AGLI Recortes de Prensa   Martes 18  Diciembre 2018

C’s no quiere el cambio en Andalucía
OKDIARIO 18 Diciembre 2018

Ciudadanos, que a menudo peca de ciertos complejos a la hora de definirse políticamente, ha bloqueado el pacto con el Partido Popular de Juanma Moreno en Andalucía porque no quiere encajar la entrada de VOX. Con esta actitud, el partido de Albert Rivera demuestra un claro desprecio a los números que arrojaron las urnas en los comicios del pasado 2 de diciembre. Los andaluces fueron claros en su mensaje cuando acudieron a votar. Los ciudadanos dijeron basta al socialismo-peronismo del PSOE que ha asolado la comunidad autónoma durante casi cuatro décadas.

Juan Marín, líder de los naranjas en Andalucía, no puede dejar en la estacada a sus conciudadanos. No debe tender la mano a un PSOE que ha sumido a los andaluces en la desesperanza social y económica. La región tiene una tasa de paro de casi el 23%, lo que se traduce en casi 900.000 personas que no tienen un empleo con el que sobrevivir, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Además, según las estimaciones de Funcas, Andalucía crecerá por debajo de la media nacional este 2018 hasta el 2,5% y se desacelerará hasta el 2,1% en 2019. Un escenario nada prometedor, desde luego, que requiere de un Parlamento regional fuerte que saque adelante reformas que devuelvan riqueza y prosperidad.

Por responsabilidad, la formación que encabeza Rivera a nivel nacional debe sentarse a negociar un pacto en Andalucía con la derecha y el centroderecha porque así lo han determinado los ciudadanos andaluces. El partido de Santiago Abascal, sea o no del gusto de Ciudadanos, consiguió un total de 12 escaños y por ello debe tener la oportunidad de entrar en el juego democrático.

El juicio de los ERE, epílogo del régimen socialista
EDITORIAL El Mundo 18 Diciembre 2018

El juicio al mayor escándalo de corrupción de la democracia quedó ayer visto para sentencia. Después de 152 sesiones a lo largo de un año en el que el tribunal ha escuchado a más de 120 testigos, nueve peritos y los 21 ex altos cargos de la Junta acusados, el caso de los ERE se ha convertido, a la vista de las negociaciones entre PP y Ciudadanos para formar gobierno en Andalucía, en el epílogo del régimen larvado por el PSOE durante 36 años de poder omnímodo. Ni siquiera le ha valido a esta formación la artimaña de Susana Díaz de adelantar los comicios para evitar el desgaste por una eventual sentencia condenatoria. La realidad es que, pese al empeño de los ex presidentes Chaves y Griñán en eludir su responsabilidad, durante el proceso ha quedado probado el procedimiento opaco e ilegal amparado por la Junta para repartir unos 850 millones de euros durante una década a trabajadores de empresas en crisis. Ahora, pese a la dilación de seis o siete meses en dictar sentencia -tal como anunció el propio tribunal-, cabe esperar que se haga justicia frente al entramado paradigmático de la arbitrariedad con la que el socialismo gestionó el erario.

La Fiscalía mantiene una petición de condena para Griñán de seis años de prisión por malversación y 30 de inhabilitación por prevaricación; y para Chaves, que definió su paso por el banquillo de los acusados como una "experiencia vital", de 10 años de inhabilitación por prevaricación. En concreto, los fiscales apuntaron que los ex altos cargos enjuiciados "tomaron la decisión consciente de no querer ver más", lo que, a su juicio, dio lugar a "un daño efectivo, real y cuantitativamente muy importante". Todos los acusados -incluido el ex director de Trabajo Francisco Javier Guerrero, señalado como principal responsable- han descargado su responsabilidad en el resto. Sin embargo, resultó especialmente relevante el testimonio de la ex asesora de Empleo María José Rofa, considerada la testigo clave, al revelar que los expedientes estaban incompletos, ninguno de ellos tenía memoria justificativa ni solicitud y en muchos de los mismos solo había fotocopias o notas de reuniones.

Una vez terminado el juicio, hay que valorar el trabajo riguroso del tribunal ante la prolijidad de un proceso que ha implicado el trasiego de funcionarios, técnicos y cargos intermedios. Pese a su complejidad, la pieza política del caso ERE ha acreditado el fraude en la concesión de ayudas sin más sustento legal o justificación que la decisión personal de un cargo público concreto para beneficiar a empresas vinculadas, directa o indirectamente, a los socialistas. Cuando hace un año arrancó el juicio, el PSOE mantenía incólume su dominio en Andalucía. Ahora es el PP, que promovió la acusación en los ERE, el que está a punto de abrir la puerta de San Telmo.

ELECCIONES: ANDALUCÍA MARCÓ LA TENDENCIA Y LOS MOTIVOS DE LA REBELIÓN
Antonio García Fuentes Periodista Digital  18 Diciembre 2018

Como se vaticinó, el cabreo del pueblo español ya se destapó en Andalucía; y lo que vendrá después, lo dice la encuesta del 17 de diciembre que se refleja a continuación. Como también se dice uno de los principales motivos (hay muchísimos más) por lo que el votante repudia a la actual casta política; para ello no hay nada más que ver como derrocha el dinero público el actual presidente, que en vez de dar ejemplo, hace lo que le viene en gana y temiendo que lo echen tan pronto convoque elecciones, obra como aquel fraile que dándose la vida padre, simplemente dijo… “Y a mí qué, yo para lo que me queda que estar en este convento, me cago dentro” Y eso hace “el fraile de la Moncloa”. AGF
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La mayoría política de cambio en Andalucía se ha trasladado claramente a todo el territorio nacional, según el barómetro de diciembre realizado por GAD3 y que publica este 17 de diciembre de 2018 el diario ABC (El 'okupa' Sánchez persevera en el error y se humilla ante el xenófobo Torra para que le reciba).

Los datos y proyecciones del sondeo de 'ABC' coinciden en lo esencial con los que da la encuesta realizada por NC REPORT para 'La Razón', dond etambién se detecta una activación de los votantes de derechas que colocaría a este bloque, por «el efecto VOX», por primera vez desde la moción de censura por encima de la suma de la izquierda, incluso con los independentistas y con el PNV.

En el caso del estudio hecho por Narciso Michavila para ABC, las proyecciones de estimación de voto de este instituto demoscópico -que anticipó las tendencias de los resultados en Andalucía- dan un 50 por ciento de apoyo electoral a PP, Ciudadanos y Vox, con un total de 182 escaños (Los 'siete pufos en siete meses' de Sánchez con los que a cualquiera lo despedirían a patadas).
Es evidente que no se puede hacer una suma automática de estos votos, pero sí hay que asumir que están reflejando la misma voluntad de cambio que en Andalucía. La situación electoral da el vuelco con los resultados de Vox, que recibe el 8,7 por ciento de los votos y se traducen en 19 escaños (Pedro Sánchez declara 'secreta' la boda de su cuñado para ocultar lo que le costó al Estado español).

ESCÁNDALO POR DERROCHES DEL DINERO PÚBLICO
Es un escándalo y lo destapa con todo detalle este 16 de diciembre de 2018 el periodista Roberto Pérez en 'ABC': "Hemos pagado los sufridos contribuyentes españoles una buena parte de último jolgorio familiar que se han dispensado el socialista Pedro Sánchez y Gegoña Gómez".

Y como quieren que la ciudadanía sepa lo que le ha costado la broma, el Gobierno socialista ha vuelto a echar mano del secreto oficial para ocultar cuánto supuso al Estado español la boda del cuñado de Pedro Sánchez, celebrada el pasado 30 de junio en la pequeña localidad riojana de Aldeanueva de Cameros (Pedro y Begoña reservan el Falcon para disfrutar a cuenta nuestra estas vacaciones de Navidad).

Desde que Sánchez se instaló en La Moncloa, a principios de junio de 2018, han sido varias las polémicas en las que se ha visto envuelto por la utilización de medios públicos para viajes controvertidos.

Por ejemplo, cuando viajó con su mujer y sus hijas en un avión Falcon del Ejército para acudir a Castellón y asistir a un concierto del Festival de Benicasim (Socialismo caviar: el catering 'deluxe' de Sánchez y sus amigos a bordo del Falcon).

