AGLI Recortes de Prensa   Domingo 9  Junio 2019

El destino de Rivera y el futuro de Ciudadanos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  9 Junio 2019

A un partido político debería juzgársele por sus hechos y por sus dichos. Al principio, por sus dichos; cuando se acerca o llega al Poder, por sus hechos. Los dichos, es decir, las ideas que se exponen a la opinión pública como denuncia de abusos y carencias en una comunidad política tienen infinitamente más valor del que se les concede. Y no sólo porque luego se contrastan con lo que se hace, sino porque las ideas tienen consecuencias casi de inmediato a través de las encuestas, que valoran el aprecio que tienen en el cuerpo político de toda la nación, o de una región, clase social, sexo, lengua, tendencia política o religión. Por eso son adoptadas a su modo por los demás partidos, o bien combatidas, si se cree ganar más votos contra ellas que con ellas.

Evidentemente, en las últimas cuatro elecciones en tres semanas, calculado disparate de Sánchez, las propuestas que se han debatido, asumido o combatido han sido las de Vox. Y en ese sentido, el movimiento cívico o patriótico de Abascal -no partido, como decía él mismo y con razón, aunque sus palmeros no lo vean- ha sido el vencedor moral de unas elecciones que ha perdido. Relativamente, claro, porque pasar de la nada a 24 escaños, ya lo hubiera querido Rosa Díez, cuyo patriotismo de izquierda mereció mejor suerte y cuyo hundimiento hizo emerger el patriotismo centrista de Ciudadanos y Rivera. Que hasta ahora han sido lo mismo, como UPyD y Rosa Díez, pero que pueden correr la misma suerte según las decisiones que tome su líder.

La Moncloa o el Gobierno
No quisiera ser injusto ni ventajista en ese análisis de un partido y de un líder que han hecho cosas extraordinarias por España y por la Libertad. Más que nunca, y aunque la política es cualquier cosa menos justa, no cabe olvidar la tarea contra el separatismo cultural y mediático -que son casi lo mismo- en Cataluña, Valencia y Baleares. Tampoco la lucha por recuperar ciertas competencias de las Comunidades Autónomas -Educación, Sanidad- que nunca debió transferir el Estado y que, si se mira con atención, empieza con UPyD, se desarrolla con Cs y llega a su culminación con Vox.

Pero aquel joven guapito con mucha labia y alumno de Carreras que Arcadi Espada y Albert Boadella pusieron al frente del neonato Ciutadans tenía ambiciones propias. La primera, sobrevivir al cerco mediático y a las divisiones internas -Domingo y Robles, dos de los tres primeros diputados, acabaron dejando el partido-. Para ello, no dudó en aliarse con el partido ultraderechista Libertas, propiedad de un irlandés eurófobo, que dicen que pagó la campaña y así se salvaron los tres escaños del Parlamento catalán. Aquella alianza decidida personalmente por Albert Rivera y tan contraria al europeísmo centrista que hoy exhibe su partido, es lo que finalmente salvó a la formación naranja de su desaparición, y el germen de un caudillismo indiscutido e indiscutible. Desde ahí, surfeando los errores de Rosa Díez, se hizo con el electorado de centro-izquierda. Y empezó a acariciar la idea de llegar al Poder. Primero, con otro: el PSOE; después a costa de otro: el PP. Pero la idea básica era y es la misma: llegar a la Moncloa. Y el problema esencial sigue siendo idéntico: si puede llegar en solitario o en compañía.

En todo caso, la decisión es personal e intransferible. Aunque está claro que el núcleo esencial de Cs se ha trasladado de Barcelona a Madrid, no hay nadie que pueda discutirle, hoy por hoy, el liderazgo a Rivera. Y da la impresión de que la única que podría hacerlo, Inés Arrimadas, no tiene prisa y espera a ver qué le depara el destino a Albert, que apostó por ella cuando nadie lo hacía y al que, en justa correspondencia, respalda ahora, comparta o no sus cambios de estrategia, a veces arriesgadas volteretas.

¿Acaudillar la Derecha y satanizar a Vox?
Rivera ha ido arriesgando en su apuesta o acelerando su cita con el destino, según pasaban los años y veía acercarse la posibilidad de llegar a Moncloa, más que la más sencilla de que su partido lograra Poder, poco a poco, como ahora. Si hace cinco años se negó a asumir responsabilidades de Gobierno fue para conservar intactas sus expectativas de victoria. Y si hace unos meses decidió intentar hacerse con el liderazgo de la Derecha fue porque el desastre dejado por Rajoy y heredado por Casado le brindaba a él como líder y a Ciudadanos como partido una ocasión pintiparada. Lo que ha pasado en las últimas citas electorales le ha hecho perder esa apuesta. Y ahora debe elegir si mantiene su "no" a Sánchez o pacta Gobierno con él.

Lo más irritante -y contraproducente- que Cs ha hecho después de las elecciones es echar lejía por donde pasa Vox, metáfora tomada por Rocío Monasterio de la realidad de los escraches catanazis a Arrimadas en Cataluña. Y ello por dos razones: 1/ al negar su relación con una de las partes del centro-derecha debilita su posición ante al PSOE; 2/ al tener que pactar con alguno de los que rechaza, PSOE y Vox, quedará fatal ante la derecha o la izquierda. El doble veto disminuye doblemente su capacidad.

Lo trágico para la ambición personal y política de Rivera, mucho más legítima que la de Sánchez, porque no es socio del separatismo, es que la aritmética parlamentaria le obliga a elegir entre su discurso y sus actos. Esta semana, al explicar que nunca pactará con Sánchez y que Navarra no debe ser objeto de un "cambio de cromos" (faltaba la voltereta de Villacís) caía en una contradicción flagrante: no es lógico decir que no se abstiene ante Sánchez porque se apoya a golpistas, comunistas e hijos de la ETA, y, a la vez, decirle a Sánchez que forme gobierno con los separatistas, razón por la que no lo apoya.

Absurdo personal y absurdos colectivos
¿En qué quedamos? ¿Cuál es el problema: Sánchez o el separatismo? Si el problema es el separatismo, contra el que nació y lucha Ciudadanos, lo razonable es abstenerse y que Sánchez gobierne en solitario y dependa en última instancia de Ciudadanos, no de Iglesias, Junqueras y Cocomocho. Eso reza también para el PP, que podría acompañar a Cs en la abstención. O, al menos, Rivera podría pedírselo a Casado. Salvo Abascal, que tendría difícil -no imposible- explicarlo a su electorado, los votantes de PP y Cs entenderían perfectamente esa abstención por razones de puro patriotismo.

El problema de Cs es que al estar ideológicamente más cerca del PSOE que el PP, tiene más difícil explicar las escandalosas contradicciones de coquetear con el PSOE en todas partes… salvo la que le afecta a Rivera. Diríase que de nuevo se quiere conservar virgen para la Moncloa mientras las otras once mil postulantes a la virtud, la pignoran en el lecho del pacto. No es lógico que Igea prefiera al PSOE para acabar con el régimen del PP en Castilla y León, al que equipara en Andalucía, cuando la nueva Junta de PP y Cs, apoyada por Vox, está haciendo una gran labor desmontando un régimen de clientelismo feroz, ineficiencia absoluta y corrupción oceánica que ni de lejos alcanza ninguno de los logros de la autonomía del PP y Cs.

Y tampoco es lógico ni tiene venta posible que en Madrid quieran obviar los resultados de las urnas, como si la vicepresidencia y la mitad de las consejerías de la Comunidad para Aguado o que Villacís sea Teniente de Alcalde y Consejera de Urbanismo, con el Plan Chamartín por delante, no fueran escenarios suficientes para lucirse y tener una proyección que permitiría a Cs aspirar razonablemente a ganar las elecciones siguientes.

El fantasma de UPyD acecha
Pero lo peor es que todos estos absurdos provienen de un absurdo mayor: que Rivera quiera ser el sucesor de Sánchez después de que arruine y rompa España, cuando podría ser su vicepresidente y heredarlo tras salvar a la nación y al régimen constitucional de su peor enemigo. Ni lo primero se olvidará ni lo segundo se perdonará. Rosa Díez se ofuscó y perdió su partido y su oportunidad, cuando junto a Rivera podría estar en la Moncloa. Ojalá Rivera no se pierda y eche a perder su partido, que es más importante que él o debería serlo. Ojalá no destruya algo que vale más que su legítima ambición, porque malograría su ambición y haría un terrible daño a España.

Sánchez da orden de aplicar con urgencia la subida del tipo máximo del IRPF al 49%
Carlos Cuesta okdiario 9 Junio 2019

El plan concreto de Pedro Sánchez pasa por elevar el Impuesto de la Renta en dos puntos para las rentas anuales que superen los 130.000 euros.

El plan de subida masiva de impuestos de Pedro Sánchez es un objetivo prioritario para el aspirante a la Presidencia de España por el PSOE. Quiere elevar el tipo máximo del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas en 4 puntos hasta dejarlo en el 49%. Y quiere hacerlo cuanto antes.

Sánchez ha dado orden a sus departamentos económicos de trabajar ya en este proyecto para implantarlo en los Presupuestos Generales del Estado del próximo año y, si es posible, incluso en un proyecto de urgencia para unas cuentas de 2019. En caso de lograr los apoyos políticos para unos Presupuestos de urgencia este mismo ejercicio, la subida fiscal entraría en vigor a finales de este año.

Sánchez sabe que España está abocada a una desaceleración paulatina hasta acabar entrando en una crisis. Y que, por lo tanto, los niveles de gasto que pretende implantar para cumplir su programa y contentar a su electorado son incompatibles con la actual recaudación fiscal. Necesita más impuestos y no quiere esperar ni un minuto para estrujar fiscalmente a la población.

El plan concreto pasa por elevar el Impuesto de la Renta en dos puntos para las rentas anuales que superen los 130.000 euros. Y subirlo en cuatro puntos para los contribuyentes que ganan más de 300.000 euros al año. El resultado será un pago del 47% para los primeros en concepto de IRPF; y del 49% para los segundos.

La subida del IRPF irá acompañada de una depuración de deducciones fiscales. Y una de las que se observan ya como rebajables según sus criterios son las deducciones para familias en los casos en los que afectan a hogares con rentas superiores a la media. De hecho, el aumento de recaudación que se espera obtener con este plan de diezmado de las deducciones es superior al que se sabe que se logrará con los tipos del IRPF del 47% y del 49% para los contribuyentes de mayores rentas. Pero esos dos tipos marginales serán el señuelo mediático con el que justificar que la subida del IRPF se centra en “los ricos”.

Las expectativas de subida fiscal de Pedro Sánchez no acaban ahí. El socialista quiere elevar más impuestos a lo largo de su legislatura. Sociedades, Sucesiones, Donaciones, Patrimonio, Impuestos Verdes, Ahorro, Transacciones Financieras o Impuestos Tecnológicos también están en sus planes de subidas masivas. Todo entra en un esquema que debe lograr un saqueo fiscal de nada menos que 95.505 millones de euros hasta 2022, cuando se cierre la legislatura.

La cifra, de hecho, es muy superior a la subida de impuestos reconocida por Sánchez –9.440 millones– y la que barajan los analistas, que la cifran en 26.000 millones.

Las cifras han sido desveladas en la documentación remitida por el Gobierno socialista a Europa. La cuantía real no es demasiado difícil de obtener, aunque el Ejecutivo socialista se ha cuidado mucho de no incluirla de forma expresa. El Programa de Estabilidad muestra la estimación de PIB nominal en millones de euros por un lado: 1,4 billones en 2022. Y por el otro reconoce el objetivo de Sánchez en materia de presión fiscal en cada uno de los ejercicios de la próxima legislatura (2019-2022). Y su aplicación desvela literalmente que el objetivo socialista es recaudar 95.505 millones de euros más en 2022 de lo que ahora pagan los hogares y empresas españolas.

La colaboración del centro derecha o cómo PP, Cs y Vox deben aprender a convivir
Antonio Martín Beaumont esdiario 9 Junio 2019

La frustración generada por el fracaso conjunto en el desalojo de Sánchez debe dar paso a colaboración, empezando por Madrid. El largo ciclo sin elecciones facilita ese encuentro.

“Las circunstancias son las que son”, admiten próximos a Pablo Casado, a quien ni se le pasa por la cabeza que pueda frustrarse la suma de fuerzas entre PP, Cs y Vox para mantener la Comunidad de Madrid y reconquistar la alcaldía de la capital. Así lo ha llegado a garantizar a los suyos el líder de los populares.

El rumbo está más que claro, aun cuando puedan cruzarse “faroles” de cara a la galería, incluso golpes en la mesa como la amenaza de Vox de tumbar los presupuestos andaluces. Resulta obligado para los tres partidos del centro-derecha corresponder a la voluntad de reunión que sus votantes muestran a la menor ocasión.

