AGLI Recortes de Prensa   Martes 11  Diciembre 2018

La Comisión de Investigación, crucial para quitar la careta al "Doctor Sánchez"
EDITORIAL esdiario 11 Diciembre 2018

El presidente del Gobierno deberá someterse en breve -en principio el 18 de diciembre, pero puede aplazarse por su enésimo viaje al extranjero- al interrogatorio de la Comisión de Investigación en el Senado sobre su tesis doctoral, un caso bochornoso ya de origen que se ha vuelto a reactivar con la revelación de ESdiario.

Este periódico ha publicado la prueba documental, firmada por personal de la propia Presidencia, que demuestra que La Moncloa no tenía ni conocía informe alguno para demostrar la pulcritud de la tesis de Sánchez y, pese a ello, lanzó un comunicado institucional en ese sentido.

La Moncloa mintió para tapar el plagio de la tesis Pedro Sánchez
Es decir, mintió de manera premeditada y a ciegas para tapar al líder socialista y hacerle creer a la opinión pública que, en contra de lo que se decía ya en los medios, el trabajo universitario cumplía todos los requisitos académicos.

Exista o no es informe y diga ya lo que diga, la mentira proyectada desde el Gobierno ya es incuestionable y en sí misma exige responsabilidades políticas: es gravísimo utilizar recursos públicos para fabricar a ciegas una coartada al presidente. Y eso es lo que hizo La Moncloa y reconoce su mismísima Secretaria General en un documento crucial publicado por este periódico.

En el caso de que exista el informe antiplagio, ya da igual lo que diga: La Moncloa ha mentido a todos los españoles para proteger a Sánchez

Abonarse a la especie de que no lo conoce porque para Sánchez es un asunto privado, resulta ofensivo para la inteligencia y es incompatible con la difusión previa del comunicado desde Moncloa: si para auxiliar a Sánchez se propagó públicamente una prueba antiplagio que en realidad ni se conocía, ahora que se ha destapado el montaje no se puede apelar a una privacidad inexistente.

¿O acaso Sánchez es presidente para servirse de la Moncloa cuando le viene bien y deja de serlo cuando con ello se quiere escurrir el bulto? En cualquiera de ambas condiciones, la mentira de la Presidencia es escandalosa. Y también, en cualquier escenario, Sánchez tiene la obligación de enseñar el supuesto test antiplagio que Moncloa vendió como propio y ahora de repente es un asunto privado del afectado.

El PP intenta desmontar la débil coartada que usó Sánchez para blanquear su tesis
La sospecha de que en realidad no existe ese informe está fundada, tanto como la certeza de que en el caso de la tesis hay dos vergüenzas paralelar pero distintas: una el plagio en sí y otra, tan grave o más, el montaje para taparlo con mentiras incompatibles con un cargo público de esta enjundia.

La actitud del PP, clave
El PP se ha comprometido a interrogar a Sánchez hasta en el último detalle. Y el resto de los grupos harían bien en hacer lo mismo. No hay nadie menos indicado para reclamar que asuntos relativos a la ética, la honorabilidad y la decencia se dejen en el terreno privado que alguien que, como Sánchez, apeló a esos valores para llegar al Gobierno.

Si alguien no puede ser opaco, plagiador y mentiroso es Pedro Sánchez, beneficiario de una moción de censura "regeneradora" que, entre otras muchas cosas, le ha quitado el derecho a incurrir en ninguno de esos abusos.

Un presupuesto imposible
José María Rotellar okdiario 11 Diciembre 2018

Pedro Sánchez sigue empeñado en presentar unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que son inviables por diversas razones, pero su testarudez le llevan a poner en peligro a toda la economía española por el mero hecho de seguir unos meses en la cabecera del banco azul. Para ello, tras haber sido rechazada la nueva senda de estabilidad presupuestaria hace unos meses, el consejo de ministros volvió a aprobar otra que elevar a las Cortes con el objetivo de anular la anterior y llevar adelante la tramitación de los citados PGE. Esa nueva senda, incorpora los incrementos en gasto que tanto preocupan a la Comisión Europea (CE) y que, de salir adelante, pondrán en riesgo el cumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria.

Es más, la cerrazón de la ministra de Hacienda –María Jesús Montero– al insistir en que si el parlamento no aprueba la nueva senda de estabilidad sacarán adelante los PGE con la anterior, muestra el grado de poca ortodoxia con la que se presentan dichos presupuestos, pues éstos recogen las cuentas del Estado, es decir, la relación de ingresos y gastos, cuya diferencia refleja el saldo presupuestario. Por tanto, no pueden ser los mismos presupuestos con una senda de estabilidad que con otra, porque los objetivos cambian, pero este Gobierno se empeña en ello. El espectáculo de inseguridad jurídica y de impericia económica y presupuestaria no hace ningún favor a la economía española, pues da la sensación de que no les importa la ley más esencial de cada año, que no es otra que la que recoge los PGE, sino que se trata de un movimiento político destinado a ganar tiempo, o, mejor dicho, a comprárselo a sus socios.

Carmen Calvo, la portavoz del Ejecutivo, no dejaba de insistir el otro día en que PDECAT y ERC sabrían muy bien qué les convendría, dando a entender que siempre podrán tratar mejor con los socialistas que con un Gobierno del PP. Eso es muy grave, porque con los independentistas, especialmente con los que han intentado dar un golpe de Estado, no hay nada que hablar, salvo para señalar y exigir que se respete la Constitución y que se ponga fin a las prácticas secesionistas que tanto daño están causando tanto a Cataluña como al conjunto de España, y los socialistas deberían mantener también dicha postura, aunque desgraciadamente no parece que sea así. Por otra parte, estos PGE contienen tal cantidad de disparates económicos, como la subida del salario mínimo que expulsará del mercado de trabajo a tantos y tantos trabajadores, o múltiples gastos improductivos, que si se aprueban impactarán muy negativamente en la economía nacional.

No se entiende esta obcecación por sacar adelante dichos presupuestos. Si a este Gobierno le da igual cualquier cosa y no quiere convocar elecciones, que es lo que debería hacer para dejar que los españoles decidan qué quieren en lugar de retrasar la convocatoria como está haciendo, sería mejor que, puestos al esperpento, prorrogue los actuales una y otra vez mientras legalmente pueda; al menos, evitaríamos sufrir unos PGE que tanto daño pueden hacer. En cualquier caso, lo que tiene que hacer es convocar elecciones, pero mucho me temo que se resistirá tanto como pueda.

Esto va a acabar mal
Jesús Laínz Libertad Digital 11 Diciembre 2018

En 1888 Friedrich Nietzsche escribió esto en su Crepúsculo de los ídolos:
Dicho al oído de los conservadores: No hay remedio: hay que ir hacia delante, quiero decir, avanzar paso a paso hacia la decadencia (ésta es mi definición del progreso moderno). Se puede poner obstáculos a esa evolución, y, con ellos, embalsar la degeneración misma, conjuntarla, hacerla más vehemente y repentina: más no se puede hacer.

Descripción perfecta del régimen del 78. Para ser exactos, de la degeneración del régimen del 78 debido a la instauración del suicida Estado de las Autonomías.

Pero no cometa usted, malinterpretador lector, el error de deducir que este humilde juntaletras ha traído la frase del gran filósofo alemán para referirse solamente a esa entidad ideológica amorfa e indefinible a la que suele llamarse derecha. Porque, en este contexto, por conservadores hay que entender todos los gobernantes, de cualquier partido, que se han dedicado durante los últimos cuarenta años a conservar –a conllevar, según el nefasto término orteguiano– el problema separatista sin mover un dedo, como si, dándolo por inamovible, sólo cupiera sentarse a ver pasar el tiempo con la vaga esperanza, en el mejor de los casos, de que algún día, por mediación divina o similar, el problema se resolviese solo.

Por eso todos nuestros gobernantes, desde el hoy idolatrado duque de sí mismo hasta el incalificable Rajoy, pasando por todos los demás, de entre los cuales sería injusto no destacar el infausto ZP, se han limitado a conservar la situación establecida por la Constitución de 1978 y empeorada por cada uno de ellos.

Pero lo grave no ha sido la faceta política de la cuestión, con ser ella sola lo suficientemente seria como para poner en peligro la existencia de la nación. Lo verdaderamente grave ha sido el conservadurismo judicial, si se nos permite la expresión. Pues el hecho clave de la vida política española durante estas últimas cuatro décadas ha sido la inexistencia del Estado de Derecho, sobre todo en lo relativo a las perpetuas acciones ilegales y anticonstitucionales de los gobernantes separatistas.

