AGLI Recortes de Prensa   Lunes 29 Abril 2019

Cabezazos contra el muro
Nota del Editor 29 Abril 2019

Cuarenta años repitiendo los mismos errores. Cuarenta años criticando el disparate de que con más votos se consigan menos escaños. Que los votos no valgan lo mismo. Que los políticos en el poder despilfarren todos los medios públicos en su beneficio. Que se apropien de todo lo que les dé la gana. Que se suban el sueldo y las pensiones. Que disparen la deuda. Que no reduzcan gastos. Que no simplifiquen las leyes. Que no cumplan las leyes. Intoxicando a la sociedad con sus miserias. Mintiendo con descaro. Pastoreando su cortijo

Ha nacido la Resistencia
GEES Libertad Digital 29 Abril 2019

Sánchez continuará su política destructiva, lo que implica que es la hora de resistir y resistirse. Y ni la ligereza de Ciudadanos ni un PP en trance de acabar como UCD van a ser oposición.

En las elecciones del año 2016, el GEES pedía un escaño para Santiago Abascal: no pedíamos más que una voz en el Congreso que defendiese determinados principios y valores. Una resistencia que demostrase a los españoles que se podía hacer una política sobre una bases distintas. Hasta tal punto determinadas ideas estaban arrinconadas por el mainstream político-mediático, que sólo pedíamos una voz. Hoy, ese mismo Abascal que vimos en las fotos hablando a calles desiertas subido en una banqueta encabeza un grupo de 24 diputados y cerca de millón y medio de votos. En cuestión de meses ha pasado a convertirse en la peor pesadilla del Partido Popular, en el peor de enemigo del bloque socialista-podemita y en el terror del independentismo vasco y catalán. Y ahora, no en la calle o las RRSS, sino desde el Hemiciclo.

El error más importante y común a la hora de interpretar el fenómeno de Vox ha sido el de que es un voto de enfado: hasta ese punto los expertos, analistas y periodistas ignoran la realidad. La idea de que Vox era sólo la expresión del enfado de un sector del PP por Rajoy ha sido suicida. Ha hundido a Casado, y con él al PP. Ni con todos los votantes de Vox tapándose las narices y confiando en bloque en el PP hubiesen llegado los populares a unos tristes 90 escaños. Los votantes escapan del PP hacia cualquier partido que pueda ofrecer algo más, o simplemente algo. La campaña del voto útil ha destrozado al PP, ahora con 65 diputados, y ni siquiera el haber sacado a pasear a un Aznar moribundo, como el Cid, ha conseguido frenar el descalabro de Génova. Primero dejaron las ideas, después los programas. Y ahora los votantes.

El descalabro del PP contrasta con el éxito de Ciudadanos y Vox. El voto de Vox es un voto meritorio en dos sentidos. Primero en positivo; y, segundo, a largo plazo. Respecto a lo primero, Abascal ha abierto la puerta a la ilusión: se ha visto en los mítines, en los discursos, en la actitud del partido. Si ha habido un mensaje positivo en esta campaña ha sido el de Vox: respecto a España y respecto a las libertades; respecto a la cultura es una alternativa aún poco concreta, pero clara y rotunda. Esos 24 diputados pueden estar lejos de lo que algunos soñaban, pero ¿qué más puede querer un partido recién llegado a la arena política?

Respecto a lo segundo, los 24 diputados de Vox muestran que el partido de Abascal ha llegado para asentarse, con peso, en el Congreso. Lo más difícil, Vox ya lo ha conseguido: llegar desde abajo, con todos en contra, para ocupar un puesto en la bancada de los diputados. Vox tiene cuatro años para demostrar que hace las cosas de manera distinta y eliminar la imagen satánica que los medios han dado de él. De ser así, en próximos comicios no puede sino subir.

Además de diputados, en estas elecciones Vox ha ganado tres activos, que en una noche electoral pasan desapercibidos, aunque no debieran. En primer lugar, un grupo parlamentario que va a llevar al Congreso la voz de la España viva: nunca, jamás ningún partido ha elevado al Congreso los grandes temas de Vox, que tiene una legislatura por delante. El Grupo Parlamentario de Vox es lo suficientemente numeroso como para ser tenido en cuenta; el liderazgo y la personalidad de Abascal lo van a convertir en referencia indiscutible esta legislatura. Y, lo que es más importante, Vox está en condiciones de mostrar a los españoles que es posible una alternativa nacional, popular y constitucional en un Congreso de los Diputados con una izquierda radicalizada y una derecha que es light o está desconcertada.

En segundo lugar, Vox tiene unas bases jóvenes y motivadas. A Vox se le han puesto todas las trabas, desde la asistencia a debates hasta permisos para celebrar actos. Ni así han podido frenar a líderes, militantes y colaboradores, que se han extendido como una mancha de aceite por pueblos y barrios de toda España. Todo ello con una media de edad extremadamente joven. La base juvenil, la estructura muy fogueada y unos militantes fieles son una garantía de futuro. Basta comparar a Vox con otros partidos para constatar la ventaja competitiva: los partidos que no son viejos son adictos al presupuesto o al mimo de las televisiones. Los militantes de Vox son los espartanos de la política española.

En tercer lugar, y lo más importante: Vox tiene una base social y política sólida. Los votantes del partido de Abascal han sido vilipendiados de todas las formas posibles en los últimos meses: se les ha llamado borrachos, machistas, fascistas, incultos, atrasados. Se les ha pegado a la salida de mítines, se les ha señalado en televisión. Y sin embargo han aguantado la presión como héroes. A diferencia del votante de Podemos en su día, mimado por los medios, el de Vox ha sido insultado y amenazado de todas las formas posibles: una base social construida bajo esta presión es una base sólida para el medio y largo plazo. Con que Abascal la cuide y la mime, no puede sino ampliarse en el futuro.

Con una presencia notable en el Congreso de los Diputados, con un partido joven y motivado, y con un electorado fiel, Vox está en disposición de ganar peso en la derecha española. El PP ha perdido ni más ni menos que 65 diputados, y nadie se cree en serio que pueda recuperarse; es un partido envejecido, esclerotizado; y su electorado ha sido tan maltratado que ha huido en masa a Vox y a Ciudadanos, y quienes quedan sólo votan por miedo. Ciudadanos ha pegado una subida impresionante: pero si alguien cree que la ligereza ideológica de Rivera y su tacticismo pueden ser resistencia al frentepopulismo, está muy equivocado.

Quedan por delante meses de elecciones, de negociaciones y de inestabilidad institucional y política: Sánchez continuará su política destructiva, lo que implica que es la hora de resistir y resistirse. Y ni la ligereza de Ciudadanos ni un PP en trance de acabar como UCD van a ser oposición. En estas circunstancias, Vox es una garantía, porque es la única formación en la derecha que atesora una mezcla de diputados, partido, militancia e ideas claras para España. Necesario todo para resistir.

En términos políticos, ha nacido Vox. Ha nacido la Resistencia.

VOX: banderas de nuestros hijos
Mateo Requesens eltorotv.com 29 Abril 2019

Para los que siempre hemos transitado por el desierto del ostracismo a que este régimen nos condenaba porque creíamos que la lealtad a la idea de España nos obligaba a rechazar a todos aquellos que malbarataban la Nación en su beneficio particular, pactando con separatistas, despreciando nuestra Historia y repudiando nuestras raíces culturales, la irrupción en las Cortes de VOX equivale a contemplar por fin un oasis donde saciar nuestra sed de patria.

Seguramente los escaños obtenidos por VOX saben a poco, pero las banderas que agita y el eco de su discurso retumba como un terremoto que resquebraja los muros que nos impedían hacer otra cosa que sobrevivir en una sociedad que se burlaba de los que teníamos la fidelidad como norma. Nadie puede discutir que ha nacido una nueva derecha que mira sin complejos al pasado, pero sobre todo que piensa en el futuro de España como comunidad nacional. Una Nación que debe luchar contra el desafío separatista como peligro inminente y contra el mundialismo como amenaza a más largo plazo.

Pero lo más importante de este momento en que la supervivencia de la Nación está en peligro, es conseguir que lo que representa VOX esté abierto a todo ciudadano español. Se trata de que la idea de España deje de contemplarse como un problema para considerarse como una oportunidad para revalorizar un proyecto común. Solo así se podrá rescatar al pueblo español de esas propagandas que desprecian la patria y pretenden mantener sumergidas a nuestras buenas gentes en ese egoísmo irresponsable que sólo reclama derechos y no reconoce deber alguno, pero que tantos votos es capaz de recoger.

Las clases medias, agobiadas por la burocracia y los tributos, la clase trabajadora, perjudicada por una globalización que no cuenta con ellos para repartir beneficios, representan a ese hombre sencillo que por toda Europa demanda cambios y que debe ser la espina dorsal sobre la que se ha de construir la nueva España, sin las lacras de una descentralización suicida, con un Estado mínimo y un amplio sentido comunitario. Una tarea que en primer lugar debería preocuparse de incorporar al proyecto de esa nueva España a esa masa de españoles en paro que quieren un puesto de trabajo digno, en vez de la limosna del subsidio de desempleo.

La victoria que más interesa no está en las urnas, sino en la obra social y cultural que permita barrer nuestra sociedad como un auténtico tsunami y sacudir las aturdidas conciencias de los españoles, entretenidas en el hedonismo, para sostener valores que producen autentica vida civilizacional. La victoria que nos debe guiar consiste en que nuestros hijos enarbolen las banderas de este proyecto milenario llamado España.

Si VOX es capaz de lograr semejante hazaña, decantar su rápido crecimiento y lograr ir más allá de unas estructuras partidistas, encontrará apoyos a ambos lados de la tradicional línea divisoria entre izquierda y derecha, y sin duda alcanzará el gobierno de España con un aplastante apoyo popular, pero, sobre todo, podrá inspirar ese movimiento social patriótico al que se refiere Abascal. Porque lo sustancial no son las proclamas, ni los partidos, ni los programas, ni los votos, ni siquiera las constituciones, sino los hombres que forman la comunidad. Atraído el pueblo al proyecto común, la unidad nacional está asegurada.

La aventura de España en el siglo XXI ha comenzado.

