AGLI Recortes de Prensa   Domingo 28 Abril 2019

Al borde del abismo
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 28 Abril 2019

El bombo de la lotería electoral se ha convertido en una ruleta rusa y lo gordo es que incluso yo voy a jugar a ella. Llevaba muchas lunas sin ejercer mi derecho al voto. Aprobé la paideia. Soy meritócrata, desprecio la oclocracia y descreo del sufragio universal, pero esta vez no valen coplas. Lo que nos jugamos es la continuidad de eso que Ortega definía como un proyecto sugestivo de vida en común. O sea: la nación, la patria, la matria, los usos y costumbres, el genius loci del paganismo, la voz de la tierra, el terroir de los franceses, que en castellano da terruño (palabra tan cursi como los discursillos de Pablo Iglesias)...

Ni más ni menos que España, con sus virtudes y sus defectos, sus luces y sus sombras, sus casticismos y su ilustración, sus guerras civiles, sus gestos y gestas heroicas y sus pecados capitales: la envidia, la ira, la pereza. Puede gustarnos o no. A mí, de hecho, me gusta poco, pero nadie elige a sus padres y todos los hombres de bien los respetan o, cuando la situación lo exige, los defienden. Abascal dice que la patria (o la matria) es el conjunto de quienes en ella nos precedieron, conviven ahora con nosotros y algún día nos sucederán. Algo así como el equivalente de lo que en el cristianismo se llama comunión de los santos. Suscribo el concepto, aunque lo extendería a los saharauis, los guineanos, los filipinos e Hispanoamérica. En esa matria (o patria) quepo incluso yo, que más de una vez me he proclamado apátrida.

No nos engañemos. Lo que hoy apostamos en la ruleta rusa de las urnas no es, aunque también lo sea, la elección de un determinado modelo de sociedad, de economía y de convivencia. No es cuestión de cifras ni de ideologías. Eso, siendo importante, importa poco cuando ruge el abismo en las conteras de los zapatos. Sánchez, si forma gobierno, pagará el peaje del indulto, el referéndum, la secesión, el republicanismo, el cinismo y la ambición. Eso es seguro. Piénsenlo a la hora de votar. Y una posdata: vi los debates. Sánchez, lívido, desencajado, mentiroso (cierto), envejecido, no fue el apuesto Dorian Gray, sino el retrato de éste. Iglesias era un licántropo al revés: no un hombre que se convierte en lobo, sino un lobo que vira a caperucito y a platerito. "Pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón". TVE y Antena Tres, durante un par de horas, fueron la isla del doctor Moreau. ¡Qué miedo, qué vergüenza y qué asquito!

El drama de la Derecha: más gente y mejores ideas, sin medios para comunicarlas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 28 Abril 2019

La Derecha siempre baila al son que toca la Izquierda. Por eso le estorban los medios que tienen que ser fieles a los valores de esa base social.

Salvo sorpresa de última hora, es decir, de última vox, las Derechas escenificarán hoy su drama electoral de siempre, al menos desde UCD: con tanta o más gente que las Izquierdas y con mejores ideas, carece de medios para comunicarlas. Desde los orígenes de la Transición asumió como rasgo ideológico esencial su inferioridad moral ante la izquierda. Y cuando una fuerza política no cree en sí misma, renuncia a difundir lo que es, porque, en realidad, ha renunciado a ser y prefiere vivir de alquiler, aunque sea temiendo un desahucio, que se produce fatalmente, elección tras elección.

El odio de la Derecha política a la Derecha social
Para las raras excepciones que sobreviven en este clima de dominio mediático de la Izquierda, como el grupo Libertad Digital, el triunfo de la Izquierda es más rentable, dentro de una aseada pobreza, que el de la Derecha. Desde Aznar hasta hoy, lo que ha caracterizado siempre al PP, y sigue caracterizando a Ciudadanos, es una inquina retorcida e implacable contra los medios que conectan con su base social. Es como si nuestra mera existencia recordara su rendición, y si, además de ningunearnos, pueden liquidarnos, lo hacen. De Antena 3 a la COPE y las concesiones de radio y televisión, que la derecha siempre entrega a la izquierda, sobran ejemplos.

El principio básico de sumisión mediática a la izquierda y la extrema izquierda, que con Rajoy alcanzó extremos delictivos y suicidas, es simple: se trata de comprar protección mediática personal en los medios progres a cambio de presentarse y ser aceptado como la excepción que confirma la regla de que la Derecha es odiosa y nunca debería prevalecer en las urnas. Y si lo hace, por desgaste de la Izquierda en el Poder, debe asumir siempre el legado izquierdista contra la base social a la que ha prometido cambiarlo. El pepero renegado así gana la medalla de la "moderación" frente a los "radicales" del partido y de su base social, que es "berroqueña", "castiza", "carca", "carpetovetónica", "casposa", "irredenta" y lindezas habituales.
Las rendiciones mediáticas

Que la izquierda más zote y estúpida de Europa, la nuestra, mantenga esta política es natural: le favorece. Que la Derecha acepte que la "buena imagen" de un político o de un candidato suyo a cualquier cargo dependa de la aceptación que tenga en la Izquierda es incomprensible. Pero viene siendo lo habitual desde los años 80. Véase la política servilmente prisaica de Aznar ante el antenicidio, RTVE y las concesiones de radio. La verdad es que desde que la UCD de Calvo Sotelo se despidió abriendo la FM a los grupos de comunicación no socialistas, ni AP ni el PP han hecho otra cosa que aumentar el poder de la izquierda en los medios audiovisuales.

Porque si Aznar se rindió a Polanco, Rajoy no se limitó a impulsar la liquidación política de la COPE, su gran apoyo en la primera legislatura de Zapatero, sino que se ha arrastrado ante el mismo personaje que lo cercó en Génova 13 el 11M de 2004, Antonio García Ferreras, que pasó de Jefe de informativos de la SER a comisario de Roures y Zapatero en la Sexta, la cadena más radicalmente izquierdista de Europa, y después de ser salvada económicamente por Antena 3, siempre con el PP de Rajoy de por medio, es el todopoderoso padrino mediático de Iglesias, Sánchez y el separatismo. La guinda fue la entrega de Telemadrid a Podemos por el PP y Ciudadanos. De no ser trágicamente liberticidas las consecuencias, sería hasta divertido.

La base de esta renuncia a los lazos naturales de un partido con su base social, que son los medios de comunicación, es la claudicación moral ante la Izquierda, desde que el falangista Suárez se hizo centrista, y luego progresista, pasando por la firma por Juan Carlos I de la Ley de Memoria Histórica que lo deslegitimaba y acabando en la votación de las Cortes para sacar a Franco de la fosa, apoyada por Rivera y ante la que el PP, casi tan cobarde como la Conferencia Episcopal, se abstuvo. Por cierto, ni Casado ni Rivera preguntaron en los debates qué ha pasado con la urgencia que corría la exhumación. Ambos se dedicaron, con la admirable excepción de Cayetana Álvarez de Toledo, a respaldar como suya una Ley de Violencia de Género de la que sus bases abominan. La Derecha siempre baila al son que toca la Izquierda. Por eso le estorban los medios que tienen que ser fieles a los valores de esa base social, porque se presentan cada día a las elecciones del kiosko o el dial. Del mando a distancia ya nadie se preocupa: todos los canales son de izquierda. A Intereconomía ya la jibarizaron. Y 13, como su madre la COPE, nunca atacará a los satánicos obispos catalanes.

