AGLI Recortes de Prensa  Sábado 5  Enero 2019

Más constitucionalistas, si cabe
Ignacio Garriga okdiario 5 Enero 2019

Son varios los miembros del Gobierno socialista de Pedro Sánchez, las formaciones políticas, los políticos, los medios de comunicación y los opinadores que se han lanzado a intentar retratar a VOX como un partido “inconstitucional”, “anticonstitucional” e, incluso, “extraconstitucional”. Respecto de este último término, más de un jurista cualificado y reputado me ha confesado su extrañeza ante lo que consideran una mera creación periodística para no decir que VOX es un partido constitucional en lo jurídico y, como saben todos los españoles, firme defensor de nuestra norma fundamental.

Es evidente que ha caído en saco roto el afán de quienes han tratado de adjetivarnos como contrarios a la Carta Magna. En primer lugar, porque la sociedad española es más madura de lo que muchos de los “líderes” creen. En segundo lugar, porque los hechos avalan que VOX es la formación política más constitucionalista, si cabe. Ahí está el papel que hemos desempeñado en la defensa de nuestro Estado de derecho ante el golpe secesionista. No fue el Gobierno del PP, junto con Ciudadanos y PSOE, el que mejor combatió e hizo frente a los golpistas. Sí fueron, sin embargo, estos tres partidos los que aplicaron un 155 destilado y con fecha de caducidad. El problema fue, una vez más, que el desarrollo de este artículo se hizo pensando en apaciguar a los secesionistas y no en garantizar los derechos y libertades de todos los catalanes.

Los separatistas siguen en las instituciones gracias a la irresponsabilidad del PP, PSOE y Ciudadanos; a la impasibilidad de la candidata de Ciudadanos, que ganó las elecciones autonómicas en Cataluña pero no se atrevió a presentar su candidatura a la presidencia del Gobierno de la Generalidad, y, cómo no, al Ejecutivo socialista, ungido al poder por los enemigos reales de nuestra Constitución.

La irresponsabilidad y deslealtad del PP, PSOE y Ciudadanos para con su mandato constitucional responde a un denominador común: retener el poder o, por lo menos, no perder el obtenido. El miedo ha pesado más en sus acciones políticas que el interés de la nación. Sus intereses electorales y de partido se han impuesto sobre las prioridades de los españoles. Es en esto, precisamente, donde nuestros compatriotas pueden encontrar la diferencia entre aquellos partidos que han abdicado de sus responsabilidades con España y VOX, instrumento al servicio de los españoles.

Nosotros creemos en aquello que es mejor para la nación y los españoles, aunque ello implique perder peso electoral o, incluso, la desaparición de nuestra organización política. Esto último es un hecho fácil de corroborar. VOX puso sus escuálidos recursos económicos al servicio de la defensa de nuestra Constitución a través de las distintas querellas que presentamos contra los golpistas. Esto nos situó en una situación de extremada dificultad económica. Tal es así, que muchas de las acciones judiciales se mantuvieron gracias a campañas de crowfunding que contaron con la generosidad de muchos patriotas -hoy nacionalistas según el señor Girauta-.

El portavoz de Ciudadanos en el Congreso nos ha denominado nacionalistas con motivo de nuestra posición en Andalucía respecto de la formación de Gobierno. Sin embargo, éste olvida -quién sabe si intencionadamente- la diferencia entre patriotismo y nacionalismo: el primero es inclusivo frente al último que es excluyente. Los españoles que han votado a VOX son patriotas y no quieren excluir a nadie por razones de sexo, origen, etc. Creen en la dignidad de la persona y en los derechos inviolables que le son inherentes porque creen en la libertad y en la igualdad de todos los españoles. Por eso, no deja de ser sorprendente que el responsable del ¡Área Constitucional de Ciudadanos!, el señor Girauta, insulte a quienes estamos a favor de una Ley que proteja a las personas de todas las modalidades de violencia doméstica.

Harían bien Ciudadanos y en dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Dónde está escrito en nuestra Constitución que la Ley no es igual para todos? ¿Dónde está escrito que querer la igualdad para todos los españoles es estar en contra de las mujeres? ¿Dónde está escrito que Ciudadanos y PP junto con Podemos y el resto de fuerzas disolventes de la nación sean los defensores y portavoces autorizados de las mujeres? ¿Cuál será el siguiente paso, hacer una ley específica para hombres? Los partidos políticos y los legisladores están para garantizar nuestra Constitución. Si algún partido quiere trocear la igualdad de todos los españoles en función del sexo, origen, etc, que presente una reforma constitucional, pero que no engañen a los españoles. Por eso, y le pese a quien le pese, VOX somos los más constitucionalistas, si cabe.

Andalucía, otra vez por España
Santiago Abascal Libertad Digital 5 Enero 2019

Hay que retroceder varias décadas para encontrar un año político tan importante como este 2019 que ahora comienza. La compleja situación dentro y fuera de nuestras fronteras, en todos los ámbitos, va a exigir de los representantes públicos y de nuestras instituciones esa altura política que se reserva para los grandes momentos históricos, y que hacen (o deshacen) a las grandes naciones. No es exageración ni grandilocuencia: a la compleja situación internacional, la presión migratoria y unas decisivas elecciones europeas, sumamos en España la amenaza golpista que pone en peligro la convivencia y que ha encontrado complicidad en buena parte de la izquierda e incluso entre socios europeos. Y aunque ahora toque hablar de Andalucía, desde VOX entendemos que lo que afecta a cualquier región española afecta a todos los españoles, y que demasiado tiempo hemos sufrido una forma irresponsable, ruin y egoísta de hacer política autonómica sin entender ni atender al interés nacional.

VOX se presentó a las elecciones andaluzas cuando todos creían que era poco menos que un suicidio político y ha obtenido unos resultados que nadie creía posibles. Lo hizo bajo el lema "Andalucía por España", y con esa misma perspectiva afrontamos ahora la difícil tarea de contribuir a desalojar al socialismo de unos despachos enfangados de corrupción, desde los que se ha conseguido poner a los andaluces a la cola de toda Europa. Digo "difícil tarea de contribuir", porque así, muy difícil, lo están poniendo quienes debieran colaborar en construir una alternativa sensata. Desde la mima noche del 2 de diciembre dejamos claro que VOX no sería obstáculo para el cambio necesario. Algunos se tomaron aquellas declaraciones como un cheque en blanco que utilizaron para insultar, menospreciar y amenazar a nuestra formación y, con ello, a 400.000 andaluces. Lo esperábamos de la izquierda comunista, pero sí es verdad que nos sorprendió algo el seguidismo que la mayoría de partidos y medios hizo de la "alerta antifascista" decretada por el señor de la dacha de Galapagar. Hasta ahora mismo contemplamos como periodistas de todos los medios y políticos de todos los partidos siguen muy obedientes las consignas de Pablo Iglesias, demonizando unas ideas simplemente porque no las comparten. Da igual que el tema sea nuestra posición contra la inmigración ilegal o contra las leyes liberticidas de género o de memoria histórica.

Ataques desproporcionados y algo histéricos que, repito, se ven en todos los medios, y en todos los partidos. Sin excepción. Es conveniente tenerlo claro para saber hasta qué punto la progresía de izquierda y derecha, tan indulgente siempre con el comunismo del molotov, ha podrido estructuras e instituciones en nuestro país.

De cualquier manera, si pensaban que con su bilis y sus manipulaciones iban a amedrentarnos, se ve que no nos conocen. Y menos a nuestros votantes, que son los más valientes de España, y que nos dieron su confianza cuando todos les decían que era tirar el voto. Están locos quienes piensen que vamos a traicionarles. A los pocos días ya avisamos de que el hecho de nos ser obstáculo para el cambio no significaba que fuéramos la alfombrilla donde los nuevos caciques del cortijo vinieran a limpiarse las botas.

