AGLI Recortes de Prensa   Viernes 7  Junio 2019

Normandía, piedra angular de la libertad
Editorial El Mundo 7 Junio 2019

La evocación del desembarco de Normandía, cuyo 75 aniversario tuvo lugar ayer en un contexto marcado por las fricciones entre Washington y las potencias europeas, debería servir para relanzar la alianza de Occidente, reafirmar el compromiso con los valores humanistas y renovar el pacto de paz rubricado sobre las cenizas de 1945. Alrededor de 130.000 hombres perdieron la vida en playas como las de Omaha, Juno o Utah para derrotar a la Alemania nazi. El recuerdo del heroico comportamiento de quienes contribuyeron decisivamente a liberar el Viejo Continente forma parte de un imaginario colectivo sin el que sería imposible concebir la democracia de nuestros días. Sin embargo, el legado de Normandía plantea la necesidad de fortificar las libertades justo cuando el populismo y las corrientes eurófobas erosionan las relaciones transatlánticas y amenazan el proceso de integración comunitaria.

Esta inquietud, sazonada por el laberinto cada vez más intrincado del Brexit, marcó el acto institucional celebrado en territorio francés. Cientos de veteranos del Día D -quizá fue el último aniversario redondo para muchos de ellos- presenciaron el abrazo entre Trump y Macron, quienes aparcaron sus diferencias. La conmemoración, aunque con la ausencia de Putin, estuvo marcada por un ambiente de armonía institucional en homenaje a los caídos. "América es más grande cuando se bate por la libertad de otros", proclamó el presidente galo en compañía de Merkel. El día anterior, Isabel II ensalzó en el muro de Portsmouth "la valentía, el ingenio y la determinación" de los soldados que "defendieron la libertad de Europa". Ciertamente, la operación combinada de EEUU, Reino Unido, Canadá y Francia el 6 de junio de 1944 en las costas de Normandía está considerada la mayor de la historia militar. La operación Overlord no solo cambió el desenlace de la Segunda Guerra Mundial -junto al despliegue militar de la URSS-, sino que modificó el signo de la historia europea.

Casi ocho décadas después, Europa añora la América multilateral y comprometida, hecho que Macron verbalizó ante el líder del mundo libre invocando tanto a la UE como a la ONU, instituciones promovidas en gran medida por la Casa Blanca. El aislacionismo de Trump, unido a sus políticas proteccionistas, está tensionando sobremanera las relaciones con sus aliados. Europa, por tanto, debe concentrarse en taponar estas grietas, lo que exige no sólo mantener los lazos a todos los niveles con Washington, sino embridar el riesgo de una deriva antieuropea en el seno de las instituciones comunitarias. En esta coyuntura, el ejemplo de solidaridad de Normandía constituye un dique para frenar a quienes no muestran más aspiración que la de hollar las libertades que ampara Occidente.

PP y Vox, las bases de un acuerdo
OKDIARIO 7 Junio 2019

Produce satisfacción saber que PP y Vox inician un proceso de negociación que, con sus tiempos y fases de cortejo, muy probablemente acabará sentando las bases de un acuerdo postelectoral. La Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de la capital son instituciones demasiado importantes como para que las rencillas partidistas impidan su gobernabilidad, máxime cuando muchas de las diferencias programáticas entre estas dos formaciones son más cuestión de énfasis que de contenidos. Sólo cabe desear ahora que las bases de este incipiente pacto, centrado en cuestiones de impuestos y creación de empleo, se extienda a otros ámbitos.

Dejado atrás el fervor y los maximalismos propios de la contienda electoral, es el momento de que el sentido común se expanda y tome el control del barco. Asumiendo la referencia de los programas electorales y las promesas de campañas puestas en marchas por los tres partidos de la derecha española, y teniendo en cuenta los resultados de las votaciones –en los que un acuerdo entre Vox, PP y C’s permitiría retener los gobiernos regionales de Castilla y León y Murcia, además de la ya mencionada Comunidad de Madrid–, ninguno de los votantes de estas formaciones entenderían que sus líderes no dialogasen y, menos aún, que actuasen de forma irresponsable.

PP y Vox ya están haciendo sus deberes. Sería deseable que pronto pudiera decirse lo mismo de Ciudadanos. Para que el marco de la sensatez sea el que finalmente se imponga, conviene recordar dos hechos básicos: la demanda de Vox de sentarse en la misma mesa con aquellos con los que, de una forma u otra, acabarán pactando es del todo lógica. El PSOE no ha tenido empacho en sentarse en mil mesas de negociación con Podemos. Así pues, las fuerzas del centroderecha no deben dejar que sean ellos quienes establezcan las líneas rojas de exclusión. En cuanto al segundo hecho, este es de corte sociológico. En España no hay espacio para tres partidos de derecha. Conviene, por tanto, en ir pensando en una refundación. Será más ágil y más provechoso para todos que esta alianza surja motu proprio que por la inercia de la realidad, que entonces vendría marcada por la izquierda.

Churras y merinas
Nota del Editor 7 Junio 2019
 
Eso de la refundación suena muy bien para quienes no tienen principios. Vox es la solución y los otros son parches, más de lo mismo, marear la perdiz y seguir empeorando. Se cargaron UPyD y quieren repetir la faena para seguir mangoneando.

Navarra, hasta marzo
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 7 Junio 2019

Si Pedro Sánchez es investido presidente en el mes de julio pero no saca adelante los Presupuestos entre octubre y noviembre, es legalmente posible y políticamente probable que convoque elecciones generales para marzo de 2020. Así que los partidos de la oposición deberían centrarse en consolidar la mayor cuota posible de poder territorial para afrontar una legislatura entre liliputiense y epiléptica. Por eso ofende al votante normal y al sentido común los grotescos prejuicios de Ciudadanos ante Vox y la reacción de Vox ante Cs. Ambos se necesitan, junto al PP, para lograr o conservar autonomías y ayuntamientos que equilibren la estructura de poder social-comunista que pareció enorme tras las generales pero que ha mostrado sus límites para formar mayorías, sencillamente, porque la izquierda no las tiene. Y esos largos cuatro años de plazo con que juegan los machos alfa de los tres partidos de derechas para llegar más fuertes a las próximas Generales bien podrían quedar reducidos a seis u ocho meses. Así que menos faroles y más cautela. Sería difícil olvidar la entrega de Madrid o Andalucía a la Izquierda en cuatro años, pero en pocos meses resultaría del todo imposible.

Aunque Madrid y Andalucía sean las dos piezas mayores; y Aragón y Castilla y León, las medianas; es la comunidad más pequeña, Navarra, la que debería concentrar ahora los esfuerzos, la diplomacia y la inteligencia para impedir que caiga en las fauces del PNV y las zarpas de la ETA. Ayer dijo Inés Arrimadas que Pedro Sánchez no debe impedir que gobierne la lista más votada, que ha sido Navarra Suma, tanto en Navarra como en Pamplona. ¡Como si a estas alturas no conociéramos a Pedro Sánchez! La guía esencial de la actuación política de Sánchez no es España ni el PSOE; es, sencillamente, Sánchez. Y hete aquí que UPN tiene dos escaños que le permiten acercarse a los números de la investidura sin pasar por el hacha de Junqueras, que ya decapitó los últimos Presupuestos y forzó las generales. Así que, en lo moral, tendría razón Arrimadas... si Sánchez conociera la moral. Como no se la han presentado nunca, hay que atenerse a su interés, que es sólo uno: ser investido presidente. ¿A cambio de Navarra? Sobre todo, a cambio de Navarra. Ya vendrá el otoño, con los Presupuestos y las condenas a los golpistas. Y volveremos a jugar.

