AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 19 Junio 2019

En torno al porvenir de España como nación
Pedro Carlos González Cuevas okdiario 19 Junio 2019

En buena medida, lo que se debatía realmente en las elecciones del 28 de abril era la viabilidad de España como proyecto colectivo. El efímero gobierno de Pedro Sánchez había venido de la mano de una alianza de los socialistas con nacionalistas, separatistas y extrema izquierda. Las conversaciones de Pedralbes pusieron de relieve hasta donde podían llegar las concesiones del gobierno central a unos nacionalistas catalanes que poco antes habían vulnerado gravemente la legalidad constitucional. En cualquier nación europea, semejante actitud no sólo hubiese resultado anómala, sino, como señaló Jorge de Esteban, supuesto un delito de alta traición. Sin embargo, no fue así. Los socialistas logaron transformar la dinámica electoral mediante la dicotomía no ya derecha/izquierda, sino izquierda/extrema derecha.

Historiadores de cámara, como Santos Juliá Díaz, señalaron, en El País, que mientras el PP y Ciudadanos pugnaban con Vox por el espacio de la “extrema derecha”, el PSOE de Pedro Sánchez encarnaba el “centro”. El problema no era el separatismo catalán, sino el “trifachito” de la Plaza de Colón. Así se escribe la Historia. Sin embargo, esta deleznable actitud tiene unas raíces históricas muy complejas, que exigen un estudio minucioso e inteligente.

Y es que, como sostenía José Ortega y Gasset, la nación no es una realidad natural; es una construcción histórica creada a partir de un proyecto político e intelectual previo, encarnado en el Estado, que es quien da conciencia de su propia voluntad y, además, de su efectiva existencia. No muy lejos de ese planteamiento se encontraba el historiador George L. Mosse, portavoz de una nueva historia de carácter cultural, en la que las percepciones, los ritos, las liturgias, las ideologías tenían un papel de primer orden. La obra cumbre de Mosse fue La nacionalización de las masas, en cuyas páginas describe elocuentemente el proceso de construcción nacional de Alemania, a través de los ritos, los mitos, las fiestas populares, símbolos e instituciones, el Estado, la escuela, etc.

¿Qué ocurrió en España?. El régimen liberal español se mostró muy poco eficaz a la hora de llevar a cabo la “nacionalización de las masas”. Y es que, en el fondo, el problema de España fue un problema de Estado, de ausencia de un aparato estatal fuerte, capaz de penetrar en todos los rincones del país y de desarrollar políticas culturales adecuadas para crear adhesiones y deslegitimar los movimientos secesionistas o contrarios al ideal nacional. El tan criticado centralismo español fue, como señaló Juan Pablo Fusi, más “legal” que “real”. La esencial función nacionalizadora de la escuela estuvo igualmente disminuida por la dificultad de establecer regulaciones y planes duraderos. La Administración fue incapaz de llevar a cabo una política lingüística que convirtiera al castellano en la lengua común de todos los españoles. En el ámbito de la izquierda, el PSOE vivió al margen de la reflexión sobre el nacionalismo. Y en 1918, reconoció el derecho de las “nacionalidades ibéricas” a su autogobierno, en una “confederación republicana”. La crisis de 1898 se configuró como una crisis de identidad nacional, uno de cuyos rasgos esenciales fue la irrupción de los nacionalismos catalán y vasco. La Dictadura de Primo de Rivera fue un intento de encauzar la crisis, a través del corporativismo y el nacionalismo conservador; pero no pudo consolidarse ni llevar a cabo su proyecto político.

Por tanto, la Monarquía dejó como herencia una nación mal articulada. A lo largo del período republicano, se produjo un fenómeno contradictorio en lo que se refiere a la construcción de la identidad nacional. Por un lado, se intentó llevar a cabo una “nacionalización de las masas” mediante una educación de carácter laico. Por otro, se pactó con los nacionalistas catalanes un Estatuto de autonomía que consolidaba muchas de las aspiraciones catalanistas. Sin embargo, como se vio en octubre de 1934, el nacionalismo catalán de izquierdas tenía unas claras aspiraciones de carácter confederal e incluso secesionistas. Durante la guerra civil, la lucha del bando revolucionario se vio obstaculizada por la abierta deslealtad de los nacionalistas catalanes y vascos, que aprovecharon el desarrollo del conflicto para operar, en sus áreas de influencia, como auténticos Estados independientes.

La victoria del bando franquista en la guerra civil contribuyó a un replanteamiento del problema. Sus elites intentaron llevar a cabo la “nacionalización de las masas”. A partir de los moldes del nacionalismo católico, que no admitía hechos diferenciales, el nuevo régimen socializó a la población mediante ceremonias religiosas, monumentos, himnos y banderas. A lo largo de la vida de la dictadura, el Estado se consolidó y tuvo un papel central en la industrialización y de la posterior racionalización burocrática. Sólo con la consolidación del franquismo, el centralismo legal se correspondió con un centralismo real.

Con la transición a la democracia liberal, el antifranquismo de la izquierda española degeneró en un claro filonacionalismo. Italia, Portugal, Francia y Alemania tuvieron su propia experiencia autoritaria o totalitaria; pero sus izquierdas nunca han puesto en cuestión la unidad nacional. Tanto el PSOE como el PCE incluyeron en sus programas políticos el derecho de autodeterminación, el federalismo y el confederalismo. La inclusión en el texto constitucional de 1978 del término “nacionalidades” fue un duro golpe para la unidad nacional española. Y el “Estado de las autonomías” ha favorecido las tendencias centrífugas, ya que, como estamos viendo, su propia lógica conduce a la confederación, antesala de la disolución del Estado. Además, ha potenciado el localismo. De ahí que una de las razones de la debilidad actual de nuestra sociedad civil sea la reducción de la movilidad interna de los españoles. Para colmo, la potenciación de las lenguas vernáculas y los intentos de erradicación del castellano han hecho más difícil la emigración a las llamadas “nacionalidades históricas”.

La integración española en la Unión Europea ha potenciado igualmente a los nacionalismos periféricos. Y no sólo porque ha privado al Estado-nación de muchas de sus prerrogativas, sino porque las elites nacionalistas, como señaló el historiador Tony Judt, han visto en Bruselas una alternativa para evitar la solidaridad con las regiones más pobres. No existen razones para el optimismo. Menos aún después del resultado de las elecciones, cuyos auténticos ganadores han sido los nacionalistas. Y es que, como solía decir Ortega y Gasset, a veces las cosas son de tal condición que analizarlas con sesgo optimista equivale a no haberse enterado de nada.

Pedro Carlos González Cuevas es profesor titular de Historia de las Formas Política y del Pensamiento Español en la UNED.

La mascarada de Sánchez para pactar con los independentistas
OKDIARIO 19 Junio 2019

Pedro Sánchez tiene dos manos. La anterior frase, que pudiera parecer una obviedad, desde el punto de vista político no lo es tanto. El presidente del Gobierno utiliza sus dos brazos para desarrollar una estrategia doble. Por un lado, tiende la mano para negociar con Ciudadanos. Por otro, ya está dialogando –bajo la mesa– con Podemos, PNC y los independentistas catalanes. El plan consiste en ir agotando los tiempos. Primero, que Ciudadanos diga que no el PSOE. Segundo, acto seguido comenzar a hablar, ya de manera oficial, con todo el bloque de izquierdas. Y, tercero, mantener la amenaza de una repetición de elecciones para que sus socios de negociación de la segunda tanda, una vez que la opinión pública ya se haya cansado de tan largo viaje, y habiendo fracasado incluso en una investidura, no tengan más remedio apoyarle para que forme su Gobierno en minoría. Quién sabe si Sánchez tendrá éxito o no. Ahora mismo no puede descartarse que logre sus objetivos. Tampoco hay que desechar la idea de que todas estas intrigas acaben desembocando en la repetición de elecciones.

Poner el foco en los movimientos de Sánchez resulta útil sobre todo para sus antagonistas en el campo ideológico contrario. Dado que su interés real por pactar con Ciudadanos es escaso –a penas una excusa con la que justificarse y ganar tiempo–, lo que debería hacer el partido de Rivera es desenredarse de sus halagos, también de sus veladas amenazas, para ver cual es su posición dentro del espacio de derecha.

Y tras un ciclo político de cinco agotadores años, la opinión pública comienza a cansarse de aquello que, de una forma un tanto optimista, convino en llamarse “nueva política”. Toda la estrategia de Sánchez, de hecho, se sustenta sobre el presupuesto de que si tuviera que repetir elecciones muy probablemente volvería a sustraer a Podemos otro buen número de votos. La sociedad española ha emprendido el regreso al bipartidismo. El PSOE ya ha tomado nota de ello. Falta que el eco llegue también al mundo de la derecha.

Bipartidismo. Repetir los mismos errores
Nota delñ Editor 19 Junio 2019

Parece que ser español es esta tormentosa época implica la penitencia de darse cabezazos contra el muro indestructible de las lamentaciones. ¡ Oh señor, no podemos cambiar nada ! ¡Tenemos que conformarnos con que haya una apariencia de cambio para que todo pueda segjuir igua (empeorando) ! ¡ Tenemos qiue seguir sufriendo a los inútiles, cobardes y traidores de siempre !.

Por qué todos están contra VOX
Pío Moa gaceta.es 19 Junio 2019

*Creo que VOX ha recogido los votos de muchos que se han sentido sin voz en todos estos años, marginados por los demás partidos o encadenados por el “voto útil”. Y que son muchos más que los que le han votado ahora.

*VOX debe entender que los demás partidos, sin excepción, son enemigos cerrados suyos, y el más peligroso el PP. Y debe diferenciarse de modo sustancial de todos ellos o entrará en el “club”, en la condición de ”alegraor”.

*Los temas que más pueden diferenciar a VOX son aquellos que más intentan silenciar los demás partidos: la memoria histórica, la ideología de género, la política internacional (en la que está todo por elaborar), la colonización cultural, Gibraltar

*Un programa diferente debe tener por lema el de esta blog: “Más España y más democracia”. Porque las dos cosas están en serio peligro, socavadas tenazmente en los últimos cuarenta años.

*El Doctor está en el poder con apoyo de los separatistas. ¿Qué hay de nuevo? ¿No han estado también el PP y el PSOE?

*PP y PSOE, especialmente el primero, han apoyado a su vez y financiado a los separatismos, incluso cuando no necesitaban sus votos.

*Al señalar la complicidad del PP con los separatismos, siempre se olvida que comparte el grueso de la ideología con el PNV y CyU, los cuales, con ayuda del PP, han “educado” a sus paisanos en el separatismo y han vaciado de estado las respectivas regiones.

*También se olvida que en la complicidad del PSOE con la ETA entra de modo fundamental la común ideología socialista, antifranquista y antiespañola.

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¿Qué aconsejaría usted a VOX?

Este partido ha tenido un crecimiento explosivo, lo cual está muy bien porque ha roto el muro de silencio bajo el que querían asfixiarlo los demás. Pero también resulta peligroso, sobre todo cuando aún no tiene bien definidas sus ideas en muchos terrenos, lo que está propiciando ciertas inclinaciones sospechosas. Dejando eso aparte, otro de sus problemas es la organización. Creo que no debe organizarse simplemente en el plano de los cargos políticos, sino impulsar otro tipo de organismos a un nivel más ideológico. Por ejemplo: la memoria histórica, la ideología de género, la OTAN y la UE, la colonización cultural, etc., deberían dar lugar a una especie de talleres de ideas en torno al partido, que llevaran a cabo su propio trabajo de elaboración de un discurso, difusión y creación de opinión pública. Porque el hecho es que el régimen salido del 78 está en crisis a mi juicio irreversible, y su podredumbre está contagiando a la nación y a la democracia. Si creemos que, en definitiva, no pasa nada especialmente grave y que se trata de poner un remiendo aquí y otro allá, contribuiremos al mal.

Consideremos la memoria histórica, que a usted parece preocuparle especialmente, ¿qué se podría hacer?
Me preocupan incluso más otros problemas, pero este es ahora mismo el que ofrece un flanco más débil. Para cometer sus fechorías, tanto los separatistas como sus cómplices o los eurosatelizantes se amparan fraudulentamente en la bandera de la democracia. Es preciso arrebatarles esa bandera, sin la cual se vienen abajo. La memoria histórica es precisamente un ataque frontal a la democracia e indirectamente a España, por eso están todos de acuerdo en ella, desde la ETA o Podemos hasta el PP. Quiero decir que, incluso si su versión de la historia concordara básicamente con los hechos, seguiría siendo totalitaria en la medida en que fuera dictada e impuesta por el poder. Yo nunca me he opuesto a que izquierdas y separatistas den sus versiones; son ellos los que intentan silenciar las contrarias, porque en el fondo saben que de otro modo las suyas se derrumbarían. El manifiesto contra esa ley infame, publicado en este blog debería ser adoptado por VOX, y deberían recogerse firmas, no en gran número, sino, por ejemplo, un centenar de personalidades significativas, intelectuales, políticos y periodistas. Con ello tendría repercusión en la opinión pública, y a partir de ahí podrían ir adhiriéndose otras muchas personas. Este es un ejemplo de lo que podría hacerse. VOX ha tenido un gran acierto llevando a los golpistas a los tribunales y a la cárcel, y debe seguir por ahí, con iniciativas que lo distingan de la actual ciénaga política.