Cuando se le pidieron explicaciones echó mano de la Ley de Secretos Oficiales. Y, con otras palabras pero similar muleta legal, se ha despachado también el Gobierno la petición de información sobre el viaje a la boda del cuñado de Pedro Sánchez, el hermano de su esposa Begoña Gómez (La extraña decisión que toma el ministerio de Defensa para el Falcon 900 del pájaro Sánchez).
Moncloa también considera que la presencia de los Sánchez-Gómez en la boda de Aldeanueva de Cameros es materia clasificada «por razones de seguridad». Y que, por ello, «no se puede facilitar información individualizada de los dispositivos» que se desplegaron (Sánchez moviliza 'un helicóptero, un Falcon y un Airbus' para ir a Valladolid que está a una hora en tren).
Así se ha despachado el Gobierno la batería de preguntas que le habían presentado en el Congreso los diputados riojanos del PP Emilio Del Río y Mar Cotelo.

La deriva de nuestras democracias
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 18 Diciembre 2018

Las democracias occidentales vamos despertando del mito de las políticas de la inevitabilidad (en feliz expresión de Timothy Snyder en su reciente libro The road to unfreedom, que ya tiene traducción al español) en el que el triunfo del mercado, la libertad y la democracia se daban por supuestos al no haber aparentemente otras alternativas y nos vamos encontrando con la realidad de una gran cantidad de votantes muy enfadados con las élites de sus respectivos países, empezando por su clase política. Estas personas tienen, además, la sensación de no contar para unas élites e incluso unos conciudadanos que se benefician de unos cambios que a ellos les están perjudicando. El problema es que, mientras tanto, nos hemos acostumbrado a hacer dejación de nuestra responsabilidad individual, bien por considerar -antes- que no hacía falta hacer nada porque todo funcionaba solo o bien -como ocurre ahora- por considerar que es demasiado tarde para revertir la inquietante deriva iliberal de nuestras democracias occidentales.

Cada democracia liberal tiene sus peculiaridades, claro está, pero la tendencia está clara. Los partidos políticos convencionales no quieren o/y no pueden no ya solucionar sino ni siquiera entender los grandes problemas que angustian a sus ciudadanos. Probablemente, están diseñados para un mundo muy distinto que está desapareciendo a ojos vistas, el que nació después de la Segunda Guerra Mundial con sus potentes Estados-nación, sus democracias de masas y su creciente progreso económico. Por eso la disparidad entre la magnitud de las preocupaciones de los votantes (que van desde la pérdida de la identidad en un mundo crecientemente globalizado y complejo hasta el miedo ante la incertidumbre y la inseguridad económica, pasando por la precariedad, la desigualdad, el calentamiento global, la brecha generacional, etc.) y la capacidad de los partidos políticos para comprenderlas y atenderlas es creciente. Así, mientras que la política siga siendo la de siempre -cortoplacista, electoralista, estratégica y corta de miras- muchos ciudadanos tienen la sensación de no contar, de estar desatendidos y, como apunta Fukuyama, de no ver reconocida su dignidad. Esta situación abona la creciente desafección por los políticos que -bien manejada por populistas de uno y otro signo, con la inapreciable ayuda de los Estados autoritarios como Rusia- se está convirtiendo en desafección por la democracia. No es casualidad que los electores perciban de manera creciente que los políticos sólo aspiran a ocupar el poder por el poder y a atender sus propios intereses, pero no a solucionar nada realmente importante porque o les falta la voluntad, o les faltan los votos, o les falta la capacidad, o las tres cosas a la vez. El ejemplo de un Gobierno como el español en este momento parece darles la razón.

En este contexto, las consignas -cuanto más estridentes mejor en la era de las redes sociales y del espectáculo permanente e inmediato- sustituyen a las políticas públicas y la nostalgia por un pasado que nunca existió a la voluntad de construir un futuro posible. De la misma forma, las manifestaciones y contramanifestaciones en la calle sustituyen a los Parlamentos y los alineamientos basados en emociones a los debates racionales. Tampoco es casualidad que los partidos políticos al uso se estén viendo desbordados o sustituidos por plataformas o movimientos sociales.

Pero también conviene no olvidar que los adversarios políticos fuera de los focos sí son perfectamente capaces de ponerse de acuerdo en aquellas cuestiones que les afectan directamente o de bloquear aquellas reformas demandadas por la sociedad que limitarían su poder o comprometerían sus opciones electorales o incluso les podrían poner contra las cuerdas en el caso de procesos judiciales. En lo que no se ponen de acuerdo es en la defensa de las reglas de la democracia representativa liberal y del Estado de derecho, es decir, en la defensa de las reglas del juego.

El último ejemplo en España ha sido el pacto entre PP y PSOE (con el apoyo de Podemos) para modificar el dictamen final de la Comisión de investigación de la crisis financiera de manera que desaparezcan las menciones sobre su responsabilidad en la politización y desastrosa gestión de las cajas de ahorro, comprometiendo muchos meses de trabajo y devaluando la importancia de las aportaciones de los más de 90 expertos convocados con la finalidad de extraer lecciones para el futuro. Pero podemos mencionar también el pacto entre los mismos partidos -con la sola excepción de Ciudadanos- para controlar el CGPJ y a través de su política de nombramientos en el Tribunal Supremo y en las Presidencias de los otros tribunales, que saltó por los aires tras hacerse públicas las manifestaciones del portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó.

En cambio, lo que no podemos mencionar es un gran acuerdo de los partidos constitucionalistas para defender las reglas recogidas en nuestra Constitución, que incluyen por supuesto la posibilidad de su modificación, pero siempre a través de los procedimientos legalmente establecidos. Es más, ni siquiera se ponen de acuerdo en cuáles son los partidos constitucionalistas. La frivolidad con que se coloca al contrincante político extramuros del sistema constitucional o se juega con el término fascistaempuja inevitablemente a todos los agentes políticos a los extremos al tiempo que polariza y tensiona a la sociedad, sin que avance el necesario debate político racional y sosegado sobre las políticas públicas que podrían contribuir a solucionar los problemas que inquietan a los electores, tanto a nivel estatal como supranacional. No nos olvidemos que muchas de las cuestiones que generan malestar y desconfianza sencillamente ya no se pueden gestionar en el marco de los Estados, por lo que el reto es poder abordarlas en ámbitos políticos más amplios. La Unión Europea es perfecta en ese sentido y, sin embargo, estamos desaprovechando esa enorme ventaja comparativa. Es más, está en el punto de mira de los movimientos populistas.

En esas circunstancias, no parece extraño que irrumpan en el panorama español partidos (o más bien movimientos) como Vox, que canalizan ese malestar y cuyo programa político incluye el retorno a un pasado ficticio pero sin precisar los medios que lo harían posible que, probablemente, o no existen o son sencillamente inviables. Pero si los partidos políticos convencionales no hacen más que gesticular y proporcionar espectáculo -recordemos que llevamos casi cuatro años de legislatura perdida a los efectos de realizar unas reformas estructurales e institucionales cada vez más inaplazables- no es tan sorprendente que los ciudadanos elijan a los que mejor hacen ambas cosas. La competencia política degenera en lo que Snyder denomina con brillantez "las políticas de la eternidad" que ya caracterizan a los Estados iliberales y a personajes como Trump: una política del eterno presente, que se nutre de la nostalgia y el agravio tanto como de la falta de políticas públicas capaces de revertir las causas que los generan. Esas políticas y estas medidas concretas que serían las que habría que debatir para combatir la incertidumbre y la desigualdad, que son los principales motores del descontento en Occidente. Puede que no sea posible acabar con todos los efectos negativos de la globalización, el cambio demográfico o la cuarta revolución industrial; pero lo que es seguro es que si ni siquiera podemos hablar de las políticas que podrían paliarlos o equilibrarlos, corremos el riesgo de perder el único instrumento que tenemos para hacerlo con la suficiente flexibilidad para tener en cuenta todos los intereses en conflicto: nuestras viejas democracias liberales.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

El síndrome Thilo Sarrazin
El votante deserta de la izquierda en busca de sentido común
Hermann Tertsch ABC 18 Diciembre 2018

Los partidos socialdemócratas europeos sufren una crisis existencial y muchos están ya muy cerca de seguir al histórico PSI italiano a la desaparición o al PSF francés a la quiebra y la agonía. Los militantes se les mueren o desertan como multitudes de votantes en Francia o Austria, en Alemania, Suecia u Holanda, que abandonan el hogar socialdemócrata para buscar protección y mejor representación en partidos de la derecha nacional. Doble espanto para las cúpulas de la izquierda europea. Se les van los votantes, pero además se van a las filas de su peor enemigo, objeto de todos sus insultos y diatribas. Pretenden los socialdemócratas que ese ciudadano honrado que les votaba a ellos se convierte de repente en un monstruoso nazi o fascista al que hay que combatir y marginar. Pero ya no cuela.