Laura Borràs, en su día de gloria: la hispanófoba que calificó el español de "lengua de imposición"
La diputada nacionalista, que acudió este jueves a las consultas de Felipe VI, suena como delfín de Quim Torra en la Generalidad.
Cristian Campos elespanol 7 Junio 2019

Incluso en un Gobierno autonómico cuya política de comunicación se basa en buena parte en las excusas no solicitadas, Laura Borràs ha conseguido convertirlas en todo un arte: "No quiero eliminar el castellano, pero es una lengua de imposición", dijo hace exactamente un año, recién nombrada consejera de Cultura del Gobierno autonómico catalán, durante una entrevista con el canal de televisión local 8TV.

Quizá Laura Borràs Castanyer (Barcelona, 1970) desconocía por aquel entonces ese viejo adagio que dice que "todo lo que precede a un 'pero' es mentira". Aunque no parece creíble, tratándose de toda una doctora en Filología Románica por la Universidad de Barcelona y exdirectora, entre 2013 y 2018, de la Institución de las Letras Catalanas.

"Cataluña ha sufrido un proceso de colonización", dijo luego Borràs en esa misma entrevista. También negó las acusaciones, que la han acompañado de forma constante durante estos últimos doce meses, de racista, supremacista e hispanófoba. Nadie podrá, en cualquier caso, negarle a Borràs la coherencia. La hoy diputada de JxCAT fue en 2016 una de las firmantes del Manifiesto Koiné. En él, sus autores rechazaban el bilingüismo en Cataluña y exigían el fin de la cooficialidad del español.

¿Futura presidenta de la Generalidad?
Hoy, un año después de su nombramiento, Borràs ha disfrutado de su primer día de gloria nacional tras convertirse en noticia por haberle dicho a Felipe VI que los catalanes "no tienen rey". Siempre según su versión. Que, por razones obvias, no será desmentida, ni tampoco confirmada, por la Casa Real.

Borràs ha acudido a la reunión con Felipe VI en sustitución de Jordi Sànchez, al que el Tribunal Supremo denegó este pasado martes el permiso para representar a su partido, JxCAT, en la ronda de consultas para la investidura del presidente del Gobierno. La elección no es inocente. El de Laura Borràs es uno de los nombres que suenan con más fuerza como futura candidata del JxCAT a la presidencia de la Generalidad en sustitución de un Quim Torra al que todo el separatismo da por amortizado.

"Es una opción, claro. JxCAT no tiene a tanta gente. Pero hay que ser prudentes. Piensa que el PDeCAT está vivo y sigue luchando", cuenta un buen conocedor de lo que se cuece en la vieja Convergència, hoy escindida en dos sectores no todo lo bien avenidos que ellos desearían. Laura Borràs sería una de las cabezas visibles de uno de ellos, el de JxCAT, es decir el puigdemontista o beligerante. Damià Calvet, consejero de Territorio y Sostenibilidad del Gobierno autonómico catalán, es una de las cabezas visibles del otro, el del PDeCAT, el posibilista.

Cosas difíciles de escuchar
Pero que Laura Borràs, que tomó posesión de su cargo en junio de 2018 vestida de los pies a la cabeza de amarillo, sea conocida en Madrid como una radical entre radicales no evita que en Cataluña sea considerada por algunos aún más extremistas que ella como una colaboracionista más. "No entiendo qué ha ido a hacer Laura Borràs con el Borbón", dijo ayer Mireia Boya, de la CUP, tras la reunión de Borràs con Felipe VI. "Ya te lo explicaré, Mireia. Le he dicho cosas que probablemente no son fáciles de escuchar", respondió Borràs

Xenófoba o no, si el nombre de Borràs suena como posible candidata a la Generalidad es porque no genera excesivo rechazo entre el electorado de ERC y de la CUP, lo que quizá podría ayudarla a arañar unos cuantos miles de votos extra muy convenientes para su partido. Y eso a pesar de su acomodado origen familiar. O quizá precisamente a causa de ello, como ironiza el periodista Xavier Salvador en Crónica Global. De conseguirlo, Borràs se convertiría en la primera presidente de la Generalidad de la historia y el fin de la cooficialidad del español en Cataluña estaría un poco más cerca.

Las acusaciones de racismo contra Borràs alcanzaron su punto culminante cuando la por aquel entonces candidata a diputada nacional acusó a Cayetana Álvarez de Toledo de "haber nacido en Argentina" en un debate electoral en TV3. La cabeza de lista popular por Barcelona respondió que ella había nacido en Madrid. Y añadió: "Usted no puede evitar que salga su xenofobia".

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La falsa imagen ganadora de Sánchez que solo engaña a quien se deja engañar
EDITORIAL ESdiario  7 Junio 2019

El Rey encargó a Pedro Sánchez, como era previsible, presentarse en el Congreso para intentar su investidura como presidente, tras una ronda de contactos exprés que el Jefe del Estado atendió con diligencia y prestándose, por obligación constitucional, a hacer de paciente atrezzo para el minuto de gloria de los dirigentes independentistas o republicanos, tan minoritarios en realidad como ruidosos.

El presidente en funciones llegó al encuentro y salió de la misma manera, convencido de su investidura por la evidente falta de alternativa viable -solo él mismo hubiera sido capaz, en el pasado, de intentar lo imposible, con arrojo y frivolidad-, prolongando la inmensa campaña de propaganda que le precede desde la moción de censura, inasequible a la fuerza de los datos y ubicada en un espacio mítico que le presenta como un líder arrollador.

Pero la realidad es que sacó solo 123 diputados, el apoyo más bajo que ha tenido nunca un presidente desde su propio grupo parlamentario, y que de una manera u otra logrará la Presidencia de España gracias al independentismo y al populismo, de los que pretende simular alejamiento pero a los que le deberá el cargo, la aprobación de casi cualquier propuesta y desde luego la estabilidad -o falta de ella- de la legislatura.

Pedro Sánchez logra hilvanar su investidura de carambola sin levantar el teléfono
Sea porque Puigdemont mantiene la orden de que sus diputados presos no renuncian al acta, reduciendo con ello a 173 los votos necesarios para una investidura en segunda vuelta o porque, en el último momento, les hace dimitir obligando al PSOE a negociar de algún modo con ERC y quizá Bildu; la presidencia de Sánchez solo será viable de nuevo con el voto parcial o total, por acción u omisión, del soberanismo.

Que nadie se engañe
Y del populismo en caída libre de Podemos, éste sí indispensable en cualquier escenario. Solo falta por conocerse el precio que todos ellos le ponen al PSOE , el plazo para cobrar esa factura y la modalidad de pago: no conviene engañarse, salvo que sea una decisión voluntaria de la estable porción de sanchistas ajenos siempre a los hechos, al respecto de lo que le espera al próximo Gobierno y por ende a España.

Porque por mucho que la investidura llegue finalmente sin votos directos de Junts, ERC o Bildu por mera cuestión de aritmética parlamentaria (en la fórmula de 173 llega con PSOE, Podemos, PNV, Compromís, Revilla y la abstención de Navarra Suma); la acción del Gobierno dependerá desde entonces, para casi todo, de la doble intervención de Podemos y del nacionalismo.

No habrá grandes leyes ni reformas ni presupuestos sin ellos; salvo las contadas excepciones en que PP, Cs o Vox respalden al Ejecutivo en las medidas alojadas en el epígrafe de asuntos de Estado. Que el PSOE intentará que sean casi todas, poniendo al menos a dos de esos tres partidos una presión que deben saber aguantar.