Cuarenta años de incumplimento de leyes y sentencias, cuarenta años de escandalosa impunidad para todo tipo de delitos, desde el saqueo de Pujol hasta la rebelión de Puigdemont, cuarenta años de insolente anuncio de que pretendían seguir incumpliéndolo todo, nos han conducido a la situación en la que nos encontramos hoy: unos políticos separatistas insistiendo en un golpe de Estado agravado cada día; y las vidas y haciendas de millones de ciudadanos a merced de lo que dichos políticos decidan. La impunidad de un golpe de Estado evitado en falso mediante la falsa aplicación del artículo 155 por el falso Rajoy, sumada a la impunidad que, vía indulto, anuncia un Sánchez que, en comparación, acabará alzando a ZP a la categoría de patriota, ha sido el incentivo final que necesitaban los separatistas para atreverse a dar el paso siguiente: intentarlo de nuevo. Pues ya han comprobado que no pasa nada.

Nadie puede acusar de hipocresía a los separatistas. Bien claro anuncian sus intenciones cada día. No merece la pena aburrirnos ahora con mil citas. Basta una sola, la frase de Quim Torra del 8 de diciembre poniendo como ejemplo para Cataluña la secesión de Eslovenia, aquella primera chispa de las guerras que hace tres décadas acabaron con Yugoslavia al precio de 140.000 muertos:
Los catalanes hemos perdido el miedo. No nos dan miedo. No hay vuelta atrás en el camino hacia la libertad. Los eslovenos decidieron tirar hacia delante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para vivir libres.

Es decir: pongamos muertos sobre la mesa para poder aspirar a la independencia con el apoyo de unos extranjeros horrorizados. Los candidatos a muertos, eso sí, habrán de ser los demás, no el cobarde Torra y sus compinches.

Éstas son las consecuencia de conservar la situación durante cuarenta años. La presión sobre el embalse se ha ido acumulando y ahora está a punto de romperse y de llevarse todo por delante.

Sólo hay una solución de última hora, suponiendo que todavía estemos a tiempo: que las instituciones españolas –todas– estén a la altura de las circunstancias. Que el Gobierno gobierne con espíritu patriótico, inteligencia, altura de miras y obediencia a la ley. Que los parlamentarios dejen de hacer el payaso y cumplan con dignidad su función de representación de la soberanía nacional. Y que los jueces apliquen exacta y estrictamente la ley. O se demuestra que España es un Estado de Derecho, con todas las consecuencias y caiga quien caiga, o el Estado desaparecerá.

De los dos primeros poderes no cabe esperar mucho, pues sobradas pruebas han dado de su frivolidad e incapacidad. Por eso probablemente recaiga la mayor responsabilidad sobre los jueces, sobre esos jueces acosados por los partidos políticos en Madrid y por las hordas separatistas en Cataluña.

España está en sus manos. Porque si tampoco ellos responden, esto no tardará en acabar mal, muy mal.
www.jesuslainz.es

El patriotismo, último refugio del canalla Sánchez
Daniel Ari Libertad Digital 11 Diciembre 2018

No descarto que Sánchez aproveche los desmanes del 21-D que los separatistas le servirán en bandeja para envolverse en la bandera española, aplicar un 155 algo más duro que el anterior y convocar elecciones para mayo.

El 21 de diciembre es la fecha fijada por los independentistas para escenificar su nonagésimo tercera rabieta, su décimo cuarta declaración de independencia, su trigésimo séptima entrega del golpe de Estado a cámara lenta (perdonad si los números no son exactos; a estas alturas ya he perdido la cuenta de las funciones de este circo). Aprovechando que el doctor Sánchez y sus ministros de las falsas tesis y declaraciones de bienes se reúnen en consejo en Barcelona para escenificar lo mucho que "este Gobierno" quiere a esa región, el encaje, el diálogo, la nación de naciones y todos los mantras para consumo de masas de rigor.

A nadie se le escapa a estas alturas del partido que las concesiones que los sucesivos Gobiernos de España han ido haciendo a la Generalidad y sus plataformas golpistas civiles se han disparado con Sánchez, que las ha elevado a la categoría de impunidad absoluta. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que en Cataluña el Estado de Derecho ha hecho las maletas y se ha marchado, dejando a los no nacionalistas librados a su suerte, es decir, al albur de las decisiones que una pandilla de mafiosos echados al monte y con mando sobre mozos de escuadra y CDR toma cuando hace de su capa un sayo.

Un sayo que desde Rajoy ha asumido todas las formas del delito, desde el golpismo hasta la sedición (la última bravata de Torra, mientras escribo estas líneas, pasa por la vía eslovena). Y si semejante escenario, de rebelión abierta contra el Estado, preocuparía sobremanera a cualquier gobernante vinculado o, al menos, constreñido moral y legalmente por su juramento de "guardar y hacer guardar la Constitución", en el caso de Sánchez, cuya única preocupación conocida es el propio Sánchez, este trance para España se presenta como una oportunidad para seguir medrando en el poder.

Porque al 21 de diciembre llegaremos con los equilibrios de poder entre los socios del entramado autonómico convulsionados tras el desembarco de VOX en el parlamento autonómico andaluz. Por un lado, tenemos a un PSOE partido en dos entre el núcleo sanchista y los demás sectores con mando en plaza, desde los barones autonómicos hasta el último cargo público, que ven cómo las evoluciones del Frente Popular reeditado por el inquilino de Moncloa y su romance con los partidos antiespañoles, que VOX tiene la virtud de poner descarnadamente ante la vista de todos, amenazan con dejarlos en el paro. Por otro, a PP y Cs, que intentaron frenar el ascenso del partido de Santiago Abascal bajo la excusa del voto útil y que ahora ven perplejos cómo VOX suma en lugar de restar (hasta el punto de desplazar al PSOE de su hegemonía de cuarenta años al frente de la Junta, ahí es nada)…, no a lo que el consenso llama el Constitucionalismo, que eso es una leyenda urbana, pero sí a las fuerzas que, al menos de boquilla, se oponen al Frente Popular. Con el agravante de que VOX pone coto a sus veleidades y derivas, señalándoles el norte de la unidad nacional y el Estado de Derecho.

Todos son conscientes de que el fenómeno VOX no es coyuntural y está llamado a multiplicarse a lo largo y ancho del territorio nacional. Y que el recién llegado supone un peligro para los intereses espurios y cortoplacistas de la partidocracia, claramente reñidos con los intereses de los españoles. Si las encuestas, pacatas cuando se trata del único partido de derechas, no mienten, VOX entrará con al menos 40 diputados en las próximas elecciones generales.

¿Qué hacer, pues, para no perder los privilegios y el statu quo adquiridos durante cuatro décadas? ¿Qué hacer para seguir repartiéndose la tarta entre ellos? Seguir, como es lógico, por la vía de las alianzas bajo cuerda. Este PSOE herido de muerte necesita al PP y a Cs para sobrevivir, y el PP y Cs quieren que el PSOE les quite a VOX de encima. De modo que no descarto que Sánchez aproveche los desmanes del 21 de diciembre que los separatistas le servirán en bandeja para envolverse en la bandera española (camino que, por lo demás, ya había tanteado en junio de 2015, cuando presentó su candidatura a la Secretaría General del PSOE con una gigantesca bandera de España de fondo), aplicar un 155 algo más duro que el anterior de la manita de PP y Ciudadanos (aprovechando los desmanes del 21 de diciembre, que sin duda habrá), y convocar elecciones para mayo de 2019. Es la única salida que le queda al PSOE. Y puede que sea la única salida para el doctor Sánchez. Sus propios barones y los cada vez más irracionales chantajes de sus socios lo llevarán a ello. Solo su ego y sus ansias de poder son más grandes que su sectarismo.

Asociaciones informales / Autonomías y Constitución
Pío Moa gaceta.es 11 Diciembre 2018

Hay miles de personas alarmadas e indignadas por los rumbos que sigue la política en España, pero que se sienten inermes ante los manejos de los actuales partidos, y no tienen interés en organizarse. Estas personas pueden cumplir un papel esencial en forma de asociaciones informales para crear opinión pública si se les proporciona “munición” en forma de argumentario y discurso, motivándolas a difundirlos ampliamente, por su cuenta. Una asociación formal tiene necesariamente una organización (presidente, tesorero, vocales, etc. ) y una jerarquía. Una asociación informal como la que propongo no precisa de nada de ello, puede extenderse mucho sin ninguna organización específica, y su número puede contrarrestar las manipulaciones de los grandes medios y de los aparatos partidistas. Con ello puede cambiar el ambiente social y ser expulsados los actuales partidos y políticos, cada vez más amenazantes para la libertad y la nación.

