AGLI Recortes de Prensa   Viernes 12  Abril 2019

Las Juntas de Defensa de la España buena
No se equivoquen de enemigo los defensores del constitucionalismo frente al sanchismo
Hermann Tertsch ABC 12 Abril 2019

Existe una España buena. Ayer, en ese degradado pozo negro de miseria antiintelectual, mezquindad ruin y zafiedad totalitaria que es la Universidad en Barcelona, la representaba Cayetana Álvarez de Toledo, que acudía con la pretensión de hablar de una opción política de paz, libertad y bienestar. No pudo hacerlo. Porque existe también una España sórdida, encanallada, violenta y extremista. Que es la representada por la jauría de jóvenes intoxicados y enfermos de odio ideológico que intentaron agredirla. La España siniestra que odia a España no es menos española que la otra. De que exista esta España de odio y rencor tiene gran culpa la otra, la que ha permitido que creciera, malcriado en la permanente tolerancia del abuso y le ha permitido crecer en la fanática creencia de sus mentiras, porque no hubo nadie con valor, lealtad y gallardía para defender la verdad y enseñar a respetarla.

Hace tres lustros, un jefe de gobierno español llegó al poder cabalgando sobre trenes repletos de cadáveres e impuso la revancha y la mentira como razón política suprema. Desde las sedes sitiadas en jornada de reflexión, la España buena ha estado permanentemente acosada. Su intento de liberarse de esa humillante degradación en 2011 fue fallido, porque todo el poder reunido en la mayoría absoluta se lo entregó a unas manos débiles, indolentes, corruptas y al final traidoras. Como ya había sucedido antes a este pueblo tan descreído como iluso con aquella vana esperanza con Fernando VII.

La España buena ya era agredida mucho antes. Durante décadas mataron a miembros suyos muy ilustres en el País Vasco para generar terror. Y el terrorismo fue muy eficaz. Muchos se fueron y los demás callaron. En Cataluña sucedió otro tanto de forma menos sangrienta y más artera. En todas las regiones se instaló la pequeñez, el particularismo y interés mezquino. Nadie salvo el Rey y algunos guardias y jueces valientes han defendido a España. Todo ha sido desprecio y humillación hacia la nación de la que emana la soberanía, el Estado y la Constitución. Esta constitución con la que justifican los pesebres autonómicos que dan cobijo a la casta política adicta al erario. Bienvenida era la hispanofobia que evitaba toda revisión del esperpento autonómico, garantía de clientelismo, división, desigualdad y precariedad.

El gran embuste ha llegado medianamente intacto hasta ahora. Pero todo indica que esto se acaba. Hay pánico por ello en muchos frentes. Izquierda y separatismo ven que se complica su proyecto del Frente Popular para el cambio de régimen y la voladura definitiva de la monarquía primero y la nación española después. No funcionó el primer intento y van al siguiente. En la España buena, hay frenesí. Las fuerzas tradicionales de la derecha están asustadas. La agresividad de la izquierda sanchista las confunde. Además se ha producido un fenómeno inimaginable: una revuelta patriótica genera una movilización nacional desconocida. Que evoca las Juntas de Defensa contra Napoleón. Tiene la firmeza que les faltó a otros antes. Y mueve masas en los pueblos y ciudades. Y se perfila ya como la fuerza decisiva para que la España buena se imponga al proyecto totalitario de la destrucción de España. No acaban de despertar todos los que debieran entre las fuerzas defensoras de España y la libertad. En el PP como en Cs están histéricos, empeñados en buscar ventajas en el daño a Vox. Además de necio es inútil. Más serenidad en la España buena. Vox es la gran promesa de todos ellos para neutralizar el grave peligro para España que es el proyecto de matonismo político totalitario de un Pedro Sánchez sin conciencia ni freno moral alguno.

Vox: el mejor de los programas económicos
El programa económico de Vox, a diferencia de lo que sucede con el resto de partidos, sí supondría un salto cualitativo para la libertad y para la prosperidad de los españoles
Juan Ramón Rallo El Confidencial 12 Abril 2019

Vox ha hecho público su programa económico. Tras semanas de filtraciones parciales, ya conocemos la globalidad de sus propuestas en este campo. El resultado, y yo he sido el primer sorprendido, es el mejor y más liberal programa económico de entre los grandes partidos que se presentan a las próximas elecciones generales. Como ya he comentado en otras ocasiones, Vox es un partido que amalgama diversas corrientes de pensamiento tradicionalmente agrupadas alrededor de la derecha: un nacionalismo exacerbado, un conservadurismo intrusivo pero, también, un distinguible liberalismo en materia económica. Afortunadamente, parece que en el campo económico han prevalecido —de momento y ya veremos hasta cuándo— las ideas liberales. Así pues, ¿qué reformas económicas propone Vox?

Primero, en materia educativa? aboga por liberalizar los planes de estudio —el Estado solo regularía mínimamente los contenidos del sistema de enseñanza pero permitiría que cada centro impartiera aquellas materias adicionales que considerara oportunas— y por devolver a los padres la potestad de escoger el centro de enseñanza para sus hijos —a través de un sistema de cheque escolar—. Su propuesta contiene algunas lagunas (¿se cerrarán aquellas escuelas públicas que se queden sin demanda?), pero avanza totalmente en la dirección correcta (más libertad desde el lado de la oferta y de la demanda educativa).

Segundo, en materia sanitaria defienden conservar la actual red de asistencia pública pero permitiendo, al mismo tiempo, el descuelgue por parte de aquellos ciudadanos que prefieran la asistencia privada. Para ello, implementarían la deducibilidad fiscal de aquellos gastos satisfechos en la sanidad privada y que sean de una naturaleza y cuantía similares a los cubiertos en la pública (esto es, no podrían deducirse gastos sanitarios privados que no le supongan un ahorro al sistema público). La propuesta es muy preferible al sistema de concierto de los hospitales públicos: resulta preferible un sistema privado totalmente libre (pero accesible con deducibilidad fiscal) conviviendo con uno público que un sistema totalmente mixto donde los intereses público-privados quedan corruptamente enmarañados.

