AGLI Recortes de Prensa   Martes 28  Mayo 2019

El peligro crece, pero aumenta la esperanza
Manuel F. Lorenzo (Profesor de la Universidad de Oviedo)  latribunadelpaisvasco.com  28 Mayo 2019

En la larga noche electoral se podía escuchar, en boca de algunos comentaristas televisivos del resultado de las pasadas elecciones del 26 de Mayo, la frase “sensación agridulce” con que querían expresar su estado de ánimo tras conocer los resultados electorales. Compartimos esa sensación, pero intentaremos explicarla en lo que sigue, pues, aunque el sentimiento “agridulce” es semejante, las referencias pueden ser muy distintas en cada caso pues, aun siendo las mismas, pueden captarse de forma confusa y poco precisa.

La referencia principal que tenemos muchos españoles es la del peligro de la ruptura de España como nación moderna, derivada de la brillante historia de una monarquía imperial anterior que se truncó, tras un largo periodo de unos tres siglos, con la invasión napoleónica. Pues fue en la Cortes de Cadiz cuando, secuestrado el Rey por Napoleón en Bayona, los diputados reunidos en Cadiz declararon por primera vez la transferencia de la soberanía del rey al pueblo que ellos representaban. Dicho paso era imprescindible para que España se convirtiese en un país moderno desde un punto de vista político, eliminando así los obstáculos para su progresiva industrialización y consecuente enriquecimiento y aumento del bienestar general de la población, como había propuesto Jovellanos.

Pero, del dicho al hecho hubo un largo trecho por medio de luchas y sangrientas guerras civiles hasta que finalmente España deja de ser, con el desarrollismo franquista, un país eminentemente agrícola y atrasado y se convierte en una de las 10 potencias más industrializadas y modernamente avanzadas del mundo. La denominada Transición a una democracia homologable con las occidentales fue entonces posible por el anterior desarrollismo económico, el denominado “milagro económico” español (equiparable entonces por su altas tasas de crecimiento con el milagro económico alemán o japones) que evitó nuevas guerras civiles y baños de sangre, pues la mayoría de los votantes apoyó la Transición desde arriba, de la Ley a la Ley como propuso Torcuato Fernández-Miranda con las sucesivas victorias electorales de Adolfo Suarez.

En las décadas posteriores, en que se estabiliza el actual régimen democrático, se cometieron, sin embargo, serios errores en el proceder político mantenido de forma continuada por las dos fuerzas políticas más importantes, PSOE y PP. Se dice que algo peor que un crimen puede ser un error. Peor que la corrupción sistémica de estos dos partidos ha sido el error de solventar sus empates electorales buscando la alianza con los nacionalismos catalán y vasco, que nunca ocultaron sus intenciones separatistas. Pero tampoco se trata ahora de buscar culpables de este error, vista la situación de ruptura de la unidad de la nación moderna española a que nos ha llevado el golpe separatista catalán. Dejemos eso para la Historia que siempre acaba poniendo a cada uno en su sitio. Tratemos de lo más urgente, que es evitar esa ruptura, que sería mala para todos, analizando lo más fríamente posible cómo cambiar de política a seguir a medio y largo plazo. Lo principal sería crear un bloque político nuevo, una vez roto el bipartidismo causante del trágico error y diseñar una nueva política que debe comenzar por retirar la alianza de las últimas décadas con los partidos separatistas, aislándolos políticamente e incluso prohibiéndolos si fuera preciso por anticonstitucionales.

No se ha seguido el consejo de Ortega de aislar al separatismo, cediendo a Cataluña, o a otras regiones levantiscas, solo aquellas competencias que no afectasen a poderes necesariamente de exclusividad central, como la Educación, la Justicia, etc. Se han pasado ampliamente tales líneas rojas confiando interesadamente en personajes como Jordi Pujol, creyendo que no iba a pasar nada. Pero ha empezado a pasar lo peor: la posible secesión en cadena de amplias regiones de España. Y lo peor de lo peor, un Partido Socialista de Pedro Sanchez dispuesto a mantener dichas alianzas con el separatismo cuando éste se ha quitado la careta y no oculta ya su política anti-constitucional y anti-española. Así como se transfirieron imprudentemente poderes educacionales a los separatistas, el PP ha permitido además que la hegemonía de los medios de comunicación, tan importantes en la creación de una opinión publicada que influye poderosamente en el voto, quedase en manos de una cultura de la izquierda que hoy llamaríamos, parodiando a Machado, propia de una España de “pandereta rock” y mentira histórica.

Pero la repetición a mayor escala de la derrota de la alianza del PSOE con el populismo separatista en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y de otras Autonomías y Ayuntamientos aumenta la esperanza frente al peligro sedicioso y demagógico. Vox, aunque todavía minúsculo en Ayuntamientos y Comunidades, parece el más consciente de la importancia de la lucha ideológica en aspectos clave para desmontar la demagogia en que hoy a caído la izquierda con respecto a temas como la españolidad, la memoria histórica, las leyes y costumbres domesticas y que partidos como el PP, y en parte Ciudadanos, se han tragado casi sin rechistar. Nuestra esperanza no es ciega. No se trata de creer que no hay intereses que también separan a estos tres partidos, pues basta ver cómo se ven obligados a atacarse en periodo electoral, sino de buscar al menos una firme alianza frente a terceros, frente al nuevo Frente Popular de Pedro Sanchez, que intenta desesperadamente separar con un cinturón sanitario a Vox del resto, satanizándolo como ultraderecha. Esta será seguramente la lucha más inmediatamente próxima.

Tareas para un nuevo Gobierno
Primo González republica  28 Mayo 2019

El resultado de las elecciones desarrolladas en España este fin de semana ha dejado buen sabor de boca en los mercados. Es lo que cabe deducir de las cotizaciones, desde la Bolsa hasta la cotización de los bonos a largo plazo, que se han vuelto a situar en mínimos históricos en esta sesión del lunes, la primera después de un primer análisis de los resultados del domingo y tras observar los primeros movimientos en materia de alianzas.

Está claro que la letra pequeña de las recientes elecciones está aún por desarrollar, que en algunos puntos neurálgicos de la vida política (Cataluña, por ejemplo, Madrid autonomía e incluso Ayuntamiento, Navarra, algunas grandes ciudades, encaje de Vox,…) queda mucho terreno por avanzar hacia una cierta estabilidad con garantías de durabilidad, pero no resulta imaginable a estas alturas un país ingobernable. Los socialistas tienen en sus manos suficientes bazas como para gestionar una buena etapa de Gobierno, en la que la economía juegue un papel destacado y una fase de sostenido crecimiento, avalada por la inercia de estos últimos años en los que se han hecho bastantes cosas bien.

Los nuevos gobernantes no están en principio sometidos a tutelas insoportables que puedan condicionar sus decisiones. El peso de sus potenciales aliados radicales (Podemos) se ha quedado muy por debajo de las expectativas, por lo que el PSOE tiene bastante libres las manos para desarrollar una estrategia económica ortodoxa, muy pegada a las grandes orientaciones que lleguen de Bruselas, sobre todo si la titularidad del ministerio de Economía sigue en manos de Nadia Calviño, una persona que cuenta con un amplio margen de confianza en instancias europeas.

Es de suponer que la lucha contra el déficit público siga orientando buena parte de los esfuerzos de la política económica del nuevo Gobierno sin que ello ponga freno a algunos programas sociales que contarán con recursos crecientes gracias a la favorable evolución de la actividad económica. España necesita afrontar en todo caso una tarea más ambiciosa de reducción de la deuda ya que el actual nivel de endeudamiento público constituye una seria hipoteca para el momento en el que el ciclo económico devuelva los tipos de interés a sus niveles más normales.

