AGLI Recortes de Prensa   Domingo 10  Febrero 2019

¡A Colón!
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Febrero 2019

Hay muchas razones para que un español que no padezca invalidez, enfermedad, agorafobia o lejanía insalvable de la Patria se acerque hoy, a las 12, a la Plaza de Colón, en el centro mismo de la capital de España. La primera, claro, es que nos convocan los tres partidos que defienden la Nación y la Constitución, tras saberse que el Traidor Sánchez pretende negociar la independencia de Cataluña con mediadores internacionales, tal y como la ETA, autora histórica de ese guion, pretende desde que empezó a matar españoles para doblegarnos y privarnos de lo que es nuestro: España.

La segunda es que todos los enemigos de España y de la Libertad, sin excepción, están en contra de la manifestación de hoy. No hay una sola rata periodistiprogre, un escriba lamelibranquio, un millonario telemaduro o un vocero radiopodrido que no himple, como las hienas, ante una convocatoria hecha aprisa y corriendo, pero sin duda oportunísima, viendo a todos los que molesta. Si El País, la SER, La Vanguardia, El Periódico, la Sexta, la Cuatro, TVE y Telemadrid aúllan contra la llamada de Rivera, Casado y Abascal, es señal inequívoca de que nubla el horizonte golpista mediático y político, empezando por la ETA y terminando por Felonetti. Si los buenos llaman, hay que pensarlo. Si los malos tratan de impedirlo, hay que acudir.

Apoyar al Supremo, a la Ley contra el Golpe
La tercera razón es que este martes empieza en el Tribunal Supremo el juicio a los principales autores del Golpe de Estado del 1 de Octubre de 2017, aunque en realidad viene perpetrándose desde hace cuarenta años, cuando el nacionalismo racista-pujolista y la miserable izquierda catalana declararon políticamente incorrecto el nombre de España y toda pretensión de libertad e igualdad ante la ley en nombre de la Constitución de 1978.

Lo que se juzga, como bien aclaró Javier Ortega en esRadio este viernes, no es un acto más de violencia sino de rebelión contra el Orden constitucional, para liquidar la soberanía nacional española, base de la ordenación legal. El Golpe de Estado no es un acto contra una ley sino contra todas las leyes. Lo que busca es privar de toda protección legal a toda la ciudadanía. Por eso es el delito más grave de todos. Y así debe ser juzgado. Y debe ser condenado.

Acudir hoy a Colón es apoyar a los siete jueces, los cuatro fiscales, al juez instructor, a los abogados del Estado decentes que este indecente Gobierno apartó cuando se negaron a firmar el cambio de la base legal de la acusación, resultado lógico de la colocación por los golpistas en La Moncloa de su hombre, el traidor Pedro Sánchez, Falconetti o Felonetti. Es también respaldar a los que anónimamente han contribuido a crear las bases jurídicas para el juicio, empezando por la acusación popular de Vox, que se presentó y empezó a trabajar cuando nada hacía suponer que Rajoy y toda la oposición no harían nada contra el Golpe, ni que se iba a producir la gran reacción nacional que los ha llevado al dulce momento que ahora disfrutan.

Y aunque la convoquen tres partidos políticos que, seguramente, hoy están representando a la mayoría de los españoles, el gran acto en Colón es también una manifestación contra la política en su acepción más rastrera, la partidista, que busca un beneficio particular a costa del interés general. Sin mediar atentado terrorista, esta es la primera vez que tres partidos grandes y varios chicos convocan a la ciudadanía por un problema nacional. Es cierto que, esta vez, quieren robarnos nada menos que la Nación, pero hasta ahora nunca se había dado de forma tan clara la voz de alarma. Esta es la política en su acepción más noble, que debemos rescatar: la que trabaja para todos.

En fin, hay una razón última para acudir, aunque no se tengan ganas, y es que es bastante fácil que no sea un gran éxito. Además de convocarse como un acto testimonial tras la rueda de prensa de Carmen la de Cabra, que confirmó lo de los mediadores internacionales, relatores o mamporrers, nada había preparado nadie el jueves para un acto de masas este domingo. Sin embargo, hay un precedente: la gigantesca manifestación de Barcelona el 8 de Octubre de 2017, tras el discurso del Rey en defensa de España y de la Constitución frente a los golpistas y a la cobardía del Gobierno de Rajoy.

Naturalmente, un milagro así sólo se produce una vez. Pero como el Golpe de Estado sigue, ahora con el apoyo directo del Gobierno del Felón, es preciso empezar a manifestarse no una, sino veintiuna veces, el número de las humillaciones que ha aceptado negociar el Felón con los golpistas. Hay que demostrar a los funcionarios fieles al Estado y a la nación, con el Rey a la cabeza, que estamos con ellos. Hay que demostrar a los políticos decentes que los vamos a apoyar. Hay que demostrar a los traidores que no vamos a olvidar su felonía. Y hay que demostrar a los golpistas, camino del banquillo, huidos en el extranjero o escondidos en sus guaridas mediáticas, que España ni olvida ni perdonará jamás a los que pretendieron liquidarla.

Además, a los buenos ciudadanos, a todos los españoles reunidos en Colón, les saldrá el sol. A los malos les espera la sombra.

El fin del miedo
Tienen pánico porque ya no intimida al español con llamarle fascista
Hermann Tertsch ABC 10 Febrero 2019

Decía ayer Pedro Sánchez que los españoles que se concentran hoy en el corazón de Madrid son radicales que «quieren una España en blanco y negro que solo propone volver atrás». Una mayoría de los medios, en las simas de inmoralidad del propio Sánchez, anunciaban una terrible concentración de derecha, ultraderecha y nazis violentos. Defensores de la siniestra alianza del Frente Popular que busca un cambio de régimen con la voladura de la Constitución, la Monarquía y la unidad de España, llevan dos días mintiendo como nunca. Y eso es mucho decir.

La gran falsedad es la pretensión de que el gobierno de Sánchez ha roto las negociaciones secretas con la Generalidad golpista. Las mantiene desde hace meses para imponer a los españoles hechos consumados que acaben irreversiblemente con la soberanía española. No es un acuerdo de presupuestos. Es un pacto para gobernar más allá y cumplir sus sueños de continuidad y los del separatismo para una consulta vinculante y el indulto de la cúpula golpista ahora juzgada. La segunda mentira abunda en que hoy se dan cita las fuerzas antidemocráticas. Cuando saben que se trata de exigir que Sánchez demuestre o simule al menos un ápice de dignidad, vergüenza y honradez y convoque de inmediato las elecciones que prometió. Para que la sociedad española se pueda defender de la cobarde agresión por parte una conspiración golpista que ya no está en Barcelona.

Para que alguien de la catadura y calidad de Sánchez pudiera montar esta operación contra España tenían que concurrir muchos factores. Los principales son políticos y culturales. Desde hace 40 años los españoles viven inmersos en un discurso que explica España como una realidad anquilosada y lamentable que devino en fatalidad y que por el bien de todos y en aras del progreso hay que desmantelar. A nadie se lo han dicho exactamente así en el colegio, ni en las televisiones, libros, películas, colegios, universidades ni en los mítines de los partidos, pero ningún otro mensaje se ha escuchado con tanta fuerza y tan obsesiva intensidad. Hasta convertir cualquier alternativa a ese discurso en pensamiento fascista, criminal y detestable. Se ha identificado a la nación española con la dictadura para generar desafección, ampliarla a toda la larga historia de España y convertir en canon una Leyenda Negra que legitimara a todos enemigo de la Nación española. Para ello se ha faltado a la verdad, masiva y obscenamente y ocultado algunas de las más brillantes páginas de la historia de la Humanidad. Se hizo sin escrúpulo, sin reparar en medios y, sobre todo, sin resistencia. Porque la cobardía, lo llamaban prudencia, recomendaba no significarse en la defensa de España. Para no ser tachado de franquista o fascista, lo que equivalía a la muerte civil. El problema de Sánchez, de los golpistas y sus cómplices, es el fin del miedo. Para ser libre en España había que perder el miedo a ser tachado de franquista o fascista. Y eso está pasando. Por eso están en pánico.

En tal día como hoy
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 10 Febrero 2019

¡Qué mala pata la mía, obligado a llevar el mismo apellido que lleva el matasiete dispuesto a despiezar la nación en la que vine al mundo cuando sus correligionarios la desgarraban! Fueron ellos, los del PSOE, los de don Inda, quienes dieron el golpe de estado de Asturias. Fueron ellos, otra vez los de don Inda, quienes desencadenaron la guerra civil al asesinar en la tapia de un cementerio al jefe de la oposición. Fueron ellos, los del futuro Inspector de Nubes, quienes utilizaron el estado de shock originado por la masacre de Atocha para colarse por las alcantarillas en los muelles salones del poder. Y, una vez más, son ellos, los del PSOE, quienes ahora, contritos, a regañadientes y cabizbajos, han permitido que mi homónimo, el okupa grandullón y fanfarrón de la Moncloa, se despatarre en ella e incurra en todos los desmanes posibles y en algunos inconcebibles para seguir viviendo como un pachá, de Falcon en Falcon, de cancillería en cancillería, de chalet del patrimonio en chalet del patrimonio y de besamanos en besamanos, a costa del sudor de nuestras frentes recogido por la bayeta del terror fiscal que desencadenó Montoro y ahora se recrudece.

Y, sin embargo, el PSOE, abocado a un inminente proceso de extinción, similar al que liquidó a los socialistas de Craxi en Italia y a los de Hollande en Francia, si su líder actual saca los Presupuestos a flote con la cínica ayuda de los golpistas catalanes y agota la legislatura, aún tiene una posibilidad, sólo una, de sobrevivir al sálvese quien pueda antes de que los votantes les retiren los escaños en los que aún acomodan sus posaderas. Y esa posibilidad, por todos señalada, es la de que un puñado de señorías sensatas y valientes, estimuladas por la autoridad moral de Felipe González y Alfonso Guerra, y por el frondismo que bulle en las salas de banderas de las baronías del PSOE, retiren su confianza al perjuro que los llevará al ostracismo de la muerte civil y se unan a la moción de censura que en tal caso presentarían las principales fuerzas de la oposición, incluyendo en ellas, a pesar de sus remilgos y melindres, al dirigente político que no quiere figurar junto a Santi Abascal en la foto de cabecera de la gran manifestación unitaria que hoy recorrerá las calles de Madrid. España, anhelante, espera que los disidentes del gobierno de Sánchez se rebelen contra el trágala de la disciplina y cumplan con su deber. De no hacerlo, adiós, socialismo, adiós.

Fachas en Colón
Antonio Burgos ABC 10 Febrero 2019

Los rompepatrias, que los hay a manojitos con tal de permanecer en el poder o de proclamar su independencia, dicen que los que estaremos hoy en la plaza de Colón de Madrid somos unos fachas. Cómo seremos de fachas, que en Colón estaremos, en espíritu y de corazón, hasta los que no vamos a poder presentarnos a esa lista de diana para despertar a España. Y a mucha honra.

Si defender la Constitución de 1978, garantía de nuestra democracia y nuestras libertades, y los logros de concordia de la Transición es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si proclamar con todo orgullo que España es una Monarquía Constitucional y que nuestro Rey es Don Felipe VI, que Dios guarde, es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si emocionarse al ver tremolar el rojo y el gualda de las banderas nacionales como única enseña, «Banderita tú eres roja», con los colores del «vino de Jerez y el vinillo de Rioja» es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si proclamar, con la Constitución, «la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles», donde nadie es más que nadie y donde todos los habitantes de todas las regiones debemos tener los mismos derechos es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si creer firmemente que España no se negocia, sino que se defiende, y que muchos menos aquí hacen falta relatores que nos cuenten el cuento de la buena pipa de los golpistas separatistas es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si desear que sean convocadas cuanto antes elecciones, como prometieron los que presentaron la moción de censura contra Rajoy, y estar convencido de que los peligros inminentes que acechan a la Patria no tienen más solución que la urgente colocación de urnas es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si pensar que España está desgraciadamente gobernada por un Felón de toda felonía, mucho más que Fernando VII, y se está de acuerdo con todos los otros calificativos que, con toda valentía, le dedicó Casado es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si estar convencido de que con 84 diputados y un rebujito de todos los que quieren romper a España no puede permanecer ni un minuto más en La Moncloa este Gobierno que aparece, aunque no lo sea en Derecho, como usurpador del poder es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si creer que la Justicia debe ser preservada de todo tipo de presiones, en el principio de la separación de poderes, para que pueda juzgar con total independencia a los que perpetraron un referéndum como rebelión contra el propio Estado de las Autonomías que a algunos se les queda corto y que a otros les parece excesivo es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si entender que los padres deben tener derecho a exigir que sus hijos puedan estudiar en español y si según la Constitución «el castellano es la lengua oficial del Estado» y «todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla» es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si gritar «Por España, todo por España», como al abdicar dijo Don Juan, Conde de Barcelona a su hijo Don Juan Carlos I es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Si emocionarse cuando ahora, al final del acto, suena la Marcha Real y se acuerda uno de la letra de Pemán, «alzad la frente, hijos del pueblo español», es ser facha, yo quiero ser facha y estar hoy en Colón.

Causa justa
Sobran motivos parala queja de hoy
Luis Ventoso ABC 10 Febrero 2019

EL cauce de expresión de la voluntad popular en una democracia son las urnas, no la calle. Pero en momentos graves y puntuales, un pueblo se ve obligado a protestar contra un abuso. Existen razones que convierten la marcha de Colón en una causa en justa:

-Sánchez ha engañado a los españoles. Prometió un Gobierno de transición para celebrar elecciones y lo ha incumplido, bloqueando la demanda mayoritaria de ir a las urnas.

-Sánchez preside un Gobierno sostenido por los partidos golpistas de 2017 y por una formación heredera de ETA. Es innegable.

-Solo por seguir en La Moncloa, Sánchez aceptó un diálogo bilateral con el Gobierno separatista de una comunidad, que le reclamaba como exigencias irrenunciables la autodeterminación y que torpedee al Poder Judicial en favor de los presos golpistas. Sánchez aceptó sentarse con ellos a pesar de esas demandas ilegales. Su amago de romper resulta tardío y poco fiable.

-Sánchez ha instaurado la mentira como práctica tolerable en política. Un ejemplo: cuando saltó el caso tesis, declaró en el Parlamento que estaba a disposición en internet, pero al día siguiente anunció que la subía a la web. El presidente mintió así en sede parlamentaria.

-Sánchez prometió regeneración, necesaria tras los escándalos de corrupción del PP, pero no ha llegado. Tolera tretas fiscales de sus ministros, que en la oposición consideraba objeto de dimisión, o mantiene a una ministra de Justicia que reía los delitos de un policía corrupto. Además, el PSOE espera la sentencia de los ERE y arrastra casos de corrupción en Valencia, Galicia, Extremadura, Aragón... No es ejemplo de nada.

-Sánchez ha presionado de modo intolerable a la Justicia en favor de los golpistas catalanes y muchos observadores están convencidos de que antes de las protestas de esta semana planeaba indultarlos.

-Sánchez ha tomado TVE y el CIS, organismos estatales, para convertirlos en arietes partidistas. Además, ha presentado unos presupuestos que el Banco de España tacha de falaces.

-La sociedad española está harta de verse humillada por una minoría. Un país magnífico, con 47 millones de habitantes, es rehén del desprecio y el torpedeo de dos millones de separatistas catalanes y unos 700.000 vascos. Una minoría amarga la vida de la inmensa mayoría. Por ejemplo, ayer Colau denunció ante Europa que la Justicia española no es fiable. Ese tipo ofensas y falacias son constantes y toca decir «basta».

-Existe cansancio con la supuesta superioridad moral de la izquierda en España. Personas con otros valores, que creen en la familia, la empresa, el esfuerzo personal y los seculares principios judeocristianos, demandan también respeto a sus ideas.

-Por último, millones de españoles ya no soportan la arrogancia personal de un Sánchez que no ha ganado las elecciones, y que instalado en la parálisis legislativa y rehén de los separatistas se pavonea como si fuese un estadista providencial.

¡Qué miedo da el domingo!
Javier Somalo Libertad Digital 10 Febrero 2019

La rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de este viernes se mereció un Goya al mejor corto –en cuanto a talla intelectual– de ficción. Había apuestas sobre quién comparecería y lo cierto es que Isabel Celaá cotizaba muy a la baja.

Al final, pasados muchos más minutos de lo habitual, se abrió el telón y aparecieron Calvo, Calviño y el astronauta que acaba de llegar de la Antártida donde por lo visto, según cuenta él mismo, los pingüinos le seguían como para denunciar algo. La costumbre marca que salgan tres ministros, qué se le va a hacer. Lo único claro es que la consigna gubernamental era estropear el temido domingo de protesta y dejar a "las derechas" sin razones para tomar la calle. ¿Cómo? Como sólo Carmen Calvo sabe hacer: cantinfleando. Si seguir las argumentaciones de Isabel Celaá cada viernes ya requiere gran presencia de ánimo, entender a la vicepresidenta merece condecoración pensionada. Y es que la sintaxis siempre persigue a Calvo pero Calvo es mucho más rápida. Jamás se encontrarán. Y ella se sorprende de que, en realidad, nadie la entiende por obvios que sean sus razonamientos. Ahí está, por ejemplo, ese documento con las ofertas remitidas a Torra que ella misma repartió el viernes entre los periodistas. Un documento en el que se habla de cosas que sólo Calvo puede entender. Leo: "Formarán parte de la Mesa dos representantes con capacidad de decisión en los dos ámbitos territoriales (estatal y catalán)…". ¿Cuál es el "ámbito territorial estatal"? De existir, ¿es distinto al catalán? Mal asunto. Pero no conviene darle muchas vueltas al escrito porque puede surgir la tentación de comprenderlo y les aseguro que es una esperanza vana, casi tanto como hilar con ideas las palabras sueltas de Calvo.

Sin embargo, por mal que lo quieran explicar hay cosas que están muy claras: a estas alturas del golpe no se puede simular un intento de sofocarlo proponiendo un "diagnóstico del conflicto". De haberlo, es éste: Sánchez llegó a La Moncloa sin pasar por las urnas, aupado por unos golpistas que ahora necesita para seguir en La Moncloa. Ya está. Pero el Gobierno, escondido detrás de la portavoz encriptada, pretendió que nos creyéramos que rompía relaciones con los malos. Si hubiera un software de traducción Calvo-Español, la cosa quedaría más o menos así: No me vayan a ir ustedes a la manifestación del domingo, que ya no hace falta porque hemos roto. Y por eso les dejo ahí un documento en el que el Gobierno le dice a los golpistas que por pedir que no quede; que el relator, notario, moderador, celestino, facilitador o mamporrero sigue vigente y que hay que diagnosticar en pie de igualdad y al margen del Parlamento. Pero hemos roto, que conste.

Calvo ya es un poco Soraya, aparentemente indignada pero del todo rendida al masaje golpista. Es lo que tiene el dialogar con un ladrón, que te sigue robando mientras le hablas. Y cuanto más le hablas más te roba, hasta que te promete que dejará de hacerlo cuando ya no tenga nada que quitarte… y te suena a oferta. Pero un nacionalista jamás pone fin a su aspiración, menos todavía cuando ha entrado de lleno en la fase golpista y violenta, hecho que deberíamos convertir en ventaja: ya no queda espacio para la política cuando aparece el delito, no hay diagnóstico por descubrir ni negociación posible ante un criminal confeso. Pero es que mucho antes de que eso sucediera, tampoco había espacio alguno para diálogo. A los políticos españoles les cuesta entender –los han necesitado para gobernar– que el nacionalista existe por oposición, por ruptura, y jamás negociará más allá de su victoria completa. Ni siquiera está preparado para gobernar, sólo para separarse infinitamente de algo, en un perverso bucle. Pero llegados al punto del delito y la violencia, el agredido no tiene nada que negociar con el agresor y ya sólo cabe cumplir y hacer cumplir la Ley. Todo lo que se escape de esos márgenes es puro colaboracionismo que, por cierto, ha de ponerse bajo la misma vara de medir que el delito original.