Tercero, en materia de pensiones, Vox impulsa la transición hacia un modelo de capitalización, abandonando progresivamente el sistema de reparto. Para ello, los menores de 25 años dejarían de cotizar a la Seguridad Social (ahorrarían para sí sus cotizaciones); los trabajadores entre 25 y 45 años podrían dejar de cotizar voluntariamente; y los mayores de 45 años, continuarían cotizando a cambio de devengar un derecho del sistema público hasta que este se extinguiera. Como ya comenté, la idea general es muy atractiva pero su aplicación está completamente en pañales: dentro de 22 años, el sistema habrá perdido a todos sus cotizantes, pero seguirá habiendo millones de pensionistas. ¿Cómo continuaremos pagando sus pensiones?

Cuarto, para el mercado laboral propugnan una liberalización cuasi absoluta: prevalencia del contrato individual sobre el convenio colectivo; prevalencia del convenio de empresa sobre el convenio sectorial; posibilidad de descuelgue unilateral de un convenio colectivo salvo que los trabajadores de una compañía voten mayoritariamente en contra; fin de la ultraactividad de los convenios; acotamiento de la discrecionalidad judicial sobre la aplicación de la legislación laboral; indemnización única de 20 días por año trabajado con un máximo de doce mensualidades; eliminación el salario mínimo para los jóvenes; y rebaja de las cotizaciones sociales (esto último, por cierto, no encaja nada bien con su propuesta de transición hacia un sistema de capitalización).

Quinto, apuestan por ampliar enormemente la oferta de suelo edificable para, a su vez, permitir que se incremente la disponibilidad de vivienda. Adicionalmente, proponen liberalizar plenamente el mercado del alquiler para incentivar la construcción con el propósito de arrendar.

Sexto, programa general de liberalizaciones: Vox pretende pedir a la Comisión Nacional de Mercados y Competencia que elabore un catálogo detallado de todas las trabas que existen contra la competencia en los distintos sectores económicos del país (taxis, farmacias, estancos, estibadores, etc.) y ulteriormente proceder a abrir tales industrias a la competencia en el sentido planteado por la CNMC. En todo caso, Vox remarca la importancia de liberalizar el mercado de transporte ferroviario y por carretera, así como el sector eléctrico.

Séptimo, programa general de privatizaciones: privatización plena de Aena e Indra, así como de la participación accionarial del Estado en Enagás y Red Eléctrica. También se plantea el otorgamiento de concesiones en la señalización o el mantenimiento de las redes ferroviarias o en la gestión de las líneas de transporte de alta velocidad.

Octavo, en materia fiscal plantean una profunda rebaja impositiva que ya tuvimos ocasión de comentar. Aunque la memoria económica subsana parte del agujero recaudatorio que criticamos en un artículo anterior (ampliando las bases imponibles por la vía de simplificar los tributos), los números siguen sin cuadrar (sobre todo, si incluimos la ya mentada transición hacia el sistema de capitalización). No obstante, como ya dije, es positivo que se promuevan audaces reformas tributarias al tiempo que se reconoce la necesidad de sufragarlas recortando el gasto público (que en el nuevo programa también especifican con más de detalle, aunque en algunos casos sigan siendo generalidades).

Y noveno, Vox también defiende una fuerte recentralización del Estado, despreciando las ventajas que se desprenden de la descentralización con corresponsabilidad fiscal (competencia tributaria y normativa entre administraciones) así como exagerando los beneficios que se derivarían de la misma (como una falaz economización de los gastos, algo que no sucede en otros países europeos más centralizados como Francia). Este es el punto del programa económico de Vox menos compatible con el liberalismo económico.

En suma, con todas sus imprecisiones y sus defectos —que los tiene y algunos muy importantes—, el programa económico de Vox es con mucha diferencia el programa más liberal del panorama nacional. Diré más: se trata del programa económico más liberal que se ha presentado nunca en España (con la honrosísima excepción del Partido Libertario, liberalismo muchísimo más profundo, amplio y coherente que el de Vox). Pese a lo anterior, como liberal, me resulta imposible apoyar a Vox: el liberalismo no solo defiende las libertades económicas, sino sobre todo las personales (dentro de las que se insertan las económicas).

Vox es una formación declaradamente partidaria de imponer una visión excluyente de la nación española; enemiga de facilitar la inmigración incluso entre aquellas personas que puedan convivir y respetar el marco jurídico básico de España; y promotora de una moral conservadora que puede resultar muy legítima en la esfera privada pero no como catecismo estatal. Además, sería ingenuo pensar que, como decíamos, dentro de Vox no existen familias peligrosísimamente antiliberales que en algún momento podrían tomar el poder y convertir a la formación en un grupo mucho más liberticida incluso en el campo económico.

En suma, fuera de su ámbito económico, Vox tiene inquietantes elementos iliberales o antiliberales que hacen imposible que les apoyemos aquellos que nos negamos a traficar con nuestras libertades y con las del prójimo. No obstante, al césar lo que es del césar: con prudencia y profesionalidad, el programa económico de Vox, a diferencia de lo que sucede con el resto de partidos, sí supondría un salto cualitativo para la libertad y para la prosperidad de los españoles

La izquierda, el nacionalismo y la violencia política
EDITORIAL  Libertad Digital 12 Abril 2019

En Cataluña los separatistas quieren intimidar, silenciar y en último término expulsar a los disidentes, que de hecho son la mayoría de la población.

Lo ocurrido este jueves en la Universidad Autónoma de Barcelona es un episodio extremadamente grave, pero por desgracia no resulta en absoluto sorprendente: en muchas partes de España, y en particular en Cataluña, la violencia política se está convirtiendo en algo habitual.

Los escraches que están sufriendo Cayetana Álvarez de Toledo, Maite Pagazaurtundúa, Rocío Monasterio y otros políticos del PP, Cs y Vox no son hechos aislados, sino que forman parte de una forma de hacer política por la que la izquierda y el nacionalismo se creen con el derecho a hacer lo que sea con tal de silenciar al adversario e imponer sus tesis.

Lo que estamos viendo en Cataluña ya lo vimos en el País Vasco, donde el nacionalismo usó métodos aún peores, como los utilizados por la organización terrorista ETA, para silenciar o expulsar a quienes no compartían su ideario liberticida y criminógeno. En efecto, en Cataluña los separatistas quieren intimidar, silenciar y en último término expulsar a los disidentes, que de hecho son la mayoría de la población.

