AGLI Recortes de Prensa   Lunes 10  Diciembre 2018

Sánchez mintió o hizo mentir a La Moncloa para protegerse de su plagio
EDITORIAL esdiario 10 Diciembre 2018

Sánchez está definitivamente desautorizado para ostentar la presidencia: a la certeza de que plagió su tesis se le suma la demostración de que usó a La Moncloa para protegerse con mentiras.

La Moncloa difundió como propia una supuesta prueba de que el presidente Sánchez no había plagiado su tesis doctoral, pero en realidad ni había encargado ni conocía ni aún hoy tiene en su propiedad ese informe que sin embargo trasladó, a bombo y platillo, a la opinión pública y a los medios de comunicación.

Es decir, la presidencia del Gobierno mintió, de manera premeditada y alevosa, para proteger a Pedro Sánchez e intentar evitar la propagación de lo que ya era una sospecha muy sólida y ahora es una certeza: que la tesina con la que logró la habilitación como doctor estaba plagada de copias literales de trabajos ajenos, un bochorno que el propio líder socialista consideró suficiente para dimitir, tal y como él mismo proclamó -nada menos- en el debate de la moción de censura.

Es indecente plagiar una tesis, pero aún más mentir o hacer mentir a La Moncloa para tapar esa vergüenza
Pero si Sánchez copió, algo incuestionable, además mintió o hizo mentir a La Moncloa, cuyos servicios generales difundieron un informe que no le constaba ni había encargado pero presentó como propio.

Es decir, el presidente utilizó recursos públicos de la máxima jerarquía institucional para dar autoridad a un informe que o no existe o solo conoce él y se niega a enseñar: si era algo personal y privado, como se intenta argumentar a posteriori con una falacia, La Moncloa nunca debió actuar como una pantalla y el aludido no tiene una obligación menor de mostrar esa supuesta prueba. Que, aun en el caso de que demostrara que no copió -algo imposible-, ya no disipará la mentira y el montaje.

La secuencia es gravísima para cualquier político, pero especialmente para uno que justificó su llegada al poder, por la puerta de atrás y gracias al independentismo, en la inaplazable necesidad de regenerar la política, con un listón ético que sólo el representaba y era suficiente para derribar al Gobierno votado por los ciudadanos y negarse a preguntarle de nuevo a éstos en las urnas.

La Moncloa mintió para tapar el plagio de la tesis Pedro Sánchez
La conclusión de la información exclusiva que publica ESdiario es demoledora e incontestable, pues es la propia Secretaría General de La Moncloa quien confiesa que no le consta el estudio antiplagio que pese a todo esparció a los cuatro vientos.

Y si al plagio se le añade la mentira y el uso espurio de recursos públicos, la conclusión es evidente: Sánchez no puede ostentar la presidencia de un Gobierno manchado por incesantes escándalos, entre los cuales el suyo es el más indecente de todos.

Moncloa mintió al anunciar el test antiplagio de la tesis para tapar a Sánchez
Antonio R. Naranjo esdiario 10 Diciembre 2018

Un documento oficial de la Secretaría General de la Presidencia confiesa que nadie en Moncloa hizo, encargó o conoce el supuesto informe que sin embargo difundió para defender al presidente.

El presidente mintió a la opinión pública cuando, el pasado 14 de septiembre, envió desde el Gobierno un largo comunicado con sello oficial con el titular “La tesis del presidente Sánchez supera ampliamente los software de coincidencias” que en realidad no conocía ni tenía a su disposición ni había encargado La Moncloa, tal y como ha podido constatar documentalmente Esdiario con una investigación periodística de tres meses, a través de su propio gabinete de transparencia, que da un vuelco al caso y pone al jefe del Ejecutivo en una situación muy delicada.

Aquel día, La Moncloa hizo público a primera hora de la mañana, desde sus servicios y con membrete institucional, un informe que intentaba frenar las ya descontroladas sospechas sobre la autoría real y la originalidad de la tesis con la que el actual presidente logró el título de Doctor en la Universidad privada Camilo José Cela.

La Moncloa ni conocía ni encargó ni posee el supuesto estudio hecho por las dos empresas más reputadas del sector, tal y como no ha tenido más remedio que confesar en un documento oficial

En ese comunicado, el Gobierno afirmaba literalmente que “tras el análisis de la tesis doctoral presentada por el presidente Pedro Sánchez en el año 2012, la evaluación de las herramientas Turnitin y PlagScan, determinan el contenido original de la tesis, superando ampliamente los estudios de coincidencias”.

El texto, ilustrado con una imagen de Sánchez sonriente y alojado también en la página web oficial del Gobierno de España, iba más lejos y daba prolijos detalles del supuesto test, como las empresas que utilizaban el software, el resultado preciso que daba al someter la tesis a esos programas e, incluso, la interpretación que había que darle en los medios de comunicación al detectar algunas coincidencias.

Lo que contó Moncloa sin ver ningún informe
“El trabajo ha sido analizado por dos de los programas más rigurosos en el ámbito académico: Turnitin, que se emplea en la Universidad de Oxford, y PlagScan, referencia en Europa (…) En el caso del Turnitin ha obtenido un 13%. En PlagScan ha cifrado un 0.96%, cada uno con su metodología. Estos porcentajes se deben a las citas y referencias obligadas en la elaboración de cualquier documento de investigación que cualquier software casi por defecto no puede discriminar a pesar de lo avanzado de su tecnología. Existe un amplio consenso en el ámbito académico en considerar que se trata de porcentajes normales, de acuerdo a la normativa y los protocolos de verificación”.

Son frases textuales de La Moncloa, que salió así al rescate de Sánchez presentando informes técnicos que desmontaban, a su juicio, la acusación de plagio que en la semana previa había sacudido la política española al conocerse, especialmente después de que el dirigente socialista dijera en el debate de la moción de censura que copiar trabajos universitarios como el suyo era causa de dimisión.

DOCUMENTO 1. LA PRUEBA DEFINITIVA DE QUE LA MONCLOA MINTIÓ, CONFESADA POR SU PROPIA SECRETARÍA GENERAL: "LA MONCLOA NO HIZO NINGÚN INFORME". Y SIN EMBARGO, DIFUNDIÓ UNO COMO PROPIO QUE NI CONOCE
Pues bien, La Moncloa ni conocía ni encargó ni posee el supuesto estudio hecho por las dos empresas más reputadas del sector, tal y como no ha tenido más remedio que confesar en un documento oficial, en posesión de este periódico, la mismísima Vicesecretaria General de la presidencia del Gobierno.

En el mismo, sin fechar, Hilda Jiménez Núñez, reconoce sorprendentemente que todo lo que había afirmado la propia Moncloa es falso, pues no le consta nada de lo que sin embargo difundió como información oficial para auxiliar a Pedro Sánchez.

En concreto, y de forma textual, la Secretaría General de la Presidencia se ve obligada a reconocer que “ni la secretaría de Estado de Comunicación ni ningún otro órgano de la Presidencia del Gobierno han realizado el análisis, ni emitido informes o documentos en relación con el uso de las herramientas Turnitin y PlagSca”.

Sánchez utilizó La Moncloa para dar veracidad a un supuesto test antiplagio que la secretaria general de Presidencia en persona confiesa ahora que no conoce

Esto es, tras proclamar desde La Moncloa que la tesis de Sánchez era académicamente impecable y tratar de desmontar con supuestos datos científicos la sospecha de plagio, en realidad la Presidencia del Gobierno y todos los servicios que le rodean no tiene conocimiento alguno de nada de ello.

DOCUMENTO 2. LA MONCLOA DIFUNDIÓ LA EXISTENCIA DE UN SUPUESTO INFORME ANTIPLAGIO QUE AHORA RECONOCE NO TENER NI CONOCER. CON MEMBRETE OFICIAL DE LA PRESIDENCIA, LO LANZÓ A LA OPINIÓN PÚBLICA Y A LOS MEDIOS
El documento demostrativo de cómo Sánchez utilizó La Moncloa para dar verosimilitud a su defensa, cuando se acumulaban ya pruebas fehacientes de que buena parte de su tesis era un plagio de otros trabajos o estaba hecha por otra persona, responde a una petición de información muy concreta realizada calor de la Ley de Transparencia, y deja otras sorpresas que ponen en una situación muy delicada a Sánchez.

Porque la Secretaría General parece preferir que de repente se sepa que se mintió al entregar el informe, en el caso de que en realidad exista, pues nada más difundirse sus supuestas conclusiones una de las supuestas empresas que lo elaboró lo desmintió de manera rotunda que el complejo presidencial tuviera licencia alguna de su software pese a haberlo mencionado para salvar a Sánchez.

Moncloa propagó como propio un estudio que ni encargo ni posee. La duda ahora es si en realidad existe siquiera
Según consta en un documento al que ESdiario ha tenido acceso, el pasado 21 de septiembre se formuló una Petición de Acceso a la Información Pública a través del Portal de Transparencia del Gobierno de España, después de que la Portavocía del mismo emitiera un comunicado titulado “La tesis del Presidente Sánchez supera ampliamente los software de coincidencias”, afirmando que el trabajo había sido analizado por dos de los programas más rigurosos en el ámbito académico; Turnitin y PlagScasn.

DOCUMENTO 3. EL ORIGEN DE TODO, UNA PREGUNTA MUY PRECISA QUE HA DESTAPADO TODO EL MONTAJE OCULTO DESDE SEPTIEMBRE
En la citada Petición de Información se solicitaba, entre otras cuestiones, el Informe Justificativo de los Resultados obtenidos, qué personal intervino en su realización o el coste que tales actuaciones tuvo para el contribuyente, habida cuenta de que se trataba de la postura oficial del Gobierno en relación a la tesis de Pedro Sánchez y el presunto plagio en el que podría haber incurrido.

Nadie ha visto ningún test
En este sentido, hay que destacar que la respuesta dada por el Gobierno tuvo lugar el pasado 3 de noviembre, es decir, casi quince días después del plazo de un mes que la Ley de Transparencia establece como de obligado cumplimiento y que en este caso no ha sido respetado, sin que se ofrezca explicación alguna. Pero la conclusión es obvia: Moncloa vendió como propio y definitivo un informe que en realidad no hizo ni conoce y que Sánchez tampoco ha enseñado.

El responsable del programa antiplagio Turnitin desmonta la débil coartada de Sánchez
La revelación de ESdiario da un vuelco al caso al coincidir con el comienzo de la Comisión de Investigación que el PP ha abierto en el Senado, y que empezará a dar frutos en los próximos quince días. Se espera la comparecencia del propio Sánchez, que tendrá que responder a nuevas preguntas al hilo de esta información. ¿Existe ese informe antiplagio en el que se escudó? ¿Por qué lo difundió como propio La Moncloa si ahora dice desconocerlo? ¿Quién lo encargó, de existir en realidad, y por qué se niega a enseñarlo?

Vox no es el problema
Vox recoge todo ese hartazgo y lo lleva a su papeleta. ¿Populismo? Es probable. Pero el diagnóstico lo clava
Isabel San Sebastián ABC 10 Diciembre 2018

Por mucha virulencia que desplieguen en la crítica las mismas televisiones que rinden pleitesía cada día a los dirigentes de Podemos, mientras restan importancia al golpismo catalán. Por mucha desvergüenza que exhiba el presidente del Gobierno al denunciar la disposición de PP y Ciudadanos a pactar en Andalucía con un grupo al que califica de antidemócrata, olvidando que él está en ese despacho gracias al apoyo de la extrema izquierda y el separatismo, Vox no es el problema. En todo caso sería la consecuencia del problema, su más reciente manifestación; no su causa ni su origen. Vox es el resultado inevitable de una larga serie de equivocaciones imputables a los políticos y predicadores mediáticos que ahora se llevan las manos a la cabeza. Mientras no se corrijan esos errores y se enderece el rumbo de la Nación, esas siglas seguirán creciendo.

