AGLI Recortes de Prensa   Lunes 8 Abril 2019

Las cuentas de Vox no terminan de cuadrar
Juan Ramón Rallo elconfidencial 8 Abril 2019

Vox todavía no ha desvelado todos los detalles de su programa económico, pero sí ha filtrado algunas de sus principales propuestas: acabar con el impuesto de Patrimonio, eliminar el impuesto sobre sucesiones y donaciones, rebajar el impuesto sobre sociedades del 25% al 22%, implantar un IRPF únicamente con tres tramos (exento hasta 12.000 euros; del 22% entre 22.000 y 60.000 euros; del 30% a partir de 60.000 euros) y transitar en 40 años hacia un sistema de pensiones basado en la capitalización del ahorro (los menores de 25 años dejarían ya de cotizar a la Seguridad Social; las personas entre 25 y 45 años decidirían voluntariamente si cotizar; los mayores de 45 años seguirían cotizando obligatoriamente).

Todo liberal estará evidentemente encantado con tales propuestas, en tanto en cuanto suponen una mayor libertad fiscal para disponer de nuestros ingresos y de nuestro patrimonio. Sin embargo, para que estas propuestas sean realmente viables —y no una mera Carta a los Reyes Magos— han de ser financiables y, para serlo, la menor recaudación que de ellas se derive ha de ser compensada con un recorte de gastos (especialmente, en un contexto financiero de alto endeudamiento como el español). En este sentido, Vox ya ha cuantificado la magnitud de la liposucción que quiere aplicar a las administraciones públicas: 24.000 millones de euros.

A fecha de hoy, todavía no conocemos en qué partidas específicas pretende meter la tijera (cerrar las televisiones públicas, eliminar las subvenciones a partidos políticos y sindicatos o congelar la tasa de reposición del empleo público no nos acerca ni lejanamente a esas cifras), de modo que es complicado evaluar si el ahorro de 24.000 millones de euros anuales es realista o no lo es. En todo caso, no voy a centrar mi reflexión en este guarismo: aceptemos que Vox es capaz de minorar los desembolsos del Estado en 24.000 millones de euros. ¿Bastaría esta cifra para compensar la pérdida de recaudación de su ambiciosa reforma fiscal? Voy a comenzar estimando la pérdida de recaudación de manera estática (sin considerar los efectos estimulantes de la misma), para luego analizar cuánto debería expandirse la economía para compensar la merma recaudatoria.

Primero, eliminar el impuesto de patrimonio supondría dejar de recaudar 1.250 millones de euros. Segundo, eliminar el impuesto de sucesiones y donaciones tendría un coste de 2.700 millones de euros. Tercero, rebajar el tipo nominal del impuesto sobre sociedades del 25% al 22% implicaría una pérdida de 2.750 millones de euros (la recaudación actual es de 23.000 millones).

Cuarto, la reforma del IRPF de Vox reduciría los ingresos públicos en 22.000 millones de euros. ¿Cómo llegamos a esa cifra? La recaudación de los contribuyentes que ingresan menos de 12.000 euros anuales sería cero; la recaudación de los contribuyentes que ingresan más de 12.000 euros y menos de 60.000 euros anuales sería de 32.000 millones de euros (145.000 millones en bases imponibles gravadas al 22%) y la recaudación de los contribuyentes que ingresan más de 60.000 euros sería de 16.000 millones (28.000 millones de euros en bases imponibles gravadas al 22% y 33.000 millones de euros en bases imponibles gravadas al 30%). En total, la parte general del IRPF pasaría a recaudar 48.000 millones de euros, frente a los 70.000 millones actuales (pérdida de 22.000 millones).

