensación en la tierra de Antonio Machado es que lo que pasó el pasado domingo debería haber pasado mucho antes, pero el sistema de “barrigas contentas” -robándole una expresión a José- que tenía montado el PSOE hacía que nadie se atreviese a votar algo que no fuera socialista. Todos se jugaban mucho, pero han ido perdiendo el miedo. Ahora, ese mantra de que votar a la derecha es malo en Andalucía ya no existe. Taxistas, trabajadoras del hogar, profesores: los andaluces se sienten orgullosos de haber votado VOX y lo explican sin prejuicios.

Aún con los resultados del pasado domingo, hay quien no ve claro que se vaya a poder formar gobierno, reconoce Jesús. Él ha votado “socialista como toda la vida” y asegura que “no se puede cambiar el voto así como así”. Este empleado de banca recién jubilado confiesa que “igual sí que a veces se han portado un poco mal, pero han hecho mucho para esta tierra para que ahora vengan unos pocos de derechas y lo destrocen todo“. Según Jesús “no creo que se pongan de acuerdo”.

Cuando nos marchamos, llega un hombre que nos dicen “es de los de Felipe”. Tiene alrededor de unos sesenta años, pero cuando intentamos hablar con él nos dice que no quiere hablar. De fondo, alguien con quien debe tener una cierta confianza le grita desde una mesa “¡va, a hacer el currículum, que ahora sí que habrá ERE para vosotros, pero no con esas cantidades que robasteis!“. A juzgar por la cara del señor, que luego nos concretan que trabaja como cargo de confianza en la Junta de Andalucía, la broma no le ha hecho mucha gracia.

Más de medio millón de funcionarios
A día de hoy, Andalucía es la comunidad autónoma con más funcionarios públicos, más de medio millón, por encima de Madrid y Cataluña. De esta forma, el 23% de los asalariados de la región, unos 541.000, perciben su sueldo con cargo a los presupuestos públicos del Estado, la Junta de Andalucía o los ayuntamientos andaluces. Además, 23.899 personas cobran de una de las 60 empresas instrumentales que dependen de la Junta, cifra que aumentó el año pasado pese al compromiso adquirido por el PSOE con Ciudadanos de reducir el número de este tipo de contratos.

40 años de gobierno socialista dan para tanto, que como se comentaba a modo de broma este domingo entre los periodistas, los últimos beneficiarios del monocultivo socialista serán la empresas destructoras de documentos. Todas las candidaturas, excepto el PSOE, prometieron una auditoría para levantar todas las alfombras de San Telmo. Y es que lo que no consiguió en su día la juez Mercedes Alaya con los ERE, lo ha conseguido el juez Francisco Serrano con las urnas. Hoy el PSOE de Andalucía está tocado, y prácticamente hundido.

Constitución, patriotismo y Nación
Mateo Requeséns gaceta.es 4 Diciembre 2018

La semana pasada el Parlamento vasco aprobó una resolución que ataca directamente a la Nación española. La Constitución “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, pero los separatistas afirman que “la unidad desde la imposición y la pertenencia desde la obligación, suponía y supone construir el Estado español desde una base antidemocrática e históricamente falsa, porque dicha unidad no fue, ni es, consecuencia de la libre adhesión y voluntad de los Pueblos”.

Cabría esperar de las instituciones autonómicas lealtad con la norma suprema que las creó, sin embargo llevamos décadas soportando las continuas maniobras para liquidar la Nación española orquestadas por los partidos separatistas. A estas alturas cualquier persona con una mínima honestidad intelectual no podrá negar que el sistema autonómico se ha retorcido para crear compartimentos estancos con el único objetivo de fragmentar la sociedad española y destruir la idea de España como Nación.

La segunda parte del art. 2 de la Constitución, que el Parlamento vasco “olvida” mencionar, “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. La identidad cultural de las diversas tierras de España desde siempre se respetó y se consideró un patrimonio que nos enriquecía a todos, pero nunca una Constitución había otorgado tal grado de capacidad de autogobierno a las regiones y provincias, ahora bautizadas como Comunidades Autónomas. Lejos de valorar tal concesión, sin parangón en otros países de nuestro entorno, los partidos nacionalistas han usado el desmesurado poder que la Constitución ponía en manos de las instituciones autonómicas para sostener a lo largo del tiempo una sistemática campaña de hostilidad hacía la idea de España, una auténtica política de desespañolización ejecutada en Cataluña y Vascongadas, e incluso en Galicia, Baleares y Reino de Valencia, a través del adoctrinamiento en las escuelas, la inmersión lingüística, el dominio de los medios de comunicación locales y un asfixiante control de la cultura.

Los teóricos partidos nacionales, UCD y PSOE, en aras del consenso y el dialogo de cara a la galería, y por detrás en provecho propio, aceptaron sin reparos ni la menor prudencia que todo el proceso autonómico estuviese condicionado por los nacionalistas. Posteriormente el bipartidismo de PP y PSOE ha dejado obrar a sus anchas al nacionalismo, cuando no se han sumado a sus postulados tal y como ha sucedido con el PSOE en Cataluña, Valencia y Baleares o con el PP en Galicia.

Quizá, de haberse puesto énfasis en la salvaguarda de los vínculos de solidaridad a que apelaba el ya citado art. 2 de la Constitución, y que no consisten en otra cosa que el destino compartido entre todos, el sistema autonómico podría haber funcionado. Pero ha prevalecido la contradictoria alusión a unas nacionalidades que nunca habían existido y que solo ha servido para inutilizar el sentimiento de comunidad nacional a que hace referencia el primer párrafo del tan mencionado art. 2 de la Constitución.

El caso es que lo que hay que tener muy claro es que la Nación precede a la Constitución y esta tan sólo es un instrumento al servicio de aquella. Las constituciones van y vienen a lo largo de la historia, la Nación es lo que prevalece, porque toda Constitución es el resultado jurídico en el que se expresa en un momento determinado la voluntad política de un pueblo constituido en comunidad nacional. Esta unidad política existente tiene su valor y su razón de ser, no en la norma fundamental que se otorga a sí misma para regir el Estado en que se organiza, sino en el hecho de constituir una comunidad social, cultural y política en la Historia, que a lo largo de los siglos ha compartido un proyecto común. Mientras que el concepto de pueblo se refiere a las pocas generaciones que comparten el presente, el concepto Nación se compone del legado de las generaciones pasadas y el proyecto en que nos sucederán las generaciones futuras.

Frente al adulterado discurso identitario excluyente de los nacionalismos, en España no se ha reivindicado la identidad nacional como proyecto común. La idea de España es cuestión de la interrelación de los elementos heterogéneos con los elementos homogéneos, todos ellos asumidos en la comunidad nacional. Pero cuando las instituciones constitucionales no cumplen con la función para la cual fueron creadas, como sucede indiscutiblemente con las autonomías vasca y catalana, se revela en toda su crudeza que la primera declaración del art. 2 de la Constitución ha resultado incompatible con la segunda.

Por ello no cabe invocar el patriotismo constitucional, noción originaria de las teorías “progresistas” de Jürgen Habermas y que eso que llaman centro-derecha en España se ha tragado sin rechistar, porque tal teoría es incapaz de generar los vínculos de solidaridad y lealtad suficientes para revitalizar socialmente el proyecto de la Nación española. El patriotismo constitucional pone su acento en la convivencia democrática y por tanto parte de la aceptación de unos valores universales plasmados en una Constitución que, en la medida que respeta los mismos, es válida para regular la vida política de un pueblo concreto. Pero sin alusión alguna a la Nación histórica y cultural, a la identidad de la comunidad nacional, los vínculos de integración social tienen sólo por referencia el Derecho positivo fruto de la voluntad del Estado, por mucho que se forme a través de la participación ciudadana en unas elecciones.

Cuando lo que se está en juego es la desintegración de la Nación española, no podemos poner el peso de nuestra reacción en la defensa de la Constitución, ni siquiera en el Estado de Derecho, pues ambos conceptos se fundamentan en la existencia previa de la Nación. Hoy, lo que se precisa no es un patriotismo tributario de un texto legal, cuya recta interpretación ni siquiera se ha respetado en la práctica, sino el éthos que da unidad a la Nación. Se trata de recuperar la realidad histórica de la Nación española como proyecto común, que ha sido suplantada por la opinión que pretende fundar el nuevo Estado plurinacional y la nueva sociedad fraccionada que sustituirá a la comunidad nacional española.

La caída de un imperio clientelar
Cristina Losada Libertad Digital 4 Diciembre 2018

Cautivos unos del fatalismo del voto cautivo, reafirmados otros en el nulla di nuovo… por la magia potagia de Tezanos en el CIS, la debacle del socialismo andaluz ha sido cualquier cosa menos esperada. Por más que ahora tendamos al "ya lo dije". Las dimensiones de la caída del PSOE y del retroceso podemita son, por ello, espectaculares. Ambos están vinculados, porque suyo era el pacto que se prefiguraba para mantener el imperio del clientelismo.

El despotismo socialista andaluz ha caído después de 36 años en los que pudo sobrevivir prácticamente sin afrontar graves amenazas. Le surgían islotes rebeldes, sobre todo en lo municipal, pero el poder autonómico, que es el gran poder de reparto, estuvo siempre firmemente atado a las manos de un PSOE que ya era sinónimo de Junta. El conservadurismo del voto, tendencia fuerte en las autonomías, y unas redes clientelares tejidas durante décadas, le favorecían. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Por qué ahora?

Las causas latentes de la derrota socialista, que derrota es, pese a lo que dice la derrotada, estaban ya ahí. Como suele ocurrir. El clientelismo, finalmente, ni favorece a todos ni lo compensa todo. El precio de una Administración puesta al servicio de mantener, por la vía de los favores, a un partido en el poder son las trabas a la prosperidad. Cuando el partido en cuestión ya ni siquiera se ocupa de garantizar unos servicios públicos eficaces, el coste para el ciudadano sube. Cuando la fiscalidad se dispara, sube más. Cuando la corrupción, acompañante habitual de ese estado de cosas, se instala impúdicamente, el precio se vuelve intolerable. Pero todo esto ya estaba ahí en las elecciones anteriores.

