AGLI Recortes de Prensa   Jueves 21  Febrero 2019

Celaá pretende negar una realidad evidente
EDITORIAL El Mundo  21 Febrero 2019

La ministra de Educación y portavoz del Gobierno intentó ayer negar lo que muchos padres vienen denunciando en Cataluña: que los libros de texto son una herramienta del independentismo para adoctrinar ideológicamente a los escolares. Y lo hizo, con todo descaro, utilizando unos datos que nadie sabe de dónde han salido. Según Isabel Celaá, citando al Gremio de Editores de España, de 60.000 manuales escolares, sólo un 0,2% contiene "adoctrinamiento reconocido". Un dato que ha sorprendido tanto a la Federación de Gremios como a la Asociación Nacional de Editores de libros y material de enseñanza, que han asegurado que no se encuentra entre sus funciones realizar estos estudios.

Es lamentable que, fracasada su estrategia de acercamiento a los secesionistas, el Gobierno se muestre todavía dispuesto a seguir maquillando el deterioro de la educación en Cataluña, que está poniendo en riesgo la formación de varias generaciones de alumnos. Acierta Albert Rivera al comprometerse en volver a instaurar el español como lengua vehicular en los colegios de toda España si accede al Gobierno. La imposición lingüística y la manipulación de la Historia son los dos elementos que configuran la pulsión identitaria de los nacionalismos excluyentes.

Las promesas electoralistas no hay que cumplirlas
Nota del Editor  21 Febrero 2019

Como en las antiguas tiendas, Ciudadanos no necesita aclarar que sus principios los guarda en la cámara por el calor. Como no tiene principios, no hay peligro de que se estropeen. Y si los tuviera, como ya está demostrado que las promesas electoralistas no hay que cumplirlas, pues eso. Cuando hace ya muchos años Rivera en persona consiguió reunir una escasa docena de personas en su presentación en La Coruña, ante la pregunta obligada sobre la imposición de la lengua regional, y su respuesta sin fundamento, uno de los asistentes le dijo que con aquello se le caía el sombrajo encima, que carecía de principios (su posición era claramente anticonstitucional que establece deber de conocer el español y no establece deber de conocer lengua regional alguna).

El español y 'La Eneida'
RAÚL DEL POZO El Mundo  21 Febrero 2019

Albert Boadella piensa que ha existido una inducción de la paranoia contra España. España durante el bipartidismo no respondió a la paranoia supremacista, contra las leyes y la lengua y ahora vamos a vivir un fuego graneado sobre Cataluña. La última sesión de control fue una cacería en la que se disparaba a la cabeza de los líderes como si fueran codornices. Pablo Casado aconsejó a Pedro Sánchez que empaquete el colchón: "Nadie hizo tanto daño a España en tan poco tiempo". Dolors Montserrat (PP) definió al presidente del Gobierno, como el traidor de Moncloa. El presidente del Ejecutivo le dijo a Albert Rivera: "Usted debe de tener el armario lleno de chaquetas, donde se ve que la última que se ha puesto huele a naftalina, la de la ultraderecha". Joan Tardá (ERC) llamó a Rivera fascista y recordó a Pedro Sánchez que Cataluña va a ser su tumba, después de que haya ido al casino a jugarse la mayoría que permitió echar a Mariano Rajoy. En estas elecciones trastornadas va a ser difícil conjurar al caos, pero hay algunas propuestas que pueden evitar la disolución de España como nación.

Albert Rivera se comprometió ante los diputados de Ciudadanos a que, si llega a ser presidente del Gobierno, el español será lengua vehicular en todas las escuelas públicas. Prometió volver a implantar un idioma que se habla en todo el planeta, cuando el español está siendo tratado en algunas comunidades como una lengua extranjera, algo que no ocurrió ni con el latín, el griego, el inglés o el francés cuando los pueblos que dominaban consiguieron la independencia. Esa pulsión sádica por destruir un idioma resulta estúpida. Pueden acabar con España como nación, pero nunca podrán desterrar la lengua. En Grecia y Roma se consideraba bárbaros a los que no hablaran el latín o el griego, la fuerza más viva de la unidad de sus civilizaciones. El castellano fue el habla de los que consideraban que de hombre a hombre no va nada y con sus vocablos conquistaron la mayor parte del universo. Los bárbaros se romanizaban leyendo a Virgilio el que pensaba que cualquier suelo es la patria de un hombre como el mar para los peces, pero la verdadera patria es la de las églogas; por eso dejó de cantar al son de la leve arena y narró cómo las naves cortaban las espumas con las aceradas proas, para fundar una nación y un idioma. La Eneida era una cartilla, un catón -como ahora debería ser otra vez Don Quijote de la Mancha- para saber de dónde veían y adónde iban.

Se disolvió Roma, pero no el latín.

El futuro era Franco
Isabel San Sebastián ABC  21 Febrero 2019

No se trataba de la Educación, ni de la revolución tecnológica, ni tampoco de la investigación, anclada desde antaño en el unamuniano «que inventen ellos». No se referían a salir de la irrelevancia internacional o al menos a consolidar un crecimiento económico que, por primera vez en lustros, nos había situado a la cabeza de la Unión Europea. No. El «futuro» del que nos hablaban murió hace cuarenta y cuatro años en su cama. El «futuro» al que era menester mirar con ilusión lleva enterrado cuatro décadas, durante las cuales España ha experimentado una evolución prodigiosa que algunos ansían revertir cuanto antes. El «futuro» era Francisco Franco. Un fantasma sin el cual no parecen saber vivir.

El protagonista de esta campaña será el espectro del dictador, cuyos restos mortales componen el estandarte del PSOE. La exhumación de esos huesos se ha convertido en el único triunfo tangible al que aún puede aspirar Pedro Sánchez, toda vez que ha fracasado en cada una de las metas que se marcó a sí mismo al presentar su moción de censura contra Rajoy. Ni ha frenado a los golpistas catalanes (antes al contrario, están más envalentonados que nunca), ni ha tumbado la reforma laboral (afortunadamente para los trabajadores), ni ha erradicado la corrupción y las corruptelas (ostenta el récord absoluto de estrechos colaboradores titulares de sociedades destinadas únicamente a pagar menos impuestos), ni mucho menos ha hecho gala de más «decencia» (por emplear su expresión) que su predecesor. De hecho, no recuerdo a un presidente de Gobierno pillado en más flagrantes mentiras en solo ocho meses de mandato.