Y quinto, los ingresos por cotizaciones sociales se reducirían en al menos 31.000 millones de euros. ¿Cómo llegamos a esa cifra? Actualmente, las cotizaciones sociales ascienden a 115.000 millones de euros. Esas cotizaciones sociales se extraen del total de ingresos laborales del conjunto de los trabajadores españoles: los menores de 25 años representan el 2,75% de todos esos ingresos laborales; los españoles entre 25 y 44 años representan el 48%, y los españoles mayores de 45 años representan el 49,25%. Para implantar su sistema de capitalización, Vox propone que los menores de 25 años dejen de cotizar (de modo que se perderían casi 3.200 millones de euros anuales de cotizaciones) y que las personas entre 25 y 44 años tengan la potestad de decidir que dejan de cotizar: si la mitad de ellas (probablemente serían más) dejara de cotizar, se perderían 27.700 millones de euros en ingresos. En total, pues, unos 31.000 millones de euros. Este agujero, por cierto, sería creciente con el paso del tiempo, dado que, dentro de dos décadas, habría que seguir pagando las pensiones de quienes hoy tienen 47 años (pues accederían en ese momento a la jubilación) así como de todos los restantes pensionistas supervivientes y, sin embargo, prácticamente ya no habría cotizantes (pues quienes tienen hoy menos de 45 años ya habrían dejado de cotizar). Pero voy a obviar este muy importante problema financiero para el medio-largo plazo y me voy a centrar en el desequilibrio de la presente legislatura.

Si sumamos toda la pérdida estática de recaudación por la reforma tributaria que plantea Vox, llegamos a que la merma de recaudación ascendería a unos 60.000 millones de euros por año. Súmenle a esta cifra el déficit público previsto para 2019, de alrededor de 25.000 millones de euros, y tenemos que el agujero presupuestario que necesita financiar Vox es de 85.000 millones. ¿Basta un recorte de 24.000 millones de euros para cubrirlo? Evidentemente no: el recorte de 24.000 millones de euros apenas bastaría para acabar con nuestro déficit público, de modo que toda la subsiguiente reforma tributaria estaría todavía pendiente de financiar.

Como hemos dicho al principio, nuestra estimación de caída de los ingresos fiscales es estática, es decir, no toma en consideración que la economía se dinamizaría, aumentarían las bases imponibles y, en suma, también se incrementaría la recaudación. Ahora bien, ¿cuánto tendrían que aumentar las bases imponibles para que esta reforma fiscal se autofinanciara?

Si en 2019 nuestra economía recaudara 60.000 millones de euros menos que ahora, los ingresos del Estado representarían el 35% del PIB. Justo esa es la cifra a la que Vox ha dicho que quiere reducir el peso del sector público. ¿Y cuál debería ser nuestro PIB para recaudar lo mismo que ahora pero con una presión fiscal del 35%? Debería ser un 13,2% superior al actual. Es decir, para que nuestras cuentas públicas estuvieran cuadradas al final de la legislatura, sería necesario que España creciera durante cuatro años al 3,15% y que el gasto público se quedara totalmente congelado en términos reales (más bien, congelado en términos reales menos los 24.000 millones de euros que propone recortar Vox).

¿Podría la economía española llegar a crecer un 3,15% anual (en lugar de alrededor del 2% que se prevé para los próximos cuatro años) merced al impulso derivado de la reforma fiscal de Vox? No me parece un escenario especialmente inverosímil. ¿Podrá Vox congelar en términos reales el gasto público en España? No: el gasto real en pensiones crecerá en torno a un 3% anual (incluso congelándolas en términos nominales), de modo que dentro de cuatro años será 20.000 millones de euros superior al actual. O dicho de otro modo, la única forma en la que Vox podría cuadrar las cuentas es congelando las pensiones públicas en términos nominales para así recortarlas en términos reales.

En resumen, para que el programa económico de Vox fuera sostenible durante los próximos cuatro años, tienen que darse varias felices coincidencias a la vez: primero, que realmente el partido haya detectado 24.000 millones de euros en gastos recortables; segundo, que solo el 50% de los trabajadores entre 25 y 45 años se acojan al sistema de capitalización; tercero, que nuestra economía crezca por encima del 3% durante toda la legislatura; cuarto, que recorten las pensiones públicas en términos reales. No es un programa de imposible cumplimiento, pero sí de muy arriesgado incumplimiento: si, por ejemplo, Vox solo hubiese detectado 15.000 millones de euros en gastos a recortar; si nuestra economía solo creciera un 2,5%; si el 75% de los trabajadores entre 25 y 45 años se acogiera al sistema de capitalización, y si los de Abascal no se atrevieran a recortar las pensiones en términos reales, el agujero a final de legislatura superaría los 55.000 millones de euros. Y ello, repito, sin considerar el agujero que se instituiría a medio plazo en la Seguridad Social merced a una transición coja hacia un sistema de capitalización.

