AGLI Recortes de Prensa   Domingo 16 Diciembre 2018

Urge reducir la deuda pública
EDITORIAL El Mundo 16 Diciembre 2018

El gran programa de compra de deuda pública del BCE toca a su fin. En estos tres años y medio, el organismo ha adquirido 2,6 billones de deuda en toda Europa, 253.000 millones de nacionalidad española, y ha aplicado medidas como la rebaja de los tipos de interés hasta mínimos históricos. Mario Draghi enarboló una política monetaria que no solo logró mantener a flote el euro, sino que inyectó los estímulos necesarios para que Europa pudiera consolidar la recuperación. Se trata de un programa que, al menos en España, no se ha sabido compaginar con una reducción de la propia deuda. En los 10 años transcurridos desde la crisis, nuestro país la ha triplicado y desde 2014 no deja de rondar la mareante cifra del 100% del PIB.

En enero, los gobiernos saldrán al mercado a vender su deuda sin la presencia de su mejor comprador. Para que el nerviosismo no se apodere de la Eurozona, el BCE seguirá dando oxígeno reinvirtiendo los vencimientos. Pero el escenario está claro: menos estímulos y una esperada subida de tipos. Aunque propagar el alarmismo es una irresponsabilidad, también lo es mantenerse inactivo a la hora de afrontar medidas encaminadas a la reducción de nuestra deuda. Los niveles actuales nos dejan en una posición de vulnerabilidad ante contextos no propicios. Urge acometer una política de contención del gasto y de reformas estructurales. Algo a lo que Pedro Sánchez, rehén de sus aliados políticos, no parece muy dispuesto.

El Caso Cursach y la "información vaginal" de las cloacas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 16 Diciembre 2018

Los escándalos, que no casos, Cursach y Salamanca explican muy bien el significado de la "información vaginal" de la que se jactó Villarejo ante Dolores Delgado y el dueño de su copa y ministerio, Baltasar Garzón. Que Bartolomé Cursach, rey del hampa nocturna balear (seguir llamando "ocio" al negocio de un acusado de dieciocho delitos y todas las variantes de corrupción, violencia y el crimen organizado, me parece un eufemismo ridículo), siga en libertad sólo se explica por una sistemática corrupción judicial y policial.

Y ha hecho falta que la policía, por mandato de un juez, se presentara en el Diario de Mallorca para incautarse de los móviles de periodistas con datos de los infinitos delitos fiscales de Cursach, para que el escándalo saltara, por fin, el muro de silencio de un archipiélago en el que la omertá periodística ha ido de la mano de la política e institucional.

¿Acaso pensaban los protectores durante décadas de ese vertedero político llamado Unión Mallorquina, aliado del PP y del PSOE y socio sempiterno del catalanismo que ahora arrasa las Baleares, que el delito común y el chantaje generalizado se detendrían en la actividad diurna? ¿Creyeron que el encubrimiento político, fiscal, policial, y finalmente, judicial, se limitaría a los culiparlantes del parlamento regional? Para mí, el Caso Cursach es la continuación del de María Antonia Munar. Y ambos, el síntoma de un cáncer que, si llegara el cambio a la política española, habría que afrontar con absoluta urgencia y con la más extrema contundencia.

Cuando el delincuente instruye su propio caso
Hay veces en que un titular periodístico sustituye ventajosamente a un tratado de Derecho Penal. Es el caso de una columna de Matías Vallés en el Diario de Mallorca: "Cursach instruye su propio caso". O el de su vídeo sarcástico: "Cursach será nombrado juez sustituto plenipotenciario". El sarcasmo, en este caso, no es hiperbólico, sino descriptivo. Es tal el poder del "padrino" balear en la policía, la fiscalía y la judicatura -en los medios, la corrupción se advierte por la precaución informativa- que ha conseguido algo sólo al alcance de las cloacas policiales y judiciales, unidas indeleblemente en la celebérrima grabación de Villarejo. Porque, hasta ahora, para corromper los más altos niveles de los organismos del Estado había que estar dentro, con uniforme o toga. Cursach ha conseguido instruir su caso sin ser juez ni policía. Le basta comprarlos o chantajearlos.

Es verdad que empresarios con relevancia política -el caso más claro es el de Polanco y las infinitas irregularidades del Grupo Prisa-, entidades financieras, partidos políticos y Gobiernos diversos han conseguido torcer la mano o levantar la venda de los ojos de la Justicia. Es sabido el precio que Polanco puso a la cabeza del juez Liaño: mil millones de pesetas; y se la cobró. Pero el jerarca de Prisa, con Garzón revoloteando, los banqueros amigos de Campechano y las cloacas policiales y judiciales del PSOE no actuaban en el negocio "nocturno" de la prostitución y el tráfico de drogas. Pero era inevitable que la fórmula del chantaje sexual a jueces y fiscales, políticos, empresarios y periodistas, con "éxito asegurado" según la todavía ministra de Justicia, se extendiera al ámbito de la criminalidad común.

Nadie es inmune al chantaje
Yo no creo que casi todos los jueces, fiscales y policías en Mallorca, aunque sean muchos los que aseguran el ámbito de impunidad de Cursach, estén sobornados. Sí creo que todos los ciudadanos podemos ser objeto de chantaje sexual, con fundamento o por algún tipo de montaje. El resultado es el mismo. Cualquiera puede resistir un soborno de muchos euros, pero no es fácil, y menos aún si se lleva uniforme o toga, resistir un chantaje de tipo sexual, al margen de que venga de una conducta habitual o una trampa.

Esa es la "información vaginal" de la que presumía Villarejo, con el aplauso y la complicidad de la cúpula policial y judicial de la Audiencia en la cinta célebre, que muestra que, en España, como en la Roma imperial, hay una Cloaca Máxima en la que desembocan todas las alcantarillas. En tiempos de Garzón era, sobre todo, la Audiencia Nacional. Pero hay otras evidencias de corrupción al máximo nivel, el del Supremo, que Delgado misma delata al revelar a Villarejo supuestos comportamientos sexuales delictivos con menores en Colombia. Por cierto, aquellos viajeros aludidos anunciaron querellas contra la ministra y su entorno. ¿Presentaron alguna?

Seguramente, no. Y se equivocaría el que pensara que se debe a que habían perpetrado los delitos que les atribuía la ministra. En La Sexta, una pretensión de inocencia astutamente adjetivada equivale a una acusación, en rigor, a una condena, que mancha hasta cuando dice que limpia. Así que los jueces que no denunciaron la calumnia actuaron lógicamente pensando en su interés personal. En el de la sociedad, evidentemente, no pensaron.

Y esta es, en una sociedad democrática que presume de tener todas las garantías del Estado de Derecho, la corrupción en su estado máximo: el sálvese quien pueda, personal o corporativo, el salvar las apariencias de un tipo de chantaje que otras profesiones o individuos, más débiles, no pueden evitar porque no son jueces, fiscales, policías, políticos o periodistas.

Acostumbrarse a la corrupción
Las acusaciones a Cursach, que incluyen el asesinato, tenían un punto clave: la corrupción de políticos, jueces y policías, invitados a orgías de sexo y drogas a todo lujo, que los convertían en rehenes del hampa. No extraña que la testigo protegida que lo denunció pueda desaparecer o perder la memoria o que la Fiscalía actúe contra un fiscal que no se rinde, aunque eso y mucho más se da en el Caso Cursach; y algo debería hacer el CGPJ al respecto. No hace falta, aunque nunca falte, el sobre que completa el magro sueldo. Basta la grabación, la "información vaginal" a una o un profesional del sexo, la confidencia del borracho, o pasado de coca o enamoriscado. Basta una sola noche. Una sola vez. Cuando pasa una, pasa mil y una. Y los que no aceptan el trato, son orillados y difamados por los que sí aceptan. Luego hay medios y periodistas sin escrúpulos que completan el círculo del chantaje. Y así, con los años y los silencios, se teje una trama inextricable.

Pero, cuando se acepta que alguien que sabemos que está implicada al máximo nivel en esa trama de corrupción y chantaje a jueces y fiscales es nada menos que la ministra de Justicia, ¿con qué fuerza se la va a jugar un juez o un fiscal o un policía? Sólo con la de su moral personal, con la ética de un cuerpo policial o un estamento judicial. Pero siendo suficiente el valor personal, la integridad material, hay que velar por la seguridad del funcionario decente. No tener el ejemplo de la indecencia al máximo nivel.

Coda: el Caso Salamanca
Termino con una prueba de que hay capacidad de sobra para actuar contra la corrupción y que basta con que en las instancias normales se actúe con normalidad contra las anormalidades evidentes en la actuación judicial o policiales para que la gangrena se cauterice. Se ha ordenado la reapertura del Caso Salamanca, famoso expolicía, socio de Villarejo y otros hampones del gremio, que habría velado muchos años los trajines del hampa china en el aeropuerto de Barajas. Y en la reapertura, tras el inexplicable retraso del procedimiento, ha desaparecido, por el suave trámite del ascenso, el juez De Egea. Que le vaya bien. Veremos si le empieza a ir mejor a la Justicia.

San Sánchez
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 16 Diciembre 2018

SATÁNICO PADRE que está en Roma: le escribo para solicitar la canonización del hombre que en estos momentos desgobierna España. Me acojo, para ello, al derecho que me otorga mi condición de cristiano. No lo soy por mis creencias ni por voluntad propia, pero sí por haber sido bautizado hace ya 82 años en el Madrid de las checas, los bombardeos y la quinta columna. La ceremonia fue clandestina, pues no corrían entonces buenos tiempos para la Iglesia cuyos dogmas, doctrina y tradiciones conculca usted con meritorio tesón. Vino a casa un fraile franciscano y derramó sobre mi cabeza, entre susurros y latines, lo que entonces se llamaba agua de socorro. Tengo entendido que el sacramento al que aludo imprime carácter, así que cristiano sigo siendo, quiéralo o no, hasta que me llegue la hora de la extremaunción.