Un democrático y ejemplar suicidio colectivo
La Tribuna del País Vasco 29 Abril 2019

En las elecciones que se acaban de celebrar en España solamente ha habido dos ganadores: la extrema-izquierda liderada por el PSOE de Pedro Sánchez, que arrastra bajo su estela a Podemos, y la chusma político-social que conforman los golpistas catalanes, los independentistas vascos y los nacionalismos periféricos radicales de todo signo y condición. Ni el importante aumento de votos de la socialdemocracia lacia de Ciudadanos ni la impresionante, pero muy inferior a las expectativas creadas, entrada de Vox en el Parlamento pueden paliar esta negrísima realidad.

Este panorama, que refleja una España quebrada como nación, un Estado que apenas puede plantar cara a las fuerzas centrífugas que tratan de desmantelarlo y una sociedad éticamente arrasada por el marxismo cultural, la ideología de género, la estulticia intelectual y el fanatismo ideológico, solo abre el camino a dos escenarios, ambos pavorosos: la repetición de un “Gobierno Frankenstein” de corte comunista y bolivariano, y además legitimado ahora por las urnas, entre PSOE-Podemos y las constelaciones independentistas; o, en su defecto, la puesta en marcha de un Ejecutivo relativamente más moderado, y frágil, entre el PSOE y Ciudadanos, cuya concreción en estos momentos parece bastante improbable.

Ocurra lo que ocurra, España ha perdido en estas elecciones de 2019 una oportunidad de oro para detener en seco el lento pero firme caminar que desde hace varios años lleva hacia el más absoluto desastre político, social, económico y educacional. Y, además, ha optado por echar más leña al fuego de su indignidad como país y por alentar su destrucción a manos de sus enemigos, lo que supondrá que, lo que hoy se ha votado, será sufrido y padecido por varias generaciones futuras de ciudadanos. Será, de esta forma, un democrático, ejemplar y límpido suicidio colectivo.

O la derecha se une o tardará muchos años en volver al poder
OKDIARIO 29 Abril 2019

Los datos finales de la jornada electoral son tan elocuentes que su exposición bastaría para transmitir el mensaje de este editorial. La derecha –PP, C’s, Vox y Navarra Suma– ha sacado 11.276.920 votos y 149 diputados; la izquierda –PSOE y UP–, 11.213.684 votos y 165 diputados. Ha ganado el bloque de la derecha en votos, pero con diferencia mínima, de 63.236 papeletas. Sin embargo, la separación entre bloques, traducida a escaños, es de 16 diputados en favor de la izquierda. De estas cifras extraemos tres conclusiones:

1.- La división política del espectro sociológico que va del centro a la derecha penaliza a este bloque. Cuando no hay unidad sino fraccionamiento y cuando, fruto de esta división, los distintos grupos compiten por ver quién tiene mayor grado de pureza ideológica; entonces el flanco del centro queda descuidado, lo ocupa la izquierda y los zurdos ganan las elecciones.

2.- Si la derecha realiza un outing ideológico, la izquierda toca a rebato y, choque por choque, los de izquierdas son más, porque cuentan con el suplemento de los independentistas, que también se movilizan. Con respecto a 2016 han subido PNV, Bildu, ERC, a lo que se añaden los aceptables resultados de Junts per Catalunya, Compromís y En Comú Podem. La polarización sobre un eje ideológico en España continúa beneficiando a la izquierda y a los independentistas.

3.- La estrategia que llevó a José María Aznar y a Mariano Rajoy al poder continúa siendo esencialmente válida: Todas las sensibilidades ideológicas que están a la derecha del PSOE primero han de estar unidas políticamente y, sin perder esta previa unidad, acto seguido deben realizar un discurso moderado, que trabaje la zona centro del voto. Es decir, puño de hierro –unidad ideológica y disciplina política– en guante de seda –discurso contenido, que bascule sobre el eje moderación/radicalidad–. La mayor ventana de oportunidad que tiene la derecha para volver al poder –quizás no la única, pero sí con diferencia la más asequible– emerge cuando la izquierda lleva un tiempo pernoctando en La Moncloa y el desgaste de su acción de gobierno hace que una parte de su electorado, por el desencanto, se desmovilice.

La política de estadista exitoso –exitoso porque llega al Gobierno y desde allí pone en práctica sus ideas– se implementa sometiendo los egos bajo parámetros racionales y constructivos; sabiendo distinguir los discursos culturales, que en abstracto son muy legítimos, de las estrategias políticas. Dar rienda suelta a la expresividad y a las pasiones es una actitud positiva si estamos en un taller de artes plásticas; igualmente, el tacticismo cortoplacista puede resultar la actitud correcta para un vendedor de coches usados; pero ante una izquierda tan astuta y callosa como la española, el tiempo que tarde la derecha en asumir los tres puntos señalados más arriba será tiempo ganado por el PSOE para continuar en el poder. Toca resistir en los cuarteles de invierno –ni Aznar ni Rajoy llegaron al poder al primer intento–, toca unir a la derecha bajo un gran partido con cuadros y homogénea implantación territorial y, probablemente, toca esperar a la próxima crisis económica –que vendrá muy pronto. Lo demás son juegos florales. En resumen, la clave para la derecha española no es tanto Programa, Programa, Programa como Unidad, Unidad, Unidad.

¿ Tiene principios esa derecha ?
Nota del Editor 29 Abril 2019

Esa derecha a la que se refiere no tiene principios. Esa derecha se aprovechó de las buenas personas que defendíamos a las víctimas del terrorismo y abandonó cualquier buena idea sobre España. La clave para España es España. o sea Vox.

El pequeño Frankestein
Ignacio Camacho ABC 29 Abril 2019

La categórica victoria de Pedro Sánchez obliga a preguntarse dónde ha quedado la alarma por la revuelta separatista de hace año y medio si muchos españoles han sentido más miedo de la foto de Colón que de la del banquillo del Supremo. Porque el concluyente resultado es un premio al gobernante que le aceptó a Torra un relator y envió a Iglesias a negociar en la cárcel unos presupuestos, que se ha negado a descartar el indulto a los insurrectos y que ha demostrado que la integridad y la identidad nacional le importan menos que la memoria histórica, el gasto público o la resurrección simbólica de un dictador muerto. Y que ahora, salvo que Rivera lo impida a costa de un suicidio político cierto, podrá gobernar con desahogo incluso sin ERC, apoyado en el pequeño Frankestein de las minorías regionales, el PNV y Podemos.

La otra cuestión que suscita la jornada electoral es la de si los entusiastas votantes de Vox estarán contentos sabiendo que, por mucho que les cueste reconocerlo, el insuficiente resultado de la derecha se debe en buena medida a ellos. Por una parte han atomizado el voto conservador penalizando sus réditos; por otra, se han convertido en el espantajo que el adversario ha utilizado para estimular a su favor el voto del miedo. Si bajo su agitación emocional conservan alguna ecuanimidad de criterio será difícil que los diputados obtenidos les sirvan de consuelo.

Obnubilados por su fantasía redentorista han desoído las encuestas y rechazado el voto útil bajo la obnubilación de un autosuficiente optimismo. Han pasado los últimos meses retroalimentándose excitados ante el espejismo de unos mítines que creaban la realidad aumentada de un revulsivo ficticio. Y al final, el hiperventilado «vértigo de los patriotas» (Calamaro) sólo ha servido para empujar a la España liberal y conservadora al abismo.

Pero esa fractura innecesaria y letal no justifica ni resta importancia al descalabro de un PP que siente ya encima el aliento de Ciudadanos. Rivera va recibir tentaciones de pacto con Sánchez, pero ha doblado su facturación y tiene a tiro el sorpasso mientras el durísimo desplome popular cuestiona con seriedad el liderazgo sin asentar de Pablo Casado, al que espera, si sobrevive, la ingrata gestión de un legado de cenizas en un predio devastado. Además de lo que le han restado Cs y Vox, ha perdido otra quincena de escaños. En conjunto, la división del centro-derecha ha cosechado, ante sus propias expectativas y ante la objetividad de los datos, un patético fracaso que ha terminado por dar la razón a la ficción demoscópica de Tezanos.

Ha triunfado, en suma, la hábil impostura de falsa moderación de Sánchez, cuyo gurú Redondo ha sabido sacar enorme rendimiento del mercado de oportunidades. A los partidarios de Vox que no quieran sentirse culpables más les vale disfrutar del desenlace; es demasiado tarde para asumir responsabilidades.

El PP va camino de desapareder. Vox sigue adelante
Nota del Editor 29 Abril 2019

El PP ha recibido el castigo merecido. En ocasión alguna ha mostrado en menor interés por España. siempre ha antepuesto el interés por su maquinaria, nada ha hecho por  España y los españoles, por el contrario, ha sido un traidor constante a España y a los españoles
.
Vox ha sido silenciado y vilipendiado por miles de antiespañoles y aún así ha logrado salir adelante

La derechita catastrófica
Juan Manuel de Prada ABC 29 Abril 2019

Sus trolls tuiteros habían anunciado a bombo y platillo que Vox provocaría un terremoto de magnitudes históricas. Lo cual prueba dos extremos: que los trolls tuiteros viven en una burbuja de fanatismo, sin contacto alguno con la realidad; y que Vox, hoy por hoy, no es más que un contenedor de la «derechita enfurruñada», tal como afirmábamos en esta misma tribuna hace meses. «Un partido que aspirase a algo más que ser un contenedor de la «derechita enfurruñada» -escribíamos entonces- debería lanzarse sin tapujos a la conquista de un electorado transversal. Y ese electorado son los trabajadores en precario y las clases medias depauperadas y cosidas a impuestos, mientras izquierdas y derechas se dedican a exaltar las «políticas de la diversidad» que tanto gustan a los pijos y a las pijas de izquierdas y derechas. Un partido así lanzaría una ofensiva sin ambages contra la escabechina del neocapitalismo globalizador, devolviendo a los españoles la dignidad laboral (y antropológica) y el sentido de pertenencia a una comunidad política solidaria. Tal vez un partido que se atreviese a lanzar esta ofensiva no acabase de gustar a la «derechita enfurruñada», pero ganaría para su causa a todos los humillados y ofendidos.

