AGLI Recortes de Prensa  Viernes 4  Enero 2019

La trampa naranja
Emilio Campmany Libertad Digital 4 Enero 2019

La naturaleza tramposa de lo acordado por Ciudadanos y PP en relación a la vigente legislación sobre violencia de género es, a estas alturas, evidente. Ciudadanos estaba radicalmente en contra de una legislación que es contraria al principio de presunción de inocencia y de igualdad de todos los españoles ante la ley. También lo estaba el PP. ¿Por qué pactan en Andalucía precisamente acomodarse a esa oprobiosa legislación? El propósito es poner una trampa a VOX. Si sus 12 diputados apoyan el acuerdo, se pondrá en evidencia que tienen hacia sus promesas electorales tan poco respeto como los demás. Y, aunque ya sabemos cómo son los demás, los electores de VOX pueden razonablemente esperar de sus representantes un comportamiento más acorde con lo prometido. Y si rechazan respaldarlo, además de ser acusados demagógicamente de amparar la violencia contra las mujeres, tendrán que responder por haber sido un obstáculo al cambio en Andalucía. Son muchas las voces, incluido un editorial de esta casa, que instan a Santiago Abascal a no hacer cuestión de gabinete de este asunto en aras del bien mayor que es echar de una vez al PSOE del Gobierno de Andalucía.

La cuestión no es tan sencilla. Para empezar, Ciudadanos y PP necesitan los votos de VOX y, sin embargo, no han querido negociar nada con él. No sólo, sino que han querido ponerle en la tesitura de tener que tragar con un punto que va frontalmente en contra de su programa cuando no había ninguna necesidad de incluirlo en el acuerdo. Lo dan por cerrado y a VOX le plantean un "esto son lentejas" sin dar margen a negociar nada porque Albert Rivera quiere demostrar que no transige con nada que exija VOX. Y aún hay una última cuestión más importante. VOX es un partido nuevo que se presenta ante sus potenciales electores defendiendo ideas que nadie incluye en sus programas pero que comparte con muchos españoles. Y promete defenderlas sin complejos. Y, sobre todo, se compromete a hacer lo que dice que hará en abierto contraste con el PP, que pidió los votos a la derecha con las ideas de la derecha para luego atenerse al programa de la izquierda. Traicionar desde el primer día uno de los puntales de su programa electoral, encuadrado dentro de la general exigencia, que ellos sólo hacen, de que la Constitución se cumpla en todo y no sólo en lo que a la izquierda y a los nacionalistas conviene, puede ser contraproducente. Esta traición, que los electores del PP, después de las muchas cometidas, podrían perdonar y que los de Ciudadanos, después de tantas vueltas y revueltas, podrían disculpar, quizá resultara decepcionante para los votantes de VOX.

¿Entonces? ¿Forzar unas nuevas elecciones en las que la izquierda podría estar mucho más movilizada de lo que lo estuvo el 2 de diciembre? La política es el arte de lo posible, pero a veces los principios deben imponerse a lo pragmático. Lo difícil es saber cuándo ha de ser así, y si ésta es una de esas ocasiones.

PP y C's enredados en sus contradicciones.
Vicente A. C. M Periodista Digital 4 Enero 2019

PP Y C’S SIGUEN EL JUEGO AL CINISMO DEL PSOE INTENTANDO DESLEGITIMAR A VOX Y CREAR UN “CORDÓN SANITARIO” MIENTRAS PACTA CON LOS GOLPISTAS SEPARATISTAS.

De C’s (CIUDADANOS) ya conocíamos su esquizofrenia bipolar en esa lucha por acomodarse en un centro imposible donde su natural le lleva a escorarse descaradamente hacia la izquierda. La misma izquierda de la social democracia que el PSOE hace tiempo que ha abandonado tras su radicalización con Zapatero y ahora con este ambicioso y soberbio Pedro Sánchez abrazando las tesis de la extrema izquierda radical de UNIDOS PODEMOS y el populismo y la demagogia de Pablo Iglesias, que ha logrado anular a Izquierda Unida y su incompetente y sumiso líder Alberto Garzón. Un fracaso líder que no ha sido capaz de hacer valer su parte alícuota de poder con el más de millón de votos comunistas. Una colaici´n desproporcionada que bien podría llamarse PUDIMOS CON IU. Albert Rivera ha cambiado a peor desde que no hace tanto tiempo mantenía un mensaje que no se diferenciaba del de Santiago Abascal que ha logrado convencer a medio millón de andaluces y conseguido 12 valiosos escaños cuya importancia reside en que, sin ellos, no es posible la coalición PP – C’s para el deseado cambio en Andalucía tras casi cuatro décadas de gobierno del PSOE. Un largo perido de mini dictadura clientelar basada en la compra de voluntades y votos al más puro estilo decimonónico de corte feudal.

En este panorama político andaluz tenemos a un desvalorizado PP que en esa noche electoral perdió el apoyo de los ciudadanos y bajó en 7 escaños su representatividad quedando con 26, mientras C’s con solo 6 escaños menos tras doblar sobradamente su anterior representación (9), se consideraba tan legitimado para aspirar a la presidencia de la Junta de Andalucía como el PP. No obstante, se avino pronto a un pacto de 90 puntos con el PP y a un chalaneo de reparto de cargos. Lo que resulta sorprendente es que desde el principio ambos partidos quisieron desmarcarse de VOX manteniendole al margen de cualquier pacto, a pesar de que eran conscientes de que para lograr ese cambio necesitaban su apoyo a la investidura con sus votos y no les sirve su abstención o exponerse a un voto en contra. Las cuentas son las que son y desde luego la coalición PP – C’s no suma la mayoría suficiente para formar Gobierno (55 escaños). Pero tampoco la forma la coalición del PSOE con 33 escaños coaligado con los 17 escaños conseguidos por los díscolos podemitas andaluces, de Teresa Rodríguez. Si bien la abstención de VOX propiciaría que Susana Díaz repitiese como Presidenta de la Junta en segunda votación al superar los síes a los noes con 50 contra 47.

Así que PP y C’s harían bien en cuidar sus relaciones con VOX y no colaborar en la difamación de equiparar a ese partido con una extrema derecha que solo existe en la cínica e insidiosa mente de los del PSOE, PODEMOS y sus socios de moción de censura. VOX es efectivamente un partido de derechas, pero no ese monstruo que nos quieren dibujar quienes deberían callar y tapar sus vergüenzas porque son los que, con tal de mantenerse en el poder, han pactado con los enemigos de España, la extrema izquierda radical de PODEMOS y los independentistas vascos y golpistas catalanes. Y es que no es más ciego que aquél que no quiere ver la realidad. Y eso me lleva a criticar la deriva de C’s hacia una posición de extrema censura sumándose al mezquino acoso y derribo al que el PSOE con sus impresentables socios de Gobierno quiere someter a VOX.

