AGLI Recortes de Prensa   Sábado 22  Diciembre 2018

Sector público contra sector político
Daniel Lacalle elespanol  22 Diciembre 2018

“No stop signs, speed limits, nobody’s gonna slow me down”. Bon Scott.

El liberalismo no está en contra del Estado, sino contra el abuso del Estado. Y de ahí que en Viaje a la Libertad Económica (Deusto) diferenciase entre gasto público y gasto político.

Esta semana se ha generado cierta polémica por un informe de un medio de comunicación que muestra que, entre pensionistas, parados y empleados públicos superan 13,7 millones, más que los 13 millones de trabajadores del sector privado.

Ante ese dato, que es importante porque muestra que debemos trabajar para reducir el paro de verdad y no poner escollos al empleo y la inversión, se han lanzado todo tipo de comentarios.

España no tiene más empleados públicos por habitante que los países comparables, pero cuestan más. Menos empleados públicos por cada mil habitantes que Reino Unido, pero más caros con respecto a PIB.

En Noruega hay tres veces más empleados públicos por cada mil habitantes que en Italia y más del doble que España, pero su coste en salarios sobre PIB es solo un 25% superior. Efectivamente, en número de empleados España o Italia no aparecen como países con un alto nivel de empleo público, pero en gasto es claramente superior a Reino Unido o Alemania. Más de un 20% superior.

Si vamos a salarios, se revierte la tabla. Los países nórdicos son los que menos pagan en salarios públicos (coste salario público por empleado sobre PIB per cápita) y los periféricos los que más. Es decir, los nórdicos ponen como factor esencial que el sector público no sea una losa para el crecimiento ni funcione como efecto desplazador del resto de la economía.

Muchos de esos empleados públicos en los países nórdicos son temporales y compaginan su trabajo privado con el público, sin sueldo en muchos casos. Y sus puestos no son vitalicios.

Si miramos la productividad y el índice de eficacia del sector público, también pasa España a estar en puestos bajos, aún por debajo de Portugal, Reino Unido, Alemania o Dinamarca.

Para mí la conclusión es clara. El sector público en sentido estricto español no puede considerarse excesivo ni caro, pero el gasto político añadido es el factor por atacar. Las terribles administraciones paralelas. Cuando esa cifra de más de 400.000 puestos políticos que algunos anuncian es imposible de agregar y contrastar ya que se hace premeditadamente para que sea imposible de analizar.

En cualquier caso, la ratio empleado público por cada 1.000 habitantes no significa nada. La densidad de población importa, pero en cuanto a análisis, importa más analizar la eficiencia. Parece como mínimo sorprendente que la tecnología y la eficiencia no se apliquen al análisis de los servicios públicos y se utilice algo tan irrelevante como el número de empleados.

España es, con Grecia, el país de la eurozona con más entes públicos tangenciales, es decir, las llamadas administraciones paralelas. En España cuestan al año 28.000 millones de euros solo en dos comunidades autónomas. Y eso no aparece en las estadísticas arriba mencionadas.

Debemos reconocer la labor de todos esos funcionarios y servidores públicos que ayudan a que el país crezca y atraiga inversión, para que todos juntos denunciemos a los que solo sirven para entorpecer y que empeoran el potencial de nuestro país.

El que defiende un sector público facilitador y de verdadera calidad debería indignarse por las cifras que ponen al verdadero servicio público en peligro, en vez de justificarlas. Debería llevarse las manos a la cabeza ante las salvajadas que comete esta administración para asegurarse unos meses en le Moncloa. Porque cuando los políticos lo hacen infinanciable, caen los servicios necesarios también.

Si defendemos un sector público de calidad deberíamos ser los primeros en denunciar el creciente gasto en administraciones paralelas tras años de eliminar entes políticos deficitarios e innecesarios. Cuando no lo hacen, es por una razón. Porque el objetivo no es una economía en la que el sector público es servicio. Porque el objetivo es el control depredador de la actividad económica desde el poder político.

Un gobierno ilegítimo y traidor al que hay que echar ya
EDITORIAL Libertad Digital  22 Diciembre 2018

El de Pedro Sánchez es un Gobierno que carece de toda legitmidad democrática. En origen, si bien llegó al poder de manera legal, con una moción de censura respaldada por la mayoría del Congreso de los Diputados, para ello necesitó el apoyo de los partidos separatistas catalanes que han perpetrado un golpe de Estado y han reventado la conviviencia y el imperio de la ley en Cataluña, con el objetivo de romper la Nación española y, por ende, la soberanía del pueblo español, en la que se fundamenta la Constitución que hace de España una comunidad política formada por ciudadanos libres e iguales.

Y en el ejercicio del poder, tras lo sucedido estos días, Sánchez también ha perdido cualquier viso de legitimidad. Un gobierno que abre una negociación política al margen de la Constitución con unos golpistas queda automáticamente inhabilitado. Es lo más grave que ha sucedido desde el inicio del golpe en Cataluña y no cabe otra salida que desalojar cuanto antes del poder a un tipo, Pedro Sánchez, que ha traicionado, de manera vil e indecente, a la Nación que está obligado a servir. Está en peligro la superviviencia misma de la Nación y los derechos y libertades de todos los españoles.

Pablo Casado y Albert Rivera están obligados, por una cuestión de principios, a presentar ya una moción de censura. Llegados a este punto, sobran ya los cálculos electoralistas y los miopes análisis demoscópicos. En las Cortes reside la soberanía nacional y la primera obligación de los diputados es defenderla frente a la felonía de este Gobierno.

Una moción de censura que obligue a cada uno de los diputados socialistas a retratarse con su voto. En una situación de semejante gravedad de nada sirven las declaraciones de los ‘barones’ socialistas por muy críticos que sean con Sánchez. Les venimos escuchando desde los tiempos de Zapatero y la deriva del partido es la que es, mientras ellos siguen disfrutando de sus chiringuitos autonómicos. Cualquier cosa que digan Lambán, Page o Fernández Vara es retórica hueca si no va acompañada de hechos. Ya no cuela. Si tanto aman al PSOE como dicen. o reaccionan ya o Sánchez les arrastrará con él. Lo de menos, obviamente, ante la enorme gravedad del momento, es lo que suceda con el PSOE. De hecho, este partido y su franquicia catalana del PSC es el gran responsable, no el único pero sí el principal, de lo que está sucediendo en Cataluña. Su desaparición será una buena noticia.

La sociedad civil se ha movilizado con masivas manifestaciones en Barcelona y en muchas otras ciudades españoles. La Justicia, con mención especial al juez Llarena y al papel determinante de VOX como acusación particular, ha actuado con determinación e independencia contra los líderes golpistas, hoy en prisión o fugados en el extranjero. Pero todo esto es insuficiente mientras Sánchez siga en Moncloa, dispuesto a mantenerse en el poder a cualquier precio. Es prioritario utilizar todos los medios legales para echarle cuanto antes y el primero es la moción de censura. Corresponde esta iniciativa a PP y Cs, que son los que tienen representación parlamentaria. Si no lo hacen, VOX que está ya en las puertas del Congreso de los Diputados será percibido por cada vez más españoles como la herramienta más eficaz para derrotar al golpismo separatista, sin complejos, sin atajos y sin cambalaches.

Rivera, ‘El Indeciso’
Jimmy Giménez-Arnau okdiario  22 Diciembre 2018

Alain Resnais, genio de la Nouvelle Vague –Nueva ola–, solía repetir una frase que le va como anillo al dedo a los inseguros como Albert: “Todo lo inesperado que se presenta en mis rodajes, lo meto en mis películas”. Rivera, ¿por qué desoyes el sabio consejo del cineasta y no metes en tus planes políticos a Santiago Abascal que apareció de súbito, inesperadamente, en tus ideas, o acaso VOX, es un partido menos digno que Ciudadanos, por defender a España, igual que haces tú? Rivera, ponte las pilas o tu postureo hipócrita, además de demencial e injusto, nunca más volverá a tenerte por el gran líder de los liberales. Como se te ocurra darle cuartel al PSOE en Andalucía, te vas a paseo. Ponte las pilas, o tus adeptos no volverán a creerte.

Te doy tratamiento de monarca y el apodo de ‘El Indeciso‘ porque ahora prefieres ser el virrey de la frivolidad, antes que aquel hombre inteligente que todos conocíamos. Albert, no defraudes, ni engañes a cuantos creímos que eras un político útil, lo cual tomábamos por una excelente noticia en estos asquerosos tiempos de traidores en los que nos ha tocado vivir. Rivera, por favor, deja de marear la perdiz y aparca tus muchas indecisiones, que nos traen a mal traer. Ayúdanos a condenar al ocaso a los miles de piratas que se están beneficiando de nuestro presente. Te imploro, Rivera, que cuanto esté en tu mano, valga para deshacernos de ellos en el futuro. ¿Contamos contigo?

¿Es posible que vayas a aceptar a ese pulpo de Susana Díaz como animal de compañía para hacerte con la putrefacta Junta andalusí? Anoche me lo contó un borracho, pero como iba bien pimplao, no quise darle crédito. ¿Serás capaz de venderte otra vez al enemigo, por el qué dirán, despreciando los nobles votos de VOX? Si cometes tamaña insensatez, ni la bravísima Inés Arrimadas volverá a votarte. Cambia de fusibles Rivera, que te estás jugando el lado romántico que la gente normal todavía intuye en ti. Ándate con ojo, que la soberbia es mala consejera, no te alíes con Susana ni con los mil tentáculos del sanchismo o un montón de tus votantes volverán a hacerse adictos al PP, de no tomar el atajo que conduce a VOX. Un tripartito formado por Abascal, Casado y tú, como eras antes, sin veleidades de pequeño dictador, vale el enganche.

El mindundi que te has echado de socio para conquistar Al Andalus –es obvio que me refiero a Juan Marín– a lo más que llegó en su portentoso currículum fue a ser técnico de voleibol. Con semejante boludo, que ya se entregó al cefalópodo como adalid de Ciudadanos, y lo sostuvo en el altar de la corrupción, ¿pretendes presidir la Junta en 2019? De ser así, este no es aquel Rivera que juró levantar todas las alfombras y desmantelar la cleptocracia de la Junta andaluza. Olvida el postureo, piensa menos en ti mismo y decide, sin que te tiemblen las piernas, qué sería lo más conveniente para España.

Disparar el gasto a modo de campaña electoral
EDITORIAL El Mundo  22 Diciembre 2018

El plan de Pedro Sánchez para tratar de agotar la legislatura no se diferencia mucho del que activó Zapatero para revalidar el cargo antes del desencadenamiento de la crisis: disparar el gasto público en los umbrales de una desaceleración ya suficientemente pronosticada. Solo entre la indexación de las pensiones al IPC, la subida salarial a los funcionarios y el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) -medidas todas ellas que el Gobierno pretende que entren en vigor a partir del próximo 1 de enero-, las arcas del Estado sufrirán un desembolso adicional de 9.000 millones de euros. Y esto al margen de que se aprueben finalmente o no los Presupuestos Generales del Estado, que incluirán asimismo un fuerte incremento del gasto para cebar el clientelismo en año electoral a costa del contribuyente.

Ya únicamente el coste estimado de la subida de las pensiones, cifrado en 5.000 millones, ha provocado la alarma del Banco de España, que avisa de que la Seguridad Social no tiene los fondos suficientes para cumplir con este compromiso. Entregado al cortoplacismo que ha guiado desde el primer momento su ejecutoria, Sánchez no solo ignora esta advertencia sino que le añade la subida salarial del 2,75% para los funcionarios; una medida comprometida por Cristóbal Montoro que Sánchez ha hecho suya, como también fue acordado por el PP el aumento del SMI, si bien el Gobierno del PSOE -presionado por Podemos- lo ha elevado hasta los 900 euros. El impacto de esta medida de obvio tufo electoralista no se dejará sentir sobre las arcas públicas tanto como las dos anteriores -conllevará un desembolso de 380 millones-, pero sí sobre la creación de empleo, según ha reconocido tanto el Banco de España como la Comisión Europea.

Este momento económico, marcado por la reducción del crecimiento y por los problemas para cumplir con los objetivos de déficit -de los que Bruselas nos viene advirtiendo-, coincide desafortunadamente con el Gobierno más débil de la democracia. Es esa dependencia parlamentaria de Sánchez la que explica sus cesiones en política presupuestaria que acaso alarguen su estancia en Moncloa un tiempo más, pero que terminarán pagando todos los españoles.

Estrepitoso fracaso de Sánchez en Barcelona
Pablo Sebastián republica  22 Diciembre 2018

El encuentro de Sánchez con Torra y la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona se han saldado con un estrepitoso fracaso. Sánchez firmó un comunicado conjunto infame en el que llama ‘conflicto’ al golpe de Estado y y habla de una ‘respuesta democrática’ -lo que supone decir ‘referéndum de autodeterminación’- en lugar de hablar de ‘respuesta constitucional’.

El resultado del temerario viaje de Sánchez a Barcelona se salda con una gran y violenta movilización del independentismo en contra España y con una traicionera declaración de la portavoz de Torra, Elsa Artadi, que ahora dice que los encuentros con Sánchez no han servido para nada y que para ello no hacia falta el viaje a Barcelona.

Sánchez, pues, se ha humillado ante Torra y el demente catalán aprovechó la ocasión para propinarle una patada en el trasero y dejarlo en ridículo en Cataluña y en toda España. Lo que por otra parte anuncia el fracaso de sus Presupuestos de 2019 y su obligación de adelantar las elecciones generales en España, donde volverá a fracasar.

Y lo asombroso de todo ello es la incapacidad y la ceguera de Sánchez, de su Gobierno y asesores que todavía no saben quién es Torra, un fascista y un loco que odia a España, que jalea a los violentos CDR y que propone la vía eslovena, con muertes incluidas, para lograr la independencia catalana.

Y frente a semejante personaje Sánchez se va a Cataluña a ofrecer regalos (con alusiones a Tarradellas y a Companys) y concesiones a los golpistas de Torra y dejar en ridículo al Gobierno de España y al PSOE lanzándose por un vertiginoso tobogán electoral como se vio en Andalucía y se volverá a repetir en todo el territorio nacional.

Torra, por su parte, le ha ganado la partida a Sánchez y ha aprovechado esta situación para unir a ERC y PDeCAT e incluso a la CUP, mientras que desde Bruselas canta victoria Puigdemont.

Y no es para menos después de que Sánchez se metiera en la guarida de Torra, en una encerrona de la que ha salido trasquilado y que le obligará a romper, tarde y mal, su diálogo frustrado con Torra y a convocar elecciones en franca debilidad.

España a precio de saldo
Manuel Villegas diariosigloxxi  22 Diciembre 2018

Estamos muy cerca de las rebajas de enero. Hay establecimientos que, adelantándose a ellas, se valen de un subterfugio para saldar existencias y las ofrecen con grandes descuentos y, en ocasiones, hasta por debajo del costo, para darles salida a fin de conseguir espacio para nuevas mercaderías.

Pedro Sánchez, bueno sólo para crear problemas y desdecirse cada vez que habla, con buena vista comercial, ha decidido unirse a estos comerciantes avispados y poner en venta el Estado español y, consecuentemente a quienes lo habitamos, sin querer que le entreguen dinero a cambio, sino que vuelvan a satisfacer su afán de poder y su deseo exacerbado de mantenerse en la Moncloa.

Para ello no ha dudado en someternos a todos los españoles pues, queramos o no, nos representa, a la mayor humillación nunca vista, salvo con la cobarde traición de Fernando VII, cuando regaló el trono español a Napoleón.

A España, Estado soberano, la ha degradado colocándola a la altura de una zapatilla al reunirse de igual a igual con Torra, presidente de una comunidad subordinada a la soberanía de todos los españoles. Con el protocolo y la deferencia que se le debe a cualquier Jefe de Estado de otro país. Esaú vendió su primogeniotura por un plato de lentejas. Pedro nos ha vendido a los españoles no por comida sino por su insaciable deseo de alargar, cuanto más pueda, su poder, que está en tenguerenge, mendigando el apoyo de estos independentistas, deseosos de destruir a España, que son los que lo mantienen en el machito.