De todas las promesas hechas con la fatua solemnidad que le caracteriza, la de expulsar a Franco del Valle de los Caídos es la única que tal vez pueda cumplir antes de que las urnas dicten su veredicto. Y a juzgar por el énfasis que ponen en ella sus televisiones amigas, es de suponer que lo hará. Cuando el general haya sido desalojado de su actual sepulcro, si es que finalmente así es, acaso nos sea dado devolverle al feliz olvido en el que estaba antes de que el revanchismo lo sacara de su sueño... o no. Porque una «resurrección» de semejante calado produce efectos en cadena de magnitud incalculable, que tienen nombre y también siglas.

En todo caso, mientras nos distraen a placer con el insigne difunto, el sistema de pensiones semeja cada vez más una estafa piramidal en la que nos va la jubilación. Y por más que para Sánchez el futuro sea Franco, para una gran mayoría de españoles el suyo y el de sus hijos pesa más en la preocupación, ya que se trata de un porvenir sombrío donde los haya. Más de cien mil millones de déficit arrastra a día de hoy ese mecanismo obsoleto, enfrentado a la demografía, que únicamente subsiste a base de voluntarismo y créditos. No hay partido político que se atreva a ponerle el cascabel al gato, hasta el punto de que incluso las tibias reformas introducidas en su momento por el PP con el fin prolongar unos años su sostenibilidad han sido rechazados por la izquierda «progresista», cuyo modelo económico consiste en garantizar «derechos sociales» subiendo impuestos a «los ricos». O sea, la gallina que acaba en ruina. El Pacto de Toledo ha encallado y todo sigue como estaba, abocado a la quiebra... pero Franco será exhumado del valle de los Caídos. O no.

Retorno antisemita
Gabriel Albiac ABC  21 Febrero 2019

Un primer ministro, dos expresidentes, una muchedumbre de cargos representativos que iban desde la derecha más conservadora hasta la izquierda comunista. Sin excepción. Y decenas de miles de ciudadanos. Anteayer. En la plaza de la República: el espacio ceremonial que París reservó siempre a las grandes manifestaciones. Esa misma noche, el presidente Macron, junto a los presidentes del Parlamento y el Senado, acudía al Memorial de la Shoá, a cuatro pasos de Notre Dame, para rendir a la memoria del genocidio el respeto en el cual una nación no puede dejar de reconocerse.

Veo las fotos de la manifestación. Y una plácida melancolía cataloga en mi memoria tiempos idos. Allí, en esa plaza y hace casi medio siglo, viví las vísperas del desenlace de la guerra de Vietnam; allí, los últimos estertores del post 68. Allí he vivido algunas de las más importantes manifestaciones en demanda de la democracia para España. Pero esta vez, en la plaza de la República, con todo el arco parlamentario al frente, Francia afrontaba un drama interno y viejo. Su envergadura es mayor, porque en tal drama se deciden un presente y un futuro inciertos: el resurgir de su peor historia, de esa historia oscura que anida en las zonas silenciosas de todas las naciones, como anticipo de lo que retornará si no lo combatimos. El antisemitismo ha vuelto. Con los más duros rasgos que haya exhibido en Francia desde 1945. Y ha vuelto bajo dos máscaras que ahora se entrecruzan: el nuevo odio antijudío, que se atrinchera en las periferias musulmanas de las grandes urbes; el viejo antisemitismo, que hunde sus raíces en Drumont y al cual diera terrible escena el proceso Dreyfus.

El antisemitismo no es -lo he escrito muchas veces, lo repito- un asunto judío. En él se juega algo primordial, cuya dimensión es más teológica que histórica: ¿puede un hombre decidir a quién acepta y a quién excluye de la especie humana? El antisemita opera esa amputación con la placidez de quien juzga estar ejerciendo una depuración higiénica: juzga al judío enfermedad contagiosa a erradicar. De eso se trata, de eso ha hablado siempre el antisemitismo. En la Centroeuropa de Hitler: «Si llamo hombre al ario, estoy obligado a dar un nombre diferente al judío». En la Francia de Céline, de Rebatet o de Drieu: porque se puede ser gran escritor y genocida entusiasta, y puede que lo más horrible de todo sea constatar cómo la inteligencia no preserva de la barbarie.

Desde que Drumont exigiera, en su best seller La France juive de 1886, la expulsión o esterilización de la población judía en Francia, hasta la profanación de tumbas judías la semana pasada o el ataque contra el filósofo y académico Fienkelkraut al grito de «vete a Israel, judío», un mismo fantasma sobrecoge a quienes aún no olvidan a los seis millones de civiles asesinados por el nazismo. A los que aún no olvidan el celo sobresaliente con que los gobernantes de Vichy se unieron a esa estrategia, a partir de la sombría «redada del Vél’ d’hiv», en la noche del 16 de julio de 1942.

En la manifestación, dos expresidentes: a izquierda y a derecha. François Hollande: «El antisemitismo no es asunto de lo judíos, es asunto de todos los franceses». Nicolas Sarkozy: «El Estado debe responder. Estoy seguro de que lo hará, pero hay que hacerlo de inmediato y con firmeza extrema». Y a mí me viene a la cabeza el ataque que, hace un mes, una banda de bárbaros perpetró contra el homenaje a las víctimas de Auschwitz. Fue en Madrid. El Estado no dijo nada.

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Hombres pequeños, excusas increíbles
Los acusados se mueven en la contradicción de defender el derecho a decidir a la vez que alegan que no hicieron nada para materializar la consulta del 1 de octubre
Pedro García Cuartango ABC  21 Febrero 2019

Decía Cornelio Tácito que «para quienes ambicionan el poder no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio». Los líderes independentistas que se sientan en el banquillo han pasado del peso de la púrpura a la cárcel, toda una lección de la fragilidad de la condición humana.

