AGLI Recortes de Prensa   Jueves 2  Mayo 2019

Los de Abascal piden la revisión general de las urnas
Vox sumó 10 diputados autonómicos en Valencia con el 4% escrutado pero la cifra no fluctuó en toda la noche
Carlos Cuesta okdiario 2 Mayo 2019

Vox ya ha pedido la revisión general de todas las urnas electorales de España. Lo ha hecho tras recibir infinidad de informes de sus apoderados y quejas de votantes de toda España alertando de prácticas extrañas en el recuento de los votos. Un ejemplo es Valencia. Allí, con dos escrutinios en paralelo, Vox obtuvo 10 escaños en los comicios regionales, una cifra que se dio con el 4% del escrutinio y que no fluctuó en toda la noche, ni hacia arriba ni hacia abajo.

Pese a que en Valencia los colegios electorales dilataron los recuentos hasta bien entrada la madrugada –debían hacer dos recuentos, para las generales y para las autonómicas– , lo cierto es que desde el primer momento Vox tuvo los mismo escaños en los comicios regionales: 10. Con el 4% -aproximadamente a la una de la mañana- la cifra no se movió en toda la madrugada, tal y como rebelan a OKDIARIO los responsables del partido en esta comunidad.

Los líderes de la formación de Santiago Abascal no entendían lo que ocurría. El resto de partidos fluctuaba en número de escaños a lo largo del recuento, tal y como ocurre siempre. Y así pasaba con todos salvo con uno: Vox. Porque la cifra de la formación verde no se movía ni hacia arriba ni hacia abajo. Y eso sucedía entrasen o no en el recuento áreas y zonas más nacionalistas o más españolistas, más de derechas o más de izquierdas, tal y como narran los líderes de la formación.

Tras esa alerta, llegaron avisos del resto. El recuento en esta comunidad de las elecciones generales ya había terminado. De forma muy rápida. Y, sin embargo, el escrutinio de los votos regionales no terminaba en algunas mesas hasta las 4 de la mañana. Los responsables del partido pidieron a sus apoderados que exigieran una explicación y la respuesta fue: “Problemas al cierre”. Y los apoderados no dejaron de remitir quejas “como que algunos responsables de mesa habrían los sobres con un lápiz a modo de abrecartas. Y al sacar el voto, algunas papeletas, por culpa precisamente del uso del lápiz, estaban marcadas, pasando a usarse ese argumento para declarar nulas las papeletas causalmente cuando se conocía que pertenecían a determinados partidos”.

Revisión general
El partido de Santiago Abascal ha reclamado a la Junta Electoral, como consecuencia de todo ello, el recuento manual de las elecciones autonómicas y generales en la Comunidad Valenciana. Lo ha hecho tras sumar a estas denuncias el hecho de que hayan aparecido 40.000 votos considerados nulos en esta región.

Y, ante la aparición de quejas en otras partes de España, Vox ha decidido pedir, además, la revisión general de todas las urnas de España tras las recientes elecciones del 28-A, tal y como ha adelantado OKDIARIO.

Los servicios jurídicos de Vox ya han puesto manos a la obra para reclamar esta revisión y pedir, por lo tanto, un chequeo de las irregularidades que puedan esconderse en la actas de todas y cada una de las meses electorales de España empleadas en las pasadas elecciones generales que dieron el triunfo al PSOE y un total de 24 escaños a la formación de Santiago Abascal.

El paso regional ha sido el primero en esta dirección, tal y como anunciaron en su momento el líder provincial del partido en la Comunidad Valenciana, José María Llanos, y el cabeza de lista al Congreso por Valencia, Ignacio Gil Lázaro.

Tal y como explicaron ellos mismos, este porcentaje de voto nulo les resulta inusual y “demasiado” alto. Además, según detalló Llanos, existe constancia de que “muchas papeletas” de Vox aparecieron “dañadas” durante la jornada electoral en diferentes colegios valencianos.

En el caso nacional la petición de revisión general supone la exigencia de control de las actas, en primer lugar. Y, en base a las irregularidades que se puedan detectar, se podría pasar al chequeo manual de todos los votos, para confirmar que el recuento se ha trasladado de forma correcta a los documentos finales y que no existe sospecha alguna de manipulación.

Sánchez y la criminalización de Vox
EDITORIAL Libertad Digital 2 Mayo 2019

Ya resulta llamativo que Pedro Sánchez haya elegido la Moncloa –y no Ferraz o el Congreso de los Diputados– para su primera ronda de contactos con los dirigentes de otras formaciones de cara a su investidura como presidente del Gobierno. Pero aún peor que este uso totalmente indebido de la residencia oficial del jefe del Ejecutivo por parte de quien todavía no ha sido formalmente designado por el Rey candidato a la Presidencia es su decisión de excluir de dicha ronda a Vox e incluir al partido de extrema izquierda chavista Podemos, comandado por el ultra Pablo Iglesias.

Por mucho que fuentes del PSOE hayan querido transmitir una imagen de moderación y de compromiso con el orden constitucional con esta primera ronda de contactos, de la que también han sido excluidas las formaciones separatistas, lo cierto es que lo que pretende Sánchez no es otra cosa que negar el carácter constitucionalista a un partido político liberal-conservador cuyos proyectos de reforma de la Carta Magna son tan legítimos como puedan serlo los del PSOE, el PP y Ciudadanos.

Podemos, por el contrario, es una organización declaradamente antisistema que, además de alinearse con regímenes criminales tan nauseabundos como los que padecen en Cuba y Venezuela, niega la condición de nación a España y, en consecuencia, que la soberanía resida en el conjunto del pueblo español. Podemos, de hecho, se ha alineado abiertamente con las golpistas en su pretensión de dinamitar la Constitución y, en consecuencia, el Estado de Derecho que descansa en ella.

La imagen de moderación que quiere transmitir Sánchez con esta primera ronda de contactos pasa, en efecto, por blanquear al imblanqueable partido del chavista Iglesias y por criminalizar a la formación de Santiago Abascal, sin la cual PP y Ciudadanos no podrán conformar una auténtica alternativa de gobierno.

Pablo Casado ya cometió este martes el enorme error de motejar de partido de "extrema derecha" a Vox. Sumándose implícitamente a este cordón sanitario que pretende imponer Sánchez a la formación de José Antonio Ortega Lara no hace sino agravarlo y poner en riego la alternativa al PSOE, no sólo en Andalucía sino en toda España.