A una Izquierda sin principios, una Derecha sin valores
Lo más chocante es que esa renuncia a la defensa de España y de la Libertad, los dos fundamentos de la refundación del PP por Aznar en 1990, se produce al mismo tiempo que la Izquierda renuncia a todos sus valores tradicionales. Hoy son feministas, ecologistas, animalistas, globalistas y lo que sea. Todo menos marxistas o socialdemócratas, lo que eran cuando eran. Pero como la Derecha obedece al pensamiento progre, va cambiando con las modas de la Izquierda. Esta semana no tocaba antifranquismo sino feminismo… pues feministas. ¿Mañana toca cambio climático? Pues a ecologizar. ¿Pasado mañana ideología inclusiva contra la exigencia educativa? Adiós a la autoridad profesoral, y universidad gratis para todos. Aún veremos a algún Gallardón 2.0 frente a Las Ventas y contra los toros, que según el PACMA son bueyes dispuestos a empatizar ante una lechuga. No hay ridiculez que un Lassalle cualquiera no pueda defender en El País.

Sin embargo, el surgimiento de Vox contra la Dictadura Progre -que merece las mayúsculas- y la rebelión de intelectuales liberales del PP y C´s contra el feminazismo de la Viogen o la Desmemoria Histórica de España ha puesto en crisis esta sumisión ideológica de más de cuarenta años. Ha ayudado también el Golpe de Estado catalán, para que la idea nacional española, sin la que no caben libertad, constitución, tradición ni derecho alguno, salvo el de obedecer al tirano republicano que nos pongan, haya retoñado con fuerza extraordinaria, improvisada pero arrolladora. Mérito tiene Abascal, sin duda, aunque fuera el Rey el primero en alzarse contra la desidia de una clase política pavorosamente incapaz de cumplir con su deber más elemental: defender al pueblo que les paga para mantener su soberanía sobre nuestra heredad histórica y garantizar nuestras libertades.

La foto de Colón, que logró enterrar la figura etarra del mediador o relator internacional pactado por Sánchez en la rendición de Pedralbes, es el símbolo de una recuperación simbólica que, sea cual sea el resultado de las elecciones esta noche, no tiene marcha atrás. Son millones los jóvenes que han descubierto que España es suya y se la están robando políticos infames. Obligación de los políticos patriotas será distinguirse de los que no lo son. No porque el patriotismo sea un hecho ideológico, sino porque es un valor. Y eso es lo que obliga a redefinirse a una derecha para la que el único valor es la gestión económica, dejando a la izquierda la creación de ideas y la imposición de modas políticas.

Contra la hemiplejia ideológica y moral
De ese abandono de décadas sólo se saldrá con una reorganización mediática que defienda a diario valores liberales y principios nacionales. No es que las derechas, cualquiera de ellas, deban imponerlo. Basta con no impedir su crecimiento natural, paralelo al de una base social y electoral creciente. Si con más gente y mejores ideas, la Derecha no gana hoy de forma nítida, sino que debe encomendarse a un milagro para que la Izquierda pierda, es porque durante todas las horas de todos los días de todos los años todas las cadenas de televisión y la aplastante mayoría de postes de radio adoctrinan a los españoles para rechazar cualquier cosa a la que la Izquierda llame Derecha. Lo que sea. Mientras eso no cambie, el drama de una nación ideológica y moralmente hemipléjica, como lamentaba Ortega, seguirá representándose. Hasta que arda el teatro.

¿Podrá Vox?
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA El Mundo 28 Abril 2019

En política, no existe el vacío, y los espacios vacíos se llenan. ¿Qué estado de ánimo ganará el domingo?

Al igual que en 2015 nos preguntábamos si podría Podemos, la pregunta principal en la elección de mañana es si podrá Vox. Somos muchos los que sospechamos que sí pero reconocemos que no lo sabemos con seguridad. Primero, porque aunque sabemos que hay un elefante en la habitación, su tamaño real es muy incierto. Segundo, porque ese elefante tiene que pasar por el embudo electoral de circunscripciones muy pequeñas donde muy pocos votos deciden el último escaño.

Más allá de esas dos razones, el error más común con Vox, al igual que pasó con Podemos en su momento, es adoptar un punto de vista estático: si uno se fija solo en el punto de partida ideológico, corre el riesgo de subestimar su potencial. Eso le ocurre a un gran número de analistas y medios de comunicación: al hacer una lectura programática de Vox como partido de extrema derecha nacionalista y autoritario se cierran las posibilidades de entender el enorme recorrido electoral que tiene Vox entre votantes que no son de extrema derecha nacionalista y autoritaria. ¿Resultado? El día después de las elecciones, en lugar de entender cómo y por qué un partido de extrema derecha ha logrado saltar por encima de sus orígenes ideológicos y llegar a votantes alejados de esos posicionamientos, acudirán al recurso fácil de diagnosticar que los votantes se han ido a la derecha. Es lo que hemos visto con las victorias de Trump, Bolsonaro, Salvini y otros tantos.

La ya célebre perplejidad del periodista de Ctxt ante el currante que anuncia su voto y el de su mujer a Vox es un buen ejemplo de la conveniencia de desprenderse de los prejuicios ideológicos (y, sobre todo, de la superioridad moral típica de ese tipo de izquierda), para entender algo muy sencillo: que igual que en 2015-2016 Podemos logró dejar atrás sus tóxicas conexiones bolivarianas y representar el estado de ánimo de cinco millones de votantes indignados con la crisis y la corrupción, Vox es en este momento el partido que ofrece hacerse cargo del estado de ánimo de todos aquellos hartos a la vez del nacionalismo catalán y de la superioridad moral de la izquierda y sus causas. ¿Cuántos millones están hartos de las dos cosas? El domingo lo comprobaremos. Pero es evidente, uno, que son muchos y, dos, que el PSOE no defiende hoy la identidad nacional con el mismo énfasis que defiende el feminismo, la lucha contra el cambio climático y la pobreza infantil o la memoria histórica. En política, no existe el vacío, y los espacios vacíos se llenan. ¿Qué estado de ánimo ganará el domingo?

Tirar el voto
Antonio Martín Beaumont esdiario 28 Abril 2019

Llega el gran día y el director de ESdiario reflexiona sobre los mantras de la campaña, el sentido del voto, las tácticas de los partidos y los derechos de los ciudadanos ante las urnas.

¡Cuánto estamos escuchando en esta campaña sobre el “voto inútil”! Pedro Sánchez se ha esforzado por convencer a los simpatizantes de Podemos de que dar su apoyo a Pablo Iglesias es, en realidad, abrir la puerta a las “tres derechas”. Y Pablo Casado hace lo propio con los votantes de Cs y de Vox: “Cada papeleta a Albert Rivera y a Santiago Abascal 'engorda' el zurrón del Gobierno Frankenstein del PSOE”, viene a decir.

El miedo sigue siendo una gran movilizador. ¿Existe en realidad el voto que no sirve para nada o, lo que es peor, que solo vale para fortalecer al adversario político?

Cataluña es el mejor ejemplo del voto desperdiciado. Millones de catalanes comprueban estos últimos años lo poco que les han valido las papeletas para mejorar su calidad de vida. El independentismo, a fuerza de legislaturas fallidas, ha rizado el rizo de la incompetencia: su gobierno no gobierna y su Parlamento no legisla.

