AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 12  Diciembre 2018

Presupuestos Generales 2019
Bruselas asesta el último golpe económico a Sánchez: fuerza un recorte de 16.000 millones
Cynthia Díaz Nobile okdiario 12 Diciembre 2018

A Bruselas no le salen las cuentas. De hecho, nunca le han cuadrado los ingresos de unas cuentas teñidas de gasto y que remitió la ministra de Economía, Nadia Calviño. Ese es el motivo que ha obligado al Ejecutivo a retomar la senda de déficit del 1,3% del PIB aprobada por el anterior Gobierno de Mariano Rajoy. De esta forma, y para cumplir con lo pactado con las autoridades comunitarias, España tendrá que recortar 16.000 millones el año que viene: el importe que supone pasar de un déficit del 2,7% al 1,3% exigido por Bruselas.

Pese a que el Ejecutivo sostiene que recuperar la senda de gasto del Partido Popular busca ganar “seguridad jurídica” y blindarse en la Cámara Baja ante el posible rechazo del PP y Ciudadanos, lo cierto es que, tal y como ha reconocido la responsable de Hacienda, María Jesús Montero, para “cuando se apruebe la nueva senda tendremos que adaptar algunas cifras”.

Esa ‘adaptación’ empieza por recortar 16.000 millones de euros. Es decir, 6.000 millones adicionales a los 9.000 que ya contemplaba el Ejecutivo. Esto supondría que las medidas “urgentes e inaplazables” que van enmarcadas en la agenda social de Sánchez, podrían quedarse en un cajón. El recorte adicional supone 6.000 millones. Mientras, ligar las pensiones al IPC real, subir las mínimas, establecer una partida de 426 euros al mes a los parados de 52 años de larga duración, las ayudas a la dependencia, el Plan de vivienda, subir el salario mínimo interprofesional (SMI) a 900 euros al mes y el plan de empleo juvenil, suman 4.770 millones de euros.

Este 2019 es un año electoral, en principio se celebrarán comicios europeos, autonómicos y municipales, aunque ya se habla de un ‘super domingo’ con elecciones generales. Adelantar las elecciones podría suponer una alivio para el partido del Gobierno. Con el pretexto de que el ajuste viene desde Bruselas el PSOE ‘salvaría los muebles’ de cara a su electorado. A su vez, los socialistas no dañarían partidas de gasto comprometidas con los partidos nacionalistas porque las Cortes estarían disueltas.

Italia denuncia el trato
Italia ya ha puesto a España en la ‘diana europea’ después de que las autoridades comunitarias rechazaran de pleno sus cuentas e hicieran de tripas corazón con los Presupuestos españoles. Unas cuentas la Bruselas aceptó aceptado evaluar pese a que no tienen respaldo del Parlamento español.

Tal y como publicó OKDIARIO Italia denunció el hecho de que España esté recibiendo un trato excesivamente benévolo justo cuando su ministra de Economía, Nadia Calviño, es una persona que cuenta con excedencia para retornar a la Comisión Europea.

La vuelta de los cisnes negros a Europa
José María Gay de Liébana okdiario 12 Diciembre 2018

Durante los últimos años ya se ha convertido en todo un clásico de la literatura económica del mes de diciembre, con la vista puesta en el inminente año que está a punto de llegar, en este caso 2019, barruntar acerca de los cisnes negros. ¿Cuál es la probabilidad de que aparezcan esos cisnes negros que Saxo Bank, el banco danés, anuncia tradicionalmente? Nunca se sabe, pero aquí están y no van desencaminados ni suenan a visiones apocalípticas, de hecho, son dables.

Veamos algunos de esos hechos inesperados en los mercados y que de repente podrían jugar una mala pasada e incluso colapsar, en cierto modo, el momento económico actual que ya de por sí está bastante agitado y timorato con tanto jaleo internacional. El primero de esos cisnes negros sería que estallara una crisis de deuda en Europa. Italia, Francia y España tienen todas las papeletas para que eso se produzca. En el país trasalpino, el volumen de su deuda pública alcanza ya más del 133% sobre su PIB que cerró 2017 con 1,724 billones de euros. Su arriesgado juego presupuestario, saltándose a la torera las reglas de déficit marcadas desde Bruselas, invitan al traspié.

Por su parte, Francia, azuzada por los movimientos contestatarios que representan los chalecos amarillos, que algunos ya intuyen a guisa de una nueva revolución francesa, acumula una deuda pública en 2018 equivalente al 99,1% de su PIB que en 2017 se cifró en 2,291 billones de euros. En territorio galo, además, la fuerte sacudida de su gasto público, que supone el 56,5% del PIB, es un elemento adicional de riesgo, lo que le obliga a estrujar cada vez más a sus sufridos ciudadanos con una monumental carga tributaria que supone más del 48% del PIB. El déficit público francés, del 2,7% sobre el PIB en 2017, al igual que el de Italia, del 2,4% el pasado año, hecha gasolina al fuego de las finanzas públicas.

¿Y España, qué tal? Pues más o menos por la misma senda que Francia e Italia. Nuestro déficit público es objeto de cuidadosa atención por parte de las autoridades europeas que presienten que en 2018 no se cumplirá el objetivo previsto. En 2017, fuimos el único país de la Unión Europea (UE) que superó con su déficit la cota del 3%, 3,1% para ser exactos, y, al día de hoy, somos los únicos que estamos bajo la lupa del protocolo de déficit excesivo. Por su parte, nuestra deuda pública que ya supera 1,174 billones de euros representa 98,1% del PIB. Los riesgos a la vista caen por su propio peso…

Pero hay más madera con respecto a ese trío europeo que formamos italianos, franceses y españoles. Por ejemplo, la más que previsible evolución de los tipos de interés que apuntan irremediablemente al alza en 2019. ¿Serán capaces las cuentas públicas de los respectivos países de encajar el golpe de una mayor carga financiera? ¿Pagarán los intereses o tendrán que recurrir, como es habitual, a mayor endeudamiento para liquidarlos?

Y es aquí donde surge otro interrogante habida cuenta de que el 1 de enero de 2019 ya no estará vigente la política monetaria ultraexpansiva del Banco Central Europeo (BCE) que pone fin a su programa de compra de bonos y deuda cuando se despida el año 2018. Porque la primera consideración que cabe formular, atendiendo a ese escenario, es si el mismo BCE tendrá capacidad de reacción ante la aparición de ciertas complicaciones en Italia, Francia y España a la hora de obtener crédito en los mercados financieros, lo que, entre otras cosas, habida cuenta de los números que arrojan sus respectivas cuentas públicas, entrañaría un encarecimiento más o menos sustancial de la prima de riesgo.

A todo ello, súmese el crecimiento más bien anémico que se prevé en esos tres países para 2019, aunque España sea, en principio, la que mejor sale parada en los vaticinios que circulan. De momento, los datos concernientes al tercer trimestre de 2018 ponen de manifiesto que en tasa interanual, Francia está creciendo a un exiguo 1,4% en 2018; Italia lo hace a un pírrico 0,7% y España crece al 2,5%.

El segundo cisne negro viene dado por una posible recesión en Alemania. En el tercer trimestre de 2018 la economía germana ha pinchado al decrecer en comparación con el segundo trimestre el 0,2% y en comparación interanual, respecto al tercer trimestre de 2017, solo ha crecido el 1,2%. Las ventas al exterior de Alemania se están resintiendo, las nuevas tecnologías en el sector de la automoción, cuyo peso en el PIB alemán es del 14%, le afectan, la persecución a la que se está sometiendo a la industria automovilística juega en su contra y, por si todo eso fuera poco, la política arancelaria de EEUU constituye otro factor adverso para sus exportaciones ¿Qué pasa si el gran acorazado de la economía europea que es Alemania, cuyo PIB en 2017 sumó 3,277 billones de euros, gripa?

Y el tercer cisne negro preconiza una catástrofe en Reino Unido. El impacto del Brexit y una posible derrota de Theresa May, cuestionarían la salida del país británico. Las cuentas públicas inglesas, por fuerza, se resentirán a raíz de la salida del paisaje europeo y se entraría en un complicado escenario bastante propicio para subidas de impuestos, un déficit público descarriado, inflación trepando, desplome de inversiones y estampida de extranjeros golpeando al sector inmobiliario. La libra entra en caída…

Sin embargo, habrá qué ver hasta qué punto dolerá en la economía británica su salida de la Unión Europea (UE). Su crecimiento en el tercer trimestre de 2018 ha sido débil, incrementándose un 1,5% respecto a 2017, su deuda pública, aunque alta, se halla por debajo de la de Francia, Italia y España, con el 86,7% sobre su PIB, y por el momento aún se albergan dudas sobre la instrumentación efectiva del Brexit y la posibilidad de que haya algún tipo de marcha atrás en esa abrupta decisión de abandonar el marco de la UE. Veremos…

Las elecciones andaluzas: cuestiones de fondo
Alejo Vidal-Quadras gaceta.es 12 Diciembre 2018

El resultado de las elecciones andaluzas ha trastocado el tablero político español y, como siempre, el nerviosismo inmediatista de los estrategas de los distintos partidos les ha llevado en los días siguientes a este land slide meridional, que ha sorprendido tanto a los ganadores como a los perdedores, a hacer que sus líderes se pongan a lanzar mensajes sin ton ni son y a proferir más banalidades de las que suelen. Más allá de este cloqueo superficial, hay lecciones muy interesantes a extraer de un acontecimiento plagado de significado y preludio de corrimientos tectónicos en el plano ideológico de gran calado en el ámbito nacional.

