AGLI Recortes de Prensa   Viernes 15  Febrero 2019

Sánchez termina como empezó: con la farsa de Franco por bandera
OKDIARIO 15 Febrero 2019

Pedro Sánchez cierra el círculo de su legislatura con la farsa de la exhumación de Francisco Franco por bandera, una de las principales promesas de su Gobierno al llegar a La Moncloa que es probable que tampoco cumpla –como no cumplió con la inmediata convocatoria de elecciones– porque el tiempo electoral apremia demasiado tras la caída de los Presupuestos. “Lo que es evidente, aunque se retrase el procedimiento administrativo, es que en 2019 se va a proceder a la exhumación del dictador”. Así de tajante se mostraba el presidente cuando en julio del pasado año el Ejecutivo aprobó el decreto ley que contenía la decisión firme de sacar a Franco del mausoleo del Valle de los Caídos y entregárselo a sus descendientes. Una rauda decisión tomada en las primeras semanas de legislatura que, sin embargo, ha sido retrasada en varias ocasiones y que, a todas luces y vislumbrando la cita con las urnas, será complicada de sacar adelante antes de las elecciones generales por mucha premura gubernamental que se adopte.

Y no sólo la campaña electoral para los comicios, tanto si se da la exhumación como si no, será un obstáculo para que Sánchez alcance sus propagandísticos y electoralistas objetivos. La familia Franco, que ha dado la batalla desde el primer momento tras la aprobación del decreto ley, ha asegurado que recurrirá ante el Tribunal Supremo la decisión de la exhumación y frenará de forma cautelar la salida de los restos mortales del mausoleo de la basílica de Cuelgamuros, lugar en el que descansan desde hace 43 años bajo la supervisión de los monjes benedictinos, quienes también se han opuesto desde el principio a la medida de los socialistas.

El traslado de los restos de Franco, no obstante, y según el Ejecutivo, no será inminente porque se darán dos semanas a los descendientes para que decidan el lugar del nuevo enterramiento –si es que finalmente se produce, cosa que parece harto improbable–, siempre y cuando no sea en la catedral de la Almudena. Una ubicación que ha sido rechazada porque, según un informe de la Delegación del Gobierno de Madrid, el organismo dirigido por José Manuel Rodríguez Uribes, paradójicamente el ex secretario de Laicidad del PSOE, desaconsejó la cripta catedralicia alegando motivos de seguridad. Sea como fuere, el tiempo de Sánchez se ha agotado y a la familia Franco aún le queda un as judicial más bajo la manga, razón por la que previsiblemente será el Gobierno que emane de las urnas quien decida sobre el empeño de Sánchez de poner la exhumación de Franco en el centro del nuevo ciclo político.

Desnudando la estrategia fallida de Sánchez
Cristiano Brown okdiario  15 Febrero 2019

Tumbar la estrategia de Sánchez en un año clave a nivel electoral es algo positivo para todos nosotros. El socialista no tenía –ni tiene– ningún interés en sacar sus cuentas adelante. De hecho, ni él mismo se las cree y sabe que únicamente forman parte de su hoja de ruta en la estrategia electoral. Su verdadero objetivo era superar la primera fase y que no prosperasen las enmiendas a la totalidad, de forma que el debate presupuestario tuviese lugar en abril a las puertas de la campaña electoral de las municipales, autonómicas y europeas. Para superar dicha primera fase, no le tembló el pulso al nombrar un “relator”, figura que esconde la exigencia nacionalista de una mediación internación, por lo que se puede decir que nos intentaron engañar jugando con el lenguaje para lograr los apoyos necesarios para tumbar las enmiendas a la totalidad de Ciudadanos y PP.

Si Sánchez hubiese superado el trámite del pasado miércoles, ganaría oxígeno y tiempo para preparar una gran campaña de marketing y propaganda para vender las medidas que mejor suenan a la ciudadanía, sin demostrar si dichas iniciativas son o no viables. Es más, si el debate presupuestario hubiese tenido lugar en abril, el podría plantear dos campañas, una victimista si le tumban las cuentas y una triunfalista si se aprueban, aun sabiendo que si salen adelante no habría tiempo para que los votantes se dieran cuenta de que las cuentas no corresponden con la realidad y no existen ingresos suficientes para soportarlas.

Es cierto que si nos podemos a analizar las medidas anunciadas con una visión progresista, tengo que reconocer que algunas suenan bien. ¿Quién se va a oponer a subir partidas en Educación, Sanidad, I+D o aumentar las bajas por paternidad? Pero el problema fundamental es la carencia de reformas estructurales que aumenten la productividad y la competitividad de España para poder sostener el sistema. Por ejemplo, sería necesario una reforma ambiciosa de las pensiones que permitan que estas sean dignas, pero también garantizadas en el futuro, aunque en ningún momento la menciona. En definitiva, Sánchez se ha centrado en la propaganda en vez de pensar lo que necesita el país para progresar.

Todos los que no queremos que nos engañen, los que nos hemos dado cuenta de que el presidente del Gobierno es capaz de ceder ante los que quieren romper España con tal de avanzar en su estrategia perversa, nos manifestamos el pasado domingo en la plaza Colón de Madrid y nos manifestaremos también el próximo domingo, pero esta vez por las calles de Barcelona bajo el lema ‘Cataluña es España. ¡Elecciones ya!’. Casi con toda seguridad, el gabinete de Sánchez con tal de que la ciudadanía no nos escuche, que no podamos explicar el engaño, intentarán menospreciar nuestras palabras comparándonos con la España en blanco y negro. Pero lo cierto es que, si realmente Sánchez quería promover el progreso de España, no hubiera abrazado a los populistas y a los nacionalistas cuyo objetivo principal es desacreditar y erosionar las instituciones y el Estado de Derecho.

Con qué habrán amenazado a Sánchez
Emilio Campmany Libertad Digital 15 Febrero 2019

Como tantas veces, casi todos los medios de comunicación nos presentan una versión oficial de los hechos que no hay por dónde coger. La inverosimilitud de lo que se nos cuenta, sin embargo, apenas impulsa ningún análisis crítico del que extraer alguna luz. Se supone que una parte de los independentistas, los más aguerridos, liderados por Puigdemont, exigen, para apoyar los Presupuestos, que el Gobierno acepte negociar el derecho de autodeterminación del pueblo catalán. Sánchez, como el buen español que en definitiva es, se niega. Los separatistas votan su enmienda a la totalidad junto con Ciudadanos y Podemos. Los Presupuestos son rechazados y, en consecuencia, según los usos democráticos, Sánchez decide disolver las Cámaras y convocar elecciones para el 28 de abril. Que es lo que, al parecer, anunciará este viernes.

No ha podido ocurrir así. Para empezar, Sánchez estaba dispuesto a ceder en realidad más. Aceptar la presencia de un mediador internacional era infinitamente más grave que hablar de cualquier cosa porque implicaba dar por buena la existencia de un conflicto entre dos partes soberanas en el que es necesario mediar. ¿Para qué iba a aceptar Sánchez vergonzosamente la presencia del dichoso relator si se proponía romper el diálogo con los independentistas a cuenta de la autodeterminación? Tampoco tiene ningún sentido esforzarse una y otra vez en defender su derecho a agotar la legislatura para luego interrumpirla abruptamente. Por otra parte, la primera filtración de la posibilidad de unas elecciones el 14 de abril no tenía por objeto tanto convocarlas como asustar a los independentistas. Algunos ministros no entienden nada e insisten en que se puede y se debe seguir gobernando aun habiendo sido devueltos los Presupuestos. Tampoco se entiende que fueran los propios socialistas los que forzaron una votación única de las enmiendas a la totalidad, dificultando la posibilidad de un acuerdo de última hora que podría haberles permitido prolongar la legislatura. Por si todo esto no bastara, está la cara de Sánchez estos días, demudada, macilenta y pálida, ocultando una ira soterrada que a duras penas consigue impedir que aflore. Es la prueba evidente de la mala gana con la que hace lo que hace.

¿Qué ha pasado? Todo se precipitó a raíz del relator. Fue anunciar Carmen Calvo el acuerdo y defenderlo con ese desparpajo suyo fruto de la inconsciencia de su ignorancia y saltar todas las alarmas en el PSOE, con aceradas críticas de González y Guerra a la cabeza. El anuncio provocó además la convocatoria de una manifestación por parte de PP, Ciudadanos y Vox para exigir a Sánchez que no negociara con los separatistas y convocara elecciones. ¿Es creíble que Sánchez, que despreció esa manifestación convocada, como él dijo, contra su persona, se apresure a las pocas horas a obedecer lo que en ella se le exigió?

