AGLI Recortes de Prensa   Sábado 27 Abril 2019

El peor enemigo de Sánchez: las urnas
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 27 Abril 2019

Son más reales las sorpresas que da el cómputo de las urnas que esos sondeos de Tezanos, ideados para confundir al votante y sostener a su amo, Pedro Sánchez, en la cúspide del poder. Las secuelas de las elecciones andaluzas así lo atestiguan. El optimismo excesivamente convincente de quienes promueven falsas encuestas, nunca alcanzará a sumar los mismos votos que el asombro produce. Prueba de ello es que el “Manual de resistencia”, ¿o inconsciencia?, escrito por una negra que aceptó tan asqueroso encargo, apenas ofrece descrédito y pesimismo. Todo cuanto urde dicho maniquí, al ser tonto de remate, lo rubrica. Le da igual que le cojan mintiendo, pues sabe que con la mentira se va muy lejos. Nació tramposo y morirá engañando.

Si abdicara de su indecente resistencia, devolvería el optimismo a este país. Pero Sánchez se aferra al “no es no”. Cuando contempla su rostro en el espejo, no ve aparecer a un lerdo vanidoso con la mente retorcida, ve a un grandioso dios, que cree ser. España está gobernada por un infradotado que sólo se ocupa de su ego y demás delirios. El que se las da Doctor en Economía, gracias a una tesis que plagió de cabo a rabo, acabará arruinándonos. Sino, al tiempo, que tal inculto, y adicto a la utopía sintética, genera perlas de cristal que no sirven para nada, Voten al chisgarabís y verán de cerca el desastre. En sus manos, el futuro no vale un peine. Que hablamos de un sociópata en fase vibratoria.

Vistos los debates entre el cisne Sánchez, la hiena Iglesias, el lince Rivera y la mangosta Casado, hay que reconocer que cada animal cumplió con su carácter genético. El cisne, se mostró tan cobarde y esquivo como siempre. La hiena, al no otear carne putrefacta, se disfrazó de seminarista y entreveró los crímenes de Maduro con la Constitución. El lince, volvió a ser lo que fue y mordió en la yugular a cada una de sus presas. Y la mangosta, tras su apatía inicial, acabó enseñando los colmillos, que desplumarían al ganso. Con lo cual, el cisne y la hiena, debido a las tarascadas que les atizaron el lince y la mangosta, huyeron de los foros como bichos despavoridos. Rivera ganó el primer altercado y Casado bordó el segundo.

Si esto ocurrió en apenas dos debates, ¿qué sorpresas no depararán las urnas, sumados los millones de votos que aporten los kamikaces de VOX? El cisne, y su pava, que tiene una mirada de zumbada que asusta, han de estar temblando, pues pocas plumas les quedan en el penacho y andan próximos a ver interrumpidas sus locas fantasías de grandeza. Ojalá que el 28, desciendan del Falcon por última vez y no volvamos a verles levantar vuelo. España merece unos presidentes infinitamente más dignos. Que de imbéciles en funciones y petardas aerotransportadas, estamos hartos.

Sólo he creído a tres personas durante la campaña electoral, A dos mujeres bien bravas, muy femeninas y extremadamente inteligentes: Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo. Y a un hombre con cuerpo e instinto de toro: Santiago Abascal, que ha soltado el mejor titular de estos comicios: “VOX va a reventar las encuestas como en Andalucía”.

Un domingo decisivo
José María Rotellar okdiario 27 Abril 2019

En el momento en el que se publique este artículo, los distintos partidos estarán comenzando sus respectivos cierres de campaña. Tras dos semanas de campaña oficial, a la que hay que añadir muchas semanas más de precampaña, llegamos a la recta final con todo en el aire. Nunca unas elecciones generales han sido tan imprevisibles como las de este domingo.

Nunca. Todo se va a jugar en un puñado de escaños, especialmente en los que se reparten en las circunscripciones pequeñas, donde la ley electoral se vuelve más mayoritaria y el partido que queda primero suele llevarse el escaño final. Ese escaño final puntúa doble, porque lo pierde el segundo y lo gana el primero, de manera que la distancia entre ambos, partiendo de un hipotético empate, se dobla. Por eso es importante que cada elector, cada votante, cada ciudadano, tenga muy claro qué quiere para España, para su familia, para él, en los próximos cuatro años, porque, de esa manera, le convendrá orientar el voto en un sentido o en otro.

Es obvio que si un ciudadano opta por un gobierno que se base en el intervencionismo, en el gasto público para aumentar la demanda a costa de incrementar déficit y deuda, y también los impuestos, entonces su opción es clara: PSOE y Podemos, cualquiera de ellos, puede ser una opción para dicho elector, pues ambos representan esa política económica. Ese elector, además, deberá compartir con dichas formaciones la idea de una España federal, incluso la idea de la celebración de un referéndum en Cataluña, en línea con lo manifestado por Iceta, por ejemplo, o los paños calientes con los que Sánchez ha tratado siempre al independentismo, a cambio de sus votos en la moción de censura, en sus meses de gobierno y en los votos que volverá a recibir si gana, a cambio de posibles indultos, entre otras cosas.

Si un ciudadano simpatiza con el centroderecha, si sus ideas son liberal conservadoras, debe analizar muy bien qué efecto puede tener su voto, porque si opta por las opciones con menos representación dentro de dicho bloque de centroderecha, puede encontrarse con el hecho de que su voto termine yendo a parar, por omisión, a Sánchez, ya que en los restos conseguiría el último diputado en muchas circunscripciones, elemento que llevaría a la victoria y al Gobierno a Sánchez y a sus socios de la moción de censura.

Ese ciudadano, que no quiere impuestos altos, sino bajos; que no quiere más derroche, sino buenos servicios públicos esenciales; que no quiere más déficit y deuda, sino prosperidad; que no quiere una recesión, sino riqueza; y que no quiere paro, sino empleo, si con su voto provoca que gobiernen los partidos que harán lo que él no quiere, se horrorizará. Pero esa desesperación llegaría tarde, porque el lunes no devuelven el voto. No hay segunda vuelta. Eso sólo sucedió en una ocasión, las generales de 1989 en Melilla, por las reclamaciones electorales presentadas, y allí pudo haber rectificación, pero ahora no. Por eso, es muy importante que los electores piensen bien qué les conviene votar para lograr su objetivo. Los votantes de izquierda lo tienen fácil: PSOE y Podemos son complementarios en el voto, apenas se restan escaños en estas elecciones.

El votante de centroderecha tiene que afinar más, pues cada voto de centroderecha que no vaya al PP puede hacer que gobierne la izquierda. En los electores está la decisión en cada caso, con el conocimiento de que no habrá segunda oportunidad para rectificar el voto.

El voto "de centroderecha"  que no vaya al PP será un triunfo contra cuarenta años de engaños.
Nota del Editor 27 Abril 2019

Distinguido lector: después de haber sufrido tantos insultos, desde el centroman (Aznar) que afirmaba que se podía hablar español en toda España (vaya gilipollez, también en China, el meollo son las lenguas regionales que machacan el español y pero, con nuestro dinero que pasa a ser suyo), hasta Don Tancredo Rajoy que dilapidó su mayoría absoluta sin mover un pelo de la barba, votar PP es un disparate, salvo para los masoquistas que se sienten grandes cuando los insultan y menosprecian. Así que no olvides votar y vota a Vox si te importa España y los españoles. Si no eres español, ¿qué haces aquí? si vas de paso, te irá mejor con quien defiende la seguridad jurídica. los derechos fundamentales (educación en español y propiedad privada, libre establecimiento, etc.), vota también Vox.

O PP, Vox y CS o Sánchez con el nacionalpopulismo: España se lo juega todo
ESdiario 27 Abril 2019

Sánchez iguala a Zapatero en sus estragos económicos y le empeora por su dependencia del nacionalpopulismo: el mejor antídoto para ese veneno que amenaza a España es votar en masa.

Este domingo, cuando el escrutinio de votos sea definitivo, España estará más cerca de tener un presidente que, además de legal como Sánchez en estos diez meses tras su burda moción de censura; sea legítimo y responda a la decisión de los electores y a las alianzas ya visualizadas de antemano por los ciudadanos, que solo pueden ser dos: la del PSOE con Podemos y los independentistas; o la de PP, Cs y Vox.

No hay que engañarse al respecto de terceras fórmulas, como la del PSOE con Cs, que responden en exclusiva al deseo del líder socialista a desdibujar su evidente pacto con el soberanismo que el aupó a Moncloa con el objetivo de disipar el temor que otro acuerdo similar produce a los españoles. Rivera ha negado por activa y por pasiva que esa alianza tenga la más mínima opción de prosperar, y sería un escándalo que después del 28A buscara argumentos para contradecirse.

Que la izquierda se permita criminalizar al "trifachito" mientras Sánchez le debe el puesto a Otegi, Junqueras y Puigdemont solo indica su miedo

Que Sánchez lo intentará es tan obvio como que hará lo imposible para trazar cualquier acuerdo con cualquier formación si atiende al único interés que le ha movido, que no es otro que perpetuarse en el poder: ése es el único proyecto claro del líder socialista para España, y que para obtenerlo le sirva igual un pacto con unos que con otros da cuenta de la inconsistencia de sus principios y de la hegemonía de sus intereses particulares.

La otra alternativa es la suma de los tres partidos constitucionalistas de corte conservador y liberal, cuyos votantes se han contado desde 2015 hasta la fecha en un número de entre dos y tres millones superior a los del bloque de izquierdas, sin contar con un soberanismo que a la hora de la aritmética parlamentaria deberían quedar excluido por todos.

El sanchismo, con malhechores
No se puede naturalizar algo tan bochornoso como vincular la gobernación de España a la influencia decisiva de quienes quieren acabar con ella, y aunque el sanchismo sea experto en adecentar con retórica las ideas más nefandas, el ciudadano ha de tener claro que en el viaje de resolver o apaciguar el conflicto en Cataluña no puede incluirse nada por encima de la ley, pero tampoco la asociación con los malhechores dentro de ella.

Falta por ver si esa abrumadora mayoría de votantes de centroderecha recogida por los escrutinios de 2016 y todos los sondeos del CIS hasta el aterrizaje del socialista Tezanos, se traduce en una superioridad rotunda en escaños. Algo que ocurrirá si todos los partidos en liza obtienen una representación en cada provincia del entorno o superior al 15%.

Algo que parece más que probable, lo que permite liberarse al elector de trabar las alianzas que los propios partidos no fueron capaces de hacer (ni siquiera en el Senado para garantizarse la mayoría absoluta) y optar por PP,

Vox o Cs según su gusto y libertad.
Que la izquierda y su poderoso aparato mediático ya hayan estigmatizado esa alianza, con el despectivo "trifachito" y la invocación de Andalucía como supuesto precedente siniestro, indica el temor a su viabilidad.

El buen ejemplo andaluz
Y refleja el cinismo de un PSOE que le debe la presidencia a Puigdemont, Otegi o Junqueras mientras se permite señalar a opciones perfectamente constitucionales y a pactos que han abierto las ventanas y ofrecido una esperanza a los andaluces.

El PSOE, con Podemos, solo ofrecen miedo como alternativa al cambio, y en sí mismo eso es definitorio de su endeble propuesta, de la inanidad de sus ideas y del sectarismo que lo envuelve todo.

