AGLI Recortes de Prensa   Domingo 17  Marzo 2019

Qué es el PP y qué puede ser VOX
Pío Moa gaceta.es 17 Marzo 2019

Para difundir: https://starecat.com/before-feminism-happy-smiling-pig-after-feminism-comparison-fail/
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P. ¿Cree usted que el PP puede recuperar gran parte de los votos que está perdiendo a favor de VOX?
Por supuesto, es muy posible. El PP tienen una experiencia ya muy larga en engañar a unos votantes timoratos que, lo vengo diciendo, disfrutan siendo engañados. Porque son demasiados años. Ahora, mucho dependerá también de la política que siga VOX.

P. Por lo tanto, Casado es un fraude…
Lo es, por supuesto. Ha remodelado a parte de sus líderes, pero todos ellos han participado activa y servicialmente, como el mismo Casado, en la política zapateril de Rajoy, Soraya, Zoido y toda esa chusma. Creo que hace falta ser muy romo para creerles. Por desgracia hay demasiada gente roma, proclive a guiarse por la palabrería y reacia a analizar la experiencia..

P. Pero los cabeza de lista son efectivamente gente nueva, no son los políticos de Rajoy.
Rajoy cogió un enorme cabreo cuando Casado venció a Soraya. Pero la pelea era solo por los puestos. Sin la menor disputa o crítica por la política anterior. Al mismo tiempo que ha “renovado” a sus líderes, Casado ha dicho estar orgulloso del pasado del PP. Es decir, está orgulloso de colaborar con los separatismos y financiarlos, y de bloquear la oposición espontánea a ellos. Orgulloso de ceder la soberanía española por “grandes toneladas”, como decía uno de ellos; de seguir la política del PSOE en relación con Gibraltar, en relación con leyes liberticidas como la de memoria histórica o las de género, con la promoción del homosexismo, el abortismo y la inmigración, con el rescate de la ETA; orgulloso de haber impulsado a Podemos e intentado sepultar a VOX bajo una losa de silencio; de hacerse el loco con el plan criminal de profanar la tumba de Franco… A propósito de homosexismo, uno de los más destacados casadistas, homosexual notorio, ha mostrado su orgullo por la cantidad de maricones (que diría la ministra) entres sus jóvenes. En fin, gente rebosante de orgullo, y es normal que Casado lo proclame: en todo eso ha colaborado él con plena dedicación. Y esa es la realidad de Casado y de su remodelación farsante con políticos que han hecho lo mismo que él a las órdenes de Rajoy y Soraya.

P. Tampoco VOX se opone claramente a la exhumación de Franco
Es cierto, y hace muy mal. Porque ni la democracia ni el país pueden regenerarse sin resolver la cuestión histórica de Franco. VOX está denunciando muchas de las fechorías que se llevan años cometiendo, pero si no elabora un discurso histórico-político e ideológico sólido, no llegará muy lejos. Claro que no puede hacerse todo al mismo tiempo, pero si no se propone lo que digo al menos a medio plazo, puede terminar en fuegos artificiales y disculpándose ante los delincuentes, porque son auténticos delincuentes, que llevan gobernando el país desde Zapatero.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)P. ¿Ve usted posible una coalición de VOX con el PP y C´s para echar a Sánchez?

Con ese único propósito de echar al Doctor sí me parece posible y conveniente. Pero nada sería más perjudicial que VOX convertido en un partido solo diferente de los otros en cuestiones de matiz o secundarios. Este es un peligro real. El PP tiene una larga experiencia en el chanchullo, solo tiene que ver cómo intenta alejar a VOX de muchas provincias con engañifas electoralistas. La psicología de los peperos refleja muy bien la del clásico señorito, vano, chanchullero y sin principios. Fue la clase de políticos que hundió la Restauración y trajo después la república. Porque la república no llegó de manos de la izquierda, que enseguida se hizo con ella, sino de la de los políticos monárquicos y de los ex monárquicos de última hora, neorrepublicanos derechistas, católicos y frívolos, como Alcalá-Zamora y Maura. Entre los monárquicos y los neorrepublicanos dieron el golpe que hundió la monarquía.

P ¿Podría repetirse algo así?
Claro que podría. Con Zapatero ya se inició a toda máquina el proceso de rescate de la ETA, de imposición de leyes totalitarias, de impulso radical a los terrorismos que ha llevado al golpe de estado permanente. Este proceso, en el que entra naturalmente el prusés, fue apoyado por el PP ya cuando estaba en la oposición, por lo que no existió oposición real. Una democracia necesita la oposición para frenar las tendencias despóticas, liberticidas, naturales en los gobiernos, y el PP traicionó ese papel, ya digo, desde mucho antes de haber llegado al poder. Traicionó a la democracia y, por supuesto a España. Y esto nos lleva a un problema crucial: como demuestra esta experiencia y otras, una democracia puede suicidarse manteniendo sin embargo las formas legales exteriores. Esto es algo que no entienden nuestro políticos, para los cuales “democracia” es solo una palabra mágica que usan para encubrir sus fechorías. Por cierto que la posibilidad de suicidio no es particular de la democracia, existe en todos los regímenes, como muestra la historia. En La guerra civil y los problemas de la democracia he avanzado algunos análisis que precisan de desarrollo. Da la impresión de que es perorar en el desierto.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)
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En esta sesión de “Una hora con la Historia tratamos dos temas: a) Por qué es tan importante el Valle de los Caídos históricamente y en la política actual. Y por qué Franco fue uno de los estadistas más destacados no solo de España sino de Europa: https://www.youtube.com/watch?v=1wynyIvLcaU

Una hora con la Historia es parte de la batalla cultural, base de todas las batallas políticas, por lo que invito a los oyentes del programa a participar en ella, difundiéndolo y apoyándolo económicamente mediante una aportación mensual. La cuenta para la colaboración económica es: BBVA, “Tiempo de ideas”, ES09 0182 1364 3302 0154 3346. Es posible luchar contra la desinformación y manipulación subvencionadas si más y más personas se sienten comprometidas en la tarea

La política como imperativo moral
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 17 Marzo 2019

Estamos ante un problema nacional y de civilización. Y por eso el paso que, por imperativo moral, han dado y darán los independientes que entran en política es y será absolutamente esencial.

La entrada de intelectuales y periodistas importantes en las listas electorales de los partidos de centro-derecha es una de las noticias más esperanzadoras que cabía esperar en un clima absurdamente derrotista. En principio, se trata de una movilización en la derecha, no en una izquierda hecha a imagen y semejanza de su líder, el populista 'cum fraude' Sánchez, ayuna de cualquier nivel, cualificación, pretensión o ambición cultural. Si la izquierda en España siempre ha sido bastante mediocre ahora está a la altura de sus políticos, muy por debajo de las alcantarillas. Lo único que ha logrado resucitar 'Falconetti' es el antifranquismo retrospectivo, la seña de identidad que le queda a la generación de El País, hoy 'Diario del Golpe'.

En la derecha se da además un fenómeno que tampoco se observa en la izquierda: la entrada en política de gente que nada tiene que ganar con ella, profesionales del mundo de la comunicación o de la Universidad que estarían más cómodos en sus lugares de trabajo que en una vida política diseñada por y para la izquierda, nauseabunda para la gente cultivada. Los que han entrado y seguirán entrando en la política profesional, porque creo que será un proceso largo y contagioso, no es para vivir de ella, como hace la casi totalidad de la izquierda y buena parte de la Derecha, la que echaron a perder Rajoy y sus abobados del Estado, tan yermos de ideas como de valores, igualmente creados a imagen y semejanza de su sórdido gestor.

Casado cambia el PP
Se trata, pues de un fenómeno que viene a dignificar la política en un momento en el que está absolutamente desprestigiada, pero en el que, sin embargo, más falta hacen partidos políticos con entidad moral y no sólo con afán de poder. España afronta el peligro más grave de los últimos dos siglos, que afecta a su misma continuidad histórica, y con eso no se puede cubiletear ni sacar provecho. Como en la Guerra de la Independencia, a los patriotas se les identifica hoy fácilmente: son los que entran en la política perdiendo dinero y arriesgando su tranquilidad familiar y prestigio social.