Pero Vox prefirió quedarse en el halago fácil al votante pepero cabreado, en lugar de lanzarse a la conquista de un electorado nuevo y transversal. O, simplemente, no tenía mimbres para intentar otra cosa; pues en sus mensajes, a la postre, asomaban la patita la morrallona neocón, las consabidas consignas ultraliberales, todo ello aderezado con mucho postureo patriotero y mucho bocachanclismo e incorrección política. Sin embargo, culpar a Vox del descalabro sideral de los peperos sería excesivo. Desde luego, su concurrencia ha contribuido a atomizar el voto derechista; pero lo cierto es que, sin la concurrencia de Vox, el descalabro pepero no se hubiese evitado. Y tal descalabro se ha producido porque el frente de la derecha se halla un hombre catastrófico, hiperventilado, charlatanesco, aspaventero y, a la postre, inane, llamado Pablo Casado, que ha estado zascandileando por doquier y de manera insomne desde que fuera elegido como líder de su partido, improvisando siempre las declaraciones más desafortunadas, eligiendo siempre a las personas equivocadas (algunas inanes, incluida su predilección por el desecho de tienta de las tertulietas políticas; otras, por el contrario, de un jacobinismo chulesco y crispante), acogiéndose siempre a los padrinazgos más tóxicos y pestilentes (con la momia de Aznar al frente) y relegando a personas valiosas de su partido al ostracismo. Casado no entendió que el Partido Popular sólo podría recuperar la hegemonía de la derecha enarbolando unos principios nítidos, servidos con moderación bienhumorada y constructiva (tal vez porque Casado anda falto de principios y sobrado de aspavientos). En su lugar, se dedicó a competir en jacobinismo pichabrava con Ciudadanos y en bocachanclismo con Vox, territorios ambos que ya tenían todo el pescado vendido. Así se ha convertido en el líder de la «derechita catastrófica».

Al progresismo rampante no se le combate con ninguna de estas soluciones equivocadas, sino volviendo a las fuentes del pensamiento político tradicional, que tiene por norte el bien común; que protege a las familias de la intromisión gubernativa; que condena las lacras del capitalismo global; que se rebela contra la desmembración de la patria, fundiendo en un abrazo amoroso a los pueblos que la integran. Sólo la tradición puede combatir el progresismo rampante. El liberalismo, en sus expresiones moderaditas o desmelenadas, cobardes o enfurruñadas, sólo sirve para consolidarlo.

El silencio de los corderos
Nota del Editor 29 Abril 2019

Vox ha salido pese a todos los ataques desde todos los frentes. Y seguirá su camino por España y los españoles. El PP no tiene derecha ni izquierda. Las utopías son para escribirlas, no se pueden vivir. Muchos millones de españoles hemos dejado el silencio y levantado nuestra Vox. Ya no somos corderitos prestos a ser pastoreados otros cuarenta años mas.

Gana el frente popular
El PP se hunde, Vox se queda en un bluff movilizador de la izquierda y Cs roza el sorpasso
Isabel San Sebastián ABC 29 Abril 2019

Se cumplieron los peores pronósticos. La división de la derecha ha sido letal para el Partido Popular, cuyo hundimiento en las urnas supera con creces el fuerte crecimiento de Ciudadanos y a la discreta irrupción de Vox, cuya presencia en la carrera únicamente ha servido para movilizar a la izquierda. El escenario que dibujan las elecciones nos aboca a un frente popular integrado por PSOE, Podemos y ERC, del que solo cabe esperar que conduzca a España a una crisis de magnitud incalculable.

Nos esperan días sombríos. Si el líder de los socialistas hubiese demostrado tener algún principio, cabría confiar en que pusiera reparos a pactar con un partido lanzado al monte del independentismo, crecido, eufórico, dirigido por un presunto delincuente acusado de rebelión en Supremo y socio del filoetarra Bildu en la papeleta europea. Dado lo que sabemos de él, es prácticamente seguro que se plegará a sus exigencias, se comprometerá a indultar a los golpistas y retorcerá la Constitución hasta donde haga falta, con tal de repetir mandato. Le ayudará en la tarea un Pablo Iglesias experto en negociar acuerdos en la cárcel, que se salva de un batacazo monumental, con pérdida de 29 asientos, porque sus mermadas huestes resultan indispensables para satisfacer las ansias de poder del vencedor de la noche.

Matemáticamente sería posible otra fórmula, desde luego. Si Rivera se desdice de sus promesas, si la dirección de Ciudadanos se envaina su compromiso y sale al rescate de Sánchez, sus diputados sumarían una mayoría holgada. ¿Se inmolará el partido naranja con la excusa de evitar males mayores? ¿Tirará su credibilidad a la basura apelando al patriotismo? Yo misma pregunté a Rivera por esa posibilidad hace unos días y él la negó rotundamente. El dilema en todo caso está ahí y las presiones para que se desdiga van a ser inmensas. Tan fuertes al menos como el peligro en el que pondría el futuro de su formación en caso de ceder a ellas, ahora que su proyecto reformista liberal ha demostrado ilusionar al doble de españoles que en 2016 y toca con los dedos la posibilidad de sobrepasar a un PP desarbolado, al que ayer venció en Andalucía.

Y es que si los naranjas se enfrentan a una alternativa diabólica, Pablo Casado debe lidiar con un fracaso estrepitoso. El PP queda reducido a la mitad de su representación parlamentaria, en un proceso que recuerda al que llevó a la extinción de UCD y ya ha levantado las primeras voces pidiendo la sustitución de su líder por una gestora. Los tremendos errores cometidos en la etapa de Rajoy, empezando por la brutal presión fiscal infligida a las clases medias y siguiendo por la falta de firmeza ante el desafío separatista catalán o la asunción de los repugnantes cambalaches negociados por Zapatero con ETA, se han visto agravados por una lectura errónea de los resultados andaluces y pasan ahora una factura muy superior a la prevista. En aquellos comicios no ganaron los populares, sino la abstención socialista, por bonito que pareciera el espejismo. Movilizada esa izquierda dormida, ha llegado el hundimiento. Un hundimiento que no compensa ni remotamente un resultado de Vox mucho más discreto de lo que ellos mismos esperaban y airearon con eficacia durante toda la campaña los agitadores del voto del miedo, empezando por ciertos institutos de encuestas. Vox se ha quedado en muy poca cosa. Veinticuatro escaños inútiles para otra misión que la de servir de espantajo, si bien es verdad que, en el escenario que se perfila, tienen margen para crecer en el desastre que se avecina.

El enemigo sigue dentro
Nota del Editor 29 Abril 2019

La inoperancia, la inutilidad del PP ha sido la causa de que el enemigo siga dentro, cuarenta años después. Así que menos culpar a Vox que cumple con su obligación de defender España y a los españoles.

El mal menor es un Gobierno de Sánchez con Ciudadanos
OKDIARIO 29 Abril 2019

La consecuencia en el plano de la gobernabilidad de estas elecciones generales ofrece tres alternativas: 1) Frente–populismo Frankenstein, 2) PSOE más Podemos –a través de una mayoría simple en segunda vuelta–, o 3) PSOE junto a Ciudadanos. Estas tres opciones, en realidad, se reducen a dos, porque las diferencias entre la primera y la segunda son mínimas a efectos prácticos; en ambos casos Podemos entra en un Gobierno del PSOE y los independentistas tendrían, por acción directa o apoyo condicionante desde fuera, su cuota de poder.

Dentro del mal resultado que la jornada del 28-A representa para el interés general, lo mejor para los españoles sería un Gobierno del PSOE con Ciudadanos. No sólo tendría mayoría absoluta de largo; además –y esto es lo verdaderamente importante– prestaría un enorme beneficio al conjunto del país al moderar a Sánchez. Ciudadanos es el partido capaz de realizar este servicio, por una cuestión numérica, y porque su doble alma –que bascula siempre entre el centro–izquierda y el centroderecha– le permitiría entrar en el Ejecutivo de Sánchez sin especiales torsiones ideológicas.

El partido de Albert Rivera tiene un razonable plazo de tiempo para iniciar un proceso de reflexión que finalmente le lleve a tomar esta decisión. Muchos españoles entenderían incluso que esta opción se decantase después de las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas. Bien jugadas las cartas, hasta podría reforzar su aura de político de altura, capaz de anteponer el bien común de España al suyo partidista. No hacerlo para entrar en un proceso cainita por el liderazgo del centroderecha posiblemente implique un error estratégico, porque las opciones conservadoras, nucleadas a día de hoy en torno a PP y Vox, difícilmente se decantarán algún día por Ciudadanos. El buen resultado de Rivera no debe hacerle perder la cabeza. Es el momento de España, no del interés personal, con la paradoja añadida que del mayor acto de altruismo quizás pueda obtener, a medio plazo, el mayor beneficio propio.

Y así llevamos cuarenta años
Nora del Editor 29 Abril 2019

Cuarenta años de mal menor ya se han convertido en un mal mayor, casi imposible de arreglar. Con los mimbres que hay en la sociedad española, poco puede hacerse, salvo seguir luchando por cambiar el tinglado que pretenden seguir vendiéndonos como la purita democracia. Cuarenta años de indoctrinación, intoxicación, frente guerracivilista, profesionales de la política que hace lo que les conviene por encima de la ley, del bien común, de España.

El extremismo, el chalé y la obsesión propiciaron la debacle de Iglesias
OKDIARIO 29 Abril 2019

Podemos es un partido en decadencia. Sus dos principales franquicias, Podemos-IU–EQUO y En Común Podem, han bajado respectivamente de 45 a 35 diputados y de 12 a siete. En 2016 no logró dar el sorpasso al PSOE y si ahora pacta con Sánchez, los socialistas terminarán de hacerle el abrazo del oso. Están condenados a volver al punto inicial: ser Izquierda Unida. Pero este hundimiento no sucede por casualidad; obedece a tres causas concretas:

El extremismo. La radicalidad ideológica, su populismo congénito, quizás sea el rasgo más distintivo de Iglesias. Superada la coyuntura de los años más duros de la crisis, el discurso de Iglesias no tiene gran recorrido. Gustará a los muy cafeteros de la izquierda, pero espanta al resto.