Sánchez es un Zapatero que, al desastre económico, le añade la peligrosa dependencia doble de Podemos y de todo el soberanismo

Si esa visión se impone en España, el país que conocemos, la arquitectura constitucional que lo protege y la reconciliación que hicimos en el 78 quedarán malheridas, con un presidente doblemente hipotecado por el nacionalpopulismo de sus socios y un Estado de Bienestar mermado por sus alocadas medidas económicas.

Si Zapatero fue negativo en el crucial ámbito económico, Sánchez es una versión empeorada de aquel presidente que a los desperfectos en la gestión le incorpora la doble dependencia de un partido inspirado en el comunismo 3.0 y otros conjurados para cargarse la Constitución. No hay mejor antídoto para ese gravísimo veneno que llenar las urnas de votos.

Un voto por España y frente al separatismo
 larazon 27 Abril 2019

Nunca en las 14 ocasiones que los españoles hemos sido convocados a las urnas para elegir a nuestros representantes en el Congreso y el Senado, como máxima expresión de la soberanía popular, se había enfrentado la Nación a una crisis existencial tan grave como la presente. Porque no está sólo en juego el color político del próximo Gobierno, que, con ser importante, no deja de ser coyuntural, sino la preservación del modelo de país surgido de la Transición, que, bajo la forma de Monarquía parlamentaria, ha cristalizado en una de las democracias más sólidas y plurales de occidente.

Por supuesto, no tratamos de apelar gratuitamente a un supuesto voto del miedo, sobre el que se agita el espantajo de la catástrofe y se desdibuja hasta la caricatura la realidad política y social de España, sino de alertar a los ciudadanos de su responsabilidad como individuos libres e iguales para con la Nación, tal y como está concebida, con sus problemas y deficiencias, que no nos es dado ocultar, pero sobre los que deberían primar las virtudes y beneficios de nuestro régimen constitucional, que, hay que insistir en ello, ha proporcionado a los españoles el periodo de libertad y prosperidad más fecundo de su historia reciente.

Frente a quienes, desde posiciones extremas, adobadas de un populismo que bebe de la tergiversación y las medias verdades, proponen un revisionismo acrítico, puramente voluntarista, de nuestro modelo político y territorial, no hay que levantar más banderas que las de la verdad, las que reconocen que el sistema autonómico, con todas las disfunciones que se quieran argüir, no es responsable por sí mismo de los ataques a la unidad de la Nación española, única e indivisible patria común de todos los españoles, y que el estado del bienestar sólo es viable desde un modelo económico libre, creador de riqueza e integrado en las nuevas corrientes de la libertad de mercado que caracterizan a las grandes democracias del mundo, donde se respeta el derecho a la propiedad privada y el Estado no hace responsable subsidiario a sus ciudadanos de las carencias sociales.

Sí, frente a la demagogia y a la manipulación sentimental de las inevitables injusticias y desigualdades por los vendedores de soluciones mágicas de la izquierda, siempre fracasadas, y frente a quienes, desde nuestras propias instituciones soberanas, pretenden dividir nuestra Nación, los españoles necesitamos un Gobierno fuerte, que asegure la estabilidad y el crecimiento económico, y que garantice la primacía de la Ley y el respeto al ordenamiento constitucional por parte de los partidos separatistas, como exigencia previa e indeclinable a cualquier vía de diálogo. Las encuestas, sin embargo, pronostican una futura aritmética parlamentaria que daría al actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, una exigua mayoría, dejándole en manos de sus actuales socios de la moción de censura, cuyos programas, especialmente los de las formaciones nacionalistas, pero no sólo, responden a unos intereses que no son, precisamente, los del conjunto de España.

La perspectiva de un Ejecutivo socialista condicionado por los votos de la extrema izquierda de Podemos, saturada de colesterol ideológico, de desastrosos efectos en los laboratorios del «socialismo bolivariano del siglo XXI», y necesitado de los apoyos de proetarras y separatistas, que no sólo insisten en su ruta secesionista, sino que pretenden forzar el indulto de los líderes golpistas hoy juzgados por el Tribunal Supremo, nos llenan de aprensión y nos obligan a apelar a un sufragio responsable, que huya de extremismos y provea a la sociedad española de la estabilidad política y económica que precisa para seguir la senda del progreso.

En este sentido, la división del voto de centro derecha entre tres formaciones como el Partido Popular, Ciudadanos y VOX supone un problema mayor, puesto que dejaría fuera de juego a una mayoría social, que está inequívocamente con la defensa de la unidad de España y que reclama de los poderes públicos medidas de carácter económico sensatas, ya probadas y, sobre todo, que no vuelvan a hipotecar el futuro inmediato desde la irresponsabilidad fiscal y la barra libre de gasto. No vamos a caer en el fácil expediente de considerar intercambiables a los votantes de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, pero sí es cierto que, ante los graves desafíos que se abren a España, muchas de las diferencias se convierten en irrelevantes y, a la postre, sólo servirán para dificultar el imprescindible cambio de rumbo que necesita nuestro país. Creemos que el Partido Popular y su líder Pablo Casado, pueden aportar desde el Gobierno estabilidad política y económica a la vida pública española, desde el rigor, pero, también, desde la moderación de unas posiciones ideológicas enmarcadas en la tradición liberal de los grandes partidos conservadores europeos. Pero, en cualquier caso, toca a los españoles decidir en conciencia quiénes creen que representan mejor sus intereses y los del conjunto de la Nación.

Y dale con el PP. Déjate de marrullerías y vota a Vox
Nota del Editor 27 Abril 2019.

Efectivamente, nuestra "democracia" (en realidad, suya, de los profesionales de la política) es un cuento chino en el que nos han embarcado durante cuareta años. Ahora se tirar de los pelos porque se les termina el cuento, queremos España, no queremos otra cosa, y defender el tinglado autonómico no deja de ser un estertor de quienes ven que se les cae el tenderete de vender crecepelos "democráticos".

Hoy es muy tarde y no quiero seguir tumbando tantas tonterías, perdón, mentiras: libertad de mercado (17 tinglados  montones de lenguas "propias"); división del voto: vota a Vox y no dejes que PP ni Ciudadanos vuelvan a insultarte. Democracia sólida (como un helado en verano), así que vota a Vox.

¿Pero no era Franco lo que más preocupaba a los españoles?
OKDIARIO 27 Abril 2019

Una pantomima de principio a fin. Nada más entrar en La Moncloa, para recuperar al votante más de izquierdas que se había distanciado del PSOE para irse con Unidas Podemos, Sánchez entró al galope en un tema tan comprometido como el Valle de los Caídos. Y sobre la marcha descubrió que España es una Democracia y un Estado de Derecho. Ni siquiera un presidente del Gobierno puede abrir tumbas para desenterrar a los muertos, si esto no se hace antes conforme a la ley. Pero Sánchez, con su característico empeño, que no inteligencia, perseveró. No pareció importarle que todo el proceso quedase paralizado por el Tribunal Supremo. Su corta legislatura de 11 meses ha sido una permanente campaña electoral y este asunto quizás fue uno de sus temas estrella favoritos. “Agitprop tan intensa como barata”, algo así debió decirle su jefe de Gabinete, Iván Redondo.

Y cuando finalmente ha llegado la campaña electoral de verdad… Nada de nada, ni palabra del tema. En el Valle de los Caídos se le han juntado a Sánchez dos factores: el temor al fracaso de su Ejecutivo –hay serias posibilidades de que todo el proceso quede definitivamente anulado por el Tribunal Supremo– y el temor a movilizar electoralmente aún más a ciertos sectores nucleados en torno a Vox.

Esta conducta es la puntilla que faltaba para retratar definitivamente a Sánchez. Durante estos 11 meses hemos visto a un político donde todo interés general queda supeditado a su propia supervivencia en el poder, capaz del mayor tacticismo o de la mayor radicalidad en función de qué actitud le genera una cuota más alta de beneficio personal. Una persona así, sencillamente, no está capacitada para ser presidente de España. La improvisación que mostró, asegurando que iba a ser cuestión de “semanas”, luego de “meses”; la frivolidad con la que trató un asunto muy sensible para muchos ciudadanos; el pertinaz voluntarismo cuando toda la estructura legal del Estado español le advertía que aquello no eran tan sencillo ni tan fácil; todas estas actitudes ofrecen el fiel reflejo de un personaje que también debería quedar vedado para la secretaría general del PSOE, si es que lo socialistas están interesados en que su partido, que tantos servicios ha prestado a España, sobreviva a Sánchez.

Caperucita Roja y el Lovox Feroz
Antonio R. Naranjo esdiario  27 Abril 2019

Las supuestas maldades involucionistas del "trifachito" son un mero cuento, pero los efectos destructivos del "trioscurito" de Sánchez, Iglesias y Junqueras ya son una evidencia.

Aunque he estado buscando con ahínco datos de los niños devorados en Andalucía por el primigenio trifachito, no los he encontrado: o la pérfida maquinaria encabezada por ese Juanma Moreno con aspecto evidente de pendenciero ha logrado esconder las crueles estadísticas derivadas de la caída de Susana Díaz o, tal vez, los andaluces sigue comiendo preferentemente papas aliñás y pescaíto frito, quizá en mayor medida incluso por los positivos datos de creación de empleo.

Tampoco se ha registrado una epidemia de cancelaciones de programas sociales, ni un pico de asesinatos machistas, ni una plaga de despidos públicos ni la creación de unas SS andaluzas patrullando las calles de Sevilla, Málaga o Córdoba para retirar perroflautas o, en su versión de Unidad de Asalto, infiltrarse en las líneas enemigas de Gibraltar para españolizar el Peñón o acudiendo por la noche a Cataluña, con las caras pintadas, a perpetrar una Operación Relámpago contra el secesionismo.

El buen ejemplo andaluz
Lo cierto es que en Andalucía PP y Cs gobiernan, con el apoyo de Vox, sufriendo más los desperfectos de 40 años de socialismo clientelar que cometiéndolos en nombre de una cruzada que, a juicio de los paladines del sanchismo, comenzará este 28A si el malvado trifachito devora la esperanza "moderada y serena" de un tipo que llegó a la presidencia sin el plácet de las urnas y aupado, él sí, por tipos condenados, procesados o fugados.

PP, Vox y Cs van a estar en los 190 diputados y Casado, Rivera y Abascal tienen que estar a la altura de ese respaldo probable

Que el miedo a no sé qué, pero siempre muy grave, muy franquista y muy involucionario sea más etéreo que el peligro objetivo de entregar la gobernación de España -de nuevo- a una manada de independentistas adornados por un populista disfrazado ahora de inverosímil vendedor de tilas (que no obstante se ha ganado recuperarle voto prestado a Sánchez por su inteligente aparición en los debates), constituye la penúltima prueba de la mercancía escacharrada que supone el sanchismo.

Aunque todo el relato de la derecha sobre el asalto a La Moncloa de junio de Sánchez en coalición con Iglesias, Otegi, Puigdemont y Junqueras quedó blanqueado por la decisión de anteponer en el PP la sucesión a la resistencia -que fue como ponerse a discutir sobre dónde ir de vacaciones mientras te están robando en casa- y en Cs el sorpasso a la denuncia; lo cierto es que los riesgos de un acuerdo entre PP, Vox y Cs son el mejor de los casos una predicción subjetiva y en el peor una mentira solemne, viendo el ejemplo andaluz.

El nacionalpopulismo, la pinza que acosa a España
Mientras que las consecuencias perversas de una alianza del PSOE con Podemos y el soberanismo son ya medibles en términos económicos, de convivencia -no muy lejos del linchamiento han estado Inés Arrimadas o Cayetana en Cataluña- y de futuro democrático en España.