Un líder precario
Porque es sonrojante la facilidad con que el sanchismo exige la estabilidad que boicoteó con sevicia en el pasado a partidos a los que, al mismo tiempo, se tilda de ultraderechistas, radicales, corruptos o dañinos. Sänchez tiene 123 diputados, un océano al lado de sus fragmentados rivales, pero una modesta cuota en comparación con el cuórum del Parlamento.

Y no hay campaña de publicidad que dure toda la vida ni persuada a todo el mundo ni camufle todos los problemas. Ni siquiera aunque sea casi unánimemente seguida y amplificada por un sector televisivo transformado es sorprendente palmero del menos débil de los posibles presidentes de ahora pero el más precario y expuesto de los que ha habido nunca en España.

Puigdemont inviste a Sánchez
EDITORIAL ABC 7 Junio 2019

La ronda de contactos de Su Majestad el Rey con los líderes de los partidos con representación parlamentaria concluyó ayer con la evidencia de que Pedro Sánchez tiene allanada su investidura. El anuncio hecho por JpC de que sus diputados presos no renunciarán al acta, pese a estar en la cárcel a la espera de una sentencia, facilitará mucho la votación a Sánchez, ya que en segunda vuelta podrá ser investido con los votos favorables del PSOE, Podemos, PNV, Compromís y el Partido Regionalista de Cantabria, unidos a la previsible abstención de los dos diputados de Navarra Suma. Sin embargo, resulta inevitable sospechar que tras la estrategia de JpC se oculta un extraño pacto con el PSOE, ya que si sus parlamentarios presos renunciasen al acta, y sus sustitutos votaran negativamente contra Sánchez, éste tendría más «noes» que «síes» en segunda votación y no podría ser investido. Si llegara a producirse esa hipótesis, ya imposible por deseo de Puigdemont, Sánchez debería negociar los votos de ERC o incluso la abstención de Bildu. No obstante, el hecho de garantizarse la investidura gracias a Puigdemont no implica que la gobernabilidad vaya a ser fácil para el PSOE. Sánchez cuenta con una exigua mayoría de 123 escaños y tendrá multitud de frentes abiertos cada vez que pretenda aprobar una ley. Ahí es donde se pondrá de manifiesto la dependencia real que tiene Sánchez del separatismo catalán, del populismo comunista, del nacionalismo vasco y de algunos otros partidos que ya han exigido a La Moncloa preparar la chequera porque el coste de sus votos será alto. Esta pírrica investidura que se atisba volverá a sumir a España en una incertidumbre política y en una enorme inestabilidad: de nuevo el nacionalismo saldrá ganando con Sánchez porque va a condicionar cada uno de sus movimientos.

La famosa fórmula de la «geometría variable» como estrategia para gobernar -pactando unas leyes con unos partidos, y otras con otros- no deja de ser una quimera dado el nivel de vetos mutuos, chantajes y bloqueos en que se desenvuelve nuestra política. El PSOE ha fabricado la falsa imagen de un triunfo electoral arrollador. Pero 123 escaños, con la pretensión de Sánchez de conformar un gobierno en minoría y en solitario, no son suficientes para garantizar una legislatura razonablemente sólida. Hace un año, y con 137 escaños, Rajoy perdió una moción de censura. Aunque es difícil que ese escenario pueda reproducirse contra Sánchez, nada es descartable si a lo largo de la legislatura Podemos concluye que su sumisión al PSOE es destructiva para sus intereses. La fortaleza de Sánchez tiene mucho de impostura. No es real. Y su comodidad definitiva dependerá una vez más de ERC, JpC y el PNV. Por eso cederá ante ellos en el momento que los necesite para sobrevivir.


Golpe de Estado en el Tribunal Supremo
Cristian Campos elespanol 7 Junio 2019

De acuerdo: aceptemos delito continuado de desobediencia grave cometido por autoridad pública. Cerremos el asunto con un año y medio de inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos y una multa de 24.000 euros. Eso en el caso de los líderes del procés, los Oriol Junqueras, Carme Forcadell, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Al resto, un "perdone usted por las molestias y siga con su vida".

En esencia, eso es lo que pide el catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona Jordi Nieva-Fenoll en un artículo publicado por El Periódico de Cataluña. En el texto, Nieva-Fenoll califica el procés de "situación absurda de dimensiones colosales" y afirma que sus líderes desobedecieron al Tribunal Constitucional "pero también" su propia ley del referéndum. No recordaba yo de mis clases de Derecho el principio jurídico de lo comido por lo servido: "Sí señor, mi cliente robó el banco, pero también se vio obligado a saltarse su propio plan de huida por los obstáculos que le puso la Policía Nacional. Vaya una cosa por la otra". Jaque mate, Fiscalía.

Sentada jurisprudencia por el Tribunal Supremo con la sentencia del procés, esperemos cuatro años.

Imaginemos que un partido cualquiera, llamémosle POF (Partido Orden y Familia), alcanza la presidencia de la Comunidad de Madrid con un millón y medio de votos sobre una población de seis millones y medio.

Imaginemos que el presidente de ese partido publica un artículo en el renacido diario El Alcazar en el que bautiza a los 26.371 catalanes que viven en Madrid como "bestias de forma humana con baches en el ADN". Imaginemos que califica a los inmigrantes de "colonos" y a las minorías LGBT de "pobres individuos que viven en un país del que lo desconocen todo: cultura, tradiciones, historia". Imaginemos que ese presidente, harto de que el dinero de sus ciudadanos sea invertido en comunidades más pobres que la madrileña, inicia un proceso de desconexión con la legalidad española.

Imaginemos que ese presidente se fotografía, chulesco y sonriente, junto a las cinco resoluciones del Tribunal Constitucional que se ha propuesto públicamente desobedecer. Imaginemos que afirma que "la voluntad del pueblo madrileño está por encima de las leyes españolas". Imaginemos que ese presidente participa en homenajes a Antonio Tejero y Alfonso Armada y se fotografía junto a antiguos terroristas de extrema derecha condenados por el asesinato de ciudadanos catalanes.

Imaginemos que entre trago y trago de anís de Chinchón, a cuya promoción dedica buena parte de su jornada laboral, ese presidente autonómico le exige al presidente del Gobierno reuniones "de tú a tú" en las que se autoconcede rango de jefe de Estado. Imaginemos que ese presidente autonómico demanda en dichas reuniones un "relator internacional" para mediar en "el conflicto entre Madrid y España".

Imaginemos que decenas de abogados y activistas de extrema derecha del entorno del Frente Nacional francés, del partido polaco Ley y Justicia y de Alternativa para Alemania son financiados por ese presidente con el presupuesto de la Comunidad para sostener la teoría de que los tribunales españoles que intentan proteger los derechos civiles de los catalanes, los inmigrantes y las minorías LGBT son organismos colectivistas más propios de la vieja Unión Soviética que de una democracia como Dios y las buenas costumbres mandan.

Imaginemos que un presidente de la Asamblea de Madrid manda a la líder de la oposición de vuelta a su Gerona natal. "¿Quién te obliga a estar aquí, cerda?". Imaginemos que el presidente autonómico le concede a dicho expresidente la condecoración más prestigiosa otorgada por la Comunidad de Madrid: el Sagrado Corazón de Manuela Malasaña. Imaginemos que presentadores de Telemadrid llaman "puta" a la líder de la oposición y califican de "degenerados" a sus votantes.

Imaginemos que ese presidente autonómico decide sustituir la bandera de la Comunidad de Madrid por esta. "Somos un pueblo pacífico: por eso hemos escogido un corazón como símbolo de nuestras firmes convicciones democráticas" dice.

