AGLI Recortes de Prensa   Lunes 25  Febrero 2019

Conservar para cambiar
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 25 Febrero 2019

Tenemos un reto fundamental para la pervivencia de España como nación, y la garantía de libertad, igualdad y justicia para todos los españoles.

Estamos en la mayor acometida contra España como casa común histórica de todos los españoles que se haya conocido. La Guerra Civil del 36 se dirimió entre dos Españas: la comunista sometida a las directrices de Moscú y la Nacional, para oponerse a la conquista de nuestro territorio por la nueva ola moscovita, que convertiría a España en un satélite de la Unión Soviética. Pero aún así, la izquierda tenía una idea de España unitaria que hoy ha abandonado con su alianza con los enemigos de la España constitucional y con la destrucción de los elementos que posibilitan la igualdad entre todos los españoles ante la ley y sus lazos de cohesión.

Los principales elementos que nos han abocado a esta situación son dos: una ley electoral absurda que posibilita que las políticas nacionales pivoten en partidos que conspiran contra España como nación unitaria, y un sistema político basado exclusivamente en partidos políticos oligarcas que impiden la interacción de los ciudadanos con sus representantes. En definitiva, que vicia el sentido genuino de la democracia como sistema de participación ciudadana en la gestión de los intereses generales.

El constituyente podría haber elegido un sistema de representación de doble vuelta que garantizara la estabilidad del sistema político, como en el caso de Francia, o un sistema en el que los representantes elegidos por los ciudadanos rindan cuentas no ante sus partidos sino ante sus electores, mediante un sistema de distritos uninominales; de tal manera que esos diputados se deban a sus electores y no a sus partidos, como en el caso del Reino Unido. Se optó por el peor sistema, que nos ha llevado a que unos pocos diputados, con la misión de destruir la unidad nacional y su propia existencia, decidan el futuro de nuestra nación sin romper con nuestro pasado, con la peor de las situaciones posibles desde un punto de vista democrático.

Sánchez, en su libro “Manual de resistencia”, apunta a su objetivo de reforma constitucional sobre la base del “diálogo”, que es la mayor trampa mortal posible para la pervivencia de nuestro Estado unitario y la nación histórica. Diálogo, para él, es el pacto con los que quieren destruir España y nuestra convivencia. El planteamiento de una reforma constitucional de esta guisa supone la vuelta a la división de los españoles en dos bloques, cosa que Zapatero consiguió, destruyendo el espíritu de la Constitución del 78 y Sánchez pretende culminar mediante un nuevo consenso con lo que él llama ilusamente bloque progresista, con el consabido cinturón sanitario a la llamada derecha.

Dice Sánchez en su ominoso libro:
“A quien no le convenza en tus filas, tendrás que persuadirle, porque eso también forma parte del liderazgo. La reforma constitucional es el camino para recomponer el consenso perdido, y se debe hacer con las mayorías que marca la propia Constitución, en unos casos dos tercios, en otros tres quintos… A veces el argumento de lograr un consenso equiparable al de 1978 se vuelve absurdo y opera en contra de cualquier acuerdo [el subrayado es mío]. No dejemos que el no lograr lo mejor nos impida lograr lo bueno. A no ser que en el fondo esa renuencia a la reforma esté denotando una actitud defensiva de la derecha ante las reformas. Sin duda, la de la Constitución es una de las grandes reformas que tiene pendientes la política española.”

El bloque ideológico de su libro va orientado casi exclusivamente en esa dirección.

Pero el problema de fondo es de más hondura. El proceso de deconstrucción de nuestras esencias comunes como españoles ha ido en estas direcciones básicas:

La destrucción del sentido y significado de la familia como núcleo de articulación de nuestras sociedades y con ello la demolición de los roles tradicionales y universales con los que se constituye la unidad familiar. Lo que ha supuesto una modificación grave de la percepción de la maternidad, un cambio profundo de la función educadora de la familia, arrogando al Estado atribuciones que no le son propias; y un problema demográfico grave derivado, con inversión de la pirámide de población y caída de las tasas de sustitución demográficas, por inhibición de la natalidad.

La negación de la moral, como trasunto cognitivo que guía la conducta de los ciudadanos y que en las sociedades de tradición cristiana tiene un componente civilizador. Para ello se han modificado los roles sexuales, recompuesto el imaginario colectivo y deformado el concepto de lo que es natural en los comportamientos sexuales, dando carta de naturaleza de normalidad a lo que es excepcional.

La supresión de la igualdad ante la ley, eliminando la presunción de inocencia en casos de supuesta violencia llamada de género cuando ésta procede del varón, modificando el requisito de no discriminación de personas en función de su condición. Lo cual, en una democracia basada en derechos de las personas, es una transgresión inaceptable.

La descomposición del sistema educativo nacional, de España, fragmentándolo en 17 entes autónomos, perdiendo el Estado el control de lo que sucede en las comunidades autónomas, convertidas en reinos de taifas donde el sistema de enseñanza se ha convertido en “madrasas” de adoctrinamiento ideológico, liquidando los fundamentos de nuestra cultura común y falseando la realidad de la historia, de la formación humanística y antropológica compartida y demás componentes cognitivas que orientan la percepción real de las cosas en una deriva hacia un realismo mágico nacionalista, inclusive en comunidades de predominio no nacionalista.

La práctica eliminación, por inoperante, del artículo 3 de la Constitución Española que preserva el castellano como lengua española, confundiendo lenguas de España con lengua española, y creando guetos donde prácticamente ha desaparecido la lengua común en las escuelas; provocando un fracaso escolar en amplias capas de alumnos que tienen la desgracia de tener que estudiar en centros mal llamados educativos de Galicia, Baleares, Valencia, Cataluña o País Vasco.

La ausencia de referentes claros del concepto de dignidad humana y del derecho a la vida, dando pábulo al asesinato de niños en gestación mediante un aborto sin suficientes garantías de control; y la posibilidad de legislar sobre la eutanasia. Esto es un nuevo salto cualitativo en la idea de que las personas pueden ser transgredidas en su dignidad vital, con una supeditación del derecho natural al derecho positivo aunque éste beba sus fuentes de aquel; llevándonos a un relativismo y nihilismo antropológico que dirigen a la población hacia un existencialismo que provoca que la principal causa de muerte, por encima del cáncer o de los accidentes de carretera, sea el suicidio junto al aborto. Habría que preguntar por qué se oculta este fenómeno de nuestras sociedades y por qué no se analizan las causas. Otra de las consecuencias es la elevación de las depresiones y de las toxicomanías, sobre todo en las etapas más incipientes del desarrollo de las personas.

Enrique Gracia Grau, cierra un artículo en la revista “Razón Española” con este magnífico colofón:
“Sabemos que la forma de curar los males de nuestra civilización es llevar a cabo una concepción real de la libertad, restaurar la dignidad del hombre y la independencia de la familia, salvaguardada de forma apropiada por la distribución de la propiedad. Europa, España, viven un momento génesis. Sin duda, debemos tomar razón de la necesidad imperiosa de luchar por el resurgimiento de los valores garantizados en nuestra cultura, en busca del sentido de la vida y de la historia de España y de la vieja Europa”

No sirve una Europa donde se liquiden las soberanías nacionales de sus viejos estados, en aras a un nuevo Orden Mundial. No sirve una Europa donde se desindustrialice a España y se liquiden sus formas de economía seculares, reservando a nuestro País la función de servicios ligados al monocultivo del turismo de playa. No deberíamos haber entrado de forma tan indigna y por la puerta de atrás en la Europa de Maastricht, cuando el modelo hubiera podido ser el del Reino Unido impidiendo que los países periféricos queden satelizados por Alemania y Francia. Ser europeísta no significa estar de acuerdo con el actual modelo de construcción europea donde gobiernan oligarquías no elegidas por los ciudadanos y poderes no explícitos. Esto está arruinando, también, nuestra forma de regirnos en democracia, pues nuestros poderes internos quedan reducidos a la mínima expresión, inclusive los órganos jurisdiccionales de nuestra Justicia, puesto al píe de los caballos en la preservación de las bases en las que se construye nuestra unidad constitucional.

Por todo ello pienso que Vox es una buena opción, para defendernos a los ciudadanos alérgicos a las revoluciones bolivarianas, mientras ese partido mantenga con firmeza y sin titubeos los principios configuradores de sus fundamentos originarios.

No me valen etiquetas que solo sirven para señalar al que piensa diferente a lo políticamente correcto. Los ciudadanos debemos pensar de forma autónoma y libre, sin dejarnos llevar por aires de estigmatización y segregación. Una concepción liberal de la política conlleva ser flexible y respetuoso con formas diferentes de ver las cosas, y quienes tratan de poner barreras al pensamiento y a la libre expresión son los que en realidad muestran una cara totalitaria.

Me solidarizo, por tanto, con Vox.

Maduro debe pagar por sus crímenes
EDITORIAL Libertad Digital 25 Febrero 2019

Lo que está haciendo Maduro con la ayuda humanitaria es un crimen execrable del que habrá que pedirle estrictas cuentas.

El tirano que ha terminado de hundir a Venezuela en la miseria ha sobrepasado todos los límites con su decisión de impedir que la ayuda humanitaria internacional llegue a su país. Los camiones con los alimentos de primera necesidad y las medicinas que los venezolanos necesitan para sobrevivir han sido retenidos en cuatro puntos fronterizos por el Ejército y los gangs de matones al servicio del chavismo, que no han dudado en abrir fuego contra gente absolutamente desesperada.

El presidente legítimo de Venezuela, Juan Guaidó, sigue tratando de hacer llegar la ayuda a su pueblo desde el lado colombiano con la colaboración del Gobierno de Bogotá y el respaldo de la mayoría de las democracias iberoamericanas, que están tratando de que el criminal Maduro pierda toda esperanza de mantenerse en el poder.

Los amigos de Venezuela quieren que la ayuda llegue a los más necesitados por medio de "camiones venezolanos, conducidos por venezolanos y acompañados por venezolanos", como ha señalado el representante de la Comisión de Seguimiento Miguel Pizarro en respuesta a las absurdas acusaciones de injerencismo proferidas por el chavismo. Pero Maduro y su banda de narcogenerales están empeñados en evitar a toda costa la llegada de una ayuda que pondría aún más en evidencia la catástrofe humanitaria provocada por el socialismo chavista.

Lo que está haciendo Maduro con la ayuda humanitaria es un crimen execrable del que habrá que pedirle estrictas cuentas. Su progresivo aislamiento internacional quedará nuevamente de manifiesto este lunes en la reunión que celebrará del Grupo de Lima, de la que tomarán parte Guaidó y el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, entre otras personalidades. De ahí debería surgir un llamamiento formal a la comunidad internacional para que acometa una intervención que permita a los venezolanos acceder a la ayuda humanitaria y acelere el final del aberrante régimen bolivariano, que en España sigue contando con el ominoso apoyo de la izquierda más indecente.