Un inteligente politólogo, conocido por sus certeros análisis, ha quedado tan desconcertado por la emergencia de un partido iconoclasta situado en una zona del espectro parlamentario hasta ahora inédita en España -un fenómeno similar a la expectación que creó la aparición de Podemos en las europeas de 2014- que ha intentado con buena intención elaborar una crítica de los planteamientos de Vox a partir del concepto de patriotismo. Desde su perspectiva, el patriotismo, que no hay que confundir con el nacionalismo, mala hierba venenosa que crece en su huerto, implica asumir la realidad de tu país, tanto la que te gusta como la que no, y una vez aceptada esta premisa asumir que el separatismo catalán inconstitucional y violento está ya aquí de manera irremediable y que, en la medida que forma parte de nuestro paisaje, hay que apechugar con él porque ha quedado incorporado a nuestra historia. Sin llegar a proponer la ingenuidad de una solución dialogada para el problema secesionista, su tesis es que si dos millones de catalanes se quieren separar de la matriz común no hay otro camino que afrontar este hecho desazonador, aunque no dice cómo.

A partir de este enfoque fatalista, establece algunas conclusiones francamente discutibles. La afirmación de que no existen tensiones territoriales porque hay Autonomías, sino que hay Autonomías porque existen tensiones territoriales, apunta a la estrategia de transformación del Estado realizada en la Transición para calmar las pulsiones centrífugas. La seráfica hipótesis fue que si a los nacionalistas se les daba un Parlamento, un Gobierno, amplísimas competencias legislativas y de gestión, una policía, una bandera, un generoso presupuesto, un himno, potentes medios de comunicación, las escuelas, una lengua cooficial y un intenso reconocimiento simbólico, aceptarían las reglas del juego y no romperían la baraja. Pues bien, ha sucedido lo contrario: han utilizado todo eso para volar el pacto civil que permitió el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia y nos han apuñalado por la espalda. Por consiguiente, la existencia de tensiones territoriales no debió conducir al invento del Estado autonómico, sino más bien a un diseño de nuestra estructura institucional que las neutralizase. Constatado este fracaso doloroso, es muy difícil coincidir con la idea de que, pese a algunos errores, en 1978 se hizo todo bien en lo fundamental. La experiencia parece demostrar que fue precisamente lo fundamental lo que falló.

En cuanto a la clásica contraposición entre centralismo y descentralización, acudir al ejemplo del diferente abordaje de la sanidad en zonas rurales de población dispersa y en áreas de alta concentración demográfica para justificar la división de España en Comunidades Autónomas, no se sostiene. La heterogeneidad geográfica, de renta, de recursos naturales y de otras características físicas o sociales, se trata perfectamente con una bien pensada descentralización administrativa y no hacen falta diecisiete Cámaras legislativas, diecisiete sistemas de sanidad, diecisiete sistemas educativos y diecisiete regulaciones sobre el impuesto de patrimonio -que debería suprimirse sin más- triturando el mercado único y poniendo trabas a la libre movilidad de empresas y de ciudadanos. Es verdad que un Estado unitario puede ser tan elefantiásico y despilfarrador como un Estado federal, y el caso de Francia es una clara ilustración, pero no deja de ser cierto que una arquitectura territorial trufada de redundancias, duplicidades, administraciones paralelas clientelares y prácticas corruptas no es un elemento favorecedor de la austeridad y la eficiencia. La única motivación seria para el tinglado autonómico es de naturaleza política y justo en este aspecto ha naufragado estrepitosamente entre hordas de encapuchados cortando autopistas, políticos presos en huelga de hambre y el máximo representante del Estado en una Comunidad pugnando por balcanizarlo de modo sangriento. La federalización de España ya se ha ensayado en dos ocasiones en la primera y en la segunda Repúblicas, con el éxito universalmente conocido. La tercera va por el mismo camino y tropezar tres veces en el mismo pedrusco no es una muestra de inteligencia. La circunstancia añadida de que el Congreso de los Diputados vuelva a estar plagado de republicanos demuestra que no tenemos remedio.

También es frágil el argumento de la conveniencia de los contrapesos para la salud de la democracia a la hora de cantar la loa de las Autonomías. Un gobernante nefasto con poder centralizado puede ser muy dañino sin checks and balances que lo moderen, pero un dibujo territorial que fragmente la Administración de Justicia y los servicios básicos, que disuelva el imperio de la ley en una Comunidad y que ponga en manos de los peores enemigos internos de la Nación las herramientas para liquidarla, tiene una capacidad destructiva igual o superior.

En una cosa hay que darle, sin embargo, la razón sin reservas a Miguel Ángel Quintanilla. Su lúcida constatación de que la descomposición actual de España es culpa de los sucesivos Gobiernos centrales del PP y del PSOE que, lejos de conjurar la amenaza nacionalista, la han alentado y tolerado hasta extremos inauditos, no admite refutación. Esperemos que la combinación de esfuerzos del nuevo PP de Pablo Casado, de Ciudadanos y de un VOX en el que vaya imponiéndose la serenidad al ardor articule tras las próximas elecciones generales una mayoría en la Carrera de San Jerónimo que ponga orden en el presente caos y coloque a España en la senda de la estabilidad, la confianza y la prosperidad.

Andalucía ha sido el ensayo parcial, ojalá Pedro Sánchez se vea pronto obligado a llamar a las urnas y asistamos a la función completa.

Inmigración: contra el discurso del odio y el embuste
Pío Moa gaceta.es 12 Diciembre 2018

(Como siempre, espero que los lectores que estén de acuerdo con las ideas expresadas en este blog, las difundan todo lo más ampliamente que puedan)

Sale el periódico mafioso El País, representante de las fuerzas que aspiran a disgregar a España y a disolverla en la llamada Unión europea, acusando a VOX de tener un discurso de “odio al diferente”. Acusando de paso a cuantos nos oponemos a la inmigración masiva. He aquí una respuesta.

Ustedes nos odian a nosotros, y ese odio les lleva a inventar mil calumnias hasta pervertir el lenguaje. Nadie odia al “diferente” por serlo, sino en la medida en que se le percibe como una amenaza, ya sea personal, cultural o política, y aun así no hay necesariamente odio, sino en la mayoría de los casos tan solo una necesaria prevención. Porque en las relaciones humanas no existe solo amor y comprensión, también violencias, abusos y odios como aquel con que ustedes nos distinguen y con el que quieren silenciarnos y destruir nuestra libertad.

Ustedes hablan de solidaridad con los inmigrantes, pero esa solidaridad es más bien con las mafias que trafican con ellos, engañándoles y robándoles con el espejismo de una Europa donde, por lo común, desempeñarán oficios muy mal pagados, caerán muchos en la mendicidad y en la delincuencia (creo que la mitad de la población penal española se compone de inmigrantes); y, cuando llegan a ser muchos, se agrupan en barrios en los cuales, como ocurre ya en Francia, Bélgica o Inglaterra, se impone la ley de los narcos o la sharia, y donde a menudo la policía prefiere no entrar. Esa es la realidad, cada vez más agravada, del “sueño europeo” con el que ustedes y las mafias trafican. Porque no es lo mismo algunos inmigrantes que masas de inmigrantes, legales o ilegales.

Ustedes conocen muy bien estas cosas porque está a la vista de todos. Pero conociéndolas tratan de ocultarlas y de perseguir a quienes simplemente las ponen de relieve. Y hay que preguntarse por qué. Ustedes aducen razones económicas bajo esa extraña solidaridad: esos inmigrantes vendrían a pagar nuestras pensiones, aseguran ustedes, a hacer viable el llamado Estado del bienestar. Pero, sin entrar en más detalles, es la productividad económica, por ahora creciente, lo que permite el Estado de bienestar y no una masa de trabajadores mal pagados. Y menos aún masas ajenas a nuestra cultura, a la que a menudo desprecian, quizá porque les ven a ustedes como representantes de ella. Ustedes nunca vivirán en esos barrios de inmigrantes ni cerca de ellos ni sufrirán sus inconvenientes. Ustedes verán a los inmigrantes simplemente como criados en sus casas, a menudo sin derechos reales. Ustedes no son solidarios de los inmigrantes, en el fondo sienten un gran desprecio por ellos, procuran no mezclarse con ellos y piensan explotarlos con bajos salarios, a menudo en perjuicio de los españoles.