El casoplón de Galapagar. No se recuerda en la larga historia de la política española una escenificación tan gráfica y de tal calibre de las, llamémosle, ‘contradicciones’ de un líder. De ir de paria de la Tierra, de comprar la ropa en Alcampo, de presumir de piso cutre en Vallecas –luego nos enteramos que tampoco era tan cutre–, de criticar su piedad a los de arriba, a ‘la casta’, a convertirse en todo lo que criticaba ¡y en tiempo récord! Por si esto no fuera poco, Iglesias consiguió el chalé más famoso de España a un precio sospechosamente bajo para su teórico valor de mercado y con un crédito en condiciones ventajosas, muy ventajosas. Normal que una parte muy significativa de sus votantes hayan salido huyendo.

La obsesión con Eduardo Inda. Si uno escuchaba hablar a Pablo Iglesias en los últimos meses, el mayor problema de España no era la precariedad salarial, ni el cambio climático, ni el acceso de los jóvenes a la vivienda, ni las políticas migratorias. No, el mayor problema era el director de OKDIARIO. El líder de Podemos urdió una delirante teoría de la conspiración, que no perdía oportunidad de relatar en cada mitin y entrevista, donde mezclaba “las cloacas del Estado”, el IBEX 35 e Inda. Llegados a este punto, extrañaba que no mencionase también al Mossad, a los Illuminati y a JFK. Y luego pasó lo que pasó, que al contrastar estas teorías con la realidad de los hechos, salieron perdiendo las teorías, y de paso algún vicedircom de Moncloa.

Con semejante cóctel, normal que el batacazo haya sido mayúsculo.

Si después de lo llovido siguen, es que en España hay pocos españoles

Nota del Editor 29 Abril 2019

Parece que a muchísimos "españoles" les van a regalar un chalet en Galapagar y un título de doctor. A otros un puesto de presencia que no trabajo, en la desorganización pública. Los demás a trabajar y a votar a Vox

Tragedia española
Carlos Dávila  okdiario 29 Abril 2019

Se cumplieron los peores pronósticos. La izquierda más radical que haya mandado nunca en España va a podernos gobernar -es un decir- los próximos cuatro años. La derecha española se ha suicidado. Siempre tan
estúpida como para arrearse sin piedad patadones en su propio tafanario, ha dejado el campo libre a un PSOE que es sólo Pedro Sánchez, sus mentiras, su querencia absoluta a pactar con la ralea más soviética que se pueda
atisbar en España, y con los independentistas más irredentos. Este y no otro es el balance que se puede extraer de unas elecciones atípicas en las que se ha llevado el gato al agua la habilidad torticera de Sánchez. Se abre de
forma muy clara la posibilidad de un Gobierno de coalición extremo en el que, con toda seguridad, Pablo Iglesias, al que se creía muerto incluso por los más cercanos, se ha pegado un costalazo, pero es imprescindible y va a
exigir diezmos y primicias al más que cierto presidente. Desde un punto de vista técnico y más aún político hay que reconocer su mérito a haber sobrevivido a trancas y barrancas a todos sus infortunios, a sus desmanes
pseudocapitalistas y a la propia incuria de los fundadores del partido.

Pero más allá de esta constancia existe otra que es mucho más relevante: el troceamiento de una derecha que ha sido incapaz de ponerse de acuerdo para componer una alternativa común al dúo Sánchez-Iglesias. Los egos
tremendos de por lo menos dos de los líderes de este grupo, Rivera y Abascal, y la dramática y muy sucia mochila de corrupción que todavía ha soportado el presidente popular, Pablo Casado, han impedido un consenso,
un pacto que hubiera sido aconsejable con todas las luces de la razón a su servicio. Ahora, España va a vivir, si se confirma el acuerdo de las izquierdas, a partir de ahora una tragedia política únicamente similar a la
que patrocinó aquel infame Frente Popular que nos condujo a la Guerra Civil.

España de nuevo es diferente. Mientras en Europa mayoritariamente está inclinada a la derecha, nuestro país, con una pirueta insólita y malhadada, ha girado a la izquierda, y ni siquiera a una izquierda socialdemócrata que
nació en el Viejo Continente en el Bad Godesberg del PSD alemán. No: esta es una izquierda brutal. La discrepancia entre los poderes políticos en España y en la mayoría de los países de la Unión ni será inocente, ni
irrelevante, porque en la próxima legislatura que se inaugurará en el próximo mes de julio, Bruselas ya no se conformará con ser un Parlamento prácticamente testimonial, sino que actuará si descanso para imponer sus
propios dictámenes. Al final será una batalla en toda regla también entre la derecha y la izquierda.

En España queda por saber qué concesiones le hará Sánchez a sus más que probables compañeros de Gobierno. Iglesias, de ningún modo, a va a aceptar un apoyo simbólico y descomprometido, querrá participación
directa y no solo en el Gabinete sino en las instituciones más importante del Estado entre ellas -ya lo pidió Iglesias en otra ocasión- nada menos que el Centro Nacional de Inteligencia, el Centro de Investigaciones Sociológicas
y naturalmente Televisión Española. Y si grandes y de fondo van a ser las condiciones de Podemos para apoyar la Presidencia de Sánchez no lo van a ser menos las de los independentistas, sobre todo las de Esquerra, el partido imprescindible para Sánchez se quede en la Moncloa. Habría una posibilidad en la que en principio nadie cree: que Ciudadanos se avenga a sumar la mayoría de Sánchez. Rivera tendría que renunciar a sus “renuncias”, valga la redundancia, y aceptar convertirse en complemento directo de Sánchez. No parece posible. Rivera puede evitar la tragedia española. Es su responsabilidad histórica.

En definitiva, una tragedia para la España constitucional que surgió en la Transición. Nadie espere una gobernación morigerada, antes bien será un cuatrienio plagado de rencores y revancha en el que Sánchez y sus conmlitones intentarán dar la vuelta a España como un calcetín. La derecha es culpable: le ha dejado pista libre a los radical-socialistas, a los soviéticos y a los independentistas. No aprenderá, no se lo va a hacer mirar. Es tonta, estúpida; es la derechorra. O, ¿acaso piensas que cara a la triple elección de mayo Casado, Abascal y Rivera, se avendrán a componer una alternativa única? Los electores ya lo están pidiendo, pero no hay nada que hacer: la derechorra de las divisiones siempre será la derechorra.

La derrechorra es el PP que tiene que desaparecer
Nota del Editor 29 Abril 2019

Si los españoles a quienes nos importa España hubiéramos votado a Vox. la situación sería mucho mejor. Del PP nada podía esperarse, salvo mas ineptitud, mas traiciones, ningún principio, ningún interés por España.

Cumbres borrascosas
José María Gay de Liébana okdiario 29 Abril 2019

¡Alea jacta est! El pueblo ha hablado a través de su voto. Las encuestas siempre apuntan en una dirección, más o menos acertada, y el escrutinio impone la evidencia volitiva. Aritmética parlamentaria bastante simple. La
cuestión se limita solo a sumar. Sumamos por acá, agregamos por allá y adicionamos por acullá. El resultado, en cualquier caso, es que España quiere ser de izquierdas. Eso es lo que han dicho los españoles, votando a
esta, esa o aquella formación. No hay más tutía. La bolsa, ahora, hablará.

Banca, energía, concesionarias, tecnológicas y quién sabe si algún otro sector, en el punto de mira. Y más en la diana otros grupos empresariales, según sea el nuevo gobierno que se forme. Un probable gobierno del PSOE y Unidas Podemos, con apoyo nacionalista, pone en guardia a inversores por más que se diga que lo predominante, a partir del 29 de abril, es la estabilidad política, la seguridad jurídica, la tranquilidad normativa. Veremos si el próximo Ejecutivo le sigue dando al decreto-ley o se decanta por dar juego al poder legislativo. La prima de riesgo de España se animará. España, digna representante de esa periferia europea que exaspera a los halcones europeos, puede provocar algún quebradero de cabeza en pro del equilibrio de las finanzas públicas. Nosotros solitos aportamos prácticamente la mitad del déficit público agregado de la zona euro.

El debilitamiento económico que se avecina castigará a una España desprevenida, rendida al aumento del gasto público, a bailar con el déficit público, a seguir incrementando su deuda pública, a la par que encandilada con más impuestos. Más presión fiscal y, sin embargo, el gasto público continúa imparable, absorbiendo todo el esfuerzo tributario de los españoles o, igual, sobrepasándolo

Económicamente, los pactos políticos que se alcancen, con toda probabilidad por el frente de las izquierdas, restarán para la industria, las inversiones y el empleo. Mientras Europa apenas crece, a diferencia de Estados Unidos, y con el alza del precio del petróleo pululando, la desaceleración nos pillará. Subirá el salario mínimo, subirán las cotizaciones sociales, con destope para las máximas, subirán las
pensiones, y el crónico paro persistirá. En cuanto conozcamos la actualización del programa de estabilidad que el Gobierno remite a Bruselas para el cuatrienio 2019 – 2022, los presagios de mayor carga fiscal, con los ingresos fiscales apuntando hacia el 40,2% del PIB, en números redondos, 486.000 millones de euros – 60.000 millones de euros más que en 2018 -, sobrevuelan nuestras cabezas. ¡Alea jacta est!, salvo que entren en juego influencias supranacionales, intereses comunitarios y sugerencias desde más arriba de los Pirineos, llamando al consenso entre el bloque socialista y el de Ciudadanos.

Ahora toca a los sociólogos explicar el porqué del voto. Aunque uno piensa que quien paga las pensiones el día en que se vota y además promete seguir revalorizándolas, tiene mucho ganado. Empero, la economía real se resentirá. Porque hoy por hoy España no está preparada para afrontar vientos de cara ni dispone de un colchón fiscal que permita maniobrar en este año 2019, delicado y exigente para la economía mundial, con temor a que los riesgos a la baja que se barajan se materialicen y confiando en que, en tal caso, las políticas de respaldo funcionen para las economías tensionadas, las dependientes de las exportaciones y las que se encuentran sumamente endeudadas, con acento en la deuda soberana. España, ante tal panorama, seguirá necesitando de la asistencia de una política monetaria acomodaticia brindada por el Banco Central Europeo cuya batuta dirige, hasta octubre,
Mario Draghi pero que luego podría estar en manos de algún halcón finlandés que impondría más normalidad monetaria…

Sentido de Estado
Bieito Rubido ABC 29 Abril 2019

Lo mejor que le puede ocurrir ahora mismo a España es que Ciudadanos acepte integrarse en un gobierno de coalición con el PSOE, aunque ello suponga tragarse todas las promesas en sentido contrario que su líder lanzó en campaña, una y otra vez. El viejo aserto de que en política no hay amigos eternos ni enemigos permanentes vuelve a confirmarse. El sacrificio lo tiene que hacer Albert Rivera, aunque no soporte a Sánchez. Solo así podemos analizar con una luz de esperanza los resultados de ayer. Solo así nuestro país puede encarar un tiempo de estabilidad y reformas que aliente a la sociedad española y que nos permita crecer como país próspero y gobernable, en el que los políticos no traten de rescatarnos de la miseria, sino de propiciar las condiciones idóneas para generar riqueza. Ese mismo gobierno debe acreditar mayor determinación en la defensa de la unidad de España, sin primar, como hasta ahora ha demostrado Sánchez, su interés particular.