La irresponsable estrategia de Sánchez de resucitar la Guerra Civil
EDITORIAL @AntonioRNaranjo esdiario 25 Febrero 2019

Desde su llegada a La Moncloa, y a falta de una gestión con una mínima enjundia, Pedro Sánchez se ha dedicado a estimular un lamentable debate sobre la Guerra Civil, sus antecedentes y sus consecuencias, con la exhumación de Franco como gran hito.

La visita sectaria a las tumbas de Manuel Azaña y Antonio Machado, sin invitar a ningún representante de las instituciones españolas y del resto de partidos, es el corolario de una estrategia estrictamente electoral que pretende apelar a los sentimientos a falta de razones y alimenta, sin embargo, un desafío bien real.

Porque el discurso vintage de Sánchez coincide con el pulso del independentismo, que tanto pasó factura a la propia República, y con el intento de cerco a la Monarquía que encabeza Podemos y suscribe el soberanismo por razones distintas pero medios coincidentes.

Que en ese contexto el líder del PSOE haya convertido una revisión manipuladora del pasado como emblema de su mensaje de futuro es, simplemente, impresentable. La reconciliación total en España necesita, sin duda, la restitución de todas las víctimas, la salida de Franco de un mausoleo en su honor y la desaparición total de la división fraticida en bandos.

Peor eso último es justo lo contrario de lo que pretende Sánchez, dispuesto a reabrirlo todo si con ello logra una movilización del votante más sentimental. Arrogarse a Azaña o a Machado o volver a hablar de la Guerra Civil de manera cotidiana no sólo es un bochorno histórico, sino también una irresponsabilidad política plagada de cinismo.

Porque homenajear a Azaña y servirse a la vez del independentismo y del populismo para gobernar es incompatible, y si alguien repudió ambos movimientos, con toda su saña, fue precisamente el presidente de la República muerto en el triste exilio.

A Sánchez todo le sirve si le vale para sus fines, como demuestra el sometimiento constante del calendario político nacional a sus caprichos e intereses. Algunos tan bochornosos como el protagonizado este fin de semana de homenajes a la República y abandono al Rey, tan jefe de Estado como Azaña, en su visita a Barcelona, boicoteada una vez más por las fuerzas nacionalistas.

Ahí, junto al representante de la democracia recuperada en 1978 tras cuarenta largos años de Dictadura, debería haber estado este presidente. Y no poniendo flores interesadas en tumbas que simbolizan el pasado y solo han de ser recuperadas en el presente con espíritu de conciliación. El que no tiene el deplorable líder del PSOE actual.

Los Juanmas están regalando la victoria al PSOE
Pedro de Tena Libertad Digital 25 Febrero 2019

No es el único factor, pero es bien decisivo. Andalucía cuenta con un granero de votos que casi alcanza los 6,5 millones, más que los obtenidos por el PSOE en toda España en 2015 y 2016. Y más que los obtenidos por cualquier partido a excepción del PP de entonces. Andalucía aportará 61 de los 350 escaños, casi un 18%. Si se hubiera dado alas a la esperanza con una política transparente de cambio desde la inesperada victoria del centroderecha en las autonómicas, el impulso andaluz en las generales de abril podría significar el –ansiado por muchos– fin de Pedro Sánchez.

Pero no, este personaje indeseable hasta para medio PSOE e incalificable por el insoportable culto a la personalidad –vieja enfermedad del socialismo real– que manifiesta está recibiendo la ayuda objetiva de unos Juanmas que llevan mes y medio en el Gobierno y que con cada paso que dan no hacen sino acrecentar la huida de los propios y la abstención de los expectantes.

Albert Rivera y Pablo Casado harían bien en mirar qué está pasando en Andalucía. Cuando el otro día un sesudo miembro del Sindicato Andaluz de Funcionarios me dijo que estaban desenfundando las camisetas naranjas (en 2010, mucho antes de Ciudadanos, el naranja fue el color del antienchufismo de los empleados públicos andaluces en manifestaciones multitudinarias de más de 50.000 personas), comprendí que el malestar es inmenso. Cuando las andaluzas de 2012, con un PP emergente y mayoritario, la incomprensible política de Mariano Rajoy y el silencio de Javier Arenas condujeron a la más amarga victoria popular y a una espantá aún inexplicada. Pero es que esta vez el PP está en retirada como consecuencia de la mediocridad de Moreno –a su lado, Arenas es Churchill–, pese a que su baraka electoral le ha regalado la Presidencia aun perdiendo siete escaños (ya perdió otros 17 en elecciones previas).

Lo del otro Juanma, Marín, va a ser la novedad principal de estos comicios. A pesar de haber colaborado con el susanismo –no se enteró de nada, ni siquiera de las mentiras en las listas de espera sanitarias, ni de tantos otros pecados capitales del régimen en tres años y medio–, le fue bien por el batacazo del PP y el hundimiento socialista. Pero lo que está haciendo Marín en la Junta, desde sus nombramientos inexplicables –sobre todo el del abogado defensor del miserable y mentiroso El Cuco, cómplice, al menos, del asesinato de Marta del Castilla, como director de la Oficina Fiscal y de Justicia de la Junta– a su insaciable afán de poder personal, ha provocado un alto consenso en la indignación general.

Los Juanmas ni bajan masivamente los impuestos, ni terminan las auditorías, ni reducen los efectivos de la Administración paralela, ni enderezan Canal Sur ni nada. Todo va para largo, pero hay detalle: que estamos en campaña.

Sus consejeros encumbran a imputados y alguno ha dicho que la promesa de Moreno de crear 600.000 empleos en esta legislatura es sencillamente una "forma de expresarse en una campaña electoral" y que no es posible. Para remate, ambos Juanmas se avienen a que casi 8.000 empleados públicos, entre funcionarios y maestros contratados temporalmente para cubrir necesidades "urgentes" y por ello habitualmente a dedo, participen privilegiadamente en pruebas convocadas para estabilizarlos por disponer hasta de un 40% de puntos extras sobre cualquier otro opositor, algo que es inconstitucional. De ese modo, se enjuagan los trapos sucios del PSOE y la casta se extiende desde Podemos, que calla como las malvas, a Ciudadanos y PP, con Susana de timonela.

La impresión de que se está pasando del cambio al cambiazo sube como la espuma y Vox, que sigue sin ser reconocido como lo que es, 12 escaños y un 10% del electorado, medrará electoralmente sin hablar siquiera, como el PSOE de Susana Díaz, favorecido por todos, incluso por un Podemos con el que ya no se puede nada de nada.

Los Juanmas van a hundir a Rivera y a Casado y ambos lo tienen merecido porque hace mucho que deberían haber cambiado a quienes viene grande Andalucía y carecen de formación y aptitudes para el gobierno, que el ordeno y mando y la mala baba son otra cosa. Tal y como la nave va, la campaña supereficaz de los Juanmas contra sus propios partidos lleva camino de convertirse en sorpresón electoral y otro capítulo del Manual de Vanilocuencia del Yoyó de la Moncloa.

Una moratoria de competencias a autonomías “desleales”
Casado presenta diez medidas para el sistema público. Anuncia que blindará el español en la administración y que premiará a los funcionarios eficientes
Carmen Morodo. larazon  25 Febrero 2019

La reforma de la Administración Pública es el primer punto del programa del PP señalado por Pablo Casado después de que Pedro Sánchez fijase para abril las elecciones generales. El líder popular anuncia una profunda reforma de la gran reforma estrella del Gobierno de Rajoy de mayoría absoluta. Toda una legislatura, la de 2011, en la que la entonces vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, vendió a bombo y platillo su amplia reforma de la Administración Pública para adelgazar, reducir costes y hacerla más eficiente en tiempos de traumáticos recortes por la crisis económica.

Al nuevo PP le parece insuficiente el alcance de aquel trabajo o que no se hicieron todos los cambios que se deberían haber hecho ya que es el primer punto en el que se ha fijado Casado en su campaña electoral. La letra pequeña del decálogo de medidas que anunció en Toledo incluye el anuncio de un sistema que garantice la evaluación de desempeño y la remuneración adicional por el trabajo bien hecho. Es decir, premiar la eficiencia del funcionario, dentro del respeto a los derechos y obligaciones de quienes han conseguido en justa competición la plaza pública que ocupan. El programa del PP alude al modelo de otros países de nuestro entorno, «con administraciones sólidas y eficientes, que han incorporado fórmulas ágiles que incentivan el desempeño de la función pública, es el caso de Dinamarca, Finlandia, Holanda o Suecia, donde el sistema laboral genera fuertes incentivos a la eficiencia». La filosofía de las reformas que quiere introducir van también en la dirección de reducir la Administración para hacerla «más eficiente y transparente», aquel principio de cabecera que recitó con insistencia Sáenz de Santamaría cuando lideraba su proyecto. Casado echa en falta, y se compromete a cambiarlo, que no se haya garantizado el uso del castellano en la Administración Pública y el acceso sin discriminación por lengua. En Cataluña, pero no sólo, ya que el problema se extiende a Baleares o Valencia.

Casado se comprometió ayer a que si gobierna, reforzará la presencia del Estado en todas las comunidades autónomas, «reforzando para ello sus delegaciones del Gobierno». Y establecerá «una moratoria de competencias mal gestionadas por otras administraciones». Una manera de decir que examinará si las comunidades cumplen correctamente con sus atribuciones. De momento, el PP se queda en la «concreción» de las competencias de titularidad estatal y la exigencia de «lealtad», sin avanzar en la línea de plantear la recentralización de competencias como la Educación.

El PP se señala frente a Vox y su discurso anti Estado autonómico con una defensa expresa de las autonomías, diputaciones y municipios, «como consagra la Constitución». Su propuesta frente a la centralización absoluta de Vox pasa por reforzar el mercado único, delimitar cuáles son las competencias estatales y evaluar el ejercicio autonómico de sus competencias. Casado se reserva para la campaña el enunciado de sus compromisos estrella, pero la posibilidad de que vaya mucho más allá de este decálogo en lo que toca a recortar competencias autonómicas está condicionada por la oposición de sus «barones». Sin responsabilidades de gobierno, para Vox es fácil prometer dar la vuelta al modelo autonómico del 78. Génova tiene que combinar sus intereses electorales a nivel nacional con su realidad autonómica ante el test en las urnas de mayo.

Casado y Núñez F
Nota del Editor 25 Febrero 2019

Si Casado tuviera la más mínima intención de  garantizar el uso del castellano en la Administración Pública y el acceso sin discriminación por lengua, ya se habría dado un paseo por el feudo de Núñez F para ponerlo en práctica por allí. Pero sigue con las promesas que no hay que cumplir. Galicia es su espejo y lo que ve enfrente es un tipo que, afortunadamente, está siguiendo con la destrucción del PP que no tiene razón de ser.