Santiago Abascal no es el problema. Nunca ha llamado a la violencia ni instigado a sus seguidores a desviarse del cauce legal. Antes al contrario, empezó su andadura plantando cara al terror en su País Vasco natal, donde tuvo en su padre, Santiago, al mejor ejemplo de coraje y resistencia. Santi militó desde la adolescencia en el PP de Jaime Mayor y María San Gil, recibió amenazas de muerte, creció rodeado de escoltas, aguantó lo indecible. Cuando Rajoy llegó al puente de mando y cambió la línea estratégica de su partido, se acercó al PNV, acató los pactos suscritos por Zapatero con ETA y renegó implícitamente de todos aquellos que habían sostenido en tierra hostil la bandera de la libertad, empezando por los más valientes. Cayeron abatidos, con saña, San Gil, Abascal, Regina Otalola (la heroína de Lizarza) y algunos otros reacios a seguir la nueva política de apaciguamiento. Santiago no tiró la toalla y continuó defendiendo con ahínco aquello en lo que creía, sin desviarse un ápice del marco constitucional.

Ni Vox ni su líder son por tanto el problema de España, por mucho que griten «¡al lobo!» los prebostes de la corrección política. Podrán gustar más o menos (a mí, por ejemplo, me rechina su eurofobia), encajar o no en los ideales de cada cual, pero desde luego no constituyen una amenaza para la estabilidad nacional. El problema real al que nos enfrentamos en este momento es el intento obstinado de destruir nuestro país que protagonizan los gobernantes de Cataluña (asistidos por los vascos desde la retaguardia) con el dinero de todos los españoles, ante la indiferencia cómplice del Ejecutivo que debería impedirlo. El problema es la violencia impune de los CDR que bloquean vías de comunicación, acosan a jueces en sus domicilios y ocupan las calles cuando les place, como si fuesen de su propiedad. El problema es la cobardía o complicidad de los responsables de la seguridad, que han abandonado a su suerte a los catalanes de bien. El problema es que nuestra ley electoral otorga un poder desproporcionado a los instigadores de esas revueltas. El problema es la corrupción sistémica, incrustada en amplias esferas de la vida pública, que ha colmado la paciencia de unos ciudadanos hartos de pagar la fiesta a base de impuestos confiscatorios. El problema es la negativa de Pedro Sánchez a convocar elecciones. El problema son las homilías constantes de esa izquierda infinitamente satisfecha de sí misma, que reivindica sin cesar derechos y jamás habla de obligaciones. Vox recoge todo ese hartazgo y lo lleva a su papeleta. ¿Populismo? Es probable. Pero el diagnóstico lo clava.

Alerta antifascista
Juan Manuel de Prada ABC 10 Diciembre 2018

Supe que Vox había venido para quedarse cuando Pablo Iglesias compareció ante los medios y lanzó una «alerta antifascista», exhortando al «movimiento feminista», a las «plataformas de afectados por la hipoteca», a las «organizaciones estudiantiles» o a los «colectivos LGTBi» para que se movilizasen.

Pablo Iglesias estaba aplicando la receta que Ernest Laclau y Chantal Mouffe proponen en Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia. En este libro, Laclau y Mouffe impugnan todas las vías democráticas del socialismo, desde Habermas a Alain Touraine, pasando por Giddens; y -considerando que la clase trabajadora es un cachivache obsoleto- se dedican a espigar nuevos sujetos con potencial revolucionario, desde los movimientos feministas hasta las minorías étnicas o sexuales, que puedan ser «rearticuladas» para suscitar «antagonismos» en la sociedad. Dicho en román paladino, Laclau y Mouffe postulan que se azuce a todas estas minorías en «la hostilidad común hacia algo o hacia alguien» al que puedan culpar de su insatisfacción, suscitando en ellas el odio y la violencia vandálica. A nadie que no sea imbécil se le escapa que Vox ninguna culpa tiene de los desahucios o de la racanería de las pensiones, de la degradación de la Universidad o de las violaciones en manada; pero Pablo Iglesias entendió aquella noche (en una clara decisión perdedora) que podría aplicar contra Vox el mismo mecanismo que en otro tiempo aplicó muy exitosamente, canalizando resentimientos y frustraciones contra los bancos o contra la «casta».

Pero cuando Podemos triunfó con esta estrategia era un partido emergente; y eligió como diana de sus ataques instancias que eran percibidas como enemigas por amplias capas sociales. Ahora Pablo Iglesias ya sólo apela, cayendo en lo que Daniel Bernabé denomina «la trampa de la diversidad», a los movimientos asociados a las «políticas de la identidad». Y la apelación a estos movimientos es el preámbulo de la derrota, como nos enseña Eric Hobsbawn, analizando la victoria de Margaret Thatcher (y como nos enseña también la derrota de las izquierdas en Andalucía, justo en el año de la sedicente «revolución feminista»). En efecto, las «políticas de la identidad» -explica Hobsbawn- siempre enajenan las simpatías del resto de la sociedad, que percibe esas reivindicaciones como una exigencia de privilegios por parte de determinadas minorías (así, por ejemplo, el feminismo de tercera ola enajena automáticamente las simpatías de casi todos los hombres, pero también de multitud de mujeres). Los efectos letales de esta «trampa de la diversidad» los apreciamos en Estados Unidos, donde una mayoría de mujeres blancas votó a Trump; y también en Europa, donde cada vez más homosexuales votan a las nuevas derechas, porque se sienten amenazados por las políticas islamófilas de la izquierda. El método Laclau tal vez funcione cuando un partido emergente logra encontrar un enemigo que actúe como aglutinante o agregador social; pero Hobsbawn nos enseña que, cuando un partido ya instalado (o más bien declinante, como es el caso de Podemos) se apoya en las «políticas de identidad», está anticipando su fracaso.

Las «alertas antifascistas» sólo servirán para que Vox amplíe su respaldo en las urnas, que será apoteósico en las próximas elecciones europeas. Y también para que la izquierda entrampada en la diversidad languidezca, como está languideciendo en toda Europa, mientras los trabajadores despreciados se dedican a votar a las nuevas derechas. Así ocurrirá también en España, a poco que Vox acuñe un discurso social atractivo; y la estrategia perdedora de Podemos no hará sino acelerar este proceso.

Una mala idea
El problema autonómico es de hipertrofia, de abuso, y el remedio no pasa por abolir, sino por reprogramar el modelo
Ignacio Camacho ABC 10 Diciembre 2018

Detrás del auge de Vox está en gran medida el creciente desafecto popular por el régimen autonómico, un malestar que ha hecho crisis a partir del conflicto de Cataluña. Cada vez son más los españoles convencidos de que el demarraje separatista tiene su origen en la permisividad del Estado con el programa de «construcción nacional» que el nacionalismo ha desarrollado a través del autogobierno, y tienden a confundir las causas con el efecto. Los patentes y generalizados abusos del diseño territorial -despilfarro, corrupción, desigualdad, clientelismo, elefantiasis administrativa, etcétera- han creado el caldo de cultivo perfecto para que brote un clamor ciudadano exigiendo la reconducción drástica de tanto exceso. Y Vox ha construido un cauce oportunista para ese estado de cabreo al proponer, por fuera de la Constitución, la supresión directa de las autonomías y el retorno a la centralización plena. La complacencia del Gobierno Sánchez con los independentistas a quienes debe el poder ha sido el combustible de la irritada hoguera en que de momento ha ardido el PSOE andaluz y pronto se chamuscará la política nacional entera.

Pero ese comprensible enojo peca de injusto, de hiperbólico y de ingrato. La desmesura palmaria del «carajal autonómico», como lo calificara Borrell, ha llevado a olvidar la contribución del sistema a la prosperidad y la cohesión de España a partir del ingreso en la UE y el consiguiente caudal de transferencias de fondos y rentas. El proyecto constitucional apuntaba de inicio a una nación de desarrollo dual que los andaluces evitaron al forzar, referéndum mediante, la improvisación de una especie de federalismo de tapadillo. Los gobiernos regionales, con todo su desorbitado aparato, han sido y aún son esenciales en la redistribución de recursos, en la dotación de infraestructuras y en la prestación de servicios. El mal, el problema, es de sobredimensión, de hipertrofia, y la solución -si a estas alturas la tiene- pasa por reprogramar y racionalizar el modelo, no por abolirlo. Los desafueros nacionalistas necesitan sin duda un severo tirón de bridas, pero el país en su conjunto no debe ni puede permitirse un desahogo radical de arbitrismo jacobino. Que además, y por mucho que haya aumentado el desafecto, supondría una ruptura de las pautas de convivencia por falta de consenso.

La indignación ante el desmadre es un sentimiento legítimo. Sin embargo sería un error convertirla en un perjuicio objetivo. Vox tiene todo el derecho de proponer una reforma centralista de la Carta Magna, y sus partidarios el de apoyarla sin que eso les convierta en fascistas de la noche a la mañana. Pero el resto de los agentes políticos está ante la obligación de demostrar que es una mala idea, un remedio contraindicado, una conclusión desenfocada. Y para eso lo más útil es empezar admitiendo que está pendiente una revisión necesaria.

La VOZ del pueblo.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 10 Diciembre 2018

CAMPAÑA FEROZ CONTRA VOX: EL PÁNICO SE APODERA DE LA CASTA.

Las elecciones en Andalucía han sido todo un bombazo cuando esa noche del 2 de diciembre se corroboró que todas las encuestas habían nuevamente errado en sus previsiones y se hizo realidad la irrupción de VOX con 12 diputados de los 109 de Parlamento andaluz. Ningún partido se lo podía creer y más bien parecía que estaban viviendo una pesadilla de la que querían despertar. Pero no, los resultados estaban ahí recordando el fracaso del PSOE-A, PP y AA(PODEMOS), y el éxito de C’S y VOX. Desde ese momento se inició una campaña feroz de desprestigio no solo desde la izquierda y extrema izquierda radical, sino también de una derecha acomplejada como la del PP aterrorizada por la fuga de votos y porque su discurso vacío de ideología había sido acallado por el mensaje claro y rotundo de VOX. Un partido que hasta entonces había sido despreciado y ninguneado por su nula relevancia, hasta ese fatídico día para las fuerzas de la casta.Y hemos pasado de l desprecio absoluto al pánico de formar un cordón "sanitario" ante la escabechina de votos que se les avecina en las próximas elecciones.

La estrategia pasa por querer equiparar machaconamente la imagen de VOX con la que califican de “extrema o ultra derecha” en Europa, que no es otra cosa que una derecha sin complejos que recoge el desengaño de millones de ciudadanos. La vieja estrategia Goebeliana de repetir una mentira con insistencia para que se transforme en una verdad. Un movimiento efectivamente conservador que no admite la imposición de burócratas ajenos que se mueven por intereses de mercado y de lobbies de poder sin mostrar sensibilidad por los problemas de los europeos y del desequilibrio social. Un movimiento que tiene mucho que ver con el que ha producido el Brexit en el Reino Unido, pero que el resto de los miembros de la UE no se atreven a plantear a sus ciudadanos por si cunde el ejemplo y el chiringuito se desmorona como un castillo de naipes. Por eso, aquellos partidos que reclaman una Europa diferente que no acaba de consolidarse y cada día es más desquilibrada, propugnan la salida de sus países de este club elitista donde hay ya socios de primera con poder político y económico y socios de segunda que apenas pueden pagar el precio de la cuota y cumplir con las rígidas exigencias impuestas por el club. Una Europa a dos o tres velocidades con 28 estados multiculturales y multiétnicos que no acaban de encontrar el nexo común donde integrarse sin prevenciones.