Para satisfacer su desmesurado ego, no ha sentido vergüenza de pasar por las horcas caudinas a las que lo ha sometido Quim Torra.

Se ha sentado con ese individuo en trato de Jefes de Estado, aguantando la vileza de verlo luciendo un lazo amarillo, símbolo de los presos políticos, cuando son políticos presos por su intento de dar un golpe de estado.

No se le cae la cara de vergüenza? ¿A tan gran humillación se ha atrevido a someter a los españoles? Como centro de mesa, había una flor navideña de color amarillo, otra forma de humillarlo al igual que con el lazo, además de su deseo de rebajarnos por parte del presidente de la Generalidad.

Menos mal que el Protocolo de Moncloa colocó una maceta de color rojo. Deberían haber sido dos para componer la bandera española, tan humillada por los independentistas e indeseables que su fin y propósito es destruir España. ¡Bien está! Dejémoslo así!

¿Tan grande es su prepotencia y tan huera tiene la sesera que no se da cuenta de la bajeza a la que nos somete con tal de satisfacer su desmesurado deseo de poder?

¿Es tan corto de entendederas que no se percata del alcance de sus acciones? ¿Qué se va a esperar de él, cuando hasta su tesis doctoral, lo más sagrado y sublime para un doctor está llena de plagios? Este hombre no comprende o no es capaz de entender que los independentistas mientras más se les da más quieren. Son como cerdos en la cochinera que mientras tanto más comida se les da más gruñen. No se sacian con nada y ¡claro! Por más que reciben más aprietan el dogal con el que tienen atado por el cuello a Sánchez.

Ellos saben que la independencia no la van a conseguir jamás, ¡De sobra que lo conocen! Tendrían que contar con la aquiescencia del resto de los españoles, cosa que jamás lograrán. Pero no por ello dejan de exigir y reclamar a costa del resto de las demás autonomías.

Los independentistas tienen agarrado a Sánchez por salva sea la parte y mientras más aprietan él más cede, pues si pusiese pies en pared y dijese hasta aquí hemos llegado, al retirarle su apoyo, caería como fruta madura, pues el pedúnculo se habría roto.

Este hombre inconsecuente, desnortado e inseguro lo único que tiene claro y le importa es su permanencia en el poder, los españoles y el bien del país somos menos que un ardite en sus prioridades. Bien, que siga así. Ya ha recibido un fuerte aviso y aldabonazo con el resultado de las elecciones andaluzas.

A mi juicio los andaluces no han votado contra Susana Díaz, ni contra el PSOE sino contra la política errática de Pedro Sánchez y su apoyo y connivencia con los separatistas que son los que le han aupado al poder y gobierno de España.

Si de verdad le preocupase el bien de los españoles, debería de haber hecho, tiempo ha, lo que en el mismo momento en el que defenestró a Rajoy prometió, o sea, convocar elecciones.

Aznar se hizo famoso con aquella frase: ¡Sr. González, váyase ya! Esta debería de ser, al igual que Catón terminaba sus intervenciones en el Senado romano con: “Delenda est Carthago” (Cartago ha de ser destruida), la frase con la que todos los portavoces y diputados de la oposición habrían de pronunciar cuando terminasen de hablar: ¡Sánchez márchese ya!.

¡Que cumpla su palabra, convoque elecciones, se vaya, nos deje tranquilos y nos nos humille más!.

Los ciudadanos españoles exigimos a las Fuerzas Armadas que defiendan con firmeza la libertad y la Constitución
La Tribuna del País Vasco  22 Diciembre 2018

Al pactar con los golpistas catalanes la búsqueda de "soluciones políticas" a lo que es un alzamiento violento contra el régimen constitucional español, la chusma política que a través del PSOE, y en alianza con la extrema izquierda, lidera el Gobierno central, ha convertido la situación de la España actual en algo radicalmente insostenible. Y es una situación intolerable no solamente por el devenir tortuoso que sufrirá Cataluña, y especialmente las decenas de miles de ciudadanos no nacionalistas que viven y trabajan en esta región, sino, sobre todo, porque las principales instituciones españolas, desde la Monarquía a la Justicia, pasando por el Parlamento y las fuerzas armadas, quedarán ante los ciudadanos como instrumentos inútiles que no pueden salvaguardar lo que nos es más querido y más valioso: la libertad, la convivencia civilizada, el respeto a las leyes, la igualdad entre los ciudadanos y la seguridad para nuestros hijos

Ante la legitimación que el Gobierno de Pedro Sánchez ha hecho del Golpe de Estado declarado en Cataluña, la Monarquía de Felipe VI y el Ejército español han de saber que los ciudadanos demócratas españoles les estamos mirando fijamente, con tanta atención como desconfianza. Y que esperamos encarecidamente que, a través del artículo 8 de la Constitución, defiendan nuestros derechos como hombres y mujeres libres que somos, que esperamos que protejan el futuro de nuestros niños (y su derecho a vivir y estudiar en su país hablando en su lengua materna) y que esperamos que resguarden con fuerza nuestro sistema de convivencia de esa contumaz patulea nacionalista, incendiaria y radical que, malversando los recursos públicos, trata de imponer a todos los españoles sus pesadillas más delirantes y fanáticas.

En estos momentos de la historia, los ciudadanos simplemente decentes, quienes pagamos religiosamente nuestros impuestos, quienes tratamos de facilitar la convivencia colectiva, quienes tratamos de transmitir ideales de tolerancia a nuestros descendientes y quienes todavía confíamos y creemos en los valores que se derivan de palabras como democracia, patria, tradición, familia, libertad, estirpe o historia, nos encontramos excepcionalmente indignados por la negativa de nuestras instituciones, mayoritariamente en manos de la extrema izquierda y de los independentistas periféricos, a defender nuestros derechos más elementales: sobre todo, a la seguridad física, a la protección normativa, a la garantía de podermos entender en español con nuestros vecinos, a la libertad en cualquier parte de nuestro territorio y a la esperanza de un futuro para nuestros hijos.

Cada vez tenemos menos cosas, menos certezas, menos seguridades y menos confianza en este Estado traicionado por el PSOE y sus correligionarios filoterroristas y secesionistas. Y cada vez tenemos más rabia y más tentaciones de defendernos por nuestra cuenta. Y algunos deberían comenzar a imaginar qué puede ocurrir si muchos españoles comienzan a tomar las decisiones necesarias y urgentes que sus instituciones son incapaces de tomar… Por este motivo, los demócratas españoles esperamos que el Rey y la Jefatura del Ejército nos defiendan de la sinrazón y castiguen a los golpistas, y a sus legitimadores, como marca la Ley. Y habrán de hacerlo así, con contundencia, eficacia y rapidez, porque, en caso contrario, podría darse la situación de que una posible independencia de Cataluña pasase a ser el menor de sus problemas.

‘QUE NO CUENTEN CON NUESTROS VOTOS’
Así explica VOX su postura ante el acuerdo alcanzado entre PP y Cs en la Junta de Andalucía
La Gaceta   22 Diciembre 2018

Este viernes Partido Popular y Ciudadanos anunciaban un acuerdo programático para Andalucía tras dos semanas de negociaciones.

El acuerdo incluye en primer término una veintena de medidas para cien días, como parte de un documento más amplio de entre 80 y 90 iniciativas para la legislatura, que serían la base de un gobierno de coalición. Los líderes de ambos partidos, Juanma Moreno (PP) y Juan Marín (Cs), han anunciado, en dos actos diferentes, la concreción del pacto programático, que ahora dará paso a una negociación para la Mesa del Parlamento y para la investidura del Presidente de la Junta.

En los primeros cien días se llevarán a cabo, entre otras, medidas para la eliminación de los aforamientos y para crear la comisión de investigación sobre la Fundación andaluza para la Formación y el Empleo (Faffe), según ha informado Juan Marín. Además se pondrá en marcha una ley de despolitización de la administración pública, la ampliación de la tarifa plana para los autónomos, una nueva bajada del IRPF, la certificación de la supresión del impuesto de Sucesiones y Donaciones y un plan de choque inmediato para la mejora de la sanidad y programas específicos de esfuerzo educativo para los estudiantes.

Tras el pacto…
El pacto programático de ambos partidos da paso a la siguiente fase de la negociación -que ya está en marcha- para configurar la Mesa del Parlamento andaluz y para pactar la investidura. Pero todo esto se ha hecho sin contar con un partido, VOX, que se convirtió en la sorpresa de la noche electoral y que, con sus 12 escaños, se ha convertido en fuerza esencial para el cambio político en Andalucía. Sin embargo, Ciudadanos no ha dudado en insultar a los votantes y represenantes políticos de VOX y ha preferido, incluso, plantear al PSOE la abstención para no tener que contar con los votos de la formación de Santiago Abascal.

Así las cosas, este viernes la formación ha emitido un comunicado en el que señala que no ofrecerán su voto para el mantenimiento de las políticas socialistas.

“1. Dijimos, y mantenemos, que no seríamos un obstáculo para el cambio.

2. Tampoco seremos cómplices de la continuidad del socialismo en Andalucía con otras siglas.

3. Ciudadanos y el PP hasta ahora han despreciado la voz de 400.000 andaluces. En ocasiones han llegado a maltratarlos de palabra, y ni siquiera han condenado el acoso y demonización que han sufrido. Se han negado a incluirnos en la mesa de negociación.

4. El grupo parlamentario de VOX exigirá a cualquier futuro gobierno en Andalucía que rechace el “cordón sanitario” que algunos pretenden aplicar a VOX, que condene las amenazas y agresiones que contra VOX alienta la extrema izquierda política y mediática, y que atienda las siguientes cuestiones:

– Devolución de las competencias autonómicas de Educación, Sanidad, Justicia y Seguridad al Gobierno de la Nación.

– Reforma estatutaria para conseguir la supresión de entidades que duplican a otras estatales. Supresión de agencias administrativas superfluas, reevaluación de la utilidad y supresión de gran parte de las Agencias Públicas Empresariales, Sociedades Mercantiles con participación mayoritaria de la Junta, Fundaciones y Consorcios de la Junta de Andalucía y Fondos sin personalidad jurídica.

– Compromiso de reducción al máximo del gasto público de Canal Sur, la eliminación inmediata de uno de los dos canales, con el objetivo final de la supresión de la televisión autonómica sustituyéndola por la emisión territorial de TVE.

– Supresión del 99% de la cuota del Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Reducción de un 5% en el tramo autonómico del IRPF.

– Pruebas de nivel externas al término de cada ciclo educativo y la expresa autorización de los padres (PIN parental) a que sus hijos reciban actividades o contenidos extracurriculares que tengan implicaciones ideológicas o morales.

– Sustitución de la Ley Andaluza de Violencia de Género por una Ley de Violencia Intrafamiliar y derogación de la Ley Andaluza de Memoria Histórica.

– Sustitución de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales por una Consejería de Familia y Natalidad.

– Sustitución del PER por un Plan de Fomento del Emprendimiento en el ámbito rural, combatiendo el fraude en las subvenciones.

– Colaboración total con Policía y jueces para repatriar a los inmigrantes ilegales y para combatir a las mafias del comercio callejero ilegal.

– Plan de apoyo a la tauromaquia y la caza.

5. Los andaluces han pedido un cambio de gobierno, pero sobre todo un cambio en las políticas de la Junta de Andalucía. En VOX no les vamos a defraudar ni nos someteremos a chantaje o desprecio alguno. Por todo ello, anunciamos que el empeño de Ciudadanos de contar con el PSOE en esta nueva etapa (evidenciado en sus declaraciones y contactos) y la sumisión del PP a esta pretensión, en ningún caso contará con los votos de los diputados de VOX en el Parlamento andaluz”.

Republicanos contra la República: Marañón, el arrepentido
Jesús Laínz Libertad Digital  22 Diciembre 2018

El egregio médico y escritor Gregorio Marañón pasó de ser un entusiasta republicano a apoyar al bando alzado de forma inequívoca.

Quizá la Segunda República nunca hubiera llegado, o hubiera llegado más tarde o de otro modo, sin la aportación de unos pocos personajes de enorme influencia en aquellos días. Uno de los más importantes fue, indudablemente, el egregio médico y escritor Gregorio Marañón, figura destacada del liberalismo español de la primera mitad del siglo XX.

Aunque, por hallarse en aquel momento en Francia, no pudo asistir al Pacto de San Sebastián, firmado el 17 de agosto de 1930 por varias personalidades republicanas para aunar esfuerzos en el derrocamiento de la Monarquía, Marañón envió una entusiasta carta de adhesión. Pocos meses después fundaría, junto con Ortega y Pérez de Ayala, la Agrupación al Servicio de la República, de gran influencia en el cambio de régimen.

Hasta tal punto influyó personalmente Marañón en dicho cambio de régimen, que la reunión final entre Alcalá-Zamora y el conde de Romanones, el mediodía del 14 de abril, en la que se decidió la claudicación de los monárquicos y el traspaso de poderes tuvo lugar en su casa. Así lo recordaría don Niceto en sus memorias:
La capitulación de la corona en casa de Marañón fue ofrecida por aquélla sin darnos tiempo a exigirla cual ya habíamos decidido. Reflejóse de ese modo, hasta en los últimos trámites, la honda verdad de que todo régimen muere por el suicidio en que remata y expía sus culpas. Húndense las monarquías por los reyes y sus cortesanos, como hacen perecer las repúblicas sus partidarios más fanáticos.

Efectivamente, no tardarían los fanáticos en desengañar a Marañón y sus compañeros. Así le expresó su desazón a Ortega poco después de las elecciones constituyentes:
Querido Ortega: no me deja el pensamiento de que hemos de decir algo al país en estos momentos. Hemos sido una fuerza grande para traer la república y hemos dado un sentido más alto que el que había hasta entonces al movimiento. Ahora se hunde, precisamente, ese sentido de dignidad. Las pequeñas e inofensivas sandeces de los monárquicos sirven de pretexto para justificar la plebeyez de mala ley de los que nunca supieron hacer nada por el progreso de España ni por la república; y ahora quieren que ésta sea un instrumento de su exclusiva pertenencia. Perdone, pero estoy muy inquieto viendo tanta sandez. Nuestro nombre ha sido la garantía para centenares y centenares de votantes: muchos más de los que están en nuestras listas, y no han votado para esto.

Tras dos años de diputado, abandonó la primera línea de la política y se centró en su trabajo científico. Pero al estallar la guerra, las cosas no se le pusieron fáciles. Por la tibieza que se le sospechaba, tuvo que comparecer dos veces en sendas checas y una ante un tribunal popular. Y el Comité Obrero prohibió la reedición de Raíz y decoro de España porque en una de sus páginas Marañón había escrito: "Yo, que he sido siempre liberal, gracias a Dios". Además, le obligaron con amenazas a firmar un documento de apoyo al Gobierno republicano y a emitir una declaración en el mismo sentido por la radio del Partido Comunista. Así relató al eminente historiador del arte Josep Pijoan lo sufrido a manos de "aquella caterva de asesinos":
Yo he estado cinco meses en Madrid, en contacto con ellos, y le aseguro que toda la intransigencia y la pequeñez de espíritu de todos los obispos y todos los izquierdistas del mundo es poca cosa comparada con la suya. Cuando durante cinco meses he tenido que firmar, pistola al pecho, lo que querían cuatro acólitos de don Fernanditísimo; cuando he tenido que decir por la radio lo que querían, a las 12 de la noche, entre fusiles, comprenderá usted que todo lo de los otros me parece una broma. Me acuerdo de aquel Primo de Rivera, dictador, que me encarceló, como de santa Teresita.