Alguien, con alguna clase de amenaza, le ha impuesto a Sánchez una decisión que él no quería tomar. De otra manera, no se entiende nada.

El golpe sigue en marcha
EDITORIAL Libertad Digital 15 Febrero 2019

Había gran interés en la deposición del capo separatista Oriol Junqueras ante el tribunal que le juzga por el intento de golpe de Estado de 2017. Más allá de las explicaciones que pudiese dar, había expectación por el tipo de defensa que elegiría: si, tal y como parecía indicar la primera intervención de su defensa, se limitaba a descalificar al tribunal y a negar el carácter delictivo de los hechos juzgados o si, quizá como sería más razonable si realmente no quiere acabar con una larguísima condena, optaba por buscar argumentos jurídicos de peso.

Finalmente Junqueras optó por la estrategia más radical: se negó a responder a las preguntas de las acusaciones, se definió como "preso político" perseguido por sus ideas –con lo que negó toda legitimidad al Supremo– y pronunció un larguísimo mitin separatista trufado de despropósitos varios, como cuando dio en proclamar su amor por España.

Sea como fuere, en su perorata insensata y cursi hasta la estupefacción Junqueras introdujo una afirmación de extraordinaria gravedad: "Lo hemos intentado y lo intentaremos, incluso aquí sentados ante este tribunal, y lo seguiremos intentando, sea cual sea el resultado de este proceso".

No se podría decir una forma más clara y contundente: el separatismo no renuncia a sus propósitos ilegales ni, es obvio cuando se pronuncia esta amenaza ante el más alto tribunal español, a los métodos ilegales.

Las amenazas y la actitud chulesca de Junqueras pueden ser interpretadas como el desvarío de un hombre que ni siquiera tras pasar un año en prisión preventiva se da cuenta de la gravedad de su situación legal y de que se enfrenta a la posibilidad de pasar lustros en la cárcel, de hecho parece claro que algo de eso hay. Pero también resulta evidente que esa es la actitud no sólo de un hombre sino del partido del que sigue siendo el máximo líder y de la inmensa mayoría del separatismo.

Ni hay arrepentimiento ni marcha atrás, ni tan siquiera un frenazo momentáneo: a pesar de lo mucho que se han esforzado tantos en blanquearlo, nada ha cambiado en un separatismo que sigue al otro lado de la línea que separa la legalidad de la ilegalidad, que sigue dando un golpe de Estado y que, encima, tiene la chulería de anunciarlo a voces en el Supremo.

Visto lo visto, nunca ha sido más necesaria que ahora una dura condena que no sólo castigue unos delitos perpetrados a la vista de todo el mundo sino que tenga un efecto ejemplarizante.

Recomponer España
Carlos Dávila okdiario 15 Febrero 2019

Ahora se trata de recomponer España, una hazaña que, entiendo, va a ser hercúlea porque, tal y como está dejando el país Sánchez, el que ha sido el presidente del Gobierno –y sí, digo ha sido porque espero que muy pronto deje de serlo– es una tarea dificilísima, comprometida y hercúlea. Repito el adjetivo. Estamos en un momento en el que la economía vuelve a resentirse, y este señor nos viene con unos Presupuestos Generales del Estado infantiles, testimoniales y sectarios que no han tenido ni siquiera la confianza de ningún organismo internacional.

Pero, además, y esto es lo más importante, es que Sánchez ha deshecho la unidad territorial de España con sus permanentes concesiones con los liberticistas que, al final, ni siquiera le han servido para permanecer en La Moncloa. Porque él, y su bufoncillo de confianza, Iván Redondo, sólo querían acumular meses de trabajo en la Presidencia a costa de lo que sea para luego tener una jubilación y un futuro mucho más halagüeño.

Lo que creo es que Redondo quiere ahora proyectarse en América Latina para seguir engañando a algún líder americano que le regale su confianza y dinero. Tenemos que recomponer España, con o sin elecciones, estamos en una situación en la que se exige la mayor confianza y tranquilidad, así como el compromiso por todos los actores políticos. La derecha lo tiene claro, veremos qué hace Ciudadanos, espero que no sienta la tentación de gobernar con un PSOE que Sánchez ha dejado triturado.

Andalucía
Abascal acusa al PP de “incumplir lo pactado” en Andalucía con “excusas de mal pagador”
OKDIARIO 15 Febrero 2019

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha criticado que el PP, en el Gobierno de la Junta de Andalucía, "ya empieza a incumplir lo pactado en Andalucía con excusas de mal pagador", en referencia a la afirmación del consejero de la Presidencia, Administración Local e Interior, Elías Bendodo, de que las competencias para la repatriación de inmigrantes recaen en la administración central.

“La Consejería de Sanidad tiene los pasaportes de 52.000 ilegales y no se los da a la Policía, que los reclama para poder expulsarlos. El cambio no se sostiene sobre la mentira y la ilegalidad”, ha asegurado Santiago Abascal en un mensaje en su cuenta de Twitter.

Bendodo ha respondido a la diputada de Vox Luz Belinda Rodríguez que, en materia de inmigración, las competencias recaen en el Ejecutivo central, pero sí comparte la necesidad de una política migratoria “ordenada, controlada y solidaria”.

Vox ha reclamado al Gobierno andaluz que colabore en la repatriación de los 52.000 “inmigrantes ilegales” y que “no oculte datos”. Rodríguez ha dicho que su formación no es “indiferente al dolor humano” pero que hay que acabar con los “mal llamados rescates” y paliar el “efecto llamada”. Ha apostado por una inmigración “regulada y deseada”, privilegiando a las nacionalidades que comparten idioma y primando las necesidades sobre la economía y la capacidad de integración.

Las elecciones inminentes, una necesidad
Editorial ABC 15 Febrero 2019

Frente a la tentación táctica que pueda tener Pedro Sánchez de dilatar absurdamente la convocatoria a las urnas durante unos meses, se impone el sentido común. Sus socios de moción de censura le han abandonado, y buena parte de su propio partido duda de él por temor a sufrir un destrozo electoral. La celebración de elecciones generales inmediatas, en abril a más tardar, es una exigencia democrática, porque su tiempo de gobierno ha concluido, y todo lo que sea convocar a las urnas más tarde será un error que pagará España. Hay en juego 8.000 millones de euros y una reprimenda de Europa, porque el riesgo de rebasar el objetivo de déficit es muy alto. Sánchez se dedicó a aprobar por decreto la subida del salario mínimo interprofesional, las pensiones y el sueldo de los funcionarios contando con una previsión de ingresos que ya no se va a producir. Más aún, serían trescientas leyes y normas las que quedarían en un limbo si Sánchez prorroga artificialmente la legislatura convocando comicios tras el verano, lo que sería tanto como paralizar institucionalmente España.

Pedro Sánchez ha cometido muchos errores, pero el principal de ellos ha sido enfrentar a los españoles, crear una dicotomía ideológica generadora de una fractura social entre derechistas e izquierdistas y, sobre todo, mentir. ABC lo viene repitiendo desde hace semanas: celebrar elecciones inminentes es una emergencia nacional porque Sánchez se ha convertido en un peligro para la convivencia. Hoy forzará al Estado para intentar exhumar los restos de Franco y culminará su ataque a la educación en España con una ley sectaria e inviable. No aprende de sus errores. Su salida del poder es una necesidad.

Sánchez tiene la campaña hecha
Carlos Herrera ABC 15 Febrero 2019

A estas horas de la mañana sigue medio país haciendo cábalas acerca del llamativo cambio de criterio que ha llevado a Pedro Sánchez a considerar razonable la convocatoria de elecciones, esas que, de no producirse alguna sorpresa llamativa, quedarían convocadas cuando este ejemplar de ABC haya sido leído por varios ojos. Es decir, a eso del mediodía.