Pánico en Podemos
Pero no sólo el Gobierno tiene miedo al domingo. También lo padece Podemos. No hay forma de que Pablo Iglesias respete su baja de paternidad delegando en Irene Montero, que se va apagando poco a poco como si volviera a la tienda de campaña de Sol en vez de a la finca de La Navata. El líder quiere hacer valer su condición de comisionado del Gobierno en asuntos importantes que sólo él puede lidiar. El caso es que tiene un miedo atroz a ver la calle repleta de gente sin sus pendones morados, herido de muerte en Caracas y en Errejón, fracasado en su intento de hacerse okupa, taxista o pensionista y sin saber ya qué decir de Cataluña.

Ya puestos, no sólo la izquierda tiene miedo al domingo. También siente cosquillas Núñez Feijóo. O Manuel Valls. No iban… pero van, por si acaso y "sin complejos". Esperemos que la calle pueda obrar algún milagro en el gallego, gestor de tiempos como su paisano el registrador. En su mano está ser palanca o freno del PP. Dicen que tiene capacidad para hacer ambas cosas. Del francés sólo espero que repase su historia, la de Francia y la de España, antes de pedir la triple nacionalidad.

Supongo que hasta Pablo Casado y Albert Rivera pueden albergar también ciertos recelos por la presencia de Santiago Abascal este domingo en Colón pero el caso es que, de momento, los tres han sabido contenerse en favor de una movilización apartidista que comparte un fin común. Si la calle responde como parece, a Tezanos el del cisco le va a dar un soponcio. También él tiene miedo, a falta de vergüenza.

Lo importante es que si esta unidad formal, que es de agradecer, se trasladara a una moción de censura, el miedo a la concentración de domingo en la Plaza de Colón sería aún mayor a partir del lunes. Es necesaria y está más justificada que nunca: moción contra moción para devolver a las instituciones democráticas la legitimidad que ha robado el presidente Pedro Sánchez y gran parte de su gobierno. La incierta aritmética parlamentaria no puede frenar una iniciativa histórica que garantice que al día siguiente de prosperar se convocarían elecciones, sin pisar La Moncloa. Sin siglas, como espero que suceda este domingo. Hay socialistas suficientes que saben que Pedro Sánchez ya es ex presidente y que cada minuto que pasa hunde más al partido con el que tienen que ir a las urnas en mayo. Si la moción no prosperase, nada habría que reprochar a los promotores y nada se habrá perdido, al contario. Esta sí que es una vía política urgente, posible y esperanzadora para acabar con el golpe separatista de la Generalidad, baldón de la España del siglo XXI.

Para este domingo ilusionante, los políticos convocantes de la concentración en la Plaza de Colón han pedido que sólo se exhiban banderas de España. Bien. Si acaso, propongo, alguna de Venezuela, otra de las razones por las que el déspota felón debe desalojar La Moncloa igual que el sátrapa criminal debe salir escupido de Miraflores. Y todos tan contentos. Un domingo de miedo, vamos. Y el lunes, a hablar de la moción de censura.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

Sánchez se inhibe ante el clamor social en su contra
EDITORIAL El Mundo 10 Febrero 2019

Pese a que siempre ha alardeado de dar la cara e incluso de su audacia política, lo que se está poniendo en evidencia en estos días aciagos para España es la falta de valentía de Pedro Sánchez. El presidente es el principal responsable de la temeraria hoja de ruta de un Gobierno que desde sus albores permanece como rehén del independentismo. Quienes perpetraron el golpe de Estado contra el orden constitucional en otoño de 2017 culminaron su desafío soberanista aupando a Sánchez a través de un golpe de mano parlamentario del que ahora todos los españoles estamos pagando las consecuencias. El desgobierno cunde en un momento en el que La Moncloa se muestra incapaz de fijar el rumbo. Nadie parece asumir el mando. Tampoco Sánchez, lastrado durante los últimos días por un bochornoso silencio que no hace más que alimentar las especulaciones sobre sus cesiones al separatismo. Ayer, en un acto de partido en el País Vasco, el secretario general del PSOE se mostró incapaz de ofrecer explicaciones nítidas sobre sus enjuagues con Torra, Puigdemont y ERC; y, sobre todo, sobre el futuro de una legislatura completamente calcinada por la estulticia de quien ha preferido guiarse por ocurrencias aventureras que por la responsabilidad inherente a la segunda magistratura del Estado.

Orillar el problema que él mismo ha creado, por mucho que trate de endilgárselo en exclusiva a la vicepresidenta Calvo, no contribuirá a mitigar sus efectos. Al contrario, ahonda la inquietud de una ciudadanía alarmada por el entreguismo, la debilidad y la insolvencia del Ejecutivo. Sánchez debió frenar antes de la rendición de Pedralbes. Máxime teniendo en cuenta que Torra puso en todo momento encima de la mesa el reconocimiento del derecho de la autodeterminación, exigencia que ayer volvió a reiterar a las puertas de la prisión de Soto del Real. Lo hace apoyado en la propaganda independentista en vísperas del arranque del juicio del 1-O y el mismo día que Colau envió varias cartas a líderes de la UE para sembrar dudas sobre las garantías de este proceso judicial. Abochorna que la alcaldesa de Barcelona se sume a la campaña internacional secesionista de desprestigio de la Justicia española.

El independentismo tiene en su mano la supervivencia política de Sánchez manteniendo o retirando las enmiendas a la totalidad a los Presupuestos. Al margen de ello, hoy eclosionará en Madrid, con motivo de la manifestación convocada por el PP y Ciudadanos, el profundo hastío social con el Ejecutivo socialista. La concentración en Colón constituye la respuesta transversal de la sociedad civil a raíz de la obscena genuflexión de Sánchez ante quienes no tienen más empeño que romper la Nación. El clamor será rotundo. La convocatoria de elecciones es la única salida digna que le queda a Sánchez. Debe hacerlo por el bien de su partido, pero sobre todo por el bien de España.

Por la soberanía nacional
El bando correcto es el de quienes están de acuerdo en que la España constitucional aún vale la pena como proyecto
Ignacio Camacho ABC 10 Febrero 2019

No te dejes engañar: la negociación con los separatistas sigue abierta. Sánchez la ha suspendido, no cancelado; la deja en stand by hasta que pase la tormenta. La de su propio partido, que es la que le importa; quizá no esperaba tanta contestación interna. La manifestación de hoy la usará, si es un éxito, para agitar el espantajo del miedo a la derecha. Ésa es su baza ante el nacionalismo, que nunca tendrá otro Gobierno más dispuesto a sentarse a su mesa. Al presidente ya no es esta legislatura achicharrada la que le interesa; está mirando más allá, hacia una futura correlación de fuerzas que después de las elecciones le pueda garantizar la supervivencia. Hemos vuelto a 2016, cuando los barones le vetaron el «Gobierno Frankestein» que ya tenía en la cabeza, sólo que entonces aún no se había proclamado la insurrección de independencia. Pactar con los sublevados después de la revuelta es un acto de indignidad que demuestra hasta qué punto se mezcla su ambición personal con un anhelo patológico de vendetta. Por eso le trae sin cuidado tu protesta, y la de los suyos apenas le frenará lo justo para ganar tiempo con el que replantear su estrategia. A este hombre no se le puede descifrar en clave política sino psicológica, como apuntó esta semana Alfonso Guerra.

Pero no te distraigas porque lo que está en juego ahora no es la jefatura del Gobierno. Eso llegará en otro momento. En éste se trata de defender la Constitución como base de la convivencia y del ordenamiento de un Estado moderno. Si sales hoy a la calle, recuérdalo: te vas a manifestar por la supremacía de las instituciones frente al oportunismo aventurero que las utiliza como moneda de trapicheo en una especie de mercado negro. La política española ha alcanzado tal grado de envilecimiento que la propaganda gubernamental te llamará radical por eso, por reclamar la hegemonía de la razón y del Derecho, por negarte a aceptar componendas y atropellos. Mantente firme: eres tú quien está en el bando correcto. En el de la igualdad ante la ley, en el del rechazo a los privilegios y al alquiler del poder en una lonja indecorosa de deslealtades, chantajes y desafueros. En el de quienes están de acuerdo en que la España constitucional sigue valiendo la pena como proyecto.

Si alguna vez Sánchez compartió esa idea, hace tiempo que la ha abandonado. Ha arrastrado a su partido y a su país a una carrera de humillaciones y agravios sin más objetivo que el de prolongar su mandato. Ha puesto zancadillas a la Justicia para tratar de forzarla a un apaño y ha entregado al independentismo la manija de un falso diálogo entre iguales que menoscaba al Estado y lo somete a un bochorno democrático contra el que tienes, si así lo deseas, toda la autoridad moral para expresar tu rechazo. Se trata, simplemente, de reclamar como ciudadano la devolución de la soberanía nacional a sus legítimos propietarios.

Traiciones del presidente del Gobierno
JORGE DE ESTEBAN El Mundo 10 Febrero 2019

Lo que está sucediendo en España no sólo es gravísimo sino que, además, es insólito en las democracias del siglo XXI. La unidad nacional se está cuarteando a causa de los separatistas y de los neocomunistas que quieren cambiar de régimen para llevar el agua a su molino, con el agravante de que demuestran así que no han aprendido nada de la Historia, porque nunca la han estudiado. Hoy los mediocres pululan por los medios políticos, especialmente de una izquierda que parece inspirarse en Cuba y sus adláteres. Todo nos lleva a la conclusión de que cada vez es más necesaria en España una izquierda nacional que acepte la Constitución ( es decir, lo que había sido el PSOE hasta Zapatero) y que acoja a los españoles que comparten ideas progresistas.

Pero decía igualmente que asistimos en España a algo insólito, sin precedentes en la política mundial. Un político que carece de ideología definida y, sobre todo, de principios y valores, se halla ejerciendo el poder con los separatistasy neocomunistas. Pero, no nos equivoquemos, el poder quien lo ejerce realmente no es Sánchez, sino el grupo de aliados coyunturales que le apoyaron para ganar la moción de censura. Y que, a cambio de ello, van cobrando sus emolumentos de forma continua. No obstante, para concretar sus contrapartidas, digamos que los neocomunistas desean sobre todo cambiar de régimen y acabar con la Monarquía, mientras que los separatistas (por ahora catalanes y vascos, pero hay más) lo que quieren es un Estado independiente, fragmentando España. Pues bien, con esta ralea se ha aliado Sánchez a cambio de que le dejen gozar cuanto más tiempo de la parafernalia del poder.

A la vista de lo que está pasando, es claro que hay dos tipos de coaliciones: las coyunturales, que pueden hacerse con cualquier partido, incluso si no acepta la Constitución, a fin de lograr un objetivo determinado y de corta duración como la aprobación de una ley u otra medida (ya se sabe que la política hace extraños compañeros de cama); y las estructurales, que se forman con partidos afines que firman un programa de Gobierno para toda una legislatura. Ambos tipos de alianzas o coaliciones las podemos encontrar en muchos regímenes democráticos. Pero lo que nunca se había visto es esta extraña amalgama de partidos opuestos que parecía que iban a formar una alianza coyuntural para echar del poder a Rajoy y, según dijo el mismo Sánchez, convocar elecciones poco después. De lo dicho no hay nada, porque la idea de ambas partes es acabar la legislatura, aunque los motivos sean distintos.

El grupo heterodoxo desea mantener cuanto más tiempo a Sánchez en La Moncloa, porque nunca encontraran un mayordomo más dócil que se pliegue a facilitar su objetivo final. Y, por parte del presidente, qué más quiere si tiene todo lo que anhelaba, incluido su trato con los poderosos de este mundo, en parte gracias a su buena figura y a su dominio del inglés, junto a un desparpajo que maravilla, pues parece que conoce a los dirigentes extranjeros de toda la vida. Es más: parece estar orgulloso de su país porque cínicamente piensa que lo está haciendo más grande y poderoso, cuando lo que está logrando es destrozarlo. Pero es igual, él sigue con su táctica de aceptar lo que le pidan a cambio de que ahora le aprueben los Presupuestos para poder acabar la legislatura en el año 2020.

A los nacionalistas vascos les ha reconocido medidas que no se adaptan fácilmente a la Constitución y, a la vez, sigue facilitando otras para lograr lo que se dice irresponsablemente en la Disposición Transitoria sobre la posible incorporación de Navarra al País Vasco, lo que me pareció una locura y así lo escribí en el año 1978. En cuanto a los separatistas catalanes, siguen con la idea de hacer visible que en las reuniones de Sánchez con Torra son dos Gobiernos de naciones diferentes los que negocian, en lugar de encuentros del presidente del Gobierno de España con un mero presidente de una región española. Es más: ahora han sacado a la luz pública las 21 majaderías con las que parece que los independentistas van a cambiar el mundo.

Podemos agrupar tales reivindicaciones en varios grupos. El primero se refiere a lograr la independencia de Cataluña, para lo cual se dice que "no se puede gobernar contra Cataluña", naturalmente aunque los dirigentes catalanes violen la Constitución, es decir, se prohíbe usar el artículo 155. A continuación, sin ambages, reclaman el derecho de autodeterminación que "se ha de hacer efectivo". Claro que para eso hay una pequeña pega: es necesario primero reformar la Constitución y, si no se puede, no cabe sino adaptarse a los artículos 8, 116 y 155. Es decir, se empeñan en pedir algo que este presidente-títere no puede conceder. Pero, por si acaso, exigen en el punto 3 una mediación "internacional", medida que ha causado un revuelo de tal envergadura que ha obligado a la vicepresidenta Calvo a cantiflear primero para disimular la idea de que estamos ante un conflicto entre dos Estados y a jugar ayer a modo de tahúr con el asunto del relator en vista de la enorme indignación desatada y que amenazaba con crear un cisma en el propio PSOE.

El segundo grupo de naderías se refiere a los "abusos policiales" que ha sufrido Cataluña, así como a los ataques a los derechos humanos -de los continuos agravios que sufren los catalanes no separatistas no se dice nada-. El tercer grupo, dicho de forma sibilina, se refiere al respeto a la separación de poderes y a «superarse la vía judicial, que ha de abandonarse»; es decir, se pide que pongan en la calle a los presuntos golpistas encarcelados cuando va comenzar el juicio en el Tribunal Supremo. Ya conocemos algunas argucias realizadas por nuestro presidente en este sentido.

Un cuarto grupo se refiere a que Cataluña está invadida por el franquismo, aunque tal vez por eso el régimen actual sea claramente totalitario. Y un último grupo mezcla tres cuestiones paradójicas, haciendo gala de que los separatistas son los que mandan hoy en nuestro país, puesto que, en plan altruista, recomiendan que "debe mejorarse la calidad democrática de España" y "frenarse el deterioro de su imagen internacional", lo cual tiene gracia porque es por los separatistas catalanes por lo que España ha perdido parte de su prestigio. Por otra parte, el mismo Conde Drácula se alegraría por lo que llaman, en el punto 21, "hacer efectiva una política de fosas comunes". Y, finalmente, en el punto 7 se afirma un "Compromiso por la ética en la política", que exigiría un desarrollo posterior. Nada más apropiado en estos momentos para unos y para otros.

En este sentido, las cartas están echadas y se deben tener en cuenta las advertencias de Max Weber cuando distingue entre los que se meten en política para hacer cosas en beneficio de la sociedad y los que entran para vivir de ella. No hace falta decir en qué grupo se encuentra Sánchez. Pero hay más, porque el gran sociólogo alemán señalaba que para ejercer el poder, que consiste en la capacidad para influir en los hombres, es necesario entrar "en el terreno de la ética, pues es a ésta a la que corresponde determinar qué clase de hombre hay que ser para tener derecho a poner la mano en la rueda de la Historia". Desgraciadamente, ya sabemos qué tipo de político es el actual presidente, porque lo primero que se debe constatar es que no gobierna él, sino, como he dicho, los neocomunistas y separatistas, encabezados por el prófugo de Waterloo. Sánchez sólo se sostiene gracias al hilo típico de las marionetas que, en cualquier momento, puede romperse.

Tras los últimos acontecimientos, el presidente sólo tiene dos salidas que son ya un clamor popular: dimitir o convocar elecciones, porque no ha cometido una traición, sino bastantes más. Ha traicionado a la Universidad, con un título de Doctor bajo sospecha. Ha traicionado el derecho de la propiedad intelectual publicando un libro que difícilmente puede haber escrito. Ha traicionado la objetividad del CIS, nombrando a un sociólogo orgánico que pretendía dirigir las encuestas siendo miembro de la Ejecutiva del PSOE. Ha traicionado al Parlamento abusando de los Decretos-Leyes y suprimiendo toda actividad legislativa. Ha traicionado al juez Llarena dejándole desamparado tras su magnífico auto. Ha traicionado al Tribunal Supremo, antes de que dicte su sentencia sobre los golpistas, porque ya parece especular con posibles indultos. Ha traicionado continuamente a los españoles, porque miente sin parar, diciendo una cosa y la contraria. Ha traicionado a su partido porque hace años escondió una urna detrás de un biombo para que le favoreciese. Ha traicionado nuevamente a su partido, como opinan muchos barones, incluidos personajes de la talla de Felipe González y de Alfonso Guerra, como se deduce de su último e interesante libro. Y, ¿para qué seguir? Lo que es evidente es que está contribuyendo a la fragmentación de España con su política de subordinación a los separatistas catalanes.

Ahora bien, el actual Código Penal no incluye en su Título XXIII un delito de traición que se le pueda aplicar, porque se refiere a la traición que pueda cometer un español para contribuir a la guerra, que facilite al enemigo información clasificada o que comprometa la paz o la seguridad del Estado. Pero ello no significa que, como ya he dicho varias veces, no se le pueda aplicar el artículo 102.2 de la Constitución, aunque no exista la mayoría absoluta para su triunfo. Pero es igual, porque la cuarta parte de los diputados pueden denunciar el hecho y abrir un debate que tendría una enorme repercusión internacional para desenmascarar al traidor de La Moncloa. Mañana lo demostrarán los españoles de todas las ideologías en la Plaza de Colón.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Cursillo urgente para obtener el carné de fascista
DAVID GISTAU El Mundo 10 Febrero 2019

Usted puede ser un asesino. Sí, sí, usted de quien nada sospecha el camarero de la cafetería que acaba de proporcionarle aceite para agregar a la barrita. Por cierto, no me deje un cerco con la taza en la página, no cuando aún queda día de lectura. De todos modos, mañana envolveré el pescado, ya conoce el cliché. En realidad, no es exactamente un asesino lo que usted puede ser. Lo he interpelado así, como en la obra de Alfonso Paso, como en la adaptación del gigante Alberto Closas, para obtener su atención y advertirle: lo que usted puede ser es un fascista. Sin saberlo, sin haberlo sabido nunca.

Además, puede usted estar rodeado en este preciso instante de fascistas que tampoco saben que lo son. No se asuste. Mantenga la calma. Levante discretamente la mirada del periódico o de la pantalla y observe a su alrededor. Esto es como en La invasión de los ultracuerpos, no puede discernir cuál de las personas aparentemente normales que desayunan cerca de usted ya ha sido poseída y está gobernada por un demonio fascista de los que obligan a los editorialistas orgánicos y a los profetas curativos de Podemos a salir a la calle con un maletín de exorcista, como el del padre Karras.

Tal vez esté usted desayunando en una cafetería madrileña cercana a la plaza de Colón. En ese caso, es mi obligación decirle que las posibilidades de que se haya metido en una infestación facha se multiplican alarmantemente. Hay un modo de averiguar quién ha sido ya sometido a contagio. Los editorialistas orgánicos han trazado alrededor de la plaza de Colón un perímetro, como el que demarca Madrid Central, dentro del cual, a partir de mediodía, sólo habrá fascistas. Súcubos de condiciones anatómicas distintas porque existe una maquinita que demuestra que ocupan más espacio dentro de un metro cuadrado que los edénicos seres de la infalibilidad moral.

Sométase usted a prueba, camine hacia esa línea. Ignore los avisos apocalípticos de los predicadores que le exigirán arrepentimiento bajo pena de condenación eterna. No se extrañe si algún fotógrafo le apunta con la cámara cuando se lleve una mano al bolsillo: le han encargado que encuentre una bandera culpable con la que armar una portada y usted podría haber estado a punto de desenfundarla. Una vez llegado a la línea, examínese. Si un impulso interior le conmina a cruzarla, usted es un fascista, usted es un error, y lo único que pueden hacer ya los doctores progresistas es clavarle una estaca e impedirle votar para que no se haga daño a usted mismo.