De este modo, usted se erige en mentor de VOX sin pertenecer siquiera a ese partido.
–No me erijo en mentor de nadie. Solo expongo iniciativas prácticas a partir de un análisis político. Yo vengo sufriendo también el mismo muro de silencio que VOX. Sin embargo mi trabajo no ha dejado de tener cierto eco. Como usted verá, actualmente asistimos a una reanudación de la “ofensiva antifranquista” en el cine, la literatura y los medios. Y eso se debe a que se han dado cuenta de que estaban perdiendo terreno desde hace años. Y esa pérdida de terreno se debe fundamentalmente, lo digo sin jactancia, a mi labor y la de muy pocos, poquísimos más. He explicitado la significación histórica del franquismo y del antifranquismo, y aunque casi nadie me ha secundado de modo claro, por lo menos se ha ido creando en ciertos medios un ambiente distinto, y distinto también de un franquismo que nunca entendió a aquel régimen. Pues bien, si tan pocas personas hemos logrado eso, si todo el aparato antifranquista ha tenido que volcarse de nuevo en su demagogia, es claro que el antifranquismo es mucho más débil de lo que parecía.

¿Pero no es caer en una trampa esa reyerta al parecer eterna entre franquismo y antifranquismo, cuando la guerra terminó hace ochenta años y el franquismo hace cuarenta?
Esa reyerta, como usted la llama, es esencial. Piense por un momento lo que fue el Frente Popular: una alianza de totalitarios y separatistas con el aditamento ornamental de unos republicanos golpistas. Pues bien, el antifranquismo actual vuelve a ser precisamente lo mismo, y es lo que está pudriendo la democracia y poniendo en peligro la propia subsistencia de España, como pasó justamente en los años 30. Esos partidos pueden ser enemigos entre sí, pero les une el antifranquismo, con el contenido político actual que acabo de exponer y que da lugar a muchas leyes y medidas políticas. Porque, claro, también las leyes de género son “antifranquistas”, e igualmente las medidas separatistas o eurosatelizantes, etc. ¿Hay algo más actual que eso? Quien dice que “hay que superar eso y mirar al futuro” está completamente ciego ante la realidad actual, y cree que mirar a lo que no se puede ver solucionará las cosas. La lucha contra la memoria histórica es la lucha por la libertad y por la continuidad de España.

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Manifiesto contra la ley de memoria histórica.

La ley de memoria histórica pretende imponer a la sociedad una versión partidista del pasado español y por ese mero hecho adquiere carácter antidemocrático y totalitario, compatible solo con regímenes del tipo de Corea del Norte, la Cuba castrista o China. Constituye en sí misma una seria amenaza para las libertades de expresión, investigación y cátedra garantizadas por la Constitución.

El tema central de dicha ley es una valoración negativa del régimen anterior a la democracia y de su principal figura, Francisco Franco. Quizá es demasiado pronto para tener una perspectiva histórica ecuánime sobre ambos, pero no debe ocultarse que las valoraciones hoy predominantes y a menudo subvencionadas, proceden de puntos de vista y propagandas elaborados y sostenidos por el antiguo Partido Comunista –única oposición real al régimen de Franco, que no tuvo ninguna oposición democrática significativa– y por los partidos separatistas. No debe olvidarse tampoco que el comunismo ha impuesto, allí donde se ha establecido, la privación de las libertades más básicas junto con hasta cien millones de víctimas. Estos meros datos permiten calibrar la solvencia de sus críticas y valoraciones, que en cualquier caso no deben convertirse bajo ningún pretexto en dogmas impuestos.

Hemos podido comprobar en estos años los efectos de dicha ley, con la que recientemente ha querido darse un paso más persiguiendo con multas y cárcel a los discrepantes, algo nuevamente propio de regímenes como los mencionados más arriba. Efectos como la utilización propagandística y emocional de las víctimas de un solo bando y sin discriminar entre inocentes y culpables de crímenes; exigencias de censura en los medios contra la libertad de expresión; típico adoctrinamiento ideológico totalitario en las escuelas; incentivación de odios sociales reminiscentes de los que desgarraron a la república, manifiestos en ataques cada vez más frecuentes a locales, iglesias y sentimientos religiosos de la mayoría de la población; incremento de agresiones, incluso ya algún asesinato; escalada de despotismos e ilegalidades separatistas y ultraizquierdistas y, en general perturbaciones crecientes de la convivencia cívica en paz y en libertad.

Por todo ello, los abajo firmante exigimos la urgente derogación de una ley tiránica incompatible con la libertad y la igualdad de todos los españoles. Es hora de acabar con esta peligrosa anomalía, hija de una propaganda totalitaria y que perturba peligrosamente la democracia.

Y los votantes, qué?
Pablo Molina Libertad Digital 19 Junio 2019

Los tres partidos que disputan a la izquierda la primacía en ayuntamientos y comunidades andan azacanados en sus conversaciones para tratar de formar Gobiernos liberal-conservadores en las instituciones donde suman mayoría.

La principal dificultad para llegar a acuerdos es la negativa de Ciudadanos a que Vox tome parte en los Gobiernos resultantes de esas negociaciones. Rivera cree que el mero contacto con los de Abascal provoca un contagio indeleble que infectaría de ultraderechismo a su partido y desvirtuaría su programa político, consistente como es bien sabido en que en Ciudadanos se opina y se hace lo que convenga al Gran Líder en cada momento.

Los dirigentes del partido naranja asumen sin rechistar el mandato de Manuel Valls, un señor que juró fidelidad a la Constitución de la V República Francesa y acaba de hacer alcaldesa a Ada Colau, a la que dedicó un aplauso puesto en pie. Valls dijo que a Vox ni agua y, a pesar de que en el partido han roto con él, sus órdenes siguen teniendo plena vigencia.

Los dirigentes de PP, Cs y Vox insisten en que actúan movidos por el interés de sus respectivos votantes, que el 26-M les dieron un claro mandato que cada uno interpreta a su manera. Pero ¿qué dicen esos votantes? A primera vista, no parece que los que votaron al PP deban tener reparos a que Vox entre en los Gobiernos autonómicos en función de su representación, exactamente igual que su partido ha ofrecido a Ciudadanos. Los que votaron a Vox, desde luego, lo hicieron para que sus candidatos tuvieran la mayor influencia política posible durante la presente legislatura, y para eso, qué duda cabe, es necesario tener alguna capacidad ejecutiva.

Así pues, el dilema está en Ciudadanos, un partido de aluvión cuyos votantes se debaten entre el miedo al PSOE y el desprecio al PP, al que Rivera y compañía iban a desbancar del liderazgo del centro-derecha español pero que les ha sacado un millón de votos en el último ciclo electoral.

Pero un acuerdo a tres bandas en el que dos partes están de acuerdo carga sobre el tercero en concordia la responsabilidad de que las negociaciones lleguen a buen puerto. Rivera tiene la opción de pactar con sus aliados naturales o hacer caso a Valls y echarse en brazos del PSOE. Para lo segundo hay que buscar un culpable, el partido de Abascal, al que acusan de intolerante cuando lo único que busca es defender el interés legítimo de los que le entregaron su confianza. La cerrazón de Vox obligaría a Rivera a pactar con el PSOE para evitar la repetición de elecciones en comunidades como Madrid o Murcia. Todo parece indicar que los tiros van por ahí.

nos y del Partido Popular que tengan la valentía de decir lo mismo.

O patria o poltronas
Carmelo Jordá Libertad Digital 19 Junio 2019

Esto no es, lo que muchos votantes pensaban al depositar en la urna la papeleta de un partido que prometía anteponer la patria a todo… y que ahora parece que lo que de verdad antepone es la poltrona.

Hay partidos políticos que cuando surgen se presentan como algo más que un partido; se postulan como formaciones esencialmente diferentes a las demás, desprecian públicamente aquello por lo que las otras están en política y, en muchas ocasiones, sus líderes se ofrecen como garantía personal de la autenticidad de sus postulados, de que ellos no son "como los demás".

Era el caso, por ejemplo, de Podemos, partido en el que sorprendentemente una pandilla de pijos burgueses lograron aparecer ante la opinión pública como los que de verdad eran como el pueblo y entendían al pueblo (por eso el asunto del chalé de Galapagar y los errores a su alrededor han sido tan demoledores).

Y, paradójicamente o no, también es el caso de Vox. Ojo, no estoy diciendo que Vox sea igual ni parecido a Podemos, pero sí que se ha presentado en una forma similar, aunque fuese opuesta ideológicamente; como algo nuevo, diferente, que no buscaba el mero poder sino defender unos valores superiores que, si en el caso de los de Iglesias eran de clase, en el otro se articulaban alrededor del patriotismo. Insisto en que, a pesar de estas similitudes, las diferencias son más importantes: el partido morado sí es verdaderamente antisistema y antirrégimen, mientras que Vox puede ser más o menos radical en algunos temas, pero no es un peligro constitucional.

Les cuento esto porque estamos empezando a asistir a los resultados prácticos de todo esto, y en los dos partidos. Como ya nos conocemos a los clásicos de la izquierda, a mí no me ha sorprendido nada la evolución del podemismo: estaba claro que cuando decían que no les importaba el poder era precisamente porque no les importaba otra cosa que el poder, y así les ha ido. Sin embargo, sí me ha sorprendido algo más que Vox cometa errores parecidos casi en sus primeros minutos de vida institucional.

Vaya por delante que estoy de acuerdo en que todo ha quedado enrarecido por la actitud y los vetos de Ciudadanos, que me parecen impresentables y que he denunciado en público repetidamente; pero, haya hecho lo que haya hecho el partido de Rivera, uno no puede cambiar radicalmente de discurso en sólo unas semanas: si en abril has dicho que todo lo que te importa es la patria y frenar a la izquierda, dos meses después no puedes hacer que todo dependa de las concejalías o las consejerías; si a primeros de junio dices que sólo quieres que negocien contigo y que no se humille a tus votantes, a mediados no te puedes descolgar con que ahora lo que quieres son poltronas.

Por supuesto, pedir cargos es legítimo, y si bien la táctica es discutible –personalmente, creo que Vox se equivoca, porque pienso que no es el momento ni de apretar en las negociaciones ni de entrar en los Gobiernos–, reconozco que está en su derecho de hacerlo. Eso sí, esto no es lo que nos habían dicho, esto no es ser el freno de la izquierda, esto no es, creo yo, lo que muchos votantes pensaban al depositar en la urna la papeleta de un partido que prometía anteponer la patria a todo… y que ahora parece que lo que de verdad antepone es la poltrona.

La maquinaria de los profesionales de la política
Nota del Editor  19 Junio 2019

Eso de agrupar en el mismo conjunto a los podemitas y Vox, es poco edificante, muy escorado hacia el lado malo. Vox, para defender España, tiene que aplicar todos sus recursos para conseguir la máxima eficiencia y eso de criticar porque puedan conseguir puestos de decisión está fuera de lugar.

Menos diputados, más despachazo
OKDIARIO 19 Junio 2019

El recorrido de Pablo Iglesias cada vez se parece más a una de esas novelas francesas del siglo XIX que describen las aventuras de su protagonista en busca del ascenso social.

Con el casoplón de Galapagar Iglesias cumplió el sueño de muchos. Ahora bien, faltaba el imponente despacho con el que impresionar a visitas y amigos, a ser posible ubicado dentro de algún ministerio u organismo oficial. Esta segunda aspiración la ha dejado cubierta con la ampliación de su oficina de diputado en el Congreso. Todo ello es perfectamente legítimo en el orden de los fines –no así en cuanto a los medios–, pero no deja de resultar chirriante que lo haga alguien que alcanzó el estrellato clamando contra la casta y proclamando a todo el que quisiera escucharle que compraba la ropa en Alcampo.

Pero lo que ya significa rizar el rizo es lograr todo esto cuando el propio modus vivendi declina. Porque declinante es el recorrido político de Podemos. Aunque el partido neocomunista está atrapado entre Sánchez y las encuestas –su capacidad de negociación es muy baja porque en unas nuevas elecciones perderían 15 diputados más–, lo agónico de esta situación Iglesias no lo interpreta como un regreso a la austeridad de la vida de profesor universitario.