Cuentan que con dos milagros basta para canonizar a quien sea. El futuro san Sánchez cuenta ya con ese par de credenciales. Primer milagro: ha conseguido que resucite y vuelva a ser en toda España motivo de loas y de befas el Caudillo que la gobernó durante ocho lustros y que tan buenas migas hacía con su Iglesia. Muerto estaba y olvidado. Los jóvenes ni siquiera sabían quién demonios fue y ahora hablan de sus hazañas o de sus fechorías, según las miren, hasta los arrapiezos que consumen botellón. Desde que el Nazareno resucitó a Lázaro no había vuelto a producirse un portento similar.

El segundo milagro lo es también de resurrección: la de las viejas palabras que según el mayor de los Machado han de volver a sonar, la de Vox, la de la España de las banderas en los balcones y la de un sentido común que en el país citado, que fuese un día el más católico del orbe, parecía perdido para siempre. Cabría aportar otros milagros del Doctor de la Iglesia in pectore, pero si sólo se necesitan dos, ¿a qué seguir? Lo de doctor, Santidad, va con segundas, aunque no es probable que usted las pille.

Abogados del diablo, para cumplir con lo que el Derecho Canónico exige, no han de faltarle. Calculo, a tenor de lo que acaba de suceder en Andalucía y pronto sucederá en el resto del país, que unos 30 millones de compatriotas míos, incluyendo a los catalanes, estarían dispuestos a llevarse las manos a la cabeza, a poner como no digan doñas al nuevo santo y a impugnar la sentencia si Su Santidad insiste en que prospere el proceso de canonización. Formulada queda la demanda. Espero pronta respuesta. El PSOE la necesita.

«App Hispania»
Un juego contra la mentira histórica
Hermann Tertsch ABC 16 Diciembre 2018

«Hispania, el juego de la historia de España» es una aplicación de preguntas y respuestas que, si fuera un medicamento, debería advertir en el prospecto que puede causar gran adicción. Dicho de otro modo: hambre por aprender más sobre la historia de España». Así presentaba César Cervera, siempre dedicado a las páginas de historia en ABC, una aplicación que ha desarrollado la Fundación Villacisneros. Es un juego de competición, en compañía o en solitario, en el conocimiento de la historia de España. Un juego basado en el ansia de superación y en la generación de interés por hechos y personalidades, causas y fenómenos de nuestro pasado.

Hispania es un juego. Pero no es solo un juego. Porque la Fundación Villacisneros lo ha desarrollado y lo lanza con un objetivo muy claro que es cultural, moral y profundamente político. Su presidente, Íñigo Gómez-Pineda no lo oculta. Quiere que los españoles recuperen la ilusión por España. «Para ello, lo primero es conocer nuestra historia y armarnos intelectualmente contra las tergiversaciones». Como todas sus iniciativas de apoyo a víctimas del terrorismo, producción cultural o debates políticos, todas sin ayuda exterior, la aplicación Hispania tiene un fin último: el fortalecimiento de España. Que los españoles sepan más de su historia y sean menos vulnerables a las mentiras fabricadas para fomentar odio y desprecio a España.

Es una acción cultural y política contra el principal enemigo de España tambien ahora, la mentira. El principal culpable de su debilitamiento nacional e institucional, origen de las amenazas contra su integridad y existencia que es la invención de una historia que oculta el pasado real. Las falsedades sobre la historia de España tienen larga tradición. Elvira Roca Barea con «Imperiofobia y leyenda negra», Ivan Vélez con «Sobre la Leyenda Negra» y ya Julián Juderías con «Leyenda Negra» han denunciado cuánto y con cuánta eficacia se ha mentido contra España.

La mala fama de España surge, no es casual, cuando mejor lo estaba haciendo todo. Cuando acometía una gesta que en su grandeza y labor civilizadora solo es comparable al Imperio Romano. Entonces comenzaron en el XVI sus enemigos a ocultar sus hazañas y éxitos, magnificar errores e inventar atrocidades. Que ellos lanzaran su propaganda política contra la mayor potencia es lógico. No lo es que esas mentiras tuvieran siempre tanto valedor entre españoles, en especial en las elites. En pasadas décadas, la educación y los medios han sido tomados por la hegemonía cultural de una izquierda que promueve todas las falsedades de los enemigos de España. Los jóvenes bárbaros y violentos que en diversas regiones de España viven del odio a España son producto de esas mentiras nunca combatidas por los poderes públicos. La infame y mentirosa «Ley de memoria histórica» nunca podrá engañar a quien conozca lo realmente sucedido. Hispania es un juego que vacuna a sus hijos y sus nietos contra las falsedades que pretenden impedir que se sientan orgullosos de España. Y por ello dispuestos a cultivarla, respetarla y defenderla frente a sus enemigos.

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El diálogo, de Barcelona a Caracas
Javier Somalo Libertad Digital 16 Diciembre 2018

Resulta repugnante observar cómo acuden al "diálogo" los que quieren enterrar la Transición española –milagro dialogado– desenterrando a Franco e imponiendo la censura. El golpe de Estado perpetrado por el gobierno autonómico de Cataluña en plena democracia va camino de dar al traste con casi todo lo conseguido. Con este diálogo arruinamos el que de veras fue necesario.

Un viernes más, la portavoz del Gobierno ha conseguido empeorar el peor pronóstico. Según Isabel Celaá, el próximo Consejo de Ministros que se celebrará el 21 de diciembre en Barcelona forma parte de la "absoluta normalidad". Por eso, por esa cotidianeidad, se está planteando si intervenir a los Mossos, enviar miles de policías o hacer ambas cosas para escoltar al absolutamente normal presidente del Gobierno que pide por carta a un golpista absolutamente normal si tiene a bien recibirle para dialogar. Porque, según Celaá, en Cataluña hay un "conflicto" que requiere mesa, mantel y mil policías nacionales desplazados por si los de allí fueran desleales al Gobierno de la Nación. Todo normalísimo.

Lo que Celaá llama "conflicto" es la imposición de un comportamiento bajo amenaza sin capucha, señalamiento y persecución. El "conflicto" de Celaá lo sufren hace muchos años los ciudadanos de Cataluña –expresión de Tarradellas tristemente abandonada– pero ella, el Gobierno, dijo este viernes que la única solución posible es "que los catalanes dialoguen entre sí". Supongo que con acreditación previa de ADN y sin injerencias fascistas. Sólo le faltó aconsejar a los no catalanes que no se metan en asuntos ajenos y busquen otras tierras.

Dijo también la portavoz del Gobierno sin urnas que es necesario trabajar en la "materia para un Estatut acordado". ¿Otro? ¿Acordado por quién? Esa "materia" habrá de ser necesariamente más separatista que la que despachó el Tribunal Constitucional y que ya era en la práctica una Constitución catalana con un capítulo propio de derechos, como si no valieran los generales. En definitiva, se está proponiendo trabajar en un texto del todo incompatible con la democracia española. El Estatuto de la República de Cataluña, supongo. Por ese camino nos está llevando un Gobierno que no conoce el voto popular, enquistado ya en las instituciones y sin fecha de elecciones.

En el terreno de los espejismos, esta semana hemos escuchado algunas reacciones de barones socialistas que parecen buscar sitio en la posible sucesión de la Nada y que no son sino arrancada de caballo y parada de burro.

Emiliano García Page (Castilla La Mancha) osa hablar de una posible ilegalización de partidos independentistas para luego decir que antes de llegar al 155 hay que dar más pasos y que "lo que todos deseamos es reconducir el diálogo". Peor aún: "Se tiene que esperar a que haya un quebranto constitucional objetivo demostrado jurídicamente o puede ser un problema de capricho político o de interés electoral". ¿Será algún muerto el quebranto que hemos de esperar? Ni eso. Lo más probable es que fuera un "accidente". Ya lo hemos vivido también.

Si Javier Lambán (Aragón) parece más creíble es porque oye de cerca las intenciones separatistas y el nítido Lebensraum que, por el oeste, aporrea la puerta. "Dudo mucho que pudiera hablar con Torra más de tres minutos seguidos, porque me declaro absolutamente incompatible con este personaje tan estrafalario y fascistoide". A ver lo que tarda en compatibilizar esa verdad con el diálogo y la normalidad. Su jefe lo hizo en poco tiempo.

Siempre sucede lo mismo en el PSOE: José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra… En la reserva son todavía más locuaces pero, a la hora de la verdad, Chamberlain siempre creerá que la aviación no tiene capacidad para llegar a la isla. Y lo mantendrá públicamente, en ruinas, mientras la Luftwaffe sobrevuela su discurso.

El diálogo del PSOE consiste en negar la existencia de lo ya concedido y cambiar el nombre de las cosas para seguir cediendo hasta que la independencia de Cataluña sea una realidad negada por el Gobierno dialogante. Este comportamiento no es exclusivo del socialismo; recuérdese que el anterior Gobierno del PP negó que se hubiera celebrado un referéndum y conminó a Puigdemont a negar también que, fruto de aquel referéndum inexistente, hubiera proclamado la república catalana después de firmarla. Afortunadamente, parece que ahora la oposición al golpe se ha frotado los ojos para enfocar.