La cuestión catalana
Pío Moa gaceta.es  25 Febrero 2019

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))nacionalismos vasco y catalan, los-pio moa-9788490550229

Comunico a mis lectores que en mi otro blog www.piomoa.es , se reproducen los contenidos de este.
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Uno de los rasgos más grotescos del separatismo catalán es su pretensión de que España o Castilla han oprimido a Cataluña. La realidad es precisamente la contraria. Los separatistas han gozado de una oficiosa “comprensión” y apoyo desde “Madrit”. Ya decía Eugenio D’Ors que los políticos “madrileños” siempre preferían tratar con los separatistas que con los catalanes que se sentían españoles. Y que tradicionalmente fueron la inmensa mayoría y siguen siendo mayoría aunque los separatistas hayan aumentado mucho, precisamente por la connivencia, financiación y ayuda de los gobiernos de PP y PSOE. Los cuales contribuían de paso a marginar cualquier resistencia de los catalanes no separatistas. Frente a esas oficiosidades y complacencias es preciso un discurso claro.

El separatismo catalán se basa en dos puntos esenciales: la raza y la lengua. Tras la derrota del nazismo, lo de la raza lo disimulan (aunque en el fondo continúan con la monserga), para cargar todo el acento sobre la lengua y la denigración sistemática de España y de todo lo que une a los españoles. Por eso es preciso insistir en puntos como los siguientes, que invito a difundir con la mayor insistencia en las redes sociales:

*Los catalanes no son ninguna raza — si queremos utilizar ese concepto– distinta de los demás españoles.
*Cataluña nunca tuvo un estado independiente, nunca fue una nación.

*Los catalanes siempre se consideraron españoles, incluso bajo el poder franco de la Marca Hispánica, que por algo se llamaba así. Solo a finales del siglo XIX unos orates empezaron a convencer a los más atrasados o torpes de ser una raza superior.

*La industria catalana se debe al espíritu emprendedor de muchos catalanes, pero no menos a un proteccionismo impuesto por los gobiernos y que llegaba a ser abusivo, permitiendo a la región absorber recursos humanos y económicos del resto de España.

*El Ensanche barcelonés, emblema urbanístico de Barcelona, fue impuesto por Madrid a un ayuntamiento deseoso de una solución más mediocre y especulativa.

*La abolición de los fueros por Felipe V fue una doble bendición para Cataluña, porque le permitió salir del atraso y la pobreza al participar más intensamente en el comercio español y, más aún, porque liberó al campesinado, es decir, a la gran mayoría del pueblo, de la opresión brutal de una oligarquía que con sus exacciones y abusos había provocado largas guerras civiles y bandolerismo en la región.

*El castellano se fue haciendo lengua común en toda España, el español por excelencia, ya hacia el final de la Reconquista por sus propios méritos culturales y políticos, no por opresión sobre las lenguas regionales, que siguieron hablándose libremente.

*El catalán es una lengua regional española, interesante pero poco hablada, poco útil y con un peso cultural infinitamente menor que el español común.

*A la evolución del español han contribuido todas las regiones, incluyendo, por supuesto, a Cataluña desde el Renacimiento.

*La cultura catalana en el español común es mucho más importante que en la lengua regional.

*En el franquismo no hubo persecución al catalán, sino que, al contrario, se lo promocionó de muchas maneras. Pero en la enseñanza estatal se empleaba el español, como se hacía con el francés en Francia o el inglés en Reino Unido. En Francia apenas quedan restos del catalán, mientras que en España es la segunda lengua más hablada en Cataluña.

*El separatismo está hundiendo la cultura catalana, utilizando la lengua como instrumento de separación, de falsificación de la historia y de envenenamiento de los jóvenes con un resentimiento arbitrario y pueril.

*Lejos de estar oprimida, Cataluña debe su progreso a su inclusión en España, a ser parte importante de ella; y al idioma común el mejor desarrollo e influencia exterior de su cultura.

Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)

************** El inmenso y desvergonzado fraude de las “fosas del franquismo” nos obligan a pagarlo a todos. Es una mentira “norcoreana”, que no debiera existir en una democracia. “Una hora con la Historia”, dedicado a combatir la “memoria antihistórica” no está subvencionada. Depende del apoyo voluntario de sus oyentes: escúchelo y difúndalo https://www.youtube.com/watch?v=8uprMK8nvi4

Plataforma por la memoria de Franco
Pío Moa gaceta.es  25 Febrero 2019

Comunico a mis lectores que los contenidos del blog pueden verlos también en www.piomoa.es
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Ruego máxima difusión de este texto.

P. Su evolución política es de lo más curiosa: de participar en la lucha contra el franquismo en grupos comunistas y terroristas, a defender a Franco más que nadie. Es casi el único que se atreve a defenderlo pública y abiertamente.
Siempre digo que aquí casi todo el mundo ha cambiado mucho, sin explicar casi nunca por qué. Yo lo he explicado. En artículos, en De un tiempo y de un país, más recientemente en Adiós a un tiempo. Todo el mundo tiene derecho a cambiar, pero una persona pública debe explicar las razones de sus cambios. ¿Por qué casi nadie lo hace? La mayoría prefiere “olvidar” y muchos falsifican sus propias biografías.

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas

P. En todo caso, su cambio resulta más radical que otros
Cuando era joven, el régimen franquista se había quedado sin discurso más allá de los éxitos económicos y remembranzas ya puramente rituales de la guerra, que no decían nada a casi nadie. La Iglesia estaba en crisis y sus ritos y palabras nos sonaban a cháchara triste, pesada e hipócrita. Estoy hablando de los jóvenes universitarios. Es decir, de los jóvenes inquietos, que éramos una pequeña minoría dentro de los universitarios, la mayoría nunca tiene muchas inquietudes más allá de las profesionales. Por entonces, en toda Europa, en las universidades, se vivía un renacimiento del marxismo complicado con el freudismo, el pacifismo, las drogas, en fin… Aquí los comunistas, primero del PCE y luego de los grupos maoístas, se llevaban el gato al agua, porque exponían una visión general coherente y sabían orquestar protestas. Yo creo que la protesta, en todas partes, se dirigía contra una forma de vida gris, centrada en el dinero, la productividad, esas cosas que se habían impuesto como valores supremos después de la II Guerra Mundial… Aunque parezca un contrasentido, las doctrinas materialistas y de liberación sexual, más bien promiscuidad, venían a dar una salida más espiritual. En España estaba además la cuestión de la guerra civil, y en la universidad los historiadores marxistas o marxistoides ya marcaban la línea, porque los contrarios lo hacían muy mal. Los universitarios inquietos éramos en gran mayoría marxistas o marxistoides. Claro que había en todo ello una gran insinceridad. Muchos políticos posteriores, incluso en la derecha, salieron de aquel ambiente, y en el fondo ya pensaban en hacer carrera, veían que el régimen no podía durar mucho y trataban de ganar posiciones para el futuro. Contaban los mayores horrores del franquismo pero eran unos hipócritas, estaban dispuestos a cualquier cambalache, con él o con los “burgueses” en general. Los consecuentes éramos una minoría dentro de esa minoría. Tuve la suerte de que me echaran de aquello, de otro modo podría estar bajo tierra, como varios camaradas de entonces.

P. Usted admite, por tanto, que el franquismo estaba acabado, y sin embargo lo defiende hoy. Eso es más difícil de entender.
A mí, salir del marxismo me obligó a replantearme muchas cosas, lo que me costó tiempo y esfuerzos. Siempre me fue difícil seguir la corriente, cualquier corriente, será cuestión de carácter. ¿En qué sentido defiendo al franquismo? Defiendo su memoria, la memoria de Franco en primer lugar. Franco venció a todos sus enemigos políticos y militares, internos y externos, y sus victorias fueron victorias para España. Defiendo que el franquismo derrotó a un Frente Popular nefasto, supo evitar al país las atrocidades de la guerra mundial, derrotó un aislamiento internacional delictivo, reconcilió a la inmensa mayoría de los españoles y presidió la época de auge económico mayor y más equilibrado que haya tenido España antes o después. La paz de España es una de las más largas de Europa, y lo mismo la esperanza de vida al nacer, y a su régimen se las debemos. Cada uno de estos logros, por no citar otros menores, ya convierte a Franco en un estadista español incomparable en todo el siglo XX; todos juntos, hacen de él el mejor gobernante, probablemente desde Felipe II, como he oído decir a algún historiador que nunca habría osado admitirlo en público. Su régimen fue cualquier cosa menos totalitario o tiránico. Sí fue autoritario, porque era indispensable para superar una crisis histórica de enorme alcance destructivo y luego afrontar la hostilidad de unos países del entorno sin la menor autoridad moral para acusar al franquismo de nada. ¿Qué le parece? ¿Alguien puede negar estos hechos? Pero muchos les niegan todo valor. ¿Quiénes? los mismos que quieren disgregar la nación o reducirla a la nada en la UE, los amigos de quienes invaden nuestro territorio por Gibraltar, también amigos y rescatadores de la ETA, los que han llenado al país de corrupción e impuesto leyes tiránicas y falsarias… Esto es una locura, pero la sufrimos cada día. Alguien tiene que oponerse a la corriente y defender la verdad, aunque se vea aislado.

P. Oyéndole, se diría que fue un régimen perfecto
Fue lo más perfecto que podía ser en aquellas circunstancias. Por supuesto, se cometieron en él injusticias, abusos, incluso crímenes, eso ocurre con cualquier obra humana, pero hablamos del balance general. Y cometió el grave error de identificarse excesivamente con el catolicismo, con la Iglesia, que al final le dio la gran patada. Este es un fallo causado por versiones históricas falsas, o más propiamente parciales, como las del primer Menéndez Pelayo. Es indudable que España no puede ser anticatólica, hay experiencias de a qué ha conducido eso; pero tampoco puede identificarse con el catolicismo. España es una construcción política, histórica, particular, mientras que el catolicismo es universalista, y además no es una doctrina política, sino que puede amoldarse a regímenes bastante diversos.

P. En todo caso, una protesta aislada y testimonial como la suya sirve de poco
Eso nunca se sabe. También es verdad que están cambiando los vientos de la política. De todas formas es cierto, mucha gente está harta de esta farsa permanente, pero carece de fuerza o de coraje para oponerse a ella. Y algunos han defendido la verdad histórica desde hace mucho, aunque han solido dejar en manos de los antifranquistas la bandera de la democracia, lo que es un enorme error. Mis enfoques son distintos, con un análisis del pasado algo diferentes, aunque coincidentes en aspectos esenciales. Y creo que esto irá a más. Por eso propongo ahora crear una Plataforma por la memoria de Franco. Digo por la memoria, porque aquel régimen no puede volver, pero es preciso construir sobre su legado , un legado magnífico, y no contra él. Sobre el legado del Frente Popular no puede construirse más que disgregación y odios, es el legado de la mentira, la tiranía y el crimen. Mi libro Los mitos del franquismo contiene un buen arsenal de datos y argumentos, y esa plataforma podría utilizarlo para curar a millones de españoles de la enfermedad del antifranquismo. Porque es una enfermedad grave, un verdadero cáncer que amenaza la subsistencia de la nación y la democracia.

Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)
https://www.youtube.com/watch?v=S5iW87zLNQ4

El inmenso y desvergonzado fraude de las “fosas del franquismo” nos obligan a pagarlo a todos. Es una mentira “norcoreana”, que no debiera existir en una democracia. “Una hora con la Historia”, dedicado a combatir la “memoria antihistórica” no está subvencionada. Depende del apoyo voluntario de sus oyentes: escúchelo y difúndalo https://www.youtube.com/watch?v=8uprMK8nvi4

El antisemitismo y la izquierda
Álvaro Vargas Llosa ABC  25 Febrero 2019

No, los fascistas no tienen el monopolio del antisemitismo. Las manifestaciones de antisemitismo ocurridas en Francia recientemente nos recuerdan que la izquierda contribuye desde hace mucho tiempo a esa forma de odio. Hace pocos días, Alain Finkielkraut, el conocido ensayista, casi fue linchado por un grupo de «chalecos amarillos» que lo insultaron, a plena luz del día y ante las cámaras, con estos alaridos: «Sionista de mierda, sucio judío, Francia nos pertenece a nosotros, lárgate, viva Palestina». Si no fuera porque la policía interrumpió el paso, lo habrían descuartizado. Esa misma tarde, algunos políticos e intelectuales de izquierda dejaron constancia en las redes sociales de que Finkielkraut -un francés, hijo de inmigrantes polacos, que ha dedicado su vida a pensar y escribir sobre Francia- se lo merecía.

Acaba de saberse que en 2018 los actos antisemitas aumentaron 74 por ciento. Poco antes de este suceso, unos retratos de Simone Veil, la sobreviviente de los campos de concentración que ocupó cargos prestantes en la política y la magistratura francesas, habían sido desfigurados con cruces gamadas y, poco después, el cementerio judío de Quatzenheim fue profanado.

Desde hace años, una izquierda radical ha trabado alianza con el islamismo, que no es una religión sino una ideología política basada en ella. Aunque se trata de corrientes minoritarias y a veces marginales, su influencia académica, mediática y cultural en algunos países europeos es de tal naturaleza, que han impedido que las autoridades y la sociedad civil actúen enérgicamente en defensa de los valores y leyes de la democracia liberal so pena de ser acusadas de racismo, etnocentrismo y hasta fascismo. En Holanda se llegó al absurdo de que Ayaan Hirsi Ali, que como parlamentaria denunció las prácticas más opresivas del islamismo contra la mujer, tuviera que exiliarse en EE.UU. Los matones que le advertían «Francia nos pertenece a nosotros» a Finkielkraut hablaban con la arrogancia de quien cree haber intimidado a la V República al punto no sólo de violar sus leyes contra el antisemitismo, sino de decretar qué francés tiene derecho a vivir en su propio país.

El islamismo representa, en tanto que ideología oscurantista, machista e intolerante, la negación del laicismo, el feminismo, el antifascismo y el antirracismo que la izquierda dice encarnar. La alianza se explica por el odio a un enemigo común, la modernidad occidental, la expresión material de la libertad. Ya en 1920, durante el Congreso de los Pueblos del Este en Bakú, la Internacional comunista hablaba de la necesidad táctica de apoyar el islamismo si las masas se proclamaban islámicas. Durante tiempo, esas conexiones se diluyeron, al punto de que, en la descolonización, tras la II Guerra Mundial, parte de la izquierda europea apoyó a movimientos socialistas pequeños antes que a corrientes independentistas mayoritarias en el Magreb por sus nexos con el islamismo. Pero, a medida que la izquierda de los sindicatos y los partidos perdía contacto con las masas europeas, esa izquierda creyó encontrar entre los inmigrantes musulmanes la forma de superar su orfandad y optó por congraciarse con sus líderes y activista radicales. La «umma» podía reemplazar al «proletariado» como aliado en la destrucción del capitalismo.

En la Francia de hoy, el proletariado vota a la extrema derecha. Huérfana de proletarios, esa izquierda radical se apoya cada vez más en el activismo islamista, es decir en los ideólogos que utilizan la religión musulmana contra los valores y leyes del Estado de Derecho y la democracia liberal, para sostener su lucha contra el enemigo. Aunque ello signifique caer en contradicciones infames y volverse machista, antisemita y xenófoba.

Paraíso
Gabriel Albiac ABC 25 Febrero 2019

Quien dice paraíso, funda infierno. Es una regularidad monótona: promete el cielo aquel que se prevale de estar trayendo al mundo un absoluto, en cuyo nombre nada es nunca excesivo, puesto que el cielo aguarda. Y asaltar el Edén, merece cualquier precio.

Ante nada se detendrá ya Nicolás Maduro. Ante nada se detiene la especie tenebrosa de los profetas que enarbolan la salvación política: esos mundos milagrosos, en cuyo tiempo consumado una sombría providencia exhibe sus crueles sacerdocios de quimeras. Nuestro siglo dejará en la historia la hermética constancia del axioma: matar es fácil, si un dios oscuro lo dicta. Si lo dicta el más negro de lo dioses tenebrosos: el que impone un sentido benéfico a la historia, el que promete un mañana sin mácula a cambio de la justa oblación del presente.

La lógica de Maduro en Venezuela es simple. Y aterradora. Es la lógica de una guerra que confronte a las cortes angélicas de la patria en harapos con las perversas hordas opulentas. ¿Huecas palabras? Con palabras huecas se enmascara de sentido la desdicha, se finge a los que sufren un destino, se dice al mísero que nada tiene que perder y se le roba así la vida a bajo precio. El caudillo capitalizará hambre, miseria, muerte. Y él mismo, ni va a morir, por supuesto, ni pagará un céntimo propio por lanzar a los pobres a la tumba. No, no es verdad que haya quien nada tenga que perder: el más desheredado tiene aún su vida, la tenía, hasta el día fatal en que el profeta decide que esa vida es precio ventajoso a pagar por el paraíso colectivo.

Cuba era, tal vez, un prostíbulo. O una sala de ruleta. Hasta aquel querubínico primero de año en que los pragmáticos Castro y el alucinado Guevara decidieron mutarla en cementerio. Puede ser que juzgaran que es mejor ser cadáver que dama de petite vertu o que croupier para turistas. Al fin, la partida de cartas y prostitutas pasó a jugarse en las ruinas de un camposanto: Cuba, jineteras, chaperos, comandantes. Y muerte, muerte, muerte: gran progreso.

Venezuela fue aquel Eldorado de la emigración española a la que yo conocí en los años cincuenta, la que volvía con los ojos deslumbrados por el brillo de un país en el cual todo era promesa. Venezuela fue aquel cenagal de la corrupción socialdemócrata en los ochenta. Venezuela es hoy el territorio saqueado por generales narcotraficantes, asesinos castristas, gánsteres que financia Putin. Un territorio en el que un antiguo presidente español ejerce de encargado de negocios políticos para un Nicolás Maduro en cuya retórica nadie podría ya descubrir más que la ominosa amalgama de asesinato y narco.

No hay más profeta respetable que el desarmado: aquel que afronta a cuerpo limpio las balas enemigas, sabedor de que su dios vendrá a salvarlo sin mediación humana. Un profeta armado no es más que el más cobarde de los homicidas: aquel que ni siquiera dice su primordial delicia por la sangre. Nadie espere ya nada de Maduro: matará. Tanto cuanto se le deje. Eso es el paraíso.

Lo que el presidente de la República decía de los aliados de Pedro Sánchez
(*) Manuel Azaña. @ESdiario_com  25 Febrero 2019

El líder del PSOE reabre la memoria de la Guerra Civil utilizando al presidente de la República. Sus artículos del exilio demuestran, sin embargo, su repudio a los socios de Sánchez.

Pedro Sánchez ha intentado este fin de semana arrogarse la memoria de Manuel Azaña, enterrado en Montauban, lanzando un mensaje inquietante desde Francia con la Guerra Civil como inspiradora de un discurso preelectoral que pone en la mirilla el espíritu de conciliación sellado en 1978. Lo más curioso es que el líder del PSOE es, probablemente, el político español que más ha dependido -y dependerá- del independentismo catalán, una de las bestias negras del presidente de la República.

Un detalle pasado por alto por Sánchez que Esdiario rescata de la historia con la publicación de uno de los largos artículos de Azaña al respecto, escrito precisamente desde el exilio, que demuestra cómo ambos dirigentes están en las antípodas en la cuestión catalana y cómo la República, en realidad, fue tan zaherida por Franco como por el soberanismo y el populismo de entonces, los dos pilares en los que se asienta el actual secretario general del PSOE.

La época
En 1939, el presidente de la República en el exilio, Manuel Azaña, escribió desde Francia una serie de artículos sobre la Guerra Civil que constituyen un espléndido documento histórico para profundizar en la época.

Sánchez homenajea a Azaña en Francia obviando que huyó también de sus socios de moción de censura

La actitud de la clase política catalana centró la atención de dos de ellos, que reflejaban su honda decepción. Las reflexiones de Azaña cobran vida 80 años después y demuestran que el problema del independentismo no depende ni del color del Gobierno ni del tipo de régimen democrático imperante.

Algunas de las cosas que dice Azaña, republicano y de izquierdas, guardan un estremecedor parecido con las que ahora se pudieron escuchar hace unos meses al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ocho décadas después. Por su increíble interés y valor histórico, reproducimos íntegro uno de esos artículos, titulado "Cataluña en la Guerra".

El papel de Cataluña durante la guerra ha sido de importancia capital, en todos los órdenes. Si en tiempo de paz, ya desde la monarquía, las cuestiones políticas y económicas de Cataluña estaban siempre en el primer plano de las preocupaciones del gobierno español y de la opinión, el hecho de la guerra acreció enormemente el peso relativo de aquella región en los destinos de la República.

Ocupada gran parte del territorio nacional por las fuerzas enemigas, Cataluña era, entre las provincias donde subsistía el régimen republicano, la más rica, la más abundante en recursos de todo género.

En Cataluña estaba el mayor número de estable-cimientos industriales que podían utilizarse para la guerra. Barcelona es el puerto español más importante del Mediterráneo. Cataluña cubre la única frontera terrestre con Europa que le quedaba a la República.

Alimentaba a una población numerosa, laboriosa, habituada a vivir bien, profundamente trabajada por las agitaciones políticas y sociales. Dotada de un régimen propio y de un gobierno autónomo, lo que ocurriese en Cataluña y la dirección que diese a su esfuerzo habrían de tener, y han tenido realmente, un efecto decisivo en la política general de la República y en la guerra.

