AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 5  Diciembre 2018

El plan económico de VOX para España: desalojo inmediato de okupas, IRPF único del 20%, pensiones mixtas...
El partido de Santiago Abascal propone una reducción drástica del “gasto político” y una sustancial rebaja de impuestos.
M. Llamas Libertad Digital 5 Diciembre 2018

La fuerte irrupción que ha registrado VOX en las elecciones andaluzas del pasado domingo, donde obtuvo un total de 12 diputados, ha despertado, como es lógico, un gran interés por las propuestas del partido que lidera Santiago Abascal. El programa específico para estos comicios regionales recogía, por ejemplo, el cierre de Canal Sur o la eliminación del PER, entre otras medidas, tal y como avanzó Libre Mercado.

Sin embargo, existe un programa electoral mucho más amplio, a nivel nacional, bajo el título 100 medidas para la España Viva, en el que dicha formación desgrana sus principales propuestas de gobierno. En materia económica, sus medidas más destacadas son las siguientes:

Acabar con los okupas
Los españoles podrán hacer uso de la fuerza proporcional para defender su hogar, para ello se ampliará el concepto de legítima defensa.
Tipificar la ocupación de viviendas como delito contra la propiedad privada.
Reforma legislativa para que los okupas sean expulsados en cuestión de horas de las viviendas donde han entrado. La participación en estas conductas ilegales excluirá de las ayudas sociales.

Reducción del "gasto político"
Eliminación de cargos y organismos duplicados, ideológicos o por cualquier otra razón prescindibles.
Cerrar organismos destinados a crear estructuras paralelas al Estado, las televisiones autonómicas, defensores del pueblo, Consejos Consultivos, Agencias Meteorológicas, etcétera.
Fusión de ayuntamientos y significativa reducción en el número de representantes locales.
Reducir al mínimo el número de asesores contratados por las diferentes administraciones públicas potenciando de esta manera la carrera profesional de los empleados públicos.

Rebaja y eliminación de impuestos
Rebaja radical del Impuesto sobre la Renta: aumento significativo del mínimo personal y familiar exento a 12.000 euros; tipo único fijo del 20% hasta los 60.000 euros anuales, tributando al 30% cualquier exceso sobre el mencionado límite.
Reducir el tipo general del Impuesto sobre Sociedades al 20% con una reducción del 5% en el caso que los beneficios no se distribuyan y se mantengan en la empresa como reservas.
Reducción del Impuesto de Sociedades para las Pymes al 15% y minimización de los trámites burocráticos para su aprobación administrativa.
Reducción del IVA al 4% para la compra de productos y fármacos infantiles y geriátricos.

Amplio sistema de beneficios fiscales para las familias, en especial para las numerosas: reducción mínima del 50% en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) para familias con hijos y exención del pago del mismo a las familias numerosas; tratamiento conjunto de la renta familiar repartida entre los dos cónyuges para no penalizar que uno de los miembros de la familia se dedique al cuidado de los hijos o de los dependientes.
Supresión del Impuesto sobre el Patrimonio, Sucesiones y Donaciones y Plusvalías municipales en todo el territorio nacional.
Rebajar los impuestos directos del gasóleo agrícola (combustible, fertilizantes, herbicidas, plásticos) por encarecer los costes de producción.

Sistema mixto de pensiones
Un nuevo modelo para nuestras pensiones (mixto de capitalización y reparto) que se base en la solidaridad (garantizando una pensión mínima que se revalorice con el coste de la vida) y en la propiedad (asegurando el derecho de los ciudadanos a disponer de ahorros propios al finalizar su vida laboral que complementen las pensiones mínimas).
Las pensiones contributivas estarán exentas en el IRPF.

Autónomos y contratación laboral
Apoyo a los trabajadores autónomos: cuota de cero euros si los ingresos no llegan al Salario Mínimo Interprofesional y, superado dicho umbral, una cuota progresiva desde los 50 euros en función de sus ingresos; bonificación del 100% de la cuota mientras el trabajador por cuenta propia esté de baja.
Apoyo a los desempleados mayores de 50 años y a aquellos desempleados de larga duración mediante la reducción de un 20% de las cotizaciones de la empresa para nuevos contratos de carácter indefinido.

Apoyo a los trabajadores españoles mediante la reducción de un 10% de las cotizaciones de la empresa, para nuevos contratos indefinidos para trabajadores de nacionalidad española en situación de desempleo (siempre que el desempleo se sitúe por encima del 8%).
Crear un dispositivo de "primer empleo" que exonere de las cargas sociales en la primera contratación de jóvenes menores de 24 años y por un período máximo de dos años.

Suelo, energía y desregulación
Liberalizar el suelo: convertir en suelo apto para ser urbanizado todo el que no deba estar necesariamente protegido por motivos de interés público convenientemente justificados. El mercado del suelo es especialmente rígido su regulación provoca una escasez artificial que eleva su precio.
Desarrollar un Plan de la Energía con el objetivo de conseguir la autosuficiencia energética de España sobre las bases de una energía barata, sostenible, eficiente y limpia.
Menos impuestos y costes regulados en la factura de la luz, que son los culpables de que paguemos uno de los recibos más caros de Europa.

Simplificación de normativas, trámites y procedimientos: derogar cinco normativas por cada una promulgada para el comercio y la industria; eliminar todo tipo de coste público (tasas e impuestos) para la constitución y puesta en marcha de una empresa sea cual sea la forma jurídica que adopte.
Fomentar la reindustrialización de España en el contexto de la cooperación empresa-estado y así aumentar el peso de la industria en el PIB; apoyar a las empresas españolas incorporando como computable, en los criterios de evaluación de los concursos públicos, que la empresa tenga su sede y que tribute en España; apoyo a la I+D+I y a la expansión internacional de las empresas españolas.
Diseñar y aplicar un nuevo Plan Hidrológico Nacional.
Promulgar leyes anti usura.

Alerta anticomunista
Emilio Campmany Libertad Digital 5 Diciembre 2018

Que Pablo Iglesias decrete una "alerta antifascista" porque Vox haya obtenido 12 escaños en las elecciones andaluzas es normal. La querencia de este sicofante de ideas totalitarias al lenguaje y los modos de los años treinta no es cosa ya que maraville. Lo que sobresalta es que la práctica totalidad de los medios haya secundado la alerta aceptando la premisa de que Vox es un partido antidemocrático.

Una de las acusaciones que arrojan sobre Vox es que se opone a la inmigración ilegal. Todos, partidos políticos y medios de comunicación, deberían oponerse a ella, aunque sólo fuera porque, como su propia denominación indica, es "ilegal". Pero, además, lo que hay detrás es el crimen organizado: mafias que venden el pasaje a Europa y empresarios desaprensivos que ocupan a los inmigrantes en el tráfico de copias piratas, en empleos ocultos al fisco y a la Seguridad Social, en la prostitución y demás. Y esos negocios son posibles porque nuestros políticos brindan a los inmigrantes ilegales la protección social que las mafias venden en origen y de la que se aprovechan quienes los explotan. ¿Oponerse a que los criminales se enriquezcan gracias a la protección social que el Estado otorga a los inmigrantes y que se financia con nuestros impuestos es antidemocrático? No digo que no haya argumentos para defender que quienes logren entrar ilegalmente en España merecen ser protegidos. Pero también los hay, y muy poderosos, en contra. Y son tan legítimos como los otros.

También acusan a Vox de ser anticonstitucional y lo comparan, no ya con Podemos, sino con los golpistas catalanes, pues, si éstos trataron de volar la Constitución decretando la independencia de Cataluña, los de Vox pretenden otro tanto liquidando las autonomías. Vox no quiere incumplir la Constitución. Al contrario. Pretende que todos, incluidos los independentistas catalanes, la cumplamos. Como casi todos los partidos, además quiere reformarla. El pecado que no le perdonan es que su propuesta, la de liquidar las autonomías, vaya en el sentido contrario a las de los demás. Como si la España confederal que proponen PSOE y Podemos tenga que ser más democrática que la España centralista que defiende Vox.

No obstante, el problema no es que nacionalistas, podemitas y socialistas tachen de antidemocrático a Vox sin serlo. Lo inquietante es que la mayoría de los medios se unan al vocerío incumpliendo su obligación de informar. Si quieren defender la inmigración ilegal y el Estado de las Autonomías, pueden hacerlo con los argumentos que encuentren, que cada vez son menos. Lo que no pueden hacer es tachar de antidemocráticas las propuestas de combatir a una y liquidar al otro porque no lo son. Mucho más cuando encubren a la vez a comunistas confesos, disfrazándolos de socialdemócratas, y aceptan mansamente que Iglesias pretenda antidemocráticamente ganar en la calle y con violencia lo que perdió en las urnas.

Si la democracia española está en peligro no es por los ataques que pueda recibir desde la derecha. El peligro procede de la izquierda. No sólo porque los comunistas jamás han sido demócratas, sino sobre todo porque los socialistas se están dejando colonizar por aquéllos. Y la mayoría de la prensa no denuncia ninguna de las dos cosas. Si hay que decretar algo, es una alerta anticomunista.

VOX no es extrema derecha ni inconstitucional
Liberal Enfurruñada okdiario 5 Diciembre 2018

Estoy convencida de que ninguno de los que atacan a VOX diciendo que son inconstitucionales y de extrema derecha ha asistido jamás a uno de sus mítines y seguramente tampoco se hayan leído su programa electoral. Yo sí he asistido a varios mítines de VOX y me he leído las 100 medidas urgentes que proponen para España, por eso yo puedo afirmar que mienten o se equivocan. Por definición, la extrema derecha está asociada a ideologías totalitarias y antidemocráticas próximas al fascismo o al nazismo y os aseguro que cuando vayáis a un mitin de VOX no os vais a encontrar con nada así. No existe ni esa xenofobia ni mucho menos el racismo que se les achaca, no hay intolerancia ni machismo, no verás islamofobia ni brazos alzados en saludo romano, no verás banderas franquistas ni símbolos extremistas de ningún tipo. No es verdad.

Todo eso es un conjunto de mentiras que le viene bien difundir a todos aquellos que no quieren que aparezca un nuevo partido político de derechas que le quite votantes a los que ya están instalados. Desde el PP y su prensa amiga se ha contribuido bastante a construir esa falsa idea sobre VOX para intentar detener la fuga de votantes. Pero también la prensa y los partidos de izquierda han incidido en ello para estigmatizarlos. El típico enemigo contra el que se intenta movilizar a la masa en beneficio propio. Pero es evidente que el engaño no les ha funcionado y que los votantes han creído más en su propio criterio que en el que pretendían transmitirles unos medios de comunicación que han perdido por completo la credibilidad a favor de nuevas plataformas como OKDIARIO.

En los mítines de VOX lo que hay son muchas banderas de España. Estuvieron torpes los demás partidos al no darse cuenta de que los españoles habíamos empezado a sacar orgullosos nuestra bandera a nuestras ventanas y balcones y que ese símbolo representa la unidad a la que no estamos dispuestos a renunciar. Tan torpes como estuvieron cuando permitieron que en Cataluña unos políticos golpistas celebraran por dos veces un referéndum ilegal por inconstitucional, con el que consiguieron mojarnos la oreja a todos. Estuvieron torpes los que permitieron que en los medios de comunicación públicos catalanes y en sus escuelas se nos insultara sin parar y los que ahora pactan con ellos y les prometen indultos que la ciudadanía rechaza masivamente. Cada vez que VOX sentaba en el banquillo a un golpista catalán, ante la pasividad de Gobierno y oposición, más ciudadanos se sentían atraídos a sus mítines para escuchar por ellos mismos sus propuestas, sin que nadie les engañara. Y así han ido llenando auditorios.

En sus mítines no hay skin heads ni se canta el ‘Cara al sol’. Allí hay gente normal de la calle, unos llegan en Mercedes y otros en modestos utilitarios, hay muchas mujeres de todas las edades y sobre todo muchísimos chicos jóvenes con aspecto de pertenecer a todas las clases sociales y profesiones. Estudiantes, militares, jubiladas, obreros de la construcción, ingenieras. Cualquiera con el que te encuentras por la calle, tus vecinos, esos que hace tiempo que pusieron la bandera de España en su balcón, a esos seguramente te los encuentres allí. Y se habla de la defensa de la nación española contra los golpistas, de la lucha contra las mafias de la inmigración ilegal y contra el terrorismo internacional, de bajadas de impuestos, de la ideología de género, y de promover una reforma legal de la Constitución para poner fin al disparate autonómico. Nada de extrema derecha. Todo de extrema necesidad.