El único voto que no vale para nada es aquel que luego no empuja aquello que es trascendental para quien vota

Incluso lo cierran cuando a la "causa” secesionista le interesa. La economía no funciona, las empresas huyen despavoridas ante la falta de seguridad jurídica, la sanidad está carcomida por los recortes, y mientras tanto millones de euros de las arcas públicas se diluyen tirados por los desagües del “procés”.

La esencia
Todas las siglas políticas que participan en las elecciones son legítimas. Por supuesto. Pero convendría tener presente sus propuestas e ideas y hacer balance de su gestión, allá donde hayan gobernado, antes de apoyarlas.

Porque el único voto que no vale para nada es aquel que luego no empuja aquello que es trascendental para quien vota. ¿Va a ser utilizada mi opinión para garantizar las cosas que realmente a mí me importan? Esa es la esencia de la democracia: un sistema de distintas opiniones públicas que se recuentan tras expresarse libremente en las urnas.

España se la juega como pocas veces
FRANCISCO ROSELL El Mundo 28 Abril 2019

El escritor galés Roald Dahl es reputado por sus obras infantiles, pero también por sus "relatos inesperados" en los que ejemplifica la estupidez humana de quienes, cegados de ambición, adoptan decisiones precipitadas que se vuelven en su contra como un bumerán y que, al tratar de revertirlas de forma atolondrada, las agravan acrecentando los estropicios. Es la peripecia del protagonista de Apuestas, una ficción en la que Dahl fabula la historia de William Botibol.

Se trata de personaje singular que se embarca en un crucero y que arriesga su capital en una puja sobre cuántas millas transpondrá el navío en las siguientes 24 horas. Lo hace con la esperanza de darse un capricho fuera del alcance de su economía. En medio de la cena, justo cuando se desata un temporal que tambalea al buque y que provoca que su plato de rodaballo se deslice bajo sus cubiertos, aprovecha para sonsacarle al sobrecargo, sentado a su lado, que el capitán hizo su estimación sobre la distancia que se cubriría en la jornada cuando reinaba una calma chicha y nada advertía de una alteración meteorológica tan brusca.

Con esa información privilegiada, mientras observa el negro mar con sus grandes olas llenándolo de espuma al romperse contra el casco, Botibol resuelve arriesgar sobre seguro todo su dinero a un número bajo, pues el temporal forzaría a aminorar la velocidad fijada. De fraguar su propósito, sus 200 libras se quintuplicarían y sorprendería a su mujer regalándole un Lincoln descapotable, último modelo, mientras le decía, como el que no quiere la cosa: "¡Asómate, cariño, te traigo un pequeño obsequio!".

Con gran dicha se metió en la cama, pero su sueño devendría en pesadilla. Al despertar, comprobó horrorizado por el ojo de buey que el mar era una balsa de aceite y que el barco recuperaba a toda máquina el tiempo perdido durante la procelosa noche. ¿Cómo le explicaría a su esposa -se preguntaba desesperado- que se había gastado los ahorros en una subasta?

En su exasperación, Botibol discurre arrojarse por la borda aprovechando que una anciana se encuentra en cubierta. Calcula que, atendiendo al grito de socorro de la pasajera, el capitán ordenará presto parar máquinas y el rescate retendrá la partida lo suficiente como para ganar una apuesta perdida. Pero los hados le resultarían esquivos otra vez.

La anciana no sabe cómo reaccionar y, al aparecer en ese instante una amiga que le rebate que haya sucedido lo que trata de contarle, Botibol queda a merced del mar que lo devora mansamente. "¡Qué hombre tan amable! Me saludaba con la mano desde el agua", insistía la vieja dama, mientras su compañera la arrastraba del brazo de regreso a su camarote.

Por muy perfilado que parecía tenerlo el infausto Botibol, quien ya se veía con su lujoso automóvil, la mudanza de las horas y el giro súbito del clima hizo que la fortuna bromeara con su destino hasta hundirlo irremisiblemente. Siempre hay circunstancias incontrolables que pueden arruinar las mejores conjeturas.

Por eso es difícil calibrar si, en este domingo en el que muchos españoles sufren congoja de ahogo, Pedro Sánchez correrá la suerte del insensato Botibol o, por contra, saldrá bien librado de su apuesta por vencer finalmente en unos comicios y dejar de ser presidente de circunstancias merced a una investidura Frankenstein. Todo ello después de que los votantes le negaran esa condición de privilegio por dos veces sucesivas desplomando el suelo electoral del PSOE.

Al igual que Botibol, tras una campaña en la que ha maniobrado con cartas marcadas, poniendo todos los instrumentos del Estado al servicio de su reelección y usando el Consejo de Ministros como dispensario de favores con los que granjearse votos con cargo al erario, Sánchez puede acabar arrojándose por la borda si no le salen las cuentas de su apuesta a la espera de ser rescatado y cumplir los anhelos que le animaron a dar un golpe de mano para, con tan solo 84 escaños y el apoyo de podemitas e independentistas, afrontar una votación tirando con pólvora del rey.

No obstante lo cual, en la última semana de esta larga campaña de diez meses que ha acometido en modo Falcon, Sánchez ha apreciado en su particular ojo de buey de La Moncloa cómo una serie de contratiempos han puesto en solfa sus planes de remedar con Vox la táctica de Rajoy con Podemos y que estuvo a punto de propiciar un sorpasso al PSOE, pero que Pablo Iglesias arruinó por su megalomanía y sed de poder.

Ante el veto de la Junta Electoral a la comparecencia de Santiago Abascal en el único debate al que quería asistir Sánchez para usarlo como diana, lo que no agradecerá bastante Vox al permitirle una posición victimista y alimentar sus expectativas sin precisar debatirlas con nadie, sino limitándose a remachar sus consignas en mítines y redes sociales, Sánchez debió enfrentarse a un doble test televisivo a cuatro en el que justificó sobradamente por qué rehuía a Casado, Rivera e Iglesias.

Frente a ellos, por diferentes razones y en distintos momentos, quedó sin plumas y cacareando como el gallo de Morón. Además de mostrarse contumaz en la mentira y que tiene plasmación encuadernada en su fraudulenta tesis electoral, como le espetó Rivera ironizando con que le regalaba un libro que seguro que no había leído.

Agitando el miedo a Vox, el presidente en funciones pretendía ocultar la radicalidad de sus compañeros de viaje de la moción -y el añadido del brazo político de ETA- y, de paso, aparentar una imagen de centralidad sin que su teatralidad alcanzara la del leninista Iglesias. Haciéndose pasar por socialdemócrata neoconstitucionalista, a la vez que agita todas las banderas independentistas, al líder de Podemos sólo le faltó el alzacuellos para simular un cura recién llegado a su parroquia.

Con tal atuendo y formas, corroboró que el camino del infierno está empedrado de aparentes buenos fines y de lobitos buenos a los que maltratan los corderos, como en la canción protesta de Paco Ibáñez en los estertores del franquismo. Ya apuntó Ortega y Gasset que sólo hallaba en su derredor políticos a quienes no interesa ver el mundo como es, sino usar las cosas como les pete.

En su trajinar, Sánchez persiguió un efecto llamada sobre una fuerza a la que él mismo desproporcionó hasta hacer de esos molinos gigantes a los que luego demonizó ofreciéndose como gran debelador. Al modo de Mitterrand con el Frente Nacional para asegurarse el Elíseo frente a sus contrincantes del centroderecha. Como explicó Max Gallo, historiador y portavoz del gobierno de Mitterrand hace años, el presidente galo era una escuela en sí mismo de cinismo. Tenía claro que la política exige aprender dos lenguajes: el que te permite llegar al poder y el que te asegura permanecer en él. A Susana Díaz esa apelación persistente a Vox, como el que machaca un yunque de herrero para forjarse la pieza que desea, le salió por peteneras y hoy llora por las esquinas su quejío. Sánchez, que presume ser hombre de suerte como Zapatero, confía en evitarlo.

