AGLI Recortes de Prensa   Viernes 29  Marzo 2019

La imperiosa necesidad de acuerdos de mutua renuncia
OKDIARIO 29 Marzo 2019

De la encuesta que hoy ofrece OKDIARIO en exclusiva a sus lectores puede deducirse un diagnóstico impecable: aunque cada vez hay más votantes de derecha en España –el 49,1%, cifra nunca antes alcanzada–, el cuarteamiento de este espacio político entre tres partidos distintos, la existencia de 52 circunscripciones electorales y la Ley D´Hondt puede lograr que el bloque de Izquierdas, en conjunción con los independentistas, revalide su estancia en La Moncloa por cuatro años más.

Probablemente habría que remontarse a 1977 para encontrar unas elecciones generales con tanta trascendencia en nuestra Historia reciente. Porque los comicios del próximo 28 de abril no son una votación más. El proyecto de ruptura de la nación española se encuentra muy avanzado y cuenta, en la figura del presidente Sánchez, con cómplice activo de la máxima relevancia, capaz –lo hemos visto ya– de hacer literalmente cualquier cosa con tal de mantener el poder. A la gravedad de la situación habría que sumar el factor Podemos. En esta ocasión no se conformarán con apoyar desde fuera al Gobierno socialista. Iglesias ahora querrá plazas ministeriales. Si ya causan inquietud las políticas de este PSOE radicalizado, dejamos a la imaginación del lector la deducción de qué puede hacer Podemos ocupando un ministerio de educación, de economía o de asuntos exteriores.

En puridad, no solo está en peligro el actual modelo territorial, sino también todo el orden constitucional en sus distintas derivadas económicas, sociales y políticas. En el peor de los casos, España acabaría recuperándose de un (des)Gobierno así. Si nuestro país sobrevivió al nefasto siglo XIX, también sobrevivirá al presidente Sánchez. Pero no nos engañemos. Si este PSOE revalida su permanencia del poder y lo hace de la mano de Iglesias, Torra, Otegi y compañía –que en esta ocasión, como es lógico para su intereses, venderían su apoyo mucho más caro a Sánchez–, el golpe asestado al país sería muy duro. Nueve meses de Sánchez ya han logrado que la economía retroceda en todos sus índices, imagínense qué sucedería de gobernar cuatro años más. Toda una generación perdería su futuro, especialmente los ámbitos más desfavorecidos de la sociedad. Precisamente sorprende lo que está sucediendo en los ámbitos de esta derecha tan hiperventilada, mucho más centrada en sus propios maximalismos narcisistas que en pensar y en actuar por el bien de España. Si sobre la lucha de los egos y las imaginaciones pobladas de lecturas de Tintín no se impone la estrategia y el sentido del bien común, sustanciados en acuerdos a tres bandas de mutuas renuncias, tendremos presidente Sánchez hasta 2030.

Desistir para vencer
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 29 Marzo 2019

Es difícil seguir la estrategia de Albert Rivera en esta pre-pre-campaña que es la más larga de nuestra historia democrática. Pero su propuesta a Casado para formar un Gobierno de coalición postelectoral, que todos daban por hecho con el precedente andaluz, ha recibido una respuesta muy desabrida: nombrarlo ministro de Exteriores. Menos calculitis y menos chulería, que luego pasa lo que le pasó a él cuando pidió, por no decir exigió, a Vox sus votos gratis et amore. Así les va en las encuestas a Ciudadanos y al Partido Popular.

Casado tiene la misma inquietud que Rivera -hija de las encuestas- ante un nuevo Gobierno Sánchezstein que reeditaría el golpe de Estado en Cataluña en dos tiempos. El primero, indultando a los condenados por el 1-O y afrentando al Supremo y a la media España que no acepta la sumisión al separatismo catalán. El segundo lo anunció anteayer el más peligroso de los golpistas, Iceta: un referéndum para la independencia con un porcentaje mínimo de síes para entregar la soberanía nacional, que no es suya sino de todos los españoles, pero en la que se ciscan si los mantiene en el poder. No es que lo vayan a hacer a escondidas: es que el PSC ya lo ha anunciado.

Ante este panorama, se tiene inquietud si se tiene conciencia. Urge, pues buscar soluciones. Dice Casado que Rivera debió decir eso antes y no después de cerrarse oficialmente las listas. Verdad. Pero añade: ya no se puede hacer nada. Falso. Para que el sistema electoral no dé la victoria al bloque actual de Poder -socialistas, comunistas y separatistas- aun teniendo los tres partidos del centroderecha muchos más votos, cabe una posibilidad antes del 28 de Abril: el desistimiento acordado de los tres partidos nacionales en las 27 provincias con pocos escaños. PP, Ciudadanos y Vox apoyarían en cada provincia, por pacto o sorteo, al candidato acordado en términos de igualdad: 27 escaños, que son los que bailan, entre tres, son nueve escaños por partido. El PP pierde escaños... y gana La Moncloa. Porque, ¿de qué le sirven si Sánchez forma Gobierno?

Tal vez Rivera quiera evitar el abrazo del oso sociata, que dice que prefiere pactar con Cs antes que con los separatistas para desprestigiar a Cs ante el votante de centroderecha. Pero lo que quiere la media España que no se resigna a morir es derrotar al golpismo y a Sánchez. No importa con qué siglas

Los votantes de Vox no podemos renunciar otra vez
Nota del Editor 29 Marzo 2019

Estamos hartos del PP y Ciudadanos por su falta de principios, cobardía, injusticia, desigualdad ante la ley, de todas sus tropelías y lo que tienen que hacer es desaparecer.

Estamos hartos de los "periodistas" que intoxican para que los españoles decentes votemos a quienes no podemos votar ni con la nariz taponada. Hartos de que se comporten como sesudos políticos capaces de discernir entre lo bueno y lo malo por encima de cualquier criterio, con objeto de conseguir que parezca que algo cambia para que toda pueda seguir igual y ellos poder tumbar a los grupos que no les convienen, en este caso, Vox, el único que tiene posibilidades de que España vuelva a la senda de la cordura.