Poco importa que haya usted cruzado esa línea para constituirse en sociedad civil. Para participar en un tiempo escandalosamente abrasivo. Para erigirse en dique de contención contra los desmanes de los logreros, contra la rendición de las leyes y los principios, contra el secretismo y la mentira de los conspiradores y de un presidente precario y mendicante. Para evitar que el destino de España sea discutido y decidido en un ámbito extraparlamentario precisamente por aquéllos cuyo único anhelo es destruir España, tanto la nación en sí como su régimen. Poco importa que sea usted un votante habitual de la socialdemocracia que cree en el relato fundacional del 78 y que se ha sentido reclamado por la vieja guardia del PSOE, que ve cautivo al partido y amenazada la labor de construcción de una democracia europea en la que con tanto estímulo participó. Poco importa que a Colón lo haya arrastrado a usted una epifanía de vocación ciudadana que exige defender la conquista de tal condición.

Poco importa todo eso. Si cruza esa línea, usted es fascista, así será motejado, por ello será apalizado por las patotas retóricas de Sánchez y del independentismo. Pague usted el precio de ser fascista durante toda la semana próxima. Y hágalo con orgullo.

¿Fragmentación o diversificación de los espacios políticos?
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli  10 Febrero 2019

A partir de la aprobación de la Constitución de 1978 y durante siete lustros, en el Parlamento español había imperado un bipartidismo imperfecto con dos grandes fuerzas de ámbito nacional, una que cubría un amplio espacio desde el centro hasta la izquierda y otra que hacía lo mismo desde el centro a la derecha. Si les ponemos apellido a estas dos opciones, los votantes en nuestro país se han concentrado en las elecciones generales y en la mayoría de las autonómicas en un gran partido socialdemócrata y otro, igualmente hegemónico en su sector, de carácter liberal-conservador. En su periferia han orbitado los nacionalistas, fundamentalmente catalanes y vascos, y los comunistas clásicos, intentando aprovechar las diferentes coyunturas para sacar tajada cuando el PP o el PSOE quedaban en minoría mayoritaria y necesitaban su concurso para articular mayorías estables. Este esquema se rompió con la irrupción de Ciudadanos y de Podemos en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, así como en Autonomías y Ayuntamientos de capitales de provincia. La reciente emergencia de Vox en las elecciones andaluzas y los abultados porcentajes que le otorgan los sondeos de cara al inmediato futuro, han incrementado el número de jugadores en el tablero a cinco, generando una notable confusión en los hasta ahora dueños del duopolio, así como transferencias multidireccionales de papeletas todavía imprevisibles. El esfuerzo de adaptación tanto de los ciudadanos como de los políticos a este nuevo escenario está siendo considerable y en bastantes aspectos traumático.

Este cambio de paisaje puede ser visto como positivo o como negativo, dependiendo de quién lo sufra o de quién lo aproveche. Para los dos partidos hasta hace poco dominantes, la llegada de tres competidores potentes es un grave inconveniente, para los votantes entendidos como consumidores presenta la ventaja asociada a todo aumento de la oferta, que ensancha su capacidad de elección. Desde la perspectiva de la calidad democrática del sistema, en la medida que existen más posibilidades sin caer en el caos de la sopa de letras -cinco productos en el mercado es un número razonable- se proporciona a los ciudadanos una mejor oportunidad para definir sus preferencias y obliga a los antiguos amos del cotarro a limpiar sus establos, comportarse honradamente y precisar con claridad sus ideas y sus programas. El nivel de corrupción, de desideologización y de deterioro institucional alcanzado por nuestra ineficiente partitocracia era ya alarmante y la entrada de actores de refresco en el elenco ha de tener sin duda efectos vigorizantes y beneficiosos.

El nerviosismo en algunas cúpulas partidarias ha rozado la histeria y es de esperar que se vayan calmando. Hablar de cordones sanitarios, de extrema derecha y otras descalificaciones gruesas son más fruto de una reacción defensiva desesperada que de una realidad constatable. Como siempre, las etiquetas son reduccionistas y no ayudan a una correcta comprensión de las cosas. La constitucionalidad o inconstitucionalidad de una posición, el grado de radicalidad de un planteamiento o la naturaleza democrática o totalitaria de un proyecto se calibran en las propuestas concretas y en las bases morales y conceptuales de cada formación política y sólo un análisis objetivo, riguroso y contrastado de las agendas respectivas permite atribuir calificativos con propiedad y sin prejuicios.

La apertura de un debate en profundidad sobre los notorios defectos de nuestra estructura territorial no es situarse fuera del orden constitucional, sino una necesaria llamada de atención sobre un modelo de Estado cuyo sostenimiento financiero es ya insoportable y cuyo manejo político resulta casi imposible. El compromiso con los valores definitorios de la civilización occidental frente a concepciones foráneas incompatibles con la dignidad humana y, en particular, de las mujeres, no parece que sea inoportuno cuando en bastantes países europeos se están creando guetos impenetrables a las leyes que configuran las sociedades abiertas con el consiguiente menoscabo de derechos y libertades individuales. El tratamiento racional de la inmigración, aunando las medidas humanitarias con la exigencia del cumplimiento de la legalidad y la protección de nuestros sistemas de bienestar social tampoco entra en el terreno de la xenofobia si se lleva a cabo de manera equilibrada y sensata. La puesta en marcha de políticas que atajen nuestro preocupante declive demográfico es otro asunto que requiere una acción urgente y decidida antes de que sea demasiado tarde.

En cuanto al espinoso tema de la defensa de la vida humana en todas sus etapas, nadie que no esté prisionero de un dogmatismo ciego se puede oponer a que los poderes públicos ofrezcan a las embarazadas en dificultad económica, familiar o laboral, el apoyo material y psicológico indispensable para culminar felizmente, si libremente lo desean, su maternidad, en lugar de empujarlas sistemáticamente al quirófano. Tan legítimo es adherirse a un concepto federal de Europa como inclinarse por una Unión de Estados y ciudadanos en la que una intensa integración económica, institucional y jurídica no vaya en detrimento del respeto a la soberanía de sus miembros. Isabel Díaz Ayuso, la vibrante y sincera candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, ha reconocido recientemente que prácticamente todo lo que afirma Vox lo ha oído anteriormente en el PP, palpable demostración de que este nuevo partido ha nacido más para llenar un vacío dejado por otros que por aportar verdaderas novedades.

Más allá de matices estéticos, estilos retóricos y personalidad de los líderes, un examen serio del sustrato doctrinal y de los programas específicos de los nuevos partidos pone de manifiesto que antes de dictar anatemas y declarar inaceptables a los demás, algunos de estos arcángeles flamígeros harían bien en mirar con quién se juntan y descubrirían que las genuinas malas compañías no están precisamente del otro lado, sino que retozan en su propio y desaseado lecho.

Por una España unida. Elecciones ya
La Tribuna del País Vasco 10 Febrero 2019

Este fin de semana hay que situarse, más que nunca, frente al golpismo secesionista de extrema izquierda que busca romper nuestro país porque, en el fondo, el totalitarismo nacional-socialista, ese que mana de la alianza pútrida del PSOE con la chusma independentista y bolivariana que pulula a lo largo y ancho de diferentes regiones españoles, sabe con certeza que si consigue quebrar nuestra nación logrará abatir nuestra historia, nuestros hábitos, nuestros valores, nuestra estirpe y nuestro legado.

No hay que engañarse. Quienes avalados por el Gobierno socialista de Pedro Sánchez socavan nuestra democracia buscando vericuetos para alumbrar una Cataluña independiente, quieren abrir una nueva era. Se ven a sí mismos como un antes y un después en los anales de Europa, como la punta de lanza de un gran movimiento independentista y anarco-socialista que ha de acabar de una vez por todas con la civilización occidental, de la que España forma parte esencial, y con los valores, los modos y las costumbres que caracterizan a ésta y que son responsables de los niveles más altos de progreso, desarrollo y bienestar que los seres humanos hemos alcanzado jamás.

Por una España unida, necesitamos urgentemente unas nuevas elecciones. Y es que cuando alguien trata de desgarrar España con el empeño que el PSOE y sus secuaces independentistas ponen en la tarea, está intentando resquebrajar más de veinte siglos de nuestro legado judeocristiano, otras tantas centurias de nuestra herencia grecolatina, un idioma, el español, que es una de las grandes conquistas de la cultura universal, y una historia grandiosa que solamente puede entenderse desde la integridad de una nación que ha sido protagonista principal de no pocos de los más grandes acontecimientos que han jalonado con mayúsculas la historia de la humanidad.

Hoy, más que nunca, frente a los liberticidas socialistas, independentistas y extremistas antisistema que tratan de resquebrajar nuestro sistema de convivencia, hay que recordar que España es el tañer de las campanas en centenares de ermitas esparcidas por los campos de Castilla, que es Covadonga, son nuestros templos romanos, las capillas románicas, las catedrales góticas, las plazas mayores, los conventos, las iglesias barrocas y los edificios modernistas. Que España, como gran parte de Europa, es Velázquez y es Goya, es el espíritu celta, es la pionera Universidad de Salamanca, es la Generación del 98, y es parte fundamental de un sistema de creencias que comenzó a decantarse con don Pelayo emprendiendo la Reconquista y con Fernando de Aragón e Isabel de Castilla liberando Granada… Por esto, para defender este legado, debemos pedir elecciones cuanto antes, para defender la unidad de una España que acoge los valores de nuestras estirpes y que es una realidad histórica que de Compostela a Palos y de Barcelona a Huelva ha lidiado a lo largo de los siglos con todo tipo de sucesos y aconteceres. Sucesos y aconteceres que, a pesar de lo que digan muchos miserables, nos han hecho más grandes, más libres y más fuertes.

Por todo esto, y por la libertad, la seguridad y la civilidad, hay que salir a la calle para decir que no al totalitarismo golpista del Ejecutivo socialista y de las instituciones catalanas; hay que decir que no al Gobierno socialista de Pedro Sánchez, tan legal como ilegítimo, vergonzante, traidor y canalla; hay que decir que no a las amenazas guerracivilistas de los socialistas y de la extrema-izquierda; hay que decir que no a quienes tratan de convertir a Cataluña en la gran puerta de entrada a Europa de la barbarie islamista y de la estulticia bolivariana; hay que decir que no a quienes adoran a los verdugos y escupen a las víctimas; y, especialmente, hay que decir que no a quienes solamente buscan convertir las regiones y provincias de España, que en algunos casos parecen ser ya auténticos territorios perdidos para nuestra país, en arietes con los que poner fin y acabar con la democracia y la libertad, y con las creencias y los valores que compartimos desde tiempos inmemoriables.

Hoy, más que nunca, hay que decir, simplemente, que no. Que España no se rompe y que, para ello, necesitamos unas nuevas elecciones, ya.

Socialismo real
ARCADI ESPADA El Mundo 10 Febrero 2019

Mi liberada:

El presidente no tiene nada que ocultar. Es natural. Llegó al poder a caballo de una mentira y en malas compañías. La mentira era que una sentencia judicial había establecido que el Partido Popular era un partido corrupto. La compañía era la de partidos que habían protagonizado un inaudito asalto al Estado de Derecho. El presidente está en la archimanida circunstancia del que empieza asesinando y luego ya es incapaz de ayudar a cruzar la calle a las viejecitas. El relator, vaya broma. Por qué habría de importarle al presidente que la simple irrupción de esa palabra en el discurso público infectara la democracia española y confirmara, por su boca, que España es una democracia necesitada de relatores. ¡Para sutilezas de ese tipo iba a estar el hombre que negoció y obtuvo, no ya con separatistas, sino con un prófugo de la Justicia, la presidencia del Gobierno! Por ambición, por ignorancia o por complicidad el presidente desestimó la evidencia de que el motivo principal de cualquier acción separatista es dar siempre un paso más en la labor de desprestigio y erosión del Estado. ¡Y eso que el suyo fue un paso de gigante!

El modo en que Pedro Sánchez alcanzó el poder basta para extirpar todos los complejos que pudieran derivarse de su acción política subsiguiente. Pero incluso le han blindado en lo puramente personal. El caso de su último libro es significativo. A los pocos meses de llegar a La Moncloa, Sánchez hubo de encarar acusaciones justificadas de no escribirse sus libros, ni siquiera cuando adoptaban la forma de tesis. El caso aún está vivo y una comisión del Senado investigará las circunstancias. Cualquier persona dotada de una mínima prudencia habría desistido de publicar un nuevo libro firmado por él y escrito por otro: aunque solo fuera por el eco desagradable que traía el procedimiento. Sin embargo, el presidente incurrió de nuevo en la negritud. Y previendo la posibilidad de que el nombre acabara conociéndose, decidió desvelarlo en una de las primeras páginas. Que fuera el de la periodista Irene Lozano, recién nombrada por su Gobierno responsable de España Global (la antigua Marca España), le trajo sin mayor cuidado. Masha Gessen, citada en La muerte de la verdad (Galaxia Gutenberg) -un mediocre refrito de Michiko Kakutani, durante muchos años principal responsable de la crítica de libros del Times- dijo del poder de Putin: "Reside en estar en situación de decir lo que quiere y cuando quiere, independientemente de los hechos". Es un poder limitado, comparado con el de Sánchez, que hace lo que quiere y cuando quiere, independientemente de lo que traten sus hechos y cuya estrategia de protección consiste en la exhibición descarada. Así lo dice la abusiva portada de su libro: qué carota.

Al blindaje de su pecado original hay que añadir otro. Lo resumen bien estas líneas del artículo de Nicolás Redondo, publicado el viernes en este periódico donde te echo las cartas: "Desde luego quiero dejar claro que Iceta a mí no me representa en ninguna mesa; puede representar a los socialistas catalanes, ¡allá ellos!, pero con mi silencio no usurpará la representación del socialismo español. Por otro lado, no puede haber negociación política en ningún ámbito sobre el futuro de España sin contar con el PP y con Ciudadanos. Sin esas condiciones, que preservan la historia honorable del PSOE, yo me sentiría libre para tomar las decisiones que fueran acordes con la gravedad de la situación y que tantas veces he postergado por ser fiel a unos sentimientos muy arraigados". Es decir, que los sentimientos de Redondo -su carnet de socialista- parecen haber llegado a la disolución definitiva. Hay que celebrarlo. Pero lamento decir que su coherencia está por debajo de la sanchista. "No puede haber negociación política en ningún ámbito sobre el futuro de España sin PP y Ciudadanos", dice Redondo, como si eso fuera cosa de un amenazante porvenir. Con sus mesas, con sus relatores, con sus idas y venidas en función de la tempestad, Sánchez está cumpliendo con lo que le estipulaba su pacto con el nacionalpopulismo. ¿O es que acaso después de acabar con el Pp iba a gobernar con él? Redondo es el que no ha cumplido con la obligación de cortar con sus sentimientos. Los sentimientos son una cosa peligrosísima.

Pero la culpa de Redondo es muy venial. Lo sé yo, que tengo una gran experiencia en socialistas. Desde Ciudadanos hasta Libres e Iguales mi vida ha sido una dura y febril peregrinación en busca de socialistas. Los buscaba para que participaran en actos y mítines, para que firmaran manifiestos, cartas de adhesión o de protesta; y con la misma voluntad con la que buscaba liberales: hacer del combate contra el nacionalismo un asunto transversal. Redondo, como Joaquín Leguina, Francisco Vázquez o Salvador Clotas, fue siempre de los pocos que se dejó encontrar. La inmensa mayoría se escondían y la razón siempre fue la misma: su voluntad de transversalidad acababa donde empezaba el contacto con el PP. Una búsqueda sostenida fue la de Alfonso Guerra. Debo decir que bien a mi pesar: desde que aseguraba pasar cinco horas al día escuchando a Mahler siempre me pareció un farsante. Pero, de algún modo, capitaneaba la disidencia antinacionalista de solera, y su adhesión podía suponer muchas otras. A pesar de las muchas vías que utilizamos para llegar a él no quiso firmar el manifiesto fundacional de Libres e Iguales, una elemental declaración de principios constitucionales que acababa con esta petición a los partidos: "Les pedimos que trabajen organizadamente por la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo y que se movilicen con nosotros en defensa de la comunidad de libres e iguales que es responsable de la época más justa y fértil de la historia de España". A pesar de su negativa volvimos a llamarle muchas otras veces. Nunca ayudó. En nada. Cada vez que publica un volumen de sus memorias da unas voces. Ese ha sido su mayor compromiso.

Antes de que aceptara formar parte del gobierno más ridículo y dañino de la democracia española, Josep Borrell fue otra ilustre transversalidad atragantada. También intentamos que firmara el manifiesto. De los trámites se encargó Albert Boadella, que tenía una buena relación con él. Fue inútil y Boadella le escribió luego una carta ejemplar que empezaba así: "Quiero decirte que no me ha sorprendido tu negativa a firmar el manifiesto. Los ciudadanos que en este país os habéis instalado cómodamente en los dogmas blindados de la izquierda y habéis sacado de ellos las ventajas públicas y personales de esta posición, es lógico que os resistáis ante el riesgo que supone enfrentar la realidad de este momento y actuar con coraje. (...) Algunas de las personas que firman lo hacen sabiendo las consecuencias que les puede suponer su compromiso. A esto lo llamo patriotismo, aunque para los socialdemócratas esta palabra tenga siempre un regusto reaccionario".

Después de haber partido en dos mitades la unidad civil de Cataluña los nacionalistas tratan de hacer lo mismo en el resto de España. Es su única oportunidad. Los socialistas los están ayudando. Manuel Valls decía ayer: "Espero que figuras socialistas importantes apoyen la manifestación". Sí. Es intensamente probable. Aún no debe de saber Valls que el sentido dramático de su presencia en España es la urgente necesidad de importar socialistas que ya no pueden serlo.

Sigue ciega tu camino. A.

Un idioma que crece fuera y mengua dentro
EDITORIAL ABC 10 Febrero 2019

El fuerte crecimiento que ha registrado el uso del español en Estados Unidos a lo largo de los últimos años es la mejor muestra de que disfruta de una excelente salud. En la actualidad, es el segundo idioma internacional tras el inglés y, a la vista de los buenos datos que arroja su enseñanza e influencia alrededor del globo, su importancia será cada vez mayor.

El español ya es una fuerza incontrolable en la primera potencia mundial, como evidencia su extendida presencia en la vida política, empresarial y cultural de los norteamericanos sin tutela ni promoción de ningún tipo. La razón estriba en la gran comunidad de hispanos que viven en el país y en el creciente valor estratégico que ostenta el español por sí mismo. Prueba de ello es que cuenta con cerca de 600 millones de hablantes, de los cuales 420 millones están en América, al tiempo que 22 millones de personas lo estudian en un total de 107 países, siendo, además, la tercera lengua más utilizada en internet.

No es de extrañar que sea un valioso activo en EE.UU. a la hora de hacer negocios o de ascender en la política, mientras que su relevancia a nivel cultural nada tiene que envidiar al inglés, hasta el punto de desbancarlo como lengua franca del pop. La gran paradoja es que mientras el español es cada vez más demandado en el extranjero, el nacionalismo pretende aquí arrinconarlo en las autonomías donde gobierna, hasta tal punto de que vaya menguando su implantación en escuela, limitando los derechos de muchos catalanes a los que se priva del dominio de ese tesoro cultural y social y de las oportunidades que su dominio abre en todo el mundo.

PP, C’s y Vox fletan más de 130 autobuses desde toda España para acudir a la manifestación de Colón
OKDIARIO 10 Febrero 2019

PP, Ciudadanos y Vox han fletado más de 130 autobuses para acudir, desde todos los rincones de España, a la manifestación que se celebra este domingo en la Plaza de Colón de Madrid, a partir de las 12 del mediodía, bajo el lema “Por una España Unidad, ¡Elecciones Ya!”.

Los encargados de leer el manifiesto en contra de la negociación del Gobierno de Pedro Sánchez con los independentistas serán los periodistas Carlos Cuesta (adjunto a la dirección de OKDIARIO), María Claver y Albert Castillón.

