AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 10  Abril 2019

El pánico
Carlos Esteban eltorotv 10 Abril 2019

No sé si es curarse en salud o la traición del subconsciente, pero el titular con el que hoy abre El País es simplemente perfecto: ‘El CIS da al PSOE opción de gobernar sin los secesionistas’.

Hace no tanto, ese titular hubiera significado una cosa, se hubiera entendido sin problemas como que el electorado mostraba inclinación a votar a los socialistas en una proporción suficiente y una institución pública, pagada por todos, así lo recoge.

Pero esos tiempos felices quedaron atrás: ahora se entiende literalmente, como que es el CIS, no la realidad, la que da al PSOE esos votos fantasmales. Primero fue la prensa la que quedó por completo como cheerleader de los partidos; ahora ya todo, cualquier cosa, incluidos los aparatos del Estado. Eso sí es corrupción en el sentido literal de podredumbre del sistema, mucho más que llevárselo calentito.

Es la maldición del corto plazo. El poder lo invade todo, se convierte en lo único que realmente importa, porque ya está en todo y lo controla todo. Y, en el mejor de los casos, son cuatro años de mandato. Por eso destruyen, para vencer, lo que luego todos lamentaremos haber perdido: la credibilidad de los medios, la imparcialidad de las instituciones públicas.

Porque todo arde muy rápido, y aunque sea útil y funcione la primera vez, queda inservible para los restos. Poco a poco, la gente ha entendido que las encuestas, privadas y ya incluso oficiales, solo son instrumentos de propaganda, y que para saber lo que dicen los estudios demoscópicos de verdad es más útil fijarse en las reacciones de los líderes.

Y en casi todos se lee una cosa: pánico. A Vox, que es la única oposición real que existe, el único partido que tiene algo realmente nuevo que ofrecer, la única fuerza, por ahora, que no sigue al pie de la letra el consenso servil del pensamiento único.

Lo vemos en el mitin de la presidente de Nuevas Generaciones del PP, reprochando “a los de verde” que saquen pecho frente a ETA cuando la banda lleva ya casi una década desactivada. Qué metedura de pata, ¿no? Entre ‘los de verde’ está su líder, Santiago Abascal, amenazado personalmente por ETA desde bien jovencito y enfrentado de cara a los terroristas. Están Ortega Lara, ‘huesped’ involuntario de los asesinos durante casi dos años, Francisco José Alcaraz, militares amenazados. Se le podía haber ocurrido cualquier otro reproche, la verdad. Pero el pánico tiene estas cosas: impide razonar.

Es pánico que Casado, en una entrevista publicada por El Confidencial, declare que “el votante de Vox no tiene ningún motivo para no volver al Partido Popular”. Ayer mismo, los de verde eran una chusma de deplorables fascistas cuya sola sombra hacía impuro, como los parias de la India, y hoy son unos ciudadanos tan perfectamente respetables que el líder de los ‘populares’ no ve razón para que no voten al PP.

Le diré una, señor Casado: esta entrevista. Esta reacción, estos cambios de veleta, esa misma actitud que impide creer en todo lo que vende ahora, en ese regurgitar lo que digan las encuestas en cada momento. Y mentir, sobre todo mentir; hacer, al llegar a la Moncloa, lo contrario de lo prometido. ¿Por qué habría de ser distinto ahora, Pablo? Te has deshecho del marianismo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué te parecía estupendo todo lo que hacía Rajoy justo hasta que desapareció de la escena y no te fue útil?

Aunque, hablando de pánico, de la color demudada y la voz balbuciente de pánico, nada como Ferreras cuando se le va el sonido en el momento en que Pablo Iglesias le está sermoneando. De ver en bucle.

La vergüenza del CIS que confirma la falta de escrúpulos de Sánchez
EDITORIAL esdiario 10 Abril 2019

Con una indecencia inconmensurable, el Gobierno ha utilizado otra institución pública, en este caso el CIS, para ponerla al servicio propagandístico de Pedro Sánchez, difundiendo un folleto publicitario con la vitola científica de un centro sociológico financiado con dinero de todos.

Nadie con conocimientos técnicos en la materia avala el infumable estudio del CIS que, a menos de un mes de las Elecciones, llega a entregar al líder del PSOE los mismos diputados que, en su horquilla más baja, obtienen juntos PP, Cs y Vox.

Se trata de vender no solo una imagen ganadora, sino de infundir en la ciudadanía la falsa sensación de que el PSOE podrá gobernar con Podemos o Ciudadanos, al margen de los independentistas que ya le auparon a La Moncloa y que, sin ninguna duda, volverían a ser decisivos -a un precio mayor- en una nueva investidura del actual presidente.

El fin y los medios
Nadie, en tan poco tiempo y con tan poca legitimidad en las urnas, ha invadido con tanta claridad las instituciones para someterlas al capricho y la estrategia de un líder convencido de que el poder le pertenece y de que los procedimientos son innecesarios si perjudican sus objetivos.

