AGLI Recortes de Prensa   Lunes 18  Febrero 2019

Españoles sin madre
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 18 Febrero 2019

Conmemorar el "Día de las lenguas maternas", como hace el Ayuntamiento de Barcelona, parecería uno de tantos tinglados que para arruinar a esa desventurada ciudad montan Ada Colau & The Pissarellos. La idea es particularmente absurda, porque todas las lenguas son maternas. La UNESCO considera como principio básico para una buena escolarización que el aprendizaje tenga como lengua vehicular la materna del niño; y en los últimos años del franquismo, aunque el catalán no padecía en Barcelona las restricciones escolares que sufre hoy el español, todos los partidos decían que la declaración de la UNESCO de 1964 establecía como derecho humano inalienable de todos los niños el de educarse en su lengua materna.

Pero poco antes de llegar la democracia, ese derecho humano tan indiscutible pasó a ser discutido y descartado por los pedagogos del PSC y el PSUC, verdaderos instauradores de la "normalización" lingüística. No la llamaban "arma de las fuerzas de ocupación" como la extrema izquierda separatista y terrorista, pero la trataban como tal, aunque explicaban a sus electores socialistas y comunistas que esa brutal desventaja escolar de los niños castellanohablantes era la forma indolora y amable de integrarse en la acogedora Cataluña del futuro. Todos los que osaron criticar la evidente discriminación lingüística de más de la mitad del alumnado fueron injuriados, multados, despedidos o tiroteados. Natural. Es la gentuza española que simplemente hablando la "lengua de las bestias salvajes" (Torra dixit) ofende y agrede a Cataluña y su lengua catalana, la única propia y oficial. Al perjudicar a más de la mitad de los niños, aún se les hace un favor.

El problema del multiculturalismo como doctrina lingüística en la dictadura nacionalista catalana es que, al censar a todos los grupos de hablantes, el más perseguido o minorizado oficialmente es el español. El Ayuntamiento lo tapaba o lo ponía tras el árabe y el chino. Pero los muchos iberoamericanos que hablan español no aceptan la doma (Boadella fulgit) como esos padres, sobre todo de origen andaluz, convencidos por la casta charnega de que es mejor no escolarizar a sus hijos en su lengua, como los catalanes fetén. ¿Y las madres? Colau ha encontrado la solución final: los niños castellanohablantes no tienen madre.

Ojo: Rómulo y Remo encontraron una loba.

Pedro Sánchez, sin vergüenza
Federico Jiménez Losantos  Libertad Digital 18 Febrero 2019

El discurso de investidura que Falconetti no pronunció ante el Parlamento en la moción de censura contra Rajoy, porque dijo que era sólo para convocar elecciones "a la mayor brevedad posible", y que endilgó este viernes a los periodistas atónitos es el mayor ejercicio de desvergüenza en la historia de los inquilinos de la Moncloa. Y mira que hemos alojado allí a basura intelectual o moral de toda laya y condición: de aquel González del "OTAN, de entrada, no" al "Sí a la Alianza (que era la OTAN) por el bien de España", al Rajoy que tras irse de copas y no dimitir de la Presidencia del Gobierno evitando la llegada de los golpistas al Poder dimitió de la del PP pocos días después porque "es lo mejor para mí, para mi familia y para España", pasando por el infame Zapatero, resucitando a la ETA y la Guerra Civil, hemos soportado discursos arteros, abyectos y repugnantes. Como el ejercicio de mendacidad protagonizado este viernes por Sánchez, ninguno.

Refundando una legitimidad
Sólo alguien carente del menor decoro intelectual, o sea, un Doctor Cum Fraude, cuya tesis doctoral fusilan varios "negros" y cuyo último libro lo ha escrito otra, se atrevería a recordar precisamente la moción de censura que le aupó al Poder sin pasar por las urnas, y encima explicar el carácter "constructivo" que, copiado de la alemana, tiene en nuestra Constitución. ¡Pero si él mismo renunció a presentar un discurso alternativo de Gobierno, porque se trataba sólo de echar a Rajoy "por corrupción", y eso por media línea corrupta deslizada en una sentencia por un prevarijuez de la banda de Garzón! ¿Y qué programa de Gobierno podía salir de la alianza del PSOE con el golpismo catalán, el separatismo vasco y el comunismo venezolano?

Pues bien, va el tío y, sin descomponer la quijada equina, dice que su Gobierno, como si hubiera gobernado algo, siempre ha buscado el bien de los españoles, sin sectarismo ni crispación. ¡El asaltatumbas! Y que Él lo ha hecho siempre "dentro de la Constitución". Si las trolas aumentaran la presión cardíaca, en ese momento habría caído fulminado por un infarto. Recordemos que este sujeto, que si no sabe mentir es porque desconoce la verdad, anunció en la SER un referéndum exclusivamente para los catalanes que "tienen un estatuto que no han votado" y recuperarían los artículos anulados por el Tribunal Constitucional, precisamente los que establecían una Justicia al margen de la española, refugio de todo delito nacionalista.

Humillaciones ante el separatismo catalán
Pero propugnar desde la Presidencia del Gobierno un referéndum contra la soberanía nacional española y el orden constitucional, tan ilegal como el de los que se sientan en el banquillo del Supremo o merodean como forajidos por los arrabales de la Europa corrupta y antiespañola es que los ocho meses de su Gobierno lo han sido de gestos de humillación de los españoles ante los golpistas catalanes, que lo colocaron en la Moncloa. Este gobierno, que nació legal, se convirtió en ilegítimo desde el momento en que Sánchez no convocó elecciones, como prometió en el Parlamento. Pero es que luego recibió a Torra con lazo amarillo, que ha sido el símbolo de la presidencia de Falconetti, y ha perpetrado una miríada de fechorías.

Recordemos algunas: retiró los recursos contra las ilegalidades de la Generalidad, regaló miles de millones a Cataluña -la última en los fallidos Presupuestos Generales- en detrimento de otras regiones españolas, intentó cambiar el criterio de la Fiscalía en el juicio al Golpe y liberar al golpista Forn, acaudilló una campaña contra la juez Lamela por encausar a Trapero en la Audiencia nacional, apuñaló al juez instructor Llarena cuando lo denunció Cocomocho, destituyó al abogado del Estado y todo su equipo por negarse a cambiar su informe contra los golpistas, porque se negó a firmar "una ilegalidad". Multiplicó los gestos de acatamiento al discurso y los símbolos del Golpe, pasando siempre bajo el lazo amarillo gigante que es el pórtico de la Generalidad del catanazi z, el que escribió que el español es "la lengua de las bestias salvajes" y que los españoles, sobre todo los catalanes que hablan español, tienen "un bache en el ADN".

Y lo realmente imperdonable, delictivo y delictuoso: Sánchez ha aceptado negociar las 21 condiciones impuestas por los golpistas para aprobarle los Presupuestos, lo que supone la liquidación de la soberanía nacional, de toda seguridad jurídica, de la Monarquía y del Parlamento, aceptando una "mesa de partidos" que sustituiría la representación de los ciudadanos por la de unos partidos comprometidos con el golpe de Estado. Y esto último no fue sólo "sentarse a hablar de todo", como dice el Felón. Fue refrendado por la Vicepresidenta en rueda de Prensa cuando presentó los cuatro puntos que, como alternativa, ofrecía a los golpistas presos o huidos. Y antes, Iglesias los había negociado con Junqueras ¡en la cárcel!