Vox deja en el aire el Gobierno andaluz si no hay disculpas públicas de Casado
El partido de Abascal no negociará los Presupuestos, evidencia que va a apretar al máximo a PP y Cs en Andalucía y advierte de que el pacto de investidura no se está cumpliendo
Isabel Morillo. Sevilla elconfidencial 2 Mayo 2019

Vox no piensa sentarse a negociar el Presupuesto andaluz, vital para mantener la estabilidad en el Gobierno andaluz de PP y Cs, si Pablo Casado no rectifica y pide disculpas públicamente tras llamar a este partido "ultraderecha".

"No es una rabieta", señaló Alejandro Hernández, diputado y portavoz de Vox en el Parlamento andaluz. "Primero copia nuestro programa electoral y luego nos llama ultraderecha", ironizó. El partido de Santiago Abascal sigue en Andalucía la hoja de ruta que ya marcó la dirección nacional un día antes y amenaza con dejar caer al Gobierno andaluz si hay más "ataques" a su partido político. El órdago irá subiendo en plena campaña electoral.

La situación es complicada para el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno (PP). Lo que sí dejó claro el portavoz de Vox es que no valdrá que Moreno suavice las palabras o el tono para mantener vivo el pacto de investidura sino que deberá ser Casado quien pida perdón públicamente.

Esta misma mañana, Vox se resistió a hacer pública su posición hasta que ya en el pleno dejó claro que sí votará a favor de esa convalidación. Hubiera sido muy difícil explicar que Vox bloquee estas rebajas de impuestos que iban en el acuerdo de investidura con el PP y que necesitan, sin duda, del voto de sus 12 diputados para salir adelante. De momento esta votación es la primera prueba del algodón tras el órdago de Vox y demuestra que hay más fuegos de artificio que capacidad real del partido de Abascal de derribar el Gobierno andaluz presidido por Juanma Moreno.

Vox lleva tiempo avisando de que el PP no estaba cumpliendo el pacto firmado por sus direcciones en Madrid para el Gobierno andaluz a Juanma Moreno y desalojar al PSOE. Ahora redobla las advertencias y sube el tono.

El portavoz de Vox recordó que hay 37 medidas firmadas con el PP en Andalucía y que reclamarán su cumplimiento si es que llegan a sentarse a negociar un Presupuesto. "Quizás ya lo estén negociando con Adelante Andalucía", dijo Hernández, en referencia a la posibilidad de que PP y Cs abran la negociación del Presupuesto a los grupos de la izquierda. Esa es la intención declarada desde el Gobierno pero la realidad es que ni PSOE ni Podemos e IU están en disposición de aprobar un Presupuesto que recogerá medidas prometidas y radicalmente contrarias a los postulados de izquierda como es la reforma fiscal.

Los principales escollos están en la ley de memoria democrática y en la violencia de género. Ambas leyes no podrían estar dotadas de partidas presupuestarias si es que Vox cumple su palabra de no aprobar un Presupuesto que incluya fondos para seguir exhumando fosas o que siga financiando a colectivos feministas que colaboran en la lucha contra el maltrato.

Vox no quiso valorar si el Gobierno andaluz es ahora más débil que antes de las elecciones generales aunque su portavoz sí que especuló con las tensiones internas que pueden surgir después de que Cs haya dado el 'sorpaso' al PP, adelantándolo en votos en Andalucía. Ahora el vicepresidente Juan Marín (Cs) podría reclamar más protagonismo. Vox asume que sus relaciones han sido hasta ahora mismo mucho más complicadas con Cs que con el PP. De hecho señalan que en las consejerías de Marín, que tiene Regeneración, y de Igualdad están la mayor parte de asuntos que les enfrentan al actual Ejecutivo autonómico.

El partido de Abascal no atinó a pronunciarse sobre cuál sería su autodefinición ideológica y por qué consideran un insulto que se les considere como "extrema derecha" o "ultraderecha". "Hoy en día hablar de derecha o de izquierda es algo que está en desuso", consideró Hernández.

Vox añadió además que no solo hay diferencias graves con el Gobierno de PP y Cs en Andalucía en cuestiones ideológicas sino también en aspectos de regeneración. Advirtieron de que en este pleno que se celebrará jueves y viernes se podrá comprobar que Vox discrepa de la actitud del actual Gobierno con la administración paralela, exigiendo que se "desmantelen" todos los entes públicos sometidos a auditorías por la Junta. "Hay más propaganda que voluntad real de cambio", aseguró el portavoz de Vox.

La respuesta del Partido Popular
Desde el PP andaluz le tocó el papel de funambulista a su portavoz parlamentario, José Antonio Nieto, que hizo todas las piruetas posibles para no volver a llamar a Vox fuera de "ultraderecha" pero que a la vez dejó muy claro que Pablo Casado no tiene nada por lo que pedir perdón.

La definición de Vox como partido de extrema derecha, defendió Nieto, "no es ninguna descalificación", acusando a Santiago Abascal de tener "mandíbula de cristal" y recordando que a ellos lo llaman "derechita cobarde". "Lo que está a la derecha de la derecha es la extrema derecha y lo que está a la izquierda de la izquierda es la extrema izquierda", dijo Nieto en un alambicado juego de palabras. "Vox es al PP lo que Podemos al PSOE", insistió. De ahí no salió.

Cs demostró que está en la situación más cómoda. Se desvinculó de "los dimes y diretes" entre PP y Vox y zanjó sobre las palabras de Casado: "El golpe del 28 de abril ha sido duro". El portavoz de Cs Sergio Romero aseguró que la pelea entre los dos partidos que pactaron la investidura no le corresponden y que ellos están dispuestos a pactar y negociar los presupuestos con todos los partidos políticos, incluido Vox.

El triple dilema
Fernando Díaz Villanueva. vozpopuli.es 2 Mayo 2019

El mapa político en España se ha invertido. El PSOE ocupa ahora el puesto que hasta el domingo ocupaba el PP y Ciudadanos el que ocupaba Podemos. Esto supone, por un lado, una cierta escora hacia la izquierda del arco parlamentario pero, al tiempo, su moderación, en tanto que Podemos ha perdido representación de manera significativa. Los tres principales partidos (PSOE, PP y Ciudadanos) reúnen el 61% de los votos. El 39% restante se lo reparten once formaciones. El mayor de todos es Podemos y sus confluencias, que pasan del 21% al 15%, y el más pequeño el Partido Regionalista de Cantabria, el de Revilla, que se cuela en el Congreso por primera vez en su historia.

Al margen de siglas, si nos atenemos a los bloques preelectorales, es decir, PSOE y Podemos por un lado y PP, Ciudadanos y VOX por otro, ambos han quedado empatados en unos once millones de votos. Había indecisión sí, pero estaba en la izquierda. Ahí es donde se ha producido la movilización, lo que, unido a la dispersión de la derecha en tres grandes partidos, ha inclinado la balanza a su favor.