El CIS se está utilizando como TVE, asaltada nada más conformarse el nuevo Gobierno, para inducir en la opinión pública un estado de ánimo determinado que desmovilice a unos e hipermovilice a otros, según la teoría definida por el "efecto Pigmalión" que consagra las profecías cumplidas por la mera insistencia.

Lo peor a futuro
Seguramente la oposición llega algo tarde en la respuesta, que debió de empezar el mismo día en que triunfó una moción de censura espuria, pero sigue siendo necesario articular una réplica unánime que anteponga lo que une a PP, Cs y Vox a lo que les separa.

Porque Sánchez no solo estuvo dispuesto a todo para llegar donde no le pusieron las urnas, sino que está dispuesto a seguir haciéndolo para perdurar en el cargo. Temer lo que pueda hacer desde él no es, por tanto, ninguna osadía.

El lastre del rajoyismo
Emilio Campmany Libertad Digital 10 Abril 2019

El problema de Casado consiste en convencer a los electores del PP de que el Partido Popular de siempre ha vuelto.

Desde un punto de vista programático, el PP se parece cada vez más a Vox. La única diferencia apreciable está en el inequívoco europeísmo del PP frente al relativo euroescepticismo de Vox. No tiene nada de particular, ya que Vox, lejos de ser el partido de extrema derecha que dicen, no es más que una suerte de PP auténtico nacido al socaire de los incumplimientos de Rajoy. Momento cumbre de esa descafeinización que sufrió el PP fue aquél en el que el anterior presidente del partido expulsó a liberales y conservadores. Idos éstos, tras la renuncia a su ideario liberal-conservador, ¿qué PP quedó? Quedó el rajoyismo, una mezcla de gramática parda y socarronería provinciana argamasada con galleguismo de sainete, servil y complaciente con el ideario de la izquierda.

De forma que el problema de Casado consiste en convencer a los electores del PP de que el Partido Popular de siempre ha vuelto. Por eso los programas de Vox y PP se parecen tanto. Hacer un programa con las ideas de siempre del PP es fácil, pero para ganar no es suficiente. Hay que conseguir que los potenciales votantes crean que se aplicará si se gobierna. Para que lo hagan no basta decir que se cumplirán las viejas promesas que dieron a Rajoy la mayoría absoluta. Hay que demostrarlo. Y, mientras no se gobierne, la única forma de hacerlo es renegando de Rajoy, de sus colaboradores y de su herencia. Mucho más cuando el que pretende ser creído es uno de esos ayudantes cómplices. Mientras esto no se haga, el PP seguirá siendo incapaz de recuperar su fuerza.

Si el programa de Casado fuera creíble, Vox sería innecesario y Ciudadanos se vería empujado hacia la izquierda. No sucede tal porque una parte considerable de los potenciales votantes del PP no se cree lo que Casado dice. Y es normal que no lo haga mientras en las listas aparezcan hombres y mujeres de Rajoy, que en el Ejecutivo, en el Legislativo y hasta en la prensa callaron mientras Rajoy se ciscaba en las ideas que ahora dicen defender.

Hay quien opina que una campaña electoral no es momento para renegar de los tuyos. Eso será en condiciones normales. En éstas, tras haber abandonado de modo flagrante el PP a sus votantes, es más necesario que nunca, si se quiere tener alguna credibilidad defendiendo las viejas ideas una y otra vez traicionadas en el altar laico de la izquierda. Mucho más cuando quien dirige el PP es uno de los muchos que callaron, cuando no justificaron, las groseras traiciones del jefe. Puede que Casado tuviera que hacerlo para sobrevivir y tener ahora la oportunidad de rescatar al PP. Pero, si quiere que lo crean, lo único que puede quedar de Rajoy en el partido es él mismo. Los demás, a la calle.

Como no lo ha hecho, Vox sigue atrayendo a muchos de sus votantes. Y por eso el futuro de Casado es más incierto e inseguro que el reinado de Witiza.

El populismo no está en Vox
Jesús Lillo ABC 10 Abril 2019

A mano alzada y en un folio sin cuadricular, no hace falta esmerarse mucho, si uno cruza la curva que dibuja el FMI con los datos electorales que cocina el CIS, el gráfico le sale a pagar. El punto en el que coinciden el programa de Pedro Sánchez y las previsiones económicas de Christine Lagarde para los próximos meses es lo más cercano al purgatorio -haz que pase- que tenemos a mano.

Ahora utilizado como etiqueta del desprestigio político y de la marginalidad ideológica, el populismo no es consecuencia de la crisis de hace una década, sino causa. Lo patentaron y practicaron los partidos sistémicos del bipartidismo, dentro y fuera de España. Gastar lo que no estaba escrito a cambio de votos ha sido un ejercicio habitual hasta que reventaron las cuentas y las costuras del Estado del bienestar. Lo que Pedro Sánchez y sus ministras llaman «reversión de los recortes», eslogan de sus viernes sociales y del otoño que viene, no es más que una vuelta a las andadas, la cancelación oficial, con traca, karaoke y chocolatada, del programa de reformas y ajustes que aún nos permite crecer al 2,1 por ciento y capear el temporal que atraviesa Europa.

