AGLI Recortes de Prensa   Sábado 16  Febrero 2019

España debe votar por un cambio
Editorial ABC 16 Febrero 2019

Por fin Pedro Sánchez desveló ayer que el 28 de abril se celebrarán elecciones generales, lo que sitúa a España en una circunstancia excepcional, ya que en el lapsus de un solo mes tendrán lugar también los comicios locales, autonómicos y europeos. España entra en una nueva fase de incertidumbre electoral de la que prácticamente no ha podido escapar desde 2016, con el peligro que siempre arrastran la inestabilidad política, el riesgo de una nueva parálisis institucional y las dudas en el ámbito económico. Sin embargo, es la mejor noticia que podían recibir los españoles. Cuando se disuelva formalmente el Parlamento, el próximo 5 de marzo, Sánchez no habrá llegado siquiera a estar un año en La Moncloa, pero en estos pocos meses deja tras de sí una gestión demoledora.

Sánchez ha fracturado a la sociedad radicalizándola ideológicamente. No ha impedido una ralentización de nuestra economía, ha sucumbido a la gran mentira que es el «diálogo» con el separatismo para traficar con la unidad de España y ha comprobado que las supuestas lealtades políticas con las que contaba no eran tales, porque han sido sus propios socios de moción de censura quienes le han abandonado. Gobernar con 84 escaños y chantajeado por el independentismo y el populismo de extrema izquierda ha sido una temeridad propia de un presidente irresponsable que solo concibe el poder desde una perspectiva puramente egocéntrica.

La presión de millones de españoles ha obligado a Sánchez a rectificar. Pretendía permanecer en La Moncloa hasta marzo de 2020 y hace apenas una semana sostenía con altanería que si alguien quería elecciones inminentes debería esperar sentado. Objetivamente, Sánchez nunca ha manejado los tiempos reales del poder, ha enquistado su gestión con una cadena interminable de contradicciones, incoherencias y rectificaciones, y siempre se ha revelado como un presidente no fiable. Es lamentable que no haya convocado elecciones por dignidad, sino por obligación. Sus propios socios le han forzado a ello y ahora toda su incapacidad ha quedado al descubierto. Por más que ahora Sánchez pretenda presentarse como un adalid de la moderación entre los extremos situados a su derecha e izquierda, lo cierto es que confunde esa virtud con la soledad y el victimismo.

Ha sido rehén del nacionalismo más rancio. Ha sido cómplice de auténticos fascistas que querían romper España. Ha tensionado a la sociedad española y ha recuperado el franquismo como coartada para sus propios intereses. Ha puesto en pie de guerra al sector automovilístico y ha sentado las bases para que España incumpla sus objetivos de déficit, aumente su endeudamiento y sea amenazada por un sablazo fiscal como nunca antes en democracia. Ha sido demagógico hasta el extremo con la inmigración ilegal, y en el ámbito laboral ha frenado la escalada de empleo en la que, por fin, había entrado España. Su sectarismo en el ámbito educativo, cultural o científico ha sido proverbial, y sectores tan relevantes como la Justicia han sufrido un descrédito brutal. Sánchez podrá hacer la propaganda que quiera, pero los españoles ya lo conocen suficientemente porque se ha convertido en un riesgo para nuestra democracia. Ni siquiera los consensos alcanzados en la Transición han sido mínimamente respetados.

En España es necesaria una alternativa del centro-derecha. Una alternativa que ponga fin a un despilfarro ególatra, al mayor aumento de cargos de confianza y enchufados en la Administración producido en años, y al relativismo como modo de gobernar. No se producirán ya mayorías absolutas, y será tiempo de pactos imprescindibles para fraguar una investidura solvente en España. Es de una imperiosa necesidad que Sánchez no regrese a La Moncloa. Los españoles deben aprender de tanta falacia del PSOE y de la carencia de principios y valores de Sánchez. Tras acceder al poder con solo 84 escaños, cometió un inmenso error: el de no someterse a las urnas. Nunca ha sido el candidato mayoritariamente votado para representar a los españoles. Más aún, tiene el dudoso honor de haber obtenido el peor resultado del PSOE en toda su historia. Con ese bagaje, no es de extrañar que ayer quisiera apropiarse de La Moncloa, como si fuera la sede de su partido, para dar su primer mitin, cuando debió limitarse a anunciar institucionalmente la convocatoria de elecciones. Sánchez lo confunde todo de modo deliberado e insultante para la opinión pública. Por eso, si hasta ahora era una cuestión de emergencia la cita con las urnas, ahora es una cuestión de higiene democrática que Sánchez no repita como presidente.

Europa y la miopía antitecnológica
Daniel Lacalle  elespanol 16 Febrero 2019

“Have you seen junior’s grades?” David Lee Roth

Europa no está perdiendo la carrera tecnológica. Es que no se ha presentado.

Si analizamos el ránking de las principales empresas tecnológicas (2017), no hay ni una sola europea entre las primeras quince. La inmensa mayoría son norteamericanas y chinas.

Es todavía más preocupante. Si vamos a las primeras 50 empresas tecnológicas globales, solo cuatro son europeas, pero cuando analizamos esas cuatro, es más que debatible que sean líderes en innovación, patentes y mercado. En los índices europeos de “tecnología” se incluyen, de manera diplomática, conglomerados industriales que han perdido hace mucho la carrera tecnológica.

Esto no es por casualidad o por mala suerte. Es por diseño, aunque parezca triste.

Una fiscalidad equivocada
La Unión Europea suele hablar mucho sobre inversión tecnológica y apuesta por las nuevas industrias, pero mucho de ello es una fachada. No solo penaliza fiscalmente de manera muy agresiva la inversión tecnológica, sino la creación de valor y riqueza que conlleva. La fiscalidad europea penaliza la inversión tecnológica desde el principio, no solo poniendo escollos a la empresa sino, y más importante, poniendo dificultades y una política confiscatoria a las inversiones de capital que financian el crecimiento empresarial. No es solo errores monumentales como la mal llamada Tasa Google y una percepción de la fiscalidad miope y orientada a recaudar lo que sea, es el asalto a cualquier inversión de capital, plusvalía y beneficio creado desde la toma de riesgo por parte de inversores que apuestan por la innovación. En Europa, si no se subvenciona se considera sospechoso.

Todo viene del enorme error de una Unión Europea que parece comportarse como una combinación de predicador televisivo y sheriff de Nottingham. El que le dice a los demás lo que tienen que hacer y ser mientras rasca la última moneda del contribuyente que queda. La miopía de obsesionarse con supuestos ingresos fiscales que solo un planificador central se inventaría, y a la vez ignorar y entorpecer el enorme caudal de empleo, riqueza y mejora de productividad que podríamos atraer.

Una regulación equivocada
No solo es el asalto a la fiscalidad inversora. Es la supeditación de la innovación a los caprichos burocráticos de funcionarios que piensan en mantener las cosas como en 1980. La regulación europea para tecnología e innovación es la misma que para la vieja economía, y pone escollos bajo la excusa del normativismo pero esconde algo mucho peor, el objetivo poco disfrazado de sostener los sectores de baja productividad poniendo barreras a los de alta.

Cuando comentas con reguladores este problema, se felicitan por que el periodo de aprobación de, por ejemplo, una Fintech, sea de seis meses. Es peor, la miopía anti-empresarios se refleja en un comunicado de treinta emprendedores tecnológicos enviado a la Unión Europea en el que alertan de un sistema “incoherente y punitivo”, “frecuentemente arcaico y altamente ineficiente” que puede causar una “fuga de cerebros de los mejores y más brillantes de Europa”.

Subvencionar a sectores de baja productividad y penalizar sectores de alta productividad

Tras la equivocada política europea se encuentra un problema importante. La obsesión de los estados de intentar sostener a toda costa la renta de posición de sus mal llamados campeones nacionales, que se han convertido en una especie de Seguridad Social encubierta y que son dóciles compañeros del poder político. La constante subvención de los sectores en proceso de obsolescencia mientras se penaliza a los que podrían sustituir y mejorar el patrón de crecimiento y el tejido empresarial. Por mantener a los dinosaurios vivos, se destruye el propio ecosistema que haría que otras empresas crezcan, se desarrollen y se conviertan en líderes globales. No es una sorpresa que, país por país, veamos cómo la Unión Europea que habla constantemente de competencia, en realidad lo que termina haciendo es intentar poner puertas al campo para que los sectores rentistas se mantengan en sus privilegios de hace décadas.

¿No les parece sorprendente que Japón, país que todos mirábamos con envidia por su desarrollo tecnológico, haya visto, de manera lenta pero inexorable, a sus “campeones nacionales” convertirse en anécdotas globales? Por la misma política equivocada que está llevando a cabo la UE. Intentando proteger a los dinosaurios, acabas con la capacidad de innovación del país y no permites que crezcan nuevos gigantes.

En realidad estamos hablando de proteccionismo escondido bajo la excusa de la regulación y la fiscalidad. Y lo peor es que ni protege a los conglomerados de renta de posición, ni les incentiva a reinventarse, ni apoya la creación de nuevos líderes europeos.

Por supuesto que hay iniciativas más o menos positivas, no se puede negar. Pero la evidencia empírica es que, desde un millar de cortes, la Unión Europea se desangra a la hora de liderar el cambio tecnológico.

Si queremos un mejor futuro para nuestros hijos y nietos, y que nuestras economías se fortalezcan, debemos empezar por dejar de subvencionar lo que no funciona y penalizar lo que funciona, dejar de atacar a los que arriesgan e invierten en innovación. Porque lo que ningún político europeo va a conseguir es volver a 1980. Pero lo que sí va a conseguir es que, si no nos ponemos las pilas ante el reto tecnológico de verdad, Europa sea el daño colateral ideal de la negociación entre EEUU y China.

Sánchez 'se hace' unas elecciones a medida
Editorial  elespanol 16 Febrero 2019

La decisión de Pedro Sánchez de convocar elecciones para el próximo domingo 28 de abril abre no pocas lecturas. Para empezar, en la horquilla de fechas en la que se movían los socialistas, el adelanto de las generales a abril les permite someterse al veredicto de las urnas sin más desgaste del necesario y una vez que los separatistas han evidenciado la soledad del Gobierno.

A este respecto, EL ESPAÑOL publica este sábado una encuesta -con la perspectiva de una convocatoria electoral inminente- que prueba que casi la mitad de los españoles considera "mala" o "muy mala" la gestión del Ejecutivo.

Ahora bien, Pedro Sánchez ha hecho de la necesidad virtud precipitando las generales. Lejos de hacerlas coincidir con el "súperdomingo", ha obligado a la ciudadanía a acometer dos procesos electorales en un mes, lo que supone un estrés añadido y que las arcas públicas tengan que desembolsar 130 millones de euros extra en estos comicios de abril.
Egoísmo

Hasta en los estertores, Sánchez ha obrado por puro egoísmo. Ni cumplió con la palabra dada tras la moción de censura de agilizar una convocatoria electoral, ni ha logrado aprobar unos Presupuestos quiméricos que eran la base de su programa de Gobierno, ni ha logrado calmar el desafío independentista.

En cambio, el 28-A es la muestra más evidente de que Sánchez se mueve en un cortoplacismo que, de entrada, condena a una parálisis en el Ejecutivo que durará, como mínimo, 4 meses. Y eso en el caso de que no haya que recurrir, de nuevo, a otras generales.
Resistencia

Es más, el hecho inevitable de tener que prorrogar los Presupuestos de Mariano Rajoy hace imposible alcanzar el objetivo de déficit del 1,3% acordado con Bruselas y en un contexto económico de franca desaceleración. Es ese mismo cortoplacismo de Pedro Sánchez, su "resistencia" a convocar antes a las urnas, el que ha impedido que España cuente con un Ejecutivo fuerte mientras la democracia afronta el trascendental juicio al golpe separatista en Cataluña.

