AGLI Recortes de Prensa   Jueves 17  Enero 2019

La limpia democrática en la Junta es de extrema necesidad
EDITORIAL Libertad Digital 17 Enero 2019

La irrupción de VOX en el Parlamento de Andalucía, las negociaciones para formar Gobierno en dicha comunidad autónoma y el bochornoso cerco a la Cámara regional durante la primera jornada de la sesión de investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla como nuevo presidente de la Junta han dejado en segundo plano el escándalo de la Administración Paralela del régimen socialista de Susana Díaz y compañía.

Tras años de opacidad, la Oficina del Portavoz del Gobierno regional publicaba hace escasos días un informe en el que afloraban hasta 3.405 empleados no contabilizados y 148 contratos de alta dirección en empresas y agencias públicas de los que tampoco se sabía nada. Más del 10% de los 270.101 empleados de la Junta –concretamente, 27.304– pertenecerían a esa Administración Paralela. Además, hay al menos otros 1.459 cargos de libre designación, lo que hace que Andalucía tenga más colocados a dedo que Cataluña, Galicia y Baleares juntas.

Así las cosas, lo más destacable y plausible de la segunda jornada de la sesión de investidura de Moreno Bonilla es que el líder del PP andaluz haya fijado como su más inmediato compromiso la realización de "una auditoría integral para saber el estado financiero de la Junta".

Este compromiso no debe quedar eclipsado por la campaña goebbelsiana de incitación al odio contra VOX –a cuyos representantes la fracasada Díaz ha tachado, sin vergüenza, de "herederos del franquismo"– ni por la acertada réplica del nuevo presidente regional a la ignorante profesora anticapitalista Teresa Rodríguez, que ha perpetrado un discurso tan insensato como nauseabundo. Es un compromiso urgente e ineludible que han de hacer propio los tres partidos que han investido a Moreno Bonilla.

A este respecto, si bien el líder regional naranja, Juan Marín, se ha comprometido con la "limpieza democrática", ha añadido que se hará "con moderación, sin radicalismos, sin populismos"... e insistido patéticamente en que el acuerdo del PP con VOX "no es vinculante" para Ciudadanos. ¿Quiere decir Marín que "eliminar todos los organismos superfluos y suprimir la administración paralela", tal y como literalmente aparece en el acuerdo PP-VOX, es "radical", "populista" y "no vinculante" para Cs? ¿Quiere decir que su formación se opondrá a "la auditoría de todos los organismos de la Junta" o a cuantas "comisiones de investigación sean necesarias para esclarecer y conocer la utilización de los fondos públicos de la Junta" por el hecho de que dichos compromisos también aparecen en el acuerdo PP-VOX?

Que los socialistas andaluces hayan gobernado la última legislatura gracias al apoyo de Cs no tiene por qué ser un impedimento para proceder a sanear una Administración carcomida por la corrupción y el caciquismo, para desgracia de Andalucía y de sus expoliados contribuyentes. Ese compromiso de limpieza democrática también aparece, aunque de forma más diluida y moderada, en el acuerdo de PP y Cs, y no puede ser desatendido por el injusto, indignante y, sobre todo, estúpido cordón sanitario que los de Marín quieren imponer a la formación del juez Serrano. Al fin y al cabo, acabar con esas infames redes clientelares no es muestra de populismo sino todo lo contrario: de firmeza y de compromiso auténtico con la regeneración democrática.

El fin del PSOE en Andalucía, el comienzo de la agitación barata en España
EDITORIAL esdiario 17 Enero 2019

La izquierda quiere utilizar Andalucía, con un nuevo Gobierno modélico, como laboratorio de ensayo de la agitación callejera y la propaganda que intentará desplegar por toda España.

Cuando Rajoy fue desalojado de mala manera de la presidencia, con una moción de censura destructiva lanzada por un perdedor y apoyada interesadamente por los partidos que menos interés tienen en ayudar a España (lo cual jurídicamente contradice el espíritu y la letra de ese recurso constitucional), el PP abandonó el poder sin hacer ruido, sin alentar a sus seguidores y votantes y abriendo un debate interno para regenerar su liderazgo.

En contraste, Juanma Moreno va a convertirse en presidente de Andalucía con el Parlamento cercado por manifestantes instigados por Susana Díaz y Podemos, inductores de na falacia nauseabunda sobre el supuesto menor compromiso del PP -por pactar la investidura con Vox además de con Cs- con la violencia de género, una de las pocas materias objeto de un Pacto de Estado sellado por todos los partidos... bajo la presidencia de Rajoy.

La utilización política de causas tan nobles, que en el objetivo gozan de una necesaria unanimidad política y social aunque en las herramientas puede y debe discutirse qué se hace viendo su discutible eficacia y su evidente manipulación ideológica, se combina así con la presión callejera para hacer desde Andalucía lo que no se puede hacer en toda España.

El populismo en Moncloa
Instalados PSOE y Podemos en el Gobierno, su populismo carece de sentido ya, pero ha encontrado en Andalucía un escenario para resucitar, simulando de nuevo una feroz batalla contra la inexistente ultraderecha con dos objetivos: minar al nuevo Gobierno antes de que arranque siquiera y, de paso, estigmatizar en el conjunto del país los factibles -y deseables- acuerdos entre PP, Ciudadanos y Vox.

Todo ello conforma una preocupante actitud de la izquierda, que desnaturaliza el sentido más elemental de la democracia y sugiere una apuesta por la búsqueda del poder a cualquier precio, por cualquier procedimiento y con todos los recursos a su alcance. Porque es inaudito que este PSOE se atreva a criminalizar el diálogo con nadie siendo deudor de Puigdemont, Otegi y Junqueras a la vez o que Podemos, partidario de "romper el régimen del 78", ose tildar de anticonstitucional a ningún partido caracterizado precisamente por lo contrario.

Vienen tiempos de demagogia, populismo y agitación callejera, con Andalucía como epicentro de toda la demagogia, a modo de ensayo de lo que cabe esperar del PSOE y sus socios en el conjunto de un país que necesita, en realidad, sosiego, sentido común y respeto a la inteligencia y los derechos de unos ciudadanos a los que ya no se engaña con tan barata propaganda.