El populismo no está en el programa de Vox, desahogado e inofensivo por su carácter puramente emocional, sino en el del PSOE. Con unos índices de desempleo atascados en torno al 14 por ciento, el doble que los registrados en el resto de la UE, a Pedro Sánchez solo se le ocurre subir el salario mínimo -con una retracción de 20.000 puestos de trabajo en tres meses, según el BBVA- y lanzar la mayor oferta pública de empleo de la última década. Con el déficit fuera del molde, los viernes sociales de Carmen Calvo nos van a salir, según la Airef, por unos 920 millones de euros. Y esto es solo la fase de buzoneo.

El negacionismo de Pedro Solbes ante Manuel Pizarro, como la obsesiva visión de brotes verdes de aquellos tiempos, se produjo en 2008 en circunstancias previas a los ajustes y sacrificios provocados por la crisis. Es la experiencia acumulada por los votantes, ya curados de espantos y recortes, lo que añade a aquel alegre populismo de primera generación el dramatismo propio de la muerte asistida, muy digna, como aquel «antes partía que doblá» del pensamiento Maleni. Yo te voto y tú me pones pentotal en el agua. El CIS de Tezanos sería solo un sondeo si no se cruzara, a mano alzada, no hace falta ser un virtuoso del rotring, con las previsiones de primavera del FMI o las de otoño-invierno de Quim Torra.

La política del desdén
Amando de Miguel Libertad Digital 10 Abril 2019

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio", razona el pueblo. Es decir, el desprecio siempre contamina; es mejor sustituirlo por el simple desdén. Bien vale el argumento (ahora se dice "relato") porque los españoles de todos los tiempos, adornados con las ínfulas de la pureza de sangre, siempre han estado dispuestos a mirar por encima del hombro a los advenedizos.

El esquema llega hasta el momento presente con la panoplia de los partidos nacionales. Los partidos nacionales establecidos (PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos) se reparten el bacalao como si fueran los cuatro palos de la baraja. Hasta ahora se habían organizado muy bien para repartirse el jugoso pastel del poder. Pero, de repente, se topan con la sorpresa de un quinto comensal que no había sido invitado: el monosilábico Vox. Su color corporativo es el verde de los olmos en primavera. Les molesta alojarlo en la tradicional dicotomía de derecha-izquierda, tan cómoda como poco científica. Empiezan de consuno a ejercer la maniobra del menosprecio con el desfibrilador de la propaganda pagada por el contribuyente. Para ello apelan a la etiqueta despectiva de "extrema derecha" con que califican a Vox. No es casualidad que sea la que normalmente se asigna a los terroristas. Tal asociación conduce al sambenito de Vox como un partido "violento", y no hay más que hablar. Lo curioso es que la escasa violencia política que se muestra hoy en España se ceba precisamente contra los voxeros. Llama la atención que tales agresiones nunca son condenadas por los cuatro partidos establecidos; vergüenza habría de darles.

Los peperos se muestran sobremanera altivos con los voxeros. Solicitan sus votos para que pueda gobernar el PP, nacido para ello. Mas no se trata de un pacto sinalagmático, pues solo Vox está obligado a colaborar sin contrapartida alguna. Es más, el PP se permite el desplante de proclamar que, en las provincias poco pobladas, las papeletas recalcitrantes de Vox serán votos tirados a la basura, al no haberlas ofrecido al PP, que las habría aprovechado mejor. Es lo que llaman "voto útil", estratagema indecente donde las haya. O quizá sea despecho al intuir que la antigua preeminencia de la corriente del PP como única derecha (ellos dicen centro-derecha) hoy es trifásica.

La arrogancia suprema por parte de los partidos nacionales establecidos es la de ignorar olímpicamente que existe Vox. Así, algunos Gobiernos locales se permiten el desplante de negar a Vox la utilización de los locales públicos para sus actos de propaganda electoral. Eso es también corrupción. La inesperada consecuencia es que los voxeros se despliegan en la plaza pública y así se hacen más visibles.

Todas esas maniobras de segregación consiguen un efecto bumerán. Es decir, al final suponen una inesperada cantera de votos para Vox. Los voxeros típicos pertenecen a algunas de estas tres conductas previas: a) votaban al PP y ahora lo consideran corrupto o decadente; b) votaban a algún otro partido y se sienten desengañados de la actual situación de la democracia en España, o acaso de lo mal que van las cosas en el empleo y todas esas cosas; c) no votaban porque partían de la presunción de que todos los partidos son igualmente miserables, o simplemente pasaban de la política. Así que Vox viene a ser el aspirante ingenuo y desasistido al que se le debe un voto de confianza o por lo menos de curiosidad.