Por tanto, si la campaña electoral emprendida con la excusa de un mensaje institucional, porque para Sánchez la única institución es Él, y su enemigo son "las tres derechas de Colón" -las tres carabelas del cambio-, está meridianamente claro que su propósito es insistir en lo que llevó a la manifestación a partidos y ciudadanos: la seguridad de que Sánchez sólo contempla el futuro junto a los golpistas catalanes, presos y sueltos. Y que ese es el único horizonte de la Izquierda: destruir España con sus enemigos.

Programa comunista, corrupción socialista
Las cesiones y humillaciones ante el golpismo catalán han sido la primera de las tres notas de continuidad de la legislatura ochomesina. La segunda ha sido cumplir el programa económico de la franquicia política del régimen de Maduro: Podemos. Además de su esquiva política sobre la tiranía comunista en Venezuela, a Pablo Iglesias le ha entregado TVE y la parte económica de los Presupuestos, cuya gran hazaña política ha sido la subida del Salario Mínimo, con el inmediato balance de la destrucción de 100.000 puestos de trabajo. A los comunistas, eso les da igual. Desconocen desde sus orígenes el trabajo real, salvo para usurpar su representación. Y, como típico sociata, Top Falcon se ha apresurado a nombrar amigachos de archiprobada incompetencia para dirigir empresas públicas como Correos.

Pero el nepotismo no ha sido el aspecto más notorio de la corrupción en un Gobierno cuya excusa para asaltar el Gobierno de España de la mano de sus enemigos. Nunca, en ocho meses, ha tenido ningún Gobierno tantos y tan graves casos de corrupción como el gabinete del Doctor Falconetti. Empezando por la estafa de la tesis doctoral que no hizo y de las mentiras que acumuló proclamando en el mismísimo Parlamento su originalidad y la dimisión de Montón, por otro multiplagio, hasta el primer dimicesado Máxim Huerta, recuperado por la banda de los Goya para la causa progre, los casos de corrupción alcanzan a más de la mitad del Gabinete Fráudez.

Recordemos algunos casos: la condena judicial de Borrell por la venta de acciones de Abengoa para su primera esposa, usando información privilegiada del Consejo donde entró como esposo de la segunda, Narbona. También ésta acusada de corrupción por obligar a Acuamed a financiar las campañas del PSOE. El astronauta Duque tenía una sociedad instrumental bastante tramposa para no pagar impuestos, como otros ministros. Celaá mintió en la preceptiva declaración de bienes al Congreso sobre el valor de su patrimonio inmobiliario: declaró 300.000, cuando supera los 5.000.000.

Pero el caso más escandaloso de corrupción es el de la Ministra de Justicia, a la que hemos oído en comilonas con el hampa policial y judicial, elogiar el "éxito asegurado" de los burdeles clandestinos de Villarejo para extorsionar a jueces, fiscales y empresarios con "información vaginal". Tarea a la que se unió delatando la tendencia sexual de Marlaska y la supuesta corrupción de menores de miembros del Supremo en Colombia. Su entrañable Garzón tenía, por ejemplo, un empresario como cliente, en favor del cual la fiscal Delgado informó en la Audiencia Nacional y evitó que fuera extraditado a Guatemala por sobornar al mismísimo Presidente. La ojiplática con fantasías trifálicas ha sido el pago a la pandilla garzonita por la media línea de Prada contra Rajoy en la sentencia del Caso Gurtel.

Votar y botarlo es de absoluta necesidad
Nueve ministerios, dos secretarías de Estado y la propia Presidencia del Gobierno han sido alcanzados por la maldición de Frankokammon. Lo último, al anunciar la exhumación, ha sido la inhumación de la legislatura. Sin embargo, Sánchez insiste en pasear la momia como la plebe parisina exhibía en una pica la cabeza de la mejor amiga de María Antonieta ante la ventana de la celda donde esperaba la muerte, tras afrentarla con la peor de las calumnias: la falsísima seducción de su hijo, el delfín de Francia. Así empezó el imperio de la Izquierda totalitaria: con el terror y la calumnia. El Felón ha tenido al terrorismo como socio, la telecalumnia como costumbre y el anuncio de las cosas como hazaña de Gobierno. No ha gobernado en serio un solo día, pero ha mandado una barbaridad en todos ellos. Y aspira a seguir haciéndolo. Derrotarlo en las urnas es tan necesario como respirar.

Pablo Casado no rebajará impuestos como ha prometido
Juan Ramón Rallo El Confidencial 18 Febrero 2019

El resultado de los comicios del 28 de abril es altamente incierto, pero existe una probabilidad nada desdeñable de que Pablo Casado se convierta en el próximo presidente del Gobierno con el apoyo parlamentario de Ciudadanos y de Vox. En este sentido, una de las promesas más insistentes que ha efectuado el líder de los populares desde que conquistó la presidencia del partido el pasado mes de julio ha sido la de impulsar una “revolución fiscal” en España. Sin ir demasiado lejos, el principal compromiso que asumió Casado en su primera comparecencia tras el anuncio sanchista de convocatoria electoral fue, justamente, el de recortar 'todos' los tributos que pesan sobre los españoles: “Lo primero que haremos cuando lleguemos al gobierno va a ser bajar los impuestos, todos los impuestos, y suprimir aquellos de patrimonio, sucesiones, donaciones y actos jurídicos documentados”. Y, más en particular, el presidente del PP ha concretado que piensa colocar el tipo máximo del IRPF por debajo del 40% y sociedades por debajo del 20% (por cierto, si se promete bajar 'todos' los impuestos, también habría que recortar como poco IVA y las cotizaciones sociales, algo sobre lo que no ha habido pronunciamiento alguno).

Las palabras de Casado recuerdan lejanamente aquellas promesas electorales de Rajoy donde se comprometía a “no tocar ni el IRPF ni el IVA” y a “bajar cinco puntos el impuesto sobre sociedades” pocos meses antes de apelar a la “herencia recibida” del zapaterismo para proceder a castigar a los españoles con uno de los mayores rejonazos tributarios de su historia. También recuerdan más recientemente la revolución fiscal que prometió Moreno Bonilla a los andaluces apenas unas semanas antes de que se escudara en la herencia recibida del socialismo andaluz para rechazar tocar por el momento los impuestos regionales: promesas flagrantemente incumplidas que han constituido una burla descarnada hacia aquellos que prestaron su apoyo a la formación popular. Y así, la cuestión que inevitablemente uno se formula es si Pablo Casado, llegado el caso, seguirá los mismos pasos de Rajoy y de Moreno Bonilla o, en cambio, demostrará estar hecho de una pasta distinta y, esta vez sí, el PP cumplirá con su palabra de rebajar profundamente los impuestos.