En el desmontaje de esa estrategia, ni PP ni Cs han andado espabilados al haber actuado acomplejadamente con relación, por ejemplo, a su pacto andaluz. Han permitido que Sánchez desfigure la realidad hasta el punto inadmisible de presentar un documento falso en materia de violencia de género para tratar de invalidar fulleramente los apreciables logros del gobierno de Juanma Moreno en escasos cien días. Ello les ha hecho liderar la creación de empleo en España en el primer trimestre del año, habiendo sido la región europea con más paro durante 40 años de gestión socialista.

Los promotores del cambio en Andalucía también se dejaron arruinar el éxito inicial de la concentración de la Plaza de Colón que obligó al Gobierno a apearse en marcha de su claudicación con el independentismo en Pedralbes. Aquella humillación de la España constitucional se formalizó en un documento -secreto hasta que a Torra le interesó dejar en evidencia a Sánchez-, donde se recogía la figura del relator, a modo de primus ínter pares; se constituían mesas de partidos como si se abriera un periodo constituyente; se parangonaban las dos partes, cual negociación bilateral entre Estados, y se eludía referirse a la Carta Magna.

Al parecer, según manifiesta la ministra Batet, quien votó a favor del derecho de autodeterminación como diputada en Cortes del PSC, no hay que imponer la Constitución a los separatistas, sino obligar al resto de catalanes y al conjunto de los españoles a supeditarse a las exigencias de quienes perpetraron un golpe contra el Estado el 1-O y por el que son juzgados en el Supremo a la espera de que Sánchez les rinda las correspondientes medidas de gracia.

A estas alturas, no se albergan dudas al respecto tras negarse, por activa y por pasiva, a dar una respuesta que, por otro lado, ya han anticipado destacados correligionarios suyos del PSC, como su primer secretario, Miquel Iceta, y la delegada del Gobierno, Teresa Cunillera. El mayor respeto que se puede pedir a un presidente es manifestar que se atendrá a la resolución de los tribunales. Sin saltárselos a la torera con indultos como los que el PSOE otorgó al general Armada, con quien mantuvo encuentros en Lérida en las vísperas del 23-F, o a Jesús Gil, tras utilizarlo para dilatar la llegada de Aznar a La Moncloa.

No hay que aguardar a que baje la marea para que aflore en toda su magnitud el programa común de la izquierda y un independentismo que está por la labor de hacer que Sánchez pase. Ese el gran reto de estas elecciones generales. No ciertamente el rescate de Pedro Sánchez, sino el de la España constitucional que, al cabo de 40 años de democracia y bienestar, se enfrenta a una situación límite y que tiene mucho que ver con la deserción del PSOE de posiciones plenamente constitucionalistas. Por desgracia, aquel PSOE que contribuyó de modo determinante a hacer posible la España constitucional, al igual que aconteció durante la II República, puede acabar destruyéndola con el silencio clamoroso de muchos socialistas que la promovieron.

Ello agrava el fraccionamiento del mapa electoral a la hora de formar un Gobierno tras el desenlace de las urnas de este último domingo de abril en el que cabe aplicar el conocido adagio churchilliano sobre la Rusia de 1939: "Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma". Si generalmente se suele distinguir entre elecciones de cambio y de continuidad, no cabe duda de que este 28-A trasciende ambas categorías al estar en juego los basamentos constitucionales, junto a su integridad territorial.

Aun hecha a peligros y a tumultos de la historia, España se encuentra en vilo como pocas veces. Todo por una apuesta mal entendida y guiada por la ambición de poder, como la que confundió al personaje de Botibol del relato inesperado de Dahl.

Un voto responsable para las elecciones más abiertas
Editorial El Mundo 28 Abril 2019

Menos de tres años después, los españoles regresamos a las urnas. Y aunque todo adelanto electoral evidencia per se una anomalía, patente o latente, no es menos cierto que volveremos a votar con más tardanza de la debida. Quizá si tras forzar aquella moción de censura tan poco constructiva Pedro Sánchez hubiera permanecido fiel a su palabra y hubiese convocado elecciones, nos habríamos ahorrado una legislatura que se puede definir, cuando menos, como convulsa. Pero no por irresponsables se pueden cambiar los hechos. Así las cosas, afrontamos, sin duda, unos comicios donde está en juego la continuidad de España tal y como la conocemos. Es la premisa más válida dado el alejamiento del orden constitucional protagonizado o representado por varias de las formaciones políticas con opciones de influir en el nuevo Gobierno de la nación.

El broche de la campaña ha tenido varios frentes abiertos. La pugna entre PP y Cs para erigirse en el voto útil del centroderecha; el afán del PSOE de apelar al miedo ante la irrupción de Vox; el intento desesperado de Podemos por despertar de su letargo a unos círculos perdidos por la larga ausencia de su líder y aturdidos por sus cuitas internas; y la movilización sentimental de Vox de unos ciudadanos hartos de la condescendencia con la que se ha tratado al independentismo. Todos han echado los restos con el mismo objetivo: intentar convencer al altísimo porcentaje de indecisos que arroja la demoscopia, hasta un 40%.

No se trata en esta ocasión de que exista un enorme banco de voto oculto, como sí se ha dado en otras citas electorales, sino que verdaderamente la fragmentación del espectro político está arrastrando a los ciudadanos a retrasar la elección de su caballo ganador hasta el instante final. Será el voto indeciso el que decante la balanza para que la formación del próximo Gobierno sea fruto de pactos de la izquierda y los independentistas o del centroderecha. Los propios candidatos han conocido a lo largo de la campaña esta circunstancia y han intentado explotar que la gran batalla del indeciso se ha dado en el centroderecha: la mayor duda tendrá lugar a la hora de escoger entre el PP y Cs. De ahí que sus representantes hayan articulado la mayor parte de sus discursos sobre un llamamiento a la unificación masiva del voto en torno a su partido, como única manera de frenar la reedición de un Gobierno Frankenstein.

Desde la Transición, nunca cinco partidos han tenido tanto peso en la formación de Gobierno. El escenario es incomparable, pero la responsabilidad con la que se debe acudir a estos comicios es también extrema. Por ello, EL MUNDO hace un llamamiento al voto, a votar para defender la concordia, a votar por la libertad e igualdad de todos los españoles y a votar, al fin y al cabo, por quienes no ponen en duda que vivimos el periodo de mayor progreso de nuestro país en su corta pero envidiable historia democrática.

Escoger entre PP y Cs. Pues vaya solución. Hay que votar a Vox

Nota del Editor 28 Abril 2019

Que la alternativa esté entre PP y Cs indica que todo falla. El PP ha dèsperdiciado todas las ocasiones para hacer algo por España y Cs ha mantenido el montón de basura del PSOE andaluz tapado cuatro años. Así que cualquier español preocupado tiene que votar a Vox.

