AGLI Recortes de Prensa   Viernes 22  Febrero 2019

Con eso no se juega
Ignacio Marco-Gardoqui ABC 22 Febrero 2019

Pedro Sánchez ha demostrado una gran capacidad para la política espectáculo. Tan es así que piensa mantener la función hasta que le cambien el colchón de La Moncloa. Es más, ahora que se acaba su primera y quién sabe si última experiencia de Gobierno ha subido el tono y quiere sacar adelante la reforma de la reforma laboral que no ha sido capaz de proponer en estos ocho meses.

Le da igual que la legislatura esté ya finiquitada. Le da igual que le haya apeado del Falcon la misma macrocoalición de micropartidos que le ayudaron a derribar al PP y a quienes tendrá que pedir el voto. Le da igual recurrir, una vez más y van..., a la figura excepcional del decreto-ley. Le da igual que, una vez disueltas las Cortes, tenga que implicar en el asunto a la Diputación General lo que resulta aún más excepcional. Le da igual que la propuesta no concite el entusiasmo de algunos de sus apoyos, como es el caso del PNV que la ve con muchos recelos. Le da igual que los partidos catalanes se mantengan instalados en el monte y no piensen bajar de él para apoyarle, justo cuando le acaban de derribar. Le da igual que los empresarios, que son quienes deben crear el empleo buscado, se opongan frontalmente a sus planes. Le da igual que las estadísticas demuestren que la legislación anterior, que tanto añora, fuera una máquina de crear parados, mientras la actual ha conseguido crear millones de empleos.

A Sánchez todo eso le da igual. Estoy seguro de que también le da igual que se apruebe o no su reforma. Lo que le importa es propagar su imagen de adalid de los necesitados en estos tiempos preelectorales. Con eso le basta. ¿Por qué cambiar una reforma que ha demostrado su eficacia? Por supuesto que la calidad de la mayoría de los empleos creados con la reforma actual es manifiestamente mejorable. Pero, ¿era buena la calidad del paro generado con las genialidades de Zapatero?

Con las cosas de comer no se juega. Y si los socialistas pretenden que se puede empeorar la regulación actual y extraer del sistema casi 20.000 millones de nuevos impuestos y mayores cotizaciones porque no va a pasar nada... se equivocan. Lo malo es que su equivocación la pagaremos todos. Nosotros, más que ellos.

Españoles, para Sánchez Franco no ha muerto
Gonzalo Duñaiturria okdiario 22 Febrero 2019

Cuando murió Franco yo contaba con apenas nueve años. El luctuoso acontecimiento causó en mi entorno cierta incertidumbre, pero jamás noté la existencia de miedo. Percibí muchas ganas de mirar hacia adelante, de trabajar juntos por una España nueva, de olvidar viejas rencillas y rencores qué en mi caso, como en el de millones de españoles, hacía varios decenios que ya habían quedado relegados. Y en mi ámbito se encontraban quienes tenían veleidades favorables al régimen ya fenecido y quienes fueron profundos desafectos al franquismo, desafecciones jamás ocultas que nunca desembocaron en persecuciones, amenazas o proscripciones.

La Transición supuso un interesante acontecimiento histórico numerosas veces vendido como un inmaculado proceso al que señalar cualquier error refleja poner en solfa nuestro actual sistema democrático. Y nada más lejos de la realidad. Se hace ya necesario discutir y poner “blanco sobre negro” los errores de la misma, mostrar la sustantividad de los hechos. La realidad histórica, frente a la falsa “Memoria Histórica” supone, entre otras, afirmar que el proceso de transformación no vino tras una revolución ganada por la izquierda que liberó a los españoles del “yugo fascista” sino que se fraguó desde dentro del régimen mismo, del propio franquismo. Nos obliga, por ejemplo, a alegar que esa clase política y por falsos miedos e irrefutables intereses cedió a los incipientes nacionalistas todo lo que en su momento pidieron, sin darse cuenta de lo insaciable que es el nacionalismo disgregador. Y “de aquellos barros, estos lodos”. Y frente a lo anterior, es igualmente obligatorio reconocer la altura de miras de aquellos que entendieron qué tras el proceso de reforma, donde la sociedad perdonó y olvido, los unos a los otros y de ambos bandos, no se hacía necesario alentar de nuevo añejas aversiones, pasados odios. Dejar que fuera la historia la que templara y que el tiempo actuara como bálsamo cicatrizante de demasiado dolor.