El "trioscurito"
Aunque le moleste oírlo a Sánchez y a sus corifeos, depender a la vez de Otegi, Puigdemont, Junqueras e Iglesias y pretender que ésa es una buena solución para España es como acudir al médico a curarte una adicción al tabaco y que te salga Pablo Escobar ofreciéndote una terapia con papelinas.

España, desde 2015, no ha dejado de orientarse como en toda Europa hacia opciones liberales y conservadoras, alcanzado cinco puntos de diferencia en el CIS de 2018 y entre dos y tres millones de votos más que esta izquierda: probablemente esa sideral distancia explique como nada la moción de censura de un dirigente como Sánchez que, tras bloquear un año el país y someterle a dos Elecciones Generales en seis meses, entendió que nunca sería presidente por lo civil y lo logró por lo militar apelando a la corrupción -ERES-, la transparencia -tesis-y la convivencia -Franco-.

Si el cuento de Caperucita Roja y el Lovox Feroz es eso, una fábula sectaria para camuflar la incapacidad y perfumar el hedor de un nuevo pacto con los enemigos de la España constitucional; las consecuencias del trioscurito de PSOE, Podemos y ERC son cuantificables desde el primer momento y presagian lo peor.

El trifachito es una invención barata de una izquierda que solo sabe meter miedo. El peligro de Sánchez con el nacionalpopulismo es un hecho incontestable

Detectada la imposibilidad legal de reformar la Constitución, la "plurinacionalidad" de Sánchez, el republicanismo guerracivilista de Iglesias y la moderación solo estética de Junqueras son la bisutería de un cambio desde dentro que generaría un auténtico Estado catalán vía elevación de transferencias, creación de un cupo catalán, desaparición definitiva de España y ese tipo de truco retórico tan sanchista de decir en Madrid que España solo es federal y en Cataluña que, de hecho, ya es independiente.

Tras los dos debates electorales, la sorpresa del domingo va a ser morrocotuda
Que es como soltar al león en el parque y pretender que se ponga a comer hierba: lejos de calmarse, afilará sus zarpas contagiosas en Navarra, País Vasco, Valencia y Baleares al menos, hasta hacer irrespirable la perviviencia constitucional de la actual España europea.

Vox es efecto, no causa
Vox no se inventa nada, y pese a lo folclórico de algunos de sus candidatos y lo brusco de alguno de sus mensajes, no es más que la consecuencia de una España harta de insultos y humillaciones; de cordones sanitarios e imposiciones ideológicas, de dictaduras de las minorías y de sobrecostes de la Administración a costa del currito, de hegemonías culturales obscenas y de intolerantes disfrazados de John Lennon.

Probablemente por eso, digan lo que digan los sondeos, la suma de PP, Vox y Cs supere muy de largo la mayoría absoluta. Y quizá por ello, la condena preventiva y la estigmatización del acuerdo ha comenzado mucho antes de que llegue: lo que va a medir a Casado, Abascal y Rivera es su capacidad de estar a la altura de ese respaldo histórico que uno humildemente prevé y sitúa en los 190 diputados o si, por contra, una vez coronada la cima van a anteponer también sus cuitas partidistas, los intereses alimentarios de sus dirigentes y esa curiosa manía del centroderecha de buscar la absolución por el sorprendente método de pedir disculpas a quien te está pegando.

Abascal: “El 28-A hay que elegir entre miseria socialista o prosperidad para nuestros hijos”
OKDIARIO 27 Abril 2019

Ante una plaza de Colón enfervorizada, a la que se han acercado 20.000 simpatizantes de Vox, Santiago Abascal ha realizado su discurso de cierre de campaña. El líder de Vox ha avisado de que el 28-A se decide mucho más que un Gobierno. “O el pacto de la traición o una alternativa patriótica”, ha advertido sobre el futuro de España. Abascal ha recalcado que “el próximo 28 de abril nos jugamos el futuro de España. O la desaparición o la continuidad histórica de nuestra patria. O miseria socialista o prosperidad de nuestros hijos y nietos”.

l acto de cierre de campaña ha reunido en una desbordada plaza de Colón de Madrid a los cuatro dirigentes de Vox que ya se han convertido en el núcleo duro del partido: Abascal, Javier Ortega-Smith, Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio. Miles de personas –más de 20.000 según los organizadores– han arropado a sus líderes en el último acto electoral antes de la jornada de reflexión.

Abascal ha dicho que Vox es solo un instrumento para la defensa de España, solo unas siglas que incluso es capaz de “despreciar”, pero ha insistido en que actualmente es el único “instrumento” capaz de garantizar la unidad nacional y la libertad de los españoles que, a su juicio, están siendo atacadas por “socialistas, comunistas y separatistas”.

“El próximo 28 de abril nos jugamos el futuro de España. O la desaparición o la continuidad histórica de nuestra patria. O miseria socialista o prosperidad de nuestros hijos y nietos. O la dictadura progre o la libertad de los españoles. El día 28 elegimos entre la ‘antiespaña’ o la España viva y no vamos a permitir ni la destrucción ni el suicido de España”, ha proclamado pidiendo por última vez a los votantes que el domingo llenen de papeletas “rojigualdas” las urnas.

En este punto, ha definido a su partido como “un movimiento patriótico cultural de defensa de la unidad nacional” y capaz de “hacer frente al separatismo y los progres”. Y ha repasado los cuatro ‘Episodios Nacionales’ –recurriendo al símil con la obra de Benito Pérez Galdós– que cree que han llevado a Vox a concurrir a las elecciones generales con un pronóstico muy favorable según todas las encuestas.

El primero de ellos fue la manifestación contra el independentismo en octubre de 2017, el segundo su acto en Vistalegre un año después, el tercero, el éxito en las elecciones autonómicas andaluzas del pasado diciembre y el cuarto es el que concluye este domingo para “espantar del Palacio de la Moncloa a los traidores sin escrúpulos”.

Por ello, ha dado las gracias a sus seguidores por haber “levantado a la España viva” y hacer frente a los “insensatos” que imponían su “dictadura progre”. “España unida jamás será vencida. No nos vamos a callar, nuestra patria y su historia merece orgullo, no vergüenza ni complejos”, ha advertido.

En este punto, ha dejado claro que no piensa “pedir perdón” por el pasado histórico de España, no negociará la unidad de España ni permitirá que se vote en referéndum y no se pondrá “de rodillas” en Bruselas ante los mismos que niegan la extradición del expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont.

Antes, la candidata de Vox a la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, ha marcado el discurso del Rey Felipe VI tras la declaración unilateral de independencia del Parlament como el “impulso” para “salir a la calle a defender a España”. Llegados a este cierre de campaña, se ha mostrado convencida de que “a la dictadura progre le quedan menos de 48 horas”. “Unos atacan a España y a otros les ha faltado el coraje para defenderla, el mismo coraje que a Vox nos sobra”, ha avisado.

Por su parte, el ‘número tres’ del partido, Iván Espinosa de los Monteros, ha recordado que Abascal hablaba hace cuatro años de lograr cien escaños en el Congreso y “todo el mundo se reía”. “Hoy se ríen menos”, ha desafiado. “Nos han intentado despreciar, pero no se dan cuenta de que con cada insulto nos han hecho cada día más fuertes”, ha proclamado.

Con su habitual tono, más cercano a un monólogo de comedia que a los tradicionales mítines políticos, ha animado a todos los ciudadanos a votar a Vox este domingo eligiendo su papeleta, que ha definido como una papeleta “multizasca”. “Cuando la depositéis, escuchadlo bien porque se oye zasca, zasca, zasca”, ha bromeado.

Mientras, el ‘número dos’ de Abascal, secretario general de Vox, candidato a la Alcaldía de Madrid y abogado en el juicio del ‘procés’, Javier Ortega Smith, ha dicho que cada votante de Vox el próximo domingo lo que hará será “rubricar su irrenunciable compromiso de defender España, la democracia y la libertad”. Y a todos ellos les ha garantizado que Vox no les defraudará.

PRESIDENTE HONORÍFICO DE VOX
Ortega Lara defiende que Vox es necesario para garantizar la unidad de España
Redacción gaceta.es 27 Abril 2019

El presidente honorífico de Vox, José Antonio Ortega Lara, ha defendido este jueves que su partido “es necesario para garantizar la unidad de la nación” y “defender la propiedad privada frente al intrusismo del Estado”, además de para promover inversión privada o la inserción laboral para jóvenes.

Ante unas 3.000 personas -según los convocantes- en el Pabellón Ciudad Jardín, de Málaga, Ortega Lara ha destacado como logros de su formación oponerse a “la dictadura de la corrección política y colocar en el debate temas tabú de los que nadie podía hablar”.

Así se refería a “postulados de la izquierda elevados a categoría de obligado cumplimiento sin posibilidad de discrepar”, como la ley de memoria histórica.

También ha dicho que han contribuido a recuperar símbolos, lazos culturales, la bandera, el himno o la lengua tras “40 años de proceso de desprestigio”, y cree que “con la llegada de Vox se ha revitalizado un alma latente” que “no quiere seguir tragándose la píldora del telediario”.

Se ha dirigido a los jóvenes, de los que dice comprender sus dificultades y desea que vivan mejor, aunque ha precisado que Vox no tiene una “varita mágica para dar felicidad”.

En este sentido, ha indicado que trabajan por un marco jurídico que dé nuevas oportunidades, pero pide a la juventud que no vincule su futuro a un subsidio o subvenciones porque solo serán “rehenes del político de turno” que hoy lo da y mañana lo quita.

También ha intervenido el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, que ha destacado que “el mundo entero está pendiente” de su partido y se ha referido a los “chiringuitos políticos” en Andalucía.

Al inicio del acto, varios asistentes han exhibido unas hojas a modo de carteles en los que pedían una gestora en el partido, que han sido abucheados y tras lo que han abandonado el recinto.

La mayor compra de votos de la historia: 38.000 empleos públicos
Borja Jiménez okdiario 27 Abril 2019

Nunca antes en la democracia se había visto un intento de compra de votos como la que ha protagonizado Pedro Sánchez antes de los comicios del próximo 28 de abril.

El PSOE lanzó a finales de marzo una macro oferta de empleo público con 33.793 plazas que saldrán este mismo año. Dos semanas después, el Ejecutivo de Pedro Sánchez formalizaba la contratación de otras 4.500 personas en Correos, de cara a reforzar la plantilla frente a las Elecciones Generales del 28 de abril. En total, más de 38.000 puestos de empleo público con los que Pedro Sánchez ha intentado ‘comprar’ unos cuantos miles de votos.

La ‘excusa’ del Gobierno socialista para lanzar tal oferta de empleo público está en las 21.000 jubilaciones que se aproximan. Sin embargo, hay truco. Sí, se producirán 21.000 jubilaciones entre los funcionarios, pero en los próximos diez años.

Se trata de la mayor convocatoria de la última década y entre las plazas que anunció el Gobierno de Sánchez se encuentran algunas de acceso libre (11.338 plazas), otras destinadas a la promoción interna (8.350) y otras de refuerzo. Además, Sánchez aseguró una oferta de 20.971 plazas para la Administración General del Estado (AGE).