No es el concepto administrativo de independencia lo que debe impedirse sino el pisoteo de derechos del resto de ciudadanos españoles, de Cataluña y de fuera, que conlleva. Y eso ya ha provocado daños irreversibles. Da igual que no haya independencia formal si un estudiante se siente extranjero en su país, si un comerciante no es libre ni para etiquetar o si un buen médico hace las maletas porque le obligan a no entenderse aunque todos le entiendan. Da igual que no haya independencia formal si el gobierno catalán impone por la fuerza la supremacía de unos sobre otros.

Hay millones de personas que entienden a la primera lo que supone perder la libertad. Por eso, viene al caso hablar de Venezuela mientras miramos a Cataluña. Porque cuando la libertad y los derechos desaparecen no hay diálogo posible. Carlos Trujillo, embajador de Estados Unidos ante la OEA, no ha aguantado más y ha calificado de "fracaso miserable" el papel de José Luis Rodríguez Zapatero en el drama venezolano. También ha lamentado el viaje de Pedro Sánchez a Cuba: "Si eres un país que respeta la democracia y los derechos humanos, tienes que apoyarlos en todo momento y no de forma selectiva". Qué gran verdad.

Carlos Baute aprovechó una intervención en el programa "El Hormiguero" para hablar de Venezuela: 14.000 muertos. Conteniendo la rabia pidió ayuda: "Me dan ganas de decirle de todo al innombrable. Ni siquiera ha abierto el canal para poder ayudar a la gente. Lo que necesita Venezuela es una intervención internacional. Ese es el deseo de todos los venezolanos". Nada de diálogo. Quizá si lo dice un cantante, el público aplauda.

Pero se acostumbra a hablar de "mano dura" sólo para referirse a una eventual reacción. Y contra eso, se esgrime la "proporcionalidad". La perversión del lenguaje político, que ha hecho grandes conquistas contra la libertad, no permite ver que la verdadera mano dura es un golpe de Estado, sea chavista o independentista catalán. Debatimos sobre la dureza de la reacción ante el mal, nunca sobre el mal en sí mismo. La única mano dura que existe es la del supremacismo racista de la Generalidad, la del chavismo asesino en Venezuela. Sólo cabe contundencia ante el delito. Defensa propia. Ley.

El PSOE ya no es un problema sólo en España. También en Europa y hasta en América.

Pero dialoguen. Y mientras exhuman a un dictador, apuntalen a otro allende los mares y forjen al nuevo en Barcelona.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

«Diálogo sereno»
Va a resultar que el «procés» no lo inventó el viejo Mariano
Luis Ventoso ABC 16 Diciembre 2018

Si la economía casca, lo demás revienta. Tal es la lección de las dos últimas súper crisis globales. La de 1929 abonó los totalitarismos de entreguerras, que degeneraron en el horror absoluto de la Segunda Guerra Mundial. La de 2007 laminó los ingresos de las clases medias, disparó el paro y generó una ola de descontento que cristalizó en nuevos partidos-protesta, clavo ardiendo de personas arrojadas a las cunetas del sistema. Aquí, ese malestar impulsó en la primavera de 2011 el nacimiento del Movimiento 15-M (embrión del futuro Podemos). España, en contra de lo que a veces se nos cuenta, es una. Así que la rabia 15-M también llegó a Cataluña, por supuesto. El 15 de junio de 2011 una de sus protestas cercó el Parlamento catalán. Los diputados, los nacionalistas los primeros, fueron increpados, les escupieron, les lanzaron objetos. El presidente catalán, Artur Mas, y la del Parlamento, la xenófoba Núria de Gispert, se vieron obligados a acceder a la Cámara en helicóptero. CiU caía en los sondeos. Las cuentas no cuadraban, porque la Administración autonómica estaba quebrada, y ordenar recortes resultaba muy impopular. Eran días complicadísimos para Mas, que se asustó.

¿Cómo reaccionó? Sin haber sido separatista hasta entonces -al menos en voz alta- decide ocultar sus penurias tras la estelada. Ha nacido «el procés». En contra de su mito, la ola independentista no brotó de un anhelo irrefrenable de la población. El proceso fue impulsado a conciencia desde la Generalitat y solo tiene siete años de vida. Fue una eficaz y carísima campaña de propaganda, pagada con dinero público, que ha tenido éxito, pues el apoyo al independentismo, aun no siendo mayoritario, ha crecido. Por último, los mesías que lanzaron la campaña acabaron creyéndose su propia utopía republicana. Desdeñaron a España como un oso fatigado y adormilado, que no reaccionaría, y en octubre de 2017 dieron un fallido golpe de Estado (cutre, pero sin duda un intento en regla de subvertir por la fuerza la legalidad a fin de declarar la independencia).

La que acabo de contar es un modo de verlo. Pero existe otro, defendido durante estos siete años por el PSOE, su prensa afín, tertulianos madrileños que se avergüenzan de ser españoles y comunicadores catalanes que se forran en Madrid, pero cultivan un estudiado desdén hacia España. Su tesis era sencilla: hay una solución asequible, «el diálogo» con los nacionalistas, y si la crisis se ha enquistado en Cataluña es solo por la cerril intransigencia de Rajoy, que no dialoga y «se esconde tras las togas de los jueces». Entrañable.

Pero llegó Pedro I El Dialogante. Recibió a Torra y a su lacito amarillo en Moncloa. Presionó a los jueces en favor de los golpistas. Desprotegió al Rey. Prometió más autogobierno, inversiones, un nuevo Estatut... ¿Resultado? El «procés» está más encanallado que nunca, el desorden crece, el presidente catalán aboga por una revuelta violenta y para celebrar un simple Consejo de Ministros en Barcelona, la segunda ciudad de España, hará falta un despliegue de un millar de antidisturbios. El «diálogo sereno» de Sánchez va viento en popa.
Luis Ventoso Director Adjunto

Sí, Sánchez vuelve a hacerle la pelota a Torra
EDUARDO INDA okdiario 16 Diciembre 2018

La fábula de El escorpión y la rana se atribuye a Esopo pero bien podría haberla firmado Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Cuenta cómo el arácnido pide ayuda al anfibio para cruzar el río bajo la promesa de no infligirle ningún daño. Pero a mitad de trayecto, entre el zozobro de las aguas, el primero le mete un aguijonazo de campeonato a la segunda. La rana pregunta alucinada: “Cómo has hecho esto, vamos a morir los dos?”. El escorpión responde lo obvio: “No he tenido elección, está en mi naturaleza”.

El presidente del Gobierno no es un escorpión, es un gatito mimoso, dócil, servil y profundamente lamedor. No sé si por esencia o por conveniencia pero lo que está claro es que escorpión no es. El cristo catalán es la prueba del nueve de que Sánchez nunca va a meter el rejonazo legal que se merecen los golpistas catalanes. Porque si su instinto fuera ése sabe que su muerte como inquilino de La Moncloa sería instantánea. Y ni él ni esa nueva primera dama llamada Begoña Gómez están por la labor de dejar el Falcon, el Airbus 310, los mayordomos, los ayudas de cámara y las decenas de guardaespaldas que les acompañan hasta para echar un pis. Debe ser que eso de mear rodeado de gorilas mola mazo.

Todos esperaban como agua de mayo la intervención del presidente en el Congreso de los Diputados el miércoles. Que si va a anunciar la aplicación del 155. Que si va a echar mano de esa Ley de Seguridad Nacional que contempla los estados de excepción, alarma y sitio. Que si va a tomar el control de los Mossos. Y el gozo de todos ellos se fue directito al pozo. Fue el Sánchez pelota con la delincuencia independentista de siempre. El Sánchez que se aupó al olimpo de los dioses aceptando el voto de quienes asesinaron a 850 compatriotas, de los que dieron un golpe de Estado hace 13 meses (no hace 13 años, ni 13 siglos) y de aquellos que están financiados por las dictaduras iraní y venezolana porque quieren convertir nuestra maravillosa democracia en una sucursal de esos repugnantes regímenes.

Formuló algún que otro aviso a navegantes en forma de embustes de niño pequeño que algunos periodistas de cámara sublimaron. Papel mojado, charlatanería barata, al lado de lo que verdaderamente importaba. Esa frase en la que desmintiendo a José Luis Ábalos daba por hecho que el Consejo de Ministros del próximo viernes se celebrará según lo previsto en Barcelona. Ojito a la frase: “Es mi compromiso con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y lo voy a cumplir”.

Flipante. O sea, que el Consejo de Ministros en Barcelona, algo que en abstracto está muy bien, es fruto del “compromiso” con un golpista. Del acuerdo con un tipo que participó activamente en el tejerazo del 1 de octubre. De la entente con un sujeto y un partido que quieren hacer saltar por los aires la España constitucional e independizar una parte del territorio nacional, el 17% del PIB, pasando olímpicamente de la opinión del 60% de la población de esa comunidad autónoma y del 90% de la del conjunto de España. Y encima te bajas los pantalones ante ellos por enésima vez la semana en la que ese pájaro de cuentas que es Torra ha subrayado que apuesta por la vía eslovena.

¿Qué es la vía eslovena? Pues ni más ni menos que una de las modalidades de independencia de la antigua Yugoslavia en la que fallecieron ni más ni menos que 62 personas. Lo que ha venido a decir ese Quim Torra que es la palpable confirmación de que los seres humanos procedemos de los primates es que habrá muertos. Que nadie, ni siquiera el engañabobos de Pedro Sánchez, se engañe: esta gente busca un muerto entre los suyos. Un mártir para vender a la comunidad internacional lo perversa que es esta España franquistoide y para tener el motivo inexcusable para echar a sus mesnadas a la calle para liarla padre.