Pero semejante alquimia de acuerdo y encuentro ha sido vergonzosamente dinamitada. Comenzó con el ínclito Zapatero, hoy lacayo de Maduro y mentor de la infausta “Ley de memoria histórica” pero ha quedado empequeñecido por el legal pero ilegítimo presidente Sánchez. Sus intereses políticos le han llevado a la tergiversación de la historia española reciente mediante una relectura basada en buenos y malos olvidándose de una sociedad que, con su trabajo y esfuerzo, dio paso a un país próspero y a una Transición pacífica a través del grandísimo esfuerzo que hicieron los españoles por dejar a las futuras generaciones una España muy superior a la que ellos heredaron. Una generación sacrificada, de ambos bandos, a la que debemos honor y gloria y sin duda, el infinito agradecimiento por ser acreedores de lo que hoy somos, a pesar de Sánchez.

En estos tiempos de tribulaciones y borrascas, para Sánchez, Franco no ha muerto. Franco es necesario para usarlo, no sólo como arma política, sino para tapar las desvergüenzas ideológicas de una izquierda en general y de un socialismo en particular cada vez más vacío, frívolo y desierto de identidad. Que la principal oferta del mensaje electoral socialista sea la exhumación de los restos de Franco no solo denota lo yermo de susodicha ideología. Remover heridas es reflejo de la peor calaña de quienes pretenden hacer de la historia un instrumento político dirigido a presuntos ignorantes que disfrutan viviendo en un fraude permanente. Qué no dude Sánchez que España ya se reivindica a sí misma pues tiene VOX y demanda nuevas miras de futuro por mucho que su ensueño sea pasar a la historia. Ya lo dijo Oscar Wilde, dramaturgo y novelista irlandés: “Cualquiera puede hacer historia, pero sólo un gran hombre puede escribirla”. Y una mujer. “In memoriam”. Gracias madre. Solo, gracias.

El 'fakebook' de Falsánchez
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 22 Febrero 2019

"Por sus obras los conoceréis", dice el Evangelio. Y por sus obras -que no son suyas- sabemos que Sánchez es Falsánchez. Lo más auténtico de su personalidad es su falsedad, de ahí el fakebook de la negraLozano, que se presentó ayer y está empedrado de trolas, estupideces y analfabeteces.

De no haberla visto demoliendo UPyD en pocos días con aquella campaña infame contra Sosa Wagner, cabría pensar que la autora del último libro a su nombre que tampoco ha escrito Sánchez, sacrificaba su menguado prestigio intelectual por una buena causa: dejar en ridículo al presidente cum fraude, aunque, en consonancia con su condición de negra literaria, quedase la altura del betún. Porque en un Gobierno con un mínimo decoro, Lozano habría sido destituida ya del plutocargo y latisueldo adjunto como gestora de la Marca España. No puede representar a nuestro país en el extranjero alguien que adjudica a San Juan de la Cruz una frase de Fray Luis de León que, encima, cita mal.

No es la primera vez que un inquilino monclovita del PSOE mete la pata culturalista hasta el corvejón. Felipísimo González, que al lado de Pedrísimo Falconetti es Felipillo de Tormes, le preguntó una vez a un niño en una campaña electoral cómo se llamaba. "Héctor", respondió el niño. Y Tigrekán precisó: "¡Nombre bíblico!", añadiendo esta conseja a la criatura: "Yo no siempre fui sabio, he, he», «hay que estudiar, he, he, he". Pero las citas de memoria las carga el diablo, y a mí también me pasa. Sin ir más lejos, el otro día confundí a Péguy con Claudel. Y no podría criticar en serio a Tigrekán, que confesó llanamente que su lectura favorita antes de dormir era Mortadelo y Filemón -luego naufragó en Bella del señor- porque lo he visto -y elogiado, a mi pesar- en el Apostrophes de Pivot recitando maravillosamente a Antonio Machado. Tal vez era el poema que empieza "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla...". Y nunca dijo, en francés ni en español, que "el hermano de Manuel", como lo llamaba Borges, era de Soria. Falsánchez, sí.

