AGLI Recortes de Prensa   Martes 7  Mayo 2019

Un timo a Bruselas
OKDIARIO   7 Mayo 2019

Un ingente plan de gasto público y masivas subidas de impuestos. Esta es toda la estrategia que el presidente Sánchez quiere poner en marcha para la próxima legislatura, con el agravante de además hacerlo de espaldas a Bruselas. De la lectura atenta de los propios documentos oficiales enviados por el Gobierno socialista a la Comisión Europa en la actualización del Programa de Estabilidad se colige un plan que, de llevarse a cabo, tendrá un efecto seguro: la total ruina de la economía española.

La hoja de ruta para llevar a cabo tal despropósito se fundamente en una serie de proyecciones a futuro difícilmente sostenibles, a saber: en primer lugar, imaginar que el crecimiento sostenible continuará durante los próximos años –lo cual implica negar todos los indicios de la desaceleración-; en segundo término, imaginar que la creación de empresas y trabajos permitirá alcanzar los objetivos recaudatorios; y, por último, creer que todas estas circunstancias permitirán alcanzar la cifra récord de 95.000 millones de euros recaudados vía impuestos.

Ante semejante proyecto, sólo cabe pensar dos opciones: Sánchez, en realidad, va de farol, y concibe este plan como una medida propagandística para seguir drenando votos a Podemos, pero no se lo toma en serio, o realmente cree en su Programa de Estabilidad y quiere ponerlo en práctica. Esta segunda opción, evidentemente, es mucho más preocupante. Sospechamos que lo que buscaría entonces sería organizar, vía Estado y vía impuestos, un enorme mecanismo de redistribución de la riqueza que le permita comprar voluntades y de esta forma ganar las próximas elecciones. El problema es que la sociedad en ningún caso soportaría una carga fiscal de semejante magnitud, a lo cual se añade la desaceleración económica, que como siempre los socialistas se empeñan en negar–; una desaceleración que, para ser capeada de la mejor manera posible, exige medidas estimulantes y no depresoras. Si engañar a la Unión Europea no parece cosa sencilla –da la impresión que esto es lo que ha querido hacer el Gobierno socialista, remitiendo por un lado la estimación del PIB nominal y por otro, los objetivos de presión fiscal-, mucho más difícil es saltarse las propias leyes de economía y el sentido común.

El cuento de la lechera de Sánchez
José María Rotellar okdiario  7 Mayo 2019

Sánchez envió a Bruselas la actualización del programa de estabilidad apurando el margen que tenía para hacerlo, que le permitió no tener que desvelar ni sus planes ni sus previsiones para el cumplimiento de dicho plan. Ahora, tras remitirlo, lo hemos podido conocer.

Dicho plan, en primer lugar, reconoce que se desviará en el objetivo de déficit en 2019, ni más ni menos que en 7 décimas, o traducido a euros, en casi 9.000 millones. Además, retrasará, un año tras otro, la reducción del déficit, de manera que ya no se obtendrá el superávit que el Gobierno del PP planteó para 2021 y habrá que esperar hasta 2022 para alcanzar el equilibrio presupuestario, según los datos del Gobierno.

Eso, pretenden alcanzarlo con una elevación de los gastos y un incremento de los impuestos. De esta forma, subirán los impuestos en casi 10.000 millones de euros, tocando casi todas las figuras tributarias: IRPF, Sociedades, SOCIMI’s, Diésel, transacciones financieras, servicios digitales y bases mínimas y máximas de cotización a la Seguridad Social.

Con ello, estiman cuadrar ingresos y gastos en 2022, en un porcentaje del 40,7% del PIB. Es dudoso que el gasto no vaya a subir más con todas las medidas de incremento de gasto que quiere llevar a cabo el Gobierno y que le pedirá Podemos, pero lo que es casi imposible es que se incremente la recaudación en la medida en la que el Gobierno estima.

¿Y en qué medida calcula ese incremento de ingresos? Plantean pasar de un incremento de ingresos sobre el PIB del 38,9% en 2018 al 40,7% en 2022. De la misma manera, consideran que la presión fiscal (la recaudación tributaria sobre el PIB) se incrementará del 35,1% de 2018 al 37,3% de 2022. Eso es casi imposible. Supondría que el aumento de ingresos en esos cuatro años sería de 97.570 millones de euros, de los que 95.505 sería por incremento de recaudación de impuestos.

Se han manejado cifras en los últimos días en los medios de comunicación que no son exactas, pues han calculado esos incrementos empleando el PIB de 2018 para aplicar el porcentaje de 2022 sobre el PIB, cuando hay que calcular ese porcentaje de 2022 sobre el PIB de 2022, PIB de dicho año que se puede calcular a partir de los datos de crecimiento nominal anual del PIB que el Gobierno estima en la página 25 del documento enviado a Bruselas.

Es inviable el plan, y lo es porque supondría acelerar el incremento de recaudación tributaria de los últimos años, cosa complicada en el estado actual de desaceleración de la economía. Eso supone que la estimación de la evolución macroeconómica la ha calculado el Gobierno de manera muy optimista, con crecimientos superiores o en el entorno del 2% del PIB real, crecimientos parecidos en el empleo y una marcha de la economía que apenas sufriría ningún parón. Con todos los indicadores en la mano, eso vemos que no es así.

Y, por último, es inviable porque el propio Gobierno considera que una subida de 120 puntos básicos en los tipos de interés -probable a partir de 2020-, una mayor desaceleración de nuestros socios comerciales, que perjudicaría a nuestro crecimiento por menores exportaciones, y un aumento de diez dólares en el barril de petróleo, que no parece difícil, afectarían negativamente a la economía: el PIB crecería casi 2 puntos menos -con el consiguiente descenso en empleo-, el déficit sería un punto mayor y la deuda aumentaría en casi 3 puntos por todos esos efectos.

Este programa de estabilidad enviado a Bruselas es, por tanto, el cuento de la lechera particular de Sánchez. El problema es que cuando el cántaro se rompa, lo pagaremos todos los españoles, como tuvimos que pagar los desperfectos en la economía y el empleo que causó la política económica de Zapatero.