Por supuesto, solo el futuro nos lo dirá, pero se me antoja extremadamente complicado que el PP disminuya los impuestos de inmediato. Recordemos que, con la prórroga de los Presupuestos de Rajoy de 2018 y tras la elevación de las pensiones y del salario de los empleados públicos por parte de Sánchez, el déficit público del presente ejercicio se orienta hacia el 2,4% del PIB, cuando el objetivo convenido con Bruselas es el 1,3%. Eso significa que, si Casado lograra formar Gobierno tras las elecciones autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo, ya habríamos consumido prácticamente la mitad del año y, en consecuencia, acumulado un desequilibrio presupuestario cercano al objetivo de todo 2019.

En ese contexto, resultará enormemente complicado que el líder de los populares baje impuestos tal cual ha prometido. No en vano, tan solo la supresión de actos jurídicos documentados, patrimonio y sucesiones y donaciones ya supondría una pérdida de recaudación de más de 5.500 millones de euros (casi el 0,5% del PIB), mientras que la reducción de sociedades por debajo del 20% y del tipo máximo del IRPF por debajo del 40% acarrearía como poco una merma recaudatoria de otros 6.000 millones de euros. En total, pues, estamos hablando de una pérdida de ingresos para el Estado equivalente al 1% del PIB.

Por consiguiente, si Pablo Casado quisiera recortar impuestos y a su vez cumplir con los objetivos de estabilidad presupuestaria, necesitaría implementar un recorte del gasto superior a 20.000 millones de euros (11.000 millones para cuadrar la rebaja impositiva prometida más otros 10.000 millones para corregir la desviación actualmente existente) que, además, debería concentrarse sobre los últimos seis meses de 2019 (es decir, sería un recorte equivalente al 4% del PIB en términos anualizados: mucho más intenso que el aplicado por Rajoy en plena crisis de 2012). Dicho con otras palabras, o Casado cumple con Bruselas o Casado cumple con sus votantes: y si bien puede que la nueva Comisión Europea autorice oficiosamente una cierta desviación de los objetivos de déficit de 2019, se me antoja extremadamente improbable que, encaminándonos hacia un déficit del 2,4% del PIB, Bruselas consienta que se rebajen impuestos por un importe del 1% del PIB (metiéndonos de lleno en el terreno de incumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento con un déficit superior al 3% del PIB). Y mucho más complicado se me antoja que Casado vaya a aplicar el mayor recorte del gasto jamás presenciado en la historia de nuestro país (sobre todo porque tampoco le hemos escuchado nada remotamente similar a ello).

En suma, todo apunta a que Casado, como ya hicieron Rajoy y Moreno Bonilla, incumplirá —al menos en parte— sus actuales promesas fiscales. Y lo hará no por motivos que resulten del todo imprevisibles a día de hoy, sino por razones perfectamente inteligibles a partir de los datos públicos a los que cualquier español tiene acceso. Todo político lleva en su ADN embaucar a los ciudadanos para alcanzar el poder: me temo que no estamos ante una excepción.

Cinco años, a la basura
Domingo Soriano  Libertad Digital 18 Febrero 2019

España desperdicia una coyuntura muy favorable sin emprender ninguna de las reformas pendientes. ¿Qué pasará cuando llegue la próxima crisis?

Hace unos años, a mediados de 2015, asistí a un coloquio con uno de los mejores analistas españoles. Todavía era un momento delicado. Aunque la economía española había pasado lo peor de la crisis, ese período que va de la primavera de 2010 al verano de 2012 en el que estuvimos a punto de caer por el mismo precipicio de los griegos, no había demasiado optimismo en el ambiente. Sí, todos éramos conscientes de que nos encontrábamos en el inicio de la recuperación, pero la tasa de paro rondaba el 20% y seguía habiendo mucha incertidumbre.

No para este analista (por cierto, no diré su nombre porque aquel encuentro era off the record, una de esas charlas a las que a veces nos invitan a los periodistas para pulsar las sensaciones de los expertos y hacer un poco de networking…). Este tipo hizo un diagnóstico del que luego me he acordado en muchas ocasiones. Entre otras cosas porque lo clavó.

La economía española, explicó, está en una posición envidiable y tiene por delante al menos 7-8 años de crecimiento continuado. El sector privado se está desapalancando y estamos creciendo, casi por primera vez en nuestra historia moderna, sin necesidad de tirar de la deuda exterior. Además, los tipos de interés están en mínimos, lo mejor que le puede pasar a una economía muy endeudada y que, en lo que toca al sector público, no parece que vaya a hacer demasiados esfuerzos por reducir su déficit. Nuestros rivales están en horas bajas: por un lado, los países de la Eurozona con los que compiten nuestras exportaciones (Italia, Francia, Portugal…) están pasando por dificultades políticas graves y no parece que vayan a poder hacer demasiado en los próximos años; y por otra parte, en lo que respecta al turismo, que no deja de ser la principal industria nacional, el norte de África y Oriente Medio están en medio de una tensión geopolítica enorme, lo que nos permitirá atraer a muchos de esos viajeros europeos con ganas de sol, playa… y estabilidad.

A todo esto, vino a decirnos, se suma una consecuencia de la crisis, no buscada y que es el reflejo de lo mal que lo hemos pasado, pero que ahora es una bendición: tenemos un enorme potencial en competitividad. Nuestros costes son muy bajos en comparación con las de los países de nuestro entorno (sobre todo los más ricos de la Eurozona) y nuestra productividad, aunque quizás no tan alta como la alemana o la holandesa, tampoco está tan lejos como para justificar ese diferencial de costes. O lo que es lo mismo, a igualdad de calidad podemos vender más barato que ellos y eso repercutirá en las exportaciones, la atracción de capital extranjero y, en definitiva, la creación de empleo.

Ni siquiera daba demasiada importancia al que yo entonces consideraba que era nuestro principal riesgo: el político, con un Podemos que en aquel momento crecía como la espuma en las encuestas. No ganarán, me dijo, y si lo hacen… no podrán hacer nada, porque no tendrán dinero. España ha agotado su margen presupuestario y su capacidad de endeudamiento: con un Gobierno o con otro, el margen de maniobra es muy limitado.

Tenía razón en todo.

Los frutos a nuestro alcance
Esta semana, me he vuelto a acordar de aquella conversación. Y no tanto porque se hayan cumplido, casi de forma matemática, aquellos buenos presagios. Sino porque se acerca la fecha límite de su pronóstico, aquellos años 2020-2021-2022 que tan lejanos parecían entonces y que ahora están a la vuelta de la esquina. Porque ésa era la divisoria. A partir de ahí, una vez que hayamos agotado los frutos al alcance de la mano (ese low-hanging fruit del que hablan los ingleses), comiencen a subir los costes y nuestra tasa de paro vuelva al 10-11% (ya estamos en el 14,5%) será cuando comenzará la desaceleración. Para pasar de ahí, en eso estábamos todos de acuerdo, hará falta algo más. Tendremos que mover hacia la derecha nuestra frontera de posibilidades de producción: es decir, ser capaces de hacer mucho más con los mismos recursos. En definitiva, necesitaremos un empujón de productividad.

¿Y qué hemos hecho durante este tiempo? Nada.