Sánchez afirmó repetidamente que él estaría en el Gobierno y en el Falcon, contra viento y marea, hasta que resultase agotado el tiempo de la legislatura presente. Daba por hecho que sería capaz de ver aprobados sus Presupuestos, pero de no ser eso así, se avendría a gobernar con los de su antecesor mediante los retoques pertinentes que permiten los reales decretos. Nada ni nadie le iba a levantar el cargo al que había llegado después de mucha resistencia y no menos audacia. Es verdad que él le había dicho a Rajoy que no aprobar presupuestos obliga a convocar elecciones, pero eso fue antes de ser presidente del Gobierno, y, por lo tanto, era otro plano de la realidad. Como si fueran dos personas diferentes. ¿Qué ha ocurrido ahora para que considere que es preceptivo llamar a rebato a los españoles aunque sea el Domingo de Ramos?: ha encontrado el discurso adecuado y el momento oportuno, ni más ni menos.

Cada día que pasa es un día más que sumar al desgaste. Eso ha llegado a entenderlo Sánchez, incluso a pesar de Tezanos. Su compañero de aventuras, Podemos, está con las carnes abiertas, con el líder cambiando pañales y con la militancia mirando a Errejón, que es un lagarto al que pronto devorará el PSOE. Quiero decir, que ahí puede meter la cuchara. Puede presentarse ante los españoles como el Hombre Al Que Odian Los Extremos: miradme aquí, en estas manos, donde mi esfuerzo por dialogar ha dejado huella. Miradme aquí, en el centro de dos fuerzas letales, reaccionarias, enemigas del progreso de la España social, a la que yo iba a devolver lo que le ha quitado la crisis y la voracidad de la derecha. Esa España de pensionistas, parados, asalariados, dependientes, estudiantes, gente a la busca de una oportunidad que el poder no sabe darle. Miradme, mirad cómo me han dicho que no los derechones de la plaza de Colón y los insolidarios independentistas catalanes. Las derechas que coquetean con el fascio pueden ganar, ved lo que pasó en Andalucía, y a ellas hay que hacer frente: nos os durmáis el día de las urnas. Los soberanistas no están interesados en progresar hasta la situación en la que reequilibremos esta España centralista: solo quieren tensionar el Estado y hablar de procesos inconstitucionales que yo no estoy dispuesto a abordar. Con la Constitución todo, sin la Constitución nada y tal y tal.

Sánchez sabe que puede seguir hasta octubre, incluso que puede seguir hasta 2020, pero no ignora que con 191 escaños en contra no hay quien viva, con lo que lo mejor será reinventarse. Nadie dice que no se pueda dar el caso en el que se reanude el pacto de la moción de censura: con Podemos y esa panda puede sumar un nuevo escenario, pero esta vez de cuatro años en los que habrá de todo, relatores, mediadores, dineros, competencias y promesas de referéndums medio camuflados. Pero el momento para que eso pueda salir adelante es ahora. A ellos, a los indepes de los cojones que le han dejado tirado, pobrecito, también les conviene el momento. Su discurso está hecho: hemos sido fieles a nuestros presos políticos y a Cataluña, a la que han negado su derecho a decidir, y así jamás apoyaremos a un Gobierno español. En el fondo ambas partes tienen la campaña hecha.

Además, tengo entendido que el lunes o así presenta su libro. Qué mejor comienzo de una campaña electoral.

Sánchez: todas las farsas del presidente
Roberto L. Blanco Valdés La voz 15 Febrero 2019

Montado en la furiosa farsa de la manipulación de una sentencia, Pedro Sánchez entró por la puerta trasera de una moción de censura en el palacio que no había conquistado por la puerta delantera de las elecciones de 2015 y 2016, en las que obtuvo los peores resultados de la historia del PSOE.

Tras esa jugada de ventaja, imposible sin la complicidad del golpismo catalán, montó Sánchez la segunda de sus farsas: en la censura proclamó que solo quería regenerar la democracia y dar la palabra al pueblo, pero, ya asentado en la Moncloa, el trampantojo se esfumó. Su objetivo no era convocar elecciones sino acabar la legislatura y utilizar la presidencia, nacida de un pacto ignominioso, para seguir en el poder después del 2020.

Se aprestó entonces Sánchez a montar su nueva farsa, dirigida a asentar la mayoría necesaria para seguir en el poder: una negociación con sus socios separatistas, supuestamente destinada a resolver el llamado problema catalán. En la mente de Sánchez aquella solo era, sin embargo, una añagaza. Cierto: la de un irresponsable aventurero que, al precio de ceder lo que fuera necesario ante las delirantes pretensiones independentistas, aspiraba nada más a ganar tiempo, lo que exigía aprobar los Presupuestos que su activo paje Pablo Iglesias negoció incluso en una cárcel.

Pero su ciega ambición impedía ver a Sánchez lo que percibíamos millones de españoles: que sus constantes concesiones al separatismo nada eran para quienes lo tenían cogido por el cuello. Solo entonces quien se había creído un hábil burlador descubrió ser un de ridículo burlado. Ya cercado, el presidente creía tener en la manga aún una carta: o aprobáis los Presupuestos, amenazó al separatismo, o vendrá el lobo, es decir, un gobierno de derechas. Con ello no logró Pedro Sánchez su objetivo, pero deja tras de sí un destrozo formidable: confirmar al separatismo en el delirio de que sus proyectos no son el fruto del egoísmo sectario e insolidario del credo nacionalista, sino la lógica reacción frente a un Estado que quiere acabar con la identidad de Cataluña. El nacionalismo precisa un enemigo y Sánchez, con una irresponsabilidad descomunal, se lo regala como acto inicial de la próxima campaña electoral.

Y al tiempo que lo hace, ya desahuciado, monta su farsa final, con la vista puesta en los comicios generales: ha sido la negativa del Gobierno a hablar de autodeterminación -proclama la inefable vicepresidenta- la que ha roto los tratos con los secesionistas. Otra burda falsedad: el Gobierno llevaba semanas negociando sobre los disparatados 21 puntos de Torra (ese que anteayer declaró que la voluntad popular no está sujeta en democracia al contenido de la Constitución y de las leyes) y solo la inmensa escandalera que ello provocó dentro y fuera del PSOE obligó a Sánchez a parar su plan de poner la unidad del Estado en almoneda con tal de seguir en el poder. Esa es la historia.

El futuro de Sánchez
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS  El Mundo 15 Febrero 2019

Hay quien se niega a creer que Falconetti vaya a anunciar hoy la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales, algo que, salvo que el marido de Begoña usurpe como acostumbra las funciones de jefe del Estado, corresponde al Rey. Motivos para la duda, hay. El primero, que Sánchez miente siempre. El segundo, que, ayer, un hato de ministros desbocados, carne de jubilación, recorría los medios explicando las posibilidades técnicas que le permitiría alargar su grata estadía en el poder. Grata para ellos, claro, porque en menos tiempo que un embarazo han dejado España hecha unos zorros.

Iceta, que es el que viene marcando la línea política de este Ejecutivo finalmente ejecutado por los golpistas que lo pusieron pedía seguir tirando de decretazos hasta agotar el Tesoro y la paciencia de los ciudadanos, contribuyentes y votantes, que deberían ser lo mismo. A lo que nadie aludía, tras la ritual reverencia a la facultad intransferible del presidente, era al interés u obligación del PSOE. Y, sin embargo, lo que Falconetti diga hoy depende de lo que quiera hacer con su partido, o sea, con su futuro.

Ante el Sánchez del PSOE y el PSOE de Sánchez, que son lo mismo, se abren dos posibilidades si las urnas no le permiten formar Gobierno: que el presidente se convierta en ex presidente, posando de sabio estadista y cobrando a precio de oro la hora de charla sobre el futuro según el pasado, o que quiera volver como sea a La Moncloa, para lo cual debería convertirse en líder de la oposición a un gobierno de derechas que deberá afrontar los problemas que él deja pendientes, pero al que achacará haberlos provocado.

Para esto último, necesita al partido, que a cambio de que Sánchez no sea el cartel electoral de cada ayuntamiento y autonomía, como sucedería en ese superdomingo electoral que nos ahorraría 200 millones de euros, le dejaría manos libres para hacer la lista de las generales. O sea, para formar un grupo parlamentario de obediencia personal, pensando en la recomposición de la izquierda sobre la ruina de Podemos. Si Sánchez cambia el Falcon por el chárter, sembrará el caos en el extranjero. Si se queda en tierra, su bandera será la de ERC: indulto y/o república. Junqueras, el amigo de Soraya e Iglesias, dejó claro ayer que seguirá delinquiendo. Sánchez decide hoy si le acompaña.