El partido en el que más se nota este cambio es el PP, que a partir de las Generales se podrá llamar en puridad el partido de Casado. No se sabe los escaños que obtendrá, sin duda muchos menos de los que tiene, pero además de sobrevivir, en el nuevo grupo parlamentario no cabrá la marcha atrás, a un rajoyismo sin Rajoy, o un feijoísmo con Feijóo. El PP quemó sus naves y todo el astillero electoral al ser incapaz de impedir el Golpe y de forzar la dimisión de Rajoy para impedir la llegada al poder de Sánchez. Un PP en manos de Soraya sería un muerto viviente a los pies de La Sexta. Pero el PP de Casado es una pieza en la reconstrucción del centro-derecha y con toda probabilidad no volverá a tener, al menos en muchos años, la hegemonía total del espacio "a la derecha de la izquierda", que dice Aznar.

Aquella derecha también partía de una situación de inferioridad total ante la izquierda. Eran los 106 escaños de AP y los desperdigados del CDS frente a los 200 del PSOE de González. Pero empezó por dar la batalla de las ideas y hubo mucha gente valiosa que se incorporó y apoyó el proyecto. Viví y participé a fondo en aquel proceso y éste se le parece cada vez más. La clave de la reconstrucción del espacio político frente al PSOE era que la democracia en España corría verdadero peligro. Ahora la que corre peligro es la misma España. Y también y como casi siempre, por culpa del PSOE. Es natural que se produzca algo parecido, aunque mucho más improvisado. Aznar tuvo tres años para crear un partido distinto de los de Fraga y Suárez. Casado ha tenido unos pocos meses para crear un PP distinto del de Rajoy.

Sánchez significa República
Sin embargo, la gravedad de la situación nacional alimenta más que entonces la necesidad ética, el imperativo moral que lleva a gente valiosa a entrar en política, para galvanizar con su ejemplo a una ciudadanía que en el Golpe de estado en Cataluña, clave de todo lo que pasa y pasará, se ha visto abandonada por sus dirigentes electos y tuvo que echarse a la calle, sólo con el respaldo del Rey, a defender la Nación, es decir, a defenderse.

Aunque muchos creen que todo se juega en las Generales y que en ellas tienen las de ganar Sánchez y sus socios comunistas y separatistas, en mi opinión estamos sólo ante la primera de muchas batallas dentro de una guerra, que es la de la supervivencia del régimen constitucional y nacional. Tras las generales, vendrá la guerra de guerrillas de las municipales y autonómicas, luego la sentencia del juicio a los golpistas y el empeño de Sánchez en indultar a sus socios, enfrentándose a la legalidad que encarna el Supremo, a la legitimidad de un Rey que paró valerosamente el Golpe en televisión, y a la media España que, como en 1936, "no se resigna a morir".

Y no se va a resignar. Saque los diputados que saque, lo que está en juego es algo más que unas elecciones y un Gobierno. Lo único que puede traer Sánchez es la República, haciendo de España un matadero balcánico. Y antes de llegar a eso, la media España, que es más de media, le plantará cara en las Cortes y en la calle. Y debe construir un sistema mediático que contrarreste la aplastante hegemonía audiovisual del golpismo sanchista.

En esa reconstrucción, los independientes que entran ahora en las listas del PP y de Vox, exclusivamente por patriotismo, están llamados a jugar un papel de cohesión esencial. El resto quedará a cargo de los líderes, si saben interpretar lo que de ellos se espera, que será sobre todo sacrificio. Pero al armarse moralmente con las incorporaciones de gente tan notable quedan también a expensas de cumplir con un propósito ético y cívico que va más allá de la obediencia partidista. Vienen a servir a España, incluso por encima de las ideas, no muy distintas por mucho que se empeñen, del PP y Vox. Tal vez también de Ciudadanos, si sus operaciones de imagen naufragan en las urnas y vuelven a los principios que eran su razón de ser.

La lucha cultural y la levadura de Vox
Todos los que desde el mundo de la cultura o la comunicación se han incorporado a las listas de los partidos de derecha se han caracterizado por su lucha contra las imposiciones ideológicas de la izquierda, lo que se ha dado en llamar el marxismo cultural. Y ese ha de ser el pegamento o el cemento de la unidad de acción de los partidos que salgan de las elecciones de abril y mayo, para afrontar el golpismo de Sánchez y sus socios y para combatir sus bases culturales, en realidad propagandísticas y mediáticas.

Se dice, y es cierto, que lo que distingue a Vox del PP y Cs es que no acepta la supuesta superioridad moral de la izquierda, traducida en la dictadura de costumbres que intentan imponer con la Ley de Violencia de Género, la Ley de Memoria Histórica y el Ministerio-Checa de la Verdad. Sin embargo, hay en ambos partidos gente muy valiosa que lleva años luchando contra eso mismo y que no está ni va a estar en Vox. Pero la fuerza de Vox nace de esa misma rebeldía, y por eso deben ensamblarse.

Creo no equivocarme al ver en Vox una capacidad de imantación y movilización popular extraordinaria e imprevisible, sin comparación con el PP y Cs. Pero sé que no yerro al asegurar que esa guerra cultural contra la dictadura progre nunca la ganará solo Vox. Tampoco el PP sin la fuerza popular que aporta Vox, ni, si se decide alguna vez, Ciudadanos. Estamos ante un problema nacional y de civilización. Eso trasciende las diferencias partidistas. Y por eso el paso que, por imperativo moral, han dado y darán los independientes que entran en política es y será absolutamente esencial.

Hoy ya no se fía
Nota del Editor 17 Marzo 2019

El PP y Ciudadanos ya han dado sobradas muestras de lo que son capaces y por tanto   son absolutamente nulos para la defensa de España y de los españoles.
La única posibilidad para que España siga adelante, es que todos los españoles les apoyemos con lo único que tenemos en esta falsa democracia, nuestro voto, ese papelito que sirve de poco y que algunos se lo disputan con los cantos de sirena preelectorales, esos que se convierten en gritos de dolor en los antes oyentes.

Echémosles de Madrid.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 17 Marzo 2019

MANIFESTACIÓN EN MADRID DE LOS SEPARATISTAS. CARLES PUIGDEMONT Y LOS EXCONSEJEROS FUGADOS AMPLÍAN SU DEMANDA CONTRA EL JUEZ PABLO LLARENA INCLUYENDO A ESPAÑA.

El Gobierno golpista de la Generalidad encabezado por Joaquim Torra, lidera una manifestación en Madrid esta mañana en protesta por el juicio del proceso separatista, al que yo prefiero llamar del golpe de Estado, mucho más definitorio de lo que sucedió en España con la declaración unilateral de independencia aprobada por el Parlamento autonómico de Cataluña. Los convocantes no han parado en medios ni en gastos y se han fletado numerosos autobuses, cuyo coste deberá determinarse si ha sido financiado por la Generalidad o a través de intermediarios. Y es que ya sabemos cómo se las gastan los golpistas a la hora de escamotear los gastos como se desprende de la declaración de la testigo Teresa Provias Ricard, exdirectora de Servicios del Departamento de Presidencia de la Generalidad, que negaba tener un expediente oficial sobre la factura presentada por la empresa UNIPOST por la distribución de dípticos de propaganda sobre el referéndum del 1 de octubre del 2017.

