AGLI Recortes de Prensa   Martes 25  Junio 2019

Son demasiados partidos
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Junio 2019

Durante 40 luengos años, los españoles de mi quinta vivimos sin partidos políticos, bajo un original Movimiento que pretendía superarlos y que no fue nada. Todo ello se desprendía de una serie de Principios Fundamentales que los profesores debíamos jurar por ser "eternos por su propia naturaleza" o algo así. Luego advino la feliz Transición Democrática, con el reconocimiento de los partidos, que en realidad venían funcionando bajo cuerda durante los amenes del franquismo. Así otros 40 años. Aunque el ideal fue el sistema de dos partidos (el conservador y el socialista), lo que ha venido funcionando realmente para gobernar ha sido un apaño de dos partidos y medio. Con ello se quería decir que el partido de turno en el Gobierno de España contaba con el apoyo más o menos taimado de los partidos nacionalistas, el vasco y el catalán. Se añadían algunos partidillos menores, pero no contaban para gobernar. Era una forma de engaño colectivo, entre otras varias. Se vestía con la capa protectora del consenso.

Así hemos llegado a esta legislatura, en la que bullen más de una docena de partidos en las Cortes Españolas, y varias docenas más si contamos los que intervienen en los consistorios municipales. Un resultado tan variopinto promete una España ingobernable. En el fondo sigue pesando la fórmula de los dos partidos y medio, con la novedad de que los nacionalistas son ahora secesionistas. A pesar de lo cual siguen teniendo una gran influencia en el Gobierno de España. Pero resulta inevitable la complicación de más de una docena de partidos en las Cortes. Son muchos más los que pululan en los consistorios municipales.

¿Por qué hay tantos partidos? Paradójicamente, porque no se ha podido legislar la acción de los grupos de presión, que defienden o representan intereses concretos. De tal forma que muchos partidos políticos, singularmente los de alcance regional o municipal, no se proponen representar el interés público o general para toda España, sino determinados intereses parciales. Al servirse de la política para ello, fuerzan la situación actual, en la que el país se nos hace ingobernable. Da la impresión de que, por encima o detrás de los partidos que gobiernan, late un magma de lo que podríamos llamar "el establecimiento" o "el sistema", el núcleo de los que verdaderamente mandan a través de ejercicios de influencia.

Una salida del laberinto es lograr pactos o acuerdos entre diferentes partidos, incluso de forma escrita. Pero la divisa romana de pacta sunt servanda (los contratos deben cumplirse) muchas veces bonitamente se incumple. Hay varias razones para tal despelote, dicho quede sin ninguna connotación erótica o machista. Cuenta, desde luego, el hecho fundamental de que resulta difícil que algo pueda acordarse entre un partido político (aunque para facilitarlo se le llame "formación política") y un grupo de presión. Pero es que, además, algunos partidos muestran unos principios líquidos, tornadizos. Como queda dicho, resulta que los partidos nacionalistas ahora son secesionistas (ellos dicen "independentistas o soberanistas"; da igual). Claro que la razón decisiva para no cumplir los pactos es que los españoles se desentienden de muchos otros compromisos en la vida pública y privada. Es algo que socialmente no se castiga, incluso está bien visto.

Tal es el talante de incumplimiento de los pactos que se ha llegado a la aberración de que los dirigentes de un partido manifiesten su rechazo a sentarse a negociar con los de otra formación minoritaria. No es por oponerse a los enemigos, puesto que tal rechazo se produce cuando el partido preterido se diferencia poco del propio. Aunque parezca mentira, al partido excluido o preterido se le puede tachar de antidemocrático o fascista. Da vergüenza ajena poner ejemplos de un comportamiento tan pueril.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Ciudadanos se fractura
Editorial ABC 25 Junio 2019

Ciudadanos es hoy un partido en estado de confusión al que atenazan sus propias contradicciones, las presiones para que no bloquee la investidura de Pedro Sánchez, y las imposiciones ideológicas de Albert Rivera en su fallido intento de erigirse en el líder de la derecha en España. Los insuficientes resultados obtenidos en los dos últimos procesos electorales no han servido para cumplir las expectativas de Rivera, y ello le ha abocado a cometer numerosos errores relevantes que han abierto una profunda brecha interna, y una primera crisis de confianza en el seno del partido. Sirva como ejemplo de esa deriva el dato de que si en las autonómicas catalanas de 2017 Ciudadanos logró más de 1.100.000 votos, en las municipales del 26-M se quedó en 291.700 en toda Cataluña. El dato es demoledor para Rivera. Ayer, un destacado miembro de su dirección, Toni Roldán, abandonó Ciudadanos y su escaño porque el partido se ha escorado a la derecha, está pactando instituciones con Vox, y se niega a dialogar siquiera con Pedro Sánchez. A Roldán se sumaron Javier Nart, que abandonó también la dirección del partido y un diputado asturiano, que dejó su acta. El malestar orgánico en Cs es palpable desde que Manuel Valls se rebelara y entregase la Alcaldía de Barcelona a Colau, y desde que hay dirigentes que sotto voce exigen a Rivera una rectificación de su veto a Sánchez invocando el alma socialdemócrata fundacional del partido. Tampoco ha sido un acierto provocar la salida de Arrimadas de Cataluña rumbo a la política nacional, que objetivamente ha provocado un sentimiento de orfandad y además ha desdibujado mucho su papel.

Con la marcha de Roldán y Nart, Cs pierde cierto aura de pluralidad ideológica, y Rivera ve incrementados sus problemas porque lo que se empieza a intuir al fondo es una discusión sobre su autoritarismo en el manejo del partido. De hecho, la constante intransigencia sobreactuada de Rivera y la consolidación de una apuesta política personalísima para liderar la derecha en España están castigando la unidad interna. No obstante, en una cosa tiene razón Rivera. No tiene sentido que él permita una investidura de Sánchez para que luego el PSOE gobierne con cesiones a Podemos o el separatismo catalán. Sánchez no puede pretender una entrega «gratis total» de Cs, ni endosar a Rivera las dificultades y carencias de disponer de 123 escaños solamente. Su «no es no» al PSOE fue una constante en toda la campaña y nadie, ni Roldán ni los fundadores de Cs ahora tan críticos, dedicaron un solo reproche a esta estrategia. Prietas las filas. Por eso, Rivera -equivocado o no- ha sido coherente. En cualquier caso, es legítimo plantear que este primer episodio serio de disidencia interna, con dimisiones de miembros cualificados de su Ejecutiva, es el germen de un movimiento interno de rechazo a su marcado y autosuficiente hiperliderazgo.