Puede el PP fagocitar a VOX?
Pío Moa gaceta.es 17 Enero 2019

VOX ha conseguido sus éxitos sobre todo por defender la unidad de España contra los separatismos. Es una baza clave, pero no es suficiente como alternativa general. Hay una serie de puntos que están por desarrollar y clarificar, y el del franquismo es, desde luego, uno de ellos. El antifranquismo va unido a la hispanofobia, los separatismos y la disolución de España en la UE. Es la ruina de la democracia y de España. Pero la propaganda contra él ha sido tan intensa, y tan demoledora, especialmente por el PP, legitimador del imperios del embuste, que muchos sienten pánico a defender la verdad sobre él. ¿Perdería votos VOX si se aplicara a exponer la verdad histórica? No lo creo. Simplemente llevaría la exasperación de los otros a niveles estratosféricos. Por otra parte, aquí no es tan esencial lo que se defienda como el modo de hacerlo. Hay que tener respuestas sencillas y claras preparadas ante cualquier mentira o insidia, no dar la impresión de que se retrocede ante las acusaciones, que de todas formas van a hacer sin tregua. Importa crear una asociación más o menos informal, pero lo más amplia posible, bajo el lema “La verdad sobre Franco”, y VOX podría apoyarla de manera indirecta, para explicar la cuestión a millones de personas, engañadas por los corruptos e hispanófobos, hasta que obliguen a los partidos a dejar su tabarra antifranquista. Porque de lo que se trata es de cambiar la opinión pública.

El PP ve que se le escapan los votos y quiere retenerlos haciéndose el patriota, arrebatando esa bandera a VOX. ¿Puede hacerlo? Ante el éxito en Andalucía, todos los ilusos echan las campanas al vuelo y creen que todo está resuelto y que la gente recordará las fechorías del PP. Nada más erróneo. El PP puede jugar bien sus bazas: no solo sería el partido patriota, como VOX, sino que ofrecería un aparato político mucho más sólido y entrenado, más “experiencia política” y económica, y millones de personas que le han votado y desean seguir engañadas. En cambio VOX todavía no está bien “cocido” y se le unirán los “listos” habituales deseosos de “hacer política” como llaman al chanchullo permanente. Incluso el PP puede en su momento acusar a VOX de “extremista franquista” por ejemplo, para asustar a la gente, como utilizó a Podemos con el mismo fin. Sería el patriotismo “razonable y democrático”. De modo que sí es posible que el PP termine fagocitando a VOX. Posible no quiere decir ineluctable, desde luego, pero si no se tiene en cuenta la posibilidad, se caerá en la trampa.

(Incidentalmente: el otro día reproduje en el blog “El franquismo en quince puntos”, invitando a los lectores a darle máxima difusión. Observo que ni uno solo lo ha metido en tuíter. Supongo que algunos lo habrá echo correr por wasap o correo u otras redes, pero ya lo de tuíter es significativo)

Moreno y Marín, ahí es nada
Pablo Planas Libertad Digital 17 Enero 2019

Cambio en Andalucía. Grandes expectativas. Comienza la cuenta atrás para que la Junta empiece a bajar impuestos y crear empleos, para que desmantele la Administración Paralela, acabe con los fraudes y la corrupción, elimine los enchufes, reduzca las listas de espera, mejore la educación, permita la libre competencia, incluso en materia audiovisual, y haga, en definitiva, lo que han pregonado antes, durante y después de campaña el PP y Cs.

Juan Manuel Moreno y Juan Marín tienen ante sí un reto colosal, que es el de no incurrir en los vicios y defectos de socialistas y podemitas, no creerse los reyes del mambo y no ponerse más estupendos de lo que ya se han puesto hasta el momento. Ha llegado la hora de dar trigo y ejemplo, el momento de la austeridad, el rigor y la eficacia.

Saben lo que les espera. O deberían. Un sesgo mediático brutal más algaradas callejeras, la criminalización de VOX, toneladas de mentiras y la ridiculización más absoluta. Tendrán que gobernar bajo fuego graneado, cada asesinato de una mujer, cada violación, cada paliza será culpa de sus políticas, aunque no tengan ninguna, y de sus socios de la "ultraderecha ultracatólica". Y también cada desahucio que a la izquierda no le afecta, como cada parado y todas las desgracias. Se les va a helar la sonrisa no exenta de acomplejada vanidad con la que atienden a los reporteros folloneros que van por ahí preguntando quién vota a VOX. Así, sin complejos, como se dice ahora.

A la izquierda le salen muy fácil los chistes sobre Ortega Lara, pero se queda en blanco con los directores generales que se van de putas o de percebes pagando el pueblo. Moreno y Marín, que no les pase nada. En VOX, en cambio, ya están acostumbrados a que les llamen de todo todo el rato. Sobre Andalucía, el tópico por antonomasia, descansa el futuro de España. Los antecedentes de PP y Ciudadanos son el arenismo y el apoyo de Ciudadanos a Susana Díaz. Fueron víctimas del relato por ceder sin reparos a la presión cultural de la izquierda.

Es la hora del cambio en Andalucía
 larazon 17 Enero 2019

Juan Manuel Moreno Bonilla fue elegido ayer séptimo presidente de la Junta de Andalucía. En sí mismo no supondría una novedad destacable, a no ser por el hecho de que será el primero que ocupe el Palacio de San Telmo que no es miembro del PSOE. No es un dato menor en la nueva composición del mapa político español, su fragmentación y en la irrupción de dos nuevas fuerzas que, a izquierda y derecha, comparten algo de mismo populismo alto en contenidos ideológicos. Que el PP consiga la presidencia de la comunidad que ha sido definida como el «granero de votos» socialista explica mucho de la transformación sociológica de Andalucía, por un lado, y del agotamiento de su proyecto, por otro. La construcción de una nueva mayoría de gobierno formada por PP y Ciudadanos –y el apoyo en la investidura de Vox– es un factor que habrá que tener en cuenta para entender que la izquierda no tiene una receta infalible para los graves desajustes económicos y sociales que tiene la región, como ha quedado demostrado después de 36 años gobernando.