Sin el ropaje de sus cargos y de los laureles del mando, los Forn, Turull, Romeva, Rull, Mundó y compañía parecen personas vulgares y corrientes, empequeñecidas por el terciopelo y los mármoles del Supremo. Lo reflejaba ayer magistralmente Ignacio Camacho en su columna: «resulta imposible no preguntarse cómo gente tan mediocre pudo llevar a cabo un desafío capaz de sacudir los cimientos de un Estado aparentemente granítico». Pero lo mismo le sucedió a Napoleón en su exilio de Santa Elena cuando el hombre que había doblegado a Europa se quejaba de la mala condimentación de la comida en la Longwood House. Rull le emuló al lamentarse de la grasa de las hamburguesas en la cárcel de Soto.

En cambio, la figura de Manuel Marchena se agranda desde su silla curul, que le eleva algunos centímetros sobre el resto de los magistrados. Su tono de seguridad y su solvencia jurídica intimidan. Y a ello contribuye la impresionante escenografía de la sala. Le flanquean dos fasces de bronce romanos que llevaban los magistrados como signos de su imperium. Sus 30 varas de olmo simbolizan la unión y el hacha, la fuerza de la ley.

El presidente escuchó impertérrito las quejas de Rull por no expresarse en su idioma materno y su alegato contra la legitimidad del Tribunal Constitucional, al que calificó de «instrumento político del Estado».

El exconsejero de Territorio formuló una inédita teoría política: la del poder que emana de «la confianza en el pueblo catalán». Fue esa fe la que, según él, hizo aparecer milagrosamente las urnas y las papeletas de la consulta sin ninguna intervención del Govern y con cero gasto público.

Dolors Bassa, exconsejera de Trabajo, adoptó la línea de defensa del choque de legalidades, incidiendo en el argumento del conflicto de intereses entre el Gobierno y la Generalitat. A su entender, la declaración unilateral fue puramente «política» sin ninguna consecuencia práctica.

Sus palabras muestran la contradicción del discurso independentista, que, por un lado, se reafirma en la legitimidad del derecho a la autodeterminación mientras que niega que hiciera algo para ejercerlo. Eso se llama una aporía. En la mejor tradición sofista, es la misma lógica que adoptó Zenón de Elea cuando intentaba demostrar que Aquilés nunca alcanzaría a la tortuga. El problema es que nuestros ojos indican lo contrario.

Derecho y democracia
Ignacio Camacho ABC  21 Febrero 2019

Se llama Estado de Derecho a aquel en que los miembros de la comunidad se someten a un marco jurídico previo y por lo general fijado por escrito. Esas leyes organizan los derechos y los deberes de los ciudadanos y obligan también a las autoridades y a los legisladores que las han establecido mediante un procedimiento democrático legítimo. Por eso los responsables públicos juran o prometen lealtad a esos principios y aceptan respetarlos y cumplirlos en la conciencia de que cometerán delito si violan ese elemental compromiso. El ejercicio del poder, cualquiera que sea su naturaleza, no autoriza a nadie a saltarse las reglas que el pueblo se ha dado a sí mismo, ni siquiera invocando la supuesta voluntad de ese pueblo como respaldo subjetivo de un designio político. Se trata de un mecanismo sencillo: fuera del cauce constituido, ningún representante institucional puede inventar por su cuenta un sujeto soberano distinto.

El llamado conflicto catalán consiste, en esencia, en el intento sesgado y torticero de enfrentar a la democracia con el derecho. El primer día del juicio del procés lo explicó bien claro el fiscal del Supremo y ayer fue el Rey el que aprovechó un congreso de juristas para volverlo a poner de manifiesto. El monarca es el primero que está sometido a la Constitución, y de él para abajo no caben excepciones ni privilegios. El marco se puede cambiar, pero reuniendo una mayoría para ello, no creando mitos sobre una presunta superioridad colectiva prevalente ante el ordenamiento. La insurrección separatista se basa en el desprecio a las pautas de convivencia que rigen en el sistema completo. La república no existe (idiotas), ni tampoco una soberanía diferente a la del único pueblo, el español, que la Carta Magna reconoce como fuente de poder verdadero. La democracia consiste en el respeto a la ley, sin el que no existe libertad, y la Justicia es el método para salvaguardar el cumplimiento de sus preceptos.

El separatismo se ha presentado ante los tribunales fingiendo obedecer una legalidad paralela inspirada en una simple convicción que en realidad no es sino una quimera. La democracia española no sólo no penaliza las ideas, sino que es tan abierta que permite defender una aspiración de independencia. Pero lo que han hecho los independentistas es proclamar la secesión mediante una revuelta, un motín planificado, una cadena de actos de desobediencia. Su reclamación victimista es de una impostura ofensiva, grosera; sabían que atacaban al Estado y no les puede extrañar que el Estado se defienda.

Sucede que, expertos como son en la creación y divulgación de patrañas, se agarran a la ficticia contraposición entre emociones y razón con la vaga esperanza de confundir a ciertas mentalidades básicas. Pero se han equivocado en la estrategia y en la táctica porque han minusvalorado la energía estructural que puede desplegar España.

El carnicero de Puigdemont
José García Domínguez  Libertad Digital  21 Febrero 2019

El carnicero personal de Carles Puigdemont, su amigo y tocayo Carles Sastre, célebre asesino en su día de los ancianos Bultó y Viola ahora reciclado profesionalmente en el oficio de promover bullangas callejeras con cargo a los presupuestos de la Generalitat, ha convocado otra huelga general, la enésima, esta vez con el argumento de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Y ello pese a saber de sobra, tanto él como su patrón, que la única huelga general que ha tenido éxito en Cataluña de un tiempo a esta parte ha sido la de inversiones; un éxito tan apoteósico, total e incuestionable que en el Registro Mercantil de Barcelona ya no dan abasto con las decenas de empresas que a diario acuden a sus oficinas con la intención de arreglar el papeleo para largarse cuanto antes del país petit. Por lo demás, prueba definitiva de que Cataluña es una nación de chichinabo (espero que no se me ofenda el altermundista mesetario Juan Manuel de Prada), aquí los paros laborales los convoca de modo rutinario el Gobierno de la Generalitat a través de su canal de televisión particular. Unos paros de pretendida vocación general, los que diseña y pastorea el alto mando político de la Administración, siempre con el inestimable auxilio colorista y folclórico de los CDR y demás parásitos ociosos de la ANC y Òmnium, en los que acontece por norma algo único en el mundo todo.

