AGLI Recortes de Prensa   Lunes 27  Mayo 2019

El canto de cisne del PP
Mateo Requesens eltorotv.com  27 Mayo 2019

Decía Ortega y Gasset que “lo político no es más que el cauce por donde fluyen las realidades sustantivas del espíritu nacional”. Por ello el resultado electoral del domingo refleja el actual estado de ese espíritu nacional, completamente ausente en comunidades como Cataluña o País Vasco y en franco retroceso en Valencia, Baleares, Asturias o Galicia. Hace un mes, en las elecciones generales, ilusos, algunos habíamos creído que el pueblo español iba a reaccionar unánimemente indignado contra los separatistas que amenazan la subsistencia de España como Nación, mandando un mensaje alto y claro a sus cómplices por acción y omisión. Ingenuamente creímos que los españoles, en un alarde de dignidad, por fin se iban a reconciliar con los valores patrióticos que, desde hace 40 años, tanto las izquierdas como las derechas habían abandonado.
Pero si en las elecciones generales se demostró que la defensa de la unidad nacional pesa menos en el ánimo de los españoles que la defensa de un modo de vida basado en el hedonismo insustancial, la triple cita de los comicios municipales, autonómicos y europeos, ha vuelto a confirmar la misma conclusión.

Los españoles llevan demasiados años sólidamente instalados en el individualismo y el relativismo, como para responder en masa a llamamientos en nombre del sentido del honor, el sentimiento del deber o la disciplina, por tanto, nada debe extrañar su desapego a los valores relacionados con el patriotismo. La desesperante falta de reacción frente al claro proceso de descomposición nacional hay que buscarla en la una sociedad que no aspira a otra cosa que a mantener la sopa boba del Estado que tanto apetecen las redes clientelares de la izquierda y la derecha, los pensionistas, los funcionarios y los perceptores de todo tipo de ayudas, subsidios y subvenciones.

Por supuesto que el abrumador control de los medios de comunicación por las oligarquías socialdemócratas explica lo poco que el pueblo español está dispuesto a defender su soberanía y peor aún, lo poco que comprende las implicaciones del gran debate que se ha abierto en Europa en torno a la subsistencia del Estado-Nación y la globalización. A diferencia del resto de Europa, donde la nueva derecha, con Marine Le Pen en Francia y Orbán en Hungría a la cabeza, ha cosechado un éxito rotundo, en España VOX tímidamente ha conseguido consolidar sus resultados. Mientras en toda Europa retroceden las posiciones socialdemócratas, incapaces de dar respuesta a los retos del futuro del continente, en España triunfan los postúlalos izquierdistas más anquilosados y rancios, perfilando nuestra sociedad como la más atrasada políticamente de toda la Unión Europea.

Los analistas de vuelo gallináceo buscarán en la fragmentación del voto de las derechas la explicación del triunfo a contracorriente de las izquierdas. Baste examinar el hecho evidente de que la AntiEspaña también se presenta fragmentada en diversos partidos, de izquierdas y nacionalistas, para desmentir tal especie. Quienes honestamente busquen explicaciones a lo sucedido, en vez de arremeter contra VOX, harían mejor en fijar su atención en el PP y el papel que ha jugado durante todos los años que disfrutó del apoyo masivo de las bases de la derecha en el proceso de desnacionalización del pueblo español.
No sólo se trata de la corrupción en la etapa de Rajoy y su pésima política mediática. El PP siempre descuidó (antes de Rajoy también) la batalla por las ideas y abandonó sin remordimiento alguno la cultura y la educación en manos de la izquierda y el nacionalismo. Las consecuencias de su negligencia las sufrimos ahora.

Salvo grandes catástrofes naturales o intervenciones externas, la regla es que el auge o decadencia de los pueblos se debe a méritos o defectos propios. Y en España los resultados electorales no apuntan a nada bueno. Pero más allá del recuento de votos de las derechas y las izquierdas deberíamos entender que nada será útil, que todo será perfectamente ineficaz, si no se es capaz de recuperar en el pueblo español la conciencia de pertenencia a una comunidad nacional y la necesidad de mantener su proyecto común como Nación.

En este escenario de necesaria renovación del espíritu nacional, el PP no aporta absolutamente nada por muchos votos que siga conservando. Nada desde el punto de vista ideológico ni del pensamiento político, pues hace mucho que los populares se han deshecho de cualquier intención de repensar un proyecto para España. Su conservadurismo se reduce al inmovilismo más estéril. Mantener el Estado de la Autonomías, mantener el Estado de Partidos, no llamar la atención contrariando los postulados culturales de la socialdemocracia, centrándose en una aseada y rutinaria gestión económica y sobre todo, y ante todo, mantener su cuota de poder y redes clientelares. Por ello, mantener Madrid en manos del PP, solo desde una visión cortoplacista puede entenderse como una victoria, más que un remedio, se trata de un parche.

La cuestión de fondo no trata de que VOX reste votos al PP y favorezca los gobiernos de izquierdas, al contrario, de lo que se trata es de que el PP obstaculiza la modernización de la derecha española cerrando el paso a quienes traen un proyecto fresco para revitalizar sus propuestas y sintonizar con lo que sucede en el resto de Europa. Si Ciudadanos representa una visión mundialista liberal, VOX se posiciona junto a la nueva derecha en la reivindicación del Estado-Nación. En este contexto, el PP no representa ningún proyecto renovado, no es más que un estorbo, un peso muerto, que no tiene más argumento que el voto del miedo e impide que las bases de la derecha fluyan por cauces de futuro.

Por el bien de España el PP debería disfrutar de su último canto de cisne, porque un partido sin capacidad para engendrar ilusión y sin intención alguna de abordar el primer problema de España, que no es otro que recuperar su espíritu nacional, debería tener como su mejor destino la desaparición. El mejor servicio que podría prestar a España el Sr. Casado sería pilotar la autodisolución controlada del PP. Por supuesto no esperamos tal alarde de generosidad. Las bases de la derecha seguirán cautivas del voto útil, hasta que se den cuenta que España necesita para sobrevivir alzarse en pie, en vez de agonizar de rodillas.

Madrid apuntala al Partido Popular
EDITORIAL ABC  27 Mayo 2019

SI las lecturas políticas de las elecciones de ayer deben hacerse mediante su comparación con las nacionales del 28 de abril, es evidente que el PP ha sabido frenar su ciclo bajista, mejorando su voto a nivel nacional. Esta es la principal consecuencia política de la jornada de ayer. Los populares han pasado del 16,70 por ciento de los votos en las generales de hace un mes al 20,13 obtenido en las elecciones europeas. En el cómputo general del voto municipal, los populares han alcanzado el 22,20 por ciento de los votos.

El balance concede a Casado un margen de confianza para profundizar en la renovación del partido. El resultado confirma que el mensaje que adoptó tras el 28-A ha sido eficaz. Un mensaje de afirmación de la identidad reformista, liberal y conservadora del PP, como espacio común de todo lo que está a la derecha del PSOE. Esta es también la interpretación de buena parte del electorado de Vox, que ha vuelto a dar su confianza al PP. En cuanto a las posibilidades de gobierno, el PP partía de posiciones muy limitadas en los ámbitos autonómico y municipal, pero si hubiera que resumir el resultado político -más que el puro recuento de votos- obtenido por los populares en el día de ayer, habría que concentrarlo en la recuperación del Ayuntamiento de Madrid, gracias a la más que probable coalición a la andaluza entre PP y Ciudadanos, con el apoyo de Vox, y la conservación del gobierno madrileño con una mayoría de centro-derecha. Estas dos victorias van a simbolizar la fortaleza del PP y, en general, de los partidos situados a la derecha del PSOE, de cara a una legislatura que va a exigir un alto nivel de confrontación democrática. La capital de España ha sido santo y seña de la izquierda española, con Manuela Carmena como ídolo transversal del que se confiaba que podía generar un tipo de alternativa progresista por encima de los partidos.