El PSOE quiere blanquear a su socio de extrema izquierda radical, PODEMOS y presentarla como lo que no es y es que ya no hay casi diferencias entre la política que hace Pedro Sánchez y la que propugna Pablo Iglesias, con el que pactó el proyecto de Gobierno yen el que interesademente tiene a un perfecto colaborador que le hace el trabajo sucio, como el PSC de Iceta. Sobre todo tras su acomodación a su nuevo estatus dentro de la casta política y de su partido, en el que, a pesar de los consecutivos fracasos, en vez de asumir responsabilidades y dimitir, ha afianzado su poder, el de su pareja sentimental y el de sus fieles colaboradores en esa especie de Polit Buro bolchevique que domina a las delegaciones locales de forma férrea y totalitaria. Todas salvo en algunas díscolas como la de Andalucía o las mareas gallegas. Este empeño en equilibrar el panorama político se traduce en usar a VOX como el enemigo a batir, ocupando el papel que antes se atribuía al PP al que Pedro Sácnhez y sus voceros identificaban con la extrema derecha. Y la verdad es que esa imagen no prosperó por mucho que se empeñasen, ya que nadie podría imaginarse a Mariano Rajoy, - identificado como “Don Pantuflo”, con la inacción y el inmovilismo de Don Tancredo-, como un líder de esa extrema derecha beligerante y radical. De ahí que no fuera extraño el que el PSOE solo llegase a los 87 escaños y el PP a 137 y la mayoría absoluta en el Senado.

Pues esta estrategia de crear un cordón sanitario con VOX, llevará al PSOE al mismo destino de perdida del apoyo ciudadano ante tan burda maniobra. Pero es verdad que también los ciudadanos no perdonarán al PP ni a C’s si, por seguir la estela del PSOE y contribuir a una infamia y desprestigio orquestada por esta izquierda radical que tiene por socios a los enemigos de España, malogran el ansiado cambio de régimen en Andalucía. Y es que lo que tampoco es admisible es que se use una Ley constitucionalmente inaceptable por discriminar positivamente a un sexo respecto a otro, como excusa para mantener un bloqueo a un posible pacto de investidura con VOX sin esconderse y evitando una foto que les resulta inexplicablemente incómoda a los dirigentes de C’s. En especial a Albert Rivera. Alguien que merece el apelativo de veleta y "aprovechategi" y que padece una desmemoria selectiva olvidando sus primeras declaraciones cuando intentaba convencer a los españoles que su política era no solo para Cataluña y contra el separatismo.Sus limitados resultados el han relegado en el Congreso a la inanidad más abosoluta. Al igual que en Cataluña aunque hubiese sido el partido mas votado.

PP y C’s hacen mal en no desmarcarse de esa infame maniobra del PSOE y sus socios de extrema izquierda radical “PUDIMOS CON IU” (UNIDOS PODEMOS), el mercenario PNV, los golpistas de ERC y PDeCAT con su tumor cancerígeno JxCAT y la extrema izquierda antisistema de la CUP. Y siempre con el apoyo incondicional de la Federación díscola del PSOE, el PSC del melifluo Miquel Iceta que aspira a ser parte de ese Estado Federal de Cataluña. La derecha para convencer debe actuar sin complejos ante ese batiburrillo de partidos y confluencias de intereses que atentan contra la unidad y el futuro de España. El PP no puede sentirse bajo los efectos del síndrome de Estocolmo y besar la mano del que le mantiene sometido y sin voluntad propia. Es simplemente mezquino haber aceptado y ayudado a editar una ley tan discriminatoria e inconstitucional como la Ley contra la violencia de género, limitada solo a la machista, y no derogar su homóloga andaluza que añade otras perversas cláusulas igualmente fuera de la ley, como no considerar la presunción de inocencia aceptando la denuncia sin pruebas y tomando acciones contra el denunciado sin protección judicial.

Si este histórico cambio en Andalucía se malograse, será exclusivamente por responsabilidad del PP y C’s por su actitud refractaria a considerar a VOX como lo que realmente es: un aliado en la defensa de la Unidad de España y en los derechos de los españoles en todo el territorio nacional. Su particular posición sobre la Constitución ha sido cínicamente mal interpretada y quiere ocultar como hace el PSOE con sus propias posiciones como la de cambiar el sistema de monarquía parlamentaria a una República Federal de pueblos y Estados diferenciados y con plena autonomía. ¿Por qué lo del PSOE no se considera extremista y lo de VOX sí? Deberían explicarlo a los ciudadanos. La realidad es que la izquierda tiene miedo a que esa corriente de nacionalismo como el de los Usa con Trump, en Francia con Le Pen y ahora con el Brexit y los Tories, arrastre a otros países y deje a la izquierda sin discurso en su empeño en acabar con los pilares que han hecho avanzar a Europa: la familia, las clases medias, las convicciones religiosas y culturales y los valores democráticos.

El PSOE y sus socios lo que intentan es destruir esos pilares y edificar otra cosa sobre las ruinas. Y eso no se lo debemos permitir. Lo que se nos quiere vender como políticamente correcto no es siempre lo que más conviene a los ciudadanos, si ello conlleva la sumisión a los rigurosos valores de una izquierda radicalizada en sus planteamientos como el feminismo supremacista, la preponderancia inclusiva de los colectivos gay, al perversión del lenguaje imponiendo ridículas fórmulas de equiapración sexista o la imposición de cuotas de igualdad por Decreto ley. Porque una cosa es el respeto de los derechos de todos los ciudadanos como marca la Constitución y otra imponerlos a golpe de Decretos Ley a la sociedad como valores superiores a aquellos a los que la sociedad libremente se acogía.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Las tres derechas no existen, ¡idiota!
Gonzalo Bareño La voz 4 Enero 2019

La memoria es frágil, el descaro mucho y la pereza intelectual, inmensa. Basta que Ciudadanos pacte con el PP el desalojo del PSOE de la Junta de Andalucía para que se consolide el tópico de las tres derechas, con Vox, y se dé por hecho que el acuerdo se repetirá en cualquier proceso electoral. Para qué molestarse en analizar los sondeos o el pasado de cada partido. Se suman los votos de PP, Ciudadanos y Vox. Y si sale mayoría absoluta, ya tenemos Gobierno estable de derechas. Si no alcanzan, ya tenemos Gobierno Frankenstein de izquierdas. El último análisis simplista sobre las generales dice que sí. Que sale lo de las tres derechas. Pero como tampoco en este año 2019 tengo la intención de seguir al rebaño, ya les adelanto yo que eso no va a ser así. Y la clave, lógicamente, está en Ciudadanos, que no es de derechas, ni de izquierdas, ni de centro, ni mediopensionista, sino del sol que más calienta.

De entrada, un dato. En España solo hay un partido que haya votado a favor de la investidura de Pedro Sánchez, no confundir con una moción de censura. Sí. Han acertado. Es Ciudadanos. Y lo hizo dos veces, después de firmar un pacto de legislatura con quien ya nos había hablado de la «nación de naciones». Otro dato para los olvidadizos. Si la socialista Susana Díaz, la del partido de los ERE, la que Rivera presenta ahora como encarnación de todos los males, gobernó Andalucía los últimos tres años, fue gracias a que otro partido apoyó su investidura y la sostuvo con sus votos. Sí. De nuevo han acertado. Fue Ciudadanos.