En España estamos al comienzo de este proceso. Aunque puede que sea rápido. Las declaraciones de socialistas como Emiliano García-Page o Javier Lambán en defensa de la ilegalización de organizaciones que tengan como objetivo destruir Constitución, Estado y Nación revelan esa añoranza de sentido común. La que lleva al votante socialista a abandonar partidos secuestrados por el izquierdismo y buscar sentido común y representación real en partidos de la derecha nacional. Aun procede de la izquierda solo el 15 por ciento de los votos que llevaron al espectacular éxito del partido Vox. Aún no hay grandes bastiones del socialismo que pasan a ser graneros de voto derechista y nacional. Pero es previsible que pase. Porque estamos ante una crisis de representación. El socialismo representa cada vez menos al ciudadano trabajador y a las clases medias. Toda la izquierda responde ya a intereses de elites académicas y mediáticas y grupos de presión de minorías radicales. Ajenas a las preocupaciones del ciudadano europeo, al que no defienden ni representan. Al que adoctrinan, disciplinan e imponen hábitos de pensamiento y conducta. Y regañan. Ya saben, cazador vótame que la caza es de casposos y yo te la prohibiré.

Así las cosas, es realmente extraordinario el caso de Thilo Sarrazin, un prohombre de la socialdemocracia de Berlín, al que el SPD intenta expulsar desde hace una década, sin éxito. Intelectual, escritor de superventas, gran comunicador y también hombre de empresa, fue jefe de la Hacienda de la ciudad de Berlín y miembro de la Junta directiva del Bundesbank. Cuando más falta hacen al SPD gente así, le vuelven a intentar echar -¡Facha, vete!-. Pues nada. No se deja. Ya lo intentaron en 2010 y en 2011. Dicen que sus libros perjudican al prestigio del SPD. Como si el SPD se hundiera porque Sarrazin venda libros a millones. El afectado está muy tranquilo. «Yo sé que no he vulnerado ningún principio socialdemócrata con este libro, como tampoco con los anteriores». Sus libros van desde una dura crítica a la forma de concebirse e imponerse el euro a la guerra de la corrección política contra la nación alemana, «La abolición de Alemania por sí misma», la obsesión por el disciplinamiento social con «El terror moral» y, por supuesto, la amenaza de la inmigración ilegal y el islam, causa del nuevo expediente de expulsión del SPD que se titula «Ocupación enemiga». Sarrazin tiene razón en que su defensa de la nación, de la legalidad, de las fronteras, de los derechos de los contribuyentes frente a la cultura del abuso y la inmigración ilegal son principios que defendió siempre la socialdemocracia. Y es que la mayoría de los legendarios líderes socialdemócratas desde Schumacher, Kreisky, Brandt o Schmidt, hoy serían candidatos a la expulsión como Sarrazin. O se habrían ido ya en busca de sentido común. Pero Thilo Sarrazin sigue ahí como gran denuncia viviente del delirio que destruye la izquierda europea.

Alexander Solzhenitsyn (1918-2008). El profeta
José María Marco Libertad Digital 18 Diciembre 2018

Profeta que se ha adentrado en lo más profundo y sale del vientre del monstruo para dar testimonio de la dignidad del ser humano y de las dificultades que afronta quien se decide a darle cumplimiento.

Al principio de Agosto 1914, la novela de Solzhenitsyn con que luego dará comienzo el extraordinario ciclo de La rueda roja, el joven Sania, en trance de presentarse voluntario para participar en la guerra contra Alemania (a pesar de ser pacifista, y vegetariano), coge el tren y se acerca a Yásnaia Poliana, la hacienda de León Tolstói. No se atreve a entrar por la puerta, pero salta la zanja y se interna por una avenida, primero de abedules, luego de arces y por fin de tilos. Al llegar a un claro, se da cuenta de que Tolstói anda paseando por allí, concentrado en sus pensamientos. Se abraza a un gran tilo para esconderse, hasta que se decide a salir y presentarse. Tolstói se fija en su gorra de colegial y Sania se atreve por fin a preguntarle si ha entendido bien cuál es el fin del hombre en la Tierra, sin darse cuenta de que él mismo no lo ha dicho. Acostumbrado a estos encuentros, Tolstói le contesta con claridad: "Servir al bien. Y sólo así crear el Reino de Dios en la Tierra". Y a la nueva pregunta de Sania (¿"Cómo? ¿Con amor?"), Tolstói vuelve a contestar: "Claro. Sólo con amor". (La novela cuenta luego otro encuentro fortuito, el del coronel Vorotsíntsev con el general alemán Von François, vencedor en la decisiva batalla de Tannenberg).
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Mucho más tarde, en sus Memorias (coces al aguijón), publicadas en los años 70, Solzhenitsyn contó cómo mandó a Alexandra Lvovna Tolstaïa, que vivía en Estados Unidos, un manuscrito microfilmado y disimulado en el dorso de un libro. No conocía a nadie en el Oeste, dice, pero estaba seguro de que la hija de Tolstói le ayudaría.

La literatura y el amor, o la verdad. Es imposible separar la una de los otros dos en la vida y la obra de Solzhenitsyn. A menudo pensamos en él como un hombre empeñado en batallas ideológicas, que evolucionó del anticomunismo a una eslavofilia que le llevaba a hacer una dura crítica de Occidente, de la que no se salvaba el capitalismo que tuvo ocasión de conocer, aunque retirado en su casa, durante los 19 años que pasó en un pequeño pueblo de Vermont, Estados Unidos.
Archipiélago Gulag, obra árida por momentos, difícil de leer y de la que el lector sale renovado

Y sin embargo la tarea de Solzhenitsin fue durante muchos años escribir, escribir sin cansancio, en cualquier sitio –en las marchas, en el campo, en los trabajos forzados–, memorizándolo todo y quemando cualquier rastro de escritura para sustraerlo a la policía. Hay que imaginarse a Solzhenitsyn escribiendo así, más allá de cualquier clandestinidad imaginable, en el infierno mismo, para dar testimonio de lo que estaba viendo. De ese empeño nació esa crónica feroz que es Un día en la vida de Iván Denísovich, sobre la vida de un prisionero en un campo de trabajo. Luego llegaría el monumental Archipiélago Gulag, que recoge, además de su propio testimonio, el de 227 encarcelados. Obra árida por momentos, difícil de leer y de la que el lector sale renovado. Es lo que ocurrió en Occidente cuando fue publicada, y en aquel mismo instante, en 1973, acabó con el prestigio del que todavía gozaba el comunismo. (No en todas partes: se recordará, como ha hecho Julia Escobar, lo que dijo de él Juan Benet, modelo de señorito comunista).

Escribir quería decir escribir en ruso y sobre Rusia: sobre lo ocurrido bajo el comunismo, como en El primer círculo o en Pabellón de cáncer, de inspiración autobiográfica, y en realidad sobre el conjunto de la tragedia rusa del siglo XX. Ahí está La rueda roja, de la que en castellano sólo está traducido Agosto 1914, y que fue evolucionando de una novela clásica a otra que, sin perder nunca la tensión y el hilo narrativo, se volvió cada vez más heterogénea, de estilo más nervioso, más cinematográfico, visual y documental, pegado a una realidad brutal y a la vez de extrema complejidad. (Hay que leer el monólogo de Lenin el 5 de mayo de 1917 en Abril 17, cuarto nudo de La rueda roja, precedido del relato del mitin contra el mismo Lenin del día 29 de abril, o el inolvidable retrato de Stalin en El primer círculo).

