AGLI Recortes de Prensa   Martes 16 Abril 2019

¿Votar la esperanza verde de VOX o a un PP recauchutado?
Mateo Requesens eltorotv.com 16 Abril 2019

El PP seguirá defendiendo los privilegios entre españoles a través del cupo vasco y el régimen foral navarro. El PP no se enfrentará a la falsificación de la historia de la izquierda. El PP apoyará la ideológia de género…

Insiste Pablo Casado en apelar a que votemos al PP bajo la amenaza de que si no lo hacemos nos caerá encima esa plaga bíblica llamada Pedro Sánchez. No voy a gastar un segundo en aritmética electoral. Sólo señalaré que, por primera vez en décadas, en vez de seguir agonizando bajo una derecha que nunca ha estado dispuesta a dar la batalla de las ideas y siempre ha desertado de la defensa de principios, podemos aspirar a contar con que la voz de una España demasiado tiempo silenciada se oiga en el Parlamento, en vez de contentarnos con el mal menor de unos burócratas de partido más o menos versados en gestión.

Por supuesto que la economía es importante, cómo lo son también las medidas sociales o las propuestas para ocuparse de la España vacía, pero hoy nos encontramos con la Nación española extremadamente debilitada por los ataques del separatismo y las severas divisiones que los partidos que se han turnado en la gobernanza de España han fomentado.

Por eso no nos valen las victorias inútiles. No nos interesa el triunfo electoral de un PP que teniendo mayorías absolutas no quiso corregir ni un milímetro el rumbo disgregador del sistema autonómico, ni modificar la orientación ideológica que desde la izquierda se imprimía al pueblo español. Para ganar de verdad, nos hace falta votar contra la disolución de España, contra los que han empeñado en extirpar del pueblo sus valores tradicionales, contra la zafia cultura hedonista que ha impuesto el consenso capitalismo-socialdemocracia, contra nuestra colonización por el mundialismo, contra el guerracivilismo de la izquierda, contra, en definitiva, la AntiEspaña.

Es la hora de votar a favor de nuestra patria y acabar con las décadas de bochornosas farsas parlamentarias en las que, tanto PSOE como PP, sólo se han preocupado de sus redes clientelares. Recuerden que la vida útil de un neumático puede alargarse gracias al recauchutado, pero el neumático sigue siendo el mismo y acabará rompiendo por sus puntos débiles. Pablo Casado ha venido a recauchutar al PP, pero tarde o temprano volverá a mostrar sus fallas, porque el PP sigue conservando las mismas debilidades de siempre. Ese y no otro es el valor seguro de los populares.

El PP no va a luchar contra la deriva autonómica. No es que este a favor del Estado de las Autonomías y de mantener el término nacionalidades dentro de la Constitución, que lo está, es que no quiere oír hablar de recuperar competencia alguna, tales como educación o sanidad. “No hay que inventar la rueda ni ir contra el Estado de las autonomías, no querer romper la Constitución ni hacer populismo” ha dicho Pablo Casado, que a lo sumo estaría dispuesto a una tímida homogeneización del currículum educativo y la selectividad para todas las autonomías.

Tampoco el PP garantizará la libertad para elegir el idioma español en las autonomías con lenguas cooficiales. En ningún momento Pablo Casado ha desautorizado la política lingüística de Feijóo, que gobierna con mayoría absoluta en Galicia e impone un porcentaje obligatorio del 50 % en gallego como lengua vehicular en la enseñanza y ha erigido el gallego como idioma propio de la administración autonómica y local gallegas de manera similar a como lo ha hecho la Generalidad catalana. Núñez Feijóo reivindica el galleguismo de su partido compatible con defender “la doble nacionalidad, la doble cultura y la doble lengua” de los gallegos.

El PP seguirá defendiendo los privilegios entre españoles a través del cupo vasco y el régimen foral navarro. Pablo Casado ha afirmado que “está comprometido” con la defensa del Concierto Económico vasco porque “no se puede cuestionar” la Constitución y supone “el mejor respeto” al Estatuto de Gernika.

El PP no se enfrentará a la falsificación de la historia de la izquierda. No derogará de buen grado y a iniciativa propia la Ley de Memoria Histórica. Casado ha dicho “que “nadie” le “dé lecciones de Memoria Histórica” y que ya ha estado presupuestada en el pasado: “En España ha habido desde el año 1975 16.000 millones de euros para resarcir los derechos de las familias de los represaliados, entre los cuales me encuentro”. El PP de Pablo Casado tampoco se opondrá a la exhumación de Franco. En su día no recurrió el Real Decreto que el Gobierno aprobó para iniciar la exhumación soltando que “no reivindicamos unas etapas que están felizmente superadas”.

El PP apoyará la ideológia de género. El propio Pablo Casado de nuevo ha confirmado que seguirá manteniendo las políticas inauguradas por Zapatero y las leyes promulgadas por los socialistas que instauraron en España el derecho penal de autor en atención al sexo del delincuente: “Nuestro compromiso contra la violencia de género es innegable”.

El PP no moverá un dedo para restringir la inmigración masiva, la aculturación y pérdida de identidad de España. Pablo Casado ha citado la inmigración como materia en la que difiere sustancialmente de VOX. Antonio Clemente, senador popular, afirma que la inmigración es parte de la solución al problema de la baja natalidad, envejecimiento y despoblación, a su vez González Pons pide “construir más Europa para evitar la vuelta del nacionalismo y la xenofobia”, un discurso idéntico al de los socialistas y Ciudadanos.

El PP no defenderá el derecho a la vida ni la familia natural. Sobre el aborto, la vicesecretaria general de Estudios y Programas, Andrea Levy, pidió esperar a que se pronuncie el Tribunal Constitucional, ya que la ley de plazos de Zapatero está recurrida por el propio PP. La secretaria de Igualdad de Galicia, Susana López Abella, cercana a Alberto Núñez Feijóo, fue más allá y afirmó que la actual legislación es “adecuada”, añadiendo que las mujeres “siempre han de ser libres”. Pablo Casado, ante las presiones de los cuadros de su partido, ha tenido que rectificar su inicial postura favorable a derogar la actual legislación abortista.

Podríamos seguir enumerando los “pinchazos” del PP en materia tributaria, tauromaquia, equiparación de sueldos policiales en toda España… Y el bueno de Pablo Casado nos cuenta que no hay ninguna razón para que aquellos que van a votar a VOX no voten al PP.

Samuel Johnson, en el siglo XVIII afirmaba que “patriota es el hombre cuya conducta pública está sometida a un principio único: el amor por su país”; de esta manera, el político es “quien, en su actividad parlamentaria, no alberga esperanzas o temores personales ni aguarda favores o agravios, sino que todo lo somete al interés común”.

No hay más que ver el hermoso espectáculo patriótico que ofrecen los actos de VOX y la clase de entusiasmo con que sus asistentes reciben a Santi Abascal, Javier Ortega Smith u Ortega Lara, para darse cuenta de en quienes ha depositado el pueblo su esperanza de encontrar un político patriota.

La encuesta de ESdiario: una foto del infierno electoral de España
EDITORIAL ESdiario 16 Abril 2019

La encuesta electoral de ESdiario, publicada en dos entregas, supone una herramienta importante para entender el complejísimo panorama que sugieren las inminentes Elecciones Generales, con todo por decidir y la sensación de que, sea cual sea el desenlace, tendrá un aire de provisionalidad o de dificultades e inestabilidad al menos.

Cualquiera pude gobernar, con Pedro Sánchez en primer lugar y Pablo Casado como principal alternativa, pero en una situación terrible por las dependencias del primero -básicamente populistas e independentistas- y las limitadas fuerzas del segundo -que le obligan a depender en casi todo de Cs y de Vox a la vez-. Aviso al PSOE: Sánchez paga su exceso de confianza y desmoviliza a la izquierda

Pero si es difícil establecer unas conclusiones, no lo es tanto percibir algunas tendencias sólidas. La primera, que Sánchez será con casi total seguridad el líder más votado, una evidencia que de concretarse le hará sin duda vanagloriarse de ello pero que no debe confundir del todo: ese resultado, incluso aunque le dé para gobernar, es más fruto del hundimiento de Podemos y de la división en tres del centro derecha que del avance real.

La encuesta de ESdiario da a la suma del PSOE y Podemos un máximo de 148 diputados, nueve menos de los que lograron en junio de 2016, lo que refleja un repartido distinto de unas fuerzas similares o a la baja que haría de ese Gobierno más dependiente aún del separatismo.

El centro derecha
El centro derecha, por su parte, probablemente recibirá conjuntamente más votos que en las dos últimas Elecciones Generales, pero no tiene sencillo traducirlo en escaños: obtendría 169 actas de diputado sumando las de PP, Cs y Vox; exactamente las mismas que los dos primeros partidos obtuvieron en el verano de 2016.

Este bloque está algo más cerca del Gobierno que el anterior, aunque la sensación sea justo la contraria por haberse normalizado la indignidad de añadir a la aritmética de una investidura a los partidos separatistas que debieran estar aislados; pero ninguno lo tiene sencillo.

Una última lectura ha de ir al PP, que puede no ganar las Generales ni en Madrid, por primera vez en 30 años, y será superado por un PSOE que gana en cinco veces más circunscripciones que los populares. Esa posibilidad obliga a reflexionar en Génova, dejando de preguntar a los demás por qué dividen el voto en hasta tres formaciones y preguntándose a sí mismo por qué tantos de sus electores les han abandonado.

La Aljama
Los constitucionalistas han sido recluidos en un gueto moral que los cosifica y desposee de legitimidad democrática
Ignacio Camacho ABC 16 Abril 2019

Existen ciertos conceptos que deberían quedar por encima de la confrontación política incluso en un período tan éticamente relajado como una campaña. La dignidad democrática, por ejemplo, o la preservación del espacio común de la libertad. Así fue durante el tiempo ahora vilipendiado de Suárez, González y Aznar, el de los consensos de Estado, pero la época de Zapatero introdujo un sesgo de dogmatismo sectario según el cual la derecha carecía de legitimidad histórica para merecer amparo. El otorgamiento a Otegi del estatus de «hombre de paz», las negociaciones de Carod Rovira en Perpiñán o el Pacto del Tinell desplazaron sobre liberales y conservadores el estigma de repudio decretado por quienes se consideraban a sí mismos el bando correcto de la Historia. Ese designio discriminatorio ha vuelto a imponerse una vez exorcizado el demonio sociológico que otorgó a Rajoy la anomalía de una mayoría y media. La izquierda y el nacionalismo, en sus diferentes variedades, han asumido la interpretación exclusiva -y excluyente- del derecho de ciudadanía, y por tanto la potestad de concederlo o retirarlo. Con Sánchez al frente, el bloque de la moción de censura ha consumado la paradoja que dibujó el zapaterato: el ostracismo de los partidos constitucionalistas, su expulsión de facto fuera del marco que la propia Constitución fija para el ejercicio de las libertades públicas. Su cosificación y confinamiento en un gueto moral del que previamente han sido rescatados los legatarios de ETA, los radicales antisistema, los populistas bolivarianos o los rebeldes autores de un levantamiento contra el Estado.

Ése es el fondo del acoso violento a los actos electorales del PP, Cs y Vox y, sobre todo, de la indiferencia en la reacción del resto de los actores políticos y sus partidarios, que oscila entre rutinarias condenas de boquilla -en el caso del presidente, ni eso a la hora de redactarse estas líneas- a acusaciones de provocación por la osadía de ejercer la libertad de reunión y expresión en territorios vedados. A quién se le ocurre, hombre, si es no con aviesas intenciones, ir a dar mítines en el País Vasco o en la universidad catalana, esos cosmopolitas ámbitos de pluralismo. Ya es bastante ejemplo de tolerancia que se le permita al «trifachito» recorrer los feudos de la España cavernícola que pronto serán liberados de su tara por el benéfico progresismo frentepopulista. Pero fuera del corralito, de la aljama ideológica, no tienen permiso y se exponen a la justa ira de los creyentes en la fe verdadera de la España plurinacional, feminista, autodeterminista, etcétera. Que se vayan al Valle de los Caídos, mientras puedan.