Es sencillamente una infamia, cuando no un delito de lesa traición, que el legal aunque no legítimo primer ministro de una nación dialogue con un tipejo que nada tiene que envidiar intelectual y moralmente a Goebbels o Mengele. Sánchez no puede ni debe sentarse con un Quim Torra que considera que el resto de españoles son “bestias que beben odio”, “víboras”, “hienas” y “carroñeros”. Menos aún que considera que los españoles que no han nacido en Cataluña tienen “una tara en el ADN”. Hablan de ilegalizar a Vox, que jamás ha hecho la más mínima insinuación de este tipo, pero reclaman diálogo con un supremacista, racista y fascista cuya dialéctica hubiera hecho las delicias de Adolf Hitler.

Y tiene pelotas que el Gobierno acepte una reunión tildada de “bilateral [sic]” con este camisa parda. Una costumbre que implantó el frivolazo de José Luis Rodríguez Zapatero situando al mismo nivel en la entrada de Moncloa la bandera de Cataluña y la de España. Torra, no obstante, les ha respondido con una bonita butifarra: “O cumbre de gobiernos o nada”. De coña no que lo exija el pollo que ocupa el Palau de la Generalitat sino más bien que lo pueda llegar a aceptar el jefe del Ejecutivo.

¿Se imaginan a Leopoldo Calvo-Sotelo o a Felipe González reuniéndose y hablando de tú a tú con Milans, Armada o Tejero en los meses posteriores al 23-F? ¿O a George Bush llamando a la Casa Blanca a Osama Bin Laden? Tan cierto es que, como apuntó uno de los padres de la Constitución, Manuel Fraga, que “la política hace extraños compañeros de cama” como que tampoco hace falta hacer el amor con alguien que cuando le des la espalda te va a propinar una puñalada modelo Instinto Básico.

El 'mago' Sánchez y el president 'collons'
FRANCISCO ROSELL El Mundo 16 Diciembre 2018

Hace ahora un mes, tratando de imitar al gran Houdini, el mago Pedro Volta estuvo a punto de perder la vida en el municipio madrileño de Navacerrada. Ejercitaba un embarazoso número de los que fue maestro el célebre escapista de origen húngaro. Por un error de ejecución, el ilusionista gallego no logró librarse de las cadenas que le aprisionaban inmerso en un tanque de agua. Hubo de ser rescatado deprisa y corriendo tras perder el conocimiento. De milagro se libró de que los médicos certificaran su muerte cerebral.

No hay que ser muy imaginativo para establecer paralelismos entre lo acaecido a Pedro Volta y la peripecia de Pedro Sánchez. Atado de pies y manos, el presidente se sumergió en una moción de censura con los independentistas. Confiaba en emerger libre de ataduras y lanzarse a las urnas al acopio de los votos que mendigó para ser el presidente con menos escaños que ningún otro.

Empero, salvo que se zafe a tiempo de esas onerosas enlazaduras, corre el serio riesgo de hipotecar su futuro y el de todo el PSOE, en cuyas filas se ha desatado un "¡sálvese quien pueda!". Al cabo de seis meses como inquilino en La Moncloa, a donde llegó con el compromiso de convocar raudo elecciones, su dilema se cifra en lo siguiente: o se aferra en precario al banco azul con unos socios corrosivos o convoca unos comicios bajo las horcas caudinas de unos votantes que pueden pasarle factura por el endoso de esa gravosa hipoteca al conjunto de los ciudadanos. Demasiado para Sánchez.

Como expresión de la gravedad del momento, basta atender el indisimulado pánico de sus barones tras la debacle de este 2 de diciembre en su principal granero de votos e inmutable feudo los últimos 40 años de autonomía. El desalojo de la administración andaluza, edificada de nueva planta por los socialistas, ha tocado a rebato a quienes sienten el escalofrío de poder ser desalojados como Susana Díaz del Palacio de San Telmo. Quien hace nada era gran comendadora socialista -incluso extramuros de Andalucía- llora ahora su destronamiento como Reina del Sur y lo hace con mayor amargura, si cabe, que Boabdil la pérdida de Granada.

Ahora Díaz pena su arrogancia de tratar primero a Sánchez como si fuera un títere que le debía mantener el asiento caliente hasta que ella tuviera por pertinente aterrizar en Ferraz y luego de no saber rematar la tarea que emprendió cuando el hoy presidente rebasó libérrimamente la línea roja socialista que prohibía atajar La Moncloa pagando peaje al independentismo. Mientras se dilucidaba la moción de censura del comité federal del PSOE contra Sánchez, un prácticamente desconocido entonces Torra se hacía pasar por airado militante socialista entre quienes enarbolaban pancartas contra la defenestración de Sánchez por los barones del PSOE. Nadie colegiría entonces que ambos acabarían de la mano.

A la postre, esa entente contra natura de Sánchez ha desatado una gran ola que se ha tragado cuatro décadas de régimen andaluz y ha arrojado por la borda a quien se arrepentirá de por vida haberse quedado a medias contra quien resultó ser un muerto bien vivo. Cuando Díaz achaca su mengua de escaños al pago del canon soberanista para que Sánchez viva en La Moncloa, éste pensará lo que aquel corregidor al que su alguacil le llegó con la queja de que, por portar un mensaje suyo, le habían partido la cara: "Pues ahí me las den todas". Ningún otro barón quiere ser aquel Perico Sarmiento que recibió el sopapo destinado a su corregidor.

Únicamente, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, le pide que resista y persista en su política y socios. Retoma su vehemente "¡Pedro, mantente fuerte!" con el que, en septiembre de 2016, le instaba a mantenerse firme en su "no" a la investidura de Rajoy. No en vano, con Zapatero y con Sánchez, la política del PSOE ha estado supeditada al PSC.

Esa mediatización del PSOE, mientras los demás hacían de comparsa, se ha revelado letal no ya para el porvenir del partido, sino para la existencia misma de España como nación. Conviene no echar en saco roto que Pascual Maragall, siendo aún aspirante a la Generalitat, ya promovía una soberanía compartida y aspiraba a que la Cataluña del mañana fuera como Lituania o Malta.

Marchaba en dirección contraria a su abuelo, el poeta Joan Maragall, quien prefería "hurgar en lo propio para encontrar lo común". Acuciado por las urgencias del momento, ni aquel PSOE ni este otro han querido ver que pervertían su naturaleza de partido nacional y sembraban la cizaña de la fractura de España. Ahora, por el camino de Maragall, la España de los nacionalismos pone rumbo a la estación término.

En esa encrucijada, el PSOE se desangra a chorros. De sumar nuevos fiascos al norte de Despeñaperros, puede ser declarado en estado de siniestro total. En el periodo que discurre entre el 2-D andaluz y el 21-D catalán, amenaza con abrirse una profunda sima que puede ser la tumba del PSOE. Si la primera vez que unos españoles han tenido la oportunidad de pasar por las urnas a Sánchez, jugando con la ventaja de hacerlo en campo propio, los andaluces lo han reprobado sin remilgos, la celebración del Consejo de Ministros del viernes en Barcelona tampoco pinta en los términos presumidos por Sánchez cuando anunció su desembarco.

Desde luego, no parece que vaya a transitar sobre una alfombra de pétalos de rosas con ínfulas de gran pacificador ni entre los plácemes de sus socios independentistas en justa correspondencia con su amigable cita con Torra junto a la fuente monclovita de Guiomar, último amor de Antonio Machado.

Creyó que, quemando a Rajoy en la pira de la moción de censura, al modo de los juanillos que se calcinan la noche de San Juan en algunos pueblos andaluces, podría reemprender por otro camino, cual príncipe de Lampedusa, la fallida política de apaciguamiento de su antecesor del PP. Pese a estar desacreditada desde el acuerdo de Múnich de 1938 en el que el premier británico Chamberlain "tuvo que elegir entre la guerra y el deshonor; eligió el deshonor y se encontró con la guerra", en palabras de Churchill. Hay que tener un alto concepto de sí mismo y una ignorancia supina sobre la naturaleza intrínseca del nacionalismo para concluir que el desafío independentista era cosa singular de Rajoy y del PP.

Así, en estado de abierta deserción, el independentismo alambra de espinas la llegada del Consejo de Ministros bajo los auspicios de un presidente catalán que ampara la violencia de su guardia de corps. Esos Comités de Defensa de la República (CDR) que suplantan a los Mossos y que actúan al modo de sus congéneres de esas mismas siglas de la dictadura cubana. Torra, quien se considera un CDR más, los agita como fuerza de choque contra el Gobierno del Estado que él representa en Cataluña.

De esta guisa, Sánchez ha de viajar a esta parte de España escoltado por 9.000 policías, al no fiarse de unos mossos que, en número de 27.000, se deben, en última instancia, al ministro del Interior, responsable máximo del orden público en todo el territorio español. No parece, contrariamente al largometraje berlanguiano, que este jueves, cuando Torra reúna a su Govern, en vísperas del Consejo de Ministros, se obre milagro alguno en Barcelona.

Desprovisto de la careta de la revolución de las sonrisas y tornado su pacifismo en abierta promoción de la vía violenta para el acceso a la independencia, al modo de Eslovenia, Torra reencarna al fanático capitán collons, Miquel Badia, quien organizó, en la II República, las milicias fascistas denominadas escamots del Estat Català. Como comisario de Orden Público, llegó a arrestar al fiscal de la Audiencia de Barcelona. Al modo de Torra con Puigdemont, actuó a las órdenes de su consejero y jefe político, Josep Dencàs, quien marchó a Italia para recabar el apoyo de Mussolini para fundar un Estado fascista catalán. A modo de justicia poética, acabarían huyendo por las alcantarillas.