Madrid capital fue ayer el escenario de un fracaso colectivo de la izquierda y de sus principales líderes -Pedro Sánchez y Pablo Iglesias- y ha confirmado que el centro-derecha sigue siendo una fuerza ideológica con arraigo en la ciudadanía. Para el PSOE, la debacle sufrida por su candidato, Pepu Hernández, se la tiene que imputar directamente en su cuenta Pedro Sánchez. Y la división de la extrema izquierda pone a Íñigo Errejón y a Pablo Iglesias ante la cuenta atrás de un movimiento supuestamente regenerador -aquel del 15-M- que ha envejecido tan rápido como fueron apareciendo los vicios de los viejos partidos comunistas, con purgas, escisiones y ajustes de cuentas. La pérdida de Madrid representa para la izquierda más que un Ayuntamiento. Es la derrota de un discurso trufado de revanchismo histórico y confrontación cívica. Con el mantenimiento de la Comunidad de Madrid, el PP, que ha cosechado mejores resultados de los previstos, y Ciudadanos ven confirmado un pacto de Gobierno que ha hecho de esta región la cabeza social y económica de España.

El entendimiento entre PP, ciudadanos y Vox debe ser un antídoto a las políticas fiscales de Sánchez. Los resultados del PSOE no le permiten rematar la victoria de las generales con un tsunami de la izquierda en el feudo del PP. Por el contrario, muchos ciudadanos habrán tomado nota de que era necesario un equilibrio de poderes entre las administraciones públicas, fundamentalmente para oponer a la anunciada subida de impuestos desde el Gobierno central unas políticas autonómicas que introduzcan racionalidad en el gasto público. Se explica que la dirección del PSOE no estuviera exultante en su comparecencia a última hora de ayer.

Las elecciones municipales y europeas apuntan a una mejora del bipartidismo. Esto tendrá consecuencias en las perspectivas de los partidos emergentes, aunque ya no tan emergentes a estas alturas. El PP ha evitado de nuevo que Ciudadanos lo supere y, de paso, ha enviado un serio mensaje a Albert Rivera sobre el liderazgo del centro-derecha en España. El partido naranja va a ser determinante en la formación de mayorías alternativas a la izquierda y este debería ser su objetivo estratégico para los próximos cuatro años, no la obsesión de desbancar al PP. Lo razonable es pensar que el centro-derecha entre en una fase de reorganización interna, cuyo resultado debería ser una oferta conjunta a los electores de esta opción ideológica, como ha sucedido en Navarra. El freno con retroceso en las expectativas de Vox es un acicate para que el PP persevere en la claridad de mensajes sobre lo que representa en el escenario político español. Tras la tormenta del 28-A ayer llegó la calma y la ilusión al centro derecha.

Vox sigue a pesar de esfuerzos de los enemigos de España
Nota del Editor 27 Mayo 2019

De freno con retroceso, nada. Vox sufre el peso de la maquinaria de los partidos que pretender mostrar que algo cambia para poder seguir empeorando. Vox está para demostrar que España es lo importante. Y `para que algún día podamos hablar de democracia, ahora es un cuento chino. Los votos no valen lo mismo, la educación, vaya Vd con su lengua propia; la sanidad por aquí y por alli, la justicia lo mismo y el cumplimiento de las sentencias y de la ley  para los ciudanos de tercera y cuarta clases.

La espina de Sánchez
Casado, que inició la jornada en la UCI política, salva su puesto
Luis Ventoso ABC  27 Mayo 2019

Una noche electoral distinta y trepidante. Hubo vuelcos, sorpresas, sonrisas que se congelaron y lágrimas que se tornaron en risas. Ya entrados en la madrugada, un resumen:

-Si un candidato que acaba de ganar las elecciones comparece con aire serio y trascedente y se pone a hablar de la disrupción tecnológica, malo. Tal fue el caso de Sánchez. A priori, la noche no podía ser mejor: un mes después de ganar las generales se imponía también en las europeas y las municipales, y todavía con más votos. Todo un hito en un momento en que en Europa portar la etiqueta de socialdemócrata es sinónimo de esguince de urna (véase el castañazo del SPD alemán). Sin embargo, no emanaba alegría de Sánchez, porque la faena resultó incompleta. Madrid, asignatura pendiente del PSOE, seguirá en manos de la derecha. Pepu ha resultado una canasta lanzada al vacío. Almeida y Ayuso -ni ellos se lo creían- mandarán en el Ayuntamiento y la Comunidad, al acreditado estilo conocido ya en en mundo del billar como Carambola Moreno Bonilla.

-Lázaro Casado. O la resurrección al límite. El líder del PP inició la velada electoral en la UCI política, con severas derrotas en las encuestas. Pero como en aquella película extraordinaria de Woody Allen, “Match Point”, donde un anillo cae del lado bueno y salva al protagonista, la suerte se decantó del lado de Casado con la remontada de Madrid. Si perdía la capital de España y Castilla-León, Feijoo estaría mudándose a Madrid en julio. Pero los salvó (siempre que Cds, partido bisagra de vocación multivariable, no se alíe con el PSOE en Castilla-León). Casado gana tiempo para afianzarse. El PP, que obtuvo un 16,7% de votos en las generales, sube al 20% en las europeas y al 22% en las municipales. Lo celebró desaforadamente, como si hubiese ganado. Pero es que había salvado su carrera.

-El partido que siempre lo va a ganar todo... y nunca gana nada. Rivera lo ha vuelto a hacer. Tras autoproclamarse líder de la oposición pese a haber quedado de tercero en las generales, volvió a quedarse en gas. Sube respecto a hace cuatro años, cierto. Pero al final del día, ¿qué ayuntamiento importante gobierna Ciudadanos?, ¿qué comunidad autónoma presidirá? Doble cero. Ciudadanos, que obtuvo un 15,8 en las generales, cae al 8,2% en las municipales, donde es un partido residual, y al 12% en las europeas. El gran servicio de Rivera a España sería facilitar la reunión del centro derecha en un único y gran partido, obra que requiere humildad y sentido de Estado.

-La era de internet: usar y tirar. El mundo digital ha provocado que el público enseguida se aburra y demanda novedades. Carmena y Colau, las chicas de oro de nuestra política zurda, ya están en casa. Su aventura ha durado cuatro años. Dejan mucho márketing, legado real cero -incapaces hasta de gastar su presupuesto- y puño sectario en guante de seda. Serán dos buenas tertulianas.

-Y queda Vox, que ha caído del 10% en las generales al 6% en las europeas y el 2,8% en las municipales. ¿Mejor así? Probablemente. Vox fue el desahogo de un justo enfado, pero su crecida hacía feliz a Sánchez.

Vox ha llegado y se queda
Nota del Editor  27 Mayo 2019

De juusto emfado, nada. Estamos hasta el gorro de que nos tomen el pelo. Vox ha llegado y se queda, por encima de todos los insultos, zancadillas, mentiras y muros de silencio.

NO ADMITIRÁN ‘CORDONES SANITARIOS’
Santiago Abascal advierte: ‘VOX hará valer sus votos para formar gobiernos’
Redacción gaceta.es  27 Mayo 2019

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha destacado esta noche que su partido se ha consolidado como una nueva alternativa a la izquierda y ha advertido de que van a hacer valer sus votos y no admitirán «cordones sanitarios» en las comunidades y municipios donde serán determinantes para formar gobiernos.