Estamos en el aire
Jesús Lillo ABC 15 Febrero 2019

Bonito o feo, blanco o negro, lo importante es que el gato cace ratones, que en este caso son los fachas a los que Pedro Sánchez va a poner a caldo en cuanto recupere el habla que perdió el miércoles, según salía del Congreso. Si Rodríguez Zapatero aprendió economía en dos tardes, a Sánchez se le pasa la afasia en dos días y está hoy para dar un mitin. Ayer se lucieron los teloneros. Aquel Gobierno bonito, con un perfil técnico que situaba a sus miembras y miembros por encima del bien y el mal -«expertos», escribió alguien con gran alarde tipográfico y aún mayor perspectiva histórica-, también vale para una cacería ideológica. Para no estar en campaña y permanecer en espera, disimulan bastante bien.

Poner la tele o encender la radio fue ayer conectar con esa realidad paralela, pregonada por auténticos expertos y expertas, que en apenas una semana ha improvisado Sánchez para lavar su imagen y ensuciar la ajena. Lo que Carmen Calvo hizo la noche del mismo día de la votación de los Presupuestos fue solo un avance informativo, aunque TVE lo convirtiera en un telediario. Desde entonces siguen los ministros en el aire, clamando contra la derecha «trifálica», empoderada por la parte de los bajos, y contra unos independentistas que lo mismo sirven para un roto que para un descosido, quitar o dar votos, y que ahora van a ser la excusa de Sánchez para desplegar la bandera de esa España amable que con una sonrisa hace frente a la amenaza del fascismo. Hizo bien el presidente del Ejecutivo en fichar a tantos expertos y expertas para su Gobierno bonito de supuestos independientes. De la gente de su partido no se podía fiar para hacer y decir las cosas que nos quedan por ver y oír.

De la sonrisa a la mueca
Cristina Losada Libertad Digital 15 Febrero 2019

Desde poco antes de la votación del Congreso para devolver Presupuestos y Gobierno a la casilla de salida, el equipo de Pedro Sánchez, que no es de baloncesto, parecía abonado a la frase que más se grita en las tertulias o así de nuestros platós: "¡No me interrumpas!". Claro. A los Gobiernos, y más a los presidentes, salvo contadas excepciones, lo que les gusta es gobernar sin interrupción, ad infinitum. Aceptan las interrupciones que no tienen más remedio que aceptar, pero las que no son absolutamente obligadas, ésas no las quieren ver ni en pintura. La gracia y la desgracia de este caso están en que el Gobierno de Sánchez nació de una interrupción. Fue el PSOE el que interrumpió primero. No tiene razón alguna para quejarse. Ni para estar lamentándose por ahí como si se le estuviera echando del poder injusta, ilícita y perversamente.

La moción de censura fue mucho más oportunista que oportunidad, y los elementos con los que la armó Sánchez llevaban la obsolescencia programada. Juntos y por separado. Más cuando la sociedad instrumental incluye a los separatistas. El Gobierno les dio bola y relator, y ni con esas. Les daban los Presupuestos más sociales de la historia y los que más iban a favorecer a Cataluña, pero, ¡oh, sorpresa!, no les interesaron. ¿Cómo les iban a interesar? Parece mentira que el PSOE descubra ahora que al separatismo esas cosas le importan un pimiento. Y que le da exactamente igual que en la Moncloa esté alguien del PP o alguien del PSOE. La era del toma y daca con el nacionalismo catalán acabó. Le pusieron punto final entre septiembre y octubre de 2017. Ahora los términos de su regateo son o autodeterminación o autodeterminación. Deliberadamente inasumibles.

Los fans del Gobierno Sánchez, que los hay, señalaron con el dedo a PP y a Ciudadanos por votar en contra de los Presupuestos en compañía de ERC y PdeCAT. Fíjate, tan enemigos y luego votan lo mismo. Pero era lógico el rechazo tanto del partido que fue desplazado del Gobierno por la moción como del partido que apoyaba al Gobierno desplazado. Ninguno de los dos aprobó la interrupción de Sánchez. Lo único ilógico, desde la perspectiva gubernamental, es que los socios que se buscó para echar a Rajoy le hayan dejado colgado. Ha quedado demostrado, por si había alguna duda, que Sánchez no hizo ningún buen negocio al aliarse con ellos. Ni siquiera son de fiar. El PNV tampoco –que se lo digan a Rajoy–, aunque en esta ocasión se haya mantenido fiel. Al cupo.

Con la moción, llegó la emoción. Sólo la izquierda gobierna las emociones y con las emociones. Hubo la emoción de un Gobierno bonito tan rápidamente afeado que, de entrada, tuvieron que dimitir dos o tres ministros. Se quedó una ministra que se tenía que haber ido, aunque su presencia hasta el final ya está justificada: sólo a ella se le podía ocurrir lo de la "derecha trifálica". Hubo emoción social con la subida del salario mínimo. Hubo conmoción con las cesiones relatoras a los separatistas. Por lo demás, ni el propio Gobierno está seguro de que se sepa muy bien cuál es su balance cuando ha distribuido dos documentos para explicar: ¿Qué ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez? y ¿Qué no le han dejado hacer los grupos que han rechazado los Presupuestos? Malos, pero malos. Los grupos. Ni dejan hacer ni hacen. Sólo interrumpen.

La fortuna sonríe a los audaces, dice el muy citado verso de la Eneida. Pero con 84 escaños en el haber (o en el debe, fue el peor resultado del PSOE), la sonrisa es fugaz. Hoy, una mueca.

Carta abierta a Eva Hache
Gonzalo Duñaiturria okdiario 15 Febrero 2019

Difícil es comenzar esta carta. Por mi parte usted no es querida, ni admirada. Tranquila, tampoco odiada. Quizá mejor despreciada con esa humana indiferencia hacia quien no aporta nada a nadie, ni siquiera a usted misma. No solo por sus hechos, sumidos en un fracaso tras otro, la mayoría de las veces rayano en el ridículo, también por el esperpento que como adefesio su presencia nos ofrece. Pero Eva, pobre infeliz, de nombre bíblico, primigenio, cuyo significado es “aquella que da vida” y que en tan innoble caso trasluce lo antitético. Radia odio, fobia y ponzoña. A nadie debería extrañar que su mente y bilis solo desprendan el insulto como argumento y la majadería apolillada de quien se considera musa de lo progre.

Eva, no debió gasta muchas neuronas, que por cierto no le sobran, cuando manifestó que quienes participamos de ella “son unos mierdas”, añadiendo, desde ese falso monopolio cultural de la izquierda, que “con vuestros ombligos tapáis el saber. Solo os preocupa provocar y convencer a mentes pobres”. No, Eva, los que participamos en la concentración del pasado domingo no pretendíamos convencerte, mujer de intelecto más bien exiguo. Mire, no somos “unos mierdas”. Y no lo somos porque nuestro grito proviene de valores antes que de intereses. Valores como la unidad de todos, la ley, el orden, el Estado de derecho y el respeto a unas normas que todos nos hemos dotado. Y porque quienes estábamos el pasado domingo en Colón solo pretendemos no ser engañados por tu izquierda.

¿Qué ingenuos verdad? Pretendemos que de una vez por todas se aplique mano dura con los nacionalismos periféricos. Frente a esa lógica, Eva, usted representa esa izquierda de postureo intelectual, falso, que adopta el estúpido discurso de “la libertad”, enrocándose en causas pretenciosas con una engañosa filosofía adulterada y que en el fondo solo representa el vacío, la nada. Eva, los que nos manifestamos el domingo no tapamos el saber porque la gente cada vez sabe más. De ahí sus fracasos profesionales y el rechazo que sus pseudo shows tienen entre la audiencia. Mientras tanto, usted y sus huestes tratan de mantener esa identificación que tiene la izquierda con la cultura y que ha sido uno de los clichés propagandísticos que más éxito han tenido ya desde mediados de los años 60. Pero en honor a la verdad, Eva, debe ilustrarse y conocer que quienes representa, esa izquierda ortodoxa e irracional, nadie ha incendiado más bibliotecas, más museos, más más obras de arte, nadie ha destruido más patrimonio artístico e histórico español que esos partidos y grupos que usted personifica y que se presentan como adalides de la cultura. Pobre izquierda si solo tiene a ud. como representante, si sus líderes o guías son Almodovar o el “pequeño Wyoming”, esa progresía de inflada “sensibilidad social” proporcional a sus infladas cuentas corrientes muchas de ellas en paraísos fiscales.

