AGLI Recortes de Prensa   Lunes 17 Junio 2019

La mejor carrera, la política
Pedro de Tena Libertad Digital 17 Junio 2019

Seguro que por este camino la democracia de verdad no va a prosperar.

En estos tumultuosos meses que han transcurrido desde diciembre de 2018 se ha podido comprobar cómo la mejor carrera que puede emprenderse para situarse en la vida, económica y socialmente, es la política. Por si fuera poco, ni siquiera tiene un plan de estudios ni hay que pasar por ninguna universidad. Los partidos, únicos agentes que pueden gobernar y gestionar presupuestos a todos los niveles de la Administración, son, pues, los trampolines para una legión de personas –ya sean alrededor de 160.000, si se habla de políticos en sentido estricto, como calculan unos, o casi 450.000, si se incluyen asesores, entes públicos, liberados sindicales y demás bebederos de dinero público, como cuantifican otros–, lo cierto es que en España hay una casta política derivada de la democracia a la que no se exige formación alguna, ni técnica ni ética, para gestionar colosales cantidades de dinero, en ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autonómicos y gobierno de la nación, más instituciones europeas y otros organismos y entes que penden de los anteriores.

En estos tumultuosos meses precedentes, se ha comprobado cómo es el baile de cargos, de sillones, de pactos, de conciertos, de trueques, de bellaquerías miles, de discursos falsos, de trolas orquestadas, de hipocresías y autos nada sacramentales o farsas, en que este cuerpo sin otro control que la apariencia de legalidad se ha aprestado a lanzarse sobre unos presupuestos millonarios muy poco claros (he intentado saber oficialmente el de la Diputación de Sevilla y es imposible), en los que los ciudadanos, mayoritariamente, somos analfabetos. Aunque formalmente conocemos los números de los presupuestos aprobados, no sabemos cómo se gastan o no, si se ejecuta realmente lo decidido o si hay dinero que se desvía a otras cosas o, sencillamente, no se ejecuta. Por ejemplo, 473.000 millones de euros son los que el Gobierno de España debe gestionar. Pero luego están parte de los dineros de los demás gobiernos y los que se piden prestado y que hay que devolver, además de otros muchos flecos.

Para meter la mano en estos himalayas de billetes hay que pertenecer a la casta política y sus derivados. No hay otra forma de acceder a ellos sino la carrera política. ¿Y en qué consiste? Pues en un proceso que controlan los dirigentes de los actuales partidos, que son los que deciden quiénes pueden o no ocupar los diferentes cargos. El asamblearismo o el recurso a los simpatizantes no son más que estratagemas para ocultar las decisiones de las cúpulas. Los idealistas son inmediatamente sacrificados por inservibles. Los que no tienen cintura –esto es, los decentes y los que siguen teniendo principios– les siguen. Sabido es que los que se mueven al margen de la superioridad no salen en la foto. O sea, que todos los presupuestos de esta España caen en manos de políticos cuyo mérito principal es haber obedecido, haber sobrevivido a las purgas internas y haber salvado las trampas externas. Esto es, políticos de colmillos curvos y afilados.

No quiero decir con esto que todos los políticos sean corruptibles o sucios, aunque la presencia de mañas, celadas, emboscadas, maniobras de distracción y lapidaciones sea más que frecuente. Lo que digo es que son ellos, sean o no decentes, los que deciden cómo se gasta el dinero de todos y quiénes se benefician de su poderío. Por ello, además de sus sueldos como políticos, se adivinan salarios diferidos en el tiempo por razones deducibles y ocasiones de promoción futura que nacen de su gestión de la pasta pública. Y todo ello sin haber hecho ni un cursillo de formación presupuestaria ni de moralidad privada o pública.

No cabe duda, pues, de que la carrera política es la mejor de las carreras. Mucho mejor que la de arquitectura, la de medicina, la de ingeniería, la de electrónica, la de historia, la empresarial, de la de filosofía ya ni hablamos, etc. A falta del Gobierno de la nación, que será en breve constituido, casi todos los demás están ya funcionando y sólo pueden ser controlados por otros políticos o por personas nombradas por ellos. Los ciudadanos poco podemos hacer, y sólo cada cuatro años, gracias a un voto que puede respetarse o no. Desde el día siguiente de la constitución de todos los Gobiernos, los españoles nada podemos hacer y apenas saber. Sólo si se comete un grave error o un delito – que son difícilmente controlables y detectables– pagan algunos por ello, y no siempre. Lo dicho. La mejor carrera, si los escrúpulos no son lo nuestro, es la política. Seguro que por este camino la democracia de verdad no va a prosperar. Pero, claro, eso le conviene a la casta, a toda ella, a derechas e izquierdas. Ni idea de cómo impedirlo, la verdad.

En la buena dirección
EDITORIAL Libertad Digital 17 Junio 2019

En el último minuto, y cualquiera diría que a regañadientes, las fuerzas del centro-derecha nacional cerraron este sábado acuerdos de gobierno en numerosos y en no pocos casos muy importantes ayuntamientos, una magnífica noticia que de hecho es pésima para el aspirante socialista a presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

La obcecación de Ciudadanos en el rechazo a Vox pudo haber tenido muy graves consecuencias y dificultó sobremanera las negociaciones. El caso del Ayuntamiento de Madrid es paradigmático: si en un momento dado exigió la Alcaldía para Begoña Villacís y abundó en su veto a la formación de Santiago Abascal, comandada en la capital por Javier Ortega Smith, al final Cs acabó aviniéndose a que el popular José Luis Martínez-Almeida presidiera el Consistorio y a que Vox no fuera un mero convidado de piedra en un acuerdo que ha convertido a Villacís en vicealcaldesa.

El líneas generales (aun cuando hay excepciones preocupantes, debidas mayormente a la estrategia ciudadana de no poner todos los huevos en la misma cesta), puede decirse que el centro-derecha no sólo ha salvado los muebles sino que está en disposición de erigir una red de plazas de resistencia frente a un hipotético Gobierno frentepopulista comandado por Sánchez y sostenido por el potentado comunista Pablo Iglesias. En este sentido, los acuerdos sabatinos son un buen prolegómeno para la siguiente etapa de un proceso que ha de completarse en las próximas semanas con la conformación de Gobiernos autonómicos liberal-conservadores; cuantos más, mejor.

Comentario aparte merece Barcelona, donde se disputaban la Alcaldía un separatista de izquierdas y una izquierdista separatista. Finalmente, la tóxica Ada Colau podrá seguir adelante con su implacable devastación de una ciudad que está experimentando un proceso de destrucción de imagen internacional inaudito. La composición de su Consistorio es, francamente, estremecedora; como pergeñada por su peor enemigo. Y qué decir de Badalona, la tercera ciudad de Cataluña, donde el PSC ha decidido abrazarse al separatismo golpista y probatasuno con tal de cerrar el paso al muy popular Xavier Garcia-Albiol.

El PSOE no es de fiar, menos aún lo son sus aliados más queridos, los bolivarianos de Podemos y los nacionalistas españoles de todo pelaje. No sólo no es de fiar: no quiere ser un socio fiable para los partidos defensores de la Constitución. Por eso es tan necesario erigir valladares contra sus desmanes allá donde se pueda. Por eso es tan importante que los acuerdos municipales suscritos este sábado den paso a acuerdos autonómicos de mucho mayor calado.

