AGLI Recortes de Prensa   Lunes 20  Mayo 2019

El culpable de la victoria de Sánchez
Luis del Pino Libertad Digital 20 Mayo 2019

Veo que andas muy cabizbajo estos días, desde que Sánchez ganara las elecciones del pasado 28 de abril. Y que miras de reojo a tus vecinos votantes del PSOE, preguntándote: "¿Cómo es posible que prefieran un gobierno con los podemitas y los separatistas? ¿No se dan cuenta de que España se va a la mierda?". No les mires a ellos, querido. Si quieres encontrar al culpable de la victoria de Sánchez, busca un espejo.

Porque Sánchez ganó el día en que Mariano Rajoy soltó a Bolinaga y tú no pusiste pie en pared.

Sánchez ganó el día en que Rajoy usó su mayoría absoluta para mantener todas las leyes ideológicas de Zapatero y tú le disculpaste.

Sánchez ganó el día en que Rajoy dijo que no hacía ideología porque tenía que concentrarse en la economía y tu le dejaste que te estafara.

Sánchez ganó el día en que Rajoy dejó a Artur Mas hacer un primer referéndum de independencia y tu no hiciste nada.

Sánchez ganó el día en que se permitió que se nos humillara a todos los españoles con un segundo referéndum de independencia y tú seguiste votando a los que lo permitieron.

Sánchez ganó el día en que nuestros partidos nacionales aprobaron un 155 de mentirijillas para aplacar al personal y tu no les afeaste la conducta.

Sánchez ganó el día en que se aprobaron leyes que introducen una diferencia penal entre hombres y mujeres y tu no solo no reaccionaste, sino que encima llamaste "radical" a quien denunció que esas leyes eran una aberración democrática.

Sánchez ganó el día en que consentiste sin mover un dedo que se aprobaran leyes para adoctrinar en ideología de género a tus hijos en los colegios.

Sánchez ganó el día en que se vulneraron los derechos de los castellanohablantes en Galicia y tú miraste a otro lado, porque quienes los vulneraban eran los tuyos.

Sánchez ganó el día en que Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría entregaron todos los medios de comunicación a la izquierda y tu no supiste o no quisiste ver el peligro a largo plazo que eso representaba.

Sánchez ganó porque a lo largo de los años has permitido que se cree el caldo de cultivo ideológico para que Sánchez gane. Y ese caldo de cultivo nos ha llevado a la aberrante situación de que una parte de la sociedad española considera más peligroso al partido de José Antonio Ortega Lara que al partido de Arnaldo Otegui. Así que pregúntate qué grado de responsabilidad tienes tú, con tus dejaciones ideológicas, en que las víctimas sean vistas con más recelo que los verdugos.

Si nos van a gobernar Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es porque tú lo has querido así, con tus acciones. Y también con tus inacciones.

Si quieres que las cosas sean distintas, aprende a hacer política. Y aprende, sobre todo, a exigir que tus representantes políticos la hagan. A no tolerarles que traicionen tus principios ideológicos. Porque, a la hora de la verdad, a la sociedad, por muy triste que resulte, no le importa una mierda cuántos puestos de trabajo creó el PP en el pasado. Y vota por ideología. Así que si le dejas a la izquierda la ideología con la excusa de la economía, terminarás entregándole a la izquierda la ideología y la economía.

El culpable de que gane Sánchez no es tu vecino que vota al PSOE, sino tú, que has contribuido a que las cosas lleguen a un punto en que ese vecino ve al PSOE como la mejor opción. Pregúntate por qué es así.

Por lo tanto, menos lloriqueos. No me das ninguna pena. Tenemos lo que te mereces. Y lo seguiremos teniendo mientras continúes haciendo el panoli.

Y el 26 de mayo, vota a quien te de la gana. O no votes. Me da absolutamente igual. Pero sé consciente de que con cada palabra que pronuncias y con cada decisión que tomas eres TU el que contribuye a cimentar las victorias o las derrotas futuras. No eches la culpa a otros de lo que solo es responsabilidad tuya.

La división castiga al centro derecha
 larazon 20 Mayo 2019

Una vez más, el muestreo electoral que «NC Report» ha elaborado para LA RAZÓN, referido a las elecciones autonómicas del próximo 26 de mayo, mantiene la misma constante: el PSOE recupera, aunque en menor medida de lo debido, el voto que se marchó a Podemos, mientras que el Partido Popular sigue perdiendo sufragios en favor de Ciudadanos y VOX. El problema, como se ve en la mayoría de las doce comunidades convocadas a las urnas, es que la suma de los votos del ámbito del centro derecha es insuficiente. Un pacto al estilo de Andalucía sería posible, si se confirman los sondeos, en Madrid, Murcia y Castilla y León, pero no en las demás. Incluso, los socialistas podrían operar con la consabida geometría variable, recurriendo a los apoyos de la extrema izquierda o de Ciudadanos en según qué regiones. Serían los casos de Aragón, Extremadura y Castilla-La Mancha, donde les sería suficiente el acuerdo con los de Albert Rivera, y los de Asturias, Canarias, Baleares y La Rioja, donde tendría que apoyarse en Pablo Iglesias.

Los casos de Cantabria y Navarra son particulares. En la primera, es el partido de Miguel Ángel Revilla el que tendría que optar por el PSOE o el PP para mantener el Gobierno autonómico, mientras que en la Comunidad Foral, la división en tres bloques, derecha, vasquistas e izquierdas, da a los socialistas el papel de árbitro. En definitiva, la división del voto en el centro derecha, agudizada con la irrupción de VOX, puede acabar dibujando una hegemonía del PSOE que, desde luego, no se corresponde con la entidad de sus sufragios ni creemos que sea la intención última de aquellos antiguos electores del Partido Popular que han decidido cambiar la orientación de su voto. Pero, como en las pasadas elecciones generales, nuestro sistema de reparto de escaños castiga al sector ideológico que acude más fragmentado a las urnas.