Lo más paradójico es que, después de la comparecencia solemne de Sánchez para anunciar los comicios anticipados, el presidente haya aprovechado hábilmente su intervención para figurar como un estadista sensato. Y su logro ha sido convocar unas elecciones a su medida.

La resistencia tiró la toalla
OKDIARIO 16 Febrero 2019

Pedro cisne Sánchez okupó La Moncloa por la puerta de atrás y va a salir de palacio por la puerta que entró. El asociarse con traidores a nuestra nación, como los separatistas, provoca estos inconvenientes. Hemos de agradecer a los catalufos que al fin hagan algo por el bien de España, ayudándonos a cancelar los vuelos futuros en Falcon del botarate. El cisne y su penacho están en llamas, ya no hay dios que las apague. Era imposible batir el récord de ZP, el peor presidente del Gobierno, pero PS lo ha batido en sólo ocho meses. Da pena que durante su mandato no aprobase la eutanasia, pues sería una fuente de esperanza para él.

En un mitin obsceno, tedioso, anuncia que el 28-A habrá elecciones, cuando ya lo había jurado hace casi tres trimestres. Sin emocionar, habló de sus logros (?) y de conciliación, sin parar de vejar a C´s, PP y VOX. ¡Qué poca empatía comparte un mentiroso que nació bajo una carreta y nunca soñó con llegar más alto! Incluso su manual, escrito por una negra, también es mentira, lo cual no se opone a que digamos que la resistencia tiró la toalla. Desplumado el cisne felón, habría que enseñar en todas las escuelas, tomando como ejemplo su ridículo proceder, lo que no hay que hacer para ser presidente. O lo que ha de hacer un infradotado para cargarse al PSOE.

Es obvio que Pedro saldrá antes que Paco. El primero, del Ejecutivo, y el segundo, del Valle de los Caídos. Aunque la momia del dictador sea el caballo de batalla del trilero para engañarnos a todos cara a las próximas elecciones. A Sánchez no le queda otra que agenciarse un pin del Falcon, para presumir de altos vuelos, o contratar a varios negros que le escriban las mil conferencias que dará en Venezuela. Su vida política en España está más momificada que lo que queda de Franco. Con ese lema de campaña, a favor de la memoria histórica, el cisne no va a captar ni a los vecinos de Iglesias en Galapagar.

Sánchez, tras purgar a los críticos del actual PSOE y tras despreciar los consejos de los barones de las épocas gloriosas, no vale un peine. Si quieren llevarse una alegría, voten a los partidos que defienden a España de verdad, no como este cisne que siempre nos ha vendido.

«Mi persona» y la verdad
Ayer volvió a verse lo peor de Sánchez: tergiversa los hechos sin pudor
Luis Ventoso ABC 16 Febrero 2019

Acaba -o no, si se apuesta por dividir el voto conservador- la problemática etapa de «Mi Persona» en su Moncloa. El experimento jamás pudo haber salido bien, porque partía de una aberrante traición al país. Solo ocho meses después de un golpe de Estado separatista, frenado con un 155 al que Sánchez se sumó, el líder del PSOE se permitió la felonía de llegar al poder tras conspirar en secreto con los partidos independentistas que acababan de intentar partir España. A pesar de la sobredosis de propaganda que hemos sufrido, okupar La Moncloa de manera abyecta empañaba toda la ejecutoria de Sánchez. Simplemente no se puede gobernar España siendo rehén de sus mayores enemigos. Supone un absurdo y no hay marketing foteril, ni NODO de Rosa María, que puedan camuflarlo.

Pero además de ese vicio en origen, que lo invalidaba ya por completo, el experimento Sánchez instauró una práctica muy nociva: intentó convertir la mentira en una moneda de cambio homologable en política. Durante unos meses le funcionó, logró bailar en el alambre. Hasta que llegó tan lejos con la infamia de los «relatores» que fue frenado por la presión interna del PSOE y por la inmensa protesta ciudadana de Colón, que le obligaron a explicitar su obligado compromiso con la Constitución (rompiéndose así su feliz compadreo con los sediciosos catalanes). Por último, había un factor de piel que hacía cargante al personaje. Un inmenso ego, que frisaba la rampante chulería. Un político tan encantado de haberse conocido que se llama a sí mismo «Mi Persona» y «el Presidente», como volvió hacer cuatro veces ayer. Un ridículo que creíamos reservado a sátrapas estrafalarios.

Pero lo peor ha sido su pésima relación con la verdad (eufemismo que empleo para no hablar de su afecto por la mentira). El discurso de convocatoria de elecciones supuso un ejemplo perfecto. Salió casi a trola por párrafo. Presumió de haber traído «una RTVE objetiva y plural», frase digna de risas en off, como en las viejas telecomedias. Se jactó de un Gobierno «abierto y ejemplar frente a uno asediado», cuando estos ochos meses han sido un recital de sectarismo y escándalos. Presumió de «un compromiso firme con el saneamiento de las cuentas públicas», cuando el Banco de España llegó a acusarlo de trucar los ingresos en sus presupuestos. Se ufanó de la «consolidación del crecimiento y la creación de empleo», cuando es un hecho empírico que bajo su batuta ya han empeorado. Acusó a la oposición de «filibusterismo» parlamentario, cuando él protagonizó el mayor facazo por la espalda a un Gobierno en 40 años de democracia. Se pavoneó hasta de haberse ocupado del reto -cierto e inmenso- de la digitalización y la revolución tecnológica, cuando lo único que ha hecho al respecto es nombrar a un ministro astronauta que nunca bajó del espacio sideral.

Confiemos en el buen juicio de los votantes para que en abril quede atrás este carrusel de falacias, inoperancia, revisionismo vengativo y empalagosa egolatría. No se pude gobernar un país odiando a la mitad de su sociedad.

Pues no debió de ser tan «pinchazo»
Ramón Pérez-Maura ABC 16 Febrero 2019

Considerando que el Gobierno y sus círculos afines se han pasado cinco días proclamando a los cuatro vientos que la manifestación de la plaza de Colón del pasado domingo había sido un «pinchazo», habrá que reconocer que pocas veces en la historia vimos un «pinchazo» más exitoso que ese. Porque las sólo 45.000 personas que según la Delegación del Gobierno se reunieron allí para clamar pidiendo la convocatoria de elecciones fueron escuchadas por el presidente del Gobierno que los desprecia. Menos de una semana después, las elecciones tienen fecha.

El mitin de más de cuarenta minutos de duración que ofreció ayer Pedro Sánchez desde La Moncloa, con algunas preguntas, fue especialmente escandaloso. Por no hablar de la difusión de las imágenes de su entrada posterior en el salón del Consejo entre la ovación en pie de sus ministros. Nunca antes se había empleado el atril de la Presidencia del Gobierno de forma tan flagrantemente partidista. Y como es habitual en Sánchez, en sus palabras abundaron las mentiras. Sirva como ejemplo palmario e indiscutible el que dijese que el PSOE fue el único partido de los actuales que apoyó la Constitución de 1978. Salvo que quiera decir que el PP no existía, que es una de las formas habituales que tiene Sánchez de tergiversar la realidad. Porque el PP es fruto de la refundación de Alianza Popular, partido que no sólo apoyó la Constitución de 1978, sino que, además, su presidente, Manuel Fraga Iribarne, es uno de los siete padres de esa Constitución. Pero qué más da la Verdad. O ignorar en su discurso sus negociaciones con los independentistas catalanes, a los que sólo se refirió en respuesta a una pregunta, diciendo que «la voluntad del Gobierno siempre ha sido la misma. Dentro de la Constitución y la legalidad estamos dispuestos a hablar. Fuera de la Constitución, nada». Como si nos hubiéramos olvidado de que hace una semana la vicepresidenta del Gobierno estaba explicándonos la normalidad que supuestamente implicaba designar un relator para el diálogo.

Ya sabemos que estos nueve meses de Pedro Sánchez en La Moncloa han servido para hacer de la mentira un instrumento legítimo de poder. Pocas veces hemos visto faltar a la verdad con mayor desparpajo y de forma más reiterada. Por no hablar de los «siete años de injusticia social» que atribuyó al Gobierno de Mariano Rajoy, obviando que tuvo que someter a la población española a unos ajustes duros para sacar el país del hoyo en que nos dejó su conmilitón José Luis Rodríguez Zapatero.

Sánchez pasó ayer en su mitin de explicar la mayoría que supuestamente tenía a enumerar una lista casi infinita de bloqueos que ha sufrido su Gobierno. Lo que fue una demostración palmaria de que esa mayoría no era tal. Otra mentira. Y dijo que seguirían trabajando hasta el último día. Lo que no dijo es que ese trabajo será sólo propaganda electoral. Ayer mismo aprobaron la ley de educación de la ministra Celaá con toda prisa, sin que el Consejo de Estado hubiera informado sobre ella. ¿Por qué la prisa? Por decir que hacen cosas, aunque sean absolutamente fatuas. Porque todos sabemos que la ley no llegará a ninguna parte. Su trámite parlamentario normalmente llevaría siete u ocho meses. Pero él quiere decir que hizo una ley de educación. Así, ya se comprende que el informe del Consejo de Estado era perfectamente prescindible. como todo lo que ha hecho Sánchez.

Elecciones generales para el 28 de abril o la astucia de Pedro Sánchez
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 16 Febrero 2019

Finalmente, el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, ha anunciado la celebración de elecciones generales para el 28 de abril de 2019. Es esta una demanda solicitada por la oposición, quizá un tanto irreflexivamente, y que se ha hecho necesaria una vez que el proyecto de ley de presupuestos presentado por el Gobierno ha sido rechazado por el Congreso de los Diputados. Aunque en la oposición algunos han recibido con alborozo el anuncio, quizá debieran matizar ese entusiasmo. He aquí unas breves reflexiones al respecto@Desdelatlantico..

I. EL IMPRUDENTE MENOSPRECIO HACIA EL DOCTOR SÁNCHEZ
La oposición, incluyendo tanto a los agentes políticos como a sus apoyos mediáticos, ha mostrado su desprecio a Sánchez. Pero el hecho, indiscutible, y del que me he ocupado en este blog, de que la tesis de Doctor Sánchez sea un fraude académico no debiera llevar a menospreciar al citado Doctor cuya astucia está, creo, más que demostrada.

Alguno puede pensar que las elecciones se producen en un momento poco conveniente para los intereses del Doctor Sánchez pues su proyecto de presupuestos generales del Estado ha sido rechazado en el Congreso. Sin embargo, sería desconocer gravemente al Doctor Sánchez pensar que éste no ha convocado las elecciones en el momento más conveniente para sus intereses.

Yo pienso que este sí es un momento favorable a Sánchez. Ello es así, a mi juicio, por varias razones.

II. POR QUÉ ESTE ES UN BUEN MOMENTO PARA SÁNCHEZ
Estas son las razones por las que, en mi opinión, este es un buen momento para Sánchez.

La primera razón por la que este es un momento favorable a los intereses del Doctor Sánchez es que el más directo competidor del Psoe por la izquierda, Podemos, está en caída libre. Esto significa que independientemente de si el Psoe va a aumentar sus votos o a obtener votos de otras fuentes, va a recibir el apoyo de numerosos ex-votantes de Podemos.
Que esos ex-votantes sean ahora, o antes, o en ambos momentos, incoherentes es una consideración de tipo lógico que en nada va a afectar al hecho de que ahora van a votar al Doctor Sánchez.

