AGLI Recortes de Prensa   Jueves 13  Diciembre 2018

España no aguanta ni un minuto más a un presidente atrincherado en Moncloa
esdiario 13 Diciembre 2018

El Congreso escenificó este miércoles la perversa y antinatural manera con que un dirigente político sin respaldo ciudadano llegó a la presidencia del Gobierno y el precio que, en términos de alianzas indignas para compensar la falta de votos, tuvo que abonar para lograrlo.

Pedro Sánchez se exhibió como lo que es: un político sin apoyo parlamentario, con 84 diputados propios mal avenidos, sin fuerza ni autoridad, carente de presupuestos y más duro con sus rivales constitucionalistas que con sus socios interesados secesionistas. Una actitud lamentable que, además, no le sirve de nada.

En su sitio
Porque el independentismo demostró, con la rotundidad habitual, que solo le prestó sus votos en la moción de censura para tener más fácil conseguir sus objetivos, y que lejos de querer participar en la supuesta regeneración impulsada por Sánchez -irónica en el Gobierno que más dimisiones y escándalos acumula en menos tiempo-, aspiraba a facilitar un Ejecutivo más débil y expuesto a sus caprichos.

Que Sánchez supiera todo eso, evidente para cualquiera, y que pese a ello aceptara, lo dice todo de sus principios e intereses y de su proyecto político, resumido en una única idea: hacer lo que sea, por contraproducente que resulte para España, con tal de atender sus intereses, estrictamente personales.

España necesita votar con urgencia y dejar de padecer a un presidente que solo piensa en sí mismo a costa de todo

Las circunstancias objetivas de Sánchez y de su Gobierno no se tapan ya con propaganda ni frases hechas, ni se pueden subsanar con una absurda huida hacia adelante que desprecia la escalada secesionista, el deterioro económico, la quiebra social y la falta de rumbo de la Nación.

Como dijeron con razón Pablo Casado y Albert Rivera, autores de sendos discursos de enorme envergadura política, en España urge aplicar un 155 en Cataluña y convocar a los ciudadanos a las urnas. Padecer a un presidente atrincherado en La Moncloa y sometido a los vaivenes de los protagonistas del mayor desafío democrático vivido en España desde 1978 es indigno e indecente.


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Golpe en Cataluña: Sánchez se empeña en cometer el mismo error que Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 13 Diciembre 2018

Sánchez se empecina en el error, ya cometido por Rajoy con ocasión del 1-O, de enviar policias mientras deja en el cargo a los cabecillas del golpe.

Si la sesión celebrada este miércoles en el Parlamento regional de Cataluña ha servido para que el golpista Quim Torra se ratifique en la vía eslovena y para bendecir, bajo el manto de la libertad de expresión, el caos y el terrorismo callejero que los CDR quieren volver a sembrar el próximo viernes 21, con motivo de la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, el pleno celebrado en el Congreso ha servido como constatación de que el presidente del Gobierno no piensa hacer nada que no sea enviar una dotación de hasta 400 policías nacionales al Principado para contener la carrer borroka.

No es de extrañar que los golpistas le digan a Pedro Sánchez que no vaya a Barcelona si no es para hablar de "amnistía y autodeterminación"; y que Torra, que se negó a acatar la Constitución en su investidura como presidente de la Generalidad, insista en proclamar que sólo debe lealtad "al Parlamento y al pueblo de Cataluña". Lo inaudito es que el Gobierno se empecine en el disparate, ya cometido por Rajoy con ocasión del 1-O, de enviar a Cataluña policías destacados en el resto de España y dejar en sus puestos a los cabecillas del golpe... ¡y a los Mozos de Escuadra a las órdenes de los propios golpistas!

No hay reproche que hacer al empleo de la fuerza para imponer el imperio de la ley, ya sea ante consultas secesionistas como las del 9-N y el 1-O o para impedir una jornada de disturbios callejeros alentados por una Administración que lleva en abierta y tolerada rebeldía desde el año 2012. Pero lo que resulta un esperpéntico disparate, al tiempo que un monumental acto de hipocresía, es que se deje que unos golpistas dirijan la voladura del orden constitucional desde las propias instituciones del Estado, y con 17.000 hombres armados a sus órdenes, al tiempo que se envían fuerzas policiales del resto de España para impedir una ilegal consulta secesionista como la celebrada hace poco más de un año o una jornada de disturbios callejeros como la que se ha anunciado para la semana que viene.