Dado que el horizonte empezaba a oscurecerse, se refugió con su familia en la embajada de Polonia, tras lo que consiguió escabullirse y embarcar en Alicante en un buque inglés con destino a Francia. Al poco de llegar a París, el 21 de febrero de 1937, explicó a Le Petit Parisien los motivos por los que había salido de Madrid:
Me sabía en peligro. Una mañana leí, en el periódico de Largo Caballero, estas líneas destacadas en letras enormes: Si queréis saber los antecedentes de Gregorio Marañón, buscadlos en las listas fascistas. ¡Era una sentencia de muerte! Esta hoja oficial publica, en efecto, bajo esta forma, sus órdenes de ejecución. Los benévolos verdugos, tan pronto como se los alerta, rivalizan en celeridad. Todos aquellos a quienes he visto señalados de este modo han sido asesinados unas horas después de la salida de la edición (…) Los intelectuales que han tenido la suerte de encontrarse en territorio controlado por los nacionales no han visto amenazadas sus vidas ni se han visto obligados a exiliarse. Compruébelo usted mismo: en los hoteles de París y otras ciudades francesas podrá encontrar refugiados políticos españoles. Todos han escapado de la España roja. Ninguno ha tenido que escapar de la España nacional.

Y varios días más tarde tuvo que aclarar ante una asamblea de intelectuales franceses las que a su juicio eran opiniones erróneas sobre lo que estaba sucediendo en España:
No hay que esforzarse mucho, amigos míos. Escuchen ustedes este argumento: el 88% del profesorado de Madrid, Valencia y Barcelona ha tenido que huir al extranjero, abandonar España, escapar a quien más pueda. ¿Y saben ustedes por qué? Sencillamente porque temían ser asesinados por los rojos, a pesar de que muchos de los intelectuales amenazados eran tenidos por hombres de izquierda. ¿Comprenden ustedes ahora, queridos amigos?

Y a continuación enumeró una larga lista de intelectuales que se encontraban en el extranjero, "fugitivos de la España roja", entre ellos Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, García Morente, Pérez de Ayala, Puig y Cadafalch, Jiménez Díaz, Baroja, Azorín, D’Ors, Madariaga, Juan Ramón Jiménez y Gómez de la Serna, huidos todos ellos de un régimen a cuyos dirigentes dedicó Marañón todo tipo de adjetivos en sus artículos y cartas privadas: crueles, ladrones, infames, cobardes, desleales, podridos.

Pocos días más tarde, el 6 de marzo, publicó un artículo en El Pueblo de Montevideo, titulado "Ante la más monstruosa de las pedanterías del crimen", en el que reiteró la presencia en París de refugiados de la España republicana, incluidos numerosos izquierdistas que habían preferido mantenerse lejos de los suyos:
Hoy quedan en la España roja exclusivamente los marxistas y sus prisioneros. Esta verdad es tan patente que cualquiera la puede comprobar sin más que pasearse por las calles de París. Diputados del Frente Popular, ex ministros y altos cargos, periodistas de los diarios de izquierda: apenas falta uno; y a ellos se añade la casi totalidad de la Universidad española. El espectáculo no requiere más comentario que su sola contemplación (…) Los hombres de izquierda no moscovizados están fuera de España. Muchos no se atreven a decir las razones de su destierro. Pero ninguno quiere volver.

En numerosas ocasiones recordó que el estallido de la guerra se había debido a las dos revoluciones provocadas por las izquierdas, como respuesta a la última de las cuales los militares y el pueblo se habían rebelado. Así lo explicó, por ejemplo, en su ensayo Liberalismo y comunismo, publicado en la Revue de Paris el 15 de diciembre de 1937:
Con el pretexto del triunfo de las derechas en las elecciones, intentaron un golpe de mano revolucionario y netamente comunista para ocupar el poder en octubre de 1934. Esto no lo recuerdan en el extranjero, donde no tienen por qué saber la historia de España al detalle, aun siendo tan reciente. Pero los españoles, que no lo han podido olvidar, se ríen del súbito puritanismo con que los mismos que entonces hicieron la revolución contra algo tan legal como unas elecciones, se cubren hoy el rostro con la toga porque una parte del pueblo y el ejército se sublevó, a su vez, dos años más tarde, ante las violencias del poder, algunas de la magnitud del asesinato del jefe de la oposición por la propia fuerza pública (…) La sublevación de Asturias en octubre de 1934 fue un intento en regla de ejecución del plan comunista de conquistar España (…) El movimiento comunista de Asturias fracasó por puro milagro. Pero dos años después tuvo su segundo y formidable intento.

En el artículo para el periódico uruguayo arriba mencionado lamentó que hubiera quienes seguían identificándole con el régimen republicano, puesto que sostenía que dicho régimen había sidosustituido por una dictadura marxista:
La España liberal, cordial y clara que deseamos unos cuantos ha muerto a manos del Frente Popular, más definitivamente aún que la España anquilosada que barrió la dictadura de Primo de Rivera. ¿Qué tengo yo que ver con los que la han matado?

Una de las ideas que más repitió tanto en sus escritos de los años bélicos como en los posteriores, ya regresado a España tras la victoria de Franco, fue su arrepentimiento por haber colaborado en el advenimiento de la República y la acusación a todos los liberales por haber facilitado el camino hacia la revolución y la guerra debido a su "ceguera para los colores", su "daltonismo", su "incapacidad para ver el despotismo cuando aparece teñido de rojo". Así se lo declaró al Petit Parisien:
Sólo una cosa importa: que España, Europa y la Humanidad se vean liberados de un régimen sanguinario, de una institución de asesinos de cuyo advenimiento, por un trágico error, nos confesamos culpables.

En una carta a Menéndez Pidal de octubre de 1937 reprochó a las democracias occidentales no haber apoyado contundentemente a los alzados debido al mismo error que habían cometido previamente los liberales españoles:
Gran error ha sido el de las democracias del mundo, entre ellas la americana, de no darse cuenta de que se ponían inconscientemente al lado de lo más antidemocrático que existe actualmente, que es el comunismo. Todas ellas sufrirán el mismo castigo que nosotros, el que ya anunciaba Tácito, con el que estoy tan familiarizado: la dictadura. No tenemos derecho a quejarnos de ella, pues la hemos hecho necesaria por nuestra ayuda estúpida a la barbarie roja.

Y en marzo de 1939, con la guerra a punto de acabar, reiteró su arrepentimiento a Pérez de Ayala:
Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos; y por haber creído en ellos. ¡No merecemos que nos perdonen! Consolémonos con que los hijos parecen ya a salvo de peligro y con que ellos no se han contaminado con la revolución de Caco y caca.

Su apoyo al bando alzado fue inequívoco desde el primer momento. En febrero de 1937, recién llegado a Francia, declaró que "la victoria de Franco es segura, lo que colmará todos mis deseos". Y a Pérez de Ayala le confesó: "Tengo tal fe en que la causa nacionalista es la causa de España, que la mantendría con todas sus consecuencias". Pocos meses después, mientras su familia veraneaba en el San Sebastián franquista, le escribió lo siguiente a Menéndez Pidal:

Yo tengo mi resolución tomada para el porvenir. Si los rojos (ahora y siempre, comunistas, rusos) ganaran, yo no volvería, jamás, a España. Si los otros ganan, con sus defectos y todo, iré. Prefiero la Inquisición a la Inquisición + pedantería + mentira + hipocresía.

Le enorgulleció mucho que su hijo Gregorio, pudiendo quedarse en París con él, hubiese preferido alistarse al ejército de Franco, donde alcanzó el grado de alférez provisional. En años posteriores ejercería, entre otros altos cargos, los de consejero nacional del Movimiento y procurador en Cortes.

El 29 de marzo de 1939, recién disparado el último tiro, escribió a Pérez de Ayala:
Yo creo que en el espíritu nacionalista, que ha nacido, hay muchas cosas buenas, algunas admirables. Por lo pronto, allí está España. Franco se ha conducido con serenidad, con nobleza. Con pulcritud, con espíritu español.

Y en aquellos mismos días le reprochó a Salvador de Madariaga que creyese las mentiras que la prensa internacional vertía sobre el bando vencedor, entre ellas la de que la victoria de Franco convertía a España en títere de Hitler y Mussolini y base para sus ejércitos:
Ahora ha visto usted que todo lo que desde hace años se decía en el mundo democrático de la guerra de España y de su problema político era mentira. Esta fase final de la guerra prueba no una superioridad de un ejército sobre otro, sino la fuerza de la realidad contra la mentira (…) Puede usted tener por cierto que no quedará en tierra española un italiano. Los alemanes se han ido ya. Se irán como se fueron los ingleses de Wellington (…) Los judíos que fabrican la opinión pública, infecta, de las putrefactas democracias no saben historia. No tienen más que codicia y bilis en el alma. Le hablo a usted sin pasión. Nadie en Europa ha visto a la España nacional. Nadie sabe lo que es. Todavía no ha dicho nadie una cosa que salta a la vista: que Franco es un maravilloso general superior a todos los que andan en activo en el mundo.

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Una humillación insoportable que aboca a las urnas
EDITORIAL El Mundo  22 Diciembre 2018

La democracia española vivió ayer uno de los días más aciagos de su historia. La decisión de Pedro Sánchez de celebrar el Consejo de Ministros en Barcelona degeneró en graves altercados a lo largo de la jornada y proporcionó al independentismo un subterfugio para seguir atizando su desafío al Estado. Lejos de facilitar la distensión y de propiciar la vuelta de la Generalitat al marco constitucional, lo que se escenificó fue un humillante ejercicio de genuflexión ante los promotores del golpe, que no tienen mayor horizonte que el de romper la unidad nacional para lograr la secesión de Cataluña. Sánchez está dispuesto a arrastrarse lo que sea menester con tal de mantenerse en el poder. De otra forma no puede entenderse el empecinamiento en un pretendido diálogo con quienes perpetraron la insurrección del otoño pasado. Una absoluta temeridad que, como se comprobó ayer con la violencia ejercida por los CDR y otros agentes radicales del separatismo, pone en riesgo la convivencia además de la cohesión territorial del Estado.

El problema de Sánchez es que está llegando tan lejos en su aventura de la mano de los secesionistas que ya no puede considerarse un rehén de éstos, sino corresponsable de su estrategia kamikaze. El presidente del Gobierno y Quim Torra representaron un vodevil, tan triste como vergonzante, con una escenografía protocolaria que se asemejaba a la reunión de dos pares políticos, cuando lo que allí se sustanciaba era un encuentro entre el jefe de Gobierno y el presidente de una autonomía que, según mandato constitucional, debe ejercer de máximo representante del Estado en esta comunidad autónoma. El bochornoso comunicado conjunto de ambas instituciones, soslayando cualquier referencia a la Ley Fundamental, precedió a la intervención de Torra en la cena ofrecida por la patronal catalana. En este acto, el presidentse permitió insultar a toda la ciudadanía española y descalificar a nuestra democracia, tildándola de franquista. Todo ello ante la mirada impávida del presidente del Gobierno. El corolario a esta afrenta llegó ayer de boca de Elsa Artadi, quien se permitió acusar al Ejecutivo de "causar inconvenientes" a los ciudadanos por la reunión del Gabinete en la Llotja de Mar, tachada de "provocación" por el secesionismo.

Las cargas de los Mossos y los cortes en más de una veintena de carreteras se saldó con decenas de detenidos. Si no pasó a mayores fue porque los propios mandos secesionistas, incluido Torra, llamaron a la calma en las últimas horas. Esta maniobra acredita que el bloque soberanista -especialmente la Crida de Puigdemont- controla la calle, cuya presión utiliza a conveniencia en función de sus intereses estratégicos. Y ahora es evidente, a la vista de la aprobación del PDeCAT y ERC de la senda de déficit, que el independentismo se inclina por sostener a Sánchez. Saben que explotar su debilidad parlamentaria constituye un filón tan grande como el peligro que representa para la preservación de la idea de España como una Nación de ciudadanos libres e iguales.

Llegados a este punto, la situación de descontrol y desamparo creada por el Gobierno socialista resulta completamente insostenible. La única salida honrosa que le queda a Sánchez es convocar elecciones. Y si se empeña en lo contrario, le tocará a la oposición forzar al presidente a poner las urnas. No puede prolongarse ni un minuto más la vergüenza de un Gobierno cuya deriva arriesga la unidad y la paz social de España.

Sánchez humilla al estado
EDITORIAL ABC  22 Diciembre 2018

Los árboles no pueden impedir a la opinión pública ver el bosque. En términos simples, la «tournée» de Pedro Sánchez por Barcelona se ha saldado con un triunfo anímico y político innegable de Joaquim Torra. Ha habido claudicación del Gobierno español al sumarse a un comunicado infame que no hace alusión alguna a la Constitución o a la exigencia de cumplir la ley. En ese comunicado, repleto de eufemismos ilegibles, se diagnostica además un «conflicto» entre dos iguales empleando la misma terminología que en su día utilizaba ETA, y se promete «vehicular una propuesta con amplio apoyo de la ciudadanía catalana», lo que ha dado pie a que el secesionismo interprete la disposición de Sánchez a celebrar un referéndum. Ha habido cesión política y humillación formal ante el separatismo sin que a estas horas ni un solo español sepa qué concesiones de fondo discutieron Torra y Sánchez. España aún no sabe cuál será el precio a pagar para que Sánchez, el falso presidente de la transparencia, pueda prorrogar la legislatura. Pretender que los españoles se contenten con los gestos de teórico apaciguamiento y de diálogo es una estafa masiva a todos los ciudadanos, que Sánchez comete con absoluto desprecio a la Constitución. Poco después de la reunión, un socialista como Javier Lambán tildó a Sánchez de «pusilánime». No está mal como argumento sincero para que despierte ese amplio sector del PSOE discrepante de los muchos abusos que Sánchez comete en nombre de ese partido.

Lo relevante no es la protección del orden público en Cataluña, sino la garantía del orden político. Y Sánchez está incurriendo en una alarmante dejación de funciones empleando su poder de modo cuasi-prevaricador. España no está en conflicto con una de sus comunidades autónomas. Más bien es una parte de esa comunidad la que se ha declarado en rebeldía por su odio a España, fracturando Cataluña y causando una inmensa grieta emocional que está empobreciendo a sus ciudadanos. ¿Por qué ha de asumir el Estado que está en conflicto con Cataluña? ¿Y por qué habría de resolver un problema que el Estado no ha creado? Hay un problema político. Sí. Y debe resolverse por vías políticas. Bien. Pero jamás saltándose la legalidad vigente, porque no es permisible y nos vincula a todos los españoles, sin excepción. Porque si eso ocurre, como ha ocurrido, la vía política debe dejar paso a la vía penal. España no puede sentir un complejo de inferioridad institucional respecto a la Generalitat, y mucho menos claudicar mintiendo a la opinión pública sobre el resultado de una conversación que tiene todos los visos de ser infamante.

En su estrategia para sobrevivir a toda costa con solo 84 diputados, Sánchez no solo arrastra al PSOE a un precipicio electoral. Arrastra a todos los españoles, a los que usa como rehenes para alargar al máximo la legislatura. La prueba evidente es cómo permitió, durante la cena del jueves posterior a la cita con Torra, que este reivindicase en su discurso el derecho de autodeterminación una vez más, con Sánchez en silencio. La desautorización del Gobierno de Sánchez al histórico discurso pronunciado por el Rey hace un año es evidente. También es ofensiva para muchos millones de españoles la rehabilitación moral de la figura de Lluis Companys. Sánchez pertenece a esa estirpe de políticos que quieren dar por superados los consensos del año 1978, que ha vulnerado las normas no escritas accediendo al poder sin ser el candidato más votado, y que forzó una moción de censura con socios chantajistas, antiespañoles y poco recomendables, incumpliendo su propia palabra de convocar elecciones. Ningún Gobierno extranjero posa con Torra ni con Carles Puigdemont. Nadie en el planeta les concede la atribución o el derecho a constituirse en república separándose de España. Nadie justifica su pisoteo constante del Estado de Derecho y la legalidad española. Y nadie, salvo Sánchez, pone su fuerza a disposición de la eterna campaña de propaganda del separatismo. Que el independentismo esté dividido no es un triunfo del Gobierno. Es, más bien, ese alambicado desprecio que sienten muchos independentistas y nunca puede ser una coartada para que Sánchez exhiba musculatura política. Hay mucho de rendición en todo esto.