Digamos, además, que basta ver a esos inmigrantes para entender que no son “muertos de hambre”, pues han debido pagar sumas considerables a los traficantes, y en muchos casos son personas relativamente cualificadas que privan a sus países de ese recurso. Y no exploten con falsa sentimentalería la tragedia de quienes mueren en el mar porque los traficantes los “exportan” en pésimas condiciones, en complicidad con ustedes, precisamente. Su sentimentalismo tan falso como el resto de sus argumentos, pues esas personas no morirían si siguieran en sus países. Ustedes son corresponsables de esas muertes. ¿En qué debería consistir la solidaridad, en ayudarles a mejorar económica y socialmente en su tierras, o en traerlos en masa para explotarlos aquí y, como deliran ustedes, “que nos paguen nuestras pensiones”? Pues el fondo de su argumentación siempre va al dinero, sobre el que es tan fácil hacerse falsas ilusiones, como las que proponen las mafias a los emigrantes y ustedes a nuestros ancianos.

Pero ese “amor y solidaridad”, que ustedes se atribuyen mientras calumnian a quienes pensamos de otro modo, no estaría completo sin recordar el aborto que en España alcanza a unos cien mil al año, también promocionado por ustedes. ¿Cómo se entiende esa política de inmigración y aborto masivos? ¿Pretenden ustedes ir desplazando progresivamente a la población española para sustituirla con inmigrantes, acaso porque creen a estos más fáciles de explotar? ¿Qué sentido tienen esas políticas dementes?

Y existe otra dimensión más profunda que la económica. Porque ustedes nos odian a quienes pensamos no solo en términos de ilusiones económicas sino de culturas. Porque ustedes odian a España, odian su cultura. Todo lo que ha conformado a España, el cristianismo y un estado propio, la Reconquista, los largos y duros esfuerzos y luchas de nuestros antepasados, todo eso lo denigran ustedes, lo miran con aversión. Porque uno de los grandes problemas de la inmigración es el componente islámico de ella. Y, es cierto, España se ha formado en lucha contra Al Ándalus y contra el expansionismo otomano, es decir, contra el islam en los dos casos. Pero ustedes exaltan a Al Ándalus y detestan a España, aman todo lo que histórica y culturalmente se ha opuesto a España. Ustedes, con sus odios apoyados en demagogias sensibleras y economismos baratos y sus aficiones totalitarias, son un verdadero cáncer para la libertad, para la democracia y para la propia nación.

Nuevamente debemos preguntarnos por qué algo tan disparatado y suicida sigue adelante. Esas políticas proislámicas y de inmigración y promoción del aborto masivos son parte de una hispanofobia con ya muy larga tradición entre nosotros desde la leyenda negra. No voy a entrar en las razones de ella, que he examinado en Nueva historia de España, sino simplemente constatarla. El problema se da actualmente en toda la UE, pero en cualquier caso es a nosotros, en España, a quienes corresponde darle solución.
(En 2002 publiqué este artículo en Libertad Digital: https://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/el-falso-humanitarismo-8506/ )

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En Una hora con la Historia: el ignorado y no muy ejemplar ni democrático proceso como se elaboró la Constitución: https://www.youtube.com/watch?v=eVcokWrLTz8

Por una democracia franquista
Pío Moa gaceta.es 12 Diciembre 2018

Un artículo importante sobre los Derechos humanos: https://elmanifiesto.com/mundo-y-poder/570764128/1-201-una-Declaracion-de-los-Derechos-Humanos-muy-poco-universal.html
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Que la democracia viene del franquismo y fue refrendada así en referéndum por abrumadora mayoría popular, solo puede ser ignorado por la falsificación sistemática de la historia ocurrida a continuación de dicho referéndum, que ha llevado a contraponer franquismo y democracia. Cuando hablamos de democracia franquista nos referimos a la necesidad de reconocer sus orígenes y la necesidad histórica del régimen que salvó la integridad de la nación y los fundamentos de su cultura, entre otras cosas.

Ya he explicado cómo el Vaticano II vació intelectual e ideológicamente al franquismo, iniciando un período de descomposición del mismo en sus “familias” o partidos. Otro elemento que hacía inviable su continuidad era la vejez de Franco, un elemento arbitral y orientador insustituible en aquel régimen, que por ello mismo quedaba como un régimen de excepción: ni era posible sustituir a Franco ni a la ideología católica anterior por algo equivalente. Por consiguiente no quedaba otra opción que cierta homologación con los países de Europa occidental.

Aquella salida tropezaba con serios inconvenientes. Desde luego, la oposición a Franco siempre había sido hasta ferozmente antidemocrática, lo que no le impedía enarbolar banderas de libertades políticas y demás, mientras que los más o menos adeptos al régimen carecían de pensamiento democrático y no eran capaces de analizar lo que había supuesto históricamente el franquismo. Por consiguiente, la transición se planteó en general desde un punto de vista meramente práctico o técnico, sin ninguna concepción de fondo sobre la democracia o la posición de España.

Torcuato Fernández Miranda salvaba, al menos en principio, el respeto al régimen anterior, pero Suárez, sujeto intelectualmente vacuo, la enfocó contra él con apoyo de unos democristianos que seguían las normas igualmente oportunistas del Vaticano II (hostilidad a Franco, diálogo con los marxistas, apoyo a separatistas, etc.). Su concepción de la democracia era la de un banquete de amigotes en el que se repartieran poderes y dineros, enfoque generador de corrupción y supeditación de los intereses generales del país a los de partido, y cuyas consecuencias estamos palpando.

Otro elemento perturbador era la presión internacional, que quería tutelar el proceso, y hacia la que los transicionistas mostraban un respeto supersticioso, hijo de de su inanidad. Pues, como he recordado en varios libros y prácticamente en exclusiva, los países de Europa occidental debían sus democracias (que funcionaban de modos distintos en cada país) al ejército useño e indirectamente a Stalin, mientras que España carecía de aquellas deudas, tan condicionantes y agobiantes. Precisamente, y gracias al franquismo, España podría presentarse como modelo, como democracia no impuesta desde fuera, sino como fruto de una evolución propia. Pero los políticos de la transición adoptaron la postura de alumnos reverentes y acomplejados hacia “Europa”, pidiendo permiso de “entrada”. Uno de sus efectos fue la renuncia progresiva a una política internacional propia, simbolizada y más que simbolizada en Gibraltar (otro tema sobre el que los analistas pasan sobre ascuas).

Por democracia franquista debemos entender un régimen en primer lugar respetuoso con la historia anterior, que debe explicarse contra el Himalaya de falsedades que hemos venido soportando durante cuarenta años. En segundo lugar, debe desarrollarse un pensamiento democrático, que he esbozado en “La guerra civil y los problemas de la democracia en España. Y en tercer lugar, debe suponer un cambio de fondo en todas las políticas disgregadoras y satelizantes actuales. Una política que continúe lo esencial del franquismo: integridad nacional, independencia exterior y despliegue cultural con especial atención a los países de habla hispana.

Dicho de otro modo: el franquismo no fue democrático –era imposible después de la experiencia republicana y frentepopulista–, pero la democracia debe ser franquista.
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En Una hora con la Historia: el ignorado y no muy ejemplar ni democrático proceso como se elaboró la Constitución: https://www.youtube.com/watch?v=eVcokWrLTz8
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Ya comenté en otro momento el efecto que me hizo el “Encuentro Madrid” del grupo Comunión y liberación, con su extrema colonización cultural por el inglés. Me muestran ahora unos libritos titulados “YOUCAT”, de ese grupo, que no sé si se refiere a los católicos o a los gatos, pero que pretende enseñar a los fieles. El que veo es sobre la confesión (en español) pero debajo suelta un Update!, expone: “IN &OUT : un examen de conciencia diferente”. y luego “CONFESARSE: YES, I CAN”. Más adelante “STOP! ¡Lo más importante es el amor!”. Se trata de ir metiendo el inglés como el idioma de la Iglesia en sustitución del latín, cosa que ya se hace de muchos otros modos.

Esto resulta especialmente sangrante para los españoles, porque sin España el catolicismo podría haberse reducido a una mínima expresión. Fue España quien defendió a la Iglesia contra protestantes y turcos, y sin esa defensa, el sur de Europa y la misma Francia habrían acabado en manos de protestantes o de turcos. Y fue España quien hizo el esfuerzo colosal de evangelizar América, Filipinas o otros lugares, por lo cual la lengua de la mayoría de los católicos en el mundo es el español. Pero Pancho I de la Pampa ha denigrado la herencia española en América e impulsa el reconocimiento de Lutero como portavoz de “la modernidad”, y cosas por el estilo. Me pregunto si de España podría salir una reforma que revitalizara a la Iglesia, como pretendía el Vaticano II, pero sin caer en las aberraciones de este. La reforma de Cisneros lo hizo, y el catolicismo español del siglo XVI fue muy vivaz y creativo. Pero hoy, de momento, no se observan más que vueltas atrás, a un oscurantismo paralizante cultural y políticamente. Es un problema más general: la experiencia de las ideologías después de la Ilustración debían haber reconstruido, con nuevas formas, la capacidad cultural de la Iglesia, pero no lo ha hecho.

España paga la factura de Sánchez para llegar a Moncloa con Torra
EDITORIAL esdiario  12 Diciembre 2018

Nada de lo que sigue ocurriendo en Cataluña, con sus instituciones echadas al monte e incitando a la insurrección, era imprevisible: los independentistas se comportan como independentistas, y lo llevan haciendo de manera pública y publicitada desde hace años.