Resulta muy revelador que este tipo de sucesos tengan lugar con repugnante frecuencia en campus universitarios, pero tampoco es motivo de sorpresa: como hemos denunciado en multitud de ocasiones en Libertad Digital, la politización, la endogamia y la no rendición de cuentas han hecho de la Universidad un terreno especialmente propicio para que matones fanatizados, tantas veces conchabados con indecentes autoridades políticas y académicas, campen por sus respetos e impongan su dictadura del miedo. Hay Aulas Magnas que más parecen jaulas en las que, en lugar de conocimientos, se propaga el odio.

Estas bandas de indeseables rebeldes sin causa que practican el fascismo mientras dicen estar combatiéndolo serían un problema menor, prácticamente anecdótico, de no ser por la comprensión, la cobertura e incluso el apoyo que reciben del nacionalismo y de buena parte de la izquierda, así como de los medios progresistas, y por la ominosa dejación de funciones de los Gobiernos pretendidamente constitucionalistas.

Como en su día se demostró en el País Vasco, la aplicación estricta de la ley es la mejor manera de combatir a quienes quieren imponerse por la fuerza y no están dispuestos a respetar las normas mínimas de convivencia.

La mala noticia es Pedro Sánchez, que por supuesto no está dispuesto a poner en graves aprietos a quienes le instalaron en la Moncloa. Por eso es de extrema necesidad que el 28 de abril obtenga en las urnas el pésimo resultado que se merece.

Una izquierda sin ley
Gonzalo Duñaiturria okdiario 12 Abril 2019

Uno de los hechos más vergonzosos que he podido contemplar últimamente ha sido la utilización de la fachada de la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid y por parte de PODEMOS-Ayuntamiento para proyectar los llamados “papeles de Bárcenas”. Saltándose a la torera la ley, la norma, la más mínima decencia y ética política. Que ingenuo soy, todavía sorprendido y estupefacto ante la innoble tradición de la progresía de incumplir la ley de forma sistemática sin que tal actuación repercuta en castigo alguno. ¿Qué hubiera pasado si tal “proeza” la hubiese realizado el Partido Popular o VOX, por ejemplo, con los pagos no aclarados del gobierno chavista a sus “hermanos ibéricos”?

La izquierda legisla solo para supeditar a la sociedad a sus intereses, y sus leyes no pueden ser más férreas e invasivas. Pero a su vez, quema la norma cuando entorpece los fines y objetivos propuestos. Establece como delito la cercanía o respaldo individual al franquismo para a la vez protestar de forma violenta, ¿cómo no?, contra la llamada “Ley mordaza”. Es capaz de
justificar en aras de la manipulada y embargada “libertad de expresión” para sus “hazañas”, la violencia contra la derecha, la iglesia o sus fantasmagóricas cloacas del Estado y a la vez impedir los actos de VOX y manifestarse de forma agresiva, ¿cómo no?, contra asistentes y simpatizantes del movimiento de derecha en constante alza.

Se trata de usar la demagogia como arma argumental para erigirse en garantes de una democracia pervertida. Una respuesta siempre violenta y agresiva de aquellos que viven abducidos en un inflexible canon ideológico donde quien osa o se atreve a cuestionar sus manidos postulados, es automáticamente tachado, señalado, marcado, pasando a ser un lisiado social. Ese desprecio a la ley les atribuye la potestad de convertirse en censores y jueces de los demás apropiándose de un poder supremo, sumo, eminentísimo, con poder para descalificar a aquellos cuyas ideas, argumentos o pensamiento político no se ajustan a su omnímoda idea de falsa y oscura realidad. Pero esta es terca y manifiesta, por mucho que parte de la sociedad siga embelesada ante los embrujos del trilero. Y la realidad les pone en evidencia. Ninguno de estos prebostes hacen nada para mejorar nuestra sociedad, para sacar a España de la crisis social e institucional en la que se encuentra. Es la política de la fachada, si, de la fachada de todos saltándose la ley y de la fachada de un edificio, el mensaje de la izquierda, que desde hace decenios se encuentra en ruinas, rebosado de escombros.

No pasará nada. La ley es aquello que solo se cumple si nos interesa y sirve a nuestros fines, y que se puede incumplir de forma impune cuando es a la progresía a quien interesa. La izquierda de hoy, salvo honrosas excepciones, recorta las libertades, pretende criminalizar cualquier idea discrepante y azuza a sus bases en una peligrosa estrategia de crispación tratando de obtener algún rédito político para salir de la desesperada debacle ideológica en que se encuentra. El peligro es un Gobierno que no sólo nos conduce a la ruina económica a España, sino que resulta cada vez más autoritario e intolerante. Es esa mezcolanza ideologizada, prepotente y disfrazada de inclusión y diversidad. El pensamiento único e indiscutible muchas veces validado de forma cobarde por el históricamente ruinoso centrismo que mira hacia otro lado. Saltarse la ley con esa chulería y altanería es violencia, un exabrupto frente al orden y el sentido común que hoy representa una gran parte de la sociedad que mantiene principios y valores. Quizá sea solo complejo que es necesario desenmascarar. Porque ya lo dijo el Conde de Chesterfield, político y escritor inglés: “El hombre odia a quien le hace sentir su propia inferioridad”.

Tezanos no sabe hacer de Tezanos
Emilio Campmany  Libertad Digital 12 Abril 2019

A Tezanos lo puso Sánchez en el CIS para que sus encuestas favorecieran al PSOE. Eso lo saben hasta las madres. Tezanos entendió que favorecer al PSOE consiste en sacarle todo lo favorecido que se pueda en las encuestas. La escasez de inteligencia que padece Tezanos le ha impedido entender que favorecer al PSOE no siempre consiste en decir que va a ganar de calle, sino que, según las circunstancias, puede ser conveniente otra clase de mensaje.

Para ser justos con Tezanos, habrá que decir que el propio Sánchez, que fue quien le nombró, creía también que favorecer al PSOE con las encuestas consistía tan sólo en predecir su éxito. Fueron las elecciones andaluzas las que le enseñaron que augurar una cómoda victoria puede ser contraproducente si sirve para desmovilizar a su electorado y espolear al del enemigo. El resultado es conocido: gracias entre otras cosas a Tezanos, el PSOE perdió el único feudo que quedaba en manos del mismo partido desde que se inició la Transición.