Remilgos contra Vox
Amando de Miguel Libertad Digital 17 Junio 2019

Digo "remilgos" por educación, por conceder un mínimo de honradez a las actitudes enconadas contra Vox por parte de ciertos líderes políticos, en particular los que se reservan para sí el título de Ciudadanos. En realidad, se trata más bien de prejuicios caprichosos, incongruencias irracionales, antojos enfermizos. No tienen más fundamento que el defensivo, algo que suele acompañar a los sentimientos de suspicacia, recelo, envidia. Se han estudiado con detalle en el prejuicio antijudío, el más amplio y dañino de la historia. En el caso de Vox se da la paradoja de que la inmediata invectiva que recibe de los que lo desprecian es la de "fascista". Cree el ladrón que los otros son de su condición.

Se comprende la reacción despreciativa hacia Vox por parte de los rufianes y errejones de toda laya, que son legión. Razonan con buena inteligencia que Vox representa una nueva derecha que pone en peligro la inveterada hegemonía cultural de la izquierda. No es broma; la pérdida de influencia ideológica de la siniestra equivale a una sensible disminución de las oportunidades ocupacionales, las subvenciones y en consecuencia de los ingresos.

Lo que llama la atención es el prejuicio contra Vox por parte de los gerifaltes de la derecha establecida, peor, la que a sí misma se considera de centro para la galería. Los más cultos quizá recuerden aquello de in medio stat virtus, quando extrema sunt vitiosa (cuando los extremos parecen desmesurados, lo mejor es situarse en el centro). Así que lo práctico es vituperar a Vox como de "extrema derecha", aunque no sea ese lugar en el que han sentado a sus diputados en el Congreso. Los han puesto en la montaña, que también es un símbolo político.

Es de manual de psicología que las rivalidades o animadversiones se enconan de manera particular entre parientes, vecinos, colegas; es decir, entre las personas que parecen próximas. Ocurrió ya con Ciudadanos. Este nuevo partido surgió por la mala conciencia que ocasionaba a muchos seguidores del PP el hecho de que su partido fuera tan cobarde contra los separatistas y tan indulgente con los corruptos. La tropa de Ciudadanos venía a ser una especie sincrética de centro reformista, liberal y socialdemócrata. Se trataba de superar a la derechona, tocada por sus orígenes franquistas. De ahí el fulgurante ascenso electoral de Ciudadanos. Eso fue así hasta que hace un par de años, en que, frente a las ambigüedades de Ciudadanos, se alzó Vox con las propuestas típicas de la derecha. Es lógico, pues, que los jerarcas de Ciudadanos, que después de varios años de brega apenas han tocado poder, se muestren resentidos respecto a Vox. No hay peor cuña que la de la misma madera.

Produce una especie de vergüenza ajena asistir al espectáculo de algunos capitostes de Ciudadanos, a los que les tiembla la voz y bajan los ojos cada vez que no tienen más remedio que referirse a Vox. La paradoja está en que el rechazo del lenguaje corporal traiciona la necesidad de contar con los votos de Vox para alcanzar o retener algunas parcelas de poder. El caso del PP está aún más claro. Si el PP sigue conservando algunos escalones de la pirámide del poder es gracias al apoyo de Vox. Habría que recordar aquello de que "de bien nacidos es ser agradecidos".

No sé si hay suficiente espacio para la trimurti de PP, Cs y Vox. Demasiados jefes y pocos indios. Se impone la necesidad racional de una sola y fuerte derecha sin complejos. La crudelísima ley de la evolución hará que Ciudadanos devore a lo que quede del PP (o al revés) y que Vox se alimente de los restos de Ciudadanos o del PP. Bien es verdad que para ello resulta necesario que en Vox se produzca una extraordinaria aportación teórica de su sistema de ideas. Los políticos voxeros en activo bastante tienen con las vicisitudes de la brega diaria y no pueden descender a una tarea tan aburrida como la de hacer literatura. Que conste que el menester intelectual de ejercitar el pensamiento también se ha quedado sin hacer en el PP y en Ciudadanos. Esa es la principal debilidad de la derecha, más notoria aún ante la hegemonía cultural de la izquierda. La cual es tan firme que ha llegado a cristalizar la creencia de que es ilegítimo que la derecha gobierne en España. He ahí la razón por la que nuestra democracia se muestra tan quebradiza.

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Lo que ha cambiado
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 17 Junio 2019

Cs y PP deben facilitar la investidura de Sánchez para evitar lo que más le gustaría: depender del separatismo.

Para entender la importancia de lo sucedido tras las elecciones municipales, y a expensas de algunas autonómicas, basta imaginar qué habría pasado si el resultado hubiera sido el predicho por las encuestas tras la victoria de Sánchez en las generales, que ni era tanto como decían, ni aseguraba un rodillo rojo en todos los niveles de la vida institucional. Había más votos contra las izquierdas que a favor en zonas tan esenciales como Madrid. Y sin la Ley DHondt trabajando a su favor, la división del voto en las tres siglas del centro-derecha no era tan decisiva como en las generales.

Del ominoso carnaval de los pactos sale un triunfador, que es el PP de Casado, no el PP gallego, el PPV de Afonsalonso y otras ruinas sorayas, que se lanzaron a la yugular del líder como si sacar la mitad de los escaños tras la deserción de un señor que dejó un bolso en su sitio y se fue de copas fuera un desastre y no un milagro. Si la gestión del nuevo Gobierno andaluz mostró la madurez del joven equipo casadista, los complicadísimos pactos municipales y autonómicos han demostrado la fiabilidad del PP frente a las ocurrencias y disparates de Ciudadanos y, al final, de Vox. En general, ha sido una verdadera tomadura de pelo a los votantes. La obsesión de Cs por la imagen cambiando autonomías por ayuntamientos, y los berrinches paralelos de Vox, justificados pero insostenibles, penosísimos. Porque lo peor de hacer público un chantaje es luego dar marcha atrás, y no hablo sólo de Villacís. Se ha visto que la nueva política es viejísima: luchar por parcelas de poder, que anhelan y no saben conseguir politiquillos aficionados. Sobre un buen resultado, el PP logra el liderazgo neto de la oposición.

Eso debería facilitar a Rivera la salida de su laberinto. Insisto en que Cs y PP deben facilitar la investidura de Sánchez para evitar lo que más le gustaría: depender del separatismo. Si no lo hace Rivera, al que Macroneón ha traicionado vilmente con Sánchez, hágalo Casado. Comprometa al PP a ser la leal oposición a un Gobierno PSOE-Cs. Leal a España, no a La Moncloa. Los votantes del PP, de Ciudadanos y hasta de Vox aplaudirían. Tras la gresca electoral, evitemos el desastre nacional. Cinco condiciones: Navarra, indultos, impuestos, enseñanza en español, limpiar cloacas e independencia judicial. Y a negociar.