Entre los grandes desafíos que tiene por delante el Gobierno socialista en esta nueva etapa es necesario mencionar, además de la reducción del endeudamiento público, la búsqueda de una solución sensata y técnicamente avalada del problema de la Seguridad Social, en donde el déficit sigue aumentando de forma continuada a pesar del elevado ritmo de creación de empleo que estamos atravesando por cuarto año consecutivo. El sistema tiene unos males ocultos y estructurales (ausencia de mecanismos para afrontar el rápido envejecimiento de la población y el alargamiento de la vida de los pensionistas, con sus implicaciones financieras altamente costosas), que demandan una solución sensata y sobre todo urgente. Es este posiblemente el mayor desafío al que deberá hacer frente el país en los próximos cuatro años, un periodo durante el cual aparecerá con casi absoluta seguridad un nuevo episodio de frenazo económico cíclico para el que sería insensato no tener previstas las adecuadas soluciones. No estaría completa la lista de tareas de imprescindible cumplimiento en este cuatrienio sin mencionar la reforma de la financiación autonómica con sus nuevos encajes derivados del nuevo esquema de equilibrios políticos.

Los 124.000 votos de Vox tumbaron a Carmena: PP y C’s sumaron 43.000 menos que en 2015
Agustín de Grado okdiario  28 Mayo 2019

Las candidaturas del PP y Ciudadanos al Ayuntamiento de Madrid sumaron el domingo 43.000 votos menos que hace cuatro años. Sin embargo, José Luis Martínez Almeida o Begoña Villacís tienen todo a favor para ser el próximo alcalde de la capital de España en sustitución de Manuela Carmena. ¿Cómo es posible esta paradoja? La respuesta está en el voto que movilizó Vox, que pasó de los 9.843 que obtuvo en 2015 a los más de 124.000 que logró cuatro años después.

La derecha se va a hacer con la Alcaldía de Madrid gracias a los 830.577 votos (50%) que sumaron las tres fuerzas políticas que la representaban: PP, Ciudadanos y Vox. Pero cómo se han repartido el apoyo de los madrileños revela datos de interés.

Con una participación prácticamente idéntica a la de hace cuatro años, Ciudadanos ha pasado de 186.059 sufragios en 2015 a 311.617 en 2019. Los naranjas han crecido en 125.558 papeletas. Una cifra que, pese a su relevancia, es muy inferior a los votos que el PP se ha dejado en este camino: 168.584, ya que alcanzó 563.292 con Esperanza Aguirre y ha caído hasta los 394.708 con Martínez Almeida, lo que han otorgado el peor resultado de su historia en la capital.

Los 43.000 votos que la suma del PP y Ciudadanos han perdido respecto a 2015 ha sido absorbida por Vox y la ha multiplicado hasta los 124.252. De tal forma que, se puede concluir, la lista verde ha sido decisiva para derrocar a la izquierda madrileña de las urnas.

La derrota de la izquierda no es fruto de una caída en el respaldo popular, ya que ha clavado en 2019 los resultados de 2015. Más Madrid, el PSOE y la formación del díscolo Sánchez Mato (concejal de Carmena) han sumado 768.362 votos, apenas 2.065 menos que los que alcanzaron en 2015.

Desde esta perspectiva, de nuevo los 124.252 de Vox muestran su valor pues son los que han permitido a la suma de las tres formaciones de la derecha (830.577 sufragios) superar en 62.215 a la de la izquierda (768.362).

Rivera subasta el voto de Cs
 larazon  28 Mayo 2019

La campaña electoral de Albert Rivera durante el ciclo que se inició a principios de abril y concluyó el pasado domingo puede dar algunas claves de la política errática e incongruente de Cs. La hiperactividad que desplegó, el histrionismo en el fondo y en la forma, algunos gags teatrales –exhibir infantilmente fotografías y papeles– mostraban precisamente una carencia que el partido naranja arrastra desde que desembarcó en la política nacional en las elecciones legislativas de 2015.

La inconcreción política es notoria, aunque siempre maneja sus votos con un agudo sentido de la rentabilidad para sus intereses de poder, lo que luego no es recompensado en las urnas. De querer ser un partido de centro clásico y de inspiración socialdemócrata, se declaró de la noche a la mañana liberal –sin pasar por la «tercera vía», lo que hace más difícil la acrobacia–, y de partido bisagra aspiró a superar al PP. No lo consiguió en las generales del pasado 28 de abril y, a pesar de ello, se adelantó en autoproclamarse líder de la oposición.

Sin embargo, tras las elecciones europeas, autonómicas y municipales no ha podido ratificar sus posición de segundo partido del país, sino que ha caído en votos y cargos electos –muy llamativo es el descenso en Cataluña–, lo que limita mucho esa capacidad de ser determinante que ahora vuelve a poner encima de la mesa. La creación de un llamado comité de negociación, tal y como anunció ayer, para estudiar caso a caso los gobiernos autonómicos y municipales en los que sus votos pueden hacer caer el gobierno hacia un lado u otro, demuestra que entramos en una subasta en la que se irán compensando las piezas cobradas.

Cs tiene la llave en comunidades como Madrid, Aragón, Castilla y León y Murcia y en una veintena de ayuntamientos (Zaragoza, Alicante, Málaga, Palma de Mallorca, Salamanca, Burgos...). Sin embargo, no sabemos bajo qué criterio optará por el PSOE o por el PP, aunque si puede, Cs se quedará con el cargo. Para entender esta posición hay que partir de un hecho irrefutable que ha quedado demostrado en las pasadas elecciones: Rivera no ha conseguido que su partido sea la primera fuerza en comunidades y ayuntamientos importantes, pero quiere que sus votos decidan.

Es una posición que muestra sus propias carencias como partido, porque sabe que su crecimiento es difícil, que ha llegado a un nivel en el que no podrá conseguir más votos del electorado del PP, siendo Cs, además, un partido que está situado en el centroderecha. Ese juego de ambigüedad ideológica, de ser incapaz de marcar un territorio propio, con un programa claro, es una limitación. El oportunismo estratégico que define al partido naranja es su peor enemigo.

Existe la posibilidad de que Rivera apoye a Ángel Gabilondo para la presidencia de la Comunidad de Madrid –pese a mantener políticas fiscales diametralmente opuestas–, construyendo una mayoría suficiente en segunda votación (37, PSOE; 26, Cs), pero debería explicar, insistimos, bajo qué criterio puede hacerlo, como ayer adelanto la portavoz Inés Arrimadas, al plantear que no había vetos previos a los socialistas ni a Vox. Que no haya vetos está muy bien, pero la diferencia entre las formaciones citadas son abismales. Cs huye de la fotografía de Colón, una digna imagen que la izquierda ha estigmatizado y Sánchez convirtió en un lema de campaña, pero de la que Rivera no debería rehuir. Después de todo, les guste o no, Cs gobierna en Andalucía con el PP y el apoyo de Vox.

La batalla cultural
La derecha española, como el rey don Rodrigo del romancero, está herida
Juan Manuel de Prada ABC  28 Mayo 2019

Afirmaba Chesterton que lo grave no es que vote un bajo porcentaje del electorado, sino un bajo porcentaje del votante. Pues, a su juicio, el hombre promedio vota con la mitad de la cabeza tan sólo, o incluso con una centésima parte, en lugar de hacerlo con todo su ser, con la cabeza y el corazón, con el alma y el estómago, «como hacemos cuando rezamos o nos casamos, incorporando a nuestro voto el color arrebolado de aquella hermosa puesta de sol que nos dejó arrebatados, y también la música de aquellas canciones espléndidas que nos conmovieron». Para lograr que el votante sólo vote con un «bajo porcentaje» de su ser, los ingenieros sociales lo dejaron sin bodas y sin oraciones, sin puestas de sol y sin canciones espléndidas; o sea, le impusieron las formas de vida que convenían a los ingenieros sociales. A este proceso de modelaje de las almas se le llama finamente «batalla cultural».