La convocatoria de elecciones de Pedro Sánchez no es más que el último hito del lustro perdido. Sí, hemos aprovechado la coyuntura (lo teníamos sencillo) para crecer y reducir el paro. Las empresas han mejorado mucho su saldo deudor y la apuesta por la internacionalización seguirá dando réditos en el medio plazo. Pero no puedo evitar la sensación de oportunidad desperdiciada. Nunca lo tuvimos tan fácil: financiación barata; paisaje despejado de rivales; crecimiento económico para que las reformas fuesen más digeribles; incluso cierto consenso social en que, tras la última crisis, algo había que hacer.

Desde mediados de 2014, lo único reseñable es la inacción. Y una vez que comenzó el ciclo electoral eterno en el que vivimos desde las municipales y autonómicas de la primavera de 2015, directamente la parálisis: primero el año fantasma de 2016, luego esa segunda Legislatura de Mariano Rajoy en minoría, la moción de censura y estos ocho meses de Sánchez. En resumen, vamos camino de cinco años de nada.

Cuidado, a veces es preferible que no haya novedades. Por ejemplo, lo mejor que nos ha podido pasar en estos ocho meses es que lo más relevante que haya salido de Moncloa haya sido el helicóptero que hacía de enlace con el Falcon.

El problema es que tenemos demasiadas asignaturas pendientes y un pasado muy repetitivo. Lo de las "reformas estructurales" que nunca salen. Si no ha sido en estos cuatro-cinco años, ¿cuándo?

El gasto público sigue igual que en 2014. Toda la reducción del déficit se ha logrado vía crecimiento. Ni un ajuste. El desequilibrio estructural no se ha movido del 3,0% del PIB. De hecho, las previsiones para 2018-19 apuntan a que empeorará. Mucha retórica anti-recortes, pero muy poca realidad detrás de las palabras.

Y hablamos del gasto público presente, porque si miramos a los compromisos futuros, la cosa es mucho peor. Se ha deshecho parte de lo conseguido en 2013. España afrontará a partir de 2025-2030 (en realidad ya estamos empezando) un escenario demográfico atroz que se traducirá en que se disparará el gasto en pensiones, sanidad y eso que ahora llaman "dependencia". ¿Reformas al respecto? ¿Previsión a medio plazo? Cero.

En capital humano, esa educación-formación que no se les cae de la boca a nuestros políticos, más de lo mismo. Una ley educativa con cosas interesantes que nunca ha llegado a entrar en vigor de verdad (entre otras cosas porque parecía que incluso a sus promotores les daba vergüenza defenderla) y que se da por muerta. Aquí ha habido un pequeña (ínfima) mejoría en lo que toca a la FP y se han racionalizado algo (era difícil hacerlo peor) las políticas activas de empleo. Pero los sindicatos tienen entre ceja y ceja acabar con ese mínimo resquicio de competencia y calidad y nadie puede asegurar que no lo consigan tras las elecciones.

En el mercado laboral, lo mejor que puede pasarle a la reforma de 2012 es que no se toque. Aquella fue una buena ley que se quedaba a mitad de camino, sobre todo en lo referente a la dualidad. Ahora mismo, la sensación es que, si se cambia, será a peor, eliminando los pocos elementos de flexibilidad que introdujo.

Por no hablar de las liberalizaciones de los mercados, mejora de la competencia, reducción de la burocracia de las empresas o eliminación de las barreras al crecimiento de las mismas. El resumen de lo conseguido en cualquiera de estos campos es un folio en blanco.

Dice John Muller en Leones contra dioses, su relato de los años de vértigo de la economía española, que el único agente reformador de verdad que ha tenido nuestro país en los últimos 20 años es la primera de riesgo. Y tiene toda la razón. Sólo cuando se vieron con el agua al cuello, socialistas o populares se atrevieron a hacer unas pequeñas reformas, mínimas y que, en cuanto ha pasado la tormenta, se plantean revertir.

Cuando llegue la próxima crisis, la España que encontrará no será la misma que en 2007. En algunos aspectos, todos ellos relacionados con el sector privado, seremos más resistentes: más mercados e internacionalización, algo menos de deuda, empresas más sólidas. Pero en todo lo demás, en todo lo que tiene que ver con los políticos y la política, nuestra posición será mucho más débil: 90-100% de deuda sobre el PIB cuando a la última crisis llegamos por debajo del 40%; un gasto en pensiones que ya se come el 40% de los PGE y en el que hemos deshecho las reformas que al menos controlaban su crecimiento; nula credibilidad ante nuestros socios europeos a los que volveremos a pedir ayuda; costes de financiación más altos, porque será imposible que el BCE mantenga eternamente su política actual; servicios públicos (sanidad y educación) en los que ni siquiera se ha planteado la más mínima reforma. Nunca antes lo tuvimos tan fácil y nunca hicimos tan poco. De la abulia de Rajoy a la incapacidad de Sánchez, hemos tirado cinco años a la basura. Con muchos titulares, sí; con mucho politiqueo, también; con tres nuevos partidos que dan mucho juego cuando se publican las encuestas, por supuesto. En resumen, cinco años de oportunidades… para nada.

No hay más PSOE que el de Sánchez
La única postura dudosa en cuanto a posibles alianzas es, hoy por hoy, la de Ciudadanos
Isabel San Sebastián ABC 18 Febrero 2019

Empecemos por sentar una premisa fundamental: no hay más PSOE que el de Pedro Sánchez y lo que su presidencia supone en términos de Nación. Ese es el eje central de la ecuación electoral. El 28 de abril votamos una política de alianzas dentro o fuera de la Constitución. Todo lo demás es secundario.

A favor de blindarle en la poltrona están las mismas fuerzas que lo encumbraron hasta ella, empezando por el Partido Socialista, que como queda dicho es una única organización decidida a conservar el poder cueste lo que cueste, por mucho que algunas voces traten de disimular expresando su discrepancia con algunas decisiones. La verdad es que cuando el actual líder regresó del ostracismo, aupado por la militancia, el partido en bloque se le sometió y le rindió pleitesía. Si queda alguien en esa casa disconforme con la estrategia de abrazarse al separatismo, está tan sumergido, tan acobardado, tan derrotado y envilecido, que resulta irrelevante. Sánchez es el PSOE, y el PSOE, Sánchez.

Sirva esta introducción para proyectar el foco sobre Ciudadanos, cuya posición bien pudiera ser determinante a la hora de formar gobierno. Ningún analista independiente se imagina a los de Rivera pactando con Podemos o con independentistas. Tal combinación sería tan contraria a su naturaleza y razón de ser que no resulta serio plantearla. Ahora bien, en caso de que fuese suficiente un matrimonio entre dos, los propios dirigentes del partido bisagra han sembrado la confusión al introducir un matiz desconcertante en sus respuestas: «Con este PSOE, no». Como si hubiese otro. O como si, dependiendo del resultado que arroje el escrutinio, estuviesen dispuestos a negociar un cambalache consistente en cambiar respaldos y programas por cabezas. Sería muy de agradecer, en beneficio de la claridad, que los portavoces naranjas se decidieran de una vez entre el demostrativo y el artículo, y lo hicieran todos a una, para facilitar al electorado la elección de la papeleta. Porque de la extensa horquilla que dibujan las encuestas la única postura dudosa es, hoy por hoy, la suya.

