AGLI Recortes de Prensa   Domingo 23 Junio 2019

Funcionarios
El número de funcionarios supera ya los niveles precrisis mientras el empleo privado queda lejos
Carlos Ribagorda larazon  23 Junio 2019

En el primer trimestre de 2019 había 3,21 millones de funcionarios en España, cifra superior a los 3,08 millones de diciembre de 2008.
En cambio, en la empresa privada había 16,97 millones de trabajadores frente a los 16,25 millones de diciembre de 2018, más de 700.000 menos.

El número de ocupados en la Administración pública ya es superior al que había en España antes del inicio de la crisis, en 2008. En cambio, la empresa privada todavía no ha recuperado los millones de españoles que fueron despedidos y entraron en las listas del paro. Este dato alimenta el debate sobre el tamaño de lo público en España y el papel de los diferentes gobiernos, central y autonómicos, en la contratación de funcionarios como elemento electoral.

Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2019, últimos conocidos, el número de ocupados en el sector público era de 3,213 millones. La cifra es ya superior a la del inicio de la crisis, en diciembre de 2008, cuando el número de funcionarios era de 3,081 millones.

En el mismo periodo de tiempo, el empleo privado no ha recuperado las cifras previas a la crisis, quedando todavía más de 700.000 puestos de trabajo para alcanzar los empleos de diciembre de 2008. En el primer trimestre de 2019 había 16,25 millones de ocupados en el sector privado, frente a los 16,97 millones de diciembre de 2008. La diferencia en el número de ocupados totales es de 585.000, según la EPA.

Más empleo público y menos privado alimenta la tesis de España como país de funcionarios, nada emprendedor, donde los jóvenes prefieren ser funcionarios a emprendedores como muestran habitualmente las encuestas. También la idea de los gobernantes que usan con fines electorales el empleo público.

De hecho, en marzo el Gobierno de Pedro Sánchez lanzó la mayor oferta de empleo público: casi 34.000 plazas para la Administración central para 2019. Poco después convocó las elecciones para el 28 de abril. Este mismo sábado han sido los exámenes para el sector de la Enseñanza: 35.000 plazas y 200.000 aspirantes.

Cataluña reduce funcionarios del Estado
Tomando como referencia otra fuente, el Boletín Estadístico del Personal al servicio de las Administraciones Públicas, que elabora Hacienda, se observa que el incremento de los funcionarios se debe a las comunidades autónomas. Tanto la Administración Pública Estatal como los ayuntamientos han reducido su número de ocupados, mientras crece en las regiones.

Como se ve en la imagen, en julio de 2008 -el informe es semestral- había 1,316 millones de personas trabajando para las regiones, un 50,8% del total.

En cambio, diez años después, en julio de 2018 -último informe-, el número de funcionarios autonómicos ya era de 1,34 millones y representan ya el 51,9% del total. Como se ve en la imagen, el número de militares ha caído de forma importante y ha crecido el de policías y guardias civiles. Por contra, el número de policías autonómicos, fundamentalmente los Mossos, ha crecido también en los últimos diez años.

Significativo es el caso de Cataluña. La región gobernada por los independentistas de Carles Puigdemont, sustituido actualmente por Quim Torra, ha reducido al mínimo los funcionarios ‘nacionales’ y ha aumentado los autonómicos. En julio de 2018 había en la región 25.370 funcionarios en organismos del Estado frente a los 30.011 de hace diez años. En cambio, ahora hay 175.673 funcionarios autonómicos, una cifra inferior a los 157.743 que había en julio de 2008.

Política en la educación: ¿son la mayoría de profesores de izquierdas?
El adoctrinamiento político en la educación es un hecho, y una de las razones estriba en la ideología que profesan la mayoría de profesores.
Francisco Nunes Libertad Digital  23 Junio 2019

Desde hace tiempo, se nota una tendencia izquierdista de los estudiantes en Occidente. ¿Cuál es la causa de tal tendencia? ¿Tiene la educación un carácter de izquierdas que influye en los alumnos ¿Es cierto que la mayoría de estudiantes son de izquierdas?

A continuación, veremos una serie de gráficos sobre las ideas políticas que profesan los jóvenes de diferentes países occidentales: España, Estados Unidos y Reino Unido. En el caso de nuestro país, disponemos de datos de las recientes elecciones generales. Según el CIS de abril, la mayoría de jóvenes de entre 18 y 24 años tenían intención de votar al PSOE. El segundo partido preferido por este grupo de edad sería Podemos, a buena distancia de Ciudadanos. El cuarto sería el PP, el quinto PACMA y, por último, VOX.

Como se puede apreciar por los partidos elegidos por los más jóvenes, existe una fuerte inclinación hacia la izquierda y extrema izquierda. Pero este fenómeno no es exclusivo de España. En el caso de EEUU encontramos algo parecido.

Como se puede apreciar con los datos de encuestas de Gallup, en 2010 el 68% de los estadounidenses de 18 a 29 años tenían una visión positiva del capitalismo, pero esta cifra ya había bajado al 45% en 2018, un retroceso de 20 puntos porcentuales.

Además, según el Pew Research Center, son los millennials los votantes más afines al Partido Demócrata, admitiendo un 59% de ellos esta preferencia.

Es concretamente este grupo (los millennials) el que ha dado un mayor giro a la izquierda en EEUU, tal y como se puede apreciar en el siguiente gráfico, que lo compara con otros grupos. Así pues, también en EEUU se nota entre los más jóvenes un giro anticapitalista y socialista cada vez mayor.

Por último, veamos qué sucede Reino Unido. Según una encuesta de YouGov del pasado año, si sólo las personas de 18-24 años pudieran votar, el mapa político británico quedaría así:

El Partido Laborista (el equivalente al PSOE) obtendría un 66% de los votos, el Partido Liberal Demócrata quedaría en segundo lugar con el 13% y el Partido Conservador, al que pertenece el actual Gobierno, quedaría en tercera posición con apenas un apoyo del 12%.

La ideología de los profesores
Pero, ¿y los profesores? ¿Tienen ideas parecidas que, de una u otra manera, puedan inculcar a los alumnos? En España, no son pocos los casos de adoctrinamiento aparecidos en las noticias, como el de la profesora de Dos Hermanas que pedía castrar a los varones y culpaba a EEUU de la crisis económica venezolana o, de forma más general, los textos que se reparten en las aulas de Lengua y Literatura, casi siempre de una ideología de izquierdas, tomados de periódicos como El País y escritos por autores como Almudena Grandes. Asimismo, un estudio de Sociedad Civil Balear, en el que se analizan 35 libros de texto de la ESO y Bachillerato, concluye que existe un claro sesgo nacionalista y anticapitalista en la educación, como ya informó este diario.

En el caso de EEUU, las cifras son realmente alarmantes. Según un estudio de la Econ Journal hecho por los economistas Langbert, Quain y Klein, que abarca 7.243 profesores, existe una proporción de 11,5 profesores universitarios afines al Partido Demócrata (la izquierda estadounidense) por cada profesor afín al Partido Republicano (la derecha estadounidense) en carreras como Economía, Historia o Periodismo, variando esta proporción según el campo de estudio. Por ejemplo, en Economía, hay 4,5 profesores demócratas por cada republicano, mientras que en Historia hay 33,5 demócratas por cada republicano.

Pero eso no es todo. El porcentaje de departamentos sin profesores republicanos es en Derecho, el campo con menor porcentaje, del 4%. El segundo caso más bajo es el de Economía, con un 20%, 5 veces más que Derecho. Los casos más altos son Historia y Periodismo, con un 60% de departamentos sin profesores "de derechas".

También varía la ideología de los profesores universitarios según su edad. En los menores de 36 años, hay 22,7 demócratas por cada republicano, mientras que en los mayores de 65 años hay 10 demócratas por cada republicano. Se observa, en todas las edades, una gran desproporción.

En el caso de Reino Unido, también encontramos una mayoría de profesores afines al Partido Laborista. Según una encuesta de Tes, un 65% de los profesores de educación Primaria son afines a a los laboristas, cifra que en Secundaria alcanza un 72%.

Así pues, es un hecho que la mayoría de profesores en estos tres países tienden políticamente hacia la izquierda. Visto el cambio de tendencia ideológica de los más jóvenes en estos países, parece probable que la misma esté influenciada por la sus profesores.