Por informar, les diré también que Ciudadanos, esa fuerza que iba a limpiar España de corrupción, fue el único partido que votó a favor de la investidura de Rajoy cuando el caso Gürtel era ya un escándalo mayúsculo. Al parecer, Rivera nunca supo de su existencia hasta que una sentencia condenó al PP como partícipe a título lucrativo. Ciudadanos, ese látigo antinacionalista, no tuvo reparo, por cierto, en compartir pacto de Presupuestos con el PNV y regalar al País Vasco un cuponazo indecentemente discriminatorio. Y Rivera fue quien sostuvo con sus votos el Gobierno del PP en la Comunidad de Madrid, donde por lo visto tampoco había corrupción. Ahora, quiere cogobernar en Andalucía, pero endosándole exclusivamente al PP el marrón de pactar con el machismo de Vox, aunque sus votos sean imprescindibles. Rivera es un maestro en el arte del disimulo. De nadar y guardar la ropa. Y en limpiarse la mancha de apoyar a la derecha respaldando luego a la izquierda. Los sondeos dicen ahora que Sánchez sacará en las generales más de cien diputados, el PP, 74, y Ciudadanos, 70 o más. Analistas simplones se limitan a augurar que habrá gobierno de las tres derechas porque PP, Ciudadanos y Vox suman mayoría. Pero no. Pueden apostar a que Rivera no hará presidente a Casado. A que, si se dan esos números, volverá a la yenka y pactará con Sánchez para limpiarse la mancha de Vox. Y ya sacarán los pocos votos que falten de debajo de las piedras. Del PNV, sin ir más lejos. Sería un Gobierno uniforme. A los tres les uniría la falta de principios.

Más que una barbaridad
OKDIARIO 4 Enero 2019

La Ley de Género de Andalucía aprobada el pasado mes de julio por la Junta de Susana Díaz –y que VOX pide sacar del pacto entre Ciudadanos y PP si éstos quieren gobernar en la región– contiene puntos que sencillamente son una barbaridad. Según la citada legislación, tal y como se recoge en el Artículo 10 bis de la normativa, la Administración Pública se reserva la potestad de poner en “tratamiento psicológico” a los hombres para prevenir todo tipo de “violencia y desigualdad de género” y lo harían, y así se detalla, a través de programas de “prevención” que irán dirigidos “específicamente” a los varones. Y todo ello, además, sin que ni siquiera se haya interpuesto una denuncia contra los supuestos maltratadores ante las autoridades pertinentes o haya algún tipo de control judicial sobre cada uno de los casos.

Pero el dislate de esta norma va más allá de lo anteriormente citado. Son los funcionarios de la propia Administración Pública, a través de un examen únicamente visual y –recordemos– sin ninguna acusación formal previa, los que acrediten la situación de violencia de género y, por ende, permitan a la víctima acceder a los derechos y ayudas que se reconocen en la legislación.

En otras palabras, esta Ley de Género andaluza que la formación de Santiago Abascal pide suprimir es discriminatoria y criminaliza directamente al hombre, dando por hecho, además, que violencia doméstica la sufren únicamente las mujeres. VOX –y así lo especifica en el punto 70 de su programa electoral con el que concurrió a los comicios– no pide que las medidas contra la violencia desaparezcan. Los verdes exigen que la normativa vigente se sustituya por una ley de violencia intrafamiliar que proteja a todos los miembros de la familia, sean del género que sean, se acabe con la asimetría penal y se ponga fin a la actual sumisión a la ideología de género.

La ley del embudo
Juan Van Halen ABC 4 Enero 2019

Es una expresión extendida en la geografía del idioma castellano. Los hispanohablantes sabemos bien a qué nos referimos con ella, desde la sabiduría popular del Refranero a los versos del Martín Fierro. Se refleja en el refrán «La ley del embudo:/lo estrecho para otros, /lo ancho para uno». Denuncia situaciones que atentan contra principios como la igualdad, la equidad y, en definitiva, contra la verdad. Los anglosajones hablan de «double standard»: doble rasero o doble moral.

Su reflejo en la política, y singularmente en el relato de la Historia, resulta evidente. La mal llamada memoria histórica es un ejemplo de ley del embudo; un maniqueísmo sin matices inventado por Zapatero que Sánchez ha prohijado y potenciado hasta el esperpento. Mira al pasado ya que no sabe qué hacer con el futuro, probablemente porque duda del suyo en las tan gratas condiciones actuales.

Quien lea las páginas de nuestra Historia del siglo XX con objetividad encontrará motivos sobrados para concluir que en una guerra civil y en sus inmediatas consecuencias hay mucho de abominable y lo sensato es superarlo desde la reconciliación y la concordia. Ese fue el honesto y sabio compromiso de la Transición que asumieron políticos con sentido de Estado, cerrando las heridas que no debían mantenerse abiertas. Los horrores de hace más de ochenta años no deben permanecer vivos. Y se han resucitado. Es como si una memoria histórica pretérita hubiese mantenido vivas las guerras carlistas hasta 1956, a los ochenta años de que Don Carlos cruzase la frontera francesa al grito de «Volveré». Como MacArthur al abandonar Filipinas. Pero don Carlos no volvió.

Los rostros actuales de la ley del embudo son innumerables. Se tilda de inconstitucionales a partidos que no han burlado la Constitución y la asumen explícitamente, y se considera constitucionales y se pacta con otros que han dado golpes de fuerza contra ella, han votado en Parlamentos autonómicos y Ayuntamientos su desafección a la Monarquía parlamentaria, forma de Estado que proclama la Constitución, y han declarado no grato en territorios que forman parte de España al titular de la Corona, constitucional Jefe del Estado.

Desde La Moncloa se reitera la defensa de la Constitución, del Estado de Derecho y de la independencia de la Justicia, pero los hechos contradicen las proclamaciones. El presidente del Gobierno entiende normal implorar hasta el ridículo una audiencia con el golpista Quim Torra, pactar con él hasta dónde no sabemos pero lo que ya conocemos es inquietante, aceptar que durante la generosa audiencia su anfitrión luzca un lazo amarillo lo que implica la aceptación tácita de que en España hay presos políticos y es una burla al Poder Judicial, mientras se ignora y ofende a la mayoría de los catalanes que se sienten españoles porque lo son. La indignidad del Gobierno de la Nación no puede llegar a más. O sí.

Ley del embudo es que se obligue a dimitir a cargos públicos de un partido al ser investigados, mientras se acepta sin rechistar que otras formaciones políticas mantengan activos no ya a sus cargos investigados sino también a procesados, incluso a condenados. Síganse ejemplos de diputados, senadores y concejales. Y no son pocos. Luego, cuando los afectados son absueltos o sus causas archivadas no se piden disculpas y la verdad pasa inadvertida. Ciudadanos suele exigir, pero no a los suyos, y no pide perdón cuando yerra. Dos últimos ejemplos: el expresidente de Murcia y la senadora y exalcaldesa de Cartagena.