Comprar un periodista no es posible, pero del alquiler podemos hablar
David Jiménez ha narrado en casi 300 páginas su polémica experiencia como director de 'El Mundo'. Este es un extracto del libro que promete desnudar las miserias inconfesables del periodismo
David Jiménez elconfidencial 29 Marzo 2019

Los periodistas ni siquiera podíamos acogernos a la excusa de la necesidad: todo había empezado cuando la prensa vivía en la abundancia y los regalos de empresa colapsaban cada Navidad los servicios de mensajería de las redacciones. Jamones, cajas de vino, puros Montecristo, tarjetas regalo de El Corte Inglés y cestas con caviar incluido se acumulaban junto a las mesas de los redactores jefe y en los despachos del 'staff'. Entre las anécdotas legendarias del oficio, Ramón Lobo contaba el día que una conocida marca de electrodomésticos obsequió con un televisor a cada uno de los asistentes a una rueda de prensa. Al final del reparto sobraba uno, así que un compañero preguntó si podía llevárselo también.
Y se marchó con dos televisores.

Las comidas gratis en los mejores restaurantes, los coches prestados indefinidamente y los créditos a intereses inimaginables para el resto de los mortales estaban a la orden del día. Un exconsejero del Banco Popular me contó que la política de la empresa era «tener contentos a los periodistas de Economía» con hipotecas por debajo del mercado, para asegurarse una cobertura amable. El banco terminó yéndose a pique tras haber mantenido durante décadas la imagen de ser el mejor gestionado del país.

Era un sistema en el que los jefes se llevaban la mejor parte del botín, pero donde siempre había algo para la infantería.
—¡Viaje por la jeta a Tanzania! —gritaba alguien en mitad de la redacción—. ¿Quién lo quiere?
—¡Comida en el Ritz!
—¡Rueda de prensa de una marca de relojes: igual cae uno!

Llegó un momento en que el diario tuvo que recordar a los redactores que aquellos viajes contaban como vacaciones y no como coberturas, por mucho que al volver se escribiera una crónica al dictado de la oficina de turismo.

Aunque la crisis había terminado con la barra libre, la fiesta continuaba para la aristocracia del oficio. Los periodistas estábamos tan convencidos de nuestra excepcionalidad, de formar parte de una casta privilegiada que merecía un trato preferencial, que una de las reporteras más célebres del país, que en su día había trabajado en 'El Mundo', llamó en una ocasión a la Comunidad de Madrid para pedir que enviaran a los bomberos a su casa porque se había dejado las llaves dentro. Cuando le sugirieron que avisara al cerrajero, se sorprendió como solo podía hacerlo alguien que perteneciera a un gremio que había perdido todo contacto con la realidad:
—Eso me costaría una pasta.

Todo aquel mundo de ventajas había empezado antes de mi marcha como corresponsal a Asia, pero durante mi ausencia se había desmadrado. Los sobresueldos para informadores estaban ahora a la orden del día, pagados por agencias de comunicación, clubes de fútbol, partidos políticos y grandes empresas como Telefónica, que durante la presidencia de César Alierta llegó a tener subvencionados a 80 de los más conocidos informadores del país. (…) Comprarse un periodista no era posible en España, pero como dice el dicho afgano sobre la corrupción: del alquiler se podía hablar. (…)

En mitad de la precariedad, y con miles de despidos en las redacciones, una tertulia podía bastar para ganarse a un periodista. Moncloa forzaba el despido de periodistas incómodos, utilizaba la publicidad institucional para castigar a los desobedientes y controlaba las tertulias políticas en radios y televisión, que se habían convertido en el principal centro de debate del país y tenían grandes audiencias.

El control del Gobierno de Mariano Rajoy había llegado a tal punto que sus dos principales facciones, lideradas por la vicepresidenta Santamaría y la secretaria del partido, María Dolores Cospedal, batallaban por colocar en las tertulias al mayor número de afines para atacarse mutuamente, prueba de que en política el fuego más letal es siempre amigo. Era una guerra donde se humillaba al tertuliano enviándole mensajes con las consignas a repetir, se exigían lealtades ciegas y se destruían o promocionaban carreras a capricho, incluidas las de algunos de Los Inspirados, la nueva generación de columnistas que se abría paso imitando a sus mayores.

Una de las encargadas de mantener el reparto mediático entre las familias del poder era la secretaria de Estado de comunicación Martínez Castro, conocida como el bulldog de Moncloa por las broncas que echaba a directores de medios y periodistas. Sus mensajes eran legendarios en el oficio y no tardé en recibir el primero de ellos quejándose por una viñeta en la que nuestros humoristas gráficos, Gallego & Rey, bromeaban sobre la vinculación del presidente Rajoy con la corrupción del partido.

—Que sentido de actualidad —decía la secretaria de Estado de Comunicación en un texto al que le faltaban tildes—, que alusión a algo noticioso, que golpe de humor tiene esta viñeta? Yo solo veo ganas de denigrar al presidente, sin la menor justificación ni en su conducta ni en la actualidad.

Cuando comenté el mensaje con el 'staff' me dijeron que les parecía suave. Lo normal era que Castro incluyera insultos, pero no debía tener aún suficiente confianza conmigo y me trataba con "cariño". Hacía 18 años que no ejercía el periodismo en mi país, pero habían bastado unos días para entender que algo fundamental había cambiado en mi ausencia. El poder había dejado de temer a la prensa y ahora era la prensa la que temía al poder. (…)

Algunos capos del periodismo capeaban la crisis aparcando las sutilezas para abrazar directamente lo que en las redacciones se conocía como el periodismo de trabuco. El sistema sostenía a nuevos diarios digitales que operaban haciendo a empresas e instituciones públicas ofertas que no podían rechazar: o ingresaban una determinada cantidad de dinero en publicidad o serían golpeados con informaciones comprometedoras, a menudo inventadas.

La primera vez que supe de la existencia del periodismo de trabuco fue a través de dos directivos de un gran banco, que se me quejaron amargamente de tener que pagar mordidas publicitarias. Cuando sugerí que denunciaran la situación, o incluso que me aportaran las pruebas para que lo publicáramos en 'El Mundo', me miraron sorprendidos:

—Todo el mundo paga —dijo uno de ellos.
—¿Todo el mundo?
—Piensa que para una gran empresa no es dinero, unos pocos miles de euros. Pero las consecuencias de no hacerlo pueden ser graves si propagan un rumor que dañe la imagen de la empresa o de su presidente. (…).

