AGLI Recortes de Prensa  Domingo 6 Enero 2019

Abascal y su primer reto como líder nacional
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Enero 2019

No pedimos nada. Tan sólo ejercer un derecho secuestrado por la partitocracia, vulnerando la libertad civil de andaluces y españoles.

Siendo importantísimo el resultado de VOX en Andalucía, tanto que, si no cae en la trampa que, como cree Emilio Campmany, le ha tendido Rivera, permitiría echar a la izquierda de su eterno cortijo electoral, aún lo es más haber demostrado que la batalla cultural contra la izquierda, si se da, tiene base social suficiente para ganarse. Dentro de muchos años, claro. No hay milagros en estratos de opinión fraguados durante muchas décadas. Lo absurdo y suicida es elegir entre las dos bazas que tiene el partido de Abascal: ser decisivo en la investidura de Moreno y luego en la legislatura que dependerá de sus votos, o desmontar el inmenso tinglado con el que la izquierda sustituye al marxismo: la "ideología de género" y la "memoria histórica". Condenarse a elegir solamente una baza, la investidura o las reformas, supondría perder, por principio, la batalla de los principios.

Hay cuatro frentes de batalla en los que se libra la guerra cultural en España: el de la legitimidad de la nación española y su lengua común, que es inseparable de la defensa del orden constitucional; la política feminista o de género, que lo vulnera frontalmente; la de Memoria Histórica, nacida para destruirlo; y el que apenas se debate, pero que, tratándose de una guerra de opinión, y por tanto, de medios para promoverla, es clave: el desequilibrio mediático en favor de la izquierda y/o el separatismo. Pues bien, ni VOX, ni Ciudadanos ni, por supuesto, el PP, han planteado siquiera la necesidad y la fórmula legal de romper la aplastante dictadura mediática audiovisual (radio y TV) de extrema izquierda que padece España, y que es la razón por la que hay batallas que se dan por perdidas sin entablarlas siquiera en el Parlamento.

Se ha recordado estos días el cambiazo descarado de Cs, sobre todo por la cara dura de Rivera enarbolando la bandera que antes combatía, con respecto a la Ley de Violencia de Género. Pero antes ya lo había hecho el PP; y ambos cambiaron también su posición contraria a la Ley de Memoria Histórica: por eso votaron a favor de la profanación de la tumba de Franco. ¿Y por qué cambiaron? Para no enfrentarse con La Sexta y la todopoderosa izquierda mediática. Recuérdese el caso de Juana Rivas, inseparable del de La Manada: Rajoy y Rivera compitieron en indignidad, en desprecio a los jueces y en sometimiento a la demagogia ambiental creada mediáticamente. Y los dos lo hicieron exclusivamente por temor a la demagogia ambiental, creada por los medios, sobre todo audiovisuales, que son los que les molan.

El asunto parece complejo, pero el fondo del problema es sencillo: mientras no haya propiedad privada en el ámbito audiovisual, y en España está, como manda la Constitución en su artículo 20, permitida en la prensa pero secuestrada por los partidos en radio y televisión, nada cambiará. Los medios serán concesiones político-administrativas que deberán presionar a partidos, jueces y parlamentos para mantenerlas o para conseguirlas. Rara vez, si alguna, un dirigente de un partido de derechas querrá compensar la abrumadora mayoría de medios de izquierdas y le dará alguna concesión a una empresa ideológicamente liberal-conservadora. En diez años de vida de esRadio, eso ha sucedido tan sólo una vez, en Galicia, y media, en Madrid. Autonomías clásicas del PP como Castilla-León y Murcia (antes, Valencia) llevan doce años prevaricando, sin convocar los preceptivos concursos. Es la zanahoria para que no les den palos; y les dan igual, pero se la guardan. ¡Y algunos aún se asombran de que Roures y Godó se forren con el Golpe!

En Andalucía, por ejemplo, la SER tiene más de cien frecuencias y esRadio, ninguna. Se nos oye gracias a diversos acuerdos con medios locales, pero legalmente no podemos abrir ni una sola. Por haber respaldado las denuncias sobre su corrupción, el PSOE-A de Susana y Don Angelo cerró violentísimamente varias emisora alegales, pero en trámite ante los tribunales, que daban nuestros programas, algo que nunca hizo con ninguna del triopolio radiofónico SER-COPE-Onda Cero. No pedimos nada. Tan sólo ejercer un derecho secuestrado por la partitocracia, vulnerando la libertad civil de andaluces y españoles. Pues ni una sola palabra, ni una, ha dicho sobre este asunto ninguno de los partidos.

Pero volvamos al escenario para perder una guerra que, en realidad, nadie pensaba ganar.

¿A quién favorecerían unas nuevas elecciones?
Si la negativa de Cs a ceder en algo ante VOX impidiera que hubiera cambio en Andalucía, abocándola a nuevas elecciones, ¿quiénes serían los beneficiados? Lógicamente, los perjudicados por el resultado de las últimas elecciones: socialistas y comunistas. Luego, tal vez, Ciudadanos, otra vez socio de Gobierno del PSOE en Andalucía… pensando en la Moncloa. Y tal vez después, pero muy después, VOX, que habría trocado el cambio de gobierno y de régimen en Andalucía por el mantenimiento de… ¿De qué?

¿Dejará VOX de luchar por la derogación de la VioGen porque Rivera les desprecie? ¿Sería más fácil desmontar el tinglado de las asociaciones de género desde una oposición, que caería en absoluto y justificado descrédito, que desde el mismo Gobierno de la Junta que lo montó? ¿No va a depender Moreno de los votos de VOX mientras dure la legislatura? ¿Puede asegurar VOX que eso seguiría igual con nuevas elecciones, con tres partidos que caerían en barrena por su dogmatismo, su oportunismo o su incapacidad para negociar un cambio necesario que ninguno tiene fuerza para imponer?

Ya me parece estar oyendo a Luis del Pino decir: ¿y qué cambio va a haber si antes de la investidura ya se niega un cambio tan esencial? ¿Y en qué favorecería ese cambio la derrota histórica de todas las derechas, todas, si se deja volver al PSOE al Poder, con Podemos o, más fácil, con Rivera? ¿Que quedaría claro que Cs prefiere pactar con la izquierda? ¿Pero no está quedando clarísimo que eso, justo eso, es lo que quiere Rivera? Al impedir VOX el Gobierno PP-Cs, que dependería siempre de sus votos, al que le está haciendo el gran favor es a Rivera. Y tampoco perjudicaría a Casado. El gran perjudicado, como líder nacional naciente, sería Santiago Abascal.

Yo creo que, si VOX actúa inteligentemente, puede incluso ganar las elecciones generales. Pero eso es lo de menos si se tiene en cuenta, como dicen ellos, la situación de "extrema necesidad nacional" que afronta España. Una guerra no debe jugarse a cara o cruz en una batalla que se puede ganar pero que es fácil perder. Como está de moda Franco, cabe recordar que en la guerra nunca arriesgó el grueso de sus fuerzas en batallas de prestigio, sino de eficacia. Un gesto inteligente para mantener la moral de los alzados como la liberación del Alcázar de Toledo no le impidió frenar el asalto a Madrid al ver que no tomaría en inferioridad numérica una gran ciudad bien defendida. Fijó el frente y avanzó por donde sus medios lo permitían. En toda guerra la moral de victoria es necesaria. La moral sola, no la gana.

Acuerdo el martes, guerra el miércoles
Precisamente por su debilidad estructural, el PP está haciendo lo que debe: no enfrentarse a VOX, con el que deberá pactarlo todo en el futuro, y dejar que Ciudadanos se deslice hacia la izquierda, sólo o en compañía de Borja Semper, la clásica figurita de porcelana centrista de aquel PP vasco ikebana, elegante y sumiso, con cierta lideresa intrascendente ya olvidada. Si Casado se atreviera a purgar de sorayos y marotos su partido, Abascal tendría un problema. De momento, todo lo contrario. Salvo error andaluz.

Lo normal es que este martes PP y VOX lleguen a algún acuerdo que les deje en buen lugar y deje alguna salida a Ciudadanos, que, para mí, es el que peor parado saldría de este envite. Habrá ocasión de devolvérsela, si el juicio al golpismo catalán no aconseja una tregua patriótica. Pero la batalla cultural y mediática contra el sexismo subvencionado, el guerracivilismo desmemoriado y otras aviesas formas de marxismo cultural continuará.

El gabinete hipersensible
Ofenden nimiedades y se ocultan atrocidades
Hermann Tertsch ABC 6 Enero 2019

Pedro Sánchez, probablemente el único español adulto que ha pasado dos semanas de vacaciones en navidades y desde luego el único en la historia que lo ha hecho a todo lujo a cargo del erario público, ha contagiado a su gabinete el amor incondicional y exaltado que cultiva hacia su persona. Por eso gabinete y partido están siempre angustiados por la seguridad y el bienestar del líder supremo. Acuérdense del numerito que montaron con el francotirador de feria al que presentaron como un «Chacal» de extrema derecha. Pronto dio tanta vergüenza que La Moncloa tocó retirada para evitar más ridículo.

Lo dicho, el Gobierno considera Bien Supremo de la Patria a la figura del doctor Sánchez. Y todo lo que le atañe produce sobreactuaciones inauditas. Por eso, igual que disfrutarían al ver fotos de su presidente mostrando torso en las rocas en Lanzarote, quedaron horrorizadas por un tuit sobre el amado líder. ¡Qué espanto, un tuit! Era un chiste que lleva años circulando con otros protagonistas: Un niño pide a los Reyes que se lleven a Sánchez como se habían llevado a personalidades fallecidas. Lo puso en Twitter el cómico sevillano Ignacio Puerta y lo publicó el PP en su cuenta oficial. Es conmovedora la hipersensibilidad de quienes no dicen nada cuando las revistas de basura humorística de ultraizquierdas bromean con enterrar vivas a las hijas de los Reyes de España. Con ejecutar al Monarca o bárbaras torturas a políticos, de derechas siempre, claro. Son los que aluden al humor y la libertad de expresión para bendecir chistes sobre judíos en Auschwitz, los huesos de Irene Villa o de otras víctimas del terrorismo o el atentado contra Aznar. Ven un terrible delito en bromear con que a los españoles nos iría mucho mejor si el doctor Sánchez no estuviera por aquí. A la primera protesta, el PP quitó el tuit y se disculpó. Eso no lo hacen otros. Es una cortesía ante lo que es una broma de dudoso gusto. Pero irritante por la facilidad para la izquierda de imponer con su rodillo mediático la indecente doble vara de medir.

El chiste y el consiguiente alarde de hipocresía del gobelino ofendidito eclipsaba la noticia del trágico incendio en Badalona. Con tres muertos y muchos heridos y unos vecinos que niegan la versión de la Generalidad de que los bomberos llegaran en 9 minutos. Dicen que fueron 45 o más y decisivos para la tragedia. Los bomberos de la Generalidad tan presentes en acciones del golpismo separatista, no estaban donde debían. Las discrepancias en el tiempo de los bomberos ayer son como las no resueltas en la terrible muerte de Laura Luelmo. ¿La asesinó Montoya el mismo día o dos días después de un calvario de horror? La peor política amenaza a la seguridad de los españoles más de lo que se quiere que se sepa. Porque la verdad puede ser peligrosa para algunos cuando la sociedad cada vez está más dispuesta a replantearse posiciones, tanto en relación con las autonomías como en la lucha contra el crimen. Y tantos otros.

Dos más uno no son tres
Ignacio Camacho ABC 6 Enero 2019

En Andalucía va a haber, aunque sea en el último momento, un Gobierno de cambio, pero por la sola razón de que ninguna de las facciones del centro y la derecha podría explicar a sus votantes un resultado contrario. Ése y no otro -ni siquiera el poder, que en el fondo les produce cierto pánico- es el único factor de cohesión que acabará acercando a tres fuerzas que compiten por el mismo espacio. El PP podría llegar sin excesivos problemas a acuerdos por separado con Vox y con Ciudadanos; entre los dos últimos, sin embargo, es prácticamente inviable cualquier pacto. La derecha radical tiene a Cs por un partido blando, de tinte socialdemócrata mal camuflado, y éste a su vez detesta que se le asocie con un discurso que considera reaccionario. Aunque Casado y Moreno vayan a actuar de cascos azules entre ambos, más allá del desalojo del PSOE no habrá manera de aproximarlos. Y el encontronazo a propósito de la ley contra el maltrato demuestra que se equivoca quien crea que la triple alianza se puede repetir a otra escala de modo automático. Ése es un deseo de buena parte de su electorado que está muy lejos de la realidad y en cualquier caso no pasa de ser una conjetura, un cálculo imaginario.

Así las cosas, y por si algo faltaba, en el asunto de la violencia de género Vox ha metido la pata y no sabe cómo sacarla. Ha cometido un error de bisoñez y de impaciencia porque sus dirigentes se sentían ninguneados en la negociación a dos bandas y para hacerse valer no se les ha ocurrido nada mejor que amenazar con boicotearla. Pero el pretexto es desafortunado y su capacidad de órdago limitada porque todo su éxito se vendría abajo si se cargasen la oportunidad de alternancia. Además, y por más que complazca a su parroquia más arriscada, esa rabieta extemporánea enturbia el fondo interesante de su denuncia sobre la red clientelar montada en torno a las mujeres maltratadas por un feminismo profesionalizado que consume notables porciones presupuestarias. Lo que ha quedado ante la opinión pública es la ruptura iracunda y mal justificada de un consenso de amplia base contra una conducta antisocial y antihumana. Vox se siente cómodo defendiendo posiciones antipáticas, pero hasta ahora destaca menos por lo que propone que por lo que rechaza. Y eso lo identifica con el estilo populista que está en la base de su escalada.

El rifirrafe se acabará solventando por mutua conveniencia y razones de fuerza mayor, pero ya está hecho el daño. La izquierda ha encontrado carnaza para armar escándalo y denunciar el relevo del PSOE como un contubernio cavernario. El propio Vox ha cegado parte de su potencial crecimiento entre sectores más templados, y sobre todo ha sentado un antecedente anguloso y desabrido que compromete futuros pactos y achica el campo a eventuales gobiernos moderados. Al de Andalucía, si sale, le va a costar mucho durar cuatro años.

Progres… ma non troppo
Álvaro Vargas Llosa ABC 6 Enero 2019

La progresía española y europea tiene un problema de topología geoespacial, es decir, de ubicación geográfica y espacial, y entendimiento de cómo se relacionan los distintos puntos que su itinerante humor ideológico recorre en su pleito con la derecha.

1. Si se califica a Vox de «extrema derecha» para descalificar un eventual gobierno de centro-derecha en Andalucía, se tiene que calificar de «extrema izquierda» a Podemos y «extrema derecha» al separatismo que sostienen al Gobierno socialista español. No recuerdo uno solo de estos epítetos homéricos atribuidos a los socios del Gobierno español por parte de quienes se lo endilgan a Vox.

2. Cuando Bolsonaro anuncia que reducirá el déficit fiscal, se trata de un fascista desalmado. Pero cuando Matteo Salvini se rebela contra Europa porque no quiere reducir el déficit y Europa lanza amenazas contra Italia por incumplir obligaciones fiscales, es el italiano gastador el fascista y es la Europa disciplinada la progresista. ¿El posicionamiento ideológico (y moral) se invierte según de qué lado del Atlántico hablemos?

3. Donald Trump ataca al jefe del banco central yanqui porque no quiere que siga subiendo los intereses (quiere que los mantenga artificialmente bajos, aunque eso genere inflación y burbujas). La progresía, desde Europa, dice que el «ultra» y «neofascista» Trump amenaza con ello el orden mundial. Pero que el Banco Central Europeo siga manteniendo los intereses artificialmente bajos (exactamente lo que Trump le pide a la Reserva Federal) es progresista y pedir que cambie de política, como hace cierta derecha europea, es de neonazis. La progresía convertida en una troupe de saltimbanquis.

4. Al colombiano Iván Duque, que procura hacer unas moderadas reformas fiscales para revertir el déficit heredado, lo califican de «enemigo del pueblo». Pero al Gobierno socialista portugués sostenido por comunistas y verdes que ha llevado la enemistad con su pueblo al punto de reducir un déficit fiscal que en 2010 llegó a equivaler a más de 11 del PIB a un probable 0,2 por ciento para este año, le revientan cuetes. ¿En qué quedamos? O Duque es progresista o el frente popular portugués es la reacción cavernaria.

5. Para la progresía, Macron era liberal cuando derrotó a Marine Le Pen. Bastó que Ciudadanos dijera que Macron era una referencia europea para que el francés pasara a formar parte de la demonología zurda.

6. La progresía española, en consecuencia, batió palmas como foca cuando saltaron a la calle los gilets jaunes a hacer ingobernable Francia. Sólo que -deliciosa topología geoespacial- gran parte de los «chalecos amarillos» no eran rojos, sino fachas, y por tanto estaban ubicados en el lado opuesto del lugar donde los progres los necesitaban. Para no mencionar que Macron trataba de hacer lo mismo que la progresía portuguesa, es decir, cuadrar las cuentas.

7. Paulo Guedes (el, cómo no, «ultraliberal» brasileño) anuncia que privatizará empresas como Electrobras, que son un desastre, y la progresía denuncia que quiere subastar el Estado del pueblo. Pero ¿proponen acaso quienes claman contra ello nacionalizar/estatizar la energía eléctrica española o británica? Guedes quiere privatizar el canal de televisión que creó, para fines de propaganda, Lula da Silva. En tiempos de Rajoy, la izquierda le veía poco sentido a tener una televisión pública y coqueteó con la idea de desestatizarla. Hoy, ha renacido su fervor en los ondas estatales.