Un ejemplo de asociación informal es la que permite difundir y financiar, aunque sea hoy por hoy a un nivel muy bajo, el programa “Una hora con la Historia”. Otro ejemplo es la que está comenzando en torno a Gibraltar. Una tercera y muy importante a poner en marcha será la de la reivindicación de la verdad sobre Franco y el franquismo. Este blog quiere ser un arsenal de argumentos y consignas al respecto, que pueden tener un efecto muy importante si lo difunden miles de personas, cosa perfectamente posible si se entiende su importancia y se abandona la pasividad y el lloriqueo, tan asociados estos años al nefasto “voto útil”.

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La votación de VOX en Andalucía abre nuevas perspectivas, y todos los partidos-mafias van a empeñarse a fondo, ya lo están haciendo, para asfixiar las esperanzas que por fin van surgiendo. Uno de los argumentos que esgrimen esos partidos es que negar las autonomías va contra la Constitución. En parte es cierto, y no se deben dar explicaciones a los mafiosos. Una réplica posible sería esta: “También van contra la Constitución los ataques separatistas a la nación española. Y van contra la Constitución las complicidades, el apoyo y financiación de los separatismos por parte de los gobiernos de PP y PSOE. Ustedes han convertido las autonomías en negocios corruptos que amenazan la unidad nacional y la paz de todos. Y van contra la Constitución, es decir, contra las libertades democráticas y la igualdad jurídica, las leyes de memoria histórica y de género, típicamente totalitarias. Así como intento de marginar a VOX con el pretexto de inconstitucional cuando ustedes no han cesado de vulnerar la Constitución y, lo que es más grave, de socavar la nación y las bases de la democracia en todos estos años. Las autonomías han sido un fracaso, las han hecho fracasar ustedes, y la experiencia histórica debe servir de algo para corregir errores y no empeñarse en ellos, por mucho que a ustedes y sus negocios corruptos les convenga. La Constitución puede reformarse y lo haremos“.

De ninguna manera hay que permitir a esos delincuentes erigirse en fiscales. La respuesta debe ser siempre contundente para situarlos en el banquillo de los acusados.

Sueño esloveno, húmedo y sangriento
No solo el delirante Torra apuesta por la violencia ahora en España
Hermann Tertsch ABC 11 Diciembre 2018

Yo estaba allí, el 26 de junio de 1991, en el momento y en el lugar en que comenzó a aplicarse la «vía eslovena» que tanto seduce a Quim Torra como ejemplo para acelerar la independencia de Cataluña. Allí, en la autopista de Zagreb a Liubliana, no lejos de los límites entre ambas repúblicas, junto a aquellos cadáveres humeantes de seis reclutas del ejército yugoslavo JNA carbonizados en el interior del blindado de ruedas (BMR). Uno había logrado abrir la puerta, pero ninguno consiguió salir. Les habían alcanzado con un lanzagranadas miembros de la Defensa Territorial eslovena. Aquellos jovencitos hechos estatuas de tizón quedaron en mi retina y memoria como las primeras víctimas de la guerra abierta en Yugoslavia. En Eslovenia esa guerra duró diez días, con menos de cien muertos. En el resto de aquel efímero y artificial estado duraría casi diez años y se cobraría cientos de miles de muertos.

Pues la guerra breve eslovena le tienta a ese repugnante compatriota nuestro. Se fue a Eslovenia a montar una farsa de visita oficial y volvió de Liubliana convencido de haber descubierto la pólvora. Con la forma mágica de desatascar esa aventura del separatismo en la que se les ha dejado creer demasiado tiempo. La «vía eslovena» como fórmula eficaz y barata en vidas. Que con unas decenas de muertos lograría el desistimiento de España y dejaría expedito el camino de la independencia. Torra es un fanático de fantasías dementes. Y un golpista que debería estar en prisión. Pero además es un peligroso ignorante.

Porque la guerra breve y limpia de Eslovenia para imponer su independencia se debió a que el ejército federal no defendía realmente las fronteras de una Yugoslavia muerta ya para quienes decidían, Slobodan Milosevic y los generales serbios. Su objetivo bélico real era ya la gran Serbia que llega allá donde hay tumbas serbias y comunidades ortodoxas, inexistentes en la católica Eslovenia. Muy al contrario que en Croacia. El débil despliegue militar del ejército federal solo tenía dos razones, la cosmética de cara al exterior, para pretender que Belgrado defendía sus fronteras internacionales. Y la recogida de propiedad de sus bases en Eslovenia, en especial de las fronteras con Austria e Italia. El 25 había sido proclamada la independencia de esta república étnicamente homogénea, sin minoría religiosa ni legado serbio alguno. El 7 de julio, recogidos propiedades y documentos de los cuarteles, el ejército yugoslavo, en realidad ya panserbio, abandonaba una Eslovenia que a Milosevic y a sus generales importaba un carajo.

Hay que ser demente para creer que esas condiciones eslovenas pudieran servir a Torra y a sus terroristas desaliñados de los CDR, aun con armas de los mozos, con «matar un poco», imponer el desistimiento de las instituciones españolas, el ejército la primera, con un mandato existencial de preservar la unidad de España. Pero lo cierto es que Torra busca poner muertos sobre la mesa para disparar el precio de su fracaso. Y cree contar con aliados en los comunistas de Podemos que llaman abiertamente a la violencia y en la voluntad «antifascista», en realidad antiespañola del aparato mediático izquierdista en España, que vuelve a mostrar brutalmente su vocación totalitaria, con LaSexta organizando pogromos contra los votantes de VOX. El sueño húmedo de sangre de la «vía eslovena» es un delirio más de Torra. Pero los españoles deben ser conscientes de que hay planes evidentes para una escalada de violencia que cuenta con la colaboración de sectores radicales de una izquierda que ha entrado en pánico en toda España ante la reacción, para ellos inesperada, de una maltratada nación que sale del letargo y está harta del abuso y la mentira.

Sánchez, acorralado por sus socios golpistas
EDITORIAL Libertad Digital 11 Diciembre 2018

Su única salida, si aún conserva un adarme de dignidad, es convocar elecciones generales antes de que la situación en España, no solo en Cataluña, sea definitivamente insostenible.

Los últimos acontecimientos en Cataluña arrojan la ominosa estampa de un Gobierno regional en abierta rebeldía que, además, amenaza con un baño de sangre para imponer su liberticida República Catalana. La apuesta por la violencia de los golpistas Quim Torra y Carles Puigdemont es de una gravedad extraordinaria y un ataque directo a todos los que no se alinean con las hordas separatistas.

La situación es tan crítica que Pedro Sánchez, rehén de los golpistas que le instalaron en el poder, ha anunciado que va a tomar una serie de medidas de gran importancia. Pero, tratándose un personaje sin escrúpulos que llegó a la Moncloa gracias a las fuerzas golpistas, lo cierto es que poco cabe esperar de su comparecencia de este martes. De hecho, fuentes del Ejecutivo descartan que se vaya a intervenir nuevamente la Generalidad en aplicación del artículo 155 de la Constitución, lo que indica que Sánchez tiene pensado ir por la vía judicial y no coger el toro por los cuernos para que, por ejemplo, los Mozos de Escuadra dejen de estar a las órdenes de un indeseable que está invocando el ejemplo de una guerra civil.

Previsiblemente, Sánchez tratará de mostrar una imagen de firmeza ante sus socios separatistas, que por su parte no dejan de chantajearle. Las amenazas de los partidos golpistas de retirar su apoyo parlamentario al PSOE deberían hacer ver a Sánchez que la legislatura ha saltado por los aires y que su deseo de presentar unos Presupuestos en enero es extemporáneo e irrealizable. Su única salida, si aún conserva un adarme de dignidad, es convocar elecciones generales antes de que la situación en España, no solo en Cataluña, sea definitivamente insostenible.

Vox y la extrema derecha (de barrio)
IVÁN VÉLEZ El Mundo 11 Diciembre 2018

El recuento de las papeletas introducidas en las urnas andaluzas el pasado domingo 2 de diciembre ha ofrecido datos de difícil encaje dentro de los estrechos márgenes en los que a menudo se mueven los adscritos al llamado "análisis político". ¿Cómo explicar el cambio cromático experimentado por Sedella, municipio que se despertó enrojecido y se acostó coloreado de un verde muy distinto al impulsado por el muladí Blas Infante? Si los resultados de Sedella son sorprendentes, los que han arrojado algunas de las zonas más deprimidas de Sevilla son también dignos de atención. En el barrio de la Oliva, colindante con las Tres mil viviendas, patria chica de Pata Negra, donde todavía rasga las cuerdas Emilio, Cara café, el togado Francisco Serrano ha multiplicado por quince los votos cosechados por su partido hace cuatro años. En las Letanías el crecimiento es aún mayor, mientras que en San Jerónimo casi un 10% de sus vecinos, mayoritariamente obreros, han depositado su fe democrática en Vox. En definitiva, se trata de unos porcentajes prácticamente coincidentes con los que la formación de Abascal ha obtenido en la comunidad autónoma, estructura contra la que arremete el bilbaíno. A la luz de estas puntadas estadísticas, cabe cuestionar la mediática identificación que se ha establecido entre Vox y la "extrema derecha", rótulo cargado de estereotipos sociológicos difícilmente compatibles con los de aquellos que viven en los ambientes citados.