Más bien da la impresión, por el contrario, que avanza hacia la profesionalización de su vida política. Podemos con los años irá bajando de elección en elección hasta regresar a su origen ideológico y parlamentario, es decir, Izquierda Unida. Rodeado de sus incondicionales, con chalé en Galapagar, con buen despacho en el Congreso, y con mejor sueldo, Iglesias siempre podrá recordar con cierta melancolía el 15M, incluso podrá mirar con envidia el Palacio de La Moncloa cada vez que por la noche regrese a casa por la A-6, rumbo precisamente hacia Galapagar. En cualquier caso, para sobrellevar sus cuitas tendrá cerca los consuelos que ofrece el confort de la vida burguesa.

Cs y el arte de lo posible
EDITORIAL Libertad Digital 19 Junio 2019

En esta hora, la lucidez política consiste en apreciar lo mejor para España y en saber distinguir lo malo de lo peor.

Una cosa es que ni PP, ni Ciudadanos ni Vox puedan evitar que Pedro Sánchez acceda nuevamente a la Moncloa y otra, muy distinta, que no puedan influir, ya sea por acción o por omisión, en cuáles sean sus compañeros de viaje o en su acción de gobierno en la nueva legislatura. En principio, Sánchez puede reeditar sus alianzas con la extrema izquierda podemita y las formaciones separatistas o, por el contrario, llegar a un acuerdo de gobierno con Ciudadanos, tal y como de hecho hizo en 2016, cuando ambas formaciones no sumaban –como sí sucede ahora– más de 175 escaños. Es más, PP y Ciudadanos podrían evitar que el socialista llegase nuevamente al Gobierno del brazo de comunistas y golpistas si simplemente se abstuvieran en la investidura de un Sánchez dispuesto a gobernar en solitario, tal y como recomendaba hace más de un mes Esperanza Aguirre o han pedido, más recientemente, intelectuales próximos a Ciudadanos como Arcadi Espada o Francesc de Carreras.

Noticias como la de que el PSOE está redoblando la presión sobre Ciudadanos, ya sea para alcanzar un acuerdo de gobierno, ya para obtener simplemente la abstención naranja en la investidura de Sánchez; o la filtración de que la reunión del pasado lunes entre Sánchez y Pablo Iglesias concluyó "sin avances" y con la "persistente negativa" del primero a "un Gobierno de coalición con Podemos", dan la oportunidad de explorar la posibilidad de un Ejecutivo no escorado a la extrema izquierda ni entregado a los separatistas.

Informaciones como la de que el Tribunal Supremo no se opondrá a la decisión que tome el Gobierno respecto a si los golpistas han de estar o no en cárceles catalanas son sólo una muestra de lo mucho que puede diferir un Gobierno que pacte con separatistas y podemitas de uno que, por el contrario, llegue a una serie de acuerdos con las formaciones constitucionalistas; acuerdos que podrían y deberían ir mucho más allá de la promesa de no indultar o no enviar a cárceles catalanas a los golpistas.

Desgraciadamente, lo de desalojar a los socialistas allí donde se pueda y a la vez tratar de evitar que estos se rodeen de las peores compañías allí donde no se pueda es algo que Cs parece no entender. Quizá no se haya tomado la decisión de no entorpecer el nombramiento y la acción de un Gobierno de Sánchez que quisiera de verdad no tener ataduras podemitas y separatistas para que ni PP ni el propio Cs saquen provecho partidista de aparecer como única alternativa al sanchismo. Sea como fuere, aún se está a tiempo de explorar esa vía si verdaderamente se pretende evitar la conformación de un nuevo Gobierno Frankenstein o la celebración de nuevas elecciones.

En esta hora, la lucidez política consiste en apreciar lo mejor para España y en saber distinguir lo malo de lo peor. Y Ciudadanos, que tanto se jacta de haber contribuido al final del bipartidismo, debería ser el primero en entender que el pluripartidismo impone el establecimiento de alianzas de distinta índole en función de las circunstancias. Al fin y al cabo, la política sigue siendo el arte de lo posible.

De tratos con el diablo
Nota del Editor19 Junio 2019

Lo bueno del infierno parece ser el no pasar frio. Por lo demás, cualquier trato que se haga con el diablo, puede tener el mismo valor que el principio del fin del infinito. Fiarse de cualquier compromiso del Dr Cum Fraude es tener ganas de que encajen al incauto en el cajón de los idiotas ( ¿traidores ?).

¿Dónde está la mayoría de Sánchez?
 larazon 19 Junio 2019

A día de hoy, no parece que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, tenga los apoyos necesarios para superar la investidura parlamentaria, lo que explica la multiplicidad de voces del entorno socialista que apelan a la responsabilidad de Estado de los partidos de la oposición del centro derecha para que se abstengan en beneficio de una supuesta estabilidad política, que, todo hay que decirlo, no parecía tan determinante cuando el actual candidato a La Moncloa obligó a repetir las elecciones a Mariano Rajoy. Como venimos insistiendo editorialmente, y dado que Pedro Sánchez ya ha llevado a cabo la preceptiva ronda de consultas con Su Majestad y aceptado el encargo de la constitución de un Gobierno, actuación, tal vez, precipitada, es al líder del PSOE a quien le corresponde buscar sus socios de legislatura. Esto es así, aunque podamos comprender las dificultades objetivas a las que se enfrenta, especialmente por las demandas de quienes más decisivamente le apoyaron en la moción de censura para, luego, dejarle caer rechazando la aprobación de los Presupuestos Generales. Nos referimos, por supuesto, a la formación que lidera Pablo Iglesias, que sería su aliado preferente, y a los partidos nacionalistas catalanes y vascos.

Poco hay que explicar de Podemos, cuyos dirigentes, no importa el eufemismo que se emplee, buscan un lógico acuerdo de coalición de izquierdas y reclaman legítimamente compartir las responsabilidades de gobierno, pero sí es más compleja la situación que se presenta al candidato respecto a los nacionalistas, puesto que las contrapartidas que exigen, contrapartidas que desde ERC se denominan «gestos», atentan directamente contra la división de poderes del Estado y contra la independencia judicial.

Que un dirigente político en un país donde rige la democracia representativa, como es el portavoz republicano en el Parlamento autónomo de Cataluña, Sergi Sabrià, insista en que el Gobierno instruya a la Abogacía del Estado para que facilite la puesta en libertad provisional de los golpistas juzgados por el Tribunal Supremo, no sólo supone un desconocimiento grave de las reglas básicas de esa misma democracia, sino la certidumbre de que cualquier apoyo parlamentario que proceda de ese sector va a tener un coste institucional inaceptable.

De hecho, ayer mismo, la Abogacía del Estado, como antes la Fiscalía, se opuso a la petición de libertad provisional hecha por las defensas de Joaquim Forn, Josep Rull, Jordi Turull, Jordi Sánchez, Carme Forcadell y Dolors Bassa, por entender que no es el momento procesal oportuno, puesto que el Tribunal está deliberando para dictar la sentencia, además de que se mantienen los presupuestos de riesgo de fuga y reiteración delictiva que motivaron su ingreso en prisión provisional.

La certeza, cada vez más arraigada, de que los líderes separatistas pueden ser condenados a serias penas de prisión aconsejaría al presidente del Gobierno en funciones a tratar cualquier apoyo del nacionalismo catalán bajo el principio de precaución. De ahí, que debamos insistir en que Pedro Sánchez busque otras vías, especialmente por el lado de la formación de Albert Rivera, con la que suma los votos necesarios para garantizarse una legislatura con mayoría absoluta. Para ello, como también es lógico, debe negociar con Ciudadanos un proyecto de Gobierno plausible y más próximo a los presupuestos sociales y económico de la socialdemocracia europea y al modelo territorial diseñado en la Transición que a los arranques populistas y federalistas de su programa electoral. Porque pretender que Albert Rivera o que el líder del Partido Popular, Pablo Casado, le faciliten la llegada a La Moncloa sin contrapartida política alguna no es más que otro brindis al sol.

Emmanuel me quiere gobernar
Emilio Campmany Libertad Digital 19 Junio 2019

Rivera es en buena parte culpable del laberinto en el que anda perdido. A nadie se le ocurre fiarse, para hacer política, de un gabacho. Ahora, lo que ya es paradigma de ingenuidad y candidez es hacerlo de dos. Mucho más cuando lo que pretendía el catalán era hacerse con el liderazgo de la derecha. Y es que Valls y Macron no son liberales. Son socialistas. Lo ocultan porque en Europa saben algo que aquí todavía se ignora, que el socialismo no sirve para generar igualdad y a cambio trae pobreza y miseria. Por eso ahora los dos fingen ser liberales de izquierdas, que es como decir socialistas de derechas, porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Pretender ponerse al frente del liberal-conservadurismo de la mano de dos exsocialistas es un error. Pero si encima son franceses, no hace falta que sean socialistas para que sea una estupidez.

En Francia, a diferencia de aquí, todo el mundo cree que lo mejor para Francia es lo mejor para ellos. No sólo, sino que cualquier política que pretenda el bien de Francia, aunque procure el mal a los demás, tiene un amplio respaldo mayoritario. Lo que busca Macron es acumular aliados para la lucha que le espera con Alemania por el control de Europa. El eje París-Berlín está roto. El Brexit ha sido el hachazo que ha hecho caer el tronco, pero no es más que el último de muchos que le precedieron. En consecuencia, Macron apadrina a Ciudadanos, quizá financiación mediante, para poder decirle lo que tiene que hacer, en beneficio de Francia, y adopta como socios minoritarios a los socialistas españoles y portugueses con el mismo fin. No sé por qué Costa se deja. Pero lo de Sánchez está bien claro. Tras haberse labrado con la moción de censura y sus primeros meses de Gobierno una reputación de izquierdista radical tibio con los independentistas, necesita, o le han hecho necesitar, una pátina de honorabilidad que Macron está dispuesto a darle a cambio de que le consiga el apoyo del grupo socialista europeo y de España a su programa para el futuro de la UE.

Mientras Macron le lee la cartilla a Rivera, la prensa y el Ibex 35 presionan al líder de Ciudadanos para que, tras cubrir su cabeza de ceniza y atravesar la ciudad desnudo soportando los insultos y tomatazos de la plebe, acuda de rodillas al Palacio de la Moncloa y, apelando a la generosidad de Sánchez, le pida que acepte la merced de ser presidente del Gobierno con los votos naranjas. Quienes le aconsejan demandar a cambio concesiones que garanticen la unidad de España se creen que la palabra del secretario general del PSOE puede ser garantía de algo, o que, por contar con los votos de Ciudadanos, los socialistas, en especial los catalanes, dejarán de creer en la necesidad del "diálogo" con los independentistas. Rivera es tan ingenuo como para fiarse de dos franceses. A lo mejor también lo es como para atender a estos consejos que le dan empresarios y periodistas. Con tal de que no haya nuevas elecciones, quizá lo haga.

Rivera, del centroderecha al centro
Liberal Enfurruñada okdiario 19 Junio 2019

El pasado 10 de febrero Albert Rivera se presentó en la manifestación de la Plaza de Colón rodeado de banderas españolas y junto a los líderes del PP y de Vox, aspirando a convertirse en el partido más votado del centro derecha español. Así, la noche del 28 de abril, una vez conocidos los resultados de las Elecciones Generales, el de C’s llegó incluso a autoproclamarse “líder de la oposición”, entendiendo que su progresión ascendente y la debacle de los de Pablo Casado les situaba en posición de arrebatarles este puesto en las autonómicas y municipales que se celebrarían apenas un mes después. Pero no ha sido así, el 26 de mayo Cs mejoró algo los resultados que había obtenido en 2015, pero el PP no se hundió y quedó muy por delante de ellos. En el total de España los naranjas siguen siendo la tercera fuerza, con apenas el 8% de los votos, la cuarta parte que el PSOE, que ha sido el 1º y la tercera parte que el PP, que ha sido 2º.

Pero a pesar de que los resultados no se acercaron a las aspiraciones de los de Rivera, el sistema electoral español ha permitido que, mediante pactos postelectorales, C’s, que no gobernaba hasta ahora en ninguna capital ni gran ciudad española, haya conseguido hacerse con las alcaldías de varias poblaciones importantes en las que apenas había logrado el 15% de los votos, pero donde sus escasos 3 ó 4 concejales eran la llave para hacerse con el poder municipal. Así los naranjas han pactado con el PSOE compartir las alcaldías de Ciudad Real, Albacete y Alcobendas, al igual que con el PP compartirá las de Granada y Badajoz, habiendo logrado también que los populares les cedan la de Palencia, mientras que en coalición gobernarán otras 11 capitales, incluida Madrid.