La sola presencia de Joaquim Torra es de por sí otro desafío al Estado de Derecho, al cuestionar que se esté juzgando por los numerosos delitos cometidos a los que ahora se sientan en el banquillo y a los fugados declarados en rebeldía. Aunque no es de extrañar en gente que se cree por encima de las leyes democráticas que nos aplican a todos los españoles. Porque lsu argumentación simple es que ellos no se consideran españoles y basan su legitimidad en la voluntad popular de aquellos catalanes que se expresaron en un referéndum ilegal y declarado inconstitucional, sin garantía alguna de transparencia y fiabilidad, que el Parlamento de Cataluña con mayoría de diputados independentistas y el Gobierno de la Generalidad, liderado por Carles Puigdemont, tomaron como “un mandato popular” para seguir en esa farsa y declarar de forma unilateral la República de Cataluñ. Una resolucion con total desprecio a las leyes, el Estatuto de Autonomía, la Constitución y a la mayoría de españoles, incluidos aquellos catalanes que no son independentistas.

Pero es que lo que tienen claro estos golpistas es que su lealtad se la deben solamente a esa parte de los ciudadanos de Cataluña que comparten sus alienantes sueños independentistas. Para ello se basan en el inexistente derecho de los pueblos a decidir su futuro, diferenciando al también inexistente “pueblo catalán” como sujeto de derecho y con soberanía diferenciada del conjunto del pueblo español. Un mensaje que ha ido calando en la sociedad catalana por la dejadez y abandono del Estado de Derecho, es decir de los diferentes Gobiernos de España de PP y PSOE, que han preferido buscar el apoyo bastardo y mercenario de los secesionistas vascos y catalanes para garantizarse la gobernabilidad en el Parlamento español. Una estrategia suicida que ha ido acompañada por permitir leyes de desconexión implícitas como es el caso de la inmersión lingüística, una educación adulterada con adoctrinamiento separatista inculcando el sentimiento nacionalista y el odio hacia España, su lengua común, su cultura y sus tradiciones.

Una actitud que ha sido también adoptada en otras regiones, ahora autonomías, como es el caso de la Comunidad de Valencia, la de Baleares y El País Vasco. Una situación demencial en la que ha primado la atomización del Estado y la creación de 17 ínsulas donde los diferentes partidos políticos se han enseñoreado creando chiringuitos de poder y convirtiéndose en auténticas empresas de colocación de afines y enchufados en una estructura de poder paralela como la existente en Andalucía. España ha ido a peor con este sistema autonómico que ha sido pervertido y violado de forma obscena por estos partidos políticos, en especial los de rango nacional, PSOE y PP. Y en esa actitud de dejar hacer a lo nacionalistas separatistas, hemos llegado a un desenlace en donde va a ser muy difícil recuperar lo perdido.

La manifestación de hoy protagonizada por aquellos que aprueban y han sido cómplices del golpe de Estado dado en Cataluña, es una vergüenza a nivel nacional, al menos de los que como yo aún creemos en una España Unida, solidaria e integrada en una Europa que no sea el mercado persa que es hoy en día. Joaquim Torra es un xenófobo racista antiespañol que por sus actos ya debería haber sido cesado y enjuiciado. Solo CIUDADANOS ha presentado una denuncia ante los juzgados por la desobediencia a quitar de los edificios oficiales de la Generalidad los símbolos partidistas de los golpistas como es indudablemente el lazo amarillo. Un sujeto que debería sentarse como acusado en el banquillo donde ahora se sientan sus camaradas golpistas.

Solo espero que el pueblo español en Madrid se haga presente frente a estos mal nacidos y les hagan sentir en la nuca el aliento de que no son bien recibidos en la Capital del reino que tanto desprecian. Su presencia es un desafío que debe ser contestado bloqueando su marcha y hacerles volver por donde han venido. Si ellos nos consideran extranjeros, nosotros les debemos tratar como apátridas. Lo malo es que hay partidos como PSOE y PODEMOS que se muestran reacios y contrarios a enfrentarse a estos golpistas y defender el Estado de Derecho y la Constitución. Y como en el caso de PODEMOS colaborar en la mentira de defender el derecho a decidir del inexistente pueblo catalán. Hay que ser tan apátrida y miserable como estos golpistas que hoy van a Madrid.

Y esta dejación de funciones criminal por parte de partidos y Gobierno de España del PSOE se acentúa con la pasividad ante las maniobras del fugitivo de la Justicia, Carles Puigdemont, que dentro de sus paranoia se atreve a ampliar la denuncia que presentó contra el juez del Tribunal Supremo instructor de la cusa del golpe de Estado, Pablo Llarena, incluyendo a España por haber sido parte interesada en la defensa del juez. La denuncia presentad ante un juez en Bélgica es otro desafío de un personaje que hace tiempo debería haber sido entregado por las autoridades belgas y ahora estaría sentado junto a sus camaradas del golpe de Estado en la Sala del juez Marchena. Solo espero que el Gobierno de España y la Abogacía del Estado sepan actuar a la altura de lo que se debe esperar en defensa de la democracia de España, de su Justicia y de su imagen en el mundo tomada a pitorreo por este individuo delincuente fugado como es Carles Puigdemont. Un payaso de circo que sigue libremente difamando y atacando a España. Es el enemigo público número uno de España y es responsabilidad del Gobierno neutralizarle.

El que este miserable sujeto siga en libertad es una deshonra para España y para todos los españoles que no nos merecemos un Gobierno que no defienda los intereses de España.

¡¡¡VOTAR PSOE ES VOTAR A LOS GOLPISTAS Y ENEMIGOS DE ESPAÑA!!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

El viaje al futuro de Sánchez se llama Franco
EDUARDO INDA okdiario 17 Marzo 2019

La Transición no fue precisamente un camino de rosas. Adolfo Suárez tuvo que hacer el paseíllo entre un ruido de sables infernal a su derecha y la palpable amenaza de una izquierda que veía la muerte del dictador como una ocasión que ni pintada para ganar la guerra que perdió. Un ejercicio de funanbulismo que salió razonablemente bien pese a que los boletos para el fracaso eran muchos más en la tómbola de la democratización tras 36 años de oscuridad. El nunca del todo aclarado 23-F, protagonizado por la mano izquierda (Alfonso Armada) y la mano derecha (Jaime Milans del Bosch) del Rey, fue el último intento por revertir un proceso que nos aproximaba a los sistemas que anhelábamos ser: el estadounidense, el francés, el inglés o el alemán.

Aún recuerdo cómo en la washingtoniana Universidad de Georgetown me felicitaban hace dos décadas largas por el éxito de nuestra Transición. Nos veían como un ejemplo de lo que debían ser los nuevos tiempos en naciones que llegaban tarde a la democracia. Países como Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, República Dominicana y tantos otros siguieron al pie de la letra el guión diseñado y ejecutado por Adolfo Suárez en España y hoy día son democracias con las mismas garantías o casi que cualquiera de las vigentes en Europa.

La Transición se forjó sobre las renuncias mutuas. De un lado, los militares se tuvieron que someter al poder civil (como no podía ser de otra manera) y de otro la izquierda, comandada por el asesino de 6.000 personas en Paracuellos Santiago Carrillo, se comprometía a luchar en las urnas y no en las calles. Suárez, al que forzaron a dimitir los sectores más ultras del Ejército (dicen que pistola en mano), fue el artífice de poner de acuerdo a los sectores más extremos que casi cuatro décadas antes habían luchado a muerte en una cruel guerra de malos contra malos que dejó doscientos y pico mil muertos.

La mano izquierda del derechista Suárez nos ha regalado 40 años de prosperidad, libertad y modernidad. Dejamos de ser ese país retraído, ensimismado, proteccionista y autárquico para convertirnos en la envidia de medio Occidente y parte del otro. La clave del Pacto de la Transición consistió en el perdón mutuo y en mirar hacia adelante. Que, como diría aquél, agua pasada no mueve molino. Hasta el mejor escribano echa un borrón y Suárez no iba a ser menos. La Transición sólo contuvo dos errores: la transferencia de la Educación y la de la Sanidad. Estropicios que a día de hoy pagan los padres catalanes, vascos, gallegos, valencianos y baleares que no pueden elegir en qué lengua se educan mayormente sus hijos. Y que sufrimos todos cuando nos trasladamos a una comunidad que no es la nuestra, queremos hacer uso del sistema público de Salud y nos ponen tantas pegas como si estuviéramos en Noruega, Italia o Austria.