En una crónica de un acto electoral de Rocío Monasterio publicada en eldiario.es, Íñigo Sáenz de Ugarte señalaba que su discurso era el propio de «los derrotados en todas las grandes batallas culturales de las últimas décadas». Para el cronista del acto, la «evidente desazón» de Monasterio era un «termómetro del éxito cultural de la izquierda», que ha sabido imponer sus «valores sociales» (aunque, a renglón seguido, el cronista recordaba que «la educación en la Comunidad de Madrid ha estado controlada por la derecha desde 1995»). La izquierda, en efecto, ha ganado la batalla cultural. La empezó a ganar, en una primera etapa, con la colaboración de la una derecha del Partido Popular que, a cambio de imponer su modelo económico, aceptó vergonzantemente los «valores sociales» de la izquierda. Y la terminó de ganar con la aparición de la derecha de Ciudadanos, que para medrar no ha vacilado en hacer propios los «valores sociales» de la izquierda, a veces incluso en su versión paroxística (por ejemplo, en su defensa psicopática de los vientres de alquiler y otras vísceras). A estas dos derechas se sumó Vox, que se ha conformado con captar a los rezagados con proclamas altisonantes que caen como napalm sobre una sociedad moldeada por «valores sociales» adversos, de tal modo que por cada voto que ganan para su causa fabrican dos para la izquierda. Pero las batallas culturales no se ganan lanzando proclamas altisonantes que crispan a quienes han sido moldeados por un ambiente cultural que -como escribía Proust- «les impide darse cuenta de lo que podía tener de moral o inmoral la vida que llevaban, porque era la de su ambiente». Y para liberar a la gente de ese ambiente hay que recuperar el arrebol de las puestas de sol y la música de las canciones espléndidas. Quiero decir que hay que combatir las formas de vida que interesan a los ingenieros sociales.

Mientras la derecha no libre de forma astuta esa batalla cultural sólo podrá aspirar a (escasas) victorias pírricas y parciales, actuando como fregona de los estropicios que causan las francachelas de la izquierda. Pues, como les ocurre a los falsos devotos (que sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena), los votantes modelados en los «valores sociales» de la izquierda sólo se acuerdan de votar a la derecha allá donde ven las orejas al lobo. Y, pasado el peligro, vuelven a votar a quien encarna con mayor autenticidad los «valores sociales» vigentes.

La derecha española, como el rey don Rodrigo del romancero, está herida «por do más pecado había», que es su renuncia a librar la batalla cultural. Y mientras no cure esa herida, sus (escasas) victorias serán pírricas y parciales.

Massada
Ignacio Camacho ABC  28 Mayo 2019

Por un guiño sarcástico de la Historia -ya saben, aquello de la farsa y la tragedia-, el Madrid del «no pasarán» de la guerra, la «tumba del fascismo», la corte que la barbarie miliciana trocó en cheka, ha acabado por convertirse durante la democracia en la ciudadela sagrada y esencialista de la derecha. El liberal-conservadurismo español ha convertido la capital y su región en su Massada, en su última fortaleza. El bastión aguantó la hegemonía zapaterista como contramodelo, imprimiendo a su desarrollo económico una velocidad de crucero que adelantó a Barcelona y creó una próspera isla fiscal a base de rebajas de impuestos, aunque la experiencia ofreciese el tenebroso reverso de unas listas de candidatos que solían acabar transformadas en cuerdas de presos. Para Sánchez, en plena ofensiva de poder, la pieza tenía el valor de un símbolo estratégico, pero también se ha estrellado contra una barrera electoral resistente como un muro de acero. Y Pablo Casado, que comenzó la noche del recuento con una soga atada a su cuello, la acabó descorchando cava con el alivio de quien evita una condena por un pelo. Aguantar la Comunidad ya era un resultado que le proporcionaba un mínimo aliento, pero desalojar además a Carmena significa para el agobiado líder popular el doblete perfecto. La victoria -compartida- le regala lo que más necesitaba comprar, que es tiempo.

En realidad, las tres derechas ya habían ganado en su predio madrileño en abril, con mayor margen del que esta vez han logrado. Pero entonces el triunfo quedó oscurecido por la evidencia de una derrota nacional con caracteres de descalabro. En la proporcionalidad pura de la circunscripción única, la fragmentación pierde su impacto, lo que demuestra la importancia de conocer el funcionamiento del sistema electoral antes de emitir el sufragio. Con un voto algo mejor estudiado, la oposición tendría hoy muchos más escaños y el sanchismo no disfrutaría de una perspectiva tan despejada en su inminente mandato.

Sea como fuere, Madrid ha sido para Casado, más que un respiro, una bombona entera de oxígeno. Los damnificados por su liderazgo estaban el domingo afilando cuchillos y ya en la misma tarde, al calor de las encuestas adversas, crepitaban los teléfonos del sorayismo. Las navajas cabriteras volvieron a cerrarse cuando dio la vuelta el escrutinio porque la política sólo entiende la dialéctica cruel de vencedores y vencidos y el maltrecho PP posmarianista había ganado aun a costa de dejarse un puñado significativo de votos, diputados y concejales por el camino. De paso, Ciudadanos, cuyas cabeceras de lista tenían bastante más trapío, ha pagado una vez más -y van...- la factura de su prematuro cálculo autocontemplativo. A Sánchez nadie le toserá en su partido pero la apuesta por Pepu ha sido, como aquella famosa jugada que se inventó Pedro Ferrándiz, una canasta contra sí mismo.

Y dale con el voto útil
Nota del Editor  28 Mayo 2019

Yo tengo muy bien estudiado mi voto: primero me votaría, ya que quien mejor conoce mis deseos, recursos, posibilidades y todo eso, soy yo; Si no puedo votarme,. aplico la ley del nmínimo esfuerzo: en un lado a quienes nunca votaría (cualquier inquierdista, separatista, etc), luego a quienes no puedo votar porque han fallado o traicionado (los del "centro", o sea consomé de agua de borrajas), y finalmente a quienes al  representan la luz de la esperanza para España tienen mi confianza y voto: Vox.

NO SABEN GOBERNAR Y POR ELLO DESTRUYEN CASI TODO
Antonio García Fuentes Periodista Digital  28 Mayo 2019

No saben gobernar y nos van destruyendo

Hace ya dos milenios y medio, el sabio chino, Confucio, lo dijo y sentenció… “Quién no sepa gobernar su casa que no entre en política y menos que lo dejen gobernar a los hombres”; cito de memoria pero no necesito más.

Y “eso” es lo que ocurre en política y por ello, tantos desastres de todo tipo y “altura”. En la política al final entran a gobernar los más ambiciosos y generalmente los que no han hecho nada en su vida, salvo vivir de los demás; y es por ello por lo que al final fracasan, pero antes exterminan las economías donde caen como plaga; y muchas veces, incluso con la vida de muchos de los mal gobernados.

Por todo ello, la política tiene que cambiar muchísimo; situando en los lugares idóneos, a individuos verdaderamente capacitados, para el trabajo a desarrollar; y por descontado, vigilados y controlados por leyes donde cada cual responda como debe; puesto que ejercer en política debe ser un honor; y no lo que ha llegado a ser; y de ahí el desprestigio de la política en general y que no cambia, sino muy al contrario, empeora.

