AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 16 Enero 2019

El socialismo real
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 16 Enero 2019

Lo que ayer se vivió dentro y fuera del parlamento andaluz fue una muestra de lo que, para diferenciarlo de la publicidad roja del siglo XX, se llamó socialismo real. Mientras la propaganda comunista, idéntica a la socialista, como en sus peregrinaciones político-sexuales a Cuba, habla aún de los "indudables logros de la revolución" (el último Ernesto Samper, elegido presidente en Colombia gracias al cártel de Cali), lo que se sabía y disimulaba, pero no pudo ocultarse tras la caída del Muro, fue la realidad de miseria, corrupción y represión que se escondía ideológicamente tras la doctrina de la liberación de la clase obrera y se ocultaba físicamente tras el Telón de Acero que dividía Europa o el Telón de Bambú, que aislaba a las tiranías comunistas de Asia -China, Corea del Norte, Laos, Vietnam, Camboya- de los países más democráticos -Japón, India- y los dictatoriales y aliados de Occidente, cuando había Occidente. Pero budistas y católicos -islamistas, menos- entran en períodos de libertad tan fácilmente como salen, en una economía de mercado muy intervenida, matizada o garantizada por la corrupción.

En los países comunistas la corrupción está asegurada por el partido único o mafia estatal, imposible de derribar en las urnas, y la miseria o la segregación social por la ideología marxista. Lo más parecido a las hambrunas desatadas por Lenin, Stalin y Mao es la actual de Venezuela, modelo social de Podemos y apoyada por el PSOE de Falconetti, y antes el PP de Rajoy, asesorados por ZP. Putin y Xi son el comunismo moderno: una tiranía roja donde se hace mucho dinero siempre dentro del régimen.

De 1917 a hoy, el socialismo se define con relación a la URSS. La socialdemocracia -sobre todo alemana, desde Kautsky a Bad Godesberg y Schmidt- fue anticomunista. Francia, por la fuerza del PCF y del nacionalismo gaullista, jugó a la equidistancia entre Washington y Moscú, y marcó el camino de España, que no ha tenido una socialdemocracia política sino un PSOE financiado por el SPD o los USA pero que entraba y salía, a capricho de González, de la OTAN -su trinchera eran los Pershing-2 de Schmidt- cuyo modelo siempre fue México. Aquí, el socialismo real es Andalucía: partido único en el Poder, demagogia tercermundista en las urnas y mafia subvencionada en la calle. Una tiranía matizada por la corrupción.

La gran mentira del PSOE.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  16 Enero 2019

LOS COLECTIVOS FEMINISTAS EN PIE DE GUERRA AZUZADOS POR EL PSOE. LA LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO ANDALUZA: UNA ABERRACIÓN INCONSTITUCIONAL QUE CRIMINALIZA AL HOMBRE POR EL HECHO DE SERLO.

En la investidura de hoy del candidato del PP a la presidencia del Gobierno de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, más que del programa de Gobierno que plantee en su discurso, es intención del PSOE andaluz de Susana Díaz, hacer un mitin tabernario contra los que llama “trillizos” de la derecha, mientras en la calle, en un escrache patrocinado por el PSOE, se manifiestan colectivos feministas ante el Parlamento donde se celebra el acto. Una actitud que recuerda a la que propugna Pablo Iglesias y PODEMOS, cuando apoyan ese tipo de escraches, como el de “rodea el Congreso” y alientan a los ciudadanos a tomar las calles y hacer la política fuera de las Cámaras parlamentarias. Ayer dije que “la PSOE” tiene muy mal perder y este comportamiento indigno y asambleario de Susana Díaz y del PSOE es despreciable y viola todos los límites democráticos. Y es que no se resignan a haber perdido el poder que llevaban ejerciendo durante casi cuatro décadas e intentan deslegitimar a los que van a sustituirles al mando de la Junta de Andalucía, PP y C’s con el apoyo de VOX.

La PSOE de Pedro Sánchez ha encontrado en VOX su tabla de salvación para desviar la atención sobre un tema que es, en esencia, conflictivo y que está produciendo una alta crispación en esos colectivos feministas mayoritariamente de izquierdas y de la ultraizquierda. Una crispación que intenta hacer olvidar la nefasta gestión del Gobierno okupa de Pedro Sánchez y sus concesiones a los enemigos de España para mantenerse en el poder lo máximo que pueda legalmente. Su obsesión es conseguir la aprobación de los Presupuestos del Estado que ya han presentado ayer en el Congreso y del que se empiezan a desvelar todas las partidas que favorecen a los golpistas. Ya hay quien advierte de que estos presupuestos premian el golpismo. Pero yo diría que estos presupuestos son fiel reflejo del “golfismo” imperante en quienes no dudan en apoyarse en los que quieren destruir a España, independentistas y golpistas, para seguir usurpando un Gobierno que no ha sido elegido por las urnas.

Esta campaña de criminalización orquestada por toda la izquierda, donde incluyo a esa especie de centro izquierda de CIUDADANOS, ultraizquierda, nacionalistas independentistas, golpistas y antisistema, tiene solo por objeto deslegitimar a VOX como partido democrático y anularle política y socialmente. Una campaña profundamente inconstitucional e ilegítima que se justifica en otros movimientos similares que empiezan a surgir en la UE contra el auge de la que llaman extrema derecha por el simple hecho de que defienden la vuelta a la soberanía nacional con ese mensaje que ahora domina en los USA con su Presidente Donal Trump y su lema “América first!” (Lo primero los USA), - ya saben Uds. que el chauvinismo de los USA les hace despreciar al resto de países del Continente asumiendo que ellos son América, Algo similar a si la UE dijera que es Europa depreciando nada menos que a la Federación Rusa y Turquía entre otros-. Sería lo mismo tachar a los británicos de extrema derecha por haber aprobado en referéndum su salida de la UE.

Pero ¿qué es realmente lo que propugna VOX en su punto donde exigía la derogación de la ley andaluza de la lucha contra la violencia de género?. Pues sencillamente eliminar la violación constitucional y legal que existe en esa ley que discrimina negativamente al hombre por el hecho de serlo reconociendo la violencia machista como algo intrínseco con la naturaleza del hombre y la cultura social imperante en España. O sea, todo un despropósito que asombra que no haya sufrido la mínima reprobación ni rechazo por parte del Tribunal Supremo ni del Tribunal Constitucional. Por el mismo motivo, se podría concluir que cualquier persona cuya religión sea el Islam se le presuponga como un terrorista yihadista, por permitir esta religión la existencia de facciones ultraortodoxas de interpretación machista del Corán. No solo existen violaciones de los derechos humanos en regímenes totalitarios como el de Arabia Saudí o Irán, sino una concepción machista radical donde las mujeres están sometidas a la voluntad de los hombres, sin prácticamente derechos, y donde a los homosexuales se les ahorca en grúas o se les despeña desde azoteas de edificios y a las mujeres adúlteras se las lapida. Esa ley tan brutal y cruel como es la Sharia. La hipocresía viene cuando todo eso se ignora por cuestiones puramente económicas. Así que ni el Gobierno ni los partidos políticos que dicen defender los derechos de la mujer y los derechos humanos, tienen legitimidad para sermonear y rasgarse las vestiduras por un simple intento de hacer cumplir la Constitución de España y derogar leyes tan injustas e incosnticiuonales como es esta en Andalucía.

Porque la verdad es que, si se trata de una deformidad propia de la cultura española, - y en mi opinión de la cultura occidental-, la solución pasa por intentar acabar con esa lacra mediante un plan de educación sobre la igualdad entre hombre y mujer. Una educación que no solo corresponde a las instituciones educativas públicas o privadas, sino también en el área empresarial y principalmente en el ámbito familiar. Los niños tienen a los padres como referentes y absorben lo que ven, oyen y conviven en casa. Y eso pasa por el rol que cada componente de la pareja desempeña. Pero en ese rol tiene mucho que ver la educación recibida previamente por la mujer y el hombre, donde todas las labores del hogar domésticas y de educación de los hijos han ser compartidas. Una relación de pareja libremente acordada no puede basarse en la preponderancia de uno sobre el otro en ningún aspecto. Y eso es algo esencial en lo que no debe transigirse ni aceptarse como inevitable desde el primer momento de la relación de pareja.

Lo que resulta inadmisible es querer criminalizar nada menos que a la mitad de la población española por ser del sexo masculino. Una imagen similar a la tópica de hombres neandertales que arrastran a su pareja por el suelo tirándoles del pelo y portando una gruesa garrota. Eso es lo que incluye la ley andaluza de la lucha contra la violencia de género que dice textualmente lo siguiente:

“Artículo 1. Objeto de la Ley.
1. La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como consecuencia de una cultura machista y como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres, se ejerce sobre las mujeres por el mero hecho de serlo y que se extiende como forma de violencia vicaria sobre las víctimas que se contemplan en la presente Ley.
2. Asimismo, será objeto de esta Ley la adopción de medidas para la erradicación de la violencia de género mediante actuaciones de prevención y de protección integral a las víctimas, así como de sensibilización, educativas, formativas, de detección, atención y recuperación y todas las que resulten necesarias.

Artículo 1 bis. Concepto de víctima de violencia de género.
A efectos de la presente Ley, se considerarán víctimas de violencia de género y tendrán reconocidos los derechos de esta norma sin necesidad de interposición de denuncia, tanto si se trata de violencia física, violencia psicológica, violencia sexual o violencia económica:

a) La mujer que, por el hecho de serlo, independientemente de su edad, orientación o identidad sexual, origen, etnia, religión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, sufra un daño o perjuicio sobre su persona. A estos efectos, el término «mujer» incluye a las menores de edad que puedan sufrir violencia de género.
b) Las hijas e hijos que sufran la violencia a la que está sometida su madre.
c) Las personas menores de edad, las personas mayores, las personas con discapacidad o en situación de dependencia, que estén sujetas a la tutela o guarda y custodia de la mujer víctima de violencia de género y que convivan en el entorno violento.
d) Las madres cuyos hijos e hijas hayan sido asesinados.

Artículo 3. Concepto, tipología y manifestaciones de violencia de género.
1. A los efectos de la presente Ley se entiende por violencia de género aquella que, como consecuencia de una cultura machista y como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre estas por el hecho de serlo y que se extiende como forma de violencia vicaria sobre las víctimas que se contemplan en la presente Ley.
2. La violencia a que se refiere la presente Ley comprende cualquier acto de violencia basada en el género que implique o pueda implicar para las mujeres perjuicios o sufrimientos de naturaleza física, psicológica, sexual o económica. Comprende, asimismo, las amenazas de realizar dichos actos, la coerción o las privaciones arbitrarias de su libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada.”

Y sigue este artículo con la definición de las diferentes formas de violencia.
Queda absolutamente clara la discriminación positiva para la mujer por el hecho de serlo y la discriminación negativa para el hombre también por el hecho de serlo. Una visión totalmente anticonstitucional que exige en su artículo 14 sobre la igualdad ante la ley de todos los españoles: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

¿Lo necesitan leer más claro o les basta con lo expuesto para ver la manipulación obscena de un drama social?