Más allá incluso del infierno comunista. Solzhenitsyn llegó a fundirse, gracias a la escritura, con su pueblo. Y es ahí donde comprendemos su verdadera estatura, la de un profeta que se ha adentrado en lo más profundo y sale del vientre del monstruo para dar testimonio de la dignidad del ser humano y de las dificultades que afronta quien se decide a darle cumplimiento –más que nunca en un mundo que ha querido olvidar a Dios–. Sin quitarle un ápice de su valor como testimonio histórico, es de eso de lo que habla sin tregua Solzhenitsyn. Cuando murió, hace algo más de diez años, habiendo nacido noventa años antes, se fue el último de los grandes.

Ahora que se extiende por el mundo desarrollado una rebelión contra la ideología que se ha impuesto en estos años –desde la publicación de Archipiélago Gulag, paradójicamente-, releer su discurso de Harvard, o el de aceptación del Nobel de 1970, que no pudo pronunciar por no estar presente en la ceremonia, resulta esclarecedor. Los profetas no sólo comprenden el presente. También ven el futuro.

El Gulag era el comunismo
Cristina Losada Libertad Digital  18 Diciembre 2018

Unos días después de la Navidad de 1973 se publicó en París, bajo el sello de Éditions du Seuil, un libro que cambió para siempre la percepción del sistema soviético y de la ideología comunista. Aquella edición del primer volumen de Archipiélago Gulag estaba en ruso, pero no tardaría muchos meses en traducirse al francés, al inglés y a otros idiomas. Los lectores que a través de la obra descubrieron los horrores del vasto sistema de prisiones y campos de trabajo forzado de la Unión Soviética no supieron entonces de las enormes dificultades que había tenido que sortear su autor, Aleksandr Solzhenitsyn, para escribirla y mantenerla a salvo de las autoridades soviéticas.

Solzhenitsyn había terminado Archipiélago unos cinco años antes. Había trabajado en ella fuera de casa, en jornadas maratonianas, ocultando el material siempre en distintos lugares. "Debo aclarar", explica en la obra, "que las diversas partes de este libro nunca coincidieron sobre el mismo escritorio al mismo tiempo". En la época de Krushev había podido publicar, después de mucho tira y afloja, Un día en la vida de Iván Denisovich, pero el fin de aquel breve período en que la crítica a Stalin no era inmediatamente suprimida y reprimida, rematado con la llegada al poder de Brezhnev, trajo un agravamiento de la represión.

Durante la elaboración de Archipiélago, una obra de no ficción, fundada en su propia experiencia de ocho años en los campos, entre 1945 y 1953, Solzhenitsyn estuvo a punto de tirar la toalla, dudando de su capacidad de resistencia para terminarla. "Pero cuando, además del material que había recopilado, empezaron a llegarme cartas de prisioneros de todo el país, comprendí que era mi deber seguir adelante". Archipiélago cuenta con los testimonios de más de doscientos prisioneros, los llamados zeks.

Solzhenitsyn estaba en el punto de mira de las autoridades soviéticas. Pero a la vez era un literato con reconocimiento internacional. Su expulsión de la Unión de Escritores soviéticos, en 1969, había despertado rechazo entre intelectuales y escritores occidentales, algunos de ellos comunistas. Las cartas de apoyo que entonces firmaron autores como Louis Aragon, Arthur Miller, Truman Capote, Mishima, Günter Grass, Cheever, Auden, Greene, Huxley e incluso Jean-Paul Sartre no consiguieron que el KGB dejara de buscar sus obras para confiscarlas. La concesión del Premio Nobel de Literatura en 1970, a cuya ceremonia de entrega declinó asistir, no redujo tampoco la presión y la vigilancia.

Cuando empezaron a llegarme cartas de prisioneros de todo el país, comprendí que era mi deber seguir adelante

En el verano de 1973, el KGB arrestó a Elizaveta Voronskaya, quien había copiado a máquina muchas obras de Solzhenitsyn. Durante el interrogatorio, se derrumbó y reveló el lugar donde estaba escondida una copia de Archipiélago. Una vez libre, Voronskaya se suicidó. Este dramático episodio, junto al hecho de que las autoridades soviéticas tuvieran ya una copia de la obra en su poder, indujo a Solzhenitsyn a dar luz verde a su publicación en Occidente, pues él hubiera querido que la obra se publicara primero en Rusia. Aparte de las copias ocultas en la URSS, Solzhenitsyn había podido hacer llegar la obra en microfilm a su representante en Zurich.

La publicación de Archipiélago desató la ira del Kremlin. Brezhnev convocó una reunión extraordinaria del Politburó en enero de 1974 para determinar qué se hacía al respecto. Los medios soviéticos, como Pravda, publicaron artículos en los que lo definían como "otro libro calumnioso", fruto de una "mente trastornada", plagado de "cínicas falsificaciones inventadas para servir a las fuerzas de la reacción imperial". Pedían para Solzhenitsyn "el destino del traidor". El autor respondió unos días después:

Pravda miente cuando dice que "el autor ve a través de los ojos de aquellos que se dedicaban a colgar a comunistas, trabajadores revolucionarios y campesinos". ¡No! Ve con los ojos de aquellos que fueron fusilados y torturados por el NVKD [predecesor del KGB]. Pravda asegura que en nuestro país existe una "crítica sin restricciones" del período anterior a 1956. Si es así, que nos den un ejemplo de su crítica sin restricciones. Les he provisto de material objetivo abundante para ello.

En febrero de aquel año, Solzhenitsyn fue arrestado en Moscú y encarcelado. Acusado de traición, fue desposeído de la ciudadanía soviética y expulsado del país. ¡Al menos no lo ejecutaron! Eso es lo que hubiera ocurrido en tiempos de Stalin. Pero el trabajo que Solzhenitsyn había querido hacer estaba hecho. Con enorme coste personal, pero hecho. Archipiélago Gulag descubría al mundo, o a aquellos que quisieran saber, no sólo los pormenores del sistema de prisiones, no sólo el sufrimiento de los prisioneros, no sólo el funcionamiento de aquella maquinaria terrorífica, sino también su razón de ser. Una razón que era indisociable de la ideología.
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Cuando apareció Archipiélago, otros testimonios y otros libros habían dado cuenta de la realidad soviética, de la miseria, de las hambrunas, de la represión y del terror. En los años cuarenta, el libro del ingeniero Víctor Kravchenko, Yo escogí la libertad, causó igualmente una conmoción. Conmoción igualmente contrarrestada, aunque con más éxito que en el caso de Archipiélago, por la propaganda comunista. Hubo más, como en los cincuenta el libro El dios que fracasó, que reunía testimonios de varios ex comunistas, entre ellos Arthur Koestler. Pero el descubrimiento de los horrores del comunismo ha ido por oleadas. Unas oleadas que causaban impacto durante un tiempo pero terminaban por estrellarse contra el acantilado de una ideología que, pese a todo, lograba conservar prestigio. Los horrores se achacaban a los errores. La ideología, así, quedaba a salvo.

En los setenta, y aún mucho después, incluso todavía hoy, los horrores se atribuían a Stalin. La causa no estaba en el comunismo, sino en los errores del stalinismo. Frente a ese blindaje, lo que mostró Archipiélago Gulag es que el sistema de campos de trabajo forzado, por el que pasaron millones de personas, no era un error ni un accidente, sino parte integral del sistema comunista. Y que lo había sido desde el principio. No había empezado con el errado y malvado Stalin, sino con la constitución misma de la URSS y con Lenin. El comunismo sólo se podía realizar de ese modo. La ideología era el origen y el motor del terror.
El sistema de campos de trabajo forzado, por el que pasaron millones de personas, no era un error ni un accidente, sino parte integral del sistema comunista

Al apuntar al núcleo ideológico, Solzhenitsyn dio un paso crucial y difícil. La Unión Soviética había perdido gran parte o toda su aura, pero el comunismo no. De ahí que el impacto de Archipiélago fuera desigual. Y tropezara, además, con las políticas de distensión que en aquel momento mantenían Estados Unidos (la Casa Blanca no recibió al autor durante su vista a EEUU) y otros países, como Alemania Occidental. En esos y otros lugares, Solzhenitsyn iba a ser un invitado incómodo.

España fue uno de esos lugares. Solzhenitsyn estuvo aquí en 1976. Su entrevista en televisión provocó reacciones infames, como la del escritor Juan Benet:

Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Solzhenitsyn no puedan salir de ellos.