Vox da por "rota" la negociación con Isabel Díaz Ayuso: “Así no podemos seguir”
Carlos Cuesta okdiario 25 Junio 2019

El Comité de Dirección de Vox se reunió este lunes para analizar las negociaciones con el PP. Y la conclusión es rotunda: “Se ha incumplido lo pactado. Las negociaciones no pueden continuar de la misma forma”. El partido de Santiago Abascal quiere hacer público su desencuentro con los populares y deberá tomar una decisión a partir de ahora partiendo de una base: “Consideramos que se ha incumplido lo hablado y hemos llegado al hartazgo con el PP y con Ciudadanos”. Vox da por rota la negociación para la investidura de Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid.

Hay que recordar que Vox ha reclamado en diversas ocasiones su presencia en la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid y que, pese al documento firmado con el PP, el veto de Ciudadanos a juntarse con ellos en organismos de Gobierno, ha llevado a la negativa sistemática a conceder una concejalía de área a los hombres de Abascal.

El camino de Vox se prepara, de este modo, para entrelazar dos objetivos. El primero, el de no aceptar unas negociaciones en las que se les “ha marginado y despreciado”. El segundo, el de que, como ya han adelantado en distintas ocasiones, ellos firmaron los documentos con el equipo negociador del PP partiendo de una base: la necesidad de expulsar los Gobiernos de izquierdas de las distintas localidades españolas.

Los hombres de Abascal no tardarán en mostrar en público esta postura y en revelar su nuevo movimiento. Porque “existe una profunda indignación por la postura de Ciudadanos, que ha aceptado las presiones de Francia para marginar y crear un cordón sanitario contra Vox; y también por el silencio mantenido por el PP frente a este asunto”, señala una fuente del partido.

A Vox se le ha agotado la paciencia
“Todo lo ocurrido ha terminado con la paciencia de Vox”, aclara la misma fuente. Vox no quiere seguir ya en una negociación en la que considera que Ciudadanos se ha comportado con ellos de una manera indigna. Y en la que considera que el PP no ha respetado sus compromisos ni ha estado a la altura porque ha consentido los desplantes y desprecios continuos de la formación naranja hacia Vox e, incluso, ha callado ante lo que consideran una injerencia impresentable de un Estado extranjero en las decisiones políticas españolas.

Para los de Vox, resulta inadmisible que la constitución de unos Gobiernos locales y autonómicos se haya basado en el incumplimiento y el abuso sistemático del derecho de su partido a recibir el mismo trato que las otras dos formaciones implicadas en el proyecto de expulsión de la izquierda de las distintas localidades españolas. Y, en consecuencia, consideran que las actuales negociaciones no pueden continuar de esa manera.

La investidura de José Luis Martínez-Almeida como alcalde de Madrid ya ha sido votada y una marcha atrás se ve como algo impensable. El modelo andaluz, con un Vox fuera del Gobierno y controlando los Presupuestos tampoco parece puesto en duda, máxime cuando acaba de recibir los votos favorables de los de Vox en el Parlamento andaluz. Pero la decisión definitiva del camino a tomar a partir de ahora deberá adoptarse antes de la siguiente investidura clave: la de la popular Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid.

Y todo ello partiendo de la base de los propósitos mostrados por Vox en los documentos firmados. Unos documentos a los que ha tenido acceso OKDIARIO y en los que se prometía la creación de un modelo de “gobierno de coalición” por medio de una “alianza entre PP, Ciudadanos y Vox” para impedir la gobernabilidad de la izquierda en las distintas localidades españolas. Y en Vox insisten en que son ellos los únicos que han cumplido lo pactado.

Faz de hormigón
Conmovedor ver al antiguo Dr. No exigiendo sentido de Estado y que lo apoyen
Luis Ventoso ABC 25 Junio 2019

España, alegre país de memoria de pez, admite que se diga una cosa y se haga la contraria. Ayer Sánchez despidió al equipo español de baloncesto femenino con un discurso que ensalzó la cultura del «esfuerzo, el sacrificio y el trabajo duro». Bien dicho. Lástima que en febrero de este año, ese mismo Sánchez aprobó un proyecto de Ley de Educación que supuso un misilazo a la cultura del esfuerzo, al permitir algo tan anómalo como que se pueda obtener el título de Bachillerato con un cate a cuestas. Nada más ajeno a los tics ideológicos del PSOE que reivindicar el trabajo duro. La izquierda, antiliberal, desconfía por sistema del mérito personal y apela constantemente a una igualación a la baja. Lo confesó la ministra Celaá cuando presentó su ley: «El peor castigo que puede tener una persona es la rebaja de su autoestima. No se puede condenar a nadie por sus malos resultados». ¿Solución? Fácil: exigir menos para que nadie sufra. Se acaba de publicar el ranking QS de universidades, el más reputado: ninguna española entre las 150 mejores del mundo (sí las hay de Chile, México, Brasil, Italia, Malasia...). Se ha conocido también un informe de la OCDE que señala que el 52% nuestros profesores están mal preparados para impartir sus asignaturas. ¿De quién es la culpa? Según los docentes, del Estado, por supuesto, que debe apoquinar más. La responsabilidad personal jamás existe. No ha surgido un solo debate sobre si profesores y catedráticos podrían trabajar más y mejor.