Factor de compensación
Ignacio Camacho ABC 17 Junio 2019

En honor a la verdad es menester recordar que este cachondeo de los cambalaches piadosamente llamados pactos no es nuevo: acaba de cumplir cuarenta años. Fue en abril del 79 cuando la izquierda, escocida por la inesperada victoria de Suárez en marzo, tomó revancha arrebatando a UCD, ganadora de las inmediatas elecciones locales, los primeros ayuntamientos democráticos. Los legisladores de la Transición no previeron que su idea de trasladar a los municipios el mecanismo parlamentario acabaría convirtiéndose en un mercadeo de despachos. Desde entonces ha habido cuatro décadas para remediarlo pero el asunto no ha merecido nunca el interés de los partidos mayoritarios. Lo de ayer, por mucho que mueva a escándalo, no es más que el paroxismo de un sistema que la fragmentación de la oferta política ha degradado. Como ya no va a haber consenso para establecer la segunda vuelta, así se quedará hasta que los ciudadanos decidan volver a concentrar el sufragio. Esta vez, por un guiño caprichoso de la Historia, le ha tocado al PSOE salir perdedor en los trueques que durante tanto tiempo le han beneficiado. No se puede quejar quien llegó a presidente con 84 escaños.

El poder municipal y autonómico es crucial para los agentes políticos. Desde ahí se administra la parte mollar del presupuesto, la que distribuye recursos, controla servicios y sobre todo permite asignar miles de cargos con los que compensar a los adictos. El PP, por ejemplo, ha salvado un auténtico ERE que en la práctica hubiese supuesto su quiebra en términos económicos y administrativos, y Cs no podía pasar más tiempo en el limbo porque un partido, como cualquier empresa, sólo puede sobrevivir si reparte beneficios. Tampoco sus respectivos votantes, ni los de Vox, hubiesen permitido que la izquierda se acabase beneficiando de sus vetos mutuos y demás remilgos. En ese sentido, y descontando la inevitable cuota de alianzas estrambóticas, traiciones de última hora o arrebatos intempestivos, los acuerdos estaban escritos desde el principio con la tinta invisible de la lógica de los prejuicios.

Visto en perspectiva, el nuevo mapa local y regional viene a compensar el inminente giro a babor del Gobierno y redimensiona la victoria de Sánchez a un margen más estrecho. Las instituciones territoriales van a ejercer de contrapeso al bloque legislativo que se disponen a formar los socialistas y Podemos, y eso es un factor de bastante relevancia en un país que ha descentralizado la sanidad, la enseñanza, el urbanismo, el medio ambiente y hasta la mitad de los impuestos. En realidad, esta configuración se ajusta más al perfil de una sociedad divida en dos modelos contrapuestos cuyo respaldo electoral registra un empate técnico. El electorado de centro-derecha que ayer respiró satisfecho debería reflexionar sobre la oportunidad que perdió en las generales por no darse cuenta a tiempo.

El centroderecha recupera terreno frente a un Pedro Sánchez que espera su ayuda
EDITORIAL ESdiario  17 Junio 2019

El líder del PSOE se lleva su primer gran susto con el avance de PP, Cs y Vox en los ayuntamientos. Los tres partidos deben aprender a convivir sin pensar en las críticas.

Un simple vistazo al mapa político que ilustra este Editorial permite visualizar el reparto entre el centroderecha y la izquierda de las capitales de provincia españolas, con las excepciones nacionalistas consabidas en el País Vasco y Cataluña.

Incluso puede afirmarse una cierta ventaja del bloque encabezado por el PP, por el carácter simbólico poderoso que tiene Madrid, valioso siempre pero especialmente en un contexto de aparente éxito de Pedro Sánchez tras las Generales.

Que el reparto de alcaldías, y pronto de presidencias regionales, se esté haciendo sin conocerse exactamente cómo pretende Sánchez lograr su investidura, compone un extraño contexto que no es el mejor, obviamente, para que cada partido adopte las decisiones más convenientes para el conjunto del país.

La posibilidad de que Ciudadanos acabe por prestar su respaldo pasivo al líder socialista, más aireada por éste y alimentada por su aparato de propaganda que deseada por Albert Rivera, termina de perfilar un cuadro general de cierta inestabilidad que, de la manera que sea, urge cerrar.

El desbloqueo... ahora
La tensión que viene sufriendo la sociedad desde 2015, cuando Sánchez inició un camino de bloqueo y asalto a La Moncloa que no ha parado hasta lograrlo legítimamente en las urnas, resulta ya agotadora y es sin duda incompatible con la atención sensata de los desafíos económicos, territoriales y de toda índole que tiene España sobre la mesa.

PP, Cs y Vox han de aprender a convivir: hagan lo que hagan, a dos o a tres, les van a llamar radicales

Por eso Sánchez debe mover ficha ya, sin esperar a que nadie le brinde un apoyo pasivo por sus apelaciones a un desbloqueo que, si ahora es malo, también lo fue cuando él mismo lo incentivó en 2015, hasta el punto de obligar a los ciudadanos a pasar dos veces por las urnas en apenas seis meses, en unas Elecciones Generales repetidas por el capricho y la ambición de quien pide a todos comprensión y ayuda gratis.

No pidan perdón
En ese escenario, en el que Sánchez lo mismo pacta con Podemos y el nacionalismo que se sirve de Macron para atraer a Ciudadanos al menos para la investidura, el avance de PP, Cs y Vox en el ámbito municipal es una buena noticia, pues genera un cierto contrapeso local y regional al cesarismo del presidente en funciones, más sustentado en la fragmentación del resto que en las fuerzas propias, que no pasan de los 123 escaños.

Y precisamente por eso, la alianza inestable de PP, Cs y Vox no debe caer en el error de justificarse, sino en el acierto de desarrollarse, consciente de que todas las zancadillas que le pongan obedecen exclusivamente al deseo de romperla para dejarle a Sánchez el terreno expedito en general.

No puede ser que los mismos partidos que se entienden con formaciones defensoras de la ruptura constitucional se permitan estigmatizar acuerdos razonables de PP y Cs con Vox, ahora utilizado como excusa de esa campaña casi endémica que acaba presentando a la derecha con un caricatura radical en cualquiera de sus acepciones: con Vox y sin Vox, la caricatura será la misma. Mejor ignorarla, pues.

Sánchez Dragó: ‘La gran cabalgada política de VOX es ahora’
Agencias eltorotv.com 17 Junio 2019

El escritor Fernando Sánchez Dragó ha acudido este domingo a la Feria del Libro de Madrid para firmar a los lectores el ejemplar ‘Santiago Abascal. España vertebrada’ junto al presidente de Vox y donde ha considerado que la formación está siendo «determinante» en la elección de alcaldes y, a su juicio, «seguramente también de autonomías», asegurando que «va a ir a más en el futuro», ya que «la gran cabalgada política de Vox es ahora y no en las anteriores elecciones».

«Yo estoy convencido de que Ciudadanos se está tambaleando porque ya no se sabe muy bien donde está ni hacia dónde mira y, probablemente, se irá reduciendo su papel. Al mismo tiempo, el PP, en principio, es un partido que también va a ir comprimiéndose, como le pasó al Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez, y ese espacio solo lo puede ocupar Santiago Abascal. La gran cabalgada política de Vox es ahora y no en las anteriores elecciones», ha señalado Dragó en declaraciones a los medios.