«Que no olvide nadie que Vox va a hacer valer su votos. Esto significa que no vamos a permitir cordones sanitarios de ningún tipo, insultos, estigmas o etiquetas de aquellos que para gobernar van a pactar con nosotros», ha avisado Abascal.

En declaraciones en la sede nacional del partido tras conocer el escrutinio de las elecciones municipales, autonómicas y europeas de este domingo, el líder de Vox ha sentado las bases de las negociaciones.

«Quien quiera contar con nuestro apoyo para una mayoría alternativa tendrá que ser respetuoso y flexible como Vox se compromete a ser», ha garantizado.

Ha resaltado que «ha comenzado una nueva etapa política en España» y ha subrayado que han logrado consolidar una alternativa «clara, limpia y valiente» frente a los postulados de la izquierda y el separatismo y que han demostrado que se puede construir una mayoría política «sin complejos».

Según ha incidido, a los 24 diputados nacionales y su senador, Vox ha conseguido sumar este domingo tres escaños en las elecciones europeas, en las que han pasado de 250.000 votos a 1,3 millones.

Pero ha añadido que también cuentan ya con representación en los Parlamentos autonómicos de Murcia, Madrid, Extremadura, Castilla y León, Cantabria, Aragón, Asturias, Baleares, Andalucía y Comunidad Valenciana.

Ha asegurado que no solo estarán en estas instituciones, sino que serán determinantes en Murcia y Madrid y en el 30 por ciento de las capitales de provincia para elegir a los alcaldes.

Entre ellas, ha mencionado Burgos, Almería, Santander, Badajoz, León, Jaén, Guadalajara, Palencia, Teruel, Zaragoza, Alicante, Córdoba, Granada y Madrid, así como en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

El candidato a la Alcaldía de Madrid y secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, ha destacado que, como prometieron, sacarán a la «izquierda sectaria» del Ayuntamiento.

«Tal y como prometimos, a partir de mañana, se acabó el Madrid Central y el expolio fiscal a los madrileños», ha asegurado Ortega Smith, que ha agradecido la «confianza» y «valentía» de los madrileños y ha afirmado que «Madrid se recupera para la libertad».

También ha expresado su satisfacción el cabeza de lista de las europeas, Jorge Buxadé, quien ha dicho que, gracias a Vox, los españoles van a tener un partido en el Parlamento Europeo que «sopla con los vientos que soplan en Europa».

Vox con principios
Nota del Editor  27 Mayo 2019

Las autonomías: un contrapoder para la derecha
Juan Ramón Rallo elconfidencial  27 Mayo 2019

Buena parte de la derecha política española se ha posicionado en contra de las autonomías y a favor de una concentración cuasi absoluta de las competencias estatales en manos del gobierno central. A diferencia de lo que sucede en muchas otras partes del planeta —donde la derecha apuesta sin ambages por la descentralización y por la transferencia de potestades a las administraciones regionales y locales—, en España los partidos que ocupan el espacio sociológico de la no-izquierda hacen habitualmente gala de aspirar a reforzar el poder de la administración central cuando no directamente —como sucede en el caso de Vox— de enterrar el Estado de las Autonomías.

Tras los resultados de las elecciones de este domingo —merced al cual las derechas gobernarán o, al menos, serán decisivas en las administraciones de Madrid, Murcia, Castilla y León, Aragón y, además, Galicia y Andalucía— puede que las simpatías autonomistas de parte de nuestra derecha centralista y jacobina cambien (o, al menos, deberían hacerlo). Si ahora mismo España se organizara como un Estado totalmente centralizado, el PSOE de Pedro Sánchez concentraría en sus manos todo el poder político, con la excepción de las menores atribuciones que correspondan a los municipios. Áreas tan sensibles como la educación (y sus conciertos), la sanidad, la fiscalidad patrimonial, la mitad de la imposición sobre la renta, la política de vivienda o la regulación del comercio minorista (incluyendo su régimen de horarios), todo ello quedaría en manos de los socialistas.

Ahora, en cambio, todos esos campos seguirán siendo administrados por la derecha —o, al menos, serán controlados parlamentariamente por algún partido de la derecha en coalición con la izquierda— para más de 20 millones de españoles, lo que además debería permitir contrarrestar algunas de las peores políticas que vaya a adoptar Sánchez a lo largo de la presente legislatura: ahí está, por ejemplo, ese compromiso electoral de Albert Rivera —que esperemos que sea finalmente respetado— de compensar 'toda' la subida del IRPF que vaya a efectuar el PSOE a escala nacional con la correspondiente reducción en los tramos autonómicos.

Por supuesto, tal concentración competencial ha tenido igualmente lugar en aquellas regiones donde —como Extremadura, Castilla-La Mancha, Asturias, Baleares, Comunidad Valenciana o La Rioja— los socialistas han conquistado o retenido la administración autonómica, pero nuestra fragmentación administrativa les ha dificultado (merced a una doble ronda electoral) que todas se hallen bajo el dominio de la izquierda. Y, a su vez, semejante fragmentación gubernamental permite experimentar diferentes modelos de gestión, adaptarlos a la distinta casuística geográfica y, en suma, facilitar a los ciudadanos la labor de comparar los resultados de esa diversidad de estilos de gobierno.

En suma, las autonomías no han de ser vistas, desde una óptica estrechamente nacional-españolista, como una disfuncionalidad de nuestro marco institucional patrio, sino como un saludable contrapoder interno que dificulta que la totalidad de la maquinaria del Estado recaiga en las garras de una misma formación política (el mismo análisis, por cierto, valdría para la izquierda: en 2015, la victoria socialista en numerosas autonomías evitó desde la óptica socialista que todo el país fuera manejado por el PP). Lo que en todo caso deberíamos reclamar no es una mayor centralización institucional, sino una mucha mayor descentralización hacia niveles administrativos más próximos los ciudadanos: que el gobierno central y los gobiernos autonómicos traspasen parte de sus áreas de negociado a las corporaciones locales (o a mancomunidades de tales corporaciones locales) para que la competencia institucional se intensifique y el número de contrapoderes efectivos se multiplique. El modelo no ha de ser la decadente, hiperestatalizada y centralizada Francia, sino la pujante, libre y descentralizada Suiza.

Así que ya sabe, votante de derechas: la próxima vez que defienda la supresión de las autonomías y el reforzamiento competencial de la administración central, recuerde que ahora mismo su modelo jacobino le entregaría (casi) todo el poder del Estado a una coalición de Sánchez e Iglesias. Usted sabrá si prefiere anteponer un huero sentimiento nacional-españolista (que identifica torpemente Estado centralizado con nación unida) a la salvaguarda institucional de las libertades individuales.

Las autonomias, gran disparate.
Nota del Editor  27 Mayo 2019

Por muchas vueltas que se den, está demostrado que las autonomías son un disparate. Que el ciudadano, de cuarta categoría en mi caso, pueda comparar los resultados de los diferentes modelos de automías o ayuntamientos, es irrelevante, salvo si vive en un camping car. La descentralización hacia niveles más próximos a los ciudadanos me parece estupenda, siemrpe que no se pare a medio camino y quede en manos de los profesionales de la política; la verdedera descentralización debe dejar totalmente libre al ciudadano para hacer lo que más le convenga, que es el único que lo sabe.

¿De qué se reía la izquierda?
Luis Herrero Libertad Digital  27 Mayo 2019

Si damos por buena la idea de que las elecciones de ayer eran el partido de vuelta de las del 28 de abril, conectar ambos resultados es inevitable. En las generales, España se retrató a sí misma como un país dividido en dos hemisferios ideológicos de tamaño idéntico. Cada bloque —el de la izquierda y el de la derecha— cosechó once millones de votos. Sin embargo, la ley electoral hizo que el reparto de escaños no reflejara la igualdad verificada en las urnas. La fragmentación de la derecha permitió que la ley d’hont beneficiara a la izquierda. Sobre todo, al PSOE. Sánchez se asomó a ese espejo cóncavo y ofreció una imagen agrandada —pero distorsionada, después de todo— de su medida electoral.

