AGLI Recortes de Prensa   Sábado 4  Mayo 2019

Lo que nos han mostrado las elecciones
Manuel F. Lorenzo (Profesor de la Universidad de Oviedo)  latribunadelpaisvasco.com 4 Mayo 2019

Las pasadas elecciones al Congreso y al Senado han puesto de manifiesto algunas tendencias que es necesario reseñar. La más llamativa es el fracaso espectacular de la regeneración del PP. Casado ha cometido un serio error al querer rescatar la figura de Aznar, el cual representó precisamente la mayor traición a la derecha nacional con su pacto del Majestic con Pujol y las transferencias competenciales subsiguientes que llevaron a la deriva secesionista actual. Muchos votantes del PP en anteriores elecciones han percibido en Casado la misma doblez y posible engaño que en Aznar, con el agravante del neófito. Han preferido votar a Abascal, político igualmente neófito como líder, pero más creíble por provenir de la lucha en la frontera con la anti-España secesionista vasca. Y, aunque Vox no ha cumplido las expectativas que algunos esperaban, sin embargo ha conseguido salir del ostracismo político en el que lo mantuvo Rajoy y crear un grupo parlamentario básico para su futuro crecimiento, si lo administra bien.

Vox, por ello, parece llamado a llegar a ser el partido mayoritario de una derecha nacional regenerada, necesaria para continuar la modernización de la sociedad española que logró el franquismo con su denominado “milagro económico”. No se olvide que quien parecía predestinada para producir tal milagro eran las izquierdas de la República, pero que fracasaron por la tendencia totalitaria del Frente Popular, imitadora de la Revolución Soviética. Con ello cometieron un grave error y, tras perder la Guerra Civil, el llamado Estado del Bienestar en España lo hizo el desarrollismo franquista, desde el mítico Seat 600 hasta la Seguridad Social.

La Transición desde el franquismo a la Democracia actual, que empezó muy bien, se ha torcido en las últimas décadas. Una de las razones ha sido la existencia de una derecha política sin ideas y acomplejada frente a un resurgir de la antigua izquierda socialista y comunista, que también ha pecado de ser incapaz de revisar y corregir a fondo sus errores pasados del frente-populismo. Más bien ha vuelto a las andadas tratando de reconstituir un nuevo Frente Popular con Zapatero y ahora con Pedro Sanchez. La victoria electoral de este último mantiene el peligro "frentepopulista", aunque en una fase de espera por la posibilidad de otras alianzas posibles que se abren en el juego parlamentario de la mano de un crecido Ciudadanos.

Pero el partido de Albert Rivera, que se ha curtido en el otro territorio comanche anti-español del secesionismo catalán, carece de una idea de España como nación, con sus profundas complejidades, y cree que basta con disolverse en la Unión Europea que hoy defiende Macron para que se resuelvan. Se presenta como un partido centrista, pero su tendencia a asumir las leyes de género y del multiculturalismo de la UE y de la izquierda norteamericana, lo convierten en un partido de nueva izquierda, entrando en competencia con el propio PSOE actual de Pedro Sanchez.

Por ello, el centro en España sigue vacío desde de que Suárez lo encarnó con la orientación intelectual de Torcuato Fernández-Miranda, los dos políticos que el Rey dispuso para la famosa Transición. Los dos complementarios y esenciales. Su separación fue, por ello, el final del centro político. Albert Rivera se quiere presentar como el nuevo Suárez para la nueva Transición desde el Bipartidismo imperfecto de un PSOE-PP aliados con los separatistas, hoy ya roto, hacia una Democracia anti-separatista. Pero Ciudadanos representa hoy más bien los ideales de la nueva izquierda, en cuestiones de género y globalización. Podría desplazar a la izquierda que representa el PSOE si éste persiste en cruzar las líneas rojas que ponen en peligro la integridad de la nación española. Con ello se establecería una especie de nuevo bipartidismo formado por Vox y Ciudadanos. Aunque sería necesario, todavía, un verdadero partido de centro que actuara como bisagra, para que no resurgiera la tentación de apoyarse otra vez en los regionalismos que podrían surgir en el futuro por el característico localismo y particularismo que secularmente nos aqueja, ya señalado por Ortega y Gasset.

Vox, de momento, ha conseguido poner en el centro de estas elecciones el peligro del separatismo que amenaza a España como nación moderna. Pero se necesita poner también en el centro de los debates electorales cuestiones como el reconocimiento crítico de las raíces de nuestra industrialización moderna en el franquismo, evitando los análisis sectarios sobre dicho periodo histórico que ha fomentado interesadamente la izquierda con su Ley de Memoria Histórica, que la derecha se ha tragado sin rechistar. La censura casi unánime que ha caído sobre la revisión de nuestra historia reciente llevada a cabo por Pío Moa y otros es indicativa de la losa que ahoga en el mundo cultural y universitario la libertad de crítica y de pensamiento hoy en España. Y ello es así por la corrupción intelectual y la ceguera o invidencia de quienes dirigieron en las últimas décadas, de paralela corrupción política, las desastrosas reformas universitarias y educativas.

Son asuntos estos sin los cuales no se puede plantear la cuestión de la consolidación de un orden interior política y económicamente estable y su correspondiente traducción a una posición en el orden internacional que inspire respeto a la nación española y a su historia, aun hoy escarnecida por la incomprensión y la Leyenda Negra.

La legislatura del cambalache
Jimmy Giménez-Arnau okdiario 4 Mayo 2019

¡Adentro! Comienza la danza y vuelve el tango, el género musical más golfo por antonomasia. Basta barajar los siglos XX y XXI para que el argot rioplatense, originario de los bajos fondos de Buenos Aires y Montevideo, reviva laureles y saque a la palestra violines, bandoneones, piano y contrabajo, recordándonos una época que se parece mucho a la nuestra y a la que apodaremos la Legislatura del cambalache, pues cambalache significa “intercambio de cosas hecho con malicia o con afán de ganancia”. Tras los resultados del 28-A, el poder político saca a España a subasta en busca del mejor postor que apoye sus indecencias futuras.

El antológico tango “Cambalache”, de Enrique Santos Discépolo, cuya letra envolvió al tango en “un pensamiento triste que se baila”, predijo lo que sucedería. Recuerden estas estrofas: “El mundo fué y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también, que siempre ha habido chorros (ladrones) maquiavelos y estafáos, contentos y amargáos, valores y dublé (falsos). Pero que el siglo XX es un despliegue de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo, todos manoseaos. Hoy resulta (s.XXI) que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador”.

¡Adentro! Prosiga el fabuloso tango que augura el loco trapicheo que viene. “¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos, ni escalafón, los inmorales nos han igualao. Si uno vive en la impostura otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. Qué falta de respeto, qué atropello a la razón. ¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón! Los obscenos políticastros de Villa Tinaja y otros separatistas que acudirán a la puja anunciada por el tipo que ostenta el poder, verán recompensadas sus traiciones a España. Mientras los demás ciudadanos, veremos la ruina a ritmo de tango y bandoneón.

Si el tango es un triste pensamiento que se baila, ¿qué sórdido futuro no nos sorprenderá durante la Legislatura del cambalache? Deprime sólo pensarlo.

Ridículo e inviable
OKDIARIO 4 Mayo 2019

Lo primero, señalar una obviedad. La Guerra Civil terminó el 1 de abril de 1939, es decir, hace más de 80 años. Todos sus protagonistas directos han fallecido y son de muy avanza edad los españoles que tuvieron la desgracia de vivir aquel espanto. Desde entonces han sucedido muchas cosas en España. Entre otras, una Transición hacia la democracia que universidades de todo el mundo estudian como éxito político y modelo de reconciliación cívica. A ello hemos de añadir un crecimiento económico y un desarrollo social que hace de nuestro país uno de los más prósperos y con mayor calidad de vida del planeta. Todos estos hechos a una parte nada desdeñable de la izquierda española parecen importarle muy poco, dado su permanente afán simbólico por vivir instalados en el fatídico año de 1936. Cabe señalar que el objetivo de ganar un conflicto en el que todos perdimos está de antemano condenado al fracaso, con la consiguiente carga de frustración que ello conlleva. Del pasado podemos aprender muchas lecciones, pero nunca lo cambiaremos, nos guste a no.

La Transición, en aras de esta reconciliación nacional, instauró un nuevo principio de legalidad que trazó un corte limpio con el pasado. Las leyes de amnistía de 1977 afectaron a todos los bandos, incluidos miembros de grupos terroristas. Iniciar ahora, ocho décadas después de finalizar el conflicto bélico, un proceso jurídico para indemnizar a los descendientes de las víctimas de sentencias o incautaciones franquistas tiene un notable aire de artificialidad. Sería algo así como si el Estado español pidiese al francés una indemnización por la invasión napoleónica, sólo que el proceso impulsado por Sánchez se desarrollaría dentro de nuestras propias fronteras. En el plano práctico es difícilmente calculable los costes que el Estado español, como sujeto jurídico a cargo de la responsabilidad patrimonial, tendría que afrontar.

Sospechamos que aquí subyace el propósito de organizar una suerte de política-espectáculo a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Da la impresión de que Pedro Sánchez está dispuesto a impulsar una medida que, si bien generaría enormes complicaciones desde el punto de vista jurídico y económico, a cambio significa una permanente campaña electoral, costeada por el erario público, a mayor gloria suya. Una conducta así –todo hay que decirlo– es muy del estilo de Sánchez y del neo-PSOE que está fundando. Tacticismo, electoralismo constante, política-espectáculo y renuncia a cualquier sentido de responsabilidad institucional. Todo, sacrificado en el altar de la permanencia y acumulación del poder.

Primera batalla indirecta contra la monarquía

Pío Moa gaceta.es 4 Mayo 2019

*El ultraje a los restos de Franco es la primera batalla de doctores y separatistas contra la monarquía. Franco trajo la monarquía y ellos son republicanos. Y los monárquicos, colaborando. Ya en 1931 la monarquía fue destruida. Por los monárquicos.

*Les recomiendo repasen el video de la toma de posesión del Doctor : la imagen de su actitud hacia el rey sí vale más que mil palabras.

*Cuando uno ve la indiferencia con que los monárquicos presencian el plan de profanar la tumba de Franco, solo puede concluir. “Tienen vocación de repetir lo de 1931?.

*El silencio de la jerarquía eclesiástica ante el designio de profanar la tumba de Franco, revela, como en el caso de los monárquicos, una vocación suicida.

*”Soy corrupto, cómplice de los separatismos, admirador de Maduro, promotor de leyes totalitarias y liberticidas. Por tanto soy antifranquista. ¿Qué otra cosa podría ser? ¡Ah, también soy Doctor!”

*Sin una fundamentación histórica y política clara, la defensa de la verdad sobre el franquismo cae inevitablemente en cierto folclorismo defensivo y cutre. Contra eso he escrito Los mitos del franquismo

*La política de la derecha hacia los separatismos, desde 1978, es muy simple: “Ustedes hacen como que respetan la Constitución, y nosotros hacemos como que nos lo creemos”.