Los Acuerdos, como se conocían los pactos negociados por la prensa tradicional con las grandes empresas al margen de las cifras de audiencia o el impacto publicitario, nos habían salvado de la ruina durante la Gran Recesión. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables, lavados de imagen de presidentes de grandes empresas y olvidos a la hora de recoger noticias negativas.

El grado de sumisión dependía, en el caso de la prensa escrita, de la beligerancia de la empresa y de la capacidad de resistencia del director de turno. Ahora que me encontraba en el otro lado de la barrera, me preguntaba si mantendría mi decoro periodístico con la misma determinación que cuando era un simple reportero sin responsabilidad en la marcha del periódico. El diario vivía la situación financiera más delicada de su historia y no podía permitirse perder las campañas de sus principales anunciantes.

Al principio opté por mantener una distancia con los grandes capos del dinero que me ahorrara dilemas morales. No se trataba de eludir el contacto, sino de evitar que esas relaciones tuvieran una cercanía que comprometiera nuestra cobertura del Ibex. La línea no era nítida, pero parecía evidente que ir a las bodas de las hijas de sus directivos, tomar el sol en la cubierta de sus yates o dejar que te pagaran viajes de lujo suponía cruzarla.

Con el tiempo acepté encuentros con varios presidentes de grandes multinacionales, tras asumir que no podía escapar del papel institucional que se esperaba de mí. No tardé en darme cuenta de que no servía. Una de mis primeras citas con el poder económico fue un desayuno con el presidente de una multinacional energética, que hizo una encendida defensa de la independencia del periodismo, asegurando que 'El Mundo' era un periódico necesario que políticos y empresarios querían acallar. Pero no él, según me dijo.

—Vaya —pensé—. He aquí un tipo con el que quizá podría llevarme bien.

La reunión tocaba a su fin y mi anfitrión concretó sus halagos en mí, asegurando que mi proyecto era importante y que quería ayudarme.
—¿Hay algo que pueda hacer por ti?

Me quedé en silencio, sin saber si debía pedir que redujera la factura de la luz de San Luis, un millón de euros adicionales en publicidad o información confidencial sobre los expolíticos —incluidos los expresidentes Felipe González y José María Aznar— que habían cobrado de los consejos de administración de empresas energéticas sobre las que habían legislado.

—Hmmm… Nada, gracias —dije tras un largo silencio.
Mi anfitrión insistió:

—Sé que lo estáis pasando mal y creo que debemos apoyar a un director joven y moderno como tú, sobre todo ahora que arranca tu proyecto. ¿Seguro que no hay nada que pueda hacer por ti? ¿Algo fuera de Los Acuerdos?

Volví a declinar la oferta y durante el viaje de regreso me pregunté si no había hecho el gilipollas. Podía haber sacado algo y, si más adelante me pedía un favor, recordar su encendida defensa del periodismo independiente.

Empecé a padecer el incordio de las llamadas de la élite económica del país, porque una vez te conocían podías estar seguro de que llamarían. Sus peticiones me parecieron bastante inocentes al principio. Borja Prado, el presidente de Endesa, de quien me habían advertido que era clave en mi supervivencia porque era «el hombre de los italianos en España», llamaba para pedir ser incluido en 'Vox Populi', la sección de las páginas de Opinión en la que sacábamos una foto tamaño carnet de personajes del día, con una flecha para arriba o abajo y un comentario elogioso o crítico sobre algo que hubieran hecho.

Me costaba entender que alguien que ganaba una fortuna y dirigía una multinacional con miles de empleados le diera importancia a aquel pedacito de periódico, pero ni era mi trabajo resolver los misterios insondables del ego humano ni me causaba mayores problemas satisfacerlo: dos centímetros del diario difícilmente me comprometían a nada. Pablo Isla, presidente del imperio Inditex y Zara, pidió en una ocasión si podíamos llevar más discretamente una noticia sobre su hijo Santi, que tenía una banda de rock y el humor de haber llamado a su anterior grupo Sin Blanca. «Por preservar la intimidad de la familia». Me pareció bien, porque la información había estado toda la mañana en la portada de la web y no era relevante. Otros presidentes se limitaban a enviar un mensaje los días que tenían Junta de Accionistas, pidiendo que por favor recogiéremos la noticia de sus resultados. Sabía que tarde o temprano tendría que lidiar con peticiones más comprometedoras y batallas más importantes.

La mayor de ellas no tardó en llegar.
El más poderoso entre los presidentes del Ibex era César Alierta. Había construido un formidable entramado de poder e influencia utilizando Telefónica, una de las grandes empresas del país, como su cortijo personal. Se podía caminar por los pasillos de las plantas nobles de su sede y ver en las puertas de los despachos los carteles con los nombres de sus colocados: exministros tanto del PP como del PSOE (Trinidad Jiménez o Eduardo Zaplana), familiares de dirigentes políticos, cercanos a la realeza como el ex jefe de la Casa Real Fernando Almansa e incluso la realeza directamente. El cuñado del Rey, Iñaki Urdangarin, fue enviado por Alierta a Washington con un generoso sueldo en cuanto empezó a tener problemas con la justicia.

Tener una larga lista de empleados vip no solo engrasaba los contactos del presidente de la corporación con el poder, sino que enviaba a futuros candidatos la señal de que también a ellos podía esperarles un despacho con sueldo de seis cifras — siete, incluso— si se portaban bien. Alierta había organizado, además, una asociación de grandes empresarios que, bajo el inofensivo nombre de Consejo Empresarial de la Competitividad, había sido concebida en 2011 como un poder fáctico en la sombra. Entre sus impulsores estaban, aparte del presidente de Telefónica, el entonces presidente del Banco Santander, Emilio Botín; el hombre fuerte de La Caixa, Isidro Fainé; el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, o el del BBVA, Francisco González.

El Ibex era un enemigo que no querías tener. Yo estaba a punto de sumarlo a una lista que empezaba a ser demasiado larga...

*Extracto del libro 'El director' (Libros del KO), que está disponible en preventa desde hoy.