Sánchez, a pesar de su cortedad, aprendió la lección y se dio cuenta de que no era interesante que las encuestas fueran tan optimistas. Al contrario, había que sacar a relucir el espantajo de Vox para que el rojerío se asustara y acudiera en masa a votar al PSOE en vez de irse a la playa o votar a los comunistas. Tezanos, más torpe que Sánchez, no extrajo de aquel fracaso ninguna enseñanza. Y, ahora que vienen las generales, insiste en la fórmula de pronosticar que el PSOE se dará un paseo el 28 de abril. El anuncio podría ser contraproducente si adormece al electorado de izquierdas y espabila al de derechas. Sánchez lo sabe y ha obligado a Tezanos, su fiel arúspice, a corregir el augurio con la advertencia de que hay mucho voto oculto de Vox y de que los carísimos cálculos del CIS podrían estar equivocados. ¿Dónde se ha visto un demóscopo que, antes de haber pasado 24 horas de la publicación de una encuesta, la corrige en base a consideraciones acientíficas?

Iván Redondo debe de estar a punto de ahorcarse de una encina de la Moncloa, rodeado como está de incompetentes estultos. Sólo de pensar tener que ganar unas elecciones con la materia gris que pueda encontrar en las cabezas de Sánchez, Tezanos y, pongamos, para satisfacer la cuota femenina, Carmen Calvo, le deben de entrar ganas de abrirse las venas, beber la cicuta o someterse a dos horas de escucha de entrevistas a Pablo Iglesias.

Lo que no dice nadie es que la mayor parte del cuarenta por ciento de indecisos que quedan pertenecen a la derecha y que su indecisión no incluye la posibilidad de votar al PSOE, que es algo que mayoritariamente tienen francamente descartado. Son gente que duda entre PP, Ciudadanos y Vox o entre dos de ellos. Así que la única realidad es que los encuestadores, incluido por supuesto Tezanos, no tienen ni idea de lo que va a ocurrir el 28 de abril. Si alguno acierta, será por casualidad. El que fallará con seguridad es Tezanos, pero no por malo, sino por tonto.

Como en 1936, la izquierda no permite la existencia de la derecha
OKDIARIO 12 Abril 2019

La anormalidad, en una democracia como la nuestra, no debe tener rango de costumbre ni menos aún de ley. Y resulta una anormalidad de primer orden que dos representantes políticas –Cayetana Álvarez de Toledo, del PP, y Rocío Monasterio, de VOX– celebren actos de precampaña y sucedan las imágenes que todos hemos tenido la oportunidad de ver; imágenes de un inusitado nivel de violencia.

Este tipo de escraches contra representantes de partidos constitucionalistas, por la frecuencia e impunidad con la que suceden, se están convirtiendo en moneda corriente dentro de la vida española. Todos recordamos una escena similar a las vividas en Segovia y Barcelona, pero en este caso fue hace una década –en 2008– en la Universidad Complutense de Madrid. En aquella ocasión tuvo como protagonista a Rosa Díez. Por lo demás, mismos insultos, mismo nivel de agresividad, misma necesidad de salir escoltada. Por cierto, en aquel acto de la Complutense, del cual también hay imágenes grabadas, aparece Íñigo Errejón y otros futuros dirigentes de Podemos entre el grupo de acosadores. Esta anécdota de Rosa Díez e Íñigo Errejón se eleva al nivel de categoría, porque vemos el patrón que la extrema izquierda aplica desde entonces: excluir al constitucionalismo, y muy especialmente a la derecha, de la vida política. Si es necesario, recurriendo sin pudor alguno a la violencia. Sin embargo, no fue la primera vez. Los comunistas tienen buena memoria –llevan recordando a un economista del siglo XIX, Karl Marx, durante más de 150 años– y los independentistas, por su gusto de los pasados míticos, otro tanto; ambos ya aplicaron este mismo patrón en la II República española, y muy especialmente en las elecciones de 1936, cuando decidieron atacar y excluir a la derecha. No han cejado en el empeño. Vemos que en ello continúan.

Todos los espacios comunes, máxime los momentos de precampaña, tienen que ser lugares de encuentro y diálogo. Pero difícilmente se puede apelar a la razón cuando hay individuos que libre y voluntariamente optan de manera tan decidida por la intolerancia. La ventaja es que vivimos en pleno siglo XXI. Las agresiones han sido registradas por múltiples cámaras y teléfonos móviles. Esta documentación hay que ponerla en manos de la Justicia para que inicie las investigaciones pertinentes. Los culpables deben ser castigados. La transgresión del Estado de Derecho en España nunca debe tomar carta de naturaleza.

Un "No" a Sánchez es un "Sí" a España
EDITORIAL ESdiario_com 12 Abril 2019

Ni siquiera las primeras Elecciones Generales de la democracia tuvieron tanta relevancia como las que España celebrará el 28 de abril: entonces el sistema, en tránsito de la Dictadura, no estaba en juego, y lo que se decidía era quién o quiénes lo pilotaban.

Ahora, sin embargo, lo sustantivo de la estructura constitucional está en entredicho, de manera directa -y por razones complementarias- por el independentismo y el populismo y, al depender de todos ellos, por el PSOE de Pedro Sánchez.

No es ni mucho menos exagerado asegurar que la idea de España contemporánea, sustentada en los mejores valores democráticos que nunca cinceló la humanidad, está más en entredicho que nunca. Y que bajo supuestos deseos reformistas se parapeta, en realidad, un desguace del edificio institucional que cobija el desarrollo de los valores de libertad e igualdad integrados en una Nación moderna.

Todo pasa por Cataluña
Con ser muy relevantes los debates, propuestas y dilemas económicos, sociales o demográficos, (especialmente en un país envejecido, con poca industria y dificultades para competir en un espacio global), la campaña debe de estar marcada por las recetas exactas, sin ambages, con precisiones y compromisos que cada formación ponga sobre la mesa sobre el conflicto en Cataluña.

Difuminadas las fronteras ideológicas clásicas, hay que votar, más que nunca, en términos patrióticos

Venimos de un largo periodo en el que las necesidades del país han quedado sometidas a los intereses de Pedro Sánchez, protagonista de hasta tres convocatorias electorales en el cuatrienio de reconfiguración de Europa y de enorme crisis económica que debieron concentrar todas las energías; con un precedente que no debe llevar a engaño: asegurar que va a gobernar con independentistas y Podemos no es un infundio ni una sospecha, sino una certeza destapada ya con su abrupta moción de censura.