En suma, seguimos necesitando de una memoria económica con estimaciones muy detalladas sobre la evolución de ingresos y gastos, así como con intervalos de confianza en esas estimaciones: un país con una deuda pública del 100% del PIB no puede jugársela a los dados del destino. Por muy atractiva que nos resulte la rebaja fiscal planteada.

La chocolatería
Nota del Editor 8 Abril 2019

No tengo datos precisos sobre la pequeña historia, anécdota, de la condesa que al saberse arruinada comienza eliminando el chocolate del loro.
Pero aquí, en lo que queda de España, si comenzamos quitando el chocolate del loro, o sea, se derogan todas las leyes de lenguas regionales, nos ahorraríamos lo que se dice, un montón de pasta, mejoraría el mercado, se reduciría costes de etiquetado, permitiría a cualquier español trabajar en cualquier parte de España, de toda España y así un montón más de ahorro

Si seguimos quitando chocolatinas: aumentos salariales, pensiones, retiros dorados y beneficios que se conceden los profesionales de la política a todos los niveles, etc.

Y si ya desmantelamos el tinglado autonómico, eliminamos todas sus leyes, incompatibles, muchas escritas en "lengua propia", o sea para machacar a los español hablantes, España quedaría como la primera maravilla del mundo, hasta sobraría dinero para pagar las pensiones (de quienes antes pagaron las de sus predecesores).

De modo, que si quieres que algo cambie a mejor, vota a Vox y colabora para que los golfos desaparezcan.

Vuelve la amenaza de gasto y deuda
José María Rotellar Libertad Digital 8 Abril 2019

El déficit se desviará este año en cerca de 14.500 millones de euros y la deuda pública superará los 1,2 billones de euros.

Quizás el elemento más vulnerable de la economía española es su alto nivel de endeudamiento público, que roza el 100% del PIB. Sin embargo, a Sánchez y a la izquierda en general parece darles igual, pues su manera de actuar siempre se basa en el gasto público.

Muestra de ese gusto por el gasto público fue su fallido proyecto de Presupuestos pactado con Podemos. En el mismo, elevaba el techo de gasto no financiero en más de 5.000 millones de euros y el gasto consolidado en 23.000 millones de euros. Por otra parte, Sánchez ha ejecutado el Presupuesto de 2018 con una desviación del déficit de 4,3 puntos, es decir, prácticamente el medio punto que incluía en la senda de estabilidad que quiso aprobar y que Las Cortes impidieron. Ese casi medio punto supone 5.200 millones más de déficit y, por tanto, serán 5.200 millones más de deuda.

Adicionalmente, el Banco de España ha publicado recientemente su informe sobre las proyecciones macroeconómicas de la economía española. En él indica que el dato español de déficit para 2019, el presente año, será de 2,5% del PIB, cuando el objetivo pactado con Bruselas es del 1,3%. Es decir, que la desviación se elevará 1,2 puntos del PIB, equivalente a 14.500 millones de euros.

Desequilibrio que irá a engrosar, en cuanto se produzca, el volumen de deuda, de manera que la incrementará notablemente sobre la propia previsión de dicha deuda pública. De esta forma, si en 2018 la deuda pública se incrementó en 32.000 millones de euros, en 2019 volverá a aumentar en otros 30.000 millones, hasta superar los 1,2 billones de euros.

Es más, desde que gobierna Sánchez, se ha incrementado la deuda en 21.360 millones de euros. En menos de quince días, el Banco de España afinó más los datos de deuda y los incrementó, de forma que en el avance que dio de datos, el incremento del período desde que gobierna Sánchez era de 20.479 millones de euros, mientras que en esta segunda nota los eleva, en el mismo período, a 21.360 millones, todo ello con los últimos datos de enero.