Déficit público: España gastó 31.800 millones más de lo recaudado en 2018, un 2,6% del PIB
El ritmo de ajuste del déficit fue el más bajo desde el rescate bancario de 2012. Los ingresos públicos crecieron en 26.600 millones, pero la mayor parte se destinó a elevar el gasto
Javier G. Jorrín elconfidencial 29 Marzo 2019

España cerró el año 2018 con un déficit público de 31.805 millones de euros, incluyendo también las ayudas a la banca. Esto significa que a lo largo del año se redujo el saldo negativo de las Administraciones Públicas en un 11,4% y se alcanzó el menor dato de déficit desde 2007, cuando el país todavía tenía superávit. Según el dato publicado esta mañana por el INE y confirmado por la Intervención General del Estado (IGAE), el déficit público cerró en el 2,63% del PIB, esto es, una décima por debajo del objetivo que se fijó el Gobierno de Pedro Sánchez cuando accedió a La Moncloa.

Eso sí, este dato no es ninguna noticia positiva. En primer lugar, porque no se ha cumplido, de ninguna forma, fue el objetivo de déficit que aprobaron las Cortes durante el Gobierno de Mariano Rajoy. España se comprometió a cerrar el año con un desfase presupuestario del 2,2% del PIB, pero finalmente ha sido del 2,6%. En segundo lugar, porque el ajuste del déficit ha sido meramente cíclico, esto es, se debe únicamente gracias a los ingresos generados gracias al crecimiento y la inflación. En concreto, la recaudación tributaria aumentó un 6,2%, y elevó los recursos del conjunto de administraciones en 26.613 millones de euros. El problema de que el ajuste haya sido meramente cíclico es que el saldo estructural sigue empeorando.

Y, en tercer lugar, porque se trata del ritmo de ajuste más lento desde el año 2012, cuando España tuvo que sufragar el rescate a la banca. En concreto, el déficit público apenas se ha reducido en 4.100 millones de euros, equivalente a 0,4 puntos del PIB. Este dato contrasta con el ajuste de 2017 cuando se redujo el déficit público en 1,4 puntos del PIB. Además, el crecimiento del PIB hace que la ratio déficit/PIB sea menor por el simple crecimiento del denominador. El INE ha revisado esta mañana al alza el dato del PIB al cierre del año, hasta el 2,6%, pero ni con esas se reduce más rápido el déficit.

España sigue desaprovechando estos años de fuerte crecimiento, que serían óptimos para reducir el déficit estructural de las Administraciones Públicas. Al contrario, este 'chute' cíclico de ingresos se ha utilizado para realizar una política fiscal expansiva. El gasto público total aumentó un 4,7% en el conjunto del año, esto es, 22.515 millones de euros más.

Esta reducción del déficit por debajo del 3% permitirá a España salir del brazo correctivo de la Unión Europea en el que está por el elevado desfase presupuestario de los últimos años. España es el único país que todavía sigue en el Procedimiento de Déficit Excesivo, que es el nombre técnico, lo que evidencia hasta qué punto se ha relajado el control de las cuentas públicas.

La mayor parte del déficit le corresponde a la Administración Central y la Seguridad Social, que sumaron un desfase presupuestario de 35.000 millones de euros, y que solo se compensó gracias al superávit de 6.300 millones de los ayuntamientos y corporaciones locales. En concreto, el déficit de la Administración Central fue del 1,5% del PIB, esto es, 18.121 millones de euros, y el de los Fondos de la Seguridad Social fue de 17.088 millones, un 1,41% del PIB. Esto significa que la Seguridad Social sigue aumentando su déficit, ya que en 2017 fue casi 400 millones inferior.
Deuda pública

Más déficit significa también más deuda pública, lo que aumenta el deterioro de la posición financiera del país. La subida de las pensiones, del salario de los funcionarios o la rebaja de impuestos incorporada a los Presupuestos Generales del Estado de 2018 hicieron imposible que España cumpliese el objetivo inicial de déficit del 2,2%.

El Gobierno dilapida su gran promesa fiscal: no habrá superávit primario en 2019
Javier G. Jorrín
Calviño aseguró a Bruselas que España tendría superávit sin contabilizar los intereses de la deuda, pero el incremento del gasto aprobado en los últimos decretos leyes comprometen su promesa

El montante de deuda pública aumentó un 2,6% en el año, según los datos publicados por el Banco de España. Esto significa que España debe ya 1,174 billones de euros, el equivalente al 97,2% del PIB. Este dato es cuatro décimas mejor al objetivo fijado por el Congreso para el conjunto del año, que fijaba el umbral en el 97,6%, pero peor que el 96,9% que se marcó el Gobierno. Esta mejoría en el endeudamiento se debe a que el PIB evolucionó mejor de lo esperado en 2018 y permitó un ajuste más rápido de la ratio deuda/PIB.

La deuda que más creció fue la de la Administración Central, que aumentó un 3,7%, como consecuencia de los presupuestos expansivos que elevaban las pensiones, el salario de los funcionarios y rebajaban los impuestos. Las comunidades elevaron su pasivo un 1,7%, mientras que las corporaciones locales redujeron su deuda en nada menos que un 11,3%.

La intervención real de TV3, una necesidad democrática para toda España
EDITORIAL ESdiario  29 Marzo 2019

La televisión pública más costosa de España no puede seguir siendo una plataforma de intoxicación y enfrentamiento, con dinero público y riéndose de las leyes que la regulan.

La decisión de la Junta Electoral Central de prohibir a los medios de comunicación públicos catalanes utilizar expresiones como "presos políticos" o "juicio de la represión" no es una victoria de la democracia, como podría pensarse, sino la hiriente manifestación de una incomprensible derrota endémica del Estado de Derecho en Cataluña durante lustros.

Básicamente porque confirma la insólita utilización de TV3 como altavoz del Golpe institucional en Cataluña y, más aún, su verdadero objetivo desde hace años: servir como plataforma de extensión ideológica de una doctrina excluyente que, junto a la educación, implante en cientos de miles de catalanes una visión perversa de su relación con España.

Una máquina al servicio
Que ahora, por razones de campaña electoral, se limite mínimamente ese sonrojante uso del ente público autonómico más costoso de España, con plantillas superiores a las de grandes grupos nacionales como Atresmedia o Mediaset, no esconde la realidad de fondo ni aplaza el verdadero debate pendiente: la intervención total de TV3 para que deje de ser una máquina omnipresente de propaganda e intoxicación y cumpla con su cometido legal.

