AGLI Recortes de Prensa   Domingo 10  Marzo 2019

Sánchez y el golpe de Estado permanente
Jesús Cacho. vozpopuli  10 Marzo 2019

Los demócratas españoles asisten estos días perplejos al espectáculo de un presidente del Gobierno no refrendado directamente por las urnas, o más bien perdedor impenitente en las mismas cuantas veces lo ha intentado, que, después de su peripecia como presidente por accidente durante un puñado de meses, se ha visto obligado a disolver las cámaras y convocar elecciones generales, pero que, sin embargo, sigue gobernando como si tal cosa, como si aquí no hubiera pasado nada, como si contara con respaldo parlamentario bastante para hacerlo con normalidad. Gobierna a golpe de real decreto ley, después de que la mayoría independentista que le llevó al poder en mayo pasado le tumbara los Presupuestos para 2019. En plena campaña electoral, el sujeto sigue gobernando mediante la fórmula de esos decretos que su Consejo de Ministros expele cada viernes, los “viernes sociales” de Sánchez, con decisiones que implican aumento del gasto corriente y que inevitablemente condicionarán el desempeño del futuro Gobierno. Se trata de una burda utilización del BOE para hacer campaña electoral. Hablamos de la compra de votos privados con dinero público. Jamás se había visto cosa igual en 40 años de democracia.

Este último viernes, el Ejecutivo en funciones aprobó otro de tales decretos ley, titulado “de medidas urgentes de Protección Social y Lucha contra la Precariedad Laboral en el Trabajo” que incluye la ampliación del subsidio para parados mayores de 52 años y que, al parecer, beneficiará a cerca de 115.000 personas de entre 52 y 55 años. A punto de referirse a los presentes como “ustedes” y “ustedas”, la indescriptible Isabel Celaá defendió en rueda de prensa la “obligación democrática” que tiene el Ejecutivo de seguir haciendo lo que le dé la gana a pesar de hallarse en funciones, ello con total desprecio a las reglas del juego democrático y en virtud de una supuesta necesidad de “adoptar acuerdos” a los que de inmediato hay que dar publicidad mediante esas ruedas de prensa, pura y descarnada propaganda de partido, que PP y Ciudadanos han pedido suprimir mientras nos hallemos en periodo electoral.

Es la utilización del BOE como caja de resonancia del programa electoral socialista; es el uso del aparato del Estado con fines partidarios. Cierto que, ante la inminencia de unas generales, todos los Gobiernos han pretendido sacar ventaja, de una u otra manera, de sus últimos días en Moncloa, pero nunca se había dado un caso tan desvergonzado como este, una situación que aúna lo indecente y lo inmoral en grado superlativo, nunca tan clara la pretensión de suplir la ausencia de Presupuestos, rechazados por la mayoría que le colocó en Moncloa, mediante la utilización torticera de esos decretos ley que vacían de sentido la propia celebración electoral: para eso precisamente se suelen convocar elecciones generales, para que los ciudadanos digan por quién quieren ser gobernados y cómo lo quieren ser, con qué Presupuestos y con qué prioridades del gasto.

Dicen que las ministras del Gabinete apoyan decididamente el pucherazo electoral con el que cada viernes Sánchez obsequia a los españoles. Lo apoyan y teorizan, tarea que escapa a las capacidades del inquilino de Moncloa. Particularmente llamativo resulta el papelón de Nadia Calviño, esa listísima señora, al decir de los “media”, que como adelantada de Bruselas llegó precisamente para garantizar la ortodoxia fiscal del Gobierno Sánchez. Nadia se ha convertido en el exacto reflejo de lo que en su día fue Pedro Solbes con el Gobierno Zapatero, otra consentidora, otra que conoce la asignatura pero que prefiere callar como mandan los cánones del mejor PSOE, con los resultados de sobra conocidos. La ministra Marisú Montero, una licenciada en Medicina ahora responsable de la cosa hacendística, reconoce con desparpajo en privado que las cuentas públicas cerrarán el año con un déficit del 2% del PIB (22.000 millones), aunque algunos expertos elevan el desfase hasta el 2,8% (unos 31.000 millones).

Duro ajuste fiscal en el horizonte
Quiere ello decir que el Gobierno que salga de las urnas el 28 de abril tendrá la legislatura hipotecada por la irresponsable conducta de Sánchez, el inmoral comportamiento de un Gobierno en funciones que, con el respaldo de 84 diputados, pretende seguir gobernando como si contara con el respaldo de una cómoda mayoría, con grave daño para las instituciones y una notoria falta de respeto a las reglas del juego democrático, la primera de las cuales consiste en no condicionar las políticas de cualquier Gobierno de nuevo cuño salido de las urnas. Así pues, el próximo Ejecutivo estará obligado a poner en marcha un duro ajuste fiscal, ello como consecuencia de la determinación de nuestro aprendiz de Maduro de incrementar el gasto público corriente para asegurarse un buen colchón de votos. Comprar votos con el dinero de todos. Tirar con pólvora del Rey.

Contaba mi padre con fruición el indecente comportamiento que en Tierra de Campos, con una estructura de la propiedad de la tierra muy alejada de las grandes fincas que la nobleza terrateniente controlaba en otras zonas de España, solían desplegar los caciques locales, siempre ligados al partido conservador, a la hora de comprar el voto de los agosteros en todos y cada uno de los lances electorales del periodo de la Restauración canovista (1875-1923). “Es que don Fulano está pagando el voto a dos pesetas en Paredes; yo por una no lo vendo”, argüían los vecinos de Villada. La historiografía moderna se ha ocupado ampliamente del binomio elecciones y caciquismo durante ese medio siglo, binomio explicable en el ambiente de “insultante indiferencia” (José Varela Ortega) existente en la España rural hacia una estructura de poder abrumadoramente urbana, y la “anemia cívica” (Joaquín Costa) de la mayoría de los políticos de la época. Lo que pocos hubieran podido sospechar es que, más de un siglo después, un presidente del Gobierno de la España democrática fuera a reeditar, en una inaudita combinación de desparpajo y desvergüenza, ese tipo de prácticas caciquiles utilizando esta vez el dinero público.

El cacique de antaño es ahora el Consejo de Ministros de Sánchez oficiando en la misa mayor de los “viernes sociales”. En lugar de las dos pesetas que el conde de Gamazo pagaba en Paredes de Nava, el campeón de la impostura que nos gobierna paga ahora a los españoles en especie, les paga con la subida del SMI (ya ha empezado a causar estragos en el empleo de la franja de población menos formada), con la indexación de las pensiones al IPC, con los subsidios para parados, con los permisos de paternidad de cuatro meses (¿alguien ha pensado en los efectos que medidas de este tipo pueden tener sobre la viabilidad de esas pymes que mayoritariamente dan empleo en España?). Nadie piensa aquí en las empresas, sobre todo en las pequeñas y medianas, a las que el poder considera simples bultos sospechosos a los que freír a impuestos y hacer la vida imposible a base de burocracia.

Aumentar gasto corriente; recortar inversiones
La ministra Marisú asegura en su círculo íntimo que “habrá que contrarrestar el aumento del gasto corriente con un recorte de las inversiones” y se queda tan ancha. Recortar la inversión en un momento en que el mundo desarrollado se encuentra en plena revolución tecnológica es cerrar la puerta al futuro. Es la realidad de una España perennemente atascada en el barro de sus viejos demonios familiares (revestidos ahora de feminismo y otros “ismos”) históricos, una España alejada de los grandes debates de nuestro tiempo, aquellos que ahora ocupan a los países punteros y que tienen que ver con cosas tan capitales como el futuro del empleo: en qué se van a ocupar las nuevas generaciones de españoles en un tiempo en que la máquina está sustituyendo el trabajo humano no cualificado, cómo vamos a evitar que los nuevos aires de crisis que soplan a nivel mundial (la OCDE lo acaba de ratificar sombría) lleven nuestra tasa de paro (en cuanto empiece a caer la recaudación, como siempre ocurre en España) a niveles inaceptables, desde luego incompatibles con el mantenimiento de la paz social y la convivencia, tasas que podrían hacer palidecer aquel 26% que se llegó a registrar en lo peor de la pasada crisis.

¿Hay alguien ahí? El señorito Sánchez sigue con sus “viernes sociales”, mientras Pablo Casado protesta ante la Junta Electoral Central cuando tendría que haber ido directamente al juzgado de guardia o, por lo menos, al Constitucional, para parar esta reedición del “golpe de Estado permanente” con el que François Mitterrand censuró agriamente las políticas del general De Gaulle en la IV República. Lo suyo es volver a gobernar como sea, con el respaldo de los mismos, y con las políticas económicas que tanto bienestar material han proporcionado al mundo gracias al socialismo. Políticas, eso sí, de un éxito fulgurante a la hora de colocar a los amigos todos en el aparato del Estado. Como en la España de Romanones. Cuatro años más con este sujeto en Moncloa, con el apoyo parlamentario de neocomunistas y separatistas y el respaldo del abrumador aparato mediático que ahora le lleva en volandas, serían más que suficientes para cambiar España de arriba abajo. Un país en casi nada parecido a Dinamarca y, por el contrario, muy parecido a Venezuela. Es lo que está en juego.

Los españoles rechazan los decretos de Sánchez
EDITORIAL ABC 10 Marzo 2019

El vergonzoso uso partidista de las instituciones que está llevando a cabo Pedro Sánchez para favorecer sus particulares aspiraciones políticas no solo recibe la desaprobación de juristas y expertos, sino que también cosecha el rechazo de la mayoría de españoles. En concreto, casi el 53 por ciento de los votantes considera inadmisible que el Gobierno del PSOE siga aprobando medidas tras la disolución de las Cortes, en plena campaña electoral, valiéndose de la figura del decreto ley, según revela el último barómetro de ABC/GAD3. Además, esta reprobación no es exclusiva de los encuestados que apoyan a PP, Cs o Vox, puesto que un tercio de los electores del PSOE y de Podemos manifiestan, igualmente, su desacuerdo. Tales resultados dicen mucho en favor de la cultura democrática que existe en España, ya que lo que está haciendo Sánchez es un despropósito, se mire por donde se mire.