Eso supone un incremento de deuda de 87 millones de euros diarios. No acaba ahí el incremento, sino que se acelera conforme pasan los meses. Así, si miramos sólo enero de 2019, el último de los meses de la serie que recoge todo el período desde que gobierna Sánchez, ese incremento diario de deuda se acelera y ya no es de 87 millones de euros, sino de 146 millones.

Y ese incremento de deuda se traduce en que sólo en enero, la deuda adicional que tiene que asumir cada español por el incremento de gasto, déficit y deuda de Sánchez es de 97 euros al día. Esa cifra sube a 457 euros por cada español en todo el período de Sánchez. Por tanto, en enero el incremento de deuda de cada español se ha acelerado un 70% respecto al incremento mensual medio de todo el período desde que gobierna Sánchez (457,17 euros por persona en ocho meses equivale a una media de 57 euros al mes, frente a los 97 euros al día que arroja tan solo el pasado mes de enero).

El dato es preocupante, desde luego, especialmente por dos razones: sabemos que mientras no haya equilibrio presupuestario, es decir, que los ingresos sean iguales a los gastos, el montante absoluto de deuda va a seguir creciendo, y sólo se reducirá cuando haya superávit. Ahora bien, aunque se haya conseguido iniciar un leve descenso del cociente deuda sobre PIB, con un punto de inflexión en 2014, cuando alcanzó su máximo en el 100,4% del PIB, descendiendo desde entonces gracias a la recuperación económica, que absorbe los incrementos absolutos de deuda y logra disminuir el cociente, gracias al mayor crecimiento de la actividad, no es ninguna solución, pues el valor absoluto de la deuda sigue creciendo.

¿Qué sucede? Que España no tiene margen de maniobra en su nivel de endeudamiento en el momento en el que aparezca otra crisis. Cuando se desató la larga crisis anterior, en la última parte de 2007, veníamos de una deuda sobre el PIB del 35,6%, gracias a la política económica aplicada entre 1996 y 2004, que mantuvo su inercia hasta 2007, que permitió incentivar la generación de actividad económica al tiempo que se cerraban los ejercicios con superávit.

Eso hacía descender el cociente de la deuda sobre el PIB por un doble motivo: descenso del numerador, por caída del volumen absoluto de la deuda, y crecimiento del denominador, por incremento del PIB. Cuando los socialistas negaron la crisis y comenzaron a gastar, enseguida creció exponencialmente la deuda y, con ello, la deuda sobre el PIB, acrecentada, entonces, por el mismo doble impacto anterior, pero ahora a la inversa: crecimiento de deuda y caída del PIB como nunca antes lo había hecho en los últimos cuarenta años. Eso llevó la deuda sobre el PIB hasta niveles del 100%.

Si España no colapsó fue debido a que pudo absorber el incremento de deuda que se produjo, incremento completamente nocivo para la economía, porque siempre es pernicioso no tener equilibradas las cuentas y cargar con la losa de la deuda a las generaciones futuras, pero, al menos, hubo margen para no colapsar como economía. Ahora, ese margen no existe: la deuda sobre el PIB casi se ha triplicado. Si hay una nueva recesión, el recorrido que le queda a España para endeudarse es muy limitado.

Como dije hace unas semanas, la deuda pública, además de ser, como afirmaba Buchanan, "una inmoralidad que se traspasa a las generaciones futuras", es un peligro de grandes proporciones para la prosperidad y para el desarrollo económico. Hablaba, entonces, de que Sánchez, con su proyecto de Presupuestos, engordaría la deuda, convirtiéndola en una auténtica bomba de relojería por dos motivos.