A la izquierda de los del puño y la rosa, podemitas y separatistas elevan al cielo plegarias para que el PSOE obtenga la victoria y sume con ellos 176 escaños. En plena descomposición interna, a lo más que puede aspirar Pablo Iglesias es al papel de muleta de un Sánchez dependiente de sus votos. Y en cuanto a los que quieren robarnos la soberanía, saben que tienen en él al interlocutor más débil y dispuesto a ceder de todos los posibles. Al más «dialogante», según el eufemismo al uso. Vulgo, al más bizcochable.

A la derecha de Ciudadanos, el PP de Pablo Casado viene de tejer en Andalucía un complejo acuerdo a tres bandas que le sitúa en el centro de la alternativa. Paradojas de la política, podría alcanzar la Presidencia con los peores resultados de la historia del PP, o bien rubricar el fin de esa formación si se produce el temido sorpasso. La herencia del marianismo fue un caladero dividido en tres, donde cada cabeza de lista lucha por pescar los mismos votos. Un legado envenenado que Casado está gestionando con una vuelta a los orígenes cuya eficacia electoral está por ver, aunque merezca reconocimiento en lo que atañe a los principios. Vox le disputa banderas cada vez más populares, empezando por la rojigualda. Pero si está en su mano desalojar al ocupante de La Moncloa, nadie duda de que lo hará. Lo que está en juego es España.

Polizones
Al presentarse como impostado timonel del centro, Sánchez oculta que en la bodega lleva un pasajero llamado Podemos
Ignacio Camacho ABC 18 Febrero 2019

Por extravagante que parezca, después de haber asaltado el poder apoyado en el nacionalismo golpista y el bolivarismo irredento, Pedro Sánchez pretende ganar las elecciones presentándose como el adalid del centro. El político que ha gobernado con todos los adversarios de la Constitución va a invocar contra la derecha el voto del miedo, el mismo que le sirvió a Rajoy para alzarse en 2016 como el freno a la amenaza de Podemos. En realidad se trata de un truco cosmético; asentada su hegemonía interna frente a un neocomunismo en claro retroceso, los socialistas tratan de evitar que Ciudadanos ensanche su cosecha por el flanco izquierdo. Pero puede funcionar porque el electorado conservador, con su fobia focalizada en el presidente, ha perdido el recelo que le causaba la posibilidad de que los extremistas llegasen al Gobierno… justo cuando más posibilidades tienen de hacerlo. La irritación por los coqueteos de Sánchez con el independentismo catalán ha disuelto el desasosiego que las clases medias moderadas sentían por Pablo Iglesias y sus compañeros, que sin embargo viajan a bordo de la nave frentepopulista como pasajeros encubiertos. Y como los gabinetes monocolor se han acabado en España para mucho tiempo, si ese barco consigue llegar a buen puerto los polizones saltarán desde la bodega a las empresas públicas y los Ministerios. No será un asalto directo a los cielos pero sí a parcelas de poder tangible y concreto. Con el aparato institucional y la caja pública a su alcance para financiar proyectos de ingeniería ideológica y similares experimentos.

La candidatura sanchista tendrá tanto más éxito cuanto más se postule en términos plebiscitarios. Por mucha desconfianza o antipatía que suscite «su persona», comparada con sus socios tiene un coeficiente de rechazo y de alarma bastante más bajo. Es un populista disfrazado cuya habilidad para la impostura le ha permitido desmantelar el modelo del PSOE mientras se aprovecha de su tradición de partido de Estado, de tal modo que muchos españoles inadvertidos aún ven en esas siglas una referencia estable de liderazgo. Sus spin doctors le han diseñado una campaña con la que acentuar esos rasgos falsos: Sánchez el centrista, Sánchez el conciliador, Sánchez el sensato: el hombre de la mano tendida y del diálogo frente al ceño intransigente de la España del estacazo. El voto biográfico, el de la izquierda doctrinaria e irreductible, lo tiene más o menos asegurado; busca el de los sectores emergentes urbanos que se identifican a sí mismos en un progresismo ecléctico, abierto y laico y se pueden movilizar con el estímulo adecuado. El del trampantojo de un tardofranquismo hosco y retardatario contra el que disimular el carácter rupturista, autoritario e intemperante de sus propios aliados. Los que volverán a aparecer a su lado cuando sea demasiado tarde si la oposición se olvida de desenmascararlos.

No miente más porque no tiene más tiempo
ROSA DÍEZ El Mundo 18 Febrero 2019

La comparecencia del todavía presidente Sánchez para anunciar la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones generales podría resumirse como un compendio de mentiras y propaganda electoral. Dado que todo lo que ha hecho este personaje a lo largo de su vida ha estado guiado por el interés personal, era previsible que utilizara una comparecencia institucional para hacer un mitin a favor de él mismo, dado que su única ideología ha sido y es Sánchez. Esa es una de las claves para comprender por qué se entiende tan bien con esos personajes que piensan que la democracia está por delante de la ley. Sánchez está por delante de su partido, de sus bases (a las que prometió que iba a preguntar todo y sobre todo y no ha consultado nada ni sobre nada desde que llegó a la secretaría general y a La Moncloa); y, por supuesto, Sánchez está por delante del interés de los españoles en particular y de España en su conjunto.

El presidente, "que soy yo", ha vuelto a decir, ha comunicado a la opinión pública que la coalición frankenstein que le hizo presidente el 1 de junio del pasado año ha decidido no seguir pagándole el alquiler de La Moncloa y sus viajes en el Falcon. Naturalmente, lo ha dicho de otra manera, pero lo cierto es que este tipo se va de La Moncloa porque lo que le exigen los independentistas para seguir pagando el alquiler no se lo puede dar, muy a su pesar, porque no es de su propiedad.

Sánchez no se ha resistido a las pretensiones de los independentistas: simplemente no está en su mano darles todo lo que le exigían para seguir sosteniéndole como presidente. Lo cierto es que Sánchez se ha doblegado al chantaje independentista en todas las ocasiones en las que ha encontrado un subterfugio para hacerlo: ha callado y mantenido la alianza con los independentistas cuando han proclamado que la Constitución es antidemocrática y que las instituciones españolas son franquistas; ha callado y otorgado cuando sus socios han vetado la presencia del jefe del Estado en Cataluña; ha abandonado a su suerte a los ciudadanos constitucionalistas en Cataluña permitiendo que los gobernantes autonómicos -sus socios- cierren el Parlamento, persigan a los constitucionalistas e incumplan las sentencias de los tribunales en materias tan sensibles como la Educación; ha ofrecido indultos (a través de sus portavoces y cargos públicos como la delegada del Gobierno en Cataluña) a los golpistas; y, por último, para no ser exhaustivos, ha constituido una mesa de partidos paralela al Parlamento y ha aceptado nombrar un relator (modelo ensayado por ETA ) porque así se lo exigió Torra, ese supremacista al que ha hecho permanentes carantoñas.