Celaá mintió anteayer a propósito del adoctrinamiento escolar en Cataluña, pero no al decir: "El Gobierno no es responsable del Génesis...". Todos saben que La Biblia, o sea, El Libro, la escribió solo Pedro Sánchez. Los negrosJehová, Mateo, Marcos, Lucas y Juan le dieron forma literaria.

¡Ya está bien!
El antifranquismo se ha convertido en una peste moral en España
Hermann Tertsch ABC 22 Febrero 2019

EL Rey de España, el Jefe del Estado, habla para la Asociación Mundial de Juristas sobre el imperio del derecho. Todos los medios y políticos se hacen eco emocionado. Todos de acuerdo. Saben que la única alternativa a la supremacía incondicional de la ley es el caos primero y después la guerra. Los españoles deberíamos saberlo todos. Deberíamos. Lo cierto es que, mientras Felipe VI defendía el imperio de la ley, los golpistas juzgados se ciscaban en ella y no solo ellos. Porque los familiares y amigos de un anterior jefe del Estado tenían que tomar acciones inauditas para defender la ley. Abogados advertían en burofaxes a funerarias y obreros que de obedecer ciertas órdenes del actual jefe de Gobierno, incurrirían en un grave delito que podría llevarlos a la cárcel para años. Nadie ha confirmado la inminencia de la acción pero sí los preparativos para incumplir la ley, ignorar al Supremo, asaltar una basílica con su extraterritorialidad, atropellar a los monjes titulares del recinto sagrado, profanar la tumba, sacar al cadáver momificado y llevárselo en contra de la voluntad de la familia del muerto y nadie sabe a dónde. Los medios izquierdistas aseguran que Sánchez está dispuesto en campaña a lo que no hacen ni las tribus más bárbaras en guerra. El innoble espectáculo de la profanación oficial de la tumba de Franco debería asquear y avergonzar a todo español de bien.

Tenemos en España un problema serio a afrontar si no queremos destruir la convivencia para mucho tiempo. Porque es una ya insufrible perversión que ciertos españoles se conviertan en ciudadanos inferiores y públicamente vejados por tener recuerdos y opinión sobre el pasado de España que difieren de lo que pregonan las fuerzas que perdieron la guerra civil. En los pasados 40 años se ha permitido, por cobardía, pereza, codicia, indolencia, intereses bastardos y falsedad, que se impusiera como cuasi oficial una versión falsaria, mezquina, sectaria y tramposa de nuestra historia reciente. Y se ha tolerado que todo el que discrepe pase a sufrir represalias aunque defienda no ya opiniones sino hechos irrebatibles. Así se criminaliza a todo el que no acepta la falsaria mitología de comunistas y socialistas del siglo XX. Quienes saben la verdad callan para no crispar a quienes han impuesto la mentira.

Cierto, es la tumba de un jefe de Estado que no era democrático, era un dictador y tenía enemigos. Y ganó guerras y gobernó mucho tiempo e hizo prosperar a los gobernados y murió en la cama con reconocimiento. No, no es Felipe II. No es la cripta del Escorial la que se quiere profanar. De momento. Porque nadie dude de que, si se transige ante el fanatismo de la ignorancia y la revancha, les llegaría su turno. Se pretende tratar a Franco como si fuera un vulgar genocida cuando es el origen incontestable de la legalidad que nos ha dado 40 años de democracia. Y que se funda en un orden tras una guerra civil trágica cuya principal culpa es de todos, pero si de alguien más, de los perdedores. Ya basta de mentiras. Los programas especiales de televisión se harían mejor en Paracuellos que en el Valle de los Caídos. Franco fusiló menos de 4.000 condenados a muerte en 36 años. Habría algún inocente, pero pocos. Y a muchos culpables les conmutó penas y los trató al final con injusta deferencia. Son menos de la mitad de los inocentes fusilados por Lluis Companys. Y menos de la mitad de los inocentes asesinados por PSOE y PCE en Madrid en las semanas del otoño de 1936. Ya está bien de callar para no crispar con la verdad cuando quien está enfrente no hace otra cosa con la mentira