8. Cuando Macron o Mauricio Macri suben impuestos (mal hecho), hambrean al pueblo y desollan a la clase media. Cuando Trump los baja, explota a los pobres y favorece a los ricos. Y cuando los sube Portugal, ¡viva el frente popular!

Como decía, la topología geoespacial aguanta todo.

España
Javier Ortega Smith: «Vox apoya el cambio en Andalucía, pero uno real de políticas y no de sillones»
C.S. Macías. Madrid. larazon 6 Enero 2019

Es el «negociador», el encargado de poner en valor los doce «síes» de Vox que acaben con casi 40 años de imperio socialista en Andalucía. «Jamás rendirse» es uno de sus lemas.

¿Se considera un negociador duro?
Soy un negociador honrado y responsable con el mandato que me ha otorgado el partido. No juego a las trampas y digo lo que voy a defender. Pero soy flexible, tenemos doce escaños y no podemos imponer todo lo que nos gustaría. Duros son los que pretenden que firmemos algo que han pactado entre ellos y no están dispuestos ni siquiera a reunirse con nosotros.

¿Es posible la repetición electoral en Andalucía?
Es posible, pero no deseable. Pero que no sea deseable no significa que no sea posible. Lo será si PP y Cs no están dispuestos a negociar una serie de propuestas proporcional al número de diputados de Vox.

PP y Cs creen que va de «farol»...
Porque creen que somos como ellos, que nos asustan las dificultades. No nos conocen. Hemos venido a la política a cambiarla, no solo a cambiar políticos y sillones. La hipótesis que usted me plantea, sí, sería un fracaso porque no habríamos sido capaces de ponernos de acuerdo. Pero para nosotros lo que sería un fracaso es si después de esperar 36 años no se produce un cambio real en Andalucía y solo es un cambio de caras.

¿Se puede permitir Vox no apoyar el cambio?
No, no se lo puede permitir; por eso Vox apoya el cambio en Andalucía. Precisamente porque apoya el cambio real no puede permitirse un acuerdo que no lleve consigo eso. Haremos todo lo posible porque haya un cambio de políticas y no de sillones. Un cambio de políticas reales: que se combata eficazmente la emigración ilegal en la medida de las competencias que pueda tener la Junta, que son más de las que algunos creen; una verdadera rebaja fiscal; supresión de impuestos y de la administración paralela. Un cambio en cuanto a la lucha contra la corrupción que significa estar dispuestos de verdad a levantar todas las alfombras y a una auditoría externa...

¿No temen el castigo en las urnas si no favorecen ese cambio?
Creo que el principal castigo en las urnas, si hubiera una repetición electoral o en cualquier tipo de elecciones, sería si nosotros en la política hubiéramos sido un fraude y traicionáramos aquello que prometimos.

¿La vía andaluza es exportable al resto de España?
Si por vía andaluza quiere decir enfrentarnos a la ideología política de la izquierda, que es como está haciendo Vox, sin complejos, atreviéndonos a mover los tabúes que durante mucho tiempo no se han atrevido a tocar ni PP ni Cs, sí. Haremos el cambio que necesita España, y no nos vamos a acomplejar ni por los insultos, ni por las etiquetas ni por las amenazas de la izquierda.

¿No cree que debería explicar mejor su postura sobre la violencia de género?
Nosotros hemos hecho ese esfuerzo de explicación. Nuestra posición es clara: queremos proteger a los seres humanos, pero a todos, y no solo a las mujeres de pareja heterosexual, que también, sino a las de pareja homosexual que no están protegidas por la ley. Queremos ampliar o sustituir la ley actual por una ley contra la violencia intrafamiliar; contra las agresiones a las mujeres, pero también a hombres, a los niños; de padres a hijos, de hijos a padres, de mujer contra mujer, de hombre contra hombre. Y que esa ley respete la Constitución, los principios básicos de igualdad ante la ley y de presunción de inocencia, que no se respeta porque se presume la culpabilidad.

¿Qué es la violencia intrafamiliar?
La violencia no tiene género. El crimen y el delito deben tener la misma pena, con indiferencia de quién los cometa. ¿Qué proponemos? Una ley integral de toda la violencia que se pueda producir en el ámbito de la familia.

El PP ha ofrecido ayudas para los hombres maltratados. ¿Qué le parece?
Suena bien, porque empiezan a entender que hay una parte desprotegida, pero nos gustaría que nos lo trasladaran a nosotros.

¿Le preocupa que vean a Vox como un partido machista?
No. Si nos preocuparan las etiquetas que no son ciertas, tendríamos un grave problema. Me preocuparía que Vox fuera machista y que el partido tuviera una visión de la mujer considerándola inferior o despectiva; pero estoy tranquilo porque no somos nada de eso. Ni me preocupa que nos llamen fachas o ultras porque amamos a España, ni que nos llamen xenófobos por querer unas fronteras seguras. No somos ninguna de esas etiquetas y me preocuparía que claudicásemos ante la mentira, el insulto y la amenaza y cambiáramos por ello la defensa de aquello en lo que creemos. Eso es lo que han hecho con el PP. Los llamados «maricomplejines», la derechita cobarde, que cada vez que les van a señalar con el dedo salen corriendo y retroceden. Lo que hacen es ponerse de rodillas y sumisos a las ideologías de izquierdas.

¿Considera al PP «maricomplejines»?
El PP ha sido un partido bastante inútil en los últimos años, y especialmente en la última década y el último gobierno. Hemos tenido la desgracia de que, frente a la imposición de lo que llamamos el frente popular de izquierdas, se han encontrado con un derechita cobarde del PP incapaz de hacerles frente por el qué dirán; y con una veleta naranja oportunista dependiendo de por dónde sople el viento de las encuestas. Han dicho una cosa y la contraria. Por ejemplo, en el tema de la ideología de género. En 2016 dijeron que estaban a favor de una ley contra la violencia intrafamiliar y ahora reculan.

Dicen que Vox es extrema derecha...
Somos un partido de extrema necesidad en España, como se ha demostrado en Andalucía. De extrema necesidad para los cambios, de extrema coherencia y de extrema lealtad a los españoles. Y con nosotros pueden tener la extrema confianza de que no les vamos a defraudar. Somos radicales, atendemos a la raíz de los problemas; así define radical la RAE.

¿Ha hablado con Casado o con Rivera?
Con Casado hablé en un acto días antes de la constitución de la Mesa del parlamento sobre eso. Fue amable y al menos esa conversación tuvo un resultado positivo. Con Rivera no he podido hablar. Le saludé ese día también y noté esa cara que suele poner alguien cuando no te apetece que otro te salude.

¿Si no hay foto no habrá pacto?
No. Si no hay pacto no habrá foto, que es distinto. Yo no quiero una foto de cara a la galería y sin contenido detrás.

¿Cuántos escaños les dan sus sondeos internos?
No tenemos dinero para pagar encuestas propias, pero los que nos han llegado se asemejan en cierta medida a los 40-45 escaños en el Congreso.

Cinco líneas rojas de Vox para futuros pactos...
Nosotros solo tenemos dos líneas rojas que son las que acompañan a la franja amarilla de la bandera de España. El límite es todo lo que tenga que ver con el interés nacional y con la defensa de los españoles.

¿Cuántos afiliados han aumentado tras las elecciones andaluzas?
En el último año hemos pasado de 3.400 a 24.000. Los últimos tres meses han sido más de 10.000 afiliados y justo después del 2 de diciembre, 1.500- 2.000.

¿Tienen cantera para presentarse en todos los ayuntamientos y parlamentos?
En todas las principales, sí. Es cierto que no habrá candidaturas en todos los ayuntamientos, lamentablemente, pero sí en los más importantes.

La histeria, la injusticia y la estupidez impuestas por ley
Pío Moa gaceta.es 6 Enero 2019

Una muestra más de la descomposición profunda del sistema del 78. Aceptada e impuesta por todos los partidos zapateristas: PP, C´s, Podemos, y PSOE. Hay que echar a esos mafiosos.

Francisco José Contreras:

Las leyes de violencia de género –tanto la nacional como la andaluza: es la primera la que trata aspectos penales- son injustas porque vulneran el principio de no discriminación por razón de sexo: la misma agresión es castigada con penas distintas según sea cometida por hombres o mujeres.

Además, suprime la presunción de inocencia del varón y facilita las denuncias falsas al considerar suficiente el testimonio de la mujer -sin necesidad de otras pruebas- para la detención del acusado, y al premiar a la denunciante con todo tipo de ventajas, que pueden ir desde ayudas económicas (art. 46 de la Ley Andaluza de Violencia de Género) a prioridad en las solicitudes de excedencia y cambio de centro de trabajo (art. 53), puntos adicionales en los concursos-oposición, prioridad en el acceso a viviendas sociales (art. 48), prioridad en los programas de formación e inserción laboral (art. 51) y el fomento del empleo (art. 52), etc. (para acreditar la condición de víctima merecedora de tales ayudas basta “certificación o informe de los servicios sociales y/o sanitarios de la Administración Pública competente”: art. 30.1). La famosa cifra de “solo un 0.01% de denuncias falsas” es absolutamente falaz: ese es el porcentaje de casos en los que la Fiscalía instruye proceso contra la falsa denunciante. Retengamos más bien otra cifra: más del 80% de las denuncias presentadas contra hombres supuestamente maltratadores son sobreseídas o archivadas por falta de pruebas, o bien el hombre es declarado inocente. Es razonable inferir que, en un alto porcentaje de ellas, no había pruebas porque la agresión nunca se produjo.

Ha estallado la tormenta porque Vox, en cumplimiento de su programa electoral, condiciona su apoyo a la investidura del gobierno PP-Ciudadanos en Andalucía a la sustitución de la Ley Andaluza de Violencia de Género (Ley 13/2007) por una nueva Ley de Violencia Familiar que no discrimine en base al sexo -es decir, que combata por igual todas las modalidades de violencia doméstica: hombre que ataca a mujer, mujer que ataca a hombre [un caso por cada cuatro de lo anterior], hombre que ataca a hombre o mujer que ataca a mujer en parejas del mismo sexo [por cierto, estadísticamente más violentas que las parejas heterosexuales], hombre o mujer que atacan a niños [es más frecuente que sea la madre la que asesina a los hijos]- y que no lesione la presunción de inocencia, base del Derecho penal civilizado (junto a la idea de responsabilidad individual, sustituida en el marxismo cultural por la culpabilidad colectiva del sexo masculino).

He tenido la paciencia de leer hasta el final esa ley puntillosa, farragosa, doctrinaria. Y la impresión que me queda es que el legislador usa la “violencia de género” como pretexto para una masiva reeducación social. De lo que se trata es de consagrar legalmente e inculcar a toda la sociedad la idea según la cual la violencia de los hombres contra las mujeres es consecuencia de una situación estructural de dominación patriarcal y opresión femenina: una situación general, que nos afecta a todos, y no solo a los maltratadores y las maltratadas. Así lo decreta la primera frase de la Exposición de Motivos: “La violencia de género supone una manifestación extrema de la desigualdad y del sometimiento en el que viven las mujeres en todo el mundo”. Y el artículo 1 define la “violencia de género” como “la violencia que, como consecuencia de una cultura machista y como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres, se ejerce sobre las mujeres por el mero hecho de serlo”. De esa forma, desde el umbral mismo de la ley, ya se ha establecido la asociación de ideas que necesita el marxismo cultural: “violencia de género = opresión patriarcal”. El legislador no parece haber reparado en que en los países más progresista-feminista-igualitarios del mundo -los escandinavos- la tasa de “violencia de género” es casi tres veces superior a la española (la nuestra, por cierto, es de las más bajas del mundo): no parece, pues, que el asesinato de mujeres por sus parejas sea consecuencia del atraso machista, salvo que creamos que el mundo entero es un infierno de dominación patriarcal. Pero, ¿qué le pueden importar los hechos al ideólogo fanático?

Y con metódico fanatismo prosigue la ley desplegando su programa totalitario de ingeniería social y reeducación masiva. Por un lado, definiendo la “violencia” en términos inquietantemente amplios: por ejemplo, puede ser “violencia de género” intentar convencer a una mujer de que no aborte, a tenor del artículo 3.4 f): “[Se considerarán violencia de género] las actuaciones que restrinjan el libre ejercicio de su derecho a la salud sexual o reproductiva, que nieguen su libertad de una vida sexual plena y sin riesgos para su salud, el derecho a decidir [abortar]”.

Por otro lado, usando la decena anual escasa (en 2016 fueron cinco; en 2017, siete: cito estadísticas oficiales de la Junta de Andalucía) de lamentables asesinatos de mujeres a manos de hombres como excusa para someter a toda la población andaluza a un sistemático adoctrinamiento ideológico sobre la terrible opresión patriarcal y la necesidad de desarraigar los “estereotipos sexistas”. El artículo 6.1 c), por ejemplo, prevé que las “actividades de investigación del fenómeno social de la violencia de género” no deben en ningún caso olvidar “el estudio de los modelos de masculinidades hegemónicas y de su relación con las causas de la violencia de género”. El art. 7 bis establece un Observatorio Andaluz de la Violencia de Género: uno más entre las decenas de organismos -generosamente dotados en presupuesto y personal- que han florecido al albur de la que el juez Serrano llamó “industria del género”.

El artículo 8 ordena la elaboración cada cinco años (¡Plan Quinquenal tenía que ser!) de “un Plan integral de sensibilización y prevención contra la violencia de género en Andalucía”. Y el Plan, por supuesto, no se olvida de la educación: hay que inculcar en el cerebro de los niños la idea de que la “violencia de género” demuestra que las mujeres siguen oprimidas en nuestra sociedad (art. 8.2: “El Plan integral desarrollará, como mínimo, las siguientes estrategias de actuación: a) Educación, con el objetivo fundamental de incidir, desde la etapa infantil hasta los niveles superiores, en la igualdad entre mujeres y hombres […]; b) Comunicación, cuya finalidad esencial es sensibilizar a mujeres y hombres, modificar los modelos actitudes, mitos y prejuicios sexistas, y concienciar a la sociedad sobre la violencia de género como una problemática social […]”). ¿Y quién forma a los formadores? Pues la Junta, depositaria de la verdad feminista: “Las administraciones educativas adoptarán las medidas necesarias para que en los planes de formación inicial y permanente del profesorado se incluya una formación específica en materia de igualdad de género” (art. 22.1).

Pero la educación no se reduce a la escuela. El artículo 8.5 nos recuerda que todos nosotros –también los adultos- habitamos una sociedad que sigue presa de una bárbara mentalidad patriarcal, y que la Junta debe civilizarnos, por nuestro propio bien: “Las actuaciones de sensibilización tienen como objetivo modificar los mitos, modelos y prejuicios existentes, y deben recoger, al menos, los elementos siguientes: a) Presentar la violencia en su naturaleza estructural y multidimensional, como un fenómeno enmarcado en la desigual distribución de poder entre mujeres y hombres; […] c) […] detección y prevención de micromachismos, denunciando sus abusos y destacando las consecuencias de estos […]”. Para los machistas recalcitrantes no se escatima (art. 10 bis. 2) la “reeducación social, que podrá comprender tratamiento psicológico, mecanismos de readaptación, resocialización, rehabilitación y otros procedimientos técnicos aconsejables”.

Para la izquierda, el mantenimiento de la Ley de Violencia de Género –como pieza de un dispositivo más amplio de “lucha por la igualdad de los sexos”- es cuestión de vida o muerte. Fracasado el socialismo, ha encontrado una ideología sustitutoria en el marxismo cultural, que divide a la sociedad en colectivos de víctimas y victimarios; y, entre esos conflictos imaginarios, el más importante es el que opone a hombres y mujeres. A la izquierda le va en ello su supervivencia.

Hay una segunda razón para la histeria con que se demoniza a quien, como VOX, se atreva a cuestionar los dogmas del género: se ha creado un densísimo entramado de asociaciones feministas que viven del dinero público, al amparo de las leyes de violencia de género (art. 9: “La Administración de la Junta de Andalucía apoyará las iniciativas de las asociaciones de mujeres, así como de otros colectivos y asociaciones dedicadas a la erradicación de la violencia de género”), de igualdad, etc. Les recomiendo que consulten la “Resolución del Instituto Andaluz de la Mujer del Procedimiento de Concesión de Subvenciones en Régimen de Concurrencia Competitiva a Asociaciones y Federaciones de Mujeres para la Realización de Programas que Fomenten la Erradicación de la Violencia de Género, para el año 2017”, emitida el 28 de Noviembre de 2017. Allí figuran una serie de cantidades. Enumero solo las primeras, de una serie que comprende decenas (y solo abarcan las subvenciones correspondientes al año 2017): Asociación de Mujeres “Páginas Violeta”, 9.577 €; Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Gitanas Kamira, 8.660 €; Asociación de Mujeres “Ventana Abierta”, 4.050 €; Asociación Femenina Andaluza para el Siglo XXI, 8.750 €; Asociación Femenina de la Subbética, 6.880 €; Federación de Asociaciones de Mujeres “El Despertar”, 19.600 €; Plataforma contra los Malos Tratos a Mujeres “Violencia Cero”, 10.325 €… y un largo y escandaloso etcétera.