La segunda razón es que el otro competidor directo del Psoe, por su ala derecha, Ciudadanos, se haya en una situación muy delicada como resultado de los difíciles equilibrios que está haciendo (y Andalucía es un claro ejemplo de ello). Por eso veo difícil que Ciudadanos pueda restar votos al Psoe.

En tercer lugar, el Pp, también se halla en una situación delicada. La herencia de Mariano Rajoy Brey pesa como una losa, y Pablo Casado Blanco no ha querido o podido desprenderse de ese lastre. Cada vez con menos disimulo la jefatura de Pablo Casado está siendo cada vez más torpedeada, especialmente desde el Noroeste peninsular. Esto significa que el Pp, si bien pudiera estar en condiciones de recuperar parte del voto perdido en beneficio de Cs... pierde voto en dirección a Vox.

En cuarto lugar, Vox, parece difícil dudarlo, va a aumentar sus votos. El hecho de que las elecciones se produzcan mientras se celebra el juicio a los golpistas catalanistas favorece a Vox, acusación particular en el proceso, frente al Pp y Cs que, por razones que ellos sabrán, NO QUISIERON querellarse contra los golpistas. Independientemente de los votos de protesta que pueda obtener Vox y que en otras ocasiones fueron a otros partidos, incluso a Podemos, parece claro que su fuente principal de votos será e Pp.

III. EL SISTEMA ELECTORAL PUEDE BENEFICIAR A SÁNCHEZ
A mi juicio es posible que el Psoe pueda perder votos...y sin embargo gane las elecciones. Se olvida a menudo que la composición del Parlamento que elige al Presidente del Gobierno no se determina, sin más, por el número de votos... sino por CÓMO SE COMPUTAN. Y eso se hace merced a un sistema electoral determinado. En este sistema electoral hay ocho provincias que eligen 3 diputados, diez provincias que eligen 4 diputados y siete provincias que eligen 5 diputados.
La clave en estos distritos no es tanto el número de votos... cuanto el tener más votos que los competidores... aunque casi todos puedan perder votos. La clave, insisto, es ser el partido más votado en la circunscripción... aunque sea con la mitad de votos obtenidos en las elecciones anteriores.
Esto significa que en las numerosas circunscripciones en las que se eligen de 3 a 5 diputados como resultado de la fórmula electoral, aunque Psoe, PP y Cs pierdan votos... es muy probable que sea el Psoe el primer partido pudiendo obtener en cada uno de esos distritos un diputado más que el PP o el partido que quede en segundo lugar.

No se olvide que, gracias a este sistema electoral, el Pp habiendo perdido votos ha obtenido la presidencia de la Junta de Andalucía... Nada impide que el Psoe eventualmente perdiendo votos pueda ganar la Moncloa.

IV. ¿CATALANIZACIÓN ELECTORAL?
En las elecciones regionales catalanas ya ha habido varias ocasiones en que el partido con más votos ha obtenido menos escaños. ¿Puede ocurrir que las elecciones generales de 28 de abril de 2019 abran la puerta a un Gobierno sostenido por la mayoría de escaños en el Congreso... que representen a la minoría de votos en las elecciones? Es una posibilidad que ahora es más probable de lo que lo ha sido en todas las anteriores elecciones generales celebradas en España.

El balance económico de Sánchez: frenazo e incertidumbre
EDITORIAL Libertad Digital 16 Febrero 2019

Las cifras, y no las habituales mentiras de los políticos, demuestran que la economía nacional está hoy peor que en junio, cuando Sánchez entró en Moncloa.

El discurso triunfalista y complaciente que ha exhibido el Gobierno del PSOE tanto en materia económica como social desde la llegada al poder de Pedro Sánchez contrasta con la realidad de los datos y la creciente preocupación de consumidores y empresarios. El líder socialista, entre viaje y viaje en Falcon, no ha dudado en sacar pecho del crecimiento y la creación de empleo, como si ambos factores dependieran directamente de su gestión y no de la positiva dinámica que ha venido experimentado España desde 2014. Sin embargo, las cifras, y no las habituales mentiras de los políticos, demuestran que la economía nacional está hoy peor que en junio, cuando Sánchez entró en Moncloa.

El ritmo de creación de empresas ha caído más de un 20%, el número de compañías disueltas se ha disparado un 70%, la inversión extranjera también se ha resentido y la producción industrial ha registrado notables descensos en los últimos meses. Y eso sin contar que la confianza en la futura evolución de la economía a corto y medio plazo ha sufrido un fuerte retroceso desde el pasado verano. Aunque lo más preocupante, sin duda, es que la creación de empleo está cosechando los peores registros desde la Gran Recesión, reflejo inequívoco de la desaceleración que ha comenzado a padecer España. Si el PIB avanzó un 3% en 2017, el pasado año el avance rondó el 2,5%, y todo apunta a que el crecimiento podría incluso situarse por debajo del 2% el presente ejercicio, casi un tercio menos que hace apenas dos años.

Es cierto que, en tal caso, España seguiría creciendo por encima de la media de la zona euro, superando a otras grandes potencias como Alemania o Francia, pero conformarse con tal logro sería un grave error. En primer lugar, porque el país todavía no ha superado por completo la crisis, dado que restan más de un millón de puestos de trabajo para recuperar el nivel de empleo previo al estallido de la burbuja crediticia. Y, en segundo lugar, porque las debilidades que todavía sufre la economía española la sitúan en una muy delicada y frágil posición a la hora de afrontar nuevas tormentas. En este sentido, cabe recordar que el contexto internacional no está exento de riesgos, desde el Brexit y el estancamiento de la zona euro hasta la guerra comercial entre EEUU y China o la problemática situación de Italia.

El principal problema aquí es que, en vez de aprovechar la favorable coyuntura para poner en marcha reformas estructurales y apuntalar la solvencia del sector público, Sánchez se ha dedicado a poner más trabas a la generación de riqueza y empleo, haciendo caso omiso de las advertencias lanzadas por expertos y organismos de todo tipo. La histórica subida del salario mínimo interprofesional, el aumento de las cotizaciones sociales, el fuerte incremento del gasto y del empleo públicos o la presentación de unos Presupuestos irreales y profundamente lesivos, cuya aprobación finalmente no se ha producido, son tan solo algunos de los ejemplos que da de sí la peligrosa e irresponsable senda que ha protagonizado el PSOE en estos escasos meses de mandato.

La convocatoria de elecciones generales aparca temporalmente algunas de las medidas más perjudiciales que Sánchez había pactado con Pablo Iglesias, como la derogación de la reforma laboral o la masiva subida de impuestos, pero no las elimina, a la espera de lo que determinen las urnas, lo cual garantiza, a su vez, la prolongación de un clima de incertidumbre que, de una o otra forma, acabará dañando al conjunto de la economía nacional. El corto legado de Sánchez ha traído como resultado menos crecimiento, mayor inseguridad y un precioso tiempo perdido para solventar los numerosos y complejos problemas pendientes de la economía nacional.

Ocho meses de desastre
Carmelo Jordá Libertad Digital 16 Febrero 2019

¿Cuáles son los frutos de los ocho meses de Sánchez en el Gobierno? Pese a la propaganda que ya está desplegando el PSOE, parece que muy pocos.

Pedro Sánchez ha dado por cerrada la legislatura en una comparecencia en Moncloa que ha sido el cierre y el resumen perfecto de sus meses como presidente: aprovecharse de las instituciones para su propio beneficio no ya partidista, sino directamente personal.

Porque la repetición del modelo puede llevarnos a acostumbrarnos, pero lo que ha pasado este viernes en Moncloa no es normal y no es tolerable: no se puede usar el atril de la presidencia del Gobierno para soltar el primer mitin de la campaña electoral, o al menos no se debe, porque con Sánchez ya hemos visto que cualquier cosa es posible.

Afortunadamente, ni siquiera sirviéndose de las instituciones, poniendo a TVE a sus servicio como nunca había estado nunca ninguna televisión pública, ni siquiera diciendo una cosa los martes y otra los miércoles y mintiendo los dos días puede taparse el desastre que han sido estos ocho meses en los que el "Gobierno bonito" se ha acabado convirtiendo en una versión grotesca de sí mismo.

Los bandazos
Sánchez llegó al poder con la promesa de convocar elecciones "en cuanto sea posible", pero este fue el primer compromiso que cayó en el olvido. A partir de ahí el recorrido al respecto ha sido variable: se habló -y se filtró- de coincidir con las andaluzas, del superdomingo, de otoño de este año, de seguir se aprobasen o no los presupuestos, de no seguir si no se lograba el apoyo a las cuentas públicas…

Ha sido la tónica del Gobierno de Sánchez: los cambios ya no de opinión sino de rumbo, lo que una semana era blando a la siguiente era negro, los motivos que servían para hacer dimitir a un ministro hoy, no eran suficiente para que se fuese otro después.

Sánchez ha mostrado durante estos ocho meses que su plan no iba más allá de los siguientes quince días y que su única prioridad era lo que le sirviese para afianzarse en Moncloa, para subir un punto más en las encuestas.

La ocupación de todo lo ocupable
Lo primero que dejó claro el Gobierno de Sánchez era que estaba dispuesto a ocupar todos los espacios a los que se puede acceder desde el poder: las empresas públicas, las televisiones, hasta órganos que habitualmente están más o menos fuera del debate partidista -como el CIS- se han visto contaminados por Sánchez y los suyos.

No ha quedado cargo por repartir ni sueldo elevado por entregar y, además, todos los nombrados han seguido trabajando para el partido o, mejor dicho, para Sánchez. Algunos de forma absolutamente grotesca como en el ya mencionado CIS, donde Tezanos ha arruinado años de trabajo que en muchas ocasiones era cuestionable, pero que si tenía valor por algo era, precisamente, por la serie histórica que en estos meses se ha roto.

Pero no han sido sólo los organismos públicos: el Gobierno se ha servido como nunca de sus propios altavoces institucionales para la propaganda del partido, tal y como ha hecho Sánchez este mismo viernes, tal y como han hecho Isabel Celaá o Carmen Calvo todos los viernes tras el Consejo de Ministros.

Los ministros y la tesis
El Gobierno también ha visto como un buen puñado de sus ministros no es que se quemaran en sólo unos meses, es que eran completamente abrasados. Huerta y Montón se quedaron en el camino en sólo unas semanas, pero Celaá y Duque también quedaban expuestos por sus sociedades inmobiliarias, como después lo sería el protocandidato a la alcaldía de Madrid.

Y no han sido los únicos: el escupido Borrell ha sido condenado por usar información privilegiada en bolsa y, muy especialmente, la ministra Delgado se ha visto involucrada en un escándalo mayúsculo de escuchas que, aunque no le ha costado la cartera, sí la ha descalificado completamente entre los fiscales y los jueces que unos meses antes eran sus compañeros.

Porque después de alabar los prostíbulos chantajistas de Villarejo, de acusar a jueces del Supremo de cazar menores en Colombia, de revelar detalles sobre la vida íntima del ministro del Interior en la misma mesa en la que estaba un presunto extorsionador, de hablar mal de los tribunales de mujeres… Delgado estaba completamente incapacitada para un cargo que ha seguido ejerciendo, aunque en la práctica de poco ha servido, más allá de forzar a la Abogacía General del Estado en la casusa del 1-O.