Los resultados del 28 de abril, sin embargo, arrojaban pronósticos menos halagüeños para Pedro Sánchez en las elecciones municipales y autonómicas, donde el tamaño de las circunscripciones garantizaba la proporcionalidad del voto. El PSOE, según la extrapolación de los datos, corría el peligro de perder las Comunidades Autónomas de Aragón, Castilla-La Mancha y Extremadura y ciudades tan importantes como Madrid, Valencia o Zaragoza. Sánchez desestimó ese riesgo y encaramado a lomo de unas encuestas que han vuelto a fallar más que una escopeta de feria, vendió la expectativa de que en el partido de vuelta —las elecciones de ayer— iba a dejar a la derecha fuera de combate. Se hablaba incluso de victorias sanchistas en Castilla-León, Murcia y Madrid, donde el PP gobierna desde hace decenios.

Ayer, la izquierda salvó con holgura el riesgo de perder Castilla-La Mancha y Extremadura (por cierto, dos comunidades autónomas tradicionalmente críticas con la política de Pedro Sánchez) y retuvo por la mínima la ciudad de Valencia. Pero perdió Aragón (si medimos el resultado por el tamaño de los bloques) y las alcaldías de Madrid y Zaragoza. La mitad de sus objetivos se fueron al traste. Y, por supuesto, la ensoñación tezanista —¡menuda mierda la encuesta del CIS!— del triunfo del PSOE en Castilla-León y Murcia se rompió como un cántaro de leche. Los datos son tozudos: los socialistas gobernaban en cinco de las comunidades autónomas donde ayer se celebraban elecciones y seguirá gobernando en cinco (permutan Rioja por Aragón). ¿Dónde está ese avance en el poder territorial socialista del que hablan algunos?

Si Sánchez quería —y desde luego, quería— aplastar a la derecha, ha fracasado. La derecha defendía otras cinco Comunidades Autónomas y ha salido de las urnas con resultados favorables en cinco (permutan Aragón por Rioja). Está por ver qué pasa en Navarra y Canarias. ¿Dónde está el retroceso en el poder territorial del PP que festejan los volatineros mediáticos de la izquierda? En cuanto a las alcaldías de las capitales de provincia, los resultados hablan por sí mismos: la derecha gobernará en seis de las nueve de Castilla y León, cinco de las ocho de Andalucía, tres de las cinco de Castilla-La Mancha, tres de las tres de Aragón, una de las tres de Valencia, dos de las dos de Extremadura, una de las dos de Canarias, y una de una en Madrid, Cantabria, Murcia, Rioja, Navarra, Ceuta y Melilla.

Teniendo en cuenta que el en País Vasco y Cataluña ni estaba ni se le esperaba, el único varapalo notable de la derecha se ha producido en Galicia. La izquierda gobernará en las cuatro capitales de provincia, además de Santiago y Vigo. Si alguien del PP salió de la contienda de ayer gravemente chamuscado, ése fue Núñez Feijóo. En el caso de que tuviera la guadaña afilada para segar el cuello de Pablo Casado hará bien en devolverla al aparador. El líder del PP sale fortalecido. Mejora los resultados de hace veintiocho días (en número de votos y en porcentaje) a pesar de que hubo cuatro millones de votantes menos, retiene la Comunidad de Madrid, gana la capital de España, aleja a Ciudadanos de su rueda y conserva, grosso modo, el poder territorial que tenía.

No se puede decir lo mismo de Rivera y Abascal. Ciudadanos no tiene opción de gobernar en ninguna Comunidad Autónoma y en ninguna capital (salvo que permute con Lambán la alcaldía de Zaragoza por el gobierno regional), y ha perdido un millón cuatrocientos mil votos en veintiocho días. A Abascal aún le ha ido peor: ha perdido la mitad de su electorado. Es verdad que ambas formaciones son sumandos imprescindibles para desplazar a la izquierda de muchos gobiernos —municipales y autonómicos—, pero eso no debe disfrazar su tremendo fracaso. El de los dos. Las dos pinzas de la tenaza que amenazaba con cascar al PP para heredar su caudal político, una por su izquierda y otra por su derecha, han pinchado en hueso. El riesgo del sorpasso se diluye y el crecimiento de Vox invierte vertiginosamente su trayectoria.

De todas formas, el gran perdedor de la noche fue, sin duda, Pablo Iglesias. Ha perdido un millón y medio de votos, ha sido desalojado de todas las alcaldías del cambio (salvo Cádiz), ha desaparecido de Castilla-La Mancha, ha sido vapuleado por sus dos grandes antagonistas —Iñigo Errejón en Madrid y "El Kichi" en Cádiz— y su cosecha de escaños solo le es útil al PSOE en Asturias y Rioja. Con esa magra dote tendrá que convencer a Sánchez de que le deje entrar en el Gobierno, suponiendo que antes no tenga el gesto de dignidad de dimitir de la presidencia de su partido, que es lo que exige el decoro democrático tras un fracaso de esa envergadura. Al PSOE se le ha hundido su socio preferente. ERC y PNV, en cambio, se han hecho más fuertes. ¿Alguien me puede explicar de qué se reía la izquierda hace veintiocho días?

Vox sigue demostrando que es la solución
Nota del Editor 27 Mayo 2019

Eso de comparar churras y merinas debe estar bien para los pastores, pero comparar Vox con los grupos que manejan la pasta y los medios, es insultante. No se puede exigir resultados cuando se le escatiman los medios y se le ponen todo tipo de zancadillas y trabas. Vox ha conseguido demostrar que a pesar de todas las carencias materiales sigue adelante, sus principios son válidos, compartidos, razonables y está decidido a que España mejore.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Madrid, primera atalaya de la libertad
Cristina Seguí okdiario  27 Mayo 2019

No sería justo comenzar un análisis sobre los resultados municipales del 26M sin dar antes mi más sincera a Carlos Sánchez Mato porque, por primera vez desde que salió del arco pelviano de su madre, sus números desfalcados han servido para algo: El ex concejal de Hacienda de Manuela Carmena, imputado por malversación y prevaricación durante su gestión municipal, y ex director de un holding moroso que debe al Fisco 4,7 millones de euros, ha entregado la alcaldía de Madrid a José Luis Martínez Almeida al restarle con Madrid en Pie 40.000 votos a la formación leninista de Carmena, la alcaldesa que erigió una placa contra “El Estado Español por su racismo institucional"; en la capital de España y que, hace dos años, puso el Palacio de Cibeles al servicio de los golpistas Raül Romeva y Oriol Junqueras en el Madrid de los Austrias. Madrid se acaba de ahorrar a la oligarquía marxista española cediendo el Santiago Bernabéu para el acto de oferta del referéndum pactado con Iceta de cheer leader, y Aznar, Felipe VI, Rajoy y Florentino en el palco.

Además de para Martínez Almeida, la formula andaluza PP, VOX, C´S, se reeditará para conceder la Comunidad de Madrid a la menuda, enérgica y valiente Díaz Ayuso, que durante toda esta campaña, fue la muñeca de vudú de la izquierda maltratadora pero tan exquisitamente feminista cuando la hermana es secuestradora de críos, asesina de hombres, o forma parte de una marea morada y piquetera que acosa a las capitalistas cajeras de Mercadona.