El daño hecho por Tv3 durante años ya no tiene remedio, pero sí debe frenarse a futuro: es intolerable, sin más

Aunque en relación al soberanismo nos hemos acostumbrado a casi todo, entre otras cosas por la absurda tolerancia de los poderes públicos y la desatención frecuente de sus atribuciones y responsabilidades, es inaudito que una Corporación de medios públicos se dedique a sembrar la cizaña en la sociedad a la que atienden, a elevar a categoría de heroicidad la comisión de delitos y a ensalzar la transformación de las instituciones de todos en herramientas ponzoñosas de unos cuantos.

A futuro
El daño hecho por TV3, como la manipulación educativa, ya tiene difícil remedio en las generaciones que se han criado en el odio hacia España y han interiorizado el relato frentista falsario del soberanismo.

Pero puede cortarse a futuro. Basta con hacer cumplir la ley, que es muy precisa al respecto de cuáles son los fines y los medios de cualquier televisión pública en una democracia. En España no existen los "presos políticos" ni los "juicios represivos". Pero sí las ideologías perversas, los asaltos a la Constitución y los delitos contra la convivencia. Y ser laxos con todo ello solo sirve para legitimarlos y aumentarlos.

Profanaciones del Doctor/ Latinoamérica e Hispanoamérica
Pío Moa gaceta.es 29 Marzo 2019

En “una hora con la Historia”: Franco, Hitler y Mussolini: https://www.youtube.com/watch?v=Dm9qIm7KB8M
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En Nueva historia de España, hace nueve años, me ocupé ampliamente de los orígenes de la Leyenda negra en el calumniador compulsivo Las Casas, bien explotado por los enemigos de España; y del modo acorde con dicha leyenda como se hizo la independencia más tarde. Actualmente se observa una saludable reacción contra dicha leyenda en libros de Roca, Vélez y otros.

Hay dos palabras que definen la situación: Latinoamérica e Hispanoamérica. Creo que las dos son correctas, pero se refieren a dos cosas diferentes. Hispanoamérica se refleja el legado español, el ámbito cultural basado en ese legado y tan notablemente pacífico. Latinoamérica lo niega y trata de borrar. El resultado de aquellas independencias lo describen muy bien sus propios autores: despotismos, violencia, corrupción y demagogia. Creo que son los rasgos definidos en el término Latinoamérica.

En tiempos de Franco se usaba Hispanoamérica. Desde la transición se fue imponiendo Latinoamérica sobre todo a partir de El País. Por lo tanto, pueden utilizarse ambos conceptos, uno cuando nos referimos al tronco cultural y sus aspectos positivos y otro cuando señalamos los negativos antes mencionados, que han hecho de aquel ámbito uno de los más corruptos, violentos y despóticos del mundo. Su penúltima exhibición la proporciona el actual gobernante de Méjico, un fulano más estúpido de lo habitual, y es mucho decir.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))
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Para profanar los restos de Franco, el Doctor se ve obligado a apoyarse en otras muchas profanaciones. Fundamentalmente tres: la profanación y ultraje a la legalidad mediante un decreto ley que constituye un evidente fraude de ley, y contra el que no se realiza la presión debida; la profanación y ultraje a la verdad histórica en campañas de distorsión en los medios, que nos obligan tiránicamente a pagar a todos; y el ultraje y profanación de la democracia mediante una ley norcoreana llamada, para más injuria, “de memoria histórica”.

El plan de ultrajar la tumba de Franco procede, y es muy lógico, de un Doctor intelectualmente nulo que mediante una tesis falsa ha profanado a su vez las normas y legalidad académicas. Al estilo latinoamericano, justamente.

Se trata, pues, de un ataque en profundidad a la legalidad constitucional, a la democracia y a la propia historia de la nación. Por lo tanto, es necesario que cuantos apreciamos las libertades democráticas plantemos cara a esta fechoría del Doctor y sus compinches, pues no es una cuestión anecdótica o secundaria, sino central y de principio. No se puede ceder ahí. Esta necesidad apenas se percibe porque en España apenas existe cultura o mentalidad democráticas, y porque la corrupción que campea sobre el país empieza por la corrupción intelectual. Lo he tratado en La guerra civil y los problemas de la democracia en España. Porque aquí todo el mundo es demócrata sin problemas, desde la ETA o Podemos al PP y Ciudadanos. No tienen problemas porque se declaran antifranquistas. Pero el antifranquismo no es democracia sino todo lo contrario.

Brindo a VOX el argumentario preciso para frenar y derrotar este ataque a la historia que solo puede fundamentarse en el ataque a la legalidad constitucional y a la democracia. Si VOX está tomando auge es porque hay una gran masa de la población, muy susceptible de ampliarse, que está harta de la miseria y demagogia seudodemocrática del antifranquismo. Echar al Doctor no serviría más que para repetir “lo de antes” si no se basa en principios claros, que regeneren una democracia gravemente dañada por la demagogia.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)
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Me dice una amiga que en lugar de “terroria” podría llamarse “terrórica” al género propuesto. Recuerda más, fonéticamente, a lírica y épica. Y otro me pide explicación sobre Sonaron gritos y golpes a la puerta, en la que encuentra un contenido lírico importante.

Bien, dejo a los lectores la idea de la literatura terroria o teórica, y de la búsqueda de otro término adecuado. En cuanto a la novela, es épica en líneas generales, por cuanto se desarrolla en un tiempo extremadamente convulso y bélico, pero tiene algo de terroria o terrórica por cuanto el protagonista queda finalmente paralizado por el descubrimiento de la identidad del mal, incluso biológico, en si mismo. Aunque, como todo, se preste a controversia.

Los candidatos en la campaña electoral
Amando de Miguel Libertad Digital 29 Marzo 2019

Los candidatos en la campaña electoral son de dos tipos: a) los que, por pertenecer al partido gobernante, ostentan algún cargo; b) todos los demás. Es claro que los primeros gozan del gran privilegio que supone gozar de las amenidades del poder. En igualdad de otras circunstancias, siempre será más fácil que muchos electores les concedan su voto. Por eso mismo, cabe razonar que los candidatos con cargo deberían abstenerse de realizar campaña durante los días laborales y, en todo caso, hacerla con medios públicos (por ejemplo, coches oficiales). Ni qué decir tiene que tal exigencia ética parece risible de puro ingenua. No me imagino que las ministras del Gobierno que son candidatas en las elecciones vayan a los mítines en su coche particular y solo lo hagan los domingos y fiestas de guardar. Alegarán las clásicas razones de seguridad, que sirven como coartada maravillosa para trasladarse en coches oficiales (si no en helicópteros) y llevar escoltas y edecanes. El poder no es nada si no se exhibe.