Veamos cómo están las cosas en este momento. El PP y Cs han firmado un acuerdo de 90 puntos, aunque me dicen que en realidad es de 89, porque se han saltado un número. Quizá esta pequeña dificultad para las matemáticas ha hecho que los dirigentes de Ciudadanos pensaran que con sus votos era suficiente para repartirse las consejerías. O quizá es que anhelaban, desde el principio, (muy obedientes a los dictados de Manuel Valls y de su vocación de Pepe Botella) que los votos que les faltan se los acabaría dando la izquierda.

Sean las que sean las órdenes y maniobras oscuras que alienten sus actos, el caso es que el partido naranja camaleón parece huir de una foto con los representantes de VOX, aunque Albert Rivera las tenga con Puigdemont y Pablo Iglesias. Me parece muy bien, cada uno se retrata cómo y con quien quiere.

La foto que quiere VOX es la del cambio político en Andalucía. Por España. Porque desde el sur de nuestra patria se vayan abriendo ventanas que ventilen la atmósfera corrupta y por las que entren nuevos aires de libertad para todos los españoles, sin importar en qué provincia nacieron, donde trabajen o a qué sexo pertenezcan. Para ello, el próximo martes nos sentaremos con representantes del Partido Popular con propuestas coherentes con nuestro programa pero lo más constructivas posibles, con el objetivo de alcanzar un acuerdo por escrito, público y transparente. Estamos seguros de que nuestras propuestas, nacidas en el más puro sentido común, serán compartidas por una inmensa mayoría de andaluces, independientemente del partido al que hayan votado. Porque serán propuestas para devolver libertad, recursos, protección y dignidad a los españoles que viven en Andalucía. Por supuesto, la propaganda, la manipulación y la histeria arreciará entre quienes ven peligrar el chiringuito desde el que han saqueado esa comunidad durante décadas. Estoy convencido de que harán todo lo posible por dinamitar un acuerdo de cambio.

Nosotros, sin embargo, querremos estar a la altura política que requieren los grandes momentos históricos. España, que es una gran nación, no se merece otra cosa.

Santiago Abascal, presidente de Vox.

De los barullos y chanchullos en Andalucía
Pedro de Tena Libertad Digital 5 Enero 2019

Lo que está ocurriendo en Andalucía deja entrever no poco barullo dando una idea de la escasa entidad de los dirigentes de este proceso por todas las partes y una inquietante probabilidad de chanchullo que trae a la memoria aquello del Gatopardo, de que todo cambie para todo siga igual o incluso para que nada cambie.

El barullo de la izquierda se centra en la insistencia de Susana Díaz de presentar su candidatura, aludiendo a su legitimidad como vencedora electoral. Parece no querer recordar que Javier Arenas ganó con 50 escaños las elecciones de 2012, 17 escaños más que los alcanzados por ella, y que PSOE e IU impidieron su gobierno con un pacto y olvida completamente que, en el Congreso actual, Pedro Sánchez, con 84 diputados, gobierna la Nación con pactos discutibles y espurios frente a un PP que tiene 50 escaños más.

Si es cierto que el PP defendió durante años que quien ganaba las elecciones debía gobernar – y no lo defiende cuando no le conviene-, no menos cierto es que los pactos poselectorales consagran las efectivas mayorías de gobierno y que Susana Díaz, por ahora, no la tiene. Es más, pretender que la nueva presidenta del Parlamento andaluz, Marta Bosquet, acepte su candidatura es pedirle que prefiera una candidatura inútil a una con posibilidades de consolidación, si Vox así lo decide.

Otro barullo de la izquierda procede de la incomprensible estrategia de Podemos e IU en la Mesa de la Cámara andaluza. Por no haber querido aceptar pactos con PSOE e incluso con Ciudadanos – recuérdese el cafelito en la Estación de Jerez -, se han quedado sin puesto con voz y voto en dicha Mesa y lo que es más tonto, dejan a PP y Ciudadanos las manos libres en la Mesa por no necesitar el voto de Vox. Un pan como unas tortas.

Pero para barullo el organizado por la izquierda andaluza con motivo de la postura de Vox sobre la Ley de Violencia de Género modificada el pasado verano en Andalucía por el gobierno de Susana Díaz. Se sabe que es una ley ineficaz, como ayer demostró con toda claridad Manuel Llamas en Libertad Digital y ya denunció Ciudadanos en 2015. Se sabe que es una ley "ideológica" y discriminatoria que ni UPyD en su día, ni Ciudadanos ni el PP han querido admitir nunca, aunque finalmente lo hicieran a regañadientes en la etapa de "hundimiento ideológico" de un Rajoy claudicante y un Albert Rivera cada día más decepcionante.

Que oponerse a esa ley sea sinónimo de extrema derecha o de machismo o incluso, como ha calumniado abiertamente Teresa Rodríguez, de complicidad con el "feminicidio", es parte del barullo. El mismo Aznar – y puede consultarse en las hemerotecas -, se oponía en su época de presidente del gobierno a la teoría de las cuotas femeninas y a las discriminaciones, positivas o negativas, en este terreno y cualquier otro. Era una manera de impedir la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia y el valor del esfuerzo y la calidad. O sea, que el centro derecha, desde 2004, se ha tragado no una tapa, sino toda una ración de ideología de género sin inmutarse. Y Ciudadanos - memento Marta Rivera de la Cruz, sobre todo -, defendía cargarse la Ley de Zapatero hasta en 2015.

Conocida es la tesis de los delincuentes más avispados que, para que triunfe algún chanchullo, es preciso antes organizar un barullo. En política no hay diferencia en cuanto a esta táctica heredada de la magia espectacular: distraer la atención para que el truco no se descubra.

También Vox ha contribuido al barullo porque, de mantener su tesis de fidelidad al voto de 400.000 andaluces, no podrá acordar casi nada con nadie y eso impedirá un gobierno de cambio en Andalucía, cambio que dijo, inicialmente, que no obstaculizaría.

Su barullo podría conducir al chanchullo que quienes no quieren cambio alguno y el sostenimiento del régimen. Abascal, que es quien corta el bacalao de verdad en todo, debería meditar sobre la rigidez de una postura que podría conducir de un mal menor – un cambio con matices y cesiones -, al mal absoluto – la continuidad del régimen-, un horizonte que desata escalofríos y terrores.

Su barullo puede alcanzar proporciones épicas si no votan en la primera votación o votan en contra en la sesión de investidura al candidato común, Juan Manuel Moreno, de la entente PP-Ciudadanos. No digamos ya si tampoco lo apoyan en la segunda, cuando sólo es necesaria la mayoría simple. Susana Díaz podría entonces proponer con derecho su propia candidatura ante el "fracaso" de las "derechas".

Una cosa es el derecho de Vox a ser oídos y escuchados si se quieren sus votos – algo que el PP y Ciudadanos, sobre todo, tiene que entender de una puñetera vez -, y otra dinamitar la esperanza, por mínima que sea, de un cambio, por ínfimo que sea, en Andalucía y, posteriormente, y ya no tan menor, en España.

Por ello, es meritorio el papel del PP de Pablo Casado, que no de Ciudadanos, de templar ánimos y tender una escala con su propuesta de limar la actual Ley de Violencia de Género en la dirección de una mayor igualdad de los hombres en el barullo de las normas sobre violencia de género, en su concreción andaluza.

Ello le puede permitir a Vox volver a interesarse sobre los 88 artículos restantes del acuerdo de gobierno PP - C´s, antes que empecinarse sólo en el relativo a la violencia de genero que, además, puede modificarse desde el gobierno andaluz primero y luego, desde un posible gobierno nacional.

El chanchullo, que podría crecer hasta proporciones inquietantes, podría urdirse entre PSOE, Ciudadanos, sí, sí, Ciudadanos, que ya tiene la presidencia del Parlamento, con la abstención de Podemos, con el fin de evitar nuevas elecciones autonómicas.

Insisto en que a la suma de los 33 diputados de Susana Díaz y los 21 de Ciudadanos sólo les faltaría un voto para conseguir la investidura de Susana Diaz, o la de Juan Marín, no se olvide, que es la propuesta del sector sanchista para matar dos pájaros de un tiro: mantener la estructura y el poder del PSOE andaluz con el sacrificio forzoso de la trianera. A estas alturas, no parece imposible lograr que alguien cambie o preste su voto tras un fracaso del centro derecha para impedir el desmoronamiento de la izquierda en Andalucía.