Lo único que ha cambiado, en los últimos meses, es la actitud del Gobierno, que para justificar la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa con su apoyo, ha pretendido presentarles de otra manera, como si su designación para la presidencia hubiera obrado una especie de milagro y, de repente, Puigdemont, Torra, Junqueras o la CUP apostaran por el diálogo, la concordia y la renuncia a sus fines.

El blanqueamiento del soberanismo emprendido por el Ejecutivo ha sido, en realidad, un blanqueamiento del propio Sánchez, que necesita vender esa especie para justificar su inaceptable acceso a La Moncloa con el respaldo de los partidos a los que, en realidad, el PSOE debería de haber ayudado a aislar y sin embargo utilizó para lograr lo que le habían negado las urnas.

Que el independentismo se comporte con su aplastante lógica perversa no es una novedad, pues, y siendo preocupante lo es mucho menos si los poderes del Estado ejercen su papel sin ambages. Lejos de eso, Sánchez le ha otorgado una inusitada influencia al necesitarles para todo, desde su propia investidura, y además les ha legitimado al considerarles interlocutores válidos.

Concesiones constantes
Pero además ha hecho enormes concesiones que, sin la menor duda, ha incrementado la sensación de impunidad de un bloque soberanista que, en realidad, vive una guerra entre sus distintas facciones para lograr la supremacía en ese ámbito.

Desde el traslado de los presos a Lledoners hasta las presiones para erradicar la acusación de rebelión, todo lo que ha hecho Sánchez ha ido en la dirección de auxilar a quienes, unos días antes de la moción de censura, comparaba con Le Pen y advertía con un 155 más contundente.

En ese contexto, todo puede pasar y será responsabilidad del Gobierno socialista, que en el viaje de lograr en los despachos lo que no obtuvo en el campo electoral ha incentivado un desafío que, por distintos medios, mantiene sus fines.

No es Sánchez la persona para atender ahora las consecuencias de sus propios hechos, y por mucho que este presidente sea capaz de defender lo uno y lo contrario con idéntica falta de respeto a la ciudadanía, hace falta una legitimidad que sólo confieren las urnas. Las Elecciones Generales siempre han sido necesarias; ahora son además urgentes e imprescindibles.

El PSOE torpedea la comisión de la tesis de Sánchez del Senado con una argucia
A.I.M. esdiario 12 Diciembre 2018

Los socialistas intentan retrasar al máximo la comparecencia del presidente después de que ESdiario desvelara que La Moncloa mintió sobre un informe oficial para ocultar el presunto plagio.

El caso tesis incomoda sobremanera a Pedro Sánchez, y más después de que ESdiario haya publicado que La Moncloa mintió y se inventó un informe oficial que concluía que el -supuesto- trabajo del ahora presidente había superado con creces el examen de los programas antiplagio Turnitin y PlagScan.

Ahora, en una huida hacia adelante, el PSOE va a intentar retrasar lo máximo posible el inicio de las sesiones de la comisión de investigación sobre la tesis que acaba de echar a andar en el Senado y en la que tendrá que comparecer el presidente socialista para explicarse.

Sánchez, obviamente, no quiere pasar por ese trago, aunque es inevitable que lo haga antes o después porque el PP está decidido y tiene mayoría absoluta en la Cámara.

Fuentes del PSOE en el Senado informaron este martes de que van a pedir una prórroga del plazo dado a los grupos parlamentarios para que presenten sus planes de trabajo sobre dicha comisión, que en principio expira el miércoles 19 de diciembre. El objetivo: ganar tiempo. O, al menos, dejar pasar el tiempo.

La jugada del PSOE es la siguiente: Sánchez ha cancelado su asistencia a una cumbre europea que hay en Viena el martes 18 y en su lugar ha anunciado que comparecerá ese día en el Senado en un Pleno sobre inmigración que el grupo parlamentario popular lleva meses demandándole.

El presidente y su grupo parlamentario dirán que con eso debería bastarle al PP y que el país tiene cosas mejores en qué pensar que en la tesis de Sánchez, pero los populares no piensan ceder. Fuentes del grupo parlamentario del PP señalan que están dispuestos a ampliar el plazo de presentación de planes de trabajo sobre la comisión de investigación, porque así se hace por deferencia cuando un grupo lo pide, pero habrá comisión.

La idea inicial de los populares es que ésta pudiera arrancar en enero o, a más tardar, en febrero. A ver ahora con la prórroga que pedirá el PSOE.

Como ya ha contado este periódico, el PP va a llamar a comparecer, además de a Sánchez, a los responsables de Turnitin y PlagScan, que ya en el pasado mostraron dudas respecto al uso que el equipo del presidente hizo de sus programas. También al exministro Miguel Sebastián, de cuyo departamento partió la mayor parte de la inspiración de Sánchez.

Los populares no quieren, no obstante, poner el foco en el tribunal que juzgó la tesis del presidente para no convertir esta comisión en una enmienda al sistema de evaluación de tesis de algunas universidades.

En defensa de Vox
Pedro Carlos González Cuevas  latribunadelpaisvasco.com 12 Diciembre 2018

El filólogo judío alemán Victor Klemperer publicó en 1947 su célebre obra LTI. La lengua del III Reich, en cuyas páginas denunciaba la transformación radical del idioma alemán en una “neolengua”, que llegó a ser hablada por la mayoría de la población de forma natural. Sin embargo, Kemplerer señalaba, en el texto, que la resistencia a la opresión comenzaba por el cuestionamiento de la constante utilización de la jerga al uso. Por desgracia, la invención de una “neolengua” no ha sido ajena a otros sistemas políticos, incluso a los que, en ese aspecto, se consideraban más neutros, como el demoliberal.

El politólogo e historiador francés Guy Hermet señalaba –y criticaba- que la Unión Europa había creado una “neolengua” al servicio de sus intereses políticos, basada en palabras tales como “diálogo social”, “socios”, “modelo social europeo”, “subsidariedad”, “transpariencia”, “flexibilidad”, “código ético”, “criterios de convergencia”, cuya función era encubrir la dominación de una especie de “gobernanza” ajena, por sus propias características y proyectos, a la democracia representativa. Para Hermet, la nueva gobernanza posdemocrática se regía por “una dirección normativa, prescriptiva, represiva, gestionadora de análisis y modelación científicas”. El sistema político español actual, partitocrático y corrupto, ha seguido, como no pocos regímenes políticos occidentales, esas pautas. Cambia la jerga, pero no el contenido ni los objetivos. En el caso español, la “neolengua” utiliza peyorativamente palabras tales como “conservador”, “fascista”, “derecha”, “ultra”, “intolerante”; y, sobre todo, “extrema derecha”.

La entrada del partido político VOX en el parlamento autonómico andaluz con doce diputados ha obligado al establishment político-mediático a emplear tan concienzuda como brutalmente toda su parafernalia lingüística para atacar a la nueva formación política emergente. Y se ha comportado como una especie de bulldozer que intenta penetrar coactivamente en nuestro cerebro para condicionar e incluso determinar nuestros comportamientos. A veces, algunos tenemos la sensación de vivir bajo la égida de una especie de panóptico que vigila nuestros pensamientos, nuestras opiniones, nuestras ideas e incluso nuestros comportamientos. Algo que nos resulta ya absolutamente insoportable.

Desde la mayoría de las instancias mediáticas, VOX ha sido no ya demonizado, sino incluso, como hubiera dicho Michel Foucault, psiquiatrizado, poco menos que como los “anormales” de la sociedad española actual. La consigna estaba clara: VOX es un partido de “extrema derecha” y no hay más que hablar. Pablo Iglesias Turrión llamó, una vez conocido el resultado de los comicios, a la lucha “antifascista”, provocando graves disturbios en Cádiz, Sevilla y Granada. El líder de la desvencijada Izquierda Unida, Alberto Garzón –autor de un libro titulado ¿Por qué soy comunista?, donde es incapaz de someter a autocrítica su monstruosa ideología- instaba a establecer un “cordón sanitario” para controlar el ascenso de VOX. Jesús Maraña opinaba que la derecha española cabalgaba “a lomos de un monstruo”. Rubén Amón calificaba al partido de “onanista y antiilustrado”. En un editorial, El País acusaba a VOX de defender la eliminación del Senado y del Tribunal Constitucional, la salida de la Unión Europea y la instauración de un régimen autoritario; todo lo cual es falso. La ministra Dolores Delgado, lo mismo que Susana Díaz, lo consideraban anticonstitucional, a diferencia de Podemos o del conjunto de los partidos independentistas. Luis Arroyo, que suele participar en la tertulia de 13 Televisión, El Cascabel- lo tachaba de “extrema derecha, ultraderecha o fascista” –por lo visto todo da igual y es lo mismo-, “el partido hermano de Tea Party y Trump, de la extrema derecha de Le Pen, de la Liga Italiana (sic) y Salvini”. Como si no hubiera diferencias insalvables entre todos esos grupos. Un partido, en fin, “patriotero, pero antipatriótico”, “un partido de miedosos”. Y finalizaba su diatriba con el típico lema de Dolores Ibárruri, “No pasarán”. Es decir, se encuentra a la defensiva; craso error. El filósofo Daniel Innenarity –próximo al PNV- pedía una explicación “psicopatológica” del fenómeno y consideraba a VOX como un “movimiento político desprovisto de toda lógica política”, “la expresión más desinhibida de la antipolítica”. Sin embargo, donde el nivel de abyección llegó al paroxismo fue en la cadena televisiva La Sexta, en cuyo programa Liarla Pardo, se emitió un reportaje sobre los votantes de VOX en la localidad de Marinaleda, bajo la hegemonía comunista desde hace treinta años. Un repugnante ejercicio de pura delación revolucionaria. No paró ahí la cosa. El activista Jordi Évole, más conocido por “El Follonero”, individuo ignorante, desaseado, producto típico del panóptico izquierdista de estos últimos años, entrevistó, en la misma cadena, al locutor y periodista Carlos Herrera, con el único objetivo de que, siendo como es director de un programa de la católica, COPE, estigmatizara a VOX, algo que consiguió, al menos en parte; lo que demuestra el nivel de complejos que padece el catolicismo español. En fin; hacía tiempo que no leía ni oía tantos disparates y mentiras acerca de un partido político. Y es que en las voces y en las plumas de todos estos sicofantes la “extrema derecha” en general y VOX en particular se han convertido no tanto en una realidad tangible, sino en una categoría moral, eterna, en el mal radical, en el enemigo a batir. Sin embargo, podemos preguntarnos si, desde una perspectiva académica, el concepto de “extrema derecha” posee un contenido analítico real. No pocos opinan que no.