Sánchez ha dicho en su comparecencia que no cedió ante las pretensiones de los independentistas; y ahí está su primera mentira: cedió, pero no consumó porque lo que les cedió (nuestros derechos) no era de su propiedad. Y porque sus legítimos dueños, los ciudadanos españoles, le hicimos saber que por ahí no íbamos a pasar. Aunque ahora presuma de lo contrario la mesa de partidos ya estaba constituida y la figura del relator, anunciada y defendida por la vicepresidenta, se quedó en grado de tentativa porque la gente salió a la calle a reclamar sus derechos plenos de ciudadanía y la radical oposición a que nos quitaran ni uno solo de nuestros galones de ciudadano.

Sánchez ha hecho de la mentira y el fraude su forma de gobernar. Llegó mintiendo (dijo que la moción de censura era solo para echar a Rajoy, que convocaría elecciones inmediatamente) y se va explicando que la moción era positiva, "tal y como se prevé en nuestro ordenamiento jurídico" (hay que ser caradura) y que por eso ha estado nueve meses en el cargo. Mentir es su forma de ser: mintió sobre su currículum; mintió cuando afirmó que nunca utilizaría los votos de los independentistas para llegar al poder; mintió cuando afirmó que ningún miembro de su equipo duraría veinticuatro horas si montaba una sociedad para pagar menos impuestos; mintió cuando afirmó que su gobierno sería cercano a la gente (menos ruedas de prensa con preguntas que ninguno de sus antecesores en el cargo), mintió cuando afirmó que su Gobierno sería austero y transparente (los viajes en el Falcon para ir a bodas y conciertos cuyo presupuesto es declarado secreto). Y ha finalizado enlazando una mentira tras otra en la comparecencia en la que habría de anunciar el ocaso de su legislatura.

Pero la comparecencia de Sánchez del 15 de febrero de 2019 ha servido también para demostrar que Sánchez no tiene el más mínimo respeto por la institución a la que representa ni por los ciudadanos a los que se dirige. No es sólo que haya utilizado el Palacio de la Moncloa para hacer un mitin (solo le ha faltado salir a pegar carteles a continuación), sino que no ha mentido más porque no ha tenido más tiempo. Ha enlazado una falacia tras otra tratando de justificar la coalición negativa que le encumbró; en el colmo de la cara dura ha afirmado que ha impulsado una televisión pública plural y ejemplar; él, que hizo filibusterismo puro y duro para ganar la moción de censura enmascarando su verdadera intención de mantenerse en el poder todo el tiempo que pudiera, ha llamado filibusteros a los partidos de la oposición por negarse a apoyar unos presupuestos que han sido rechazados por todas las instituciones públicas y privadas, nacionales y europeas; y en una exhibición de hipocresía se ha atribuido una serie de logros conseguidos con los presupuestos de Rajoy para concluir que debe convocar elecciones para no seguir "paralizado"... gobernando con los presupuestos de Rajoy.

Su mayor alarde de cinismo ha sido afirmar que su objetivo fue unir a los españoles. Su propósito ha sido y es revivir la vieja y letal idea de las dos Españas; pero creo que se ha excedido tanto en sus cesiones a los enemigos de España, que ha insultado tanto a quienes estamos hasta el gorro de pedir perdón por ser españoles, "porque apenas sí nos dejan decir que somos quienes somos", que, muy a su pesar, ha conseguido unir a los españoles contra aquellos que quieren destruir la unidad de la Nación e implantar la diversidad de derechos entre los españoles. Esa es la única verdad.

Pero lo que mejor retrata la calaña del aún presidente no es lo que dice sino lo que calla. De las palabras del inquilino de La Moncloa pareciera como que los retos a los que está sometida la sociedad española y nuestra propia democracia son idénticos a los de cualquier país de nuestro entorno. Es una vergüenza y define bien al personaje que Sánchez apenas sí haya mencionado el principal problema de España: la pulsión separatista que ha hundido Cataluña y que nos amenaza a todos. España es hoy un país en el que peligra el derecho efectivo a la igualdad entre españoles, pues la ruptura de la convivencia entre españoles que se extiende desde Cataluña en forma de golpe de Estado se ha convertido en un riesgo real desde el momento en el que Sánchez selló su alianza con los promotores de la sedición.

Solo un político como Sánchez, un hombre sin escrúpulos, podía sellar un acuerdo con aquellos que defienden que la nación española es una ficción impuesta por la dictadura franquista. Solo un político sin escrúpulos puede mantener un acuerdo con quienes siguen adoctrinando en el odio a España y en la mentira sobre nuestra historia; sólo un político sin escrúpulos puede mantener alianzas con quienes quieren enterrar la Transición, el mayor logro de las generaciones que nos precedieron. El legado de Sánchez es un país roto, confrontado, sin autoestima, en el que la propaganda y el circo han sustituido a la política y la demoscopia a la democracia. Pero esta situación no es producto de la torpeza o de la mala suerte sino consecuencia de la estrategia de un político sin escrúpulos que nunca ha cuestionado los métodos para conseguir su objetivo: el poder. Por eso, porque para él todo vale, Sánchez no podía irse sin hacer una nueva machada: despilfarrar 130 millones de euros convocando elecciones en fecha diferente de las municipales, europeas y autonómicas del próximo mes de mayo. Si a eso le sumamos el deterioro institucional y de la convivencia que España ha sufrido en estos nueve meses es fácil concluir que Sánchez le ha salido muy caro a nuestra democracia.

Pero, en fin, que el 28 nos vemos en las urnas. Y yo creo que España tiene talento suficiente para salir de esta encrucijada. Y no vamos a permitir que nadie nos diga cómo ser españoles en la única España que nos importa, la Constitucional, la democrática.

Rosa Díez es cofundadora de Basta Ya! y de UPyD.

Estado de Derecho y libertad
«Debemos apoyar las instituciones y explicar a nuestros jóvenes que la democracia es el mejor de los sistemas de convivencia porque en ella la Constitución y las leyes representan la voluntad general, en estrecha colaboración con los juristas y abogados, de forma que ambos desarrollan una labor imprescindible para hacer realidad el Estado democrático de Derecho»
Silverio Nieto Núñez ABC 18 Febrero 2019

La auténtica democracia es aquella relacionada con el Estado de Derecho como principio de gobierno, según el cual, todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a las leyes, se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de Derechos Humanos.

Que en España existe una democracia está fuera de toda duda. Vivimos en un Estado que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas, dentro del respeto a la ley. Por eso, cuando se intenta desbordar nuestro modelo constitucional fuera de los cauces legales establecidos, la Constitución no puede renunciar a defenderse, porque ello supondría renunciar a sus principios y valores así como del propio Estado democrático de Derecho. La democracia no existe sin reglas, sin Derecho, pues los derechos civiles y políticos sólo se respetan porque la ley los preserva. Sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y en libertad, ni en España ni en ningún lugar del mundo.

Gozamos hoy de una Constitución que igual que considera el deber de los Tribunales de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado como una función esencial del Estado, entiende el derecho a la tutela judicial efectiva de todos los ciudadanos sin excepción como un verdadero derecho fundamental de cada uno de ellos. El respeto a todas estas garantías hace que las decisiones de los Tribunales sean en España constitucionalmente legítimas y que todos los ciudadanos podamos ver en ellas la acción de la justicia y la legitimidad de la democracia.

Este modelo de Estado en que el Derecho protege las libertades y derechos ciudadanos cuenta con la ley como expresión de la voluntad popular y requiere de un verdadero compromiso de todos con el respeto a las normas que rigen la convivencia.