Contra la democracia
Ramón Pérez-Maura ABC 5 Diciembre 2018

Demasiadas son ya las pruebas de rechazo de la democracia que nos ofrece la izquierda de nuestro tiempo en el mundo entero. El ejemplo más inverosímil de ello lo pudimos ver, una vez más, el pasado domingo en las calles andaluzas. Empujados por Podemos, los activistas de ultarizquierda se echaron a la calle a denunciar el resultado de las elecciones. Ése es el respeto que sienten por la democracia. Cuando le va bien a quien a mí no me gusta, la democracia no es válida. ¡A las barricadas! Esto no es la primera vez que lo vemos. Ya tenemos documentación histórica sobrada para probar el fraude electoral de la izquierda española en 1936. Pero en tiempos recientes tenemos ejemplos muy similares fuera de España. Sin ir más lejos, la victoria de Donald Trump provocó una multitudinaria manifestación en Washington contra el resultado electoral. Habrá que preguntarse en todo caso por qué ganó Trump y por qué Vox ha logrado doce escaños. Lo que no se puede es denunciar al votante que libremente escogió una papeleta que estaba entre las disponibles y la depositó en la urna. Ése no tiene la culpa.

El desvarío que ha generado este resultado entre la izquierda que ha alimentado el auge de Vox es notable. La ministra de Justicia declaraba ayer que éste es un partido que rechaza la Constitución, no como los que apoyan al Gobierno. ¿Sabe leer la ministra de Justicia? ¿No ha colegido Dolores Delgado nunca de las manifestaciones de Pablo Iglesias y su partido contra la Monarquía constitucional? ¿No ha visto a Podemos enarbolar nunca banderas anticonstitucionales como la de la II República? Sería conveniente saber qué entiende la ministra de Justicia por ser constitucional. Por no hablar de los partidos que propugnan la ruptura de España como ERC o JxS, en los que también se apoyó Pedro Sánchez para llegar a la Presidencia del Gobierno. Yo no discuto que en el ideario de Vox haya propuestas que chocan con la Constitución, cuyo 40 aniversario conmemoramos mañana mismo. Pero a la hora de caracterizarse como partido anticonstitucional, varios de los que hoy están presentes en las Cortes Españolas ganan por goleada a Vox.

Como tantos partidos populistas en Europa, Vox ha irrumpido porque hay un terreno fértil para que su discurso dé fruto. La inteligente jugada del fundador del Partido Popular, Manuel Fraga Iribarne, fue conseguir integrar en un partido constitucional a la inmensa mayoría del franquismo sociológico que había en España. Porque aunque lo quieran negar, Francisco Franco murió en la cama. Fue éste un sector de la sociedad que se sintió cómodo en democracia porque de verdad era una democracia de todos. Vox no es un partido franquista, es un partido de extrema derecha como otros que hay en Europa y tiene un discurso no muy alejado del de algunos gobernantes europeos. Su surgimiento es una verdadera catástrofe para el PP, que no ha sabido en los últimos años integrar esas sensibilidades. Y cuando hay un sentimiento que se extiende por la sociedad y no lo integra ningún partido existente, acaba siendo empleado como ariete por un partido nuevo. Las ideas que han engordado a Vox están en auge. Ignorarlas por parte de PSOE, PP y Cs sólo servirá para que siga creciendo Vox hasta que un día se convierta en una alternativa real de Gobierno, como lo es hoy el Frente Nacional francés. Haría bien la izquierda en dejar de gritar y preguntarse por qué Vox ha sido capaz de conseguir escaños incluso entre su electorado.

Ahora o nunca
Ignacio Camacho ABC 5 Diciembre 2018

Un axioma político explica que las elecciones, en caso de vuelco, no las gana la oposición sino que las pierden los gobiernos. Lógico: si los votantes estuviesen satisfechos de su gestión les renovarían el crédito. En Andalucía, sin embargo, el PSOE resistía tanto tiempo porque la gente no encontraba un catalizador de su descontento, y esta vez ha fracasado por la conjunción (astral, casi) de dos excesos: uno de confianza propia y otro de hartazgo ajeno. El segundo está muy explicado: el conflicto catalán y el abuso de Sánchez al atornillarse en el poder a cualquier precio han movilizado a una derecha en monumental trance de cabreo. Pero el primero implica una responsabilidad flagrante de quienes han confundido el estado de ánimo de sus adeptos: los votantes tradicionales de la izquierda estaban aclimatados a la rutina, no contentos, y muchos se quedaron en sus casas creyendo que el triunfo estaba resuelto sin necesidad de contar con ellos. Una mezcla de escepticismo, presunción sobrada, falta de motivación y un cierto desaliento. Alguna vez tenía que ocurrir aunque nadie, salvo el brujo Michavila, fuese capaz, y sólo a última hora, de preverlo. Muchas hecatombes históricas empiezan por un elemento accidental o un detalle en apariencia superfluo, y casi siempre sorprenden a los protagonistas durmiendo.

Por eso el centro y la derecha (con la irrupción de Vox conviene, por precisión, separar el sintagma) deben ser conscientes de que están ante una oportunidad quizá única y en todo caso privilegiada. Si no la aprovechan pasará mucho tiempo antes de que vuelva a abrirse hueco la posibilidad de alternancia. Incluso aprovechándola existe riesgo, por la división de fuerzas en competencia acusada, de que pueda ser sólo un paréntesis, un interregno, una pausa en el monocultivo político de una comunidad sociológicamente acomodada en el paradigma sobreprotector de la socialdemocracia. Es ahora o nunca, y no se trata de un desquite ni de una revancha sino de devolver la administración pública a la simple normalidad de la mudanza, de demostrar que en democracia las instituciones no constituyen una propiedad hereditaria y pueden cambiar de inquilinos sin que pase nada. Que la verdadera anomalía son los partidos-alfa, identificados con el sistema bajo la autoconvicción de una imprescindibilidad intocable y mesiánica.

No habrá otra ocasión en años, y ésta se ha producido porque agarró a la izquierda sesteando. Ni el PP ni Ciudadanos tendrán modo de explicar a su electorado que sus rivalidades y recelos, mutuos o respecto a terceros, conduzcan al fracaso. Tendrán que apañárselas para digerir el incordio de contar con Vox como circunstancial aliado; si no lo hacen será peor porque el partido emergente los adelantará de un tranco. Cuando gobiernen es probable que sufran un ataque de pánico, pero ahora les está prohibido el miedo al cambio.

Enchufados de La Pesoe: ¡tranquilidad!
Pablo Molina Libertad Digital 5 Diciembre 2018

Las televisiones izquierdistas, valga la redundancia, agotaron el pasado domingo sus reservas de tila para los tertulianos de progreso encargados de analizar el resultado de las elecciones andaluzas. La noche fue trágica para los archimandritas de la izquierda, sobre todo en La Sexta y Canal Sur (o La Secta y Canal Sur-sana, como también se las conoce), donde se vivieron momentos de una gran angustia vital. Fue un espectáculo maravilloso, qué les voy a contar.

Los dos integrantes de la cuota de socialismo andaluz presentes en el plató de García Ferreras no daban crédito a lo que veían sus ojos: Susana se desplomaba y VOX entraba en el Parlamento andaluz con grupo propio y 12 escaños, esterilizando así cualquier posibilidad de negociar con éxito un Gobierno de izquierdas. Una catástrofe de proporciones bíblicas se cernía sobre el pueblo andaluz, extrañamente abducido por una hidra fascista de tres cabezas.

El drama era evidente, porque los socialistas solo han estado 40 años gobernando Andalucía y no han tenido tiempo material para culminar su proyecto. Ahora que habían dado por fin con la clave para acabar con el paro lacerante y poner a Andalucía a la cabeza de las regiones desarrolladas de Europa, los andaluces van y le muestran a Susana el camino a la puerta, qué fatalidad.

Los analistas próximos al PSOE lamentaban la salida de los socialistas con un argumento asombroso, que solo se entiende si se conoce el funcionamiento interno del socialismo en la Administración pública. Resulta que expulsar a los socialistas de la Junta es malo porque "la gente tiene una relación muy estable con el poder" y "sabe a dónde acudir en cada caso". Efectivamente. Por eso es imprescindible echar a patadas al PSOE y poner en marcha una desinfección radical a través de aquellas "auditorías de infarto" con que en su día amenazaba a sus rivales políticos Alfonso Guerra, joya primigenia del socialismo hispalense.

Pero nada de eso ocurrirá. Llegará un nuevo Gobierno (aún está por ver) y todos los enchufados por el socialismo no solo no se verán afectados por este cambio político, sino que mejorarán sus retribuciones y sus puestos de trabajo. Lo hemos visto en otras comunidades autónomas y no hay razón para que el fenómeno no se repita. Es más, con la etiqueta de fascista que ya han adjudicado a los tres partidos que cuestionan la hegemonía de la izquierda andaluza, los nuevos dirigentes entrarán a la Administración con el deseo de hacerse perdonar una culpa que no por inexistente es menos castradora.

Los socialistas los enchufan y el PP los asciende. Así ha sido siempre y así será también en Andalucía. Pierdan el miedo los enchufados inútiles, asesores sin función, directores de chiringuitos fantasma y comunicadores de ronzal. Todos permanecerán en sus puestos ganando incluso más, para que puedan seguir insultando a placer a los fascistas y a quienes les votan. ¿Alguien quiere apostar?

La nómina de Susana
Díaz solo ha trabajado en política. Le va el caldo en mantener el cargo
Luis Ventoso ABC 5 Diciembre 2018

Uno de los achaques más evidentes de nuestra política es que muchos de los mejores huyen de ella. Personas de peso, que pueden acreditar una trayectoria profesional duradera y de éxito, no quieren saber nada de los partidos ni de la cosa pública. De una generación que quería servir al país a través de la política hemos pasado a otra que aspira a servirse de la política para vivir de ella. El perfil más repetido hoy entre nuestra clase dirigente es el que sigue: un chaval o una chica con inquietudes políticas se afilia temprano a las juventudes de un partido, a veces sin siquiera acabar su carrera; muy pronto, en la primera veintena, se convierten en concejales con sueldo; si son espabilados saltan al Parlamento autonómico, o a una consejería regional, y de allí al Congreso. Con un poco de suerte, esas personas pueden acabar dirigiendo un partido antes de los 45, u ocupando un ministerio, o una secretaría de Estado. Todo sin haber dado palo al agua en una empresa privada, en la economía real.

Se entiende perfectamente que Susana Díaz, trianera de 44 años, casada y madre de un hijo, diga que no piensa dimitir tras su descalabro electoral y finiquitar el dominio histórico del PSOE en Andalucía. No quiere irse por pura lógica: en el envite se está jugando el caldo, su modo de vida, pues su único oficio hasta hoy ha sido y es la política. Susana, hija de un fontanero del parque móvil municipal y de un ama de casa, tardó diez años en rematar la carrera de Derecho. Normal. Tampoco necesitaba el título con premura, pues ya gozaba de empleo fijo en la más sólida y pródiga de las empresas andaluzas: el PSOE. Con 23 años dirigía las juventudes regionales del partido. A los 25 era concejala. A los 29, diputada en Madrid. De vuelta a casa, diputada en el Parlamento andaluz. En 2011, un añito de relax en el Senado, previo paso a consejera de Presidencia de la Junta, cargo al que llegó a los 38 años. El resto ya lo saben: sucesora de Griñán, ese faro de limpieza contable, y presidenta de Andalucía desde septiembre de 2013 hasta ahora, en que peligra su empleo.

Es comprensible el rictus contrito que marca desde el domingo el rostro de Díaz. En una ocasión, en una refriega parlamentaria con una diputada del PP que le afeó que su marido había cobrado de los cursos de formación, la presidenta resumió con gracejo la aportación pecuniaria de su cónyuge al matrimonio: «Me he casado con un tieso. ¿Qué pasa?». Pero la presidenta tiene una casa, un solar, dos coches y una buena hipoteca encima. Se hace duro salir al mercado laboral con 44 años a buscarte tu primer empleo en la economía privada. De todas formas, Susana no debe preocuparse. Los partidos españoles tienen establecida una fórmula para que las figuras rechazadas por los ciudadanos en las urnas sigan viviendo del erario público: senadora autonómica y a solazarse en la cámara-spa. Si los tres partidos de derechas se ponen de acuerdo, ese será el nuevo empleo de Díaz, donde a costa de nuestros impuestos seguirá luchando a brazo partido por el bienestar «de todas y todos», aunque no se sepa muy bien cómo.