La telaraña andaluza 4.0
Javier Caraballo elconfidencial 6 Enero 2019

La paradoja del nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía, si no se frustra el pacto, es que están llamados a destruir antes que a construir. Sólo cuando en una democracia se atrofia la alternancia y el partido gobernante se convierte en hegemónico, como ha ocurrido en Andalucía en las cuatro últimas décadas, se genera un entramado de poder tan amplio y copioso como el que han construido los socialistas andaluces en ese tiempo. Y como ha sido el PSOE el que lo ha creado y lo ha dotado generosamente, incluso cuando sucede lo inesperado, que se pierden unas elecciones, el entramado permanece y, además, pasa a convertirse en una sólida red de seguridad para resistir en la oposición y regresar al gobierno en el menor plazo de tiempo posible. De ahí lo paradójico del momento, que dos partidos que llegan nuevos a un Gobierno tengan que dedicarse, antes que nada, a desarmar la estructura clientelar creada y diseñada por el Partido Socialista sin, ni siquiera, tener la certeza de que podrán conseguirlo en una legislatura. Eso, además, con un añadido importante: pase lo que pase, en cualquiera de las hipótesis que se imaginen, se convertirá en una incesante fuente de conflictos contra el nuevo Gobierno andaluz.

Desde hace años, la ‘tela de araña’ ha sido la metáfora más utilizada para definir la trama de intereses creada por el Gobierno socialista en Andalucía, que ha manejado presupuestos que ascienden a casi 35.000 millones de euros, el más elevado de todas las comunidades autónomas. Incluso se llegaron a publicar dos libros que se titulaban así, en los que se detallaban todas las conexiones posibles a lo largo de la extensa región andaluza. Uno de los autores de ese libro, Pedro de Tena, describía la realidad de esa telaraña como “una ocupación nepotista del poder que se extiende por todas las instituciones, entes y organismos públicos” integrados todos ellos por “amigos, afines y familiares” de cargos socialistas, con lo que no sólo se aseguran el control “sino que, en caso de derrota política se dificultaría hasta límites insospechados la labor del Gobierno que salga de las urnas”.

El mismo símil lo empleó también un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Málaga, Manuel Arias Maldonado, cuando estallaron los grandes casos de corrupción de la Junta de Andalucía, fundamentalmente los ERE y los cursos de formación, y se descubrió la extensión real de aquella podredumbre. Al analizarlo, Arias Maldonado concluía que “el ciudadano andaluz está condenado a encontrarse con esa tela de araña en algún momento de su biografía personal o profesional, momento en el que tendrá que elegir entre pasar a formar parte de ella o perjudicar seriamente sus oportunidades vitales”. Si sumamos todos esos conceptos, no parece exagerado afirmar que la ‘tela de araña’ andaluza, a diferencia de cualquier otra que se haya podido construir en torno a otros gobiernos y en otras autonomías, es la más sofisticada y tupida de todas, una ‘telaraña 4.0’.

La dificultad mayor a la hora de intentar tomar algún tipo de medida sobre ese magma radica en la imposibilidad de que alguien pueda decir, exactamente, de cuántos organismos estamos hablando y, mucho menos, cuántas personas están ligadas a ellos. Ha habido veces que hasta los auditores de la Cámara de Cuentas de Andalucía se llevaba las manos a la cabeza cuando empezaban a sumar y a restar y les aparecían miles de ‘trabajadores fantasmas’, que nadie era capaz de saber dónde estaban. Las cuentas que ha realizado el Sindicato Andaluz de Funcionarios ofrecen un panorama desolador por la desproporción que existe entre la ‘administración real’, que es la que se puede controlar políticamente y donde están los funcionarios que han aprobado unas oposiciones, y la llamada ‘administración paralela’, donde proliferan los enchufes. Este sindicato, en concreto, afirma que el sector público instrumental de la Junta de Andalucía, la ‘administración paralela’, reúne a un total de 26.900 trabajadores (entidades públicas empresariales, fundaciones y personal laboral propio de agencias de régimen especial) mientras que el personal funcionario de la Administración General representaba en el año 2016 un total de 20.031 funcionarios de carrera y 2.495 interinos. Esa desproporción se produce, según este sindicato, por una política concreta y sostenida de los distintos gobiernos socialistas que, durante años, han estado recortando la plantilla de funcionarios (en 2009 era de 26.249 personas) mientras que ha ido aumentando y consolidando la estructura de la ‘administración paralela’.

¿Podrá un gobierno de coalición, que ni siquiera cuenta con mayoría absoluta en el Parlamento de Andalucía, desmantelar toda esa ‘tela de araña’, tejida minuciosamente durante cuarenta años? Para Ciudadanos será el segundo intento, porque ya lo incluyó, sin éxito alguno, cuando apoyó a la socialista Susana Díaz como presidenta, y lo ha vuelto a solicitar ahora, que quiere formar gobierno junto al Partido Popular. De todas formas, lo que han firmado PP y Ciudadanos para formalizar su pacto es muy impreciso, y se limita a decir que quieren suprimir todos aquellos entes, que en total pueden ser más de doscientos, “que se consideren innecesarios” y también los que se hayan visto salpicados por la corrupción, como la famosa Agencia IDEA (Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía) que aparece en escándalo de los ERE. Eso, además de otras medidas que tienen el mismo sesgo, como la Ley de Despolitización de la Junta de Andalucía –que con la sola lectura de su enunciado ya resulta insólita en una democracia moderna- con la que se pretende garantizar la "profesionalidad, imparcialidad, responsabilidad y honestidad" de los trabajadores de la administración autonómica andaluza. Si finalmente sale adelante ese nuevo Gobierno en Andalucía, lo que está claro es harán falta mucho más de cien días para, simplemente, saber si la ‘telaraña 4.0’ empieza a remitir o si se mantiene intacta.

Sectarismo y demagogia inadmisibles.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Enero 2019

LA MINISTRA DE HACIENDA CONSIDERA “INADMISIBLE PACTAR CON VOX”, PERO NO DICE NADA DE PACTAR CON GOLPISTAS.

No es de extrañar el sectarismo y la doble moral que el PSOE de Pedro Sánchez aplica al resto de partidos, como si su forma de enfocar el asunto de la llamada “violencia de género”, sin especificar, pero que tal y como recoge la nueva Ley que todos han consentido en pactar, fuese la única forma admisible de acabar con esta lacra de la sociedad de la muerte de mujeres a manos de su pareja o expareja sentimental. Y es en ese planteamiento tan encorsetado donde el PSOE y su socio preferente PODEMOS conscientemente se equivocan y han hecho al resto de partidos equivocarse al aceptarlo. Porque la realidad es que esa Ley contra la violencia de género, en la práctica, solo aplica a uno de los dos, el masculino, discriminando de forma arbitraria y debería llamarse entonces: Ley contra la violencia machista. Una redacción que es indubitadamente anticonstitucional, ya que no contempla la igualdad en todos los sentidos en derechos y deberes de los ciudadanos ante la ley, Un derecho fundamental que la Constitución recoge en su artículo 14 que dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Así que esa ley tan sectaria y discriminatoria, aunque esté avalada por la mayoría de los partidos del Congreso, es inconstitucional al hacer una discriminación positiva a favor del sexo femenino y negativa del masculino. Obviamente también olvida otro tipo de relaciones y diferentes formas de unidades familiares monoparentales, o biparentales entre personas del mismo sexo y la violencia de los hijos con los padres o viceversa. La violencia no entiende de sexos ni edades, sino de personas como seres racionales (aunque algunos se comporten de forma irracional), únicos e irrepetibles. Por tanto, no se puede criminalizar a un partido como VOX por pedir exclusivamente que se aplique la Constitución y se revise una ley que es discriminatoria e injusta en su redacción. Y además que, en el caso de Andalucía, con el Gobierno del PSOE ha sido matizada aumentando en sus supuestos la discriminación y vulnerando derechos fundamentales jurídicos, como es el de la presunción de inocencia. Se hace una carga inversa de prueba incriminando a un hombre por la sola denuncia de una mujer a la que se le da verosimilitud por el simple hecho de ser mujer, sin aportar prueba alguna a la misma en la mayoría de los casos. Una posición que tiene como consecuencia la adopción de medidas preventivas como la de impedir el acceso de esa persona a su propia vivienda y el alejamiento obligado con la imposición de alejamiento vigilado con pulseras de localización.

Y es bien conocido que la violencia tiene muchas caras y no siempre se trata de violencia física con riesgo para la integridad de quien la sufre. Hay otros muchos tipos de violencia que se aplica en cualquier relación de convivencia entre personas y grupos humanos. Y no solo en el entorno familiar cercano, sino también en otros ámbitos de la vida, como en el laboral, en la enseñanza, etc. Es una aberración jurídica la delimitación de una ley que debería ser genérica y denominarse Ley contra la violencia, sin más adjetivaciones que solo intentan parcelar lo que es algo generalizado en la sociedad. Las motivaciones de esa violencia son muy dispares, y no voy a entrar en relatarlas por su extension y profundidad, y persiguen diferentes objetivos. Pero en todos ellos busca o bien la sumisión del violentado o su destrucción. Impedir eso es lo que el Estado está obligado a hacer, garantizar la integridad física y facilitar ayuda psicológica personal al violentado. Pero para ello lo primero es asegurarse de que realmente se está produciendo esa situación, lo cual no resulta ni fácil, ni inmediato.

Por otro lado, tampoco es admisible el que se vulneren los derechos de quien es acusado y aplicar la presunción de culpabilidad por el simple hecho de haber sido denunciado. Como he dicho, se ignora de forma ilegal e injusta la presunción de inocencia y se adoptan medidas preventivas, sin disponer de elementos de juicio en forma de indicios verosímiles que las justifiquen. Cada caso de violencia es diferente y no existe ni la protección total, ni los medios humanos y económicos para llevarla a cabo. Una violencia que radica en la misma naturaleza y evolución cultural de la sociedad humana de milenios de preponderancia del hombre sobre la mujer, que hasta hace bien pocos años no ha conseguido, salvo en una parte muy limitada del mundo, avances significativos en la igualdad de derechos. Es por ello que la solución debe empezar por la educación en todos los entornos, el familiar, el social y el docente, donde los seres humanos reciben los estímulos e información que les forman como personas y les inculcan valores, positivos o negativos, dependiendo del llamado "entorno personal". Siempre se ha puesto el ejemplo del esqueje que se puede malograr en su crecimiento si no se cuida y se le ayuda a enderezarse.

Se trata sobre todo de imponer la cultura de la igualdad de derechos y deberes tal y como recoge la Constitución. Una actitud que nos diferencia de otras culturas mucho más restrictivas y estrictas que ignoran, como hacíamos nosotros no hace tanto tiempo, que pudieran siquiera existir esos derechos en nada menos que más de la mitad de la población mundial, negándoselos a las mujeres relegadas al papel de sumisas esclavas sexuales y laborales. Una situación que aún persiste en nuestro entorno cercano.

Pero reconocer ese problema es una cosa y otra muy diferente es criminalizar jurídicamente al hombre por presumírsele como sujeto proclive a cometer violencia. La actitud victimista y censora de la Ministra de Hacienda, María Jesús Montero intentando dividir a la derecha e influir sobre ese voluble supuesto centro izquierda que es C’s, es simplemente mezquina, sectaria, demagógica y oportunista. Un partido que se dice demócrata no puede ser tal si se dedica a construir muros y “cordones sanitarios” de aislamiento, anulando a otro partido oponente por discrepar de sus planteamientos que, como los suyos, son perfectamente legítimos. Y como en este caso, de denuncia de una situación aberrante de manifiesta inconstitucionalidad. Lo que no es admisible en un miembro del Gobierno de España es que, aprovechando su privilegiado púlpito como alto cargo del Estado, se dedique a lanzar soflamas políticas contra la oposición censurando el libre ejercicio de pacto entre formaciones políticas con ideologías diferenciadas pero con confluencia de intereses.

Lo que es inadmisible es aceptar lecciones de ética política de quienes, como el PSOE de Pedro Sánchez y su equipo de Gobierno, no han tenido reparos en aceptar como socios de investidura en una moción de censura y también de Gobierno a los enemigos de España, a cambio de concesiones mercenarias y bastardos pactos opacos y ocultos a la opinión pública en reuniones bilaterales. Unos enemigos de España identificados principalmente en los ultraizquierdistas de PODEMOS y los golpistas catalanes de ERC, PDeCAT y su tumor cancerígeno JxCAT, que lidera el fugitivo golpista Carles Puigdemont desde su voluntario exilio en Bélgica, un país descradamente colaboracionista del golpismo separatista. Lo que es inadmisible es que se mantenga un mensaje tan miserable contra VOX porque ha dado ya señales de que los españoles, hartos de engaños, de corrupción y de inmovilismo en los partidos políticos actuales, empiezan a considerarlo como una alternativa real y confiable con un mensaje claro y sin matices, que desnuda a quienes hacen de la demagogia y el populismo su muleta para engañar a los ciudadanos.

Montero podrá despotricar y maldecir contra VOX, pero eso no va ni a modificar la fortaleza de sus denuncias, ni a restarle credibilidad ante los ciudadanos que están más que hartos de cordones sanitarios, bloqueos institucionales y todas esas medidas sectarias de aislamiento que los de la izquierda radicalizada del PSOE montan con sus socios de siempre para destruir al enemigo político, demostrando su pánico a perder el poder.

Harán muy mal PP y C’s en seguir las consignas de quien solo intenta dividirles y dar una últimaa oportunidad a Susana Díaz para que siga manteniendo el poder en Andalucía, y como prevención para la debacle que pueden cosechar en el resto de España en las elecciones generales, con la irrupción de VOX en el Congreso con una representación que se prevé notable. Si ceden a esta burda y desesperada maniobra de distracción y engaño, los ciudadanos que confiaron en el cambio real, se lo harán pagar más pronto que tarde.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

P.D.: En esta madrugada de Reyes Magos sería bueno que esa ilusión e inocentes sueños infantiles salpicase a todos los seres humanos para mejorar la sociedad y que esta sea más justa y respetuosa on los derechos de todas las personas sin discriminación “por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Más claro, imposible.

España es un infierno fiscal para las empresas y en especial para los bancos
La cuña fiscal de las empresas asciende al 50% de su beneficio neto en España.
Daniel Rodríguez Asensio Libertad Digital 6 Enero 2019

La desinformación es, sin duda, una lacra social. La cuarta revolución industrial empodera al ciudadano, aunque también tiene costes asociados. El desarrollo de una capacidad crítica para discernir contenido de calidad de verdaderas fake news debería ser un pilar fundamental de la educación en una sociedad hiperconectada como la nuestra. Y, sin embargo, ante la publicación de las estadísticas correspondientes al Impuesto de Sociedades para el año 2016, medios supuestamente serios salen a la palestra lanzando falacias y sesgando a la población.

Antes de desmontar las falsedades sobre nuestras grandes empresas, debemos comenzar por lo más básico. España es un infierno fiscal. El índice de competitividad fiscal nos sitúa en el puesto 27 de un total de 35 analizados. Y las empresas no se libran (puesto 26). Concretamente, según PwC, la cuña fiscal asciende al 50% de su beneficio neto. O, lo que es lo mismo, uno de cada dos euros de beneficio. Añadan ahora la maraña de trabas burocráticas. En eso sí que estamos en los ránking europeos. Somos los sextos por la cola.

Lo que estos medios y especialistos no le contarán es que, con este nivel de fiscalidad, emprender en España es una tarea para héroes. Con los datos de la Agencia Tributaria de la mano, un 85% de las empresas sin asalariados tienen base imponible negativa. O, lo que es lo mismo, están en pérdidas. Nuestra economía parte con una base empresarial ya gripada sobre la que las trabas no dejan de brotar. La última es el incremento del salario mínimo interprofesional a 900 euros. Con los datos en la mano, lo único que puede provocar es más cierres y más paro.

Como está claro que a las Pymes no se las puede ordeñar más, ponen el foco en las grandes empresas. Para ello, lanzan la inventiva y la maquinaria de adoctrinar. La estrategia es clara: coger un dato oficial y tergiversarlo hasta que diga lo que queremos que diga. En el caso que nos atañe, el mensaje es que las grandes empresas pagan menos de un 8% de sus beneficios en impuestos.

De la tabla anterior hay varios mensajes desmontando el cúmulo de noticias y análisis falsos. Datos en mano:
En 2016, había 3.034 grandes empresas que pagaron un total 8.660 millones de euros en concepto de Sociedades. Es decir, un 0,2% de nuestro tejido empresarial supuso el 43% de la recaudación que generó esta figura tributaria.

El impuesto de Sociedades es progresivo. Esto es, incrementa en función del tamaño de la empresa. Mientras que las empresas sin asalariados pagaron un 24,4%, las grandes un 25,17% y las empresas de más de 5.000 empleados un 25,33%. La relación es directa, sin excepciones.

Nuestro Gobierno, que siempre piensa en el pueblo, prepara el camino para una nueva subida. Para entender por qué no debemos calibrar el impuesto por los beneficios, acudamos a un ejemplo. Imaginemos que usted y yo tenemos una empresa. Ambos vendemos el mismo producto, con un beneficio neto de 1.000 euros. La única diferencia es que usted vende la totalidad de su producto en España y yo el 50% en el extranjero. Usted pagaría 250 euros de impuesto de sociedades. En mi caso, el 50% que vendo en el extranjero ya está tributando en el país de destino.