Con los ciudadanos como rehenes, Torra retrotrae a la Barcelona de las barricadas y de las juventudes de Estat Català desfilando uniformadas. Tras años coqueteando con la violencia, el secesionismo la promueve sin recato abocando al enfrentamiento civil. La violencia está enlazada a la mentira del procés. Cuando se arguye que "no se puede hacer una tortilla sin romper un huevo", habría que rescatar lo que el escritor rumano Panait Istrati dicen que le replicó a Stalin cuando visitó la URSS: "Está bien. Veo los huevos rotos. ¿Dónde está su tortilla?".

Frente a los que persisten en considerar a la violencia "partera de la historia", como argüía Marx, no cabe más opción que restaurar el orden constitucional mediante la resuelta aplicación del artículo 155 de la Carta Magna. Contrariamente a lo que piensa el Gobierno del ibuprofeno (Borrell dixit) no es la última media a adoptar, sino precisamente la decisión que hay que efectuar para no llegar a las últimas.

El Estado no puede renunciar al monopolio de la violencia física legítima frente a los desalmados que arrebatan la calle a los ciudadanos. Ese es principal deber de un Pedro Sánchez, con capacidad para ser uno y trino a la vez, como si fuera la mismísima Santísima Trinidad, pues es capaz de defender una cosa y su contraria con igual convicción. Puede desembarazarse de lo dicho con la aparente facilidad con la que el escapista profesional se desata de las cadenas con candado y sin llave que le aprehenden.

La cuestión estriba en saber si está dispuesto a ello o está tan preso que ni Houdini revivido sería capaz de obrar tal portento, si es que no le causa un accidente como al mago Pedro Volta. No es extraño que, sin tiempo para aguardar el desenlace, haya barones que ponen tierra de por medio con respecto a políticas que ya se han cobrado la pieza de la Reina del tablero socialista. No parece que el conjuro de Vox les sirva de mucho, como ha constatado Díaz. Sólo ha originado un efecto llamada.

No se puede amenazar con la llegada de los bárbaros cuando estos ya se enseñorean de España y dictan sus designios al inquilino de La Moncloa. Alientan un proceso golpista en marcha al que Sánchez le ha dado cuerda creyendo que haría de ese tigre un dócil animal de compañía. Un fatuo error de apreciación fue mismamente el que trajo la inesperada muerte de un puñetazo del mago Houdini. Aquel triste final no hizo honor a su genio e inteligencia.

31 razones para volver a aplicar el 155 en Cataluña
Cristian Campos elespanol 16 Diciembre 2018

1. Porque el Gobierno de una democracia europea no puede darse el lujo de tolerar las amenazas de un cuerpo armado de 17.000 hombres. Amenazas como ese lamentable "no podemos garantizar la seguridad del Gobierno el próximo 21 de diciembre" a cargo de la policía autonómica catalana y destinado a Pedro Sánchez y sus ministros. Una amenaza con garrote ajeno –el de los CDR– y que deja, una vez más, a policías nacionales y guardias civiles al pie de los caballos y de las cámaras de TV, siempre tan selectivas ellas.

2. Porque, ¿para qué quiere una comunidad autónoma española competencias en materia de seguridad pública si los funcionarios al cargo, es decir los Mossos d'Esquadra, se confiesan incapaces de garantizarla?

3. Porque ningún Gobierno democrático puede permitir que la libre circulación por las carreteras del país dependa del capricho de un par de docenas de adolescentes con pasamontañas.

4. Porque Cataluña es una comunidad con un Gobierno regional paralizado desde hace cinco años y al albur de las extravagancias y los intereses personales de un prófugo de la Justicia.

5. Porque ningún Estado puede ni debe tolerar un estado de excepcionalidad perpetuo.

6. Porque un presidente autonómico que exige "una cumbre" al presidente del Gobierno, como si este no fuera el más alto representante del Estado y el otro un sencillo funcionario regional, no está ofreciendo diálogo sino coronándose emperador de su patio de Monipodio.

7. Porque un Estado no puede tolerar ser chantajeado con huelgas de hambre por un puñado de presos acusados del delito político más grave incluido en el Código Penal.

8. Porque el Gobierno de una democracia constitucional no debe quedarse de brazos cruzados mientras un puñado de líderes políticos enloquecidos emplean hasta el último euro de su presupuesto en destruir al Estado.

9. Por coherencia: la misma Constitución que rechaza obedecer el Gobierno secesionista regional es la fuente de la legitimidad política de ese mismo Gobierno secesionista regional.

10. Porque la comunidad autonómica catalana es una ficción administrativa construida por la Constitución del 78. Y lo que fue construido artificialmente puede ser también destruido sin mayor trauma que el teatro hiperventilado habitual en la región.

11. Porque Cataluña jamás ha sido más rica y libre que cuando ha sido gobernada por Madrid, y más miserable y claustrofóbica que cuando ha sido gobernada por sus caciques locales.

12. Porque la alternativa a un 155 aplicado hoy por el Gobierno del PSOE es un 155 aplicado en unos meses por el PP, Cs y Vox tras una derrota del PSOE en las urnas que conduzca a la definitiva pasokización del partido.

13. Porque los catalanes sólo son soberanos en tanto que españoles.

14. Porque los catalanes sólo son europeos en tanto que españoles.

15. Porque la idea de que una lengua regional minoritaria propia debe llevar aparejados privilegios políticos y fiscales y una mayor autonomía es puro fetichismo político. El catalán es sólo un accidente lingüístico y el resto de la cultura catalana, nada más que folclore. El mismo que posee cualquier otro pueblo, provincia o región española, francesa o italiana. Basta ya con esa nostalgia de la aldea, por favor.

16. Porque el presidente autonómico catalán ha pedido una guerra civil "a la eslovena". Este punto basta no ya para aplicar el 155, sino para suspender la autonomía de la región sine die.

17. Porque las palabras de un político, al contrario de lo que opina el Gobierno de Pedro Sánchez, no son meras ondas sonoras que sólo adquieren trascendencia penal cuando se convierten en acciones. Las palabras pesan. Como un buque, si las pronuncia un presidente autonómico con un presupuesto de 21.000 millones de euros.

18. Porque hay que empezar a negar la mayor: el nacionalismo no es una opción política legítima sino una de las dos ideologías criminales contra las que se construyó la UE. ¿Quiere el Gobierno del PSOE convertirse en el funcionario torpe del museo que despierta a la momia del faraón?

19. Porque ya va siendo hora de que a los catalanes constitucionalistas se les permita vivir en una democracia limpia y aireada como la que llevan disfrutando el resto de los españoles desde 1978.

20. Porque un Gobierno democrático no puede vivir a expensas de que el azar le niegue al nacionalismo catalán esos muertos que con tanto ahínco busca desde hace meses.

21. Porque todas las comunidades españolas cuentan con su moho particular (en Andalucía, el régimen caciquil cultivado por el PSOE a lo largo de treinta y seis años; en Baleares, el filocatalanismo; en Navarra, el expansionismo vasco) pero Cataluña es la única n la que esa carcoma es doble: el nacionalismo y el populismo de izquierdas de Ada Colau. Urge, en fin, empezar de cero en la región.

22. Porque el 155 es la única manera que tiene el PSOE de evitar ser destruido por ese mariscal Pétain de la ultraderecha nacionalista llamado PSC.

23. Porque, asumido que el PSOE camina hacia su desaparición, más vale que se esfume prestándole un último servicio a su país y no jodiendo a los ciudadanos españoles hasta la médula.

24. Por las mismas cuatro razones por las que el Gobierno de Mariano Rajoy aplicó el 155 en octubre del año pasado: para restaurar la legalidad en la región, para asegurar la neutralidad institucional, para mantener el bienestar social y para asegurar los derechos y las libertades de los catalanes.

26. Para ahorrarse la humillación de ver al Rey en TV, de nuevo, enmendándole la plana al presidente del Gobierno y haciendo el trabajo que este no desea ni sabe hacer.

27. Porque el Estado no puede estar a expensas de la clase política más iletrada, cursi, curil y deficientemente democratizada de toda España. Es decir la nacionalista.

28. Porque no se negocia con presos. Mucho menos los Presupuestos Generales del Estado o el perdón de delitos como los de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

29. Porque la mitad de los catalanes siguen viviendo en 1935 y ya va siendo hora de que aterricen en la democracia.

30. Porque Cataluña es una comunidad autónoma fallida y nada hace pensar que un mayor grado de autonomía/independencia fuera a hacer otra cosa que agravar su fracaso político, cultural, moral y social.

31. Porque sólo las ranas socialistas más cándidas ayudan a los escorpiones nacionalistas a cruzar hasta la orilla de la república cargándoles sobre su lomo en la creencia de que estos no les clavarán el aguijón. Está en su naturaleza, estúpidos.

Proteo Sánchez: entre las abejas y el foxtrot.
Pedro J. Ramírez elespanol 16 Diciembre 2018

De repente, en el Salón de los Pasos Perdidos, se me vino a la memoria el inicio de un bello soneto de Borges: “Antes que los remeros de Odiseo / fatigaran el mar rojo como el vino / las inasibles formas adivino / de aquel Dios cuyo nombre fue Proteo”.