La posición fronteriza de Cataluña y la potente irradiación de Barcelona, influíannotablemente en el aprecio que desde el exterior se hiciera de los asuntos de España.

La clave catalana
Todo contribuía, pues, a hacer de Cataluña, en el orden militar, un objetivo de primer orden. En ciertos respectos, el objetivo principal. La resistencia de la República se apoyaba en Madrid y en Cataluña. Perderse cualquiera de los dos, en los primeros meses del conflicto, habría puesto fin a la campaña. No así más adelante.

Recuerdo haber leído, en la primavera de 1938, un rapport del Estado Mayor, en el que, examinando la situación resultante de la llegada del ejército enemigo a la costa del Mediterráneo, se afirma que, perderse Madrid, Valencia y toda la zona centro-sur de la península, no significaría haber perdido la guerra, porque desde Cataluña podía emprenderse la reconquista de toda España.

Rebájese cuanto pueda haber de hiperbólico en esa proposición. La recíproca es cierta: perdiéndose Cataluña, no habría ya nada que hacer en el resto de España. No hay ninguna exageración en la importancia atribuida a Cataluña en el curso de la guerra. La opinión pública española —adicta o adversa a la República— lo comprendía muy bien. La opinión extranjera, bien o mal informada, lo presentía, y ha prestado atención preferente a Barcelona.

Los sindicatos
Por su parte, los grupos políticos y las organizaciones sindicales que, de una manera o de otra, asumieron la dirección de los asuntos públicos en Cataluña, desde julio de 1936, hacían todo lo necesario (y bastante más de lo necesario), para aumentar temerariamente la importancia de la región en los problemas de la guerra.

No puede negarse que lo consiguieron, por acción y por omisión. Por acción, atribuyéndose funciones, incluso en el orden militar, que en modo alguno les correspondían; por omisión, escatimando la cooperación con el gobierno de la República.

Después que, a consecuencia del alzamiento, y aprovechándose de la confusión, los poderes públicos de Cataluña se salieron de su cauce, se produjo la reacciónnecesaria por parte del Estado, que se había visto desalojado casi por completo de aquella región.

Los que oficialmente representaban la opinión catalana, solían decir que Cataluña y su gobierno eran vejados y atropellados por el gobierno de la República, que les arrebataba no solamente las situaciones de hecho conquistadas desde el comienzo de la guerra, sino las facultades que legalmente les confería el régimen autonómico.

Miraban en el ejército de la República, reorganizado en Cataluña desde que en mayo del 37 el Estado recuperó en la región el mando militar, como «un ejército de ocupación». Consideraban perdida la autonomía y menospreciada la aportación de Cataluña a la defensa de la República.

En las esferas oficiales del Estado la convicción dominante era que la conducta del gobierno de Cataluña, más atento a las ambiciones políticas locales del nacionalismo catalán, y sometido, de mejor o peor gana, a la influencia omnímoda de los sindicatos, estorbaba gravísimamente la función del poder central.

Insubordinación
Este conflicto, causa de desconcierto y debilidad en la conducta de la guerra, pasó por varias fases, desde la insubordinación plena en el segundo semestre de 1936, hasta el sometimiento impuesto autoritariamente en 1938. Nunca se resolvió con entera satisfacción de nadie, e influyó perniciosamente hasta el último momento. Trataré de resumir el origen y las consecuencias de tal situación.

Por lo menos desde principio del siglo, el nombre de Cataluña venía asociado, en las cuestiones de política general española, a dos problemas: el del nacionalismocatalán y el del sindicalismo anarquista y revolucionario.

El primero era un problema específico de la región, y provenía de la expansión creciente del sentimiento particularista de los catalanes. Renacimiento literario de su lengua, restauración erudita de los valores históricos de la antigua Cataluña, apego sentimental a los usos y leyes propios del país, prosperidad de la industria, y cierta altanería resultante de la riqueza, al compararse con otras partes de España, mucho más pobres, oposición y protesta contra el Estado y los malos gobiernos, sobre todo después de la guerra con los Estados Unidos en 1898.

La raza
Ttodos estos componentes, amasados con la profunda convicción que los catalanes tienen del valor eminente de su pueblo (algunos hablaban de su raza), y de ser distintos, cuando no contrarios de los demás españoles, concurrieron a formar una poderosa corriente contra el unitarismo asimilista del Estadoespañol.

El catalanismo, desde el comienzo de sus actividades políticas, contó con uno o más partidos «republicanos nacionalistas». Pero la fuerza catalanista más importante estuvo representada, hasta el advenimiento de la República, por un partido (o Liga), profundamente burgués y conservador. Este partido colaboró en algunos ministerios de la monarquía y les arrancó la concesión de una autonomía administrativa para Cataluña.

Es obvio que el sindicalismo revolucionario de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), no puede ser considerado como un movimiento específico catalán. La asociación de las actividades de aquella sindical con las cuestiones políticas de Cataluña proviene que en Barcelona residía el organismo director de la CNT; en Cataluña estaban sus masas más numerosas, sus hombres más conocidos; de Barcelona partían las consignas para toda España; en Cataluña desencadenó la CNT algunos de sus movimientos más alarmantes.

La CNT
La CNT, que incluía en su organización a la Federación Anarquista Ibérica, no tenía apenas contrapeso en el movimiento obrero de Cataluña. El Partido Socialista Español (SEIO), carecía de importancia en la región. Los sindicatos de dirección socialista, agrupados en la Unión General de Trabajadores (UGT), eran pocos, relativamente a los de la CNT. Y en más de una ocasión, la acción sindical de la CNT, que repercutía en toda España, estuvo determinada por cuestiones propias de Cataluña, por su situación política o social.

En los últimos años de la monarquía constitucional, antes de la dictadura de Primo de Rivera, Barcelona, una de las ciudades más amenas y alegres de España, ganó una reputación siniestra. Los pistoleros del «Sindicato Único» asesinaban patronos.

El general Martínez Anido, gobernador de Barcelona, organizó un sindicato, llamado «libre», cuyos pistoleros, en represalias ordenadas por el gobernador, asesinaban a los del «Único», y a gentes que no pertenecían a él. Los muertos de ambos bandos se contaron por centenares. Desde entonces, la capacidad de invención de la barbarie parecía agotada.

Producido el alzamiento de julio del 36, nacionalismo y sindicalismo, en una acción muy confusa, pero convergente, usurparon todas las funciones del Estadoen Cataluña. No sería justo decir que secundaban un movimiento general. Pusieron en ejecución una iniciativa propia.

La Guardia Civil
El levantamiento de la guarnición de Barcelona fue vencido el 20 de julio. La Guardia Civil, manteniéndose fiel a la República y al gobierno autónomo catalán (que tenía entonces a su cargo los servicios de orden público), decidió la jornada.

Las demás guarniciones de Cataluña que secundaban el movimiento, volvieron a sus cuarteles y depusieron las armas. Este triunfo rápido, la percepción de la importancia que Cataluña cobraba para la decisión de la guerra, las dificultades inextricables que embarazaban al gobierno central, desataron la ambiciónpolítica del nacionalismo y le decidieron a ensanchar, sin límite conocido, su dominio en la gobernación de Cataluña.

Desde que se instauró la República, el gobierno de Cataluña estaba en manos de un partido republicano llamado de «izquierda catalana». Este partido surgió casi de improviso en las elecciones de 1931, y obtuvo un triunfo fantástico.

En toda España se votó entonces contra la dictadura militar, contra la monarquía y por la República, en Cataluña se votó por o contra los mismos objetivos, y además, por catalanismo.

Es digno de recordarse que, en 1923, al sublevarse el general Primo de Rivera, contaba con el apoyo de algunos importantes personajes del catalanismo burgués y conservador. No tardaron en conocer su error y en arrepentirse de él.

El anticatalanismo
La política de Primo de Rivera fue tenazmente anticatalanista, lo que para los nacionalistas significaba sencillamente anticatalana. Primo de Rivera se jactó siempre de que había conseguido suprimir el «problema catalán». Hay motivos para creer que lo enconó.

El caso es que en las elecciones de 1931, el catalanismo lastimado tomó el desquite, y los republicanos catalanes de izquierda fueron, sin excepción, nacionalistas. Con ocasión de la guerra, los catalanistas de la derecha han repetido aquel error, pero en gran escala.

Su oposición a la República ha podido más que su catalanismo. Se abstuvieron de colaborar en la elaboración y aprobación del régimen autonómico de Cataluña, que, de esa manera, apareció ante la opinión catalana como una «conquista» de los republicanos de izquierda.

En el alzamiento militar, los catalanistas conservadores se pusieron decididamente al servicio de la que era entonces «Junta de Burgos». Su cálculo era éste: nos aprovecharemos del movimiento para librarnos del peligro comunista y de la revolución; después, nos desemba-razaremos de los militares, como nos desembarazamos de Primo de Rivera. Personas que presumen de bien enteradas aseguran que los autores de ese cálculo no tienen ahora motivo ninguno de estar satisfechos.

Vencida la guarnición de Barcelona el 20 de julio, y hallándose libre de los estragos de la guerra todo el territorio catalán (las columnas de milicianos barceloneses penetraron hasta las cercanías de Zaragoza), se creyó sin duda que se había logrado todo, y que era el gran momento para hacer política.

La desobediencia
Nacionalismo y sindicalismo se aprestaron a recoger una gran cosecha. Es difícil analizar hasta qué punto coincidían y desde qué punto diferían en su acción el uno y el otro. La táctica de hacer cara al gobierno de la República y de sustraerse a su obediencia les era común.

En todo lo demás, tenían que entrar en conflicto, a no ser que el gobierno catalán se sometiera mansamente a los sindicatos. El gobierno catalán desconoció la preeminencia del Estado y la demolió a fuerza de «incautaciones», pero dentro de Cataluña estaba sufriendo, a su vez, una terrible crisis de autoridad.

La invasión sindical, más fuerte en Cataluña que en ninguna otra parte, desbordó al gobierno autónomo. No pudiendo dominarla, aquel gobierno contemporizaba con ella, y hasta la utilizaba algunas veces para justificar o disculpar sus propias extralimitaciones. Por ejemplo, el gobierno catalán se incautaba del Banco de España, para evitar que se incautase de él la FAI.

Véanse ahora algunas de las situaciones de hecho creadas en Cataluña: todos los establecimientos militares de Barcelona quedaron en poder de las «milicias antifascistas», controladas por los sindicatos. El gobierno catalán se apropió la fortaleza de Montjuich; con qué autoridad efectiva sobre ella, es punto dudoso.

La policía de fronteras, las aduanas, los ferrocarriles, y otros servicios de igual importancia fueron arrebatados al Estado. La Universidad de Barcelona se convirtió en «Universidad de Cataluña». Hasta el teatro del Liceo, propiedad de una empresa, se llamó Teatro Nacional de Cataluña. (En él se representaban zarzuelas madrileñas y óperas francesas o italianas.)