La Leyenda Negra antifranquista
Pío Moa Gaceta.es 22 Febrero 2019

Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)El franquismo ha sido retratado como un régimen tiránico, oscurantista, genocida y de miseria, reminiscente del hitlerismo. Una apabullante literatura e historiografía lo pinta con esos tonos. Al analizarlo debemos observar, en primer lugar, de dónde sale esa literatura. Obviamente, su origen está en la guerra civil, y dentro de ella, en la propaganda comunista y socialista, con sus respectivas y poderosas internacionales, y apoyadas por sectores liberales poco críticos. Y esto importa mucho, porque los rasgos de genocidio, tiranía totalitaria y régimen policíaco definen, precisamente, la experiencia comunista allí donde se ha implantado, también en el Frente Popular español. En otras palabras, están acusando al franquismo de lo que ellos mismos hacían. La acusación podría ser real o no (desde luego no lo es, como he expuesto en Los mitos del franquismo), pero ya de entrada ha de resultar sospechosa a cualquier persona con un mínimo sentido común.

Y sin embargo esa propaganda, convertida en historiografía fraudulenta, se ha extendido aún más en Europa occidental que en la propia España. ¿Por qué? Por razones distintas en cada caso. En España se ha debido sobre todo a la inanidad intelectual y moral de la derecha desde Suárez, inanidad cuya raíz se encuentra en la influencia ideológicamente demoledora del Concilio Vaticano II sobre un régimen que se consideraba católico, confundiendo demasiado religión y política. El repudio del franquismo por Roma dejaba literalmente en el aire al régimen, expuesto a cualquier deriva. El enorme triunfo popular del diseño de transición “de la ley a la ley”, de Torcuato Fernández Miranda, pudo ser así deformado por Suárez, un perfecto chisgarabís que en sí mismo ejemplifica la ruina ideológica inducida por aquel concilio.

En cuanto a Europa occidental, su antifranquismo tiene otras características. Lo ejemplificaba Preston al afirmar que los gobiernos democráticos había decidido aislar al régimen de Franco por su relación con los vencidos en la guerra mundial. Esto era muy curioso, pues, ante todo, España no había sido beligerante en aquella guerra, por lo que una política que buscaba hambrear al país con tal pretexto solo puede calificarse de criminal, pero a Preston y a los antifranquistas de todo pelaje les parece excelente. Y a esa insidia delictiva se añade la media verdad de que fueron los gobiernos democráticos los que tomaron tal decisión; pues la tomaron en la ONU en conjunto con regímenes comunistas y otras dictaduras más o menos tiránicas. Todo ello combinado con el maquis. El mundo entero parecía abalanzarse sobre Franco, y no es de extrañar que, en la misma España, muchos franquistas dieran al régimen por muerto. Este es un episodio muy pasado por alto, pero muy relevante: cómo el franquismo hizo frente a todos (entonces con ayuda del Vaticano) y venció en aquella nueva batalla, no menos crucial que las anteriores.

Y es fácil entender por qué los gobiernos occidentales se hicieron cómplices de unas propagandas y actitudes de origen precisamente soviético. Por entonces vivían casi una luna de miel con Stalin, a quien debían ciertamente mucho. Estaba además la mala conciencia de que en los países ocupados por los nazis la colaboración con estos había sido mucho mayor que la resistencia, en general episódica. Por ello se imponía un radicalismo también mayor en la hostilidad al franquismo, presentado como un residuo siniestro de los regímenes derrotados. En muchos sentidos el franquismo los avergonzaba a todos, ya que había hecho de España el único país europeo que no debía nada al ejército useño ni a Stalin, y eso no dejaba de pesar también sobre la conciencia de todos ellos. Como la evidencia de que España se estaba reconstruyendo con sus propias fuerzas, sin ayuda del Plan Marshall y afrontando enormes obstáculos aumentados deliberadamente por aquella coalición de demócratas y comunistas.