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La traición de Sánchez a la España constitucional
Ernesto Ladrón de Guevara  latribunadelpaisvasco.com  23 Junio 2019

La traición al régimen constitucional se ha consumado. Sánchez, que es muy previsible para nuestra desgracia, ha adoptado la peor de las posiciones, la más alejada a la idea de Estado que debe presidir cualquier Gobierno de España, no de Expaña. Un pacto con nacionalistas que tiene varias traiciones juntas de diferente naturaleza:

Traición a España y a los españoles, pues la entrega de Navarra por un plato de lentejas es el principio del fin de la unidad española. Nadie con un cierto concepto de lo que ha sido España — ya no lo es, pues renunciar al viejo Reino prepara la vía para la ruptura de forma inapelable— puede aceptar que el expansionismo de lo más rancio se posesione de territorios romanizados. Es decir, poner alfombra roja a quienes quieren fragmentarla es inaceptable desde todo punto de vista. Ruptura por las dos partes más dispuestas a la balcanización: los llamados países catalanes, entre los que están incluido, otro viejo reino, el de Valencia, y las islas Baleares, así como el Este de Aragón; y lo que llaman Euskal Herria, que nunca ha existido ni desde el plano político ni en la historia próxima ni remota. Sánchez Albornoz se refería a la Vasconia como la abuela de España, la que inició la recuperación cristiana durante la Reconquista a partir del siglo IX. Y los Baroja hablaban de esa Vasconia como el eje desde el que se constituyó la Castilla, la de los castillos, y, por tanto, germen de la configuración de la Nación histórica, que es distinta de la Nación política, aunque factor esencial constitutivo para que ésta exista.

Traición a las víctimas y a los caídos por España, víctimas del terrorismo de ETA, asociándose a los herederos directos del brazo político de ETA. Un hecho que se estudiará en la Historia de la Expaña futura como un baldón que ensombrecerá la imagen de la democracia actual y la dignidad de los españoles, aquello que nos da la autoestima de serlo, que es el sentido de la justicia y el concepto de gente de bien.

Traición al sentido genuino de la democracia, que se deriva de su esencia:
Deben gobernar aquellos que concitan mayor apoyo electoral. Es decir, la coalición de UPN, Partido Popular y Ciudadanos, unidos para lograr un gobierno constitucionalista que frene la expansión de los nacionalistas y proetarras que trabajan para robar Navarra a los navarros. Hemos de recordar que “Navarra suma” obtuvo prácticamente el doble de escaños que su inmediato seguidor, que es el Partido Socialista. Y que Geroa Bai, que presidirá el Parlamento Navarro tiene solamente nueve escaños frente a los veinte de “Navarra suma”. Este acuerdo de mercadeo persa de un ambicioso patológico propugna lograr los votos de la parte más disruptiva del panorama político, y es un tremendo dislate desde el plano democrático, pues sustrae la voluntad de los navarros y liquida el sentido democrático de las elecciones, lo que da la medida de la falsedad de que los socialistas tienen como bandera la socialdemocracia. Han pasado al socialmarxismo de nuevo cuño, es decir, una nueva forma de dictadura con el apoyo de los separatistas.

Traición a aquellos socialistas de la Transición que abandonaron el marxismo y defendieron la idea de la libertad, del pluralismo y del Estado de Derecho. Entre los traicionados me incluyo yo, que entré en un partido que se parece al actual como una rana a una oveja. Lamento haber contribuido a que el Partido Socialista se consolidara como alternativa en el marco del pluralismo político. A estas alturas, considero que sería un beneficio para nuestro país, nuestra nación, que el Partido Socialista desapareciera del marco político, pues nos daña a todos los españoles, incluso a los que se consideran de izquierdas y no saben las consecuencias de su irresponsabilidad electoral. La complicidad de sus órganos de dirección con esta puñalada trapera a los españoles no tiene perdón.

Lamentablemente, los tópicos, las etiquetas infundadas, los mitos y mentiras sobre nuestra real historia colectiva, los infundios, los estereotipos que la derecha con su pasividad servil ha sido incapaz de contrarrestar y desmentir, —estéril para toda acción pedagógica y de recomposición doctrinal de nuestra misión colectiva—, el adoctrinamiento escolar, el control y dominio de los instrumentos de comunicación e información por los difusores de mentiras y falsas verdades, etc. han generado estos fenómenos.

Disfruten, electores de izquierda de lo que han votado. Tendremos que recuperar el sentido original de la democracia que es liberal o no lo es, con la lucha de los libertadores, la que siempre se ha articulado para recuperar la dignidad humana y los derechos individuales.

'Macguffin' Sánchez y el 'Valls' de Rivera
FRANCISCO ROSELL El Mundo  23 Junio 2019

Alfred Hitchcook popularizó la expresión Macguffin para esas maniobras de distracción de las que se valía como director para desconcertar al espectador e imprimir un giro imprevisto a la trama. "En historias de rufianes, el Macguffin siempre es un collar, y en historias de espías, siempre son los documentos", resumía quien lo ejemplificó surrealistamente: Van dos hombres en un tren y uno le dice al otro: "¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que se encuentra sobre su cabeza?". El otro contesta: "Ah, eso es un Macguffin". Ante su insistencia para que le aclare qué diantres es eso, su compañero de viaje le indica: "Un Macguffin es un aparato para cazar leones en Escocia". "Pero que me está diciendo -le refuta-; si, en Escocia, no hay leones". "En ese caso, eso de ahí no es un Macguffin", zanja.

Hitchcock era tal maestro en estos señuelos que figura como padre de los MacGuffin. Estos cebos le sirvieron de arranque en sus más renombradas historias de misterio. Pronto se percató de que resultaban más eficaces cuanto más genéricos eran. Al modo de los trucos de magia, el Macguffin desvía la atención en la dirección contraria a donde el prestidigitador urde su número con el que sorprender al público del espectáculo. Es asimismo lo que permite al trilero -"¿dónde está la bolita?"- vaciarle los bolsillos a los panolis que muerden el anzuelo que tiende con sus compinches en el sablazo.

En el año que dista entre la investidura Frankenstein de junio de 2018 que le catapultó a La Moncloa tras su moción de censura exprés contra el incauto de Rajoy y la reinvestidura Sáncheztein que puede sustanciarse este otro junio con los mismos expedicionarios de entonces (podemitas e independentistas, incluido el brazo político de ETA), Pedro Sánchez ha demostrado una notable pericia en el manejo de los Macguffins. Ello ha descolocado a quienes se empecinan en desconocer su carácter de aventurero de la política. Atenido al ideal de Maquiavelo, al presidente en funciones le mueve exclusivamente la consecución del poder a toda costa y sin remilgos de ninguna clase. No rehúsa explorar la senda del mal si lo exige el objetivo que persigue. Por eso, las rayas rojas que prometió no saltarse son su norte y guía.

Si en los prolegómenos de su golpe de mano parlamentario contra Rajoy, tras sostener discusiones a cara de perro y altamente descalificatorias, pactó la aplicación del artículo 155 para restaurar la legalidad constitucional en Cataluña, así como poner freno a un Torra al que llamó por su nombre -"Le Pen catalán"-, para luego promover su defenestración con el concurso de esos mismos independentistas con los que alcanzaría acuerdos ominosos como la claudicación de Pedralbes en diciembre último.

Luego los dejaría en suspenso para acudir a las elecciones marcando temporalmente distancias con éstos y hacer que la revuelta separatista se diluyera en una polarizada confrontación izquierda-derecha, al grito de que "viene la extrema derecha". Mientras agitaba el espantajo de Vox a raíz de su entrada en el Parlamento andaluz, disimulaba la naturaleza y condición extremas de quienes lo auparon al poder en unas condiciones que mantuvo soterradas en una campaña que afrontó con la ventaja inestimable de hacerlo con las alforjas repletas de fondos públicos con los que agradar a un amplio electorado.

Escrutadas las urnas, lo que discurría oculto como parte del cauce del río Guadiana ha reaparecido abruptamente con la entrega de la Mesa del Parlamento Foral de Navarra al nacionalismo vasco, incluidos los bildutarras. Así lo exigía el PNV, piedra angular de su moción de censura contra Rajoy y de la reinvestidura próxima. No solo por sus votos, sino como imán de la abstención de ERC y de Bildu. Ello prefigura un Gobierno que, aunque lo presida nominalmente la socialista Maria Chivite, deberá convenir todo con quienes defienden una absorción del antiguo reino por el País Vasco mediante una política lingüística y educativa de vasquización que anticipa un conflicto que luego será imposible de resolver. Ya es un hecho en Cataluña y va camino de serlo en otras autonomías dejadas en manos del soberanismo.

Sin duda, todo un giro copernicano. Hay que tener en cuenta que, en 2007, cuando el PSOE navarro se echó al monte intentando una operación de este jaez con Nafarroa Bai (amalgama de PNV y adeptos a ETA) e IU, la Ejecutiva Federal del PSOE segó la propuesta de Fernando Puras y de Carlos Chivite, tío de la actual presidenciable, y facilitó con su abstención la investidura de Miguel Sanz, líder de UPN. Contrariamente a lo que ha hecho esta vez con Javier Esparza, aspirante la coalición de centro derecha Navarra Suma. La gallina ha cantado después de asada, como en la leyenda de la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada.

La dirección federal entendía que aún no se daban las condiciones para aquel trato que arriesgaba el futuro de Navarra y de España. Tampoco ayudaba la cercanía de unas urnas que, en esta ocasión, se han dilucidado previamente. Si Zapatero, manejando los tentáculos socialistas en el Tribunal Constitucional, legalizó el partido de la ETA en contra del Tribunal Supremo, Sánchez lo legitima al aceptar los sufragios que no admitiría "ni por acción ni por omisión", en palabras de un desconcertado y desconcertante ministro Ábalos. Lo hizo para convalidar decretos-leyes electorales y lo refrenda antes del chupinazo de San Fermín.