En 2015, el PSOE andaluz recibió un rasguño. Importante, pero no letal. Las elecciones fueron en marzo, fecha en la que aún no habíamos estrenado la fragmentación. Díaz las adelantó; es lógico suponer que quiso evitar el efecto arrastre de lo que se veía venir. Entonces estaba al máximo, en España, la inquietud por la corrupción. Irrumpió ahí Podemos, el Podemos que bramaba contra la casta. Y entró el reformismo de Ciudadanos. De modo que el binomio corrupción y crisis, junto al resto de causas latentes, le hizo mella. Pero no barrió al PSOE del poder. Sólo –¡sólo!– empezó la decadencia.

La decadencia se puede arrastrar un tiempo. Hasta es posible revertirla. Pero un día, un acontecimiento, incluso uno que en teoría no debía influir tanto, precipita la caída: un sistema de poder deteriorado se viene abajo. De pronto. De manera inesperada para los que administraban en beneficio propio la decadencia: la decadencia de la región más poblada de España. Porque sin decadencia, el clientelismo no prospera.

Si hay que buscar en algún lado el acontecimiento que ha precipitado la caída del socialismo andaluz, convendrá empezar a buscar en Cataluña. En el golpe separatista y en la posterior estrategia de apaciguamiento del Gobierno Sánchez. Cuando uno seguía la campaña andaluza, era evidente que los dos partidos de oposición de centro y derecha entendían que el asunto catalán era un tema electoral. Como debía de ser. Era un tema electoral andaluz por español. Un tema especialmente vivo en una comunidad donde muchos tienen familiares en Cataluña. Y especialmente lacerante para quienes más han padecido el desprecio del supremacismo separatista. Cuando Rodríguez insistía, frente a Moreno y Marín, en que no, que no era tema, que aquello era Andalucía, no hacía más que sellar el destino por el que apostó Podemos cuando se abrazó al separatismo catalán en cuerpo y alma.

La hipótesis de una especie de efecto mariposa del golpe separatista en las elecciones andaluzas tiene un problema: Díaz era la españolista del PSOE. Pero en las urnas no sólo se vota lo que toca ni se castiga sólo al que se presenta. Y estaban ahí, desde antes, más crecidas, las causas latentes. Para el Gobierno Sánchez, las elecciones andaluzas eran la primera estación del tren, así lo dijo, que iba a llevarle de nuevo a la Moncloa, esa vez sí a través del voto popular. El tren ha salido, pero en otra dirección. Aproximadamente en la misma dirección que iba antes de que Sánchez forzara un cambio de agujas con la moción de censura. El tren andaluz los ha dejado colgados a los dos, a Pedro Sánchez y a la Niña de la Estación.

Ciudadanos no debe confundirse de enemigo
EDITORIAL Libertad Digital 4 Diciembre 2018

No es precisamente VOX el que ha de ser sometido a cordones sanitarios. Quien se confunda de enemigo en esta hora decisiva lo pagará muy caro.

Tras la histórica jornada electoral del domingo, ciertas actitudes y manifestaciones de destacadas personalidades del centroderecha han venido a rebajar la euforia provocada por el batacazo socialista. La histriónica, inoportuna y sobre todo injustificada hostilidad hacia VOX por parte de Ciudadanos está llevando a numerosos votantes a preguntarse, con gran estupefacción, si está en riesgo la posibilidad real de ahormar una alternativa al régimen corrupto, caciquil, incompetente y atrasista del PSOE de una Susana Díaz de auténtica vergüenza ajena en su tan merecida derrota.

Ciudadanos es el actor clave, sin lugar a dudas. Junto con su irracionalmente vituperado VOX, es el partido que más ha crecido, y sus 21 escaños, junto con su proclamado centrismo, lo convierten en el elemento imprescindible para determinar el rumbo de la Junta de Andalucía, donde el PSOE ha gobernado más años que lo hizo Franco en toda España.

Albert Rivera quiere a Juan Marín al frente del Gobierno regional, y para conseguirlo no haría ascos a un apoyo del PSOE en la investidura, lo que con toda razón sería visto como un cambio-farsa y hasta como una traición a ese electorado al que se prometió machaconamente que de ninguna de las maneras Cs iba a contribuir a la pervivencia del régimen socialista. ¿Pero la formación naranja no vería problema alguno en que los socialistas tutelaran su proyecto regenerador? Verdaderamente grotesco... y un ejercicio de generosidad tremendamente ofensivo para los andaluces hartos del susanato e injusto para con VOX.

Sin vergüenza, la izquierda acusa al partido de Santiago Abascal de ser inconstitucional y un peligro para la democracia. No: el peligro para la democracia es la izquierda cordialmente liberticida de Podemos y la ominosamente oportunista de Pedro Sánchez, al que han puesto en la Moncloa no sólo los propios comunistas de Iglesias, sino los nacionalistas catalanes golpistas y sus semejantes vascos, herederos de la ETA.

La estigmatización goebbelsiana de VOX que están perpetrando la izquierda política y su brazo mediático debería ser rechazada de plano por Ciudadanos. De hecho, es lo primero que debería haber hecho un partido como el de Rivera, al que han querido y quieren emporcar los mismos y por las mismas razones: el compromiso con España y la libertad.

Es lógico que PP, Cs y VOX compitan entre sí y se afanen por atraer al mayor número de electores y por presentarse como no intercambiables, pero deben tener tan claro como sus votantes que lo decisivo, lo crucial en esta hora es acabar con el régimen socialista en Andalucía y forjar una alternativa al proyecto frentepopulista que abanderan PSOE y Podemos en toda España y apadrinan quienes quieren acabar con la Nación y dinamitar su Estado de Derecho.

No es precisamente VOX el que ha de ser sometido a cordones sanitarios. Quien se confunda de enemigo en esta hora decisiva lo pagará muy caro.

Entrevista al presidente de VOX
Primera entrevista a Abascal tras el 2-D: “Exigiremos el cierre de Canal Sur”
Carlos Cuesta okdiario 4 Diciembre 2018

Primera entrevista con Santiago Abascal tras su gran irrupción en el panorama electoral español. Nacido hace 42 años en Bilbao, vive el momento dulce de su carrera política. Hace escasas horas ha dado la sorpresa en las elecciones andaluzas: 12 escaños y casi 400.000 votos.

Atiende a OKDIARIO en su humilde furgoneta con la que se ha recorrido Andalucía. En mitad de la carretera, hace balance de estas dos semanas intensas en lo que él considera “la reconquista de España” y lo que viene ahora.

Tras su buen resultado electoral, Abascal mantiene “que hay que acabar con el sistema de las autonomías” y centra el tiro diciendo que “televisiones de partido como Canal Sur tienen que desaparecer“.

PREGUNTA. Estabais alojados en el Hotel Ayre, cerca de la Junta de Andalucía, ¿oíais trituradoras de papel?, ¿os teméis que salga una bolsa de corrupción? Eso tendría dos lecturas: el PSOE es corrupto y el pacto con Ciudadanos no ha permitido limpiar.
RESPUESTA. No lo había pensado, francamente. Pero un cambio implica que muchas cosas que estaban ocultas pueden salir a la luz y que Ciudadanos no ha tenido la capacidad de controlar mínimamente el Gobierno al que ha apoyado durante cuatro años y ha abandonado cuatro días antes de las elecciones.

P. ¿Se va a exigir alguna auditoría o algún proceso de limpieza absoluta?
R. Es absolutamente imprescindible que se levanten las alfombras y se abran las persianas. 37 años son demasiados en el gobierno. Por mucho que seas elegido democráticamente, y lo digo entre comillas, porque en Andalucía se ha utilizado el dinero público y se ha practicado el clientelismo para que haya mucho voto cautivo.

P. ¿Había un sistema de subvenciones que beneficiaba a determinadas personas y empresas y perjudicaba a otras?
R. Eso nos lo cuentan en todos los pueblos y todos aquellos que tienen que dar empleos en el mundo rural. No se trata de acabar con que haya planes de empleo rural; sí de acabar con los fraudes. El fraude es muy significativo.

P. ¿Se ha utilizado electoralmente?
R. Eso parece cuando el partido de las mariscadas, de los ERE, de la prostitución… no ha sido expulsado hasta ahora. Finalmente lo ha sido y de forma contundente. Además, la mayoría alternativa es clara.

P. ¿Cómo se ha puesto el foco en España tan especialmente en casos como Gürtel, mientras que los ERE, los cursos de formación o Mercasevilla han pasado desapercibidos a nivel nacional?, ¿Qué pasa con los medios?
R. Ha habido una derechita cobarde que ha entregado los medios a la izquierda, que no ha dado la batalla de las ideas. Mientras, el PSOE y la izquierda en España han impuesto el pensamiento ‘progre’ de una manera apabullante y eso ha tenido un reflejo en la actividad judicial. Hay una doble vara de medir y una superioridad moral de la izquierda en lo ideológico. La corrupción izquierdista es asumible, se puede disculpar, y la de los otros no.

P. ¿Eso ocurre en Canal Sur?
R: Sin duda, claro.

P. ¿Qué hay que hacer con las televisiones públicas?
R: Primero hay que acabar con el sistema de las autonomías. Eso exige una gran reforma constitucional que devuelva las competencias esenciales al Estado. Y una de las cosas que hay que hacer es acabar con las televisiones autonómicas públicas. Son televisiones de partido al servicio de los políticos.

P. El ‘quito a unos y meto a los míos…’
R: Hay que acabar con esas televisiones.

P. ¿Se puede coger la licencia y privatizarla?
R. Las fórmulas que sean necesarias. Pero los ciudadanos no tenemos por qué pagar las televisiones de partido. Tampoco a los partidos para que se mantengan. O a los sindicatos y las patronales. El que quiera ser de una de estas entidades, que pague. Queremos acabar con el sistema de subvenciones. Cada asociación debe vivir de las cuotas de sus afiliados. Como no se lo creen, nos están investigando, para decir que VOX se financia de forma ilegal.