*Casado usa contra Abascal la típica injuria progre: “extrema derecha”. Y al mismo tiempo la injuria de la extrema derecha: “ha vivido de chiringuitos del PP”. En esa combinación se nota que es fulano de centro.

*Casado sí ha vivido siempre de chiringuitos del PP, apoyando los negocios de Rajoy y Soraya con separatistas y totalitarios. Y nos dice que se ha vuelto patriota. Que hay que creerle bajo palabra.

*El PP ha sido siempre el partido auxiliar de separatistas y totalitarios. Y ha vivido muy bien de eso. Ahora algo ha cambiado, teme no vivir ya tan bien y se vuelve patriota.

* En el PP solo hay una persona patriota: Esperanza Aguirre. Patriota inglesa, en concreto. Hope Aguirry.

*La frase del doctor Johnson “El patriotismo es el último refugio de los canallas” es falsa en general, pero muy justa en el caso del PP.

¿Se suicidará la derecha?
José García Domínguez Libertad Digital 4 Mayo 2019

Les quedan solo dos opciones: o destinar los próximos 13 años a matarse entre ellos mientras gobierna la izquierda o inventar de nuevo el PP.

Hacia mediados del año 81 del siglo XX, la derecha española decidió súbitamente suicidarse. Las consecuencias de la renuncia voluntaria a la vida (política) de quienes hasta aquel muy preciso instante habían sabido agrupar en las urnas a la voluntad mayoritaria de la sociedad fueron 13 años consecutivos de hegemonía política, cultural e institucional de la izquierda personificada en el partido socialista. Tras la dispersión repentina de UCD, tres proyectos alternativos e incompatibles entre sí, la llamada Operación Roca, el CDS de Adolfo Suárez y la primigenia Alianza Popular de los siete magníficos con Fraga a la cabeza, se encargaron de certificar, y durante más de tres cuatrienios ininterrumpidos, casi el intervalo de una generación, la evidencia definitiva de que, en España, la derecha no tiene absolutamente ninguna posibilidad de llegar al poder si concurre dividida a las urnas. Absolutamente ninguna. Así las cosas, la lección práctica que, por fin, fueron capaces de aprender sus élites dirigentes se llamó Partido Popular, unas siglas ómnibus capaces de albergar en su seno desde la extrema derecha hasta todos los matices cromáticos, que son muchos, del pensamiento político ajeno a la cosmovisión de la izquierda. 13 años, 13, tardaron entonces hasta entender lo evidente. Y la historia se puede repetir.

La derecha española ha obtenido en las elecciones pasadas, esos comicios que se están celebrando como casi la antesala misma de un funeral, más votos populares, en concreto unos 400.000 más, que durante su instante de mayor éxito en lo que llevamos del siglo XXI, cuando el Partido Popular obtuvo, en 2011, la sobrada mayoría absoluta con 186 escaños en el Congreso. Ahora, en cambio, la consecuencia para la derecha escindida de haber cosechado muchos más votos que entonces ha sido la pérdida de 37 actas de diputado. Y puede que solo sea el principio. Porque la historia, decía, cabe que se repita. De hecho, ahora mismo se dan ya todos los elementos necesarios para que se repita. Porque no sólo se trata del innegable efecto punitivo de la Ley Electoral en el grueso de las 28 provincias de la España despoblada. A ese condicionante, digamos técnico, hay que añadir el efecto multiplicador de la óptima división regional del trabajo entre PSOE y Podemos. Porque, en la práctica, el PSOE no compite con Podemos en esa media España vacía. Y no compite porque Podemos ahí, simplemente, no existe.

Podemos, a diferencia de Ciudadanos y de Vox, sigue siendo un partido casi exclusivamente urbano que apenas tiene presencia fuera de las grandes concentraciones de población, las únicas donde opera la proporcionalidad en el reparto de escaños. De ahí que, a diferencia de lo que sucede con tantos y tantos de la derecha, casi ningún voto de Podemos o del PSOE tenga como destino último la papelera. Pero es que si todo ese plomo en las alas todavía fuese poco para los de Rivera, Abascal y Casado, conviene no olvidar que la derecha española solo ha conseguido gobernar gracias a sus propias fuerzas dos veces a lo largo de los últimos 40 años. Lo logró una vez Aznar y otra Rajoy. Punto. En todos los demás casos necesitó recurrir al apoyo parlamentario de esos separatistas catalanes a los que ahora ha prometido aplicar un 155 vitalicio. Lo único que tiene la derecha son votos. Votos y solo votos. La mayoría de ellos, además. Votos tiene de sobra. No así los escaños que ella misma se ha encargado alegremente de entregar a la izquierda. Y, desde el Uno de Octubre, tampoco le restan ya bisagras. Les quedan, pues, solo dos opciones: o destinar los próximos 13 años a matarse entre ellos mientras gobierna la izquierda, para que siga la tradición, o inventar de nuevo el PP. Ellos sabrán.

España y PP
Nota del Editor 4 Mayo 2019

Ya tenemos experiencia acumulada suficiente para certificar que el PP siempre ha sido parte importante del problema, por eso tratar de meterlo en la UVI y reanimarlo no tiene sentido. La solución es Vox, y poco a poco iremos avanzando, en defensa de España y de los españoles. No queremos que los de siempre puedan permitirse el lujo de insultarnos más veces.

El impuestazo de Sánchez
EDITORIAL Libertad Digital 4 Mayo 2019

Hace justo una semana, advertíamos desde estas mismas páginas que el resultado del domingo afectaría a los bolsillos de los españoles, ya que las elecciones generales no sólo marcarían el devenir político del país durante los próximos cuatro años, sino que también afectarían al conjunto de la economía nacional y, más concretamente, a las finanzas de familias y empresas en caso de que gobernara Pedro Sánchez. Siete días después, comienzan a atisbarse las primeras consecuencias que traerá consigo el futuro Gobierno del PSOE: una de las mayores subidas fiscales de la historia.

El Programa de Estabilidad que el Ejecutivo envió a Bruselas el pasado martes incluye la intención de aumentar la presión fiscal en cerca de 26.000 millones de euros de aquí a 2022 mediante una larga lista de alzas impositivas, cuyo impacto vaciará aún más el bolsillo de los contribuyentes, al tiempo que lastrará la generación de riqueza y empleo. Y todo ello, además, en un momento muy delicado, debido, por un lado, a la desaceleración del PIB a nivel interno, y, por otro, a las turbulencias e incertidumbres que registra el panorama internacional.

A los más de 3.000 millones de euros procedentes del aumento de las cotizaciones sociales, se sumarán otros 5.600 millones de euros extra en incrementos fiscales a partir del 1 de enero de 2020. En total, unos 9.000 millones de euros, una cifra similar al primer impuestazo que aprobó el anterior Gobierno de Mariano Rajoy de la mano de su desastroso ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, solo que entonces España estaba al borde de la quiebra y hoy, sin embargo, encadena un lustro de crecimiento económico. De hecho, el palo fiscal de Sánchez amenaza con ser mucho peor que el de Montoro, ya que el PSOE también revisará los principales beneficios fiscales que disfrutan familias y empresas, cuya cuantía ronda los 60.000 millones de euros, con el fin de elevar la recaudación.

Aunque el mayor problema es que esta retahíla de impuestos tan solo es el principio. El objetivo de Sánchez es negociar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado para 2020, cuya aprobación dependerá del visto bueno de Podemos, y, visto el liberticida y confiscatorio programa electoral del partido morado, todo apunta a que Pablo Iglesias exigirá nuevos sablazos fiscales para otorgar luz verde a dichas cuentas. Asimismo, la intención de los socialistas es reactivar el Pacto de Toledo para parchear de nuevo el sistema público de pensiones con nuevos impuestos, de modo que la factura final para el contribuyente podría ser muy superior a la anunciada inicialmente por el Gobierno.

Los socialistas y sus voceros insisten en que su particular expolio fiscal recaerá sobre las rentas altas y las grandes empresas, pero tal afirmación raya el insulto. La subida del diésel, el nuevo impuesto tecnológico, la tasa sobre las transacciones financieras, el incremento de las cotizaciones o la revisión de los beneficios fiscales impactarán de lleno en las clases medias, reduciendo así tanto su renta disponible como su capacidad de ahorro e inversión.

Y lo peor de todo es que este latrocinio en ningún caso irá destinado a la mejora de los servicios públicos, sino a engordar las redes clientelares que están al servicio del PSOE con la finalidad de comprar votos y mantenerse en el poder, a imagen y semejanza de lo que ha sucedido en Andalucía durante los últimos 40 años. La era Sánchez que recién comienza costará muy cara a los españoles.
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Vox centra ahora su estrategia en atacar al PSOE
El partido modula sus críticas contra la "derechita cobarde" y la "veleta naranja"
Maite Loureiro Libertad Digital 4 Mayo 2019

La irrupción de Vox en el Congreso de los Diputados les ha abierto también la puerta de otras instituciones en lo que a actos se refiere. Por primera vez los miembros del partido participaron en las celebraciones del 2 de mayo y no desaprovecharon la oportunidad de publicitarse de cara al 26M. Sus candidatos en Madrid, Rocío Monasterio y Javier Ortega Smith, acudieron acompañados del diputado por Madrid, Iván Espinosa de los Monteros.

A pesar de la tensión política vivida durante los actos y de las duras declaraciones de Pablo Casado contra Vox refiriéndose a ellos como "derecha radical" "extrema derecha" o "ultra derecha", Monasterio y Ortega Smith evitaron entrar en el cuerpo a cuerpo con el PP. "Otros que sigan con sus divisiones, con sus enfrentamientos. Hemos venido a enviar un mensaje de unidad y las batallas de los viejos partidos se las dejamos a ellos", dijo Javier Ortega Smith al ser preguntado por los periodistas. También Rocío Monasterio hizo hincapié en su mensaje sin enfrentarse a PP y Cs.

El mismo día, en Twitter, Santiago Abascal, muy crítico en otras ocasiones en sus respuestas a los ataques del PP, evitaba también responder directamente a las palabras de Pablo Casado. "Siga el señor Casado equivocándose de enemigo. Nosotros a nuestras propuestas", escribía desgranando algunas de ellas como la repatriación de inmigrantes ilegales, cierre de chiringuitos ideológicos, reducción de impuestos, defensa de la libertad de educación y defensa de la igualdad de los españoles ante la ley.

Su vicesecretario de comunicación y diputado electo por Toledo, Manuel Mariscal, al ser preguntado por los ataques de PP y Cs durante una entrevista en EsRadio, evitaba la crítica directa y desviaba la cuestión hacia la exclusión de Vox en la ronda de contactos de Pedro Sánchez. Desde Andalucía llegaba la posición más dura contra el PP en forma de advertencia al exigirles una rectificación en sus "insultos" o, de lo contrario, ni siquiera se sentarán a negociar con ellos los Presupuestos autonómicos.