Mención especial merece lo ocurrido en Melilla donde Cs sólo contaba con 1 de los 25 escaños de esa corporación, que junto a los 10 del PP, que había sido el partido más votado, y los 2 de VOX, habrían resultado suficientes para conformar una mayoría absoluta de centro derecha liderada por los populares. No obstante, el candidato naranja negoció con el PSOE y con los musulmanes de CpM, partido que siempre encuentra matices a la españolidad de Melilla, para resultar él investido presidente de la ciudad autónoma. Pero para bochorno lo de Barcelona, allí 3 de los candidatos de Albert Rivera han votado a favor de la investidura de la podemita Ada Colau y puestos en pie, la han aplaudido. Esto ha provocado la ruptura de la coalición entre la plataforma liderada por Manuel Valls y Ciudadanos, ruptura que llega tarde, cuando ya Colau ha logrado la vara de mando. De haber sido sinceros habrían roto en el momento en que anunciaron su voto para que nos creyéramos que intentaban impedirlo.

Ciudadanos quiso hacer creer a los votantes menos informados que dejaba de ser el partido bisagra que lo mismo puede pactar a izquierda que a derecha, un partido de intereses más que de principios y que había evolucionado de su ideal progresista y socialdemócrata inicial, a un liberalismo de centro derecha. Pero sólo pretendían arrebatar votantes a un PP al que veían ya derrotado. Una vez pasadas todas las citas electorales ya no les importa que se note que se trató de un engaño. Llegado el momento de hacerse con el poder ya no hay que disimular que Rivera jamás podrá liderar el centro derecha porque para conseguir el poder es capaz de pactar con cualquiera. Sólo simula tener escrúpulos para negociar con Vox, pero bien que acepta sus votos cuando los necesitan.

Valls y lo que oculta
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 19 Junio 2019

Empieza a merecer una novela picaresca la aventura del Dr. Valls metido a curandero del cáncer político español, porque eso, y no un paseo por los jardines de su infancia, es la política actual en Barcelona: meter el bisturí en los adentros de la crisis nacional y tropezarse con el tumor cancerígeno en Cataluña y sus metástasis en Baleares, Comunidad Valenciana, Navarra, País Vasco y, si las meigas no lo remedian, Galicia.

Valls, que venía a lo suyo, se ha tropezado con la nación española, y no lo ha entendido o no lo ha querido entender, que para el caso es lo mismo. En su libro de Memorias, Valls no habla nunca de la nación francesa -sólo en algún réquiem posterrorista- sino de La République, como si un sistema político fuera otra cosa que una de las formas del Estado nacional. Pero lo que España padece en Cataluña es eso: una crisis nacional, así que tenía que acabar mal con Cs, que nació para defender a la nación española y no, como sueñan algunos fundadores, una especie de République barcelonesa.

Ya satiricé en su día, cuando todo eran plácemes, ese provincianismo típicamente catalán de Rivera -y no sólo de él- al acoger al ex ministro y ex jefe del Gobierno francés en términos que ruboriza recordar. Sin embargo, la ruptura de Valls y Rivera tiene en ambos un aspecto personal que va más allá de lo político o lo táctico. Y me parece defendible apoyar a Colau como mal menor si no se echa lejía cuando pasa Vox, enemigo pequeño con el que Valls se ensaña para tapar el pacto Macron-Sánchez y que la ultraderecha de verdad, el FN, ha ganado sólo en un país europeo: Francia. Algo menos defendible es que la alternativa de Cs a lo de Valls sea apoyar al PSC, tan nacionalista como Colau.

Pero lo trágico en esta novela picaresca, a lo Balzac, de Valls -que acabará donde siempre estuvo: en el socialismo republicano, federal o lo que sea, menos nacional- es que oculta algo tristísimo y que, al repasar mi libro Barcelona, la ciudad que fue, veo claro: entre la investidura nonata de Inés y el hallazgo de Valls se produce la tercera ola de la hégira española de Cataluña, que empezó con el Manifiesto de los 2.300. Valls fue para los dirigentes de Cs un relator internacional que les permitía salir con dignidad de Barcelona y venirse a vivir libres a Madrid. No lo reprocho; lo constato

La verdad sobre Ciudadanos
Mateo Requesens eltorotv.com 19 Junio 2019

Como siempre, no se sabe muy bien cuál va a ser el camino por el que van a tirar en Ciudadanos. Los pactos con PP y VOX para evitar gobiernos municipales y autonómicos de la izquierda se alcanzaron in extremis y aun así, en algunos lugares como Castilla-La Mancha han facilitado gobiernos del PSOE. ¿Qué hará Rivera respecto a la investidura de Sánchez? Mantendrá su “no es no” o cederá a las presiones mediáticas y empresariales para facilitar un gobierno que no sea rehén de la ultraizquierda y separatismos. A saber.

No es una novedad que Ciudadanos ande dando apoyos a izquierda o derecha según en qué sitios, según en qué momentos, sin que se sepa muy bien cuales son los criterios utilizados para ello, salvo el cálculo del más crudo interés partidista.

Tras el fin del bipartidismo, a diferencia de VOX, que se ha presentado como la nueva derecha con un marcado perfil ideológico, o de Podemos, con un claro posicionamiento neomarxista, Ciudadanos opta por la indefinición, acogiendo posturas socialdemócratas y liberales a la vez. No se trata de frivolidad o irresponsabilidad, tampoco de transversalidad, sino de una deliberada ambigüedad que permite un mayor abanico de posibilidades en la opción política, de manera que facilita el apoyo de un electorado lo más amplio posible. Se trata de no estar comprometido con nada para siempre y estar listo para cambiar con tal de sintonizar con amplios sectores sociales.

Por ello, se equivocan quienes desde la izquierda meten a Ciudadanos en el “trifachito”, al igual que yerran los que se empeñan en incluir a toda costa a Ciudadanos en el bloque que han venido a llamar de centro-derecha. Más que un partido de centro, Ciudadanos parece el partido que está en medio. En medio para recoger los votos de los descontentos con el PP y aspirar a conseguir ser el principal partido de la oposición, o en el medio para gobernar en coalición con el PSOE y presentarse como el gran artífice de un consenso moderador.

Tratándose de un partido con un inicial sustrato ideológico socialdemócrata ha utilizado la preocupación de los votantes de derechas por la unidad de España para hacerse con un electorado que ingenuamente se ha creído que su oposición al separatismo catalán equivale a la defensa de la Nación española. Este fue el anzuelo para presentarse como alternativa atractiva a los electores que estaban hartos de la tibieza de Rajoy contra el desafío separatista y decepcionados con la corrupción del PP.

Nada más lejos de la realidad, la única ideológia solida en Ciudadanos es precisamente su mundialismo. Su alianza con Macron o el protagonismo de Garicano, un hombre de Soros, respaldan esta afirmación. Que Ciudadanos propugna la disolución de la soberanía nacional en entidades supranacionales es indiscutible en cuanto se analiza su cerrada defensa del modelo de Unión Europea que propugna ALDE (Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa). Por supuesto que Ciudadanos es un partido antinacionalista, pero no porque crea que Cataluña es parte indisoluble de España y nunca ha sido una nación, sino porque cree que los Estados-Nación deben desparecer. Incluida la Nación española. Claro que es un partido constitucionalista, porque cree en la estructura estatal como organización, pero no como instrumento al servicio de la comunidad nacional, sino como parte de la superestructura legal de la burocracia europea en el proceso de globalización.

Más aun, hay quienes ven detrás de Ciudadanos una operación para neutralizar cualquier reacción de la derecha española y evitar que en España surja una opción política que recoja el descontento que Orban, Salvini o Le Pen están canalizando en Europa. Su pretensión de reemplazar al PP y su visceral antipatía hacia VOX parecen respaldar esta opinión. El desembarco en Barcelona del socialista Valls de la mano de Ciudadanos (que ha acabado apoyando a la ultraizquierdista Colau), o la impostura de oponerse dentro de España a Pedro Sánchez, mientras en Europa pacta con él, bajo las órdenes de Macron, para impedir el rediseño de una Unión Europea que no esté inspirada en el mundialismo, sin duda evidencian esa operación que tiene por objetivo desmochar por la derecha cualquier oposición en España a los objetivos del mundialismo.

El propio Albert Rivera lo confiesa: “frente a la tradicional izquierda-derecha” nos encontramos a “los que defienden sociedades abiertas e interconectadas” y a “quienes apuestan por volver a cerrar las fronteras y aplicar políticas proteccionistas o autárquicas; entre las formaciones que quieren llevar a cabo profundas reformas para competir en el mundo globalizado en que vivimos y quienes se empeñan en defender políticas caducas, inservibles y fraudulentas”.

Por supuesto que en un sistema democrático Ciudadanos es muy libre de defender estos postulados mundialistas. Lo que nos parece una estafa intelectual es que pretendan, bajo la apariencia de defender la unidad nacional, engañar al electorado para hacerse con el voto de aquellos que sí creen en la Nación española.

Rivera también habla de un “liberalismo progresista que crece en el mundo, como Macron o Trudeau”, lo que para algunos sirve para creer en la fábula de un conservadurismo de izquierdas, cuando en realidad tan sólo está aludiendo al consenso entre capitalismo y socialdemocracia. Cada cual es muy libre de autoengañarse como desee, pero al incluir a Ciudadanos en el centro-derecha, lo que se está haciendo es blanquear el pensamiento progresista para que un sector social lo acepte con la coartada del libre mercado. Otros creemos que Ciudadanos es sin duda un partido ideológicamente situado en el centro-izquierda pero que ha crecido contra natura a costa de las bases de la derecha social.

En todo caso, lo que queda claro cuando sin ningún rubor Ciudadanos ha conseguido la alcaldía de Palencia con sólo 3 concejales de 25 o la Presidencia de Melilla con tan sólo un diputado, es que velará ante todo por sus intereses como partido y hará lo que más beneficie a sus aspiraciones de poder.

,¿Regeneración? No me hagan reír.

Los dilemas (suicidas) de Ciudadanos
FÉLIX OVEJERO El Mundo 19 Junio 2019

El autor analiza la difícil situación de Albert Rivera, al que desde muchos ámbitos le están pidiendo que se inmole e hipoteque su credibilidad en beneficio de la estabilidad del país

En política, en sus mejores momentos, coinciden los intereses del político, los del partido, los de los votantes y los generales. Algo que pasa poco, si es que pasa. El diseño político procura configurar las instituciones para que pase con más frecuencia. El mercado, según sus más entregados entusiastas, cumple parcialmente el objetivo: para hacerse rico el panadero ofrece un buen pan. Su interés apunta en la misma dirección que el bienestar general. Al parecer de algunos, con la democracia sucede algo parecido: el político, para llegar al poder, ha de obtener más votos y eso solo lo consigue atendiendo a los intereses de los votantes, resolviendo sus problemas. El cuento, cuando se desmenuza, se revela una fábula y, al final, se impone la maldición Juncker: "Sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos cómo ser reelegidos después de hacerlo".

Las instituciones, no pocas veces, tienen esa dimensión suicida: el interés del político está desacompasado del interés general. Piensen en nuestro alabado Estado de las autonomías. Nuestros nacionalistas de siempre y los que están en camino saben que los españoles no votan en cada autonomía: las elecciones locales no se ganan invocado el interés general. Por eso estamos donde estamos. Los nacionalistas no han crecido porque existían unas realidades nacionales ignoradas. Es al revés: las realidades nacionales se han recreado para dotar de mampostería intelectual a los nacionalistas. Los nacionalistas se han consolidado como fuerza política y, naturalmente, han ido tarifando. También en las elecciones nacionales: el interés general ha estado en manos de partidos que despreciaban el interés general. No me lo invento: desmontar el Estado es su programa. Si España se va al guano no será por falta de nación, sino porque los diseños institucionales favorecen el crecimiento de programas que socavan la nación. Los diseños allanan el camino a la creación de naciones donde no hay naciones y minan a la nación civil, la democrática, que creíamos sedimentada.

En España, por un momento, pareció incumplirse ese deprimente diagnóstico. Ciudadanos consiguió resultados excepcionales invocando los intereses de todos, también de los españoles que no votaban en Cataluña. Para algunos, ese proyecto, extendido a España, permitiría sustituir a las bisagras de siempre, los nacionalistas. Los partidos comprometidos con el interés general dejarían de estar en manos de quienes desprecian el interés general de los españoles. Yo no lo tenía tan claro. Por dos razones. La primera, de principio: nadie aspira, ni puede aspirar, salvo transitoriamente, a oficiar como muleta de otros. Si uno tiene un proyecto político, y se lo toma en serio, quiere que ese proyecto se traduzca en política efectiva. No asume que su papel es apoyar el de otros, a menos que ese otro le parezca mejor y, en ese caso, se cambia de partido. La segunda es más mundana, cínica si quieren: la bisagra Cs no competía con la bisagra nacionalista. Sus votos solo podían proceder de partidos nacionales.