Bien pastoreado por la tele zurda, el país de la amnesia colectiva observa con mansedumbre otra audaz mutación del Doctor No. El político que mantuvo a España bloqueada casi un año con su «no es no», el empecinado al que González y Rubalcaba hubieron de sacar a empellones de Ferraz para que el país pudiese funcionar, protagoniza ahora un pasmoso giro y demanda a PP y Cs sentido de Estado y que lo apoyen. El político que con soniquete chuleta soltaba aquello de «no es no, qué parte del no no entiende, señor Rajoy», envía a Ábalos a la palestra para que regañe a Riverita por no darle luz verde. Ábalos, con su deje reñidor y pesaroso, lanza horrorizado sentidos anatemas contra Vox, mientras muy seriote presenta a Podemos -un partido comunista, republicano, antiespañol y con ideas económicas de tebeo- como «nuestro socio programático prioritario». Un choteo.

Es cierto: sería mucho mejor para España un Gobierno de Sánchez sostenido por Rivera que otro en comandita con comunistas y separatistas. Pero Sánchez carece de autoridad moral para pedirlo, pues con jeta de acero inoxidable olvida la inquina con que bloqueó al PP cuando se encontró en idéntica situación. Además, si España se ve abocada a Frankenstein 2, el único responsable volverá a ser Sánchez, que abrió la puerta a alianzas que ningún otro presidente español, ni siquiera el ligero Zapatero, habría admitido. Nunca se olvide: si lo necesita, Sánchez gobernará sin inmutarse con el apoyo de un partido cuyo líder va a ser condenado en breve a más de 12 años de cárcel por un golpe de Estado contra España. Ese es nuestro presidente.

Los oscuros años 30: así se gestó la represión republicana contra la Iglesia en España
Durante la Segunda República se quemaron más de un centenar de iglesias y conventos, plantando una semilla de violencia que pocos años después alcanzaría límites terroríficos al estallar la Guerra Civil, con el asesinato y tortura de miles de religiosos
I. V.. Madrid larazon 25 Junio 2019

No son más que unas declaraciones en un periódico, pero pueden servirnos como prueba del nivel de odio e impunidad en los que se gestó la represión contra la Iglesia durante la Segunda República. Fueron pronunciadas por Ramón María del Valle-Inclán en enero de 1934, al ser preguntado por el diario « La Luz»: «Se ha dicho mucho sobre la quema de conventos, pero la verdad es que en Madrid no se quemaron más que cuatro birrias que no tenían ningún valor. Lo que faltó ese 14 de abril de 1931, y yo lo dije desde el primer día, es coraje en el pueblo, que no debió dejar en pie ni un monumento».

Esta postura del escritor gallego no fue ni mucho menos una excepción en aquella España de los años 30. Prueba de ello son los bastante más de «cuatro conventos birrias» que se quemaron y saquearon al instaurarse el régimen republicano, plantando una semilla violenta que cinco años después alcanzaría límites terroríficos al estallar la Guerra Civil con el asesinato de miles de curas y creyentes. Los primeros, por el simple hecho de serlo, aunque fuera en pequeños pueblos alejados del centro de poder eclesiástico; y los segundos, por la única razón de no querer deshacerse de sus crucifijos o renegar de su fe.

Gaspar Viana lo recordaba en ABC hace unos años. Cuando estalló la guerra en 1936 vivía en un pequeño pueblo de agricultores de Guadalajara, Peralveche, «donde no había ni fascistas ni rojos»: «Allí no sabíamos nada de lo que estaba pasando en Madrid, donde ya habían matado al ministro de Hacienda y quemado conventos. En Peralveche solo nos enterábamos de lo que pasaba en Peralveche, porque no había ni prensa ni nada». Sin embargo, poco antes de ser llamado a filas vio al cura de Peralveche huir disfrazado de segador y al párroco de Salmerón, un municipio cercano, esconderse en un molino. «Allí lo encontraron y se lo llevaron de nuevo a Salmerón, donde le pasearon desnudo, con una cuerda atada a sus partes, mientras la banda municipal tocaba. Después lo subieron a mi pueblo y, en la entrada, le pegaron cuatro tiros y le cortaron las orejas. A continuación, los autores recorrieron el pueblo mostrando sus orejas y gritando: “¿Tenéis a algún fascista que os moleste? Porque mirad lo que hemos hecho con este cuervo”».

El Papa y las Mártires concepcionistas
Otra prueba de esta represión es el «Martirologio matritense del siglo XX» que acaba de publicar el arzobispado de Madrid, según el cual, solo en la capital, recoge el asesinato de 427 seminaristas y sacerdotes. Entre estos se encuentran las 14 Mártires Concepcionistas que fueron torturadas y asesinadas a mediados de 1936 y beatificadas este mismo sábado en la catedral de La Almudena. De hecho, en el último rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco ha dicho de ellas: «Fueron asesinadas por odio durante la persecución religiosa que tuvo lugar de 1936 a 1939 [...]. Su martirio nos invita a todos nosotros a ser fuertes y perseverantes, sobre todo en la hora de la prueba».

Esta escalada de violencia se inició con la proclamación de la Segunda República tres años antes de las polémicas palabras de Valle-Inclán. El escritor se había entusiasmado con la Revolución rusa, aproximado al marxismo y radicalizado sus posturas, al igual que una buena parte de los dirigentes socialistas y comunistas del país. El escrito, incluso, llegó a pedir públicamente «una dictadura como la de Lenin». Eso fue quizá lo que le llevó a equivocarse con la cifra de conventos quemados. O, quizá, mentía deliberadamente, porque la violencia anticlerical que se desató en mayo de 1931 acabó realmente con más de un centenar de edificios religiosos en toda España, a lo que hay que añadir un número enorme de objetos del patrimonio artístico y litúrgico destruidos, muchos cementerios profanados y varios miembros del clero asesinados antes, incluso, de que estallara la Guerra Civil.