El mejor ejemplo de lo que decimos puede plantearse en Baleares, donde se está reproduciendo el mismo proceso de excitación del nacionalismo que hemos visto en Cataluña. Según el sondeo de «NC Report», el partido de Santiago Abascal podría conseguir hasta un 6,4 por ciento de los votos, que se traducirían en 2 o 3 escaños, insuficientes para evitar un Gobierno del PSOE con los nacionalistas. Esos votos, sin embargo, devolverían la mayoría al Partido Popular, que sí sumaría con Ciudadanos para poder formar un Ejecutivo constitucionalista. No es, pues, ociosa la apelación al voto útil, al menos, desde la racionalidad del efecto buscado por el elector. Entre otras cuestiones, porque ante la perspectiva de un Ejecutivo nacional de Pedro Sánchez apoyado por la extrema izquierda de Podemos –si es que, al final, no se produce una coalición alternativa entre el PSOE y Ciudadanos, que suman mayoría absoluta en el Congreso, lo que no es descartable–, cuya política económica viene determinada por una mayor fiscalidad, mantener gobiernos autonómicos de otro signo puede ser la única manera de reducir el impacto de las subidas de impuestos sobre el conjunto de los ciudadanos y de las empresas. La capacidad normativa de las Comunidades Autónomas es cada vez mayor y pueden desempeñar, insistimos, contrapesos necesarios. De ahí que, además, sea conveniente llamar a la participación de ese sector de votantes que suele abstenerse en mayor medida en las elecciones autonómicas, tal vez, porque consideran un error el Estado de las autonomías que establece nuestra Constitución, cuyas disfunciones, que las hay, deben resolverse dentro de los mecanismos democráticos previstos. Como el voto.

La izquierda y los separatistas destrozan España ante la estupidez (al menos) de muchos.
Nota del Editor 20 Mayo 2019

Vox se ha movilizado, Vox está movilizando, uniendo, a los españoles para poder seguir trabajando en la mejora de España y consecuentemente en la nuestra.

Derrota por incomparecencia
Luis Herrero Libertad Digital 20 Mayo 2019

Me pregunto qué pasaría si el domingo por la noche —bastante de noche, por cierto, porque lo previsto es un recuento escalonado que no solapará datos de municipales y autonómicas— sale Pablo Casado a la palestra y dice algo así: "Señoras y señores, el PP ha mejorado los resultados del 28 de abril, ha espantado el riesgo del sorpasso de Ciudadanos, ha comenzado a recuperar votantes que hace un mes apoyaron a Vox y, encima, se encuentra en condiciones de liderar una mayoría de gobierno en la Comunidad Autónoma de Madrid en torno a Díaz Ayuso, con el apoyo de Aguado y Monasterio. Dadas las circunstancias, valoramos los resultados electorales positivamente", ¿Daríamos por buena esa declaración? ¿La juzgaríamos políticamente razonable?

A una mala, eso va a ser —poco más o menos— todo lo que pueda decir el presidente del PP el 26 por la noche. A una muy mala tendrá que omitir la referencia a la mayoría de gobierno en la Comunidad de Madrid —que no es descartable que caiga del lado de la izquierda— y a una pésima también tendrá que prescindir de lo del sorpasso de Ciudadanos. Otro escenario más catastrófico no se contempla. Vox va a la baja. Eso no lo discute ninguna encuesta. En números redondos, uno de cada cuatro votantes de Abascal ya han decidido, como el hijo pródigo, volver a la casa del padre. Otra porción de su electorado, de tamaño desconocido, optará por la abstención. Por esa vía, las buenas noticias para el PP, si eso le sirve de consuelo, parece que están garantizadas.

Está claro que el escenario catastrófico —sorpasso de Ciudadanos y pérdida de la Comunidad de Madrid— no tendría venta política posible desde el balcón de Génova. Ni siquiera aunque el porcentaje de voto estuviera por encima del 16,7 que obtuvo el PP en las elecciones generales. También está bastante claro, al menos para mí, que la pérdida de la Comunidad de Madrid, aunque Casado recuperara la segunda posición que le arrebató Rivera el 28 de abril, resultaría un logro invendible. ¿Pero sería botín suficiente la triple conquista de mejorar del porcentaje, neutralizar el sorpasso y retener la presidencia madrileña? Hoy por hoy, a una semana del veredicto de las urnas, esas son las mejores expectativas que le adjudican al PP los promedios las encuestas. Según los demóscopos, lo que parecía posible el 28 de abril, extrapolando los datos de las elecciones generales, ahora se ha vuelto un anhelo aparentemente inalcanzable.

La derecha no sumará en Extremadura, ni en Aragón, ni en Castilla-La Mancha, ni en la ciudad de Madrid, ni en Valencia, ni en Zaragoza, Y, para más inri, perderá el Gobierno de La Rioja y las pasará canutas para retener el de Castilla y León. En todos esos territorios regionales y municipales, la derecha se impuso con claridad a la izquierda hace menos de un mes. Por eso el nuevo vaticinio resulta demoledor. Si se consuma en las urnas y todas esas plazas caen en manos de la izquierda, la derecha española se meterá en un hoyo de dimensión abisal. Solo si logra revertir el pronóstico y consigue que su pabellón ondee en el mástil de algunas de ellas podrán los líderes de la derecha salir en televisión a presumir de músculo. ¿Pero es razonable a estas alturas esperar que eso ocurra?

La clave radica en la abstención. La izquierda sigue muy movilizada. Nadie espera grandes deserciones en ese bando. En la derecha, en cambio, las cosas pintan al revés. El desánimo, la frustración —y por qué no decirlo, también el escaso atractivo de los carteles electorales— amenazan con diezmar la afluencia de votantes a las urnas del próximo domingo. Se han invertido los términos del panorama electoral que provocó el desalojo del PSOE de la Junta de Andalucía hace solo seis meses. Si entonces la baja participación beneficiaba a la derecha y perjudicaba a la izquierda, ahora sucede todo lo contrario. Daré un dato revelador: si a las seis de la tarde del domingo que viene la participación no supera el 52 por ciento, la izquierda descorchará el champán para celebrar una aplastante victoria por incomparecencia del adversario. Que nadie diga después que no estaba sobre aviso.