La ley del embudo se evidencia en las valoraciones y entendimientos sobre unos y otros políticos. En los gobiernos de Rajoy se dijo que desentonaba entre un plantel de políticos jóvenes. Se repetía que con Rivera, Iglesias y Sánchez en escena él era «el viejo», «el gastado». Y ahora que se ha producido un cambio en la presidencia del Partido Popular y tras unas primarias ejemplares accedió a ella un político de 37 años, Pablo Casado, como no pueden acusarle de lo mismo se le acusa de inexperto. Y se repite, además, que se ha instalado en una derecha dura. Son las contradicciones de la interesada ley del embudo según la cual la izquierda nunca ha de dar explicaciones, puede ser dura o extrema cuando le conviene y debemos entenderlo gracias a la boca ancha del embudo. En cuanto a inexpertos ¿qué experiencia atesoraban nuestros líderes como gestores, incluso como dirigentes de cuadros, antes de llegar a encabezar sus partidos?

Iglesias fue tertuliano televisivo y dirigió su programa «La Tuerka»; gestión cero previa a convertirse en máximo dirigente de Podemos. Rivera fue asesor jurídico de un banco; gestión cero antes de llegar a liderar Ciudadanos. En gestión política y dirección de cuadros, Casado cuenta con una experiencia mayor y reconocida, aunque algunos le asignen interesadamente la boca estrecha del embudo.

De los siete presidentes del Gobierno en democracia los cuatro del centro y la derecha llegaron a la Moncloa con experiencia relevante: tres habían sido ministros y uno de ellos, además, alto directivo de empresa; el otro, presidente de Comunidad autónoma. Los tres socialistas carecían de experiencia de gestión, y concretamente el presidente que actualmente gozamos había sido asesor de una eurodiputada, concejal y diputado de rebote por renuncias de quienes le precedían en la lista electoral; gestión cero antes de su acceso a la presidencia. El más experimentado de todos los jefes del Ejecutivo fue Rajoy: concejal, presidente de Diputación, vicepresidente de la Xunta, cinco veces ministro y vicepresidente del Gobierno. Experiencia reconocida. Sin embargo, la ley del embudo hacía que se le criticase precisamente por tener tanta experiencia, como una especie del hombre que sabía demasiado.

No creo que cierta efebocracia -parece que el neologismo lo acuñó Ortega en 1927- deba por sí ser más valorada, ni que el hecho de no cargar años suponga una especie de patente para resolver con garantía y eficacia los problemas de la sociedad. Los llamados padres fundadores de Europa no eran precisamente jóvenes. Resulta obvio que en nuestro tiempo se suele valorar la imagen. Bien está cambiar el paso a la realidad y en este sentido es saludable que los destacados líderes de la política actual no hayan sobrepasado «la mitad del tiempo» que escribió el poeta Manuel Alcántara.

Pablo Casado y el momento de su partido son hoy, ejemplos sobran, objetivos de la ley del embudo. La izquierda ejerce esa fórmula con insistencia a través del tiempo al atribuirse una superioridad moral que su historia no avala. Ya abordé el tema en esta página el pasado 26 de julio. Mientras, la derecha padece un buenismo acomplejado y a veces cae en la trampa de disfrazarse o de obligarse a justificar hasta el porqué de su propia existencia. Un error lamentable.

Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando

No puede haber atajos para los golpistas
OKDIARIO 4 Enero 2019

Los separatistas de Cataluña, con Quim Torra a la cabeza, buscan desesperadamente la libertad para los presos que perpetraron el golpe de Estado del 1-O y, para conseguirlo, usarán todas las monedas de cambio político que estén a su alcance. El presidente catalán ha exigido a Pedro Sánchez que se comprometa a traspasar la competencia plena de prisiones –hoy en manos del Estado– a la comunidad autónoma. De conseguir este compromiso por parte del Ejecutivo socialista, el Gobierno regional controlado por el PDeCAT y ERC tendría capacidad para decidir unilateralmente sobre el acceso a beneficios penitenciaros de los encausados por el referéndum ilegal.

Una maniobra con la que, además, Torra conseguiría ver cumplidos dos de sus delirantes anhelos: excarcelar por la puerta grande a los golpistas y, de paso, demostrar su triunfante –aunque ficticia– soberanía. Sánchez no debe permitir ninguno de estos dos supuestos, ni tampoco debe impulsar el indulto que el secuaz de Carles Puigdemont le exige para los instigadores del 1-O a cambio de mantenerlo en La Moncloa o apoyar los Presupuestos.

Es cierto, y así lo marca la Ley de Indultos, que el Consejo de Ministros puede aplicar esta medida de gracia, aún en contra del criterio del Tribunal Supremo y el Ministerio Fiscal. No obstante, Sánchez debe recordar que, si claudica ante las presiones de Torra, quedará en evidencia su profunda ineficacia para acabar con la crisis social y política en Cataluña, su fracaso como presidente de todos los españoles y, en definitiva, su deslealtad a España. El Gobierno no puede facilitar atajos para que los golpistas esquiven la acción de la Justicia porque –de hacerlo– estará incurriendo en un evidente fraude de ley.

La fe, la libertad y los límites de la razón
Pío Moa gaceta.es 4 Enero 2019

*El chantaje que hacen a VOX los cabestros consiste en acusarle de que, si no cede en los principios, continuará el PSOE en el poder. Como si hubiera gran diferencia entre el PSOE y los cabestros, como si no hubieran sido estos los principales auxiliares del PSOE año tras año. Dicen que “hay que hacer política”. Y hacer política para ellos es entrar en el fraude permanente y en el socavamiento de la libertad y la nación. Lo que debe hacer VOX es poner en evidencia esa “política” nefasta y adónde nos va llevando.

*¿Por qué las leyes de género son justificables o carecen de importancia para los políticos de PP y C´s? Por la sencilla razón de que la democracia y el estado de derecho carecen para ellos de todo valor en comparación con los repartos de poder y dineros.

*************
Fernández de la Mora, que llama a su sistema “razonalismo”, admite, al contrario que los racionalismos, límites al poder de la razón, aunque creo que no los explica. Recuerdo una discusión juvenil con Manuel Blanco Chivite, que se libró por los pelos de entrar en el número de los últimos fusilados del franquismo: en mi opinión, toda teoría general se basaba en un número determinable de hechos, pero los hechos del mundo real son infinitos, por lo que ninguna teoría podría abarcarlos, de modo que todas son insuficientes y están destinadas a ser superadas. Yo no había alcanzado aún la Verdad del marxismo y él sí, por lo que calificó mi tesis de reaccionaria.

Tampoco había leído yo La crítica de Ortega al racionalismo: La propensión utópica [nacida de un racionalismo remontable a Grecia] ha dominado en la mente europea durante toda la época moderna, lo cual pudo llevar a la civilización occidental a un gigantesco fracaso. Porque lo más grave del utopismo no es que dé soluciones falsas a los problemas –científicos o políticos—sino algo peor: es que no acepta el problema –lo real– según se presenta; antes bien, desde luego –a priori—le impone una forma caprichosa. En realidad, el racionalismo no es caprichoso, responde a la necesidad del hombre de entender la realidad, como señala Ortega, pero la realidad siempre escapa a las racionalizaciones humanas, que solo la aprehenden parcialmente. De ahí el apego a la teoría por encima de los hechos: si estos no encajan en aquella, peor para los hechos. Porque estos desconciertan mientras que las elaboraciones racionales producen en la psique una sensación de seguridad y de calma. Además, esas elaboraciones permiten al hombre obrar sobre la realidad y transformarla en alguna medida.