Por eso la pregunta que el ciudadano debe hacerse es, pese a la complejidad del momento, bien sencilla. ¿Quiere que España esté dirigida por un presidente intervenido de nuevo por quienes menos creen en España? Si la respuesta es negativa, ni Sánchez ni el PSOE pueden ser su opción.

Un No a Sánchez
Porque resulta evidente, por mucha propaganda blanqueadora del currículum de Sánchez, que el líder socialista estará dispuesto a pactar con las fuerzas a las que debería aislar, a un precio inasumible para España pero siempre razonable para él.

Difuminadas las fronteras ideológicas clásicas, hay que votar, más que nunca, en términos patrióticos: ser español, en un sentido histórico pero también constitucional y europeo, es esta vez más importante que sentirse progresista, liberal o conservador. Y nadie debe engañarse. Lo que está en juego es eso, y luego no caben lamentos.

De hecho, si en algo coinciden los expertos es en que cada vez son más los votantes que esperan a última hora para decidirse, no tanto en el eje derecha-izquierda, sino entre las variadas ofertas que ofrece cada uno de los bloques.

Un líder encapsulado: por estas razones Pedro Sánchez huye de prensa y debates
De ahí la importancia que todos los candidatos van a conceder a la campaña que empieza. No ya a los anquilosados mítines –un formato para animar a militantes cuyo voto ya está más que fidelizado-, sino más bien en las nuevas tecnologías, las redes sociales y la llamada democracia mediática.

Los debates que las principales cadenas fijen, la presencia de los líderes en los programas de televisión y radio más desenfadados y alejados de la política pura y dura, las posibles “pifias” que algunos de ellos puedan cometer serán determinantes para inclinar las preferencias de ese 42% por ciento de indecisos.

El desenlace
La oferta, sin duda, se ha ampliado, y una nueva generación de españoles es cada vez más exigente y cada vez menos fiel a las siglas partidistas. Premia simpatías, liderazgos, emociones. Castiga excesos y rechaza la temeridad. Son los españoles que no le han contestado a Tezanos.

Aquellos sobre los que los partidos tienen más dificultades de “pegada”. Pero justo es en esa “otra España” donde se esconde el desenlace que nadie se atreve a atisbar. Porque muchos españoles, callados, solo hablarán el 28-A. Y ya veremos la sorpresa que reservan.

El Estado de Derecho, en peligro
Editorial ABC 12 Abril 2019

Anoche comenzó la que seguramente sea la campaña electoral más decisiva de los últimos años si tenemos en cuenta lo que anda en juego, nada menos que la formación de un gobierno que afronte sin complejos ni hipotecas el reto de preservar la soberanía de los españoles sobre la integridad territorial de la nación y la salvaguarda de su Estado de Derecho. Para estas dos tareas cruciales, Sánchez está claramente descartado, vista su complacencia con partidos que persiguen la destrucción de España. Y ese comienzo tuvo como aperitivo precisamente una agresión al sistema de libertades, con el escrache violento de un grupo de independentistas a Cayetana Álvarez de Toledo y políticos populares y de otros partidos, que habían acudido a dar una charla a la Universidad Autónoma de Barcelona, invitados por una asociación de estudiantes no partidarios del separatismo. Aterra pensar cómo es el día a día de los estudiantes de esa asociación, pero reconforta su valor y entrega a la causa de la libertad.

Las imágenes de la visceral reacción de los alborotadores hablan por sí solas de cómo el separatismo y la izquierda se han apropiado de la Universidad y, por extensión, de los espacios públicos en Cataluña. No es un mal privativo de la Universidad catalana. También en otras regiones la izquierda ha querido hacer de su capa un sayo, repartiendo salvoconductos que habilitan o no para hablar en las instalaciones académicas. Es este un mal ya casi endémico que habla muy mal de la libertad y el libre pensamiento en nuestras Universidades, donde quien no comulga con esa posición sectaria es tomado (y tratado) como un apestado, a empellones e insultos. Cabe recordar que el propio Iglesias, otro socio de Sánchez, participó, durante su etapa como profesor, de estos actos de acoso e intolerancia.

Visto este nuevo episodio de acoso a los constitucionalistas, de gravísimo alcance por lo que significa, es urgente la recuperación de las libertades en Cataluña, el rescate de los derechos de los que se han apropiado el separatismo y la izquierda. Se trata de una tarea de Estado para la que parece incapacitado el líder del PSOE por su política de complacencia con todos los radicalismos que habitan en las Cortes y que le sirvieron de pértiga para saltar a La Moncloa. El separatismo -con el socorro del movimiento podemita, de inspiración antisistémica- quiere expulsar a los constitucionalistas de Cataluña. Y para tal fin ha tejido un entramado de intolerancia (de la Generalitat del lazo, a la Universidad, pasando por los CDR) con el que avanzar hacia un régimen de pensamiento único. Su triunfo o no, es buena parte de lo que se juega España el próximo día 28 en las urnas. Por eso estas elecciones son cruciales para los españoles.

El único peligro para España es Sánchez, no "las tres derechas"
EDITORIAL ESdiario_com 12 Abril 2019

El empeño de Sánchez en recuperar la España frentista, la de los bandos, va a encontrar en la campaña electoral su clímax más insoportable, como ya anunció él mismo en su mitin inaugural al advertir del supuesto peligro de "las tres derechas" y de la necesidad de "teñir de rojo" el país.

Sorprende la facilidad con que el líder socialista descalifica a tres partidos plenamente constitucionales y los incluye en el mismo saco mientras, a la vez, alimenta y pacta sin ningún problema con las dos derechas que, por razones evidentes, más debieran espantar a un auténtico progresista: la del PNV, conservadora, religiosa y localista como pocas. Y la del PdeCat, supremacista, excluyente y tendente a la xenofobia.

Todo vale
Es un ejemplo de cómo a Sánchez le importan menos las ideologías que los eslóganes y, en consecuencia, menos lo que le ocurra a España que lo que le pueda suceder a él: todo vale, por antagónico que sea con la historia de su propio partido o las necesidades de su su país, si le sirve para acceder o mantenerse en el poder.