La calificación, de inequívoca carga peyorativa, constituye un apetitoso pretexto para ahondar en el uso y origen de la expresión. Como es bien sabido, la división entre izquierda y derecha nos obliga a visitar la Francia revolucionaria, allí donde comenzó a desarrollarse una geografía política que el tiempo se encargó de extremar. El origen de este orden nos lleva a la sesión del 28 de agosto de 1789 de la Asamblea Nacional, constituida meses antes. En aquella jornada los partidarios del veto real se situaron a la derecha, mientras que los que buscaban un veto atenuado o nulo, lo hicieron a la izquierda. La oposición al veto evidenciaba la realidad de la inversión teológica que venía a romper el orden imperante durante siglos, razón por la cual, la Iglesia católica, con su fino instinto, pero también los sectores monárquicos que habían visto cortocircuitado el pactum translationis, trataron de ponerse al día terminológicamente en todas las naciones históricas europeas. En efecto, décadas más tarde de la aparición de la izquierda liberal en España, nuestra particular y escolástica revolución, la expresión "extrema derecha", en el sentido referido, empezó a convivir con usos vinculados a cuestiones puramente topológicas. El lunes 3 de abril de 1848, el diario monárquico madrileño La Esperanza, incluyó el siguiente fragmento en el artículo que abrió sus páginas: "Si los monárquicos nos hemos puesto al corriente de lo que es censo electoral, y mayoría parlamentaria, y sorteo de secciones, y mensage, y respuesta al mensage, y orden del dia, y discusión de totalidad, y discusión por articulos, y derecha, é izquierda, y estrema izquierda, y extrema derecha, y bancos de enfrente, y banco negro, y comités y clubs, etc. etc.; si todo esto sabemos ya, y sobre ello hemos adquirido alguna facilidad, sea de perorar, sea de redactar cualquier artículo ó correspondencia, también se nos ha olvidado ó no hemos llegado a aprender en nuestras respectivas profesiones lo que nos hacia falla para poder, con el ejercicio de ellas , ser útiles á nuestras familias y semejantes". La polarización entre las derechas y las izquierdas, la consolidación de una jerga todavía vigente, era un hecho.

Ciento setenta años después, la configuración de los bloques políticos españoles orbita en torno a dualismos tales como el delimitado por el par "democracia/fascismo", etiquetas que, más allá de sus aspectos éticos y estéticos, tienen como fiel de una hipotética balanza, la cuestión nacional o, por mejor decir, la unidad nacional. En este contexto ideológico, el autodenominado demócrata, muchas veces identificado con un izquierdismo nebuloso, indefinido, opondrá escasos argumentos a una secesión oculta y presupuesta bajo la voluntariosa fórmula denominada "derecho a decidir". En el otro lado, aquel que se muestre partidario de mantener la unidad territorial de la nación se convertirá de inmediato en "fascista". Delimitados los bloques, tan solo quedaría por establecer una gradación en la intensidad, necesariamente derechista, entre quienes se oponen la balcanización de España y su entrega a las élites regionales y a las grandes corporaciones, que no otra cosa se produciría tras la llamada "autodeterminación". Una aplicación de tal método clasificatorio explica el hecho de que Vox haya sido situado en el extremo derechista pues, no contento con apostar por la unidad territorial y denunciar a quienes tratan de erosionarla mediante escaramuzas golpistas, el partido de Abascal arremete programáticamente contra las autonomías, estructuras necesarias para crear las condiciones necesarias para la construcción de pseudoestados.

Todo ello, unido a la sorpresa electoral del primer domingo de diciembre, explica la sobreactuada reacción de Pablo Iglesias Turrión, cabeza visible de un subproducto partitocrático que representa la quintaesencia del régimen del 78. Flanqueado por los suyos, ante las cámaras en las que ha apoyado -lean su confesión en la conversación que da cuerpo a Nudo España- su éxito político, la voz teñida de circunspección del podemita, lanzó una "alerta antifascista". Moviéndose dentro de su habitual esquematismo, el profesor agitó las calles contra un partido que, según su particular interpretación, habría venido a sacar del armario fascista, aromatizado por esencias franquistas, a nada menos que 400.000 adultos andaluces, emboscados a la espera de la menor oportunidad de encontrar una plataforma en la cual dar cauce a su xenofobia y racismo. La reacción no se hizo esperar. Apenas unas horas más tarde del llamamiento, algunas ciudades se llenaron de ardorosos antifascistas capaces de hacer ondear la centralista bandera de la URSS junto a las de las pretendidas repúblicas andaluza y catalana. La cuestión nacional de nuevo en la calles, pues tales banderas, las estrelladas, se mueven al compás de una idea de España entendida como prisión de naciones, identitarias, por supuesto. Unas naciones cuya existencia estaría también amparada por unos derechos históricos que plantean la cabalgable contradicción de tener un origen monárquico, pues era el rey quien concedía los fueros.

En este contexto, tras la celebración de unas elecciones impecables en su aspecto procedimental, ¿qué sentido, más allá del acusatorio, tiene calificar a Vox como partido de extrema derecha? Si no nos equivocamos, el programa económico del partido de Abascal tiene un sesgo mucho más liberal que estatalista. Si no erramos, Vox es partidario de la preservación de determinadas tradiciones, algunas de ellas ligadas a la Iglesia católica, concesión impensable en la Italia mussoliniana. Si no hemos entendido mal a sus dirigentes, el control de la inmigración no responde a un instintivo rechazo al extranjero, sino a al más puro realismo político.

Si comenzábamos en Sevilla, queremos terminar nuestro viaje en Cádiz, donde Vox ha pasado de 2.000 a los 57.279 votos, el 11,25% de una provincia que ha dado innumerables artistas flamencos. Uno de ellos, Tomasito, representa una heterodoxia que le permite colaborar con músicos de diversos estilos. Si en las calles granadinas se hizo visible el destello de las banderas estrelladas, en el vídeo que de la canción Todo lo bello es gratis, que protagoniza el jerezano junto al barcelonés Joe Crepúsculo, aparece una chatarrería del barrio de San Blas. De su techo cuelga una bandera española. Lo que representa ese símbolo, España, es lo que ha movido a muchos, incluso a algunos de los que venden herrumbre para comprar papelinas, a escoger la papeleta de Vox, pues lejos de la cargada y petulante atmósfera académica no están los fachas, sino los españoles.
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Iván Vélez es filósofo y autor, entre otros, de Sobre la Leyenda Negra (Encuentro, 2014) y El mito de Cortés (Encuentro, 2016).

Carta abierta a Pedro Sánchez
JOSÉ RAMÓN BAUZÁ El Mundo 11 Diciembre 2018

Señor presidente,

Leí hace unos días en este periódico que la huelga de hambre emprendida por los políticos golpistas presos, teóricamente motivada por la supuesta falta de diligencia del Tribunal Constitucional, estaba inspirada en la huelga de hambre que Jaume Sastre realizó contra mí en 2014.

Probablemente, no recuerde las circunstancias, así que, si me permite, voy a refrescarle la memoria. Antes de que el Partido Socialista de las Islas Baleares se aliara con aquellos que quieren convertirnos en catalanes de segunda en vez de en baleares de primera, yo era el presidente del Gobierno de la comunidad autónoma. Había heredado, además de una terrible ruina económica provocada por su partido; un sistema educativo que, de facto, provocaba que la práctica totalidad de nuestros estudiantes se formaran en un modelo de inmersión lingüística en catalán que imposibilitaba que aquellos padres que lo desearan pudieran escolarizar a sus hijos en castellano.

Siempre había entendido que era una aberración que en España no se pudiera estudiar en español, así que aprobé un decreto que promovía la implementación de un modelo trilingüe (castellano, catalán e inglés) para que los alumnos baleares dominasen nuestras dos lenguas cooficiales y una tercera extranjera. Hasta el momento de su aprobación garanticé -también mediante decreto- que los padres pudieran decidir la lengua vehicular en la que querían escolarizar a sus hijos. Acabé, como seguro le podrán contar con tremendo desagrado sus socios de Gobierno, con el sistema de enseñanza que garantizaba la creación de generaciones de independentistas educados en el odio a España y al español. Entre aquellos que promovían el sistema que erradicamos estaba Jaume Sastre. Era un docente de catalán independentista que, como habrá leído en EL MUNDO en días pasados, tenía un importante historial de protesta no siempre pacífica contra el constitucionalismo político y social.