Desde Andalucía (cuyo presidente, Juanma Moreno Bonilla, también acudirá al acto) saldrán más de 30 autobuses para asistir a la manifestación. Tan sólo desde la provincia de Granada se han programado 16 autobuses: 10 fletados por el PP, cuatro por Vox y dos por Ciudadanos. Desde Málaga saldrán otros diez autobuses. Ciudadanos y Vox han fletado además otros desde Sevilla, Jaén y Córdoba. En representación de Ciudadanos, acudirán la mayoría de sus diputados autonómicos, pero no el vicepresidente del Ejecutivo andaluz, Juan Marín.

Tan sólo el PP ha fletado otros 22 autobuses desde la Comunidad Valenciana, que saldrán a primera hora del domingo para estar presentes a las 12 en Madrid. Siete de ellos saldrán desde Alicante capital y varias poblaciones de la provincia: Elche, Elda-Petrer, Villena, Torrevieja, Orihuela y Benidorm.
Sánchez intenta dar marcha atrás

Desde Murcia, tan sólo el PP ha fletado otros 23 autocares, que saldrán tanto desde la capital como desde Lorca, Molina de Segura y otras localidades. Castilla y León aporta otros 22 autobuses, desde Galicia saldrán al menos media donde, y una cifra similar desde Aragón.

Tras la polémica desatada, el presidente Pedro Sánchez intentó el viernes desactivar la manifestación, anunciando que rompía la negociación con los independentistas porque reclaman un referéndum de autodeterminación. Pero Sánchez conocía esta exigencia desde hace más de un mes, ya que Quim Torra la incluyó en el documento de 21 puntos que Quim Torra le entregó en su “encuentro bilateral” celebrado en Pedralbes el pasado 20 de diciembre.

Por ello, los líderes del PP, Ciudadanos, Vox, UPyD y otros partidos que se han sumado a la convocatoria consideran que la manifestación de este domingo es más necesaria que nunca, para exigir la convocatoria de elecciones inmediatas y poner fin a las constantes cesiones del Gobierno de Pedro Sánchez a los independentistas.

Musulmanes buenos y musulmanes malos
Yolanda Couceiro lagaceta.eu 10 Febrero 2019

En este artículo la autora diferencia claramente entre aquellos musulmanes que abrazan el islamismo y aquellos otros que luchan contra la imposición radical.

Una de las más candentes y acuciantes cuestiones que nos interpela es la irrupción del islam en nuestras vidas, la vida de nuestras naciones occidentales y la vida de innumerables personas que han visto modificados tanto su entorno físico como su misma existencia por la presencia de una población de reciente importación y creciente envergadura demográfica de origen norteafricano, medioriental o de otras regiones del planeta de religión y cultura islámicas. Los problemas ligados a esta inmigración musulmana son de sobra conocidos y los tratamos a diario, por lo que obviaré insistir en ello.

Me opongo a la islamización de Occidente en general y de España en particular. Las razones son muchas, justificadas y fundamentadas, y suficientemente explicadas y expuestas en años de tratamiento del tema. No voy a extenderme aquí y ahora sobre esto. Para resumir largos debates y prolijas exposiciones sobre la cuestión diré que el islam es un cuerpo extraño en Occidente y su penetración y permanencia en el pasado en nuestras naciones europeas fue la crónica de un conflicto permanente, la fuente inagotable de un enfrentamiento multisecular. En España y en otras comarcas europeas el islam trajo un reguero de sangre, una noche de oscuridad, siglos de opresión y atraso, un retroceso en todos los aspectos de la vida de los pueblos sometidos a su imperio. Resumiendo: el islam no es integrable en la Civilización Occidental, ni es soluble en la democracia, ni es compatible con la cultura de los derechos humanos, ni cabe en una sociedad abierta y tolerante, etc... La cosmovisión islámica choca irremediablemente con el espíritu europeo, con los fundamentos de nuestra civilización. La Historia está ahí para demostrar que esto no es una teoría, ni una ilusión, ni una fantasía, ni una construcción meramente intelectual. Hay un enfrentamiento (latente o abierto según las épocas) entre ambos mundos que nunca ha cesado. En ciertos momentos esa rivalidad entra en una fase de baja intensidad, se atenúa, pero sólo está dormida, dispuesta a cobrar vida en cualquier momento. El mundo islámico se aletarga, recobra vida, se expande, vuelve a adormecerse, despierta de nuevo...

Hoy vivimos un nuevo capitulo de ese antagonismo histórico con la inmigración musulmana, una invasión de nuevo cuño, no guerrera (pero si cargada de agresividad y hostilidad: cada vez más frecuentes episodios de violencia terrorista y diarios hechos de violencia de delincuencia común), tolerada e incluso justificada y fomentada por sectores de la propia sociedad de acogida, los mismos gobiernos europeos para empezar, y grupos de presión nacionales e internacionales.

El rechazo alarmado que sentimos ante esta invasión que está conmocionando las sociedades europeas y el convencimiento de la necesaria toma de consciencia de la naturaleza de este fenómeno que pone en peligro nuestra supervivencia como cultura y civilización no nos hacen perder de vista que el tema requiere ser tratado no con la irracionalidad de las vísceras, sino con las herramientas de la razón.

Por lo tanto, me opongo al islam como cuerpo extraño en mi país, como amenaza y como peligro para la existencia de mi cultura y civilización, al islam como fundamento ideológico de una invasión en marcha que pretende arrebatarme mi lugar al sol y mi derecho a vivir según mis propios valores, normas, leyes y reglamentos en la tierra de mis antepasados. Nos oponemos actualmente al islam conquistador y expansionista, no como consecuencia de un ejercicio intelectual en el vacío, sino como una actitud de legítima defensa ante una agresión real. De igual manera nos opondríamos al budismo o al confucianismo si estuviéramos ante una agresiva y violenta ofensiva de esas religiones, culturas o cosmovisiones contra nuestro país, contra nuestro pueblo y contra nuestra cultura.

Dicho esto, el islam no me interesa demasiado como tal. Dejamos la cuestión a los aficionados y estudiosos de las culturas y las religiones. Es decir que no siento ni un excesivo interés ni una exagerada hostilidad ante un hecho cultural y religioso ajeno, siempre que este hecho no suponga una amenaza o una agresión para nosotros. Es un principio intelectualmente irrebatible y moralmente irreprochable el que nadie está obligado a soportar ni a admitir nada que lo dañe o lo ponga en peligro. Y el islam no está aquí para nuestro bien: a los hechos me remito.

Entre el islam y el islamismo no hay diferencia de naturaleza, sino de grado. El islamismo está presente en el islam como el pollito lo está en el huevo, o como el alcoholismo está presente como posibilidad en el alcohol. No hay un islam "moderado" y otro islam "radical". Lo que si hay son musulmanes que sólo aplican parcialmente el islam y otros que lo aplican al pie de la letra en sus más intolerantes e intransigentes interpretaciones.

Ahora quiero dejar claro que si me opongo al expansionismo islámico en detrimento de mi cultura en mi propio país, no tengo por qué hacer extensivo esa oposición y antipatía a todos y cada uno de los musulmanes del mundo. Aquí tratamos de fenómenos de envergadura, no de individuos sueltos y dispersos. Cada persona es un mundo y creo sinceramente que en este ámbito el hábito no hace al monje, es decir que la religión, la cultura u otras circunstancias de similar tenor no hacen buenas ni malas a las personas. Las cosas no son así de simples. Si podemos juzgar a los hombres y las mujeres es a través de sus actos, de sus hechos, de sus actitudes. Las personas se definen por sus comportamientos, no por sus palabras.

No condeno ni combato a los musulmanes por el mero hecho de serlo. Ni a los musulmanes, ni a los budistas, los hinduistas, los ortodoxos, los animistas u otros. Condeno y combato el islamismo como ideología de conquista y dominación. Condeno y combato el yihadismo, ideología aberrante en sus principios y monstruosa en su aplicación, Condeno y combato al fanatismo, provenga de donde provenga. Y éste proviene hoy desde eso que llamamos islamismo. Y si hacemos la crítica del islam y llamamos a la resistencia y a la lucha contra el islamismo, no por ello atacamos a los musulmanes sin distinción al margen de sus actos e intenciones. Combatimos la esclavitud, no a los esclavos, combatimos a la enfermedad, no a los enfermos, combatimos a la ceguera, no a los ciegos. Nos oponemos al islamismo violento y a los que tratan de propagar esa brutal forma de vida basada en creencias malsanas y enseñanzas criminales y pervertidas. Y también hacemos una crítica fundamentada y argumentada del islam, como otros pueden hacerlo del cristianismo, del marxismo o del ateísmo... Los musulmanes, como los judíos, los ateos, los católicos o cualquier otro grupo cultural o religioso son en principio personas dignas de respeto, aprecio y admiración o no dependiendo de sus méritos y actos personales. Esta es mi posición al respecto.

Pero si el islam supone actualmente una amenaza real y concreta para nuestra existencia, ¿podemos decir otro tanto de 1500 millones de personas de confesión musulmana? Trataremos como enemigos sólo a aquellos que se declaren y actúen como tales. Son suficientes como para echarse encima a todos los demás. Además, no sólo tenemos enemigos en ese mundo, sino amigos, socios y aliados reales y potenciales. Volveré enseguida sobre esta cuestión.

Y aquí tengo que hacer un inciso de importancia: si tenemos enemigos declarados entre los musulmanes, no menos cierto es que esos no son los únicos. Entre nuestros mayores enemigos se encuentran muchos que no provienen de las filas musulmanas, sino que realizan su labor de renegados y traidores desde nuestras propias filas: el elemento occidental no será mayoritario en la tropa de enfrente pero tampoco son unos pocos descarriados que se han pasado al enemigo, por el contrario son cada día más y constituyen una masa de importante envergadura.

Podemos resumirlo así: el bando de nuestros enemigos está compuesto no sólo por musulmanes, así como el bando de nuestros amigos no está compuesto exclusivamente por no musulmanes. Éste es en realidad el tema que quiero tratar, aunque sea brevemente, en esta ocasión.

Hemos escuchado algunas veces hablar de "musulmanes buenos" y de "musulmanes malos". Es un lenguaje simplista, pero que expresa de alguna manera un aspecto importante de esta cuestión. Primero tenemos que definir que significa aquí "bueno" y "malo" y qué significa esa catalogación en esta ocasión.

Pero quizás incluso antes de eso, tengo que hacer una puntualización. También oímos con frecuencia hablar de musulmanes "radicales" y musulmanes "moderados". Aquí, estas son categorías políticas que consideramos falsas y engañosas. En el discurso oficial los llamados moderados son demasiadas veces en realidad radicales a la espera de los cambios en la marcha de los acontecimientos, extremistas disimulados que proclaman su "moderación" mientras tanto no sea conveniente cambiar de actitud. Esa supuesta moderación en el campo islámico es frecuentemente un disfraz, un tiempo de espera, un paréntesis, una forma clásica y banal de taqiyya, nada más. Por otra parte, ¿quiénes son para los gobiernos occidentales los regímenes musulmanes "moderados", los que representan a ese nivel a esos "musulmanes moderados", representantes de ese mítico "islam moderado" (siempre en contraposición y conflicto con el "islam radical")? ¿Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Marruecos, Pakistán...? Esos son los dirigentes "musulmanes moderados" al gusto de los dirigentes y diseñadores del Nuevo Orden Mundial. Podemos deducir entonces que entienden por islam "moderado".

La denominación "musulmanes moderados" no nos sirve, pues de sobra sabemos que es un eufemismo piadoso que encubre diversas formas de engaño, simulación y mentira. Esos famosos "musulmanes moderados" al gusto de los grandes medios de comunicación al servicio de sus patrones, son en en realidad, muchas veces, tan radicales como los que van sin disfraces, y están a la espera de que los acontecimientos se decanten para un lado u otro. Y según esa inclinación de la relación de fuerza y poder, esos "moderados" siguen con la máscara o la tiran al suelo. Esa "moderación" es en realidad un cálculo político de amplios sectores de la población musulmana sobre todo la instalada en Occidente. ¿Cuáles son los referentes al nivel internacional de esos famosos "moderados". ¿ Erdogan, Mohamed VI, Mohamed bin Salmán, los líderes de Pakistán, los "talibanes moderados" (¡si, si, al parecer existen!)?

Para nuestros gobiernos, los regímenes musulmanes "malos" son y han sido los de Saddam Hussein, Gadafi, ahora Al-Assad y algunos más... Gobiernos poco democráticos, autoritarios sin duda (no más y a menudo menos que los citados anteriormente, que estos si cuentan con el benéplácito de Occidente), brutales a veces, pero que no eran hostiles a Occidente, no servían al islamismo ni respaldaban el terrorismo y que contribuían a su manera al equilibrio y estabilidad de la zona. Y tampoco se sometían a los Amos del Mundo: he aquí su pecado mayor, su gran crimen inexpiable, la explicación de muchas cosas. Por lo tanto descartaremos esas engañosas denominaciones de "islam moderado" o "musulmanes moderados" que no son otra cosa que el ropaje de la mentira, la hipocresía y la falsificación. Queda claro que ese lenguaje no sirve a la verdad, no describe nada verdadero ni sincero, es cuanto menos sospechoso y poco fiable. No son ni siquiera los propios interesados los que se denominan así, sino sus protectores occidentales que les atribuyen a "sus" musulmanes (su mano de obra local) cualidades y méritos que no existen más que en su imaginación o en el discurso de su cínica propaganda.

Preferimos hablar de musulmanes "buenos y malos", pues esa terminología tiene el mérito, en su sencillez, de definirlos a través de una actitud moral. Es una calificación sin duda arbitraria, pero corresponde a nuestros intereses y simpatías, y emana de la verificable actitud de los propios interesados.

Hablaremos, pues, de "musulmanes buenos", porque hay que llamarlos de alguna manera y porque es un vocabulario carente de connotaciones políticas en una cuestión que queremos llevar al terreno de la estricta realidad que dictan los acontecimientos en curso. La bondad (la calidad de bueno) en los seres humanos nos remite a una virtud que no admite medias tintas ni sirve de tapadera hipócrita a discursos evasivos y manipulaciones descaradas. Preferimos, pues, esa terminología porque bueno y malo son cualidades morales que siempre son más sinceras que los posicionamientos políticos, oportunistas por naturaleza.

Entro de lleno en el centro de la cuestión con una una verdad de perogrullo, con una evidencia innegable: hay musulmanes buenos. ¿Quiénes son? Tomemos el caso sirio par ejemplificar lo afirmado.

En Siria, la gente sencilla, patriota, noble y valiente, es decir los hombres y mujeres musulmanes en su mayoría de esa nación martirizada por la codicia occidental que ha armado a los degolladores del Isis y de cien grupos terroristas más, es la que ha dado un ejemplo imborrable de dignidad y coraje al mundo resistiendo a la barbarie, a costa de la sangre de su mejor juventud derramada en cien campos de batalla. Son mayormente musulmanes, junto con los seguidores de las demás confesiones de Siria, los que han dado los mayores defensores de la Humanidad en estos años de plomo y ceniza, en ocho años de carnicería y devastación promovida por gobiernos occidentales "democráticos" de países nominalmente cristianos que se han ensañado con un país y un pueblo que no les había hecho nada. Si la expresión "musulmanes buenos" ha tenido alguna vez un sentido es aquí, en esta ocasión, no la única sin duda, pero la resistencia siria, llevada a cabo por esos buenos musulmanes reviste, sin caer en exageraciones literarias ni lirismos fuera de lugar, la dimensión de una epopeya que la historia reconocerá y pondrá en su sitio. Así como pondrá en su sitio a los muy cristianos (católicos y otros) que han asistido impasibles a la atroz degollina en Siria y en otros países mientras sus gobiernos respaldaban a los peones locales de sus intrigas políticas de alto vuelo. ¿Qué patriota europeo, qué persona decente, qué humano con el corazón bien puesto no siente la mayor admiración y reconocimiento por esos 200 000 combatientes sirios y sus aliados (repetimos una vez más: en su inmensa mayoría musulmanes) que han caído combatiendo contra barbarie islamista, armada y financiada por nuestros gobiernos sin alma ni conciencia.

¡Claro que hay musulmanes buenos! Los hemos visto subir al frente una y otra vez y caer a miles en medio del odio y la mentira arrojados sobre su sangre derramada. Una sangre que han vertido por su patria y su pueblo, que duda cabe, pero también por todos nosotros, aunque lo ignoremos y nos neguemos a reconocerlo.

Frente a la dimensión del sacrificio y la brutalidad de la agresión no dudamos en decir alto y claro que estos musulmanes no sólo son nuestros aliados, sino nuestros amigos y nuestros hermanos. Separados por la geografía, la historia, la cultura y otras circunstancias, es sin embargo con esta gente con la que queremos ir mano con mano para enfrentar un mismo enemigo sin escrúpulos, un mismo monstruo sin entrañas, un misma empresa inhumana.

Esta es la humanidad que reivindicamos, por encima de razas, culturas y religiones, la humanidad con la que nos sentimos identificados. Hombres y mujeres honorables que defienden su patria, su lugar al sol, su derecho a la vida y a seguir su propio camino sin interferencias ni injerencias extrañas ni extranjeras. Estos musulmanes están en la misma trinchera que nosotros, frente a los malos musulmanes, los malos cristianos y en definitiva contra los malos a secas. Su combate es también el nuestro, y sólo nos queda desear para cuando nos llegue el momento (que nos llegará sin lugar a dudas) que tengamos, nosotros los "buenos cristianos" o "los buenos europeos", la misma dignidad, el mismo espíritu y la misma determinación que ellos han tenido y siguen teniendo contra el enemigo común: la barbarie islamista, el salvajismo yihadista, los enemigos de la humanidad. Sólo deseo que, llegado el momento, seamos tan "buenos" como ellos lo han sido y lo siguen siendo.

Pero no se trata únicamente de afinidad espiritual o de simpatías personales siempre arbitrarias o caprichosas, sino de la necesaria solidaridad frente un enemigo común, de pragmatismo político, de sensatez en el tratamiento de la grave situación que nos toca vivir. Debemos formar un frente común con todos aquellos que están dispuestos a sumar fuerzas en esta guerra que la humanidad lleva a cabo en distintos campos de batalla contra el islamismo radical y sus tropas de choque, ya sea en los escenarios bélicos actualmente activos, ya sea en el corazón mismo de nuestras ciudades, en Europa o en otros continentes. La lucha de los patriotas sirios, de los buenos musulmanes de Oriente Medio, ¿no es acaso la misma, en otras condiciones y con otras armas, que la que llevamos en Europa los patriotas europeos contra ese mismo enemigo que adopta distintas estrategias y métodos de combate según los diferentes escenarios contra todo lo que no se doblega a su diabólico proyecto?

En esta guerra mundial que el islamismo ha desatado a nivel global, la primera y más abundante sangre derramada ha sido la de los musulmanes. Mientras tanto, nosotros... ¿Cómo describir la cobardía, la pusilanimidad, la ruindad, la desidia, la pereza, la incuria y la mezquindad de nuestras democracias occidentales y de nuestros propios pueblos (seamos sinceros, aunque duela) indiferentes y bostezantes frente al drama sangriento de nuestra época sin recurrir a los más gruesos epítetos para condenar tanta vileza y ruindad, tanto servilismo e indignidad?

Cuando veo a esas jóvenes mujeres del Kurdistán o a las mujeres del Ejército Árabe Sirio luchar contra los terroristas del Isis y de las demás organizaciones terroristas siento asco por esos occidentales que desvían la mirada, que no ayudan en nada a esos pueblos que luchan contra esos monstruos. ¿Con quiénes nos hemos de sentir más cercanos e identificados, ¿con estos occidentales amorfos, indiferentes y muchas veces cómplices de la barbarie islamista o con esos musulmanes, hombres y mujeres de Siria y de otras naciones y pueblos vecinos, que caen a diario en su lucha contra los sanguinarios decapitadores protegidos y respaldados por poderosos Estados y grupos de presión internacionales, que no tienen nada de musulmanes? Sentimos admiración y respeto por unos y una profunda repugnancia por los otros. Así puestas las cosas, el aparente simplismo de la calificación de "buenos y malos musulmanes" cobra sentido y está plenamente justificado. Así vemos a esos musulmanes y así lo decimos sin complejos ni rodeos.