Utilizar los consejos de ministros como altavoz político para anunciar e incluso poner en marcha promesas del partido a escasas semanas de los comicios viola tanto el espíritu como la letra de la Ley Electoral. Lo más grave, sin embargo, es que la perversa estrategia del PSOE consiste en poner al Gobierno y al BOE al servicio de sus propios intereses partidistas, pervirtiendo así las funciones y la naturaleza institucional del Estado. Y eso sin contar que la aprobación de decretos leyes, una figura reservada para casos de urgente y extraordinaria necesidad, es una forma de eludir el contrapeso que ejerce el Parlamento al Poder Ejecutivo, especialmente ahora que el Congreso ha sido disuelto, puesto que impide la introducción de enmiendas, y, por tanto, menoscaba la calidad democrática. Todo ello evidencia un peligroso desdén hacia las instituciones y el Estado de Derecho que no debe ser menospreciado.

Pogromo contra el constitucionalismo
El secuestro del 8M anuncia una campaña sin escrúpulos del sanchismo
Hermann Tertsch ABC 10 Marzo 2019

La imagen de esas mujeres detrás de la pancarta es lo que quería Pedro Sánchez. Quería mucha imagen para la campaña y la tendrá. Aunque quizás no todas le sean útiles para prolongar su cabalgada sobre el tigre enloquecido. Hay imágenes que le servirán. Pero otras son un regalo para la campaña de los partidos constitucionalistas. La inmensa mayoría de las mujeres de España no se identifica con el alarde de zafiedad y mentiras, exageraciones, histeria, agresión, insulto y desprecio al prójimo. Hay imágenes nauseabundas que generarán mucho rechazo. El Día de la Mujer Trabajadora fue secuestrado de antemano por una apuesta totalitaria y su manifiesto lo dejaba claro. Hicieron bien en no ir quienes no fueron e hicieron el ridículo quienes pretendían que iban a un acto en defensa de la igualdad de derechos. Porque acudieron a la apertura de la campaña del Gobierno contra la España constitucional.

Las manifestaciones comenzaron ya con insultos y se degradaron en el delirio hasta convertirse en el gran amago de un pogromo contra la oposición constitucionalista. «¡Abajo el fascismo, arriba el feminismo! ¡Frente a Colón somos legión! ¡Dónde están, no se ven, las banderas del PP». Allí estaba Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno del Reino de España, gritando «abajo el fascismo» en coro con otras señoras de mediana edad. Allí estaban la básica Adriana Lastra y otras en griterío adolescente tan zafio y romo como el de las bandas agresivas de extremistas en marchas con insultos, agresiones verbales y algunos ataques a sedes de partidos como masivas intimidaciones a discrepantes. Destacaba junto a la vicepresidenta una rubia grandullona que saltaba, gritaba y palmoteaba más que el resto. Fue identificada como la señora Begoña Gómez de Sánchez, la del Falcón y los palacetes, la aprendiz de reina, la de los viajes impertinentes e inexplicables, la de la nómina secreta en el Instituto de Empresa -qué vergüenza, señores-, la de las dietas y facturas secretas. ¡Abajo el fascismo!, gritaba. Sonaba a ¡Yo me quedo! ¡Fascismo, fascismo!

Esta desvergonzada operación con el uso y abuso de todos los medios del poder convertía el 8M en la respuesta a la manifestación de Colón. Y se hizo. Es el comienzo de una campaña para acosar a «las derechas» como «fascistas». Dirigida desde Moncloa con la implicación masiva de todo el «Frente Popular» con comunistas, separatistas y demás fuerzas enemigas de la monarquía y la democracia y la unidad nacional. Contará con todo el aparato mediático y propagandístico en manos de la izquierda. Esto acaba de empezar. Con terminología propia de la guerra civil para plantear las elecciones de abril como la revancha de la Batalla del Ebro. Nadie excluya que haya violencia y no solo en Cataluña. Porque el poder ha descalificado a la oposición hasta criminalizarla y las huestes izquierdistas más descerebradas están desinhibidas por ese «macarrismo gubernamental». Y sin embargo, puede que toda esta peligrosa y odiosa operación les salga mal a Sánchez y las chicas de la pancarta.

Sánchez compromete el futuro
 larazon 10 Marzo 2019

De la amplia batería de informaciones, análisis y gráficos que hoy publica LA RAZÓN sobre la situación económica española, se puede extraer una conclusión muy poco tranquilizadora, puesto que el actual Gobierno socialista, impelido por la batalla electoral, está repitiendo los mismos errores que en 2007, desoyendo los avisos de desaceleración de la economía y provocando un peligroso incremento del gasto público. Pero con dos notables diferencias con respecto al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. La primera, que hoy las finanzas nacionales están gravemente desequilibradas, con un déficit estructural de 35.000 millones de euros, una deuda pública de 1,1 billones de euros y la necesidad de seguir recurriendo al crédito exterior –220.000 millones de euros prestados cada año– para poder hacer frente a las obligaciones contraídas por el Estado, y la segunda, pero no menos importante, que ahora sí tenemos una experiencia de los mecanismos y consecuencias de la crisis de la que se carecía en aquel tiempo.

De ahí, que se antoje imprescindible abordar medidas preventivas con la mayor urgencia posible, entre otras razones, porque el conjunto de los ciudadanos, ya escarmentados, está comenzando a aplazar las decisiones de compra, como se refleja en la caída del consumo interno. Por supuesto, está desaceleración no es un problema exclusivo español, lo que explica la doble decisión del BCE de aplazar, por un lado, la subida de tipos y mantener, por otro, las inyecciones de liquidez, pero puede tener un efecto demoledor en nuestra economía, que apenas está restañando las heridas de la última recesión, porque uno de los factores que está actuando con fuerza en este escenario negativo es, precisamente, la acción de un Gobierno que en sus escasos nueve meses de vida ha recurrido a los señuelos del más rancio populismo con el objetivo puesto en las expectativas electorales. En efecto, no son tanto las medidas económicas realmente llevadas a cabo lo que está en cuestión, como los anuncios de una política de fuerte impronta social, es decir, de subvenciones y subsidios, cuyo coste fiscal, necesariamente, va a recaer sobre las empresas y los trabajadores de ingresos medios.

Si, además, le unimos la absurda imprudencia de algunos ministros, proclamando la asunción de políticas medioambientales que afectan directamente a la industria del automóvil, uno de los pilares de nuestro sector industrial, entenderemos la alarma que reina en los sectores productivos y la caída de todos los indicadores económicos, desde el mercado laboral hasta las exportaciones. Sólo desde un optimismo a prueba de bomba se puede pretender que Pedro Sánchez, una vez ganadas las elecciones, –hipótesis, por otra parte, nada segura– se avenga a reconducir su política populista, aunque sea forzado por la realidad de la prevista recesión. En el mejor de los casos se verá abocado a pactar la investidura con los mismos socios que le auparon a La Moncloa, entre los que se encuentra Podemos, que viene dejando claro desde la moción de censura que no está dispuesto a renunciar a una política de logros sociales pagada con mayor presión fiscal y, en su caso, barra libre del gasto público.

Por otra parte, y es uno de los factores del adelanto electoral, aunque no el más determinante, los españoles acudirán a las urnas el próximo 28 de abril cuando aún no sean palpables las consecuencias de la inevitable desaceleración, por más que ésta ya se empiece a notar, en la caída del empleo, de ahí que la propaganda de la izquierda esté volcada en el rechazo y la negación de unas previsiones que nos retrotraen a esos años de amarga memoria, con cinco millones de parados. Algo que merece una reflexión serena del elector ante la urna.

¿Recesión? Cómo hipotecar un país en nueve meses
Pedro Sánchez acelera el gasto público pese al frenazo de la economía y compromete unos 5.000 millones antes de las elecciones. Desde que gobierna, el paro aumenta en 453 personas al día y el PIB sufrirá este año su peor dato en un lustro
Erik Montalbán. larazon 10 Marzo 2019

Poco ha durado la tranquilidad en la economía española, que vislumbra ya en el horizonte un cúmulo de nubarrones que amenazan su futuro más inmediato. El mundo entero encara una desaceleración generalizada a la que España no es ni mucho menos inmune. La diferencia es que nuestro país aún está curando las heridas sufridas durante la última crisis y que afronta el problema inmersa en una espiral de gasto público que, al contrario que la economía, no frena.

La prueba definitiva de que se avecina una nueva tormenta económica la dio esta misma semana el Banco Central Europeo. En un tono más pesimista que de costumbre, su presidente Mario Draghi, anunció el jueves que la institución había decidido por unanimidad retrasar las subidas de tipos de interés al menos hasta finales de 2019 y ampliar la «barra libre» de liquidez ante el «empeoramiento sustancial» de la economía de la zona euro. El BCE prevé que el PIB del conjunto de los países del euro crecerá este año un 1,1%, seis décimas menos de lo anticipado anteriormente, mientras que en 2020 el crecimiento será del 1,6%, una décima por debajo de la previsión del pasado mes de diciembre.

En este terreno pantanoso se mueve España, que también se ha visto obligada a recortar sucesivas veces sus cálculos de crecimiento. El mismo camino han seguido la mayoría de los organismos e instituciones, como el Banco de España, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea. Para 2019, la previsión es que el Producto Interior Bruto (PIB) de nuestro país avance un 2,2%, para luego caer hasta el 1,9% en 2020 y al 1,7% en 2021.