Tras las elecciones andaluzas
Juan Díez Nicolás ABC 5 Diciembre 2018

Los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía van a dar mucho que hablar y que negociar y que hacer en las próximas semanas, pero no son sino la consecuencia de grandes errores por parte de los dos principales partidos que protagonizaron la transición política, y que ahora tienen que enfrentarse a la realidad. Lo he repetido por activa y por pasiva decenas de veces. La Guerra Civil se produjo cuando la izquierda moderada y la derecha moderada perdieron la confianza la una en la otra y se fiaron más de sus respectivas extremas. Esa pérdida de confianza llevó a la radicalización, tanto en España como luego en toda Europa y en el mundo, lo que condujo a la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, la Transición Política fue posible cuando la derecha moderada y la izquierda moderada se fiaron más la una de la otra que de sus respectivas extremas. Pero desde las elecciones generales de 1993, la desconfianza entre los moderados ha ido creciendo y creciendo, retroalimentándose con cada acto de una y de la otra. La desconfianza entre ellas no solo ha permitido que, «a río revuelto, ganancia para los independentistas y separatistas». Hoy nadie duda de que si PSOE y PP se hubieran cedido algún voto en el Congreso de los Diputados en materias de Estado, los separatistas nunca habrían logrado las cuotas de poder que tienen en la actualidad, y no solo en Cataluña y País Vasco. No hace mucho escribí en estas mismas páginas un artículo bajo el título «¿Una oportunidad perdida?» en referencia a la oportunidad perdida por Pedro Sánchez para buscar una renovación de ese pacto entre izquierda y derecha moderadas. Prefirió aliarse con la izquierda radical y los independentistas, y posiblemente eso explique la sangría de votos que ha tenido el PSOE en Andalucía.

La corrupción y el abuso de poder, así como la desconfianza mutua, han llevado al PP y al PSOE a perder votos a raudales desde hace ya décadas. Tanto han hecho y se han reprochado el uno al otro que al final han convencido al electorado de que ambos partidos son corruptos y carecen de líderes fiables y responsables. Primero surgió Podemos, que se llevó gran parte del electorado del PSOE. Luego fue Ciudadanos, que poco a poco le fue restando apoyos al PP, y también al PSOE. Y, finalmente, tenía que surgir el contrapunto a Podemos por la derecha, que ha sido Vox, que también le resta votos al PP. Era algo predecible y que fue anunciado.

Pero, si he dicho que la alianza del PSOE con Podemos y los independentistas ha sido la principal causa de su desplome precisamente en Andalucía, no parece razonable creer que la alianza del PP con Ciudadanos y Vox vaya a tener consecuencias diferentes. Un frente de derechas será siempre al final dominado por los más radicales, de la misma manera que un frente de izquierdas ha conducido al final a que dominasen los más radicales. Por ello, ni creo que sea posible ese tripartito, ni creo que sea deseable. Alguna vez los españoles tendremos que convencernos de que ni la derecha logrará eliminar a la izquierda del suelo español, ni la izquierda logrará eliminar a la derecha de este país que algunos seguimos llamando España, diversa pero unida.

Hay al menos dos alternativas en Andalucía a un gobierno tripartito PP, Ciudadanos y Vox. Una sería la gran coalición al estilo alemán entre PSOE y PP, difícil pero no imposible. Sin embargo, el historial de corrupción y de traiciones entre ellos no parece hacer fácil esa «cohabitación», y posiblemente el electorado pensara que el acuerdo tendría como principal objetivo taparse las vergüenzas de estas últimas décadas y acordar las futuras. La otra alternativa es incluir en ese pacto de gobierno a Ciudadanos, que podría presidir ese gobierno tripartito porque, al menos de momento, no tiene historial de corrupción, y sería el garante de que los otros dos partidos no volvieran a repartirse el cortijo. Ese gobierno en Andalucía podría ser el anticipo de lo que España posiblemente necesita a escala nacional para los próximos años, pues en este momento se necesitan conjunciones copulativas y no disyuntivas. Creo sinceramente que el PSOE y el PP han hecho mucho bien a España, pero también mucho mal, y el peor de los males ha sido el resucitar el odio y el enfrentamiento entre españoles, por lo que se necesitan unos años para restañar desconfianzas, para olvidar el pasado y mirar solo hacia el futuro, un futuro en el que España, cuarta potencia en la Unión Europea (y podría ser la tercera o incluso la segunda, si se lo propusiera) vuelva a tener un peso importante no solo en Europa sino también en el mundo. Pero ni la izquierda logrará eso sola, ni la derecha lo logrará sola.

A esta alturas de la película el PP debería haber aprendido que no se puede gobernar con el resto de todos los partidos en contra, sin ser capaces de pactar con ninguna otra fuerza política, y el PSOE debería haber aprendido que aliarse con radicales e independentistas no trae más que disgustos como el de Andalucía. Aprendan, señoras y señores dirigentes de PP y PSOE, de personajes como Adolfo Suárez y Felipe González, que no fueron perfectos, pero fueron inteligentes y supieron que no era rentable mantener las dos Españas, y que como el segundo admitía no hace muchos meses, se ponían de acuerdo incluso para los desacuerdos. Aprendan otros incluso de Fraga y Carrillo, que supieron que la confrontación cuarenta años después era inútil y el pueblo español no la quería. Por supuesto que Podemos y Vox tienen derecho a existir, y tienen y tendrán sus votantes, pero si PP, PSOE y Ciudadanos lo quieren, España podrá ser un país para todos, y no solo para unos pocos, incluidos por supuesto los más radicales, pero controlados por la moderación.

Las próximas semanas asistiremos a múltiples conciliábulos, a toda clase de propuestas de coaliciones, y las que aquí se proponen no serán las más descabelladas. Por el contrario, constituyen una llamada a la cordura, y a la resolución de conflictos entre españoles que duran ya demasiadas décadas e incluso siglos mediante acuerdos de Estado. ¿Sabremos nosotros perdonarnos unos a otros, olvidar el pasado y mirar al futuro que queremos, juntos? ¿Será ahora la derecha, en Andalucía, la que pierda la oportunidad, como hace meses la perdió la izquierda en el ámbito nacional? ¿No es ahora, cuando se cumplen 40 años de la mejor y más respaldada Constitución de toda nuestra historia, el momento de ser sensatos?

Juan Díez Nicolás es académico de número de la Real de Ciencias Morales y Políticas

La gran coalición entre PSOE y PP
Nota del Editor 5 Diciembre 2018

Sería estupendo que se coaligaran para desaparecer, de modo sincronizado. Hay que estar frnacamente mal para tratar de seguir defendiendo al PSOE de Zapatero y Sánchez entre otros, al PP de Rajoy y sus mariachis immersivos en Galicia y solo falta que Ciudadanos muestre otra vez su patita apoyando al PSOE.

Gobierno Pedro Sánchez
Los Franco denuncian al Gobierno por irregularidades en el expediente de exhumación
Los Franco denuncian al Gobierno porque el expediente de exhumación contiene una firma de un funcionario que se hizo pasar por alto cargo
María Jamardo okdiario 5 Diciembre 2018

El alto cargo que firmó el expediente de exhumación de Franco era funcionario del Museo del Prado
Las prisas del Gobierno por exhumar a Franco están suponiendo el incumplimiento de trámites

La familia de Francisco Franco han presentado una denuncia contra la subsecretaria de Justicia e instructora del procedimiento de exhumación, Cristina Latorre; el subsecretario de Presidencia, Antonio Hidalgo; y contra el presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional, Alfredo Pérez de Armiñán, tras detectar entre los documentos del expediente la firma de un funcionario del Museo Nacional del Prado que se hizo pasar por Director de Inmuebles y Medio Natural.

La familia -que no es la primera vez que recusa la actuación de Latorre, quien depende jerárquicamente de la ministra de Justicia, Dolores Delgado– denuncia que la firma recogida, el pasado 14 de noviembre de 2018, en la valoración del presupuesto de obra menor para llevar a cabo la exhumación, corresponde a un funcionario que no ocupaba el cargo que se atribuyó.

En el relato de hechos presentado por la familia ante el Juzgado de Guardia de Madrid, se recoge cómo todos los denunciados eran conocedores de que el funcionario no ocupaba el citado puesto de dirección pese a lo cual, con la intención de acelerar toda la tramitación, y “a sabiendas de la usurpación de funciones y de la falsedad de la ostentación de dicho cargo, firmó el proyecto de exhumación como Director de Inmuebles”.

Según ha podido saber OKDIARIO, dicho puesto en ese momento estaba vacante y en fase de presentación de candidaturas, tras el cese del anterior titular y la publicación de la convocatoria del concurso de méritos en el BOE del 1 de noviembre, venciendo el plazo para la admisión de solicitudes el día 22 de noviembre.

La denuncia refleja cómo desde el Ministerio de Justicia se reclamó dicho proyecto “a toda prisa” el pasado 13 de noviembre, cuyo informe “se confeccionó” en un sólo día, firmándose al día siguiente, fecha en la que aparece la firma del funcionario. Tan sólo 24 horas después se remitió el mismo la instructora, Cristina Latorre. Y ésta lo hizo llegar, sin traslado a las partes interesadas, al Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial.

Añade la denuncia que la alcaldesa del consistorio madrileño “hurtando su conocimiento al pleno del consistorio, ha tramitado como obra menor” y por tanto de forma ajena a un expediente de concesión de licencia y a espaldas de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

Las prisas del Gobierno por querer llevar a cabo la exhumación de los restos de Franco, a pesar de procedimiento establecido ad hoc por el propio Ejecutivo socialista en el Real Decreto 10/2018, está suponiendo, como pone de manifiesto la familia, una “colección de irregularidades“. Algunas de las cuales se apuntan en el escrito de interposición del recurso contencioso-administrativo que la familia presentó ante el Tribunal Supremo, y que ha admitido a trámite la Sala Tercera, contra el acuerdo del Consejo de Ministros del pasado día 8 de noviembre.

La denuncia esgrime, además del delito de prevaricación, el de usurpación de atribuciones y funciones -previsto en el artículo 402 del Código Penal- del que serían autores todos los denunciados. Entienden los Franco que se “confabularon para vestir con un cargo a quien no lo tenía” y participaron activamente en reuniones, incluso en el propio Valle de los Caídos, para lo que aportan como prueba una fotografía, publicada por OKDIARIO, “al objeto planificar técnicamente la exhumación”.

Andalucía: ¿400.000 fascistas?
Roberto L. Blanco Valdés La voz  5 Diciembre 2018

Es posible que vivan en Andalucía agazapados 400.000 fascistas (395.978 exactamente) y que, hasta este domingo, nada supiéramos de ellos. Es posible, pero en verdad muy improbable. Los fascistas, violentos y ruidosos, quieren ser vistos en defensa de sus causas delirantes y más que votar les gusta andar a patadas con las urnas. Los fascistas gritan, vulneran la leyes y aplauden con fervor a quienes las desobedecen. Los fascistas se hacen notar porque lo suyo es la acción, el cadenazo, el grito desabrido y el acoso al adversario. Son 400.000 muchos fascistas (50.000 de media por provincia) para pasar desapercibidos.

No parece, por tanto, que los 12 diputados obtenidos por Vox este domingo sean el resultado de su capacidad para atraer a un electorado fascista sencillamente inexistente. ¿Qué ha pasado, pues, en Andalucía?

Pues lo que, antes o después, tenía que pasar: que allí ha estallado al fin en forma de voto a un partido de derecha radicalizado la inmensa irritación social provocada, primero, por la insurrección secesionista en Cataluña y, después, por la moción de censura que llevó a Sánchez al poder con el apoyo de los partidos insurrectos, el mismo con el que mal gobierna España desde hace medio año.

Si alguien pensaba en el PSOE que su entreguismo a los secesionistas iba a ser gratis estaba muy equivocado. Sánchez hizo saltar la banca socialista, ciscándose en la cultura política de un partido que ha desfigurado hasta dejarlo irreconocible, y ha pretendido seguir jugando a la ruleta democrática, como si nada hubiera sucedido. Los muchos socialistas que sabían que tal operación, además de una indecencia, era un suicidio, se callaron y ahora acaban de sufrir en sus propias carnes las consecuencias de la devastadora combinación de su silencio y la desvergüenza de un líder sin otro principio que el de permanecer a toda costa.

Ni su nacionalismo español, tan radical e identitario como aquellos que critica, ni sus provocadoras invectivas contra a la inmigración, ni su tosco antieuropeísmo, hubieran sacado a Vox de la posición marginal en la que afortunadamente estaba de no haber sido por el formidable empellón político de Sánchez. Vox obtuvo 18.000 votos, menos del 0,50%, en las andaluzas del año 2015. ¿Cómo ha pasado de ahí a casi 400.000?