Tras la frustración
Y que se evidenció tras la frustración por lo lejos que quedaron las tres fuerzas de cumplir, por separado, las expectativas de frenar al PSOE. Esto no es incompatible con negociar, sobre todo en base a programas... por más que en su “tanteo” de la semana pasada Iván Espinosa de los Monteros hiciese valer sus decisivos 12 escaños en la Asamblea de Madrid para reclamar a Teodoro García Egea tres consejerías.

Esta etapa que debería ser aprovechada, por los tres partidos de centro y derecha, para explorar lo que les permite trabajar juntos

El Partido Popular está abierto a ceder poder institucional a Ciudadanos para que acometa su plan regenerador. Debe hacerlo. Los resultados electorales han mostrado que en la mayoría de las instituciones el papel de los naranjas pasa por ser bisagra, el de un partido de centro reformista que decide gobiernos, por mucho que Albert Rivera raramente busque huir de esa imagen.

No es sencillo justificar un portazo a Santiago Abascal en la Comunidad de Madrid que imposibilitase a Isabel Díaz Ayuso obtener la estabilidad necesaria para alcanzar la Puerta del Sol después de todo lo que han venido manteniendo durante la campaña. Por ello, nadie debería tirar piedras sobre su tejado cuando el objetivo ha sido señalado.

El papel de Vox
Vox, guste más o menos a Cs, es imprescindible. Y concluida la campaña, los partidos, por el interés general, tienen que poner su cuentakilómetros a cero. El nuevo ciclo sin elecciones a la vista, salvo Galicia y País Vasco en un año, deja mucho margen. Una etapa que debería ser aprovechada, por los tres partidos de centro y derecha, para explorar lo que les permite trabajar juntos.

¿ Centro derecha o España ?
Nota del Editor 9 Junio 2019

A cualquier cosa se la denomina centro derecha, pues no tiene contenido alguno, todo depende de donde se marquen los extremos. Lo importatne es España y el único grupo que la defiende es Vox; los demás, o son claramente anti España, traidores o inútiles, y en último caso, su prioridad es mantener su tinglado partidista que tan bien les ha ido durante los últimos cuarenta años.

La socialista ‘castraniños’ inicia una caza de brujas contra el alumno que grabó su adoctrinamiento
Carlos Cuesta okdiario 9 Junio 2019

La concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Puerto del Rosario (Fuerteventura) Aurelia Vera Rodríguez en vez de retractarse de las declaraciones que hizo sobre "castrar a los niños al nacer", ha emprendido una caza de brujas en el centro escolar para determinar qué alumno grabó sus clases.

Muchos de los alumnos de la socialista -de 4º de la ESO y con una edad que ronda los 15 años- llevaban tiempo atónitos con los postulados y la carga de adoctrinamiento de la profesora. Las grabaciones hechas públicas por OKDIARIO demuestran que, de hecho, eran varios los estudiantes que rechazaban las versiones radicales de la profesora y mostraban su disconformidad en público.

Los comentarios de la edil socialista habían llegado a oídos de los padres y fue uno de estos padres el que tomó la decisión de grabar las intervenciones de la profesora y destapar sus prácticas remitiéndolas al diputado de Vox Francisco Serrano.

Pero la profesora Vera, lejos de moderar su actitud, ha preferido pasar a la ofensiva contra los alumnos y buscar al autor de la grabación en la clase.

El contenido del adoctrinamiento es absolutamente obvio y forma parte ya de una denuncia tramitada personalmente por el diputado de la formación de Santiago Abascal.

Durante una de sus clases, Vera -que ha sido refrendada en las pasadas elecciones del 26-M-, se dirigió a los alumnos varones diciéndoles que “a vosotros os cortan el pito y no os pasa nada”. Aseguró que "hay que hacer que los hombres dejen de gobernar, para que nos den el poder a nosotras. ¿Voluntariamente lo van a hacer? No. Hay que echar mano de la castración selectiva”. Y añadió que había que implantar un “sistema, la matria”, basado, según la socialista, “en el poder de las mujeres”.

Durante su clase, Vera argumentó que su ideal social tenía un problema: “La implantación, cómo la implantamos. Yo tengo una idea”, aseguró: “La castración selectiva”. Una de las alumnas respondió a la propuesta: "Profe, pero si nos estás diciendo que no va a haber violencia…”. Y Vera respondió: “Te dije que el problema era la implantación. Tiene problemas, no digo que sea bueno. Pero, ¿el fin justificaría aquí los medios? ¿Salvar el planeta justificaría castrar al 25% de la población? ¡Aquél está diciendo ya que no! (dirigiéndose a un alumno) Pero si a vosotros os cortan el pito y no os pasa nada”.

La socialista ha lanzado más postulados radicales en sus clases. Postulados como la defensa de la dictadura venezolana, defendiendo el “comunismo”, a “Hugo Chávez”, a “Maduro porque la asfixia de Venezuela no es culpa suya sino de Estados Unidos”, y contra la religión, que, según su particular versión “es incompatible con la democracia” porque “si la religión pudiera se comería a las mujeres”.

Pero para ella todo es admisible porque “cuando esté mi sociedad implantada, aquellos hombres que no tengan huevos, estarán felices porque no los han conocido. No tendrán siquiera deseos sexuales. No los conocen, por lo tanto no los echan de menos. Vamos a aplicar una de las ciencias para saber a quién no le vamos a cortar los huevos”. El PSOE canario ha respaldado a su edil y ha calificado las grabaciones de “polémica insustancial”.

Fragmentación política y parálisis reformista
Juan José Laborda. vozpopuli 9 Junio 2019

¿Hay algo más que ansias (legítimas) de poder con los partidos formando mayorías de gobierno? Parece que siguen sin demasiados cambios las tendencias tradicionales de nuestro sistema de partidos políticos. Lo cual era esperable, posee aspectos positivos, pero encierra el riesgo de que se perpetúe una cierta parálisis reformista, que tendría consecuencias negativas para España.

En líneas generales, con algunas excepciones puramente tácticas, se formarán mayorías municipales y autonómicas de PP más Ciudadanos allí donde éstas sean posibles, con el objetivo de desplazar al PSOE de la gobernación.

El hecho de que Pedro Sánchez sea el único presidente de Gobierno nacional posible, y que nadie quiera hacerse responsable de unas nuevas elecciones generales, convierte al PSOE en el partido hegemónico en los próximos años, y ante eso los dos partidos de centro-derecha buscarán en los gobiernos de inferior nivel un lugar desde dónde controlar al gobierno socialista, al tiempo que podrán diferenciarse por su gestión de su otro socio de coalición o de apoyo parlamentario externo.

Será mantener la dinámica de bloque conservador contra bloque socialista, y esto pone de manifiesto que no existe (o quizá no pueda existir) una formación intermedia, de carácter liberal, capaz de formar mayorías tanto con socialdemócratas, como con conservadores.

En ese sentido, Ciudadanos, al menos con Albert Rivera, no quiere arriesgarse a aparecer gobernando con el PSOE, y si prefiere apoyar gobiernos con y del PP, lo hace porque cree que así ocupará el lugar de ese partido como fuerza hegemónica en el espacio conservador, lo que viene a dar a entender que Ciudadanos tiene horror a desaparecer si es sólo un partido bisagra. Las reflexiones de Francesc de Carreras, uno de los fundadores de Ciudadanos, quien recordaba que Ciudadanos nació para que los grandes partidos no tuviesen que depender de minorías nacionalistas, no han tenido mucha audiencia entre sus antiguos compañeros.

Vox, en mi opinión, dará disgustos a sus aliados ocasionales de centro derecha, pero su vuelo político será gallináceo. Santiago Abascal y sus lugartenientes carecen de ideas que puedan alterar la estrategia de los demás partidos.

En cuando a Podemos, y su antiguo conglomerado de opciones radicales comunitaristas, en estas circunstancias influirán muy poco. Si como es previsible, las alcaldesas de Madrid y Barcelona pierden su puesto, lo que significó Podemos se irá difuminando en poco tiempo. Además, Pablo Iglesias quedará fuera del gobierno de Pedro Sánchez, y no sólo porque Iglesias es menos creíble según su partido se desmorona, sino porque Sánchez hará un gobierno enteramente suyo, incluso respecto de su propio partido, como para aceptar un ministro como el dirigente de Unidas Podemos.

En España, y probablemente en democracias parecidas a la nuestra, los partidos sólo se reforman internamente cuando están en el Gobierno, y no cuando han perdido el poder (que sería lo lógico). De manera que el PP y Ciudadanos, que están necesitados de una actualización de su ideario y de cambios orgánicos, aprovecharán la oportunidad de integrarse en ejecutivos locales y regionales para reestructurarse.

Obviamente, este proceder hace de los partidos unos instrumentos sólo para conquistar y conservar el poder, quedando su dimensión ideológica, sus señas de identidad, sus ideales en suma, como algo meramente propagandístico; son los efectos de un pragmatismo que lo invade todo en nuestra época. Y también, la causa de la débil confianza que los mensajes partidarios obtienen entre los electores, cuya fidelidad a unas siglas disminuye de elección en elección. La elección política se parece cada vez más a escoger cualquier producto en el mercado global de hoy.

Ahora bien, me parece que nuestro sistema partidario tiene su propia singularidad. Una de las principales es que el modelo del PSOE ha sido copiado por los demás partidos. En efecto, un liderazgo prominente, desde los tiempos de Felipe González, y un partido muy disciplinado, fueron los rasgos imitados desde el PP de Aznar, el Ciudadanos de Rivera, hasta el Podemos de Iglesias. Ese modelo dejó de ser eficaz desde que Felipe González dejó la dirección de su partido. Hoy, Pedro Sánchez, mantiene el modelo del tiempo de González, pero su poder es aún más omnipotente, y además, mucho más vertical, en el sentido que Pedro Sánchez no comparte su poder con los llamados barones regionales socialistas, ni depende de ellos.

Y esto nos lleva a una hipótesis: Pedro Sánchez necesita grandes y rápidos triunfos gobernando. Estemos atentos a los pactos que ofrecerá en su discurso de investidura. Probablemente presente un plan para integrar Cataluña en el orden constitucional, sin invocar su artículo 155, pero contando con la revitalizada sociedad civil catalana. Si el gobierno de Sánchez logra avances significativos en Cataluña -y dos catalanes al frente del Congreso y del Senado dan alguna pista-, estará en condiciones de lograr un consenso para abordar las reformas pendientes: pensiones, educación y sanidad públicas, y las imprescindibles que señala José Luis Malo de Molina, el que fuera jefe de Estudios del Banco de España, en su reciente e importante libro sobre la economía española de estos 40 últimos años.

¿ Porqué le molesta Vox ?
Nota del Editor 9 Junio 2019

Vox tiene principios e ideas para que España mejore y no siga empeorando con las traiciones e inutilidades de los partidos que siguen pretendiendo engañar a los españoles.
Vox sigue adelante a pesar de todas las trampas, medias verdades, silenciamiento, marginación, insultos y demás, pero los votantes no somos fieles, somos racionales y tenemos las pruebas suficientes y necesarias para demostrar que Vox es la única solución.

Ministra de Integración y de Equidad de Género del Gobierno sueco
Nyamko Sabuni: “El multiculturalismo no funciona"
www.latribunadelpaisvasco.com 9 Junio 2019

“La política de integración de los inmigrantes y refugiados en Suecia ha sido un fracaso social gigantesco. Como no se tomaron medidas sociales efectivas en su momento, ahora la situación es mucho más complicada y solamente tenemos el recurso de apelar a las acciones policiales".

Nyamko Sabuni, de 50 años, nacida en Burundi, llegó a Suecia como refugiada con 12 años de edad. Actualmente es la Ministra de Integración y Equidad de Género del Gobierno sueco y cuenta con muchas posibilidades de convertirse en las próximas semanas en la máxima responsable del Partido Liberal. Sus puntos de vista sobre la inmigración y los refugiados que llegan al país nórdico a un ritmo de 150.000 anuales, no dejan lugar a dudas: “El multiculturalismo no funciona”.

Extractamos algunas de las declaraciones más importantes que ha realizado al periódico Expressen, uno de los más populares de Estocolmo.

“La política de integración de los inmigrantes y refugiados en Suecia ha sido un fracaso social gigantesco. Como no se tomaron medidas sociales efectivas en su momento, ahora la situación es mucho más complicada y solamente tenemos el recurso de apelar a las acciones policiales, teniendo en cuenta, además, que tenemos que enfrentarnos a los terroristas islamistas que regresan de Siria”.

“Las políticas de facilitar la reunificación familiar de refugiados e inmigrantes pueden resultar muy atractivas, pero debemos tener en cuenta qué es lo que suponen de verdad. Si proporcionamos permisos de residencia temporales, debemos saber que realmente son temporales, con lo que no habría razón para que los familiares vengan a Suecia”.