La tentación de Rivera puede ser convertirse en el verdadero jefe de la oposición y enfrentarse a un «gobierno Frankenstein» en el que Podemos -paradojas de la política- rentabilizaría su menguante resultado. Esta opción sería un error de Ciudadanos. Si de verdad quiere que España avance y salga del atolladero territorial en el que se encuentra, debe asumir la responsabilidad de comprometerse con un futuro gobierno de coalición con los socialistas. Los números dan y el sentido común así lo aconseja. Sánchez y su camaleónico comportamiento lo aceptarían de buen grado, si bien es cierto que no acepta muchos gallos en el corral, y Rivera lo es, con derecho ahora a ponerse en valor. En efecto, el resultado de la formación naranja este 28-A es magnífico, pero se equivocaría si no sabe interpretar el mandato de sus votantes: moderar al PSOE, ya sea en el Gobierno, ya sea sosteniéndolo bajo control a través de un pacto de investidura. Hasta el propio Pablo Casado debería favorecer ese Ejecutivo e instalarse con firmeza en la oposición, después de demostrar sentido de Estado y responsabilidad democrática.

Los socialistas, por su parte, no han obtenido un mal resultado. Han ganado las elecciones y son la lista más votada, pero su victoria es insuficiente y tampoco la sociedad española les ha entregado un cheque en blanco. Su cosecha dista todavía quince escaños de la obtenida por Rajoy para gobernar en la última consulta electoral de 2016. Desde la victoria, el sanchismo, que en muchas ocasiones tiene muy poco que ver con el socialismo clásico o moderno, deberá reflexionar acerca de si su deserción de la defensa de la identidad española de nuestra nación le ha castigado y si debe enderezar de una vez su estrategia al respecto. También merece un repaso su obsesión por sacar rédito de la memoria histórica, el feminismo o el cambio climático. Los dirigentes del PSOE deberán analizar con profundidad los resultados de Cataluña y el País Vasco. O se toman en serio lo que allí ocurre, y lo hacen desde la firmeza que otorga el Estado de Derecho y democrático, o la historia no los juzgará con la benevolencia de la aritmética electoral.

El gran perdedor ha sido el Partido Popular. Apenas le distancian unos 300.000 votos de Ciudadanos y la tentación de Rivera, en caso de no apoyar la investidura de Sánchez, es convertirse en el hombre clave de la legislatura desde la oposición. Al partido de Casado le ha hecho trizas el auge de Vox, que tampoco resolvió nada, en contra del exceso de euforia que manejó durante la campaña. El centro derecha solo gana cuando se presenta unido. Lo entendía perfectamente Manuel Fraga, cuando refundó el PP. Vox fragmentó ese electorado y además escoró hacia la derecha a los populares. Algo parecido a lo que le ocurrió al PSOE cuando irrumpió en la escena política Podemos. Los neocomunistas solo sirvieron para radicalizar a los socialistas, igual que esta derecha dura ha llevado a posiciones más conservadoras al partido que ganó las tres últimas elecciones. Una lección que debe quedar aprendida, tras la experiencia de años, es que el centro derecha ha de presentarse unido y moderado. No le hace falta renunciar a nada, ni mucho menos a la unidad de España, pero las propuestas deben ser verosímiles, realizables. El partido de Pablo Casado abrió una autopista a Ciudadanos al tratar de acercarse más a la opción de derechas que al centro. No nos olvidemos que Abascal ya se presentaba en 2016. El bipartidismo funcionó bien en España. Ahora tenemos que aprender a gestionar estos nuevos tiempos, con opciones políticas tan diversas, pero lo sensato es que esos cerca de siete millones de votos que han sumado PP y Vox vuelvan de nuevo bajo las siglas del partido que más opciones tiene de gobernar. El espejismo de la campaña, con mítines y recintos a rebosar, tiene poco que ver con la realidad. España es mucho más plural y compleja que los análisis esquemáticos que a veces se hacen desde el centro.

Entroncando con lo anterior, sería bueno recordar que España no es más de izquierdas que de derechas, aunque pueda parecerlo a tenor de los resultados con una altísima participación, casi de récord histórico. Es innegable que en una parte de la sociedad han enraizado el pensamiento y las ideas populistas, pero la izquierda neocomunista, encarnada en Podemos, ha comenzado su declive. A los españoles no les gustan los extremismos. Tal vez sea algo atávico, pero solo han triunfado aquellos partidos que se han movido en el terreno de la moderación y del centro, y eso que Sánchez no es precisamente buen ejemplo de ello. Téngase en cuenta que, con una participación disparada, todavía obtiene 600.000 votos menos que Rajoy. A este presidente poco fiable le vino muy bien la división de la derecha.

Algún día, Aznar y Rajoy nos aclararán también por qué le entregaron el sistema audiovisual español a la izquierda. Pero eso es harina de otro costal, si bien explica muchos de los avatares de la política española en los últimos años.

Finalmente, cabe recordar que España necesita para los próximos años certidumbres y estabilidad. En ellos nos va mucho a todos y, aunque no han sido los resultados que esperábamos, el juego democrático nos lleva a pedir la solución menos mala. Esa no es otra que el compromiso de Ciudadanos para moderar la acción del PSOE.

El sentido de estado del PP ni está ni se le espera
Nota del Editor. 29 Abril 2019

Ya lo ha demostrado en todas las ocasiones que se le concedieron los votos necesarios. El PP ni está ni se le espera en la recuperaciòn de España. Ahora nos toca sufrir toda su ineptitud, falta de principios, de rigor, de honradez, de corregir los errores del camino.

¿De qué se ríe la izquierda?
Luis Herrero Libertad Digital 29 Abril 2019

Hace ya muchos meses que los análisis políticos exigen puntos de vista distintos de los habituales. Antes, ganar y gobernar eran la misma cosa. Ahora gana quien gobierna, aunque gobierne quien pierda. Que se lo pregunten, si no, a Ximo Puig o a Moreno Bonilla, que se convirtieron en presidentes de sus Comunidades Autónomas después de haber firmado los peores resultados electorales de la historia de sus respectivas siglas. La identidad del partido más votado ha dejado de ser el dato más relevante de unos comicios. Ahora lo que importa es el tamaño de los bloques que pueden pactar mayorías de gobierno. Y, desde esa perspectiva, los resultados del 28-A no son, ni mucho menos, lo que parecen a simple vista.

La izquierda obtuvo anoche menos porcentaje de voto que en las elecciones generales de 2016. Casi un punto menos (43,0 frente a 43,8). La derecha, en cambio, ha tenido un poco más que hace tres años (42,9 frente a 43,1). Es verdad que España sale de las urnas de anoche partida en dos bloques ideológicos de tamaño casi idéntico, cuando hasta hace pocos días parecía que el de la derecha iba a sacarle 3 o 4 puntos de diferencia al de la izquierda. Pero eso sólo demuestra que no se han cumplido las expectativas, no que la realidad haya empeorado. Ahora ya sabemos que la alta participación —mucho más elevada de lo que pronosticaban las encuestas— se ha debido a la movilización de la izquierda y de los partidos independentistas. Bien, ¿y qué? Con la izquierda más movilizada que nunca, la derecha ha sacado una décima más de porcentaje que la izquierda. ¿Acaso es eso una pésima noticia?

El PSOE ha subido 6 puntos respecto a las elecciones de 2016. Podemos ha bajado 7. Sánchez ni siquiera ha sido capaz de capitalizar en beneficio propio todo el desgaste de Iglesias. ¿De verdad ese hecho justifica la alegría impostada que ayer exhibieron los dirigentes socialistas desde el balcón de Ferraz?

Sánchez tenía un objetivo prioritario: no necesitar el concurso de los independentistas para obtener la investidura como presidente electo —ahora sí— del Gobierno de España. Pero ese objetivo no lo ha conseguido. Ni siquiera con el apoyo de Compromís, PNV, PRC y CC (en el improbable supuesto de que Ana Oramas quisiera prestarse al juego de apoyar al dúo Sánchez-Iglesias) alcanza la cifra mágica de los 176 escaños. Así que una de dos: o negocia el voto favorable de ERC-Bildu o/y Junts para ser investido en primera vuelta, o negocia su abstención para ser investido en la segunda En todo caso, la visita a Lledoners o/y a Waterloo resultará obligatoria.

Y por si ese disgusto no fuera suficientemente amargo, en 27 días hay elecciones municipales y autonómicas. ¿Alguien ha hecho números de lo que puede pasar el 26 de mayo en aquellas plazas donde la izquierda atesora su poder poder territorial más preciado? Veamos:

En Aragón (con el 98,9% escrutado), la suma de votos de socialistas y podemitas asciende a 341.701. El de las tres derechas, a 389.780. ¿Tiene algún motivo Lambán para dar botes de alegría?

En Castilla-La Mancha (con el 98,9% escrutado), la izquierda suma 503.758 votos. El centro-derecha, 656.966. ¿Se imaginan ustedes a Emiliano García-Page haciendo soplar los matasuegras?

En Extremadura (con el 98,9% escrutado), el bloque de la izquierda obtiene 311.777 votos. El de la derecha, 328.580. No creo que Guillermo Fernández Vara sea el hombre más dichoso de su Comunidad Autónoma.

En Madrid capital (con el 98,9% escrutado), PSOE y Podemos se quedan a más de 600.000 votos de los que han conseguido Ciudadanos, PP y Vox. ¿Dormirá Carmena estos días a pierna suelta?

