AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 22  Mayo 2019

Una Cámara ilega
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Emilio Campmany Libertad Digital  22 Mayo 2019

La recién estrenada presidenta del Congreso ha pospuesto a un momento posterior a las elecciones del próximo domingo la decisión acerca de si la Mesa del Congreso debe o no suspender a los diputados golpistas. La decisión tendría algún sentido si las normas dejaran algún margen a la interpretación. No hay tal. Lo que pretende el PSOE es posponer la resolución a un momento en que no pueda perjudicarle electoralmente. Los socialistas pretenden agarrarse a que, tratándose de una decisión de la Mesa, como el mismo Supremo ha reconocido, debe ser votada. Y si ha de ser votada será porque se puede votar lo que se quiera. Y si se puede votar lo que se quiera será porque se puede votar en contra de la suspensión. Que es lo que ellos quieren hacer. Pero quieren hacerlo después de las elecciones del próximo domingo. Si no fuera así, considerando lo mucho que les beneficiaría electoralmente fuera de Cataluña suspender a los diputados presos, acusados de rebelión, lo habrían hecho la misma tarde del martes amparados en la claridad con la que se expresa el Reglamento del Congreso.

El PSOE de Sánchez es lo que es, una sucursal del PSC, y poco se puede esperar de él. Por eso carece de sentido exigir a Ciudadanos (o al PP) que apoye su investidura. La disposición del PSOE a favor de la autodeterminación del supuesto pueblo de Cataluña no es una necesidad aritmética, sino una convicción estratégica.

La cuestión es qué harán Ciudadanos y PP. Mientras Junqueras y el resto de delincuentes golpistas sigan siendo diputados plenos, el Congreso tendrá miembros en situación ilegal. Que su situación procesal les impida votar no obsta para que el hecho de que tengan derecho a hacerlo sea groseramente ilegal. Y, claro, todo lo que esa cámara decida mientras tanto lo será también. No pueden esos dos partidos conformarse con perder una votación en la Mesa. No se vota la incursión en una circunstancia que hace que algunos miembros de la cámara no tengan derecho a ejercer como tales. O lo tienen o no lo tienen, con independencia de lo que diga el PSC. Junqueras y los otros tres golpistas, como Romeva en el Senado, no tienen derecho, hasta que sean absueltos, si es que llegan a serlo, a representar al pueblo español en las Cortes. Lo dice la Ley. Y lo dice con una claridad meridiana:

El Diputado quedará suspendido en sus derechos y deberes parlamentarios: (…) 2º) Cuando, (…) firme el Auto de procesamiento, se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure ésta.

Y encima a la norma le sobra justicia, porque sólo faltaba que pudiera representar en las Cortes al pueblo español aquél que está procesalmente acusado de querer destruir la nación que es patrimonio de ese pueblo. Aquí, el haber perdido las elecciones no justifica ninguna cobardía. No pueden los diputados del PP y Ciudadanos colaborar con la ilegalidad participando en la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno por una cámara que reconoce como miembros plenos de la misma a cuatro diputados que legalmente deberían estar suspendidos. Es la Ley, que es precisamente el principal instrumento con el que combatir al independentismo.

O juran o perjuran
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS Libertad Digital  22 Mayo 2019

El espectáculo de perjurio soez que vimos ayer en el Congreso de los Diputados mostró en toda su sórdida desnudez al Bloque social-comunista-separatista, que, si este domingo no lo remedian las urnas, piensa volvernos la cabeza del revés y poner a España patas arriba durante, al menos, cuatro años. Meritxell Batet dejó por embustero a Pedro Sánchez, que poco antes de empezar el grotesco pleno de constitución de las Cortes, en un discurso para desmemoriados, insultó llamando "grandes españoles" a la nacionalista Batet y a Cruz, ese Iceta desteñido que preside el Senado.

Ya sé que dejar por embustero a Sánchez es descubrir la luz del día, pero es que hace dos años el PSOE de Javier Fernández multó tres veces a Batet por alinearse con los separatistas y romper la disciplina de voto del partido, planteándose públicamente la ruptura con el PSC y la refundación del PSOE en Cataluña como solución contra el cáncer antiespañol del partido. Sánchez ya no recuerda cuando bailoteaba con Iceta delante una bandera española de catorce metros. Pero los grandes blanqueadores del golpismo catalán, los del PSC, sí. Y ayer mostraron que esta legislatura lo será a coces contra la soberanía nacional. Española, claro. Cualquier otra, si es hostil, estará protegida.

En su afán puerperal por abrazarse al delito, a Iglesias le faltó ayer aquel morreo con Doménech en mitad del hemiciclo, homenaje al Muro de Berlín cuya voluntad de permanencia sellaron fotográficamente ante el mundo intercambiando fluidos bucales Breznev y Honecker, el jefe de la KGB de Andropov y el de la Stasi de Wolff. A Pablenin sólo le faltó babearle en la teñida tonsura al golpista Junqueras. Esa es la diferencia con el fallido golpe del 23-F: ningún diputado se abrazó a Tejero, e Iglesias se quedó con las ganas de sacar a hombros al Chávez catalán, otro «demócrata con agallas». Por eso el del 1-O no es un golpe fallido: lo mantienen vivo el PSOE y Podemos, el partido de los boligrandes ZP, Bono y Morodo y el de los bolichicos Iglesias y Monedero.

El juramento como representantes de la soberanía nacional está claro, aunque el Prostitucional lo enturbió y ayer lo disfrutó Batet: o juran la Constitución o perjuran. ¿No juran? Ni escaño, ni sueldo: a la cola del INEM. Si no prometen o juran, sin latiguillos, no nos representan. Y no cobran.

Bochorno en el Congreso
Editorial ABC  22 Mayo 2019

El separatismo catalán convirtió ayer la sesión constitutiva de las Cortes en un espectáculo bochornoso que no merece ningún demócrata de bien. Los cuatro diputados presos acusados de golpismo recurrieron a fórmulas vergonzantes de acatamiento de la Constitución, y la nueva presidenta del Congreso, la socialista Meritxell Batet, permitió incluso que el Parlamento legitimara una mentira flagrante al asumir como fórmula válida la existencia de «presos políticos» en nuestro país. Hay motivo para el sonrojo. Y algo muy profundo hay que reformar en nuestra legislación cuando se consiente que unos reclusos-diputados, que deberían ser suspendidos de inmediato, eludan un mandato expreso del TS, campen por el hemiciclo con dispositivos móviles y permitan convertir a nuestras instituciones en el hazmerreír de Europa. Imágenes como las vistas ayer deben hacernos reflexionar sobre la calidad de nuestra democracia. ¿Qué sentido tiene que quien quiere romper la unidad de España acate la Constitución de modo subrepticio y falsario como coartada para derogarla de modo unilateral, por la vía de los hechos consumados, y delinquiendo? Ninguno. Resulta inaudito que haya partidos que reciban como héroes a los políticos presos, y que justifiquen la falacia de que son víctimas de una represión política y judicial en España. Frente a la petición de Oriol Junqueras a Pedro Sánchez -«tenemos que hablar»-, el Gobierno debería ponerse en guardia, no decirle «no te preocupes», y no ser cómplice de sus chantajes. Es perfectamente legítimo defender cualquier ideología por medios legales, jurídicamente aceptados, y sin violentar la legislación para lograrlo. En cambio, pretender que un acto de supuesta rebeldía quede impune solo porque sus autores defienden «ideas» es prostituir nuestra democracia. Resultan alarmantes la falta de memoria, la pretensión de anular moralmente un delito en función de criterios ideológicos y no fácticos, y la justificación de conductas lesivas para los españoles.