Si mi razonamiento anterior fuera correcto, la consecuencia es que Vox va a obtener una proporción de votos muy superior a la que han venido anticipando las encuestas al uso. Pongamos que bien podría estar en torno al 20%. Si se quedara por debajo de ese techo especulativo, habría que reconocer lo efectiva que habría sido la política de desdén practicada por los partidos establecidos y sus terminales opináticas. Si superara el mágico 20%, la conclusión sería el cumplimiento de la profecía del efecto bumerán. No sería la última vez que se cumpliera la famosa ley sociológica de mi maestro Robert K. Merton sobre "las consecuencias no anticipadas de la acción social".

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Mentiras, malditas mentiras y encuestas
Carmelo Jordá Libertad Digital 10 Abril 2019

En uno de los capítulos de la autobiografía que Mark Twain publicaba por entregas en una revista literaria americana, el famosísimo escritor atribuyó al político inglés Benjamin Disraeli una frase que desde entonces ha tenido considerable fortuna, a pesar de que no se sabe con certeza si fue o no pronunciada por el que fuera líder del Partido Conservador y primer ministro británico: "Hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas".

La frase es redonda, genial, pero cabe preguntarse qué habrían dicho Disraeli o el propio Mark Twain de haber conocido a José Félix Tezanos, encuestólogo de cabecera del PSOE durante años y actualmente presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, es decir, amo y señor de la gran máquina pública de hacer encuestas en España.

Por supuesto, he recordado la frase al ver los inverosímiles datos del barómetro electoral del CIS que hemos conocido este martes. Por ejemplo: que después del golpe de Estado en Cataluña los tres partidos de la derecha tienen una intención de voto bastante inferior a las cifras que tuvieron PP y Ciudadanos en junio de 2016, un giro a la izquierda de la sociedad española que hasta ahora no había visto nadie y que me resulta, por decirlo de una forma sutil, difícil de creer.

Sin embargo, hay que reconocer que aunque sí es, evidentemente, el más escandaloso de todos –básicamente porque no se hace con el dinero del PSOE sino con el suyo y el mío, con lo que a ser tratados como trabajadoras del amor unimos la ingrata condición de proveedores del mobiliario–, el caso de Tezanos no es único: si han seguido ustedes más o menos de cerca todas las encuestas que se han publicando en los últimos meses, habrán visto que prácticamente ninguna contradice la línea editorial del medio que la publica y que, por tanto, la paga.

Ya sé que tampoco estoy descubriendo América y que algo parecido ha ocurrido desde que el mundo es mundo y las encuestas las encargan los periódicos o las televisiones, pero mi sensación es que, como en prácticamente todo lo demás, el descaro ha crecido exponencialmente: en la España de hoy, en la política y en los medios –valga la redundancia–, ya no disimula ni Dios.

Dicho todo lo anterior, tampoco les voy a decir que no se crean las encuestas o que no les hagan ningún paso, pero sí les daré una recomendación: léanlas todas y según vayan viendo los datos recuerden que, parafraseando a Disraeli, a Twain o a quien fuese, hay mentiras, malditas mentiras… y encuestas.

El CIS se hunde en el descrédito
Editorial El Mundo 10 Abril 2019

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas antes de las elecciones generales ha terminado de sumir al organismo público en el descrédito. José Félix Tezanos, ex miembro de la Ejecutiva del PSOE, aupado a la presidencia del CIS por Pedro Sánchez como parte de su estrategia para controlar las principales instituciones de creación de opinión pública -entre las que se encuentra también RTVE-, no ha tenido reparo en volver a cambiar la metodología impuesta desde su llegada al cargo para poder ofrecer un posible reparto de escaños. Hasta ahora, por decisión personal de Tezanos, no se aplicaban los correctores demoscópicos -lo que se conoce popularmente como cocina-, por lo que los resultados obtenidos en las encuestas mensuales carecían de credibilidad, ya que mostraban solamente los datos directos de estimación de voto. A diferencia de aquellas, en esta ocasión, y como es habitual en las macroencuestas previas a unas elecciones generales, se han realizado seis veces más entrevistas que en las anteriores, lo que debería hacerla más fiable.

Sin embargo, como ha advertido el propio organismo, el alto número de indecisos -cuatro de cada 10- provoca que el resultado sea bastante impreciso, razón por la cual la horquilla de escaños asignados a cada partido llega a ser en algunos casos de hasta 16 diputados de diferencia, algo insólito. De esta forma, tomando el margen más alto de las previsiones, el PSOE, vencedor indiscutible, podría obtener la mayoría absoluta sin necesidad de recurrir a los partidos independentistas. Y tendría la posibilidad de escoger entre pactar con Unidas Podemos (formación con la que obtendría 179 escaños), o con Ciudadanos, con la que lograría un máximo de 189. Es obvio que con tan alto porcentaje de votantes dudosos es casi imposible dar valor científico al barómetro. Aunque por desgracia, la sociedad española se ha acostumbrado ya a la burla que suponen los tendenciosos sondeos de Tezanos, que no ha dejado de otorgar al PSOE de Sánchez la máxima intención de voto posible desde que comenzó a hacerse cargo de las encuestas.