En Madrid los disturbios empezaron con la inauguración del Círculo Monárquico Independiente aquel mismo mes, el cual había sido fundado por el director de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena. De su sede en la calle de Alcalá se extendieron a la redacción de este diario, sita en la calle Serrano. Cuando la Guardia Civil impidió que una multitud republicana la quemara, empezaron a cargar contra los conventos y las iglesias. Al parecer, había llegado a oídos del Gobierno que algunos jóvenes del Ateneo de Madrid estaban preparándose para, efectivamente, incendiar todo tipo de edificios religiosos. El ministro de la Gobernación, Miguel Maura, intentó sacar de nuevo a la calle a la Benemérita para impedirlo, pero se encontró con la oposición del resto del gabinete. El mismo Maura comentó en «La Luz» y en sus Memorias que Manuel Azaña aseguró en aquella reunión que «todos los conventos de España no valen la vida de un republicano».

«Clásica acción anticlerical»
Ante la pasividad del Gobierno, la violencia se desató. Julio Caro Baroja fue testigo de los acontecimientos, según contó en su «Historia del anticlericalismo español» (1980): «A las 12 de la mañana, a las 12.15 y a la 13.05 se recibieron avisos del Colegio de los Jesuitas de la calle de la Flor en la Dirección de Seguridad de que el incendio cobraba proporciones grandes. La gente pasaba, o medrosa o indiferente, por las proximidades, viendo salir el humo por las ventanas. Los incendiarios desaparecieron rápidos y organizados. El que vio aquello (y yo lo vi) no podía imaginarse que se desenvolviera así una clásica acción anticlerical. En una de las paredes ahumadas podía leerse este letrero: “Abajo los jesuitas. La justicia del pueblo, por ladrones”».

Tras este colegio ardieron pronto también otros muchos edificios: el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, en Cuatro Caminos; el convento de las Mercedarias Calzadas, en la calle San Fernando; la iglesia parroquial de Santa Teresa y San José de los Carmelitas Descalzos, en Plaza de España; el convento de las Bernardas, en Vallecas; la iglesia de Santa Teresa, el colegio de la Inmaculada y San Pedro Claver y el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), entre otros.

Desde la capital, la violencia se extendió rápidamente a otras ciudades del sur y el levante. En Málaga quemaron nueve conventos y diez iglesias y se saquearon otras veinte, así como comercios y viviendas de civiles. Murieron cuatro personas. Y se repitieron ataques con las misma intensidad en Valencia, Sevilla, Granada, Córdoba, Cádiz, Murcia y Alicante, así como en muchos pueblos de estas provincias.

La «cuestión religiosa» se había convertido en un asunto fundamental para la Segunda República. Durante el Gobierno provisional ya se pusieron como objetivo el sometimiento de la Iglesia al Estado, la disolución de las órdenes religiosas, la prohibición de la enseñanza por parte de estas y la desaparición de la Compañía de Jesús. Esta última se produjo el 23 de enero de 1932, cuando Azaña, entonces presidente, hizo llegar al ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, el documento en virtud del cual se ordenaba su «disolución en territorio español».

La expulsión de los jesuitas
El decreto, publicado al día siguiente en «La Gaceta» –órgano oficial del régimen–, ABC y «El Socialista», estipulaba la propiedad estatal de todos los bienes de esta congregación, a cuyos miembros les dio un plazo de diez días para abandonar la vida religiosa en común y someterse a la legislación. Todo ellos en virtud del artículo 26 de la nueva Constitución, que declaraba disueltas aquellas órdenes religiosas que impusieran, «además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a una autoridad distinta de la legítima del Estado». Como explicaba a ABC el historiador y ex presidente del Parlamento de Navarra, Víctor Manuel Arbeloa, «desde los primeros momentos del régimen la Compañía fue objeto de animadversión y persecución».

La ejecución del decreto afectó a los 3.001 jesuitas españoles, además de los 621 que estudiaban en el extranjero. De golpe se clausuraron 80 casas de la Compañía en España, echaron el cierre a todos sus centros educativos y obras sociales y sus estudiantes tuvieron que exiliarse a Bélgica e Italia. «En muy pocos meses se fue cociendo la perentoria necesidad no sólo de disolver la Compañía de Jesús, sino todas las órdenes y congregaciones religiosas, especialmente las que más influjo tenían en el campo educativo y social», apuntaba en este diario el jesuita Alfredo Verdoy, autor de «Los bienes de los jesuitas. Disolución e incautación de la Compañía de Jesús durante la II República» (1995, Trotta).

Muchos de sus miembros, de hecho, tuvieron que refugiarse en un régimen de clandestinidad en diversos pisos, conocidos como «Coetus», donde continuaron ejerciendo su ministerio. Esta decisión generó una profunda polémica en España. Las crónicas de ABC en las siguientes semanas pusieron de manifiesto la protesta vivida en todas las iglesias y centros católicos. El propio Pío XI proclamó, el 25 de enero de 1932, que los jesuitas eran «mártires del Papa».

El infierno de la guerra
Poco después, en el verano de 1936, «España se convirtió en lo más cercano a un infierno sobre la tierra para los miembros de la Iglesia que estaban en esa mitad del país donde no se había producido o no había triunfado la sublevación», defendía el historiador José Luis Ledesma en su artículo « De la violencia anticlerical y la Guerra Civil de 1936» (Universidad de Zaragoza). No hay prácticamente provincia de la zona republicana donde no aparecieran ejecuciones y torturas a miembros de la Iglesia y simples creyentes.

Es famoso el caso de Ceferino Giménez Malla, alias « El Pelé», un comerciante gitano marcado profundamente por la religión católica. Fue arrestado por un grupo de milicianos en Barbastro, en agosto de 1936, por salir en defensa de un joven sacerdote que estaba siendo golpeado a culatazos y arrastrado por las calles de la localidad oscense. Al ser detenido, llevaba un rosario en el bolsillo y fue condenado a muerte. Le ofrecieron el indulto si lo entregaba y renegaba de sus creencias, pero prefirió permanecer en la prisión y afrontar el martirio. En la madrugada del 8 de agosto de 1936 fue fusilado con el rosario en la mano, mientras gritaba: «¡Viva Cristo Rey!». «Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas», dijo el Papa Juan Pablo II, en 1997, cuando le convirtió en el primer gitano beatificado de la historia.