Después de dirigirse a los ‘populares’ como la "derechita cobarde" e incluso más recientemente definirles como "la veleta azul" tras el giro al centro dado por Pablo Casado, y hablar de Ciudadanos como "la veleta naranja" acusando a su líder, Albert Rivera, de seguir las directrices de Francia, ahora los dirigentes de Vox optan por un perfil más combativo con el PSOE y los separatistas y menos centrado en atacar a sus potenciales aliados, evitando así una guerra suicida en la derecha.

"No queremos que el PP desaparezca", admiten en el partido de Santiago Abascal conscientes de que cualquier gobierno alternativo a la izquierda el 26M pasa por la suma de los tres partidos. "No deseo que el PP implosione ni se disuelva", aseguraba de hecho Iván Espinosa de los Monteros en una entrevista en Antena3 añadiendo que "espera que sea un proceso paulatino". También el papel negociador de los ‘populares’ haciendo de nexo entre Vox y Cs, como ya demostraron en Andalucía, será fundamental después de las autonómicas y municipales.

Vox: España ya no es la excepción
La entrada de los de Abascal en el Congreso acaba con el freno que nuestro país suponía frente a los partidos de extrema derecha en Europa. El 26-M revelará si son un fenómeno pasajero o si han llegado para quedarse.
Susana Campo. larazon 4 Mayo 2019

«Es falso que haya tres derechas. En España solo hay un partido de centroderecha: el PP. Otro de extrema derecha, Vox, y otro socialdemócrata, Ciudadanos, disfrazado de liberal». Con estas palabras que pronunció el presidente del PP, Pablo Casado, tras el comité ejecutivo nacional del martes, los populares pasaron a la carga y se distanciaron de la formación de Santiago Abascal, a la que sitúan en el mismo espectro político que otros partidos de nuestro entorno.

La Vieja Europa, que hace décadas fue testigo de una atroz guerra para frenar el avance del nazismo y el fascismo, observa cómo las fuerzas de extrema derecha emergen y toman las instituciones con una retórica agresiva y beligerante. La fragmentación del electorado es evidente. Hasta el pasado domingo, España era la excepción entre los grandes países europeos, situación que ha cambiado con el resultado electoral de las elecciones del 28 de abril: el partido que preside Santiago Abascal logró 24 escaños y 2,7 millones de votos, que representan el 6,9% del apoyo electoral. Se trata de un resultado nada desdeñable, aunque muy inferior al que esperaban sus líderes, que fantasearon con alcanzar entre 60 y 70 escaños. Si comparamos su resultado con el que obtuvieron el resto de la formaciones europeas cuando irrumpieron en sus parlamentos nacionales, la realidad es que Vox llega con menor impacto que sus partidos hermanos.
Vox: España ya no es la excepción

En nuestro entorno, la Liga italiana sumó un 17% en las legislativas de 2018 y el último sondeo previo a las próximas elecciones europeas le dan un 37%. En Francia, Marine Le Pen alcanzó la segunda ronda de las presidenciales y se enfrentó cara a cara a Emmanuel Macron, logrando el 33,9% de las votos. Por su parte, Alternativa para Alemania se apuntó un 12,6% en las legislativas de 2017. Más al norte y recientemente, el partido Verdaderos Finlandeses quedó en segunda posición al obtener un 17,5% de los votos. También en la tradicionalmente liberal y tolerante Suecia, la derecha nacionalista de los Demócratas Suecos logró un 17,6% de los votos en las elecciones de septiembre del año pasado.

Con la irrupción de Vox, España se suma al «club» de los países con presencia de formaciones con una oratoria extremista. En términos generales, todas ellas abrazan un discurso similar de rechazo a los inmigrantes, exaltación de la unidad nacional, ataque a la UE, oposición a los medios de comunicación tradicionales y uso de mensajes claros y sencillos que no requieren de profundidad. La cuestión ahora es averiguar cuál será el alcance de la formación y si seguirá creciendo, o si por el contrario ya ha alcanzo su techo electoral. Para la experta en comunicación y politóloga Verónica Fumanal, su entrada en el Parlamento hará que el discurso «vire, porque van a poner mociones legislativas en contra del feminismo, de la violencia de género, de la migración... lo que hará desviarse a los partidos contra los que compiten». Eduardo González Vega, experto en Comunicación Política de la UCJC, da por hecho que su comunicación será agresiva: «Cuando no tienes responsabilidades de gobierno, tu comunicación puede ser muy agresiva, forzando tu papel. Una cosa es decir lo que quieres hacer y otra cuando te sientas a tomar decisiones. Entonces, si estás fuera, te va a permitir jugar a la contra y seguir con un discurso agresivo». Los exámenes poselectorales revelan que Vox le quitó 2,1 millones de votos al PP. Según el análisis de Lorente Ferrer para LA RAZÓN, el 51,7% optó por otras alternativas, básicamente las otras dos marcas del centroderecha. Las municipales y autonómicas del 26 de mayo serán el termómetro para conocer el verdadero alcance que tendrá la formación de Abascal. Ese mismo día se celebran las europeas, donde Vox podría consolidar su alianza con el resto de partidos euroescépticos.

Según las proyecciones del Parlamento Europeo, el movimiento Europa de las Naciones y de las Libertades (ENF) –encabezados por Le Pen, Salvini y Wilders– se situaría como cuarta fuerza en la Eurocámara tras populares y socialdemócratas, que perderían la mayoría absoluta y necesitarían a los liberales. Por el momento, los de Abascal no han anunciado si concurrirán con ellos, pero son muchos los rasgos en común. Habrá, por tanto, que esperar hasta finales de mayo para comprobar si Vox es un fenómeno pasajero para votantes desencantados o ha llegado para quedarse.

Oratoria extremista. críticas simplonas
Nota del Editor 4 Mayo 2019

Si todos quienes critican a Vox supieran y sufrieran ser ciudadanos de cuarta clase, cambiarían rápidamente de opinión. Y si todavía quedase algún despistado, sería caso de frenopático.

El hachazo fiscal de Sánchez lo pagará la clase media
Daniel Lacalle elespanol 4 Mayo 2019

“I hate to say I told you so”. The Hives.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha enviado, con nocturnidad y alevosía y una vez pasadas las elecciones, su “propuesta” de Plan de Estabilidad. Es básicamente desempolvar los Presupuestos para 2019 que incluían estimaciones de ingresos imposibles según todos los organismos, desde Funcas o el Banco de España y la AIReF. El propio Gobierno ya ha comunicado a Bruselas que se saltará su propio objetivo de déficit en 9.000 millones de euros. Y culpa a la oposición porque no le dejaron subirnos los impuestos a todos, malvados ellos. Es falso, porque sus Presupuestos incluían un agujero fiscal real adicional de 8.200 millones de euros.

El aumento de la "presión fiscal" que desvela el Gobierno en su informe a la Unión Europea, dos días después de las elecciones, supone pasar del 35,1% del PIB en 2018 al 37,3% en 2022, es decir, son más de 26.000 millones de euros. Es decir, 565 euros por español y 1.368 euros por familia.

Engaño 1: “Lo pagan los ricos y las grandes fortunas”. Recordemos que hablamos de 26.000 millones adicionales y anuales.

El que píense que 26.000 millones de euros anuales y adicionales en impuestos los van a pagar 90.000 personas y 35 empresas no solo es ingenuo, tiene un grave problema con la estadística y las matemáticas.

Primero, asumen que los ingresos fiscales récord de 2018 son consolidables y eternos y, segundo, que se añadirá a dicha cifra aumentando los impuestos de manera brutal.

Incluso si acudimos al documento de “plan de estabilidad” (llamarlo estabilidad es como mínimo hilarante), asumen 1.776 millones de euros de mayor recaudación por Impuesto de Sociedades, 328 por las llamadas “rentas altas”, 338 millones por patrimonio y… 670 millones de euros por el impuesto al diésel. Es decir, en las propias estimaciones del Gobierno son los consumidores y las clases medias los que pagan la mayor parte del hachazo… que además infla de manera desproporcionada las expectativas de recaudación a las rentas y empresas. Estudios empíricos muestran que el efecto recaudatorio es muy bajo o negativo.

Las principales partidas de ingresos estimados suponen más impuestos a la clase media, autónomos y pymes: subida de impuestos al ahorro que afecta a 12,7 millones de personas, subida del diésel que afecta a 10,5 millones de personas, eliminación de deducciones y ayudas fiscales que afecta a más de 14 millones de personas y más de un millón de pymes. Añada el impuesto a las transacciones financieras y la mal llamada tasa Google: siempre lo pagan los consumidores y clientes minoritarios. Y eso si nos creyéramos las estimaciones de ingresos.

Si acudimos a estimaciones más realistas, el agujero fiscal puede duplicarse y el aumento de impuestos seguiría siendo mayor. Recordemos que el anterior Gobierno socialista subió impuestos a “los ricos” esperando recaudar 5.400 millones y no llegó a 705, y que las subidas de impuestos siguientes empeoraron el potencial de crecimiento y la recaudación. Ningún país de la Unión Europea ha cumplido sus estimaciones de consolidación fiscal a medio plazo aumentando gastos y subiendo impuestos.

Ya lo explicamos la semana pasada, en el Impuesto de sociedades el engaño lo introducen en la doble imposición encubierta. Es decir, si tiene usted una empresa con un 50% de ingresos (e impuestos pagados) en el extranjero, le dicen que paga poco en España. Doble imposición de libro. Como la realidad es que los tipos medios que pagan las empresas en España están por encima del 19% según la AEAT, el efecto recaudatorio es cero. En la estimación más optimista, supone un impacto de la recaudación máximo de 1.500 millones de euros.

Engaño 2: Alguno ha dicho que ese aumento de la “presión fiscal” no es una subida brutal de impuestos porque se genera por mayor crecimiento (sube más el PIB y, con ello, los ingresos), pero es falso. El Gobierno y su maquinaria de la mentira que se ha pasado la campaña negando la ralentización, ha bajado de nuevo las estimaciones de crecimiento a medio plazo. Por lo tanto, no suben los ingresos fiscales por mayor crecimiento ni mayores beneficios empresariales.

El crecimiento de la demanda nacional en el primer trimestre ya ha caído siete décimas, especialmente en los hogares (1,2 puntos porcentuales) y los beneficios empresariales (renta mixta bruta) crecen menos de la mitad que en el primer trimestre de 2018 y 2017, según datos de la contabilidad nacional.

Recordemos que ese enorme aumento de la presión fiscal incluye una estimación de crecimiento del PIB que es, como mínimo, optimista. El cuadro macroeconómico que presenta el Gobierno cae en los mismos trucos que ya hemos denunciado en años anteriores, infraestimar los indicadores que nos afectan negativamente y exagerar los positivos. Con una gran diferencia. Lo hacen en el pico del ciclo, por lo que el impacto negativo ante una ralentización es mayor.