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!
¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

El PSOE se podemiza
OKDIARIO 16 Enero 2019

El trago amargo que ha supuesto la pérdida de Andalucía ha arrancado al PSOE esa máscara de buenismo que siempre ha llevado a gala, aunque sólo fuera con fines electoralistas. Hasta ahora Susana Díaz no ha estado obligada a mostrar gentileza con sus adversarios políticos; pero con el fin de ciclo tras el pasado 2-D, Díaz tendrá que demostrar estar a la altura del momento político que vive su región y, además, defender que se mueve por el interés común de todos los andaluces y no por pura soberbia individual. Díaz y el PSOE son el claro ejemplo del mal perder, pues es probable que, de tanto usar el poder, hayan olvidado la obediencia que merecen unos resultados refrendados en las urnas.

La actitud del PSOE andaluz, que jamás ha sentido la desazón de los vencidos, roza unos niveles de vileza que resultan inenarrables. Lo primero que han hecho los socialistas, como presente de bienvenida a Juan Manuel Moreno Bonilla, ha sido radicalizarse –mimetizándose con las prácticas y lenguajes podemitas– y convocar un escrache a las puertas del Parlamento regional. Unas protestas contra el futuro presidente de la Junta que, para más inri, el PSOE ha expuesto a la opinión pública como una lucha por los derechos de las mujeres tras la irrupción democrática de VOX en Andalucía y la petición de esta formación de revisar la Ley de Violencia de Género. Una normativa que, además, no figura entre los 37 puntos del pacto gubernamental firmado entre VOX y los populares.

Podemos se ha desvinculado de las protestas feministas de este martes, algo que deja muy a las claras la pelea de las dos formaciones de izquierdas por la calle. Unas para desmontar y entorpecer el ascenso de VOX, los otros para convertir la legislatura de Moreno Bonilla en un vía crucis. El PSOE de Pedro Sánchez, que luce cada día más extremista en sus posiciones y más diluido entre las siglas podemitas, está olvidando quién es y dónde está, a pesar de contar con casi 140 años de vida.

Los derechos, la democracia y sus enemigos
Carmelo Jordá Libertad Digital 16 Enero 2019

Manifestarse en defensa de una opinión política, a favor o en contra de una convicción moral o por lo que sea –recuerdo manifestaciones hasta por equipos de fútbol– no sólo es legítimo, sino que es un derecho democrático irrenunciable. Es más: todos sabemos cuáles son los países en los que no es posible manifestarse o en los que directamente te detienen o te pegan un tiro por ello, y estoy seguro de que la inmensa mayoría de ustedes, queridos lectores, no quieren vivir en ellos.

Sin embargo, por muy importante que sea un derecho democrático, no es algo que pueda usarse indiscriminadamente, o que te exima de la crítica si con el uso lo perviertes. No podemos olvidar que los derechos democráticos pueden usarse en contra de la democracia, y que esto es algo que ha ocurrido en multitud de ocasiones a lo largo de la historia.

Porque, diga lo que diga la fracasada Teresa Rodríguez, el derecho de manifestación y las movilizaciones no son tan importantes como el derecho al voto y las instituciones en las que estamos todos representados, precisamente, a través de nuestros votos. Lo que no ganas en las urnas, en suma, no lo puedes ganar en la calle, al menos en un país democrático, que es lo que sigue siendo España, diga lo que diga la propaganda de la izquierda.

Y más aún en determinadas circunstancias. Por ejemplo, si te manifiestas a la puerta de un parlamento, el día en el que se inicia la toma de posesión de un presidente legítimamente elegido tras unas elecciones perfectamente democráticas… no estás ejerciendo un derecho democrático, lo estás pervirtiendo y estás manifestándote en contra de la democracia y de uno de sus más importantes símbolos: las urnas.

Porque, nos guste más o menos Juanma Moreno y nos guste más o menos VOX, hay algo que no debemos olvidar, aunque muchos están intentando que no lo recordemos: al nuevo presidente de Andalucía no le da el cargo el partido de Santi Abascal, se lo dan los andaluces con un voto que le ha permitido construir esa mayoría.

Una vez más, asistimos a cómo la izquierda –toda la izquierda, ya no tiene sentido distinguir a la radical de la que presuntamente no lo es– ataca los fundamentos de la democracia mientras presume de demócrata. Quizá deberíamos estar acostumbrados, pero es difícil que deje de sorprendente y asquearte el cinismo de una gente que, precisamente, llamaba "terroristas" a los que se manifestaban contra una tiranía en Venezuela.

El destete
Pablo Molina Libertad Digital 16 Enero 2019

El llamamiento de Susana Díaz a cercar el Parlamento andaluz ha tenido un eco perfectamente descriptible. Dos mil quinientas personas únicamente se han dado cita en Sevilla respondiendo a la convocatoria del PSOE, que incluso les ha puesto autobuses para mayor comodidad. O sea, 30.000 enchufados en la Administración Paralela andaluza, miles de beneficiarios de los ERE falsos y más miles aún de asociaciones dedicadas a las políticas de género o al cambio climático, todos trincando como campeones durante décadas gracias a la PSOE, y cuando los llaman para detener al fascismo solo acude un puñado de señoras con el pelo de colores. Ahí ha visto Susana la dimensión real de su derrota.

Pero es natural que los beneficiarios del régimen protesten al ver que se van a quedar sin subvenciones. A los chotos les pasa igual durante el destete, un periodo de mucho estrés en el que tienen que aprender a valerse por sí mismos. El caso andaluz es más grave porque el periodo de lactancia se ha prolongado por casi cuarenta años y muchos ya han cristalizado amorrados a la teta de la Junta. Separarlos ahora va a provocar más de una lesión mandibular.

Y eso que el PP no es partidario de destetar al adversario político cuando llega al poder, sino más bien todo lo contrario. Tengo escrito que el PSOE los enchufa y el PP los asciende, porque lo he visto muy de cerca en más de una ocasión. Pero es que lo de la Junta de Andalucía es tan apabullante, que hasta Moreno Bonilla va a tener que desamorrar a unos cuantos miles de enchufados a la ubre autonómica, con todo el dolor de su corazón de caramelo.

En esta operación van a tener mucho que decir Ciudadanos, pero también VOX, para irritación de Albert Rivera y de su jefe, Manuel Valls. Bien está la tarea parlamentaria de cambiar leyes para mejorarlas, pero la manera más eficaz de cambiar las cosas en una sociedad corrompida por los subsidios y el clientelismo político es cerrar el grifo de la subvención. El proceso del destete tiene que empezar ya.

Sánchez y la perversión del liberalismo
Juan Gonzalo Ospina okdiario 16 Enero 2019

Ser liberal está de moda. Pedro Sánchez quiere “recuperar el liberalismo” y el ministro José Luís Ábalos refiere que su ideología “se nutre de otras corrientes de pensamiento, con raíces muy liberales”. Sin embargo, la realidad es que sus políticas están en la antítesis del liberalismo de la ideología que pregonan. El liberalismo, que nace de John Locke y Adam Smith, centran al hombre y la libertad en el corazón de la política, en contra de la monarquía absoluta: derechos frente a privilegios. Por su parte, la socialdemocracia centra al Estado en el núcleo del sistema como garante de servicios y supuesto creador de riqueza. Por ello, mientras el liberalismo reivindica unos impuestos mínimos y estrictamente necesarios, junto con la reducción de la burocracia, con el fin de crear riqueza; el socialismo cree en lo contrario: a más tasas y cargas, mejor. Una corriente política defiende eliminar la pobreza desde la libertad económica –pero no desde el libertinaje–, y la otra desde el intervencionismo propio de la economía planificada.

Las políticas de Sánchez no tienen ni un ápice de libertad. Subida de impuestos, aumento del gasto público en 5.000 millones, creyendo que con sus medidas aumentará la recaudación en un 9,5% en comparación con 2018, en contra de la opinión de la Comisión Europea que ya ha cifrado en 70.000 puestos de trabajo menos fruto del impacto negativo de sus medidas, suponiendo un retroceso en la economía. Pero además no reduce el tamaño de un Estado donde las duplicidades priman en contraposición de unos servicios básicos de calidad, como la Justicia. ¿Son liberales las políticas de Sánchez? Rotundamente no. Aún más: tenemos una política económica analógica en un mundo digital. Mientras en Canadá o Australia se pueden crear empresas por internet, en España se tarda de media 13 días, y estamos aquí a la cola de UE detrás de Grecia, Rumanía o Eslovaquia. Por no hablar de los costes de constitución, notaría, denominación social o la posterior tributación.

Parece que ahora los votos están en el discurso del ser el más liberal, ante la percepción de que la ciudadanía ya no compra recetas económicas mágicas, desastrosas, como las de Venezuela, Ecuador o Cuba, donde lo único que se reparte es pobreza, desabastecimiento, y se genera a espuertas desigualdad social: los Estados no crean riqueza, la consumen; ya que la riqueza la crean las personas que conforman esos Estados, y la virtud económica está en el equilibrio. ¿Si se asfixia económicamente a quienes crean empleo? Qué riqueza se puede esperar para el país.

Sánchez no sólo no se acerca al liberalismo (político, económico o social); se aleja. Así se explica la subida del salario mínimo a golpe de decreto sin analizar lo que produce que un trabajador perciba esa escasa remuneración: sería interesante preguntar a la gente si está de acuerdo con lo que se les retiene de sus cotizaciones y los servicios recibidos a cambio. Se augura, en fin, una nueva recesión económica con un Estado totalmente desproporcionado en sus estructuras que no optimiza nuestros recursos y sigue adelante con su voracidad recaudatoria. La entrada en el mapa político de VOX hace que todos se envuelvan ahora en la bandera del liberalismo. Tristemente, sin detenerse en sus raíces. Como señalara Tocqueville: “Nada es más fértil que el arte de ser libre, pero nada es más duro que el aprendizaje de la libertad”.

Susana ubicua
SANTIAGO GONZÁLEZ El Mundo 16 Enero 2019

La aún presidenta de Andalucía en funciones, Susana Díaz, mostró ayer unas dotes para la ubicuidad que puede dejar como un simple el mismísimo Dios Padre. Estaba dentro del Parlamento y también fuera, encabezando simbólicamente el escrache que el feminismo de izquierdas planteaba a un Gobierno en proceso de formación. Eran 2.000 manifestantes, según la Delegación del Gobierno (socialista) aunque el corresponsal de TVE 24h expresaba su entusiasmo por una marea morada de 10.000 asistentes.

O asistentas. Ninguna democracia europea, salvo la española, admitiría una manifestación ante un Parlamento cuando está en sesión. En teoría, tampoco el español. Lo dice el artículo 494 del Código Penal: «Incurrirán en la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses los que promuevan, dirijan o presidan manifestaciones u otra clase de reuniones ante las sedes del Congreso de los Diputados, del Senado o de una Asamblea Legislativa de Comunidad Autónoma, cuando estén reunidos, alterando su normal funcionamiento». Pero la presidenta en funciones de la Junta no concibe esa razón. Era a ella a quien correspondía la responsabilidad de restaurar el orden conculcado, pero era al mismo tiempo la cabeza de la manifestación.

Y justificó el escrache acreditando su condición de Platera con un par de roznidos insuperables: era en defensa de las mujeres, tarea en la que no se puede dar «ni un solo paso atrás». Cuando el candidato de Vox calificó el plante como kale borroka, ella dijo que eso era querer justificar la violencia contra las mujeres: "El terrorismo machista se ha cobrado las vidas de más mujeres que cualquier otro terrorismo". Terrorismo machista; ella ha repetido varias veces un sintagma que es probablemente la única estupidez, el único rebuzno que comparte con el secretario general de su partido.