Sorprendentemente, hasta que Sánchez no ha despreciado los votos que UPN le ofreció para ser investido presidente a cambio de evitar que el futuro de Navarra dependa de Bildu, a Sánchez le ha funcionado el Macguffin de que era Ciudadanos quien le obligaba a echarse en el regazo independentista.

Para posibilitarlo, ha removido París con Madrid, usando a Macron para desestabilizar a Albert Rivera y socavar a sus socios liberales de Cs por avenirse -celosía del PP de por medio- con Vox. A Sánchez no le ha importado supeditar los intereses de España en el gran bazar de Bruselas a los de un debilitado Macron tras su derrota ante la extrema derecha -ésta sí- de Marine Le Pen, una agrupación que contó en sus orígenes con la ayuda inestimable de Mitterrand para imposibilitar la llegada del centroderecha al Elíseo. Sánchez olvida que, para Francia, lo adecuado es lo que les sirve en cada momento.

Si había designado a Podemos socio preferente, encomendado las Cortes a dos miembros del PSC alineados con el nacionalismo, incluida la defensa del derecho a decidir por parte de Meritxell Batet, y en cómo se ha conducido la abogada del Estado en el juicio del 1-O, no era para encontrarse con Rivera. Ese plausible acuerdo PSOE-Ciudadanos habría dotado a España, desde luego, de estabilidad y posibilitado las reformas que hubieran reconducido el desmadejamiento que han traído a España décadas de cesiones irrefrenables a los nacionalistas. Pero, desde Zapatero en adelante, el PSOE se funde con el nacionalismo como atajo a la Moncloa.

Al margen de que Rivera ya hubiera sacado sus conclusiones al ser gato escaldado de Sánchez, no sería de extrañar que Felipe González, dada la campechanía mutua, le hubiera evocado como Sánchez le traicionó. Fue a raíz de los comicios de 26 de junio de 2006, en los que el PP obtuvo 137 escaños frente a los 85 del PSOE, 45 de Podemos y 32 de Ciudadanos. A los tres días, acudió a visitar al ex presidente a su casa para comentarle que estaba dispuesto a abstenerse en la segunda votación para que Rajoy pudiera desbloquear la legislatura. Para arropar su reconsideración, le solicitó que le ayudara a crear el clima favorable. Un solícito González publicó el 7 de julio una tribuna en El País encomiando a su partido que no fuera "un obstáculo para que haya un Gobierno minoritario", excluyendo "la coalición y el apoyo al PP en la investidura".

Contrariamente a lo hablado, Sánchez echaría las piernas por alto y colocaría al partido a una situación límite. Ello derivó en un enfrentamiento interno que desembocaría en su forzada dimisión entre protestas en la calle. Entre los manifestantes, hallábase un entonces desconocido Torra. Fue el primer intento de forzar un Gobierno Frankenstein con partidos que "ni siquiera creen que España", según refirió González en una tempestuosa entrevista en la cadena Ser en la que pormenorizó un desengaño que Rivera no ha querido padecer en carnes propias, tras asumir el error Valls.

Como más vale una vez colorado que ciento amarillo, Rivera ha aprovechado su discrepancia radical con el voto del francés errante, tras ser primer ministro del país vecino y ocupar ahora silla capitular en Barcelona, para que la populista Ada Colau sea alcaldesa como mal menor ante el conspicuo separatista Ernest Maragall. Lo hizo sin garantías con quien despreció su apoyo clave para ser regidora mayor y acostumbra a conducirse como una independentista. Ello le llevó a romper su pacto con el PSC a raíz del artículo 155. Tras su brillante alocución en el Pleno de constitución, en el que Valls defendió que no existen presos políticos en España frente al concejal Forn, juzgado por el golpe de Estado del 1-O, la candidata a la que había hecho alcaldesa plantaba un enorme lazo amarillo en el balcón.

Empecinarse en el error le hubiera costado a Cs su existencia tras la ida al Congreso de Inés Arrimadas, después de vencer las elecciones catalanas, y desandar la vereda que tanto costó abrir. Con Valls, Cs quedaría de sidecar del PSC, como Unió fue de Convergència. Con la operación Valls se han defraudado las expectativas que se dispararon en su inicio.

Ya Einstein se percató de las contradicciones de ciertas mezcolanzas. Cuando Marilyn Monroe tuvo la oportunidad de conocerlo, le inquirió: "¿Qué dice, profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo juntos? ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?". Einstein esbozó una sonrisa y le contestó muy serio: "Me temo que el experimento salga a la inversa y tengamos un hijo con mi belleza y su inteligencia".

Aconteció en 1986 cuando Miguel Roca se postuló como candidato a La Moncloa al frente del Partido Reformista Democrático (PRD), donde figuraban personalidades de la judicatura, la Universidad y los negocios, Obtuvo cero escaños disolviéndose la misma noche electoral tras enterrar un ingente presupuesto. Operación Roca se llamó y propició una humorada del socialista Raimon Obiols al ser preguntado. «¿Operación Roca, dice? No sabía que lo hubieran operado».

Por medio de un pacto siniestro, Sánchez emprende un trayecto con extraños en un tren. Es de esperar que no acontezca lo que en la película de Hitchcook. Durante un viaje en tren, un campeón de tenis es abordado por un desconocido que conoce su vida y milagros a través de la prensa. Inesperadamente, le propone un doble asesinato, pero intercambiando las víctimas con el fin de garantizarse recíproca impunidad. Así, él quitaría de en medio a su mujer que no quiere concederle el divorcio a cambio de que él haga lo propio con su padre para poder heredar su fortuna.

A ese Gobierno Sancheztein en marcha solo le falta un Macguffin como ha sido Borrell, ministro-coartada, durante el último año y que podría serlo esta vez -¿se imaginan?- el ciudadano Valls, si salva el veto de Macron, claro. Dado el gusto por la confección de gobiernos de pasarela y el carácter mudadizo del francés, Macguffin Sánchez bailaría el valls que Rivera le ha negado.

El Gobierno PSOE-Podemos-ETA-ERC y las futuras "manadas" judiciales
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  23 Junio 2019

La situación a la que nos aboca el destape del pacto de Gobierno del PSOE, alias Sánchez, aka Falconetti, con la ETA, ERC y Podemos es tan grave que se disculpará el empeño de tantos comentaristas políticos en que Cs y PP se abstuvieran y Sánchez gobernara solo, no como voluntario rehén del tripartito social-comunista-separatista diseñado por Roures. No llegaré al extremo de Alfonso Ussía, que por intentar lo mismo que yo y quedar en ridículo tras la entrega de Navarra al PNV y ETA por el PSOE, se ha declarado públicamente "gilipollas" -prefiero "tonto intenso", como corrigió ABC a Campmany cuando llamó "tonto intonso" a Tusell- y se dice dispuesto, en penitencia, a ir a La Sexta para ser injuriado en directo por las huestes que acaudilla Ferreras con sus tres capas de calzoncillos. Si hubiera combate y no manteo, yo mismo le acompañaría; pero todo en la situación actual es trampa y engaño, puñalada golpista por la espalda y legalización trapacera del Plan Roures contra la Nación y la Constitución.

Aladino Sánchez y sus Togas Mágicas
A legalizar el Golpe vuela ya Aladino Sánchez en las togas mágicas del Supremo y del Constitucional, a los que busca convertir en Congreso y Senado del golpe de Estado. ¿Cómo? Con sentencias plebiscitarias, hijas del "ambiente social" creado por manadas de opinión teledirigida para que los altos jueces legalicen lo ilegalizable. El Supremo acaba de revisar de forma escandalosa la sentencia de La Manada. Y casi todos los medios y todos los partidos excepto Vox, por miedo al hembrismo y a La Sexta, han tragado. Por la misma vía, este otoño, el Constitucional podría recalificar las pruebas que justifican la condena del Supremo a los golpistas del 1-O y rebajarla o anularla. Lo que la Constitución, Ley de Leyes, no permite, se lo permiten ciertos jueces de cloaca amancebados con políticos fangosos.

Pero volvamos a Navarra, prueba definitiva del plan golpista. Que Sánchez es un estafador intelectual y un político sin vergüenza ni decoro, lo sabíamos por su tesis cum fraude y su trayectoria de saltimbanqui. Pero la abyección a que ha llegado esta semana supera los juegos de manos -que, en el viejo refrán, lo son de villanos- de David Copperfield. Tras fingir en primera votación que no aceptaba el órdago de PNV-ETA, en la segunda el PSOE colocó al partido de Otegui y Ternera en la mesa del Parlamento, y el peneuvista agraciado con la Presidencia se sacó del bolsillo el discurso de aceptación que ya llevaba escrito y que, obviamente, no pudo redactar en la media hora de supuesta negociación. Son zafios hasta en la traición.