P. ¿VOX ha absorbido voto de la izquierda?
R. Por supuesto. Tenemos encuestas que dicen que el 13% de nuestro voto ha venido del PSOE, Podemos e Izquierda Unida. Es llamativo. Pero creo que tiene que ver con que no hemos estado en el debate al que hemos estado acostumbrados. ¿Defender las fronteras de un país es de derechas? ¿Defender la unidad de un país es de derechas? ¿Defender la eliminación de las autonomías es de derechas? ¿Defender el derecho a la vida es de derechas? Son cosas de sentido común.

P. ¿VOX defiende el derecho a la vida?
R. Por supuesto.

P. ¿Habría que modificar la ley del aborto?
R. Sí. El aborto no puede ser un método anticonceptivo. Es inaceptable.

P. ¿Le preocupa a VOX que sus planteamientos puedan parecer como “chocantes” dentro del panorama de lo políticamente correcto?
R. Para nada. Nos alegramos de que chochen. Hay planteamientos de VOX que apoyan el 70% de los españoles. La cadena perpetua, por ejemplo. Defender la vida es un planteamiento que no es tan mayoritario. Defendemos el derecho a la caza y la tauromaquia, aunque sabemos que eso no es mayoritario. Podemos gustar, pero nadie puede pensar que estamos engañando.

P. ¿Se ha hecho populismo en España?
R. Los planteamientos de Rajoy son fueron populistas. Se presentó con un programa electoral que no cumplió. Eso es populismo. Populismo de la mentira. Como el de Pablo Iglesias con el salario mínimo, por ejemplo. Eso no va a solucionar el problema de los trabajadores porque acabará destruyendo empleo. Lo que hay que hacer es bajar los impuestos para que pueda haber más trabajo.

P. ¿VOX tiene planteamientos proteccionistas?
R: Nosotros queremos que las empresas que lleguen a España cumplan con la misma legislación que los españoles. Queremos que se debata sobre ello. El proteccionismo no tiene que ser malo. Puede haber un comercio y que a la vez se proteja el producto español. Es un debate interesante y complejo, pero que en el ámbito de la globalización hay que poner encima de la mesa.

P. ¿Cuál es el programa de VOX en materia de inmigración?
R. El control de fronteras es algo muy serio que hay que defender. Al igual que Iglesias defiende las paredes de su casa, los españoles tenemos derecho de abrir la puerta a quien queremos. No se puede tolerar la inmigración ilegal. Hay que regularla en función de las necesidades de la economía y de la capacidad de adaptación de los inmigrantes. No todos se adaptan a vivir igual. Hay algunos inmigrantes que no se adaptan, otros que no quieren adaptarse y vienen a España a imponer sus costumbres.

Que se cambien los menús en los colegios, saltarse las colas en la Sanidad, recibir ayudas sociales que no tienen los españoles… Esto no se puede tolerar. Quien entra ilegalmente a España tiene que ser expulsado y tiene que saber que nunca podrá ser regularizado. Hay que acabar con el efecto llamada. También se deben de endurecer los trámites para lograr la nacionalidad española, incluyendo podérsela quitar a personas que la han logrado y que realizan actividades en contra de la Constitución.

El Susanicidio
Luis Herrero Libertad Digital 4 Diciembre 2018

El titular con el que nadie contaba dos horas antes se hizo realidad a las diez y cuarto de la noche, en cuanto se dieran a conocer los primeros datos del escrutinio que había comenzado a las 8: la izquierda, después de 40 años de mangoneo ininterrumpido, abandona el poder en Andalucía tras sufrir una derrota humillante. Mucho más severa de lo que nadie podía imaginar. 17 escaños menos. Una sentencia inapelable que condena a Susana Díaz a la jubilación forzosa y a Teresa Rodríguez a la marginalidad.

Ni la socialista podrá seguir presidiendo la Junta, ni la podemita podrá condicionar la acción del gobierno. Vae victis. No les cabe ni siquiera el honor de una derrota digna. Las dos eran, anoche, la encarnación del K.O. El golpe es más llevadero cuando lo ves venir y te preparas para encajarlo. Sin embargo, a las dos les pilló de sopetón. En el PSOE, a las 8 de la noche, aún hablaban de 39-40 escaños. En podemos, de 20. Aunque les alarmaba la baja participación en sus feudos tradicionales confiaban en que se prorrateara entre el conjunto de las fuerzas políticas y que sus efectos no fueran devastadores. Pero lo fueron. La izquierda, harta de la clase política que les representa, optó por quedarse en su casa y permitir la alternancia.

La derecha sí acudió a votar. Al PP, menos que nunca. A Ciudadanos, más del doble que hace tres años. A Vox –la gran sorpresa– en aluvión. Casi medio millón de andaluces, entre ellos antiguos votantes de la izquierda, apoyaron al partido de Santiago Abascal. Habrá que preguntarse por qué han sido tantos y encontrar la respuestas antes de que las elecciones generales dicten sentencia.

La política es paradójica. El líder más débil del PP, el que ha merecido el respaldo más escuálido y magro de las últimas décadas, se va a convertir en presidente de la Junta de Andalucía. La derrota tiene premio. Si Pablo Casado se ampara en esa circunstancia engañosa y no analiza bien la conducta de los electores –que le han arrebatado de golpe la friolera de siete escaños–, se condenará a sí mismo a seguir desangrándose en beneficio de los dos partidos emergentes que le están vampirizando.

Los resultados electorales andaluces le confieren a Ciudadanos el papel moderador en el ámbito de una derecha que tiende a escorarse en exceso. Lo que aconteció anoche en las urnas sureñas favorece más a Rivera que a Casado de cara al futuro y mediato.

Sánchez ya debe saber a estas horas, si no es tonto, que fiarse de Tezanos es una temeridad que le llevará al camposanto por la vía rápida. El desgaste del PSOE es de tal magnitud que ha dejado en la ruina su principal granero de votos. Si eso es lo que ha ocurrido en el feudo de la lideresa que más ha combatido el devaneo de Sánchez con los independentistas, imaginemos lo que ocurrirá en aquellos otros donde los barones han contemporizado con la almoneda de España.

Sánchez no convocará elecciones en marzo. Ya sabe lo que le espera si lo hace. Tiene que darse un tiempo para rectificar la deriva que le lleva al desastre y tratar de invertir una tendencia de voto que, después de lo ocurrido en Andalucía, ya no es futurología demoscópica. Es posible –probable, diría yo– que no lo consiga aunque lo intente, si es que lo intenta, pero por lo menos ganará tiempo para seguir agarrado a la teta del poder. Si no es lo único, desde luego es lo que más le importa.

Ha sido VOX
Santiago Navajas Libertad Digital 4 Diciembre 2018

Da miedo pensar que, con tal de no pactar con VOX, contra el que Manuel Valls planteó hacer un cordón sanitario, en Cs estén planeando hacer presidente a Marín con el apoyo del PSOE e incluso de Podemos.

Hace solo tres años en las elecciones andaluzas VOX consiguió menos votos que Pacma, partido animalista. Ahora ha sacado casi 400.000 votos y 12 diputados. ¿Cómo ha sido posible?

Roy Batty (el androide de Blade Runner interpretado por Rutger Hauer) relataba cosas que no creerían los que no las hubiesen visto: de naves de ataque en llamas más allá de Orión a rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todavía más inverosímil ha sido el resultado de ayer en Andalucía. Parecía tan imposible que el PSOE perdiese el poder que en Canal Sur los presentadores y tertulianos tenían un rostro que combinaba el estupor con la indignación y el miedo. Estupor porque la victoria suficiente de los socialistas para seguir en el poder se daba por descontada. Indignación por el ascenso de la extrema derecha, aunque por la extrema izquierda de Podemos han mostrado gran simpatía todos estos años. Miedo porque todo el entramado de nepotismo de las empresas públicas e instituciones de la Junta está a punto de hundirse, empezando por Canal Sur. Ninguna encuesta predecía la hecatombe para los de Susana Díaz, a los que situaban por encima de los cuarenta diputados. Parecía que podrían seguir gobernando Andalucía como si fuera su cortijo, apoyados por Ciudadanos, como hasta ahora, o por la extrema izquierda podemita.

Pero un factor novedoso lo ha distorsionado todo. En París arden las calles debido a una revuelta salvaje; en Buenos Aires no se puede celebrar un partido de fútbol por la violencia de los ultras; en Londres dicen bye a la UE; y en Barcelona gobiernan los mismos golpistas que apoyan a Pedro Sánchez en Madrid. Son hebras ardientes de un mismo cesto que se quema. Todo ello combinado muestra un síntoma de debilidad de las democracias constitucionales que se despeñan por el precipicio de la anarquía y la anomia, mientras se consolidan imperios antiliberales como China y Rusia. Una debilidad de la que son responsables las élites de todos los partidos, parapetadas tras los muros de sus urbanizaciones de lujo, desde las que no se escuchan las reclamaciones de los ciudadanos, que ven cómo se pisotean sus símbolos constitucionales, se ataca a los jueces, se menoscaba el Estado de bienestar, se distorsionan las autonomías para hacerlas ineficaces e injustas, se debilita la seguridad pública y Europa se construye desde el tejado de los políticos instalados en una nube burocrática, en lugar de desde los cimientos del poder del pueblo.

Los andaluces, azotados por la corrupción, la pobreza, el paro, el adoctrinamiento y una inmigración desatada, parecían resignados a su suerte y una inercia que ni Sísifo. Pero, como en el resto del mundo, se ha producido una respuesta a favor de la reconquista del poder ciudadano contra los postulados políticos del pensamiento único, que se han convertido en dogmas, y aquellos que se atreven a discutirlos son satanizados y tildados de "negacionistas" y de "fascistas". Desde una perspectiva liberal, este populismo de derechas se caracteriza por plantear problemas relevantes, que el resto de opciones políticas ocultan, aunque con soluciones profundamente equivocadas. Pero su mensaje es fuerte, contundente, sencillo y alejado de la sofistería habitual en las propuestas de los partidos políticos tradicionales, abonados a una lengua de trapo para todos y todas. No hace falta ser un genio político para darse cuenta de que es un trilero sin escrúpulos alguien cuya mayor hazaña es desenterrar a un dictador muerto mientras detenta el poder gracias a los votos de golpistas vivos.