Ocurrió cuando, el día del 40 aniversario de la Constitución, un estrecho colaborador de Pedro Sánchez me habló de la ‘operación Ave Fénix’, augurando la reinvención del presidente como látigo de los separatistas, aun a costa de abortar la legislatura. De inmediato, objeté tal denominación y le propuse como alternativa ‘operación Proteo’.

Mi argumento fue que el Ave Fénix renace de sus cenizas, después haber fenecido carbonizada, y Sánchez no ha llegado a sucumbir nunca, aunque muchos le hayan dado por muerto tantas veces. Si el “difunto” estaba bien vivo, incluso cuando le derrocó su Ejecutiva y abandonó el escaño, quedándose al raso, sin techo institucional alguno, no va a ser cuestión de darlo por liquidado, en pleno ejercicio de la presidencia, como si la Moncloa fuera su mastaba.

En cambio, la versatilidad o, si se quiere, el travestismo político de Sánchez se corresponden con las propiedades de Proteo, el dios que emerge de las aguas, pastoreando su rebaño de focas marinas, para adoptar las formas más diversas, con tal de no tener que ejercitar su don de la clarividencia.

Así lo describe el segundo cuarteto del poema de Borges: “Pastor de los rebaños de los mares / y poseedor del don de la profecía / prefería ocultar lo que sabía / y entretejer oráculos dispares”. Y conste que lo de las “focas marinas” no alude a ninguno de los dos sectores del grupo parlamentario socialista.

Pero cuando en textos clásicos de Luciano o Plutarco se define a alguien como “más cambiante que Proteo”, el lector contemporáneo tiene la impresión de que nadie como Pedro Sánchez llenaría tan bien ese molde. Era un mito que fascinaba a Erasmo y sirvió de inspiración al impactante grabado del XVII, de Cornelius Schurtz que hoy remeda y customiza Javier Muñoz, con su brillantez habitual.

Cuando en textos clásicos se define a alguien como “más cambiante que Proteo”, el lector contemporáneo tiene la impresión de que nadie como Sánchez llenaría tan bien ese molde
Nuestro presidente ha tenido ya tantas caras, ha sido ya tantas cosas, desde dócil lazarillo de Rubalcaba hasta líder mundial de la política sobre migraciones de la ONU, desde compañero de abrazo de Rivera hasta cómplice presupuestario de Iglesias, desde mástil de la mayor bandera rojigualda exhibida nunca por la izquierda hasta socio de todos cuantos han tratado de destruir a España, que una nueva mutación camaleónica para tratar de devorar a aquellos ante los que parecía someterse, encajaría perfectamente en el guión de su trayectoria.

Tras la impactante patada que los electores andaluces le han dado en el trasero de Susana, Sánchez necesita huir hacia delante y para eso nada como un buen cambio de cara o, mejor aún, de máscara. Su equipo le ha preparado una buena vía de escape, consistente en rendirse a la evidencia de que el separatismo catalán rechaza todo diálogo que no conduzca a la secesión y mantiene la misma disposición golpista que hace un año. O sea que, en palabras de Borrell, el “ibuprofeno” de su buenismo no ha servido, ni siquiera, para reducir la “inflamación”; y, en cambio, está minando día tras día su credibilidad como gobernante.

Se trataría de comparecer ahora, cargado de razón, ante la ciudadanía -yo lo he intentado todo, pero con esta gente es imposible- y ponerse a la cabeza de la manifestación de quienes piden medidas más enérgicas, incluido ese 155 “total y sin límite de tiempo” que preconiza Aznar. Estaríamos, en el fondo, ante una caída del caballo, equivalente a la de Rajoy -no en vano la prensa ‘indepe’ les equipara cada día más- pero con la singularidad de que, para este nuevo Sánchez, eso supondría lanzarse a la yugular de sus propios socios de investidura y, en sentido amplio, de gobierno.

Estaríamos, en el fondo, ante una caída del caballo, equivalente a la de Rajoy pero con la singularidad de que eso supondría lanzarse a la yugular de sus propios socios de investidura
El propósito político último de esa operación sería arrebatar a Rivera y Casado la bandera de la firmeza en la defensa de la unidad de España, reagrupar a los socialistas en torno al liderazgo de un presidente capaz de quitarse el guante de seda para exhibir la mano de hierro y comparecer ante las urnas como el aglutinante de la izquierda frente a la crecida de Vox y su efecto contagio en Ciudadanos y el PP.

Después de cambiar de faz ante el separatismo, quien llegó a la Moncloa como solución profiláctica frente a la corrupción de Rajoy, mutaría a continuación en paladín de las conquistas sociales que pone en riesgo la extrema derecha. “Ungido por las gentes asumía / la forma de un león o de una hoguera / o de árbol que da sombra a la ribera / o del agua que en el agua se perdía”.

Pero, atención a este último verso, que inicia en realidad el terceto final del poema de Borges. Sánchez corre el riesgo de que, al cambiar tan rápida y sucesivamente de apariencia, como Proteo, en el momento decisivo no sea ni “león”, ni “hoguera”, sino ese “agua que en el agua se perdía”. O sea, el desperdicio de otra oportunidad desaprovechada.

El gran desafío para él es adaptar su conducta al ritmo de unos acontecimientos que no está a su alcance controlar. De Sánchez dependen las medidas excepcionales sobre Cataluña y la convocatoria de elecciones generales, pero tanto el reloj de la investidura andaluza, como el del juicio a los golpistas de octubre, como el del propio detonador de la bomba que mantienen activada Torra y Puigdemont, están en otras manos.

El gran desafío para él es adaptar su conducta al ritmo de unos acontecimientos que no está a su alcance controlar
La paloma no puede trocar primero en halcón y después en aleonado ‘defensor civitatis’ sin razones para ello. Esos cambios no suceden porque sí, de la noche a la mañana. Nadie se acuesta apaciguador y se levanta combatiente. Hasta el Proteo mutabilior, glosado por Erasmo, necesitaba sus motivos.

La mejor secuencia imaginable para Sánchez sería que el 21-D se convirtiera en una jornada de insurrección en Cataluña que le obligara a dar pasos contundentes, recabando y obteniendo el concurso de la oposición; que, como consecuencia de ello, se produjera su ruptura definitiva con ERC y PDeCAT, de forma que la falta de presupuestos quedara amortizada como el precio de su firmeza; que, entre tanto, Moreno Bonilla fuera investido presidente andaluz con el apoyo simultáneo de Ciudadanos y Vox; y que, al cabo de unas pocas semanas, se viera abocado a disolver las Cortes.

Este nuevo itinerario le permitiría presentarse a las generales como un regenerador de la centralidad constitucional, amenazada no sólo por el separatismo y el rupturismo podemita, sino por la hidra de tres cabezas, alentada por la pulsión reaccionaria de Vox. Seguiría así el camino indicado por el propio Proteo, en una de las Geórgicas de Virgilio, cuando el apicultor Aristeo logra que le aconseje cómo proceder ante la muerte de sus abejas. Sus instrucciones son claras: debe aplacar a los dioses, a los que ha ofendido, levantando un altar en su honor en el bosque, sacrificando allí algunos de sus mejores animales y regresar al cabo de nueve días. Transcurrido ese tiempo, Aristeo descubre que una tupida colmena de abejas hacendosas ha brotado de los cadáveres de las víctimas propiciatorias.

Este nuevo itinerario le permitiría presentarse a las generales como un regenerador de la centralidad constitucional
Es obvio que los Torra y Puigdemont, pero también los Rufián y Tardà, por mucho que jueguen a insurgente malo e insurgente bueno, reúnen todas las condiciones para que caiga sobre ellos la espada de la ley. Pocas cosas como su sacrificio ritual aplacaría la ira de los dioses de la opinión pública, que tanto se ha hecho notar en Andalucía. Media España les tiene ganas y la otra media está harta de soportarlos.

También tendría sentido que esa muestra de arrepentimiento -equivalente a la abjuración de Iglesias del chavismo- alumbrara un enjambre de votos socialistas, a la par que una nueva colmena catalana, en la que la laboriosidad de sus gentes deje de estar atenazada por los zánganos que han hecho del separatismo subvencionado un modus vivendi.

Pero todo puede suceder de otra manera, nada conveniente para Sánchez. El presidente necesita un ‘incidente del golfo de Tonkin’ -o sea un casus belli como el de Johnson contra los norvietnamitas- sin que parezca que lo busca. Y el principio de proporcionalidad en la respuesta restringe su margen de movimientos a las reglas del foxtrot: tres pasos hacia un lado, uno hacia el otro; y, a continuación, lo mismo, sólo que en sentido opuesto.

El presidente necesita un ‘incidente del golfo de Tonkin’ -o sea un casus belli- sin que parezca que lo busca
Eso es lo que le ocurrió el pasado fin de semana con el corte de la AP-7 por los CDR y la apelación de Torra a la vía eslovena. Ambos episodios dieron de sí para las cartas de apercibimiento de sus ministros, para un duro discurso en el Congreso y para una ofensiva mediática, pero nada más. Sánchez se dio, enseguida, por satisfecho con el compromiso de la Generalitat de preservar el orden público, aparcando la depuración de los Mosos. Tres pasos hacia un lado, uno hacia el otro.

El ofrecimiento formal de un encuentro con Torra el propio 21-D inicia los tres pasos en la dirección contraria, en la seguridad de que enseguida tendrán el correctivo de su pasito atrás. Sánchez asume que sea Torra el que se haga de rogar, le atribuye a través de la portavoz Celáa la condición de “anfitrión” -como si el Gobierno de España no estuviera en su casa en Barcelona- e incluso acepta que le hable de autodeterminación; pero él responderá con referencias al Estado de Bienestar, como en todo buen diálogo de besugos. Tres pasos para avanzar, un cuarto para recular.