Sánchez y su demencial política de alianzas son la obvia respuesta a esa pregunta. Pero el presidente del Gobierno -genio y figura- sale ahora con que hay que parar en seco a Vox mediante un cordón sanitario de los constitucionalistas. Su descarada ingenuidad (intentar mantener así el Gobierno en Andalucía) solo es comparable a su desfachatez: quien llegó y se mantiene en el poder con el apoyo de dos partidos que quieren romper España y acabar con la Constitución exige el cierre de filas de los constitucionalistas. A eso se le llama en buen castellano tener la cara más dura que el cemento.

Estrategia sobre Gibraltar / Asociación pro Franco
Pío Moa gaceta.es 5 Diciembre 2018

“¿Por qué Franco y el franquismo siguen permanentemente en primer plano de la política y la sociedad españolas? Porque no ha cesado de mentirse sobre ellos en estos años. Esa mentira pervierte la democracia y amenaza la propia continuidad de la nación.”

Gibraltar en perspectiva
La cuestión de Gibraltar abarca a toda la política exterior e indirectamente interior de España. La apertura de la verja fue decidida en relación con la “entrada en Europa”, es decir, si España quería “entrar en Europa”, como decían los politicastros, debía aceptar la invasión de su territorio por una potencia extranjera y declararla aliada y amiga. Este era un interés general en la CEE, de donde saldría la UE: aquellos países habían apoyado a Inglaterra en la contienda diplomática en la ONU, que acabó con victoria española.

Desde entonces España carece de política exterior propiamente hablando. O, si se prefiere, toda su política exterior se dirigió a ir cediendo progresivamente su soberanía a las burocracias de Bruselas y a la OTAN, combinada con una política interior de apoyo y financiación de los separatismos. Las intenciones explícitas con que se hayan hecho tales cosas pueden ser las contrarias, pero los hechos son indudabilísimamente esos: conversión de Gibraltar en un emporio parasitario y corruptor dentro de un proceso de satelización y disolución de España por un lado y de disgregación por otro, y en medio de una verdadera colonización cultural por el inglés. Proceso lento porque acabar con una nación de tan larga historia y cultura no se consigue de la noche a la mañana, máxime cuando el franquismo había dejado una óptima herencia política y social, de la que todavía vive el país.

Y esto último atañe a otra clave: todo se ha hecho en nombre del antifranquismo, convertido en verdadero cáncer de la democracia y de la nación. Es obvio que ni el problema de Gibraltar, ni el de la satelización política y militar, ni el de los separatismos, puede solucionarse dentro del régimen de “democracia de amigotes” creado en 1978, y que el ataque debe centrarse en los principales partidos causantes de la situación: PP y PSOE, partidos por lo demás antidemocráticos y que jamás han respetado su propia Constitución. Actualmente, con el auge de VOX, parecen abrirse buenas perspectivas.

En relación con Gibraltar, aquí nos hemos propuesto una estrategia en que inevitablemente pasa por una primera fase de dar a conocer a cientos de miles, incluso millones de personas, el problema y su alcance, su enorme y definitorio alcance, del que es inconsciente la inmensa mayoría. ¿Cómo hacerlo? Hemos propuesto una asociación informal de personas que entiendan el problema y que utilicen las redes sociales y otros medios para insistir y explicar todo lo machaconamente que sea preciso. Y hacerlo con cierto orden, evitando demagogias, a partir de un discurso preciso en el que este blog tendría el papel de orientador. Hay que centrar el ataque en los partidos responsables del problema, defensores siempre de intereses ajenos, exigir en las redes respuestas a sus dirigentes, divulgar consignas, etc. Una asociación informal de ese tipo puede movilizar a miles de personas, que con el número serán capaces de contrarrestar la manipulación de los medios.

Se trata de una experiencia nueva, que permitiría pasar a una segunda fase, como grupo de presión organizado, con acciones del tipo de las que han permitido a Greenpeace o Amnistía darse a conocer en todo el mundo. No obstante, la inconsciencia muy mayoritaria del alcance de Gibraltar obliga a esta tarea primaria de difusión informal, que dentro de su informalidad puede ser muy efectiva.

A Vox le hacen la propaganda sola
Enrique Arias Vega  latribunadelpaisvasco.com 5 Diciembre 2018

Sin quitar ningún mérito al equipo de comunicación de Vox, al partido de Santiago Abascal todos sus enemigos le han hecho una campaña de propaganda que valdría muchísimos millones que no tienen.

Hace un año, nadie sabía que existía una formación que se llamaba Vox y mucho menos conocía los puntos de vista y principios políticos que defendía. Ahora, gracias a la machaconería denigratoria de unos y de otros, el partido derechista –“ultra”, como habitualmente le dicen— está en boca de todos y a nadie deja indiferente. Un éxito de comunicación de este calibre explicaría, por sí solo, los 12 diputados que ha obtenido en las elecciones autonómicas andaluzas.

Pero hay más. Para demostrar lo malos, muy malísimos, que son los extremistas de Vox, se programan largos reportajes televisivos que equiparan a estos “fascistas” con sus homólogos de la Liga del viceprimer ministro italiano Matteo Salvini, con la francesa Marine Le Pen, con los autores del Brexit Británico, y hasta con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán o el presidente brasileño Jair Bolsonaro.

¡Casi nada! Resulta que si millones de ciudadanos de esos países votan a gente que dicen que es como Abascal, ¿por qué no vamos a hacer nosotros lo propio con el político español?, podrían preguntarse los más pusilánimes, conservadores o ignorantes de nuestros electores. ¡Flaco favor, pues, que le hacen a la democracia y a la convivencia los propaladores del miedo!

Pero sigue habiendo más. Ahora que la izquierda ha resucitado a un franquismo enterrado y bien enterrado, se relaciona con él al partido Vox —Santiago Abascal nació después de muerto el dictador— recordando que ya hubo un único diputado franquista, Blas Piñar, en las primeras elecciones democráticas. Claro que el atrabiliario líder de Fuerza Nueva obtuvo entonces en toda España menos votos que los de Vox ahora en Andalucía, lo que evidencia que una y otra formación —y una y otra situación— no tienen nada que ver.

Gracias, pues, a la bobería de muchos demócratas reales o ficticios se le está haciendo el caldo gordo a un partido de extrema derecha, cuando ésta estaba arrancada afortunadamente de la vida española. Sólo falta que sigan sin darse cuenta de su estupidez y consigan con sus acciones aupar a los ultras a lo alto de la política nacional. Que Dios nos coja entonces confesados.

Las izquierdas repudian la democracia. Las calles son su dominio.
“Defensor soy del libre pensamiento y muera todo aquel que no piense cual yo pienso” ¿Voltaire?
Miguel Massanet diariosigloxxi 5 Diciembre 2018

Han sacado un mal resultado en Andalucía y, como es su costumbre, en lugar de asumir lo ocurrido de una forma racional, hacer autocrítica y analizar las causas que han dado lugar a que el partido de Podemos, bajo las siglas de Adelante Andalucía, haya tenido que aceptar que las urnas les hayan sido adversas algo que para los comunistas bolivarianos les resulta imposible de digerir sin reaccionar de una manera agresiva, completamente antidemocrática e insultado a los vencedores como si los votos de los ciudadanos que les han otorgado su confianza no tuvieran el mismo valor de los de aquellos que les han votado a ellos. La reacción inmediata del señor Pablo Iglesias, el líder de Podemos, ha sido la de convocar a sus seguidores para que salgan a las calles a protestar contra “la entrada del fascismo en la Cámara autonómica”, a la vez que han recriminado a aquellos presuntos votantes de su partido de “haberse quedado en casa” en lugar de ir a votar”. Es mucho suponer que la gran abstención del 43% que se produjo en las elecciones pasadas haya sido precisamente de los simpatizantes de Adelante Andalucía cuando es evidente que a quién ha perjudicado más ha sido al PSOE un partido que, pese a haber ganado ha sufrido en su feudo el mayor batacazo de toda su historia en la autonomía andaluza.

Es muy fácil, señor Iglesias, sacar a la calle a cinco o seis mil personas que en una Granada, Málaga pueden ser algo parecido a una multitud y, tratándose de Sevilla, con siete u ocho mil de ser una gran manifestación. Nunca, sin embargo, podrán emular a las casi 400.000 que votaron a VOX y a los más de 3. 7 millones que acudieron a depositar su voto en las urnas en toda Andalucía que son los que han decidido tal y como establece la Constitución los nuevos ocupantes de la Cámara andaluza. Como es evidente las calles, por mucho que pueda resultar espectacular e impactante nunca se ha de tener en cuenta por la facilidad con la que cuentan las izquierdas para movilizar a familias enteras (incluso a los que no puedan votar) para dar la sensación de ser grandes multitudes las que protestas. Pero existe un peligro y es que pueda llegar un momento en el que los directivos de Podemos no puedan controlar a sus huestes asamblearias y a algunos se les crucen los cables excediéndose, agrediendo o incluso causando víctimas y entonces, señores de Podemos, pudiera ser que la reacción del resto de los españoles, más numeroso que ustedes, pudieran decidirse a no tolerar más situaciones semejantes.

Es evidente que ahora, apenas salidos de los locales de votación, los que hayan cosechado resultados que los favorecen, en este caso Ciudadanos, pretendan jugar a aparentar que han sido los ganadores cuando, a pesar de su indudable avance respecto a las elecciones del 2015 (12 escaños más) tengan la tentación de declararse vencedores y pretendan que partidos que han tenido mejores resultados ( si han perdido o ganado escaños no empece a que el número de escaños conseguidos sea el que cuente en realidad) algo que resulta ridículo y, hasta cierto punto, demuestra falta de responsabilidad e intento de cambiar las reglas del juego. Cuando hemos escuchado al señor Villegas, de Ciudadanos, una persona que habitualmente no suele decir disparates, decir que quienes tenían el derecho a presidir la Junta de Andalucía eran ellos en la persona de su candidato el señor Marín, argumentando que ellos habían aumentado 12 escaños y el PP había perdido siete y que, por añadidura la pasada corrupción registrada en el PP les impedía estar legitimados para gobernar como si la operación regenerativa, en la que se eliminaron de la Ejecutiva del partido a todos aquellos que, de una u otra forma, hubieran estado relacionados con los corruptos, no hubiera sido lo suficientemente efectiva para que, los nuevos dirigentes no tuvieran la presunción de honradez y limpieza en su trayectoria personal que los legitimara, como a cualquier otro ciudadano español, a continuar defendiendo el partido creado por el señor Fraga. Ridícula la pretensión esbozada por el señor Villegas paliada, seguramente, por seguir la línea que, por otra parte suele ser habitual en el señor Albert Rivera, de ir dando saltos de un lado para el otro intentando siempre estar situado del lado, derecha o izquierda, que en cada ocasión estima que es el que más le favorecerá, sin tener en cuenta a quienes de sus presuntos aliados, pueda dejar varado en las cunetas del camino político. El señor Villegas respondió cuando se le preguntó por la responsabilidad de cada uno de los tres partido, el PP, Ciudadanos o VOX, de dejar de aprovechar la ocasión de unirse para desbancar, después de 36 años de dominio socialista en Andalucía, a los actuales gobernantes, salió por la tangente achacándoles a los dos partidos restantes y al propio PSOE la responsabilidad de no haberles apoyado a Ciudadanos para presidir el futuro nuevo gobierno andaluz.

Es evidente que, si hubiera alguien que saldría tocado, gravemente tocado en sus aspiraciones a obtener un buen resultados en las autonómicas y municipales del mes de mayo del 2019, sería Ciudadanos si, por engallarse en obtener la presidencia o negarse a colaborar con VOX, Capítulo aparte dejase pasar la ocasión, posiblemente única, de hacerse con la autonomía andaluza para derrotar a los que han estado al frente de Andalucía los años suficientes para crear un clientelismo en todas las instituciones públicas que han pasado a dominar.

Capítulo aparte merecen las consecuencias que se puedan derivar para el señor P.Sánchez, sus ministros y toda la camarilla de los que lo sostienen en el liderato, sin que se libren de la responsabilidad que, en este tema, les corresponde a todos los llamados “barones” que han estado callados viendo como su jefe de filas entregaba o hacia amago de hacerlo, España a los soberanistas catalanes, para conseguir mantener su apoyo en el Congreso de Diputados. Es evidente que habrá un antes y un después que va a coincidir con el antes y después de las elecciones Andaluzas. De una postura chulesca, de presumir de mayorías (que se ha demostrado que nada más están en su cerebro) y de encuestas del CIS que lo situaban un montón de puntos por encima de sus presuntos rivales (era evidente que se cocinaban, de la mano del señor Félix Tezanos, datos presentados de forma que fueran favorables al PSOE) el PP y Ciudadanos, a la vuelta de la tortilla, después de los comicios andaluces, en los que se ha demostrado que su partido siguen en franca caída y en su propio feuda, Andalucía, en el que nunca, o casi nunca, había sido descabalgado del poder.