Los cascanucas y los recogenueces
Ya no mienten por necesidad, sino por vicio, o porque su aplastante superioridad mediática les permite camuflar con engañifas esa sumisión a los enemigos de España y de la Libertad. No sólo le dan a La Sexta media hora de audiencia sino excusas para justificar que el partido de Fernando Múgica se arrodille ante sus asesinos, que son los de Miguel Ángel Blanco y también los secuestradores y torturadores de Ortega Lara.

Esa vil traición la perpetrado el Gobierno de España en funciones -en las dos funciones de traicionar a los vivos y a los muertos- y en el aniversario de la matanza de Hipercor. Ni simbólica ni realmente cabría mayor abyección. Pero cabrá.

La prueba de que hasta ahora Sánchez ha estado mintiendo, tal vez incluso a los suyos, es que el mismo día en que desvelaba el pacto con la ETA, con el PNV de notario y socio de los cascanucas -no sólo recoge nueces-, Ábalos, que representaba el sanchismo con rostro humano, partidario de un Gobierno de coalición con Cs, se despedía del Ministerio, dando a entender que también del Gobierno. Y su papel como portavoz de Sánchez desde las Elecciones Generales lo ocuparon Calvo y Celaá, piezas probatorias de la decadencia de Occidente y la ruina intelectual de Europa.

La ventaja que tienen ambas es que son tan romas o lerdas que dejan en ridículo lo que Ábalos dejaba en duda, favoreciendo al PSOE. Cada vez que hablan, se retratan. Ha bastado una rueda de Prensa de Celaá para darle a Rivera la razón, añadiendo hipocresía a la vileza del pacto con la ETA. A las preguntas de Ketty Garat sobre la evidente contradicción de decir que Vox debía salir de las instituciones y que Bildu-ETA es un partido legal y legítimo, Celaá se enredó tanto que acabó recordando que ha sido ilegal. Y debería seguir siéndolo por sentencia firme del Supremo, respaldada luego por el Tribunal de Estrasburgo, que anuló el TC obedeciendo a ZP. Tras la ilegalización de Batasuna, el sicario de Caracas barbotó: "Esto lo arregla el Constitucional". Y aquella obra del PP de Aznar que Rosa Díez pidió en vano al Rajoy de la mayoría absoluta que recuperase, sigue desarreglada.

Porque el TC no arregló nada, simplemente prevaricó. Y de forma tan escandalosa que el Supremo procedió a denunciarlo y estaba dispuesto a juzgarlo, porque el TC ni tenía ni tiene capacidad legal para cambiar su sentencia. Conviene recordar este precedente tras el alarde de Justicia de Género del Supremo revocando la sentencia de La Manada, cediendo a esa manada de opinión que brilla por su ausencia si la manada es de argelinos. Es difícil encontrar mayor número de disparates y arbitrariedades que en esta condena no a los ya condenados sino a los jueces de Pamplona y al TSJN, saltándose la ley en la valoración de pruebas y reinterpretando los hechos, cuando lo único que debe hacer un tribunal es aplicar las leyes.

Las sólidas razones del juez Serrano
El juez Serrano ha hecho en Twitter -menos mal que hay restos de vida inteligente en Vox, incluso en esa red poblada de besugos- una crítica demoledora en lo técnico-legal de la sentencia, aunque la literalidad del texto es aún peor. Ayer, El Mundo decía en portada: "El Supremo lanza un mensaje duro contra los delitos sexuales". Pero aparte de chulear a sus colegas navarros para demostrarles que sabe más de leyes, diciendo que "la pena podría ser mayor" (¿y por qué no lo es?), lo que emite el Supremo es el mensaje de que, tras una agresión sexual, es mejor asesinar a la víctima, ya que caen menos años de cárcel por homicidio que por violación real, no por esa reinterpretación machitonta como violación de un gangbang (sexo consentido en grupo) que los jueces naturales entendieron en su día como agresión (dos) y ni siquiera delito (el tercero). Y por eso los condenaron.

Justamente esa reinterpretación de las pruebas es lo que hizo el Constitucional con la ilegalización del partido de la ETA por el Supremo. Y por esa ilegalidad flagrante lo denunció el TS, aunque luego los partidos lograron que la cosa quedase en calentón corporativo. No lo era. No debe serlo. Pero esa interpretación creativa, o sea, ideológica, de la Ley, típica del Derecho alternativo de Jueces contra la Democracia, es la que hizo entonces el Constitucional, ha repetido ahora en el Supremo y se repetirá en el proyecto del PSOE, que es legalizar la ilegítima destrucción de España mediante plebiscitos supuestamente legales. Y a eso vamos de cabeza con un Gobierno que se ha constituido, repito, en rehén voluntario de la ETA y ERC. Sin intentar siquiera otra compañía.

Hacia una Justicia montonera y golpista
No es casualidad que Podemos y el Gobierno, que pretenden liquidar la Constitución mediante referéndums ilegítimos pero legalizables por una Justicia montonera, eco del "clamor por la paz" o la "solución al conflicto", hagan suya la sentencia del Supremo sobre La Manada, porque suya -y de Catalá- es, como suyo fue el linchamiento de los jueces, sobre todo del que emitió el voto particular contra la condena y al que los medios injurian sin haber visto el vídeo, prueba clave del caso. Tal vez en esa Sala que tanto ha humillado a los jueces navarros los haya felices con el aplauso del PSOE y los sicarios de Maduro. Los incómodos en tan vil compañía deben saber, si lo ignoran, que son los bautistas de la prevista crucifixión de la sentencia de Marchena y la Sala Segunda. Y me temo, dados los protagonistas, que ese viacrucis del Estado de Derecho en España ha empezado ya.

Zapatero nos dejó Cataluña; Sánchez nos dejará Navarra
Jesús Cacho. vozpopuli autores  23 Junio 2019

Más allá del tira y afloja entre PSOE y Podemos en torno a la investidura de Pedro Sánchez como presidente y sus contrapartidas, la realidad es que las posibilidades de que la tropa de Pablo Iglesias entre a formar parte del nuevo Gobierno socialista son muy altas. El señor marqués terminará saliéndose con la suya, porque en otro caso al PSOE no les salen los números. La investidura sería imposible sin Podemos, habida cuenta de la negativa de ERC a abstenerse. Con el apoyo de Podemos y del PNV, y con la abstención de EH Bildu, de donde se colige el extraordinario protagonismo, muy superior a los 4 escaños de que dispone, del grupo vasco heredero de los dueños de las pistolas, protagonismo llamado a iluminar toda la legislatura en tanto en cuanto Bildu volverá a ser esencial en septiembre, cuando, ya instalado en Moncloa, Sánchez presente en el Congreso su proyecto de PGE para 2020, verdadera prueba de fuego, cuya aprobación podría conseguir con el apoyo de Podemos, del PNV y la abstención, de nuevo, de Bildu. Como el viernes escribía aquí Alvaro Nieto, “El PSOE pretende que los mismos partidos que invistan a Sánchez se comprometan a sacar adelante las cuentas públicas para 2020”. Dos por el precio de uno.

La víctima es Navarra. El precio a pagar por el apoyo de PNV y la abstención de Bildu es Navarra. Lo hemos visto esta semana con la conformación de la mesa del Parlamento navarro y lo veremos muy pronto con la elección como nueva presidenta de la socialista María Chivite. El PSOE, en efecto, confirmó el miércoles su apuesta por la vía nacionalista en Navarra, sellando un pacto con Geroa Bai (la marca foral del PNV), para controlar el Parlamento regional, permitiendo la entrada a EH Bildu en la Mesa. La líder del Partido Socialista de Navarra (PSN) será la próxima presidenta de la comunidad a costa de echarse en brazos de nacionalistas vascos y bilduetarras. No ha querido explorar la vía constitucionalista y ni siquiera ha abierto un diálogo con UPN y el resto de partidos de Navarra Suma. La alegría de tantos en la noche electoral, al constatar la derrota del cuatripartito (Geroa Bai, Bildu, Podemos e IU) que sostenía a la presidenta Uxue Barkos, a manos de los constitucionalistas con 31 escaños sobre 50 (20 de Navarra Suma y 11 del PSN), ha quedado en nada. Por delante, cuatro años para ventilar Navarra de la euskaldunización forzosa y la manipulación de su historia y su cultura impuesta por el PNV y sus satélites. La señora Chivite se había distinguido durante la legislatura pasada por la dureza de sus denuncias contra las políticas de Barkos, de modo que tras los resultados del 26 de mayo todos esperaban que uniera fuerzas con el constitucionalismo para imprimir un giro drástico y acabar con el opio nacionalista. Bildu, sostenía Chivite antes del 26-M, era esa línea roja que ella no pensaba cruzar jamás. Lo acaba de hacer, y lo ha hecho utilizando la mediación del PNV.