Tributar en España y en destino sería una doble tributación de manual, por eso se han establecido los convenios de doble imposición. Son acuerdos bilaterales entre países por los cuales, en caso de que una empresa tribute por los beneficios obtenidos en un tercero, dichos beneficios no tienen que tributar en España. En nuestro ejemplo, yo tendría que tributar por 125 euros en España (el 25% de 500 euros) y los otros 500 al tipo correspondiente en mi país de destino.

Durante la crisis les pedimos a las grandes empresas que diversificaran su estructura de negocio para que el impacto de futuros shocks fuera menor. Lo han hecho, y tributan por ello en países de destino. Las empresas pequeñas, por el contrario, tienen más dificultades para salir al extranjero, de ahí que su beneficio y su base imponible sean valores más cercanos.

Llegados a este punto, no parece difícil concluir que ponderar el impuesto de Sociedades por el beneficio es comparar churras con merinas, aparte de pretender que las empresas paguen hasta por respirar. En este informe de Think Tank Civismo pueden ver también la progresividad fiscal en España, teniendo en cuenta toda la amalgama de impuestos y trabas burocráticas a la que se enfrentan nuestras empresas.

La excusa de que nuestras grandes empresas pagan poco no tiene apenas recorrido. Los intervencionistas pueden afanarse, que cada vez que lo intenten los datos se encargarán de refutar los análisis mal hechos.

De todas ellas, el sector bancario se lleva la palma. Se agarran al 8,07% sobre beneficios para justificar una mayor tributación sobre el sector que más está pagando. Soportan un tipo del 29% frente al 21% promedio. Empresas como el Banco Santanderhan pagado el 50% de su beneficio operativo en España en impuestos. Ya comentamos en este artículo que un incremento de la fiscalidad al sector tampoco puede ser justificado por el rescate financiero.

Una fiscalidad confiscatoria y con el único objetivo de recaudar, sin tener en cuenta la actividad económica, solamente nos lleva al estancamiento. Ya hemos visto cómo Google se ha llevado un centro de operaciones con 1.300 empleados a Portugal tras descartar España. Debemos entender que el estado de bienestar se ha construido sobre la base del crecimiento económico.

Nuestras autoridades deben entender que, desde el punto de vista recaudatorio, es mucho más efectivo liberalizar la economía y permitir operar libremente a las empresas. Sólo con que 240.000 Pymes salgan de un estado de pérdidas podríamos recuperar los niveles de recaudación del 2008. Estamos hablando de la "salvajada" -nótese el tono irónico- de dejar de ahogar a nuestras empresas para permitir que el 50% pase a un estadio de beneficios.

Si no se ha recuperado la recaudación de 2008 no es porque las grandes empresas paguen poco, sino más bien porque no se ha recuperado el número de empresas, el paro sigue en el 15% y la economía real no se reactiva. Prueba de ello es el número de empresas en concurso de acreedores, que permanece en niveles de 2013. Pensar en gravar a nuestras grandes empresas por sus beneficios en el extranjero -o por cualquier excusa barata- es la receta idónea para que se acaben deslocalizando. Ya hemos perdido un 23% de las grandes empresas que teníamos en 2008. España nunca volverá al 2008 y nuestras grandes empresas tampoco. La base imponible de 2016 fue nada más y nada menos que un 53% inferior.

Debemos parar esta masacre fiscal. Mayores gravámenes a nuestras grandes empresas no sólo va contra su competitividad, sino contra la de las Pymes y ciudadanos, que tendremos que hacernos cargo de mayores subidas de precio por traslado del impuesto. Pero, lo más importante, atenta contra el núcleo económico de nuestra nación, contra la prosperidad de nuestros hijos y contra nuestra libertad, aunque, claro, eso atentaría contra la élite política.

Con faldas y a lo loco
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 6 Enero 2019

Tiene usted razón, señor Rivera. La igualdad de todos los habitantes de un país -todos, digo, sin distinción de sexo biológico ni psicológico- no se discute. Por eso Vox exige para apoyar la formación de un gobierno bicolor en Andalucía que se congele la discriminatoria Ley de Violencia de Género, se salvaguarde la presunción de inocencia, se desequen los fondos destinados a convertir en ciudadanos de segunda a los varones y se sustituya, paso a paso, la ley en cuestión por otra que castigue los crímenes perpetrados puertas adentro de la convivencia familiar o sentimental con el rigor que tales delitos merecen.

¿Violencia de género? Eso es sólo un birlibirloque semántico para arramblar con el voto de las mujeres dispuestas a engullir el cebo machaconamente ofrecido por los medios de información que confunden ésta con la propaganda institucional. Cosa bien distinta es la violencia doméstica practicada en sentido lato y bidireccional. La inefable Teresa Rodríguez ha llegado al extremo de tildar a Vox de cómplice de los asesinatos de mujeres y niños. Si yo fuese Abascal (padre de cuatro hijos e hijo de un padre rayano en el heroísmo) o Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros (felices progenitores de otras tantas criaturas), llevaría a Teresita a los tribunales.

Este año ha habido en España menos mujeres etiquetadas como víctimas mortales de violencia de género (47) que niños asesinados por sus mamaítas (67). A la luz de ese dato, que las autoridades judiciales y los medios de intoxicación se cuidan muy mucho de airear, ¿deberíamos concluir que todas las mujeres son asesinas en potencia tal como a todos los hombres se nos supone? Tampoco se dice que en Estados Unidos, puestos a aportar un ejemplo altamente significativo por ser el país donde nació el Me too, la cifra de varones asesinados por sus parejas excede a la de las mujeres asesinadas por las suyas. Otro dato que la prensa aborregada, las almonedas y baratillos de los derechos humanos y las oenegés del supremacismo feminista silencian para que la rentabilidad de sus respectivos chollos no se esfume en aras de la verdad. Ésta os acompaña, gentes de Vox, y nos hará libres, como dijo el apóstol Juan, e iguales, como reza una Constitución que los sedicentes partidos constitucionalistas infringen a diario. Van a por voxotros quienes no tienen más voz que la de otros. Resistid, por favor. Hacedlo por vuestros hijos, por los míos y por los del prójimo.

Ante la complejidad, inteligencia
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  6 Enero 2019

Casado, Rivera y Abascal han de demostrar ahora que están a la altura de este escenario inédito o lo pagarán en las urnas, porque sus votantes esperan de ellos racionalidad, equilibrio y sentido de Estado

Ha cundido la alarma entre los casi dos millones de andaluces que votaron a favor de un cambio de Gobierno en la Junta de Andalucía y también entre los muchos millones de españoles que han visto el resultado de las autonómicas andaluzas como el anuncio esperanzador de una nueva etapa política en España, a causa de las dificultades surgidas de cara al voto de investidura del nuevo jefe del Ejecutivo regional por la exigencia de Vox de que se suprima el punto 84 del acuerdo entre PP y Ciudadanos. El tratamiento dado por la izquierda al fenómeno de la denominada violencia de género ha suscitado polémica desde su arranque durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Fracasado el marxismo como doctrina económica, política y social, y también como sistema de interpretación de la Historia, es bien sabido que el socialismo ha sustituido esta doctrina periclitada por sucedáneos que le permitan utilizar el mismo esquema con fines de movilización electoral. En este contexto, el feminismo radical y su cobertura conceptual, la ideología de género, representan una herramienta de eficacia considerable para fabricar artificialmente una clase oprimida, las mujeres, frente a otra opresora, los hombres, cuya mera existencia es una amenaza de carácter estructural que debe ser neutralizada mediante todo tipo de medidas legislativas, educativas, culturales y sociales, dedicando a ello ingentes recursos presupuestarios y humanos. Este constructo formidable ha dado lugar a la aparición de una densa red clientelar de asociaciones y ONGs que se nutren de subvenciones, sector de actividad que en Andalucía en particular ha alcanzado un volumen realmente llamativo. Las leyes de violencia de género, tanto a nivel nacional como autonómico en el caso andaluz, son un detallado compendio de afirmaciones teóricas, por un lado, como de políticas concretas a desarrollar por otro que obedecen a este sesgado planteamiento de las relaciones entre los dos sexos y que han suscitado serias dudas entre juristas, psicólogos, antropólogos y especialistas diversos sobre su capacidad de reflejar fielmente la multidimensional realidad del binomio hombre-mujer en las sociedades democráticas avanzadas.

Con el panorama interno que tenemos los líderes que no sepan distinguir entre lo urgente y lo trascendente y entre lo accesorio y lo esencial durarán poco

El programa electoral de Ciudadanos de 2015, sin ir más lejos, incidía en la asimetría penal aplicada a los dos sexos en esta legislación y proponía su corrección. Con posterioridad, y ante la tremenda presión emocional creada por algunos crímenes particularmente horrendos y su seguimiento exhaustivo y permanente por los medios de comunicación, tres partidos nacionales, PP, PSOE y C´s, ratificaron en el Congreso en Diciembre de 2017 el Pacto Nacional contra la Violencia de Género, votación en la que sorprendente e incongruentemente se abstuvo Podemos. Por consiguiente, la primera cosa que Vox debe entender es que ni el PP ni C´s pueden aceptar la supresión del punto 84 de su acuerdo porque están atados por su compromiso parlamentario a nivel nacional. Otra cosa es la forma en que se concrete este Pacto en la acción legislativa y de gobierno de la alianza entre ambos en Andalucía para los próximos cuatro años. Y lo que PP y C´s han de comprender a su vez es que esta cuestión es para Vox de gran relevancia porque está estrechamente ligada a los fundamentos mismos de su proyecto.

Puestas así las cosas, la solución pasa obviamente por trasladar la discusión del plano del “si” se debe respetar el Pacto al “cómo” se ha de materializar en propuestas legislativas y de gobierno concretas en Andalucía. Situado el tema en este terreno, el PP puede sentarse con Vox y acordar unos criterios orientadores de desarrollo del punto 84 que amplíen su ámbito de operación a otras figuras además de las mujeres maltratadas, que fijen condiciones específicas para otorgar subvenciones, como la ausencia de politización o de sesgo ideológico de las entidades seleccionadas, que describan el tipo de programas a incentivar y que determinen los requisitos de experiencia, competencia y transparencia de cuentas asociados a cualquier colaboración con la Administración en este campo. Este protocolo sería suscrito por el PP y Vox y aceptado tácitamente por C´s aunque no hubiera participado formalmente en su elaboración.

La complejidad derivada de la fragmentación del mapa parlamentario en cinco grupos que abarcan todo el arco ideológico obliga y obligará durante bastante tiempo a sus máximos responsables a utilizar grandes dosis de inteligencia para construir mayorías viables, estables y operativas. Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal han de demostrar ahora que están a la altura de este escenario inédito. Si no lo hacen, lo pagarán en las urnas porque sus votantes esperan de ellos racionalidad, equilibrio y sentido de Estado. Con el panorama interno que tenemos en España, debido a los desmanes del separatismo catalán, y con la recesión que vuelve a aletear en el horizonte europeo y global, los líderes que no sepan distinguir entre lo urgente y lo trascendente y entre lo accesorio y lo esencial durarán poco. Pedro Sánchez es un claro ejemplo de perfecto inútil para la tarea que tiene encomendada y su trayectoria pública ya tiene fecha de caducidad. Esperemos que la formación del nuevo Gobierno andaluz demuestre que hay todavía políticos en España de la talla suficiente para afrontar los desafíos existenciales que nos abruman.

El PP se debate sobre Vox
EDITORIAL El Mundo 6 Enero 2019

Pablo Casado inició hace medio año la regeneración de un PP del que parte de sus bases se sentían huérfanos ideológicamente. Lo hizo, acertadamente, con un discurso que recuperaba la identidad popular que Rajoy había descuidado. Pero de momento su objetivo -recuperar terreno en el centroderecha- no se está logrando. Si hoy se celebrasen elecciones, el PP vería fugarse hasta 60 escaños en detrimento de Cs y, sobre todo, de Vox. Unas previsiones que coinciden con la preocupación de varios líderes del partido: "Si hacemos lo de Vox, votarán a Vox". Un recelo que, como publicamos hoy, está acentuando un debate en el seno del PP: destacados miembros consideran que en su intento de reconquistar a los votantes atraídos por la formación de Abascal, Casado está cayendo en una identificación con Vox que en nada beneficiaría al PP.

Sin dejar de lado la colaboración entre ambos partidos, legítima mientras ninguno se salte la legalidad, lo que no pueden permitirse los populares es que una formación de derecha radical los fagocite. Para bloquear tal posibilidad, el PP debe sacar partido también a aquello que lo diferencia de quienes se sitúan en los extremos. Su experiencia de gestión, su defensa del modelo territorial o su rigor a la hora de proponer medidas políticas y económicas son algunas de las credenciales que debe ponerse en valor si quiere desmarcarse del populismo y presentarse como el partido útil del centro derecha nacional.

¿De qué género está hecho Vox?
FRANCISCO ROSELL El Mundo 6 Enero 2019

Cuando Donald Trump conquistó la Casa Blanca en las presidenciales de 2016, moviéndose como pez en las aguas revueltas de la polarización y nadando a contracorriente de campañas como NeverTrump, todo el mundo se interesaba sobre el porqué del inesperado triunfo de quien jamás había ocupado un cargo electivo ni desempeñado puesto público alguno. Ahora ocurre lo propio con el fenómeno Vox tras su sacudida electoral en Andalucía y la onda expansiva que, a modo de tsunami, se proyecta en toda España en el umbral de un febril año electoral. Todos inquieren de qué género está hecho Vox.

Con la impagable colaboración de sus rivales, como se apreció en la descaminada estrategia de la izquierda andaluza -en particular, la presidenta en funciones, Susana Díaz-, Vox principia como actor decisorio al mes de observársele como una atrabiliaria tropa extraparlamentaria. Cuando al surrealista Jean Cocteau le plantearon qué sacaría de su vivienda si se declarara un incendio, éste contestó que "el fuego" en un chispazo de perspicacia. No parece apreciarse ese rasgo de inteligencia en quienes, en vez de sofocar el fuego de Vox, lo alimentan y propagan. De igual manera actuaron con Podemos tanto el PSOE y el PP hasta que el casoplón de Pablo Iglesias en Galapagar ha podido ser su panteón. "Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive", predicaba desde su vivienda de protección oficial de Vallecas.

La respuesta al enigma de los dos populismos conservadores de ambas orillas atlánticas reposa sobre la mesa, como la carta secreta del célebre relato de Allan Poe. Costaba verla de tan a la vista como se hallaba. No obstante, las anteojeras ideológicas y el ciego sectarismo hacen que pase inadvertido lo que acaece literalmente delante de las narices. Para desentrañar de qué genero está hecho Vox, ayudan las razones que el politólogo Mark Lilla esgrime en su ensayo El Regreso Liberal. Más allá de la política de identidad sobre la aparición de Trump.

A la irresistible ascensión de éste último habría coadyuvado una izquierda empeñada en dirigirse a grupos particulares, en vez de al conjunto de la ciudadanía, virando de paradigma. El elitismo y la desconexión de la realidad de los demócratas (y de una parte republicana) habrían franqueado la llegada al despacho oval de la Casa Blanca de un tipo que conectó los negocios y el espectáculo como antes hiciera en España el ex alcalde de Marbella, Jesús Gil, ex presidente del Atlético, hasta que los jueces le troncharon las alas.

En su declive, la izquierda norteamericana se habría perdido "en la maleza de la política de la identidad", desplegando "una retórica de la diferencia resentida y disgregadora". En esta deriva, donde ha sido clave la universidad, una política de la identidad destinada a corregir injusticias históricas ha degenerado en una excluyente pseudopolítica de la autoestima. Transitando del "nosotros al Yo", por medio de lo que Lilla tilda de "política Facebook" centrada en uno mismo, ha configurado un proyecto más evangélico que político, recreando tal vez desde la izquierda el viejo Ejército de Salvación de la Iglesia metodista protestante.

Desde su perspectiva de izquierdas, Lilla entiende que, si bien la discriminación positiva ha mejorado algunos aspectos de la vida estadounidense, la obcecación con la diversidad ronda lo estrafalario. ¿Cómo explicar -se pregunta- la supuesta urgencia moral de que los universitarios tengan el derecho a escoger los pronombres de género que se deben usar para referirse a ellos? No hace falta viajar a EEUU. En Andalucía, con ocasión del Día de la Mujer, el entonces presidente Griñán pasmó a las féminas socialistas que le envolvían: "Llamadme presidenta".

Por mor de ello, la política norteamericana -y, por ende, la española- ha diluido lo común en pro de la "diferencia". Así, en las antípodas de su marido, la ex presidenciable Hillary Clinton apartó al Partido Demócrata de esa senda apelando de continuo a mujeres, afroamericanos, migrantes y homosexuales, en vez de hablar a toda la nación. Fatalmente para ella, la suma de minorías resultó ser una resta electoral contra un aparente Don Nadie. Para más inri, como efecto rebote, esta obsesión con la diversidad impulsó que los blancos, rurales y religiosos comenzaran a considerarse un grupo desfavorecido con su identidad amenazada en un país en el que, cuando se invocaban libertades y derechos, eran para "todos en todo el mundo", en expresión de Roosevelt.

A través del espejo de Trump, Vox busca captar "la cólera del español sentado". Una parte de esa "mayoría silenciosa" -concepto acuñado por Nixon- se ha encomendado a esa advocación partidista. Aprecian estos indignados que la clase media, siendo presa fácil de la voracidad de una fiscalidad cuasi confiscatoria con las rentas del trabajo, se queda sistemáticamente al margen de las ayudas públicas y accede en peores términos a los servicios públicos que sufraga. Al tiempo, sus inquietudes están fuera de una agenda pública que prioriza programas de ingeniería social que socavan sus raíces y creencias.