Ya sabemos que la política que nos ha traído hasta aquí, la que Sánchez esgrime como modelo a seguir, ha derivado en una noche electoral donde las caras más felices —y éstas sin ápice de impostura— han sido las de Oriol Junqueras y Arnaldo Otegui. ¿También presumirá de eso el PSOE a la hora de hacer el análisis de los resultados electorales o de diseñar la campaña de las elecciones municipales y autonómicas?

Es altamente probable que Sánchez sea presidente del Gobierno durante la próxima legislatura. ¿Qué precio estará dispuesto a pagar para que —ahora sí— los separatistas le apoyen los presupuestos generales del Estado? ¿O es que piensa prorrogarlos otra vez? Parece bastante claro que la legislatura se anuncia corta y problemática, salvo en el supuesto de que Sánchez se decida de una vez por todas a romper la legalidad constitucional a cambio de permanecer en la cabecera del banco azul. Y si es así tal vez sea menos corta, pero resultará mucho más problemática.

Que no haya sido una buena noche para la izquierda —honradamente creo que no lo ha sido—, no significa que lo haya sido para la derecha. Lo del PP solo admite un adjetivo: demoledor. Vox se ha quedado muy por debajo de las expectativas. Ciudadanos, por último, ha resistido bien, pero más por demérito de sus vecinos que por méritos propios. Su 15,9 % solo mejora en 1,3 puntos el pronóstico que le adjudicaba el promedio de las encuestas. Es verdad que se queda a menos de un punto del PP, que resiste con suficiencia el mano a mano con Podemos por la tercera posición y, desde luego, que desbarata cualquier conjetura de empate técnico con Vox, pero nada de eso justifica que Rivera mostrara anoche tanto empeño por exhibirse como el nuevo macho alfa del centro derecha español. Él solo no vende un peine.

De que PP, Ciudadanos y Vox sepan jugar bien las cartas que les han repartido las urnas dependerá que tengamos una España sensata o desquiciada. Si a partir de ahora sus líderes se enzarzan en el noble deporte de ver quién de ellos mea más lejos, apaga y vámonos.

Haz que pase de largo
Javier Somalo Libertad Digital 29 Abril 2019

Eran las elecciones más reñidas e importantes de nuestra democracia. Absolutamente todo era distinto. Acudíamos a votar nueve meses después de una moción de censura ganada, con el apoyo de los peores enemigos de España, por un político que poco antes estaba fuera de su partido. Eran las elecciones de la quiebra del bipartidismo, con cinco formaciones que podrían ganar o perder cualquier apuesta y con un nacionalismo crecido como nunca antes. Eran, de hecho, las elecciones que se celebraban mientras se juzga un golpe de Estado perpetrado por el Gobierno de una comunidad autónoma, la Generalidad de Cataluña.

El punto de partida era, pues, tan novedoso como negativo. Históricamente novedoso y negativo. La campaña electoral comenzó el mismo día en el que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa y, amparado en una pasarela de ministros, dio los primeros síntomas de incumplir su promesa de convocar elecciones. El PP estrenaba líder y Vox irrumpía con fuerza en actos multitudinarios de partido, favorecido en gran medida por su personación en la causa del golpe y por los complejos de la derecha exhibidos por Mariano Rajoy. Ciudadanos hacía tiempo que venía cubriendo la desaparición del PP en Cataluña –de hecho es la razón de su existencia– y aspiraba a llevar ese principio de Arquímedes a la política nacional. Así que frente a la izquierda de PSOE, Podemos y el círculo de amistades liberticidas, el centro-derecha quedaba dividido en tres partidos que, sin embargo, comparten la línea maestra de oposición: la unidad de España frente al separatismo, por muy facha que quisieran pintarlo.

No se puede reprochar a Ciudadanos su crecimiento tras nacer para defender a la Cataluña no independentista. Tampoco es de recibo acusar a Vox –no lo hizo ni Aznar en su momento– de irrumpir como opción política tras los peores episodios de contemporización con el separatismo en la era de Rajoy-Soraya, la de la operación Diálogo. Y no se puede acusar a este PP de cobarde, cuando Pablo Casado apenas ha tenido un año para crear un nuevo partido desde los escombros del rajoyismo, y con unos obstáculos internos que tendrán que inventariar cuanto antes. Pero sí se debe revisar qué han hecho estos tres partidos surgidos de una misma derecha sociológica –la que antes aglutinaba el PP– para no haber impedido el resultado electoral de este 28 de abril, malo para España.

La campaña electoral ha sido la peor posible: PP, Ciudadanos y Vox han tenido a Pedro Sánchez y sus aliados como enemigos secundarios. Todo lo que no se hiciera antes de cerrar las listas se tenía que convertir necesariamente en confrontación dentro del bloque opositor. Pedro Sánchez –o alguien por él, como de costumbre– lo vio con claridad y dirigió todos sus mensajes contra el trío de Colón, que, por otra parte, fue la demostración de que esa sufrida derecha sociológica reclamaba pacientemente unidad de acción contra él. Con Podemos debilitado en las praderas de Galapagar, Sánchez pudo entonar sin demasiado esfuerzo ese "yo soy la izquierda" contra los de Colón. Paradójicamente, el único que ha unido a los tres partidos del centro-derecha ha sido él, y lo ha hecho para dejar identificado al enemigo con ayuda de unas cuantas operaciones mediáticas en torno al Valle de los Caídos. Idea-fuerza: izquierda contra derecha, como antaño. PP, Ciudadanos y Vox no supieron escuchar el mensaje de Colón y desdibujaron al enemigo para perjudicar al adversario, generando una marea de votantes indecisos atrapados en las trifulcas entre Casado, Rivera y Abascal.

No hubo pacto previo de listas, pero también hay que reconocer que era muy difícil de afrontar cuando cada uno de los líderes se veía obligado a demostrar su fuerza electoral. Y aquí es donde encuentro la única coincidencia en sus intereses particulares: de alguna manera, unos antes y otros más tarde, todos querían reparar el destrozo que ocasionó en la derecha un político llamado Mariano Rajoy. Un destrozo panorámico, en todos los niveles posibles: ético, ideológico, político y, por encima de todo, mediático.

Sin embargo, creo que una campaña sin agresiones internas habría animado mucho más al electorado del centro-derecha. De los tres partidos, Ciudadanos es que el que puede presumir –por poco que sirva– de resultados, ya que, si bien es cierto que Vox llega de la nada a 24 diputados y se convierte en un partido de enorme importancia, las expectativas eran muy superiores. El peor parado es el PP, y creo que sucede así por las siglas, tan maltrechas por culpa de Rajoy que no han tenido tiempo de ser las de "el PP de Casado", el que ganó las primarias.

Aunque cada vez se lo ponen más difícil, España lo aguanta casi todo y dentro de un mes hay elecciones municipales y autonómicas. La campaña también ha empezado hace tiempo, y Sánchez puede ayudar mucho cuando empiece a negociar la posibilidad de gobierno. Es el momento de demostrar, en todos los escenarios, si los intereses generales están por encima de la feria de vanidades. El terreno municipal y autonómico puede ser el propicio. Si los adversarios de la derecha quieren identificar al enemigo, podrán quedarse con el lema electoral del PSOE: haz que pase, pero de largo y cuanto antes. Como en Andalucía.

El momento de resistir
EDITORIAL Libertad Digital 29 Abril 2019

No hay que engañarse: el resultado de estas elecciones es dramático, estamos sin duda ante una de las noches electorales más negativas de la historia reciente de nuestro país, que queda ahora en las manos de un político irresponsable, que no ha tenido problema en mentir sin tasa, en poner las instituciones a su servicio personal y en pactar con cualquier extremista que pudiese servir a sus planes a corto plazo.

Sánchez podrá seguir en Moncloa, sin duda alguna, y tiene incluso varias opciones para elegir: un gobierno con Podemos que afortunadamente no llega a la mayoría absoluta, uno con Ciudadanos que parece altamente improbable (aunque es la única suma que realmente haría un gobierno mayoritario y manejable) o, desde luego nada descartable, ser investido en segunda vuelta con los votos de los de Pablo Iglesias y, a partir de ahí, gobernar apoyándose en Podemos o en Ciudadanos según le convenga en cada momento.

El resultado promete ser catastrófico para España en el medio plazo, pero es ya un desastre sin paliativos para el centro derecha: el hundimiento del PP es un castigo durísimo cuyas razones sin duda hay que buscar en lo ocurrido desde la llegada de Rajoy al poder en 2011, pero que tampoco podemos negar que tiene que ver con una campaña que ha sido mal planteada y peor ejecutada, llena de decisiones erróneas que han ido desde la configuración de las listas hasta los temas que se ha tratado de poner sobre la mesa.

No ha sido, justo es decirlo, un problema sólo del PP: también Ciudadanos y Vox se han equivocado y, en conjunto, el centro derecha ha planteado una campaña en la que en lugar de confrontar con los verdaderos adversarios -la izquierda, el separatismo y Pedro Sánchez- se han despedazando entre ellos para, al final, repartirse sólo los restos del naufragio.

La fragmentación del espacio político ha sido un problema y, de hecho, con porcentajes de voto muy similares la suma de PSOE y Podemos tiene 19 escaños más que la de PP, Cs y Vox, pero la causa última del fracaso ha sido que los tres partidos no han logrado movilizar a prácticamente un solo votante más de los que apoyaron al PP y a Cs en 2016, a pesar de que la participación ha sido casi cuatro puntos más alta y después de todo lo ocurrido en Cataluña y de los nueve meses del desgobierno de Sánchez.

En cambio, la izquierda sí ha colocado a Vox en el centro del debate político y movilizar a sus votantes con la supuesta llegada de la extrema derecha, una táctica no menos efectiva por más que estuviese basada en groseras mentiras.

Unas mentiras y una campaña de intoxicación que han contado hasta el último día con el apoyo de unos medios de comunicación absolutamente serviles con el poder, situados en la extrema izquierda y sin ningún escrúpulo a la hora de esparcir las fake news que tanto denuncian en los demás. Las televisiones, buena parte de las radios y no pocos periódicos han vuelto a demostrar que son uno de los grandes problemas de España.

A partir de esta noche y de este resultado electoral se abrirá con toda probabilidad una época muy complicada para nuestro país. La situación puede deteriorarse tanto en lo económico -estamos a las puertas de una crisis que la irresponsabilidad de Sánchez no puede sino agravar-, como sobre todo en lo político. Y es que no podemos olvidar que el plan de buena parte de la izquierda es avanzar hacia un cambio de régimen que pase por eliminar lo que hasta ahora han sido los grandes frenos a su ambición liberticida: la soberanía nacional y la Corona.