Fuera de bromas -ojalá se tratase sólo de eso-, esto es lo que está en juego: la nación de ciudadanos libres e iguales, la convivencia como espacio de encuentro. Y duele que ya no sea posible contar con el PSOE para defenderlo.

Rojo
DAVID GISTAU El Mundo 16 Abril 2019

Aunque parezca mentira, hay gente que tiene pendiente el descubrimiento de la naturaleza violenta, claustrofóbica y regresiva del nacionalismo, su atmósfera contradictoria con la eclosión de la libertad. Así de difícil resulta retirar las credenciales de fotogenia izquierdista una vez que fueron concedidas. El pertinaz empeño de redimir el matonismo nacionalista, recurriendo a menudo al "Es que van por ahí provocando" de las minifaldas o a la ponzoñosa equiparación entre dos partes idénticas que se tendrían ganas la una a la otra -así de asquerosamente se está interpretando, en los medios de progreso plagados de absentismo moral, el estallido de violencia de esta campaña-, es un automatismo mental que tiene su origen en lo simpático que le pareció a la gauche-divine sacudirse la caspa posfranquista concediendo prestigio a las ideologías más lesivas con la condición de ciudadano libre que quedan en Europa.

No cabe esperar recapacitación. Ni siquiera ahora que ese bloque nacionalista olfatea una gran oportunidad consciente de sí y aliado con la izquierda que ha dislocado el ideal republicano hasta convertirlo en coartada de la antiespaña. No puede haber recapacitación porque la socialdemocracia tiene una necesidad instrumental de atraerse a esas pandillas aunque sea a costa de fingir que no se da cuenta de que, terrorismo aparte, ésta es la campaña más violenta desde las reminiscencias de pistoleros y bateadores de la Transición. Políticos democráticos, filósofos y profesores son agredidos en espacios públicos a los que acuden a hablar y la socialdemocracia busca una manera de culparlos a ellos de lo que les sucede. Para conservar inocente el monstruito necesario que va a meter en Moncloa.

Es una temeridad. Es una irresponsabilidad. Es una ceguera con tal de mantenerse uno aferrado al delicioso sentimiento narcisista de cuando el mundo era un lugar más sencillo en el que bastaba con decirse de izquierdas para sentirse en el lado correcto de la historia. Sigan ustedes aferrados al complejo de superioridad. Sigan haciendo chistes desdeñosos y pedantes con los votantes del reverso tenebroso del maniqueísmo progresista: los "Indeseables" de Hillary. Sigan advirtiendo de Franco mientras ocurren Rentería y Barcelona, mientras Iglesias, futuro vicepresidente, comulga en los aquelarres independentistas. Hagan todo eso y no olviden luego, henchidos de satisfacción, decirse ante el espejo lo mismo que Lastra: "Joder, soy más rojo que mi chupa". A disfrutarlo.

Admiradores del crimen / Lutero y el judaísmo
Pío Moa Gaceta.es 16 Abril 2019

Como de costumbre, invito a mis lectores a difundir estos artículos todo lo masivamente que puedan. Pues sin cambiar la opinión pública nada se logrará
*Los textos de este blog pueden consultarse también en www.piomoa.es
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Pide Ángel Viñas la profanación cuanto antes de la tumba de Franco. Y nada más lógico, porque a quien él admira es a Negrín. Y conviene recordar quién fue su personaje admirado. Negrín participó en el asalto a la república en octubre del 34 para imponer en España un régimen soviético, cosa que Franco contribuyó a frustrar. No cambió de actitud y explotó, como toda aquella izquierda, las elecciones fraudulentas de 1936. En septiembre de ese año fue nombrado ministro de Hacienda, desde cuyo puesto realizó dos acciones principales: a) entrega ilegal del oro del Banco de España a Stalin, acto de trascendentales consecuencias políticas, porque convirtió al líder soviético en amo del destino del Frente Popular (cosa que casi todos los historiadores “olvidan”). Franco, desde luego, denunció el expolio, aunque en vano. b) Organizó enseguida el robo sistemático de bienes privados y públicos y del tesoro histórico-artístico español, desde las cajas de seguridad de los bancos o los montes de piedad hasta pinturas y joyas artística de todo tipo. Por increíble que suene, él mismo se jactó de tal expolio gigantesco al reclamar en el exilio parte del tesoro, que Prieto le había robado a su vez. Este mero hecho califica a Negrín como el mayor ladrón y depredador económico de España en el siglo XX por lo menos.

En mayo de 1937, después de una pequeña guerra civil dentro del Frente Popular, Negrín sucedió como jefe del gobierno a Largo Caballero, el cual intentaba rebelarse contra la tutela de Stalin, rebelión inútil después de la entrega del oro, pues de él dependía el suministro de armas. Desde su nuevo puesto, Negrín no solo continuó el terror contra las derechas, sino que lo amplió a los comunistas no stalinianos del POUM y a los anarquistas (“las chekas se multiplicaron como infiernos de Dante”, se quejaban estos), y persiguió al sector de Largo Caballero, privándole de toda libertad de acción. Estos hechos se produjeron, no obstante, entre partidos que habían participado en todos los crímenes contra la libertad y contra España desde octubre del 34. La afición del personaje y sus ministros al terror se concretó en al SIM, una policía política sobre el modelo soviético e inspirada por el “consejero” staliniano Orlof.

En cuando a las habilidades económicas de Negrín y sus ministros se plasmaron en el racionamiento y las mayores hambres que soportó España en el siglo XX, mientras la zona franquista, estaba suficientemente abastecida y sin racionamiento, que el país tuvo por desgracia que heredar después de la victoria nacional.

Pero el crimen mayor de Negrín consistió en el intento desesperado de alargar la guerra civil cuando ya la tenía perdida, con el fin confesado de enlazar con la guerra mundial, que habría multiplicado las destrucciones, víctimas y atrocidades de la civil. Intento criminal que impidió Franco al derrotar a tiempo a sus enemigos. El carácter sanguinario, despiadado y ladrón del personaje no admite la menor duda, y hasta el propio PSOE lo repudió, rehabilitándolo Zapatero.

El conocimiento de estas cosas debería ser obligado para todo español interesado en la historia, pero por desgracia predomina la ignorancia, debido a la miseria intelectual y moral de una derecha cuya aspiración consiste en repartirse el poder y el dinero con el partido de Negrín. De poco han servido estudios como los míos Los mitos de la guerra civil o Los mitos del franquismo, que en cambio me han valido un boicot casi generalizado a izquierda y derecha. Y por supuesto son hechos bien conocidos de Viñas, gran admirador de Negrín. Cabría preguntar ¿le admira a pesar de tales acciones? Pues no: le admira precisamente por ellas, pues lo que muchos entenderíamos como crímenes Viñas los entiende como prueba de la determinación de su ídolo para derrotar a Franco a toda costa, virtud máxima a su juicio. A costa de supeditar España a la Unión Soviética y a su partido agente, el PCE, sin reparar en víctimas innecesarias, asesinatos hasta dentro de su propio bando, hambre y robo masivo.

Cabe recordar para entender al “historiador” Viñas, que este prosperó notablemente en el franquismo y como funcionario de aquel régimen. Como tantos otros, en algún momento debió de tener una revelación: lo que convenía a España eran “demócratas” como el gran Negrín. Se entiende.

Tampoco es casual que Zapatero reivindicase a semejante espécimen político: se siente identificado con él. Como el Doctor. Como el “historiador”. Y hoy estamos ante un pasado siniestro que vuelve a amenazar la convivencia en paz y en libertad. Debido al intento de los señoritos del PP de “olvidarlo” y “mirar al futuro” mientras escupen sobre las tumbas de sus padres y abuelos.

Mitos de la Guerra civil, los (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)
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Son conocidas las diatribas y amenazas de Lutero contra los judíos, que, venía a decir, chupaban la sangre de los alemanes mediante la usura; en Nueva historia de España reproduje algunas.

Sin embargo la doctrina de Lutero puede interpretarse en buena medida como una vuelta a las concepciones judías de “pueblo elegido”. Dios había elegido a un pueblo especial, el hebreo, cosa que el cristianismo admitía solo por un tiempo, hasta la venida de Jesús, a partir del cual toda la humanidad estaría abierta a la salvación, por su fe y por sus obras. Pero con Lutero la cuestión se planteaba de otro modo: con la misma decisión anterior sobre los judíos, Dios habría decidido desde la eternidad y para los cristianos quiénes serían los elegidos, siendo inútiles cualesquiera obras de los condenados para cambiar esa decisión.

Y los elegidos serían presumiblemente muy pocos. Para empezar, los seguidores de Lutero. Pero desde el momento en que estos podían interpretar la Biblia libremente, haría falta una serie de nuevas cribas para separar a quienes la interpretaban bien de quienes la interpretaban mal y por consiguiente se condenarían, pues su fe no sería correcta.

Ingeniera, politóloga y autora del libro "Décomposition française”
Malika Sorel: “La no asimilación terminará por poner en minoría los ideales franceses en su propio suelo”
Alexandre Devecchio (*)   TBN 16 Abril 2019

Traducción: Esther Herrera
Ingeniera y profesora del MBA de Estudios Políticos de París, Malika Sorel ha sido miembro del Alto Consejo para la Integración, institución dependiente del Primer Ministro (francés). Es autora del libro “Décomposition française” (“Descomposición francesa”) (Editorial Fayard, 2015), que ha recibido el premio “Honor y Patria” de los Miembros de la Sociedad de la Legión de Honor.

Malika Sorel se rebela contra las declaraciones de Nicole Belloubet (Ministra de Justicia francesa) que ha afirmado que “Francia siempre se ha construido y agregado alrededor de un multiculturalismo secular”. La entrevistada recuerda la tradición asimiladora de dicho país.

- “Francia siempre se ha construido y agregado alrededor de un multiculturalismo secular; negarlo es no comprender nuestra historia”, ha declarado Nicole Belloubet en la Asamblea Nacional. ¿Qué le inspiran estas declaraciones?
Esa es la palabrería que se sirve al público desde hace ya un cierto tiempo. En realidad, desde que las élites políticas ya no pueden esconder la amplitud del desastre que han originado. La señora Belloubet es nueva en ese ámbito y no la hago corresponsable, por supuesto, pero eso que dice es falso.

Para empezar, su “siempre” lleva a algunas preguntas. ¿A qué periodo se remonta con precisión? Como lo ha evidenciado muy bien la historiadora Marie-Claude Blanc-Chaléard, al final de la época moderna Francia forma un mundo cuya población había aumentado en el propio territorio, y donde la inmigración nace con la llegada de campesinos italianos a partir de los años 1860-1870. Comparado con la larga historia de Francia, ese “siempre” de la ministra es bastante inapropiado.

Seguimos con el multiculturalismo: fuera de casos precisos heredados de la Historia y circunscritos a islas francesas lejanas y poco pobladas, el multiculturalismo no ha sido nunca una política francesa, y todavía menos un objetivo. Incluso ha sido todo lo contrario, como se puede ver en el Código Civil según el cual “nadie puede ser naturalizado si no justifica su asimilación a la comunidad francesa”. Y es en este punto preciso del respeto al Código Civil sobre el que las élites de mando –el mundo político y la alta administración- han fallado en un caso, y han traicionado en el otro.

Para comprender bien la complejidad de la asimilación, que sigue siendo la condición necesaria para formar un mismo pueblo, hay que repetir incansablemente que solo un italiano de cada tres se asentó en Francia, y que el 42% de los polacos de la ola de 1920-1939 no se quedaron, incluso cuando ninguna mejoría económica substancial podía justificar a primera vista la vuelta a su país. Así que imaginar que los flujos migratorios de culturas más alejadas que éstas puedan asimilarse mejor sale de los límites del sentido común.

La asimilación debe ser una elección libremente aceptada. No puede ser impuesta ya que influye enteramente en las facetas moral y afectiva de la persona. Hay que cuidar simplemente de que esa asimilación no se vuelva imposible. Cuando se evoca la inmigración y la integración cultural sistemáticamente se deja en silencio la dureza que constituye el exilio y los sufrimientos que puede causar. ¡Es incomprensible! En cuanto a la concesión de los documentos de identidad debe corresponder a una asimilación real y no a otras cuestiones.