¿Y encima, Eva, tiene la desvergüenza de manifestar que solo nos preocupa provocar y convencer a mentes pobres? No, reitero, personajes de su calaña son inconvencibles. Reflexione, haga y aporte algo de valor que no sean payasadas. Tenga y mantenga la dignidad que los años generan, como le pasa al buen vino sin que, como es su caso, nazcan ya vinagre. Que pena que su falta de protagonismo y valía profesional lo supla como minuto de gloria con el insulto. La prudencia es señal de inteligencia y solo se alcanza desde la libertad. Ya lo dijo Pedro Pantoja Santiago, escritor portorriqueño: “Júzgate en lo prudente y aprende de libertad, cállate en lo mediocre y conocerás la miseria”.

Agrupémonos todos
Hermann Tertsch ABC 15 Febrero 2019

La líder del partido socialdemócrata alemán, SPD, Angela Nahles, toca a rebato. En una convención el pasado fin de semana en Berlín ha reunido a los muy deprimidos cuadros directivos socialistas para exponer su diagnóstico y un mal augurio: existe el peligro inminente de caer en la irrelevancia. El partido socialdemócrata más antiguo de Europa podría desaparecer como fuerza política real. Por eso, se concluye, el SPD tiene que liberarse del letal abrazo de la gran coalición con la CDU/CSU de Angela Merkel. Como muy tarde en otoño, en la revisión anual de los acuerdos de coalición, la coalición de Berlín saltará por los aires. Y el SPD se nos vestirá otra vez de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. No es un simple cambio de intensidad como los muchos habidos desde su fundación en Gotha en 1863. Es una crisis existencial como solo la tuvo en la agonía de la república de Weimar y la llegada del nacionalsocialismo.

El declive del legendario SPD es dramático y representativo de muchos que siempre lo vieron como ejemplo y guía. Y marca el camino de la agonía en el continente de quienes, leales al socialismo democrático, han tenido el papel ideológicamente hegemónico durante más de medio siglo. Hasta el punto de que la mayoría de los partidos de centro-derecha han asumido la mayor parte de sus postulados sociales y culturales. Ese ciclo toca a su fin. Unos se despiden del centro-izquierda para desaparecer y otros como el PSOE o el laborismo británico intentan sobrevivir en la radicalización de la lucha de la batalla cultural, en lo que aquí llamaríamos una «podemización», en alianzas o fusiones frentepopulistas con grupos comunistas. En Alemania, el SPD tiene a su izquierda a un partido, Die Linke, que sobrevive sin inquietar. Rotos por el tiempo los sanos pudores anticomunistas tradicionales, el SPD podría buscar un proyecto que integre hasta la extrema izquierda.

El SPD lleva unos años en profunda crisis, corroída por una mala conciencia del izquierdismo por la época de reformas liberalizadoras con Gerhard Schröder. Y por el castigo que ha resultado ser su participación en la gran coalición con Angela Merkel. Por mucho que ha cambiado de líderes y de retórica el partido no se recupera de la somanta de palos electorales que ya ha recibido en estos pasados años. El 2018 fue un año terrible. Con severas humillaciones en Baviera y Hesse. Y ya se asoman para el otoño las elecciones en tres estados orientales que nada bueno auguran. Brandenburgo, Sajonia y Turingia pueden dejar al SPD como cuarto partido. Allí puede pasar algo que ya están pasando en otros países europeos, que la izquierda tienda a la marginalidad y el debate político quede protagonizado por una opinión de clara derecha y otra de tendencia centrista liberal.

Así se enfrenta el continente a unas elecciones europeas en una cada vez más polarizada lucha cultural. El SPD, factor de moderación en la izquierda desde 1945, se lanzará previsiblemente a esta radicalización con los caballos de batalla izquierdistas actuales que son el multiculturalismo, globalismo, cambio climático, feminismo, leyes de género y sexualismo y demás proyectos de experimentación social que vayan sacando de sus chisteras ideológicas. Los partidos del centro y la democracia cristiana que tienen asumida en gran parte la política socialdemócrata tendrán su propia crisis en el dilema entre posiciones centristas liberales y una derecha que se beneficia del cambio de ciclo cultural y de un renacimiento de la demanda de valores de la identidad nacional, y tradicional europea largo tiempo despreciados. La batalla cultural avanza hacia nuevas cotas de intensidad con el ocaso de la supremacía neomarxista del pasado medio siglo.


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Sánchez, tres años bloqueando a España por su interés personal
EDITORIAL @AntonioRNaranjo esdiario 15 Febrero 2019

Pedro Sánchez se saltó el plácet de las urnas para asaltar la Presidencia apelando a una mayoría parlamentaria artificial, forzada, desunida y destructiva que, además, ha perdido con estrépito en el Congreso en el debate más relevante para cualquier Gobierno, el de los Presupuestos Generales.

La bofetada del independentismo es cualquier cosa menos una sorpresa, y responde al único impulso que le llevó a apoyar una moción de censura que Sánchez, consciente de cuál era la única manera de lograr aprobarla, nunca debió de presentar: hace ocho meses le regalaron a La Moncloa para tener un Gobierno más débil y dependiente al que presionar para lograr su objetivo.

Un dirigente responsable jamás hubiera aceptado ese regalo envenenado, pero el mismo Sánchez que días antes preconizaba el endurecimiento del 155 y del delito de rebelión, no tuvo escrúpulos y asaltó literalmente el poder negado dos veces en las urnas en apenas seis meses.

Las concesiones
Pese a que la moción de censura es una herramienta constructiva, que obliga a su impulsor a presentar un auténtico programa de Gobierno y a garantizar una estabilidad justificatoria de la enmienda a los propios votantes; Sánchez se limitó a garantizarse la aritmética ya iniciar una doble operación de marketing hacia fuera y de concesiones constantes a sus socios interesados que ahora se ha estrellado.

Es el epílogo de un presidente nefasto que ha alterado la estabilidad institucional de España desde 2015, fecha de su primera derrota electoral, hasta hoy con una única misión alejada del interés general: ser presidente, a cualquier precio y con cualquiera. Le servía Cs, le han servido Podemos, ERC y hasta Bildu y le seguirá sirviendo cualquiera que le haga cuadrar sus calamitosas cuentas.

En este periodo, Sánchez ha blanqueado al soberanismo que debió ayudar a aislar y ha frenado la recuperación económica de España, sumiéndola en una inestabilidad endémica en todos los frentes sin otra justificación que su egoísmo individual, utilizando la Moncloa y el poder institucional para tratar de compensar el escaso respaldo popular, con una espuria utilización de las instituciones: desde RTVE al CIS, todo con este presidente a subvertido la naturaleza de su función para transformarse en altavoz de una costosa precampaña electoral.

El engaño
España debe poder votar, y en el menor plazo posible. Pero sea cuando sea ese día, Sánchez llegará a las urnas intentando persuadir de nuevo a todos de que él es la víctima de una doble pinza intransigente de "las derechas" y el soberanismo.

Y es de desear que, como en anteriores citas electorales, su demagogia no cuele y las urnas le pongan en el sitio que le corresponde. Que no es, en ningún caso, La Moncloa.

Ortega Smith, un boina verde en Las Salesas

Karina Sainz Borgo. vozpopuli  15 Febrero 2019

Mientras unos se desacomplejan, otros se llevan las manos a los bolsillos buscando disculpas de la misma forma en que lo haría alguien que rebaña calderilla ante la factura de una cuenta impagable. El número dos de Vox, Javier Ortega Smith-Molina, dirige la acusación popular contra el secesionismo en el Supremo. Como ya lo hizo antaño en las causas por los ultrajes a la bandera, las pitadas al himno o contra los magistrados del Tribunal Constitucional que votaron a favor de la legalización de Bildu, Ortega Smith procura el lucimiento en los interrogatorios a los acusados. Lleva el estandarte de España, él antes que ninguno, incluidos los magistrados y el propio Pablo Casado, el líder de los populares, que se ha quedado fuera de la foto.

Ortega Smith se pasea por la sala con sus dos metros de altura, la cabellera platinada y el traje impoluto, cual soldado de los tercios que exhibe el arcabuz de su propia españolía. Nieto e hijo de letrado, él mismo hombre de ley y escudo, Ortega Smith blande los 30.000 folios que ha preparado como acusación popular contra los independentistas catalanes, mientras el presidente de la Sala, Manuel Marchena, concede permiso a los líderes secesionistas para llevar el lazo cruzado amarillo... no vayan a pensar en Estrasburgo que en España no se respeta la libertad de expresión. Los acusados ponen cara de cordero de Dios mientras Ortega Smith despliega su túnica y los magistrados cargan la justicia cual sambenito.