Pude decirse sin ninguna euforia que el cambio ha llegado a Andalucía y que ahora hay que darle forma con políticas concretas. Hay demasiado en juego como para malgastar esta oportunidad en malabarismos ideológicos y simbólicos, que tanto abundan en estos momentos de excesos dialécticos. Andalucía necesita en estos momentos salir de un corsé administrativo que de manera especial en las políticas económicas le estaba perjudicando. Se parte de un diagnóstico aceptado por todos: el peso económico de Andalucía no se corresponde con su potencial. Con 8,4 millones de habitantes, que supone el 18% del total de total de la población española, y un PIB que representa el 13,3%, que conviene recordar para no abundar en los tópicos del subdesarrollo, ocupa la tercera posición de las comunidades autónomas.

Sin embargo, hay un problema estructural: la tasa de paro. El nivel de desempleo se sitúa en el 22,8%, ocho puntos más que la media, con un índice femenino del 27%. Hay 898.000 parados y más de trescientos mil hogares tienen a todos sus miembros sin trabajo. Pese a que la economía casi ha duplicado su tamaño desde el año 2000, hay datos que apuntan a un grave problema estructural: un 23% de los jóvenes que cursaron la enseñanza obligatoria en 2017 dejaron de estudiar. Por lo tanto, más pronto que tarde el debate político deberá centrarse en estos asuntos y dejar aparcados los indentitarios que tanto han marcado la política española en los últimos tiempos.

El documento sobre el que se ha basado el acuerdo entre PP y Cs deberá concretarse lo más rápido posible en materia de impuestos (eliminar el 99% el de sucesiones y donaciones), bajada del IRPF y situarlo al nivel nacional (el de Andalucía es el más alto, al 21,5%), un sistema de financiación autonómica «justo y solidario», un sistema de formación de manera que los recursos estén en manos de los desempleados, una urgente modernización del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) y una estrategia industrial (ahí está el ejemplo del polo aeronáutico en Sevilla o el químico en Huelva), entre otras medidas. En su despedida, la expresidenta de la Junta, Susana Díaz, puso en marcha un alarmismo contra el centro derecha gobernante, invocando fantasmas históricos, por supuesto el franquismo, acusando de que la ley en contra el maltrato de género está en peligro e infundados aumentos de sueldos para los altos cargos. Siempre es aciago oír a alguien cuyo capital político está bajo cero invocando la memoria histórica y patrimonializando poetas y escritores –de Lorca a Machado pasado por Juan Ramón Jiménez y María Zambrano–, cuando forman parte de una cultura común andaluza y española. Sería un error que el PSOE se enrocase en un sectarismo estéril.

Postureo proletario
Manuel Marín ABC 17 Enero 2019

Hace cinco años, Podemos creció al hilo de un discurso radical, demagógico y sociológicamente imbatible contra la corrupción, los abusos de «las élites» y el secuestro del poder a manos de la partitocracia. La ciudadanía eufórica contra el sistema. Podemos ganó escaños y alcaldías, pero pronto ganó también un aburguesamiento militante y desacomplejado. Incluso burdo. Dejó de acompasar su mensaje con la ejemplaridad pulcra de la que se travestían sus dirigentes, y su postureo proletario fue sustituido muy pronto por las purgas y la obsesión de medrar por un escaño.

Cinco años después, Podemos se ha instalado en una incipiente decadencia. Los sondeos le castigan porque su imagen de partido marginal ha sucumbido a los vicios del sistema. El chalé en la sierra es elocuente a los efectos de medir la coherencia interna. Por eso Teresa Rodríguez recuperó ayer en la tribuna del Parlamento andaluz la sobreactuación escénica propia del rencor ideológico. De repente, Andalucía se ha llenado de ricos potentados, terratenientes explotadores, fachas miserables y fascistas peligrosos, hombres de negro ajenos al sufrimiento del débil, censores y pistoleros, maltratadores y enajenados xenófobos. Ese fue su retrato radicalizado de una derecha sobre la que vuelve a pesar la eterna sospecha de culpabilidad preventiva sin derecho a la presunción de pluralidad en democracia.

Sin embargo, el riesgo que afronta Podemos es que su impostura ya no cuele. Cultivar el miedo ciudadano a «las derechas» es una estrategia como cualquier otra. Pedro Sánchez también la desarrolla. Sin embargo, lo determinante no es transmitir esa idea…, sino si va a ser creíble. Con Sánchez, Podemos se queda sin espacio. Acusar al PP, como ocurrió ayer en Andalucía, de usurpar el poder a una izquierda virginal y benéfica junto a otros partidos cooperadores necesarios en la instauración de un régimen machista, apunta más a una torpe chapuza carente de credibilidad que a una innovadora estrategia política ante las elecciones de mayo. Acusar al PP, a Ciudadanos y a Vox de esa usurpación es tanto como olvidar que Podemos gobierna un ayuntamiento de 27 ediles, como Cádiz, con solo ocho. O que Sánchez domina un Parlamento de 350 con apenas 84. El manejo aritmético de las mayorías no puede basarse en un ejercicio de doble moral, ni siquiera prejuzgando los principios de cada partido para criminalizar a unos y blanquear a otros. Es el triunfo de «la democracia de los segundos».

Sobreactuando o no, Podemos llamó ayer «miserables» a los 1.804.884 votantes que han permitido el cambio en Andalucía. Fue un error iracundo y a la desesperada para demostrar que este Podemos acomodaticio retorna a los orígenes. La guerra de Susana Díaz será con Sánchez o no será. Pero la de Podemos será consigo mismo. Antes, la hipérbole, sus insultos, el efectismo de la cal viva en los escaños, o la osadía juvenil eran una fórmula de éxito. Ahora son una losa. Hizo fortuna aquello de que el PP o Ciudadanos son una «fábrica de independentistas». Podemos y el PSOE lo son ahora de derechistas con orgullo de pertenencia. Pero no es mal perder de las izquierdas; es desnortamiento estratégico repleto de carencias argumentales.