Algo se consiguió hace pocos años cuando se dictaminó que durante la campaña electoral los representantes del Gobierno se debían abstener de hacer inauguraciones. Eran una forma de hacer explícito el principio ético de que la actividad del Estado no debía utilizarse como propaganda electoral. Pero no parece difícil que el Gobierno interfiera en la campaña a través de los decretos mil en los que promete no sé cuántas mejoras para el esforzado pueblo español. Son los famosos viernes sociales, que suenan a algo así como una devoción religiosa. En definitiva, por uno u otro camino, el partido del Gobierno cuenta con una ventaja inigualable para competir en las elecciones.

Una ventaja indirecta de los partidos establecidos es que reciben cuantiosos dineros públicos para los gastos electorales; todo legal. No me parece justo tal dispendio del exhausto erario. Los partidos todos deberían costear los gastos electorales con los ingresos propios (cuotas y donaciones), si bien sujetos a un control público para evitar abusos. Como ese desiderátum no se consigue, la consecuencia es que los partidos extraparlamentarios se encuentran en inferioridad de condiciones ante una campaña electoral. El caso de Vox es el más llamativo, puesto que las encuestas le dan la posibilidad de acceder al Parlamento.

No se estila en España el uso de que los candidatos vayan de casa en casa solicitando personalmente el voto. No lo facilita el sistema electoral, ni es una tradición. Pero sí se agradecería que los candidatos descendieran alguna vez al nivel del cuarto de estar de los súbditos para platicar con ellos en amigable compañía. Quien se atreva con esa fórmula micro, un tanto arriesgada, obtendrá su recompensa.

Hablando de riesgos, los candidatos deberían cuidar mucho el género de las entrevistas a las que se exponen en los distintos medios. Huyan de las entrevistas de cámara que suelen hacer los turiferarios. No caigan en el error de consultar antes las preguntas que les va a plantear el entrevistador en cuestión.

Como nos alojamos en un sistema multipartidista, lo normal es que ningún partido obtenga la mayoría absoluta. Así pues, se recomienda a los candidatos que intenten imaginar una situación bien realista: algunos de sus adversarios actuales, después de la noche del escrutinio, van a ser sus aliados.

Un hecho novedoso y muy positivo en los partidos establecidos es que casi todos ellos andan empeñados en renovar el personal de las candidaturas. Para dedicarse a la política no basta con acumular años de trabajo para el partido correspondiente. Debe realzarse la rara cualidad de la experiencia en cualquier trabajo que exija formación y organización. Es el caso de muchos funcionarios (incluidos los militares, claro está), empresarios y directivos.

Parece un abuso la actual triquiñuela de que la campaña legal se amplíe de forma desconsiderada con la precampaña, que puede durar semanas e incluso meses. Una extensión tan desproporcionada supone ralentizar o paralizar el funcionamiento de ciertos organismos públicos.

Una práctica dudosamente democrática es la que la fecha de las elecciones la decida el Gobierno correspondiente. Sería mejor el sistema norteamericano, el de una fecha fijada de antemano para los comicios. Pero eso equivaldría a redactar una nueva Constitución, tarea tan apremiante como imposible.

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Iceta desnuda al PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 29 Marzo 2019

A pesar de que en el PSOE hayan criticado con dureza las declaraciones de Miquel Iceta en las que hablaba de un porcentaje de apoyo a partir del cual sería obligatorio negociar la secesión de Cataluña, lo cierto es que el líder del PSC sólo ha pecado de ser demasiado sincero. De hecho, así lo ha reconocido el propio secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, al afirmar que, dado el "contexto de confrontación electoral", lo dicho por Iceta es "inapropiado".

Lo dramático es que el histriónico político catalán no ha expresado una opinión personal opuesta a la línea política de su partido, sino que ha desvelado lo que de verdad piensan los felones dirigentes socialistas y lo que harán si se les presenta la oportunidad.

Iceta simplemente ha recordado lo que, en esta disparatada precampaña, parece haber olvidado todo el mundo: que el PSOE ha dejado de ser un partido constitucionalista y que su líder, Pedro Sánchez, está dispuesto a lo que sea con tal de mantenerse en el poder. Y "lo que sea" incluye, en primerísimo lugar, volver a pactar con los golpistas catalanes.

Las palabras de Iceta y la reacción airada de sus correligionarios más hipócritas deberían servir para reorientar una campaña en la que no se está hablando del que sin duda debe ser el tema principal: el desafío separatista y el golpe de Estado en curso de Puigdemont, Torra y el resto de la siniestra compañía.

Ya es hora de que PP, Ciudadanos y Vox dejen de desgastarse en una confrontación sin sentido entre ellos y se vuelquen en hacer frente a Sánchez y a quienes le empotraron en la Moncloa, enemigos declarados de la Nación.

Después de mí, el diluvio
José T. Raga Libertad Digital 29 Marzo 2019

No sé si nuestro presidente trata de emular a Luis XV, pero su política bien justificaría el paralelismo con el rey francés, modelo paradigmático de egoísmo político. Après moi, le déluge, dicen que dijo cuando le informaron de que la Revolución –esa que cortaría la cabeza de su nieto Luis XVI y, meses después, la de la esposa de éste, María Antonieta– era un hecho, simple cuestión de tiempo.

Estaba claro: no le importaba lo que pasara. Estuvo acertado con lo del diluvio después de él; ¡y vaya diluvio! Lejos de finuras expresivas, señor presidente, y descendiendo hasta lo más castizo en nuestra tierra, lo atribuido a Luis XV lo resolvemos con el "A mí, plin". Quizá porque aquí el diluvio es tan ocasional…

Desde aquel 2 de junio del pasado año –y nos parece ya una eternidad, por qué será– en que asume la Presidencia del Gobierno, tras una moción de censura prometida para convocar elecciones, su método de gobierno ha sido, según apreciamos no pocos, el de "A mí, plin".