Pero además de pronosticar una espectacular subida del PSOE, el barómetro del CIS prevé una dramática caída del PP, que podría pasar de 137 escaños a un máximo de 76 y un mínimo de 66, el peor resultado de su historia. Con estas cifras, a Pablo Casado le sería imposible formar una mayoría absoluta sumando sus diputados a los de Ciudadanos y Vox. El partido de Abascal, por su parte, irrumpiría en el Parlamento con casi un 12% de los votos y una horquilla de entre 29 y 37 diputados, dejando al PP sin representación en plazas que históricamente ha controlado.

Sin duda, el Gobierno que salga definitivamente de las urnas deberá esforzarse por devolver la credibilidad a organismos e instituciones cuyo prestigio ha quedado arrasado por la ambición sin límites de Pedro Sánchez.

La izquierda y el nuevo orden ideológico europeo
Pablo Sanz eltorotv 10 Abril 2019

Al igual que en buena parte de la izquierda europea, la izquierda en España atraviesa una aguda crisis de planteamientos políticos y de fuerza social. Esta crisis general de la izquierda se ha hecho muy evidente en los últimos decenios, con la impotencia en la aplicación práctica de sus programas y proyectos, así como por la decepción y desconfianza de su propio electorado. En este sentido, la izquierda española no es diferente de sus compañeras ideológicas europeas. Los partidos socialistas y socialdemócratas europeos están sufriendo una severísima crisis, no sólo por la pérdida del poder, sino por el desafecto y desmovilización de sus bases tradicionales. Esto es muy patente en Francia, donde el Partido Socialista Francés (PSF) ha sido barrido electoralmente y se encuentra casi a punto de su extinción política. En Italia, lo mismo puede decirse de los partidos clásicos de la izquierda, comenzando por el Partido Demócrata (PD). En Alemania, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) no termina de reubicarse en el nuevo panorama político y ha perdido muchísima influencia. El laborismo británico también está sufriendo una crisis de identidad, lleva casi una década fuera del poder, está dividido y no parece recuperarse.

En ninguno de estos grandes países europeos gobierna ahora la izquierda. En España, el PSOE sí ha conseguido llegar al gobierno, a la mitad de una legislatura abrupta, mediante una moción de censura, pero su fuerza parlamentaria ya no es la de otros tiempos. Aunque pueda mejorar ligeramente sus resultados en las próximas elecciones generales, e incluso mantenerse en el poder gracias al apoyo, entre otros, de partidos derechistas, xenófobos e independentistas, como el PNV en el País Vasco y JXCat en Cataluña (cuyos apoyos de investidura no fueron ni serán gratis), parece improbable que alcance el lugar preeminente y referencial de otras épocas. En este sentido, la izquierda en España no es anómala ni una nota discordante en el contexto europeo porque sigue la tendencia de desorientación y confusión en la que está sumida casi toda la izquierda europea, situación que se refleja en la pérdida de poder de sus partidos tradicionales. La izquierda clásica está sufriendo una atomización y desgaste por la irrupción de grupos y movimientos heterogéneos y alternativos, a la izquierda también, pero más transversales y plasmáticos, con los que no obstante comparten gran parte de su corpus doctrinal dirigista e intervencionista.

La deriva crítica de la izquierda europea occidental trae causa de la disolución del marxismo materialista y revolucionario, tras la estabilización social producida en las décadas posteriores a la segunda guerra mundial. La construcción del Estado social europeo y la terciarización de la economía occidental fue neutralizando y vaciando progresivamente los ejes programáticos de esa izquierda dura y doctrinaria. El “proletariado” se fue aburguesando y el paulatino crecimiento del poder adquisitivo de los trabajadores y su incorporación a la sociedad de ocio y consumo fue aletargando los movimientos obreros, suavizando sus organizaciones sindicales. Con el tiempo, se fue abriendo una brecha entre los partidos y sus bases sociológicas, y en definitiva, entre su lenguaje y la realidad. Hay que tener en cuenta que a aquella situación se llegó en cierto modo como consecuencia de las cesiones que tuvieron que hacer las viejas oligarquías de Europa occidental, para evitar la implantación y pujanza del socialismo real durante la reconstrucción postbélica del continente. La edificación del Estado social europeo obedece, en este sentido, al temor de que la insatisfacción social y el riesgo de una pauperización general de la población constituyeran un caldo de cultivo para la propagación de una izquierda endógena fuertemente organizada que planteara transformaciones del statu quo e hiciera girar la política de Europa occidental hacia la órbita soviética. El miedo de las élites europeas proliberales y americanistas a perder el control social tras la segunda guerra mundial motivó la financiación y estructuración de un sistema amplio y denso de protección y seguridad social. Pero la dirección de estas políticas sociales no estuvo ni mucho menos controlada por la izquierda, sino más bien por grupos y dirigentes conservadores. De hecho, el auge de los modelos de seguridad y previsión social contribuyó a la desactivación del izquierdismo más contestatario a lo largo de los años 50, 60 y 70, y fue finalmente demolido con el fin de la URSS.