El resentimiento de un idealista José Luis Rodríguez Zapatero cuyo abuelo fue fusilado por las tropas franquistas se cargó de un plumazo el Pacto de la Transición. La Ley de Memoria Histórica, que olvida que la Guerra Civil fue una contienda en la que no había buenos, reabrió heridas perfectamente suturadas casi tres décadas antes. Donde no había un problema se generó un problemón. Las dos Españas desenterraban de nuevo el hacha de guerra. Pedro Sánchez, al que le importa un pepino el franquismo porque su única obsesión es el poder, tomó el testigo de Zapatero convirtiendo la exhumación de la momia de Franco en su gran proyecto de futuro para España anteponiéndolo al paro, el agotamiento de la Seguridad Social, la desintegración territorial o esa inmigración ilegal que se ha multiplicado por dos desde su llegada.

El entierro de Franco no era, no es y no será ningún problema para la absolutísima mayoría de los españoles. Doscientas mil personas (ni el 0,5% de la población) acuden cada año al Valle de los Caídos, situado a 50 kilómetros de la capital de España, a rendir culto al sátrapa. Un sátrapa que fue enterrado allí no por voluntad propia sino a instancias de Don Juan Carlos, que consideró que era la mejor ubicación posible por razones que él y pocos más conocen.

Tan obvio es que simbólicamente no era el mejor lugar para enterrar a Francisco Franco como que pragmáticamente era el más adecuado. La obsesión de Pedro Sánchez por pasar a la historia como el personaje que sacó a Franco del Valle de los Caídos sólo se entiende por su indisimulado objetivo de triturar a Podemos y convertir al partido del chavista Pablo Iglesias en una anécdota de la historia. Que ése y no otro es el objetivo último de este intento de vengar la suerte de una guerra fratricida. El drama es que, en el mientras tanto, entierra ese Pacto de la Transición que tan bien nos ha ido.

Tocar a los muertos, por muy malos que fueran en vida, da mal fario. No me pregunten por qué pero es algo que normalmente termina entre muy mal y peor. La Maldición del Faraón es un ejemplo de libro de lo que estoy hablando: prácticamente todos los egiptólogos que osaron profanar la tumba de aquéllos reyes acabaron espichándola poco tiempo después en circunstancias trágicas. Dicen que el descubridor de la momia de Tutankamón, Howard Carter, se encontró una leyenda que textualmente advertía del peligro: «La muerte golpeará con su miedo a aquél que turbe el reposo del faraón».

La “Maldición de Francokamon” de la que habla Federico Jiménez Losantos se está cumpliendo. Afortunadamente, el presidente okupa no ha muerto pero desde luego se está topando con más problemas de los que sospechaba cuando prometió que “antes de agosto de 2018” echarían al tirano de Cuelgamuros. El primero fue la genial vendetta de la familia, que propuso llevar a su abuelo al panteón que poseen en La Almudena, en pleno centro de Madrid, a 50 metros escasos de esa Plaza de Oriente en la que el ganador de la Guerra Civil arengaba a las masas.

El segundo han sido las resoluciones judiciales que niegan la licencia de obras para desenterrar el cadáver. Por no hablar de los líos que se le vienen encima a un Gobierno que ha empleado fraudulentamente la figura del decreto ley para tramitar la salida de los restos mortales. Conviene no olvidar que la Constitución reserva su aplicación para episodios “de urgente y extraordinaria necesidad”. Por ejemplo, una tragedia o una situación económica límite. ¿Es extraordinariamente urgente desenterrar a un tipo fallecido hace 43 años y medio? Salvo que sepamos que va a a resucitar, dar un golpe de Estado e instaurar una dictadura, que no parece que sea el caso, no sé dónde está la urgencia.

Pedro Sánchez se pasa la ley por el forro de sus caprichos, como acertadamente titulaba ayer nuestro editorial. Usando el decreto ley pero también hurtando a la familia el derecho que le asiste a elegir el lugar de inhumación posterior. La normativa de la Comunidad de Madrid es inequívoca al respecto. Por no hablar del chusco desafío que supone fijar una fecha, el 10 de junio, cuando el Supremo advirtió al Ejecutivo que no podía dar un solo paso al respecto “hasta que esta Sala [la de lo Contencioso-Administrativo] se haya pronunciado”.

La ley se la refanfinfla a este Gobierno que es Gobierno gracias a golpistas, proetarras y comunistas bolivarianos. Así es este Sánchez que dirige España como si fuera un cortijo, con decisiones que ni el Felipe González de los 202 diputados se atrevió a tomar por aquello del imperio de la ley. Lo peor de todo no es la anécdota de la exhumación del dictador sino la categoría de lo que esta medida representa. Ni más ni menos que la resurrección de las dos Españas que hace 200 años reflejó Francisco de Goya en su memorable Pelea a bastonazos. Darle puerta a Franco pero mantener las calles, las estatuas e incluso los estadios a asesinos de la talla de Carrillo, Pasionaria, Largo Caballero, Companys o algunos etarras es el camino más corto y desgraciadamente seguro al enfrentamiento civil. Los que sólo creemos en la Tercera España de Ortega, Madariaga, Marañón, Menéndez Pidal y el propio Adolfo Suárez estamos temblando ante semejante irresponsabilidad y tamaña ilegalidad. Estas armas las carga el diablo y luego pasa lo que pasa.

De sátrapas y autonomías
Nota del Editor 17 Marzo 2019

España ganó la guerra en 1939. Ochenta años mas tarde, los del lado que la perdieron, siguen aún empeñados en cambiar la historia. A este paso vamos a tener que utilizar técnicas de blockchain para asegurar para siempre que el Frente Popular perdió la guerra que causó.
 
Llamar sátrapa a quién consiguió mantener a raya a estos miserables durante cuarenta años es un adjetivo claramente inadecuado: sátrapa, 2. Persona que gobierna despótica y arbitrariamente y que hace ostentación de su poder.

En cuanto el tinglado autonómico, todo es un disparate, no solo la educación y la sanidad, y es absolutamente necesario desmantelarlo.

La nefasta Ley de la Memoria Histórica
Manuel Villegas diariosigloxxi 17 Marzo 2019

El malhadado y funesto Rodríguez Zapatero en su ansia de revancha y su profundo odio volvió a dividir a España, que había perdonado y cerrado página con la Constitución de 1978 en la que todos los bandos cedieron con el único objetivo de llegar a una convivencia pacífica que enterrase odios y rencores, en las dos facciones que la han separado durante tantos años.

Esa perjudicial brecha de resentimiento ha vuelto a abrir sin necesidad heridas que todos los españoles deseábamos cerrar. Pero hete aquí que ha llegado este Pedro Sánchez, bueno para nada, expresión que usan los estadounidenses cuando se quieren referir a algo inútil, y que miente más que habla, y, como los españoles no tenemos problemas de que preocuparnos, no hay paro, los pensionistas viven en la abundancia al igual que los que reciben de pensión los 450 € de mantenimiento, no hay exclusión social ni familias que vivan no ya en la indigencia sino el límite con la miseria, se ha empecinado en la profanación de la tumba de Franco, cosa que se nos da un ardite al resto de los españoles.

Empleo la palabra profanación en el sentido de la segunda acepción que da a esta palabra el DIRAE, o sea, deshonra, o uso indigno de lo que se considera respetable. Todos los difuntos son honorables, hay culturas en las que se prohíbe hablar mal de los muertos, mucho menos sacarlos de sus tumbas en contra de la voluntad de sus familiares. Los descendientes de Franco en su oposición a que se lleve a cabo tal desmán han recurrido ante el Tribunal Supremo que está pendiente de emitir su dictamen sobre este asunto.