A este respecto, junto a la defensa de la unidad de España, el control de la emigración y el litigio contra la "memoria histórica", la "ideología de género" -no confundir con el plausible combate contra la violencia machista, aunque se asimilen interesadamente- es tema capital para Vox y fuente de votos. No por casualidad eligió como cabeza de cartel andaluz al ex juez de Familia, Francisco Serrano. Este ha descollado en la denuncia del uso artero de la Ley de Violencia de Género y de la trama de intereses que se apropian de los medios que debían destinarse a jueces y policías para enfrentarse adecuadamente a esta lacra. Ello le costó una carrera judicial a la que renunció a retornar tras un embarazoso pleito que le valió un ostracismo del que ahora emerge como portavoz de una formación reacia a suscribir el pacto andaluz de PP y Cs en lo que hace al Plan de Violencia de Género.

Carece de sentido, no obstante, que tales discordias puedan hacer naufragar el imperativo mandato electoral en favor de un gobierno de cambio que finiquite cuarenta años de régimen socialista. Los andaluces no se lo perdonarían a ninguno de los tres partidos ni viviendo siete vidas. ¿Acaso ignora Vox que, negando su apoyo a la alternancia, servirá en bandeja un gobierno socialista que agravaría las políticas de ideología de género que repudia? Las causas, si no se defienden con inteligencia, engendran más males que curan. La política, como trasunto de la vida, está sometida a complejidades difícilmente resolubles en un pispás.

Bien lo padeció en sus carnes el juez Serrano al que las simplicidades ajenas le entregaron a las hogueras inquisitoriales de los fanáticos de la corrección política. Por eso, debe tratarse más bien de un intento de Vox por marcar las distancias y establecer un campo de acción propio con un gobierno al que investirá. Pero del que ni engrosará ni dará un cheque en blanco, sino al que condicionará con esos doce escaños que valdrán su peso en oro. Vox sabe que no puede poner en riesgo el cambio, si bien tampoco desea ser un convidado de piedra en asuntos de su programa que le han cosechado tal cantidad imprevista de votos.

Si no se defienden con inteligencia, las causas engendran más males que curan

Si la "memoria histórica" ni es memoria ni es historia, y mucho menos puede transformarse la Historia en un tribunal que emita sentencias justicieras o justificadoras en función de conveniencias o partidismos, otro tanto sucede con las "leyes de discriminación positiva", cuyos daños colaterales puso de manifiesto Serrano como titular del Juzgado de Familia 7 de Sevilla. Subrayó el uso fraudulento que se hacía de la Ley Integral de Violencia de Género, merced a las denuncias falsas a las que da lugar una norma que juzga, no en función del delito, sino del sexo del infractor. Sentenciase, en la práctica, como aquel jefe cruzado que animaba a los suyos a pasar por el cuchillo, sin miramientos ni resquemores, a todo aquel que tomara por infiel. Ya se encargaría el buen Dios, con su sapiencia infinita, de separar qué almas debían acompañarle al paraíso y cuáles mandar al averno.

Si en diciembre de 2006 la juez decana de Barcelona, María Sanahuja, ya advirtió de las detenciones que se estaban produciendo "sin apenas indicios" por malos tratos, tres años después fue este juez -con el respaldo posterior de sus cuatro compañeras de los otros juzgados de Familia de Sevilla- quien alertó sobre la proliferación de denuncias fingidas. Ello le supuso ser puesto en la picota por quienes no se atienen a razones, sino a sus prejuicios con los que pretenden gobernar el mundo entero si éste se pusiera al alcance de sus designios.

Como el juez Serrano no adoptó la cautela evangélica -"¡Ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!"-, padeció la doble vara de medir que la Justicia se gasta cuando la política mueve los hilos de su balanza. Así, al tiempo que sentenciaba como falta leve y multa de 300 míseros euros a Garzón por excarcelar a dos narcotraficantes turcos para los que se reclamaban doce años de reclusión, la Fiscalía solicitaba contra el togado sevillano diez años de inhabilitación y multa de 5.400 euros por atender los deseos de un niño de ampliar unas horas el régimen de visitas para salir, junto a su padre, de paje en una cofradía hispalense.

Su nefando pecado no fue lo dicho, por ser de conocimiento de quien conoce de estos pleitos, sino descorrer el velo de silencio y debelar lo que muchos callan por conveniencia, tras salir en loor de unanimidades en el Parlamento. Más que la calidad de una norma contra el terror doméstico, lo que a los partidos les preocupó fue tomar la bandera feminista, caso del PSOE o Podemos, o no granjearse su enemiga, circunstancia del PP, pero también de Cs, que giró en redondo tras estimar hasta entonces que era una norma inconstitucional por discriminatoria.

De un tiempo a esta parte, los Parlamentos legislan atendiendo a pertenencias o adscripciones grupales. Ello enrarece la convivencia -enfrentando primero a unos contra otros y luego a todos contra todos- e imposibilita el funcionamiento igualitario de la nación. Una civilización democrática no puede fragmentarse tribalmente en clanes en derredor de sus idiosincrasias territoriales, religiosas o sexuales.

Una cosa es combatir la desdicha de la violencia machista y otra desatar una guerra de sexos, azuzada por el resentimiento. Como si muchas mujeres no fueran, a la vez, esposas y madres de hijos sometidos al infierno que desata una denuncia falsa o si los hombres, además de cónyuges, no pudieran ser igualmente padres de hijas víctimas de miserables sin escrúpulos o hermanos de mujeres maltratadas. Claro que si -como dejó escrito Friedrich Schiller- "contra la estupidez incluso los dioses luchan en vano", cómo no ha de cundir el desánimo entre quienes pugnan por introducir algo de racionalidad en un mundo en el que reina una brutalidad idiota.

Tales verdades incómodas sacan de sus casillas a quienes han hecho un negocio político de esa "ideología de género". En vez de reconocer su fracaso en la extirpación del execrable maltrato a la mujer y de cómo prosigue esa espiral de barbarie, se empecinan en el remedio fallido. Einstein, que no ocultaba los fiascos que le llevaron al éxito, sostenía sin ambages que, si se buscan resultados distintos, "no hagáis siempre lo mismo". Pero, en vez de atender esa máxima del gran genio del siglo XX, persisten no sólo en el sostenella y no enmendalla, sino combaten con arrebato a quienes aperciben sobre lo errado del camino.

A lo que se ve, hay que perder toda esperanza de enmienda cuando "vale más fracasar honradamente que triunfar debido a un fraude", según Sófocles. No hay peor negacionismo que el de la realidad. Cual avestruz que entierra su cabeza disponiendo de atléticas extremidades para ponerse a salvo. En esas encrucijadas, como advirtió el bufón de El rey Lear, es cuando los ciegos encomiendan su guía a los locos (y a los aventureros, añadiríamos).

Vox revoluciona la política española, condiciona el cambio andaluz y empuja al PP hacia la derecha
Rafael Halcón / República  6 Enero 2019

La izquierda y el feminismo atacan a Vox por sus pactos con PP y Cs en Andalucía, Casado se acerca a Abascal y Rivera huye del contagio

El padrino político y mentor del líder de Vox, Santiago Abascal, es José María Aznar que lo llenó de elogios y reconocimientos un poco antes de la muerte (por ‘suicidio’ en la moción de censura) y entierro político de Mariano Rajoy. El que fuera sucesor a dedo e hijo ‘bien amado’ de Aznar quien, finalmente, lo consideró un traidor a ‘los principios y valores’ del PP y, por ello, Aznar se lanzó temerario al apoyo de Vox, sobre todo cuando vio el éxito cosechado por Abascal en la Asamblea de Vox en Vistalegre.

El trampolín desde donde Vox saltó sobre las elecciones andaluzas hasta lograr un espectacular resultado con 400.000 votos y 12 escaños que ahora permiten el ‘cambio político’ en Andalucía si no se rompen antes los pactos de PP y Cs en el Sur por culpa de las exigencias de Vox.

En todo caso y desde las elecciones andaluzas en el debate político español sólo se habla de Vox y algo de Cataluña y del Falcón de Pedro Sánchez. El que al parecer sufrió un aborto de despegue en uno de sus viajes porque al Presidente se le olvidaron las gafas de sol en el pabellón de autoridades.

En los informativos de los primeros canales de televisión y radio y todas las portadas de los diarios impresos y digitales y en las Redes Sociales está en primer plano de audiencia y de difusión: Vox. Y si Santiago Abascal hubiera tenido que pagar esa gigantesca campaña publicitaria de los últimos tres meses de notoriedad en favor de Vox y de su liderazgo habría necesitado invertir bastantes millones de euros.

Igual le ocurrió a Donal Trump en las elecciones presidenciales de 2016 donde los disparates políticos de Trump y su populismo machista y anti inmigración le generaron muchas simpatías y muy duras críticas de sus adversarios y de los grandes medios de comunicación. Lo que acabó por convertir ese enorme ruido en propaganda en favor de Trump.

Y ese mismo efecto es el que está ocurriendo en España con Abascal y Vox. y lo que los está llevando en volandas por la política nacional como revelan la mayoría de encuestas electorales donde se sitúa a Vox con más de un 8 % de intención de votos y en algún caso con más de 40 escaños.

Salvo en la encuesta de Tezanos del CIS que el pasado viernes sólo le otorgaba a Vox un 3,7 %, lo que sin duda es otra burda manipulación del CIS que hace tan solo mes y medio pronosticó 1 escaño de Vox en las elecciones de Andalucía y el partido de Abascal obtuvo ¡12 diputados!

Lo que prueba la manipulación o la incapacidad de Tezanos que, en esas mismas elecciones, le pronostico al PSOE el 37 % de votos y 45 ó 47 escaños y al final Susana Díaz sólo logró 27 % de votos, 33 escaños y está a punto de perder el gobierno, entre otras cosas por culpa de Vox.

Sin embargo esta ruidosa entrada de Vox en la política nacional está, a su izquierda y derecha, revolucionando el mapa político y electoral en un año plagado de elecciones de todo orden.

En el centro derecha el impacto de Vox es muy importante porque lo divide en tres partes y en porcentajes aún por dirimir (aunque algunos pronósticos hablan de 40 % PP, 40 % Cs y 20 % Vox). Al tiempo que obliga al PP a girar a la derecha y a Cs a girar a la izquierda. Y a sabiendas todos ellos que Vox roba votos al PP en más proporción, pero también a Cs e incluso al PSOE y Podemos como se vio en Andalucía.

Y también en la izquierda la irrupción de Vox es importante porque Pedro Sánchez, desde el Gobierno y el PSOE, exhibe a Vox como un espantajo para que los separatistas catalanes le aprueben los Presupuestos de 2019 y él pueda seguir en el poder hasta 2020. Mientras que Pablo Iglesias brama ‘¡alerta fascista!’ para intentar movilizar a la izquierda en favor de Podemos que no deja de caer en todas las encuestas y que incluso pierde votos que se van a Vox.

Naturalmente si Vox dinamita el ‘cambio político’ en Andalucía y no deja gobernar a PP y Cs con exigencias imposibles de aceptar por ambos en ese caso Vox podría desaparecer del mapa del centro derecha o perder muchos apoyos a la misma velocidad que en los últimos tres meses los recibió.

Pero mientras tanto Vox sigue siendo el centro de debate político con sus mensajes populistas y ultra conservadores y su ideario inconstitucional en algunos aspectos, favorable al recorte de derechos civiles y contrario al feminismo y a la inmigración.

Lo que sitúa a Vox en las antípodas de Podemos, un partido de extrema izquierda populista, feminista radical, anti constitucional y contrario a la Democracia y el Estado de Derecho (Iglesias afirma que ‘en España hay presos y exiliados políticos’) y favorable a la autodeterminación catalana y ruptura de la unidad de España. Y ambos dos, Podemos y Vox, muy críticos con la UE.

Está claro que ‘los extremos se tocan’ y que en las próximas elecciones también habrá una batalla de resultados entre Podemos y Vox, sobre todo en los comicios europeos de 26 de mayo de circunscripción nacional y el momento propicio para que los populismos extremos midan sus fuerzas en el ruedo Ibérico nacional. Aunque está claro que semejante espectáculo a España y a Europa no les va a beneficiar.

Las dos almas de Vox
Pedro J. Ramírez. El Español.  6 Enero 2019

El 22 de octubre de 2009, cuatro mil personas se reunieron en el Palacio de los Deportes para celebrar los primeros 20 años de El Mundo. Hasta sus mayores detractores reconocían entonces que la historia de España, durante esas dos décadas, habría sido muy distinta, si no hubiera existido un periódico como el que yo había fundado y dirigido, en medio de auténticas situaciones límite. El presidente Zapatero intervino en un acto en el que estaban presentes el líder de la oposición, Mariano Rajoy, su flamante número dos, María Dolores de Cospedal, el alcalde Gallardón y la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre. Hubo conexiones vía satélite con la Estación Espacial Internacional, testimonios de líderes extranjeros, como el colombiano Uribe, y referencias muy emocionantes a los asesinados Julio Fuentes, Julio Anguita Parrado y López de la Calle.

Junto al legítimo orgullo por lo conseguido, mi discurso planteó enseguida los nuevos desafíos que teníamos por delante. Al explicarlos, utilicé una de mis metáforas favoritas: la peripecia infantil, recogida en las memorias de Edward Kennedy, de cómo él y sus hermanos, Jack y Bobby, jugaban a superar obstáculos, correteando por el campo, de forma que cuando veían una valla, una tapia o cualquier otra barrera, lanzaban la gorra de uno de ellos al otro lado, para que no tuvieran más remedio que saltar a recuperarla. Alguien me había proporcionado una gorra como elemento de atrezzo y, al terminar de hablar, para enfatizar la comunión entre el periódico y sus lectores, o sea, el empeño colectivo de una sociedad hablando consigo misma, la lancé teatralmente al público, como si fuera el balón de una final de Copa o la montera de una tarde para el recuerdo.

¿En qué manos cayó la gorra, tras describir una larga parábola, en medio de la oscuridad? En las de un joven político, de nariz y mirada de águila, llamado Santi Abascal. Entre esos cuatro mil asistentes que, vistos desde el escenario formaban una masa compacta y opaca, ese mensaje encriptado, con un destinatario genérico, tuvo que llegarle precisamente a él. Los arúspices etruscos lo habrían interpretado como un presagio benéfico, equivalente al vuelo de un cometa en el lugar y el momento adecuado.

Santi Abascal tenía entonces la edad de Cristo y el convencimiento de que estaba en la vida pública para cumplir una misión: impedir que, tras la marcha de Aznar, el PP desistiera de la confrontación con los nacionalistas, cincelada en la adversidad y santificada por la sangre derramada de mártires como Gregorio Ordóñez o Miguel Angel Blanco. Había creado la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes), había dado la batalla, en el Congreso de Valencia, junto a María San Gil, frente a lo que ya se perfilaba como el nefasto conformismo marianista, y había sido un activo peón de brega en la campaña electoral de Mayor Oreja, en las autonómicas vascas de marzo de aquel 2009, que desembocaron en la histórica llegada de Patxi López a Ajuria Enea, como primer lehendakari no nacionalista.

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La broma de la gorra acentuó mi simpatía hacia su coraje político y lucidez en la percepción de que la defensa de la España constitucional requería de una beligerancia activa frente a quienes querían destruirla. Tanta era nuestra sintonía, en un punto esencial, que, cuando Rajoy llegó al poder y abdicó de esos principios, yo publiqué en exclusiva, en 2013, la carta abierta en la que Abascal le anunciaba, con tintes muy emotivos, que abandonaba el PP: “Me voy del partido de mi padre”. La excarcelación de Bolinaga y otros sanguinarios etarras, beneficiados por la pasividad gubernamental ante la sentencia que tumbaba la doctrina Parot, había “colmado el vaso” de su indignación.

En ese texto, Abascal, brillante polemista, percutía sobre Rajoy, advirtiéndole de que “muchos otros” tomarían el mismo camino, “motivados a partes iguales por tus decisiones e indecisiones como líder”. Pero, a la vez, se lamentaba del “desgarro interior” que suponía separarse de “personas que representan una de las dos almas del PP, la de miles de afiliados, la de millones de votantes, la del PP de Madrid, la de José María Aznar, Esperanza Aguirre, Alejo Vidal Quadras, Jaime Mayor Oreja o Santiago Abascal Escuza, mi propio padre”.

Su coraje político y lucidez en la percepción de que la defensa de la España constitucional requería de una beligerancia activa
Lo de las “dos almas” era muy certero. El problema era que, a diferencia de la mayoría de los mencionados o aludidos, Abascal no veía “ninguna posibilidad de cambiar las cosas desde dentro”. Por eso anunciaba que buscaría “el modo más adecuado y eficaz para hacer oír mi voz en favor de España”. O sea, fundando Vox.

Había en su gesto un cierto ethos churchilliano, que evocaba el tránsito de quien, a comienzos del siglo pasado, se vio obligado a cambiar de partido para seguir defendiendo las mismas ideas. Con el componente romántico añadido de que, mientras Churchill dejó a los conservadores para unirse a otro partido de gobierno como el Liberal, con el que pronto fue ministro, Abascal emprendía la casi imposible tarea de colocar en el mercado electoral una nueva fuerza de derechas, cuando ni siquiera habían cristalizado aún Podemos y Ciudadanos.