Voto por una España estable
  larazon 28 Abril 2019

La mayoría de los partidos políticos suelen hacer un llamamiento al «voto útil», en algunas ocasiones hasta cuando sus opciones electorales son escasas y ellos mismos entorpecen para que otras formaciones mayoritarias puedan beneficiarse de ese voto. Todos se consideran útiles y decisivos y esa es la esencia de la democracia: creer que las ideas propias, defendidas dentro de los principios de la legalidad, pueden ayudar al bien colectivo. El escenario descrito es ideal, pero no siempre coincide con el contexto político que se está viviendo.

En España, la situación está marcada por la crisis que el independentismo catalán abrió con su declaración unilateral de independencia el 27 de octubre de 2017. La unidad de los constitucionalistas (PP, PSOE y Cs) pudo atajar desde el principio de legalidad lo que fue un verdadero golpe a la democracia. Con lo que nadie contaba es que Pedro Sánchez llegaría meses después a La Moncloa a través de una moción de censura con el apoyo de los partidos que encabezaron aquel choque frontal contra la legalidad. Esa es la situación política que hemos heredado y es lógico, por lo tanto, que esté presente en las elecciones de hoy, cuando Sánchez aspira a revalidar su mandato; ahora sí, pasando por las urnas.

Ningún partido se ha destacado por defender una política de bloques, a derecha e izquierda, anunciando pactos antes de que se sepan los resultados, pero lo cierto es que nadie podrá gobernar en solitario y necesitará el apoyo de varios partidos. En el «bloque de la moción de censura», o lo que Pérez Rubalcaba denominó como «gobierno Frankenstein», habrá que hacer compatible el programa económico de Podemos con el clásico de la derecha que representa el PNV; además de otras incongruencias en política fiscal y gasto público en un momento en el que en la zona euro se producirá una desaceleración del ya débil crecimiento del 1,8% este año al 1,5% en el 2020.

Estos cálculos están fuera de la agenda de Sánchez, que está dispuesto a retener el Gobierno al precio que sea. Por contra, en el bloque del centroderecha se ha producido un fraccionamiento del voto que sí puede ser decisivo, sobre todo tras la irrupción de Vox. De ahí que el líder popular Pablo Casado reclame el «voto útil» para el PP como única manera de sumar y ser una alternativa real a Sánchez, toda vez que Cs ha dejado muchas incógnitas en su campaña. Todos los sondeos vienen advirtiendo sobre los indecisos; de hecho, si damos por bueno el último baremo del CIS, del 86,6% que está convencido de ir a votar, un 41,6% reconoce que todavía no tiene decidido por quién lo hará. Es decir, sólo el 57,8% de los encuestados sabe a qué partido votará.

Hay un factor determinante en estos comicios que será el que en el último momento decante el voto: si bien se ha querido activar el «voto del miedo» contra el centroderecha, lo que ningún estratega o consultor político conseguirá borrar es que hay una franja importante que duda sobre si este PSOE es el más fiable para resolver la crisis de Estado a la que nos ha abocado el independentismo, precisamente sus socios. En la política española, la máxima participación siempre se ha producido en los cambios de ciclo: el 79,97% cuando el PSOE llega por primera vez al Gobierno en 1982, y el 77,38%, cuando, en 1996, el PP gana las elecciones. Las previsiones para la jornada de hoy es que la abstención se situará en uno de sus niveles históricos más bajos, señal de que los ciudadanos entienden que estas elecciones serán clave, por las consecuencias en la gobernabilidad del país y el nuevo mapa político que dibujará. Hay que sentirse orgullosos de que los españoles no den la espalda a las urnas en un momento tan decisivo y se sumen a los caprichos de la antipolítica. Nuestro sistema democrático es fuerte, pero no se puede abusar de la inestabilidad.

¿Estable ? ¿ para quién ?
Nota del Editor 28 Abril 2019

Que el PP reclame el voto útil, sin aclarar para quién, no parece sensato. Todas las oportunidades que ha tenido el PP de hacer algo positivo para España, las ha desperdicciado, así que el PP de Casado tendría que haber pedido el voto para Vox, y dar paso a quienes ponen en el primer lugar de sus prioridades a España y a los españoles. Si Casado terminara de enterrar al PP, todos estaríamos muy agradecidos.


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Un día para defender a España
EDITORIAL ABC 28 Abril 2019

Los españoles deben elegir hoy entre un candidato dispuesto a gobernar con los separatistas y quienes protegen la unidad de la nación

Los 36,8 millones de españoles llamados hoy a votar en los 23.196 colegios electorales no afrontan una cita más con las urnas. Son unos comicios de trascendencia inédita, porque por primera vez concurren dos partidos de izquierdas de ámbito nacional, PSOE y Podemos, que se reconocen dispuestos a gobernar con el apoyo de los independentistas catalanes y de un partido proetarra. La propuesta de la izquierda española ante el envite separatista es otorgar más autogobierno a quienes nos desafían. Si gana hoy, Sánchez incluso no ha descartado indultar a los golpistas que impulsaron en octubre de 2017 una abierta rebelión contra España. Los votantes deberán reflexionar también sobre serias consideraciones económicas. Pero la disyuntiva crucial será elegir entre unos partidos dispuestos a debilitar la unidad nacional y aquellos otros que tienen como prioridad defenderla.

Mal balance de un presidente poco fiable. La ejecutoria de Pedro Sánchez en sus diez meses no ha resultado positiva ni edificante. Llegó al poder de la mano de los peores enemigos de España y con engaño, pues prometió elecciones inmediatas, pero se resistió a ellas, hasta que se vio forzado a convocarlas al destaparse que había ocultado a los españoles graves cesiones a Torra. Sus promesas de regeneración se han saldado con el asalto más descarado a las instituciones del Estado nunca visto en la democracia reciente. Ha convertido organismos de todos, como RTVE y el CIS, en munición partidista. Ha empleado el dinero público para costearse su larga precampaña. Ha mostrado un inesperado gusto por el lujo a expensas de las arcas del Estado y ha negado a Transparencia la información sobre sus viajes pagados con los impuestos de los españoles. Dos de sus ministros tuvieron que dimitir por hacer trampas y otros tres fueron sorprendidos en amaños fiscales o societarios, aunque se han aferrado al cargo. Pero tal vez lo más grave de esta triste etapa haya sido la banalización de la verdad. Ha intentado convertir la mentira en una práctica aceptable, como ocurrió con su tesis doctoral plagiaria, o como ha sucedido en el segundo debate, cuando aseguró mintiendo con descaro que la carta de un particular era un documento oficial de la Junta de Andalucía. Por último, ha acreditado que está dispuesto a poner en solfa la unidad de España si con ello logra aferrarse al poder. Sánchez no es fiable.
A día de hoy, el PP es la mayor garantía para relevar a un PSOE que juega con la unidad y la prosperidad de España

Un riesgo para el bolsillo. El PSOE y su socio, Podemos, resultan nocivos para la economía. Ya lo están demostrando, pues los datos han empeorado con su llegada. La prudencia en el gasto no entra en su vocabulario. Insólitamente, la campaña ha discurrido sin que Sánchez haya abordado el problema de la deuda. Su propuesta económica consiste en castigar con más impuestos a las empresas, particulares y familias que han logrado prosperar a golpe de esfuerzo y talento. En la última semana, las encuestas favorables a Sánchez han provocado un repunte en la prima de riesgo. Los españoles deben elegir entre más impuestos y más gasto imprudente u optar por quienes ofertan rebajas fiscales y responsabilidad contable. Porque Sánchez tampoco es fiable en economía.
La propuesta del PSOE consiste en castigar con más impuestos a las empresas, particulares y familias