¿Qué es lo que revelan esas declaraciones sobre la visión de Francia del partido en el poder? ¿Es el Presidente de la República favorable al multiculturalismo sin decirlo?
Siendo el partido en el poder una cacofonía continua me es difícil realizar un juicio en su conjunto, pero lo que veo me lleva a decir que tenemos bastante tela que cortar todavía.

En cuanto al Presidente ya he tenido ocasión de decir, durante la campaña presidencial, que no estábamos en la misma sintonía. Sigo pensando que Emmanuel Macron no domina estas problemáticas. Observo que busca, duda, toma posiciones, las afirma y después retrocede algunos meses más tarde… Estimo, de todas formas, que eso es menos desesperante que la posición de otros políticos que persisten en sus errores y profundizan en su ignorancia.

Lo que está en juego a través de esta cuestión del multiculturalismo es vital para el destino del pueblo francés y de su civilización ya que todo proyecto de sociedad es el reflejo de la identidad de un pueblo. Se trata de hablar de los principios fundamentales que estructuran la identidad. ¿Qué hacemos con la divisa de la República francesa cuando nos encontramos en presencia de culturas en las que el individuo no tiene derechos y no existe por sí mismo? ¿Qué hacer con la igualdad entre hombre y mujer si es considerada como una herejía? ¿A la basura? Lo mismo con la fraternidad si queda subordinada a las convicciones religiosas.

La no integración cultural o no asimilación aunque afecte solo a una débil proporción de los flujos migratorios, ya de por sí importantes, terminará antes o después por poner en minoría sobre el suelo francés los ideales políticos propios de la identidad francesa.

¿Continúa usted defendiendo un modelo de integración? En realidad, ¿es todavía aplicable en un contexto de inmigración de masas y de reagrupamiento por comunidades en barrios cada vez más homogéneos?
En este nivel de la discusión conviene evocar la inserción, que es el simple respeto de las reglas y normas del país donde se vive, incluso si no son compartidas en el fuero interno de la persona, ya que uno se adhiere a otras referencias culturales. Es a eso a lo que se somete cualquier francés cuando vive expatriado. Este respeto elemental es un imperativo sobre el que nuestra sociedad nunca hubiera debido transigir; sin embargo, se le ha llevado por el peligroso camino de los arreglos poco razonables de políticos entre los que una parte ignoraba la realidad de los desafíos mientras otros eran indiferentes ante los mismos.

En cuanto al modelo francés de integración, que es en realidad un largo proceso jalonado de cuestionamientos a veces dolorosos, conviene más que nunca rehabilitarlo si queremos trabajar por una vida en comunidad armoniosa y duradera.

Me pregunta usted por la inmigración de masas. Sí, ha convertido la asimilación en algo muy difícil, por la simple razón de que los flujos han persistido en gran cantidad incluso si los países de origen volvían a unos fundamentos religiosos que chocaban frontalmente con los principios de nuestra divisa republicana. Principios que se encuentran también, dicho sea de paso, en los otros países europeos. A partir de ahora, sucede que es posible vivir en un territorio sin tener que hacerlo a la misma hora que su vecino de escalera o que los habitantes de su mismo pueblo. En esas condiciones, la integración cultural se vuelve una misión imposible, y no es la escuela pública quien podrá hacerlo sola.

En lo que respecta al reparto a través del territorio, defendido tanto por la izquierda como por la derecha en las últimas décadas, incluso un niño comprendería, viendo las cifras, que eso no es ya una solución. Como recordatorio, ya en 1981, Georges Marchais, entonces secretario general del Partido Comunista francés, pedía “frenar la inmigración oficial y clandestina”. ¿Cuándo se sacará este tema de las divisiones partidistas?

Nicole Belloubet respondía a una pregunta de la oposición sobre la laicidad. ¿Debe ser intocable la ley de la laicidad de 1905? ¿La voluntad de Emmanuel Macron de plantear su reformulación le preocupa? ¿Por qué?

Siempre he dicho y escrito que la laicidad es el dique de contención que protege a Francia. Y lo sigo manteniendo. Todo el mundo sabe las consecuencias que se sufren cuando un dique se rompe. Recurriendo o no al concepto de laicidad todas las sociedades occidentales vivien según las leyes humanas. Las personas ejercen el derecho de dotarse de leyes que van a regir sus pueblos sin que esas leyes sean la transcripción de mandamientos divinos, además de que existe una jerarquía entre lo político y lo religioso.

Los golpes contra el dique son numerosos, no son recientes y se han intensificado con los años. Me acuerdo muy bien de un alto responsable político, que los medios presentaban como laico, y que explicaba en una entrevista de radio cómo los representantes políticos, sobre el terreno, podían esquivar la laicidad financiando lugares de culto mediante las concesiones a muy largo plazo así como la financiación de asociaciones culturales. Pregúntese: ¿Por qué tener cada vez más lugares de culto y no escuelas incluso cuando las encuestas PISA muestran cómo Francia se hunde en las clasificaciones educativas año tras año?

¿Es hoy la laicidad suficiente para responder al desafío cultural que plantea el islam? Además de la laicidad jurídica, ¿habría que añadir una afirmación de nuestra cultura y nuestra historia?

Numerosas situaciones que preocupan a nuestra sociedad no se refieren a la laicidad, sino al principio de igualdad y dignidad compartidas entre los sexos, retomando la expresión del islamólogo Abdelwahab Meddeb. Hay que evitar mencionar la laicidad para derribarla mejor o hacerla derribar por otros. La cuestión, ahora y siempre, nos lleva al proyecto político colectivo, es decir, al respeto de la identidad del pueblo francés. Cuando el presidente Macron, en abril de 2018, se preguntaba frente a unos periodistas: “¿Por qué la cuestión del velo nos da inseguridad? Porque no es conforme a la civilidad que hay en nuestro país”, aporta él mismo la respuesta que la sociedad espera de él. Como recordatorio, “civilidad” significa la observación de los usos de las gentes entre las que se vive en sociedad.

En Occidente, muchos de los que se afirman “progresistas” no lo son en absoluto, y han participado incluso empujando a Francia a una visión etno-racial de los individuos. No tengamos miedo de las palabras, se trata de una visión racista; cuando resulta que el proyecto francés de integración republicana es profundamente humanista. No se debería juzgar a la persona más que por sus obras. He conocido la buena época en la que, en Francia, nadie se preguntaba sobre el origen del otro, ni espiaba el contenido de lo que comía en su plato, ni le condenaba sobre la base de su nombre, nombre que sus padres le habían dado. Con el objetivo de evitar todo error recordaré aquí lo que ya he tenido ocasión de escribir a propósito de los nombres. No se puede juzgar a nadie sobre la base del nombre que recibió en su nacimiento. Simplemente, el nombre que esa persona dará también a sus hijos informará sobre la trayectoria en la que desea inscribir a su descendencia. Para su información, muchos de los miembros de las élites que he podido cruzar en los ámbitos de poder llevaban nombres cristianos. Y mientras yo defendía la identidad francesa, muchos de ellos la pisoteaban. Vivimos en una sociedad que se ha hundido en la hipocresía. Es natural, entonces, que una parte de los descendientes de inmigrantes que han escogido la vía de la asimilación no comprendan que se les eche en cara, e incluso que sientan a veces un intenso sufrimiento.

Recientemente, he asistido en el ayuntamiento de París a la proyección del documental sobre lo sucedido en Glières en 1944. El sentido del honor fue primordial para todos aquellos hombres. Es lo que recordó el Presidente de la asociación de Glières en las conmemoraciones del pasado 31 de marzo. Los participantes en Glières volvieron a levantar Francia en su honor y su orgullo.

¿Eso debe ser cuestión del pueblo o de las clases dirigentes?
De los dos, mi capitán. Lo que he oído y entendido me lleva a decirle que no hay que firmar un cheque en blanco a nuestros dirigentes. Hace ya cuarenta años que las élites occidentales cuentan la misma palabrería a sus pueblos. Al principio, se trataba de acoger poblaciones por razones humanitarias. En la actualidad, en todas partes, se les pide tolerancia teniendo que abandonar épocas enteras de su historia política y cultural. No se trata de un juego ya que todo esto podría acabar muy mal, incluyendo a las élites que han participado con su influencia en las opiniones públicas –es decir, no solo las élites políticas-sobre las que la desconfianza llega a niveles inéditos. No se empuja nunca impunemente a un pueblo en su propio territorio y, como ya lo escribió Víctor Hugo: “el símbolo más excelente del pueblo es el adoquín, se camina encima de él hasta que le cae a uno sobre la cabeza”.

En Francia haríamos mal en subestimar el alcance y el significado del movimiento de los “chalecos amarillos”. El sufrimiento es real y profundo. Como lo han subrayado los periodistas presentes en las rotondas desde el comienzo del movimiento, el tema de la inmigración salía muy rápido en las discusiones. ¡Con razón! Muchos ciudadanos se sienten abandonados en beneficio de recién llegados que son más pobres, en un momento en el que la escuela pública ya no cumple la promesa republicana de la ascensión social. El desclasamiento es el único horizonte para sus hijos. Esto amenaza el consentimiento a los impuestos y favorece la descomposición francesa. Es cierto que Macron ha heredado esta situación, pero hoy es él quien tiene el timón. Así que debe formarse de manera acelerada, escuchar, comprender y responder con empatía.

Debido a la evolución del electorado, numerosos políticos, para ser reelegidos, están obligados (o se creen obligados) a adaptar su comportamiento. De ahí un clientelismo abierto o larvado. He estado en primera fila para observar desde el interior hasta qué punto la clase política está obsesionada e incluso aterrorizada por la “diversidad”. Las sumas considerables de dinero inyectadas en las comunidades no han tenido el efecto que se esperaba. Peor todavía, han suscitado el resentimiento de unas hacia otras. En lugar de favorecer la cohesión, estas políticas han creado la división.

Es en el momento de esta evolución demográfica cuando los franceses deben hacer una lectura de las acciones políticas que se han desplegado en estos últimos cuarenta años. La clase política se ha atado de pies y manos. Es por eso que no espero ya demasiado del Parlamento cuando nos saca, de vez en cuando, la idea de aprobar cuotas anuales de inmigración mientras que el país no consigue garantizar un futuro decente a todos sus hijos.

Este asunto debe depender directamente del Presidente de la República, que tendrá que responder ante los franceses y ante la Historia. Los presidentes sin altura de miras trabajan para ser reelegidos pero los grandes, ocupándose del interés general, deben tener la ambición de inscribir su nombre en letras mayúsculas en la Historia de Francia y también en la de Europa.

(*) Entrevista publicada inicialmente en Le Figaro. Publicada en La Tribuna del País Vasco con autorización del autor. Traducción: Esther Herrera

Crónicas desde el fin de Occidente
Las iglesias europeas están sufriendo ataques vandálicos todos los días
www.latribunadelpaisvasco.com 16 Abril 2019

Extractos del artículo "Las iglesias europeas están sufriendo ataques vandálicos, defecaciones e incendios 'todos los días', publicado en la web del Gatestone Institute

Innumerables iglesias de toda Europa occidental están siendo objeto de actos vandálicos, defecaciones e incendios.

En Francia, se profanan dos iglesias de media cada día. Según PI-News, una web de noticias alemana, se registraron 1.063 ataques a iglesias o símbolos cristianos en Francia en 2018. Esto representa un aumento del 17% comparado con el año anterior (2017), cuando se registraron 878 ataques, lo que significa que esos ataques sólo están yendo de mal en peor.

Entre algunas de las profanaciones recientes en Francia, las siguientes tuvieron lugar sólo en febrero y marzo:

Unos vándalos saquearon la iglesia de Notre-Dame des Enfants en Nimes y utilizaron excrementos humanos para dibujar una cruz allí; se encontró pan consagrado tirado afuera, en la basura.

La iglesia de Saint-Nicolas de Huilles fue vandalizada en tres ocasiones distintas en febrero; una estatua de la Virgen María del siglo XIX, considerada "irreparable", fue "completamente pulverizada", dijo un cura, y tiraron al suelo una cruz que había colgada.