Que el más animoso de sus compañeros de viaje fuera José Antonio Ortega Lara impregnaba, además, el empeño de una especial nobleza. El héroe que tanto había dado por todos nosotros, y a quien cualquier otro gobierno, que no estuviera presidido por un bloque de asbesto, habría convertido en patrimonio común de la democracia constitucional, se veía obligado a echarse abnegadamente a la carretera, con sus menguadas fuerzas a cuestas, pagando la gasolina de su propio bolsillo, para defender aquello por lo que había sufrido el más atroz de los cautiverios, durante 532 días interminables.

Tan conmovido quedé por el relato minucioso que me hizo de su calvario, que siempre pensé que si el cabeza de lista hubiera sido Ortega Lara, en vez del brillante y consistente Vidal Quadras, o si la dramática entrevista que publiqué con él, en el último fin de semana de campaña, hubiera podido germinar diez días antes en la conciencia cívica de todos, Vox habría obtenido un par de escaños en la europeas de 2014. Desde luego, yo me habría llevado una gran alegría pues, aunque en la cuestión del aborto mantenía la inaplicable posición tradicional católica de seguir persiguiéndolo como un grave delito, no estábamos ante una fuerza de ultraderecha o, menos aún, neofascista. La presencia entre sus fundadores de Ignacio Camuñas, primer ministro portavoz de Suárez, convertía incluso a Vox en el último fruto tardío de la España de la Transición y acentuaba su liberalismo económico.

El fracaso en aquellas elecciones, y en las de 2015, y en las de 2016, hubiera tumbado a cualquier otro. Pero ellos no se arredraron y decidieron perseverar en el empeño, apenas sin medios para ello. Fui de los pocos periodistas que les prestó atención entonces. En media docena de ocasiones me reuní con Abascal, Iván Espinosa y el propio Ortega Lara. Les veía tan desasistidos y frágiles, que intentaba pagar siempre la cuenta. A veces, ni siquiera me dejaban. Representaban la conciencia crítica o, mejor aún, esa atormentada y errabunda “segunda alma” de un PP en el que el atrincheramiento del marianismo parecía darles la razón: no había “ninguna posibilidad de cambiar las cosas desde dentro”.

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Todo se trastocó en España con la intentona golpista de octubre de 2017 en Cataluña. Por un lado, Vox adquirió utilidad y protagonismo, al personarse como acción popular en el subsiguiente proceso penal. Por el otro, la condescendencia de Rajoy con la pamema de su 155 blando y, no digamos, el oportunismo de Sánchez, al aliarse con los separatistas en el Congreso, mientras Puigdemont y Torra redoblaban su propósito de destruir España, radicalizaron a la opinión pública.

En ese terreno abonado iba arraigando Vox, cuando lo que parecía que no sucedería nunca, sucedió en un abrir y cerrar de ojos: Rajoy se tuvo que ir a su casa cubierto de merecido oprobio -cada día que pasa se percibe más cuan dañina fue la sofronización a la que sometió a la sociedad española- y el PP tiró su cadáver político al río.

Protagonizando una hazaña, aún insuficientemente reconocida, Pablo Casado pasó el corte de las primarias y noqueó a Soraya, en un histórico congreso extraordinario, apelando precisamente a esa “otra alma” del PP, encarnada por Aznar, Aguirre o Mayor Oreja, con la que tan identificado decía sentirse Abascal.

Resuelto el problema, eliminado el tapón, lo natural hubiera sido que las aguas volvieran a su cauce matricial y los dirigentes de Vox se reintegraran, con todos los honores, en el PP, emulando también el viaje de vuelta de Churchill a la bancada tory, para aprovechar así la prima que nuestro sistema electoral concede a la concentración del voto. Pero eso, que probablemente hubiera ocurrido tras los fracasos en las generales de 2015 y 2016, había dejado de ser ya una opción en 2018 porque quien, entre tanto, había desarrollado una “segunda alma”, en cierto modo antinómica con aquella que le seguía vinculando al PP, era Vox.

Subidos a la cresta de la ola de los populismos conservadores o, más bien, reaccionarios -en la medida que suponen una “reacción” a la crisis de la globalización, equivalente a la que los nacionalismos románticos supusieron a la generada por la primera revolución industrial-, estimulados por los éxitos de Trump, Le Pen, Salvini o Bolsonaro y por personajes, hasta ahora muy marginales, de rasgos exaltados o abiertamente frikies, adheridos ya como ladillas a su proyecto, los líderes de Vox han sentido la legítima llamada de la ambición y reclaman una cuota de poder propia, a costa de extremar sus posturas en asuntos capitales.

Vox se encamina a pasos acelerados hacia la homologación con la extrema derecha chauvinista, antieuropea y xenófoba que combate el multilateralismo y abdica de la protección de las mujeres frente a la violencia machista. De forma paralela a la de Podemos, y aspirando a irrumpir en sus mismos caladeros de votantes cabreados, marginados por el cambio tecnológico o incapaces de adaptarse a las mutaciones sociales, Vox está dispuesto a arramplar para ello con algunos de los grandes consensos de la Transición. Y, a juzgar por lo que está sucediendo en Andalucía, no parece que el posibilismo vaya a frenar la euforia demoscópica de algunas de sus enmiendas a la totalidad.

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La elección de la retirada de la dotación económica, destinada a luchar contra la violencia de género, como ámbito de su primer gran órdago político, dice mucho de cómo Vox ha sustituido su primer alma liberal-conservadora que entroncaba con el PP, y por lo tanto con la genealogía reformista de los Fraga, Maura, Silvela o Cánovas, por esta segunda alma integrista que entronca con los Fernández de la Mora o Federico Silva y, a través de ellos, con Menéndez Pelayo, el tradicionalismo carlista de Vázquez de Mella y el propio Donoso Cortés. Nada que ver, afortunadamente, hasta la fecha ni con el falangismo ni con la apología de la dictadura, por mucho que Pablo Iglesias se frote las manos, esperando a que aparezca entre sus filas cualquier adherencia que justifique su melodramática “alerta antifascista”.

La disposición a bloquear el cambio en Andalucía, a costa de su combate con el feminismo, explica muy bien la España a la que quiere representar Vox. La exigencia de vaciar de recursos las políticas de protección de las mujeres no es, de hecho, sino un anticipo de su anunciada ofensiva para derogar la Ley Orgánica de Protección Integral contra la Violencia de Género, aprobada por unanimidad en 2004 y revalidada, con ese mismo nivel de consenso, a través de las 200 medidas del Pacto de Estado de 2017.

Tal y como ya hemos dicho y reiterado, esa ley tiene grietas que han distorsionado su percepción global. Por ejemplo, el que existan algunos tipos delictivos en los que las penas sean distintas, según el género del agresor. Por ejemplo, el que haya derivado en un protocolo policial que implica, en la práctica, el arresto casi automático del varón denunciado por malos tratos. Por ejemplo, el que se desproteja -siempre en términos relativos- a las parejas homosexuales o a elementos tan vulnerables del ámbito familiar como los ancianos. También es cierto que las políticas de igualdad y contra la violencia de género han podido generar, en casos concretos, “chiringuitos” subvencionados que, especialmente en Andalucía, forman parte de la picaresca clientelar que impregna muchas otras áreas de la actividad pública.

Pero si bien todo esto debería dar lugar a correcciones en las normas emanadas de la ley de 2004, o incluso a su propia reforma, nada debería llevar a cuestionar ni su vigencia ni, sobre todo, su filosofía sustancial, inspirada en las grandes directrices de la ONU y demás instituciones promotoras de los Derechos Humanos en el mundo. Estamos ante una ley integral y transversal que afecta a siete ministerios y abarca ámbitos tan diversos como la Educación, la Sanidad, la protección policial, la dotación de medios judiciales o la sensibilización social. Su sentido es proporcionar un ámbito de seguridad a la igualdad de la mujer y afianzar, así, el mayor de nuestros logros colectivos en 40 años de democracia constitucional.

Al cuestionar, no los problemas inherentes a cualquier desarrollo normativo en cualquier ámbito, sino la propia perspectiva de género, Vox está haciendo abstracción de la discriminación histórica de la mujer que toda la Humanidad -y en especial sociedades tan machistas como la nuestra- ha venido practicando hasta hace muy pocas décadas. Una cosa es rechazar, desde una perspectiva liberal, atajos en la promoción de la mujer como los sistemas de cuotas, y otra negar a la mujer mecanismos específicos de protección frente a terribles ritos sociales heredados, que, a menudo, bloquean todo atisbo de libertad real y, por supuesto, de igualdad de oportunidades. Al hacerlo, de la mano de fundamentalistas como el juez Serrano, con brochazos gruesos y hoscos modales, Vox está cruzando una de las pocas líneas rojas que cualquier demócrata debe proteger.

¿Por qué lo hace? Porque la gravedad del problema se manifiesta, precisamente, en la existencia de un caladero electoral, formado por quienes se sienten perjudicados o amenazados, no por las denuncias falsas u otros abusos de la ley, sino por la intrusión que su propia vigencia supone en una sociología atávica que alberga mecanismos de dominación, resortes de autoafirmación y prácticas compensatorias de frustraciones varias. Cada vez que alguien escucha gritos, amenazas o ruidos elocuentes en el piso de arriba hay al menos una persona que se sentiría menos constreñida en sus impulsos primarios si Vox consiguiera derogar la Ley de 2004. Sólo los muy sordos o los residentes en viviendas unifamiliares, en medio de la nada, pueden negar que esas zafias palpitaciones siguen acompañándonos como parte del macizo de la raza.

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El cambio político en Andalucía es un desideratum de enorme calado y trascendencia, pero no puede convertirse en un valor absoluto. Ciudadanos ha vuelto a demostrar su cintura política y sentido de la responsabilidad, al alcanzar un pacto con el PP que implica apoyar la investidura del candidato popular Moreno Bonilla. Es el equivalente al Pacto del Abrazo que podía haber hecho presidente a Sánchez en 2016, sin hipotecas separatistas. Pero, de la misma manera que entonces no aceptó exigencias de Podemos que hubieran desnaturalizado lo acordado, la formación naranja no debe aceptar ahora las de Vox y menos en un terreno como este, por mucho que las gestione el PP.

La “foto a tres” sería letal para su centralidad política, doblemente valiosa en este momento de tanta polarización. Si no pasar por ese aro implica que se repitan las autonómicas -tal y como explícitamente ha amenazado el duro entre los duros, Ortega Smith-, pues que se repitan, igual que se repitieron las generales.

Tengo pendiente un encuentro con Santi Abascal. Nos emplazamos para este mes después de que se quejara, con razón, de un elemento innecesario en una información de EL ESPAÑOL. No sé si, después de estas reflexiones, seguirá teniendo ganas de reanudar la conversación. Es obvio que algunas de sus descalificaciones ad hominem contra Rivera o Valls, fruto del cálculo o la euforia, no encajan en su anterior perfil. Yo, en todo caso, no pienso pedirle que me devuelva la gorra porque, al margen de las fluctuaciones del mercado electoral y de esta deriva, a mi entender, muy nociva para la España constitucional, siempre seguiré contando con un aliado insoslayable en favor de su reencuentro, al menos de cara a las generales, con esa “segunda alma” que ahora vuelve a primar en el PP.

Me refiero al jurista belga Victor D’Hondt, que inventó el sistema de asignación de escaños que, en las circunscripciones pequeñas, deja a dos velas a los partidos que no queden en los primeros lugares. Eso explica que la primera consecuencia automática de la potente irrupción de Vox en las encuestas, es decir de la fragmentación del voto opositor al actual Gobierno, es que se haya rebajado en más de tres puntos el umbral de sufragios que deberían sumar Sánchez, Iglesias y los separatistas para mantener su actual mayoría absoluta en el Congreso. Atención a nuestro próximo sondeo, pero supongo que a muchos votantes de Vox se les helaría la sonrisa si llegara a materializarse el riesgo de que su auge fuera, precisamente, lo que perpetuara, durante otra legislatura completa, al doctor Frankenstein en la Moncloa.

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Cuando Vox es muy malo y Podemos muy bueno
EDUARDO INDA okdiario 6 Enero 2019

Antes de nada: no votaré a Vox. Más que nada, porque otras opciones me convencen más y porque soy de los que piensan que hay que agrupar la papeleta en torno al partido que más posibilidades tiene de entre los situados en uno de los dos bloques existentes. Por desgracia, mejor dicho, por obra y gracia de Zapatero, nuestro país ha regresado al inmoral guerracivilismo que nos llevó a la peor de nuestras desgracias. Dos Españas en las que o estás o no eres nadie. A pesar de todos los pesares, de las letales zapateradas, un servidor seguirá militando en esa Tercera España de Marañón, Ortega, Pérez de Ayala y ese Madariaga que dio nombre a este concepto que nos hubiera salvado de mil y una tragedias si lo hubiéramos aplicado en su debido momento. Que entre otras cosas, nos hubiera librado de 250.000 llantos, tantos como españoles cayeron de 1936 a 1939. La mismita España que alumbró Adolfo Suárez y consumó Felipe González en ese maravilloso pacto del 78 que nos ha garantizado el más estable periodo en 500 años de historia.

Con Vox coincido en algunos de sus puntos cardinales. Discrepo en otros. Verbigracia, su alergia al matrimonio homosexual que para un liberal como yo es irrenunciable. Me apasionan sus planteamientos económicos liberales, matizaría algo (no mucho) sus ideas sobre la inmigración ilegal y comparto parte de sus argumentos sobre la ideología de género. Vamos, que a este último respecto opino lo mismo que Abascal pero también que Pablo Casado, Javier Maroto, Albert Rivera, Toni Cantó o la gran Marta Rivera de la Cruz, por poner algunos cantosos ejemplos. Que la Ley Integral contra la Violencia de Género de Zapatero atenta contra ese elemental principio del Derecho Natural que sostiene que “todos somos iguales ante la ley” es una obviedad. Que cuando se promulgó la norma en 2004 morían a manos de sus parejas 70 mujeres al año y ahora son 45 es otra perogrullada. Lo que no son cuentos son cuentas y las estadísticas jamás mienten. Aunque en este caso creo que el triunfo contra esta lacra es más culpa del incremento de los medios técnicos y humanos para proteger a las víctimas del malnacido de turno que del endurecimiento de las penas a los hombres.

Todo lo cual no quita para que comparta prácticamente al 100% la aversión de los verdes a una Ley de Género, la andaluza, que es un auténtico monumento al despropósito con tics fascistoides. Prescribe tratamientos psicológicos a hombres acusados de maltrato sin que medie condena, acusación del fiscal, imputación o siquiera denuncia. Plantea reeducar a todos los padres andaluces. Recoge partidas para que los medios pasen de denominar “víctimas” a las mujeres que sufren el terror machista a catalogarlas como “supervivientes”. Y en el colmo de la imbecilidad impulsa las “chochocharlas” como herramienta de educación sexual. No hace falta ser un carca para concluir que esto es una barrabasada. Basta con tener dos dedos de frente. Como tampoco es preciso ser un ultrasur de la Fundación Franco para inducir que la Ley de Memoria Histórica, la nacional y la andaluza, han de ir a su lugar natural: la basura. Equiparar en las aulas el franquismo con el nazismo es sencillamente aberrante en términos cuantitativos y cualitativos.

“Vox no es fascista, sé de qué hablo porque yo lo he sido”. A Jorge Verstrynge se le podrá negar el pan y la sal, su chaqueterismo, la enorme incoherencia entre sus business inmobiliarios y su feroz defensa de la Plataforma Antidesahucios, pero desde luego no su maravillosa heterodoxia. José María García me comentaba ayer por la mañana un detalle que demuestra la tirria que dispensa la opinión publicada al partido de Santiago Abascal. Por cierto: el único que tuvo la dignidad, y el acierto en forma de golazo por la escuadra a PP y Cs, de personarse como acusación particular contra los golpistas del 1-O. “¿Te has dado cuenta que cuando los medios hablan de Vox siempre se le mete la apostilla “partido de ultraderecha” y cuando lo hacen de Podemos es simplemente “Podemos”? Sagaz y no menos oportuna afirmación de uno de los mejores periodistas de todos los tiempos.

Cosas del pensamiento único, del buenismo y de la corrección política que si algo han demostrado es que son un asco. Eso sí que es fascismo y ultraderecha o ultraizquierda: intentar apabullar e incluso eliminar legalmente las opiniones que no le gustan a uno. Salvo honrosas excepciones, como Libertad Digital u OKDIARIO, jamás he leído un artículo periodístico en el que se calificase a Podemos de partido de extrema izquierda o comunista. Como acertadamente señalaba Isabel Díaz Ayuso esta semana en La Sexta, “nos presentan a Podemos como la izquierda simpática, al PSOE como el centro, a Ciudadanos como el centroizquierda y a PP y Vox como la extrema derecha”. Es lo que sucede cuando entregas todo el panorama mediático a la izquierda o a la derecha vergonzante. O cuando buena parte de los corresponsales extranjeros en España son un remake de las comunistísimas Brigadas Internacionales que lucharon en la Guerra Civil con el indisimulado objetivo de convertir España en una sucursal de la Unión Soviética.