José María Rotellar
Profesor de la UFV, del CES Cardenal Cisneros y del Trinity College

Los votantes masoquistas y los pancistas
Antonio García Fuentes Periodista Digital  7 Mayo 2019

Lo ocurrido en España no tiene más explicación que la que sintetiza mi titular de hoy; puesto que todo ello a mi entender, es fruto de una horrible incultura, o de un sistema de compra del voto (igual que hicieron los romanos con su “pan y circo”); puesto que si hubiese inteligencia y ella se pusiese en práctica, los latrocinios que han hecho los políticos (sálvese el que pueda) no hubiera sido posible; y no, no es necesaria la violencia, sólo con la palabra y un tipo de verdadero asociacionismo particular y fuera de la política establecida, sería más que suficiente.

Cómo en los foros y espacios abiertos en Internet, estos días, arden en comentarios, la mayoría de ellos “sin chicha ni limoná, cuando no resaltando odios más o menos feroces, pero inofensivos para el sistema”; en algunos de ellos yo he colgado lo que sigue:
“Sinceramente celebro el rotundo fracaso del PP (igual lo estaría si también hubiese ocurrido igual con el PSOE) ¿por qué? Sencillo, son los principales culpables del estado de QUIEBRA EN QUE SE ENCUENTRA ESPAÑA Y EL EMPOBRECIMIENTO Y MISERIA DE INFINIDAD DE ESPAÑOLES; por tanto no merecen estar ni en el gobierno más pequeño de España; pero aquí… “ya ocurrió el increíble hecho de vivan las cadenas”, lo que demuestra lo inculto y miserable del pueblo español, que sigue igual”.

Debo aclarar para aquellos que no lo sepan, un episodio horrible de la horrible historia de España y que es el siguiente: “¡Vivan las cadenas! es un lema acuñado por los absolutistas españoles en 1814 cuando, en la vuelta del destierro de Fernando VII, se escenificó un recibimiento popular en el que se desengancharon los caballos de su carroza, que fueron sustituidos por personas del pueblo que tiraron de ella. Se pretendía justificar con ello la decisión del rey de ignorar la Constitución de 1812 y el resto de la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, gobernando como rey absoluto, como le proponían los firmantes del Manifiesto de los Persas (12 de abril)”.

El recuerdo de este horrible, pero hecho histórico, es el que me movió a escribir ese suelto en los espacios que arriba cito, pero en la seguridad que “la masa”, que es la que da, “el poder en las urnas”, en mayoría “no sabe ni papa de la historia del pueblo a que pertenece”; y mucho menos se le ocurre, mover y emplear su caletre en algo constructivo, se limitará a llorar, “clamar en los rincones, bares y tabernas y seguir pensando en que nada se puede hacer”; confiando cada cual, en arrimarse a “ese pan y circo, donde en muchos puestos pegados al que manda, se vive bien, se trabaja poco o nada; y a vivir que la vida son cuatro días”, e idiotamente decir esa memez, cual es, “la política para los políticos”, que es lo que precisamente ellos quieren; de nosotros sólo les interesa el voto que les da el poder.

Ellos y como “Lampedusa” en su única novela de hace ya casi dos siglos (El gatopardo), seguirán su maquiavélica lección, que sintetizó, afirmando en aquel cambio político en Italia… “cambiemos algo para que no cambie nada”; y eso es lo que han hecho y harán, los que creemos son nuestros políticos, que no lo son; puesto que ellos, “son sólo de ellos, de su panza y su bolsillo”, amén de los allegados que necesiten para sostenerse o lograr el poder que agarraron y con los que reparten el botín; todo lo demás es mentira. Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí más)

Las cuestas públicas que vienen
José María Gay de Liébana okdiario  7 Mayo 2019

Según la Actualización del Programa de Estabilidad 2019 – 2022 presentado por el Gobierno a Bruselas, en este año 2019 los ingresos totales de las Administraciones Públicas en España serán del 39,1% sobre
nuestro producto interior bruto (PIB) mientras que los gastos totales de nuestras Administraciones alcanzarán el 41,1% del PIB, con lo cual el déficit público sería del 2% sobre el PIB. Para 2020, los ingresos totales de
España equivaldrían al 39,8% de nuestro PIB, el gasto público se concretaría en el 41% y el déficit se recortaría al 1,1%.

Bien hasta aquí. Los economistas al hablar de porcentajes y con nuestro lenguaje de siglas, acostumbramos a despistar al respetable. Tras soltar lo de los porcentajes sobre el PIB nos quedamos tan panchos y la audiencia asiente, aunque poniendo cara de póquer. Porque, más o menos, de algo nos enteramos, pero realmente lo que se dice entender, poco entendemos después de tanto número tan lacónico y expresado en
términos porcentuales. Por eso, uno piensa que siempre es reconfortante que los guarismos se traduzcan a un lenguaje más llano, más expresivo, más inteligible a fin de hacernos una composición de lugar. Eso es lo que
procuraré hacer en los siguientes párrafos.

La premisa clave, para comprender las magnitudes de nuestras cuentas públicas en el año 2019, es la de concretar a cuánto ascenderá el PIB de España según el Gobierno y la actualización remitida a Bruselas. El PIB de 2019 se estima que será de 1.255.200 millones de euros. ¡Bueno, ya tenemos el punto de partida para formular cálculos al alcance de todos! Si los ingresos públicos en 2019 se prevé que sean del 39,1% sobre el PIB, eso significa que por todos los conceptos el Estado español – incluyendo Administración Central, Seguridad Social, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales – recaudará 490.783 millones de euros. La
evaluación del gasto público total en 2019, equivalente al 41,1%, es, por tanto, de 515.887 millones de euros. Y el déficit público para 2019 será, según estos números, de 25.104 millones de euros, o sea, el 2% del PIB. Hasta aquí, pues, una primera composición de lugar.

Es el momento de echar la vista atrás, sin ir más lejos a 2018. ¿A cuánto ascendieron los ingresos totales del conjunto del Estado? A 468.836 millones de euros. Por consiguiente, si en 2019 se prevén unos ingresos
públicos por un montante de 490.836 millones de euros, el incremento por este capítulo será de 21.947 millones. La pregunta subsiguiente es elemental. ¿De dónde saldrán esos casi 22.000 millones de euros más?
Papá Estado tiene tres grandes fuentes de ingresos: los impuestos, las cotizaciones sociales y los otros ingresos.