Quizá el peor escándalo, no obstante, ha sido el del propio Sánchez, su tesis doctoral que podría estar plagiada hasta en un 50%, las serias dudas sobre su autoría y el evidentemente preparado tribunal han tirado por los suelos la imagen de regeneración y exigencia ética de la que ha querido presumir el presidente.

El compadreo con el nacionalismo
Más allá de los escándalos, la relación con el separatismo ha sido el gran debe de Sánchez y lo que ha llevado incluso a iniciar una movilización que podría haber crecido bastante, visto lo visto en Colón.

Ahora se intentará escenificar una ruptura y el PSOE tratará, como hace siempre el PSC, de presentarse como la posición central entre los extremos del separatismo y el españolismo. Lo cierto es que Sánchez confió su supervivencia en Moncloa a un pacto con todas las fuerzas nacionalistas para el que es obvio que estaba dispuesto a pagar un precio altísimo: cambios en la Abogacía General del Estado antes, relator ahora y todo parece indicar que autodeterminación e indultos más adelante.

Está claro que Sánchez estaba dispuesto a pactar con el separatismo, la gran duda es si hay un precio que esté al alcance del todavía presidente y que pueda satisfacer a Junqueras, Torra y Puigdemont. En esta legislatura ha quedado claro que no pero, ¿en la próxima?

El balance
¿Y todo esto a cambio de qué? ¿Qué se puede vender como resultado de este desastre? ¿Cuáles han sido los logros de este Gobierno de ocho meses? Lo cierto es que a priori parece muy magro: Sánchez presumía este mismo viernes de la catarata de decretos leyes aprobados, pero entre ellos no sólo no hay ninguna reforma de calado y las grandes leyes de Rajoy, como la Reforma Laboral tan criticada desde la izquierda, siguen vigentes.

A priori hay muy pocas medidas de la que Pedro Sánchez pueda presumir y todas son parches económicos de dudoso resultado: la subida del SMI que ya ha tenido un efecto negativo en el mercado labora, el aumento salarial a los funcionarios, la extensión de una Sanidad que ya era prácticamente universal o la vinculación de las pensiones al IPC que en realidad había pactado Rajoy en sus PGE. Otras de las cosas que reivindica rozan lo cómico, como decir que se ha conseguido despolitizar TVE.

Por no conseguir, el Gobierno ni siquiera ha conseguido sacar a Franco de su tumba: por mucho que el Consejo de Ministros lance este viernes un nuevo decreto lo cierto es que el dictador seguirá en el Valle de los Caídos mucho después de finiquitada la legislatura.

Es obvio que ocho meses en Moncloa pueden no dar para mucha acción de gobierno, pero acabamos de comprobar que para algo sí que dan: un desastre permanente y un fracaso estrepitoso.

Después de Sánchez, la barahúnda
José García Domínguez Libertad Digital 16 Febrero 2019

Va a caer el Gobierno, otro más, pero lo que no se va a terminar sino todo lo contrario es la inestabilidad parlamentaria crónica que inauguramos en el año 15, cuando ya resultó imposible por primera vez arbolar una mayoría estable en las Cortes. La inestabilidad como un rasgo estructural y permanente del paisaje político español, ese subproducto de la final voladura incontrolada del bipartidismo heredado de la Transición, la que ha tenido como principal consecuencia una fragmentación en seis siglas de los espacios electorales de derecha e izquierda que hace imposible, de facto, consumar legislaturas completas con un mismo presidente en La Moncloa. Hay quien aún no se ha dado cuenta, pero España es, y desde hace cuatro años, una reproducción a escala de la Italia caótica e ingobernable de la década de los setenta, cuando los primeros ministros de la democracia cristiana hacían complejísimos encajes de bolillos mercadeando favores con una docena de pequeños partidos para dar forma a raquíticas, precarias, agónicas mayorías parlamentarias que, en el mejor de los casos, duraban medio año antes de derrumbarse a la primera de cambio. Y vuelta a empezar.

La barahúnda como rutina cotidiana. Quizá un escenario idílico para los anarquistas de todo pelaje y condición, tanto los de izquierdas como los de derechas, pero un desastre para todos cuantos aún conserven un mínimo, elemental sentido del Estado dentro de la cabeza. En un clima anímico colectivo tan volátil como el que rige en la España de hoy, instante errático en el que siglas que eran estrictamente marginales hace apenas meses se pueden convertir en determinantes para formar Gobierno, lo único que todas las catas demoscópicas dan por cierto a estas horas es que ninguna coalición formada por solo dos partidos, ya fuesen PP más Ciudadanos o un acuerdo de estos últimos con el PSOE, rozaría siquiera el umbral mínimo de escaños necesario para configurar un Ejecutivo estable. Esa partida, como mínimo, se tendrá que jugar, sí o sí, a tres bandas. Algo que, en caso de una hipotético sumatorio heteróclito de las izquierdas y el catalanismo ahora asilvestrado, nos abocaría a la repetición del escenario tormentoso actual, con la agravante añadida de una condena en firme para los golpistas. Una galerna dentro de un tifón.

La hipótesis alternativa, que el agregado de las tres derechas alcanzara la mitad más uno de los escaños, desembocaría, y más pronto que tarde, en una vulnerabilidad no muy distinta. El formato andaluz, que es el único que aceptaría Rivera en una situación tal, exigiría de Vox el disciplinado, humilde, gratuito y silente -sobre todo silente- asentimiento en las Cortes a cuanto acordaran PP y Ciudadanos desde un Gobierno del que, huelga decirlo, serían excluidos los de Abascal en medio de las preceptivas muestras de desprecio infinito de los Valls y Garicanos de turno. ¿Cuánto tiempo podría aguantar Vox eso? ¿Medio año? ¿Un año? Seguro que no mucho más. Hoy, España no se puede gobernar porque el pueblo español así lo ha decidido. Y puesto que no vamos a convencer al pueblo soberano de que está equivocado, tras el muy previsible fracaso, que será el cuarto, del próximo conato de completar una legislatura sin otra disolución de la Cámara, habrá que ir pensando en modificar la Ley Electoral. Por fin.

El problema no es Sánchez, es el PSOE
Mikel Buesa Libertad Digital 16 Febrero 2019

La convocatoria de elecciones generales a lado de las municipales, autonómicas y europeas genera una curiosa situación en la que algunos actores no se atreven a desvelar su posición política y, con ello, se entra en un juego de apariencias e hipocresías que recuerda a aquella secuencia que rodó Narciso Ibáñez Serrador en Historias de la frivolidad, en la que iban apareciendo, en parejas heterosexuales, muy emperifollados, entrando unos por la puerta, otros por la ventana, o saliendo de un armario, diversos personajes que se dirigían unos a otros, mientras entregaban a su partenaire, diciendo: "Su señora, señor", a lo que el aludido, tomando la mano de su esposa, contestaba: "Gracias, señor". Porque, en esta coyuntura, después de una legislatura doblemente fallida —por Rajoy y por Sánchez— en la que los problemas políticos —todos, aunque principalmente el de Cataluña— no sólo no han alcanzado solución alguna, ni siquiera provisional, sino que se han enquistado y agravado aún más, el dilema de los electores es saber con qué partido se puede contar para enfilar, con visos de estabilidad y permanencia, las reformas institucionales que necesariamente habrá que abordar. Unas reformas que, a día de hoy, carecen de cualquier consenso y que pueden orientarse en sentidos opuestos, de manera que lo que se juega no es otra cosa que la continuidad del sistema constitucional de 1978 o su abandono para entrar en una deriva de desmembración del país unida, eventualmente, a una transformación revolucionaria.

Es en este contexto en el que llama enormemente la atención la posición de Ciudadanos cuando evita pronunciarse acerca de sus posibles pactos postelectorales —y por cierto también del PSOE, aunque en un sentido diferente, pues su hipocresía se concreta en que parece querer jugar en los dos campos, el constitucional y el disgregador, a la vez—. Ciudadanos, en efecto, da la impresión de que quiere mojar su tostada en todas las tazas, dependiendo de las circunstancias, dice, lo que le lleva a no excluir ninguna posibilidad ni a derecha ni a izquierda. Sus estrategas piensan que pueden competir en el centro –lo mismo que los del PSOE y también los del PP– sin desvelar a priori con quién se encontraría más cómodo para gobernar o ayudar a la gobernación. Todo les vale en ese centro gaseoso que han idealizado, salvo el doctor Sánchez. Y así, sotto voce, dicen a unos y a otros que pueden pactar con "el PSOE no sanchista", e incluso ponen nombres encima de la mesa como los de Emiliano García Page y Javier Lambán que, como sabe el lector, no han experimentado ningún rebozo en gobernar con Podemos, la izquierda antisistema que anima la secesión de Cataluña.

Pero resulta que no estamos en el momento de la hipocresía partidaria, de la apariencia política necesaria cuando todas las opciones relevantes comparten una misma aceptación del núcleo institucional de la gobernación. Lo de ahora es otra cosa, pues tras años de deterioro político es urgente recomponer ese núcleo y se quiera o no hay, como ya he dicho, dos proyectos que pugnan para establecerlo. Y ya a nadie se le oculta que, en uno de los polos –el contrario al 78– está actualmente instalado el PSOE, no porque sea sanchista –que lo es–, sino porque desde hace muchos años el socialismo se ha ido acercando a él hasta asumir sus esencias.

El partido socialista nunca perdonó a la derecha que le desalojara del poder en 1996, que después gobernara Aznar dando un vuelco reformista a las instituciones y que, tras las inanes legislaturas de Zapatero, fuera Rajoy el que recuperara el poder. Para el PSOE, la alternancia en la gobernación del país se concibe como una anomalía, tanto más cuanto que, en una deriva imparable, desde la excepcional coyuntura que marcó el 11-M en 2004 y que le dio la llave de La Moncloa, su proyecto político se ha ido deteriorando a medida que abandonaba sus viejas esencias socialdemócratas a la vez que incorporaba todos los ismos que la postmodernidad –y sobre todo la premodernidad, como ocurre con el nacionalismo periférico o con los residuos del marxismo que no se derribaron con el Muro de Berlín– iba poniendo sobre la arena. Zapatero, un político avezado en el maniobreo del aparato partidario, pero carente de solidez ideológica, hizo cristalizar esa deriva. Y fue Sánchez el que la recuperó hasta plasmarla en la formación de un Gobierno apoyado por diez partidos, todos ellos comprometidos en el derribo del sistema político.

Por tanto, el problema no es Sánchez. Es el PSOE. Es un partido que ya no resulta confiable por más que aún permanezcan en él las viejas glorias que se comprometieron en la construcción de una Constitución para todos –a izquierda y a derecha–, pero que a día de hoy carecen de cualquier influencia tanto sobre sus bases militantes como sobre su dirección. Se confunde Ciudadanos –creo que voluntaria y conscientemente– cuando hace matizaciones sin sentido entre el PSOE y sus dirigentes, Sánchez incluido. Y al confundirse, desorienta también a los posibles votantes. Su opción electoral, tal como se define en este momento, no es clara; y dado que estamos en una coyuntura crucial, creo a mi pesar que no resulta confiable.

Gustavo Bueno Sánchez:"A Cs no le preocupa que se rompa España si sus partes siguen en la UE"
EMILIA LANDALUCE El Mundo 16 Febrero 2019

A los 17 años comenzó a pasar a máquina los escritos de su padre Gustavo Bueno Martínez. Tras su muerte se convirtió en el referente de la Escuela de Oviedo que custodia el legado del filósofo español que hoy cuenta con multitud de seguidores en todo el mundo. Además fundó Iberlibro y es el constructor principal del Proyecto de Filosofía en Español.