Echando la vista atrás, el dato de este año será el peor desde la salida de la crisis en 2014, cuando la economía creció un 1,4%. No obstante, en aquel momento y aunque la cifra ya estaba en fase descendente, aún había 5,5 millones de parados, frente a los 3,3 millones actuales. Después, el PIB encadenó tres años muy positivos, con alzas superiores al 3% en 2015, 2016 y 2017. Fue en 2018 cuando ya empezó a percibirse el frenazo, al bajar hasta el 2,5% y con advertencias por doquier del riesgo de una nueva crisis.

Aunque la desaceleración es global, desde la OCDE recuerdan que «España no está en Marte, está en Europa y en el mundo». Por este motivo, su secretario general Ángel Gurría pedía hace unos meses al Ejecutivo de Sánchez que hiciese reformas para parar el golpe. «Hay que ponerles un espejo delante de cómo nosotros vemos las cosas, pero le corresponde finalmente al Gobierno español cuáles son las medidas que debe tomar», advertía la OCDE. La organización corrigió fuertemente a la baja hace unos días sus cálculos para los dos próximos años, llegando a recortar en nueve décimas el crecimiento de Alemania y en más de un punto el de Italia, país al que sitúa en recesión este año.

Entre los motivos principales se encuentran la incertidumbre y la caída del comercio mundial a consecuencia del Brexit y la guerra comercial entre Estados Unidos y China, así como los problemas de la industria del automóvil por culpa de los nuevos estándares de emisiones contaminantes. En este sentido, la caída en la venta de coches al exterior, pilar de la economía española, provocó un frenazo en las exportaciones, que pasaron de crecer un 8% en 2017 a menos de un 3% en 2018.

En cualquier caso, el PIB y las exportaciones no han sido los únicos componentes macroeconómicos afectados. Desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, el número de parados ha subido en 453 personas cada día. El desempleo ha pasado de 3,16 a 3,28 millones de personas desde que el socialista llegó a La Moncloa. Además, la ocupación se ha reducido en 118.518 trabajadores, según los datos del Ministerio de Trabajo del mes de febrero. A esto se suma la subida del salario mínimo hasta los 900 euros, que según el Banco de España destruirá hasta 125.000 empleos. Por si esto fuera poco, la industria española ha entrado en recesión por primera vez desde 2013 y el turismo crece menos que el PIB, algo que no sucedía desde hace diez años. Por otra parte, el debilitamiento del sector exterior no podrá ser compensado en esta ocasión con una fuerte demanda interna, ya que el consumo privado también se frenará. Según los cálculos del Ejecutivo, frenará su avance desde el 2,3% de 2018 al 1,7% en 2019. El Banco de España cree que en 2020 y 2021 el consumo seguirá desacelerándose y sólo crecerá un 1,5% y un 1,3%, respectivamente.

Todo ello no ha impedido que el Gobierno haya restado importancia a las cifras que evidencian la desaceleración. La mirada hacia otro lado del Gobierno de Pedro Sánchez recuerda peligrosamente al negacionismo de José Luis Rodríguez Zapatero, que descartó repetidas veces la llegada de la que luego sería la crisis más grave desde la Guerra Civil. «No hay que exagerar», llegó a decir el por entonces presidente del Gobierno, que se jactó incluso de haber llevado a España a «la Champions League de la economía mundial».

De hecho, la política económica del Gobierno va por otros derroteros muy distintos a los que suelen transitarse en las puertas de una posible crisis. Los fallidos Presupuestos para 2019 de Sánchez contemplaban un incremento récord del gasto, sustentado en fuertes subidas de impuestos de hasta 8.000 millones de euros. Tres cuartas partes de este «hachazo» tributario (más de 6.200 millones) se concentraban en las empresas. El problema, además del hecho en sí de incrementar la presión fiscal sobre los encargados de crear empleo, es que ni la UE, ni el Banco de España ni la AIReF se creían los ingresos, que consideraban inflados.

Pese al «no» a sus cuentas, el Gobierno sigue usando «decretazos» para sacar adelante una batería de medidas antes de las elecciones, comprometiendo más gasto público sin una contraparte por la vía de los ingresos. Es el caso del aumento del permiso de paternidad (225 millones), la cotización de las cuidadoras no profesionales (262 millones) o el subsidio para parados de larga duración mayores de 52 años (270 millones). A esto suman 2.600 millones por la revalorización de las pensiones y otros 867 millones por la subida de sueldo a los funcionarios. Sumado a otras medidas laborales, unos 4.200 millones de nuevo gasto que dispararán el déficit hasta el 2,4%, frente al objetivo del 1,3%. Un desfase de 13.500 millones de euros con la sombra de una nueva crisis a la vuelta de la esquina.

El 11-M y los mercaderes del Quijote
Pedro J. Ramírez elespanol  10 Marzo 2019

Quince años después de la tragedia, la única gran verdad, el único elemento incontrovertible del 11-M, no figura en ninguna sentencia judicial, conclusión parlamentaria o resolución política, sino en la letra de "Jueves", la emocionante canción de "La Oreja de Van Gogh" sobre la pareja que se enamora en uno de los trenes: "Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado/ un día especial este once de marzo/ Me tomas la mano, llegamos a un túnel/ que apaga la luz".

Para las 191 víctimas mortales de la masacre, para los centenares de heridos y supervivientes, para las familias de todos ellos, aquel "día especial" supuso, en efecto, entrar en "un túnel que apaga la luz". La oscuridad engulló aquellas vidas y dejó secuelas permanentes en los demás.

Nunca debemos olvidar que, para aterrorizarnos a todos, los autores de la masacre descuartizaron, mutilaron e hirieron en esos trenes a personas que nos representaban, a través de sus proyectos, emociones y caricias truncadas. ¿Quiénes eran, a quién obedecían esos malvados?

Ha pasado poco tiempo para haber olvidado, pero el suficiente ya para ganar la perspectiva de la distancia. Ni al actual Gobierno ni, menos aún, al que salga de las elecciones de abril se les podrá reprochar nada diferente del conformismo, en relación a la averiguación de los hechos. Tampoco a los diputados de la última legislatura o a los actuales titulares de los altos tribunales. Ninguno de los principales encubridores sigue en su puesto.

Cuestión distinta es la de los medios de comunicación. Durante los últimos años, los esfuerzos de unos pocos por buscar la verdad de lo ocurrido han quedado bloqueados o han entrado en vía muerta institucional. Pero a ninguna estrella del duopolio televisivo o de las grandes cadenas radiofónicas –por no hablar de la prensa tradicional- parece importarle una higa. Todos eluden el único enigma que sobrevivirá a esta generación. Tendrán audiencia, llenarán de dinero sus alforjas, pero la posteridad sólo dirá que se quitaron de en medio.

Una inmensa mayoría de españoles (60% frente a 24%) cree en 2019 que “no sabemos la verdad sobre la masacre”. Este dato se reproduce año tras año, en las encuestas, como una losa que cae sobre los líderes de opinión. Y esa inmensa mayoría tiene razón porque, una vez que la sentencia no lo hizo, nadie es capaz de explicar, al día de hoy, ni quién, por qué y para qué ordenó los atentados; ni qué explosivo estalló, indubitadamente, en los trenes; ni quienes pusieron las bombas en cada uno de los diez vagones en los que hubo deflagraciones; ni qué complicidades o negligencias hubo en las Fuerzas de Seguridad del Estado.

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Más allá de la genérica atribución de la matanza a los islamistas que murieron en el piso de Leganés, la sentencia sólo identifica a Jamal Zougam como autor material, condenándole a 42.917 años de cárcel. Lo hace contra toda lógica del comportamiento, pues es la misma persona a la que se achaca haber vendido, al resto del comando, las tarjetas prepago de los teléfonos que, supuestamente, sirvieron de detonadores. Y con el único respaldo testifical de dos rumanas que obtuvieron la nacionalidad y una significativa suma de dinero, cuando recordaron haberle visto en un vagón.

Para mayor inri, una de ellas lo hizo un año después de los hechos, cuando el tribunal médico le había negado la condición de víctima, al cuestionar que tan siquiera viajara en los trenes. Ningún tribunal habría podido condenar a Zougam, si la defensa hubiera conocido a tiempo estos datos.

Ítem más: el único elemento material que sirvió para vincular a Zougam a la masacre fue la tarjeta extraída del teléfono Trium, hallado en la famosa mochila de Vallecas. El encargado de investigar su procedencia fue el comisario García Castaño, alias El Gordo, de reciente notoriedad como cómplice, o tal vez socio, de las actividades delictivas que se imputan a Villarejo. Una de las contadas personas que aún podría iluminar la controvertida prueba sobre la que bascula todo el sumario que cerró en falso el asunto.

Especialmente, tras la tomadura de pelo que supuso el informe que la Brigada de Análisis y Revisión de Casos entregó, en febrero de 2017, a la Fiscalía de la Audiencia Nacional, para responder "a las abundantes teorías de cómo pudo un artefacto explosivo aparecer en una Comisaría". En sus conclusiones admite que en la estación de El Pozo, de la que supuestamente procedía, "hubo tres momentos en los que se pasó por alto la existencia, supervisión y control de la bolsa de deportes que albergaba el artefacto". Sin embargo, aunque describe el "errático camino de los objetos por varios puntos de la ciudad", durante toda una jornada de caos y confusión, "descarta la posibilidad de que se manipularan durante el traslado".

Lo peor de todo es la falta de respuesta a las evidencias de que la pretendida bomba era, en realidad, un señuelo que parte de la policía decidió tragarse. La más flagrante de esas evidencias fue la prueba pericial que desembocó en el archivo de la querella que el comisario jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, interpuso contra Casimiro García Abadillo, Fernando Múgica, Federico Jiménez Losantos y yo mismo. En sede judicial demostramos que el modelo de teléfono, que estaba apagado dentro de la mochila, no conservaba la hora del despertador, una vez desmontada la batería para extraer la tarjeta. Es, por lo tanto, falso de toda falsedad que quedara acreditado que ese artefacto estuviera programado para explotar a las 7.40, tal y como ocurrió con los diez que provocaron la masacre.