En 2018, los impuestos reportaron al conjunto de nuestras Administraciones Públicas 275.681 millones de euros, las cotizaciones sociales 150.114 millones y el resto de ingresos, o recursos, 43.041 millones, totalizando así los 468.836 millones de euros. ¿Cuál será el detalle de los ingresos públicos para 2019? De momento, ésta es la duda, así como saber qué fuentes serán las generadoras de esos casi 22.000 millones de euros adicionales que Papá Estado tiene previsto ingresar. Algunas pistas ya se vislumbran. Y otras huelen, según sea el apoyo parlamentario con el que cuente el nuevo Gobierno, a real decreto-ley en estado puro con aumentos de impuestos para 2019 y con efectos retroactivos desde 1 de enero de 2019. Porque una cosa será que la actividad económica de España crezca y que la propia inercia económica conlleve mayores recaudaciones tributarias y otra, muy distinta, apretar las clavijas a los contribuyentes a base de retorcernos el pescuezo tributario. Por tanto, por acá surgen las dudas…

Vayamos al gasto público previsto para 2019 según el Gobierno. Los casi 516.000 millones de euros que gastarán las Administraciones Públicas en 2019 suponen un incremento de 15.246 millones sobre los 500.641
millones gastados en 2018. Las prestaciones sociales, con las pensiones creciendo, absorberán parte de ese mayor gasto público. También, en este punto, habrá que prestar atención al detalle agregado de las distintas
partidas que conformarán el gasto público en 2019.

Entre lo uno, los mayores ingresos, y lo otro, el mayor gasto, ya tenemos una primera referencia acerca del déficit público que si en 2018 se saldó con números rojos por 31.805 millones de euros, en 2019, según los
cálculos del Gobierno, cerraría con 25.104 millones; es decir, se ajustaría nuestro déficit en 6.701 millones gracias a la diferencia entre los 21.947 millones de más ingresos y los 15.246 millones de más gasto público.
No obstante, otro detalle se atisba de la lectura de la mencionada Actualización. Hace referencia a nuestra deuda pública que, según las previsiones gubernamentales, sería al cierre de 2019 del 95,8% del PIB,
esto es, 1.202.482 millones de euros, 29.375 millones más que el saldo de deuda pública según el Protocolo de Déficit Excesivo existente a 31 de diciembre de 2018 que alcanzó la cifra de 1.173.107 millones de euros. La experiencia indica que esa diferencia de deuda pública suele casi coincidir con el déficit cosechado.

En cualquier caso, lo que sí está claro es que el nuevo Gobierno pondrá a cocinar, por la vía exprés, una serie de nuevas medidas que mejoren los ingresos tributarios y que ascienden a 5.654 millones de euros. Entre esas medidas destacan 1.776 millones de euros del Impuesto sobre Sociedades por la limitación de las exenciones y la tributación mínima; 670 millones por la llamada fiscalidad verde – ojo, al diésel, que van a por él -; 850 millones por la creación de la Tasa Tobin, o sea, la creación del nuevo impuesto sobre las transacciones financieras; 1.200 millones de euros por la creación del impuesto sobre determinados servicios digitales, para
entendernos la Tasa Google; a lo que hay que añadir 328 millones de euros por el incremento del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, otros 339 millones por el incremento del Impuesto sobre el Patrimonio, 218 millones de lucha contra el fraude al limitarse los pagos en efectivo, 110 millones de lucha contra el fraude al reforzar la lista de morosos y, también en esa lucha contra el fraude, 500 millones de euros por adopción de las mejores prácticas internacionales (¿?)… Otrosí, a lo anterior súmense 3.786 millones de euros de más recaudación por las medidas ya adoptadas respecto a cotizaciones sociales para 2019. Pues bien, dicho lo precedente, solo resta un beato consejo: ¡agárrese que vienen curvas y no piensen en que la economía europea se debilitará y en que el horizonte se está nublando! ¡Vamos a echarle optimismo al asunto que, por el momento, ser optimista no implica hecho imponible por el que tributar!

La emancipación conservadora
Diego Vigil de Quiñones Otero okdiario  7 Mayo 2019

Según el diccionario de la lengua española, emanciparse es “liberarse de cualquier subordinación o dependencia”. Creo que a nadie escapa que el conservadurismo español ha estado subordinado muchos años por los complejos asumidos con posterioridad a la dictadura. El hecho de que los principales vectores políticos de estos primeros años de vida del régimen del 78 fuesen, a grandes rasgos, los antifranquistas (socialismo, nacionalismo, revisionismo histórico etc), ha generado un contexto político en el que no se podía ser conservador con plena legitimidad. Y si alguien osaba serlo, automáticamente se le tildaba de fascista o extrema derecha para callarle.

Este contexto ha tenido efectos muy graves, que constituyen una verdadera tara de nuestra democracia. Primero, el partido llamado a ocupar el centro- derecha después de la Constitución, la UCD, no se atrevió a hacerlo, y ello produjo una desmembración que costó casi quince años corregir. Segundo, buena parte de los referentes políticos, intelectuales o periodísticos de la gente de derechas han vivido sometidos a los complejos. Tercero, estos complejos los ha arrastrado el PP hasta por lo menos Julio de 2018: cuando Pablo Casado empezó a militar, el PP pedía a la gente que no sacase banderas de España en sus mítines y decía que era de centro reformista. Cuarto, ante la incomparecencia conservadora, el desarrollo y aplicación de la Constitución ha seguido una hermenéutica de la Constitución marcada por los programas de los socialistas y nacionalistas periféricos.

Los acontecimientos recientes, sin embargo, podrían cambiar este panorama y producir una suerte de emancipación conservadora si los conservadores se atreven. La existencia de un nuevo partido que hará planteamientos alternativos a los consensos vigentes en muchos temas contribuirá a la normalización de las ideas conservadoras. Con etiquetas más o menos convencionales (centro-derecha, centro liberal) PP y Cs no tendrán más remedio que pronunciarse sobre el tamaño del Estado, el futuro de las autonomías, la protección de la familia, la vida o la propiedad.

Y me temo que, con el barniz cosmético que menos les acompleje, tendrán que acoger soluciones más conservadoras que socialistas si quieren competir con cierto éxito. Esto producirá una dinámica emancipadora sin precedentes.