Los estrategas del PSOE han hecho un buen trabajo azuzando el miedo a la derecha. Algo de eso ya se intuía durante la misma jornada electoral, que registró una participación histórica, 9,5 puntos por encima de los comicios de 2016. De haberse presentado la derecha bajo unas siglas únicas hubiera tenido opciones de ganar al beneficiarse de la ley electoral, pero lo hizo con tres candidaturas y las tres de ámbito nacional. Sus once millones de votos sólo les han proporcionado 147 escaños mientras que al bloque izquierdista su menor atomización le ha reportado 166.

Rajoy y los suyos no es que incumpliesen las promesas, es que castigaron con saña a su base social. En ocho años el PP ha pasado de casi once millones de votos a poco más de cuatro

Esto no es ninguna sorpresa. Sabían perfectamente a lo que se exponían si se presentaban separados. Pero no tenían mucha más opción. Los tres partidos son proyectos personalistas en torno a su líder. Ninguno quería ponerse a las órdenes de otro y todo lo dejaron para una hipotética victoria a la andaluza que al final no se produjo.

Casado, que había heredado un barco desarbolado y a la deriva, creyó que mimetizándose a ratos con Ciudadanos y a ratos con VOX atraería el grueso del voto. Craso error. Su mensaje era demasiado suave para los que ya tenían su voto decidido por VOX y demasiado vehemente para los que al final se decantaron por Ciudadanos. Nadie compra un sucedáneo teniendo el original por el mismo precio. Eso por no hablar de la pesada mochila del rajoyismo de la que no se había deshecho totalmente por falta de tiempo.

En los últimos ocho años, los que median entre el momento presente y las elecciones de 2011, el PP lo ha hecho todo mal. Rajoy y los suyos no es que incumpliesen las promesas, es que castigaron con saña a su base social, año a año, golpe a golpe. En este lapso de tiempo han pasado de casi once millones de votos a poco más de cuatro. Hasta el año pasado todo se sostenía sobre las parihuelas del poder. Ayunos de éste y de su batería de cargos y prebendas, todo se vino abajo a una velocidad pasmosa. Casado llegó para recomponerlo, pero ya era demasiado tarde. No sabía muy bien como reanimar al zombi y, cuando se puso a ello, dejó que le tutelase un diletante con mucho tiempo libre y sobrado de soberbia como José María Aznar.

Ahora sólo le queda presentar la dimisión y endilgar a una gestora los trámites del sepelio o convocar de inmediato un congreso extraordinario. Puede también esperar el milagro de la resurrección en las municipales, pero es dudoso que se produzca. El sistema político español ha culminado ya su tránsito hacia el multipartidismo y, tal y como nos demuestra el caso alemán, de ahí ya no se regresa porque los partidos son máquinas de supervivencia a cualquier coste.

Otro que tiene un dilema de mucha más enjundia es Pedro Sánchez. Ha ganado las elecciones sí, pero no al estilo antiguo, cuando ganar era hacerlo por mayoría absoluta o cerca de la mayoría absoluta. Dispone de una exigua renta parlamentaria: 123 escaños, los mismos que Rajoy en 2015 y 14 menos que el PP en 2016. Necesita apoyos para la investidura y un pacto de legislatura si quiere evitar el bloqueo de los primeros presupuestos, que serán los del año en curso.

Tiene dos opciones. O lo hace con Ciudadanos, junto a quienes alcanza y supera la mayoría absoluta, o lo hace con Podemos y un batiburrillo de partidos nacionalistas e independentistas. De hecho con ERC bastaría; un tripartito PSOE-Podemos-ERC le colocaría ya por encima de los 180 escaños. Tiene que escoger a qué puerta quiere llamar.

Si se decanta por Ciudadanos gozará de una legislatura tranquila aunque, a cambio, le exigirán una serie de compromisos en Cataluña que harán saltar las costuras en el PSC. Habrá también de descremar el tono izquierdista con el que Sánchez se recrea desde que llegó a la secretaría general.

Si, por el contrario, opta por cerrar un acuerdo con Podemos y los independentistas catalanes se expone a un aluvión de demandas, muchas de ellas imposibles de satisfacer por un presidente de Gobierno, y sus correspondientes chantajes. Más o menos lo que ha experimentado a lo largo de los últimos once meses, pero multiplicado por dos.

Sánchez a diferencia de Zapatero no es un iluminado ideológico, es simplemente un narcisista sediento de poder. Quiere estar ahí y hacerlo cómodamente durante el mayor tiempo posible. Las dos opciones le garantizan el disfrute del poder, pero la de Ciudadanos es más fiable ya que se trata de un solo partido con unas condiciones mucho más asumibles desde el principio.

Haría falta saber qué le parece esto a Albert Rivera porque él también está ante un dilema. Más si cabe cuando se enfrenta a unas elecciones decisivas dentro de un mes. Ni él ni Sánchez pueden permitirse un solo paso en falso, de manera que lo más probable es que caigan en continuas contradicciones de aquí al mes de junio. La legislatura comienza formalmente el próximo 21 de mayo, cinco días antes de las municipales. Luego vendrá la ronda de consultas con el Rey. Para entonces todas las cartas tendrán que estar sobre la mesa.

¿Por qué salvar a la izquierda de sus decisiones?
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital 2 Mayo 2019

La derecha española tiene la mala de costumbre de rescatar a la izquierda de su irresponsabilidad. Empezó a hacerlo en la Transición y ahí sigue.

La derecha española tiene la mala de costumbre de rescatar a la izquierda de su irresponsabilidad. Como el bonachón que paga los pufos de su cuñado por pena o por responsabilidad. Empezó a hacerlo en la Transición y ahí sigue.

La UCD de Adolfo Suárez permitió que el PSOE exigiese un referéndum sobre la autonomía en Andalucía. Y cuando éste no cumplió las condiciones fijadas para su validez, recurrió al chanchullo del BOE para que los socialistas se salieran con la suya.

En 1982, Felipe González ganó las elecciones generales con promesas demagógicas como la de convocar un referéndum para sacar a España de la OTAN, en la que la había introducido Leopoldo Calvo-Sotelo. Por presiones o por el simple choque con la realidad, González convocó ese referéndum, pero para mantener a España en la OTAN. La izquierda, movida por un sectarismo que le anula hasta el sentido de la vergüenza, obedeció a su amo. Pero la victoria se la entregó lo que Ricardo de la Cierva llamó "derecha de intereses".