Tampoco dice nada ese informe de "revisión del caso" sobre la incoherencia de que la mochila de Vallecas incluyera gran profusión de clavos y tornillos y en ninguno de los cadáveres se encontraran restos de metralla alguna. Pero la estulticia de sus autores alcanza el paroxismo cuando sostienen que "no es posible establecer unas circunstancias suficientemente concluyentes para determinar" por qué no estalló. Y, a continuación, añaden, homenajeando a Perogrullo: "La propia confección artesanal del artefacto... conlleva a que existan tantas posibilidades de que funcione, como de que no lo haga".

Todos sabemos, hace mucho tiempo, al menos desde que Fernando Múgica publicó la radiografía in situ de los Tedax, la razón por la que ni explotó ni podía explotar la mochila de Vallecas. Pero habría bastado que los "revisores" de la policía hubieran leído la entrevista que García Abadillo hizo al presidente del tribunal sentenciador, en 2014, para que incorporaran el dato de que "los cables no estaban bien conectados" y uno de ellos, en concreto, había quedado "suelto".

***
Repasar, al cabo de un lustro, aquel intento de descargo de conciencia de Gómez Bermúdez, debería ser suficiente para removernos las entrañas. El magistrado reconocía que, "diez años después, no sabemos quién dio la idea de atentar el 11-M", admitía que eso "no lo indagamos" y se curaba en salud, alegando que la masacre "no fue inspirada por Al Qaeda sino por el alqaedismo".

Al llegar a la cuestión clave de la condena de Zougam, tras muchas idas y venidas sobre la credibilidad de los testimonios acusatorios y las pautas de conducta de quien nunca pasó por la casa de Morata, ni tuvo contacto alguno con la célula de Leganés y, en cambio, buscaba piso para casarse y estaba en el gimnasio la noche antes de los atentados, Gómez Bermúdez concluye: "Ojalá no nos hayamos equivocado". Cuando lo leí se me hizo un nudo en el estómago y ahí sigue. Dios bendito. Así era el in dubio pro reo en los tiempos del cólera.

Yo estoy convencido de que Jamal Zougam es inocente y de que los miembros del tribunal se "equivocaron" porque existía una necesidad política e incluso una urgencia social, un interés de Estado en suma, canalizado por la Policía y los fiscales, de que se equivocaran. La España establecida, incluidos los medios de comunicación, salvo muy contadas excepciones, no buscaba la verdad, sino una versión conveniente que cerrara un capítulo engorroso que, a la postre, había dado paso a la sustitución de un gobierno de derechas por otro de izquierdas.

Esa disposición a dar por bueno cualquier relato que zanjara la cuestión, sin ninguna incomodidad para la clase instalada, ni ulteriores consecuencias para el Estado, este cínico salir del paso para que el vivo vuelva al bollo mientras los muertos van completando el hoyo, queda muy bien reflejado en "La Aventura de los Mercaderes" que ocupa el capítulo cuarto de la Primera Parte del Quijote.

El Ingenioso Hidalgo se ha lanzado a los caminos, reclamando el reconocimiento universal de que "no hay, en el mundo todo, doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso". Cuando requiere en tal sentido a un grupo de mercaderes toledanos que van a vender seda a Murcia, "uno de ellos, que era un poco burlón", se declara dispuesto a pasar por el aro de ese acatamiento, con tal de que se le ayude a guardar las apariencias:

-Sea servido vuestra merced en mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo que, por el hilo se sacará el ovillo y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte, que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere.

La mochila de Vallecas fue "el grano de trigo" y los moritos de Lavapiés el "ovillo" que dejaron, primero a los vencedores y luego a los propios vencidos, cuando volvieron al poder, "satisfechos" y, sobre todo, "seguros". Los grupos mediáticos que les apoyaron, tragándose todos los embustes quedaron, por supuesto, "contentos y pagados". Estaban, “tan de su parte”, que sólo restaba dar su merecido a quienes se empeñaran en apreciar lo horrendo del "retrato", toda vez que la sentencia aparecía "tuerta" del ojo de la autoría, mientras le manaban todo tipo de sustancias tóxicas del ojo de las pruebas materiales. ¡Vale ya!

***
Don Quijote resultó molido a palos por un mozo de mulas, cuando osó rebelarse contra el apaño que se le proponía. Igual nos ha ocurrido a los estigmatizados por nuestra tozudez conspiranoica. Pero, en este caso, quien, a la postre, rodó por el suelo, "con su lanza, adarga, espuelas y celada", fue la España desarrollada y próspera que llevaba camino de culminar el éxito prodigioso de la Transición con la entrada en el G-7. Y ahí sigue, en cambio, nuestro pobre Estado, "embarazado por el peso de las antiguas armas", hundido en el barrizal del separatismo, las políticas divisivas y el ajuste de cuentas de la memoria histórica, apartado ya de ese proyecto ganador que acariciábamos hace dos décadas.

Ahora, cuando todos los demás caminos judiciales han quedado kafkianamente cerrados, cuando Zougam ya ha cumplido 15 años de prisión y sólo le quedan otros 42.902, el porquero de Agamenon -vulgo comisario Villarejo- ha introducido, a través de las grietas de los desagües de la Audiencia Nacional, un escrito dirigido al juez García Castellón en el que mezcla interpretaciones lógicas con detalles reveladores de lo que, según él, fue "un trabajo por encargo". Ahorrémonos las invectivas: vituperar a Villarejo, como se hizo con Amedo, Perote o Bárcenas no requiere demasiado ingenio. Nunca será un monje de clausura quien desmonte las redes de prostíbulos. Lo único importante es si lo que dice es verdad o no; y en su texto hay nombres propios, fechas, lugares, hasta una concreta cabina telefónica en el Líbano, que deberían relanzar la investigación.

Soy consciente de que a nadie en posiciones de poder le conviene que eso suceda. La pesadilla de tener que pedir explicaciones a países vecinos desalienta a cualquiera y el realismo en la política induce a dejarlo todo como está. Pero si don Quijote pudiera ver el vídeo de esa chica que se despide del amor recién encontrado en el vagón de aquel tren, seguro que se levantaría con brío redoblado para seguir persiguiendo el sueño imposible de la búsqueda de la verdad.

Quince años después, la voz de esa chica sigue sonando, trémula y tierna, desde el fondo de "aquel túnel que apaga la luz", recordándonos cuánto perdimos tal jueves, 11 de marzo: "Te encuentro la cara, gracias a mis manos/ Me vuelvo valiente y te beso en los labios./ Dices que me quieres y yo te regalo/ el último soplo de mi corazón". Mientras una lágrima salada siga rodando por nuestras mejillas, quedará la esperanza de que una mañana fructifique el milagro.

Los exilios no empezaron en el 39
Fernando Suárez González ABC 10 Marzo 2019

También yo fui a Colliure. Despertó mi curiosidad el gran Manuel Alcántara que en «Ciudad de entonces» (1962) incluyó estos versos, presentes siempre en mi memoria: «En Colliure, sin que nadie la sembrara, / ha crecido una encina polvorienta, / en mitad de una brisa castellana. / Investiga el suceso gente experta».

Treinta y cuatro años después, el 12 de junio de 1996, pude conocer la tumba del poeta. ¿Cómo me va a parecer mal que el presidente del Gobierno rinda homenaje a don Antonio Machado y se conmueva, como yo, ante el triste final que para él supuso la guerra civil?

Lo que no me parece bien es que la visita pretenda conmemorar el ochenta aniversario del exilio republicano. Es un infantil intento de empañar la clara victoria que el 1 de abril de 1939 obtuvo uno de los dos bandos enfrentados en aquella dramática guerra, victoria que celebró con entusiasmo por lo menos la mitad de España y que recibió con alivio buena parte de la otra mitad.

Claro que hubo de ser muy dolorosa la persecución o la depuración de los vencidos y que muchos optaran por buscar fuera la seguridad que aquí se les negaba, pero miente quien sostenga que una victoria del bando contrario hubiera supuesto mayor magnanimidad o menor represión y se engaña también quien pretende que el exilio se inició en 1939. Por numeroso que fuera el que se produjo ese año, ya antes de esa fecha muchos otros españoles habían buscado refugio en el extranjero.

Se conoce la carta que en marzo de 1936 Pedro Salinas escribe a Jorge Guillén diciendo que se va a América para alejarse de «esta olla de grillos rabiosos, de este ambiente sembrado de odios y rencores en el que todo va ¡aún! a empeorar». Salinas no volvió y murió en Boston en 1951, pero es innegable que fue el Frente Popular quien le expulsó de España. Ortega y Pérez de Ayala salieron hacia el exilio bien pocos días después de iniciada la guerra. También huyó, en septiembre de 1936, la diputada Clara Campoamor, que temía por su vida. Marañón se fue en la Navidad de ese mismo año, escribiendo después que «el régimen de la España roja es absolutamente soviético y un hombre liberal nada tiene que hacer allí». El 2 de octubre llegó a París García Morente, que en su famosa conferencia en Montevideo, denunció que al Frente Popular le convenía presentarse como respetuoso del orden legal «cuya destrucción era el fin proclamado de las propagandas marxistas».

La esposa del historiador republicano Ramón Carande escribe en 1937: «¡Por fin salí del infierno de Madrid! ¡Qué pesadilla!». Juan Ramón Jiménez pidió a Azaña que le permitiera marchar porque en Madrid estaba en un peligro constante, del que le quiso proteger Alberti con comunistas armados. Si no basta el testimonio de todos estos notorios personajes para desmentir que se cumplan ahora los ochenta años del exilio, puede muy fácilmente añadirse el de los miles de ciudadanos anónimos que, perseguidos por ser gentes de orden, usar corbata, ir a la iglesia o estar suscritos al ABC, encontraron refugio en las Embajadas de Madrid y en los Consulados de Barcelona, hasta que lograron irse a otro país.