Y es que la existencia de un partido conservador sin complejos pasados y con más votos de los jamás obtenidos por un partido a la derecha (AP en los setenta osciló entre el millón y el millón y medio de votos, Vox supera los dos y medio) constituye una novedad que dará más juego que el meramente táctico que se adivina en los primeros análisis. Y si el PP no sigue el camino de liderar la derecha, corre el riesgo de que Vox se lo coma, como le pasó a UCD con AP.

En suma, aunque no se haya conseguido la mayoría, el resultado de las últimas elecciones marca un antes y un después en la historia del régimen del 78: la derecha se hartó de estar sometida a una interpretación socialista y nacionalista. El tiempo dirá cómo se articula una nueva opción ganadora. Pero de momento, la lamentada fragmentación es la expresión de que una parte de la derecha ha dicho basta, y todo parece indicar que esa parte condicionará a las otras lo suficiente para haber roto la sumisión conservadora.

Diego Vigil de Quiñones Otero es Registrador de la Propiedad y miembro del act-tank Qveremos

No hay votos cautivos
Cayetano González Libertad Digital 7 Mayo 2019

Ahora, lo urgente es conseguir un contrapeso al Gobierno del Frente Popular, que, sin ningún género de duda, es el proyecto político de Pedro Sánchez.

En la interpretación que diversos dirigentes del PP han hecho del pésimo resultado electoral cosechado por su partido el pasado 28 de abril subyace una especie de concepción patrimonialista del voto que obvia una realidad que, por muy difícil que sea de aceptar, puede explicar muchos de los males electorales populares: no hay votos cautivos, no hay votos prisioneros.

En junio de 2015, cuando su nivel de irritación con lo que estaba haciendo Rajoy tanto al frente del Gobierno como del PP era máximo, José María Aznar dijo lo siguiente en una entrevista en ABC:

No hay electorados cautivos, no hay votos cautivos, ni siquiera el mío. Los electorados se respetan, los compromisos se cumplen, al ciudadano se le escucha. No hay votos prisioneros.

Eso es lo que le ha pasado al PP en las elecciones generales de hace ocho días: que una buena parte de los 4.136.600 votantes de Ciudadanos y otra buena parte de los 2.677.173 votantes de Vox han considerado, en uso de su libertad, que era hora de liberarse del yugo popular y votar a esas otras siglas.

Cuanto más tarden los dirigentes del PP –y no sólo Pablo Casado– en aceptar esta realidad, más posibilidades tendrán de seguir equivocándose en el diagnóstico de lo que les ha sucedido y, consecuentemente, y de no acertar con las soluciones que deben aplicar para intentar recuperarse de la delicada situación en que las urnas les han dejado. No es seguro que, si la aceptan, lo consigan. Pero lo que es evidente es que, si siguen pensando en que son los únicos y legítimos propietarios del votante del centro y la derecha, su horizonte será muy negro.

Lo que le sucedió al PP el 28 de abril no es sólo culpa de Pablo Casado, de su equipo, o de los errores cometidos en campaña. Es la consecuencia lógica de una deriva que comenzó en el Congreso de Valencia de 2008, donde Rajoy apostó por el vaciamiento ideológico del PP para conseguir que fuera un partido menos antipático –es decir, que no diera ninguna batalla por las ideas o por los principios– tras la derrota que le infligió Zapatero en las elecciones generales de ese mismo año. Cuando alcanzó el poder en 2011, con una mayoría absoluta como nunca antes había tenido, de 186 diputados, el PP se convirtió en una aseada maquinaria burocrática para administrar la cosa pública, pero nada más. Eso produjo que en las elecciones de 2015 y de 2016 muchos de sus votantes se quedaran en su casa o se fueran a Ciudadanos. Una fuga que se ha visto aumentada en estas últimas elecciones al tener una opción más a la hora de votar: Vox.

A veinte días de unas importantes elecciones autonómicas, municipales y europeas, el objetivo prioritario del centro y de la derecha tiene que ser lograr un resultado que sirva como contrapoder al que va a tener Pedro Sánchez en la Moncloa. Para ello, lo primero es que no decaiga la movilización del voto de PP, Ciudadanos y Vox. Es muy importante que el 26 de mayo los electores que dieron el pasado 28 de abril su voto a una de esas tres opciones lo vuelvan a hacer. Da lo mismo si cambian el sentido del mismo, siempre que lo hagan entre esas tres siglas, porque los efectos de la Ley D'Hondt en las municipales y autonómicas es mucho menor que en las generales. Y en las europeas, al ser circunscripción única, sencillamente no existe.

Otra cosa es cuál de esos tres partidos sea el primero y esté en condiciones de encabezar los Gobiernos en las distintas CCAA y ayuntamientos. Los acuerdos no serán sencillos, porque el peligro de que primen los egos o los intereses partidistas será enorme. Pero ya llegará ese momento. Ahora, lo urgente es conseguir un contrapeso al Gobierno del Frente Popular, que, sin ningún género de duda, es el proyecto político de Pedro Sánchez.

Sánchez no es el jefe de Estado
 larazon 7 Mayo 2019

Pedro Sánchez ha abierto una ronda de contactos previa a la de la investidura, que le corresponde al jefe del Estado. No es lo mismo y no deben confundirse los papeles: es el Rey quien encarga formar gobierno al candidato que asegura tener los apoyos suficientes, según lo estipula la Constitución (art. 62): «Proponer el candidato a presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución». Sánchez, como representante del partido más votado, aunque sin mayoría absoluta, está obligado a buscar los apoyos necesarios para asegurar su investidura.

La ronda que inició ayer con el líder del PP, Pablo Casado, y que continúa hoy con los de Cs, Albert Rivera, y Unidas Podemos, Pablo Iglesias, tiene, sobre todo, un carácter institucional. Es decir, remarcar la figura del que representa en funciones la institución del Gobierno. De estos encuentros no van a salir ningún acuerdo para nombrarle presidente, ni siquiera con su socio principal, Iglesias, sino una operación para presentarse como la figura central que arbitrará la política española en los próximos cuatro años. Pero no es esa su función. Conviene no perderlo de vista porque algunos énfasis protocolarios de Sánchez van más allá de su misión.