Lo peor de todo es que ese despliegue policial está condenado a cosechar los mismos frutos que el realizado el 1-O. Y esto es así porque tanto si los policías reprimen con contundencia a los manifestantes como si se limitan a desearles amablemente una feliz jornada de libertad de expresión, el Gobierno golpista de Torra se marcará un tanto, bien explotando internacionalmente la brutal represión del Estado español, bien celebrando el éxito de la protesta civil por la falta de independencia de Cataluña. De hecho, puede ser que los golpistas tengan éxito y apenas impedimentos a la hora de sembrar el caos el 21-D y no por ello dejen de tirar de falsario victimismo. Eso es precisamente lo que hicieron el 1-O, cuando perpetraron una tan tóxica como exitosa campaña agitprop internacional contra España.

Por eso es encomiable queuna institución como FAES, escindida del PP en tiempos de Rajoy, critique abiertamente la falsa e hipócrita solución policial propuesta por Pedro Sánchez, y que tanto Pablo Casado como Albert Rivera hayan dicho en sede parlamentaria que la solución debe empezar por la completa e indefinida intervención de la Generalidad y por la inmediata celebración de elecciones generales.

Nostalgia balcánica
Gabriel Albiac ABC 13 Diciembre 2018

Las palabras son actos materiales. Materiales, sus efectos. «En la palabra rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo» dictamina Borges. Tiene razón. En la palabra «Eslovenia», que pronuncia Torra, está la guerra civil yugoslava. Y la invocación de ella es, en boca de Torra, nostalgia del genocidio.

No, no es verdad que la guerra de Eslovenia fuera sólo una menor escaramuza con apenas cien despreciables muertos. No hubo guerras locales en la disolución de Yugoslavia. Hubo el estallido total de un mosaico heredado del imperio turco. Y un balance final bastante menos benévolo. En frías cifras: 140.000 muertos, un número incalculable de heridos y cuatro millones de desplazados. Además de una economía aniquilada.

Las palabras son actos materiales. Hace ahora poco más de un año, Puigdemont dio un golpe de Estado. Fracasó. Y huyó, abandonando en la estacada a los suyos. En otros tiempos, los autores de un golpe de Estado sabían que se enfrentaban al delito mayor de alta traición. Y que sólo podían aguardar la pena de muerte. Si eran gentes dignas lo aceptaban como parte de su envite: «faja o caja», proclamaban los espadones golpistas en el siglo XIX. Merecían respeto. El que no merecen nunca los que huyen. El que merecen aún menos aquellos que huyen abandonando en el campo de batalla a sus soldados.

Los golpistas del 1 de octubre se han beneficiado de la extraordinaria generosidad de un código penal que les permitirá ser libres al cabo de unos cuantos años de prisión no demasiado incómoda. Sus cómplices se han beneficiado de algo mucho menos justificable: la debilidad de un Estado que ve impotente cómo, un año luego, el mismo juego se repite. Un golpista preside la Generalitat. Las fuerzas a su mando reciben el mandato de abstenerse de mantener el orden. Los «comités» puestos en marcha por viejos líderes terroristas condenados, anuncian su propósito de dar el paso hacia la constitución de las milicias armadas de la nueva «república». La administración local corea sus bravatas y financia su cinturón protector de asociaciones cívicas. El Gobierno de España lo permite.

¿Qué hay de nuevo en que el señor Torra proclame la apertura de la «vía eslovena»? Sólo una cosa: su ausencia de ambigüedad. Porque sí, en Cataluña la vía balcánica está en marcha. En todos sus detalles.

La guerra civil yugoslava se asentó sobre tres pilares: a) la torpeza internacional que llevó a Alemania y al Vaticano a promover independencias inmediatas sin cálculo de costes; b) la imprudente filiación política de los líderes religiosos, pronto trocados en profetas armados de uno u otro bando; c) la facilidad con que las autoridades locales proveyeron de armas a sus respectivos seguidores civiles. La suma de esos tres factores sólo podía llevar al desastre. Llevó.