A la vista de su vertiginosa trayectoria y de algunas encuestas de hace unos meses Cs parecía haberse embriagado de entusiasmo. Con el PP erosionado por el relato de la corrupción y el PSOE convertido en el PSC, convencido de que al nacionalismo se lo vence contentándolo, Rivera, comprensiblemente, se pudo ver presidente. Era el primero de las tres derechas y, en aquellas condiciones, la alternativa ganadora a Sánchez. Se pasó a la dialéctica socrática; mejor dicho, al maoísmo: empezar por el aspecto principal de la contradicción principal. Primero barría en la derecha y luego, a derrotar al PSOE. En otra versión, el cuento de la lechera.

Y ya se sabe lo que pasó con la lechera: demasiados si, demasiados condicionales. Su primera elección alteró el mapa. Para ganar entre las derechas tuvo que repudiar cualquier trato con el PSOE. Un guion que cambió el paisaje general. Hasta entonces tenía abierta otra posibilidad, otro relato: precisar unas condiciones básicas, un pacto constitucional, para combatir el nacionalismo, que obligara al PSOE a romper sus tripartitos autonómicos, y, si acaso, que Sánchez negara tres veces. Emplazarlo a elegir entre la Constitución y sus enemigos, quienes quieren acabar con el Estado. Un acuerdo abierto a quien quisiera suscribirlo. Si Sánchez lo rechazaba, suyo era el trago. Amargo, sin duda. El PSOE estaría abandonando para siempre la posibilidad de explorar la frontera abierta de la política española, un filón virgen electoralmente: un partido de izquierdas antinacionalista.

Pero Rivera no estaba para esas cosas. No lo estaba, por razones de principio, porque, en un acto de puro despotismo ideológico, expurgó hace tres años a Ciudadanos de su alma socialdemócrata, y por sus urgencias electorales recientes, la tentación de la presidencia, que le llevaba a batirse en el terreno de la derecha. Su apuesta era ingenua. De pronto descubrió que el escenario no era paramétrico sino estratégico, que el resultado final no solo dependía de sus decisiones. Los otros también jugaban. El propio Rivera estaba ofreciendo a Sánchez el relato de las tres derechas, que, naturalmente, Sánchez no lo desaprovechó. También Vox jugaba o podía llegar a jugar. Sencillamente era insensato creer que, después de repudiarlo cada día, le apoyaría incondicionalmente. Por España. Vox como bisagra servil, una bisagra rara: las bisagras siempre cobran.

La fábula no ha resistido el trato con la realidad. A Sánchez, que no le sobra el pudor, se le hicieron los dedos huéspedes: el relato de las tres derechas le entregaba ese espacio inane llamado centro, vacío ideológicamente pero repleto de votos. Solo para él. Y ganó; de aquella manera, pero ganó. Y las tres derechas, pues eso: las tres derechas. Juntas o separadas, repartiéndose los votos. Suma cero cuando no suma negativa. Comprobando la inexorabilidad de la primera ley de la termodinámica: no hay más cera que la que arde.

No ha sido el único encontronazo con la realidad para Rivera. El otro es más serio, más definitivo. El PP quedaba en las elecciones por delante y, además, en mejor trato con un Vox al que Cs, para construir su propia imagen, había satanizado. Y Vox no era Satán. Ni programática ni electoralmente. En las municipales se comprobó que tenía un techo. Le pasó lo mismo, en otro campo de juego, que a Cs. Si no quedaba el primero o muy cerca del primero, no tendría futuro. No hay lugar para tanta derecha y, al final, sus votos vuelven al PP. A Cs, que tanto los leproseó, seguro que no. El resultado: el PP, primero de los tres. Y al alza.

Ahora muchos recomiendan a Rivera una rectificación, que pacte con el PSOE. Para Cs resulta complicado. Los votos que esa propuesta le pudo proporcionar hace unos meses ahora están en el PSOE. Entonces podía fijar las condiciones, hoy, si acaso, acatarlas. Por lo demás, su desnorte ideológico no le saldría gratis: trató al PSOE un poco menos mal que a Vox y ahora, en el parecer de muchos, debería acudir a salvarlo. A esas razones, de circunstancias, se unen otras de principio, importantes: la palabra dada a los votantes. En nuestras democracias, ciertamente, el representante no es un mandatario. No va al parlamento con instrucciones precisas. Ni va ni puede ir. La política, en su mejor versión, supone escuchar argumentos de otros, modificar puntos de vista a la luz de las mejores razones. Además, la política se orienta al futuro y, por lo mismo, no está en condiciones de precisar respuestas a problemas que todavía se ignoran. El contrato entre el votante y el representante es de imposible especificación. Un mercado de información asimétrica, que dicen los economistas, fuente de muchos problemas.

Todo eso es verdad, pero no toda la verdad. Algún compromiso sí que existe. Una elemental relación de confianza que hace inteligible la idea de representación política, la que captura la fórmula al votar depositas tu confianza. A mi abogado no le doy instrucciones pero espero que no me engañe. Lo otro se llama estafa. Una cosa es que, llegado al Gobierno, el político suba el IRPF dos puntos más de lo que prometió. Otra cosa distinta es que, después de criticar la pena de muerte, la imponga.

Hay otra razón para que Cs evite tomar la iniciativa: la propuesta tendría que hacerla el candidato, Sánchez. Por un suponer, exagerado: "Usted quiere el 155, pues perfecto, hablemos sobre ello". El papelón, entonces, sería para Rivera. Pero no parece. La campaña socialista para dejar a Rivera como el malvado del cuento tiene toda la pinta, la mala pinta, marrullera, del sanchismo. Sánchez no hace ofertas sustantivas, sino lobbismo, a escondidas y en voz baja, o chivándose a la seño (Macron). Su único argumento reconocible no resulta tranquilizador: "Martin Luther King apóyame que si no me voy con el KKK". Y la realidad de los pactos en 60 ayuntamientos de Cataluña, test por excelencia, invita a lo peor: salvo con los constitucionalistas, con cualquiera.

Por supuesto, Rivera, bien lo sabemos, puede cambiar de rumbo sin temor a amotinamientos y apoyar al PSOE. No sería la primera vez ni la más importante. Después de todo, los votantes tienen memoria de pez y las elecciones no parecen inmediatas. Pero, el riesgo de que el pasaje se apee es innegable. Y el futuro, sin duda, incierto: la presidencia se aleja y Cs pierde relevancia. No es un plato de gusto: Inmolarse para salvar al país. Es frecuente, ya lo decía: los intereses de los políticos no son los de los ciudadanos. Lo menos frecuente, lo excepcional, es que los políticos se resignen a aceptarlo.

Félix Ovejero es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona. Su último libro es La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita).



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El postureo estúpido
Adrián Dupuy Libertad Digital 19 Junio 2019

He estado dudando en el calificativo con el que empezar. Me gustaba más otro, más sonoro, e igual de español y directo. Pero si he de ser cuerdo, toca refrenar la ira, olvidar el talión y permitir la esperanza, sin olvidar la denuncia.

El postureo intelectual, gestual y proclamático de Ciudadanos para contar con Vox pero no contar; para pedir su voto en ayuntamientos, diputaciones y autonomías… pero no hacerse la foto y negarle tres veces, antes de que cante el gallo, como San Pedro a Jesús, no sólo es una estupidez, sino que es una grave indignidad moral.

Aunque resulte una equivocación, se puede insultar al partido Vox, a las personas que lo encarnan y a los votantes que lo han respaldado, poco menos que presentándolo como un paria al que no hay que mirar, hablar o tocar. Poder, se puede, allá cada cual. Pero hacerlo y a la vez pretender alcanzar el Gobierno con sus votos es una absurda e hipócrita estupidez.

Vale que el PSOE, a través de sus insignes Calvo y Lastra, se llene la boca contra la "ultraderecha" pestilente; porque tampoco vamos a esperar mucho más de ellas, que contemplan obnubiladas a su jefe y se olvidan de quién es y qué ha hecho, que, desde cualquier perspectiva, es infinitamente más grave que todo cuanto lleva Vox en su programa. Empezando por pactar con Bildu, independentistas y antisistema de Podemos para ganar una moción de censura contra un partido que tenía más escaños que él ahora, y terminando con las concesiones a los independentistas –indultos incluidos–, y sin entrar en el detalle de su tesis doctoral, que todos sabemos que es un fraude, y que en París, en Londres y en Berlín, Sra. Calvo, habría provocado la inmediata e irrevocable dimisión del presidente.

Pero ¿Ciudadanos? Si pretende gobernar apoyándose en los votos de Vox, no parece muy lógico ofender gravemente al partido y a sus votantes con postureos hipócritas e idiotas.

Y casi otro tanto puede decirse del Partido Popular, que, en vez de negar la mayor y responder con valentía: Vox no es un partido de ultraderecha, no es anticonsitucional o antidemocrático, y representa muchas políticas y valores que compartimos, sigue cobarde escondiendo la cabeza en el agujero, incumpliendo la palabra dada y engañando al público por el qué dirán, no se vayan a ofender los de Ciudadanos o los de La Sexta, a la que parece que están obligados a contestar avergonzados, qué va, qué va, que no hemos pactado con Vox, huy, huy, huy, no, no… Marianismo maricomplejín en estado puro.

Vox es un partido democrático, respetuoso y pacífico. En ninguna manifestación de Vox hasta la fecha se ha producido ningún tipo de altercado, ningún escrache al rival político. Solo la respetuosa defensa de unas ideas que, por otra parte, son de sentido común. Unas ideas que eran, ni más ni menos, las del Partido Popular antes de que Rajoy las desechara cuando dijo aquello: "Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya". Pues los liberales se fueron a Ciudadanos y los conservadores a Vox.

Unidad de España; educación, sanidad, seguridad y justicia iguales en todos los territorios; coto a los desmanes de las autonomías; control de la inmigración ilegal; fin de la doctrina de género; fin a los chiringuitos que dilapidan dinero público; defensa de la vida. En más del 70%, los programas de Ciudadanos, Partido Popular y Vox son coincidentes. ¿Entonces? ¿Cuál es el problema?

Además, hay que tener en cuenta que el postureo es ave de vuelo corto –como las gallinas–, y al final se la tendrán que envainar. Porque llegarán al poder gracias también a Vox, y se saludarán por las mañanas, y se sentarán en una mesa juntos a trabajar, aprobarán unos presupuestos y comprobarán que lo que defienden unos y otro tampoco es tan distinto (Andalucía y Juan Marín son el ejemplo). Y el cuento de la ultraderecha ultramontana, anticonstitucional y vergonzosa se habrá acabado, colorín, colorado, mal que les pese a Valls y a Calvo.

El otro día, el socialista Joaquín Leguina manifestaba: "¿Por qué dicen que Vox es anticonstitucional? Están contra las autonomías tal y como están, y yo también, están contra la inmigración ilegal, y yo también, están contra la Ley contra la Violencia de Género tal y como está redactada, y yo también… Pero además Pedro Sánchez habla de España como nación de naciones, lo cual es rotundamente inconstitucional. Además, Vox propone reformas dentro de la ley y por el proceso que marca la ley, cosa que Podemos no hace. Creo que no hace falta decir mucho más. Sólo pedir a los políticos de Ciudadanos y del Partido Popular que tengan la valentía de decir lo mismo.

¡Rivera, ríndete!

Jesús Cacho vozpopuli.es 19 Junio 2019

Supongo que el truhán de Moncloa debe llevar días partiéndose de risa ante el espectáculo, el ejército de plumillas más o menos brillante, más o menos enjaezado, dispuesto a hacerle el trabajo sucio de forzar a Albert Rivera a sacarle las castañas del fuego de su investidura como nuevo presidente del Gobierno. Sobre España lleva días cayendo inclemente chaparrón de articulistas de tronío exigiendo al capo de Ciudadanos que peregrine de rodillas a Moncloa, dispuesto humildemente a ofrecer a Pedro Sánchez la abstención de Ciudadanos en tan señalada ocasión. Abstención gratis total. Y no hay noticias de que el guapo mozo le haya pedido el favor, ni siquiera que lo haya insinuado en público. Aquello de que quien quiera peces que se moje el culo no vale para Sánchez y su PSOE, porque Sánchez y su PSOE tienen un ejército de alabarderos a sus órdenes encargado de esa labor de demolición del adversario que no se pliega a los deseos del consenso socialdemócrata.

En el tsunami participan antiguos fundadores de Cs, gente que, más allá de sus buenas intenciones, se ha equivocado con mucha frecuencia en sus pronósticos sobre Rivera y su destino. Carreras, por ejemplo, un tipo tan admirable en tantas cosas, que siempre concibió la formación naranja como un puro valor instrumental encargado de acabar con las veleidades nacionalistas del PSC y hacerle volver al redil del constitucionalismo, una especie de ángel de la guarda sin otra misión que impedir el camino de perdición del PSC por las procelosas aguas del viaje a la Ítaca nacionalista, pero que no aprobó su conversión en partido y mucho menos su salida del estricto marco autonómico catalán. O el soberbio Espada, que este fin de semana animaba al zascandil Manuel Valls a dar un golpe de mano en Cs para sustituir a Rivera como conductor del autobús naranja.