Pues VOX en absoluto es una extrema derecha y mucho menos una ultraderecha. Se trata de un partido conservador escindido del PP y nutrido con los desengañados y defenestrados por su ejecutiva cuando en el Congreso de Valencia abjuró de los principios y valores que le habían llevado a conseguir la mayoría absoluta con José Maria Aznar. Un partido que renegó de las víctimas del terrorismo expulsando a iconos como María San Gil o el mismo Santiago Abascal o a Mayor Oreja. Un partido que cuenta entre sus afiliados y ejecutiva a personajes como el exfuncionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado por la ETA casi dos años y liberado por la Guardia Civil del inhumano zulo donde le tenían oculto. Un partido que ha sufrido desde su constitución el desprecio de todo el resto de los partidos políticos y el silencio e indiferencia de todos los medios de comunicación, salvo un canal privado INTERECONOMÍA. Un partido que se nutre del mecenazgo de particulares y simpatizantes sin contar con las generosas subvenciones de otros partidos políticos y asociaciones que reciben del erario generosas subvenciones.

La campaña emprendida por el conjunto de fuerzas políticas mayoritarias solo demuestra el sentimiento de pánico que sienten por un partido que ha sabido conectar con los ciudadanos de esa clase media denostada y perseguida por todos, a la que llevan empobreciendo a base de aplastarla con impuestos abusivos y confiscadores y de coartar a los emprendedores autónomos mediante leyes obstruccionistas y presión fiscal desmedida. Una clase media casi extinguida tras una crisis económica que elevó la cifra del desempleo por encima de los seis millones de trabajadores y la destrucción de mies de pequeñas empresas. Y sí, es esa clase media y trabajadora, la que es la columna vertebral y uqe levantó a este país soportando la mayor parte del sacrificio, la que ha encontrado en VOX precisamente eso, su VOZ, que ha sido sistemáticamente silenciada mucho tiempo por una derecha que se decía de centro dominada por tecnócratas sin escrúpulos carentes de ideología y de empatía incluso con sus propios votantes; una izquierda beligerante y revanchista culpable de no haber admitido la crisis y ser incapaz de enfrentar políticas de recuperación; por una extrema izquierda radical demagógica y populista empeñada en eliminar las libertades e instaurar un régimen comunista de corte bolivariano y finalmente por unas fuerzas ultra nacionalistas que han tomado calles y plazas amedrentando y coaccionando con violencia en forma de escraches o algaradas, bajo la permisividad y complicidad de las Fuerzas policiales autóctonas.

VOX ha venido para quedarse mal que les pese a esos partidos acomodados y acostumbrados a repartirse el poder. Andalucía ha sido el primer paso hacia la visualización de una oferta a los ciudadanos que convence por su claridad de mensaje y no jugar con la ambigüedad. Un partido que solo quiere recuperar los principios y valores de una sociedad y el orgullo de ser y sentirse español. Un partido dispuesto a terminar con los chiringuitos de poder, de enchufismo y de corrupción de un sistema autonómico inviable generador de conflictos y de insolidaridad entre regiones de España. Un partido que ha sabido recoger en un programa de 100 puntos lo esencial de su propuesta de acciones de gobierno alejadas del populismo y la demagogia del resto de partidos que llevan años hablando de regeneración política y siguen sin hacer nada para que nada cambie. Una actitud que ha llevado a la sociedad española a mirar hacia VOX como el camino de escape de una situación asfixiante que se vuelve cada vez más represora de las libertades.

España, los españoles empiezan a descubrir a VOX ahora que es visible y a no creer a quienes le injurian, le denigran y le difaman acusándolo de lo que no es en un inútil intento de parar lo que ya ha comenzado y avanza imparable: la reconquista de las libertades, de los derechos, de la Justicia y de la Soberanía del pueblo español vendido por estos partidos de la casta a los enemigos de España para gobernar en los despojos que queden de ella tras su desmembración. Demasiados traidores que más pronto que tarde deberán dar cuenta ante la Justicia de sus actos.

Hoy es Andalucía, mañana toda España. Esta VOZ va a resonar con fuerza y derribar murallas.

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

El riesgo de la ruptura
Luis Herrero Libertad Digital 10 Diciembre 2018

Seamos sinceros: VOX nació como una escisión del PP, propiciada por el autismo ideológico de Rajoy y su corte de tecnócratas de medio pelo, pero ahora se ha convertido en una expresión de protesta —en las antípodas de Podemos— de los cabreados con el Sistema. Al principio se alimentaba del desencanto de quienes dejaron de sentirse representados por la política de dolce far niente de la derecha ante el compadreo de ZP con los jefes de ETA o el asalto independentista a la idea de España.

Si no obtuvo una bienvenida electoral más calurosa fue, tal vez, porque Rajoy amedrentó a sus votantes potenciales con el espantajo de Podemos. El voto del miedo retuvo en las urnas del PP muchas papeletas que, de buena gana, hubieran cambiado de apuesta. Pero ahora Podemos ya está en el poder y el voto del miedo carece de sentido. Es verdad que al romperse ese dique, muchos votantes han hecho con carácter retroactivo lo que no se atrevieron a hacer meses antes por miedo a las consecuencias. No obstante, eso no lo explica todo.

El nuevo líder del PP ha prometido recuperar las credenciales ideológicas que su predecesor arrojó por la ventana. Si el motivo principal que llevó al nacimiento de VOX fue el de enarbolar las banderas que el pragmatismo inane de Rajoy había dejado en la cuneta, gran parte de su misión podría darse por cumplida. En cambio, muchos electores andaluces se han negado a brindarle a Casado la oportunidad de demostrar que ya no hay motivo para el cambio de voto y han preferido apoyar a Santiago Abascal. ¿Por qué?

Una de dos: o porque no se fían de él y ponen en duda la sinceridad de sus promesas o porque el propósito de enmienda del PP les trae sin cuidado. Tal vez coexistan las dos actitudes. Dicen los expertos de Sigma 2 que de los 378.000 nuevos votantes de Vox, menos de la mitad —178.000— proceden del PP. El resto viene de Ciudadanos —60.000—, de la izquierda —30.000— y de la abstención —40.000—. Los demás —45.000— son electores nuevos que o bien no tenían edad para votar o bien lo hacían en favor de partidos minoritarios.

Con esos datos sobre la mesa, la conclusión de que Abascal es solo el coche escoba que recoge a los desencantados de PP y Ciudadanos parece el resultado de un ejercicio de grave pereza mental. Primero porque no explica el motivo del desencanto de quienes hayan ido a las urnas movidos por ese estado de ánimo, y segundo porque tampoco da respuesta a la totalidad del fenómeno. Al nuevo partido han llegado muchas personas que no votaban a la derecha y, por lo tanto, no tienen cuentas pendientes con ella.

Gracias a los estudios post electorales sabemos, además, que si el PP ha mantenido el tipo a pesar del ascenso meteórico de VOX ha sido gracias a que ha rescatado de la abstención a muchos de sus antiguos votantes cabreados. Ellos sí han querido darle a Casado la oportunidad de enmendar los desafueros de su antecesor. He ahí otro dato que abona la tesis de que el partido de Abascal no es el reducto que agrupa la expresión patriótica de un movimiento de salvación nacional. No es la idea de España —al menos la constitucional— la única que ha inspirado la conducta de sus votantes.

Por encima de esa razón hay otras que la sobrepujan. El miedo que provoca la agresividad del discurso de las llamadas políticas de igualdad inclusiva —otrora feminismo—, por ejemplo. O la inmigración. O el descontento con la democracia. Aunque no comparto en absoluto la opinión de que VOX sea un partido inconstitucional —es vergonzoso que lo digan quienes llegaron al poder con la ayuda de los independentistas—, sí creo que muchos de sus votantes comparten con Podemos, desde posiciones ideológicas antagónicas, un reflujo antisistema.

La idea, por ejemplo, de que la mejor manera de frenar a los independentistas y garantizar la identidad nacional es acabar con las Autonomías refleja las ganas que tienen de darle un puñetazo al tablero. Pasar del café para todos al café para ninguno es lo más parecido a una manifestación de hartazgo en toda regla con el diseño que inspiró el Régimen del 78. Tanto como impugnar la monarquía como forma de Estado. De ahí mi temor a que la simpatía por la ruptura que se aprecia en ambos extremos acabe por malograr la apuesta por la reforma. Con eso —por favor—, bromas, las justas.

Los frutos de 40 años de socialismo en Andalucía: atraso económico, paro tercermundista y despilfarro público
José María Rotellar Libertad Digital 10 Diciembre 2018
 
Andalucía sigue a la cola de PIB per cápita y a la cabeza del paro a nivel nacional, a pesar de recibir 100.000 millones de fondos europeos.

Los andaluces votaron el pasado domingo 2 de diciembre en las elecciones al Parlamento regional, y lo hicieron con un mensaje claro: expulsar al PSOE y a la izquierda de la Junta de Andalucía, donde han permanecido desde el inicio de la autonomía andaluza, iniciada en 1982.

El resultado ha sorprendido, sí, pero muy gratamente, pues muestra que una mayoría de andaluces se ha cansado de un partido que ha gobernado la región como si de su cortijo particular se tratase, con una extensa red clientelar tejida y múltiples afiliados del PSOE empleados en puestos de altos cargos y de confianza del Gobierno andaluz. Se ha cansado de la corrupción del caso de los ERE's, y se ha cansado de que los socialistas hayan querido mantener una región en el furgón de cola de la economía española para poder tener controladas voluntades con su política de subvenciones y derroche abundante de dinero público.

Los socialistas, que han gobernado siempre en Andalucía, han hundido a dicha región, la han arruinado, han cercenado, una vez sí y otra también, sus posibilidades de progreso. Es una región que ha recibido más de 100.000 millones de euros de los fondos europeos, equivalente a dos tercios del PIB andaluz y a casi tres presupuestos y medio del Gobierno regional, y los ha malgastado y dilapidado. No han sabido aprovechar sus fantásticos recursos naturales ni el talento de las personas con las que cuenta; sólo han pensado en regar con dinero público distintas actividades improductivas, de manera que cuando se acababa el dinero, se acababa la actividad económica.

Los resultados están ahí para poder compararlos sosegadamente. Como siempre han gobernado los socialistas en dicha región de manera ininterrumpida, hasta el punto de que es la única región en la que no ha habido nunca ninguna alternancia en el Gobierno, los éxitos o fracasos de estas casi cuatro décadas de autonomía andaluza son responsabilidad completa del PSOE, de nadie más en cuanto al diseño de la política aplicada, especialmente la económica. Y, como muestran los datos, no ha habido éxitos, sino un gran fracaso económico provocado por la política económica aplicada por los socialistas.

El 'cortijo' andaluz
Dicha política económica del PSOE ha estado basada en un potente gasto público, articulado en múltiples subvenciones, un nivel de impuestos que es uno de los más elevados de España y un intervencionismo feroz en la economía, que son las recetas típicas de la socialdemocracia. Es una forma de entender la política económica, frente a una visión del liberalismo clásico y conservador de impuestos bajos, reformas profundas, menor burocracia y gasto limitado. Es, por tanto, tan legítimo emplear una política económica como emplear otra. Ahora bien, al igual que no hay una única política económica posible, no dan los mismos resultados una u otra.

¿Y qué resultados ha arrojado esta gestión socialista por espacio de casi cuarenta años? Andalucía, ¿está hoy mejor, igual o peor que en 1982? ¿Ha logrado progresar más que la media desde entonces? ¿Ha crecido menos su déficit? ¿Tiene, por tanto, una deuda más controlada? ¿Ha logrado mejorar en su tasa de paro, tanto de manera absoluta como comparada con el resto de regiones? ¿Ha mejorado posiciones en su PIB per cápita, que mide la riqueza de los ciudadanos en una economía? ¿Es mejor su crecimiento económico que el de la media o que el de otras regiones? Veámoslo.

Cuando se celebraron las primeras elecciones regionales en Andalucía, en 1982, la economía andaluza crecía un 3,2%, frente a un 3,1% de Madrid, un 2,3% del País Vasco, un -1% de Cataluña, un 0,1% de Valencia, un 1,9% de Galicia o un 1,6% del conjunto del conjunto nacional; era la cuarta región que más crecía en España.
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Tras estos casi cuarenta años de socialismo, Andalucía crece menos que entonces, un 2,7%, y lo hace menos que Madrid (3,4%), que País Vasco (3,1%), que Cataluña (3,3%) -aunque el independentismo quiere arruinarla-, que Valencia (3,2%), que Galicia (3,1%) y que el conjunto de España (3,1%). De hecho, ahora no es la cuarta que más crece, como en 1982, sino que es la quinta que menos crece.