Por mucho que ahora quieran desconectar los resultados de Andalucía respecto a los de las elecciones de Mayo y, si es que llegan, las del 2020, es obvio que la ciudadanía ya ha tomado nota del gran bluf perpetrado por el gobierno propagandístico creado por P.Sánchez para que tuviera entretenida a la ciudadanía con cuentos sobre los grandes proyectos, a modo de cuentas del Gran Capitán, que la demagogia de todos sus ministros intentaban hacer creer a los incautos que seguían confiando en ellos. Todavía no tienen aprobados los PGE del 2019 ni trazas de que ello vaya a ocurrir en breve; lo de la exhumación de los restos del general Franco que habían presentado como algo inmediato, ahora parece que deberá esperar un tiempo porque el TS parece que ha aceptado una demanda presentada por la familia de Franco); la señora Delgado ha pretendido descalificar como extremistas a los de VOX argumentando que serían el único partido del arco parlamentario que se “oponían a la Constitución” algo que ha confundido con su desacuerdo con algunos de los contenidos de la Carta Magna como, por ejemplo, el Título de las autonomías. Se olvida la señora ministra que somos muchos los que qusiéramos que el tema de las autonomías ( nefasto para la unidad de España) hubiera sido modificado desde hace tiempo. Ello no significa que no cumplamos, nos guste o no, con los preceptos constitucionales. En cambio se olvida la señora Salgado que en Cataluña sí se oponen frontalmente a cumplir con la Constitución española, lo mismo que desprecian las sentencias de los tribunales, el TC y el TS, por ejemplo y se permiten hacer declaraciones en el propio Parlamento catalán que ponen en cuestión a la persona del Jefe del Estado español ¿Estos partidos que si están representados en nuestro Congreso de Diputados no actúan en contra de la Constitución o son, simplemente, imaginaciones de aquellos que seguimos la política día a día? La campaña iniciada contra VOX así como la pretensión de hacerle el vacío legal, aunque se limite a manifestaciones impropias y evidentemente cargadas de errores, no tienen fundamento alguno ya que, como ocurre en el caso de Podemos que sigue en sus intentos de acabar con la monarquía constitucional (algo que sigue estando en la vigente Constitución ) sin que ninguno de los ministros se haya escandalizado o acusado a Podemos de ser un peligro para la democracia española, a pesar de que, sin duda alguna, sí lo es.

ES evidente que durante los días y meses venideros vamos a tener ocasión de ver el desarrollo de los acontecimiento y, con toda seguridad van a producir situaciones kafkianas que nos van a poner los vellos de punta pero, sea lo que fuere, nuestra esperanza está puesta a que esta ventura andaluza acabe con la expulsión de los socialistas del poder en un feudo que tradicionalmente ha estado en sus manos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, tenemos como antecedente la facilidad con la que las derechas son capaces de pegarse un tiro en el pie cuando tienen ocasión de ganar una carrera que, aparentemente, se presenta fácil. Esperemos que, en esta ocasión, alguna de las “travesuras” políticas del señor Rivera no nos proporcione una decepción que, indudablemente, sería difícil de digerir por aquellos ciudadanos, seguramente muchos millones, que hemos estado esperando pacientemente que llegara este momento de que el PSOE sufriera un serio revés. Sería un grave pecado desperdiciar la oportunidad.

480 millones de hablantes maternos
El español crece hasta los 577 millones de hispanohablantes
www.latribunadelpaisvasco.com 5 Diciembre 2018

El español vuelve a crecer. Así lo constata el último anuario del Instituto Cervantes, que fija la cifra de hispanohablantes en 577 millones (el último dato era de 572,6 millones). Además, con 480 millones, es la segunda lengua con más hablantes maternos, por detrás del chino. El informe de 2018 vuelve a subrayar, también, los dos grandes focos de crecimiento de nuestra lengua: Estados Unidos, donde es, por mucho, la lengua extranjera más estudiada, y China, que en los últimos tiempos ha mostrado un interés creciente por un idioma en el que ve una gran oportunidad comercial.

«El español: una lengua viva. Informe 2018» hace una fotografía precisa del estado de nuestro idioma, además de reflejar las tendencias que marcarán su futuro. Las perspectivas a medio plazo son muy buenas: se espera que para 2050 un 7,7% de los habitantes del planeta hablen español, por el 7,6% actual.

Desde un punto de vista económico, el estudio recuerda que el español es la cuarta lengua más poderosa del mundo, un marchamo que tiene en cuenta factores como la dispersión y extensión geográfica, el peso económico y su utilización en el ámbito científico y diplomático. La asignatura pendiente vuelve a ser la literatura científica, donde el español continúa relegado a «un plano secundario».

El Anuario del Instituto Cervantes, que cumple este año su 20 aniversario, fue presentado ayer por su director, Luis García Montero; la secretaria general, Carmen Noguero; el director académico, Richard Bueno, y el catedrático David Fernández Vítores.

Los datos sirven para fijar las estrategias del Cervantes, según ha explicado García Montero, que ha señalado que a pesar del progreso claro en el ránking del español, que seguirá en aumento hasta 2050, las previsiones apuntan a que partir de esa fecha bajará al 6,6% por el descenso de la población hispanohablante.

¿Cambio de rumbo?
Ante estas previsiones, el director del Cervantes ha apostado por hacer una reflexión sobre si conviene cambiar de rumbo y, en vez de competir por el puesto que se ocupa en el ranking por número de hablantes, «a lo mejor al español le interesa acentuar los aspectos culturales y para que sea un idioma más importante en la comunicación internacional y científica». «En vez de competir con el inglés, el español puede competir en cultura para una tener una perspectiva panhispánica en el mundo», subrayó García Montero.

Fernández Vítores, autor del informe «El español, una lengua viva», que presenta un censo actualizado del número de hablantes de español en el mundo, ha indicado que se reflejan «noticias buenas para el español a corto y medio plazo», hasta 2050, pero en 2100 hay una tendencia a la baja del porcentaje por la ralentización del crecimiento de la población hispanohablante frente a la India o el África subsahariana.

«La población juega en contra de la cuota de hablantes en el mundo del español», ha indicado Vítores, que ha señalado no obstante que en 2060, la población hispana de Estados Unidos será de 120 millones habitantes, uno de cada tres, y que la tasa de mantenimiento de la lengua española como nativa en los hogares seguirá creciendo.

También ha destacado que el PIB generado por el conjunto de países hispanohablantes es del 6,9%, la tercera por detrás del inglés y el chino, y ha considerado «alentador» que esté por delante del francés.

El español es el idioma extranjero más estudiado en Estados Unidos, con cifras «abrumadoras» y una «incomparable» acogida frente al resto de las lenguas, ha destacado este experto. Así, demuestra el estudio que el interés por aprender español es especialmente relevante en países que hablan inglés, ya que además de Estados Unidos en Gran Bretaña se ve el español como una lengua de futuro.

Y aunque el inglés sigue ocupando el idioma más estudiado como segunda lengua en todo el mundo, el español se disputa con el francés y el chino mandarín el segundo puesto entre los idiomas más estudiados como segunda lengua.

Respecto a la participación de los países hispanohablantes en la producción científica mundial, el informe destaca que se ha vivido un crecimiento considerable desde 1996 pero a pesar de ello se encuentra relegado a un plano secundario en el ámbito internacional, con una presencia «meramente anecdótica” en la literatura científica.

El director del Cervantes ha destacado su interés en que el español avance en este sentido y sea considerado una lengua de ciencia como el inglés.

Respecto a la presencia en internet, el español se sitúa como la tercera lengua más utilizada, después del inglés y el chino, de tal forma que el 8,1 por ciento de la comunicación se realiza en este idioma, una posición que tiene además un gran potencial de crecimiento, según el anuario.

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Negociar con Vox
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 5 Diciembre 2018

Negociar con un partido nacional que respeta el Estado de derecho y que antes del adelanto electoral andaluz ya actuaba como acusación popular en el juicio contra el golpismo catalán es fácil. Negociar con Podemos, que quiere derribar la monarquía parlamentaria y el régimen del 1978, al que, como los etarras, considera "un candado" para la "liberación de los pueblos" de lo que el hacendado de Villa Tinaja "no puede decir" y la gente corriente llamamos España, es muy difícil.

Negociar con los que, además de querer destruir el Estado desde las propias instituciones y proclamar que insisten en la vía golpista, son racistas como Torra, que dice que el español es "la lengua de las bestias salvajes" y que los catalanes que lo hablan "tienen un bache en el ADN", amén de azuzar a los matones de los CDR contra jueces y partidos no separatistas es o debería ser imposible. Negociar en la cárcel los Presupuestos con un preso por rebelión, sedición y malversación de fondos en el Golpe equivale, como dijo Casado en el Congreso, a participar en el Golpe. Más dificultad aún tiene negociar cualquier cosa, dentro de la ley, con los separatistas vascos -PNV y la fachada de la ETA- que esta misma semana proclamaron la ilegitimidad de la Constitución Española, en el propio Parlamento vasco, cuya existencia y sueldazos anejos dependen directamente de esa Constitución.

Falconetti y su ministra de la cloaca judicial podrán decir que el único partido anticonstitucional es el que más duramente se enfrenta a sus socios golpistas y comunistas. Es otra de las mentiras con que justifican ser el gobierno de los enemigos declarados de España y el Estado de derecho.

¿Pero qué pueden negociar PP, Cs y Vox, como quieren los que, en Andalucía, han votado acabar con el corrupto régimen sociata? Yo veo cuatro negociaciones: fiscal, judicial, autonómica y policial. En lo fiscal, Vox es muy parecido al PP. En lo judicial, idéntico a Cs. En lo policial, parecido a lo que ambos han dicho en Andalucía. En Autonomías, la negociación debe situarse en la recuperación de competencias: Educación -garantizada en español-; Sanidad -una tarjeta nacional-; y Seguridad -persecución de la inmigración ilegal y sus mafias-. Y sin tocar la Constitución. Páctese un calendario y hay alternativa al golpismo y sus cómplices. Es fácil.

El constitucionalismo de VOX y la hipocresía del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 5 Diciembre 2018

Proponer una reforma de la Constitución para suprimir las autonomías es tan constitucional como proponer la supresión de las diputaciones

Aplicando esa máxima leninista –que suele atribuirse a Goebbels– según la cual "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad", buena parte de la clase política y mediática insiste en presentar a una formación liberal/conservadora como VOX como si se tratase de una formación fascista, racista y homófoba, contraria a la Constitución. Prueba reciente e insuperable del uso sistemático de esta mentira lo constituyen las declaraciones de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, en las que ha tenido la colosal desfachatez de afirmar que, mientras las formaciones secesionistas que han violado de palabra y obra el orden constitucional "aceptan" la Carta Magna, el partido que lidera Santiago Abascal la rechaza.

A este respecto, convendría recordar que el fascismo fue una escisión del Partido Socialista Italiano, un movimiento revolucionario, típicamente colectivista, que quería aunar socialismo y nacionalismo. Pero no menos ridículo y artero es que Delgado presente a VOX como una formación "anticonstitucional" por el hecho de que pretenda llevar a cabo una reforma de la Carta Magna –por los cauces legalmente establecidos– para suprimir el modelo autonómico, tal y como por cierto sucede en muchos otros países democráticos del mundo, empezando por nuestra vecina Francia.

Todas las formaciones en un momento u otro denominadas "constitucionalistas" –empezando por el PSOE, siguiendo por Ciudadanos, el PP o UPyD– han propuesto proyectos de reforma de la Constitución para dar cabida en ésta a asuntos o cuestiones que consideran primordiales, como Vox considera primordial la supresión de las autonomías. Y todas ellas las han presentado en el marco de una reforma previa de la Constitución. Así, pretensiones tales como erradicar las diputaciones, los aforamientos o el Senado; suprimir la prelación del varón sobre la mujer en el orden de sucesión a la Corona, o la propia Monarquía, no convierten a ninguna formación constitucionalista en "inconstitucional" o "contraria a la Constitución". Porque lo que distingue a una formación constitucionalista partidaria de reformar la Constitución de otra contraria a la misma es la lealtad y respeto al orden constitucional, empezando por los procedimientos que la Carta Magna contempla para su propia reforma. Por el contrario, los proetarras y los secesionistas catalanes que instalaron a Pedro Sánchez en la Moncloa han respaldado y protagonizado un proceso golpista que lo es no por que proponga una reforma constitucional destinada a conceder el falso derecho de autodeterminación a Cataluña, sino porque arrambla con todos los procedimientos y atenta directamente contra el ordenamiento jurídico.