Imaginemos que esa bandera cuelga de los balcones de la Real Casa de Correos. Que inunda calles, edificios oficiales, que los madrileños la lucen en forma de pin, que la exhiben en manifestaciones multitudinarias. Imaginemos que esos madrileños empiezan a organizar marchas de antorchas. Imaginemos que la alcaldía, en manos del PP, se solidariza con el presidente de la comunidad.

Imaginemos que algunos de los catalanes que viven en Madrid deciden arrancar alguna de esas banderas y que por ello son rodeados, acosados, amenazados e identificados en las redes sociales. Que el Gobierno autonómico madrileño les califica de "paramilitares bolcheviques" y llama a actuar contra ellos. Que vuelcan estiércol en las puertas de sus casas. Que sus comercios son señalados con frases como "en este comercio no se habla en español".

Que sus hijos son identificados en las escuelas de Madrid: "Que levante la mano el que sea hijo de catalán, o de padre o madre soltera, o que tenga dos padres y dos madres".

Imaginemos que el presidente autonómico decide celebrar un referéndum en el que se pregunta a los madrileños si desean derogar la Constitución en la comunidad de Madrid. Que el presidente anuncia que los catalanes, los inmigrantes y las minorías LGBT que viven en Madrid no deben temer nada porque "continuarán disfrutando de sus derechos civiles" cuando la nueva legalidad madrileña, de la que nadie ha dado ni un solo detalle, sea una realidad.

Imaginemos que un millón y medio de madrileños se lanzan a las calles y se fotografían votando tres y cuatro veces en un referéndum sin garantías legales y prohibido por los tribunales. Imaginemos que el Gobierno autonómico ha obtenido ilegalmente los datos de todos los ciudadanos madrileños. Imaginemos que la Policía Nacional recibe la orden de impedir ese referéndum y que los votantes impiden el paso a los agentes y se enfrentan físicamente a ellos con el argumento de que "sólo quieren votar". Que algunos de ellos son heridos por la Policía Nacional y que esas heridas son presentadas como prueba de la violencia del Estado español.

Imaginemos que decenas de miles de funcionarios, de profesores de escuela, de asociaciones civiles, de empresas y de medios de comunicación, todos ellos directa o indirectamente a sueldo del Gobierno de la Comunidad de Madrid, se manifiestan dispuestos a desobedecer las leyes españolas y, muy especialmente, aquellas que protegen a los ciudadanos madrileños desafectos.

Imaginemos que a todo eso le llamamos El Proceso.

Imaginemos que la Policía detiene a los líderes políticos y civiles del Proceso. Imaginemos que estos son juzgados en el Tribunal Supremo y que este les libera con penas menores basándose en el argumento de que el Proceso sólo ha sido "una situación absurda de dimensiones colosales".

Si todo eso ocurriera, yo también estaría de acuerdo en que El Proceso no ha sido un golpe de Estado. Porque golpe de Estado, lo que se dice golpe de Estado, sólo lo sería la sentencia absolutoria del Tribunal Supremo.

Navarra y la idea de España
Sánchez sabrá si su partido puede o debe servir de punta de lanza a la ambición nacionalista de euskaldunizar Navarra
Ignacio Camacho ABC 7 Junio 2019

Navarra no se puede comparar con Madrid en relieve social, en foco mediático ni en simbolismo, pero ocupa una posición de esencial importancia en el tablero político de un país cuyo modelo de convivencia territorial lleva décadas sometido a la tensión de un fuerte conflicto. Tanto es así que es la única región que tiene reconocido, mediante una disposición transitoria de la Constitución, una especie de derecho de autodeterminación matizado o relativo: puede decidir si se incorpora a la comunidad autónoma vasca o si mantiene su actual modelo acogido a las peculiaridades históricas del foralismo. Por tanto, constituye para el imaginario étnico nacionalista una pieza clave en la forja de su mito: su anexión duplicaría la extensión física de Euskadi, incrementaría significativamente su población y reforzaría en términos económicos su ya valioso peso específico. Solo hay un pequeño problema: la contumaz resistencia de la mayoría de los navarros, orgullosos de su españolidad, a integrarse en ese proyecto expansivo.

En este contexto, las elecciones de mayo han pintado un mapa muy enrevesado. La coalición constitucionalista (UPN, PP y Ciudadanos) ha obtenido una victoria clara pero insuficiente sobre las franquicias del nacionalismo vasco, a las que Podemos se suma siempre con entusiasmo. En el eje de esa correlación de fuerzas, el PSOE tiene la decisión en sus manos y parece más inclinado a ejercer de parte que de juez, de jugador que de árbitro. Su candidata regional, aferrada al sectario «noesnoísmo» que predicó su jefe para cerrarle a la derecha cualquier vía de paso, aspira a gobernar al frente de un pequeño Frankenstein navarro, para el que necesita a Bildu como colaborador necesario. Y Sánchez, con su ambigüedad de cálculo, le deja hacer mientras mantiene la pelota en el tejado. Ni autoriza ni prohíbe, como si pudiese dejar esa casilla en blanco. UPN, en un movimiento inteligente, le ha ofrecido colaboración en su investidura a cambio de reciprocidad de trato. Pero frente a sus dos solitarios diputados en el Congreso, el PNV va a negociar con el valor estratégico de seis escaños.

Esta vez, sin embargo, el presidente no tiene mucho margen de jugada, ni siquiera demasiado tiempo para la dilación táctica. Se va a tener que retratar: o apoya a la alianza constitucional o entrega la llave de las instituciones autónomas a los legatarios etarras. Ese es el panorama. No valen casuismos hipócritas: la abstención de Bildu sería una complicidad mal camuflada. Esta dialéctica no va de izquierda contra derecha ni de Chivite contra Esparza, sino de defensa de la foralidad contra la pretensión históricamente contrastada de euskaldunizar Navarra. Sánchez sabrá si su partido puede o debe servir a esa ambición actuando como punta de lanza. Es muy sencillo: se trata de apretar o aflojar los desgastados pernos que sostienen la idea de España.

Bajeza de miras e irresponsabilidad
José Ramón Barros Cabalar okdiario 7 Junio 2019

Con la hueca solemnidad tan característica del personaje, Pedro Sánchez anuncia que acepta el encargo del Rey de formar Gobierno. Qué podría suceder si no. Es el único que por número de escaños y relación de fuerzas y de vetos cruzados está en posición de hacerlo. Aún así, ante un paso que en esta fase es puramente rutinario, Sánchez aprovecha para expresar su agradecimiento “al pueblo español” (sic). De traca.

Tras la farfulla institucional se esconde lo de siempre, es decir, el pacto de Sánchez con los independentistas y con Podemos, las fuerzas de las que dependerá toda su legislatura. Lo más probable es que logre sacar adelante su Gobierno en solitario; ello querrá decir –aunque los socialistas tratarán de venderlo como lo contrario– que deberá toda su viabilidad al apoyo de Torra, Junqueras y los proetarras de Bildu. Ellos serán quienes le darán su abstención, que ni mucho menos será gratuita, sino que implicará una cesión a sus demandas e intereses: indultos a los golpistas presos, favorecer la Anschluss de Navarra y un sistema judicial de facto autónomo para el País Vasco. En cuanto a Podemos, la estrategia de Sánchez es seguir succionando sus votos con políticas de inequívoco corte izquierdista. Iglesias no tendrá más remedio que apoyarle, y lo sabe. Peor aun sería para los morados ir a nuevas elecciones.

Opción esta, la de unos hipotéticos nuevos comicios en otoño, que no habría que descartar de plano… Si Sánchez saca su legislatura en solitario, punto para él. Y si no lo lograse, lo más probable es que en una nueva votación les propicie sendas buenas dentelladas a Podemos y Ciudadanos. Desde el punto de vista estratégico, todo perfecto. Pero desde el punto de vista de los intereses generales de España, todo de una bajeza de miras y de una irresponsabilidad notables.