De esta manera, el escritor ha asegurado que trabajar en el libro con el presidente de Vox ha sido «una experiencia de amistad». Según ha explicado, se conocieron después de la formación de Vox, momento en el que se hicieron «muy amigos», y tras acudir al mitin del partido en el Palacio de Vistalegre se dio cuenta de que «la tierra se estaba moviendo bajo los pies de los españoles y de que ahí había un libro».

Así, Sánchez Dragó ha manifestado que su deber como escritor fue dar a conocer personalmente a Santiago Abascal, tanto a la gente que le fuera a votar como a la que no, «rindiendo así un servicio público» gracias a este libro basado en conversaciones entre el escritor y el político.

Preguntado por quién es para Dragó el líder de Vox, ha apuntado que es «una persona honrada, normalísima, con las ideas claras, que tiene la firmeza, el valor y el arrojo necesario para llevarlas a cabo».

«No va a pastelear que es los que están haciendo los demás partidos y los demás políticos que se han convertido en funcionarios. Él no es un funcionario», ha sentenciado Dragó.

En cuanto a las formaciones de ayuntamientos que tuvieron lugar este sábado, el escritor ha señalado que «la derecha ha salvado bastantes bastiones».

«Era muy inquietante para mí que los ‘podemitas’ pudieran llegar a controlar la economía de este país porque significaría pobreza para todo el mundo, aumento del paro y crisis generalizada. No está mal, no ha ido mal del todo», ha aseverado.

A pesar de estas valoraciones, Fernando Sánchez Dragó ha confesado no ser un político, sino un escritor «que ha dedicado 9 libros a escribir sobre España», por lo que con esto «cierra el ciclo».

Asimismo, ha asegurado que nunca le ha interesado intervenir directamente en política, pero que se encuentra escribiendo el segundo volumen de sus memorias que se titula ‘Los años guerreros’, en el que se remonta «a los años de la universidad, del antifranquismo y de cuando estuvo en la cárcel».

«A mi me interesa la política cuando puedo irrumpir en ella como guerrero, guerrero sin armas por supuesto, de una forma belicosa. Es como jugar a ser Hemingway, quien siempre ha sido uno de mis modelos. Dicho esto, me retiro de la política», ha concluido el escritor.

¿Elecciones para llegar a esto? ¿Por qué votamos los españoles?
El gran timo del sistema electoral español
Miguel Massanet diariosigloxxi 17 Junio 2019

Es posible que haya quien siga pensando que, en España, somos una democracia representativa que dispone de una forma efectiva de recoger la voluntad del pueblo y plasmarla directamente en los servidores públicos que hayan obtenido el mayor número de votos, para que sean ellos los que vayan ocupando los cargos políticos, de las distintas instituciones del Estado, que quedan pendientes de cubrir en virtud de la renovación exigida, cada periodo determinado de años, por las leyes del Estado. Esto parece que sería lo adecuado, lo verdaderamente democrático y lo que respetara, de una manera más fiel, la voluntad de las mayorías resultantes de la suma de los votos depositados, por la ciudadanía, en la totalidad de las urnas de cada distrito electoral.

Evidentemente, la Ley D’Hont , que es la que se ha convertido en endémica para cada una de las votaciones que se celebran en nuestra nación, tiene efectos distorsionadores en cuanto a la distribución de los votos entre los distintos partidos que se disputan el poder en cada circunscripción electoral. Una ley que facilita la atomización de los votos, da poder a minorías no representativas, perjudica a aquellos partidos que han conseguido mayor número de votantes y da lugar a que, cuando llega el momento de gobernar un ayuntamiento, una comunidad, una autonomía o el mismo gobierno de una nación, pueda darse el caso absurdo de que, aquella formación política que ha conseguido el mayor número de votantes a su favor, pueda quedar apartada o excluida de ocupar aquellos cargos que, legítimamente, se hubiera ganado; debido a lo que se podría considerar como un contubernio de varios partidos, incluso sin ningún tipo de similitud en cuanto a sus ideales políticos, proyectos de gobierno, consideraciones morales o éticas o sistemas de Estado ( comunistas, capitalistas, liberales, ácratas etc.) que se confabularan para hacerse con el poder, uniendo sus escaños en contra de quienes hubieran sido más votados si, entre todos, consiguieran que su representación en las instituciones de las que se tratare, superaran a los de la agrupación ganadora.

El espectáculo denigrante, desconcertante, decepcionante y mercantilista que los ciudadanos españoles hemos tenido que presenciar durante las últimas semanas, sólo se puede calificar como vergonzoso y, la serie de concesiones, cesiones, combinaciones y postureos que los políticos encargados de negociar a quién apoyaban, lo que sacaban por apoyar a un partido determinado o cómo se las arreglaban para disimular el apoyo a un determinado partido al que habían jurado que nunca lo harían; se ha convertido en el hazmerreír de cualquiera que, desde un punto de vista objetivo, razonable e imparcial, pudiera contemplar el mercadeo que ha tenido lugar para repartirse influencias, alcaldías, presidencias, diputaciones y cualquier poltrona disponible de las que se ponían en juego en toda la superficie del Estado español.

Mucho nos tememos que el remedio que muchos han querido favorecer para evitar lo que ha venido siendo bipartidismo ( PSOE y PP) durante la mayoría de años, no ha conseguido los efectos que algunos se proponían obtener y, por el contrario, ha dado lugar a que, la multitud de partidos políticos que viene concurriendo en cada convocatoria de elecciones, provoque una dispersión del voto, que sólo sirve para que los votos de los que no alcanzan el mínimo requerido para entrar en el reparto, se pierdan, juntamente con los nulos y las papeletas en blanco y, lo único a que contribuyen es a aumentar o disminuir la llamada “barrera electoral”. Está visto que, como está ocurriendo en nuestra nación, estas minorías que se benefician de los escaños de que disponen para poder alterar la voluntad mayoritaria de la ciudadanía, vienen constituyendo en grave problema a la hora de gobernar y tienen posibilidades de obstaculizar el funcionamiento del país entero si, como sucede en Cataluña y, en parte, en el País Vasco, tiene posibilidades de chantajear al gobierno legítimo de la nación con pretensiones que, en la mayoría de los casos, no son atendibles, no están dentro de las facultades de los gobernantes o, en sí mismas, son constitutivas de delitos contra la propia soberanía del país.

Sólo la estulticia de nuestros gobernantes, la perenne preocupación por mantener el número de votos para seguir gobernando, la poca preocupación que los dirigentes, tanto de derechas como de izquierdas, han venido demostrando en procurar mejorar las instituciones del país, optimizar la comunicación entre las bases y sus representantes, actualizar y agilizar los medios por los que los ciudadanos pueden influir, con más eficacia, en el nombramiento de sus representantes encargados de la gestión de los intereses nacionales y la forma más efectiva de poder demandarles explicaciones cuando se desmarcan de sus propuestas electorales para emprender caminos tortuosos o concertar alianzas con otros partidos, cuyos intereses o ideales nada tienen que ver con los propios de la formación de la que se trata.