Hoy Cataluña está peor que hace un año, pero venció Torra ofreciendo una imagen claudicante de nuestras instituciones, representadas en un presidente del Gobierno tan henchido de vanidad que es incapaz de ver la trampa en la que está metiendo a España. Si Sánchez pretendiese autorizar una votación en Cataluña, está obligado a planteárselo a los españoles y no a ocultarlo en busca de votos para aprobar sus Presupuestos, o de fotografías vergonzantes. ABC ya es plenamente consciente de que el clamor para que convoque elecciones generales es estéril. Su oportunismo, su capacidad de resistencia y su inanidad intelectual para pensar en algo bueno para España se lo impiden. Sánchez solo vive para seguir siendo Sánchez. No hay más.

España no se merece un presidente que permite humillar a España

OKDIARIO  22 Diciembre 2018

Pedro Sánchez está perdido en medio de una tempestad golpista y tarde o temprano naufragará. Como Jefe del Ejecutivo, el socialista sólo tenía dos caminos a la hora de atajar la crisis social y política en Cataluña tras el 1-O: hacer uso de la Constitución española aplicando el Artículo 155 o susurrar al oído de Quim Torra todo lo que el separatista quiere oír. Sin duda alguna, Sánchez ha decidido ser sólo el presidente de los golpistas catalanes y ha condenado a los españoles a la humillación.

Este jueves España ha sufrido un gravísimo ultraje por parte de Sánchez. El presidente de España ha tratado a Torra como si fuera un Jefe de Estado más, como si Cataluña, lejos de tratarse de una parte de nuestra nación, fuera un país con entidad propia. Ha permitido reunirse en una sala del Palacio de Pedralbes dominada por dos flores de Pascua amarillas –el simbólico color de los golpistas–, a través de las cuales se pedía descaradamente la libertad de los instigadores del procés encarcelados por perpetrar un Golpe de Estado. Y no sólo eso, además ha alimentado las ansias de poder de los secesionistas abriendo la puerta a un referéndum no vinculante atropellando por completo la Carta Magna.

Y, por si la afrenta a España no había sido suficiente, el Gobierno, haciendo una reverencia a los golpistas, ha calificado la cumbre de “positiva”, mientras que Elsa Artadi, la consejera de Presidencia de la Generalitat, no ha tardado en despreciar el gasto que ha supuesto el traslado de este Consejo de Ministros a las arcas públicas. Un erario, por cierto, del que sale mensualmente su salario como cargo público. “Para aprobar acuerdos menores, quizá no hacía falta venir”, ha dicho con desdén la catalana refiriéndose a la condena del consejo de guerra de Lluís Companys y el cambio de nombre de El Prat que ahora se llamará Josep Tarradellas.

Los humillados españoles, como si del arte del toreo se tratara, ya le han dado a Sánchez un primer aviso haciendo una sangría de votos en Andalucía. El permanente servilismo del presidente a los golpistas catalanes tendrá consecuencias electorales para el PSOE y mandará a Sánchez a los toriles de Ferraz, el lugar del que probablemente jamás debió salir porque no ha sido capaz de ganar ninguna de las dos elecciones generales a las que se presentó.

Traición

Luis Herrero ABC  22 Diciembre 2018

No era verdad casi nada de lo que nos habían dicho. A Sánchez no se le heló la sangre el día 2 por la noche, cuando los ordenadores de su despacho escupieron los datos de la gran debacle andaluza. Tampoco se comprometió a rectificar su política de tonteo con el independentismo catalán. La subida de tono de sus palabras en el debate monográfico sobre Cataluña no era el preludio de la ruptura con Torra. Las súplicas desgarradas de sus barones, aterrados por la muerte que les aguarda en el cadalso de las elecciones de mayo, le entraban por un oído y le salían por el otro. No era cierto que estuviera arrepentido de haber convocado el Consejo de Ministros en Barcelona. No iba a rastras al encuentro de Pedralbes, como un novio de conveniencia que ya no puede dejar plantada a la novia en la puerta de la Iglesia.

Sánchez, aunque no lo supiéramos, había decidido ponerse el mundo por montera, desoír el recado de las urnas andaluzas, desatender las demandas de los suyos y ceder a casi todas las demandas de sus anfitriones: reunión paritaria de varios miembros, en terreno neutral, con comunicado conjunto, el día antes del Conejo de Ministros. Lo único que consiguieron sus negociadores fue reducir de ocho a seis el numero de participantes, que estuvieran de pie —como en un cóctel sin copas ni canapés— y que las flores de Pascua del atrezzo no fueran solo de color amarillo. Bastaba con eso, según los cabezas de huevo de La Moncloa, para que los voceros de turno pudieran defender que no había habido una cumbre bilateral entre Gobiernos distintos.

Pero da igual. Todos sabemos que sí la hubo. Entre los recursos casi ilimitados que tiene el poder no figura el de fijar la definición de las palabras. Cumbre significa lo que dice el diccionario que significa, no lo que Lastra o Fernández Vara se empeñan en pregonar invadiendo competencias que no les corresponden. No es un concepto que dependa de la nacionalidad de los protagonistas, de su postura corporal o de las peculiaridades cromáticas del recinto donde se celebre. ¿Hubo reunión? La hubo. ¿Acudieron dignatarios nacionales del máximo nivel? Asistieron. ¿Se trataron asuntos de especial importancia? Se trataron. Pues eso, sintiéndolo mucho, es una cumbre como un castillo. Y si alguien no está de acuerdo que dirija las quejas, por favor, a la Real Academia de la Lengua.

Siendo grave que la cumbre se celebrara, tal y como exigía el Gobierno catalán a pesar de los mohines iniciales del Gobierno de España, lo peor de todo es que sirvió para asestarle un rejón de muerte a la Constitución española. Su referencia explícita fue suprimida del comunicado conjunto a petición catalana. La búsqueda de una propuesta política de amplio social, a la que se comprometieron los dos presidentes, se hará dentro del marco de la «seguridad jurídica» y no de la Constitución, tal como inicialmente pretendía el Gobierno de España que se explicitara. Para tranquilizarnos pretenden hacernos creer que son términos intercambiables. La seguridad jurídica —explican— la delimita el respeto a la Constitución. El argumento no es solo una innoble bajada de pantalones. Es una trola monumental.

Si son conceptos intercambiables, ¿por qué pidió Torra que se cambiaran? El derecho de autodeterminación no cabe en el ámbito de la Constitución del 78, pero, según lleva diciendo el independentismo catalán desde el minuto uno del procés, es un principio fundamental recogido el algunos pactos internacionales de Derechos Humanos. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que los separatistas quieren trasladar el debate del referéndum al plano de la «seguridad jurídica» del Derecho internacional público, relegando la Carta Magna española al desván de los trastos viejos. Sánchez se lo ha puesto fácil. ¿Cómo se llama ese acto de deslealtad con la soberanía del Estado? Pincho de tortilla y caña a que si lo miran en el diccionario darán con la expresión correcta. Según la RAE se llama alta traición.

El 21-D y la lenta liquidación del PSOE
José Antonio Zarzalejos elconfidencial  22 Diciembre 2018

El socialismo es irrelevante en Francia; prácticamente inexistente en Italia; en recesión en Alemania y fuera del poder en los países nórdicos. Pedro Sánchez puede ser el dirigente del PSOE que inicie en España su lento proceso de liquidación. Pareció que el presidente del Gobierno entendió el mensaje de las urnas el pasado 2-D andaluz y reposicionó su política respecto de Cataluña en un muy correcto y razonable discurso el pasado día 12 en el Congreso de los Diputados.

Sin embargo, apenas ocho días después —el jueves en Barcelona— se olvidó de sus denuncias de las "mentiras y falacias" del independentismo catalán, se retrató en "foto de familia" con Torra y dos de sus consejeros —antaño culpables de la impostura que él mismo detalló en el Parlamento— y suscribió un comunicado conjunto con la Generalitat que, además de pésimo en su redacción, compra el lenguaje separatista, sustituye la mención expresa de la Constitución por la de "seguridad jurídica" y promete "una iniciativa política que cuente con un amplio apoyo en la sociedad catalana", lo cual podría ser tranquilizador para los ciudadanos que allí aboguen por su república pero resulta inquietante para los catalanes y el resto de los españoles afectos a la Constitución.

No es fácil interpretar a un político como Pedro Sánchez aunque quepa deducir algunos de sus rasgos idiosincráticos. El más acusado en su personalidad es la forma errática de conducirse. Puede afirmar una cosa y su contraria mediando apenas unos días o semanas. El enunciado de sus contradicciones e incongruencias es largo y, aunque la política no es el paradigma de la coherencia, conviene no abusar de la capacidad de aguante de los ciudadanos. El presidente del Gobierno, sin embargo, desempeña sus responsabilidades con una liviana conciencia de la gravedad que comportan y de la trascendencia de sus decisiones. Es un tipo que cabalga en la imprevisibilidad, lo que le permite desdecirse o afirmarse en función de la conveniencia de la coyuntura. En ese sentido su 21-D es paradigmático.

Sánchez tiene la virtud de sacar de quicio a la oposición que debería moderarse en los decibelios con los que acompaña su lenguaje para no distraer a los electores de la observación de los episodios que protagoniza el inquilino de la Moncloa, expresivos por sí mismos. Porque de la misma manera que la trama política convencional no permitió anticipar el descalabro del PSOE en Andalucía y la emergencia de Vox, tampoco ahora se ve —pero ya sí se siente— que el socialismo bajo la gestión de Sánchez parece estar renunciando, no sólo a su vocación de poder, sino a su identidad como partido nacional.

No lo es una organización cuyo secretario general mantiene la ocurrencia de un Consejo de Ministros en Barcelona —inicialmente pensado como un gesto normalizad—, ridiculizado ayer por Elsa Artadi, que blinda policialmente la ciudad y propicia, en las circunstancias más adversas, una "cumbre" (lo fue porque tuvo la parafernalia que acompaña a estos eventos) con un Ejecutivo autonómico tributario y subalterno de un grupo de políticos huidos de la justicia y otro de presos preventivos acusados de delitos de rebelión, sedición, malversación y desobediencia.

Ciertamente hay en la crisis catalana componentes muy fuertes de carácter político. Pero pesan mucho más a fecha de hoy los que fueron de naturaleza presuntamente delictiva, en los que se afirman y confirman los interlocutores de Pedro Sánchez aunque queden obviados en ese desafortunado y torpe comunicado conjunto —de Gobierno a Gobierno— del pasado jueves. Y hasta que no se depuren responsabilidades y se rectifique —con palabras y con hechos— el propósito de quebrar la integridad del Estado (asumiendo que la invocación de la vía eslovena fue un disparate), no se plantearán las condiciones que posibiliten un abordaje productivo de la crisis en Cataluña que no pasa por "la seguridad jurídica", sino por la plena vigencia de la Constitución de 1978.

Mientras Sánchez anteponga su interés por permanecer en la Moncloa y evitar la precipitación de unas elecciones —objetivo que parece haber conseguido aunque no se aprueben en el trámite final los Presupuestos Generales del Estado— a la defensa del Estado y de la normalidad democrática, el socialismo irá entrando poco a poco en liquidación. Lo saben bien los alarmados barones territoriales del PSOE que con sus dispares declaraciones —Fernández Vara, Lamban, García Page— han convertido la organización en una jaula de grillos de la que conviene apartarse para que sus contradicciones e incoherencias no contagien el buen juicio de un electorado socialista que solo José Félix Tezanos cuantifica por lo alto desde la atalaya del CIS, pero que la mayoría de los otros sociólogos observa refugiada en la abstención o en fuga hacia Ciudadanos, cuando no a opciones extremas. En fin, Sánchez bien podría seguir perforando el suelo electoral de su partido.

Ridículo sobre ridículo
César Alcalá. vozpopuli   22 Diciembre 2018

La verdad es que llevamos dos días haciendo el ridículo a nivel internacional. Por una parte, la puesta en escena de Pedro Sánchez. Como que su intención es permanecer en la Moncloa sea como sea, le importa muy poco si la escenificación es positiva o negativa para España y para su partido. Permitir que la nota de prensa pusiera “conflicto” y permitir que Torra lo repitiera ante Fomento, es otro ridículo. Conflicto es entre dos países y, si en 24 horas no han cambiado mucho las cosas, Cataluña sigue formando parte de España. Puede haber desavenencias políticas, se puede maquillar la frase, pero nunca poner “conflicto” y menos sacar la palabra “Constitución” para que estos señores del procés no se rajen las vestiduras.

También lo es intentar dar prebendas a unos políticos que sólo tiene en mente una: la independencia. El Consejo de Ministros ha aprobado que el aeropuerto de El Prat se llame Josep Tarradellas. La idea debemos aplaudirla. Si todos estos señores hoy se han podido manifestar y otros marean la perdiz con el procés es porque, hace 40 años, un ex presidente regresó del exilio y negoció con Adolfo Suárez que se restaurara la Generalitat. El problema es que, para los independentistas, Tarradellas es un traidor que se vendió a los socialistas. Tarradellas es un apestado dentro de ERC y esta noticia, en vez de provocar alabanzas, ha suscitado recelos y cabreos. Ninguno de ellos está contento con esta decisión.

Juicio a Companys
La otra decisión, anular el juicio a Companys, es un brindis al sol. Desde hoy a ese señor no se le juzgó. Ahora bien, fue juzgado y sentenciado. El Consejo de Ministros ha maquillado la historia. Sólo faltaría que lo resucitara. Para los independentistas este gesto bueno, está bien, pero como que no. Ellos son felices reconociéndolo como “mártir” y todo el misticismo que lo envuelve ya tiene amortizado que ese juicio fue un error. Es más, no hará más de un año que la Generalitat ya anuló el juicio. Ahora tendremos que ver cómo se explicará la historia. Tendremos a un señor que la Gestapo entregó a Franco y murió. Lo del medio se lo tendrán que inventar, pues gracias al gobierno de Sánchez no existió juicio ni sentencia.

No se habla de que el Consejo de Ministros ha autorizado la licitación por 85 millones de euros para conservación de carreteras; licitación obras para acondicionar N-II entre Tordera y Maçanet por 27,5 millones de euros, y contratos para construir la variante de Valls a Montblanc o los enlaces a Castellbisbal. Esto no importa. Lo realmente importante era hablar de la autodeterminación, del referéndum y de la independencia. Todo lo demás, peccata minuta.

El ridículo también lo hizo Torra al no quedarse a la cena de Fomento porque asistía a la lectura de unos textos de exiliados del 1939. Teniendo en cuenta que en aquella reunión estaba el 70% del PIB, uno puede pensar que son más importantes unos escritos. Con ello demostró lo que le importa de verdad a Torra. También cuando quiso vender a los suyos que aquello era una cumbre entre dos países y, claro, como que él es el jefe de la república, recibió al presidente del país vecino en el Palacio Real. Este es uno de los traumas de los republicanos, que siempre han aspirado a ser reyes, siendo plebeyos.

Por último el ridículo de los CDR. Primer eslogan: “No realizarán el Consejo de Ministros”. Lo han hecho. Segundo eslogan: “No saldrán de la Llotja de Mar”. Todos están en casa. Querían bloquear Cataluña. Algo han hecho y han fastidiado a muchos ciudadanos, pero al cabo de pocas horas se han cansado. Y a la hora de comer todos a casa. Como ayer al cortar la Diagonal. A las 21:24 decidieron poner fin al corte, porque los esperaban en casa para cenar. Y siempre estamos igual. En las redes hay mucha frustración. Una de ellas explica que lleva en pie desde las 3.50h y no le ha servido para nada. ¿Qué se esperaba?

El gran problema es que están cabreando mucho a toda esta gente. Aparte de la frustración que llevan desde el 1-O cuando les prometieron el maná y se quedaron en ná. Les han vendido una película imposible de filmar, porque desde el primer momento todos ellos saben que la independencia es imposible. El problema es la cobardía de todos ellos para explicarles la verdad. Porque si la explican se les ha acabado el chollo.