El supuesto aumento de ingresos fiscales estimado y adicional es directamente un aumento de cuña fiscal a empresas y familias. Es improbable que se cumplan los ingresos estimados, pero el aumento de cuña fiscal a la mayoría será muy real. Más escollos a la inversión, la creación de empleo, el consumo y el ahorro.

Todo esto lo saben ellos. Pero el objetivo no es reducir el déficit, ni defender el Estado de bienestar ni crear empleo. El objetivo es controlar cada vez más aspectos de la actividad económica. Y, cuando falle, como siempre, echar la culpa de los recortes al siguiente y presentarse ellos como los salvadores.

Lo que Sánchez no quiso contar en campaña: 26.000 millones más en impuestos
El autor, diputado y responsable de asuntos fiscales en Cs, disecciona el plan de subida de impuestos que plantea el Gobierno, que considera mal calculado y negativo para el empleo y el crecimiento.
Francisco de la Torre Díaz elespanol 4 Mayo 2019

El Gobierno en funciones de Pedro Sánchez va a subir los impuestos muy por encima de lo que el propio Sánchez y sus portavoces admitían en la campaña electoral. Esto es lo que se deduce de las cifras del Plan de Estabilidad enviadas con nocturnidad (a las 10 de la noche) menos de 48 horas después de que cerrasen las urnas. Y este Plan de Estabilidad, desgraciadamente, tiene algunas previsiones con errores evidentes, como luego veremos.

Todo esto lo podían y lo debían haber sabido los españoles antes de ir a votar, porque no existe ninguna obligación de apurar al límite el plazo para enviar a las Autoridades Europeas el plan de Estabilidad. Dada la inconsistencia de algunas cifras, resulta lógico que el Gobierno Sánchez ocultase estos datos a la opinión pública. Ahora bien, los españoles tenían derecho a saber qué impuestos iba a subir Sánchez, y sobre todo en qué magnitud, si finalmente salía elegido.

IRPF, Sociedades, diésel...
Con un primer examen al plan, están bastantes claras algunas subidas de impuestos -IRPF, Sociedades, diésel, cotizaciones a la Seguridad Social...- y la creación de otros -tasa Google, tasa Tobin…-, pero el incremento será muy superior incluso si se cumplen las cifras que Sánchez y su equipo han enviado a Bruselas. Si no se cumplen, la presión fiscal será aún mayor, habrá recortes o el déficit no se reducirá: a elegir.

Empecemos por la subida de impuestos: Sánchez pretende aumentar la presión fiscal desde el 35,1% del PIB de 2018 hasta el 37,3% en 2022, lo que con el PIB actual supondría incrementar la recaudación por impuestos en más de 26.000 millones de euros. Y esto sería más consecuencia de subir impuestos que del crecimiento económico previsto. Para el Ministerio de Economía, un incremento sustancial de los impuestos y las cotizaciones sociales no tiene efectos negativos ni en el empleo ni en el crecimiento; pronto veremos, para nuestra desgracia, que no es así.

En IRPF y cotizaciones sociales es donde cabe esperar mayores subidas fiscales, muy por encima de las anunciadas

Veamos con números cómo este incremento de “presión fiscal” es incremento de impuestos, puro y duro. Por ejemplo, se prevé que los impuestos indirectos pasen de suponer el 11,6% del PIB en 2019 a que supongan el 11,8% en 2022. Ahora bien, se prevé que el consumo se desacelere y crezca mucho menos que el PIB nominal. Según el cuadro de la página 25 del plan, hay una previsión de incremento del consumo público y privado que está, según los años, entre el 1,9% (máximo) en 2019 y el 1,3% (mínimo en 2022).
Impuestos indirectos

Sin embargo, el PIB nominal crecerá entre el 3,5% y el 3,9%. En consecuencia, el cociente entre las bases de los impuestos al consumo y el PIB irá disminuyendo. En estas condiciones, el cociente entre recaudación por impuestos indirectos y PIB sólo puede aumentar si se incrementan, y no poco, los tipos del IVA y los impuestos especiales, como el diésel.
Impuestos directos

Algo similar se puede decir de los incrementos de los impuestos directos y de las cotizaciones sociales. Aquí hay que tener en cuenta que la recaudación del IRPF -que es el principal impuesto directo y recauda más del triple que el impuesto de sociedades- depende en un 85% de los rendimientos del trabajo (salarios y pensiones fundamentalmente), y que las cotizaciones sociales se pagan también sobre los salarios fundamentalmente.

Según los datos del propio Gobierno en el Plan de Estabilidad, se prevé que la remuneración de los asalariados esté creciendo entre 2020 y 2022 al 4,1%, muy ligeramente por encima del PIB nominal (que lo haría entre en el 3,5% y el 3,9%). En estas condiciones, si no hubiese subidas de impuestos, la recaudación por impuestos directos y cotizaciones se incrementaría una o dos décimas, no 1,8 puntos (unos 23.000 millones de euros) como prevé el Gobierno de Sánchez. Aquí es donde podemos esperar mayores subidas fiscales, muy por encima de las ya anunciadas, y que por supuesto impactarán de lleno a la clase media.

Déficit y recaudación
Estas previsiones fiscales, al menos en mi opinión, no resultan creíbles. Por eso considero que tienen errores graves y no se cumplirán. Pensemos, por ejemplo, y por ser lo más fácil de comprobar, en la previsión de déficit para 2019. Según el Gobierno socialista en funciones, en 2019 concluiremos en la Administración General del Estado con un déficit del 0,5% del PIB, rebajando un 0,9% el déficit con el que cerramos 2018, que fue del 1,4%. ¿Ciencia Ficción? Por supuesto, sólo en el periodo enero-marzo, la Administración General del Estado tuvo un déficit del 0,54%. Para que esto se cumpliese habría que tener superávit el resto del año. Esto es simplemente imposible, teniendo en cuenta que Sánchez está buscando un acuerdo con Podemos -frontalmente contrario a reducir más el déficit- y que, por imposibilidad práctica, han dejado las subidas de impuestos para 2020.

Patrimonio y tasas Google y Tobin
Con todo, donde hay más errores es en el corta-pega de las medidas fiscales. Aquí el Gobierno remite exactamente las mismas medidas que ya envió a Bruselas, y que incluyó bien en los Presupuestos, bien en proyectos de ley separados (tasas Google y Tobin). Por ejemplo, se prevé un incremento de recaudación de 339 millones de euros en el Impuesto de Patrimonio, en el que el Gobierno de Sánchez no puede tocar la tarifa, porque corresponde a las comunidades autónomas. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AiRef) consideró que esto podría recaudar entre 0 y 10 millones de euros. En mi opinión, salvo una modificación sustancial de la financiación autonómica, la primera cifra -cero- es la más probable.

Otro ejemplo clarificador de esta chapuza ocultada a los españoles antes de ir a las urnas, se refiere a la famosa tasa Google. Aquí, según el proyecto de ley remitido al Congreso, el hecho imponible del que se pretende la mayor parte de la recaudación es la “transmisión de datos”. Bien, les copio literalmente lo que incluye el plan como gravado al 3%: “la venta de datos obtenidos a partir de información proporcionada por el usuario”. Esto está prohibido por la normativa de protección de datos, por lo que nadie lo va a admitir en una declaración. Por supuesto que se hace, pero todas las empresas niegan hacerlo. Implantar un impuesto a esta actividad se parece a hacerlo sobre el tráfico de drogas, al menos en su resultado recaudatorio: próximo a cero.

Fuera del programa
Podríamos seguir, pero este plan, con sus muchos fallos, lo que desvela es una intención de cuadrar las cuentas con mucho optimismo infundado y basándose exclusivamente en subidas de impuestos que pagaremos todos de forma directa e indirecta. Los españoles debían haberlo sabido con detalle, pero el Gobierno de Sánchez esperó hasta última hora para comunicarlo a Bruselas, a la que ha dado más datos y explicaciones que a los electores. De hecho, sus portavoces económicos tuvieron incluso el cuajo de negar hasta la subida al diésel. Como me dijo en un debate el secretario de Economía del PSOE, Manuel Escudero, con mucha precisión: eso no está en el programa. El propio Pedro Sánchez, en otro debate, no paró de decirle a Albert Rivera cuando explicaba estas subidas de impuestos una expresión muy gráfica: “mentira, mentira, mentira”.

La posición de la CEOE
Obviamente a toda esta catarata de subidas de impuestos, el principal partido de la oposición, Ciudadanos, se opondrá. Y lo haremos pese a las opiniones de algunos votantes del PSOE que ahora están asustados de lo que se les viene encima, y no sólo en cuestión de impuestos. Ésta es una política contraria a lo que hemos propuesto desde Ciudadanos a los electores, y por encima de todo a lo que le conviene al bolsillo de los españoles y a la Economía española. Y aún menos le daremos un cheque en blanco a Sánchez en forma de abstención en la investidura, como pide Antonio Garamendi, presidente de la CEOE. Garamendi parece no estar en desacuerdo con este programa de subidas indiscriminadas de impuestos, o si no, simplemente no se entienden sus declaraciones. Pero en cualquier caso, Garamendi no se presentó a las elecciones para representar a los españoles y otros sí lo hicimos.

Concluyo esta primera tribuna en EL ESPAÑOL después de las elecciones agradeciendo la lectura y los comentarios, que fueron cientos, de las tres anteriores que publiqué en la campaña de las elecciones generales. Espero haber podido aportar información y análisis para que los lectores pudiesen decidir su voto con más conocimiento. En cualquier caso, tengo que agradecer también a los muchos españoles, más de cuatro millones que eligieron la papeleta de Ciudadanos. Por supuesto, agradezco el apoyo de los madrileños a la lista de Ciudadanos en Madrid, casi el 21%, segunda fuerza política, lo que posibilitó mi reelección como diputado en el Congreso. Era la tercera vez que me presentaba en cuatro años, y espero estar a la altura de la confianza de los ciudadanos: vuelve a ser un honor.

*** Francisco de la Torre Díaz es diputado electo por Madrid, responsable de Hacienda de Ciudadanos e inspector de Hacienda (SE).

Juerga en el gallinero
La Nueva Política va afianzando sus extraordinarias virtudes
Luis Ventoso ABC 4 Mayo 2019

En política, cuando nos ponemos a ello, los españoles somos capaces de darles un repaso a Pericles, Maquiavelo y Bismarck juntos. Pueblo sereno y de mirada preclara, hace cuatro años nos caímos del guindo y nos dimos cuenta de que el bipartidismo era más camp que el Simca 100, los casetes de Los Chichos y la tortilla de patatas en fiambrera. Eso de que un partido conservador y otro socialdemócrata fuesen alternando con mayorías estables y Gobiernos sólidos era una antigualla, un atraso «viejuno y casposo». Sin duda España funcionaría mucho mejor con una ensaladilla de partidos débiles, con líderes guapos, jóvenes, chaqueteros y sin experiencia laboral alguna, y con un retorno exprés al revanchismo ideológico más cainita y estéril, que la Transición había dejado atrás en 1978. Así que nos pusimos a ello y podemos concluir con orgullo que hemos triunfado por todo lo alto.