El gobierno catalán emitió unos billetes, manifiestamente ilegítimos, puesto que el privilegio de emisión estaba reservado al Banco de España. Los periódicos oficiosos de Barcelona comentaron: «Ha sido creada la moneda catalana». También aquel gobierno publicó unos decretos organizando las fuerzas militares de Cataluña. Los mismos periódicos dijeron: «Ha sido creado el ejército catalán».

Tales creaciones, y otras más (que no son un secreto, porque constan en las publicaciones oficiales del gobierno catalán y en la prensa de Barcelona), respondían a la política de intimidación, que ya he mencionado. Cuando esos avances del nacionalismo iban siendo corregidos por el gobierno de la República, un eminente político barcelonés, republicano, me decía apesadumbrado: «Si hubiéramos ganado la guerra en tres meses, todas esas cosas habrían sido otros tantos triunfos en nuestra mano».

Por su repercusión inmediata en la guerra, es necesario recordar especialmente lo que se hizo en Cataluña, durante ese período, en el orden militar y en la industria. El gobierno autónomo instituyó inmediatamente un ministerio de la Guerra (consejería de Defensa), para su región.

Al principio, estuvo al frente de ese departamento, por lo menos en apariencia, un militar profesional. Más tarde, ocupó el puesto un obrero tonelero. El ministro, o consejero, estaba asistido por un Estado Mayor, formado en su mayoría por oficiales del ejército.

La celebración sesgada de la II República
Asumieron la dirección de las fuerzas catalanas y pretendieron organizarías. Pocas en número, sin cuadros, sin material, escasas de municiones, continuaron divididas en columnas y en divisiones según el color político de sus componentes. En realidad, la consejería de Defensa fue un semillero de burócratas, un hogar de intrigas políticas.

En diciembre del 36, persona que tenía motivos para saberlo, me dijo que había 700 funcionarios para administrar unas fuerzas que en el papel no excedían de 40.000 hombres. Rechazados fácilmente los primeros amagos de los milicianos sobre Zaragoza; fracasada la expedición a Mallorca; concluidas por un descalabro serio las operaciones sobre Huesca, todo el frente de Aragón, desde los Pirineos hasta Teruel, cayó en absoluta inacción.

Las armas
Se había demostrado la imposibilidad de constituir a fuerza de armas y por derecho de conquista, la «gran Cataluña». En marzo del 37, el diario de Barcelona, La Vanguardia, publicó un artículo, en el que aparecía la palabra traición, a propósito de la inactividad del frente. Me parece exagerado. Tomar la iniciativa era imposible.

Pero es cierto que no se hacía casi nada para remediarlo, ni se levantaban las fortificaciones necesarias para prevenirse siquiera contra una ofensiva, que, por lo visto, parecía improbable.

En general, dominaba la creencia de que la guerra se decidiría en otra parte, lejos de Cataluña. Sofocado en pocas horas, dentro del territorio catalán, el alzamiento militar, y llevando sus fuerzas al interior de las provincias limítrofes, a gran distancia de Barcelona, Cataluña había ganado su guerra.

En el frente de Aragón no se retrocedía, en tanto que en los demás teatros de operaciones se cosechaban desastres. Cataluña había cumplido lo que le correspondía. Su hermosa tierra estaba libre de enemigos, y continuaría estándolo. « ¡Que hagan en todas partes lo mismo, en vez de ir corriendo desde Cádiz hasta Madrid!», decía un ministro catalán. Esta situación era, para muchos, un mérito especial, y para casi todos, un argumento justificativo de la política imperante en Barcelona.

Colectivizaciones
En los tiempos de mayor desbarajuste, subyugado el gobierno catalán por la CNT, pactó con los sindicatos un decreto de militarización, concediendo en cambio que ciertas industrias serían oficialmente colectivizadas.

Hubo por entonces una crisis del gobierno catalán, y en el curso de ella, alguien propuso que los partidos y las sindicales que estuviesen representados en el nuevo gobierno, firmasen un papel comprometiéndose a obedecerle. Este propósito no debió de alcanzar al decreto sobre el servicio militar, que no se cumplió. No corrieron mejor suerte otros decretos de la misma procedencia, y su incumplimiento no se debió en todos los casos a que los sindicatos no los aceptasen. Eran a veces de imposible aplicación, o la opinión general no los aceptaba.

La colectivización de industrias en Cataluña, que se fundaba originariamente en incautaciones de hecho (y en eso consistía toda su fuerza), condujo inmediatamente a un callejón sin salida. La tesorería de las empresas colectivizadas se agotó rápidamente. Carecían de medios para adquirir en el extranjero primeras materias.

Naturalmente, era imposible llevar los productos manufacturados en Cataluña al territorio ocupado por el enemigo, y muy difícil también distribuirlos por las otras provincias. Abrirse mercados nuevos en el exterior no estaba al alcance de la buena voluntad.

En ruina
En ciertos ramos de la industria, los artículos invendidos, por valor de muchos millones, abarrotaban los depósitos. Al poco tiempo de «organizar» la producción en esa forma (sin examinar ahora las demás condiciones en que se producía), un ministro catalán pintaba la situación con muy negros colores: muchas fábricas tendrían que cerrarse; doscientos mil obreros quedarían en paro forzoso... El gobierno catalán aportaba fondos para el pago de los salarios, como si acudiese al socorro de una calamidad pública.

Un periódico barcelonés insertó este anuncio: «Empresa colectivizada desea socio capitalista». No es verosímil que lo encontrara. El gobierno catalán venía a ser el socio capitalista de las empresas a quienes necesitaba sostener, pero un socio para las pérdidas, nunca para las ganancias, aun en el supuesto temerario de que las hubiese habido.

Exhausta su tesorería, el gobierno catalán se volvía al gobierno de la República, para obtener su auxilio, mediante la liquidación de suministros de material de guerra y de gastos hechos por cuenta del Estado, y otros conceptos, que daban origen a discusiones, compromisos y regateos muy penosos, con los que se enredaban las cuestiones de política general, y cuya solución, cuando parecía haberse encontrado alguna, dejaba descontentas a las dos partes.

Las industrias adaptadas a la producción de material de guerra, estaban, en ciertos respectos, en otra situación: teman un cliente seguro, el Estado; vendían a buen precio, todo lo que fabricaban; el problema consistía en que fabricasen más.

El gobierno de la República pretendía justamente requisar con arreglo a las leyes las fábricas de material de guerra, tratar directamente con ellas para los encargos que necesitase, y asegurarse de su buen rendimiento en calidad y cantidad. Esta cuestión, que, en buena lógica, solamente podía suscitar dificultades de orden administrativo y técnico, promovió desgraciadamente un problema político de primera magnitud.

El gobierno de Cataluña se interponía entre la acción del Estado y las fábricas de material. Según su criterio, el Estado debía tratar únicamente con el gobierno catalán, sin ninguna intervención directa en el funcionamiento de las fábricas. No es ahora posible aquilatar en qué medida concurrían a sostener esa posición el gobierno catalán y los sindicatos.

Desde Valencia
En cierta ocasión, el gobierno catalán suspendió o prohibió la fabricación de un pedido contratado directamente por el gobierno de la República; motivo: que la conducta sindical de la fábrica no había sido buena.

Una de las razones que el gobierno de la República dio para trasladarse de Valencia a Barcelona, fue que desde Barcelona removería más fácilmente los obstáculos que se le oponían. El resultado no debió de ser muy lisonjero, porque en septiembre del 38 se decidió a militarizar, sometiéndolas al ministerio de la Guerra, las fábricas de material.

Los representantes de los partidos catalanes y vascos en el gobierno de la República, dimitieron. Se llegó a una situación de grandísima violencia y gravedad, complicada por la crisis interna de los partidos que sostenían al gobierno de la República, llamado de «unión nacional», por graves faltas de tacto, y por violencias innecesarias, como si cada cual se empeñase en perder la parte de razón que tuviera.

Las consecuencias de este conflicto no salieron a luz, porque sobrevino el desastre militar, y todo quedó sepultado bajo los escombros.

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El vaciado autonomista del Estado y la estrategia defensiva del separatismo
El autor denuncia cómo en el seno de cada comunidad autónoma se vacía paulatinamente al Estado de contenidos nacionales, lo que complica mucho la reacción del Gobierno central a la disgregación y el separatismo.
Pedro Insua elespanol  25 Febrero 2019

Con la falsa excusa de que España, por su despotismo secular, les debe algo a “los pueblos” que la componen, se ha creado el Estado Autonómico (Título VIII de la Constitución), para, digamos, damnificar a esos “pueblos oprimidos” y restaurar en ellos, al parecer, su verdadera identidad (malversada por una suerte de España tiránica, la retratada por la leyenda negra, a la que siempre se recurre para tratar de colar la idea de la necesidad del autonomismo, cuando no, directamente, de la separación).

“Las autonomías son algo así como el sistema que nos permite recuperar aquello que nos han quitado”, dice muy bien Roca Barea en el prólogo al libro 1492, España contra sus fantasmas (editorial Ariel), retratando crítica y perfectamente el sentido ideológico de lo que ello significa. Y es que de esto se trata. Se quiso hacer de la noción de “autonomía” una entidad meramente administrativa, con pretensiones de neutralidad, cuando no lo es en absoluto (ni puede serlo). Es una noción ideológica, disolvente, metida en el seno de la Administración del Estado y que se introdujo para, se supone, tratar de devolver a las regiones una “dignidad” nacional que, sin embargo, nunca han tenido.

El autonomismo constitucional quiso ser, seguramente, una vacuna, un remedio para neutralizar “esta sarna de resentimientos lugareños que nos corroe”, por decirlo con Unamuno, pero, lejos de ello, lo que hizo fue, más bien, precipitar la enfermedad. Porque el caso es que no es posible componer el Estado con la sedición, que sería algo así como hacerse trampas al solitario. Y esta es la virguería (imposible) de la Transición, tratar de incorporar ese resentimiento en el cuerpo político español como si nada.

De hecho, la infiltración, por este sumidero autonómico, de las facciones nacional-separatistas en las instituciones españolas -que yo he comparado muchas veces con la infiltración del parásito neumónido en su víctima- ha permitido, les ha permitido a los representantes de dichas facciones, establecer una suerte de entramado institucional, cuasi-nacional, con sus magistraturas y cargos, con sus presupuestos y hacienda, con sus satélites y dependencias, cuya actividad durante los últimos años se ha desarrollado con un claro objetivo: la fragmentación de España.