El problema es cuando se olvida, como recientemente ha ocurrido en España, que en toda democracia lo que debe primar es el Estado de Derecho, socavando la armonía y la convivencia en la propia sociedad. Y así, hemos visto cómo los principios democráticos han sido olvidados y humillados, en manos de personajes ineptos, que ha traído como consecuencia que muchos ciudadanos se sientan decepcionados con la política. En este sentido, son urgente alternativas ilusionantes para recuperar la confianza del pueblo en sus representantes. De alguna forma, los partidos políticos son los guardianes de la democracia.

Ante situaciones políticamente dramáticas, como las vividas en los últimos meses, conviene recordar que «somos libres cuando todos nos sometemos a la ley; y perdemos esa libertad cuando la ley deja de ampararnos. Por eso, lo que no es legal, no es democrático» (M.R.B.). ¿Cómo es posible tanta irresponsabilidad y desprecio por la ley y la democracia? ¿Qué significa para esos políticos el Estado de Derecho y la libertad?

Desde que recuperamos la democracia, los españoles han sabido encontrar un espacio para el acuerdo. Ese acuerdo une generaciones, territorios y personas en un proyecto común, la Constitución de 1978, fruto de la concordia entre españoles, unidos por un profundo deseo de reconciliación y de paz, por la firme voluntad de vivir en democracia, que ha convertido a nuestro país en uno de los mejores del mundo.

En este sentido, merece destacarse la próxima celebración en Madrid del Congreso Bienal de la «World Jurist Association» (WJA), como foro abierto donde profesionales del derecho de más de 140 países, trabajan y cooperan para reforzar y expandir el imperio de la ley.

Actualmente vivimos tiempos de graves desafíos en un contexto de crisis mundial. La defensa del Estado de Derecho y el respeto a las libertades cobran una nueva relevancia, exigiendo el compromiso y responsabilidad de todos. Por eso, con toda justicia, la WJA ha decidido honrar al Rey Don Felipe VI por su papel como garante de la libertad en España, como defensor del proyecto común y del gran pacto de convivencia ciudadana que representa nuestra democracia.

El estudio y análisis de los grandes asuntos que preocupan a los ciudadanos sobre los que el mundo del Derecho y la Justicia deben responder, es siempre necesario para la convivencia en democracia y en libertad. Y aunque es cierto que la solución a los más graves conflictos sociales debe buscarse principalmente a través de la acción política, el respeto al Derecho es irrenunciable, como también lo es su constante salvaguarda judicial. La construcción del Estado de Derecho tiene que desarrollar instrumentos para que estos conflictos se resuelvan de forma pacífica y justa, y conforme con el ordenamiento jurídico. Por ello, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones así como la vigencia del Estado de Derecho.

Lejos de impedir la democracia, la ley establece la mayoría que deberá ser consultada cuando se trata de modificar aspectos fundamentales del orden político. En otras palabras, contraponer la legitimidad democrática al principio de legalidad vendría a traslucir una defectuosa comprensión de lo que es la democracia. No cabe concebir la democracia sin el imperio de la ley, que está estrechamente ligado al constitucionalismo. La Constitución, en definitiva, crea el marco ordenado y estable dentro del cual los ciudadanos pueden ejercer sus derechos políticos y tomar las decisiones pertinentes.

Hoy, más que nunca, habida cuenta de las circunstancias en que se encuentra nuestra sociedad, debemos apoyar las instituciones y explicar a nuestros jóvenes que la democracia es el mejor de los sistemas de convivencia porque en ella la Constitución y las leyes que aplican los jueces representan la voluntad general, en estrecha colaboración con los juristas y abogados, de forma que ambos desarrollan una labor imprescindible para hacer realidad el Estado democrático de Derecho y garantizan el respeto al sistema de derecho fundamentales y libertades públicas que nos hemos dado los españoles, sin olvidar que la libertad, en una democracia, depende de los controles sobre el poder, y eso a su vez depende de la transparencia.

Silverio Nieto Núñez es Doctor en Derecho
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Pedro Sánchez no debe volver a gobernar
EDITORIAL  Libertad Digital 18 Febrero 2019

Con su intervención en el último Consejo de Ministros, Pedro Sánchez volvió a mostrarse como un individuo sin escrúpulos ni principios que trata de engañar a todos, adversarios y aliados, para seguir en el poder. Sánchez, que mediante engendros como la infame memoria histórica o la profanación de los restos de Franco pretende empezar a materializar el cordón sanitario contra la derecha, tuvo el cuajo de presentarse como la víctima de una conjura de todos los grupos políticos para clausurar la senda de progreso que habría iniciado su Gobierno, tan incompetente como los de su referente, el execrable José Luis Rodríguez Zapatero, sobrecogedor palafrenero del asesino Nicolás Maduro.

El todavía presidente, aupado por una tóxica alianza de golpistas, proetarras y comunistas, trató de presentar su derrota en la aprobación de los Presupuestos como abnegada consecuencia de su honestidad; como si el felón doctor fake hubiera impuesto inquebrantables líneas rojas a los separatistas catalanes movido por su amor a España. La realidad, sin embargo, es justo la contraria. Sánchez se había humillado ante Quim Torra y Carles Puigdemont hasta el oprobioso extremo de aceptar la figura de un mediador internacional, y si se vio obligado a tirar la toalla es simplemente por el enroque de sus fanáticos socios golpistas, con los que se entiende muchísimo mejor que con Albert Rivera y Pablo Casado, para qué hablar de con Santiago Abascal, que es quien les ha puesto finalmente en su sitio: ante la Justicia.

La realidad de su fracaso no parece haber hecho mella en el nefasto Sánchez, que habla de sí mismo en tercera persona como un megalómano de opereta más que como un gobernante democrático consciente de sus responsabilidades. En su primer acto público tras la convocatoria de elecciones, Sánchez dejó claro que su intención es la de extremar la confrontación política y demonizar a "las derechas" como no lo hace con quienes le hicieron presidente con toda injusticia: los supremacistas de Torra –a quien ya no equipara con Le Pen–, los comunistas del lacayo de los ayatolás Pablo Iglesias y los albaceas parlamentarios de la organización terrorista ETA.

Pedro Sánchez, el candidato socialista menos respaldado por los votantes en todo lo que llevamos de democracia, jamás debió llegar a la Moncloa. De ningún modo lo quiso así la ciudadanía. Una vez en el poder, se reveló un gobernante nefasto, por incompetente y felón. No debe volver a gobernar: eso es lo que deben tener bien claro las formaciones comprometidas con España y la defensa del orden constitucional.

Impasse
Ciudadanos habrá de decidir hacia qué lado vuelca la inestabilidad, sin solucionarla
Gabriel Albiac ABC 18 Febrero 2019

Es el coste de una ley electoral pésima: no hay horizonte hoy en España para un gobierno estable. Y lo sucedido en las dos últimas y fallidas legislaturas de Rajoy está condenado a repetirse. No es algo evitable a voluntad: el mapa sociológico de España se ha transformado. Empeñarse en no alzar acta de ello, es bailar al borde del precipicio.