Una electricidad recorre este juicio, que tiene ese chisporroteo de sartén donde alguien fríe cabezas para repartirlas en una romería. Parece el Estado y no los procesados quien ocupa el banquillo de los acusados. En campaña electoral todo vale. Eso lo sabe la formación Abascal, que coge en las Salesas el altavoz de su catecismo para recitar, más alto y con el mejor proscenio, la defensa de la patria ante un Estado medroso. Vox ha decidido hacerse con la 'voz' del pueblo agraviado y abrirse paso, casi a caballo, como ya lo hicieron en la 'reconquista andaluza'. Evocan la pinacoteca y resucitan la historia para mayor gloria de sí mismos.

Del otro lado, en las mejillas de los letrados brota el sonrojo y el salpullido de ser considerados verdugos antes que jueces. Los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena intentan fumigar el victimismo del 'procés' con pedagogía: los acusados no están sentados en el banquillo por perseguir ideas, por mucho que Junqueras diga cual profeta subido al monte Sinaí, sino por sus actuaciones presuntamente delictivas; todo diálogo político es posible en democracia, pero no desde la imposición ni fuera de la ley, tampoco no existe una soberanía del pueblo catalán, sino del pueblo español. Los magistrados insisten, como si explicaran la ley de gravedad ante una turba de herejes.

Mientras el Estado apela a lo obvio, avergonzado a veces en sus matizaciones, Ortega Smith, el hombre de Vox en la sala avanza en Misión Mondragón: con el mentón en alto y el megáfono enhiesto. Más que estar en política, parece estar de servicio, como ya lo hizo antaño como apoderado electoral en una Guipúzcoa hostil donde se batió los cobres no por el PP, sino por España. En este juicio, Ortega Smith hará en nombre de Abascal, quiero decir de España, lo que ya ha hecho antes. Sólo le falta la boina verde de sus años mozos en la base de Colmenar Viejo. Un perfume anacrónico envuelve su pose, cual mariscal de campo trepado a un barril mientras finiquita el posado de su retrato ecuestre. La Ley no va a caballo, no organiza cargas de caballería ni planea maniobras patrias con altavoz. A la justicia le toca la discreta infantería de la ley, menos épica cuando ejerce sus razonamientos y que por eso luce arrinconada en este circo que se despliega en la plaza de las Salesas.

Urkullu y el PNV, hundidos al comprobar el inmenso error de su traición a Rajoy
ESdiario 15 Febrero 2019

El PNV hace cuentas del fracaso de apoyar a Sánchez. El calendario de transferencias queda paralizado y el Gobierno Vasco ve esfumarse 500 millones de euros firmados con el PP.

Hay veces que las operaciones políticas que tienen sus riesgos. El PNV lo acaba de comprobar de primera mano.

En el País Vasco, muchos de sus dirigentes, el empresariado y una importante parte de sus votantes no entendió hace ocho meses la razón de la traición del lendakari Íñigo Urkullu a Mariano Rajoy para aupar a Pedro Sánchez a la Presidencia con una amalgama de partidos que vaticinaban de todo para la legislatura, menos estabilidad.

Más aún, cuando el PNV acababa de suscribir con el PP un ventajoso acuerdo presupuestario que garantizaba a Rajoy acabar su mandato en 2019 y a los nacionalistas vascos obtener un cheque multimillonario para el Concierto y un buen puñado de inversiones estratégicas para el Gobierno Vasco.

Todo ello, tras el hundimiento de Sánchez a manos del independentismo catalán, acaba de saltar pr los aires. Y ha dejado a Urkullu y al presidente del PNV, Andoni Ortuzar, con una sensación que oscila entre la depresión y el ridículo.

La voladura de los PGE de la ministra María Jesús Montero supone la paralización inmediata del calendario de transferencias pendientes -entre ellas la gestión de las prisiones- acordadas entre Madrid y Vitoria.

Y, además, el PNV ve esfumarse el cheque de 470 millones de euros acordados y firmados con Mariano Rajoy, 240 de ellos para el estratégico Tren de Alta Velocidad.

Por si fuera poco, en estas últimas horas, los dirigentes del PNV se muestran indignados por el ninguneo al que les está sometiendo Sánchez. Les prometió consultar un posible adelanto de las elecciones y su fecha. Pero, de momento, el teléfono en Ajuria Enea no suena.

¡No al diálogo!
Antonio Robles Libertad Digital 15 Febrero 2019

El asalto del nacionalismo a la legalidad se ha calificado de muchas maneras: golpe institucional, golpe de Estado, golpe a la democracia; incluso, en palabras de Alfonso Guerra, golpe de Estado a cámara lenta. Pero quizás el más ajustado a los hechos sería "golpe contra el lenguaje". A cámara lenta, como dice Guerra, porque la perversión del lenguaje que ha llevado a cabo el nacionalismo desde hace tres décadas ha sido lenta, pero sistemática. Hasta convertirlo en inservible.

Palabras sagradas como libertad, democracia, diálogo… se han convertido en manos nacionalistas en siervos de su asalto a la legalidad. Lo que estamos oyendo en la apertura del juicio a los procesados por rebelión, sedición y malversación de fondos públicos en boca de los abogados defensores y procesados solo es la consecuencia de ese asalto al diccionario. La invención de un relato, la manipulación de la Historia, el adoctrinamiento escolar, la falsa normalización lingüística, la falsificación de los hechos del 1-O, la DUI y la pedagogía del odio contra España sólo han sido posibles por su golpe contra el lenguaje. Adecuando a Nietzsche a la crítica del procés, podríamos decir que no desenmascararemos el relato procesista mientras sigamos creyendo en la gramática. La segunda leyenda negra contra España debe ser desactivada ya.

Hay que perder el miedo a oponerse a quienes blanden el diálogo como herramienta política de la paz. Hoy sabemos que todos los que lo esgrimen a propósito del procés, como ayer se hizo a cuenta del fin de ETA, lo han prostituido, o están bajo el influjo de su hegemonía moral.

Diálogo, sí, pero dentro de las reglas que lo hacen posible, nunca como excusa para vendernos de contrabando el expolio de la soberanía nacional. Utilizado como lenguaje paliativo para evitar enfrentarse a la realidad y a los que la retuercen, ni nos libra de sus estigmas ni soluciona nada. Ni una excusa más del presidente del Gobierno o del nacionalpopulismo federal, confederal o directamente separatista para blanquear y justificar a toda esta caterva de impostores. Hoy mismo, el discurso lacrimógeno de Junqueras, el más ladino, astuto, cínico y peligroso de los líderes separatistas, se agarraba al diálogo como si por sí mismo le absolviera de sus responsabilidades: "Nada de lo que hemos hecho es delito (...) siempre la voluntad ha sido la del diálogo".

La relación tóxica alcanza a la misma democracia. ¿Cómo se puede sostener el mismo día de la apertura del juicio por rebelión: "Antepongo la democracia a cualquier ley"? (sentencia del mismísimo presidente de la Generalidad, Quim Torra) ¿Se puede mostrar de forma más tosca su aversión a la democracia? Una democracia sin normas legales no es democracia. La democracia sin ley es solo turba. La Fiscalía se lo dejó claro en el TS: "Nadie está por encima de la Ley y el actuar al margen de la legalidad no puede quedar impune".

Ahora que el señor de las "bestias con forma humana" anda suelto en noches de luna llena, el catalanismo del peix al cove quiere recuperar al moderado Artur Mas. ¿Nos quieren tomar por idiotas? En el origen de este quilombo, el Mesías del procés sentenció: "La democracia está por encima del Estado de Derecho". Tal para cual. Y si buscamos un tercero para completar la tríada de macarras de la democracia con cuota femenina nos encontramos con esta lúcida ignorancia encarnada en la alcaldesa, Ada Colau: "Estamos dispuestos a desobedecer leyes injustas porque el derecho a decidir del pueblo de Cataluña es un principio democrático irrenunciable".

Cree que, porque ella considera justa su causa, la causa está por encima de la ley. No ha entendido ni una palabra de la democracia. Si así fuera, cualquiera estaría legitimado por sus valores subjetivos o su sentido de la justicia a cumplir o a incumplir las leyes. Pero si cualquiera lo pudiera hacer, ¿qué diferencia habría entre la ley de la selva y esa idílica democracia de Ada Colau, Artur Mas y Quim Torra?