Escribió En defensa de España con Santiago Abascal.
Firmé ese libro con Abascal. Fue publicado por la DENAES y Ediciones Encuentro. Es una síntesis de obras de Bueno, preparada entre varios. Es de 2008, muy anterior a la existencia de VOX.

¿Es inconstitucional por querer abolir las autonomías?
VOX es un partido constitucional, legal, aunque también pasan por constitucionales y legales partidos que buscan romper España. La Constitución del 78 se hizo con muchas trampas; como la indefinición de nación y nacionalidad. Lo que luego ha ido sucediendo estaba en germen en la Carta Magna. VOX dice que no pretende salirse de la Constitución, en todo caso reconducir desde ella muchos excesos. Y la Constitución permite limitar tanto desmadre autonómico que hace peligrar la Nación española.

Muchos artículos, en los medios, se refieren a Gustavo Bueno como una de las almas de VOX.
Eso es algo atribuido, no carente de maldad. El éxito de VOX en Andalucía fue una sorpresa, que había que explicar. El reto que tiene VOX es afrontar su crecimiento, saber formar nuevos cuadros, evitar oportunistas. Es un caso inverso a lo sucedido con Podemos, reunión puntual de muchos grupitos y confluencias divergentes que ahora se fragmentan. Abascal tendrá que tener mucho cuidado con personas y grupos que ahora se acercan a VOX. Un partido que no fundó Abascal, sino quienes buscaron y aceptaron dineros mahometanos, viejos dinosaurios de la política promoviendo un partido defensor de España, pero tan viciado y corrupto como los anteriores. Cuando Abascal se dio cuenta decidió recomenzar de cero. Tiene mucho mérito lo que ha logrado Abascal con su núcleo duro.

Dicen que es un partido de ultraderecha.
Hoy algo es ultraderecha si una camada de periodistas dicen que es ultraderecha. Ultraderecha será en todo caso la derecha originaria, el carlismo, fuente del catalanismo y el PNV. Ultraderecha es rótulo que se empieza a utilizar a mediados del siglo XIX, cuando la izquierda liberal ya comienza a ser vista como derecha liberal.

¿Por qué VOX ha irrumpido con tanta fuerza?
Existe un hartazgo ante tanta impostura, estupidez y corrupción, un rechazo a tanta imposición ideológica; VOX defiende la unidad de España, la necesidad de adelgazar las autonomías, de ordenar una inmigración desmandada...

¿Se parece VOX al Frente Nacional o a Alternativa por Alemania?
No, Francia y Alemania son realidades distintas de España, que es católica, supo crear un Imperio generador y no es racista. Aquí se ha fomentado sistemáticamente la Leyenda Negra y la Memoria Histórica. Mucho dinero y negocio a costa de dividir y enfrentar.

¿Eso es un negocio? Cualquier persona tiene derecho a sacar a su tío abuelo de la cuneta en la que...
Sin duda, pero en sus quicios. Ha sido sencillo redirigir a miles de licenciados en paro, fomentar nuevas ONGs subvencionadas, engrasar instituciones ya existentes con nuevas causas, cientos de personas excavando, preparando materiales «didácticos», haciendo versitos, buscando víctimas de las que vivir. Se han potenciado supuestos problemas que no se resolverán mientras alimenten a quienes viven de la subvención.

La situación en Cataluña...
Ha mejorado desde que los secesionistas reconocen expresamente su voluntad de independencia. Descubrí el independentismo en Barcelona, en 1977, en una reunión de la Liga de los Derechos de los Pueblos, tras la Carta de Argel, que reconocía el derecho a la autodeterminación para sociedades aún colonizadas. Lo que era ridículo aplicarlo a España. El secesionismo catalán, jaleado por sectores de la Iglesia Católica, recibió durante la guerra fría buen impulso desde EEUU, buscando conjurar el peligro de una España comunista, peligro inexistente, pero exagerado por quienes vivían entonces del anticomunismo. La dejadez y complicidad han llevado al absurdo. El español está prácticamente prohibido, el Estado ha desaparecido de Cataluña. Pero, a pesar de todo, la situación es mucho mejor que cuando el Rey anterior recibía a los secesionistas, en su panfilismo campechano, con un «Hablando se entiende la gente...».

Los nacionalistas son los que no reciben al rey
Mejor, la situación está ya bien definida. El extremismo ha hecho dudar a élites económicas que desde siempre vivían de arrancar beneficios al resto de España. Ya no ven claro por qué puede interesarles el independentismo. Le interesa, por supuesto, a los cientos de periodistas que viven de TV3, a los miles de subvencionados que dan cuerpo a toda esta construcción. Pero las empresas se marchan. Detrás de la independencia existen intereses antiespañoles, de fuera de Europa, pero también de nuestros competidores europeos, aunque algunos no se lo quieran creer.

Suena un poco consp..
Que traigan aquí a un francés como candidato, de la mano de Ciudadanos, es algo ridículo y sintomático. ¿Por qué? Pues porque un partido como Ciudadanos, aunque se diga nacional español, es en realidad un partido europeísta. En su afrancesamiento a Cs no le preocupa la fragmentación de España, si sus partes se mantienen en el seno europeo...

Pero Cs apoyó la manifestación en Colón del pasado domingo a la que asistió VOX. Y para mañana habían convocado otra en Barcelona.
Pura conveniencia política, entre el pánico y la confusión. Ellos están por la Europa de las regiones, la Europa de los pueblos, esa Europa cuyo control ansiaba Hitler en su momento, y que siempre añora Francia. El papanatismo europeo es grandísimo. Se sigue repitiendo aquella estupidez que dijo Ortega, «España es el problema, Europa es la solución...». No, Europa es el problema de España, la Hispanidad su solución.

Van a reeditar España frente a Europa de Bueno.
Europa no existe como algo absoluto, eso es un mito. Hay muchas Europas, eso lo va describiendo Bueno muy bien. La Europa sublime de la época de Carlos V, la época imperial española, rota por el protestantismo y la emergencia de proyectos imperiales depredadores, ingleses, holandeses. Luego la Europa que se disputan Prusia, Alemania y Francia, con sus dos guerras mundiales, en las que España se mantuvo más o menos al margen. La supuesta germanofilia del régimen de Franco contrasta con la realidad de la neutralidad benévola. Moradiellos demostró las ayudas de Inglaterra al régimen de Franco durante la Guerra Civil... Pero la colaboracionista Francia tenía que sobreactuar para limpiar sus pecados.

España siempre ha sido Europa...
Por supuesto, como Suiza, pero hicieron creer que no lo seríamos hasta entrar en la UE: «vamos a ser europeos». Un mito. Y nos bajamos los pantalones ante esa Europa, aceptamos deshacer las empresas públicas, acabar con el carbón, limitar la leche... ni Talgo pudo hacer el Ave a Sevilla. El entreguismo fue total, pues Alemania y Francia impusieron sus condiciones. Pero España no es una realidad marginal, como suponían, tiene nervio y resiste... .

Pero si somos europeos y vivimos bien, qué tiene de malo que desaparezca España
La Europa de papel no existe al margen de las naciones. Esa Europa de las regiones controlada por Francia o por Alemania no es factible. Menos aún tras el abandono del Reino Unido. Por cierto, ¿seguirá siendo el inglés la lengua dominante en la UE? Esta Europa está condenada a convertirse, en 100 años, en un califato, por determinismo demográfico religioso.

Entonces...
La independencia de Cataluña no se va a dar, el secesionismo no tiene tanta fuerza. La tendencia va por otros derroteros, nadie quiere el ejemplo catalán en otros países de Europa. Este asunto todavía coleará y habrá que sanear a esos españoles enfermos, pero el verdadero problema de España es demográfico. España está en extinción, y aunque buena parte de los imbéciles políticos se tranquilicen diciendo que esto se resuelve con inmigración, no es tan sencillo. Muchos de los 205 millones de nigerianos estarían encantados de afincarse en España, aunque en su país no pasen hambre. La edad media en Nigeria es de 18 años y el 50% son musulmanes. Si el problema de España se resolviera por inmigración, ¿por qué no fomentar entonces que vengan diez millones de nigerianos? Porque estaríamos haciendo Nigeria 2. Y no es cuestión de racismo, sino de incompatibilidad entre quienes expanden su teocracia medieval, y quienes somos personas y no partículas de una umma.

Vivimos en sociedades seculares.
La ingenuidad francesa les hizo creer que con libertad, igualdad y fraternidad, triunfaría la racionalidad civil laica. Pero los hombres coranizados también tienen su racionalidad, bien potente, se conforman con poco en su vida sencilla y sometida, cómoda psicológicamente, cinco rezos al día y un buen objetivo, salvar a los infieles politeístas.

¿Y la Hispanidad?
La hispanidad es, pues nada bueno debemos esperar de Europa, nuestra realidad y porvenir. España, que durante tres siglos organizó un Imperio, es hoy tan heredera de ese Imperio como el resto de las repúblicas americanas, y no como madre, sino como una hermana más.

Pues casi somos la tercera potencia de Europa.
De Europa que vengan turistas... Hispanoamérica es nuestro aliado natural, como hijos de un mismo Imperio. La extinción demográfica de España se puede intentar paliar atrayendo hispanohablantes americanos, pues en España será muy difícil, casi imposible, remontar la repulsa a la maternidad, muy ideológicamente implantada.

¿Y eso no es racismo?
Racismo, ninguno. La tradición española, hispánica de siempre, ha sido siempre integradora. Somos católicos, tolerantes y armoniosos. ¿Cuándo se dieron cuenta los sucesores de los Reyes Católicos de que esa voluntad de integración bondadosa no funcionaba? Cuando cien años después hubo que expulsar a los moriscos. Un español puede ser ateo católico, un ateo musulmán es rara especie.

¿Es porque el Islam es una religión política?
Una teocracia que anula la libertad de la persona, algo que no alcanzan a entender tantos ideólogos. Esos que han jaleado el verde en la bandera de Andalucía, asumiendo como padre de la patria a un Blas Infante mahometano converso. Menos mal que todo ese islamismo andaluz es superficial, no tiene gran predicamento, y se puede revertir, como se ha visto con el fracaso de Podemos en Andalucía.

¿Cómo ve la ruptura de Podemos?
Podemos es aluvión de ideólogos varios, progres revenidos, gente frustrada, angustiados de la vida, visionarios metapolíticos de todo tipo. Podemos los juntó, prometió la bondad universal, renta básica, animalismo, de todo, a un público que vive estupendamente en un Estado de bienestar y seguridad social. Caldo de ideologías basura, subproductos del capitalismo realmente existente. Como los verdes en Alemania, los chalecos amarillos, subproductos asimilables por el sistema.

¿Cómo combina la hispanidad con el auge del indigenismo? En una universidad católica de EEUU han quitado los frescos de Colón.
El indigenismo va contra los Estados, agitado desde la Iglesia católica y por muchas sectas protestantes que buscan fragmentar para controlar, lo que también interesa a grandes empresas e intereses económicos. La cosa viene muy de atrás. Cuando se descubre el nuevo mundo, la Iglesia pretende usar el latín para controlar a los nuevos cristianos, a lo que ya se niega Fernando el Católico, que buscaba nuevos españoles. Intereses divergentes del trono y del altar desde el inicio del Imperio Español. Fueron criollos quienes movieron los procesos de las independencias, donde los indígenas quedaron relegados. Tras la Revolución de Octubre los protestantes fomentan el indigenismo, temerosos del comunismo. Mucho más tarde, cuando Francia y Alemania advierten, tras el éxito de las cumbres iberoamericanas y los encuentros del tercer sector, en los noventa, los fuertes lazos que renacían entre las naciones hispanoamericanas, reimpulsan el indigenismo, con sectores de la iglesia siempre dispuestos.