Y luego están los chanchullos que laten tras el barullo general. Ciertamente, los ciudadanos pueden asistir atónitos a este baile de disfraces y sentirse decepcionado por la falta de principios de sus representantes y la ausencia de solidez de los contratos programáticos electorales. Es más, pueden sentirse desorientados puesto que la mayoría no lee ni programas, ni pactos, ni nada y están al albur de la propaganda "negra" (la orientada a desinformar o a neutralizar informaciones veraces). Es lo que hay: la democracia no es perfecta y las decisiones no están siempre amparadas por razonamientos y racionalidades.

La pregunta se hace pesada, grávida, incluso lastimosa. ¿Merecen la pena algunos chanchullos para salir del barullo y el apabullo del régimen andaluz y sus consecuencias para la libertad, la democracia y el bienestar de los andaluces o es preferible arriesgarse a una hecatombe política, no sólo andaluza, sino nacional, permitiendo la posibilidad de que la tela de araña andaluza se perpetúe y el gobierno de Pedro Sánchez se reedite con la colaboración de los separatismos y otros enemigos de España? Nadie y nada es perfecto, con faldas a lo loco o a lo cuerdo.

Lo que no se entiende de ninguna manera, o es que yo estoy obtuso por los excesos y los polvorones, es que Vox, que tiene la sartén por el mango, y el mango también, durante toda la legislatura que puede comenzar este mes de enero, vaya a renunciar a este privilegiada posición.

Sus 12 escaños le van a permitir condicionar todas y cada una de las iniciativas parlamentarias del nuevo gobierno PP-Ciudadanos, en el que nunca ha querido estar, y tener una proyección nacional inesperada hasta hace unos meses. Distinguir entre lo esencial y lo accidental viene de Aristóteles, fíjense.

Tres muertos vivientes
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 5 Enero 2019

2018 sirvió – afortunada y políticamente – para destapar las tropelías que consumaron tres fundidores de votos –en el peor supuesto del verbo fundir– como Iglesias, Sánchez y Torra, pues sus continuos desmanes han arruinado el futuro de sus respectivos partidos. De ahí que diga, afortunadamente. Que no hay mal que por bien no venga. Tal trío y su afán de desmembrar y envenenar a España con ideas repulsivas, pretende igualarnos a Cuba, Irán, Eslovenia o Venezuela, países reconocidos por sus libertades. Pablo, Pedro y Quim, famosa banda formada para jodernos la vida, engañó y estafó a sus adeptos. Millones de personas a las que dieron la espalda con indiferencia estos traidores, huyen de sus filas para no volver.

Ya no les va a votar ni su madre. Dichos politicastros fuera de la ley que denigran a nuestro país y a sus instituciones, nunca recuperarán esos votantes que reclutaron en sus tiempos de demagogia y osadía. Fijo. Pablo, Pedro y Quim, hoy, son muertos vivientes, zombies, o merluzas congeladas, valga la imagen lírica, pues apenas resucitan para acudir al supermercado, como hace cualquier digno ciudadano, aunque al trío antedicho no le quede nada de dignidad. La ridícula y plurinacional república que fomentan, la era de las deportaciones les habría mandado a bailar el mambo a las colonias. Un Estado serio, como es España, no ha de permitir que tres muy dañinos muertos vivientes continúen pisando nuestras libertades.

Todo zombie se rige por el mismo patrón. Hoy niega lo que juró ayer. Promete soluciones, olvida promesas y nada soluciona. A Pablo, Pedro y Quim, les va el cambalache, les extasía mentir. Usan el desprecio como escudo para ocultar su ignorancia en asuntos cruciales, dando la callada por respuesta a quien le interroga. Así son estos palurdos, zafios desde la cuna, aunque se disfracen de honorables. Lo terriblemente angustioso es que el futuro de España y de los españoles tenga que depender de zombies desaprensivos, por no llamarlos reos.

¡Qué difícil es ser rojo, ¿verdad, Pablo?, en un chalet de millonario hortera en Galapagar, custodiado por la Guardia Civil! ¡Qué duro es ser socialista, ¿verdad, Pedro?, habitando un palacio sin pasar por las urnas y volando en un Falcon como un play-boy de pacotilla! ¡Qué triste es ser separatista, ¿verdad, Quim?, cumpliendo consignas que te dicta un descerebrado desde Bruselas! Los tres zombies viven a sus anchas como muertos vivientes que son. Las elecciones van a mandar a estos tres ineptos a donde merecen.

El mito de la derecha tripartita… y creciente
El autor advierte del espejismo que supone el éxito relativo de PP, Cs y Vox en Andalucía, y sostiene que el sistema electoral penalizará en unas generales a un centroderecha dividido.
José Luis González Quirós elespanol 5 Enero 2019

La política tiende a ser repetitiva, y los insistentes intentos del supremacismo catalán para hacer que la Constitución salte por los aires acaban por aburrir, así que cierta monotonía se ha convertido en un carácter peculiar del debate público. Este fondo tan escasamente llamativo permite entender que los resultados de las elecciones andaluzas hayan tenido una repercusión extraordinaria y que, apoyándose en ellos, se edifiquen algunas interpretaciones acaso apresuradas.

Andalucía no es, en efecto, poca cosa, y lo que allí ha sucedido puede que marque el futuro político español, cosa que ya pasó con el famoso referéndum andaluz sobre el camino a seguir para constituir la autonomía en aquella región, una consulta que se llevó por delante a la UCD, aunque no sea sensato olvidar que aquel partido tenía algunas otras afecciones nada menores.

En las elecciones andaluzas se han inspirado dos marcos interpretativos de apariencia distinta, pero, en buena medida coincidentes. Por una parte, se ha querido ver un declinar de la izquierda, y por otra, se anuncia el orto de una derecha creciente pese a su división en tres fuerzas distintas, Ciudadanos, PP y Vox. Como argumento movilizador para la izquierda que se ha quedado en casa, puede no ser malo del todo.

Vayamos a los datos que siempre son los grandes olvidados de las interpretaciones al vuelo. Si nos referimos a lo que viene pasando desde 2011, cuando Rajoy ganó las elecciones generales con una amplia mayoría, es verdad que la izquierda (sumando siempre sus dos versiones) ha descendido desde los dos millones de votos de las andaluzas de 2012 hasta casi un millón setecientos mil votos de las últimas. Si se tiene en cuenta que el PSOE lleva en el Gobierno andaluz casi cuarenta años, y que alguna ministra desavisada se dedicó a echar pestes de la caza y los toros (menos mal que no dijo nada del flamenco) tampoco parece un resultado catastrófico.

En lo que se refiere a los votos de lo que se quiere ver como una derecha ampliada por sus flancos, los tres partidos juntos han sacado menos de un cuarto de millón de votos más que el PP en las andaluzas de 2012 (cuando no existían ni Ciudadanos ni Vox, pero sí UPyD que obtuvo casi ciento treinta mil votos). Es verdad que esos resultados se han conseguido con una participación menor, es decir que el porcentaje de estos votantes ha crecido, pero esa circunstancia se explica perfectamente por la menor movilización que ha perjudicado fuertemente a la izquierda.

También hay que apuntar que la suma de votos de ese peculiar tripartito, en plena efervescencia profética de las encuestas, no ha sido capaz de alcanzar la cifra que habían conseguido en el conjunto de las provincias andaluzas en las elecciones generales de 2016. En resumen, que ha habido una cierta novedad electoral, pero que hay que ser muy miope para describirlo como una especie de vuelco que presagia males, o bienes, mayores.