“Debemos reducir drásticamente el número de personas que se acercan a Suecia sin ninguna razón para solicitar asilo. Así ocurrió el pasado año con la mitad de quienes solicitaron asilo en nuestro país. Muchos miles de millones de nuestro dinero público se destinan a financiar esta recepción de refugiados en Suecia. Deben efectuarse pruebas de asilo para que podamos determinar, en el momento de la llegada de un inmigrante, si es migrante económico o no, con lo que no tendría derecho a quedarse”.

“Para que Suecia tenga un mayor éxito con la integración de los inmigrantes, debemos enterrar la idea de una sociedad multicultural. El multiculturalismo es un error absoluto en Suecia y en muchos otros países. El multiculturalismo solamente crea islas aisladas de diferentes culturas y etnias y nacionalidades. El multiculturalismo no es algo por lo que luchar. Lo que necesitamos es crear un sentido de pertenencia y producir un cemento que nos mantenga unidos, y que debe estar formado por los valores por los que hemos luchado durante mucho tiempo: igualdad y respeto mutuo”.

“Para lidiar con lo que es el caldo de cultivo de gran parte de los problemas que se producen en las ‘áreas socialmente vulnerables’, la escuela es un factor clave. Y, en este ámbito, se requiere más disciplina. Tenemos una escuela donde los adultos no tienen suficiente autoridad. Por este motivo, los alumnos, junto con sus padres y la administración de la escuela, deben firmar las reglas básicas sobre las que ha de regirse el proceso escolar”.

“El sistema de seguridad social, las subvenciones y ayudas, crean muchos problemas diferentes. Si estás desempleado y tienes subsidios por tener un hijo, por tener familia numerosa, ayudas para la vivienda y asistencia social... si tienes todo esto gratis, ¿para qué vas a trabajar?”.

“Ser amable a fondo perdido no ayuda a nadie. Lo que se necesita son requisitos políticos para crear empleos y para que la escuela funcione. Que el poder judicial esté allí para que los ciudadanos se sientan seguros”.

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La economía del veto a Vox
Domingo Soriano Libertad Digital 9 Junio 2019

Yo soy conservador por vocación. Me gustan las cosas estables. Por eso, en estos años de locura de nuevos partidos y siglas, siempre miro con suspicacia a los recién llegados. "¿Estos quiénes son?", me pregunto, "con lo cómodos que estábamos con la tranquila mediocridad del bipartidismo".

Lo mismo me ocurrió con Vox. En este caso, además, se sumaban las sospechas que te llegan de Europa, donde han ido surgiendo partidos de extrema derecha de lo más variopinto. Y donde partidos que no eran esa extrema derecha que nos quieren pintar (como la Alternativa por Alemania de los orígenes) han sido tomados al asalto por miserables de la peor condición.

Ahora, unos meses después de su salto real a la política nacional, que comienza con el juicio a los nacionalistas catalanes y las elecciones andaluzas, ya queda claro que Vox no es ultraderecha. No lo son sus líderes y sus candidatos; no al menos los que yo conozco, desde el sensatísimo José María Marco al brillante Francisco José Contreras. Ni tampoco su programa ni sus propuestas. Ahora mismo, Vox es un partido conservador clásico, más parecido a los tories británicos (con los que todo apunta que terminará integrándose en el Parlamento Europeo) que a ninguna otra cosa. ¿Con algunos tintes populistas, propuestas estrafalarias y candidatos mejorables? Pues sí, como el PSOE, el PP o Cs: porque como hagamos una recapitulación de declaraciones absurdas o promesas imposibles de cumplir, ni de broma Vox lidera la lista. Pero nada de lo que asustarse, una mezcla entre conservadores clásicos con un punto de democracia-cristiana (lo que en España han representado, con poco éxito hasta ahora, políticos como Jaime Mayor Oreja) y un cierto tradicionalismo, mezclado todo ello con toques liberales en economía (su programa en esta materia es el mejor de los que se han presentado con mucha diferencia). En resumen, que huelen a tories por todos lados. No tan lejos de lo que fue el PP de Aznar no hace tanto.

¿Podrían cambiar a peor? Sí. Fácilmente. Bastan 3-4 candidatos exitosos que se hacen con el control del partido y le dan la vuelta como un calcetín (de nuevo, el ejemplo alemán). Y cuando lo hagan lo diremos. Por ahora, conservadores clásicos sin más.

El veto
A pesar de todo esto, no me sorprendió la furia con la que los medios y los partidos españoles recibieron a Vox. En parte por pereza intelectual (si hay extrema derecha en Europa, la habrá en España), un poco por la clásica superioridad moral de la izquierda y también por esa ley del embudo que aplican cada día. Porque lo que define un partido como extremista no es que sean complacientes con dictaduras (Podemos, IU - Maduro) o que sean racistas (aquí los nacionalistas vasco-catalanes no tiene rival) o su apoyo a la violencia en política. Y en esto último ni siquiera tenemos que acudir a Bildu o al blanqueamiento de ETA que siempre ha caracterizado al nacionalismo y a la extrema izquierda española; miren las decenas de incidentes de las últimas dos campañas electorales, protagonizadas siempre por los mismos. Aquí la clave es si te denominas como de "derechas" o de "izquierdas" (o "nacionalista" pero anti-español, otro salvoconducto).

No esperaba demasiado de Évole o Ferreras: cuando te define el sectarismo, los matices acaban en el cubo de la basura. Ahora los de Ciudadanos se ponen estupendos, pero si Vox desaparece ellos vuelven a ser derecha extrema en 5 minutos. Pero sí pensé, ingenuo de mí, que si Vox avanzaba en la dirección correcta, en la de ser ese partido conservador que le disputa al PP una parte de su electorado que se siente abandonado, cambiaría el discurso predominante sobre ellos. O al menos se matizaría. Ya sabemos que no es así. Tendría que haberlo imaginado.

Porque lo primero que se busca con el veto a Vox, con eso del cordón sanitario, es marcar los límites del debate. De lo que se puede y no se puede decir. De los temas que no se pueden tocar.

Aunque sepan poco de economía, la izquierda político-mediática sí sabe mucho de esto. No necesitan leer sobre teoría de juegos, sobre análisis estratégico o sobre cómo influir en el comportamiento del adversario para saber que les está saliendo bien. ¿Recuerdan ustedes el famoso escrache que Pablo Iglesias le montó a Rosa Díez en la Universidad cuando todavía no era famoso? Muchas veces escucho a gente decir que ese tipo de acciones se vuelven contra quienes las practican, como el acoso a Cayetana Álvarez de Toledo en la campaña electoral. Pues bien, es mentira: en la España actual, casi siempre ganan los malos.

Sí, es cierto que en ese caso en concreto los que pierden son los miserables. Pero sólo durante 24 horas, mientras la foto tiene cierta actualidad. Porque quiero pensar que cualquier persona de buena voluntad, también la mayoría de votantes de izquierda, se ponen del lado de Díez o CAT cuando ven esas imágenes. Pero eso ya lo saben Iglesias y los de su ralea. ¿Entonces por qué lo hacen y por qué digo que casi siempre ganan los malos? Porque su triunfo no llega esa tarde. Su triunfo llega, de forma silenciosa, unos meses después. Cuando la asociación universitaria que invitó a Díez tiene que volver a montar unas conferencias y duda sobre si invitarla o no; cuando ese político constitucionalista en Cataluña se pregunta si merece la pena presentarse de nuevo en las listas; cuando ese ciudadano vasco acepta una oferta de trabajo en Madrid después de la enésima pintada en su portal.

Pues bien, lo mismo están haciendo con Vox. La sobreactuación es tan evidente que apesta y para la inmensa mayoría de los votantes del centro-derecha está quedando claro que no hay ninguna razón que lo justifique. Pero es que eso ya lo saben. De lo que se trata ahora es de avisar a Ciudadanos y al PP, a sus políticos actuales y futuros, de que hay temas que no se pueden tocar: la Ley de Violencia de Género, la Memoria Histórica, el aborto, las televisiones públicas, las autonomías, la situación de la UE… Si tocas cualquiera de estos temas (y muchos otros) eres ultraderecha, sin más. No hay debate. No hay matices. No hay posibilidad alguna de argumentación. Se te mandará al limbo de la irrelevancia mediática y el ostracismo social. Y fíjense que ni siquiera digo que yo esté al 100% con Vox en todas estas materias. En algunas discrepo y estoy más cerca de la postura de otros partidos. Pero es que aquí no hablamos de debatir, hablamos de silenciar.

De minoría a mayoría
La segunda razón es más palpable, aunque se dice menos en alto, porque resultaría casi grosero hacerlo.

Si los medios pro-PSOE están animando y presionando a Cs y PP para que le hagan el vacío a Vox es por una pura cuestión de poder: si quitas a Vox de en medio, el PSOE pasa de ser minoría a mayoría en buena parte del país. Así, sin más.

En España, en las últimas elecciones ha quedado claro, el resultado electoral lleva siendo el mismo desde hace 40 años: 42-43% entre derecha e izquierda y el resto para el nacionalismo. En su momento, Zapatero ya vio las posibilidades que esto le daba. De ahí su estrategia de entrega a independentistas vascos y catalanes. Sí, como español es preocupante y me parece miserable; pero desde un punto de vista de puro tacticismo político, la idea tiene todo el sentido. De hecho, en 2004 se inauguró un ciclo de dominio socialista en la política española que sólo una crisis devastadora logró quebrar.

Ahora Sánchez quiere darle una vuelta de tuerca a la táctica. Porque los números le salen en el conjunto de España, pero no en la mayoría de regiones o capitales de provincia. Hasta que llegó Vox. Si le metes un competidor a tu rival de derechas, que le quita entre 5-10 puntos de voto, y luego le excluyes de cualquier posible coalición, puedes ganar en muchos lugares hasta entonces inaccesibles. La jugada es maestra: yo puedo gobernar con Podemos y con ERC, con Puigdemont, con el PNV o con quien se tercie (veremos si incluso Bildu en Navarra) pero tú no con Vox.

En esto cuentan con los complejos de Cs, el partido más absurdo que se recuerda en la política española (y mira que hay candidatos). Si de verdad no querían nada con Vox, lo tenían fácil: podían haber hecho una campaña electoral reivindicando el centro puro y apostando por pactos con el PSOE o el PP. Creo que les habría ido mejor (mi apuesta es que si Cs se hubiese presentado a las generales con un lema del tipo "Somos la UCD", habrían sido primera fuerza política y habrían hundido al PSOE) y ahora tendrían mucha más legitimidad, también para sentarse con Vox y decirles, sin tanto teatro como están haciendo, que no les quieren como aliados.

En mi opinión, esa foto sería injusta con Vox, que no se merece los melindres de Villegas. Pero tendría algo de coherencia. Igual que sería coherente una propuesta del PSOE del tipo: "En aquellos lugares en los que la suma de PP+Cs tenga más escaños que el PSOE, nos abstendremos. Y les pedimos que hagan lo mismo si el PSOE suma más que PP+Cs". Si fuera verdad que lo que les importa es dar estabilidad a las instituciones o poner límites a los extremistas, es lo que harían. El PSOE tendría menos poder en regiones y ciudades pero una consecuencia lógica de la propuesta sería que Sánchez se mantendría en Moncloa cuatro años más.

Sin embargo, lo que tenemos es a un Cs que llegó a las urnas con la promesa de desalojar al PSOE siempre que se pudiera. En Madrid, por ejemplo, no hay ni un solo votante naranja que no pensara el día 26 por la noche que sus votos no irían a parar a un pacto con PP y Vox. Ni votante de Ciudadanos ni de nadie. Miren ustedes las portadas, los titulares, los comentarios en Twitter… Todos daban por hecho que habría acuerdo en Comunidad y Ayuntamiento. ¿Qué votos vas a perder por hacer lo que todos tus votantes pensaban que ibas a hacer cuando te votaron? Pues en ésas están, mareando la perdiz.

El PSOE, mientras, juega a Mitterrand, a ver si crea una extrema derecha (lo que ahora no es Vox) que dinamite a sus rivales. Una táctica que en el medio plazo ya sabemos lo que hizo con la izquierda francesa (porque no son los grandes empresarios, ni los millonarios, los que votan extrema derecha), pero que a corto plazo aseguraría el dominio socialista durante un par de ciclos electorales. Es como una empresa que disfruta de un monopolio en un territorio intentando consolidar su posición, poniéndole barreras al competidor más cercano. Lo que es absurdo es que sus competidores le sigan el juego. De nuevo, la presión de los medios. Y es que no hay nada que le guste más a un cargo de Ciudadanos (o del PP) que una columnita de El País de "venga, os admitimos en la tribu, durante los próximos 10 minutos habéis dejado de ser fachas". Se derriten por algo así, los pobrecitos.