Ledesma recogía otros muchos casos similares. El 5 de agosto llegó a Cercedilla un grupo de milicianos preguntando si se había «depurado» ya a los elementos «fascistas» y empezaron a buscar en primer lugar, como se hacía en la mayoría de la zona republicana, a los miembros de la Iglesia. Esa misma tarde fueron ejecutados dos sacerdotes, a los que siguieron otros 23 en la misma localidad madrileña. A diferencia del resto de asesinados, los sacerdotes no eran fusilados de noche y en algún paraje oscuro, sino a plena luz del día, en la Plaza Mayor, para que lo viera todo el mundo.

Cifras de muertos
Ese mismo día, en Vich, el deán de la catedral y vicario general del Obispado se entregaba a los republicanos al saber que lo buscaban. Tras ocho días en la cárcel, la noche del 13 de agosto era fusilado en la carretera de Sant Hilari Sacalm, con 89 años. Muy cerca de allí, en Teruel, medio centenar de padres, hermanos y novicios de la Orden de la Merced (Teruel) huían ante la llegada de los milicianos. Lo hicieron en tres expediciones. Las dos primeras consiguieron llegar a la capital aragonesa, pero la tercera fue alcanzada y ejecutada también.

Es cierto que la inmensa mayoría de las muertes fueron causadas por el bando republicano, pero tras la conquista de Guipúzcoa por parte del general Mola en otoño de 1936, un total de 16 sacerdotes, 13 diocesanos y tres religiosos fueron víctimas de la represión franquista. Una región donde, curiosamente, esta represión contra la Iglesia por parte de los milicianos había sido mucho menor que en otros territorios.

Al término de la Guerra Civil, el número de religiosos asesinados en la retaguardia republicana ascendió a 6.832, de las cuales 4.184 eran sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas, según el estudio realizado por el historiador, periodista y ex-arzobispo de Mérida-Badajoz, Antonio Montero Moreno. El «Catálogo de los mártires cristianos del siglo XX» de Vicente Cárcel Ortí amplía la cifra a 3.000 seglares y 10.000 miembros de organizaciones eclesiásticas. Entre ellos estarían 13 obispos: los de Jaén, Almería, Barcelona, Tarragona, Ciudad Real, Lérida, Teruel, Guadix, Cuenca, Sigüenza, Orihuela, Segorbe y Barbastro.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Con Sánchez no es posible
Juan Carlos Girauta elespanol 25 Junio 2019

No hemos conocido ayer a Pedro Sánchez. Lo conocimos en 2016, cuando se declaraba rotundamente contrario a alcanzar el poder con el apoyo de los separatistas. Esa actitud, sumada a las calabazas que Rajoy le dio al Rey, más la subsiguiente designación del líder socialista como candidato a presidente de gobierno, merecían el esfuerzo de sentarnos a negociar. Y eso hicimos. El desenlace de aquella peripecia es conocido.

Después de las siguientes elecciones, Sánchez renunció a su escaño porque no podía tolerar la idea de abstenerse en la investidura de un candidato constitucionalista que tenía más escaños de los que él tiene ahora. Salió de mala manera de la Secretaría General del PSOE para regresar a ella aupado por la militancia socialista.

A media legislatura, impulsó la única moción de censura directamente exitosa de nuestra Democracia. No abundaré, pues dediqué el anterior artículo a este mismo asunto, en el modo en que compaginó la declarada intención de convocar elecciones “cuanto antes” con la ocupación inmediata de todos los resortes del poder, incluyendo empresas públicas, a través de personas de su confianza.

Y fue entonces cuando conocimos al verdadero Pedro Sánchez, el político marcado por un temible espíritu revanchista, el presidente que no desaprovechó una sola semana, en nueve meses de gobierno, para otorgar concesiones a los separatistas. Es habitual en sus medios afines -que son muchos- insistir en la ausencia efectiva de tales concesiones. Pero algunos no olvidamos su reunión de Pedralbes con el racista Torra, aquel ceremonial bilateral, su disposición a negociar veintiún puntos que incluían la deslegitimación de la Monarquía parlamentaria y la criminalización de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, entre otras lindezas.

Tampoco olvidamos cómo quiso crear una mesa paralela a los Parlamentos nacional y autonómico donde sólo estuvieran representados los separatistas y los socialistas del ibuprofeno, es decir, del apaciguamiento, es decir, de la rendición preventiva. Ni se nos borra cómo su Gobierno negó una y otra vez el palmario adoctrinamiento en las aulas, o cómo bendijo la inmersión lingüística (una rareza mundial en materia de discriminación), o cómo se negó a responder, pese a nuestros numerosos intentos, sobre su disposición a indultar a los golpistas en caso de que fueran condenados.

Con todo, no son esas concesiones, tomadas una por una, lo fundamental. La gran concesión, la claudicación esencial de Sánchez, ha sido su rendición al imaginario, esquemas, lenguaje y conveniencia de los separatistas. Es algo cultural. Atañe a las raíces del foco antiespañol y antidemocrático. Unas raíces que él y su partido han reforzado presentando nuestras concentraciones en diversos lugares de la geografía nacional como “provocaciones”. Su portavoz en el Senado nos llamaba “perros” y su portavoz en el Congreso “fascistas”.

Así que, antes de las últimas elecciones generales, ya conocíamos perfectamente a Sánchez. Por eso pudimos decidir por unanimidad en la Ejecutiva de Ciudadanos que no íbamos a contribuir en ningún caso a la investidura de alguien tan decepcionante para el constitucionalismo. Con plena transparencia y responsabilidad, hicimos pública nuestra decisión antes y durante la campaña electoral. Se trata de un serio compromiso, profundamente meditado, que adquirimos ante los 4.200.000 españoles que escogieron nuestra papeleta.

Estamos convencidos de que Sánchez tiene decididas sus alianzas desde la misma noche electoral, si no antes. También somos conscientes de que la negociación con sus afines (los populistas de extrema izquierda, los separatistas catalanes, los nacionalistas vascos de raíz pre ilustrada, y aun los bilduetarras) debe combinarse, en un hombre como Sánchez, con una intensa presión sobre nosotros. Esta le permite -cree él- debilitarnos, a la vez que nos utiliza como espantajos en sus regateos con Podemos.