Según explicó la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet, los sectores más necesitados son los del empleo, delegaciones y subdelegaciones del Gobierno, tráfico, catastros o lucha contra el fraude. Además, la ‘compra’ de votos también dará plazas numerosas para la administración penitenciaria y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. También se prevén otras 2.528 plazas para la estabilización en el ámbito AGE. La compañía pública Correos, por su parte, formalizaba el contrato de 4.500 personas como refuerzo de cara a las elecciones generales del próximo 28 de abril.

El número cuatro del PP al Congreso por Madrid y asesor económico de Pablo Casado, Daniel Lacalle, ha explicado a OKDIARIO que, bajo su punto de vista, “hacer una contratación pública completamente innecesaria con la justificación falsa de unas jubilaciones que se van a dar en diez años”. “El objetivo de disfrazar las malas cifras de paro que ya estamos viendo, donde uno de cada cinco puestos de trabajo que se han creado son públicos“, ha concluido.

28-A: entrar a matar, o morir
GEES Libertad Digital 27 Abril 2019

Se dice que Manolete no murió de la famosa cornada de Islero. Que fue una transfusión sanguínea en mal estado lo que le hizo exclamar "¡No veo, me muero!" antes de expirar. Eadem sed aliter, lo mismo pero de otro modo, estas elecciones pueden ser el mal plasma que acabe con España. En el GEES llevamos siguiendo la actualidad nacional e internacional treinta años, y con esta perspectiva lo vemos claro. La alternativa, el 28-A, no puede ser más clara: o se vota acabar con los enemigos de España o los enemigos de nuestra nación acaban con nosotros, nuestra historia, nuestra riqueza, nuestras fronteras y nuestra identidad. Presente, pasado y futuro.

En 1970, en su discurso de aceptación del Nobel, Solyenitsin dijo: "Las naciones son la levadura de la humanidad, sus personalidades colectivas; la más pequeña de ellas luce sus colores especiales y es portadora en su interior de una especial faceta de la intención divina". Y, sin embargo, las naciones, en nuestro mundo, están diluyéndose de la mano de un proyecto globalizador. ¡Qué diremos de la primera de ellas, España, entregada por una parte a las dentelladas de los separatistas y desgarrada, por otra, por las cesiones de soberanía a la Unión Europea! Esta situación, de extrema gravedad, hace estas elecciones incomparables con ninguna precedente o, si acaso, con una sola, la de febrero de 1936, en que ahora sabemos que el Frente Popular hizo trampa para ganar. Curiosamente, nuestros amigos los disidentes cubanos o venezolanos nos advierten hoy a los españoles, distraídos, de la gravedad del momento.

Lo asombroso es que no se haya percibido públicamente y explícitamente su carácter decisivo para la continuidad de la Nación. Como dice Solyenitsin, España es nuestra manera de insertarnos en la humanidad y nuestro único modo de existir en el presente como hombres libres dotados de derechos naturales por el Creador. Para los españoles, no hay otra que seguir siendo españoles si queremos seguir siendo libres.

No estamos solos en la tesitura. El Zeitgeist está lleno de ejemplos. Tomemos uno de otra gran nación occidental. En 2016, bajo el seudónimo Publius Decius Mus, Michael Anton, un académico americano, publicó el artículo "La elección del Vuelo 93". Si los americanos no se hacían cargo del mando de la cabina de su nación, como habían hecho los héroes del avión secuestrado el 11-S por los esbirros de Ben Laden que se estrelló en un campo de Pennsylvania pero no en el Congreso, la decadencia americana sería irreversible.

Es, pues, hoy aquí, como entonces para los americanos, la hora de los valientes. Este 28-A es nuestro Vuelo 93.

Citaba Anton la falta de fe de los conservadores en sus propios valores como el problema fundamental. No esperando nada de la corriente ideológica progresista, podía anhelarse al menos de los conservadores que creyesen en lo que decían. Que la educación había entrado en una deriva preocupante, que la nación y la cultura importaban, que el espacio público no podía entregarse sin más a la izquierda subvencionada, que la corrección política estaba destruyendo la libertad, era lo esperable del progresismo. Pero lo grave era, y es, que los conservadores nunca llegaban hasta el extremo de querer aplicar sus medidas. Se rendían en cuanto tenían ocasión a las del adversario y hasta las aplicaban, primero con cautela y luego con la fe del converso.

Piénsese en España, en las leyes recientes sobre el aborto, el matrimonio homosexual, la violencia de género o la memoria histórica. La derecha aparentemente se oponía a ellas, y llegó al poder con nuestro voto manifestando ese rechazo; pero luego abrazaba esas causas como suyas con más entusiasmo, si cabe, que la propia izquierda. Su reducto acabó siendo la economía, "lo único que importa", decían, limitando así su ventaja competitiva con el contrincante a la cada vez más imperceptible mejora en la gestión de la economía. Entregada esta, además, a corrientes globales no necesariamente favorecedoras de las clases medias, el dramático resultado ha sido la mengua de esta base de la sociedad. Esa que antaño se había considerado imprescindible para la existencia de una democracia sana. Si la clase media existía, había suficiente libertad para que la comunidad tomara sus propias decisiones sin coacción ni miedo.

Había que concluir por tanto que la derecha había mentido o ya no creía en sus propias recetas, pues una vez llegada al poder se mostraba incapaz de ponerlas en práctica.

Pero el problema no ha radicado en esta cobardía, aun siendo lamentable, sino en esa pérdida de fe en sí misma y, más todavía, en el resultado práctico de ese pecado de omisión: no ha mejorado la condición de nadie.

Y así hemos llegado al empeoramiento general de hoy, por ausencia de aplicación de las medidas mejores, después de proponerse y aceptarse democráticamente. La derecha puede echar a Sánchez. ¿Y? ¿Para qué exactamente? ¿Para volver a llenar las arcas y dejarlas así al próximo presidente socialista?

Mientras se podía seguir sobreviviendo, esto era grave, pero, mal que bien, tolerable. ¿No es acaso así la vida? Pero en estas llegó la gran crisis del separatismo catalán que supone la liquidación de la Nación. Y de nuevo la derecha se fue a las tablas. Dijo, por una parte, y ganó las elecciones con ello, que haría lo necesario para su defensa. Pero luego, cuando llegó el momento de la verdad, se empeñó en negar la realidad misma del referéndum de secesión, excusándose en que, una vez se había declarado ilegal, era inefectiva su práctica realización. Que es lo mismo que alegar ante el cadáver de un asesinado que la mención del delito en el Código Penal impide que esté muerto.

De modo que quizá podemos exclamar, para España, como en el Tenorio: yo la amaba, sí; mas con lo que habéis osado imposible la hais dejado, para vos y para mí. Sólo una actuación enérgica y convencida de la justeza de las propias ideas puede salvarla. No caben ya más retraimientos ni tampoco una fe como la de san Manuel Bueno Mártir, el personaje de Unamuno, porque la fe o es viva e ilusionante o no es nada. Se requiere una fe viva, eficaz para la preservación de España. Que vaya a las raíces de nuestros problemas y no a sus consecuencias o expresiones.

Por tanto, una de dos: o el bloque frentepopulista, apoyando directamente las siglas del PSOE o en posterior alianza disforme, le da la puntilla a España y nos hace entrar en otra época histórica, o bien se ejerce una resistencia que sólo puede venir de una dirección enérgica y convencida en sentido contrario, con una alternativa clara y distinta a la decadencia actual.

Es imperioso afirmar el valor moral de España sobre la alternativa de su destrucción. La moral es lo que mantiene viva una nación. Manolete no murió de la cornada de Islero, sino de la mala sangre que se le inyectó después: pues bien, la cornada ya la ha recibido España, y la herida existe y es real. Pero es el remedio lo que cuenta. Hay que inyectar en el cuerpo nacional un fluido sano que la haga renacer. España, como Manolete, no ve y se muere. Sólo un conservadurismo democrático y popular digno de ese nombre, es decir, ni despótico ni incrédulo, capaz de cumplir su compromiso, puede hacer que vea y viva. La penuria de los candidatos, cual cuatro jinetes del apocalipsis, en sus debates televisivos hace más necesaria que nunca una alternativa real, pues ellos son el problema o parte del mismo, Iceberg y Titanic al mismo tiempo. La solución ha estado ausente de los platós. La solución es la España viva y quienes la defienden.

¿Hay que suprimir las autonomías?
«El problema no se resuelve cambiando el modelo sino cumpliendo la ley, que es la mejor versión del diálogo a la que ha llegado la humanidad»
Antonio Castillo Algarra ABC 27 Abril 2019

A pesar del concepto que circula en las facultades de Derecho de que España es un «Estado compuesto», radicalmente falso, fruto de la escasa formación filosófica y lingüística de nuestros juristas en las últimas décadas, España es una única nación que se remonta a muchos siglos atrás. Si la comparamos con el resto de naciones, es casi imposible encontrar otra con mayor unidad lingüística, política, territorial, institucional y (para sorpresa de muchos) menos violenta, con menos rupturas de la convivencia, y menos individualista.

El federalismo consiste en reunir en movimiento centrípeto varias unidades diferentes para una labor común. El autonomismo es repartir competencias que proceden de un todo único, como si fuera una fuerza centrífuga. Proponer un estado federal para España es el mayor peligro que nos acecha: supone negar y trocear la soberanía, y eso es negar la nación española. Ni es una «mera cuestión terminológica» ni España es, como dicen, «de hecho casi un estado federal»; del mismo modo que una familia no es un piso compartido. Si se alega la situación con la Unión Europea, hay que apuntar que en ese caso se trata de compartir la soberanía, no de que no exista ni de que se troce. ¿Por qué ha de ser federal o autonómica la fórmula? ¿Por qué no España a secas, como diría algún partido nuevo: «una, grande, libre»? Porque sería negar la realidad española -la peor falta de patriotismo-, y caer en el error de las llamadas «izquierdas»: el idealismo, pensar la realidad a priori, en abstracto. Pero la realidad es concreta, aquí y ahora. De modo que yo no conozco a ningún «español» a secas, sino andaluces, gallegos, vascos, catalanes..., sin olvidar a los españoles del Perú, Bolivia, México... Son «sociedades insertivas», como explicó Ortega, que articulan la realidad, la hacen «real», concreta. Tampoco conozco a ninguna «persona»: se es hombre o mujer, y con una edad determinada. De igual forma, no hay ningún «europeo» en abstracto: se es muy europeo siendo muy español, francés, alemán, inglés..., en distintas versiones de Europa. En un tic característico del puritanismo, que recorta de la realidad lo que le incomoda o asusta, el franquismo negó esa realidad regional.

Lo que se pretendió durante la Transición española fue «la devolución de España a los españoles», su realidad íntegra, incluyendo la regional. Cuestión distinta es que los nacionalistas se hayan apropiado torticeramente de la fórmula de las autonomías con la connivencia e inacción de los distintos gobiernos, que han callado ante incontables incumplimientos e infidelidades autonómicas. Dichas infidelidad e indolencia no se solucionan obviando la realidad, ni aprovechando para romper ni negar la soberanía única de la nación española. Se resuelven con la ley. El diseño autonómico no lo hicieron los nacionalistas; sí consiguieron viciarlo en parte, y lo han infectado progresivamente.