Carrera de fondo
Nota del editor  20 Mayo 2019

Si la esperanza de España descansa en el PP, estamos Prácticamente Podridos. Los votantes de Vox lo somos porque es la única solución para España. Tenemos muchos enemigos y amigos-enemigos enfrente, pero somos conscientes de haber tenido que entrar en una carrera de fondo por España y hay que seguir, por mucho humo que lancen para despistar. Más que una carrera de fondo es de vallas, que suben cuando le toca a Vox y bajan cuando llegan los enemigos y traidores que quieren destruir España.

Sánchez rinde el Parlamento al PSC
EDITORIAL Libertad Digital 20 Mayo 2019

Batet y Cruz son de esos federalistas que, en vez de afanarse por unir, se desviven por separar. El federalismo realmente existente en España es así de incoherente.

A pesar de que durante la campaña de las generales Pedro Sánchez aseguró que no haría cesiones al separatismo que previamente le encumbró, su primera decisión de calado en los prolegómenos de la nueva legislatura deja claro que seguirá precisamente esa derrota. No de otra forma puede entenderse su apuesta por que los filonacionalistas Meritxell Batet y Manuel Cruz, del filonacionalista PSC, presidan el Congreso de los Diputados y el Senado, respectivamente.

Batet y Cruz se han caracterizado siempre por su afán de tender puentes con supremacistas y golpistas a fin de encontrar "un nuevo encaje de Cataluña en España", fórmula empleada en el mundillo del PSC para blanquear proyectos que tienen por objetivo la voladura del orden constitucional y acabar con la soberanía nacional y la igualdad de todos los españoles ante la ley. Batet llegó incluso a votar en la Cámara que previsiblemente va a presidir en favor de autorizar un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Elegida más tarde ministra de Política Territorial, se estrenó en el cargo con un acto en defensa de una reforma federal de la Constitución que por supuesto nada tenía de federal, sino que pretendía atomizar aún más el régimen autonómico. En cuanto a Cruz, es igualmente uno de esos federalistas que, en vez de afanarse por unir, se desviven por separar. El federalismo realmente existente en España es así de incoherente, liberticida y dañino para la Nación.

Como aseguró muy acertadamente Albert Rivera en fechas recientes, el PSC ha "engullido" al PSOE, y a partir de la próxima semana las Cortes Generales "van a estar presididas por un partido nacionalista", ya que el PSC "actúa como los nacionalistas, habla como los nacionalistas y pide pactos como los nacionalistas".

Los movimientos de Sánchez antes incluso de que arranque la legislatura dan cumplida cuenta de su idea de país y por dónde irá en los próximos cuatro años. Su asociación con la izquierda antisistema y el separatismo debe ser contundentemente reprobada el próximo domingo en las urnas, de donde deberían salir ayuntamientos y comunidades que sirvan de refugio ante el vendaval de socialismo liberticida y antiespañol que nos aguarda.

Reivindicación de la idea de pueblo
Amando de Miguel Libertad Digital 20 Mayo 2019

No estaría mal que todos los partidos se movieran en la dirección de primar la consideración del pueblo como sujeto de la acción política.

Llama la atención la persistente ausencia de la voz pueblo en la discusión política actual, cuando se trata de un concepto de inveterada raigambre. Recordemos el celebérrimo senatus populusque romanus, la aspiración de que el poder contara con el común de los ciudadanos o al menos de que fuera beneficioso para ellos.

Hoy tenemos un partido que se titula Popular, otro que se llama Ciudadanos y un tercero, Unidas Podemos, que los observadores titulan de "populista". Son embargo, en los tres destaca la resistencia a referirse al pueblo español. No digamos en otro partido que se sabe solo "obrero español". Solo los voceros de Vox acuden de vez en cuando al sintagma "pueblo español". En los ambientes políticos se oye mucho decir "pueblo andaluz/catalán/vasco", etc. Pero seguimos sin muchas referencias al pueblo español. Nótese que el Defensor del Pueblo es uno de los organismos más inanes de la Administración Pública.

Resulta curiosa la dualidad de la palabra pueblo en la lengua castellana. Significa tanto el conjunto de habitantes de una localidad como el paisaje de edificios y otros elementos físicos de ese mismo lugar. Es parecida la dualidad que mantiene la enaltecida palabra hogar, que es tanto el grupo familiar o doméstico como el fuego que simboliza la unión entre sus miembros. En los censos de población antiguos las familias eran fuegos. También se utiliza pueblo para designar un núcleo o ambiente rural, una ciudad pequeña.

Fuera de su origen en el imperio romano, en la Europa contemporánea cristaliza la noción política de pueblo como el conjunto de habitantes de un país en sus relaciones con el poder y en cuanto sujeto de la soberanía. Se trata más bien de un desiderátum, pues a fin de cuentas es el Gobierno quien administra la soberanía, como antes lo hiciera el rey absoluto.

No se entiende bien por qué no se utiliza más un término con tanta prosapia como pueblo en el discurso político actual de los españoles. Se prefiere el vulgarismo de gente o el cultismo de ciudadanía. No me detengo en la ironía de "ciudadanos y ciudadanas".

Sería bueno recobrar el término castizo de pueblo para referirnos al vecindario o los contribuyentes en cuanto sujetos pasivos de la acción de los gobernantes. No sirve muy bien el equivalente de ciudadanía porque no se trata solo de derechos políticos sino del bienestar o el padecimiento que causa el peso del Gobierno. Casi todo lo que se dice públicamente sobre la política se predica normalmente del lado de los que mandan. Hora es ya de acordarnos de los que simplemente tienen que obedecer o padecer las leyes. Ese cambio de rumbo es más interesante que asegurar que un partido político aparezca como progresista o conservador, de izquierdas o de derechas. Un buen ejemplo de anteponer el punto de vista de los que mandan es la insistencia de un partido al pedir el "voto útil" de los que pudieran votar a otro. Se trata de una intolerable forma de presión cercana a la inmoralidad.

El carácter sorprendente que tiene la irrupción (esa es la palabra que se emplea) de Vox en el panorama político es que suele adoptar con alguna frecuencia el punto de vista del pueblo. Eso es algo que contraviene los usos políticos establecidos y, por tanto, genera una cierta animadversión general. La prueba es que a Vox se le tilda de "extrema derecha", que quiere decir que los demás partidos parten más bien de la perspectiva del poder.