España era así una excepción intolerable, aunque en la práctica tuvieran que tolerarla por motivos diversos y porque no pensaba rendirse y entregarse por las buenas. Por todo ello las democracias hicieron suya la propaganda comunista. La alianza política entre la URSS y las potencias anglosajonas hizo agua enseguida, y Franco lo previó desde el primer momento, pero las actitudes y la propaganda contra él continuaron con toda viveza. No es ninguna broma: esas actitudes permanecen hasta hoy mismo, con mayor intensidad que en la misma España, lo he comprobado ante las dificultades para traducir mis libros.

La no beligerancia de Franco en la guerra mundial ha sido objeto de mil interpretaciones embrolladas , cuando resulta diáfana desde el principio. En la crisis de Múnich en 1938, cuando parecía Europa al borde de la guerra, Franco aclaró que permanecería neutral si democracias y fascismos se atacaban. Y lo hizo en plena guerra civil, arriesgándose al disgusto de Roma y Berlín, que podían retirarle su ayuda. Y cuando la invasión de Polonia reiteró su neutralidad. Pareció cambiar cuando la Wehrmacht estaba en los Pirineos tras derrotar a Francia, por lo que oponerse abiertamente a los deseos de Hitler habría sido suicida. Pero la línea de Franco siguió igual, expuesta con toda claridad en sus instrucciones a Serrano Súñer: “Si nos garantizan una guerra corta, entramos. Si no, esperamos”, venía a decir. En aquel momento ya sabía que la guerra no iba a ser corta, por lo que su táctica fue dilatoria. Su prioridad era reconstruir el país, y una guerra larga acabaría de destrozarlo. Si no se entiende esto, tan precisamente expresado por el Caudillo, no se entiende nada. Franco sentía gratitud por la ayuda de Hitler –algo que a España le vino muy bien, no todo lo hizo mal el Führer–, y temor por las reacciones de este. Por eso mantuvo una línea de concesiones en lo secundario y firmeza en los principios, que siempre fue su política (olvidada por las derechas desde Suárez).

También resulta indicativo cómo la Leyenda Negra, que se ceba en el Siglo de Oro español y la Reconquista, se extiende al franquismo: todos los partidarios de la Leyenda Negra son también antifranquistas. Y siempre con un discurso grotesco. En mi libro sobre la Reconquista tuve que empezar por aclarar su evidencia indiscutible, por más que habría bastado con ridiculizar a sus contrarios: “¿Habla usted árabe? ¿Tiene usted un harén y lleva a sus mujeres con burka? ¿Se niega usted a comer jamón? ¿Se guía usted por la sharía?… Como no es así, está claro que hubo reconquista. Otra cosa es que a usted no le guste, que prefiriera disfrutar de un buen harén o hablar árabe. Ahí la cosa va en preferencias”. Y cabría añadir: ”Preferencias como sentir gran simpatía por la ETA y los separatistas, o por lo torturadores y asesinos de las chekas, a quienes pintan ustedes como honrados demócratas, fusilados porque no pensaban lo mismo que los franquistas”. Y es verdad que no pensaban ni querían lo mismo, ahí no hay discusión.

La Reconquista Y España (Historia)
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El inmenso y desvergonzado fraude de las “fosas del franquismo” nos obligan a pagarlo a todos. Es una mentira “norcoreana”, que no debiera existir en una democracia. “Una hora con la Historia”, dedicado a combatir la “memoria antihistórica” no está subvencionada. Depende del apoyo voluntario de sus oyentes: escúchelo y difúndalo https://www.youtube.com/watch?v=8uprMK8nvi4

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Hubo y hay violencia
EDITORIAL  Libertad Digital 22 Febrero 2019

La propia idea de construir una nación que no existe forzando a toda una sociedad a ser lo que no es sólo puede ser vista como una forma particularmente dañina y agresiva de violencia.