Porque este lugar desde el que ahora escribo debe de ser el exclusivo rincón del planeta donde los obreros, los obreros de verdad y no de pega, jamás se prestan a participar en las huelgas generales insurgentes, esas que entre nosotros patrocinan con incontinente furor el carnicero y el compadre del carnicero. En Cataluña, es sabido, las tortillas y las declaraciones de independencia se hacen sin huevos; y las huelgas generales, sin obreros. He ahí, acaso, el verdadero hecho diferencial doméstico. Porque en esas continuas algaradas institucionales que nos montan los mandados del ido hay siempre mucho cura estelado y probablemente tocón, mucho letraherido con nómina fija de catorce pagas en alguno de los cien mil abrevaderos que se dicen culturales y que penden del erario autonómico, mucho iracundo cantamañanas liberado por cualquier otra de las cien mil entidades sin ánimo de dejar de vivir del contribuyente que ha ido alumbrando incansable el procés.

Mucho funcionario regional inútil enchufado gracias a portar el ADN correcto en mucho organismo regional no menos inútil, mucho profesional liberal beneficiario de los infinitos mercados cautivos que ha ido creando el nacionalismo con mando en plaza durante los últimos cuarenta años, mucho empresario ineficiente y mediocre que –a falta de otro atributo– consigue facturar todos los meses gracias a envolverse en una señera todas las mañanas, pero ningún obrero de los de casco de plástico y mono azul. Muchos niños y niñas de la CUP con sus camisitas y sus canesús, pero ni un solo proletario de los de las grandes plantas fabriles del Bajo Llobregat. Mucho y mucha chupatintas de la Generalitat, pero nadie de la Seat, ni de la Nissan, ni de FCC, ni de nada lejanamente relacionado siquiera con la otra Cataluña, la que se tiene que ganar la vida ofreciendo sus productos y servicios en los mercados globales; la que trabaja de verdad y no vive del cuento identitario. El carnicero y su amo solo mueven a los nietos de Zumalacárregui. Y a nadie más.

Huelga a la catalana de un asesino
Pablo Planas  Libertad Digital  21 Febrero 2019

La Generalidad y el Ayuntamiento de Barcelona han suspendido sus agendas oficiales para este jueves 21 de febrero. Se suman así a la huelga general convocada por un sindicato minúsculo, la Intersindical Confederación Sindical Catalana. Tal sindicato es el chiringuito independentista financiado con recursos públicos para que el asesino del empresario José María Bultó y fundador de la organización terrorista Terra Lliure Carles Sastre se pegue la vida padre.

Este sujeto es una celebridad entre los golpistas y la figura imprescindible para dar una pátina laboral a las huelgas separatistas. El sindicato de este asesino y exterrorista ("gran reserva del independentismo", según TV3) registró la convocatoria de huelga general con la excusa de pedir la derogación de la reforma laboral del PP y la subida del salario mínimo a los 1.200 euros. La típica astucia nacionalista, porque todo el mundo sabe, hasta el consejero de Interior de la Generalidad, Miquel Buch, que la huelga es por los "presos políticos" y los "exiliados". O sea, una huelga ilegal con apoyo oficial que el catalanismo le endosa a la población catalana porque se cree que todo el mundo es gilipollas menos ellos.

Es lo mismo que la proclamación de la república catalana, que, según se trate del Supremo o de un acto institucional de la Generalitat, no es nada o es la polla de un mandato popular. Así, el sindicato de un exterrorista encabeza este jueves la reacción del cívico y pacífico movimiento independentista ante el juicio contra algunos de sus líderes que no se fugaron. En el extraordinario caso de que esta tropelía fuera alguna vez juzgada, no cabe duda de que los acusados dirían que la huelga era por la reforma laboral y el salario mínimo, nada que ver con el golpe de Estado in progress.

De tal manera que este jueves el separatismo catalán demostrará quién manda en Cataluña, toda vez que sus gobernantes se han adherido a la huelga convocada por un condenado por asesinato que fundó un grupo terrorista. Y las buenas personas de los Comités de Defensa de la República (CDR) boicotearán los transportes públicos mientras los profesores por la república cerrarán los colegios. Todo cívico y siempre pacífico. Vía catalana.

La Fiscalía y el 'procés' catalán
IGNACIO GORDILLO El Mundo  21 Febrero 2019

Cuando los redactores de la Constitución de 1978 tuvieron que ubicar la institución del Ministerio Fiscal en el texto se enfrentaron a un importante problema. Algunos eran partidarios de incluirlo en el Título referente al Gobierno, y, en concreto, dentro del Ministerio del Interior o del Ministerio de Justicia. Otros creían que lo más lógico era hacerlo dentro del apartado del Título de las Cortes Generales o regularlo como la institución del Defensor del Pueblo. Pero, al final, la postura mayoritaria se decantó por incorporarlo dentro del Título VI referente al Poder Judicial. Y así se reguló en el artículo 124 de la Constitución, señalando que el Ministerio Fiscal tiene como misión "promover la acción de la Justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la Ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social".

El Ministerio Fiscal está dentro del Poder Judicial con autonomía funcional propia. Es una parte imparcial que actúa en el procedimiento y siempre bajo los principios de legalidad e imparcialidad. Como establece el artículo segundo del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, "es un órgano de relevancia constitucional con personalidad jurídica propia, integrado con autonomía funcional en el Poder Judicial".

Durante muchos años hemos visto que ha sido cuestionada su independencia por el hecho de que el fiscal general del Estado sea designado por el Rey a propuesta del Gobierno. Siempre ha sido un aspecto muy difícil de entender para los ciudadanos. Igualmente, la actuación de algún fiscal general que dio órdenes intolerables a los fiscales, como las que recibió el autor de este artículo al interesar la libertad de los presos preventivos en la causa de los GAL como "órdenes del Gobierno", y que no fueron en favor de la independencia del Fiscal.