No estaría mal que todos los partidos se movieran en la dirección de primar la consideración del pueblo como sujeto de la acción política. No en el sentido de halagar los sentimientos del populacho (que eso es el populismo), sino en el de primar los lógicos intereses del común. Por ejemplo, esa conversión se notaría si los partidos políticos administraran con mucha mayor sobriedad los gastos propios y no digamos el gasto público cuando tocaran poder. Un buen indicio de tal giro sería el morigerado uso de los coches oficiales, cuyo parque no ha dejado de crecer desde los tiempos del franquismo. La alegría en el dispendio del gasto público por parte de los partidos de la izquierda se denomina presupuesto expansivo. Suele aducirse que tal expansión se hace en pro del gasto social, sin especificar el coste parasitario de muchos gastos burocráticos, y no digamos del nepotismo u otras formas de corrupción. El primer axioma que los políticos deberían suponer es que el pueblo no es tonto.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

El déficit crónico español: los ingresos crecen al 1%, mientras el gasto aumenta un 6%
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 20 Mayo 2019

Aunque España registró un superávit presupuestario en los albores de la Gran Recesión, las cuentas públicas del Reino se han teñido de rojo desde 2008 y siguen instaladas en un déficit crónico. El pasado año, sin ir más lejos, el déficit alcanzó el 2,6% del PIB, lo que supuso un agujero de casi 32.000 millones de euros.

Parte del desbarajuste se debe a las comunidades autónomas, que se han desviado un 54% del objetivo de gasto fijado por Hacienda. Aunque el gasto debía subir un 2,4% como máximo, el repunte de los desembolsos se ha situado en el 3,7%. Según los cálculos preliminares, solo Castilla y León, Madrid y Galicia cumplieron con los límites establecidos.

También el gobierno central está contribuyendo a consolidar el desaguisado. No ha que olvidar que la subida del gasto público bajo gobierno de Pedro Sánchez ha sido tres veces mayor que en el promedio de la Unión Europea. No en vano, el crecimiento del gasto fue un 33% mayor desde que el dirigente socialista alcanzó el poder.

La tónica se ha mantenido en los tres primeros meses del año. Según datos del ministerio de Hacienda, los ingresos se han mantenido relativamente estancados entre enero y marzo, de manera que el fisco recibió cerca de 45.600 millones de euros en el arranque de 2018 y algo más de 46.000 millones en el primer trimestre de 2019.

Este tímido aumento de los ingresos contrasta con un crecimiento mucho más fuerte de los gastos. En enero-marzo de 2018, los desembolsos de las Administraciones Públicas se situaron por encima de los 49.800 millones de euros, mientras que en el mismo período de 2019 se superaron los 52.800 millones de euros.

Así las cosas, mientras los ingresos suben apenas un 1%, los gastos aumentan un 6%, lo que supone un deterioro del saldo fiscal superior a los 2.500 millones de euros. Por cada 1 euro de ingresos extra hay 6,6 euros de gasto adicional.

La derecha podrida
Nadie que renuncia a defender la conservación de su ser, la procreación y el acercamiento de Dios puede defender la vida en comunidad
Juan Manuel de Prada ABC 20 Mayo 2019

En un artículo reciente, titulado «El barrizal positivista», citábamos cierto pasaje de Santo Tomás en el que se nos proponía un criterio infalible para determinar el objeto de protección de las leyes, basado en las inclinaciones elementales del ser humano. Y señalábamos también nuestra perplejidad ante esa derecha que clama jeremíaca contra el separatismo, pretendiendo que es la mayor de las calamidades que sufre España, a la vez que admite calamidades mucho más lesivas de las inclinaciones del ser humano. Pues la derecha podrida que clama contra el separatismo ha contribuido a entronizar el aborto y la eutanasia, la debilitación y adulteración del matrimonio, la restricción de la patria potestad, la conversión de las escuelas en corruptorios, la competencia y el odio entre los sexos, así como un rosario de leyes laborales que hacen cada vez más difícil fundar una familia y otro rosario de leyes laicistas que hacen cada vez más difícil acercarse a Dios.

Resulta, en verdad, misterioso que esta derecha podrida que ha renunciado a defender todas las inclinaciones elementales del ser humano se muestre, en cambio, tan activa en su lucha contra el separatismo. Siendo ingenuos, podríamos pensar que, luchando por esta causa, la derecha siquiera defiende la inclinación del ser humano a vivir en comunidad, tras abandonar la defensa de las demás inclinaciones. Pero lo cierto es que nadie que renuncia a defender la conservación de su ser, la procreación y el cuidado de su prole y el acercamiento de Dios puede defender sinceramente la vida en comunidad. Puede, en todo caso, defender una unidad de hormiguero, sin diferenciación ni integración (¡libres e iguales!), que, a la postre, actuará como fábrica de separatistas y como disolvente de la auténtica vida comunitaria.

Pero, ¿cómo se explica que los adeptos de esta derecha podrida no adviertan que es imposible defender una auténtica vida comunitaria cuando se ha renunciado a la defensa de las demás inclinaciones del ser humano? Hace falta, en verdad, estar muy obnubilado para no advertir una evidencia tan gigantesca. Y esta obnubilación -nos enseña Donoso Cortés- la provoca la escuela liberal, «cuyo oficio propio es falsear todos los principios, combinándolos caprichosa y absurdamente con aquellos otros que los contradicen». Pues, en efecto, pretender combatir el separatismo a la vez que se aceptan y aplauden todas las calamidades que atentan contra las inclinaciones elementales del ser humano, es tanto como -citamos de nuevo a Donoso- «prescindir de la cuestión relativa al mal en sí, al mal por excelencia, para ocuparse sólo de cierto género de males; como si fuera posible que el que ignora qué cosa es el mal pueda saber qué cosa son los males particulares».