De modo que el racionalismo tiende efectivamente al utopismo. Pero tiende aún más a abolir la libertad. Pretende llegar a conclusiones universalmente válidas a las que la conducta humana debería someterse más o menos lo mismo que un mineral a la ley de la gravedad. La aspiración de la razón y su derivada la ciencia consiste en dominar el mundo humano por leyes análogas a las que rigen el mundo mineral. Retorciendo los conceptos, entonces se definiría la libertad como la sumisión consciente a la necesidad así impuesta. Esa necesidad, una vez conocida, eliminaría las luchas, los sufrimientos y peligros de la vida, la culpa y la responsabilidad. Vieja idea ya desde el estoicismo por lo menos, y que hoy está muy extendida y expuesta de modo vulgar en la estúpida canción Imagine, de Lennon. La penúltima vez en que se han alcanzado esas certezas fue con la caída de la URSS y “el fin de la historia”.

Paradójicamente, es la fe la que salva la libertad: hay algo que está al alcance de la inteligencia humana y algo que por naturaleza está fuera de su alcance, y que por ello exige la fe. La fe permite la libertad, la elección más básica, da sentido a los sufrimientos y riesgos, a la culpa y la responsabilidad que la libertad acarrean, pese a, o acaso por, su incertidumbre radical. Es el coste de lo que podríamos llamar la gloria de la condición humana. Por otra parte, el conflicto (como tensión o como antagonismo) entre razón y fe marca el desarrollo de la civilización europea.

La situación al comenzar el año
Pío Moa gaceta.es 4 Enero 2019

Desde que Zapatero empezó a destrozar la Constitución y las bases de la democracia, y a compincharse con la ETA, tenía que haber surgido un partido o movimiento parecido al de VOX, y así lo propuse reiteradamente. Si no surgió se debió a que el PP, un partido de señoritos golfos, ha desempeñado el doble papel de auxiliar del PSOE y los separatistas, y de bloqueador de cualquier alternativa.

Zapatero representa justamente la inversión total de la decisión popular de 1976, representa el triunfo del rupturismo, el cual significa la destrucción acelerada de la democracia y la putrefacción del régimen del 78, empeorada con Rajoy, y que con Sánchez ha entrado en descomposición. Este es el trasfondo de todos los movimientos políticos del momento. Y por fin, un poco tardíamente, VOX ha logrado romper el muro de silencio de que le había rodeado el PP (mientras promovía a Podemos), y existen posibilidades reales de un vuelco histórico. Para ello, VOX deberá mantener un difícil equilibrio frente a esos partidos fraudulentamente constitucionalistas y europeístas sin caer en las trampas que le tienden erigiéndose en fiscales: VOX debe reducirlos al banquillo de los acusados. Como dijo Trump de los Clinton, “son criminales y no debe olvidarse”.

En mi opinión, una verdadera alternativa política debe incidir en cuatro puntos esenciales: recobrar la verdad de la historia contra izquierda y separatistas; diseñar una auténtica política internacional independiente; elaborar un discurso contundente contra la inmigración masiva y el aborto; y proyectar una gran política cultural contra la actual colonización y en relación con los países de habla hispana. Hay otros problemas importantes, pero estos cuatro me parecen los decisivos, y la diferencia al respecto con los demás partidos debe quedar muy clara.

VOX debería formar con rapidez una verdadera “escuela de cuadros” con las ideas políticas claras y discurso propio, teniendo en cuenta que, como pasa con cualquier partido en auge, se le adherirán bastantes indeseables y gente confusa. Y debe tener en cuenta que el PP, ante sus retrocesos, intentará fagocitar o neutralizar a VOX con demagogia seudopatriótica. Están saliendo en ese plan algunos políticos del PP, que jamás se opusieron a la confabulación de su partido con el PSOE y los separatistas para montar su “democracia de amigotes”. La cual, afortunadamente, está haciendo agua. Si esos políticos tienen el mínimo exigible de sinceridad, tendrían que abandonar el PP.

No estamos en un tiempo de pequeñas maniobras y enredos con sus “diálogos” y “consensos”, siempre contra la libertad y España. La situación a que hemos llegado marca la descomposición del régimen del 78, e impone un cambio histórico que exige estar a la altura.

Finura y firmeza ante un desafío
Carlos Herrera ABC 4 Enero 2019

Ya verás tú como al final todo se va al garete por una pendencia acerca de las diferencias sobre una ley concreta que mantienen unos y otros, principalmente Ciudadanos y Vox. A la gente de Rivera siempre le ha dado asco saber que va a gobernar Andalucía merced a los votos de la gente de Abascal, y a los derechistas emergentes les revuelve el estómago tragarse los desprecios estratégicos que les dedican un día y otro también los llamados liberales naranjas, esos a los que, de verdad, de verdad, lo que les gustaría es gobernar con el PSOE en todas partes. Al PP le coge enmedio, y algo me dice que estaría dispuesto a cambiar lo que hiciera falta (con un poco de disimulo) ahora que están a punto de tocar el poder en Andalucía después de haber obtenido el peor resultado de su historia, sabiendo, no obstante, que serían los grandes perjudicados del enroque de Vox ya que Cs dejaría pasar el turno, esperaría unas nuevas elecciones y siempre podría pactar con Susana sin importarle ya todo lo que hubiera dicho anteriormente.

Vox, supongo, es conocedor de lo que se juega, puede presionar, forzar posiciones, buscar espacio mediático, demostrar que son decisivos, hacerse los machotes, contentar a sus seguidores más hiperventilados, lucir exhibición de principios y todo eso, pero no pueden pasar por ser los causantes de una repetición de elecciones que, a buen seguro, movilizarían al electorado socialista que está a punto de ver desaparecer sus prebendas. Allá ellos si quieren cargar con ese mochuelo, pero si hay cabezas inteligentes y con la debida proyección política en el seno de esa formación, deben saber que sus propios votantes, de poder elegir, no elegirían repetición de elecciones. Si se han de tragar algo, harían la vista gorda ante un punto de los noventa que configuran el acuerdo y permitirían el cambio. Hasta los más intensos seguidores de Vox saben que no pueden ser quienes impidan el desalojo socialista por el breve articulado de un fragmento menor del pacto. Deben saber también que los asientos de los que disponen en el Parlamento les habilitan para permitir gobiernos, pero no para condicionar pactos.

Pero tampoco debería extrañar a nadie que un partido que se presenta como gente de principios capaz de renunciar a todo con tal de no traicionar su ideario, consuma parte de su crédito renunciando a protagonizar el relevo histórico en Andalucía. Siempre podría echarle la culpa a los demás y exhibir una gallardía que, a lo mejor, es lo que les gusta a sus votantes. Vayan ustedes a saber, pero a esta hora el socialismo andaluz se está frotando las manos pensando que algo ha conseguido con la demonización de Vox, nada menos que impedir un acuerdo que haría de ellos materia del pasado mediante el consabido efecto de exacerbar el asco en Ciudadanos. A la gente de Rivera le gustaría presumir de una integridad progre que a veces le restan sus pactos con los populares y, como decía más arriba, no se sentiría especialmente perjudicado por la repetición de elecciones ya que mostraría las credenciales de no haber consentido ceder ante la llamada ultraderecha.