El primero de ellos, es la propia sostenibilidad de la deuda: no se tiene capacidad de pago infinita para una deuda que crece de manera exponencial en valores absolutos, a ritmos de entre 25.000 y 30.000 millones de euros anuales. El segundo, que va ligado al primero, es que cuando vuelva la parte baja del ciclo económico, los ingresos caerán debido a esa disminución de la actividad, que conllevará, además, más desempleo y, por tanto, más gasto en prestaciones de desempleo, es decir, más gasto público. Todo ello con el agravante de que ya no existe el margen de maniobra que había en 2007, al tener ahora una deuda de casi el 100% del PIB.

Los Presupuestos, afortunadamente, no han salido adelante, pero el proyecto de Sánchez es continuar por la senda de incremento de gasto, como lo demuestra cada viernes con los decretos que aprueba y como lo hará si sigue gobernando tras las elecciones.

En lugar de un mayor gasto, urgen reformas profundas que contengan el gasto, lo dediquen a lo esencial -que es lo que permite mejorar los servicios públicos- y logren alcanzar el superávit presupuestario para ir amortizando deuda y asegurar la capacidad de repago de la economía española. Estamos a tiempo de hacerlo, pero hay que invertir la tendencia y comenzar a equilibrar los presupuestos y reducir el endeudamiento, es decir, todo lo contrario de lo que pretende hacer la izquierda si gana las elecciones y gobierna.

Los Mozos de Torra
EDITORIAL Libertad Digital 8 Abril 2019

En el juicio por el golpe separatista está quedando meridianamente claro que los Mozos de Escuadra son una policía indigna de tal nombre al servicio del nacionalismo más fanático. Durante los registros ordenados por la Justicia a fin de impedir el ilegal referéndum liberticida de 2017, y muy especialmente durante el propio 1-O, los policías autonómicos hicieron ominosa dejación de sus funciones y trataron de sabotear la labor de la Policía Nacional y la Guardia Civil, que sí trabajaron lealmente para que se cumpliera la Ley e imperara el Estado de Derecho.

Pero esa vergonzosa sumisión de los Mozos a sus capos políticos le parece insuficiente al títere que el cobarde golpista prófugo Carles Puigdemont puso al frente del Gobierno regional catalán, el supremacista Quim Torra, que pretende dotarse de una guardia pretoriana al margen de cualquier control institucional.

No otra es la finalidad de la orwelliana Área de Seguridad Institucional, creada a espaldas de los mandos de los Mozos y cuyos integrantes están siendo seleccionados por los asesores de Torra con criterios ideológicos y no técnicos. El encuadramiento de una yunta de fanáticos a las órdenes de Torra y su indeseable camarilla no hace sino desprestigiar aún más a los Mozos, cuerpo que difícilmente se recuperará algún día de los destrozos que le está infligiendo la canalla nacionalista

Así que el supremacista Torra y su gang liberticida contarán en breve con un grupo de semejantes fuertemente armados, lo que a todas luces es un escándalo y un problema de seguridad de primer orden. Solo hay que recordar cómo actuaron los Mozos durante el infausto 1 de octubre de 2017 para hacerse una idea de lo que puede esperarse de ese hatajo de torristas.

Y mientras, en Madrid, el PSOE pidiendo a la ciudadanía que vote al gran aliado de los golpistas. Por supuesto, Pedro Sánchez.

No hagan que pase.

Casado y el adoctrinamiento separatista
José García Domínguez Libertad Digital  8 Abril 2019

Francia, que mal que nos pese a los españoles es la nación más antigua de Europa, ya existía, por supuesto, en el siglo XIX. Quienes aún no existían a mediados del siglo XIX eran los franceses. O, por lo menos, la mayoría de ellos. Y es que una porción muy notable de los por entonces habitantes de Francia, campesinos analfabetos y hablantes de alguna incomprensible jerigonza local que nada ni a nadie conocían fuera de su muy limitado y aislado terruño doméstico, carecían siquiera de la conciencia de formar parte de la nación francesa. Así, Francia llevaba existiendo desde hacía siglos, pero a los ciudadanos franceses los creó la escuela universal y obligatoria implantada por la Tercera República. Fueron los maestros de la República los que, ente el último tercio del XIX y el primero del XX, elevaron a la categoría de ciudadanos de Francia a aquellas masas agrarias que ni siquiera conocían el significado de la palabra nación. A los franceses de Francia los creó la escuela francesa y a los españoles de Cataluña los tendría que haber creado la red de instrucción pública durante la misma época histórica.