La imposición de la independencia, la «república catalana», los «presos políticos» y toda la retahíla de falacias inventadas por el separatismo ya han invadido el hemiciclo por la incapacidad del Estado para evitarlo. Es una afrenta contra la que no conviene resignarse, y cuanto antes sean suspendidos en sus funciones, antes recuperará el Congreso parte de la dignidad perdida en estos días. Por otro lado, la elección de Meritxell Batet con los votos en contra del centro-derecha y del separatismo pronostica una compleja legislatura para Sánchez. La euforia del PSOE, con solo 123 diputados, no está justificada. Es evidente que su dependencia de Podemos y del PNV, más allá del apoyo que pueda pactar con el independentismo catalán cuando lo necesite para aprobar leyes, lo va a mantener atado de pies y manos en un escenario convulso en lo político e incierto en lo económico.

«Lo vemos»
Ya todo es normal. Hastalo más anormal
Luis Ventoso ABC  22 Mayo 2019

Otoño de 1982. Antonio Tejero Molina, participante el año anterior en un golpe de Estado y procesado por rebelión por aquellos hechos, se ha presentado a las elecciones de octubre de este año como líder de un partido ultra, cuyo programa aboga por abolir las libertades y derechos constitucionales de todos los españoles. Tejero, procesado y en prisión preventiva, ha logrado un escaño. Así que el día de la constitución del Congreso se presenta a recoger su acta. Sin escolta alguna y encantado de haberse conocido, se pasea y se pavonea por el hemiciclo y en un momento dado se acerca a saludar al flamante nuevo presidente, el socialista Felipe González, que está sentado en su escaño. Tejero tiende su mano a González, que le choca las cinco, y acto seguido el golpista le suelta al presidente de España: «Tenemos que hablar». González acepta que el líder golpista le fije su agenda y responde conciliador: «Lo vemos», admitiendo así la demanda de diálogo del preso.

Lógicamente todo lo anterior es inverosímil, ridículo. Primero, en 1982 los españoles no habrían dado un escaño al armadanzas de un golpe de Estado. Segundo, el presidente del Gobierno en modo alguno se habría prestado a charlar con él y a darle la mano amistosamente. Tercero, una escena así habría escandalizado tanto a la opinión pública y mediática y a la clase política, que habría resultado inadmisible.

Primavera de 2019. Oriol Junqueras, participante en octubre de 2017 en un golpe de Estado y procesado por rebelión, se ha presentado a las elecciones generales como líder de un partido ultranacionalista, cuyo programa aboga por romper España y pisotear la Constitución que consagra los libertades y derechos de todos los españoles. Junqueras, procesado y en prisión preventiva, ha logrado su escaño y acude al Congreso a recoger su acta. Una vez allí se pavonea por el hemiciclo, hace llamadas telefónicas -que tiene prohibidas por su condición penal- y recibe el saludo cordial de otros diputados españoles. Incluso saludó a Rull la diputada Inés Arrimadas, la líder que dio la cara por España durante el golpe (lo que la llevó a una victoria en las autonómicas que no supo aprovechar y que concluyó con ella escaqueándose a Madrid y dejando tirados a los catalanes que la votaron). En su paseíllo, Junqueras se acerca al escaño del flamante presidente, Pedro Sánchez, que le choca las cinco. Acto seguido, el preso le suelta al presidente de España: «Tenemos que hablar». Aceptando que el líder golpista le fije su agenda, Sánchez responde: «Lo vemos», admitiendo así la petición de diálogo de un enemigo frontal de España, que sabido es que no se conformará con nada que no sea conceder la independencia a Cataluña

No es menester decir más. En la España actual todo se da por normal, incluso lo más anormal. El Congreso convertido en un circo. El presidente del Gobierno palanganeando a ojos de todos con un golpista -que al fin y al cabo fue el aliado de cuya mano llegó al poder-, y los españoles, en la inopia, preocupados por su finde, sus cañitas, su Ryanair y sus series... mientras comienza la suave demolición de los pilares que tan próspero han hecho este país.

La España de podredumbre
Ramón Pérez-Maura ABC  22 Mayo 2019

España quedó retratada ayer en las Cortes. De manera muy significada en el Congreso de los Diputados. Que un golpista que está siendo juzgado por rebelión, sedición y malversación dé la mano al presidente del Gobierno con toda normalidad es muy grave. Son más delitos que los que acumulaba el teniente coronel Antonio Tejero Molina, y estoy seguro de que Sánchez no le hubiera dado la mano, como nunca se la dio Adolfo Suárez. Más grave aún es que el presidente del Gobierno diga al golpista «no te preocupes». Un presidente del Gobierno de una democracia debe ser consciente de las consecuencias que tiene para su imagen y la del país el compadreo con golpistas. El último caso que recuerdo fue el de Rafael Caldera amnistiando a Hugo Chávez. Miren dónde acabó Chávez y dónde está Venezuela. Y Oriol Junqueras tiene muchas razones para preocuparse. Como debe tenerlas todo criminal. Pero está claro que Sánchez no lo considera como tal. Y los españoles lo sabían antes de votarle porque Sánchez llegó al poder con el respaldo de Junqueras y de todos los independentistas, creando el primer gobierno democrático de Occidente sostenido por los que quieren destruir el país sobre el que gobierna ese presidente. Verdadermente memorable. Inverosímil, pero esa es la España del presente.

Que cinco golpistas asistan a la sesión constitutiva de las Cortes es un hecho para el que será difícil encontrar paralelismos. Desde luego somos un país garantista. Pero lo que supera todos los límites es que para aplicar una ley que no deja lugar a equívocos, haya que pedir tiempo y quizás un dictamen a los letrados de las Cortes. ¿Qué dudas ofrece el artículo 21 del Reglamento de la Cámara? Se dice en él «el diputado quedará suspendido en sus derechos y deberes parlamentarios cuando (...) se hallare en situación de prisión preventiva y mientras dure ésta». ¿Qué parte del enunciado genera dudas? ¿De verdad hace falta hacer una de las oposiciones más duras que hay en España para ser capaz de aclarar este texto? ¿O será que yo soy un genio porque lo entiendo sin haber estudiado ni un año de Derecho? Ya se comprende que los arrumacos ayer en el salón de sesiones entre Junqueras y Pablo Iglesias eran el anticipo de lo que estamos viendo. Sánchez depende de los independentistas porque Podemos es su aliado y Sánchez necesita a Podemos.

Por no hablar de las fórmulas de juramento. Este es el mejor reflejo de la hora presente de España: cada uno jura lo que le da la gana saltándose la ley. Menos mal que Vox tuvo la buena iniciativa de palmear sus pupitres para impedir oír las insidias de tantos diputados. Aunque no hubiera estado de menos que Abascal se aplicara su medicina. Porque tampoco hay que jurar «por España». Eso ya se hace jurando la Constitución sin añadidos.

Hay razones para estar muy preocupados. Esta España de la podredumbre -en su tercera acepción del DRAE: «corrupción moral»-, esta España rota y sin valores, en la que se premia la mentira, está ampliamente representada en nuestro Congreso de los Diputados porque esto es lo que quieren los españoles. Somos un país en el que el esfuerzo no tiene ningún valor y no se premia. Una España en la que se persigue al que triunfa y, si encima es generoso con la sociedad, se le vapulea públicamente. Y esa es la España que quedó retratada ayer en la Cortes Generales. Esa es, hoy, la España mayoritaria. Cuerpo a tierra.