Puigdemont y Torra llevan meses, tal vez años, tratando de mover el factor a), a través de una política de embajadas internacionales y sobornos mediáticos con cargo a los presupuestos. El factor b) está siendo jugado, en modo infame, por sectores de un clero catalán al cual no parece afectarle el coste humano de su apuesta. En cuanto al c), el modo en que los mozos de escuadra fueron usados contra la ley el 1 de octubre y forzados a la complicidad con los CDR la semana pasada, no son precisamente un motivo de sosiego.

Vivimos tiempos críticos. Sólo un pacto de Estado que una a todos los partidos constitucionales puede poner en marcha lo que es hoy imprescindible: suspender ya la autonomía catalana.

Pedro Sánchez o la levedad de la nada
EDITORIAL EM 13 Diciembre 2018

El presidente del Gobierno tenía ayer la oportunidad de recuperar la iniciativa política, romper con sus devaneos con las formaciones independentistas y anunciar la voluntad de intervenir Cataluña ante la incapacidad de la Generalitat para garantizar la convivencia y el orden público. No solo no hizo nada de esto, sino que salió del Congreso con el crédito agotado y la imagen institucional aún más erosionada. Pese a la expectación creada antes de su comparecencia, Sánchez dilapidó su intervención sin anunciar ni una sola medida concreta y después se vio acorralado por la oposición del PP y Ciudadanos. El problema del Gobierno no es ya la incapacidad para asumir el fracaso de su operación de distensión con el independentismo, sino la nadería en la que parece haberse instalado. Por un lado, agita el 155 aunque con la boca pequeña. Por otro, mantiene su voluntad de profundizar en el diálogo -blandiendo incluso la posibilidad de una reforma estatutaria- con quienes han dado muestras de no tener más horizonte que el de romper España. La indefinición sigue siendo el principal lastre de Sánchez, que se ha quedado en zona de nadie por supeditar una cuestión de Estado como es el problema catalán a una onerosa ambición poder.

Aunque no mencionó en ningún momento el artículo 155, la posibilidad de intervenir el Gobierno catalán revoloteó en las palabras de Sánchez, quien defendió que la única vía para resolver la cuestión catalana es la de la Constitución. La paradoja de Sánchez es que mientras compromete una respuesta "firme pero serena, proporcional pero contundente" al embate de los secesionistas después mendiga su voto para los Presupuestos del Estado de 2019. Esta doblez resulta especialmente inquietante teniendo en cuenta que Torra no ha rectificado su impresentable apelación sobre la vía eslovena y ayer mismo volvió a amenazar con vulnerar la Constitución. Es verdad que el jefe del Ejecutivo, paradójicamente, desenmascaró al independentismo al sostener que Torra "no tiene más argumento que la mentira". Lo que no sabemos, dadas sus veleidades, es si ello responde a una voluntad decidida para recurrir a los instrumentos legales que contempla el marco constitucional para aplacar a los golpistas o si se trata tan solo de un giro de cadera táctico para contener el enfado de los barones, verbalizado con nitidez por García-Page y Lambán tras la debacle socialista en Andalucía.

Sánchez se ha quedado solo por su empecinamiento en no asumir la realidad. Acorralado por la oposición, discutido por sus barones y presionado por sus socios, el presidente del Gobierno debería realizar un ejercicio de responsabilidad institucional, aceptar su soledad y devolver la palabra a los españoles. Solo así podrá desbloquearse una situación de ingobernabilidad que dispara la incertidumbre política y económica, y sitúa al Estado en una posición de grave debilidad para hacer frente al desafío separatista.

En manos de los CDR
Teresa Giménez Barbat okdiario 13 Diciembre 2018

El secretario de Puigdemont en la Generalitat, Quim Torra, no tuvo el menor empacho en citar la secesión de Eslovenia como modelo hacia la consecución de la independencia, tasando así en 63 los muertos admisibles, asumibles, de una hipotética culminación del procés. En el mismo acto, el ex consejero prófugo Comín no sólo habló de la inminencia de un “tramo final dramático” —en alusión a la posibilidad de que la separación de España dejara víctimas mortales— además, instigó el drama: “Ha llegado la hora de pagar un precio”. Ambas declaraciones no eran sino una llamada a cometer acciones violentas. Como lo fue, por cierto, el artículo de Andreu Barnils en Vilaweb ‘¿Dispuestos a morir?’, donde el verbo morir, obviamente, sólo era un trasunto de matar y los signos de interrogación, un señuelo retórico.