La Asociación Española de Banca, pastoreada por el pío Rafael Termes, pidió el sí. Y tanto la banca, financiadora de Alianza Popular, como los aliados europeos de este partido, como el bávaro Franz Joseph Strauss y la británica Margaret Thatcher, conminaron a Manuel Fraga a que apoyara a González. Al final, Fraga, el hombre de los grandes errores, cometió el mayor de ellos y pidió la abstención; millones de sus votantes optaron por el no. González aprovechó su victoria, disolvió las Cortes y tres meses más tarde obtuvo una nueva mayoría absoluta.

La responsabilidad de Estado de los funcionarios de la derecha permitió al PSOE salir del atolladero en que se había metido y ganar otras elecciones. En las oligarquías que dirigen la derecha hay incrustadas varias ideas, como que España es mayoritariamente de izquierdas. Efecto de la anterior es que se necesita una izquierda prudente y madura, para lo cual primero se resucitó el PSOE y luego se aguantan sus necedades; y si es necesario se le echa una mano para que salga del desastre en que se ha metido.

El 28 de abril, los españoles decidieron que gobierne la izquierda (la suma de PSOE, de Podemos y de todas sus mareas, confluencias y comunes supera en más de 700.000 sufragios la suma de PP, Ciudadanos y Vox). ¡Pues que gobierne la izquierda! El sindicato de los empresarios acaba de pedir a Ciudadanos que se sacrifique por el interés de España (lema que empleó el PSOE en el referéndum sobre la OTAN) y apoye un Gobierno de Pedro Sánchez para que éste no tenga que pactar "con radicales", ésos que exigen la nacionalización de las eléctricas y la elevación del Impuesto de Sociedades.

Durante la campaña, Pablo Iglesias aseguró que habría Gobierno formado por Sánchez y Rivera en caso de que lo ordenasen los poderes económicos. Si Albert Rivera aceptase el desprendido consejo de la CEOE y de algunos editorialistas, confirmaría la acusación de la izquierda de que Ciudadanos es un mercenario del Ibex 35, y además rompería su compromiso de antes de las elecciones de no pactar con este PSOE. Es decir, quedaría como un mentiroso y un pelele para que algunos supuestos empresarios siguieran haciendo negocios pegados a la Administración. Menos mal que el catalán lo ha entendido.

Los españoles han optado por un Gobierno de izquierda y los militantes socialistas que celebraban su victoria gritaban "¡Con Rivera, no!". Pues si prefieren gobernar con Oriol Junqueras, Irene Montero o Arnaldo Otegui, adelante. Que sufran la consecuencia de sus decisiones. Quizás así entre en las cabezas de tantos progresistas de salón algo de sensatez, aunque a los demás nos caiga algún cascote.

No habrá remedio mientras la derecha no dé la batalla que lleva cuarenta años esquivando: desmontar la superioridad moral del Imperio Progre.

Los cómplices
Gabriel Albiac ABC 2 Mayo 2019

¿Queréis ver lo que Podemos quiere? Mirad a Venezuela. El mismo día en que los bolivarianos españoles, por voz de la señora Montero, reclamaban a Sánchez carteras ministeriales, el dictador Maduro masacraba, de nuevo, a los defensores del régimen parlamentario en Venezuela.

De inmediato, los colegas de la señora Montero asumieron su defensa. Garzón: «La derecha golpista venezolana vuelve a intentar ganar el Gobierno con las armas, otra vez llamando a los militares a combatir a su propio pueblo. Nuestro firme compromiso está con la paz, el diálogo y contra el golpe de Estado. No pasarán». Monedero: «Los amigos golpistas de la derecha española apoyan un golpe de estado en Venezuela porque en su escala, sus intereses económicos están por encima de la democracia. Son los mismos que apoyaron a Pinochet y Videla. No se trata de Maduro. Se trata del pueblo». Iglesias: «Golpe de Estado de Guaidó». La señora Celaá, portavoz del Gobierno, aportó buenos sentimientos: «Consideramos que fue una buena idea respaldar a Juan Guaidó. Para nosotros, era y es el representante que pensamos que está legitimado para la transición». Pero, «no hay ninguna duda. España no respalda ningún golpe militar».

Desglosemos. Podemos nació bajo la égida del caudillo Chávez. En Venezuela se formaron los que son hoy sus jefes carismáticos. De Chávez recibieron becas y sueldos. Y una inspiración tercermundista, hasta hace poco impensable en el horizonte europeo. Del endeble marxismo con el cual llegaron a Caracas, salieron con un mejunje de retóricas peronistas y bolivarianas, bajo el cual cualquier historiador tendrá muy fácil reconocer los fundamentos básicos del fascismo mussoliniano. Lo llamaron populismo.

Bien está que la señora Montero, que los señores Monedero, Garzón e Iglesias sean agradecidos. Sin la estructura material que Chávez y Maduro les proporcionaron, no serían hoy más que un club de penenes y parados. Sin el menor futuro. Su fidelidad los honra. Como los honra la veneración sacral en la que tienen al sangriento dictador que veló por el triunfo y perpetuación de Chávez: Fidel Castro. Como los honra su servilismo ante la Cuba cuyos servicios de inteligencia mantienen hoy al fósil Nicolás Maduro.

Más difícil, mucho más difícil, es entender lo que, en nombre del Gobierno español, formuló la señora Celaá. Porque, si España ha reconocido la legitimidad de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, ¿qué sentido tiene sugerirlo autor de un golpe de Estado? Un presidente legítimo que llama a actuar al Ejército no está dando un golpe. Está ejerciendo la primera de sus funciones: la de general en jefe del Ejército de la nación.

La situación es ésta: Maduro dio un golpe de Estado en 2017, al desposeer al Parlamento de sus funciones. Desde entonces, Venezuela vive bajo la tragedia de un doble poder. Y una coyuntura de doble poder no puede ser ilimitadamente prolongada. Porque mata a un país: en lo moral como en lo económico.

Venezuela hoy se muere. Y nada es tan obsceno como jugar a la equidistancia. Todo uso del Ejército por un presidente interino es legítimo; todo uso del Ejército por parte de un golpista enquistado es homicida. Ni España ni Europa pueden asistir en silencio a una abominación que dura ya demasiado. Y a la cual sólo la intervención consensuada de fuerzas internacionales puede poner fin. Si no se hace deprisa, la sangre seguirá corriendo. Cada vez más. Cada vez más cruelmente.

¿Queréis ver lo que Podemos quiere? Mirad a Maduro.