Se sostiene que, gracias a internet y la administración digital, deja de tener sentido la otra razón de ser de las autonomías: acercar el gobierno al ciudadano. Pero no fueron tan pobres las razones que motivaron el título VIII de la Constitución, sino el reconocer la realidad regional que articula la nación española. Internet no solo acerca y facilita, sino que también abruma con millones de asuntos, lo que hace más necesario que nunca un parlamento regional en el que se seleccionen (elegir adecuadamente es lo más necesario bajo esta supuesta «revolución digital») los asuntos propios de cada región. En una aparente paradoja internet nos ha hecho más localistas -casi nacionalistas- que nunca.

Las autonomías y sus organismos políticos permiten algo esencial: que ciertas partes del país funcionen y sean motor y reserva cuando el Gobierno de la nación sea incompetente o fanático, o esté preso o inestable. Las autonomías son salvaguarda de prosperidad pero también contrapoder: cuando la separación de poderes, o la prensa están más en peligro que nunca. Además las autonomías compiten entre ellas, en sano ejercicio de autoestima e imaginación, tirando del país hacia arriba. Y algo esencial, que conecta con las sociedades insertivas que son las regiones: permiten dentro de España diversas versiones de lo español, diversos estilos y temples de la vida: no es lo mismo vivir a la andaluza que a la gallega o a la catalana. Para los que necesitamos un complemento más allá de lo regional, está Madrid.

El problema no se resuelve cambiando el modelo sino cumpliendo la ley, que es la mejor versión del diálogo a la que ha llegado la humanidad.

¿Autonomías? No, gracias
Nota del Editor 27 Abril 2019

Pretender que las autonomías permitan defenderse del gobierno de la nación cuando éste sea incompetente o fanático es un disparate lógico: en vez de un "enemigo" nos encontramos con 18 enemigos, como sufrimos desde hace cuarenta años. Ptretender que las autonomías son salvaguarda de la prosperidad es otro disparate, puesto que su ineficacia está demostrada en todos los ámbitos. en cuanto al tinglado regional, ¿ porqué se para en ese punto? ¿? Porque no a nivel ciudad (ya lo sufrimos), barrio (casi), calle, bloque, familia, individuo ?.

Cumplir la ley es imposible: ¿ cuantos millones de páginas de normas y legislación salen de todo el tinglado ? A ver quién es capaz de mirar todo eso.

Moraleja, nada de autonomías, vota a Vox.


Elecciones Generales 2019
Vox reúne a 20.000 seguidores en Colón en su último acto antes de que España vaya a las urnas
Raquel Tejero / Plaza de Colón okdiario 27 Abril 2019

Alrededor de 20.000 personas han acudido al último mitin de Vox para arropar a los candidatos de la formación de Santiago Abascal que se medirán en las urnas el próximo domingo.

Vox ha elegido la madrileña plaza de Colón, convertida en enclave del constitucionalismo desde el acto que PP, Ciudadanos y los de Santiago Abascal celebraron el pasado mes de febrero. En la plaza se han citado 20.000 personas para apoyar a los líderes del partido ante las elecciones generales del 28-A.

Al acto han acudido el número uno de Vox, Santiago Abascal, y el resto de la cúpula representada por la candidata de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio; al Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, y el candidato al Congreso Iván Espinosa de los Monteros. A su llegada, decenas de simpatizantes se han agolpado para aclamarles.

El orden seguido ha sido el establecido en otros actos, situando a Santiago Abascal en el último puesto en el discurso. El mensaje transmitido por el candidato a la presidencia ha ido enfocado a la importancia del movimiento ciudadano por encima de los partidos: “Estáis aquí por España que es la herencia de vuestros padres y la libertad de vuestros hijos. Por primera vez se os ha convocado con una visión que apelaba al bien común. Nosotros tenemos lema de vida. Vox no es un partido, es un movimiento patriótico y los ‘progres’ quieren terminar con todo ello”.

En el lugar se respiraba un ambiente de triunfalismo ambientado por las típicas canciones españolistas como “¡Qué viva España!”. Los militantes y simpatizantes del partido consideran que la formación liderada por Abascal dará una sorpresa y se colocará entre las segunda y la tercera fuerza más votada.

El acto, que ha comenzado con la animación del periodista Cake Minuesa, ha concluido con fuegos artificiales y vítores al partido.

Abascal ha pedido el voto para la “España Viva” para evitar la “destrucción y el suicidio de España”. “Quiero dar las gracias por haberme permitido vivir algunos de los momentos más emocionantes de mi vida”, ha agradecido.

Iván Espinosa de los Monteros, por su parte, ha agradecido la enorme asistencia recordando que “hasta hace poco daban mítines subido a una caja de frutas con un micrófono” y ahora los hace “en plazas llenas”.

“Unos atacan a España y a otros les ha faltado el coraje para defenderla”, ha criticado Monasterio en su intervención que ha sido interrumpida por los gritos de los asistentes que aclamaban que “España unida, jamás será vencida”.

Ortega Smith ha asegurado que el domingo supondrá una “transición” que mejorará España y que hará a los españoles “protagonistas de la historia”.”El próximo 28 vamos a ir a rubricar defender a España y a la libertad”, ha asegurado.

Colón también fue el lugar elegido por Vox para el comienzo de campaña donde, tras la pegada de carteles, Abascal se desplazó a Asturias a visitar el santuario de Covadonga, cuna de la Reconquista.

Lleno tras lleno
El partido ha tenido una campaña realmente exitosa. Imágenes como las que se vieron este jueves en Valencia o el martes en Sevilla reflejan la capacidad de movilización con la que cuenta Vox.

Tanto Sevilla como Valencia reunieron a más de 5.000 personas mostrando un manto de banderas de España y discursos de ánimo de los líderes de la formación.

La asistencia de este acto se preveía alta, por la simbología que se ha creado en torno a la plaza de Colón y la proximidad a las elecciones generales.

OKDIARIO en Colón con los votantes de VOX: “Alguno se va a llevar una sorpresa el domingo”
Raquel Tejero / Plaza de Colón okdiario

Vox cierra su campaña electoral con un acto multitudinario en la plaza de Colón en Madrid. Miles de simpatizantes han arropado a Santiago Abascal a dos días de que se abran las urnas para decidir unas elecciones trascendentales en la historia de España.

La Plaza de Colón de Madrid ha quedado abarrotada por miles de asistentes que han ido a arropar a los candidatos de Vox en el último acto de campaña antes de que se abran las urnas el próximo domingo. OKDIARIO se ha desplazado hasta el lugar para testar el estado de ánimo de sus votantes.

El público ha acudido en su gran mayoría portando banderas de España que han teñido la madrileña plaza elegida estratégicamente por haberse convertido en un símbolo del constitucionalismo, tras las diversas manifestaciones que se han producido en los dos últimos años a favor de la unidad de España en los últimos meses. El periodista Cake Minuesa ha sido el encargado de presentar el acto desde el escenario.

También ha habido algunos indecisos que se han acercado hasta Colón para decidir su voto: “Me interesa ver la información que nos van a contar hoy y quiero saber que proponen para decidir sobre mi voto”.

“Es un orgullo estar aquí porque hay que mantener lo que queremos. Esto más que un partido es un movimiento y a me pone la piel de gallina”, ha contado un simpatizante.

Los asistentes iban desde jóvenes a personas mayores que afirmaban estar “entusiasmados con Vox y estoy segura de que van a ganar”.

Todos coinciden en que las encuestas se equivocan y que el partido de Santiago Abascal logrará un mayor número de escaños en los comicios del domingo. “Espera que no se lleven una sorpresa y sean la fuerza más votada”, asegura un joven ante el micrófono de OKDIARIO.

Acerca de la posibilidad de que Vox no se convierta en pieza clave para formar un futuro gobierno, una mujer afirma: “Siempre queda la duda, pero no por eso tienes que frenarte”. “Tienes que ser fiel a tus principios, pierdas o ganes”, ha sentenciado ante los que argumentan que el voto a Vox es un voto inútil porque divide al centroderecha en el objetivo de derrotar a Pedro Sánchez.

El PP en ruinas
Pío Moa gaceta.es 27 Abril 2019

*El PP en ruinas. Sale Aznar con chulerías infantiles, la patriota inglesa Hope Aguirry con que el voto a VOX es inútil, Rajoy justificando su complicidad con separatistas y leyes liberticidas de ZP (¿qué otra cosa podía haber hecho?). Repulsiva banda de señoritos cutres.

*El PP de Casado es el de Maroto, de Feijoo, de los promotores del separatismo. El PP no se ha limitado a apoyar y financiar a los separatistas, sino que ha rivalizado con ellos en sus maniobras ilegales contra la lengua común y la cohesión nacional

*El voto útil es el que defiende a España y las libertades. Hoy es el voto a VOX. Los demás solo son útiles para los enemigos de la nación y de la democracia.

*Los debates “a cuatro” han sido los menos vistos hasta ahora. En parte porque faltaba VOX. ¿Por qué faltaba? Porque con Bertín Osborne quedó clara la diferencia entre dos niñatos y un hombre cabal. No se podía repetir.

* La ruina del PP es ante todo una ruina intelectual y moral que ha terminado reflejándose en la política.

*En el PP solo hay tres ideas claras: “La economías (el dinero) lo es todo”. “España debe ir diluyendo su soberanía en la UE”. “La política consiste en el diálogo con separatistas y totalitarios del PSOE” (por diálogos entiéndanse chanchullos mafiosos en los que siempre pierden España y la libertad.

*La idea de 1+1+1 es buena para impedir al PSOE dominar el Senado. Los necios señoritos del PP creen poder dominarlo ellos y hacen corre el bulo de que la idea parte del PSOE. Es falso. También dice esa panda de miserables que votar a VOX es votar al PSOE.

*Si PP y PSOE desaparecieran –y en el caso del PP es muy posible– España quedaría libre de una enorme basura que lleva años apestando la política.

Delincuentes denuncian /Dios y el hombre/ Luis del Pino
Pío Moa gaceta.es

Este sábado, Una hora con la historia tratará de la División Azul. La sesión anterior, sobre la política de las potencias anglosajonas hacia España en la SGM y su evolución: https://www.youtube.com/watch?v=mpiYj-55fWM

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Política delictiva
Bajo el lema “Vota valores”, el grupo “Hazte oír” realizó una campaña informativa mediante autobuses en los que exponían las caras de candidatos de PSOE, C´s y PP y declaraciones ilustrativas de sus propósitos sobre la vida humana, la familia y la unidad de España. Salían el Doctor: “Cataluña es una nación”; Rivera: “El aborto no es violencia”; Andrea Levy: “Dejaría la ley del aborto tal y como está”; y Maroto: “La ley LGTBI se queda”. Estas palabras textuales se pusieron también en vallas, y el PP las ha denunciado a la Junta electoral Central, compuesta por personas relacionadas con el PP y el PSOE.

Es decir, el PP trata de silenciar a quienes ponen en evidencia su permanente engaño y chanchulleo. No dudan en utilizar la ley de forma torticera y obligar a cualquier crítico a gastar tiempo y dinero defendiéndose de un acoso en sí mismo delictivo. Lo mismo hace el PSOE negando subvenciones a las que tienen derecho y que tratan de reservar para sus amigachos políticos.

Informar a la gente sobre los políticos y las políticas de los partidos, máxime en el festival de embustes que es esta campaña electoral, no es solo un derecho, es también un deber de los ciudadanos conscientes. Incidentalmente, compárese la campaña de Hazte Oír con la actitud acomodaticia, por decirlo suavemente, de unos obispos que se desentienden de la profanación de los restos del hombre que salvó a la Iglesia del exterminio.