El disidente soviético dijo en la entrevista que, tras oír que España era una dictadura, había visto que se podía viajar al extranjero, comprar prensa de todo el mundo en los quioscos o acceder a fotocopiadoras, y que "si se dieran esas condiciones en la URSS hoy en día, estaríamos atónitos, diríamos que disfrutábamos de una libertad sin precedentes, la clase de libertad de la que hemos carecido los últimos sesenta años". Esas palabras se presentaron como una aprobación del régimen de Franco y provocaron reacciones como la de Benet. Pero lo que molestaba, verdaderamente, a la intelectualidad española de izquierdas era lo mismo que molestaba a otras. Era el auto de acusación de Solzhenitsyn contra la ideología. Archipiélago Gulag había traspasado la coraza.

España
Los imanes salafistas constituyen el mayor peligro yihadista para España
J.M.Zuloaga. larazon 18 Diciembre 2018

En lo que va de año, las autoridades españolas han expulsado del territorio nacional a seis musulmanes, cinco de los cuales eran imanes, por ser un peligro para la seguridad nacional. Expertos antiterroristas, consultados por LA RAZÓN, subrayan que se trata de la “punta del iceberg” del integrismo yihadista, un problema creciente.

En nuestro pais hay casi dos millones de musulmanes, de los que más de 700.000 tienen nacionalidad española. La cifra tiene un aumento exponencial por la elevada natalidad de las familias que profesan esta religión.

La inmensa mayoría no pueden ser calificados de yihadistas, en especial los que llevan muchos años entre nosotros y han logrado una integración social. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los jóvenes musulmanes, que, como el resto de los españoles de su edad, ven el futuro con preocupación, sobre todo por el problema del paro. Ello, tras la correspondiente manipulación, les hace sentirse como rechazados por el mundo occidental.

Este sector de la sociedad islámica es en el que pretenden incidir los predicadores salafistas-wahawistas. Son los que, en definitiva, defienden las bondades de la yihad (lucha) contra los infieles (cristianos y judíos).

Uno de las ideas-fuerza que lanzan estos individuos, según los manuales que ha conocido este periódico, es el de rechazar cualquier tipo de integración en la “pecaminosa” sociedad occidental.

Los distintos expertos que ha consultado LA RAZÓN señalan la dificultad de cuantificar el número de mezquitas desde la que se lanzan mensajes integristas a los fieles. En abril de 2015, el Ministerio del interior consideraba que un centenar de los 1.300 templos musulmanes existentes entonces lanzaban este tipo de pláticas.

Sin embargo y dando por descontada la necesidad de controlar de algún modo la actividad de las mezquitas, lo cierto es que determinados imanes utilizan locales sin legalizar, centros culturale y de trabajo, y, como ocurría con el último expulsado de El Ejido (Almería), hasta las plantaciones agrícolas, para lanzar los mensajes rigoristas, como primer paso para convertir a los jóvenes en “moujahidines” (soldados de Alá).

Por lo que respecta a Madrid, una de las Comunidades con más musulmanes después de Cataluña y Andalucía, el problema del crecimiento del integrismo se ha detectado sobre todo en el Corredor del Henares, donde se está extendiendo de una manera más intensa el salafismo-wahabita, una de las interpretaciones más rigoristas del Islam.

Incluso, se ha detectado un fenómeno llamativo: algunos individuos, ya radicalizados, abandonan el Estado Islámico, al entender que ha llevado a cabo una estrategia que no podía gestionar y se le fue de las manos, y vuelven a apoyar a Al Qaeda.

“Pandillas” de 10 o 12 individuos y, por supuesto, algunas mezquitas e imanes, son objeto de vigilancia preferente, ante la posibilidad de que alguno de ellos decidan pasar a la “acción”, convertirse en células organizadas y cometer atentados.

El problema, según las citadas fuentes, es que lejos de disminuir o mantenerse, el fenómeno está en constante aumento, no sólo en el Corredor del Henares sino también en otras zonas de España.

Los musulmanes que han tenido que abandonar España son:

-El pasado 1 de noviembre, el Cuerpo Nacional de Policía expulsó, por la frontera de Beni Enzar, en Melilla, al imán Abdelouahab E., de 40 años, que predicaba en una mezquita de la pedanía de San Agustin de El Ejido (Almería), al evidenciar que sus mensajes constituían un peligro para la seguridad nacional. En la operación, colaboró el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Lo más preocupante para los agentes que han participado en las pesquisas, es que se trasladaba a las numerosas plantaciones agrícolas que hay en la zona para aleccionar “in situ” con consignas salafistas a los musulmanes que trabajan en esas explotaciones. Nada más producirse su salida del territorio nacional, la mezquita fue cerrada ya que estaba en situación irregular. Resulta curioso que haya tenido que desaparecer el “lobo” para clausurar su “guarida”.

El pasado mes de septiembre, los expulsados fueron tres.

--La Secretaría de Estado del Ministerio del Interior ordenó, tras la correspondiente tramitación en la Audiencia Nacional, la salida de España de un súbdito marroquí, detenido por agentes de la Brigada de Información del Cuerpo Nacional de Policía, que pretendía adquirir armas, sobre todo fusiles de asalto, con el fin de dar continuidad a los atentados del 17 de agosto del año pasado en Cataluña.

--El Ministerio del Interior abrió expediente de expulsión a Mohamed Attaouil, imán de la mezquita de Salt (Girona), uno de los principales centros del islamismo salafista en España. Se le habían detectado contactos con la ONG Revival of Islamic Heritage Society (RIHS), considerada como una de las más importantes financiadoras de los centros islámicos desde los que se expande el salafismo por toda Europa. Fue incluida por Estados Unidos en una lista de organizaciones que financian a Al Qaeda.

-- La Policía Nacional expulsó a Marruecos a un individuo de 39 años y que ejercía como imán de la comunidad islámica de La Rábita (Granada) por sus mensajes extremistas y violentos que lanzaba aprovechándose de su influyente papel entre los ciudadanos musulmanes residentes en la provincia. Recriminaba a las mujeres por no cumplir a rajatabla con la vestimenta del Islam y no usar el niqab. Además, promovía actividades de captación entre los miembros más jóvenes de la congregación religiosa granadina. Repudiaba los valores y principios de la Constitución, ya que la consideraba contraria a su interpretación de la "ley de Dios" y propugnaba la firme aplicación de la Sharia (la interpretación más rigorista de la ley islámica).

--En abril, el expulsado fue el presidente de la Unión Islámica de Imanes y Guías de España, Alaa Mohamed Saíd, que residía en Logroño, por ser «una amenaza real para la seguridad nacional» como difusor de la doctrina «salafista-wahabí». Era un ferviente defensor de los postulados islamistas que promueve la no integración de los musulmanes en sociedades de acogida y criticaba activamente los valores democráticos occidentales, alegando que son una mala fuente de formación y educación para los jóvenes. Es miembro de los Hermanos Musulmanes y mantenía vínculos con otros componentes de este grupo islamista en Egipto, España y el Golfo Pérsico, para los que recogía fondos.

--En marzo, la Policía Nacional expulsó del territorio español a Yassine Lafraiki, ciudadano marroquí e imán de 33 años por ser un predicador de ideología salafista-wahabí. En este caso, volvió a salir a relucir la citada ONG Revival of Islamic Heritage Society (RIHS). Al parecer, le facilitaron dinero para construir un centro islámico en Corella (Navarra), cuyas obras quedaron paralizadas.

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Sánchez: un error detrás de otro

José María Rotellar okdiario 18 Diciembre 2018

Sánchez se esfuerza en elegir las medidas de política económica que más perjudican a nuestra economía, a la actividad y al empleo, y, por tanto, a la prosperidad de todos los ciudadanos. No me refiero sólo a los errores en otros ámbitos de la política, como la inseguridad que produjo por aceptar llegar a La Moncloa con sólo 84 diputados y el apoyo de los independentistas catalanes, Bildu, PNV y la extrema izquierda que es Podemos, ni tampoco a su empecinamiento en no convocar elecciones cuando claramente no puede gobernar y está deteriorando al país, ni a su inexistente firmeza con los separatistas. No, todos esos errores son muy graves, especialmente el no actuar contra los independentistas, pero quería enumerar hoy sus errores económicos.