Por el contrario, si teníamos alguna duda, la reciente actuación de los fiscales en la causa del procés, seguido ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, ha venido a certificar, de una vez para siempre, que el Ministerio Fiscal es un órgano integrado en el Poder Judicial con independencia en sus funciones, con sujeción única y exclusiva ante la Ley y ajeno totalmente a cuestiones políticas.

Los fiscales del Tribunal Supremo, al responder a las cuestiones previas presentadas por los defensores de los procesados golpistas, han dejado de forma clara y contundente que:

"El derecho a decidir corresponde a todo el pueblo español"...
"No hay legalidad democrática fuera de la legalidad constitucional"...

"No hay una soberanía catalana, hay una soberanía del pueblo español. El derecho a decidir corresponde a todo el pueblo español"...
"La actividad política no es una patente de corso que justifique la comisión de acciones delictivas. El objeto de este proceso no es el independentismo"...

"Lo que se enjuicia es un plan concertado, minucioso y pluriconvergente para llevar a cabo un alzamiento violento y público para desafiar el orden constitucional"...
"Éste es el juicio del triunfo de la democracia"...

"Nadie es perseguido por sus ideas sino por sus acciones"...
"(Quisieron) expulsar la Constitución y el Estatuto por una legalidad paralela"...

"Cualquier persona es libre de discrepar de la Ley pero no puede desobedecerla"...

Sería interesante que Europa tuviera conocimiento de los graves hechos que se están enjuiciando ante el Tribunal Supremo con el fin de evitar la denegación de las euroórdenes por parte de algunos tribunales alemanes o belgas, como ha ocurrido recientemente.

Por todo ello, los españoles tenemos que agradecer a todos los fiscales por su total entrega al delicado trabajo que tienen, por su defensa del Estado de derecho, por su defensa de la Constitución y del ordenamiento jurídico, así como por su moderación y equilibrio en el amparo de la legalidad vigente.

No debemos olvidar que el Ministerio Fiscal representa la acusación pública, pudiendo iniciar la acción penal por delitos públicos o semipúblicos. Los delitos privados son única y exclusivamente perseguibles a instancia de la persona agraviada (mediante la correspondiente querella). Actualmente, en nuestro Código Penal se consideran delitos privados única y exclusivamente la injuria y la calumnia entre particulares.

Pues bien, como hemos dicho, la Fiscalía inicia el proceso penal mediante denuncia o querella, aunque también pude iniciarse de oficio a través de atestado policial. En el caso del procés, fue el fiscal general del Estado José Manuel Maza, representando al Ministerio Público, quien a través de querella inició la causa penal compareciendo en todas las fases del proceso (instrucción, fase intermedia y fase del juicio oral) y así garantizando el cumplimiento de todas las garantías constitucionales y ejercitando la acción penal actúa en defensa de los intereses de la colectividad. El resto de acusaciones, tanto la acusación particular, en la presente causa a través de la Abogacía del Estado, como la acusación popular, representada por un partido político, actúan además con otras finalidades diferentes y generalmente más partidistas. Sería interesante plantearse en un futuro si se debe permitir a los partidos políticos acudir al proceso como acusación popular, ya que es algo que desvirtúa la esencia del proceso penal.

Desde que comenzó el juicio del procés, son muchas las personas que se han acercado a los fiscales para agradecer la postura que están teniendo en dicho juicio. Y no es para menos. Hay que recordar que estamos ante unos hechos muy graves que comenzaron en el año 2012 con la firma del Acuerdo para la Transición Nacional y que, como señala el escrito de calificación de la Fiscalía, "los acusados dirigieron, promovieron y participaron activamente en la ejecución de una estrategia perfectamente planificada, concertada y organizada para fracturar el orden constitucional con el fin de conseguir la independencia de la Comunidad Autónoma de Cataluña como nuevo Estado con forma de República segregándola así del Reino de España".

La aprobación de la Ley de Referéndum de Autodeterminación y la Ley de Transitoriedad jurídica hacia la República del 6 y 7 de septiembre de 2017, ambas suspendidas y después anuladas por el Tribunal Constitucional, fueron el primer paso para la rebelión que concluyó con la celebración del día 1 de octubre de ese mismo año del referéndum ilegal y la declaración unilateral de independencia y declaración de la República el 27 de octubre.

El compromiso con la Constitución del entonces fiscal general del Estado José Manuel Maza, fallecido en Argentina, en viaje de trabajo y firmante de las iniciales querellas contra los golpistas, fue el inicio de la causa que ahora se está enjuiciando ante el Tribunal Supremo. Sirvan estas líneas como homenaje permanente al fiscal Maza.

Es un enorme orgullo pertenecer a la carrera fiscal, aunque en la actualidad no esté en activo. El trabajo de los fiscales en muchas ocasiones no es bien entendido por la ciudadanía, pero su único fin es siempre la defensa de la Ley. Son un ejemplo total en la defensa de la Constitución y del ordenamiento jurídico vigente. Por eso son los mejores defensores de la unidad de España.

Distinta es la institución de la Abogacía del Estado, que depende del Ministerio de Justicia y actúa con otras finalidades más políticas que jurídicas.

Por todo ello, a los fiscales, a todos los fiscales: muchas gracias por vuestra actuación diaria y por vuestro ejemplo. Tenéis el reconocimiento de todos los españoles.

Ignacio Gordillo Álvarez-Valdés es abogado y ex fiscal de la Audiencia Nacional.