Sus protestas y las de sus acólitos contra nuestro sistema educativo de libertad comenzaron de la misma forma que las que apoyan a los golpistas presos. Al principio empezaron por el acoso personal a todos aquellos que éramos contrarios a sus dogmas (podría enseñarle las facturas semanales de pintores para la fachada de mi farmacia, masacrada casi a diario; pero probablemente usted lo reconozca mejor sabiendo los escoltas que tienen que llevar los constitucionalistas en Cataluña hasta para ir a comprar el pan). Después emprendieron manifestaciones masivas, de 80.000 personas en mi caso y de millones en el catalán, con el objetivo de mostrar un supuesto rechazo social que las urnas avalaban que no había sido tal (con mayoría absoluta en mi caso y con mayoría constitucionalista en el suyo).

Cuando ni el acoso personal ni la protesta social eran suficientes para hacernos cambiar de opinión respecto a que la libertad, en mi caso, y el Estado de derecho, en el suyo, son el único camino legítimo a seguir, algunos ciudadanos entendieron que el chantaje más ruin era la única alternativa que les quedaba para coaccionarnos.

Y aquí es cuando nuestros caminos se cruzan, presidente. En 2014 un docente se puso en huelga de hambre para teóricamente reivindicar la defensa de un sistema educativo público de calidad. Y en 2018 unos presos hicieron lo propio para, teóricamente, denunciar la falta de parcialidad del tribunal ante el que presentaban sus recursos. Pero la realidad, señor Sánchez, es que el destinatario de esa huelga de hambre no es ningún tribunal, al igual que en su momento la reivindicación no era un sistema educativo público de calidad.

Este chantaje se lo están haciendo a usted, presidente, por motivos políticos que nada tienen que ver con el respeto a los Derechos Humanos. Los golpistas que le están extorsionando lo hacen a conciencia. Su voluntad no es morir por inanición por una causa que consideran tan valiosa como su propia vida. Lo que quieren los presuntos delincuentes, al igual que quisieron los docentes pancatalanistas en mi caso, es coaccionarle a través de la manipulación de la opinión pública.

El objetivo de los presos es generar conciencia social en propios y extraños para que sea la sociedad la que se compadezca de ellos y, a través de esa empatía generada por su debilidad, los ciudadanos presionen para que usted acabe con su situación penitenciaria a cambio de acallar las protestas sociales que se desencadenarán.

Si esta huelga de hambre aguanta lo suficiente, lo más probable es que escuche cantos de sirena que le pidan hacer algo por ponerle fin. Entre su equipo de confianza habrá personas que le imploren que ceda ante las pretensiones de los golpistas para que los medios de comunicación dejen de ejercer presión sobre su Gobierno, o tal vez sea usted mismo el que considere que por hacer alguna pequeña concesión no habrá consecuencias a futuro y la escalada de opinión pública contraria a su Ejecutivo se detendrá.

Le escribo esta carta, presidente, porque debe saber que bajo ningún concepto puede hacerlo. No sólo por el precedente que sentaría sobre el resto de presos, o por las consecuencias que pudiera tener en su credibilidad como mandatario. No puede ceder porque, aunque a veces parece que aún no se ha dado cuenta, cuando los ciudadanos nos otorgan su confianza para que presidamos sus gobiernos nuestras decisiones dejan de ser nuestras. Y si usted cede al chantaje de los independentistas no lo estará haciendo como Pedro Sánchez, estará actuando como el líder de un país, el nuestro, que aceptará someterse al dictado de aquellos que quieren acabar con él.

Una huelga de hambre como la que hacen contra usted, o como la que hicieron contra mí, no es más que otro arma más de distracción para que olvidemos que la única forma que tienen de refutar nuestra razón es a través de la coacción. Y si usted cede a la presión social que ellos pretenden generar, o si hace caso a los colaboradores que le piden acabar con el desgaste político que esto le provocará, estará traicionándose a sí mismo y, mucho más importante aún, a todos aquellos que aún confían en su presidente como garante de la ley y la libertad.

Acabo ya, presidente. Si acomete semejante deslealtad contra España, nunca se lo perdonará. Apóyese en el constitucionalismo y dese cuenta de que hay muchísimos españoles que le defenderán hasta la extenuación si resiste el envite de aquellos que quieren romper nuestra nación.

Haga caso a su conciencia. Y si no la tiene, deje que los españoles que ejerzan la suya en las urnas.

José Ramón Bauzá fue presidente del Gobierno de las Islas Baleares.

CULTURA Y UNION EUROPEA
¿Sabías que el español es la lengua favorita de los jóvenes europeos?
 Periodista Digital 11 Diciembre 2018

Nuestra lengua española en un gran tesoro; rica y dinámica, aunque la izquiera española se empeña en imponer ridículos e innncesarios neologismos de género y actuar como legos académicos de la lengua, destrozando así la belleza de nuestro lenguaje; el mismo que el de Cervantes, Góngora o Quevedo, en otros muchos grandes. (La RAE atiza con el diccionario en la cara a los progres del lenguaje sexista).

A los jóvenes europeos les gusta España, de eso no hay ninguna duda. Es uno de los países favoritos donde ir de beca Erasmus y, además, según datos del Eurobarómetro de 2018, el castellano es el idioma que más quieren aprender (Lenguaje no sexista).

La lengua de Cervantes es la predilecta no solo de países mediterráneos como Italia, Grecia o Francia, también es la favorita de los del norte de Europa como Suecia, Finlandia o Dinamarca, donde en torno al 30% de los encuestados entre 15 y 30 años la elige como segundo idioma.

Los datos han sido recopilados por el bloguero de educación Jakub Marian, que ha elaborado un mapa que muestra claramente los resultados del estudio por países e idiomas favoritos.

Según los datos extraídos de este estudio a nivel europeo, además de los ya mencionados, los irlandeses, británicos, holandeses, belgas, luxemburgueses, alemanes, austríacos, húngaros, eslovacos, polacos, estonios y búlgaros optarían por el castellano si tuviesen que elegir esta nueva lengua. En Portugal, sin embargo, coinciden con Croacia, Rumanía, Eslovenia y Letonia, donde, al igual que en España, la lengua que les gustaría aprender es el alemán.

La tercera en popularidad entre los jóvenes europeos es el francés, por la que se decantan checos y lituanos. Por su parte, los chipriotas muestran su interés en estudiar rusos, Según recoge Marina Prats en huffingtonpost..

Otra de las preguntas del Eurobarómetro era el idioma que les gustaría mejorar.

El español pasa en esta pregunta a ser minoría y el que necesitan mejorar la mayoría de los europeos es el francés, seguido del alemán y el ruso.

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Sánchez y Cataluña, fuera de control
EDITORIAL ABC 11 Diciembre 2018

Es incomprensible que el Gobierno siga respondiendo a la nueva ofensiva del separatismo catalán contra la unidad de España con la tibieza que reflejan las cartas que Carmen Calvo, José Luis Ábalos y Fernando Grande-Marlaska enviaron ayer al Gobierno catalán para expresar su alarma y preocupación por los acontecimientos y declaraciones de los últimos días. Era Pedro Sánchez quien tenía que haber firmado una carta, aún más explícita, sobre los mecanismos del Estado de Derecho para defenderse y, a la vez, defender a los catalanes de una organización que apuesta por la vía eslovena -con enfrentamientos y víctimas- para separarse de España. No se entiende la alergia que parece tener Sánchez a una nueva aplicación del artículo 155 para que el Estado ponga orden jurídico, político y social donde no lo hay. Va de suyo el rechazo de La Moncloa a la violenta vía propuesta por Joaquim Torra hacia la independencia. Sin embargo, la docilidad de este Gobierno ante cualquier abuso del separatismo resulta exasperante, y no parece que el PSOE vaya a aprender la lección tras el varapalo electoral de Andalucía. Una cosa es la prudencia para no exaltar más los ánimos en Cataluña y otra, la inacción absoluta. Es lógico que si Sánchez impulsase contra su voluntad la intervención estatal de Cataluña sería interpretado como un fracaso personal. Pero estaba avisado sobre lo inútil de pactar con la Generalitat. El tacticismo no es una razón suficiente para huir del 155: primero porque electoralmente no le va a rentar nada, y segundo, y más relevante, porque su obligación como presidente es proteger los derechos de todos los españoles, y Sánchez incurre en una dejación de funciones alarmante.