¿Y qué decir de Bashar Al-Assad, atacado y difamado por los medios que respaldan la cruel e injusta guerra que le hace a ese país y a su pueblo el terrorismo esponsorizado por Occidente? Bashar Al-Assad sin duda no es un un ángel en ese caldero en ebullición que es Oriente Medio, pero ha defendido y protegido a la población cristiana (y las demás minorías) de los extremistas sanguinarios que sólo esperan abalanzarse sobre ellos y exterminarlos. ¿Qué hubiera sido de la dos veces milenaria presencia cristiana en Siria sin ese líder providencial, de su determinación, de su coraje y de su inteligencia?

No son los gobiernos occidentales los que defienden a los cristianos en Siria (o de Medio Oriente en general) y menos que menos el tal Francisco, sino las fuerzas armadas de Siria, compuestas mayormente por musulmanes bajo el liderazgo del musulmán Bashar Al-Assad.

¿Cuál ha sido la suerte de los cristianos en Irak después de la caída de Saddam Hussein? El terror la muerte y el exilio. En Libia, una vez asesinado Gadafi empezaron a degollar cristianos como ovejas. En Egipto, los Hermanos Musulmanes y otros extremistas no esperaron un minuto después del derrocamiento de Mubarak para empezar la caza de los coptos.

Los medios occidentales se ceban en Bashar Al-Assad, su "régimen", sus fuerzas armadas, sus aliados y apoyos internacionales, mientras ven con total indiferencia el sufrimiento y la degollina del pueblo sirio en general y en particular de los cristianos. Prefieren denigrar a Bashar Al-Assad para agradar a sus amos, ese auténtico (¡ese sí!) "eje del mal" que busca por todos los medios eliminar al presidente sirio para colocar a sus peones en su lugar. La Siria de Al-Assad no discrimina ni humilla a los cristianos como lo hacen la mayoría de los gobiernos de Europa. Bajo el "dictador" Al-Assad, los sirios celebran la Navidad en sus iglesias protegidas mientras nuestros muy democráticos y tolerantes amigos saudíes decapitan a los cristianos que se atrevan a mostrar un crucifijo en la calle. Tal vez esa circunstancia sea en realidad un motivo más del odio que despierta Bashar Al-Assad en los dirigentes europeos.

¿Quiénes son los que han ayudado al "régimen" sirio a luchar contra los terroristas islamistas, y a vencerlos? No han sido los europeos materialistas ni los americanos milenaristas, sino los chiitas de Irán y del Líbano, sunitas de muchos países del mundo árabe-musulmán (por no mencionar los soldados rusos, ortodoxos y musulmanes -o ateos, ¡qué más da!- presentes en el país). Aquí no nos importan consideraciones políticas, siempre sujetas a análisis y crítica, sino los hechos concretos. ¿Quiénes son los buenos y quiénes los malos en esta historia? ¿Quiénes combaten el mal y quiénes lo respaldan? ¿Es acaso un misterio la complicidad de Occidente con el islamismo? Para los líderes occidentales y sus medios a sueldo, desgraciadamente, los malos musulmanes son precisamente aquellos que combaten el yihadismo y protegen a las minorías cristianas y otras (recordemos cómo acabaron Sadam Hussein, Gadafi...) . Nosotros tenemos otra opinión. Y esa opinión está fundamentada en hechos que no admiten discusión. Es un hecho innegable que ningún terrorista que ha sembrado de sangre nuestras calles a salido de las filas de los seguidores de Gadafi, Sadam Hussein o Al-Assad, de sus regímenes nacionalistas laicos o socializantes, tolerantes con las minorías por regla general. Esos terroristas han salido de escuelas religiosas, políticas y filosóficas originadas en los regímenes aliados de Occidente: Arabia Saudita y otros países del Golfo Pérsico, además de otras monarquías y regímenes corruptos del mundo islámico.

Del mundo musulmán provienen hoy gran parte de nuestros enemigos, pero también es cierto, y es justicia reconocerlo, e insensatez ignorarlo o menospreciarlo, que del mundo musulmán también salen nuestros mejores aliados en la lucha contra el fanatismo islámico y la ofensiva del yihadismo. ¿Acaso el caso sirio (y otros) no son la mejor prueba de ello?

Las ciudades sirias liberadas del terror islamista y otra vez puestas bajo el control gubernamental, ¿no son acaso más seguras hoy frente a las amenazas del yihadismo, que las ciudades de Europa plagadas de células terroristas y de "lobos solitarios" dispuestos a golpear en cualquier momento? ¿No son acaso las ciudades y el territorio bajo control gubernamental sirio zonas más seguras para los cristianos (y todos los demás) que muchas ciudades europeas que viven permanentemente bajo la espada de Damocles de un posible atentado islamista? ¿No se celebran la Navidad y otras festividades del calendario cristiano con mayor seguridad en la Siria liberada del terror islamista que en la Europa bajo constante amenaza terrorista? (mercadillos, iglesias y catedrales bajo permanente vigilancia policial y extremas medidas de seguridad para evitar atentados). ¿Quiénes son los mayores luchadores contra los fanáticos islamistas, los degolladores y cortadores de cabezas, sino los musulmanes sunitas, chiitas o de otras sectas o ramas del islam?

Está claro que para los gobiernos occidentales y su servicio doméstico, los malos son los sirios y sus aliados que combaten el islamismo y los buenos son los degolladores internacionales que arman y financian.

No hay para nosotros un islam bueno, por razones históricas, culturales, etc... Lo hemos dicho en muchas ocasiones y nada de lo expuesto aquí viene a contradecir esa posición, pero reconocemos que hay musulmanes buenos, que no todos los musulmanes son nuestros enemigos, ni mucho menos. Lo son aquellos que se declaran y actúan como tales, y ejercen esa enemistad de manera tan explícita y brutal que sería ceguera y locura seguir ignorándolo.

En cuanto a los musulmanes buenos, no hay otro medio de reconocerlos: son aquellos que se oponen y luchan contra la barbarie islamista, una barbarie fomentada, dirigida y financiada por otros que son en su mayoría no musulmanes.

Ni nos declaramos antimusulmanes ni consideramos a los musulmanes en sí seres dotados de cualidades o vicios determinados exclusivamente por su filiación cultural o religiosa. Nos consideramos y proclamamos antiislamistas. El antiislamismo es una reacción de legítima defensa de las sociedades democráticas o pluralistas. Los musulmanes no islamistas se ven diabolizados por los islamistas tanto como los musulmanes que tienen una actitud crítica hacia el islam y piden una revisión de los dogmas o promueven una libre interpretación de los textos de referencia. Los musulmanes hostiles al islamismo son los aliados naturales de los antiislamistas no musulmanes. Los antiislamistas son luchadores de la libertad, defensores de la laicidad, progreso, tolerancia, igualdad.... Es por ello que son los enemigos de los islamistas y sus aliados. En esta lucha, musulmanes y no musulmanes vamos codo con codo contra el islamismo.

Estos son los que considero musulmanes buenos: los que no se declaran ni actúan como nuestros enemigos, los que no invaden nuestro país ni buscan destruir nuestra cultura, los que no quieren imponernos la sharia ni taparme con el burka, los que no cuestionan nuestro modelo de sociedad, nuestra organización política, nuestras tradiciones, nuestro derecho a vivir en paz en nuestra tierra, nuestra seguridad, nuestro futuro y hasta nuestra propia existencia, los que no apoyan ni simpatizan con el islamismo, los que no respaldan al terrorismo, los que se oponen a los mismos bárbaros que tenemos que tenemos de enemigo común: los fanáticos yihadistas, sus cómplices autóctonos y sus patrocinadores internacionales.

Los buenos musulmanes se han organizado y unido contra el yihadismo, contra sus inicuos padrinos, sus sádicos peones, sus feroces métodos y sus malignos designios. Nos queda a nosotros tomar ejemplo y actuar de la misma manera, prepararnos para la lucha que ha de venir, y no equivocarnos de enemigo.

Esos musulmanes son nuestros aliados, nuestros amigos y nuestros hermanos. Es conveniente saberlo, es justo decirlo, es necesario valorarlo. Debemos colaborar mutuamente, estrechar lazos con ellos, unificar esfuerzos y estrategias. Estamos en la misma trinchera y hemos de estar unidos. Nuestro futuro y nuestra libertad están en juego. Nos va la vida en ello.

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En defensa de la democracia
EDITORIAL ABC 10 Febrero 2019

En defensa de la Constitución y las libertades que de ella emanan, de la unidad de España y de la soberanía nacional, los españoles están convocados hoy en la plaza de Colón para decirle a Pedro Sánchez que hasta aquí hemos llegado, que no están dispuestos a aguantar más humillaciones, que con España no se juega y que quien lo intente les tendrá siempre en frente. Sánchez se ha revelado como un fingidor compulsivo capaz de actuar solo por su interés. La gran paradoja es que, habiendo empezado la semana presentándose como un «resistente», pretenda dar ahora la falsa imagen de que no ha resistido la presión de la opinión pública y la indignación de su partido por el miedo a una debacle electoral. Sánchez no es creíble, se maneja al albur de las críticas o los elogios que recibe y no tiene el más mínimo sentido de Estado, ni institucional ni moral.

Por eso la concentración de hoy en Madrid, en defensa de la unidad de España y para exigirle elecciones, es un ejemplo de decencia democrática. Si Sánchez simula haber rectificado, es solo por miedo a perder La Moncloa y a una nueva rebelión en un PSOE harto de él, de su clara egolatría y de su insolvencia como gobernante. La concentración alentada por PP, Cs y Vox, entre otros partidos y organizaciones cívicas, no es una expresión delirante de un neofascismo instalado en España. Que la izquierda repita mil veces tal sandez no implica que se convierta en verdad. Cuando la izquierda se manifiesta siempre es en defensa de principios y valores democráticos limpios y justos. En cambio, cuando lo hace la derecha es con nostalgia represora para regresar a una caverna ideológica con el ánimo de crispar. Esa es la gran mentira de nuestra democracia, basada en el falso concepto de una superioridad moral que ha llevado a políticos como Sánchez a tal grado de relativismo que se hace imprescindible condenar en la calle su falta de patriotismo y su humillación ante la Generalitat.

Para preservar la higiene política y emocional de España, es una necesidad perentoria que Sánchez abandone el poder y convoque elecciones ya, primera promesa incumplida de un lustroso muestrario de embustes a los españoles. No solo ha convertido a esos españoles en rehenes de sus cesiones a un chantaje escandaloso, sino también a su propio partido. El PP, Cs y Vox solo cumplen con una obligación ética, exactamente igual que todos los ciudadanos que hoy se den cita en Madrid para reivindicar su españolidad con orgullo frente a quienes quieren arrancársela de cuajo fracturando la nación. Sánchez no ha sido valiente para plantar cara al independentismo, y ha creído que lo podía saciar y domar, como si en España la ciudadanía lo aceptara todo. Su burda estrategia de rectificación carece de crédito y si a su Gobierno le quedara un mínimo de dignidad después de ocho meses de cesiones vergonzantes tendría que renunciar en pleno y forzar a Sánchez a convocar elecciones. Sigue siendo, como sostuvo hace unos días ABC, una emergencia nacional.

Resistir es perder
Luis Herrero ABC 10 Febrero 2019

No sé si la dizque ruptura de Sánchez con el independentismo catalán está más cerca de ser un expediente X o el guión de un monólogo del club de la comedia. El verdadero motivo de la riña es un misterio. La excusa formal esgrimida por Calvo, un gag que recuerda la reacción del comisario Renault cuando el mayor Strasser le ordena que cierre el Rick´s Café de Casablanca. «¡Qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!». De forma parecida, el Gobierno —¡qué sorpresa!— ha descubierto que los independentistas reclaman el derecho de autodeterminación.

Hacerse el sorprendido a estas alturas es un acto de cinismo tan audaz que, si no fuera porque pretende tomarnos por tontos, merecería un premio a la insolencia. No solo lo sabía, como todo el mundo que escuche la radio o lea los periódicos, sino que le había dado cuartelillo a la reivindicación. En el documento que distribuyó la vicepresidenta antes de la rueda de prensa del viernes se dice textualmente, al hablar de la mesa de diálogo, que «cada uno de los participantes planteará sus propuestas sobre el futuro de Cataluña con total libertad». ¿Qué otra cosa puede significar esa frase?

Sobre todo si tenemos en cuenta que la única cautela restrictiva que establece el documento es el respeto al marco que exige la seguridad jurídica, sea lo que sea que eso signifique. Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero es seguro que no significa lo mismo que respeto a la Constitución. ¿De otro modo por qué se evita referirse a ella? Su omisión deliberada —y afrentosa— solo puede interpretarse como una clamorosa bajada de pantalones de quien que estaba dispuesto, y acaso lo esté todavía, a intercambiar dignidad democrática por poder personal.

Y no es esa la única concesión de la que el Gobierno deja constancia fehaciente en el documento de Calvo. Allí se reconocen, negro sobre blanco, por lo menos otras tres. La primera, la de permitir que las conversaciones pudieran celebrarse fuera del ámbito parlamentario. Si el Parlamento no sirve para albergar el diálogo entre partidos en una democracia, ¿para qué diablos sirve? Ahora sabemos que Sánchez —o tonto o malo— estaba dispuesto a convertirse en cómplice de la campaña de desprestigio impulsada por la Generalitat contra las instituciones del Estado.

Las otras dos han sido aceptar la figura del relator independiente —todo un desatino, como ha dicho Alfonso Guerra, que equipara a España con Burkina Faso— y admitir la concurrencia de partidos estatales y catalanes en la misma mesa, como si fueran interlocutores de realidades políticas distintas al mismo nivel. Artadi decía la verdad al darlo por hecho y Calvo mentía al negarlo. Después de eso Sánchez queda con el culo al aire. Su manual de resistencia le ha jugado una mala pasada.

Sin darse cuenta, o a lo peor dándosela, ha convertido su célebre win-win en un temerario lose-lose. Con pacto o sin él, con presupuesto o sin ellos, ya no podrá decir nunca más que ha mantenido los intereses del Estado lejos del chantaje separatista. A veces, resistir es perder. El Gobierno ha reconocido, en un documento que lleva su firma, que estaba firmemente dispuesto a hacer gravosas concesiones al separatismo catalán a cambio de su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado. ¿De verdad cree que confesar la traición le suavizará el castigo?

Hay quienes piensan que la dizque ruptura con el independentismo catalán pretende desincentivar la participación en la manifestación convocada por PP y Ciudadanos —y secundada por Vox— para hoy domingo, pero yo creo que se equivocan. ¿Cómo perdonar a un Gobierno que ha levantado acta de su predisposición a un trueque indecente? Hará falta algo bastante más convincente que la teatralización de Calvo en la rueda de prensa del viernes para que la indignación ciudadana se apacigüe. Sobre todo después de que se hayan sumado tantas las voces socialistas a la protesta. Que ERC y PDeCat consumen la derrota de los presupuestos ya no exonera a Sánchez de culpa. Pincho de tortilla y caña a que el clamor de la calle espolea la censura de las urnas. El 26 de mayo será día de difuntos.

Claro que Sánchez es partícipe del golpe de Estado
EDUARDO INDA okdiario 10 Febrero 2019

—Usted, señor Sánchez, es partícipe y responsable del golpe de Estado que se está perpetrando en España—. Pablo Casado. Tribuna del Congreso de los Diputados. Miércoles 24 de octubre de 2018.

¡La que le liaron al presidente del PP a cuenta de esta frase pronunciada en sede parlamentaria en la sesión de control al Gobierno! Menos guapo, le llamaron de todo y por su orden. “Fascista”, “crispador”, “sinvergüenza”, “líder de la extrema derecha”… Algún “¡hijo de puta!” que otro también vomitó la bancada socialista. Lo más suave que salió de boca de los correligionarios del aludido fue un más light, y correcto en términos parlamentarios, “desleal”. Echenique, el malencarado individuo que contrata a sus asistentes en negro y sin darles de alta en la Seguridad Social, le imputó directamente un delito de incitación al odio. Con un par. El marido de Begoña Gómez (que eso y no otra cosa es en el fondo el presidente) se hizo el digno y advirtió al líder de la oposición que o retiraba sus palabras o rompía relaciones. Ni Casado retiró sus palabras ni el presidente ilegítimo rompió relaciones. Todo al más puro estilo Pedro Sánchez.

La historia no sólo ha absuelto a Pablo Casado sino que le ha dado la razón. Partícipe del golpe de Estado permanente que se vive en Cataluña lo es. Activo o pasivo, por acción u omisión, es colaborador de Torra, Puigdemont, Junqueras y demás gentuza. Tampoco hacía falta que transcurrieran tres meses y que Moncloa aceptase la felonía del “relator” para certificar que ni había mentido, ni hablaba a tontas y a locas, ni había soltado nada que se alejara de la verdad. Pedro Sánchez dimitió como secretario general del PSOE porque los barones, Rubalcaba, Felipe y Guerra dijeron en octubre de 2016 “¡hasta aquí hemos llegado!” cuando se enteraron de que nuestro protagonista había pactado su investidura con los independentistas catalanes, los proetarras, PNV y los esbirros de Maduro comandados por Pablo Iglesias. Como me espetó uno de ellos por aquel entonces, “las balas han pasado muy cerca”. Era pan para hoy y hambre para mañana en forma de explosión orgánica.

Aceptar los votos de los que asesinaron a 11 compañeros socialistas suponía una infamia de marca mayor. Una puñalada trapera a su memoria. Seguro que Germán González, Enrique Casas, Vicente Gajate, Fernando Múgica, su tocayo Buesa, Ernest Lluch, Juan María Jáuregui, Froilán Elespe, Juan Priede, Joseba Pagaza e Isaías Carrasco se revolvieron en sus tumbas al certificar que esa insignificancia que en realidad es Pedro Sánchez traspasaba todos los umbrales éticos, estéticos, morales y, si me apuran, hasta intelectuales. Una raya que el más grande, Felipe González, tuvo siempre a años luz de distancia, una línea de la que no anduvo lejos un José Luis Rodríguez Zapatero al que, sin embargo, jamás se le pasó por la cabeza cruzarla.

Bien es cierto que tanto Felipe González como José Luis Rodríguez Zapatero pactaron con Convergència i Unió y ERC también en el caso del segundo pero no lo es menos que por aquel entonces eran formaciones nacionalistas o independentistas que no habían desbordado los límites legales ni desde luego habían materializado golpes de Estado. El okupa se puso el mundo por montera entre septiembre y octubre de 2016 y, con la tan malévola como inestimable colaboración de su cuate Pablo Iglesias, aceptó el “sí” de PDeCAT, ERC y Bildu para aupar al socialista a la Presidencia del Gobierno. Igualmente llamaba la atención el plácet de los esbirros de Maduro, que hasta entonces provocaban arcadas a un secretario general socialista cuya alma era, y no sé si sigue siendo, estrictamente socialdemócrata. La intervención in extremis de los Rubalcaba, Díaz, Vara, Page y cía impidió el dislate y puso de patitas en la calle al alocado conductor de la locomotora socialista.

La moción de censura del 1 de junio del año pasado fue, sobra decirlo, la repetición del plan frustrado apenas dos años antes. Una traición a la Transición, a los consensos constitucionales, en resumidas cuentas, al periodo más longevo de estabilidad y prosperidad en 500 años de historia. Salvando las distancias, constituía ni más ni menos que la reedición 80 años después del pacto de socialistas, comunistas e independentistas para cuartear España e imponer un régimen de izquierdas que impusiera el pensamiento único y anulase hasta el mismísimo derecho del centroderecha a existir. Puede parecer hiperbólico pero es tan real como la vida misma.

Cuando un servidor denunciaba en las tertulias “los peajes en la sombra” que el nuevo presidente había tenido que abonar para sacar adelante la moción de censura, los contertulios de izquierdas, que son legión, me negaban tres veces. Tenía información. Claro que tenía información. Pero no sólo eso. Hasta un niño de teta colegiría que nadie da algo a cambio de nada, menos aún en un mundo político, el español, en el que el filibusterismo está a la orden del día.

El tiempo, ese juez insobornable que pone a cada uno en su sitio, me ha dado la razón. Pedro Sánchez está pagando con nuestro dinero a la Generalitat el “sí” de los 17 diputados independentistas en San Jerónimo. El precio (conocido) hasta ahora se llama 2.251 millones de euros directos y otros 8.071 en créditos estatales. Más que a ninguna otra comunidad autónoma. Se sienta un lamentable precedente: el que da golpes de Estado es recompensado generosamente por Moncloa; el que respeta la ley, es castigado sin compasión.