Es más, en los años de la crisis, mientras que el crecimiento medio nacional en ese período ha sido del 0,8%, el de Madrid un 1,3%, el de Galicia un 0,7%, el de Cataluña un 0,9%, el de País Vasco un 1%, o el de Valencia un 0,7%, el de Andalucía está por debajo, en un 0,5% de media. De las cuatro grandes regiones en tamaño de PIB, que representan dos tercios del PIB español, Andalucía es la que peor ha evolucionado durante la crisis, pese a recibir tantos fondos estructurales de Europa como el tamaño del PIB valenciano, y haber sido rescatada por el Fondo de Liquidez Autonómica porque los socialistas la convirtieron en una economía insolvente, que no podía financiarse en los mercados. Del mismo modo, también ha crecido menos que la media nacional en dicho período.

Eso tiene un reflejo en la riqueza de los ciudadanos, que marca la prosperidad de una economía, medida por el PIB per cápita. ¿Ha prosperado algo Andalucía en estos casi cuarenta años? Nada. En 1982, era la penúltima región en PIB per cápita, con 14.133 euros por habitante, y ahora sigue siendo la penúltima, con 18.470 euros por persona, con la diferencia de que la última le ha recortado distancia, y si antes Extremadura -donde aunque haya sido sólo una legislatura, sí que ha habido alternancia- tenía un PIB per cápita 3.234 euros inferior al andaluz, ahora sólo es inferior en 1.208 euros.

Es más, si en 1982 Andalucía tenía un PIB per cápita que era un 75,36% del PIB per cápita nacional, ahora ha bajado hasta el 73,88%. Es más, debido a ello, ha vuelto a ser considerada región objetivo 1 por la Unión Europea, que encuadra en dicho objetivo a las regiones más atrasadas económicamente.
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De hecho, ese mal comportamiento no se ha replicado en otras regiones o en la media nacional, que han prosperado mucho más que Andalucía. Así, en estos casi cuarenta años, mientras el PIB per cápita nacional ha crecido un 33,3%, el de Madrid lo ha hecho un 49,4%, el de otras dos antiguas regiones objetivo 1, pero donde se ha aplicado una política liberal, como el de Galicia, que ha crecido 42,48%, o el de Castilla y León, con un crecimiento del 37,2%, el de Andalucía lo ha hecho por debajo de todas ellas, un 30,7%.

Y ese descenso en actividad económica y en riqueza se traduce en una peor evolución del empleo. ¿Qué ha sucedido en estos cuarenta años? Que Andalucía tenía una tasa de paro alta en 1982, un 20,57%, pero inferior a la que tiene actualmente, que es de un 22,85%. ¿Y cuál es su posición relativa respecto al resto? Pues en 1982, pese a su elevada tasa de paro, no era la región con mayor desempleo, pues, por ejemplo, Cataluña la tenía ligeramente más elevada y País Vasco muy cerca de Andalucía.

Sin embargo, actualmente y tras estos casi cuarenta años de socialismo, Andalucía tiene la mayor tasa de paro de España, con el mencionado 22,85%, mientras que Madrid, País Vasco o Cataluña la tienen cerca del 10%.

¿Y qué recetas ha aplicado Andalucía en estos casi cuarenta años de socialismo en dicha región? Una política económica basada en un gran impulso del sector público. Así, por ejemplo, pese a tener 65.000 millones de euros menos de PIB que Madrid, el presupuesto de gasto público en Andalucía es 10.500 millones de euros mayor que el madrileño (30.628 millones en Andalucía frente a 20.071 en Madrid).

Paralelamente, para intentar compensar ese mayor gasto, en Andalucía hay un sistema de impuestos que es uno de los más elevados de España, con cinco puntos más de tipo impositivo máximo de IRPF que en Madrid y un punto más en el tipo mínimo en IRPF que Madrid, el doble de tipo de AJD que en Madrid, impuesto de Patrimonio elevado (no existe en Madrid, o, mejor dicho, está bonificado al 100%), un impuesto de Transmisiones Patrimoniales (el que grava, por ejemplo, la compraventa de viviendas de segunda mano) que llega al 10%, el más alto de España, frente al 6% de Madrid, que tiene el más bajo del conjunto nacional, y, hasta hace poco, el impuesto de Sucesiones más elevado, hasta que por obligación de sus socios de Gobierno tuvieron que reducirlo (aunque sin llegar a la rebaja generalizada de Madrid para los familiares más cercanos), aunque los socialistas mantienen un gravamen alto para las Donaciones, a diferencia de Madrid.

¿En qué ha desembocado todo esto? En que Andalucía ha incumplido la práctica totalidad de años el objetivo de estabilidad presupuestaria, con importantes desviaciones: 6 décimas en 2009, 7 décimas en 2010, más de 2 puntos de PIB en 2011, 6 décimas en 2012, en 2013 no se desvió, pero porque le concedieron casi 3 décimas más que el objetivo medio -gracias a los déficit asimétricos-, en 2014 se desvió 4 décimas y en 2015 lo hizo en 5 décimas. En definitiva, en los años de crisis, se desvió más de cinco puntos de PIB, es decir, alrededor de 7.500 millones de euros adicionales.

Eso ha hecho que Andalucía tenga una deuda del 21,7% de su PIB, frente al 15,2% que tiene Madrid, cuando al inicio de la crisis Andalucía partía con un 4,8% de deuda sobre PIB frente al 5,6% de Madrid. Así, debido a ese incremento exponencial del gasto público, la deuda en Andalucía ha crecido en casi 17 puntos de PIB frente a los 9,6 puntos que ha crecido en Madrid.
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En resumen, los casi cuarenta años de gestión socialista en Andalucía han supuesto un gasto público tremendo, con cientos de miles de millones de euros dilapidados por el sumidero de subvenciones improductivas, sin saber aprovechar las ayudas europeas, un déficit abultado que ha incumplido los objetivos de estabilidad prácticamente siempre, una deuda exponencial, aceleradamente creciente en los años de crisis por la no contención del gasto, una economía insolvente, que se financia gracias al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), los mayores impuestos de España, uno de los menores crecimientos económicos del conjunto nacional, uno de los menores PIB per cápita regionales, camino de ser el menor, que ha hecho que Andalucía vuelva a ser considerada por la Unión Europea como una de las regiones menos prósperas de Europa, y la mayor tasa de paro del conjunto nacional.

Esos son todos los datos de la economía andaluza en estas casi cuatro décadas, que reflejan la evolución que ha tenido la misma bajo los gobiernos regionales que han gestionado allí, todos socialistas, que han hundido Andalucía. Eso es lo que una mayoría de andaluces ha querido eliminar con su voto en las recientes elecciones para apostar por una política económica liberal, de impuestos bajos, reformas profundas y gasto público limitado, que es la política que, como los datos demuestran, genera prosperidad, crecimiento económico y empleo.

Las claves del fenómeno Vox
Amando de Miguel Libertad Digital 10 Diciembre 2018

Una de las paradojas de las recientes elecciones andaluzas es que, de los partidos con representación parlamentaria, Vox fue el que menos votos sacó, pero fue el triunfador moral. La razón primera es que partía de cero: nunca había ocupado escaños en ningún Parlamento. En Andalucía concurrían dos docenas de partidos en esas mismas condiciones, pero ninguno consiguió escaños como Vox. El inesperado éxito de los voxeros se debió a que, inopinadamente, todos los demás partidos parlamentarios se dedicaron a hablar de Vox y a denigrarlo. De modo especial, la presidenta de la Junta puso a Vox como no quieran dueñas: que si era machista, anticonstitucional, fascista, etc. No parece una conducta racional, pues, en teoría, Vox parecía arañar votos del PP, el enemigo real del PSOE. Así que, en principio, a la presidenta de la Junta tendría que haberle interesado que el PP redujera su acopio de votos. Pero pudo más en ella el lado sectario de su ideología y quizá su impericia intelectual.

Por otra parte, los votos de Vox en Andalucía no proceden solo de los desengañados del PP, sino también de los abstemios, esto es, los que no suelen votar, que en Andalucía son legión. Se sospecha que también hay un trasvase de algunos votos de la izquierda, los de las personas temerosas de la inmigración descontrolada, un tema que solo ha tocado Vox.

Con independencia de (ahora dicen "más allá de") las fintas tácticas, el éxito de Vox procede de su papel no ya de regeneración democrática, común a varios partidos. Lo suyo es algo más, es la auténtica voxigenación de la vida política. Ningún otro partido nacional se preocupa tan sinceramente por defender a la nación española como tal, combatiendo sin tregua a terroristas y separatistas. Hay muchos españoles, en diferentes posiciones ideológicas, a quienes les suena bien esa música que significa atajar el descoyuntamiento territorial. Vox se apresta a esa misión tan arriesgada.

Si se repasan los currículos de los dirigentes de Vox, se comprueba que están los dolidos por la incapacidad del PP para enfrentarse al secesionismo de algunas regiones y para precaverse de la corrupción. Pero hay otras figuras que proceden de la izquierda y que en algún momento se plantearon esas mismas carencias en sus respectivos partidos de origen.

El sambenito de "fascista" o de "facha" para Vox procede de que en sus actos flamean banderas de España y se escucha el himno nacional. Pero, históricamente, los fascistas no fueron muy entusiastas de la bandera o del himno de su respectiva nación; más bien pretendían sustituir esos símbolos por los del partido. Lo usual en España es que los partidos se resistan a ondear la bandera nacional en los actos de propaganda y a que se pongan los acordes del himno nacional. En esto se oponen a la conducta de casi todos los partidos de los países occidentales. Vox no participa de ese complejo.

Se me permitirá una ilustración personal. Hace algunos años formaba yo parte en mi pueblo (Collado-Villalba) de una especie de círculo cultural y político del PP; el Club Peñalba se llamaba. Después de las reuniones, como despedida, hacíamos sonar el himno nacional. Pues bien, a una de esas reuniones asistió un alto mando del PP, Francisco Granados (hoy en la cárcel por corrupción). El hombre prohibió terminantemente que sonara el himno nacional. Pocos meses más tarde el señor Granados nos impuso un candidato desconocido para encabezar la candidatura al Ayuntamiento. Ganó las elecciones y en seguida se vio inmerso en un escándalo de corrupción; tuvo que dimitir.

La pequeña anécdota es lo de menos, pero puede dar alguna luz sobre el mundillo político local. El resultado es que, por fas o por nefas, el PP deja de ser lo que fue, lo que pudo ser.

La gran distinción en la actual panoplia de partidos es la oposición entre los viejos o establecidos (incluidos los separatistas) y los nuevos (Podemos, Ciudadanos y Vox). Los últimos han subido vertiginosamente en la opinión, pero con una diferencia. Podemos y Ciudadanos parecen contar con un gran apoyo financiero, mientras que los voxeros son mucho más modestos. Ojalá suceda que Vox, cuando se constituya como grupo parlamentario, sepa renunciar a la subvención oficial que le conceden las leyes. O mejor, que consiga anular esas leyes.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Catecismo del buen progresista
Andrés Amorós ABC 10 Diciembre 2018

Dime, hijo, ¿cómo te llamas? -Pedro, Juan, Francisco… (Fulano). -¿Qué deseas? -Que me mostréis lo que debo hacer para llegar a ser un buen progresista. -Es necesario que creas en las verdades infalibles del progresismo y las defiendas siempre, oigas lo que oigas, porque, en todo tiempo y lugar, nuestros enemigos nos combaten y persiguen. -¿Cuáles son esas verdades? -Te voy a mostrar algunas, que te servirán como llaves de oro para abrir las puertas del paraíso progresista. Comencemos por nuestra historia.