Considero incontestable que el horror de la guerra hizo que quienes éramos niños en los años cuarenta creciéramos en el rechazo de aquellas atrocidades y en el firme propósito del «nunca más» y algo tuvo que ver esa actitud con el éxito de la Transición y con el afán de concordia que se reflejó en la Constitución de 1978. No me canso de repetir que, cuando las circunstancias lo permitieron, fue el respeto mutuo lo que facilitó la reforma política y el entendimiento posterior que propició la Monarquía de todos. Como yo mismo dije ante el Pleno de las Cortes, teníamos que alumbrar «una situación definitiva de concordia nacional, una situación en la que no vuelvan a dividirnos las interpretaciones de nuestro pasado» y en la que el concepto de enemigo se sustituya por el de adversario. Las gentes de mi generación, de derecha, de izquierda o de centro, pueden proclamar con la cabeza muy alta que han procurado a los españoles cuarenta años de convivencia en libertad como nunca se habían conocido antes. Cualquier deseable perfeccionamiento se debería lograr con el mismo espíritu de comprensión de entonces.

Todavía existen miembros o herederos de las Españas que se fracturaron en 1936 y no sé los reproches que, en materia de reconciliación y desde que nos movemos en el terreno de la Constitución de 1978, los admiradores de la República falsamente idealizada pueden formular a quienes ganaron la guerra. Bien al contrario, es un hecho que la llamada Ley de Memoria Histórica, no en cuanto intenta la reparación de daños causados, sino en cuanto supone la descalificación revanchista del Régimen de Franco, ha generado odios retrospectivos que reabren los que estaban ya definitivamente superados. Se difunde entre los desinformados jóvenes la equiparación del Generalísimo Franco con Hitler y Mussolini, equiparación a la que no es ajeno el propio presidente del Gobierno, eludiendo que ninguno de éstos recibió a cuatro o cinco presidentes de los Estados Unidos, ni la amistosa visita del general De Gaulle, ni bendiciones pontificias, ni una despedida respetuosa, presidida por un lúcido Rey de nuestro tiempo que pudo edificar la democracia sobre cimientos que encontró ya hechos.

Ahora se insiste en eliminar la sepultura que a Franco le procuró la historia y se intenta reducir el problema de su inhumación a la tan natural como admirable resistencia de su familia. Tampoco esa reducción es cierta: hay todavía muchísimos ciudadanos que, estupefactos ante la pusilanimidad de sus representantes en el Parlamento, secundan a esa familia, porque no aceptan la falsedad oficial de que la tumba es un símbolo que separa a los españoles, como si la de Pablo Iglesias o las estatuas de Prieto o Largo Caballero fueran símbolos de unión. ¿A quién con sincero afán de concordia le perturba que permanezca cada uno en su lugar?

Cada vez están siendo más quienes, sin haber leído a Fidelino de Figueiredo e ignorando los esfuerzos de Jovellanos, Menéndez Pidal o Laín Entralgo para que los españoles superáramos la maldición de la discordia, parecen desear que recuperen vigencia el epitafio de Larra o el popularizado verso de Machado sobre las dos Españas. Yo prefiero que hagamos verdad el de Victoriano Crémer: «Te necesito, España, unánime y entera / como el clamor del viento sobre la mar inmensa. / No España tuya o mía, ¡España nuestra!».

Fernando Suárez González es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Grandes héroes para tan pequeño gobierno
EDITORIAL ABC 10 Marzo 2019

A petición de ABC, la Academia de la Historia certifica la absoluta españolidad de la gesta de Magallanes-Elcano, cuyo aniversario se niega a conmemorar como se debe el Ejecutivo de Sánchez

El pasado glorioso de España avergüenza al Gobierno de Sánchez, que practica la retrospección sólo para rendir homenaje al exilio republicano y para sacar -con notorio fracaso por el momento- a Franco del Valle de los Caídos. Entre el electoralismo y el partidismo, el Ejecutivo socialista ha silenciado las gestas de Hernán Cortés en México y de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano en la primera circunnavegación del mundo. Si el miedo a molestar a las autoridades mexicanas fue la causa del desistimiento de cualquier homenaje a Cortés, ninguna hay en el silencio sobre la hazaña de Magallanes y Elcano. De ambos marinos, porque como constata la Real Academia de la Historia en el informe solicitado por el director de ABC, el portugués Fernando de Magallanes se hizo súbdito del emperador Carlos I, castellanizó su nombre y ordenó a sus herederos que vivieran en Castilla. Su expedición fue financiada íntegramente por la Corona y por comerciantes burgaleses; fue abastecida en España y partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519. La españolidad de Magallanes y de su expedición es un hecho histórico documentado sin discusión posible. La culminación de esta heroica expedición correspondió al guipuzcoano Elcano, quien asumió su mando tras la muerte de Magallanes. Es España la única titular histórica de aquella hazaña marítima de la que este año se cumple el quinto centenario.

Es indigno para una nación como la española que sus autoridades impongan un «apagón histórico» a todo lo que permita enorgullecerse de su pasado, mientras esas autoridades atizan las brasas de la discordia y el revanchismo. Cualquier nación del mundo es muy consciente del valor de sus héroes y sus gestas. Son elementos que galvanizan su historia y consolidan su trayectoria nacional común, algo que tanto irrita a los negacionistas de España como unidad política tradicional, que son los mismos que escarban en las esquinas del neolítico para encontrar un precedente de sus nacionalismos provincianos.

Cortés, Magallanes y Elcano son expresión de lo que en su época significaba estar al servicio de grandes ideales y contribuyeron a ensanchar los límites de la civilización, representada entonces por la Corona española. Sería un despropósito reivindicar para el día de hoy políticas imperialistas como las de entonces, pero también es un error negar que aquellos episodios de heroísmo, entrega y sacrificio contribuyeron a forjar la idea nacional de España. La pequeñez de miras del Gobierno socialista y el absurdo complejo de culpa ante nuestra historia están contribuyendo a perder la gran oportunidad de reivindicar las gestas de nuestros compatriotas. Están contribuyendo a que España dude de sí misma en tiempos en los que es más necesario que nunca la afirmación de nuestra identidad nacional.

La “coordinadora antifascista de Pontevedra” alentó la agresión contra el líder local de Vox
La mesa informativa instalada por Vox junto al mercado de abastos, en la que ha ocurrido la agresión.
OKDIARIO 10 Marzo 2019

La denominada “Coordinadora antifascista de Vigo y Pontevedra” alentó con varios mensajes lanzados en las redes sociales la agresión que ha sufrido este sábado el coordinador de Vox en Pontevedra, Juan Manuel Rosales, cuando repartía folletos de su partido junto al mercado municipal.

La Policía ha identificado entre los agresores al joven Andrés V.F., que cumplió una pena de dos años de internamiento en un centro de menores de Orense tras propinar un brutal puñetazo al entonces presidente Mariano Rajoy en diciembre de 2015, en un acto de la precampaña electoral.

Hace tan sólo dos días, la “Coordinadora antifascista” difundió varios mensajes en las redes sociales en los que alertaba del acto convocado por Vox, con el siguiente lema: “¡Vox no tiene espacio en nuestra ciudad, no pasarán!”

Su llamamiento arranca citando las palabras del manifiesto de Marx y Engels: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del fascismo, y el Estado español no es una excepción. Vox encarna las posiciones más reaccionarias de la derecha española, antes diluidas en el PP”. Y define a Vox como “la bestia del fascismo, nostálgicos del régimen fascista que segó la vida de miles de personas”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Begoña y su marido contra la España de Colón
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Marzo 2019

El acto electoral que, en favor de Vox y con excusa del Día de la mujer trabajadora, celebraron el viernes la izquierda parlamentaria y la extraparlamentaria, rigurosamente indistinguibles, ha conseguido elevar la mamarrachada a ideología y rebajar la ideología a mamarrachada. No entraré en los eslóganes grotescos que demuestran la zafiedad de un sexismo que espantará a las mujeres civilizadas. El símbolo de la manifestación que, según los organizadores, sacó un millón de personas a la calle en toda España (o sea, poco más de un cuarto, aunque los medios militantes multipliquen las cifras), fue Begoña Gómez, la esposa de un presidente del Gobierno gracias a los golpistas catalanes, bildutarras y comunistas financiados por Irán y cuyo modelo de Estado es, desde sus orígenes, la Venezuela chavista. Que, por cierto, está viviendo el apagón más grande de la historia de América.

La Constitución que ignora Carmen Calvo
Según la propaganda, la señora Sánchez-cum-fraude "ha luchado toda su vida por la igualdad de oportunidades". Pero todos saben que fue enchufada por su marido en una entidad privada como experta en África, de la que sabe tanto como los ciudadanos de su sueldo, declarado secreto de Estado por su marido. Por eso resultaba grotesco verla dando saltos detrás de una pancarta y junto a otras vetustas ministras, también pupilas de su cónyuge, y gritando "¡Dónde están, no se ven, las banderas del PP!". Además de la obsesión antiespañola de los Sánchez-Gómez, que ahora trataremos, las botaratas retrataban a toda una generación que oculta su avidez de dinero y poder en la supuesta búsqueda de una igualdad entre sexos que su realidad desmiente. Dicen estas milicianas de la pasta que la mujer, en general, está discriminada -amén de apaleada y asesinada- sólo por serlo. Ahí está Begoña, tan positivamente discriminada, para negarlo.