Sánchez es sólo el candidato, que ni siquiera ha sido propuesto por el Rey para formar Gobierno, cuando además ni están constituidas las Cortes. Algo parecido sucedió tras los comicios del 26 de junio de 2016, cuando Rajoy realizó las consultas en La Moncloa y fue conminado por la oposición –con Sánchez a la cabeza– a elegir el lugar neutral que le correspondía. El resto de reuniones se realizaron en el Congreso. Esta manera de actuar no tendrá ninguna consecuencia política –sus conversaciones con Iglesias son en privado–, pero sí que incide en algo que Sánchez viene demostrando: falta de tacto hacia la figura institucional de Felipe VI.

La reunión de ayer con Casado dejó claro que, pese a los malos resultados del 28-A, el líder popular quiere asumir la tarea de jefe de la oposición y hacerlo con responsabilidad, dispuesto a llegar a pactos de Estado con el futuro Gobierno. De momento, la propuesta de PP es clara: que Sánchez no dependa de los independentistas para gobernar. Esa es la clave y lo que realmente puede desbloquear una situación que rompió el pacto de los constitucionalistas cuando triunfó la moción de censura con el voto de los separatistas. Si se quiere reforzar un acuerdo de Estado sobre los temas fundamentales y, de manera especial, cerrando la puerta al independentismo, no hay más vía que impedir que Junqueras, Puigdemont y Otegi se conviertan en actores determinantes de la próxima legislatura.

Casado ya ha adelantado que Sánchez no contará con la abstención de su partido y confíó en que Rivera facilitara la investidura, una suposición que, aún estando dentro de lo posible, no deja de ser una manera de comprometer a Cs ante su electorado ante las próximas elecciones del 26 de mayo. Lo fundamental es que Sánchez prepara una reforma fiscal muy acorde con Podemos y contraria al planteamiento del PP y Cs, la derogación de la reforma laboral y otras medidas de calado. La nueva actitud de Sánchez la comprobaremos en cómo cierre los acuerdos que le llevarán de nuevo a La Moncloa. Buscar el aislamiento de PP y Cs puede reportarle réditos electorales inmediatos, pero descompone el sistema de partidos en España, otorgando un poder excesivo a formaciones dispuestas a acabar con el orden constitucional.

Y éste era el moderado de Podemos

OKDIARIO 7 Mayo 2019

Lo grave no es que dos candidatos de la lista electoral de Errejón a unas elecciones autonómicas hayan recibido un premio en metálico de la narco-dictadura venezolana por escribir el enésimo líbelo que canta las ‘bondades’ del régimen. Al fin y al cabo, está probado hasta el aburrimiento las conexiones de toda índole entre los fundadores de Podemos y la tiranía de Chávez y Maduro. Lo auténticamente grave es que, tras esta noticia, los dos interdictos probablemente no presentarán su renuncia inmediata ni se organizará un escándalo que abra los telediarios del mediodía. En cambio, ¿qué sucedería si en las listas del PP, Ciudadanos o Vox se presentase una persona que hubiera recibido dinero de alguna abominable dictadura latinoamericana? El alboroto, con toda razón, sería mayúsculo. Sería una siniestra burla a la Democracia y al Estado de Derecho que tanto nos costó conseguir.

La sociedad española ha vivido durante demasiado tiempo adormecida por una suerte de monopolio cultural nada inocente ejercido desde ámbitos mal llamados progresistas. Y así hemos llegado al absurdo de que pueda presentarse como moderado –mucha gente lo considera así– un individuo como Íñigo Errejón, que como secretario de la tristemente célebre fundación CEPS firmó el cobro de 401.800 € por asesorías a la narco-dictadura venezolana. Alguien que hace menos de un año, a finales de 2018, aún defendía las bondades democráticas, sanitarias y alimentarias de una dictadura que ha ocasionado el mayor éxodo de civiles desplazados en toda la Historia contemporánea de América Latina. Hasta dónde se ha desplazado el listón en España, insistimos, para que Errejón sea visto como persona templada y ecuánime.

No deja de resultar sorprendente que personas con semejante historial pretendan ofrecer soluciones políticas para arreglar los problemas de los madrileños. En todos los lugares del mundo donde sus ideas se han puesto en práctica, la ruina económica, la merma de libertades y el aumento de la corrupción ha sido exponencial. La clave conceptual de todas estas paradojas puede encontrarse en el subtítulo de un libro de Luis Alegre y Carlos Fernández Liria: “El colapso moral de los intelectuales occidentales”. Pues eso.

¿Por qué la izquierda al servicio del capital ama a Soros?
Diego Fusaro  latribunadelpaisvasco.com 7 Mayo 2019

El filósofo italiano Diego Fusaro, (Turín,1983) enseña Historia de la Filosofía en el IASSP de Milán (Instituto de Altos Estudios Estratégicos y Políticos), donde también es director científico. Gran conocedor de la obra de Marx y del pensamiento de izquierdas, en sus numerosos ensayos (varios de ellos traducidos ya al español) analiza con detalle la traición que las izquierdas han llevado a cabo contra la clase trabajadora, vendiéndose al globalismo de individuos como George Soros y apostando por convertirse en títeres de los grandes poderes neoliberales mundialistas. Traemos a La Tribuna del País Vasco, en exclusiva para el público lector en español, uno de sus más clarividentes ensayos, donde se demuestra que todavía hay una parte de la izquierda, muy minoritaria aún, crítica con los intentos mundialistas de acabar con los valores derivados de la familia, las tradiciones, la identidad, el derecho natural, el arraigo, etc.

¿Por qué la izquierda al servicio del Capital ama a Soros?
La trágica historia de la izquierda es, en esencia, la historia de su metamorfosis kafkiana: que desde el partido comunista del glorioso Gramsci les ha llevado finalmente a ser, tras una larga y turbulenta historia, el fucsia [color del feminismo, N. del T.] y el arco iris [color del homosexualismo, N. del T.] de izquierdas al servicio de las clases dominantes.

Como movimiento organizado partidista en la lucha contra el capital (Gramsci, Togliatti y la vía nacional hacia el comunismo), se han redefinido metafóricamente como un movimiento en la lucha por el capital: cada victoria que han obtenido en los últimos treinta años ha sido un baño de sangre para las clases trabajadoras. Pensemos en el trabajo de Mitterrand en Francia, D'Alema en Italia y Blair en Inglaterra. Hoy, en cambio, han perdido toda referencia real y simbólica hacia el pueblo y hacia la clase obrera, a los que incluso desprecian por medio del uso de categorías risibles como la etiqueta de "populismo", que es, de hecho, el barniz con la que esconden su propia demofobia, su propio odio proclamado hacia el pueblo, hacia los trabajadores y hacia sus reivindicaciones básicas de salarios, estabilidad existencial y laboral, proteccionismo económico.