Desde entonces, la izquierda occidental más doctrinaria y ortodoxa ha quedado huérfana de referencias empíricas. El socialismo tuvo que transmutarse y reinventarse en uno metafísico o postmarxista para poder seguir siendo operativo en el nuevo escenario. En este sentido, la bipolarización clásica del juego político en las tres últimas décadas, aproximadamente, se ha ido forjando en torno a un consenso más o menos implícito: la derecha liberal-conservadora se quedaría con la gestión tecnocrática y económica del sistema, mientras que la izquierda acapararía la agenda cultural, mediática y educativa. Dicho de otro modo, la izquierda renunciaba a su activismo sustancial y también a la dirección técnica del propio binomio Estado-Mercado, reconociendo tácitamente la supremacía e inevitabilidad de la economía de corte liberal-capitalista. Además, tendría que abandonar la realización de sus anhelos de democracia directa y asamblearia, aceptando el parlamentarismo demoliberal. La derecha, por su parte, dentro de este pacto implícito, se limitaría a usufructuar la dirección y gestión de la gran empresa y de las altas burocracias administrativas del sistema, a cambio de entregar la agenda cultural, mediática y educativa a la izquierda.

Ha sido un difícil equilibrio no exento de tensiones, pero ha permitido a cada facción política, a través de su parasitación estatal respectiva, extraer réditos en ambas dimensiones del sistema. La izquierda, desde la educación, los medios y la cultura, se creyó con el poder de conformar la conciencia social y su imaginario colectivo, pero su discurso estaba abocado a la contradicción radical por la imposibilidad de transformar las bases estructurales y productivas del sistema. Su utopía quedaba trabucada y en última instancia traicionada por su radical incoherencia interna. Ciertamente la intelectualidad orgánica de la izquierda, desde sus púlpitos, podía generar discursos, estimular la psique colectiva e imponer neolenguas con vocación performativa. Sin embargo, quedándose la socialdemocracia constreñida cómodamente en el marco de la economía de mercado, su poder fáctico devino ilusorio por la imposibilidad de una materialización real de su teoría, es decir, de una praxis consecuente. La derecha liberal-conservadora, por el otro lado, y aunque se disfrace esporádicamente de centrista, ha tenido que asumir teóricamente una parte de la carga y programación ideológica de la izquierda, para obtener las credenciales de la modernidad democrática que expide la propia izquierda dentro del juego político pactado. Ahora bien, las élites de la derecha siguen reservándose el control irrenunciable de la agenda económica turbocapitalista del sistema, cuya arquitectura es globalista y su antropología netamente individualista y, en consecuencia, erosiva de una moral comunitaria. Asimismo, a la derecha le vino extraordinariamente bien que la izquierda renunciase a la lucha de clases material y optara por hacérsela a las clases populares, contra sí mismas, a través de su fragmentación en pluralismos con reivindicaciones competitivas y contradictorias entre sí.

La proliferación de pretensiones identitarias y la exacerbación de todo tipo de diferencias promovida por la izquierda dentro de su espacio de actuación han resultado ser una trampa que se ha hecho a sí misma y contra su pretendida base social, que en última instancia, ha producido la descomposición y dilución de una supuesta conciencia común de clase y de un discurso crítico efectivo en defensa de la igualdad material. Esto la ha incapacitado para instrumentar proyectos políticos unitarios y coherentes.

Las derechas y las izquierdas europeas tradicionales en cierto modo han cohabitado tranquilas en este escenario porque cada una estaba comprometida en explotar su negociado, respetando a su vez la esfera de actuación de su supuesto antagonista. Cada parte conocía los límites propios y los de su contraparte. Esto ha sido así hasta la irrupción de las nuevas izquierdas y derechas, populistas, informales y transgresoras con el referido consenso. Al igual que pasó con la caída del muro de Berlín, como imagen icónica de la falsedad del socialismo real, ahora, después de tres décadas de aquel acontecimiento, estamos asistiendo a la caída, también icónica, del mundo de Wall Street, a la caída del muro que soporta una arquitectura económica global, injusta e insostenible. Este panorama abre una ventana de oportunidades para la reconfiguración del espectro y de los ejes políticos. La crisis social actual, con sus brechas y desafíos, está perfilando un nuevo mapa político, con otras coordenadas y vectores.

La nueva izquierda y la nueva derecha están rompiendo los esquemas, retando frontalmente a las hegemonías del antiguo y arcaico consenso. Algunos sectores de la nueva izquierda parecen estar rescatando una parte de su esencia reivindicativa, enfocándose en aspectos nucleares con intención antisistémica, y recuperando banderas y valores que hacía mucho tiempo habían despreciado o subestimado. La France Insoumise de Mélenchon es un sugestivo ejemplo de una nueva izquierda, patriótica, que vuelve a resituarse en el tablero político francés yendo a las cuestiones y problemáticas medulares. Ello contrasta con el movimiento paneuropeo auspiciado por Varoufakis, DIEM25, con el que quiere desmarcarse de la izquierda sumisa encarnada en Syriza y en su líder Tsipras, y distanciarse de su pasado en el PASOK, al que contribuyó a aplastar. A pesar de su pretendido aire renovador, Varoufakis sigue anclado en la retórica utópica y en los dogmatismos transnacionales y globalistas, que a la postre hacen la perfecta comparsa de las políticas mainstream que generan defensivamente las propias estructuras oligárquicas del sistema, que son también transnacionales y globalistas, como las que representa Macron (o Ciudadanos en nuestro contexto español).