No ha podido elegir peor día Jordi Sánchez para afirmar ante el Tribunal Supremo que no hubo violencia en el asalto a Consejería de Economía del 20 de septiembre de 2017. Y es que mientras el expresidente de la ANC mentía desde el banquillo, en Cataluña se volvía a constatar que el separatismo no sólo es violento, en contra de todo lo que proclama, sino que no puede ser otra cosa que violento, tal y como lo fue en aquella nefasta jornada.

Porque, aunque haya sido un fracaso monumental, la huelga general que este jueves ha tenido lugar en Cataluña ha sido una muestra de la verdadera naturaleza violenta del nacionalismo. En primer lugar, por los propios convocantes: un sindicato presidido por un terrorista condenado, una Administración entregada al delito, grupos de delincuentes dedicados a la intimidación y las acciones de fuerza… En segundo porque, tal y como ha quedado en evidencia en las carreteras y las calles del Principado, lo único que logra una movilización con cierto impacto en este tipo de convocatorias es la imposición de gestos violentos. Métodos de presión que no son una novedad incorporada al modo de hacer separatista por el procés: la estigmatización del discrepante, la presión social, educativa y cultural o la persecución lingüística han sido piezas clave de un proyecto que quiere imponerse y sólo puede imponerse por medio de la intimidación.

Es más: la propia idea de construir una nación que no existe forzando a toda una sociedad a ser lo que no es sólo puede ser vista como una forma particularmente dañina y agresiva de violencia, aunque no se ejerza a golpes o tiros, métodos que tampoco son ajenos a la historia del nacionalismo catalán, no hay que olvidarlo.

Comprender, y explicar, que esta violencia está en la base del separatismo es esencial para desbaratar su desafío al Estado de Derecho. Como lo es que la Ley caiga con todo su peso sobre quienes andan jugando con el fuego del guerracivilismo, sin que la mediaticen o desactiven pactos indignos y profundamente desleales a la Nación fraguados en sórdidos despachos.


Perder el juicio
El separatismo está perdiendo el juicio. En sentido literal y figurativo. En el procesal, el social y el político
Ignacio Camacho ABC 22 Febrero 2019

El Gobierno de la Generalitat, representante del Estado en Cataluña, promovió ayer una «huelga de país» contra el Estado mismo. He ahí un más que adecuado supuesto de convicción para quienes dudan de que existan motivos que justifiquen la invocación del artículo 155, cuya redacción habla de deberes incumplidos y de actuaciones contra el interés general, no de la existencia previa y flagrante de un delito. El sabotaje contra su propia sociedad y contra la normalidad de las instituciones es una rutina cotidiana del separatismo ante la indiferencia o el encogimiento de un poder central contemplativo. Éste es el aspecto más chocante del conflicto: que la parte más fuerte, la que dispone de instrumentos de sobra para defender el orden legítimo, se niegue por sistema -ahora, antes y siempre- a comparecer en el desafío. Es una pena que la Constitución no establezca ningún mecanismo específico contra la dejación de funciones de los gobernantes que rehúsan ejercer sus compromisos y dejan su responsabilidad en el limbo.

La huelga fracasó sola, por cierto; un pinchazo más de ese soberanismo embebido en la autocontemplación de sus mitos. Los convocantes han perdido la perspectiva igual que han perdido el juicio, en el sentido metafórico y en el estricto. En el figurado porque, además del obvio desvarío colectivo, la vista oral del procés sólo suscita entre los catalanes, que supuestamente iban a reventar de ira, una mezcla de frustración y hastío. Y en el literal porque hasta los acusados saben que no podrán eludir su destino. No van más que dos semanas y ya están divididos entre los pragmáticos que tratan de eludir culpas alegando ignorancia u olvido y los doctrinarios que se aferran a una coartada de falso idealismo para presentarse ante la posteridad como mártires políticos. Pero la respuesta social, lejos de la esperada rebeldía civil, es de un tedio mortal cuando no de un desdén cansino. Ni se paran las fábricas, ni cierran los comercios, ni se colapsan los servicios; sólo los altercados vandálicos y más o menos consentidos de los CDR provocan a los ciudadanos un estéril fastidio. Y los únicos cierres significativos son los de oficinas públicas y colegios bloqueados por quienes tienen el deber de abrirlos.