No le importa lo que propone ni lo que aprueba, pues con las mismas razones rechaza y hasta olvida lo acordado. Sus ministros, alguno incluso ilustrado, no dejan de hacer el ridículo; en ocasiones lo han conseguido con su propio esfuerzo, pero en otras es resultado de sus continuos vaivenes.

Sus ideas –por llamarlas de alguna manera– son un constante despropósito: desde conceder títulos de educación aun teniéndose asignaturas pendientes hasta aprobar gastos sin saber cómo se podrán pagar. Por eso mienten, cual bellacos, cuando los presentan públicamente.

Afortunadamente, la mayoría de lo que usted llama "proyectos" no han llegado a ver la luz, aunque sí han mareado a la sociedad durante su campaña publicitaria electoralista.

Desde que pensó que el Consejo de Ministros podía hacer campaña electoral –pagando el Estado y ahorrando el PSOE–, ha incrementado el gasto estructural en 3.000 millones de euros anuales –presupuestados, que reales siempre serán más–. Sus ministras Valerio y Calviño hablaron de 1.130 millones. ¿Mentían o sólo contaban seis meses?

Y la cosa sigue, ahora con la mayor oferta de empleo público desde la crisis. ¿No sabe que para pagar el empleo público necesita empleo privado? Hay conceptos que deberían enseñarse en la educación primaria.

Su erróneo sentido de la dignidad personal no le ha permitido ser fiel al principio ético y estético de que, cuando una autoridad anuncia su cese, y hasta tanto se produzca éste, no debe tomar decisiones que comprometan el futuro: sólo lo necesario y urgente.

Su política, en los últimos dos meses, parece seguir la táctica de la tierra quemada. Destruir todo lo útil para el enemigo; en este caso, el pueblo español. Asegúrese, señor presidente, de no continuar. De lo contrario, sufrirá también la tierra quemada y pedirá después, como lo ha hecho Rodríguez Zapatero, que se eliminen de actas e informes sus opiniones, proclamas y decisiones.

¡Que nadie se acuerde!

Vox propone cerrar RTVE y todas las televisiones autonómicas
El partido de Santiago Abascal avanza algunas de sus propuestas económicas. Promete "la mayor rebaja de impuestos de la historia de España".
Libre Mercado Libertad Digital 29 Marzo 2019

El responsable de Relaciones Internacionales de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, ha avanzado algunas de las medidas que incluirá el programa económico que presentará el partido de Santiago Abascal en los próximos días. En un entrevista realizada por Expansión en Londres, Espinosa de los Monteros explica que el plan consiste en reducir la carga fiscal que soportan familias y empresas, al tiempo que se recorta el gasto público y se simplifica el Estado.

En materia fiscal, "vamos a presentar la mayor rebaja de impuestos de la historia de España". Entre otras medidas, Vox propone rebajar el Impuesto de Sociedades al 20%, así como eliminar Sucesiones, Donaciones y Patrimonio. El IRPF, por su parte, se convertiría en un tipo único del 21%, con un mínimo exento de entre 15.000 y 20.000 euros, aunque la cifra final aún está pendiente de cuantificar.

Asimismo, Vox propondrá "una reducción drástica del gasto público" y quitar las competencias de Sanidad, Justicia y Educación a las comunidades autónomas, de modo que quedarían en manos del Gobierno central. Otra de las ideas es el cierre de todas las televisiones públicas, incluyendo tanto RTVE como las teles autonómicas, o, como mínimo, la supresión de las subvenciones públicas que reciben estos entes para que "demuestren si son viables".

Por otro lado, en materia energética, Espinosa de los Monteros explica que "el modelo mixto de energía en España debería tener algo más de nuclear. Tenemos todos los riesgos de estar rodeados por plantas nucleares francesas y ningún beneficio".

Por último, Vox no tiene problema en reconocer que el principal inspirador de su programa económico es el presidente de EEUU, Donald Trump. "Si estamos hablando de bajar impuestos, reducir el paro, repatriar dinero de las filiales de las grandes empresas, reindustrializar el país y permitir que suba la bolsa, sí, es un referente", aclara el representante de la formación. Espinosa de los Monteros añade, además, que "me encantaría ver a alguien como Juan Roig, presidente de Mercadona, como ministro".

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Las cuentas de la malversación
Editorial ABC 29 Marzo 2019

El Tribunal de Cuentas confirmó ayer las informaciones que ha venido publicando ABC sobre las irregularidades financieras de la Generalitat en el exterior. En concreto, el organismo fiscalizador ha constatado que las «embajadas» catalanas y el sedicente Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat) fueron financiados con más de 43 millones de euros. A pesar de las dificultades para concretar qué cantidades fueron destinadas a actividades claramente separatistas, el Tribunal de Cuentas ha podido identificar abundantes gastos no justificados en las delegaciones de la Generalitat y el Diplocat.

Las cuentas de la malversación cometida por el separatismo han quedado al descubierto, a pesar de la oposición de un vocal propuesto por el PSOE, voto insólito que coincide con el nuevo roto que le ha hecho Miquel Iceta a Pedro Sánchez, esta vez poniendo mayoría y plazo a la independencia de Cataluña. El adelanto de este informe a través de las páginas de ABC ha obligado a los vocales propuestos por el PSOE a asumir la gravedad de los hechos -ya pública e incontestable- y desistir de su intención de retrasar hasta después de las elecciones la aprobación de un texto, incómodo para el Gobierno, que revela al detalle la maquinaria financiera de sus socios separatistas. Ahora lo que importa es saber qué consecuencias debería tener el informe del Tribunal de Cuentas. También sería interesante saber por qué los datos del despilfarro secesionista no han sido conocidos antes, porque habrían reforzado la acusación por malversación que mantienen la Fiscalía y la Abogacía del Estado contra los dirigentes del procés juzgados en el Supremo. En todo caso, tanto el Tribunal de Cuentas como la justicia penal, si se califican los hechos como delito, pueden exigir responsabilidades. Y deben ser exigidas. Hechas las cuentas, toca pagar.

La mentira del PSOE
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Marzo 2019

La radicalización del PSOE le está permitiendo atraer a un buen número de votantes de Podemos. No es la primera vez que el PSOE funda su poderío electoral en la extrema izquierda. Zapatero ya lo hizo para ganar las elecciones de 2008, en las que IU quedó in puribus (2 escaños) y Zapatero siguió siendo presidente del Gobierno de España a pesar de haber ya jurado públicamente lealtad al separatismo catalán. Sánchez trata de repetir la hazaña. Pero como una parte de su electorado está avisado del peligro que conlleva, necesita aparentar un españolismo que por supuesto desprecia.