El fin justifica los medios o al revés de la trama
Juan Francisco Martín Seco republica  2 Mayo 2019

Hace más de cinco siglos que Maquiavelo intento describió los mecanismos por los que, según él, se rige la política; muy distintos, desde luego, de los que imperan en el campo de la ética y de la moral. El fin justifica los medios, y el fin es el poder, alcanzarlo o mantenerlo. Pero curiosamente todos los políticos pretenden, por el contrario, convencernos de que sus actuaciones se basan en el más puro altruismo. Unos y otros nos dicen que todos sus movimientos van únicamente destinados al bienestar de la sociedad. Todos son unos benefactores. Claro que en esto como en cualquier otra cosa existen grados y hay quien lleva el cinismo al extremo. Pocos especímenes como Pedro Sánchez. Ha roto todos los moldes.

Lo malo es que, según parece, Maquiavelo tenía razón. El fin justifica los medios. Todo se le perdona al triunfador, y poco importan los medios de los que se haya valido para alcanzar el objetivo. Las expectativas electorales eran totalmente adversas a Pedro Sánchez hasta que decidió acometer uno de los actos más indignos que se han visto en la política española: llegar al poder con el apoyo de los partidos que acababan de intentar un golpe de Estado. Por mucho que algunos repitan que este reproche no tiene consistencia, lo que resulta inconsistente es querer comparar el apoyo en una moción de censura constructiva, en la que se nombra un presidente de gobierno, con el hecho de que varias formaciones situadas en las antípodas políticas puedan coincidir en algún momento y de forma accidental en el signo del voto, aunque sea para rechazar unos presupuestos.

La prueba más palpable de que el apoyo de los golpistas a Pedro Sánchez no era meramente coyuntural se encuentra en que este último no se creyó obligado a convocar elecciones, tal como había prometido, y se dispuso a gobernar, lo que indicaba que contaba con una mayoría para ello -la misma que le había apoyado en la moción de censura- y que, por lo tanto, existía un acuerdo explícito o implícito con los golpistas. No es el momento de hacer una lista de las múltiples concesiones que a lo largo de estos meses ha venido haciendo el Gobierno a los sediciosos para mantenerse en el poder. Son de sobra conocidos e indican claramente la unión espuria que representaba el gobierno Frankenstein, lo que desde el punto de vista ético representará siempre un baldón para Pedro Sánchez y cada uno de sus ministros, ya que han llegado a su puesto gracias a aquellos que han atentado contra la legalidad y la Constitución.

Era de esperar que la sociedad española estuviese presta a castigar electoralmente tamaña felonía, pero pronto se vio que no era así, que al parecer la política discurre por otros vericuetos, en los que el poder lo es todo y este ejerce una enorme atracción sobre todos los grupos sociales. En cuanto Pedro Sánchez llegó a la presidencia del gobierno, las encuestas empezaron a cambiar de signo, muchos de los medios de comunicación comenzaron a justificarle y se encontró en sus manos con toda una serie de instrumentos, empezando por TVE, que no dudó, como era de suponer, en utilizar sectariamente.

La confirmación de todo ello ha sido el resultado en las elecciones de este pasado domingo. Es cierto que durante la campaña Sánchez se cubrió con piel de cordero y negó cualquier connivencia con los independentistas, lo que no supo o no quiso hacer Podemos, con lo que el trasvase de votos de esta formación hacia el PSOE estaba asegurado. Al mismo tiempo, supo agitar el miedo a la ultraderecha, metiendo en este mismo saco a todos los partidos. Hay que reconocer, sin embargo, que ello fue posible también por los muchos errores cometidos por los tres partidos que se denominan constitucionalistas que persiguiendo unos objetivos consiguieron justamente los contrarios. El revés de la trama.

“El revés de la trama” es una de las principales novelas de Graham Greene, ambientada en una colonia, Sierra Leona, y cuyo protagonista es un oficial de policía, Sobie, quien asume el papel de figura trágica porque a lo largo de la trama los resultados que va obteniendo de todas sus acciones son precisamente los contrarios de los que pretende. Incluso su suicidio final, que acomete pensando que arreglaba así el problema de las dos mujeres que ama, resulta no solo inútil sino también contraproducente.

Algo parecido le ha ocurrido a la derecha. Lo ha dicho claramente Abascal. Hoy estamos peor que ayer, lo que es totalmente cierto, desde su punto de vista. Sin embargo, los líderes de Vox están lejos de hacer examen de conciencia, y de reconocer que algo tienen que ver en el hecho de que Pedro Sánchez vaya a poder gobernar. Lo mismo ocurre con muchos medios y creadores de opinión del ámbito de la derecha. Ahora lloran y se rasgan las vestiduras, pero no reconocen que la situación actual ha sido posible entre otros motivos por el acoso y derribo al que sometieron a Rajoy. Quieran o no admitirlo, con la dimisión de Rajoy comenzó la debacle del PP y, antes o después, le echarán de menos.

Abascal se manifestaba la otra noche eufórico por el hecho de que su voz vaya a estar en el Parlamento. Alguien le podía preguntar ¿y para qué? A lo mejor descubre que su presencia va a ser totalmente inútil, porque al final y a la hora de votar todo es cuestión de mayorías y las prédicas y la retórica tan solo valen para la satisfacción personal. Si su finalidad y objetivo era echar a Pedro Sánchez e implementar el 155 en Cataluña, han conseguido precisamente todo lo contrario. Le han confirmado para cuatro años y han hecho imposible la aplicación del 155, al dar la mayoría del Senado a los sanchistas.

Un caso no muy distinto es el de Rivera. Aparentemente se ha perfilado como ganador en estas elecciones, pero ¿ciertamente es así? En la pasada legislatura Ciudadanos con pocos diputados estuvo en una situación excepcional, condicionando en buena medida al Gobierno. Equivocaron también el tiro al utilizar la famosa sentencia de la Gürtel para dar el pistoletazo de salida al acoso a Rajoy, que dio ocasión a Sánchez a lanzarse a la moción de censura. No cabe duda de que durante estos meses su situación empeoró notablemente. Ha pintado mucho menos y ha tenido que ver cómo el Gobierno de la nación se entregaba, al menos parcialmente, en manos de los secesionistas, lo que resultaba especialmente hiriente para la formación naranja.

En rueda de prensa, el domingo, Rivera se presentó optimista, casi eufórico, por el incremento substancial que había obtenido en el número de diputados. Pero ¿ello le va a proporcionar una situación mejor? Presiento que no, como no termine pactando con Pedro Sánchez, escenario que parece rechazar, pues da la impresión de que su objetivo es arrebatarle el liderazgo de la derecha al Partido Popular. Para ello sí le puede servir contar con un número mayor de escaños, pero desde luego no para influir en la realidad política española. El bloque constitucionalista, al que apela continuamente Rivera, tendrá menos fuerza y eso contando con una formación de la que Ciudadanos reniega, Vox, y con la que no le hará ninguna gracia negociar. Pedro Sánchez se encontrará mucho más libre para pactar con los golpistas, ya que los electores no le han castigado por ello y por supuesto que se olviden del 155, ya que la mayoría en el Senado la va a tener ahora el PSOE.