El Gobierno interpreta que para una aplicación del 155 lo que deben contar son las «acciones». Pero ¿no es una acción la paralización por la fuerza, durante dos días, de carreteras? ¿No es una acción la convocatoria de una concentración masiva para «tomar» el Parlamento de Cataluña? ¿No es una acción el ataque sistemático a las propiedades de jueces y políticos, o esparcir estiércol ante sedes judiciales? ¿No es una acción permitir a los CDR apropiarse de las calles a su antojo y agredir a los mossos mientras se criminaliza a los agentes y se les impide defender el orden público? ¿No es una acción que un presidente de la Generalitat asuma el chantaje de los golpistas a la Justicia española, secundando una huelga de hambre de nula credibilidad? ¿Y no es una acción jalear a los radicales para que boicoteen la celebración de un Consejo de Ministros en Barcelona? Sánchez podrá intentar pactar cuanto quiera con el independentismo para salvar los presupuestos mientras el resto del PSOE le permita este absurdo cesarismo. Pero si lo hace, será contra los intereses de España, porque Cataluña está hoy fuera de control.

España pagaría caro la cobardía de Pedro Sánchez
EDITORIAL El Mundo 11 Diciembre 2018

Hay algo peor que un Gobierno débil o timorato: uno que permanezca enajenado de la realidad. Solo así puede entenderse la mezcla de irresponsabilidad y ceguera con la que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha reaccionado a las inflamadas amenazas de Quim Torra. El presidente de la Generalitat no solo no ha escondido su voluntad de forzar en Cataluña la vía eslovena, lo que comportaría el uso de la violencia con fines políticos, sino que se ha permitido alentar el inaceptable chantaje de los comités de defensa de la república (CDR) en forma de algaradas callejeras y de tintes revolucionarios.

Cataluña ha entrado en una fase extraordinariamente peligrosa. Resulta inadmisible que pueda lanzarse una amenaza del calibre de la verbalizada por Torra y que la respuesta del Gobierno, aún tibia y ya tardía, se limite a estudiar eventuales recursos judiciales. Carmen Calvo aseguró ayer que Moncloa adoptará las medidas oportunas para evitar que se repita el bloqueo de peajes y autopistas a cargo de la kale borroka separatista ante la absoluta pasividad de la policía catalana, pero no detalló cómo piensa evitarlo si el Govern continúa con sus facultades intactas: no basta una vaga advertencia por carta y una petición de explicaciones. La Abogacía del Estado anuncia que estudia cómo intervenir en Cataluña por un evidente riesgo de inseguridad, lo que choca con el discurso público de Sánchez, anclado en la distensión por mero cálculo partidista. Ni la salvaguarda de la unidad nacional ni la preservación del orden constitucional merecen titubeos. Si el Gobierno admite que Torra ha abierto la puerta a una vía «sangrienta», no puede limitarse a comentar sus movimientos, sino que tiene la obligación institucional e inexcusable de recurrir a los instrumentos legales a su alcance a fin de garantizar el marco de derechos y libertades vigente.

La manera más eficaz de defender el Estado de derecho de todos los españoles, incluidos los ciudadanos de Cataluña, es aplicar el artículo 155. Y hacerlo sin complejos, con un planteamiento de largo recorrido que contemple la intervención en el sistema educativo y en los medios de comunicación de titularidad pública. Alarma la temeridad con la que el secesionismo coquetea con la violencia, pero aún inquieta más que el Gobierno de la Nación no oponga la resistencia adecuada. Con arreglo a la legislación y conforme a las atribuciones que contempla la Ley Fundamental.

En lugar de frenar la escalada de tensión y enfrentamiento, los separatistas siguen decididos a consumar el desastre. El deber de Sánchez, previo regreso al bloque constitucional, exige preservar la seguridad. En caso contrario, España pagará caro la complicidad, la cobardía y la insolvencia de un Gobierno entregado a quienes se empeñan en quebrar la convivencia.

La crisis catalana y los errores de Sánchez

Francisco Marhuenda. larazon 11 Diciembre 2018

Un interesante tweet demuestra claramente la realidad paralela en que se han instalado los independentistas: “Cuando un gobierno ha de desplazarse a las colonias protegido por Fuerzas Armadas para encerrarse en un búnker blindado de la sociedad civil queda claro que es un gobierno impuesto por mas fuerza de las armas, un gobierno de dictadura”. Es tan grande la ignorancia y el despropósito que resulta, simplemente, espeluznante. Hay que preguntarse en qué mundo viven.

Los catalanes llevamos décadas votando y votando, con estos incompetentes en la Generalitat somos los campeones nacionales de acudir a las urnas. Por tanto, no parece que estemos sometidos a ninguna dictadura. Esta “opresión” que hemos vivido nos ha convertido en los más ricos de España, aunque hemos sufrido una corrupción sin limites protagonizada por una colección de depredadores dentro del nacionalismo que tenían su auténtica “patria” en paraísos extranjeros. Hemos sufrido, también, el sectarismo en la administración, el fanatismo y el adoctrinamiento en los medios de comunicación público y en la educación. Ahora toca el desgobierno y que los radicales tomen las calles.

No hay más salida que la firmeza en el ejercicio del poder para reponer la legalidad. No es aceptable el desgobierno actual y que las instituciones sean un mero instrumento partidista al servicio de los independentistas. Sánchez se equivocó abriendo un diálogo claudicante, porque los radicales se crecen con la debilidad del Estado. El desastre de Andalucía ha sido el faro que le ha iluminado en sus nuevos gestos. No hay que tener nunca miedo por aplicar la ley.

Este mensaje va dirigido exclusivamente a la persona o entidad que se muestra como destinatario/s, y puede contener datos y/o información confidencial, sometida a secreto profesional o cuya divulgación esté prohibida en virtud de la legislación vigente. Toda divulgación, reproducción u otra acción al respecto por parte de personas o entidades distintas al destinatario está prohibida. Si ha recibido este mensaje por error, por favor, contacte con la persona que figura como remitente y proceda a su eliminación. La transmisión por vía electrónica no permite garantizar la confidencialidad de los mensajes que se transmiten, ni su integridad o correcta recepción, por lo que no asumimos responsabilidad alguna por estas circunstancias.

La Generalitat debe volver al orden
 larazon 11 Diciembre 2018

Es tal la situación de desgobierno y descontrol que vive la Generalitat, que nadie sabe qué puede pasar en los próximos meses, incluso en las próximas semanas. Hay un desconcierto general aumentado por los sucesos del pasado fin de semana en el que se ha producido una nefasta concatenación de hechos: los que tienen que velar por el orden público se han alineado con aquellos que lo subvierten.

El gobierno de Cataluña critica a los Mossos d’Esquadra cuando actúan contra una manifestación violenta de independentistas y permiten que una vía fundamental para las comunicaciones, como la autopista AP-7, estuviese bloqueada durante diecisiete horas por un comando de los CDR sin que la policía autonómica recibiera ninguna orden para que se pudiera transitar libremente. Ante esta situación, el apoyo a estos grupos violentos por parte del mismísimo presidente de lo que queda de la Generalitat, Joaquim Torra, y su llamamiento a seguir la «vía eslovena» a la independencia –que provocó una guerra y cerca de 70 muertos–, parece que el Gobierno de Pedro Sánchez empieza a darse por enterado de la situación realmente alarmante que está viviendo Cataluña.

No debe de ser fácil para un presidente del Gobierno soportar –por la exigencia moral que obligaría el cargo– el hecho de que quien le ha permitido llegar a la Moncloa con sus votos le reciba con altercados –ni siquiera pacíficas protestas– en Barcelona el día 21, donde tiene previsto reunirse el Consejo de Ministros, con el apoyo provocador del propio Torra. Pero al menos por asegurar la paz social y defender las instituciones democráticas, es hora de que Sánchez se dé por enterado.

A la situación no hay que añadir ni un gramo de alarmismo porque sobran las pruebas, de palabra y de hecho, de que los independentistas que han tomado a la Generalitat como rehén están dispuestos a persistir en el golpe y alcanzar sus objetivos, pase lo que pase, y si el Estado de Derecho no se lo impide. «No hay marcha atrás», es la letanía que Torra ha repetido desde su ayuno monástico en Montserrat.