Es una sinvergonzonería que Sánchez entierre el emocionante acto de conciliación que fue la Transición para resucitar el frentismo

La manipulación emocional del ciudadano, típica del populismo, supera en Sánchez todos los límites al resucitar un lenguaje guerracivilista que, mientras rescata a los partidos que de verdad dividen a España para transformarles en sus socios, genera de nuevo una división en bandos felizmente superada en la Transición.

Es una sinvergonzonería, indigna de unas siglas capitales en la construcción de la España moderna, que Sánchez entierre el emocionante acto de conciliación que fue la Transición para resucitar el frentismo, las etiquetas y la fractura mientras, a la vez, blanquea y protege a quienes sí están generando grietas en la convivencia cotidiana.

Un peligro público
Hablar a estas alturas de "teñir en rojo" nada, de Franco, de la ultraderecha o de la regresión democrática, con lo que ha costado construir un Estado de Derecho europeo y social; denota una falta de ideas y de escrúpulos sin precedentes. Pero también perfila el tipo de dirigente político que Sánchez es: un peligro público, sin paliativos, convencido de que todo vale si le vale a él.

Se abre una campaña decisiva
 La Razon  12 Abril 2019

Si todas las campañas electorales influyen en distinta medida en la conformación final de las mayorías parlamentarias, la que ha comenzado esta pasada madrugada puede ser determinante en el resultado final, a tenor del alto porcentaje de electores que se declaran indecisos en la mayoría de los sondeos de opinión. Ciertamente, es la incertidumbre el término que mejor define la situación política actual, tanto por la aparición de nuevos actores en la escena pública como por la radicalización que se advierte en una parte de la sociedad, agitada por quienes pretenden dar por periclitado el sistema de libertades surgido de la Transición y que ha hecho de España una de las democracias más avanzadas del mundo.

El espectáculo vivido ayer en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde un grupo de estudiantes separatistas trató de impedir por la fuerza el ejercicio de la libertad de expresión y de participación política de los representantes del Partido Popular –entre los que se encontraba el presidente de la formación en Cataluña, Alejando Fernández, y la candidata por la lista de Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo– o los ataques sufridos en el campus de Oviedo por unos miembros de VOX que pretendían instalar, con todos los permisos legales, una carpa de propaganda, es la prueba de lo que decimos y debería alertar a los ciudadanos frente a unos comportamientos que no son sólo intolerables porque atentan contra los principios básicos de la convivencia y la democracia, sino porque demuestran un desprecio del adversario político, al que se le niega carta de naturaleza, que nos retrotrae a épocas que creíamos superadas.

Ya no se trata de pedir la más elemental corrección en los comportamientos de campaña, sino de exigir, por lo menos, el mínimo respeto debido a quienes representan otras opciones ideológicas. Ciertamente, durante las semanas que quedan hasta la cita electoral del 28 de abril, los ciudadanos van a ser bombardeados por una panoplia de propuestas y programas que, en demasiado casos, tienen poco anclaje en la realidad o, simplemente, son meros brindis al sol, pero ello no es óbice para que puedan deslindarse los dos grandes envites de esta campaña: la defensa del modelo constitucional, atacado desde los partidos nacionalistas con diversos grados de virulencia, –pero, también, por una izquierda populista que pone en cuestión el régimen de libertades en nombre de un igualitarismo tan errado como ineficiente–, y la prevención frente a los cantos de sirena de quienes pretende volver a la barra libre del gasto público.

Los españoles tienen, pues, la responsabilidad y el derecho de impedir que salga de las urnas un gobierno condicionado por quienes no tienen otros intereses que la ruptura territorial y social de la Nación, pero, también, deberían precaverse de la demagogia al uso, que puede ser letal para el proceso de recuperación de la economía nacional, que empieza a dar las primeras señales graves de desaceleración. Por otro lado, es cierto que tanto las posiciones del centro derecha como las de izquierda se presentan una vez más fragmentadas en distintos partidos, lo que explica, en último termino, el elevado número de indecisos que reflejan las encuestas –más en el ámbito conservador– y esa pugna inevitable por el voto de los afines va a condicionar los mensajes de la campaña. De ahí que debamos insistir en lo que consideramos esencial en estas elecciones y que ya hemos apuntado –la reconducción de la situación en Cataluña, amenazada por los separatistas, y el crecimientos económico, como factor clave de la estabilidad social–, que no pueden verse empañados por la legítima disputa del voto entre los partidos que defienden la Constitución.

España una de las democracias más avanzadas del mundo.
Nota del Editor 12 Abril 2019

¿ Y cuando te despertaste, que había pasado ?


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El voto de la “otra España”: dónde está la clave secreta del 28A
Antonio Martín Beaumont esdiario 12 Abril 2019

Ni todos los sondeos, decentes o manipulados, pueden prever lo que piensan hacer con su voto millones de españoles. Se guardan una sorpresa, que no será conocida hasta el 28A.

Como en aquellos viejos fotomatones, el CIS de José Félíx Tezanos ha “escupido” la instantánea de lo que, presuntamente, será la noche del 28 de abril. Pero solamente es eso, una controvertida imagen congelada del momento actual, a diecisiete días todavía de la gran cita con las urnas.

Al margen de las reservas a las que obliga la trayectoria del gurú demoscópico de Pedro Sánchez y su inédito y discutible salto desde Ferraz hasta un despacho de la Vicepresidencia del Gobierno -donde se ubica el centro sociológico oficial-, existe otro matiz de esa fotografía que obliga a la prudencia y a la reflexión.

Tezanos reconoce, después de que sus encuestadores se hayan “pateado” España entera de norte a sur y de este a oeste y de preguntar a más de 16.000 conciudadanos, que casi la mitad de los electores aún no ha decidido a qué partido votará cuando se acerquen, caso de acercarse, a los colegios electorales.

Y es en este inmenso vacío, en esa “otra España” que no milita fielmente en unas determinadas siglas y que medita su decisión en función de candidatos, programas y sensaciones de última hora, donde está en realidad el verdadero resultado de las próximas generales.

Un puñado de siglas
La oferta política está más disgregada que nunca en nuestra historia reciente. PSOE y Podemos disputan el “caladero” de la izquierda. Pero en algunas regiones se suman a ellos las Mareas, Actúa, Equo, Bildu, Compromís, ERC, Pacma y puñados de siglas más.