Unos vándalos saquearon y destruyeron crucifijos y estatuas de la catedral de Saint-Alain en Lavaur, y aplastaron los brazos a un Cristo crucificado con ánimo de burla. Además, quemaron el mantel del altar.

Unos pirómanos prendieron fuego a la iglesia de St. Sulpice en París poco después de la misa de mediodía el domingo 17 de marzo.

Llegan informaciones parecidas de Alemania. Cuatro iglesias fueron vandalizadas y/o incendiadas sólo en marzo. "En este país —explicó PI-News— hay una guerra sigilosa contra todo lo que simboliza el cristianismo: ataques a cruces en picos de montañas, a estatuas sagradas en los arcenes, a las iglesias... y desde hace poco también a cementerios".

¿Quién es el principal responsable de estos actuales y crecientes ataques a las iglesias de Europa? El mismo reportaje alemán ofrece una pista: "Se rompen crucifijos, se destrozan altares, se queman Biblias, se vuelcan pilas bautismales, y las puertas de las iglesias aparecen pintadas con expresiones islámicas como 'Alá Akbar'".

Otra información alemana del 11 de noviembre de 2017 señaló que sólo en los Alpes y Baviera, fueron atacadas alrededor de 200 iglesias y se destrozaron muchos crucifijos: "La policía está una y otra vez ocupándose de las profanaciones de iglesias. Los atacantes son a menudo jóvenes agitadores de origen inmigrante". En otras partes son descritos como "jóvenes islamistas".

A veces, lamentablemente, en las regiones europeas con una alta población musulmana, parece haber un riesgo concomitante de ataques a iglesias y símbolos cristianos. Justo antes de Navidad de 2016, en la región alemana de Renania del Norte-Westfalia, donde reside más de un millón de musulmanes, unas 50 estatuas públicas cristianas (incluidas las de Jesucristo) fueron decapitadas y los crucifijos fueron destrozados.

En 2016, tras la llegada a Alemania de otro millón de inmigrantes, en su mayoría musulmanes, un periódico local informó de que en la localidad de Dülmen, "no pasa un día sin que se produzcan ataques a las estatuas religiosas en un municipio con menos de 50.000 habitantes y en las zonas colindantes".

En Francia también parece que, donde crece el número de inmigrantes musulmanes, también lo hacen los ataques a las iglesias. Un estudio de enero de 2017 reveló que "los ataques de extremistas islamistas a los cristianos" en Francia aumentó un 38%, desde los 273 ataques en 2015 a los 376 en 2016, la mayoría producidos durante la temporada navideña y "muchos de los ataques tuvieron lugar en iglesias y otros lugares de culto".
(...)
En prácticamente cada caso de ataques a iglesias, las autoridades y los medios generan confusión respecto a la identidad de los vándalos. En las raras ocasiones en que se filtra la identidad musulmana (o "inmigrante") de los destructores, se les presenta como si sufrieran trastornos mentales. Como dice el reciente reportaje de PI-News:

Casi nadie escribe o habla de los recientes ataques a símbolos cristianos. Se guarda un elocuente silencio tanto en Francia como en Alemania sobre el escándalo de las profanaciones y el origen de los atacantes [...]. Ni una palabra, ni siquiera la más leve pista que pudiera conducir a sospechar de los inmigrantes [...]. No son los atacantes los que están en peligro de ser condenados al ostracismo, sino aquellos que osan relacionar la profanación de símbolos cristianos con la importación de inmigrantes. Se les acusa de odio, de discurso del odio y de racismo".

El Supremo rechaza la querella de Vox contra Sánchez por su tesis
Agencias. DiarioSigloXXI 16 Abril 2019

La Sala Segunda del Tribunal Supremo ha rechazado el recurso de súplica planteado por Vox contra la inadmisión a trámite de la querella que presentó contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por el supuesto plagio de su tesis doctoral.

El Supremo confirma la resolución recurrida y destaca que, al margen de la mayor o menor credibilidad que a la parte querellante le sugieran las informaciones aparecidas en los medios de comunicación que amparaban su querella, “los hechos objeto de la misma, en cualquier caso, no son constitutivos de delito”.

“Particularmente no lo son", indica el auto, "de un delito contra la propiedad intelectual (plagio) por las razones expuestas en el auto recurrido, que descartaba la existencia de los elementos de esta infracción penal. Como allí declarábamos, ‘la mayor o menor originalidad de una tesis, su valor dogmático y, en fin, lo verdaderamente innovador de su contenido, son cuestiones que han de ser evaluadas en el ámbito académico y totalmente ajenas al Derecho Penal’”.

Colegios profesionales, proyectos
Nota del Editor 16 Abril 2019

Si un doctorado permite efectuar, firmar trabajos profesionales, su falsedad es claramente un delito.

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Sánchez vende Cataluña, el País Vasco y Navarra
José Ramón Barros Cabalar okdiario

De Cataluña voy a hacer una sola referencia: hemos anunciado hace semanas que Sánchez ya tiene pactado con los separatistas de vario jaez el voto que le dará la investidura en caso de necesitarlo. Iceta, el virrey socialista de Sánchez, tuvo un lapsus freudiano que nadie del PSOE
se ha atrevido a negar. En Cataluña empieza a emularse el ejemplo vasco que vamos a relatar y que consiste únicamente en esta decisión: paciencia que esto está al caer. Todos los juegos de campaña que se trae por una parte Sánchez -el PSOE no existe, es una cofradía miserable de pelotas- y por otra Esquerra Republicana, el fugitivo Puigdemont, el desahogado Torra y la
ralea violenta de las CUP y de los CDR, es una permanente maniobra de distracción: todo está arreglado y bien arreglado. Lo dicho: esto está al caer. Con Sánchez el referéndum y la consiguiente independencia está al caer. Lo dijo el viernes Aznar en Barcelona: el PSOE ha puesto en marcha la cuenta atrás para la autodeterminación.

La ruta, eso sí, se ha lentificado. Nada más. Esquerra, sin ir más lejos, ya ha avisado de que en la próxima legislatura del odiado “Madrit” formará una coalición parlamentaria con los etarras de Bildu, un grupo único cuyos intereses gestionará una extremista radical que hasta hace muy poco tiempo ha sido diputada: Marian Beitialarragoitia, una filoterrorista que festejó el asesinato de Miguel Angel Blanco en un mitin de Pamplona con estas sucias palabras: “Vamos a darnos un chorreón de aplausos”. ERC apoyará a Sánchez, Bildu por supuesto y el PNV hará lo propio no sin antes llevarse a la caja fuerte de “Sabin Etxea” un montón de millones y de lograr que el Estado ceda hasta la Cibeles si ello es preciso para conservar el
sillón de Sánchez. No hablamos a humo de pajas: con la ayuda inestimable del PSOE vasco, o sea de los mamporreros regionales de Sánchez que son la vergüenza de cualquier socialista asesinado por ETA, están tejiendo una reforma, confederal en un principio, del Estatuto de Guernica en el que entre otras perlas se “incluye establecer con Navarra estructuras u órganos
institucionales… con el objeto de lograr la plasmación de un principio de territorialidad abierta junto con un proyecto de política común que aglutine las afinidades las afinidades y los recursos físicos compartidos”.

Es decir: verde y con asas: esta es la Euskalerria ansiada por los asesinos de casi novecientas personas durante cincuenta años de horror en España. Por ahora, cuatro en una: Vizcaya, Guipuzcoa, Alava y Navarra, vamos a ver si con un poco de suerte este nuevo Estado al que propende el remozado Estatuto, puede conseguir la anexión de los tres territorios vascos franceses: Sola, Baja Navarra y Labort. Eso sería ya la pera: “Zapiak bat”, las siete en una que ni siquiera pudo soñar Sabino Arana. Lo terrible del caso es que esta estrategia “moderada”, partido a partido que apadrina el PNV de Urkullu y Ortúzar esta bendecida, como queda dicho, por el PSOE vasco, una barraca regional obediente a la megalomanía pérfida de Sánchez y lo que es aún peor: por los socialistas navarros que dirige en fondo y forma un bodoque monumental, antiguo concejalillo de Milagro, Santos Cerdán que ya ha declarado por activa y pasiva que no tiene la menor intención de aupar hasta la Presidencia del Gobierno Foral al candidato de la coalición Suma Navarra, compuesta por UPN, PP Ciudadanos, y por tanto hará todo los posible porque la fiel Uxúe Barkos, una colonialista vasca colada en el Viejo Reino, prosiga su labor de destruir, hasta hacerla añicos, la estructura española de Navarra y convertirla en una sede más del vasquismo independentista.

Bien: pues a trece días de las elecciones del día 28 esto es lo que hay. Si gana Sánchez la ruptura de España, montada sobre estos episodios, será un hecho real. A Sánchez, una mezcla arrebatada de alevosa felonía y de clamorosa indigencia intelectual, la voladura de la Nación más vieja de Europa le importa una higa. El no es más que su sillón y su señora que, por cierto, sea pasea por agrupaciones socialistas de varia índole vigilando la lealtad de los socios y amenazando con las penas del infierno político a quienes no se sume a la caravana de costaleros que le quieren llevar de nuevo a su marido a la Moncloa. Este, mientras tanto, a lo suyo, a vender Cataluña, el País Vasco y Navarra a los independentistas; a él siempre le quedará el Falcón y Lanzarote que ha abordado como si fuera su cortijo particular.

Silencios clamorosos de miserables.
Vicente A. C. M PD

PEDRO SÁNCHEZ NO CONDENA LA VIOLENCIA CONTRA LOS ACTOS DE CAMPAÑA DE C’S Y VOX EN EL PAÍS VASCO Y CATALUÑA. PABLO IGLESIAS BIEN RECIBIDO EN EIBAR.

Yo ya he dejado patente en mis escritos la repulsa extrema que me produce como persona y como político Pedro Sánchez Pérez-Castejón (aún sigo sin entender la vanidad de los españoles en alargar su nombre con apellidos compuestos que suenan mejor que los comunes Pérez, Gómez, Martínez, etc.). Pero es que cada día me convenzo más de que estamos ante un sujeto muy peligroso para la estabilidad y el futuro de España. Y no dudo en calificarle como el principal enemigo de la debil democracia en nuestro país. Pero toda la culpa de que este sujeto haya llegado a consumar casi todas sus ambiciones la tiene su propio partido, el PSOE, que se ha hecho cómplice de la deriva radical que ha impuesto junto a sus afines hacia la izquierda más extrema, revanchista y frentista desde la época de la segunda república en España. Un PSOE que repite errores del pasado y ha buscado el apoyo de los comunistas más radicales con Pablo Iglesias y UNID@S PODEMOS y de los enemigos de España los nacionalistas mercenarios del PNV, los proetarras de EH-BILDU y los golpistas catalanes de ERC y PDeCAT.

Pedro Sánchez calla y no censura los actos de auténtica “kale borroka” de intimidación y acoso a los partidos democráticos que han sufrido en los pasados días los representantes del PP, CIUDADANOS y de VOX en sus actos de campaña en El País Vasco y Cataluña. Y algunos otros miserables incluso los justifican diciendo que “vienen aquí a provocar”. O sea, que ejercer la libertad de opinión en esas partes de España es una provocación que debe recibir una respuesta violenta. Y desde luego que han sido muestras claras de la violencia que grupos abertzales e independentistas suelen usar para amedrentar y silenciar a sus sociedades y a quienes se atreven a no comulgar con sus ideas. Y es bien conocido que quien calla, otorga, es decir que aprueba el punto de vista del que, como en este caso, ejerce la violencia ante el atrevimiento de ejercer un derecho constitucional como es el de la libertad de expresión.

Lo miserable en este caso de la actitud de Pedro Sánchez es precisamente este clamoroso silencio que no tiene ninguna justificación posible, aunque sí se comprende en ese intento de “no molestar” a sus actuales y posibles futuros socios necesarios para la gobernabilidad si puede repetir las alianzas que le auparon en la moción de censura. Una estrategia recomendada por su gurú mercenario, Iván Redondo, de hacer una campaña de ocultación de los temas inconvenientes y mostrar una actitud “presidencial”, es decir esa del pavoneo y pose de estadista que lleva impostando desde que accedió al cargo de Presidente del Gobierno de España. La imagen del ejecutivo triunfador en el Falcon oficial en actitud distendida con esas gafas de sol estudiando documentos. O la misma displicencia y presunción paleta que la que le puso en ridículo en la recepción oficial de los Reyes en el Palacio de Oriente.