El emblema de todo esto reside en el amor desenfrenado que la izquierda siente por el "filántropo", en realidad el turbomundialista Soros: es decir, por tratarse quizás del miembro más influyente de las clases sin fronteras dominadas por el cosmo-mercado. ¿Cómo surgió este abismo? ¿Por qué la izquierda, como amiga de los trabajadores que antes era, ahora es amiga de aquellos que, protegiendo sus intereses de clase, proceden a masacrar a los trabajadores a golpes de una globalización desgraciada y de una competencia sin fronteras? ¿Por qué del amor por Gramsci, que niegan hoy, estas personas de izquierdas son las que han pasado a amar a Soros, en contra de aquello contra lo que una vez habrían luchado con orgullo? "Estoy con Soros": Así tuiteó recientemente, sin vergüenza, Carlo Calenda, imagen de la izquierda amigable para con el mercado para completar, así, el eslabón del poder capitalista. ¿Qué pasa con eso? La elección del sabio Calenda es excelente, coherente con el plan de la izquierda, el plan de dócil servidumbre hacia las clases dominantes y de despiadada masacre de los trabajadores en nombre del mercado, de la UE, de la competitividad.

Lo sabemos: los payasos de la izquierda italiana aman a Soros. Ahora está claro por qué: nadie ha invertido más dinero que él en la destrucción del comunismo, permitiendo que estos payasos se reajusten al dinero del capital y en el sentido liberal. Permitiéndoles realizar plenamente su propia metamorfosis indecorosa, lo que les llevó a negar todo, incluso a sí mismos. Soros, lo sabemos, siempre y de forma exclusiva, apoya las luchas que, fingiendo ser deseadas por la sociedad civil, protegen los intereses de la política de clase global y la competitividad: desde las deportaciones de esclavos de África por parte de barcos privados hasta el derrocamiento de gobiernos no alineados gracias a las "revoluciones coloridas" gestionadas ad hoc desde arriba. ¿Ha visto alguna vez al turbo-capitalista Soros financiar las protestas de los trabajadores de Fiat Mirafiori? ¿O los precarios trabajadores de Bolonia? ¿O, de nuevo, los desempleados de Nápoles? Por supuesto que no. Siempre y sólo financia lo que es orgánico para con la sociedad abierta, es decir, para el modelo del capitalismo más despiadado del mundo.

Los heraldos del pensamiento único políticamente correcto y éticamente corrupto, los "militantes" de izquierda, que los apoyan sin darse cuenta de que, precisamente por eso, defienden los intereses de los dominantes (Martina, que dice que sale a la calle con la bandera de la UE, puede bastar como ejemplo...) [Maurizio Martina, político italiano, líder del Partido Demócrata, N. del T.], dirán en este momento que somos antisemitas: quien critica a Soros es antisemita, en su opinión. La idiotez alcanza aquí el límite extremo de la no devolución: si atacamos a Soros, ciertamente no lo hacemos porque es judío. Lo hacemos porque él -sea judío o cristiano, ateo o musulmán- es un enemigo de clase: el odio que nos reserva a nosotros, a las clases trabajadoras y a los pueblos que sufren, debe serle devuelto en su totalidad y sin descuentos. ¿Se llama antisemitismo? No, caballeros, se llama lucha de clases. Esto nos lo enseñó un hombre que también era judío, pero que, a diferencia de Soros, estaba de nuestro lado: Carlos Marx.
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Rivera, no Puigdetorra, sí
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 7 Mayo 2019

Poco ha tardado Cum Fraude, que, aunque lo vote el 90% del censo seguirá siendo un falsario y un falsificador de títulos académicos, en sacar la patita de socio entrañable del golpismo catalán y su hermanastro vasco, incluido el partido de la ETA, tan victorioso en las urnas como Iglesias y Junqueras, Juliana y Ferreras. Por cierto, Podemos y Bildu se manifiestan juntos en defensa del régimen genocida de Maduro. Y Borrell, alias Decepciones, se pliega a la "democracia con agallas", que así definía el hoy marqués de Galapagar al régimen de Chávez, junto a cuyo despacho tenían el suyo Monedero y un etarra. Sí, también Maduro ha ganado las elecciones.

Pero lo que no se atrevió a hacer la Fiscalía contra los fiscales del Supremo, lo ha hecho ahora en favor del forajido Puigdemont contra la Junta Electoral Central, de la que yo critiqué la exclusión de Vox de los debates televisivos, por el precedente de Podemos y Cs, pero a la que no cabe rebatir dos argumentos: que Puigdemont no está en el censo, por lo que no es votable, y que no puede tomar posesión, luego todavía menos. La feministra Delgado, rapsoda de la "información vaginal" y los prostíbulos clandestinos de las cloacas policiales, hizo que el abogado del Estado Edmundo Bal dimitiera porque se negó a cambiar su tipificación de los delitos golpistas. Ahora vuelve a la carga: facilitar, Fiscalía mediante, el pacto de hierro de Sánchez con los golpistas.

El único fruto de que Puigdemont pueda presentarse a las elecciones es deslegitimar el sistema que le impide acceder al acta. Es decir, dificultar ante la opinión pública europea la defensa de la legitimidad del Estado de Derecho en España, favoreciendo la "solución política" del "diálogo" con esos "dos millones de catalanes" a los que, según Meritxell Batet, "no se puede imponer una Constitución". Pero que ellos pueden derogar gracias a esa izquierda antiespañola que finge no haber votado a Otegi y Junqueras.

Y es que la rigidez franquistoide del Estado de Derecho no permite a Puigdemont recoger su acta, aunque sí atacar a España en Europa, ahí está Puigdetorra, de la misma banda, para frenar un poco a Junqueras. Lo primero que hará Sánchez es volver a llamar a Moncloa al que llamaba "el Le Pen catalán", con su churro amarillo en la solapa. Para eso acaba de derrotar al fascismo.