Los que pensaban que lo habían visto todo en materia de cesiones a los golpistas estaban equivocados. Esta semana comprobaron que la desahogada, imprudente y kamikaze audacia de Pedro Sánchez es infinita. Una osadía equivalente a una rendición. La rendición del Estado de Derecho ante quienes dan golpes de Estado, roban dinero público como si el mundo se fuera a acabar y tienen instaurada de facto una dictadura en Cataluña en la que el que no comulga con ellos es un apestado civil.

La figura del relator es sin ningún género de dudas la mayor traición a España ejecutada nunca jamás por un presidente del Gobierno en 42 años de democracia. Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, incluso el Zapatero del Faisán y desde luego Mariano Rajoy pudieron equivocarse pero jamás de los jamases vendieron a España para mantenerse en la poltrona. En la vida hay límites que no se pueden traspasar. Pedro Sánchez es capaz de cualquier cosa con tal de continuar volando en el Falcon y disfrutar de ese séquito interminable de escoltas, ayudas de cámara, secretarios, asistentes y mayordomos.

Aceptar la existencia de un relator supone equiparar institucionalmente a Cataluña con España, otorgar carta de naturaleza a ese deseo de bilateralidad de los independentistas y, tal y como advirtió el lúcido Alfonso Guerra, equiparar a nuestra gran nación “con Yemen o Burkina Faso”. El relator está previsto en la legislación de Naciones Unidas para países en guerra, algo que no sucede ni por asomo en España. En resumidas cuentas representa la aceptación de la dialéctica separatista. Cuando acatas el lenguaje del enemigo estás acabado porque la realidad se empieza a cambiar con las palabras. “Alta traición” como han subrayado desde Pablo Casado hasta Santiago Abascal pasando por un Albert Rivera que cuando se trata de defender la unidad de España se sale del mapa.

Por no hablar de la flagrante vulneración del artículo 97 de la Constitución, que reserva al Gobierno, como no puede ser de otra manera, “la dirección de la política interior y exterior”. Dejar esta función en manos de un tercero, de alguien a quien no han votado los españoles, es una cesión de poder que está tipificada en el Código Penal, como mínimo, con la catalogación de delito de prevaricación. Cuando vienen mal dadas no puedes tener a Chamberlains de medio pelo al frente de un Gobierno, es imprescindible optar por un Churchill que haga lo que hay que hacer aunque a corto plazo pueda agravar la respuesta del intolerante adversario. Pero con la ley por delante se va a cualquier parte. Nadie dijo nunca que defender la democracia, el Estado de Derecho, la igualdad de todos los españoles y la Constitución fuera fácil. Pero setenta veces siete más complicado fue vencer al nazismo y se le venció.

Todos los españoles debemos estar este domingo presencial o moralmente en Colón para dar un lección democrática que no olvide nunca el felón. A ese Pedro Sánchez al que le importa un comino España con tal de salvar su culo sobre la silla más importante del Palacio de La Moncloa. Sus metafóricas lágrimas renunciando al relator y la mesa de partidos que siempre exigió ETA son cocodrilescas. Esto sólo se arregla en una cita ante las urnas en las que a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Elecciones que él mismo prometió durante la moción de censura que ganó de la mano de los malos. “Las convocaré cuanto antes”. Cuanto antes son ya ocho meses largos. Vayamos a Colón para que se vaya el embustero felón.

España exige a Pedro Sánchez elecciones ya
 larazon 10 Febrero 2019

Existe un clamor social, que hoy se verá reflejado en las calles de Madrid, que demanda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que cumpla con el compromiso adquirido cuando planteó la moción de censura y convoque elecciones generales a la mayor brevedad posible. Así lo constata la encuesta de «NC Report», que hoy publica LA RAZÓN, en la que un 78,3 por ciento de los consultados considera que Sánchez debe convocar a las urnas ya. Sin embargo, esos mismos ciudadanos son perfectamente conscientes de que Sánchez intentará agotar la legislatura –así lo cree el 72,7 por ciento de los preguntados–, lo que explica el absoluto desdén popular con el que se han acogido las últimas maniobras políticas del inquilino de La Moncloa, que, sin duda, estaban destinadas a desmovilizar la manifestación de protesta convocada por los principales partidos de la oposición.

Es, pues, un hecho el divorcio creciente entre la mayoría social y un Gobierno que, necesariamente, tiene que apoyarse en las mismas formaciones que llevaron a España a su mayor crisis institucional desde la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, y que, por supuesto, tienen una agenda política completamente ajena a los intereses generales de la Nación. Existe, asimismo, una preocupante desconfianza de los ciudadanos hacia su Gobierno –el 44,4 por ciento de los encuestados cree que el Ejecutivo tiene pactos ocultos con los independentistas– y un amplio rechazo a los planteamientos negociadores de La Moncloa con los nacionalistas catalanes.

Es cada vez más evidente que Sánchez se empeñó en abrir una vía de diálogo estable con los separatistas que la mayoría de los españoles no considera legitimada. Es más, nada menos que el 55 por ciento de los consultados creen que los responsables del llamado «procés» cometieron un delito de rebelión y deben afrontar sus responsabilidades. En este sentido, la opinión es trasversal a las ideologías, con un 54 por ciento de los encuestados que creen que la actual política gubernamental acabará por romper al PSOE. Paradójicamente, lo que han conseguido los últimos regates políticos del Gabinete, tratando de remarcar las líneas rojas constitucionales en sus tratos con los independentistas catalanes y volviendo al discurso de firmeza frente al inexistente derecho de autodeterminación, es justificar la oportunidad de la manifestación de este domingo en la madrileña plaza de Colón.

Si, hasta ahora, el discurso de la izquierda y de los nacionalistas ha consistido en culpar al Partido Popular y a Ciudadanos por su supuesta negativa a establecer puentes de diálogo, ahora, con la caída del caballo escenificada el viernes en el Consejo de Ministros, queda claro que era imposible «dar una solución política a un problema político», incluso, aunque ésta rozase los límites del marco constitucional. La ficción de una negociación bilateral sólo podía durar hasta que estuviera sobre la mesa la demanda del referéndum, con el cuestionamiento implícito de la soberanía nacional. Tal vez, Pedro Sánchez, con la vista puesta en su permanencia en el poder, podría haber estirado los tiempos del diálogo hasta la tramitación de los Presupuestos Generales, pero la propia facundia de los nacionalistas, dando a conocer los 21 puntos acordados con Moncloa, y el conocimiento público de que el Gobierno había aceptado la figura de un intermediario, un relator, para intervenir en el proceso de negociación, como si España, en acertado símil de Alfonso Guerra, fuera el Yemen, hicieron saltar todas las alarmas y han provocado el llamamiento ciudadano a expresar su indignación ante la actitud entreguista de Pedro Sánchez y a reclamar masivamente en las calles la convocatoria de elecciones generales.

Se trata, además, de la única salida posible para la actual situación de inestabilidad política, provocada, no es posible dudarlo, por la debilidad de un Ejecutivo que precisa del apoyo parlamentario de quienes, simple y llanamente, mantienen la pretensión de romper la unidad de España. Como hemos señalado en estas mismas páginas, es preciso que la sociedad española deje patente su hartazgo ante la permanente extorsión del separatismo y lleve al ánimo del Gobierno su radical oposición a que se otorgue ventaja política alguna a quienes no tuvieron el menor empacho en atentar contra el orden constitucional en el que se asienta nuestra democracia. Es preciso desbaratar el discurso falso de quienes han intentado un golpe de Estado y poner de relieve ante el resto del mundo, con la fuerza de la imagen de una marea, ésta sí, auténticamente democrática y popular, la realidad de un país libre, que constituye una nación ejemplar por su tolerancia y respeto a la libertad, pero que está harta del insulto y de la caricatura espuria que difunden los mismos que han intentado acabar con la Constitución. Que un mar de banderas explique a las claras que los españoles quieren seguir construyendo esta gran Nación.

Pedro Sánchez necesita un relator
FRANCISCO ROSELL El Mundo 10 Febrero 2019

Cuando Carmen Calvo saltó el miércoles pasado a los medios para tratar de darle aire de normalidad a la anomalía que supone que el Gobierno de una nación establezca una relación bilateral con un ente autonómico como la Generalitat de Cataluña por medio de un relator, figura que Naciones Unidas reserva para países en conflicto o para procesos de descolonización, la vicepresidenta adoptó la misma actitud de sorpresa que aquel personaje de época que fue Madame de Sommery. Sorprendida in fraganti por su marido, mientras compartía su lecho nupcial con un amante, esta dama de alta alcurnia y baja cama negó audazmente lo que estaba a ojos vista. Como el desairado cónyuge no frenaba en su cólera, le endilgó con cínico descaro: "¡Ah, bien veo que ya no me amas y crees más lo que ves que lo que yo te digo!".

Por más que braceaba buscando la orilla que la pusiera a salvo, más naufragaba en su propósito, poniéndose en evidencia tanto ella como al presidente en cuyo nombre hablaba por sus concesiones al independentismo, de cuyos votos es rehén desde que asumió ese dogal para ser presidente con tan sólo 84 escaños. Escuchando sus respuestas imposibles a unos periodistas en creciente estado de perplejidad, Calvo refrendaba la apreciación que hacía Talleyrand sobre los políticos.

Aquel Diablo Cojo, gran camaleón que cabalgó desde la Revolución Francesa al congreso de Viena, opinaba que las manifestaciones de éstos debían interpretarse como las contestaciones de las damas galantes de su época, entre ellas la solícita Sommery. Cuando advertían que no, querían decir quizá; cuando aseveraban que quizá, debía entenderse un sí; y cuando pronunciaban un sí, es que no se trataba de verdaderas damas. Nunca debe atenderse tanto a lo que declaran los políticos como a lo que ocultan sus palabras.

Empero, en las capitulaciones de Pedro Sánchez con el separatismo catalán, no se han requerido muchas pesquisas. Ya se ha ido encargando el independentismo de ir levantando las cartas y de dejar en evidencia sus encamadas complicidades. Lo mismo que hizo -por cierto- ETA en sus tratos secretos con Zapatero. Claro que ello no debiera extrañar andando también de por medio en el proceso catalán el bilduetarra Otegi. Al igual que su antecesor, Sánchez ha ido admitiendo los trágalas independentistas, mientras doraba la píldora negando la mayor. No parece apercibirse de que, en política, lo importante no es lo que se es, sino lo que parece. Mucho más cuando la credibilidad de su palabra se devalúa a niveles del depreciado bolívar venezolano.

Al cabo de 40 días de su Rendición de Pedralbes, se divulgaban esta semana las cláusulas secretas del vil sometimiento en 21 puntos vejatorios que le presentó Torra como si el indecoroso supremacista fuera el Petronio del mejor porte democrático. Por medio de una retorcida prosa que pone de manifiesto como la regresión democrática va de la mano del empeoramiento de la gramática, se legitiman las aspiraciones de quienes perpetraron el golpe de Estado en Cataluña y el posterior golpe de mano de la moción de censura contra Rajoy.

Ello obligó a la vicepresidenta a dar la cara por un Jefe del Ejecutivo instalado en modo avión y que sólo aterriza en España para mudar el equipaje.Calvo va camino de ser la niña de los palos del presidente, al modo de aquellos infantes que recibían los castigos que los preceptores reales imponían al príncipe durante su periodo de aprendizaje,

Con todo, lo más sorprendente es que, a las 48 horas de admitir su componenda con el separatismo y sin que se hubiera producido ninguna novedad en el trasiego de esas conversaciones secretas, la misma vicepresidenta comparecía al término del Consejo de Ministros para anunciar que el Gobierno se caía del caballo. Cuál conversión de Saulo al cristianismo camino de Damasco, de pronto el Gobierno descubría -¡oh horror!- que los independentistas eran partidarios de la autodeterminación.

Calvo se uniformaba esta vez -se nota que se acercan los carnavales- como el capitán de gendarmes Renault en Casablanca. Cuando el mayor alemán Strasser le ordena clausurar el Café de Rick porque el resistente antinazi Laszlo había inflamado los ánimos patrióticos de los concurrentes entonando La Marsellesa, su propietario (Bogart) le exige una razón y Renault le replica cínicamente: "Es un escándalo: acabo de descubrir que en este local se juega...", mientras su mano atrapa el fajo de billete que le desliza el croupier con arraigada inercia.

¡Pero si Sánchez, caramba, hizo ministra para Cataluña (oficialmente de Política Territorial) a Meritxell Batet, quien votó a favor del derecho a decidir de Cataluña en el Congreso saltándose a la torera la disciplina socialista con Rubalcaba como secretario general! Si Tarradellas, quien sí hizo honor a su título de Molt Honorable President, decía que, en política, lo único que no está permitido es hacer el ridículo, aquí no se sale de él y se enseñorea de la situación.

Adoptada la reconsideración a 48 horas de la manifestación de este mediodía en Madrid Por una España unida. Elecciones ya, auspiciada por PP y Ciudadanos, nada presume que se trate de una rectificación en toda regla, sino una parada técnica -esperar y ver- hasta tanto se calme el clamor social y se sosiegue la indignación interna en el PSOE. Todo ello en consonancia con el manual de actuación de Zapatero. Cuando el grave atentado de ETA de 2006 en el aeropuerto de Barajas, con dos muertos, no rompió con la banda ni viró su política, aunque sus peones de brega mareasen la perdiz a la espera de acontecimientos.

Éste blindó el llamado proceso de paz de las bombas de ETA y no retornó al Pacto Antiterrorista con el PP, sino a las andadas. Como Sánchez, Zapatero no podía prescindir de compañeros de viaje como Izquierda Unida o los independentistas de ERC. Al jugarse el futuro al ciego azar de una sola carta -como diría Faulkner-, con personajes como Sánchez o Zapatero, con sus opiniones tornadizas y sus geometrías variables, todo cobra sensación de una irrevocabilidad que aboca a tener que soportar lo insoportable.

A Sánchez no le inquieta tanto sacar adelante los Presupuestos -"si sale, sale", y bienvenidos esos millones de euros para disponer de munición electoral-, pues puede sostenerse sin ellos hasta que convoque elecciones -el PNV gobernó tres años con las cuentas prorrogadas-, sino garantizarse una alianza postelectoral con esos socios para sostenerse en La Moncloa a cambio de medidas de gracia a los condenados del 1-O, entre otras martingalas.

Sánchez camina por la senda que Zapatero asfaltó con el llamado Pacto de Tinell -de exclusión de Gobierno del PP mediante un cordón sanitario en su derredor- sobre la base de que una celada de esas características con los nacionalistas era la forma más segura de tomar La Moncloa. En caso contrario, el PSOE habría dado por roto el documento suscrito con el independentismo que transgrede de facto la Constitución al establecer con Cataluña una relación bilateral análoga a la que se mantendría con terceros países y al configurar un instrumento predemocrático como esa mesa de partidos con clara suplantación del Parlamento.

En esta cuestión, Sánchez puede defender una cosa y su contraria, atendiéndose a la disociación de Calvo entre el presidente y el candidato. Así, como ya ocurrió con el delito de rebelión aplicable a los golpistas del 1-O, Sánchez defendía en octubre de 2017 que "el Congreso es el perfecto mediador para este tipo de cuestiones". Al modo de la filosofía de vida y de combate de Bruce Lee, el legendario luchador de artes marciales, Sánchez es amorfo y moldeable como el agua, adaptando sus principios a cada recipiente, ya sea una taza, una botella o una tetera, lo que traducido le lleva a pactar con quien menester sea.

Un aventurero como Sánchez, en definitiva, carece de otro horizonte que no sea evitar su desalojo de La Moncloa. Como sea. En pro de ello, no sólo ha adoptado el lenguaje nacionalista, sino que ha abonado el imaginario independentista contribuyendo a que lo virtual sea más creíble que lo real, de igual manera que la falsa moneda desplaza a la de curso legal. Cuando uno adopta el lenguaje del adversario, como Sánchez el nacionalista, renuncia, quizá sin saberlo, a sus principios y, por supuesto, a convencer a sus votantes.

Para recomponer la relación con el independentismo, bastará con cualquier nueva apelación al sacrosanto diálogo. De tan manoseado que está el concepto y de lo fraudulento de su uso por quienes se sirven de él, en vez de servirlo con convencimiento, hay que exclamar: ¡Oh diálogo, cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Fue lo que gritó, referido a la libertad, Madame Roland, heroína de la Revolución Francesa, al ser decapitada en la Plaza de la Concordia como el dios Saturno despedazó a sus hijos.

Por eso, el presidente Sánchez, si fuera en serio en su cambio de opinión, en vez de hacer una parada momentánea para aguardar a que pase el aluvión de críticas en la manifestación, iba a necesitar un relator para sí mismo que le ayudara a hacer un relato creíble con el que concurrir a unas elecciones antes de que resulte imposible encontrar diez hombres justos en el PSOE. Como le ocurriera a Abraham aguardando en vano contener la cólera divina y evitar que devastara Sodoma y Gomorra debido a sus muchos y deleznables pecados. "¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta justos en la ciudad, ¿los arrasarás?", imploraba la clemencia divina. Como el que busca una aguja en el pajar, Abraham dio con uno solo, el cabal de Lot. Ni siquiera le pudo acompañar su mujer, convertida en estatua de sal por volver la vista atrás para contemplar cómo ardía la Sodoma de sus desdichas.

De momento, las quejas de cualificados socialistas parece haber surtido efecto, en primera instancia, como sobrevino con la advertencia del comité federal de que no sobrepasara unas líneas rojas que luego desbordaría ampliamente para llegar a La Moncloa sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Dicho lo cual, conviene no engañarse. Estos avisos han resultado más clamorosos cuanto más alejados estaban de los ámbitos de poder.

No es probable que nadie comprometiera su posición por mucho resquemor que albergara. Ya acaeció en 2006 con la aprobación del Estatuto catalán en las Cortes. No dimitió ni el Tato. Ni el ministro coartada Bono ni diputados tan críticos con su articulado como Guerra, Benegas, Leguina o Marugán, actual Defensor del Pueblo, transgredieron la disciplina de voto.

Con todo, lo peor de Sánchez es que no atiende a lo que Marguerite Yourcenar anota en Memorias de Adriano, libro de cabecera de González en sus años de alto mando: "Lo esencial es que el hombre llegado al poder pruebe luego que merecía ejercerlo". No ha paliado su falta de legitimidad de inicio, al haber llegado de matute a La Moncloa con menos escaños que nadie, con una legitimidad de ejercicio que hubiera redimido su pecado original.

No es el final de nada, sino el principio de casi todo
Jesús Cacho. vozpopuli  10 Febrero 2019

Imposible imaginar hace unos años que la democracia española pudiera llegar a caer en el pozo de infamia en el que hoy se encuentra. Ni el más osado de los analistas hubiera podido sospechar que, cuando la creíamos firmemente asentada entre nosotros, el nacionalismo catalán, convertido ya en separatismo a palo seco, fuera a encargarse de entronizar en Moncloa al séptimo presidente del Gobierno (“Prometo por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones de presidente del Gobierno, con lealtad al Rey, y hacer guardar la Constitución como norma del Estado…”) con el objetivo de sostenerle en el cargo el tiempo suficiente para lograr la separación de Cataluña, arramblando con esa Constitución que el felón, ni conciencia ni honor, prometió defender. Hemos vivido no pocos episodios vergonzosos en nuestra historia, pero pocos tan ignominiosos como este: El 1 de junio de 2018, previa espantada del cobarde Rajoy, no fue Pedro Sánchez y su PSOE quienes se hicieron con el poder, sino los separatistas catalanes con la inestimable ayuda de los neocomunistas y del PNV. Desde entonces, Sánchez es apenas su rehén, una marioneta cuyo vuelo mantendrán en tanto en cuanto les alcance para romper España. Ellos tienen un objetivo claro. Sánchez solo tiene su ambición.