Esas comparaciones que sirven de retrato…
Gonzalo Duñaiturria okdiario 7 Junio 2019

Hay comparaciones que no se pueden hacer. Hay equidistancias que por moral, principios y humanidad no se pueden tener. Hay manifestaciones más duras que un insulto, humillantes, desoladoras, amargas. Tristes. En política no vale todo. La comparación del Secretario de Organización del PSOE, Ábalos, colocando en el mismo nivel a Vox con la organización filo
etarra Bildu denotan, evidencian y muestran más que notables carencias morales. El ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, aseguró este jueves que Vox es tan inconstitucional como Bildu porque ambos no respetan el “espíritu” de consenso de la Constitución ni el modelo territorial que está plasmado en la Carta Magna.

Me gustaría saber que piensa de verdad Ábalos en sus momentos de soledad cuando rememora semejante cicatería, cuando reflexiona sobre un votante de Vox y un renegado votante de Bildu. Trataré de hacerle reflexionar. Bildu representa y es uno de los embalajes de la franquicia etarra incapaz de pedir perdón a miles de víctimas, incapaz de reconocer el daño y dolor infringido por su basamento ideológico durante décadas y sobre todo, uno de los máximos responsables con avales y falsas desmemorias del aturdimiento moral que desde la normalidad existe hoy en el País Vasco. No solo en el pasado, en el presente de Bildu hay etarras, figuran responsables del odio, negocian autores y dirigen cómplices.

¿Ponemos en el mismo nivel a Vox, Sr. Ábalos?. Es muy sencillo. La verdadera distinción entre quienes proponen y quienes pretenden derruir es la lealtad y respeto al orden constitucional, empezando por los procedimientos que la Carta Magna contempla para su propia reforma. Debería saber el socialista Ábalos que Vox no pretende suprimir la monarquía, separar regiones de España, como si propone la extrema izquierda principal aliada del PSOE. Si existiera interés en leer los postulados ideológicos de Vox concluiríamos que muy pocos partidos pueden competir en constitucionalismo con Vox, la única fuerza que ha luchado con la ley en la mano contra el separatismo y, sobre todo, sosteniendo un discurso dentro de la legalidad. Se puede y se debe reformar la Constitución si con ello se refuerza España, la libertad y una verdadera democracia, pero por encima de todo, si se defiende mejor a los españoles y sus intereses. Hay que saber que las Constituciones occidentales, en los países democráticos, no son un fin sino un medio y pacto entre los ciudadanos para vivir en paz, prosperidad y progreso. Si el paso histórico de los tiempos supone una traba para dichos objetivos, la lógica indica un necesario cambio, desde el sistema y desde la legalidad. En definitiva, dentro de los cánones del imperio de la ley, una constitución se debe modificar, como ya se ha hecho en el pasado. Porque la Constitución Española no es un texto sagrado inmodificable para quienes profesan determinada creencia. Modificar el medio para lograr un lícito y legítimo fin nada tiene que ver con querer derrocar un régimen y derogar su Carta Magna para, como es el caso, romper España, empobrecer a sus ciudadanos y destruir siglos de historia, lucha, lágrimas y progreso.

Si, reconózcalo Sr. Ábalos, su comparación es mezquina y cobarde. ¿Podría mantenerla ante Ortega Lara?, ¿Y ante tantos dirigentes y votantes de Vox víctimas del terrorismo etarra? Y lo es porque desde su cubil se cree merecedor de objetivos vacíos y ante ello, aparece la vanidad, la miseria y la cortedad de miras. No es difícil encontrar definición ante tamaña ignominia, ante tan calculado error. Siglos han pasado y ya nuestro refranero describía semejante actitud. “Esta en medio del río y se muere de sed el mezquino”.

Ignoran el Derecho y la Historia
Emilio Campmany Libertad Digital 7 Junio 2019

Pretenden con su moralina cambiar la Historia y torcer el Derecho. Y, de paso, transformar el régimen de 1978 por medios ilegales.

El auto del Supremo suspendiendo la exhumación de Franco ha provocado una marea roja de historiadores y periodistas poniendo el grito en el cielo por haber el Alto Tribunal basado su resolución en que Franco fue jefe del Estado desde el 1º de octubre de 1936. Alegan que en esa fecha había otro jefe de Estado, Manuel Azaña, con superior legitimidad, y que Franco, como mucho, sólo puede ser considerado tal a partir de haber cesado aquél, en 1939. Confunden una situación de hecho con una cuestión de derecho. Si Franco hubiera perdido la guerra, jamás los tribunales republicanos le hubieran reconocido haber sido jefe del Estado un solo día. Como la ganó, lo fue. Y jurídicamente no puede serlo más que desde la fecha de su nombramiento, que no es otra que la del 1º de octubre de 1936. ¿Se quiere discutir si ocupó o no el cargo legítimamente? Discútase. Pero ése es un problema moral, no jurídico, y, francamente, tampoco histórico. La Historia se ocupa de los hechos, de sus causas, de sus efectos, no de su moralidad. Otra cosa es retorcer la narración para que el lector valore éticamente lo ocurrido del modo prejuzgado por el historiador, que es lo que hace Paul Preston, entre muchos.

De modo que, con independencia de que sea más o menos legítimo, para los tribunales españoles, Franco fue el jefe del Estado desde el 1º de octubre de 1936. El actual régimen puede, si quiere, declarar que la ocupación de la Jefatura del Estado por parte de Franco fue ilegal. Pero, si lo hace, también será ilegal el régimen que presidió y todo lo que legalmente se hizo durante el mismo, las sentencias que se dictaron, las leyes que se promulgaron y por supuesto todos los derechos que al amparo de las mismas se adquirieron. Por eso no lo hacen.

Pero es que, incluso desde el punto de vista de la legalidad, la Segunda República fue tan ilegítima como el régimen de Franco. Aquélla no nació de un proceso constituyente respetuoso con la normativa vigente. Llegó tras unas elecciones municipales que en absoluto tenían el objeto de votar un cambio de régimen. La promulgación ilegal del nuevo régimen no desembocó en una guerra civil, como sucedió cinco años más tarde, porque quienes tenían la obligación de mantener el orden constitucional, empezando por el rey, se negaron a hacerlo. Tal dejación no legitima al régimen republicano, instaurado de forma tan ilegal como el de Franco. Al levantamiento del 18 de julio, por otra parte, no se opuso la República, sino las organizaciones de izquierda que se habían apropiado ilegalmente de ella y que provocaron conscientemente la guerra para que el conflicto les permitiera convertirla en un régimen comunista. Precisamente eso es en lo que se había transformado cuando fue derrotada, en abril de 1939. De haber ganado la República, el régimen vencedor no habría sido el de 1931, sino una dictadura comunista instaurada de forma tan ilegal como la de Franco.

Pretenden con su moralina cambiar la Historia y torcer el Derecho. Y, de paso, transformar el régimen de 1978 por medios ilegales para que sea lo que no es sin necesidad de que los españoles lo voten. Están en eso desde el 11-M.

El clasista y la buscona
Antonio Robles Libertad Digital 7 Junio 2019

Susto o muerte es un falso dilema para elegir al próximo alcalde de Barcelona.