Ella y el doctor Sánchez deberían leer a Juan Aranzadi y a Ferlosio para comprender al terrorista y la naturaleza semiótica de la sangre que derrama. No hay nada personal: un guardia es igual a otro, los asesinan por el mero hecho de serlo. Los machistas no son genocidas que satisfagan su pulsión asesinando a cualquier mujer. Siempre matan a las suyas.

El fin del PSOE en Andalucía, el comienzo de la agitación barata en España
EDITORIAL esdiario 16 Enero 2019

La izquierda quiere utilizar Andalucía, con un nuevo Gobierno modélico, como laboratorio de ensayo de la agitación callejera y la propaganda que intentará desplegar por toda España.

Cuando Rajoy fue desalojado de mala manera de la presidencia, con una moción de censura destructiva lanzada por un perdedor y apoyada interesadamente por los partidos que menos interés tienen en ayudar a España (lo cual jurídicamente contradice el espíritu y la letra de ese recurso constitucional), el PP abandonó el poder sin hacer ruido, sin alentar a sus seguidores y votantes y abriendo un debate interno para regenerar su liderazgo.

Vienen tiempos agitación, con Andalucía como epicentro a modo de ensayo de lo que cabe esperar del PSOE y sus socios

En contraste, Juanma Moreno va a convertirse en presidente de Andalucía con el Parlamento cercado por manifestantes instigados por Susana Díaz y Podemos, inductores de na falacia nauseabunda sobre el supuesto menor compromiso del PP -por pactar la investidura con Vox además de con Cs- con la violencia de género, una de las pocas materias objeto de un Pacto de Estado sellado por todos los partidos... bajo la presidencia de Rajoy.

La utilización política de causas tan nobles, que en el objetivo gozan de una necesaria unanimidad política y social aunque en las herramientas puede y debe discutirse qué se hace viendo su discutible eficacia y su evidente manipulación ideológica, se combina así con la presión callejera para hacer desde Andalucía lo que no se puede hacer en toda España.

El populismo en Moncloa
Instalados PSOE y Podemos en el Gobierno, su populismo carece de sentido ya, pero ha encontrado en Andalucía un escenario para resucitar, simulando de nuevo una feroz batalla contra la inexistente ultraderecha con dos objetivos: minar al nuevo Gobierno antes de que arranque siquiera y, de paso, estigmatizar en el conjunto del país los factibles -y deseables- acuerdos entre PP, Ciudadanos y Vox.

Preocupa la actitud de la izquierda, que desnaturaliza el sentido de la democracia y sugiere una apuesta por la búsqueda del poder a cualquier precio

Todo ello conforma una preocupante actitud de la izquierda, que desnaturaliza el sentido más elemental de la democracia y sugiere una apuesta por la búsqueda del poder a cualquier precio, por cualquier procedimiento y con todos los recursos a su alcance. Porque es inaudito que este PSOE se atreva a criminalizar el diálogo con nadie siendo deudor de Puigdemont, Otegi y Junqueras a la vez o que Podemos, partidario de "romper el régimen del 78", ose tildar de anticonstitucional a ningún partido caracterizado precisamente por lo contrario.

Vienen tiempos de demagogia, populismo y agitación callejera, con Andalucía como epicentro de toda la demagogia, a modo de ensayo de lo que cabe esperar del PSOE y sus socios en el conjunto de un país que necesita, en realidad, sosiego, sentido común y respeto a la inteligencia y los derechos de unos ciudadanos a los que ya no se engaña con tan barata propaganda.

La peor izquierda de la historia degrada la democracia en Andalucía y España
EDITORIAL Antonio R Naranjo esdiario 16 Enero 2019

El asalto a La Moncloa de Sánchez con los independentistas y la revuelta en Andalucía contra el nuevo Gobierno forman parte del mismo fenómeno predemocrático de una izquierda irreconocible.

Juanma Moreno imparte este martes su discurso de investidura, que culminará al día siguiente con su designación oficial como nuevo presidente de la Junta de Andalucía, un hito histórico en una gran comunidad condenada a estar en el furgón de cola de casi todo, pese a su enorme potencial, tras casi 40 años de dominio socialista.

Y lo hará de manera impecable, al ser el único miembro del Parlamento andaluz capaz de reunir a su vera los suficientes apoyos que Susana Díaz, pese a ganar los comicios, no es capaz de presentar. La investidura de Moreno es, pues, la única viable, y responde además a la mayoría social presente en Andalucía, atomizada hasta en tres partidos pero superior en votos y diputados a la de la izquierda.

Pese a estas evidencias, Moreno se verá rodeado en la calle, con un infame escrache de todos los partidos, sindicatos y asociaciones que han vivido de la Junta y de los andaluces, regados con ingentes cantidades de dinero público que no llegaron a otros fines realmente públicos y sociales.

Un sistema clientelar
La revuelta de la izquierda, espoleada también por el PSOE y no sólo por Podemos, es tanto una reacción al sentido patrimonial del poder que tiene -extensible al resto de España desde la moción de censura- cuanto una inútil intentona de perpetuar sus privilegios, alojados en un sistema clientelar que tiene en los ERES en su clímax pero en el dispendio hacia tantos su norma.

Padecemos un contexto preocupante por la deriva antisistema de la peor izquierda que ha habido nunca en la misma España que tanto ayudó a construir

Además, presagia cómo se va a comportar buena parte de la izquierda en general. Porque si en Andalucía se presiona a Moreno y al Gobierno de PP y Cs antes de que siquiera eche a andar; en el conjunto del país se asaltó el poder Ejecutivo con una nefanda alianza entre Pedro Sánchez y esa inquietante pinza nacionalpopulista de Podemos y el independentismo y, ahora, se pretende bloquear toda alternativa por el método de aplazar las Elecciones Generales y estigmatizar el legítimo diálogo entre populares, naranjas y Vox.

Todo compone un paisaje intelectualmente predemocrático, de negación del elector y de acoso al propio ciudadano, maquillado por una supuesta respuesta a la degradación de derechos que supone el acceso al poder del centro derecha en Andalucía o la recuperación de La Moncloa en el futuro.

Siempre protestan los mismos
Cuando Sánchez tomó posesión, apoyándose a mitad de legislatura en los partidos a los que debería haber ayudado a aislar por suponer un peligro -como él mismo subrayaba-, el PP lo abandonó sin levantar la voz y los millones de personas que no votaron a ese nuevo Gobierno aceptaron el desenlace sin una mínima protesta. Y había razones para que unos y otros alzaran la voz, dentro de los parámetros constitucionales, obviamente.

Rajoy fue investido, en 2016, entre protestas populares, pese a haber ganado unas elecciones repetidas por el empecinamiento de Sánchez en gobernar, saldado con un escrutinio en las urnas aún más adverso para el PSOE que en el anterior. Y ahora se repite con Moreno, en un contexto preocupante por la deriva antisistema de la peor izquierda que ha habido nunca en la misma España que tanto ayudó a construir.

Escrache socialista en Andalucía
 larazon 16 Enero 2019

Después de casi cuarenta años continuados de gobierno socialista en Andalucía, entra dentro de la lógica emocional que abandonar el poder no sea cómodo, incluso puede ser traumático. Pero las reglas del juego democrático son las que son y el PSOE ha sido incapaz de conservar una mayoría suficiente que le permita gobernar. La caída en votos ha sido continuada, señal de que su proyecto estaba agotado y que la administración andaluza se había convertido en una herramienta de poder partidista.

Por contra, ha aparecido un nuevo bloque de centro derecha capaz de relevar a los socialista liderado por el PP y Cs con el apoyo de Vox. Que hay una patrimonialización del poder por parte de la izquierda quedó ayer evidenciado con una manifestación convocada a las puertas del Parlamento andaluz, ya de por sí algo inaudito al contradecir las normas democráticas básicas: no se puede interferir de la manera que sea en una sesión de investidura. El motivo esgrimido fue que el futuro gobierno es un riesgo para luchar contra la violencia de género.

Se trata de un supuesto que no se sostiene, mera munición ideológica del uso que la izquierda está haciendo del feminismo, porque el PP fue el impulsor de la Ley contra la violencia de género, Cs votó a favor y nada indica que cambien de posición en un tema tan sensible y fundamental, ni porque así se lo proponga Vox. Más grave es todavía esta protesta al contar con el apoyo directo de la presidenta andaluza en funciones, Susana Díaz, que ha llegado a fletar autobuses para facilitar la concentración. No es la mejor manera de estrenarse como líder de la oposición, ni un buen ejemplo institucional ponerse al frente de la calle. Comprendemos, eso sí, su complicada situación ahora que Pedro Sánchez ha pedido su relevo en el socialismo andaluz y su necesidad de agitar la calle para ocultar la evidencia de los hechos: el PSOE-A ha dejado la Junta bajo su mandato. Se abre una nueva etapa en la que es necesario, visto lo visto ayer, mucha dosis de moderación.

Por su parte, el candidato popular Juan Manuel Moreno se presentó a la investidura con un discurso en el que marcó tres grandes líneas: diálogo, reformismo y regeneración. Hay que partir de que la estructura administrativa de la Junta se ha hecho a medida de sus eternos inquilinos y se desconocen los entresijos clientelares del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno, por lo que será necesario despolitizar la Junta, es decir que deje de ser una estructura administrativa controlada por un partido –el socialista, hasta ahora– y esté al servicio de todos los andaluces, más de allá de las ideologías. La manifestación de ayer a las puertas del parlamento fue un claro ejemplo de la dependencia de la izquierda de esta institución. El gobierno que construya Juan Manuel Moreno tendrá, tal y como ha anunciado, una vocación reformista, ya que Andalucía tiene problemas estructurales –nivel de paro, convergencia con Europa, sistema educativo, agricultura, industria– que deberían ser los principales objetivos del nuevo gobierno. Por último, el diálogo será necesario en un momento crucial en el que se ha abierto paso un frentismo que de enconarse –insistimos en la idea de que la manifestación de ayer fue un ejemplo nefasto– sólo servirá para deslegitimar al gobierno de Moreno Bonilla. Como dijo en su discurso, «hay quienes intentan desestabilizar el nuevo gobierno antes incluso de que se conforme». En todo caso, no hay que renunciar a los principios de concordia y libertad. Está bien que los partidos defiendan sus principios ideológicos, pero que en ningún caso se conviertan en una pelea entre dogmas que nada tienen que ver con los problemas de los ciudadanos. Andalucía necesita en estos momentos un gobierno serio, reformista, abierto y al servicio de todos los andaluces.

Lo de Susana, ni en Haití
Lo que ha hecho Díaz, organizar una manifestación contra su sucesor, es insólito en democracia
Luis Ventoso ABC 16 Enero 2019

Los demócratas estadounidenses se pasaron ocho años ridiculizando a George W. Bush y tachándolo de descerebrado (lo cual es ridículo, pues nadie alcanza la Presidencia de la primera potencia del mundo siendo un botarate). Sin embargo, cuando llegó la hora de darle el relevo a Obama, el presidente saliente Bush se cuidó de que la transición resultase exquisita, engrasando perfectamente la máquina de la Administración para el buen desempeño de su sucesor. Eso es lo normal en cualquier democracia.