Madrid y la Comunidad de Madrid se ha salvado del rodillo expropiador de Gabilondo, PSOE, para seguir siendo las principales locomotoras de la baja fiscalidad y la libertad educativa y sanitaria.
Principal remanso territorial de los españoles que huyen de las regiones donde los hijos pagan decenas de miles de euros para heredar, los médicos que operan a corazón abierto en la Sanidad pública son expulsados por no hablar catalán, y donde los tribunales de justicia paralizan in extremis los decretazos lingüísticos nacional-socialistas por discriminar a los castellano hablantes.

Junto a Baleares, una de esas regiones es el antiguo Reino Valencia y su ciudad, que, durante cuatro años más y por un solo escaño, volverá a ser deglutida por la mandíbula nacionalista catalana y comunista de Compromís debido a la pírrica entrada de VOX con tan sólo dos concejales. Valencia ha sido entregada al neocomunismo y a los anhelos anexionistas catalanes por los de Abascal. Por culpa de la renuncia de Abascal a la elección de un líder sólido -el actual es un chalado con una causa penal abierta en los juzgados de la ciudad-, la dilapidación de extrañísima manera de la caja de sus donaciones que debía haber sido invertida en hacer campaña, una terrible escisión interna, provincial y local, que llevará al partido al nombramiento de una gestora.

Podemos se ha convertido en Quebremos, e Iglesias, ante el panorama de una perdida insólita de representación territorial que le lleva a contar con un pañal cagado como única garantía de sus anhelos ministeriales ante Sánchez, ha sido volatilizado de los ayuntamientos más importantes. De 3 a 0 en Castilla La Mancha, de 10 a 1 en Castilla y León, de 6 a 4 en Extremadura, de 6 a 2 en Murcia, de 10 a 6 en Baleares, y de 3 a 0 en Valencia. Ni siquiera su pulsión proetarra le sostiene en la Comunidad Foral de Navarra, donde el de Galapagar se ha despeñado hasta los 2 escaños. La Navarra de Alsasua en la que los padres de una de las mujeres apaleadas por los proetarras, que gobernarán con estos resultados, tendrán que seguir bajando la persiana.

Presente y pasado con la misma anomalía
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com  27 Mayo 2019

Relacionado con la naturaleza de España y su intrínseca esencia nacional, indivisible, nadie ha definido de forma más certera y científica como el filósofo Gustavo Bueno lo que es y lo que no ha de dejar de ser España.

Para empezar, no tiene sentido que hable nadie, y menos los nacionalistas de ancestrales orígenes, de sus pretendidas naciones inventadas. El término nación en el sentido moderno nace de la Ilustración francesa, superando unas monarquías absolutas del Antiguo Régimen que detentaban la soberanía del reino, siendo los habitantes de esos reinos súbditos y no ciudadanos.

En España, el concepto de nación en el sentido que actualmente deposita, nace —valga la redundancia— de la declaración de igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. No tiene sentido que nos remontemos a los viejos reinos peninsulares, a los visigodos o a la etapa feudal. No son tiempos homologables ni tienen carácter originario en ese contexto histórico. En consecuencia, esa visión de las fuentes que justifiquen su concepción nacionalista es acientífica, mitológica e interesadamente falsa.

Ni los vascones en la época romana se situaban en las actuales provincias vascongadas (vasconizadas) ni el Reino de Navarra vigente hasta 1839 era la Vasconia original. Es decir, es absurda cualquier pretensión de remontarse a los romanos para justificar 'Euskal Herria', entre otras cosas porque ni existía, ni el ámbito de pertenencia de aquella Vasconia coincidía con el actual País Vasco, ni la situación histórico-política se correspondía. Lo mismo podríamos decir de la marca Hispánica, actual Cataluña, que era un condado dependiente del reino carolingio y después parte del reino de Aragón. Por tanto, deberíamos desvelar la falacia creada por los nacionalistas para justificar su pretensión, así como el intento de homologar los antiguos reinos de Aragón y de Valencia a unos supuestos países catalanes. Es totalmente ahistórico y falsificado todo lo que concierne a esta visión antropocéntrica farsante. Y se está adoctrinando a los niños con mentiras.

Contra las arremetidas nacionalistas y de una izquierda huérfana de principios y de moralidad, voraz en su ambición de poder y de control social, sin otro objetivo que no sea el de convertir el territorio en feudo, nada se ha hecho en el ámbito de la definición doctrinal ni en el del enfoque que debería ser consustancial a los principios y las ideas de lo que es España. Ni tampoco de lo que ha de ser en el futuro sin abandonar la senda del legado de nuestros mayores. La derecha ni ha estado ni se le espera en el combate ideológico y doctrinal —salvo, ahora, con limitaciones, VOX—. Alguien, además de los pocos intelectuales que actúan en este aspecto más académico que doctrinal, debería intervenir para la creación de una pedagogía social y una alternativa al caos presente en el que está sumida la nación en todos los órdenes; pero, lo que es más importante, para la formación de las nuevas generaciones en el sentido de pertenencia antropológica y cultural a su marco de referencia; a la historia común que nos debería unir a todos los españoles si actuáramos con normalidad y la Constitución se cumpliera en su espíritu.

Gustavo Bueno, que desafortunadamente falleció recientemente—precisamente cuando más le necesitábamos— definió claramente la necesidad de recuperar la idea de unidad de la nación española y su pertenencia a la civilización producida por el Imperio creador del mundo Iberoamericano. A éste, decía, es al que debemos estar ligados por interés cultural, antropológico y económico mientras que, absurdamente, nos sometemos a la hegemonía del mundo anglosajón de una parte, y al del centro de Europa por otro, que solamente nos crea inseguridad jurídica, inestabilidad y sumisión.

Alemania es el rector principal de los intereses europeos, pocas veces coincidentes con nuestras propias necesidades. El profesor Bueno nos recordaba que España es Europa, configuró Europa. Es Europa pues, quien nos debe su civilización, que forma parte de la nuestra. El Imperio fue el germen de lo que hoy es Europa. Y debemos estar orgullosos de la herencia de los Reyes Católicos que unificaron los reinos hispanos y nos trajeron un nuevo mundo ajeno a la visión islámica que se contraponía a la herencia romana y visigoda. Sánchez Albornoz coincide con este enfoque.

En su libro “España frente a Europa” el profesor Bueno fija claramente los elementos claves para subrayar la identidad española, y, por tanto, el orgullo de pertenencia a una nación de raíces históricas, entroncada intensamente con el concepto de Europa y su origen antropológico grecolatino y judeocristiano.

Mantenía una posición crítica respeto a los bloques de poder creados tras la Segunda Guerra Mundial, que trataban de mutilar de forma consustancial el ser y vivir característicos de lo hispano en su relación con la lengua y cultura transatlántica que forma una naturaleza específica de ser y de sentir.

La equidistancia de nuevo cuño respeto al Islam y el protestantismo identifica la esencia del ser hispánico frente a las relativizaciones que tratan de diluirla en una estrategia nada ingenua ni benefactora.

El principio de disolución que supuso la España autonómica bajo el manto y mantra del llamado Estado de Derecho, justificador del cualquier borrón y cuenta nueva, fue la ruina política y espiritual. España es un oximorón en sí misma, si la calificamos como nación de naciones, pues en su definición radica la contradicción. España es una nación unitaria de la misma manera que un burro no puede ser un pollo.

La Constitución española tiene graves contradicciones en su articulado que ha permitido el momento presente de desconcierto e indecisión, por no decir indeterminación. El artículo 14 es radicalmente contradictorio con el Título VIII que ha dado paso a la actual disgregación jurídica e institucional. Y la indefinición autonómica nos lleva por caminos de ruptura, no de cohesión.