De ahí que esta derecha podrida, a la vez que agita el espantajo del separatismo como banderín de enganche, se allane ante la visión del mundo y del hombre que preconiza el progresismo, que así puede imponerse más fácilmente. Pues, como también nos enseña Donoso, «las escuelas socialistas sacan grandes ventajas a la escuela liberal, cabalmente porque se van derechas a todas las grandes cuestiones y porque proponen siempre una resolución perentoria y decisiva. El socialismo no es fuerte sino porque es una teología satánica. Las escuelas socialistas, por lo que tienen de teológicas, prevalecerán sobre la liberal por lo que ésta tiene de antiteológica y de escéptica».

Esta derecha podrida sólo sirve, en fin, para llevar a sus adeptos hacia los rediles que interesan al progresismo, mientras agita el espantajo de males particulares.

La España de la gente poco importante
Leopoldo Gonzalo y González ABC 20 Mayo 2019

La Historia Universal -escribió Carlyle en su Tratado de los Héroes- es, «en lo esencial, la Historia de los grandes hombres». Margaret Macmillan, rectora del St. Antony’s College, de Oxford, en su ensayo Las personas de la Historia (2017), aclara oportunamente que el historiador escocés no veía tanto a sus héroes como «[…] hacedores de la Historia, sino más bien como personas que recogían el sentimiento de una época en particular, o que fueron capaces de ver con más claridad hacia dónde se dirigía la sociedad o qué necesitaba». No es preciso insistir en la evidente simbiosis entre la sociedad y sus carlyleanos héroes, si por tales hay que tener también a sus conductores más o menos notables. Ocurre, sin embargo, que, en ocasiones, parece como si ambos se dieran la espalda para emprender caminos divergentes, si no opuestos. Ortega y Gasset proponía distinguir entre aquellas dos Españas que, aún viviendo juntas, se ignoraban mutuamente: «[…] una España oficial -decía- que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra aspirante, germinal, una España vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia».

José Andrés-Gallego es autor de otro libro ilustrativo por la realidad social a que se refiere. Se trata de su Historia general de la gente poco importante (1991). En él se da razón, con respecto a una determinada época de la historia de Occidente -hacia 1789-, no sólo de los héroes, de los hechos políticos, económicos, bélicos o diplomáticos, sino de la relación de éstos con el acontecer vital de ese sujeto activo-pasivo de la historia que es, simplemente, la gente. Y la pregunta surge inmediata: ¿Qué siente la gente de España en la hora actual? ¿A qué aspira en realidad y en qué medida la política satisface sus necesidades y aspiraciones? ¿Vive la gente en sintonía con el acontecer de la España oficial? ¿Resuelve ésta sus problemas ordinarios, básicos? Me temo que no.

Desde las pasadas elecciones en Andalucía viene observándose la inusitada emergencia de un sentir popular ajeno, cuando no contrario, al comportamiento y proyectos de la partitocracia imperante. Me refiero al estado de opinión que es fácil pulsar en toda clase de ambientes no oficiales, por caracterizarlos de algún modo. Se evidencia un verdadero hartazgo de la política en la peor de sus acepciones, porque lo que al «hombre del traje gris» -al personaje cuya rutina vital narra Sloan Wilson en su célebre novela- o, si se prefiere, lo que a Juan Español preocupa, lo que de verdad espera y a lo que tiene natural derecho, es a que se resuelvan o hagan más llevaderos sus problemas cotidianos. Parece, sin embargo, que la política en España consiste en crearle nuevos problemas a nuestro amigo Juan, no en resolver los que ya tiene. Lo público ha penetrado de tal forma en su esfera personal y familiar que le resulta difícil hallar parcela alguna de autonomía, de capacidad para darse normas y actuar con libertad en asuntos esenciales. Todo se lo han reglado o lo intentan. Y parece que a partir del 28-A habrá todavía más de lo mismo. Lo dijo Unamuno en otro momento crucial de nuestra historia contemporánea, en 1898 y en el Diario del Comercio de Barcelona, precisamente: «Hay que convencerse de que en España los Gobiernos y las clases llamadas directoras, más bien que hacer necesitan dejar hacer, y en lugar de forzar al pueblo por caminos en él desusados, apartar los obstáculos que […] se le han puesto al destruir las fuentes de su íntima vida económica y religiosa». Sí, también en la religiosa, mediante la tenaz imposición de un nacional-laicismo totalmente ajeno a sus auténticas señas de identidad cultural, varias veces centenaria.

Juan Español se encuentra literalmente acosado por un sinfín de normas ideológicas emanadas de las Administraciones públicas con el propósito de dividir y enfrentar a los ciudadanos entre sí. Hasta las Administraciones municipales, sobrepasando los límites de sus competencias específicas (bien prosaicas en su origen, por cierto: limpieza viaria, recogida de residuos urbanos, transporte, ordenanzas, etc.), se arrogan el derecho a inmiscuirse en el sentir popular tratando de infundirle extrañas ideologías. Y tal influencia no es sólo ejercida por identificables fuerzas políticas en pos de una hegemonía cultural de cuño gramsciano, puesto que también la propician otras corrientes de signo contrario, tanto por acción como por omisión. Es bien conocida la aseveración de Edmund Burke: «[…] lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada». Aunque quizá ello se deba a que los buenos no han encontrado todavía cauce propio de representación política.

Ideología de género, violencia machista, movimiento LGTBI, inclusivismo, neofeminismo, animalismo, nacional-laicismo (cuando no explícita cristianofobia), supranacionalismo, inmigracionismo buenista, neopanteísmo ecologista (que no ecologismo racional y responsable), movimientos antitaurino y contra la caza, inmersión lingüística, memoria histórica, homofobia, delito de odio, xenofobia, abortismo, muerte digna, eutanasia, suicidio asistido, etc., son, todos ellos, términos expresivos de otras tantas líneas de subversión cultural con un objetivo común: el cambio radical de la sociedad mediante la aniquilación de los valores sobre los que la misma se asienta. O sea, eso que llaman ingeniería social como objeto espurio de la política. Y la cuestión se hace crónica por la vigencia inderogable de lo que el profesor Dalmacio Negro denomina Ley de hierro de la oligarquía, una de las pocas leyes que, al parecer, vertebran lo político: «El poder viene siempre a recaer en manos de unos pocos, independientemente de si la forma política es monárquica, aristocrática o democrática». Viene ello a completar la opinión de Karl Jaspers, cuando en 1965 advertía: «Nos dejamos dominar por una oligarquía que se elige a sí misma. Sólo cuando va a haber elecciones se dirige a sus súbditos. Conceder su voto es el único acto político del pueblo, pero se realiza sin saber lo que se hace».