Lo mismo recomienda, en las riberas del Manzanares, gente que ha votado PP o incluso Vox, y que ahora no ceja en presionar a Rivera para que impida la perdición de Sánchez, porque en el fondo esa será también nuestra perdición, vienen a decir. Salvar a Sánchez de sus miserias. En la idea (de Sánchez y sus propagandistas) de que si se niega a ponerse de rodillas, entonces Cs será responsable de todas las decisiones lesivas para el interés colectivo que adopte un Sánchez a quien se confiera una especie de subliminal inviolabilidad, patente de corso más propia de reyes que de plebe. Cs será así el responsable de que Sánchez pacte con ERC, conceda el indulto, acuerde un nuevo estatuto y convierta España en esa enloquecida plurinación de naciones. “Vamos a ver, Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?”. Ciudadanos, culpable de los pecados de Sánchez. Así de abracadabrante es la situación, así de enloquecido el argumentario. Sánchez puede volver a pecar, porque ya sabemos a quién endosar la culpa.

Difícilmente guardarán los anales de la política recuerdo de caso semejante: el de un aspirante a la presidencia del Gobierno que pretende que otros le den la investidura hecha sin abrir la boca, sin al menos pedirlo, sin salir de su escondite con una oferta más o menos razonable dirigida a aquel cuyos votos precisa, con un esbozo siquiera de lo que está dispuesto a dar a cambio de ese apoyo, y mucho menos sin mencionar si pretende establecer o no alguna fórmula de colaboración para después de esa investidura, si está pensando en el apoyo parlamentario de Cs y a cambio de qué, o bien en un Gobierno de coalición. El aludido se limita a callar y observar desde los altos de la Moncloa al ejército de opinadores asediando la fortaleza de Cs y diciendo a Rivera lo que tiene que hacer o no hacer. La imagen que estos días transmite Cs es la de un grupo de irresponsables cercados por los portadores de la verdad revelada, enarbolando banderas en las que puede leerse en grandes caracteres: ¡Rivera, ríndete de una vez y ve de rodillas a ofrecer a Sánchez tu abstención a cambio de nada!

¿Por qué no se abstiene el PP?
Podían también pedirle la abstención al PP, que alguna deuda contraída tiene en ese capítulo, que ya fue el PSOE de la gestora de Fernández el que se abstuvo en octubre de 2016 para permitir la investidura del miserable Rajoy. Pero en Génova guardan silencio y silban mientras miran para otro lado, como esperando que nadie se fije en ellos, aunque, eso también, aguardando el momento de oro que supondría el que Rivera hiciera presidente a Sánchez para caer de inmediato sobre Cs acusándolo de haberse convertido en un títere del socialismo. La abstención a cambio de nada supondría la liquidación de Cs, porque no otra cosa podría ocurrir con un partido cuya campaña se ha centrado en proponerse como alternativa de Gobierno al bipartidismo que representan PP y PSOE, un partido no manchado por la corrupción y comprometido con la defensa de la unidad de España, en las antípodas por tanto de un Sánchez encumbrado en su día a la presidencia por la alianza de nacionalistas, neocomunistas y bilduetarras. Justo lo contrario de lo que representa Cs.

Las presiones sobre Rivera son grandes y proceden directamente de los poderes económicos y bancarios. La gran banca al aparato, utilizando sin disimulo sus terminales en los medios. Rivera guarda silencio, siguiendo la máxima atribuida a Lincoln según la cual “hay momentos en la vida de todo político en que lo mejor que puedes hacer es no abrir la boca”. Y todo esto ocurre cuando Sánchez ya ha llegado a un pacto con Podemos (“Gobierno de Cooperación”) y tiene negociada con ERC la abstención en la susodicha investidura. Negociado (por la cofradía del obispo Ábalos) hasta donde se puede negociar algo con un partido con el historial de ERC, porque todo podría encallar con motivo de lo ocurrido en el Ayuntamiento de Barcelona, donde el PSC ha dado el gobierno de la ciudad a Colau birlándoselo a Maragall. De modo que Sánchez ya ha hecho su elección: Podemos y ERC, una alianza incompatible con los postulados que alumbraron el nacimiento de Cs.

¿Debemos resignarnos entonces a asistir en silencio a una eventual voladura del edificio constitucional por parte de un Sánchez entregado de hoz y coz a populistas y separatistas? No señor. Todo dependerá de Sánchez. De Sánchez y del PSOE clásico, el de toda la vida, dispuesto a llamar al orden a Sánchez. Si Sánchez, una vez investido, demuestra sentido de Estado, si prueba que en esa cabeza de chorlito hay algo más que una ambición desmedida, si propone grandes acuerdos en asuntos de Estado, algunas de esas reformas tanto tiempo pendientes en materia judicial o económica, si pone firmes a los separatismos renunciando al indulto, entonces seguro que por ese camino encontrará el apoyo de Cs para los grandes temas de Estado (y eso serían 180 diputados, mayoría absoluta), porque ese es el papel de Cs, un partido que no ha venido a ser la puta fácil de nadie, sino a intentar cambiar a mejor este país a veces tan sórdido, tan pobre, tan manipulable, tan moralmente podrido. Que vaya a conseguirlo ya es harina de otro costal. El futuro, pues, no depende de Rivera, sino de Sánchez, y a quien hay que presionar no es a Rivera, sino a Sánchez.

Navarra ¿Qué más da?
JOSÉ MANUEL CONTRERAS NARANJO  latribunadelpaisvasco.com 19 Junio 2019

Y digo yo, ¿qué más da? ¿No es cuestión de tiempo el que Navarra llegue a formar parte de la Comunidad Autónoma Vasca? ¿Alguien piensa que ha sido casual que Barcos y Asiron lleguen al poder?

La trayectoria que ha seguido Navarra con los gobiernos anteriores es la que nos ha traído hasta donde estamos. Claro está, con la connivencia de los gobiernos del Estado. La clave, ellos lo saben muy bien, son los medios de comunicación, la educación y el idioma, siempre el idioma. No hay más que ver el reflejo en Cataluña. Sin que nos demos cuenta, haciendo uso de la transitoria cuarta, harán un referéndum y los navarros y navarras -como acostumbran a llamarnos- votaremos a favor de diluirnos entre los nacionalistas vascos.

Introducir el idioma llamado euskera, obligar poco a poco a que se hable, subvencionar toda iniciativa conducente a promocionarlo, animará a los padres a que sus hijos aprendan un idioma que solo se impulsa con intencionalidad política y que prácticamente no se habla en Navarra (de momento). Lo cultural, aun existiendo, es solo una excusa. En los colegios inyectarán ideología nacionalista vasca, y los padres lo verán bien porque irá envuelta de progresismo, tolerancia, libertad sexual y anticlericalismo religioso. Así se forman ciudadanos como los que han votado a Barcos y Asiron. Los medios de comunicación moverán el guiso para que no se pegue el arroz y todo resulte sabroso, que nadie sospeche la indigestión al momento de engullirlo.

Los navarros y navarras -como insisten en llamarnos- que aludan a la historia del viejo reino serán tachados de fascistas, retrógrados de la derechona conservadora que se niega a mirar hacia el futuro. Y, a decir verdad, en el fondo, ¿qué más da la historia? ¿Acaso la historia no la hacemos los humanos? Pues ahora la cambiamos y ya está. Lo importante es que no nos matemos entre nosotros, que la mayoría vivamos bien. Que las oligarquías sigan ganando mucho dinero y manteniendo el poder. Y que la burguesía acomodada pueda mantener sus chalecitos, su casona en el pueblo, su Audi y/o su Mercedes. La nobleza española, ávida de poder y riquezas, ya no es aquella que ostentaba títulos nobiliarios.

La mercancía averiada de la izquierda

Cristian Campos elespanol 19 Junio 2019

El 61,24% de los españoles votaron el 28 de abril a PSOE, PP o Cs. Son la mayoría social española. El tan cacareado centro.

El 24,57% de los españoles votó a fuerzas situadas en los extremos del eje derecha-izquierda. Son los radicales, aquellos ciudadanos que no comparten los grandes consensos democráticos y que exigen, con mayor o menor beligerancia, su demolición.

Un 7,31% de los españoles votó a partidos nacionalistas de provincias, esos contra los que se construyó la UE y que en otros países europeos son considerados como xenófobos e incluso, en algunos casos (el Vlaams Belang belga o los Auténticos Fineses), como cercanos al nazismo.

El 0,99% votó a un partido liderado por un condenado por terrorismo y es legítimo suponer que ellos mismos sean, en distintos grados, simpatizantes del terrorismo.

No creo que este análisis, estrictamente fáctico, admita demasiadas discusiones.

Pero añadamos ahora a la olla eso que se suele llamar marketing político.

De los tres partidos centrales, hay uno de ellos, el PSOE, que tuvo una responsabilidad innegable en el estallido de la Guerra Civil, a la que contribuyó con revueltas y golpes de Estado. Fue el PSOE el que defendió durante la II República la idea de una "dictadura socialista". Fue un militante del PSOE el que asesinó a José Calvo Sotelo, el hecho clave que desencadenó la guerra. Fueron gobernantes de ese partido los que crearon y financiaron el único grupo terrorista de Estado de la democracia española: los GAL.

Pero es a PP y a Ciudadanos, cuya relación con todos esos hechos es nula, a los que se les reprocha una supuesta nostalgia por regímenes e ideologías pasadas. Eso es marketing político.

De los dos partidos radicales, hay uno (Unidas Podemos) que es aceptado como elemento central del sistema y posible socio de Gobierno a pesar de haber asesorado y apoyado políticamente una de las narcodictaduras más atroces del planeta, mientras que el otro (Vox) es sistemáticamente demonizado y calificado de ultra. Esto también es marketing político.

De los tres partidos nacionalistas, hay uno (el PNV) que es publicitado como ejemplo de responsabilidad de Estado a pesar de gozar de privilegios fiscales basados en leyes predemocráticas y de haberse aprovechado sin demasiados ascos de la amenaza de ETA ("unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas").

Otro de esos partidos (ERC), lleva a cuestas dos golpes de Estado. Quizá un tercero cuando el Tribunal Supremo dicte sentencia contra los líderes del procés. Los historiadores le atribuyen, además, más de 8.000 asesinatos en la zona republicana bajo su control durante la Guerra Civil.

El tercero en liza (JxCAT) es el heredero del partido más corrupto de la historia de Cataluña, además del principal responsable de ese procés que ha provocado un conflicto civil en la comunidad. Su líder espiritual es un prófugo de la Justicia.

Y, sin embargo, estos tres partidos nacionalistas son considerados como socios de Gobierno aceptables. Esto también es marketing político.

El cuarto bloque en liza, el de los simpatizantes del terrorismo, no es considerado como un socio deseable de Gobierno en el Congreso de los Diputados, pero sí en la comunidad autónoma vasca y en Navarra, región que el nacionalismo vasco considera de su propiedad. Sus votos son, sin embargo, aceptados por el PSOE sin demasiada desazón si sirven para desalojar al PP del Gobierno. Esto también es marketing político.

La gran virtud de la izquierda española ha sido la de haber logrado empaquetar los tres grandes pilares del franquismo sociológico –el cacique, el cura y el alcalde, es decir los regímenes clientelares, la superioridad moral y el uso partidista de las instituciones públicas–, barnizarlos de superioridad moral y venderlos como si se tratara de un producto nuevo y moralmente aceptable. Y esto también es marketing político.

Venden mercancía averiada. Pero qué bonitos son los anuncios.

El procés visto para sentencia en el Supremo: por qué hubo rebelión y violencia
Eligio Hernandez esdiario 19 Junio 2019

¿Hubo violencia alentada desde la Generalitat? ¿Procede el delito de rebelión? ¿Cuál ha sido el papel del juez Marchena? A todas estas preguntas responde un jurista de prestigio.

La sentencia sobre del procés será, sin duda, una de las resoluciones judiciales más importantes de la historia judicial contemporánea de España, no sólo por su trascendencia política y jurídica sino porque el juicio oral se ha desarrollado con el más escrupuloso cumplimiento de todas las garantías procesales constitucionales, y protección de los derechos fundamentales, irrefutables ante el Tribunal Constitucional o, en su caso, ante el TEDH, al haber sido dirigido magistralmente por el Magistrado Manuel Marchena, un jurista excepcional, que, en unos momentos de mediocridad política y alarmante ausencia de políticos con sentido del Estado y estadistas, ha sido el pilar sobre el que se ha sustentado la fortaleza y la dignidad del Estado de Derecho.