Susana Díaz es una política mal formada y bastante floja, una aparattchick sin oficio conocido fuera de la política, que ha firmado la caída del PSOE en Andalucía tras 36 años de hegemonía asfixiante. Carcomida por el rencor de perder un cargo donde se desempeñó de manera mediocre (véase su magro balance legislativo), Díaz animó ayer la convocatoria de una manifestación frente al Parlamento andaluz a la hora en que su sucesor pronunciaba su discurso de investidura. Hay que acudir a regímenes bananeros del tercer mundo profundo para encontrar un alarde de mezquindad semejante.

En general, pienso que España tiene pendiente una reforma de las leyes electorales, que instaure una doble vuelta y que acabe con esta anomalía que permite gobernar a candidatos derrotados en las elecciones. Si fuésemos el país que me gustaría, en La Moncloa estaría el PP, pues ganó los últimos comicios con claridad; y en San Telmo, el PSOE, pues se impuso en las últimas autonómicas por siete puntos de ventaja. Pero Díaz calló como una tumba cuando Sánchez llevó a cabo su turbia maniobra de aliarse con los separatistas para gobernar con solo 84 escaños, así que carece de la más mínima autoridad moral para criticar al PP cuando le devuelve la jugada.

La presidenta saliente de una comunidad movilizando a su partido para fletar autobuses y acarrear público a una manifestación contra su sucesor. Un disparate. Y la prueba del mal colmillo de Díaz.

La invocación de que viene el lobo de Vox como móvil para agitar una protesta de mujeres. Una engañifa, pues en el acuerdo final de gobierno de PP y Cs para la Junta no se toca una coma de las leyes andaluzas de violencia de género, igualdad y derechos de los homosexuales.

Envolverse en la bandera feminista. Una enorme hipocresía viniendo de una Susana Díaz, que estuvo perfectamente callada ante el escándalo de los suyos gastándose el dinero público de los andaluces en puticlubes. Una presidenta que tampoco nada dijo sobre las risitas de la hoy ministra Dolores Delgado cuando el policía corrupto Villarejo se jactó ante ella de que había creado una red de prostitutas para chantajear a personajes públicos. ¿Qué está pasando? ¿Acaso si los agravios contra la mujer los comete el PSOE ya no son tales?

Al auspiciar las manifestaciones de ayer a las puertas del Parlamento contra el nuevo presidente andaluz, el PSOE, y apena decirlo, ha rubricado una página infame en la intrahistoria de la democracia española.

La historia a paso lento
Ignacio Camacho ABC 16 Enero 2019

Les faltó darse pellizcos, aunque la mañana en las logias del viejo Hospital de la Sangre lo pedía para sacudirse el frío. Pero la gente del PP no parecía sentirlo cuando se saludaba entre sí repitiendo una frase: «al fin lo hemos visto». Lo que necesitaban ver para creer, cuando la mayoría ya había desistido, cuando la certidumbre del eterno fracaso se había apoderado de su espíritu, cuando la derrota se había convertido para ellos en una especie de destino, era el discurso de investidura de un presidente de su partido y el consiguiente final de treinta y siete años de socialismo. El cisne negro, el rayo verde, el arco iris lunar, el epítome de lo imprevisto, de lo insólito, de lo distinto.

El aire de excepción, de novedad inesperada, era respirable en los patios que rodean la Cámara, que acaso nunca hayan vivido tal ambiente de expectación política y mediática. Ese carácter excepcional confería ciertamente un aire histórico a la jornada, por más que la historicidad se haya convertido en una noción demasiado trivial a base de manosearla. Ayer, sin embargo, la apreciación estaba justificada porque la andaluza era la única autonomía que tenía pendiente la alternancia y porque el pacto de relevo inaugura una fórmula inédita en España. El ciclo de la Transición se cierra donde comenzó, en la Andalucía preterida, en la región olvidada que hace 38 años cambió la estructura territorial de la Constitución en una sacudida de agravio y rabia surgida, como también en cierto modo ahora, contra la pretensión diferencial catalana.

Para la izquierda también era un día de estreno, el de la oposición, un papel inédito, y lo demostró a su manera enseñándole los dientes al futuro Gobierno. Los socialistas y Podemos habían fletado autocares y acarreado militantes para rodear el Parlamento, y por más que el escrache no resultase muy agresivo constituyó una muestra de lo que le espera a Juanma Moreno. La irrupción de Vox no es más que el pretexto. Aquello no era una protesta feminista, aunque el protagonismo era de las mujeres, sino una exhibición preliminar de poder callejero, una impugnación del veredicto electoral disfrazada de reclamación preventiva de derechos. Y también una advertencia clara de la intención de convertir esta legislatura en un infierno si los mandatarios del centro y la derecha se atreven, como han prometido, a desmantelar ciertos privilegios. Con más amargura que cabreo, el candidato -al que sus socios, ojo, no aplaudieron- se quejó en su discurso de falta de respeto mientras Susana Díaz, vestida de animal print, miraba al techo.

Sin embargo, a pesar de la trascendencia del día, la Historia parecía discurrir a paso lento, con un soplo suave y discreto. Sólo el jaleo de fuera presagiaba la carga eléctrica de un mandato tenso. Nacido bajo un gélido sol de invierno, el cambio andaluz ilumina pero no calienta… de momento.

¡Es la democracia, estúpido!
Ramón Pérez-Maura ABC 16 Enero 2019

Bill Clinton, aquel adalid de la progresía internacional y valedor político de Hillary Clinton, la fracasada contendiente de Donald Trump, ganó la Presidencia de los Estados Unidos a George Bush padre en 1992 espetando en los debates electorales el lema «It’s the economy, stupid!». El Bush que presidió Estados Unidos durante la caída del Muro de Berlín y la implosión del Imperio Soviético, el ganador de la guerra del Golfo con la que se liberó Kuwait, el que derrocó al dictador Noriega en Panamá perdió las elecciones tras un solo mandato porque no se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo más cerca de su despacho. Perdió el contacto con la realidad.

Ayer asistimos a unos hechos de enorme gravedad en Sevilla. Esta izquierda española que se dice tan antinorteamericana, en realidad sólo es anti los que no son de los suyos. Porque lo primero que ha hecho el PSOE -el de Díaz y el de Sánchez por igual- ha sido convocar dos manifestaciones en Sevilla ayer, mañana y tarde, contra el resultado de las elecciones. Exactamente lo mismo que hizo la izquierda norteamericana al día siguiente de la victoria de Trump contra Hillary Clinton. ¿Hay algo más antidemocrático -«fascista» como dicen ellos, no yo- que manifestarse contra el resultado de unas elecciones? Esta izquierda española -y la de muchas otras latitudes- no cree en la democracia. Porque la democracia sólo les vale cuando ganan los que ellos quieren. O, como mucho, los que no les disgustan demasiado.

Mas la cosa es aún peor. Quien ha promovido esta manifestación antidemocrática ha sido el propio PSOE, que no sólo se ha sumado a la convocatoria, sino que repartió hojas volanderas con el anagrama del partido informando del servicio de autobuses para ir a la manifestación. Los manifestantes fueron acarreados por el partido derrotado. Nunca antes vimos al perdedor de una elección organizar una manifestación ante la asamblea que elige a su sucesor para rechazar la nueva mayoría. A este rechazo de la democracia juega la izquierda española que no acepta el auge de una extrema derecha que es mucho más constitucional que la extrema izquierda de podemos.

En estos días el think tank Floridablanca, que puso en marcha Isabel Benjumea años atrás, ha recordado una cita de Antonio Maura, el gran estadista asaeteado por la izquierda española al grito de «¡Maura no!», sus argumentos no daban para más... «Es menester oponer a las izquierdas todas las derechas y traerlas con plenitud de sus fuerzas sociales a la vida y a la influencia en el Estado», proclamó don Antonio hace más de un siglo. Entonces, como ahora, la izquierda se rebeló. «Hasta el atentado personal está justificado en el caso de Maura». Eso no lo ha dicho Pablo Iglesias (Turrión) en La Sexta. No. Eso lo dijo Pablo Iglesias (Posse) en la tribuna del Congreso de los Diputados. Y los herederos del PSOE de Pablo Iglesias, que llegaron a encarnar una izquierda razonablemente moderada, están en una deriva totalitaria de extremada gravedad. Me gustaría que alguien me diese un ejemplo siquiera remotamente similar de irrespeto de la voluntad popular por parte del Partido Popular. Ni siquiera después de las elecciones de 2004, en las que el PSOE violó las reglas de la democracia violentando la jornada de reflexión y participando en manifestaciones ante las sedes del PP. Pero vivimo en la gran mentira y los enemigos de la democracia reparten carnets de demócratas. El acabose.

Nuestro talón de Aquiles
GABRIEL TORTELLA El Mundo 16 Enero 2019

Las paradojas de la política española son a veces difíciles de entender para nuestros vecinos europeos, especialmente en lo que se refiere al gran problema que se arrastra desde la Transición: el separatismo. En primer lugar, es arduo comprender que este lapso de unos 40 años en el que España ha cosechado una serie de éxitos sin precedentes (transición casi incruenta de la dictadura a la democracia, ingreso en la Unión Europea y en otros organismos internacionales, crecimiento económico y desarrollo social también inéditos, niveles de bienestar que nos colocan a la vanguardia del mundo, niveles de distribución de la renta más que aceptables -sí, pese al deterioro que conllevó la crisis-, etcétera), éxitos que podríamos caracterizar globalmente como la realización de lo que Ortega y Gasset llamó "un proyecto sugestivo de vida en común", haya ido acompañado por un crecimiento en extensión e intensidad de los sentimientos separatistas.

Antes de que se me tache de panglossiano quiero aclarar que veo muchas manchas en ese sol brillante de las realizaciones de la España democrática. A mí, para empezar, nunca me ha gustado la Constitución de 1978 y pienso que debe ser reformada en muchos aspectos, aunque también creo que hoy debe cumplirse a rajatabla, porque es la ley suprema y legítima. Tampoco me gustan nuestras normas electorales, que son otro de los talones de Aquiles de nuestra democracia. Creo que tenemos un sistema educativo muy inferior al que corresponde a un país desarrollado. Creo que nuestra estructura económica necesita serias reformas, y que la prueba palmaria de ello es el escandaloso nivel de desempleo que llevamos padeciendo desde la Transición precisamente. Y, a pesar de esta larga serie de problemas (muchos más podría citar), el tema de nuestro tiempo es el separatismo, que nos obnubila y nos hace olvidar tanto los éxitos como los fracasos de nuestra democracia.

Parece difícil explicar esta paradoja, pero no lo es. Nuestra vida política adolece de un atroz cainismo, que hace que los grandes partidos de derecha y de izquierda prefieran pactar con los separatistas a colaborar en un pacto de Estado que podría resolver la cuestión separatista en muy poco tiempo y con relativa facilidad. Esto es lo que no entienden nuestros socios en Europa y la razón por la que hemos cosechado tantos reveses judiciales inesperados a raíz de la rebelión separatista de octubre de 2017 en Cataluña. Resulta difícil comprender que los Gobiernos españoles pidan en Europa rigor con los autores de la rebelión mientras pactan y colaboran con ellos en la vida política diaria. Naturalmente, en diferentes instancias europeas se ha reprochado nuestra incongruencia y se nos ha hecho pagar por ella.