Por su parte, las distintas autonomías que no han sido administradas directamente por miembros de dichas facciones han desarrollado igualmente, por mímesis (y quizás con la buena intención de neutralizar sus efectos), un entramado parecido (es el famoso “café para todos” que quería evitar Pujol) que, lejos de solventar el problema, lo que ha hecho es profundizar aún más en él. “De la misma manera que ser demócrata es un requisito básico para actuar en democracia, ser galleguista será un atributo elemental para actuar en la democracia gallega” (decía Alberto Núñez Feijóo allá por el año 2012).

De este modo, y sea como fuera, el aura “nacional” que tienen las instituciones autonómicas en España, emanada de este entramado (con sus parlamentos, gobiernos, consejeros, policías, oficinas en el extranjero... su lengua y emblemática diferenciales), genera una impresión -para muchos una realidad-, por la que pareciera como si dichas comunidades autónomas fueran ya de hecho una suerte de “todos nacionales aparte”, y no “partes regionales de un todo” nacional (por utilizar la fórmula orteguiana).

“Naciones” estas que se terminan “solidarizando” entre sí, pero por razones coyunturales, de conveniencia más o menos circunstancial (Europa, la democracia, el Estado de bienestar, etc), pudiendo, si los aires de la conveniencia soplasen en otro sentido, y así pluguiera a los pueblos (Völker) correspondientes, eclosionar en forma de naciones independientes asistidas por su “derecho de autodeterminación” (y esto es, claro, lo que han terminado declarando en el Parlamento de Cataluña, en el año 2017, espoleados en este caso por el “España ens roba”). Un derecho de autodeterminación, recordemos, que es el primer punto (no el segundo, ni el cuarto), de los 25 del programa del Partido Nazi en su momento (y que le valió como justificación de la expansión alemana por Europa central).

Digamos que ha sido el propio Estado autonómico el que ha abonado la idea de la autosuficiencia dirigida a cada parte regional (ya el propio nombre “autonomía” lo sugiere), invitando, a través del desarrollo de dicho entramado institucional autonómico, a la posibilidad de que, en cualquier momento, pueda producirse el fíat de la “desconexión” (y es que la noción de soberanía no es otra cosa que la versión moderna -Bodino, Hobbes- de la autosuficiencia de la polis antigua -Aristóteles-).

Cuando el Estado quiere reaccionar, y, a través de la Constitución, busca parar este “proceso” (procés), por ejemplo, con el art. 155, se encuentra ya con una masa institucional espesísima, y no solo autonómica, sino también local, cuya fuerza inercial es favorable al propio proceso de fragmentación secesionista (además de contar este también, por supuesto, con las fuerzas vectoriales –los partidos separatistas- que lo impulsan).

Particularmente a escala municipal el escándalo es mayúsculo. En muchos -por no decir la práctica totalidad- de los pueblos y ciudades de la región vasca, gallega, catalana, etc., los ciudadanos españoles viven allí envueltos por toda una liturgia y simbología diferencial (toponimia, escudos, banderas, cartelería, incluso la tipografía de la letra de dicha cartelería, folklore), de tal modo que, cualquiera que se acerque desde cualquier otra parte de España, tiene la impresión, en efecto, de que entra en un país extranjero.

La emblemática asociada a España, sin embargo, ha sido exterminada (sacada fuera de los términos regionales) y sustituida, no por la regional, sino por la regionalista, produciéndose así una auténtica depuración nacionalfragmentaria de todo “lo español” (o más bien de lo que se tiene por tal, porque la sardana, por poner un ejemplo “litúrgico”, es tan española como la jota, aunque desde la propaganda autonomista no se tenga por tal).

En el caso del País Vasco y Andalucía, por ejemplo, se han llegado a adoptar -y ahí siguen en la actualidad- como emblemas señeros regionales sendas banderas, la ikurriña y la verdiblanca (con los colores omeyas), inventadas respectivamente por los fundadores de los partidos nacionalistas correspondientes a dichas regiones: Sabino Arana y Blas Infante. Banderas que representan proyectos completamente incompatibles con España como nación.

En el caso de Galicia, por poner otro caso, se ha adoptado como himno un texto de Eduardo Pondal -uno de los más enloquecidos próceres del galleguismo- en el que, directamente, se insulta (como “imbéciles y oscuros”) a aquellos que no comprenden el carácter nacional de Galicia (hay que recordar que Pondal declaró que aquellos que en Galicia se sintieran españoles antes que gallegos, tendrían que ser segados de la tierra gallega -es literal- como a la “mala hierba”).

De este modo, cuando en el seno de cada comunidad autónoma se ha vaciado al Estado de contenidos nacionales, convirtiéndolo en un “Estado sin atributos” (sin significado nacional), y son sustituidos por contenidos antinacionales (haciendo odioso todo lo que proceda de España), entonces a cualquier gobierno le resultará muy complicado reaccionar ante el desafío separatista. Si el Estado alberga en su seno a los sediciosos, sentándolos en parlamentos y plenos municipales, y les permite actuar (en el sistema educativo, medios de comunicación), después es muy difícil de justificar una acción en contra, que resista la acción sediciosa (a duras penas se les puede sentar en el banquillo de los acusados).

Y es que pareciera, tal es la impresión (pero una impresión, insistimos, amparada institucionalmente por el blindaje estatutario y competencial autonómico), que el Gobierno central se está inmiscuyendo en asuntos que no le corresponden por ser internos a cada autonomía (“quite sus sucias manos de Cataluña”, le dijo en sede parlamentaria cierto diputado erostatrista al, en ese momento, presidente Mariano Rajoy cuando éste, ya de un modo perentorio, quiso poner freno al golpismo secesionista en Cataluña). El Estado reaparece de este modo en el interior de cada autonomía, después de haber sido previamente expulsado, en sus formas más antipáticas, proyectando fácilmente sobre él la impresión de un monstruoso y despótico leviatán, que solo sabe recurrir a la “violencia” para solventar los problemas políticos.

Y en esto se basa la burda estrategia defensiva de los que hoy se sientan en el banquillo como responsables de sacar adelante -o de intentarlo- su proyecto de ruptura y separación de España (y al que se le llama “procés”, sin más, de nuevo tratando de enmascarar eufemísticamente su verdadera naturaleza separatista). Una burda estrategia demagógica (“la porra estatal frente a la urna catalanista”), pero que viene amparada por todo ese entramado autonómico (con sus grupos de interés asociados) que es capaz, en Cataluña, de movilizar a una masa de población nada despreciable. Porque a pesar de tener a Junqueras sentado en un banquillo (existiendo, por cierto, la posibilidad -terrible- de que quede libre), está Torra ocupando el asiento en la sede de la Generalidad para, enseguida, “condenar” al tribunal, si la sentencia les fuera desfavorable y sacar a esa gente a la calle para respaldar su “condena”.

La espada de Damocles separatista, en fin, sigue levantada sobre España.

*** Pedro Insua es profesor de Filosofía y autor de los libros ‘Hermes Católico’ y ‘Guerra y Paz en el Quijote’ y de '1492, España contra sus fantasmas' (Ariel, 2018).

¿Perdón? No en mi nombre.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  25 Febrero 2019

SÁNCHEZ SE DESPLAZA A FRANCIA PARA RENDIR HOMENAJE A ANTONIO MACHADO Y A MANUEL AZAÑA Y PEDIR PERDÓN A LOS EXLIADOS DE LA REPÚBLICA.

Fracasado en su intento de exhumación exprés de Francisco Franco del Valle de los Caídos, Pedro Sánchez vuelve a usar el guerracivilismo en su particular campaña de desagravio al que fue el bando derrotado de la contienda civil. Y no está mal que pida perdón a los exiliados de la República en la que el PSOE fue uno de los actores más sectarios y radicales y cómplice de las barbaridades ocurridas en los territorios donde gobernaban. Y es que, si volvemos a la actualidad todo lo ocurrido desde la instauración de la segunda República, quedarían al desnudo las atrocidades cometidas en nombre de esa República con claros signos anarco comunistas de la que el PSOE fue colaborador necesario. Y la historia precisamente se basa en los hechos, en las sacas indiscriminadas contra la oposición, en el asesinato de Estado con una policía política y el uso de una justicia al servicio del Gobierno con el fusilamiento, entre otros, del líder de Falange Española José Antonio Primo de Rivera. ¿En nombre de quién y a qué individuos pide Pedro Sánchez perdón como Presidente del Gobierno de España que representa a todos los españoles? Si él tiene algo por lo que debe pedir perdón, pues que lo haga, pero nunca en mi nombre porque no tengo nada por lo que hacerme perdonar de aquella época, ni mesiento representado por este individuo.

No hacía ninguna falta reivindicar la figura de Antonio Machado como gran intelectual de eso que se llama la generación del 98 de la que siempre renegó. Pero otra cosa bien distinta es cuando se analiza su visión y filia política que le lleva a querer para España el triunfo de la revolución del proletariado de la dictadura de Stalin en la Unión Soviética. Además, su anticlericalismo visceral le lleva a no condenar los asesinatos cometidos contra ese clero, órdenes eclesiásticas de clausura y la quema de iglesias. En cuanto a Manuel Azaña ya fue reivindicado por José Bono al colocar un busto frente al de la reina Isabel II en el salón de entrada al Congreso y el que elevó su figura de primer y último Presidente de la segunda República. Un hombre que destacó por “componedor” y en un ejemplo de supervivencia y flotar como el corcho en aguas turbulentas. El hombre de las mil dimisiones pero que nunca dejó el cargo, ni siquiera en el exilio.

Y es que esta izquierda revisionista y revanchista que es la que abandera Pedro Sánchez pretende sacar a todos los fantasmas de un pasado que se suponía enterrado por el espíritu de perdón y concordia de la transición que dio paso a la nueva Constitución de España y a la democracia. Pero no, para este sectario socio de ultra radicales de izquierda, proetarras, nacionalistas mercenarios y golpistas, los muertos no deben descansar en paz, como respetuosamente recogen los epitafios de las losas de mármol de las fosas con ese R.I.P (Requiestcat In Pace). Pedro Sánchez quiere aprovechar cada muerto en España represaliado por el bando sublevado, o cada exiliado huido para librarse de esa represalia, como símbolo de su lucha contra el olvido, eso que llama Memoria Histórica. Lo malo es que precisamente entre aquellos que se exiliaron estaban también además de intelectuales más o menos comprometidos, responsables y corresponsables de crímenes atroces contra la humanidad, carniceros de masas. Y la verdad es que lo peor para esos asesinos vino cuando Francia y El Reino Unido reconocieron oficialmente al Gobierno de Franco como legítimo por prura estrategia geopolítica para evitar el alieamiennto con las fuerzas fascistas del eje italo alemán. Algo que solo se consiguió parcialmente pues Franco se mantuvo en una falsa neutralidad, llegando a ajustar el huso horario con el de Alemania, algo que aún padecemos. Todo un jarro de agua fría para quienes pensaban en retornar y retomar el poder chequista de una República popular soviética.