En obediencia a esta y otras incitaciones a la violencia –vayan tomando nota los juristas que siguen relativizando los hechos del pasado 1 de octubre—, los llamados CDR extendían el caos por toda la comunidad: corte de carreteras, asalto a peajes, destrucción del mobiliario urbano y, como en Girona y Tarrasa, enfrentamientos con la policía autonómica, cuyos mandos reconocen abiertamente la imposibilidad de garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. Sea como fuere, y a medida que la clase política banaliza el riesgo de que la violencia civil se adueñe de las calles, haciendo suya la advertencia de Fontana: “No hay independencia sin guerra de la independencia”. Las fuerzas de choque del régimen van cambiando de atuendo: las camisetas conmemorativas a lo ‘Fem via’, ‘Fem la república’, se han trocado en un atuendo típicamente fascistoide —vestimenta y pasamontaña negros—, que reserva a los incautos una nota poética: la tan publicitada sonrisa, que siempre fue una mueca —de ‘sonrisa de cemento’ la tilda con justeza Emilia Landaluce en su ‘No somos fachas, somos españoles’— es hoy una máscara.

El atisbo en los discursos de Torra y Comín de un horizonte en que el culto a la nación se traduzca en muertes, unido a la acción paramilitar de los CDR ya no puede engañar a nadie; a nadie, cuando menos, que no sea un cínico. Lo que acontece en Cataluña es un asalto al Estado por parte de un movimiento ultranacionalista de raíz xenófoba que, durante años, y gracias a la ataraxia o simple connivencia de la izquierda, ha logrado camuflarse de revuelta pacífica y democrática contra la tiranía española.

Cabe urgir al Gobierno de la nación a cortar de una vez y para siempre esa pretensión, máxime ante el anuncio de altercados para el 21 de diciembre en ‘respuesta’ al Consejo de Ministros que ha de celebrarse en Barcelona. La inacción es inacción, por mucho que Sánchez pretenda disfrazarla de enérgicos aspavientos. Y el tiempo se agota. Mientras escribo estas líneas, me entero de que anoche, en el Colegio de Abogados de Barcelona, un comando ultra hostigó a los asistentes a una conferencia de Alfonso Guerra por los 40 años de la Constitución. Así describía el ambiente, a la salida del acto, uno de los asistentes: “Afuera nos esperaba una jauría vociferante que coreaba sus sólitos pareados idiotas. Al estar al lado de la delegación del Gobierno, estaba lleno de policía, por suerte. Pasé solo por delante de ellos y vi sus caras vacías y llenas de odio. Creo que nunca había sentido tanto odio en mi vida”.

Comandante Chistorra
Pablo Planas Libertad Digital 13 Diciembre 2018

Como, según el Gobierno de Sánchez, "el pensamiento no delinque", la incitación cotidiana al odio y a la violencia de los separatistas es política, las soflamas de Torra no tienen la más mínima importancia y en Cataluña están garantizadas la libertad y la seguridad de todos los ciudadanos, disidentes incluidos, pues no en vano el presidente de la Generalidad es el representante ordinario del Estado en el Principado.

Advertía el presidente del Gobierno con gesto serio en el Congreso que, a malas, es capaz de enviar policías y guardias civiles a la región, pero ya se ha encargado la vicepresidenta Carmen Calvo de apuntar que los socios separatistas están comprometidos con el orden público, que se lo han dicho en respuesta a las cartas enviadas por el Ejecutivo y que no hay de qué preocuparse. Grande, Calvo, la misma que iba a desenterrar a Franco y quiere expropiar la catedral mezquita de Córdoba.

Mientras tanto, y en el Parlamento balcánico de Cataluña, el máximo cabecilla de los Comités de Defensa de la República (CDR), o sea Torra, persiste en despreciar a más de la mitad de la población bajo su mandato. Sostiene que el pueblo de Cataluña tiene una causa justa y que los catalanes han perdido el miedo. Puede, pero la mayoría de la población, los ciudadanos de Cataluña a los que Torra no considera catalanes, están cada vez más asustados ante los disparates nacionalistas y los llamamientos a reventarlo todo patrocinados por el Govern si el Gobierno se atreve a celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona.