Ciudadanos se fijó como objetivo disputar los votos al PP. De ahí la promesa de Rivera de no pactar con Pedro Sánchez, con lo que lanzaba un mensaje a sus votantes -pero potenciales votantes del PP- de tranquilidad, garantizándoles que su voto de ninguna manera iba a servir para investir a Pedro Sánchez; pero con ello renunciaba a quitar votos al PSOE. Esta estrategia ha servido, quizás, para incrementar el número de sus electores, pero no para aumentar el total de apoyos del conjunto del bloque llamado constitucionalista, ya que lo que se ha producido es una simple redistribución interna.

El Partido Popular ha colaborado también activamente al éxito de Pedro Sánchez. Determinados planteamientos y los nuevos fichajes, en muchos casos extremistas o folclóricos, no ponían demasiado fácil que se les pudiera votar. Su viraje teórico a las posiciones de Aznar, hoy en el extremo ideológico de la propia derecha; la asunción en materia económica de un neoliberalismo rabioso, representado en la captación de algún economista de sobra conocido por su profundo dogmatismo en las posturas más reaccionarias; la increíble facilidad con la que se han metido en todos los charcos: pensiones, salario mínimo, aborto, con posturas ambiguas que dejaban flancos abiertos a la interpretación interesada de sus adversarios y que precisaban después de aclaraciones, lo que hacía que la partida estuviese perdida de antemano, todo ello ha repelido a potenciales votantes. La obsesión por competir con VOX le hizo perder el centro y la lucha con Ciudadanos.

Determinados datos relativos a los que se ha identificado como bloques diferentes/ (PSOE y Podemos, por una parte, y PP, Ciudadanos y Vox, por otra) son clarificadores:

1) A pesar de la sustancial diferencia de escaños en estas elecciones, los porcentajes de votos son similares en los dos bloques.

2) Los porcentajes también son idénticos, con pequeñas variaciones, a los de los comicios de 2015 y 2016. A pesar de esa práctica igualdad, se producen variaciones muy fuertes respecto a estos años en el número de escaños, lo que implica cambios notables en el control de las cámaras, ocasionados tan solo por la movilidad de los votos intergrupo y dependiendo de la mayor o menor división interna.

3) Un hecho significativo y al mismo tiempo paradójico es que el porcentaje obtenido en esta ocasión por Pedro Sánchez es del 29%, y se considera un gran triunfo del PSOE. En 2011, Pérez Rubalcaba alcanzó un porcentaje del 28,76% y se calificó de enorme desastre electoral, hasta el punto de tener que dimitir al día siguiente. La diferencia no está en los resultados obtenidos por el PSOE y tampoco en los obtenidos por la derecha, sino en la división de esta. En 2011 estaba solo el PP con un porcentaje del 44%. En estas elecciones la derecha ha obtenido un porcentaje similar (43%), solo que dividida en tres formaciones políticas.

El previsible gobierno de Pedro Sánchez (gobierno, que no triunfo, porque no se puede calificar de tal lo que en 2011 fue tenido como la mayor debacle del partido socialista) se va a basar fundamentalmente en dos hechos:

El primero, el extremismo de una parte de la derecha que estaba impaciente por echar a Pedro Sánchez y meter en vereda a los independentistas, y que curiosamente ha conseguido el efecto contrario. El revés de la trama.

El segundo, la falta total de escrúpulos de Pedro Sánchez, que por llegar al gobierno está dispuesto a pactar si es preciso con el diablo, como ya ha demostrado, y la ceguera de una parte de la sociedad (solo el 29%) que ha confirmado una vez más que el fin justifica los medios.

Extremismo por meter en vereda a los independentistas
Nota del Editor 2 Mayo 2019

Pues para no ser extremistas, dejaremos que se destrocen aún más España, funden (¿ de fundar o de fundir ? su república cortijera y nosotros también podremos fundar nuestra comuna libres de pesados, y el último que apague las luces.

Torra espanta a los futuros médicos: sólo una de las 10 mejores notas del MIR elige un hospital catalán
Las mejores notas MIR no eligen hospitales catalanes

Agustín de Grado okdiario 2 Mayo 2019

El independentismo espanta a los futuros especialistas. Los diez mejores alumnos han elegido para especializarse cinco hospitales de Madrid y sólo uno de Cataluña. Y de los 20 primeros centros, siete son madrileños y cuatro catalanes.

No sólo las empresas huyen de Cataluña. El independentismo también está causando un grave daño a la excelencia médica en esta región española. Por segundo año consecutivo, sólo uno de los 10 mejores MIR de toda España han elegido un hospital catalán para su formación en 2019.

La Sanidad catalana ha perdido atractivo para los licenciados españoles con las mejores notas en Medicina. La asignación de plazas MIR correspondientes a este año, a la que aspiran 6.797 opositores, confirma la tendencia de los últimos ejercicios: los hospitales de Cataluña no seducen a los futuros especialistas. Este año, sólo una de las 10 mejores notas ha optado por un centro catalán. El alumno con la cuarta mejor nota ha elegido el Hospital de la Santa Creu i San Pau de Barcelona para cursar la especialidad de neurología.

Tres de las cinco mejores notas han elegido hospitales de la Comunidad de Madrid. El número 1 del MIR ha elegido La Paz para especializarse en dermatología; el número 2, el 12 de Octubre para anatomía patológica; y el número 5, el Gregorio Marañón para formarse en el aparato digestivo.

De los diez primeros centros elegidos, cinco son de Madrid y sólo uno de Cataluña. Y de los 20 primeros, siete son de Madrid, cuatro de Cataluña, otros cuatro del País Vasco, dos de Castilla y León y uno de la Comunidad Valenciana.

Obligatorio
Saber catalán es obligatorio para poder optar a una plaza fija en el sistema de salud gestionado por la Generalitat. El conocimiento del nivel D de catalán se valora con cinco puntos, lo que supone más que la puntuación de estar un año como docente de un grado universitario (a lo que se otorga 3 puntos).

Que el catalán sea la lengua de uso exclusivo en la Sanidad pública es uno de los objetivos por los que el independentismo no deja de pelear. Tres años después de que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) anulara los preceptos más importantes del protocolo de usos lingüísticos en la Sanidad catalana, el gobierno de Quim Torra, como adelantó OKDIARIO, prepara una nueva ofensiva para expulsar el uso del español en los centros y los hospitales de la Sanidad pública.