Su primera medida absurda fue modificar los objetivos de déficit y deuda tanto para este año como para los dos siguientes, con el consiguiente incremento de gasto, déficit y deuda. Ese medio punto más de PIB de déficit supone 5.000 millones de euros más con los que se incrementará la deuda española, situada en el 98,3% del PIB, con la tendencia descendente de este cociente rota, pues desde 2014 iba descendiendo, aunque muy lentamente, y desde que gobierna Sánchez, con sus medidas de gasto, se ha dado la vuelta y crece de nuevo. No contento con ello, pacta con Podemos unos Presupuestos peligrosísimos, pues pretenden incrementar mucho más el gasto público, que llevará la deuda más allá del 100% del PIB, además de decidir subir el salario mínimo un 20%, que expulsará del mercado de trabajo a muchas personas, especialmente a las menos cualificadas, e incentivará la economía sumergida: menos actividad económica, menos empleo, menos recaudación y más gasto por prestaciones por desempleo; en definitiva, más déficit y más deuda adicional.

Y ahora decide incrementar sus errores económicos con dos medidas contraproducentes. La primera, llevar a cabo una especie de contrarreforma de la reforma laboral de 2012, que es la más ambiciosa que ha habido nunca y que, pese a que podía haber sido incluso más profunda, agilizó el mercado de trabajo y los agentes económicos pudieron tener un entorno más favorable para la creación de empleo. Ahora, quiere pactar sólo con los sindicatos, sin los empresarios, la derogación de ciertas partes de la reforma —veremos de qué magnitud son los cambios propuestos—. Si hace eso, el mercado de trabajo español volverá a oxidarse, de manera que las ganancias que se han producido en productividad, siempre el gran problema de la economía española, se perderán, la actividad económica se desacelerará y el empleo comenzará a destruirse. Si hay que hacer algo con la reforma laboral de 2012 es aumentar su flexibilidad para que se pueda contratar más y mejor, no para volver a poner obstáculos al empleo como pretende ahora el Gobierno.

Y el último despropósito económico, de momento, es la propuesta de subir un 10% las bases de cotización máximas, de manera que va a convertir nuestro sistema de pensiones en asistencial, cuando es contributivo, y va a encarecer la contratación y a perjudicar notablemente a los trabajadores con base máxima, que son los que más contribuyen al sistema y los que, por tanto, mejor lo sostienen. Error económico tras error económico, a los que se unen los sucesivos errores en el resto de ámbitos de la política, siendo especialmente grave, como he dicho, la pasividad frente a los atropellos que cometen todos los días los independentistas. Ése también tiene una consecuencia económica, que es la inseguridad jurídica que espanta inversiones, actividad, empleo y prosperidad.

Andalucía y la insensata obsesión de Ciudadanos con VOX
EDITORIAL Libertad Digital 18 Diciembre 2018

Desde la misma noche electoral de las autonómicas del pasado día 2, las declaraciones de los dirigentes de Ciudadanos han sido de una ambigüedad calculada sobre su estrategia para la formación de un nuevo Gobierno en Andalucía. Diríase que la única posición fijada de manera taxativa ha sido la negativa a que VOX participe en las negociaciones para la investidura de un nuevo presidente regional. Albert Rivera contribuye así a la demonización de la formación de Santiago Abascal y José Antonio Ortega Lara, que está capitaneando la izquierda antisistema y proetarra.

A VOX se le está acosando de una manera muy parecida a la que tiene por víctima a Ciudadanos en Cataluña; y los acosadores son los mismos. Sólo por eso, y por supuesto por una elemental decencia, Rivera y compañía deberían abstenerse de predicar o aplicar boicots liberticidas contra una formación de trayectoria absolutamente impecable en términos democráticos, y a la que de hecho toda España debe que los separatistas catalanes estén ante un horizonte penal mucho menos promisorio del que imaginaban, tan habituados como estaban al chantaje impune a los distintos Gobiernos centrales.

En las negociaciones con los populares andaluces para fraguar un acuerdo de investidura, Ciudadanos sigue insistiendo en su rechazo a cualquier solución que implique algún pacto con VOX. Es más, su candidato, Juan Marín, prefiere contar con el PSOE para convertirse en presidente con el apoyo tácito de la bancada socialista, opción que con toda seguridad habrá sumido en un indignado estupor a los que le entregaron su voto para que por fin Andalucía se viera libre del régimen que durante cuatro décadas los ha sometido al más escandaloso caciquismo subdesarrollista.

Cualquier implicación del partido de la corrupción a gran escala en la gobernabilidad de Andalucía supondrá un peaje que los socialistas, maestros del trapicheo y la componenda, se cobrarán con creces a lo largo de la legislatura. Lo peor es que los votantes de centroderecha verán saltar por los aires sus esfuerzos por desalojar del poder a un PSOE que, para colmo, no ha dejado de esquilmarlos, afrentarlos y demonizarlos.

El PSOE de Susana Díaz, que es el de Manuel Chávez y el de José Antonio Griñán y el de los ERE y el de la tremenda incompetencia que mantiene a la región en los últimos lugares de todos los medidores europeos de desarrollo y bienestar, es el gran problema de Andalucía. La apuesta de Ciudadanos ya no es que sea insensata, es que es suicida. Y ominosamente injusta si implica la demonización intoxicadora de un partido de nuevo cuño, como VOX, que no tiene la menor responsabilidad en los males que aquejan a la comunidad que durante tantos años ha gobernado el PSOE como si fuera un cortijo.

Al obrar así, Ciudadanos traiciona su razón de ser regeneracionista y traiciona a sus votantes. Y merecerá ser castigado en consecuencia en las cruciales citas electorales de 2019, que está a la vuelta de la esquina.

Contar con Vox y no caer en la trampa de un PSOE que pacta con Bildu
EDITORIAL esdiario 18 Diciembre 2018

La irrupción de Vox en el panorama electoral ha tenido un primer impacto en Andalucía, donde sus votos van a ser decisivos para dar paso al más que probable pacto entre el PP y Ciudadanos que cerrará, felizmente, casi 40 años de régimen socialista en una de las comunidades con más potencial y peores resultados de toda España.

Casi todo lo que ocurre en las negociaciones previas a un acuerdo forman parte de una escenografía melodramática que, por lo general, no afecta al resultado: se trata de encarecer siempre el precio del acuerdo y de no dar a la opinión pública la sensación de que quedarse rápido con el poder es el único objetivo sobre la mesa.

Pero el papel que unos y otros quieren darle a Vox sí es una novedad y Andalucía es un ensayo de lo que puede ocurrir en otros lugares de España si, como parece probable, el partido de Santiago Abascal se asienta firmemente en ayuntamientos, comunidades y el propio Congreso.

¿Cordón sanitario?
De ahí que, rápidamente, la izquierda -desde el PSOE hasta Podemos, éste con más virulencia- hay intentado crear un lamentable e interesado cordón sanitario para dificultarle a sus rivales cualquier diálogo o acuerdo directo o indirecto con la nueva formación.

Contar con Vox es, además de inevitable, perfectamente legítimo. Y eso no significa suscribir todas sus propuestas

Se trata estigmatizar a Vox para, a su vez, ponerle más difícil al centroderecha lograr la mayoría social que todos los sondeos indican desde junio de 2016, confirman dos Elecciones Generales y sólo han interrumpido los manipulados estudios del CIS con el socialista Tezanos al frente.

Que partidos que se han aprovechado de los votos de Bildu y, en general, de todo el independentismo, pretendan dar lecciones de pulcritud democrática, es un ejercicio de hipocresía lamentable y poco convincente en el que ni PP ni Cs deben caer.

Anticonstitucionales son los socios de Sánchez

Y que lo hagan apelando al supuesto carácter anticonstitucional de una formación caracterizada precisamente por su férrea defensa de la Constitución, una ironía. El PSOE ha llegado a La Moncloa sin ganar en las urnas, sirviéndose de partidos anticonstitucionales a los que debería aislar y, sin embargo, ha blanqueado y conferido una influencia insoportable a costa de los intereses de España.

Quizá por eso los españoles castigan a Sánchez y alejan sus posibilidades de lograr la presidencia en buena lid, con los votos en las urnas y no con las mociones de censura espurias. Contar con Vox es, además de inevitable, perfectamente legítimo. Y eso no significa suscribir ni incorporar todas sus propuestas, pero sí derribar todo cordón sanitario creado por los mismos que contribuyen, ellos sí, a extender la epidemia nacionalpopulista.