Afortunadamente, nuestra nación ha demostrado a través de la historia una inusitada capacidad de resistencia y ahora sin duda volverá a demostrarla. Y además, en esta ocasión tenemos la posibilidad inmediata de minimizar en parte el impacto de lo ocurrido esta noche y arrebatar a la izquierda parcelas de poder muy importantes en gobiernos municipales y autonómicos en las próximas elecciones del 26M. Está claro que no va a ser fácil, los partidos del centro derecha tendrán que aprender de sus errores en tiempo récord y la campaña de intoxicación mediática va a seguir ahí, pero es una oportunidad que no debemos desaprovechar y que, ahora sí, debe exigir la movilización masiva de todo el centro derecha.

Churras y merinas para repetir otros cuarenta años mas
Nota del Editor 29 Abril 2019

Que manía tienen algunos de mezclar churras con merinas. el PP tiene que desaparecer al haber demostrado ineptitud, falta de pincipios, honradez. Ciudadanos no tiene la larga historia de fiascos del PP pero le anda bastante cerca. Así que hay que dejarse de marear la perdiz y apoyar a Vox, única agrupación capaz de hacer frente, nunca mejor dicho que al quinto frente de la guerra del frente popular en el que aún siguen batallando ante la inopia de PP y demás.

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Vox obtiene ocho escaños menos que el independentismo pese a tener medio millón de votos más
Borja Jiménez okdiario 29 Abril 2019

Los cuatro partidos independentistas (ERC, JxCAT, PNV y Bildu) han logrado 32 escaños con 2,1 millones de votos. Por su parte, Vox, con 2,6 millones de votantes, apenas ha obtenido 24 escaños. En total, la formación que lidera Santiago Abascal ha obtenido ocho escaños menos que los partidos separatistas pese a haber obtenido medio millón de votos más.

Vox ha alcanzado seis diputados en Andalucía, donde hace menos de medio año dieron la sorpresa, cinco en Madrid, tres en la Comunidad Valenciana, dos en Castilla-León, Castilla-La Mancha y Murcia y uno en Cataluña, Aragón, Extremadura y Baleares. Ninguno en el País Vasco ni en la Galicia que preside Alberto Núñez Feijóo.

Por su parte, el separatismo se ha hecho fuerte en España gracias en gran medida a la Ley d´Hont. En comparación con las elecciones generales de 2016, los cuatro partidos separatistas han logrado 32 escaños, ocho más que los obtenidos en los anteriores comicios. El independentismo se ha reforzado mucho en estas elecciones generales, toda vez que ha sumado ocho escaños más que lo que los partidos rupturistas lograron en las elecciones que se celebraron en el año 2016.

ERC ha sido el claro vencedor en Cataluña, donde ha logrado casi uno de cada cuatro votos, lo que le ha llevado a obtener nada más y nada menos que 15 escaños. Junts per Catalunya, por su parte, ha obtenido un 12% de los sufragios en Cataluña, lo que les permite tener siete escaños en el futuro Congreso de los Diputados, en el que los partidos independentistas catalanes tendrán 22 diputados, cinco más que los 17 conseguidos en 2016.

Además, en el País Vasco el PNV ha obtenido un 31% de los votos, lo que le permitirá tener 6 escaños en el Congreso de los Diputados. Los proetarras de EH Bildu, liderados por el etarra Arnaldo Otegi, han obtenido por su parte un 16,6% de los votos, que les permitirán tener una representación parlamentaria de cuatro diputados.

En comparación con las elecciones generales de 2016, sendos partidos independentistas suman tres escaños más, teniendo en cuenta que el PNV ha sumado uno más que hace tres años, y los proetarras han multiplicado por dos su representación, pasando de los dos escaños en 2016, a los cuatro actuales.

La derecha sucumbe a su división
Editorial ABC 29 Abril 2019

Al PSOE se le plantea la responsabilidad de decidir si un gobierno con Unidas Podemos es una opción válida para la España del siglo XXI

El resultado final del 28-A confirmó la victoria socialista vaticinada en todas las encuestas, aunque la pregunta no era quién iba a ganar sino quién podría gobernar. El PSOE tiene hasta tres opciones: reeditar la mayoría de la moción de censura con Podemos y ERC, o convencer a Albert Rivera para que se desdiga de su compromiso electoral y apoye la investidura de Pedro Sánchez o esperar a una elección en segunda vuelta con los votos populistas y la abstención de todo el bloque nacionalista e independentista. La izquierda y los nacionalistas han conseguido el objetivo de evitar un gobierno «a la andaluza» gracias a una movilización masiva que ha permitido a PSOE y Unidas Podemos, junto a los nacionalistas, superar a los partidos de centro y derecha.

Sánchez volverá a ser presidente pactando con el separatismo y la extrema izquierda. Todos compartían el mismo objetivo estratégico, aunque por diferentes razones tácticas: que el PSOE no perdiera el poder. El PSOE ha hecho gala de su capacidad de recuperación que le permite sobrevivir a sí mismo. Su victoria ha sido suficiente para mantener a raya a Unidas Podemos, pero evitando su desplome. Ambos partidos podrían superar los 165 escaños, lo que gran parte de la izquierda entenderá como un mandato de gobierno de coalición. Al PSOE se le plantea la responsabilidad de decidir si un gobierno con Unidas Podemos es una opción válida para la España del siglo XXI, enfrentada a un grave problema separatista en Cataluña, a un repunte de indicios económicos negativos y a un futuro europeo lleno de incertidumbres. La extrema izquierda que representa Unidas Podemos no ofrece a estos problemas soluciones homologables para una democracia moderna. Su intervencionismo económico, la defensa del derecho a la autodeterminación y su eurofobia son los propios de una opción predemocrática.

Si el PSOE opta por pactar con Ciudadanos, Sánchez pondría al partido de Rivera en la encrucijada de tener que elegir entre llegar al gobierno de la nación o mantener su palabra de no apoyar al presidente de Gobierno que pactó con los separatistas catalanes y llegó a La Moncloa con los votos de Bildu. Los resultados les dan para una mayoría absoluta. Para el futuro de España sería bastante mejor solución que la que Sánchez eligió en su primer mandato, con todos los grandes enemigos de la unidad de España aupándole a La Moncloa.

Para el PP, el 28-A ha sido una debacle histórica que no se explica solo por la división del voto no izquierdista, y que empuja a esta formación a un proceso de reflexión sobre las causas de un resultado -66 escaños-. No es cuestión de precipitarse, pero tampoco de mirar a otro lado. En un mes hay otra cita electoral -autonómicas, municipales y europeas- que medirá de nuevo la situación de este partido y si ha tocado suelo o no. La desarticulación política del centro-derecha se ha consumado y al PP no le cabe siquiera el consuelo de haber evitado que Ciudadanos le adelantara. La formación naranja se ha quedado a un punto de los populares. El proceso de declive del PP no fue frenado a tiempo con la sucesión de Rajoy y tampoco ha ayudado la actitud oscilante de este partido frente a Vox, que le ha llevado a difuminar sus perfiles ideológicos de centro derecha reformista, liberal y conservador. Los populares no pueden enredarse en un cruce de acusaciones interno, ni en crisis de organización porque todavía pueden perder más en las citas del 26-M. Luego tendrá que venir un periodo de debate que probablemente habrá de abordar la refundación integral del partido.

Vox ha irrumpido con fuerza, pero no como esperaban sus dirigentes. Al final, la pregunta que deberán hacerse sus votantes es para qué ha servido su voto. Ni ha sumado para echar al PSOE de La Moncloa, ni ha obtenido unos resultados que les permitan aspirar a liderar la derecha. Su llamamiento a una especie de desinhibición ideológica de la derecha ha captado a más de dos millones de votantes, sí, pero políticamente ha sido una operación desastrosa para la alternativa del cambio. La fragmentación del voto no izquierdista ha pasado una factura que se puede pagar de nuevo el 26 de mayo. Y si alguien tiene dudas al respecto, basta con que revise los resultados del Senado, dominado absolutamente por la izquierda y los nacionalismos, e incompatible con la aplicación del 155 en Cataluña.

El éxito de ERC -unido al de Bildu en el País Vasco- y el hundimiento de la antigua Convergència, acentúa la victoria de izquierdas y abre el horizonte a un gobierno radical influenciado por el separatismo, justo cuando el juicio por el 1-O se acerca a su segunda mitad. La presión a la Fiscalía y la presión de los indultos entrarán de nuevo en el debate para la suma de apoyos a Sánchez. Es evidente que los votos se suman, no se juzgan, pero el resultado del 28-A ofrece lecturas preocupantes para España.

Vox no tiene la culpa. El PP tiene la culpa. Vox es la solución
Nota del Editor 29 Abril 2019

Nadie en su sano juicio podía pretender que que votásemos al PP, causante principal del problema que cada dia se agrava. Del PSOE solo se puede esperar traición, robo, intoxicación, ruptura social, ruina ética y económica, envalentonamiento de separatistas y terroristas, desigualdad, trabas de todo tipo, y demás, pero lo crucial es que el PP nunca se ha opuesto a tales disparates, Por ello, el PP tiene que desaparecer. Vox es la solución para parar al PSOE y sus terroristas y separatistas.

España derrotada
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Abril 2019

La España que le dio el poder a Zapatero se lo ha dado ahora a una especie de monstruo bobo hecho a imagen y semejanza de él.

La España que le dio el poder a Zapatero se lo ha dado ahora a una especie de monstruo bobo hecho a imagen y semejanza de él. Es cierto que PSOE y Ciudadanos suman. Pero ninguno de sus dos líderes quiere ser aliado del otro. Sánchez e Iglesias gobernarán con la abstención de algunos independentistas. El precio que haya de pagar se pagará, porque los dos han dicho hasta la saciedad que confían en resolver el conflicto catalán con diálogo, o sea, hincando la rodilla. ¿Podría Junqueras exigir tanto que no se le pueda dar? Es posible, pero improbable. Porque el golpista es partidario de una estrategia a largo plazo que cuenta con que la independencia de Cataluña sólo será posible a la larga con la tolerancia de la izquierda, siempre aliada del independentismo, le cueste lo que le cueste a España. Por otra parte, Sánchez está dispuesto a llegar todo lo lejos que sea necesario siempre que pueda hacerlo sin violar groseramente las leyes.