La opción más clara para relevar a Sánchez. El arco del centro-derecha y derecha se presenta dividido en tres formaciones, con un riesgo cierto de que la fragmentación beneficie a Sánchez. Cada una de las tres opciones conservadoras ofrece sus puntos positivos. Ciudadanos dio la cara por la unidad de España en Cataluña y aporta una bocanada de aire fresco. Vox es el partido que más hincapié hace en plantear batalla sin cuartel contra el separatismo y la ingeniería social de la izquierda. En cuanto al Partido Popular, a día de hoy sigue suponiendo la mayor garantía para lograr el primer objetivo de los votantes conservadores, que es relevar a un PSOE que juega con la unidad de España y su prosperidad. El PP se ha regenerado, ha renovado su cúpula y ha hecho más enérgica su defensa de la unidad nacional y de los valores morales del humanismo cristiano. En ABC creemos que esta vez el Partido Popular es quien presenta una propuesta más constructiva y meditada, incluso con asientos contables respaldando sus promesas, algo que no ha hecho ningún otro. La apelación al voto útil no es hoy un tópico. La dispersión podría llamarse cuatro años con Sánchez, la izquierda más populista y los separatistas. Un drama para España.

La garantía caducada del PP
Nota del Editor 28 Abril 2019

El PP ha desperdiciado todas las oportunidades y tiene que desaparecer. Si aún le quedara algo de honestidad y decencia, pediría el voto para Vox.

El voto más decisivo
Editorial. vozpopuli  28 Abril 2019

Las elecciones a las que hoy estamos convocados están llamadas a ser quizá las más importantes desde que los españoles sancionamos por una incontestable mayoría la Constitución de 1978. El 28 de abril de 2019 quedará fijado en nuestras retinas como el día en el que los ciudadanos de este país decidimos poner el futuro en manos de la sensatez y la modernidad o por el contrario nos echamos en brazos del aventurerismo político y las viejas recetas maquilladas por el populismo.

Del resultado que hoy arrojen las urnas va a depender también, en buena medida, que el nacionalismo supremacista, que junto al terrorismo de ETA ha ocasionado el más grave deterioro de la convivencia desde los acontecimientos previos a la Guerra Civil, empiece a arriar las velas o continúe con su irresponsable pulso al Estado democrático.

Nos jugamos por tanto mucho más que la nefasta opción de una nueva legislatura vacía, que tampoco es poca cosa; nos jugamos el futuro del país, un futuro que viene marcado por la necesidad de convivir en paz y por la urgencia de continuar generando riqueza y empleo para todos. Porque difícilmente habrá un futuro para España si el jefe del Ejecutivo vuelve a ser un Pedro Sánchez maniatado no ya por los votos de la extrema izquierda de Podemos, una izquierda con mando en plaza en la gestión de la política económica, sino por un separatismo catalán dispuesto esta vez a no dar su apoyo a humo de pajas, sino a cobrarlo en especie con la celebración de ese referéndum de autodeterminación que lleva persiguiendo desde al menos 2012.

Nos encontramos hoy en el cruce de caminos al que nos ha conducido toda una serie de acontecimientos que arrancaron de los dramáticos sucesos del 11-M y la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero, con su intento de reescribir la historia de España reciente, cuestionar la voluntad de concordia plasmada en la Constitución del 78 y echar leña a la hoguera del independentismo catalán con un nuevo Estatuto que nadie reclamaba. Su no gestión de la política económica dejó al país al borde de la quiebra, un regalo envenenado que heredó a finales de 2011 un Mariano Rajoy al que cerca de 11 millones de españoles dieron carta blanca para que colocara al enfermo en la mesa de operaciones, lo abriera en canal y abordará las reformas en profundidad que la dramática situación del país reclamaba.

El Gobierno Rajoy sacó a España de la UVI, evitó el rescate a costa de incumplir clamorosamente su programa subiendo impuestos, y logró a partir de 2014 la vuelta a un crecimiento propiciado por unas cuantas reformas que le vinieron impuestas por las autoridades de Bruselas. Ni una más. De modo que España lleva más de cinco años viviendo de aquellas mini reformas, porque desde 2013 el país está parado en mitad de ninguna parte, víctima del laissez faire, laissez passer de un personaje y un partido que, tras renunciar a los perfiles liberales que antaño definieron su ideario, se entregó a una especie de absurda “gestión tecnocrática de España SA” que acabó con el Partido Popular herido de muerte, desgajado primero en Cataluña por Ciudadanos y después en el resto del país por Vox.

Las reformas estructurales que necesita España con urgencia siguen ahí, en espera, como las notas del arpa, de la mano de nieve que sepa arrancarlas. La ineficiencia de nuestro sistema educativo, la elevada tasa de desempleo, la insostenible deuda pública, el galope desbocado de las pensiones, el peso intolerable de la economía sumergida o los graves efectos del proceso de despoblación de las zonas rurales, junto a la reducida tasa de natalidad, son algunos de los descomunales problemas que ya están lastrando nuestro bienestar y condicionando dramáticamente el de nuestros hijos, sin que nadie desde posiciones de poder haya tenido hasta ahora el coraje de decirles a los españoles la verdad, primer paso para afrontar con realismo y decidida voluntad de sacrificio la compleja situación en la que nos hemos instalado de la mano de un decepcionante conformismo.

Ninguna de las cosas que hizo mal Mariano Rajoy, con ser muchas, fue tan mala, tan imperdonable, tan atrozmente crítica para el futuro de España como su tocata y fuga de la noche del 31 de mayo pasado, cuando en lugar de dimitir y propiciar la elección de un nuevo presidente del Gobierno del PP, vía eventuales nuevas elecciones, prefirió huir a un garito a ponerse de alcohol hasta las trancas mientras en el Congreso de los Diputados se decidía el futuro de la nación. Lo que allí se decidió fue el triunfo de una moción de censura mediante la cual todos los enemigos de la unidad de España, que es tanto como decir de la libertad y la prosperidad de los españoles, entronizaron en La Moncloa a un personaje atrabiliario, sin ideología conocida, un aventurero de la política sin otra característica apreciable que su enfermiza ambición de poder, de nombre Pedro Sánchez.

Su llegada al poder ha servido para consolidar la ruptura del país en dos grandes bloques, derecha e izquierda, haciendo de nuevo realidad el mito de las dos Españas, tan crueles como siempre, más cainitas que nunca, más dispuestas a la disputa garrote en mano que a la discrepancia serena y civilizada. España en su momento más crítico. Pocas dudas caben que la reelección de Sánchez como presidente del Gobierno significaría la definitiva liquidación del régimen del 78 y el fin de los cuarenta años más provechosos, en términos de paz y prosperidad, que hayan vivido nunca los españoles. Eso es lo que hoy está en juego.

Que cada cual vote lo que en conciencia estime pertinente. Pero quienes elijan la papeleta del PSOE –de este PSOE que nada tiene que ver con el que conocimos hasta la aparición de Zapatero en el horizonte español- deben saber que ellos podrán proclamar a Sánchez vencedor de la justa electoral, pero quienes lo harán presidente serán los filoetarras de Bildu, los cansinamente insaciables nacionalistas del PNV, y los separatistas del movimiento Nacional xenófobo y supremacista catalán, con Puigdemont, Junqueraset ál. a la cabeza. Más los neocomunistas de Podemos al mando de la maquinaria económica y del aparato de agitación y propaganda. Un bello panorama que al parecer han ignorado esos magnates de las empresas del Ibex, con el Banco Santander a la cabeza, que han preferido jugarse los cuartos con Pedro Sánchez. Ellos sabrán.