Y ese es el fin del ridículo que hemos vivido estos dos días. Sánchez ha conseguido, con la votación de ayer en el Congreso, estirar un poco más su permanencia en Moncloa. Torra y los suyos han conseguido estirar un poco mas el chicle, para seguir viviendo del procés porque, cuando esta pantomima se termine, muchos lo pasarán mal porque no saben hacer otra cosa.

El anarquismo catalán
Pablo Mosquera  latribunadelpaisvasco.com  22 Diciembre 2018

El solsticio del invierno 18 en el siglo XXI, tiene una cita, a priori, muy preocupante. Cataluña y su capital Barcino, son un espacio que se lo disputan el orden legal y los CDR alentados por un iluminado. Sólo a un enfermo, que se ha llegado a creer sus propias mentiras, desde la más alta jerarquía del Estado en la Comunidad, se le ocurre soliviantar a los sectores más radicales del anarquismo.

No voy a discutir la oportunidad de celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona, con la que está cayendo. Ni siquiera sé qué se pretende: buena voluntad para con la Generalitat, incluso reconocimiento expreso de su papel como interlocutores de un nuevo pacto con el Estado. Provocación maquiavélica, para tener razones, motivos y hechos, que justifiquen intervenir la autonomía catalana desde el Estado. Entretener al personal con dos visiones: la de quienes hablan de cumbre entre Estados; la de quienes muestran la capacidad irrenunciable del Gobierno de España para reunirse donde le dé la gana, y hacerlo como primer acto electoral a inventario de una muy próxima convocatoria electoral.

La realidad resulta tozudamente histórica. Los catalanes de la CUP son anarquistas. Han usado a Ezquerra y los restos convergentes para avanzar hacia lo orilla de la confrontación con el Estado. No se conforman con más autonomía. Sólo admiten la República Catalana. Para ello, están dispuestos a poner toda la carne en el asador. Y así, al iluminado de turno -Torra- le traicionó el subconsciente cuando se refiere al modelo Esloveno.

¿Qué parte del Proceso no han entendido?. Como en toda revolución, los primeros sujetos de la misma se verán superados, criminalizados y desechados por los que vienen empujando. Ahí es en lo único que obedecen al todavía "honorable Torra". Al narcisista Presidente del Gobierno, sólo le preocupa seguir en la Moncloa, y en el peor de los escenarios, dirá dos frases. Lo he intentado mediante el diálogo. He conseguido reeditar otra vez la mayoría en el Congreso de los Diputados para aprobar el techo del gasto público para las cuentas del próximo 2019. ¡Magnífico!

No parece importarles a ninguno de los dos mandarines que hay convocadas toda suerte de protestas, manifestaciones, actos de sabotaje de la vida ciudadana y alguna que otra acción cargada con tintes de violencia, que se sabe como empieza pero nunca como termina. Y es que cada vez más lo que era un rumor silente, se hace más fuerte y generalizado. Alguien puede estar preparando alguna muerte que sea el detonante de cuanto peor, mejor.

Sólo se me ocurren tres preguntas, que no sé a quién corresponde autoridad y responsabilidad para contestar. ¿Qué sentirán los españoles que residen en Cataluña, con respecto a la garantía de sus derechos ciudadanos?. ¿Qué se puede esperar de la actuación de los diecisiete mil Mossos armados y competentes en materia de seguridad?. ¿Cuántos votos añadirán los sucesos del 21-D al zurrón de la extrema derecha?.

Y llegados a esto último. ¿Quién ha dado alas para volar a VOX?. ¿Todos los votantes de VOX son de extrema derecha?. ¿ No hay nadie que sea capaz de analizar las coincidencias entre el primer tercio del siglo XX y tal misma etapa del XXI, en Europa?. Y en caso de repetir la tragedia, ¿a quién habrá que reclamar por el desastre?.

¿Cuánto tiempo permanecerá Sánchez en la Moncloa y cuál será el precio: reversible o irreversible?. ¿Las concesiones hechas en Barcelona, serán verdad o luego, una vez logrado el consenso preciso para aprobar los presupuestos, quedarán en agua de borrajas?. Si así lo han planeado en el PSOE, ¿qué consecuencias tendrá para Cataluña?. Creo firmemente que Sánchez trata de emular al mejor Adolfo Suarez de la transición, cuando era capaz de decir algo y lo contrario, lo que le valió el calificativo de tahúr.

Nada será igual que antes. Las reformas precisas para que los nacionalistas catalanes se encuentren cómodos en España suponen reformas que la dignidad autonómica de los demás fragmentos del Estado de las autonomías no aceptarán. Ha pasado el tiempo de los Derechos Históricos de unos pocos, o el modelo de asimetría del Estado. Además, y vuelvo a repetirlo, los independentistas catalanes sólo se conforman con la declaración de la República Catalana, como Estado propio, independiente del Estado Español.

Hay que estar loco para invertir en Cataluña. Lo más prudente será marcharse antes que la tormenta adquiera toda su intensidad. Hoy Cataluña se ha convertido en un punto negro para la convivencia. Europa debe reflexionar sobre el "Proceso". No por los presuntos derechos, si por la ausencia de Ley, que se puede extender a otros rincones de la frágil unidad en torno al euro, o a unas instituciones dónde sus miembros se dedican a ganar dinero.

Me decía un amigo español, culto y viajado, que lo acontecido en Euskadi, salvo por el número de víctimas, se ha quedado corto en relación con el Proceso. Los vascos de Arzalluz nunca llegaron tan lejos.

España vuelve a ser víctima de una maldición. Cualquier Gobierno que llega consigue hacer bueno al anterior. Así es el nivel de los políticos. Así es el patriotismo de tales individuos. Así es la relación entre ambición personal y espíritu de servicio a la Ley y a la dignidad ciudadana.

Esta vez la felicitación navideña no puede ser de paz, tengo que inspirarme en las intifadas Palestinas, para exigir que los españoles residentes en Cataluña sean amparados por el Estado de Derecho Constitucional.

La moción de Companys
Javier Somalo Libertad Digital  22 Diciembre 2018

Resulta sobrecogedor que la Rendición de Pedralbes, que es la Traición de la Llotja, tenga como personaje a Lluis Companys, desagraviado este viernes por el Gobierno de Pedro Sánchez, que ya les ha cogido el gusto a los golpistas catalanes de ayer y de hoy.

El golpista sanguinario de 1934, idolatrado por la ERC, resume a la perfección lo sucedido 84 años después. Da miedo observar las innumerables similitudes, incluida la parálisis de esas "derechas", aunque la CEDA que ganó en el 1933 tenga poco que ver con los partidos de hoy. El caso es que la República bien valía un golpe si, por la vía de las urnas y con mujeres votando, salía vencedora la derecha. La II República tenía que ser de izquierdas o no ser, y si la derecha ganaba unas elecciones se acabó la legalidad. Como diría aquel, "alerta antifascista".

Parece como si ese PSOE que perpetró con la ERC el golpe de 1934 contra la legalidad de la República quisiera rehabilitar a su compinche de la Generalidad –ayer Companys, hoy el prusés de tantos– para marchar juntos al Valle y anunciarle revancha a Franco, general entonces al servicio de la misma República. Para compensar, o más bien como burla final, en el mismo Consejo de Ministros de la Llotja de Barcelona se ha decidido que el aeropuerto de El Prat se llame Josep Tarradellas y que así el puente aéreo que tanto se usaba antes del AVE vaya de Adolfo Suárez a Tarradellas y viceversa. Pero con Companys redivivo.

Recomiendo a los muchos lectores de Memoria del Comunismo de Federico Jiménez Losantos, y a los que aún no lo han leído, acudir de urgencia –o releer si ya lo han sobrepasado– a las páginas 444 y siguientes. Ahí se pueden consultar las muchas usurpaciones de poderes del Estado central en Cataluña que perpetró Companys y que, además, sirvieron para afianzar su régimen de terror personal.

El de ahora es un golpe a doble vuelta. La primera la ideó José Luis Rodríguez Zapatero desde el gobierno central en el año 2004 apoyándose en una comunidad autónoma. Incluyó pactos con Carod Rovira y con ETA para que el terrorismo no matara en Cataluña. La segunda, fruto de esa semilla, surge de una comunidad autónoma apoyándose en el poder central. En ambas, la víctima es la libertad. Otro perverso puente aéreo contra España por mucho que bauticen aeropuertos.

Así que van al menos tres: 1934, 2004 y 2018. Y en el de 1981, el de Tejero, el PSOE no salía mal parado con una vicepresidencia de asuntos políticos fraguada quizá en aquellas comidas del general Armada y el socialista Enrique Múgica en Lérida. Verso a verso.

Traición es la palabra que define, sin exageraciones, lo sucedido. La han usado, de una u otra forma, los tres partidos que podrían echar al PSOE de Andalucía –sucederá en el resto de España– si el PP y, sobre todo, Ciudadanos quisieran mirar más allá de sus zapatos contando los 400.000 votos de VOX. Traición, como afirma con rotunda sencillez el editorial de Libertad Digital, eslo que ya puede llevarse Pedro Sánchez como ópera prima aunque, hasta en esto, haya mucho de plagio.

Un gobierno salido de una moción de censura es provisional y debería tener limitación de funciones. Pero llegar a la traición estando en funciones, sin siquiera votos, es la peor afrenta que pueda cometerse. Acaba de golpe con la legitimidad que pudiera conservar. No es Torra, ni Puigdemont, ni Junqueras, sino Sánchez el que más empieza a parecerse a Companys.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

DISEÑA UN DOBLE REFERÉNDUM DE CONSTITUCIÓN Y ESTATUTO CATALÁN
Sánchez prometió a Torra un referéndum sobre el Estatut que tumbó el Constitucional
Carlos Cuesta okdiario  22 Diciembre 2018

El plan de cesión de Pedro Sánchez ante Quim Torra está en la mesa. El documento base ya ha sido elaborado y cuenta tanto con el visto bueno del PSOE como del PSC, que es el interlocutor directo con los partidos separatistas. El esquema apunta a un doble referéndum pero sobre textos distintos: toda España votaría una reforma constitucional a la carta de las cesiones máximas admisibles dentro de las exigidas por los golpistas. Y, más tarde, sólo los catalanes votarían sobre una reforma del Estatut de Autonomía para llevar estas cesiones a su nivel más exagerado dentro de los márgenes de interpretación constitucional.

La reforma previa constitucional está pensada de este modo para dar cabida a un mayor grado de cesión de competencias y parcelas de poder a la Generalitat. La segunda fase se deberá celebrar en territorio catalán y por medio de un referéndum que dé cobertura legal a un nuevo Estatuto de Autonomía en el que se recuperen todos los puntos declarados ilegales por el Tribunal Constitucional en la época de Zapatero.

Ese es el plan. Complejo y de dilatada materialización. Abocado a no contentar a los separatistas -inmersos ya en el golpismo más puro-, pero que ha sido elaborado por el Ejecutivo con el objetivo de llegar al máximo posible de cesión ante los golpistas que puede permitir la barrera de la Constitución. Tanto que, de hecho, se ha planteado una reforma previa ad hoc de la Carta Magna para ensanchar ese margen de sumisión y no caer en inconstitucionalidad.

Doble votación
El texto de las premisas bases está ya en poder de los socialistas catalanes y recoge un poder para sancionar de nuevo todos los acuerdos por medio del voto. “No habrá solución legítima ni estable que no sea sometida al voto de toda la ciudadanía”, señala el documento. Y para ello, “defendemos una doble votación: primero, la nueva Constitución federal acordada deberá ser votada por todos los ciudadanos y las ciudadanas de España; y segundo, los catalanes y las catalanas votaremos sobre el nuevo Estatuto federal, que mejorará y ampliará nuestro autogobierno dentro de un nuevo marco constitucional federal”.

De este modo, y en dos fases, se daría una apariencia de votación tanto por toda España como sólo por Cataluña, pero con un truco intermedio: que todos los españoles votarían una reforma ad hoc de la Constitución y luego sólo los catalanes harían lo propio sobre el Estatuto.

La reforma previa constitucional, por su parte, abriría el melón al famoso esquema “de un Estado plenamente federal, democrático y social, garantizando mecanismos de participación de los entes federados en la formación de la voluntad común del Estado” y, por supuesto, incluyendo ya “el reconocimiento de la identidad nacional catalana; delimitando con precisión los espacios competenciales; reformando profundamente las instituciones, incluyendo la creación de un Senado federal con competencia exclusiva sobre las leyes de cooperación horizontal; garantizando los recursos necesarios para la prestación de los servicios públicos y el desarrollo de las políticas públicas (Pacto Fiscal Federal); consolidando y ampliando las conquistas sociales en la Constitución federal, para garantizar el carácter social del Estado, así como profundizando en su carácter democrático”.

Concierto económico a la vasca
En esa reforma se incluiría, por lo tanto, el posible avance hacia un sistema de concierto económico en Cataluña bajo la forma de un pacto fiscal -similar al vasco-.

Todo ello, se realizaría, además, profundizando en el concepto de “España nación de naciones”. Porque el documento del PSC reciben elaborado y en el que se recogen los objetivos políticos de los socialistas de cara a 2019 señala por otro lado que “la realidad es que Cataluña es una nación plural y diversa y España una nación de naciones”.

Semejante afirmación devuelve oficialmente a los socialistas de Sánchez al momento de máxima cesión frente al independentismo visto a lo largo de su carrera política.

Para ellos, “España integra un conjunto de pueblos con singularidad propia, pero con vínculos sociales, culturales y políticos que los han mantenido unidos. […] Es por ello que, como siempre hemos defendido, el hecho de reconocer Cataluña como nación y España como un estado plurinacional, no rompe la unión política de España ni da a los catalanes derechos distintos de los del resto de españoles”. El documento lanza esta afirmación pero pasa de puntillas para no explicarla.

Esa reforma constitucional dejaría abierta la puerta de par en par a múltiples cuestiones tumbadas en su momento por el Tribunal Constitucional por su evidente ilegalidad tras ser tramitadas en el Estatuto de Zapatero. Entre esas materias se encontraba el fraccionamiento del Consejo General del Poder Judicial nacional para dar cabida a uno catalán, la práctica eliminación de la aportación de Cataluña al sistema de solidaridad de los territorios españoles con menor riqueza, o la capacidad de decisión absoluta de la Generalitat para fijar el régimen penitenciario de, entre otros, los que sean condenados por el golpe del 1-O. Y todo ello volvería avalado ya, sólo, por una votación de los habitantes catalanes.

Tobogán de trampas
El Gobierno ha ideado un paralenguaje que burla la lógica
Luis Ventoso ABC  22 Diciembre 2018

Acabó el fin de semana de gloria de Sánchez en Cataluña. La montaña que parió un ratón. Nada ha arreglado. Pero deja a millones de españoles con un regusto amargo de humillación en el paladar tras ver a un presidente, al que soportan sin haberlo elegido, adulando al líder separatista catalán solo para intentar que le prorrogue su estancia en La Moncloa. Las penosas jornadas de ayer y anteayer han constituido un nuevo festival del eufemismo y la realidad paralela:

-«De la confrontación hemos pasado a la concordia». Tal fue el balance triunfalista que hizo ayer Sánchez... mientras lo rodeaba un despliegue de diez mil antidisturbios para poder celebrar un simple Consejo de Ministros en Barcelona (para hacernos una idea de la dimensión del despliegue cabe recordar que Estados Unidos controla Afganistán con 15.000 soldados). Calles cortadas, ciudadanos temerosos de desplazarse y legiones de policías. En efecto: impera «la concordia».

-Es necesario «avanzar en una respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía de Cataluña en el marco de la seguridad jurídica». Eso decía el comunicado conjunto del Gobierno y la Generalitat tras la reunión Sánchez-Torra. De manera vergonzosa, el Gobierno evitó referirse a la Constitución, porque tal alusión no agradaba a sus aliados separatistas. Sánchez esconde la Carta Magna bajo la alfombra, cuando por su cargo tiene el deber de defenderla.