La desfachatez de Delgado al calificar a Vox de "contraria a la Constitución" por el hecho de proponer una reforma constitucional por los procedimientos legalmente establecidos es tanto o más notoria si se tiene presente que se ha producido el mismo día en que Pedro Sánchez se ha manifestado contra un precepto constitucional como el de la inviolabilidad de la figura del Rey. Lo criticable, en este caso, no es que tal pretensión requiriese de una reforma previa de la Constitución, sino que va destinada a poner en la diana a quien, a diferencia de muchos otros jefes de Estado, no tiene función ejecutiva alguna, sino que sólo desempeña una función simbólica de la unidad y permanencia de la Nación, así como una labor de moderación y arbitraje.

Con todo, más grave es que el presidente del Gobierno se haya manifestado por boca del Rey al asegurar que el propio Felipe VI sería partidario de dicha reforma. Aun cuando el Rey fuera partidario de acabar con ese útil y justificado privilegio que contempla la Constitución, lo que muy probablemente sea una mentira más del Dr. Sánchez, ningún monarca tiene facultad para proponer reforma legislativa alguna en una Monarquía parlamentaria; como ningún presidente del Gobierno está legitimado para manifestar lo que pueda opinar el Rey sobre este o cualquier asunto concreto.

Aunque representantes del PSOE hayan salido a la palestra para tratar de enmendar o maquillar las tan poco protocolarias manifestaciones de Sánchez, asegurando que las ha hecho "a título personal", lo único que queda en evidencia es la ilimitada hipocresía de un PSOE empeñado en ser uno de los más graves problemas de España.

El cambio votado es de régimen
EDITORIAL El Mundo 5 Diciembre 2018

Los andaluces han pedido cambio y lo han pedido con claridad. El precio de no atender su demanda sería demoledor para toda la clase política y elevaría los ya de por sí preocupantes niveles de desafección, abonando el terreno a los demagogos. La única interpretación legítima que emana de las urnas debe resolverse con la salida del PSOE de la Junta de Andalucía, cuya elefantiásica estructura de poder ha colonizado durante cuatro décadas, hasta el punto de generar una identificación entre partido y región propia de un régimen.

Existe una elocuente conformidad entre los analistas a la hora de deducir que el ciudadano ha votado en clave nacional, pero en cambio se ha abstenido en clave autonómica. Es decir, una buena parte de los andaluces le han cobrado a Susana Díaz la gravosa factura generada por la política insensata de Pedro Sánchez, que llegó al poder y se mantiene en él merced a una inmoral alianza con el populismo de izquierda y el separatismo golpista. Y al mismo tiempo, buena parte del electorado más fiel al socialismo decidió quedarse en casa ante la ausencia de una oferta política ilusionante: la epidemia de clientelismo y corrupción extendida a lo largo de todo este tiempo y la insolvente gestión económica han desmovilizado al votante propio, mientras las consecuencias del procés y la deriva desnortada del sanchismo movilizaban al ajeno.

Corresponde por tanto a los partidos de centro-derecha protagonizar la pulsión de cambio expresada en las urnas. Pero para que esta esperanza de regeneración se conjugue con la ventaja de la experiencia y la garantía de la moderación, creemos que PP y Cs deben buscar acuerdos que les permitan alcanzar una mayoría estable de 46 escaños con la que formar gobierno, y a partir de ahí desarrollar mediante pactos puntuales un programa político consensuado que dé cauce a las reformas que necesita Andalucía. En la nueva etapa política la fragmentación multipartidista no puede ser excusa para la parálisis legislativa, o de lo contrario se malogrará el mensaje enviado por los votantes. El diálogo entre adversarios ya no es una virtud sino una necesidad, y más vale que nuestros políticos lo aprendan de una vez porque todo apunta a que el ciclo electoral va a terminar de extrapolar esta fragmentación al resto de España.

Sin los votos de Vox, partido populista de derecha, no es posible voltear el régimen; el fariseísmo del PSOE ante esa opción delata el cinismo de quien estaba dispuesto a pactar con Adelante Andalucía, partido populista de izquierda. Ahora bien, de la responsabilidad de PP y Cs esperamos un programa que ponga coto a toda condición radical. Ninguna propuesta que exceda los valores constitucionales debe ser atendida. Conmemoramos el 40 aniversario de la Constitución: es la oportunidad de actualizar el espíritu de tolerancia que cifra el mejor periodo de nuestra historia.

El PSOE paga el entreguismo sanchista
 larazon 5 Diciembre 2018

El primer choque con la realidad de las urnas, este último domingo en Andalucía, ha dado la razón a quienes, desde dentro y fuera del PSOE, venían advirtiendo del craso error cometido por Pedro Sánchez al mantener una alianza objetiva con unas formaciones de corte nacionalista, embarcadas en un proyecto de ruptura de España y que sólo pretendían, como se ha demostrado, eludir la acción de la Justicia mediante el justiprecio de sus votos. Que el líder de un partido con vocación de Estado, enmarcado en la moderna izquierda democrática europea y, sobre todo, inscrito en el marco constitucional haya creído que su victoria en las primarias socialistas era una especie de patente de corso frente a sus electores, que le autorizaba a pactar con quienes se encuentran en la antípodas del tradicional ideario socialdemócrata sólo se explica desde la ambición política personal.

Sin duda, la candidata socialista andaluza, Susana Díaz, habrá tenido buena parte de la responsabilidad en el cataclismo que ha sufrido el partido en el que fue su gran feudo y su principal granero de votos, pero ni el presidente del Gobierno ni quienes conforman el actual núcleo dirigente del PSOE pueden lavarse las manos ante lo sucedido y, muchos menos, exigir la cabeza de la candidata sin poner primero las suyas en el tajo de la dimisión. Cabría esperar una rectificación de la política entreguista de Sánchez, pero mucho nos tememos que, haciendo de la necesidad virtud, el inquilino de La Moncloa pretenda agitar el espantajo del fascismo para eludir la lógica interpretación de los hechos y buscar en el discurso del miedo, tan manoseado por la izquierda española, los apoyos perdidos para la aprobación de los Presupuestos del Estado.

Como si a los separatistas catalanes o a los herederos del terrorismo vasco les fuera a impresionar una de esas campañas propagandísticas en las que han sido maestros. Y lo mismo reza para la mayoría del cuerpo social, vacunada de retórica tremendista y veterana en «cordones sanitarios» que siempre, en pura lógica democrática, acaban en nada. Escuchar a los nuevos jefes socialistas y, especialmente, a la vieja izquierda comunista que hoy representa Podemos alertar de que la democracia está en peligro sólo puede provocar un desdén irónico en ese mismo cuerpo social que asiste desde hace dos años a los ataques inmoderados contra el sistema constitucional, contra sus principales instituciones, como la Monarquía, y contra la integridad territorial de la Nación por parte, precisamente, de quienes ahora se rasgan las vestiduras por la emergencia de un partido de derecha populista, trasunto de los que se mueven en el otro extremo del marco ideológico.

VOX podrá gustar más o menos, pero no es una formación fascista, ni mucho menos, que pretenda la destrucción del ordenamiento constitucional. Pero es que, además, Pedro Sánchez insiste en el error de pretender el apoyo de los nacionalistas y de los proetarras sin poder pagar el precio que ellos han puesto. Comprendemos que el poder y sus fastos puedan nublar la realidad, más si en rededor se mueven profetas de la confusión, como el director del CIS, José Félix Tezanos, pero no hasta el punto de no acusar lo ocurrido en Andalucía, donde una parte del cuerpo electoral socialista ha decidido quedarse en casa para no tener que refrendar con su voto una política que no desean para su país y otra, directamente, se ha pasado a VOX o a Ciudadanos. Pedro Sánchez tiene que convocar elecciones y liberar a su partido de la hipoteca nacionalista. O esperar un hundimiento mayor.

Demonizar a Vox
Antonio Burgos ABC 5 Diciembre 2018

Hasta las elecciones andaluzas del domingo, la única que tenía aquí cuernos y rabo era la famosa vaca de la campaña de Juanma Moreno, a la que preguntó si iba a votar al PP porque su ganadero le había dicho que cojeaba de la pata derecha. Pero por el dibujo de Puebla del lunes me entero de que la campaña agropecuaria no le sirvió para nada a Moreno, porque su famosa vaca votó a Vox. Así se explica todo. Y en vez de ser la vaca que ríe porque el Régimen del PSOE haya perdido su hegemonía andaluza y ya hablan de echar a Susana la Cortijera, la vaca votante, como eligió la papeleta que eligió (menuda papeleta para la izquierda de PER y ERE y para la que ha hecho un pan con unas tortas al unir a IU y Podemos), me temo que le ha traspasado los cuernos y el rabo a Vox. No a modo de vaca, sino en forma de demonio. Desde que sacó 12 diputados, Vox ha pasado directamente a ser el demonio, con rabos y cuernos. Me lo han confirmado las palabras de un veterano socialista, el sanchista Francisco Toscano, alcalde de Dos Hermanas (ciudad con más habitantes que muchas capitales de provincia) y presidente del Comité Federal del PSOE. Vamos, que no es un facha, como los que han votado a Vox no sólo en Los Remedios, que es el Barrio de Salamanca con la Feria de Abril al lado, sino en el segundo barrio más pobre de España, el Polígono Sur, que incluye Las Tres Mil Viviendas, donde ha pasado del 1,41 por ciento de los votos al 15,13. Toscano, que, repito, no es un facha, sino camisa vieja del socialismo desde los tiempos de la foto de la tortilla, ha dicho: «No hay que demonizar a ningún grupo, ni siquiera a Vox, porque entre sus votantes hay mucha gente sencilla que ha refugiado en este grupo su malestar y rechazo a los que representan el poder».

Por lo visto, Toscano es el único que no va con el pie cambiado en la general demonización de Vox. La próxima vez que vea al juez Serrano me fijaré bien, porque como es el demonio de la democracia, seguramente tiene cuernos y rabo y su despacho cerca de las calderas de Pedro Botero. Porque hasta Torra, el golpista puesto por Puigdemont al frente del rentable chiringuito separatista catalán, ha dicho que hay que aislar a Vox, cerrar el paso a la «ultraderecha». Mire usted quién va a hablar: el ultraseparatista que se salta a la torera la Constitución. Pero, claro, como todos los que mantienen a Sánchez como Okupa ponen la mano con pingüe balance de resultados, ahí los tienen a todos, unidos contra Vox. ¡Venga «extrema derecha» para arriba y para abajo! El Marqués de Galapagar, desde su chalé de dos millones de euros, echa a la calle a la chusma de sus hordas para «parar a la extrema derecha». Qué contradicción: utilizar a la democracia contra la democracia. Intentar conseguir en la calle, que dominan y manejan como nadie desde el 15-M, lo que perdieron en las urnas. No echan a la calle a nadie para protestar porque a Sánchez lo mantengan de Okupa los ultras proetarras, los ultras bolivarianos, los ultras golpistas separatistas. Incluso Susana Díaz, a punto de tener que entregar la cuchara y las llaves de su cortijo, dice que quiere seguir de presidenta, y que está dispuesta a hablar con todos, «menos con Vox». Ah, claro, es que como Toscano no es de los suyos, sino sanchista, está también convencida de que Vox es el demonio y que el juez Serrano va de colorado y tiene cuernos y rabo y en la mano, no 12 diputados, sino un tridente.

«Desde el claro rincón de la provincia» me parece que estamos ante una segunda edición, y para toda España, del Pacto del Tinell que firmaron en Cataluña contra el PP. Levantan un «cordón sanitario» contra Vox. Y no saben que, al igual que demonizándolo le hicieron gratis la campaña en Andalucía, ahora se la están haciendo para las europeas y municipales en toda España.

¿Hasta dónde va a llegar esta campaña de acoso?
OKDIARIO 5 Diciembre 2018

Hace tiempo que el Gobierno y la Fiscalía deberían haber puesto coto sobre los batasunos catalanes y acabar así con esos grupos violentos de confrontación callejera que ponen en solfa la seguridad jurídica y la paz social en Cataluña. Los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR) son una nueva kale borroka inaceptable en un país como España. Cualquier grupo u organización que use la violencia para tratar de imponer su voluntad política, social o económica debe ser perseguido por la ley. Es inaceptable que estos violentos preparen sin más problema una encerrona contra el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, de cara al 40 aniversario de la Constitución. Efeméride de un documento que, precisamente, simboliza todo lo contrario: concordia y unión.