Susto o muerte es un falso dilema para elegir al próximo alcalde de Barcelona. Las dos opciones llevan a la sumisión o al enfrentamiento, Maragall por la vía rápida, Colau por la lenta. Y mientras tanto seguirán dominando las instituciones como lo han venido haciendo desde que Pujol llegó a la Generalidad. Una y otra emanan del empeño de dos clases sociales que se creen dueñas de Cataluña y que, junto a los restos del pujolismo, comparten apellidos, lengua e identidad catalanistas. Son en su conjunto los propietarios de los bienes culturales, económicos e institucionales, y detentan la hegemonía moral. Es el catalanismo.

Ante ellos, la cuestión es si debemos optar por seguir soportando un modelo político basado en la amenaza separatista y la supremacía catalanista o apostar por combatirlo de raíz. La primera garantiza la apuesta separatista a las bravas (o sea, permitir a ERC y a els comuns, con o sin el PSC, investir alcalde a Ernest Maragall); si se opta por la propuesta Valls de dar la alcaldía a Colau como mal menor mediante un Gobierno de coalición con el PSC de Jaume Collboni y el apoyo desinteresado del propio Valls, las consecuencias serán iguales o peores, pero amortiguadas por formas camufladas y maneras equidistantes.

Ada Colau ha perseguido con saña cualquier manifestación cultural de España en Barcelona. Prohibió y multó pantallas en la calle para ver a la Selección española. Intentó echar y humillar al Ejército español del Salón de la Enseñanza. Le quitó la calle al almirante Cervera, héroe de la Guerra de Cuba, por considerarlo "un facha" (en ¡1898!), para dársela "al querido amigo Pepe Rubianes" que vomitó en TV3: "Que se vayan a cagar con la puta España". Eliminó el retrato del jefe del Estado del Ayuntamiento, pero colocó un gran lazo amarillo y la leyenda "Llibertat presos polítics" en la fachada. Permite y promueve que se llene el pavimento de lazos amarillos, contaminar de amarillo todo tipo de edificios institucionales, pero en una ocasión en que aparecieron numerosas banderas españolas en el mobiliario urbano, mandó retirarlas esa misma madrugada. Dificulta manifestaciones de apoyo a la Constitución y ningunea permisos a partidos constitucionalistas, pero da cobertura a la kale borroka de la CUP, colabora con las multas a comercios por rotular en español, impone la inmersión en las escuelas municipales, permitió, ayudó y voto sí en el referendo del 9-N y colaboró con el 1-O. Se opuso al 155 e hizo cuanto pudo por denigrar a España. Si hemos de conocerla por sus obras, ¿qué diferencia hay entre Maragall y Colau? Una evidente: Maragall es un clasista sin careta y ella una buscona con juego a dos bandas que por sistema siempre acaba beneficiando al nacionalismo. Si la propuesta de Valls tiene sentido, es para obligarla a elegir entre los separatistas o los constitucionalistas. Haga lo que haga, perderá a uno de los dos.

Hay un tercer modelo: dejar de jugar siempre en el campo nacionalista, sacudirse de encima el complejo de inferioridad que nos han inoculado y enfrentarse a su ventajismo. Es decir, combatir de una vez por todas al separatismo, empezando por desenmascarar la atmósfera totalitaria del catalanismo que sirve de coartada soberanista a personajes como Ada Colau y a buena parte de la izquierda con síndrome catalanista. Elegir entre susto o muerte sólo demuestra nuestra dependencia de ese supremacismo clasista. Es preciso acabar con el maltrato diario, con la sumisión y la fatalidad. Ni una humillación más, ni una exclusión más, al mal se le enfrenta. Esperar una muerte cronificada como mal menor ni es solución ni evita el sufrimiento. Todo puede ir a peor, pero esta vez ni siquiera se paran ya a simular el odio. Y lo están contagiando. Porque ya no sólo odia el catalanismo, también los que lo sufren. Y para esto no hay antídoto. Cuando llega el odio, siempre es demasiado tarde.

PS: frente a esta tesis, destaco la de Lluís Rabell ("A orillas del Rubicón"), un hombre honesto y sensato de la izquierda no independentista, pero atrapado como todos en el catalanismo.

España se la juega en Navarra
No entenderíamos que PP o Cs no facilitaran con su abstención el Gobierno de Sánchez, evitando a los nacionalistas, como tampoco que el PSOE no facilitara un Gobierno de Navarra Suma
JUNTA DIRECTIVA DEL CÍRCULO DE NAVARRA. ABC 7 Junio 2019

Sigue impresionando la reflexión agónica de Laín Entralgo cuando se preguntaba: «¿Qué va a ser de España? ¿Se producirá en ella una paulatina desintegración? ¿Se alcanzará la realidad de una nueva y más satisfactoria convivencia?». Y a la vez sigue emocionando el vibrante poema de Madariaga en el que refiriéndose a España en un coloquio imaginario con ella, se llena de nostalgia respecto a su unidad creadora, evocando las esencias ocultas de la Patria («la que huele a tomillo y a romero») vagando por Santillana del Mar, los montes vascos, las riberas del Segre, las huertas de Valencia, las torres de Salamanca, Sevilla... Esa España, gran nación, que ha sido durante más de mil años algo más que una Nación; ha sido una cultura entera que traspasa siglos y continentes, la única universal -con la anglosajona- que aún perdura. Y en esa unidad, conviven diversas tierras, costumbres e historias que la enriquecen con sus aportaciones al todo. Una de esas tierras es Navarra.

Como dijo el profesor Sagardoy en estas mismas páginas, «si hay algún Reino que pueda codearse de igual a igual, e incluso mirar un poco por encima, a los demás Reinos medievales, es el de Navarra. Tierra de acendradas costumbres, de recia personalidad, de hondo sentimiento de identidad, y que sin embargo ha sido un ejemplo de unidad-diversidad, al no excluir España de su identidad sino asimilarla dentro de su originalidad». Bien se puede comparar a un centenario olivo: profundo en sus raíces y extenso en su ramaje. Muy local y profundamente universal.

Pero hay negros nubarrones que amenazan la identidad de Navarra y, por ende, la unidad de España. Como dice Jaime Ignacio del Burgo, «el nacionalismo vasco de todo signo, moderado o inmoderado, democrático o fundamentalista, pacífico o violento, ha reivindicado siempre como algo incuestionable que Navarra forma parte de una nación a la que impusieron el nombre de Euskadi o “reunión de todos los vascos”, palabra inventada por su fundador Sabino Arana, que en los últimos tiempos han rebautizado con el de Euskal Herria o “tierra de habla vasca”». A lo largo de la historia, en más de mil años, jamás los navarros tuvieron conciencia de pertenecer a una supuesta comunidad euskalherriaca porque era inexistente. Cuando el Reino de Pamplona luchaba con francos y musulmanes, los territorios vascongados permanecieron totalmente al margen. Y cuando en 1542 se produce el destronamiento por Fernando el Católico de los Reyes de Navarra, Juan de Albret y Catalina de Foix, los vascongados son los primeros en invadir el solar navarro, bajo el mando del Duque de Alba, y, dicho sea de paso, después de la integración en Castilla, Navarra conservó sus fueros y privilegios.

Ya en tiempos posteriores, Navarra sigue conservando una identidad propia y diferenciada, lo mismo con la Ley Paccionada de 1841, que con el Decreto-Ley de 4 de noviembre de 1925 (Primo de Rivera) que disuelve las Diputaciones, exceptuando a las que tenían un régimen privilegiado «hijo del concierto y de pactos antiguos» como fue el caso de la Diputación Navarra. Y así, en 1927, se firma con el Estado el primer Convenio Económico, y más recientemente, tanto en las dos Repúblicas como en la Transición de 1978, Navarra ha conservado su identidad. Queda la malhadada Disposición Transitoria 4ª de la Constitución (fruto del juego pactista en su elaboración) que establece una posibilidad de unión con el País Vasco que ha dado y sigue dando alas al nacionalismo para intentar formar esa patria vasca soñada. Y como bien ha dicho Vargas Llosa «no hay nacionalismos inofensivos». El nacionalismo cierra, no abre; excluye, no une, da alas a la pasión anulando la razón; y en esa tesitura se pretende por todas las vías «vasconizar» Navarra.