Los consensos caducados tras el otoño catalán
Andrea Mármol. vozpopuli  21 Febrero 2019

Los ecos del otoño catalán van a resonar con fuerza durante toda la campaña electoral. Hay a quien parece molestarle inmensamente que esto sea así y se lamentan de que el debate público verse sobre la defensa de la Constitución y no sobre los problemas de “la gente”, como si a las personas no les afectara el ajuste a la ley de sus gobernantes o como si los no nacionalistas en Cataluña no fueran gente porque su mayor amenaza son los políticos que les gobiernan. Es la falsa dicotomía de la España que frena desahucios y la que saca la bandera constitucional, que van a seguir entonando, por ejemplo, los dirigentes de Podemos, empeñados en esa cantinela. Su aflicción por tener que hablar de banderas sería mucho más creíble si no llevasen tantos años bailándole el agua a los nacionalistas catalanes y uniéndose a ellos cada vez que tenían ocasión de sumarse a sus consignas contra la democracia española.

Sea como fuere, la conclusión de que se va a votar pensando en Cataluña es generalizada. La izquierda asume con pesadumbre que toca defender los cimientos de una democracia que durante años han vendido como débiles para justificar su retórica siempre inflamada. Y los partidos nacionalistas, cómplices de ese mismo pecado de exagerar hasta lo absurdo las similitudes de España con ciertas dictaduras, temen un plebiscito contra sus intereses en las próximas elecciones generales. En realidad, todo interés particular es difícilmente conciliable con el interés general, pero en este país los sostenes nacionalistas a los sucesivos gobiernos han legitimado los egos territoriales en esas negociaciones. En cualquier caso, la preocupación del separatismo catalán, como la del PNV, es consecuencia de haber tomado nota del consenso que fulminó el golpe institucional de 2017. Lo sorprendente es que no lo hayan hecho otros.

La primera la lección que el otoño catalán nos dejó fue que basta con convertir en realidad una consigna que se finge consensuada como para que el falso consenso se revele como un auténtico sometimiento frente al que decir basta. Recordemos el 'Som una nació' en la pancarta que el socialista Montilla paseó por Barcelona. Cuando los partidos nacionalistas han querido hacer la nación, la sociedad catalana se ha fracturado y una mitad se ha descolgado irreversiblemente del relato oficial que les excluyó durante años. Así son los consensos. En su día fue el Estatut, como puede serlo hoy el mantra que Torra y Puigdemont repiten en los hoteles belgas a falta de Parlamento Europeo. Es sencillamente ingenuo pensar que, en unas elecciones que convocan al conjunto de los españoles con el telón catalán de fondo, esa conmoción no va actuar como aliciente electoral, con una similar potencia para dar al traste con otros constructos igualmente artificiales.

El mantra de que la aplicación de la ley es confrontación ya no tiene cabida siquiera en Cataluña, pero la equidistancia entre la oposición y el separatismo que hace este Gobierno -en el mejor de los casos y ahora que está en campaña- es solo el primer consenso caduco del que debe tomar nota el PSOE. Otro, que debe ser más importante para ellos porque tiene que ver con sus siglas, es el fin del centro gravitacional socialista en España. Pedro Sánchez ha creído que no importaba cuánto se alejase del pacto entre constitucionalistas mientras el país se moviese al compás del partido. Sólo eso explica, por ejemplo, la reacción de toda la órbita socialista ante el rechazo de Ciudadanos a pactar con el PSOE tras el 28-A. Es como si se creyeran con el derecho divino de llamar fascista a cualquiera que durante cinco minutos no comulgue con sus parámetros morales y ofenderse más tarde si llega la sangre al río.

La superioridad moral puede ser una forma graciosa de distanciarse de lo que le queda a uno a la derecha. Los españoles llevamos tiempo acostumbrados a ello y lo hemos asimilado con una naturalidad generosa. Pero la demonización del adversario, la equiparación con la extrema derecha y las graves descalificaciones que ha vertido el PSOE sobre la oposición impiden una respuesta condescendiente y piden rectificación. El PSOE ha jugado a eso pensándose inmune y creyendo que el consenso alrededor de su centralidad era más fuerte que el consenso constitucional. Habrá que ver cuántos le acompañan.

Cuando el crimen convoca una huelga
Miquel Giménez. vozpopuli   21 Febrero 2019

Este jueves hay convocada una huelga general “de país” en Cataluña en favor del separatismo. ¿Quién está detrás de su organización? El crimen. Así de duro y así de triste.

La Intersindical-CSC, antes CSTC, fue un torpe intento por parte de Convergencia para disponer de una organización sindical propia, al estilo del ELA-STV, siglas del Eusko Langileen Alkartasuna, sindicato históricamente ligado al PNV de carácter confesional y ligado a la alta burguesía vasca.

Llegué a conocer allá por la década de los ochenta a uno de sus líderes –su nombre no viene al caso-, demócrata a carta cabal, al que los mismos convergentes –Miquel Roca, en aquel caso– hicieron la vida imposible por defender los intereses de los trabajadores al margen de consignas partidistas. Acabó marchándose harto, claro. Ahora, esa misma central, desnaturalizada y en manos del separatismo lazi, convoca la huelga de hoy, un pretexto para que los violentos del lazo amarillo campen a sus anchas, bloqueen calles y carreteras, interrumpan el trabajo, saboteen a los tenderos y sirva de coartada para que en las escuelas los profesores del odio hagan proselitismo entre nuestros hijos.

Nada de eso es extraño si tenemos en cuenta que quien dirige ese sindicato es Carles Sastre, terrorista y asesino del empresario José María Bultó. Sastre militó en Terra Lliure y en el Exèrcit Popular Català, siendo un estandarte que los separatistas gustan de enseñar a la que pueden. Ha sido visto en los últimos tiempos junto a Torra o Ernest Maragall, así como en TV3, entrevistado por Xavier Grasset, que llegó a calificarlo entre estremecimientos de placer y sonrisitas de conejo como gran reserva del independentismo. A un asesino y en horario de máxima audiencia. Ese es el nivel de miseria moral al que se ha llegado.