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El aldabonazo andaluz y el escrache a la democracia
Pedro de Tena Libertad Digital 17 Enero 2019

Lo que está pasando en Andalucía es muy grave, tan grave o más que lo de Cataluña. En Cataluña, PSOE, separatismos varios y extrema izquierda avalan, enriquecen presupuestariamente, comprenden, justifican y sustentan el golpismo institucional, totalitario y racista perpetrado contra la Nación y que está en los tribunales.

En Andalucía, PSOE, su tela de araña síndico-social y Podemos con IU y demás subvencionados, han empezado a sacar la patita de un golpismo callejero contra los resultados legítimos de unas urnas que invocó Susana Díaz y que nadie ha puesto en duda.

En Cataluña hay golpismo anti español y anticonstitucional; en Andalucía, se están dando los primeros pasos de un golpismo antidemocrático. El factor común de ambos precipicios es un PSOE desquiciado por su divorcio de la realidad y de los ciudadanos desde la época Zapatero, que se niega a convocar elecciones generales a pesar de gobernar sólo con 84 escaños de los 350 del Congreso con ayuda de los que no otorgan legitimidad moral ni política a ninguna oposición ni a España, que vaya si es una realidad nacional.

El espectáculo de la descomposición moral e institucional de un régimen autoritario, clientelar, inútil, corrupto y faltón que ha marginado a casi media Andalucía durante 40 años; que ha demostrado su ineficacia para la prosperidad económica, social, educativa y moral de la región más necesitada de España; que ha tejido una tela de araña corrupta, judicialmente procesada, y que sigue insultando y descalificando a quienes no piensan como ellos, es descorazonador.

Susana Díaz, la misma que ahora, amnésica de ocasión, le demuestra a Podemos y al naufragio de IU que ella escracha más y mejor que nadie a los parlamentarios andaluces, afeaba los escraches a los podemitas hace un año ante el Congreso de los Diputados. Como le pasa a su odiado Pedro Sánchez, debe ser porque ya no es presidenta de la Junta y ahora puede ser la que realmente es o era…o tampoco.

Lo de este martes, con un Parlamento sitiado, cercado, escrachado por unos miles de personas manejadas y pagadas por las subvenciones y con los autobuses fletados por el mismísimo PSOE, da una idea de esa degeneración irremediable de un partido que sólo respeta la democracia si gana las elecciones y que la trata de reventar cuando pierde inaugurando una peligrosa senda ya recorrida por una España fratricida.

La deriva radical, que recuerda la deriva radical republicana ya en 1931 que llevó a todo un Ortega liberal a dar un aldabonazo rectificador exclamando que ni la republica ni la democracia eran eso que pasaba en las calles y en el gobierno y que las consecuencias del radicalismo serian terribles para España – como lo fueron -, es más inexplicable aún en una Andalucía donde han gobernado a placer durante 40 años sin respeto de nadie ni de nada sin que nadie les hay hecho un escrache jamás.

Lo que vivimos en Andalucía es una especie de rebelión contra el voto libre del propio pueblo que les ha señalado la puerta de salida tras 40 años de oportunidades de reforma y reconsideración. En sólo dos días, Susana Díaz se ha hundido para siempre. De esperanza para el futuro de un PSOE nacional y moderado hace sólo unos años, ha mostrado su peor cara, la de una mala perdedora sin escrúpulos, esto es, algo muy parecido a un Pedro Sánchez al que le parece que lo ocurrido en Andalucía es gravísimo mientras que su pacto con la extrema izquierda, los separatismos y los proetarras le parece decente.

El circo
Y luego están los numeritos de circo, de fieras o payasos, a voluntad. Que Teresa Rodríguez haya llamado a Santiago Abascal el "pistolero de Bilbao" o el "niño de las pistolas" tiene cojones, perdón, para alguien cuya familia ha sido amenazada de muerte por ETA.

Que el faltón y descarado Mario Jiménez, portavoz socialista, que tiene a media familia colocada en las instituciones andaluzas y a un cuñado imputado por soborno, haya dicho que Moreno debe explicar su programa de ultraderecha radical es de campana de catedral.

Que el Podemos de los marqueses de Galapagar haya gritado que este, el nuevo, es un gobierno de ricos cuando en él nadie tiene un chaletón ni de lejos parecido al de Pablo Iglesias e Irene Montero, es de traca. ¿Era rico el pobre de Martín Carpena, al que la izquierda mezquina no quiso aplaudir?

Y lo de un Marín citando a Einstein, cuando no se sabe siquiera si ha terminado o no Graduado social, ha sido espectacular. Seguramente cree que la teoría de la relatividad consiste en generalizar que todo es relativo, como practica Ciudadanos. Relativo, claro está, a sus intereses.

De todos modos, se ha tomado nota del aviso de Marín sobre que el pacto con Vox es cosa exclusiva del PP. Su alusión a los 47 escaños de PP y Cs con olvido de los más que necesarios 12 de Vox, advierte ya desde hoy mismo que el gobierno actual tiene un nervio roto que se llama Ciudadanos y que en cualquier momento puede dar la espantá sin previo aviso.

La impresión que ha dado es que Marín le tiene pavor a una izquierda andaluza, vociferante y agresiva ahora, pero con la que ha compadreado hasta hace un mes y medio, – pánico del que carece Inés Arrimadas ante el separatismo insultante y opresor, al que desafía, responde y ridiculiza -, en una odiosa comparación. Al menos, Albert Rivera ha denunciado el vergonzoso escrache de ayer mientras el viejo PP de Arenas no se atrevía siquiera a llamarlo por su nombre.