No ha de extrañar, por tanto, el desencanto de la gente poco importante de nuestro país cuyos problemas reales se ignoran o manipulan demagógicamente. Una encuesta del CIS realizada el pasado mes de agosto revelaba que el 87,8 % de los españoles consideraba mala o muy mala la situación económica, y que la situación política tenía el mismo carácter para el 64% de los encuestados. En cuanto a las preocupaciones concretas de los ciudadanos, otro sondeo del CIS enumeraba como más comunes, entre otras, las siguientes: estabilidad en el empleo; pago del alquiler o la hipoteca; deudas bancarias; coste de la energía; futuro económico personal; salud; consecuencias del envejecimiento; delincuencia; corrupción; inseguridad jurídica; «okupación» de viviendas; esfuerzo fiscal por los impuestos fijos; etc.

Y lo más grave es que la lluvia ácida de las ideologías totalitarias que sufre la gente común se financia mediante la desorbitada presión tributaria que sobre ella misma se ejerce. El mismo Ortega lo advirtió ya en 1929: «La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado […] La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno», y no al revés. Todo parece indicar que, desgraciadamente, a partir del 28-A el chaparrón va a arreciar.

El pulso entre los Poderes del Estado
Sigfrid Soria eltorotv.com 20 Mayo 2019

En 1924 en Italia ganó las elecciones generales con el 64,9% de los votos el Partido Nacional Fascista, cuyo líder era Benito Mussolini. En 1933 en Alemania ganó las elecciones federales con el 43,91% de los votos el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, cuyo líder era Adolf Hitler. En ambas ocasiones había unas condiciones difíciles para italianos y alemanes, condiciones que utilizaron los fascistas y los nazis para ilusionar a sus pueblos, desde posiciones socialistas, y captar votos para llegar al poder. Pero ambos líderes engañaban a priori pues no decían cuáles eran sus verdaderas intenciones, aquellas con las que soñaban y que más tarde pondrían en marcha, aquellas que destruyeron a Europa y causaron millones de muertos. En 2019 en España ha ganado las elecciones generales con el 28,7% de los votos el Partido Socialista Obrero Español, cuyo líder es Pedro Sánchez. Las ha ganado en medio del juicio por el golpe de estado y con unas condiciones socioeconómicas de deuda y déficit que hacen inviable las pensiones y el estado de bienestar de los españoles.

En las tres ocasiones históricas mencionadas, italianos, alemanes y españoles votaron socialismo y en esas tres ocasiones, los tres líderes tenían una hoja de ruta oculta que, de haber sido pública, les habría imposibilitado llegar al poder. Las bastardas intenciones de Mussolini y de Hitler son sobradamente conocidas y ahí está la Historia para su análisis. En cuanto a la hoja de ruta oculta de Pedro Sánchez, ¿realmente es tan oculta como ocultas eran las del fascista y el nazi en el siglo XX? Realmente no, todos los españoles sabemos, incluso los votantes del PSOE, que el objetivo del plagiador es vivir en La Moncloa y usar el Falcon hasta para ir a bodas familiares. El problema no es la insoportable levedad y banalidad del socialista, el verdadero problema es lo que está dispuesto a ceder a quienes le van a permitir sus básicos deseos.

El quid de la situación que vivimos los españoles no es quién va a ser el presidente del gobierno, sino qué va a hacer para serlo, que no es otra cosa que prestarse como marioneta para que muevan los hilos de sus acciones desde chavistas-comunistas-antisistema hasta separatistas, pasando por George Soros, es decir, que nuestro presente y futuro está en manos de los máximos enemigos de lo que es la España que conocemos. De hecho, de los tres Poderes del Estado ya hay dos entregados a la causa de la destrucción de España, el Ejecutivo y el Legislativo. El primero porque va a estar integrado por un débil PSOE y unos fuertes UNIDAS PODEMOS y separatistas. Y el segundo Poder porque de 350 Diputados, 198 son socialistas+chavistas-comunistas-antisistema+separatistas.

Por tanto, para defender la democracia nos queda en teoría solo el tercer Poder, el Judicial, aunque a la vista de cómo han intervenido en dicho Poder los otros dos, cuando menos hay que plantear ciertas dudas razonables respecto de que los Magistrados hagan frente a las a buen seguro sucesivas embestidas al Orden Constitucional de los otros dos poderes. Sobre todo, cuando los asuntos trascendentales sean dirimidos por votación, dado que el destino de España dependerá de quién haya conformado la estructura de esos Tribunales, o sea de cómo hayan influido los otros Poderes en ello. En cualquier caso y, para terminar, espero como español que el pulso entre los Poderes del Estado los gane siempre la unidad de España, la correcta interpretación de la Carta Magna y los intereses generales de los españoles, siendo ya la única herramienta posible, para lograr esos altos fines, el Poder Judicial.

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El crimen va ganando
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 20 Mayo 2019

Sánchez ha puesto al frente del Congreso y el Senado a dos nacionalistas del PSC, acreditados enemigos de España


EL 11-M de 2004 comenzó un proceso de demolición del régimen constitucional que, como puede verse ahora con claridad, sólo se sustentaba en una derecha a la que la izquierda y el nacionalismo declararon enemiga de la democracia y contra la que organizaron -ahí estaba el PSC de Iceta- el Pacto del Tinell, único cordón sanitario organizado contra un partido que era esencial en la lucha antiterrorista y en la defensa de la unidad nacional. Eran los dos motivos para declararlo indeseable y al margen de los pactos entre partidos, decían, democráticos. Por ejemplo, Batasuna-ETA y ERC.