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El hombre y Dios
El científico Ginés de Morata se plantea el arduo problema de si el hombre es una creación de Dios o Dios una creación del hombre. El decide lo segundo. Pero como es obvio que el hombre no se ha creado a sí mismo, hay que concluir que solo puede ser una creación de Dios. Solo que a ese dios él le llama “Evolución”. Y resulta un dios notablemente caprichoso, porque quiere ser científico pero no funciona a través de las leyes necesarias a las que aspira la ciencia, sino por medio de azares e infinitas combinaciones de azares. También podría plantearse si el hombre es un producto de la evolución o la evolución un producto de la mente humana.

Me recuerda a uno del Ateneo, socialista y muy feminista, enemigo del patriarcado, al que atribuía la idea nefasta del bien y el mal, que oprimía a las pobres gentes, en particular a las mujeres. Le pregunté: “Entonces, tú crees que está muy mal pensar en términos de bien y mal”. “Pues claro…”.

Encuadre histórico de la situación
Pío Moa gaceta.es 27 Abril 2019

En Una hora con la Historia, un tema apenas estudiado: la evolución de la actitud de Usa e Inglaterra hacia España durante la II Guerra Mundial. https://www.youtube.com/watch?v=mpiYj-55fWM

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En 1898 España sufrió una conmoción moral extrema al haber perdido con facilidad sospechosa la guerra con Usa y los restos, aún importantes, de su antiguo imperio. De esa conmoción surgió una época histórica nueva caracterizada por el auge de los separatismos, del terrorismo anarquista, del socialismo revolucionario y de un republicanismo simplón y mesiánico. La conjunción de esas fuerzas abocó a la destrucción del régimen liberal de la Restauración, a un intento conservador con modificaciones importantes en la dictadura de Primo de Rivera y finalmente la II República.

La reacción a la derrota del 98 creó por otra parte un clima de pesimismo y también de regeneración. El regeneracionismo hacía un análisis extravagante de la historia de España, tildándola de enferma, anormal, absurda, pero que los regeneracionistas iban a cambiar y renovar gloriosamente. Quienes se atribuían tan enormes designios eran sin embargo políticos e intelectuales medianillos, sin el menor espíritu heroico y preocupados ante todo de hacerse una buena posición como funcionarios del régimen que decían detestar y al que aspiraban a destruir. Quienes lo destruyeron, con su ayuda, fueron sin embargo los otros.

La dinámica de la II República mostró el carácter y la talla de tales fuerzas (muy bien descritas, paradójicamente, por Azaña). Solo fueron capaces de crear caos político y creciente miseria, que abocó a una polarización entre un frente de separatistas, totalitarios y golpistas por un lado, y las fuerzas partidarias del mantenimiento de la nación, de su cultura cristiana y de las libertades personales por otro. Esa polarización provocó la guerra civil.

¿Puede decirse que el franquismo superó aquella situación? Sí puede decirse. Los odios furiosos de la república quedaron pronto superados para la gran mayoría. El pueblo pudo confiar en sus propias fuerzas, que le permitieron reconstruirse sin las deudas absolutas del resto de Europa occidental. Los separatismos, el anarquismo y los republicanismos de miseria desaparecieron, y solo persistieron los comunistas en una lucha marginal y derrotada una y otra vez, más, a última hora el crimen etarra.

La sociedad creada en el franquismo nada tenía que ver con la de la república. Ni los viejos odios, ni la vieja miseria, ni la vieja denigración de España. Esto permitía el paso a una democracia firme y sin convulsiones, y fue lo que decidió el pueblo en el referéndum de 1976. He expuesto reiteradamente cuál ha sido la dinámica posterior, en la que ha incidido la crisis de la Iglesia tras el Vaticano II y el vaciamiento intelectual de la derecha, que debía proclamarse heredera del franquismo y se sumó a la falsificación sistemática de la historia. Y así unos problemas políticos de fondo que parecían y realmente estaban superados, han resurgido como un fantasma amenazante. Ha resurgido la política “incompetente, tabernaria, de codicia y botín sin ninguna idea alta” que llevó a la guerra civil.

Aún estamos a tiempo de frenar por medios normales esta deriva y comenzar una nueva etapa de nuestra historia. Pero también es verdad que el tiempo apremia.

Y, de repente, llegaron los nuestros
Raúl González Zorrilla, director de La Tribuna del País Vasco 27 Abril 2019

¿Dónde están los nuestros?, me preguntaste mientras paseábamos por la gélida calle Vasagatan de Estocolmo. Y no supe qué responderte. A nuestro alrededor, bajo un cielo tan azul como helado, mujeres veladas caminaban rápidamente rodeadas de niños adormilados, jóvenes asexuados con gafitas coloridas aparcaban sus bicicletas en la estación central, un borracho de mirada vidriosa mataba sus recuerdos de otra época en una botella de ginebra barata, ejecutivos grisáceos abandonaban las cercanas oficinas del Aftonbladet mordisqueando un pastelillo y el olor a hamburguesas recién hechas, a kebabs grasientos y a kabanoss a la parrilla rebosantes de curri llegaba, extraño y excéntrico, hasta la Storkyrkobrinken, ya en la parte vieja de la ciudad.

¿Dónde están los nuestros? Los nuestros, a los que apenas vemos en las tiendas de lujo del Boulevard Haussmann de París, los que nunca están entre los hombres de túnicas blancas impecables y escabrosos relojes de oro que se pasean lentamente por Bond Street o los que desaparecen entre las numerosas bandas de adolescentes inmigrantes, de punkies extemporáneos, de nuevos ecoloizquierdistas o de grupos LGTB que un día sí y otro también tiñen de colores brillantes y música disco el intenso tráfico de coches, tranvías y moticicletas de la Friedrichstrasse berlinesa.

¿Dónde están los nuestros? Como si fueran improcedentes “ooparts”, esos melancólicos objetos fuera de su tiempo y de su lugar que aparecen inopinadamente en los lugares más insospechados del mundo, millones de españoles y de europeos vagan hoy perdidos, desnortados y agotados por las calles de sus ciudades sin reconocer como suyos los lugares donde nacieron, los rincones donde amaron por primera vez, las escuelas donde estudiaron, las fábricas que un día se levantaron con la sangre y el sudor de sus padres y abuelos y, sobre todo, viendo cómo el patrimonio espiritual de sus ancestros, su anclaje cultural y sus referentes ideológicos forman parte de un mundo que parece agonizar bajo el dictamen feroz de la dictadura socialdemócrata que arrasa Occidente desde sus acantonamientos de Bruselas o Estrasburgo. Desde allí, desde esos cuarteles siempre demasiado lejos de todo y de todos, batallones de miles de políticos éticamente inanes y de burócratos vendidos a la corrección política pretenden repartir el que ha de ser el brevaje de los nuevos tiempos que dicen haber escanciado especialmente para nosotros: un cóctel normativo imbebible elaborado con muchas leyes económicamente impositivas, con un número ingente de directivas a favor de la ideología de género, con repetidas diatribas contra la familia, con un puñado intenso de reglas anti-odio, con un chorro generoso de censura por nuestro bien, con un espolvoreado abundante de adoctrinamiento educativo y con unas gotas bien distribuidas de aleccionamiento bienpensante, siempre ignorante, rastrero y tedioso.

¿Dónde están los nuestros, dónde está nuestro legado que en el pasado fue Imperio, dónde se esconde el espíritu aguerrido de las extensas estirpes que un día alumbraron Grecia, elaboraron la primera y única religión auténticamente universal, levantaron Roma, trazaron el Camino de Santiago, dedicaron catedrales al cielo, alumbraron el Renacimiento que extendió Occidente hasta el nuevo mundo, que pusieron por escrito el capitalismo y que llevaron a nuestra civilización a las más altas cotas de progreso, desarrollo y bienestar alcanzadas jamás por los seres humanos? ¿Quién recuerda hoy las batallas ganadas por nuestros padres? Y, sobre todo, ¿quién desea acordarse de las guerras que perdieron y de lo que ocurrió después?.

Como fantasmas desnortados que rehusan abandonar los territorios sobre los que un día reinaron y fueron felices, como zombis que se resisten a morir frente a los “nuevos europeos” que por dictado del aparato político-mediático-económico dominante llegan desde tierras lejanas cargados de costumbres, normas y creencias que son incompatibles con las nuestras, los viejos españoles de siempre, como numerosos de sus vecinos europeos, buscan su identidad, su esencia, sus valores, sus banderas morales, sus costumbres, su forma de ser y su memoria colectiva entre las nieblas de una geografía globalizada, neutra y deslavazada donde el rostro obligatoriamente cubierto de una mujer es ahora un ejemplo de libertad, donde se cierran y se incendian iglesias mientras se abren decenas de mezquitas, donde no hay padres ni madres sino progenitores uno y dos, donde reinan jemeres verdes y oenegés oscuramente subvencionadas, donde hay niñas con pene y niños con vulva, donde se escupe al cristianismo que nos hizo como somos, se manipula nuestra historia, se prohíben clásicos literarios y se humilla al europeo tradicional: por ser europeo, por ser blanco y por ser hombre, si es el caso. Y por ser, junto a los estadounidenses, el epítome de lo occidental.

¿Dónde están los nuestros? Tras décadas agazapados, ocultos, silenciosos y silenciados, convertidos en carne de impuestos, manteniendo a sus familias tradicionales sin apoyo de nadie y con la cabeza agachada, sintiéndose olvidados por las instituciones, sufriendo el incensante aumento de la inseguridad en las calles, padeciendo el terror islamista en mercadillos navideños, aeropuertos y discotescas, sintiéndose profundamente despreciados por los medios de comunicación del Sistema que les tratan como escoria ignorante, ultraderechista, odiante y fanática, y siendo humillados como lo fueron los ‘rednecks’ norteamericanos que dieron la victoria a Donald Trump, hombres y mujeres españoles, pero también de otras numerosas patrias europeas, comienzan a salir a la luz pública espoleados por la indignación, azuzados por el hambre de racionalidad, guiados por el sentido común y dispuestos a negarse a seguir siendo por más tiempo los conejillos de Indias del multiculturalismo más soez, del marxismo cultural más aniquilador, del nihilismo más cruel y de la globalización más grosera.

Y los nuestros asoman ya la cabeza. El viejo ciudadano español y europeo sale nuevamente a la calle vestido con los andrajos que jamás se anuncian en la CNN, The Finantial Times, El País, Le Monde o The New York Times, con la garganta quebrada tras años de silencio forzado y con los andares agotados de quienes presienten que el final puede estar cerca, pero con la fuerza telúrica de quienes se saben poseedores de secretos añejos, de códigos inmemoriables, de la sabiduría y las destrezas que la mejor de las civilizaciones nos ha legado. Y, por ello, los nuestros se han lanzado a tomar las calles y las plazas que un día fueron suyas, comienzan a salir de las zonas rurales donde muchos de ellos decidieron permanecer resguardados de la lluvia ácida y torrencial que cae en forma de ideología de género, de feminismo radical, de anticristianismo, de antijudaísmo, de imposición de las minorías y de promoción de la mediocridad, para votar, para movilizarse, para llenar mítines, para gritar y para reivindicar en voz alta y allí donde sea posible, bajo el paraguas de las “nuevas derechas” o de la “derecha alternativa”, principios, valores, propuestas y reclamaciones básicas de puro sentido común pero que llevan años siendo abandonadas y despreciadas, arrinconadas por el totalitarismo socialdemócrata en el estercolero de la “ultraderecha”, de los “fachas”, de los “perpetuadores del odio”, de los “fanáticos” o, en el caso español, en el gran vertedero del “franquismo”, que, al parecer, tantos misterios abandonados guarda todavía en su interior.