La ofensiva presenta como avanzadilla un informe de la autodenominada ‘Plataforma per la Llengua’, también conocida como la ONG del catalán, que la Generalitat apadrina y subvenciona para justificar después sus políticas lingüísticas.

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El dibujo electoral de la Comunidad Valenciana
Cristina Seguí okdiario 2 Mayo 2019

Paralelamente a las elecciones generales, el pasado 28A tuvieron lugar en la Comunidad Valenciana las elecciones autonómicas. Los únicos comicios regionales y convocados simultáneamente por Chimo Puig en una evidente estrategia de subir en las urnas a rebufo de Sánchez. El candidato del PSPV venía de recorrer un camino pedregoso tras haber obtenido los peores resultados de su historia en 2015, los cuales le obligaron a comerciar con Mónica Oltra, principalmente, la cartera de educación, y la entrega de la alcaldía de Valencia al nacionalista de Manresa Joan Ribó. La rúbrica del amancebamiento electoral de conveniencia se estampó en un escenario de abetos y hortensias para convertir los siguientes 4 años de fracaso político y de gestión en una novela romántica de Danielle Steel llamado Pacto del Bótanico que acaba de volver a ser reeditado tras los resultados electorales que han evitado cualquier posibilidad de pacto entre el PP, Ciudadanos y la novel irrupción de VOX con 10 escaños, el 10,44% del voto y 278.947 papeletas.

La Comunidad Valenciana, siguiendo la estela de los resultados obtenidos por la Comunidad de Madrid, Aragón, Extremadura, y Castilla La Mancha en las generales, fue otro ejemplo de cómo el perdedor en votos, el bloque de izquierdas formado por el PSPV, Compromís y Podemos con 1.290.139 papeletas, gobernará la región frente al éxito del bloque de derechas, PP, Ciudadanos y VOX cuya suma ha cosechado 464.005 votos más que Puig, Oltra y Martínez Dalmau con un total de 1.754.144 papeletas.

Martínez Dalmau, el candidato de Podemos, dirigente de CEPS, e ideólogo esencial del fraude jurídico en Venezuela, ha perdido 5 escaños y 80.000 votos. Con respecto al PSPV y Compromís, más allá de haber logrado el poder para la próxima legislatura, conseguido en gran medida por el leviatán clientelar pancatalanista que sostienen con dinero público, no tienen motivo para el orgullo o la esperanza de pujanza de amor de sus adeptos. La formación nacionalista de Oltra y del PSPV sólo ha sido útil para los intereses de los presos golpistas del 1-O y de Torra. Compromís ha pasado de los 19 escaños atesorados en 2015 a 17 en estas elecciones autonómicas con una pérdida de 17.364 votos desangrados, sobre todo, en Valencia y Alicante. Además, Oltra, ha perdido 8 de sus 9 diputados en el Congreso nacional.

Por otro lado, Chimo Puig, enemigo acérrimo de Pedro Sánchez y del propio ministro Ábalos, ha recibido 95.000 votos menos de los que ha logrado Sánchez de la Comunidad Valenciana tras una gestión que ha cosechado innumerables y sonados fracasos: sendas sentencias del TSJCV paralizando su modelo lingüístico por “discriminar a los castellano hablantes”, la impugnación del propio gobierno de Sánchez a los presupuestos del PSPV en la última semana por exceso de gasto, esa maravillosa guinda novelesca del fuego amigo. La anulación de pleno derecho del presupuesto 2017 de la televisión pública nacionalista A Punt creada de forma urgente por Puig y Oltra, 55 millones de euros, que deberán ser devueltos a las arcas públicas, pasarán a engrosar la deuda de la Comunidad. 55 millones que deberán ser sumados a los 47 millones que el ente ha arrojado en pérdidas sólo en 2018.

Con respecto a la derecha, aunque ganadora en votos, sí ha sido víctima de su fraccionamiento, aunque, de forma singular, también de la absoluta falta de acierto a la hora de elegir sus liderazgos. Bonig, perdedora de 11 escaños, no ha sabido soportar el embate de VOX y Ciudadanos. 14.000 valencianos que votaron a Casado la dejaron de lado en beneficio de Toni Cantó, que ha mejorado los resultados de su partido.

Con respecto a VOX, la Comunidad es el lugar donde de forma más gratuita los valencianos han tirado a la basura su voto. 37.727 personas que votaron a Abascal, no votaron a Jose María Llanos, un candidato endeble, de carisma pírrico, envuelto en el cobro durante 8 años de una fundación participada por la administración autonómica que fue investigada por prácticas irregulares en el llamado Caso Cooperación que llevó a Rafael Blasco, ex consejero del PP a la cárcel por uso fraudulento de fondos de ayuda al desarrollo.

Llanos laminó de VOX la facción cívica que durante décadas ha dado la batalla en la Comunidad contra la estelada, para trasvasar el ala más dura del Opus Dei Cotiniano, particularmente representado por Gil Lázaro, el dinosaurio del PP que Abascal ha repescado para el Congreso Nacional. Ojo para las locales del 26M, última ocasión para arrebatar a una ciudad que podría volver a caer 4 años más en manos del nacionalismo tripartito, porque la opción de VOX es José Gosálbez un candidato opusino, melifluo y desconocido que sólo servirá para volver a disgregar el voto para asegurar un nuevo gobierno de la izquierda.

Los separatistas han perdido
José García Domínguez Libertad Digital 2 Mayo 2019

Los no independentistas sacaron 200.000 votos más que los independentistas. Jodidos números que solo se limitan a señalar quiénes están empezando a perder esta guerra.

Esa derrota tan ostententóreamente aparatosa del Partido Popular el domingo pasado está sirviendo para apartar el foco de los otros grandes fracasados de la jornada, que no resultaron ser más que los separatistas catalanes. No se está diciendo, pero el batacazo de los sediciosos ha sido también de dimensiones históricas. Y es que una cosa es el éxito sin paliativos de una fuerza política muy singular y concreta, ERC, sigla que ha logrado saltar de nueve a quince escaños de una sola tacada, y otra bien distinta la suerte electoral corrida por el bloque independentista en su conjunto, la suma algebraica de los apoyos obtenidos por Esquerra, Junts per Catalunya y el chiringuito de Dante Fachín. En esos términos, los agregados, que son los que en realidad cuentan a efectos políticos en Cataluña, el fiasco de los separatistas tiene que resultar incuestionable para cualquiera que se maneje con una mínima soltura con los rudimentos de la aritmética más elemental.