Eso es lo que dicen los números, pero esas mismas cifras revelan una situación desesperadamente mala para el PP, aunque se pueda ver premiado con una presidencia que se le escapó de las manos en 2012, cuando llegó a tener bastante más del doble de votos de los que ha cosechado ahora, y eso que entonces no supo conservar los casi dos millones de votos que le habían apoyado en las generales inmediatamente anteriores. Los datos, pues, no son apabullantes, salvo como diagnóstico de los males del PP.

Visto desde una perspectiva puramente política los resultados de las andaluzas debieran suponer para el PP algo más que un revulsivo, porque indican hasta qué punto ha sido abrasiva para el partido la presidencia de Rajoy y sus variopintas peripecias. Pretender salir adelante reivindicando la herencia de Rajoy sería como volver a encomendarle al ingeniero Morandi la reconstrucción del puente que recientemente se ha hundido en Génova, me refiero a la capital italiana y no a la calle madrileña, evidentemente. Esa es exactamente la dinámica que está por debajo de la aparición de una supuesta derecha tripartita: o el PP consigue recuperarse y reconstruir un mensaje capaz de aspirar a la mayoría, o los apoyos que le asistan en su aparente éxito andaluz lo acabarán devorando.

El panorama que se divisa ahora mismo no indica necesariamente el éxito de esa supuesta derecha tripartita y el hundimiento de las izquierdas, es, más bien, un panorama desestructurado que no se sabe cómo puede acabar tomando forma. Si Casado no acierta a sacar a su partido del angustioso zulo en el que le han metido los errores de estos años, nos podemos encontrar con un modelo parecido al de 1977, el que se agotó en 1982 con la aplastante mayoría de Felipe González: un centro amplio una derecha residual, pero, por razones muy diversas, que van desde las puramente políticas hasta las de estricta técnica electoral, resulta bastante inverosímil tanto que esa posibilidad se realice con tres partidos, como que el PP pueda liderarla.

Los electores tendrán la palabra, pero cabe esperar que los buenos políticos sean capaces de hacer algo más que tratar de adaptarse a una tendencia que se ha producido a causa de errores absolutamente nítidos. Para empezar, habría que recordar que, vistas las graves amenazas a la Constitución, esas que han obligado a nuestro Rey a tomar la palabra, seguramente pueda ser más importante, por ejemplo, asegurar la estabilidad del sistema democrático, y la continuidad histórica de la Nación, con un pacto a tres entre el PSOE, Ciudadanos y un PP recuperado, que buscar por encima de todo un supuesto triunfo de las derechas que, de producirse, podría suponer la liquidación de lo que ha representado el PP desde 1996.

Los números no dan para que una derecha supuestamente radical pueda cantar victoria, pero es que, además, la desaparición del PP triturado por sus adláteres probablemente supondría la aniquilación de las posibilidades electorales de cualquier opción de centro derecha, pues ni Ciudadanos está especialmente habilitado para jugar ese papel ni Vox parece tener el menor interés en representarlo.

Mientras el universo de posibles votantes de soluciones más liberales que estatistas esté donde está, es evidente que su división en tres opciones puede favorecer dos dinámicas de signo contrario: un aumento de la participación, pero una pérdida de escaños, porque el sistema electoral prima en escaños al primero y al segundo y perjudica progresivamente al tercero, al cuarto y al quinto. Ese efecto no se ha notado demasiado en Andalucía porque la distribución de escaños por provincias es bastante homogénea, pero será determinante cuando, en las legislativas, se computen las dos docenas de provincias que tienen cinco o menos diputados.

El PP ya no está en condiciones de reclamar el voto útil, un expediente que nunca es demasiado eficaz, además de ser un signo de impotencia, de forma que ese partido se tiene que enfrentar con decisión a una alternativa inescapable, o se refunda a consecuencia de una autocrítica sincera y radical, o perecerá como alternativa de gobierno, porque una amplia mayoría de sus electores preferirán votar a formaciones menos gastadas y que no hayan tenido ocasión de decepcionar a sus partidarios en ninguna materia grave.

Con muy escasos matices, la mayoría de los votos de Ciudadanos provienen de electores que votaron las mayorías políticas del PP, cosa que es todavía más clara en el caso de Vox. Ambos partidos han llegado a existir por defecto, a causa de la decepción que las políticas de Rajoy han causado en sus electores.

Los españoles no pueden tomarse en serio la idea de que el mismo partido que ha consentido una deriva extraordinariamente grave del secesionismo catalán, y que es el principal responsable de una aplicación fallida del artículo 155, pueda arreglarlo ahora con vagas promesas de que vuelve el PP de siempre o de que va a aplicar la ley con rigor. Se necesita una voz política mucho más persuasiva y mucho más creíble, capaz de recuperar voto en el País Vasco y en Cataluña, regiones en que virtualmente ha desaparecido, y hay muy poco tiempo para ensayarla, pero sin una auténtica reconversión del PP ese partido se quedará sin papel en el azaroso baile político que se avecina.

Caben dudas de que el PP vaya a ser capaz de reinventarse, de recuperar un papel político fuerte y original, y de que se atreva a hacerlo renunciando a cualquier seguidismo que, en su caso, además, habría de ser esquizofrénico, pero hay dos cosas indudables: que si lo intenta en serio no le faltarán apoyos porque puede partir de una base electoral todavía muy importante, y que, si no lo hace, lo pagará muy caro, lo pagaremos todos porque nuestra democracia corre riesgos serios de avocar a un sistema fallido. Tardaremos muy poco en verlo, pero los que confían en que esa eventualidad pudiere dar paso a un triunfo colosal de la derecha más bravía puede que no sepan muy bien de qué país están hablando.

*** José Luis González Quirós es profesor de Filosofía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Pacto a tres entre el PSOE, Ciudadanos y un PP recuperado
Nota del Editor 5 Enero 2019

El PSOE tiene que desaparecer, Zapatero y Sánchez lo están consiguiedo. El PP tiene que desaparecer, Rajoy hizo un buen trabajo. Ciudadanos no sabe, no contesta, solo insulta. Así que quien defienda que alguien con sentido ciudadano español tiene que pactar con el PSOE anda muy despistado o tiene muy malas intenciones. Desgraciadamente los daños colaterales causados para hacer desaparecer estos grupos de profesionales de la política cada vez son mayores.

Vox amenaza el cambio en Andalucía
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN elespanol 5 Enero 2019

PP y Vox se han citado el próximo martes para tratar de cerrar el apoyo de la formación de Santiago Abascal al pacto de Gobierno en Andalucía rubricado entre los populares y Ciudadanos. Vox ha condicionado su respaldo a ese pacto a la eliminación, "entre otros puntos", de la dotación presupuestaria para combatir la violencia de género.

Si es comprensible la urgencia del PP por hacer que Vox recapacite -y de ahí los últimos guiños lanzados por Pablo Casado, como el de afirmar que "el 25% de las víctimas en el entorno del hogar no son mujeres"-, no es menos cierto que esta negociación bilateral amenaza el acuerdo de los populares con Cs.

Pacto del Abrazo
La situación recuerda mucho a la vivida con el llamado pacto del Abrazo de 2016, aquel principio de acuerdo para configurar en España "un Gobierno reformista y de progreso" que sellaron Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Y decimos que la situación actual de Vox nos recuerda la mantenida hace tres años por Podemos -que se negó a dejar paso a un Gobierno de cambio con argumentos peregrinos- porque su actitud provocó finalmente que hubiera que acudir a la repetición de elecciones.

Amenaza democrática
El ADN centrista de Cs le impide negociar con Vox -lo mismo que con Podemos-, de ahí que no esté dispuesto a tocar una coma del pacto alcanzado con el PP en Andalucía. No está sólo Albert Rivera en ese criterio: hoy publicamos una encuesta que indica que casi la mitad de los españoles considera a Vox como una amenaza para la democracia constitucional, incluso mayor que la que representa por Podemos.

La posición de Vox frente a un asunto de tanto consenso democrático como la ley de violencia de género, por ejemplo, puede frustrar las aspiraciones de cambio en la Junta. Si así fuera, Abascal demostraría que su partido, con 12 escaños de un total de 109, da prioridad a sus apuestas imposibles.