En 1874, Macías Picavea definía su regeneracionismo de forma muy crítica con la Restauración, que como se sabe generó un sistema de turnismo político que se basaba en un caciquismo vinculado con unas oligarquías de poder. Se refería con estos términos a la situación: “Los partidos políticos al uso son tan antinacionales como la monarquía. Todos ellos son una entelequia, una formalidad sin enraizar en la nación, o un organismo que sólo quiere y consigue extender sus tentáculos en la administración… La Constitución vigente es una mera ficción… Las cortes son otro embuste…” Como se puede comprobar, poco ha cambiado la situación presente respecto a aquel tiempo, hace siglo y medio.

Gumersindo Azcárate, en su libro “El régimen parlamentario en la práctica” (1885) calificaba al caciquismo como “feudalismo de nuevo género, cien veces más repugnante que el feudalismo de la Edad Media, y por virtud del cual se esconde bajo el ropaje del Gobierno representativo una oligarquía mezquina, hipócrita y bastarda”. De la misma manera que Costa, que ligaba el concepto oligarquía con el de caciquismo. Aspectos perfectamente aplicables al momento presente. La herencia del siglo XIX pesa aún demasiado.

Pasó lo que pasó
Curioso como se borran de la memoria algunos hechos
Luis Ventoso ABC 25

La «política del ibuprofeno», como llama Borrell al intento sanchecista de rebajar «la inflamación catalana», no es nueva. En 1933, el presidente Azaña hizo ministro de la Marina al dirigente nacionalista Lluís Companys, de ERC, que ejerció el cargo «con desgana y sin interés», según confesó. Fue nombrado en junio y lo dejó en septiembre para volver con éxito a la política catalana. En diciembre ya presidía la Generalitat. Al año siguiente, el 6 de octubre de 1934, el exministro de la Marina proclamaba desde un balcón de Barcelona «el Estado catalán dentro de la República Federal española» (adelantándose 84 años a la «nación de naciones» del gran Sánchez). El pretexto de Companys fue que nada se podía hacer con un Gobierno español «monarquizante y fascista». Por fortuna el general Batet estuvo en su sitio y en solo diez horas abortó el golpe. Los insurrectos contaron con el apoyo de los mossos d’esquadra y enfrente tuvieron a la guardia civil y a la policía (¿les suena?). Por su parte el PSOE colaboró con los golpistas a través de Alianza Obrera, incluso con movilización de efectivos armados. Lo explica perfectamente el formidable historiador Alejandro Nieto en su obra «La rebelión militar de la Generalitat contra la República», donde llega a recoger que hubo incluso «una oferta de armas de Prieto» al Gobierno catalán. Companys, el líder de ERC, fue juzgado por «rebelión» en Madrid por el Tribunal Supremo (¿les suena de algo?), que lo condenó a 30 años. Solo cumplió 16 meses. Tras el triunfo del Frente Popular se acordó indultarlo. Azaña firmó y fue restituido en su cargo (esto todavía no les suena, pero en unos meses puede que sí).

Una sobada y certera cita de Marx recuerda que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. El líder del PSC, Iceta, comentó el mes pasado que en cuanto haya mayoría separatista habrá que ir pensando en soltar amarras. Ayer, el filósofo barcelonés Manuel Cruz, flamante presidente socialista del Senado, dejó caer que una sentencia absolutoria del Supremo serenaría mucho el panorama catalán. La delegada del Gobierno en Cataluña también ha coqueteado con el indulto y Sánchez se ha negado a descartarlo cuando le han preguntado a bocajarro en los debates.

Desde siempre, cuando toca elegir entre fuerzas pro españolas o formaciones proseparatistas, el PSOE opta por aliarse con los enemigos de España (repásense sus alianzas en Cataluña, País Vasco y Galicia). Ahora, una vez más, se disponen a vender al país. Y sin embargo, hoy volverán a ganar los comicios. ¿Por qué? Pues porque la derecha ha decidido inmolarse compitiendo partida en tres y porque los socialistas gozan de la prima de las televisiones, principal instrumento de decantación del voto. Ayer lo publicó este periódico: un análisis realizado este mes de 2.902 minutos de informativos de La 1, Telecinco, Antena 3 y La Sexta arroja que hubo 197 noticias para Sánchez, 97 para Casado, 89 para Rivera y 9 para Abascal. Con la máquina electoral viento en popa y tus adversarios peleados entre ellos, las felonías no pasan factura en un país pendiente... de Pantoja y Jorge Javier.

La ola líquida
Ignacio Camacho ABC  27 Mayo 2019

La política es, también para los electores, un estado de ánimo que se mueve por ciclos. Empujada por esa dinámica, la larga campaña electoral de doce meses -que en realidad arrancó con la moción de censura aunque oficialmente lo hiciese en noviembre en Andalucía- ha concluido con muchas piezas principales de la partida cambiadas de sitio. Un año después de la espantá de Rajoy, con aquel bolso de su vicepresidenta plantado sobre su escaño vacío, y de la llegada del Gobierno socialista interino, no queda rastro del marianismo y el PP ha recibido un segundo revés consecutivo, aunque la recuperación de Alcaldías como Zaragoza o Córdoba y, sobre todo, el doble triunfo compartido en Madrid y el estancamiento relativo de Ciudadanos endulzan su sinsabor y lo salvan del abismo. La ambiciosa apuesta de Pedro Sánchez por sí mismo ha resultado en términos generales ganadora: el PSOE, o lo que sea aquello en que su líder lo ha convertido, es el partido que lidera de nuevo la sociedad española. Los comicios de ayer dejan el mapa de poder territorial teñido de pintura roja; el separatismo mantiene su fuerza desestabilizadora, Podemos se desploma y la derecha, autolesionada con su fragmentación, ha saldado el partido de vuelta de las generales con otra derrota que, aun mitigada con aceptables resultados parciales, le vaticina una legislatura más bien penosa.

Desde que Sánchez se aupase a la Presidencia apoyado por todas las fuerzas anticonstitucionalistas del Parlamento, los sectores liberales y conservadores lo han minusvalorado tanto como han sobrestimado sus propias fuerzas. Las elecciones andaluzas constituyeron un espejismo: dieron la impresión de que la jugada del presidente iba a recibir un contundente castigo, cuando en realidad se trataba casi de una carambola del destino. Simplemente, la izquierda se había dormido confiada en la inercia histórica dominante en el tradicional feudo del socialismo. Moncloa, cuya estrategia traza un gurú especializado en la comunicación de impacto publicitario, supo interpretar mejor los resultados y se aplicó a construir un discurso capaz de movilizar a sus electores desmotivados. Su hegemonía mediática le permitió utilizar la irrupción de Vox como un espantajo al tiempo que tomaba la decisión clave: invertir el calendario para aprovechar la confrontación interna de un rival fracturado.

Las elecciones de ayer suponen la confirmación de ese acierto. De haberse celebrado, como estaba previsto, antes de las generales, el PSOE hubiese sufrido tal vez la sensación de hallarse sometido a un progresivo cerco. Pero una vez que el asunto principal, el del Gobierno de la nación, quedó más o menos resuelto, Sánchez sólo tenía que dejarse resbalar por la rampa del éxito. Así, aunque su envite personal en Madrid se ha saldado con un severo tropiezo, no solo ha logrado afianzarse en el primer puesto sino que ha reducido a una palmaria posición subalterna a Podemos, al que podrá arrebatar alcaldías significativas y usar como costalero institucional a cambio de algunas consejerías y tal vez ministerios. Iglesias ha tenido su peor noche, un batacazo sin paliativos, y sólo la entrada en el Gabinete le puede librar del clamor creciente por su relevo.