Torra no ha rectificado nunca ni está previsto que lo haga. Es claro y meridiano. Gobierna para menos de la mitad del electorado y se niega a apaciguar a sus encapuchados, que ultiman los planes para pegar fuego a lo que se les ponga por delante. Son "gente de paz" y se está creando un relato de falsa violencia", dice el comandante Chistorra. Si la sangre llega al río será culpa de "infiltrados", añaden otros iluminados, tan irresponsables o más. Los que no se conmueven con la operación bikini de los golpistas son unos fascistas, los serbios dispararon primero y sesenta muertos son una "historia de éxito". Visca Eslovenia!

La Fiscalía debe actuar contra Puigdemont
OKDIARIO 13 Diciembre 201

La Fiscalía debe ser inclemente ante las palabras de Carles Puigdemont. El Ministerio Fiscal no puede mirar hacia otro lado tras las graves acusaciones del ex presidente de la Generalitat. Huido de la justicia española, Puigdemont hace la cobertura propagandística a su adlátere Quim Torra y prosigue con la campaña de persecución política y social contra los demócratas que viven en Cataluña. Así, echa gasolina dialéctica al fuego independentista y llama “comandos terroristas” a los ciudadanos que retiran lazos amarillos y otros símbolos golpistas. Palabras que pueden constituir un delito de injurias y calumnias con el agravante de haber sido difundidas a través de un medio de comunicación. Ambos delitos, englobados en el Título XI del Código Penal, llevan aparejados posibles penas de cárcel. La gravedad, por tanto, es más que manifiesta. La Fiscalía debe entrar de oficio.

No sólo eso, las inadmisibles palabras de Carles Puigdemont también enaltecen el odio en una región que está carcomida institucional y civilmente por el insoportable clima de tensión que los sediciosos han instalado en ella. Escribió Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière, que “la hipocresía es el colmo de todas las maldades”. Puigdemont persevera en la senda descrita por el dramaturgo francés. No sólo llama “comandos terroristas” a los constitucionalistas, sino que además trata de blanquear las veleidades golpistas diciendo que “no hay que quemar nada ni hacer actos violentos”. Semejante exhibición de cinismo es un insulto a la inteligencia de los españoles. Más, si cabe, cuando Torra ha exhortado a los separatistas a tomar “la vía eslovena”. Una referencia del todo inadecuada –una nueva amenaza velada ante la laxitud gubernamental de su socio Pedro Sánchez— por referirse a una guerra que duró 10 días y provocó más de 70 muertos y 300 heridos, amén de casi 5.000 prisioneros.

A pesar de semejantes referencias y apelaciones históricas por parte de su subordinado, Puigdemont se atreve a llamar “comandos terroristas” a ciudadanos libres que, valientes a pesar de estar perseguidos, se atreven a quitar los símbolos del golpismo para tratar de colaborar así con una paz social que, de tan escasa, se ha convertido en una suerte de oasis dentro del gigantesco desierto político que coloniza Cataluña. Por no hablar del intolerable desempeño de los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR). Kale borroka de nuevo cuño que persigue a ciudadanos, políticos y jueces hasta hacerles la vida imposible, como ya pudimos comprobar con el caso del juez Pablo Llarena. Por lo tanto, la Fiscalía debe actuar sin dilación. Palabras como las de Puigdemont no sólo son delito, sino veneno para un contexto de por sí envenenado del que sólo cabe esperar que no tengamos que lamentar algún hecho de consecuencias irremediables.

Es la hora del 155 y de elecciones
 larazon 13 Diciembre 2018

La vida política española ha entrado en un ciclo que haría las delicias de los analistas de la postmodernidad: la evidencia de que los hechos ya no sirven, o su valor es escaso. Sólo cuenta la capacidad de seducir, aunque sea con encantadoras falsedades. Que el presidente del Gobierno recrimine a los independentistas que sus agravios, victimismo y, en última instancia, golpe contra la legalidad, se sostiene con la mentiras y, a continuación, siga necesitando sus votos para mantenerse en la Moncloa, nos sitúa en un escenario donde la política ha perdido todas sus virtudes.