Pero hay que tener en cuenta otra consideración que este Gobierno calla, y ningún medio de comunicación manifiesta, y es que por el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre asuntos jurídicos, de 3-I-1979, en su artículo I-5 reconocen ambas partes que son inviolables los templos, los cementerios y los archivos eclesiásticos.

La cabeza hueca Carmen Calvo, ya ha anunciado que el próximo 10 de junio se llevará acabo la exhumación. ¿Se va a saltar a la torera el fallo del Tribunal Supremo? ¿Entrara ´por las bravas en una propiedad privada, contraviniendo lo convenido en el Concordato? Como la insigne prócer de Cabra es de las de “ábrete boca y dí lo que quieras”, no habrá tenido en cuenta las dificultades legales que habrá que superar este Gobierno para conseguir su despropósito. Ya veremos cómo salen de este atolladero.

Esta memoria histórica de represalia en la que sólo se buscan las tumbas de los republicanos fallecidos durante y después de la Guerra incivil no alcanza a satisfacer a los familiares de los que lucharon contra ellos, pues, por pertenecer al bando de los vencedores, carecen de derechos.

El Socialismo, como padre de la mentira, desfigura y pervierte las verdades históricas siempre que esta manipulación redunde en su propio beneficio. A Goebbels: se le atribuye la siguiente frase: «Miente, miente, miente, que algo quedará: cuanto más grande es una mentira, más gente la creerá». Desconozco si los socialistas tienen blasón, pero, caso de que lo tuviesen, esa lapidaria frase podría campear con todo derecho en el mismo.

Prueba de ello es la cadenas de mentiras y falacias pronunciadas por Pedro Sánchez desde su llegada, de manera legal, pero torticera, al poder. Por parte de la Izquierda, tan bien vista hoy socialmente, se ha pretendido, a base de repetir machaconamente mentira tras mentira, presentar la Segunda República como que fue un paraíso de libertad y democracia, cruentamente arruinado por una sublevación fascista que arrasó con un régimen democrático legítimamente elegido por el pueblo.

Quienes propalan es falsedad lo hacen a sabiendas de que están mintiendo, ya que las Derechas fueron absolutamente las que ganaron las elecciones del año 1931. Pero como el propósito de la Izquierda es llegar al poder a toda costa logró, mediante lo que conocemos como pucherazo, gobernar España, aunque las mil y una transgresiones de la ley, la justicia, el orden y la libertad que ejecutó la Segunda República, las oculten torticeramente o las transformen en dudosas verdades Pedro Sánchez y sus socios izquierdistas.

Estos impenitentes socialistas sólo recuerdan las matanzas y purgas del régimen franquista, pero no les viene a la memoria las atrocidades cometidas por los republicanos y por ello no hablan de la gran matanza de Badajoz, la de Alcalá de Henares, Paracuellos, el Tren de la muerte de Jaén y tantas otras bestialidades, como la Semana Trágica de Barcelona, que enumerarlas todas no tendría fin.

Por cierto la Ley de Vagos y Maleantes, no emanó del régimen franquista, sino que fue aprobada el 4 de agosto de 1933 por las Cortes de la II República, y se refería al tratamiento, a veces inhumano que se tendría que aplicar a los vagabundos, nómadas, proxenetas y otros comportamientos considerados antisociales.

¿Por qué no hablan del destino del oro que fue expoliado del Banco de España la noche del 13 al 14 de octubre de 1936? ¿Acaso los dirigentes republicanos lo pusieron a buen recaudo en bancos extranjeros para cuando, como preveían que no ganarían la guerra, huyesen de nuestra Patria disfrutar de lo que era de todos los españoles? Memoria histórica sí, pero para todo, no sólo para lo que le interesa a estos izquierdistas nostálgicos de la Segunda República.

La Unión Europea y la República Romana tardía
¿Vamos hacia la guerra civil?
David Engels (*)  latribunadelpaisvasco.com 17 Marzo 2019

En este artículo que publica en rigurosa exclusiva La Tribuna del País Vasco, el prestigioso historiador de la Antigüedad David Engels compara las condiciones de crisis de la UE actual con el colapso de la República Romana y reconoce una serie de paralelos asombrosos. Todo aquel que quiera hacer frente a los peligros, está obligado a aprender la historia, explica el autor.

La última década de la Unión Europea ha estado marcada por múltiples crisis permanentes, graves crisis económicas y sociales con un alto nivel de desempleo, también por crisis políticas, y finalmente la crisis migratoria. Como en los "estados romanos tardíos" hay una "nueva migración de pueblos", incluso un amenazador "colapso de la civilización libre". Desde hace tiempo se habla de todo eso, y cuantos se inclinan a descartar estas comparaciones como meros alaridos de pánico a cargo de conservadores histéricos se preguntan, a pesar de todo, la razón por qué esas comparaciones son cada vez más frecuentes hoy en día, cuando vivimos, como suele suceder, en la "mejor Europa de todos los tiempos".

Así que echemos un vistazo atrás, dos milenios atrás, y comparemos los paralelos, similitudes y diferencias entre la historia romana y la situación actual en Europa. Pero no la comparación con el declive del Imperio Romano en la Antigüedad tardía (incidentalmente gradual, declive el cual, además, ni siquiera ocurrió en el Este) debe ser el foco de estas reflexiones, sino el paralelo con la República Romana tardía.

Los paralelos los dibujé hace unos años en mi libro "Le déclin" (París, Tucán, 2014), más tarde traducido al alemán con el título "Camino al Imperio " [Auf dem Weg ins Imperium Berlín, Europaverlag, 2014]. En términos concretos, he tratado de mostrar que la actual crisis, cada vez más profunda, de la Unión Europea, la cual es, en última instancia, tan sólo una parte de la crisis en todo el mundo occidental, resulta similar en sus características esenciales, a la crisis del final de la República Romana en el siglo I antes de Cristo.

Dondequiera que se mire, las similitudes son tan diversas y al mismo tiempo tan específicas que los paralelismos deben ser tratados como una indicación de una analogía sistémica fundamental: la globalización, que llamamos romanización o helenización en el Mediterráneo antiguo; la desintegración de la familia clásica, que provocó una tasa de divorcio explosiva entre los ciudadanos romanos; la pérdida de importancia de la religión tradicional, que provocó el declive de los templos y el declive del sacerdocio en Roma; el "cambio de valores", que provocó una influencia cada vez mayor del materialismo y el hedonismo en el Mediterráneo; el inexplicable declive demográfico, que los autores griegos y romanos han conocido por experiencia desde el siglo II; la creciente polarización social, que en la Antigüedad permitió que la debilitada clase media creciera junto con el empobrecido y desempleado proletariado urbano; la crisis de identidad cultural, que ya comenzó en los siglos II y I antes de Cristo, y que condujo al desarrollo de las ciudades romanas en forma de metrópolis multiculturales con guetos y sociedades paralelas.

En los siglos II y I a.C. se dividieron los defensores de la imagen humana universalista y conservadora y el amenazante déficit democrático se manifestó en la República Romana de diversas formas: a través de la disminución de la participación electoral, la manipulación de los votos y la repetición interminable de los referendos; la creciente centralización de las estructuras inicialmente subsidiarias, tal como lo encontramos en el abandono de las autonomías locales en favor de la administración provincial e imperial; el problema de la terrible deuda nacional, que en la antigüedad convirtió a reinos enteros en deudores involuntarios de Roma y de su elite; la primacía de la economía, que en Roma hizo a los banqueros más poderosos que los cónsules; la supuesta defensa de la civilización, con la que la República Romana ocultó sus guerras de conquista como enfrentamientos asimétricos con "rebeldes" o "piratas" para la defensa del comercio y de los derechos humanos; la impotencia de las estructuras del Estado, que hizo que la República Romana no se pudiera reformar con su complejo sistema de cargos y sus períodos de elección demasiado cortos lo cual la condujo a una completa parálisis; la infantilización de las masas que, como es bien sabido, ya se mantenía contentas hace dos mil años con el "pan y juegos"; la transformación cultural importada, que en Roma llevó al peligro de la infiltración identitaria de la propia sociedad por el judaísmo, los cultos mistéricos y, finalmente, el cristianismo primitivo; el surgimiento de una élite gobernante cerrada, que en forma de oligarquía senatorial se opuso formalmente a las elecciones, pero que en última instancia formó un cártel partidista tenazmente protegido; el mito del Reino de Paz, que condujo incluso a la anexión voluntaria de numerosos territorios a la República Romana; por último, el ascenso del populismo, que dio voz a los temores del pueblo, pero que no pudo ofrecer una alternativa verdaderamente creíble; todo esto y mucho más nos lleva a temer que incluso la crisis de la sociedad actual no sea un fenómeno "único", "sin precedentes", sino más bien una fase de transformación, cuyas causas, curso y, probablemente, también sus consecuencias, pueden leerse desde el espejo de la historia.