Nos cuesta entender que, después de los fracasos a los que nos ha conducido el actual sistema electoral vigente en nuestra nación, ninguno de los partidos que han pasado por el Gobierno, haya propuesto la reforma de la ley para adaptarla, como ya han hecho en otros países vecinos al nuestro, a un sistema más racional, más representativo, más justo y, por supuesto, mucho más clarificador y práctico por lo que supone la eliminación, en una segunda vuelta, del cúmulo de pequeñas facciones, escasamente representativas que, como ocurre en Francia, se ven obligadas a apoyar a los dos partidos más votados en la primera vuelta que, en definitiva, son los que se disputan, en última instancia, la presidencia de la república o la del gobierno según sean los comicios que se estén celebrando. Un método, a todas luces más eficiente, razonable, limpio y de acuerdo con quienes votaron a aquellos que más apoyo obtuvieron en la primera vuelta que, en una segunda vuelta, tienen la ocasión de decidir cuál de las dos opciones prefieren.

Los españoles nos preguntamos si, en España, existen opciones políticas privilegiadas, bendecidas por la Constitución, intocables o especialmente favorecidas por ser de una tendencia determinada (comunistas, socialistas, separatistas etc.) que, hagan lo que hagan, piensen lo que piensen, defiendan lo que defiendan o se expresen como les dé la gana; nadie pone en duda que, sus representantes, puedan figurar en puestos representativos en la Administración, municipios, diputaciones, autonomías o del mismo gobierno de la nación, sin que a nadie se le ocurra poner en cuestión el hecho de que puedan ser antimonárquicos, republicanos, contrarios a la propiedad privada o, incluso, antisistema o anarquistas contrarios a cualquier autoridad y defensores de la anarquía total. Incluso se acepta que, algunos funcionarios, como es el caso de Cataluña, utilicen fórmulas por las que evitan someterse a la Constitución o añaden coletillas en las que se desmiente que lo jurado lo vayan a seguir respetando en un futuro. Por el contrario, si se trata de partidos de centro, derechas o de otras derechas a las que, equivocadamente y con el sólo objeto de desprestigiarlas, perjudicarlas, infamarlas o negarles legitimidad, las califican de ultraderechas, por el mero hecho de defender ideas conservadoras, mantener la defensa de principios que durante siglos han estado vigentes en nuestra nación o criticar algunos aspectos de nuestra Constitución que se ha demostrado que han resultado especialmente inoportunos, dañinos y destructivos para la convivencia entre españoles u otras leyes que pretenden establecer normas discriminatorias entre hombres y mujeres dudosamente constitucionales o que defienden que la familia cristiana es la verdaderamente válida y que todo el resto de nuevos tipos de reciente invención no son más que fórmulas para intentar darles una pátina de legalidad a situaciones basadas, la mayoría de ellas, en otros ambientes espurios a los que se ha querido equiparar con la familia tradicional, pero que, en realidad, todas ellas, lo único que han hecho ha sido intentar remediar situaciones de hecho, en muchos casos jugando con anormalidades genéticas que, durante muchos siglos, fueron consideradas como antinaturales, proscritas y objeto de situaciones rechazadas socialmente.

Esta libertad de ideas, reconocidas por el derecho español, no debería ser objeto, como no lo es tener ideas republicanas, para que al partido que las defiende, siempre dentro del marco constitucional, se le pretenda excluir de los pactos pos electorales, se le califique de “extrema derecha” o se considere a los cientos de miles que los han votado como si fueran ciudadanos de segunda, contra los cuales el Estado debe mantener un especial rechazo o proscripción.

La Constitución debe ser igual para todos y defender con la misma intensidad a los que piensan como izquierdas y a los que lo hacen como derechas. Nos resulta imposible de admitir que, un partido como Ciudadanos, sea tan absurdamente maniqueo que siga considerando a los de VOX como un partido al que se le debe negar el pan y el agua. Sólo una postura inexplicable, cerril, intransigente e intolerante puede explicar que, en estos momentos en los que el futuro de España está, como nunca había estado, en peligro de caer en manos de una izquierda dispuesta a dejarse arrastrar a todas las trampas de los extremismos, sólo para poder seguir manteniéndose en el poder, amenazando la recuperación de nuestra nación; se puede entender que, Rivera y sus seguidores, se mantengan en la idea de que todo pacto con VOX debe ser rechazado, con lo cual han favorecido que muchas de las ciudades de la geografía española hayan ido a para a manos de los socialistas, de los comunistas o de los separatistas. ¿Qué provecho piensan sacar de ello? Puede que ellos lo sepan, pero nuestra manera de pensar nos lleva a la conclusión de que, tarde o temprano, la volatilidad y la inmadurez de Albert Rivera, les va a llevar a un callejón sin salida en el que probablemente se van a quedar encajonados.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el convencimiento de que, en manos de una izquierda inclinada peligrosamente al extremismo y con un sistema electoral como el que tenemos en la actualidad, las posibilidades de que España recupere la sensatez, sus ciudadanos sean capaces de darse cuenta de que han caído en la trampa de quienes lo único que intentan es llevarnos, una vez más, a las viejas ideas del comunismo bolchevique que actualmente siguen vigentes en Venezuela apoyadas, por cierto, por el verdadero causante de que en España nos encontremos en este laberinto en el que estamos instalados, el señor Rodríguez Zapatero, un sujeto peligroso que no se ha resignado a dejar de hacernos daño a los españoles.

El Defensor del Pueblo y el adoctrinamiento
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com 15 Junio 2019

Marugán es un socialista de vieja estirpe y es el Defensor del Pueblo a nivel general en España.

Nunca he entendido la politización de figuras así ni su dependencia directa del poder político. Más que para la defensa de los ciudadanos, a veces parecen ser un parapeto que sirve para evitar que las demandas ciudadanas tengan un canal para la resolución de los abusos de las administraciones públicas.

Cada comunidad autónoma tiene su homólogo, y ciertamente me resulta difícil de comprender cuál es su misión concreta, pues parecen depender más de las correspondientes consignas políticas que servir para la canalización de quejas hacia los poderes públicos y para la resolución de abusos de autoridad y atropellos flagrantes de derechos individuales. Lo mismo ocurre con otras instituciones igualmente nombradas por los parlamentos –es decir, por los partidos gobernantes, que es lo mismo- como los correspondientes tribunales de cuentas, que más parecen estar para dar legitimidad a ilícitos administrativos. Quizás por ello tienen tan poco trabajo, ya que los ciudadanos desconfían de la eficacia de esas instituciones creadas para dar apariencia de defensa de los intereses colectivosa, mientras que en realidad son unos instrumentos más de los poderes públicos, o, lo que es lo mismo, de los partidos.

Hay que decir, sin temor a equivocación, que una cosa es la democracia y otra la real.

Pero Marugan ha demostrado tener sentido de la oportunidad política al salir al paso del fenómeno del adoctrinamiento nacionalista imperante, que es tan evidente que negarlo es un insulto a la inteligencia. Le honra esta determinación de poner en solfa las actuaciones del PP y del PSOE en esta cuestión, o más bien el ser cómplices por omisión, pues lo que ha prevalecido en el ejercicio del poder político en nuestra vapuleada nación española es lo que yo llamo la táctica de la tortícolis, que consiste en torcer el cuello para apartar la mirada de los atropellos a los derechos individuales, demostrando escaso sentido de la responsabilidad insititucional y de la lealtad constitucional.