La Nueva Política está que se sale. Sánchez firmó el domingo la victoria electoral más pírrica de la historia de nuestra democracia, la de menos escaños. Pero es jaleada por su tele afín -que es casi toda- como una gesta equiparable a la de Escipión el Africano sobre Aníbal en la Batalla de Zama. Con 14 escaños más de lo que tiene ahora Sánchez, el triunfo de Rajoy en 2016 se consideró pelado, «muy corto», y de hecho sudó tinta para gobernar. Pero Sánchez proclama que lo hará en solitario, porque le apetece, y se da por hecho que así será, aunque Iglesias ya le exige ministerios para apoyarlo y los separatistas no tardarán tres tardes en acogotarlo con otro ultimátum en forma de referéndum.

Casado, que dos días antes de los comicios le ofrecía a Vox entrar en su Gobierno, lo tacha ahora de «ultraderecha» y acusa a Abascal de «cobrar de fundaciones, chiringuitos y mamandurrias» (lo cual es cierto, porque Don Pelayo no ha tenido jamás una nómina fuera del PP, que le diseñó hasta un empleo a la carta). Vox, que se ha aburrido de insultar a todo lo que se mueve, se pone entonces estupendo. Muy ofendido, exige disculpas y amenaza al PP con cargarse el Gobierno de la Junta de Andalucía torpedeando sus presupuestos. Rivera, que ha perdido tres elecciones generales consecutivas y ha quedado de tercero, levita por la Villa y Corte y va diciendo que ahora él es el jefe de la oposición (cuando ha logrado 28 diputados menos de los que tenía Sánchez tras despeñarse en 2016). Junqueras enfría el cava en su nevera portátil del hostal del Estado, porque observa que la política española ha derivado en un gallinero y sabe que el desorden le dará alas. Cayetana y Teodoro continúan con su altivo porte olímpico, incapaces de entender que la arrogancia displicente no vende un peine en las urnas. Otegui, un terrorista convicto, es un hombre de Estado, y el PNV se apresta a pasar el cepillo perdonándonos la vida y a trincar como siempre (o más). Por lo demás, ya hay algunas conquistas claras: nos van a abrasar a impuestos, a consignas cursis y a intromisiones regulatorias en nuestra privacidad. Ha llegado la Nueva Política. ¡Preparen el airbag!

El reino
Incitatvs. vozpopuli  4 Mayo 2019

El domingo 28 de abril, día de las elecciones, a última hora de la noche, Pablo Casado se presentó (mejor: compareció) ante las cámaras de televisión y dijo que la culpa de todo la tenían los demás. No él. Los demás. Alguien se habrá ocupado de desollar vivo al tipo de comunicación que consintió que, en aquellos terribles minutos, Casado estuviese flanqueado por dos de sus fieles, Teodoro García Egea y Adolfo Suárez Illana, vestidos ambos de enterradores y con la cara que suele ponerse en los tanatorios cuando le das un abrazo al padre del chaval que se ha matado con la moto.

Pero Casado, que iba vestido igual, sonreía con asombrosa desenvoltura. ¿De qué se reía? Pues eso no lo sabe nadie. ¿Por qué se reía, al menos? Eso está claro: porque la culpa de todo la tenían los demás. No él. Los demás.

Ahora imagínense ustedes lo que habrían dicho Casado, el PP y sus periódicos de escolta si quien hubiese perdido en un solo día la mitad de sus votos y de sus escaños hubiese sido Sánchez. Lo habrían descuartizado. El griterío pidiendo su dimisión sería, ahora mismo, insoportable. Pero con Casado no sucede eso. Aparte de algunos tertulianos televisivos que, en la noche trágica, cuando quedó claro que el PP perdía 71 escaños y tres millones y medio de votos, daban por hecho que el sonriente líder del PP dimitiría de un momento a otro, nadie le ha pedido que se vaya. ¿Y eso por qué? Pues está claro, ¡si él mismo lo dice! Porque la culpa de la catástrofe la han tenido los demás. No él. Los demás.

Casado dice que la culpa del desastre del PP no es de su partido (ni suya, desde luego), sino de la división del voto de la derecha. Bueno. No hace falta tener un máster auténtico por la Universidad Rey Juan Carlos para llegar a semejante conclusión. Eso es indudable y se demuestra contando por los dedos. Con la ley D’Hondt ahí puesta todavía como si fuese la última superviviente de las leyes fundamentales de Franco, es muy probable que una derecha unida hubiese sacado más escaños (seguramente no más votos) que la izquierda.

Pero ¿quién dividió a la derecha? Ahora hay zombies que salen de sus tumbas y desenvainan una vieja broma de Rajoy, cuando animaba a los liberales del PP a irse al Partido Liberal y a los conservadores a largarse al Partido Conservador. Rajoy decía aquello para demostrar que el PP lo englobaba todo, pero qué más da eso: ahora se pretende que, con aquella frase, el líder de la derecha pretendía nada menos que dividir a la derecha, gilipollez elevada al cubo que ahora los zombies pretenden que la gente se trague porque, como quizá hayamos dicho más arriba, Casado no tiene la culpa de lo que ha pasado. La tienen los demás. No él. Los demás. Y además, los zombies siguen convencidos de que la gente se traga cualquier cosa.

Ha llegado, pues, la hora de la venganza y de hacer leña del árbol caído. Y el árbol no es Casado, desde luego. Es Rajoy.

Rajoy, que era un vago y un pusilánime y un cobardica que esperaba a que los problemas se resolviesen solos. Rajoy, que no se atrevió a sacar los tanques para bombardear Cataluña. Rajoy, que no cortó de raíz la corrupción. Ese es el que tiene la culpa de todo. Rajoy. No Casado, que ha perdido 71 escaños y 3,6 millones de votos… por culpa de Rajoy.

La falta de rapidez de Rajoy cuando había que tomar decisiones no es una teoría: es un teorema perfectamente demostrado. La torpeza del Gobierno con la crisis catalana viene de lejos y es responsabilidad de mucha gente, no solo del árbol caído. Pero se me ocurre que ahora mismo hay una terapia estupenda para aquellos que, en la derecha, se tiran de los pelos buscando culpables para lo que ha ocurrido; culpables entre los que no puede estar Casado, ya lo hemos dicho, porque Casado no tiene la culpa de nada, pobrecín. Esa terapia consiste en ver la magistral película El reino, de Rodrigo Sorogoyen, protagonizada por Antonio de la Torre.

Se trata, ya lo sabrán ustedes, de lo que ocurre en un partido político español cuando, por una vendetta interna, alguien hace público un caso de corrupción. Uno más o menos pequeño. Se pone en marcha el perverso mecanismo de las traiciones y las venganzas y, antes de que el protagonista llegue a hacer público el auténtico y gigantesco engranaje de la corrupción (interminables listas de sobres para todo el mundo, algo así como los papeles de Bárcenas), pasa lo que pasa, que no se lo voy a contar yo.

No podemos saber, aunque lo imaginemos, qué habría hecho Rivera con Cataluña, de haber sido presidente del Gobierno. Tampoco tenemos la certeza de lo que habrían hecho los del “partido del cuarto gin-tonic”, como llama a Vox Rubén Amón, aunque esto es todavía más fácil de imaginar, sobre todo si uno es propenso a las pesadillas. Pero sí sabemos con certeza una cosa: en una democracia, por imperfecta que sea, la corrupción generalizada, institucionalizada, habitual, pasa factura.

El partido condenado por el enorme y multitudinario escándalo de la Gürtel no puede seguir siendo una opción de gobierno. Un país no puede ser eternamente dirigido por una cuadrilla de salteadores de caminos en la que, como se dice en El reino, “o pagas, o pagas”. Eso es imposible. Los socialistas, pillados con bastantes manos en el cajón del pan en Andalucía, lo saben bien: robar sale, al final, muy caro. Los electores perdonarán, pasarán por alto, querrán ignorar o incluso se sentirán moralmente cómplices (en algunos casos) de los ladrones durante un número indeterminado de años, pero eso no dura para siempre. A nadie le gusta votar tapándose la nariz. Esa es, en mi opinión, la causa primera de lo que le ha sucedido al PP. Ahí está la culpa. No en aquella frase tonta de Rajoy. No en Cataluña. Ni siquiera en Casado, que ha tratado de ser más de derechas que los que se le escapaban por la derecha, que hay que ser mendrugo, pero que no tiene (ya lo dice él) la culpa de nada.

Veremos de qué tiene la culpa Casado si, en las elecciones municipales, autonómicas y europeas del día 26, se repite la catástrofe para su partido, que es muy probable. Y veremos si en esa noche, antes de salir de nuevo ante las cámaras acompañado por dos empleados de pompas fúnebres, se le ocurre plantearse la última pregunta que se hace en la película El reino: “¿Usted se ha parado a pensar durante un segundo, en algún momento de su vida durante todos estos años, lo que han estado haciendo?”

Lo que está en juego es el cambio en Andalucía
Editorial El Mundo 4 Mayo 2019

El bipartito andaluz de PP y Cs apoyado parlamentariamente por Vox ha traspasado la siempre simbólica barrera de los cien primeros días de Gobierno con una máxima: trabajar para revertir la nefasta herencia del socialismo tras cuatro décadas de desgobierno desde el Palacio de San Telmo. Pero los resultados electorales del 28-A han hecho tambalear esta semana esa unidad.

El viraje de Pablo Casado tras su debacle en las urnas, cristalizado en una vuelta a posiciones más centristas y en la crítica al extremismo de Vox, ha levantado ampollas en el partido de derecha radical hasta el punto de amenazar con torpedear la estabilidad. Así, el jueves por la mañana amagó con dejar en el abismo al Ejecutivo autonómico, aunque ese mismo día sus 12 diputados, claves para dar luz verde a las medidas del bipartito, apoyaron con sus síes la rebaja fiscal del Gobierno y respaldaron la reforma del Estatuto de Autonomía pactada por populares y Cs para suprimir los aforamientos. Pero las aguas siguen revueltas. La próxima semana, Hacienda comenzará los contactos para aprobar los Presupuestos y los de Santiago Abascal ya han avisado que si Casado no rectifica no habrá nada que negociar. Y para presionar aún más al PP, ha asegurado en plena crisis que el Ejecutivo le ha entregado información sobre trabajadores contra la violencia de género.

A nadie se le debe escapar que la maximalista posición de Vox no solo es una reacción airada frente a Casado, sino parte de su estrategia de cara a las municipales y europeas. Si algo ha evidenciado el 28-A es que millones de votantes del PP han decidido fiar su papeleta a Cs y a Vox. En Andalucía, los populares perdieron cerca de 700.000 electores respecto a los comicios generales de 2016, mientras que Cs creció en 200.000 y Vox cosechó 600.000 votos. Así, la autoenmienda de Casado es la excusa perfecta para que Vox se lance a la caza del votante indeciso de la derecha. Ante tal irrefrenable ambición de aumentar su base electoral, parece necesario recordar que si la formación cuenta tras las elecciones autonómicas con el respaldo del 11% de los andaluces y desempeña un papel esencial en el Parlamento, es porque su compromiso no era para con sus intereses partidistas, sino con todos esos andaluces que deseaban que el cambio llegara al fin a Andalucía.