Sin apostar por ninguna opción concreta, porque esa no es nuestra misión, sí queremos y debemos alertar de la extraordinaria gravedad del momento y de la necesidad de que los ciudadanos sepan lo que se juegan en el envite, los riesgos que corren al elegir la papeleta equivocada. Por nociva o por diseminadora e inservible. Este país necesita cerrar con urgencia la brecha de las dos España, urgencia que pasa inevitablemente por mandar a su casa de una vez por todas al aventurero que hoy amenaza la felicidad de los españoles. España necesita un gobierno lo más homogéneo posible, capaz de afrontar sin mentiras los extraordinarios desafíos que tenemos por delante. Sin corrupción. Un Gobierno capaz de hacer cumplir la ley, cerrar heridas y abrir la puerta a una cierta esperanza. ¡Español, está en tu mano!

 

Voten con la cabeza y con el bolsillo, no con el corazón
EDUARDO INDA okdiario 28 Abril 2019

Javier Maroto, aparte de buen amigo y una de las mejores cabezas del centroderecha nacional, es la tan perfecta como triste alegoría de lo que puede suceder este domingo para la historia. La atomización del voto de derecha puede provocar que el escaño con el que cuenta el PP en estos momentos por Álava… se vaya a Bildu, es decir, a ETA. “¿Cómo?”, se preguntarán, intrigados, todos ustedes, queridos lectores. Pues comiendo. El PSOE tiene asegurada un acta en la Carrera de San Jerónimo, el PNV, otra, la tercera es para los podemitas sí o sí y la cuarta en discordia se la disputan el partido que aplaudía y apadrinaba los asesinatos etarras y la formación que ponía los muertos, el PP.

Entiendo que muchos de los seguidores de este proyecto de España que es OKDIARIO apuesten por Vox porque el partido de Santiago Abascal está consiguiendo que millones de compatriotas recuperen el orgullo nacional y esa identidad que, según el gran Fukuyama, el visionario de estos insondables tiempos posmodernos, es la nueva moda en el mundo. Gentes que están hasta los pelendengues de que se mancille la bandera, de que aquí pueda entrar cualquiera pasándose por el arco del triunfo las leyes inmigratorias, del fascistoide pensamiento único, de la vomitiva jerga de nuestros representantes y de esa corrección política que pone de los nervios a cualquier persona con dos dedos de frente por aquello que no sabes si el politicastro de turno sube, baja, viene o va. Bueno, lo único que sabes a ciencia cierta es que te está engañando como a un chino e insultando a tu inteligencia como si fueras gilipollas.

Pero nuestra proporcionalísima Ley Electoral, basada en las teorías de un belga del siglo XIX de nombre impronunciable, Victor D’Hondt, es la que es y hay 20 provincias en las que el guirigay de siglas de la derecha puede regalar 20 escaños extra a ese Sánchez que se ha convertido en el gran traidor de España por sus alianzas con ralea de la catadura moral de Podemos, los golpistas y los proetarras. Ojito porque si el okupa se sale con la suya los experimentos se consumarán con champán, no con gaseosa. Si Sánchez forma gobierno con Iglesias y la gentuza golpista y etarra España vivirá un proceso de balcanización que acabará entre mal, peor e inempeorablemente.

Sólo los sectarios periodistas de izquierdas se creen, o mejor dicho, nos quieren hacer creer, que Sánchez no va a volver a pagar ningún peaje a los golpistas, los etarras y los chavistas por permitirle disfrutar cuatro años más del Falcon, el Airbus, el Super Puma, el A-8 blindado, La Mareta, Quintos de Mora, Doñana, Moncloa y ese ejército de edecanes que provoca que te vuelvas irremisiblemente loco. Ello acabará convirtiendo una nación que data de los Reyes Católicos en una confederación similar a la de la antigua Yugoslavia que, por cierto, terminó como terminó.

Y no estamos hablando sólo de País Vasco y Cataluña. Los malos meterán la quinta marcha en mis entrañables Navarra y Baleares, los últimos diques de contención del constitucionalismo. El día que la una caiga en las garras de los nacionalistas vascos y la otra en las sucias manos de los golpistas catalanes, apaga y vámonos. La Comunidad Valenciana es la siguiente en la lista de espera de las candidatas a pasar por la horca del separatismo supremacista. De momento, no hay que preocuparse por Galicia porque allí Núñez Feijóo gobierna con un perfecto mix de falso progresismo, carisma infinito y la misma profesionalidad que si presidiera Inditex.

No sólo es una cuestión territorial. También lo es económica. He repetido hasta la saciedad, cuando no el aburrimiento, que España precisaba de ocho años de potente crecimiento sostenido para no volver al centro de la tierra con menos posibilidades aún de recuperarnos que en la anterior recesión, que fue la más dura de toda nuestra historia. La salida del infierno se inició tímidamente en 2014, lo cual significa que quedarían al menos tres ejercicios para consolidar, normalizar nuestra economía y situarnos de nuevo en ese 8% de paro (que en España es pleno empleo) a la espera de la siguiente crisis.

Pero qué podemos esperar de un tuercebotas que robó su doctorado en Economía. Que en el segundo debate dio un dato de déficit que estaba mal, el 2,2%, luego otro que estaba peor, el 2,6%, cuando ese mismo día Eurostat lo había fijado en el 2,4%. O que cuantificó en 2,5 millones el número de autónomos cuando en realidad es de 3,2 millones, sólo 700.000 más. O que ha provocado 150.000 parados más en 10 meses, se está cargando el milagro económico de Rajoy a velocidades supersónicas y cuya gestión se resume en haber heredado un país que crecía al 3% y dejarlo en el 2,4%, esto es, 7.000 millones de riqueza menos. Un desahogado que, no lo olviden porque lo pagarán ustedes, no él precisamente que con 47 años disfrutará de sueldo y prebendas vitalicias, se va a gastar 12.000 millones de euros extras que no tiene para comprar votos. Una joyita de la que Dios nos libre lo más pronto posible.

PP, Ciudadanos y Vox son primos hermanos. Por mucho que Riverita se ponga como un basilisco cada vez que le equiparan a Abascal, por muchos cuentos chinos que nos cuenten los brigadistas que hacen las veces de corresponsales extranjeros en España identificando a Vox con la extrema derecha, el partido verde es simple y llanamente de derechas. Reagrupamiento Nacional, el partido antaño llamado Frente Nacional, plantea inmigración cero; Vox inmigración legal sólo. Sólo un perturbado puede estar en contra de esto último. Marine Le Pen está a favor del aborto; nuestro Colón posmoderno en contra. La hija de Jean-Marie y tía de la descomunalmente brillante Marion Maréchal-Le Pen es proteccionista y estatista al más puro estilo Petáin; el de Amurrio tan liberal que quiere bajar el tipo marginal máximo del IRPF al 30%, Sociedades al 12,5% a largo plazo y el gasto público al 35% del PIB, 11 puntos menos que el PSOE.

Están condenados a entenderse. Es más, la España decente no les perdonaría nunca que no se pusieran de acuerdo si salen los números porque aquí el orden de los factores no debe alterar un producto que no es otro que la salvación nacional. Esos quítame allá esas pajas se esfumarían si Pablo Casado es el más votado. El palentino es la centralidad. Visto lo visto, a nadie se le escapa que si el que más respaldos obtiene en las urnas es Abascal, Rivera no querrá hacerle presidente, y si es al revés sucederá tres cuartos de lo mismo. El experimento andaluz, que está funcionando como un reloj, es el espejo en el que nos debemos mirar.