-El Gobierno y sus aliados han aprobado en el Congreso levantar el techo de gasto y la ministra portavoz Celaá advirtió ayer que si el PP revierte esa decisión en el Senado estaremos «ante una anomalía democrática». La auténtica anomalía democrática es una ministra que se niega a admitir que el Senado forma parte de nuestro ordenamiento constitucional y que pretende saltarse la Cámara Alta solo porque allí ostenta la mayoría un partido que no es el suyo. Sectarismo y burramia democrática. Sin complejos.

-«El diálogo es la única manera de encauzar el conflicto con Cataluña». Espinosa frase, con la que el Gobierno recupera la jerga creada por ETA («el conflicto») y asume implícitamente que existe una enfrentamiento Cataluña-España, cuando lo que realmente sucede es que los dirigentes separatistas de una región han impulsado unilateralmente una sublevación contra el Estado por una obsesión sentimental y xenófoba.

-Los independentistas no son tantos ni tan fuertes. Un grave problema del Gobierno y el PSOE es su «pusilanimidad» frente al separatismo, en acertada acusación del presidente aragonés Lambán, único barón socialista que muestra un poso de patriotismo. Si el separatismo fuese ese sentimiento cuasi universal que nos venden, las protestas de ayer habrían sido masivas, cuando lo cierto es que hubo pinchazo de asistentes. Se puede vencer al separatismo, claro que sí. Salvo que padezcas a un presidente que lo necesita para sobrevivir.

Al final, la frase más cabal del día la dejó un mosso con dos dedos de frente, que le espetó a un manifestante: «¿Qué república ni que collons? La república no existe, ¡idiota!». Ese sí dijo la verdad.

De la humillación consentida
Sánchez se sometió el jueves ante Torra y éste mandó tomar ayer las calles contra el débil Gobierno de España
Ramón Pérez-Maura ABC  22 Diciembre 2018

Decíamos en esta página el pasado sábado que antes que pedir un local prestado a la Cámara de Comercio, el Consejo de Ministros de ayer podía haberse celebrado en el Palacio Real de Pedralbes. En buena hora mentamos el lugar. No sólo se celebró el Consejo de Ministros en la Lonja del Mar, sino que se dio a Pedralbes el peor uso posible. Una verdadera humillación consentida.

Ese Palacio fue construido, por iniciativa privada encabezada por el conde de Güell, para ser la residencia de la Familia Real española en Barcelona. Ahí tenía que haber estado el presidente del Gobierno recibiendo al presidente de la Generalidad. Pero fue exactamente al revés. Se trataba de que quedara claro que aquello era una cita entre iguales en la que el forastero era el presidente del Gobierno. Y Sánchez nos sometió a todos los españoles a esa humillación. Entre otras cosas, porque tiene delito que un tipo que está intentando implantar la república de Cataluña reciba al presidente del Gobierno actuando como anfitrión en un Palacio Real.

A mayor abundamiento, el atril empleado en ese palacio después para dirigirse a los medios de comunicación era el de la Generalidad de Cataluña. ¿Cómo es posible que no hubiese en el Palacio Real de Pedralbes un atril que, de tener alguna identificación, fuera la de la Presidencia del Gobierno? El anfitrión allí sólo podía ser el Gobierno, pero no lo fue. Está muy bien que estuviesen pendientes del color de las flores y de disimular el mensaje subliminal del amarillo. Sin duda se fijaron en lo menos importante y La Moncloa quiso dar la impresión de que no le habían metido un gol. Pero había sido el propio Gobierno el que rindió sus posiciones porque el objetivo era lograr el respaldo de los secesionistas a sus presupuestos.

Quim Torra puede vender a su público desde la máquina de propaganda e intoxicación que es TV3 que el jueves sostuvo una cumbre entre iguales con Sánchez. La perversión del lenguaje del comunicado final tras el encuentro en Pedralbes era escandalosa. Se hablaba de «un conflicto sobre el futuro de Cataluña». Eso del «conflicto» cada vez me recuerda más al lenguaje de los comunicados batasunos para justificar sus asesinatos. Y de «avanzar en una respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía de Cataluña en el marco de la seguridad jurídica». Como ha sido confirmado por quienes participaron en la elaboración del comunicado, el Gobierno aceptó suprimir la referencia a la Constitución y sustituirla por «el marco de la seguridad jurídica». Y eso no es lo mismo. Porque para esta Generalidad sediciosa la «seguridad jurídica» es la que emana del Parlamento de Cataluña, ajena a la Constitución de todos los españoles y que en el decir de los secesionistas, es «un parlamento que no admite órdenes de nadie».

Fue todo extremadamente humillante. Torra habló de autodeterminación y Sánchez ni se acordó del 155. La ministra Batet tampoco hizo la más mínima mención a la Constitución. La reunión del jueves pretendió ser un preludio para amansar ayer a la fiera. Pero la fiera les acabará devorando si siguen en el poder. La prueba la tuvimos ayer en las calles de Barcelona. Por más que la vicepresidenta intentara convencer a los españoles de que la mañana transcurrió con normalidad, la realidad fue muy otra. Sánchez se sometió el jueves ante Torra y éste mandó tomar ayer las calles contra el débil Gobierno de España.

Indigna dejación del Gobierno
 larazon  22 Diciembre 2018

Tal vez, lo que mejor resume el absurdo de la posición del Gobierno frente al separatismo catalán sea la imagen de la ministra de Política Territorial, Meritxel Batet, tratando de explicar en la rueda de Prensa posterior al Consejo de Ministros, que nada se había cedido a la Generalitat, puesto que la expresión «en el marco de la seguridad jurídica», contenida en el previo comunicado conjunto, incluía una referencia implícita a la Constitución.

Estaríamos, pues, ante un simple «gesto» que, en opinión de la ministra, no conduce a nada, pero que tiene la dudosa virtud de introducir un nuevo elemento de confusión doctrinal que, sin duda, será aprovechado por los impulsores del proceso separatista. En cierto modo, y vistos los resultados del alarde propagandístico del Ejecutivo de Pedro Sánchez, cabría preguntarse, incluso junto la portavoz del gobierno autónomo de Cataluña, Elsa Artadi, para qué organizar un Consejo extraordinario en Barcelona si sólo se llevaba en la agenda catalana medidas de carácter cosmético.

En efecto, ni las inversiones en obras públicas, que estaban previstas y autorizadas por el anterior Ejecutivo, ni el cambio de nombre del aeropuerto de Barcelona ni el decreto, meramente declarativo, sobre el consejo de guerra de Lluís Companys afectan los más mínimo al día a día de los ciudadanos de Cataluña, que tienen problemas mucho más graves, ni, además, sirven para contentar a los grupos independentistas.

Nos hallamos, pues, ante una de las habituales puestas en escena del «Gobierno bonito», sin sustancia política alguna, y cuya única virtualidad, si se quiere, que era la demostración de que el Gobierno de la nación no tiene que pedir permiso a nadie para reunirse en cualquier parte del territorio nacional, se ha desvirtuado por los gestos de apaciguamiento con unos individuos que se mantienen en su postura anticonstitucional. En toda esta peripecia han sobrado, pues, las reuniones previas, de inevitable tufo bilateral, los comunicados conjuntos y las fotos de familia, que han dado al traste con la demostración de la vigencia del Estado en Cataluña y, lo que es peor, han servido para revitalizar las actuaciones callejeras de los grupos de acción del soberanismo.

El espectáculo de las «columnas» convergiendo sobre la sede accidental del Consejo de Ministros, los cortes de carreteras y vías férreas, las medidas de contingencia adoptadas por si la Policía Autonómica no era capaz de mantener el cordón de seguridad en torno a la Lonja barcelonesa, no ha ido a más porque la inmensa mayoría de la sociedad catalana se ha mostrado al margen de los revoltosos y ha tratado de hacer su vida normal en medio de las violencias de todo tipo y de la interrupción de la normalidad ciudadana. No es con inútiles gestos como se puede llegar a un acuerdo político con el nacionalismo catalán. Sólo desde la firmeza en la reclamación del respeto a las reglas de juego que nos hemos dado todos los españoles, desde la exigencia de las responsabilidades contraídas y la obediencia a la Ley será posible reconducir la situación.

Ayer, los ciudadanos de Cataluña fueron, una vez más, tomados como rehenes por los extremistas, que, si bien dieron lugar a algunas actuaciones contundentes de la Policía, quedaron sin amparo a la hora de poder ejercer sus derechos a la libre circulación o a desarrollar su jornada laboral con normalidad. Nada que no se hubiera visto antes, pero que un Gobierno que se precie no debería tolerar. Los ministros, es cierto, pudieron reunirse sin mayores problemas en una ciudad con amplias zonas hurtadas a la normal convivencia. Pero no es eso lo que exigen los ciudadanos. Quieren elecciones y no la apertura de procesos de diálogo que, en el fondo, sólo ponen en cuestión la soberanía nacional.

Los nazis, los lazis y Tarradellas
José García Domínguez Libertad Digital  22 Diciembre 2018

El viejo, orgulloso e insobornable depositario de la legitimidad de la Generalitat republicana, fue el primero en decir la verdad sobre la dictadura blanca de Jordi Pujol.

Gracias a un Gobierno de España, y para íntima desolación de los actuales amos del país petit, el principal aeropuerto de Cataluña se va a llamar Josep Tarradellas, y no Sant Ubú President, como seguramente le hubiera gustado al Torra. Contra Tarradellas, al que la famosa burguesía nacionalista catalana humilló durante el franquismo hasta el extremo ominoso de tenerlo viviendo durante casi treinta años en una antigua casa de putas de un pueblo del sur de Francia en la más literal y estricta de las miserias económicas, se hicieron, y a instancias de esos mismos, las cosas más rastreras e indignas tras su regreso a Cataluña. Bajezas miserables como el encargo oficial por parte del ya incontestado mandamás Jordi Pujol, el genuino padre putativo tanto del Payés Errante como de todos esos niños bien de los CDR que hoy juegan a la revuelta con el iPhone 5 en el bolsillo, para tratar de encontrar indicios probatorios en los archivos berlineses de la Gestapo que lo pudieran implicar en la entrega de Lluís Companys a las autoridades españolas por parte de las fuerzas de ocupación en Francia.

Evidentemente, no pudieron encontrar nada. Pero lo intentaron. Y con denuedo. De ahí que, pese a todos los exhaustivos esfuerzos infructuosos con tal de poder lanzar un cubo de estiércol subvencionado sobre la memoria de Tarradellas, Josep Benet, el turbio meapilas montserratino a sueldo de Pujol a quien se le encargó el trabajo, acabase publicando, huelga decir que con fondos de la Generalitat, un mamotreto calumnioso en el que la palabra delación serpenteaba pestilente en un buen puñado de páginas. Tarradellas, el viejo, orgulloso e insobornable depositario de la legitimidad de la Generalitat republicana, había osado ser el primero en decir la verdad en público sobre la dictadura blanca en que devino Cataluña al poco de alcanzar los nacionalistas el poder institucional en la Plaza de San Jaime. Y el decir la verdad, en Cataluña, esa Sicilia sin luparas, siempre se paga. Y caro.

Por eso los convergentes no tardaron en arrendar los servicios profesionales del que poco antes había sido el candidato democristiano de los comunistas del PSUC, siempre tan equivocados con el modelo italiano, cuando las primeras elecciones autonómicas, las que ganó Pujol. Como tantos otros después, a Benet le faltó tiempo para saltar de bando. Y a cambio de una sinecura con catorce pagas más dietas y gastos de representación, la derivada de un chiringuito administrativo creado a su medida y que todavía hoy lleva el muy pomposo nombre de Centro de Historia Contemporánea de la Generalitat, Benet se puso manos a la obra en la empresa de relacionar a Tarradellas con los nazis, traición a Companys mediante. El objetivo último era evidente: convertir a Tarradellas en el responsable directo del fusilamiento de Companys en el castillo de Montjuich. A eso se dedicó esa gentuza desde el primer que ocuparon todos los despachos oficiales en Cataluña. Por eso es un acto de justicia poética lo del Prat.

Hablemos claro
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  22 Diciembre 2018

Si no fuera por Felipe VI y por las Fuerzas Armadas, todo el Estado padecería un desgobierno idéntico al que castiga a la región catalana.

Hablemos claro. Si España fuera una república, en circunstancias como las actuales estaría acéfala y desmembrada, o se hallaría sometida a una dictadura como las que oprimen a los desventurados húngaros, polacos, venezolanos, nicaragüenses o cubanos. La cultura cívica y la lucidez premonitoria de los protagonistas de la Transición, nos legaron una Constitución que consagra los valores tradicionalmente asociados al republicanismo, y los coloca bajo la custodia de un monarca sujeto al imperio de la ley. En tanto que encarga a las Fuerzas Armadas la defensa de la soberanía y la integridad del país regenerado.

Nocturnidad y alevosía
Solo la presencia física y el discurso racional de Felipe VI ocultan el vacío que, si España fuera república, la situarían al margen de la Comunidad Europea y del concierto de naciones civilizadas. Hablando desde una perspectiva realista, se puede afirmar que el puesto de presidente de Gobierno está vacante, dado que lo usurpa un mediocre ensoberbecido por la megalomanía, colocado allí con nocturnidad y alevosía por partidos políticos que son hostiles a la sociedad abierta y plural, aliados a otros que reniegan de su condición intrínseca de españoles.

¿A quién representa, concretamente, el sedicente doctor Pedro Sánchez? Solo a los 187.949 militantes, alevines de la (de)generación zapateril, desconectados del PSOE histórico, que lo sacaron del limbo adonde lo habían arrojado los compañeros de filas que le conocían las mañas. Los votos que se sumaron a los raquíticos 84 de su séquito de trepadores para catapultarlo a la Moncloa llevaban, todos, el sello totalitario. Ya fuera leninista o identitario. Con semejante tropa de filibusteros es razonable decir, hablando claro, que si no tuviéramos una monarquía ejemplar, el país estaría acéfalo y descuartizado, o desangrado por la tiranía

Suena la alarma
Ahora, un filibustero de la tropa finge cambiar de escuadra. Pablo Iglesias se divorcia públicamente de la dictadura venezolana. Nada nuevo en los giros tácticos de la izquierda despótica, que salta de una forma de dictadura a otra sin modificar su fondo autocrático. Trotskistas, estalinistas, maoístas, titoístas, castristas, tanto monta, monta tanto. La ideología leninista de Iglesias, trufada con el populismo del peronista Ernesto Laclau y del exterrorista Toni Negri, está explícita en el artículo en inglés que lleva su firma, "Understanding Podemos" (Entendiendo Podemos), publicado en la ultraizquierdista New Left Review, nº 93, mayo-junio 2015. Y esa ideología es la que impulsa el asalto al poder de la minoría revolucionaria, montada sobre los hombros del entreguista Pedro Sánchez y propulsada por el combustible del secesionismo atrabiliario.

Lloís Foix hace sonar la alarma ("Torra no gobierna", LV, 1/10):
Para precipitar cambios no se precisan muchas personas. En su relato de la técnica del golpe de Estado, Curzio Malaparte describe la técnica que Trotski y Lenin estaban estudiando para el golpe que hizo triunfar la revolución del 25 de octubre de 1917. Lenin sostenía que la revolución consistía en que millones de hombres y mujeres, masas de obreros y desertores, tomaran las calles de San Petersburgo para derrotar al gobierno y apoderarse del Estado. A Trotski le bastaban mil hombres para apoderarse del Estado y después derrotar al gobierno. Fue la opinión de Trotski la que triunfó con solo unos centenares de agitadores y técnicos que se entrenaron inadvertidos durante unos días por las calles de San Petersburgo para en muy pocas horas, el día indicado, controlar las estaciones de tren, los teléfonos, los puentes sobre el Neva y asaltar el Palacio de Invierno. Todo fue muy rápido y con muy poca gente "ya que las masas no sirven de nada, una pequeña tropa basta".