Así podría seguir hasta el infinito, atrapado en un baile que, tras su apariencia de constante movimiento, esconde el inmovilismo sustancial de quien continua siempre en el mismo sitio. Algo así, como si el Estafermo se hubiera hecho danzarín.

Este era el ‘plan A’ de Sánchez, en la medida en que tiene como pista de baile la Moncloa. Allá lo que les suceda a Cataluña y a España entera, mientras él permanezca. Bastaría con que Tezanos tuviera el don de que se cumplieran sus desvergonzadas profecías, incluso con un 30% de rebaja, para que nadie sacara al presidente del foxtrot.

Este era el ‘plan A’ de Sánchez, en la medida en que tiene como pista de baile la Moncloa. Allá lo que les suceda a Cataluña y a España entera, mientras él permanezca
El problema es que Andalucía ha abierto el abismo bajo sus zapatos de charol, demostrando que el tiempo juega en su contra; que cada día que siga teniendo a los separatistas como pareja de baile, seguirá perdiendo apoyos. Hay quien incluso le ha advertido de que, si se empeña en continuar así otro año más, puede terminar haciendo “un UCD” electoral.

Máxime cuando ni Casado, ni desde luego Rivera, van a facilitarle el discurso de la “alerta antifascista” que pretende compartir con Iglesias. Una vez que alcancen su acuerdo de 47 escaños, la aritmética del parlamento andaluz les vendrá al pelo para recordar a los socialistas lo que pasó en el Pais Vasco, cuando el PP hizo lendakari a Patxi López, a cambio de nada; lo que pasó en Madrid, cuando Ciudadanos firmó el Pacto del Abrazo para investir a Sánchez; o lo que ha pasado en la propia Andalucía, cuando Juan Marín ha sustentado a Susana Díaz casi una legislatura completa. Si tan dañina les parece la influencia de Vox, la abstención en la investidura de un candidato de centroderecha debería estar garantizada. ¿O es que el PSOE sólo se siente constitucionalista y sólo tiene capacidad de llegar a acuerdos transversales cuando le conceden el poder?

Sánchez está atrapado, constreñido en el tiempo por la cuenta atrás de la legislatura y en el espacio por la dependencia de lo que haga su pareja de baile. Pero por su mente zumban las abejas de la audacia. Necesita que algo pase pronto y si no pasa, contribuir a provocarlo.

Su estrategia no requiere convertirse en Ave Fénix. Le basta una mutación más terrenal. Pero, dentro del repertorio político, esperen cualquier cosa. Ya lo advierten los dos últimos versos del soneto de Borges: “De Proteo el egipcio no te asombres / tú, que eres uno y muchos hombres”. Este lunes habrá que tener los oídos bien abiertos en la Copa de Navidad de la Moncloa.

Otro año perdido en Cataluña
 larazon 16 Diciembre 2018

El próximo viernes se cumple un año de la celebración de las últimas elecciones autonómicas catalanas, que si bien dieron la victoria, estéril, al partido Ciudadanos, permitieron que las mismas formaciones nacionalistas que habían impulsado el golpe anticonstitucional de octubre retuvieran el Gobierno de la Generalitat. En estos doce meses, la situación política, económica y social de Cataluña no ha hecho más que deteriorarse, empujada por la ausencia de gestión pública del Gobern, los efectos agravados de la desaceleración de la economía y el incremento de una violencia callejera de impronta separatista, que puede hacer crisis, precisamente, el viernes, con motivo de la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona.

Podríamos extendernos en la descripción de los hechos que conforman esta realidad, pero lo cierto es que la mayor parte de los españoles son plenamente conscientes de lo que denunciamos y si hasta ahora asistían perplejos al inútil ritual del diálogo de sordos propuesto por el Gobierno de Pedro Sánchez, el resultado de las elecciones en Andalucía, donde han caído los partidos de la izquierda que más ambiguos se muestran frente al desafío nacionalista catalán, demuestra que la sociedad española demanda una rectificación de la actual política apaciguadora y exige, simplemente, que se restablezca en Cataluña el respeto al ordenamiento constitucional. Sin embargo, y ayer mismo tuvimos otro ejemplo, desde el actual Ejecutivo socialista se insiste en procurar un acercamiento con un personaje como Quim Torra, trasunto del fugado Carles Puigdemont, cuyos principales objetivos son, por este orden, la nulidad de las actuaciones judiciales contra los políticos implicados en el golpe separatista, la articulación de una mayoría alternativa a ERC, que mantenga a Puigdemont como muñidor inexcusable en cualquier acuerdo, y el mantenimiento de la tensión social, tanto callejera como en las instituciones, sin la cual los dos primeros objetivos se aparecen como imposibles.

Las consecuencias últimas de esta estrategia, más aún tras haber traído al imaginario público la referencia a las guerras de los Balcanes, pueden ser muy peligrosas en orden a la convivencia ciudadana y exigirían del Gobierno de la nación la adopción de medidas adecuadas a la gravedad de la amenaza. Cabe, como ha demandado el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, el recurso a la ley de partidos y asociaciones para ilegalizar a grupos, como los CDR, que propugnan la desobediencia a las leyes y proclaman paladinamente la vía de la insurrección contra los poderes del Estado, o, también, la reinstauración del artículo 155 de la Constitución, opción que cada vez tiene más apoyos políticos, incluso, entre sectores del PSOE. Pero, en cualquier caso, no es posible mantener la actual situación de inoperancia, que tolera, entre otras actuaciones, la coacción ideológica en el espacio público y la distorsión de la vida ciudadana sin que los responsables tengan el menor reproche penal.

Que la Policía autonómica catalana se encuentra sumida en una pasmosa crisis de autoridad, deslegitimada por los mismos dirigentes políticos a su mando y bajo la sospecha de deslealtad hacía sus obligaciones para con todos los ciudadanos de Cataluña es de una gravedad tan extraordinaria que merecería una actuación firme del Gobierno, para la que existen sobrados instrumentos en la Ley de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. La realidad, por más ingrata que nos parezca, es que los ofrecimientos de diálogo y la búsqueda del acuerdo se estrellan irremediablemente contra las exigencias imposibles de los separatistas, pero, también, contra su voluntad de ruptura del orden constitucional. Y, mientras, Cataluña sufre el deterioro de sus servicios y de su bienestar.

Pedro Sánchez en un mundo paralelo
César Alcalá. vozpopuli 16 Diciembre 2018

Cataluña se ha hecho fuerte y no admite amenazas

El gobierno de Pedro Sánchez vive en un mundo paralelo con respecto al independentismo. Consideran que dándoles prebendas conseguirán la normalidad en Cataluña. Y se equivoca. Esto hubiera podido ocurrir hace tiempo, cuando estaba al frente de la Generalitat Artur Mas. En el momento de saltar tomaron las riendas de la política catalana las CUP y el sector más exaltado. Digamos Puigdemont y ahora Torra.

La última del gobierno de Sánchez es ofrecer presencia internacional a la Generalitat a través de una euroregión. La propuesta le puede parecer muy ingeniosa a Sánchez, pero no a Torra. En su ideología primaria la presencia de la Generalitat en Europa no pasa por España. Al contrario, pasa por una Cataluña independiente, dueña de sus actos y sin ir de la mano de otro país.

Esto es lo que no entiende Sánchez. Los actuales dirigentes catalanes, en su mayoría, están ahí para conseguir una independencia que nunca ha existido. Cataluña siempre ha formado parte de España y son los actuales mandatarios los que han tergiversado la realidad. Es más, han pagado a ciertos pseudo-historiadores para que la cambien. Inventándose historias increíbles, escudos heráldicos, documentos y demás argucias para concluir que los ocurrido en 1714 fue una lucha de España para reconquistar Cataluña.

Y en esas estamos. Ni avanzamos ni damos marcha atrás. Cataluña lleva ocho años estancada en un día de la marmota continuo. El gobierno de Rajoy no supo leer los discursos de Mas. Este, por su parte, estiró tanto de la cuerda que acabó rompiéndose. El cambio de actores provocó más tensión y más radicalización. De ahí el 155 y una mala lectura vinculada a unas nuevas elecciones. Se aplicó un 155 para continuar igual o peor.

Para lo único que sirvió el 155 es para que los políticos catalanes reaccionaran y se dieran cuenta que no se podían saltar la ley. Esta reprimenda ya ha caducado. Tardà le advirtió a Sánchez que les estaba llevando a saltarse de nuevo las leyes. Y lo harán. Están ahí para esto. Tardà no, pero siempre habrá un ingenuo que pagará con la cárcel. Mientras tanto seguimos en la casilla de salida.

Cataluña está en bancarrota y paralizada. El tripartito la dejó arruinada económicamente y los actuales dirigentes no han puesto en marcha las medidas económicas necesarias para salir de ahí. Si Cataluña funciona, aunque sea con mínimos, es gracias al FLA. Políticamente tenemos un Parlament que en el último año, este de 2018, no ha aprobado ninguna ley. Se gastan miles de euros en propaganda separatista y hay problemas en la Sanidad, en la Educación, en el día a día.

Pero todo esto a los políticos del procés no les importa. Es la cuota que debe pagar la gente para conseguir la independencia. Y, mientras tanto, el mago Sánchez va sacando propuestas de la chistera incongruentes y carentes de sentido. Ni PP ni PSOE han sabido leer el problema catalán.