Porque la cruda realidad que se esconde tras el espejismo de los óptimos resultados de Esquerra es que el bloque separatista ni tan siquiera ha conseguido superar esta vez la mísera barrera del 40% de los votos válidos emitidos en las cuatro provincias. A esa gente que se llena la boca todos los días y a todas horas perorando en nombre del pueblo catalán resulta que, llegado el instante de la verdad, le ha votado apenas el 39% de los censados que decidieron acudir a sus colegios electorales. Única y exclusivamente cosecharon un magro 39%. Eso no es una derrota. Eso, se mire como se mire, es una gran derrota. Esa gente, los de la boca llena, vive obsesionada con el mantra de ampliar la base. Eran dos millones escasos, el 48% de las papeletas, cuando sus pastores les condujeron monte arriba entre cancioncillas de Lluís Llach y promesas de patinetes gratis para todos cuando llegasen a la cumbre. Pero había que ampliar la base. Sobre todo, había que ampliar la base. El problema es que, tras un año y medio con el racista haciendo dieta, con las lavadoras mediáticas de cerebros a toda máquina y con las raholas de guardia facturando horas extras en la Televisión de las Tres Mil Colinas, resulta que, en lugar de ampliarse, la base famosa ha encogido. Y mucho.

Basta con saber sumar para comprobarlo. Así, las fuerzas que respetan la legalidad constitucional y que en todo momento se han manifestado contrarias de modo inequívoco a la independencia de Cataluña –Ciudadanos, Partido Popular, PSC y Vox– obtuvieron el domingo pasado un millón ochocientos mil votos en la región. Por su parte, el sumatorio de los sufragios de las tres formaciones que se definen a sí mismas como secesionistas sólo rozó la cifra de un millón seiscientos mil. Doscientos mil de diferencia a favor de los leales. No es charlatanería de todo a cien, no es mística patriotera, no son consignas baratas, no son proclamas inflamadas, no son coplas de Lluís Llach, no son berridos histriónicos de Puigdemont, no son lacitos amarillos. Son simples, elementales, prosaicos, anodinos guarismos. Jodidos números que solo se limitan a señalar quiénes están empezando a perder esta guerra.

El «proceso» ganador es la demolición de España
Isabel San Sebastián ABC 2 Mayo 2019

Rodríguez Zapatero fue el primero en emplear la palabreja de marras otorgándole su significado actual, para referirse a sus conversaciones con ETA. «Proceso» era un eufemismo mucho más conveniente que «negociación», por tratarse de un término vago, ajeno al contexto político, que evitaba concretar la contrapartida inherente a todo pacto acordado entre dos partes (el Gobierno y una banda terrorista) y permitía mantener el discurso oficial dentro de límites democráticamente aceptables. Desde entonces, cualquier cuestión inconfesable, vergonzante o simplemente incómoda para sus protagonistas se denomina «proceso»; desde el intento de golpe de Estado secesionista perpetrado en Cataluña hasta la moción de censura que acabó con un bolso ocupando el lugar de Mariano Rajoy y nos ha traído hasta donde estamos. Vivimos constantes «procesos» aparentemente inconexos, que en realidad confluyen en un objetivo único: la demolición de la España constitucional modelada por la Carta Magna del 78 merced a un amplio consenso. ¿Qué será lo que sustituya a la Nación definida en esa Ley de leyes como «patria común de todos los españoles»? Eso nadie lo sabe. Lo único seguro, de momento, es que el electorado ha otorgado carta blanca a una mayoría de sus representantes para que se lancen a experimentar, y no precisamente con gaseosa.

Eso que llaman «proceso» ha supuesto para la izquierda republicana catalana 6 escaños más en el Congreso y para la derecha fragmentada 5 menos, mientras el PSC suma otras tantas actas a sus huestes después de que su líder, Miquel Iceta, confesara abiertamente su plan de convocar un referéndum de aquí a diez o quince años, cuando la opinión pública española se haya hecho a la idea de que la soberanía nacional ha dejado de pertenecer al pueblo. En el País Vasco, se traduce en que el PP desaparece y sus escaños pasan a EH Bildu. Dicho de otro modo, la voz de los asesinos sustituye a la de los asesinados. Los recogedores de nueces peneuvistas obtienen un asiento más y el PSOE duplica su fuerza a cambio de aceptar el concepto de autodeterminación, antesala de su reconocimiento formal como derecho. Porque de eso estamos hablando cuando hablamos del «proceso». No se materializará de inmediato el ejercicio de esa potestad, pero se empezará por brindar impunidad a quienes quisieron acelerar las cosas declarando unilateralmente la independencia de Cataluña y se introducirá poco a poco el debate en la sociedad, otorgando normalidad e incluso respetabilidad a lo que vetan la Constitución, la historia y la lógica económica. El tabú se ha roto.

El «proceso» ha vencido cómodamente en la urnas del 28-O, esa es la verdad. Cierto es que contaba con aliados poderosos, empezando por la fragmentación del adversario y siguiendo por unos medios de comunicación mayoritariamente volcados en su defensa, sin olvidar un sistema educativo suicida que puso en sus manos, hace décadas, las herramientas necesarias para reclutar un ejército creciente de adeptos. Su máximo abanderado, Pedro Sánchez, inicia ahora una ronda de conversaciones tan inútil como falsaria, toda vez que resulta evidente quienes van a ser sus escuderos: Pablo Iglesias y Oriol Junqueras. Una izquierda tan extrema como extrema es la derecha encabezada por Abascal, por más que la biempensantía patria la colme de bendiciones a la vez que demoniza a Vox.

El día 26 de mayo, más que una segunda vuelta, tenemos la oportunidad de presentar resistencia allá donde todavía es posible. Esperemos que el buen juicio prevalezca sobre las tripas y podamos articular una defensa efectiva, aunque solo sea para ganar tiempo.

Extrema derecha por pedir educación española
Nota del Editor 2 Mayo 2019

El sistema educativo suicida, cuya base es la erradicación del español, es resultado de un minucioso trabajo de los nacionalistas apoyados por el PP. En Galicia, el PP es reponsable de la erradicación del español y de la indoctrinación contra España. Hasta Aznar tuvo la desfachatez, cometió la traición, de impedir al defensor del pueblo cumplir con su obligación de presentar recurso de inconstitucionalidad contra la ley catalana. El PP jamás ha defendido la lengua española que todos tenemos el deber constitucional de concer. El PP, y otros aún más traidores, han conseguido que el desprestigiado TC "interprete" la CE atendiendo a los intereses de quienes quieren destruir España. Insultar al sentido común, a la razón, afirmando que Vox es extrema derecha, por pedir la educación es español en toda España, y el desmantelamiento del tinglado autonómico, es indicio siquiátrico suficiente para recomendar internamiento.



 


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