Estarían muy equivocados tanto el PP como Ciudadanos si creen que la caída significativa del PSOE es por ellos. Si no hubiera sido por la emergencia de VOX, las cosas seguirían más o menos igual en el cortijo socialfolclórico andaluz. El auténtico vencedor de las elecciones andaluzas ha sido paradójicamente el partido que menos escaños tiene en el Parlamento, pero que ha ocasionado un terremoto porque plantea un cambio de paradigma basado en tres ejes ideológicos: nacionalismo económico, lo que llevaría a la salida de la UE y al reforzamiento frente a la inmigración; aumento de la seguridad pública, lo que llevaría a reforzar medidas como la cadena perpetua o a prohibir partidos políticos que son un peligro para el país; y desmantelar el Estado administrativo burocrático, lo que pasa por deconstruir el Estado de las Autonomías y cerrar televisiones como Canal Sur y TVE o instituciones como el CIS.

Decía Keynes que "los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto". En este caso, son dos hombres mitad economistas, mitad pensadores, los que están librando una batalla intelectual por el alma de las democracias occidentales. Por un lado, George Soros, el campeón de la globalización y el cosmopolitismo. Por el otro, Steve Bannon, el héroe del nacionalismo y el proteccionismo. En Andalucía acabamos de presenciar cómo ha aterrizado en nuestro país el segundo. George Soros se reunió con Pedro Sánchez nada más llegar el socialista al poder. Nada se sabe de lo que hablaron. El caso es que tanto PP como Ciudadanos han sido incapaces de ganar y ahora han empezado a dar muestras de la miopía política que les ha caracterizado hasta ahora. Juan Marín, que es solo tercero tras Susana Díaz y Moreno Bonilla, ha puesto su ego personal por delante de las necesidades del cambio de gobierno y ha anunciado su candidatura a la presidencia, obviando que el candidato lógico es el líder del PP, que le ha ganado en votos y escaños. Da miedo pensar que, con tal de no pactar con VOX, contra el que Manuel Valls planteó hacer un cordón sanitario, en Ciudadanos estén planeando hacer presidente a Marín con el apoyo del PSOE e incluso de Podemos. Pero no hay que descartar que Roy Batty siga viendo cosas asombrosas en ese más allá político que es Andalucía. Ni que Santiago Abascal se reúna próximamente con Steve Bannon; aunque, a diferencia de Sánchez y Soros, se hará con luz y taquígrafos.

EL ÉXITO DE VOX EN ANDALUCÍA ESPOLEA BRUTALMENTE LAS TERTULIAS TELEVISIVAS
Espectacular bronca de Centeno a Elisa Beni por hablar del fascismo de VOX: "¡Deja de decir tonterías, eres una ignorante y una sectaria!"
Antonio Rodríguez Periodista Digital 4 Diciembre 2018

Pedrojota le pide a Rivera que no pacte con VOX y Losantos se le echa al cuello: "Tú te crees que diriges Ciudadanos"
Gracias, Atresmedia: la estrategia de laSexta de linchar a VOX acaba con Susana Díaz y deja temblando a Sánchez
Un Iglesias sobrepasado se lanza contra VOX sin nombrarles: "Ningún miedo a la extrema derecha, compromiso y antifascismo militante"
Arrimadas carga el 'muerto' de VOX a Susana: "El PSOE ha querido que el protagonista de la campaña fuera VOX"

Este 3 de diciembre de 2018 es un mal día para muchos en la izquierda, deprimidos con el resultado de las elecciones andaluzas en las que se da un cambio de paradigma en la región, y en las que destacó la irrupción de VOX con 12 escaños. Un Iglesias sobrepasado se lanza contra VOX sin nombrarles: "Ningún miedo a la extrema derecha, compromiso y antifascismo militante".

En el 'Espejo Público' de Antena3 se dio un broncazo de tremendas dimensiones especialmente en el análisis del éxito implacable de la formación de Santi Abascal. Además, no parecía nada raro al ver la coincidencia en el plató de la tertuliana de izquierdas Elisa Beni y al tertuliano economista Roberto Centeno.

La bronca descomunal era cuestión de segundos, y así se dio, después de que Elisa Beni leyera un poema sobre el fascismo para ilustrar el tema, haciendo estallar al exasesor de Trump:

Elisa Beni: Tenéis que hacéroslo mirar, el tema del diálogo y de respetarnos.

Roberto Centeno: Es alucinante... Pero si tú no estás respetando lo más elemental: estás mintiendo desde el principio con una desvergüenza increíble. ¡Una señora que es de Podemos! ¡Que no respetan la ley, ni la Constitución, que quieren destruir España! ¡Pero qué me estás contando!

Elisa Beni: Usted tiene un pequeño cacao con respecto de las posiciones políticas que están más a la izquierda de usted, o sea casi todas. Yo siempre he sido socialdemócrata. [...] VOX quiere cargarse el título Octavo de la Constitución, que es el que nos establece como Estado de Autonomías.

Roberto Centeno: ¡Las autonomías son un desastre total! ¡Cómo se pueden defender las autonomías!

Elisa Beni: Mire, en este país mayoritariamente se defiende el Estado de Autonomías, excepto la ultraderecha. [...] ¡Aquí pretenden acallar mi discurso e imponerme de lo que tengo que hablar! Salvo VOX, ningún otro partido tiene conflicto con los Derechos Humanos.

Roberto Centeno: ¡Pero qué estás diciendo! ¡Cómo mientes con esa caradura! Los únicos que tienen problemas con los Derechos Humanos son tus amigos de Podemos, que no creen en la libertad, que son totalitarios, que son bolivarianos que quieren imponer una dictadura... ¡Cómo no te da vergüenza decir eso! ¿Qué Derechos Humanos? ¡Deja de decir tonterías! ¡Si no sabes ni lo que es la Unión Europea! ¡Eres una ignorante y una sectaria!

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Entrevista al presidente de VOX
Abascal: “Torra debe ser detenido ya por conspiración contra España y la Constitución”
Entrevista a Santiago Abascal (VOX).
Carlos Cuesta okdiario 4 Diciembre 2018

Santiago Abascal (Bilbao, 1976) ha sido el gran triunfador de las elecciones en Andalucía. Destrozando las previsiones más optimistas de todas las encuestas, ha logrado 12 escaños en el Parlamento andaluz. El presidente VOX explica a OKDIARIO las medidas que tomará contra el separatismo y los partidos que quieren romper la unidad nacional.

P: ¿Qué habría que hacer en Cataluña?
R: Aplicar la Ley con contundencia. Habría que detener a Torra y llevarle a juicio acusado de conspiración y rebelión. También suspender la autonomía de Cataluña de manera indefinida. Y disolver los Mossos d’Esquadra e integrar a los agentes leales al Cuerpo Nacional de la Policía Nacional. La Constitución debe volver a existir en Cataluña. Y eso pasa por garantizar que haya un juicio justo, independiente y sin injerencias políticas. Hay que espantar el fantasma del indulto contra los golpistas.

P: ¿Está presionando el Gobierno para alterar el proceso judicial?
R: No tengo ninguna duda. Soy consciente de las presiones que este Gobierno y el anterior han hecho a la Fiscalía. Sin embargo, hasta ahora las instituciones han funcionado. Hay jueces valientes, fiscales como Maza… El Gobierno no supo reaccionar al golpe, pero el Estado ha sido capaz de mantener la unidad.

P: ¿Debe haber algún tipo de programa en el que se celebre el sentimiento patriótico?
R: Es una batalla cultural ineludible. Nosotros lo hacemos: utilizamos la bandera nacional en nuestros actos y cerramos con el himno nacional. Usamos unos símbolos que son de todos. Como ocurre en Francia, donde todos los partidos, de izquierda a derecha, utilizan su bandera y su himno.A mí eso me da envidia.

P: Francia se plantea recuperar la mili…
R: Ese es un planteamiento que va a volver. Los desafíos que afronta Europa, con un tipo de inmigración ilegal islámica, son muy serios. Eso va a llevar a Francia a que en 2049, con la actual evolución demográfica, haya un 50% de población musulmana. Se están consolidando muchos guetos. Se avecina una situación de enfrentamiento civil.

P: ¿Hay que aplicar la Ley de Partidos contra los que actúan en contra de la Constitución?
R: Ya hay unos partidos que han hecho planteamientos contrarios y los han ejercido. Esos partidos se han convertido en organizaciones criminales. ERC, PDeCAT y la CUP deben de ser disueltos e ilegalizados. Creo que hay que ir a una nueva ley de partidos que no tolere a los que quieran romper la unidad de España. Esta unidad no es reformable. Ni en Cataluña ni en el conjunto de España. La unidad nacional no se somete a votación. En Alemania y en Portugal estos partidos son ilegalizados.

P: ¿En normal que en España haya personas, como José Manuel Soria, que tengan que abandonar la política ,y formaciones como EH Bildu, que tengan como dirigente a un condenado por ser parte de ETA como Otegui?
R: Aquí estamos de nuevo con la doble vara de medir. En este caso de la izquierda separatista. A mí me preocupa cómo en España se ha acabado con la presunción de inocencia con los juicios paralelos. Me parece tremendo porque se destruye la vida de personas, su honra, su honor. Y luego muchas resultan absueltas. Esto es algo sobre lo que tenemos que reflexionar. Nosotros hemos dicho que las personas condenadas tienen que ser apartadas de la vida pública, pero no entendemos que una imputación pueda retirarte de la política.