Y a todo esto, la casa sin barrer. Las próximas horas nos dirán hasta qué punto están dispuestos a llegar los diputados que encabeza el ex juez Francisco Serrano, muy inamovible en cuestiones como la que ha llevado a su partido a denunciar el pacto. Convendría no ponérselo muy difícil, pero tampoco renunciar a un punto del articulado que no habla más que de buenas intenciones y con un asunto de alta sensibilidad y fácil manipulación demagógica como son las disposiciones legales contra la violencia de género. Habrá que desplegar finura y cierta firmeza. Al PP le coge en el centro de la disputa, así que tendrá que hacer un esfuerzo imaginativo. Suerte.

La Vox que clama en el desierto
El autor lanza varias preguntas a la formación de Abascal, que, a su juicio, afronta el peligro de convertirse en un partido más y que ya se asoma al precipicio de las promesas incumplidas.
José María García-Mina Tuero elespanol  2 Enero 2019

Los doce parlamentarios de Vox en Andalucía son como las doce puñalás de una copla cañí. El precio que ha pagado el señor Sánchez es demoledor. Ha perdido la finca socialista de la Junta, la herencia, un brazo… la de Dios. No sorprende, por tanto, el estado de excitación depresiva de la izquierda.

Paradójicamente, yo, un anciano de derechas de toda la vida, me veo afectado por una suerte de desencanto. Vox –un testimonial de mis principios y creencias– se ha convertido, brusca e inesperadamente, en un partido político con promesas incumplibles y los riesgos de putrefacción propios de la especie.

Antes de entrar en harina conviene precisar los matices que diferencian a las dos derechas que hoy existen. Por un lado está la de base principalmente católica, la denominada –a tenor de la siempre simplificadora opinión pública– “extrema derecha”. Por el otro: la “progre”, con principios de gran volatilidad, como la bolsa. En cuarenta años de democracia, esta derecha relativista no ha podido desprenderse del complejo de no haberlo pasado mal durante los cuarenta anteriores.

La consecuencia de esta idiosincrasia volátil es una derecha cloroformizada que encara de perfil los verdaderos problemas. Y además lo hace con perfil faraónico porque, debido a una honestidad también volátil, se ha sumado al festín de Baltasar que supone la democracia.

En este panorama crepuscular, Vox, como la luz de una pequeña linterna culebreando en la tiniebla, irrumpía como un creador de opinión y un despertador de ideas y principios en trance de desaparición. Nunca lo consideré un partido político al uso.

Por eso nunca presté mucha atención a su ideario. Lo que hoy sé proviene de otras fuentes, del dicen que dijo. Una información sólo suficiente para una tertulia de café. Vayamos por partes.

He oído que son anticonstitucionalistas, más o menos como Podemos. No parecen partidarios del sistema autonómico. Me gustaría conocer la opinión de los padres de la Constitución acerca de la deriva del autonomismo. Si se hiciese un referéndum, es posible que hubiera menos españoles autonomistas que republicanos en la II República. No obstante, ¿suprimir las CC.AA no supondría entrar en el juego electoral de negociar con lo imposible?

Otro elemento de debate. Recentralizar la Sanidad y la Educación, aunque parezca casi imposible, tal vez pueda ser un asunto de supervivencia. Vamos camino de diecisiete taifas en una España virtual. El día que esta situación de hecho pase a ser de derecho, este país se convertirá, por ejemplo, en la Federación de Repúblicas Ibéricas u otra majadería por el estilo.

He oído que Santiago Abascal, respecto a los inmigrantes, es tan drástico como Donald Trump. Un Estado real no puede tolerar la violencia, pero uno virtual… ¿quién sabe? Los inmigrantes ilegales son ilegales por la incompetencia de los distintos gobiernos. Además, hay dos razones supremas para dejarlos en paz: la compasión y sus necesidades perentorias. Para más inri, nuestro déficit natalicio crea un vacío que ellos llenan, nos guste o no.

Sobre esto, disponemos de poca información. ¿Qué pasa con los miles de rescatados en las pateras? ¿Somos un país de tránsito? ¿Europa se pone de perfil? Demasiadas incógnitas.

Hablemos de Justicia. Vox es contrario a la Prisión Permanente Revisable y se inclina por volver a la cadena perpetua más clásica. Esto supone la enmienda de sus propios principios católicos. El arrepentimiento y la reinserción del ser humano es posible hasta el último segundo de su vida. No podemos negar esa oportunidad aunque un grueso de los violadores, por ejemplo, sean irredentos por no querer o no poder cambiar.

Comprendo que Vox desconfíe de los revisores de la Prisión Permanente. En esto, como en lo referente a la regeneración, me temo que la Justicia, esa cenicienta, no dispone de medios suficientes para ser eficaz.

No obstante, la acusación de machismo me produce risa floja. No es verosímil que un partido se manifieste agresivo contra el 50% de su electorado. A los que promocionan esa leyenda urbana no les preocupa por qué los hombres matan a las mujeres. La palabra machismo, como ocurre con fascismo, cubre todas sus necesidades clasificatorias.

Esta es la última acusación que he oído contra Vox: les tildan de populismo de derechas. No creo que Abascal, con su actual programa, sus tablas de la ley, consiga gran popularidad. Por desgracia, es más fácil que se cumpla aquello de Ortega y Gasset: “Cuando España deje de ser católica se disolverá como un azucarillo”. Se lo dijo a Manuel Azaña en una sesión de las Cortes con motivo de una ley anticlerical de esas que tanto gustaban al presidente de la República. Al fin y al cabo, la destrucción de España sería como la de la torre de Babel: todos separados y hablando lenguas distintas.

A modo de guinda, me gustaría saber qué opina Vox exactamente acerca de la Memoria Histórica. Espero que la ley de Zapatero no sea la primera de una futura dictadura.

Suenan clarines y atabales. Vox ha despertado a miles de personas que, ciscándose en el voto útil, los han catapultado al albero de la Maestranza. Se terminó el toreo de salón. Que Dios reparta suerte.

***José María García-Mina Tuero es químico.

El desafío independentista en Cataluña agudiza la salida de inversiones de España
Borja Jiménez okdiario 4 Enero 2019

La deriva independentista comenzada por Carles Puigdemont y continuada por Quim Torra sigue alejando dinero, no sólo de Cataluña, sino también de España, tal y como reconocen varios expertos a OKDIARIO.

Los expertos consultados por OKDIARIO aseguran que el Ibex 35 ha perdido interés por la situación política en Cataluña como principal motivo, lo que, a grandes rasgos, implica que los inversores dejan de confiar en los negocios españoles por el desafío soberanista que comenzó Carles Puigdemont y que ha mantenido Quim Torra.