El descubrimiento de América supuso un genocidio, el exterminio de pacíficos indígenas, que poseían una cultura muy superior a la de sus conquistadores. Cristóbal Colón fue un aventurero sin escrúpulos y un peligroso asesino: no merece honores ni recuerdos.

Nos debe avergonzar el llamado Siglo de Oro porque se basa en una sanguinaria Inquisición y da lugar a una merecida y justa leyenda negra.

Avancemos en el tiempo. La segunda República fue un período feliz de paz, prosperidad y democracia: un paraíso completo.

Franco fue un rebelde contra el gobierno democrático y se convirtió en un dictador sanguinario.

Si no hubiera sido por la intervención de las tropas fascistas italianas y de las alemanas nazis, la sublevación militar hubiera fracasado, ante el empuje de todo el pueblo.

Después de la guerra, el franquismo fue un período de negrura total, miseria cultural y moral. La censura y la represión impidieron que pudiera existir ninguna manifestación cultural de mínimo valor.

La llamada Hispanidad fue un invento del franquismo para extender su régimen opresivo. No debemos decir nunca Hispanoamérica, sino Latinoamérica.

La transición a la democracia fue solamente una trampa, urdida por las oligarquías tradicionales para mantener sus privilegios.

La monarquía ha sido una imposición del régimen franquista, no la ha elegido el pueblo.

Hay que concluir con los restos del franquismo sociológico, que conservan todavía el poder económico.

Debemos desterrar los dogmatismos: todo vale. Las encuestas deben decidir, en cada momento, lo que defienda un partido y lo que proclame su líder.

No tiene fundamento el orgullo de Occidente. No existen unas culturas que sean superiores a las demás. El multiculturalismo es la nueva creencia universal.

España es un concepto discutido y discutible, una nación de naciones, una suma circunstancial de nacionalidades, un estado plural. Hablar de la patria es algo propio de nostálgicos fascistas y franquistas.

Los símbolos del Estado tienen escasa importancia: el himno es sólo una cutre pachanga; la bandera, una reliquia franquista; el escudo, un aguilucho anticonstitucional.

Hoy en día, en un mundo que siente un profundo amor por la paz, el ejército es una reliquia inútil; la policía, la antipática herencia de un régimen autoritario.

Los jueces deben mancharse las togas en el fango del camino para construir la justicia universal.

El ecologismo es la nueva religión del mundo entero: todos debemos ser fervorosos creyentes.

El ser humano no es superior en nada a los animales. El jamón es, en realidad, «cerdo muerto»; la Tauromaquia, un resto del más cruel fanatismo.

ETA fue una consecuencia lógica del franquismo, por eso la apoyaron muchos demócratas. Hoy, ya no existe. En el conflicto vasco, hubo excesos por los dos bandos. Debemos superar viejas confrontaciones.

No se debe judicializar la cuestión catalana, que se ha agravado por la intolerancia de la derecha. Hacen falta diálogo, comprensión y soluciones políticas. Es imprescindible encontrar una fórmula de encaje, para que los catalanes se sientan a gusto. Madrid nunca los ha entendido.

El terrorismo internacional es una consecuencia del capitalismo. Tenemos que hacer examen de conciencia, empatizar con los terroristas, mirarlos a la cara con simpatía, como a seres humanos oprimidos.

El predominio de la lengua castellana se debe sólo a que el franquismo la impuso: debe estar al mismo nivel de todas las demás lenguas del Estado.

La situación de la educación española es una herencia del franquismo. Son fascistas los que hablan de esfuerzo y exigencia. La educación ha de ser democrática, igualar a todos los alumnos. No queremos causarles un problema psicológico ni herir su autoestima. Los suspensos no deben ser una barrera. Es preciso que se destierre la memoria. Para enseñar, no hace falta saber; lo imprescindible es la pedagogía.

La paridad femenina, en todos los órdenes, debe ser obligatoria. Es necesario llevar a la práctica una discriminación positiva, para que haya el mismo número de hombres y mujeres en todos los cargos y puestos de trabajo.

El lenguaje machista perpetúa la opresión de la mujer. Es un deber moral usar el femenino de cada palabra, junto al masculino, en todas las colectividades. Hay que promover el empoderamiento de las mujeres.

La exhumación de los restos del dictador Franco significa una urgencia democrática, por la que está clamando el pueblo entero.

Todas las confesiones religiosas merecen la misma consideración, sin privilegios. Los niños deben estudiarlas todas. Son iguales las mezquitas y las sinagogas que las catedrales.

Todos los pueblos del Estado tienen derecho a la libre autodeterminación.

Estamos viviendo un momento histórico extraordinario: un cambio hacia la normalidad democrática que era absolutamente imprescindible.

No hay sociedad posible sin progresismo.

Si aceptas y defiendes con fe absoluta todos estos preceptos, hijo mío, serás feliz, como buen progresista.
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Andrés Amorós es catedrático de Literatura Española

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El golpe con permiso
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 10 Diciembre 2018

Es difícil acumular más estupideces, cobardías y disparates que este golpismo catalán de niños mimados por los españoles a los que golpean. Conviene recordar que hace ya siete años que Cataluña está en quiebra y que, sin la enconada prevaricación de los Gobiernos de Rajoy y Sánchez, ni un solo empleado público con cargo a la Generalidad cobraría la paga extra esta navidad. Ni la extra ni la corriente porque, insisto, no tienen un euro. La última vez que trataron de jugar a autofinanciarse, emitieron sus bonos patrióticos, tan patrióticos que acabó comprándolos el Estado Español, por esa obsesión corrupta y prevaricadora de Rajoy, vía Montoro, y porque Alí Pujol y sus cuarenta mil ladrones no quisieron mermar sus gruesas cuentas en Andorra y repatriar o repatriotear algún millón. "¡Espanya ens roba!", decían. Pero los que robaban eran ellos, con Montoro de vampiro fiscal.

Este fin de semana han vuelto al golpe y al golpe dentro del golpe, cortando las carreteras y coartando la intención de los mozos de escuadra de impedirlo, que para eso ellos también cobran del Ministerio del Interior. Y aunque Ciudadanos, PP y Vox (el Banana Salon Republic of Tinaja sigue quemando contenedores en Andalucía, ya que no puede quemar urnas) han pedido al presidente del Gobierno que aplique de inmediato el 155 tras el anuncio de los golpistas -dentro y fuera de la Generalidad, en España o el extranjero, a dieta de canapés o de líquidos- de que piensan sumir a Cataluña en la violencia, Esquizosánchez se niega. Sigue pensando en seguir en la Moncloa con el apoyo de los republicanos cataloeslovenos.

Dado que Sánchez no ve delito en que Torra impida a los mozos de escuadra asegurar un mínimo de orden público en Cataluña, y se pliegue a los matones y matonas de la CUP para represaliar a los que han tratado, al menos un rato, de cumplir con su deber, creo que en cuanto Rivera deje de marear la perdiz y concreten el tripartito o bipartito asistido andaluz, Casado y él deberían echar a suertes quién presenta una moción de censura contra el esquizo de la Moncloa. Con la melopea eslovena que llevan a cuestas, Rufián puede votar a favor y Tardá tartajeará un discurso contra las autonomías. Dicen que ya se han proclamado república, como Eslovenia, pero siguen sin sacar de la cárcel a sus presos. Ayudémosles.

De cómo el nacionalismo ha tejido su red para la destrucción de España (III)
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 10 Diciembre 2018

El problema del nacionalismo no es el propio nacionalismo, que es un mal en sí mismo; es el conglomerado de colaboradores sociales y culturales aparentemente aséptico que lo acompaña en su transcurso de destrucción. Es esa burguesía política, económica y jerarquía eclesiástica que hace la ola a ese poso reaccionario y carpetovetónico. Es ese conjunto formado por cobardías, vileza cómplice y aprovechamiento económico que se suma al chantaje más dañino para la salud democrática de nuestras sociedades.

Ejemplos hay muchos: grandes superficies comerciales que se suman a la gran mentira con tal de conseguir el favor de los caciques, una Iglesia cómplice que a sabiendas de las contradicciones que conllevan las ideas nacionalistas con el Evangelio convierte el templo en un mercado persa igual al que el de Nazaret expulsó por corromper su finalidad. O unos colegios de inspiración cristiana ávidos de financiación pública a cambio de someterse a los imperativos del adoctrinamiento y al trágala de la euskaldunización forzosa. Unas librerías que desalojan sus estanterías de libros disidentes con los tótem y tabúes que generan la superestructura cognitiva nacionalista, etc. Son los mismos que en su día aclamaban hasta colapsar las cuerdas vocales al Caudillo y que hoy lo denostan, muchas décadas después de haber fallecido; o unos medios de comunicación serviles que están a la espera de las migajas que caen de la mesa del señor en lugar de cumplir su finalidad, de manera independiente al poder político que distribuye las prebendas.

En esta serie que no es para combatir el insomnio sino para generar desasosiegos despertando conciencias, con este tercer episodio, abordamos la génesis y recorrido del proceso de ocupación del espacio político, social y cultural vascongado para crear las condiciones de un nuevo fascismo camuflado, sin que la población sea consciente de que sus derechos civiles han sido sodomizados, liquidados en la práctica por una plutocracia de nuevo cuño.

Revisando papeles me encuentro con una noticia del 8 de diciembre de 2016, es decir exactamente hace dos años, que reza: “El suspenso PISA [del alumnado del País Vasco] obliga a abrir una reflexión sobre la educación de Euskadi”.

La evaluación diagnóstica sigue ahí sin efecto alguno de corrección de esa realidad constatable y constatada. El propio Departamento de Educación ha reconocido el fracaso. ¿Han visto ustedes algún cambio, algún análisis, alguna reflexión que lleve a algún atisbo de mejora? Evidentemente no. Todo sigue igual. Si me apuran peor, pues el apremio y la presión en el campo de la imposición lingüística llega con su enésima edición convertido en Euskaraldia, que es la impronta del señalamiento para identificar al disidente, al resistente, al sedicente con los planes coactivos del nacionalismo. La sociedad en su conjunto se manifiesta resignada, silente, adormecida; y elementos pasivos de ella solo se expresan cuando están en un círculo que le inspire confianza, confidencialidad. Entonces manifiesta su hartazgo inane, que no se traduce en nada, pues son simples lágrimas de cocodrilo. Esa masa crítica de cabreados en su fuero interno puede explotar, pero lo hará cuando no arriesgue nada. Y eso no produce cambios.

Por eso los nacionalismos secesionistas avanzan, como el ejército cartaginense sobre Roma. A paso de elefante, como maquinaria pesada, pero sin ceder espacios, pisando inclementemente todo lo que se le oponga a su marcha incontenible, aprovechando una Constitución que le ha dejado lagunas jurídicas inmensas, incomprensiblemente ingenuas, para la impunidad.

El PNV y sus brotes híbridos que han germinado una vez preparado y abonado el terreno, han ido parasitando todo y desalojando, como especie alóctona, el espacio que no era así, que era más integrador, más heterogéneo, diverso; creando una situación asfixiante.

Desde la década de 1910, como reacción a la formación del escalafón docente para construir un sistema educativo nacional, pilar del Estado liberal, Estado nacional español, los nacionalistas vascos seguidores de Arana montaron su diseño de formación del espíritu nacionalista, conquistando la escuela y creando un tinglado cultural, simbólico y folclórico para la conformación de las masas. Renunciaban de esa manera a una independencia en tiempo real, demorándola al momento en el que se montara una hegemonía cultural que diera cuerpo y soporte a procesos aceptados y aplaudidos desde esa supreestructura mental de la colectividad nacionalista, con un conocimiento profundo de la psicología de las masas.

“Desde luego que la ocasión no ha pasado todavía, que la necesidad no ha dejado aún de sentirse; mejor dicho: que la necesidad comienza ahora a sentirse y aun a hacerse apremiante. Porque… creo que las cosas están ocurriendo como si el País eusko, en lugar de ser ‘una nacionalidad que se va’… fuese, contrariamente, un pueblo que comienza ahora, que se siente a sí mismo ahora y que, por consecuencia, echa ahora de menos varias cosas cuya necesidad antes no lo percibía: del número de esas cosas son las escuelas, y no solo las primarias, sino los centros de segunda enseñanza y la Universidad” (Luis Eleizalde).