Por lo tanto, no cabe duda de que en la política de los últimos años ya vemos los primeros signos del período de la guerra civil en el que la difunta República finalmente se disolvió a sí misma antes de ser finalmente "salvada" por la revolución autoritaria de Augusto. Después de incontables años de "grandes coaliciones" y "cohabitaciones", los partidos tradicionales de casi toda Europa se han desintegrado en favor de un cártel informal que se asemeja mucho a esos "homines boni", los "bienhechores" que Cicerón pretende conjurar en la lucha contra todo populismo. No es casualidad que la presidencia de Donald Trump tenga todos los rasgos deslumbrantes de la tribuna de un Catilina o un Clodio, que, aunque ellos mismos eran descendientes de la elite más alta, libraron una lucha desesperada contra la clase dirigente basada únicamente en el poder de las masas frustradas del pueblo, combinando demagogia, pragmatismo e idealismo de la manera más deslumbrante.

Con Emmanuel Macron, el mito del "salvador" de la democracia ha reaparecido por primera vez en el escenario político, lo que ya constituyó la base de los numerosos poderes especiales de Pompeyo, cuya dictadura apenas velada representó la última rebelión de la aristocracia senatorial contra el peligro populista; la agonía de Brexit presenta todos los rasgos de los intentos de las distintas provincias del imperio republicano, bajo el dominio de los disidentes senatoriales o de las dinastías locales, de romper con el colapsado Imperio Romano, sin que, no obstante, haya ninguna perspectiva de escapar a largo plazo de la integración demasiado avanzada entre la periferia y el centro; y los ataques terroristas casi diarios de las sociedades paralelas de inmigrantes, junto con la resistencia colectiva cada vez más endémica de los "Gilets Jaunes" [chalecos amarillos, en francés] y de diversos "ciudadanos furiosos" de todo tipo, dan un anticipo del fracaso a gran escala del Estado, cuya llegada sólo depende de cuánto tiempo los problemas actuales de intereses y de intereses compuestos puedan posponerse hasta mañana con la ayuda de los préstamos, el control de los medios de comunicación y el desmoronamiento del frente unido de la "corrección política".

Pero entonces nos convertiremos en testigos del resurgimiento del "cesarismo", cuando esos hombres se presenten a las personas que están profundamente perturbadas por la violencia, la corrupción, el radicalismo y la injusticia y que están completamente alienadas de la democracia desacreditada, esos hombres que prometen poner fin a las condiciones actuales con dinero y milicias privadas o con la fuerza militar estatal. Con el aplauso de las masas y con la agradecida aprobación de los mercados de valores y de los inestables funcionarios, tarde o temprano, como en la Roma de Augusto, surgirá un Estado autoritario que, aunque externamente comprometido con la restitución formal de las antiguas condiciones democráticas, de hecho las cambia tanto a través de estructuras carismáticas y clientelares que en realidad corresponderá a una autocracia, no muy diferente del proceso de transformación que ya se ha iniciado en Rusia o Turquía.

Este desarrollo se iniciará probablemente en la Europa noroccidental continental, la parte del mundo occidental más afectada por la crisis actual, que acaba de dotarse de una unidad semi-estatal en el "Tratado de Aquisgrán", cuyas consecuencias todavía no pueden preverse y que, como "Europa nuclear", también podría sobrevivir a una posible desintegración o a una persistente incapacidad para actuar de la UE en su conjunto antes de que intente volver a hechizar a los Estados de su periferia. El que esta nueva formación de Europa pueda coronarse con éxito bajo auspicios autoritarios dependerá en gran medida de su orientación ideológica: si el régimen esperado continúa orientándose hacia los valores actuales de la "corrección política" y continúa su política de debilitamiento (aparentemente) involuntario de las tradiciones cristianas y de fortalecimiento (aparentemente) involuntario del islam, cabría esperar una gran oposición de los Estados de Visegrado, que podría incluso orientarse hacia el Este; pero si, como en el caso del régimen de Augusto, se produjera un cambio de rumbo ideológicamente conservador, tal intento renovado de unificación de Europa bajo los auspicios tradicionalistas sería incluso prometedor.

Ninguno de estos desarrollos es agradable o deseable, al menos desde una perspectiva absoluta, no relativa. Pero aquellos que miden la historia por sus propios deseos y esperanzas y que, por lo tanto, son incapaces de mirar los hechos de frente, tarde o temprano se verán abrumados por su propia ceguera y descubrirán que han trabajado inadvertidamente en pro de todo aquello que no querían admitir. Por lo tanto si, a pesar de la abrumadora carga de las analogías con la extinta Roma republicana, será posible para la Europa moderna escapar de su destino, es algo que está escrito en una página completamente diferente. Desafortunadamente, yo mismo lo dudo.

(*) El Prof. Dr. David Engels, nacido en 1979 en Verviers, al este de Bélgica, estudió historia, filosofía y economía en la Universidad RWTH de Aachen y fue doctor en la Fundación Académica Nacional de Alemania. En 2008 recibió un llamamiento de la Universidad Libre de Bruselas (ULB) donde pasó diez años ocupando la cátedra de historia romana. Desde 2018 trabaja como profesor de investigación para el Instytut Zachodni en Poznan. Ha presentado numerosos estudios históricos, como la "Historia cultural y religiosa de Roma". Se dio a conocer a un público más amplio a través de su libro sobre el declive de Europa, que en 2014 encabezó la lista de "Best Nonfiction" de Süddeutsche Zeitung and NDR. El libro ha sido traducido a varios idiomas europeos. Más recientemente, junto con Max Otte y Michael Thöndl, ha publicado una antología con motivo del centenario del libro "La Decadencia de Occidente" de Oswald Spengler.

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Estéril jaimitada para interferir en el juicio del 1-O
Editorial El Mundo 17 Marzo 2019

La temperatura primaveral ha invitado a realizar hoy todo tipo de actividades lúdicas en las calles de Madrid, incluida la opción seguida por miles de independentistas catalanes de desplazarse hasta la capital de España para participar en una marcha a favor del procés. Cada uno gasta su tiempo en lo que le parece y el derecho de manifestación está por fortuna bien garantizado por esa Constitución contra la que cargaban. Pero, más allá de ironías, la performance, encabezada por el president, Quim Torra, y varios miembros de su Govern, siempre al servicio de sólo una parte de los catalanes, ha sido un lamentable ejercicio antidemocrático por cuanto no se trataba de reivindicar nada sino de intentar interferir y arremeter contra el juicio a los cabecillas del 1-O acusados de rebelión, con todas las garantías de un Estado de derecho tan sólido como el nuestro.

Que dirigentes políticos se pongan al frente de una pancarta para tratar de desacreditar a la Justicia sería algo inconcebible en cualquier país de nuestro entorno. Aquí, por desgracia, de los líderes secesionistas catalanes lo hemos visto todo y nada sorprende ya. Aunque sí es especialmente grave que les siguieran el juego en sus ataques a España y a nuestros tribunales representantes de otras formaciones como IU o Podemos, socios fundamentales del Gobierno de Pedro Sánchez en la legislatura que ahora se acaba y que, según las encuestas, se antojan imprescindibles para que pueda seguir en La Moncloa tras el 28-A.