En la lógica del parlamentarismo liberal lo normal sería que Pedro Sánchez hubiese anunciado ayer la convocatoria de elecciones, ya no porque fue lo que prometió al ganar la moción de censura, sino porque entre los que permitieron su victoria hay partidos que están vulnerando frontalmente los principios democráticos. Pero algo ha cambiado. Por más que se le recordó, tanto por el PP como por C’s, que no puede gobernar con aquellos que protagonizaron un golpe contra nuestra democracia, Sánchez no se dio por aludido. Volvió, eso sí, a recordarle a Torra que el incumplimiento de la legalidad le obligaría a tomar medidas, algo que debería ser de oficio, pero que en la crisis catalana se ha aceptado como un mal menor necesario para no «crispar» o «desestabilizar» el ecosistema independentista, muy sensible a este tipo de provocaciones legalistas.

Sánchez no concretó qué tipo de medida pondría en marcha si, por ejemplo, los grupos protegidos por la Generalitat cortan las vías de comunicación más importantes de Cataluña, aunque sí se atrevió a poner calificativos a la intensidad: «fime», «serena», «proporcional» y «contundente». Es cierto que el artículo 155 no hay que manosearlo mucho, ni siquiera amenazar con él como forma de disuasión, pero la sesión de ayer requería anunciar medidas concretas.

Es anormal, peligroso y una representación de que los CDR (Comités de Defensa de la República) se han adueñado de la calle, que éstos anuncien protestas violentas para el próximo día 21 para impedir la celebración del Consejo de Ministros y el Gobierno no pueda actuar. En esta situación, lo correcto es que Sánchez comunique a Pablo Casado y Albert Rivera cuáles son sus planes –no ya que les adelante cuándo piensa convocar elecciones– ante una situación tan grave.

Mientras Sánchez mantenía una calculada indefinición en el Congreso, en el Parlament Torra era claro: insistía en la «vía eslovena» que, con muchos o pocos muertos, abre las puertas a la independencia, guste o no. Sin invocar a la violencia, sabe que provocar de nuevo un choque con el Estado de Derecho está alejado de cualquier pacifismo y es en sí mismo una actitud políticamente violenta. Es posible que Sánchez estuviese escenificando ayer su divorcio con el independentismo, que, si bien le ayudó a llegar a la Moncloa, se está convirtiendo en un verdadero problema para el conjunto del PSOE.

Si en la moción de censura muchos socialistas aceptaron con la nariz tapada el apoyo, incluso destacados dirigentes territoriales, la falta de resultados en la política de apaciguamiento de Sánchez y la persistencia de los nacionalistas, que se vanaglorian de que hay que hacer efectiva la República, ha disparado las señales de alarma. Las elecciones andaluzas han sido la primera señal. Sánchez no tiene un plan para Cataluña más allá que el que han plateado PP y C’s, es decir, la defensa de la legalidad. Lo que quiere es ganar tiempo para asentar un proyecto débil y cínicamente postmoderno. Lo que sí ha habido es una voluntad de dividir a las fuerzas constitucionalistas en un momento crucial. Puede que ya sea tarde a la vista del juicio contra los dirigentes del 1-O, pero por el desgaste que están sufriendo nuestras instituciones es necesario que Sánchez demuestre si puede construir otra mayoría de gobierno sin el vergonzoso apoyo del independentismo.

El muy blandito Pedro Sánchez
Cristina Seguí okdiario 13 Diciembre 201

Pedro Sánchez no ha anunciado ni la aplicación del artículo 155, ni el uso de la Ley de Seguridad Nacional que permita el control de los Mossos. La máxima reacción del sanchismo ante los planes criminales de Quim Torra ha consistido en avisar a los separatistas de un envío de efectivos del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y la Guardia Civil a Cataluña si siguen incumpliendo la ley. La inacción del socialista deja entrever que la vía eslovena predicada por Quim Torra se ha convertido también en la senda de la permanencia de este citado sanchismo.