A su lado desfilaba y daba botes –"¡ote, ote, ote, machista el que no bote!"- la escudera presidencial, Carmen Calvo, que es doctora en Derecho Constitucional con el mismo nivel intelectual que Falconetti en Economía. La víspera de su homenaje a la rana dijo que ella no veía en la Constitución ninguna garantía de igualdad ante la ley entre hombres y mujeres, lo que demuestra que nunca la han catado sus ojos. El artículo 14 lo deja claro:

"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social."

El texto constitucional está escrito -y mandado publicar por el Rey- para el que sepa leer. O no viva mintiendo, como Salomé vivía cantando. Se ha discutido mucho si Calvo –"ni pixi ni dixi"- entiende lo que lee, ya que el llamado analfabeto funcional aprende a leer, pero, al no hacerlo nunca, pierde la capacidad de entender y vive imitando a los que lo hacen. En todo caso, lo indiscutible es su condición de mentirosa profesional. No hay otra forma, se nos dirá, de hacer carrera en la Izquierda: mentir como respirar, y mentir mucho para prosperar más, véase Sánchez. Certísimo.

El femimacho Sánchez teme a Colón
Pero pocos concedieron importancia o dudaron de las cifras oficiales sobre la manifestación de PP, Cs y Vox en Colón. Y todo lo que ha hecho el Gobierno desde entonces demuestra lo muy en serio que se ha tomado aquella capacidad de improvisación y su éxito, pese a la torpeza de los organizadores, que ni tenían medios para captar imágenes aéreas de la muchedumbre congregada. Obviamente, porque no pensaban congregarla.

La Izquierda, en cambio, sí ha entendido la fuerza política que esa unión de los tres partidos de centro y derecha en torno a la idea nacional, puesta en almoneda por Sánchez, podía tener en las elecciones generales. Sobre todo, tras el batacazo andaluz de PSOE y Podemos, y la aparición de Vox. Si se repara en los eslóganes que el maniquí de la Moncloa viene repitiendo, lo que intenta es cambiar el terreno del debate político. El de verdad, que es el del reto separatista catalán, sabe que lo tiene perdido. Así que se dedica a maniobras de distracción para ver si la derecha muerde el anzuelo y, como siempre, acepta jugar en el campo enemigo, con sus reglas y sus árbitros.

No ha funcionado eso de "los que quieren volver a la España en blanco y negro", sobre todo cuando lo dicen los que llevan nueve meses desenterrando a Franco, que, a este paso, acabará enterrándolos a todos. Menos aún, ante los colorines liberticidas y laziamarillos de los CDR o las batucadas moradas del 8M, evocación de las "tiorras" de la II República. Sin embargo, ha logrado que Cs vaya a una manifestación cuyo terrorífico manifiesto contra la propiedad y la libertad, que llevó al PP a tirarse en marcha, no comparte y frente al que ha escrito su decálogo de "feminismo liberal", o sea, de sexismo bien entendido, y, por tanto, nada sexista. Pero el centro se ha sometido a la izquierda. Ha sido incapaz de manifestarse por su cuenta, como corresponde a un día que se quiere celebrar, no compartir. Es como si la CEOE se manifestara junto a CCOO y UGT el 1 de mayo, "contra la explotación capitalista". Podrían, porque son del mismo pesebre, liberados y archisubvencionados, pero resultaría ridículo para unos y otros.

El liberalismo y el problema laboral femenino
Como los propagandistas de Ciudadanos no tienen la menor idea de la historia de la Izquierda, desconocen que lo primero que han hecho todas las escisiones y partidos nacientes es ir por separado a las manifestaciones. Sólo así puede verse que no forman parte del rebaño "aburguesado" o, si es al revés, de la tendencia "radical, extremista y a espaldas a la clase obrera". Si las estimables representantes de Ciudadanos -me parecen ridículos esos hombres que se culpan y piden perdón por las fechorías de otros hombres- se hubieran manifestado por su cuenta y llevado unas flores no sólo a Clara Campoamor sino a otras figuras del feminismo liberal, como Pardo Bazán, habrían dejado claro que ni se confunden ni quieren que las confundan con las grotescas predicadoras del delirio sexista-leninista, con brujas al dorso. Al no hacerlo, reconocen que la legitimidad del feminismo es de izquierda.

El PP pareció que aprendía a leer, aunque el manifiesto llevaba días rodando, gracias a la Enciclopedia Abascal. Con toda lógica, quiere evitar que Vox capte todo el voto que no soporta a las feminazis y a las begoñas. Sin embargo, como Ciudadanos, Casado ha sido incapaz de romper lo más fácil: la argumentación economicista de la brecha salarial, que en Libertad Digital han explicado clarísimamente Manuel Llamas y Domingo Soriano.

No se puede llevar un programa económico liberal y defender esa falacia de analfabetos, basada en tres manías comunistas: que el empresario paga menos a una mujer que a un hombre por el mismo trabajo, con lo que no existiría el paro femenino; que paga más al hombre aunque trabaje peor, con lo que preferiría perder dinero a ganarlo por una superstición sexista; y que discrimina a una empleada, si prefiere una dedicación a tiempo parcial como hacen muchas mujeres en los años de crianza, y no que son, sobre todo, las mujeres las que deciden tener niños y el tiempo que les dedican, sacándolo o no de su jornada laboral y, tal vez, su proyección profesional.

Desde el punto de vista liberal, son los individuos los que deciden, pero nadie puede discutir que la desigualdad en la reproducción impone alguna forma de compensación laboral, puesto que si no nacen niños todas las sociedades mueren. Pero contra lo que proclama la Izquierda y acepta la Derecha, no existe la famosa brecha salarial, sino una biológica y social. No es obligatorio, como antes de los anticonceptivos científicos, que los hombres y las mujeres repartan su cuota de estrés, en la oficina o en casa. El feminismo marxista hijo del 68, que ha desembocado en la barbarie actual, decía que la competitividad y el afán de ganar dinero eran cosa de hombres, que el feminismo despreciaba. ¿Y ahora resulta que hay pocas ejecutivas? ¿Pero que el capitalismo mata? ¿Pero que se quiere cobrar más? ¿En qué quedamos? ¿Se quiere más dinero o un matriarcado comunista? La contradicción de que las begoñas y las ministras que ocultan su patrimonio se manifiesten con las que claman "¡burguesa no eres mi hermana!" es tan evidente que un partido con ideas claras jamás debería desfilar a su lado.

Reconozco que es endiabladamente difícil, y más en una economía moderna y de servicios como la española, establecer fórmulas laborales que no perjudiquen a la empresa ni a los empleados y contemplen las distintas opciones biológicas y vitales sin perder competitividad. En esa cuestión, andamos a tientas y hay que reconocer que no hay certezas indiscutibles, ni económicas, ni sociales, ni morales. Por eso, en mi opinión, ahí debería centrarse el debate político y los partidos hacer sus distintas propuestas. Si se parte de que lo indiscutible es la brecha salarial, para qué discutir nada.

Las banderas de España, para Begoña son del PP
Pero es éste un asunto de tal complejidad y tan largo recorrido que los partidos no van a ponerse a discutir en serio, de ahí que los partidos de derecha, con la excepción de Vox, acepten los términos de la Izquierda y pierdan la ventaja electoral que tienen sobre ella: la idea nacional española. Cuando Begoña grita "¿Dónde están, no se ven, las banderas del PP?" es porque la Izquierda ha renunciado a España.

Y esa es su debilidad, porque no debería gobernar nunca un partido ni un sujeto como Falconetti cuyo programa político real no es el de sacar a Franco de la fosa, ni siquiera el feminismo de cuota, sino el que inspira su afán de Poder: pactar con los enemigos de la nación y la Constitución. En eso deberían centrarse el PP y Ciudadanos, no en manifestarse junto a las brujas andinas que ahúman las calles con ofrendas a la Pachamama. Si el PSOE le deja a la Derecha la bandera de España, perderá las elecciones.

El aullido de los corderos
FRANCISCO ROSELL El Mundo 10 Marzo 2019

En Masa y Poder, el Premio Nobel Elías Canetti describe nítidamente esa "masa de acoso" que se adueña de Cataluña y cuya excitación es la propia de «unos ciegos tanto más ciegos cuanto que de pronto creen ver». Esa horda la sufrió el 20 de septiembre de 2017 la secretaria judicial a la que sitiaron grupos separatistas cuando acudió a la Consejería de Economía para un registro sobre los preparativos del referéndum ilegal de autodeterminación del 1-O, lo que le forzó a tener que marchar por la azotea como una vulgar delincuente, y ha vuelto a revivirlo a raíz de su cita del miércoles ante el Supremo que enjuicia la intentona golpista. Su escalofriante testimonio ha desatado el rugido de la marabunta secesionista persiguiendo su muerte civil como la de otros servidores del Estado en Cataluña.

Pero, si estremecedora fue la agitación de la turba en aquel septiembre negro que debió mover a la aplicación del artículo 155 para frenar la sublevación en marcha, no fue menos escalofriante la cobardía del responsable del Teatro Coliseum, paredaño a la Consejería, al poner trabas para que la acorralada funcionaria, tras descolgarse por un muro con ayuda de un policía, atravesara su propiedad. Como ha relatado Arcadi Espada en una magnífica crónica sobre el proceso al procés, Montserrat del Toro hubo de aguardar en un camerino, como una expatriada en la zona de tránsito de un aeropuerto, a que le diera su venia un Pedro Balanyá, descendiente de la saga propietaria de la Monumental que clausuró para la lidia la Generalitat.