Justo es en esa “otra España” donde se esconde el desenlace que nadie se atreve a atisbar. Porque muchos españoles, callados, solo hablarán el 28-A. Y ya veremos la sorpresa que reservan.

En la derecha, el espectro es aún más amplio. Con garantías de estar en el Congreso de los Diputados concurren el PP, Ciudadanos, Vox, PNV, UPN, Coalición Canaria o Foro Asturias, por citar algunas formaciones del centro derecha. También se ha desestructurado el mapa electoral como jamás antes.

Por zonas: las grandes capitales, las ciudades medianas o la llamada España rural. Y por edades: los nuevos electores, el votante de hasta 45 o 50 años y la franja restante y pensionistas. Y muchos de estos españoles, así lo señalan todos los sondeos, son los que aún no han decidido la papeleta que introducirán en la urna el 28-A.

Cataluña es una anomalía democrática
Cristian Campos El Espanol 12 Abril 2019

Las imágenes dan miedo. Una muchedumbre de doscientas personas se amontona en unas escaleras aplastando a un grupo de personas que intenta subir por ellas. Entre esas personas, Cayetana Álvarez de Toledo, Maite Pagaza, Josep Bou y Alejandro Fernández.

Las hostias vuelan, los escoltas intentan proteger a los políticos y la masa se mueve como una ola. Supongo que así es como palmas en una avalancha: con una pared a un lado, una barandilla al otro, sin poder avanzar y sin poder retroceder. Así de estúpido y así de rápido. Asfixiado por un par de cientos de nazis catalanes que te quieren ver muerto.

"Álvarez de Toledo, increpada al llegar a un acto constitucionalista en la UAB", titula su artículo el diario La Vanguardia. "La candidata ha tenido dificultades para acceder a la universidad" subtitula. "Increpada" y "dificultades". Hay que joderse.

Si no ves el vídeo y te fías del diario del conde, la imagen que te viene a la cabeza es la de Cayetana tirando con las dos manos de una puerta mal engrasada mientras un estudiante granujiento le chilla "flojucha" a falta de peores insultos en su repertorio.

Eso sí. El fotograma escogido por La Vanguardia para ilustrar la noticia es ese en el que se ve a un tipo sin identificar que, en un momento dado, y después de escapar de la turba, levanta el brazo y le dedica el saludo nazi a la concurrencia. Nadie sabe quién es ese tipo o qué hace ahí, si pertenece al equipo de Cayetana o es un estudiante de la UAB, si tiene algo que ver con el acto o es un espontáneo cualquiera. Pero La Vanguardia, frente a la noticia de que doscientos estudiantes casi matan a Cayetana Álvarez de Toledo, Maite Pagaza, Josep Bou y Alejandro Fernández, lo sube a su portada.

La caza del facha anecdótico en los actos de PP y Ciudadanos es un género vernáculo del periodismo catalán. Exclusivas sobre casos de corrupción que afecten a los partidos nacionalistas de la región, ni una sola en cuarenta años de democracia. Ni en La Vanguardia ni en El Periódico de Catalunya, Avui, El Nacional, El Punt, Segre, Vilaweb, Diari de Tarragona, La Mañana, Diari de Girona, Regió 7, Nació Digital, El Nou 9, Diari de Sabadell o el Diari de Terrassa. Ni una ni media. Todas ellas reveladas, sistemáticamente, por la prensa de Madrid.

Pero a la hora de cazar al facha anecdótico, sin importar que se trate de una manifestación de un millón de personas o de un acto en un espacio de libre acceso como es una universidad, la prensa catalana no tiene rival. Ahí es donde el periodista catalán, que languidece entre visita y visita de su presidente autonómico a ferias de la butifarra, homenajes a la sardana, conferencias sobre reciclaje de purines y guateques de minifalderas con peineta, desata su instinto para la noticia y tras un leve husmeo de la concurrencia, localiza al facha de turno. Cumplido su deber para con la patria, el periodista catalán se rasca el ombligo, localiza con el palillo el paluego con regusto a ratafía que anida en sus muelas y vuelve a sus quehaceres habituales.

Cataluña es una anomalía del Estado de derecho y la derogación de su autonomía empieza a ser un imperativo democrático. Lo era hace ya cuarenta años, cuando Jordi Pujol decidió que las cuatro patas de su régimen serían la inmersión lingüística, la construcción de un régimen clientelar copado por afines a la causa, una policía propia y el control de los medios de comunicación públicos y privados. Pero se ha permitido que el nacionalismo llegue hasta aquí y ya no basta con pararlo: hay que hacerlo retroceder. En concreto, hasta 1978, para que los catalanes puedan hacer la transición a la democracia que no hicieron entonces.

Dictadura lingüística totalitaria
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco 12 Abril 2019

Quiero poner al descubierto dos casos entre otros muchos más que ponen en evidencia el totalitarismo educativo del Gobierno en aquel caso socialista, apoyado por el PP para cerrar el paso a los nacionalistas, pero que solamente sirvió para hacer las políticas educativas nacionalistas y que es el exponente del totalitarismo lingüístico opresor que nos imponen a los ciudadanos que no comulgamos con las ruedas de molino del nacionalismo obligatorio.

El primer caso es el de una colombiana llamada Marcela Patricia Bermúdez Quintero (Bucaramanga, 1970), esposa de un guardia civil gallego destinado en Vitoria, que desarrolló una lucha titánica a favor de sus tres hijos para que pudieran seguir estudiando en el País Vasco sin cursar euskera. Meses de empeño no sirvieron para nada. El Gobierno nacionalista y el Ararteko le negaron un derecho que se considera básico, anterior a las leyes, pues nadie puede quitar a los padres el derecho a escolarizar a sus hijos en la lengua materna, que es la de la mayoría de los vascos, el castellano. El Defensor del pueblo central lo lamentaba plañideramente, pero no abordaba el caso por considerar que no tenía competencias, pese a reconocer el derecho de los padres. Y la Dirección General de la Alta Inspección del Partido Popular cortó las alas de sus inspectores para poder intervenir en el caso. Total: los niños acabaron en Miranda de Ebro, a cuarenta kilómetros de Vitoria, como muchos más que se desplazan para eludir la dictadura lingüística, incluso en transporte organizado a la localidad burgalesa, aún con la penuria salarial del padre, con el salario mileurista con el que se castiga a la mejor policía del mundo, la Guardia Civil.