¿Pasó algo parecido en España con el nacionalismo?
Las autonomías actuales fueron diseñadas 15 años antes de la Constitución, en operación bien orquestada por el Congreso por la Libertad de la Cultura, con dineros de la CIA, y la complicidad de clérigos, carlistas y eurocomunistas al servicio de la socialdemocracia


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Una indigna utilización partidista del Gobierno
 larazon 16 Febrero 2019

Pedro Sánchez podría haber anunciado la convocatoria de elecciones hace 259 días, tal y como fue elegido presidente del Gobierno tras salir vencedor de la moción de censura el 1 de junio pasado, como así se comprometió, «en el menor tiempo posible». Pero no era esa su intención: lo ha hecho agónicamente y poniendo al Consejo de Ministros al servicio electoral de su continuidad. Por si quedaban dudas de que su llegada a La Moncloa era el primer paso –imprescindible– para hacer un uso partidista de las instituciones del Estado y ayudarse de ese poder para concurrir a unos futuros comicios cuando creyese que le podían ser favorables, ayer nos ofreció un ejercicio claro, con muy pocos escrúpulos. La declaración institucional, que tuvo lugar con el único objetivo de anunciar la convocatoria de elecciones legislativas el próximo 28 de abril, fue, desde la primera a la última línea, un verdadero mitin de campaña, oficiado desde la tribuna del Consejo de Ministros, sin empacho alguno, sin ahorrarse ataques impropios del cargo que todavía desempeña y culpando a la oposición de su propio fracaso por no conseguir aprobar los Presupuestos. Ni una mención a sus socios independentistas.

Se avecinan cuatro meses intensos con una campaña sin descanso, tensa, que, después del 28 de abril, se prolongará hasta el 26 de mayo para concurrir a las municipales, autonómicas en algunas comunidades y europeas. Sánchez podría haber propuesto la disolución de las cámaras de manera inmediata para alejar estas dos convocatorias, pero su interés estaba en aprovechar el Consejo de Ministros para sacar adelante la exhumación de Franco –una munición de fragmentación social muy eficaz, aunque de alto coste– o la reforma de la Lomce, que no se podrá aplicar. Pero basta con la propaganda, y dada la urgencia, es la primera vez que una ley aprobada por el Ejecutivo no pasa por el Consejo de Estado.

Estos detalles le deben resultar menores porque la estrategia de Sánchez, pautada por su director de campaña –a la sazón, jefe de gabinete– es construir un marco mental en el que se delimiten dos bandos. Y con toda razón, porque si no se ve la política desde una trinchera era realmente difícil digerir que el PSOE llegase al Gobierno gracias a los votos de los que meses antes protagonizaron un golpe en toda regla contra la legalidad, ahora juzgados por graves delitos en el Tribunal Supremo. Es lógico que los partidos constitucionalistas que votaron en contra de este pacto, PP y Cs, hayan ejercido la oposición con contundencia porque se había sobrepasado una línea roja infranqueable hasta entonces. Es Sánchez quien ha sido desleal a los intereses nacionales; no la oposición, como ayer quiso hacernos ver. Ni siquiera alcanzó el Gobierno con un programa pactado y todavía hoy desconocemos en base a qué los independentistas le apoyaron. Las negociaciones abiertas con la Generalitat para «hablar de todo» –incluido el derecho de autodeterminación– nos dan alguna pista. «La derecha, con sus tres partidos, defiende un tipo de España en que no cabemos muchos», dijo ayer el presidente, con sumo cuidado para no ofender a los que con tanto ahínco buscaron acabar con la legalidad democrática, precisamente sus socios. No es extraño que en el PSOE se hayan levantado algunas voces. Ahora les toca hablar a sus votantes.

Es realmente complicado anunciar elecciones anticipadas y no dedicar ni una sola mención a los partidos independentistas que tiraron por la borda el pacto de la moción de censura al presentar sendas enmiendas a la totalidad a los Presupuestos. Es imposible si se ajusta a una política mínimamente racional y no se falta a la verdad. Sánchez lo hizo, sin consideración a la inteligencia de los españoles y a su propia honorabilidad. Muy al final de su intervención habló de «bloqueo a la tramitación de unos presupuestos sociales (...) como consecuencia de estos intereses partidistas». ¿Se refiere al bloqueo de los independentistas, que retiraron el apoyo a sus cuentas porque ponían como condición hablar de autodeterminación y a esas alturas el diálogo con los secesionistas estaba minando al PSOE? No, claro. Toda la declaración de Sánchez fue un ataque a la oposición, pero es tal su descaro que hasta esconde su intención de haber gobernando con los presupuestos del PP, también aprobados por Cs, los mismos que le puso encima de la mesa al PNV –especialmente por las ventajas para la comunidad vasca– para conseguir su apoyo. Si no lo ha hecho es porque cree que este es el momento más propicio a sus intereses para convocar elecciones. Por lo tanto, la campaña electoral ya ha comenzado y todo indica que el guión fue el expuesto ayer desde el Consejo de Ministros: ataque frontal al centroderecha bajo un lema clásico de la izquierda ortodoxa –¡que vuelve el fascismo!– ante la posibilidad de que se repita el pacto andaluz y ni un feo al independentismo, por si sus votos son necesarios para regresar a La Moncloa. Este último punto no lo quiso aclarar, todavía.

Desesperado, avinagrado, desleal y mentiroso

OKDIARIO 16 Febrero 2019

Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales para el 28 de abril y lo ha hecho, sin rubor alguno, aprovechando el atril institucional de La Moncloa para dar su primer mitin de precampaña y pedir el voto a los españoles atacando a la oposición desde un lugar inapropiado. Una actitud reprobable que evidencia la desesperación del socialista por la pérdida de poder, al que ha tratado de aferrarse sin éxito hasta el último instante, y demuestra, además, el escaso respeto que el aún presidente profesa –y ha profesado– hacia la institución que la moción de censura y no las urnas le encomendó representar: el Gobierno de España.

Un avinagrado y largo discurso en el que Sánchez, haciendo gala de su narcisismo habitual, no ha dado la más mínima muestra de autocrítica. El presidente ha sacado pecho por las leyes que se han aprobado desde junio, la mayor parte de ellas, por cierto, a golpe de decreto ley, un instrumento diseñado únicamente para medidas urgentes y de excepcionalidad que, sin embargo, el Gobierno ha usado de manera indiscriminada ante la imposibilidad de gobernar con 84 diputados y de llegar a pactos coherentes con la amalgama de independentistas, proetarras y nacionalistas que lo llevaron a la Presidencia. Sánchez, a menudo rehén de su autocomplacencia, tenía demasiados diezmos que pagar a sus socios de Gobierno y esto, tal y como se ha demostrado, no ha sido más que una estrategia cortoplacista que ha puesto fin a una agitada legislatura que ya se vislumbraba breve desde el principio, aunque no por ello menos dañina para España.

No obstante, el jefe del Ejecutivo, que por supuesto se ha sacudido de cualquier responsabilidad, no ha perdido la ocasión de atacar a una oposición que, según él, se ha aliado de manera consciente y estratega para cosechar crispación y bloquear la toma de decisiones gubernamentales al tumbar los Presupuestos. Olvida Sánchez que sus cesiones a ERC y PDeCAT han erosionado la fortaleza del Estado, que el privilegiado tratamiento de jefe de Estado que se le ha dado a Quim Torra durante el pasado diciembre ha humillado a todos los españoles, que la conformación de una mesa de partidos con la figura de un relator ha sido una deslealtad y que sus intentos de interferir en la independencia del Poder Judicial para rebajar el delito de rebelión a sedición de los golpistas catalanes han debilitado el marco constitucional y han puesto en entredicho la legitimidad de la Justicia. No ha sido una connivencia entre la derecha y los separatistas la que ha acabado con Sánchez, sino las mentiras, la arbitrariedad y la soberbia de un presidente del Gobierno que, a tenor de los acontecimientos, jamás ha estado a la altura de su puesto.

Las elecciones son una oportunidad para España
EDITORIAL El Mundo 16 Febrero 2019

"Hay derrotas parlamentarias que son victorias sociales". En esta sentencia, pronunciada ayer desde el atril de La Moncloa, están encerrados tanto el carácter personal como la estrategia política de un presidente del Gobierno que ha pretendido construir el liderazgo que le negaron las urnas poniendo a su servicio las instituciones del Estado. Porque aunque es verdad, como se intentó justificar Pedro Sánchez, que la moción de censura es un procedimiento perfectamente regulado en la Constitución, también lo es que el líder del PSOE dañó su propia legitimidad para ostentar el cargo, en primer lugar por haber mentido al Congreso y a todos los españoles. Sánchez aseguró en la Cámara que convocaría elecciones en el más breve plazo posible para desmentirse días después y confesar su intención de nombrar un Ejecutivo monocolor -pese a contar sólo con 84 diputados- y acabar la legislatura en 2020.

Pero, en segundo lugar, el presidente del Gobierno, ignorando conscientemente que las mociones de censura han de ser constructivas, no presentó nunca -como habría sido preceptivo- un programa político para que fuese ratificado por los grupos parlamentarios que le ayudaron a desalojar del poder al PP de Rajoy, la fuerza política más votada. Nunca se sometió a una moción de confianza, como anunció, porque su único objetivo fue siempre permanecer en el poder, a cualquier precio, y convertir el Poder Ejecutivo en un auténtico comité electoral con el que intentar fabricarse un perfil de hombre de Estado, ecuánime y dialogante pero de marcado acento izquierdista.

En este sentido, su comparecencia de ayer, degradada de declaración institucional a mitin electoral, es el resultado de esa estrategia. Sin haber podido implementar ninguna medida de gran calado, Sánchez se ha arrogado unos méritos que no son suyos, sino fruto de la inercia reformista de la legislatura anterior, como el aumento salarial de los funcionarios o el incremento del poder adquisitivo de las pensiones. No es de extrañar, por esto, que las dos medidas presentadas tras el Consejo de Ministros hayan sido la aprobación de una ley educativa que nunca verá la luz -pero que le ha permitido a Celaá hacer una declaración de intenciones con descarado acento partidista- y la reforma de la Ley de Memoria Histórica para proceder, en un plazo de 15 días, a la exhumación de los restos de Franco, prohibiendo a la familia que traslade los restos a la Almudena y despreciando la opinión de la Iglesia, tal y como exigen los acuerdos con la Santa Sede. Ni siquiera Zapatero, que logró romper el consenso de la Transición y polarizar a la sociedad española, llegó tan lejos en la elaboración de un discurso guerracivilista y anticlerical.

En este tiempo y pensando en clave electoral, Sánchez ha jugado a ser un falso equilibrista capaz de aceptar de la izquierda radical propuestas económicas imposibles de financiar y que ponían en riesgo el equilibrio de las cuentas públicas, a la vez que contentaba a la derecha del PNV con otras que no interferían con sus compromisos patronales, como el acercamiento de presos de ETA a cárceles del País Vasco o la fecha para ejecutar una demanda histórica del nacionalismo vasco: la transferencia de las competencias sobre prisiones. Sin embargo, el baldón más deshonroso de su mandato ha sido su indisimulada complicidad con el separatismo, llegando a poner sobre la mesa el cuestionamiento de la soberanía nacional y la integridad territorial.

