AGLI Recortes de Prensa   Domingo 20  Enero 2019

El PP de Rajoy pide el voto para Vox
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Enero 2019

Escribo esto sin conocer el discurso de clausura de Pablo Casado en la Conferencia del PP, aunque doy por seguro que será bueno y abundará en la carta de principios enviada a los militantes en la víspera de lo que se presentaba como la cuadratura del círculo: unir al PP de Rajoy y de Aznar como si ninguno de los dos existiera, o sólo existieran ambos con permiso del joven líder, calculador en su generosidad y generoso en el cálculo. Por desgracia, en el cálculo matemático elemental, dos menos dos son cero. Y uno menos uno, es cero. Y aunque sobre el Cero los hindúes fundaron las matemáticas, dejaron los milagros para sus dioses, diosas y multiespíritus.

Un problema de confianza
Casado ha hecho, está haciendo, un esfuerzo titánico para depurar el PP sin depurar a nadie, para reprogramarlo en clave liberal sin depurar a los que lo desprogramaron en un sentido socialista, para apuntar a cambiarlo todo sin cambiar demasiado ni hacer cambiar a los que no quieren cambiar nada, se niegan a reconocer sus errores y desprecian el peligro mortal que corre su partido ante el auge de Vox. El resultado del intento de intentar desde dentro y por las buenas una tarea que les están haciendo desde fuera y por las malas, es meritorio, pero abocado al fracaso. Porque el problema del PP con su electorado no está en exhibir o no los principios de antaño sino la confianza en que pueda mantenerlos mañana tras traicionarlos ayer.

Es posible olvidar la parte de culpa de Aznar en la situación actual del PP y de España, porque queda lejos, como se olvida la de González en la del PSOE, porque ZP y Sánchez han convertido en mortal e irreversible lo que pudo ser venial y reversible. Pero olvidar la responsabilidad del PP de Rajoy en la situación que padece España ni se puede ni se debe. Rajoy y su larga era en el Partido y el Gobierno no pueden aparecer como parte de la solución del PP ante un electorado que los ven como parte del problema. La paz interna de un partido interesará mucho al partido. A la nación, nada.

El viernes de las puñaladas
Para colmo, si Aznar se empleó a fondo defendiendo el liderazgo de Casado, tanto Rajoy, Pastor y Alonso como, ay, Feijóo, e incluso Maroto, el sorayismo anfibio y simpático, convirtieron el viernes en una enmienda a la totalidad del sábado y el domingo. Y sin alternativa, porque no la tienen. Están para estorbar, como Gallardón -y después Rajoy- contra el partido de Aznar: son la oposición interior al PP, aplaudida por la Izquierda mediática.

Pero estorbar, vaya si estorbaron. El fantasma de Rajoy se apareció al fantasma de Ana Pastor en una alucinante entrevista-butafumeiro que debieron interrumpir los senilistas del Samur o el exorcista más próximo. Como no es posible que en un año pueda deteriorarse tanto la capacidad intelectual y el sentido del ridículo, la perio-ouija permitió comprobar que Falconetti no ha llegado al Poder por casualidad sino porque una provecta cofradía de politicastros encantados de conocerse se lo puso facilísimo. Si la fulgurante deserción del PP de la que se presentó como "Soraya la del PP" mostró que no son gente de fiar, esa penosa actualización del Abuelo Cebolleta con una enfermera sorda eschuchando sus batallitas imaginarias dejó claro que la falta de ética no desmereció nunca el nivel de su estética.

Más grave es lo de Feijóo. Tras gallardonizarse hasta el extremo de insultar a Vox como cualquier columnista de El País y proclamar algo tan absurdo y despótico como decir que "no tiene cabida en Galicia" lo que ha entregado al PP nada menos que Andalucía, sólo a templar gaitas con él y Juan Vicente Herrera cabe atribuir la defensa del Estado de las Autonomías en la citada y presuntamente liberal carta de Casado. No puede decirse que el PP convoca a toda España a unirse en torno a la idea de Libertad cuando se defiende un tinglado genuinamente liberticida. ¿Acaso hay una sola Autonomía que garantice a los españoles más libertad e igualdad ante la Ley de lo que lo haría un Estado unitario o con unas competencias mucho más limitadas que ahora en Seguridad, Educación, Sanidad y Justicia? No. Las Autonomías son demostradamente liberticidas. Que sea difícil matarlas no significa declarar sagrada la enfermedad, en clara metástasis libertófoba.

Maroto y la moto de género
Y el colmo llegó, tras los rezongueos de Alfonso Alonso y el sorayeo que se retrataba junto a Feijóo (será por fotografías) con Maroto, que dicen que es de total confianza de Casado. ¡Con amigos así, para qué enemigos! ¿Pues no sale el Viernes de traiciones en defensa de la Ley de Violencia de Género diciendo que "es indiscutible que existe una violencia contra las mujeres por el hecho de serlo" y que esa posición ideológica del PP, que nunca tuvo hasta que la decretó la izquierda mediática, "es definitiva"?

No existe la "violencia de género". Hay violencia, hay géneros y hay leyes, que no pueden discriminar por género sin dejar de ser leyes, sino por el tipo de violencia ejercida contra una persona, sea mujer, hombre, niño o anciano. Salvo los violadores y los asesinos en serie, que también lo son de niños y de ancianos, las mujeres asesinadas lo son siempre por su cercanía al asesino, no por el hecho de serlo. Eso supondría que todo hombre ejerce la violencia contra toda mujer también sólo por el hecho de serlo. Y eso es tan falso como que Maroto sirve a Casado. A la primera ocasión, traición.

Los tres puntos más débiles del PP con respecto a Vox son los que muestran su incapacidad de lucha ideológica y cultural contra la Izquierda: las Leyes de Memoria Histórica y Violencia de Género y la discriminación sistemática del español en las Autonomías bilingües, también en las del PP. Contra esas tres formas de atropello, asumidas y jaleadas por el rajoyismo, ni una palabra dijo Aznar, pese a estar en contra de las tres. Y sin plantear esa disposición a combatir y no a heredar y mantener lo que la Izquierda va dejando en las Leyes, como ha hecho el PP de Rajoy, que es el que conocen los españoles desde hace quince años, es imposible creer en sus promesas. ¿Cómo creer en ellas si las imaginamos, porque no es capaz de hacerlas?

Una política sin razón de ser
Medio PP, el que apareció el viernes, pedía el voto para Vox, como el toro que, harto de luchar, se dice que "pide la muerte". Ese partido, esa política, para el votante de derechas, sobran. Han demostrado que son cobardemente incapaces de entender lo que pasa en España tras el golpe de Estado en Cataluña; en buena parte, responsabilidad del PP. Ni entienden la profunda humillación nacional que ha supuesto el Golpe ni el movimiento de reacción popular que se manifiesta en Vox. No sé lo que dirá hoy Casado, aunque sé que lo dirá bien, pero lo que ha hecho ese medio PP en cuanto le ha dado ocasión es obligarnos a recordar que, en la derecha, hay alternativa. Tal vez no haya sido buena idea montar un espectáculo con tantos actores en escena que no se saben o no quieren aprenderse el guión.

Andalucía: ¿meter mano a la Administración?
Rafael Jiménez Asensio. vozpopuli  20 Enero 2019

“Los hombres del Norte, actúan; nosotros, charlamos”
(Santiago Ramón y Cajal, Charlas de café, Espasa Calpe/Gobierno de Aragón, 2000, p. 190)

Ya está. El cambio de gobierno se ha materializado en Andalucía. Una vez sean nombrados sus miembros, tocará meter mano a la Administración Pública y a su (denso y extenso) tejido institucional. Quienes llegan vienen con la bandera de la manida “regeneración”, una idea que de tanto airearla ha visto difuminarse sus contornos. No será fácil regenerar lo que, en su fuero político interno, nadie quiere. Pero hay que vender ilusiones y esperanzas. Cambiar una cultura política de más de cuarenta años (por no decir de siglos) en un momento, se me antoja, complejo; cuando no imposible. Más aún si el partido que la tiene que liderar, quien dirige el Gobierno, no ha dado ni una sola muestra de profesionalizar la Administración Pública en los largos períodos que ha estado en el poder central o en los poderes autonómicos y locales.

Sin embargo, en el programa de gobierno pactado por las dos fuerzas políticas que estarán presentes en el Gobierno sí que se habla de “despolitizar la Administración Pública”. Tarea hercúlea. Para comenzar, el perímetro de esa despolitización se achica por sus propios promotores (lo que es viva muestra de que las cosas no son tan fáciles), pues no alcanza ni a los enfáticamente denominados “altos cargos” (una categoría propia de nuestra fauna política hispana) ni obviamente al personal eventual (al que nadie quiere renunciar, aunque todos dirán que lo reducen). Una despolitización, por tanto, blanda o autocomplaciente. Nada que ver con lo que se ha hecho en otros países a los que nos gusta (o nos gustaba) mirar por encima del hombro: Chile o Portugal. Allí, tomando como modelo los sistemas de alta Administración de “los países del Norte”, las estructuras directivas de primer y de segundo nivel (Direcciones Generales/Subdirecciones Generales) se reclutan por medios profesionales y por libre concurrencia.

Se habla de despolitizar otros espacios. Y en el programa citado se recurre siempre, en primer lugar, al sector público institucional. Ni qué decir tiene que ese ámbito de poder paralelo está plagado de clientelismo, pero tanto allí como aquí o en cualquier otro lado de la geografía de este país, da igual donde se mire. Al personal de esas empresas públicas (fundaciones, consorcios y otras entidades) no lo tocarán, pues la estabilidad en el empleo del sector público (da igual cómo se haya obtenido) es materia sagrada. Por tanto, tendrán que limitar la regeneración a sus cúpulas directivas, donde la máquina de cortar cabezas actuará sin piedad. El problema surge de inmediato. Y no es otro que a quién poner y cómo. No hay reglas normativo-institucionales que faciliten una transición ordenada, como tampoco existe una estructura institucional independiente (como la hay en Portugal) que pueda llevar a cabo un proceso de reclutamiento y acreditación de competencias profesionales de los diferentes candidatos si se abriera un proceso competitivo. Inventar eso no es cosa de unos días ni de pocas semanas, menos aún ponerlo en marcha de forma eficiente. Y recurrir a “empresas cazatalentos” puede ser externalizar un tema hartamente sensible sin muchas garantías y con elevados costes. La tentación de seguir como estábamos será muy elevada. Al menos, “transitoriamente”; es decir, para siempre.

Lo mismo cabe indicar del personal empleado público de libre designación, que se cuantifica en más de dos mil efectivos. ¿Qué hará el nuevo Gobierno con los libremente designados?; ¿utilizará la receta del libre cese y su reposición por otros funcionarios también libremente designados?; ¿acudirá a transformar las libres designaciones en puestos de provisión por concurso?; ¿es esta última una solución razonable, ágil y operativa para cubrir puestos directivos en la Administración autonómica?; ¿o pretenderá construir (algo que todavía en España ningún nivel de gobierno ha hecho de forma efectiva: crear una auténtica dirección pública profesional? Aquí la máquina de cortar cabezas será más templada en su aplicación temporal, pero igualmente implacable. Se hará, como siempre se hace, poco a poco, sin que “apenas se note”, aunque el resultado final sea igualmente demoledor.

Las preguntas están en el aire. Pero las respuestas, a mi juicio, son muy sencillas. Salvo que se quiera edulcorar el panorama del clientelismo con medidas cosméticas, cualquier decisión política sobre la profesionalización de la Administración Pública pasa por un cambio cultural de amplio calado (sobre todo, aunque no solo, de cultura política y sindical, también corporativa), una articulación de medidas que formen un programa ambicioso de reformas y, en fin, su traslación al marco normativo mediante leyes que aboguen por la transformación real y efectiva de la alta Administración Pública. Nada de eso se barrunta en el horizonte, sobre todo porque cuando los gobiernos se apoyan en mayorías nada homogéneas en cuanto al cumplimiento de esos objetivos o en coaliciones cosidas con hilo fino (pero de una fragilidad parlamentaria manifiesta), llevar a cabo reformas estructurales como la que aquí se recogen no pasa de ser un pío deseo. Que se lo pregunten al Gobierno central.

En un contexto, en el que ya estamos sumidos (y del que no parece que vayamos a salir a corto o medio plazo), de polarización política, fragmentación creciente y debilidad gubernamental manifiesta, sin posibilidades efectivas de construir transversalidad, así como de estructuras de gobierno volátiles, para las que superar los años naturales de mandato se convierte en actos de heroicidad política, lo más normal es que se produzca un efecto contrario al querido: el de la repolitización permanente de las estructuras gubernamentales y de la alta Administración con un constante vaivén de cambios (“poltronas calientes”, las he denominado en otro lugar) y con el entierro anunciado de la continuidad de las políticas públicas (o, peor aún, el bloqueo absoluto de estas y de cualquier reforma), así como con la continuidad intuyo que disfrazada (para que parezca que todo cambia, aunque todo siga igual) del mismo sistema que siempre ha pervivido bajo un manto de apariencias de cambio. Son muchos siglos de pesado legado histórico cómo para que una fuerza política en posición vicarial pueda hacer algo más que cambiar el decorado. Sin consensos amplios, fuertes y estables, nada de eso se conseguirá. Y, hoy por hoy, eso es un sueño inalcanzable para la política española, sea cual fuere el rincón territorial en el que este problema se plantee. No solo allí.

El marxismo cutre de la derecha
Pío Moa gaceta.es  20 Enero 2019

Al marxismo se la ha criticado como un materialismo porque encontraba en la economía la clave de la conducta y de la historia humana. Realmente se trata de una doctrina muy elaborada, movilizadora y muy difícil de rebatir. De hecho ha sido asumida, a un nivel ínfimo, realmente cutre, por la derecha española, es decir, por el PP: la frase del pensador del Marca “La economía lo es todo” condensa toda la llamémosla “filosofía política” del PP. Con Aznar los separatismos crecieron, cada vez más agresivos y antiespañoles, y el PP se dedicó a alimentarlos con competencias y dinero. La izquierda montó campañas de falsificación histórica contra el franquismo y el PP de Aznar (eso venía ya de Suárez) colaboró activamente con ellas. El PP se sumó a todos los ataques contra España, piénsese en el insulto de nombrar “padre de la patria andaluza” a un orate islamizado e imponer una bandera islámica como propia de la región. En definitiva, ¿qué importaban todas esas “menudencias”, al lado de la marcha de la economía? Aznar por lo menos acertó con la ETA e hizo un esbozo de política internacional para España, ambas cosas arruinadas a conciencia por Zapatero, con quien se aceleró el proceso de putrefacción del régimen del 78.

Y con Rajoy ha sido el colmo. Este botarate siguió las políticas de Zapatero y las intensificó. Es asombroso que haya pasado por un político “inteligente”, simplemente porque mostró un desprecio, por otra parte merecido, hacia los periodistas. Con él, la escalada de fechorías contra España y la democracia crecieron sin parar. Pues ¿qué importaba que se siguieran aplicando leyes antidemocráticas, falsarias y antiespañolas como las de memoria histórica? ¿O liberticidas contra el estado de derecho como las de género? ¿O que el español fuera perseguido en varias regiones de España, prácticamente vaciadas de estado común? ¿Que la ETA, rescatada por Zapatero, se convirtiera en una gran fuerza política en Vascongadas y Navarra? ¿Qué importaba la invasión de España por Gibraltar? ¿Qué importaba la colonización cultural por el inglés y la entrega ilegal de soberanía y tantos otros desmanes contra la si la economía iba bien? Es más, parecía que estas últimas cosas ayudaban a la economía… que tampoco mejoraba mucho, solo poco a poco, con costes muy elevados en deuda pública y con el paro y la precariedad más altas de Europa. Por una especie de justicia poética, el necio cayó por la corrupción económica, y nos dejó al mando del país a un delincuente apoyado en los separatistas y con un gobierno de tiorras desquiciadas.

La filosofía política de un partido tiene la mayor importancia. Y la del PP es esa, una especie de marxismo cochambroso, que hace imposible la regeneración. Durante todos estos años ha intentado impedir que surgiera una alternativa decente, patriótica y democrática y al final ha fallado. Por eso el mayor enemigo para el PP es actualmente VOX. Los ingenuos creen que el PP ha rectificado: ni lo ha hecho (para ello necesitaría un muy duro análisis de lo que ha venido haciendo desde hace muchos años), ni lo hará. Solo intentará timar una vez más a los votantes ilusos. Ello no impide que el PP y VOX puedan llegar a acuerdos parciales y concretos como el que ha echado al PSOE del poder en Andalucía. Pero nada sería más erróneo y peligroso para VOX que convertir esos acuerdos en una estrategia general o en una política de “amistad” con un partido más nefasto que el propio frente popular actual. Pues ha seguido la política de este, engañando a mucha gente y bloqueando una alternativa. Ahora que ya el bloqueo se ha roto, buscará el modo de volver a llevarla a la nada. Tiene larga experiencia “política” y mañas de sobra para ello.

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De lo que ha de huir el PP es de la corrupción y la incoherencia
EDUARDO INDA okdiario 20 Enero 2019

Ciertamente, la Convención del PP en Madrid no es el Congreso que refundó el partido hace 29 años en Sevilla. El de las “tutelas y las tutías” de Manuel Fraga a un José María Aznar que le había entregado una carta de renuncia que dejaba sine die a disposición del presidente fundador. Entonces había ilusión por llegar a la tierra prometida, unas ideas claras y un liderazgo impactante. Era un colectivo con principios, valores y que aún no había caído en ese fango de la corrupción por el que antes o después se han precipitado todos los partidos del arco parlamentario. Que el trinque no es copyright exclusivo del PP. Ni mucho menos, Gürtel es minúsculo al lado de los ERE o ese caso Pujol que consiste en que robas 3.000 millones y no vas a la trena.

Mariano Rajoy, al que siempre agradeceremos que nos salvara de un rescate que nos hubiera convertido en un protectorado del FMI, la UE y el BCE, aprovechó el viernes el tiempo que le regaló generosamente Pablo Casado para meterle una patada en el lugar donde la barriga pierde su casto nombre. “No es bueno el sectarismo ni son buenos los doctrinarios”, aseguró en obvia referencia a Pablo Casado y al padrino de ambos, José María Aznar. Como si Vox lo hubieran creado el uno o el otro y no fuera lo que es, una involuntaria escultura cincelada por el político santiagués.

Tengo el mejor de los conceptos de Mariano Rajoy. Especialmente, en el terreno personal. Creo que es un magnífico tipo. Pero convendría recordarle que fue durante su hégira cuando se pasó de 186 diputados a 137, es decir, 49 actas menos que se dice pronto. Y el tsunami silencioso que representa Vox no es sólo cuestión de los vientos populistas que recorren el planeta porque no son extrema derecha sino derecha pura y menos dura de lo que dicen sino, sobre todo y por encima de todo, consecuencia de ese abandono de los principios y valores fundamentales que siempre abanderó el Partido Popular.

Hay muchos pecados originales pero uno sobresale por encima de los demás: el de la corrupción, el de lo que toda la vida se ha dado en llamar mangancia. Cierto es que la mayor parte del PP en B comenzó en la etapa de José María Aznar como que durante el marianismo se reformó Génova 13 con varios millones de euros en esos billetes de 500 denominados popularmente “bin ladens” porque todo el mundo sabe que existen pero nadie los ha visto. De los polvos de la corrupción viene la pérdida de más de tres millones de votos pero de los lodos del abandono de los principios nació Vox.

El cobro de sobresueldos black, la incapacidad (o la holgazanería) a la hora de atajar a los mangutas repartidos a lo largo y ancho de la geografía nacional, los Rus, Matas, González y cía, el “Luis sé fuerte, hacemos lo que podemos” que desvelamos Urreiztieta y yo, el trato de favor a la Infanta Cristina en el caso Urdangarin, la protección a Jordi Pujol, los tejemanejes con Artur Mas, los chanchullos de ese Equipo Económico antaño bautizado con el elocuente nombre de Montoro y Asociados, Gürtel, El Bigotes, Correa y un largo etcétera sepultaron para mucho tiempo o tal vez para siempre la mayoría absoluta popular. De todo eso es de lo primero que tiene que huir tu partido, querido Mariano.

Porque sin ese pecado original seguramente Ciudadanos no existiría o sería una minúscula parte de lo que representa hoy día. Y desde luego el PP continuaría instalado en los 11 millones de votos gobernando por segunda legislatura consecutiva con una imponente mayoría absoluta. Con los mimbres de la corrupción se fabricó el salvoconducto perfecto para que Albert Rivera volara, soñara y pensara en grande a nivel nacional. Siete millones y pico de almas optaron por continuar votando a Rajoy con la nariz tapada pero tres decidieron pasarse con armas y bagajes a las papeletas naranjas.

El gran destrozo que Ciudadanos no supo rentabilizar fue el de los principios y los valores. Un pasito palante, otro pasito patrás, unos días liberal, otros socialdemócrata y al final los electores se hicieron un lío y el sorpasso quedó pospuesto sine die. Quienes sí aprovecharon las traiciones de los unos y las dudas de los otros fueron los chicos de Vox que, con poco dinero y mucha fe, fueron sisando lentamente los cimientos más sólidos que debe tener una formación política: los principios.

La tan confiscatoria como salvaje subida de impuestos de enero de 2012, que superó de largo las propuestas electorales de Cayo Lara dos meses antes, fue el principio (y nunca mejor dicho) del éxodo popular. Y la puesta en libertad ese mismo verano del etarra Bolinaga, uno de los malnacidos que tuvo 532 días en un zulo inmundo a Ortega Lara, fue la gota que colmó el vaso. El a la sazón ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, aseguró que era “un gesto humanitario con una persona a la que le quedan semanas de vida”. El secuestrador de ese muerto en vida que fue Ortega Lara (casualmente ahora en Vox) falleció tres años después. Lo que para el pan sin sal que es Fernández Díaz eran “semanas” para Bolinaga, al que Satanás tenga en su gloria, fueron tres años en los que se le dedicaron todo tipo de homenajes mientras el Gobierno de España hacía la vista gorda.

Jaume Vives, el fantástico muchacho que revolucionó las noches barcelonesas poniendo el “¡Que viva España!” a todo gas, le pegó un repasito guapo a Rajoy durante la Convención del PP. Le recriminó lo obvio: “El 155 llegó tarde y mal”. El presidente metió la puntita por miedo, por complejo y se echó sin necesidad en brazos de PSOE y Ciudadanos, que le dictaron un 155 de menos de dos meses que no sirvió para nada porque la vida sigue igual. Cospedal y otros seis miembros de su Gabinete le invitaron a situar la fecha de caducidad en al menos un año. Ni caso. Prefirió oír los cantos de sirena de una Soraya que era la menos experimentada del Consejo de Ministros, básicamente, porque aterrizó en la primera línea de la política con 36 años. Algún día alguien tendrá que explicar por qué unos payeses les hicieron la cobra con las urnas y por qué Puigdemont y varios consellers se las piraron de España con pasmosa facilidad.

Por no hablar de los coqueteos ideológicos con un PNV que es inequívocamente independentista o la relativización que Sémper y algunos otros hicieron del fenómeno proetarra Bildu. No eran boutades sino torpedos a la línea de flotación de un partido que tiene más muertos a manos de ETA que nadie: 14. Goyo Ordóñez, Miguel Ángel Blanco y todos los demás asesinados por ETA seguro que aún se revuelven en la tumba ante tamaña infamia. Por no hablar de la creación de ese monstruo que es Pablo Iglesias y de la sublimación de Podemos por obra y gracia de la de siempre: Soraya Sáenz de Santamaría.

¿Que tiras los valores a la basura?, no te preocupes, que ya los rescataré yo del vertedero. Y esos homeless de la política son hoy día una formación (Vox) que atesta palacios de congresos como el de Zaragoza el jueves pasado dejando a 1.000 personas en la calle mientras el PP tiene que presentar a sus candidatos en Madrid ciudad y Madrid comunidad en un minúsculo cine de la calle de Goya. Rajoy llama burlescamente “sectarismo y doctrinarios” a los principios y a los que los tienen, a los que aún creen en unos valores, en un modelo de sociedad, en una visión de España. Si se borran las diferencias entre la derecha y la izquierda, ganará siempre la izquierda, que además maneja el 75% de los medios patrios. Tendría triste gracia que el político más honrado y mejor preparado de su generación, Pablo Casado, se comiera el marrón que por acción u omisión urdieron otros. La vuelta al principio, ésa y no otra es la cuestión, querido amigo.

¿Tiene Vox cabida en Galicia?
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 20 Enero 2019

Se acercan las elecciones municipales en toda España que, además, son elecciones regionales en la mayor parte de las comunidades autónomas. Una de las cuestiones que se suscitan es si "Vox" tiene futuro en Galicia. El dirigente del PP en Galicia y presidente regional, Alberto Núñez Feijoo ha dicho que "Vox" "no tiene cabida" en Galicia. Por su parte, el número 2 de Vox, Javier Ortega Smith, dice que van a ser "decisivos". ¿Qué puede ocurrir?@Desdelatlantico.

I. UN POCO DE HISTORIA: DE LA FRAGMENTACIÓN AL MONOPOLIO DEL PP
En los inicios de la transición, el espacio de la derecha en Galicia estuvo fragmentado en dos ejes. Por un lado, el eje "centralismo/regionalismo" y por otro el eje "centro/derecha". Ello dio lugar a la presencia de tres partidos en esos primeros años: el regionalista de derecha "Coalición Galega" el regionalista moderado de centro "Unión de Centro Democrático" y el centralista de derecha "Alianza Popular". Las circunstancias políticas, en las que no voy a entrar, llevaron a que el monopolio del espacio de la derecha fuera asumido por el Partido Popular desde la década de los noventa. El Partido Popular se configuró como un partido de "centro-derecha" que conjugaba una retórica nacional española y una retórica galleguista (nacionalismo gallego "moderado").
NI en las elecciones municipales ni en las regionales se ha roto ese monopolio hasta esta fecha, 2019. Bien es cierto que al mantenimiento de ese monopolio ayuda la elevada barrera electoral (5%) que impuso Manuel Fraga Iribarne que opera como elemento disuasorio frente otras opciones en las elecciones regionales.

II. LOS INTENTOS DE ROMPER LA HEGEMONÍA DEL PP
1. El intento de UPyD.
UPyD aparecía como un partido de centro-izquierda pero que se configuraba como alternativa al PP en cuanto defensor de una política centralizadora.
Los primeros intentos de romper ese monopolio los protagonizó Unión de Progreso y Democracia (UPyD) que en las elecciones generales de 2011 llegó a ser el 5º partido en votos en Galicia. En las elecciones regionales de 2012 pareció consolidar una base electoral, aún insuficiente, pero los errores de su dirección que condujeron a su desaparición política frustraron ese camino.
Para ello, los medios subvencionados por la Junta de Andalucía, y los propios partidos con representación parlamentaria en Galicia emprendieron una feroz campaña contra UPyD y su lideresa Rosa Díez González. Como escribí en este blog:

los medios afines al gobierno regional de Núñez hayan manipulado de forma algunas declaraciones de la jefa nacional del partido, Rosa Díez González, e incluso que se dediquen a mentir sobre las posiciones de este partido en relación con las lenguas regionales.
En febrero de 2010, Rosa Díez dijo que "Zapatero es gallego, en el sentido más peyorativo del término". Esas declaraciones provocaron una reacción histérica de quien no es capaz de entender que si gallego puede usarse en un sentido "peyorativo" es porque también puede usarse en un sentido "meliorativo" y de quien hace como que no sabe que casi todos los gentilicios (incluidos los locales de Galicia, en su uso dentro de Galicia) pueden usarse en sentidos distintos y aun opuestos: "francés" puede significar chauvinista... o refinado; "italiano" puede significar estilístico o frívolo y superficial, etcétera, etcétera....
El hecho es que el Parlamento de Galicia, con mayoría absoluta del PP, no tuvo más ocurrencia que formular en marzo de 2010 una "condena institucional" de las palabras de Rosa Díez suscrita por los tres partidos que lo oligopolizan hasta el momento el mismo: PP, PSOE y BNG.
Para darse cuenta de que esta "condena institucional" no estaba guiada tanto por el amor a lo gallego cuanto por el odio a Rosa Díez valga la pena recordar que unos meses después, en septiembre de 2010, el entonces presidente catalán José Montilla Aguilera también había utilizado la noción de gallego en un sentido peyorativo. Un año después, en septiembre de 2011, su sucesor en la presidencia regional catalana, Artur Mas i Gavarró, se burló del acento gallego en el Parlamento catalán.

2. El intento de Ciudadanos.
La historia de Cs ha sido algo distinta.
En las elecciones municipales de mayo de 2015 por primera vez en mucho tiempo los candidatos de Ciudadanos obtuvieron concejalías, aunque ninguna alcaldía, en algunas de las ciudades más importantes de Galicia.
En las elecciones generales de diciembre de 2015, Ciudadanos consiguió, sorpresivamente, un diputado por Coruña. El elegido, Antonio Rodríguez, era un neófito y perfecto desconocido en la política. Pero lo perdieron en las elecciones de junio de 2016 por los errores del diputado y del partido. Este descenso se hizo notar meses más tarde, cuando en las elecciones regionales de octubre de 2016 su candidata, Cristina Losada Fernández cometió algún error de principiante que fue oportunamente magnificado por los medios subvencionados a los que imprudentemente dio munición dejándose "entrevistar"...
Por si fuera poco, en esa campaña hubo divergencias públicas entre un alto responsable de Cs en Galicia y el portavoz parlamentario de "Ciudadanos" en el Congreso que, supuestamente, vino a hacer campaña a favor de su antigua compañera en Libertad Digital... pero que en realidad terminó de hundirla.

III. ¿SE DA UN "MOMENTO VOX" PARA GALICIA?
El resonante éxito de Vox en las elecciones al parlamento regional andaluz ha situado a este partido en el centro del debate. Y ello plantea la pregunta de qué papel puede jugar Vox en las elecciones municipales gallegas. Núñez Feijoo ha dicho que Vox "no tiene cabida" en Galicia y . Ortega Smith dice que van a ser "decisivos".
A pesar de la torpeza mostrada en la negociación andaluza, juega a favor de Vox que Núñez Feijoo representa al rajoyismo que es, precisamente, lo que no quieren los votantes del PP que se pasan a Vox. Las tensiones provocadas por el separatismo catalanista han llevado al primer plano la discusión sobre el "Estado de las autonomías". Y todo hace pensar que la brecha que intentó provocar UPyD, que tampoco ha conseguido causar Ciudadanos puede tener ahora su momento. Que esto vaya a tener la magnitud que ha tenido en Andalucía lo veo difícil porque no será fácil formar candidaturas en los numerosos municipios de Galicia cuando ese partido no tiene ninguna implantación o estructura aún. Sin embargo, considero probable que puedan obtener concejales en varias de las grandes ciudades de Galicia y que, en algún caso, puedan llegar a ser decisivos. El tiempo, pronto, despejará todas las dudas.

Pronto veremos qué ocurre.

PSOE y PNV se aliarán tras las municipales: vía libre al Estatuto Vasco a cambio del ‘sí’ a los Presupuestos
Carlos Cuesta okdiario 20 Enero 2019

El Gobierno se acaba de encontrar con un problema con el que no contaba en Cataluña: el prófugo Puigdemont está dispuesto a torcer el deseo del PDeCAT de pactar los Presupuestos.

La postura de Puigdemont hace que Moncloa tenga que ser más generosa si quiere sacar adelante su norma económica. Y el primero que ha olido a nuevas ganancias ha sido el PNV, que no ha tardado en pedir más: un calendario concreto de transferencias, la reforma del Estatuto Vasco y un apoyo sistemático al PNV por parte del Partido Socialista tras las municipales.

La exigencia es dura y vuelve a mostrar que el Gobierno de Sánchez es un Gobierno de hipotecas. Un Ejecutivo que aguanta mientras aguante la chequera de los pagos. Y el PNV se siente más fuerte ante la debilidad de Sánchez.

Por ello, y por la evidencia de una alianza tras las elecciones municipales entre EH Bildu y Podemos, el PNV ha querido asegurarse el respaldo de los socialistas a sus siglas unas vez cerrados los comicios.

El respaldo mutuo será fácil de llevar para ambas formaciones -han pactado en casi todas las poblaciones vascas donde han podido-. Y lo será, pese a ser contra natura del socialismo –el PNV es un partido de derechas-, porque le sirve al PSOE para una sola cosa: mantener la gobernabilidad nacional y a Sánchez en el sillón de La Moncloa.

Ferraz ha dado ya su beneplácito a esta estrategia. Y está dispuesto a apoyar, no sólo a los grupos municipales del PNV en cada ciudad, sino también, a comprometerse a un calendario de transferencias de competencias concreto y a impulsar de forma efectiva la reforma del Estatuto Vasco.

A cambio, el PNV mantendrá el apoyo a los Presupuestos presentados por Sánchez. Aunque eso sí, siempre que vea que el resto de socios del Gobierno lo apoyan de forma suficiente como para contar con su aprobación. Y es que el PNV lo que no está dispuesto es a un desgaste en solitario.

La consigna oficial del Partido Nacionalista Vasco pasa por que ellos no pondrán problemas a estos Presupuestos. Que están dispuestos a negociar y a dar el apoyo, aunque no harán pública su postura hasta saber si hay apoyos reales en el resto de fuerzas como para impulsar los Presupuestos del PSOE.

Pedro Sánchez, como pago, está dispuesto a negociar las exigencias económicas de los vascos e, incluso, parte de las políticas como el acercamiento de presos etarras a las cárceles y el traspaso pleno de las competencias penitenciarias al Gobierno regional de esta comunidad autónoma.

Hay que recordar que esta postura sigue una ruta marcada desde el inicio por ambos partidos. Y es que lo cierto es que Sánchez garantizó al lehendakari, Íñigo Urkullu, el avance hacia su nuevo Estatuto separatista y la reforma constitucional en pleno pacto de la moción de censura que elevó al poder nacional al secretario general del PSOE. Y ese acuerdo incluyó abordar incluso una reforma constitucional con reconocimiento de las “singularidades vascas” y “el desarrollo hacia el nuevo Estatuto vasco”.

Ese proyecto de Estatuto es el que contiene el referéndum de autodeterminación en el País Vasco. Una norma impulsada por el PNV pero que cuenta ya con la simpatía de los proetarras de Bildu.

Histerias
El socialismo ha sido, desde sus orígenes, una ideología histérica
Jon Juaristi ABC

La histeria es un trastorno del deseo: A cree desear a B cuando realmente desea a C. Esta situación, generalmente sin salida, produce síntomas variopintos: desde ceguera a embarazos histéricos y, en todo caso, hiperestesia y ataques de nervios. Durante mucho tiempo se creyó que se trataba de un desarreglo típicamente femenino. Los griegos pensaban que el útero (hystera) era un órgano móvil que saltaba de un lado a otro en el cuerpo de las histéricas provocándoles todo tipo de alteraciones. El psicoanálisis le atribuyó una etiología psíquica y libidinal, lo que, dígase lo que se quiera, fue un avance.

El socialismo sedicentemente democrático es una ideología histérica: afirma desear la democracia pero desea la dictadura del proletariado, o sea, la dictadura perpetua del partido socialista. La democracia liberal es, como su nombre indica, un invento del liberalismo en el que los socialistas jamás tuvieron nada que ver. Para los socialistas, la democracia liberal representa sólo un medio para acercarse gradualmente al verdadero objeto de su deseo. Y si les parece que va demasiado lenta para su gusto, no tienen empacho alguno en cargársela, como ya lo anunció Largo Caballero en la campaña electoral de 1933 y pusieron por obra él mismo y Prieto un año después, con el argumento de que resultaba intolerable la entrada de la CEDA en el Gobierno de la II República. La democracia sólo es aceptable para los socialistas en la medida en que sea perceptible su progresiva autodestrucción. Y a eso le llaman reformismo, con todo el morro.

Venezuela es la expresión más acabada de la aniquilación de la democracia desde las instituciones del Estado de Derecho cuando estas son ocupadas por la izquierda populista, y por eso gusta tanto a los socialistas españoles, que admiran la eficacia y falta de escrúpulos de aquella. La movilización callejera de la chusma adicta ha sido uno de los recursos principales del chavismo para acabar con las libertades políticas. Los futuros podemitas encontraron en él su inspiración para poner en marcha sus cercos al Congreso y sus escraches hace casi una decena de años, pero no necesitaban haber ido tan lejos: el PSOE les había dado un perfecto ejemplo de kaleborroka en sus asaltos a las sedes del PP, el 13 de marzo de 2004, cuando los socialistas españoles se cansaron de la democracia y de la Constitución de 1978.

Andalucía se ha convertido, desde esta semana, en un nuevo laboratorio de la movilización chavista contra la democracia, atizada por el PSOE y su aliados comunistas. Pero no todo es mimetismo tropical en la histeria antiparlamentaria de los socialistas andaluces. Hay en su retórica liberticida un elemento castizo, tomado de Largo Caballero y de Indalecio Prieto. Como para este par de golpistas, la autojustificación de la actual revuelta antidemocrática encabezada por el socialfeminismo subvencionado reside en una supuesta amenaza de fascismo, encarnada por Vox como en 1934 por la CEDA (o sea, por lo más liberal -¡y republicano!- que podía esperarse entonces en el catolicismo militante). Conste que advierto en Vox aspectos histéricos que no me gustan nada, pero, al contrario que el PSOE y su Gobierno, las huestes de Abascal no representan un peligro inmediato para la democracia (aunque si se guardasen sus propuestas de rectificación de la Constitución, mejorarían mucho). Sus dirigentes podrían empezar mirándose en el espejo cóncavo del Callejón del Gato que le ofrece la histeria socialista hasta en sus más menudos detalles, como por ejemplo, el proyecto de feminizar el texto de la Carta Magna. Por ahí se empieza. Y ojo, porque con histéricos al mando, el personal se vuelve fácilmente paranoico.

Tres heroínas
En memoria de Gregorio Ordóñez, la indómita esperanza de España
Hermann Tertsch ABC

Ayer estaban otra vez en el cementerio de Polloe, 24 años después. Habían vuelto a reunirse, como cada año, con un fiel grupo de amigos, para recordar a un español asesinado por serlo. Por ejercer su dignidad y libertad como hijo de España en el entorno más hostil imaginable, el de esa ciudad tan espectacularmente bonita como es San Sebastián. Sí, esa estrella entre los destinos turísticos europeos, la Bella Easo, en la que nadie parece ya recordar que cada pocas manzanas hay una inmensa mancha de sangre invisible en las decenas de escenarios de asesinatos terroristas. De crímenes no remotos de guerras civiles ni invasiones, sino de asesinatos recientes para sembrar el terror y echar a España de esta parte de España, un objetivo tan canalla como parcialmente logrado.

Muchos españoles piensan que es mejor pasar página. Aun más ahora que ETA ya se ha disuelto oficialmente, dicen. A los muertos nadie los va a resucitar. Y los asesinos detenidos y condenados vuelven poco a poco a sus casas y, total, ya no van a matar más. Otros muchos asesinos siguen impunes y viven en ciudades y pueblos vascos o navarros con la práctica certeza de que el Estado ya no les busca. Antes persigue la Policía a algún español honrado por decir una verdad que irrite a la oficina fantasmal del siniestro Plan de Acción de Lucha contra los Delitos de Odio, que es todo lo que no guste al Ministerio de la Verdad. No será este gobierno, asociado con separatistas, golpistas y los herederos de ETA en Bildu, el que inste a buscar a asesinos de ETA por crímenes nunca investigados y cerca de la prescripción.

Pero hay muchos españoles, cada vez más cabe pensar a la vista de lo que ahora pasa, que saben que, con su indolencia y su renuncia a la defensa de la verdad y la justicia en pasadas décadas, España ha generado una sociedad cada vez más débil, vulnerable y confundida. Son los que añoran y demandan una reacción nacional para la reconstrucción de una sociedad española reconciliada consigo y con su historia verdadera, con fuerza, conciencia y autoestima para luchar contra los inmensos retos del presente. Un pilar central ha de ser el cultivo de memoria y justicia para esos españoles muertos en la vil operación de exterminio de la presencia de España en ciertas regiones, sobre todo en País Vasco, Navarra y Cataluña. Entre esos españoles indómitos destacan estas tres heroínas, figuras centrales de la inspiración para la lucha en demanda de justicia y verdad por el bien de España. Son Ana Iríbar, Consuelo Ordóñez y María San Gil, tres mujeres coraje, un regalo providencial para todos los que creemos en una España con justicia y libertad para todos los españoles en todos los rincones de la patria. Ayer ante la tumba del marido, hermano y amigo, aquel valiente e inolvidable joven español que era Gregorio Ordóñez, las tres heroínas eran, una vez más, el símbolo de la indómita esperanza.

Un «nido» de ETA en San Sebastián
Víctimas de la banda relatan a ABC cómo ha cambiado la Parte Vieja tras el fin de la violencia terrorista
Adrián Mateos ABC

Durante sus cinco décadas de actividad criminal, ETA vertió en San Sebastián la sangre de cerca de un centenar de personas. Uno de los nombres que la banda puso bajo la diana fue el de Gregorio Ordóñez, quien finalmente sería asesinado el 23 de enero de 1995 en el bar La Cepa. El entonces teniente de alcalde del Ayuntamiento donostiarra no llegó a ver el rostro de su verdugo, posteriormente identificado como Valentín Lasarte, que le descerrajó un tiro por la espalda antes de huir a la carrera por las arterias de la Parte Vieja. Un enclave que terroristas y simpatizantes tomaron por la fuerza en los años de plomo y que aún hoy alberga vestigios de esa oscura etapa de la ciudad.

Los carteles y pintadas en favor de los presos de ETA y de organizaciones vinculadas a la izquierda radical crecen en número y tamaño conforme se accede al núcleo duro de la Parte Vieja. Una de las calles más conflictivas durante la década de los 80 y los 90 fue la de Juan de Bilbao, donde perviven una «herriko taberna» y varios locales de naturaleza proetarra. «Cuando quemaban autobuses en el Boulevard o hacían manifestaciones venían aquí a refugiarse», explica Jorge Mota, delegado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en el País Vasco, que apunta que en este tipo de establecimientos se escondían también armas como cócteles molotov.

Bien lo sabe Albino Alfredo Machado, que en su juventud trabajó en un restaurante próximo a esta calle. El cocinero, víctima en 1996 de una bomba lapa que le mutiló parte de un pie, afirma que el clima de «crispación» que imperaba en el casco histórico donostiarra llevó a muchos hosteleros y comerciantes a la ruina. Él mismo tenía problemas para acudir a su puesto de trabajo, pues la Policía Nacional sellaba con regularidad los accesos al barrio: «Lo primero que te miraban eran las manos y cómo ibas vestido -destaca-. Algunas veces te dejaban entrar, otras tenía que venir a buscarme mi jefe». En alguna ocasión llegó a «cobrar», asevera, por verse envuelto en altercados entre proetarras y policías.

Aunque la Parte Vieja sigue siendo un «nido» de radicales, Mota pone de relieve que el miedo a caminar por sus calles ha desaparecido. Explica el delegado de la AVT que la ciudadanía ha ganado «libertad de movimiento», pues no existe preocupación de sufrir un atentado. A ello ha contribuido enormemente el regreso de las patrullas de la Ertzaintza, cuyos agentes acostumbraban a vigilar el barrio vestidos de paisano durante los años de plomo.

La sensación de convivencia, sin embargo, es ilusoria: «Cuando les rascas un poco sacan la agresividad», asevera Mota, quien recuerda que los vecinos de San Sebastián «no pueden defender públicamente la libertad de España o pedir que los presos cumplan condena en cárceles de fuera del País Vasco» sin recibir amenazas o insultos de los custodios del nacionalismo radical. Solo las Fuerzas de Seguridad, subraya, impidieron que los proetarras fueran más allá de las palabras en actos de protesta como el que la AVT celebró el año pasado en Alsasua. «Eso es algo que no ha cambiado», coincide Machado, que incide en la imposibilidad de reivindicar la españolidad en la capital de Guipúzcoa.

«No eres mi abuela»
La de finales del siglo XX fue una etapa difícil para la mayoría de los vecinos de San Sebastián, la ciudad más castigada por la tiranía de ETA. A menudo, la pérdida de un familiar a manos de los terroristas constituía para sus allegados apenas el inicio de un largo calvario. El propio Mota, hermano del funcionario de prisiones asesinado Ángel Jesús Mota, conoció la crudeza de la sociedad de la mano de la que fue su cuñada, que tras el atentado cortó toda relación con su familia política.

«En el momento en que murió mi hermano nos prohibió acercarnos a ella y a sus dos hijos, con los que hasta la fecha no tenemos el más mínimo trato -explica-. Mis padres no han podido ver crecer a sus nietos, que eran lo único que les quedaba de Ángel Jesús». El detonante de este súbito alejamiento pudo ser ideológico, pues con el tiempo descubrió que una de las hermanas de su cuñada pertenecía a Herri Batasuna. «No dábamos crédito, tener que encontrarme con una persona de tan poco corazón me genera aún mucho más dolor», lamenta.

Los intentos que ha realizado la familia para contactar con los hijos de Ángel Jesús resultaron infructuosos. Su propia abuela, madre del fallecido, se acercó hasta el instituto en el que estudiaba uno ellos para tratar de hablar con él. La respuesta del joven fue demoledora: «Tú no eres mi abuela, tú eres una fascista».

«¿Qué le habrán explicado? ¿Cómo le habrán vendido la historia?», se pregunta un perplejo Machado, que lamenta que para una parte de la sociedad vasca «los asesinos se han terminado convirtiendo en víctimas». El problema, apunta, hay que buscarlo en los colegios y los institutos, que siguen sin explicar a los alumnos lo acontecido en el territorio: «En el País Vasco hay gente joven que sabe de todo sobre la Guerra Civil pero que desconoce que hace diez años aquí se estaba matando», denuncia el excocinero, que augura que ciertas corrientes políticas «no quieren que se sepa la verdad».

Un clima asfixiante
El clima de violencia de la Parte Vieja se tornó aún más asfixiante a raíz de la muerte de Gregorio Ordóñez. Para los políticos de las formaciones constitucionalistas, este enclave de San Sebastián quedó totalmente prohibido: «No nos dejaban ir, nuestros propios escoltas nos decían que no fuéramos por determinados sitios», explica María San Gil, expresidenta del PP vasco e íntima colaboradora del exteniente de alcalde de San Sebastián, que reconoce que padeció un shock postraumático tras presenciar el asesinato de su jefe y amigo.

«Fue muy duro, es algo difícil de digerir», explica la dirigente donostiarra, que hace hincapié en que los etarras acabaron con la vida de Ordóñez a sabiendas de que era «una amenaza para su proyecto político». «Decía que con los terroristas no había nada que negociar salvo el color de los barrotes», recuerda San Gil, que reconoce sentirse frustrada ante el hecho de que los radicales finalmente hayan logrado acceder a las instituciones «como si fueran demócratas de pleno derecho».

Cuando Jaime Mayor Oreja relevó a Ordóñez como aspirante a la alcaldía de la capital donostiarra, María San Gil tenía dos opciones: «O me iba a mi casa a llorar o daba el paso a la primera línea». No tardó en decidirse, subraya la también exparlamentaria vasca, convencida de que era necesario «reaccionar» para que a la banda terrorista «no le saliera todo gratis». «Tampoco sabíamos lo que nos venía. La escolta, la falta de libertad, el miedo, las amenazas -recuerda-. Yo he llegado a estar en mi casa dando el biberón a mi hija mientras 40 personas me gritaban y me amenazaban desde la calle».

Apenas hace un año y medio que San Gil camina por la calle sin escolta, algo que al principio, confiesa, le dio «mucho miedo». Pero a cambio, dice, ha recuperado la felicidad: «He venido en autobús, he vuelto a conducir, puedo hacer lo que quiera sin pensarlo en la víspera -afirma-. Hasta ir a comprar el pan de repente me parece un lujo».

Enseñar a Rajoy
Les va a recordar demasiadas cosas a los votantes del PP que se fueron a Ciudadanos o a Vox
Antonio Burgos ABC 20 Enero 2019

Don Mariano Rajoy Brey estaba lo que los toreros llaman tapadito, alejado de la política activa, en su Registro de la Propiedad, y de pronto el PP lo ha sacado. Y no por una, sino por dos veces. Y en dos sitios distintos: en Sevilla y en Madrid. No sé en Madrid, porque no gasto Capital del Reino, pero en Sevilla, en la toma de posesión de su designado Moreno Bonilla como primer presidente no socialista de la Junta de Andalucía, el que le ha puesto el «The End» a la escandalosa película de un Régimen, Rajoy, de hecho, ha dejado a Pablo Casado en segunda fila, o en la última, donde decía Lina Morgan que estaban los novios que no aplaudían y ella sabía por qué. Y por si fuera poco, Rajoy se trajo puesta a Soraya. En una Andalucía donde Susana Díaz se pasó la campaña tratando de evitar que la retrataran con Pedro Sánchez, para que no fuera mayor la catástrofe que produjo el ascenso de Ciudadanos y de Vox, Moreno Bonilla, a cara descubierta, no sólo se ha hecho acompañar por Rajoy y por Soraya, sus mentores, sino que ha dicho que se mirará en el espejo de su gobierno. ¡Ojú! Me pasa en este punto como a aquel periodista madrileño que no sabía ni papa de fútbol y llegó destinado a la Redacción de ABC de Sevilla tras un derbi. Y preguntó:

-Me han dicho que el Betis le ha ganado al Sevilla por 2 a 0. Eso, ¿es bueno o es malo?

En plena euforia de la convención del PP que trata de hacer volver, volver, volver a tu lado otra vez los votos que se le fueron a chorros a Ciudadanos y a Vox, me pregunto como aquel periodista madrileño ante el Betis-Sevilla:

-El PP está enseñando otra vez a Rajoy. Eso, ¿es bueno o es malo?

Para mí que es malo. Pésimo. Les va a recordar demasiadas cosas a los antiguos votantes del PP que se fueron a Ciudadanos o a Vox y que pensaban volver tras la eficaz labor de Pablo Casado y de Teodoro García Egea en las complicadas negociaciones para llevar a Moreno Bonilla a la Presidencia andaluza y echar al PSOE de la hegemonía de su Régimen. Cierto que Rajoy pechó con la peor crisis que vieron los siglos en España; que cuando estábamos a pique de un repique de la intervención, en plan griego, sacó nuestra economía adelante y puso las bases de la recuperación. Nadie le niega eso. Pero a muchos esta reaparición de Rajoy también les ha hecho pensar en su falta de resolución (por no decir otra cosa) para ejercer la mayoría y actuar ante los socialistas, los podemitas y, lo que es peor, los golpistas separatistas catalanes. Igual que Zapatero negaba la crisis cuando la teníamos encima, Rajoy mantenía que no había habido referéndum en Cataluña cuando los separatistas campaban a sus anchas y habían puesto todas las urnas que les dio la gana y una más. A muchos esta reaparición de Rajoy les ha hecho recordar cómo se desperdició, por cobardía, la aplicación del artículo 155 contra los golpistas separatistas. Y les ha recordado, sobre todo, que su presidencia acabó como el rosario de la aurora en la moción de censura, con su escaño vacío y en él depositado el bolso de Soraya, y con la entrega de España a sus enemigos, como Boabdil rindió Granada a los Reyes Católicos. La reaparición de Rajoy a muchos les ha recordado, lagarto, lagarto, que Aznar le entregó una derecha fuerte y orgullosa de serlo, y que cuando cogió puerta camino de las copas, aparte de la entrada de los enemigos de España en La Moncloa, habían aparecido tres derechas, tres.

Viendo a Rajoy junto a Moreno Bonilla, el hombre de la suerte, el de la baraka andaluza, el «ninot indultat» del marianismo, me he acordado de aquel torero retirado que le dijo a Juan Belmonte que iba a reaparecer. Y con su elegante tartajeo oxoniense, el Pasmo de Triana le preguntó:

-¿Y qui..qui..quién te ha pedido que vuelvas?


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