Por lo tanto, ante la reiterada dejación de funciones del Gobierno catalán permitiendo los actos violentos que han tenido lugar el pasado fin de semana sería lógico que se investigase por parte de la Abogacía del Estado cómo debería intervenirse la Generalitat a la vista de que Torra, además, ha hecho un llamamiento a emprender un camino que en la ex Yugoslavia fue el preludio de una guerra bárbara. En la comparecencia de mañana en el Congreso, Sánchez debería concretar las medidas que está dispuesto a emprender para que la situación en Cataluña no degenere en lo que el independentismo busca desde hace tiempo.

Por un lado está la aplicación la Ley de Seguridad Nacional que, ante situaciones especialmente graves en las que no se pueda asegurar el orden público, supondría tomar el control de los Mossos d’Esquadra. Es una media que, aunque contaría con el respaldo de C's y PP, está entre las facultades del presidente del Gobierno, ya que se ejecuta a través de un real decreto.

Por otra parte, la aplicación del 155 está siendo ya contemplada por el propio PSOE, una medida que se anunció traumática cuando la puso en marcha el gobierno del PP, pero que permitió por lo menos frenar la deriva insurgente abierta tras la declaración unilateral de independencia. La situación encierra una paradoja que la hace especialmente compleja: Sánchez gobierna gracias a los votos de los independentistas, de aplicar alguna medida para frenar el desorden público que se vive –Ley de Seguridad Nacional o intervención de la autonomía–, provocaría el fin del Gobierno. Sánchez ya sabe a estas alturas que la caída del PSOE en Andalucía se debe en gran parte a su pacto con los autores del golpe a la legalidad democrática.

Bastaría
ARCADI ESPADA El Mundo 11 Diciembre 2018

Se ha dado un notable equívoco con la alusión de El Valido a la llamada vía eslovena como modelo de una futura independencia de Cataluña. En modo alguno se trata de que los nacionalistas hayan introducido por vez primera la violencia en su imaginario. Hace tiempo que lo está. Introducida y practicada. Desde el momento en que decidieron saltarse la ley, y por lo tanto abandonar la vía democrática, los nacionalistas incluyeron la violencia entre sus métodos. O hay ley o hay fuerza. No hay equidistancia posible. Un determinado grado de violencia, desde luego. A diferencia de los nacionalistas vascos no incluía el tiro en la nuca. Aunque sí la acción violenta de las masas. Cuando el 1 de octubre la Policía se presentó en los colegios electorales para requisar las urnas ilegalmente dispuestas, los nacionalistas no cedieron gentilmente el paso, sino que, amparados en su decisión y su número, trataron de impedir por la fuerza el cumplimiento del mandato judicial. Días antes hicieron lo mismo frente al departamento de Economía de la Generalidad. La llamada no violencia es un mito. Si además, se proyecta contra una democracia el mito añadido es su legimitidad.

Así pues lo que hizo El Valido en Eslovenia y el ex consejero Comín en Bélgica cuando anunció que el tramo final de la independencia sería "dramático" y se pagaría "un precio alto e injusto", no es introducir la violencia, sino los muertos. Y aún se debe afinar algo más: no matanzas sarajevas, por así decirlo, sino una cosa más razonable y asumible. Una cosa eslovena. Eslovenia y Cataluña siempre se han tenido un cierto faible mutuo, no en vano Liubliana se da un cierto aire a la propia Barcelona y no en vano, tampoco, ambas comunidades tienen una excelente opinión de sí mismas y, en especial, de sus autosonrisas. El Valido venía a plantear lo que en catalán se llama un capmàs, un tanto alzado: 60 muertos. Una cifra modesta, atendiendo a la dimensión histórica del objetivo. Una matanza con seny. Deduje al leerle que, en su fanatismo, se dirigía a las masas que hace un año desertaron de la plausibilidad del reto: bueno, la verdad es que 60 muertos entre dos millones, es un 0,003 de probabilidad estadística. Y eso sin contar que algunos bien podrían estar en el otro bando, con lo que aún se relativiza más el riesgo. Las cuentas de El Valido incluían una previsión relacionada: que con 60 muertos bastaría. Y es en este bastaría, más que en los muertos, donde está la clave de bóveda de su llamada al sacrificio.

Hace muchos años Ángel Colom, un histórico del nacionalismo y de la agitación callejera, dijo con énfasis que "la independencia de Cataluña no valía ni un solo muerto". En más de cinco años de Proceso no se lo he vuelto oír a ninguno de los insurrectos.

La vía eslovena.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 11 Diciembre 2018

JOAQUIM TORRA ABOGA POR LA VÍA ESLOVENA PARA LA INDEPENDENCIA: SI HAY MUERTOS EL PROCESO SE ACELERA. PROPONEN QUE LOS CDR SEAN ASIMILADOS A LA POLICIA.

El radical xenófobo independentista y actual Presidente del Gobierno de la Generalidad, Joaquim Torra, quizás animado por el fervor fanático nacionalista del aquelarre independentista en la presentación del Consejo de la República este sábado pasado en Bruselas, ha lanzado una esperpéntica propuesta por la que aboga por escoger la que llama “vía eslovena” como acceso a la independencia. Ya no sé si le queda algún otro caso de segregación o desmembración de un país o colonia con el que comparar a Cataluña y su proceso independentista. Hemos pasado de la vía escocesa referéndum mediante, a la de la región de Quebec en Canadá y el mismo proceso periódico consultivo , y ahora a equipararse con Eslovenia y su proceso de independencia mediante una sublevación armada con el resultado de 87 muertos y cientos de heridos. Y aquí volvemos a encontrar la teoría independentista de que si hay muertos sobre la mesa el proceso de independencia se aceleraría. No es la primera vez que los golpistas buscan tener sus víctimas mortales como mártires para presentarlas ante la opinión publica mundial como símbolo de la represión de España sobre el indefenso pueblo catalán.

Las reacciones a estas declaraciones de Torra han sido unánimes y críticas, precisamente por inducir a una rebelión con enfrentamiento armado para lo cual no sé si piensa usar al cuerpo policial de los Mossos, o esas fuerzas parapoliciales a las que quieren asimilar a los violentos CDR, o directamente armar a fanáticos de la ANC y formar grupos de acción. Igual hasta usar los tractores de la cataluñefa payesa profunda como improvisados tanques. Todos los dirigentes de partidos sin excepción han criticado a Joaquim Torra que ha iniciado este domingo un retiro espiritual en el Monasterio de Montserrat para cumplir con su promesa de solidaridad con los golpistas presos en la cárcel de Lledoners, que iniciaron una huelga de hambre indefinida. Joaquim Torra se limitará a un ayuno más limitado y testimonial de solo 48 horas, y de paso se aísla del mundanal ruido evitando las molestas preguntas de los medios de comunicación. Algo que me recuerda vagamente a José María Aznar y su inicio de curso político en el Monasterio de santo Domingo de Silos.

En cualquier caso, se trata de otro desbarre de un personaje que no puede ni un minuto más seguir al frente del Gobierno de la Generalidad. VOX ha anunciado que hoy mismo va a presentar una querella contra Torra por incitar a la rebelión, y aquí no hay duda de que la alusión a un enfrentamiento armado con víctimas mortales está implícita en esa vía eslovena. Esto y otras muchas declaraciones y actuaciones, como la de sumarse al aquelarre independentista de Bruselas y escenificar la sumisión y dependencia jerárquica de un fugitivo de la Justicia, Carles Puigdemont reconociendo un órgano como el Consejo de la República, o su intento de purgar a los Mossos que se atrevieron a neutralizar a los violentos CDR, justifican la querella y además la necesidad de que el Gobierno de España aplique el artículo 155 para asegurar la fidelidad de unas fuerzas policiales puesta en duda una y otra vez desde hace más de un año.

Por otra parte, el Ministerio de Interior no puede hacer dejamiento de sus funciones que comprende garantizar la seguridad ciudadana en todos sus aspectos, incluidos el de la movilidad de los españoles y ciudadanos de la UE. No se puede tolerar el secuestro a la libre circulación de bienes y personas realizado durante el fin de semana por los CDR cortando con total impunidad durante 15 horas la autopista AP-7, con la pasividad de los Mossos a la hora de restaurar la normalidad. Un bloqueo que provocó tensión, crispación y enfrentamientos entre usuarios y manifestantes que pudieron tener consecuencias graves por lesiones. Un bloqueo que fue seguido por el levantamiento de las barreras de peaje y destrucción de equipos de pago, causando perdidas millonarias a la concesionaria privada en un día de extrema circulación de vehículos por el retorno de un largo puente vacacional. Y son a estos violentos activistas CDR a los que algunos como el excandidato a la presidencia de la ANC, Adriá Alsina Leal, pretenden equiparar y asimilar a policías de frontera. Es decir, dotarles de autoridad y de armas, algo que recuerda a otra época donde grupos de sicarios armados secuestraban y asesinaban a disidentes políticos. Las llamadas “sacas” y "paseos".