"PEDRISCO" Sánchez
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 4 Diciembre 2018

.- Su pacto con los separatistas y la ultra izquierda podemita, que buscan el desguace de españa y la voladura de la Constitucion, hace sucumbir la fortaleza andaluza

Según la muy escocida reacción de sanchistas y podemitas lo que ha sucedido en Andalucía es que los votantes se han vuelto fascistas de la noche a la mañana. Sus propios votantes. Los que hasta ayer les votaban a ellos y el domingo dejaron de votarles. Un total de 700.000 entre los unos y los otros. Porque esa es la madre del cordero de lo sucedido y que en vez de echarle una pensada a ello prefieren ponerse a gritar consignas que a lo que se ve y parece al personal ya no les cuelan. Que ya se sabe que aquí son todos fachas los que les votan a otros

Entre los 14 escaños perdidos por el PSOE y los 3 de Adelante Andalucia, que ha sacado menos votos juntos que los que sacó Podemos solo la vez anterior, suman los 17 que ha ganado la derecha, , 400.000 Vox y 300.000 Ciudadanos, aunque el PP haya perdido 7 y otros 300.000 votos, pero a quien quedar segundo, ganando en una provincia y varias capitales de provincia como ella, Granada, Córdoba y Jaen y estar en condiciones de alcanzar el palacio de san Telmo les ha sabido, tras tener el miedo metido en el cuerpo, a gloria bendita. Se han librado del sorpasso y en el habe hay que señalar que Casado ha tenido algo, bastante, que ver con ello. Para las próximas, las municipales y autonómicas esto le resulta mucho más que un alivio. El juego ahora de Ciudadanos, 12 diputados más que antes pero por detrás del PP de pretender la Junta resultara bastante complicado habiendo quedado a 100.000 votos y 5 escaños. Una jugada en falso y que se pudiera percibir connivencia con el PSOE podría dejar en cuero a los naranjas para futuras convocatorias electoirales.

Pero es la izquierda y la extrema izquierda, a quienes les convendría meditar un poco- que no sé por qué lo de extrema solo le cae, y por todo lugar y sitio, a Vox, el triunfador que al final era verdad ha entrado a caballo en la cacharreria, con 400.000 votos y haciendo añicos el mapa electoral con 12 escaños- y en vez de ponerse entre plañideras y orlandos furiosos. Porque han perdido en las urnas, en democracia, con los votos de las gentes y su reacción ha sido lamentable y demostrativa de que la gente y el pueblo solo son “gente” y “pueblo” si eligen sus siglas.

¿A a que se debe este tremendo e inesperado revolcón histórico, este si que histórico, después de 37 años?. ¿Porque han perdido? Porque ha sido en verdad inesperado, porque todo parecía indicar que habría merma pero no tanto, por hastio, desgaste y ni siquiera por corrupción esto había sucedido anteriormente y el poder con el colchón de PCE, IU o Podemos se mantenía.
Pues lo quieran o no contemplar la razón apunta a los desvaríos y las traiciones de Sánchez más que a ninguna otra cosa. Mucho votante de izquierdas andaluz difícilmente podía digerir que para llegar a la Monloca se haya pactado con los separatistas, con los filoetarras y con todos los que quieren ayudar a la voladura de la Constitución y la soberanía nacional inclúyase a Podemos, y desguazar España. No parecía que iba a ser así, sino que se tragarían la rueda de molino. Pero no se la han tragado. Es Sánchez quienes mas que nadie ha sido derrotado, es Sánchez, con solo cuatro meses, quien ha hundido al PSOE en su feudo inexpugnable. Es Sánchez . Aunque el golpe lo haya recibido su rival en el partido. A ver si se enteran los barones y a ver si son capaces de un mínimo acto de valentía y dicen lo que piensan.

Porque esto es un aviso a navegantes no solo en Andalucía. El tembleque de Abalos era el miedo a su trasposición a España para las próximas urnas. Y por eso resultaba aún más patética la alucinante llamada del PSOE y de sus voceros mediáticos acongojados a formar un núcleo constitucional. ¿Pero como se puede llegar al cinismo absoluto tras el desastre, con Pedro encovachado que tras una noche sin asomar de la madriguera, ni pegar ojo, se ha soltado en twitter con el mismo ridículo discurso. Son ellos, y por eso han perdido Andalucía, quienes están en Moncloa tras pactar con los enemigos de la Constitución, los separatistas y la extrema izquierda podemita, que quieren dinamitarla.

Son ellos y sus aliados los que pretenden robar el voto a los españoles y su capacidad soberana de decidir sobre cualquier territorio, son ellos quienes se pliegan un día a los separatistas catalanes y otro a las exigencias de los nacionalistas vascos acercando a los peores asesinos etarras. Son ellos los que pretenden esparcir el odio, actúan como comisarios políticos en los medios de comunicación públicos y agreden el sentimiento de los muchos españoles que se sienten tales.

No hubo en la noche del domingo discurso mas anticonstitucional, antidemócratico, guerracivilista y de no aceptar el resultado de las urnas y apelar contra el voto ciudadano, libremente emitido a "la calle", ¿significa eso coacción y violencia?, que el de Iglesias. ¿Ellos, los que tachan insultantemente de “Régimen del 78” a la Constitución que trajo Derechos, Soberanía y Libertades, para asimilarla al franquismo, los que van a defenderla? ¿Lo que hace es ofendernos a todos? ¿Van a ser los secesionistas, Rufian, Tarda, Torra y Puigdemon los grandes valedores de la ley y de la Carta magna? ¿Y,.abrazados a Otegui, los adalides del amor, que decía ayer Irene Montero ? ¿Con las recetas conocidas?. Es tan grosero el intento que ni para la parroquia propia cuela.

Y por ahí, por eso es por lo que han perdido Andalucía y si siguen por esa trocha pueden quedar reducidos en la próxima cita, inevitable la de municipales y autonómicas, a escombros. Para la otra Sánchez aguantara como un bozo, aunque se este quedando sin oxígeno. Porque si las previsiones de “Ollapodrida” Tezanos con el CIS de Andalucía se trasladan a los resultados pregonados a escala nacional no les quedan ni las raspas.

Izquierda farisea
ABC 4 Diciembre 2018

Los portavoces del PSOE y de Podemos se presentaron ante los medios de comunicación en la noche electoral con un mensaje coordinado propio de otros tiempos. Mientras Susana Díaz pedía una alianza de constitucionalistas para frenar el avance de Vox, Pablo Iglesias echó mano de retórica miliciana para convocar a una lucha contra el fascismo. La desvergüenza es la característica común a estas reacciones, porque proceden de partidos que no han tenido reparo ético alguno en aceptar los votos radicalmente anticonstitucionalistas, como los de Bildu, ERC y demás separatistas catalanes. En el caso de Pablo Iglesias, su súbito escrúpulo democrático contrasta con su entusiasmo por la dictadura venezolana de Nicolás Maduro o su infame solidaridad con los matones de Alsasua que agredieron a dos guardias civiles y sus novias mientras tomaban una copa en un bar de esta localidad navarra, por no hablar de su pasión por el Irán de los ayatolas.

Socialistas y populistas no han dudado en dar respaldo a los separatistas catalanes. Los socialistas, criticando continuamente decisiones del Tribunal Supremo (las prisiones provisionales de Junqueras y compañía) y de la Fiscalía (la acusación por rebelión). Podemos, uniendo sus estrategias en Cataluña a los separatistas y aceptando el derecho a la autodeteminación y difamando a la Policía y la Guardia Civil, a jueces y fiscales. Se llenan la boca de soflamas para frenar a Vox los mismos que pactan con el genuino exponente del neofascismo español, Quim Torra, el presidente de la Generalitat catalana, de quien Sánchez, en un rapto de lucidez, dijo que era «el Le Pen español». Y es precisamente Le Pen y los que están en su órbita de extrema derecha, como el italiano Salvini, los que apoyan a Torra y a los separatistas catalanes, pero también los que votan con Podemos en el Parlamento Europeo algunas iniciativas contrarias al proyecto europeísta.

La izquierda practica el fariseísmo político, escandalizándose de que otros hagan lo que ella se permite hacer con tal de ganar el poder. Hay un riesgo grave con la retórica guerracivilista que empiezan a utilizar sus portavoces, reincidiendo en el mismo error que ha propiciado el auge de Vox en Andalucía y, con toda seguridad, en España. Ni PSOE, ni Podemos tienen autoridad moral para reprochar a nadie cualquier pacto con Vox, porque nada superará la indecencia de aceptar pacíficamente los votos proetarras de Bildu o de los golpistas del separatismo catalán, gracias a los cuales Sánchez está en La Moncloa. El límite a esos pactos es la Constitución, como señaló ayer Pablo Casado, límite que el PSOE rompió con una moción de censura apoyada por golpistas y proetarras.

El PSOE paga el entreguismo sanchista
 larazon 4 Diciembre 2018

El primer choque con la realidad de las urnas, este último domingo en Andalucía, ha dado la razón a quienes, desde dentro y fuera del PSOE, venían advirtiendo del craso error cometido por Pedro Sánchez al mantener una alianza objetiva con unas formaciones de corte nacionalista, embarcadas en un proyecto de ruptura de España y que sólo pretendían, como se ha demostrado, eludir la acción de la Justicia mediante el justiprecio de sus votos.

Que el líder de un partido con vocación de Estado, enmarcado en la moderna izquierda democrática europea y, sobre todo, inscrito en el marco constitucional haya creído que su victoria en las primarias socialistas era una especie de patente de corso frente a sus electores, que le autorizaba a pactar con quienes se encuentran en la antípodas del tradicional ideario socialdemócrata sólo se explica desde la ambición política personal. Sin duda, la candidata socialista andaluza, Susana Díaz, habrá tenido buena parte de la responsabilidad en el cataclismo que ha sufrido el partido en el que fue su gran feudo y su principal granero de votos, pero ni el presidente del Gobierno ni quienes conforman el actual núcleo dirigente del PSOE pueden lavarse las manos ante lo sucedido y, muchos menos, exigir la cabeza de la candidata sin poner primero las suyas en el tajo de la dimisión.