Es el momento más bajo de la historia de España reciente, comparable en iniquidad al protagonizado en Bayona por esa familia de Carlos IV a la que magistralmente retrató Goya en pintura que hoy admiramos en El Prado. El intento de acabar con el Parlamento para sustituirlo por “instituciones” paralelas a la venezolana manera, -esa “mesa de partidos” en la que el PSC de Iceta y Podemos se iban a encargar de negociar con separatistas catalanes, nacionalistas vascos y filoetarras una “solución política al problema de Cataluña”, en palabras de Maritornes Calvo, con la ayuda de un mediador, a ser posible extranjero-, es sin duda el desafío más grave sufrido por nuestra democracia desde el intento de golpe de Estado del 23-F. Es el cierre definitivo del régimen de la Transición y la evidencia de su fracaso político, a resultas de su incapacidad para regenerarse desde dentro. La quiebra de la democracia de partidos y la constatación de los fallos de diseño de nuestra arquitectura constitucional.

Porque las culpas no son achacables en exclusiva a Sánchez, ni mucho menos. Él es apenas el último eslabón en un largo proceso de degradación de la política y la clase política en un país sin tradición democrática, sin instituciones de raigambre, sin sociedad civil fuerte, sin élites dirigentes dignas de tal nombre, capaces todas ellas de haber puesto a los sucesivos presidentes del Gobierno frente a la pared de sus responsabilidades. Testigo directo de la gran crisis de finales de 1992 y 1993 que llevó a un millón de trabajadores al paro, con los escándalos de corrupción del felipismo por colofón, estaba claro que esas elites tendrían que haber procedido, sin la amenaza de la acorazada Brunete, a una revisión en profundidad de nuestra Carta Magna para corregir los defectos de diseño en esa mentada arquitectura institucional, para enmendar las cosas que no se habían hecho bien, tal que la España de los 17 Estaditos dispuestos, llegado el tiempo, a convertirse en 17 Cartagenas, las competencias cedidas en Educación, la ruptura del mercado único, la fragmentación de la Justicia, y esa Ley Electoral que ha convertido a los partidos nacionalista en árbitros interesados de la vida política española a cambio de suculentos réditos, y que finalmente ha terminado por animarles a atentar a cara descubierta contra la Constitución.

Nada hizo Felipe, y mucho menos Aznar cuando esas disfunciones eran ya visibles hasta para un ciego. Los partidos del turno, convertidos en sociedad de socorros mutuos, se habían aficionado a gobernar pastando en el Presupuesto, ocupando las instituciones y robando cuando era menester, aunque, eso sí, permitiendo a los nacionalistas hacer lo propio en sus territorios respectivos. Zapatero, además de arruinar la Economía, rompió el espíritu de reconciliación entre españoles que alumbró la Constitución del 78, quizá su fruto más excelso, obligándoles, cual desesperados modernos Sísifos, a enfrentarse de nuevo con la piedra excesiva de sus demonios familiares históricos. Pudo arreglarlo Mariano Rajoy con la abrumadora mayoría de que dispuso a partir de noviembre de 2011, pero eso hubiera sido pedirle peras a un olmo seco partido por el rayo de la mediocridad más absoluta. Una desgracia para España, y el reconocimiento de la carencia de sistemas mínimamente fiables de cooptación de la dirigencia política en nuestro país. De modo que el separatismo catalán, que llevaba sembrando el odio entre su grey desde el famoso “Programa 2.000” de Jordi Pujol , se dio cuenta de que el fiero león de aquella mayoría era apenas un acicalado osito de peluche con el que era posible jugar a conciencia.

Una trampa para bobos
De haber estado construido de otra pasta, Rajoy hubiera llamado a capítulo a Artur Mas en los primeros días de su mandato, enero de 2012 si no antes, para leerle la cartilla en Moncloa: ni una voz más alta que la otra fuera de la Ley y la Constitución, y ahora vas y lo parlas en Barcelona. Calentito. Lo normal en un país serio. Como no hizo sino todo lo contrario, a los herederos de Pujol les sobraron unos meses para, septiembre de 2012, llenar las calles con una gigantesca Diada a la que el bello Arturo se subió en marcha convencido de que ese era el caballo ganador. Fue el “ahora o nunca” del nacionalismo en el momento más bajo de España (vendrían otros peores, cierto), con un cobarde taimado en la presidencia, una economía arruinada y una crisis política de caballo. En la primavera de 2014, alguien se acercó al ministro Fernández Díaz para comerle la oreja con el cuento de que Germà Gordó estaba dispuesto a protagonizar un golpe de mano en Convergencia para derribar a Mas y erigirse en interlocutor idóneo entre la Generalidad y el Gobierno central, qué interesante, y el beato Fernández picó el anzuelo, hasta que algún avisado vino raudo a sacarlo del error, merluzo, cómo va a traicionar Gordó a Mas si ha sido siempre su chico de los recados, además del gestor de sus dineros, esto no puede ser más que una trampa para bobos.

Conocimos el episodio dos años después, cuando, en julio 2016, salieron a relucir las grabaciones que en su propio despacho, lo nunca visto en un ministro del Interior, había realizado el gran “relator” (¡ahí lo tienes, Maritornes, báilale!) del reino, el inefable Villarejo. Y cuando, después de sucesivas micciones en la pechera de Mariano por parte de un separatismo xenófobo y supremacista, enfermizamente manipulador y mentiroso (“que escapa de la política para adentrarse en el psicoanálisis”, Alfonso Guerra este miércoles), el gallego gazmoño se atrevió por fin a aplicar el 155, lo embalsamó en unas elecciones autonómicas a un mes vista, sin desmontar, siquiera rozar, ninguna de las estructuras de poder y manipulación mediática del separatismo. Es así como hemos llegado hasta el fondo del pozo, pasando antes por el afrentoso episodio, del que quedará registro en los libros de historia, de la tarde noche del 31 de mayo pasado, con el presidente del Gobierno huyendo despavorido de un Congreso en el que se dilucidaba el futuro de España para ir a emborracharse a un garito de la calle Alcalá, esquina Independencia. Casi todo nos lo hubiéramos ahorrado si el gañán hubiera tenido las gotas de patriotismo suficiente para haber dimitido. No lo hizo. Sigue sin explicar por qué. Pobre España. Triste historia de España.

El resto es sabido. Cuesta abajo y sin frenos hemos llegado hasta el personaje que ahora nos gobierna, un auténtico okupa privado de la legitimidad que otorgan las urnas. Rehén de quienes le hicieron presidente y le sostienen en el cargo, el bergante no ha tenido más remedio que cumplir los compromisos contraídos con el separatismo poniendo en marcha, en lo sustancial, esos 21 puntos de oprobio que Torra deslizó en su bolsillo en Barcelona, esas instituciones paralelas que deslegitiman las que democráticamente los españoles nos dimos en su día, y aceptando el marco discursivo del separatismo (la existencia de un conflicto entre dos Estados en condiciones de igual a igual, necesitados, además, de un mediador, un mamporrero, diríase en román paladino, capaz de hacer entrar lo que no cabe: la ruptura de España para dar satisfacción a la corrupta elite nacionalista catalana. Como no podía ser menos, la nación se ha despertado, consciente de que este es un envite trascendental, uno de esos desafíos capaces de poner en grave riesgo la convivencia. Por eso nos echamos hoy a la calle en Madrid, para decir "no" a quienes arteramente quieren robarnos el futuro acabando con más de 40 años de paz y libertad, y para obligar a nuestro aprendiz de Maduro a convocar elecciones cuanto antes, en las que los españoles, de derechas y de izquierdas, digan lo que tengan a bien decir en democracia.

El peligro no ha desaparecido
Al aprendiz de brujo no le preocupa en demasía, en mi opinión, la convocatoria de hoy en Colón, sino la rebelión protagonizada en el seno del PSOE de siempre por figuras tan relevantes como las de González, Guerra y otros. Es lo que le ha obligado a protagonizar ese simulacro de ruptura de negociaciones, ese teatrillo impostado que no ha conseguido engañar a nadie. El peligro no ha desaparecido, ni mucho menos. El separatismo no ha sido derrotado, ni desalojado de su puesto el granuja que tiene secuestrado al PSOE. La movilización de la ciudadanía (incluyendo en ella naturalmente a buena parte del voto socialista clásico) permite augurar, no obstante, que desde el fondo del pozo en que hoy nos hallamos las cosas ya solo pueden ir a mejor. Con la condición, claro está, de que hayamos aprendido la lección. Porque este no es el final de nada, sino el principio de casi todo. Con la condición de que nuestras élites políticas, conscientes del riesgo de caída en el abismo en que nos hallamos, se pongan a trabajar para, elecciones generales mediante, lograr un gran pacto capaz de abordar la mentada reforma de la Constitución destinada a coser los jirones de un traje que en parte se ha quedado viejo por estrecho o equívoco.

Hay que acabar de una vez por todas con el chantaje nacionalista. No es posible seguir sometidos a la afrenta de ese nacionalismo vasco que vota los Presupuestos a Rajoy y al día siguiente lo descabalga del Gobierno porque le convine más el piernas que acaba de salir a la palestra, a quien vamos a poder manejar a nuestro antojo. Y quien habla de parar los pies al nacionalismo, habla también de recuperar las competencias en Educación para el Estado y de tantas otras cosas que están en la mente de todos. Los españoles se merecen un proyecto de país capaz de sostener un Estado del bienestar razonable, es decir sostenible, ergo financiable, donde las empresas no sean un mero sujeto pasivo al que freír a impuestos; un Estado con radical separación de poderes que garantice propiedad, seguridad y libertad, y en el que cualquier español –empezando por esa mayoría de catalanes sometidos al yugo del supremacismo nacionalista- pueda vivir y prosperar en el marco de una ley igual para todos. Y al separatismo que le vayan dando. Sin contemplaciones. Sin complejos. ¿Seremos capaces –no hablo ya de nuestras sedicentes elites políticas- de estar a la altura del reto que tenemos por delante, o seguiremos ad eternum dando vueltas a la noria de nuestros viejos demonios históricos?

Suspensión, no ruptura de negociaciones.

Vicente A. C. M. Periodista Digital 10 Febrero 2019

CARMEN CALVO ANUNCIA LA RUPTURA DE LAS NEGOCIACIONES CON LOS GOLPISTAS Y AFIRMA QUE EL GOBIERNO NUNCA ACEPTARÁ EL PLANTEAMIENTO DE UN REFERÉNDUM DE AUTODETERMINACIÓN.

Ayer, Carmen Calvo en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros realizó unas declaraciones imprevistas e impactantes en las que anunciaba que “Este Gobierno tiene la firme decisión y vocación de establecer todos los puentes posibles que la ley nos permita para que el diálogo se produzca, pero en este momento el trazado que hemos hecho para que ese diálogo se canalice no es aceptado por los partidos independentistas”. Afirma además que “el Gobierno no aceptará nunca el planteamiento de un referéndum de autodeterminación" y que cualquier solución “la salida política en Cataluña tiene que ser en el marco del Estado de derecho”. En esta rueda de prensa la Ministra hizo entrega a los periodistas presentes de una copia del documento que el Gobierno de España había hecho llegar a la Generalidad a las 13:40 h del viernes como la última posición en estas negociaciones, que no fue aceptado por la Generalidad al apreciar que no había avances significativos especto a lo ya acordado.Fue esa y no otra la razón del retraso en la comparecencia en la rueda de prensa habitual tras el Consejo de Ministros.

Y es que hasta última hora de ayer el Gobierno de Pedro Sánchez estuvo esperando la respuesta de la Generalidad antes de hacer público el documento y anunciar que los independentistas no aceptaban la propuesta, dando por rotas las negociaciones. Una nueva falsedad desmentida ya por la Generalidad al decir que había sido la Moncloa la que había roto y que ellos no se levantaban de la mesa y que puede haber diálogo hasta el último momento. Y ese no es otro que la sesión de aprobación de los PGE. Y aquí es donde Carmen Calvo lanzó su ya desgastada amenaza con el aviso apocalíptico de “si no hay presupuestos la legislatura se acorta”. O lo que es lo mismo, ¡que vienen las derechas y la extrema derecha! Lo que evidencia la nula confianza que el Gobierno de Pedro Sánchez tiene en las encuestas cocinadas de Tezanos en el CIS.

Pero ¿qué dice exactamente el famoso documento y por qué ha sido ahora cuando lo presenta el Gobierno de Pedro Sánchez? Lo que lleva no es precisamente lo que dice Carmen Calvo que incluye. Y lo que no se explica es por qué aceptó Pedro Sánchez en diciembre ese panfleto de Joaquim Torra en forma de exigencias contenidas en 21 puntos que ya comenté en otro post. Lo que dice es resumidamente lo siguiente:

Los Gobiernos de España y de la Generalidad convienen en afirmar:

La existencia de un conflicto sobre el futuro de Cataluña. (Comentario: no existe ningún conflicto sino solo un desafío secesionista corroborado por un golpe de Estado sofocado mediante intervención de la autonomía).

Su apuesta por un diálogo efectivo que vehicule una propuesta política que cuente con un amplio apoyo en la sociedad catalana (Comentario: eso es reconocer el derecho a decidir solo a los catalanes, despreciando al resto mayoritario del pueblo español)

Que deben seguir potenciándose los espacios de diálogo que permitan atender las necesidades de la sociedad y avanzar en una respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía de Cataluña, en el marco de la seguridad jurídica.

Que la vía del diálogo requerirá del esfuerzo de todas las instituciones, de los actores políticos y de la ciudadanía.

Se ponen los siguientes objetivos

1. Diálogo efectivo.
Este diálogo efectivo se garantiza tanto mediante la convocatoria de la comisión bilateral como de la mesa de partidos. De esta forma se amplían los espacios de diálogo ya existentes en el Congreso de los Diputados y en el Parlament y se hace efectivo el objetivo de analizar las propuestas que se sometan a debate y aprobación. (Comentario: No sé por qué se requiere “ampliar los espacios de diálogo si el lugar de debate debe ser el Congreso de los Diputados y el Senado como cámara pseudo territorial)

2. Respuestas políticas.
Cada una de las partes remitirá las propuestas que considere en sus respectivos espacios, dando respuesta a la relación que se propone entre Cataluña y el resto de España. (comentario: la respuesta nunca puede ser reconociendo un derecho de autodeterminación, incluido como punto nº 3 del panfleto de las 21exigencias)

3. Amplio apoyo.
El objetivo será la búsqueda de respuestas políticas que alcancen un amplio apoyo de la sociedad catalana. (Comentario: ¿Y qué pasa con la opinión del resto del pueblo español)

4. Respuesta democrática en el marco de la seguridad jurídica.
La propuesta democrática que resulte del trabajo de los espacios de diálogo deberá articularse mediante las oportunas y posibles modificaciones legislativas. (Comentario: Aquí hay una clara referencia ala reforma de la Constitución para amoldarla a las exigencias de los golpistas).

Respecto a la mesa de partidos, como complemento a la Comisión bilateral entre Gobiernos, se dice lo siguiente:

Formarán parte de la Mesa dos representantes, con capacidad de decisión en los dos ámbitos territoriales (estatal y catalán), de cada uno de los grupos políticos con representación en Cataluña y, en su caso, de las formaciones vinculadas a los mismos. (Comentario: En ningún momento se alude a la mesa actual de partidos con representación en el Parlamento autonómico de Cataluña, Mesa en la que solo participan ERC, JxCAT y PSC).

Al frente de esta mesa de partidos se propondrá de común acuerdo una persona que será quien facilite la coordinación de los trabajos, de las convocatorias y fije el orden del día. Asimismo, ayudará a crear las condiciones idóneas para el diálogo, dará fe de los acuerdos alcanzados y determinará el seguimiento de su aplicación.(Comentario: se elude poner nombre a esta persona que ya no es ni relator, ni facilitador, ni mediador, pero que se asemeja por sus atribuciones a este último)

En cuanto al espacio de diálogo Institucional no hay grandes cambios sobre lo ya existente mencionando quienes serían los interlocutores que coinciden con los actuales en sus cargos en la Generalidad y en el Gobierno de España: Aragonés y Artadi por la Generalidad y Calvo y Batet por el Gobierno de España.

Como pueden observar en ninguna parte de este documento se alude a lo dicho por la vicepresidenta Carmen Calvo de que una condición “sine qua non” es la de que Este Gobierno “nunca“ aceptará el planteamiento de un referéndum sobre autodeterminación. Eso no se refleja en absoluto, ni tampoco que esta sea la posición final del Gobierno de España. Por otra parte, el rechazo inicial a este documento, supongo que es más por lo que no dice que por lo que dice, ya que es evidente que el Gobierno de España ha aceptado todas las exigencias impuestas por los golpistas, incluso la creación de una mesa de partidos a nivel estatal y sin control del Parlamento de España. Por consiguiente doy por válida la declaración de los golpistas de que ha sido el Gobierno de España el que rompe las negociaciones, pero que ellos no se levantan de la mesa y apurarán hasta el final (el día 13 de febrero) para seguir negociando.

De hecho, la vicepresidenta mantiene el teléfono abierto y el grupo de whatsapp en "standby", lo que indica que una cosa es lo que dice y otra muy diferente lo que hace. O lo que es lo mismo, este Gobierno sigue mintiendo a los españoles y lo hace no solo en sede parlamentaria, ocultando la información sobre estas negociaciones, sino también en su sede de la Moncloa. Por otra parte, desde el Gobierno de la Generalidad se dice que el documento enviado es un punto de partida importante, ya que incluye la mesa de partidos a nivel estatal y la figura del mediador, dicendo que unos y otros aseguran que se mantiene la posibilidad de díálogo. Las negociaciones están suspendidas, no rotas. ¿Hace falta decir más sobre las mentiras de este Gobierno?

Así que se mantienen intactas las razones que obligan a los partidos que defienden la Constitución de España, la Unidad y Soberanía Nacional del pueblo español, a reafirmarse en la convocatoria a todos los españoles a la manifestación concentración de mañana en la plaza de Colón en Madrid , sin exclusiones y sin arengas partidistas, sino dando la voz a la sociedad civil para reclamar que el trilero y trolero Pedro Sánchez cumpla con su promesa en su discurso de investidura de hace ocho meses y convoque de una vez elecciones generales.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!! ¡¡TODOS A COLÓN!!
¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Jordi Pujol: el padre de la implosión catalana

Josep Maria Cortés cronicaglobal 10 Febrero 2019

Emergió cuando el catalanismo reverdecía al místico Ramakrishna, cuya espalda quedó marcada por los golpes que vio recibir a un pobre. Salió del segmento contrito, nacional católico y Montserratino que ha acabado encallando la historia en una vía muerta. Haciendo de banquero con el dinero no declarado de su padre Florenci --traficante de divisas en la plaza de Tánger (antiguo paraíso fiscal)--, impulsó inversiones de fer país en la Banca Catalana de la quiebra fraudulenta de 1982. Creó empresas, pero sobre todo participó en la fundación de colegios, como Virtelia, cofradía de satélites volantes (los Costa i Llobera, Laietania, Talita y compañía), brazos del catalanismo redivivo en las clases medias urbanas. Y también participó en el último intento de lavar cabezas en Aula, el colegio en el que su delfín, Artur Mas, disolvió el racionalismo del Liceo Francés en dosis altas de romanticismo kitsch.

Navegaba entre lamentos y tomó la decisión de imponer su país virtual: la Cataluña hecha de razones para sentirse mejor que el resto de España. Se dijo a sí mismo “somos superiores”; “ejecutaremos en la sombra”. Así nació el ayatolismo que le acompañó en sus mandatos en la Generalitat. Se dirigió al pueblo converso y necesitado, manteniendo a raya a las élites. Inventó un doble rasero: a los de abajo les encandiló con el futuro luminoso de la Cataluña-California, mientras marcaba distancias con los de arriba, influidos por el reformismo de su alter ego, Miquel Roca, padre de la Constitución de 1978, mejor y más duradera que la Pepa de Cádiz, promulgada en 1812. Jordi Pujol nunca ha sido el líder de la burguesía catalana, como se dice hoy olímpicamente; si ocaso, lo fue de la menestralía.