Vox está en su papel, arrogándose la energía del cambio y sabedor de que todo lo que se ha desencadenado en España los tiene como diana y como beneficiarios políticos mientras que Juan Manuel Moreno, tras recibir la visita de un Dios benefactor, se presenta como un meritorio diácono céntrico del centrismo sin sacerdocio mediador posible entre Vox y Ciudadanos y que puede salir despedido del fiel de la balanza de San Telmo por cualquiera de los dos.

Soportar lo insoportable
Pero en fin, destaquemos, por ser de justicia, la moderación, tal vez excesiva del PP andaluz que ha soportado lo insoportable durante 40 años, -les han llamado y acusado de todo, hasta matones de discoteca-, la determinación de Vox de resistir democráticamente a pesar de la persecución y la violencia callejera de que es objeto y la caída del caballo de un Ciudadanos cegato, que sigue sin considerarse socio de un tripartito de derechas en Andalucía, del que forma parte históricamente sin vuelta atrás.

Valga por lo menos si ha comenzado a darse cuenta de qué es y cómo es el socialismo al que ha servido de felpudo durante 3 años y medio, aunque nadie puede fiarse. Encomiéndese Juan Marín a sus orígenes, que fueron del PP – qué digo -, de Alianza Popular, el partido de su padre.

El cambio necesario
Pero el cambio en Andalucía hay que producirlo porque es necesario para Andalucía y para España. El cambio andaluz reducirá de manera proporcional la virulencia del golpismo catalán. Hay que investigar todo lo que se ha gastado y en qué se ha gastado; hay que explicar por qué en 40 años Andalucía no ha despegado como región; hay que impedir que puedan volver a repetirse otros 40 años de dominación y hay que edificar una Junta de Andalucía que sea andaluza y constitucional, y no del PSOE.

Y, naturalmente, hay que demostrar que una política abierta, más liberal y respetuosa con la realidad de nuestro tiempo, saca a Andalucía del pozo de las penas y del monte del olvido. Pero, para eso, hacen falta arrestos, expertos, años y buena voluntad. ¿Hay de todo eso?

En cuanto a la calle, la izquierda perdedora andaluza, como la separatista y filoterrorista en otros lares -esa sí que fue pistolera y asesina incluso de socialistas-, va a tener que entender que es patrimonio de todos en una democracia sana, nacional y abierta y que se gobierna, no desde sus adoquines, sino desde las instituciones y a partir de las urnas.

En otro caso, se nos invitará a otros muchos ciudadanos andaluces y españoles, los más, a reclamar nuestros derechos sobre ella. Dicho queda, porque hasta aquí hemos llegado. O jugamos todos o se pincha la pelota.

Cosas que no saben Susana y Teresa
Cristina Losada Libertad Digital 17 Enero 2019

La investidura del primer presidente autonómico no socialista en Andalucía dejó patente en qué se ha sostenido la larga hegemonía del PSOE allí. El clientelismo era la parte oculta y eficaz del asunto: el pan. Pero la parte espectacular, el circo del negocio, era un tridente de agitación, demagogia y sectarismo izquierdista que muy probablemente no tenga parangón. Ese estilo de gobierno marca, y marca tanto a quienes lo han mamado y utilizado que no son capaces de hacer un discurso ni cuando tienen que ceder el Gobierno. Mejor dicho: entonces, aún menos.

La sesión de investidura fue así, por parte de Susana Díaz y de su competidora en arengas Teresa Rodríguez, una sesión de agitación mitinera, cuyo público estaba principalmente fuera: los "colectivos feministas" que habían llamado a manifestarse a las puertas del Parlamento. Las dos estaban, como quien dice, a ambos lados de la barricada, y en cuanto a sus manifestaciones de palabra, es difícil decidir quién iba de destronada y quién de tronada. Si la que dijo que Moreno llegaba a la presidencia de la Junta "con los herederos del franquismo", o la que llamó repetidamente "el niño de las pistolas" al presidente de VOX, Santiago Abascal.

Díaz justificó la manifa que ella mismo había convocado –y que su partido apoyó en la logística, alquilando autobuses– en que "el terrorismo machista se ha cobrado más vidas de mujeres que ningún otro tipo de terrorismo". No es la primera vez que usa el concepto, de modo que no hay duda de que la expresidenta de la Junta no tiene ni idea de qué es el terrorismo. Y si la tiene, aún es peor, por querer aprovechar el impacto de la definición no ya sin solvencia, sino sin conciencia. Sin escrúpulos. Esa utilización espuria, más en un país donde una organización terrorista (y nacionalista) ha asesinado a tantos hombres, mujeres y niños, es imperdonable.

La ignorancia o el cinismo de Díaz en este punto no sé si es análoga, pero no es mayor que la de la podemita Rodríguez con su insistencia en describir a Abascal como "el niño de las pistolas" o "el pistolero de Bilbao", que dijo también. Rodríguez no es una niña. De hecho, tiene cinco años menos que Abascal. Sus experiencias políticas, sin embargo, son muy distantes y distintas. Sobre todo, por esto: mientras ella podía militar en Izquierda Unida e ir en sus listas sin que ningún grupo armado la amenazara por ese motivo, Abascal tenía que hacer frente a las amenazas de muerte de ETA por ser nieto de su abuelo, hijo de su padre y por ir él mismo en las listas del Partido Popular.

Su historia es conocida. Es la de tantos y tantos miembros de UCD, de AP, del PP y del PSOE en el País Vasco. Y de otras muchas personas. Los sarcasmos, las bromitas, los intentos de descalificar a alguien que ha vivido bajo esa presión por tomar medidas de seguridad en consecuencia revelan un enorme desprecio por quienes han padecido la dictadura terrorista y aún tienen que soportar su legado de odio. Legado que sus sucesores no repudian en absoluto: al contrario. Rodríguez puede pensar y decir lo que quiera sobre las ideas de Abascal y de VOX, pero tiene que respetar a aquellos que, como él, estuvieron en primera línea frente a la organización terrorista. Las decisiones de Abascal sobre el grado de protección que necesita son exclusivamente suyas y de las fuerzas de seguridad, igual que las de otros personajes públicos. Un mínimo de respeto y decencia, diputada, que parece que ni sabe ni le importa lo que ha sido vivir bajo la amenaza de muerte de ETA. Y ya si pueden Díaz y Rodríguez, mírense el vídeo de la toma de posesión de los concejales del PP, Abascal uno de ellos, en Llodio, en junio de 2003. Porque allá fueron a manifestarse al Ayuntamiento los proetarras, empujando e insultando a los concejales del PP. Hay que alejarse, pero muchas millas, de cualquier cosa que se parezca a esas prácticas.