En este contexto, algunos estimados compañeros han propuesto en la Ejecutiva de Ciudadanos una rectificación estratégica que nos acerque al PSOE y que conduzca, eventualmente, a la investidura de Sánchez. Es legítimo plantearlo, están en su derecho. Su propuesta ha perdido por veinticinco votos a cuatro. Nuestra estrategia acaba de quedar ratificada por las mismas razones que nos llevaron a fijarla en su día.

Fuera del partido, un coro abrumador cree conocer mejor que nosotros la “razón de ser” de nuestra organización. Para ese coro, deberíamos ser un partido bisagra al servicio de los dos partidos de turno. Quien desee tal adminículo, puede ponerse manos a la obra. Ciudadanos no lo es. La razón resulta sencilla: nuestra convicción de que sólo alcanzando la Presidencia del gobierno podremos proceder a las profundas reformas estructurales, de regeneración y modernización que precisa España, rompiendo el hechizo paralizante de los descreídos y adentrándonos con paso firme en la próxima revolución industrial mientras garantizamos las libertades, el Estado del bienestar y la unidad nacional.

Rivera paga querer sustituir al PP
 larazon 25 Junio 2019

Ciudadanos aspiraba a ser un partido de los llamados bisagra, centrista y moderado, una pieza que evitase a las grandes formaciones el pacto con los nacionalistas –vieja CiU y PNV– y ahora con los independentistas –ERC, incluso Bildu– y que diera un sentido nacional a toda la política española. Un nuevo ciclo que inaugurase en España la idealizada «tercera vía» liberal. Su irrupción en el Parlament de Cataluña en 2006, con tres diputados, tras una breve campaña de unos meses, hacía presagiar que se abría paso una opción a favor de la Constitución, de la igualdad de los territorios de España y en contra del nacionalismo identitario que avanzaba sin control. En 2017 ya era el partido más votado en Cataluña y con mayor número de diputados, una representación que, pese a la valentía de Inés Arrimadas, no supo aprovechar: no hubo la esperada moción de censura que hubiese obligado al PSC y a los de Colau a tomar partido.

En las últimas elecciones generales, Cs mejoró sus resultados, pero no consiguió su objetivo: superar al PP. Pese a que los diputados obtenidos (57) no le permitían liderar la oposición, se empeñó en suplantar al PP (66), con una gran falta de respeto y soberbia por parte de Albert Rivera, una estrategia equivocada que parte de un análisis erróneo de sus posibilidades. Ese factor personal tiene mucho peso en política. Cs no tiene ni la trayectoria, ni la experiencia, ni si quiera el sentido de Estado de los populares, como se está viendo ahora, además de un sentido patrimonial de los valores que representa la España democrática. Rivera no es Adolfo Suárez.

En 2018 Cs firmó con un agónico PSOE el llamado «Acuerdo para un Gobierno reformista y de progreso», que no salió adelante porque no consiguieron el apoyo prometido de Podemos. Aquella fue una opción que estaba delimitando muy claramente su posición en el centroizquierda; luego permitió que Rajoy siguiera al frente del Gobierno. Salvando aquel pacto frustrado, Cs está ahora ante su decisión política más trascendente: hacer presidente a Sánchez con su abstención. No es una decisión fácil y tampoco es justo que Rivera deba asumir toda la responsabilidad de un gobierno tan minoritario como el que es capaz de formar Sánchez, pero Cs está pagando su indefinición y su pérdida del sentido del valor real de sus votos.

Rivera quería ser presidente, creía que era posible en un tiempo récord, pese a que su partido no tenía ninguna experiencia de gestión, pero se interpuso Sánchez. Rivera no ha asumido aquel golpe. Esa es la realidad e insistir es equivocarse, con la consecuencia que estamos viendo. Los partidos de la nueva política –Cs y Podemos– sufren de hiperliderazgo y su crecimiento o destrucción depende exclusivamente de ellos. Rivera no ha sabido defender su gobierno de coalición en Andalucía con el PP y el apoyo parlamentario de Vox, ni ha sabido explicar algunos pactos en ayuntamientos y comunidades. En estos momentos, Rivera no llega más que a unos mensajes en torno a la regeneración, caducos por repetidos, y al liberalismo. En febrero de 2017, Rivera impuso un cambio ideológico que suponía renegar de los presupuestos de la socialdemocracia para situarse en el «liberalismo progresista», un cambio que no lo fue en el campo de las ideas –definirse como «un partido constitucionalista, liberal, demócrata y progresista» ya es asumible por muchos–, pero en la práctica suponía un giro a la derecha que no han entendido muchos de sus dirigentes y fundadores. Es innegable que Cs vive una profunda crisis por su estrategia confusa, errática y, en muchos casos, caprichosa en designación de cargos, pero competir por el centroderecha ante el PP es un reto demasiado grande. Ya le está pasando factura.

A Sánchez, aislado, sólo le queda la repetición electoral
Pablo Sebastián republica 25 Junio 2019

Pedro Sánchez está desesperado. Ayer tras recibir el ‘no’ rotundo de Pablo Iglesias a su oferta de ‘colaboración’ fuera del Gobierno, y después de que la Ejecutiva de Cs rechazara un pacto con Sánchez, y que Rivera se negara a otra reunión en Moncloa, el presidente en funciones del Gobierno convocó en secreto a Pablo Casado y se reunió con él para pedirle el apoyo del PP a la investidura a lo que Casado también dijo ‘no’.

Normal, quien siembra vientos recoge tempestades. Pero ¿después de lo que Sánchez hizo con Rajoy en compañía de Iglesias, Puigdemont, Otegui y Junqueras, se atreve a pedirle al PP que le arregle la investidura?

Sánchez está desesperado y fuera de la realidad. A Cs Sánchez no para de agredirles con ayuda de Macron, sabiendo que para Rivera y su partido (al margen de ‘la banda’ de Garicano, que es la derecha de Cs) los pactos de Sánchez con los soberanistas, golpistas catalanes y populistas de Podemos (como se ha visto en País Vasco, Cataluña y Navarra) son inaceptables.