Mientras todo continúe igual -unos a la suya y los otros no mucho mejor- no saldremos de la casilla de salida. Unos no saben como dar marcha atrás con los del procés y los otros desconocen como dar con la solución. Ya no es una cuestión de diálogo. Es de explicar la realidad a la ciudadanía y que muchos dejen de vivir del procés. Porque esa es otra, hay mucho vividor que cobra mensualmente de él. Si se termina con el procés muchos se quedaran sin trabajo, pero volverá la paz y la tranquilidad a Cataluña. El problema es haberse acostumbrado a vivir de él, sabiendo que nunca conseguirán nada positivo. Pero, como dijo Góngora: “ande yo caliente y ríase la gente”. Mientras haya esta mentalidad en Cataluña no hay nada que hacer.

Sánchez, encerrado con un solo juguete
Roberto L. Blanco Valdés La voz 16 Diciembre 2018

nada como el título de la primera novela de mi admirado Juan Marsé (Encerrados con un solo juguete) describe mejor la terrible situación en la que hoy se encuentra Pedro Sánchez.

Amarrado al sillón de La Moncloa que, actuando sin escrúpulos, consiguió con gran esfuerzo, Sánchez disfruta del juguete de la presidencia del Gobierno (viajes, aviones, recepciones y todas las ventajas y canonjías del poder) sin importarle un pito que el desastre político que se cierne en torno a él sea formidable. Sánchez, que actúa cada vez más como si fuera el jefe del Estado (basta ver el asombroso papel que, en contradicción con el supuesto feminismo de la pareja presidencial, ha asumido su mujer) se empeña en que la realidad se adapte al único deseo que mueve ya su voluntad: resistir en la presidencia a cualquier precio.

Pero la tozuda realidad se impone al proyecto descabellado de quien creyó desde la hora cero de su presidencia que iba a ser capaz con su progresismo de cartón de cuadrar un círculo infernal: gobernar con el apoyo indispensable de quienes quieren acabar con España y su Constitución -y saben que tienen al Gobierno literalmente cogido del pescuezo: los insurrectos catalanes- sin ceder a su presión.

Fue obvio desde el principio que tal círculo se rompería muy pronto por su parte más endeble: la enfermiza ambición de poder de Pedro Sánchez. Y ahí están los desastrosos resultados de su componenda, tan inmoral como imposible: mientras el presidente de la Generalitat proclama que la insurrección llegará incluso a la guerra civil si ello fuera necesario para alcanzar la independencia, mientras el propio Torra incumple su obligación elemental de mantener la paz y seguridad públicas en territorio catalán y mientras los autodenominados Comités de Defensa de la República actúan como una guerrilla urbana, provocando todo tipo de destrozos y comportándose con unos auténticos matones, el presidente del Gobierno de España sigue con su política de apaciguamiento frente a lo que es sin duda una revolución en toda regla. Una revolución impulsada contra España ¡desde las instituciones autonómicas!

El presidente del Gobierno ha decidido dejarla avanzar a paso de gigante, sin hacer otra cosa que enviar unas cartas y decir cuatro vaguedades en el Congreso. Y todo ello no porque crea que así resolverá un problema que se agrava cada día (nadie puede ser tan necio), sino porque sabe que solo de ese modo podrá alargar más su presidencia: un gozo para él y para el país una desgracia. Muchos ingenuos creen aún que Sánchez es nuestro Chamberlain, primer ministro inglés que impulsó la política de apaciguamiento contra los nazis antes de que Churchill se hiciera cargo de la defensa de la libertad y la democracia. La comparación es descabellada: Chamberlain, aunque equivocado, pensaba en Gran Bretaña. Sánchez, por el contrario, no piensa más que en él.

El Gobierno de Sánchez oculta 3,2 millones de gasto del 1-O para eximir a los golpistas
M.A. Ruiz Coll okdiario 16 Diciembre 2018

La Policía Judicial de la Guardia Civil ha constatado que el Govern de Carles Puigdemont gastó más de 4 millones de euros públicos en la organización del referéndum ilegal de independencia del 1-O.

Sin embargo, en un informe remitido al Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, el Gobierno de Pedro Sánchez reduce esta cifra a tan sólo 812.624 euros. El dictamen pericial elaborado por la Intervención General del Estado recalca que, de esta cantidad, la Generalitat sólo llegó a pagar 196.906 euros, mientras que los 615.717 euros restantes corresponden a facturas comprometidas, que no han llegado a abonarse.

La prensa independentista y los abogados de los golpistas han intentado aferrarse a esta informe remitido por el Gobierno para atenuar el delito de malversación que los ex consellers deben afrontar en el juicio del 1-O que celebrará el Tribunal Supremo a partir del próximo mes de enero.

La diferencia sería sustancial, si lograran hacer valer el informe de la Intervención del Estado. El artículo 432 del Código Penal establece una pena de dos a seis años de cárcel para el funcionario o cargo público que cometa un delito de malversación. Pero esta pena puede alcanzar hasta los ocho años de cárcel, si la cantidad malversada supera los 250.000 euros. El informe remitido al juez por el Gobierno sitúa el gasto efectivo del 1-O por debajo de esta cifra: sólo 196.906 euros.

Los gastos que no ve el Gobierno
No obstante, la Guardia Civil recuerda en sus informes dirigidos al juez que, aunque las facturas no hayan sido abonadas, el mero compromiso de gasto realizado por la Administración para un fin ilegal debe computarse a efectos del delito de malversación.

La diferencia entre los datos recabados por la Policía Judicial y el Ministerio de Hacienda es abismal. La Intervención del Estado ha olvidado computar los 979.616 euros correspondientes a las facturas de Unipost por el envío más de 5,3 tarjetas censales que la Generalitat pretendía remitir a los votantes para convocarles al referéndum ilegal.

La Guardia Civil logró frustrar el envío e intervino todo el material en la sede de Unipost. Pero la empresa postal dirigida por el independentista Pablo Raventós, que se encuentra en quiebra, ha intentado varias veces cobrar a la Generalitat las facturas que suman cerca de un millón de euros.

Del mismo modo, la Guardia Civil ha constatado que el Diplocat comprometió el pago de 305.000 euros públicos para comprar a tres grupos de “observadores internacionales” (uno de ellos, integrado por eurodiputados de Bildu, el Sinn Féin y otros grupos de extrema izquierda) que debían avalar el resultado del referéndum ilegal. En cambio, Hacienda sólo ha informado al juez del pago de 177.000 euros a uno de estos tres grupos de observadores.

Fragmento del informe que el Ministerio de Hacienda ha remitido al juez.

Los informes de la Guardia Civil y Hacienda sólo coinciden, con mínimas diferencias, en un apartado, el de la publicidad institucional. El Govern gastó 615.000 euros, según el Instituto armado, y 602.649 según la Intervención General del Estado.

Pero además de estas cifras, la Guardia Civil ha detectado otros 3,2 millones de euros en gastos del 1-O, que han pasado desapercibidos para el Gobierno de Pedro Sánchez.

Por encargo de la entonces consellera de Trabajo y Asuntos Sociales Dolors Bassa, el CTTI gastó 161.315 euros en el diseño de la aplicación para captar voluntarios, que actuarían como miembros de las mesas electorales. La aplicación fue realizada por la firma DxC. La aplicación informática para contabilizar el voto de los catalanes residentes en el extranjero costó otros 350.000 euros.

Por su parte, el entonces vicepresidente Oriol Junqueras ordenó una inversión de 1,6 millones de euros para habilitar una nave anexa a la sede del CTTI como call center, destinado al recuento de votos del 1-O. Junqueras adjudicó la obra a la empresa de ingeniería Comsa, que está investigada por pagar comisiones ilegales del 3% al PDeCAT.

Delgado forzó a la Abogacía del Estado
Para ocultar el rastro del dinero Junqueras tramitó el contrato de esta obra a través del Centro de Iniciativas para la Reinserción (CIRE), una empresa pública de la Generalitat que ofrece formación y talleres de empleo a presidiarios para facilitar su reinserción social.

La Guardia Civil ha detectado otros gastos de publicidad institucional, además de los citados antes: 120.971 euros de un buzoneo de publicidad (que diseñó Òmnium pero pagó la Generalitat) y otros 105.628 euros, pagados por el Departamento de Presidencia para publicitar en medios internacionales (como el Financial Times) una conferencia de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Raül Romeva sobre el proceso de independencia, pronunciada el 24 de enero de 2017 en el Parlamento europeo. Algo que demuestra, una vez más, que el Govern de Puigdemont gastó dinero público del Diplocat para intentar comprar el apoyo de medios de comunicación internacionales al proceso de independencia.

Los gastos del 1-O detectados por la Guardia Civil alcanzan por tanto los cuatro millones de euros. Pero la factura podría ser aún mayor: el Juzgado número 13 de Barcelona ha incorporado a la causa un informe de la empresa Ibertasa Sociedad de Tasación, que cifra en 900.906 euros el coste estimado de la utilización de 2.259 colegios e inmuebles públicos, que la Generalitat transformó en centros electorales en la jornada del 1-O.

De este modo, la factura del 1-O puede alcanzar la cifra de 5 millones de euros. Una cantidad que la Intervención del Estado ha reducido a menos de la quinta parte, tan sólo 812.624 euros, en un intento de minimizar las penas de los golpistas.

La ministra de Justicia, Lola Delgado, ya obligó a la Abogacía General del Estado a eliminar el delito de rebelión en el escrito de acusación contra los golpistas, para sustituirlo por el de sedición, que implica una pena de cárcel sensiblemente inferior.

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