Además, el presidente ha destruido en este año la cohesión de una oposición que quedó grogui en abril y apenas ha podido remontar su desencanto. Muchos votantes de Vox han desahogado en la abstención su decepción por las expectativas desinfladas, Ciudadanos crece por debajo de sus ilusiones y el PP parece conformarse con mantenerle la distancia. Pablo Casado no ha dispuesto de tiempo para consolidarse y además ha cometido errores claros de planteamiento, de proyecto y de elección de candidatos. El respiro de Madrid le proporcionará cierto oxígeno, tiempo para afianzarse como jefe de la oposición y recomponerse frente a las tentativas de desestabilizar su liderazgo, y sin duda maquilla, por su acusado carácter simbólico, un balance general de tono amargo.

Pero el ciclo actual corre a favor de los intereses del sanchismo. Como Zapatero, el presidente ha conectado con una corriente sociológica de pensamiento líquido, blando, alérgico al conflicto y a los conceptos de esfuerzo o de sacrificio. La cuestión separatista, el primordial problema de convivencia nacional, ha dejado de ser vista como una inmediata amenaza de peligro y en esa deflación la derecha ha extraviado la potencia de su argumento decisivo. Subido en esa ola propicia, decorada con toques populistas inequívocos, Sánchez se ha convertido además, junto al portugués Costas, en el referente europeo de un socialismo que en relevantes países como Francia o Alemania se ha descalabrado hasta registros mínimos.

El resultado español de las elecciones a la Eurocámara anuncia un problema: la elección como parlamentarios de Puigdemont y Junqueras promete un debate sobre su inmunidad jurisdiccional que impactará de lleno sobre el juicio del procès y su sentencia. El independentismo catalán sigue movilizado de forma intensa, y el experimento constitucionalista de Manuel Valls en Barcelona ha obtenido una lastimosa cosecha. El retroceso de Cs en Cataluña desde diciembre de 2017 no cesa; una gran parte de sus votos ha regresado al PSC en apoyo de la estrategia de distensión preconizada por Miquel Iceta.

Se abre, pues, en conjunto, un período de hegemonía institucional de izquierda, cuya vocación de ingeniería social augura transformaciones legislativas profundas e intensas, así como una política de fuerte presión fiscal y gasto público que puede comprometer, en momentos de previsiones muy delicadas, la estabilidad económica y financiera. Al liberalismo le esperan años duros si no reagrupa sus fuerzas y si pasa la legislatura enfrascado en su estéril disputa interna. El Partido Popular necesita un profundo replanteamiento autocrítico, y lo tendrá más o menos a la fuerza, pero Vox tiene pendiente una reflexión sobre la necesidad misma de su presencia y C`s, que guarda las llaves de muchos gobiernos pero ha fracasado en un nuevo intento de superar al PP en su peor momento, no puede seguir vendiendo un sorpasso que no llega. El balance de esa triple división es catastrófico y barrunta una travesía larga, áspera e incierta.

La reconquista empieza por Madrid
 larazon  27 Mayo 2019

El objetivo que se marcó Pedro Sánchez cuando ganó la moción de censura se ha cumplido. Pero sólo en parte. Primero llegar como fuese al Gobierno construyendo una alianza más allá de lo constitucionalmente aceptable; segundo, ganar las elecciones generales del pasado 28 de abril y, un mes después, consolidar su poder territorial cobrándose la plaza de Madrid. Pero no ha sido posible. Ha utilizado la palanca que le dio el atril de La Moncloa, lo ha hecho sin contemplaciones y con el uso indiscriminado del decreto ley, tal y como estaba previsto, y le hubiera bastado con la crisis en la que ha entrado el Partido Popular tras la etapa de Mariano Rajoy, para conseguir el poder que, durante décadas, habían conservado los populares. Pero no ha sido posible. El PSOE sabe que hay un ciclo de izquierdas a su favor, pero los resultados de ayer arrojan algunas lecciones que no se pueden olvidar, sobre todo, en lo que tiene que ver con sus alianzas con el populista Pablo Iglesias, que ha resultado ser un mal negocio. El objetivo que se marcó Sánchez de conseguir la ciudad de Madrid no ha cuajado, por dos razones: él y su candidato no han sumado los votos necesarios, incluso ha bajado los resultados de su antecesor –que ya es decir–, y la alcaldesa tampoco ha rentabilizado cuatro años de gestión y su coalición oportunista con Íñigo Errejón. Pero esa es otra guerra que resolverán a su manera en la intimidad de Podemos.

La primera responsabilidad ha sido de Sánchez, por no apostar por un candidato de peso político y fiarlo todo a Carmena. Demasiada confianza, demasiadas consignas fáciles, demasiado estigmatizar al centroderecha como fuerzas antidemocráticas y, en definitiva, desarrollar una política que no ha calado en el conjunto de la ciudadanía: Madrid Central se ha aplicado con una radicalidad que no ha ido en beneficio de los madrileños que lo sufren día a día. Y hay un factor que debemos destacar: la excelente campaña realizada por José Luis Martínez-Almeida, su buen trabajo, conocimiento de los problemas de la ciudad y humildad política. De la misma manera, los socialistas no han sabido sumar para hacerse con la Comunidad de Madrid. Ángel Gabilondo no será el presidente y se abre un futuro incierto en una formación que no ha sabido capitalizar el éxito de Sánchez. Las dos comunidades que han conservado, Castilla-La Mancha y Extremadura, lo han hecho dirigentes que no son precisamente afines al líder socialista.

Baño de humildad para Sánchez, sobre todo con vistas a la formación del Gobierno. Es posible que Iglesias no sea ministro. Precisamente, ha sido Unidas Podemos la formación que más severamente ha sido castigada, en la pérdida de alcaldías de las llamadas del «cambio» y que él vendía como propias –Madrid, Barcelona o Zaragoza– y su estrategia radical y arcaica que ha acabado con una organización dividida. Pablo Casado apostó por Martínez-Almeida para el Ayuntamiento de Madrid e Isabel Díaz Ayuso para la Comunidad y ha salido bien, lo que le da margen para emprender su reforma en el PP y reconducir una estrategia ganadora y centrada para los populares. Ahora se abre un largo proceso de negociación en el que queda la incógnita del papel que debe jugar Albert Rivera, que sigue sin cumplir su objetivo de superar al PP, cuando ha llegado el momento de que Sánchez le pida su apoyo para conservar algunas plazas. Por último, hay un resultado especialmente significativo: la suma de UPN, PP y Cs ha conseguido Navarra, hasta ahora en manos de los euskaldunes de Geroa Bai. Los resultados de ayer deben llevar a Sánchez a meditar su política de alianzas.

La amarga victoria de Sánchez y la dulce derrota de Casado
Ignacio Varela elconfidencial  27 Mayo 2019

Objetivamente, el PSOE arrasó en las elecciones de ayer. En las autonómicas, quedó primero en 10 de las 12 comunidades autónomas que votaron. En las municipales, por primera vez en mucho tiempo superó al PP en votos y en número de concejales electos; en las europeas obtuvo una victoria incontestable, con 4 puntos más que en las generales, aventajando al PP en 13 puntos y convirtiéndose en el primer partido socialdemócrata de Europa.

Sin embargo, en la comparecencia de Pedro Sánchez y su corte había un inconfundible rictus de decepción. Esta vez no se vieron multitudes en la calle, ni banderas rojas ondeando al viento, ni discurso entusiasta desde el balcón de Ferraz. Una sobria declaración para constatar el buen resultado, rostros más bien serios y un preocupado requerimiento a Ciudadanos para que no repita en toda España la jugada andaluza. Cuando el PSOE habla de “las tres derechas” antes de votar, es para meter miedo. Cuando lo hace después, es porque tiene miedo. El discurso de Sánchez no fue muy diferente, ni en tono ni en contenido, al de Susana Díaz en la noche del 2 de diciembre.