Un PSOE de ciencia-ficción
Juan Ángel Soto okdiario  22 Mayo 2019

En una reciente entrevista, el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, señalaba que resulta fundamental contrarrestar el discurso del independentismo catalán en el panorama internacional. Borrell realizaba estas declaraciones en el marco de las inminentes elecciones al Parlamento Europeo, del que fue presidente y al que regresará ahora como cabeza de lista del PSOE.

Ni que decir tiene, esta afirmación entra dentro del espacio de lo lógico para el español medio, por lo que no llamaría especialmente la atención, salvo por un detalle. Y es que ha sido precisamente bajo su turno de guardia cuando Puigdemont y su fanfarria han proclamado a los cuatro vientos las penurias y calamidades a las que el régimen antidemocrático español somete a los catalanes amantes de la libertad. De ahí mi perplejidad. Es como si un policía tumbado a la bartola advirtiese a los viandantes que tengan cuidado con los carteristas.

Borrell ha sido uno de los protagonistas en la campaña de descrédito internacional de España, encabezando un ministerio que ha llevado a cabo una política tanto errática como errónea. Y no sólo en la deriva secesionista del catalanismo, sino que la suya ha sido una trayectoria plagada de fiascos, situando a nuestro país en el lado oscuro de la historia en cada oportunidad que se presentaba para brillar. Un claro ejemplo fue su rechazo a llamar dictador a Maduro y su negativa a reconocer único presidente legítimo de Venezuela a Guaidó.

Principios, caprichos lingüísticos o la sumisión al férreo sanchismo… sean cuales fueren los motivos de ésta y otras decisiones en política exterior, España ha salido perjudicada. Por ello, puede aventurarse con (casi) total seguridad que las políticas que propone el PSOE para la Unión Europea conducirán al desastre. Porque son como un blockbuster de espectaculares efectos especiales y un reparto conocido, pero con fallos importantes en el guion.

Véase, por ejemplo, su política de empleo, donde aboga a favor de armonizar los salarios mínimos y crear un seguro de desempleo europeo. Esto, sencillamente, no es creíble. Si Bulgaria tiene un salario mínimo de 286 euros al mes, es porque tiene un salario medio de 495 euros. Igual que Luxemburgo tiene un salario mínimo de 2.071 euros porque el salario medio es de 3.416 euros. La convergencia europea en materia de salario mínimo, si llega alguna vez, será cuando se dé la convergencia salarial. Lo demás es un brindis al sol.

Algo parecido sucede con las políticas que defiende el PSOE para llevar a cabo sus propuestas. Puros fuegos de artificio, como su pretendida armonización fiscal para evitar una competencia a todas luces “desleal” e “inaceptable”, obviando el hecho de que esta estructura ha traído el mayor grado de prosperidad y riqueza de la historia a Europa… y a España.

“España (y Europa), serán sociales o no serán”. Esa parece ser la máxima del PSOE. Pues bien, sus políticas no solo son instrumentalmente malas para acometer tal objetivo, por inviables, sino también moralmente denunciables, pues proponen sin miramientos un ataque indiscriminado contra la libertad individual, la propiedad privada y la prosperidad económica, tropezando una vez más con el escollo con el que se encuentran tarde o temprano los socialdemócratas: que, para redistribuir riqueza, primero hay que crearla. Lo que el PSOE representa no es creíble para España y tampoco lo es para Europa.

Bueno, salvo para los siete millones y medio de españoles que depositaron su confianza en el sanchismo el pasado 28 de abril. Consuela pensar que hay películas para todos los gustos. Lo importante, a mi juicio, es que coincidamos en que la película que estamos viendo es de ciencia-ficción. Ojalá coincidamos también en que ésta puede convertirse en una película de horror en cualquier momento.

Juan Ángel Soto, Director del think-tank Civismo

Sánchez, al golpista Junqueras: «No te preocupes»
Álvaro Martínez ABC  22 Mayo 2019

Por si a alguien le cabía alguna duda del amaño, el propio Sánchez se lo dejó claro ayer a Junqueras y al resto de los españoles, que pudieron leer en sus labios un «no te preocupes» cuando el cabecilla separatista se le acercó para citarle con un «tenemos que hablar». Si el apretón de manos al sujeto que ha coliderado una operación para romper España ya supone una rendición de quien ostenta la segunda magistratura del Estado, el «no te preocupes» confirma los peores pronósticos sobre el dueño del colchón más famoso de esta España escuchimizada -¡qué infame sesión la de ayer en las Cortes!- a la que se quiere conducir a una capitulación incondicional ante la banda del lazo: una niñata de camisetilla «indepe» llamando a sus señorías a votar y Rufián (sin impresora) erigido en gran chambelán de los golpistas, que recibían abrazos y parabienes de esos podemitas que odian a Amancio Ortega y jalean a los separatistas y los presos saltándose a la torera las instrucciones judiciales que tasaban su presencia en el Congreso a lo imprescindible, hablando por el móvil, en el bar, grabándose vídeos de propaganda... riéndose en fin de los españoles a los que se quiso desproveer de su parte alícuota de soberanía sobre la nación.

Todo parece listo. Solo falta rellenar los puntos suspensivos de ese «no te preocupes...» tan tranquilizador para el golpista, tan inquietante para los españoles. Algunas propuestas basadas en precedentes reales:

«No te preocupes...» que si te condenan, el indulto va del tirón, esa ronda la pago yo, como ya te anticipó Cunillera, mi delegada del Gobierno en Cataluña.

«No te preocupes...» que lo del referéndum también está hecho, como en su día ya lo pidió Meritxell por tres veces, que para algo la he puesto ahora en el Congreso.

«No te preocupes...» que Iceta ya está pensando en «un mecanismo» si el 65% quiere la independencia, adelante con los faroles.

«No te preocupes...» y adelante también con los relatores internacionales, a los que ya me comprometí con Torra el día de la infamia de Pedralbes.

«No te preocupes...» en fin, Oriol, que soy persona agradecida y sé bien quién me llevó a La Moncloa por primera vez para que, desde allí, con Iván y mi otra gente, os arregláramos la cuestión catalana.

Y que el resto de los españoles tampoco se preocupe mucho, que al mando está «Pedro, el Guapo», al frente del «Gobierno bonito», ¡cuánta belleza por todos lados!, que con el menor porcentaje de apoyos de toda la Democracia seguiré en La Moncloa si tú quieres. Y en cuanto pueda saco a Franco de Cuelgamuros y España recupera al fin su dignidad.

No te preocupes, Oriol, no te preocupes.

Batet consiente que los golpistas ultrajen a la Nación
EDITORIAL Libertad Digital  22 Mayo 2019

Parecía imposible superar el bochornoso espectáculo protagonizado el lunes por los golpistas presos al recoger sus actas de diputado. Sin embargo, la jornada de constitución del Parlamento celebrada este martes lo ha superado con creces, hasta el punto de que la sede de la soberanía nacional se ha convertido en escenario de una inadmisible humillación a todos los españoles leales a la Nación y a su régimen de libertades.

En efecto, los golpistas no sólo han aprovechado su salida de la cárcel para volver a mantener conversaciones por teléfono y grabar vídeos que han publicado después en las redes sociales, pese a la prohibición expresa del Tribunal Supremo, sino que han perpetrado una burla a la Nación y a la Constitución a la hora de tomar posesión de sus escaños. Y es que, en lugar de limitarse a responder con un "sí" o con un "no" a la pregunta de si prometen lealtad a la Constitución y al Rey, se han proclamado fieles "al mandato democrático del 1 de Octubre" y "al pueblo catalán", por ejemplo, y han abogado por "la libertad de los presos y exiliados".