Convergència tuvo dos almas hasta que Roca salió despedido del asteroide, cuando empezaba a gestarse la actual implosión. Aquel momento fue premonitorio: Pujol se quedaba con la ideología, el anhelo del no man’s land, patria reencontrada, desiderátum final; y Roca, por su parte, escogía el racionalismo kantiano de la economía y las leyes. En 1992, dos paralelas se separaron para siempre: el nacionalismo soberanista y el catalanismo reformista continuador de la obra de Francesc Cambó. Se invirtieron los términos. Ya no se trataba de catalanizar España (como dijo tantas veces el político regionalista) sino de romper con España, pero aun sin palabras. Pujol escondió la cabeza debajo del ala en los Pactos del Majestic de 1996, para conseguir “la llegada del AVE a Barcelona, el Eje Transversal, la ampliación del aeropuerto de El Prat y debate sobre la urgencia del eje mediterráneo”, según la versión falseada por el exhonorable, en el tercer tomo de sus Memorias, 2003-2011, Años decisivos (Destino).

El siguiente paso le reafirmó: la recentralización de José Maria Aznar agudizó las contradicciones. En aquel momento, tras dos décadas de normalización lingüística en las escuelas, sus bases sociales cerraban filas. Él pudo perpetuarse, como el fantasma de La puerta condenada, el cuento de Julio Cortázar. Pero solo afiló el perfil, obligado a responder ante la nueva ola soberanista de los Quicu Homs, Oriol Pujol, Artur Mas o David Madí. La apuesta de futuro acabó con el estigma de Duran i Lleida, el líder del partido hermano, Unió Democràtica de Catalunya, el segundo gran perdedor, después de Roca. Pero esta vez, el paréntesis sería un final: Pujol optó por Artur Mas y se sometió a un harakiri lento, hasta 2003, el año del Tripartito en el Tinell, con Pasqual Maragall a la cabeza. “Un ciclo de desconcierto”, revisa el expresident aplicándose una dosis de su propia medicina. Y tras la cicuta inane, el desenlace: “Cataluña se vio obligada a optar entre la residualización y la opción independentista”. Un cul-de-sac insano.

Era la justificación del padre ante el fervor del hijo. Cuarenta años de calentón catalanista; cuatro décadas, ahora sí, de normalización lingüística, filtrando contenidos en el corazón del sintagma y preparando a la gente para el asalto a ciudadela España. Gracias a su pericia y al agitprop de TV3, al procés no le faltan sans-culottes para marchar sobre la imaginaria Bastilla del Borbón. “La historia me absolverá”, dice Pujol, emulando a Castro después de la aventura de Granma. Pero ha topado con el Estado más antiguo de Europa, ideado cuando el Báltico era una confederación hanseática e Italia un conjunto de ciudades bajo comendadores de gentilicio. Se ha dado de bruces contra la forma difusa de un contenedor de diversidades unidas a un Leviatán inexpugnable.

En medio de los sargazos, Pujol mantiene hoy, en lo personal, la continuidad vital de los desposeídos con suerte. Acude a diario a un despacho barcelonés de la Fundación Vila Casas, el último mecenas. Y allí increpa al pasado entre libros y millones de papeles. Ha levantado una barricada de citas históricas para defender su honor y el de su familia. Su mejor huella se embosca hoy entre valles nemorosos de la Collada de Tosas y la Cerdanya, guarida del Don, que regresa siempre al inframundo calabrés. Pujol ha robado, sí, pero ha robado sobre todo el alma a millones de catalanes que creyeron en su país de piñata, en el catalanismo de arcipreste y campanario que él mismo desdeñó de palabra. Ha sido el arquitecto de una aspiración basada en el resentimiento. Motor de un patriotismo étnico que une sus lazos intangibles de familia bajo el epígrafe tragicómico de “juntos hasta la imputación”, tal como han demostrado Ferrusola y sus nueras, Anna Vidal, Laura Vila, Mercé Gironés y Sonia Soms. El cordón esotérico, con amor o sin él, de un gineceo salpicado de cuentas panameñas.

Todo empezó en su domicilio barcelonés de Ronda de General Mitre, rodeado de su prole, con mosén Fenosa en el cap de taula. Y todo acaba ahora, en las fuentes de los ríos pirenaicos, donde él empezó su viaje iniciático a la Cataluña profunda para conocer la entraña del paisaje y del paisanaje, apuntada en su quaderni del carcere: Des dels turons i a l’altra banda del riu (Pòrtic).

Caja: "La inmersión lingüística ha sido la primera forma de adoctrinamiento político en Cataluña"
El veterano profesor repasa sus 20 años al frente de Convivencia Cívica Catalana y analiza las causas que han llevado a la actual situación política en Cataluña
Alejandro Tercero cronicaglobal 10 Febrero 2019

Francisco Caja (Arnedo, La Rioja, 1949) es un veterano de la lucha contra el nacionalismo en Cataluña, especialmente en defensa de los derechos lingüísticos de los catalanes castellanohablantes. Ha sufrido en sus propias carnes la dictadura franquista y, posteriormente, el totalitarismo de los nacionalistas radicales. Filósofo, profesor titular de Estética en la Universidad de Barcelona y miembro del Patronato de Honor de la fundación DENAES, acaba de dejar la presidencia de Convivencia Cívica Catalana (CCC), tras 20 años al frente de la entidad. Es autor de media decena de libros, entre los que destacan las dos partes de La raza catalana (Ediciones Encuentro). Recibe a Crónica Global en su casa, en el centro de Barcelona, un encuentro en el que asegura que era previsible que el independentismo se echara al monte y que muchos como él lo venían advirtiendo desde hace años.

--Pregunta: Con toda la locura del procés, ¿se ha olvidado un poco la lucha por los derechos lingüísticos de los catalanes castellanohablantes?
--Respuesta: Lamentablemente sí porque los males políticos actuales son de gran calado. Pero hay que alzar la vista de vez en cuando. Es evidente que la inmersión lingüística ha sido la primera forma de adoctrinamiento político. Las escuelas en Cataluña se han convertido en correccionales lingüísticos, en centros de adoctrinamiento político con la asignatura troncal del odio a España. Y el primer aprendizaje del niño en la escuela es que, si habla en castellano, si sus padres son españoles, ha nacido mal, tiene un pecado original que hay que lavarlo. Esa es la primera enseñanza política. Sus compañeros que son catalanohablantes reciben su educación en la lengua materna --como es lógico-- pero él tiene que cambiar de lengua. Y eso no parece muy equitativo a simple vista.

--Pero parece un gran triunfo lograr las sentencias del Tribunal Supremo de 2010 y las posteriores del TSJC que concretan la obligatoriedad de ofrecer, al menos, el 25% de las asignaturas en castellano.
--El problema es que eso exige que cada padre tenga que reclamar ante los tribunales, a pesar de que el TS ha declarado el régimen lingüístico en Cataluña contrario al espíritu y la letra de la Constitución.

--Insisto. Viendo que todo esto lo han logrado sin ningún apoyo institucional, ¿no se puede considerar un gran éxito?
--Es cierto. No hemos encontrado ninguna colaboración. Todo lo contrario. Tanto del PP como de los socialistas. Con los socialistas ni tan siquiera hemos podido hablar, nos han negado cualquier apoyo, pero el PP ha colaborado en el mantenimiento del régimen inconstitucional lingüístico escolar como el primero. La traición del PP a sus propias declaraciones es total. Acuérdese del señor Rajoy, cuando estaba en la oposición, llenándose la boca con este tema. Hay tantas anécdotas. Yo estuve en la comisión de Educación para la Lomce, si contara los avatares de la tramitación de esa ley...

--¿Ciudadanos también le ha decepcionado en esta cuestión?
--Evidentemente. Ningún partido de los actuales ha vehiculado ni ha batallado realmente, seamos claros. Con independencia de que Ciudadanos forme parte de la esperanza política de que las cosas mejores --lo que es cierto--, cuando pactan con Rajoy ¿por qué no exigen que se corrija la situación actual y, sobre las base jurídica de las innumerables sentencias, no se intervenga obligando al Gobierno catalán a modificar el sistema lingüístico?

--¿Por qué cree que no lo hicieron?
--Porque la estructura de los partidos políticos tiene muy poco en cuenta los derechos fundamentales, los usan como moneda de cambio. Se le ha permitido a Pujol y al régimen pujolista la merma de la libertad lingüística a cambio de su apoyo. Los derechos fundamentales de los ciudadanos son calderilla con la que negocian los políticos. Por eso tiene que existir una sociedad civil fuerte.

--¿Como CCC?
Uno de los méritos de CCC es haber mantenido su condición civil por encima de todo. No hemos aceptado nunca subvenciones. Los partidos político han acabado creando la sociedad civil, lo que es una contradictio in terminis, como ha pasado con Societat Civil Catalana (SCC), que es un invento de los partidos políticos. Tiene que existir una sociedad civil. Y el nacionalismo en Cataluña, de la mano de Pujol, ha ido invadiendo estos espacios, controlando todo. Hasta el último club de ajedrez está controlado políticamente y recibe subvenciones.

--A pesar de todo, los votantes nacionalistas/independentistas han mantenido su peso relativo en la sociedad catalana en los últimos 30 años casi sin variación. No han pasado de la mitad. ¿Es ese el gran fracaso del nacionalismo?
--Evidentemente. Pero es que vivimos en un mundo globalizado y es muy difícil cerrar absolutamente todas las ventanas. Y la situación de la población catalana es la que es. Es muy difícil que tu padre, de repente, de la noche a la mañana, se convierta en un extranjero. ¿Alguien ha leído a Pujol verdaderamente? Pujol es un paranoico de libro, clínico. Pero un paranoico con éxito, que ha llevado a Cataluña al huerto. Y ha difundido un pensamiento político que, afortunadamente, no ha conseguido convencer a la totalidad de la población porque no se dan las condiciones internacionales, económicas, sociales no son las adecuadas.

--Los nacionalistas pensaron que la última crisis económica era una oportunidad para ello.
--Efectivamente. Los delirios tienen oportunidades políticas. Pero el cálculo político se compadece muy poco con el delirio. Un delirio determinado puede tener éxito pero no puede durar eternamente. Yo animo a que la gente lea a Pujol, o que lean mis libros, para que vean quién es y qué pretendía. Vivimos en Pujolandia, esto es obra de Pujol. Es el delirio de un iluminado que sube al Tagamanent y allí tiene la revelación. En psiquiatría eso se llama el fenómeno primordial. Esa irrealidad, ese discurso de Matrix del nacionalismo tiene la impronta delirante. ¿Exiliados? ¿Presos políticos? Yo fui un preso político --y no estoy nada orgulloso de ello-- pero a mí que no me insulten. Y estos están ya talluditos pero hacen cosas propias de los 20 años.

--¿Qué balance hace de su etapa al frente de CCC?
--Aceptar la presidencia de CCC implicaba e implica nadar contracorriente, y eso siempre es complicado, sobre todo cuando uno se opone a una ideología política como la nacionalista, ese delirio político, una religión política como es el nacionalismo. Eso tiene un coste personal muy elevado, así ha sido, pero bien empleado ha estado porque lo que se trata no es de ser feliz sino de vivir con dignidad. Yo me opuse al franquismo y fui juzgado y condenado por el Tribunal de Orden Público, y eso no se olvida.

--Pasó algún tiempo en prisión.
--Sí, en Torrero (Zaragoza), como miembro de lo que fue la protesta estudiantil contra el franquismo. Y eso marca carácter y he mantenido la misma actitud contra cualquier tipo de dictadura, aunque sea una dictadura constitucional o gobiernos antidemocráticos como es y ha sido, evidentemente, el de CiU y los sucesivos gobiernos nacionalistas.

--¿Y los éxitos más destacados de CCC? ¿Cuál es su legado?
--Hemos conseguido que el Tribunal Supremo se pronuncie contra la inmersión. A partir de 2010 no queda duda de que el régimen lingüístico en Cataluña es contrario al espíritu y la letra de la Constitución. Hemos conseguido ayudar a que los ciudadanos acudieran a los tribunales de justicia para que fueran respetados sus derechos fundamentales, como los relacionados con la lengua. Lo que ha significado CCC ha sido una actitud de resistencia al nacionalismo, sobre todo en en ese frente tan importante para nosotros como el de la defensa de libertad lingüística.

--Se abre ahora una etapa nueva con Ángel Escolano como presidente de CCC.
--CCC queda en las mejores manos. Hay que tomar el relevo y lo hacen manos más jóvenes. El que se hace cargo ahora de CCC es un grupo con absolutas garantías. Han sido los que formaban el aparato jurídico de CCC y es gente con una gran formación e integridad moral, que es fundamentalmente lo que ha tratado de ser CCC.

--Usted ha analizado a fondo el origen del nacionalismo catalán.
--Es una ideología totalitaria con un núcleo doctrinal que procede de la tradición europea de finales del XIX: el racismo. Así lo ha sido antes y después de la Guerra Incivil. Después, fue Pujol el que estableció las nuevas bases del nacionalismo cuyas consecuencias vemos ahora. Esa una religión política, una amalgama entre raciología, doctrina racial centroeuropea y elementos del integrismo católico.

--¿Es el gran olvidado Pujol, como responsable de llevarnos a la situación actual, más que Artur Mas?
--Sí, Mas es un zombi de Pujol. Pero no abundan los analistas políticos en este país y es evidente que cualquiera que se hubiera preocupado de leer la hoja dominical del Centre d’Estudis Jordi Pujol habría podido predecir lo que iba a ocurrir.

--Usted siempre ha dicho que el nacionalismo nos llevaría a la situación actual.
--Cualquiera que hubiera leído a Pujol, que ha escrito mucho --es uno de los políticos que tenía el vicio de la escritura, enfermedad que contrajo en la cárcel de Torrero cuando los Fets del Palau, cuando sufre una transformación y se designa a sí mismo el que escribe--, hubiera predecido la situación actual, que es fundamentalmente obra de Pujol. Construir Cataluña, el fer país de Pujol, era esto. Y no hace falta ser muy listo para predecirlo. Todos estos son hijos de Pujol. El presidente Torra directamente no oculta su talante racista o racialista. Aunque eso es anecdótico porque no hace falta invocar el nombre de la raza para ser un racista. Hay formas modernas de racismo, lo que llaman desde cierta sociología francesa neorracismo o racismo diferencial, pero la raíz es la misma. La exclusión para lograr esa nación de los nacionalistas. Y estamos viviéndolo ahora.

--Para lograr el objetivo final --secesión y uniformización-- algunos analistas creen que el nacionalismo se ha adelantado y quizás hayan cometido un error histórico.
--No estoy de acuerdo. Es una forma superficial de explicar las cosas para evitar tener que entrar en un análisis más profundo de la situación. En mis libros lo afronto con más profundidad. Es un delirio que tiene difícil contacto con la realidad. Analizar eso como un proceso real, un proceso político que puede llegar un día a ser real me parece un error metodológico. Se trata de una religión política. Siempre estamos en una estructura contrafáctica y eso es un error. Es el caldo de cultivo para dejar volar libremente la fantasía y caer en la trampa de los nacionalistas. Ellos, por una parte, sostienen que eso es posible pero, por otra, saben que no es posible, que se trata de una especie de delirio, de sueño, de un happy end...

--¿Viven fuera de la realidad?
--El futuro para ellos es el retorno al futuro, porque lo conciben como si no hubiera pasado lo que ha pasado. Si no hubiera existido el Compromiso de Caspe... si no hubiera habido 1714... habríamos sido la séptima maravilla. Y quieren llegar a ser aquello que hubieran sido de no haberse producido la realidad histórica. Y esas son las ideas que determinan su comportamiento, su cultura política. Esto no es interés de clase, ni una lucha entre facciones por la hegemonía, esos análisis tradicionales no conducen a nada; se trata de una especie de Matrix que han creado, un universo de ficción, viven en una película: presos políticos, represión del Estado. Viven todavía en el franquismo, necesitan vivir en el franquismo.

--¿Han ganado la batalla de lenguaje los nacionalistas --presos políticos, derecho a decidir, relatores-- por incomparecencia de la otra parte?
--Efectivamente. Si es una religión política, necesita de los ritos. Y el lenguaje, para ellos, es absolutamente central porque no viven en la realidad, viven en el interior de una ficción donde los términos son absolutamente centrales para mantener esa ficción. Y la ficción requiere un relato reglamentado y fijo que te acredite como miembro de esa secta.

--Ha sido muy crítico con el catalanismo. ¿Qué diferencia hay entre catalanismo --bien visto por parte del constitucionalismo-- y nacionalismo --rechazado--?
--Es una discusión bizantina. Es difícil de entender las diferencias, hay que hacer una tesis doctoral para ello [ironiza] --se la podemos proponer al presidente Pedro Sánchez--. Es una discusión en la que no estoy dispuesto a perder el tiempo porque no conduce a nada, es estéril. Y está promovida por aquellos que han colaborado de forma equívoca a la situación desastrosa política actual en Cataluña. En concreto, el PSC. No podemos olvidar la traición que supone llevar el nacionalismo --una ideología tan contraria a la tradición de la izquierda y del socialismo-- a lo que han denominado la inmigración. Que esa es otra, llamar inmigrante a un individuo que viene de Zaragoza o de Murcia no sucede en ningún lugar del mundo. Eso supone que hay un elemento racial inequívoco que establece la diferencia. No son como nosotros, dice Pujol.

--¿Y cómo ha sido eso posible?
--El problema está en que el discurso se ha manipulado. La política de control exhaustivo de los medios en Cataluña, obra de Pujol. No sería posible mantener esos discursos sin esa labor previa, el programa Cataluña 2000 y todo ese tipo de cosas. Casi todos los medios en Cataluña son públicos o concertados. Se pueden contar con los dedos de una mano los medios libres.

--Se dice que el procés ha muerto y algunos apuestan por ofrecer una pista de aterrizaje a los independentistas noqueados para ayudarles a superar la frustración.
--No son aviones, aunque estén volados. Donde tiene que aterrizar un delincuente es en la cárcel. El que protagoniza un golpe de Estado debe dar con sus huesos en la cárcel.

--¿Y sus seguidores?
--Pues lo mismo ha sucedido con el franquismo. Resulta que todos éramos antifranquistas cuando llegó la democracia. Aplíquese el artículo 155, que se les prive de esos instrumentos de manipulación, de los medios para la manipulación ideológica y el adoctrinamiento en las escuelas. Esto lo venimos diciendo desde hace décadas en CCC, pero ser profetas de la catástrofe es un mal oficio. Hagan algo, pero no colaboren con los nacionalistas.

--Pero algo sí ha hecho el Estado. Hay una respuesta judicial. El Estado existe.
--El problema es que este golpe de Estado se podía haber evitado. Todos los traidores avisan. Y estos han avisado una y otra vez. Primero con el referéndum de cartón. Y ha sido como el golpe de Macià, que todo el mundo sabía que lo haría. Pues aquí todo el mundo sabía que iban a dar un golpe de Estado, y hasta el día anterior todavía le preguntaba el Gobierno por carta si habían declarado la República independiente de Cataluña o no.

--¿Y no es positivo que hayan llegado hasta el final porque, al menos, ya se sabe que son capaces de llegar y, además, el 155 ha dejado de ser tabú y se puede aplicar cuantas veces sea necesario?
--En realidad no se aplicó… El problema es que fue un golpe de Estado cómico, con rasgos grotescos, de farsa. Pero es que, si no los procesaran, ya se habría roto el Estado de derecho absolutamente. Es lo mínimo. Pero ya veremos el resultado de las condenas.

--De momento llevan más de un año en la cárcel.
--Pero no hay que olvidar que se ha amnistiado a todos aquellos que votaron la declaración de independencia. Y eso se llama colaboración necesaria. Esa aplicación de la ley es parcial. Y ya veremos en lo que resulta. Desde luego, si se mantiene el Gobierno actual en el poder, está anunciada la amnistía. O sea que saldrá gratis dar un golpe de Estado y pasarse por el entreforro la voluntad de los españoles manifestada en la Constitución. Porque lo que se pretendía era acabar con la Constitución.

--¿Cree que las situación mejorará en este ámbito?
--Espero que sí. Si no creyera que se va a restaurar el imperio de la ley, ya hubiera cogido las maletas y me hubiera ido a otro país. Siempre hay esperanza. Pero no puede normalizarse la situación política en España sin un gran pacto de Estado. Hay que proponer al PSOE una reforma de la Constitución y un gran pacto político. De inmediato debería haber un Gobierno de coalición ante la situación extraordinaria actual.
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