En los pocos momentos fugaces en que los grupos mayoritarios han colaborado contra el separatismo, como con la Ley de Partidos de Aznar y la aplicación del 155 en el otoño de 2017, se lograron éxitos fulgurantes: el desmantelamiento de la organización terrorista en el País Vasco y el silencio y la sumisión de las entidades separatistas en el breve lapso en que el 155 estuvo en vigor en Cataluña. Pero la rivalidad y rencillas de los partidos mayoritarios impidieron que una y otra medida se aplicaran con perseverancia y contundencia; los separatistas pronto volvieron a las andadas tras la aplicación del 155, como las ranas en El Libro de Buen Amor cuando vieron que el rey que les había mandado Júpiter no era más que una "viga de lagar". Y es que el precepto constitucional sin pactos de Estado duraderos y leales fue como la viga, que al caer con estruendo "fizo las ranas callar", pero a la que éstas, al ver que no se movía, pronto se le subieron encima y volvieron a pedir... la independencia.

¿Por qué este cainismo paralizante? Es proverbial el cisma de las dos Españas: "Españolito... una de las dos Españas ha de helarte el corazón", decía Antonio Machado. Hoy nos lo hielan las dos. El origen de este cainismo se remonta al menos a la Guerra de la Independencia y dominó casi todo el siglo XIX: sólo con la Restauración se dio una medida de entendimiento entre los dos grandes partidos, que permitió orillar a carlistas, anarquistas e internacionalistas, y dio paso a varias décadas de relativa paz y progreso hasta bien entrado el siglo XX. Pero el cainismo volvió, trajo la Guerra Civil y la dictadura, resurgió tras la Transición, que fue otro lapso de concordia y progreso, y hoy campa triunfante, para regocijo de la camarilla de Puigdemont y Torra, y de todas las facciones del separatismo.

Aunque las culpas están bien repartidas, no cabe duda de que la izquierda tiene hoy la mayor responsabilidad. Es ella la que prefiere claramente gobernar con el apoyo del separatismo golpista antes que con el centro-derecha. Y aunque cuente con el apoyo e incluso la estrategia de Podemos en esta insensata aventura, la mayor responsabilidad es del PSOE, por varias razones. La primera es que debemos esperar más del partido más antiguo, con una historia que, junto a errores garrafales, ha tenido períodos positivos, especialmente, los años que incluyeron y siguieron a la Transición. La segunda es que pertenece a un gran movimiento internacional y con una historia brillante, la social-democracia, que ha sido quizá el agente más importante en el establecimiento de la moderna sociedad madura y desarrollada. La tercera, porque, desde 1996 y sobre todo desde 2004, ha emprendido una peligrosa deriva que le ha llevado a renunciar a sus principios socialdemócratas y a pretender rivalizar en populismo descerebrado con la extrema izquierda, postergando a sus líderes más sensatos y encumbrando a demagogos oportunistas como Zapatero o Pedro Sánchez. La cuarta, porque no ha sabido resolver, quizá por su desdén hacia el pensamiento y el estudio, el problema de cómo adaptarse a una sociedad en la que se han alcanzado todos los objetivos tradicionales de la socialdemocracia, en la que debe reinventarse y renovar sus programas para justificar su existencia en un medio social muy diferente al de hace un siglo. Y la quinta, porque mientras la derecha es por naturaleza menos ideológica y más pragmática, la izquierda debe ser más crítica y reformista y por ello tiene la obligación de renovarse y ser coherente intelectualmente, cosa que, por desgracia, este Partido Socialista parece incapaz de hacer. Es cierto que esta crisis aqueja a casi todos los partidos socialistas europeos; pero el cainismo del PSOE, la sustitución del debate razonado por la descalificación perenne y en bloque del adversario, es algo de lo que el PSOE ha adolecido históricamente, y que hoy parece ser su único recurso dialéctico.

Todo ello conduce al socialismo a una situación alarmante que se evidencia en lo insólito de sus recientes accesos al poder: en 2004, tras un atentado terrible cuyos extremos nunca quedaron plenamente aclarados; en 2017, tras una moción de censura llena de anomalías, mentiras flagrantes y pactos inconfesos, con escuálida base parlamentaria y el apoyo de los que se proclaman enemigos de España. Se evidencia también en su falta de análisis económico solvente, que ha hecho que en el pasado el desempleo creciera siempre durante sus mandatos, algo que lleva camino de suceder ahora también; adolece además su política económica de la idea de que los problemas se resuelven aumentando el gasto público, a expensas del contribuyente y de nuestras obligaciones con la Unión Europea. Es alarmante también su actitud demagógica ante un problema tan grave como el de la educación que, según la actual ministra, debe estar basada en un principio hedonista y no formativo. Alarma igualmente la discordia interna del partido, en especial su difícil relación con el socialismo catalán, lo que contribuye más a la sensación de desorientación y huida hacia delante que este PSOE irradia. La enumeración podría alargarse, pero dejémosla aquí.

El PSOE cuenta con el apoyo de simpatizantes de indudable valía intelectual. ¿Dónde está la crítica amiga que trate de fortalecer el fuste ideológico de un partido que parece ir a la deriva y que puede terminar como su homólogo francés? El largo mandato de Zapatero fue ya un ensayo general del naufragio que amenaza al socialismo español. La aventura de Sánchez puede acarrear el hundimiento definitivo del partido, y la desmembración de España. Puede resultar nuestro talón de Aquiles.

Gabriel Tortella, economista e historiador, es autor de Capitalismo y Revolución y coautor de Cataluña en España. Historia y mito (con J.L. García Ruiz, C.E. Núñez y G. Quiroga), ambos publicados por Gadir.

«Roma»
Serafín Fanjul ABC 16 Enero 2019

Ver cine iberoamericano es siempre refrescante y eso fue asistir a la película mexicana «Roma», galardonada con varios premios que no enumero porque esas adherencias a la obra artística me interesan poco. Sin embargo, hubo algo que me molestó profundamente: los comercializadores del filme en España se han arrogado el derecho a ejercer de Domingo Siete insertando subtítulos en español -digamos- de España (dejo aparte, claro, las frases en lengua mixteca que asoman esporádicamente), invalidando y deformando la fuerza, la naturalidad espontánea y la autenticidad de los diálogos, que se desarrollan, como es lógico, en el habla coloquial del D.F. (puro chilango, menos cuando los hablantes son de nivel alto), o más exactamente de Ciudad de México. De ahí el título de la película, tomado de la Colonia Roma, inmediatamente al norte de la Colonia del Valle, donde residí en varias ocasiones invitado por el Colegio de México (gentileza que nunca olvidaré), por lo cual me resulta fácil identificar e identificarme con imágenes, sonidos y pulsiones de las gentes. Pero el asunto trasciende lo personal.

Alfonso Cuarón, director de la cinta, ha mostrado su enojo, con toda razón, por el desaguisado de estos mercachifles audiovisuales, sobre todo haciendo hincapié en la falta de respeto que implica para los espectadores hispanos, a quienes tales demiurgos pastoreadores marcan el qué y el cómo deben disfrutar y pensar: ¡Hay que facilitar la comprensión, abaratar los contenidos y dar desmenuzado y bien masticado el bolo para que lo traguen sin rechistar, no sea que alumbren ideas exóticas y quieran salirse del carril! Se da por sentado que el espectador es retrasado mental e incapaz de suplir y rellenar a partir del contexto general, de la ambientación visual y de la marcha del argumento los elementos adecuados para comprender el conjunto y casi todos los detalles. Es decir, los adelantados ejecutivos, técnicos y plumíferos de ordenador están persuadidos de que los espectadores son un calco de ellos mismos: incultos, cortitos, sumisos y por entero desinteresados por la lengua española, pues empezar a «traducir» de un país a otro significa acabar con la unidad del idioma. Lo contrario, familiarizarse con los giros coloquiales de otras áreas hispanoparlantes es fomentar la cohesión, amén de divertirse enormemente con los descubrimientos. Aunque no huelgue recordar que el español estándar es la lengua más homogénea de todas las grandes: en México, Bogotá, Buenos Aires o Madrid la cohesión en prensa, radio, televisión, libros rebasa el 95 %. Alabado sea Dios por tal circunstancia, andando por medio gentes tan dadas al bochinche, la disgregación y los mitotes, nosotros incluidos en primera fila.

Como era de esperar, no han faltado críticos de cine que ven de perlas la inclusión de los subtítulos «para entender todo bien», decía ayer uno que va de ácrata. Me pregunto si exigen el mismo rigor de comprensión a las películas exhibidas en España en inglés, o en otros idiomas, con los diálogos sobreimpresos traducidos: ¿De verdad las paupérrimas versiones de frases sueltas en los diálogos reproducen la profundidad expresiva de los originales? ¿Pero qué importa la exactitud, si aquí lo que se dilucida es el negocio audiovisual? Lo normal es que los subtítulos, casi siempre, den una versión empequeñecida y lamentable del texto, por necesarios que sean. Hecho comprobado cuando se conoce el idioma original de la película. También sucede en «Roma». Un solo ejemplo -por no cansar a los lectores- y perdonen la crudeza: cuando el indeseable Fermín planta de mala manera a la doméstica a la que ha preñado, le lanza un «pinche gata», equivalente en coloquial madrileño a «chacha de mierda», los tecnócratas de la multinacional nos regalan -por ignorancia o dolo, a elegir- un «puta criada» que, como mínimo, falsifica lo expresado realmente.

A pesar de los esfuerzos de la RAE, desde hace tiempo, en nuestro país seguimos sin percatarnos de varios hechos fundamentales: en España se habla de forma zarrapastrosa -como dijo un académico, cargadísimo de razón, tal vez con la excepción de Andalucía- y no estamos como para erigirnos en maestros y menos aun propietarios del español; si nuestra lengua tiene un peso grande en el mundo no fue ni es por el esfuerzo de los españoles por difundirlo y mantenerlo, que oscila entre escaso e inexistente, sino por la decidida y pragmática actitud de los hispanoamericanos independientes del siglo XIX que resolvieron sustentarlo como lengua nacional en las nuevas repúblicas (en 1800, menos de la mitad de los 17 millones de seres que poblaban los virreinatos, hablaban español); en la actualidad, la riqueza, variedad y vigor del español de América está por encima de sus homólogos de acá, en un país acomplejado que desconoce su historia y el don del cielo que es la lengua a la que maltratan o persiguen en la misma España (o permiten que se persiga y margine). Hace mucho menos de un año, Mariano Rajoy -a la sazón en La Moncloa, todavía- anunció a bombo y platillo un grandioso plan de proyección del español en el mundo, sin especificar dato ni detalle alguno, por supuesto. «Estamos salvados», pensé, fortificado por el recuerdo del denuedo y tenacidad con que defendía la lengua común en Cataluña. Y, por si fuera poco, al día siguiente (literalmente), el mismo gobierno se arrugaba una vez más ante la izquierda «progresista» y aceptaba la supresión de las reválidas. Obviamente, en aras de mejorar los conocimientos y usos lingüísticos.

La RAE se cansa de exhortar con admoniciones -tan cargadas de lógica como ayunas de fuerza ejecutiva alguna: no es su función- acerca de la invasión, abusiva por injustificada, de anglicismos por todas partes, en especial en el mundo de la publicidad y los medios de comunicación en general, sin que nadie le preste atención, ni mueva un dedo. Y es claro que por «nadie» estoy aludiendo a las autoridades políticas: si no se inmutan por la proscripción, en la práctica, del castellano en un tercio del territorio nacional, ¿a cuento de qué se van a conmover porque un publicitario desvergonzado resalte «new» en un producto cualquiera? ¿Han reparado ustedes en que es difícil encontrar un anuncio sin una o dos frasecitas (fáciles, claro) en inglés?