Ahora bien, que los golpistas hayan convertido el Congreso en un circo infame, e incurrido en una ominosa apología del golpe de Estado que pretendieron dar el 1 de octubre de 2017, es responsabilidad de quienes pudieron y debieron haberlo evitado.

Ciertamente, los golpistas no son los responsables de que no haya una legislación lo suficientemente clara como para garantizar que quien está siendo procesado por delitos tan graves como los que se imputa a la banda de Oriol Junqueras pueda ser privado de forma preventiva del llamado derecho al sufragio pasivo, esto es, de la posibilidad de ser candidato en unas elecciones. Pues, aunque ahí está el artículo 384 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, resulta patéticamente evidente que los magistrados han hecho una interpretación estupefacientemente restrictiva del mismo, según la cual para que Junqueras pudiera ser obligado a renunciar a su cargo tendría primero que ostentarlo.

En segundo lugar, ha sido la presidente del Congreso, Meritxell Batet, quien ha considerado válida la formula con que los liberticidas, más que prometer lealtad a la Constitución y al Rey, han hecho, en realidad, apología de los delitos por los que Junqueras y compañía están en el banquillo. A Artur Mas se le permitió asumir el cargo de presidente de la Generalidad en dos ocasiones pese a que prometió lealtad "al pueblo catalán" y a la "transición de la autonomía al Estado catalán en 18 meses". Lo mismo se le consintió a Puigdemont. Pues de esos polvos, estos lodos, por lo que ya va siendo hora de que el Estado se haga respetar, si es que pretende ser respetado. Recuérdese, en este sentido, que por una no deliberada omisión de una sola palabra en la fórmula de toma de posesión del cargo de presidente de los Estados Unidos a Barak Obama se le obligó a prestar juramento una segunda vez.

Finalmente, la decisión de Batet de no suspender inmediatamente a Junqueras y a los demás diputados encarcelados, y de posponer la cuestión a la semana que viene, constituye una arbitrariedad que roza la prevaricación. Y esto es así porque la referida suspensión no es una opción que tenga a su disposición la Mesa del Congreso, sino una obligación, para dar cumplimiento a lo estipulado en el ya mentado artículo 384 bis de la LEC, que literalmente dice: "Firme un auto de procesamiento y decretada la prisión provisional, (…) el procesado que estuviere ostentando función o cargo público quedará automáticamente suspendido en el ejercicio del mismo mientras dure la situación de prisión".

Verdaderamente, no es de extrañar que quienes no quieren cumplir la ley se alíen con quienes se niegan a hacerla cumplir.

De monos en la liana
Carmelo Jordá Libertad Digital  22 Mayo 2019

En lugar de un control más cercano y más severo de la acción de los políticos, parece que esta sociedad de la información en la que estamos inmersos y las nuevas formas de comunicación que la caracterizan –entre ellas las redes sociales– han logrado convertir la política en un sainete diario, un espectáculo de baja estofa, pensado para el consumo –y el olvido– inmediato y protagonizado por actores y figurantes cada vez más mediocres.

Y la verdad es que no sé qué es peor: si la falta de gracia generalizada o la necesidad de aprovechar cada minuto y cada segundo para conseguir el corte de unos pocos instantes en el telediario, el vídeo que se manda por WhatsApp o el tuit que tendrá diez mil retuits.

Es increíble el esfuerzo que dedican nuestros políticos a las chorradas, para que luego digan que la política no es sacrificada, una energía que si se enfocase a la mejora de nuestras leyes lograría que tuviésemos una estructura legal que ni la Utopía de Moro.

Reconozco, sin embargo, que no toda la culpa es de los políticos, los periodistas tenemos nuestra parte y, me van a perdonar, ustedes, lectores de prensa digital y quizá también usuarios de redes sociales, también tienen su pequeña cuota de responsabilidad en una degeneración del espacio público a la que, de acuerdo que no con la misma intensidad, todos hemos jugado en alguna ocasión.

El caso es que, culpa sobre culpa, llegan sesiones como la de este martes en el Congreso y lo que debería ser una serie de anodinos trámites concatenados se convierte en un fárrago bochornoso, lleno de ruido y caos, porque no hay que prometer o jurar: hay que hacer un juramento o una promesa que luego te hagan parecer el más listo en Twitter, captar la atención de la cámara para que Gorilas en la Niebla te ponga el corte y con suerte te entreviste, porque todos los momentos tienen que ser un momentazo.

Los diputados y senadores de este bendito país tienen más hambre de balón que el canterano recién llegado a primera, pero eso no les lleva a proponer nuevos proyectos de ley, a atrevidas intervenciones parlamentarias en las que se defiendan la justicia, la libertad o la verdad; no: les lleva a colgarse de su juramento o promesa como el mono se cuelga de una liana.

Y para colmo la gran aportación de los que venían a cambiarlo todo es madrugar para pillar el tiro de cámara y hacer ruido durante la sesión. La verdad, si esto es la nueva política –y me temo que lo es–, paren que yo me bajo.

El recreo
Ignacio Camacho ABC  22 Mayo 2019

Cuando los ciudadanos criticamos a los políticos, casi siempre con bastante razón, se nos suele olvidar que somos quienes los elegimos y que por tanto nos representan, con más fidelidad de la que acaso nos gustaría, a nosotros mismos. Todo ese circo vociferante y carnavalesco en que se ha convertido el Congreso no es más que el trasunto de la actual sociedad española reflejada en un espejo. Una sociedad que le ha perdido el respeto a las instituciones y que se relaciona con la política como si navegase en Facebook, a base de likes, memes, emoticonos y demás significantes del sincopado lenguaje posmoderno. A tales votantes, tales diputados; a tal electorado, tal Parlamento. No vale escandalizarse a destiempo de que aquello parezca un parvulario en pleno recreo, con sus señorías dedicadas a juguetear con los formulismos constitucionales como chavales en un patio de colegio.

El recreo, en sentido literal, lo disfrutaron los líderes independentistas excarcelados durante unas horas en libertad vigilada. Lo permite la ley de esta complaciente democracia cuya permisividad sufrió ayer una burla no por prevista menos amarga cuando el separatismo transformó en agravio victimista la tolerancia de la que se aprovechaba. No se trataba de parlamentarios presos sino de presos que han podido ser elegidos como diputados, y el orden de las premisas altera de modo esencial la conclusión del sofisma barato con que volvieron a desafiar al Estado utilizando las garantías del Derecho para convertirse en delegados de la soberanía nacional contra la que se rebelaron. De paso, desobedecieron las restricciones impuestas por el Supremo para transformar el acto en un espectáculo y chotearse de la Constitución que teóricamente estaban acatando mientras la flamante presidenta de la Cámara dejaba el ejercicio de su autoridad para otro rato. También pospuso para mejor ocasión -después de las elecciones, si es posible- la obligatoria suspensión de funciones de los procesados. Ésa será a partir de ahora su misión: tragarse sapos y gestionar con buena cara los inevitables escarnios que le esperan durante su mandato. La humillación consentida como nueva acepción de la palabra diálogo.