Con solo catalanizar apellido, este Balanyá se convierte en un hombre para todas las estaciones. Como antaño con el franquismo, hoy con el soberanismo y mañana ya se verá. Puro gattopardismo que el escritor siciliano Lampedusa describió por boca del personaje de Tancredi. Cuando se le interpela sobre cómo es posible que un monárquico de su prosapia sufrague al revolucionario Garibaldi, la astucia toma la palabra: «Si queremos que todo se quede como está ahora, se precisa que todo cambie». Un proceder arquetípico de una burguesía catalana que ha hecho costumbre de impulsar movimientos que, en cuanto se desorbitan, les lleva a encomendarse a espadones, apellídense éstos Espartero, Primo de Rivera o Franco. Aquella "ciudad de los prodigios" de inicios del siglo XX que describiera Eduardo Mendoza, pudiera rebautizarse una centuria después como la «ciudad de los portentos» con parecidos personajes y grandes similitudes con aquélla, pero sin necesidad de ser imaginada por el gran novelista barcelonés.

Con abogados de los imputados erigidos en inquisidores dispuestos a saber hasta cuales son los medios por los que se informaba la letrada judicial, la barahúnda soberanista acredita que el nacionalismo es, "sin duda, la más poderosa y quizás la más destructiva fuerza de nuestro tiempo", como certificó Isaiah Berlin. Después de rememorar su indefensión de aquella noche de autos en la que no le quedó otra que huir por la terraza para no quedar a merced de la jauría, Del Toro ha vuelto a ver de frente el genuino rostro de la autollamada revolución de las sonrisas. No le perdonan que, con su narración, desenmascarara a quienes son maestros en el arte de plantar sobre sus rostros la máscara de víctimas. Ello les facultaría para incumplir leyes y librarse de sus consecuencias.

Haciendo oídos sordos al aullido de esos lobos con piel de cordero, atada al palo mayor de la nave del Derecho, Montserrat del Toro ha destapado la verdadera cara del supuesto pacifismo de los cabecillas independentistas que, en las sesiones previas, procuraron conmover al tribunal. Como si fueran la reencarnación de Gandhi, tras azuzar a la febril masa encaramados en los coches que la Guardia Civil estacionó a las puertas de la Consejería. Este tipo de transformaciones lleva al protagonista de la versión cinematográfica de El hombre lobo en París, de Guy Endore, a hacer esta observación:"Hasta un hombre puro de corazón que reza sus oraciones por la noche puede convertirse en lobo cuando florece el acónito y la luna está llena".

De no ser por alegatos como el de Montserrat del Toro, el del práctico del puerto de Palamós -ese marino mercante Buil Armengol que se demostró más competente para capitanear la nave del Estado que quienes tuvieron su encomienda en aquellos días dramáticos- y los de los jefes de la Guardia Civil y Policía Nacional, junto al ex secretario de Estado José Antonio Nieto y al entonces Delegado del Gobierno, Enric Millo, pareciera que el Supremo juzgara la represión policial, en vez de un golpe de Estado contra la Constitución y la integridad territorial de España. Todos ellos se hicieron merecedores de la proverbial cita del Cantar del Mío Cid: "¡Dios, qué buen vasallo, si obiese buen señor!".

Se puede decir de estos servidores del Estado, atendiendo a la máxima churchilliana, que nunca tantos debieron tanto a estos pocos. Mostraron la fuerza moral que sólo poseen quienes viven en la verdad y están dispuestos a preservarla frente a cualquier inconveniente.

¿Cabe mayor mérito en una Cataluña en la que el nacionalismo somete a una espiral de silencio a quienes no desean ser aislados en un lazareto social, cual disidentes de regímenes totalitarios? Basta asomarse, como el que se abisma a un pozo negro, al borrador de Constitución catalana, descubierto por la Policía Judicial, cuyo articulado segrega -un apartheid en el corazón de Europa- a quienes "no siendo catalanes de origen, hayan sido militares profesionales y/o fuerzas de orden público militar o civil del Reino de España". En el nombre de Mandela, esta Cataluña orwelliana trata de levantar el muro que aquel héroe contemporáneo echó abajo.

Al cabo de un mes de juicio, con las pruebas de cargo de las autoridades policiales sobre la deslealtad y la voluntad rupturista de las autoridades catalanas, así como se valieron de la policía autonómica para su referéndum ilegal, contraviniendo todas las resoluciones judiciales, va a ser difícil de sostener que no se registró un delito de rebelión. Hasta el ex jefe de la Comisaría General de Información de los Mossos, Manel Castellví -hoy con protección de su domicilio-, confesó que Puigdemont, Junqueras y Forn, ex consejero de Interior, fueron alertados de la "escalada violenta" del 1-O. Pese a ello, los imputados siguieron adelante. Al igual que le acaeció al furriel del entremés cervantino que cae por el pueblo y hace notar que aquel supuesto retablo de las maravillas está vacío, el independentismo se revuelve contra Castellví y le grita cual posesos: "¡De ellos [judío o bastardo] es, pues no ve".

Jueces tiene el Supremo, desde luego, pero cuesta trabajo negar la violencia cuando, además de los actos vandálicos y de amedrentamiento, un cuerpo policial se pone al servicio de una insurrección. En la asonada del 23-F, Tejero no dispuso de tanta tropa para asaltar el Congreso. Todas las cartas han quedado bocarriba incluida la malversación de fondos públicos con la estratagema de encargar la intendencia del referéndum por medio de terceros a empresas que no cobraron por esos trabajos fuera de la ley, pero a los que se resarció mediante otros encargos a cuenta de la Generalitat.

A veces, el exceso de seguridad juega malas pasadas. Es lo que se llama el síndrome de Macbeth. En el drama de Shakespeare, las brujas de Hécate buscan sin éxito la desgracia del ambicioso monarca hasta que, a punto de desistir, la diosa malvada les impreca. "¡Oh, inútiles! Lo que tenéis que hacer es fomentar su confianza hasta límites infinitos, de tal forma que él solo buscará su perdición". Así se desencadenaría la tragedia de aquel esclavo de sus pasiones más que señor de las mismas. No obstante, Lady Macbeth, quien le había inducido a asesinar al rey escocés Alba Duncan I para apropiarse de su corona, concluirá: "Mejor es ser aquello que uno destruía / que por la destrucción morar en casa / de dudosa alegría".

En esas condiciones, la reconsideración a la que el Gobierno, anhelando avenirse con el independentismo, obligó a la Abogacía del Estado para que se apeara del delito de rebelión y lo rebajara al de sedición, aminorando la pena, deja en mayor evidencia a Pedro Sánchez, quien se niega a responder si facilitaría al indulto en caso de condena. No quiere prescindir de ningún comodín que pueda valerle para no desalojar La Moncloa. Otra cosa será si ese indulto lo dispensa a través de gracias penitenciarias que obren el mismo efecto sin mover al escándalo. Al modo que acerca con sordina a asesinos de ETA al País Vasco.

Si el presidente de la Sala, Manuel Marchena, en pos de una sentencia unánime que reforzará la misma ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, estaba resuelto a una condena por rebelión, pero en grado de tentativa, las testificaciones últimas no lo favorecen, como bien patentizó el cariacontecido semblante de los abogados defensores al ver desplomarse el tingladillo de su farsa. En ese brete, éstos pueden estar tentados de pegarle una patada al tablero en línea con lo que refiere Orwell en su Homenaje a Cataluña, esto es, "como si en medio de una competición de ajedrez un participante empezara a gritar que el otro es culpable de piromanía o bigamia. El objetivo es hacer imposible la discusión seria, sin abordar la cuestión que está realmente sobre la mesa".

En este sentido, como apunta el antaño fiscal Ignacio Gordillo, que supo bien de estos métodos de los abogados de ETA, los letrados de los golpistas podrían renunciar a la defensa para montar una garata que devolviera el juicio al ámbito político. Ello dispondría el camino a unas elecciones en Cataluña en torno al 1-O a modo de plebiscito en el que el separatismo saliera reforzado.

El nacionalismo, como otros fanatismos, carece de cura política. Por eso, el drama catalán exigiría la misma terapia que el gran antropólogo Caro Baroja prescribía para sus paisanos vascos en el punto álgido del terrorismo: "Enviar allí trenes llenos de psiquiatras". Más cuando muchos catalanes se muestran incapaces de distinguir la verdad, burlándose de las víctimas que pierden su salud entre los aullidos de esa masa que, como bien vislumbró Canetti, no deja de mostrar su apetito mientras exista alguien fuera de ella.

OKDIARIO entrevista en Alsasua al presidente del Partido Popular
Casado: “Las papeletas a VOX en provincias pequeñas acabarán dando un escaño a PSOE y Podemos”
EDUARDO INDA okdiario 10 Marzo 2019

Pablo Casado: “Votar a Sánchez es votar el indulto a los golpistas”
Casado: “El Gobierno de Rajoy tenía que haber aplicado antes el 155”
El presidente del PP aborda, en la primera entrega de la entrevista con OKDIARIO, el desafío territorial en Cataluña, la irrupción de VOX y las próximas elecciones generales del 28A.

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, opina, en esta entrevista con OKDIARIO, sobre cómo afectará la irrupción de VOX en las próximas elecciones generales y advierte de los riesgos de la fragmentación del voto.

P. La gran pregunta que me hacen a mí todos los días por la calle es sobre el alcance del fenómeno VOX. Dicen que es un tsunami, que os va a arrastrar…¿Tienes miedo a VOX? Y otra cuestión sobre el sambenito de moda: ¿Es VOX la extrema derecha?

R. Miedo, miedo, miedo… yo tengo miedo a que se revalide este gobierno de independentistas, batasunos y podemitas. Echo de menos al PSOE patriótico y con responsabilidad de Estado. Si esto se avala otros cuatro años, España deja de ser lo que es hasta ahora.

En cuanto a dónde está VOX, yo creo que VOX lo que tiene que hacer es demostrar su propuesta para España. Ahora mismo dicen ‘vamos a suprimir autonomías’, algo parecido a lo que planteaba antes Ciudadanos de suprimir las diputaciones. Tenemos que ver qué es exactamente lo que proponen porque por ahora hay cuestiones que no se pueden realizar. ‘Vamos a echar a 52.000 inmigrantes de España’, tendrá que hacerlo un juez.