El león desdentado
Nota del Editor 5 Enero 2019

Hay que ser miserable para afirmar que "El ADN centrista de Cs le impide negociar con Vox", y soltar después "una encuesta que indica que casi la mitad de los españoles considera a Vox como una amenaza para la democracia constitucional" y quedarse tan trranquilo. Miserable es poco. Cs quiere aplastar a Vox porque es la voz de su conciencia, la que descubre todas sus falsedades. Soltar lo de la encuesta diciendo disparates y escondiendo la mano tiene nombre: traidor a España. Y nivelar a Podemos con Vox es el colmo de la desfachatez. La dentadura no la arregla ni con titanio.

Nos siguen tomando el pelo con el dinero de nuestros impuestos
OKDIARIO 5 Enero 2019

El chef del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, sigue siendo tremendamente generoso con Pedro Sánchez, a pesar de sus viajes privados en Falcon, sus cesiones constantes a los separatistas de Cataluña y el desplome electoral en Andalucía. Tres razones que pesan como una losa sobre la gestión del presidente del Gobierno y que indican de manera inequívoca que los cálculos carecen de credibilidad. Según este sondeo, que antaño era respetado por ciudadanos y partidos políticos, el PSOE acapararía el 28,9% de los votos, mientras que los populares y los naranjas obtendrían el 19,1% y el 17,9% de los apoyos, respectivamente.

Dicho de otro modo, Sánchez sería el triunfador si las elecciones generales se celebraran en el día de hoy y adelantaría a sus contrincantes políticos en 10 puntos o más. Pero, además, por si la demoscopia de Tezanos no había sido lo suficientemente magnánima con el jefe del Ejecutivo, el CIS brinda al presidente el oro en el podio de los líderes nacionales mejor valorados por los españoles con 3,9 puntos. Es decir, la misma calificación que obtuvo antes del batacazo electoral en la región andaluza o la cumbre –por mucho que intentara disfrazarse de mero encuentro informal– con Quim Torra en el Palacio de Pedralbes antes del Consejo de Ministros en Barcelona.

Los sondeos del CIS no son infalibles, pero sí muy aproximativos y, en la mayor parte de las ocasiones, muy predictivos. En democracia, sólo ha habido dos presidentes cuyo ascenso a La Moncloa no se ha podido predecir: el de José Luís Rodríguez Zapatero en 2004 tras el 11-M, porque al barómetro no le dio tiempo a valorar la estimación de voto, y el del propio Sánchez, porque jamás ha ganado unas elecciones. Las cifras arrojadas por el CIS de Tezanos –por cierto, uno de los autores del proyecto político del líder socialista– darían divertimento al acontecer de la política nacional, si no fuera porque los defectuosos fogones sobre los que cocina están sufragados con el dinero de todos los españoles. Las arcas públicas están para otros menesteres en favor del interés público y no para caer en la malversación y el delito electoral.

La hipocresía de Albert Rivera: cuando Cs también quería derogar la Ley de Violencia de Género
Manuel Llamas Libertad Digital 5 Enero 2019

Hace apenas cuatro años, la formación naranja defendía abiertamente la derogación de la Ley de Violencia de Género.

Mucho han cambiado las cosas en el seno del partido que lidera Albert Rivera. Hace apenas cuatro años, cuando Cs se decidió a dar el salto definitivo a la política nacional, la formación naranja defendía abiertamente la derogación de la aberrante Ley de Violencia de Género que instauró José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, una norma que, entre otras perlas, vulnera de forma flagrante uno de los principios esenciales del estado de derecho, la sagrada igualdad ante la ley, al imponer penas diferentes a hombres y mujeres por la comisión del mismo delito. Sin embargo, en la actualidad, Rivera y los suyos, en una nueva muestra de cobardía y, sobre todo, profunda hipocresía, se han plegado por completo a la directrices que marca la dictadura de lo políticamente correcto que impone la progresía imperante sobre esta y otras tantas materias.

El pacto inicial que han alcanzado PP y Cs para gobernar en Andalucía corre peligro tras el rechazo frontal de VOX a una de las medidas acordadas, la relativa a la llamada "violencia de género". El texto en cuestión señala que ambas formaciones impulsarán "un Gran Acuerdo contra la Violencia de Género en Andalucía que desarrolle en nuestra comunidad los avances logrados con la aprobación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género", dotando con recursos suficientes "todas y cada una de las medidas previstas en la ley 7/2018, de 30 de julio, por la que se modifica la ley 13/2007 de 26 de noviembre de medidas de prevención y protección integral contra la violencia de género, a fin de acabar con esta lacra social".

Dicho punto hace referencia, por un lado, al Pacto de Estado contra la "violencia de género" que fue aprobado en el Congreso el pasado año y que, entre otras medidas, incluye una partida de 200 millones de euros extra al año destinada a tal fin, y, por otro, a la Ley contra la Violencia de Género específica de Andalucía, aprobada en julio, y que, entre otras muchas barbaridades, otorga subvenciones sin necesidad de denuncia previa, amplía el concepto de "violencia de género", incluyendo los delitos cometidos fuera de la pareja, e impone la "coeducación" de género en la enseñanza. Pero VOX, que entre sus postulados defiende tanto anular la norma aprobada por Zapatero como combatir la "ideología de género", ha sido muy claro al respecto.

La reacción de Rivera no se hizo esperar: "La libertad y la igualdad no se negocian".
Esta posición, sin embargo, contrasta de forma diametral con el discurso que mantenía el propio líder de Cs y su cúpula hace escasos años, antes de que la cuarta ola feminista y sus afamadas huelgas desembarcaran con fuerza en España, recibiendo el cerrado aplauso de la izquierda mediática. En las elecciones generales de 2015, el mensaje del partido naranja era muy diferente al actual, hasta el punto de que coincidía, básicamente, con el de VOX. Para empezar, porque su programa apostaba por sustituir la actual normativa estatal por una nueva "Ley contra la Violencia Intrafamiliar" para eliminar la distinción de penas en función del sexo.

A este respecto, Carlos Pracht, entonces candidato de Cs por Cantabria, afirmaba que "es innegable que hay violencia, una violencia extrema. Ciudadanos lo que propugna es equiparar la violencia tanto machista como feminista, no sé cómo llamarla, al alza, no a la baja". La diputada Marta Rivera, por su parte, protagonizó un polémico debate en TVE en el que, con escasa habilidad dialéctica y discursiva, cargó, igualmente, contra la Ley de Violencia de Género. "Tan grave es que un niño vea cómo su padre mata a su madre como que vea que su madre mata a su padre".

El hoy también diputado Toni Cantó llegó incluso a denunciar en Twitter, allá por 2013, cuando todavía militaba en UPyD, que "la mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas. Y los fiscales no las persiguen. Las estadísticas son sesgadas".

Eran tiempos en los que Cs abogaba por la igualdad ante la ley y por calificar estos delitos como "violencia doméstica", acabando así con la asimetría penal por cuestión de sexo que había introducido el PSOE y, posteriormente, avaló también el PP. Su intención inicial era igualar las penas con independencia del sexo del agresor o la víctima. Pero nada de eso queda ya en el programa de Cs. Más bien todo lo contrario. Los furibundos ataques que recibieron por parte del feminismo patrio y la progresía social amedrentaron a los de Rivera a las primeras de cambio, motivo por el que poco después, en las generales de 2016, ya no quedaba ni rastro de tales propuestas. Los naranjas compraron el discurso políticamente correcto sin ofrecer la más mínima resistencia, haciendo honor, una vez más, a su merecido calificativo de partido "veleta".