No es no
Cristina Seguí okdiario 17 Enero 2019

“Las mujeres de este país salen a la calle para protestar contra el pacto de la vergüenza en Andalucía” es el titular preferido con el que los principales medios de comunicación de este país siguen abriendo sus espacios desde que Ciudadanos, el Partido Popular y VOX firmaron la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla en la región para superar 36 años de socialismo. Y lo cierto es que los 23 millones de mujeres trabajadoras que pelean diariamente por su dignidad, oportunidad y su libertad personal se parecen más un mandril de culo rojo que a cualquiera de las líderes políticas o sindicalistas de las asociaciones feministas convocadas por el PSOE para rodear el Parlamento andaluz por orden de Susana Díaz y que, según el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA), han trincado 750 millones de euros en subvenciones directas durante tres años y medio de legislatura.

Las mujeres no sólo aceptamos el maltrato cuando aceptamos el insulto o la mano dejada caer, también consentimos que nos maltraten y nos insulten cuando aceptamos que nos representen las inventoras de la sociedad patriarcal, la falodemocracia, el falocentrísmo, y todo ese repertorio de palabros y la ridícula feminización de cada profesión y adjetivo calificativo. Nuestra máxima responsabilidad es la de apartarnos y rechazar todas esas sociedades instrumentales del PSOE, Podemos e IU, que están haciendo el trabajo para el que fueron diseñadas y regadas con dinero público: lograr que todas nosotras seamos su artilugio proletario para alcanzar, perpetuar o tratar de subvertir el poder.

Ninguna de las batallas libradas por esas que, durante esta semana y durante los próximos meses saldrán a la calle, son relativas al progreso de una sociedad abierta. Su objetivo fundamental ha sido –y es– el de cocinar y homogeneizar al hombre y a la mujer dentro de un todo conceptual como “el terrorismo machista” que denuncian. Ese producto fabricado por la misma batasunada andaluza que el día de la investidura de Moreno Bonilla se negó a aplaudir al concejal del PP Jiménez Becerril y a su mujer, asesinados por ETA. Las mujeres tenemos que condenar a estas sujetas porque con nosotras aplican exactamente la misma pericia letal del agresor con el disfraz legitimador de la justicia social y la brigada antimaltrato. Sucede cuando nos llaman “alienada” en un debate televisivo o cuando nos tratan como algún agente proto-ruso de las fake news cada vez que les rebatimos con datos. Las mujeres tenemos el deber de rechazar el nuevo “machorro” beligerante y paranoico que percibe el talento y la libertad individual de todas nosotras como una amenaza que cobra cuerpo al desarrollarse fuera de la cocina.

No es no también cuando, a las que sacamos a nuestros hijos adelante con dos ovarios, intenta representarnos una sumisa como Irene Montero que ha aceptado sin el menor reproche que su marido presuma de pichabravismo públicamente al decir que “le ponen las pijas de derechas que van a misa”, o al asegurar en entrevistas “que los hombres feministas follan mejor” para conservar su escaño de contrabarrera o su chalet de La Navata. No es no cuando las Ritas Maestres, Bibianas Aídos, y Carmenes Calvos, mujeres que habría que borrar del historial de damas heroínas de la historia por ridiculizarnos con su chantaje, victimismo y sus cuotas. No es no, y así lo reitero, porque pretenden influir en la legislación para machacarnos a hombres y mujeres no militantes ante la impasibilidad política de los partidos que, ante el atropello antidemocrático repiten con pánico en los Comités Ejecutivos y en los cenáculos que atacan a las leyes de género y a las asociaciones feministas quita voto. Entretanto, las que no vivimos del cuento, seguiremos denunciando que estas mercantilistas no nos liberan de los yugos del pasado, sino que los relevan con una capacidad político-coactiva sin límite.

¿Juzgamos la rebelión catalana o la unidad de España?
“Seremos tan fuertes como unidos estemos y tan débiles como lo divididos que estemos” J.K. Rowling
Miguel Massanet diariosigloxxi 17 Enero 2019

Es obvio que las defensas de los implicados políticos en el proceso que se lleva a cabo ante el TS, viendo lo que se les viene encima, intenten alargar el proceso lo más que puedan, presentando cuantos incidentes y recursos les permiten las leyes, aunque estén convencidos de que no van a sacar nada en limpio de tales actuaciones. Persuadidos de que, aún en el mejor de los casos para sus defendidos, les van a salir condenas importantes por la gravedad de los delitos que se les atribuyen, en su empecinamiento por prescindir de la Constitución, por desobedecer las sentencias de los tribunales y por crear un verdadero revuelo cuando intentaron, pese a las advertencias del Parlamento de la nación, del mismo Gobierno y del TC, de que se trataba de un acto ilegal, de llevar a cabo una consulta no autorizada a la que quisieron vestir de consulta a los catalanes, celebrada el 1 de octubre del 2017 y todo ello pese a los requerimientos en contra de dicha convocatoria del TSJC y de la actuación de una parte de la policía, la nacional y la Guardia Civil, (debido a que los mossos se abstuvieron de colaborar, por órdenes de sus propios superiores, todos ellos ante los tribunales de Justicia), que se vieron desbordados por multitudes aleccionadas y dirigidas desde la TV3 y Cataluña Radio para que acudiesen a presentar batalla en apoyo de aquellos que, desobedeciendo flagrantemente la legalidad, se empeñaron en abrir los centros de votación y de instalar las urnas en ellos para que, los que acudieran a votar pudieran depositar su voto en ellas. Todo ello sin censos oficiales, sin controles del resto de partidos, sin inspectores y sin garantía de que los votos que se recogieron, al final de la jornada, hubieran sido depositados por los electores o por los mismos miembros de las mesas que pudieron actuar sin el menor control y con toda impunidad, para intentar presentar ante el resto de naciones, aquello que fue un bodrio impresentable, como si hubiera sido celebrado con todas las bendiciones de la propia legalidad.