Derecha radical o defensa de España
Nota del Editor 4 Mayo 2019

Efectivamente, los votantes de Vox tenemos una irrefrenable ambición por evitar que España siga destrozándose, ante los atónitos ojos de los inútiles del PP y desorbitados del PSOE (PS mejor, Partido Sánchez, o PSCF Partido Sánchez Cum Fraude).

Casado el centrípedo
Juan Manuel de Prada ABC 4 Mayo 2019

Después de tirarse toda la campaña electoral lanzando proclamas chillonas y tremebundas, Pablo Casado anuncia ahora que su partido representa el «centro derecha», frente a Vox, que encarna la «ultraderecha». La primera afirmación provoca alipori; la segunda, repulsa moral. Explicaremos a continuación por qué.

Aunque, en general, sean gentes acomplejadas de derechas las que se califican de «centristas», es siempre el progresismo quien fija y desplaza a su gusto el centro político, mientras la derecha corre en pos de esa quimera, como Aquiles corre eternamente en pos de la tortuga, en la célebre paradoja de Zenón de Elea, sin llegar a alcanzarla nunca. Cuando la derecha cree tener al alcance de su mano esa quimera, al progresismo le basta con desplazarla un poco más hacia la izquierda. Así, desde su atalaya de olímpica majestad, puede regocijarse con las costaladas y patinazos que sufre la derecha en su alocada persecución. Por lo demás, el «viaje al centro» es siempre un viaje sin «mochila»; o sea, un viaje en el que la derecha deja atrás el lastre de los principios (cuando los tiene). La batalla de las ideas empieza a perderse en la batalla de las palabras; y desde que la derecha admite que declarar sin ambages su adscripción ideológica es un baldón, se está poniendo de rodillas. Desde hace décadas, nuestros políticos de derechas se esfuerzan grimosamente por renegar de su adscripción, inventándose chorradas semánticas del tipo «centro reformista», doblegando la testuz o adoptando posturas tibias en cuestiones medulares en las que el progresismo ha sentado cátedra, aceptando la superioridad cultural de la izquierda, etcétera. De este modo, la derecha sólo puede aspirar a alcanzar el poder cuando concurran circunstancias excepcionales (caos institucional, crisis económicas feroces, etcétera), reparando los desmanes ocasionados por la izquierda (y, por supuesto, «conservando» sus «avances»).

Declarándose de «centro», Pablo Casado demuestra un patetismo chisgarabítico. Más lamentable es que estigmatice a Vox (y, por lo tanto, a sus votantes), con el calificativo de «ultraderecha», que el progresismo siempre ha empleado para demonizar al adversario, por moderadito que sea. No debemos olvidar, por ejemplo, que hace apenas diez años la propaganda electoral socialista afirmaba que Rajoy había conducido a su partido a un «auténtico búnker de extrema derecha». Tildar a Rajoy de ultraderechista es tan desquiciado como tildarme a mí de flaco. Pero, lanzando este anatema ideológico contra sus adversarios, el progresismo consigue que declararse de derechas sea tan infamante como reconocer que se padece fimosis; y consigue, sobre todo, confinar en un gueto de desprecio y ostracismo a un sector social que, poco a poco, irá menguando y claudicando por complejito o desaliento de sus convicciones.

En muchos artículos hemos expresado nuestras diferencias con Vox. No nos gustan su jacobinismo desafiante y antitradicional, su visión geoestratégica neocón, su adhesión «sin complejos» al neoliberalismo económico, su retórica bocachanclas que se regodea exacerbando antagonismos (en la que subyace una gran falta de piedad patriótica hacia los españoles «distintos»). No nos gustan sus «intelectuales» tóxicos y aprovechateguis, en muchos casos rebotados de la izquierda y chupópteros peperos hasta ayer mismo. Pero cuando Casado el centrípeto lanza sobre los votantes de Vox el sambenito que mil veces han arrojado sobre los suyos está contribuyendo a estigmatizar y a recluir a millones de españoles en el gueto de desprecio y ostracismo que conviene al progresismo. Es una actitud indigna y cobarde. O tal vez el estertor de un moribundo.

¡ Judas no puede ser catalán!
FÉLIX OVEJERO El Mundo 1 4 Mayo 2019

Hace unas semanas en Coripe, un pueblo de Sevilla, quemaron la figura de un muñeco, un Judas, con la imagen de Puigdemont. España entera salió a denunciar lo que consideraba un acto de anticatalanismo. Como catalán, España me ofendió. La denuncia solo tenía sentido bajo el supuesto de que todos los catalanes somos delincuentes. Porque al muñeco lo quemaban por representar a un delincuente. Por eso, en años anteriores habían quemado imágenes de Rato y Urdangarin. A todos los unía la misma condición, la que da sentido a los Judas: la sanción de un acto que se reprueba moralmente. Quienes se escandalizaban ahora y no se escandalizaron antes nos estaban diciendo que aprobaban los actos del fugado de la justicia. No habrían condenado a un Judas que representara a un violador. Con Otegi, tengo mis dudas.

No desatiendan las asimetrías. En Cataluña no hay fiesta de pueblo en la que no se realice un acto equivalente con las figuras del Rey o del presidente de turno. Eso sí, no se les quema por delincuentes sino por españoles. Puigdemont, en Coripe, resulta intercambiable, lo ha sido en años anteriores, por cualquier otro delincuente. El Rey lo sería p cualquiera de nosotros. Los del "unos y otros son lo mismo" mienten. Se comprobó hace un par de meses, cuando Madrid, el supuesto epicentro del nacionalismo español, recibió con indiferencia a miles de nacionalistas con banderas y símbolos que condensaban dos mensajes: España es una dictadura y nuestro objetivo político es privaros de los derechos de ciudadanía en una parte de vuestro país. Ahora comparen con Rentería, la Autónoma o Vic.

No hay equiparación posible. Por supuesto, el constitucionalismo es moralmente superior. Lo hemos demostrado. Desde hace tiempo. Este país combatió el terrorismo nacionalista vasco sin acudir al Estado de excepción, sin una ETA del otro lado y llevando a los tribunales a la cúpula de interior de un Gobierno socialista por guerra sucia. Lecciones, quien pueda darlas. No les estoy contado nada que no sepan; si acaso, el trasfondo moral de lo que saben.

Sigamos con las asimetrías. En los días anteriores a las elecciones he visto a inteligencias no despreciables mostrar su preocupación por la aparición de un nacionalismo español. Yo no estaba preocupado. Conozco los indicadores y este país es el menos nacionalista de Europa. El espantajo del nacionalismo español es otro de los cuentos de nacionalismo fetén que tantos dan por bueno sin tasarlo. Un simple corolario de su mentira fundamental: España es el franquismo. En España un Plan Hidrológico es facha. Con esas coordenadas, Macron, con sus banderas y su Marsellesa en las escuelas, pasaría a Vox por la derecha.

En todo caso, ya sabemos el alcance del temido nacionalismo español. Sabemos cuántos lo han votado y también, lo que no es menos importante, cuántos han votado en su contra. Podemos respirar tranquilos. Y ahora volvamos la mirada a los nacionalismos profesionales, los que han demostrado que van en serio. Unos han asesinado en nombre de la patria vasca y otros han intentado un golpe de Estado. Han ido juntos a las elecciones y han sido votados mayoritariamente. Quizá es hora de ver qué hacemos con los nacionalistas que se han saltado la ley una vez hemos parado los pies a los que la cumplen.

Los resultados electorales y, sobre todo, el entusiasmo con el que han sido recibidos por parte de la izquierda no invitan a la tranquilidad. El infantilismo catalán se premia. Hay una prueba definitiva: Rufián ha sido el político más votado. Ha vencido a los dos mejores candidatos de las últimas elecciones, dos mujeres. Su partido se ha presentado en compañía de Otegi, el de Hipercor: 21 muertos y 45 heridos; Avenida Meridiana, corazón obrero de Barcelona. Y los talentos de Rufián son conocidos. Sus argumentos encuentran excesiva la longitud de un tuit y un telegrama lo abruma por barroquismo. Pues sí: el caca, culo, pedo, pis ha obtenido más votos que Arrimadas y Álvarez de Toledo.

El diagnóstico se impone: estamos ante una sociedad pueril que desvincula los actos de sus consecuencias. No sucede solo en Cataluña. Es una conocida patología de la moderna democracia: los votantes prefieren el pan para hoy y eligen a quienes escamotean los problemas (Ch. Achen y L. Bartels, en Democracy for Realists). Solo que en Cataluña es infinitamente más grave. Es una genuina seña de identidad que alcanza también a los políticos y no en asuntos menores. Recuerden a Forcadell: "A mí Junqueras me dijo que no me pasaría nada". Solo a ratos, ante los tribunales o cuando se acelera el curso de la historia y se estrecha el plazo entre los actos y sus consecuencias y entra el vértigo, como en octubre de 2017, se roza la madurez. Pero solo un rato, que cansa mucho ser adulto. El infantilismo, además, encuentra un excelente nutriente en una ideología gregaria en la que todo se da supuesto: ese adolescente gesto de chocar los hombros en el que todo se sobreentiende. 24 horas al día viviendo entre sobreentendidos, en la escuela y en los medios, sin demorarse en los argumentos.

Seguramente concurren otras circunstancias. Pero hay una fundamental, que sella el círculo de la perpetua adolescencia. La dimisión de quienes tienen la obligación moral de emplazar a las criaturas. La campaña electoral es la última prueba. La asimetría en el trato a los dos nacionalismos. Al español, cuyos delitos están por demostrar, había que derrotarlo. A los otros, con pasado delictivo confirmado, perdonarlos y allanarles el camino: Iceta diciendo que el problema es España, que a los golpistas hay que indultarlos y que el separatismo contiene un fondo de verdad y de justicia.

Naturalmente, en esas condiciones, cuando cualquier comportamiento se perdona, nadie se marcha de casa, las consoladoras mentiras de Iceta siempre vencerán a la precisa racionalidad de Álvarez de Toledo desmontando los sobreentendidos en los que se han recocido varias generaciones y España entera tendrá que disculparse por recordar que hay delincuentes catalanes.

Félix Ovejero es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona. Su último libro es La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita).

Paisaje después de la batalla
Gregorio Morán. vozpopuli  4 Mayo 2019

Se llamaba “troyano” a un virus que te podían introducir en el ordenador y crearte un desbarajuste en el sistema. Desconozco si seguirá existiendo tal expresión, dados mis escasos conocimientos del ramo, pero sí me acuerdo de sus efectos. El presidente Sánchez consiguió durante la campaña electoral meter un “troyano” a los demás partidos y destrozarles sus sistemas de defensa. Recuerdo que todos los “troyanos” eran designados por un nombre. En este caso se llamó “Vox”.