La escuela y la prensa serán sus dos principales baluartes, sin olvidar otros, como los batzokis, la organización de mujeres patriotas “Emakume Abertzale Batza” (E.A.B), etc; es decir, la labor de nacionalización es la labor de la educación”, decía Eleizalde.

La lengua es fundamental, primordial, para ese objetivo:
“Si hemos de reconstruir la conciencia vasca hay que restaurar la característica de nuestra personalidad: la lengua”, decía Landeta, uno de los constructores de la estrategia nacionalista. Junto a la escuela como templo de la lengua, con una reconstrucción de la sociedad euskaldun para lograr su aculturación total y cambiar su cosmovisión histórica y antropológica heredada.

“Que la cuestión de la enseñanza sea completamente primordial en todo país que quiere seguir viviendo, es cosa que está al alcance de cualquiera: no hay para qué insistir en ella. Pero sube de punto la importancia de la cuestión de las nacionalidades que carecen de Estado propio, y que forman parte de un Estado extranacional: si estas nacionalidades no se defienden enérgicamente en el terreno de la instrucción popular indígena, de la cultura propia, organizando la enseñanza nacional de tal modo que colme todas las necesidades mentales del pueblo, si estas nacionalidades no perciben la necesidad de tal labor o percibiéndola no la cubren, están abocadas a desaparecer en brevísimo plazo”.

A tal efecto se fueron creando una red de centros provenientes de creación municipal y de las diputaciones hasta constituir toda un conglomerado de escuelas con orientación claramente vasquista y con ideario nacionalista, y, por otra parte otra red de centros privados que serían las ikastolas, muchas de ellas creadas a partir de los años ochenta del siglo pasado con presupuestos de las diputaciones, como en el caso de Alava, provincia resistente a las ideas nacionalistas con el propósito de ir introduciéndose en la sociedad de forma eficaz y con vocación de permanencia. Y, por otra parte, propiciar la asunción por los centros de la Iglesia de la idea nacionalista y de la introducción del euskera como vía de instrucción pública, así como de los contenidos culturales que dieran forma al ideario separatista.

“Este nudo de la instrucción primaria en el País Vasco, es necesario soltarlo o cortarlo como el de Gordio. No creo que consigamos soltarlo, es decir, obtener del Estado que, dejando a un lado sus ilusorias abstracciones y ateniéndose alguna vez a las realidades vivas, cambiase su sistema de educación e implantase la enseñanza primaria euskérica en el País euskeldun. Esto sería lógico, esto sería racional y justo; pero, por lo mismo, parece poco probable. De consiguiente, lo único factible en la situación actual será cortar el nudo, es decir, organizar nosotros mismos por medio de la asociación, de una especie de Matitse Skoloska como la de los txeques, las escuelas euskéricas que sean necesarias. Es el único camino que veo, hoy por hoy, camino penoso, difícil, lleno de sacrificio; pero con todo ello, ello único camino practicable.”

Ese modelo será configurado, en los años 20, en los congresos de la Sociedad de Estudios vascos y en los proyectos de Landeta de Escuela Primaria elemental, presentado en el tercer Congreso de Estudios Vascos en Guernica, donde se establecieron las pautas fundamentales de lo que sería la escuela vasca, que luego daría forma a los programas políticos del PNV en los años ochenta, en los siguientes términos: “Los centros escolares de todas las redes deberán ir adecuando su personalidad [sic] a la progresiva demanda de educación en modelos B y D a la necesidad de un modelo A que ofrezca también la utilización del euskera como vehículo de comunicación y al reto de que todos los modelos sean realment6e modelo bilingüe. En este sentido a todas las plazas docentes, sean públicas o privadas se les deberá adjudicar un perfil lingüístico aunque sus plazas de preceptividad deberán adecuarse a las demandas sociales, la cualificación progresiva de los modelos y las posibilidad de euskaldunizar de las redes educativas.”

A estas alturas sabemos que ese era el paso previo para la extensión de la inmersión lingüística total a todo el sistema educativo, transgrediendo lo que dice la Ley de Normalización del uso del euskera en su artículo 16 “2. No obstante, el Gobierno regulará los modelos lingüísticos a impartir en cada centro teniendo en cuenta la voluntad de los padres o tutores y la situación sociolingüística de la zona.”

Otra pieza significativa es una ponencia paradigmática de E.A, donde se fija claramente la función de la lengua: “El euskera es también el principal signo distintivo de nuestro pueblo, la manifestación más característica de la identidad, a la que Euskalherria debe su mismo nombre y, en gran medida, su extensión del euskera en nuestra sociedad es una exigencia inexcusable para todo abertzale y el fundamento de la pervivencia y el futuro de nuestro pueblo {…] El euskera es la lengua nacional de Euskadi. El proyecto de reconstrucción de Euskadi está indisolublemente ligado al euskera, y no podemos aceptar ni para nosotros ni para nuestros descendientes, una Euskadi sin euskera.”

Y la función de la escuela: “[…] como consecuencia de lo que antecede, la escuela tiene la finalidad [sic] de euskaldunizar a los niños que desconozcan el euskera, tarea gigantesca que hay que acometer con objetivos claros y con paso firme y seguro”

¿Será necesario explicarlo con más claridad?

La tumba del fascismo y la cuneta del marxismo
Mateo Requeséns gaceta.es 10 Diciembre 2018

Aquellos que parecen estar ansiosos por tener otra oportunidad para cometer los mismos errores que en los años 30, harían bien en recordar a donde les llevó su intolerancia.

Escuchar a estas alturas los arcaicos eslóganes estalinistas de la guerra civil en boca de los jóvenes que, azuzados por la verborrea intolerante de Pablo Iglesias y afines, han salido a la calle para montarla con ocasión del ascenso electoral de VOX, para lo único que sirve es para demostrar que la izquierda marxista sigue sin creer en el pluralismo ni en la democracia, y de paso, además, que es tan fanática y estúpida como para no aprender nada de los errores pasados.

No es de esperar que esa caterva de “borrokos” vociferantes, incapaces de otra argumentación intelectual que no sea la quema de contendores y el ladrillazo al escaparate, sea capaz de reflexionar y aprender lección alguna de la Historia. De hacerlo, comprenderían que fue precisamente la reacción contra su intolerancia y su violencia antidemocrática lo que llevó a la “cuneta” al marxismo en España.

Aunque ya se ha contado en innumerables ocasiones, el origen inmediato de nuestra guerra civil hay que buscarlo en la revuelta de octubre de 1934, ya que el alzamiento de 1936 sólo fue una reacción ante el proceso revolucionario iniciado entonces.

Hagamos memoria, de la auténtica, no de la sectaria. En noviembre de 1933 se celebraron elecciones con total limpieza convocadas por el Gobierno dirigido por Diego Martínez Barrio. Su resultado otorgó 115 escaños a la CEDA de Gil Robles, 102 al Partido Radical de Lerroux y 58 al PSOE. El total de diputados era 473, existiendo una amplia variedad de fuerzas de derecha, izquierda y nacionalistas, pero las elecciones habían dejado en franca minoría a las formaciones de izquierda. Por cierto, el PCE sólo obtuvo un escaño.

La reacción de la izquierda ante el revés electoral no pudo ser más antidemocrática. Azaña se apresuró a entrevistarse con Martínez Barrio para exigir nada menos que disolver la nueva Cámara y convocar nuevas elecciones, sin más razón que las habían perdido. Por su parte una vez conocidos los resultados electorales Largo Caballero instaba a la las ejecutivas del PSOE y UGT a concretar “un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista”. Companys, el recién estrenado líder de ERC, decía, “¡En pie de guerra! Ha ganado toda la tropa negra y lívida de la Inquisición y el fanatismo religioso, para apuñalar la democracia”. Largo Caballero en un mitin celebrado en Gijón el 2 de Enero de 1934 insistía en las tesis antidemocráticas: “Ya en el último Congreso socialista en Francia, uno de los moderados dijo que frente al fascismo no le queda a la masa trabajadora otro camino que la violencia, y que si se sufre una derrota no sería tan grave como la que infringiría el fascio desde el Poder”. El principal órgano del PSOE, el diario El Socialista, publicaba el 25 de septiembre de 1934, “renuncie todo el mundo a la revolución pacífica, que es una utopía. En período revolucionario no hay país que no esté en guerra. Bendita la guerra contra los causantes de la ruina de España. Si los republicanos que se preparan a tomar el poder, esto es la clase media y la pequeña burguesía, no se encuentran en condiciones de abatir al coloso feudal, quédense en casa”. Pocas fechas más tarde, El Pueblo, Diario Republicano de Valencia, afirmaba, “frente a un periodo de opresión y vergüenza no queda otro camino que el estallido revolucionario”.

El 1 de octubre de 1934, la CEDA retiró su apoyo parlamentario al gobierno que presidía Ricardo Samper, del Partido Radical, lo que provocó su dimisión y su sustitución por un nuevo gabinete encabezado por Alejandro Lerroux, en el que entraban, por primera vez, tres ministros de la CEDA. La izquierda decide entonces lanzarse a la insurrección violenta contra el orden democrático y la misma República, tal y como El Socialista del 4 de octubre explica en su ultimátum, al considerar intolerable el acceso de la CEDA al poder. El ambiente envenenado de la política española ya no tendría solución y la senda emprendida con la revolución de octubre de 1934 nos llevarían a la guerra civil.

Salvador de Madariaga, desde el exilio, lo supo resumir perfectamente al afirmar que con “la rebelión de 1934, la izquierda española perdió cualquier sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”. Pero es que desde una visión más interesada Marcelino Domingo, ministro de Instrucción Pública durante el primer bienio republicano y fundador del Partido Republicano Radical Socialista, advirtió en aquellas tempranas fechas algo que hoy según parece siguen sin ser capaces de entender los neo-marxistas españoles, “la revolución violenta contribuía a reforzar la contrarrevolución, sino esto otro: que si se daba la lección de la legitimidad de la violencia por quienes más fervorosamente considerábamos legítimo el régimen republicano, habríamos abierto, en el siglo XX, con un precedente que dependía de nosotros, el período de las luchas que ensangrentaron y esterilizaron el siglo XIX y que terminaron, en definitiva, consolidando los principios y los procedimientos opuestos a los nuestros”.

Para el lector no puede pasar desapercibido que el discurso de las izquierdas de entonces ante la victoria de la CEDA nos recuerda mucho al de ahora ante el ascenso en las unas de VOX. Prácticamente se reproducen los mismos ataques que bajo el cuento de la amenaza fascista y del peligro para la democracia, les servían otrora de coartada para no acatar los resultados del proceso electoral.

Aquellos que parecen estar ansiosos por tener otra oportunidad para cometer los mismos errores que en los años 30, harían bien en recordar a donde les llevó su intolerancia. Hoy, en pleno siglo XXI, en vez de predicar sobre tumbas del fascismo, dedicarse a hacer escraches para reventar los actos de los demás o confundir las amenazas con la libertad de expresión, lo que deberían aprender, asimilar y respetar el Sr. Pablo Iglesias y sus correligionarios es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, especialmente lo que dice su art. 9-1: nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones.

Torra no puede seguir un día más al frente de la Generalidad
EDITORIAL Libertad Digital 10 Diciembre 2018

Pedro Sánchez debe intervenir sin más dilación la Administración regional catalana, que está en manos de los peores enemigos de Cataluña.

Los liberticidas Comités de Defensa de la República (CDR), la carrer borroka del separatismo catalán, han cortado varias autopistas este largo fin de semana, ante la escandalosa inacción de los Mozos de Escuadra, un cuerpo cada vez más desprestigiado por sus propios mandos, que lo han convertido en una suerte de ominosa policía política al servicio de los golpistas que están devastando Cataluña.