Y mientras, proliferan los necios que se escaman y horrorizan por el empleo de vocablos americanos (con frecuencia bellísimos arcaísmos perdidos en España) en su ámbito natural, o por la preciosa variedad de tonalidades del español de América. Ellos son la tropa de choque, el mejor argumento, de los interesados saltimbanquis de los medios y empresas audiovisuales.

Serafín Fanjul es miembro de la Real Academia de la Historia

Francia, en caída libre
Guy Milliere  latribunadelpaisvasco.com 16 Enero 2019

Estrasburgo, Francia. Mercado navideño. Son las 20.00 h. del 11 de diciembre. Un hombre grita "Alá Akbar" ("Alá es el más grande") y dispara a un transeúnte, después hiere a varios con un cuchillo. Asesina a tres personas allí mismo y hiere a decenas de personas más, algunas de gravedad. Dos morirán después a causa de las heridas. El asesino escapa. Dos días más tarde, la policía lo dispara y lo mata.

Era conocido por la policía. Cuando los miembros del Directorio General de Seguridad Interna y algunos gendarmes fueron a su casa unas horas antes, había escapado. Aunque sabían que era un peligroso islamista armado listo para actuar, y que los mercados navideños habían sido, y podían ser, probables objetivos, no se activó ningún dispositivo de vigilancia.

Al asesino, Cherif Chekatt, de hecho, no se le debería haber permitido ir por la calle. Tenía 29 años, su nombre figuraba en la lista de personas denunciadas por radicalización terrorista (FSPRT), y ya había sido sentenciado por delitos en 27 ocasiones. Sin embargo pudo campar a sus anchas, sin la vigilancia de la policía.

Su caso es similar al de muchos terroristas yihadistas de Francia en la última década. Entre ellos, Mohamed Merah, que asesinó a varios niños judíos en Toulouse en 2012; Cherif y Saíd Kuachi, que asesinaron a la mayor parte del personal de la revista satírica Charlie Hebdo en 2015; y Amedy Culibaly, que asesinó a varias personas en un supermercado kosher días más tarde.

Los sucesivos gobiernos no han hecho absolutamente nada para remediar la situación. En su lugar, han pronunciado discursos y emplazado a soldados en las calles. "Los jóvenes franceses deben acostumbrarse a vivir con la amenaza de los atentados", dijo el entonces primer ministro, Manuel Valls, en 2015. Dos años más tarde, justo antes de la primera vuelta de las elecciones francesas, Emmanuel Macron, aún candidato, empleó casi las mismas palabras. El terrorismo, dijo, "es imponderable" y constituirá "una amenaza que será parte de la vida diaria de los franceses en los años venideros".

Las leyes francesas son extremadamente laxas. Ni siquiera los asesinos múltiples y los terroristas reciben largas sentencias de cárcel. La mayoría de las cárceles se han convertido en estaciones de reclutamiento de yihadistas. Actualmente, más de 600 zonas de exclusión están bajo el control de imanes y bandas musulmanas. Los islamistas, aparentemente "listos para actuar", se cuentan por millares. La policía simplemente carece de personal o recursos materiales para vigilarlos a todos.

Los únicos políticos que han propuesto un endurecimiento de las leyes contra el terrorismo, o que han dicho que se necesitaban medidas excepcionales –como uso más amplio de los brazaletes electrónicos– para contrarrestar las crecientes amenazas, provienen de partidos considerados de "extrema derecha". Los principales medios tacharon inmediatamente a estos líderes de "extremistas" y se desecharon sus propuestas.
Macron y su gobierno continúan la desafortunada tradición de someterse a la corrección política. Parecen preferir apaciguar a los extremistas que enfrentarse a ellos.

Estos políticos son sin duda conscientes de que se podrían producir más disturbios. En 2016, el jefe del Directorio General francés para la Seguridad Interna, Patrick Calvar, habló de un alto riesgo de "enfrentamiento entre comunidades", tal vez incluso de guerra civil.

Estos funcionarios, obviamente, entienden que los terroristas están tomando parte en una larga guerra y que será difícil pararlos, así que parecen haberse rendido. Estos funcionarios son sin duda conscientes de que son cada vez más los jóvenes musulmanes franceses que se están radicalizando. La respuesta, sin embargo, ha sido fortalecer las instituciones musulmanas en Francia.

Aunque, presumiblemente, estos funcionarios también ven que la inmigración musulmana en Francia continúa, y que cientos de miles de inmigrantes ilegales musulmanes están generando motivos de preocupación por la seguridad, no hacen nada para revertir la tendencia. La cifra de deportaciones va en aumento, pero siguen siendo poco habituales: poco más de 26.000 personas fueron deportadas en 2017. Mientras, más de 150.000 inmigrantes ilegales viven en Seine Saint Denis, cerca de París. Macron, desde que se convirtió en presidente, ha llamado repetidas veces "xenófobos" a los que le piden que expulsen a los inmigrantes ilegales.

Macron y el actual gobierno, de hecho, han alentado una mayor inmigración: todos los inmigrantes ilegales de Francia reciben ayuda económica si la piden, y también atención sanitaria gratuita, sin casi arriesgarse a ser deportados.

Cada año, se expiden más de 200.000 permisos de residencia (262.000 en 2017), incluidos a inmigrantes ilegales. Muchos no tienen competencias profesionales, y a algunos se les paga durante décadas el ingreso mínimo que se le paga a cualquiera que esté pasando dificultades.

La asistencia social para inmigrantes, legal o no, se añade al coste de un sistema de bienestar cada vez más caro. Francia es hoy el país con mayores impuestos del mundo desarrollado: las tasas obligatorias suponen más del 45% del PIB. Hay un alto nivel de paro: el 9,1%. Los salarios normales son bajos y están congelados. Un profesor de una escuela pública empieza ganando 1.794 euros al mes. Un funcionario de policía gana, tras un año de servicio, aún menos: 1.666 euros al mes.

Macron, cuando fue elegido presidente, prometió impulsar el crecimiento y mejorar el poder adquisitivo. Para fomentar que las compañías grandes y las multinacionales invirtieran en Francia, les bajó los impuestos y eliminó el impuesto a la riqueza. Como al parecer no quería elevar el déficit presupuestariofrancés (2,6% en 2017), creó nuevos impuestos y subió algunos de los que paga toda la población, incluidos los impuestos a la gasolina.

Fue en ese contexto cuando surgieron las protestas de los "chalecos amarillos" ("gilets jaunes"), que llevan causando agitación en Francia ocho fines de semana. Han asegurado que van a seguir manifestándose.

Los nuevos impuestos, además de la subida de los ya existentes, han puesto a muchas personas en verdaderos apuros económicos. Muchos también han considerado que la rebaja de los impuestos a las grandes empresas, aparejada con la supresión del impuesto a la riqueza, es indignantemente injusta. Ven perfectamente que la falta de seguridad se está extendiendo, que la inmigración está explotando y que el Gobierno no vela lo suficiente por la ley y el orden.

Las declaraciones de Macron, como su comparación entre "los que tienen éxito y los que no son nada", o su afirmación de que "la vida del emprendedor es mucho más dura que la de cualquier empleado", le dan una imagen de novato arrogante que desprecia a los pobres y no sabe nada de los problemas a los que se enfrentan. Algunas de sus palabras, como que "no hay una cultura francesa", o que los franceses son galos que "se resisten al cambio", hizo creer a muchos que ni siquiera tiene respeto por los franceses o por Francia.

La proliferación de los radares de velocidad en las carreteras, y la reducción del límite de velocidad a los 80 km/h, al margen de las autopistas, así como el consecuente aumento de las multas por velocidad, tampoco ayudaron a mejorar sus niveles de aprobación.
Por último, una subida adicional de los impuestos a la gasolina desató una revuelta que hasta la fecha no ha terminado.

La primera protesta de los "chalecos amarillos", que tuvo lugar el 17 de noviembre, reunió espontáneamente a cientos de miles de personas en todo el país y tuvo el apoyo de más del 80% de la población.

En vez de reaccionar enseguida y decir que entendía las dificultades que millones de franceses, Macron esperó diez días hasta que se produjo una segundamanifestación, mayor que la primera, para responder. Después dio un discursocentrándose en el medio ambiente y haciendo hincapié en que los impuestos a la gasolina eran necesarios para combatir el "cambio climático".

Sus palabras parecían completamente ajenas a las angustias económicas que siente la población.

Cuatro días después, el 1 de diciembre, una tercera manifestación atrajo más gente aún que la primera. Los manifestantes ondearon banderas francesas y cantaron el himno nacional. Algunas personas que hablaron en televisión dijeron que Macron se había reído de ellos y le recordaron sus promesas. Le exigieron que dimitiera, nuevas elecciones y que la población recuperara la soberanía.

Bandas de los suburbios saquearon tiendas y destruyeron propiedades. La policía se ensañó con especial brutalidad con los manifestantes, pero no detuvo los saqueos o la destrucción.

Macron no dijo nada.

El 8 de diciembre, cuarto día de manifestaciones, París estaba prácticamente sitiado. Se desplegaron carros blindados a lo largo de las principales avenidas. Miles de policías cerraron los accesos al barrio de la residencia presidencial, el Palacio del Eliseo. Un helicópteros aguardaba en el jardín del Palacio del Eliseo por si había que evacuar a Macron. Los saqueos y los destrozos comenzaron de nuevo.

Cuando Macron decidió por fin decir algo, el 10 de diciembre, anunció una ligera subida del salario mínimo y la supresión de algunos impuestos. Prometió abrir un "debate nacional" y anunció que tenía que revisar las normas para la inmigración. Sin embargo, mientras Macron estaba haciendo sus declaraciones, uno de sus emisarios estaba en Marruecos en representación de Francia para firmar el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular de la ONU, que define la inmigración como "beneficiosa" para los países huéspedes. Según este pacto, los países firmantes se comprometen a "fortalecer los sistemas de prestación de servicios inclusivos para los inmigrantes". Al día siguiente, se produjo el atentadocerca de un mercado navideño en Estrasburgo, donde fueron asesinadas cinco personas.

El enfado de la opinión pública no remitió. Los manifestantes de los "chalecos amarillos" que hablaron en televisión al día siguiente dijeron que, evidentemente, Macron no estaba tomando nota de lo que estaban diciendo. Dijeron que hablar de revisar las reglas para la inmigración mientras firmaba el Pacto Mundial, sin tener en cuenta la opinión de la población, demostraba que Macron era un mentiroso.

Un grupo de generales en la reserva publicó una carta abierta en la que decían que firmar el Pacto Mundial era un paso más hacia "el abandono de la soberanía nacional", y señalaban que "el 80% de la población francesa cree que la inmigración se debe frenar o regular drásticamente".

"Al decidir él solo firmar este pacto –escribieron los generales–, [...] eres culpable de negar la democracia, e incluso de traición, respecto a la nación".

La ministra de Defensa, Florence Parly, dijo que la carta de los generales era "inadmisible e indigna", pero no refutó los argumentos que planteaba. De nuevo, Macron no dijo nada.
El 22 de diciembre, cuando tuvo lugar la quinta manifestación de los "chalecos amarillos", y a pesar de que el número de manifestantes era menor, su indignaciónparecía más intensa. Desde todas partes se pidió la dimisión de Macron. Una marioneta que representaba a Macron fue simbólicamente decapitada por una guillotina de imitación. Le prendieron fuego a una escultura, que representaba una mano amarilla, como el logo de SOS Racismo, la organización más veterana que combate el "racismo" y la "islamofobia" en Francia.