Así lo denunciaba gallardamente en el Congreso Juan Carlos Girauta, con la indignación legítima de quienes nos hemos manifestado siempre en contra del crimen, de los criminales y de quienes los han apoyado de manera cobarde y ruin. Gracias, Juan Carlos, por defender a las víctimas frente a sus verdugos. Sastre forma parte del imaginario supremacista que vemos a diario en la sala del Supremo que juzga a los implicados en el golpe de Estado. Cuando el criminal es blanqueado, haciéndolo aparecer en medios públicos como honrados patriotas, cuando los políticos se suman a sus convocatorias, cuando se les ríen las gracias, ha llegado el momento de decir basta. No hay país que tolere tamaña barbaridad, tamaño suicidio colectivo. No puedo imaginarme que en Francia un asesino convoque un paro con el apoyo de una parte de sus políticos sin que el Estado tome cartas en el asunto. Ni en Alemania, ni en el Reino Unido, ni en los USA ni, mucho menos, en esa Rusia en la que buscan amparo y dinero los separatistas.

El flirteo del nacional separatismo catalán con los de la bomba y el tiro en la nuca viene de muy lejos, deviniendo en el mantra de que Otegui es un hombre de paz, desde el viaje de Carod a Perpiñán a las conversaciones que en su día se comenta mantuvo Pujol con Terra Lliure. Al igual que sus homónimos del PNV, los del pasamontañas siempre les parecieron solo unos chicos atolondrados. Digo más, si en Cataluña no hay violencia, cosa de la que se jactan en el juicio los separatistas, es porque no la han necesitado. Estoy convencido de que las listas negras que obran en su poder servirían para algo más que para vetar a quienes están en ellas. No lo duden.

A esa huelga del crimen se han sumado, para su eterna vergüenza, ANC, Ómnium, Unió de Pagesos, la Plataforma 3-O, los CDR y Arran – faltaría más -, entre otras organizaciones que hacen bulto a la hora de redactar un manifiesto ful. También la secundan, y eso es más grave, partidos políticos con representación parlamentaria como son el PDeCAT o Esquerra. Los burguesitos de Sarrià- Sant Gervasi en auxilio del crimen. No recuerdan los paseos que padecieron sus abuelos ni las checas ubicadas en sus propios barrios, como la de Sant Elíes. ¡Qué frágil es la memoria del rico!

El candidato del PP a la alcaldía de Barcelona, Josep Bou, señalaba como responsables de esta huelga a Colau y a Torra, exigiendo que los Mossos y la Guardia Urbana deben preservar la seguridad en la Ciudad Condal. No se esfuerce, don Josep. Cuando es el crimen quien convoca con el apoyo de los partidos que gobiernan la Generalitat, no hay nada que pedir. Y mucho menos a Colau o, y puestos, a los socialistas, callados como muertos ante el terrible atentado que suponen estas afrentas a la democracia, la libertad y, ya que estamos, la huelga, sagrada en todos los regímenes democráticos, y que aquí se pervierte para dar cobertura infame a quienes no la merecen.

O se actúa en serio en Cataluña, y eso va más allá de un 155 cualquiera, o acabaremos con sangre por las calles. De momento, los que la han vertido en el pasado sin arrepentirse son quienes pretenden apoderarse de ellas. Mucho cuidado.

No hagas el mono... dicen los euskonazis
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco  21 Febrero 2019

Traducción de la pancarta… “No hagas el mono. Habla, lee, escucha, aprende… en euskera”. (Cartel colocado en Deba - Guipúzcoa -)

Sigue la racha del esperpento euskonazi. El otro día comentaba una pancarta colocada en el centro de Villava (Navarra); hoy toca esta que pueden ver aquí arriba los lectores. Hace unas décadas llamaban analfabetos a los niños que estudiaban en español, ahora les llaman monos. Esto es lo que hay… pura etnofobia, racismo camuflado, nacionalismo fóbico, fascismo maquillado. No hace mucho se lanzó una campaña que retiraron rápidamente porque se dieron cuenta del ridículo que hacían donde decían… “Si quieres ser buena persona aprende euskera”. Y como se dan cuenta de que estas campañas que promueven la matriculación en modelo D para que los padres no sean libres y queden estigmatizados si eligen el modelo que sea respetuoso con la lengua materna de los niños son vergonzosas... ya ni se atreven a firmar el cartel. Por algo será.

Saben que este fascismo lingüístico que atornilla las posibilidades de crecimiento personal de los niños y jóvenes, y condiciona el desarrollo integral de los escolares, está llevando a que la gente aprenda euskera, obtenga el título y luego lo olvide, y que el uso social del euskera siga igual que hace treinta o más años. Lo saben. Pero como tienen el control social, siguen imponiéndolo. Mientras tanto, los burukides nacionalistas llevan a sus hijos a colegios ingleses o franceses o alemanes, o los envían al extranjero a estudiar para que dominen bien lenguas internacionales. Es una forma de aparentar la democratización de la educación mientras se hace lo contrario… un elitismo que forme oligarquías.

En Navarra intentan imponerlo, pero no lo consiguen en la medida de lo que pretenden. Están buscando ansiosamente unificar el territorio y acabar con la zonificación lingüística. Ya lo hicieron en las Vascongadas, vasconizadas, dejando en el limbo el artículo 16 de la Ley de Normalización del Uso del Euskera que preserva las diferentes realidades sociales y culturales preexistentes; que no se cumple, sin que ningún partido ni sindicato exija su vigencia, que sería lo normal. El Diario de Navarra traduce la realidad de la situación. A más presión, resistencia pasiva, es decir, menos inscripciones de niños en la escuela pública huyendo de la politización y menos demanda de modelo D, encadenando el tercer curso de descensos en la matriculación en inmersión lingüística y en la red de centros directamente dependientes de la Administración. Porque la sociedad navarra aún es libre y no está embridada como en el País Vasco, por fortuna. Pero si siguen gobernando los euskonazis aplicarán las mismas políticas de discriminación positiva a los centros concertados obligando a pasar por el aro de la euskaldunización forzada a sus alumnos, dándoles más subvenciones que al resto. Lo veremos. Todo está ya experimentado. Tiempo al tiempo, salvo que echemos de las instituciones a los euskonazis.