Situar como lo más de los más en democracia a Pablo Iglesias es tanto como presuponer que Nicolás Maduro es Mahatma Gandhi y el líder supremo de la teocracia iraní, Alí Jamenei, Jesucristo redivivo. Podemos no es guay, es un partido de extrema izquierda representante de la ideología que más muertos ha provocado en la historia de la humanidad: el comunismo (100 millones). Es anormal que nos vendan como algo normal a un partido de extrema izquierda que defiende, relativiza o banaliza a ETA, que pacta con quienes asesinaron a 850 compatriotas, que es colega de los golpistas, que jalea a un hijo de perra (Maduro) que tiene entre rejas a 400 líderes de la oposición y que recibe sin pestañear pasta de una satrapía (la iraní) que lapida a las supuestas adúlteras y ahorca a los homosexuales.

Anormal en grado sumo es tildar de machista a Santiago Abascal por defender la derogación de una ley basura mientras callas cobardemente los cavernícolas actos del macho alfa Pablo Iglesias. Sí, ése que entre las risas de sus correligionarias escribió una frase que en cualquier país nórdico o centroeuropeo hubiera supuesto la inmediata salida del protagonista de la política por la puerta de atrás: “Azotaría a Mariló Montero hasta que sangrase, soy marxista devenido en psicópata”. El mismo que ofreció su despacho a Andrea Levy para que “se entienda con el político con el que se calienta, Miguel Vila”. El que asciende en el grupo parlamentario a sus novias y manda detrás de la columna a sus ex.

Como anormal es ocultar o minimizar que el pájaro recibiera 272.000 dólares de la dictadura venezolana en un paraíso fiscal, que entre Venezuela e Irán les hayan regalado como mínimo 8 millones, ayudarles a sortear un delito fiscal (como hizo Montoro con Juan Carlos Monedero) o aplaudir sin chistar las críticas a la reforma laboral del argentino Echenique que pagaba en negro y no dio de alta en la Seguridad Social a su asistente.

Anormal y amoral es omitir las devoluciones en caliente de Pedro Sánchez mientras vilipendias a Vox por decir algo tan evidente que ruboriza a cualquier mente pelín despejada: los inmigrantes ilegales deben ser inmediatamente repatriados. Estos memos de la corrección política olvidan que las pensiones, el seguro de desempleo, la atención sanitaria y la educación pública no son chicles que se pueda estirar hasta el infinito. Manipulación no es sólo tergiversar la realidad sino silenciarla. Y prácticamente todos los medios han pasado esta semana de puntillas sobre las cifras de inmigración ofrecidas por el Ministerio del Interior que demuestran que las gracietas de Pedro Sánchez en la materia han provocado un brutal efecto llamada: la llegada de ilegales por mar ha pasado de 22.000 en 2107 a 57.000 en 2018.

Presentar a Santiago Abascal como un monstruo y a Pablo Iglesias como un ángel es anormal. Ídem de ídem es recibir los votos de los golpistas o brindar con un etarra como Otegi porque ni en política ni en ningún orden de la vida vale todo. Sencillamente de locos resulta presentar a un partido con todas las trazas de ser sencillamente de derechas, el típico liberalconservador, como si fueran neonazis o poco menos que la versión española de Marine Le Pen. Intelectualmente vomitivo, además de explícitamente delictuoso, es culpar a Vox de un asesinato, el de Laura Luelmo, que demuestra la necesidad de mantener la prisión permanente revisable para que alimañas como Bernardo Montoya se pudran en la cárcel. Cuando lo anormal es lo normal y lo normal lo anormal entramos en un estado de esquizofrenia que irremediablemente acabará como el rosario de la aurora. Que se lo digan a los alemanes o a los italianos.

Cataluña, el precio de un error
ABC 6 Enero 2019

Aunque finalmente no lo logró, el independentismo catalán intentó convertir anoche una celebración eminentemente infantil como las cabalgatas de Reyes Magos en un acto de manipulación y propaganda. De cara a los desfiles de carrozas en algunas localidades de Cataluña -especialmente la de Vilanova i la Geltru (Barcelona), retransmitida por TV3- las asociaciones separatistas habían hecho campaña para que estuviesen marcadas por la aparición de lazos y farolillos amarillos, banderas estrelladas y simbología antiespañola. Se trataba de amplificar la mercadotecnia separatista durante un acto público televisado y con muy amplio seguimiento de audiencia. En su obsesión identitaria, el secesionismo catalán volvió a intentar manipular a los niños. Ni siquiera en la noche de Reyes Magos descansaron. Sin embargo, el separatismo pinchó en la cabalgata televisada por TV3 desde Vilanova. A pesar de algún lazo amarillo aislado y alguna estelada, el ambiente era de normalidad, equivalente a lo que en realidad es aquello: una población española equiparable a cualquier otra. La sociedad real catalana empieza a dar síntomas de fatiga ante la implacable cruzada independentista, que se ha destapado como muy nociva para la comunidad. Uno tras otro, se acumulan los datos económicos negativos desde que Artur Mas inició esa quimera, ese viaje a la regresión, que se ha dado en llamar eufemísticamente «el procés».

La Generalitat vive completamente ajena a la crudeza de la realidad económica catalana e instalada en la más absoluta parálisis legislativa. Recientemente, ABC publicó cómo hasta al pasado mes de septiembre la inversión extranjera se hundió en Cataluña un 17 por ciento, mientras había crecido en Madrid un 182 por ciento. Las operaciones con capital foráneo en Cataluña alcanzaron los 3.692 millones de euros (el dato más bajo desde 2014), mientras en el resto de España se dispararon un 88 por ciento más, hasta los 69.794 millones. En el caso concreto de Madrid, fueron 59.660 millones. Estos datos son tan elocuentes como las cifras que demuestran que Cataluña se desacelera a un ritmo mucho más rápido que el conjunto de la economía nacional: desde el golpe del 1-O, Cataluña ha perdido 3.819 empresas, más de 22.000 millones en depósitos y un tercio de la inversión extranjera en la región.

En solo un año, Cataluña se ha revelado como un penoso paraíso de la incertidumbre económica, la inseguridad política y la inestabilidad. No resulta extraño, toda vez que lo prioritario para la Generalitat es salir del Fondo de Liquidez Autonómica, manipular a los niños y seguir cultivando el odio y la mentira. En contra de lo que a veces se nos quiere hacer creer, el independentismo no es un proyecto ganador, sino de xenofobia y ruina.

Burda utilización populista y secesionista de las cabalgatas
EDITORIAL El Mundo 6 Enero 2019

En un nuevo ejemplo de desprecio hacia cualquier manifestación cultural o social que no coincida con su obsesión separatista, el independentismo catalán volvió a intentar utilizar la tradicional cabalgata de los Reyes Magos para lanzar sus mensajes políticos, encaminados a desprestigiar a las instituciones democráticas y a dividir a la sociedad catalana. Con varios días de antelación, y en una acción coordinada, la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), Òmnium Cultural y los Comités de Defensa de la República (CDR) hicieron llamamientos a la población a través de las redes sociales para que acudiesen a las cabalgatas portando farolillos de color amarillo como muestra de apoyo a los políticos golpistas acusados de rebelión y encarcelados preventivamente por el Tribunal Supremo y reclamaran su puesta en libertad.

Los tres grupos secesionistas instalaron en varias localidades de Cataluña puestos para distribuir estos farolillos independentistas, con la intención de que una fiesta pensada para los niños se convirtiese en un acto monocolor, imponiendo a toda la población, y especialmente a los más pequeños, un mensaje de ruptura democrática y de oposición al Estado, siguiendo el llamamiento a la rebelión que el president Torra hizo en su mensaje de fin de año.

Sin embargo, los secesionistas no consiguieron el orwelliano efecto buscado. Pese a que las asociaciones independentistas habían reforzado su presencia en la cabalgata de Vilanova i la Geltrú, que fue la que retransmitió TV3, durante todo el recorrido no se vio a través de la cadena pública ni un solo farolillo ni ninguna estelada. Tan solo, el rey Melchor hizo una alusión velada a los políticos presos.

Pero los independentistas no fueron los únicos que quisieron aprovechar la ocasión para poner los recursos municipales a su servicio. En el madrileño barrio de Tetuán, la concejala del distrito, Montserrat Galcerán, colocó junto al escenario una pantalla de grandes dimensiones en la que se proyectó un vídeo de carácter político a favor de la corporación que lidera Manuela Carmena. Ignorando los problemas reales de los vecinos, la proyección era un burdo ejemplo de agitprop en el que se recopilaban algunas actuaciones del Ayuntamiento de Ahora Madrid. Una iniciativa que, como denunció Ciudadanos, solo puede calificarse de "vergonzosa".

En la lamentable jornada de ayer, en la que los partidos quisieron robar el protagonismo a los niños, también estuvo presente el Partido Popular, desde cuya cuenta oficial de Twitter se distribuyó un vídeo humorístico en el que se sugería la muerte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El tuit fue borrado y los populares pidieron perdón por el error, un gesto que les honra, pero que no disminuye su irresponsabilidad institucional a la hora de difundir mensajes que incitan al odio. Estéril y oportunista fue la reacción del Gobierno, que ha pedido la actuación de la Fiscalía, algo que no tendrá ningún recorrido penal.

Normalidades
¿Qué es la normalidad tras el hundimiento del bipartidismo?
Jon Juaristi ABC 6 Enero 2019

En su tragicomedia distópica de 2015, «Sumisión», Michel Houellebecq introduce un párrafo que, aunque referido a Francia, podría convenir sobre todo a la España del 2019: «La implosión brutal del sistema de oposición binario entre centro-izquierda y centro-derecha que estructuraba la vida política francesa desde tiempos inmemoriales había sumido en un primer momento al conjunto los medios de comunicación en un estado de estupor que los confinaba en la afasia». En España, el bipartidismo implosionó definitivamente el pasado mes de junio y, desde entonces, muchos medios de comunicación, pero en particular los de las autonomías gobernadas por nacionalistas, andan (o fingen andar) como leopardo en barbería. El caso del «Diario Vasco» y de la foto del 24 de diciembre con la que ilustraba o deslustraba su primera plana no es el más grave y, sin embargo, canta más que el Orfeón Donostiarra.

Lo más curioso de dicho caso es la celeridad con que las damas que representan al fenecido bipartidismo español en la Comunidad Autónoma Vasca se han dado por aludidas y han salido en defensa de su honor, supuestamente cuestionado. Tanto la ausente como la presente en la foto del brindis navideño del «Diario Vasco» han reaccionado de la misma manera: las críticas que se les han dirigido equivalen a ataques contra sus respectivos partidos, que lucharon heroicamente contra el terrorismo cuando había terrorismo. Vale: nadie, que yo sepa, ha criticado a Amaya Fernández (PP de Euskadi) por no estar en la foto. Tampoco a Idoia Mendía (PSE de Euskadi-Euskadiko Ezkerra) por idéntico motivo. A la primera, le dediqué un pellizco de monja por su ignorancia acerca de la historia de la ikurriña. A la segunda, la han sacudido desde las filas de su partido por retratarse brindando con Otegui. Ambas se han parapetado tras la historia de los partidos que representan. Es de agradecer, sin embargo, que ninguna de ellas haya sostenido que al criticarlas se ataca a las mujeres.

En realidad, me parece una payasada menor el brindis de Mendía (y nada digamos del blanqueo de la ikurriña por Fernández). En otras palabras: los comportamientos de ambas secretarias generales se inscriben, es cierto, en lo que el senador del PSE-EE, Tontxu Rodríguez, ha denominado normalidad. La normalidad de la Comunidad Autónoma Vasca podría describirse, más o menos, en los siguientes términos: vencido y derrotado el terrorismo etarra por la democracia española, el nacionalismo vasco gobierna en Euskadi y lo seguirá haciendo hasta que las ranas críen pelo, porque nadie quiere arriesgarse a que vuelva a repetirse la historia. Por eso socialistas, etarras no arrepentidos, peneuvistas y podemitas cenan y brindan juntos en alegre compadreo y comadreo. El PP de Euskadi no lo hace. Llega a admitir que la ikurriña no tiene nada que ver con el nacionalismo y que ellos, los del PP, también forman parte de Euskadi, pero ni un paso más allá, porque, como asegura Amaya Fernández, están hartos de que los radicales les revienten sus actos públicos (por cierto, ¿brindarían con Otegui si no se los reventaran?).

En fin, me parece mucho más patético el comportamiento del «Diario Vasco», que tuvo la genial idea de montar el festejo, y no se arredró cuando el PP de Euskadi declinó la invitación y publicó finalmente la dichosa foto como simpático detalle navideño para todos sus lectores habituales, entre los que parece haber bastantes víctimas del terrorismo de ETA. Pero, ¿quién negará que la armoniosa fragmentación vasca es lo más normal y ejemplar de España tras la implosión del bipartidismo? ¡Si hasta Sánchez lo reconoció cuando el PNV le regaló el gobierno, aquella memorable tarde de la moción de censura!

Por la dignidad de las víctimas
 larazon 6 Enero 2019

Cuando Joseba Pagazaurtundúa fue asesinado en Andoáin en febrero de 2003, su hermana Maite acuñó un término para referirse a aquellos políticos nacionalistas que habían dejado desamparada a su familia: «Corazón de hielo». Pasados los años, cuando ETA ha sido derrotada con el sacrificio de centenares de muertos, sopla de vez en cuando el aire frío del olvido. Es la insoportable sensación de que los verdugos celebran sobre la memoria de los muertos la libertad que con tanto ahínco quisieron destruir.

Sí, la fotografía de la secretaria del PSE, Idoia Mendia, preparando una cena de Navidad con Arnaldo Otegi ha sido insoportable para los que recuerdan la indiferencia, cuando no el escarnio, de los herederos de ETA hacia sus víctimas. La dirigente socialista vasca no se ha retractado de su encuentro, ni siquiera ha mostrado comprensión alguna hacia José María Múgica al haber decidido abandonar la militancia en el partido, una vieja militancia que compartía con su padre, asesinado por la banda terrorista.

Cuando ETA mató al histórico dirigente socialista Fernando Múgica en una calle de San Sebastián, delante de su esposa y de su hijo, en febrero de 1996, su amigo José Ramón Recalde –que sobrevivió después de que un pistolero le disparara en la cara en septiembre de 2000– que él aspiraba a que su partido fuera «un grupo de compañeros». Eran, eso sí, viejos luchadores. El PSE, que tantos militantes ha perdido en defensa de sus principios de libertad y democracia en el País Vasco, asiste ahora en silencio a la fotografía de una cena indigna, puede que sin saber qué decir, acaso sospechando que esta imagen es la permanencia de los mismos terroristas y sus objetivos en un tiempo de paz en el que no se retractan en nada del dolor causado.

Todos aquellos muertos «nos plantearon el problema de con qué organizaciones teníamos que dialogar y de con qué personas de esas organizaciones se nos podía, con decencia, proponer el diálogo», escribió Recalde en sus memorias («Fe de vida»). Es llamativo que Mendia justifique su feliz encuentro con Otegi porque el partido que representa –esa transmutación permanente de las esencias etarras en nuevas siglas– defiende ahora sus ideas «con palabras». Así es, pero porque fue derrotada, porque se le impidió seguir matando y comprendieron que no podían acabar con nuestra democracia. No dejaron de matar guiados por ningún principio de humanidad o convicción democrática. Asesinaron a cuantos pudieron: eso es lo único que realmente deja el corazón helado. Es decir, cumplieron sus objetivos con creces al dejar amedrentada al conjunto de la sociedad e imponer su ideal patrio a sangre y fuego, gustase o no.

Tras cuarenta años de terrorismo, la gran lección que quedó para muchos socialistas perseguidos, para los militantes del PP que tan heroicamente resistieron –partido, no se olvide, que se negó a participar en la fotografía de la cena– y para tantos otros demócratas que soportaron durante años la violencia de ETA y el silencio nacionalista, es que el futuro de una País Vasco en paz no podía sellarse desde los principios autoritarios y xenófobos de los abertzales. Parece que Mendia no lo entiende así porque esa fotografía vuelve a poner encima de la mesa de una cocina plenamente abastecida –qué ironía– el poder de los terroristas. Tampoco lo cree así Pedro Sánchez, tan alejado como siempre de cualquer convicción ética en la (vieja) política, que resolvió el tema fríamente: «No hay ningún elemento para la polémica». Hoy publicamos un encuentro, también en torno a una mesa, entre Maite Pagazaurtundúa, Josu Puelles, Jose Arregi y Teo Uriarte, todos ellos estigmatizados por el nacionalismo. Reivindican la dignidad de las víctimas y denuncian la obsesión por maquillar la historia destructiva de ETA. Como apunta Pagazaurtundúa: «La sonrisa no borra la sangre».

La comida de la dignidad: LA RAZÓN reúne a los que no están dispuestos a blanquear el terrorismo de ETA
Maite Pagazaurtundua, Teo Uriarte, Joseba Arregi y Josu Puelles se reúnen tras la polémica fotografía de la líder del PSE, Idoia Mendia, junto a Otegi.
Iñaki Arteta. Bilbao. larazon 6 Enero 2019

Citarse para comer es algo muy especial para los vascos. Maite Pagazaurtundua, Teo Uriarte, Joseba Arregi y Josu Puelles alrededor de una mesa para comer son mucho criterio sano por metro cuadrado. Pero hay comidas y comidas. Debería oler muy bien en la cocina en la que se reunieron Andoni Ortúzar, Arnaldo Otegi, Idoia Mendía y Lander Martínez. Ortúzar tuiteaba después: «A mi me tocó preparar hongos, Lander hizo una ensalada, Arnaldo un bacalao al pil pil e Idoia un turrón de foie y flan. Todo muy rico». Muy rico y muy fino. «Hay que confraternizar con diferentes», dijo más tarde en un tuit Ortúzar. Diferentes. ¿Diferentes?