Junqueras lo sabe. Buscó el momento para decirle «tenemos que hablar» a Sánchez y éste, que ya le había estrechado la mano antes, le contestó «lo vemos» con la naturalidad de quien se lo hubiese encontrado por la calle. Toda la situación era absurda, de una estúpida y forzada apariencia normal en medio de la más patente de las anormalidades: una bronca general y un presidente del Gobierno en charla amable con un golpista imputado por rebelión y otros delitos graves y a punto de ser devuelto por la policía a la cárcel. Buen rollito, que la política quede al margen de los tribunales. Bienvenidos a la legislatura de la distensión y el buen talante. Nos lo vamos a pasar en grande.

La brigada de la camiseta
Pablo Molina Libertad Digital  22 Mayo 2019

La degradación de la Cataluña nacionalista es un fenómeno imparable. Estos separatistas envilecen todo lo que tocan, sin que en estos momentos podamos prever hasta dónde van a ser capaces de llegar. Su capacidad para escarnecer a las instituciones y avergonzarnos a todos no tiene límite conocido, como demostraron este martes en el Parlamento ante la risueña mirada de Meritxell Batet, flamante presidenta del Congreso, en cuya calidad permitió los juramentos ilegales de la charanga separatista. Ojo, que la Batet es profesora de Derecho Constitucional; calculen lo que pueden dar de sí las sesiones del Hemiciclo cuando la sustituyan en el puesto los analfabetos funcionales que han elegido los socios de Sánchez para acompañarla en esas labores.

La sesión de constitución de las Cortes fue terrorífica. Los podemitas rebajaron el nivel de la política con su llegada a las instituciones públicas de forma alarmante. Nadie pensaba que las Cortes Generales pudieran caer más bajo, pero los separatistas nos han sacado del error con su capacidad portentosa para emputecer la sede de la soberanía nacional y despojarla de su necesaria solemnidad.

En una época en que hasta los comunistas bolivarianos se ponen chaqueta para ir al Congreso, los diputados separatistas aparecen en camiseta, cada uno con su leyenda, a cuál más lamentable. El fenómeno en la política catalana es transversal, porque también hubo diputados del PSC con su camiseta alusiva, para que no queden dudas de a quién deben los socialistas catalanes lealtad. No han llegado al extremo de las diputadas de la CUP en el Parlamento regional de Cataluña, que salían al atril a dar los discursos con dos camisetas superpuestas, pero la legislatura es muy larga y habrá muchos días de gloria, ya lo verán.

La Mesa de Edad del Congreso que dirigió la constitución del Parlamento fue la imagen perfecta de lo que nos espera estos próximos cuatro años: en la Presidencia, un señor de verbo torrencial y unas barbas a medio camino entre Gandalf y Valle-Inclán. En la Secretaría, la diputada más joven (separatista, por supuesto), que animaba a los diputados a darse prisa en depositar su voto para evitar los "trombos", advirtiéndoles repetidamente de que "propendemos a la trombosis otra vez".

Y mientras el Parlamento se degradaba a toda leche, Pedro Sánchez saludaba al preso golpista Oriol Junqueras y le decía: "No te preocupes". No, si no está preocupado. Al contrario, está entusiasmado con lo que vio ayer en el Congreso y, sobre todo, lo que falta por venir. Nos vamos a enterar.

El problema de Gibraltar no está en Londres, sino en Madrid
Pío Moa gaceta.es  22 Mayo 2019

Propuesta de manifiesto. Para añadir o quitar aspectos)

España soporta la única colonia en Europa, una invasión precisamente en el mismo centro estratégico de su eje defensivo Canarias-Gibraltar-Baleares. El hecho exige una reflexión en profundidad porque los gobiernos españoles, sean del PP o del PSOE, se declaran amigos y aliados de la potencia invasora, caso único en el mundo, lo que automáticamente convierte a España en un país satélite y sin intereses internacionales propios.

Esta posición, que hoy no toleran países mucho más pobres e indefensos, se manifiesta igualmente en intervenciones militares sucesivas bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses ajenos. Recordemos las acciones en Yugoslavia o Kosovo contra un país en proceso de disgregación por fuerzas internas y externas, cuando la propia España sufre hoy, precisamente, fuertes tensiones disgregadoras. O las costosas intervenciones sin salida en Afganistán, un país absolutamente lejano a nuestros intereses. O en Libia que dejó al país sumido en una guerra civil y un caos que continúa, con cientos de miles de víctimas y de huidos que han agravado las crisis inmigratorias en Europa y en la misma España. O la presencia de aviones y tanques españoles amenazando y provocando por cuenta ajena a Rusia, un país con el que no tenemos ningún conflicto como sí lo tenemos, en cambio con el que invade nuestro territorio y que es la segunda potencia de la OTAN, en estrecha vinculación con la primera.

Debe recordarse que en los años 60, España obtuvo en la ONU una gran victoria política al reconocerse la obligatoriedad de devolver Gibraltar a España. Dada la arrogante negativa de los invasores ingleses a cumplir la resolución, el gobierno español cerró la frontera con la colonia, aislándola y convirtiéndola en una ruina económica, con coste político y moral añadido y creciente para los ocupantes. Esta política, que habría dado fruto con el tiempo, fue radicalmente invertida por la casta política actual, que anuló aquella victoria, abrió la verja, multiplicó las facilidades a los invasores y convirtió la colonia en un gigantesco emporio económico de empresas opacas y contrabando masivo, con cuyas ganancias ejerce una auténtica colonización sobre el entorno –al que ha hundido económicamente– y una corrupción sistemática sobre políticos, periodistas, abogados y jueces no solo en su entorno andaluz sino en toda España. Gibraltar ha albergado reuniones de grupos separatistas españoles y no hay duda sobre la intención de Londres y la colonia de jugar con los problemas internos de España para mantener a toda costa su ilegal, humillante y parasitaria presencia en el peñón y su entorno.

El caso de unas clases políticas que no solo admiten la invasión de su territorio sino que multiplican los gestos de sumisión y zalamerías hacia el ocupante, es quizá único en el mundo. Y no se entiende sin otros rasgos, también únicos, de esos partidos y gobiernos. Pues ninguna otra nación soporta gobiernos que en lugar de hacer frente a los separatismos disgregadores, los ha alimentado, financiado y promovido durante décadas hasta volverlos extremadamente peligrosos vaciando de estado a dos regiones y creando una situación de golpe de estado permanente desde una de las cuales, cuyas autoridades se declaran en abierta rebeldía contra el resto del país. Esos gobiernos, sean de derecha o de izquierda, han incumplido mil veces los puntos más elementales de la Constitución que garantiza la unidad nacional, y de la democracia, amparando toda clase de ilegalidades, acosos y propagandas contra quienes les resisten. Gobiernos que, declarándose demócratas, han propiciado leyes totalitarias de estilo comunista como la de memoria histórica u ofensivas contra los derechos de las personas como las leyes de género. Gobiernos que vienen entregando ilegalmente la soberanía española a una burocracia no representativa con sede en Bruselas.