Pedro Sánchez intenta atraer al voto de izquierda huido a PODEMOS y convencerles de que en el fondo defiende las mismas cosas. Una actitud que quiere disimular camuflándose en una Social Democracia en la que no milita. Ahora se habla del nuevo PSOE, el de Pedro Sánchez y los mas radicales como José Luís Ábalos, o Carmen Calvo, o María Jesús Delgado, frente al “viejo” PSOE en el que están iconos de socialismo como Felipe González, Alfonso Guerra,o Joaquín Almunia, etc. Pero es que la perversión es querer descalificar como “lo viejo”, caduco y destinado al baúl del olvido, lo que es una visión honesta y constructiva del socialismo surgido tras el congreso de Suresnes alejado del socialismo trasnochado de corte marxista lenilista, como la que representa ese PSOE de la transición, . Ello enfrentado al “nuevo” socialismo que no busca consensos de Estado y no tiene el mínimo pudor en buscar socios de todo pelaje, incluidos los enemigos declarados de España, que le aúpen al poder. Y este es el caso de Pedro Sánchez y su jarca de colaboradores.

No es de extrañar que la estrategia de Pedro Sánchez pase por resucitar esos fantasmas del pasado y utilizar aquellos que le proporcionen adhesiones. Su viaje al sur de Francia para el homenaje a estos personajes exiliados es una bufonada grotesca equiparable a la que este mismo fin de semana Inés Arrimadas ha protagonizado en Waterloo frente a la residencia del fugitivo Carles Puigdemont, al que no se le reconoce el estatus de “exiliado” ni refugiado político. Pedro Sánchez no es, por ahora y espero que nunca, Presidente de ninguna República, aunque en su onírica visión se vea como tal a sí mismo. No está legitimado para “pedir perdón” salvo en su propio nombre. Ni siquiera en nombre del PSOE, ya que no ha habido, que se sepa, ninguna resolución de su Ejecutiva Federal al respecto. Y mucho menos en nombre de una Institución como es el Gobierno de España o su Parlamento, que representa a todos los españoles y no solo a los que dice reivindicar Pedro Sánchez.

Un viaje más a costa de los impuestos de todos los españoles con fines únicamente personales y partidistas. Otro ejemplo del nepotismo que ha caracterizado el corto mandato de este impresentable sujeto. El cinismo de este sujeto radica en que acusa los demás de lo que el hace de forma habitual y es despreciar a más de la mitad de los españoles que votan al PP, C’s y ahora a VOX. Porque en la España de Pedro Sánchez caben todos los que queden tras su desmembración. Y como Azaña, piensa que igual no es tan mala idea el que Cataluña se hubiese independizado de España.

¡¡¡VOTAR PSOE ES VOTAR A LOS GOLPISTAS!!! ¡¡ESPAÑA LO PRIMERO!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

Requisito para la regeneración de España: expulsar a Sánchez
Carlos X. Blanco  latribunadelpaisvasco.com 25 Febrero 2019

La regeneración de España pasa por un angosto desfiladero. Son horas oscuras, y los pies de quien la anhela trastabillan en medio de las fragosas rocas. La mirada se hunde en los abismos, como queriendo los ojos caídos arrastrar a sus hermanos, los pies, empujarlos hacia la sima en que reposan ya los hispanos siglos, pasados todos ellos en decadencia. En la estrechura nos asaltan una y otra vez los viejos traidores. Viejos aunque se transfiguren, como por encanto, en jovenzuelos de buena percha y voz aflautada. Nada más viejo que un Pedro Sánchez. Nada más perdedor que un gobernante decretista, aliado de Belcebú o de Lucifer, capaz de todo a cambio de sentirse importante: pobre diablo con ínfulas, ajeno al mayoritario voto de la nación, un Judas comprado por potencias extranjeras. Nada más arcaico que su progresismo. Nada más vil que su labor retardataria, verdadero palo en la rueda de una regeneración, qué digo regeneración sino más bien renacimiento. Una España nueva que aun con dolor y sin cataplasma, un día llegará.

Porque un día llegará. Es cuestión de supervivencia. Es asunto de vida o muerte para un sujeto colectivo llamado Nación Española.

Debemos pasar por esta pasarela peligrosa y cada vez más fina, pues las oportunidades mejores ya las hemos dejado pasar. Hemos de llegar a una meseta elevada donde el aire puro permitirá recopilar competencias autonómicas transferidas, haciéndolo de manera gradual y concienzuda. A un ritmo homogéneo, donde las diecisiete autonomías taifadas sean de verdad "históricas", esto es, que sean agua pasada. Así, iremos devolviendo al aparato del Estado la competencia de gobernar y administrar en materia educativa, policial, sanitaria, fiscal, judicial… e iremos recuperando con ello el resuello.

A las regiones, y digámoslo bien, REGIONES históricas y "naturales", no "entes" o "comunidades", les dejaremos una vía de representatividad que recuerde la tradicional foralidad de las Españas. Les concederemos a las regiones, por mandato de todos los españoles y nunca de una parte de ellos, la gestión de importantes aspectos de su patrimonio material e inmaterial, el medio ambiente, el folclor, los museos, las lenguas y dialectos, la investigación etnográfica e historiográfica, el desarrollo rural y comarcano, el turismo y la economía "distributista". No son temas menores, pero la singladura oceánica de la nación le competerá al Estado y sólo al Estado. Así las regiones volverán a ser regiones, a mucha honra, y en serio. Volverán a ser esa parte de España de la que nunca ésta podrá prescindir, pilar y valladar, núcleo y esencia. Las regiones volverán a sumar solidariamente y a acrecer, a dar savia y a ofrecer su energía a España. Pero en el pasadizo oscuro y abismático en el que hoy nos movemos, debemos quitar de encima a este espantajo pedrosanchesco que se interpone, que aspavienta, que truena contra la Historia y obstaculiza el destino. Debemos vacunarnos contra su falso federalismo, contra su asimetría, contra la eterna concesión de privilegios.

Los votos y el clamor nacional han de apartar al espantapájaros socialista, al estafermo "cum fraude", al epígono residual de un socialismo que lleva cien años masacrando España. Si una verdadera memoria histórica fuerte y sana tuviéramos todos, a la frente nos acudiría la traición socialista de 1934, su engaño a la población obrera, su criminalidad golpista, oficialmente hoy calificada como "revolucionaria". Si memoria histórica hubiese en España, nos acudirían imágenes de aquellos socialistas irresponsables y violentos que nada hicieron por evitar que la nación se precipitara al abismo que se abrió, con guerra fratricida y dictadura como colofón. También hay socialistas en el infierno de los injustos, dándose la mano con pistoleros fascistas, anarquistas y reaccionarios.

También hubo anti-España, mucho tiempo después, en aquellos años de felipismo, malvendiendo nuestra industria y campo, forzando a todos a hincar las rodillas para que "Europa" y la OTAN nos acogieran. Tan socialistas fueron aquellos mineros del puño en alto y saqueo sistemático del SOMA-UGT asturiano, como los "descamisaos" andaluces del guerrismo, ávidos de la cobranza sin dar palo al agua. Tan socialistas fueron aquellos neoliberales de la raza de Solchaga y Boyer, liquidadores profesionales, como los compañeros de mesa y mantel del 'abertzalismo'. Tan socialistas fueron los "barones" territoriales, hoy españolísimos al parecer, como los zapateriles doctrinarios de la nación "como concepto discutido y discutible" y del federalismo asimétrico maragalliano, tan socialistas como los impulsores de la sublime ocurrencia de "la nación de naciones" o de la ideología de género.

Es decir: tanta doble y triple vara de medir, tanto oportunismo y tamaña indigencia, semejante cara dura, anemia mental, anomia axiológica, tanta, tanta papilla que ha venido en llamarse "socialismo español", debe quitarse de en medio, y debe hacerlo por medio de un soberano acto colectivo. Es el primer paso para que cojamos aire y comencemos a reconstruir nuestra casa, la casa común de todos los españoles que deseamos vivir en paz. El figurín y epígono degenerado del ya de por sí descompuesto y descerebrado socialismo español debe irse. Una democrática expulsión de todos los cantamañanas, cuentistas, vendepatrias e ingenieros sociales, una patada en el trasero escrita y refrendada con millones de votos contra Sánchez.

Ayuntamiento de Barcelona
Colau vuelve a despreciar el español: edita su guía de impuestos sólo en catalán
Raquel Tejero okdiario. 25 Febrero 2019

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha distribuido una guía para los barceloneses en la que se explican los calendarios de pago de impuestos. La regidora ha editado el documento únicamente en catalán.

Por segundo año consecutivo, el Ayuntamiento de Barcelona liderado por Ada Colau vuelve a repartir la llamada ‘Guía del Contribuyente’ únicamente en catalán. En el documento de información ciudadana en la que se se explica el calendario de pagos y precios de los impuestos, la alcaldesa se ha olvidado de aquellos que no hablan catalán y ha excluido al español.

La guía del contribuyente es un documento relevante para los barceloneses ya que a través de ella se informan de todo lo relacionado con los impuestos que deben pagar. Sin embargo, la alcaldesa Ada Colau y su equipo de gobierno no consideran que se tenga que realizar una distribución en ambos idiomas. La decisión relega, una vez más, al español.

Se trata del segundo año consecutivo en el que Colau decide no hacer una edición doble de la guía para los que no son catalano-parlantes. La solución aportada por el gobierno municipal es acudir a Internet donde sí se puede acceder a una traducción del documento.

Esta medida se convierte en una solución a medias ya que, por ejemplo, existen muchas personas mayores que no pueden acceder a esta herramienta o que hacerlo supone una dificultad extrema.

Colau vuelve a despreciar el español: edita su guía de impuestos sólo en catalán Colau vuelve a despreciar el español: edita su guía de impuestos sólo en catalán

Ni por petición
Según ha podido confirmar OKDIARIO, es imposible conseguir la Guía del Contribuyente en español.

Algunos ciudadanos han intentado conseguir la información impresa en español recurriendo directamente al consistorio. Sin embargo, la respuesta ha sido negativa y les han informado de que no es posible acceder a ella en formato físico a pesar de la petición expresa.

Dia de la Lengua Materna
Josep Bou, candidato a la alcaldía de Barcelona por el PP, ha presentado un manifiesto para reclamar “respeto absoluto hacia las lenguas maternas de los barceloneses y no interferir en su libertad para vivir y hablar en catalán o en español o en ambas lenguas, mezclándolas y usándolas como ellos quieran”.

En este sentido, Bou considera que el Ayuntamiento debe tener presente en todo momento que las dos lenguas de la ciudad son castellano y catalán, por eso una empresa o comercio debe tener total libertad para rotular en el idioma que quiera en Barcelona, que no haya obligaciones, ni se impongan sanciones, tal y como ha hecho la Generalitat en ocasiones. Pide declarar Barcelona como ciudad libre de sanciones lingüísticas.


 


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