PS: Manifiesto en defensa de las instituciones democráticas del Estado.
https://www.elmundo.es/opinion/2019/02/12/5c62af69fdddffceb98b4622.html

Una lengua es un mercado

Manuel Toscano. vozpopuli  15 Febrero 2019

Por más que se camuflen bajo una retórica distinta, para los nacionalistas lingüísticos lo que importa de la lengua, por encima de otras consideraciones, es su utilidad como seña de identidad de un pueblo distinto

‘Una llengua és un mercat’, escribía Jordi Graupera hace unos días en Twitter. Filósofo de formación, Graupera encabeza la lista independentista a la alcaldía de Barcelona promovida por la ANC y su mensaje iba dirigido contra Ernest Maragall, cabeza de lista por ERC. ¿Qué había hecho mal el candidato de los republicanos? Nada menos que pasarse al castellano durante su comparecencia ante los empresarios del Círculo Ecuestre. Al cambiar de lengua, le reprocha Graupera, Maragall está perjudicando a todos los catalanoparlantes y a la ciudad de Barcelona. Aun en el contexto de una larga precampaña electoral como la que presenciamos en la Ciudad Condal, con varios candidatos independentistas en liza, son palabras gruesas.

¿Por qué usar el castellano en un acto perjudicaría a los hablantes del catalán y a la propia ciudad? Las razones que aduce Graupera, aunque no sean convincentes, son llamativas. Según explica, con su decisión de usar el castellano en un acto Maragall ‘devalúa’ la lengua catalana, que es ‘el idioma que distingue a Barcelona ante el mundo’, y al devaluar la lengua ‘limita las posibilidades de los catalanes de prosperar en la ciudad, en el país y en el mundo’. Por supuesto, sus críticas también se extienden a las élites económicas del Círculo, a las que acusa de descuidar sus deberes con el idioma y con la propia ciudad. Como remacha, la lengua es un bien y su valor es también económico y social (‘la llengua es un bé i un valor, també econòmic i social’) y reconocerlo es importante en un mundo cada vez más global y uniforme.

Discusión sobre la lengua
La discusión sobre la lengua se plantea aquí en términos distintos de los habituales en el nacionalismo, o así lo parece. En lugar de referirse a la lengua como legado cultural, se habla del mercado, de la imagen de Barcelona, de oportunidades para prosperar y hasta del valor económico de la lengua. Y es saludable abrir la discusión sobre las lenguas a otras consideraciones de valor. Es sorprendente que en muchas de esas discusiones se eluda precisamente el valor de la lengua como medio de comunicación.

De hecho, el valor económico y social de la lengua es indisociable de su utilidad como instrumento de comunicación. Recurso valioso para cualquier propósito, el dominio de una lengua nos permite hacer toda clase de cosas, desde preguntar por una dirección a escribir poesía, reclamar nuestros derechos o rellenar una solicitud de trabajo; bien lo sabe quien se encuentra en el extranjero sin conocer el idioma del país. Como el dinero facilita los intercambios de bienes y servicios, una lengua facilita los intercambios comunicativos de los que dependen nuestras relaciones sociales y nuestras oportunidades de vida. Pero al igual que la utilidad de una moneda depende de quienes la acepten como medio de pago, el valor comunicativo de una lengua depende de cuantos más la comprendan y usen; en otras palabras, de cuantos hablantes la incorporen en sus repertorios lingüísticos.

De lo que se siguen algunas consecuencias interesantes. Si la lengua materna, aprendida en la familia, puede verse como una suerte de capital heredado, la adquisición de una nueva lengua es una inversión guiada por el deseo de ampliar el potencial comunicativo de nuestro repertorio lingüístico, por las ventajas y oportunidades que procura. Salvo excepciones, las personas aprenden o quieren que sus niños aprendan lenguas que amplíen ese potencial comunicativo; por eso hay más personas aprendiendo el inglés como segunda lengua que italiano o javanés. Y se comprende por ello la incomodidad de los defensores de las lenguas minoritarias cuando se trata de hablar del valor comunicativo de las lenguas, pues en este aspecto la desigualdad entre ellas es un hecho abrumador. De las aproximadamente siete mil lenguas que hay en el mundo, muchas no llegan a los mil hablantes, mientras unas pocas concentran cientos de millones.

Para verlo mejor podemos contemplar una lengua como una red de comunicación, conformada por convenciones y regularidades, a través de la cual se conectan sus hablantes. Como el teléfono, es tanto más útil cuanta más gente la use. Pero el valor comunicativo de la red no depende sólo del número de hablantes o de su extensión, pues además las lenguas están conectadas unas con otras a través de hablantes bilingües o multilingües. De ahí que la centralidad sea una segunda dimensión insoslayable a la hora de considerar el valor comunicativo de una lengua. Como ha señalado Abram de Swaan , una lengua es más central o está mejor conectada cuanto mayor es la proporción de hablantes de otras lenguas que la incorporan en sus repertorios lingüísticos. Eso explica por ejemplo el papel del inglés como lingua franca de nuestro tiempo; o que los representantes de los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes, cuando se reunían bajo el nombre de Galeusca, usaran el español en sus encuentros. El hecho es que, cuanto más grande sea la red y mejor conectada, más atractiva resulta, pues ofrece a sus hablantes mayores oportunidades de comunicación y con ello el acceso a una gama más amplia y diversa de bienes y servicios de todo tipo.

Esta analogía de la red de comunicación viene bien para entender a qué se refiere Graupera cuando acusa a Maragall de devaluar el catalán y perjudicar a sus hablantes. Está en juego aquí lo que los economistas denominan ‘externalidades de red’. Que nuevos hablantes se sumen a mi lengua, lejos de restar valor a ésta, lo aumenta. Pero también ocurre a la inversa. Los hablantes que abandonan mi lengua para pasarse a otra la hacen menos atractiva como red de comunicación. Lo exagerado aquí es pensar que un hablante por cambiar de lengua en una ocasión, aunque sea Maragall y por prestigioso que sea el acto o la audiencia, puede alterar el valor comunicativo del idioma. ¡Hay que ser prudentes con el grano y el granero!

La exageración dice mucho sobre la mentalidad de los zelotes de la lengua, que ven deserción o deslealtad allí donde se trata de elegir el medio de comunicación más apropiado para la audiencia y la ocasión. Si cambiar de lengua puede ser una traición, cada acto de comunicación tendría que ser un acto de militancia. Ahí está la clave de esa mentalidad: nos debemos a la lengua. De nuevo, no es el sábado el que está hecho para el hombre, sino el hombre para el sábado. Lo que revela otra cosa sobre los nacionalistas lingüísticos, por más que se camuflen bajo una retórica distinta: para ellos lo que importa es la lengua como seña de identidad de un pueblo distinto; cualquier otro aspecto de las lenguas estaría subordinado a eso.

Nada lo pone más en evidencia que la identificación exclusiva de Barcelona con el catalán, ignorando no sólo que el castellano es lengua cooficial, sino que una mayoría de barceloneses lo tiene como lengua materna y de uso habitual. Si algo distingue a Barcelona, como a Montreal o Bruselas, es su condición de ciudad con dos lenguas. Más aún, el acceso a una red internacionalmente tan potente como el español parece un recurso atractivo para los barceloneses y catalanes, en tanto que les abre oportunidades de intercambio y comunicación. ¿Cómo se puede afirmar lo contrario, que el castellano limita sus posibilidades? Cuando menos es sorprendente.

Sin duda, la gestión de situaciones de pluralismo lingüístico no es fácil y requiere equilibrios. Por el contrario, la tentación de quien suscribe la premisa nacionalista de ‘un sol poble, una sola llengua’ es ignorar la diversidad o considerar el bilingüismo como una anomalía a la que hay que poner remedio. Pero operar con ella tiene costes, entre los que se cuenta cierta ceguera autoinducida, o al menos una grave deformación óptica. Esa que lleva a ver lo normal como anormal o las cosas del revés.