Porque eso sucedía al mismo tiempo que el presidente en funciones del tripartito catalán, Carod Rovira, acordaba con el asesino de masas Josu Ternera en Perpiñán que la ETA dejara de matar en Cataluña y concentrara sus crímenes en Huesca, Sevilla o Madrid, que para el líder de ERC sí eran lugares adecuados para matar españoles. En Cataluña no los había o había menos, y se corría el peligro de confundirlos con votantes suyos en la cola del super y perjudicar la causa separatista que ERC y ETA compartían. Rovireche no escribió que matar estaba mal, sino que ETA "se equivocaba" matando donde no debía. Por ejemplo: la masacre de Hipercor perjudicó la imagen del nacionalismo catalán, amigo siempre del terrorismo vasco.

Ambos siguen siendo socios en el mismo proyecto: imponer la dictadura nacionalista donde puedan y lograr la destrucción de España. Pero todo, decían en catalán, tiene su taranná, su ritmo o musiquita. Para Iceta, hacen falta 10 o 15 años para "cambiar la mentalidad de los españoles" y que acepten su suicido político. En eso estamos. Desde que ERC, clave en los tripartitos de Maragall y Montilla ofrecía "representar políticamente" a la ETA, hasta hoy, lo que ha cambiado es que ahora son los socialistas y comunistas los que representan a la ETA, a los golpistas de ERC y a todos los separatistas, que, a cambio, les votan en Madrid. Por eso, Sánchez pone al frente del Congreso y el Senado a dos nacionalistas del PSC, acreditados enemigos de España y la Constitución.

La Memoria Histórica que la izquierda predica para la guerra civil de hace 80 años, es amnesia para los asesinados por la ETA hace 10. Casi 400 asesinados sin juzgar, y que debemos olvidar. Díganme si, desde 2004, no van ganando los asesinos.

Peste nacionalista
Isabel San Sebastián ABC 20 Mayo 2019

No han pasado ni cien años desde que sus postulados fanáticos devastaran nuestro continente y ya vuelve a la carga con fuerza en España y en Europa la peste nacionalista, empeñada en destruir los pilares sobre los que se asientan nuestro progreso, libertades y convivencia pacífica. Su sustrato «ideológico» (si es que puede otorgarse la categoría de «idea» a los más bajos instintos) es idéntico, aunque la bacteria se haya adaptado a los tiempos con el fin de parecer respetable. En el fondo, estamos ante el mismo supremacismo de casta, la misma búsqueda de un chivo expiatorio sobre cuyas espaldas cargar la responsabilidad de todos los problemas, igual simpleza en la formulación de los mensajes y parecida simbología. También hoy triunfa por doquiera su discurso del odio, sembrado en el terreno abonado de una crisis económica, aunque la gravedad de la situación no tenga parangón con la que se vivía en los años veinte y treinta del siglo pasado. Y, calcando la conducta de sus predecesores históricos, los dirigentes nacionalistas actuales no solo no se manchan personalmente las manos, sino que predican a los cuatro vientos su vocación pacifista, mientras alientan a su parroquia a utilizar la intimidación o recurrir a la violencia con el fin de doblegar a sus adversarios. Son cuña de la misma madera podrida.

Las encuestas se muestran unánimes: el nacionalismo separatista, el nacionalismo desintegrador ganará holgadamente las elecciones municipales tanto en Cataluña como en el País Vasco, de donde ha expulsado prácticamente cualquier viso de resistencia a base de leyes excluyentes, dictadura lingüística, control férreo de la educación, manipulación de los medios de comunicación públicos puestos al servicio de su causa, dominio de las fuerzas de seguridad locales, acoso sistemático al discrepante que osa plantar cara, o a sus hijos, y, durante décadas, tiros en la nuca. El nacionalismo separatista, el nacionalismo desintegrador de España, el nacionalismo supremacista e insolidario que levanta barreras y desprecia al foráneo redondeará su victoria del pasado 28-A con unos resultados espectaculares en sus respectivos feudos. ¿A quién podría extrañarle? Desde los albores de la democracia todo han sido facilidades para que medrara en sus territorios, políticas apaciguadoras, inversiones multimillonarias, «diálogo», sobornos inútiles, manos tendidas al opresor y abandono de sus víctimas. Estas últimas se han marchado, o bien han aceptado el yugo, y el opresor consolida su dominio. El PNV únicamente tiene ya como rival a Bildu, que le disputa la cosecha de nueces. ERC ha barrido del escenario a la antigua CiU y solo en Barcelona se las ve con los Comunes de Colau, que ya tomaron partido en su día apoyando al bloque independentista en el parlamento autonómico. El imperialismo catalanista extiende su manto hacia Baleares y la Comunidad Valenciana, sin perder de vista Aragón, mientras el vasco ansía Navarra, moneda de cambio con el PSOE para un eventual respaldo a la investidura de Sánchez.

Junqueras y Ortuzar están de enhorabuena. Si se cumplen los pronósticos, podrán celebrar el triunfo de sus formaciones junto a Salvini, Le Pen y Farage, sus alter-egos en Italia, Francia y Reino Unido, a quienes las encuestas auguran igualmente fantásticos resultados en las elecciones europeas de sus respectivos países. Brindarán todos a una por el regreso a las fronteras cerradas y la hostilidad entre vecinos. Discutirán, amistosamente, cuál de sus terruños es el mejor y cómo combatir la influencia perniciosa de los forasteros, ya sean castellanos, andaluces o africanos. Sentarán, si nadie le pone remedio, las bases de una nueva tragedia.

La Galicia del PP: un terrible ejemplo de dictadura lingüística.
Nota del editor 20 Mayo 2019

Los nacionalismos que sufre España son consecuencia de la dejadez de los partidos que tuvieron el poder pero no la convicción y principios ineludibles en la acción política motivada por el interés de España y no por sus intereses partidistas y personales.

El colmo de la dejadez, en realidad es una traición a España, está en la Galicia del PP donde la dictadura lingüística es homologable a cualquier otra, por lo que el PP queda identificado como nacionalista sin discusión.