El politólogo e historiador Jean-Pierre Taguieff ha señalado que, en realidad, carece de sentido preciso, ya que nunca se construyó para designar un tipo-ideal –en el sentido weberiano- o un modelo teórico. Y señala: “Ha quedado como una expresión polémica integrada, sin un trabajo mínimo de elaboración conceptual, en el vocabulario usual de los historiadores, de los politólogos y de los especialistas en ciencias sociales, pero igualmente en los actores políticos y los periodistas: una denominación convenida, ciertamente cómoda para referirse a la amalgama abigarrada de enemigos declarados de la democracia liberal, de la izquierda socialdemócrata y del comunismo, pero conceptualmente vaga, de fronteras indeterminadas”. En realidad, como señalan Seymour Martin Lipset y Earl Raab, el término “extremismo” sólo es válido para describir a los sectores políticos que intentan destruir el pluralismo inherente al sistema demoliberal de partidos, “un sistema con muchos centros de poder y zonas de intimidad”. Una alternativa que nunca ha defendido VOX; todo lo contario.

Como refleja su programa político de cien puntos, VOX es un partido que podemos conceptualizar como de derecha identitaria, centrado en la defensa de la identidad nacional frente a los retos tanto de la globalización y del modelo actual de construcción europea como de la emigración masiva, sobre todo de raíz musulmana. No sólo no se trata de un partido extremista, de cuya legitimidad no cabe duda, sino que ha sido capaz de dar uno de los análisis más certeros de la actual situación política española.

Y es que fenómenos tales como la crítica a la emigración nada tienen que ver en sí mismos con el “fascismo” o la “extrema derecha”. Como ha señalado el politólogo Andrés Rosler, la democracia es inseparable de un cierto particularismo, en concreto de la defensa de las identidades nacionales y culturales. La emigración es, y hay que dejarlo bien claro, un problema muy real para las sociedades europeas desarrolladas. Un problema a la vez político, social y económico. Como ha señalado el filósofo Roger Scruton, la globalización “no ha disminuido el sentido de la nacionalidad de la gente”. Bajo su impacto, “las naciones se han convertido en los receptáculos primarios y preferidos de la confianza de los ciudadanos, y el medio indispensable para comprender y disfrutar las nuevas condiciones de nuestro mundo”. En ese sentido, las migraciones masivas procedentes de África, Asia y Oriente Medio “han creado minorías potencialmente desleales y, en cualquier caso, antinacionales en el corazón de Francia, Alemania, Holanda, los países escandinavos y Gran Bretaña”. No muy lejos de la postura del conservador Scruton se encuentra el izquierdista Slavoj Zizek, para quien es “evidente la distinción entre el fascismo propiamente dicho y el populismo antiinmigración actual”. Y es que aquellos que defienden una apertura total de las fronteras, “¿son conscientes de que, puesto que nuestras democracias son naciones-Estados, su petición equivale a la suspensión de la democracia?”. “¿Debería permitirse que un cambio descomunal afecte a un país sin una consulta democrática a su población?”.

Se trata, además, de un problema que afecta sobre todo a las clases populares. Didier Eribon –sociólogo de izquierdas y biógrafo de Michel Foucault- ha descrito de una manera muy gráfica la experiencia de su familia, antigua votante del PCF (Partido Comunista francés), ante los retos que implican la competencia económica y la coexistencia social con las minorías musulmanas. Un nuevo contexto que provocó su voto al Frente Nacional de Le Pen: “Por más paradójico que pueda parecer, estoy convencido de que el voto por el Frente Nacional debe interpretarse, al menos en parte, como el último recurso con el que contaban los medios populares para defender su identidad colectiva y, en todo caso, una dignidad que sentían igual de pisoteada que siempre, pero ahora también por quienes los habían representado y defendido en el pasado. La dignidad es un sentimiento frágil e inseguro: necesita señales y garantías. Necesita, ante todo, no tener la impresión de que uno es considerado una cantidad despreciable o simples elementos en cuadros estadísticos o archivos contables, es decir, objetos mudos en la decisión política”. “Al principio mi madre comenzó a quejarse de la <retahíla> de hijos de los recién llegados, quienes orinaban y defecaban en las escaleras y que, ya adolescentes, convirtieron la ciudad en el reino de la pequeña delincuencia en medio de un clima de inseguridad y miedo. Se indignaba por cómo dañaban el edificio desde las paredes del edificio, desde las paredes de la escalera a las puertas de los depósitos individuales del subsuelo o los buzones de entrada –apenas los reparaban ya los rompían otra vez-, por el correo y el periódico que desaparecían con demasiada frecuencia. Sin hablar de los daños a los autos en las calles, retrovisores rotos, pinturas rayadas… Ya no soportaban el ruido incesante, los olores que emanaban de una cocina diferente, ni los gritos de los corderos que degollaban en el baño del departamento de arriba para la fiesta de Aïd el-Kébir (…) El <sentido común> que compartían las clases populares <francesas> sufrió un profundo cambio, precisamente porque la cualidad de <francés> se convirtió en su elemento principal, reemplazando a la de <obrero> u hombre y mujer <izquierda>”. De ahí igualmente que la politóloga Chantal Mouffe no considere “fascistas” a los nuevos partidos de derecha identitaria. A su entender, vivimos en la actualidad en Europa un “momento populista”; y estos partidos se presentan como “los adalides de la restitución al <pueblo> de la voz que le habían quitado las elites. Mediante el trazado de una frontera entre “el pueblo” y el “establishment político”, lograron traducir a un vocabulario nacionalista las demandas de los sectores populares que se sentían excluidos del consenso dominante. La acusación de “fascistas” o de “extrema derecha” es “una manera fácil de descalificarlos, sin reconocer la propia responsabilidad del centro izquierda en su surgimiento”.

Igualmente lúcida ha sido su respuesta al proceso secesionista que padecemos, y no sólo hoy por hoy en Cataluña. Como han puesto de relieve José Ramón Parada e Ignacio Sotelo, en estos últimos años hemos asistido al fracaso del modelo de descentralización política. El Estado de las autonomías no sólo no ha conseguido integrar a los nacionalismos periféricos, sino que ha favorecido las tendencias centrífugas; implica, además, unos costes económicos excesivos, que lo hacen, a medio plazo, inviable. Su dialéctica intrínseca lleva a la confederalización y luego a la fragmentación del Estado. VOX, a diferencia de otros partidos, ha tenido la virtud de plantear este problema capital. Siempre tendremos que estarle agradecidos los españoles por su rápida respuesta a la grave crisis provocada por el independentismo catalán, que todavía sigue. VOX jugó con fuerza un activo papel en el ámbito judicial, presentando diversas querellas criminales contra los políticos independentistas.

No menos certera es su apuesta por la reindustrialización del país, ya que España es una de las naciones más desindustrializadas de Europa, pasando de un 39% en 1975 del PIB a un 19% en la actualidad. Junto a ello hay que destacar su apoyo a políticas de natalidad, frente al “invierno demográfico” que padecemos, y que pone en cuestión, entre otras cosas la continuidad social, cultural y los fundamentos del Estado benefactor. De ahí igualmente lo plausible de sus críticas a las leyes de violencia de género, que claramente discriminan al sexo masculino. Pese a lo sostenido por las feministas más radicales, no se trata en modo alguno de una apología de lo que suele denominarse la “violencia machista”, sino de una reacción lógica a lo que feministas como Geneièse Fraisse o Camille Paglia denominan “excesos del género”. ¿Qué debemos entender como “feminismo”?. ¿Tenemos que caer necesariamente en los excesos, por ejemplo, de Kate Millet en su deseo de destrucción de la familia y de lo que denomina el “patriarcado”?. Como historiador, no menos necesario juzgo la derogación inmediata de la Ley de Memoria Histórica, que no es sólo un ejemplo de discriminación de un importante sector de la sociedad española, sino un serio atentado a la libertad intelectual y de investigación.