Cabe esperar que el traslado de los miles de independentistas que han marchado en Madrid cargados de simbología soberanista, incluida la patochada de exhibir urnas como las del 1-O, no se haya hecho con dinero público, lo cual podría constituir una malversación por la que alguien habría de rendir cuentas. Suponemos que las autoridades competentes lo estarán investigando. Recordemos que esta exhibición, fuera de Cataluña, tiene como precedente la protesta organizada también por movimientos como Òmnium y la ANC en 2017 en Bruselas. Y, entonces, no faltaron informaciones sobre el negocio que habían hecho algunos colectivos independentistas tratando de dañar sin conseguirlo la imagen de España como Estado de derecho plenamente democrático.

Lo que no lo es, en cambio, es actuar como si se estuviera por encima de la Ley y, después de saltársela, pretender que ello no tenga consecuencias. El órdago del independentismo catalán es el desafío más grave al que se ha tenido que enfrentar España en las últimas cuatro décadas. Y, por suerte, contamos con un Estado de derecho y unas instituciones sólidas que están permitiendo encararlo. En nada va a interferir en el proceso en el Supremo una patochada como la de ayer. Confiemos en que estas exhibiciones callejeras no sirvan tampoco para torcer voluntades políticas si, llegado el caso, un presidente como Sánchez tuviera la posibilidad de indultar a condenados por golpismo.

Los marcianos
Casi daba pena verlos transitar por las calles de Madrid
Luis Ventoso ABC 17 Marzo 2019

Como cada mañana, un grupo de seis compañeros estábamos trabajando en una mesa redonda en la redacción de ABC. Al preguntarle a uno de dónde era, resultó que de Huelva, cuando lo teníamos por madrileño. Tras su contestación hicimos una ronda alrededor de la mesa: uno era de Almería, otro de Bilbao, una de Argentina con pasaporte italiano, otro coruñés... Al final resultó que nadie era de Madrid, pero todos nos sentíamos cómodos, contentos, en la ciudad. Al llegar aquí no tuvimos que hacer malabares lingüísticos, porque todos nos entendemos en español. Nadie nos dio la coña con aspavientos identitarios, ni tuvimos que soportar aires de superioridad propios de la cerrazón chovinista. Nos encontramos con una ciudad grande y abierta, donde solo importa tu presente, lo que aportas y cómo eres, no tu pedigrí de pureza local. Nadie te va a preguntar si eres un madrileño fetén, un «gato» de cuatro generaciones. Madrid es un compendio de España y con su fórmula cosmopolita -y su modelo liberal de «todo abierto» e impuestos bajos- va como un tiro: lleva 20 trimestres consecutivos creciendo por encima del 3%, crea una de cada cinco nuevas empresas españolas y capta el 85% de la inversión extranjera (5,3% en Cataluña, tras la gran idea del separatismo «nasty»).

Ayer Madrid disfrutó de un día de primavera adelantada, que animó las calles. Guiris rositas soplándose cañas de medio litro repantigados al sol, turistas japonesas elegantes con gabardina liviana, chavales plastas rodando con el puñetero patinete por la acera, gente de compras, abueletes entreteniendo la sobremesa... Paseando por una de esas calles bonitas entre Alonso Martínez y Chueca, de fachadas de colores pastel, avanzaba una familia de cuatro: un matrimonio sesentón y un hombre y una mujer más jóvenes, en la primera cuarentena. La matriarca era menuda y bajita, de pelo gris corto y gafas de sol negras. A modo de capa llevaba una estelada (léase la bandera política con que la izquierda separatista suplanta la voluntad del conjunto de los catalanes). La mujer joven tocaba sus hombros con una pancarta a favor de los «presos polítics» (léase los mandatarios golpistas que en octubre de 2017 quisieron destrozar nuestro país con sus hechos consumados). Los dos hombres lucían pegatinas de lazos amarillos en el pecho. Los cuatro habían venido a Madrid a provocar, pues no puede llamarse de otro modo viajar hasta la capital de España para expresar tu odio al país. Por eso resultaba espléndida la olímpica indiferencia con que los ignoraban los paseantes. Los madrileños, con su moderna amalgama de acentos, colores, orientaciones sexuales, pintas, clases sociales... no hacían ni caso a aquellos alienígenas, apóstoles de una obsesión rancia y xenófoba. Al verlos alejarse, el sentimiento que te embargaba casi era de compasión. Daba pena verlos paseando su fijación provinciana por el gran mundo. Pero todo pasa. Viviremos el día en que una nueva generación de catalanes rechazará estas orejeras y abrazará el cosmopolitismo que escribió las mejores páginas de Cataluña.

Cinefórum
Jon Juaristi ABC 17 Marzo 2019

Algunos estudiantes de bachiller me proponen que les hable de ETA, y la propuesta me desazona, porque intuyo que no entenderán gran cosa por mucho que me esfuerce en ser claro y pedagógico. Estos chicos nacieron cuando ETA se desmoronaba. No habían cumplido todavía los diez años tras cesar los atentados de la banda. ¿Cómo explicarles en una hora y media medio siglo de terror y mentiras? Sugiero una fórmula indirecta, una sesión de lo que en el siglo pasado se llamaba cinefórum. La película a comentar sería «Operación Ogro» (1979), de Gillo Pontecorvo. Defiendo esta elección: sus productores, italianos y españoles, recibieron subvención oficial del Gobierno de UCD por su orientación supuestamente pacifista; la película tuvo amplia difusión, no sólo en España, sino en la Italia que iba saliendo de los años de plomo (sólo uno antes había sido asesinado Aldo Moro por las Brigadas Rojas) y compendia la visión eurocomunista del terrorismo (Pontecorvo había dejado el PCI en 1956: todavía en 1979 era un fiel compañero de viaje de Enrico Berlinguer). «Operación Ogro» resulta mendaz y edificante en el peor sentido, pero su tesis está clara: el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco fue moralmente legítimo porque la víctima había ordenado la muerte de muchos vascos. Además, su desaparición abrió el camino a la democracia. Una vez alcanzada esta, la «lucha armada» perdía todo sentido y legitimidad, convirtiéndose en mero terrorismo que ponía en peligro las libertades recuperadas (muy poca cosa, pero suficiente para dar facilidades a la lucha revolucionaria).

Todo ello, por supuesto, es falso: Carrero no fue un asesino de vascos ni su muerte trajo la democracia. La «lucha armada» de ETA había sido terrorismo antes y después de la desaparición de Franco. Pero, desde la Transición, la leyenda de la izquierda ha impedido que aflore en el espacio público la verdad histórica. Incluso el Gobierno de UCD juzgó preferible en 1979 subvencionar el mejunje consolador de la izquierda a combatirlo abiertamente (del mismo modo que renunciaría por las mismas fechas a enfrentarse al PNV por el control de la flamante autonomía vasca).

Ahora, cuando tanto se habla de la construcción del relato veraz sobre ETA, merece la pena recordar que no es el de la banda sobre sí misma el obstáculo principal que se opone a la verdad, sino el de la izquierda biempensante. Este es, todavía hoy, el relato hegemónico. ¿Puede desmontarse en una sesión de cinefórum? Parece difícil. El llamado «cine vasco» de los años de la Transición discurrió por cauces similares a los de «Operación Ogro» (después de todo, necesitaba de subvenciones ministeriales). Curiosamente, el cine de los realizadores vascos de la presente década evita en lo posible referirse a los años de plomo de España y opta por una asepsia política tan consoladora como los pintxos de la cocina donostiarra de fusión.