En Pedralbes, donde se escenificó una cumbre de igual a igual entre dos Estados, Sánchez recogió unos 21 puntos infames que incluían la creación de una mesa de partidos para eludir de facto el control del parlamento autonómico y la designación de un relator que levantara acta de unas negociaciones en las que no se excluía hablar de la autodeterminación de Cataluña o del cuestionamiento de la Monarquía. Lo que Sánchez llama diálogo -en el que ayer se reafirmó de forma teatral con un "siempre, siempre, siempre"- se ha traducido en el levantamiento de la auditoría sobre las cuentas de la Generalitat, la creación de embajadas sin ningún control, la intimidación impune de magistrados del Supremo por parte de grupos radicales bendecidos por Torra y la presión a la Abogacía del Estado para que cambiase su criterio en la acusación, poniendo sedición donde antes decía rebelión.

Pero el anuncio de la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones desvelan la peor cara populista de Sánchez y confirman que el aventurerismo político es el principal rasgo de su carácter. Queriendo repetir su épico regreso a la secretaría general del PSOE tras haber sido descabezado, Sánchez demuestra que actúa al margen de los barones de su partido y que solo le importa la rehabilitación de su figura, porque es su propia suerte la que está en juego.

Esa es la razón por la que llamó a la "movilización" no sólo del electorado socialista sino de todos los que quieran que se lleve a cabo un programa político que ha sido imposible desarrollar por culpa de las "derechas" de Colón. Con la elección del 28 de abril, a menos de un mes de las autonómicas y municipales, Sánchez pretende también ser quien condicione la inevitable política de pactos poselectorales en un escenario en el que el bipartidismo es ya historia y la incertidumbre sobre el sentido del voto es cada vez mayor. Será difícil formar gobierno antes de conocer los resultados de mayo.

La convocatoria de elecciones, sin embargo, es una buena noticia para la ciudadanía, ya que los españoles tienen la oportunidad de dejar atrás un lamentable periodo de inestabilidad política marcado por un personalismo excesivo. España se merece un tiempo nuevo de recuperación institucional y seguridad económica.

El hombre si centro
Juan Manuel de Prada ABC 16 Febrero 2019

En su célebre clasificación de las formas de gobierno, Aristóteles no muestra demasiado interés en pronunciarse a favor de una u otra; le interesa, en cambio, la distinción entre gobiernos virtuosos, que atienden a la consecución del bien común, y gobiernos degenerados, que atienden a la consecución de intereses particulares. El gobierno del doctor Sánchez debe considerarse, desde luego, entre los degenerados; pero no -como se desgañita el demócrata tremendo- porque alcanzase la poltrona presidencial en un enjuague parlamentario y no en unas elecciones, sino porque en todo momento se ha guiado por la consecución de intereses particulares. Que no son, por cierto, los intereses de los catalanes, ni los intereses de su partido, ni los de ningún otro grupo, bandería o secta… sino los suyos propios. Al doctor Sánchez, desde que puso el culo en la poltrona, no lo mueve otro afán sino su propio beneficio; e inevitablemente, llegado el momento de abandonar la poltrona, ha elegido también el momento que más convenía a su estricta salvación personal, que es lo único que interesa al resentido.

Todas sus negociaciones o contubernios con los separatistas no eran, a la postre, más que un señuelo. El doctor Sánchez no hizo otra cosa sino marear la perdiz, para poder escenificar después la ruptura con los separatistas, haciéndose la estrecha. De este modo, logró que la derecha montase una manifestación cuyas reclamaciones pudo presentar ante sus adeptos como exaltadas o paranoicas; y, a la vez, provocó el enfado de los separatistas, que le retiraron el apoyo a los presupuestos. Y esta era la fotografía que el doctor Sánchez anhelaba: la de un estadista moderado a quien hostigan a la vez una derecha/mastín que lo acusa de negociar con los separatistas y unos separatistas/perros del hortelano que se niegan a apoyar unos presupuestos beneficiosos para Cataluña. De este modo, el doctor Sánchez aparece ante las masas cretinizadas como un «hombre de centro»; cuando en verdad se trata de un «hombre sin centro», un hombre sin alma ni sustancia que, durante todos estos meses, no ha sido más que una «voluntad pura» poseída por la voluptuosidad de destruir, enviscando a unos españoles contra otros, suscitando siempre «antagonismos» que provocaran polarizaciones cada vez más enconadas. Nada ilustra mejor esta actividad propia del «hombre sin centro» que su empeño por enviscar a los españoles con la exhumación macabra de los huesos de Franco; empeño con el que sólo ha logrado desenterrar… la figura de Franco, que los jóvenes acaban de descubrir, en muchos casos con franca e indisimulable fascinación.

A este «hombre sin centro» nada le importa causar daños colaterales, con tal de satisfacer el interés propio. El principal damnificado de su convocatoria electoral será el Tribunal Supremo, que tendrá que juzgar a los políticos separatistas en medio de una campaña política que convertirá cada avatar de ese juicio en una pitanza de carroñeros. Si algo ha demostrado el llamado «procés» ha sido el desfondamiento de un Estado cuyos poderes legislativo y ejecutivo se han mostrado por completo incapaces de arrostrar el reto; y, en medio de este desfondamiento, sólo el poder judicial ha dado muestras de entereza. Al convocar unas elecciones mientras se celebra un juicio tan determinante, el doctor Sánchez no hace sino arrojar al Tribunal Supremo a los pies de los caballos, brindando carnaza para las trifulcas electoreras y abonando las tesis separatistas que denuncian la politización del poder judicial. Pero a un «hombre sin centro», en su apetito voraz de provecho propio, nada le importa causar daños colaterales, ni siquiera cuando implican a las más altas instituciones.

La izquierda y el separatismo
Javier Orrico Periodista Digital 16 Febrero 2019

Han tenido que ser dos fiscales los que contesten y desnuden, por primera vez desde las instituciones del Estado, la condición esencialmente xenófoba y reaccionaria del separatismo. Durante cuarenta años, hasta este juicio contra los golpistas catalanes, el acomplejado Estado democrático ha contemporizado, cuando no apoyado y sufragado, las llamadas “construcciones nacionales” que en el País Vasco y Cataluña emprendieron desde el primer minuto los nacional-racistas de ambas regiones.

El desdichado argumento principal para la cesión permanente y el silencio ha sido el de que en democracia se puede hablar y defender todo. Y no. Por ejemplo, no se debería poder pregonar ni pretender el fin de la propia democracia, como hicieron los golpistas. Hablo de la ciudadanía, la noción ilustrada que ha impulsado el progreso de los dos últimos siglos y que constituye la razón fundacional de las democracias: la que garantiza la igualdad ante la ley, por encima del sexo (por eso no son democráticas las llamadas leyes de género, lo que no supone en absoluto sostener la menor tolerancia contra los criminales, del sexo que sean), de la raza o de la cuna. Del territorio de la cuna, también y principalmente.

Y algo mucho más importante: la ciudadanía es la superación de la identidad, esa falacia colectivista que vino para sustituir a las religiones y a los totalitarismos. “Identidades asesinas” como las llamó, con precisión, Amin Maalouf, y que entre nosotros produjeron casi mil asesinados a manos de una banda de criminales identitarios: la ETA. En una democracia moderna la identidad, los sentimientos, se quedan en la intimidad de cada uno. Y en el espacio público no hay más identidad que la Ley. La misma para todos, a la que nos debemos y que nos salvaguarda. Usted puede llorar de emoción al escuchar al vibrante Torra o a fray Junqueras, o rezarle a Messi, pero en su casa. Su llanto no puede ser jamás un factor de organización del Estado ni un valor político de ninguna clase. En España no hay pueblos, hay ciudadanos, es decir, personas sujetas a un ordenamiento jurídico que nadie se puede saltar por muy nacionalista catalán o vasco que sea, salvo que lo decidamos todos.

Hete aquí, sin embargo, que en la España supuestamente constitucional, la que se refunda en 1978 para acabar, entre otras cosas, con los privilegios que el franquismo había otorgado a catalanes y vascos (leer el relato que el C.F. Barcelona hace de la historia de las medallas que le concedió a Franco mueve casi a ternura ante tanta desvergüenza, lo que no es sino el correlato de las invenciones historicistas del nacionalismo), el Estado ha terminado por ser el garante principal de la desigualdad, el que ha cedido a que las regiones más ricas de España hayan levantado, de hecho y de derecho, estados propios para sostener la idea criminal en la que se sustenta todo nacionalismo: la de que unos pueblos (todos mezclados, por lo demás) son superiores a otros. Es decir, la de que hay supuestas etnias y apellidos que determinan y justifican la supremacía moral, intelectual, económica o laboral de unos ciudadanos sobre otros en función de su lugar de nacimiento o de su lengua.

Esta es la idea que nadie desde el Estado ha combatido -salvo Felipe VI hace un año-, ningún presidente del Gobierno, hasta hubo alguno, como Zapatero, que la promovió, o que calló culpablemente, en el momento más crítico, como Rajoy. Nadie nunca ha realizado un alegato para descalificar esa injusticia como se merece. Como lo que es: el sustento de los verdaderos fascismos, del facherío ‘nazionalista’ y de la izquierda resentida que los apoya hoy y desde hace al menos quince años con todo descaro, y solapadamente desde mucho tiempo atrás.

Aquí mi estupor. ¿Cómo puede presentarse la izquierda que decía defender esos valores en gobiernos y ayuntamientos como aliada de los racistas catalanes, de los herederos de los asesinos por odio vascos, de los que niegan a la gente el derecho a estudiar o trabajar por cuestión de lengua en Baleares o Valencia, que ahora ya la teleprogre nos escribe València, expulsando la lengua común hasta de la toponimia? Mirar hoy hacia el País Vasco, Navarra, Baleares, Valencia o Cataluña y ver a los socialistas acompañando, compadreando o buscándoles salidas a los nacionalistas étnico-lingüísticos de todas esas regiones, cuando no gobernando con ellos, resulta sencillamente detestable. Por no hablar de Unidas Podemas, encantadas en sus mareas plurinacionales, ese disparate que sólo puede curarse viajando. Aunque, al parecer, Podemas viajan poca.

El separatismo es, en fin, el mal. El mal en sí mismo. Porque siempre es supremacista. Porque se fundamenta en el desprecio hacia aquellos de los que quiere separarse. Estamos ante una idea abominable que hay que combatir. Y acabar con ella empieza por desvelar su naturaleza reaccionaria, contraria a la ilustración y al progreso que entendemos como el camino hacia un mundo unido. Que empieza en Europa. El separatismo es el que ha movido el Brexit, detrás del cual no está más que el viejo racismo anglosajón germánico, la convicción de que se trata de pueblos superiores que viven mejor solos. La que sostienen Torra o el PNV.

Por eso, lo progresista es hoy defender la bandera constitucional. Y los que están contra esta España de todos son los verdaderos fachas, la eterna desgracia de esta España desdichada que, teniéndolo todo, se empeña una y otra vez en destruirse a sí misma.

Buscaban un alcahuete
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 16 Febrero 2019

La oligarquía bifronte -ERC y Crida, Crida y ERC, tanto monta, monta tanto- tiene prisionera a la mayoría social de Cataluña gracias a un sistema electoral caciquil, que prioriza el voto de los tractores y purines rurales sobre el de las empresas y los ordenadores urbanos. La Constitución española impone al Gobierno del Estado el deber de salvaguardar el derecho de todos los ciudadanos del Reino a vivir en condiciones de libertad e igualdad, por lo que quienes desempeñan dicho Gobierno tienen la obligación de intervenir para rescatar a las víctimas de un secuestro inicuo, sancionando a sus captores. Este es el procedimiento que las fuerzas del orden público siguen en el espacio tenebroso de la depredación sexual para liberar a las mujeres cautivas y explotadas en los puticlubs de carretera.