Consiste en legitimar el lavado de cerebro sistemático realizado en las escuelas; o lo que es peor, la inseminación de ideas falsificadas, erróneas y manipuladas de la historia, de la antropología social y cultural de nuestras sociedades –la real, no la mitológica- y la persistente insistencia en introducir ideología política en nuestros escolares, sustituyendo la originaria finalidad de la escuela que es el propiciar el desarrollo de las potencialidades de nuestros niños y jóvenes. Ese trasunto ideológico de variada naturaleza no representa ni de lejos el común acervo cultural y cosmovisión de la sociedad española, incluso en comunidades autonómicas cuyo paradigma dominante es el nacionalista.

Eso tiene una lógica explicación. Nuestro sistema político es partitocrático y con una representación muy corregida respecto a la voluntad ciudadana. Y al final el resultado es que las urnas no reproducen la concepción del mundo y las cosas del ciudadano medio, sino tienen un sesgo que no es representativo en el sentido estadístico. Y hay unas minorías que en la práctica se hacen con el poder; el cual no se corresponde con lo que en realidad es la voluntad general en sentido genuino.

En definitiva, Marugán ha hecho bien denunciando el adoctrinamiento en las escuelas, por mucho que los últimos ministros que han pasado por la cartera de Educación lo hayan negado de una forma conspicua y falaz. Quizás, porque la evidencia es incontestable. Mis felicitaciones. Ya era hora.

Una de las personas que más ha combatido el adoctrinamiento y el uso de las lenguas autonómicas con fines nacionalistas, sembrando un reguero de víctimas de la inmersión lingüística, es Gloria Lago, la presidente de la Asociación “Hablamos Español”. Llevo tiempo diciendo que esta maravillosa persona merecía un reconocimiento.

La Fundación Universitaria San Pablo CEU le ha concedido, entre otros homenajeados como Francesc de Carreras, Augusto Ferrer Dalmau y Alfonso Ussía, el premio al Mérito en Defensa a España.

Algo empieza a moverse en nuestra malhadada España; y a cambiar.

Cuando comienzan los reconocimientos a este tipo de luchas por la dignidad de los españoles es que realmente han ocurrido cosas muy graves para la salud de nuestras instituciones y de nuestra aún joven democracia. Hay que caminar en la línea de la reforma política para que la vida pública vaya por la senda de la que nunca se debía haber apartado.

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Camino a las elecciones
Luis Herrero Libertad Digital 17 Junio 2019

A riesgo de convertirme en el articulista más denostado de la semana me declaro partidario de la repetición electoral. Ya sé que estamos hasta el gorro de la incapacidad de los políticos para sacar al país del pantano en el que lleva varado más de un lustro y que hemos entrado en un bucle que provoca un inevitable hartazgo social. Pero solo hay dos maneras viables de evitar la convocatoria de las urnas y las dos me parecen poco recomendables. Tal y como están las cosas —con UPN más cerca del no que de la abstención por culpa de la ambición del PSN, que ha le dado la alcaldía de Pamplona a la derecha para poder argumentar que no hay pacto con Bildu y reclamar a continuación la presidencia del Gobierno foral—, la única forma de que eche a andar la legislatura es con la abstención de los independentistas o la de alguno de los partidos del centro derecha. Las dos nos llevan a un callejón sin salida.

Para evitar que Sánchez dependa de los costaleros del procés hay quien pide la abstención de Ciudadanos o PP. ¿Pero se han parado a pensar esas personas en lo que pasaría a partir de entonces? Si el PSOE hace causa común con Podemos (y en caso contrario no bastaría con que Rivera o Casado se abstuvieran, alguno de ellos tendría que votar a favor), el PSOE sólo podría contar con 173 votos para sacar adelante las votaciones importantes. ¿Cómo podría aprobar los Presupuestos Generales del Estado? Si los hace a la medida de lo que pide Pablo Iglesias, ¿les pediremos también a PP, Ciudadanos y Vox que se abstengan y se conviertan en cómplices activos de una política económica que sube los impuestos y dispara el gasto público?

Conviene tener claro, a la hora de hacer cuentas, que cuando la sentencia del Supremo contra los políticos presos sea firme, cosa que sucederá entre noviembre y enero, los diputados suspendidos perderán su escaño. Las penas por delitos de rebelión o sedición —ambas— llevan aparejadas su inhabilitación absoluta para ejercer cargos públicos. La consecuencia inmediata es que correrá la lista de Junts per Catalunya (y la de ERC si Junqueras no alcanza la plena condición de eurodiputado) y los cómputos de las mayorías volverán a ser los que siempre han sido. Un empate a 173 no basta para sacar adelante la investidura —hacen falta más síes que noes— pero sí para aprobar los Presupuestos si el empate se mantiene después de la tercera votación.

El problema es que una vez que en el Congreso vuelva a haber 350 señorías con derecho a voto, el equilibrio a 173 mutará a una ecuación 173-177 desfavorable a los intereses del Gobierno. ¿Y qué haremos para revertirla? ¿Colmaremos a Canarias de inversiones multimillonarias para que Ana Oramas se desdiga de su veto al maridaje del PSOE con Podemos? Y aunque lo intentáramos, ¿podríamos comprar sus dos votos después de haber desposeído a Coalición Canaria de casi todo el poder territorial que tenía? Para entonces, para más inri, UPN ya no será un salvavidas para Sánchez porque, a cambio de salvaguardar la complicidad del PNV, el presidente del Gobierno habrá permitido que María Chivite le arrebate el Gobierno foral a Navarra Suma con la abstención de Bildu.

Lo que pretendo decir es que una vez que arranque la legislatura, el Gobierno será rehén de los independentistas por cualquiera de las dos vías que pueden evitar la repetición electoral: o bien porque la investidura se logre con la abstención de ERC —algo que Rufián no descartó que sucediera tras su entrevista del jueves con Adriana Lastra— o bien porque se logre con la de PP o Ciudadanos. Si el acuerdo del PSOE con cualquiera de esos dos partidos no va más lejos y se adentra en el territorio de los pactos programáticos —lo que provocaría la estampida inmediata de Podemos del llamado Gobierno de cooperación—, lo único que lograría el gesto abstencionista de la derecha sería darle a Frankenstein el elixir de la resurrección.

Mientras no se den las condiciones para que pueda haber un acuerdo de Gobierno entre PSOE y Ciudadanos —y hoy por hoy todavía no se dan— el mal menor, a mi juicio, es darle la oportunidad a las urnas para que corrija la aritmética parlamentaria. Por duro que parezca, prefiero un PSOE más fuerte que no dependa de Junqueras que cuatro años más de más lo mismo.

El viaje a ninguna parte de Cs
Carlos Mármol  cronicaglobal 17 Junio 2019

Georges Perec, escritor francés que sentía una fascinación luminosa por las cosas concretas, decía que tal y como está organizada la vida contemporánea el espacio ha sido domesticado por el tiempo. “La gente” --escribía-- “usa reloj en lugar de brújula”. Es cierto: nos pasamos la existencia preguntando por la hora, pero es más extraño que nos cuestionemos con idéntica frecuencia dónde estamos y adónde vamos. Quizás porque --erróneamente-- creemos saber ambas cosas. Uno de los grandes misterios del escenario político, tras el último y agotador ciclo electoral, es saber en qué lugar del arco parlamentario está Ciudadanos (Cs). Y mejor todavía: saber hacia qué nueva dirección se dirige.