Para entender los noes a Sánchez de Cs y PP basta ver lo que dijo ayer Ábalos de Cs y PP: que ‘Rivera se está convirtiendo en un problema para España’, y que el PP es un ‘partido antisistema’.

Y a Iglesias, que fue quien llevó a Sánchez a La Moncloa durante la moción de censura con sus 71 diputados y sus gestiones con PDeCAT, ERC y Bildu, Sánchez lo ha tratado a patadas. Y le niega entrar en su Gobierno al tiempo que le pide que Podemos le regale sus 42 escaños a cambio de migajas en la Administración.

Y así tras atacar, con distinta intensidad a Iglesias, Casado y Rivera ahora Sánchez descubre que nadie quiere pactar con él. Pero ¿qué se esperaba?

Y todavía se puede llevar otra notable sorpresa porque las encuestas de la intención de voto advierten que, aunque PSOE y PP subirán algo en unas elecciones repetidas, el reparto del Parlamento quedará más o menos como ahora está. Porque PSOE subirá lo que baje Podemos, PP recuperará lo que pierda Vox y poco más.

Además Sánchez pide limosna política ‘por el bien de España’ como si España fuera él. Antes todo era para echar al PP y ahora todo es para que Sánchez siga en el poder. Pero se equivoca y no logrará su investidura ni ahora (salvo que meta a Iglesias en el Gobierno) ni después de celebrar otras elecciones porque la situación volverá a ser la misma.

El problema de España que busca Ábalos se llama Sánchez por abandonar el marco constitucional, pactar con el soberanismo y populismo y agredir a los demás. Y la solución está en que el PSOE presente a la investidura a un candidato constitucional que pueda pactar con Cs y PP, tras desmontar los pactos de navarra, negar los indultos a los golpistas catalanes y prometer el claro regreso del PSOE a la senda constitucional. Candidato que muy bien podría ser García Page, Fernández Vara o Josep Borrell.

Vivir de las rentas de ETA
Cayetano González Libertad Digital 25 Junio 2019

El pacto del PSOE con Bildu en Navarra es una auténtica vergüenza, y pone a las claras que Sánchez no para en barras para seguir impulsando y liderando el frente populista, nacionalista e independentista.

En el colmo de la inmoralidad más absoluta, el Partido Socialista de Navarra ha justificado su indecente pacto con los herederos de ETA, Bildu, para hacerse con la Presidencia del Gobierno de la Comunidad Foral con la siguiente frase, que este lunes llevaba a su portada El Mundo: "Ya está bien de vivir de las rentas de ETA".

Esta aseveración es la muestra más clara de la falta de principios, de escrúpulos, de respeto a la memoria de las víctimas, no ya de los socialistas navarros, sino de Pedro Sánchez, de toda la dirección del PSOE, que ha dado el visto bueno a ese acuerdo con Bildu. ¿Y los barones? ¿Dónde están los García Page, los Fernández Vara, los Lambán, tan españoles ellos, levantando su voz contra este pacto de la vergüenza de su partido con ETA?

Tengo serias dudas de que los máximos dirigentes del PSOE, con Sánchez a la cabeza, o sus acólitos del Partido Socialista de Navarra tuvieran el coraje de reunirse con los familiares de las 42 personas asesinadas por ETA en la Comunidad Foral para explicarles el pacto con el brazo político de los terroristas y decirles a la cara eso de que "ya está bien de vivir de las rentas de ETA". Como también dudo de si estarían dispuestos a mantener esa misma reunión con los familiares de Fernando Múgica, Fernando Buesa, Ernest Lluch, Enrique Casas, Joseba Pagazaurtundúa, Juan María Jáuregui, Froilán Elespe, Juan Priede e Isaías Carrasco, todos ellos militantes o cargos públicos del PSOE asesinados por ETA.

El pacto del PSOE con Bildu en Navarra es una auténtica vergüenza, y pone a las claras que Sánchez no para en barras para seguir impulsando y liderando el frente populista, nacionalista e independentista. Si para eso necesita pactar con la actual marca de ETA en las instituciones, pacta. ¿Por qué va a ser Sánchez menos que Zapatero, que, como ha quedado acreditado en las actas de la negociación política que llevó a cabo con ETA, incluso antes de llegar a la Moncloa, puso el futuro de Navarra encima de la mesa durante las reuniones que mantuvieron con los terroristas en Oslo?

Navarra y su posible integración en la Comunidad Autónoma Vasca han sido y siguen siendo un objetivo prioritario tanto para el PNV como para ETA. Y cuando la coalición de partidos constitucionalistas Navarra Suma consiguió una victoria contundente –20 de los 50 escaños– en las elecciones forales del pasado de mayo, van el PSOE y el PSN –que sólo tuvo 11 escaños– y, en lugar de facilitar ese Gobierno, apuesta por todo lo contrario: por un pacto con Geroa Bai, es decir con el PNV, con Podemos, Izquierda Unida y Bildu, cuyos siete diputados en el Parlamento navarro tendrán que abstenerse para que la candidata socialista, María Chivite, llegue a la Presidencia del Gobierno foral.

Como bien dijo la líder de Ciudadanos Inés Arrimadas el pasado miércoles, cuando se consumó ese pacto de la vergüenza del PSOE con ETA, al permitir el primero que Bildu entrara en la Mesa del Parlamento navarro, "con este PSOE no hay nada que hacer". Y es verdad. El PSOE de Sánchez tiene un proyecto político muy claro: cargarse la Constitución del 78, romper la unidad territorial, estar en el poder, y si para eso tiene que pactar con todos los enemigos de España –incluidos los herederos de la banda terrorista que ha asesinado a 857 compatriotas–, pacta, porque al fin y al cabo, los dirigentes socialistas pueden pensar, y con razón, que los ciudadanos les siguen votando y no les castigan por hacer esas cosas. Así de triste, pero así de cierto. Lo cual no es incompatible con que haya otros muchos españoles que, por respeto a la memoria de las víctimas del terrorismo, no perdonen al PSOE de Sánchez haberse atrevido a hacer lo que ha hecho en Navarra.