El problema es que en España no existió nada remotamente parecido a una red universal y obligatoria de instrucción pública hasta hace apenas un cuarto de hora, cuando ya era demasiado tarde para casi todo. Ahora, Pablo Casado, con un afán algo ingenuo y voluntarista que no seré yo quien critique, acaba de proponer una batería de medidas para tratar de poner coto al adoctrinamiento catalanista en las aulas. Lástima que la idea llegue con unos 150 años de retraso. Lástima porque, pese a lo que creen tantos, e igual en Madrid que en Barcelona, el adoctrinamiento escolar, que haberlo haylo, es en nuestro tiempo contemporáneo muchísimo menos eficaz de lo que se tiende a suponer. Pero muchísimo menos. En el siglo XIX y todavía en gran parte del XX, la autoridad intelectual aún indiscutible de los profesores se podía utilizar para inculcar en la población cosmovisiones creadoras de sentido, la idea nacional por ejemplo.

Hoy, sin embargo, la autoridad y el respeto que infunde cualquier figura vinculada a lo intelectual o a lo académico se constata en las propias listas electorales de los partidos políticos, empezando por el PP, que se han apresurado a sustituirlos a todos por toreros, deportistas, tertulianos y vendedores de Coca-Cola. En los colegios de Cataluña se adoctrina, naturalmente que se adoctrina. Pero conviene saber que donde se interioriza de verdad el nacionalismo catalán no es en la escuela, sino entre las cuatro paredes del hogar familiar. En Cataluña, el nacionalismo se mama desde la cuna junto con la leche materna, pasa directamente de padres a hijos. Por eso es tan fuerte y por eso va a resultar tan difícil que deje de serlo, por lo menos, durante las dos próximas generaciones. Conviene saber eso para no hacerse demasiadas ilusiones. Pero también conviene saber que el papel crítico que en su siglo, el XIX, desempeñaron maestros y profesores lo ocupan en el nuestro, el XXI, los guionistas de televisión y los directores de cine. Si queréis crear españoles en Cataluña, financiad grandes películas y producid series de televisión. Olvidad la letra impresa, esa rémora arcaica, y cread imágenes poderosas. Es lo que hacen ellos.

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Sigue la amenaza del «Gobierno Frankenstein»
EDITORIAL ABC 8 Abril 2019

Ateniéndonos al compromiso de Albert Rivera -expresado durante su intervención en el Foro ABC, de que ni por acción (con su apoyo) ni por omisión (con su abstención) facilitará un nuevo Gobierno del PSOE- la encuesta que hoy publicamos indica que la única opción que suma es la reedición del lamentable grupo de socios que llevó a Sánchez a La Moncloa. Porque la subida de la intención de voto a Ciudadanos que registra el sondeo GAD3 le daría diputados suficientes para, sumados a los del PSOE, superar holgadamente la mayoría absoluta del Congreso. No debiera haber lugar para esa posibilidad siempre que Rivera cumpla la palabra dada. Pero lo cierto es que el centro-derecha sigue reo de su división y del modelo proporcional que rige en el sistema electoral. En porcentaje, la opción PP-Cs-Vox suma, de acuerdo con la encuesta, dos puntos más que la izquierda (PSOE-Podemos), y sin embargo estos dos últimos partidos obtendrían once diputados más que la suma de los que consigan Casado, Rivera y Abascal. De nuevo nos hallamos ante un problema por el momento irresoluble para la derecha. El consuelo para esta opción, que también refleja la encuesta, es que a tres semanas del 28-A un 30 por ciento de los españoles aún no tienen decidido su voto. Llama la atención que son los votantes de Ciudadanos los que en mayor porcentaje (un 37 por ciento) creen que pueden cambiar de opción, muy por encima de quienes hoy en día votan a otros partidos.