No estamos, pues, ante un asunto menor, pues se conecta estrechamente con todos los demás problemas de fondo creados por la actual casta política y que no cesan de agravarse. El problema de Gibraltar no tiene solución militar, pero tampoco lo necesita. Es indudable que España tiene todas las bazas, sean económicas, políticas, morales o internacionales, bazas que han utilizado los gobiernos de PP y PSOE no a favor de los intereses españoles sino de los ocupantes; procurando al mismo tiempo que la intolerable y escandalosa situación quede en la ignorancia para la mayoría de la gente o sea considerado por ella como un asunto de poca enjundia. Gibraltar ilustra la abyección y miseria moral, intelectual y política de una casta política de la que el país debe deshacerse necesariamente y cuanto antes. Y denunciar la cuestión en sus verdaderos alcances y proyecciones es el primer paso al respecto.
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Cómo España desafió al mundo después de la II Guerra Mundial. Había otra clase política: https://www.youtube.com/watch?v=7neo_O2PHCA
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Plataforma Memoria de Franco

En cuanto a Franco, he propuesto una plataforma informal de difusión de información histórica veraz sobre lo que fue y significó su victoria y su régimen. En este blog, en Una hora con la Historia, en varios libros como Los mitos del franquismo, La guerra civil y los problemas de la democracia y otros, he expuesto con gran abundancia datos y argumentos. Aquellos que se han convencido, y son bastantes, son casi siempre, por desgracia muy pasivos. En palabras de Julián Marías, se plantean “lo que va a pasar y no lo que pueden hacer”, que siempre es mucho cuando hay voluntad. De modo que el terreno sigue dominado por la propaganda totalitaria y antiespañola.

Un ejemplo: “Una hora con la Historia”, enfocado contra la ley de memoria histórica, lleva años tratando de mover a sus oyentes en dos sentidos: la difusión y comentario del programa en redes y círculos de conocidos, y el apoyo económico. A estos muy reiterados llamamientos han respondido hasta ahora solo unas ochenta personas, ochenta valientes, por lo que el programa sigue siendo muy poco conocido y se mantiene económicamente en mínimos o bajo mínimos. Es preciso que eso cambie o estaremos haciendo una labor inútil. La cuenta para colaborar con el programa: BBVA, ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Antonio Pérez, alcalde de Rojales: "Nuestro programa electoral está en cuatro idiomas"
El pueblo con más extranjeros de España
Susana Campo. Madrid. larazon  22 Mayo 2019

El municipio alicantino de Rojales puede considerarse como una colonia británica en España. De sus 17.000 habitantes, solo 5.300 son españoles «el resto, alrededor de 11.700 son de hasta 82 nacionalidades», explica su alcalde, Antonio Pérez, que encabeza la candidatura del PSOE con la intención de revalidar la alcaldía. En declaraciones a LARAZÓN, el regidor señala que «la proximidad a la Costa Blanca alicantina, su buena climatología, sus infraestructuras y cercanía al aeropuerto» atraen a los extranjeros hasta este municipio. Considerado el pueblo con más inmigrantes de España, alrededor del 6.200 son británicos. «Es consecuencia de lo que se conoce como turismo residencial: británicos jubilados que compran viviendas y residen entre seis y nueve meses en el pueblo», señala. Este fenómeno arrancó en 1975 cuando varias empresas inmobiliarias centraron su mercado en el exterior. «A muchos ya les consideramos vecinos porque llevan con nosotros más de 20 años», describe el alcalde.

En esta Babel de la costa alicantina intentan que la integración entre todos sea armoniosa. Desde el ayuntamiento, por ejemplo, organizan cursos de inmersión lingüística con el objetivo de impulsar el conocimiento de idiomas. Para facilitar la convivencia y la gestión del ayuntamiento, Pérez reconoce que en las reuniones con las comunidades de vecinos asiste con varios intérpretes para evitar confusiones. Además, el actual equipo de Gobierno cuenta con un concejal británico –Darek Monks– que se encarga del área de participación ciudadana, integración de residentes y coordinación de urbanizaciones. «Tras el Brexit detalló a los vecinos las consecuencias de la salida de Reino Unido de la Unión Europea y viajó en varias ocasiones a Bruselas para defender nuestros intereses», asegura Antonio.

En este sentido, asevera que el Brexit está teniendo consecuencias nefastas en la compra de viviendas por parte de los británicos ya que han descendido «un 80%». Pese a ello, el desembarco de nuevos colonos no cesa. «En estos momentos, están llegando principalmente ciudadanos noruegos. Hemos pasado de 600 a 900 empadronados», describe.

De los más de 10.000 extranjeros residentes en este pueblo de Alicante podrán votar en las próximas elecciones del 26 de mayo «unos 3.200, que son los que están empadronados». Para ejercer su derecho es preciso que sean miembros de la Unión Europea y que lo soliciten.

Prueba de la relevancia de este votante es que su partido difundió el programa electoral en cuatro idiomas: español, inglés, francés y alemán. Por otro lado, el alcalde reconoce que existen diferencias entre los autóctonos y los extranjeros relacionadas con el nivel económico. «Los extranjeros son principalmente jubilados que vienen en pareja y cobran dos pensiones». Los socialistas llevan medidas para reducir estas desigualdades como «estrechar lazos con el tejido empresarial y estimular la formación en los sectores más productivos». El candidato socialista afronta los próximos comicios con ganas y tranquilidad, «con un equipo más joven y con el objetivo de servir al municipio con el menor coste», concluye.

Ningún colegio catalán cumple con el 25% de la enseñanza en castellano
Un informe de la Asamblea por una Escuela Bilingüe basado en el análisis de 2.214 proyectos lingüísticos demuestra que el 99% de los centros veta el idioma español en las aulas, el patio y el comedor
María Jesús Cañizares elespanol  22 Mayo 2019

El castellano no es lengua vehicular en las escuelas catalanas. Y está excluida de las comunicaciones internas de los centros.

Así lo asegura la Asamblea por una Escuela bilingüe de Cataluña (AEB) tras el análisis de 2.214 proyectos lingüísticos (PLC) –43 corresponden a centros de Educación Infantil Inicial (guardería), 1.626 a centros de Educación Infantil y primaria, 524 a centros de Secundaria y Bachillerato y 21 a centros especiales--.

El resultado es el Informe y conclusiones del análisis de los proyectos lingüísticos de los centros públicos de Cataluña, presentado hoy en Madrid, con datos contundentes.

Al acto, presentado por el director general de la Fundación Transición Española, Pablo Zavala, han asistido la presidenta de AEB, Ana Losada; el catedrático de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona, José Calero, y el presidente de Impulso Ciudadano y vocal asesor de AEB, José Domingo.

Entre las conclusiones más importantes destaca que el castellano no es lengua vehicular en las escuelas catalanas, pues ningún centro analizado cumple con el mínimo del 25% de horas en castellano impartidas en asignaturas troncales, tal como ordenan diferentes sentencias judiciales. En este sentido, solo 25 centros imparten en castellano asignaturas troncales en algún trimestre escolar.

En ESO y Bachillerato, solo un centro imparte asignaturas no lingüísticas en castellano.

Por otro lado, el 98,5% de los PLC veta el castellano en las comunicaciones orales dentro del centro educativo, así como en otros ámbitos como los pasillos, el patio o el comedor.

El 99,5% de los centros realiza todas las comunicaciones escritas en catalán, mientras que el 88,8% de los PLC establece que la única lengua de comunicación oral con las familias es el catalán, porcentaje que, en el caso de las comunicaciones escritas, asciende a un 97,4%.

Un objetivo identitario
El 55,7% de los centros no aporta ningún dato que justifique la distribución horaria en materia de lenguas, mientras que el 22,8% confiesa tener un objetivo identitario en su PLC. Por ello, solo el 4,3% de los planes mencionan la Constitución española en su marco legal, mientras que el 95,7% indica como máximo referente el Estatut.

Estos planes, añaden los autores, no se adaptan al entorno sociolingüístico, es decir a las necesidades del alumnado.