En este panorama no deja de sorprender la deferencia que la vida institucional continúa concediendo a un independentismo extraviado en su laberinto. Cualquier Estado con cierta conciencia de su autoridad zanjaría el problema sin necesidad de grandes ejercicios coercitivos. En España, sin embargo, todo gira en torno a un designio artificial, un empeño espurio, trucado y postizo que hasta para sus adeptos resulta ya aburrido. Sólo la aritmética electoral y parlamentaria puede volver medio comprensible este recurrente solipsismo. Sí, es lo que parece: hay un Gobierno que necesita mostrarse indulgente para seguir políticamente vivo.

Una huelga institucional injustificable
EDITORIAL El Mundo 22 Febrero 2019

El independentismo, acostumbrado a prostituir el significado del léxico, convocó las algaradas de ayer en Cataluña bajo el paraguas de una huelga general cuyo objetivo era doble: reactivar la presión callejera y coaccionar a la Justicia en pleno desarrollo de la vista oral del juicio por el golpe del 1-O. La realidad es que el separatismo no logró ninguno de estos fines. Ni la movilización paralizó Cataluña -apenas se dejó sentir en el sector público debido al respaldo institucional del que gozó el sindicato secesionista convocante- ni tampoco cabe colegir que influirá lo más mínimo en la futura sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. La jornada derivó en cortes puntuales y estratégicos de vías de comunicación, lo que causó un quebranto a la movilidad de parte de la ciudadanía catalana, y en escenas pseudorevolucionarias amparadas en la violencia de los llamados Comités de Defensa de la República (CDR). Los mismos a los que Torra, con su mezcla habitual de irresponsabilidad y estulticia, exhortó a "apretar".

Si los cachorros separatistas no pudieron apretar más fue porque los Mossos, ayer sí, actuaron con proporción pero también con determinación. Y sobre todo, porque la inmensa mayoría de la sociedad catalana dio la espalda a una huelga que en realidad solo fue institucional, dado el apoyo recibido por parte del Govern y de la alcaldesa de Barcelona, que nunca pierde una oportunidad de situarse al lado de los golpistas. La gran industria, los servicios y el pequeño comercio continuó con su actividad ordinaria. Sin embargo, la Generalitat suspendió toda su agenda oficial y se declaró en huelga, lo que tampoco se notó en exceso teniendo en cuenta que el Gobierno catalán lleva toda la legislatura abdicando de sus responsabilidades ejecutivas.

Pese al fracaso de la convocatoria, cabe subrayar la extraordinaria gravedad que supone que el Govern preste cobertura a una movilización que, lejos de ser una reivindicación laboral, no fue más que un intento de motín alentado por Intersindical CSC, cuyo líder, Carlos Sastre, fue condenado por el asesinato del empresario José María Bultó. Las imágenes de ayer en la estación de Plaza Catalunya, con jóvenes dando vivas al extinto grupo terrorista Terra Lliure, es el resultado de la tóxica y temeraria estrategia independentista. Jordi Sànchez, ex líder de la ANC, aseguró ante el tribunal que preside ManuelMarchena que los cabecillas del procés se limitaron en otoño de 2017 a "defender las instituciones". En cambio, el ex conseller Santi Vila declaró que Puigdemont no resistió la "presión exterior" y forzó la declaración unilateral de secesión. De momento, la única conclusión que cabe extraer de esta deriva kamikaze del independentismo es la inquietante y peligrosa radicalización de sus bases.