No obstante, los CDR y Arran, que ya acosaron al juez Pablo Llarena y a su familia con especial virulencia, no entienden el significado de esos conceptos. Muy al contrario, tratan de romperlos constantemente, como la unidad de España. Condicionando también la vida de los autónomos catalanes que se niegan a rotular sus negocios en catalán. De ahí que las autoridades estén obligadas a seguir el comportamiento de estos grupos de una forma muy estricta. De perseverar en la laxitud actual, pronto sucederá algo que no tenga remedio y, entonces, las lamentaciones no valdrán de nada. De hecho, empieza a ser preocupante la campaña de acoso y derribo que está sufriendo Vox.

Algo inaudito para un partido democrático y constitucional que el único pecado que ha cometido ha sido el de convencer a casi 400.000 andaluces que han votado libremente de que eran la mejor opción para la Junta. Dicha campaña de injustificable persecución puede alcanzar un estado muy peligroso con la intervención de los CDR. Un clima de tensión irrespirable que viene alentado, entre otros, por el lenguaje guerracivilista contra la formación de Santiago Abascal que está utilizando ese pirómano de la política que es Pablo Iglesias. Mensajes que han provocado que en marchas más propias de la Venezuela de Maduro que de la España constitucional se escuchen consignas como: “¡Sin piernas, sin brazos, los fachas a pedazos!”. Algo que nos retrotrae a los albores de la página más negra de nuestra historia reciente: los años 30 del siglo pasado. Un viaje al pasado que hay que evitar con ley y rigurosidad para que así no nos arrepintamos eternamente.

Más mentiras de una izquierda ciega
ABC 5 Diciembre 2018

El fenómeno de Vox podrá explicarse y analizarse de muchas formas, pero una vez más la izquierda no solo ha elegido la más errónea y guerracivilista, sino que parece no asumir que es ella quien lo ha alimentado y que, pese a los lamentos de ahora, es una opción legítima y democrática. En España, un régimen de libertades, son las urnas quienes dan y quitan las credenciales de legitimidad, y no consta que ni una sola formación de la izquierda haya impulsado la ilegalización de Vox o haya impugnado una sola de sus listas ante la Junta Electoral. Es la izquierda la que ha legitimado el discurso de una derecha radicalizada en una sociedad en la que, si algo empieza a ser preocupante, es la polarización ciudadana hacia los extremos en detrimento de la moderación.

La búsqueda de una fractura social es la coartada de la izquierda en su obsesión por dividir a la derecha para restar su representación en las instituciones. Paradójicamente, ocurre lo contrario. La conclusión es evidente: la radicalización de la vida pública en España, a un lado o al otro del espectro ideológico, es nociva. Por eso, la socialdemocracia y el comunismo anticonstitucional de Podemos se equivocan alentando la conformación de un «frente antifascista». Primero, porque en España estamos celebrando cuarenta años de una Constitución ejemplar, y segundo porque no existe el fascismo en nuestro país. Sostener eso es desconocer qué supuso el fascismo en la historia de Europa.

Lo amenazante para la salud de nuestra democracia es la italianización de la política. Mal que bien, se fraguan investiduras, pero luego unos partidos y otros impiden la gobernabilidad real bloqueándose en los Parlamentos. Todo forma parte de una anomalía que la ciudadanía castiga entregándose a un extremismo que no augura nada bueno, por legítimo que sea. La izquierda no reflexiona con acierto. Cree que con su falsa superioridad moral bastará con criminalizar a una parte del electorado tildándole de fascista o nazi, o apelando a «matar fachas». Y eso es no entender lo que ocurre, ni por qué la izquierda ha fracasado esta vez en Andalucía. Que la ministra de Justicia sostenga que Bildu, ERC o el PDECat son partidos «constitucionalistas» es atentar contra el sentido común de los españoles.

El PSOE sigue sin comprender que la razón esencial para su debacle en Andalucía es su connivencia y permisividad con sus socios de moción de censura y con el separatismo catalán. Lo demás es contribuir a reabrir con odio heridas cerradas durante la Transición. El PSOE no tiene derecho a quejarse de un efecto péndulo ideológico en España, sobre todo si sobrevive gracias a Podemos, inmerso en un revanchismo inculto y grosero que quiere imponer una Constitución chavista y erradicar la Monarquía.

La batasunización se impone en Cataluña
Javier Igartua Ybarra okdiario 5 Diciembre 2018

Cataluña cada día se parece más a los tiempos pasados —pero no tan lejanos— que vivimos en mi tierra vasca. Recuerdo cuando te levantabas con una diana pintada en la puerta de tu casa, recordándote que existía una alta posibilidad de que ese fuera tu último día. Y si no era ese día, podía ser el siguiente. Y, si no, el siguiente… y así de manera constante día tras día con el consiguiente deterioro psicológico y emocional.

La batasunización de Cataluña es un hecho constatado y evidente que, por desgracia, nadie parece decidido a evitar. Antes, los Gobiernos de España perseguían a los que nos perseguían para asesinarnos; ahora, sin embargo, se pacta con ellos para seguir en el poder. Cataluña tiene un problema muy grave. Los radicales se mueven a sus anchas sin el más mínimo temor a que alguien les pare los pies. Es inaudito que unos individuos tan decididos a romper nuestra convivencia cívica puedan pulular de aquí para allá con tanta impunidad.

Las amenazas cerca a los políticos, a los magistrados, a los autónomos… Ponen coto a todos los ámbitos de la sociedad para intentar imponer sus veleidades. Con la detención de Junqueras y compañía no está hecho todo. Ni mucho menos. Puigdemont, por ejemplo, sigue riéndose de nosotros. Fugado de la justicia, maneja en la distancia diversas iniciativas para intentar destruir España… y ahí siguen televisiones y radios públicas pagadas con nuestros impuestos dándoles voz y espacio.

Tenemos la obligación como españoles de pedir a nuestros representantes públicos que hagan algo de una vez. España no será España hasta que no recuperemos la libertad y la convivencia en Cataluña. Protejamos a jueces que, como Llanera, han sufrido las consecuencias de esta sinrazón en su propia casa. También a políticos que, como Albiol, están acosados constantemente. Ya está bien de tanto daño gratuito. Esperemos que no tengamos que lamentar algún daño irreparable. Desde luego, con políticos como Otegi pululando por ahí, tendremos que estar ojo avizor. El que avisa no es traidor, sino un alertador.

Los tres miedos
David R  latribunadelpaisvasco.com 5 Diciembre 2018

Los ingentes esfuerzos que se están llevando a cabo para alterar la historia de lo ocurrido en Euskadi durante las últimas décadas están dando frutos maduros. La actividad desarrollada por las instituciones vascas, con el Gobierno que preside Urkullu y el departamento dirigido por el inefable Jonan Fernández está consiguiendo que el recuerdo de ETA se difumine y se tergiverse.

A estos esfuerzos no son ajenos los miembros de la autodenominada izquierda abertzale, interesados desde el no reconocimiento de las barbaridades que han protagonizado en que el olvido prevalezca a la verdad, con la mínima excepción de un patético grupúsculo, Amnistía ta Askatasuna (ATA), del que ya nadie habla.

Ni lo es un amplio sector de una sociedad enferma y cobarde que durante décadas ha mirado hacia otro lado, sin enfrentar las aberraciones que tenían en su propias familias y una violencia sin sentido que se convirtió en factor estructural y vertebrador.

Todos prefieren pasar la página más oscura de los últimos 40 años.

El discurso oficial y el oficioso que argumentan estas manipuladoras actuaciones incluye la expresión de un temor: que lo ocurrido no vuelva a repetirse.

Ese temor es indicativo de un temor, que a mi entender, tras un sencillo análisis, se puede desglosar en tres miedos, los tres miedos los sufren los protagonistas de lo ocurrido y los actuales manipuladores, que son conscientes del historicidio que están cometiendo.

Primer miedo. Dicen temer que lo ocurrido vuelva a suceder; se refieren a la posibilidad de que resurja un grupo violento en el seno de lo poco que queda de la izquierda abertzale, que reivindicase el legado de una extinta ETA que ya procedió a la apertura y lectura de su testamento. Posible, pero altamente improbable, no así la posibilidad de que un sector de la desnortada y confusa juventud que han educado en las herriko tabernas (bares independentistas y proetarras) y en unos núcleos familiares llenos de odio, en vez de en un sistema educativo de libertades y reconocimiento de los Derechos Humanos, desarrolle formas de violencia.

Segundo miedo. Más en privado, algunos reconocen tener miedo a que nuevas manifestaciones de violencia vinculadas a una causa independentista y de fuerte naturaleza nacionalista, provocase una reacción también violenta pero de signo contrario, algo que con mínimas excepciones no se produjo contra ETA, pero que con los nuevos tiempo políticos y sociales en Europa, podría estar más cerca que nunca, contar con más apoyos no solo populares sino de cobertura logística y soportes ideológicos; reacción que por novedosa propicia nuevos temores derivados del desconocimiento de lo que pudiese ocurrir y de la posible magnitud alcanzable.

Tercer miedo. Lo que nunca dicen es que el miedo más profundo del que adolecen es el miedo a que por alguna razón fuera de su control se proceda a revisar la manipulación que se está llevando a cabo de todo lo acontecido, de los hechos, o sea, de la historia. Este miedo es tan visceral y tan intenso que se oculta, incluso en privado, y como ocurre con los grandes temores su fuerza es tal que lleva incluso a los mentirosos a creerse sus propias mentiras.

Este conjunto de miedos, expresión directa de los fantasmas de un horrible pasado reciente y de las sombras que proyectan las verdades, son muestra concreta de las miserias que fabrican los cobardes y residuos que nos deja esta sociedad enferma; pero tan reales como que hubo centenares de asesinos y miles de víctimas.

Por increíble que pueda parecerle a un observador externo y distante, ETA generaba temores, pero no solo estos que he referido, de hecho a la par también creaba un marco de estabilidad, seguridad y garantías para sus miembros, colaboradores, simpatizantes y cobardes de diferentes calañas. ETA contribuyó de manera decisiva a crear una sociedad perversa pero funcional, un modelo que hay que borrar del recuerdo, porque en él han participado demasiadas personas atendiendo a demasiados oscuros intereses.

40 años de la Constitución (I) Cómo se hizo
Pío Moa gaceta.es 5 Diciembre 2018

Cuando Zapatero comenzó su labor de formación de un tercer Frente Popular para destruir el estado de derecho, por tanto ,a democracia y por tanto la Constitución, empezando por rescatar a la ETA y recompensar políticamente sus crímenes y siguiendo por sus leyes tiránicas, denuncié el hecho y llamé a una defensa de la Constitución que no hizo ni secundó ninguno de los partidos, ya convertidos en mafias. Tiene mucha gracia que a estas alturas se hable de “partidos constitucionalistas. No hay ninguno. Y se ponen ese nombre para evitar hablar de defensa de la nación española.

En fin, da grima repetir las cosas a estas alturas… En mi libro La transición de cristal dediqué dos capítulos al modo como se hizo la Constitución y al análisis de la misma. He aquí el primero:

Así como el año 1976 fue el de las reformas de Fraga y de Fernández-Miranda y el 77 el de la Reforma de Suárez y las primeras elecciones de­mocráticas, el 78 lo sería de la Constitución, en torno a cuya elaboración giraría la actividad política. Para elaborarla se nombró una ponencia de siete personas de diversos partidos; a su vez, una Comisión Constitu­cional parlamentaria examinaría las propuestas de la ponencia antes de que se votara el proyecto definitivo por las Cortes y luego por referéndum, ya en diciembre. En el último tercio de 1977, la ponencia había elaborado un anteproyecto que generó mucha polémica. Los puntos en disputa se referían a la educación y la cuestión religiosa, al significado o alcance del derecho a la vida, al carácter de las autonomías, a la inclusión del término «nacionalidades», y a cuestiones menores. Un sector de la Iglesia criticaba la ausencia de toda mención de la divinidad.

A fines de enero del 78, AP celebró su congreso y afirmó en sus mítines que no votaría la Constitución si esta mantenía el punto de las nacionali­dades y algunos otros. Pronto cuajó en la ponencia una alianza informal, mayoritaria, entre UCD y AP, que pareció solventar problemas como los citados, pero bajo cuerda «Suárez y Gutiérrez Mellado» optaron por «no dar esa capital batalla». Aquel pacto tácito, al frenar a la izquierda y a los separatistas, disgustó al PSOE hasta el punto de que su ponente, Peces-Barba escenificó una retirada espectacular el 6 de marzo, por discrepar sobre la libertad de enseñanza. Era un movimiento calculado para asustar a la UCD y romper la que llamaba su «mayoría mecánica» con AP, mientras Roca y Solé Tura profetizaban la catástrofe si no se satisfacían sus exigencias. La presión fue efectiva, aunque la ponencia continuó sin Peces-Barba, pues Suárez y Abril Martorell, buscando una imagen «progresista», pasaron a una alianza de hecho con los separatistas y la izquierda. Fraga lamentaba: «Los ponen­tes de UCD siguen haciendo concesiones injustificadas e innecesarias a los nacionalismos, que aprovechan bien el chantaje socialista». Aun así, Fraga pesaba mucho, por ser el más experto en Derecho constitucional: «Suárez me da su versión de la crisis y de sus posiciones constitucionales; dudo que las tenga, para él todo es negociable». El 16 de marzo terminaba la labor de la ponencia admitiendo las nacionalidades, término preñado de peligros, abanderado por el comunista Solé, el nacionalista Roca y el ucedeísta He­rrero de Miñón1.