Por último, pero no menos importante, también hay economía en la defensa de un régimen del que en España come mucha gente: el que se ha instalado en los medios de comunicación públicos y semi-públicos (porque eso es lo que son las televisiones del duopolio). Vox amenaza y denuncia esa censura silenciosa, el monopolio empresarial o la sinrazón de unas teles públicas dedicadas a hacer tertulias políticas (que deben ser un servicio público inexcusable viendo el tiempo que le dedican al tema).

Tengo para mí que ésta sería la promesa electoral que primero romperían. La experiencia me dice que ningún partido español ha logrado resistirse a la tentación de los medios de comunicación. En resumen, que, si puede, Vox intentará meterse en Telemadrid y se olvidará de lo que ahora promete: cerrarla o, al menos, convertirla en lo que debería ser, una tele de coros y danzas, que se dedique a hacer documentales sobre fiestas patronales y sobre los vinos de la región.

Pero la amenaza está ahí y los amenazados se revuelven. El que es tertuliano en La Sexta o Telemadrid, porque lo es; y el que aspira a serlo, porque no quiere perder esa posibilidad. También les digo que no creo que éste sea el principal motivo de lo que está ocurriendo. De hecho, creo que es el menos importante. Defienden más su cortijo ideológico que el chiringuito mediático que se han montado. Aunque éste último tampoco les viene mal protegerlo. Además, si me pongo cínico, ésta sería, de todas las razones, la que me parece menos criticable. Que sí, que se ponen estupendos hablando de democracia, derechos humanos o pluralismo y están protegiendo su factura. Esto sí que sería defensa de la propiedad privada… privada, aunque la paguemos usted y yo.

"Una organización criminal que ha hecho de Cataluña su particular cortijo"

Jesús Cacho. vozpopuli  9 Junio 2019

“Lo que sucedió en Cataluña entre marzo de 2015 y octubre de 2017 fue un golpe de Estado, que es la sustitución de un orden jurídico por otro por métodos ilegales. Esto es lo que pretendían los acusados: derogar la Constitución y declarar la independencia de una parte del territorio nacional”. Con esta contundencia se expresó el fiscal Javier Zaragoza en su alegato final del juicio que en el Tribunal Supremo (TS) se sigue contra los responsables del 'procés'. El 4 de junio de 2019 quedará así en la historia como una fecha para la recuperación de la dignidad de nuestra democracia, un discurso que ventea la infinita carga de ignominia que los españoles venimos sufriendo desde hace años, particularmente desde septiembre de 2012, por parte del supremacismo separatista. "No se persiguen ideas políticas. Los acusados son perfectamente conscientes de esto. La razón es haber intentado liquidar la Constitución de 1978, el instrumento de nuestra convivencia. La razón es haber atacado gravemente el orden constitucional mediante métodos coactivos y utilizando la violencia en aquellos momentos en que la han creído necesaria. Ello en amparo de un supuesto derecho de autodeterminación que carece de apoyo normativo nacional e internacional”.

Zaragoza expuso en su alegato las dos ideas que soportan el edificio argumental de este proceso. La primera es que se trató de “un ataque contra el orden constitucional. No es un ataque contra el orden público, por eso no puede ser una sedición”, como vergonzantemente pretende ahora la Abogacía del Estado a las órdenes del Gobierno Sánchez. La segunda es que “el carácter violento del alzamiento no hace falta que sea grave ni que sea con armas”, es decir, no se necesitan tanques ni pistolas para sostener el delito de rebelión. La reciedumbre moral de Zaragoza y sus compañeros de la Fiscalía es tanto más reconfortante cuanto que permite adivinar algo de luz en la oscuridad del túnel en el que ahora mismo parece metido un país que navega a la deriva en tantas cosas, tan vacío de certidumbres como colmado de mezquindades, tan corto de liderazgos como sobrado de canallas, tan necesitado de instituciones capaces de responder con contundencia a los enemigos que, dentro y fuera de la fortaleza, trabajan sin descanso en la tarea de derribar los muros de un régimen que, lleno de imperfecciones, asediado por la corrupción, necesitado de regeneración integral, ha sido capaz de asegurar los mejores 40 años de nuestra historia, años de paz y prosperidad sin parangón.

Confortan las palabras de Zaragoza y sus colegas porque, con los acusados casi listos para una sentencia que los españoles esperan ejemplar (como la que merecieron los sublevados del 23-F), el golpe de Estado protagonizado por el independentismo sigue tan vivo como en los momentos más álgidos del 'procés', básicamente porque los alzados contra la Constitución siguen mandando en Cataluña, siguen ocupando la Generalidad, siguen contando con la inestimable ayuda de esa quinta columna de medios de comunicación que en Madrid y en Barcelona sostiene la asonada, y ahora disponen, además, y mientras los hechos no digan lo contrario, de un eventual aliado tan sorprendente como poderoso en la persona del presidente del Gobierno en funciones.

La situación en lo que a riesgo de ruptura de la unidad se refiere no solo no ha mejorado en Cataluña (lo mismo sucede en otros territorios, caso de País Vasco, Valencia y Baleares), sino que en algunos extremos ha empeorado. Mientras el 26 de mayo el fugado Puigdemont recibía el respaldo de 986.807 votos y dos escaños al parlamento europeo, el PP firmaba su práctica desaparición de la región y Ciudadanos (Cs) sufría un fuerte retroceso. La sociedad catalana sigue dividida en dos mitades separadas por un muro de odio; las empresas que se fueron continúan sin volver y difícilmente lo harán mientras no cambie la situación; Cataluña crece menos que la media española, pagando un alto precio por la inestabilidad; el Parlament sigue cerrado y la democracia parece haber huido definitivamente –en muchas zonas de la Cataluña interior, el no nacionalista vive una situación de auténtico apartheid) de una parte de España, de la que siguen escapando cada vez más ciudadanos incapaces de soportar por más tiempo el clima opresivo impuesto por el rodillo separatista. Y todo ello con el lazi Torra amenazando esta semana con venir a Madrid a denunciar ante Sánchez “la represión que sigue”.

Al otro lado del Ebro cunde la sensación de que la “huida” de Cs y la posición de irrelevancia del PP han dejado a la intemperie a esos millones de catalanes que, sin comulgar con el credo indepe, tratan de hacer su vida al margen del ruido y la furia separatista. Desde la óptica del constitucionalismo, la situación en Cataluña roza ahora mismo lo deprimente. Los independentistas salieron en bloque a votar el 26 de mayo, mientras muchos constitucionalistas se quedaban en casa. Entre perpleja y dividida, la noble gente catalana y española se refugia en la esperanza de que tal vez el PSC, enésima oportunidad, pueda llegar a algún tipo de pacto o arreglo por la vía del manoseado “diálogo” con quienes en modo alguno creen en el diálogo, mientras un amplio resto se entrega al desánimo en la idea de que el Estado les ha abandonado definitivamente y no hay nada que hacer salvo resignarse a lo peor. Hoy sería imposible imaginar siquiera sacar a la calle a un millón de catalanes enarbolando banderas españolas, como en dos ocasiones casi seguidas ocurriera en octubre de 2017.

¿Pero es que queda algo por transferir?
Se han perdido demasiadas batallas, se han cedido demasiadas posiciones y la confianza en un arreglo pactado basado en la prevalencia de la Constitución y la fuerza de la razón casi ha desaparecido. La presencia en el Gobierno de la nación de un tipo que se sirvió del independentismo para ser elegido presidente y que muy probablemente necesite llamar de nuevo a esa puerta para ser reelegido, a cambio del consiguiente estipendio, es un poderoso disolvente que convierte en fina arena cualquier esperanza de que el imperio de la ley se haga efectivo en todo el Estado. Esa parte de la sociedad catalana que, de forma más o menos explícita, apoya el 'procés', está tan moralmente anoréxica, es tan bajo su biorritmo, que hasta señeros representantes de eso que antaño se llamó el “seny”, empresarios de más o menos postín, gente con dinero a manta, comparte la idea de que acabar con el alcoholismo del enfermo consiste en proporcionar al borracho doble ración de whisky en el desayuno. Es lo que ha ocurrido recientemente en el Círculo de Economía, al reclamar los señores del dinero más competencias para la Generalidad en la esperanza de que las dádivas terminarán por ablandar a quien solo está dispuesto a aceptar la derrota del adversario.

El Gobierno en funciones comparte esta visión del problema y no alienta solución alguna que no pase por lo que vulgarmente se llamaría “bajada de pantalones”: nuevo Estatuto con nuevas transferencias -¿pero es que queda algo por transferir a estas alturas?- y quizá esa reforma constitucional destinada a hacer de España el estado “plurinacional” con el que fantasean los enemigos de España. La música de esa partitura la hemos vuelto a escuchar esta semana en boca de la abogada del Estado Rosa María Seoane, para quien en el 'procés' no hubo rebelión, sino sedición. Una verbena. Edmundo Bal, el jefe de la Abogacía del Estado que dimitió de su cargo después de que el Gobierno Sánchez le obligara a cambiar el relato, lo tiene claro: “Este cambio de criterio solo puede responder a un mandato político. Fiscalía y Abogacía del Estado, representada por mí, coincidíamos en que hubo un escenario de violencia grave que constituye delito de rebelión” (…) “En Cataluña hubo violencia intensa, grave, planificada, prevista y aceptada”. Pocas definiciones más acertadas que la pronunciada por la fiscal Madrigal cuando, al intentar explicar la razón por la que los empresarios que realizaron algún trabajo para el 'procés' no lograron cobrar, lo atribuyó “al temor a lo que puede ser quedar fuera [de los contratos] de una Administración regida por una organización criminal que, para eludir las responsabilidad de sus jefes, puede exigir silencios. Esa organización criminal ha hecho de la Administración catalana, de todos los catalanes, su particular cortijo".

Una organización cuyo indiscutible capo ha sido Jordi Pujol, el gran padrino sentado en los setenta a la mesa en la que se repartió la herencia del franquismo, pero que, en un momento dado, cuando en Madrid dejaron de respetar el pacto no escrito según el cual “yo mantengo Cataluña en el redil del Estado a cambio de que pueda robar lo que me venga en gana sin objeción de Justicia alguna”, decidió romper la baraja y lanzar, instrucción mediante a su escudero Mas, a las elites nacionalistas por la pendiente de la independencia. Su envite ha puesto en tela de juicio un Estado de las Autonomías que hoy defienden a capa y espada los respectivos cacicatos locales dispuestos a utilizar sus Comunidades como territorios cautivos vetados, a menudo con la barrera idiomática (el bable o asturianu es el último recién llegado) por bandera, a la libre competencia de quienes no han nacido en el “pueblu”. En esto estamos, en una delicada tesitura capaz de volver a hacer realidad el viejo “Cantón de Cartagena”. En la peor situación imaginable, hay, sin embargo, una oportunidad de detener esta deriva, quizá por aquello de que Dios aprieta pero no ahoga. A costa, desde luego, del sacrificio de “las derechas”. Todo dependerá de lo que PP y Cs estén dispuestos a ceder para hacer presidente a un tipo al que solo le importa ser presidente. A cualquier precio.

El PP debe votar «no» a Pedro Sánchez
 larazon 9 Junio 2019

Pedro Sánchez recibió del Rey el encargo de intentar la investidura como presidente del Gobierno. En un episodio no insólito, pero sí ajeno a los usos y costumbres compartidos y asentados en la reciente historia de nuestra democracia, se presentó a la ronda de consultas con Don Felipe en el Palacio de La Zarzuela sin haber no ya armado una mayoría suficiente para alcanzar la confianza de las Cortes, sino tan siquiera haber sondeado a los futuribles aliados parlamentarios de su candidatura. En esto Pedro Sánchez se maneja también de forma heterodoxa e incluso atrabiliaria pues los procedimientos no son caprichosos o anecdóticos, sino que constituyen un elemento esencial de la savia que nutre nuestro Estado de Derecho. Desde ese momento, La Moncloa se ha encargado de transmitir a la opinión pública que hay una combinación predilecta para alcanzar los 176 diputados o la mayoría simple en según qué votación. La ministra portavoz Isabel Celaá explicitó la demanda para evitar especulaciones en otro de esos ejercicios tendenciosos en lo político de manoseo partidario de la rueda de prensa del Consejo de Ministros.

Directamente, se hizo un llamamiento a la abstención de PP y Ciudadanos en la investidura en aras de la «estabilidad» y con el propósito de no depender de las fuerzas independentistas. El movimiento del Ejecutivo se realizó previo a cualquier negociación o contacto con Unidas Podemos. La maniobra de Pedro Sánchez es sagaz, pues de lo que se trata es de trasladar toda la presión a las formaciones constitucionalistas del centroderecha para vaciar su depósito de responsabilidad y trasegar ese caudal a los principales partidos de la oposición ante la posibilidad de que finalmente su investidura pueda depender de los separatistas o que incluso el proceso se frustre y España esté de nuevo en la tesitura de enfrentar nuevas elecciones.