La entrada de Vox en el juego político y la invención de su fuerza arrolladora que venía a trastocar el engranaje institucional, ya muy pachucho, fue seguida por tierra, mar y aire, o lo que es lo mismo en términos mediáticos por las televisiones -lo de Abascal a caballo quizá fue un bucle repetido hasta el hartazgo tal si se tratara de la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini, cuando si evocaba algo no era otra cosa que el caballo del coñac Terry con señora de cabellos al viento del histórico anuncio de Leopoldo Pomés-, por los tertulianos asustados, por la izquierda haciendo aspavientos y con la derecha achicada y sin referentes dignos de tal nombre dispuesta a hacerle sitio al hermano faltón y descarriado. Una exhibición de incompetencia y oportunismo.

No hay que echar en saco roto la nada altruista colaboración de ese Centro de Manipulaciones Estadísticas que lleva el más villano de un PSOE en crisis de identidad y credibilidad. Tezanos está hecho a cualquier vileza que compense su grisura. Fue un guerrista acérrimo que asumió hacerle la cama a Guerra para quedarse con la Fundación Pablo Iglesias. Ser servicial es una garantía en el estatus de un funcionario, y si además eres catedrático eso ya lo llevas marcado en el ADN. Él fue el primero que anunció “científicamente” que Vox se comería a la derecha y a la extrema izquierda y que solo quedaría de salvaguarda Sánchez, el que pagó los servicios. Triunfó.

En una pelea entre funcionarios siempre gana el más astuto. Casado, como Sánchez, no hizo política hasta anteayer. Sencillamente se fueron encaramando en el escalafón de sus partidos. No es extraño que sus currículos académicos, por llamarlos de alguna manera, estén teñidos de sombras. Nunca se preocuparon de ellos, les bastaba con un papel timbrado. El problema apareció cuando ascendieron por encima de las asesorías y salieron a la luz.

Ahora que al invento se le han visto los alambres nadie quiere recordar los calenturientos días de vísperas. Esa desvergüenza sanchista de insistir a toda costa para que Vox participara en los debates y sacara los colores a la “derechita” cómplice. Le salió mal esta última maniobra y, como siempre hay dos Sánchez, el de la campaña y el de presidente in pectore, ahora no recibe a Vox en la Moncloa. Nada que objetar, salvo la añagaza del tramposo. Pero, ¿y la ciudadanía de izquierda que hubiera preferido quedarse en casa a votar “un Sánchez”? Escuchándoles en los días previos a la consulta estaban convencidos -les habían convencido- de que Vox superaría a todos los demás partidos y que se quedarían frente a frente lo malo conocido y lo tenebroso por conocer. Incluso reapareció “la cultura de la ceja”, aquella que reía con Zapatero hasta que se quedaron en mueca y se esfumaron. Había que votar progresista y eso excluía a todo lo que no fuera Pedro Sánchez. La democracia estaba en peligro. ¡No pasarán! ¿Tendrán espejo en su casa para mirarse o ha llegado el momento de pasar la factura por los servicios prestados?

El miedo a Vox ha sido el principal elemento de la victoria pírrica del PSOE, si es que el manido “pírrico” tiene algún sentido político. Ellos lo jalearon y ellos recogen los tributos. Ganaron, pero no por convicción, sino por generar terror en los votantes. Ni el PP, por viejo, corrupto e incompetente, ni Ciudadanos, que juega a la táctica del desgaste, estaban en condiciones de expulsar al “troyano”. Pero el resultado volvió a sacar las vergüenzas del PP. Confieso que cuando vi en lugar de honor junto a Casado al hijo tonto de Adolfo Suárez no necesité ninguna bola de cristal para vaticinar que se iban a dar un batacazo. Porque Suárez Illana es tan simple y fatuo que no ha asumido que su único papel en la vida es el de jarrón chino. Decoran, nada más. Lo peligroso es que le dé por hablar. Cuantas genialidades salen de su boca confirman que este chaval, que sigue con su mentalidad de adolescente, confunde las memeces con las ideas.

La revolución lampedusiana que Casado ha pretendido en el PP serviría para uncastin televisivo de poca audiencia y ninguna enjundia. Bajó tanto el listón que alcanzó a nombrar como número dos a García Egea, un tipo que tiene a gala ser el campeón en el perifrástico deporte de lanzar pepitas de aceituna desde la boca a la eternidad. Es de Murcia, feudo pepero de siempre, que acaba de dejar de serlo gracias a la titánica labor del escupidor de huesos de aceituna. Para qué seguir.

En España hay base para un partido de extrema derecha. Conforman alguna de las raíces del franquismo nunca derrotado. También en Cataluña ha surgido una nueva generación de hooligans que hegemoniza el discurso público. En ambas se mezcla el deterioro social, la nostalgia y la estupidez con su aditamento de ignorancia. No es el fascismo, idiotas, es la extrema derecha que se asienta para quedarse en pleno siglo XXI. Con clarividencia suicida el PP de Casado, heredero de Esperanza Aguirre más que del propio Aznar, le concedió la patria potestad, y ahora está, no lamiéndose las heridas, sino tratando de tapar las vías de agua que amenazan con hundir el barco.

Con Esperanza Aguirre esas cosas no pasaban. Bastaba con comprar todo lo que estaba en el mercado e ir colocándolo en "mamandurrias", expresión de dama antigua, con fondos y sin principios. No es extraño que Santiago Abascal fuera uno de los beneficiarios. Todo eso es un fardo difícil de llevar y más si estás en caída libre. Casado, recién bautizado en centrista, tiene el mismo valor que encabezando la derecha patriótica, es decir, ninguno. Ahora se trata de cómo ganar tiempo en el proceso de hundimiento. Su destino no es el de la UCD, que la malbarataron sus protagonistas, sino la rechifla que producen la vacuidad de sus palabras.

Resumiendo. Los miedosos no han cerrado el camino a Vox. Han llevado a Sánchez a la Presidencia, que no es lo mismo.

Franquismo nunca derrotado y extrema derecha
Nota del Editor 4 Mayo 2019

Menos mal que Franco está con nosotros. Bajo su protección hemos conseguido librarnos muchas veces de los feroces ataques de sus enemigos, enemigos  de España. Porque lo que no han hecho los partidos de "derechas" ha sido defender España, no era su interés, tampoco eran de "derechas" (¿ se refieren a España, para evitar citarla dicen "derechas"?), simplemete pretendían y pretenden seguir mareando la perdiz y vivir del cuento como pastores con un rebaño de televidentes adictos a la telebasura.

Junta de Andalucía
Las clases de ‘lengua’ de una maestra de Almería tras el 28-A: “Los fascistas han acabado derrotados”
OKDIARIO 4 Mayo 2019

Quejas de padres en un instituto de Almería en el que una profesora ha obligado a sus alumnos a analizar frases sobre la derrota de los "fascistas" el 28-A.

Revuelo en un instituto de la localidad almeriense de Huercal-Overa. Una profesora de lengua encargó a sus alumnos el análisis sintáctico de la frase “Los fascistas han acabado derrotados en las urnas y yo me siento muy feliz por eso”. Pese a las quejas de padres, y a que algunas fuentes señalan que la docente habría sido sancionada, el centro asegura que no ha tomado ninguna decisión al respecto.

Ocurrió justo después de las elecciones generales del pasado domingo en un aula del Instituto de Educación Secundaria Albujaira, en la localidad almeriense de Huercal-Overa (17.000 habitantes). Una profesora de lengua propuso a sus alumnos de Bachiller que analizasen la sintaxis de una serie de frases con claro contenido político relacionadas con los resultados de las elecciones generales.

La primera de las oraciones fue “El PSOE ha ganado las elecciones, aunque tendrá que pactar con otros partidos”, en evidente referencia a la victoria de Pedro Sánchez en las urnas y al escenario de pactos que se le presenta por delante a la formación socialista.

Pero la oración que, según ha confirmado OKDIARIO, ha provocado quejas por parte de padres de alumnos contra la profesora ha sido ésta: “Los fascistas han acabado derrotados en las urnas y yo me siento muy feliz por eso”.

Los alumnos, conscientes de la fuerte carga política que tenía el ejercicio que les proponía su profesora, incluso fotografiaron con un teléfono móvil la pizarra para que quedase prueba documental de ello. También fue fotografiada la hoja del ejercicio en la que figuran ambas oraciones, junto con una marca de corrección en color rojo de la profesora.

Almería
Algunos de los padres se han mostrado molestos por la inclusión de estas referencias políticas en las aulas en las que son educados sus hijos, y según algunas fuentes así lo han trasladado a la dirección del centro.

A preguntas de OKDIARIO, el director del instituto ha advertido de que no han recibido queja alguna por parte de los padres y que en todo caso se trata de una “situación particular de la profesora”. Tampoco ha querido entrar a valorar si se trata de alumnos de Bachillerato o de Educación Secundaria Obligatoria.

Algunas fuentes próximas a la polémica explican a OKDIARIO que el incidente ha supuesto una sanción disciplinaria a la docente. Hecho que no ha querido confirmar la dirección del centro.

El Instituto de Educación Secundaria Albujaira, según datos que recoge la web del centro, tiene alrededor de 900 alumnos entre ESO, Bachiller y ciclos formativos diversos. Participa en varios planes y programas educativos especiales de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía como el ‘Proyecto de Atención a la Diversidad de Género’ o ‘Escuela Espacio de Paz’ entre otros.


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Coro de plañideras
Antonio Robles Libertad Digital 4 Mayo 2019

Exhausto de tanta melonada catalana, un revés en la escritura de ayer, me retrotrae en mitad de la noche a la niñez de Castilla para refutar con desdén tanta plañidera. Un receso en la memoria para comparar actitudes. Y dejar fluir la tinta literaria tanto tiempo relegada por el lenguaje sobado de la política. Alzar la mirada, volar sobre los acontecimientos, y rumiar nostalgias. Y así, sin darnos cuenta, nos vamos haciendo viejos. Enterrados en vida por tanto necio.

Cuando uno se aproxima a la historia de Cataluña de los últimos tres o cuatro siglos y la compara con el presente, al final siempre se acaba encontrando con el mismo coro de plañideras. Es como viajar a esos pueblos fosilizados en el tiempo, donde las amistades y enemistades que en su día tuvieron los que ya están muertos siguen condicionando las relaciones, los afectos y hasta los matrimonios de los vivos. Durante años he frecuentado la historia de España y su variante catalana y mientras los castellanos con carácter general hace tiempo que dejamos de flagelarnos con las glorias y los fracasos del Imperio, los catalanes llevan varios siglos en el diván del psicoanalista, preguntándose quiénes son, si su carácter se forjó en la montaña o en el litoral mediterráneo, cómo les afecta el viento del Ampurdán, si predomina el seny o se impone la rauxa y discerniendo sobre el daño que les ha infringido Castilla o en su versión corregida y aumentada, el Estado español. Es más, muchos de sus historiadores, incluidos los mejores como Vicens Vives, dedican más tiempo a la terapia de grupo sobre sus cambiantes complejos de inferioridad o superioridad, que a la explicación en su contexto de los hechos históricos.