Sin duda, el éxito de VOX marca un hito, y puede marcarlo más en lo sucesivo, en la trayectoria histórica de las derechas españolas. Por de pronto, significa una bofetada para un partido como el dirigido hasta hace bien poco por Mariano Rajoy que ha despreciado sistemáticamente a un importante sector de su base social y electoral. Pero sobre todo supone un claro refuerzo del patriotismo español frente a los secesionismos. Y es que, como dice el izquierdista norteamericano Richard Rorty: “El orgullo nacional es para los países lo que la autoestima para los individuos: una condición necesaria para la autorrealización”.

Lista de concesiones de Sánchez al golpismo catalán
Pablo Sebastián republica 12 Diciembre 2018

En Cataluña y por abusos o muy graves errores políticos ya han caído en el cementerio de la fama política Pujol, Mas, Junqueras y Puigdemont y ahora están en la lista de espera Torra y Sánchez.

Dos presidentes, catalán y español, que se reunieron en Madrid a inaugurar el diálogo y tomar unas copas de ese licor envenenado que Torra llevó a La Moncloa y que resultó ser un bebedizo que hizo creer a Sánchez que llegaría hasta 2020 en el poder y se equivocó.

Como lo han demostrado: el batacazo andaluz del PSOE, en cuyo Grupo Parlamentario andan a palos por culpa de los favores de Sánchez a los golpistas catalanes; y las últimas actuaciones golpistas del tal Torra.

Quien como dijimos ayer, además de ser un demente y fascista confeso ya es un presunto delincuente. Y tarde llega la Fiscalía de Sánchez para abrir una investigación contra Torra (Vox ya presentó querella en el Supremo) sobre los que son dos delitos recientes: ‘colaboración necesaria por omisión en desórdenes públicos’; y ‘provocación para la rebelión’. Delitos tipificados en el Código Penal y sobre los que no cabe duda sobre la autoría de Torra.

Pero Sánchez sigue poniendo cataplasmas en la herida en vez de aplicar, como debiera, el 155, poniendo punto final a esta nueva etapa del golpe catalán.

Lo que ahora se vuelve a debatir en el Congreso de los Diputados con motivo de los últimos episodios de Torra, consentidos por Sánchez, y lo que se suma al cúmulo de concesiones políticas a los golpistas catalanes de este Presidente que apenas lleva seis meses al frente del Gobierno y entre las que destacan:

-Traslados de presos preventivos. El pasado mes de junio y tras llegar a la Moncloa, Sánchez aprobó el traslado de los presos preventivos del golpe catalán a las prisiones catalanas. Lugar en donde disfrutan de un régimen obsequioso que les permite dirigir a sus organizaciones como si estuvieran en sus casas u oficinas políticas.

-Indultos. La Delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, anuncia en septiembre el posible indulto de los golpistas que resulten condenados en qué juicio que el Tribunal Supremo inicia el próximo día 18. Y Sánchez no descarta los indultos a los golpistas en respuesta a las preguntas reiteradas de Albert Rivera.

-Fin de la prisión preventiva. La vicepresidenta Calvo se declara favorable a la suspensión de la prisión preventiva de los golpistas catalanes, lo que supone por parte del Gobierno la pública desautorización de las decisiones del juez.

-Torra aprieta. El Presidente Torra jalea el 1-O de 2018 la violencia de los CDR y les dice que tienen que ‘apretar’. El Gobierno de Sánchez calla ante esa incitación a la violencia, y el ministro Ábalos dice que es ‘asumible’.

-Ataque a la Abogacía del Estado. A primeros de noviembre Sánchez aparta al responsable penal de la Abogacía del Estado (al que luego sustituye entregando su cabeza al golpismo catalán) para rebajar, en el escrito de la Abogacía de petición de condenas en el juicio del golpe catalán, el delito de ‘rebelión’ dejándolo en ‘sedición’.

-Desprecio de Torra al Rey. Sánchez consiente, estando él presente, el público desprecio al Rey Felipe VI por parte de Torra en la apertura de los Juegos del Mediterráneo en Tarragona. Lo que más adelante se vuelve a constatar en Gerona y Barcelona, sin que Sánchez ponga fin a semejante desprecio al Jefe del Estado.

-Desamparo al Juez Llarena. La ministra Delgado de Justicia niega el amparo del Gobierno al Juez Llarena frente a la burda demanda que le presenta Puigdemont en Bélgica. Aunque, finalmente, ante la indignación general de la judicatura en toda España Sánchez le obliga a rectificar a la Ministra.

-Sánchez intenta eliminar a Marchena del juicio del golpe. En una escandalosa y secreta operación, urdida por Sánchez y Casado para la renovación del Poder Judicial, Sánchez le ofrece la presidencia del Consejo Judicial y del Supremo al magistrado Marchena para que abandone el Tribunal que va a juzgar el golpe catalán. A sabiendas Sánchez de la firmeza de Marchena en la confirmación del delito de rebelión. La indiscreción del senador Cosidó del PP sobre el pacto dinamita la operación y Marchena renuncia a la Presidencia del Consejo del Poder Judicial.

Todos estos hechos que conocen los españoles y conviene recordar son la causa principal del fracaso del PSOE en Andalucía y del malestar general que se vive en el seno del Partido Socialista como se vio en su Grupo del Congreso y se respira en todas las baronías regionales del PSOE donde ya se temen lo peor en el próximo e intenso curso electoral.

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Unidad frente al secesionismo
Editorial. vozpopuli  12 Diciembre 2018

En las últimas semanas se ha desvanecido cualquier esperanza de que el independentismo catalán recuperara un gramo de sensatez, si alguna vez el ejercicio de esa virtud fue considerado por los dirigentes secesionistas siquiera de forma temporal. La escalada violenta, y en demasiadas ocasiones impune, de los llamados Comités de Defensa de la República (CDR); la pasividad, también muchas veces forzada, de los Mossos d’Esquadra; y el lunático alegato en favor de una solución “a la eslovena” por parte Quim Torra, han obligado al Gobierno de la Nación a mover ficha. De momento -además de una investigación previa abierta por parte de la Fiscalía-, sólo tres peones en forma de otras tantas cartas, pidiendo explicaciones a las autoridades de la Generalitat, que dejan el paso expedito a la misiva final, la que no tendrá más remedio que enviar Pedro Sánchez al presidente de la Generalitat y punto de no retorno de una intervención en toda regla tan inevitable como imprescindible si no cambian mucho las cosas.

Será, es ya inevitable esa intervención, salvo improbable marcha atrás de los golpistas, porque el líder socialista sabe que su inacción ya ha derivado, a ojos de muchos españoles, en complicidad. Así lo han entendido centenares de miles de andaluces, y la posibilidad de que en las próximas citas electorales el tsunami sea aún mayor está directamente vinculada a la permanencia de las políticas condescendientes aplicadas hasta ahora para aplacar el disparate independentista. El peligro, en estrictos términos de gobierno, ya no es que Cataluña se lleve por delante a Sánchez, sino que liquide definitivamente al PSOE como alternativa aceptable de poder.

Y en clave de país, la intervención en Cataluña es imprescindible en tanto que los dirigentes secesionistas no han dado muestras de sopesar una mínima rectificación que favorezca el clima de diálogo que tanto reclamaron y con tanta ingenuidad publicitó La Moncloa. Más bien han hecho justo lo contrario: han saboteado el Parlament; han alentado las acciones violentas de los CDR y otros grupos aún más radicales; han impedido a la policía autonómica el ejercicio de sus funciones conforme a la ley; y, como colofón a la interminable cadena de alarmantes insensateces, el mismísimo presidente de la Generalitat ha planteado, ni más ni menos, el enfrentamiento armado como mejor solución para dar una salida a un conflicto provocado y alimentado por los propios independentistas. Así las cosas, la aplicación del 155, pero sin limitación alguna (diga lo que diga el melifluo Miquel Iceta), será y es ya vital si no queremos que la situación devenga en irreversible.

La celebración de un Consejo de Ministros el día 21 de diciembre en Barcelona formaba parte de la estrategia de distensión que nos vendió Sánchez como mejor camino para que las aguas volvieran a su cauce. Otra candorosa iniciativa que Puigdemont y Torra se han encargado de enturbiar. Pero lo que inicialmente fue otra ocurrencia “Made in Redondo” (lo de este personaje empieza a ser preocupante), hoy se ha convertido en un nuevo pulso entre las instituciones democráticas y el supremacismo violento que el Estado no puede permitirse el lujo de perder. A partir de ahí, lo que debemos hacer los demócratas es respaldar a nuestro Gobierno, a pesar de su torpeza, en la legítima y muy democrática decisión de celebrar un Consejo de Ministros en cualquier lugar del territorio nacional. Más aún, si cabe, en Cataluña, donde son muchos los ciudadanos que no se sienten suficientemente protegidos por el Estado.