También es cierto que, viendo lo que ha venido sucediendo con los intentos de repatriar a todos aquellos presuntos delincuentes, que se refugiaron en el extranjero, utilizando el método abreviado de la “Orden Europea de Detención y Entrega” y sus resultados, se pudo comprobar que ni en Bélgica ni en Alemania el sistema funcionó como se esperaba, acabando en un sonado fracaso debido a la inoperancia y oposición de los jueces de los respectivos países que intervinieron en los hechos. En lugar de proceder a la entrega inmediata de las personas que se reclamaban, lo que hicieron fue fiscalizar si las acusaciones de los jueces españoles estaban justificadas o no, en lugar de limitarse a comprobar que los delitos perseguidos tenían su equivalencia en sus respectivos países; inmiscuyéndose, con sus actuaciones dilatorias, completamente improcedentes, atribuyéndose facultades que no tenían y que, por supuesto, no casaban con el objetivo de abreviar trámites según se mencionaba en la orden de entrega.

El TS no quiere que, conociendo la intención de los abogados de los imputados de acudir, una vez producida la sentencia del propio tribunal, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, intentando pescar en aguas internacionales lo que presumen que no van a conseguir ante los tribunales españoles; los magistrados se la cogen con papel de fumar y no piensan dar un paso en falso, como pudiera ser la denegación de una prueba o cualquier otra diligencia pedida por los defensores, que pudiera dar pie a una denuncia ante el mencionado tribunal europeo. No obstante, no deja de ser deprimente que sea puesta en cuestión nuestra Justicia, cuando se nos ha reconocido como una democracia tan solvente como la que pudiera tener cualquier otro país de la UE o incluso más. En realidad, tenemos la deprimente sensación de que se les ha permitido el traslado a los presos catalanes a la cárcel de Lledoners, para que no se pudiera acusar al TS de querer ejercer presión o mal trato contra los presos, si hubieran permanecido fuera de Cataluña.

El resultado ha sido que todos ellos, los presuntos delincuentes en contra de la unidad de España, están cómodamente instalados en la cárcel catalana, desde la cual si no es que consiguen permisos para salir de la propia directora del centro penitenciario, se les permite recibir a todas horas visitas de otros políticos, escribir artículos a la prensa y comunicarse telefónicamente con quienes tengan interés en hablar. ¡Una vergüenza que, seguramente, no tiene parangón en ninguna otra prisión del resto de Europa y ya no hablemos si fuera de los EE.UU¡ Y es que, lo que está sucediendo en esta autonomía catalana, seguramente no sucedería en ninguna otra nación del resto del mundo y, lo que resulta aún más despreciable y alarmante es que, el propio presidente del Gobierno, quién debería ser el que impusiera las reglas, hiciera respetar las leyes y fuera más crítico con quienes intentan partir España, es el primero que se arrodilla ante Puigdemont y Torra, mendigando que le den sus votos para aprobar unos PGE en los que se está poniendo a toda España en peligro de que, por el intento del señor Sánchez de contentar a todos mediante dádivas, ofertas tentadoras, aumento de pensiones o promesa de infraestructuras; aunque el país no esté en condiciones de sostener tales alegrías, piensa que, al menos, le concederá el tiempo que necesite hasta las elecciones del 2020, donde piensa sacar los frutos de los placebos que ha ido repartiendo, antes de que la realidad demuestre que, todas sus promesas se convierten en agua de borrajas y, el país entero, vuelva a caer en una depresión todavía mayor de la que hemos acabado de superar, sin que, en esta ocasión tengan a una persona como Rajoy, que les pueda solucionar lo que, en el 2011, los socialistas no fueron capaces de lograr.

Ahora sí, la desfachatez de estos señores alcanza límites insospechados. El señor Puigdemont, con toda su cara dura, a salvo en Bélgica, viviendo en el palacete de Waterloo, con todas sus comodidades, rodeado de su guarda de corps y disponiendo de un sustancioso sueldo, que le pagamos entre todos los catalanes, creyéndose el presidente de una imaginaria república catalana, desde la cual imparte sus órdenes al mandado de Torra convencido, a su vez, de su importancia como garante de la futura independencia de Cataluña que, inmerso en esta creencia, se dedica a desplazarse por todo el mundo para entrevistarse con cualquiera, no por supuesto con las primeras autoridades del país, pero sí con cualquier gregario que tenga el humor de escuchar sus sandeces sobre una “próspera e independiente Cataluña” sin explicarles, por supuesto que dicha autonomía, no nación, tiene una deuda “nacional” por encima de los 75.000 millones de euros y que, si no fuera por el respaldo del Gobierno español, no obtendría un euro en inversiones ni dispondría del dinero preciso para pagar los intereses de los bonos que emitió y que no puede cancelar por falda de la liquidez precisa.

Pues, como decíamos, este Quim Torra parece que le ha cogido gusto a viajar de gratis (a cargo de los presupuestos de la Generalitat) a países extranjeros, como si fuera un personaje de la alta política, por supuesto sin país al que representar, pero intentando dar la apariencia de que pinta algo y que está capacitado para negociar futuras inversiones, pedir créditos u ofrecerse como representante ante, en ese caso los EE.UU, de esta parte de España que ellos ya se han adjudicado antes de que hayan conseguido desagregar un solo metro cuadrado del territorio nacional. En realidad, si no se tratara de una falta de respeto hacia el resto de los españoles y, de paso, no fuera una traición, como funcionarios del Estado que son, resultaría un personajillo tan cómico como Mr. Been o un Sancho Panza, en su ínsula de Barataria, con la gran diferencia de que Sancho era una persona de pocos estudios pero, sin duda alguna, con una inteligencia natural muy superior a la de este personaje, de comedia bufa, al que conocemos como Quim Torra.