Cabría esperar una rectificación de la política entreguista de Sánchez, pero mucho nos tememos que, haciendo de la necesidad virtud, el inquilino de La Moncloa pretenda agitar el espantajo del fascismo para eludir la lógica interpretación de los hechos y buscar en el discurso del miedo, tan manoseado por la izquierda española, los apoyos perdidos para la aprobación de los Presupuestos del Estado. Como si a los separatistas catalanes o a los herederos del terrorismo vasco les fuera a impresionar una de esas campañas propagandísticas en las que han sido maestros. Y lo mismo reza para la mayoría del cuerpo social, vacunada de retórica tremendista y veterana en «cordones sanitarios» que siempre, en pura lógica democrática, acaban en nada.

Escuchar a los nuevos jefes socialistas y, especialmente, a la vieja izquierda comunista que hoy representa Podemos alertar de que la democracia está en peligro sólo puede provocar un desdén irónico en ese mismo cuerpo social que asiste desde hace dos años a los ataques inmoderados contra el sistema constitucional, contra sus principales instituciones, como la Monarquía, y contra la integridad territorial de la Nación por parte, precisamente, de quienes ahora se rasgan las vestiduras por la emergencia de un partido de derecha populista, trasunto de los que se mueven en el otro extremo del marco ideológico.

VOX podrá gustar más o menos, pero no es una formación fascista, ni mucho menos, que pretenda la destrucción del ordenamiento constitucional. Pero es que, además, Pedro Sánchez insiste en el error de pretender el apoyo de los nacionalistas y de los proetarras sin poder pagar el precio que ellos han puesto. Comprendemos que el poder y sus fastos puedan nublar la realidad, más si en rededor se mueven profetas de la confusión, como el director del CIS, José Félix Tezanos, pero no hasta el punto de no acusar lo ocurrido en Andalucía, donde una parte del cuerpo electoral socialista ha decidido quedarse en casa para no tener que refrendar con su voto una política que no desean para su país y otra, directamente, se ha pasado a VOX o a Ciudadanos. Pedro Sánchez tiene que convocar elecciones y liberar a su partido de la hipoteca nacionalista. O esperar un hundimiento mayor.

Es peor la extrema izquierda
Carlos Dávila okdiario 4 Diciembre 2018

Mucho peor. Vox y su líder Abascal ni han pactado con los barreneros de España, ni con los cómplices —o directamente terroristas— de ETA. Reivindican básicamente la reaparición de España. Otra cosa son sus compañías de Hazte Oír o la banda de El Yunque, que con estos no se puede ir ni a recoger una herencia porque se la quedan en el camino. La pobre Susana Díaz, víctima primera de su chulería cortijera, y este PSOE chupatintas del Sánchez cobarde que el domingo se escondió, como un conejo, en la madriguera del gurucillo piloso Iván Redondo, se mesan los cabellos y advierten de la llegada de los violentos de VOX, y con la mayor de las desvergüenzas, suplican al PP y a Ciudadanos que dejen gobernar en minoría a su chica abatida en desigual combate. Eso lo perpetran los monagos de Sánchez, el individuo que está en La Moncloa saltándose toda una mayoría y aliándose con lo peor, lo más repulsivo de nuestro país.

Aún están encontrando en estas primeras horas tras el batacazo histórico de Andalucía quienes le compran la especie y predican, con similar desahogo, que Díaz siga en San Telmo con los votos de la marca regional del Soviet Podemos, y la abstención de Ciudadanos. ¡Habrase visto mayor procacidad! En su huida los conmilitones de ETA, de los presos del separatismo y demás hierbas tóxicas, mienten además como bellacos. O como ágrafos que para el caso da lo mismo. Ábalos, más cenizo que nunca, avisó el domingo con el tono insomne que la caracteriza, que en Europa lo de VOX no sería tolerado. Es decir: un ministro de la Corona ni se ha enterado de lo que ocurre en Italia, ni de quién gobierna en Austria, ni tampoco, claro está, de los siete estados alemanes en que la AfD ocupa el segundo lugar en el ranking electoral. O no lo sabe o lo sabe demasiado bien y se aferra sencillamente al engaño. Porque estos y sus chavalitos agresivos de Esquerra, Bildu o Podemos, van a tardar en enterarse de que su sofocón andaluz es consecuencia directa del antiespañolismo desplegado por el viajante Sánchez.

Vox no es una dehiscencia o una derivada del PP, es una respuesta a la política disgregadora del aún ocupante de La Moncloa. Sólo un ejemplo: en el barrio menos favorecido de Córdoba, los resultados electorales de Abascal han sido superiores a los de toda Andalucía. Hay una izquierda española que se ha levantado en masa contra este personaje que en la Europa que tanto citan no sería siquiera concejal del villorrio más incógnito. No va a ser fácil que el cambio se materialice pronto en Andalucía, pero ni uno solo de los votantes del PP, de Ciudadanos o de Vox, aceptarían que se pierda la oportunidad histórica de expulsar al PSOE, clientelista y corrupto, a las tinieblas exteriores. Ni uno solo. Los tres tienen que hallar la fórmula mejor para lograr este objetivo porque, ¿se imaginan lo que puede ser esta región sin PER para enchufados, ERES para delincuentes o una televisión que no sea la máquina de propaganda de los sucesivos Goebbels socialistas?

El cambio es indispensable pero, por lo que parece en esto inicios, sufre de una gran reticencia o resistencia: la de Rivera y sus Ciudadanos que quieren ser los primeros habiendo sido los terceros. Se acogen al ejemplo de una serie televisiva: la Bergen danesa, pero ¿están seguros de que los andaluces que han votando la revolución del centroderecha quieren esta mamarrachada? ¿O lo están de que un exceso de autosuficiencia —su gran pecado— de Rivera no puede perjudicar el gran cambio? Esta ultraderecha de VOX es por ahora pastueña, no como la peligrosísima ultraizquierda socia de Maduro y siempre nostálgica del asesino Lenin. Ésta ya sabemos cómo actúa, ya conocemos como el okupa Sánchez la festeja. La derecha, siempre tan tonta de este país, no puede permitirse el lujo de estafar a sus electores. Aquí, en la España que ha renacido este domingo, ya no tenemos la panocha para ruidos.
 
Un vasco comienza la reconquista de España desde Andalucía
La Tribuna del País Vasco 4 Diciembre 2018

El triunfo del bloque de centro derecha en las elecciones andaluzas, y especialmente la victoria de Vox, un pequeño partido liberal conservador que hace tres años apenas existía, permite extraer una serie de conclusiones inmediatas y, sobre todo, refleja a la perfección una intensa corriente de fondo que comienza a percibirse en toda Europa, a pesar de las constantes falsedades y manipulaciones destiladas por los principales “medios de información” continentales.

El triunfo del centro derecha español en un territorio tan reacio a las formaciones que lo conforman como es Andalucía es, sin duda, consecuencia directa de la vergonzosa, delirante y filodelictiva política del Gobierno socialista de Pedro Sánchez aliado con la chusma independentista de extrema-izquierda que asuela España, pero es también producto del agotamiento y de la indignación de los ciudadanos españoles ante unas políticas de izquierda y de extrema-izquierda que han supuesto la liquidación de la clase media, que no defienden las libertades individuales sino la falsa democracia de las élites; que no buscan la igualdad de oportunidades para todos, sino un igualitarismo demagógico e inservible que desprecia la meritocracia y condena el esfuerzo personal y que tampoco desean la existencia y la convivencia plural de ideologías, creencias y religiones bajo un marco único de respeto a “nuestros valores”, sino que tratan de implantar un multiculturalismo soez y totalitario que equipara los mejores saberes y legados alumbrados por la humanidad con las tradiciones y costumbres más bárbaras.

Vox ha sabido leer a la perfección la amenaza de este nuevo totalitarismo socialdemócrata que, encabezado por individuos como Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, trata de adormecernos, confundirnos y esclavizarnos cambiando el sexo por el género, utilizando el feminismo radical como ariete contra la concepción de familia, empleando la corrección política como mazo para acabar con los discrepantes, destrozando el lenguaje, dinamitando nuestro idioma universal, humillando al ‘hombre blanco’ para diluir Occidente y, sobre todo, recompensando siempre a toda aquellos individuos, empresas u organizaciones que ayuden a despreciar nuestra forma de vida, nuestras tradiciones y a Dios.

Santiago Abascal ha sabido ofrecer a a los ciudadanos y a los electores la esperanza de una nueva España y una nueva Europa muy diferente a la actual: una España y una Europa en la que los niños tienen pene y las niñas, vagina; en la que los países comunistas y bolivarianos son dictaduras abominables y no paraísos de la libertad; en la que los verdugos terroristas son tratados como tales y no puestos con honores en libertad; en la que la historia puede narrarse como fue y en la que, en fin, sea posible hablar, escribir, opinar y argumentar sin miedo a recibir insultos de “facha” o denuncias por “delitos de odio” que encarcelan el sentido común.

Con su entrada triunfal en el Parlamento andaluz, Santiago Abascal, un vasco de Bilbao que no hay que olvidar tiene en su haber una heroica lucha contra el terrorismo de ETA que todos sus difamadores ocultan, se ha puesto al frente de la reconquista de una España que la izquierda y la extrema izquierda mantienen mancillada desde los tiempos aciagos de José Luis Rodríguez Zapatero. Y esa reconquista de la España de siempre es también la reconquista de la Europa tradicional que otros partidos de la nueva derecha continental, similares a Vox, están llevando a cabo en numerosos lugares de Europa, de Estocolmo a Roma y de Berlín a París. Se trata de una reconquista que millones de españoles y europeos compartimos y que sabe que hay un puñado de principios esenciales, básicos y elementales, que nunca pueden ser negociables: que Occidente no puede seguir lincuándose en un mundialismo irresponsable, fatuo y grotesco; que solamente los seres humanos (y no los grupos que éstos forman entre sí) tienen derechos inalienables; que el bagaje y la elaboración ética-política de nuestras sociedades occidentales es muy superior, y mejor y más justo, que el de otras tradiciones de otros lugares del mundo; que cuando hablamos de familia, siempre hablamos de familia natural; que la inmigración ilegal es un peligro para la democracia; que nuestra tradición, nuestras leyes y nuestros valores manan únicamente de nuestro pasado judeocristiano y grecolatino; que el comunismo es el peor totalitarismo que ha sufrido y sufre la humanidad, o que las mujeres, por ser mujeres, o los hombres, por ser hombres, no tienen unos derechos específicos que sí corresponden, por el contrario, a todos y cada uno de los seres humanos, individual e independientemente del sexo que éstos tengan.