El proceso seguía en medio de la crisis económica y de un terrorismo rampante. Los atentados peores del trimestre, pero de ningún modo los únicos, fueron, el 15 de enero, el incendio del teatro Scala, de Barcelona, con cuatro muertos; diez días después, el asesinato de Joaquín Viola y su esposa en Barcelona; el 17 de marzo una bomba contra la central nuclear en construcción de Lemóniz, en Vizcaya, con dos obreros muertos y otros heridos, y graves daños materiales; y el 22 de marzo, el asesinato del di­rector general de Instituciones Penitenciarias, Jesús Haddad. Se produjo asimismo un sospechoso incendio del histórico pazo de Meirás, propiedad de la familia Franco.

El ataque al Scala provino de la reconstituida FAI (Federación Anarquis­ta Ibérica), ligada a la CNT. Pareció volver el viejo pistolerismo ácrata, pero los autores fueron pronto detenidos y la CNT perdió crédito e influencia, al ser trabajadores las víctimas. El matrimonio Viola fue asesinado por el terrorismo separatista catalán del mismo modo que lo había sido Bultó, adhiriéndoles un explosivo al cuerpo; Viola había sido alcalde de Barcelona durante un año largo, hasta diciembre de 1976. La bomba de Lemóniz fue obra de la ETA, que, al revés que la CNT-FAI, no perdió prestigio por haber matado a varios obreros. El asesinato de Haddad lo realizó el GRAPO.

Por lo que respecta a los partidos, la UCD aplazó las elecciones munici­pales por tener todavía poca organización a esos niveles. Y se resentía de los personalismos de los llamados «barones», políticos con poder en las regio­nes o en el aparato, a quienes trataba de meter en vereda Abril Martorell, mano derecha de Suárez. En marzo, Abril sustituía al dimisionario Fuentes Quintana al frente de la economía, y al propio Suárez en las comparecen­cias parlamentarias comprometidas, pues el Presidente, de oratoria poco brillante, prefería los acuerdos personales al margen de las Cortes.

AP sufría problemas aún mayores, por la decepción electoral y la incer­tidumbre sobre la vía a seguir. Unos, sugestionados por el éxito de UCD, querían migrar «al centro», y otros lo consideraban una claudicación. Hubo algún contacto con Torcuato, muy decepcionado de Suárez. Fraga expresaba un «europeísmo» algo mendicante: «Para España, la integración europea es algo más que un problema de política exterior o una cuestión económica; es la liquidación de una polémica histórica y una condición básica de la consolidación de un sistema político». Se trataba de pura au­tosugestión.

El PSOE, mejor aglutinado en torno a Felipe González y disciplinado por Alfonso Guerra, tomó la línea de descalificar moralmente al Gobierno, a los empresarios y a la Administración, suponiéndolos a todos más o me­nos corruptos e indignos de confianza. Se presentaba como paladín de la honradez: una auténtica osadía, habida cuenta de la trayectoria del propio PSOE, pero le produjo pingües rentas políticas.

Peor le iba al PCE. La línea moderada y razonable de Carrillo chocaba con las tradiciones del partido y encontraba oposición interna o desanima­ba a muchos antiguos y nuevos militantes. Carrillo, más realista, percibía claramente que mostrarse al viejo estilo reduciría mucho más sus votos. El PSUC, igualmente estalinista, se mantenía con mayor ánimo gracias a su considerable éxito electoral y, de acuerdo con la tendencia inaugurada por los separatismos resurgentes, ampliaba su autonomía con respecto a la dirección general del PCE.

* * *
El 17 de abril se publicaba el proyecto de Constitución, y el 5 de mayo la labor constitucional pasó a la Comisión Parlamentaria, que debía exa­minar y discutir el proyecto de la ponencia. Volvió la mayoría derechista: diecinueve votos de ucd y ap sobre diecisiete contrarios. En la mecánica parlamentaria, la izquierda y los nacionalistas podían discutir y hacer ad­mitir algunas de sus propuestas, pero tendrían que aceptar su minoría. Tal aceptación no ocurrió. Aprovechando una propuesta de ucd sobre posible suspensión de libertades públicas en casos excepcionales de lucha contra el terrorismo, el PSOE amenazó, el 18 de mayo, con abandonar la Comisión, afirmando, por boca de Guerra, que iba a ser «la Constitución más reac­cionaria de Europa, obra de UCD y AP». Ello crearía un nuevo escándalo y suponía un verdadero chantaje para desarticular la mayoría de centro-derecha. Jugada arriesgada, pues Suárez podía aceptar la automarginación socialista y enfrentarla a un referéndum final como en 1976. Pero tras la dimisión de Peces-Barba de la Ponencia (luego entró en la Comisión), el PSOE conocía bien la debilidad de una UCD ideológicamente insegura y atenazada por la necesidad autoimpuesta de «vender imagen» progresista, de centro-izquierda.

Y Suárez volvió a claudicar. Propenso a evitar el debate y a los tratos personales semisecretos, encargó a Abril Martorell entenderse con Alfonso Guerra a espaldas de la Comisión, y llevar a esta los artículos a votar ya listos y acordados, e imponerlos por disciplina de partido. Así, la elabora­ción constitucional pasó a una fase sólo a medias parlamentaria, pues los asuntos principales se acordaban en almuerzos y cenas entre Abril y Gue­rra. El arreglo fue aceptado por comunistas y nacionalistas, a fin de evitarse la enojosa dialéctica de Fraga. Se produjo un reagrupamiento de hecho de la UCD con los socialistas, nacionalistas y comunistas, aislando a la derecha conservadora.

Ni Abril ni Guerra eran expertos en Derecho constitucional, al revés que Fraga o, en menor medida, Peces-Barba. Abril había estudiado Inge­niería agraria y Ciencias políticas, y en 1969 había presidido la diputa­ción provincial de Segovia, con Suárez de gobernador civil. Guerra había estudiado peritaje industrial y algunos cursos de letras. Su noción de las leyes iba poco más allá de pretender el entierro de Montesquieu, pero dijo audazmente de su socio: «En cuanto a formación jurídica, Abril Martorell es un patán». En tan peculiares circunstancias avanzó el proyecto consti­tucional.

Estas maniobras indignaban a AP. Silva y Fernández de la Mora ame­nazaron con dejar la Comisión, y finalmente AP se retiró, el 24 de mayo, y también la abandonó el pnv. Esta preocupó a los demás menos que la del PSOE, y tuvo poca repercusión. A los cinco días, Fraga conseguía la vuelta de su partido a la Comisión, condicionada a la discusión artículo por artículo «con luz y taquígrafos». Condición que no se cumpliría, pues, reconoce el mismo Fraga, siguió actuando el «consejo gastronómico» de Abril y Guerra, sólo «de modo menos indiscreto». AP había logrado en la Ponencia facilitar los referéndum y otras formas de democracia más o menos directa, pero la Comisión echó abajo tales iniciativas, tomando un giro más partitocrático.

Los partidos continuaban la dinámica anterior. Abril trataba de meter en cintura a los «barones» de UCD. Aunque la ejecutiva dimitió para facili­tar la reorganización del partido, la mayoría se habían apuntado al partido por sus ventajas prácticas, y ni respetaban mucho a Suárez, ni Abril tenía autoridad para imponerse. El poder y sus expectativas atenuaban las di­ferencias entre sus sectores democristiano, socialdemócrata y «azul», pero dificultaban mantener una línea precisa.

AP, falto de poder, sufría más duramente las tensiones disgregadoras, aumentadas por el centrismo de un Fraga ansioso de ganar imagen «tole­rante», por más que la izquierda y UCD mostrasen poca tolerancia hacia su partido. Silva, Fernández de la Mora y otros exteriorizaban su disgusto, y el partido amenazaba disolverse en taifas.

Areilza volvió a la política fundando «Acción Ciudadana Liberal», que no llegaría a alzar el vuelo. Fuerza Nueva realizaba mítines que solían ser contestados con violencias. El Partido Liberal celebró su II Congreso sin pena ni gloria.

Tampoco el PCE se serenaba. En su IX Congreso, realizado en abril, Ca­rrillo dispuso la supresión del término «leninista», dejándolo en «marxista». El cambio significaba muy poco doctrinalmente, pero constituía una mu­tilación en el orden simbólico e identitario. Stalin había impuesto la expre­sión «marxista-leninista» y la mantenían también los partidos maoístas. La medida provocó cierta crisis interna y numerosas expulsiones, siendo las secciones catalana y asturiana las más reacias al abandono. Carrillo calcula­ba que la supresión del leninismo le ganaría votos.

Mucho mejor le iba al PSOE, cuyos políticos estaban más que satisfe­chos con los cargos logrados en las elecciones pasadas y las expectativas de controlar pronto el poder. En abril recibían el refuerzo del PSP de Tierno Galván, cuyos atribulados líderes prefirieron ahorrarse una «travesía del desierto» y se sumaron a sus rivales. La fiesta del 1 de mayo fue unitaria de los sindicatos y partidos de izquierda, con profusión de banderas rojas, también republicanas, puños en alto y tono muy marxistizado. A los pocos días, González habló de abandonar el marxismo, se levantó una polvareda, y Guerra aclaró que el partido seguía fiel a Marx. Pujol, en Cataluña, resentía la moderación y el prestigio de Tarradellas, quien expondría ideas muy irritantes para él: «No creo en lo que llaman paí­ses catalanes»; «Tenemos la obligación de hacer de España un gran país»; «Mi patria es España». Trataba de calmar los extremismos en Cataluña y de convencer a Ajuriaguerra de participar en las tareas constitucionales. El PNV exigía la inclusión de Navarra en lo que llamaba Euskadi, y el PSOE estaba de acuerdo, contra la voluntad de la mayoría de los navarros. Algunos socialistas navarros, encabezados por Víctor Manuel Arbeloa harían volverse atrás al PSOE. Tarradellas, de todas formas, terminaría fracasando en Vascongadas y en Cataluña. El semiseparatista Roca hablaba de España como «nación de naciones», un contrasentido lógico, jurídico y político: una na­ción de naciones sólo puede ser un imperio.

Se aprobaron preautonomías en Castilla-León, Extremadura y Balea­res, y luego otras más, hasta trece hasta junio del 78. El PNV exigía transferencias antes de la Constitución y las obtuvo, así como Aragón y Valencia. En esta, nutridas manifestaciones públicas rechazaban la catalanización. El intento de crear un nacionalismo caste­llano reunió en Villalar, sitio de la derrota comunera 457 años antes, a unas quince mil personas, interviniendo comunistas, PSOE y UCD –cuyo representante fue abucheado («¡menos burguesía, más autonomía!»)–. Fue sustituida la bandera del ayuntamiento por otra «republicana». Un grupo de AP con banderas nacionales fue recibido al grito de «Vosotros, fascistas, sois los terroristas», agredido físicamente y quemadas las banderas. Hubo diecisiete heridos, algunos de ellos niños.

También en abril, Antonio Cubillo sobrevivió en Argel a un atentado que le dejó secuelas. Tras el intento parece haber estado el Gobierno espa­ñol, preocupado por las acciones terroristas del MPAIAC y por su constante agitación internacional, instigando a la OUA (Organización para la Unidad Africana) a «descolonizar» las islas Canarias, y tratando de llegar a la ONU con apoyo de varias dictaduras africanas, sobre todo la argelina. Argelia aspiraba a controlar el Sáhara ex español a través del Frente POLISARIO, que mantenía una guerra con Marruecos.

Continuaban los disturbios de presos comunes, con autolesiones. En aquel segundo trimestre, el terrorismo nacionalista vasco asesinó a ocho personas, entre ellas un niño. El caso más publicitado fue el del periodista bilbaíno José María Portell, el 28 de junio, un intermediario en negocia­ciones del Gobierno (Martín Villa) con la ETA. Portell había escrito libros más bien halagüeños para la imagen de los terroristas y propugnaba la negociación, pero los etarras desconfiaron de él y lo mataron. La ETA iba logrando tal poder intimidatorio que sus amenazas bastaron para hacer dimitir a un ayuntamiento vizcaíno en pleno, reseña Fraga.


 


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