Del mismo modo, el pleno monográfico que hoy se celebra en el Congreso de los Diputados debiera derivar en una tregua entre los partidos que, no sin matices, defienden la vigencia de la Constitución, y en la asunción común de un mensaje unívoco y contundente: no hay sitio en Cataluña para la tiranía que propone el nacionalismo excluyente; no es admisible el uso de la violencia para alcanzar objetivos políticos; España será lo que quieran los españoles. Todos, y no una parte.

Sánchez, Casado y Rivera deben ser conscientes de que lo que hoy se espera de ellos no es una colección interminable de reproches, sino la inteligencia selectiva de quienes lideran por méritos propios sus respectivas formaciones políticas. La crítica es legítima y necesaria, pero en este decisivo cruce de caminos lo es todavía más la generosidad de los que son capaces de distinguir entre un minuto de gloria en las televisiones y la obligación de tomar la difícil decisión de hacer causa común con todos los que defienden una España unida y el bien general del país.

Sánchez, Torra y la proporcionalidad
Andrea Mármol. vozpopuli 12 Diciembre 2018

El pasado sábado, grupos de radicales separatistas organizados bajo las siglas CDR mantuvieron cortes de hasta 15 horas en una autopista de Cataluña. El ministro de Fomento comparecía ante los medios de comunicación al día siguiente. Enfundado en el traje de portavoz socialista, no sancionó esas actuaciones ni tampoco anunció medida alguna para reparar a los afectados por el caos y la arbitrariedad que sembraron los CDR. Hace pocas semanas, en plena embestida retórica de los partidos separatistas contra instituciones del Estado como la Corona y sobre todo contra el Poder Judicial -ausencia de condenas a los señalamientos a jueces incluida-, la ministra de Justicia, nada menos, defendía la condición constitucionalista de ERC, PDeCAT y Bildu. Mientras, la portavoz Lastra arremetía contra Cs y PP por haber dejado de serlo.

Con esta contundencia del Ejecutivo respecto a los abusos del nacionalismo catalán no es de extrañar que el envío de tres cartas a miembros del Govern Torra se haya visto como un cambio trascendental en la línea de actuación respecto a la crisis catalana. La sofisticación necesaria para ver en esas misivas un giro de 180 grados es la misma que se requiere para hablar de ERC como ese partido moderado que tiene la solución al problema territorial español. Un privilegio al alcance de pocos. Las cartas, además, desprenden un cierto olor a ese disculpen la intromisión, tan característico con el que se inmiscuye el Gobierno del Estado en Cataluña: como si no fuera asunto suyo. “Creo que ambos somos conscientes de nuestras respectivas obligaciones para evitar este tipo de sucesos”, le decía Calvo a Aragonés, de vicepresidenta a vicepresidente, ignorando que el problema es todo lo contrario, a saber: que Aragonés no considera su obligación evitar el conflicto con el Estado sino todo lo contrario, y que Calvo rechaza hacerse cargo de lidiar con la realidad de un gobierno autonómico cuyas convicciones constitucionales son inexistentes.

“Hemos tenido conocimiento”, reza otra carta, la que dirige Grande-Marlaska a Buch, de los hechos acontecidos en Cataluña. Como si Torra se hubiera esforzado mucho en ocultar sus intenciones de llevar a cabo una purga en los Mossos d’Esquadra, o como si el consejero de Interior hubiese dicho en una reunión privada y no públicamente que la policía catalana actúa de forma poco democrática. Es comprensible la necesidad de este Gobierno de atribuirse méritos, pero ni reparar en el caos en el que sumieron los CDR a Cataluña el fin de semana ni pedir explicaciones por carta a dirigentes que manifiestan constantemente su voluntad de desacatar la ley son pasos encaminados a ninguna acción determinante. Al menos, a ninguna decisión proporcional a las llamadas a la vía eslovena o a las instrucciones políticas a la policía.

El problema que tiene el Gobierno con la proporcionalidad es que el grado de acierto y eficacia que busca con su respuesta es directamente proporcional a lo cerca que se queda sin mayoría parlamentaria. O sea: toda decisión que le acerque al 155 le aleja de Moncloa, a menos que se avenga a cambiar de socios parlamentarios y volver a urdir el consenso constitucional que el propio Sánchez liquidó. Con cierta dosis de optimismo, uno podría pensar que el descalabro socialista en Andalucía ha hecho verdadera mella en el PSOE y que el presunto cambio de tono y de actitud pueden perdurar en el tiempo hasta que Tezanos convenga lo contrario. Podría ser que, enterados de que el pacto con Torra no convence en el resto de España -¡linces!-, decidan no claudicar ante el nacionalismo y dejar de obedecer a pies juntillas al PSC.

Pero incluso en ese escenario, Sánchez seguiría siendo el mismo Sánchez del pecado original de llegar a Moncloa de la mano del separatismo. El Sánchez que decidió que Cataluña eran los independentistas y que obvió a la mayoría de catalanes. Hoy escucharemos a un presidente del Gobierno que medirá con precisión cada una de sus palabras para parecer muy enfadado con Torra. El tiempo demostrará si mantiene la firmeza que han intentado vender. Pero si sólo hay electoralismo y no convicción democrática en su pretendido giro, Sánchez habrá pasado de mercadear con los derechos de los catalanes a mercadear con los derechos de los españoles. Tan cínico es pasar de referirse a Torra como el Le Pen español a darle las llaves de Moncloa, como recorrer el camino inverso, si lo único que le mueve es la ambición personal.

Un despropósito detrás de otro
Miquel Giménez. vozpopuli  12 Diciembre 2018

Analizando las palabras y los actos tanto de Pedro Sánchez como de Quim Torra se hace muy difícil decir cual de los dos es más nefasto. Están enzarzados en un juego de los despropósitos, a ver quien comete la estupidez más grande.

Porque si sectario, zote, infumable e incapaz es uno, igual lo es el otro. Son espejos que se reflejan mutuamente y cuya suma solo puede dar cero, puesto que nada hay en ellos que merezca la pena ser valorado cuantitativamente. El apoyo que permitió al socialismo llegar a la Moncloa, sumado en su conjunto, no da nada porque nada contiene ni política ni moral ni intelectualmente. Es un grupo egoísta que gusta de la fragmentación, de lo disperso, del río revuelto en el que mejor poder pescar para sus puras apetencias personales, siempre tan ruines y sectarias.

Sánchez juega al cortoplacismo que salvaguarde sus insensatas y ciclópeas ansias de mantenerse en un cargo para el que no fue votado por los españoles y hará lo que sea con tal de lograr su propósito. Torra exhibe un cinismo oportunista brutal y actúa como un tele predicador estadounidense de discurso burdo y zafio más que como el presidente de una autonomía. Los dos son, y ese es el rasgo que les une, unos perfectos cobardes que se escudan en palabras vacías, en tópicos más que gastados por la historia y por la realidad y por una auto justificación que provoca el sonrojo ajeno.

Cuando Elsa Artadi reclamaba este lunes lealtad institucional al Gobierno de España era para echarse a llorar o para enviarla al guano. Lo dicen precisamente los mismos que, desde el Govern y por boca del mismísimo President, han dicho que los CDR han de apretar porque hacen muy bien, que la vía eslovena es la correcta, que hay que implementar la república, los que le ríen las gracias a Puigdemont, los que hablan de presos políticos y exiliados, los que afirman que celebrar un consejo de ministros en Barcelona es un provocación, los que no condenan los escraches y el acoso por parte de los separatistas a políticos de la oposición o jueces. Esos son los que piden lealtad institucional. Y sí, pueden decirme que Artadi no pertenece al sector hiper ventilado, pero, si es así, que lo diga de una puñetera vez, y que lo digan esos dirigentes del PDeCAT que son muy valientes en el off therécord para luego cagarse encima cuando se están delante de los popes del separatismo. Porque es un despropósito seguir con tanta conjura torreznera que ni avanza ni despeja el camino.

Las cartas
Y con Sánchez y su tropa otro tanto podemos decir. ¿A qué tanta cartita preguntando al Govern si hubo problemas de orden público el fin de semana pasado con los cortes de las carreteras por parte de los CDR y la pasividad de los Mossos? ¿Es que no ven los informativos? ¿Es que son tontos? Venir a Barcelona a celebrar un consejo de ministros les hace movilizar a cientos de agentes del orden público, pero ¿y en el día a día quien protege a los catalanes que solo queremos usar las calles para ir a trabajar, para pasear con nuestras familias, para irnos al cine? La hipocresía cobarde del PSOE es tan grande como la de sus homónimos separatistas. Ambos mienten a conciencia, ambos juegan al disimulo, a ver quien dice o hace la barbaridad más estupenda, sin tener en cuenta a la ciudadanía porque ellos solo entienden de sus prebendas, de sus privilegios, de sus lujos.