Gisela Turazzini, cofundadora de BlackBird, explica a este periódico que “si miramos el rango de cotización de mayo de 2017 a enero de 2019, puedo afirmar que el mercado ha penalizado la inversión en el Ibex 35”. “La inestabilidad política ha sido la clara culpable; lo primero y más relevante por el desafío independentista, después por la corrupción y el cambio del Ejecutivo hacia un gobierno frágil y finalmente, por la crisis italiana”, continúa la experta.

“En general, el temor ha provocado que los inversores hayan buscado refugio hacia los sectores de moda en Wall Street, lo que es especialmente relevante si atendemos a las cifras. El nivel de dinero invertido en depósitos respecto a Fondos está en niveles récord y es muy significativo estando los tipos a cero. El segundo dato lo encontramos en gestoras españolas de fondos como AzValor y Cobas, que ven crecer sus fondos internacionales en torno a 1.000 millones de euros, y sus fondos españoles no llegan a 100 millones de euros. Esto explica en gran medida y sirve de ejemplo, para determinar claramente que el inversor en general prefiere cualquier mercado que el doméstico por lo anteriormente comentado”, afirma Turazzini.

Sin embargo, desde BlackBird creen que “hay algo positivo en este comportamiento”, y es que “el precio de las acciones es muy competitivo en algunos valores y el hecho de tener el grueso de inversores fuera significa que hay poco dinero frágil pendiente de salir”. “Así lo podemos comprobar con el comportamiento relativo del Ibex 35 respecto al Nasdaq 100 por ejemplo, habiendo soportado las caídas de octubre a enero ostensiblemente. Eso me hace presentir que probablemente el Ibex tenga un mejor comportamiento relativo que Wall Street durante este 2019”, concluye Turazzini.

Eduardo Bolinches, director de BolsaCash, cree que “el dinero que se fue por miedo de Cataluña en 2017 no ha vuelto ni volverá en el corto plazo”. “Va a ser otro año muy complicado, porque hay miedo a hacer inversiones en España. Por mucho dividendo y bajo PER, el miedo puede a los inversores”.

“No es sólo por el independentismo, pero sí la causa principal”, continúa Bolinches, que cree, de todas formas, que “está todo muy parado”. “En Castellón los hornos de las cerámicas parados en Navidad, la Ford de Almussafes con la producción parada hasta el 7 por un ERE temporal, Ximo Puig preparando el talón de 23,3 millones para Ford, Valencia arde”, recuerda el experto.

Gerardo Ortega, analista independiente y colaborador de CMC Markets, cree que el problema de Cataluña sería mayor “si se confirmase electoralmente”. “Están teniendo un fiasco tremendo, y eso ha frenado todo, aunque parece razonable que vaya a haber un 155 en Cataluña, y probablemente mucho más duro. Si no meten mano a la educación o a TV3 poco pueden hacer”, continúa el analista, que cree que “si hoy tengo dos millones de independentistas y no metes mano donde hay que meterla, en diez años tendrás tres millones”.

“Al final la Bolsa española ha caído como el resto de índices europeos. La caída es por el sector bancario, y lleva todo el 2018. A partir de aquí, hay un miedo a si esta caída se puede acelerar por Estados Unidos. Estas son las dudas, y las dudas proceden por el proceso de desaceleración en China”, concluye Ortega.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Pedro Sánchez y la 'Marcha Radetzky'

JORGE DE ESTEBAN El Mundo 4 Enero 2019

Durante los 10 años en que realicé en el Instituto Ramiro de Maeztu, la preparatoria, el bachillerato y el preuniversitario, según la terminología de entonces, se me quedaron grabados los acordes de una melodía que sonaba por los altavoces de los campos de deportes para indicarnos que el recreo, de 11 a 11.30, se había terminado y había que volver a clase. Para muchos esa música tan rítmica, e incluso atrayente, no gozaba de simpatía, porque nos aguaba los minipartidos de baloncesto que tradicionalmente jugábamos en unos campos con canastas que fueron el origen del Estudiantes, una leyenda en el Ramiro y en el deporte nacional.

Ignoro quién fue el que seleccionó esta partitura de alcance universal, como acabamos de comprobar en el cierre del tradicional Concierto de Año Nuevo de Viena, obra del patriarca de los Strauss, titulada Marcha Radetzky, y que fue compuesta en honor del mariscal austríaco Joseph Radetzky con el fin de celebrar sus victorias militares. Sin embargo, si en sus orígenes fue adorada patrióticamente por el pueblo austríaco, después sería odiada cuándo el mariscal reprimió violentamente manifestaciones populares. A muchos del Ramiro nos ocurrió al revés: durante nuestra estancia en el colegio la odiábamos;pero, en nuestra vida adulta, como le ocurre a casi todo el mundo, nos apasiona oírla.

Supongo que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alumno que fue también del Ramiro, oiría igualmente miles de veces la obra de Johann Strauss, amargándole con sus inigualables compases la interrupción de un apasionante minipartido que no había más remedio que finalizar. Por lo demás, cuando Sánchez dejó de jugar al baloncesto en el Estudiantes, decidió dedicarse a la política y, como escribe Fernando Garea, no hay duda de que las circunstancias y el azar casi siempre le han favorecido, claro que él, sin duda, ha sabido aprovecharlo. Así llegó por carambola dos veces a ser diputado y así ha sido para convertirse en presidente del Gobierno, gracias a la moción de censura que le ofreció en bandeja el irresponsable Rajoy. En los momentos en que se aprobó la misma, hubo muchos políticos que criticaron, si no su legalidad, al menos su legitimidad, afirmando que no había sido elegido por el pueblo. Semejante crítica, como ya expliqué en su momento, era injusta porque su nombramiento fue legal y legítimo, pero es cierto que acabó perdiendo su legitimidad por no convocar inmediatamente elecciones. En efecto, la moción de censura constructiva tal y como se inventó y se practica en Alemania, exige que haya primeramente una mayoría suficiente para destituir, a causa de sus errores, al presidente en ejercicio;y, en segundo lugar, que exista un candidato a sucederle que cuente con una mayoría indispensable para poder gobernar. Es más: cuándo Helmut Kohl presentó el 1 de octubre de 1982 una moción contra Helmut Schmidt, lo hizo porque ya contaba con la coalición del Partido Liberal, que abandonó a Schmidt, para gobernar con la CDU y, por si no fuera suficiente, convocó cuatro meses después nuevas elecciones para conseguir una mayor estabilidad.

La situación en España ha sido completamente diferente, porque Sánchez contaba sólo con 84 diputados, por lo que le faltaban 92 para destituir a Rajoy y poder gobernar después. Como es sabido, logró esa mayoría reuniendo a un grupo de diputados que era un totum revolutum, en donde no existía ninguna afinidad para formar un Gobierno. Es más: una parte importante de ellos pertenecía a partidos nacionalistas o separatistas que buscaban un Ejecutivo débil en Madrid que facilitase sus objetivos. Concretamente en Cataluña, desgobernada por dos personas desequilibradas, presenciamos todos los días las contradicciones de Sánchez afirmando que él solucionará el problema catalán con "diálogo, diálogo y diálogo". Sin embargo, tras el simulacro de diálogo mantenido en Barcelona días atrás, Torra le presentó una carta con 21 reivindicaciones que aún desconocemos los ciudadanos. Así que seguimos igual -mejor dicho, peor- porque uno quiere diálogo y el otro quiere monologar, es decir, imponer. Y, naturalmente, todo ello fuera de la Constitución, palabra que Torra exigió que desapareciese de esa obra de arte que es el manifiesto conjunto emitido antes del Consejo de Ministros de Barcelona, sustituyéndola por la de "seguridad jurídica". Pero como Torra desconoce lo que es el Estado de derecho, no se apercibió de que el artículo 9.3 de nuestra Carta Magna dice expresamente que "la Constitución garantiza, entre otros principios, el de seguridad jurídica"; ésta no existe si no se cumple la Constitución.