Por otra parte, la pujante nueva derecha se adentra en terrenos que anteriormente para la derecha clásica o conservadora parecían fuera de su alcance, y lo hace de forma desacomplejada, sin tibieza, aprovechando de forma muy efectiva los nuevos canales mediáticos y las redes sociales. Está marcando la agenda, los ritmos y el lenguaje a sus rivales, creando sus propias estructuras culturales y conectándolas con las preocupaciones y problemas concretos de las capas sociales abandonadas a su suerte por las clases políticas convencionales. La Lega de Salvini, en Italia, es en cierta forma un paradigma de esta tendencia, llegando al poder en coalición con el Movimiento 5 Estrellas, plataforma que no se define ni de derechas ni de izquierdas.

Nos esperan tiempos convulsos, efervescentes, hasta que se fragüe un nuevo orden ideológico europeo que permita consensos institucionales alternativos que alumbren posibles reformas o proyectos transformadores más ambiciosos.

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Tenazas electorales
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 10 Abril 2019

El sociata Tezanos, alias Tenazas, el mismo que llamó nazis la semana pasada a los tres partidos que defienden a la nación española y su Constitución, anunció ayer en una de sus encuestas fantásticas que la Banda de los Cinco -PSOE, Podemos, Esquerra, Bildu y PNV- ahora en el Poder, ya solo necesitará dos para gobernar: el partido del propio Tezanos y el de su socio Iglesias, que ahora se ha pedido el Ministerio del Interior para depurar las cloacas del Estado, es decir, que quiere su Sebin venezolano en la mansión de Galapagar y meter a Inda en la checa de Villa Tinaja.

No sé, pues, por qué se alteran los amigos de Maduro, del Golpe y de la ETA: ya tienen mayoría absoluta socialistas y comunistas para echar a Felipe VI y balcanizar España. Pero deben contar con que todos los que nos oponemos a la liquidación de España a manos y pezuñas de sus enemigos, el peor de ellos Sánchez, iremos a votar en masa para botarlos del Poder que ya disfrutan: el BOE y las televisiones. Si toda la Izquierda se moviliza contra Vox, también la derecha, el centro y la izquierda nacional que quede se movilizará contra este PSOE aliado de Podemos, Otegi y Torra. Como creo que los nuevos votantes son más de Vox que de Podemos, a ver quién queda quinto, pierde el tercer o cuarto escaño de las provincias pequeñas y deja a Tezanos como en Andalucía: en ridículo y al borde de la imputación por prevaricación y malversación de fondos públicos, entre otros delitos.

Pero las tenazas de la omnipresencia televisiva de la izquierda o el dopaje demoscópico son menos graves que la tenaza de la rutina electoral. Casado y Rivera han perdido dos semanas en centrar el debate político en el cambio de régimen que buscan el PSOE, Podemos, Bildu, PNV y ERC. Falta insistir en la otra gran razón para echar a Sánchez: la recesión económica que provoca o agrava su política. Todos los indicadores, ayer el FMI, no es que rebajen nuestras expectativas de crecimiento: las entierran.

PP, Cs y también Vox -contra el estatalismo de lepenes y salvinis- tienen programas económicos liberales muy parecidos contra la ruina económica que acarrea toda gran crisis política, véase Cataluña. Pero ahí andan, perdiendo la voz en plazas de tercera y dejando la Maestranza vacía. De la formidable tarea de desescombro de la Junta de Andalucía, ni palabra.

CIS: que el PSOE se pague las encuestas intoxicadoras
EDITORIAL Libertad Digital 10 Abril 2019

El descalificable José Felix Tezanos parece decidido a que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pase a ser conocido como Comisariado de Invenciones Socialistas. No otra cosa cabría deducir del vergonzoso sondeo hecho público este martes, según el cual la victoria del PSOE en las elecciones del próximo día 28 sería tan rotunda que Pedro Sánchez podría seguir en la Moncloa con el apoyo de Podemos y algún partido nacionalista o bien con el de Ciudadanos.

Es un escándalo indecente que el dinero del expoliado contribuyente se destine a estos menesteres y que un organismo público supuestamente independiente esté presidido por un sujeto como Tezanos, que no sólo pertenecía a la Ejecutiva del PSOE –en calidad de secretario de Estudios y Programas– en el momento en que fue colocado como presidente del mismo, sino que posteriormente ha tenido la desfachatez de basurear a PP, Ciudadanos y Vox –hasta el punto de relacionarlos con el partido nazi– y dejado fuera del llamado comité de expertos del CIS a las empresas demoscópicas criticas con sus desacreditados y fallidos métodos de prospectiva electoral.