Decir todo esto, hoy, es auténticamente iconoclasta, rebelde y rupturista. Y, por eso, el inapelable triunfo moral de Vox en Andalucía es algo más que una victoria: es una revolución.

C’s no puede gobernar con los aliados de los golpistas
OKDIARIO 4 Diciembre 2018

Ciudadanos se tiene que olvidar del PSOE si quiere mantener su credibilidad intacta en Andalucía y, por extensión, en toda España. Apoyar al partido que a nivel nacional ha dejado en manos de los golpistas y proetarras la viabilidad del país sería darse un tiro en el pie. El candidato a presidir la Junta de Andalucía de los naranjas, Juan Marín, ha sido uno de los grandes triunfadores de los últimos comicios andaluces. Apoyado por el trabajo denodado de Albert Rivera e Inés Arrimadas, ha pasado de 9 a 21 escaños en sólo tres años. Una subida imponderable que los consolida como un partido esencial tanto a nivel autonómico como nacional.

Algo que no deben arriesgar, ya que posicionarse en el panorama político español es tan difícil que requiere una trayectoria casi impecable para conseguirlo y sólo un fallo para echarlo por tierra para siempre. La potencial llegada a la Presidencia regional de Marín no puede significar un papel preponderante para Susana Díaz y el PSOE. Menos cuando la líder socialista ha sacado los peores resultados en la historia de los socialistas andaluces. Bien es cierto que no es un fracaso exclusivo de ella. De hecho, muchos ciudadanos le han dado el golpe electoral que hubieran destinado realmente a Pedro Sánchez.

Sin embargo, Ciudadanos no puede dar vida a un Partido Socialista acuciado por la corrupción de los ERE a nivel regional y por su connivencia con los enemigos de España a nivel nacional. Un partido que, además, conforma el Gobierno más fake de la historia reciente de España con dos ministros dimitidos, otra reprobada y una lista repleta de escándalos e irregularidades donde destacan nombres como Pedro Duque, Isabel Celaá e, incluso, el propio presidente Pedro Sánchez y su tesis fake, por citar sólo algunos casos. Por lo tanto, Ciudadanos debe ser responsable y conformar una triple alianza con Partido Popular y Vox para darle una esperanza real de cambio a Andalucía tras casi cuatro décadas protagonizadas por la carcoma política, económica y social del socialismo-peronismo del PSOE.

Democracia, Pablo, democracia
Rosa Cuervas-Mons gaceta.es 4 Diciembre 2018

Gesto serio, tono compungido y los grandes éxitos de la propaganda política – el “miedo a la extrema derecha”, el “antifascismo militante” y el “que no vuelvan, que no vuelvan nunca más”- en una interpretación antológica que debería figurar como caso de estudio en los manuales de política para dummies.

“En nombre de Unidos Podemos, alerta antifascista. Quiero hacer un llamamiento al movimiento feminista, a las organizaciones de trabajadores, a las plataformas de afectados por la hipoteca, al movimiento estudiantil, a los colectivos LGTBI, a las organizaciones de pensionistas… Toca movilizarse para defender las libertades, para defender la justicia social y para defender la fraternidad y en última instancia la democracia”. Bien, Pablo, vamos a hablar de democracia.

Democracia es convocar unas elecciones, hacer una campaña electoral -la que cada uno quiera, a gusto del consumidor- y después, el día elegido, abrir colegios y centros de votación para que todos los que lo deseen depositen en las urnas la papeleta que se les antoje más beneficiosa.

Democracia es garantizar que esas elecciones se celebran con absoluto respeto a la ley -no pasa, por ejemplo, en tu querida Venezuela-, y democracia es -atento, Pablo- respetar el resultado de las elecciones o, lo que es lo mismo, respetar a los votantes -todos mayores de edad y tal y cual- y asumir la derrota o celebrar la victoria. Así las cosas, Pablo, democracia es, básicamente, lo contrario de lo que tu mensaje guerracivilista – ‘a las calles, que no vuelvan’- representa.

España es tan democrática, fíjate, que permite que quien obtuvo 84 escaños en unas elecciones generales esté hoy en el Palacio de la Moncloa gracias a los 71 escaños de tu formación y a los más de veinte de golpistas catalanes y de bildutarras vascos (ahí igual nos hemos pasado de demócratas, pero bueno, eso es otra cosa).

España es tan democrática que permite al discrepante salir a la calle -lo ha hecho la derecha y lo ha hecho la izquierda- a protestar por lo que considera un régimen adulterado o una alianza ilegítima de partidos y, fíjate, sin que la policía mande al otro barrio a ningún manifestante (por si lo quieres comentar con algún político venezolano).

Y España es tan democrática que te permite, si así lo deseas, presentar una denuncia contra cualquier actuación que consideres atenta contra los valores recogidos en la Constitución. Y si esa actuación procede de un partido político, quizá hasta lo ilegalicen (aunque visto lo visto con la CUP y Bildu, te digo Pablo, que ahí la cosa está complicada).

Lo que no es demasiado democrático, Pablo, es azuzar a lo mejor de cada casa -casa okupa, en este caso- cuando los resultados electorales no te gustan; y tampoco es democrático lanzar piedras a los portales (por si conoces al que lo hacía ayer en Sevilla y se lo puedes decir) cuando un partido que no te convence consigue 400.000 votos.

Democracia es hacer el llamamiento “al movimiento feminista, a las organizaciones de trabajadores, a las plataformas de afectados por la hipoteca, al movimiento estudiantil, a los colectivos LGTBI, a las organizaciones de pensionistas” antes de las elecciones (para que te voten, Pablo, para que te voten). Y, una vez pasadas las elecciones, aceptar el resultado y esperar a las siguientes. Y si algún día ganas, Pablo, los demócratas asumiremos el resultado; y a lo mejor salimos a la calle a protestar contra tus políticas… pero sin lanzar piedras, Pablo, sin lanzar piedras.

¡Elecciones ya! por patriotismo cívico
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 4 Diciembre 2018

Existe un público, diferenciémosle de los ciudadanos, que es capaz de todo menos de pensar por sí mismo, podríamos denominarles creyentes laicos, porque han perdido en el camino toda la capacidad de juzgar a los suyos y a sus ideas. Se acomodaron hace mucho tiempo, o recientemente si son jóvenes, a los lugares comunes de la política que les dan tranquilidad a cambio de no tener que pensar. Los creyentes laicos siempre necesitan un enemigo, cuanto más exagerado mejor, que le evite el cuestionamiento de los suyos y de sus ideas. Para esos creyentes laicos, si son socialistas, será fácil pensar que la victoria de Susana Díaz les da el derecho de "la lista más votada" que negaron anteriormente a otros en Andalucía y hace unos meses a Rajoy. A los creyentes laicos del PP les bastará con que no les haya superado Ciudadanos para dormir como si hubieran ganando las elecciones. Ni unos ni otros verán los remiendos de sus respectivos resultados electorales a primera vista, como haría un buen sastre, es decir, un ciudadano. Han postergado de tal forma los atributos de su propia ciudadanía que para sentirse importantes necesitan coincidir sin matiz con su propio grupo.

Susana Díaz ha ganado las elecciones y el candidato del PP ha evitado la sorpresa que anunciaban algunas encuestas. Sin embargo, los dos grandes partidos nacionales han sufrido un varapalo durísimo y sólo suben electoralmente con fuerza Ciudadanos y Vox, el partido de Abascal. Pero no nos entretengamos en los aspectos que sólo atraen la atención de los espíritus vulgares. Vayamos por partes. La candidatura de Díaz ha sufrido el desgaste inherente a una gestión que a muchos andaluces les ha parecido eterna y a los procesos judiciales iniciados por múltiples casos de presunta corrupción que afectaban a la gestión de anteriores gobiernos andaluces. También habrá que trasladar a la candidata una parte de la responsabilidad por un descenso tan acusado -su frustrado intento de dirigir el PSOE supongo que habrá contado negativamente, de la misma forma creo que el socialismo andaluz no ha podido dejar de ser el partido representante de un status quo negativo, sin capacidad para ilusionar a un electorado escéptico-. Pero, ¿todos éstos han sido los únicos inconvenientes que se han acumulado alrededor de las candidaturas socialistas andaluzas? ¿No ha habido más aspectos negativos influyendo en la campaña?

Creo que ha habido una gran influencia de la política nacional en los resultados de los socialistas andaluces. Fuera del círculo que he denominado creyentes laicos, los ciudadanos españoles no han entendido el enrocamiento en La Moncloa de Pedro Sánchez. Pudieron comprender el voto de censura a Rajoy porque el ambiente político era irrespirable. Pero mantenerse en el Gobierno dependiendo entre otros de los independentistas catalanes o de Bildu, no para gobernar -no hay un programa de gobierno posible entre ese grupo de oscuros intereses- sino para evitar que gobiernen otros, resulta tan incomprensible como inmoral. Los ciudadanos que no están incluidos en ese grupo de creyentes laicos no comparten que se hiciera una moción de censura para convocar elecciones y que al día siguiente anunciaran que tenían intención de gobernar mientras pudieran; les parece increíble que el PSOE acepte, como si fuera un vasallaje inevitable, que los socios del Gobierno negocien Presupuestos y otras cuestiones desconocidas para la mayoría con los independentistas en la cárcel. Les parece inaudito que el Ejecutivo no se haya reunido con el primer partido en Cataluña, dejando todas las zalamerías para personajes toscos e iliberales como Torra o Rufián. Yo creo que los españoles no entienden que los socialistas, presos de una mudez calculadora, no defiendan a su ministro de Asuntos Exteriores cuando le agreden sus socios de Gobierno. Y se habrán disgustado cuando la vara de medir a Rajoy cambia a conveniencia cuando se trata de los nuestros... ¡Son tantas las razones para estar confundidos y son tan escasos los motivos para confiar!