El auténtico hecho diferencial catalán
Antonio Robles  Libertad Digital 22 Febrero 2019

La decisión del Tribunal Supremo de emitir en directo el juicio del procés es un ejercicio de transparencia encomiable, pero desvirtúa las declaraciones de los procesados y testigos, ya que contaminan su posición al estar al corriente de las declaraciones de cada uno de ellos. Sin embargo, tiene una virtud decisiva: España entera se empieza a dar cuenta, por primera vez en cuatro décadas, de la catadura moral de los procesados, sus artimañas arteras, su filibusterismo y su cobardía.

El catalanismo ha venido defendiendo el fet diferencial català como fundamento y coartada de sus reivindicaciones nacionales: la lengua, los derechos históricos, el ADN carolingio o el agravio frente a España. Pero el verdadero fet diferencial català es la hipocresía, el cinismo, la mentira, el victimismo, la simulación, la manipulación, es decir, todo aquello capaz de ejercer de chantaje emocional para imponer el egoísmo territorial más ramplón.

Dos líderes lo encarnan a la perfección, Jordi Pujol y Oriol Junqueras. Si Oriol Junqueras ha elegido la estrategia de la no violencia no es porque deteste la violencia, sino porque cree que el victimismo de la no violencia es la estrategia más rentable. No lo duden, si poseyera fuerza militar suficiente para plantar cara al Estado, la ejercería. La violencia inconsciente la dejó clara en 2013 cuando amenazó con "paralizar la economía catalana durante una semana" y provocar el caos en los mercados internacionales. Le aseguró al tribunal que nunca había llamado a la desobediencia, pero ¿qué fue su intervención el 15 de mayo de 2013 en Vic? Juzguen ustedes mismos el vídeo: "Cuando nos digan que esto [el 9-N] es ilegal, nosotros tenemos que mantener la convocatoria, y cuando la prohíban, nosotros tenemos que mantenerla, porque si mostramos al mundo un imagen de colas de gente con una papeleta en la mano yendo a votar en una urna y el Gobierno español intentando impedir que voten, ya habremos ganado". Le faltó decir, y si nos zurra la Guardia Civil, miel sobre hojuelas.

Falsificar la realidad, desobedecer las leyes instrumentalizando a los ciudadanos, la inducción a la lástima y el victimismo para chantajear las emociones de la gente no es violencia física, pero sí mental. El seguidismo sectario de los suyos lo corrobora. Este carácter ladino no es sólo fruto de su voluntad de engaño, sino la consecuencia de una arquitectura de la simulación iniciada por Jordi Pujol en 1980 (avui paciència, demà independència) y expresada sin escrúpulos en 1984, cuando ya tenía dinero en Andorra: a partir de ahora, quienes hablaremos de ética somos nosotros. Comparen aquel tono de dignidad ofendida frente al Estado con el de las declaraciones de los procesados de hoy y verán su sello inconfundible.

Ayer Rull, en su primera comparecencia ante el TS, dio una muestra más de ese cinismo trufado de victimismo que constituye el fet diferencial català al expresar su protesta contra la traducción simultánea: "Para mí, el derecho a utilizar la lengua propia, la lengua materna, es un derecho fundamental. A través del mecanismo de traducción consecutiva (simultánea) creo que se vulnera este derecho (...) Aquí desaparece el principio de oralidad, de espontaneidad, de fluidez; de hecho, con la decisión que ha tomado el tribunal hace prácticamente imposible el ejercicio del derecho a expresarme en plenitud".

Hay que haber perdido el sentido de la coherencia, exigir dirigirse ante el tribunal en lengua materna, cuando en su feudo él y los suyos se la prohíben como lengua docente en la escuela a los niños castellanohablantes. Al menos a él le dan opción de la traducción simultánea, a los niños en Cataluña ni siquiera les permiten tener los libros de texto en español. Por lo que se ve, para esos seres indefensos no importa la fluidez, ni la espontaneidad.

Para colmo, mossèn Junqueras se dirige gozoso al tribunal en la misma lengua que multa y excluye en Cataluña, y declara amor a la misma España que allí quiere romper.

Ni una mala palabra, ni una buena acción. Así nos han engañado siempre.
 


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