Me dirán que no mantengo las formas educadas y correctas, respetando a los que no estén en mis posiciones. Pero no… No es una cuestión ideológica. Es un planteamiento defensivo contra los que no aceptan el pluralismo social, cultural y lingüístico y aplican políticas de tierra quemada, de exclusión de la gente que pide que se respete los derechos de los niños, de sus hijos o nietos; de gente que pide, en definitiva, el supremo derecho a la lengua materna, al respeto constitucional al artículo 3 de la Ley de leyes, al superior interés del niño que nunca ha de estar supeditado a razones políticas sino a su exclusiva protección. Y quien no lo hace es el fascio euskonazi, y punto. Y quien colabora con los euskonazis, los chamberlains de turno, imitando las políticas de apaciguamiento (appeasement) respecto a Hitler, es cómplice y culpable.

Me dirán… usted es un pelma. Siempre está con las mismas monsergas. Pues sí… Y tengo mucho carrete aún con mucho hilo. Porque lo que están haciendo ustedes es infumable, por mucho silencio de los corderos que rodee sus políticas, en unos casos por pura cobardía y en otros por contemplación pasiva borreguil. ¡Qué le vamos a hacer! Moriré con la conciencia tranquila. Allá cada cual.

Me uno a las palabras del gran D. Gregorio Salvador, académico y maestro de lingüistas:
“A tales enajenaciones personales y, lo que es peor, colectivas, puede llevar una política lingüística desentendida de la realidad o que pretenda sinuosamente modificarla. Tendré que hablar de esto y de otras cosas semejantes, porque las políticas lingüísticas que proliferan en la España de hoy van todas dirigidas contra la lengua común y no hay una política unitaria, consciente, claramente programada en sus objetivos, que vele por la integridad de esa lengua, que vigile y facilite, al menos, el cumplimiento del mandato constitucional que dice aquello de que ‘todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla’” Pero los políticos tienen una […] “exigua cantidad de cerebro, mínima para un mediano entendimiento, de la que al parecer carece esa tropa de políticos sacristanes que nos ha invadido, incapaces de apartarse un metro de su campanario y de mirar más allá de los menguados límites de su parroquia.”

Y sigue… “Como instrumentos de comunicación pueden estar más o menos afinadas [las lenguas], alcanzar más o menos posibilidades de distinción conceptual, de matización expresiva. Y, sobre todo, pueden servir para comunicarse con mil personas, con diez mil, con cien mil, con medio millón, con dos millones, con cinco, con diez, con cincuenta, con cien, con trescientos, con quinientos millones de seres humanos, según sea el número de los que las hablen. Pues bien, como el valor esencial de un instrumento, de un utensilio, es precisamente su utilidad, la desigualdad instrumental de los idiomas es una desigualdad computable, puede establecerse numéricamente. Pero es que, además, la lengua es el hecho social en el que resulta más evidente el famoso salto cualitativo, desde la cantidad. A mayor número de hablantes, mayor perfeccionamiento de los usos, de los mecanismos del sistema, de los resortes expresivos, más riqueza léxica, más posibilidades de elección connotativa, más discurso imitable, por ejemplar, o sea, mejor producto literario.” […] “Los igualitaristas parecen entender que eso no vale nada, que cualquier idioma comarcal puede servir para todo uso, porque al confundir la potencia con el acto, creen que con un sistema fonológico, una estructura gramatical y un léxico utilitario, en buena parte inventado, está todo listo para escribir Cien años de soledad. Pero las lenguas sin libros, sin tradición escrita, son lenguas analfabetas y no basta con proveerlas de gramática y diccionario, que eso siempre es posible, para convertirlas, de la noche a la mañana, en lenguas de cultura, porque la cultura de la que una lengua es manifestación puede ser fruto de un largo acarreo de siglos y se sostiene con pilares de miles de volúmenes escritos, se fundamenta en la enorme extensión de textos acumulados. […]”

Es lo que hay…; pero para entender esto hay que tener también cierta cultura literaria, lo cual es mucho pedir para el prototipo medio del político que es el que gobierna.

De Fernando José Vaquero Oroquieta
La Tribuna del País Vasco entra de lleno en la edición de libros impresos con la publicación del ensayo “De Navarra a Nafarroa. La otra conquista”
www.latribunadelpaisvasco.com  21 Febrero 2019

La Tribuna del País Vasco entra de lleno en la edición de libros impresos con la publicación del volumen “De Navarra a Nafarroa. La otra conquista”, un excelente trabajo de Fernando José Vaquero Oroquieta, prologado por el escritor Jesús Javier Corpas Mauleón, que en sus 226 páginas reúne 45 ensayos intensos y originales divididos en cuatro grandes grupos: “Desafíos globales”, “Un rincón de Europa llamado Navarra”, “Destellos del combate” y “¿Se terminó el terrorismo?”.

“De Navarra a Nafarroa. La otra conquista”, que lleva por subtítulo “Panvasquismo, filoterrorismo y euskolaboracionismo”, presenta una Navarra en un profundo y acelerado cambio, y tal y como afirma el autor, “en este contexto trato de indagar sobre si en este entorno Navarra puede ofrecer a sus gentes, identidad y pertenencia, espacios humanos acogedores y creativos, una cultura del encuentro ‘del otro’ desde el aprecio de lo propio, como alternativa real ante el totalitarismo o la atomización”.

“Fractura social, ruptura con el pasado, crisis de los valores (¿no sería más preciso hablar de ‘principios’ en su lugar?), dificultad en la transmisión de la tradición, estatismo invasivo, confrontación política, individualismo, persecución agónica de la felicidad, descarte de cualquier verdad objetiva, opción radical por la libertad individual, oscurecimiento de la razón, soledad personal, vasquización forzosa del espacio público, totalitarismo en ciernes… ¿así se proyecta la Navarra de los microrrelatos posmodernos?”, se interroga Fernando José Vaquero Oroquieta en un libro crucial para conocer en profundidad la actualidad de una comunidad clave en el pasado, presente y futuro de España. Como señala Corpas Mauleón en su prólogo, el estilo de Vaquero Oroquieta “es el de un cronista que ata cabos a partir bases sólidas y bien razonadas. El lector encontrará en sus textos explicación a muchos asuntos y argumentos para rebatir otros. Es por eso que estamos de enhorabuena con esta botadura literaria, navío que no defrauda”.

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