Como ha ocurrido con otras autonomías se ha elegido, con mucha sabiduría, la vía educativa como el mejor cauce para lograrlo. Hay, en todos los terrenos, y el educativo es el buque insignia, una ofensiva en toda regla para que Navarra se integre en el País Vasco. Y si eso ocurriera, entraríamos en una dinámica de notable peligro para la unidad de España, con consecuencias graves. Pensar en una España con separación de Cataluña y el País Vasco (con Navarra) supondría, entre otras cosas, la pérdida de un 20% de la población y casi un 30% del PIB. Y desde luego, una ruptura social y cultural a nivel español y un descrédito ante Europa y el mundo de nefastas consecuencias. De ahí la importancia de que Navarra conserve su independencia e identidad propias, sin perjuicio de las buenas relaciones, sobre todo económicas, que ha tenido y debe tener con la Comunidad Vasca, pero una cosa es la relación de hermandad, y otra, la de filiación.

Y con esta situación hemos llegado a las pasadas elecciones autonómicas donde, después de cuatro años de un Gobierno formado por Gbai, Eh Bildu, Podemos e I-E, tensionando la forma de entender nuestra convivencia y nuestra cultura, podemos decir que los navarros, en su gran mayoría, han dado un mensaje alto y claro: una Navarra autónoma fuera del País Vasco y dentro de España. Así lo confirman los 199.184 votos que han conseguido Navarra Suma (UPN, PP y C´s) y el PSOE de Navarra (PSN), logrando 31 escaños (20 y 11 escaños respectivamente), frente a 137.844 votos del resto de fuerzas donde se encuentran Gbai, Eh Bildu, Podemos y I-E, con un total de 19 escaños.

Aparentemente, Navarra con estos resultados respira tranquila al encontrarse con ella misma, con su propia singularidad, para continuar centrada en sus propias preocupaciones y legítimas aspiraciones, trabajando, prosperando, y siendo el modelo a seguir en solidaridad y convergencia en niveles de renta.

¡Pero no! Parece haber intentos de que a través de coaliciones postelectorales no se refleje lo expresado en las urnas de manera evidente. En otras circunstancias, hasta podríamos llegar a entenderlo, pero en la situación actual de España, puesta en cuestión en una parte de Cataluña y con un País Vasco a la espera, no se puede comprender que los partidos constitucionalistas no sean capaces de pactar en Navarra.

Estamos en una encrucijada histórica, y no podemos callarnos. Somos sociedad civil y tenemos responsabilidades, y hoy más que nunca tenemos la responsabilidad de llamar al pan «pan» y al vino «vino»: nunca entenderíamos que el PP o Cs, tan preocupados con la unidad de España, no fueran capaces de facilitar con su abstención el Gobierno del Sr. Sánchez, evitando con ello la tentación de hacerlo con los nacionalistas, y por supuesto, nunca comprenderíamos que el PSOE no fuera capaz de facilitar un gobierno de Navarra Suma o de coalición de Navarra Suma con el Partido Socialista de Navarra.

De no hacerlo, simplemente, los partidos nacionales constitucionalistas habrían perdido la oportunidad de inaugurar una nueva era política en nuestro país, en la que la gobernabilidad del Estado no volviera a estar en manos de partidos nacionalistas y menos todavía secesionistas. Hemos ganado una posición encomiable en Europa y en el mundo tanto en el orden social como económico, con un esfuerzo y sentido de la solidaridad envidiable y no estamos dispuestos a perderla.

Como la sociedad civil debe tener voz y presencia, un conjunto de navarros en Madrid constituimos ya hace años el Círculo de Navarra, que trata de defender todos los valores propios de Navarra y su promoción socio-económica. No tenemos más medios que nuestra fe, nuestro trabajo y nuestro amor a Navarra y a España. Esa Navarra, en palabras de Jesús Tanco, que ha sabido integrar culturas, salvaguardar costumbres y proteger sus intereses. Vamos a luchar por su identidad.

El castellano, ¿lengua de resistencia?
Manuel Peña Díaz cronicaglobal 7 Junio 2019

El debate sobre los usos de las lenguas en Cataluña ni es actual ni se inició en la Transición, ni en el franquismo, ni en la dictadura de Primo de Rivera. Tampoco fue en el siglo XIX, ni en el borbónico dieciocho, ni en el convulso siglo XVII. Hay que remontarse a fines del XV, cuando impresores de procedencia alemana y libreros barceloneses, algunos de origen judío, implantaron la imprenta y se dedicaron al negocio de multiplicar libros y de encuadernarlos. Unos impresos eran más rentables imprimirlos en castellano o en latín, otros lo eran en catalán.

La Inquisición tampoco tuvo intención alguna de eliminar el catalán y sus múltiples variantes como lengua más usada entre los habitantes del Principado. Ni siquiera lo intentaron los jesuitas, empeñados en educar a los hijos de la nobleza en lenguas de mayor proyección. Eso sí, la mayoría de las élites de aquí y de allá estaban convencidas que era más práctico que la lengua administrativa fuera el castellano o español. La utilidad y no un argumento desnacionalizador estuvo detrás de ese empeño.

Es innegable que siempre ha habido políticos y/o ideólogos españolistas o catalanistas --según el caso y el momento-- obsesionados con poner la lengua en el centro de sus batallas identitarias. Es comprensible que en los últimos 500 años hayan existido escenarios donde en lugar de conflictos han surgido paradojas lingüísticas cotidianas. Pongamos un ejemplo reciente, entre tantos. En los años del tardofranquismo, y coincidiendo con el aluvión poblacional castellanohablante, la única lengua oficial era el español, pero en el día a día la lengua A era el catalán. Es decir, en los municipios los papeles oficiales estaban impresos o debían ser redactados en castellano, pero la lengua hablada en la mayoría de los consistorios era el catalán. Y si en los colegios nacionales la lengua vehicular era el castellano, la lengua del patio o de la calle era el catalán o el castellano, o ambos, según el lugar donde se estuviese. Se comprende también que hubiese misas en castellano y en catalán, siendo el cura el que decidía en qué lengua se hacía el oficio de las 12.

Ni en la Cataluña interior ni en el cinturón barcelonés hubo una práctica lingüística uniforme, otro asunto fue el de los discursos oficiales, españolista con el franquismo o catalanista con el pujolismo, que impusieron con medidas coercitivas y represoras --sobre todo en el ámbito educativo público-- el uso de una lengua y no de otra. Y, pese a todo, siempre ha habido resistencias y transgresiones. Así, en el franquismo, el catalán se convirtió en un símbolo de la protesta nacionalista o de las izquierdas frente a la dictadura, pese a que el catalanismo franquista dominaba en las instituciones del régimen.

Ahora, la resistencia civil al movimiento ultra y oficialista del procesismo está tomando el castellano como símbolo de protesta. Es cierto que no es nueva esta resistencia, pero había sido minoritaria desde que surgió en 1980. El cambio actual es cuantitativo y, sobre todo, cualitativo. Empiezan a ser decenas de miles los catalanes que rechazan el uso totalitario de una única lengua, y de manera organizada o a título individual son muchos los que han trasladado su negativa a hablar en catalán en muchos espacios como protesta activa y de desobediencia civil.