El modelo esloveno –voceado por el presidente de la Generalitat, Jordi Sánchez y Agustí Colomines, el ideólogo del movimiento separatista auspiciado por Carles Puigdemont–, que alertó de que “sin muertos el camino hacia la independencia será más largo”, supone el paso definitivo hacia los muertos asumibles para que haya un reconocimiento internacional de una guerra civil en Cataluña. El independentismo, que llama a la insurgencia violenta, asume a estas víctimas para alcanzar su anhelada república y Sánchez, por su parte, las asume para culminar su proyecto personal en La Moncloa.

Al igual que ocurría en la antigua Yugoslavia, Torra dispone ya de su ejército paralelo y paramilitar. Por un lado, la mitad de los Mossos están comprometidos con la causa independentista y, por el otro, tiene también a su merced a los terroristas de los CDR articulados en milicias civiles. Una masa apta para el linchamiento de civiles contra otros civiles y los carneros idóneos para el sacrificio. Los sujetos que serán presentados ante la comunidad internacional como mártires inevitables que apoyan sus pies sobre la mesa del despachito improvisado en Waterloo y en el Centro Penitenciario de Lledoners.

Sánchez ha contestado a Torra con más diálogo antes que una declaración de guerra, cuando hay orondos subvencionados como Joan Tardá y Gabriel Rufián que viven del presupuesto español por lanzar espumarajos negrolegendarios o hay niñatos gafapasteros de Podemos que han llamado a la “movilización pacífica al entrenamiento de las milicias de Torra, y por el pichabraverismo filoetarra de las CUP en busca de aventuras épicas. La vía eslovena es “voy a echar al monte a la gente armada para conquistar con la fuerza militar mi independencia”. Y todas estas provocaciones se han dado sin que actúe contundentemente la Fiscalía general del Estado.

No se hace nada y la bestia ya es demasiado grande. Un año ha transcurrido desde el referéndum ilegal y ya se ha llegado a un todo incomprensible. Hay una persecución por parte del independentismo hacia aquellos que quitan lazos amarillos, los mismos que en muchas ocasiones son multados por usar el español o se les impone una educación nacionalista que vulnera sus derechos.

Sánchez responsable de lo que pasa y ocurra en Cataluña
Pablo Sebastián republica  13 Diciembre 2018

Mientras Torra mantiene la opción bélica de la vía eslovena para lograr la independencia de Cataluña (por eso viajó a Eslovenia días atrás) en el Congreso de los Diputados el líder de Cs, Albert Rivera, ha advertido al Presidente del Gobierno Pedro Sánchez de que si se producen altercados violentos y algún muerto en Cataluña él será responsable de lo que ocurra por haberse negado a aplicar el artículo 155 una vez que Torra ya violó la legalidad al inhibirse ante la violencia de los CDR y alentando la rebelión.

Así está de clara la situación y así lo entenderán los españoles si Sánchez no actúa de inmediato en Cataluña y no abandona su pasividad. Y así lo entienden muchos dirigentes y barones regionales del PSOE que le han pedido a Sánchez una reunión urgente para debatir esta crisis que puede hundir electoralmente al PSOE.

De manera que debate parlamentario sobre el Brexit , el redoblado desafío de Torra al Estado y el fracaso del PSOE en Andalucía, han dejado a Pedro Sánchez muy tocado en su liderazgo y sus expectativas electorales y a Pablo Iglesias, su socio preferente en la moción de censura, hundido tras la pérdida en Andalucía de casi 300.000 votos.

Es verdad que Sánchez afirmó en el Congreso que si continua el nivel del desafío secesionista su gobierno actuará con ‘firmeza y contundencia’. Pero, vistas las concesiones de Sánchez al nacionalismo soberanista catalán en los pasados seis meses, todo ello resta credibilidad a su aparente firmeza que llega tarde, y carece de credibilidad ante el conjunto de la sociedad.

Como es cierto que en el PSOE, a raíz de estos acontecimientos, se generó una seria inquietud interna como se demostró en la reunión reciente de su Grupo parlamentario, donde la ex portavoz de Alfredo Pérez Rubalcaba, la diputada Soraya Rodríguez, llegó a declarar que el pacto de Sánchez con Podemos y los partidos soberanistas en la moción de censura es la causa del deterioro electoral del PSOE, que se confirmó en Andalucía.