VOX, por el contrario, no se arruga, al menos por el momento. Pero, ¿qué es lo que pide? La izquierda acusa al partido de Santiago Abascal de querer desproteger a las mujeres, pero no es eso lo que dice su programa, tal y como resume el blog Contando Estrelas:

Rocío Monasterio, responsable de Asuntos Sociales de VOX, afirmaba lo siguiente en 2015: "Defendemos la eliminación de la legislación basada en ideología de género y la reforma de la Ley de Violencia de Género reconvirtiéndola en una Ley de Violencia Intrafamilar" para que se respeten los derechos fundamentales "tanto de las denunciantes como de los denunciados". Es decir, lo mismo que decía hace poco Cs.
Asimismo, en su programa de 2015 (página 36) reclamaba "la eliminación de la legislación basada en ideología de género y la reforma de la Ley de Violencia de Género reconvirtiéndola en una Ley de Violencia Intrafamilar que ampare a todos los miembros de la unidad familiar y proteja de forma efectiva esta célula social primordial". Y para ello planteaba "restituir la igualdad jurídica" que reza la Constitución en su artículo 14, de modo que "las penas sean iguales por un mismo delito para todos los ciudadanos, sea cual sea su sexo u orientación sexual", así como "respetar los derechos fundamentales tanto de las denunciantes como de los denunciados, en este último caso no vulnerando la presunción de inocencia, impidiendo que se invierta la carga de la prueba (que el acusado no tenga que demostrar su no culpabilidad) y evitando aplicar las detenciones preventivas".
En su último programa, publicado el pasado año, insistía en esta misma idea: "Promulgar una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños. Supresión de organismos feministas radicales subvencionados, persecución efectiva de denuncias falsas. Protección del menor en los procesos de divorcio".

Uno de los puntos clave consiste en acabar con las "subvenciones millonarias a asociaciones que fomentan el feminismo supremacista y las imposiciones ideológicas de la izquierda", evitando así la creación de redes clientelares.

Y es que, por mucho que la izquierda -Cs inclusive- afirme lo contrario, ni la vigente Ley de Violencia de Género ni el reparto de partidas millonarias entre las feministas acordado por el resto de partidos han demostrado ser eficaces contra estos delitos, puesto que el número de víctimas no se ha reducido tras el viraje sectario que impulsó el PSOE. Lo peor de todo es que, pese a la clamorosa injusticia que arroja esta normativa discriminatoria y perversa o la evidente ineficacia que reflejan los datos, la inmensa mayoría de partidos, a excepción de VOX, tragan con la gran estafa de la "violencia de género". Veremos si los de Abascal aguantan o no este nuevo envite.

Inmigración ilegal: otro error de Sánchez
ABC 5 Enero 2019

Las cifras de inmigrantes ilegales que alcanzaron por mar las costas españolas en 2018 revelan que algo se ha gestionado pésimamente en materia migratoria en los últimos meses, y que la demagogia es la peor consejera para abordar de forma unilateral una cuestión tan delicada y compleja como el éxodo migratorio que se dirige a Europa. Durante los últimos doce meses llegaron 57.922 personas a bordo de pateras, lo que representa un incremento del 158 por ciento respecto a los 21.971 que entraron por esa vía en 2017. Casi el triple. Sin embargo, y teniendo en consideración que a mitad de año Pedro Sánchez relevó a Mariano Rajoy y que puso en marcha una política irreflexiva de puertas abiertas y generosidad electoralista, la estadística resulta aún más demoledora. Después de que Sánchez se ofreciera a acoger a los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo por el barco Open Arms, al que otros países europeos le negaban la entrada, han sido 53.800 los inmigrantes llegados por tierra y mar en los siete últimos meses, frente a los 10.627 filiados entre enero y mayo. Es innegable que Sánchez, imbuido de esa suerte de buenismo universal que solo él cree tener, ha provocado un nocivo efecto llamada sin prever que nuestros medios de acogida están desbordados y carecen de la financiación suficiente.

Ni las mafias son ingenuas ni hay varitas mágicas contra la inmigración desbocada. Sánchez se vio obligado rectificar porque su error fue mayúsculo, y por eso se mantienen las devoluciones automáticas y las concertinas en las vallas de Ceuta o Melilla. La reprimenda que ha recibido España de toda Europa era lógica. Buscar votos a cuenta de la desgracia ajena con medidas selectivas pero inoperantes no resuelve el problema. Solo lo agrava con un baño de realidad.

El Gobierno permite enseñar el español como "lengua extranjera” en el País Vasco
ESdiario 5 Enero 2019

Exteriores da su aprobación a que el Instituto Cervantes imparta en estas condiciones la enseñanza de nuestra lengua para formar a profesores en las aulas universitarias vascas.

El español es una “lengua extranjera” en las aulas universitarias vascas. Y el Gobierno de Pedro Sánchez el que le ha dado categoría de normalidad a este disparate. Ha sido Foro Asturias quien lo ha denunciado, señalando el acuerdo alcanzado entre el Instituto Cervantes y la Universidad del País Vasco para ofrecer formación al profesorado de la misma de español "como lengua extranjera" y ha pedido explicaciones al Gobierno sobre este tema.

El portavoz parlamentario de la formación asturiana, Isidro Martínez Oblanca, ha registrado en el Congreso varias iniciativas referentes a este tema, después que que el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicara el convenio firmado por el Cervantes y la Universidad del País Vasco.

"Perplejidad"
Según el diputado, "llama la atención y la perplejidad, cuando no el estupor, que en este convenio se considere el idioma español como lengua extranjera en una institución universitaria española y adscrita a una comunidad autónoma española". Más sorprendido se ha mostrado, según apunta, cuando uno de los firmantes del acuerdo, es "una institución pública creada por España en 1991 para promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español".

En el texto registrado, Oblanca señala que tanto el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, como el Instituto Cervantes, se han olvidado de la Constitución Española, y les recuerda que la Carta Magna, en su artículo 3, señala que "el castellano es la lengua española oficial del Estado".

Tras la publicación de este convenio, Foro Asturias quiere que el Gobierno se pronuncie. El diputado quiere saber si el Ejecutivo cree que "es de recibo tachar de lengua extranjera al español en España y desde cuándo el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y el Instituto Cervantes consideran del español, dentro del país, como lengua extranjera".

Luis García Montero se "cura" de su comunismo con un sueldazo público y coche oficial

"¿Hablamos los españoles un lenguaje extranjero en nuestro propio país", plantea como cuestión Foro Asturias en su iniciativa, en la que, además, pide al Gobierno información sobre las actividades que tiene previstas para cumplir con la formación que promete el convenio, amparado por el Cervantes que comanda Luis García Montero.


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El tren perdido de José María Múgica
Mikel Buesa Libertad Digital 5 Enero 2019

No sé si será porque soy hijo de ferroviario por lo que no encuentro mejor metáfora para el caso de José María Múgica que la del viajero que llega tarde a la estación de la que ha partido su tren. Además, resulta que el convoy en el que tal vez debiera haber subido se había marchado hacía ya muchos años hacia un destino ignoto en el que, seguramente, se quedó varado, acumulando la herrumbre que se forma en el abandono y la nostalgia.

Múgica se topó el día de Nochebuena con la fotografía en la que Idoia Mendía, a la sazón secretaria general del Partido Socialista de Euskadi, compartía brindis con Arnaldo Otegi, exterrorista dirigente del fascio abertzale, además con el presidente del PNV y el líder vasco de Podemos. El Diario Vasco titulaba así el encuentro: "La mejor receta política". Un titular lleno de olvido, de descuido, de desmemoria, incomprensible en un medio cuya empresa editorial sufrió en repetidas ocasiones el embate del terrorismo etarra. Y tras sentir repleto el vaso de su indignación, José María Múgica pidió la baja en el PSE, dando por perdidos los cerca de cuarenta años de afiliación a la organización en la que, según señaló, "casi" había "nacido". Inmediatamente hizo pública su decisión señalando que "estamos asistiendo a una situación permanente de intentar el blanqueo del terrorismo", acusando a la secretaria Mendía de cruzar "una frontera que no se puede traspasar" y proclamando que tan indignante acontecimiento había tenido lugar "no en mi nombre".