Junqueras, en su época de alcalde, pudo ser el primero que comprendió que, ante la imposición, esta respuesta podría suceder. De ahí que propusiese al preventivo (preservativo han dicho algunos) Rufián con el objeto de ocultar a los desinformados la intención supremacista de la política lingüística del catalanismo. Sin duda, el producto le está funcionando, visto el papanatismo o la confusión mental con que gentes que dicen ser de izquierdas reaccionan ante el populismo tuitero del personaje en cuestión.

La apuesta de ERC por el goteo generacional --como vía para que triunfe el independentismo en unas plebiscitarias en menos de diez años-- puede fracasar si la simbólica resistencia con el castellano como protesta y desobediencia termina por extenderse en el cotidiano discurrir en Barcelona y en su cinturón. Es cuestión de intención y de tiempo. Atentos.

'Operación Jaque'
Los proetarras ponen en la diana al juez Velasco por el macrojuicio contra los abogados de sus presos
María Jamardo okdiario 7 Junio 2019

El magistrado procesó en 2016 a 47 personas por integrar el 'frente makos', un grupo de abogados encargado de coordinar el núcleo duro de los presos de ETA.

El entorno etarra se moviliza en contra de la Audiencia Nacional y el juez Eloy Velasco y convoca una manifestación, el próximo 14 de septiembre en Bilbao, para "responder con la gente y en la calle" a la macrocausa que dirige el magistrado y que arrancará un día después en Madrid para enjuiciar a los abogados de presos de ETA acusados, en 2016, de integración en organización terrorista, blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. Todos ellos se enfrentan a una petición fiscal de 601 años de prisión.

Un total de 47 personas, procesadas como responsables del llamado frente jurídico de ETA, ‘Halboka’, fueron detenidas en el marco de una operación policial que arrancaba en 2013, coordinada por la Audiencia Nacional, y que culminó en enero de 2015 con el ingreso en prisión provisional de 4 miembros de la asociación ‘Herrira’, de apoyo a terroristas encarcelados; y un total de 12 abogados, entre los que se encontraba la cabecilla de la organización, la abogada Arantza Zulueta. Para esta última, la Fiscalía solicita una condena de 19 años de cárcel.

Ahora, los círculos más activos del ambiente abertzale, lanzan un llamamiento a sus afines para lograr que la manifestación "tenga un gran respaldo" y para la que anuncian diferentes iniciativas -publicitadas a través de las diferentes plataformas de familiares de presos- entre las que están "elaborando un manifiesto" que tratará de desvirtuar la acción de la justicia española, en su actuación contra el terrorismo de ETA y sus filiales.

Los promotores del escrache ya han habilitado una página web donde se invita a localizar información sobre el juicio, "diferentes soportes para la campaña", así como una pasarela de donativos para colaborar en "sufragar los gastos" de un proceso judicial que "pretende criminalizar la solidaridad a favor de los presos y huidos vascos y sus familiares".

En la misma se refieren a la figura del juez Velasco como responsable de "golpearnos" con "operaciones policiales diseñadas en las cloacas del Estado". Operaciones que los proetarras afirman que tenían "como objetivo perpetuar el conflicto, abriendo nuevas heridas, creando más sufrimiento" y "provocado graves consecuencias".

Para acto seguido, asegurar que se "ratifican" en todo lo hecho y "en la vigencia de las reivindicaciones que desarrollamos". Algunas de las cuales pasan por la "vuelta a casa" de los terroristas fugados de la Justicia española y la conmutación de penas para algunos de los presos.

La ‘Operación Jaque’
El juez Eloy Velasco procesaba, en 2016, a un total de 47 personas por formar parte del denominado ‘frente makos’, un grupo organizado que bajo el paraguas de asociaciones próximas al entorno terrorista, contribuían a mantener a los presos etarras bajo la estructura y disciplina de la banda armada.

Miembros de varias entidades como ‘Herrira’, de apoyo a presos; el de familiares, ‘Etxerat’; la asociación de asistencia sanitaria ‘Jaiki Hadi’; o el colectivo de abogados BL, entre los que se encontraba la abogada Arantza Zulueta, fueron acusados por su pertenencia a una trama de apoyo a terroristas encarcelados. Velasco atribuía a Zulueta el liderazgo del grupo de letrados encargado de la asistencia jurídica y política de los presos de ETA, vía por la que se articulaba el contacto permanente con los mismos.

Además, este método sistematizado de visitas carcelarias al amparo de la representación procesal de los reclusos, les permitía recopilar información sobre éstos que después trasladaban a la cúpula de la banda. De todo ello, quedaban excluidos los "arrepentidos" que asumían la legalidad penitenciaria tras acogerse a la vía Nanclares.

Zulueta y otros siete de los detenidos, incluido el también abogado Jon Enparantza, ingresaron en prisión por estos hechos en enero de 2014 y posteriormente, en 2015, el resto de los acusados que serán juzgados en la Audiencia Nacional a partir del próximo mes de septiembre. Entre ellos, el exsenador de EH Bildu Iñaki Goioaga que, inicialmente procesado por el Tribunal Supremo en su calidad de aforado, pasó a incorporarse a la causa de la Audiencia Nacional una vez hubo perdido la condición de inmunidad que le proporcionaba su escaño.

Cayetana, Pagaza y Savater estallan contra un terrible blanqueo de Josu Ternera
ESdiario 7 Junio 2019

Pensadores españoles y francesas destrozan al diario izquierdista "Liberation" por presentar al pistolero como un heróe. Y dejan en mal lugar al Gobierno por no hacer didáctica.

Un grupo de intelectuales y políticos españoles y franceses han alzado la voz este jueves contra el diario francés Libération por un artículo en el que se criticaba la detención del etarra Josu Ternera y han advertido de que "la decisión de Ternera de dejar de asesinar o mandar asesinar a gente" no le exime de responsabilidad penal.

Los firmante se declaran "preocupados y consternados" por ver "cómo intelectuales que se dicen de izquierda se rebajan a mentir sobre la realidad del terrorismo de ETA, apoyan una ideología nacionalista excluyente y pisotean la memoria de las víctimas".

El texto lo firman el filósofo Fernando Savater, la eurodiputada Maite Pagazaurtundua y el escritor Fernando Aramburu, junto a los profesores franceses Barbara Loyer Professeure, Maurice Goldring y Béatrice Giblin; la concejal de Biarritz Brigitte Pradier y la politóloga Kattalin Gabriel-Oyhamburu.

Además, se han sumado a él la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, los escritores Félix de Azúa, Andrés Trapiello, Javier Irazoki y Félix Ovejero, los profesores Roberto Blanco, Alfonso Ruiz Miguel, Carlota Sole i Puig y Ramón Puig de la Bellacasa, entre otros.

Responden a un artículo en el que se criticaba la detención de Ternera esgrimiendo su "contribución personal" al fin del "conflicto armado más viejo de Europa occidental", apostaban por una "justicia transacional" y alegaban que su detención sería como si Nelson Mandela hubiera sido detenido tras el fin del apartheid en Sudáfrica.

De hecho, los autores del texto de este jueves empiezan por afear a los defensores de Ternera que no les dé "vergüenza comparar implícitamente la España democrática con la Sudáfrica del apartheid".

"¿Quieren hacernos creer que los vascos estaban segregados como los negros sudafricanos, o que este jefe de ETA merecería ser recompensado porque finalmente decidió que los asesinatos no eran útiles para su causa?", se preguntan.

ETA, recalcan, "asesinó a conciudadanos desarmados" en un País Vasco gobernado por una partido "que defiende la independencia" y, en los 20 años que estuvo dirigida por Ternera, "intentó impedir la transición postfranquista cometiendo numerosos atentados en los periodos de negociación más delicados".


 


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