Esa inversión de la carga de la prueba es otro truco más del repertorio taumatúrgico de Moncloa para llegar con ventaja y un as en la manga en el momento de enseñar las cartas en el proceso negociador en el que parecen no tener prisa. Se intenta que el foco apunte a Pablo Casado, fundamentalmente, y por ende que deje de centrarse en el líder socialista y establecer así los paralelismos convenientes con la situación que vivieron los socialistas en 2016 cuando se debatieron entre facilitar o no la investidura de Mariano Rajoy, como finalmente ocurrió tras una repetición de elecciones y una crisis interna sin precedentes en el partido de Ferraz. Pero lo cierto es que las circunstancias no son equiparables ni por lo más remoto. Entonces, el país estaba inmerso en un bloqueo político e institucional de meses que amenazaba con cronificarse con consecuencias nocivas para una economía en proceso de recuperación. No había alternativa o fórmula posible para desatascar una dinámica perniciosa por corrosiva. Pedro Sánchez consagró su «no es no» de infausto recuerdo y ahora maneja los hilos de un montaje fraudulento que pretende colocar al PP entre la espada y la pared.

Pero el deber de Pablo Casado y su partido no es colaborar en investir a un presidente del Gobierno con bagaje de gestión nítidamente negativo para el país en un mandato de unos cuantos meses que, sin embargo, le sirvieron para entenderse con los separatistas catalanes, debilitar el constitucionalismo, poner en jaque a la Justicia, negociar y pactar con los proetarras, relativizar los escándalos de sus ministros y plantear y promover una política económica equivocada y perniciosa, además de haber institucionalizado la anomalía en los procedimientos democráticos y la instrumentalización en la esfera pública. El PP está obligado a oponerse, plantear su alternativa y ganar la confianza de los españoles para cuando llegue el momento. Sánchez tiene otras combinaciones para esquivar a sus otrora socios independentistas. Que las tantee.

Sánchez-Iglesias: a cada cual lo suyo
FRANCISCO ROSELL El Mundo 9 Junio 2019

Una vez desaparecida de la faz de Pablo Iglesias aquella "sonrisa del destino" -fueron sus palabras de delectación que hoy se revelan crueles- para aupar a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno en 2016, a cambio de reservarse la Vicepresidencia con mando sobre los centros neurálgicos del Estado, el menguado secretario general de Unidas Podemos (UP) implora ahora entrar en un gabinete de coalición con el PSOE. Con tal de ser "ministro, aunque sea de Marina", como bromeaba el procurador franquista Jesús Fueyo, Iglesias se deja los nudillos aporreando la puerta del Consejo de Ministros. Dentro de sala tan principal, Sánchez hace oídos sordos al cacareo del que denominó vacuamente su "socio preferente". Pero al que le ha retirado esa deferencia en las últimas horas para lastimar más su orgullo herido de gallito a punto de ser escabechado, por más que afile los espolones en el corral revuelto de un partido en desbandada.

Sánchez juega con la ventaja de creer que, sin capacidad de maniobra y temiendo un anticipo electoral más que a un nublado, Iglesias clocará lo que quiera, pero ya no pega los picotazos de antaño cuando la distancia entre ambos era de 84 escaños a 71 y percibía la acechante sombra de su cresta. Desguarnecida de poder local y autonómico -los únicos munícipes que han aguantado el tipo son quienes están en abierta y declarada insubordinación con Iglesias-, UP precisa imperiosamente algún resquicio de poder al que asirse y mantenerse a flote en medio del turbión. Una suerte de ínsula Barataria desde la que aparentar con su prosopopeya habitual que el mundo gira alrededor de su ombligo, aunque atesore menos criterio y sentido común que el sabio Sancho Panza al que Don Quijote designó gobernador en uso de sus atribuciones caballerescas.

En el último trienio, el descamisado líder del ejército de indignados que reclutó con la crisis ha malogrado el capital que le facultó estar en condiciones de dar un sorpasso al PSOE, como Syriza en Grecia, y proclamarse gran dominador de la izquierda. Todo ello dentro del proyecto de expansión europeo del comunismo bolivariano sufragado por Hugo Chávez con el entonces dinero fácil del petróleo de la hoy saqueada Venezuela y en cuya satrapía desempeñaron diversas asesorías estos cualificados miembros del autodenominado Soviet de la Complu(tense).

Tras su espectacular irrupción en los comicios europeos de hace un quinquenio, al canalizar la irritación de los jóvenes de las clases medias que vieron decepcionadas sus expectativas laborales por la recesión, lo que generó un clima de simpatía a su alrededor a la espera de "tomar al asalto el cielo", ahora ve cómo ese firmamento se desploma sobre sus testas. Vuélvense contra él, cual bumerán, las armas arrojadizas que Iglesias lanzaba como afilados puñales contra sus adversarios.

Acredita ciertamente que lo que en realidad hacía, al denunciar demagógicamente hábitos ajenos, era ladrar al espejo. Su verdadera cara no era su máscara televisiva bajo el epígrafe de «nueva política». Esa pantalla catódica es ahora una luna rota en mil pedazos por mor de erigirse con derecho a casoplón de nuevo rico. Rememora al matrimonio de clase media protagonista de Las verdes praderas, de José Luis Garci, que quema el chalé serrano de sus sueños. Al devenir en pesadilla, lo somete al fuego purificador.

Después de denunciar como una circunstancia inhabilitante para ejercer el cargo de ministro que Luis de Guindos se mercara un ático de 600.000 euros, Iglesias, junto a su pareja, Irene Montero, portavoz de Podemos, se procuró su ostentosa mansión de Galapagar de más de 660.000. Creyose con patente de corso.

Desde la hora en que esa nueva casta de descastados nutrió su patrimonio a costa de patrimonializar la ira de los indignados, Iglesias era un cadáver político en su panteón de Galapagar, por mucho que los suyos teman decírselo, de la misma manera que nadie osaba acercarse al cuerpo yerto de Stalin para comunicarle su muerte. Nuestro Savonarola, émulo del fanático dominico florentino que acabaría en la picota, después de alardear de que no se aislaría de la gente refugiándose en lujosas urbanizaciones, como políticos de la "casta" tales como González o Aznar, se reveló un aventajado alumno de éstos favorecidos por el destino al exhibir impúdicamente que su objetivo era reemplazarla.

Como venían entrenados, nunca albergaron las dudas de aquel secretario del gobernador de Irlanda acerca de si estaría a la altura de aquella encomienda y encontró la horma de su zapato en el gran Samuel Johnson: "No tenga miedo, señor, que pronto será usted un magnífico bribón". Si los "descamisados" (en terminología de Alfonso Guerra) del PSOE debieron aguardar a alcanzar al poder para disponer de su beautiful people, aquella gente guapa a la que se vinculaba directamente con González, a los indignados de Iglesias les ha sido suficiente con rondar sus aledaños. Su faraónica pirámide de La Navata puede ser su mausoleo aplastando como una pesada losa a Pudimos. Su desprestigio ha arrastrado a la marca a su despeñamiento electoral desde la cita andaluza de diciembre.

En el tiempo que va de su controvertida audiencia con Don Felipe de 2016 a la de este miércoles en La Zarzuela, UP vive en un estado de liquidación -con sus federaciones y mareas escapando en desbandada- y su caudillo resulta un náufrago que busca salvarse agarrado al cuello de Sánchez. Sirviéndose la venganza en plato frío, éste último hace como el que no se entera, mientras aquel agita sus brazos con frenética desesperación en medio de su zozobra.

Creyendo tenerlo a pedir de boca, Iglesias se relamía de placer calculando que Sánchez, atado en corto por los barones y rehén de una ejecutiva federal que no dominaba, no podría pasar por aquellas horcas caudinas, a las que sumó el compromiso de convocar un referéndum de independencia en Cataluña. En consecuencia, en las siguientes votaciones le caería, cual fruta madura, la primacía de la izquierda. No fue consciente de la resistencia del PSOE, aun en su peor registro electoral desde la restauración democrática, al igual que le ha acontecido a Ciudadanos con el PP, al mostrarse como diques de contención y aguante del aparentemente periclitado bipartidismo.

A medida que crece su impotencia, Iglesias ejecuta reiteradas purgas descargando sus culpas en cabezas de turco que, en algunos casos, como el del recién defenestrado secretario de Organización, Pablo Echenique, aguantan la humillación con tal de no verse excluido de una posición de mando. A diferencia de Errejón o Bescansa, Echenique evoca a Molotov, cuyo legendario apego al poder le llevaba a aceptar los desprecios públicos de Stalin, Defendió al terrible Koba incluso después de la muerte de éste y cuando ya había sido expulsado de todos sus cargos, lo cual revela la peculiar servidumbre del hombre de aparato.

Al modo de Robespierre y Stalin, quienes impusieron el terror en la Francia revolucionaria y en la Rusia soviética, Iglesias parece haberle tomado gusto a la metáfora de que no se puede hacer tortillas sin romper huevos. Empero, como hizo el escritor rumano Panait Istrati, cuando visitó la URSS, al líder podemita convendría preguntarle: "Está bien. Veo los huevos rotos. ¿Dónde está su tortilla?". Si un régimen cerrado como el stalinista pudo reescribir la historia con cada cambio del cuadro dirigente haciendo que los revisores de la enciclopedia eliminaran páginas y fotografías, ahora eso no es posible. Se puede asegurar -imagen en mano- que ningún dirigente político actual ha hecho tantas y tan continuadas escabechinas en tan poco tiempo como Iglesias hasta entronizar una diarquía matrimonial tan característica, por lo demás, en los sistemas comunistas de ayer y de hoy.

Quizá se haga inevitable que, en la monarquía electiva de UP, Pigmalión Iglesias ceda la corona al otro lado de su almohada en favor de su pareja Irene Montero, a quien se acusa de la caída en desgracia de Echenique. Aunque haya recurrido en las redes sociales a la serie infantil Heidi, emparentando a Echenique con la minusválida Clara, Iglesias ajusta cuentas aplicando el manual de Juego de Tronos que ilustra bien estas intrigas podemitas. No en vano su desbordante apasionamiento con Juego de Tronos llega al punto de identificarse con un personaje nuclear de esta saga: Daenerys Targaryen, quien se conduce a sangre y fuego. Juego de Tronos es un símil atinado de la devastación de una organización que ha trocado en la nueva casta de los otrora descastados.

Con su flanco izquierdo debilitado y con Iglesias pordioseando con la mano extendida las migajas del poder, Sánchez -cuyos 123 escaños no han aumentado tras las elecciones administrativas y europeas de mayo, por mucho que trompetee- restablece el mismo marco mental de su golpe de mano parlamentario para derribar a un abstruso Rajoy. Como no hay otro presidente posible, viene a argüir mirando a derecha e izquierda, quien no me vote será responsable de los pactos que contraiga o de que disuelva las Cámaras a las primeras de cambio. Lo acaba de demostrar con Navarra. Ha descargado en UPN su deber de no pactar con los etarras de Bildu. No se somete a otro principio que el del poder como sea o con quién sea, como certificó en su moción de censura Frankenstein.

El doctor Sánchez, ¿supongo? observa el cinismo de uno de los personajes de la novela de SciasciaA cada cual, lo suyo. En el ambiente enrarecido de un crimen por aclarar, le dicen al obispo que el cura duerme con un ama joven en el mismo tálamo. El obispo acude y el incriminado le cuenta: "Es verdad que ella duerme de un lado y yo del otro, pero entremedio hay unos goznes en la pared, y todas las noches, antes de acostarnos, fijo una tabla bien grande y gruesa que es como una pared", y le enseña la tabla. Oída su exculpación, el mitrado espeta, no sin retranca, a la oveja descarriada: "Sí, muy bien la madera es una buena precaución, pero dime, hijo mío, cuando la tentación te asalta, violenta, irresistible, infernal como es, ¿qué haces?". "Pues muy fácil -replica-, quito la tabla".

A ese tablón movido a conveniencia es lo que Sánchez llama, como su maestro de esgrima Zapatero, "geometría variable". Esto entraña gobernar de forma consentida en una dirección o la contraria en función del momento de pasión por el que atraviese su disfrute del poder. Ello imprime a la gobernación una enorme imprevisibilidad cuando sobre la mesa de operaciones se libra a vida o muerte la pervivencia misma de España como nación.