Los españoles sin duda se juegan mucho el 28-A, por eso estas tres semanas son vitales para que Sánchez no reedite el fatídico pacto con todos los partidos (populistas, nacionalistas, separatistas y proetarras) que cooperan en la destrucción de España, su modelo de convivencia y su prosperidad. La papeleta se introduce con la mano, pero se vota con la cabeza.

Votar con la cabeza o votar con los piés
Nota del Editor 8 Abril 2019

Yo voy a votar con las dos cosas, no voy a votar por correo. En cuando a la utilización de la cabeza, el cerebro, echando mano de la memoria larga, es imposible que pueda olvidar las traiciones
del PP, incluso con la memoria de corto plazo, sólo ver Galicia y la lengua propia de Baleares entre otros ejemplos, como Aznar, centroman, el sujeto que hablaba catalán en la intimidad y tiró de las partes al defensor del pueblo para que, incumpliendo su obligación y deber constitucional, no impugnase la ley del embudo inmersivo en Cataluña.

Y voy a votar con los piés para correr en cuanto vea a cualquier sujeto del PP, que ya estoy muy escarmentado. El PP tiene que desaparecer, el PSOE tiene que hacerse el harakiri y cualquier ciudadano español sensato tiene que votar a Vox.

Pedro el Cruel y los socialbárbaros
Pedro de Tena Libertad Digital 8 Abril 2019

Tuve un tío practicante, así se decía entonces, que, cuando iba a inyectarme un "hepal crudo" con aquella jeringa hervida en un estuche de acero parecido a una lata, me decía para aliviarme el ánimo: "Ah, don Pedro el Cruel", y yo le contestaba aleccionado por mi madre: "El justiciero, tío, el justiciero". Pues, ea, ya hemos llegado a la crueldad, una sima más negra que la injusticia de Dámaso Alonso porque implica indiferencia o, incluso, regodeo en el sufrir ajeno. Apareció en un mitin del pasado día 6 en Sevilla, pero ya había enseñado la patita hace una semana en Huelva con los mismos protagonistas: Susana Díaz y Pedro Sánchez.

O sea, que la derecha es cruel, y la andaluza, la más cruel de todas las derechas, aunque no haya gobernado el Sur desde 1979. Da igual lo que haga porque eso de la crueldad pertenece a su esencia. Así, la crueldad se hace primera actriz del espectáculo de los nuevos socialbárbaros para los que la política es una mera representación que nada tiene que ver con la verdad ni con los hechos, sino que disimula, confunde y convierte la realidad compleja en píldoras simplistas y propagandísticas que pretenden suplantar al sentido común y diseñar el sinsentido que les conviene. Si Hegel vota a Vox, como quiere mi asombroso Sánchez Dragó, san Nihil, nuevo santo, vota a Sánchez.

Lo de socialbárbaros viene de la expresión "socialismo o barbarie", que hizo su agosto en la década de los 60, aunque criticaba por igual al neocapitalismo (antecedente del neoliberalismo) y al socialismo real, buscando una tercera vía antes de la caída del Muro de Berlín. La disyuntiva ya era intencionada porque hacía imposible pensar que la barbarie tuviera otra contención que un socialismo imaginario. Sí, porque ya se sabía que la peor barbarie era el socialismo practicado.

En Andalucía, especialmente, si ha habido algo cruel ha sido un régimen que ha mantenido diez puntos diferenciales de paro durante décadas, que ha ocupado las instituciones como si fueran de su propiedad, que ha destrozado la sanidad pública y la cultura crítica, que ha ocultado a los dependientes que han muerto esperando una ayuda –qué mala muerte–, que ha colocado a decenas de miles de afines, afiliados y familiares en todas partes y que no ha sentido ni una pizca de piedad por sus centenares de miles de víctimas, desde parados a opositores excluidos por sus enchufados y a otros sufridores.