Lo malo es que al PSOE le pasa lo que a PODEMOS, son esa izquierda acomplejada que en cuanto tiene el poder quiere imitar y superar a los que señala como “poderosos”, el gran capital. Y por eso su afán es el de mostrarse como triunfadores y rodearse del mismo lujo y patrimonio que esos poderosos. Lo esperpéntico es que lo hacen de forma paleta, sin ningún estilo, porque también se cumple aquello de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” y que los modales y el saber estar se aprenden en casa. Aunque lo peor viene cuando además en su orgullo se creen con derecho a todo en una especie de búsqueda del desquite de años de sentirse acomplejados. Será por eso por lo que desde que cogieron el poder en los primeros años de la democracia, usaron y abusaron de sus cargos, con aquello de “el dinero público no es de nadie”.
Pedro Sánchez sigue en su campaña de ocultación y silencio. Lo mismo que aplica a todo lo que tiene que ver con sus gastos en viajes disfrazados de oficiales como el que realizó a Benicassim para ver un concierto de rock acompañado de su esposa, que también se ha convertido en “asunto de Estado” y le rodea la misma ocultación y silencio, sobre todo al filtrarse ciertos gastos personales y tras el escándalo de su alucinante fichaje por una prestigiosa Institución empresarial. Y esa es la prepotencia y cinismo a los que antes me refería en todo lo que rodea a esta pareja. Y es que en esta nueva izquierda del lujo y boato la pareja del “macho alfa” ha adquirido una relevancia impensable y solo comparable al papel que, por ejemplo, gozan las esposas de los presidentes de los USA. Curiosa forma de entender el feminismo como "la esposa de..." en un papel absolutamente subordinado.

Pedro Sánchez calla y no condena esta expresión de violencia porque eso le lleva a entrar en el debate de lo que sucede en Cataluña y en El País Vasco y Navarra donde la ETA no necesita matar porque ha logrado su objetivo político y ya no encuentra oposición, sino una confluencia de intereses que le he permitido hacerse con el poder en la mayoría de los municipios, violando impunemente la ley e imponiendo el miedo a los pocos que aún se oponen a ser silenciados. La ETA ya no mata, pero excluye, acorrala y las señala con su diana haciéndoles la vida imposible. Ejemplos como el de Alsasua o Rentería son solo una pequeña muestra de hasta dónde la sociedad vasca y navarra está podrida. Los verdugos someten a sus víctimas con la complicidad y cobardía de un nacionalismo hipócrita que se dice moderado. Y a todo eso Pedro Sánchez calla y otorga convirtiéndose en parte del problema y no en quien está obligado ética, política y legalmente por su cargo como Presidente del Gobierno de España a condenarlo y perseguirlo.

Y mientras tanto, Pablo Iglesias, fiel socio y camarada de los proetarras, se dedica a compadrear y lanzar su mensaje de solidaridad con las pretensiones del “pueblo vasco” en mítines sin escraches ni acosos, como el celebrado ayer mismo en Éibar. Tampoco ha condenado la violencia de estos días y es de los que asienten cuando se dice que “es que van a provocar”. Nada que pueda extrañar en quien asesoró, ignoro si lo sigue haciendo, a un régimen totalitario bolivariano como el de Hugo Chávez y aspira a gobernar en España solo o en coalición con el PSOE e imponer lo que ha llevado a Venezuela al fracaso y a la miseria de su gente mientras se han enriquecido los sátrapas que les gobiernan. Un silencio que demuestra el talante antidemocrático de quien justifica la violencia poniendo como atenuante el rechazo a la ideología que califica falsamente de extremista de las que llama “las tres derechas” y que su pareja la calificó como “el trío trifálico” en una expresión muy desafortunada típica de un feminismo radical irracional y maleducado.

Pedro Sánchez esconde su verdadera cara bajo un disfraz de falso moderado. Pedro Sánchez es un radical de izquierdas tanto o más que su socio Pablo Iglesias y tiene los mismos tics de aires de grandeza. A nadie puede engañar, salvo que quiera ser engañado, pero parece que mis conciudadanos son incapaces de ver la podredumbre que se esconde bajo la apariencia de un hombre de talante moderado y de ademanes calmados. Lamentarán comprobarlo cuando ya no haya vuelta atrás, si puede optar a reeditar su pacto con el resto de los enemigos de España. Y digo el resto porque Pedro Sánchez ya forma parte de ellos desde su reunión en Pedralbes. Lo que en ningún caso podrán aducir mis conciudadanos es que no se les haya advertido. ¿O se creen que por votarle se van a librar de sufrir las consecuencias de ver a los golpistas en libertad o de ser esquilmados por los impuestos que van a imponernos para pagar esta fiesta de los viernes sociales y lo que queda de aumento descontrolado del gasto?

Se puede ser de la ideología que se quiera, pero lo que no se puede ser tan iluso o tan imbécil como para atarse uno mismo a las cadenas para arrastrar la enorme piedra de carga fiscal que nos van a colgar. Y aquí nadie se va a librar enseñando el carné de afiliado.

¡¡¡VOTAR PSOE ES VOTAR A LOS GOLPISTAS Y LOS ENEMIGOS DE ESPAÑA!!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

El PSOE, palanca del nacionalismo
Editorial El Mundo 16 Abril 2019

La deriva reaccionaria de la izquierda, por usar la atinada expresión de Félix Ovejero, ha relegado el papel histórico que desempeñó el PSOE a partir de la Transición, como columna vertebral del sistema político alumbrado en 1978, a palanca de apoyo de nacionalismos de toda ralea. En este contexto de liquidación de su vocación nacional, que arrancó con José Luis Rodríguez Zapatero y que Pedro Sánchez ha profundizado tras su alianza con los independentistas, hay que insertar la decisión de Ferraz de mantener su apuesta por la plurinacionalidad. El PSOE ya incorporó este concepto a su ideario en el último Congreso Federal tras exigirlo el PSC. Su integración en el programa electoral supone que los socialistas consideran a nuestro país una nación de naciones. Esta nueva cesión a los separatistas ahonda la renuncia del Partido Socialista a la defensa de España como una nación de ciudadanos libres e iguales, divisa fundacional de nuestra democracia.

Resulta absolutamente alarmante, por mucho que ya no sorprenda, que el presidente del Gobierno se presente a las elecciones del 28 de abril relativizando el golpe secesionista del 1-O y tendiendo puentes con quienes han sido sus aliados hasta la última votación de la presente legislatura. El desafío independentista sigue lejos de ser aplacado. No caben, por tanto, vacilaciones en una coyuntura en la que tanto ERC como Junts per Catalunya anteponen la autodeterminación y, por tanto, la laminación de la soberanía nacional, al proyecto de convivencia que representa el marco constitucional y estatutario. El PSOE, sin embargo, rechaza la celebración de un referéndum pero también la aplicación de nuevo del artículo 155. Propone cambios normativos para dar "un nuevo impulso" al autogobierno de Cataluña, aunque elude hacer bandera de una reforma constitucional en sentido federal, que es lo que recogía su programa para los comicios de 2015 y 2016. Que el PSOE continúe moviéndose en la equidistancia da alas al nacionalismo. No sólo al catalán, sino también al vasco, tal como se ha podido comprobar este fin de semana. El ominoso silencio de Sánchez ante los ataques contra Rivera en Rentería y contra Cayetana Álvarez de Toledo en la UAB muestra hasta qué punto el Partido Socialista ha dejado de ser un puntal del constitucionalismo. Ni siquiera el acoso de los proetarras, en una expresión de odio que revela que la execrable huella de ETA sigue lejos de cicatrizar, ha mitigado la calculada y onerosa ambigüedad de los socialistas.

El afán de poder y el oportunismo electoral perpetúan en la dirección socialista el falso axioma de vincular la idea de nación a la derecha, un grave error de consecuencias nefastas. Al margen de lo que deparen las urnas, la ruptura del bloque constitucional por parte del PSOE constituye ahora mismo el mayor lastre del Estado para hacer frente al chantaje secesionista.

El golpe de Estado en campaña
Pablo Planas  Libertad Digital 16 Abril 2019

La complicidad nacionalista con los violentos debería ser otra vuelta de llave en la celda de los golpistas.

Lejos de solidarizarse con los candidatos constitucionalistas que han sido víctimas de ataques en sus mítines, los partidos nacionalistas sostienen que sus rivales políticos son unos peligrosos agitadores cuyo único propósito es alentar la crispación y que en el pecado llevan la penitencia. Según esta teoría, un acto de Cayetana Álvarez de Toledo en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), un mitin de Abascal en Bilbao o de Rivera en Rentería son provocaciones intolerables, de modo que los intentos de boicot no son condenados, sino justificados y alentados.

Llueve sobre mojado. El proceso separatista catalán es inexplicable sin la carta blanca para discriminar primero y amenazar y acosar físicamente después a quienes se oponen al proyecto republicano supremacista. Señalar, insultar, escupir, empujar y golpear son actividades perfectamente normales en manifestaciones que se aportan como ejemplos de civismo pacífico y festivo.

La descripción de algunos de los hechos que se juzgan en el Tribunal Supremo casan perfectamente con lo que está pasando estos días de campaña en Cataluña y el País Vasco. Los intentos de agresión a Álvarez de Toledo en el campus de la UAB y las algaradas en torno a los mítines de Vox y Ciudadanos rezuman el mismo odio y violencia que los sucesos vinculados al golpe de Estado de septiembre y octubre de 2017.

La complicidad nacionalista con los violentos debería ser otra vuelta de llave en la celda de los golpistas. Los disturbios en campaña muestran a las claras que el separatismo no ha renunciado a la fuerza tumultuaria, la violencia callejera y los desórdenes públicos como prácticas habituales para la consecución de sus fines. Que Inés Arrimadas, Álvarez de Toledo o Ignacio Garriga, el candidato hispano-guineano de Vox por Barcelona, no puedan hacer campaña en condiciones normales contradice el relato separatista. Indultar a los golpistas, como sugiere el PSOE, supondría el triunfo de la fuerza bruta frente a la "fuerza actuante" que a duras penas logró que el referéndum del 1-O no fuera el fin de España.

El golpe sigue vivo, está de campaña electoral. Los nacionalistas acosan e intentan amedrentar a los constitucionalistas. Ha vuelto la kale borroka al País Vasco y la "gente de paz" en Cataluña patea a las candidatas de España y al "negro de Vox". Guardias civiles y policías nacionales desgranan en el Supremo los mismos insultos y patadas que sufren las gentes de Ciudadanos, PP y Vox en Bilbao, San Sebastián, Barcelona, Alsasua, Vich y Badalona. Los medios de propaganda catalanistas celebran alborozados que la peste amarilla se haya manifestado en forma de grandes lazos amarillos en las fachadas de la Plaza de los Fueros de Rentería, donde ETA mató a tanta gente.

Los policías que pasaron este lunes por el Supremo dicen que los manifestantes del 1-O les escupían a un palmo de la cara que ojalá la banda volviera a matar. Son los mismos que año y medio después gritan "Pim, pam, pum, que no quedi ni un" y "Fascista, entzun [escucha]: pin, pan, pun" a quienes se atreven a ir a los actos de PP, Ciudadanos y Vox en Cataluña y el País Vasco.

¿Vivir como en Venezuela? Pues, adelante, voten PSOE-Podemos-Separatistas
“El totalitarismo será siempre una tentación, las decisiones se toman más rápido que en democracia” Albert Jacquard
Miguel Massanet SX  16 Abril 2019

Cuatro años pueden significar mucho tiempo para un anciano y apenas un soplo en la vida de un adolescente. Pero cuando estamos hablando de un cuatrienio de un gobierno, de toda una legislatura en manos de quienes el único programa de gobierno que tienen es el de asegurarse el poder, dilapidando sin medida el dinero del Erario público, para así congraciarse y atraer a aquellos ciudadanos que piensan que, los que tienen la misión de administrar los bienes públicos, tienen en sus manos hacer milagros como el de los panes y los peces, para que los recursos que capta el Estado, a través de los impuestos, son elásticos, se pueden estirar a sin medida y , en consecuencia, que no tienen tope alguno las posibilidades que tienen los gobernantes para aumentar a voluntad los salarios a los funcionarios, mejorar los servicios sociales, acrecentar las prestaciones sanitarias, incrementar las pensiones de las clases pasivas a voluntad y atender a todos aquellos servicios que, cualquier ciudad o colectivo humano, precisan para mantener un estándar de vida razonable.