El espíritu de Borgen se ha instalado definitivamente en la política española. Aquí ganar unas elecciones ya no significa tener más votos que los demás, sino construir combinaciones que den mayorías de gobierno. Ya nadie depende solo de sí mismo. Las victorias se cuentan en gobiernos tejidos con pactos; por eso se ha convertido en costumbre ganar perdiendo y perder ganando.

En las elecciones equivalentes de 2015, el PP ganó con claridad y el PSOE obtuvo un resultado paupérrimo. Pero coincidió con el momento más apoteósico de Podemos, y el aluvión de votos morados se convirtió en un negocio espléndido para ambos. El PSOE se encontró con un puñado de gobiernos autonómicos que no esperaba y a Podemos le cayeron del cielo las alcaldías de varias de las mayores ciudades de España.

Ayer el espejo se invirtió. El resultado del PSOE fue excelente en todo el territorio. El del PP, uniformemente calamitoso. Los socialistas aprovecharon a fondo el viento de cola de las generales, y a los populares solo los salvó del siniestro total el cuantioso voto de retorno procedente de Vox. Si el partido de Abascal hubiera conservado la fuerza de hace un mes, se habría vivido la noche de los cuchillos largos en Génova, 13.

Pero el caso es que Vox se desfondó, y ello salvó al PP pese a su mediocre resultado. Y que Podemos entró en barrena, y ello ensombreció el claro triunfo socialista. A la vista de los datos, nadie creería que a las 12 de la noche los socialistas se retiraban a reflexionar, entre perplejos y taciturnos, y los del PP montaban a toda velocidad el balcón de las celebraciones. Daños colaterales con efectos centrales.

La catástrofe de Podemos (me resisto a seguir poniendo lo de “Unidos”, sea en masculino o en femenino) huele a final de trayecto, al menos en lo que se refiere a Pablo Iglesias. Fracasó en todos los planos: de su imperio municipal de 2015 solo queda Kichi en Cádiz, con el que se detesta recíprocamente. De tomar el cielo por asalto ha pasado a modesto subalterno del PSOE, mendigando un ministerio para su persona y, ahora, alguna consejería menor para los suyos en los escasos gobiernos en que tengan que contra con ellos. En la Comunidad de Madrid Errejón lo humilló en 300.000 votos, una especie de Vista Alegre III . Y en el Ayuntamiento es corresponsable de la derrota de Carmena con su vengativa petición de voto a la candidatura inviable de IU: 43.000 votos inútiles que habrían sido preciosos para salvar esa alcaldía para la izquierda.

El otro responsable de esa pérdida es Pedro Sánchez por su elección caprichosa de un candidato absurdo. En la ciudad de Madrid, el PSOE ha obtenido en la urna municipal 12 puntos menos que en la autonómica y Pepu ha logrado el difícil objetivo de empeorar el resultado de Carmona en 2015. Posiblemente, Madrid es la única capital de España en que el PSOE ha retrocedido respecto a la elección anterior. No fue una buena idea estratégica que la izquierda aceptara el reto de jugarse el resultado político de las elecciones en Madrid. Quizá deslumbrada por el resultado de las generales y por la luz de sus candidatos, creyó que podría hacerse con las dos joyas de la corona –el ayuntamiento y la Comunidad- y asestar al PP el golpe de gracia en su propia fortaleza. Finalmente, la doble derrota de Carmena y Gabilondo se ha convertido en la noticia de la jornada y en un enorme balón de oxígeno para Pablo Casado. Es lo que sucede cuando se juega imprudentemente con las expectativas.

Ciudadanos también ha quedado claramente por debajo de sus expectativas y ha retrocedido respecto a las generales. Sin embargo, su posición postelectoral es envidiable. En no menos de siete comunidades autónomas y en innumerables ciudades, sus votos serán claves para definir las mayorías de gobierno. Casado está en manos de Rivera: todos los gobiernos a los que puede aspirar dependen del apoyo de ciudadanos. Y el PSOE, muy a su pesar, también tendrá que recurrir a Cs para conservar gobiernos importantes, como el de Aragón, en los que la raquítica 'performance' de Podemos le ha privado de socios efectivos por la izquierda. Un plan inteligente de acuerdos puede proporcionar a Ciudadanos una cuota de poder territorial que, en España, imprescindible si quiere pasar de ser un partido de juguete a una organización que merezca tal nombre.

Quizá el escenario más interesante sea el que se abre en Navarra. El PSOE será allí el árbitro que decida quién gobierna allí: una coalición de la derecha como Suma Navarra (UPN, PP y Ciudadanos), o una coalición abertzale con la presencia necesaria de Bildu. Y no puede eludir la decisión, porque ninguna de las dos suma sin contar con el apoyo socialista. No será la primera vez que la posición de los socialistas navarros sobre su gobierno se decide en la cúpula nacional del PSOE; y esta vez con una investidura presidencial en camino. Me interesa más eso que el final de 'Juego de Tronos'.

En todo caso, los parámetros principales de la política nacional ya están definidos desde el 28-A y no habrían cambiado con cualquier resultado de esta elección. Ahora se entiende mejor por qué Pedro Sánchez decidió que se jugara antes la final que la semifinal.

John Elliott y otros académicos denuncian la vulneración de derechos civiles del independentismo
150 profesores universitarios recuerdan que la UAB fue condenada por no respetar los derechos de sus estudiantes no nacionalistas y aseguran que profesores afines al separatismo cobraron del Govern
Laura Fàbregas cronicaglobal  27 Mayo 2019

La victoria de Carles Puigdemont en las elecciones europeas en Cataluña servirá a los intereses del nacionalismo para seguir internacionalizando su causa. Sin embargo, también otros colectivos de cariz constitucionalista han reaccionado para dar la batalla internacional al Govern.

En esta pugna para convencer a la opinión pública internacional, un grupo de académicos ha firmando un manifiesto en el que denuncian la vulneración de derechos civiles perpretrada por el separatismo catalán. Entre los firmantes más reconocidos se encuentran el historiador John Elliott, el politólogo y profesor en la Universida de Oxford, Michael Freeden, el historiador y politólogo en la Universidad de Los Ángeles, Anthony Padgen o el académico y escritor Jonathan Israel.

Condena a la UAB
Un total de 150 académicos han decidido dar una respuesta conjunta, publicada en The National, al manifiesto previo de otros compañeros suyos que compraban la retórica nacionalista y se atrevían a hablar de "una violación constante de los derechos civiles en Cataluña". Estos profesores universitarios recuerdan que la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) vulneró los derechos funamentales de "sus estudiantes no nacionalistas".

Otros de los quebrantamientos a los derechos que subrayan es las "multas punitivas" que aplica el Govern contra aquellos "negocios pequeños" en Cataluña por usar el idioma castellano en sus comercios. Asimismo, explican que en los plenos del 6 y 7 de septiembte se quisó derogar de facto el ordenamiento jurídico español y lamentan que estos académicos afines al movimiento secesionista no mostraran su condena por los "reiterados comentarios xenófobos y racistas" del presidente de la Generalitat, Quim Torra.

Académicos afines al 'procés' cobraron del Govern
Pero, lejos de quedarse allí, arremeten también directamente contra los académicos que se han mostrado partidarios del procés o que han optado por silenciar los atropellos del nacionalismo catalán. Explican que el Tribunal de Cuentas demostró que el Departamento de Exteriores del Govern se gastó entre 2015 y 2017 más de 400 millones de euros en sus actividades para promover la secesión, y esgrimen que "una parte de este dinero se fueron hacia profesores extranjeros que expresaron su apoyo hacia el movimiento secesionista".

Con este alegato público, esperan poder "concienciar" sobre los "muchos ataques a la libertad individual perpretrados por grupos nacionalistas catalanes".

 


Recortes de Prensa   Página Inicial