Los antisemitas aprovecharon la oportunidad para proferir sus opinioneshabituales, pero fueron marginales. Sin embargo, Benjamin Griveaux, el portavoz del Gobierno, utilizó sus declaraciones para atacar a los manifestantes de los "chalecos amarillos". Publicó un tuit en el que decía que los "chalecos amarillos" eran unos "cobardes, racistas y antisemitas" del tipo que lleva a cabo golpes de Estado. Antes, había dicho que al margen de lo que pasara, Macron no "cambiaría de rumbo".

Macron parece esperar que los "chalecos amarillos" se rindan por desgaste, pero no parece haber indicios de ello. Al contrario, los "chalecos amarillos" parecen empeñados en acabar con él. Los que hablan en televisión dicen que están decididos a luchar "hasta el final". El daño económico es considerable, y los primeros cálculos se cifran en cientos de millones de euros.

"Macron y su equipo –escribió hace poco Ivan Rioufol, columnista de opinión de Le Figaro– se equivocarían si pensaran que, si la movilización se debilita durante la tregua navideña, eso significa que están fuera de peligro".

El escritor Éric Zemmour describió la revuelta como el resultado de "la desesperación de la gente que se siente humillada, olvidada, desposeída de su propio país por las decisiones de una casta despectiva". Su conclusión es que cree que Macron ha perdido toda la legitimidad y que su presidencia está acabada.

El tertuliano de radio Jean-Michel Aphatie dijo que la presidencia y el Gobierno "penden de un hilo", y que la carta publicada por los generales es una fuerte señal de que las instituciones francesas están profundamente agitadas. "Si la policía flaquea –remarcó– Francia podría caer rápidamente en el caos".

El 20 de diciembre, dos días antes de la quinta manifestación de los "chalecos amarillos", varios policías organizaron una protesta delante del Palacio del Eliseo. El vicepresidente de una organización compuesta por policías dijo que muchos miembros están agotados, y que sienten simpatía por la revuelta y que están dispuestos a unirse a ella.

Al día siguiente, el Gobierno subió el salario a los policías y les pagó millones por horas extra, pagos que se les debían desde hacía meses.

"Las autoridades están realmente asustadas de que la policía se pueda volver contra ellas", comentó el periodista Jean-Michel Aphatie. "Es difícil de imaginar. Así estamos ahora en Francia".

La popularidad de Macron está en caída libre; ha bajado hasta el 18%. Nunca la popularidad de un presidente francés había caído tan bajo con tal rapidez. Flore Santisteban, profesora del Instituto de Estudios Políticos de París, citó las encuestas que muestran que Macron cristaliza ahora "un intenso odio, y quizá algo más que odio: rabia".
Muchos tertulianos se están preguntando cómo será capaz Macron de gobernar en las próximas semanas, y si podría ser obligado a dimitir y convocar elecciones anticipadas.
Varios analistas de la actualidad han dicho que esta vez, Marine Le Pen, líder del partido populista de derechas Agrupación Nacional, podría ser elegida presidenta. Los temas de su campaña presidencial de 2017 son similares a las reivindicaciones del movimiento de los "chalecos amarillos".

Macron sigue sin decir nada. No se le ve el pelo. Sus únicas declaraciones recientes las hizo en países extranjeros: Bélgica y El Chad. Su última aparición en Francia fue el 4 de diciembre, en el Macizo Central, a última hora de la noche. Fue a ver los daños de un edificio oficial incendiado parcialmente por los vándalos. Aunque su visita no había sido anunciada, llegaron decenas de "chalecos amarillos", le insultaron, y se marchó rápidamente.

Las encuestas muestran que la Agrupación Nacional de Le Pen podría ganar las elecciones al Parlamento europeo en mayo con el 24 o el 25% de los votos. Otro partido de derechas y nacionalista, Debout la France! (Francia en Pie), encabezado por el diputado Nicolas Dupont-Aignan, y aliado de Agrupación Nacional, podría obtener el 8%. El total sumaría hasta el 32 o el 33% de los votos. Se espera que el partido de Macron, La République En Marche!, creado hace dos años, consiga sóloel 18% de los votos.

Las elecciones al Parlamento europeo no tienen un impacto directo en la vida política francesa. Sin embargo, ese resultado sería una hiriente desautorización de Macron, si es que logra mantenerse en el poder hasta entonces.

Hace unos meses, Macron se presentó como el defensor de una Europa abierta, "progresista" y multicultural y describió a los defensores de la soberanía nacional y a los que son hostiles a la inmigración y al multiculturalismo como "lepra" y defensores del "nacionalismo belicoso" que ensalzan "el rechazo de los demás". Fingía triunfar fácilmente sobre ellos.

En julio de 2017, insinuó que gobernaría como el dios romano Júpiter. No tardó demasiado en caer de su pedestal.

La noche del 31 de diciembre, Macron felicitó el año 2019 al pueblo francés. No se disculpó. Ignoró los agravios de los manifestantes de los "chalecos amarillos" y sus defensores. Simplemente dijo que "había estallado la indignación" y que "se mantendrá el orden sin indulgencia". Describió en términos positivos todo lo que había hecho desde que se convirtió en presidente. Añadió que seguiría "adelante" en la misma dirección sin cambiar ni una cosa: "Pretendo seguir la línea que tracé desde el primer día de mi mandato". Describió a sus adversarios políticos como "extremistas", "demagogos" y "megáfonos de una multitud llena de odio". Volvió a decir que "la lucha contra el calentamiento global" es una prioridad absoluta.

Muchos de los manifestantes de los "chalecos amarillos", entrevistados en televisión, expresaron su malestar; algunos dijeron que habían decidido no escuchar siquiera el discurso. La oposición política a Macron lo criticó duramente. Nicolas Dupont-Aignan escribió:
Esta noche, los franceses han confirmado que Emmanuel Macron no ha aprendido nada de los sucesos de 2018. Aunque sus políticas han puesto a más del 75% de los franceses contra él, parece decidido a seguir, desafiando a la democracia.

Laurence Saillet, del partido moderado de derechas Los Republicanos, dijo:
Me parece que mientras protestaban los "chalecos amarillos", él estaba en otro planeta [...]. No ha tomado nota de la indignación del país. No hace ningún mea culpa, e incluso ha valorado sus actuaciones positivamente, precisamente las que son rechazadas por los franceses.

Marine Le Pen tuiteó: "Este presidente es un impostor. Y un pirómano".

El 3 de enero, Eric Drouet, una de las principales figuras de los "chalecos amarillos", fue arrestado por una docena de policías cuando iba de camino a la Plaza de la Concordia en el centro de París para encender unas velas en honor de los "chalecos amarillos" heridos o muertos desde el inicio de las manifestaciones. Andaba pacíficamente por la acera con quince o veinte amigos. Ninguno de ellos gritaba o llevaba pancartas, o siquiera el chaleco amarillo. Drouet fue imputadopor organizar una protesta ilegal. Los adversarios políticos de Macron dijeron que estaba echando más leña al fuego.

El 4 de enero, después de la primera reunión del año del gabinete, Macron le pidió al portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, que dijera que "los que siguen protestando [...] son agitadores que promueven la insurrección", y que el Gobierno debe "seguir adelante, con más firmeza".

El sábado 5 de enero, miles de "chalecos amarillos" protestaron otra vez, y pidieron la dimisión de Macron. Forzaron las puertas del edificio donde tiene su oficina Griveaux mientras él escapaba. Por la noche, las calles de París y otras ciudades parecían de nuevo campos de batalla.

Por Santiago Fontenla

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¿Quién provoca la violencia contra VOX?
Liberal Enfurruñada okdiario 16 Enero 2019

Hasta ahora VOX venía sufriendo la violencia de la extrema izquierda podemita y de los lazis independentistas en un grado más o menos similar al que tienen que aguantar el Partido Popular y Ciudadanos. Sólo un mes antes de la celebración de las elecciones en Andalucía, uno de los casos más furibundos contra los de Santiago Abascal tuvo lugar en un hotel de Murcia cuando un violento grupo intentó impedir uno de sus actos, intentó agredir a sus dirigentes, insultándoles y deseando la muerte a José Antonio Ortega Lara, miembro del partido y víctima de ETA. Sin embargo, antes de este incidente, ya habían sufrido muchas pintadas con insultos en las fachadas de sus sedes y bastantes acosos a los voluntarios de los puestos informativos que suelen instalarse en las calles, este es el trato habitual de ultras de izquierda hacia los que piensan distinto a ellos. Pero esto no es muy distinto de lo que sufren otros partidos tan democráticos y constitucionalistas como VOX.

Sin embargo, a partir de conocerse los inesperados resultados de la formación liderada por Abascal en las autonómicas andaluzas, los actos violentos contra VOX han ido en aumento hasta llegar a una situación en la que, incluso, podemos esperar cualquier día la mayor de las desgracias. Se les apedrea, se les agrede física y verbalmente cometiendo de forma reiterada e impune lo que nuestro Código Penal califica claramente como delitos de odio, se les amenaza de muerte y mediante la fuerza bruta se les impide celebrar sus actos una y otra vez. Y no pasa nada más porque Dios no quiere. La extrema izquierda siempre ha creído que le es lícito usar el grado de violencia que sea necesario para evitar que se expresen los que no opinan como ellos o, sencillamente, para impedir que sus adversarios ejerzan el poder cuando lo alcanzan democráticamente.

El responsable personal, claro y directo de todas estas agresiones es Pablo Iglesias por la no tan velada invitación a la violencia que hizo junto a Alberto Garzón la noche de los comicios de Andalucía. El líder del partido de extrema izquierda pidió a independentistas, proetarras y colectivos de izquierdas, un frente “antifascista” para frenar a VOX. Pero no es el único culpable. Tanto Pedro Sánchez como Albert Rivera han colaborado con Iglesias para colocar a VOX en el punto de mira de los exaltados. Los socialistas tratan de convertir ante la opinión pública al partido de Abascal en nazis despiadados contra quienes no hay más remedio que construir un cordón sanitario que los aísle, para así hacer ver que Ciudadanos llega a la Junta de la mano de la extrema derecha. Y los naranjas, a su vez, los tratan como a apestados, negándose hasta a hablar con ellos, comparándoles con los proetarras de Bildu porque creen absurdamente que señalando a otros como fascistas les van a dejar en paz a ellos.

Y también los medios de comunicación son responsables de haber generado el ambiente en el que las agresiones a VOX parecen estar justificadas. Prensa que llevan meses manipulando la información para que su público crea que la formación de Abascal es un partido fascista, antidemocrático, anticonstitucional, machista, racista y xenófobo. Y que, cuando finalmente no les ha quedado más remedio que entrevistar a sus líderes, no pueden evitar demostrar delante de las cámaras la repugnancia que sienten ante el político que tienen delante, sólo porque discrepa del discurso único progresista. Informaciones falsas adornadas de opiniones sectarias e interesadas en desprestigiar a VOX que llegan a ser tan ridículas que causan el efecto contrario al pretendido. Porque los de Abascal se crecen en la adversidad y cuanto más les golpean y les acosan los progres, más españoles acuden a sus actos y más votos recogen en las urnas. Los violentos hacen crecer a VOX.