Barcelona y el Boca-River
Pablo Planas Libertad Digital  18 Diciembre 2018

El separatismo lo tiene todo listo para sumar una nueva victoria propagandística con el Consejo de Ministros extraordinario en Barcelona.

El separatismo lo tiene todo listo para sumar una nueva victoria propagandística con el Consejo de Ministros extraordinario en Barcelona. El 21-D será un triunfo por goleada contra el Estado en todas las pantallas, la apoteosis del drama de los independentistas reprimidos y las fuerzas de ocupación totalitarias. Si hay palos, violencia de Estado, brutalidad policial. Si por un casual se tiene la fiesta en paz, otra exhibición mundial de civismo y pacifismo con un saldo de cero papeleras violentadas. Pero no es previsible que eso ocurra.

Aunque al separatismo se le ocurriera dar marcha atrás a última hora, hay miles de fanáticos intoxicados durante las últimas semanas con la especie de que el Consejo de Ministros es una provocación del Estado colonial y que Sánchez va a Barcelona a enseñarles la chorra a Torra y a los catalanes. Y no salen de ahí, un bucle de agravios y victimismo que se remonta al penalti de Guruceta y más allá de la prehistoria. Entre los Comités de Defensa de la República hay mucho desocupado, estudiantes de la vida y jubiletas con la pensión garantizada por el Estado que no tienen nada que perder. Por ellos no va a quedar que al Gobierno y sus policías les quede bien clarito que no son bienvenidos. Les han convencido de que cortar carreteras es un acto de soberanía popular.

De los precedentes no cabe esperar que la Generalidad ordene a la que considera su policía política garantizar la libre circulación de personas y mercancías por el territorio autonómico, que se multe a los que colapsen el tráfico con tractores y marchas lentas o que se impida el matonismo callejero de los CDR de Torra y las tropas de asalto de la CUP. Para esta gente tomar una estación de trenes por la fuerza es libertad de expresión, igual que escupir y acosar por la calle a los disidentes y echar estiércol a las puertas de los juzgados. Además está en juego el prestigio de Barcelona como capital europea de las algaradas, en dura pugna con París. Hay un jugador de póquer separatista que se está forrando en internet con la venta de chalecos reflectantes con la leyenda "República en construcció".

El sector irredento, los de Puigdemont, Torra y la CUP, es partidario del cuanto peor, mejor y suspira por la aplicación de un 155 suavecito tras los disturbios de rigor que tape el contraste entre las arengas republicanas y la realidad autonómica y les beneficie electoralmente. Los pragmáticos de Junqueras refutan la conveniencia de pegarle fuego a Barcelona de manera tan descarada a las puertas del juicio y con cuatro presos muertos de hambre.

Las noticias de Francia reportan al menos siete muertos entre atropellados e infartados por una revuelta que empezó por la subida del gasoil y cinco más del atentado islamista en el mercadillo de Navidad de Estrasburgo. El separatismo alucina con los chalecos amarillos. El cretinismo catalán, siempre sensible a las novedades francesas, se plantea como un rito de iniciación poner un muerto sobre la mesa, da igual de qué lado. Tal es su superioridad propagandística que han convertido un ojo perdido el 1-O en la matanza de Tiananmen más la Operación Cóndor.

La idea es que el Consejo de Ministros en Barcelona será la tumba del fascismo y la prueba está en que Pedro Sánchez tendrá que hacerse acompañar de mil antidisturbios en su incursión en Cataluña. Esos mil agentes son un símbolo (piolines, aporellos, los últimos de Filipinas) de la derrota de España en Cataluña, según bombardea la propaganda separatista. La prueba del nueve de que las provincias catalanas son una colonia castellana que requiere de la presencia de una especie de tropas de indígenas mesetarios para garantizar la seguridad de Sánchez y su séquito imperial.

La última hora es que el consejero de Interior y su número dos se han visto en Waterloo con el prófugo Puigdemont, mientras que comisarios de los Mossos se reúnen con responsables del Ministerio del Interior y mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil para abordar el operativo del 21-D en Barcelona. Como si fuera el último Boca-River, separar a quinientos descerebrados de quinientos cernícalos. Cierto es que no sería la primera vez que tal cosa acaba en una guerra civil. La vía eslovena de Torra cobra forma.

Cuando todo esto parecía una broma, se hacían chistes sobre un anciano que se mató colgando una estelada. El primer muerto del proceso, se dijo. El 1-O, un policía nacional practicó los primeros auxilios a un hombre que sufrió un infarto a las puertas de un colegio en una localidad de la provincia de Lérida. Se salvó de milagro tras dos semanas en cuidados intensivos previo traslado en helicóptero a Barcelona. Durante el 155, otro hombre estuvo a punto de morir al ser apalizado con bates de beisbol por retirar lazos amarillos en San Julián de Vilatorta, Barcelona. Y a una mujer la patearon por lo mismo en Viladecans. Seguimos para bingo.

El 155 es libertad
Juan Carlos Girauta. El Español 18 Diciembre 2018

Para los casos más graves de deslealtad federal, los Estados compuestos necesitan mecanismos de restablecimiento de la legalidad y del interés general. Los constituyentes disponían de dos fuentes básicas de inspiración a la hora de traer tal mecanismo a su obra. Por un lado, las constituciones de Austria, Argentina o Italia, con la posibilidad de que los órganos centrales disolvieran o suspendieran los de la institución desleal. Por otro lado, cabía encarar esas situaciones excepcionales al modo del artículo 37 de la norma suprema alemana, la Ley Fundamental de Bonn, que dispone la adopción de medidas para que las autoridades desleales cumplan por la fuerza lo incumplido. Esta fue la vía escogida, menos taxativa. Se incorporó a nuestra Constitución mediante reproducción casi textual.

Esta “coerción federal” importada hace cuarenta años es excepcional en la medida en que viene a dotarnos de herramientas para abordar contingencias asimismo excepcionales, pero posibles dada la naturaleza compuesta del Estado, cuyo poder está estructurado territorialmente, manteniéndose esa estructura consolidada en instituciones con sus propios poderes ejecutivos y legislativos.

La situación en España es hoy excepcional. Otra vez. Cuando el entramado de lealtades institucionales que sustentan un Estado compuesto se desgarra gravemente, no hay mayor error que mirar hacia otro lado. Desde hace tiempo, el peligro para la libertad y la seguridad de los millones de catalanes que no estamos dispuestos a seguir a los nacionalistas es real. La quiebra social es real. La aprobación de normas antidemocráticas, derogación de la Constitución incluida, fue real. El intento de uso de la policía autonómica como brazo del movimiento de secesión fue y es real. La vuelta a las andadas después de una aplicación breve e insuficiente del 155 es evidente.

El poder autonómico catalán, con su cuerpo funcionarial, sus empresas públicas y su presupuesto, sigue encaminado hacia la independencia por la vía de los hechos consumados. Señala a individuos y grupos disidentes, trabaja con empeño en el desprestigio exterior de España, siembra el odio en la escuela, se vale de la televisión pública para lanzar propaganda política ininterrumpida, anima por boca de su presidente a grupos violentos, acusa de violentos a grupos pacíficos y ofrece como modelo de nuestro futuro inmediato una secesión que llegó por la vía bélica.

El 155 no significa represión: significa libertad para los catalanes que llevamos años secuestrados. Significa seguridad. Significa respeto al Estado democrático de Derecho. Y aunque el presidente Sánchez no lo crea, esos valores están por encima de su conveniencia.

Los CDR ya tienen su 'Policía'
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 18 Diciembre 2018
 
El Consejo de Ministros del próximo viernes en Barcelona está suponiendo una verdadera pesadilla para Pedro Sánchez. El presidente sabe que su futuro depende de cómo se desarrolle una jornada que se adivina difícil en muchos aspectos, especialmente en lo relativo a la seguridad.

Aparte de las numerosas amenazas de los CDR para boicotear la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mediante tácticas de guerrilla urbana, hoy cuenta EL ESPAÑOL que mossos separatistas planean interferir en el operativo policial. El argumento, se justifican, es el de "mantener el contacto directo con los cuerpos policiales y garantizar la seguridad" de los manifestantes.

Doble lenguaje
Según desvela este periódico, los llamados Escudos por la república tienen previsto conformar un cordón humano entre los manifestantes y los agentes de servicio para coaccionar a estos últimos. Este autoerigido cuerpo de orden público dice defender el "espíritu del 1-O" y anima a "defenderse, pero sin atacar", lo que en el doble lenguaje del separatismo equivale a justificar posibles episodios violentos.