Albert, Santi, dejaos de chorradas
EDUARDO INDA okdiario 9 Junio 2019

La desvergüenza del periodismo podemita patrio es como el Universo: infinita. Bueno, hasta en eso ganarían los escribanos de Iglesias, ya que hay serias dudas acerca de la cuestión. El gran Hawking, por ejemplo, sostiene que nuestra realidad es finita. Estos propagandistas de cámara destacaban la noche de las generales el “seguro sorpasso” que Ciudadanos iba a dar en las municipales al Partido Popular, a la par que enfatizaban el “¡con Rivera, no!” que vociferaban las bases socialistas a las puertas de Ferraz. Conclusión: el partido de Albert Rivera era, al igual que el PP, un partido de centroderecha. La cuestión no era la ideología, que estaba más allá de toda duda razonable, sino quién iba a liderar su defensa en el próximo cuatrienio.

Todos se las prometían muy felices en vísperas del 26 de mayo. El propagandismo podemita porque iban a reconquistar para sus jefes la Comunidad de Madrid y Ciudadanos porque el adelantamiento al PP en línea discontinua era coser y cantar. Pero resulta que olvidaron lo más perogrullesco: que así como el PSOE era y es mucho PSOE, que se lo digan al marquesito de Galapagar, el PP era, es y será mucho PP. Cuarenta y dos años de bipartidismo no se borran de la historia de España de un plumazo.

Hace dos domingos los periodistas podemitas que pueblan este país de momento llamado España tenían careto de funeral, peor rictus que si hubiera fallecido su señor padre o su santísima madre. No hubo sorpasso de Ciudadanos y, encima, el PP se puso en condiciones de retener Castilla y León, la Comunidad de Madrid, Murcia y reconquistar Aragón, Zaragoza y dar puerta a Carmena en la ciudad de Madrid. Y, para más inri, los de Casado se anotaron 12 eurodiputados, cinco más que Ciudadanos, seis más que Podemos y el cuádruple que Vox. Vamos, que Pablo Casado le sacó en estas nuevas elecciones de ámbito nacional nada más y nada menos que 1,8 millones de votos, que se dice pronto, a Albert Rivera.

La remontada del PP había comenzado en menos de un mes y con mucha más potencia de la prevista. A algunos casi les da un telele. Y encima La Abuelita Lobo Carmena que diría Jiménez Losantos, El Icono Pop que apostillaría Marhuenda, se quedaba sin la Casa de la Villa, una institución insignificante en términos presupuestarios pero gigantesca en el nunca desdeñable terreno del simbolismo. Y para colmo se quedaban sin la Comunidad y sin poder resucitar en Madrid esa canallada que moralmente es el impuesto a los muertos, comúnmente llamado de Sucesiones.

Como el rostro pálido de los que antaño llegaban a situar a Albert Rivera en la extrema derecha o más a la derecha de Casado no tiene límites, se pusieron manos a la obra. De repente repararon en un embuste como otro cualquiera: “Ciudadanos es un partido de centroizquierda y, consecuentemente, tiene que pactar con el PSOE”. Como esta gentuza no tiene ni ética ni estética les importó un comino decir “Diego” donde clara y nítidamente habían pronunciado “digo”. Y no digamos ya pegarle una patada monumental al más elemental sentido común.

Ciudadanos cayó parcialmente en la trampa y no precisamente porque se crean este trolón que, como es natural, pasará desapercibido a los normalmente sectarios ojos de los fakehunters. Sino porque tienen unas ansias de poder desmesuradas. Desmesuradas porque han estado por debajo del PP en todas las plazas de este país todavía llamado España. E irresponsables porque lo normal es que si hay un Gobierno de coalición lo presida quien más sufragios se ha metido en el zurrón. Defiendo que Almeida debe presidir la Corporación madrileña y Ayuso la Comunidad por el elemental hecho de que han sido más respaldados que Villacís y Aguado. De la misma manera que apoyaría lo contrario si el sorpasso ciudadano se hubiera producido en las dos instituciones.

Conviene no olvidar que el 80% de los votos de Ciudadanos procede de antiguos simpatizantes del PP. Gente que confió en Albert Rivera al certificar que el marianismo subía los impuestos más de lo que proponía ¡¡¡Izquierda Unida!!! y que excarcelaba al malnacido secuestrador de Ortega Lara, ese Bolinaga al que Satanás tenga en su gloria, porque le quedaban “dos semanas de vida” pese a que vivió tres años más. Con Vox sucede tres cuartos de lo mismo: el 90% de sus papeletas las meten españoles que se largaron de la casa común de la derecha que era el PP por las mismitas razones, incluido ese gatillazo de tres al cuarto que fue la gestión del 155. Las cuentas salen en un periquete: en el Rajoy de la mayoría absoluta, 2011, confiaron 10,8 millones de personas; en el PP, Ciudadanos y Vox 11,2 millones largos en las últimas generales. Conclusión: son prácticamente los mismos. O los mismos y unos pocos más.

La mayoría de los votantes de Ciudadanos y Vox están que se suben por las paredes al certificar el teatro del absurdo que estamos presenciando de dos semanas a esta parte. Nadie entendería que no se desalojase a la alcaldesa que ha convertido Madrid en un basurero, un caos de tráfico infernal, en el paraíso de los okupas, en territorio mantero, en una urbe en la que se persigue a los pequeños negocios privados tipo restaurantes o comercios simple y llanamente porque ganan dinero. O que se permitiera a la izquierda gobernar la Comunidad con la consiguiente restauración de esa infamia llamada Impuesto de Sucesiones, que provoca que sigas astillando al fisco en el más allá, acabes en el cielo o en el infierno. Conviene no olvidar otro pequeño detalle: Villacís y Aguado no suman con los socialistas, con lo cual deberían aceptar los votos activos o pasivos de ¡¡¡Podemos!!!

Igual que es una demencia el espectáculo que está ofreciendo a sus fieles Vox en Andalucía, donde pretende cargarse los Presupuestos de 2019 de la manita de ¡¡¡PSOE y Podemos!!! Manda huevos. Mi impresión, lo repito por enésima vez, es que van de farol. Rivera en Madrid, Castilla y León, Murcia y Aragón. Abascal en Andalucía. Permitir, siquiera unos meses, que continúe Carmena o que caiga el primer Gobierno no socialista (el primer Ejecutivo no caciquil) en 40 años de autonomía andaluza sería imperdonable. Lo mejor que le podría pasar a Casado a largo plazo, ya que volvería a hacerse con el monopolio de la derecha en este país, lo peor para España a corto al perderse el formidable contrapeso a Sánchez y sus aliados golpistas, proetarras y podemitas que serán seis comunidades autónomas en manos del centroderecha. Dicho todo lo cual no creo que la sangre llegue al río. Salvo que Albert y Santi sean masocas y busquen su muerte política. Que no lo creo.

¡ Nos mean y quieren que digamos que llueve !
Nota del Editor 9 Junio 2019

Quieren que los principios de Vox sean como los del humorista Groucho, si no les gustan, que presenten otros. Y así sucesivamente, total carencia de principios como acostumbran los profesionales del mantenimiento de su maquinaria de poder.

Unión del Pueblo Navarro y cuestión de Estado
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 9 Junio 2019

Ciertamente me parece una propuesta provechosa y responsable. Es propia de organizaciones que tienen en su cabeza una idea de Estado, o una evaluación de los riesgos inmanentes que conlleva poner en manos de los destructores del 'status quo' social, cultural y político, las riendas del país. Es decir, que sienten que la responsabilidad que tienen contraída con su país es demasiado grande como para frivolizar con intereses mezquinos y cortoplacistas.

Me refiero a la propuesta de UPN hecha al candidato a la investidura para ser el presidente del Gobierno de España y secretario general del PSOE, el señor Sánchez. La idea gira en torno a algo tan simple como este paradigma: “Tú me dejas gobernar a mí en Navarra, pues soy con diferencia el más votado, y yo te dejo gobernar en la Moncloa con mi abstención”.

Esto, que a los más recalcitrantes maximalistas que observan por la mirilla estrecha de la puerta sin atreverse a traspasarla, les parecerá un ultraje a los principios sagrados del combate a cuerpo descubierto, es un gesto de toma de posiciones fundamentales para evitar daños mayores. Es aceptar el problema menor para lograr evitar el mayor

¿Es mal menor que Sánchez gobierne España? No, no es un tema baladí. Pero puesto que lo va a hacer con unos votos o con otros (siempre habrá quien por recibir alguna suculenta prestación presupuestaria, descomponiendo la finalidad principal del Estado que es el interés general, se venda al mejor postor) la cuestión es hacer de la necesidad virtud.

Y la necesidad es virtud en este caso. Navarra es un factor esencial para frenar la escalada independentista orientada a la destrucción de España y de su unidad. Lo ha dicho Torra con meridiana claridad al dirigirse a los nacionalistas vascos para que se sumen al concierto secesionista y a la llamada autodeterminación. El objeto, según palabras textuales de Torra, es la destrucción de España y su disolución. “Vayámonos juntos, vascos y catalanes. Juntos somos más fuertes”, ¿habrá quien aún cuestione las intencionalidades del nacionalismo?

La idea está clara: primero, romper el Estado y después confederar las partes desgajadas. Es como si rompemos un plato y después pegamos los fragmentos. El plato sigue siendo plato, pero lo que no sabemos es cuanto durará por muy buen pegamento que le pongamos.

Los nacionalistas vascos a tenor de las imágenes reproducidas por los medios de comunicación no han ahorrado agasajos y entusiasmo en el recibimiento al ínclito rompepatrias, traidor y felón servidor de intereses foráneos a los que se somete de forma eficaz en su paso como elefante en cacharrería. Es decir, que no me da la impresión de que los nacionalistas vascos hagan ascos a la idea.

Lo que ocurre es que para dar ese salto necesitan masa crítica. Masa crítica territorial y elementos que justifiquen suficientemente el ideario mitológico. Necesitan un elemento histórico que les sirva de condimento fantástico, como un rey: Sancho III el Mayor, debidamente adobado con falsedades que despojen su característica de rey de España (rex hispaniarum); y necesitan un territorio amplio en superficie geográfica que les proporcionaría la anexión de Navarra. Quizás, por eso, el exlehendakari Ibarretxe, que no da puntada sin hilo, ha salido al paso de que los vascos y catalanes preexistían al Estado Español, lo que es una mendrugonada como un castillo, pues en tiempos de los vascones de Aquitania y vertiente sur de los Pirineos no había vascos en los actuales territorios del País Vasco. Y lo poblaban Várdulos, Caristios y Autrigones que como todo el mundo sabe eran celtas. Pero no se preocupen que los nacionalistas seguirán adoctrinando a nuestros hijos y nietos contando su particular historia en las escuelas sin que nadie lo corrija.

Por eso llevo un tiempo escribiendo sobre Navarra. Navarra no puede seguir en manos de filoetarras y nacionalistas. No solamente porque la estrategia fundamental de éstos sea anexionar Navarra al País Vasco para el salto posterior a su desgajamiento; sino porque, además, su paso por la Comunidad navarra es destructor en todos los órdenes: el económico, el de la convivencia, el cultural y el social. La paz social en Navarra ha experimentado un indudable retroceso.

El evitar que vuelva a caer Navarra en manos indeseables es una cuestión de Estado, además de una exigencia indudablemente democrática. Hay que recordar de nuevo que la plataforma electoral “Navarra Suma” ha logrado veinte escaños y su inmediato seguido

El PSOE promete al PNV más “euskera, educación y medios” vascos en Navarra mientras habla con UPN
Carlos Cuesta okdiario 9 Junio 2019

El PSOE estudia el ofrecimiento de UPN para investir a Pedro Sánchez con los votos de los navarros a cambio de permitir el Gobierno de Navarra Suma en la Comunidad Foral. Mientras los socialistas fraguan este acercamiento a la formación navarra, por otro lado prometen al PNV una mayor presencia vasca en Navarra en materia de “euskera, educación y medios de comunicación”. Y lo hace como parte de la negociación del futuro Estatuto vasco que se redacta ya en el Parlamento Vasco.

La postura de Ferraz es contradictoria y acabará provocando un choque entre las dos directrices políticas de los socialistas. Pero, eso sí, el Gobierno de Navarra estaría ya en manos dela coalición de centroderecha, comandada por UPN con 15 de los 20 diputados de esta alianza.

El PSOE, de este modo, se ha comprometido ante los nacionalistas vascos a que “en relación con Navarra, el texto que se elabore debe ser escrupuloso en el respeto a las decisiones tomadas por los navarros y navarras, que tienen habilitada la posibilidad de conformar un proyecto compartido con Euskadi y que nunca han querido utilizar, ni siquiera en la primera vez en su historia gobernados por una presidenta nacionalista”, tal y como ha recogido en un voto particular el PSOE vasco en la tramitación del nuevo Estatuto vasco.

Pero en ese mismo voto se señala la vía de acercamiento que sí quiere apoyar el partido de Pedro Sánchez: la del “órgano de cooperación permanente que, de hecho, llegó a articularse y, sin embargo, no ha sido posible mantener por cuestiones que nada tienen que ver con ningún impedimento legal”. Ese órgano puede desarrollarse para relanzar el acercamiento vasco y navarro en varias líneas: “La eurorregión de Aquitania y de convenios de colaboración en materia sanitaria, educativa, de euskera, o de medios de comunicación”.