Y se ha equivocado Sánchez al hacer un paralelismo entre la cuestión de Cataluña y el Brexit porque la sencilla razón de que Teresa May es buena demócrata y Quim Torra es un fascista. De ahí que utilizar el Brexit como escudo del desafío catalán no es admisible y está fuera de lugar.

Sobre Gibraltar hay que decir que los acuerdos conseguidos por Sánchez excluyen del Tratado del Brexit la garantía de que España va a tener la última palabra sobre Gibraltar en las futuras negociaciones para aplicar los acuerdos del Brexit. Pero también es cierto que las Cartas de la Comisión y la Presidencia del Consejo Europeo enviadas a España si reconocen y harán posible que España tenga el derecho de impedir cualquier acuerdo sobre la relación de Gibraltar con la UE.

En cuanto a las intervenciones de Pablo Casado y Albert Rivera se puede decir porque ambos insisten en dos cuestiones: en la petición de elecciones generales anticipadas e inmediatas y que se aplique sin demora en Cataluña el artículo 155 de la Constitución.

Petición que está avalada porque Torra ya ha violentado la legalidad con la ausencia de los Mossos en últimos altercados callejeros de los CDR, y con su discurso de la vía eslovena con todas sus consecuencias. Unos hechos probados con los que Torra se convierte en autor de ‘colaboración necesaria por omisión en desórdenes públicos’ y de ‘provocación para la rebelión’, delitos que figuran en el Código Penal.

En cuanto a Pablo Iglesias su discurso sobre Cataluña demuestra que está fuera de la realidad y que ello, sumado a las variadas crisis en el interior de Podemos, le augura un sonado fracaso electoral durante los próximos comicios de 2019 en línea con el resultado que sufrieron en Andalucía.

Al fondo de todo ello aparecen los hoy casi imposibles Presupuestos de 2019 que necesitan el apoyo del independentismo catalán, y la cita del Consejo de Ministros en Barcelona el próximo día 21 en plena tensión entre Sánchez y Torra. Dos cuestiones que serán cruciales para determinar en un plazo no largo la fecha de las próximas elecciones generales que en todo caso se deberán adelantar.

El brutal alegato de Toni Cantó contra el adoctrinamiento que dejó a Celáa rota
ESdiario 13 Diciembre 2018

El diputado de Ciudadanos le llegó a reprochar a la ministra de Educación que a los socialistas les importa lo justo el problema porque tienen dinero para mandar a sus hijos al Liceo Francés

Dado el intenso debate que mantuvieron este miércoles en el Congreso Pedro Sánchez, Pablo Casado y Albert Ribera, la habitual sesión de control al Gobierno pasó casi inadvertida.

Sin embargo, ésta dejó momentos estelares como el protagonizado por Toni Cantó ante la ministra de Educación, Isabel Celáa, a quien dejó con la cara que aparece en la imagen.

El diputado valenciano de Ciudadanos ha sido uno de los que más ha luchado contra el adoctrinamiento en las aulas disfrazado de inmersión lingüística no solo en Cataluña, sino también en la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares.

En un encendido alegato, Cantó le recriminó a la titular de Educación que no es de recibo que en el Reino Unido se dé más español en las aulas en Ibiza, o que un profesor de Gerona enseñe castellano en catalán.

"¿Por qué siguen sin hacer nada contra el adoctrinamiento?, ¿por qué siguen permitiendo que los lazos amarillos ocupen los espacios públicos también en la educación?, ¿por qué siguen cediendo la competencia de algo tan importante como la educación a la ERC de los golpistas, al 3% de los golpistas o a los nacionalistas de Compromís?", le preguntó Cantó a Celáa.

"Ustedes, la élite, pueden llevar a sus hijos a Inglaterra o como hacía Montilla (en alusión al exministro de Industria) y (Artur) Mas al Liceo Francés, al Colegio Alemán... pero los españoles de clase media trabajadora no pueden y no deben, porque la Constitución les garantiza que se usen sin discriminación cualquiera de las lenguas cooficiales. Deje de cumplir con Torra, con los de 3% y con Compromís y cumpla la Constitución. Cumpla con los españoles de una vez, ministra", concluyó.
 


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