Que haya mossos que se movilicen para proteger a los CDR prueba el clima de división que vive la Policía autonómica catalana en vísperas de un acontecimiento decisivo como el del viernes.

No son de fiar
Va de suyo que la Generalitat de Torra no va a esmerarse precisamente por velar por la seguridad del 21-D. La reunión mantenida este lunes en Waterloo entre el cuestionado consejero de Interior, Miquel Buch, y Carles Puigdemont indica que los mandos de los Mossos recibirán instrucciones de un expresidente huido.

En cualquier caso, es gravísimo que un grupo de mossos se planteen bloquear la labor de sus compañeros. La paradoja es que mientras a los violentos CDR les ofrecen protección funcionarios de la propia Policía catalana, el Gobierno ha tenido que movilizar a más de un millar de agentes porque los Mossos no son de fiar. Ni siquiera para Sánchez.

¿A quién molesta VOX?
Cayetano González Libertad Digital 18 Diciembre 2018

Hacía tiempo que un partido político legal, con sus estatutos registrados y aprobados por el Ministerio del Interior, no sufría tantas descalificaciones de grueso calibre de la izquierda y la progresía político-mediática. Desde el petardazo que dio hace dos semanas en las elecciones andaluzas, cuando obtuvo 12 escaños gracias a los 400.000 electores que le votaron, a VOX le han llamado de todo: partido fascista, de extrema derecha, antidemocrático, anticonstitucional, antisistema, racista, misógino, etc. Tengo la impresión de que cada insulto supone un buen puñado de votos para la formación presidida por Santiago Abascal.

Es evidente que VOX molesta, y mucho, a esa izquierda que ve cómo su irrupción va a poner patas arriba el tablero político y electoral, como ya ha sucedido en Andalucía. Lo lógico es que, de aquí a mayo, las expectativas electorales de VOX se vayan consolidando –las encuestas publicadas este lunes así lo indican–, de tal manera que será absolutamente decisivo para la conformación de Gobiernos de centro-derecha en ayuntamientos importantes y comunidades donde ahora gobierna el PSOE con el apoyo de Podemos. También hará un buen papel en las elecciones al Parlamento Europeo: sólo con los 400.000 votos que consiguió en Andalucía el pasado día 2 tendría ya asegurados dos escaños en Bruselas; añádanse los votos que coseche en otras partes del país y se verá que el número de eurodiputados de VOX será importante.

VOX también molesta a los otros dos partidos que conforman el centro-derecha: el PP y Ciudadanos. Afortunadamente, los de Casado han modulado el mensaje crítico hacia VOX que hace unas semanas mantenían algunos miembros de su dirección. Al final, en el PP saben que tendrán que entenderse con el partido de Abascal en muchos lugares, y también saben que una buena parte, aunque no toda, de los votantes de VOX procede de sus filas. Unos antiguos votantes populares que, aunque reconocen que Casado no es Rajoy, quedaron tan desencantados con los años de este al frente del Gobierno y del partido que todavía no encuentran suficientes motivos para volver y, sobre todo, se encuentran muy identificados con VOX en cuestiones importantes como la unidad de España, lo que habría que hacer en Cataluña para frenar el desafío independentista, el mal funcionamiento del Estado de las Autonomías y la defensa de la familia y del derecho a la vida del no nacido.

En lo que se refiere a Ciudadanos, VOX molesta porque su irrupción parte en tres el espacio del centro-derecha y, en definitiva, quita cotas de poder al partido de Rivera. Pero ese es el juego de la democracia, y, sobre todo, se pone en evidencia que el voto no es propiedad de ningún partido. A Ciudadanos le pasa lo mismo que al PP: le incomoda entenderse con VOX, pero al final lo tendrá que hacer, porque la deriva en la que se ha embarcado el PSOE imposibilita hoy por hoy contar con este partido a la hora de construir una opción de gobierno basada en la defensa de los valores constitucionales. El PSOE de Sánchez ha apostado claramente por el frente popular-populista-independentista y de ahí solo le apeará un batacazo en las urnas. Andalucía ha sido una primera estación, pero no será la última.

Y, por último, VOX molesta a todo ese conglomerado político-mediático que no tiene ningún reparo en que un partido como Bildu, una de las marcas de ETA, esté en las instituciones pero que brama contra la formación donde milita Ortega Lara, secuestrado durante 532 días por la banda terrorista, y que preside Santiago Abascal, objetivo, junto a su familia, de ETA durante muchos años.

Sencillamente, es una vergüenza y una inmoralidad esa doble vara de medir de algunos políticos, medios de comunicación y columnistas o tertulianos.

Violencia en el relato
Cristina Losada Libertad Digital 18 Diciembre 2018

Pronto habrá que hacer una lista de todo lo que no es violencia para el separatismo catalán. No obstante, existe ya experiencia suficiente como para describir cuál es el criterio que emplean para decidir qué entra en la no violencia y qué en la violencia. Es éste: todo lo que hagan los separatistas no es violencia y todo lo que hagan los que no son separatistas es violencia. La violencia o no violencia se determina, por lo tanto, no en función de qué se hace, sino en función de quién lo hace. Si los autores son separatistas, todo es pacífico y hasta pacifista. Cuando digo todo, es todo: todo lo que han hecho, todo lo que hacen y todo lo que harán. Porque esta definición de violencia abarca cualquier acto futuro, por su propia lógica. Después de establecer que los separatistas son ontológicamente pacíficos e incompatibles con el ejercicio de la violencia, todo lo demás sólo opera como confirmación.

La otra parte del asunto presenta la misma desfachatez. Como consideran violencia todo lo que se haga en contra del separatismo, cualquier actuación –quitar unos lazos amarillos, borrar unas pintadas amenazantes, celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona– será violencia. Cuando es el Estado porque es el Estado y cuando son los individuos porque no son separatistas. De manera que nos podemos ahorrar el trabajo de hacer el listado, que, además, es conocido. Incluso nos podemos ahorrar el esfuerzo de debatir con el separatismo catalán sobre la violencia o no violencia de sus acciones. Su posición en este punto, como en otros, está en regiones donde la persuasión no puede entrar, como dijo, respecto de otra religión política, Arthur Koestler. Aunque persiste la duda de si se atrincheran en el engaño por convicción profunda o por lo contrario.

Uno puede ver estos días cómo los agitadores del independentismo anuncian esa modalidad de violencia que no es violencia de cara a la reunión del Consejo de Ministros el viernes en Barcelona. El vicepresidente de Òmnium, Marcel Mauri, por ejemplo, ha ofrecido la versión más completa del criterio mencionado: "Nosotros no somos quienes debemos garantizar el pacifismo [de las movilizaciones convocadas contra la reunión] porque siempre nos hemos manifestado sin ningún incidente". Esto es: como los separatistas son pacíficos per se, no tienen que hacer nada para evitar la violencia durante las protestas, lo cual significa que la habrá, pero no será obra de los separatistas. Es un bucle fantástico. Más fabuloso aún si se tiene en cuenta que los carteles que distribuye Òmnium para convocar protestas el 21-D llevan este llamamiento: "Tumbemos al régimen". En la neolengua separatista quiere decir "Paz y flores".

Una vez inventada la violencia pacífica, que es la que ha ejercido hasta ahora, el separatismo catalán ha descubierto otra que tampoco tiene que ver con los hechos. Es lo que la concejal de la CUP en Barcelona Eulàlia Reguant, entre otros, ha llamado "la violencia en el relato". ¿Qué es la violencia en el relato? Seguro que se trata de una violencia posmoderna, puesto que en el posmodernismo todo es relato. Pero exactamente parece consistir en la existencia de un relato que atribuye violencia a los que no son violentos, como los CDR y otras gentes de paz. La violencia en el relato es el derivado natural del criterio que venía comentando. Como todo invento, éste también se puede usar para el bien y para el mal. Así, cuando el próximo viernes las fuerzas de seguridad tengan que intervenir para calmar las ansias de paz de los separatistas convocados a tumbar al régimen y Torra y compañía clamen contra la supuesta violencia policial, se les podrá decir que sólo ha habido violencia en el relato. En el suyo.

 


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