En la línea de Geroa Bai
La línea es continuista de la trazada ya en la época de Gobierno de Uxue Barcos al frente del Ejecutivo navarro. De hecho, el pasado mes de marzo Pamplona acogió la asamblea anual de la eurorregión Nueva Aquitania-Euskadi-Navarra, con presencia de sus principales autoridades de esas regiones, Alain Rousset, Iñigo Urkullu y la propia Barcos, respectivamente. Esta eurorregión permite una presencia en la UE y el desarrollo de proyectos con relevancia internacional más allá del papel de los Estados miembros de la UE, es decir, en este caso, de España.

Pero, además, se centra en multiplicar las vías de influencia en Navarra deseadas por PNV: la materia “educativa, de euskera, o de medios de comunicación”. Las perfectas para ganar influencia y hacer penetrar el nacionalismo. Navarra Suma y UPN dentro de ella lideran la idea contraria: la de impedir una ‘colonización’ vasca. La de mantener una identidad y defenderla en España.

Legalidades
La izquierda arremete contra el Tribunal Supremo en un intento de deslegitimarlo
Jon Juaristi ABC 9 Junio 2019

En el examen de Historia incluido en las pruebas de Selectividad de la Comunidad Autónoma Vasca ha caído este año una pregunta referente al acuerdo entre Indalecio Prieto y José Antonio Aguirre que condujo a la puesta en vigor del Estatuto de Guernica y a la tardía incorporación del PNV al bando republicano en la Guerra Civil. No falta quien ve en ello un gesto tendencioso del Gobierno del PNV, que pretendería así recordar a los socialistas la necesidad de hacerle nuevas concesiones si pidieran su apoyo a la investidura de Sánchez. Como hipótesis, tal memez no se sostiene. Nadie ignora que el PNV no pacta cosa alguna con partidos o gobiernos «españoles» sin sacar algo a cambio. Para eso están los pactos, dicen los abertzales, y razón no les falta.

En el otro extremo se ha producido una reacción simétrica al considerando del Tribunal Supremo acerca del inicio de la Jefatura de Estado de Franco, que los magistrados sitúan en 1936. La rabieta consiguiente de la izquierda resulta tan infundada como la de los antinacionalistas contra la Selectividad vasca.

Tanto la elevación de Franco al mando único del bando nacional como el acuerdo entre Prieto y Aguirre tuvieron lugar en octubre del mencionado año 1936. Franco asumió su nombramiento el 1 de ese mes, y Aguirre el cargo de Lendakari (que no Lehendakari) el 25. Por cierto, en lo que hace a su sentido literal, los términos «lendakari» y «caudillo» son estrictamente equivalentes. Los dos se refieren al mandamás de una horda.

Ambos actos, la elección de Franco por sus conmilitones y la elección de Aguirre por los suyos, pretendían ser legales, pero obviamente reclamaban legalidades contrapuestas, excluyentes, y en todo caso precarias. Su confirmación retrospectiva dependería del resultado final de la Guerra Civil entonces en curso y, por supuesto, del reconocimiento internacional mayoritario. Hablo de legalidad y no de legitimidad, porque, en lo que hace a esta última, ambos contendientes carecían de ella. Como muy bien sentenció Julián Marías, los que ganaron la guerra no merecieron ganar, y los que la perdieron merecieron perder. Ahora bien, como también observara Marías, el régimen franquista gozó de una legalidad que no tuvieron los gobiernos de la II República en el exilio. Y esa legalidad -una legalidad fáctica y no metafísica, por mucho que los vencedores reclamasen un fundamento divino de la misma- venía del 1 de octubre de 1936, que fundó un Estado nuevo, un Estado de Excepción, si se quiere, pero un Estado con su monarquía electiva de tipo visigótico (el jefe de ese Estado era Dux Hispaniae, como Leovigildo). Su antagonista, el surgido de las elecciones locales de 12 de abril de 1931, perdió hasta su Jefatura antes de perder definitivamente la guerra. La perdió cuando Azaña huyó a Francia y abandonó la República a su suerte. El ersatz (también fáctico) de la Jefatura desvanecida, el Consejo Nacional de Defensa, se rindió a la otra Jefatura, la designada por la Junta de Defensa Nacional el 1 de octubre de 1936, dando comienzo entonces la rápida cadena de reconocimientos internacionales del régimen nacido con el empavesamiento de Franco en Burgos.

¿Traicionó el Consejo Nacional de Defensa a la República? Aunque así fuera, su traición habría tenido un precedente que la izquierda olvida, haciéndose la tonta. El precedente de la del PNV en Santoña, el 24 de agosto de 1937, cuando el Gobierno de Aguirre pactó la entrega de sus milicias a los italianos, contribuyendo así, tácitamente, a la legalidad reclamada por Franco. Pero, claro, se trataría del PNV, faro y guía del proletariado, y no del Tribunal Supremo, facha y enemigo de clase según todos los indicios.

Laura Borràs, la «expoliada» que se pasea en Jaguar
Aunque dice que los catalanes no tienen Rey, no mejora la monserga de los cabecillas de la «cruzada», ni tampoco la «raza»
Álvaro Martínez ABC 9 Junio 2019

Cada uno que asoma es peor. La pena que le queda a este batallón es que todo el que irrumpe con papel protagonista en la «cruzada» añade un brochazo lamentable al cochambroso edificio que la banda del lazo pretende erigir. Puigdemont sumó la cobardía (« Ahí te quedas, Junqueras») a la ineptitud gobernante e irresponsabilidad que heredó de Artur Mas. Llegó Quim Torra y a esa batería de calamidades, que ha conservado intactas, añadió un racismo de manual, tan sincero y convincente que lo quiso dejar por escrito para que nadie lo pusiese en duda, no se fuera el personal a distraer con la impresora, las esposas y el resto del entretenido mundo de las varietés de escaño que Rufián llevó al Congreso. Y ahora llega Laura Borràs, a la que la banda del lazo mandó a La Zarzuela a ver a Don Felipe para, según ella, decirle que «los catalanes no tenemos Rey», añadiendo el infantilismo a la montaña de características negativas de los anteriores cabecillas. En un parvulario se encuentran más sólidos razonamientos que los de la enviada a Palacio, pero es lo que hay.

Desgraciadamente, Borràs no mejora la «raza». Además de hablar por boca y sin permiso de los 7,6 millones de catalanes, tiene grandes entradas en la enciclopedia del racismo, casi a la altura de Torra. Hablando de un periodista deportivo aseguró «no es catalán, es un español nacido en Cataluña». Tiene también un breve pero contundente discurso sobre el «ADN violento de los españoles» y cree que Franco utilizó a los andaluces «como instrumento involutivo de colonización lingüística». En fin, que tira para racista la nueva lideresa amarilla. Pero sentado su segregacionismo, no es esto lo más relevante (que en racismo Torra barre a Borràs) sino la congruencia de los berrinches que se lleva la mujer cuando le hablan de España. «Los catalanes queremos dejar de estar en situación de opresión, discriminación y maltrato continuado» o «España ha hecho un expolio fiscal, expolio cultural y expolio social a Cataluña». Lo dice quien gana más que el presidente del Gobierno y quien se pasea por Barcelona en un flamante Jaguar. Todo tan ridículo como aquel CDR que montó una marcha lenta por las carreteras catalanas, también en protesta por la opresión, encabezada por un Mercedes al que seguía un Audi. Extraña forma de oprimir y expoliar la de estos españolazos que tienen a una diputada de a pie cobrando semejante salario y motorizada de alta gama. Paradigmático de esta más bien desastrosa opresión es el caso del diputado de Junts per Catalunya Lluís Font Espinós, otro «discriminado» por la «tiranía» española que tiene declarada la propiedad de 18 inmuebles; sí ha leído bien, 18.

«Los catalanes no tenemos Rey», asegura la «expoliada» del Jaguar que le dijo a Don Felipe el otro día. Lo que nunca ha sido Cataluña es una nación, ni un reino, ni falta que les ha hecho a los catalanes, que hasta hace bien poco eran la región más rica del Reino de España, la primera que en su día tuvo ferrocarril o alumbrado público en las calles y la única que hoy, 150 años después, tiene sus cuatro provincias conectadas por trenes de alta velocidad. Aunque Borràs lo niegue, tiene Rey... lo que es más difícil es encontrarle la vergüenza.

Covite no apoyará el programa educativo del Gobierno Vasco si no queda "clarísimo" que ETA fue "deleznable"
Europa Press okdiario 9 Junio 2019

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Covite, ha advertido este sábado que no apoyará las modificaciones del programa educativo del Gobierno Vasco, Herenegun, sobre la historia reciente de Euskadi que incluye la trayectoria de ETA, si no queda "clarísimo" que el uso de "del terror" por parte de la banda fue "deleznable" en todos los casos.

A través de su cuenta de Twitter, Covite ha realizado esta afirmación después de que este pasado viernes se reuniera el Consejo Vasco de Participación de las Víctimas del Terrorismo, presidida por el secretario general de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno Vasco, Jonan Fernández, y en el que también están presentes los colectivos de damnificados por ETA.

El encuentro se celebró después de que el Ejecutivo vasco pospusiera la puesta en marcha de estas unidades didácticas en las aulas para realizar modificaciones que pudieran obtener el mayor consenso posible, que serán trasladadas a las asociaciones tras el verano. Entre los testimonios de víctimas que recoge Herenegun, se incluirán los de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE).

Covite ha afirmado que el programa educativo no contará con su aprobación, si en las reformas realizadas "no queda clarísimo que la utilización de la violencia y del terror para conseguir objetivos políticos es deleznable siempre".

El disparate de la lengua en Cataluña: institutos bilingües en francés mientras se veta el español
75 centros impartirán un tercio del horario en la lengua del país vecino impulsados por la Generalitat, pero ningún colegio público dará ni el 25% de las clases en castellano como ordena la justicia
Alejandro Tercero cronicaglobal 9 Junio 2019

Antes en francés que en castellano. Esta parece ser la máxima que aplica la Generalitat de Cataluña en su modelo lingüístico escolar. Y es que el curso que viene será posible recibir un tercio del horario lectivo del bachillerato en lengua francesa en 75 centros de Cataluña (61 de ellos públicos) --cuatro más que este año--, tal y como ha anunciado esta semana la Consejería de Enseñanza.

La situación anómala del sistema escolar catalán se hace más patente si esta situación se compara con el hecho de que ninguno de los 567 institutos de la comunidad (al igual que ningún colegio público de primaria) ofrece ni siquiera el 25% de sus clases en español, pese a que así lo han ordenado los tribunales.

El programa Batxibac
Los centros adscritos al programa Batxibac permiten a los alumnos que lo deseen --y que certifiquen un nivel básico de francés, equivalente al B1 del Marco Europeo de Referencia para las Lenguas-- cursar un currículum mixto de bachillerato español y francés. Un tercio del horario lectivo se instruye en francés, además de las materias de lengua, literatura e historia francesas. El resto, en catalán.

Los alumnos que aprueban todas las materias obtienen el doble bachillerato español y francés (baccalauréat) si superan una prueba externa en lengua francesa.

Una década de discriminación
Pero esta discriminación respecto al castellano no es nueva. El programa Batxibac se puso en marcha en el curso 2010-2011 en cuatro centros (con una treintena de alumnos inscritos) y, desde entonces, no ha dejado de aumentar el número de colegios que se han apuntado al mismo y que han sido autorizadas por la Generalitat. Hoy ya cubren casi toda la geografía catalana.

En este tiempo, han pasado por la Consejería de Enseñanza (antes de Educación) dirigentes de diferentes colores políticos, como Ernest Maragall (en aquel momento, del PSC), Irene Rigau (CDC), Meritxell Ruiz (CDC/PDeCAT), Clara Ponsatí (JxCat) y el actual consejero, Josep Bargalló (ERC).

Inmersión en catalán
Este proyecto supone una excepción en el modelo de inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán que se aplica en toda Cataluña, en el que la lengua catalana es, de facto, la única lengua vehicular, mientras que el castellano se trata de forma residual.

De hecho, según reveló un reciente informe de la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) que analizó el 95,2% de los proyectos lingüísticos de los 2.325 centros públicos de Cataluña, solo un 7,7% de ellos imparte alguna materia o parte de ella en castellano --más allá de la asignatura de lengua española--. Únicamente un centro de ESO o bachillerato utiliza el castellano en alguna asignatura troncal, y lo hace de forma oral y con los materiales didácticos en catalán. Se trata de una realidad muy alejada del 25% del horario lectivo como mínimo en castellano que los tribunales exigen para hacer efectivo el modelo de conjunción lingüística --o de bilingüismo equilibrado entre catalán y español-- que han establecido las leyes y la jurisprudencia de los tribunales.