Solo 126 centros en Cataluña imparten una asignatura no lingüística en castellano, mientras que el 7,7% de centros de educación infantil y primaria realizan otra asignatura en castellano, además de la lengua castellana.

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El Parlamento convertido en un esperpento
Editorial El Mundo  22 Mayo 2019

Hubo quien pudo confundir ayer el hemiciclo del palacio de la carrera de San Jerónimo con el escenario de un teatro en el que se representaba un esperpento valleinclanesco. Y no andaría muy desencaminado. No solo por el parecido físico con el escritor gallego del diputado Zamarrón, que ejerció como presidente de edad hasta la constitución de la Mesa, sino porque una parte de los diputados parecía más el espectro que refleja un espejo deformante que un responsable político.

La nueva presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, se equivocó clamorosamente en su estreno, desbordada por la situación. Bordeando la complicidad, como señaló Pablo Casado, y permitiendo la vulneración del decoro parlamentario, como apuntó Albert Rivera, Batet consintió que los diputados de EH Bildu y los cuatro presos preventivos separatistas faltaran al respeto a la institución, y por extensión a todos los españoles, con unas fórmulas de juramento que no escondían la voluntad expresa de seguir desafiando a la Constitución. Porque ni España es una república ni en ella hay presos políticos, como dijo Junqueras, sino presuntos golpistas. Es cierto que los juramentos heterodoxos están permitidos desde que el Constitucional avalase la fórmula de los batasunos, pero nunca se habían traspasado las líneas rojas que se cruzaron ayer, sentando un peligroso precedente. Tampoco se debió haber permitido que los diputados de Vox golpeasen las mesas y abuchearan cada vez que uno de los independentistas pronunciaba su juramento. Eso ocurre cuando la autoridad no comparece. Batet no estuvo a la altura de su responsabilidad institucional, quizá más atenta a no disgustar a posibles socios de su partido que a defender la dignidad del Congreso.

Aunque es consecuencia de nuestro sistema garantista, supone una anomalía inédita en democracia que cuatro diputados electos que están siendo juzgados por el Supremo por rebelión, sedición y malversación decidieran presentarse a una institución que no reconocen, aun sabiendo que mientras dure el juicio y continúen en prisión estarán suspendidos para ejercer cargo público. Es obvio que su intención no es otra que la de deslegitimar y desestabilizar el normal funcionamiento del Poder Legislativo. Por eso no se entiende que la Mesa disolviera la sesión sin anunciar que los cuatro independentistas están ya, según el Reglamento de la Cámara y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, imposibilitados para desempeñar las funciones de diputado. No tiene Batet otra alternativa, si no quiere incurrir en prevaricación, que anunciar la suspensión de los cuatro diputados presos. Es el Congreso, por respeto a la separación de poderes, quien debe hacerlo, siguiendo las indicaciones del Supremo. Esperemos que el esperpento de ayer no sea anticipo de lo que viene.

Basta ya de compadreos con golpistas
OKDIARIO  22 Mayo 2019

El idioma español dispone de un amplio surtido de calificativos para describir las dos jornadas vividas en el Congreso: bufonada, esperpento o astracanada son tres palabras que vienen muy al cuento. El Supremo, en su afán garantista con la mirada puesta en Estrasburgo, ha permitido a los golpistas acudir a la sesión de investidura estando en prisión preventiva. A partir de ahí, todo ha terminado como se esperaba: mal para el Estado de Derecho y bien para alimentar el ego de los secesionistas.

El más reciente, el caso del juez Llarena que denegó a los mismos protagonistas del circo de este martes acudir a la sesión de investidura en el Parlament, en enero de 2018, forzando a que emitieran su voto por delegación. Por otro lado, Marchena y el resto de jueces de la sala habrán recordado el antecedente del etarra Juan Carlos Yoldi, al que hace 30 años la Audiencia de Pamplona permitió acudir a la sesión de investidura en el Parlamento Vasco ya que se postulaba como lehendakari.

Un Estado de Derecho, si no quiere traicionar su propia esencia, no debe ceder a esta suerte de escenificaciones. La gravedad de los delitos que están siendo juzgados exige un tratamiento acorde con los hechos que se quiere dirimir ante un tribunal. Un tratamiento así de liberal para con los presos trasmite la idea de que, en realidad, nada de esto es asunto tan serio como pudiera pensarse y –aquí viene lo más preocupante– esta percepción pública luego puede acabar cuajando en la sentencia. En cuanto al mundo independentista, lejos de interpretar estas dos jornadas como un gesto de misericordia, lo verán como síntoma de debilidad e inseguridad por parte de las instituciones. Tomarán buena nota de ello.

Cualquier preso en espera de sentencia que tuviera que salir de la cárcel para ir a realizar una revisión médica a un hospital, probablemente estaría en todo momento vigilado y esposado, y desde luego no tendría acceso a ningún dispositivo de comunicación. Aquí hemos visto todo lo contrario, al punto de que la tercera autoridad del Estado –la ex presidenta del Congreso, Ana Pastor– ha agasajado a Junqueras y compañía con un desayuno. Estos señores ni vienen ni regresan al gulag; su alimentación cotidiana es óptima. Un mínimo de severidad hubiera sido lo correcto.

Juramentos estrafalarios “por la república”, encarcelados golpistas saludando al Presidente del Gobierno y quedando para seguir hablando luego, la propia TVE retransmitiendo el acto hablando de “políticos presos”… Estas dos jornadas, más que parecer el comienzo de una nueva legislatura, semejaban el comienzo de una verbena. La democracia tiene una liturgia que debe ser respetada, porque ello expresa el respeto a la democracia misma y a la comunidad política que representa, que en este caso es España. Bajo tanto relajo y tanto aire distendido, ya sabemos lo que se está urdiendo: pacto con los independentistas e indulto a sus presos.

Un insulto al Parlamento español
 larazon  22 Mayo 2019

Hasta ver a los dirigentes independentistas que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo lanzando sus soflamas en la sesión constituyente de las Cortes para comprender que España no es la dictadura que ellos venden ante sus fieles. «Desde el compromiso republicano, como preso político y por imperativo legal, sí prometo», dijo Oriol Junqueras, uno de los dirigentes clave del golpe de octubre de 2017. Con esta fórmula acató la Constitución que los días 6 y 7 de septiembre de 2017 liquidó de un plumazo, sometió a consulta desobedeciendo al TC el 1 de octubre y quiso arrojar a la basura el 27.

La contradicción de presentarse ahora como «preso político» en una Cámara que ha respetado hasta su derecho a la participación política es tan enorme que tiene todos los ingredientes que han caracterizado a las grandes mentiras políticas que han sido y han constituido lo peor del siglo XX. Nunca nuestra democracia se encontró ante una situación tan disparatada y humillante, la de hacer diputados a los que están siendo procesados por graves delitos contra nuestras instituciones democráticas y asistir, además, a una toma de posesión en la que han insistido en las mismas vulneraciones.

Nuestra democracia demostró ayer su fortaleza, aguantando un nuevo envite que no tenía más objetivo que romper las costuras del sistema. El Tribunal Supremo juzga por rebelión a los que se saltaron la Ley, el Congreso ha acreditado a los nuevos diputados hasta que sean suspendidos y ahora se espera que el Ejecutivo tenga la misma firmeza en defensa del Estado de Derecho. Sin embargo, ayer, la sesión constituyente dejó escapar la solemnidad exigible, algo que se presuponía con la presencia de los presos golpistas, pero que la nueva presidenta del Congreso, Meritxel Batet, debería haber reconducido con la dignidad que le exige su rango institucional. Tenía muy preparado el argumentario sobre la sentencia del TC que permite distintas fórmulas de aceptar la Constitución, pero lo que sucedió ayer fue un alegato frontal contra el orden constitucional mismo.