La división territorial española generó, desde el principio, una distorsión en el voto que ninguna democracia podría permitirse durante mucho tiempo. Y que aquí ha impuesto, como una evidencia, su lógica perversa a lo largo de cuarenta años. En los dos últimos, ese desequilibrio ha venido poniendo a nuestro país al borde del colapso. Volverá a hacerlo. En las elecciones legislativas de abril como en todas las que vengan luego.

Basta confrontar el reparto de escaños de las generales con el de las europeas -que regula la pura proporcionalidad en circunscripción única-, para percibir la estafa que se viene perpetrando contra ese voto ciudadano, al cual se le supone igual valor y retribución representativa para todos.

La ley electoral española bonifica el valor en escaños de los votos obtenidos por los partidos que operan en ámbitos regionales. En los términos que se ajustasen al tópico «un hombre un voto», la representación nacionalista en el parlamento español sería minúscula, casi testimonial. Incapaz, en todo caso, de bloquear la voluntad mayoritaria que están llamadas a expresar las urnas. Durante los cuatro decenios en los que el bipartidismo impuso su lógica, el privilegio de la sobrerrepresentación nacionalista no se percibió como insoportable. Hoy, cuando ese bipartidismo ha muerto para siempre, el regalo de un plus de escaños a CiU, Esquerra y PNV no puede ser percibido por el votante «normal» más que como una estafa. Además de un peligroso factor de parálisis legislativa.

No va a haber mayoría clara tras las elecciones: es lo único que hoy parece indiscutible. Ciudadanos habrá de decidir hacia qué lado vuelca la inestabilidad, sin solucionarla. Esperemos que no se equivoque. Apoyar un agónico mandato del Sánchez al acecho de negociar la independencia catalana, sería para los de Rivera el suicidio: una pena en una fuerza que levantó tanta esperanza.

Sólo la apuesta por un gobierno de concentración constitucionalista podría poner fin a esta agonía cíclica. Procediendo a lo inaplazable: la aprobación urgente de una nueva ley electoral. Dos hipótesis sólo se abren para abordarla: a) sistema de dos vueltas, a la francesa, que favorezca la concentración del voto; b) sistema proporcional puro, que dé razón matemática de la diversidad sin primar territorialmente a nadie. Yo vería mejor la hipótesis a), pero sé que eso es discutible. Lo inaceptable es que el voto de un ciudadano del Ampurdán o del Valle del Urola valga distinto que el de uno de Usera.

Solo luego de esta corrección, podrán los partidos saber de verdad cuáles son sus legitimidades. Y el ciudadano que vota dejará de sentirse engañado.

¡Ojo con el voto de la derechorra!
Carlos Dávila okdiario 18 Febrero 2019

Mañana el aún presidente del Gobierno presenta el libro de su ‘negra’ Irene Lozano. El bodrio se apela “resistencia” que es la cualidad en la que más se reconoce un hombre llamado Sánchez. Dada su querencia irrefrenable al plagio y a la sisa de citas ajenas, hay que brindarle al todavía jefe del Ejecutivo una reflexión nada menos que de Virgilio que en ‘La Eneida‘ dejó escrita esta sentencia: “Resistid y reservaos para días más felices”. Es seguro que como algún bufón de Corte –los clásicos eran un prodigio de cultura– le sople esta referencia, Sánchez la capturará, sin cortarse un pelo, como si la hubiera parido él paseando con Begoña por los jardines de Palacio. Todo con para su uso y disfrute. Y también, claro está, para advertencia de sus enemigos a los que ya viene avisando, como aquel cómico argentino Joe Rígoli que acabó en la indigencia que ‘Yo sigo’.

Pero, a la porra con los eufemismos ilustrados y populacheros. El aún presidente no tiene como norma de vida los escrúpulos, es un sablista del poder que el viernes se montó con el dinero de todos los españoles un mitin político para hacer algo que nunca hubiera querido hacer: llamar al rebato de las urnas. Hace muy poco, siete días apenas, su gurucillo Redondo –ahora más empequeñecido– aseguraba a mil interlocutores, los que le caían al teléfono, que de ninguna forma su jefe Sánchez, al que tiene diariamente en un ¡Ay! Iba a convocar elecciones. Se lo decía empresarios, a confidentes más o menos afectos al régimen monclovita, y a todo el que recurría al citado gurú para saber a qué atenerse con su vida.

Sea porque en ese momento el dúo ocupante no tenía la menor intención de cerrar el Parlamento, sea porque Redondo mintió descaradamente a sus confesores, lo cierto es que Sánchez ha convocado, por lo que a partir de ahora es muy conveniente abandonarle en las citas y ocuparse de un solo objetivo; a saber, cómo impedir que el día 29 de abril próximo siga en la poltrona que ahora tiene alquilada. Ese es el fin que debe perseguir la derecha española, una parte de la cual, la derechorra sempiterna, se suele distinguir por propinarse habitualmente un patadón en su propio tafanario. Si esta facción bastante pazguata y bobita, cayera de verdad en la cuenta de que ahora lo imprescindible es apear a Sánchez del Falcón que ha venido utilizando como si fuera un púber con patinete regalado por sus papás, no tengo la menor duda de que se ocuparía de realizar ese menester. Se trata de un imperativo democrático: votar por quien más daño haga a las expectativas del presunto resistente. Lo demás, los sufragios estéticos, los de “yo no voto al PP porque se ha cargado la despenalización del aborto”, o “porque Rajoy tenía que haber mandado los tanques a la Diagonal”, en esta tesitura representan un ejercicio de torpeza electoral inaudita, son un balón de oxígeno para el guapo con gafas 2019. Esta vez no es ocasión del voto útil sino del voto imprescindible.

Qué más quiere Sánchez, su gurucillo Redondo, que quita y pone contertulios en la televisión gubernamental como si fuera su cortijo, y esos ministros fanáticos que aplaudían a su mecenas con más pasión todavía de la que utilizan los ultras madridistas festejando las piruetas de Vinicius Jr., qué más quieren que encontrarse en la taberna de enfrente con una oposición dividida en sus voluntades. De siempre ha admirado esos editoriales de periódicos tan izquierdistas como The Washington Post que el día de las elecciones presidenciales someten el voto de sus lectores a la consideración de esta triple pregunta: “¿Son ustedes más ricos que hace cuatro años?”, “¿Son ustedes más libres que hace cuatro años?”, “¿Están ustedes más seguros que hace cuatro años?” Pues bien, les dicen: “Pronúnciense en consecuencia”. Aquí, en la España de hoy mismo, deberíamos preguntarnos: “¿Se ha conchabado Sánchez con los separatistas catalanes?”, “¿Ha perseguido la enseñanza concertada y la educación religiosa en los colegios?”, “¿Ha anunciado o no una persecución fiscal sin precedentes?”, “¿Ha gobernado gracias a los soviéticos de Podemos y a los etarras de Bildu?”, “¿Ha compuesto un Gobierno de trampantojos en el que no se libra ni el astronauta que está en las nubes?”. Entonces, de qué estamos hablando. Voten a quien con certeza tenga más posibilidades de echar a esta pesadilla nacional. ¡Ojo con hacer caso a la derechorra que aún añora la España en que estaba prohibido votar!
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