¿Qué ha pasado? Que Sánchez necesita los votos de ambos para ser investido. Ser presidente a costa de traicionar a esa mayoría del electorado que rechazó al bloque abertzale-podemita liderado por Barkos y dio un rotundo triunfo al constitucionalismo fuerista. ¿Qué precio está dispuesto a pagar Sánchez por esos apoyos? Parece evidente que después del destrozo causado en Cataluña por el separatismo, el PNV ha descartado esa vía por impracticable. Una aventura como la catalana sería una insensatez que pondría en peligro el régimen de partido único que, con la complicidad dolosa de Madrid, el PNV ha logrado implantar en un País Vasco, donde no se mueve una hoja sin el visto bueno de Urkullu y sus gentes. Nunca disfrutó la región del grado de bienestar alcanzado en los últimos años, que hasta las angulas han vuelto a la Tamborrada de San Sebastián después de mucho tiempo conformándonos con las modestas gulas. Mikel Legarda, número dos del grupo nacionalista en el Congreso y miembro de la ponencia que prepara el borrador del nuevo Estatuto Vasco, pretende una reforma capaz de conseguir aún mayor autonomía, aparentemente dentro de la Constitución –tensándola al máximo- y sin aventuras soberanistas. Pero no ha renunciado en modo alguno a la independencia, un objetivo que el nacionalismo catolicón de derechas vasco ha puesto en manos, como siempre, de los revoltosos hijos de perra de la extrema izquierda abertzale, que, como todo el mundo sabe, son nuestros hijos de perra.

Desespañolizar Navarra
La independencia es la obsesión de Bildu, de ahí la aberración de este encame del PSOE navarro con el movimiento abertzale. Una revolución que como primer paso requeriría la activación de la disposición transitoria cuarta de la Constitución, porque ningún nacionalista vasco concibe la independencia sin Navarra dentro, que establece un farragoso procedimiento para la incorporación de la comunidad foral al País Vasco. Tan dificultoso que los nacionalistas saben de sobra que perderían ese pulso a su paso por las Cortes Generales y por el propio Parlamento navarro. De modo que, en una Navarra donde solo el 6,5% de la población habla vasco, plantean una estrategia de asimilación a largo plazo. La cocción de Navarra a fuego lento. De hecho ya no defienden que la comunidad foral deba “integrarse en Euskadi”, porque sostienen que Navarra ya es “parte integrante de Euskal Herria”. Se trata ahora de “desespañolizar” Navarra mediante un lento proceso de acercamiento e integración normativa (legislar lo mismo en ambas comunidades), sociocultural y desde luego lingüística, a través de la imposición del euskera como lengua cooficial, de modo que ese estrechamiento de vínculos, esa paulatina integración, termine haciendo caer Navarra cual fruta madura en el cesto nacionalista donde el PNV recoge las nueces del árbol que antes movían los pistoleros de ETA y ahora menean los filoetarras de Bildu.

Las concomitancias procedimentales con el drama que representa el separatismo catalán son obvias. El idioma como elemento aglutinador de la identidad vasca, y el empeño por la imposición del euskera en Navarra. Para el PNV y sus juventudes abertzales, “Euskal Herria es una nación”, y como tal pretenden crear una Eurorregión de Euskal Herria integrada por el País Vasco, Navarra y los territorios vasco-franceses, con la idea de obtener así el reconocimiento de la UE. No hay que descartar que pretendan –como ya hiciera el PSOE en 1996 por acuerdo suscrito entre Javier Otano y José Antonio Ardanza- crear un Órgano Común Permanente, algo que suponía vulnerar la citada transitoria cuarta de la Constitución. Barkos y Urkullu ya firmaron en 2016 un protocolo de colaboración cuya finalidad era y es poner en común las políticas derivadas de sus respectivas competencias. Se trata de ir creando la idea de que “todos nos sentimos vascos”, clave del discurso nacionalista, hasta poder llegar a decir más pronto que tarde que “ya no nos sentimos españoles”. ¿Se ha fijado Sánchez como objetivo ayudar al abertzalismo a conquistar Navarra?

Lo ocurrido en la comunidad foral es una puñalada por la espalda a la unidad de España, ergo a los valores que representan la paz, la prosperidad y la igualdad entre españoles, una felonía que Chivite jamás se hubiera atrevido a cometer de no contar con el respaldo pleno de Sánchez. Un elemento esclarecedor: Santos Cerdán es el conductor que pilotó el coche con el que el líder socialista realizó la vuelta a España tras su defenestración en otoño de 2016 para contactar con las bases, y ese mismo Cerdán ocupa hoy una posición de privilegio en la reducida nómina de personas de su plena confianza. Se da la circunstancia de que el susodicho es de Milagro, un pueblo de la Ribera navarra, donde los franquistas asesinaron a un familiar directo. Una ofensa similar dice sentir en sus carnes la Chivite, a cuya abuela cortaron el pelo al cero y pasearon por Corella. De modo que, más de 80 años después, ambos han cultivado un odio africano a “las derechas”. El drama de esa parte del PSOE que reniega de la reconciliación sellada tras la muerte de Franco. El drama de Zapatero y su Memoria Histórica a cuenta de la suerte corrida por uno de sus abuelos, con desprecio a la suerte de los otros abuelos que vivieron en zona “nacional”. El drama de una España empeñada en el garrotazo vil contra la otra. El revanchismo de una cierta izquierda que, silente con Franco, se niega a pasar página. De forma que el odio de Cerdanes y Chivites se junta con el odio abertzale. Y raro es el día en que, en algún lugar de Navarra, EH Bildu no se da la mano con el PSN para organizar cualquier tipo de acto al amparo de la “Memoria” del mendaz Zapatero, acto que sirve a los abertzales para que la sociedad se olvide de sus crímenes, muchos de los cuales cometidos contra militantes socialistas.

La herencia socialista
Desde la caída de Urralburu, primero, y de Otano, después, hace de ello 23 años, el PSN no ha pisado el Palacio de Navarra. Tras tamaña sequía, Chivite y los suyos están dispuestos a todo con tal de tocar poder, incluso a traicionar sus propias convicciones. ¿Hay alguna posibilidad de marcha atrás? La habría si Sánchez Castejón fuera un hombre de palabra. Durante la última campaña electoral, afirmó campanudo en Pamplona que “en estos momentos sólo yo soy garante de la identidad y de la foralidad de Navarra”. El riesgo para la comunidad foral es impresionante, porque, dada la actual composición del Parlamento y la dificultad de bloquear iniciativas inconstitucionales, bastaría con un acuerdo entre las Cámaras vasca y navarra, con el refrendo de unas Cortes donde Sánchez y el PNV podrían articular una mayoría suficiente, para autorizar la vía confederal eludiendo así la aplicación de la transitoria cuarta y el precepto que prohíbe la federación de comunidades autónomas.

Si Zapatero nos dejó como herencia un problema inmanejable en Cataluña, merced a un nuevo Estatut que nadie había reclamado y su “aceptaré todo lo que venga del Parlamento de Cataluña”, Sánchez amenaza con dejarnos otra en el País Vasco y Navarra de similares proporciones. Primero revitalizando un incendio que parecía apagado en el País Vasco, y luego alentando las aspiraciones nacionalistas de anexionar Navarra, con el concurso de los herederos de las pistolas. Leña al fuego. Y es probable que esta vez ni siquiera tengamos que esperar una década para ver el destrozo causado (“Dentro de 10 años España será más fuerte y Cataluña estará más integrada”, que dijo Zapatero). Herencias del socialismo a los sufridos españoles.

La autodestrucción del 'procés'
Valentí Puig cronicaglobal  23 Junio 2019

La autodestrucción del procés no estaba predeterminada por el fatalismo, pero sí por un conjunto de propensiones, resistencias y reacciones que gradualmente podían menguar su empuje y sus apoyos. La propuesta por parte de la ANC de un boicot al Íbex retrotrae al primitivismo de la economía de trueque previa a la expansión del libre mercado y del mercado único. ¿A quién se le ocurre pedirle al consumidor que haga país? ¿Dejar de comprar por Amazon, no ir a supermercados que no sean secesionistas, abandonar el whisky y pasarse a la ratafía? Y, sobre todo, ¿a quién se le ocurre que ese llamamiento numantino pueda tener un impacto significativo? En la ANC lo llaman “consumo estratégico” y, a pesar del precedente de su peregrino acceso a la Cámara de Comercio, parece más un síntoma agónico que una manifestación de fuerza. Como siempre, todavía urge más analizar hasta qué punto el alumbramiento y autodestrucción del procés han dañado los intereses sociales, económicos e institucionales de Cataluña. Se suma a las urgencias la posibilidad de una anticipación de las elecciones autonómicas para diciembre o febrero.

No es indiferente a que en estos momentos el independentismo en sus distintas corrientes, incluyendo el soberanismo no unilateralista que intenta reagrupar sus contingentes, haya entrado en una guerra interna equiparable al suicidio. Con Puigdemont en Waterloo, Junqueras en la cárcel, Torra entrometiéndose tan torpemente en la vida política de Santa Coloma de Farners y con Artur Mas aspirando a reconquistar un liderato que en realidad nunca tuvo, el caos tiene todas las de ganar.