Podríamos decir que, hasta cierto punto, se puede entender que, cuando se ha pasado por una crisis como la que toda Europa y otros países del resto del mundo tuvieron que soportar y, los ciudadanos, especialmente todos aquellos a los que se les exigió durante el periodo de sequía económica que se ajustaran el cinturón, que tuvieran que renunciar a una parte de sus emolumentos, que se quedaran sin trabajo o que toda su familia se encontrara en situación de paro forzoso y llega un momento en el que las cosas se empiezan a arreglar, que las empresas que fueron las que más tardaron en notar los efectos dañinos de la recesión económica empiezan a tener síntomas positivos, aunque suelen ser las que, a la vez, más tardan en notar los efectos de la recuperación y las que en peores condiciones se encuentran para rehacerse y recuperar la normalidad de su producción. Pero este periodo, durante el cual los economistas hablan de recuperación industrial, económica o financiera, sin que todavía aquellos ciudadanos que fueron afectados por la crisis noten en sus bolsillos la tan esperada recuperación de sus ingresos, son los que, los avispados activistas, agitadores de masas, terroristas de la información deformada, expertos en movilizar a las clases más perjudicadas de la sociedad, aprovechan para hacer su labor de captación basada, precisamente, en explotar el descontento de todos aquellos que están ansiosos de recobrar un nivel de vida del que fueron privados y que, con toda posibilidad, aun yendo bien la economía, nunca consigan recuperar; ya que la sociedad, cada vez está más limitada por una serie de contingencias que se producen, incluso al margen de la crisis o recesión, pero que son inherentes a los cambios que se anuncian en las sociedades, debidos a los avances en la tecnología, los efectos de las ciencias digitales en las comunicaciones, la introducción de la ofimática, la robotización de las industrias, los aumentos de la producción debidos a las innovaciones aportadas por mejoras técnicas que han llevado a una revolución en los sistemas productivos, cuyas consecuencias todavía no parece que hayan sido convenientemente analizadas, pero que hacen suponer que, en no mucho espacio de tiempo, la sociedad quedará descargada por la mecanización de muchos de los trabajos de los que, hasta ahora, veníamos desempeñando los seres humanos.

Sea como fuere nos encontramos, especialmente en nuestro país, ante una circunstancia especial derivada de la conjunción de varios factores, cada uno de los cuales lo suficientemente preocupante como para que se le preste una especial atención ya que, de cómo se lleguen a resolver, de la salida que se les encuentre, de la habilidad con la que sean tratados y de la firmeza del gobierno de turno, que se termine ocupando de ellos; dependerá que nuestra nación consiga mantenerse en el puesto que actualmente tiene asignado dentro de la CE; que nuestra economía, nuestras industrias, nuestro comercio, nuestras exportaciones, nuestras expectativas de progreso y el trabajo de los españoles entren en un periodo de regeneración y sostenibilidad o, por el contrario, si se desaprovecha la ocasión y seguimos la senda del endeudamientos, el déficit público exagerado o la aplicación, como se nos anuncia por los sectores de las izquierdas, un incremento desorbitado de los impuestos y de sus tarifas, amén de la tentación de intrusismo del Estado en lo que hasta ahora viene siendo la libertad de la iniciativa privada, que dejen reducida las libertades de iniciativa privada y coarten posibilidades de los ciudadanos para invertir, consumir, y crear demanda, entonces es muy posible que los cuatro años venideros puedan convertirse en un penoso Vía Crucis para las familias de todos los españoles, incluidas las que, con sus votos hayan elevado al poder a quienes son los que, en sus programas intervencionistas y alejados de lo que, la UE, considera que se debe llevar a cabo ( por ejemplo hace poco que se repitió en Bruselas la necesidad de que se vaya siguiendo en las reformas laborales, precisamente en sentido contrario a lo que solicitan nuestros sindicatos de trabajadores) amenazan con dar al traste con todo lo que se había conseguido por el PP de Rajoy ( que otros defectos habrá tenido, pero que, en este aspecto concreto, llevó a cabo una encomiable labor, al impedir que nuestra nación tuviera que someterse a los draconianos rescates de mano de los famosos hombres de negro).

En cuatro años señores, si el país cae en manos de esta izquierda en la que Podemos vienen apoyados por el tirano Maduro, de Venezuela, un sujeto peligroso, un verdadero dictador que se rige por sus propios instintos sin que le importen las leyes, la Constitución, el bienestar de sus ciudadanos o la aplicación de la justicia en su propio país; un villano al que no le importa torturar, asesinar o encerrar en lúgubres calabozos a cualquiera que intente plantarle cara; manteniéndose, en contra de lo que le está pidiendo mayoría de su pueblo, en el poder y siendo el único responsable de que, en un país con una naturaleza privilegiada, solo unos pocos, él y toda su camarilla de enchufados y generales del Ejército, se libran de una hambruna , como nunca se había conocido en el país, y de una falta absoluta de medicamentos esenciales, para que las clínicas puedan atender a sus enfermos más graves, junto a un desabastecimiento general, que obliga a muchos venezolanos a tener que acudir a Colombia para poder adquirir lo imprescindible para sobrevivir.

El señor P.Sánchez tiene en mente un concepto de lo que, según su criterio debe ser España, que no cuadra con el que sigue vigente en nuestra Constitución. Su resentimiento, su rencor y su egolatría le incitan a evitar que, en lo futuro, puedan seguir amenazando su idea de convertir al país en una federación de naciones, con la peregrina idea de que nos encontraríamos ante una nación a semejanza de los EE.UU de América pero, sin el patriotismo que en aquella gran nación americana se puede palpar en cualquier lugar por donde se transite desde el Este al Oeste donde, en cualquiera de sus estados, podrán ver que no hay ciudad donde la bandera americana no luzca por todas partes. Viajen ustedes por Cataluña y díganme cuantas banderas nacionales se encuentran en las calles y en las ciudades catalanas, como no sea en cuarteles de la policía nacional, la guardia Civil o el Ejército; el resto, banderas catalanas constitucionales y por encima de todo grandes despliegues de la bandera revolucionaria que se puede ver, tanto en organismos oficiales de la Generalitat como en cualquier vivienda particular, sin que ninguna autoridad se tome la menor molestia en evitarlo.

Cuatro años en los que puede convertir al Congreso y el Senado en meros ejecutores de los caprichos de esta combinación de las izquierdas, seguramente liderada por el PSOE y, posiblemente, si el señor Rivera se mantiene firme en sus promesas de no colaborar con un posible gobierno del señor Sánchez, con ministros de Podemos e IU y, quién sabe, si alguno de los soberanistas indultados (es evidente que tiene previsto utilizar alguna de las posibilidades de las que ya hablamos en otro comentario, para impedir que los encausados por el TS, sigan en la cárcel si, como se prevé, son condenados por todos o algunos de los delitos que se les imputan).No nos olvidemos de lo que dejó caer este señor Iceta, con más influencia sobre Sánchez de lo que se quiere aparentar, cuando habló de la posibilidad de que, después de un tiempo, si se demostraba que el independentismo iba progresando entre los catalanes, se pudiera empezar a conversar sobre posibles concesiones del Estado español a los separatistas catalanes. Nadie puede poner en duda, ante las reticencias del propio señor P.Sánchez a contestar con firmeza cuando se le habla de lo que tiene pensado hacer en caso de condena de los sublevados contra España o cuando se le comenta sobre el futuro de Cataluña. Primero la sentencia del TS y luego, será la política la que hablará. El actual Presidente del gobierno no se escondió y dejó meridiana la idea de que, si el tribunal decidía imponer unas penas graves, en sus sentencias condenatorias (si las hubiere) a los separatistas imputados, una vez firmes, entonces sería la política, el Gobierno, el que sopesaría si aplicaba el indulto, producía una amnistía fiscal o arbitraba medidas penitenciarias que dulcificaran los efectos de las penas impuestas.

Cuatro años que pueden parecer cuatro siglos si, a estos señores del PSOE, entregados a lo que las izquierdas extremas les van a imponer si necesitan, como parece inevitable, de su concurso para gobernar, suponiendo que las encuestas no anden descaminadas en sus pronósticos (algo que todavía no acabamos de ver con suficiente claridad) y, presionados por los independentistas catalanes, empeñados en avanzar en sus proyectos secesionistas. Si se confirman las cifras que corren por los mentideros políticos, respecto al coste que se calcula que va a tener el implantar todas las concesiones que el actual gobierno socialista, por medio del sistema utilizado hasta ahora de ir legislando por medio del decreto-ley, entonces hablamos de una horquilla de entre 16.000 millones de euros y 80.000 millones, dependiendo de si se llegaran a poner en práctica todas o sólo algunas de las medidas que el Gobierno ha decidido poner en marcha.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos el panorama que se nos presenta, si los que están decididos a que haya un cambio, sin que les importe las consecuencias que va a tener el experimento, se reafirman en dar sus votos a la izquierda; un panorama que, sin duda alguna, iba a tener importantes consecuencias en cuanto a la carga fiscal que, como siempre, deberíamos soportar sobre nuestras espaldas los ciudadanos de la clase media. ¿Hay quien pueda pensar que sin una subida incautatoria de los impuestos, se pueden hacer las concesiones a la galería, que ha anunciado y puesto en práctica el señor P.Sánchez? o ¿queda algún iluso que piense que no se va a seguir acudiendo a la Deuda Pública (ya estamos a punto de sobrepasar el importe del PIB nacional en deuda pública) para cubrir las cantidades necesarias para poner en marcha semejante despilfarro, a todas luces insostenible y con la particularidad de que es muy posible, si no aceptamos la certeza, de que desde Bruselas se nos advierta, como ya nos han venido haciendo, de las consecuencias de saltarse las normas comunitarias en materia de DP, gasto público y déficit público. Luego van a venir las quejas y las decepciones cuando, con toda probabilidad, ya sea tarde para rectificar, por eso es tan importante votar con sentido común.

Es que van provocando
Cristina Losada  Libertad Digital 16 Abril 2019

Una de las grandes diferencias entre el ciclo electoral que se extendió desde 2014 hasta 2016 y éste que nos ocupa es que aquél estuvo dominado por lo que se llamó la agenda regeneracionista, que dejaría en segundo plano la divisoria izquierda-derecha, mientras que el actual ha vuelto a poner esa dicotomía en el centro de la escena, y aún con mayor carga mítica de la que ya tenía.

El desplazamiento tendrá causas objetivas, como el alejamiento de la gran recesión y los escándalos por la corrupción, pero también se debe a la voluntad de ciertos actores políticos, en particular del Partido Socialista. Con Pedro Sánchez aupado al poder por una coalición de podemitas, nacionalistas y separatistas, su mejor baza para mantenerse en la Moncloa pasa por hacer olvidar con quiénes se ha asociado y puede volver a asociarse, así como por no incomodar a esas peligrosas amistades necesarias. La solución al problema de conjugar cercanías y distancias, la solución que no compromete a nada y lo promete todo, ha sido resucitar el clásico izquierda versus derecha con el dóberman acompañante: instigar el miedo a una derecha que se presenta, según el PSOE, en tridente y con el mismísimo diablo.

Ese es el marco que Sánchez ha plantado sobre el terreno desde hace tiempo, y que aparentemente ha cuajado, si atendemos, sobre todo, a la política en los medios. El coco de la derecha está haciendo un montón de horas extras en las declaraciones y mítines de los socialistas y en otros muchos shows. ¡Es que no da abasto! Pero ya sólo importa eso. Ni reformas institucionales, ni problemas económicos ni golpes separatistas. En la película socialista, el universo es puramente maniqueo: una planicie desierta en la que, al modo de las grandes batallas de los filmes más o menos épicos –actual fuente de inspiración para los mitos políticos–, se enfrentan los pacíficos ejércitos, valga el oxímoron, de las fuerzas del Bien contra los horrendos orcos de las fuerzas del Mal.