El Estado de Derecho, a juicio
ELISA DE LA NUEZ El Mundo 15 Febrero 2019

Decía el magistrado del Tribunal Supremo de EE UU, Louis Brandeis, que en democracia el cargo más importante es el de ciudadano. Pero para ejercerlo bien se precisa una mínima formación, particularmente en asuntos jurídicos y económicos, por la sencilla razón de que su falta puede ser aprovechada fácilmente por demagogos y populistas de toda condición para introducir confusiones interesadas en beneficio propio. Cuando lamentablemente muchos dirigentes políticos carecen de principios y no tienen demasiados problemas en lanzar medias verdades o incluso en mentir descaradamente a sus electores, es esencial disponer de los recursos adecuados para identificarlas. Quizá el apoyo al Brexit o al proceso de secesión unilateral en Cataluña no hubiera sido tan alto de haber tenido los ciudadanos no sólo más información sino, sobre todo, más formación. Me refiero a la necesidad de manejar unos conceptos jurídicos básicos sin las cuales es difícil formarse un criterio sobre ciertos mensajes políticos que suenan muy bien ya se trate de "recuperar el control" o del "derecho a decidir". Lo mismo que sin una mínima formación jurídica es probable que un empresario poco escrupuloso nos proponga firmar un contrato abusivo, es fácil que un político populista nos proponga la secesión unilateral de un territorio sin tener que asumir ningún tipo de costes. La realidad puede ser muy distinta.

El ejemplo más evidente -aunque no el único- es el juicio oral que se sigue actualmente en el Tribunal Supremo contra los dirigentes independentistas del procés. Lo primero que hay que decir es que a pesar de su enorme trascendencia política, mediática y hasta emocional es precisamente eso: un juicio. En este caso, se trata de un juicio penal para determinar si determinadas actuaciones (recordemos que lo que se juzgan son hechos, no ideas) son o no constitutivas de delitos como sostienen las acusaciones y niegan las defensas. Y las herramientas de las que disponen los jueces para alcanzar una decisión son esencialmente técnicas; se trata de las reglas formales y materiales recogidas en nuestras normas procesales y en nuestro Código Penal. En base a estas normas -bastante complejas técnicamente y aburridas para los legos en Derecho- los magistrados decidirán si los hechos enjuiciados (aprobación de las leyes de desconexión con el Estado en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre de 2017, celebración del referéndum prohibido por el TC el 1 de octubre de 2017, declaración unilateral de independencia del día 27 del mismo año, etc.) encajan o no en los tipos penales de rebelión, sedición, malversación de caudales públicos o desobediencia como sostienen las acusaciones.

Afortunadamente para todos (empezando por los acusados) los siete magistrados del TS que componen la Sala están muy acostumbrados a manejar estas herramientas profesionalmente. Más allá de lo que se opine sobre el sistema de selección de los magistrados lo cierto es que al Alto Tribunal sólo pueden llegar profesionales con muchos años de experiencia adquirida precisamente en el manejo de estas normas procesales y materiales. Es poco probable que se dejen influenciar por el ruido exterior; es más, casi me atrevería a decir que cuanto más ruido exterior haya fuera menos eco tendrá dentro. Otra cosa es el ruido que se haga en la propia Sala. En ese sentido, sorprende un tanto que algunos abogados de los acusados hayan dado preferencia a líneas de defensa claramente políticas sobre las técnicas; puede ser una estrategia razonable desde un punto de vista electoral o partidista, pero puede resultar contraproducente desde el punto de vista procesal: casi parece que no existe más línea de defensa que la de denunciar el propio marco legal y judicial como ilegítimo. Por otra parte, está claro también que -al menos en cuanto a la supuesta vulneración de derechos fundamentales de los acusados- se considera a la justicia española como una especie de trámite engorroso que hay que sortear para alcanzar el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. Conviene recordar que el TEDH es un órgano judicial que no es una institución de la UE (no debe de confundirse con el Tribunal de Justicia de la UE), sino un tribunal internacional ante el cual puede acudir cualquier persona que considere que se han vulnerado los derechos reconocidos en el Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (CEDH) por un Estado miembro del Consejo de Europa, pero siempre que previamente haya agotado los recursos judiciales disponibles en dicho Estado. Según el informe España ante los tribunales de justicia europeos, el nuestro se encuentra entre los países con menos condenas de dicho tribunal, con una media de seis por año, lo que nos sitúa como uno de los países del Consejo de Europa con la ratio más baja de condenas en relación con su población (junto con Reino Unido, Alemania u Holanda).

En definitiva, no es lo mismo que sea Oriol Junqueras quien proclame que estamos ante "un juicio general ante el independentismo" (expresión que recuerda "el juicio general contra el PP" del que hablaba Rajoy sobre Gürtel) o que lo diga su abogado. Para bien o para mal -pienso que para bien- nuestros jueces, procedentes de un sistema de oposiciones meritocrático, tienen muy claro, aunque solo sea por deformación profesional, que hay que dar prioridad a lo que dicen las leyes, la jurisprudencia y las normas procesales sobre otro tipo de consideraciones extrajurídicas. Lo que es una importante garantía en juicios con un fuerte componente político y mediático dado que en los tribunales no se está para hacer política sino para aplicar el ordenamiento jurídico. Aunque resulte menos excitante.

Cierto es que la presencia de Vox como acusación particular puede contribuir a que las consideraciones extrajurídicas no sólo procedan de las defensas. sino también de la acusación. No obstante, la presencia de la Fiscalía y de la acusación particular de la Abogacía del Estado puede servir de contrapeso a las tentaciones de utilizar el juicio como una plataforma mediática por un partido populista en ascenso. Por último, el hecho de que la Abogacía y la Fiscalía discrepen en cuanto a si los hechos constituyen un delito de rebelión o de sedición garantiza que esa cuestión técnica (una de las más discutidas por juristas y no juristas) será objeto de un análisis jurídico exhaustivo. En ese sentido, no deja de resultar interesante que para los independentistas sea una cuestión de principio no aceptar la tipificación de los hechos como rebelión. La diferencia para las personas acusadas es muy relevante en términos de duración de la pena; pero desde el punto de vista político no lo parece tanto, puesto que al final con o sin violencia se ha subvertido el orden constitucional y la aplicación de las leyes, que son los bienes jurídicos que protegen los tipos penales tanto de rebelión como de sedición. No en balde el delito de rebelión está comprendido en el capítulo I del título XXI del Código Penal bajo el epígrafe delitos contra la Constitución y el delito de sedición en el capítulo I del título XXII bajo el epígrafe delitos contra el orden público. Realmente, podemos decir que lo que se está protegiendo con estos tipos penales es el Estado de Derecho ante los más graves ataques que puede llegar a sufrir y de lo que no podemos dudar es la gravedad de los que se produjeron en Cataluña durante el otoño de 2017.

También es cuestión de principio para los independentistas (y para muchos ciudadanos catalanes que no lo son) la resistencia a aceptar que lo que se produjo fue un golpe de Estado (más o menos fallido) a la vista de la definición clásica del concepto realizada por Kelsen. Según el famoso jurista austriaco, una revolución en sentido amplio (que abarca también el golpe de Estado) es toda modificación no legítima de la Constitución al no efectuarse respetando los procedimientos previstos en ella para su reforma. Por eso, desde ese punto de vista es indiferente que esta modificación se haga desde una institución (el Parlament) o desde la calle, que se haga pacíficamente o con medios violentos, que tenga mucho apoyo popular o muy poco: siempre estaremos ante un golpe de Estado. O, si prefieren, ante una modificación de las reglas del juego constitucionales sin seguir las reglas del juego constitucionales.

Ésta es la principal conclusión a la que hay que llegar en relación con este juicio histórico. Se está juzgando a dirigentes políticos de un Estado democrático de Derecho. Y tampoco es la primera vez. Recordemos que nuestro sistema judicial también fue capaz de llevar a juicio la guerra sucia contra ETA y de condenar un ministro y a un secretario de Estado de Interior. Entonces la sociedad española aprendió que el fin no justifica los medios, y que las instituciones no pueden tomar atajos si no quieren correr el riesgo de acabar pareciéndose demasiado a sus enemigos. El hecho de que en España se pueda juzgar a políticos en activo, lo que pone de relieve es su fortaleza como Estado democrático de Derecho y no su debilidad, como se nos pretende hacer creer. Lo que sí revelaría debilidad es defender que hay personas poderosas en España que pueden situarse por encima de las leyes que nos obligan a todos los demás. Es lo que están descubriendo ahora los acusados, como antes lo descubrieron otros políticos que también apelaban a los votos para eludir sus responsabilidades penales según la extraña tesis de que la democracia es incompatible con el Estado de Derecho. Es exactamente lo contrario: sin Estado de Derecho no hay democracia. Si los ciudadanos españoles aprendemos esto, el juicio del procés no habrá sido en balde.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

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