Colateralmente, la propuesta de la ANC se contrapone de modo grotesco a lo que es el tejido fundamental de la Unión Europea y la globalización. Es un ultraproteccionismo que no se concibe como defensa de los intereses de Cataluña sino como un repliegue del separatismo en el búnker de sus desvaríos.

Por otra parte, ese llamamiento atenta directamente contra la libertad de elección del consumidor si se le convoca a solo comprar productos de empresas catalanas afines a una imposible república catalana independiente. Esas empresas constarían en un registro como guía para consumidores que quieran autolimitarse drásticamente. Con la caída, por ejemplo, del 12% de la producción de cava​ para el mercado español, no hace falta argumentar mucho. Una vez más, constatamos como la política de baja estofa acaba perjudicando a los ciudadanos. Por supuesto, a Quim Torra todo eso le parece bien. Para quienes seguimos siendo partidarios del Estado de las autonomías lo que se echa en falta es que, para estos casos extremos, no haya previsto un procedimiento de impeachement al ocupante de la Generalitat.

Cataluña sigue instalada en la anormalidad política y social
El secesionismo acosa al disidente, se apropia de lo público y utiliza las instituciones para sí
Àlex Gubern. David Morán. David Morán. Daniel Tercero. ABC  23 Junio 2019

A la espera de conocer la sentencia del Tribunal Supremo que juzga a los líderes (no fugados) del proceso secesionista ilegal que culminó en octubre de 2017, los ciudadanos de Cataluña siguen inmersos en un aterrizaje de una experiencia social, económica, familiar y, desde luego, política que no habían vivido nunca. El Parlamento de Cataluña está prácticamente paralizado y los partidos independentistas amenazan con volver a intentar una ruptura de la legalidad por las bravas. El ámbito secesionista se organiza para el siguiente pulso al orden constitucional. Cataluña sigue instalada en la anormalidad.

Apropiación del espacio público
Acostumbrados en la mayoría de ocasiones a no ser víctimas de la furia política -ventajas de la equidistancia-, Ada Colau y sus comunes llevaron muy mal el escrache al que fueron sometidos después de que la alcaldesa de Barcelona revalidase el cargo con los votos del PSC y Manuel Valls, frustrando la posibilidad de que el independentismo se hiciese con el control de la capital catalana. La agresividad y odio con el que las huestes indepes acogieron la investidura de Colau se reflejaba en el rostro de la alcaldesa, que tomó la vara de alcalde como si hubiese cometido un crimen.

Las lágrimas con las que Colau describía días después ese momento contrastan con el silencio con que de manera habitual se acoge en el campo independentista otras muestras de intolerancia política, que impiden por ejemplo que la Universidad Autónoma pueda acoger actos políticos que no estén en determinada onda, o la lejía que se echa en el suelo cuando PP o Cs celebran actos Catalunya endins. Un silencio tan clamoroso como el del alcaldable de ERC en Barcelona, Ernest Maragall, que no tuvo la elegancia de condenar lo sucedido y hasta justificó el acoso del pasado sábado a Colau.

En paralelo a la penetración en el campo asociativo, la apropiación del espacio público por parte del secesionismo es la muestra más visible de la anomalía catalana. Más allá de la libertad individual de cada uno para colgarse un lazo amarillo en la solapa o poner una «estelada» en el balcón de su casa -acción mucho menos generalizada de lo que se cree en el resto de España, particularmente en grandes ciudades como Barcelona-, en Cataluña se ha normalizado que en los ayuntamientos gobernados, o con presencia «indepe» en el gobierno, se cuelguen símbolos de parte en los espacios públicos, vulnerando la más elelmental neutralidad institucional. El caso de Barcelona, donde la primera medida impulsada por Colau fue restuir el lazo amarillo en el balcón consistorial, es un ejemplo clamoroso. Del lazo en el balcón al escrache a pie de plaza.

Del control de la Cámara al consumo patriótico
El pasado lunes, durante el pleno de la Cámara de Comercio de Barcelona en el que el independentista Joan Canadell asumió la presidencia, este, en su discurso, hizo la protocolaria ronda de salutaciones agradeciendo la presencia de autoridades en el acto. Entre estas citó, como si se tratase de un reprensentante institucional más, a Elisenda Paluzie, presidenta de la Assemblea Nacional Catalana. No fue un despiste: la ANC fue la impulsora de la candidatura de Canadell, confirmándose su papel de motor civil del «procés» en los últimos años. Una entidad que junto a Òmnium Cultural ha organizado las manifestaciones de la Diada, ha exigido y forzado convocatorias electorales cuando ha sido necesario -«president, posi les urnes», dijo Forcadell a Artur Mas en 2014- y ahora se bunkeriza como el núcleo duro del movimiento.

La toma de control de la Cámara de Comercio no ha sido ni una casualidad ni una iniciativa improvisada, sino que forma parte de un plan detallado y público de la ANC para lograr la penetración del independentismo en ámbitos más allá de la política. Es, probablemente, uno de los más claros exponentes de la anomalía catalana: actuar en todos los ámbitos sociales en clave «indepe», clasificar las entidades como afines o no afines, considerar que cualquier ámbito es válido para hacer proselitismo, apropiarse de iniciativas que en cualquier otra latitud del mundo quedarían al margen de la política. Incluso el consumo, lo que explica por ejemplo la caída del consumo de cava en España. Todo puede ser suceptible de politizarse, como la campaña de consumo patriótico lanzada por la ANC para visibilizar las marcas o compañías no sospechosas, una forma de señalar a las no afines.

El rechazo a esta campaña llamada de «consumo estratégico» por parte de la patronal Fomento del Trabajo, siempre crítica con el independentismo, señala la importancia que para la ANC tiene haberse hecho con el control de la Cámara, una organización que ya trabaja como punta de lanza del «procés» en contraste con el grueso del resto de organizaciones empresariales. En el campo de la representación de los trabajadores, las grandes centrales sindicales, CC.OO y UGT, han tenido un papel ambivalente, una tibieza que el independentismo ha querido suplir potenciando el sindicato secesionista Intersindical, que aunque proporcionalmente crece de manera fuerte en los últimos años, sigue siendo minoritario.

Los Mossos y TV3, territorio conquistado
Desde que Jordi Pujol se hizo con las riendas de la Generalitat, allá por la primavera de 1980, el presidente autonómico tuvo muy claro que, además de la educación, el nacionalismo (es decir, él) tenía que controlar sus propios canales de comunicación y una policía con las más amplias competencias. A ello se puso y nacieron TV3 y Catalunya Ràdio, y reconfiguró los Mossos d’Esquadra.

Casi cuarenta años después, la televisión y la radio públicas autonómicas catalanas se han convertido en altavoces únicos y exclusivos de una sola ideología. Así lo constata incluso la encuesta de la Generalitat, que cifra en alrededor del 80 por ciento el seguimiento que hacen de los informativos de TV3 los seguidores de JpC y ERC; números que para los que votan PSC se queda en el 20 por ciento y menos del 10 por ciento en los afines a Cs. Es decir, TV3 es la televisión de los independentistas.

Con estos datos se entiende que cada día se vincule cualquier dato negativo con España, se quemen ejemplares de la Constitución, se omitan noticias como la de la profesora de Tarrasa (Barcelona) que vejó, presuntamente, a una alumna por pintar una bandera de España o, por poner uno más entre cientos de ejemplos, se presenten las tertulias políticas desequilibradas y, sobre todo, se traten -en estas tertulias- asuntos que «deciden» los partidos secesionistas.

Catalunya Ràdio no se queda atrás. Pese a ser una radio pública, los periodistas que lideran sus programas se han manifestado claramente a favor de una idea política: la nacionalista. En condiciones normales, los presentadores de TV3 y Catalunya Ràdio ejemplificarían la pluralidad que sí está representada en el Parlament o en los escaños catalanes que se elijen en las elecciones generales. Pero no es así. Ni un solo presentador o periodista de TV3 y Catalunya Ràdio ha expresado su disconformidad con la tarea que se realiza desde sus estudios y que la oposición denuncia constantemente.

En esta línea, los Mossos también juegan un papel determinante. Así quedó demostrado el 1 de octubre de 2017 cuando la Guardia Civil y la Policía Nacional tuvieron que actuar para cumplir una resolución judicial, y evitar la celebración de un rereferéndum ilegal, por, entre otras razones, la pasividad de la policía autonómica.

No es menos cierto, sin embargo, que en los Mossos no existe, o al menos no se refleja ante la sociedad, la unanimidad que sí es evidente en TV3 y Catalunya Ràdio. Desde los sindicatos policiales se critica, en ocasiones con dureza, las decisiones, las declaraciones o las órdenes que reciben de sus superiores. De hecho, la cúpula de los Mossos está más politizada que los agentes rasos. Y para evitar los equilibrios (políticos-profesionales) que el cuerpo ha sufrido, Miquel Buch, consejero de Interior, acaba de hacer limpieza entre los máximos responsables para tener un mayor control del cuerpo.