Que nadie se llame a engaño: la nueva derecha que viene poco o nada tiene que ver con la derecha tradicional que, simplemente, ya no existe. Bajo el paragüas de las nuevas “derechas alternativas” se aglutinan millones de hombres y mujeres de orígenes, ideologías, convencimientos, preocupaciones y esperanzas muy diferentes, con posiciones políticas absolutamente transversales que en ocasiones pueden ser de “izquierdas” o de “derechas”, pero que, en cualquier caso, todas ellas se abrazan en un puñado de certezas inamovibles: la defensa a ultranza de los valores clásicos ligados a la gran civilización occidental que tantos, desde tantas partes y con tanto empeño quieren aniquilar; el convencimiento de que libertad y seguridad no son caras diferentes de una misma moneda sino condiciones previas sin las que todo lo demás no existe; la reivindicación de la grandeza y de la historia de nuestras patrias; la asunción de la familia natural como la base sobre la que se asientan nuestras sociedades; la oposición radical a que se utilice política y económicamente a la inmigración ilegal como caballo de Troya para alentar el reemplazo de la población original europea; el convencimiento de que el gran proyecto civilizatorio occidental no puede ser entendido sin dos milenios de tradición cristiana; la oposición radical al totalitarismo comunista y a su gran afín histórico, el totalitarismo nacional-socialista y, sobre todo, la creencia firme de que solo los individuos, y no los grupos, ni las minorías, ni los pueblos, ni los portadores de cualquier bandería, poseen derechos inalienables. Estos y apenas algunos más son los eslabones con los que se está construyendo la gran cadena que une, en ocasiones torpe y débilmente, a individuos y organizaciones tan dispares como Viktor Orbán, Sebastian Kurz, Beata Szydlo, Donald Trump, Santiago Abascal, Marine Le Pe, Jair Bolsonaro, Geert Wilders o Heinz-Christian Strache, entre otros muchos.

Los nuestros, los estandartes de un mundo con más de 2.000 años de historia que ahora no pocos quieren dinamitar en apenas unas décadas, siguen presentes, quizás algo cansados y con cicatrices y arrugas bien marcadas, pero con más fuerza, con más razones, con más rabia, con más argumentos y con las mismas ganas de libertad que siempre. Pase lo que pase, frente a los nuevos marxistas, frente al Islam político, frente a la extrema-izquierda camuflada de terciopelo, frente al nihilismo burdo de las élites empresariales y financieras o frente a quienes tratan de dividir las viejas naciones para repartirse más fácilmente sus despojos, frente a los nuevos puritanos y los nuevos integristas, los viejos europeos que un día alumbramos Occidente hemos recuperado la voz.

(Este artículo, con ligeras modificaciones, fue publicado como artículo editorial en el Nº 5 de la Revista Naves en Llamas)

Por el cambio y la estabilidad: que la derecha vote al PP y el centro a Ciudadanos
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN ESP 27 Abril 2019

España necesita un cambio de rumbo y estabilidad política. Los últimos diez meses en que ha gobernado el PSOE con 84 de los 350 diputados del Congreso ha quedado de manifiesto que la dirección del país quedaba condicionada en lo económico por las recetas de la izquierda radical que encarna Podemos, y en lo político, por el separatismo golpista. La intensidad de esos condicionantes podrá discutirse, su existencia, no. Así no podemos seguir.

Estas son las terceras elecciones generales en los últimos tres años y medio: en diciembre de 2015, con una campaña insólita en la antesala de las fiestas navideñas, se celebraron las primeras con Felipe VI como Rey. En junio de 2016 hubo que repetirlas como consecuencia de otro hecho inaudito: la incapacidad para formar nuevo gobierno. Este domingo llegan las terceras, con una campaña en mitad de Semana Santa y después de haber prosperado la primera moción de censura de la Democracia. El recorrido difícilmente podría ser más rocambolesco. Así no podemos seguir.

Hay que reconocerle a Pedro Sánchez el desarrollo de una estrategia inteligente: a pesar de su pequeña base parlamentaria supo abrirse camino aprovechando, sobre todo, los errores de sus adversarios. Pero la debilidad del Ejecutivo, sostenido en resbaladizos apoyos, impidió la aprobación de los Presupuestos, obligó a prorrogar los del derrocado Rajoy y dio paso al abuso hasta el esperpento del Real decreto ley, para sacar adelante sus iniciativas. Así no podemos seguir.

La opción conservadora
La imperiosa necesidad de cambio y de estabilidad política sitúa al votante conservador en la tesitura de elegir entre PP y Vox. Todas las opciones políticas son respetables cuando no atentan contra la ley y contra los ciudadanos. Vox no es un partido fascista, y no es tampoco una amenaza para la democracia en términos absolutos, pero sí incluye en su agenda elementos que alteran el consenso constitucional. El más evidente es su intento de desmontar el sistema autonómico, una de las bases del éxito de la España moderna. Pero ahí están también su enmienda a las políticas contra la violencia de género, su propuesta a favor de la extensión del uso de armas o su política populista contra la inmigración, con muro incluido.

El PP, que arrastraba la rémora de la corrupción, se ha renovado y se ha regenerado. Pablo Casado tiene un plus de legitimidad que no tuvo ninguno de sus predecesores: ha sido elegido democráticamente por las bases y en contra del aparato. Ha tenido aciertos y errores en su gestión y en la confección de las listas, pero ha logrado resituar ideológicamente al PP en la línea del partido que obtuvo sus mejores resultados electorales, el PP que sacó a España de dos crisis económicas y que derrotó a ETA.

Entre el PP y Vox, reflexivamente, no hay punto de comparación en términos de consistencia política, claridad ideológica y cantidad y calidad de cuadros. Vox es, en el mejor de los casos, una incógnita; el PP, una certeza regenerada.

La opción progresista
Junto al PP está la opción de Ciudadanos, que afronta sus terceras elecciones generales. En su corta trayectoria suma logros incuestionables, como haber sido el dique de contención del separatismo en Cataluña o haber servido de contrapeso en las instituciones para tratar de favorecer la gobernabilidad, aunque en ocasiones fracasara en el intento, como ocurrió tras el Pacto del Abrazo de 2016 con el PSOE, o tras su apoyo a la investidura de Rajoy a cambio de seis magníficas condiciones, todas ellas incumplidas.

Albert Rivera mantiene posiciones muy similares a las de Casado en relación a la defensa de la España constitucional y comparte una visión liberal de la economía, pero se distancia del PP en materia social con posiciones inequívocamente progresistas, que van desde la eutanasia a la gestación subrogada o el aborto. Eso le ha permitido construir la casa común de un centro amplio a la que han acudido personalidades de la izquierda y la derecha. Es además la opción más identificada con Macron, actual locomotora de la construcción europea. Por todo ello, para cualquier liberal progresista -valga la redundancia- o para quienes tengan dudas en la izquierda sobre la deriva de Sánchez y sus hipotecas, Ciudadanos es una opción con muchas ventajas.

El voto a Rivera tiene una doble utilidad: la más obvia, la de poder completar una mayoría con el PP -ya se vería en qué orden- a la manera de lo que ocurre en Andalucía. Eso tendría el probable inconveniente de tener que contar con el papel subrogado de Vox, pero la gran ventaja de encauzar la alternancia política dentro de unos parámetros de estabilidad constitucional. Por otra parte, en función del reparto de escaños que salga de las urnas, Ciudadanos podría tener la carta determinante para evitar que el PSOE se vea obligado a reeditar el pacto con Podemos y con el separatismo, lo que significaría un desastre para España.

En todo caso, estamos ante la gran oportunidad de resolver democráticamente los problemas de España. Los últimos días de campaña han sido de una gran intensidad, lo que ha ayudado a mover el voto -particularmente tras los dos debates en televisión- al parecer en beneficio tanto de Podemos como de Ciudadanos.

Hay un riesgo real de que se forme un gobierno de izquierdas -con mayor o menor dependencia de los separatistas- y de que se aleje a España de las políticas generadoras de empleo y prosperidad; pero también está la esperanza de que prospere la alternativa liberal. En todo caso, lo que aconsejamos por encima de ideologías es que los ciudadanos acudan a las urnas. Debería ser su única oportunidad en cuatro años.

Basura para recordar. Vota a Vox
Nota del Editor 27 Abril 2019

Hay que tener al menos un par de billones de neuronas estropeadas para afirmar que el tinglado autonómico son las bases del éxito de la España moderna.

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El turno de España
Segundo Sanz okdiario 27 Abril 2019

Las primeras elecciones generales tras el golpe de Estado en Cataluña de aquel otoño negro de 2017 no pueden ser nunca unos comicios más. Ni pueden, ni deben. La cita de este domingo es crucial, histórica, trascendental, porque está en juego que los independentistas decidan quién ha de ocupar el Gobierno de la Nación, la mayor amenaza para la unidad del país y la integridad de España.

Con la salvedad de las autonómicas del 21-D en Cataluña, en las que Ciudadanos fue por primera vez la fuerza más votada, y del vuelco en Andalucía el pasado diciembre, los españoles no han tenido desde entonces la oportunidad de decir ‘basta ya’ al separatismo xenófobo de la manera más democrática: en las urnas. Esa opción por fin llegará este 28 de abril. Una jornada de valor incalculable. Por ello, la afluencia en masa a votar a las formaciones constitucionalistas es más necesaria que nunca. Y aquí no entran ni el PSOE de un Pedro Sánchez que promete relatores e indultos al racista Torra, al fugado Puigdemont y al preso Junqueras, ni sus aliados de Podemos, que incluso llevan como cabeza de lista por Barcelona a un independentista.

Porque el actual Gobierno del Señor Avión no salió inmediato de unas elecciones, sino que llegó vía moción de censura precisamente con el voto a favor de los que quieren romper España y de los herederos políticos e ideológicos de ETA. Sí, los que tienen la conciencia manchada de sangre, como la nekane de Bildu a la que saludó Sánchez en el bar privado del Congreso para agradecerle su apoyo y su buen tono en aquella sesión. La misma filoetarra que pidió un aplauso para los terroristas que volaron la T-4 de Barajas y asesinaron a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

El constitucionalismo se juega este domingo que Sánchez no vuelva a retomar la senda de Pedralbes con sus concesiones al independentismo, pero también que la respuesta de un bloque ganador de centro-derecha no sea la de un 155 blando, como ocurrió en el mandato de Rajoy, con la amnistía, por ejemplo, al delictivo aparato de propaganda de TV3, petición expresa de los socialistas. Su director, Vicent Sanchís, fue procesado en abril por desobediencia en la publicidad emitida sobre el referéndum ilegal del 1-O, como le recordaron el miércoles Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo.

Aplicación de un 155 eficaz, cese del president y los consellers separatistas y del segundo escalón de esta administración, gestión de la Generalitat desde la Delegación del Gobierno, intervención de las cuentas de la comunidad, control de los Mossos d’Esquadra, poner TV3 y resto de medios públicos catalanes bajo una autoridad estatal… estas medidas apremiantes, con vigencia hasta que haya un Gobierno electo que cumpla la ley y la Constitución en esta región, son las que reclamarán los constitucionalistas este domingo en un caudal de esperanza que devuelva el Estado de Derecho y la convivencia a Cataluña. Al tiempo que ponga fin al hartazgo tras las agresiones sufridas. Es la hora de la verdad. Es el turno de España.