Naturalmente, corresponde exclusivamente a la Sala 2ª del Tribunal Supremo dictar sentencia y establecer doctrina jurisprudencial sobe el polémico delito de rebelión, que en mi modesta opinión de jurista, ha quedado plenamente probado, tras oír los brillantes informes de los cuatro Fiscales representantes del Ministerio Fiscal, que han demostrado la concurrencia de la violencia como elemento típico objetivo nuclear del delito de rebelión contra la Constitución, del artículo 472 del C.Penal, que es un delito de mera actividad, en el que basta que se produzca el alzamiento violento para que se consume y perfeccione, aunque no se hayan utilizado armas, que se sólo se exige para el tipo agravado del artículo 473.2 del C.Penal.

Ignoran los partidarios de la errónea política de apaciguamiento y concesión de indulto que están dispuestos a reiterar la comisión de los hechos punibles constitutivos del delito de rebelión

Como han sostenido certeramente los Fiscales en base a la jurisprudencia de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, por violencia debe entenderse no sólo la física, “vis física”, sino la “vis compulsiva” y la “vis intimidatoria”, formas de violencia que si pertenecen estructuralmente al alzamiento público, contrariamente a lo sostenido por la Abogada del Estado.

No cabe confundir, como han hecho erróneamente algunos penalistas, el delito de rebelión tipificado en el artículo 472 del C,Penal, con el delito de rebelión militar tipificado en los artículos 286 y 287 del Código de Justicia Militar, vigente cuando se dictó por la Sala Segunda del Tribunal Supremo la sentencia de 22 de abril de 1983, que condenó por dicho delito a los golpistas del 23F, y consideró sustancial a dicho delito “su carácter de infracción de mera actividad, toda vez que basta que se produzca el alzamiento en armas para que se consume y perfeccione instantáneamente el hecho punible, sin que la violencia sea requisito indispensable de la rebelión, pudiéndose pactar y llevar a cabo de modo incruento”.

Como ha escrito con acierto el catedrático de Derecho Penal Bajo Fernández sobre el procés: "Es violencia, en el delito de rebelión, que un cuerpo armado desobedezca órdenes judiciales en el cumplimiento de esa estrategia o de esa finalidad independentista. Es violencia dirigir multitudes -en cumplimiento de esas finalidades contra el Estado- que realizan escraches a la Policía Nacional o a la Guardia Civil para dificultar el cumplimiento de sus funciones o simplemente para impedir que salgan del lugar donde se hospedan. Es violencia no impedir la destrucción de vehículos de la Policía, o del robo de armas en cumplimiento de la estrategia final de la desconexión con el Estado. Es violencia no impedir el corte de carreteras conforme al plan de conseguir los fines independentistas”. La rebelión ataca a las funciones de legislar y gobernar, mientras que la sedición ataca a las funciones de juzgar y administrar (STS 3-71991).

Para la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein, y para otros muchos penalistas, la violencia que se produjo en la jornada del referéndum ilegal del 1 de octubre en Cataluña "no fue suficiente para poner al Gobierno bajo presión que obligara a rendirse, a capitular, o a doblegarse ante los perpetradores de la violencia".

Un auto crucial
El importante auto de la Sala Segunda de Tribunal Supremo d 17 de abril de 2018, del que ha sido ponente el Magistrado Alberto Jorge Barreiro, considerado como progresista y de izquierdas, en el F.J.4º, páginas 23 a 31, hace un impecable análisis del delito de rebelión y demuestra que si se doblegó al Estado, en el siguiente párrafo de dicho F.J.4º:

“En el caso concreto que ahora nos ocupa lo cierto es que los 6.000 agentes que se utilizaron para impedir que el referéndum se celebrara resultaron ostensiblemente superados por los dos millones de votantes. Tanto es así que el referéndum, ciertamente sin las garantías mínimas exigibles para otorgarle la legitimidad de origen y de ejecución, sí acabó realizándose y sus organizadores anunciaron el resultado final. Y es más, siguieron con su hoja de ruta secesionista y acabaron declarando la independencia de Cataluña. Ello no debe generar extrañeza alguna, dado que para impedir la conducta de dos millones de votantes a los que se ha convencido torticeramente de su derecho legítimo a votar se precisarían un número muy superior de policías; seis mil en modo alguno podían evitar que la decisión del Gobierno no fuera doblegada con respecto a ese episodio concreto. Lo que sucede es que si hubieran intervenido un número bastante mayor de policías es muy probable que todo acabara en una masacre y entonces sí sería muy factible que el resultado fuera muy distinto”. En todo caso la violencia grave contra las personas no integra el tipo básico de rebelión del art.472 del C. Penal, sino el tipo agravado del artículo 473 del C. Penal.

Marchena, en unos momentos de mediocridad política, ha sido el pilar sobre el que se ha sustentado la fortaleza y la dignidad del Estado de Derecho

Me aventuro a sostener que a la rebelión del artículo 472 del C.Penal es aplicable la doctrina de la Sentencia Tribunal Supremo (Sala de lo Militar, Sección 1), de 19 febrero 2007 Recurso núm. 106/2004, en la que se sostiene que “debe considerarse que el delito de Rebelión militar no se agota en su ejecución inicial en que el alzamiento se verifica, sino que constituye a todos los participantes en un estado antijurídico que no puede estimarse cesado mientras no haya desaparecido en absoluto y por completo todo el peligro que representa para el interés jurídico (con cita del contenido de la Memoria de la Fiscalía General del Estado correspondiente al año 1935), conclusión que resultaría predicable igualmente para los casos de Adhesión a la Rebelión, en que una vez que el sujeto activo se asocia a la Rebelión se coloca en una situación antijurídica que se dilata en el tiempo hasta que es detenido o desiste de este posicionamiento”.

¿Indultos?
Una doctrina que ignoran los partidarios de la errónea política de apaciguamiento y concesión de indulto a quienes están dispuestos a reiterar la comisión de los hechos punibles constitutivos del delito de rebelión, que aún no han desistido de su posicionamiento y lo siguen cometiendo, como también ignoran que el Frente Popular en febrero de 1936 indultó a la Generalitat de la condena del delito de rebelión militar a 30 años de reclusión por el Tribunal de Garantías Constitucionales en octubre de 1934, a pesar de lo cual lo volvieron a cometer al traicionar( la palabra es de Azaña) a la República en plena Guerra Civil, como pusieron de manifiesto dramáticamente Azaña y Negrin.

El (negro) porvenir de Rivera
José García Domínguez Libertad Digital 19 Junio 2019

Le van a empezar a caer golpes desde dentro y desde fuera como nunca había imaginado. Que se prepare.

De los dos afanes inmediatos de Albert Rivera, facilitar que los golpistas de la Esquerra se hicieran con el control de Barcelona y no oponer obstáculos a que Podemos se siente en el próximo Consejo de Ministros, uno acaba de ser frustrado por el empeño exclusivo, personal e intransferible de Manuel Valls. Que Rivera logre coronar con éxito el segundo es algo que aún está por ver. Pero a falta de otro Valls en la Ejecutiva de Ciudadanos, es muy probable que lo consiga. ¿Para eso se fundó Ciudadanos en su día? Es la pregunta que, en privado pero ya también en público, han empezado a hacerse los padres intelectuales de aquello que iba a ser un simple grupo de presión antinacionalista en la órbita del PSC, y que solo el empecinamiento del periodista Espada logró convertir en un partido político. El que por esa mezcla tan barcelonesa de amateurismo y frivolidad los fundadores acabaron dejando en manos del niño (Rivera tenía entonces 26 años) tras organizar el primer pucherazo de la historia del partido a través de un chusco montaje alfabético ideado para aupar a aquel bisoño desconocido a la presidencia de la organización. Alguien tenía que poner la cara en público (para que se la partieran), y la del niño pensaron que quedaría bien en las fotos. El problema fue que el niño salió rana. Quería volar por su cuenta y no ser una marioneta en manos de terceros.

Desde aquellos inicios tan visigodos, cuando todas las semanas le organizaban una conspiración palaciega distinta para moverle la silla, fue desarrollando esa inconfundible mentalidad suya, la del superviviente que no se fía de nadie a su alrededor. Aquella sórdida cutrez navajera que tuvo que sufrir entonces fue su mejor escuela. Y esa es la parte de Rivera que no conoce el ejército de aduladores y de trepas que hoy lo rodea en Madrid. El bonapartismo de Ciudadanos, una dictadura electiva en la que no se mueve ni una mosca sin la autorización expresa del sanedrín que rodea al líder, es fruto de la impronta permanente que el caos asambleario de los inicios dejó en la memoria del jefe. Y también de ahí el autismo político de Rivera, su tan acusado sesgo de no consultar con nadie, salvo con el gabinete de politólogos que descifra para él los arcanos de las encuestas internas que elabora el partido, la estrategia política a seguir en cada momento. Una acentuada alergia a la toma de decisiones colegiadas, la suya personalísima, que muy probablemente le haya llevado a olvidar el peso determinante que los vientos de cola tuvieron en su éxito personal y en el de la organización que dirige. Vientos de cola que comenzaron a activarse cuando la irrupción simultánea de Podemos y del golpismo catalanista encendió todas las alarmas –y con razón– en la sala de máquinas del establishment. Un establishment que quizá no recibiese bien los innecesarios desplantes públicos de Rivera en los últimos tiempos.

Pues hay ciertas leyes no escritas de la alta política madrileña, tan distinta de la ruda simpleza provincial que se estila en Barcelona, que semeja no haber comprendido todavía. La extravagancia de Ciudadanos, por lo demás, es parecer una balsa de aceite en medio de un océano surcado por barcos de locos. Sánchez, Iglesias y Casado han sido manteados por norma tanto desde dentro como desde fuera de sus respectivas casas. Les han dado patadas y collejas hasta en el cielo del paladar. Por no hablar de Abascal. Rivera, por el contrario, ha vivido entre algodones y recibiendo los mimos y cariños transversales de la prensa durante toda su etapa nacional. Desde que a Fernando VII se le bautizó El Deseado, tal vez no haya habido dirigente mejor tratado por los creadores de la opinión pública española. Pero eso, ¡ay!, se le ha acabado. Como también se le ha acabado, aunque aún no lo sepa, la omnipotente autoridad interna que solo la inexistencia de baronías territoriales puede hacer posible. Las lealtades a los liderazgos dentro de los partidos siempre están correlacionadas con el número de nóminas que el liderazgo en cuestión puede garantizar. Que se lo preguntaran si no a Sánchez o a Rajoy cuando aún no habían llegado a la Moncloa y tenían que sufrir los desplantes altivos de sus barones y baronesas. El verdadero poder político siempre nace de un presupuesto de libre disposición. Ese que muchos dirigentes territoriales de Ciudadanos ya disfrutan, y por primera vez, desde ahora mismo. Le van a empezar a caer golpes desde dentro y desde fuera como nunca había imaginado. Que se prepare.

Xavier, el ultra 'indepe' que impondrá el catalán a médicos del resto de España
El director de Recursos Humanos del ICS es el 'cerebro' del muro lingüístico a los sanitarios que pidan un traslado a Cataluña
Ignasi Jorro cronicaglobal 19 Junio 2019

Es Xavier Saballs, el ultra independentista que quiere imponer el catalán entre los médicos de otras comunidades autónomas. El abogado y jefe de Recursos Humanos del Instituto Catalán de Sanidad (ICS) es el auténtico cerebro del muro lingüístico que el proveedor público de servicios sanitarios llevará a discusión y aprobación, salvo sorpresa, a la Mesa Sectorial del próximo 12 de julio.

Según ha podido saber este medio, es Saballs, un secesionista convencido y "cargo político", el que ha reactivado el Pacto de Movilidad Voluntaria para el personal estatutario que impondrá la obligatoriedad de conocer y dominar el catalán a los sanitarios del resto de España que pidan el traslado a Cataluña. Lo ha hecho tras asumir la jefatura de la dirección de Personas y Desarrollo Profesional en verano de 2018. Una vez ha tomado las riendas y ha recuperado el texto original de la hoja de ruta, se prepara para someterlo al criterio de los cinco sindicatos con representación en la Mesa Sectorial: CCOO, UGT, Metges de Catalunya, Satse y Catac.

Moratoria para pasar el corte
Saballs, abogado de formación, espera que el decretazo pase el corte de las acciones judiciales --como la ya anunciada petición de amparo a la Fiscalía General del Estado (FGE) por parte de El Defensor del Paciente-- mediante una treta: habrá una moratoria para los médicos que pidan el traslado. No se exigirá el catalán en llegada, sino que se dejará un periodo de tiempo determinado para que el personal aprenda el idioma y acredite el dominio ante los gestores de la sanidad pública catalana.