Mis reflexiones me surgen al leer lo que sigue: “Los principales despachos de abogados de España han notado inquietud entre sus clientes ante la posibilidad de que en las elecciones autonómicas de este domingo salgan electos los partidos de izquierda, que han prometido el fin de las bonificaciones en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones en comunidades como la de Madrid -en la que este tributo está bonificado al 99%-, y prevén que si esto ocurre se disparen las donaciones la próxima semana,  prevén que si esto ocurre se disparen las donaciones la próxima semana. "Sí que lo hemos notado, sobre todo en la Comunidad de Madrid, pero la semana que viene lo notaremos más. Muchos de nuestros clientes no quieren hacer movimientos basándose en las encuestas, lo harán en el periodo desde que pasen las elecciones hasta que se forme Gobierno si sale la izquierda. En función de lo que pase puede que haya un récord de donaciones la semana que viene", asegura a Vozpópuli el socio del área fiscal de un bufete de abogados español que no quiere identificarse”. https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/despachos-donaciones-gana-izquierda-elecciones-madrid_0_1248175517.html

No se trata de no pagar impuestos, sino de hacerlo, en la cuantía que sea verdaderamente ajustada a un Estado que sepa administrarse y que no dilapide y malgaste tan absurda y temerariamente como hacen estos inútiles de hoy. Con mucho menos imposición de impuestos y partiendo de una desolación como fue la guerra civil (1936-1939) España pudo recuperarse de todo y llegar a metas impensables; y cuando muere Franco, deja una España en lo económico, como ni soñar pensamos los que vivimos todo aquel período; por lo tanto que no nos vengan con cuentos; mejor que vean y analicen las cuentas públicas de aquel período y que aprendan a gobernar.

Lo que ocurre ya y estos miedos, no son otra cosa que las consecuencias de una voracidad fiscal, que ahoga a la mayoría de contribuyentes. Estos inútiles que gobiernan hace ya bastantes lustros, no saben gobernar haciendo economía verdadera y social, eliminando la infinidad de parásitos que nos hacen mantener; y no sólo han arruinado España, endeudándola de forma ya impagable, sino que han acabado con la ilusión de emprender negocios del tipo que sea; puesto que para cualquier cosa necesitas un montón de papeleo y otro mayor de impuestos; y para arruinarnos más, no paran de crear empleos públicos que nos ahogarán cada vez más. Y no, no he pertenecido jamás a ningún partido ni ahora tampoco; así es que ahórrense calificativos idiotas, que yo siempre he vivido de mi trabajo y luchando en la vida civil y pagando impuestos; que aún hoy los sigo pagando y en demasía.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

El PSOE reúne el ‘voto útil’ de la izquierda
Pedro Fernández Barbadillo Libertad Digital  28 Mayo 2019

Cuanto más clamaban Iglesias y Echenique contra “el regreso del franquismo”, a más votantes propios convencían de correr a las urnas para parar al 'trifachito'.

España sigue siendo diferente respecto a Europa. Las elecciones al Parlamento Europeo han mostrado el hundimiento de los partidos tradicionales de la posguerra y sobre todo el de los partidos socialdemócratas. El PS francés ha obtenido un 6%; el SPD alemán, menos de un 16%, y el Partido Laborista británico, un 14%. Les han superado partidos antipartido, como el FN de Le Pen, los Verdes y el Partido del Brexit. Y este fenómeno se produce porque los partidos socialistas han elaborado programas para las capas sociales con colesterol alto (calentamiento global, rentas mínimas, obesidad, género…) y se han olvidado de las clases trabajadoras y de la nación. Así, su electorado tradicional se marcha o a los partidos verdes, que ofrecen lo mismo pero de manera más ajustada a la época de Instagram, o a los partidos nacionalistas.

El batacazo afecta incluso a la extrema izquierda: Syriza, Podemos, La Francia Insumisa… En los últimos años, estos partidos han fracasado en atraer a las clases populares, ya que mantienen un discurso muy del gusto de las élites, que se puede resumir en la apertura absoluta de fronteras a los inmigrantes del Tercer Mundo y las mercancías de China. Si el populismo es, como acaba de decir el pensador francés Rémi Brague, "el calificativo que utilizan las élites para referirse a la gente que no piensa como ellos", no se puede llamar populista a Pablo Iglesias, comensal del multimillonario Jaume Roures y dueño de un descomunal chalé con piscina.

De este Waterloo de la izquierda solo queda en pie el PSOE, con un envidiable 33%, sólo superado en porcentaje por la Liga de Salvini y el Fidesz de Orban. Al partido socialista español le dábamos por muerto hace dos años, después de dos derrotas seguidas en las elecciones generales de 2015 y 2016, de la irrupción de Podemos y del espectáculo de la destitución de su secretario general; y ha doblado los votos que obtuvo en las anteriores elecciones al Parlamento Europeo. La reelección por la militancia de Pedro Sánchez la interpretaron muchos (entre ellos yo) como la última paletada de tierra en la tumba del PSOE. Los militantes, decíamos entonces, más radicalizados que la mayoría del electorado, entregaban el partido a un candidato al que le movían la soberbia y el resentimiento; una fórmula infalible para el batacazo. Pues ha sido lo contrario.

Sánchez ha arrebatado a Iglesias todas las banderas que éste ha ondeado: el diálogo con los nacionalistas catalanes, la justicia social, la reversión de los recortes, la ideología de género, el odio a la derecha… El socialista hasta practica el irritante desdoble de género al hablar: "Las españolas y los españoles". Otro factor muy importante es el fanatismo de los votantes de Podemos contra Vox, mayor que entre los votantes del PSOE de acuerdo con las encuestas. Cuanto más clamaban Iglesias y Echenique contra "el regreso del franquismo", a más votantes propios convencían de correr a las urnas para parar al trifachito. De la misma manera que el PP de Rajoy y Arriola impulsó a Podemos para beneficiarse del miedo a los rojos, el PSOE actual saca pecho como titán antifascista… con la inestimable ayuda de Iglesias y su panda.

Otro punto en común entre el PSOE de Sánchez y el PP de Rajoy es que ambos, con las listas más votadas, quedarán apartados del gobierno de muchos ayuntamientos y comunidades por alianzas de perdedores.

Los campos de la derecha y de la izquierda están en recomposición. En el Parlamento de Baleares hay nueve partidos; en el de Aragón, ocho, y en los de Canarias y Asturias, siete. Esta fragmentación, que trae inestabilidad, no puede durar mucho tiempo; sobre todo porque la economía no lo soporta. El PSOE parece estar recuperando su posición hegemónica en la izquierda, incluso en Cataluña. A su derecha, en cambio, el proceso acaba de empezar. El PP, que es el que más está perdiendo, sigue sin encontrar una nueva identidad. En estas elecciones, el discurso compresa (no se mueve, no mancha, no molesta) promovido por Borja Sémper y Núñez Feijóo, que se creía vencedor después del desastre de las elecciones generales, ha recibido un estruendoso golpe. Toca sentarse a pensar.

Frenar la campaña separatista en Europa
Editorial ABC  28 Mayo 2019

Aunque relativo y de marcado carácter territorial, el triunfo político y anímico logrado por el separatismo catalán en las elecciones europeas obliga al Gobierno, y a todas nuestras instituciones, a hacer un sobreesfuerzo pedagógico para que el independentismo deje de consolidar su propaganda victimista en el resto de la UE. Tanto Carles Puigdemont y sus cómplices de huida como el preso-diputado Oriol Junqueras van a seguir aprovechando todas las grietas de nuestra legislación para presentar al independentismo como víctima de un Estado represor con una Justicia parcial. Su sistemático cuestionamiento de nuestro sistema democrático lleva calando años en países europeos ante una indolencia institucional de España que debe ser corregida con urgencia. La euroorden se ha demostrado como un instrumento jurídicamente ineficaz, sustituido por el criterio político de magistrados europeos empeñados en sobrepasar sus funciones jurisdiccionales para beneficiar al separatismo.

España es una democracia consolidada, con garantías y derechos perfectamente homologados y, desde luego, en nuestro país no existen los «presos políticos». Tampoco los fugados de la Justicia están en exilio alguno. Sería incomprensible que el Gobierno, el Congreso y el Senado hicieran dejación de sus funciones, y debería ser una buena noticia que Josep Borrell y el resto de eurodiputados constitucionalistas enseñaran a algunos países europeos lo que se niegan a ver y a aprender. Sin embargo, los augurios no son buenos. Sánchez negocia con el separatismo y cree en una España «plurinacional», al igual que los dos presidentes de nuestras Cortes. Eso es lo que les da crédito en Europa. Es hora de dejar de ser rehenes morales del independentismo, en España y en la UE.