El partido naranja, que nació como antídoto colectivo contra el nacionalismo, ha protagonizado en sus trece años de existencia tantos vaivenes como sus antagonistas de Podemos, aunque en su caso sin cambiar de nombre. Simplemente mudando de compañeros de excursión. Nació como un movimiento transversal, a mitad de camino entre lo que algunos consideraban la socialdemocracia (razonable) y, otros, el liberalismo (ilustrado), y ha terminado, tras la famosa foto de la plaza de Colón, sumándose al carrusel de las derechas, donde aspira a ser cabeza de león pero de momento no ha logrado dejar de ser cola de elefante.

El periodista Iñaki Ellakuría, coautor de un libro sobre los inicios del partido, contaba hace unas semanas que la mayoría de sus fundadores sienten un profundo desengaño con su evolución bajo la dirección de Albert Rivera, al que algunos presentaron en su momento como un nuevo Suárez, una comparación excesivamente generosa (sobre todo para el protagonista) si tenemos en cuenta que su salto a la fama se debió a un vistoso cartel electoral donde aparecía desnudo, igual que un efebo. Década y media más tarde, aquella tercera vía surgida para que el bipartidismo no tuviera que sufrir el chantaje de los nacionalistas, es una organización veleta, con la diferencia de que sus sensores para saber de qué lado sopla el viento (político) parecen haber dejado de funcionar.

Rivera se ha convertido en un personaje de las revistas del corazón, una estrella transmediática que corre el riesgo de quedarse en eterna promesa. Cs, después de ganar las elecciones catalanas al nacionalismo, que necesitó reeditar su alianza para cerrarles el paso, renunció primero a intentar conquistar la Generalitat --aunque fuera forma simbólica-- y más tarde ha declinado trazar un sendero propio en la política nacional. En Cataluña los últimos comicios evidencian un serio quebranto electoral, augurio al que se suma la marcha (a Madrid) de Inés Arrimadas, que pasa página a la etapa más intensa de Cs como oposición constitucionalista en Cataluña. Los tiempos venideros serán, a buen seguro, mucho peores y, como escribía Sánchez Ferlosio, a algunos los harán (todavía) más ciegos.

La marcha de la jefa de Cs en Cataluña encarna la impotencia del constitucionalismo para revertir la deriva del extremismo independentista. La apuesta por combatir el nacionalismo desde las instituciones estatales se ha revelado mucho más teórica que sólida. Rivera, al que las encuestas le sonreían antes de la moción de censura de Rajoy, no ha superado a un PP sumido en la peor crisis de su historia ni tampoco ha conseguido articular con el PSOE un frente constitucionalista. Ni una cosa, ni la otra. Los constantes cambios de posición han terminado llevándoles al bloque de las derechas, lo que ha abierto serias vías de agua: sus primitivos fundadores, y personajes como Valls, fichado para conquistar la alcaldía de Barcelona, que ha terminado entregando a Colau para evitar que cayera en manos de ERC, cuestionan el pragmatismo (sin rumbo) de Rivera.

El liberalismo en la política española, tradicionalmente extremista, ha tenido históricamente mala fortuna. Básicamente por guiarse por convicciones en vez de por intereses. Cs ha hecho justo lo contrario: viajar desde el centro del tablero hacía uno de sus extremos (el que ocupan PP y Vox) soltando un lastre que, en realidad, era todo su patrimonio político. El experimento ha convertido la marca naranja en un consorcio vacío, donde conviven oportunistas, jubilados de otros partidos y arribistas ansiosos de pillar cacho.

Uno se pregunta cuál es el beneficio de estos volantazos, la ganancia de tantas incoherencias. No se adivina ninguna. El reformismo de Cs en sitios como Andalucía, donde apoyaron primero al peronismo rociero de Susana Díaz y después han ayudado acceder a San Telmo al PP, no se vislumbra por ningún sitio. En Cataluña han perdido al electorado que procedía del PSC. La erosión sobre el PP también es relativa. Casado conserva casi todo poder territorial tras el 26M: reina en Madrid, gobierna muchas ciudades y ocupa tres presidencias regionales. Y hay nuevos factores: Vox no cubrió sus expectativas en las generales, pero su crecimiento es suficientemente sólido como para entrar en muchísimos consistorios.

Parece evidente: no va a ser sencillo, ni rápido, y tampoco seguro, que Cs logre algún día liderar a las derechas. Incluso si este milagro se consuma, tendrá que compartir el poder (y la correspondiente foto) con PP y Vox. Fingir que no es así, como se ha intentado hacer durante seis meses en el sur, donde el debate de los últimos presupuestos autonómicos ha permitido arrancarle la máscara a Cs, es un acto hipócrita e infantil. O los liberales de Cs se han suicidado (saltando por la borda) o es que en realidad nunca existieron. Viene a dar los mismo. Así el barco naranja no llegará nunca al puerto de la Moncloa.

El Govern levanta un muro lingüístico con los médicos del resto de España
La sanidad pública catalana exigirá la obligatoriedad del catalán para trabajar en Cataluña y, si no se posee, impondrá una examen
Ignasi Jorro  cronicaglobal 17 Junio 2019

Un muro lingüístico. Esto es lo que preparan los gestores de la sanidad pública catalana. Lo harán camuflando el requisito del dominio de la lengua catalana en el nuevo Pacto de Movilidad Voluntaria del Instituto Catalán de Sanidad (ICS). El documento se debatirá el próximo 12 de julio en la Mesa Sectorial y, si nada lo impide, obligará a dominar la lengua catalana para trabajar como sanitario en Cataluña o, en su defecto, a pasar un examen.

Fuentes del sector sanitario han alertado de que el documento está ya muy avanzado. Es muy similar al planteado un año atrás, que blindaba la movilidad en Cataluña a médicos que dominaran el catalán. La hoja de ruta prevé dotar a los profesionales del ICS de un sistema permanente de movilidad, lo que gusta a los sindicatos, pero impone requisitos que chirrían cuando no son directamente recurribles, según han avisado fuentes consultadas.

La portavocía de Prensa del ICS, en este caso, ha preferido no aportar su versión de los hechos.

Obligatoriedad del catalán
El nuevo requisito más polémico es la lengua catalana. En los concursos de movilidad voluntaria de personal estatutario del ICS, la mayor empresa pública de Cataluña, con cerca de 39.000 trabajadores, dominar este idioma era hasta ahora un mérito. Ello cambiará ahora. Pasará a ser obligatorio su conocimiento mediante la acreditación por medio de certificado [consultar niveles aquí] según cada categoría profesional. Si no se puede acreditar, se deberá pasar un examen de suficiencia.

La consecuencia más directa será el impacto contra la movilidad de personal sanitario del resto de España que no domina la lengua catalana. Ello es tan evidente que algunas centrales sindicales ven claro que, si el ICS levanta el muro lingüístico, un médico que no resida en Cataluña y se tope con este obstáculo lo podrá recurrir, invalidando este punto. Creen que al ser la sanidad pública catalana parte del Sistema Nacional de Salud (SNS), no ha lugar una exigencia así. En este sentido, cabe recordar en este sentido que la obligatoriedad de conocer la lengua catalana, en este caso en Baleares, cumplió un año el pasado mes de marzo. Sigue vigente porque la Abogacía del Estado retiró el recurso contencioso-administrativo interpuesto por el gobierno de Mariano Rajoy ante el Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB).