Este nuevo aquelarre protagonizado por los inicuos CDR, tan semejantes a los grupos etarras que se han encargado de perpetrar el terrorismo callejero en el País Vasco durante decenios, se vieron nuevamente respaldados e incitados por el intolerablemente aún presidente de la Generalidad de Cataluña, Quim Torra, que el viernes anunció una purga entre los policías autonómicos que se dispusieron a cumplir con su deber el Día de la Constitución y procedieron a reprimir a los indeseables que andaban perturbando el orden.

Lo ocurrido este fin de semana en Cataluña es de una gravedad extraordinaria. El viernes, en otro acto demencial para presentar por enésima vez el denominado Consell de la República, los capos golpistas llamaron directamente a un levantamiento popular para imponer la independencia en una Cataluña que jamás les ha autorizado a actuar como lo están haciendo. Quim Torra y Carles Puigdemont hicieron referencia expresa a la independencia de Eslovenia, que se saldó con decenas de muertos. En efecto, este par de sujetos criminógenos volvieron a pedir a los demás que se sacrifiquen por ellos. Indecente es poco.

La Generalidad de Cataluña no puede estar en manos de un individuo que no sólo está incurso en un golpe contra el Estado, sino que anda amenazando a los españoles con un conflicto armado para instaurar un régimen tan repugnante como él, basado en el supremacismo más infecto.

La escalada separatista es tal, que hasta en el PSOE –que sólo gracias a los golpistas consiguieron poner a Pedro Sánchez en la Moncloa– se han visto obligados a reprochar sus palabras al Le Pen catalán (Dr. Sánchez dixit), tachándolo de "iluminado" y de hacer "llamamientos a la insurrección".

Pero esto no puede quedar así. El presidente de la Generalidad, máximo representante del Estado en Cataluña, ha amenazado con un choque armado para imponer la ilegal e inmoral independencia. Es el propio Estado el que ha de responder a estas amenazas directas con toda contundencia y velar efectivamente por la vigencia del orden constitucional en Cataluña.

Pedro Sánchez debe intervenir sin más dilación la Administración regional catalana, que está en manos de los peores enemigos de Cataluña. La inacción lo convertiría en un cómplice necesario de los golpistas y, por consecuencia, en un traidor a la Nación.

De las sonrisas a la vía violenta

EDITORIAL El Mundo 10 Diciembre 2018

La frustración por la incapacidad para alcanzar sus objetivos y la firmeza del Estado de derecho han sumido al independentismo en un profundo desconcierto que amenaza con poner en riesgo la seguridad. Aunque los líderes separatistas llevan años blandiendo el falaz señuelo de la "revolución de las sonrisas", lo cierto es que siempre han tratado de imponer su voluntad mediante la presión en las calles y haciendo un uso partidista de las instituciones de un autogobierno que emana, precisamente, de la Constitución que ahora repudia el ultranacionalismo catalán. Sin embargo, el hecho de que el presidente de la Generalitat aliente la violencia de los CDR y abrace la vía eslovena, que es tanto como justificar la violencia con fines políticos, supone la constatación de la extrema gravedad del desafío secesionista. En consecuencia, resulta temerario, no sólo en irresponsable, el oxígeno que Pedro Sánchez se empeña en dar al independentismo por pura ambición de poder.

Que Torra defienda Eslovenia como modelo a seguir para Cataluña resulta alarmante, pero no sorprendente. Otros dirigentes del procés, desde Marta Rovira a Raül Romeva, blandieron en su día la necesidad de calcar los pasos seguidos en Kosovo. Ya no les basta con apelar a los casos de Escocia o Québec, de factura democrática, sino que no muestran reparos en disimular su admiración por procesos, como el de la secesión de Eslovenia de la extinta Yugoslavia, forjados tras una guerra que provocó más de 60 muertos y centenares de heridos, en un contexto bélico y de diferencias étnicas y religiosas que hizo estallar un baño de sangre en los Balcanes. Hay que creerse un iluminado o estar muy despegado de la realidad para reivindicar este funesto ejemplo.

Torra hizo coincidir su viaje a Ljubljana con la orden a su conseller de Interior para que destituya a la cúpula de la policía autonómica tras las cargas de los últimos días contra los CDR, lo que indica que el fanatismo secesionista está dispuesto a convertir los Mossos en una policía política. A ello se suma el corte de carreteras por parte de los cachorros separatistas -ante la pasividad de los Mossos-, la presión a los tribunales a través de la huelga de hambre de varios políticos presos y la amenaza del ex consejero Comín, tras presentar el Consell por la República en Bruselas, pronosticando «un final dramático» para el proceso soberanista.

La división entre ERC y el grupo de Puigdemont es tan acusada y la deriva del Gobierno catalán es tan peligrosa que incluso Artur Mas y Ada Colau han pedido a Torra que recule en sus posiciones. Lo verdaderamente inquietante, en todo caso, es la inacción y sumisión del Gobierno. Sánchez debe aplicar de inmediato el artículo 155. De lo contrario, mañana será tarde. Y las consecuencias pueden ser irreparables si no se frena a quienes anteponen sus objetivos políticos a la libertad y la convivencia.

Cataluña en pie de guerra. Sólo el constitucionalismo salvará España
"Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos." Francisco Largo Caballero. (II República)
Miguel Massanet diariosigloxxi 10 Diciembre 2018

Es obvio, señores, que hemos entrado en el envenenado laberinto del enfrentamiento entre tres tipos de políticas. Los separatistas catalanes y vascos, seguramente con la mirada puesta en ellos y en los resultados que pudieran obtener en sus enfrentamientos a las instituciones del Estado español, de otras comunidades en las que una parte, quizá no demasiado significativa, de sus ciudadanos continúan sosteniendo ideas independentistas, aunque prefieren no situarse en el primer plano, conscientes de que una gran mayoría del pueblo español sigue siendo contraria a cualquier intento de desmembrar la patria española; los comunistas, en esta ocasión reactivados de su letargo al que los sometieron sus pobres resultados en las urnas desde que España inició la transición, pero reactivados en sus aspiraciones rupturistas con el régimen actual de monarquía constitucional, que nos otorgamos mediante la Constitución de 1978, por la aparición de esta V columna, que nos vino desde Venezuela en forma de unos guerrilleros de la palabra, del engaño y del proselitismo, al estilo del comunismo soviético de Lenín y Stalin y de la, siempre eficaz, técnica de decirles a los desfavorecidos de la fortuna aquellas cosas que les gusta escuchar, normalmente imposibles de cumplir pero que, de momento, les sirven para conseguir adictos, excitar antiguas cuentas pendientes y conseguir más votantes que es, en verdad, de lo que se trata y, finalmente de un tercero en discordia que ha irrumpido en el panorama político español con una fuerza inusitada, en esta coso de derechas: el partido VOX, con 12 escaños en Andalucía, presidido por el señor Santiago Abascal.

Nos encontramos ante un grupo de sicópatas del terrorismo político, de verdaderos depredadores del orden constitucional y de fanáticos imbuidos de historias fantásticas sobre pasadas grandezas que nunca existieron y que sólo son fruto de leyendas convertidas en materia de demagogia, para intentar convencer a aquellos que todavía creen en cuentos inventados de pasadas glorias y reinos imaginarios o de aquellos simples a los que se los persuade fácilmente y, todavía más, si ya estaban dispuestos a tragarse el sapo que se les ofrece cubierto del caramelo de una hipotética vida mejor, lejos de la tutela de España, en lo que algunos incautos siguen creyendo. Lo malo de todo esto es que, si se ven acorralados por el fracaso de sus propios inventos, si se dan cuenta de que sus posibilidades de conseguir lo que prometieron son nulas o casi nulas y que, todo el tinglado que han estado montando alrededor de una ilusoria independencia, con el paso del tiempo, a medida que van cayendo, uno a uno, sus intentos subversivos, las posibilidades de alcanzar el objetivo que se han propuesto se van desvaneciéndose y un baño curativo de realidad va poniendo, cada vez más, las cosas en el lugar del que nunca debieron moverse; por lo que, ante semejante situación, es muy posible que intenten elevar a un grado mayor de intimidación su proyecto para buscar obtener, con métodos más expeditivos, lo que por medios corrientes no consiguieron.

El señor P.Sánchez, otro de los políticos obsesionados con el poder, un peligroso sujeto que emplea toda su astucia para intentar mantenerse en un poder, conseguido por medio de las maquinaciones con una serie de partidos que vienen intentando llevar adelante sus planes independentistas sin que, hasta ahora, hubieran conseguido nada más que cesiones (que algunos consideramos excesivas e impropias para un Estado de derecho) sobre determinadas temáticas cedidas por la Administración del Estado que, evidentemente, no llenan sus aspiraciones a un control absoluto del territorio en el que ejercen su jurisdicción de una forma, que se podría entender como federalista, reconocida como autonómica por nuestra Constitución de 1978. La visión equivocada del secretario general del PSOE, le hace pensar que si se mantienen al frente del Ejecutivo hasta el 2020 tendrían oportunidad de conseguir, en las elecciones generales, asegurarse la gobernación de la nación por otros cuatro años. Pero quedan muchos meses hasta entonces y, los separatistas catalanes, encabezados por el señor Torra y su jefe en el exilio señor Puigdemont, no tienen tanto tiempo para perder sin darles carnaza a todos aquellos a los que consiguieron convencer de que la independencia de Cataluña era cosa de pocos meses.

Saben que está llegando el momento en el que, los políticos detenidos por su supuesta participación en los hechos del 1 de octubre del 2017, van a tener que enfrentarse, en el TS, a sus presuntas responsabilidades por haber infringido artículos del CP, que hacen referencia a delitos muy graves, incluso que se desestimase el de sublevación, quedarían la sedición, la malversación de caudales públicos, la prevaricación y todos aquellos que, de una forma una forma u otra, están relacionados con las responsabilidades de unos cargos públicos cuando forman parte de delitos contra la unidad de la nación.

Estos días pasados hemos podido ver como el señor Torra, en lugar de pedir calma, contención, paz y orden y en un ramalazo del más puro y duro espíritu de rebeldía en contra de España, en lugar de defender la actuación ( por otra parte impecable de los mossos de escuadra en su labor de reprimir cualquier alteración del orden público) se ha vuelto en contra de ellos, ha criticado la actuación de los oficiales que dieron las órdenes de cargar contra una multitud de fanáticos, que amenazaban con destrozar todo lo que encontraban a su paso, utilizando toda clase de objetos para lanzarlos sobre las filas de la policía autonómica, que mucho hicieron aguantando aquellos embates así como pudieron. ¿Dónde están aquellas manifestaciones pacíficas?, ¿dónde han ido a parar aquellas reclamaciones pacíficas de las que tanto hacían gala? Incluso el señor Más, el antiguo presidente de CDC, ha tenido que advertir a Torres del peligro de seguir por la línea levantisca que se ha trazado el presidente de la Generalitat catalana.

Los imitadores catalanes de la Kale Borroca del País Vasco, los de los CDR, no paran de amenazar, acosar a las autoridades centrales y cortar las calles causando grandes pérdidas a comerciantes, transportes, particulares etc. mientras se constituyen, motu proprio, en los encargados de amedrentar a la ciudadanía, que ya no sabe si va a poder circular con tranquilidad por las calles de Barcelona, para hacer las compras navideñas, sin encontrarse en una situación peligrosa, comprometida o que pudiera afectar, incluso, a su propia integridad física. Y todo ello, no solamente refrendado y tolerado por el propio Torra que los incita a ello, sino que, incluso les ha impedido a la policía autonómica que sigan actuando en contra los manifestantes ni que les impidan que puedan llevar a cabo sus barbaridades, destrozos y atentados contra el orden público, sino que, incluso, está planeando destituir a los mandos de los mossos que dieron la orden de reprimir a los CDR y demás terroristas callejeros, que fueron los que provocaron la intervención de la policía, para restablecer el orden.