Maite, Teo Uriarte, Joseba Arregi y Josu Puelles sí que son diferentes, dos de ellos sufren la pérdida de un hermano a manos de los terroristas, otro de ellos contempló el nacimiento de ETA y otro huyó del nacionalismo hace ya tiempo. Ellos no comen juntos por un compromiso ni por una foto, sino porque están hermanados en lo IMPORTANTE.

«No hay motivo para la polémica», ha dicho el presidente Sánchez tras ser preguntado por la reunión en la que la líder del PSE brindaba con Otegi. No por eso la famosa foto deja de atacar al mismísimo (y vasco) estómago de Maite Pagazaurtundua.

Maite Pagazaurtundua: A mí se me encogió el estómago literalmente. Para quienes sabemos lo que es pasar una Navidad tras otra con un muerto, ver la foto de Arnaldo Otegi tan contento, tan satisfecho junto a los de Podemos, Idoia Mendia y Andoni Ortuzar haciendo de facilitadores, de limpiadores del pasado de Otegi, me resultó tremendamente duro porque aparte del decoro o de la piedad, es que Otegi tenía que haber condenado la historia del pasado y haberse retirado de su presencia pública por vergüenza moral. Pero ninguno de esos sentimientos está en el mundo de los herederos de ETA.

Si lo que se pretende es decir «que a gusto estamos y que bien comemos juntos y que los que no vengan a esta fiesta y no brinden con nosotros pues se quedan fuera voluntariamente», bueno...vale, estás domesticado pero estás a gusto. Comes tu bacalao, tienes tu copa, la foto guay... pero está la sangre y la sangre no se ha limpiado. Y eso lo cambia todo. Todo podría ser diferente si no hubiera habido sangre. La sonrisa no borra la sangre.

Joseba Arregi: Primero, ese abuso de lo gastronómico ligado a lo nacionalista. «Euskadi a culinary nation», dice una de las últimas campañas oficiales del Gobierno Vasco. En segundo lugar, organizar esa foto es ya penoso sabiendo que va a ser una representación de la exclusión, porque el que programó el encuentro sabía que iba a haber excluidos. Pero lo peor, ver a Arnaldo Otegi en el centro cuando todavía no hace tanto tiempo que se disolvió ETA. Por si había duda, es que no tienen piedad. Todavía peleamos por lo que significan las víctimas de ETA y hay políticos vascos de primera fila que se juntan con los que han pertenecido a ese siniestro mundo que no ha condenado la historia de terror de ETA, como si nada hubiera pasado.

Repugna intuir esa manera desvergonzada de pasar página, esa competición por atraerse al mundo abertzale, bien para buscar mayoría nacionalista (el PNV), bien para conformar una mayoría de izquierdas (PSE) con exclusión, por supuesto, del resto de las fuerzas políticas (la derecha española).

Todo esto sin haber enterrado dignamente a las víctimas.

Teo Uriarte: Convertir a unos políticos en cocineros es la frivolización de la realidad, es una búsqueda de hacer normal lo anormal y de enterrar el pasado, provocar el olvido. Y el olvido es la pieza estratégica fundamental del futuro que nos espera. Pero no solo desde el nacionalismo, también desde la izquierda rupturista. Olvidémonos de la Guerra Civil. Olvidemos el afortunado hito de la historia moderna española que fue la Transición y la Constitución española. Pongamos en valor las heterodoxias en el seno de la socialdemocracia y el mejor lugar es llevarlos a una cocina para que planteen el futuro de la ruptura política olvidando que Otegi fue un terrorista, que Otegi ha estado cuarenta años defendiendo el asesinato político, olvidando que Ortúzar está llevando adelante un estatuto de autonomía rupturista con la Constitución española y olvidando que la secretaria general del Partido Socialista está haciendo un papel de comparsa y contradictorio con lo que ha sido la socialdemocracia en este país.

Olvidemos todo esto para facilitar la ruptura política. Pero si empezamos a proponer desde una cocina una fórmula que olvide toda experiencia política –la negativa y, también, la positiva– que ha habido en este país, vamos fatal.

Josu Puelles: Me gustaría saber cuál era la intención del director del periódico cuando está proponiendo este encuentro pensando que esa foto es buena para la portada de su periódico el día de Nochebuena. Detrás hay indudablemente un mensaje que sospecho que tiene que ver con «esto es lo que hay», «el que no está aquí es un rencoroso» o «el que no quiere que la fiesta siga en paz»...

La playa de la Concha luce espléndida estos días navideños con algunos veteranos bañistas retando al frío para su inmersión diaria. Muchos donostiarras pasean con el Diario Vasco bajo el brazo. En Bilbao, las tiendas de la Gran Vía rebosan de gente. En Vitoria se aguanta el frío con un vino en la mano y el móvil en la otra mientras se organizan futuras comidas con los amigos.

Joseba Arregi: Vivimos en una sociedad donde hay una tiranía creciente de lo políticamente correcto. Una tiranía de lo que es preciso admitir, de lo que es preciso saber, de lo que es preciso creer, y para librarse de eso y dar paso al instinto de honestidad se necesita por una parte asumir la soledad que ello implica, tener capacidad de articulación de las ideas y, aunque parezca prosaico, una mínima seguridad económica o laboral. No es fácil para el ciudadano atreverse a ello. La frivolidad, el diletantismo, la mala idea de alguno o algunos de los que estaban en esa cena aparentemente fraternal, nos cogen con las defensas destrozadas porque estamos inmersos en una cultura que está aboliendo el concepto de normalidad. Confundiendo el valor de la tolerancia con el no valor de la indiferencia. El credo general que se extiende es el de que cada uno puede hacer lo que le da la gana.

Teo Uriarte: La cocina no es el lugar de la política. Sí que puede ser el lugar de la conspiración y en ella se produce la legitimación de un defensor del terrorismo durante cuarenta años, como ha sido Arnaldo Otegi. De ella se expulsa a una parte de la política del país, que puede ser la derecha. Y ahí está Arnaldo Otegi que probablemente es el que se encontraba mejor en el ambiente y haciendo el bacalao. Y eso es lo correcto, es lo que va a gustar a la gente: ver a los políticos en una cocina. Los políticos no deben estar en una cocina. ¿Cuál es el discurso que queda? El mejor lugar para el encuentro de los políticos es una cocina, no es el Parlamento y de paso, legitimamos la presencia de un colaborador del terrorismo.

Joseba Arregi: Para esta gente, el hecho de que el Tribunal Constitucional aceptara como legal a Sortu y a Bildu, equiparan con que Sortu y Bildu son democráticamente partidos legítimos y no lo son. Ya sé que esto, decirlo en alto molesta pero no son legítimos porque no reconocen la pluralidad de la sociedad vasca, porque con ello no reconocen la libertad de conciencia. No son legítimamente democráticos o democráticamente legítimos, aunque sean legales. Y todo eso se salta en esa foto por la borda, se tira por la borda.

Teo Uriarte: La foto es un síntoma grave de la crisis democrática y de las actitudes rupturistas que amplios sectores de la política española están alentando en estos momentos. La información no puede ser mercancía, tiene que ser culturización y dirección política y a poder ser, ética.

Maite Pagaza: En esa foto falta el Partido Popular, falta el partido con más asesinados políticos tanto en los años 70 y 80 como en la siguiente fase de persecución del adversario político. Son ellos, los perseguidos los que han dicho: «No quiero ir a la foto con éste, que todavía no ha tenido ningún sentimiento de vergüenza moral». Vivimos la inversión de los valores.

Teo Uriarte: Es lo que nos viene, frivolizar sobre el pasado, pero por otro lado, tenerlo presente con Otegi. El futuro lo siguen marcando Otegi y Ortúzar, y ese es el éxito de ETA, haber conseguido que el futuro lo marquen ellos dos. Porque el resto o se ha asustado o ha optado por el desestimiento. Añádase a esto la crisis ideológica y teórica que viene padeciendo la izquierda que hoy no sabe qué decir absolutamente de nada.

Joseba Arregi: No vale el «yo puedo hacer o pedir lo que quiera y de cualquier manera» o por otra parte «yo puedo estar con cualquiera porque soy muy tolerante». Ser tolerante no es aceptar a alguien que lo que ha predicado y predica va en contra de la libertad de conciencia. Yo sí que le podría respetar a Otegi porque yo sí respeto su libertad de conciencia, pero solo cuando estemos en el mismo ámbito de respeto a esos derechos fundamentales (la conciencia, la vida, los derechos humanos) podremos hablar.

Josu Puelles: Eso sería respetar nuestra Constitución (las leyes comunes) y el Estado de Derecho. Es decir, respetar lo que todos los demás tenemos que respetar, porque si no hay marco no hay ley y si no hay ley no hay sociedad de personas libres. Yo te permito que seas libre pero tú tienes que respetar que yo lo sea también. Y la defensa de la historia de terror de ETA es incompatible con una comunidad política democrática, bloquea (debería bloquear) cualquier diálogo democrático.

Cenar, confraternizar con Bildu «es la victoria de la democracia», ha dicho Idoia Mendía. Nada nuevo bajo el sol, su partido ha pasado años compadreando no solo con el abertzalismo en cualquiera de sus denominaciones, sino con ETA. Pero no han sido los únicos, viene a decir la dirigente socialista. Ah.

Joseba Arregi: Sumemos a eso la incapacidad de respuesta de los partidos españoles. Jauregui dijo hace tiempo que «no se puede pedir a los nacionalistas que dejen de ser nacionalistas». Pero si son nacionalistas de forma no democrática ¡claro que tenemos que pedirles que dejen de ser nacionalistas de esa manera! ¿Por qué los derechos históricos de una comunidad valen pero a la vez se critica, por ejemplo, a la Monarquía?

Maite Pagaza: Parece claro que han fallado los partidos nacionales en hacer un buen discurso de defensa de la comunidad política que es España porque, entre otras cosas, viven en un selfie permanente, pero eso no significa que no haya millones de personas que no reaccionen ante este golpe de estado postmoderno que se ha producido en Cataluña o la actual situación general de frentepopulismo. Creo que hay una ciudadanía que sí tiene el instinto de lo que es decente, de que no podemos tirar por la borda lo bueno que hemos alumbrado en las últimas décadas pero tampoco olvidar lo que nos ha hecho sufrir, porque ha atacado lo más sagrado del ser humano, la libertad de conciencia. Y esto es lo que colisiona con la foto de la cena.

«Nos las arreglamos mejor con nuestra mala conciencia que con nuestra mala reputación» dijo Nietzsche.

En la Navidad vasca aún flota entre plato y plato la mala conciencia con la que pocos se quieren atragantar. La mentira se sirve como aperitivo también esos días.

Arteta: ¿Hubiérais asistido a un encuentro así?
Teo Uriarte: No, no. Nunca. Lo siento, pero allí no hay lugar para el encuentro. ¿Por qué? Porque no hay un espacio donde podamos encontrarnos. Es más, hace mucho tiempo ellos (los abertzales) me echaron de ese espacio y después quisieron matarme.

Josu Puelles: Hombre, es que Otegi sigue representando a aquellos que han asesinado a mi hermano y que pretenden terminar con lo que mi hermano significaba políticamente. Este señor no ha condenado su pasado, ha ido contra mi país y contra el Estado, contra el ordenamiento jurídico y el marco de convivencia que a mí y a todos nos hace libres. El pasado 5 de diciembre en el Parlamento Vasco, Otegi junto con el PNV han votado para declarar que la Constitución española es antidemocrática. Yo no cenaría ni con Ortúzar.

Maite Pagaza: A mí me llaman del periódico para estar allí y les digo: «Mira majo, hay varias cosas por las que no voy a asistir, esa gente dice que la Constitución es antidemocrática, quieren cargarse el régimen democrático y constitucional y, además, no ha condenado la historia del terror y siguen homenajeando a los etarras delante de nuestras narices. Esto es una operación de blanqueo y no se puede caer en esas operaciones de blanqueo.

Joseba Arregi: Si uno se sitúa fuera de las leyes constituyentes de su comunidad, como proclama Arnaldo Otegi y en ocasiones también Ortúzar, el diálogo es imposible. Y así no se puede convivir porque para convivir tenemos que respetar todos el mismo marco. No vale el que yo lo respete y tú no.

Teo Uriarte: Las sociedades tienden a progresar, pero en ese proceso histórico a veces se producen también retrocesos, involuciones profundas (aparición de fascismos, dictaduras, populismos,...). En el caso del nacionalismo vasco, pienso que es posible que en futuro no muy lejano fracase, eso espero, pero hasta entonces ¿qué retrocesos se han producido en esta tierra a raíz del asesinato sistemático, de la presión, de la educación, de la culturización, etc., que ha ejercido el nacionalismo durante tantos años? Es que ha habido un elemento eje que ha sido la brutal actividad terrorista. Que es hasta un elemento filosófico por que, si no hubiera habido muertos ¿quién se iba a creer que este país tiene derecho a la independencia o que tenemos una cultura excelsa o el idioma más maravilloso del mundo? Lo que algún autor denomina «el rito sagrado de la sangre» lo perturba todo y eso lo hemos vivido y lo seguimos viviendo. Los hay empeñados en quitar esa mancha, pero también los hay quienes quieren que la mancha permanezca, porque para muchos es trascendente que se reconozca que si ha habido avances sustantivos en nuestra sociedad ha sido gracias a esa actividad violenta. Y porque la presión de ETA junto al asentimiento de los sectores nacionalistas, en muchos lugares del País Vasco les ha dado una enorme implantación social que siente agradecimiento hacia aquellos jóvenes que quitaron vidas, sí, pero dieron también la suya por crear una sociedad como la actual. Hasta tal punto funciona ese clima que el periódico en cuestión no tiene reparos en poner en portada esa foto porque es lo que cree que quiere la gente, ver a sus líderes de buen rollo. ¿Y quiénes son sus líderes? Pues los nacionalistas, pero claro, Idoia Mendía no quiere perderse la foto porque quiere parecer líder también, porque sabe que si no está en la cena de los que mandan, no existe.

Termina la reunión. El olor, rico, rico, a cocina sustituido por la reflexión. Los brindis sustituidos por miradas francas. Nada de risas de compromiso ni diálogos insustanciales. Si hay algo en común entre los participantes a esta mesa es la ausencia de intereses partidistas. Es el pensamiento libre el que discurre, reflexiona; es la perspectiva ética, la claridad, la que guía sus análisis. La claridad, esa actitud en trance de desaparecer.Se alejan de la reunión cada uno para un punto cardinal de esta tierra vasca por la que han sufrido y sufren, dejando tras de sí un inconfundible aroma a dignidad.No todo huele así de bien en el norte.

Galicia Bilingüe denuncia que las restricciones de Feijóo al español son "más acusadas que en Cataluña"
Según la asociación en defensa de la coexistencia de lenguas, el PP de Galicia "prohíbe el estudio en español de las asignaturas con más interés".
El Gobierno de Mariano Rajoy se rinde: no sabe cómo introducir el castellano en la escuela catalana.
El valenciano vence al castellano en los colegios de la Comunidad Valenciana con el "chantaje" del inglés.
C. L. elespanol 6 Enero 2019

Galicia Bilingüe, asociación en defensa del español y la "cooficialidad de gallego y castellano en Galicia" denuncia que el Partido Popular de dicha región prohíbe el estudio en español de las asignaturas con más interés lingüístico en colegios, institutos y universidad. También que en Galicia las restricciones al uso del español en la administración "son más acusadas incluso que en Cataluña".

Así lo han manifestado por medio de un comunicado en el que aseguran que tras la llegada de Alberto Núñez Feijoo a la presidencia de la Xunta, "el Gobierno gallego ha silenciado sistemáticamente las denuncias de Galicia Bilingüe, que ha utilizado su poder institucional para acallar la labor de la asociación y que ha ejercido una presión inaudita sobre su presidenta, Gloria Lago, aprovechando que es profesora de instituto y, por lo tanto, funcionaria de la Consejería de Educación de la Xunta".

La asociación se constituyó en 2007 "como respuesta al descontento de familias y profesores" ante la aprobación por parte del gobierno de coalición de PSOE y BNG de un decreto que "proscribía el español en la práctica totalidad de la enseñanza", según sus miembros.

Ahora, Galicia Bilingüe acusa al presidente gallego de "capitalizar las acciones de Galicia Bilingüe y prometer en campaña aplicar sus propuestas de libertad de elección de lengua". Algo que, según ellos, no hizo Feijoo una vez ganó las elecciones con "especial apoyo" en las zonas donde la labor de la asociación "había sido más productiva".

Se unen a "Hablamos Español"
La presidenta Lago denuncia que "a lo largo de estos años GB ha tenido que hacer frente a una feroz oposición por parte de tres sectores: el nacionalismo más fanatizado, el lobby cultural, sobre todo del sector editorial y de entidades nacionalistas y, tras la llegada de Feijóo a la Xunta, también del gobierno gallego".

La asociación se acaba de integrar en otra con presencia en todo el territorio, Hablamos Español, también presidida por Gloria Lago y que viene defendiendo el español en las aulas también en otras comunidades como Cataluña y la Comunidad Valenciana.

Con la unión de ambas asociaciones pretenden tener más fuerza en la defensa de su objetivo: "la aprobación de una ley que regule el uso de las lenguas oficiales de España de forma homogénea para toda la nación".


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