Entre tanto, seguimos sin que el señor P.Sánchez del PSOE nos aclare cuáles fueron los puntos que suscribió con Torra y los posibles acuerdos secretos que convinieron, a cambio de que el irreductible separatista se apeara del burro y aceptara el importante soborno que le está ofreciendo y que ya tiene preparado para entregarle, a cambio de las treinta monedas en forma de votos, que le pide en el Congreso de Diputados. Estaría bueno que, después de haberse bajado los calzones ante Torra, para suplicarle los votos que necesita, sucediera que, como ya adelantó la esposa del señor Pablo Iglesias, ahora en función de amo de casa y niñera, la señora Montero, dejara de recibir el apoyo de Podemos a causa de que, los acuerdos que pudiera tener con otros partidos en busca del voto perdido, pudieran significar el dejar de cumplir alguno de los acuerdos que firmaron ambos partidos; en cuyo caso, el apoyo de Podemos se esfumaría y se quedaría sin sus PGE del 2019. Y esto, no perdamos de vista que, al señor Sánchez le pudiera suceder en cualquier momento de esta legislatura y, seguramente, con bastante certeza, le va a ocurrir cuando, unos meses antes de las futura elecciones, quienes le hayan venido apoyando durante la misma decidan que ya basta y que, cada cual mire por sus propios intereses.

O así es como, desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, no pasa día sin que tengamos la impresión de que España está jugándose su destino a cara o cruz, viendo como estamos en manos de quienes anteponen a las necesidades del país, al entendimiento entre las distintas autonomías, al mantenimiento de la unidad del país o a consolidar la salida de esta crisis que todavía no tenemos del todo superada; sin que seamos capaces de vislumbrar ningún rayo de luz si seguimos en manos de quienes han decidido que, si el sol les molesta, ¡bendita sea la oscuridad, vamos a vivir a oscuras¡

Inmunes a los hechos
Teresa Giménez Barbat okdiario 17 Enero 2019

La noticia no ha hecho mucho ruido y por ello, tal vez, merezca la pena un subrayado. El Juzgado de Primera Instancia 41 de Barcelona declaró el pasado día 10 que no hay “prueba alguna” que permita afirmar que Sociedad Civil Catalana (SSC) exalta el franquismo o el nazismo, en una sentencia en la que condenaba a las organizaciones Comissió de la Dignitat, Amical de Mauthausen, SOS Racisme de Catalunya, Fundació Privada Congrés de Cultura Catalana, Fundació Catalunya, y al particular Marcus Pucnik a indemnizar con 15.000 euros y a publicar a su costa el fallo en La Vanguardia.

Los hechos se remontan al 30 de octubre de 2015, fecha en que dichas entidades divulgaron un manifiesto que hablaba, entre otras lindezas, de la existencia de “pruebas e investigaciones [sic] que vinculan SSC con organizaciones de extrema derecha, y por las informaciones publicadas en los medios de comunicación que relacionan SCC y su ex presidente Josep Ramon Bosch con el franquismo y el nazismo”. El texto solicitaba, asimismo, al jurado del Parlamento Europeo que revocara la concesión del Premio Ciudadano Europeo 2014 a SCC, por entender que “la apología del franquismo, del nazismo son incompatibles con valores de la Carta de derechos fundamentales de la Unión Europea”. Ahora, el juez califica el documento de “intromisión ilegítima en el derecho al honor” de SCC, al vincularla a tales conductas. La organización también había demandado a los eurodiputados Josep Maria Terricabras, Ernest Maragall, Ramon Tremosa, Jordi Sebastià, Josu Juaristi y Lidia Senra, verdaderos instigadores del manifiesto, pero el Juzgado les excluyó del caso en aplicación de su inmunidad parlamentaria. Sea como sea, el caso les retrata como lo que son: arietes de la estrategia de criminalización del constitucionalismo.

No era la primera vez que se valían de infundios para presentarse ante sus colegas de Bruselas como víctimas del autoritarismo español, sobran las comillas. De hecho, podría decirse que el cometido de los nacionalistas en el Parlamento comunitario no ha sido otro que exaltar el particularismo catalán y desprestigiar al Estado español, ya sea poniendo en entredicho la independencia de sus jueces o negando sin más su condición de Estado de Derecho.

Yo misma estuve en la diana de una de sus campañas a propósito de una conferencia de Euromind, el foro sobre ciencia y política que promuevo desde 2015, sobre la dimensión psicobiológica de los secesionismos. En ella, el catedrático de psiquiatría Adolf Tobeña exploró los atributos de la frontera etno-nacional y sus fricciones ordinarias, y ahondó en la comprensión de ese fenómeno para descartar con rotundidad la hueca tendencia a postular una mediación psicopatológica. Se trataba de terciar en el desconcierto interpretativo que había suscitado el procés y refutar las explicaciones basadas en enajenaciones o delirios transitorios colectivos. Pues bien, los mismos eurodiputados que calificaron de fascista a SCC, trataron de impedir la celebración del acto (en el que también intervinieron Carsten K.W. De Dreu y Mark van Vugt) con el espurio argumento de que el propósito del mismo era tildar de enfermos mentales a los nacionalistas catalanes. Tremosa, concretamente, remitió una carta al presidente del grupo ALDE, Guy Verhofstadt, en que aseguraba, sin rubor ninguno, que en esas charlas iba a decirse que “ser proindependencia está asociado a una enfermedad mental“, que “dos millones de votantes catalanes iban a ser retratados y presentados de forma muy peligrosa” y que era inaceptable “que se permita que se refieran a Cataluña y a nuestro movimiento político insultándolo o tratándolo directamente como una enfermedad”. Maragall no le fue a la zaga: “Este uso de argumentos psiquiátricos y psicológicos para analizar el crecimiento de determinadas ideas políticas es un recurso propio de regímenes totalitarios”. También entonces hablaron sin pruebas, como en ellos es habitual. En esta ocasión un juez se las ha pedido.

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