Han sido varios los medios que han prestado su apoyo a Múgica y diversos los compañeros que han compartido su enojo expresándolo públicamente, aunque no así el secretario general del PSOE, pues el doctor Sánchez, en un ejercicio de cinismo, declaró no encontrar "elementos de polémica en la fotografía". Aquellos, para manifestar su incomodidad con la deriva del partido, han evocado acontecimientos pasados en los que miembros del partido socialista resultaron asesinados por los amigos de Otegi. Sus nombres, casi olvidados, han reverdecido ahora. Están Fernando Múgica, padre del protagonista de este desafecto; mi hermano Fernando Buesa, Juan María Jáuregui, Enrique Casas, Ernest Lluch, Joseba Pagazaurtundua e Isaías Carrasco, "asesinados por los compañeros de Otegi", como ha recordado en un sentido artículo Juan Carlos Rodríguez Ibarra"; "asesinados por defender las ideas que han hecho posible que el partido socialista siga vivo en el País Vasco".

Muy loables, sin duda, estos sentimientos de cólera y solidaridad. Pero tengo para mí que han llegado demasiado tarde, como tardía ha sido la renuncia de Múgica a su militancia partidaria. Porque el cabildeo entre los dirigentes socialistas vascos y, específicamente, Otegi acumulan ya una amplísima trayectoria que se remonta a los años en los que, ilegalizada Batasuna, el entonces presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, trataba de encontrar una vía para cerrar su negociación política con ETA. No mencionaré el caso de Jesús Eguiguren, conspirador en todos los fregados con terroristas, porque es ya un cero a la izquierda, pero sí el de Patxi López, que ahora ocupa puesto en la alta dirección del PSOE.

Fue a primeros de julio de 2006 cuando, en el contexto de las negociaciones secretas entre Zapatero y ETA, López tomó la decisión de reunirse para hablar de asuntos políticos con la dirección de Batasuna. Este partido, vinculado a la organización terrorista, se encontraba ilegalizado y sobre él pesaba la prohibición, dictada por el Tribunal Supremo, de realizar cualquier actividad política. Pero en aquel momento era crucial para el fascio abertzale salir del marasmo en el que le había metido la ilegalización; y para eso necesitaba legitimarse ante los actores institucionales. Poco tiempo antes, Arnaldo Otegi, Juan José Petricorena y Pernando Barrena, en tanto que máximos dirigentes del partido de ETA, se habían reunido con el lehendakari Ibarretxe, lo que dio lugar a una querella del Foro Ermua, que yo dirigía, contra todos ellos por un delito de desobediencia, que el 9 de junio del referido año fue admitida a trámite por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. A pesar de este antecedente, Patxi López, acompañado de Rodolfo Ares, decidió mantener el seis de julio una reunión, en el Hotel Amara Plaza de San Sebastián, con el aludido Otegi, que en esta ocasión iba escoltado por Rufi Etxeberria y Olatz Dañobeitia.

Otegi salió encantado de la reunión, pues se habían satisfecho sus objetivos. Y declaró: "Se ha producido una foto de gran calado político y de importancia extrema". No en vano, Batasuna volvía a legitimarse como interlocutor ante el partido del Gobierno, a pesar estar ilegalizada. La reacción de López no fue menos entusiasta: "Es una foto inédita y extraordinaria", dijo; y añadió: "Si hasta hoy [los batasunos] han sido parte del problema, queremos que formen parte de la solución, que son tan necesarios como los demás para construir este país". Y, para rematar la faena, el entonces secretario de Organización del PSOE, José Blanco, se dirigió a los medios para puntualizar:

Si Batasuna es legal y en torno a una mesa plantea la reivindicación de la autodeterminación, se podrá dialogar sobre eso.

López, fiel ejecutor de las directrices de su partido, metió así al zorro dentro del gallinero y, desde entonces, ahí sigue. De nada valió la querella que, desde el Foro Ermua, también interpusimos contra él por colaborar en un delito de desobediencia –pues casi cuatro años después fue archivada por el Tribunal Supremo–. Los que entonces comprendimos que, desde el socialismo, se había dado un paso irreversible hacia la legitimación de las opciones políticas que buscaban la destrucción del sistema democrático, incluso con el empleo de la violencia y el crimen, acabamos arrumbados por el vértigo de los acontecimientos. Y hoy vivimos las consecuencias políticas de aquel desatino. Con nosotros no estaba José María Múgica. Ha llegado, como se ve, muy tarde, cuando el tren de la Historia ya había salido. Pero, en fin, ha llegado y, por eso, me permito darle la bienvenida, porque quizá en algún momento futuro, con su ayuda y la de muchos otros desencantados de la deriva del que ha sido su partido, tal vez podamos volver a reparar el daño causado a nuestra democracia.

‘Derribar los muros de la opresión’
Gregorio Morán. vozpopuli 5 Enero 2019

La expresión del nada honorable president de la Generalitat no deja lugar a dudas. Se trata de echar abajo una Constitución e instaurar una república catalana en un país independiente. Lo de menos es con quién, lo que importa son quiénes la proclaman y eso nos coloca a los demás en el punto de mira del disparo. La condición de adversario de la república independiente de Cataluña se traduce en una traición a la causa, a la patria. Por tanto, un enemigo en la batalla que él no ha declarado pero en la que está inmerso a menos de guardar el servicial silencio hacia los que mandan. De una sociedad democrática de castas, como es la nuestra, pasamos a la tiranía de quienes ostentan el poder.

Sin alharacas ni exageraciones: esa es la situación en la que vivimos quienes no compartimos sus creencias ni nos escudamos tras el silencio. Una limitación de nuestras libertades por la amenaza nada velada de la condena social o la expulsión de los medios de comunicación locales, siempre obsesionados por no ir más allá de una crítica cutánea que garantice la siempre bienvenida subvención. Cuando Quim Torra dice que en Cataluña no hay un problema de convivencia sino de justicia está dejando entrever una realidad: nosotros no somos dignos de convivir con ellos porque no admitimos su supremacía y si no pueden ir más allá se debe a que no administran la Justicia.

En este panorama, ¿Qué podemos hacer? Irnos o callarnos, o formar parte de un nuevo segmento social jamás citado, el del exilio interior. Por primera vez desde el viejo régimen he escuchado la frase entonces manida: si no te gusta lo que ves aquí, eres libre de marcharte. Cuarenta y pico años después, y me consta que el “pico” fue muy largo, hay que repetir “¿y por qué no se van ustedes?”. No nos vamos, dicen, porque este país es nuestro y hemos de defenderlo de gente que no lo valora como nosotros. He llegado a escuchar, entre perplejo y alucinado, cómo un dirigente de la antigua convergencia de Pujol me explicaba que la independencia de Cataluña era inevitable. “Europa”, sentenció, “no podría vivir sin Cataluña”. Con estos mimbres es difícil hacer un cesto pero se puede intentar; los gastos están pagados.

El diálogo, aseguran, es la única solución para salir de la confrontación. Y, añaden, un diálogo sin condiciones. No hay engaño más sutil. En todo diálogo uno busca conservar lo que tiene y apoderarse de lo que detenta el otro. Así ocurre hasta en los diálogos entre amigos; otra cosa son las conversaciones. No hace falta ser un lince para aventurar que con Puigdemont y su delegado Torra es imposible negociar, no tanto por un problema de principios sino porque no tienen nada que ofrecer. El derecho de autodeterminación parte del principio de una colonia que se quiere independizar de la metrópoli y hay que hacerse el ciego o ser muy cerril para que la mayoría de la sociedad catalana fuera capaz de engañarse tanto; un poco de supremacismo es de buen tono para las clases asentadas, pero mucho hace peligrar el tenderete.

Según el presidente Sánchez su visita a Barcelona y el ridículo que la rodeó, Consejo de Ministros incluido, abre un camino de diálogo. ¡Que los dioses le conserven la vista! Ni él mismo se lo cree. Fue la plasmación de la imposibilidad del diálogo que sólo deja un poso de imágenes patéticas. Uno no quiere y el otro no puede. No asistimos a una batalla en campo abierto sino a una guerra de posiciones. Mientras que Torra quiere reafirmarse, Sánchez necesita tiempo para convocar las elecciones en mejores condiciones. En definitiva, y esto es lo grave, son dos fuerzas desiguales unidas por intereses contrapuestos. Torra fuerza que empeoren y Sánchez que se queden como están.