La política migratoria del PP es apoyar a la Guardia Civil, defender las fronteras, hacer convenios con los países para que no vengan las mafias de tráfico de personas. Y todo el tema de la violencia de género. Dicen ‘vamos a suprimir todas las leyes para poner los fondos en la violencia doméstica’. ¿Qué decimos nosotros? Es compatible. Ayudas a las mujeres maltratadas pero también ayudas a los niños y a los ancianos que en el hogar son maltratados. Yo prefiero hacerlo en positivo.

Ahora bien, dentro del respeto que tengo tanto por VOX como por C’s, que defendemos la Constitución y la unidad de España, mi preocupación es que en una Comunidad Autónoma como Navarra, en una provincia como Palencia o como Ávila, los votos que van a VOX o a C’s no se materializan en un escaño. Es decir, la mitad de los votos que van a VOX van a acabar en un escaño socialista o de Podemos.

P. Entonces, ¿votar a VOX es, a efectos prácticos, tanto como tirar a la basura el voto o votar al PSOE?
R. No puedo decir eso por respeto al votante de VOX y al partido. Ni siquiera hablo de voto útil. Pero hay algo que es innegable, las cifras.

La Ley D’Hondt hace que, en provincias de menos de 6 escaños, la prima de acceso al escaño sea hasta del 50% en Soria, de más del 30% en Palencia, Ávila o Segovia, y muy por encima del 20% en el resto. Por lo tanto partidos a los que ninguna encuesta les está dando más de un 20%, como es el caso de C’s o de VOX, ese escaño no va a ir a ellos en ningún caso. Podría ir al PP si sumáramos votos, o si no, va a ir a la izquierda.

Yo lo que estoy diciendo, con absoluto respeto, es que en Madrid ni Barcelona lo pongo en duda, se reparten muchos escaños. En Andalucía es lo que ha pasado. Por eso VOX ha salido bien parado, y C’s. Pero en las provincias en las que se juegan más de 20 escaños, que es el diferencial —porque claro, 20 es lo que sacas más 20 es lo que no saca el PSOE—, estamos hablando de un diferencial de 40 escaños, que es lo que hace que haya un Gobierno constitucionalista o un Gobierno de Torra. Entonces yo apelaría a la responsabilidad del votante de decir ‘oye, yo en Segovia si voto a VOX, el 47% de esos votos no van a ir a un escaño’.

Casado: si de verdad te preocupan España y los españoles, no te reprimas, vota a Vox
Nota del Editor 10 Marzo 2019

A ver Casado, tienes que centrarte, tu destino es terminar de desmantelar el inútil y traidor PP. Y de paso, trata de convencer a los excasos creyentes del PP que aún quedan, que es indispensable que voten a Vox.

Fin del cuento del referendo y el lobo
Roberto L. Blanco Valdés La voz 10 Marzo 2019

En uso los acusados del derecho constitucional a no declarar contra sí mismos (o sea, a mentir) y cumpliendo sus abogados la misión para la que fueron contratados, en los primeros días del proceso al procés asistimos a una farsa destinada a justificar un embuste formidable: que, ni antes del referendo ilegal de 1 de octubre de 2017, ni el día de la votación, prohibida por orden judicial, hubo más violencia que la brutalmente provocada por la Guardia Civil y la Policía Nacional frente a gentes pacíficas que solo querían ejercer un derecho democrático.

Contra lo que cabía esperar, dada la importancia entonces de sus cargos, las declaraciones de Rajoy y Sáenz de Santamaría fueron decepcionantes y la de Zoido absolutamente vergonzosa. Sus titubeos, silencios increíbles y afirmaciones de asombrosa vaguedad ayudaron muy poco a desmontar el cuento del referendo y el lobo que pretende convertir en víctimas de un Estado represor a quienes están acusados de gravísimos delitos.

Ah, pero en esto llegó el desembarco de Normandía, si me permiten la metáfora. El primero en saltar a la playa, José Antonio Nieto, exsecretario de Seguridad, hizo volar por los aires el búnker que protegía a los acusados, bien defendido por sus peleones abogados: durante cuatro horas Nieto argumentó con contundencia que, tanto antes del referendo como el 1 de octubre, hubo numerosos actos organizados de violencia por parte de quienes apoyaban la consulta; que los responsables de ellos no fueron otros que sus convocantes, todos conocedores de que la violencia podía desatarse dada la ilegalidad de la consulta y la prohibición judicial de que llegase a celebrarse; que los Mossos no habían cumplido su deber, sino todo lo contrario; y que la Guardia Civil y la Policía Nacional, abandonadas por una policía autonómica que las traicionó, utilizaron «la fuerza mínima imprescindible» para hacer frente no a votantes indefensos sino a grupos bien organizados para conseguir que la consulta ilegal se celebrase.

Esa nueva versión de lo ocurrido en Cataluña, que se ajusta a lo que todos vimos esos días en la televisión (salvo en TV3) y leímos en la prensa, fue luego ampliada en sus detalles por sucesivos testigos, que dejaron hecha añicos la fabulación secesionista. Así, entre otros, el exdelegado del Gobierno en Cataluña nos ilustró sobre utilidades del Fairy de las que no teníamos noticia; el coronel de la Guardia Civil que coordinó el dispositivo policial el 1-O insistió en que los Mossos trabajaron a favor del referendo y no en contra; la funcionaria judicial atrapada en la Consejería de Economía el 20 de septiembre describió su terror en una jornada que los independentistas describen como una fiesta con música y merienda; y el jefe de la Comisaria General de Información de la policía autonómica confirmó que Puigdemont insistió en celebrar la consulta aun sabiendo que podría acabar en graves actos de violencia.

Será, al fin, el Tribunal el que tendrá que juzgar qué versión de los hechos se ajusta a lo sucedido en Cataluña. Pero no parece que tal decisión, visto lo visto, sea demasiado complicada.

Roberto, la primera víctima de la Academia de la Llingua Asturiana: "Son totalitarios"
El portavoz de la plataforma contra la cooficialidad del bable ha sido denunciado por no retirar sus críticas a la institución.
Marta Espartero elespanol 10 Marzo 2019

El conflicto lingüístico en Asturias acaba de llegar a los juzgados. La Administración autonómica, por medio de su Academia de la Llingua -el bable-, ha denunciado a la plataforma que clama contra la cooficialidad de ambos idiomas. Su portavoz ha desatado la cólera de la institución regional al referirse a ella en estos términos: "Proyecto totalitario", "sindicato político", "dictadura cubana", "nacionalistas"...

El denunciado, Roberto Hernández Granda, levantó la voz después de que Pablo Casado hiciera un guiño a la Academia del bable e incluso se abriera a reunirse con sus responsables. El líder de la asociación contra la cooficialidad adjetivó así a la institución lingüística para alertar al presidente del PP de su "nacionalismo". Fue entonces cuando la Academia exigió la "retirada de esas palabras". Al no conseguirlo, ha interpuesto una denuncia.

“Desde la Plataforma, pedíamos al presidente del Partido Popular ser recibidos para que escuchara de primera mano la voz de la mayoría social contraria al proyecto de imposición de la cooficialidad, proyecto liderado por la Academia y compartido por todos los grupúsculos del nacionalismo asturiano”, relatan a este periódico sus integrantes.

La Academia de la Llingua tiene una versión diferente: "Se puede opinar sobre la oficialidad, a favor o en contra, o sobre el modelo a desarrollar, pero lo que han dicho no son opiniones personales, son descalificaciones a una institución pública creada por el Principado", comentó a Europa Press el secretario de la institución, Xosé Ramón Iglesias Cueva.
La ley actual protege la voluntariedad

La legalidad protege la voluntariedad de uso del bable gracias a una ley aprobada en 1998, sin imponer por tanto su uso. Hay asignaturas optativas de asturiano en las escuelas, por ejemplo.

Ahí radica el quid de la cuestión para el demandado. “A mí me parece bastante grave que se intenten censurar posiciones críticas. Es lo propio de una institución al servicio del nacionalismo”, afirma Roberto Hernández Granda. Y compara: “A mí me gusta que se proteja el hórreo, pero no quiero que me obliguen a vivir en uno”.

“Enarbolan una realidad cultural que no existe. Son un chiringuito cultural subvencionado para seguir manteniendo un Frankenstein lingüístico”. Porque, según explica, el bable promovido desde la Academia de la Llingua es una creación “de laboratorio”, que no tiene apenas relación con las distintas variantes del bable que se usan en los pueblos asturianos. “Una lengua tiene que ser útil, no tienes que preservarla artificialmente. No es sólo el bable, sino que hay una ideología nacionalista detrás”.

Por eso, Hernández Granda no piensa dar un paso atrás. “Quieren que me retracte y no sólo no me retracto, sino que me reafirmo. No nos van a coaccionar y no me siento intimidado”, aduce. “Es una vergüenza que demanden a alguien por sus opiniones. Me he dirigido a la Academia, no a alguien en concreto. No he hecho nada constitutivo de delito”.
"Están creando un conflicto inexistente"

La Plataforma contra la Cooficialidad teme que el bable sea sólo de interés por las subvenciones que recibe desde el Principado. “Tenemos el espejo palmario de otras comunidades autónomas. Están creando con el bable un conflicto inexistente”.

Quienes defienden la no implantación de la cooficialidad del asturiano dicen que esta demanda de la Academia evidncia “que está tratando de acallar las críticas que desde la sociedad civil se hacen contra su labor útil al nacionalismo asturiano”. También advierten de que la imposición de la cooficialidad de la llingua en la Administración acabará siendo un problema para la población residente en Asturias.


 


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