En otras palabras, el presidente está gobernando, por decirlo así, contra natura, aceptando, por una parte, los caprichos de Pablo Iglesias, especialmente contra la Monarquía. Sin darse cuenta, por ejemplo, de que suprimir la inviolabilidad del Rey exige una reforma constitucional que debe ser aprobada por dos Cortes Generales sucesivas y la convocatoria de un referéndum. Y, por otra parte, soporta, sin inmutarse, las machadas de ese gran jurista que es Torra, cuando afirma que "no aceptará" una sentencia condenatoria contra los golpistas encarcelados, calentando ya el ambiente para cuando se inicie el juicio. Unos y otros del conjunto de aliados de la banda de Sánchez comparten la idea de que el verdadero principio constitucional es el que formuló Al Capone cuando expresó su concepción del Derecho aplicada al juego: "Cuatro ases pierden ante cuatro reyes y un revólver". En nuestro caso, todavía no es necesaria la pistola, pues por el momento se consigue lo mismo con un puñado de votos bien empleados.

En definitiva, si Sánchez continúa unos meses más como presidente, corremos el peligro de sufrir una tragedia nacional de la que ignoramos sus dimensiones. No se puede gobernar con mentiras continuas porque al tiempo se le puede engañar pero sólo un tiempo. Y lo mismo se puede sostener de su promesa de transparencia, cuando hay cada vez más opacidad en su gestión. No se puede gobernar con un Gobierno del que tuvieron que dimitir dos ministros por razones lógicas, mientras que al menos siete no quieren renunciar estando señalados por los mismas o peores pecados. No se puede gobernar con un conjunto de partidos o bandas antisistema que lo único que querían era tener al presidente atado de pies y manos incapaz de poder tomar decisiones profundas para mejorar al país. Pero, eso sí, le permiten que utilice aviones y helicópteros oficiales para uso privado, que disfrute de las residencias de La Moncloa, de Doñana, de La Mareta, y tal vez de alguna más, como si las hubiera heredado de sus abuelos. No se puede gobernar sin calcular los gastos y los ingresos, pero este Gobierno se comporta como si fuera los Reyes Magos, para después aumentar los impuestos. No se puede gobernar sin que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado y todo indica que difícilmente se conseguirá. No se puede gobernar con un PSOE que, de no ocurrir un milagro, está en fase de liquidación.

Y para no agotar todas las habilidades de buen gobernante que adornan a Pedro Sánchez, hay que destacar lo mejor de todo: sigue siendo presidente porque el grupo de nacionalistas catalanes, encabezado por Torra, le apoyarán mientras les interese, advirtiendo que los miembros de la Generalitat violan constantemente la Constitución, pisotean los derechos de los catalanes no separatistas y se ríen del Tribunal Constitucional. En suma, con esta tropa era impensable que se pudiese gobernar, lo cual debía haberlo previsto Sánchez para convocar, como hizo Kohl, las elecciones un mes después de la moción de censura. Pero si no lo hizo entonces, tiene que hacerlo ahora, sin demora. Porque está sonando la Marcha Radetzky, tarareada rítmicamente por el coro del 70% de los españoles que exigen elecciones inmediatas; se ha acabado el recreo de siete meses y hay que volver a casa. Por si fuera poco, Pablo Casado, el líder del PP, aunque tal vez tempranamente, le está acusando de "traición".

Si sigue actuando como hasta ahora, favoreciendo sobre todo a los separatistas, este epíteto lo podría merecer desde luego;y entonces se le podría aplicar, en lugar del artículo 113 de la Constitución, que regula la moción de censura, el artículo 102, que se ocupa de la presunta traición del presidente del Gobierno. Sería lamentable que esto ocurriese, pero sólo él tiene la clave para evitarlo mediante la convocatoria urgente de elecciones generales. Cierto que dejaría de ser inquilino de La Moncloa, pero adquiriría uno de los más jugosos títulos del país: ex presidente del Gobierno.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.
 

VOX refuerza la democracia
Carles Enric okdiario 4 Enero 2019

En política hay dos maneras de analizar una sociedad: por los hechos y por las palabras. La democracia en España sólo ha estado en peligro debido a las palabras de los independentistas, la extrema izquierda encarnada en Podemos y la extrema derecha que evoca con nostalgia a Francisco Franco. Mientras que por los hechos, algo más grave que la vacua oratoria, han quedado retratados Bildu –los defensores de ETA– y las tropas de los linces de Oriol Junqueras y Carles Puigdemont.

Hasta la fecha, gracias a VOX la democracia ha conseguido iniciar un nuevo capítulo en España donde el paradigma ya no es la izquierda o la derecha, sino algo más sencillo: el populismo. Éste puede gustarnos o no, pero nadie puede negar que en su origen –la palabra del pueblo– tiene connotaciones más democráticas que las ideologías pre-franquistas de izquierda o derecha del S. XX. En el nuevo paradigma, convendrán conmigo, el debate ahora es más amplio porque sencillamente las opciones mayores.

Que luego nuestra sociedad sea más sana o más tarada es otra historia. Pero las democracias crecen cuando las mayorías de votos gobiernan. Nadie puede negar que si hubo casi 400.000 ciudadanos que votaron a VOX en Andalucía, y alguna encuesta eleva su cuota de poder por encima de los 45 diputados en el Congreso de los Diputados –por encima incluso de Podemos– es que algo está pasando en España. La ciudadanía tiene algo que decir y debemos escucharla. Sin embargo, seamos sinceros, ni con Franco hubo tanto ultraderechista pululando por nuestro territorio. Lo que pasa es que en España nos encanta subirnos a todos los trenes, por ello, muchos de los que eran franquistas luego se convirtieron en demócratas y muchos de los que se hicieron conversos en la Transición del 78 ahora se ha adherido a VOX, y muchos nuevos que ha votado a los de Santiago Abascal simplemente quieren probar una idea donde participar.

Por tanto, atacar a VOX es todo menos democracia. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con ellos, pero a diferencia de partidos como Bildu, ERC o PDeCAT, el partido de Abascal –al menos hasta este momento– nunca ha atacado la democracia de todos. Y esto que puede molestar a algún lector obtuso, con poco conocimiento, debe ser la línea roja del sistema. Y que algunos crean que la democracia no son palabras, votar, y aceptar la decisión del pueblo, es porque no habrán entendido que la última dictadura desapareció de España hace más de 40 años. El voto es libre, de modo que cada uno lo deposite en la urna que quiera. Así es el juego.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial