AGLI Recortes de Prensa   Martes 22  Enero 2019

Pablo Casado y el VAR
Santiago Navajas Libertad Digital  22 Enero 2019

El domingo fue un día duro para la Filosofía. Jugó el Partido Popular en casa y el F. C. Barcelona celebró una convención para definir su ideología. O al revés, tanto monta, monta tanto. Y pasó lo que tenía que pasar. Que si se reúnen políticos o árbitros del VAR, la verdad y la honestidad son degolladas.

Pablo Casado, flamante nuevo presidente de partido liberalconservadordemocratacristiano (qué más quisieran), mencionó el liberalismo de Chicago y austríaco como referentes (son incompatibles) y dijo que iba a abrir muchos espacios de libertad. Sin embargo, el que habló junto a él fue Moreno Bonilla, que ha firmado en Andalucía la liberticida Ley de Igualdad del PSOE, que promueve el adoctrinamiento y la criminalización de los disidentes de la verdad oficial. Por otro lado, también prometió acabar con la politización del CGPJ, pero no hizo la menor autocrítica del intento de manipularlo junto al Gobierno de Pedro Sánchez que llevó a cabo él mismo.

Puede ser que tenga una foto de Milton Friedman en su despacho, pero el que dicta el día a día ideológico es Feijóo, que ha implantado en Galicia una política lingüística excluyente del español y celebra la Ley de Violencia de Género. Por cierto, de la Ley de Violencia de Género y su explícita asimetría penal entre hombres y mujeres, además del implícito (pero reconocido) ataque a la presunción de inocencia, dentro del contexto de la marxista ideología de género, ni hablar, porque piensan en el PP, como fue defendido por una de las invitadas a la convención, que a los hombres les pasan otras cosas y hay que ayudarlos pero esto no.

Sus seguidores aplaudieron entusiasmados, sin que les importara lo más mínimo la realidad de sus contradicciones y la falta de autocrítica (estaban por ahí Aznar y Rajoy, el que regaló la cabeza de Vidal-Quadras a Pujol y el que hizo un 155 para entregar el poder a los golpistas). ¿Quién es el incuestionado secretario de Justicia del PP de Casado, responsable del fallido cambalache para manipular al Poder Judicial? Un tal Rafael Catalá, el mismo que, siendo ministro de Justicia con Rajoy, acosó a un juez porque no dictó una sentencia políticamente correcta. Los discursos son palabras vacías y brindis al sol si no se corresponden con autocrítica. Y Casado no ha reconocido un solo error en la gestión de su propio partido, incluido el hecho de que Sánchez y Torra estén en el poder. No basta con gritar "¡libertad!" para ser liberal. Ni decir que España va a ser Silicon Valley para ser innovador. Hace falta anunciar cuáles son las medidas liberales que se piensan implantar, y que pondrían a Casado en riesgo de perder votos entre grupos de presión proteccionistas y conservadores.

Mientras en Madrid obviaban la verdad, en Barcelona directamente la fusilaban. No es por casualidad que al principal equipo de la capital catalana lo llamen VARsa. Porque cuando Luis Suárez marcó gol tras pisar, arrollar y golpear al portero del Leganés, lo esperable sería que el VAR lo declarase nulo tras una de las faltas más claras en la historia del fútbol. Los seguidores del equipo catalán, periodistas incluidos, clamaban entusiastas en contra de la realidad y a favor de sus prejuicios.

Un domingo con la convención de un partido político jaleado sin sombra de crítica por sus simpatizantes y un equipo de fútbol apoyado incondicionalmente por sus seguidores, en ambos contra toda evidencia, muestran uno de los mayores peligros de la humanidad: el instinto tribal. Por sus hechos los conoceréis, no por los discursos. Pero algunos no reconocen los hechos ni con VAR.

cineypolitica.blogspot.com.es

El Estado jíbaro
Ignacio Camacho ABC 22 Enero 2019

MIRA que fue clara la lección, pero no la han aprendido. El batacazo andaluz del PSOE no ha bastado para que Sánchez enmiende su trayectoria de aproximación al nacionalismo. Que le echase la culpa exclusiva del fracaso a Susana Díaz -sus errores tuvo, desde luego, y no menores- era algo previsto porque sirve de argumento para una revancha pendiente entre viejos enemigos. Pero esa explicación por sí sola no es de recibo. Cualquiera con cierto criterio objetivo sabe que si algo ha movilizado a la derecha andaluza ha sido la irritación contra el pacto no escrito entre los socialistas y el separatismo. Así lo han entendido también los barones del PSOE, que temen recibir similar castigo. Pues bien: he aquí que en un ejercicio de contumacia inmune a todo atisbo autocrítico, el presidente insiste en arrimarse a los independentistas y otorgarles prebendas y caprichos. Los Presupuestos son un compendio de arrumacos, carantoñas y mimos con los que espera obtener el visto bueno de los sediciosos para seguir un rato más al frente del Ejecutivo. Es la estrategia de Iceta, un tipo inteligente que pasa por autor de análisis muy finos que básicamente consisten en admitir de salida la hegemonía del soberanismo y en pura lógica aspirar como máximo al empate infinito. Sánchez lo escucha porque le regala el oído y porque en el fondo dice lo que piensa él mismo, que nunca hubiese alcanzado el poder de haber respetado los límites que estableció su partido.

En principio no sería un problema que le hiciese caso porque por ese camino acelerará su desgaste y precipitará su descalabro. Sucede sin embargo que ese criterio apaciguador compromete en Cataluña la presencia misma del Estado, cuya estructura, ya testimonial, va a sufrir otro importante recorte presupuestario. En este momento, la Administración central apenas representa en el Principado un 9 por ciento -en Andalucía es el 21, en Valencia el 19- y esa proporción va a continuar en retroceso. Las inversiones en departamentos estatales disminuyen un tercio, y ello teniendo en cuenta que sólo afectan a ¡¡tres!! Ministerios. No pregunten dónde está el resto: simplemente ha ido desapareciendo, achicándose por las cesiones de competencias de los anteriores Gobiernos. Ésa fue una de las causas, si no la principal, que permitieron a los secesionistas organizar con tanta facilidad el Proceso: un golpe contra el Estado perpetrado desde dentro porque el Estado, en realidad, ya eran ellos. Se había ido disolviendo por voluntad propia en una especie de suicidio lento.

Ahora esa representación nacional, de por sí reducida, va a quedar jibarizada en obsequiosa complacencia con el designio soberanista. Menos España en Cataluña, ésa es la consigna: cesión de espacios, repliegue institucional, comparecencia mínima. Si todo eso tiene en mayo consecuencias políticas no va a haber ya modo de responsabilizar a Díaz.

Mane, tecel, fares
Juan Manuel de Prada ABC 22 Enero 2019

Siempre me ha sobrecogido la incapacidad de algunos hombres para interpretar los signos de los tiempos. Me recuerdan a Baltasar, aquel rey babilonio, hijo de Nabucodonosor, que un día, mientras banquetea en compañía de sus aduladores, contempla cómo una mano misteriosa escribe en el aire con letras de fuego: Mane, Tecel, Fares. Baltasar, incapaz de entender el significado de estas palabras, pregunta primero a los adivinos y astrólogos de su corte, que no le dicen más que paparruchas. Hasta que finalmente ordena venir al profeta Daniel, quien tras recriminar a Baltasar sus sacrilegios e idolatrías le explica el sentido de esas tres palabras misteriosas: «Lo que está escrito significa Contado, Pesado, Dividido. Contado, porque Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el final. Pesado, porque te ha pesado en la balanza y te falta peso. Dividido, porque tu reino ha sido dividido y entregado a medos y persas».

En la política española abundan los baltasares incapaces de entender el signo de los tiempos, incapaces de asumir que si desean escapar a la espiral fatídica del derrumbe tienen que abominar de ideas que han sido contadas, pesadas y divididas. Un ejemplo especialmente doloroso lo encarna Pablo Casado, que se afana por recuperar la confianza perdida de sus votantes... enarbolando estandartes fiambres o directamente dañinos. A la convención con la que pretende comandar el «rearme ideológico» del partido se ha llevado como invitado estelar a Mario Vargas Llosa, quien disertará sobre «La sociedad abierta y sus enemigos», que es exactamente el título de un viejo libro de Karl Popper. Aquel concepto de «sociedad abierta» postulado por Popper ha sido en nuestros días reelaborado por quien sin duda es su discípulo más devoto e influyente, el especulador financiero George Soros (quien no en vano ha elegido el marbete de Open Society para englobar todas sus fechorías). Hoy por hoy, la «sociedad abierta» es aquella que postula la «diversidad» étnica, cultural, religiosa y sexual; o sea, el zurriburri multicultural y el supermercado de derechos de bragueta que tanto convienen al Dinero, para destruir los vínculos de cohesión de los pueblos, erosionar sus tradiciones, expoliar las economías nacionales y ponerlas al servicio de la plutocracia transnacional. Nadie podrá decir, desde luego, que el discurso de Mario Vargas Llosa sea solapado o ladino: son constantes sus loas desmelenadas a esa revolución neoliberal que para triunfar necesita -en palabras de Walter Lippman, uno de sus principales ideólogos- «una ingeniería que debe extenderse a todo el orden social por entero»; y, en plena congruencia con este postulado, siempre se ha mostrado un rapsoda ferviente de lo que la derecha neocón y el catolicismo pompier denominan, en plan conspiranoico y panoli, «marxismo cultural»; y que no es otra cosa sino liberalismo radical y sin complejos.

A esta faceta de paladín entusiasta de la «sociedad abierta» (que, en realidad, es una disociedad que convierte a los pueblos en papilla amorfa e inerme) suma Vargas Llosa un patriotismo muy rarito que alterna proteicamente las soflamas antiseparatistas con el offshoring panameño y el escamoteo fiscal. Si Pablo Casado fuera capaz de interpretar los signos de los tiempos, se daría cuenta de que las ideas de Vargas Llosa -que tal vez engatusen a sus votantes más ingenuos- son las mismas ideas dañinas que postulan Soros y compañeros mártires. Pero Pablo Casado carece de ese don; y por eso, pese a todos sus esfuerzos, pierde votos, mientras una mano misteriosa escribe con letras de fuego: Mane, Tecel, Fares. En lugar de banquetear con Vargas Llosa, haría bien en escuchar al profeta Daniel.

Feijóo y Rajoy vs VOX
Ricardo Chamorro gaceta.es  22 Enero 2019

Alberto Núñez Feijóo y Mariano Rajoy, dejaron claro el primer día de la convención del PP de este fin de semana, que abogan por el centrismo, la moderación y el desprecio hacia VOX. Feijoo aseguró hace unos días que Vox es la “ultraderecha de verdad”.

Mariano Rajoy, gallego, político de Alianza Popular, amigo, compañero y admirador del ministro franquista Gonzalez Fernández de la Mora, es quien más crítico se muestra con un partido nítidamente de derecha social como VOX. Alberto Núñez Feijóo, el delfín y heredero político del ministro franquista Manuel Fraga, el mismo Fraga fundador de Alianza Popular junto a otros ministros franquistas, es quien llama a VOX ultraderecha.
 
Franquismo y consenso
El franquismo murió, pero antes de morir, sin embargo, el régimen nos dejó en herencia una clase dirigente y ciertos aspectos de su cultura política. No nos engañemos, los políticos profesionales españoles de los años 80 y 90, hasta hace poco, casi sin excepción, se formaron durante el franquismo, e incluso muchos de ellos proceden de ilustres dinastías de hombres públicos de aquellos años.

Y nada hay de malo en que así sea, es una consecuencia de la transición a la monarquía parlamentaria y de cómo se hizo. El régimen político es distinto, las personas son lógicamente otras, y los nombres, en cierta medida, también. Pero la cultura política, el modo en que los políticos creen que debe gobernarse España, no ha terminado de cambiar. Un ejemplo, de tantos, es el que hasta hace poco fue el presidente del primer grupo mediático español, Juan Luis Cebrián, ultimo jefe de informativos de TVE durante el franquismo e hijo del director del diario arriba como alto cargo franquista, casualmente también es miembro permanente en España del influyente Club Bilderberg.

Políticamente, el franquismo se basó en el consenso permanente entre las fuerzas que lo habían creado: las grandes decisiones eran tomadas teniendo en cuenta la opinión de monárquicos, falangistas, carlistas y católicos. La Unión de Centro Democrático, desde 1977, pilotó la transición con ese mismo criterio, es decir, no haciendo verdadera política sino “consensuando” las reformas con nacionalistas, socialistas, comunistas y populares.

El Partido Popular, heredero confeso de la UCD, en esta España que ya no es confesional coloco el “centro” en los altares políticos: es el Dios de la política gubernamental. El Poder dimana del centro, sin el centro no hay gobierno, y el centro significa, para un partido que proviene de la derecha, escorarse hacia la izquierda. Incluso tenemos un partido llamado Cs que tiene como única referencia desde su nacimiento ese centro indefinido, a veces es socialdemócrata, a veces es liberal, a veces es de derechas y a veces es de izquierdas, una autentica veleta.

Hace muchos años que la derecha renuncia sin más a su programa para aceptar el programa de sus rivales. En muchos asuntos capitales (extranjería, seguridad, educación) el PP está de hecho aplicando el programa del PSOE o de los nacionalistas, como en Galicia con Feijoo, y desde luego el PP olvido el suyo -explicito e implícito-. Y en esto aparece VOX.

VOX quiere hacer política
El “consenso” es aceptable en temas extraordinarios, pero no en la administración ordinaria del Estado. El centrismo y el consenso, es decir la anti política, es el modelo de Feijoo y Rajoy. El consenso entre bambalinas, los acuerdos con los nacionalistas, el control de patronal y sindicatos a base de subvenciones, los sillones para que nada cambie, los pactos constantes con la oligarquía, el neo caciquismo a través de las autonomías, la venta de nuestra industria a poderes extranjeros, la cesión de nuestra soberanía, nada de defender principios políticos ni valores, nada de batalla de las ideas, impuestos para mantener el tinglado, este es el modelo fracasado que reivindican Feijoo y Rajoy cuando hablan de moderación y consenso.

VOX es un partido nuevo, fundado por un joven Santiago Abascal nacido en democracia, y por una victima del terrorismo como Jose Antonio Ortega Lara, un partido que quiere hacer política real, dar la batalla de las ideas, defender nuestra soberanía, luchar por un Estado eficaz y equilibrado, dar libertad a los españoles ante la presión fiscal, desenmascarar a los secesionistas y a sus cómplices, acabar con el suicidio demográfico, reivindicar lo rural, defender la dignidad de nuestra nación en el contexto internacional, en conclusión defender y reivindicar España.

Es normal que VOX aterrorice a ese centro casposo y aburrido, ese consenso que aborrece del reformismo y la batalla de las ideas. VOX representa a una derecha con identidad, mensajes sociales y transversales, esa es la razón por la que VOX ha sido un partido muy presente en esta Convención Nacional del PP, unos se acordaron de ellos por miedo a perder la poltrona y otros por admiración contenida, pues también son muchos los que en el mismo seno del PP quieren hacer política y desterrar las formas trasnochadas de ese centrismo que ha reprimido a la derecha social española hasta la llegada de VOX.

El espacio de Vox en Navarra
Fernando José Vaquero Oroquieta  latribunadelpaisvasco.com  22 Enero 2019

El todopoderoso Diario de Navarra, quien ya había manifestado cierta animadversión hacia VOX -siempre fiel a su veterana estrategia de propiciar una coalición entre UPN, PSOE y Ciudadanos como única alternativa al cuatripartito radical-separatista hoy en el poder de las principales instituciones públicas navarras- abofeteó, el pasado domingo 20 de enero, a los militantes y posibles votantes de la nueva formación en la persona del presidente de su gestora, Javier Horno, por medio de la pluma de Jaime Ignacio del Burgo, quien fuera superior en filas de su madre, la concejala por UDF en Pamplona María Teresa Gracia. Tiene muchas tablas, Jaime Ignacio. Y las presenta siempre muy bien.

En el artículo, amonestó al hijo de quien fuera su fiel escudera, golpeándole donde más puede doler a un navarrista peteuvero: en los mismísimos fueros. Y aplicó a los futuros voxistas, en consecuencia, el navarrómetro: “si queréis quitar los fueros, ni sois navarros, ni españoles, ni nada. Y no tenéis ni idea. Y hacéis el juego a los separatistas. Y además no os vais a comer un rosco en política…”, parecía decir entre líneas Jaime Ignacio paternalmente. Pero, desde VOX, ¿le habían pedido consejo? ¿Lo necesitaban? Todo indica que Horno y VOX se lo pusieron muy fácil a Jaime Ignacio: una reprimenda, por tanto, bien merecida. Si no quieres amanecer mojado, no duermas con niños…

La ambigüedad de VOX –al menos conforme las palabras previas de Javier Horno en algunos medios- respecto a la cuestión foral, facilitaba como inevitable tamaña amonestación. Si de las 100 medidas de VOX se evidencia, sin lugar a dudas, su voluntad de impulsar una España unitaria, propugnando expresamente la eliminación del Convenio y Concierto, el intento de salvar de alguna manera -escasamente perfilada- las diputaciones forales, a modo de “tercera vía” entre el fuerismo y el centralismo, bien puede parecer un puro nominalismo, una falta de formación científica, una engañifa… o una falta de carácter. Por el contrario, es la audacia lo que le ha permitido a VOX plantarse -desde la nada- como un factor revulsivo en la actual situación política, social y cultural española. No, en VOX no tienen fácil encaje los maricomplejines.

Las Españas que tuvieron vida bajo la Monarquía Hispánica del Trono y el Altar, no han terminado de morir. Pero la revolución liberal del siglo XIX tampoco fue capaz de consolidar una nación moderna. Esta paradójica situación histórico-constitucional se encuentra en la base de tantas distorsiones y confusiones: desde el empuje de los separatismos –que se remiten a los derechos forales preconstitucionales entre otros argumentarios para sus independentismos irredentos-, al fuerismo furibundo de algunas derechas lindantes con el supremacismo.

La alternativa al respecto, hoy, de toda derecha española, es simple: Fueros para todos (con fórmulas similares al convenio y el concierto para cada autonomía)… o para nadie. Y, salvo cambios de última hora, VOX nació con vocación unitaria al margen de la actual realidad positivo-legal; no en vano, el suyo sería un programa a largo plazo pues, a su modo de entender, la nación que quieren salvaguardar es previa a la Constitución. Y si España es el objetivo, la Constitución únicamente será un medio; nunca el fin en sí mismo.

Mucho tendría que cambiar VOX para reclamar ahora “café, perdón, fueros, para todos”; cuando su fórmula unitaria le ha dado tan buenos réditos en momentos tan delicados de la profunda crisis nacional que sufre España.

Si el liderazgo de VOX en Navarra juega a la ambigüedad, perderá siempre. No se puede conseguir la cuadratura del círculo; tampoco en política. Y si busca como maestro a Del Burgo, lo que es una gran opción -pues nadie mejor que él para amueblar una cosmovisión fuerista- su fruto siempre será un hijastro dependiente de tan gran inspirador. Entonces, VOX, en Navarra, ¿necesita autorizaciones diversas para nacer? ¿No se atreve a plantear su propio programa político, por no gustar, en un sentido u otro, a alguien? ¿Acaso VOX se limitará a reciclar ciertos ingredientes de un casi extinto carlismo en una fraseología de aparente superioridad electoral?

Al igual que todo partido político, es legítimo que VOX se plantee como objetivo ganar alguna representación institucional: también en Navarra y con su propio programa. Para ello debe jugar a fondo sus cartas de la claridad y la radicalidad: mensajes nítidos, contundentes y desacomplejados; sin bendiciones ni el plácet de nadie. Salvo el de sus electores y militantes. Y es que el mundo está cambiando y Navarra también.

Para defender el fuerismo ya están UPN, acaso el PPN, e incluso Ciudadanos, si así lo valoran para terminar de cuajar tan oportunistas macronianos…

Sin duda, el unitarismo de VOX le puede bloquear ante determinados sectores de votantes afines en otras áreas ideológicas; pero así es la política: no se puede intentar contentar a todos.

Como novedad que nace de un estado de ánimo colectivo muy extendido, VOX constituye una oportunidad para la derecha navarra: liberándose de ataduras y prejuicios ideológicos de un pasado muerto; prescindiendo de castas endogámicas que siempre la han enfeudado en su particular beneficio; abriéndose a las nuevas corrientes que triunfan en Europa (transversalidad, arraigo, identidad, soberanismo); situando al cristianismo en el plano cultural que le corresponde y prescindiendo de clericalismos y sectarismos incomprensibles para la mayoría social.

VOX puede ser la próxima revelación de la política navarra, pero únicamente lo será desde la valentía, la transparencia y el descaro.

Ciertamente, buena parte de los navarros no han nacido en la Comunidad. Y, en cualquier caso, en su conjunto, muy pocos pueden hablar de los fueros con preciso conocimiento: apenas se conocen y menos se entienden; a lo sumo, se sienten. Ha faltado pedagogía democrática: ni se han divulgado, ni explicado. Allá cada uno con su responsabilidad. No le corresponde a VOX, recién llegado a la política navarra, tamaña falla histórica.

Para mayor inri, los fueros, hoy, están en manos de los nacionalistas, quienes se han embarcado en una carrera de “vamos a ver quién es más fuerista aquí”. Los fueros, en definitiva, pueden ser un instrumentos al servicio del bien común… o de la construcción nacional vasca. Un medio, en definitiva. Pero sólo eso. Entonces, ¿por qué sacralizarlos? ¿No han dado, ya, todo lo que podían dar de sí?

Y, por lo que respecta al Fuero Nuevo, su próxima reforma en ciernes lo ajustará a la agenda LGTBIQ; de modo que desnaturalizándose así sus de históricas raíces con el derecho social-cristiano, perderá definitivamente su razón de ser.

Estamos ante un tiempo nuevo: o así se reconoce o cualquier otro diagnóstico será del todo errado. Y la política, en definitiva, es decisión y voluntad desde el conocimiento de la realidad social. Y los argumentos de apoyo, por otra parte, siempre pueden encontrarse: desde la historia, la política, la sociología, la dialéctica y las ideologías...

VOX se encuentra en una encrucijada: construirse mirando únicamente a la Navarra del pasado, o sintonizar con la España europea del hoy y del mañana.

Es su decisión: la de sus militantes, votantes y, en comunión con ellos, de sus líderes. Y si éstos se dejan aconsejar por políticos de otros partidos, titulares de otros intereses, por muy legítimos que sean, mal empiezan. Pues para ser líder hay que ser libre y soberano: política y moralmente.

Las campañas contra VOX lo refuerzan y le proporcionan votos
“Los árboles solitarios si logran crecer, crecen muy fuertes” Wiston Churchill
Miguel Massanet diariosigloxxi   22 Enero 2019

Las izquierdas, como es habitual en ellas, en cuanto pretenden emprender un objetivo común en contra de las derechas, aunando fuerzas y puede que, en un principio, mientras no se trate de quién es el que se instalará en el poder, suelen conseguir éxito. Es posible que, incluso, consigan un tiempo de adaptación mientras, cada una de sus distintas facciones, mide sus fuerzas, valora las de sus correligionarios y sopesa las posibilidades de hacerse con el mando sobre el resto de las que les apoyaron en descabalgar a los conservadores del gobierno del país pero, finalmente, la fatalidad, como está sucediendo estos días, tanto en Cataluña como en el resto de la nación española; los lleva a tener que luchar, denodadamente, unas contra las otras, para conseguir la poltrona que los sitúe en la cúspide del poder, desde el cual, cuando lo consiguen, inician su forma despótica y antidemocrática de gobernar aunque, para ello, tengan que destruirse mutuamente entre ellas.

Claro que prometer es fácil, gastarse el dinero de los contribuyentes asaltando el Tesoro de la nación, mientras todavía quede alguna parte del Erario público a la que echarle mano, creando o aumentando los impuestos sobre los ciudadanos y las empresas, chantajeando a los ricos y recurriendo al endeudamiento público y, en tanto quedare algún rincón en el territorio nacional que se pueda explotar; se puede seguir engañando al pueblo sobre la viabilidad de un proyecto que ofrece alcanzar metas de bienestar, mejoras sociales, aumentos salariales, progreso de la economía nacional y una mayor y mejor proyección de la nación en el ámbito internacional, aunque, todo ello se limite a un gran bluf detrás del cual no hay nada más que otro gran engaño que, como todas las cosas que no se consiguen con esfuerzo, trabajo, sensatez, I+D+i e inteligencia y tesón, acaba por desinflarse como un globo agujereado, que desciende por su propio peso hasta quedar aniquilado contra el suelo.

Pero las izquierdas, como las que estamos padeciendo en España, a falta de programas mejores, como medio infalible de desarrollar su propagando, en lo cual son verdaderos expertos, y sabiendo que tiene que aprovechar al máximo aquellos momentos en los que el gobierno de la nación está débil, para instalarse en él; como ha ocurrido recientemente con el gobierno español, debilitado por el problema catalán, al que no supo enfrentarse adecuadamente, que no pudo superar una moción de censura, hábilmente tramitada por el PSOE, aunque ello le costara hipotecarse con una serie de pequeños partidos que les están haciendo pagar cara su colaboración con el nuevo gobierno, en este caso, presido por el señor P.Sánchez que ahora sabe lo difícil que resulta mantener en pie unas alianzas, entre partidos con los que no les unen los lazos políticos e ideales, pero con los que no le queda otra que ceder si pretende, como es su objetivo, mantener una legislatura que, al menos, le dure hasta el marzo del 2020.

Sin embargo, la aparición de VOX como partido revelación en las elecciones andaluzas, no sólo ha sorprendido a los de las derechas, el PP y a sus compañeros en la alianza para formar un gobierno estable que pueda sostenerse en el Parlamento Andaluz, los señores de Ciudadanos; sino que, a los del grupo de las izquierdas, convencidos de que una vez más iban a conseguir hacerse con el gobierno de Andalucía, donde se consideraban como inamovibles y libres para imponer sus políticas, sin temor a los ataques de la oposición. No ha sido así y, gracias a la colaboración de los 12 escaños de VOX, tanto el PP como Ciudadanos, han conseguido hacerse con la presidencia y la vicepresidencia de la comunidad andaluza. Todos sabemos cómo han reaccionado los comunistas de la filial de Podemos en Andalucía, lanzándose a la calle, cuestionando los resultados de una votación limpia, impoluta y democrática, que ha dado al traste con la proverbial mayoría progresista, encabezada por el PSOE andaluz, para darles la batuta, por cuatro años (sin duda complicados y llenos de tropiezos) a los partidos de centro-derecha.

Los resultados han sido, por lo menos poco entendibles. Tanto el PP, en esta ocasión más realista y práctico que los representantes de Ciudadanos en Andalucía, se han mostrado poco tratables y, en el caso de Ciudadanos, abiertamente hostiles a la colaboración de VOX, hasta tal punto que lo han dejado fuera del gobierno andaluz y sólo el PP ha podido conseguir, gracias a que los señores de VOX han preferido no dar una mala imagen ante los logros que están esperando conseguir en la próximas elecciones autonómicas y municipales del mes de mayo en el resto del territorio español; el apoyo de éste partido para conseguir ser investido como presidente de la comunidad autonómica de Andalucía. Evidentemente que Ciudadanos, pese a sus magníficos resultados en las votaciones andaluzas, se ha encontrado en una situación incómoda que no les ha permitido acercarse a VOX, debido a la fama de este partido de constituir un partido de extrema derecha, al que se ha equiparado con el de Le Pen en Francia o los partidos de extrema derecha de Polonia o Austria o el de Salvini, en Italia; con la evidente intención de convertir, al partido de Santiago Abascal, en un partido marginado de la política al que, a criterio de la izquierda, evidentemente interesada en desprestigiarlo ante los votantes, al que es preciso que se le deje aislado mediante un cordón sanitario como se hizo, en su día y mediante el pacto del Tinell, con el PP.

Si, entre partidos a los que les unen evidentes similitudes en sus respectivos planteamientos políticos, puede que, desde el punto de vista del PP, el principal perjudicado con este repentino auge de VOX, experimentado en los últimos tiempos, sea el que más justificado se encuentra si lo que Casado, como explícitamente dijo en su ponderado y efectivo discurso en la Convención del PP , ha preferido tratar con discreción y con alusiones veladas respecto sus discrepancias con los señores que los han aupado a la presidencia de la Junta de Andalucía; es obvio que, el desagrado con el que han acogido los votantes y la cúpula de Ciudadanos esta relación forzada que se van a ver obligados a tolerar si es que quieren sacar adelante todos los proyectos que vienen anunciando que, sin los votos de VOX, les va a resultar casi imposible ( salvo que los socialistas se presten a apoyarles, una previsión muy improbables dada la abierta hostilidad con la que se viene despachando la señora Díaz, con respeto al nuevo gobierno de derechas) que quieran tratar o colaborar directamente y, en todo caso, todo lo que se tenga que aprobar, decidir o acordar va a ser mediante la intervención, en calidad de mediador, del señor Moreno Bonilla, sobre el cual cae la enorme responsabilidad, no sólo de enfrentarse a una oposición que no le va a poner las cosas fáciles, sino ante las posibles discrepancias que surjan entre sus dos socios, uno en el gobierno y otro en la oposición, a los que se verá obligado a convencer, en cada momento, de que la línea a seguir es la más razonable de todas las posibles.

Las izquierdas van a tener, de ahora en adelante, que controlar su forma de actuar y su hostilidad manifiesta hacia VOX si no es que, con sus ataques indiscriminados, en sus acusaciones a los señores del partido de derechas de ser franquistas o en el desprecio de las ideas que vienen sosteniendo los partidarios de la preservación de los valores que dejó el señor Fraga en el partido que sucedió a Alianza Popular y que, por mucho que se haya pretendido ocultar por el gobierno del señor Rajoy, muchos de ellos fueron apartados, durante sus años de gobierno, para dejar paso a unas ciertas políticas más propias del PSOE que del PP. Y todo ello contando con la forma inapropiada con la que se enfrentó el problema catalán que, quiéranlo o no quienes defienden a Rajoy y Sáez de Santamaría, ha sido, a la vista está, el fracaso más sonado y potencialmente peligroso para España y para su unidad, que se ha producido durante la etapa de Rajoy.

Es evidente que un partido que apenas hace unos pocos meses contaba sólo con unos 17.000 militantes y ahora, ayer concretamente, sumaron el número 30.000 y, en sus primeros años apenas contaban con 5.000; ha dado muestras de una capacidad de crecimiento que destaca de una forma espectacular con respecto al resto de partidos en cuanto al porcentaje de nuevos socios. Lo más curioso ha sido que, desde el espectacular resultado que obtuvieron en las elecciones andaluzas su progresión, en número de afiliados, ha ido en forma geométrica y es muy posible, si sigue así, que convalide sus resultados en otras comunidades en las que, en comparación con Andalucía, en cuanto a la fuerza que tenía en ella el PSOE, les resulte más fácil seguir arañando votos a los tres partidos que encabezan, en la actualidad, el ranking de los que tienen mayores opciones de seguir gobernando España.

Estamos convencidos de que, si las izquierdas y Ciudadanos siguen insistiendo en cargar directamente contra VOX; si cada vez que tengan ocasión les acusan de ser de la extrema derecha europea y siguen intentando, con ataques a sus manifestaciones, a las banderas, insisten en seguir obstaculizando a quienes, en las calles, hacen apología del partido o agredan a sus miembros; en lugar de hacer desistir a todos aquellos que buscan un partido en el que dar salida a su descontento con esta España, en poder de las izquierdas y mal gobernados por un señor, P.Sánchez, que, ni tan siquiera ha pasado por las urnas para demostrar el apoyo que cuenta en España; es muy posible que, lo que pretenden que suceda o sea desprestigiarlos, restarles votos, desanimar a sus simpatizantes o satanizar sus ideas, les sirva de estímulo, de propaganda, de incitación a quiénes llevan años esperando que salga alguien, en este país, para que les plante cara a toda esta izquierda casposa y troglodita que, en unos pocos años, ha convertido a una nación de gran prestigio en toda Europa, como era la nuestra, considerada un ejemplo en su recuperación económica y que daba evidentes muestras de estar superando las carencias que la condujeron, en tiempos de los gobiernos socialistas que precedieron al del señor Rajoy, a una situación que, si no hubiera entrado en el gobierno el equipo del PP, hubiéramos caído ineludiblemente en las manos de Bruselas, obligados a pedir el rescate que, sin duda alguna, hubiera representado un castigo mayor para los españoles que el que ha supuesto superar la crisis que nos acompañó durante años.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nadie puede tirar la primera piedra contra un partido surgido del descontento de todos aquellos ciudadanos que vieron que, el PP, dejaba de lado sus valores éticos y morales para alinearse con los defensores del aborto; con la adopción de niños por los colectivos de lesbianas y homosexuales; con las continuas cesiones ante los independentistas catalanes; de la inacción ante las reiteradas ofensas a los símbolos y banderas representativos de la patria española y de su unidad; de la degradación de parte de nuestra juventud; de la pasividad respecto al uso del castellano y de su enseñanza en autonomías en las que, es evidente, que tiene un trato que no se merece y en las que han sido capaces de incumplir con todas las sentencias en las que se les obligaba a rectificar su política lingüística; de la ausencia de una enseñanza unificada en toda España, que evitara el desbarajuste que representa el que, cada comunidad española, pueda elegir el tipo de libros y de asignaturas que se estudien en ella y permitiendo que, según cuales fueran las ideas políticas de los que gobiernen cada una de ellas, varíen los contenidos de asignaturas que, como la Historia de España que se enseña de forma distinta según dispongan los respectivos responsables políticos de los que dependa la enseñanza local o, el adoctrinamiento que puedan impartir los profesores según su particular manera de ver la política. Y es que, antes de juzgar, deberíamos recordar aquel famoso dicho que habla de que “en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Pues eso.

Sentimiento, no: resentimiento
Cristina Losada Libertad Digital  22 Enero 2019

Elvira Roca Barea, autora del ensayo Imperiofobia y leyenda negra, describe con mucha agudeza el tipo de política que ha incentivado el sistema autonómico en unas pocas líneas en su prólogo al libro 1492. España contra sus fantasmas, de Pedro Insua. Esto dice, y pongo en redonda lo fundamental:

Desde la Transición, el régimen de las autonomías, creado con el único fin de dar acomodo a algunos sectores nacionalistas, y no mayoritarios, en unas pocas regiones, convierte su existencia en una promoción y justificación constante de sí mismo. (...) En Andalucía, con éxito variable, el pasado andalusí se convierte en sustento del hecho diferencial que cada autonomía promociona, porque las autonomías son algo así como el sistema que nos permite recuperar aquello que nos han quitado. Cada una esgrime un relato de lo arrebatado y de lo perdido como fuente de legitimidad.

Es exactamente así. En las autonomías, en unas más que otras pero en la mayoría, el establishment político se fue dedicando de manera creciente a anclar su legitimidad en un relato (inventado) de expolio. La idea medular es, como dice Roca Barea, que a esas regiones se les ha quitado algo. Algo esencial que era propiamente suyo, como una cultura, una lengua, una historia, una prosperidad. Algo, en fin, que tuvieron en un pasado que tienden a presentar como una Edad de Oro, como es propio de los relatos míticos, o que si no llegó a ser dorado y pujante es porque se les arrebató la posibilidad.

La tríada típica del nacionalismo: Edad de Oro, decadencia debida a las pérdidas y proyecto de recuperación de la Edad de Oro. La diferencia entre los nacionalistas y los no nacionalistas es que los primeros tienen un sujeto claro al que achacar el expolio (España), mientras que los segundos dejan el relato en forma impersonal. No dan el último paso lógico, que es decir quién arrebató lo que fuera que se les ha arrebatado, pero los supuestos son idénticos y conducen al mismo objetivo: recuperar lo que se perdió. Son los presupuestos del victimismo.

Lo interesante de la descripción de Roca Barea es que permite aclarar cómo es el motor emocional de la política autonómica. Y es que la fuerza negativa más importante que ha generado el sistema autonómico no procede de cultivar sentimientos de identidad, que son compatibles unos con otros, sino de excitar el resentimiento. Porque resentimiento es lo que surge cuando uno cree que le han despojado de algo valioso que poseía y no se lo quieren devolver. Tal es, mutatis mutandis, el relato autonómico más común y extendido, el que abrazaron sus clases políticas sin distinción de partidos, y sólo con alguna solitaria salvedad. Abandonaron así la posición de administradores que les correspondía por el papel de caudillos que agitan viejos agravios y reclaman deudas históricas. No les importó que la fuerza del resentimiento restara fuerza y legitimidad al conjunto ni previeron que de ese modo le restaban fuerza también al propio régimen autonómico, que únicamente tiene sentido dentro del Estado y la nación españoles.

Mucho escándalo provoca que Vox esté en contra del Estado de las Autonomías, pero sus mayores enemigos están dentro. Los que dañan el sistema autonómico son los políticos autonómicos.

La resistencia judía
Ricardo Ruiz de la Serna gaceta.es  22 Enero 2019

En estos días de conmemoración del Holocausto, es bueno recordar que los judíos de Europa no fueron como ovejas al matadero. Allí donde pudieron combatir con las armas en la mano, lo hicieron. Hubo resistencia judía en los guetos, en los campos de concentración y de exterminio, en las ciudades ocupadas. Los judíos lucharon enrolados en las filas de todos los ejércitos aliados. Los partisanos judíos -más de 30.000 en Europa del Este- volaron trenes, hostigaron la retaguardia de los ejércitos de Alemania y sus aliados, suministraron información valiosísima para las ofensivas aliadas y distrajeron tropas y recursos que, de otro modo, hubiesen estado en la primera línea del frente.

Desde antes de que los nazis llegasen al poder en 1933, ya hubo voces que advirtieron del horror que se cernía sobre Europa y que amenazaba de modo singular al pueblo judío. Robert Weltsch, el director del Jüdische Rundschau, hizo un canto a la dignidad y el orgullo de ser judíos en un tiempo de persecución y estigma. El rabino Leo Baeck compuso una oración para la noche de Kol Nidrei -la víspera del Yom Kippur- del año 1935: «[…] expresamos aversión a la mentira dirigida contra nosotros, a la calumnia que viene vertiendo abiertamente sus falsedades contra nuestra fe. Creemos en nuestra fe y en nuestro futuro».

Aquellos judíos no sólo lucharon con palabras. En el ejército polaco, en el británico, en el francés, en el belga, los judíos vistieron el uniforme de los países en que habían nacido o que los habían acogido y, a medida que el continente fue ocupado, pasaron a engrosar los movimientos de resistencia. El número de judíos en la legión francesa, por ejemplo, fue elevadísimo desde el comienzo. El 27 de agosto de 1940, un mes antes del suicidio de Walter Benjamin en Portbou, Israel Karp ataca en Burdeos a un grupo de soldados alemanes que desfila al paso de la oca. Lo fusilaron. Los comunistas llegaron algo más tarde a la resistencia. Hubo que esperar a la invasión de la Unión Soviética para que sus cuadros se movilizasen. Así entró en juego la Orquesta Roja, a cuyo frente estaba Leopold “Domb” Trepper. Hubo heroínas como Simone Schloss, agente de enlace de la resistencia, a quien los nazis guillotinaron en junio de 1942.También lucharon los judíos en los cuerpos que se crearon expresamente para ellos, como la Brigada Judía que los británicos organizaron en Palestina. 400 de sus hombres detuvieron en 1942 el avance de los alemanes y sus aliados italianos en Bir-el Harmat (Libia) en una batalla que recuerda la gloriosa de Bir Hakeim, en que los legionarios franceses retrasaron el avance de Rommel. Por cierto, en Bir Hakeim también lucharon judíos integrados en las Fuerzas de la Francia Libre, como Jakob Kramer, nacido en Magdeburgo en 1902 y que tomó el nombre francés de Jacques Renard.

Hubo resistencia judía por toda Europa Oriental. Lucharon casi sin armas, sin ayuda exterior, con pocos alimentos. La mayoría sabía que no podían vencer, pero aun así pelearon. En más de 100 guetos de Polonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania surgieron organizaciones clandestinas. El alzamiento del gueto de Varsovia en abril de 1943 es una fecha memorable. Uno de sus líderes, Mordejai Anielewicz, escribió unas palabras inolvidables: «el sueño de mi vida se ha hecho realidad; he vivido para presenciar la resistencia judía en el gueto, en toda su grandeza y gloria». Sin embargo, no sólo resistieron con armas. Uno de los últimos luchadores del gueto de Varsovia, Simjá Rotem, falleció el 22 de diciembre pasado. En esos guetos floreció la noción de “kidush hajaím”, la “santificación de la vida”, es decir, el esfuerzo por preservar la humanidad. El contrabando de alimentos, ropa y medicinas, la edición y publicación de periódicos, los intentos de mantener orquestas y grupos de teatro, las escuelas que siguieron funcionando en la clandestinidad y la vida religiosa fueron algunas de las formas de resistir a los nazis y sus colaboradores. El historiador Emmanuel Ringelblum, uno de mis héroes, fundó y dirigió el archivo secreto Oneg Shabat, en el que recopiló testimonios y documentos de la vida en el gueto de Varsovia. De los tres contenedores metálicos de leche en que escondieron los documentos, han aparecido dos hasta el momento. A él y a su familia, los fusilaron en las ruinas del gueto el 7 de marzo de 1944.

Incluso en los campos, símbolos del horror del siglo XX, se produjeron revueltas. En Auschwitz-Birkenau, los judíos lograron matar a algunos guardias de las SS e incendiar un crematorio. Rosa Robota, judía polaca de Ciechanow, había introducido clandestinamente pequeñas cantidades de explosivo de la fábrica donde trabajaba. Sabía muchas cosas de la resistencia, de sus miembros y su funcionamiento. Los nazis la torturaron. No habló. La ahorcaron el 6 de enero de 1945, pocas semanas antes de que el Ejército Rojo liberase el campo. En Sobibor, el 14 de octubre de 1943, los prisioneros se sublevaron y mataron a 11 miembros de las SS y a numerosos colaboracionistas ucranianos. Unos 300 prisioneros lograron escapar, pero a muchos de ellos los volvieron a capturar y los mataron. Los nazis también mataron como represalia a prisioneros que no se habían fugado. Después del alzamiento, los nazis desmantelaron el campo y establecieron un campamento de la guardia ucraniana.
No. Los judíos no dejaron de luchar y de resistir como pudieron. Deberíamos contar más la historia de aquellas mujeres y aquellos hombres de heroísmo y dignidad admirables.

También a ellos los recordamos en estos días.

Anticapitalistas boicotean comercios de Segovia por apoyar a Vox, pero sólo logran que tengan más público
Anticapitalistas de Segovia elaboran un listado de los empresarios que fueron al acto de Javier Ortega y lo retiran días después al ser denunciados.
Maite Loureiro Libertad Digital  22 Enero 2019

Media docena de comerciantes en Segovia denuncian ser víctimas de un intento de boicot a sus negocios por asistir al acto que el pasado 20 de enero protagonizó el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, en la ciudad. Solo uno de los propietarios tiene vinculación directa con el partido. El resto, simplemente acudió para escuchar el mitin.

Al día siguiente del evento, celebrado en el Hotel Cándido, el grupo Anticapitalistas de Segovia difundió en redes sociales un listado, con nombres y apellidos, de algunos de los asistentes que tienen locales en la ciudad para pedir a los clientes "ser consecuentes con dónde consumen" porque con su dinero "se financia directa o indirectamente al fascismo".

Los propietarios denunciaron inmediatamente la campaña a la Policía Nacional, lo que provocó que el listado fuera retirado de las redes sociales. Este periódico ha podido acceder sin embargo a las capturas de pantalla que demuestran el intento de boicot.

Desde Libertad Digital nos hemos puesto en contacto con algunos comerciantes y aseguran que, a pesar de la "persecución" y de que han intentado "amedrentarles", han notado un efecto contrario al pretendido. Durante la última semana, ha aumentado el número de clientes y varias empresas, ajenas a lo ocurrido, se han puesto en contacto con ellos para mostrarles su apoyo.

El cabeza de lista de Vox en Segovia durante las elecciones de 2015, Andrés Vicente, denuncia que, además de la protesta de una decena de radicales durante el acto de Ortega Smith, el partido sufrió el pasado mes de octubre un ataque a una mesa informativa.


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Una convención a mayor gloria de Vox
Félix Madero. vozpopuli   22 Enero 2019

No ha habido en la Convención del PP nada que no haya sido dicho pensando en VOX. Lo del pasado fin de semana es como esas consumiciones que uno encarga pero se beben otros. Es al partido de extrema derecha al que de forma diferida, que diría la señora Cospedal, va alimentar la reunión de un partido que hace poco tenía once millones de votos. El PP habla del futuro y saca al escenario a Aznar -tutelas y tutías- y da voz a Esperanza Aguirre, esa señora que ahora aparece y que sigue sin rubor instalada en su liberalismo de baquelita.

El lío ahí es tremendo, y el despiste casi general: sacan en procesión a Aznar cuando los mejores resultados de la historia del PP los ha conseguido Rajoy. Aznar, que hace una semanas decía eso de que quien mejor encarnaba a la derecha era Rivera, y del que Martínez Maillo señaló hace medio año que no lo entendían cuando abría la boca. ¿Y ahora sí? Sacando a Aznar no se acaba con la sangría de votos, y menos a base de banderas y más banderas. Contienes la fuga de votantes con ideas, estrategias y claridad en los mensajes. Y con valentía, sin miedos ni complejos.

Seguirá el desgaste mientras el PP no encuentre su autonomía ideológica y lo haga sin complejos. Por mucho que digan que son un partido de centro-derecha no terminarán siéndolo. Le sucede lo mismo al PSOE cuando debajo del puño y la rosa colocan la leyenda de “somos la izquierda”. ¿Y?

La convención popular se ha cerrado con mucho fuego artificial, y, como queda dicho, con un desmesurado uso de la bandera de España para instalar al personal en el mundo de las emociones y poco más. Se equivocan los que piensan que la Convención ha consolidado el liderazgo de Casado. Pues miren, no. Se consolidará el día que gane las elecciones. Y si Moreno Bonilla es un líder, y así lo trata la actual dirección del PP, allá ellos. Se engañan, disparan en su propio pie, y acaso tengan necesidad de ello. Juguemos a que vamos bien y pensemos que hemos ganado Andalucía con los peores resultados de la historia. Ellos verán.

¿Recuerda el lector una idea, una sólo, que valga la pena considerar y sirva para ganar las próximas elecciones? No, no la hay. Lo que hay es una sensación bien perfilada de que el conclave del PP se ha hecho para reforzarse ante VOX, ese partido al que José María Lasalle, ese raro y lúcido militante del PP, califica de partido fascista postmoderno a falta de correajes. Y mucho flamear de la bandera española, y mucha invocación a la unidad. ¿Estarán así hasta el 26 de mayo?

No, a este partido no lo han nombrado, pero estuvo presente en todos y cada uno de los discursos. Hacían que no existía, pero la mayoría de los que hablaron lo hicieron pensando en los que se fueron al partido de extrema derecha, por un lado, y a Ciudadanos, por el otro, mas que a los que estaban allí sentados, confundidos, liados, temerosos y sabedores de que sólo haciendo un buen diagnóstico encontrarán una buena solución. No pasó. Por eso no es baladí preguntarse para quién o quiénes han hecho al cónclave del pasado fin de semana. ¿Para los que estaban allí sentados o para los que se fueron?

Y con este panorama político Pedro Sánchez habla de moderación y recrimina a Casado y a Rivera que se echen en manos de VOX; él, que está a merced de la voluntad de los independistas catalanes y los proetarras de Bildu. Y Ciudadanos, que a lo que se ve nadie lee los periódicos ahí, que a estas alturas pide una alianza de los constitucionalistas. ¡Qué bien hubiera hecho Rivera apoyando al PP quedándose fuera del Gobierno que VOX ha hecho posible en Andalucía; qué bien! ¡Qué oportunidad ha perdido de demostrar que esa idea histérica que lleva dentro el partido de Abascal está lejos de Ciudadanos! Terminarán todos melancólicos a base de tanto esfuerzo inútil. Y cientos, miles de ciudadanos sin saber a quién votar. Ni hoy ni dentro de cuatro meses.

A infamia diaria en Waterloo; el 155, ya
EDITORIAL ABC  22 Enero 2019

La nueva visita de Joaquim Torra a Carles Puigdemont en Bélgica para pedirle consejo es la enésima muestra de una ignominia política a la que nuestra democracia no debería someterse. A todos los efectos, Puigdemont es un presunto delincuente, huido para no tener que someterse a un juicio penal por rebelión. Ni es un presidente en la sombra, ni permanece en un exilio forzoso ni debería seguir tomando el pelo a todos los catalanes al presentarse como mártir de la libertad. Puigdemont insiste en el absurdo de que un presidente de la Generalitat como Torra le rinda pleitesía de forma humillante. El «consejo por la república» es una patraña, y Puigdemont se ha convertido en un vividor en Waterloo, protegido por un sistema político como el belga que lamentablemente, y sin razón alguna, cuestiona la calidad de nuestra democracia en España. Tenga que despachar lo que tenga que despachar Torra con Puigdemont, el resultado será otro esperpento a los ojos de los españoles.

Torra quiere saber qué estrategia le prepara el huido para que el separatismo se signifique ante la opinión pública cuando dé comienzo el juicio por el golpe de Estado del 1-O. Y también le pide consejo sobre cómo debe actuar el independentismo con los Presupuestos Generales del Estado presentados por Sánchez. Si el separatismo veta las cuentas de inicio, o vota negativamente después, el debilitamiento de Sánchez será brutal y debería convocar elecciones. Por eso, no sería sorprendente que después de hincharse los bolsillos gracias a un Sánchez sometido a su chantaje, los nacionalistas le regalaran unos meses más de legislatura. Pero el independentismo ya no es un bloque monolítico que se maneje con criterios de obediencia debida.

España y su prestigio internacional no pueden permitirse el lujo de que se siga considerando «normal» que un presidente autonómico obedezca a un prófugo de su Justicia, ni que los Presupuestos se negocien en una cárcel, como ha llegado a ocurrir. ¿Cabe mayor y más lacerante afrenta para un Estado? Sobran motivos para aplicar ya el artículo 155 y devolver así la ética y la decencia democrática a Cataluña, en particular, y a la totalidad de España, en general.


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