Héroes y tumbas
Pedro de Tena Libertad Digital 20 Mayo 2019

Repasando las conferencias de Carlyle sobre el tema, advierto que tal vez falta una reflexión sobre el asesino como héroe. Contempló varios arquetipos, pero no tuvo en cuenta el esfuerzo de algunos criminales por adquirir la apariencia de héroes. No se trata, naturalmente, de matadores de semejantes en guerras y conflictos donde disponen de oportunidad de defensa y acometida. Cuando hablo de asesinos hablo de aquellos que organizan conscientemente una matanza de personas que no están armadas, niños incluso, a los que se liquida de un tiro en la nuca, con una bomba en los bajos de su coche o por una explosión en un supermercado. Qué gallardía, qué valentía…

Ernesto Sábato, en uno de los relatos de su libro Sobre héroes y tumbas, se refiere a ese instante antes de morir, a ese "segundo antes de ese misterioso momento en que el alma se retira del cuerpo y en que éste queda tan muerto como queda una casa cuando se retiran para siempre los seres que la habitan y, sobre todo, que sufrieron y se amaron en ella". Y es en ese santiamén en el que, sin esperarlo ni merecerlo, las víctimas son ejecutadas por el asesino que las considera medios para un fin y no un fin en sí mismas, como quería Kant y deberían querer las democracias liberales. Sus casas quedan vacías y los corazones familiares helados por el frío de la materia inerte y por el de los mármoles de las sepulturas. Pues bien, casi mil momentos de este tipo han vivido las víctimas de unos asesinos, todas ellas inocentes porque nadie merece morir así en una sociedad que ha suprimido la pena de muerte. Pero no, ni ETA ni el separatismo catalán la abolieron.

Ahora el asesino quiere más. Una vez acabada, por derrota y por miseria moral, que no por arrojo y gloria, la operación de exterminio contra unos ciudadanos indefensos y contra la libertad de una nación entera, el asesino quiere ser ungido por el óleo del héroe por haber dejado de matar. Y lo que es peor, entre los que vieron sangrar a las víctimas ya hay quienes les consideran "héroes de la retirada". Hay balas que no son de plomo para los cuerpos, sino de locura y crueldad para unas almas que terminan por admirar al asesino que les ha disparado su infamia a la cabeza.

Confieso que estoy cada vez más perplejo ante esta nación, España, que parece destinada a desautorizar a Bismarck destruyéndose de una vez por todas. Tras haber conseguido la proeza de la transición, todo el horror vivido –falta de libertad, hambre, desigualdades, guerras civiles, desgarro y corrupción–, vuelve a resucitar. El valor de la reconciliación y la solución honrosa de la democracia no fueron aceptados por los asesinos que, tras su orgía de aniquilación y cementerios, aspiran ahora al crédito de los héroes.

En este cambalache, los cómplices han sido muchos. La democracia española soportó con entereza el genocidio etarra para no emplear sus mismas armas (salvo unas excepciones deshonrosas) y ganó perdiendo mil vidas. Ahora, los homicidas ya pasean por las calles junto a unas víctimas cada vez más humilladas y, además, quieren ser aupados al laurel de los héroes. "Es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey,/ que el que vive de los otros,/ que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley...".

No veo la manera de que esta nación sobreviva a la aberración moral de una democracia que convierte al exterminador Ternera en un héroe y a sus víctimas en daños colaterales silenciados y civil y políticamente anulados. Estamos de psiquiatra.

DECLARACIONES DE MACARENA OLONA
VOX luchará para que no se repita la ‘ignominia’ de contar con ‘criminales’ en las Cortes
Agencias eltorotv.com 20 Mayo 2019

Culpa a PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos de no haber promovido reformas legislativas que impidieran este “fracaso de la democracia”.

VOX ha anunciado este lunes que presentará iniciativas legislativas para impedir que se repita la “ignominia” de contar en las Cortes Generales con parlamentarios presos, a los que se ha referido como “criminales” pese a que aún no pese sobre ellos condena firme.

La diputada electa de VOX por Granada, Macarena Olona, abogada del Estado, ha lamentado en el Congreso que los cinco golpistas electos -cuatro diputados y un senador- hayan podido acudir este lunes a las Cortes para tramitar sus actas y vayan a volver este martes para tomar posesión del escaño.

Olona ha dejado claro que su crítica no va dirigida al Tribunal Supremo por dejarles salir de prisión sino a los partidos políticos que “no han hecho nada” durante los últimos años por evitar esta situación que, a su juicio, era “previsible”.

“Es un día muy triste para la democracia española”, ha lamentado sobre una situación que ve como “un fracaso” de la democracia debido a la “inacción” de los partidos políticos. Según ha subrayado, su crítica se dirige tanto a PP y Ciudadanos como a PSOE y Podemos, “que tienen como socios a filoetarras, golpistas e independentistas”.

Olona ha defendido que estas formaciones políticas podían haber impulsado reformas de las leyes de régimen electoral o de enjuiciamiento criminal para evitar que “cinco criminales” puedan estar presentes en las instituciones públicas “para reventarlas desde dentro”.

De hecho, ha recordado que ya existe como precedente el caso del País Vasco con miembros de la antigua Herri Batasuna. “Tenemos precedentes, no han hecho nada para evitarlo y era posible hacerlo. Nosotros estamos aquí para decir basta y acompañar a la justicia y la democracia española”, ha insistido.

La diputada electa de VOX se ha negado a añadirles el calificativo de ‘presunto’ antes del término de “criminales” porque su partido tiene claro que es “público y notorio” que los presos del ‘procés’ dieron un “golpe de Estado contra España” y pusieron “en jaque” el Estado de derecho.
Firmeza frente a los secesionistas

Según ha subrayado, la formación liderada por Santiago Abascal no puede permanecer “impasible y callada” ante esta situación y los separatistas les tendrán enfrente “con firmeza en la aplicación de la ley”, sin “ambages, ambigüedades ni tibiezas”.

“Gracias a la confianza de los españoles estamos dentro del Congreso para promover iniciativas concretas que hagan posible que las ignominias hoy no vuelvan a repetirse en defensa España y en defensa del Estado de derecho”, ha ahondado.

El objetivo es evitar que los golpistas vuelvan a convertir las instituciones públicas en un “circo” y puedan utilizar las redes sociales en “campañas de publicidad” para anunciar su voluntad de utilizar las Cortes para conseguir “la república catalana y romper la unidad nacional”.
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