Por decoro a la institución que representa debería haber conminado a los independentistas presos a respetar las normas que le permitían estar en la sede de la soberanía popular. Su actitud permisiva hacia los diputados de ERC, JxCat –y la indecente claca de los de Pablo Iglesias– puede achacarse a la inexperiencia o a los nuevos tiempos de «diálogo» que inaugura su nombramiento. Pronto lo veremos. De momento, Batet ha dejado en el aire la celebración de la reunión de la Mesa que deberá tratar la suspensión de los diputados presos.

Los bochornosos sucesos vividos requieren una intervención rápida del máximo órgano de la Cámara e impedir que los mayores enemigos que tiene la soberanía nacional en estos momentos sigan deleitándose en su desprecio a nuestras instituciones. El independentismo no tiene más objetivo que liquidar la unidad territorial y, en su perverso victimismo, buscar aliados para una empresa a la que se ha presentado Podemos, el socio principal del nuevo Gobierno. Las Cortes fueron ayer un plató donde se exhibió sin pudor lo que llevan años mostrando en el Parlament y en las calles de Cataluña. Junqueras, el líder que propició la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre, consiguió la fotografía que quería: el presidente del Gobierno dándole la mano e intercambiando unas palabras sobre un futuro «diálogo». Lo que sucedió ayer en la Carrera de San Jerónimo de Madrid es difícil de contemplar en otros Parlamentos de democracias que se respetan a sí mismas, de lo que deben estar satisfechos independentistas y los populistas de Iglesias. Esta legislatura tiene muchas tareas por delante, pero una de ellas se ha demostrado prioritaria: impedir que la alianza nacionalpopulista se adueñe del Parlamento.

Los siete magníficos (de la democracia)
Julio Murillo cronicaglobal  22 Mayo 2019

Mientras escribo estas líneas, el juicio a los encausados por los hechos del 1 de octubre en Cataluña concluye su primera etapa testifical --larga, y en ocasiones sumamente tediosa, por repetitiva--. Veremos, a continuación, una fase pericial --dedicada al examen y estudio de los diferentes informes técnicos encargados por las partes, fiscalía y defensa--, y otra de carácter documental. Las dos, previsiblemente, serán largas y densas en contenido y en generación de titulares y noticias en prensa. Esta primera fase concluye con siete magistrados al borde del ataque de nervios, por tener que lidiar a todas horas con una recua --sí, he dicho recua, no retahíla; mi conocimiento del idioma español es extraordinario tras 45 años de periodismo-- de testigos que comparecen ante el Tribunal Supremo convencidos de que pueden soltar su perorata y quincalla intelectual del mismo modo en que lo hacen en esas asambleas anarcosindicalistas libertarias --“¡Pásame la Xibeca, Pep, y no te acabes el porro, capullo!"-- en las que intervienen de modo estelar, como los Yellow Local Heroes que son o creen ser, arropados y escalfats por sus enardecidos convecinos.

Cuesta creer que incluso algunos de los que comparecen y dicen ser abogados, o profesores de filosofía --que de payasos en Cataluña tenemos a patadas--, sean incapaces de entender que en un proceso judicial se responde de forma sucinta y clara a las preguntas que se formulan, y que ese no es atril para mítines o exordios personales, ni para terapias emocionales; porque cuando a uno se le cita como testigo en un juicio de esta índole, se sale de casa bien llorado, sin mocos en la nariz y sin gemiditos de niño malcriado en la garganta. El común denominador que caracteriza a los independentistas que han comparecido, lacito en solapa, en la Sala de lo Penal del TS --salvo muy dignas y admirables excepciones, que alguna hay-- se resume en un infantilismo exacerbado, un victimismo vergonzante y una disonancia cognitiva digna de estudio. El adoctrinamiento social de corte goebbeliano de los últimos 40 años, la sacrosanta inmersión lingüística, las apestosas falsedades históricas y el comportamiento grupal, etnicista y empático, que les lleva a moverse como si fueran clones de un ser único, perfecto y superior, no justifica en modo alguno tanta estupidez. Porque lo que hemos visto en los últimos diez días es un Fuenteovejuna pero en versión "tonto de remate catalán".

Menos mal que el mundo no nos mira, porque esta parroquia suscita vergüenza ajena, rubor, alipori puro y duro, a cualquier persona formada, mínimamente culta y emocionalmente equilibrada. Toda esta horda admite a regañadientes saber que tanto el Constitucional como el TSJC habían declarado ilegal el referéndum, pero alegan que eso no les incluía a ellos, como seres libres, ciudadanos del mundo, feministas y antifascistas que son; todos interpretan que la democracia es hacer lo que a ellos les viene en gana en todo momento y lugar; todos aseguran que alzaron los brazos y se limitaron a "hacer" cánticos --lo de “hacer cánticos” tiene mucho pecado--; todos recuerdan ese día como uno de los más importantes de sus vidas; sin excepción cuentan que acudieron a los colegios electorales entre las cinco y las seis de la madrugada, aun sin tener ninguna tarea adscrita; que nadie organizó nada, y que todo ocurrió por intercesión divina: cayeron las urnas y las papeletas del cielo; nadie vio nada, ni sabe cómo funcionó el censo universal, ni quién era responsable, ni cómo se efectuó el recuento; unos tenían fiebre y alucinaron, otros solo dicen haber visto volar por los aires al avi Miquel con su silla de ruedas y decenas de dentaduras postizas; todos, sin excepción, son chulescos, arrogantes, superiores, y todos, y ya concluyo, se resignan a contestar a algunas preguntas de la acusación de Vox por imperativo legal. Porque lo del “imperativo legal” es término jurídico que les ha calado hondo y ahora repiten como cotorras, pues denota mimbres jurídicos y cierto nivel intelectual.

Tras sus declaraciones, en las que trituran la lengua común con asombrosa e inclemente zafiedad, y empujan hasta límites indecibles la paciencia del tribunal, doblan cuidadosamente el certificado que acredita su comparecencia y testimonio, a fin de enmarcarlo y mostrarlo a sus nietos --“¡mira, nen, yo luché contra el fascismo español en las barricadas de Madrid!”-- y piden permiso para quedarse en la sala, que para una vez que aparcan el tractor hay que aprovechar la ocasión.

Capítulo aparte merecerían los abogados defensores de los encausados, que se han habituado a tentar, día sí y día también, los límites que son tolerables en la práctica jurídica. Haciendo gala de un proceder tan taimado como insidioso, buscan dejar constancia en acta de las reprobaciones y correctivos que ineludiblemente Manuel Marchena se ve obligado a aplicar. Lejos de conducir sus interrogatorios ciñéndose a reglas estrictas y pautadas que conocen a la perfección, no buscan sino crear situaciones anómalas que entienden que ante el Tribunal de Estrasburgo, al que acabarán recurriendo, pudieran tener algún tipo de recorrido o merecer una mínima consideración.

Meses atrás dije que Manuel Marchena y el resto de jueces actuaban y conducían las vistas de forma impecable, ponderada, ecuánime. Me reafirmo en ello. Son y constituyen la última defensa, el último parapeto, la última frontera de la ley que nos protege, llegados al extremo, de la bota del totalitarismo más repugnante.

Esos jueces son los "siete magníficos" de la democracia.


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