Para empezar, Sánchez no convoca elecciones por decisión propia. Cuando lo hizo, acababa de aceptar que un mediador disfrazado de relator terciara en el conflicto catalán. Alguien le dijo que hasta ahí podíamos llegar y, haciendo de la necesidad virtud, forzó la derrota de sus Presupuestos para justificar una convocatoria de elecciones generales que nunca previó que fueran a ser tan pronto. Luego vistió de ruptura con los independentistas lo que no dejaba de ser un ballo in maschera para fingir un alejamiento que en realidad no hay. Y ahora viste de urgencia social su proyecto de gobierno en 110 propuestas donde no se menciona ni una vez a Cataluña.

Iceta, que tiene que ser más franco para conseguir para Sánchez una quincena de diputados por Cataluña, ha confesado que cuando el separatismo llegue al 65 por ciento habrá referéndum. Lo ha hecho poco después de que Aznar denunciara que el pacto entre Sánchez y los soberanistas ya estaba suscrito y que existía el compromiso de convocar la consulta. La mayoría creímos que el expresidente estaba exagerando para atemorizar al electorado de centroderecha y que, una vez más y a pesar de las muchas traiciones, votara al PP. Pero las declaraciones de Iceta hacen sospechar que la denuncia de Aznar podría tener un fundamento más serio de lo que al principio pareció. Por otra parte, que el propio Sánchez no haya descartado la posibilidad de seguir gobernando con el apoyo de los separatistas catalanes induce a creer que está dispuesto a pactar con ellos la investidura.

Ahora, la circunstancia decisiva que demuestra el firme propósito de Sánchez de traicionar a su patria al día siguiente de ganar las elecciones, si como dicen las encuestas las gana, es la fila de banderas españolas que, machihembradas con otras tantas de la Unión Europea, puso en el escenario donde presentó su programa. Aquel tuno vestido de rojigualda. Desde los tiempos de Judas, las traiciones se perpetran con un beso. Quien la pisoteó se envuelve ahora en nuestra bandera. Tal puesta en escena no puede tener otro objeto que engañar a los españoles para que le permitamos con nuestros votos seguir traicionándonos para que la simpar Begoña siga viviendo en la Moncloa el sueño de ser María Antonieta en Trianon. Menos mal que está Iceta para levantar la esquina de la bandera con la que se envuelve Sánchez y ver que lo que hay debajo, a modo de taparrabos, es en realidad una estelada

Iceta y Torra, dos caras de la misma moneda
Antonio Robles Libertad Digital 29 Marzo 2019

La reiterada desobediencia ante la Junta Electoral Central del presidente de la Generalidad, Quim Torra, y el guiño de Miquel Iceta, del PSC-PSOE, dando pábulo a negociar la independencia si su demanda llega al 65% de catalanes son dos caras de la misma moneda. El primero crea confianza en las propias fuerzas separatistas y el segundo excita las condiciones de posibilidad de la independencia. La cuestión es seguir con la murga. Las dos son pedagógicas, la del nacional-independentista Torra, porque afianza la autoestima en una nación oprimida a punto de alcanzar la libertad, y la del nacional-catalanista Iceta, porque alimenta un inconsciente colectivo de tales condiciones de posibilidad en la independencia. Siempre fueron de la mano el nacional-independentismo y el nacional-catalanismo. Y ahora, además, pactan.

Iceta es un político a secas, vive y vivirá de la política toda la vida, y sabe como nadie que las posiciones firmes no sirven para ese detalle. Por tanto, contemplar todos los escenarios facilita asegurarse el futuro. A personajes así no le hablen de un proyecto de Estado estable a resguardo de aventureros y ventajistas. La política para él es un medio para lograr mantenerse a flote. Si en el camino la prudencia invita a cambiar de escenarios, el diálogo lo aguanta todo, el mejor comodín para adobar cualquier incoherencia o blanquear pactos miserables. Y Miquel es el rey del diálogo.

Iceta es el mejor valedor de Pedro Sánchez, el mismo que ha intoxicado definitivamente al PSOE con eso de la nación de naciones y otras gansadas plurinacionales. Con él se completa el camino que iniciara Pascual Maragall en el 2000 dándole los votos del PSC a Rodríguez Zapatero en el Congreso, donde por sólo 9 se erigió en secretario general frente a José Bono. Aunque, a decir verdad, fue Alfonso Guerra, sin prever las consecuencias, quien inició estas relaciones peligrosas del PSOE con el PSC cuando acabó con la Federación Socialista del PSOE para crear el PSC, en plena transición a la democracia. De aquellos polvos, estos lodos. Grave error del pasado que no nos ha recordado en su magnífico libro La España en la que creo. Toda la sensatez que no tuvo entonces, la plasma ahora. A buenas horas, mangas verdes, dirán unos. Más vale tarde que nunca, sostendríamos otros.

El mejor baluarte de Pedro Sánchez, y de baile, Miquel Iceta, le ha hecho un siete a su tramposa campaña electoral metiendo el 65% por medio. Porque la campaña de Pedro Sánchez se basaba en dos axiomas: no hablar ni una palabra sobre Cataluña y repartir dinero del Estado que no es suyo, en plan Evita Perón. Mayor populismo, imposible.

Es indignante, el político que más ha contado con el independentismo para llegar a la Moncloa, ahora lo oculta para no perder las elecciones. Si tan aconsejable es el diálogo con secesionistas y filoetarras, ¿no sería ahora el momento de contrastar esa doctrina con los electores? ¿O, como los trileros, nos saca y nos mete la bolita para sacarnos los votos ahora y echarlos a la basura después?

Coda: conociendo la bisutería que gasta Miquel Iceta, no sería extraño que lo que parecen haber sido unas declaraciones desafortunadas sean a la postre el acicate que necesita su campaña en Cataluña para sacar el mejor resultado del PSOE en toda España. Entre sinvergüenzas anda el juego. He aquí dos personajes a quienes una persona sensata jamás fiaría su negocio, o su pareja. La cuestión es saber por qué una parte importante del electorado sí lo hace.


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