Cuando se aplicó por primera vez, con el apoyo de todos los partidos defensores de la Constitución y de la indivisibilidad de España, el Artº 155 de nuestra Constitución de 1978, en Cataluña, fue cuando se había celebrado el referendo ilegal con motivo de las consecuencias que del mismo, sin legalidad alguna, sacaron aquellos catalanes que, por su cuenta y sin tener en cuenta las advertencias de los tribunales, quisieron darle una validez que nunca había tenido una consulta ilegal que, con anterioridad a la celebración de la votación, había sido declarada nula por la Justicia española. Entendemos, señores, que en la actualidad la situación que se le ha planteado a la España constitucional es mucho más grave que entonces, ya que la coacción, la fuerza, las alteraciones del orden y las acciones de obstaculización de la vida normal en Barcelona y su provincia, ya vienen alcanzado magnitudes que pudieran considerarse como atentados contra los derechos de los ciudadanos a trasladarse, pasearse, a circular por las carreteras y a gozar de sus derechos individuales sin que, ninguna clase de delincuentes amparados por siglas que no tienen valor alguno y, evidentemente, requieren que sea el Estado, con los medios jurídicos y materiales de que dispone, para que sea el encargado de impedir que las calles y los lugares públicos de la capital de Cataluña y de otras ciudades importante de la región, se conviertan en lugares intransitables en poder de aquellos que se toman la justicia por su mano atribuyéndose unos derechos de los que carecen en absoluto.

Es posible que el señor P.Sánchez pretenda, como ha venido haciendo hasta ahora, darle largas a un asunto que sabe que lo perjudica y, en especial, que le afectaría más en sus intentos ( a nuestro entender ya están fuera de lo que sería admisible en un político, para conseguir apoyos públicos de otro partido) de justificar el apoyo de los partidos independentistas catalanes, y que es muy posible que, de seguir en esta tesitura y, por lo que fuera, de las actuaciones de esta serie de salvajes que actúan impunemente a su libre albedrío por Cataluña, se llegara a producir algún daño irreparable en personas, lugares públicos o en edificaciones, la responsabilidad de no haber aplicado el 155, cuanto estaba a tiempo para ello, sin duda alguna iba a caer entera sobre la persona del actual presidente del Gobierno español.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta entender que, por todos los partidos de izquierdas se haya desatado una campaña tan feroz, tan injustificada, tan parcial y tan llena de rencores, contra el recientemente aparecido, en la arena política, partido de VOX; por el mero hecho de que se trata de una formación política que defiende, nada más y nada menos, una España que, en cierta manera, sufrió en 1978, un gran cambio en el que quedaba incluido la formación de una cesión de poderes del Estado a un grupo de autonomías, 17 que, en teoría, saldrían beneficiadas por una descentralización de las competencias del Estado que les permitirían gestionas ( al menos era lo que se pretendía) muchos asuntos que, hasta entonces, sólo se podían tramitar desde la capital del Estado. Los Estatutos de autonomía que se fueron firmando a partir de entonces, o la mayoría de ellos, dieron lugar a que las cesiones que consiguieron los gobiernos autonómicos fueran mayores de las que, en un principio, los redactores de la Carta Magna se habían imaginado. Cuando llegó el momento de Cataluña el mismo Rodríguez Zapatero, uno de los gobernantes más nefastos que ha tenido España, dijo que él estaría dispuesto a aprobar lo que, los políticos catalanes quisieran poner en su Estatuto. Y los catalanes lo pusieron. Sin que pusieran ningún freno a sus aspiraciones de cimentar, en él, su futura independencia. De ahí viene todo lo que, desde entonces, se ha ido produciendo en las relaciones de Cataluña con Madrid y en la situación en la que, la incuria de los sucesivos gobiernos centrales, ha situado a España al no poner freno, en su momento, a las extralimitaciones de los políticos catalanes. Sin duda es evidente que, si el Gobierno y los partidos políticos que apoyan la Constitución no toman medidas inmediatamente, vamos a tener que enfrentarnos a una situación extremadamente peligrosa. Dies Irae.

La banda de Sánchez y el fin del PSOE
Pedro de Tena Libertad Digital 10 Diciembre 2018

No se me ocurre otra palabra mejor que banda para definir a ese grupo de individuos e individuas que rige los destinos de lo que debería haber sido un partido socialdemócrata normal al estilo europeo. Es, en efecto, una banda. A veces, una banda de desaprensivos, plagiarios e incumplidores de leyes y decoros. En parte, una banda de bandidos en el peor sentido de la expresión. No es todo el PSOE, ciertamente, pero son los que se han hecho con las riendas del partido desde la época del inolvidable José Luis Rodríguez Zapatero, el padre de toda la demagogia y la baratura que hoy rezuman las elites de esta banda. Cada día, casi todos los días. Este juicio final es lo que me vino a la cabeza tras escuchar las palabras del, seamos generosos, ex etarra Arnaldo Otegui. Este miserable se atrevió a pedir a los demócratas españoles que formaran una alianza antifascista contra Vox, Podemos y Ciudadanos. Digo miserable porque hay que tener podredumbre moral en el alma para pedir a los demócratas españoles –a los que él y los suyos no consiguieron asesinar antes y durante la Constitución de 1978, cuando ETA se dedicó a exterminar a demócratas españoles, de derechas y de izquierdas–, que se alíen con sus verdugos.

Tras las palabras de Otegui, no tuve más remedio que pensar en Zapatero, corresponsable del pacto anti-España del Tinell, que fue hace poco invitado por el antes etarra, y hasta anteayer batasuno, a rememorar el diálogo de la rendición para desembocar en la figura del doctor Pedro Sánchez. No cabe duda de que Zapatero es la piedra angular del desmoronamiento ético y político que asola el socialismo español. Es la vuelta atrás sin Besteiro a 1934 y la negación del derecho a la vida a las derechas (y a los libertarios, no se olvide). Pero la guinda del pastel la ha puesto Sánchez, que, por si acaso no destacaba tanto como el pro Maduro, ha logrado la proeza de gobernar con exetarras, separatistas de todo pelaje, paleocomunistas, usurpadores de indignados, partidarios de acabar con la Constitución y lo más extremista y antiespañol que circule por España, con sólo 84 escaños y sin importarle el uso y abuso del decreto ley. Todo ello, claro está, en nombre de la democracia, el socialismo y el progreso, y todo ello sin un proyecto compartido, ni siquiera por las bases del PSOE, acerca de qué es la nación española, algo que él confesó no saber qué era.

La iluminación se produjo entonces porque comprendí que el PSOE, como lo conocemos, el de Suresnes, el mal pegado partido y roto entre los del exterior y el interior, que no ha sido capaz de hacer siquiera una autocrítica razonada de su comportamiento en la República y durante la Guerra Civil, ha muerto. Sánchez y Zapatero han sido únicamente los hermanos fosores de este socialismo cadavérico que empezó a morir por no haber hecho la reflexión capital. Felipe González, que yo creo que la ha hecho pero que no se atreve a decirlo, sentenció hace casi 40 años que antes que marxistas había que ser socialistas. Pero aquello fue un artificio táctico. En la España constitucional, antes que socialistas, hay que ser demócratas, respetar las instituciones, las leyes y las creencias y opciones de los ciudadanos, de todos ellos, no sólo las de los nuestros, y, dentro de las reglas comunes, avanzar hacia objetivos lícitos. No hay nuestros en una democracia, salvo las mafias, las bandas, de todo tipo, o las sectas. Los nuestros somos todos, salvo los que están contra el plural y aspiran a dictar sobre los demás.

Cuando a esa falta de consideración por la democracia, algo evidente en una Andalucía de la que intentó apoderarse un asilvestrado PSOE articulando una CiU a la andaluza – lo calificó así un separatista de pluma–, mediante un régimen clientelar sin alternancia que ha durado tanto como Franco pero que también ha caído al final, se une la descomposición ética de una banda sin entidad moral ni política que decreta lo que sea y pacta con antidemócratas, antiespañoles, e incluso con los que asesinaron a socialistas de cuerpo entero que defendían la democracia y amaban a España, es que este PSOE, el de la banda de Sánchez, está cadáver y ya hiede. La verdadera refundación del PSOE no fue en 1974 sino que está por venir. Si no se afronta por los verdaderos socialdemócratas españoles, el PSOE habrá muerto.

El 155 ante la «vía eslovena» de Torra
 larazon 10 Diciembre 2018

La bicefalia que gobierna lo que queda de la Generalitat, Carles Puigdemont y Joaquim Torra, han definido cuál es la ruta que debe seguir: la «vía eslovena». Es decir, la que emprendió la entonces república federada con Yugoslavia en el año 1991. Evidentemente, no fue una vía pacífica: costó una guerra, muertos y el último genocidio ocurrido en Europa. Es decir, la vía elegida supone pagar un alto precio. El propio Torra lo dijo en Bruselas: «Ya no hay marcha atrás y estamos dispuestos a todo para vivir libres». Para evitar una engorrosa contabilización de muertos –cerca de 70 en diez días de conflicto armado–, en la mayoría del Ejército Federal Yugoslavo, Torra eligió la retórica caudillista y mesiánica que tantos desastres han provocado en la historia europea: «Los catalanes hemos perdido el miedo..., no nos dan miedo, y este es un grito muy poderoso. No nos dan miedo y tengo que deciros que no hay marcha atrás en el camino de la libertad».

Mirarse en Eslovenia porque realizó un referéndum de independencia, que ganaron, sin la aprobación del gobierno federal, lo que provocó la intervención del ejército y el enfrentamiento con la Fuerza de Defensa Territorial de Eslovenia –abiertamente desleal a Belgrado– y, finalmente, declarar la secesión y el reconocimiento internacional, es imponer un mal camino, el más peligroso. Es irresponsable, incendiario e indecente porque aquellos hechos desencadenaron una guerra cruel en los Balcanes en la que se dio rienda suelta a todo el delirio nacionalista: croatas y serbios se emplearon a fondo, pero los eslovenos en los que ahora se mira Torra no fueron inocentes, ni mucho menos. No vamos a poner negro sobre blanco la macabra simulación de qué supondría para Cataluña aplicar la «vía eslovena», según sus cálculos, para evitar el lenguaje belicista que muy probablemente los dirigentes independentistas quieren inyectar a toda la sociedad –tanques, enfrentamientos en la frontera, bajas, prisioneros, refugiados...–, pero sí hacer un llamamiento para que se pongan las medidas para que incendiarios de este calibre puedan tener el más mínimo ámbito de poder.

Ha elegido el peor camino y el más violento, por lo que ahora caben dos vías para neutralizar esa opción, que confiamos no prenda en los nacionalistas sensatos, si es que queda alguno todavía: o contabilizar lo dicho en las bravuconadas de uno de esos políticos que han perdido el sentido de la realidad y que quieren ocultar su propio hundimiento en el desastre colectivo, o tomar medidas para que la Generalitat pueda ser de nuevo intervenida. Es decir, volver a plantear seriamente la necesidad de aplicar el artículo 155. Hasta los propios independentistas reconocen que, de haberse intervenido la Generalitat antes, se habría evitado la declaración de independencia del 27-O y la cárcel. Este fin de semana se ha comprobado que el control de las autopistas y carreteras catalanas lo tienen los CDR, que paralizan el tráfico cuando quieren sin que los Mossos d’Esquadra puedan intervenir, ahora bajo control de la CUP, que han exigido que estos grupos puedan actuar violentamente sin ser molestados. Esta es la doctrina impuesta por Torra. Qué dependiente debe ser Pedro Sánchez de los independentistas para no romper con ellos. El «proceso» lleva tiempo jugando con la idea de «poner muertos» –como algunas grabaciones han rebelado–, lo que dentro de esa forma de «pacifismo totalitario» debería entenderse como un sacrificio necesario. Estamos ante un momento de degeneración política del independentismo, que, en vez de reconocer el error de que en ninguna democracia se puede dar un golpe contra la legalidad, insisten en un enfrentamiento, ahora parece que también con muertos de por medio.
 


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