A este análisis de las técnicas del golpe de Estado, conviene añadirle una opinión jurídica, cuando los golpistas autóctonos se declaran inocentes y acusan de "fascistas", como lo hace Joan Tardà, a quienes los desenmascaran. ¿Se puede hablar de golpe de Estado si no existe violencia? Juan-José López Burniol contesta la pregunta con rigor notarial citando textualmente al clásico Hans Kelsen ("Kelsen y el golpe de Estado", LV, 3/11):

Una revolución, en el sentido amplio de la palabra, que abarca también el golpe de Estado, es toda modificación no legítima de la Constitución –es decir, no efectuada conforme a las disposiciones constitucionales–, o su reemplazo por otra. Visto desde este punto de vista (sic) jurídico, es indiferente que esa modificación de la situación política se cumpla mediante un acto de fuerza dirigido contra el gobierno legítimo, o efectuado por miembros del mismo gobierno;, que se trate de un movimiento de masas populares, o sea cumplido por un pequeño grupo de individuos. Lo decisivo es que la Constitución válida sea modificada de una manera, o reemplazada completamente por una nueva Constitución que no se encuentra prescripta en la Constitución hasta entonces válida.

El pacto letal
Pone los pelos de punta comprobar que las tácticas de los revolucionarios bolcheviques arriba resumidas están siendo copiadas al pie de la letra por los enemigos internos del Reino de España. Son la sustancia de los manuales de instrucciones para los activistas de las CUP, los CDR, Arran, La Forja, CAAR, Bandera Negra y otros colectivos de especialistas en trabajos sucios, retoños del pistolerismo de los años 1920 y 1930 que Quim Torra enarbola como modelo para jóvenes supremacistas en sus interludios de historiador.

Y que nadie se engañe cuando los padrinos de estos bárbaros -los Junqueras, Tardà, Campuzano y otros guías de la rebelión- entonan himnos al pacifismo, el diálogo y la democracia. Sus únicos aliados potenciales para encarrilar a la sociedad cautiva por la vía eslovena son los anticapitalistas podemitas. El pacto letal está maduro. Lo avala el predicador Francesc-Marc Álvaro al comentar el pleno sobre Cataluña en el Congreso ("Una oportunidad malgastada", LV, 13/12):

El líder de Podemos pronunció un discurso valiente, una apuesta clara por la plurinacionalidad, el reconocimiento y la negociación, una posición que es imprescindible en España. (…) Es paradójico que sea Podemos, un partido nacido al calor del 15-M y lejos de las instituciones, la formación que está demostrando tener más sentido de Estado ante la situación catalana.

La bendición de Pilar Rahola, deslizada en medio de una de sus cotidianas descargas de bilis, da la bienvenida al flamante cofrade ("El nadismo", LV, 14/12):
El "a por ellos" masivo y desaforado que se vivió en el Congreso, sin apenas disidencia (con la notable excepción de Pablo Iglesias).

Oligarquía enrocada
Hablemos claro. Si no fuera por la presencia pedagógica del rey ilustrado Felipe VI y por la garantía para la soberanía y la integridad de España que la Constitución encomienda a las Fuerzas Armadas -como acaba de suscribir la ministra de Defensa, Margarita Robles- todo el Estado padecería un desgobierno idéntico al que castiga a la región catalana. En esta, los partidos secesionistas se enfrentan entre sí en una guerra intestina sin cuartel, y la oligarquía enrocada en centros antagónicos de poder situados dentro y fuera de su territorio patrocina las campañas de odio y estimula a la manada vandálica, mientras se jacta de su desprecio por las necesidades de la plebe que la votó engañada. "El Parlament de Catalunya terminará el año sin aprobar una sola norma nueva", informa la prensa (LV, 17/12), aunque le sobra tiempo para menesteres golpistas: "El Parlament tacha de `antidemocrática´ la Constitución" (LV, 19/12).

Los partidos que encarnan la lealtad al patriotismo cívico deben cumplir, unidos por encima de las diferencias puntuales, con su deber de restaurar el orden constitucional antes de que sea demasiado tarde.

PS: La mandamás de la ANC, Elisenda Paluzie, exasperada por la convocatoria del Consejo de Ministros del 21-D en lo que considera su enclave tribal, acusó al Ejecutivo de "llevar estas reuniones a Barcelona como se hacía durante el franquismo" (LV, 18/12). Oculta esta señora que muchos hispanófobos furibundos de su casta etnocentrista disfrutan todavía de la opulencia heredada de sus padres y abuelos, empresarios, profesionales y funcionarios de rancia alcurnia catalana, que agasajaban colectivamente al dictador y sus favoritos durante sus visitas a Barcelona para agradecerles la riqueza que les obsequiaba su política económica. Y no hablemos de los estraperlistas catalanes del régimen, como el que legó una cuantiosa fortuna mal habida a su vástago, el evasor fiscal Jordi Pujol i Soley.

Cuando esconden la Constitución
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo  22 Diciembre 2018

Podemos concluir, por muy diversas razones, que en estos 20 y 21 de diciembre ha finalizado un periodo político. Las reuniones del Gobierno de España con los representantes de la Generalitat catalana establecen la culminación de una forma muy característica de ver la política en general y enfrentar los conflictos sociales de envergadura desde el inicio de la Transición. Podemos volcarnos en descalificaciones hacia el comportamiento de Pedro Sánchez ante los desaires y las ofensas de los independentistas catalanes hacia él, pero él solamente es la expresión máxima, extravagante en otros lares, de una tendencia muy acusada de la clase política española. Los políticos españoles se han comportado con los nacionalistas como exige el salmo bíblico que se comporten los pecadores: "Oh Dios mío, purifícame de los pecados que ignoro...", siempre dispuestos a ceder por cualquier causa, revestida en unas ocasiones de responsabilidad y en otras de satisfacción de no sabemos qué derechos de naturaleza más indiscutible que la propia Ley de leyes.

No dudo que hubo en los primeros tiempos una recta voluntad de integración de los nacionalistas en el engranaje del nuevo sistema, pero pronto los políticos pasaron al oportunismo o a la penitencia por pecados propios de ese ente que sirve para dar, para agraviar, para insultar, para redimirse, que se llama España. Pero a los nacionalistas nada les contentó, nada les satisfizo; acomodados en una compleja y no discutida superioridad moral, no sé bien por qué agravios aceptados sin rechistar durante demasiado tiempo, han exigido y se han impuesto a los Gobiernos sucesivos, amordazando a la vez a sus respectivas sociedades, uniformándolas con una cosmovisión retrógrada, tribal y asfixiante.

En la relación de la derecha española con los nacionalistas, la necesidad y una evidente e injusta carencia de legitimidad política les convirtió en oportunistas. En la izquierda hubo un momento, cada cual puede fecharlo cuando quiera, en el que el pacto con los adversarios nacionalistas se transformó en la asunción acrítica de una gran parte de su discurso; hoy no vemos más que diferencias de grado entre los nacionalistas independentistas y la izquierda. En un proceso degenerativo, la izquierda española pasó de lo universal a lo local, de la nación, entendida como la unión entre el pueblo y la soberanía, a la nación peculiar, inmutable e inexpresable para los extraños, de la razón al sentimentalismo más peligroso.

A unos y a otros les atrapó una confusión originada en nuestra historia reciente. Confundieron frecuentemente la autoridad del Estado democrático con un Estado autoritario. De este equívoco han venido saliendo con una invocación universal y omnímoda al "diálogo"; llamamiento que esconde a partes iguales complejos intelectuales y cobardía moral, y que muestra un gran desconocimiento de la esencia del Estado: el diálogo le complementa pero su acción es imperativa, está basada en la fuerza legítima que le trasladamos voluntariamente los ciudadanos. Sólo desde ese trágico equívoco se entiende la aplicación timorata del artículo 155 de la Constitución por parte del Gobierno de Rajoy. Y, como siempre sucede cuando no se actúa a tiempo, cuando se hace de manera acomplejada, cuando se actúa casi pidiendo perdón, los resultados suelen quedar muy lejos de la satisfacción.

Durante muchos de los últimos 40 años esta dinámica política es la que ha prevalecido, un tanto cómica cuando la sagacidad aldeana de los nacionalistas vascos sigue ofreciendo fidelidad al Gobierno de turno, ¡claro que sólo mientras éste satisface sus pretensiones! Han sido capaces de hacer creer a todos los Gobiernos que son su verdadero amor, llegando a apoyar los Presupuestos de Rajoy para después sumarse a la moción de censura en su contra sin que hubiera pasado una semana, y todo ese ejercicio de escapismo moral en el escaparate de España entera. Lo que a otros habría costado desgarros y fracturas internas, a los nacionalistas vascos no les ha provocado el mínimo sonrojo, manteniendo impertérritos que son de fiar y que para ellos con un apretón de manos es suficiente. Por su parte, los nacionalistas catalanes han tenido un comportamiento en esencia parecido, haciendo sentir a los políticos españoles una inferioridad permanente, aparentando durante estos 40 años que todas las trasferencias de competencias, todos los esfuerzos colectivos de los españoles para hacer de Barcelona una ciudad internacional llegaban tarde; han recibido todo como si fuera su derecho y nuestra obligación. Desde hace un tiempo, cuando un análisis equivocado de las fuerzas del Estado les hizo creer que podían quedarse con todo y marcharse de la casa común, el minué independentista mostró su cara violenta... ¡Porque violenta fue la aprobación de las leyes de desconexión! ¡Porque violenta fue la realización de un referéndum autoritario, ilegal e unilateral! ¡Porque violenta es y lo ha sido durante 40 años la imposición a troquel de su visión de Cataluña a todos los catalanes, aunque no nos hayamos atrevido a denunciarlo!

Pero la Historia ha dejado escrito que todo puede empeorar y lo menos imaginable es posible. Dije cuando escribí sobre la moción de censura que encumbró a Sánchez, y creo que se ha confirmado con los meses, que el país se encamina irremediablemente a una política de bloques, iniciada por los socios de la moción de censura. El primer efecto lo han sufrido los hábitos que la política había creado desde la Transición: los líderes huían de la política de bloques que había dominado la II República y que todos sabemos cómo terminó. El segundo efecto es que el Gobierno no puede zafarse de una política condicionada inexcusablemente por sus aliados. Y el tercero es que en el momento de encarar los grandes problemas de la nación primará el interés ideológico y hasta el personal. En ese ambiente los acuerdos transversales no serán posibles los próximos años y la política estará sacudida por grandes vaivenes, sin estabilidad y dominando todo el espacio público los intereses nacionalistas, los objetivos ideológicos más extremos y, por desgracia, el pasado.

Analicemos las cuestiones por partes. Después de grandes catástrofes sociales suelen aparecer tiempos más humanitarios, de armonía. Así, pasadas las casi cuatro décadas oscura dictadura franquista, se abrió un tiempo de concordia en el que casi todos los actores políticos cedieron para generar un espacio común amplio en el que se pudiera desenvolver la mayoría de la sociedad española. En la Transición influyó más la Historia que los poderes fácticos, más la voluntad de no repetir errores que manos siniestras y oscuras con poder para dirigir el destino de la sociedad española, como les gusta interpretar a los espíritus simples y amantes de las conspiraciones. Esa voluntad de moderación y acuerdo entre diferentes fue debilitada por los designios de los políticos nacionalistas que fueron aceptados con gusto por el Gobierno de Zapatero; y hoy, después de la moción de censura, esa apuesta de dimensiones históricas parece gravemente herida.

Un buen ejemplo de todos estos aspectos negativos de la política española lo estamos viendo estos días cuando el Gobierno de la nación práctica una negociación oscura y a trompicones con los independentistas para celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona. Todo el descoyuntado proceso de intrigas entre ministros y consejeros de la Generalitat han transformado un acto de normal autoridad, propio de cualquier Gobierno que se tenga por tal, en un teatro que más que cómico ha resultado triste y humillante. Los independentistas a principios de semana ya habían creado el marco de la reunión: por una parte, aprobaron una declaración que rechazaba la Constitución del 78 por ¡antidemocrática! y ¡antisocial!; por otra, tenían asegurado el nivel suficiente de perturbación social para dejar claro que el Gobierno de España no era bien recibido en Cataluña;y, como el barro que menoscabe al Gobierno de España no les va mal, anunciaron el día anterior que aprobarían el techo de gasto al Gobierno socialista como haciéndole un favor o un pago por concesiones indeterminadas.

La realidad se agrava cuando en ese contexto, distinto al de Andalucía o Extremadura, el comunicado de los dos Ejecutivos, que ya en sí mismo les sitúa en un plano de igualdad, acepta la existencia de un conflicto sin mencionar el único cauce para solucionar ese o cualquier otro conflicto: la Constitución. Por primera vez desde su aprobación, se reconoce por omisión que la Carta Magna, lejos de ser el marco y poseer los mecanismos para la solución de esta clase de conflictos, es un inconveniente.

Creo que hoy estamos más lejos de la independencia de Cataluña que hace un año, fundamentalmente porque el Estado es más fuerte de lo que creyeron los nacionalistas y nosotros mismos. Pero estamos peligrosamente más cerca de abrir desordenadamente una reforma constitucional que puede llevar a la superación del sistema del 78. En este nuevo objetivo táctico -tal vez a él se deban algunas de las fisuras del movimiento capitaneado por Puigdemont y Junqueras-, los independentistas encontrarán socios voluntarios y conscientes; por desgracia, a esa marea de irresponsables pueden sumarse también los cándidos que prefieren la aventura de un proceso político irreflexivo a la necesidad de plantar cara política e ideológica al nacionalismo.

Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

La ley Celaá: una ley contra la enseñanza y contra el país
Antonio Jimeno cronicaglobal  22 Diciembre 2018

En enero de 2019 la ministra Isabel Celaá tiene previsto presentar en el Congreso de los Diputados el anteproyecto de una nueva ley de educación. Así pues, el PSOE, después de haber criticado al PP por haber cambiado la ley de educación socialista cuando llegó al poder, con el argumento de que ya habían habido demasiados cambios de leyes educativas y que no se podía continuar imponiendo una nueva ley con cada cambio de gobierno, ahora está corriendo para hacer lo mismo.

Y lo quiere hacer pese a que la situación actual es mucho más delicada ya que el PSOE sólo tiene 84 diputados de un total de 350, por lo que para conseguirlo debe contentar a Unidos Podemos, a los nacionalistas del PNV y a los secesionistas de ERC, PDeCat y Bildu. Además, el PSOE tiene que convocar elecciones generales como máximo en el 2020, o mucho antes, si no consigue aprobar los presupuestos generales de 2019. Proponer un cambio de ley de educación en estas condiciones es una falta de responsabilidad y más si se establece la desaparición de los llamados estándares de aprendizaje, en los que se han basado los materiales didácticos y los libros de texto actuales, porque como se precisaría un mínimo de tres años entre la aprobación de la nueva ley, la redacción de los nuevos currículos y la edición de los nuevos materiales, éstos llegarían al mercado cuando, tal vez, el PSOE ya no esté en el gobierno.

Pero lo peor no es proponer una ley de educación a sólo un año y medio del final del mandato, sino los cambios que se pretenden hacer, que se pueden consultar en el documento “Propuestas para la Modificación de la Ley Orgánica de Educación”. En nuestra opinión todos ellos van directamente contra la mejora de la enseñanza, contra la cultura del esfuerzo y contra la continuidad de la unidad de nuestro país.

Si bien la ley actual, la LOMCE del PP, conserva la estructura de la ley anterior, que era la LOE del PSOE, y se limita a modificar los artículos sobre aquellos aspectos que, según el PP, no funcionaban bien, el anteproyecto de Isabel Celaá básicamente consiste en la retirada de todas esas modificaciones y en agravar más los enormes errores de la LOE, en el sentido de poder contentar a los partidos secesionistas.