Tras estas elecciones, creo que se puede decir, por desgracia, que el destino del PSOE nunca ha estado tan irremediablemente unido a una persona. Basta recordar que hasta el más poderoso González tenía oponentes dentro de la familia socialista y, aunque aquellos contrapesos no eran determinantes orgánicamente, sí eran conocidos por la sociedad e influyentes en la vida política nacional como lo fueron la UGT o el mismísimo Alfonso Guerra. Esa pluralidad fue disminuyendo durante los mandatos de Zapatero, aunque algunos recuperaran su iniciativa crítica después de que el leonés dejara la política oficial. Con Pedro Sánchez, en esta segunda etapa, el pluralismo interno ha desaparecido, y lo ha hecho cuando sus decisiones, las de los últimos cinco meses, han sido las menos comprendidas por la sociedad española. El resultado de Andalucía es el preludio de tiempos que esos creyentes laicos no tendrán el valor de imaginar. No sé lo que pasará en Andalucía, pero sí sé que o Sánchez convoca elecciones inmediatamente o se lleva por delante lo que queda del PSOE.

El PP ha perdido siete diputados, la mitad de lo que ha bajado el PSOE, pero tiene dos grandes ventajas. La primera es que ha logrado mantener la segunda plaza. La segunda es que, a pesar del descenso en porcentajes y diputados, puede gobernar Andalucía. Pero detrás de esta apariencia parece evidente que el PP muestra una incapacidad existencial para ser un dique contra el populismo de derechas. Puede equivocarse pensando que esto es una gran victoria cuando es el anuncio de un futuro que pasa por la siguiente pregunta: ¿se siente capaz de tener, de ofrecer, a la sociedad española un discurso sustancialmente distinto al de Vox? No lo ha hecho en Andalucía. Hace tiempo dije que si el PSOE jugaba a Podemos ganaría Podemos; ahora digo que si el PP juega a Vox, enriquecerá electoralmente al partido de Abascal.

Ciudadanos ha obtenido un gran resultado electoral pero este éxito le sitúa en una encrucijada realmente conflictiva. Puede hacer caso a la teoría que viene a decir que en realidad Vox, el PP y Ciudadanos son lo mismo, y que hubo un tiempo, prehistórico desde una perspectiva política, en el que los tres partidos eran exclusivamente uno. Pero esa opción situaría a Ciudadanos en la irrelevancia política. Tiene la legitimidad para convocar al PSOE y al PP con el objetivo de definir unas reglas de juego que sean respetadas por los partidos constitucionales en Andalucía, pero también en el resto de España. -Ábalos dijo la noche electoral que los partidos políticos democráticos en Europa tienen clara la necesidad de oponerse a partidos inconstitucionales, seguro que se refería a Vox, pero... ¿no lo son igualmente los de Bildu, que no han condenado el terrorismo que el propio Abascal sufrió?, ¿no lo son los independentistas catalanes o Podemos?-. También puede proponerse para encabezar un Gobierno reformista y moderado que sirva para excluir a ambos extremos de la política española: a Vox y a Podemos. En cierta medida, el resultado le permite mantener, mejor que a nadie, un discurso que transcurra por el centro político español. La historia nos suele envolver en paradojas, a veces trágicas y en ocasiones cómicas. El gran triunfador de las elecciones andaluzas es quien lo tiene más complicado.

Madeleine Albright en su último libro sobre el fascismo hace una definición extensiva del fenómeno político: identificación extrema entre el dirigente y un grupo social, un pueblo o una clase; la determinación de utilizar todos los medios necesarios para llegar al poder -muchos ejemplos nos muestran cómo movimientos totalitarios llegaron al poder pacíficamente- y el menosprecio de los derechos y las opiniones de los adversarios. Sin embargo, creo que en esa primera definición la autora se olvida de un factor muy importante para la compresión del éxito de los movimientos totalitarios: en sus orígenes siempre hubo quienes creyeron que ayudándoles perjudicarían a sus oponentes y que posteriormente serían fácilmente manejables. Ayer hubo políticos que promocionaron a Podemos para perjudicar al PSOE y hubo medios que se apresuraron a encontrar rentabilidad económica, no sólo noticias, de la novedad. En esta campaña hemos visto cómo algunos han utilizado el miedo a Vox para menoscabar al PP, elevando al primero a un fenómeno parecido al de Podemos. Unos y otros terminarán lamentando sus malas artes.

Pero no caigamos en nuestro morboso y coqueto pesimismo, lo que nos sucede lo podemos ver, con características propias pero con el mismo denominador común, en todo Occidente. Pudimos creer que estos movimientos extremos de derechas y de izquierdas habían desaparecido, pero han vuelto con fuerza para quedarse, y también en España tendremos que convivir con estas desagradables realidades políticas. Cuando parece que se rompen las costuras de nuestras democracias es el momento de ser más valientes en la defensa de los principios que nos han permitido llegar a donde hemos llegado. Es la hora de ser menos cortoplacistas y de mirar al futuro sin la cabeza baja, es la oportunidad que nos brinda la historia de comprobar si estamos a la altura de la generación anterior, de la que en estos días celebramos el 40º aniversario, emulando su capacidad de convertir anhelos de concordia y libertad en realidad.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La desvergüenza de exigir aislar a Vox mientras se pacta con Otegi y Puigdemont
EDITORIAL esdiario 4 Diciembre 2018

De una manera despectiva y agresiva, buena parte de la izquierda española exige ya el aislamiento de Vox de todo pacto postelectoral, como si sus diputados no existieran o tuvieran una mancilla de origen que en la práctica, pese a proceder del voto individual y libre de muchos ciudadanos, les debería condenar al ostracismo.

Lo ha pedido Susana Díaz, de manera patética, lo ha exigido Pablo Iglesias, con una agresividad indecente y, antes de todos ellos, lo ha sembrado con infinito impudor el propio Pedro Sánchez, inductor principal del frentismo en la política española y mentor del sainete sobre "las derechas" con el que adjetiva a todos sus rivales políticos y que, este mismo lunes, ha relacionado a Vox con el "miedo" en su escasa, huidiza y lamentable reflexión de lo ocurrido en Andalucía.

Es indecente que un presidente sin votos crea legítimo pactar con Bildu y exija, a la vez, que se acordone a Vox

Con la complacencia de buena parte de las televisiones nacionales, incluyendo a la pública, se pretende así estigmatizar a un partido que, guste o no, se mueve en los parámetros constitucionales y representa una opción legítima que combate el populismo instalado en la izquierda con otro a la derecha bastante menos pernicioso: lo peligroso es querer destruir "el Régimen del 78", no hacer de la defensa de España un eje central del discurso.

Pero lo más lamentable de todo es constatar que, quienes más se empeñan en poner un cordón sanitario a un parido para compensar así sus desastres en las urnas, son los mismos que consideran razonable llegar a La Moncloa tras dos derrotas históricas y sustentados en los partidos que más trabajan por destruir el país que se quiere presidir por la puerta de atrás.

Presidente Moreno, sí
Como bien dijo Juanma Moreno, más que probable nuevo presidente de la Junta, es bastante más presentable dialogar con el partido de Ortega Lara, emblema involuntario de la resistencia al terror; que con un inductor de ese horror como Otegi u otros socios como Puigdemont y Junqueras, cuyos votos hicieron presidente a Pedro Sánchez con el único fin de tener menos resistencia en sus planes rupturistas.

¿Cómo se puede insultar al partido de Ortega Lara, secuestrado 532 días por ETA, mientras se acepta el apoyo de quienes le maltrataron?

Vox puede gustar o no, y obviamente debe ser respondido por todas aquellas formaciones que, a un lado y a otro del espectros, consideren negativas o improcedentes sus propuestas. Pero si alguien debe ser aislado, es quien se sirve de las institucionales constitucionales para acabar con ellas y se aprovecha de la mezcla de debilidad y ambición de Sánchez para lograrlo más fácilmente.

El actual presidente nunca debió llegar a La Moncloa contando con los votos de ERC, Bildu y el PdeCat; y tampoco incluso con los de Podemos si, como el propio Sánchez sostenía literalmente tiempo atrás, su plan para España era instalar el vigente chavismo de Venezuela. Pero lo hizo, apelando a una excusa tan etérea como la regeneración para compensar la lamentable calaña de sus respaldos y la falta de votos en las urnas.

El bochorno de Sánchez
Con ese bagaje, criticar un pacto como el que debe firmarse en Andalucía para abrir una nueva etapa tras 36 años de clientelismo y atraso, es un bochorno. El populismo, en el que también se ha instalado Sánchez por necesidad, ya tildaba de "derecha radical" a Rajoy. Después lo hizo con Pablo Casado al vencer en las primarias del PP y, a la vez, con Albert Rivera cuando empezó acertadamente a desmarcarse del PSOE.

En Andalucía debe gobernar el PP, con Cs en el Gobierno y Vox dando respaldo a la investidura. Y en España, llegado el caso, igual

Es un mantra manido, que acaba frivolizando un término inquietante y reservado para casos excepcionales entre los cuales no figura Vox, que intenta recubrir una trampa política para perpetuarse y genera una crispación social innecesaria.

La mejor respuesta es, simplemente, ignorar la propaganda retórica de la izquierda radical y proceder sin dudarlo a alcanzar acuerdos y pactos que luego puedan juzgar los electores. Algo a lo que, por cierto, se niega Sánchez, el presidente que nunca debió llegar así a La Moncloa y no tiene derecho alguno a eternizarse sin pasar con urgencia por las urnas.

Porque resulta impropio de un partido como el PSOE, decisivo para estructurar España durante toda su historia reciente, estar encabezado por su líder que, cuando pierde en las urnas, en lugar de marcharse busca atajos con cualquiera o exige que no cuenten los diputados de un tercero. Eso sí que da "miedo", señor Sánchez.
 


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