Autobuses socialistas contra la alternancia democrática en Andalucía
EDITORIAL Libertad Digital 16 Enero 2019

El Parlamento andaluz ha vivido este martes una jornada histórica. Por un lado, se ha celebrado la sesión inicial del debate de investidura que culminará con la elección del primer presidente no socialista del Gobierno regional, el popular Juan Manuel Moreno Bonilla. Por otra parte, los socialistas han demostrado que no saben perder y que no respetan ni a la ciudadanía ni la alternancia democrática con su implicación en las bochornosas protestas que han tenido lugar a las puertas del Legislativo autonómico, donde paniaguados energúmenos de la peor ralea han tratado de cerrar el paso a los representantes de PP, Ciudadanos y VOX, a los que han dirigido toda clase de insultos y descalificaciones.

El hecho de que el PSOE haya mandado autobuses a asediar el Parlamento andaluz y de que la fracasada Susana Díaz haya respaldado esas protestas –con la deplorable excusa de que debería gobernar el partido más votado y de que VOX es una amenaza para la democracia– deja en ominosa evidencia tanto el rancio caciquismo del partido de la megacorrupción y el latrocinio a gran escala como la ínfima catadura de una lideresa con unas carencias formativas y cívicas tan grandes como su absurdo ego, y que repudia la alternancia democrática y la voluntad del votante andaluz expresada en las urnas. Por mucho que los socialistas del PSOE y los comunistas de Podemos, ambos palmariamente antisistema, y las organizaciones feministas a las que han cebado a costa del expoliado contribuyente, propaguen a la manera goebbelsiana indecentes calumnias contra VOX, como las que lo presentan como partido machista cómplice de la violencia contra las mujeres, lo cierto es que esta formación, de impecable trayectoria democrática, es el único que se ha atrevido a criticar y pedir la derogación de la ineficaz, aberrante, injusta e inmoral Ley contra la Violencia de Género, que no protege a las mujeres y sí convierte al varón en un ciudadano de segunda. "Yo ya protegía a las mujeres maltratadas cuando Susana Díaz repetía cursos de Derecho", ha dicho muy acertadamente en Es la Tarde de Dieter el cabeza de lista de VOX en las autonómicas andaluzas, el juez Francisco Serrano, para poner en su sitio a la aun más resentida que populista Díaz.

Por otra parte, habrá que recordar a la fracasada Díaz que el PSOE, con el apoyo de los comunistas, impidió que gobernara el partido más votado en Andalucía en 2012, cuando el PP de Javier Arenas quedó a tan solo cinco escaños de la mayoría absoluta. Y para qué hablar de que el propio PSOE, con los peores resultados de su historia, gobierna en España tras desbancar a un PP que en las últimas generales le aventajó en 2,5 millones de votos y medio centenar de escaños, gracias al apoyo de proetarras, comunistas y golpistas catalanes.

La implicación del partido que detenta el Gobierno de la Nación en el cerco al Parlamento andaluz y en la virulenta campaña de odio a VOX es de una gravedad extrema, pues la formación de Santiago Abascal y José Antonio Ortega Lara está siendo objeto de tantos y tan continuados ataques que ha debido solicitar protección policial al Ministerio del Interior. Los comunistas de Podemos ignoran, cuando no justifican, esa violencia. Los socialistas de Sánchez y Díaz han demostrado no ser mejores y carecer de la menor autoridad para dar a nadie lecciones, menos aún a un partido como VOX, tan comprometido con el orden constitucional que anda afanado en que los golpistas catalanes paguen sus muy graves delitos con largas penas de cárcel. El PSOE, en cambio, anda lamiéndoles las botas y regalándoles dinero de todos los españoles.

Ni los asedios antidemocráticos ni el acoso criminógeno a formaciones de impecable trayectoria van a impedir que se produzca el cambio en Andalucía; cambio que indefectiblemente ha de pasar por levantar las alfombras y acabar con la corrupción y el clientelismo en forma de Administración paralela que ha devastado una región que no quiere seguir siendo un miserable cortijo del Partido Socialista.

Presupuestos 2019: un suicidio asistido
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli  16 Enero 2019

Sánchez lo quiere todo y lo quiere ya. Quiere que Podemos le apoye sin fisuras, sin un sólo pero por aquello del Gobierno de progreso y el que viene la derecha. Quiere también que los independentistas catalanes se la envainen, le den el sí y se olviden del procés para siempre. Todo a cambio de 200 millones de euros en concepto de inversiones estatales en Cataluña. Mucho no parece, la verdad. Pero lo que quiere por encima de todo es permanecer en el poder al coste que sea.

Según están las cosas sólo desde el poder puede revalidar el título y, en el caso de que no lo revalide, dos años que se habrá pasado como primer ministro de una de las principales economías del mundo. Eso, que puede parecernos algo accesorio, no lo es tanto si observamos lo bien situados que han quedado sus antecesores.

Ser expresidente del Gobierno español abre muchas puertas en el circuito de relaciones internacionales: conferencias pagadas a millón, infinidad de prebendas, puestos de relumbrón y una silla en el Club de Madrid, esa alacena de mandatarios jubilados a la que todo tonto con ínfulas quiere acceder. Ahí le esperan Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Claro, que ese no es más que el plan B, del que tirará en el caso de que el resto le salga mal, ya sea este mismo año o el próximo. Por salir mal hay que entender presentarse a las elecciones y perderlas. Es un escenario plausible que tiene muy presente porque después de él el PSOE habrá quedado como la flota del almirante Vernon en Cartagena de Indias, apta sólo para llevar carbón de Gales a Irlanda. Ahí tiene a Susana Díaz recordándoselo a diario desde hace mes y medio. Después de esta locura, o la nada o la gloria.

Sánchez aspira a la gloria, pero no lo tiene fácil. Como presidente del Gobierno no está especialmente legitimado. Llegó como llegó y sus seis meses en el cargo no se cuentan por días, sino por calamidades. Como si un tuerto no hubiese dejado de mirarle, todo lo que ha hecho le ha salido mal. A un personaje tan limitado el Gobierno le viene grande, quizá por eso ha desplegado dos estrategias en paralelo.

Por un lado, darse mucho brillo internacional con constantes viajes al extranjero. Esto en casa ha dado pie a infinidad de chistes y humoradas sobre su desmedida afición a valerse del avión oficial y su nulo conocimiento de las normas de protocolo. Por otro, ha puesto en marcha el aspersor de dinero público para concitar voluntades en torno a su candidatura, aunque éstas sólo se deban al interés de seguir recibiendo mercedes.

Los presupuestos de este año son el pilar de esta estrategia. Hasta ahora ha gastado todo lo que ha podido, que es mucho menos de lo que le hubiera gustado. Gobierna, recordemos, con los presupuestos que Rajoy sacó agónicamente adelante sólo unos días antes de la moción de censura que le catapultó hasta la Moncloa. Sin presupuestos propios no se puede hacer política con mayúsculas, más aún en un caso como el que nos ocupa, un tipo que quiere atornillarse al poder y que, a falta de amor verdadero, ha de consolarse con el de pago.

Ese pago, por descontado, corre a nuestra cuenta. Los presupuestos que este lunes presentó la ministra Montero incluyen mucho gasto sí, pero también una importante subida de impuestos. La presión fiscal se elevará un punto, con ella lo hará el gasóleo, el IRPF y las contribuciones de autónomos y empresas. El Ejecutivo ha estimado un alza de ingresos que habita más en el país de la fantasía que en el de la realidad, pero eso es lo de menos, que se recaude lo que se tenga que recaudar, el resto se pedirá prestado.

Con pura deuda, por ejemplo, pretenden sostener las pensiones, que este año se irán por encima de los 150.000 millones de euros, casi la mitad de todo el gasto público. Eso se dejará sentir en el déficit y en la deuda pública. En Bruselas emitirán un suave quejido este año, el próximo protestarán en voz alta, al siguiente exigirán un plan de ajuste cuando la prima de riesgo se haya disparado.

Pero para entonces, si todo sale conforme a lo planeado, ya se le habrá pegado la poltrona al trasero, que es de lo que se trata. A partir de ahí podrá jugar al ratón y al gato con el Eurogrupo como hizo Zapatero durante tres años. Cuando se le acabe la cuerda dejará el estropicio a sus espaldas y él pasará al plan B, el de líder internacional, mediador de conflictos y voz de la experiencia.

Es, como vemos, un suicidio asistido muy parecido al de la segunda legislatura de Zapatero, pero más a la desesperada. Zapatero lo tuvo mucho más sencillo. Tenía 11 millones de votos, dinero en la bolsa y en el Congreso rozaba la mayoría absoluta. Sánchez está por ver que consiga ganar las elecciones y, si lo hace, que pueda contrarrestar algo como lo de Andalucía. Las elecciones de mayo los pondrán a todos en su sitio, incluido al propio Sánchez, un hombre bendecido por la diosa Fortuna dispuesto a jugársela. Hasta ahora todo le ha salido a pedir de boca, a razón de qué no iba a intentarlo de nuevo.

Una víctima hiela al PSOE por la chulería del socio "ensangrentado" de Sánchez
ESdiario 16 Enero 2019

Ana María Vidal Abarca, uno de los referentes de la lucha ética contra ETA, vaticina el escenario de la traición: "asesinos rehabilitados" y sus víctimas "arrumbadas en el olvido".

Cada vez lo tienen más claro. Las víctimas del terrorismo se temen lo peor, vista la extrema debilidad del gobierno de Pedro Sánchez, su disposición a seguir en La Moncloa cueste lo que cueste y dependiente de unos socios minoritarios con unas exigencias bien claras.

La manifestación de este pasado sábado en favor de la excarcelación de los presos etarras -en las que caminaron juntos Arnaldo Otegi y Joan Tardá (ERC)-, la polémica fotografía de la líder del PSOE vasco, Idoia Mendía, brindando con el propio Otegi; o el progresivo y continuado acercamiento de los reclusos terroristas a cárceles vascas ha desatado la indignación de las víctimas.

La escandalosa factura de Otegi a cambio de salvar a Sánchez levanta ampollas en medio PSOE

Y por su caracter de referente del colectivo y por su condición de expresidenta de la AVT, especial significado tiene que Ana María Vidal Abarca haya roto su silencio para alzar la voz contra la creciente impunidad del brazo político de los terroristas convertido en socio parlamentario de Pedro Sánchez.

En un artículo en el diario El Correo, Vidal Abarca pone voz al hartazgo de la mayoría de las víctimas. "'Ahora los presos', dicen en sus pancartas. Cada vez se sienten más seguros de que van a lograr su propósito de que los asesinos de ETA sean rehabilitados y las víctimas arrumbadas en el olvido", se lamenta la hija de Jesús Velasco, jefe de los Miñones de Álava asesinado por un comando etarra en 1980.

"En la manifestación exigiendo la libertad de los terroristas estaba el individuo -en referencia a Otegi- que brindó en Navidad con la secretaria general del PSE", recuerda Ana María Vidal Abarca.

"Ese sí -remacha- que no sabe lo que es tener entre las manos un ser querido ensangrentado. Pero sabe muy bien cómo ensangrentar a ese ser querido y se esfuerza infinitamente por ayudar a los que lo ensangrentaron".

Y concluye Vidal Abarca elogiando a aquellos que "no quieren formar parte de esa legitimación vergonzante del terror que se está cocinando a fuego lento". Todo un mensaje que retumba en todas las sedes del PSOE y en el Palacio de La Moncloa.


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