Barcelona, capital Gerona
Pablo Planas Libertad Digital  28 Mayo 2019

El separatismo, en efecto, ha mermado en Barcelona, pero no avanza el constitucionalismo.

Barcelona no será la capital de ninguna república, ni siquiera de una república catalana, aunque gobierne el republicano Ernest Maragall. Si alguna vez existe una república catalana, ese papel está reservado para Gerona, emplazamiento donde se rodó un trozo de una temporada de Juego de Tronos. El destino de la Ciudad Condal depende de lo que se decida en Madrid para el gobierno de los gerundenses. Los resultados electorales permiten toda clase de componendas porque no ha ganado nadie. El hermano del alcalde olímpico tiene unos cinco mil votos más que Colau, ha subido el PSC, se ha desplomado lo que queda de Convergencia y ha entrado el PP, aunque por tan poco que está pendiente del recuento definitivo que se determinará este miércoles. La buena noticia es que la CUP pasa de tres concejales a ninguno.

Los resultados en Barcelona requieren de un proceso de macerado porque a simple vista podría parecer que Manuel Valls se ha pegado el gran guantazo, operación Roca bis, pero igual no es así. El ex primer ministro francés ha hecho una campaña típicamente catalana, de un catalanismo de manual. Y lo primero que ha dicho tras sacar seis concejales, uno más que Carina Mejías hace cuatro años, es que si Ciudadanos pacta en algún sitio con Vox, rompe con el partido de Rivera y Arrimadas. Y hete aquí que el fracasado de Valls puede ser determinante para que Colau y el PSC, Iglesias y Sánchez, se hagan cargo de las riendas de una ciudad que ya era una ruina antes de los Juegos Olímpicos. Victoria del golpe suave. De los seis concejales de Valls, tres son él y sus amigos, el exministro socialista Celestino Corbacho entre ellos, y tres militantes sujetos a la disciplina de Ciudadanos. Los diez concejales de Colau, los ocho de Podemos, Valls y sus dos colegas suman 21, la mayoría absoluta. Y que diga misa Rivera. Es lo que tienen las bisagras, la apoteosis del mal menor.

El separatismo, en efecto, ha mermado en Barcelona, pero no avanza el constitucionalismo. El único dato irrefutable del superdomingo electoral en Cataluña es que Puigdemont se impone a Junqueras y que entre ambos casi alcanzan el 50% en las europeas.

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La derecha debe poner al PSOE en su sitio
EDITORIAL Libertad Digital  28 Mayo 2019

Las tres fuerzas del centro-derecha deben actuar con inteligencia y altura de miras, teniendo bien presente el objetivo superior de hacer frente a los socialistas y a los grupos liberticidas que los sustentan.

El oportunismo de Pedro Sánchez hizo que los españoles acudieran este domingo a una triple cita electoral sólo un mes después de las elecciones generales. La victoria del PSOE el 28-A, magnificada por la fragmentación del voto en el centro-derecha, hizo que los socialistas confiaran en una nueva debacle derechista, que dejaría en sus manos un poder formidable.

Por desgracia para Sánchez y para bien de España, no ha sido así.

Pablo Casado ha salido airoso del envite. El PP está en disposición de recuperar el ayuntamiento de la capital y de retener la Comunidad de Madrid, dos objetivos de extraordinaria importancia estratégica, así como de conservar feudos como Castilla y León y Murcia. Por su parte, Ciudadanos no consigue superar al PP, pero puede entrar en numerosos y muy importantes Gobiernos locales y autonómicos, empezando por los de Madrid (comunidad y ayuntamiento). En cuanto a Vox, aunque se deja la mitad del electorado que consiguió en las generales, será igualmente una fuerza decisiva para impedir la constitución de Gobiernos frentepopulistas.

Tanto el Sánchez del "¡No es no!" y del cordón sanitario a la derecha como su PSOE del "¡Con Rivera no!" tratan de enredar a Ciudadanos para que traicione a sus votantes y permita a los socialistas gobernar en plazas que han expresado un muy vivo rechazo a la izquierda liberticida que capitanean. El individuo que llegó a la Moncloa de la mano de etarras, golpistas y comunistas bolivarianos tiene la desvergüenza de pretender dictar la política de pactos a sus rivales, por él mismo demonizados; pactos que pasan por excluir a un partido que, a diferencia del PSOE y tantos de sus aliados de conveniencia, presenta unas credenciales democráticas impecables. Vox, lejos de ser una amenaza para la democracia, se ha afanado por que sus enemigos declarados, los que llevaron a Sánchez al poder mientras perpetraban un golpe de Estado, fueran llevados ante la Justicia.

Con su proverbial falta de escrúpulos, Sánchez pretende convertir estrepitosas y muy merecidas derrotas de la izquierda en sonadas victorias que desarbolen por completo a la derecha. Sirva el Ayuntamiento de Madrid como ejemplo paradigmático: hace cuatro años, el PP ofreció la Alcaldía a unos socialistas que habían cosechado un colosal fracaso en las urnas para impedir que cayera en manos de los comunistas de la nefasta Manuela Carmena. Pues bien, fue el propio Sánchez quien ordenó rechazar el ofrecimiento, y prefirió entregar la ciudad a quienes, a lo largo de estos cuatro años, se han revelado sus peores enemigos. Ahora tiene que pagarlo. Ciudadanos no puede traicionar de una manera tan infame a su electorado ni condenar a Madrid a padecer a unos partidos a los que ha rechazado con tremenda contundencia.

Se abre un periodo de negociaciones en el que las tres fuerzas del centro-derecha deben actuar con inteligencia y altura de miras, teniendo bien presente el objetivo superior de hacer frente a los socialistas y a los grupos liberticidas que los sustentan. Casado, Rivera y Abascal deben hacer lo necesario para poner al PSOE en su sitio. Cualquier otro desarrollo sería funesto para España y un auténtico suicidio para los descalificables insensatos que lo promovieran.

Canciones para después de una triste victoria

Jesús Cacho. vozpopuli autores  28 Mayo 2019

Pablo Casado tiene algo que agradecerle a Iván Redondo, suponiendo que el supuesto cerebro que labura tras la efigie de Pedro Sánchez sea el responsable de esa patochada consistente en que, a partir de las 9 de la noche del domingo, cuando empezaron a salir los primeros resultados de autonómicas y municipales, el PSOE se presentara como ganador indiscutible de la jornada electoral, avasallando a PP y Ciudadanos en cualquier circunscripción. Creo recordar que Ángel Gabilondo estuvo casi una hora encabezando las listas de la Comunidad de Madrid con 48 escaños, para al final quedarse en 37. Porque, según corría el reloj, la pelea se iba equilibrando hasta el punto de que el PP logró arrebatar la alcaldía a la abuela Carmena y la Comunidad al venerable Gabilondo. De modo que el truco del mago Redondo, viejo donde los haya, ridículo, consistente en dar primero los resultados que nos son favorables con la pretensión, se supone, de minar la moral del adversario y elevar la nuestra, devino en fiasco hasta el punto de propiciar una ficticia “remontada” de los populares y convertir al vencido Casado en una especie de San Jorge saliendo victorioso, espada en mano, de su lucha contra el dragón rojo.