En este contexto, un nuevo equipo de escoltas para la seguridad de Quim Torra, presidente de la Generalitat, estará bajos las órdenes de Presidencia y no de Interior. Una iniciativa que no ha gustado en el cuepo policial y que ha creado recelos. Esta «guardia pretoriana» de Torra es otro de los tics que el nacionalismo exhibe después de la experiencia de los hechos de 2017.

Adoctrinar sin complejos
El «pal de paller» del nacionalismo catalán es la enseñanza. Si se controla la educación de los niños, piensa cualquier independentista, no importa el pasado o las raíces de sus padres. Así, cabe erradicar cualquier intento de que el español sea, junto al catalán, la lengua de escolarización o lengua vehicular en la educación de las aulas catalanas. Cataluña es el único territorio de Europa en el que una de sus lenguas oficiales (el español) tiene un trato distinto, y peor, que otra oficial (el catalán). De hecho, los padres que quieren que sus hijos estudien con el catalán como lengua vehicular pueden hacerlo en cualquier punto de la región y, cabe recordar, aunque sea obvio, no son inmersionados si son catalanoparlantes. Algo que no ocurre con los padres que optan por la lengua española, que no tienen centros a los que acudir y la Generalitat les obliga a inmersionar en catalán a sus vástagos.

Al margen del asunto lingüístico, que se circunscribe a una cuestión de derechos fundamentales más que a un aspecto relativo al lenguaje, la Consejería de Educación hace oídos sordos a las acusaciones de adoctrinamiento escolar. El nacionalismo no duda en repartir por las aulas agendas escolares con el lazo amarillo (símbolo político independentista), en colgar pancartas políticas en las fachadas de las escuelas, cuando no banderas «esteladas» directamente, o en presentar la historia de España con una tergiversación sutil para los alumnos pero descarada para cualquier profesor que separe política de pedagogía. Estos casos, como decenas de otros ejemplos, son negados por parte de la Generalitat y, en cualquier caso, como mucho, lo más que se admite es una mala praxis puntual.

Cultura excluyente
Gritos y «esteladas» del concierto de San Esteban en el Palau de la Música, entregas de premios culturales que devienen en aquelarres secesionistas, instalaciones escénicas que cuelan referencias al 1-O, algo tan aparentemente inofensivo como el pregón de las fiestas de la Mercè convertido en un ejercicio de tiro al blanco al pregonero (el escritor Javier Pérez Andújar, para más señas) por el simple hecho de reivindicar otra cultura catalana que poco o nada tiene que ver con las capillas institucionales… Desde que el «procés» es «procés», la cultura se ha convertido en otra arma arrojadiza y caballo de batalla en Cataluña. Un buen ejemplo es el papel capital que ha adquirido Òmnium Cultural, institución inicialmente nacida, aseguran sus responsables, para combatir la persecución de la cultura catalana, y que ha acabado convertida en uno de los símbolos de agitación política. Este año, sin ir más lejos, se ha consumado esa suerte de «vendetta» encubierta contra Planeta que Òmnium ideó para afear al grupo editorial que fuese uno de los primeros en cambiar su sede social en 2017.

Sobre el papel, se trataba únicamente de un nuevo pliego de bases para publicar el premio Sant Jordi de novela, galardón otorgado por la entidad y editado por Planeta, pero escondió un tirón de orejas al grupo editorial: el más afín Grup Enciclopèdia ganó el concurso y puso en circulación Digues un desig de Jordi Cabré.

También sonado fue el plantón de Quim Torra y sus consejeros a la última gala de entrega del premio Planeta, a la que ni siquiera acudió la responsable de Cultura, Laura Borràs. De hecho, más que por acción, la cultura catalana institucional se ha construido en los últimos tiempos desde la omisión: como ejemplo, las ausencias en la capilla ardiente de Montserrat Caballé -Torra tampoco acudió a la misa en su memoria- o en el funeral del editor Claudio López de Lamadrid. Y eso por no hablar de polémicas como la de Lluís Pasqual, en cuyo cese al frente del Teatre Lliure acabaron pesando tanto las acusaciones de acoso laboral por parte de una actriz como su neutralidad. «Si hubiera sido independentista, no me habría pasado absolutamente nada», aseguró él.

"En Navarra, te levantas con la ETB, te cuesta ver banderas españolas y hasta olvidas el uniforme de la Guardia Civil"

La anexión de Navarra al País Vasco se hará sin referéndum. No es que vengan los malos, es que ya están aquí.
Iñaki Arteta. larazon  23 Junio 2019

Fue como en el año 82 que empleé unas vacaciones de tienda de campaña viajando por el norte de Navarra. Me encontré con bosques, panorámicas y montañas espectaculares, carreteras que terminaban en pueblos tranquilos cuyas construcciones, típicamente vascas, se encontraban perfectamente atrezzadas para la fotografía turística. Oí hablar euskera más que en toda mi vida anterior en Bizkaia, aunque podías pasar días sin encontrarte nada más que con un par de montañeros o con tres aldeanos. En aquellos años en los que el turismo era básicamente provincial y escaso, dormir sin compañía en medio de un bosque, estar solo en la cumbre de una montaña, junto a un río o nadar en un lago (todo esto permitido entonces) fue una experiencia viajera que aún catalogo como de las más especiales que he vivido. Sentí esa Navarra rural tan mía como mi Bizkaia.

Los vizcaínos tenemos otra de esas maravillas que disfrutamos desde muy pequeños por el hecho accidental de tenerlo tan cerca: el mar. La costa, los acantilados, los barcos, los pescadores, la cocina del pescado, suman nuevos elementos a esa mitología que tanto ha gustado y gusta por aquí.

No tardé en comprobar que también la costa cantábrica era orográficamente idéntica, esos acantilados en el mismo mar, y que también podría ser Euskadi. También Asturias, el Pirineo en Huesca o el norte de Burgos compartían montañas y bosques maravillosos. Dios no nos había dado ese tipo de lujos solo a los vascos. De la misma manera, gran parte de Navarra comparte paisaje con Aragón, el sur de Álava con Castilla y el oeste de Bizkaia con Cantabria. Navarra es tan Euskadi como Álava es Castilla.

El viaje, aunque sea corto, te ofrece la posibilidad de abrir tu mente para recolocarte en un lugar del mundo en el que no solo existe tu ombligo. El nacionalismo es todo ombligo. El nacionalismo puede parecer la filosofía del ombligo pero también, por una gran lista de razones, la del bolsillo. Bien pensado son lugares muy cercanos en la geografía humana.

Una antigua conexión idiomática, unas raíces folclóricas comunes, un entorno geográfico compartido más la mentira acerca de un pasado político común, son para el nacionalismo vasco los argumentos suficientes para sostener ese imperialismo obsesivo con respecto a Navarra. «Zaspiak bat» (las siete provincias en una): la Gran Euskal Herria.

Los nacionalistas miran hacia el pasado solo para cambiarlo, pero miran más al futuro, aunque nos creamos que es al revés.

«Avui paciencia, demá independencia» («Hoy paciencia, mañana independencia»), coreaban hace 40 años los seguidores del honorable Pujol. No hay más que mirar como la vecina Euskadi ha quedado hecha a su imagen y semejanza: un oasis de paz no se construye en cuatro días.

El proyecto Nafarroa Euskadi da (Navarra es Euskadi) viene de lejos. Poco después de la transición, en plena moda de las pegatinas reivindicativas, el mapa de las siete provincias junto con ese lema «Nafarroa Euskadi da» lucía en miles de carpetas de incautos estudiantes vascos.

Una voz automática ya contesta en euskera las autopistas navarras cuando abonas el peaje antes de llegar a Pamplona. Da lo mismo que dicha lengua solo la utilicen para comunicarse en la provincia un 6,7 por ciento de sus habitantes (Clúster de Sociolingüística. Evolución del uso del euskera. 2016). No importa, todo se puede ir arreglando con dinerito.

Si tienes hijos, pronto tendrás un nuevo problema: elegir la línea idiomática para su educación. Ojo porque la elección es un detector de disidentes. Y a ti, que hasta ahora te había parecido lo más natural ser español en tu tierra española, te surgirán ocasiones en las que tendrás la tentación de disimular. Puede que te acostumbres al chantaje continuo.

Ya puedes levantarte en Pamplona escuchando las noticias de la ETB y ver el flamante mapa del tiempo con las tres provincias de la Comunidad autónoma vecina más la tuya. Y creías que esto no había hecho más que empezar. Lo novedoso es que tus hijos verán ese dichoso mapita y que junto con un par de sutiles detalles que la andereño (maestra) les contó al respecto un día cualquiera, ya no te preguntarán nada porque lo tendrán muy claro. Más claro que tú y sin que hayas podido advertir cómo la mentira entraba en la cabecita del chiquillo. La clave emocional está en sus manos.