Se podría hablar del predominio actual de un gastrocine vasco, bonito y agradable. Las excepciones son pocas. «Lasa y Zabala», de Pablo Malo, estrenada en 2014 y subvencionada por el Gobierno vasco, es la única que me viene a la memoria, y más que una película sobre ETA, abunda en la guerra sucia contra ETA que auspició el PSOE desde el Gobierno, lo que tranquiliza a los abertzales hipersensibles. Pero lo que más se lleva en el cine vasco de hoy son floristerías, tristes gigantes acromegálicos, coros y danzas, abuelitas, todo en un tono sentimental, pegadizo y edulcorado. Cansada de guerra, como la Teresa Batista de Jorge Amado, la heroica Euskadi duerme la siesta embotada en una hiperglucemia posprandial. ¿Cómo explicarles todo esto a los chicos de un instituto de enseñanza secundaria?

Oposiciones con libros y sabiendo las preguntas: la ayuda de la Xunta al personal
El Gobierno gallego pacta con dos sindicatos un plan para promover el acceso a la carrera de funcionario de 2.177 empleados laborales fijos
Pablo López. Vigo elconfidencial 17 Marzo 2019

El personal laboral fijo de la Xunta contará con todas las facilidades para convertirse en funcionario. Irá a un examen de carácter eliminatorio y obligatorio conociendo las posibles preguntas y con los libros encima de la mesa, para preparar unas oposiciones que oscilarán entre 50 y 120 cuestiones tipo test, según el grupo al que pertenezcan. Es la respuesta del Gobierno gallego a la temporalidad del empleo en la Administración autonómica, uno de los más elevados de un país, España, al que la Unión Europea le ha tirado de las orejas en reiteradas ocasiones por el abuso de la interinidad en la contratación.

Las facilidades para que el personal laboral fijo se convierta en funcionario fueron pactadas por la Consellería de Facenda con Comisiones Obreras y UGT, pero se desmarcaron otros dos sindicatos con gran implantación en Galicia, como son el CSIF y el nacionalista CIG. "Es un traje hecho a medida", criticó la secretaria nacional de este último, Zeltia Burgos. La previsión del Gobierno gallego pasa por funcionarizar a 2.177 trabajadores de aquí a 2020, mediante un concurso-oposición en el que el 60% de la puntuación dependerá de un examen de dificultad mínima. El otro 40% de la puntación resultará de la antigüedad y, en menor medida, de otros procesos selectivos anteriores.

La Dirección Xeral de Función Pública publicará previamente todas las preguntas posibles, en torno a un millar, de las que se escogerán las elegidas. Se facilitarán tres opciones para que los opositores seleccionen una, sin que los errores resten nota. Para facilitar las cosas, los opositores podrán consultar durante la prueba todos los textos legales necesarios para responder a las preguntas, que versarán sobre la legislación en materia de sector público.

La Xunta negocia todavía con los sindicatos otras condiciones del proceso, como el número de preguntas y la composición de los temarios de cada convocatoria. La operación arranca en 2019 con los 577 primeros puestos. Otros 800 se incorporarán en la Oferta Pública de Empleo (OPE) que se publique este año, y los 800 restantes en la de 2020. El objetivo de Alberto Núñez Feijóo es reducir a un 7% la temporalidad en la plantilla de la Administración autonómica, formada por unos 86.500 trabajadores. Queda fuera del acuerdo el personal laboral indefinido.

Los sindicatos que se oponen al plan pactado con UGT y Comisiones Obreras exigen negociar previamente qué categorías se podrán acoger a esa funcionarización y en qué condiciones, como por ejemplo las que afectan al derecho a la jubilación parcial. Para CSIF, el proceso es simplemente un "disparate" que no solucionará las tasas de temporalidad. "Hay una devaluación inaceptable del empleo público" que posibilita la menor retribución del trabajo del funcionario respecto a la del empleado laboral, lamenta la central.

La Xunta justifica este sistema —que la Administración gallega asume por primera vez— en que no se trata de un proceso competitivo, como lo serían unas oposiciones de acceso libre. La convocatoria forma parte de un plan voluntario que permite al personal laboral acceder a la condición de empleado público de carrera ocupando exactamente la misma categoría, sin ningún tipo de ascenso. El cambio de estatus supone algunos inconvenientes para los trabajadores, como la posibilidad de que vean reducida su nómina, y ventajas para la Administración, que se ahorra esa diferencia y las cotizaciones por desempleo que paga al personal laboral.

El personal laboral fijo, que accede al empleo público por oposición, está sujeto al Estatuto de los Trabajadores y al convenio laboral, mientras que los funcionarios se rigen por el Estatuto de la Función Pública. A diferencia de estos últimos, los laborales pueden ser despedidos por causas "económicas, técnicas, organizativas o de producción en el sector público", de acuerdo con los cambios en la ley introducidos en 2012 por el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. En esas fechas, con unas elecciones autonómicas en puertas, Feijóo hizo un guiño al colectivo con la promesa de convertir en funcionarios a 6.000 trabajadores, aunque hasta este año no hubo plan alguno para lograr ese objetivo.

Feijóo firmó en enero con los representantes de UGT y Comisiones las líneas maestras del acuerdo, del que hasta ahora no se había informado de las facilidades para estos exámenes. Fue un pacto que el presidente de la Xunta calificó de "histórico", porque "pone punto y final al esfuerzo" de los trabajadores de la Administración durante los últimos años de crisis y supone "la recuperación y la ampliación de derechos". El acuerdo, aseguró la Xunta, dará "estabilidad" a 21.500 personas, entre empleados públicos, funcionarios y personal laboral de la Administración autonómica.

Feijóo cifró en torno a 5.000 las plazas para que los contratados temporales e interinos tengan oportunidad de obtener una plaza de funcionario, aunque en los próximos tres años serán solo los 2.177 ahora que se promuevan. También afirmó que la oferta pública de empleo de 2019 y 2020 sumará "como mínimo" 4.100 plazas.

Uno de los retos a los que deberá hacer frente la Xunta en los próximos 10 años es la jubilación de 8.500 personas, un 10% del total de sus trabajadores. "Hay que tener una OPE preparada para estas vacantes y para estabilizar a los laborales temporales y fijos que quieran ser funcionarios. Es un momento y una oportunidad histórica", afirmó Feijóo en la firma del acuerdo. UGT y Comisiones Obreras valoraron el pacto porque "restituye la negociación colectiva" y supone "un avance significativo", en palabras de la secretaria de Administración de UTG-Galicia, Irene Martínez. El vicesecretario de CCOO, Emilio Doforno, también situó el acuerdo en un contexto de "recuperación de la negociación colectiva". No permite recuperar todo lo perdido durante la crisis, afirmó, "pero se empieza a avanzar y a construir una nueva situación".

Los dos sindicatos que se sumaron al acuerdo admiten que es un proceso pensado para que apruebe "la gran mayoría", y se acordaron de CIG y CSIF, a los que acusaron de "negar y enfrentar", mientras que la Xunta pone el acento en que los laborales fijos ya pasaron una prueba. La CIG sostiene que las condiciones convierten la prueba en un trámite burocrático. "Llama la atención que se puedan llevar apuntes legales en una prueba tipo test", critica Burgos. Para la CSIF, mientras, es "injusto" que los funcionarios vayan a competir en traslados y promoción interna con laborales reconvertidos, por lo que reclama mayor exigencia.

Ante las críticas de ambas centrales, Comisiones Obreras salió al paso con un comunicado para negar que el personal laboral fijo vaya a disponer de las preguntas o pueda presentarse a las pruebas con apuntes. Lo que ocurrirá, aclaró, es que habrá una batería de preguntas sobre un temario publicado, de las cuales un tribunal escogerá las que formen parte de la prueba. El personal tampoco podrá acudir con apuntes, "sino con los textos legales, igual que ocurre con otros procesos". El sindicato recordó que los trabajadores sujetos a esta funcionarización ya pasaron un proceso selectivo con anterioridad.
 


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