El navarrismo: entre la travesía del desierto y la extinción
Fernando José Vaquero Oroquieta TBN 25 Junio 2019

Los prolegómenos y el desarrollo de la manifestación convocada en Pamplona por el blog Desolvidar y la veterana entidad ciudadana Vecinos de Paz para el pasado sábado 22 de junio, en rechazo a la convergencia PSN-EH Bildu, han escenificado la profunda quiebra y crisis que sufre el navarrismo político y asociativo.

De este modo, sus diversos actores han quedado perfectamente retratados, imponiéndose varias conclusiones:

1.- UPN, líder indiscutible de los partidos que ha logrado agrupar bajo su paraguas electoral de Navarra Suma, no contempla otra estrategia que no pase por una alianza –antes o después- con el PSN-PSOE; el célebre y, según acabamos de comprobar, trasnochado “quesito” foral. Ello explica el triste y descorazonador tránsito de su líder, Javier Esparza, por platós televisivos y estudios radiofónicos, en los que apenas ha articulado un autocompasivo mensaje que vaya más allá del “es incompresible que el PSN pacte con EH Bildu”.

Tal comportamiento, que Santiago Cervera ha calificado lúcidamente en el Menticias como “orden mendicante” (https://www.noticiasdenavarra.com/2019/06/23/politica/orden-mendicante), en clave abertzale se interpreta desde siempre como la “coartada de una UPN cuyo discurso se limita al antivasquismo y al antiterrorismo de ETA”; una táctica –a su juicio- con la que trataría de tapar sus carencias programáticas e ideológicas, siempre al servicio de los intereses de clase de “los de siempre”. Al futuro obrar de UPN corresponde desmentir ambas hipótesis.

2.- Se ha producido otra nueva fractura en el tejido asociativo navarrista.
En su día ya se escenificó la ruptura entre Vecinos de Paz, Doble 12 y Desolvidar con una elitista Sociedad Civil Navarra que intentó dirigir unilateralmente y velis nolis al conjunto del movimiento ciudadano. Esta circunstancia explica su incorporación tardía e irrelevante, a la movilización ciudadana realizada contra la imposición lingüística que culminó el 2 de junio de 2018.

Decíamos que el pasado sábado tuvo lugar otra fractura, acaso más decisiva, y en cualquier caso más dramática por los daños personales que le han acompañado, entre Desolvidar y Vecinos de Paz, por una parte, y Doble 12, por otra; al sumarse esta última con su silencio a la táctica común e imperante en el navarrismo: “los socialistas son nuestros únicos posibles socios y no hay que irritarlos”. Semejante cálculo, para quienes han mantenido una posición más ética que política, es incomprensible. Y muy doloroso, especialmente cuando nada menos que el presidente de UPN calificó inicialmente la convocatoria de “escrache”, aunque retirara posteriormente tan injusta como ingrata imputación, no en vano, ¿en quiénes delegó cuando no tuvo el valor de organizar por sí mismo las movilizaciones cívicas desarrolladas en los meses de junio de 2017 y 2018 frente al totalitarismo del cuatripartito? Por cierto, ¿qué pasó con esa manifestación que se iba a convocar en Tudela en defensa de los intereses riberos y que UPN aseguró, esta vez sí, organizar en todos sus aspectos?

3.- La posición ética y política de Desolvidar y Vecinos de Paz es clara. Por lo que respecta a Doble 12, sus integrantes deberán discernir si su navarrismo es una opción cultural y política propia e independiente o se subordina mansamente a las prioridades programáticas del socialismo navarro. Toda entidad que carece de autonomía, fines propios y liderazgo, está condenada a desaparecer.

4.- La actual crisis política evidencia que los viejos paradigmas ya no sirven. Así, el binomio “constitucionalismo versus nacionalismo” ha sido desbordado y periclitado por la ambición de poder socialista y su plena comunión con la ideología radical-progresista afín al resto de izquierdas y nacionalistas. Los socialistas han elegidos a sus “amigos”. En consecuencia, y desde la más elemental lógica política, es incuestionable discernir a quiénes miran como adversarios, cuando no enemigos expresamente.

Nuevos paradigmas se imponen en toda Europa: derechas/izquierdas versus transversalidad; globalización versus identidad; neoliberalismo versus clases populares; soberanismo versus atlantismo. En este contexto de cambio profundo y radical, si las derechas no hacen sus deberes, quedarán rezagadas para siempre. Y no se trata simplemente de implementar, desde los complejos propios, la agenda LGTB en una absurda competición de “a ver quién es más progresista”: en esa batalla, siempre perderá el centro-derecha. Pónganse en situación: Eradio Ezpeleta (http://www.navarraresiste.com/2017/05/upn-y-la-ideologia-de-genero.html) nada tiene que hacer frente a Tere Sáenz. De tal modo, como alternativa de futuro, la única posible es comprender la realidad, los cambios en marcha, plantar cara en “la batalla de las ideas”, y trabajar a largo plazo sectorialmente. No hay ni atajos, ni milagros imposibles. Ni para los partidos ni para las entidades cívicas.

5.- Navarra Suma –como plataforma del centro-derecha más o menos navarrista- no ha funcionado mal, es cierto, pero ha evidenciado su incapacidad en atraer nuevos sectores electorales. Puede tratar de actualizar su discurso, mostrándose más o menos progre -lo que generaría nuevas tensiones con su electorado clásico-, o trabajar desde ya, elaborar nuevos discursos, confiar en sus propias fuerzas, montar unas juventudes “de verdad”, trabajar capilarmente... y no esperar un capotazo milagroso, venga de donde venga.

Que nadie se confunda: la alternativa para el navarrismo es una consciente y orgullosa “travesía del desierto” o una lenta pero irremediable extinción. Y si no quieren creérselo, o tienen legítimas dudas, miren qué pasó en Álava.

Recortes de Prensa   Página Inicial