Ya se está tardando en ilegalizar a asociaciones como la ANC y OMNIUM y perseguir a esos CDR como lo que son, activistas de una guerrilla callejera perfectamente estructurada y nutrida de elementos violentos organizados. Grupos como los de Arrán especializados en escraches y acosos como los realizados contra la familia del juez Pablo Llarena y en violentar actos de los no independentistas. Su última convocatoria es la de protestar contra el Consejo de Ministros del próximo 21 de diciembre que se celebrará en Barcelona por deseo expreso de Pedro Sánchez, con el rechazo frontal a su celebraciónla del Gobierno de la Generalidad y la incitación directa por voz de su Presidente Joaquim Torra y asociaciones como la ANC. Su cartel de convocatoria lo dice todo: Bajo el hashtag #tumbemoselrégimen “21D LLENAREMOS LAS CALLES Gerona y Tarrasa marcan el camino”. Una referencia a los recientes disturbios en esas ciudades con las cargas de los Mossos que fueron tan criticadas por el mismo Torra con bronca incluida a su Consejero de Interior, Miquel Buch, al que le pidió hacer una purga de los responsables.

Estamos en una escalada en el desafío separatista con varios frentes abiertos donde los grupos como los CDR y Arrán, actúan de modo coordinado con las directrices del Gobierno de la Generalidad y asociaciones independentistas como la ANC, ambos integrados en ese organismo extraparlamentario y radicado en el extranjero ideado y creado por el fugitivo Carles Puigdemont en Bélgica. Un país donde el separatismo flamenco avanza en sus reclamaciones protagonizando actuaciones y declaraciones de apoyo al separatismo catalán al que da cobertura y protección. Es hora de que el Gobierno de España se queje formalmente ante la UE por la actitud desleal y obstructiva de ese ejecutivo protegiendo y permitiendo la libertad de movimientos de unos fugitivos de la justicia de España que se comportan como un Gobierno ilegítimo en el exilio.

Pedro Sánchez con su pasividad e inacción está cometiendo alta traición a España dejando que los golpistas incrementen su desafío y perturben la paz social y la vida normal en Cataluña, con graves perjuicios económicos. Es hora de pararlo y aplicar el artículo 155 de modo selectivo y por tiempo indefinido y comenzar las acciones penales para exigir responsabilidades a los inductores y máximos responsables de este nuevo delito de rebelión. Si no lo hace será cómplice y corresponsable de los sucesos que se produzcan en los más que seguros altercados.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!
¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Una declaración de guerra
Pablo Planas Libertad Digital 11 Diciembre 2018

Es curioso que un tipo que ha dedicado media vida a vender seguros se dedique ahora a fomentar una guerra civil.

Primero fue aquello de los españoles, las "bestias con forma humana", tarados con alteraciones genéticas y "moho verdoso en las dentaduras postizas". Torra ni rectificó ni mostró el más mínimo arrepentimiento. Que se le había sacado de contexto, adujo, a él, un campeón del pacifismo, el Luther King de Blanes, Gerona.

Luego les dijo a los encapuchados que apretaran, que esa era su función y que hacían bien en cortar carreteras, asaltar estaciones, amenazar a jueces, políticos y contrarios e imponer su ley en las calles. Tampoco rectificó. Los encapuchados son sus chicos, los Comités de Defensa de la República (CDR), en los que dice que milita toda su familia. Envalentonados por el apoyo del presidente de la Generalidad, los muchachos de Arran, la CUP y los CDR son los amos de la pista, mientras los Mossos tienen órdenes estrictas de dejarles campar so pena de ceses y expedientes.

El último hit de Torra es la vía eslovena. Mientras los zumbados por la república reparten instrucciones en las redes sociales para reventar Cataluña el próximo día 21, el representante ordinario del Estado en Cataluña, o sea Torra, no sólo participa en un acto del prófugo Puigdemont en Bruselas, sino que se larga una arenga sobre la conveniencia de llegar hasta el final "con todas las consecuencias", como se hizo en Eslovenia.

Han pasado más de 48 horas de la declaración de guerra y no es previsible que Torra vaya a emitir el más leve matiz sobre dicha vía. Debe pensar que no hay independencia más barata: por menos de cien muertos, y más de la mitad del enemigo, te montas un país. Tampoco es previsible que el Gobierno haga nada.

Total, que tenemos un presidente de la Generalidad que odia a una parte de sus congéneres, anima y patrocina a los violentos y propone declarar la república catalana otra vez y a tiros si es menester. Puigdemont a su lado es un santo varón, un hombre errado, seguro, pero no tan ofensivo y peligroso como su sucesor. Menos iluminado incluso, que ya es decir. Es curioso que un tipo que ha dedicado media vida a vender seguros se dedique ahora a fomentar una guerra civil. La vida y hacienda de millones de personas sigue en sus manos gracias a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Cataluña, territorio sin ley
Cayetano González Libertad Digital 11 Diciembre 2018

¿Qué más tiene que pasar para que en Cataluña se aplique la ley, por ejemplo, el artículo 155 de la Constitución? En los últimos días, un clima de violencia y de insurrección se ha instalado en esa comunidad autónoma, con la complacencia y el aliento del máximo representante del Estado en ella, es decir, el presidente de la Generalitat, Quim Torra. Este, en un ejercicio de desvergüenza y de inmoralidad que debería llevar, como mínimo, a su destitución, desautorizó públicamente a la policía que está bajo su mando, los Mossos d’Esquadra, por utilizar la fuerza a la hora de disolver a un grupo de manifestantes violentos que estaban impidiendo el libre ejercicio de la libertad de expresión y de reunión de quienes querían celebrar un acto en favor de la Constitución.

Decía Albert Boadella este fin de semana, en una entrevista en El Mundo: "O se interviene Cataluña varios años o nos comemos la independencia". No puedo estar más de acuerdo con esta aseveración. Puede resultar baldío recordar la cobardía y el inmenso error que cometió Rajoy cuando amagó y no dio; es decir, cuando aplicó de esa manera el 155, convocando lo más rápido posible unas elecciones autonómicas, en lugar de esperar un tiempo para intentar taponar la enorme herida que el independentismo ha venido causando desde 2011 en las instituciones y en la sociedad catalanas.

Es muy poco probable que el Gobierno de Sánchez vaya a tomar esa decisión que acertadamente apunta Boadella, aunque con los continuos cambios de criterio que tiene el presidente y, sobre todo, ante la constatación del hartazgo ciudadano en toda España con la política de gestos hacia el independentismo catalán por parte de este Gobierno y del anterior, que ha sido la principal causa de la debacle socialista en Andalucía, así como del crecimiento de VOX, cualquier cosa es posible.

Así las cosas, sólo un Gobierno de España integrado por partidos claramente constitucionalistas y defensores de la unidad de la Nación tendría el arrojo necesario para intervenir Cataluña y revertir, mediante la aplicación estricta de la ley y desmontando todo el entramado sociopolítico-cultural-mediático de los independentistas, la actual situación de insurrección institucional y de violencia social.

Urgen unas elecciones generales donde los partidos del centroderecha –PP, Ciudadanos y VOX– se presenten casi con ese único punto en su programa electoral: aplicar la ley y sólo la ley en una parte del territorio nacional donde un día sí y otro también es incumplida por quienes ahora gobiernan las instituciones catalanas. Mientras tanto, no estaría de más que el Gobierno de Sánchez al menos tenga la decencia de tomar alguna medida que vaya en esa dirección de cumplir y hacer cumplir la ley. Por ejemplo, visto lo visto en los últimos días, interviniendo la policía autonómica, para garantizar el orden público en Cataluña, ya que de lo contrario esa comunidad autónoma lleva el camino de convertirse, si no lo ha hecho ya, en un territorio sin ley.

El próximo día 21, el Consejo de Ministros del Reino de España se va a reunir en Barcelona. La CUP, los CDR y los Torra de turno ya están calentando convenientemente el ambiente para que ese día la imagen que se proyecte al mundo entero sea el de una sociedad en pie de guerra, en pro de la República Independiente de Cataluña. Habrá que ver cómo evolucionan los acontecimientos en estos próximos días, porque el ambiente se va caldeando por momentos y, como han advertido diversos portavoces del PP y de Ciudadanos, cualquier día pueden suceder cosas que nadie en su sano juicio desea. La mención de Torra a la "vía eslovena" para conseguir la independencia de Cataluña ha encendido algunas alarmas. Antes de lamentar conviene prevenir, algo que fundamentalmente está en manos del Gobierno de España. Sólo hay que aplicar la ley y nada más que la ley.
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