Contradicciones
El programa Batxibac contradice, además, algunos de los argumentos esgrimidos por la Generalitat y por los partidos nacionalistas para defender y mantener la inmersión. Por una parte, los valedores del modelo que excluye el castellano como lengua vehicular alegan que este es necesario para conseguir dominar el catalán de forma correcta.

Por otra, aducen que la inmersión es insoslayable porque no se debe separar a los alumnos por razón de lengua. Sin embargo, ninguno de los dos razonamientos parecen haber sido tenidos en cuenta a la hora de implementar el sistema bilingüe en catalán y francés del Batxibac, mientras que se considera un casus belli cuando la alternativa propuesta es un sistema bilingüe en catalán y español.
La lengua como “instrumento del nacionalismo”

Para la presidenta de la AEB, Ana Losada, el impulso de un programa bilingüe en catalán y francés por parte de la Generalitat en paralelo a las trabas a que el español sea lengua vehicular junto al catalán “demuestra que el Govern no trata de defender la lengua catalana sino de obstaculizar, ningunear y marginar el castellano en el sistema educativo”, pese a ser un idioma “cooficial” y “el mayoritario de los catalanes”. “La lengua es un instrumento del nacionalismo que justifica un sistema educativo cerrado, como también se puede constatar en los contenidos que recogen los materiales didácticos”, añade.

Losada advierte de que la inmersión, “además de vulnerar el derecho de los alumnos castellanohablantes a estudiar en su lengua materna, genera un empobrecimiento de los estudiantes, al impedirles alcanzar un nivel culto de castellano”. “Todo esto impide o dificulta la llegada de profesores del resto de España a Cataluña y sirve para imponer a los alumnos una visión de Cataluña y del resto de España sesgada y sectaria que se aleja de la realidad”, concluye.

Cataluña, sin centroderecha
Valentí Puig cronicaglobal 9 Junio 2019

La caída del pujolismo y el auge secesionista --concebido para enfrentarse al orden constitucional-- dejan aún más al descubierto que su posición de centroderecha era rehén de los objetivos nacionalistas. Ahora, siendo la inmoderación su matriz, ERC pretende sustituir el pragmatismo pujolista con Oriol Junqueras en la cárcel y el ciudadano Rufián en la Carrera de San Jerónimo. Mientras, lo que quedaba de Convergència está en una guerra interna cruenta, con las estrategias de Waterloo, la inanidad de Quim Torra y el intento postrero de resucitar la hegemonía convergente de antaño, ya fuera de juego. Es inimaginable que el catalanismo político se rehaga, al menos sin una mutación despojada de ambivalencias.

Para un centroderecha ahora mismo hay más demanda que oferta y más inercia que ambición, hasta el punto de que voces estoicas aconsejan dejar pasar tiempo hasta que aparezca una nueva generación liberal-conservadora. Pero sería un desacierto dar por sentado que, en una circunstancia tan saturada de confusión, la opción de un centroderecha de futuro, sin complejos identitarios ni hipotecas, no pueda llegar a tener un peso político apreciable en Cataluña, sea como impulso autóctono o por reconsideración a fondo de la política española, de una política de Estado. Vegetar no es una buena alternativa.

La UCD de Adolfo Suárez tuvo inicialmente unos resultados magníficos con equipos políticos surgidos de la sociedad catalana. Luego, con tantos cambios en tiempos de la AP de Fraga y, con el PP, contradicciones estratégicas aparatosas, el centroderecha como opción potente y sin ambigüedades respecto al significado de 1978 entró en una dinámica de altibajos electorales que erosionaron lo que era un espacio natural liberal-conservador, representativo de una franja sustantiva de la Cataluña real. Fue así como gradualmente el centroderecha conectado orgánicamente con el sistema político español fue perdiendo potencia en el sistema político catalán, entre otras cosas porque la ley electoral convertía a CiU en bisagra y sometía al PP de Cataluña --como también ocurrió con el PSC y el PSOE-- a las lógicas de estabilidad general.

Ahí apareció Cs para ser un agente significativo y adentrarse en el intento de ser una bisagra que sustituyese al nacionalismo extractivo en las Cortes. El caso de Cs es radicalmente distinto al del centroderecha. Luego, tanto con votos socialistas como del PP, logró los excelentes resultados de Inés Arrimadas. Primero socialdemócrata y ahora liberal, el reciente vuelco de Cs para implantarse en la política de toda España y su afán por sobrepasar al PP por ahora deja en suspenso toda una dinámica de proyección en Cataluña.

En general, habrá sido una malversación muy gravosa aceptar que el secesionismo metabolizase el nacionalismo, habiendo ya engullido el catalanismo posibilista para maximizar el unilateralismo. Es una distorsión de envergadura haberse creído que para defender e impulsar los intereses de Cataluña sea obligado ser catalanista o secesionista. Lo que importa es el pluralismo, la garantía constitucional como factor de estabilidad y crecimiento postindustrial. Es muy sencillo: los intereses de Cataluña concierten al conjunto de su ciudadanía.

¿Queda un espacio de centroderecha catalán, imaginativo y de futuro, que no esté mediatizado por la agonía del procés y se reformule en un horizonte high tech, con sentido del Estado?. Un lenguaje nuevo que distinga entre identidades y políticas identitarias, entre política y maximalismo, entre valores constitucionales y autodeterminación retrógrada. ¿Sería factible un centroderecha start up?

Inaceptable trato privilegiado de la Generalitat a Oriol Pujol
Editorial El Mundo 9 Junio 2019

El quinto hijo de los Pujol, el todopoderoso ex secretario general de Convergència, es el único miembro del clan que actualmente duerme en prisión. Lo hace después de ser condenado en el caso de las ITV por un delito continuado de cohecho, falsedad en documento mercantil y tráfico de influencias. La Consejería de Justicia de la Generalitat -que gestiona las prisiones en Cataluña- concedió el tercer grado a Oriol Pujol, por el que sólo acudía a dormir a la cárcel. Dos meses después, tuvo que volver a la cárcel de forma permanente después de que esta clasificación fuese revocada por el juzgado tras admitir un recurso de la Fiscalía. A finales de mayo, la Junta de Tratamiento de la prisión Brians 1 resolvió aplicar a Pujol el artículo 100.2 del Régimen Penitenciario, una medida que le permite salir cada día de la cárcel a trabajar o a hacer tareas de voluntariado para facilitar su reinserción.

En todo caso, tras el recurso de la Fiscalía por "trato privilegiado" y a la espera de que el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria valide el régimen concedido a Oriol Pujol, hoy revelamos en Crónica que los supuestos trabajos con los que éste ha logrado limitar su presencia entre rejas a ocho horas durante la noche se trata de meros subterfugios. Para evitar la prisión, Pujol defendió que ayudaba en el comedor social Gregal de Barcelona, pese a que sus responsables confiesan que al hijo de Jordi Pujol no se le ve "desde hace dos meses". Además, expide facturas como autónomo -es decir, carece de nómina- para la empresa de Vicenç Pedret, un amigo vidriero radicado en la localidad barcelonesa de El Masnou y elogiado por el actual presidente del Ejecutivo catalán cuando el empresario montó en 2009 una asociación que aglutinaba a los soberanistas críticos con la desaparecida Unió. Tal como revelamos, en septiembre de 2017, en vísperas del referéndum ilegal de secesión, la Guardia Civil identificó a Torra y a Pedret en una reunión en las naves de un polígono industrial en el que, posteriormente, se intervinieron casi 10 millones de papeletas para la consulta prohibida por el Tribunal Constitucional.

En consecuencia, ni su actividad laboral ni sus pretendidas laborales sociales justifican la aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, que es el que ahora disfruta Oriol Pujol. Las canonjías de Torra, además de preludiar lo que el independentismo tratará de hacer en caso de que los líderes políticos y sociales procesados por el 1-O sean condenados tras concluir el juicio en el Tribunal Supremo, revelan el escandaloso trato privilegiado de la Generalitat a uno de los miembros más conocidos de la saga del ex presidente catalán, cuya confesión sobre la fortuna familiar oculta en Andorra destapó una trama de latrocinio larvada durante décadas de hegemonía política nacionalista. El juez debe ponderar las sólidas razones del fiscal, quien pide devolver a Oriol Pujol al régimen de prisión permanente.

Los abogados del Congreso dan la razón a Vox con otro mazazo legal a Junqueras
ESdiario 9 Junio 2019

Otro informe jurídico de la Cámara, a petición de los de Santiago Abascal, ahonda todavía más en el irrelevante papel que jugarán Junqueras y compañía en esta legislatura.

Lo pidió Vox por escrito nada más desembarcar en las Cortes y los abogados de la Cámara Baja han estudiado su propuesta y la han aceptado, lo que sin duda será otro 'palo' para los diputados independentistas presos.

Y es que un informe jurídico redactado por los letrados del Congreso sobre los efectos de la suspensión de los cuatro diputados que están en prisión preventiva por el 'procés' avala que no cobren ni un día de sueldo del Congreso. Los diputados elegidos en las elecciones del pasado 28 de abril generan derecho a cobrar su asignación constitucional desde el día de las elecciones, aunque no formalicen su condición de parlamentarios hasta el día de la constitución de la Cámara.

Por ello, en principio tanto Oriol Junqueras, de ERC, como Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull, de Junts per Catalunya, tenían derecho a percibir esta retribución siempre que, como el resto de electos, que no estuvieran percibiendo a la vez otro sueldo público.

Ni un solo día; ni un solo euro
Vox presentó un escrito ante la Mesa del Congreso solicitando formalmente que ninguno de ellos recibiera ni un euro de la institución, una petición que, atendiendo a la opinión de los letrados, tiene visos de ser atendida por el órgano de gobierno de la Cámara.

Según el informe jurídico, la Mesa fue la que acordó en su día que los diputados electos pudieran cobrar desde el día en que eran elegidos y, por tanto, también tiene la facultad de decidir que los cuatro afectados por la suspensión no perciban esa retribución.

"La Mesa podría no autorizar el abono de las percepciones económica que habrían correspondido a los citados diputados, teniendo en cuenta que al haberse declarado automáticamente suspendidos en sus derechos tan pronto como perfeccionaron su condición, y mientras esta suspensión se mantenga, aquellos no han llegado a desplegar sus efectos", reza el informe de los letrados.

Asimismo, el informe determina que, mientras sigan suspendidos, correspondería a la Mesa del Congreso autorizar la baja de estos cuatro diputados en la cobertura de protección social con cargo al Presupuesto de la Cámara, así como en la póliza de accidentes concertada por las Cortes Generales.

Decenas de zulos de ETA fueron abandonados por temor a que estuvieran vigilados
J.M.Zuloaga. larazon 9 Junio 2019

Decenas de zulos de ETA permanecen en lugares desconocidos de España y de Francia, casi todos abandonados, al lograr los miembros de la célula que los utilizaban huir de una operación de las Fuerzas de Seguridad; o bien, porque al producirse la detención de un cabecilla en territorio galo fue arrestado también su “número 2”, con lo que fueimposible que comunicaran su localización a un tercero.

El procedimiento que se seguía en la banda era el de que los etarras huidos a Francia comunicaran a sus responsables el lugar en el que se escondía el material que habían tenido que dejar abandonado. A partir de ese momento, ETA decidía si mandaba a alguien a recuperar dicho material o lo “olvidaba”, ante la posibilidad de que estuviera vigilado por las Fuerzas de Seguridad.

En el caso de zulos en territorio galo, lo normal es que el “número 2” de un “aparato, en los últimos tiempos el “militar logístico”, conociera, al igual que su jefe, donde estaban los escondites. Si eran los arrestados ambos, el zulo se perdía.

En el caso del descubierto hoy en la localidad alavesa de Arraia-Maeztu, todo parece indicar que se trata de una célula de las que huyó a Francia y que se dedicaba a colocar artefactos explosivos, bien contra empresas que no pagaban el chantaje conocido como “impuesto revolucionario” o contra intereses turísticos.

El zulo estaba formado por dos bidones que contenían diverso material explosivo, detonadores, temporizadores, varios metros de cordón detonante y un anagrama de ETA, con el hacha y la serpiente, el “bietan jarrai” (adelante con las dos, la fuerza del hacha y la astucia de la serpiente).

El zulo estaba en una zona de monte de acceso complicado. En las bolsas halladas había pentrita, nitrato amónico, amonal, ocho detonadores, dos temporizadores, cordón detonante, una báscula así como prendas de seguridad para poder confeccionar bombas sin sufrir daños o mareos.

Agentes de la Unidad de Explosivos de la Ertzaintza se han desplazado al lugar para la manipulación del material, así como de la Unidad Canina y de la Unidad de la Policía Científica.

Según fuentes de este Cuerpo, el material hallado podría tener una antigüedad superior a 10 años.
 


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