Los orcos, sin embargo, están donde siempre han estado: en las comunidades del odio que ha conformado el nacionalismo separatista. Se los ha visto en Barcelona, en la universidad, lanzándose como fieras contra un acto de la asociación de estudiantes constitucionalistas S’ha Acabat al que asistían candidatos del PP y Ciudadanos. Se los ha vuelto a ver en San Sebastián y en Bilbao, acosando a los que fueron a actos electorales de Vox. Se los acaba de ver en Rentería, amenazando e insultando a los que acudieron a un mitin de Ciudadanos con Maite Pagazaurtundúa, Fernando Savater y Albert Rivera.

No son episodios anecdóticos: son síntomas de graves trastornos democráticos. Pasarlos por alto, como si nada significaran, equivale a cerrar los ojos al problema que representan esas comunidades del odio y, en definitiva, el nacionalismo separatista. Pero eso es lo que ha hecho el PSOE. Salvo un tuit sobre lo de Rentería, el partido del Gobierno prefiere mirar para otro lado. También un clásico. Al menos esta vez, no como cuando un acto en Alsasua, ningún socialista ha salido aún a decir que los constitucionalistas iban allí a provocar, con sus minifaldas. Para decir que van a provocar ya están los propios separatistas y los de Podemos, esto es, los socios de la moción de censura de Sánchez y potenciales cogobernantes. Si los socialistas no quieren tomar distancia de esos posicionamientos, que no se sorprendan de que se les eche en cara su cercanía con ellos. Una cercanía que viene determinada, además, por su interés en agitar el espantajo de "la derecha".

Desde ese interés, se entiende que el PSOE apenas diga nada contra los actos de acoso y boicot que sufren partidos democráticos. Apuesta a que cuantos más incidentes se produzcan contra el PP, Ciudadanos y Vox, más quedarán marcados como partidos conflictivos e indeseables. Y más se reforzará esa visión siniestra del tridente diabólico que trata de instilar en el imaginario público: un tridente que, allá donde va, provoca protestas y problemas. No sólo ha regresado Sánchez a la dicotomía mítica izquierda-derecha. Está volviendo también a aquella división del trabajo que en tiempos describió Arzalluz: unos mueven el árbol y otros recogen las nueces.

No más autogobierno, sino gobierno
 La Razon 16 Abril 2019

Es cierto que Cataluña necesita un «nuevo impulso del autogobierno», pero no en el sentido que propone el PSOE en su programa electoral hecho público ayer. Cataluña necesita, en primer lugar, un gobierno, que sus representantes públicos trabajen para el conjunto de los ciudadanos y no para sus sueños identitarios y que la Generalitat recupere su carácter de administración pública de gestión y no un aparato político al servicio del secesionismo. Efectivamente, Cataluña demanda un impulso en sus instituciones de autogobierno, ahora desprestigiadas por unos líderes sectarios que antepusieron sus intereses políticos –cuando no personales, de partido, incluso de sus tramas de corrupción– a los del conjunto de los catalanes.

Ese impulso debe servir para corregir todo el mal causado por el «proceso», que ha devaluado la Generalitat hasta ser una maquinaria paralizada, sin más proyecto que desgajarse del conjunto de España y provocando la división de la sociedad en dos partes. Pero Pedro Sánchez se refiere a transferir más competencias a Cataluña. Esta inconcreción es lógica, porque no hay ámbito político, económico, social o cultural que no esté bajo la administración de la Generalitat. Habla este programa con mucha ambigüedad de «reformas necesarias», sin especificar la del Estatuto.

En 2017, el PSOE propuso recuperar el Estatuto de 2006, integro, antes de que el Tribunal Constitucional declarase nulo 14 artículos, referentes a la administración de Justicia, la gestión tributaria y la lengua (situaba el catalán como idioma «preferente» en la administración). De restaurarse, sólo cabría la reforma de la Constitución en unos aspectos que no serían fáciles, ni aunque fuese a través de reformas legislativas que no altere la sentencia del TC, tal y como propusieron los socialistas.

Se equivoca el PSOE si cree que el desafío independentista fue producto de la sentencia del Alto Tribunal, porque de ese análisis erróneo se derivan graves consecuencias. Creer, como dice en este programa, que de haberse aplicado su Declaración de Granada de 2013 –más autogobierno y reconocimiento de la España «plurinacional»– «no nos encontraríamos en la situación actual» es de un cinismo («desvergüenza en el mentir», según el Diccionario de la RAE) inadmisible, ya que la elaboración del nuevo Estatuto fue una propuesta del socialista Maragall –que ni siquiera llevaba en el programa–, apoyada por el socialista Zapatero, que se desentendió de los límites del nuevo marco estatutario.

Respecto a una reforma constitucional para encajar el «impulso del autogobierno» para «avanzar hasta reconocer plenamente su carácter plurinacional» es una entelequia identitaria –o lo que algunos críticos ya han llamado «federar España a Cataluña»–, nada se detalla. Se habla de incluir en la Constitución las «decisiones fundamentales sobre el reparto de las competencias financieras». En este ámbito, la Generalitat exige negociar un cupo similar al vasco, con lo que el desequilibrio territorial sería absoluto, ya que reduciría un 12% la financiación del resto de autonomías. Sánchez comete el error de plantear reformas de tanta importancia sin contar con el resto de fuerzas parlamentarias. Entretenerse en el programa hablando del «reconocimiento de las singularidades de los distintos territorios», de buscar una «definición más precisa de los aspectos identitarios, históricos, culturales...» es persistir en lo peor que ha introducido el nacionalismo en la política española, que es lo que ha dañado la arquitectura constitucional de nuestro estado de derecho.

Sánchez ofrece ‘más autogobierno’ a los separatistas
Pablo Sebastián Republica 16 Abril 2019

Después de lo ocurrido en el referéndum ilegal del 1-O y tras la declaración de independencia del 27-O en el Parlamento catalán en el otoño de 2017, a Pedro Sánchez se le ha ocurrido premiar a los golpistas que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo ofreciendo más autogobierno a Cataluña.

Con lo que ya hemos empezado a conocer la letra pequeña del programa electoral del PSOE en lo que se refiere a la política territorial en general y a Cataluña en particular. Es decir más autogobierno sin el acatamiento previo de la Constitución y la legalidad.

De manera que si las cosas van como quiere Sánchez, y una vez que ERC -que pide a Sánchez desde la cárcel que ‘no descarte la autodeterminación- y Podemos le garanticen su investidura tras las elecciones del 28-A, la hoja de ruta para la centrifugar España sería la siguiente:

En primer lugar, conceder indultos a los golpistas que resulten condenados en el juicio del golpe catalán que se celebra en el Tribunal Supremo.

A partir y una vez que Oriol Junqueras (jefe del golpe) ocupe la presidencia de la Generalitat tras las elecciones catalanas del próximo otoño, Sánchez aprobará, por fin, sus Presupuestos para 2020, y propondrá una reforma de los Estatutos vasco y catalán para dar más poder ‘al nacional separatismo’, reconociendo la España ‘plurinacional’ (de la ‘Declaración de Granada’ del PSOE).

Y a partir de ahí se abrirá la puerta que conduce a la independencia catalana por etapas. Primero el descansillo ‘federal’, luego el confederal y, finalmente y cumpliendo la profecía de Iceta, la autodeterminación y la independencia.

Naturalmente, para cumplir los objetivos hará falta una importante reforma de la Constitución que la derecha política no querrá. Y entonces sólo habrá quedarán dos opciones: el atajo de un segundo golpe de Estado catalán con una segunda declaración de independencia de corte unilateral (DUI 2); o la amenaza de Sánchez de abanderar la demanda de la III República en caso de que la derecha no se avenga a pactar la reforma constitucional.

Salvo que todo este relato se quede en una angustiosa pesadilla porque los españoles y la Constitución no lo consentirán.

El odio que ETA sembró
Cayetano González  Libertad Digital 16 Abril 2019

Ojalá los ciudadanos castiguen con su voto a todos aquellos partidos que amparan, justifican, comprenden o se ponen de perfil ante los actos de violencia.

Viendo las caras, las miradas, los gestos de odio que irradiaban este fin de semana los manifestantes de la izquierda abertzale contra los actos electorales de Vox y de Ciudadanos en San Sebastián, Bilbao y Rentería, la pregunta de si ETA ha sido completamente derrotada parece que tiene una respuesta clara: en su rama operativa, sí, gracias a la abnegada y brillante actuación sostenida en el tiempo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero en todo lo demás, la banda terrorista está más viva que nunca.

Han sido tantos años sembrando odio, dolor, miseria moral y humana, que eso no puede desaparecer de la noche a la mañana. El daño causado por ETA en la sociedad vasca ha sido inmenso, empezando por las víctimas que generó. Produjo una degradación moral, social, tremenda. ETA ha sido y sigue siendo un proyecto totalitario, incompatible por tanto con la democracia. Tendrá que ser la propia sociedad vasca, si quiere y si puede, la que se enfrente a esta dictadura que durante años ETA intentó imponer con las armas, y que ahora persigue con otros métodos, como los que se han podido ver este fin de semana, o desde las instituciones, de donde sus representantes deberían ser expulsados ilegalización mediante.

El odio a España sembrado por ETA, que asesinó a 857 personas exclusivamente por ser españolas, ha dado sus frutos. Por eso Santiago Abascal, Albert Rivera, Pablo Casado, Maite Pagazaurtundúa, Fernando Savater y muchos más son considerados unos seres extraños que van al País Vasco a provocar. Da lo mismo que un hermano de Maite, Joseba, fuera asesinado por ETA, o que la familia Abascal haya estado durante muchos años en la diana de la banda terrorista. A los amigos de ETA eso les importa una higa. Les ven como unos "españolazos" de m… que no tienen derecho a hablar en el País Vasco.

El problema se agudiza cuando se analizan las reacciones del resto de partidos ante estas agresiones. El PSE se sitúa en la equidistancia. Es verdad que poco se puede esperar de un partido cuya secretaria general, Idoia Mendía, sigue en el cargo después de haber brindado con Otegui en una cena en vísperas de Nochebuena. ¿Y el PSOE? Una suave condena a estos actos de violencia, no sea que los de Bildu se molesten después de haber apoyado hace unos días los decretazos en la Diputación Permanente del Congreso, o que necesite sus votos después de las elecciones. ¿Y el PNV? Como siempre. Postura mezquina, para no incomodar a quienes son sus hijos descarriados, no sea que eso le perjudique en las próximas citas electorales. Lo de Podemos no merece la pena ni comentarlo. Su vileza moral cada día queda más al descubierto.

Los actos de violencia, desgraciadamente, ya no son patrimonio de la denominada "izquierda abertzale". En Cataluña, sus hermanos de los CDR también hacen su labor, animados por Torra. La pasada semana fue el acoso violento en la Universidad Autónoma de Barcelona a Cayetana Álvarez de Toledo. Antes lo habían sufrido Inés Arrimadas o el popular Alejandro Fernández. Y en las últimas horas otro acto de violencia en Baleares, contra la farmacia del exdirigente del PP, y candidato de Ciudadanos al Parlamento Europeo, José Ramón Bauzá.

No sé si es más un deseo voluntarista que otra cosa, pero sería muy sano que el próximo día 28, en las elecciones generales, y el 26 de mayo, en las municipales, autonómicas y europeas, los ciudadanos castiguen con su voto a todos aquellos partidos que amparan, justifican, comprenden o se ponen de perfil ante los actos de violencia. Y también a los que pactan o admiten sin rechistar el apoyo de los violentos. No les debería salir gratis. En nuestras manos está.