El procedimiento es muy distinto y bochornosamente complaciente cuando el Estado debe intervenir -y no lo hace- en el espacio no menos tenebroso de la depredación política, para liberar a la mayoría social de cuatro provincias españolas que vive oprimida por el supremacismo identitario evadido del marco legal. El desamparo que padece esta mayoría social es peor que el de las sin papeles esclavizadas. El Gobierno que debería acudir en su auxilio la abandona, y no por desidia sino por su complicidad con los abusadores.

Se armó la gorda
Y entonces, el amancebamiento entre los explotadores de la mayoría social catalana y quienes toleran el expolio engendró un "relator". El títere que faltaba en el burdo guiñol. Y se armó la gorda. Para edulcorar el fruto malparido del pacto espurio, el gurú Enric Juliana lo presentó como un "secretario de actas" que desempeñaría su función "en las reuniones entre partidos catalanes que tendrían como objetivo intentar hallar una salida al laberinto" ("Venezuela es el marco de combate", LV, 7/2). Muy normal si no fuera porque Juliana evoca, desde el título de su artículo, la crisis venezolana. Tres veces alude en el texto a Venezuela, aunque le sale el tiro por la culata. Le escandaliza al gurú que los partidos y sociedades civiles constitucionalistas acusen a Pedro Sánchez de "alta traición", pero si este es un émulo de Maduro que apela a todos los fraudes para conservar la poltrona, la razón está de parte de quienes suman sus fuerzas para librar a España del "felón".

En verdad, son muchos -si no todos- los supremacistas y sus afines que rezan a sus santos laicos por la salvación del dictador Maduro. El locuaz diputado de ERC Joan Tardà lo hace sin disimulo (El Nacional, 23/1), y el sociólogo Manuel Castells lo secunda con más discreción ("¿Intervención en Venezuela?", LV, 9/2). Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Quim Torra, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y toda la corte de los milagros golpista son ramas del tronco narcisista y autoritario del que brotó el fruto Maduro, hoy podrido. Este crápula fue el único jefe de Gobierno, en todo el mundo, que se fotografió desplegando orgullosamente una estelada con estrella roja en compañía de militantes secesionistas visiblemente regocijados (El Periódico, 28/4/2017).

El fantasma de la derecha
Los supremacistas y sus compañeros de viaje políticos y mediáticos siguen catalogando con persistente malevolencia a todas la oposición constitucionalista como "extrema derecha", sin reconocer la preponderancia de centristas y liberales. Pero el hecho de que Felipe González, Alfonso Guerra y todos los socialistas leales a la E de su sigla denunciaran sin eufemismos "la degradación institucional" que traerá consigo la política sanchista, ha terminado de desbaratar este engañabobos, y por lo tanto ahora la comparsa rebelde incluye explícitamente entre sus enemigos al "socialismo de derechas" (Isabel García Pagan, "Y si no, ¿qué?", LV, 9/2). Bienvenido sea.

Igualmente, Marius Carol se empecina en agitar el fantasma de la derecha ("Madrid es una olla (a presión)", LV, 9/2) cuando declama: "Pablo Casado, que tiene tanta prisa que corre el riesgo de tropezar, se ha pasado la semana abriendo la espita del gas". Pero Carol reconoce involuntariamente su propio punto débil al agregar que "la memoria es frágil como la porcelana de Sèvres", porque si no fuera así recordaría que él mismo escribió ("Salir de la rueda del hámster", LV, 4/12/2017):

O enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba.

¡Vaya espita del gas la que abre esta tan drástica como acertada advertencia, que reproduzco periódicamente en mis artículos citando siempre a su autor!

Derecho de pernada
No es extraño que la tropa de embaucadores haya puesto como condición a los entreguistas de la Moncloa que, como es habitual en las tratativas entre competidores mafiosos, estuviera presente un conchabado para avalar la transacción. En este caso la cesión, por parte del Gobierno, del derecho de pernada sobre la mayoría social de Cataluña. Lo cual obligaba a utilizar como relator, mediador o facilitador (Lola García dixit), a un alcahuete acomodaticio. Con el añadido de que el personal de este gremio está muy solicitado, en razón de lo cual ofrece un sinfín de posibilidades a charlatanes profesionales de distinto pelaje, preferiblemente hostiles a la sociedad abierta y enrolados en el bando antisistema, anticapitalista y antiglobalización, sin hacer ascos al cambalacheo con seres humanos.

A la cabeza de la lista de alcahuetes disponibles en el ámbito internacional figura desde tiempos inmemoriales Noam Chomsky, siempre dispuesto a demonizar las democracias occidentales, seguido por dos premios Nobel de la Paz igualmente belicosos: el argentino Adolfo Pérez Esquivel, empedernido correveidile de terroristas y guerrilleros, y la impostora guatemalteca Rigoberta Menchú, cuya falsa biografía la hizo acreedora a dicho premio.

Sin ir tan lejos, aquí tenemos a José Luis Rodríguez Zapatero, sonriente mercenario al servicio del sátrapa Maduro. Y al exjuez Baltasar Garzón, dúctil amanuense de la cleptócrata Cristina Fernández de Kirchner. La carrera del celestinazgo político también es promisoria para el futuro del doctor Pedro Sánchez cuando vaya próximamente al paro, porque siempre habrá dictaduras que necesiten servidores expertos en trabajos sucios, con conocimiento de idiomas. El proxenetismo político es una profesión muy rentable y por lo tanto apetecida.

Liberar a los catalanes
Tras el fracaso de la Operación Alcahuete -esperemos que definitivo, aunque ello depende de la cohesión del frente constitucionalista- el paso siguiente consistirá en liberar de sus ataduras políticas, sociales, culturales y económicas, a los catalanes, la mayoría de los cuales continúan aprisionados y desvalijados por los patrocinadores del trapicheo venal y sus secuaces. Andalucía marca el camino. La manifestación del 10-F lo pavimenta.

Ordóñez frena a Casado
Vicente Torres Vicente Torres Periodista Digital 16 Febrero 2019

Los etarras no cometían sus atentados contra personas concretas, sino contra España. Pretendían aterrorizar a la población para que el Estado les concediera sus demandas. Tras cada atentado, España se desentendía de las víctimas, abandonándolas a su suerte. Eso era exactamente lo que ETA quería, porque acrecentaba el temor que podía sentir de los españoles.

A la vista del desinterés del Estado, las víctimas se constituyeron en asociación, lo cual debió de constituir una vergüenza para los partidos políticos, por no haberlas sabido atender hasta el momento. Lejos de eso, se apresuraron a manipularlas y utilizarlas en su beneficio, o a desprestigiarlas ante la opinión pública, para que no pudieran impedir sus trapicheos y nauseabundas negociaciones con la banda terrorista.

Como consecuencia de esa actitud tan lamentable e indigna de los partidos políticos surgieron otras asociaciones, como Covite, por ejemplo, presidida por Consuelo Ordóñez.

Covite jamás se ha dejado manipular por ningún partido, ni ha entrado en política. Por eso mismo, se le intentó reventar desde dentro, pero Ordóñez y su equipo resistieron bien el envite y la asociación sigue viva, gracias sobre todo a las donaciones de los particulares que la importancia que tiene, fundamentalmente, para preservar la dignidad del país entero, pisoteada sin cesar, ante la inoperancia de las autoridades, que permiten que un número ingente de sinvergüenzas muestren su condición, con chulería y desplantes, además. Pero ahí está Covite, señalando los hechos y sonrojando a quienes con su dejadez los permiten.

Y ahora aparece Casado presumiendo de algo que no ha hecho, y si ha hecho algo ha sido exactamente lo contrario de lo que debería y pensaba que Ordóñez se iba a callar. Naturalmente que no se ha callado, sino que se lo ha dicho bien claro. Si Casado fuera un señor, se suscribiría a Covite y con ello contribuiría a defender la dignidad de España.

Polémica
Consuelo Ordóñez acusa a Casado de "banalizar el terrorismo"
La presidenta de Covite critica al líder del PP por sus analogías entre ETA y el independentismo
efe / san sebastián la opinion 16 Febrero 2019

La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo, Covite, Consuelo Ordóñez, ha criticado al presidente del PP, Pablo Casado, por "banalizar el terrorismo" con sus analogías entre ETA y el independentismo, al tiempo que ha pedido a todos los partidos que no utilicen a los afectados por el terrorismo.

"Lo que está pasando con el independentismo en este país es muy grave pero no tiene ni punto de comparación con el terrorismo. Las dos cosas no tienen nada que ver", ha zanjado Ordóñez en declaraciones a Efe.

Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, el concejal del PP asesinado por ETA en 1995 en San Sebastián, ha calificado de "intolerable" que se "utilice" a las víctimas del terrorismo para "sacar rédito político" y ha pedido a los partidos que no las usen para hacer campaña electoral.

"Lo que nunca vamos a consentir es que ningún político se apropie de la representatividad de las víctimas y que confunda que por tener víctimas con cargos políticos a su servicio, que es perfectamente legítimo y respetable, se arrogue la representación de todas ellas", ha recalcado.

Consuelo Ordóñez, quien ha querido dejar claro que ella solo habla en nombre de Covite, ha dicho que si hay algo que "siempre ha caracterizado" a este colectivo ha sido "su independencia de los partidos", aunque ello le haya costado "un alto precio". "Siempre, al final, hemos tenido que ser oposición de todos los Gobiernos", ha asegurado.

La presidenta de Covite ha advertido de que "saldrá a denunciar cualquier cuestión que afecte al interés general de sus representados" y, por ello, ha pedido a los partidos que les "dejen en paz" en la campaña electoral. "Con todos los temas que hay ¿Es necesario?", se ha preguntado.

"Lo que digo, lo mantengo"
El líder de los 'populares' ha indicado que "nunca" va a polemizar con las víctimas del terrorismo pero ha recalcado: "Yo lo que digo, lo mantengo. Y no lo mantengo yo, lo mantienen muchas víctimas".

Aunque ha dicho que él no representa "a todas las víctimas", ha destacado que "igual" que habla de los parados puede hablar de lo que las víctimas del terrorismo le transmiten, según ha dicho, que "no están de acuerdo ni con el acercamiento de presos a las cárceles del País Vasco" ni con que se "reedite esa mesa de partidos con relator".

A este respeto, ha subrayado que "el entorno abertzale" ya ha dicho que la mesa de partidos con relator lo "inventaron ellos mucho antes", al tiempo que ha recordado la "semejanza de la kale borroka" en las calles de Cataluña con las que vieron en su día en el País Vasco con "los cajeros automáticos ardiendo".

"Eso tengo derecho a decirlo sin tener apelar a ningún colectivo de víctimas en concreto y con absoluto respeto porque no todas piensan igual", ha manifestado, para recordar que la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Mari Mar Blanco, forma parte de la dirección nacional del PP.

"Un tema importante para el PP"
Además, Casado ha recordado que él siempre ha dicho que reivindicará un "pilar fundamental" como es mantener el "relato" de lo que ha pasado en el País Vasco frente a los que quieren "cambiarlo".

"Si hay algunas víctimas que no están de acuerdo con mis palabras lo respeto y tendrán mi admiración y apoyo, pero también tengo el derecho y la libertad de opinar de un tema que, por cierto solo opina el PP porque para nosotros es importante", ha aseverado.

En este sentido Casado ha asegurado que "hay otros partidos que piensan que eso no da votos" pero "a lo mejor" no los da pero a él "los votos" le dan "igual". "Junto a Cataluña, es una de las razones de ser de mi actuación política", ha concluido.
 


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