Vete caminando al centro y verás cómo todo tipo de anuncios están rotulados en bilingüe con preferencia en tamaño del euskera, qué te crees. Porque ya hace un año que el ayuntamiento aprobó una ordenanza sobre el euskera «para adaptarse a la actual realidad normativa y social» y definía «el castellano y el euskera como lenguas propias de la ciudad» planteando «que se pueda atender público y tramitar expedientes en ambas lenguas». Da lo mismo que en Pamplona solo un 2,9 por ciento de sus habitantes utilice el euskera para comunicarse (Clúster de Sociolingüística. Evolución del uso del euskera. 2016).

Dominada eficazmente por los mismos controlan la Comunidad Autónoma Vasca, te costará volver a ver banderas españolas, olvidarás el uniforme de la Guardia Civil y si incordias, te señalarán para rápidamente anudarte unos invisibles pero eficaces cordones sanitarios de los que tanto se habla, pero que por aquí son cosa normal. Y no habrá referéndum por el derecho a decidir la anexión ni nada parecido. ¿Para qué? No es que esté diciendo «¡que vienen los malos!», es que ya están.

«Así es como termina el mundo. No con un estallido, sino con un suspiro». T.S. Eliot.

Limpieza exprés del disidente en el colegio de Tarrasa
Menos de doce horas estuvieron colgados en la puerta del colegio de Tarrasa los dibujos de apoyo a la niña cuya madre denunció que la profesora la había agredido por pintar la bandera de España en un trabajo.
Cristina Rubio. Tarrasa. larazon  23 Junio 2019

La escuela pública Font de l’Alba de Terrassa –tercera ciudad de Cataluña, feudo del PSC hasta que su alcalde, Jordi Ballart, rompió el carnet del partido por la aplicación del 155– ha sido noticia esta semana por el caso de la «niña de la bandera», la alumna de 10 años cuya familia ha denunciado la supuesta agresión de una profesora tras dibujar una «rojigualda» en el álbum de fin de curso bajo el lema «Viva España». Pero, ¿cómo ha reaccionado el entorno?

El jueves, y tras una convocatoria espontánea a través de las redes sociales, numerosos vecinos del barrio se movilizaron y acudieron a las 20 horas a las puertas del colegio con dibujos de la bandera de España. El resultado fue una especie de mural con todos los mensajes colgados en una de las dos puertas del centro. «Fue un acto muy bonito, muy sentido, no estaba convocado y había personas de todas las edades», explica a este diario uno de los presentes. «Sin embargo, no había ningún representante público», subraya la misma fuente.

«Alrededor de las 22 horas aún quedaba gente en los alrededores y los dibujos seguían allí», corrobora. Al día siguiente, sin embargo, el mural había sido retirado: a primera hora de la mañana del viernes, último día de colegio antes de las vacaciones, no quedaba ni rastro de ninguno de los carteles. Desde el colegio evitan hacer declaraciones y aseguran que el caso está en manos de los Servicios Territoriales de Educación de la Generalitat, que ha abierto expediente a la profesora pero no ve «maltrato» ni «motivación ideológica» en el caso.

El responsable del departamento en la zona es Jesús Viñas, un veterano dirigente de ERC en el cargo desde 2018 y en cuyas oficinas colgaban varios lazos amarillos hasta la orden de la Junta Electoral Central (JEC) de retirarlos. «Es evidente que la nota [de Enseñanza] trata de devaluar unos hechos gravísimos y condicionar la opinión pública», asegura la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB). «La docente, el responsable de los Servicios Territoriales del Vallès Occidental y Bargalló [el consejero de la Generalitat] son independentistas. Y «hacen gala de ello». «La profesora luce lazos amarillos y hace proclamas a favor de la independencia de Cataluña en clase», añade la entidad en un comunicado difundido ayer a través de las redes sociales y en el que denuncia la actitud «hipanofóbica» del Departamento de Enseñanza tras dar «carpetazo» al caso.

Por su parte, la familia de la niña se desmarca de la concentración de apoyo del jueves y de cualquier otra iniciativa, y evita hacer declaraciones públicas tras denunciar el caso ante los Mossos d’Esquadra y ponerlo en manos de abogados.

Este caso contrasta con los hechos denunciados por Ciudadanos hace ya medio año, a finales de 2018, sobre lo acontecido en la mismo escenario, la escuela Font de l’Alba. El partido naranja alertó a finales del año pasado a la Síndica de Greuges de la localidad (la defensora del pueblo) de que en patio del colegio se penalizaba a aquellos alumnos que hablaban en castellano). «Se lleva a cabo una práctica consistente en sancionar a los niños que usan la lengua española en el patio. Dicha sanción consiste en una bolsa de puntos que la clase, en su conjunto, pierde cuando los alumnos de esa clase son descubiertos hablando español en el patio», señalaba el informe aportado por el grupo municipal de Ciudadanos en Terrassa con fecha de 21 de noviembre de 2018.

En dicho documento, que presentaron tanto a la Síndica como a la comisionada de Educación en el Ayuntamiento de Terrassa posteriormente, también constaba que «los profesores se negaron a utilizar la lengua española en la reunión de inicio de curso 2018-19, alegando que es una normativa de la escuela por la que las comunicaciones deben ser únicamente en catalán, a pesar de la petición que formularon diversas familias el día de la reunión».

«No tenemos la impresión de que sea un colegio ideologizado, sí que puede haber algún caso que el centro no ha sabido frenar», señalan desde la formación a nivel local. Un caso que vuelve a poner el foco en la escuela pública catalana tras las acusaciones de «adoctrinamiento» derivadas del 1-O y la escalada de tensión por el «procés».

La España que brilla, la España que aúlla
Sigue el nacionalismo su tarea de embadurnar de odio todo lo que le huela a español, incluso cuando se trate de uno excepcional
Álvaro Martínez ABC  23 Junio 2019

Carlos Rodríguez es un muchacho de Torrevieja que ha sacado la mejor nota de toda España en la Selectividad. Catorce puntos sobre catorce. Un ejercicio perfecto en lo que ahora se llama EBAU, siglas que responden a la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad y a la que este año se presentaron cerca de 300.000 jóvenes. Como España es como es, a la carrera se pusieron a «trabajar» los odiadores de las redes sociales, que le intentaron montar a Carlos un patíbulo en internet. Le criticaban severamente, ¡al mejor de 300.000 estudiantes!, que no hubiese dicho «una sola palabra en valenciano» en las declaraciones que hizo a la televisión regional reabierta por Puig y Oltra, una cadena que se llama À Punt y donde en alguna ocasión el presentador se ha negado a utilizar el castellano cuando un entrevistado así lo solicitaba. Esto es lo que hay, el sectarismo de TV3 crea escuela audiovisual en los «països».

Sigamos. Y vayamos de la esfera privada a la pública, viaje que nos ayuda a entender cómo se ha llegado a este anómalo contagio en una parte de la sociedad a la que le parece un contradiós que un español hable en castellano en una parte de España, como lo es la villa marinera de Torrevieja. Sigamos porque no hace quince días era la portavoz de la Generalitat, Meritxell Budó, la que se negaba a responder a las preguntas que se le realizaban en castellano durante una rueda de Prensa en la que se daba cuenta de las novedades del «procés», pues el Ejecutivo de Torra no hace otra cosa que marear la perdiz con las cosas de la banda del lazo, que anda ya loco el pájaro de tanta vuelta de la burra al trigo, mientras se desatiende el día a día de los catalanes, su sanidad, su educación, su empleo... de eso Budó ni palabra.

Y en la esfera semi-pública también esta semana hallamos a la presidenta de la autodenominada Asamblea Nacional Catalana, Elisenda Paluzie Hernández, murmurando en una rueda de prensa en la que anunciaba que van a señalar a las empresas catalanas que no apoyen la secesión. No le gustó una pregunta y protestó: «Qué desagradable aquella periodista... La morena, la española esa. Qué pesada. No te voy a dar el titular que quieres, borde».

«¿La española esa?», como si Paluzie Hernández, nacida hace 49 años en Barcelona, no lo fuera. El racismo autoconfesado de Torra y Borràs (ambos lo han dejado por escrito) se extiende por otros tentáculos del nacionalismo catalán, que ya señala con el dedo a los periodistas «españoles» y a las empresas no afines a esa republiquita presuntamente en ciernes. A este batallón le resulta difícil entender cómo hemos llegado a este punto de odio de tripa revuelta que España y lo español despierta en algunos españoles, que mal que les pese es lo que son.

Carlos, 14 de 14 en Selectividad, quiere realizar estudios superiores de arte dramático pues su máxima ilusión es estrenar un musical en la Gran Vía. Brillará seguro en lo que haga, porque es uno de esos destellos que nos reconcilian con la sociedad. Paluzie Hernández, entre tanto, se pasará la vida señalando «españolazos» con ese triste aullido acusador que pone fuera de manada al que piensa distinto... como hacían aquellos otros hace ochenta años.
 


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