Las cuartas taifas
«De no haber intervenido el Rey, con su discurso del 3 de octubre, en este momento Cataluña sería independiente, con el gobierno de Madrid (el que fuese) implorando de rodillas en Bruselas que admitieran como nuevo miembro de la UE a los sediciosos. No es catastrofismo-ficción, basta con mirar el mapa y recordar lo sucedido desde 1976: la rendición del Estado»
Serafín Fanjul ABC 27 Abril 2019

Preferiría escribir sobre el céfiro manso que se enreda entre los arriates de Medina Azahara; y, si fuera árabe, hacer rebalsar de lágrimas, por el Califato perdido, acequias y albercas y recriminar a los andalusíes, buenos vividores; recordarles a dónde les condujo su inopia individualista, parapetada en el ombligo, sorda y ciega ante lo que les venía encima.

Pero no soy nada de eso, ni estamos en 1031, ni siquiera en los estertores finales de los almohades, cuyos sucesores, las últimas taifas, propiciaron la toma por los castellanos del Valle del Guadalquivir y de Murcia por los aragoneses. Vivimos un país por entero distinto y sin continuidad histórica, emocional ni cultural con aquellas calamidades y quienes las permitieron, aunque, eso sí: sobre la misma tierra (Gracias, Rómulo Gallegos). Una tierra cuya espectacular prosperidad económica ha servido en los últimos treinta años para encubrir la incultura generalizada e incólume (ahora sacralizada con tecnología de consumo), la catástrofe educativa, el centrifuguismo político, tolerado cuando no azuzado, primero por UCD-PSOE y después a manos de PP-PSOE. Llegaban las cuartas taifas y ofrecían la multiplicación de los panes y los peces en presupuestos locales, discrecionalidad y arbitrariedad en inversiones, nombramientos, enchufes y chiringuitos mil, no sólo en Andalucía. Inventaron autonomías donde nunca las hubo (Santander, Logroño, Extremadura, Madrid), entregaron a otras prerrogativas que jamás tuvieron (Vascongadas, Navarra, Galicia, Cataluña). El Carallo Vintenove, el país más rico del mundo, la Arcadia Feliz y sin la monserga de pastoras melancólicas ni rabadanes cursis. Pero como nada se da de balde, sí disfrutamos de las omnipresentes televisiones cantando a todas horas las glorias del sistema autonómico y de sus santos inventores, pero la bondad o maldad de las acciones y omisiones de los políticos se miden por los resultados, no por los panegíricos de palmeros. Así alcanzamos el final del poema, si bien los actores se niegan a admitirlo e insisten en los mismos modos, idénticas añagazas y trapisondas.

Reparen en que la esperanza depositada en Ciudadanos se ha disipado, no sólo por la absorción masiva de un aluvión de arribistas, convertido ese partido en Refugium peccatorum de tránsfugas, una vez perdidas las oportunidades de seguir medrando en sus partidos originarios. Es de mal gusto dar nombres, pero en los últimos días y semanas le cae a Ciudadanos lo mejor de cada casa, incluido un francés que viene dando instrucciones a estos nativos -tan necesitados como están de la Guía que trae el metiche transpirenaico con la Luz de Su Razón- sobre con quién y cómo hay que pactar, equiparando a terroristas y separatistas con quienes defienden la unidad nacional, los símbolos, la jefatura del Estado y, en suma, la Constitución, aunque quieran cambiarla en algún punto sustancial por las vías legales. Yo también quiero. Y muchos más españoles: ¿somos delincuentes por ello y al ostracismo a que nos someten los progres debe añadirse el famoso cordón de los liberales?

Hace unos cuantos meses (aún estaba Rajoy en La Moncloa, si bien por pocos días), hablé con el único dirigente de Ciudadanos que me sugería seriedad, equilibrio y convicción en el mantenimiento de la Nación española. Le pregunté si los cabecillas de su partido eran conscientes de la importancia de su papel ante la gravedad del panorama creado al alimón por los separatistas y el sonambulismo de Rajoy y demás compaña. La pregunta podía parecer ingenua, pero tal vez no lo era y recibí la respuesta, tan esperada y temida: retahíla de recetas y lugares comunes que suelta cualquier político para salir del paso. Nunca dicen nada porque nada tienen que decir. Fuera de la españolidad de Cataluña -lo que no era poco, cuando el gobierno y su partido andaban escondidos- poco pueden ofrecer sino rectificaciones, como hicieron con la ley de prisión permanente revisable: bienvenidos a la cordura. Pero también ellos optan por el enmascaramiento, la disolución entre otras cosas de lo que dicen defender: ¿A qué viene la inclusión de la bandera de Europa en ese ridículo corazoncito que esgrimen? ¿Se habrán percatado de que, hoy por hoy, la enseña azul de las estrellas a muchísimos europeos -sospecho que inmensa mayoría- nos suscita menos emoción que los gallardetes de El Corte Inglés y si nos recuerda algo es la mangancia de la burocracia de Bruselas? ¿Querrán enterarse de que una bandera, para serlo y representar algo, debe tener detrás sangre, abnegación, sufrimientos, alegrías y fracasos comunes, hechos concretos en los que identificarse como pueblo, historia compartida?

Es cierto que la pertenencia orgánica a «Europa» nos facilitó el desarrollo -aunque algunos españoles hubieron de hacer dolorosísimos sacrificios: pregunten a los eternos olvidados, los labriegos; y a los obreros industriales «reconvertidos»- y nos salvó del desastre económico que, minuciosamente y con mimo, urdió Rodríguez Zapatero, dispuesto a dar a la manivela de fabricar dinero, de haber estado en su poder. Es verdad, pero, como sentenció Foxá, usted no tiene fe ni se entusiasma con el sistema métrico decimal, simplemente lo usa. Y menos aún se enamora de él.

Mas volvamos al céfiro, a los arrayanes y al gorjeo de pájaros y fuentes, cabe Guadalquivir ameno o en el vicioso atardecer sobre Sálvora, con el Con do Corvo y As Forcadas enmarcando la postal. Una parte de la realidad. La otra es la conciencia -segura y que todos tenemos- de que de no haber intervenido el Rey, con su discurso del 3 de octubre, en este momento Cataluña sería independiente, con el gobierno de Madrid (el que fuese) implorando de rodillas en Bruselas que admitieran como nuevo miembro de la Unión Europea a los sediciosos y éstos pagarían el regalo cortándonos el tráfico por tierra y jaleando el separatismo en Valencia, Baleares, País Vasco. No es catastrofismo-ficción, basta con mirar el mapa y recordar lo sucedido desde 1976: la rendición del Estado, presentada a bombo y platillo como triaca infalible frente al «nacionalismo» (incluso la palabra «separatismo» desapareció hasta hace cuatro días). Rendición venida con prisa pero sin pausa y aún nos recordaban la pusilanimidad constante, ante el Supremo, dos personajes heroicos: el exministro Zoido, que colgó sobre sus subordinados la responsabilidad de las carguillas contra los alborotadores; y el exdelegado del Gobierno que, de aquella, pidió perdón a los gamberros. La realidad fea, la llegada de Álvar Fáñez para exigir, por las malas, el pago de las parias -incluida la mordida para sí mismo- a ‘Abd Allah az-Zirí, último régulo taifa de Granada. Poco después, irrumpieron los almorávides y se cerró el teatro.

La inmersión lingüística sigue siendo ilegal
José García Domínguez Libertad Digital 27 Abril 2019

La llamada inmersión lingüística, a la que son sometidos de modo forzoso todos los escolares de Cataluña, es una práctica completamente ilegal con arreglo a la doctrina jurídica firme y vigente establecida por sentencia no menos firme y vigente del Tribunal Constitucional en su día, allá por el año 2010. Completamente ilegal. Nada, absolutamente nada ha cambiado con respecto a esa radical ilegalidad de la inmersión practicada por la Generalitat contra los niños catalanes en el último pronunciamiento del TC, el que se acaba de hacer público hace apenas unas horas, a propósito de un recurso del PP contra la Ley de Educación de Cataluña. Nada de nada. La inmersión lingüística cometida en Cataluña era ilegal antes de conocerse el contenido de esa sentencia. Y la inmersión lingüística cometida en Cataluña sigue siendo igual de ilegal tras haber trascendido el contenido íntegro de esa sentencia. Que a la opinión pública se le esté haciendo creer todo lo contrario, esto es, que, tal como acaba de titular el editorial principal del diario La Vanguardia, "el TC preserva la inmersión lingüística", no es más que la enésima prueba de la inmensa capacidad operativa para generar desinformación, tanto dentro de Cataluña como en el resto de España, de la que disponen las terminales mediáticas al servicio de los separatistas.

El Tribunal Constitucional, como se ha dicho, estableció hace ya 9 años que privar al español de la condición de lengua vehicular en la enseñanza, que eso es la inmersión, constituye un atentado contra lo establecido al respecto en la Carta Magna. Y de ahí su prohibición absoluta. Tiempo después de la sentencia prohibitoria, la Generalitat promovió una norma autonómica, esa sobre la que ahora se acaba de pronunciar el TC, la Ley de Educación de Cataluña, donde ni se mencionaba para nada la inmersión lingüística ni tampoco se hurtaba de modo expreso al idioma español de sus atributos como lengua de uso docente en Cataluña. Porque resulta que en Cataluña no existe ninguna ley escrita que establezca la aplicación de la inmersión lingüística, ni tampoco existe ley alguna donde se imponga la expulsión del castellano de las aulas locales. Esas dos leyes existen, claro que existen, pero no se transmite su obediencia imperativa por escrito a nadie. Al modo de lo que es norma secular en la Mafia siciliana, también en la Consejería de Educación de Cataluña todas las instrucciones para cometer delitos son exclusivamente orales. Bien al contrario, la Ley de Educación de Cataluña se limita a recoger en su articulado que el catalán será la lengua "de uso normal" en las aulas. Expresado de tal modo, algo perfectamente legal.

Porque lo legal, siempre con arreglo al criterio firme del Tribunal Constitucional, no es la inmersión lingüística sino la conjunción lingüística, el uso docente de dos lenguas cooficiales en el ámbito de la comunidad autónoma, si bien no necesariamente utilizadas ambas en idéntica proporción. Una doctrina y un mandato, ese de la conjunción lingüística avalada por el Constitucional, que la ley catalana respeta sobre el papel y que la Generalitat ignora en la práctica cotidiana desde siempre. Y puesto que la Generalitat incumple su propia ley, prohibiendo de facto el castellano en los colegios, los padres de alumnos han tenido que acudir de modo reiterado a los tribunales para que se aplique la legalidad catalana, la aprobada por el Parlament y redactada por el Gobierno de la Generalitat. De ahí todas esas sentencias firmes, también incumplidas todas ellas la Generalitat, donde se ordena que al menos el 25% de las clases se impartan en castellano. Y nada de eso ha cambiado. Decir, como se está propalando en las últimas horas, que el Constitucional ha decidido avalar la inmersión lingüística de la Generalitat es una mentira más grande que la catedral de Burgos. Nada de eso hay, sino todo lo contrario. Pero ¿cómo hacer que la verdad llegue a la opinión pública si el gran cañón Berta de la manipulación informativa sigue estando en manos de los sediciosos de la Plaza de San Jaime con el silente beneplácito de la Moncloa?
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