La impostura del diálogo
Unamuno dijo en cierta ocasión que a los catalanes les perdía la estética, como mediterráneos que eran. Las fuerzas vivas, por más mortecinas que fueran, se sintieron desairadas. Es lo que sucede ahora con el mantra del diálogo. La sociedad catalana sufre desde hace décadas de verborrea pomposa, la que sirve para no abordar la realidad sino el sucedáneo de lo que se niega a ver. Es raro que alguien denuncie la impostura del diálogo, especialmente entre la intelectualidad mediática, esa metáfora que designa una cosa que falta -el talento- y otra que se excede -el espectáculo-. Ante las autoridades y la ciudadanía, en el homenaje al asesinado Ernest Lluch, la presentadora Gemma Nierga exigió a víctimas y verdugos que negociaran. Nadie denunció la impostura y los que lo hicimos éramos -si es que hubo dos- charnegos.

Hay lugares donde creen que los partidos políticos son ONGs. Quizá porque los intelectuales han dejado de ser conciencia crítica para volverse homeópatas. Recomiendan métodos curativos conscientes de que salvan sus conciencias y condenan a los afectados a acabar en cuidados intensivos. Como tenemos mala memoria, de vez en cuando hay que echar un balde de agua fría para refrescar.

En marzo de 1998, 145 intelectuales, la mayoría del sector público y que jamás habían sufrido el más mínimo daño ni acoso, firmaron una carta en la que pedían al Gobierno que dialogara con ETA y que en señal de buena disposición la organización dejara de matar. Entre los firmantes, ya es casualidad de las hemerotecas, estaban Margarita Robles y Manuela Carmena, entre otros que hoy se avergonzarían.

En la carta se podía leer que en Euskadi se vivía “un conflicto predominantemente político” para cuya solución sólo cabía el diálogo y la negociación sin condiciones. Siguió el “conflicto político” y desde 1998 siguieron cayendo víctimas en la búsqueda de “una salida dialogada”. Hubo de ser Txema Montero, abogado y parlamentario de Herri Batasuna, que abandonó tras el atentado de Hipercor, quien perplejo ante la cantidad de abono social que parecía tener el final del terror -todos aseguraban haberlo querido pero ninguno se atrevió a expresarlo- dijo algo incontestable y a contracorriente: fue la Guardia Civil quien puso a ETA contra las cuerdas.

La situación en Cataluña apenas tiene que ver con lo ocurrido en el País Vasco por más que en muchas comarcas se viva el acoso y las agresiones. Violencia de baja intensidad, dicen. Sin embargo, arrecia la idea de que “el procés” necesita muertos para hacerse vivo. De momento, el clima de agresividad ya está en el ambiente; lo sabemos quienes lo sufrimos.

De cátedras, chocho-charlas y abortajes
Jesús Laínz Libertad Digital  5 Enero 2019

Quizá como luminoso augurio de que en este 2019 se nos va a echar encima una catarata de diversiones, concluimos el recién fenecido 2018 con una de esas noticias que le alegran a uno el día: la creación de diecisiete nuevas cátedras en cuatro universidades públicas valencianas mediante la subvención de 1,4 milloncejos por parte del Gobierno progre-separatista regional. He aquí las nuevas materias que a partir de ahora enriquecerán la formación académica de los universitarios valencianos. Tómese nota y envídiese: Memoria Democrática; Cultura Territorial Valenciana; Innovación en la Vivienda; Participación Ciudadana y Paisajes Valencianos; Transporte y Sociedad; Cambio Climático; Transparencia y Gestión de Datos; Gobierno Abierto, Participación y Open Data; Responsabilidad Social; Cultura Gitana; Transformación del Modelo Económico; Economía Feminista; Economía del Bien Común; Empresa y Humanismo; Economía Azul; Pelota Valenciana.

Sabroso cóctel de totalitarismo ideológico, licuefacción cerebral y superstición progre. Y excelente radiografía del encefalograma plano de nuestra época. Libere un poco su fantasía, malévolo lector, e intente imaginar en acción a los paridores de dicha sarta de bobadas destinadas a inocular en la enseñanza el programa ideológico de los partidos gobernantes.

Para no salirnos de los Països Catalans, algunos días antes había aparecido en los papeles que el Ayuntamiento social-podemita de Palma de Mallorca había organizado una "chocho-charla" para el "autocoñocimiento" impartida por una tal Psico Woman. Titulada Empoderándonos desde nuestros coños, la chocho-charla persigue el importante objetivo de que "las mujeres se amiguen con su chichi". "El control de nuestro cuerpo y de nuestra vida debe recuperarse de manos de la cultura machista", "Cuando valoramos nuestra vulva nos estamos valorando a nosotras mismas" y "Queremos reaprender a conectarnos con nuestro útero, olvidado y negado por el patriarcado" son algunos de los ejes de la disertación.

Saltando de las bajuras a las alturas, algunos meses atrás un diputado podemita, de cuyo nombre será mejor no acordarse, reclamó la democratización de la Semana Santa con estas inmortales sentencias:
Como todo ritual, la Semana Santa opera simbólicamente para reproducir y consolidar lazos de solidaridad mecánica en el sentido durkheimiano o, por qué no, para recrear la communitas espontánea de Turner. A su valor artístico, cultural e incluso económico se suma el capital social, en el sentido de Putnam, de las redes de sociabilidad y solidaridad que se extienden por todo el tejido social sevillano a través de las cofradías. Siendo así, ¿por qué iba a tener Podemos algo en contra de la Semana Santa?

Charlatanería, farfolla, verborrea y cacareo para ocultar el abismo que se abre detrás. Abismo que a menudo exhala hedores de muerte, como cuando una jóvena portavoza feminista nos dejó, en defensa del aborto, estas palabras no menos inmortales:
Somos transfeministas de clase, de raza, de diversidad funcional. Somos jóvenes, somos viejas, dispersas, somos las otras, las que deseamos, las que amamos, las que follamos, las que no, las que queremos ser madres y las que no. Somos bolleras, somos trans, somos migrantes, somos putas, somos las que somos y las que queremos ser. Así estamos y, por eso, aquí estamos. ¡Al abortajeeeeeeeeeeeeee!

De la extensión de estas plagas –bolchevismo posmoderno, ideología de género, neolengua, corrección política e igualitarismo forzoso– sólo cabe extraer la conclusión de que los enfrentamientos clásicos entre izquierda y derecha, capitalismo y socialismo, conservadurismo y progresismo, democracia y autoritarismo, liberalismo y totalitarismo, ateísmo y creencia, patriotismo e internacionalismo, o cualquier otro que se quiera imaginar, hace mucho tiempo que dejaron de tener sentido. Pues todos esos enfrentamientos, antaño tan fructíferos, acabarán disolviéndose en una partida final a vida o muerte. Y esa partida final de nuestro agonizante mundo occidental se entablará entre el sentido común y la estupidez. Probablemente con tan sencillas palabras se resuma la cuestión sobre la que algún día habrá que decidir, suponiendo que los movimientos de escala planetaria provocados por la superpoblación, el caos africano, la agitación islámica y la autonegación europea no acaben con todo antes de poder tomar la menor decisión.

Recuerden: sentido común contra estupidez, que, aunque no lo parezca, es lo mismo que decir civilización contra salvajismo. Habrá que ver por cuál de los dos bandos se inclinarán las masas, pues, inevitable y lamentablemente, ése será el elemento decisivo. ¿Despertarán o preferirán continuar plácidamente anestesiadas?

De momento, y salvo que las cosas cambien debido a un imprevisible giro cósmico de envergadura similar al que provocó la revolución neolítica, este juntaletras, incorregible pesimista antropológico, sigue inclinándose por lo segundo. Lo que, si bien condenado a acabar mal, al menos seguirá proveyéndonos de bobadas a manos llenas. Disfrutemos mientras podamos.

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