En orden de mayor a menor perjuicio para nuestro sistema educativo, los cambios anunciados son: la retirada de las evaluaciones finales en Primaria y en ESO, la supresión de los itinerarios en 4º de ESO, el aumento de competencias de los equipos docentes para poder aprobar a los alumnos que quieran, pese a que tengan malos resultados académicos, permitir aprobar el Bachillerato con una asignatura suspendida y permitir que sean las Comunidades Autónomas y no el Ministerio las que decidan si se puede o no utilizar el castellano en la enseñanza. Aunque menos importante, también cabe citar su intención de que la nota de la Religión no cuente para hacer la media y no restablecer el requisito de que los libros de texto han de contar con la autorización previa por parte del Ministerio de Educación.

La ministra Celaá propone que las calificaciones de los alumnos de Primaria y los títulos de ESO y de Bachillerato los sigan dando los centros educativos, sin que intervengan ni la Consejería de Educación Autonómica, ni tampoco el Ministerio de Educación, es decir sin que se lleguen a estrenar las evaluaciones finales externas con valor académico (reválidas) dependientes del Ministerio, establecidas en la LOMCE. Se trata de un error gravísimo en una situación como la actual, en la que se multiplican las denuncias de adoctrinamiento político partidista en las escuelas debido a que algunos gobiernos autonómicos las están utilizando como las canteras de sus futuros votantes; en un momento en el que en varias Comunidades Autónomas se excluye el castellano o español como lengua de comunicación entre profesores y alumnos, por lo que los alumnos castellanohablantes tienen más dificultades de aprendizaje y todos los alumnos alcanzan un nivel de castellano o español muy inferior al que podrían alcanzar, lo cual es un grave perjuicio en su formación dado que se trata de una lengua que hablan 570 millones de personas; en una situación en que los resultados académicos de nuestros alumnos en las pruebas internacionales, como son las pruebas PISA, están muy por debajo de lo esperable en función de nuestro PIB; y porque al no existir ningún control externo por parte del Ministerio, los centros se ven obligados a aprobar a bastantes alumnos que no han llegado a los mínimos establecidos, para evitar que se vayan a otros centros todavía más permisivos, dado que si no lo hicieran, en unos pocos años deberían cerrar por falta de alumnos.

Todos estos problemas se evitarían si se realizaran las evaluaciones finales de ESO de la LOMCE, ya que con ellas el Ministerio podría detectar si se está adoctrinando políticamente a los alumnos, si la realidad histórica y la estructura del Estado que se les está enseñando es la contemplada en la Constitución, si el nivel de castellano o español alcanzado es el establecido, y si las calificaciones en todas las demás materias reflejan realmente los conocimientos alcanzados por los alumnos. Por otro lado, el hecho de tener que superar una prueba externa sería el gran estímulo que actualmente necesitan muchos alumnos para esforzarse más y así adquirir hábitos de trabajo. Sin estas reválidas estamos poniendo en peligro nuestro futuro como país, ya que con una natalidad tan baja si, además, nuestros jóvenes tienen pocos conocimientos y poca capacidad de esfuerzo, difícilmente vamos a ser un país competitivo.

Otra de las cosas que quiere hacer la ministra Celaá es impedir que en 4º de ESO hayan dos itinerarios, como establece la LOMCE, uno dirigido hacia la FP y otro dirigido hacia el Bachillerato, dos itinerarios en los que se prepararía a los alumnos para dos tipos diferentes de evaluaciones finales de ESO. Esta estructura es indispensable porque a cada alumno solo se le ha de pedir que aprenda aquello que puede aprender y que le conviene para sus estudios posteriores. Mantener juntos en la misma aula, aprendiendo las mismas cosas, a todos los alumnos hasta los 16 años, o hasta los 18 años en el caso de los alumnos que repiten curso, es perjudicar tanto a los que quieren cursar un Bachillerato como a los que quieren hacer una FP. A los primeros porque se avanza poco en las materias teóricas y a los segundo porque no se les está enseñando las materias prácticas y aplicadas que quieren aprender. El resultado es que los niveles se han de rebajar para que todos puedan aprobar, lo cual comporta que los alumnos no se esfuercen y, en consecuencia, que pierdan gran parte del tiempo de formación que la sociedad les brinda, que para muchos de ellos es el único tiempo de formación gratuita que van a tener en su vida.

Otro de los graves errores de la señora Celaá es rebajar los niveles de exigencia, estableciendo que los equipos docentes o juntas de evaluación de cada centro puedan dar el título de la ESO y el título de Bachillerato aunque los alumnos tengan asignaturas suspendidas. Se trata de un enorme disparate, porque lo primero que van a hacer muchos alumnos es elegir qué asignatura les cuesta más o piensan que no van a necesitar, y la van a abandonar desde el primer día de clase, sabiendo que la ley se lo permite. Mal lo van a pasar los profesores que tengan muchos de estos alumnos en sus clases. Puede que estos alumnos no vayan a clase o que, si se les obliga a ir al aula, acaben siendo alumnos conflictivos. Además, como al profesorado no le gusta dejar a un alumno sin titular por una sola asignatura, salvo que la nota sea muy baja, van a haber muchos alumnos con el título de ESO y el título de Bachillerato con dos materias suspendidas. Esto es todo menos fomentar el hábito de trabajo y la capacidad de esfuerzo de nuestros jóvenes.

Otro de los grandes errores de la ley Celaá es delegar totalmente en las Comunidades Autónomas el uso o no del castellano o español como lengua vehicular. Al haber eliminado que el castellano se debe utilizar en una proporción razonable, en el futuro ya no cabrá el recurso por parte de los padres de iniciar un contencioso administrativo contra el colegio por haber excluido totalmente el castellano, ni el juez podrá emitir una sentencia contra el colegio indicando que se ha de impartir en castellano como mínimo un 25% de las horas lectivas, lo que equivale a la asignatura de lengua castellana y dos asignaturas más. El Consejo Escolar de Estado, un órgano que emite informes no vinculantes, ya ha pedido que se fije una proporción mínima del uso de la lengua castellana como lengua común de todos los españoles. La ministra Celaá ha comentado que como el Estado se reserva el 55% en el reparto de las materias, con eso se asegura el aprendizaje oral y escrito del castellano en todo el territorio nacional. Esto no es verdad, porque si no hay unas pruebas externas dependientes del Ministerio que constate si los alumnos han alcanzado el nivel mínimo de castellano al que han de llegar al final de la ESO, cada Comunidad continuará haciendo lo que le dé la gana, como pasa ahora. Por otro lado, si el uso corriente de la lengua común disminuye mucho, se pone en peligro la continuidad de la actual España como un solo país, por falta de vínculos entre los ciudadanos. Es evidente que la ministra Celaá está dispuesta a colaborar en esa disminución del uso del castellano, porque ya lo hizo cuando estuvo al frente de la cartera de Educación en el País Vasco.

Finalmente decir que otro de los errores del anteproyecto de ley promovido por Celaá es degradar la asignatura de Religión, al proponer que su nota no se tenga en cuenta para el cálculo de la nota final, ni para la petición de becas. En un país en que es imposible entender el arte sin unos mínimos conocimientos de religión y en un mundo en que es difícil entender los conflictos internacionales sin conocer las religiones, lo que se debería hacer es establecer que todos los alumnos deben tener un mínimo de cultura religiosa mediante unas asignaturas específicas cuya nota contara como las demás asignaturas. Esperemos que todos estos disparates no salgan adelante.

Barcelona se muere
Gregorio Morán. vozpopuli   22 Diciembre 2018

No hacía falta que viniera Sánchez, bastaría contemplar el estrafalario Belén de Navidad que preside la Plaza de Sant Jaume. Todo un símbolo de la congénita frivolidad de una alcaldía que sobrevive a su propia inanidad. Cuatro sillones hacen guardia a una gran mesa, como si tratara de una tienda de anticuario en liquidación. Sobre el rectángulo de madera posan una docena de cestos en forma de casetas para hámsters, con una lucecilla interior y una leyenda escrita en papel con frases ingeniosas, de una profundidad tan densa como un charco callejero. Eso es el Belén del Ayuntamiento de Barcelona en este año imborrable de 2018. Haciendo historia.

Confieso mi incapacidad para entender de qué va esta “instalación” y dudo mucho que alguien se pare a pensarlo, más allá de su perplejidad ante el engendro. Si la alcaldesa Ada Colau hubiera querido mostrar una radiografía de lo que se ha ido convirtiendo Barcelona difícilmente habría encontrado mejor metáfora. Para un ateo, como es mi caso, estos símbolos de incongruencia resultan patéticos. O se pone un “nacimiento”, que es como se decía antes, o no se pone. Para espectáculos de irrisión ya están los circos. Pero de lo que se trata es de hacer algo para asombro de provincianos viajeros y que nadie reproche a la alcaldesa su desapego por la modernidad.

Barcelona ha entrado en la fase de liquidación de sus ambiciones. La inició ya Pascual Maragall, un heredero de José María de Porcioles, el veterano alcalde de Franco que había llegado desde la Lliga de Cambó y para el que Pascual trabajó durante varios años. Los Juegos Olímpicos del 92 y toda la parafernalia de negocios urbanísticos que los rodearon podían haber sido una benéfica excrecencia del “porciolismo”.

Ese fue el momento álgido del orgullo de Barcelona, tan sonoro y altanero que el propio President Jordi Pujol, decidió quitarle a esa capital de Cataluña gran parte de su territorio y borró de un decretazo el Área Metropolitana. Había que achicar Barcelona para ensalzar el alma de las comarcas catalanas, porque entonces los socialistas catalanes del PSC eran un adversario al que aislar e ir comprando de uno en uno. Y así se hizo. Hoy lo que queda del PSC son bonsáis en maceta que exigen cuidados especiales del Gobierno central y de los medios de comunicación para no morir de consunción.

El catalanismo quiso y aún aspira a hacer de Barcelona otra Roma. Mejor le hubiera venido convertirse en Milán, para lo que estaba dotada. Pero ahora no se sabe muy bien a qué aspira fuera de su autoestima enfermiza y la inclinación de las clases medias comarcales a convertirla en Liubliana o en Prístina; los más avispados en Glasgow.

La personalidad de un alcalde no hace una ciudad, pero contribuye a ello, y sobre todo tiene la responsabilidad suficiente para conservarla, engrandecerla o hundirla. La alcaldesa Ada Colau ha conseguido algo singular para un político en ejercicio; derrochar el apoyo de los suyos y ser valorada por quienes no la votarán nunca. Es una de esas figuras antiguas que se denominaban “compañeros de viaje”, con el matiz diferencial de que está dispuesta a apuntarse a tantos viajes a la vez que su naturaleza, tendente a la mediocridad, no da para tanto.

Vive sin vivir en ella y ha logrado que del encaje de bolillos que fue su nombramiento -una suma de siglas que se reparten los pesebres bajo el marbete de “Barcelona En Comú”- con 11 concejales de 41, lo que para mantenerse necesita posturas más propias de funambulista que de alcaldesa en una ciudad a la que le están saliendo las costuras. El presidente Sánchez ha sentado escuela de centauros precarios. Los equilibristas metidos a políticos han de medir muy bien sus movimientos y Ada Colau, ayuna de experiencia política, se mueve como animal en cacharrería. Un mal día decidió poner el “lacito amarillo”, en este caso “lazote”, en la fachada del ayuntamiento en solidaridad con los independentistas arrepentidos de la rebelión y ahora es difícil de quitar porque se interpretaría como una renuncia. Lo suyo hubiera sido un lazo de quita y pon, pero la creciente agresividad en Cataluña no da para virguerías.

Lo que el presidente Sánchez hace a lo grande -buscarse aliados que le ayuden en la supervivencia- lo intenta Ada Colau a su nivel y con unos mimbres tan frágiles como las concejalías; un funcionariado pendiente de que sus jefes no le bronqueen ni de que los ciudadanos le acosen. Echó a los socialistas del gobierno de la ciudad culpabilizándolos -a ellos, modestos acatadores de órdenes superiores- de la aplicación del 155, pero unos meses más tarde se arrepintió. Demasiado tarde; y ahí se quedó encima del trapecio. No es independentista, dice, pero tampoco constitucionalista, asegura. ¿Y qué carajo es? Nada fuera de una arribista que se subió a la ola.

Pero surfear sí que lo intenta. ¿Acoso sexual a las mujeres? Da un paso al frente y ocupa pantalla: yo también fui agredida. ¿Igualdad de derechos en parejas LGTBI? Otro paso: yo también mantuve una relación lésbica. No hay ocasión que desaproveche para salir de la marrullería de una gestión de ciudad que indigna a los que la votaron y que hace gracia a los que no lo hicieron. Eso presume cierta desvergüenza a la hora de valorar lo que sucede en Barcelona. Las agresiones, convertidas en pan cotidiano, pueden catalogarse en dos tipos, las que son “actos puntuales”, es decir, las de quienes te mantienen en el puesto, y. las otras, las “provocaciones” de quienes no admiten el silencio de los corderos.

La violencia urbana está en trance de convertirse en una disquisición teológica para hoolingans; un oxímoron de académicos. Unos sólo ven lo que quieren ver y otros no ven lo que es evidente. En el fondo, una cuestión de fe para carboneros con la alcaldesa como modelo. Esa fantasía que algunos denominan “modelo de ciudad” y que no es otra cosa que la autosatisfacción que exigen a la gente que sufre, a la que tiene que trabajar, a la que está en el paro sin remisión, o simplemente a la que vive y deja vivir.

Los negocios se van, las tiendas cierran, el turismo flaquea, la ciudad se oscurece tanto que vivimos unas navidades inquietantemente negras. La verbena de una Barcelona que vivía exhibiéndose de circo en circo ha entrado en la fase de convalecencia. El paso previo a la extinción, porque ya no es una ciudad para vivir sino para sufrir.

El cambio de nombre del aeropuerto de El Prat costará más de medio millón de euros
El gasto será similar al invertido en el proyecto para modificar la nomenclatura del aeropuerto Madrid-Barajas, que adoptó el nombre de Adolfo Suárez hace ya cuatro años
Marina Alías vozpopuli.es  22 Diciembre 2018

El cambio de nombre del aeropuerto de El Prat de Barcelona, que pasará a denominarse Josep Tarradellas, tendrá un coste de entre medio millón y un millón de euros. Según han explicado a este diario fuentes de Aena,el gasto correrá a cargo del Gobierno y será similar al invertido en el proyecto para modificar la nomenclatura del aeropuerto Madrid-Barajas, que adoptó el nombre de Adolfo Suárez hace ya cuatro años.

Al igual que ocurrió en la capital, el cambio de nombre del aeródromo barcelonés se hará paulatinamente, ya que hay que modificar diferentes aspectos como la cartelería o la rotulación. El anuncio sobre la nueva nomenclatura se ha hecho tras el Consejo de Ministros celebrado este viernes en la Ciudad Condal.

La iniciativa estatal ha despertado las críticas de la Generalitat porque, según fuentes del Govern, el cambio se ha impulsado sin "ningún acuerdo ni consenso"

Sánchez ya había avanzado que en esta reunión se aprobarían iniciativas para Cataluña en materia de infraestructuras, inversiones y alguna de carácter "simbólico", como este homenaje al que fuera presidente catalán, símbolo del restablecimiento del autogobierno con su emblemático "Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí" (Ciudadanos de Cataluña, ya estoy aquí), el 23 de octubre de 1977, desde el balcón del Palau de la Generalitat.

Sin embargo, la iniciativa estatal ha despertado críticas por parte de la Generalitat porque, según fuentes del Govern, el cambio se ha impulsado sin "ningún acuerdo ni consenso". El Gobierno catalán, aseguran estas fuentes, estaba informado de la decisión aunque ya reclamó al Gobierno que desistiera de impulsar "unilateralmente" este cambio de nombre. No porque tenga "nada en contra del president Tarradellas", dicen, sino por "una cuestión de formas y respeto".

Fuera de España son múltiples los ejemplos de aeropuertos dedicados a políticos de renombre. Algunos ejemplos son el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy en Nueva York, el Charles de Gaulle en París, el Indira Gandhi en Nueva Delhi, el Ataturk en Estambul, el Benito Juárez en México D. F., el David Ben Gurión de Tel-Aviv o el Yasir Arafat de Rafah.
 


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