En juego la libertad
Félix Madero. vozpopuli  16 Abril 2019

Es tal la situación de crisis y peligro que vive España que me dan igual las siglas. Ya no me planteo a qué partido votar el 28-A. Digamos que sólo me importan las personas. Aquellas que no guardan silencio ante el atropello ni hacen cálculos electorales en tal o cual provincia vacía o vaciada por mor de políticos sin escrúpulos, agarrados aún hoy a la mamandurria de la teta pública. Allí donde esté Fernando Savater estaré yo; allí donde vaya Mayte Pagazaurtundua o Cayetana Álvarez de Toledo o Santiago Abascal, allí iré. Los insultan y zarandean; los escupen y llaman fascistas y extranjeros. Que se vayan, no son de aquí, decía una mujer en la televisión. Y se van tras decir lo que piensan y sin esperar a que los partidos que se dicen constitucionalistas envíen una simple palabra de apoyo. Qué buena película El silencio de los corderos, ¿verdad?

Y no, miren, llegados a este punto poco importa lo que diga el programa electoral -total están para que no se cumplan, que decía Tierno Galván-. Estoy con aquellos que van a Barcelona y los llaman hijos de puta, con los que van a Bilbao y les reciben con caceroladas, con los que quieren reunirse en Rentería y encuentran en las miradas el mismo odio y rabia del asesino etarra, con los que quieren hablar y son pitados, insultados, atacados e intimidados por los mismos, no nos equivoquemos, que apoyaron la investidura de Sánchez y prometen apoyarla si hiciera falta una vez más. Son esos, desde luego, pero los nueve meses de deriva y consentimiento con ellos, desde que Sánchez habita en La Moncloa, han dado alas a una turba política que procesiona llevando en andas a Torra y Otegi.

No deja de ser curioso que toda esta chusma llame fascistas a aquellos que sólo pretenden hablar en espacios públicos, en actos previamente autorizados. No deja de ser paradójico que haya quién te diga que eres un extranjero en tu país y que no puede hablar allí donde ellos están. Es un bochorno que de las bocas de estas bestias con forma humana -copyright de Torra-, insulten llamando fascista a quien sólo quiere hablar. No hay expresión más pura y auténtica de lo que es un fascista que aquella que une a la violencia la potestad de decidir quién puede y quién no puede expresar su pensamiento. Por eso no complicado deducir que lo que está en juego no es otra cosa que la libertad y la igualdad. Por eso no nos ha de extrañar que la llamada izquierda abertzale esté en campaña de desinfección de las zonas del País Vasco donde PP, Cs y VOX han intentado, y finalmente han hecho con arrojo y valentía inusual en la política española, sus actos políticos.

¿Es que no hay en el partido de Sánchez quien salga y diga que hay que parar está barbaridad? No espero nada de Calvo, Lastra y otros cráneos privilegiados de la política española, pero sí de Susana Díaz, de García-Page, Fernández Vara o Borrell… ¿Nadie ahí va a romper el silencio ante el ataque a la libertad que pone en riesgo a la España constitucional?

Digo que me dan igual las siglas, pero algunas, en que las que como Diógenes con su candil no encuentro un hombre justo en este momento, las tengo muy presentes a la hora de encontrar culpables ante la sangría política y moral que España vive, unos días víctima de la mediocridad política y el pragmatismo canalla de su último presidente del Gobierno, y otros a voluntad de aquellos que quieren romperla a base de ayudar a quien va a ganar las elecciones. El panorama, pues, es desolador. Hace unos pocos meses era generalizada la sensación de que España no podía seguir a merced de los designios de neocomunistas, bilduetarras, nacionalistas y separatistas, relación que le copio a Cacho en su último artículo. Eso parecía, incluso había en el PSOE quien avisaba con las manos en las orejas y la boca abierta, tal que el famoso grito de Münch. Fuese y no hubo nada. ¡Pero el pueblo, amigos míos, nunca se equivoca!

Antes de terminar
A Adriana Lastra le gusta que la llamen “la dinamitera de Asturias”. Ella verá si ese es su gusto. En El País dicen que tiene la mirada de acero y que es ideóloga del comité electoral. Y El País sabrá por qué lo afirma.

A veces me pregunto cómo el PSOE ha terminado siendo simple y llanamente el partido de Pedro Sánchez. Y empiezo a entenderlo cuando le preguntan a la dinamitera qué o quién le saca de sus casillas. Respuesta: la impuntualidad, que no haya posavasos en los sitios y la deslealtad con el proyecto político.

¡Y todavía tenemos dudas de por qué nos pasa lo que nos pasa!

Higiene democrática
Miquel Giménez. vozpopuli  16 Abril 2019

En caso de que alguien quisiera seriamente acometer las necesarias reformas que se precisan en Cataluña, se encontraría con numerosos obstáculos. El primero, la teología

Si aceptamos la tesis de Jacques Monod en su imprescindible El azar y la necesidad, la interpretación marxista de la historia quedó obsoleta hace mucho tiempo. Desde la biología, el premio Nobel nos presenta una verdad terrible: el ser humano se encuentra solo en un universo que desconoce, sabedor de que está allí por casualidad. No existe nada predeterminado, nada escrito, nada irrevocable, nada que no pueda ser modificado. Quizás, añadimos, porque nada de lo que atañe a los humanos, simios venidos a más, ni es importante ni decisivo en el devenir del cosmos, de ahí lo irrisorio de nuestros actos.

En Cataluña existe, sin embargo, un sentimiento metafísico de la política que pretende dar sentido global y absoluto a la vida, a la sociedad, a los individuos. Como toda weltanschaüng, es una idea totalizadora y no admite réplica. Los separatistas creen tener una misión histórica, profética, rayana en la de los caballeros cruzados que partieron para reconquistar Tierra Santa. Ese sentido de la historia, bastante ortopédico en tanto que acientífico, los lleva a considerar el menor de sus gestos, el más baladí de sus actos como imprescindible, necesario, único, con una sombra que se proyectará por los siglos de los siglos. Hay que comprender esto para abordar lo que supondría encarar el reto del separatismo con ánimo de victoria desde una perspectiva política, pero también intelectual, sociológica, incluso filosófica. No basta con la lógica de los que bebemos en la ilustración francesa. Lo primero que han de comprender quienes pretendan higienizar la vida pública catalana es que se enfrentan con un misticismo, con un auténtico corpus teológico que tiene sus santos, sus mártires, sus dogmas, sus liturgias. Hay un relato sólidamente anclado en la sociedad catalana, incluso entre aquellos que no se sienten separatistas, que defiende esas mismas posiciones, aunque no lo hagan conscientemente. El Barça, por ejemplo, o la inmersión lingüística, serían dos buenos ejemplos de cómo esa Cataluña arquetípica – y, por tanto, inexistente – que dibujó el pujolismo está en el subconsciente de la masa. Al igual que hay gente que se casa, bautiza a sus hijos o los hace celebrar la primera comunión sin ser creyentes, o, al menos, creyentes de manera ortodoxa, en mi tierra hay personas que creen no ser separatistas, pero que cumplen con los rituales preceptivos sin saber que con eso participan y consolidan el mito. Cuando cualquier religión adquiere la condición de hábito social, ha triunfado.

Nadie desde la racionalidad, me refiero a los partidos no separatistas, ha abordado jamás el problema que nos ocupa desde esa perspectiva. Tampoco lo han hecho demasiados intelectuales o analistas, limitándose especular sobre temas como la corrupción, la defensa del español o la oposición al nacionalismo. Pocos han abordado – mi admirado Paco Caja es uno de ellos - lo que representa haber vivido durante décadas y décadas recibiendo constantes mensajes de supremacismo político y cultural, y aquí debemos remontarnos hasta finales del siglo XIX; un bombardeo sistemático por parte de una élite burguesa con intereses económicos muy concretos, que los ha hecho llegar desde escuelas, círculos políticos, económicos, mediáticos. A falta de hechos reales, el mensaje ha sido el sentimiento, la apelación al corazón, el uso de símbolos y emblemas para exaltar una idea de diferenciación, de lo outré.

A la bandera estelada no basta oponerle la rojigualda, la Constitución o las ideas que emanan del siglo XIX. No aceptan el concepto de progreso, sino el del regreso a un pasado que jamás existió, creado por los arquitectos de la propaganda. Es esa Arcadia irreal en la que los catalanes eran dueños y señores del Mediterráneo, con el primer parlamento democrático del mundo y reino propio, ese paraíso rico, ubérrimo, cargado de personajes históricos que han sido hurtados por la malevolencia de una Castilla envidiosa como Cervantes, Colon, Teresa de Ávila, el Cid e incluso Leonardo, Es, en suma, la crónica de aquello que jamás existió fuera de las mentes delirantes de sus creadores, sí, pero de fácil asimilación por la gente, que cree a pies juntillas que la pérfida España, que solo conoce de rapiñas y genocidios, es culpable de todo lo malo. Es un pensamiento, nos atrevemos a decir, mágico, como el que definieron Pawels y Bergier en El retorno de los brujos. En ese terreno es imposible llegar a nada mediante el diálogo, porque sería como intentar razonar con un marciano. Viven en otro mundo y no entienden ni les interesa nada del nuestro. Ese es el auténtico nudo gordiano que bebe a partes iguales de la noción de la anti España que goza de predicamento no solo aquí, sino también allende de nuestras fronteras, y del sentimiento de desclasamiento social cada vez más extendido entre las clases medias.

Oponer a todo este edificio pacientemente construido por las élites catalanas, que han sabido ocultar sus intereses puramente económicos tras el mito supremacista, requiere un relato tan fuerte como el existente que, sin caer en banalidades, empiece por hacer ver a la población que, fuera de la igualdad territorial no existe democracia posible y que cuanto más nos alejamos del concepto de ciudadanía más nos acercamos al de siervos.

Un relato que está por escribir, pero el único método para higienizar democráticamente un debate emponzoñado desde hace demasiado tiempo por falsas luminarias y trucos con espejos.

DENUNCIA DE COVITE
Entre los radicales de Rentería, uno de los que quemaron vivo al ertzaina Jon Ruiz en 1995
Agencias eltorotv.com 16 Abril 2019

“Los que antes jaleaban a los terroristas, ahora enarbolan su bandera del odio para insultar y agredir en las calles a todo aquel que represente una idea distinta”, denuncia el colectivo presidido por Consuelo Ordóñez.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Covite, ha asegurado que, entre los radicales que este pasado domingo acosaron al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y a los asistentes al acto de la formación naranja en la localidad guipuzcona de Rentería, se encontraba uno de los autores del ataque contra agentes de la Ertzaintza cometido en 1995, en el que “quemaron vivo” al ertzaina Jon Ruiz Sagarna.

El Tribunal Supremo condenó en junio de 1997 a 12 años de prisión a cada uno de los tres jóvenes que atacaron con cócteles molotov una furgoneta de la Policía vasca el 24 de marzo de 1995, e hirieron a cinco agentes y dos chicas que se encontraban en las inmediaciones, al considerar que tenían ánimo de matar a los agentes.

Los autores del atentado, vecinos de Rentería, prepararon una emboscada contra una furgoneta de la Ertzaintza e introdujeron en su interior artefactos incendiarios compuestos por ácido sulfúrico, líquido inflamable y clorato potásico, mezcla que incrementó el poder destructor de la gasolina.

Un total de cinco ertzainas resultaron heridos, entre ellos Jon Ruiz Sagarna, que sufrió quemaduras graves en el 55% de su cuerpo. Tras el ataque, la furgoneta, convertida en una bola de fuego, arrolló a dos chicas jóvenes que pasaban en ese momento por el lugar.

A través de las redes sociales, Covite ha asegurado este lunes que tiene constancia de que, “entre los que escupían odio ayer en la localidad guipuzcoana, se encontraba uno de los autores del atentado en el año 95 contra el ertzaina Jon Ruiz Sagarna, al que quemaron vivo tras introducir cócteles molotov en el vehículo que conducía”.

El Colectivo de Víctimas ha criticado “los salvajes actos de violencia callejera y ataques a la Ertzaintza que se han vivido este fin de semana en Rentería, San sebastián y Bilbao”, y han mostrado su “más firme condena ante la intolerancia radical”.

A su juicio, “los que antes jaleaban a los terroristas, ahora enarbolan su bandera del odio para insultar y agredir en las calles a todo aquel que represente una idea distinta”. “Los partidos y líderes políticos que justifican, no condenan o permanecen impasibles frente a los ataques contra algunas formaciones, no sólo evidencian una baja catadura moral, también se convierten en cómplices de los violentos”, ha añadido.


 


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