Dimos por muerto a Casado y resulta que está vivo. ¿Motivos para sentirse aliviado? Muchos. ¿Razones para estar tan preocupado como antes del domingo? Todas. Al filo de la medianoche del lunes, el palentino logró frenar el brazo asesino de quien tenía previsto ejecutarlo por la espalda ayer mismo, si las urnas hubieran arrojado el resultado que los más pesimistas preveían. Dicho lo cual, la situación del PP sigue siendo tan dramática como lo era hace 48 horas. Casado sigue reinando sobre el pantano judicial y el páramo ideológico heredado del infame Rajoy, de modo que si de verdad quiere asentar su liderazgo deberá ponerse a trabajar sin descanso desde ya mismo. Lo mejor que le ha ocurrido este 26 de mayo es que ha ganado tiempo, un tiempo precioso. En realidad ha comprado cuatro años para montar el partido que necesita él y probablemente el país entero. En el bien entendido de que ganar tiempo puede no significar nada si no se sabe utilizar, si se dilapida en el viejo y casposo tancredismo marianil. Las urnas, cierto, se han dignado a darle una prórroga tan valiosa como inesperada. Ahí se la juega mi paisano, obligado a abrir ventanas, combatir la lacra de la corrupción, incorporar talento y levantar de nuevo el edificio de un partido de centroderecha moderno digno de volver a ser votado por algunos de los 6,5 millones de españoles que lo han abandonado en los últimos años. Y no estaría mal que la primera piedra de ese edificio consistiera en un ejercicio público de autocrítica por todo lo ocurrido desde 2011 a esta parte.

Tampoco le ha ido bien a Albert Rivera, por mucho que se empeñe en enfatizar las ganancias en concejales y diputados autonómicos, o en hacer cábalas sobre potenciales pactos capaces de concretar ese “tocar poder” por el que tanto suspiran algunos en Cs. El tan ansiado sorpasso ha quedado convertido en el sueño de una noche de primavera. No lo ha logrado esta vez y tal vez no lo logre nunca, porque la estructura de poder territorial del PP se ha demostrado un baluarte formidable capaz de resistir las peores tormentas. Pretender arrinconar a este viejo mastodonte enfermo presentándose apenas en 2.147 de los más de 8.100 ayuntamientos existentes es casi misión imposible. Lo cual quizá obligue a Rivera y su estado mayor a parar máquinas y hacer una pequeña gran reflexión sobre el destino de Cs en este perro mundo de la política. Para los millones de españoles que la votan, entre los que me cuento, la formación naranja ha lucido siempre el encanto de no ser un partido político al uso –nada que ver con los “partidos del turno”, PP y PSOE, convertidos en máquinas de poder y subsistencia de sus muy pobladas nomenklaturas- sino un medio para cambiar la sociedad, mejorar el nivel de vida de la gente y aumentar la calidad de la doliente democracia española. Que no es poco.

Replantear la estrategia de Ciudadanos
Desde ese punto de vista, tal vez haya llegado el momento de volver a replantear la estrategia de la formación, orientándola hacia misiones más modestas en teoría pero no menos trascendentes, tal que ejercer ese papel de partido bisagra que originariamente le parecía asignado, capaz de atar en corto, vía pactos a derecha e izquierda en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, a socialistas y populares para hacer cumplir la ley, prestigiar las instituciones y mejorar radicalmente el estado comatoso de esa democracia enferma, casi muerta, nuestra. El anuncio ayer de levantamiento de los vetos a PSOE y Vox parece una muy buena noticia. De manera inminente, Rivera tendrá que tomar decisiones que afectan a la gobernabilidad de Aragón, de Castilla y León y de Madrid, además de ayuntamientos tan importantes como los de Zaragoza y la capital de España. Con el PP como socio, y con Vox en la mesa de negociación, un Vox al que ya no se podrá despachar con unos cuantos collares de cuentas. Pero también con el PSOE, en el caso de los Gobiernos aragonés y castellanoleonés. Apasionante y delicada operación. Los acuerdos con el PP en Madrid deberían ir muy rápido, porque después de cumplido ese trámite será obligado plantear sin dilación la gran cuestión política del año, y quizá de muchos años, relativa al eventual apoyo de Cs, por activa o pasiva, al futuro Gobierno de Pedro Sánchez. La madre de todas las batallas.

Es verdad que, tras las rotundas negativas a pactar con el PSOE de los últimos tiempos, Rivera puede dejarse no pocos pelos en la gatera de esa contradicción, pero la dura realidad es que, por encima de los personalismos, la situación española es tan preocupante, dramática en algún caso, que los ciudadanos no entenderían que los egos hicieran imposible un acuerdo que por un lado asegurara una gestión racional de la Economía y por otro introdujera firmeza en el tratamiento que el Estado debe aplicar al envite lanzado por el separatismo contra la unidad y la igualdad de los españoles, que es tanto como decir la paz y la prosperidad de todos, la vigencia, en suma, de las libertades que garantiza nuestra Constitución. Nada ha cambiado tras el 26 de mayo. El golpe de Estado sigue tan vivo como antes en Cataluña y, lo que es peor, en Madrid, con los líderes de la revuelta esperando sentencia mientras crecen las voces que reclaman la absolución o, en el peor de los casos, el indulto. Barcelona, en manos del carlismo-comunismo desde el domingo, se ha perdido para la causa de Tabarnia, mientras el gran capo refugiado en Waterloo obtiene plaza en Estrasburgo, y el PP desaparece de Dinamarca del Sur y también del País Vasco.

Nada se podrá hacer sin el concurso de ese fatuo impenitente que es Sánchez Castejón, otro de los damnificados de la jornada electoral del domingo, por mucho que su victoria (en realidad de José Borrell) en las europeas haya sido indiscutible. Los resultados de municipales y autonómicas han supuesto una ducha fría, un duro golpe en el impostado postureo del personaje. La derecha ha recuperado la alcaldía de Madrid y ha mantenido el control de la Comunidad. Madrid es hoy el mascarón de proa de la España más rica, vital y abierta al mundo, lo cual explica la herida que lo ocurrido ha supuesto para la progresía en general y para el PSOE de Sánchez en particular. Por si ello fuera poco, el presidente en funciones ha sufrido otro varapalo no menos grave: el viaje a los infiernos de la irrelevancia de Pablo Iglesias, esa muletilla tan apañada, tan a mano, de que disponía para formar Gobierno. Sánchez ya no podrá decir que “el pueblo español quiere a Podemos en el Gobierno”, porque eso es mentira. Y cada día que pasa se impone la ominosa inconsistencia de esos magros 123 diputados con los que el susodicho está obligado a vadear la legislatura. ¿Qué hacer? Las opciones son escasas: o echarse en brazos del separatismo, en cuyo caso todos deberemos echarnos a temblar, o intentar algún tipo de acuerdo con Ciudadanos. Sánchez tendrá que enseñar la patita.

26-M, lectura interna para Sánchez
Editorial ABC  28 Mayo 2019

Sánchez debería interpretar la caída de Unidas Podemos y el endurecimiento de las posiciones separatistas de ERC y demás partidos nacionalistas catalanes como un aviso para el rumbo que debe imprimir a esta legislatura

Los resultados electorales siempre permiten a los partidos políticos hacer lecturas a conveniencia, pero, al final, el escrutinio es objetivo y se convierte en una fuente de lecciones a sus dirigentes, les gusten más o menos. Para el PSOE no hay duda de que las elecciones del pasado domingo han afianzado la recuperación del voto que ya experimentó en las generales, y esto significa la victoria en cuatro elecciones, tres de ellas de ámbito nacional. Además, ha empujado a Unidas Podemos por una pendiente en la que no se atisba el final, aunque el partido de Iglesias siga teniendo 42 diputados que necesita Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno. No todas las victorias del PSOE alcanzadas en el 26-M han sido iguales, ni tienen el mismo significado político, pero demuestran, en conjunto, que el PSOE es más complejo internamente que esa formación homogénea que le gustaría imponer a Pedro Sánchez. Las arrolladoras victorias de García Page en Castilla-La Mancha y de Fernández Vara en Extremadura, junto a los buenos resultados en Castilla-León, Aragón y Andalucía, prueban que una gran parte del electorado socialista se ha visto reconocido en dirigentes caracterizados por criticar la política de acercamiento a los separatistas catalanes. En algunos casos esas victorias podrían no traducirse en la formación de nuevos gobiernos municipales o autonómicos, pero el mensaje de puertas adentro sigue siendo igualmente válido. Por ejemplo, Susana Díaz sigue viva y con méritos para resistirse al descabezamiento que pretende Ferraz.