Precisamente, esta es la fórmula que usó el Gobierno balear en 2018 para aprobar y mantener al abrigo de la acción judicial el decreto de conocimiento de la lengua catalana para personal sanitario. El Ejecutivo autonómico dio luz verde al texto que obliga a dominar este idioma pactando una moratoria de dos años y el refuerzo de los cursos de enseñanza de la lengua. Concitó el IB-Salut el apoyo de CCOO, UGT, Satse y Sae, un sindicato de enfermería.

Catalán según categoría
En lo nuclear, los dos textos guardan similitudes. El ICS recalca que la exigencia de conocimiento del catalán no es "objeto de negociación", ya que la normativa vigente es la que rige en cada momento, "y hay que cumplirla". No obstante, olvida el proveedor público de servicios sanitarios que en el último concurso de movilidad de la empresa pública, cerrado en 2015, este idioma fue mérito y no requisito. Ello cambiará si el 12J el muro lingüístico pasa el corte. La lengua cooficial pasará a ser obligatoria según cada categoría profesional. Los y las sanitarias que no tengan certificado deberán pasar un examen.

Los profesionales más impactados por esta medida serán los que pidan el traslado a un puesto que se abra en Cataluña. Además de la baremación de sus méritos y trayectoria profesional, el ICS les pedirá un nivel de catalán que hasta ahora solo puntuaba. Ello, que no genera un gran debate entre la representación de la parte social en la autonomía catalana, sí fue espinoso en, por ejemplo, Baleares. En el archipiélago, el decreto del IB-Salut generó una denuncia a Fiscalía, movilizaciones masivas de la plataforma Mos Movem y un recurso de la Abogacía del Estado al Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) que el Gobierno de Pedro Sánchez retiró.

Independentismo en Cataluña
La Generalitat obliga a los alumnos de la Selectividad a loar a los que "recuperaron el autogobierno"
Gonzaga Durán okdiario 19 Junio 2019

El examen de Historia de la Selectividad de este año en Cataluña preguntaba sobre el Estatuto de Autonomía de la región de 1979. En la respuesta, la Generalitat pedía destacar a "todos aquellos hombres y mujeres que han contribuido a la recuperación del autogobierno" en la Comunidad Autónoma.

La Generalitat obliga a sus alumnos de la Selectividad de 2019 a loar "a todos aquellos hombres y mujeres que han contribuido a la recuperación del autogobierno" de Cataluña. Así se desprende de una de las propuestas publicadas por el Govern tras finalizar los exámenes de Selectividad para conseguir la máxima puntuación en cada pregunta, en concreto, en el examen de historia.

Se trata de una de las respuestas a una pregunta sobre el preámbulo del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979. La pregunta en cuestión valía un punto de la nota final del examen de Historia y fue incluida en el ejercicio 2 de la opción B del examen de la PAU de este año en Cataluña.

Criterios de corrección y calificación de la Generalitat
Para que los estudiantes consiguieran la máxima calificación en este apartado, la Generalitat proponía lo siguiente: "Es necesario que el alumnado comente tres de las siguientes ideas: el carácter del Estatuto que recuperó el autogobierno de Cataluña; la voluntad de Cataluña de constituirse en Comunidad Autónoma y el homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que contribuyeron a la recuperación del autogobierno; los valores de libertad, justicia, igualdad y lucha por la calidad de vida de todos aquellos que viven y trabajan en Cataluña, y el vínculo entre las libertades personales y las colectivas que la Generalitat representa".

Los exámenes de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) de 2019 tuvieron lugar la semana pasada. Tras terminar estas pruebas, la Generalitat publica a través de sus portales oficiales los "criterios específicos de corrección y calificación" de cada examen, recogiendo las respuestas con las que se lograría la máxima puntuación.

Estas respuestas son publicadas por el Consejo Interuniversitario de Cataluña (CIC), dependiente de la Secretaría de Universidades e Investigación y vinculado al Departamento de Empresa y Conocimiento de la Generalitat de Cataluña. La consejera de este Departamento es Àngels Chacón.

Primo de Rivera y "represión"
No es la única polémica. En el mismo examen, aunque en la opción A, se recogía un texto crítico del historiador Manuel Tuñón de Lara sobre la figura de Primo de Rivera, al que definen así: "Hijo de coronel retirado, terrateniente, se observan rasgos de la sociedad provinciana donde se educó -Jerez de la Frontera-: conformismo social, afirmación de masculinidad, deslumbramiento por la vida «alegre» de las grandes ciudades (vodevil, bailes y fiestas) y por el trato con la «alta sociedad», o sea, los rasgos del «señorito» andaluz".

Criterios de corrección y calificación de la Generalitat
A partir de esta descripción, los alumnos tenían que "explicar tres de las características del personaje". En concreto, se instaba a señalar su "procedencia de la clase terrateniente andaluza, conformismo social, provincianismo, machismo, fascinación por la vida "alegre" de la gran ciudad y por la relación con clases altas, ‘señoritismo’, mentalidad militar, defensa de valores tópicos como honor, valor, patria, familia o religión, falta de cultura intelectual o artística, carácter abierto e influenciable por los amigos". Este apartado era valorado también con un punto como máximo.

En la siguiente pregunta se pedía a los estudiantes "explicar las causas del advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera, las políticas represivas que aplicó, la obra de gobierno y las causas del final de este régimen político". La puntuación era de dos puntos.

Como respuesta, la Generalitat proponía que los alumnos señalaran la "represión política" contra Cataluña y el "desgaste del dictador por la oposición recibida de intelectuales, republicanos, catalanistas y anarcosindicalistas".

ETA como "oposición"
En el ejercicio 2 de la opción A se hizo también referencia al "franquismo en Cataluña". En este contexto, el examen recogía una portada de ‘La Vanguardia’ del 24 de octubre de 1940 que relataba la visita a Barcelona de Heinrich Himmler, el oficial nazi de alto rango cercano al dictador Adolf Hitler y uno de los principales líderes del Partido Nazi (NSDAP).

Este documento histórico fue utilizado para situar en contexto una de las preguntas: "Explicar el régimen franquista en Cataluña durante la etapa desarrollista y los cambios económicos y sociales que comportó". "Explica la lucha política antifranquista en Cataluña desde los años sesenta hasta la muerte del dictador", añadía esta pregunta, de dos puntos y medio de calificación.


Como respuesta, la Generalitat describía a las bandas terroristas de ETA y los GRAPO como un "grupo de lucha armada" y de "oposición" al franquismo, poniéndolos al mismo nivel de las revueltas estudiantiles que se producían en aquella época.

"Explique la lucha antifranquista durante los años sesenta y hasta la muerte del dictador incluyendo el crecimiento de una oposición más masiva, obrera (con la aparición de CC.OO. y otros sindicatos clandestinos), estudiantil y ciudadana, así como la existencia de grupos de lucha armada como ETA, los GRAPO, el MIL de Puig Antich y otros", recalca esta propuesta del Govern de Cataluña.

LA IZQUIERDA AGITA EL ODIO HACIA VOX
Siete detenidos por agredir a participantes de un acto de Vox en Barcelona
Redacción gaceta.es 19 Junio 2019

La Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra han detenido en una operación conjunta a siete personas acusadas de boicotear un acto de Vox en Barcelona el pasado 30 de marzo e insultar y agredir a algunos de sus participantes, a los que sustrajeron camisetas, banderas y símbolos nacionales.

Según han informado fuentes de la investigación, la operación, coordinada por la Fiscalía contra los Delitos de Odio, sigue abierta, por lo que no se descarta que pueda haber más detenciones en los próximos días, fruto de la labor de identificación llevada a cabo por los equipos de Información de la Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra.

Los siete detenidos, entre ellos dos menores, fueron arrestados los pasados días 12 y 13 de junio, y los adultos han quedado en libertad con cargos, acusados de los delitos de lesiones, desórdenes públicos, odio y, en algunos caos, atentado a agentes de la autoridad.

La brigada provincial de Información de la Policía Nacional y la comisaría general de Información de los Mossos d’Esquadra abrieron una investigación después de los incidentes ocurridos el pasado 30 de marzo en la calle Tarragona de Barcelona, a la altura de la plaza de España, donde unas 200 personas se congregaron para protestar por la celebración de una acto convocado por Vox en la avenida de María Cristina.

Los congregados para tratar de boicotear el acto de Vox, algunos de ellos encapuchados, colocaron barricadas en la vía pública para impedir el paso de los vehículos de los Mossos, según las fuentes.

Además, como en la zona se estaban realizando obras, algunos de los concentrados cogieron vallas metálicas, trozos de hormigón y contenedores de basura para levantar barricadas, encenderlas y arrojar piedras contra la línea de contención de los Mossos, ante lo que algunos de los agentes resultaron heridos.

Según las fuentes, algunos de los concentrados contra el acto de Vox agredieron, insultaron y amenazaron a algunos de los seguidores del partido, a los que sustrajeron camisetas, banderas y otras enseñas nacionales que llevaban.

De hecho, tres seguidores de Vox resultaron heridos, de los que dos tuvieron que ser hospitalizados, con heridas en la cabeza, la boca y el rostro.

Dos de los heridos eran representantes en Cataluña de la plataforma «Custodia compartida», que denunciaron que fueron rodeados y golpeados con piedras y puñetazos hasta que llegaron los Mossos d’Esquadra.

Agentes de los servicios de Información de la policía que cubrían la protesta contra el acto de Vox tomaron algunas imágenes, entre ellas de la agresión a los miembros de «Custodia compartida».

Se da el caso de que uno de los agresores, que figura entre los detenidos, ocultaba su rostro con capucha y una prenda de vestir, si bien había sido identificado con anterioridad por los servicios de información cuando aún iba a cara descubierta, según las fuentes.

Los equipos de información de la Policía y de los Mossos visionaron las imágenes de los incidentes, lo que permitió identificar a algunos de los agresores y participantes en los disturbios, que finalmente han podido ser detenidos.

Con toda la información recabada, la Brigada de Información de la Policía Nacional y su grupo homólogo en los Mossos d’Esquadra mantuvieron una reunión de trabajo para poner en común sus labores de identificación y localización y para acordar la distribución de las detenciones que se han llevado a cabo hasta el momento.

Denuncian la agresión de una profesora a una alumna por dibujar una bandera de España
Una niña de diez años de un colegio de Terrassa asegura que la maestra la tiró al suelo y la sacó de clase agarrándola por el cuello
Alejandro Tercero cronicaglobal 19 Junio 2019

Los padres de una niña de diez años de edad de Terrassa (Barcelona)? han denunciado una agresión de una profesora por haber dibujado una bandera de España en su álbum de final de curso.

La menor fue atendida en el hospital público de la localidad, el Consorci Sanitari de Terrassa, y ha sido diagnosticada con un dolor dorsolumbar por los golpes que habría sufrido, según recoge el parte médico correspondiente y ha confirmado la madre de la niña, Lourdes, a Crónica Global.

Cae cuando la levantan de la silla
Los hechos se ordujeron este lunes en el colegio Font de l’Alba de Terrassa, situado en el barrio de Sant Pere Nord, poco antes de las 13 horas. La tutora, M., había instado a los alumnos a añadir dibujos en la portada del álbum de fin de curso que estaban preparando. La niña dibujó una bandera de España y el texto "Viva España".

Cuando lo vio la profesora, encolerizó y rompió la portada. La alumna se sentó en su silla pero --siempre según el relato de la madre-- la maestra se dirigió a su sitio, levantó a la niña y esta cayó al suelo, golpeándose la espalda. Posteriormente, la profesora cogió a la niña por la camiseta y por el cuello y la echó de clase.

Denuncia ante los Mossos
A las 13 horas, cuando la madre llegó a recoger a su hija, se la encontró llorando y le explicó lo sucedido. Entonces acudieron a denunciar lo ocurrido a la directora, que trató de tranquilizarlas y les prometió que hablaría con la profesora.

Posteriormente, junto al padre --Francisco-- fueron al centro hospitalario para una revisión médica --tal como recoge el parte-- y a continuación presentaron una denuncia ante los Mossos d'Esquadra.

"Miedo a represalias"
Según la madre, la niña "no quiere volver al colegio los días que faltan hasta acabar el curso" porque "tiene miedo a represalias" por parte de la profesora.

De hecho, ya había habido tensión anteriormente pues, cuando toca clase de castellano, la maestra suele ordenar a los alumnos lecturas en catalán, algo a lo que la alumna se había negado en varias ocasiones generando el enfado de la profesora.

Llegarán "hasta el final"
La madre ha puesto el caso en manos de una abogada --que ha señalado a Crónica Global que en los próximos días darán una rueda de prensa para explicar a los medios su versión de lo sucedido-- y ha asegurado que quiere "llegar hasta el final". "Hoy ha sido mi hija pero mañana puede pasarle a otro niño. No se puede dejar pasar", señala Lourdes, que insiste en que no quiere que el caso de su hija se mezcle con "politiqueo".

Por su parte, el colegio no ha atendido los requerimientos de este medio para aportar su versión de los hechos.




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