Todos tenemos pasado y hemos sufrido lo nuestro. Los cabecillas de la sublevación comunera fueron ajusticiados y Villalar es solo una aldea perdida de Valladolid. Pero aquí seguimos. Y el famoso Imperio español en Europa, que, según algunos críticos, nos ha hecho orgullosos y pendencieros (aunque pocos se reconocerán en el retrato), dio mucha gloria y escasa paga a soldados de fortuna, pero dejó exhausta la hacienda y el censo de población del reino. Pero habrá que seguir viviendo. También la generación del 98 se dedicó a buscar el alma inmortal de Castilla y me temo que Unamuno, Azorín y el resto no encontraron nada que ahora nos sirva de mucho provecho.

Si resulta agotador hablar de si el abuelo fue falangista o republicano en medio de una memoria histórica de vivos, es aún más cansado seguir con las heroicas rebeldías de Pau Claris, Rafael de Casanovas o Lluís Companys, que acabaron todas en humillantes derrotas. Y cuando son los hijos y los nietos de la última emigración los que se suman al coro de plañideras, entonces ya la fatiga se convierte en malhumor y furia. ¿Y eran estos los que tenían que catalanizar a España para salvarla de su postergación? Bien harían en salvarse a sí mismos, abriendo las ventanas de la consulta del psiquiatra y respirando aire puro, de la montaña o el mar, pero que no esté contaminado de tanta mitología adulterada.

¡Qué alivio! Escribir por escribir sin decir nada de provecho. Nostalgia de la mugre. Silencio.

Cóctel de timos a granel
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 4 Mayo 2019

El timo de los dos millones de catalanes partidarios de la independencia se ha consolidado como un mantra, hasta el punto de que incluso críticos implacables del procés permiten que se cuele en sus argumentos. Así, el riguroso historiador Josep Maria Fradera amonesta que "en una democracia que aspira a crecer, dos millones de ciudadanos no pueden ser excluidos de la vida civil" ("La paz civil y la transacción necesaria", El País, 27/4). Ni son dos millones -aunque hayan podido serlo en alguna etapa de la apelación pirómana a los bajos instintos de la gente- ni es cierto que la sociedad catalana esté dividida en dos mitades. Es innegable que existe un núcleo duro supremacista, con focos fanáticos en algunas localidades blindadas contra la presencia del pensamiento libre, pero se trata de una minoría inculta distanciada del talante civilizado de la mayoría de los catalanes.

Hablaron las urnas
El 28-A hablaron las urnas en una votación ejemplar, sujeta al imperio de la ley, muy distinta de las chirigotas que los secesionistas organizan periódicamente en las condiciones más propicias para el fraude y la violación de los derechos cívicos. Y el resultado desbarató una vez más el timo de los dos millones y las dos mitades.

Después de movilizar hasta el último somatén de sus huestes, Esquerra Republicana de Catalunya, JxCat y el Front Republicà sumaron 1.626.000 votos, el 39% de los sufragios emitidos y el 31 % de los 5.350.000 inscriptos en el censo. "Los separatistas han perdido", sentencia sin complejos José García Domínguez (LD, 1/5). O sea que si se obedeciera el mandato de las urnas, la sociedad catalana debería estar a salvo de la ofensiva depredadora.

Pero no es así.
Los medios de comunicación y las redes sociales que prestan servicios al conglomerado sanchista-entreguista, chavista-leninista y supremacista-identitario ocultan estos datos desmitificadores y ponen todo el énfasis en otros timos amañados para decorar el engañabobos: las mayorías (muy relativas) del PSOE sanchista, de la ERC junquerista y del PSC icetista son presentadas como las pruebas de que hemos entrado en la era del diálogo, la moderación y el pragmatismo. Por consiguiente, predican los timadores, hay que seguir apoyando a los protagonistas del mamarracho histórico que padecemos.

Llevan la batuta
No nos dejemos engañar de nuevo. Con el 24,32% de los votos emitidos en Cataluña, los secesionistas contumaces de ERC llevan la batuta en el simulacro de diálogo. "El resultado que anhelaba Esquerra", escribe la siempre alerta Lola García (LV, 29/4). También el vidente Francesc-Marc Álvaro le augura un futuro feliz a la prole del concubinato ERC-PSC ("ERC y una nueva centralidad", LV, 29/4):

A pesar de la polarización general en el tablero español, es digno de subrayar que los dos partidos más votados en el tablero catalán -ERC y PSC- han emitido mensajes de moderación, algo que nos da muchas pistas sobre la nueva centralidad de la Catalunya política.

¿Otra pista, pero en sentido contrario al timo de la centralidad? El "acuerdo estratégico" entre EH Bildu y ERC que Arnaldo Otegi y Marta Rovira firmaron -¿con sangre?- en Ginebra (Kepa Aulestia, "Independentismo en Madrid", LV, 30/4), desenmascara por enésima vez el maridaje entre la tribu catalana de Junqueras y la casquería post etarra de Otegi, que -¡ojo!- compartirán papeleta en las elecciones europeas. De moderación y centralidad, nada. Otro timo.

Demagogo sin escrúpulos
Por supuesto, cuando calculo los porcentajes de votos del independentismo catalán, no incluyo los del PSC. Sería injusto y agraviante insinuar que los ciudadanos que depositaron en la urna la papeleta del PSC lo hicieron pensando que favorecían la ruptura. Todo lo contrario: votaron imaginando que Pedro Sánchez cumpliría sus tardías promesas de decir no al referéndum y a la independencia, y de respetar la Constitución. Lo cual demuestra que a un demagogo sin escrúpulos, con una larga carrera de embustes, trapicheos torticeros y alardes guerracivilistas en su currículo, le resulta fácil engatusar a la buena gente, haciéndole olvidar sus desafueros. Es tan hábil, que ni siquiera se descubren sus malas artes cuando a su palanganero Miquel Iceta se le va la lengua y promete indultos para los imputados por rebelión y fija plazos y porcentajes para la manoseada independencia. Sin embargo, la vocación balcanizadora está explícita en el programa del PSOE (LV, 16/4):

Se aspira a una definición más precisa de los aspectos identitarios, históricos, culturales, políticos y lingüísticos, así como a una organización institucional y territorial adaptada a las peculiaridades de cada comunidad en cuanto no afecte el funcionamiento de otros territorios.

Adelante con el desguace. "España es inequívocamente plurinacional, como demuestran los resultados en Catalunya y Euskadi", clama el cacique Pablo Iglesias, ariete del gobierno de coalición frentepopulista que exige formar ya mismo, sin remilgos ("Gobierno estable y de izquierdas", El País, 1/5). Un contubernio con el sello dictatorial y empobrecedor del chavismo que, en caso de madurar, obligará a los españoles a hacer acopio de velas y agua potable para sobrevivir cuando se corte la luz, como en Venezuela.

Otra falsa mayoría
Pero el mismo Iglesias reconoce que están operando sobre la base del timo de otra falsa mayoría, cuando en realidad van a la zaga de los constitucionalistas:

El PSOE ha obtenido 7,5 millones de votos y un 28,7 %. Nuestro 14,3 % sitúa a las formaciones progresistas (sic) de ámbito estatal en el 43 % de los votos, casi a la par en votos respecto a las derechas.

Y el funambulista Antoni Puigvert termina de hurgar en las entrañas de este timo ("Trompe l´oeil", LV, 1/5):

El PSOE ha cosechado unos resultados tan brillantes como engañosos. En el lenguaje artístico, el mapa de España pintado de rojo equivaldría a un trompe l´oeil o trampantojo: una obra pictórica que simula una realidad inexistente. El mapa pintado de rojo engaña la mirada. Sumando las tres derechas se observa que están solo tres puntos por debajo de lo que PP y Cs obtuvieron la pasada legislatura. No hay hegemonía de izquierdas.

Todavía hay tiempo
Todavía hay tiempo hasta la segunda vuelta del 26-M. El cambalachero de escaños seguirá negociando con la hez de la política española para asegurarse la investidura. Con los chantajistas empedernidos del supremacismo endogámico; con los hijos putativos de Lenin, Chávez y Laclau; con los bilduetarras; y con cualquier subastador de escaños aprovechables.

En el comienzo de este artículo cité una exhortación que contenía una cifra tergiversada de secesionistas catalanes, calculada erróneamente en dos millones. La repito corregida para aplicarla en defensa de la mayoría de catalanes sometidos a la dictadura de la minoría antiespañola y, por lo tanto, antieuropea. Nueva versión: en una democracia que aspira a crecer, 3.724.000 ciudadanos (5.350.000 del censo - 1.626.000 votantes secesionistas) no pueden ser excluidos de la vida civil. ¿Está claro? Si es justo preocuparse por los derechos de 1.626.000 partidarios de la secesión que al fin y al cabo tienen la sartén por el mango, lo es con más razón reivindicar la igualdad de los 3.724.000 ciudadanos sometidos a la legislación discriminatoria del politburó tribal…

Ni los españoles ni los catalanes merecemos padecer este triste final que nos excluye de la vida civil después de haber disfrutado durante cuarenta años, con los lógicos altibajos, de un régimen monárquico parlamentario, justo y democrático. Sí, todavía hay tiempo. Sobre los partidos orgánicamente constitucionalistas, y sobre el remanente socialdemócrata del viejo PSOE hoy devorado por la carcoma sanchista que urge fumigar, recae la inmensa responsabilidad de evitar que una pandilla de felones de ideologías muy diversas, pero igualmente totalitarias y venales, convierta España en el enfermo de Europa.

PS: Los falsarios del sanchismo se jactan de haber cosechado una plétora de votos mediante su política de conciliación desinflamatoria, que los induce a decir que llueve cuando los supremacistas étnicos les orinan encima. Esta táctica de apaciguamiento en el trato con los bárbaros siempre ha sido electoralmente rentable porque encandila a las masas. Stefan Zweig cuenta en su libro autobiográfico El mundo de ayer lo que sucedió cuando el primer ministro británico Neville Chamberlain regresó de Munich en 1938, después de entregar los Sudetes checoslovacos a Adolf Hitler en aras de la paz:

Si la gran masa de Londres hubiera sabido la hora exacta de la llegada de Chamberlain en la mañana de su regreso de Munich, centenares de miles de personas habrían invadido el aeródromo de Croydon para saludar y vitorear al hombre que, según creíamos todos en aquel momento, había salvado la paz de Europa y el honor de Inglaterra. Por la noche ya se pasaba la escena en los cines, la gente saltaba en los asientos, gritando y vitoreando, casi abrazándose.

El apaciguamiento de los bárbaros insaciables fue la señal de largada para la Segunda Guerra Mundial. Aprendamos la lección.
 


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