A su vez, la caída de Unidas Podemos y el endurecimiento de las posiciones separatistas de Esquerra Republicana de Cataluña y demás partidos nacionalistas catalanes, son factores que Pedro Sánchez debería interpretar como un aviso para el rumbo que debe imprimir a esta legislatura. El rumbo, claro está, no depende de que Ciudadanos, el Partido Popular o ambos se abstengan en su investidura, porque Sánchez llegó al poder por una moción de censura respaldada por una mayoría de izquierda, extrema izquierda, separatistas y proetarras que, tras las generales del 28-A, ha ratificado su intención de apoyarlo de nuevo. No se trata de que Sánchez haga ahora chantaje a Ciudadanos a cuenta de Vox, sino de que, en ese nuevo rumbo que debería tomar, el secretario general del PSOE ofrezca un plan de acción política abiertamente contrario al separatismo catalán y coherente con los valores de esa necesaria izquierda nacional, igualitaria y constitucional que ha ganado en Extremadura o Castilla-La Mancha. Esa es la mejor y quizá única manera de romper, como pretende, ciertos «cordones sanitarios». El 26-M deja la imagen de un PSOE con el que se puede volver a hablar de España. De momento queda muy lejos de La Moncloa.

Ni PP ni Cs tienen que dar explicaciones al PSOE por posibles pactos con Vox
EDITORIAL ESdiario  28 Mayo 2019

Tras dos citas electorales consecutivas y, según dicta la lógica, cuatro años de legislatura por delante, el centroderecha tiene la posibilidad de rearmarse sin el estrés electoral y el PSOE, reforzado en ambas, de distanciarse del doble peaje que ha buscado y soportado del populismo y del independentismo.

Esto último supone un beneficio objetivo para el conjunto de la ciudadanía, pues a nadie se le escapa que un PSOE más liberado de ese yugo duplicado será capaz de afrontar mejor los desafíos constitucionales, de concitar más respaldo de partidos opuestos y, finalmente, de sintonizar con una mayoría superior de españoles que, más allá de a quién voten, estarán siempre con cualquier Gobierno que ejerza en esto con una visión nacional.

Sánchez no es de fiar, pero es bueno que tenga menos dependencias de Podemos y del soberanismo
Incluso aunque resulte de lo más cínico constatar, una vez más, que Sánchez es de poco fiar, pues apuesta por unas medidas u otras exclusivamente en función de sus necesidades, una característica inquietante en cualquier dirigente pues avala cambios y volantazos constantes y entrega al arbitrio lo que debería estar condicionado exclusivamente por los intereses nacionales.

En el caso del centroderecha, la certeza de que el apoyo electoral conjunto es superior a su materialización en escaños les obliga a todos a una reflexión de incierto resultado, pues los partidos empiezan a ser también empresas económicas con obligaciones laborales y presupuestos cuando logran presencia institucional: una concentración de siglas, como la que en su día logró el PP, es muy positiva a efectos electorales, pero obliga a desmontar organizaciones que ya tienen su vida interna propia.

Quizá puedan empezar todos por asumir su papel y, terminada la competición entre ellos, traducir lo mejor posible sus respectivos apoyos electorales y empezar a frenar a sus rivales en algunos de los mantras que, incluso ahora, repiten hasta la saciedad para impedir o retrasar ese rearme liberal y conservador.

Ni PP ni CS tiene que explicar posibles pactos con Vox a los mismos dirigentes que acuerdancon Bildu, ERC o Puigdemont

Los pactos nefandos son otros
Uno de ellos especialmente, el que exige a PP y Cs ignorar a Vox, etiquetado hasta la saciedad como partido ultraderechista o anticonstitucional por los mismos dirigentes que, con infinita hipocresía, pactan luego con formaciones partidarias de acabar con el régimen del 78, buscan por la fuerza la secesión de una parte de España o sienten más cercanía por los verdugos que por las víctimas del terrorismo.

Que el PP pacte con Vox es algo que no debe ni necesitar explicar. Y que a esa posibilidad se sume Cs es algo que los naranjas deben empezar a decir, conscientes de que la misma o parecida etiqueta que se le cuelga a Abascal se le ha puesto a Rivera o Casado por una izquierda intolerante que, simplemente, tilda de fascista a todo aquel que no comulgue con ella.

¿Qué pasa ahora con España?
Cayetano González Libertad Digital  28 Mayo 2019

Vienen tiempos duros y complicados para la España que nació con la Constitución del 78.

Es un clásico que en las noches electorales todos ganan y nadie pierde. Este pasado domingo, con la triple cita en las urnas –municipales, autonómicas y europeas–, no fue una excepción, con la única salvedad de Podemos, el gran derrotado. La prueba más evidente es que su líder máximo optó por dar la callada por respuesta; hasta que este lunes no tuvo más remedio que aparecer y reconocer el gran fiasco de su formación.

Pero los demás líderes no fallaron a esa máxima de que todos ganan. Pablo Casado, el que sin duda más se jugaba en términos políticos y personales, se agarró como a un clavo ardiendo a la recuperación del Ayuntamiento de Madrid y al mantenimiento de la Comunidad tras una remontada épica durante el recuento electoral. Daba lo mismo que el resultado del PP a nivel nacional fuera bastante malo, o que en las europeas el PSOE le sacara casi trece puntos de ventaja y ocho eurodiputados. Con el éxito de Madrid, Casado tiene el margen de tiempo que reclamaba y que necesita para intentar reconstruir el centro-derecha, una tarea nada sencilla, que exigirá tiempo y mucha generosidad por parte de todos los afectados.

Pedro Sánchez compareció con un gesto circunspecto. Seguramente ya sabía que el PSOE no gobernaría la Comunidad de Madrid, que era para el líder socialista la joya de la corona. El muy buen resultado en las europeas y el muy aceptable en la mayoría de las comunidades autónomas se vio empañado por la derrota en la batalla de Madrid. En cuanto a Ciudadanos, son de fácil conformar: no dan el sorpasso al PP, que era su principal objetivo, pero se agarran a que han subido, y es verdad, en todas las CCAA, así como en Europa. Por lo que respecta a Vox, también procuraron tapar su indiscutible pinchazo –en las europeas, con circunscripción única, se puso muy de manifiesto– con el hecho cierto de que han irrumpido con diputados en varios parlamentos autonómicos, con concejales en bastantes ayuntamientos y con tres eurodiputados en Bruselas.

Pero esos análisis de los líderes políticos en la noche del pasado domingo no responden a la pregunta clave: ¿y qué va a pasar ahora con España? Porque hay datos muy preocupantes, como, por ejemplo, que los independentistas catalanes siguen teniendo músculo; o que en el País Vasco el eje PNV-Bildu se consolide con una mayoría muy importante, a la par que el constitucionalismo representado por el PP, Ciudadanos y Vox es prácticamente residual. En Navarra, sería un delito de alta traición que el PSOE no facilitara un Gobierno constitucionalista encabezado por Navarra Suma, la coalición integrada por UPN, PP y Ciudadanos. En Baleares, la socialista Armengol podrá seguir llevando a cabo políticas pancatalanistas con el apoyo de Podemos.

Por eso, la euforia que se ha podido producir en el centro-derecha tras conseguir echar a Manuela Carmena del Ayuntamiento de Madrid y retener el Gobierno de la Comunidad no puede impedir ver la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos, fundamentalmente porque sigue en pie el desafío secesionista en Cataluña, el nacionalismo vasco está atento a la pantalla, el nacionalismo gallego ha resurgido, Baleares y la Comunidad Valenciana tienen que seguir siendo dos focos de especial atención, amén de Navarra, donde reitero que el PSOE tiene una responsabilidad histórica a la hora de facilitar un Gobierno foral y español encabezado por Navarra Suma.