Al margen de los numerosos datos asombrosos que ofrece esta encuesta literalmente increíble, ¿qué sentido tiene gastarse el dinero del contribuyente en un servicio que ya ofrecen gratuitamente al público numerosos medios de comunicación de muy distinto signo político? Para colmo, la que nos ocupa se realizó antes de la presentación de candidaturas y arroja un porcentaje de voto oculto e indeciso tan sumamente alto que hace inservibles sus resultados. Y esto es así hasta el punto de que fuentes del propio PSOE han filtrado que, según los sondeos que manejan los propios socialistas, Vox, quinto en el estudio tezanesco, en realidad podría quedar tercero, por delante de Ciudadanos y de Podemos.

Por mucho que la encuesta de Tezanos pronostique que el PSOE no necesitará el apoyo de todas las formaciones separatistas, lo cierto es que Sánchez ya ha pactado en el pasado con ellas y mostrado su disposición a volver a hacerlo. Sin dejar de lado a los proetarras de Bildu.

Es un indignante disparate que el dinero del contribuyente se despilfarre en sondeos de nula credibilidad como los pergeñados por Tezanos y, por otro lado, que se prohíba a los medios de comunicación publicar encuestas en los últimos cinco días previos a las votaciones. Se trata de dos despropósitos que no tienen la menor justificación y que habrían de ser atajados de inmediato.

Sánchez se abraza a Otegi
Esther Ruiz okdiario 10 Abril 2019

La espiral de indignidad de Pedro Sánchez ha tocado fondo. No era suficiente con mentir a los españoles y atrincherarse en la Moncloa. No bastaba con permitir las embajadas de Torra en el extranjero o con claudicar ante los separatistas prometiéndoles un “mediador”. Y tampoco se
conformaba con regalar al PNV otro cuponazo injusto para el resto de los españoles.

No, Sánchez no tiene límite con tal de retener el poder. Por eso, en la última demostración de su catadura moral, se ha abrazado a Arnaldo Otegi y ha elegido a Bildu como aliado preferente de su campaña electoral. El partido de los herederos de ETA, la marca de los abertzales, es la que presta sus votos para que el sanchismo apruebe sus decretazos electorales y siga vivo un día más. Y el PSOE lo acepta sin rubor, anteponiendo sus intereses a los de España y a Otegi frente a las víctimas.

Décadas negras y dolorosas hemos vivido bajo el yugo asesino de ETA. Terroristas sin escrúpulos nos han golpeado a base de extorsiones, secuestros y matanzas de políticos, miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y, sobre todo, civiles. Hace nueve años de aquel “alto el fuego permanente verificable”, pero hace menos, solo dos años, de otro anuncio, el de su supuesto desarme definitivo. Repito: solo dos años; un suspiro tras más de 40 de horror.

Muchos se sorprenden cuando les refresco este dato. Lo vuelvo a recordar hoy, porque parece que Pedro Sánchez se le borran datos con mucha facilidad. España no puede seguir soportando que Arnaldo Otegi presuma, con cierto tono de mofa, de que Sánchez le llama insistentemente para sostener el viaje a ninguna parte de este gobierno Frankenstein. ¿En qué cabeza cabe que los patrocinadores del terror sean ahora la herramienta del sanchismo? ¿Cuántas veces más va a humillar a las víctimas y a sus familias? Cuando Pedro Sánchez descuelga el teléfono para llamar a los herederos de los asesinos, yo pienso en Ernest Lluch, Fernando Múgica, Juan María Jáuregui o Fernando Buesa. Si esto no es un escándalo, que paren el mundo que yo me bajo.

TV3, un instrumento de la rebelión del 1-O
Editorial El Mundo 10 Abril 2019

El cierre de la instrucción de la macrocausa sobre los preparativos del 1-O arroja una conclusión palmaria: el referéndum ilegal no fue una votación muñida por las bases del independentismo sino orquestada desde las estructuras de la Administración catalana. De ahí el auto de procesamiento dictado ayer por el Juzgado Número 13 de Barcelona, el primero que empezó a investigar el procés, contra 32 investigados, incluidos el actual director de TV3, Vicent Sanchis; y el director de Catalunya Ràdio, Saül Gordillo.

La juez subraya que "existió un plan común" para acometer la votación ilegal y, por tanto, romper la soberanía nacional. Cada uno de los procesados, dentro de sus respectivas competencias o ámbitos de actuación, "contribuyeron de manera decisiva en la consecución del fin conjunto". La magistrada atribuye desobediencia a los altos cargos de los medios públicos catalanes y malversación a varios responsables del Govern por el uso o compromiso de dinero público para el referéndum. La investigación acredita, por tanto, no solo la utilización partidista de los medios públicos de Cataluña, sino la participación de éstos en la rebelión orquestada por Puigdemont y sus aliados apoyándose en el entramado institucional de la Generalitat.


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