A todos estos politicastros de cargo y relumbrón hay que recordarles en las urnas la realidad, y esta nos dice que en España hay más de tres millones de viviendas vacías – la mayoría propiedad de los bancos que nos han costado a todos millones de millones porque había que rescatarlos – mientras que hay gente sin un techo. Que de un trabajador contratado como Dios manda, entre lo que paga a la seguridad social el empresario y el propio contratado, el Estado se lleva un cincuenta y tres por ciento de impuestos. Que si heredas el piso modesto de tus padres habrás de pagar el leonino impuesto de sociedades, seguir pagando todos los impuestos que toquen en el futuro y eso sin tener en cuenta que la casa estaba más que pagada, con todas las tributaciones que tus progenitores tuvieron que abonar en su día a lo largo de los años. Recordemos a esta tropa de inútiles que si en España se trabaja para mal pagar los tributos es porque hay que mantener a tanto vago, a tanta nulidad intelectual, moral y personal, a tanta gente que vive muy bien del cuento y de huelgas de hambre a base de biomanán, de pretender asaltar parlamentos y hacer revoluciones sin estropearse ni la manicura ni el carísimo traje comprado en una tienda de lujo. Fingen pelearse cuando, en el fondo, quieren lo mismo, que es pastorearnos hacia donde les convenga más y que nosotros seamos un rebaño dócil y satisfecho.

España tiene el salario mínimo más bajo de Europa, las pensiones de jubilación más bajas, las inversiones en ciencia más paupérrimas y los presupuestos en asistencia social más exiguos. Los sueldos de los políticos son, para compensar, los más altos. ¿Va a hablar Sánchez de todo eso en Barcelona? Porque da igual si aprueba el 155, cosa que difícilmente hará porque hace tiempo que el PSOE padece Parkinson democrático a la hora de emplear la ley como instrumento que garantice la igualdad entre los españoles. No debería venir. Eso que nos ahorraremos en Falcon, helicóptero y dietas. El despropósito ha llegado a tal punto que cualquier cosa que no sea una convocatoria electoral carece de sentido. Por eso precisamente ni Sánchez ni Torra la quieren. Viven cojonudamente como presidentes que no eligieron las urnas. Son dos despropósitos, sí, y peligrosos.

Vox, la otra cara del secesionismo
Roberto L. Blanco Valdés 12 Diciembre 2018

El impresionante ascenso de Vox en Andalucía ha generado una lógica inquietud en gran parte del país. Pues más allá de aquellas propuestas de la derecha radical que, se coincida o no con ellas, serían legítimas en cualquier sistema democrático (derogar la ley de la memoria histórica o volver a un Estado centralista) Vox muestra una cara decididamente temible al hablar de inmigración o al abordar un asunto como el de la violencia de género de un modo tan ofensivo como frívolo.

Por eso, millones de españoles estamos alarmados ante la perspectiva de que el salto andaluz se repita, en mayor o menor grado, en las locales y autonómicas de mayo. Tal posibilidad no se combate, sin embargo, ni con reacciones teatrales (ese «paremos al fascismo» que se ha sacado de la manga el mismo Iglesias que aplaude las satrapías cubana y venezolana) ni insistiendo en que Vox es un partido de extrema derecha, lo que ni asustó a 400.000 andaluces ni hay indicios de que vaya a amilanar a quienes podrían estar pensando en votarlo en los próximos comicios.

Combatir a Vox exige hacer urgentemente dos cosas muy distintas. La primera, sacar a la luz la realidad de sus más polémicas propuestas programáticas, que, o son pura demagogia o, de ponerse en práctica, romperían algunos de los consensos básicos de nuestra sociedad, trabajosamente construidos a base de tiempo y generosidad entre quienes piensan de forma diferente.

El segundo tipo de medidas es aun más importante: hay que parar de una vez el matonismo secesionista que llevamos sufriendo varios años, cuyo último proyecto, expresado nada más y nada menos que por el presidente de la Generalitat, ha sido su proclama de que para lograr el objetivo de la independencia sería incluso asumible una guerra civil, como sucedió en 1991 en Eslovenia. ¿Se imaginan la que estaría organizada si Vox -de momento 12 diputados en Andalucía y cuatro gatos en el resto del país- propusiese acabar con el Estado de las autonomías por una vía como la española de 1936? ¿Se lo imaginan?

El loco proyecto de ir a una secesión unilateral, aunque fuese al precio de una guerra civil, ha levantado, claro, una inmensa polvareda de palabras, pero no ha cambiado para nada la decisión del PSOE de seguir gobernando con el apoyo de quienes sostienen a Joaquim Torra en Cataluña. El mismo Torra que ordena a los Mossos d’Esquadra no intervenir para garantizar el cumplimiento de la ley y que exige depurar a sus mandos cuando la policía autonómica cumple su deber.

Por eso si Pedro Sánchez, con su ya insufrible fariseísmo, se limita a desautorizar a Torra de palabra mientras le permite seguir adelante con sus delirantes planes a cambio de que los secesionistas mantengan su apoyo al Gobierno socialista, Vox, al fin y al cabo la otra cara del nacionalismo antiespañol de los independentistas insurrectos, podría acabar siendo mucho más que el delirio integrista de cuatro iluminados.

Constitucionalistas de papel
Nota del Editor 12 Diciembre 2018

Afirmar que la enseñanza de la constitución en la universidad es un disparate y que los departamentos de derecho constitucional debería desaparecer se basa en el hecho de que el tc (en minúsculas) la ha interpretado y la sigue interpretando como le conviene a quienes lo pastorean.

Criticar a Vox y de paso a sus cientos de miles de votantes en Andalucía y a los millones que estamos esperando, por nuestra lógica y racional oposición al tinglado autonosuyo, es otro disparate, que además el profesor de derecho constitucional justifica en su segunda parte dedicada a los descerebrados (o vaya Vd. a pensar peor) que pastoren Catalña con nuestro dinero.

Quien le ha visto y quien le ve, de presentar a la descafeinada UPyD a querer machacar a los que deseamos que España siga siendo.

Ladran luego… son perros
Liberal Enfurruñada okdiario 12 Diciembre 2018

En una columna de opinión El País se ha inventado que en El Ejido no hay librerías —cuando la verdad es que existen varias y hasta un Corte Inglés— para acusar a su población de analfabeta por haberse atrevido a votar al que ellos llaman ultraderechista VOX. Al independentista Andreu Buenafuente tampoco le ha gustado lo que votaron los andaluces y por eso los llamó “cerdos” y se mofó de su forma de hablar en el programa que todavía le emite Movistar+. Una reportera y un cámara de televisión han ido gravando por las calles de Marinaleda para identificar a los 44 ciudadanos que habían osado votar a VOX en las elecciones autonómicas. Son sólo tres ejemplos de lo que está haciendo una buena parte de la prensa española, insultando a los votantes de VOX como no insultan ni a los de los partidos golpistas, ni a los de los filoetarras, ni a los de los comunistas bolivarianos.

Hasta que se escrutaron las papeletas de las elecciones andaluzas, VOX era prácticamente ignorado por todos esos medios de comunicación que ahora no paran de ofenderlos. Pero desde que al día siguiente de dicho escrutinio Pablo Iglesias se puso delante de las cámaras de televisión llamando a sus huestes a una movilización “antifascista” para frenar el avance de la “extrema derecha”, la violencia física ha hecho arder las calles y la violencia verbal ha inundado las redacciones de la misma prensa que lleva años blanqueándolo a él y a sus socios. La realidad es que VOX no es ni facista ni extrema derecha y que los podemitas sí son comunistas bolivarianos, pero los mismos medios que avalan y blanquean a los antidemócratas de extrema izquierda, a los golpistas catalanes y a los amigos de los etarras vascos, pretenden criminalizar a los demócratas de derechas.

Son como aquel pintor que está pintando un techo al que de pronto le quitan la escalera y se queda “colgado de la brocha”. Pero aún no se han dado cuenta de que ya no tienen escalera, no tienen credibilidad pero ellos siguen agarrados a su brocha porque no saben hacer otra cosa. Los resultados de las elecciones andaluzas han demostrado que su influencia sobre el voto de la gente es completamente nula. Más bien al contrario, cuanto más insultan a sus votantes más crece la expectativa de voto de VOX. Cuanto más les señalan como antidemócratas, inconstitucionales y fascistas, mintiendo, más simpatías recogen de todos aquellos que piensan que si tanto les insulta una prensa tan desprestigiada, algo bueno deben de tener y se acercan para comprobarlo por sí mismos, sin dejar que nadie les engañe.

Dicen que fue el poeta nicaragüense Rubén Darío el que atribuyó la frase “ladran, luego cabalgamos” a un tal Sancho, lo que a muchos hizo pensar erróneamente en el personaje de El Quijote. La idea es original del poeta alemán Goethe, quien la introdujo en su poema ‘Ladrador’ en 1808 diciendo: “Pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos”. Los perros son animales mucho más nobles y honestos que todos estos pseudoperiodistas de los que os hablo, así que hay que disculparse con ellos antes de compararlos. Pero cuando los perros ladran demuestran dos cosas a la vez, la primera es que cabalgamos delante de ellos, que avanzamos más de lo que pueden hacer ellos, que se van quedando detrás. Y la segunda es que simplemente son perros encerrados que sólo nos pueden ladrar cuando nos vamos. Los ciudadanos españoles avanzan en su lucha contra los golpistas, la extrema izquierda y los filoetarras, mientras que los perros… sólo ladran.
 


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