¿Hay un sociólogo en la sala?
Juan José R. Calaza ABC  7 Mayo 2019

En el acervo de la ciencia política se han integrado los sesgos cognitivos. Destacan el sesgo de confirmación y el efecto halo (que empopó al presidente Sánchez). Raramente se toma en cuenta el efecto Dunning-Kruger. El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo que sufren las personas incompetentes o poco cualificadas, en un determinado campo, sobrevalorando su real capacidad o habilidad cognitiva específica. Ejemplo canónico es el de Bernhard von Grünberg, otrora parlamentario regional en Alemania, ahora jubilado, que a pesar de chapurrear el español, hasta el punto de necesitar intérprete, pretendió ante el Tribunal Supremo, a instancias del abogado de Jordi Cuixart, ser buen conocedor de la realidad catalana arrogándose el título de observador internacional en los eventos del 1-O. El sesgo de ilusoria superioridad proviene de una dificultad metacognitiva de los incompetentes que les impide reconocer con precisión y objetivamente la propia incompetencia. Los que somos incompetentes o poco cualificados en algún campo somos también incompetentes para juzgar nuestra incompetencia en ese terreno. El sesgo reposa en una ilusión interna. Paralelamente, las personas más competentes tienden a subestimar relativamente el propio nivel pues consideran que lo que les resulta fácil o claro lo es también para los demás. En este caso, al sobrevalorar las capacidades de los otros, el sesgo aflora por ilusión externa.

Recurriendo a las enseñanzas del efecto Dunning-Kruger podemos relegar a segundo plano (al menos en primera aproximación al procés) el egoísmo económico, el matonismo político, el oportunismo profesional, empoderamiento y otras consideraciones al tiempo que ponemos de relieve un rasgo fundamental de los secesionistas catalanes: el injustificado supremacismo.

Desde la escuela, los secesionistas son incompetentes en historia de España y de Europa; en aritmética, al echar las cuentas se equivocan siempre a su favor; en geopolítica y Derecho habida cuenta que sus planteamientos chocan contradictoriamente con la Constitución española y con la doctrina de organismos internacionales como la ONU: Torra es presidente de cuatro provincias españolas por la Constitución y el Estatut y Cataluña no es una colonia. No entender cosas tan elementales prueba la incompetencia de los secesionistas y la sobrevaloración de su propia (in)competencia.

¿Por qué los «competentes» no frenaron de raíz a los «incompetentes» desde que Mas, en 2012, mostró su enorme incompetencia cognitiva? Aunque no hay que excluir pusilanimidad o excesivos miramientos democráticos, el efecto Dunning-Kruger apuntaría a que los más competentes fueron tempraneros en entender nítidamente que la independencia de Cataluña, haciendo correctamente suma y resta, era inviable. Y como a partir de su propia lucidez calibraron mal la de los otros, sesgando hacia arriba, dieron por hecho que también entenderían la imposibilidad de la secesión y, por tanto, los secesionistas (hasta entonces retóricos) nunca se embarcarían en semejante locura. Los incompetentes secesionistas, por el contrario, sobreestimaron sus propias capacidades (véase el refranero: la ignorancia es muy atrevida) para entender la complejidad del procés y dieron por bueno que conseguirían la independencia con la simple convocatoria de un fraudulento referéndum que sería avalado por Europa e incluso Eslovenia, potencia mundial.

Ahora que se han bajado de las alzaderas, ahora que van de peatones normales, sin suntuosos despachos, sin coches blindados y sin guardias pretorianas, todo el mundo puede comprobar la incompetencia total, abisal, la retórica vacua, que caracteriza a los golpistas ante el TS. No hay que darle más vueltas: siguen sobrevalorando su competencia para entender qué es una nación madre de veinte naciones y qué son cuatro provincias.

El efecto Dunning-Kruger no es culturalmente neutro. Las conclusiones anteriores se apoyan en experimentos realizados en países occidentales. En Japón, algunos estudios sugieren que los japoneses tienden a subvalorar las propias capacidades. Sin embargo, el sentimiento de bajo rendimiento relativo lejos de ser un lastre desmotivador para los japoneses es un estímulo, casi una suerte u oportunidad, para mejorar la cualificación o las competencias a ojos del grupo. Comparativamente, desde ambas perspectivas el efecto Dunning-Kruger muestra en los secesionistas una fatuidad personal, puro supremacismo, que jamás los llevará a perfeccionarse y, simétricamente, la humildad de los japoneses que se sienten incompetentes los impulsa a mejorar y ser valiosos para la colectividad sin autoengañarse incurriendo en sesgo cognitivo de sobrevaloración personal. En conclusión, los secesionistas se nutren de sobrevaloradas convicciones; los japoneses, de humildes dudas. Y dejó escrito Nietzsche que las convicciones son enemigas harto más peligrosas de la verdad que las mentiras («Humano, demasiado humano» aforismo 483).

¿Avala el Supremo la fuga de Puigdemont?
Pablo Planas Libertad Digital  7 Mayo 2019

Mucha alegría y gran satisfacción en el bando golpista. Tres procesados en rebeldía, Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Toni Comín, pueden presentarse a las elecciones europeas. El Tribunal Supremo, por delegación a un juzgado de Madrid, falla en contra del criterio de la Junta Electoral Central (JEC). Tanto da presentarse ante la Justicia que fugarse del país tras pegar un golpe de Estado. Puigdemont competirá contra Junqueras en las elecciones europeas.

La decisión se ajusta tanto a derecho como incongruente resulta a simple vista. Si ya es discutible que personas que están siendo procesadas por delitos tales como el de rebelión se puedan presentar a las elecciones con programas que reinciden en la rebelión, que Puigdemont, el máximo cabecilla del golpe, vaya a encabezar una candidatura para las europeas con los votos a favor de magistrados del Tribunal Supremo es directamente incomprensible.

Llueve sobre mojado. En España sólo los exterroristas no arrepentidos pueden optar a credenciales parlamentarias, y existe una Ley de Partidos de puro adorno en cuya exposición de motivos se alega que el objetivo es evitar que prosperen las formaciones que atenten de manera grave y reiterada contra la democracia en España, cual es el caso de las de los nacionalistas catalanes y vascos.