Durante los últimos cuatro cursos anteriores, los tres hijos estuvieron exentos por proceder de un sistema educativo distinto, pero el giro de tuerca opresor puso a la familia contra las cuerdas.

Los tres se vieron libres de examinarse de euskera durante dos cursos. En 2010, el Gobierno vasco, en manos socialistas, les otorgó una prórroga de otros dos años. Pero en diciembre, les informó de que el período de gracia se acababa.

El Diario de Burgos lo exponía así:
“Su hijo mayor ha suspendido 2º de Bachillerato tras verse «desmotivado» al saber que, sin el euskera, no lograría el título. El segundo ha logrado el graduado de Secundaria, pero tendrá que seguir en otra comunidad si quiere presentarse a la selectividad.

En la resolución del Gobierno vasco sobre el caso de su hija, la viceconsejera de Educación recuerda que las prórrogas «excepcionales» en esta materia sólo pueden ampliarse «hasta un máximo de cuatro cursos», y que además el alumno se libra de evaluarse de euskera «pero no» de estudiarlo. Le anima a que los profesores, la adolescente y sus padres se impliquen a fondo para que supere sus «carencias». El Departamento señaló ayer a este diario que el caso es claro porque la ley se ha cumplido. Fuentes oficiales añadieron que la delegada de Educación en Álava, Blanca Guerrero, se pondrá en contacto con Corazonistas para conocer su versión de los hechos.

Bermúdez ha escrito «más de mil correos electrónicos» a diputados, partidos políticos y al Ministerio de Educación. En estas páginas, envía un llamamiento al ministro José Ignacio Wert. «Yo no entiendo de política, ni quiero entender. Mis hijos aman esta tierra. No tenemos nada contra el euskera, pero creemos que nuestra situación excepcional se podría arreglar», concluye. «Sólo pido que mis hijos no se queden sin estudios».

Otro caso de estos días atrás:
Una niña leonesa obligada a estudiar en euskera.
“Hablamos Español ha intentado durante dos meses solucionar el problema de una familia de León con una niña de tres años que fue trasladada por motivos laborales a Vitoria,

A pesar de haber encontrado una plaza disponible en un colegio en la capital alavesa que disponía de línea con español como lengua vehicular, la Comisión de escolarización del Gobierno Vasco les obligó a escolarizarla en la línea D, solo en lengua vasca. La excusa para someter a la niña a una enseñanza en una lengua incomprensible para ella contra los deseos de sus padres, era que le correspondía ese colegio por la localización del domicilio de sus padres.

Tras los escritos presentados por los padres y las gestiones de Hablamos Español, se optó por enfocar la petición alegando motivos de conciliación de la vida laboral de los padres con su situación familiar. Si la niña era escolarizada en el colegio con modelo en vasco, debería permanecer esas horas lejos del lugar de trabajo de la familia. v además, cerca del colegio con línea en español, vive la hermana del padre de la niña, la única persona con la que pueden contar para recoger a la pequeña si sucede algún contratiempo en el colegio.

Pero ha sido imposible ablandar a las autoridades educativas vascas. La niña fue escolarizada en el modelo D, íntegramente en vasco, y retirada del colegio poco después ante el aislamiento que le producía la situación, ya que no entendía nada, y se trata de una niña de 3 años. En este momento no acude a clase. No es obligatorio que lo haga a esa edad, pero a sus padres les gustaría que pudiera hacerlo y que comenzara a socializar y a hacer amigos; sobre todo teniendo encuentra que la niña haya tenido que dejar a sus abuelos y otras personas allegadas en León.

Esta es la absurda e injusta situación que vivimos en España y que puede afectar a cualquier persona que quiera o deba trasladarse a una comunidad autónoma bilingüe. En el caso de la Comunidad Autónoma Vasca, existe un claro empeño en eliminar las líneas en español e imponer el modelo D. Al padre de la niña le dijeron que los tres años de edad era una buena edad para integrarse en una enseñanza solo en euskera. En este momento está a la espera de la respuesta del Defensor del Pueblo, que ha respondido a la petición de ayuda con una carta en la que dice que va a realizar gestiones con el Gobieno Vasco”

Este caso prueba el afán tiránico del Gobierno Vasco, el mismo que ha gobernado la Comunidad Autónoma incumpliendo sus propias leyes y el derecho de los padres, atribuyéndose funciones que no le corresponden como es el de elegir el tipo de educación que quieren sus progenitores.

Este es el Gobierno nacionalista que viene dando clases de democracia y de progresismo. Un Gobierno a caballo del filonazismo y del estalinismo que considera a los niños propiedad suya, y que les obliga a sufrir con un idioma que les es indiferente pues no es el que han mamado en el seno familiar ni la lengua del contexto social y cultural. Un prototipo filonazi basado en un modelo etnocéntrico y racista en el fondo, que obliga a todos los niños a pasar por el aro ideológico del nacionalismo obligatorio, saltándose, insisto, las leyes.

Esto es inaguantable. Y este escritor que ahora escribe esto asegura que a través de la Asociación Hablamos Español seguiremos denunciando este tipo de casos que muestran la verdadera cara del nacionalismo y el sanchismo que rema en su misma dirección, es decir de la orientación de la separación de territorios y el sometimiento de los ciudadanos a la voluntad tiránica de gobernantes que no entienden lo que es la libertad y los derechos individuales, pues tienen en sus cromosomas el gen del totalitarismo.

Animo a los padres a seguir denunciando casos similares y a dejarse ayudar por una Asociación como “Hablamos Español” (comunicación@hispanohablantes.es)

Mi homenaje desde estas líneas a mi compañera la presidente de la Asociación Hablamos Español, ejemplo de pundonor, de coraje y de sentido de la justicia. Esta noble y cívica señora, ciudadana de bien, que algún día merecerá ser reconocida por su servicio a su país con la defensa de los derechos humanos y de la libertad, merece mi admiración y la de muchísimos ciudadanos más. Al menos de medio millón de ciudadanos que pusieron su firma en una Iniciativa Legislativa Popular que abogaba por desarrollar el artículo tercero de la Constitución Española, que no pudo ser tramitada por las barreras que el sistema pone a este tipo de iniciativas,


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