Piénsese en el relator. Una concesión vergonzosa que Sánchez no tuvo inconveniente en hacer. Un par de días después de arrodillarse convocó elecciones para soslayar las presiones que recibió desde dentro de su propio partido. Hoy, legitimado por las urnas, ya no hay quien le pare. De modo que nadie espere que Sánchez esté dispuesto a cerrarse en banda a las exigencias de la Esquerra, salvo que éstas sean escandalosamente inconstitucionales. La presumible presencia de Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros no mejorará las cosas. Las empeorará. Porque, aunque tenga algo más de cabeza que Sánchez, tan sólo le sirve para estar incluso más convencido de la conveniencia de hacer concesiones a los independentistas.

Y todo esto sin contar con lo que pidan los nacionalistas vascos, especialmente los filoetarras, con los que tan bien se lleva Pablo Iglesias. No es sólo cuestión de que sean o no necesarios sus votos. Es una cuestión de vocación. La de quebrar el espinazo que sostiene a la nación. Si Sánchez vacila en ir demasiado lejos, allí estará el cheposo morado para empujarle hasta donde haga falta llegar.

España ha sido derrotada este domingo. No cabe hacer otro resumen. ¿Los culpables? Puede discutirse si es la derecha, por comparecer fragmentada. Pero el caso es que tampoco la izquierda se ha presentado completamente unida. ¿La presencia de Vox ha servido sólo para robar escaños al conjunto de la derecha? Algo hay de eso, pero ¿cuántos electores se hubieran negado en todo caso a votar al PP tras ser gobernados por Rajoy? Es posible que la campaña de Casado haya sido regular tirando a mala. Es posible, pero hay que descargar de su responsabilidad la parte de culpa, que es mucha, que corresponde a su antecesor.

¿Y Ciudadanos? Sus resultados constituyen un relativo éxito. Pero no son decisivos. Por lo tanto, tienen que hacer más cosas y llegar a más gente. ¿A costa de quién? A costa de todos. Están lejos de ser conscientes del desafío. Veremos cómo se desarrolla esta legislatura de horror a la que nos enfrentamos.

Esto continuará
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  29 Abril 2019

El resultado de las elecciones de ayer, cuyo fruto devoramos hoy, no debería apartarnos del hecho fundamental, que es cómo abordar el mañana. La gran contienda política en España es si se mantiene la unidad nacional y el régimen constitucional o nos adentramos en un proceso desconstituyente que nos aboca a decidir entre la monarquía parlamentaria y una suerte de república confederada de Estados dispuestos a independizarse de España. Esos son los términos del problema y no hay otros, ni caben medias tintas ni existen rodeos o aplazamientos de la liquidación de España, como dice Iceta, verdadero rector del proceso de demolición socialista (junto a la ETA y el PNV), cuando pide 15 años para volvernos la cabeza del revés y que los españoles acepten que lo mejor que puede pasarles es dejar de serlo.

Sucede que, desde el Golpe de Estado de octubre de 2017, que no es de los catalanes contra los españoles, sino de una parte del Estado contra el Estado en su conjunto y el régimen constitucional, un gran sector de la opinión pública ha decidido oponerse al otro, que quiere continuar el Prusés como Proceso y cambiar la Constitución desde su raíz, que es la soberanía nacional del pueblo español.

Ayer triunfó la aplastante mayoría mediática que ha presentado las elecciones como una disputa menor entre dos bloques: Izquierdas y Derechas, rebautizadas Ultraderechas. Pero hay una división mucho más profunda que no se solventa en una noche ni en una legislatura. El separatismo y la izquierda socialista y comunista quieren destruir la España que conocemos. Y frente a ese proyecto disgregador, con Sánchez como mascarón de proa o maniquí del traje que nos cortan sus socios comunistas y golpistas, se yergue, aunque derrotada ayer, una poderosa resistencia nacional. Y la bandera común de PP, Cs y Vox es la defensa de la Constitución y la monarquía parlamentaria, o sea, la Ley y la Nación. Casi nada.

Sin los nacionalistas, las derechas les sacaron ayer medio millón de votos a las izquierdas. Eso significa que pueden recuperar los principales ayuntamientos y autonomías, salvo que empiecen a echarle la culpa del chasco a sus aliados. Si eso no sucede, tampoco en el PP, lo de ayer será una mala noche dentro de una guerra que hay que ganar. Y esto continuará.

España en manos de Rivera
Cristina Seguí okdiario  29 Abril 2019

Consternación en la derecha España. La composición final del Congreso de los diputados ha dado la razón a Pablo Casado, quien avisó hasta la extenuación sobre las consecuencias de la fragmentación de voto por la entrada en el terreno de juego de VOX. España ha elegido sanchismo para los próximos 8 años que, previsiblemente, han sido garantizados gracias al enorme abanico de posibilidades de pactos estables que se abren ante Sánchez para garantizar su continuidad las próximas dos legislaturas.

Sánchez se ha disparado hasta los 123 escaños con una subida de 38 con respecto a las elecciones de 2016, y la España Viva de VOX, que prometía no sólo irrumpir para ser determinante a la hora de cambiar de políticas socialdemócratas, sino también para liderar la derecha española con absoluta contundencia, tenía esta oportunidad para cumplir los pronósticos de las mejores horquillas arrojadas a tenor del poder de convocatoria de sus actos. Los 80 escaños eran vaticinados por los analistas más pragmáticos. Los 40 diputados eran previstos por los más agoreros, pero la España Viva, la sugestiva y aguerrida osadía de Abascal, ataviada con la armadura de los Tercios españoles del S. XVII, no ha logrado La Reconquista sino una pírrica trifulca callejera con 23 escaños.

Como ya intentó Iglesias con Sánchez en 2015, Abascal tenía una sola oportunidad para borrar del mapa a Casado. Y, de hecho, lo hubiera logrado con una cifra que partiera de, al menos, 50 o 60 escaños, pero ahora VOX deberá hacer una humilde y contundente revisión sobre sus errores más evidentes: El pertinaz ataque al PP motejándole de “derechita cobarde”, repetido hasta en su valoración tras los resultados, ha enviado a su votante potencial directamente a los brazos de Rivera. ¿Por qué no se centró Abascal en abatir a Sánchez?

Erró, además, con la torpe e innecesaria referencia al asunto de las armas y el derecho de la autodefensa de cada español en su casa, como si España fuera Burkina Faso. Como suele ocurrir con el resto de los partidos, el presidente de VOX también practicó la cobarde elección de candidatos para los comunidades autónomas bajo la premisa de no robar el foco mediático al hiperliderazgo de Abascal. Candidatos-rastrojos del PP como Gil Lázaro, puesto en el candelero mediático a través de la plaza valenciana con nefastas consecuencias mediáticas. Y, finalmente, la sobreactuación en el veto a periodistas. No sólo ocurrió la censura, sino que se disfrutó, se celebró, se sobreactuó, y hasta se estampó en una tanda de camisetas impresas y en avatares de adeptos en las redes sociales. VOX perdió de vista que, por muy abominable o criticable que sea el contenido de una televisión o periódico, la partida al progresismo mediático se gana haciéndoles la guerra en el plató y en el debate de una mesa. VOX probó las mieles de
abatir a Ébole tras las elecciones andaluzas con ese “Que no insista. No daré esa entrevista. No me deja mi madre. Le cae fatal desde que entrevistó al etarra Otegi. Y hay cosas en las que siempre hay que hacer caso a una madre”.

La madre de Abascal tenía razón. Pero no es lo mismo negarle la cerveza al Follonero de Bildu en un bar cutre, que ridiculizar a la becaria de una cadena y forrarte con ello una sudadera, como si fuera una hazaña. Tampoco es comprable con negarle la entrada a un acto a un periodista de Onda Cero que igual te hubiera votado junto a su padre, su colega, su novia, y su madre hasta que el director de campaña de un partido le ha impuesto la censura. Inaceptable para cualquier partido liberal que, para más inri, ha soportado sobre sus espaldas el insulto. Los momentos más brillantes de VOX en lo relativo a su razonable cuestionamiento sobre las prácticas de los medios de comunicación, y su misma batalla política, ha tenido lugar en los platós de televisión. Como cuando Ivan Epinosa de los Monteros se mofó de Toni Bolaño con aquel “Escolti, que yo también parlo catalá, ¿eh?”, o las valientes exposiciones de Ortega Smith en lo que toca a la acusación de VOX contra los golpistas. Y con dos docenas de escaños, VOX no enmendó en el balcón de la plaza Margaret Thatcher: “El PP ya está enviando a sus voceros….la derechita cobarde…”

Con 66 escaños, la continuidad de Casado está gravemente comprometida, sobretodo por el hecho de que Feijó, su principal amenaza interna, no ha otorgado ni un diputado por Galicia a VOX. De volver a asaltar el sorayismo el poder en el aparato, a España le quedan décadas de turnismo de izquierdas. Sánchez suma ahora 171 con Iglesias y Aitor Esteban, a pesar de la caída de 29 escaños de la agotada formación ultraizquierdista, que dejará el tono parroquial para exigir prerrogativas y ministerios en un escenario de una recesión inminente. Y suma 180 escaños con Ciudadanos, que previsiblemente acabará pactando con el PSOE animado por Europa y los poderes empresariales, alargando el pacto hasta después de las autonómicas, municipales y europeas para no ser penalizado por su electorado. Rivera vestirá la cogobernalidad con la necesaria tutela legal de Sánchez para evitar que éste vuelva a pactar con Otegi y con Torra, al que hoy los españoles, no a Sánchez, han entregado a España.

Vox con casi todos en contra y sigue adelante
Nota del Editor 29 Abril 2019

Los españoles no han entregado España a Sánchez. El PP con toda su inutilidad a lo largo de los años ha dejado que la izquierda siga mandando en las cabezas de millones de indoctrinados que son quienes le siguen apoyando a pesar de todos sus disparates e insultos. Vox a cumplido con su obligación con España y los españoles y ha salido a pesar de todas las zancadillas, insultos, mentiras, silencios.


 


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