Así que lo extraordinario fue la decisión de la JEC, no que se haya revocado, de modo que el golpista preso Oriol Junqueras, que además de diputado en el Parlament ha sido elegido diputado en el Congreso y se presenta para eurodiputado, se disputará el voto separatista con el golpista fugado Carles Puigdemont, que puede hacer declaraciones, montar mítines y comer mejillones cuando le plazca en plena libertad deambulatoria, siempre que no se acerque a España. En cambio, Junqueras se tiene que conformar con los espacios electorales desde Soto del Real.

A pesar de las obvias ventajas, el entorno de Puigdemont se queja de que las peripecias judiciales de su candidatura le sitúan en inferioridad de condiciones electorales. Es el victimismo elevado al cubo. La "injustícia espanyola" (así se refieren a los tribunales en el separatismo) deja presentarse a las europeas a un prófugo y los partidarios del evadido más el mismo fugado se quejan porque el debate jurídico que les hace la campaña ha durado cuatro días.

Cuatro días en los que ha figurado al frente de la candidatura a modo de sustituto el letrado de Puigdemont Gonzalo Boye, condenado por el secuestro de Emiliano Revilla, en manos de la ETA durante 249 días. De los catorce años que le cayeron, Boye cumplió seis que aprovechó para licenciarse en Derecho. Ahora es uno de los abogados del prófugo y va y viene de Madrid a Barcelona y Waterloo en representación de un individuo que se fugó de España al ser citado por la justicia tras cinco advertencias del Tribunal Constitucional.

Tal vez el Tribunal Supremo haya querido evitar que la no aplicación de la Ley de Partidos propiciara que un exterrorista supliera a un expresidente de la Generalitat en una candidatura electoral. Si ERC no protesta en voz alta es porque su secretaria general, Marta Rovira, hizo caso a Puigdemont y se fugó a Suiza en cuanto fue citada a declarar por la Audiencia Nacional. La moderación de ERC es que no ha tenido el cuajo de meterla en la candidatura de las europeas. Probablemente en agradecimiento obtengan un puesto en la Mesa del Congreso de país a abatir.
 

Descentrados
Teresa Giménez Barbat okdiario  7 Mayo 2019

No tengo muy claro que el PSOE de Sánchez haya ganado las elecciones por abanderar un programa de centro, según proclaman estos días la mayoría de los politólogos, que apostillan que en España nunca suelen salir victoriosas las propuestas que se escoran en exceso a la izquierda o a la derecha. Ni la exacerbación del sectarismo, ni la plena asunción de la doctrina del metoo, ni la recuperación de la Internacional para los mítines son marcadores que quepa identificar con lo que entendemos por centro; cuando menos, en lo que éste tiene de inclusivo, de invocación de lo que nos une. Tampoco parecen muy centradas, tómese la expresión en un sentido laxo, la disponibilidad a pactar con fuerzas como ERC o Bildu, o la renuencia de Sánchez o Batet a proclamar (siquiera para desdecirse, un arte en el que son consumados maestros) que el Gobierno jamás indultará a los políticos que están siendo procesados por el 1-0, en caso de que sean finalmente condenados. Volviendo la vista atrás, ¿fue el PSOE de Zapatero un partido que defendiera postulados de centro? ¿Fue la Ley de Memoria Histórica, por citar uno de los legados más controvertidos de aquel Gobierno, una iniciativa asimilable a un programa de centro?

A mi modo de ver, el triunfo de Sánchez se explica más bien por la extraordinaria movilización que, en las filas de la izquierda, provocó el espantajo de Vox, una formación que penará en la irrelevancia durante los próximos cuatro años, pues los 24 diputados que ha obtenido apenas darán para hacerse notar con proclamas de trazo grueso (quién no ha visto, a estas alturas, el vídeo de Espinosa de los Monteros y los quinquis). Otro factor crucial para inclinar la mayoría, además del reclamo del dóberman, fue el uso casi omnímodo por parte de Sánchez de todas las plataformas de poder que tuvo a su alcance, y la enorme ventaja que le concedieron esos 10 meses al frente de un Ejecutivo concebido como una maquinaria electoral, y cuyo verdadero vicepresidente fue, en verdad, un publicista.

En cuanto a la debacle del PP, no creo que el único responsable (ni siquiera el principal) sea su presidente, Pablo Casado. Bien es cierto que colocó en las listas a personajes insólitos (dejémoslo en insólitos), que no brilló lo suficiente en los debates y que no supo qué trato dispensar a Vox, pero la fuga de votos hacia Abascal y Rivera vino determinada, sobre todo, por la atonía y extravío de sus predecesores. En verdad, el PP lo tenía muy cuesta arriba, y prueba de ello es que Cayetana Álvarez de Toledo, que llevó a cabo una campaña ejemplar (valoración en la que también coinciden sus adversarios), que estuvo permanentemente bajo el foco, y siempre para bien, apenas sí consiguió sacar adelante su propio escaño. La desafección al PP era ya una inercia cuasi tectónica, como para que ella sola, pese a su valía, pudiera revertirla.
En lo que atañe a Ciudadanos, su incremento es notable, pero insuficiente. Los logros de un partido deben juzgarse en función de las expectativas, y las de Ciudadanos no eran modestas. No en vano, Rivera se veía a sí mismo como presidente del Gobierno, no como tercero en discordia. Tercero, sí: ni siquiera está en disposición de afirmar, como viene haciendo, que le corresponde el liderazgo de la oposición. El objetivo, insisto, era otro. Y el hecho de que, con un PP en su hora más baja, no haya sido capaz de sobrepasarlo, habría de invitarle a una reflexión.

El espantajo del PP o la traición del PP
Nota del Editor  7 Mayo 2019

Los "10 meses al frente de un Ejecutivo concebido como una maquinaria electoral" han sido una traición del PP a España, asi que el PP no es un espantajo, es un traidor a España.

Siguen algunos medios echando basura sobre Vox. Unos insignificantes sujetos que se unieron a Vox sueltan ahora basura y los medios lo airean como si fueran los millones de votos que apoyamos a Vox como única solución a los graves problemas de España.

Esos sujetos que ahora tiran basura sobre Vox, estan muy bien fuera, nunca debieron entrar; si alguien te convence para que te unas y lo haces, luego, por coherencia no puedes tirar piedras, basura, sobre su tejado, el tejado de España: cállate porque si no estás demostrando que tu interés no era apoyar sino boicotear, verdaderos traidores a España.


 


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