Voten, pues, con la cabeza y el bolsillo. El corazón déjenlo para las cosas del amor. Para su equipo de fútbol favorito o el torero de moda. O para el arte, la música o la pintura. Pero no para un combate en el que nos jugamos nuestros dineros, nuestra historia, nuestro orgullo, nuestra identidad, nuestra integridad territorial, nuestra cultura y nuestra dignidad. Casi nada. Por eso, antes de salir de casa, piensen, échense la mano al bolsillo, comparen y si encuentran algo mejor, vótenlo. La Ley D´Hondt no son matemáticas. En las elecciones generales 1+1+1 no es igual a 3. Como mucho 1,80 ó 2. Parafraseando al spin doctor de la campaña de Bill Clinton en 1992, James Carville, hay que concluir con una frase que todos deberíamos colocar esta madrugada del sábado al domingo en el techo de nuestro dormitorio: “Es la proporcionalidad, estúpido”.

Ahí va un último e insuperable motivo para no quedarse en casa tumbado a la bartola viendo Netflix, para no largarse a la playa y para cumplir con nuestros deberes democráticos metiendo la papeleta de alguna de estas tres formaciones constitucionalistas: ¿les acongoja o no les acongoja ver a Pablo Iglesias de ministro del Interior, a la codazo de su Irena de titular de Hacienda, a Monedero con la cartera de Educación y al explotador laboral Echenique de capo del CNI? ¿A que ya no tienen ninguna duda de que hay que ir al colegio y hacer los deberes con la cabeza fría y pensando en la cartera? Pues eso. Las frivolités pueden esperar al lunes.

Si votas con la cabeza y con el bolsillo solo te queda una opción: Vox
Nota del Editor 28 Abril 2019

Efectivamente: si votas con la cabeza y el bolsillo solo te queda Vox. Los otros ya han demostrado parte de los disparates de que son capaces, por acciòn y por omisión.

Documentación bilingüe en los colegios electorales
Mercè Vilarrubias cronicaglobal 28 Abril 2019

Este domingo, cuando vayan a votar, reparen un momento en la documentación electoral. Verán que los sobres y las papeletas son bilingües. El documento para el Senado recoge su cometido en la parte superior en ambas lenguas, castellano y catalán: Elecciones a Cortes Generales 2019 Senado (Barcelona) además de las instrucciones para señalar a los tres candidatos/as. También es bilingüe toda la documentación para los miembros de las mesas electorales. Si algunos pensaban que, en las elecciones generales, precisamente por ser generales y estar organizadas por el Ministerio del Interior, toda la documentación estaría escrita solo en español, verán que no es así.

La documentación electoral en español-catalán, español-euskera y español- gallego es una obligación para el Ministerio del Interior a partir del Real Decreto 605/1999, de 16 de abril, de regulación complementaria de los procesos electorales. Es este decreto forma parte de una serie de decretos que se derivan de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General. El artículo 4 del citado Real Decreto 605/1999 versa sobre Papeletas y Sobres, y establece que estos serán bilingües en todas aquellas comunidades autónomas con lengua cooficial y en el caso concreto de Navarra en sus zonas vascohablantes establecidas por la Ley Foral navarra.

Así pues, desde hace 20 años votamos con documentación bilingüe en todas las elecciones. Es este un hecho que debe resaltarse frente a las perennes acusaciones de que en el tema lingüístico el Estado sigue siendo un Estado franquista. Más bien, los datos nos muestran lo contrario.

Partimos del artículo 3 de la Constitución, el cual otorga rango de oficialidad a las “demás lenguas españolas” cuando así lo dispongan sus estatutos y plasma legislativamente por primera vez el reconocimiento de la diversidad lingüística de España como una riqueza a promover. A partir de este artículo se ha ido desarrollado una amplia normativa sectorial que obliga a la Administración central a actuaciones, servicios, documentación y comunicación bilingüe en las seis comunidades autónomas con dos lenguas oficiales.

Pocos son conscientes de ello, pero la llamada Administración periférica del Estado en las CCAA bilingües empezó en 1990 a, gradualmente, operar en todas sus dependencias en castellano y en la lengua cooficial. Actualmente, uno solo necesita acercarse a una oficina de Correos, de la Agencia Tributaria o a una Comisaría de Policía de Cataluña para observar el bilingüismo en el personal, la rotulación y los documentos. Por ejemplo, el DNI, el carnet de conducir, el libro de familia y los títulos académicos están redactados en ambas lenguas oficiales. La declaración de Hacienda puede realizarse en español, catalán, euskera o gallego.

La satisfacción que nos produce a muchos observar el bilingüismo de la Administración periférica queda ensombrecida por una constatación. ¿Cómo es posible que ningún Gobierno central haya sido consciente del valor de todo lo que la Administración estatal lleva a cabo en el campo lingüístico en las CCAA bilingües? ¿Cómo debemos entender que una actuación modélica --posibilitar sistemáticamente el ejercicio de los derechos de los hablantes de ambas lenguas oficiales-- no sea comunicada a los ciudadanos, puesta en valor y aducida como ejemplo de un Estado comprometido y respetuoso con la diversidad lingüística del país?

Desafortunadamente, es la tradicional pasividad de los sucesivos Gobiernos en todo el periodo democrático la que nos ha llevado a esta situación. Así, contradiciendo las acusaciones de un Estado hostil al catalán, el euskera y el gallego, los datos nos muestran que el principal problema que presenta la posición del Estado frente a la diversidad lingüística del país es su mutismo y su dejar hacer. No ha considerado importante explicarse sobre su propia e importante actividad lingüística en las autonomías bilingües y ha dejado hacer y decir a su gusto a los gobiernos nacionalistas. Ha renunciado a ofrecer un contrapunto al discurso victimista sobre las lenguas cooficiales y esta renuncia ha tenido consecuencias: ha contribuido en gran medida a que el discurso victimista se haya impuesto tan ampliamente.

De forma incomprensible, no se ha considerado importante explicar a los ciudadanos y ciudadanas que no existe un Estado hostil con las lenguas cooficiales como se pregona. Lo que sí existe es, precisamente, lo contrario, es decir, una Administración que opera eficazmente en cuatro lenguas (en total) en seis comunidades autónomas y lo hace para que los ciudadanos pueden ejercer sus derechos lingüísticos respecto a la Administración central, tanto los hablantes del español como los hablantes de las lenguas cooficiales, en sus respectivas comunidades.

No deberíamos resignarnos a este mutismo de los diferentes Gobiernos respecto a sus propias actuaciones. Cuando las cosas se hacen bien, hay que decirlo. Y todos sabemos el valor de lo que está en juego: los hechos muestran algo muy importante, una actuación ejemplar en materia lingüística por parte del Estado. Estos son los datos objetivos y hay que empezar a explicarlos, sin más dilaciones. Si los políticos renuncian a ello, deberemos contarlo nosotros cada vez que se nos presente la ocasión.

Donde está el deber de conocer el español
Nota del Editor 28 Abril 2019

Vaya desperdicio. Vaya inefectividad. Vaya incumplimiento flagrante del deber constitucional de concer el español. Por lo menos con el silbo gomero nos ahorraríamos las papeletas.


 


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