Pero Pedro Sánchez no se refiere a esta barbarie consistente en convertir la democracia en un feudo sectario donde el partido suplantaba a la Comunidad. Tampoco se refiere a la barbarie feroz de ETA porque necesita sus tiro-votos Bildu para dominar el cotarro, ni a la barbarie de un separatismo catalán, que se pasa las leyes y la democracia de sus bestezuelas por el arco del triunfo, ni a su propia barbarie de usar el dinero público para su campaña electoral, ni lo de gobernar por decreto ley ni a otras barbaries. Para este Pedro el Cruel, con sus forzosos figurantes socialbárbaros del Sur, la barbarie son los otros. Es el principio del majareta peligroso (y resistente). Urnas de abril, haced que pase de España este cáliz. Amén

Comunidad Valenciana
Puig destierra el español: subvenciona a los ayuntamientos que rotulen “exclusivamente en valenciano”
Raquel Tejero okdiario 8 Abril 2019

El gobierno valenciano persigue al idioma español. Repartirá dos millones de euros entre los ayuntamientos que rotulen "exclusivamente en valenciano".

El presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, quiere desterrar por completo el español de sus municipios. Para lograrlo, subvencionará a los ayuntamientos que rotulen “excesivamente en valenciano” en sus calles y sus edificios públicos.

Además, Puig no ha reparado en gastos: invertirá dos millones de euros en este programa de ayudas económicas para potenciar el valenciano organizado por la Consejería de Educación, Investigación, Cultura y Deporte de la Generalitat, dirigida por el nacionalista de Compromís Vicent Marzá.

Las ayudas van dirigidas a subvencionar la realizacio´n de programas y actividades de “promocio´n del uso oficial y social del valenciano” en el periodo comprendido entre el 1 de noviembre de 2018 y el 31 de diciembre de 2019.

Además de financiar asuntos tales como cursos de valenciano, actividades culturales y promover el uso del valenciano en las redes sociales, también se ha incluido la posibilidad de recibir el dinero a cambio de que todos los rótulos dependientes de los ayuntamientos se presenten en valenciano.

A pesar de asegurar que se trata de una medida para potenciar el valenciano, lo cierto es que la cláusula para recibir ese subvención especifica que el español debe desaparecer de las calles. Dentro de las acciones objeto de subvención se puede leer lo siguiente: “Rotular, exclusivamente en valenciano, los indicadores urbanos, los indicadores de las vi´as urbanas, la sen~alizacio´n interior y exterior de los edificios municipales, la sen~alizacio´n de caminos, rutas turi´sticas, literarias, histo´ricas, de monumentos y de itinerarios paisaji´sticos y de la natura, asi´ como tambie´n carteles fijos informativos con duracio´n temporal”.

Puig no deja hueco para el español en sus rotulaciones, incluyendo también las señales que se coloquen simplemente para señalizar un cambio en la vía durante unas pocas horas.

Puig destierra el español: subvenciona a los ayuntamientos que rotulen “exclusivamente en valenciano”

Acogida lingüística
Otro de los aspectos que pueden ser motivo de subvención es lo que el gobierno valenciano califica como “acogida lingüística”.

Se trata de campañas o acciones destinadas a personas recién llegadas (extranjeras o del resto del territorio español). Las ayudas van destinadas a cursos para que estas personas “adopten el valenciano” mediante acompan~amiento lingu¨i´stico, clases de adaptacio´n, subvención de gastos de locales de atencio´n o tutori´as a familiares.

Además de esto también serán objeto de subvención la organización de eventos tales como ferias del libro exclusivamente en valenciano o campañas de sensibilización sobre la lengua valenciana.

También para Murcia
La obsesión valencianista de Puig no queda en las fronteras de la Comunidad Valenciana. En sus subvenciones ha incluido a ayuntamientos murcianos pertenecientes a El Carche.

La medida pretende dotar de un presupuesto a aquellos municipios murcianos limítrofes con Valencia para que promulguen el uso del valenciano.

“Pueden optar a las ayudas los municipios, las mancomunidades de municipios y las entidades locales menores de la Comunitat Valenciana y los municipios de El Carche: Yecla, Jumilla y Abanilla que realicen actividades de promocio´n del uso del valenciano de acuerdo con lo que se indica en estas bases”, se puede leer en las bases reguladoras de estas subvenciones.

 


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