Ello no fue óbice para que la norma levantara una gran polvareda e incluso generara manifestaciones masivas contrarias.

Polémica con la atención primaria
El decretazo que prepara el proveedor público de servicios sanitarios que capiteanea Josep Maria Argimon tiene otras aristas. Otra de las más polémicas es la baremación de la formación que hace el personal de atención hospitalaria. La plantilla de este nivel asistencial podrá presentar los cursos y formaciones que ha realizado para que puntúen si desea cambiar de puesto de trabajo dentro de la red del ICS (8 grandes hospitales y 283 equipos de atención primaria de toda Cataluña). Ello les dará ventaja para pasar de trabajar a un hospital a un ambulatorio, algo que ocurre con relativa frecuencia. Por contra, penalizará a los sanitarios de primaria. Este punto, no obstante, tiene diversas interpretaciones y divide a los sindicatos.

Lo evidente es que el si el ICS trata de aprobar el Pacto de Movilidad Voluntaria el próximo 12 de julio pasarán dos cosas. Por un lado, implementará por fin un sistema estable de movilidad para su personal con plaza fija (el último concurso se cerró en 2015). Por el otro, se expondrá a las críticas y posibles acciones judiciales por la exigencia del catalán, algo que trata de colar subrepticiamente aparejado al marco regulador. Sobre este expediente tiene responsabilidad directa, además de Argimon, el director de Recursos Humanos el ente público, Ferran Fanlo.

Caen en Vigo los dos líderes de Resistencia Galega fugados a Venezuela
Los dos terroristas eran los más buscados de España y su organización fue la heredera del Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive. Junto a ellos fue detenido Nicolás García Nogales en A Merca y un cuarto integrante en Vilamarín
C. Punzón. Vigo La Voz 17 Junio 2019

Los dos terroristas más buscados de España, Antóm García Matos, alias Toninho, y su pareja Asunción Losada Camba, cayeron el sábado en Vigo en un dispositivo policial montado por la Guardia Civil tras trece años de fuga y sendas euroórdenes para intentar acorralar al considerado líder de Resistencia Galega (RG), la organización armada heredera del Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive. A ambos se fugaron a Portugal, y después se les detectó en Venezuela, de donde presumiblemente habrían vuelto recientemente.

Además de los considerados activistas de la banda surgida en el 2005 y que dio rastros de su existencia todavía en el 2014, fue detenido ayer en la parroquia ourensana de Oxén (A Merca), Nicolás García Nogales. Y hubo una cuarta detención en Vilamarín, también en la provincia de Ourense. Domicilios vinculados a los detenidos han sido registrados también este fin de semana en una operación que se considera todavía abierta y que han llevado a cabo el servicio central de información en Madrid de la Benemérita en colaboración con sus homólogos de zona de Galicia. Los tres han sido ya conducidos a la Audiencia Nacional en Madrid, tribunal encargado de los casos de terrorismo.

Dos miembros de Resistencia Galega, entre los terroristas más buscados de España
Fuentes de toda solvencia certifican que la detención se llevó a cabo en Vigo, área de alta actividad de Resistencia Galega y que habían abandonado en el 2006 para huir a Portugal, donde se considera que fue diseñado el grupo que tomó el testigo del Exército Guerrilheiro, organización también de carácter terrorista que actuó en Galicia entre 1987 y 1991 con cuatro muertos a sus espaldas, tres en la explosión de una bomba en la discoteca compostelana Clangor y un agente de la Guardia Civil en Irixoa en una emboscada en una pista rural.

Los dos líderes terroristas ahora detenidos acumulan hasta nueve acusaciones en su historial y sendas órdenes de búsqueda, siendo la de pertenencia a banda armada con consideración de dirigentes la de mayor peso, pero también la de transporte de explosivos, tenencia de armas y falsedad documental.

La ficha policial de García Matos (San Sebastián, 1966) califica su grado de peligrosidad de «alto». Su compañera, María Asunción Losada nació en Santiago en 1966.

En su toma de posesión como fiscal jefe de Galicia en el 2015, Fernando Suanzes estableció como uno de los objetivos del ministerio público la vigilancia sobre el terrorismo «por la indeseable particularidad de que en Galicia subsiste la única organización terrorista interna activa», advirtió. El entonces delegado del Gobierno en la comunidad, Samuel Juárez, desvelaba que en su estrategia de funcionamiento RG quería imitar a ETA. Los servicios de investigación siempre atribuyeron a dicho grupo armado un apoyo social muy pequeño, aunque esa circunstancia no rebajaba su peligrosidad. La huida a Venezuela hizo sospechar a medios policiales de una posible conexión de los terroristas gallegos con etarras afincados en el mismo país.

Como en su fuga a Venezuela, Portugal fue detectado como plataforma de huida hace solo cuatro años cuando otro vinculado a Resistencia Galega, Héctor Naya, fue capturado en el aeropuerto de Oporto, cuando se disponía a volar al mismo país sudamericano.

La última imagen conocida de García Matos es un vídeo que envió a sus compañeros de RG por Internet en el 2014 para activar al grupo. Poco después volaron la entrada del Ayuntamiento de Baralla. En la captura de la película publicada en La Voz en octubre de aquel año, se ve a Toninho camuflado con un pasamontañas ante la bandera gallega con una estrella roja.
 
Un reguero de explosiones y planes de magnicidio con un último acto en el 2014
Resistencia Galega emergió en el 2005 tirando de manifiesto a través de Internet para llamar a la lucha armada anónima. Esa apelación a la falta de siglas hizo que sus acciones desperdigadas no acabaran de atribuirse a RG como banda terrorista hasta que una bomba en la sede del PP de Ordes en el 2010 y otra en la casa natal de Manuel Fraga en Vilalba en el 2011, acabaron mostrando un hilo conductor. En el peaje de Padrón la policía desbarató en ese mismo año una operación planeada para atentar contra los entonces Príncipes de Asturias. Las bombas a sedes de partidos, concellos y torres de comunicaciones se salpicaron con detenciones y el último atentado se produjo aún en el 2014 en el consistorio Baralla.

La búsqueda de los dos líderes fugados de Resistencia Galega llega a Venezuela
A Asunción Losada y Antonio García, huidos en el 2005, se les ubicó siempre en Portugal

Antonio García Matos, Toninho, y Asunción Losada Camba son pareja y figuran desde hace años en el macabro elenco de terroristas más buscados de España. Motivos sobran. Nueve, concretamente, en forma de acusaciones que van de pertenencia a organización terrorista en grado de dirigentes a tenencia, transporte de explosivos o falsedad documental. Era el año 2005 y la Audiencia Nacional situaba a Toninho refundando el Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive, organización a la que perteneció y por la que pasó seis años entre rejas. El resultado se llamó Resistencia Galega y hoy, según los servicios de Inteligencia del Ministerio del Interior y sentencias posteriores del Tribunal Supremo, es la única organización terrorista activa en España.

 


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