Vienen tiempos duros y complicados para la España que nació con la Constitución del 78. Los resultados del domingo pueden ser un dique de contención y un aviso serio a Pedro Sánchez, en el sentido de que no tiene la mayoría social y política suficiente para hacer lo que se le antoje. El reparto del poder territorial y municipal que salió de las urnas el domingo actuará de contrapeso.

Sin noticias de la supuesta moderación independentista
Alejandro Tercero cronicaglobal  28 Mayo 2019

Los resultados electorales del 26M en Cataluña han dado lugar a diferentes interpretaciones. Para aquellos constitucionalistas que abogan por un acercamiento al independentismo que ayude a superar el procés --los terceristas--, la victoria de ERC en las municipales indica que su modelo es el elegido por la mayoría de los nacionalistas. Un modelo que, supuestamente, implica un giro hacia el sentido común, el pactismo, el posibilismo, la moderación y el cumplimiento del Estado de derecho frente a la alternativa enloquecida y destructiva de Puigdemont y su JxCat.

A mí, en cambio, no me parece una prueba de moderación el hecho de que ERC se haya presentado a las europeas en coalición con EH Bildu, la formación liderada por el exterrorista de ETA Arnaldo Otegi. Ni creo que sean una muestra de sentido común y posibilismo las palabras de ayer de la portavoz de ERC, Marta Vilalta, reclamando al resto de formaciones secesionistas “una unidad estratégica de acción que haga posible la consolidación de la República catalana”. ¿La consolidación de la República catalana? ¿Pero de qué planeta vienen?

En todo caso, y suponiendo --que es mucho suponer-- que los de Junqueras representen el independentismo sensato, la mejor fórmula para evaluar el grado de apoyo a cada una de las alternativas secesionistas no son las municipales. En la elección de los alcaldes intervienen múltiples motivaciones más allá del tipo de estrategia preferida para intentar fracturar el país. Y en el caso de Barcelona, es probable que Maragall haya concentrado el voto útil independentista, pues era la única candidatura de ese ámbito que podía desbancar a Colau.

Lo cierto es que el 26M ofrecía un campo de juego mucho más nítido en el que dirimir esa disputa por la hegemonía del discurso independentista: las elecciones europeas. De hecho, los dos líderes --Puigdemont y Junqueras-- encabezaban sus respectivas listas, dejando claro que se trataba de una suerte de plebiscito. Y el resultado ha sido irrefutable: la vía Puigdemont ha arrasado a la vía Junqueras. 987.000 votos frente a 733.000.

Concluir que los independentistas han abrazado la moderación es confundir los deseos con la realidad. Es cierto que Cataluña no vive en el estado insurreccional de otoño de 2017 pero no es menos cierto que los partidarios de la secesión siguen apostando por la hoja de ruta enfermiza de Puigdemont y sus secuaces.

Si el expresident fugado consigue hacerse finalmente con su acta de eurodiputado --cosa que aún está por ver--, no hay duda de que intensificará su labor de erosión de la democracia española desde el foro más potente que ha tenido a su alcance hasta ahora.

Así las cosas, tal vez el destierro de Borrell a Bruselas acabe siendo un acierto inesperado de Pedro Sánchez, pues nadie mejor que él para contrarrestar la actividad subversiva de Puigdemont en el Parlamento Europeo.

Sea como fuere, el 26M ha servido para confirmar que el desafío independentista está lejos de desvanecerse.

Euskadi es ‘independiente’
Carlos Gorostiza. vozpopuli   28 Mayo 2019

Ni Ciudadanos ni Vox han logrado representación en los tres parlamentos forales ni en ninguno de los 251 municipios vascos

El contraste entre la política vasca y la que se viene ejerciendo, o padeciendo, en el resto de España, no puede ser más visible. Nada que ver. La animadísima bronca electoral nacional es desconocida en mi tierra, donde los votantes han comprado sin titubeos el mensaje de calma y buenos alimentos que viene ofreciendo el PNV desde que el Lehendakari Urkullu es su mentor y su icono.

El alcalde de Vitoria, el peneuvista Gorka Urtaran, fue quien lo expresó con mayor claridad cuando dijo en campaña que su partido ofrecía a los vascos “riesgo cero”. Sus vecinos le escucharon y le han pagado con una victoria que el PNV no tenía en la capital vasca desde hacía 25 años, eso además de ganar las otras dos capitales y las tres diputaciones forales. No hay que descartar que la alergia desarrollada por los vascos después de haber corrido tantos riesgos durante tanto tiempo sea el motivo de esa adicción a la moderación.

En estas elecciones, la tradicional alianza entre los nacionalistas del PNV y los socialistas del PSE, tan apreciada siempre por la opinión pública vasca biempensante, se consolida, y no solo eso sino que, pese la auténtica inundación de poder que logra el PNV, los socialistas vascos, sea por el efecto Sánchez o por méritos propios, aguantan más que bien (con un borrón en Donostia).

No hay que descartar que la alergia desarrollada por los vascos a la crispación esté detrás de esta nueva adicción a la moderación

Tampoco hay que despreciar otro punto de vista: que el multipartidismo, que aún es ruidosa novedad en el resto de España, en Euskadi es cosa de toda la vida, y que allí se han visto pactos del PNV con el PSE-PSOE, del PNV con la izquierda abertzale, del PNV con el PP, del PP con el PSE-PSOE, del PP con la izquierda abertzale (sí, Maroto en Vitoria), etcétera. En fin, un multipartidismo en el que todos los políticos hablan ya hace mucho tiempo entre ellos y que los votantes se ve que premian.

Los populares vascos lo sabían muy bien y han tratado en campaña de no perder el tren de la moderación, de la mano de Alfonso Alonso, pero sin éxito. Puede que el propio prestigio nacional de sus dirigentes alaveses, que no su poder real, sea lo que les haya atado a los mensajes que se emitían desde Génova, buenos para Casado pero que en Vitoria se veían con extrañeza y aun con espanto. Llevar a Rajoy a decir “a nosotros nos puede votar todo el mundo”, como hicieron, fue un buen intento, pero no ha bastado para evitar que los populares pierdan un 35% de voto en el que fue su feudo alavés.

Ha sido precisamente Borja Sémper, el candidato popular donostiarra que se resistía activamente a plegarse al perfil nacional de su partido, quien ha obtenido un resultado mucho más que digno. Eso sí, con mensajes claramente alejados de los del PP; por ejemplo el slogan "No es política, es San Sebastián", e incluso ocultando las siglas de su partido en la campaña. Acierto que le ha valido mantener sus tres concejales, crecer en votos y superar a Podemos en una plaza nada fácil.

A los abertzales les resulta imposible desprenderse de su inocultable responsabilidad con la peor parte de la historia de Euskadi

Esos réditos de la moderación que han hecho millonario en apoyos al PNV, han preservado también la bolsa de votos de Podemos, que aguanta en Euskadi algo mejor que en otros lugares de España, bloqueando de paso el posible crecimiento de un EH Bildu que esperaba pescar en el previsible fracaso de los morados. No ha sido así. A los abertzales les resulta imposible desprenderse de su inocultable responsabilidad con la peor parte de la historia de Euskadi, sobre todo cuando hace cuatro días exigían la liberación de Ternera, y los votantes más o menos radicales que un día les robó un entonces exultante Podemos, no volverán.

Y no olvidemos el broche final que dibuja la total independencia de la política vasca respecto a la nacional: ni Ciudadanos ni Vox han logrado un solo concejal, ni un solo cargo público en ninguno de los tres parlamentos forales ni en ninguno de los 251 municipios vascos. Ahí queda.
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